Revista Dirección de Género · Edición marzo 2026 · genero.usm.cl
CRÉDITOS
Dirección de Comunicaciones Estratégicas y Extensión Cultural · Contenidos: Pamela Soto y Karla Arce
Editora: Carolina Pinilla · Periodista: Susana Barrientos · Diseñadora: María Fernanda Bernal Gestión de información e imágenes: Gabriela Vera · Colaboradores: Dirección de Comunicaciones Estratégicas y Extensión Cultural · Revisión gráfica: Daniela Rosales · Fotografías: Archivo USM
PAMELA SOTO DIRECTORA DE GÉNERO USM
Estimada comunidad universitaria:
A un año de la instalación de la Dirección de Género, queremos compartir con ustedes parte de la transformación cultural que, como institución, hemos venido desarrollando desde hace varios años. Para ello, en esta revista hemos recogido diversas acciones que, desde la institucionalidad, se han impulsado para avanzar en equidad de género, así como iniciativas promovidas por los distintos estamentos que han contribuido a la disminución de brechas. Estas acciones incorporan medidas afirmativas que buscan promover formas de relacionarnos en las que el género no sea un elemento de discriminación, sino una oportunidad para valorar nuestras diferencias.
Esta revista ha sido organizada en cuatro secciones, con el propósito de exponer las múltiples dimensiones de lo que implica la perspectiva de género en una institución de educación superior. La primera sección, denominada “Memoria”, recoge la presencia de las mujeres en nuestra institución, deteniéndose en aspectos históricos de relevancia nacional, como el Encuentro de Mujeres Sufragistas realizado en nuestra universidad a fines de la década de 1940. En esta sección también se incluyen los testimonios de dos de nuestras exestudiantes que han sido pioneras y líderes a lo largo de los años: en un caso se expone la experiencia de los primeros grupos de mujeres que ingresan a la USM, y en el otro, cómo una exestudiante se transforma en una de las académicas que inaugura la cátedra de economía feminista en la Universidad de Barcelona. Asimismo, se revisa nuestra memoria reciente recordando a cada una de las galardonadas con el Premio
Graciela Muñoz Marazzi, que recuerda a nuestra primera ingeniera titulada.
En la segunda sección, “Comunidad universitaria”, se recogen algunas acciones que académicas, profesoras, estudiantes y exestudiantes han desarrollado para promover la equidad de género y el talento femenino, siendo el estudiantado un actor central en este proceso de transformación que vivimos como sociedad y universidad.
La tercera sección, “Avances institucionales”, nos posiciona como una universidad STEM que se ha hecho cargo de las brechas de género que acompañan a nuestras áreas de conocimiento, permitiendo no sólo avanzar cuantitativamente, sino también cualitativamente en las formas de abordar estas brechas.
En la última sección, “Vinculación con el medio”, se expone parte del trabajo que la comunidad universitaria ha realizado, presentando importantes avances en la promoción de la equidad de género mediante el trabajo en redes, programas de mentoría con niñas y jóvenes de la enseñanza escolar, y la valoración del liderazgo que nuestras exestudiantes ejercen en el país, entre otras iniciativas.
Esperamos que la lectura de cada una de estas secciones permita preguntarnos desde cada uno de nuestros lugares: ¿cómo podemos profundizar, como comunidad universitaria, este cambio cultural que hemos iniciado?
Los inicios de la Escuela de Decorado en la voz de Mireya Rismondo
Cristina Carrasco: una precursora de la economía feminista
1947: Cuando la USM albergó el Congreso Nacional de Mujeres
Más que la primera: el legado de Graciela Muñoz Marazzi en la USM
Un tributo al liderazgo femenino
Testimonios premiadas
Exploradoras Matemáticas: Pertenecer para aprender +Niñas en la Ciencia: Cuando la curiosidad encuentra un lugar
Salto Cuántico: La red que enciende la pertenencia en la Física
Permanecer juntas: La red de mujeres en Eléctrica
Conexiones que sostienen: El camino de ADA en tecnología
La equidad también se diseña Espacios seguros: La resistencia de Disidencias
La voz que recupera el espíritu feminista en la universidad Espacios inclusivos para la comunidad USM
Del marcador a la comunidad: El nuevo Intercarreras mixto
Con ellas al frente: federaciones estudiantiles lideradas por mujeres
Una red que abre camino: Se consolida la primera asociación de exalumnas de la USM
De la excelencia al impacto: Exalumnos representan el talento femenino que transforma Chile
El corazón de la transformación: La nueva Dirección de Género en la USM
Más mujeres en la cátedra: El programa que mixtura los equipos académicos
La nueva presencia femenina que impulsa las áreas STEM en la Sede Viña del Mar
Mujeres que enseñan, innovan y abren camino desde la Sede Concepción
Liderazgo femenino: exalumna preside el Consejo Superior
Cuando se acorta la brecha: El impulso de Más Mujeres Científicas
Investigar con perspectiva de género: Una clave para la excelencia en STEM
Co-construyendo
Comisión G9:
Cuando la equidad deja de ser un discurso
El trabajo silencioso que sostiene la igualdad de género en educación
Arquitectas del conocimiento: El impulso de la Red de Profesoras USM
Mentorías y propósito: Las claves para que más niñas se abran camino en el mundo STEM
“Éramos unas 29 personas en la Escuela de Decorado; la mayoría eran chicas recién egresadas, sólo dos compañeros eran hombres”.
Los inicios de la Escuela de Decorado en la voz de Mireya Rismondo
En 1947, ingresó a la primera carrera de Decorado de Interiores de la USM y, junto a sus compañeras, transformó un espacio de aprendizaje en un taller de sueños.
Aún guarda en su memoria el día en que la USM abrió las puertas de su Escuela de Decorado de Interiores en 1947. Mireya Rismondo Paravic, recién egresada del Liceo de Niñas de Viña del Mar, buscaba una vocación que lograra amalgamar su sensibilidad artística con la proximidad de su hogar.
En una época donde la mayoría de las casas de estudios superiores en Chile carecían de ofertas académicas atractivas dedicadas a mujeres, la USM emergió como una institución visionaria, al abrir sus puertas a una carrera innovadora para esos años.
De esta manera, la Escuela nace para formar a mujeres en diseño y decoración, ofreciendo una actividad profesional de alto nivel, siendo un hito en la inclusión femenina en la universidad. “Éramos unas 29 personas en la Escuela de Decorado; la mayoría eran chicas recién egresadas, solo dos compañeros eran hombres”, señala. Mireya recuerda que entre sus guías destacaba Otto Klein, un profesor europeo que enseñaba a capturar la esencia de la naturaleza, desde la estructura de los árboles hasta el diseño de muebles ergonómicos pensados para la vida diaria.
Cada jornada era un ejercicio de creación sin horarios rígidos. Vestidas con delantales verdes para proteger sus ropas, las estudiantes se sumergían en el manejo de acuarelas, papeles y texturas, explorando un campo profesional que en ese momento era casi invisible: la decoración de interiores. Proyectaban vitrinas para tiendas elegantes y soñaban con trabajar junto a arquitectos, aunque en aquella época la integración de las diseñadoras en las obras mayores todavía era una frontera difícil de cruzar. Aunque no
tenían contacto con estudiantes de otras cátedras, el ambiente era motivador.
Tras cursar dos años de estudio, el destino de Mireya tomó un rumbo personal: se enamoró y contrajo matrimonio, priorizando la formación de su familia y dejando en pausa su carrera que duraba tres años y medio.
Tras formar su hogar y tener cuatro hijos en Chile, Mireya se radicó en Estados Unidos, pero la impronta de la USM la acompañó siempre. De esa etapa conserva amistades que desafiaron la distancia: una compañera que restauró papeles coloniales en museos de Canadá y otra que llevó su talento a Argentina. Recuerda con nostalgia las competencias de esgrima y las lecciones de un docente chileno experto en mueblería que les enseñaba a construir piezas de calidad.
Hoy, Mireya mira hacia atrás con gratitud: valora haber sido parte de una generación que abrió brechas para las mujeres en la educación. Creció en un hogar donde sus padres le transmitieron que el saber era la mejor herramienta de progreso. “Siempre nos tiraron para adelante”, confiesa hoy desde el extranjero, sintetizando el espíritu de una mujer cuya huella no reside solo en un diploma, sino en la valentía de haber habitado espacios que, hasta entonces, eran impensados.
Aunque ya no opera con ese nombre, la USM sigue formando profesionales en áreas relacionadas con diseño y manufactura, con programas que evolucionaron de sus raíces históricas.
