La creciente diversidad cultural en las sociedades contemporáneas plantea retos ineludibles para los sistemas educativos, que deben transformarse para responder con pertinencia, equidad y sensibilidad
a contextos cada vez más plurales. Esta transformación exige una revisión de los modelos tradicionales de enseñanza-aprendizaje, impulsada por enfoques pedagógicos que reconozcan la diferencia como un valor y promuevan una educación inclusiva, culturalmente
receptiva y profundamente humana (UNESCO, 2023).