“En Ingeniería Química siempre fui la única mujer. Años después entendí que el trabajo doméstico también es economía, y lo llevé a la universidad”.
CCristina Carrasco: una precursora de la economía feminista
Ingresó a Ingeniería Química en la USM en 1962, y tras su exilio en Barcelona impulsó la economía feminista con una docencia crítica que formó nuevas generaciones.
ristina Carrasco recuerda su entrada a la USM como un hito temprano y lleno de contrastes. Ingresó a Ingeniería Química en 1962 con apenas 15 años, tras una trayectoria escolar acelerada. Le gustaban las matemáticas y leer poesía, y en ese contexto, la ingeniería parecía el camino más “natural” para quien disfrutaba el razonamiento matemático. “Me gustaba mucho estudiar y aprender, todo esto me lo transmitió mi mamá”, cuenta.
La vida universitaria, sin embargo, no fue simple. En una época con pocas mujeres y dispersas entre carreras, la soledad se sintió con fuerza: “Siempre fui la única mujer”, recuerda sobre sus cursos. Más que un dato, era un clima marcado por códigos, conversaciones y chistes que hoy identifica como parte de una masculinidad cotidiana. No tuvo profesoras; su referente más cercano fue una estudiante mayor, Graciela Muñoz, quien más tarde se integró como docente.
A ello se sumaba la exigencia diaria: vivía en Quilpué, tomaba el tren a las siete y volvía cerca de las nueve. Entre clases, talleres —mecánica, carpintería, soldadura— y laboratorios, el cansancio era permanente. “Fue una vida con muy pocas salidas”, resume, y añade que también percibió con claridad diferencias de clase dentro de la propia experiencia universitaria: “Yo viví mucha diferencia de clases, aun cuando en ese momento la universidad era gratis”.
En tercer año se cambió a Ingeniería de Ejecución para acotar el recorrido. Luego trabajó en un laboratorio asociado a Aduanas, pero no se veía repitiendo esos análisis por décadas, y esa certeza la empujó a buscar otro rumbo.
Entre el cierre de su etapa estudiantil y la vida labo -
ral, Cristina recuerda un episodio formativo: la huelga y toma de la universidad. Ese periodo, la acercó a una política entendida como participación y organización colectiva más que como militancia partidista. En los años siguientes, su historia se entrelazó con el exilio y la transformación personal: llegó a Barcelona en 1974, con Franco aún vivo, y presenció cómo, tras la dictadura, emergía con fuerza el movimiento feminista. En 1976, en la Universidad de Barcelona, vio reunirse a miles de mujeres en el primer encuentro feminista: una imagen que la marcó.
Allí comenzó sus estudios de Economía, desarrolló docencia y abrió un campo que entonces no tenía legitimidad: la economía feminista. “En Ingeniería Química siempre fui la única mujer. Años después entendí que el trabajo doméstico también es economía, y lo llevé a la universidad”, señala. Es así como su tesis doctoral se centró en el análisis económico del trabajo doméstico y fue publicada por el Ministerio del Trabajo de España tras recibir un premio en 1991.
“Fui una de las iniciadoras de la Economía Crítica en Barcelona”, recuerda, recordando una red académica que consolidó debates y encuentros —como el Congreso de Economía Crítica — y que dialogó con la irrupción de perspectivas feministas en la universidad. En España, impulsó asignaturas, programas de doctorados y espacios formativos, participó en instancias de igualdad y enfrentó resistencias, pero también encontró apoyos clave para sostener esa agenda que sostuvo hasta su jubilación.
Hoy, radicada en Chiloé, mantiene activa su vocación pedagógica en una escuela autogestionada de educación popular. Con otros lenguajes y ejemplos, continúa la misma apuesta: pensar la economía desde la vida cotidiana, el cuidado y la justicia.
La huella creativa de una escuela pionera
Creada en 1947, la Escuela de Decorado de Interiores no solo abrió un camino profesional inédito para las mujeres de la época, sino que sembró una herencia que hoy se proyecta en talleres, publicaciones y un vínculo inquebrantable con la comunidad.
En 1947, cuando el horizonte profesional para las mujeres era todavía un terreno en disputa, la USM dio un paso visionario al fundar la Escuela de Decorado de Interiores. El propósito era tan ambicioso como concreto: brindar a las jóvenes que concluían sus Humanidades una especialización técnica de alto nivel que les permitiera, por primera vez, conquistar su autonomía económica mediante el ejercicio de un oficio profesional.
Aquella formación iba mucho más allá de la estética. No se trataba simplemente de combinar matices o seleccionar texturas; el corazón del programa consistía en construir libertad a través del diseño. La respuesta de la comunidad fue inmediata: en poco tiempo, las egresadas comenzaron a cosechar elogios y una amplia aceptación en el mercado, respaldadas por una rigurosa base teórica y técnica que lograba armonizar la capacidad creadora con la precisión industrial.
Con el paso de las décadas, este impulso inicial evolucionó. La disciplina comenzó a explorar nuevas dimensiones que empujaron su proyección hacia el diseño industrial, expandiendo los límites de lo que significaba crear a partir del espacio, la forma y la sensibilidad.
Hoy, ese legado no solo reside en los archivos, sino en el presente activo de sus exalumnas. Muchas de ellas mantienen un lazo vital con la universidad a través de proyectos que conectan el arte con lo social. La historia de la Escuela, entonces, se escribe en tiempo presente cada vez que una de sus graduadas transforma su oficio en un lenguaje compartido y un aporte real para la comunidad.
1947:
Cuando la USM albergó el Congreso Nacional de Mujeres
En septiembre de 1947, cuando el movimiento femenino desplazó transitoriamente su epicentro a Valparaíso, la USM se convirtió en sede del II Congreso Nacional de Mujeres, una reunión clave del extenso periodo de lucha por el voto político. En el puerto actuaban entonces, junto a la Unión Femenina de Chile, la Liga Nacional de Mujeres Votantes y comités locales del MEMCH y la FECHIF, organizaciones movilizadas por una misma urgencia: la participación política de las mujeres.
El Congreso se realizó durante las vacaciones de Fiestas Patrias, aprovechando que la USM podía ofrecer alojamiento gratuito a la numerosa concurrencia. Bajo la presidencia de Amanda Labarca, asistieron 270 delegadas de todo el país, de las cuales 50 integraban la delegación del MEMCH. En sus acuerdos, el encuentro se pronunció contra las facultades extraordinarias del Presidente y exigió un salario sin distinción de sexo, protección al trabajo a domicilio y jubilación tras 15 años de servicio. También se posicionó contra la carestía de la vida y la inflación.
Pero su conclusión más decisiva fue dar impulso a la campaña por el despacho de la ley de voto político. Interrogar la cultura para cambiar sus ordenanzas fue un acto de riesgo. Volver sobre estos nombres y actos —muchas veces en penumbra— repara una herida de la memoria colectiva: democratiza el conocimiento del pasado y ayuda a comprender, con mayor lucidez, el presente y los desafíos de la vida pública.
Primera Titulada
“La universidad aceptó que entraran mujeres y no hizo ninguna diferencia: fuimos bien acogidas. Para mí, estudiar era prepararse más para decidir el futuro. Eso aprendí en casa”.
Más que la primera: el legado de Graciela Muñoz Marazzi en la USM
En 1964 marcó un hito como la primera ingeniera de la casa de estudios. Su legado de excelencia y tenacidad inspira hoy el premio que reconoce el liderazgo femenino institucional.
Una mañana de octubre de 1964, la USM fue testigo de un paso que cambiaría para siempre la historia. Con su bata blanca impecable y apuntes en mano, una joven cruzaba la sala para rendir su examen de grado. Graciela Muñoz Marazzi no solo se enfrentaba a una comisión evaluadora de alta exigencia; estaba derribando una barrera invisible pero de acero. En ese momento, ella sabía que allí se evaluaba mucho más que una tesis de grado: se estaba abriendo un nuevo camino para todas las generaciones de mujeres que vendrían después en el ámbito de la técnica y la ciencia.
Proveniente de una familia de clase media, Graciela creció bajo la convicción de que el conocimiento era la herramienta de libertad más poderosa a la que se podía aspirar. Sus padres, aunque no contaban con estudios universitarios, fueron el motor que la impulsó constantemente a estudiar. Provenía de un hogar donde no sobraba el dinero, pero sí el apoyo incondicional para sus ambiciones académicas.
“Siempre nos tiraron para adelante”, recuerda con gratitud. Para Graciela, la educación no era un lujo, sino una responsabilidad y la llave maestra para ampliar sus horizontes y decidir su propio destino en un mundo que aún cuestionaba el rol femenino en la ingeniería.
Su ingreso a la USM en 1960 representó un verdadero choque de realidades. En una facultad donde la presencia femenina era inexistente, Graciela tuvo que inventar su propio espacio. En aquel entonces,
mico, humor y carácter, se ganó el respeto de sus compañeros -poco habituados a estudiar con una mujer- y de un profesorado que pronto reconoció su excelencia. Entre sesiones de laboratorio y estudios nocturnos, construyó amistades y una reputación de rigor que la distinguiría siempre.
El 10 de octubre de 1964, tras defender su memoria sobre el “Análisis espectrográfico de hidrocarburos”, se tituló como la primera mujer ingeniera química de la institución, un hito que marcó un antes y un después. Sus profesores valoraron tanto su rigor científico que le ofrecieron sumarse inmediatamente como académica. Durante catorce años, Graciela enseñó Química Analítica e Instrumental, investigando métodos cuantitativos y capacitándose en el uso de equipos de vanguardia que ella misma dominaba primero para luego animar a su alumnado a explorar más allá de lo conocido.
Pero su impacto trascendió las aulas y las fórmulas. Graciela entendía la universidad como una comunidad humana y defendía con fuerza que el valor de una persona reside en la calidad de su trabajo, no en su género ni en su origen social. Fue una de las grandes impulsoras de la creación del Jardín Infantil Sansanito, facilitando la vida de las familias de la comunidad universitaria. Tras jubilarse, su profunda vocación de servicio no se detuvo: dedicó su tiempo a voluntariados que fomentaban el acceso a la educación para los más vulnerables.
Su historia no es solo la de un título profesional; es la
Un tributo al liderazgo femenino
El Premio Graciela Muñoz Marazzi no nació simplemente como un galardón académico más; su creación en abril de 2023 representa una profunda declaración de principios institucionales. Durante décadas, la contribución de las mujeres en las áreas STEM a menudo permaneció en la periferia de los registros oficiales y los reconocimientos públicos. Al instaurar esta distinción, la USM decidió que el nombre de su primera ingeniera titulada debía transformarse en el estandarte que guíe a las líderes del futuro.
El origen de este reconocimiento se remonta a la necesidad de visibilizar trayectorias que, como la de Graciela, combinan la excelencia técnica con una inquebrantable vocación de servicio. En este sentido, el galardón cumple tres funciones vitales que estructuran su impacto en la comunidad. En primer lugar, la visibilización, pues saca a la luz trayectorias de éxito que inspiran a las nuevas estudiantes a proyectarse en espacios de decisión. En segundo lugar, construye identidad, al reforzar el sentido de pertenencia de las mujeres en una universidad históricamente masculinizada, validando su lugar legítimo en la academia. Finalmente, actúa como un motor de proyección, impulsando a las ganadoras a seguir rompiendo los techos de cristal que aún persisten en el mundo científico y técnico.
Para la comunidad sansana, este galardón es un símbolo de orgullo; refuerza que el camino abierto en 1964 por una joven es hoy una ruta transitada por cientos de estudiantes y profesionales. Lo que hace único a este premio es que refleja los valores integrales que Graciela defendió durante sus catorce años como docente. No solo se premia el rigor científico o la capacidad de investigación en métodos cuantitativos, sino también la calidad humana y el compromiso social: personas que entiendan que la técnica debe estar siempre al servicio de la sociedad.
Al reconocer a las académicas, funcionarias, estudiantes y exalumnas destacadas, la USM asegura que ninguna mujer tenga que volver a sentirse como una “curiosidad” en los laboratorios, tal como le ocurrió a Graciela en sus inicios. El premio es un recordatorio de que el valor de una persona reside en la excelencia de su trabajo y no en su género o procedencia social. Así, el nombre de Graciela Muñoz Marazzi deja de ser solo una efeméride histórica para convertirse en un motor vivo de equidad, inspirando a las nuevas generaciones a explorar más allá de lo conocido y a liderar con la misma determinación que la primera ingeniera de nuestra casa de estudios.
Premio Graciela Muñoz Marazzi
Ganadoras 2023 · 2024 · 2025
Premiadas año 2023
LAIS SAN MARTÍN
Profesora del Departamento Electrotecnia e Informática
Sede Viña del Mar
Categoría: Profesora
“Que una comunidad tan marcadamente masculina como la nuestra quiera relevar a las mujeres USM que se han destacado en diferentes ámbitos, me hace sentir complacida y orgullosa. Siento que mi institución ha procurado aminorar las brechas de género que pueden existir dentro de la USM, reconociendo y valorando el aporte de sus miembros, provengan de dónde provengan. Lo valoro en plenitud”.
SCARLET GONZÁLEZ
Psicóloga de la Dirección de Relaciones Estudiantiles
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Funcionaria
“Ganar este premio generó en mí una gran alegría y marcó un antes y un después en mi quehacer profesional, ya que sentí que fue un espaldarazo laboral, el reconocer la importancia del aporte que se puede realizar en la Universidad desde una mirada profesional distinta a la STEM, específicamente desde el área de la psicología, en materias de género y salud mental comunitaria”.
“Este premio, que destacó el haber sido la primera mujer en asumir como presidenta del Instituto de Ingenieros de Chile, generó en mí una mezcla de emociones, desde la sorpresa, un inmenso agradecimiento a mi Alma Mater, el calorcito al corazón que da el sentir el cariño a través del reconocimiento al trabajo realizado durante mi vida profesional, muchas emociones, todas positivas”.
Estudiante de Ingeniería de Ejecución en Gestión Industrial
Categoría: Estudiante de Cursos Superiores
“Este reconocimiento fue un proceso de profunda identificación. Significó derribar muros y reclamar un espacio propio en un entorno donde las mujeres estamos reescribiendo la historia. Mi paso por la presidencia de la federación fue el catalizador de esta transformación. Este premio me hizo comprender que mi voz y mi trabajo tienen un lugar fundamental en la excelencia técnica de nuestro país”.
FLORENCIA GANDARILLAS
Estudiante de Ingeniera Civil Ambiental
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Estudiante de Primer Año
“Ingresé a la universidad en 2023, pero desde 2020 ya era parte de la organización de voluntariados y participaba en distintas iniciativas sociales, desde la convicción de aportar sin esperar nada a cambio. Mi motivación ha sido contribuir a una sociedad más justa. Que ese compromiso haya sido reconocido tiene un significado especial, sobre todo porque estas acciones estuvieron dirigidas a la comunidad”.
Premiadas año 2024
CLAUDIA LÓPEZ
Exacadémica del Departamento de Informática
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Profesora
“Fue gratificante porque lo sentí como un reconocimiento a mi trabajo disciplinar pero sobre todo al trabajo adicional que hago junto a varias colegas para evidenciar las implicancias de las desigualdades de género en ciencias e ingeniería y para construir en conjunto maneras de hacer estas áreas más equitativas, más diversas y más amables, para que más personas puedan sentirse parte, y no excluídas, de estas
MARCELA CARVAJAL
Académica del Departamento de Ingeniería en Diseño
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Funcionaria
“Este premio es un reconocimiento de gran valor para mí, al validar mi trayectoria académica e investigativa construida con vocación por 20 años. Reforzó mi compromiso integral, junto a mi equipo, con la ciencia aplicada, la vinculación con el medio y la formación de nuevas generaciones, motivándolas a crear soluciones disruptivas y a diseñar tecnologías innovadoras con impacto social y ambiental”.
DIANA ALCOTA
Exalumna de Ingeniería Civil Electrónica
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Estudiante de Primer Año
“Este premio validó una trayectoria poco común: en Ingeniería Electrónica, el profesor Samir lo destacó en clase, donde no somos muchas mujeres. La premiación me dio la oportunidad de conversar con el Dr. Dimov y de acercarme a la biotecnología. La USM formó mi base técnica en física y programación como estudiante preferente de Atacama; hoy estudio en Johns Hopkins y sigo siendo sansana de corazón”.
TAMARA ANTÓN
Prevencionista de Riesgos
Sede Viña del Mar
Categoría: Funcionaria
“Significó mucha alegría, me sentí valorada como trabajadora y mujer. Que reconozcan el aporte que generas a la institución es algo que se agradece, provoca un sentido de pertenencia y confianza, y finalmente reafirma que las cosas se están haciendo bien. Espero seguir dando lo mejor de mí en lo laboral y en la sociedad, aportando como Bombera de la Primera Compañía de Bomberos de Quilpué”.
KARINA MONTECINOS
Jefe de carrera Técnico Universitario en Ciencia de Datos
Sede Concepción
Categoría: Profesora
“Recibir este premio representa un reconocimiento al compromiso con la excelencia Docente y equidad en la formación universitaria. Este galardón refuerza mi labor de contribuir al desarrollo integral del estudiantado, me llena de orgullo y gratitud ser parte de esta historia que valora el trabajo de mujeres protagonistas en la construcción de conocimiento y transformación social”.
Premiadas año 2024
Estudiante de Ingeniería Civil Química
Categoría: Estudiante de Cursos Superiores
“Ganar el premio Graciela Muñoz Marazzi me hizo sentir que todo el esfuerzo que pongo día a día para lograr un cambio, está dando resultados y es visible. Me hace sentir que a pesar de entrar en una institución que tiene carreras históricamente asociadas a hombres, una mujer si puede llegar lejos y ser un aporte valioso a la
MARÍA CRISTINA BOBADILLA
“Recibir este premio significó una emoción muy grande. Tengo 94 años, todos los días veo el reconocimiento y me recuerda a mi trayectoria, además de la eficiencia, la honradez y todo el legado moral y espiritual que me dejó la universidad. Estoy
Premiadas año 2025
ANAMARÍA ARPEA
Directora del Departamento de Aeronáutica
Campus Vitacura
Categoría: Profesora
“Desde septiembre de 2022 soy la primera Directora del Departamento de Aeronáutica y haber sido premiada realmente ha sido el reconocimiento de mi esfuerzo y trabajo pese a todas las dificultades que he tenido que sortear. Algunos de mis colegas de trabajo me apodaron “La Luchadora”, mis estudiantes siempre han estado apoyándome y brindándome su cariño, así como mi equipo de trabajo y toda mi familia”.
CAROLINA PARRA
Académica del Departamento de Ingeniería Mecánica
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Profesora
“El premio me muestra que el camino de dedicación, rigor y resiliencia por el que he transitado ha sido reconocido y me impulsa a seguir aportando ciencia e innovación con propósito. Los logros individuales nunca son sólo personales: tienen un impacto colectivo y son fruto de referentes que abrieron camino antes y de la responsabilidad de inspirar a nuevas generaciones de mujeres en ciencia e ingeniería”.
Premiadas año 2025
CLAUDIA SEQUEIDA
Asistente Social de la Dirección Relaciones Estudiantiles
Campus Vitacura
Categoría: Funcionaria
“Fue una hermosa noticia que me hizo sentir feliz y honrada. Me sentí muy orgullosa de haber conocido en persona a la señora Graciela Muñoz Marazzi, quien no solo se destacó por ser la primera ingeniera de la USM, sino que también enfocó su trabajo en fortalecer y dar una mirada social a la universidad. Este reconocimiento significa para mí un gran orgullo y motivación”.
YESSICA CARTAJENA
Ingeniera Civil Electrónica
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Exalumna
“Recibir el premio no lo siento como algo personal, sino como un reconocimiento colectivo. En mi rol de Presidenta del Consejo Superior represento, en cierta forma, a las mujeres en el liderazgo universitario. Somos pocas en estos espacios, por eso es importante inspirar: la inspiración abre camino. Cuando las estudiantes ven que sí se puede, va a decir: yo puedo”.
CONSTANZA LÓPEZ
Estudiante de Licenciatura en Física
Campus San Joaquín
Categoría: Estudiante de Primer Año
“Es grato haber sido reconocida por la labor que realicé en mi etapa escolar, fue una sorpresa que una institución que no me conoce le haya dado valor. Esta instancia me permitió reflexionar sobre mi labor social.
Valoro la oportunidad que da la universidad de entregar visibilidad a mujeres que de alguna u otra forma generan impacto en la comunidad que les rodea”.
BARINIA MUÑOZ
Estudiante de Ingeniería Civil Matemática y Magíster en Ciencias, Mención Matemática
Campus Casa Central Valparaíso
Categoría: Estudiante de Cursos Superiores
“Recibir este premio fue una confirmación de que el trabajo realizado a lo largo de los años ha sido significativo, no solo a nivel personal, sino también colectivo. Reconoce el esfuerzo conjunto por abrir y facilitar el camino a las futuras mujeres matemáticas, demostrando que las mujeres pueden destacar en esta área y el compromiso de la universidad con una mayor participación femenina en STEM”.
Exploradoras Matemáticas: Pertenecer para aprender
La iniciativa articula escuela y universidad con divulgación, docencia e investigación con enfoque de género para acercar la matemática a niñas y jóvenes.
Exploradoras Matemáticas busca transformar la relación de niñas y jóvenes con la matemática, promoviendo el aprendizaje desde la confianza, la pertenencia y el acompañamiento.
No basta con enseñar matemática; es necesario que niñas y jóvenes se sientan parte de ella. Esa es la premisa que impulsa Exploradoras Matemáticas, iniciativa coordinada por Estefanía Bravo, académica del Departamento de Matemática de la USM, que articula escuela y universidad integrando divulgación, docencia universitaria e investigación con perspectiva de género. Su objetivo es ampliar la participación y fortalecer la identidad matemática desde edades tempranas.
“Muchas veces el interés y el talento se apagan no por falta de capacidades, sino por experiencias tempranas marcadas por estereotipos, ausencia de referentes y una sensación persistente de ‘no pertenecer’”, explica Estefanía. Exploradoras Matemáticas surge para tensionar ese relato y construir espacios donde la matemática se experimente como algo cercano, creativo y posible, y donde aprender también signifique sentirse acompañada, validada y con proyección.
La propuesta combina actividades mixtas —resguardando equidad en la participación y la visibilización de referentes— con experiencias dirigidas exclusivamente a niñas, concebidas como entornos seguros para fortalecer la confianza, promover la participación activa y abrir proyecciones en áreas STEM. El foco no está solo en los contenidos, sino también en las condiciones para aprender: respeto, inclusión y comunidad.
Entre sus acciones más representativas se encuentra Verano Matemático, experiencia de inmersión que acerca a estudiantes a la matemática universitaria mediante el juego; las Jornadas Ada Lovelace, orientadas a niñas y jóvenes, que combinan divulgación, creatividad y referentes femeninos; y el Día de Pi, actividad abierta que transforma la matemática en un espacio de encuentro. Estas experiencias se complementan con un eje de investigación que recoge datos y relatos sobre identidad, autoeficacia y pertenencia, retroalimentando prácticas educativas universitarias y fortaleciendo trayectorias en matemática y áreas STEM.
En esa misma línea de visibilización, en 2025 realizaron el conversatorio “Inspiramáticas: las verdaderas girl maths”, organizado por la iniciativa estudiantil EMMA (Encuentro de Mujeres Matemáticas) junto a Fundación Tremendas, en el Campus San Joaquín. La actividad reunió a académicas para compartir trayectorias, desafíos y motivaciones, y reforzó la importancia de impulsar una matemática con enfoque de género, conectando a estudiantes escolares y universitarias con referentes cercanos.
Exploradoras Matemáticas es, en el fondo, una apuesta por “pertenecer para aprender” y por cambiar, desde temprano, la relación que muchas personas construyen con la matemática: del “esto no es para mí” al “aquí también pertenezco”.
+Niñas en la Ciencia:
Cuando la curiosidad encuentra un lugar
Más de cien estudiantes de Petorca vivieron una jornada de divulgación que acercó las STEM a la vida universitaria, con experiencias lúdicas, referentes femeninos y un mensaje claro: la ciencia también las espera.
Aveces, el primer paso hacia una vocación no es una nota ni un puntaje: es una puerta que se abre. Y una invitación que dice “ven, prueba, pregunta”. Eso fue lo que vivieron 102 estudiantes de enseñanza media de Petorca cuando llegaron a una jornada del proyecto +Niñas en la Ciencia, una iniciativa de divulgación que busca acercar las áreas STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— a niñas y jóvenes, derribando la idea de que esos caminos están “más lejos” o “no son para mí”.
La bienvenida tuvo el tono de los comienzos importantes: curiosidad en el aire, nervios de visita, ganas de mirar todo. La charla inaugural estuvo a cargo de la Dra. Odette Toloza, académica del Departamento de Física, y abrió la conversación con una idea simple pero poderosa: la ciencia no es una élite, es una posibilidad. Después vino el momento de ensuciarse las manos —o, mejor dicho, de entrenar la mente— con “El Misterio de la Sala 314”, una dinámica pensada para acercar las matemáticas desde el juego, la lógica y el trabajo en equipo. Resolver, discutir, equivocarse, volver a intentar: aprender con el cuerpo presente.
La jornada incluyó también un recorrido por la universidad y un acercamiento a distintas carreras, para que las
estudiantes pudieran ponerle imagen y escala a eso que, desde lejos, a veces parece abstracto: ¿cómo se ve un laboratorio?, ¿qué hace una ingeniera?, ¿qué se estudia en física?, ¿cómo es un campus por dentro?
El proyecto se sostiene en un diagnóstico conocido: la brecha de género en STEM sigue siendo alta, y se alimenta de estereotipos, falta de referentes y barreras territoriales. Por eso el foco está en el encuentro temprano, antes de que la decisión vocacional se cierre. Desde la organización, Elizabeth Avilés —parte del equipo impulsor desde el Departamento de Matemática— lo resume como una apuesta por acercar la ciencia “de una manera distinta, más lúdica y cercana”, para mostrar un camino lleno de posibilidades.
Y las estudiantes lo confirman con sus propias palabras. Trinidad Díaz, del Liceo José Manuel Bulnes, valoró la oportunidad de conocer la universidad y nombró algo que suele quedar invisible: la distancia también pesa. “Hay niñas que sienten que no pueden tener una carrera científica por estar muy lejos”, dijo. Sofía Barraza, del Colegio Católico Manuel Montt, se quedó con el desafío lógico del “Misterio”: “nos puso a prueba la lógica matemática”.
+Niñas en la Ciencia contempla nuevas jornadas con estudiantes de otras provincias de la Región de Valparaíso. La idea es repetir la experiencia —charlas, dinámicas, recorridos— hasta que lo excepcional se vuelva habitual: que imaginarse en STEM sea, simplemente, una opción real.
+Niñas en la Ciencia busca enfrentar la brecha de género mediante experiencias tempranas y referentes femeninos.
Salto Cuántico:
La red que enciende la pertenencia en la Física
Impulsado por el deseo de transformar la soledad en comunidad, Cuánticas emerge en el Departamento de Física como un espacio de mentorías donde las estudiantes no solo encuentran apoyo académico, sino una identidad propia para habitar la ciencia.
Hay decisiones que se toman en el silencio de un pasillo: quedarse una semana más o pedir ayuda antes de renunciar. En las carreras científicas, ese punto de quiebre suele aparecer temprano, cuando la exigencia pesa y la pertenencia es aún un bosque difícil de transitar. Para responder a ese instante crítico nació Cuánticas, un programa impulsado por las académicas del Departamento de Física, Odette Toloza y Valeria Del Campo, con respaldo de Ciencia 2030, que ha vivido su propio “salto cuántico”: dejó de ser una iniciativa institucional para convertirse en un movimiento con nombre, rostro y pulso estudiantil.
De la timidez a la confianza colectiva
Al principio, el núcleo era reducido. La Dra. Odette Toloza rememora aquellos pasos iniciales con menos de diez alumnas que llegaban con la reserva lógica de quien aún tantea el terreno universitario. “Se observaba que las estudiantes asistían con mayor timidez o retraimiento”, explica, pero la frecuencia de las citas semanales impulsó el cambio.
Este dinamismo generó un efecto multiplicador donde las jóvenes lideraron una resignificación de la iniciativa, diseñando su propia marca y logo. Para Odette, la clave reside en que ahora el pulso lo marcan ellas: “Se han apropiado del espacio y están generando una identidad propia”, afirma, subrayando que estos encuentros son hoy refugios donde las compañeras “comparten experiencias, inquietudes y estrategias para desenvolverse en la vida universitaria”.
Herramientas para el mundo real
Pero Cuánticas no vive solo de la contención. Entienden que para sostener trayectorias se necesitan herramientas que el currículum formal a veces olvida. Con el apoyo de Ciencia 2030, han desarrollado talleres que cubren el “currículum invisible” de la ciencia, desde la redacción de currículum vitae hasta habilidades de comunicación.
Para la Dra. Valeria Del Campo, líder del Eje 3 de Ciencia 2030, el impac-
to es directo en las cifras de retención. Algunas estudiantes han sido categóricas: sin este acompañamiento, quizás hoy estarían fuera de la carrera. Las mentorías tejen el vínculo que el rigor académico, a veces, intenta desatar.
El futuro: ser el modelo que no tuvieron
La ambición de Cuánticas no se detiene en las paredes del campus. Mientras avanzan hacia un liderazgo 100% estudiantil, proyectan su mirada hacia la educación secundaria. Odette Toloza subraya esta nueva línea de acción: “Las propias estudiantes proyectan convertirse en referentes y modelos para alumnas escolares, mostrando que es posible que mujeres estudien Física, Astrofísica y otras áreas STEM”.
El objetivo final es tan simple como profundo: fortalecer el ingreso femenino desde la raíz, demostrando que avanzar en la física no tiene por qué ser un camino en solitario. Cuánticas hoy no solo estudia las leyes del universo; está escribiendo sus propias reglas de comunidad.
Permanecer juntas:
La red de mujeres en Eléctrica
Desde mentorías y charlas hasta un retiro de habilidades blandas: MELI articula espacios para acompañar la permanencia y fortalecer la colaboración entre mujeres en Ingeniería Eléctrica USM.
En Ingeniería Eléctrica, a veces el desafío no es solo entender un circuito o resolver un problema: es no sentirse sola en el proceso. Con esa convicción nació Mujeres en Ingeniería Eléctrica (MELI), una iniciativa que hoy busca transformar la experiencia de las estudiantes desde algo simple y potente: acompañarse.
Aunque su nombre comenzó a circular recientemente, MELI surge del programa de mentoras que desde 2022 impulsa el Departamento de Ingeniería Eléctrica para contribuir a la retención de alumnas de primer año. La idea era formalizar ese apoyo y darle proyección. “Junto a la estudiante Abish Lavoz, quisimos formalizar este apoyo que brindamos a nuestras alumnas del Departamento de Ingeniería Eléctrica para poder acceder a fondos que nos permiten sumar otras actividades y así crear una comunidad”, cuenta la profesora Margarita Norambuena, quien respalda el proyecto.
Uno de sus hitos fue el primer ciclo de charlas organizado junto al Centro de Alumnos del Campus Casa Central Valparaíso y con apoyo de exalumnas. El objetivo: ampliar la red de referentes que inspiren permanencia en la carrera. “La idea es que chicas que estén dudando si seguir o no, o que les cueste la carrera, puedan ver que es posible lograrlo”, señaló Ivonne Pereira, presidenta del CAA. En modalidad híbrida, cerca de 30 alumnas conversaron con Vinka Hildebrandt, primera titulada de
Ingeniería Eléctrica de la USM y Regional Risk Management Lead Latam en Glencore; y Aura Rearte, exalumna y gerenta de Regulación y Nuevos Negocios en Enlight Chile.
Ese mismo impulso por sostenerse en comunidad tomó otra forma al cierre de semestre: un retiro enfocado en habilidades blandas, organizado por Margarita y Abish “Somos tan poquitas que muchas veces nos sentimos solas en la carrera. Entonces, era necesario crear un ambiente seguro donde podamos crecer, apoyarnos y permanecer juntas”, dice Abish. La experiencia fue guiada por Adrián Salama, doctor en psicoterapia, en dos jornadas de trabajo que combinaron teoría, ejercicios prácticos y dinámicas vivenciales. “Al ser mujeres insertas en un área con mayor participación masculina, les cuesta ver las fortalezas que ellas pueden otorgar”, comentó.
Para quienes participaron, el valor fue inmediato. “Ha sido muy bonito e importante compartir con más mujeres en ingeniería eléctrica, porque podemos armar una comunidad para apoyarnos y terminar la carrera con mucho más ánimo”, resume Isidora Álvarez, estudiante de tercer año. MELI, al final, se parece a eso: una red que no promete caminos fáciles, pero sí compañía para recorrerlos.
Conexiones que sostienen: El camino de ADA en tecnología
La iniciativa estudiantil impulsa el acompañamiento, la retención y la proyección del talento femenino, articulando comunidad, referentes y compromiso social desde la USM hacia el mundo.
Durante años, muchas mujeres en áreas tecnológicas han avanzado entre clases, laboratorios y pruebas con la sensación de estar “contra la corriente” y, a veces, sin pares con quienes apoyarse. En el Encuentro de Mujeres en la Ciencia (E=MC²), esa experiencia encontró respuesta: nació ADA, Encuentro de Mujeres en la Tecnología, una red para crecer acompañadas.
Ignacia Bustos, fundadora y presidenta de la iniciativa, recuerda que el impulso nació de observar el camino trazado por EMMA y Cuánticas. “Nacemos de la necesidad de crear comunidad entre las mujeres de Informática y Telemática”, explica. La respuesta fue inmediata y contundente. En su primera reunión, alrededor de 40 mujeres —desde estudiantes de pregrado y postgrado hasta académicas— se encontraron para confirmar que el deseo de fortalecerse colectivamente era una urgencia latente.
Voces que programan el cambio
Desde su origen, ADA ha entendido que la comunidad se construye compartiendo el código de la experiencia. A través del ciclo de charlas “Voces que Inspiran”, las académicas del departamento han compartido sus trayectorias, humanizando los desafíos de la disciplina. Pero la red también se teje en lo cotidiano. Junto al CIAC, la actividad “Hackea tu Estudio” entregó herramientas para gestionar el estrés del cierre de semestre, demostrando que el bienestar es la base de cualquier algoritmo de éxito.
Este florecimiento de ADA no es casualidad, sino parte de una marea que está cambiando la fisonomía de la ingeniería. El 2025 marcó un hito histórico: la carrera de Ingeniería Civil Informática registró su mayor porcentaje de participación femenina, atrayendo además a los puntajes máximos de la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES). La misión de ADA es asegurar que ese talento encuentre un espacio donde echar raíces.
De la USM al mundo
El impacto de las informáticas de la USM hoy cruza fronteras. Un referente ineludible es Valentina Muñoz, estudiante de Ingeniería en Informática y activista digital, quien representó a Chile en el encuentro “Culturas y Ciudades en Iberoamérica” en Bogotá. Como Defensora de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para las Naciones Unidas, Valentina lleva la voz de la tecnología con propósito social a los escenarios globales, inspirando a sus compañeras de ADA a ver su carrera como una herramienta de transformación mundial.
El desafío de la permanencia
A pesar de ser una iniciativa joven, los objetivos de ADA son ambiciosos. El camino hacia la formalización como iniciativa estudiantil busca abrir puertas a fondos que permitan financiar salidas a terreno y programas de “amadrinamiento”. Sin embargo, el desafío más profundo es la retención.
“Queremos consolidar a ADA como un espacio seguro y de apoyo real para todas”, enfatiza Ignacia, también estudiante de ingeniería civil informática. En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, ADA se asegura de que ninguna compañera se quede atrás, construyendo una red donde el lenguaje universal sea, finalmente, la sororidad y el conocimiento compartido.
La equidad también se diseña
En Campus San Joaquín, estudiantes de Ingeniería en Diseño de Productos desarrollaron prototipos para acercar a la comunidad el rol de la Dirección de Género.
Aveces, una conversación parte por algo tan simple como un objeto bien puesto en el lugar correcto: un tablero que invita a opinar, un juego que abre preguntas, una herramienta que orienta. Con esa idea, estudiantes de primer año de Ingeniería en Diseño de Productos de la USM, en el Campus San Joaquín, desarrollaron prototipos pensados para informar, invitar a dialogar y acercar contenidos sobre género a la vida cotidiana de la comunidad universitaria, fortaleciendo la visibilización del trabajo de la Dirección de Género.
La iniciativa se enmarcó en la asignatura Introducción a la Ingeniería, donde cada año se trabaja con una unidad de la universidad para que el estudiantado conozca distintos ámbitos institucionales y, a la vez, diseñe considerando a usuarios reales. “Buscamos que puedan conversar con quienes serían sus potenciales usuarios y conozcan las diferentes áreas de la USM”, explicó la profesora Natalia Burgos. En esta oportunidad, el trabajo se desarrolló junto a la Dirección de Género del campus, en coordinación con Melody Cid, encargada de la dirección, quien se reunió con los equipos al inicio del proceso para orientar el desarrollo de los proyectos.
Para Melody, el momento era especialmente significativo. “Lo consideré una gran ayuda, ya que este año pasamos de ser una unidad a una dirección, y parte de nuestro quehacer es darla a conocer y posicionarla en la comunidad universitaria”, señaló. Con ese objetivo, los equipos levantaron propuestas enfocadas en visibilizar el quehacer de la Dirección de
Género y fortalecer su vínculo con estudiantes, funcionarias y funcionarios. “A través de esta actividad buscamos que aprendan a diseñar con usuarios diferentes a ellos y utilicen metodologías como design thinking”, comenta Natalia.
El cierre del semestre se realizó con una Feria de Productos, donde se presentaron los prototipos y un jurado evaluó cada iniciativa. Entre los desafíos abordados destacaron el diagnóstico de equidad, la conexión con comunidades, el interés por la equidad de género y el fortalecimiento del vínculo institucional.
Uno de los proyectos fue “Crees que vas bien”, un tablero interactivo que permite colocar información y realizar votaciones sobre temáticas asociadas a género. “Construir algo real es motivante para el primer semestre”, afirmó María de los Ángeles Pino, creadora del prototipo junto a Maira Contreras y Lukas Insignares. “Queríamos generar algo llamativo, que invitara a la persona a acercarse e informarse”, agregó.
La profesora Natalia Burgos valoró que las propuestas cumplieran su propósito de llamar la atención y posicionar a la dirección en el campus, destacando iniciativas como el juego de mesa “La Cotorra” y el Chatbot de Equidad, con potencial de implementarse. Una evaluación que comparte Melody Cid, quien felicitó la motivación del estudiantado, y asegura que “estos proyectos pueden ofrecernos una gran oportunidad de generar espacios de conocimiento para la comunidad universitaria”.
La voz que recupera el espíritu feminista en la universidad
Nacida al alero de las movilizaciones feministas y fortalecida desde lo comunitario, la Vocalía de Acción Feminista impulsa talleres, redes de apoyo y espacios de formación para enfrentar las violencias de género y construir una casa de estudios más inclusiva.
Más allá de las cifras y los avances en la materia, la brecha de género sigue siendo una realidad presente en la vida universitaria. Para muchas mujeres y disidencias, eso significa transitar espacios masculinizados, sostenerse en ambientes hostiles o enfrentar situaciones que requieren orientación y contención. En ese contexto, la Vocalía de Acción Feminista nace como un espacio de encuentro, apoyo y formación.
Daniela Silva, coordinadora de la iniciativa, recuerda que el germen del proyecto está en la herencia del 2018. “Nosotras alcanzamos a estar en ese tiempo presencialmente, en las grandes movilizaciones donde se conformaron protocolos y hubo un despertar sobre cómo generar espacios seguros”, explica. Sin embargo, el aislamiento de la pandemia dejó una cicatriz: una desconexión generacional. Las nuevas estudiantes llegaron a una universidad donde las violencias se habían trasladado a la pantalla y donde el impulso de la calle parecía haberse diluido.
Cuando Daniela y sus compañeras terminaron su periodo en la federación en 2022, sintieron que el trabajo por la equidad no podía ser una tarea administrativa más que se agotara en un año de gestión. La Vocalía nació entonces como una “secretaría extra”, un pulmón que respira fuera de la orgánica tradicional para enfocarse en lo humano. “Nuestro principal objetivo es tener un espacio seguro y de confianza, en donde poder conversar, hablar y educarnos”, afirma Daniela.
El arte y el cuerpo como trinchera
La resistencia de la Vocalía no solo se queda en la teoría; se traduce en acciones que sanan y empoderan. Han organizado talleres de autodefensa con colectivas de Valparaíso y clases de expresión oral, fundamentales para aquellas que sienten el peso de hablar ante un auditorio lleno de hombres.
Pero también han apostado por la ternura y la memoria. “Este año hicimos talleres de bordados con las Bordadoras por la Memoria, dándole un contexto político”, relata la coordinadora. Entre hilos y puntadas, también se han abierto círculos sobre el ciclo menstrual, derribando mitos y recuperando el conocimiento sobre el propio cuerpo.
Daniela, que ya está en la etapa final de su paso por la universidad, mira con esperanza cómo las nuevas generaciones llenan los talleres. El objetivo final es ambicioso pero urgente: educar a toda la comunidad —incluyendo a profesores y funcionarios— para que la violencia de género no tenga espacio en la convivencia universitaria y sea abordada con claridad y responsabilidad.
El trabajo con la universidad ha sido cercano; y ahora, con la Dirección ya en marcha, destacan algo clave: una coordinación estable para sostener talleres, capacitaciones y orientación sobre normativa y protocolos.
La Vocalía no es un club cerrado; es una invitación a transformar la universidad. Porque, como dice Daniela, la convicción es clara: “Se necesita que los espacios sean inclusivos para todas las personas que conviven en ellos”. Mientras ese día llega, ellas seguirán ahí: bordando, conversando y sosteniéndose.
Espacios seguros: La resistencia de Disidencias UTFSM
Nacida en el aislamiento de la pandemia, la iniciativa se consolida hoy como un refugio de visibilidad y educación, reafirmando que el respeto y los derechos conquistados no darán ni un paso atrás.
Hay lazos que se forjan en la distancia para hacerse fuertes en la presencia. En el año 2020, mientras el mundo se recluía por la crisis sanitaria, en la USM emergía una necesidad urgente: crear un lugar donde la comunidad LGBTIQA+ pudiera sentirse segura, escuchada y representada. Así nació Disidencias UTFSM, un proyecto que hoy, bajo la coordinación de Mar León, estudiante de ingeniería civil matemática, se alza como un pilar de acompañamiento en un entorno históricamente desafiante.
Para la organización, el calendario académico es una ruta de visibilización. Cada año comienza con la bienvenida a las y los mechones, una convocatoria vital para quienes inician su vida universitaria buscando referentes. A lo largo del semestre, la presencia de Disidencias se traduce en stands informativos donde se dialoga sobre derechos, sexualidad e historia, transformando el patio en un aula de respeto. “Nos organizamos para realizar actividades en conjunto con otras iniciativas, como es el Cuecazo Diverso en septiembre”, explica Mar León, destacando cómo las tradiciones se resignifican para incluir a todas las identidades.
El respaldo institucional y la red de apoyo
El crecimiento de Disidencias no ha sido un camino solitario. En los últimos años, la articulación con Relaciones Estudiantiles y la Dirección de Género ha permitido profesionalizar y financiar sus actividades. Para la iniciativa, este respaldo es estratégico. “Creemos que es suma-
mente importante que redes oficiales de la universidad nos acompañen en esta tarea de educar en la materia y promover el respeto”, señala Mar, subrayando que la inclusión debe ser un compromiso institucional y no solo un esfuerzo voluntario de los estudiantes.
Desafíos y convicción política
Sin embargo, el escenario actual presenta matices complejos. Al igual que otras agrupaciones, Disidencias ha observado un declive en el interés y la participación del estudiantado por las actividades extracurriculares. Este fenómeno, sumado a los cambios en el clima social, genera una sombra de incertidumbre sobre el recambio generacional de la iniciativa.
A pesar de las dudas sobre el futuro a largo plazo, la postura de Mar León y su equipo es de una firmeza inamovible. En un contexto donde los avances sociales a veces se ven tensionados, Disidencias UTFSM declara su voluntad de permanencia. “Actualmente nos mantenemos firmes en nuestros objetivos y convicciones para no dar ni un paso atrás en los derechos ganados, sin importar el ambiente político que se pueda dar”, sentencia.
Hoy, Disidencias sigue siendo ese espacio seguro que soñaron en 2020: una red que, ante la incertidumbre, responde con organización, educación y la certeza de que la universidad se construye entre todas, todos y todes.
Espacios inclusivos para la comunidad USM
Del marcador a la comunidad: El nuevo Intercarreras mixto
Con casi 40 años de historia, el Campeonato Intercarreras vivió en 2024 un giro hacia un formato más participativo y comunitario, con decisiones construidas junto al estudiantado.
Con cerca de cuatro décadas de trayectoria, el Campeonato Intercarreras ha sido parte del paisaje universitario de la USM. Aunque desde hace tiempo incluye participación de mujeres, 2024 marcó un punto de inflexión: el programa se repensó para responder a nuevas necesidades estudiantiles y a los cambios sociales, replanteando una pregunta de fondo: ¿qué se busca transmitir desde la actividad física, más allá del resultado?
Pablo Núñez, Coordinador de Extensión y Vinculación con el Medio del Departamento de Educación Física, Deportes y Recreación (DEFIDER), explica que la apuesta fue dejar atrás una lógica excesivamente competitiva —centrada en “quién le gana a quién”— y avanzar hacia un formato con sello participativo, recreativo y comunitario. El objetivo: que el deporte muestre una universidad que se organiza y convive, donde el foco esté en la participación, la vida saludable y el sentido de pertenencia.
El rediseño también respondió a condiciones presupuestarias, que impulsaron a buscar una forma distinta de gestión. En ese contexto, se consolidó una mesa de delegados y delegadas de deportes, integrada por representantes de todos los centros de estudiantes. Este espacio permitió tomar decisiones de manera colegiada, democrática y participativa, revisando en conjunto necesidades y recursos para mantener la mayor cantidad de disciplinas posibles. Esa evaluación fortaleció el formato mixto, que además ya tenía precedentes históricos en Campus San Joaquín, y se alineó con el objetivo institucional de homologar actividades entre campus.
Para Núñez, uno de los hitos del 2024 fue precisamente
que el Intercarreras dejara de ser una actividad “hecha para” el estudiantado y pasara a ser una iniciativa construida con el estudiantado. “Se generó un diálogo muy enriquecedor donde no solo se discutían temas deportivos, sino también organización, convivencia y comunidad”, plantea. En ese proceso, destaca el rol de varias y varios estudiantes que sostuvieron el trabajo colectivo. Entre ellos, menciona a Camila López, actual presidenta de la Federación de Estudiantes, quien se desempeñó como delegada de deportes de Ingeniería Industrial y aportó activamente a la coordinación y mejora del programa.
La integración de mujeres se expresa no solo en la participación, sino también en hechos recientes y en la gestión que hace posible el campeonato. Núñez subraya que por primera vez en el marco del Intercarreras se logró participación de estudiantes de la Sede Viña del Mar, gracias al apoyo de la profesora Macarena Ramírez de Arellano, del Departamento de Ciencias; y de la profesora Marcia Cueto, entrenadora de la selección de atletismo de esa sede. Además, releva que la administración de los recintos deportivos —clave para coordinar espacios y horarios— está liderada por mujeres, con una gestión que califica como ordenada, comprometida y decisiva para el desarrollo del programa.
Con este nuevo enfoque, el Intercarreras mixto se consolida como una plataforma de vida universitaria: deporte, convivencia y comunidad en movimiento, donde competir no excluye compartir, y donde la participación se entiende como parte del desarrollo integral.
El Campeonato Intercarreras de la USM fue rediseñado en 2024 para priorizar la participación, la convivencia y la vida universitaria por sobre la competencia.
Con ellas al frente: federaciones estudiantiles lideradas por mujeres
Un hito que habla de cambio cultural y una comunidad que empieza a confiar en liderazgos diversos.
Hay hitos que no necesitan ceremonia; se perciben en el modo en que una voz se instala con naturalidad en espacios que antes parecían reservados. Durante 2025, todas las federaciones estudiantiles de la USM estuvieron encabezadas por mujeres. Y aunque el dato es simple, su efecto es profundo: reordena imaginarios, abre posibilidades y deja un mensaje claro para quienes recién llegan.
Campus Casa Central Valparaíso: visibilizar y abrir camino
Camila López, presidenta de la Federación del Campus Casa Central Valparaíso y estudiante de Ingeniería Civil Industrial, lo describe como una apuesta visible: “Mi principal objetivo como presidenta es visibilizar el liderazgo femenino dentro de la universidad y demostrar que la USM no es un espacio exclusivamente masculino”. Su meta, dice, es que las estudiantes —mechonas y antiguas— se sientan representadas y seguras, entendiendo que “no somos solo un porcentaje… sino una parte activa, competente y fundamental”. Para ella, este escenario proyecta una señal hacia afuera: una universidad que forma profesionales, pero también mujeres líderes.
Camila también reconoce la fuerza de los referentes. Recuerda a Daniela Silva, ex presidenta de la Federación, como una guía desde sus primeros pasos en la orgánica estudiantil: “me apoyó y orientó, me transmitió conocimientos y experiencia… y hasta hoy continúo recibiendo su apoyo”.
Campus San Joaquín: pertenencia y participación
En Campus San Joaquín, Sofía Peña Maldonado lidera la Federación. Es estudiante de Ingeniería Civil de Minas y su acento está puesto en la comunidad. Su sello será fortalecer la participación y el sentido de pertenencia, con una Federación “cercana y responsable”, que escuche y conecte a más estudiantes con la vida universitaria y el bienestar estudiantil.
Sobre el hito, lo lee como una marca histórica en una institución STEM: “refleja un avance en la construcción de espacios equitativos y abiertos”, y subraya un efecto clave: tener referentes inspira a más estudiantes a involucrarse y proyectarse en roles de liderazgo. También valora la continuidad: en 2025 la federación fue presidida por Tabatha Estay, y Sofía formó parte de su equipo.
Campus Vitacura: liderar también es construir
En Vitacura, el liderazgo femenino también es historia de creación. María Fernanda Cáceres, estudiante de Ingeniería Civil Industrial, encabezó la primera Federación del campus, levantando desde cero la organización, la representación y el posicionamiento. “Más que un cambio repentino, lo entiendo como la consolidación de un proceso que hoy se hace visible”, señala.
Durante su periodo, su foco fue acercar la federación a la comunidad y ampliar la idea de universidad: no solo un lugar académico, sino un espacio donde las y los estudiantes puedan sentirse parte, ser escuchados y desarrollar habilidades más allá de la sala de clases. Para ella, el hito refleja una confianza que se ha ido ganando: cada vez más
Andrea Espinoza
Presidenta Federación
Sede Concepción
Agosto 2024 a marzo 2026
Sofía Peña
Presidenta Federación
Campus San Joaquín
Enero 2025 a enero 2026
Camila López
Presidenta Federación
Campus Casa Central Valparaíso
Diciembre 2025 a noviembre 2026
María Fernanda Cáceres
Presidenta Federación
Campus Vitacura
mujeres se atreven a asumir estos espacios y las comunidades validan su capacidad de gestión y decisión.
Sede Concepción: liderar con comunicación y respeto
En Concepción, Andrea Espinoza, estudiante de último año de Ingeniería Informática, resume su sello en una palabra difícil y decisiva: comunicación. Liderar, dice, implica amabilidad y respeto, porque “represento a estudiantes y soy estudiante, por lo tanto siempre serán mis pares”.
En su sede ya hubo presidentas antes —dos, recuerda— y se declara heredera de esos aprendizajes. Aun así, el momento tiene un peso especial: “siento un orgullo tremendo de que seamos mujeres líderes en una universi-
Abril 2025 a diciembre 2025
dad donde trabajamos día a día para que podamos ser más mujeres”.
Un hito que no ocurre solo
Este escenario no aparece de la nada. La universidad ha impulsado mecanismos para fortalecer liderazgos femeninos, como vías de admisión orientadas a mujeres con trayectoria en liderazgo, responsabilidad social, ciencia, y programas que apoyan su inserción y permanencia en áreas históricamente masculinizadas. Pero el cambio cultural se vuelve real cuando se encarna en nombres, voces y decisiones cotidianas.
Hoy, que todas las federaciones sean lideradas por mujeres no es solo una foto. Es una señal de época: el liderazgo se amplía, se diversifica y empieza a parecerse más a la comunidad que representa.
Una red que abre camino: Se consolida la primera asociación de exalumnas de la USM
Con más de 1.200 integrantes, Mujeres STEM busca visibilizar, conectar y proyectar a profesionales en ciencia y tecnología, con mentorías, formación y networking.
Aveces una red empieza con una conversación entre amigas y termina convirtiéndose en una comunidad capaz de abrir puertas para muchas otras. Con ese fin nació Mujeres STEM, la primera asociación de exalumnas de la USM: un espacio para encontrarse, apoyarse y proyectar trayectorias en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Hoy, esa comunidad ya supera las 1.200 integrantes.
El lanzamiento se realizó en agosto de 2025 en el Campus Vitacura, en una jornada que mezcló historias personales, reconocimiento a trayectorias inspiradoras e invitaciones concretas a participar. Asistieron autoridades universitarias, representantes del mundo industrial y quienes impulsaron la iniciativa desde su origen.
En la apertura, el rector Juan Yuz destacó el valor de formalizar esta articulación entre profesionales. “Es bueno que ahora se conformen como una asociación y que tengan esta visión de colaborar, de apoyarse y de constituir una red, en beneficio de nuestras estudiantes… pero además con la mirada de género”, señaló, vinculando el trabajo de la red con el rol público de la universidad en conocimiento e innovación.
Entre las impulsoras, Yessica Cartajena, ingeniera civil electrónica, presidenta del Consejo Superior de la USM y fundadora de Mujeres STEM, subrayó el carácter colectivo del proceso. “Es un hito que viene tras mucho trabajo… comenzamos en este camino hace un año y medio entre amigas y compañeras, y en tres
meses ya éramos más de mil”, relató, mostrando la rapidez con que se activó una necesidad compartida: pertenecer, acompañarse y avanzar juntas.
Durante la presentación de la red de exalumnas también se abrió un espacio para reflexionar sobre qué hace poderosa a una articulación colectiva. Bárbara Cuitiño, con más de 15 años liderando proyectos de transformación digital en empresas internacionales, ofreció la charla “Redes que transforman” y puso en valor la formación recibida: “La universidad nos dio resiliencia, coherencia, disciplina y excelencia”.
Por su parte, Gabriela Becker, partner manager en Huawei Chile y cofundadora, presentó los pilares del programa: visibilidad y networking, mentorías y coaching, formación continua y empleabilidad. La propuesta incluye membresías anuales con distintos niveles de acceso: una gratuita para alumnas de último año; otra sin costo para mujeres en transición laboral; una pagada con acceso a formación y asesoría; y una membresía solidaria, pensada para financiar la participación de otras integrantes.
El cierre sumó inspiración desde el mundo editorial y emprendedor con la presentación del libro Yo creo. Creer, crear y emprender, de Alejandra Mustakis, junto con el reconocimiento a tres socias honorarias: María Cristina Bobadilla, primera mujer titulada de la USM —Escuela de Decoración de Interiores—; Cecilia Reyes, directora general de Asuntos Estudiantiles; y Silvana Cominetti, primera mujer en presidir el Instituto de Ingenieros de Chile.
Mujeres STEM, primera red de exalumnas de la USM, busca visibilizar, conectar y proyectar trayectorias femeninas en STEM a través de mentorías, formación y networking.
De la excelencia al impacto: Exalumnas representan el talento femenino que transforma Chile
Desde distintos ámbitos profesionales, Yessica Cartajena, Danielle Laport y Pamela Atala fueron reconocidas en “100 Mujeres Líderes”, reflejando la excelencia y los valores formativos de su casa de estudios.
No es solo un reconocimiento: es una forma de nombrar, en voz alta, liderazgos que muchas veces avanzan discretamente y sin aplausos. En la versión 2025 de “100 Mujeres Líderes”, tres exalumnas de la USM fueron destacadas por trayectorias construidas con rigor, constancia y vocación de aporte, en espacios donde aún persisten brechas.
La distinción —impulsada por El Mercurio y Mujeres Empresarias— visibiliza liderazgos femeninos en ámbitos como empresa, ciencia, academia, servicio público y deporte. Esta vez, los nombres de Yessica Cartajena (ingeniera civil electrónica), Danielle Laport (ingeniera civil industrial) y Pamela Atala (ingeniera civil industrial) aparecieron entre las seleccionadas, reflejando tres maneras distintas de incidir: desde la estrategia tecnológica global, la gestión corporativa y el emprendimiento con propósito.
Yessica Cartajena fue reconocida en la categoría “Ejecutivas”. Desde su rol como directora regional de estrategia global en Microsoft y cofundadora de Mujeres STEM USM, entiende el premio como un logro compartido: una celebración de quienes creen en la tecnología como herramienta para el desarrollo del país. Al mirar hacia atrás, vuelve a una idea que se repite en su relato: la USM como escuela de perseverancia y disciplina, pero también como un entrenamiento para innovar incluso cuando el contexto exige más de la cuenta.
En la misma categoría, Danielle Laport recibe el reconocimiento como validación a un recorrido sostenido “peldaño a peldaño”. Hoy es gerente de Gestión Corporativa de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), tras dos décadas en minería y ocho años en construcción. Su mensaje es directo: el rigor y la constancia abren puertas, y el género no debería operar como techo para el tamaño de los desafíos.
En “Empresarias”, Pamela Atala fue distinguida por Kanan Caring, empresa orientada a la atención integral de adultos mayores y pacientes psiquiátricos. Para ella, emprender no es solo levantar un servicio: es sostener una manera de hacer, crecer “con amor y empatía” y no perder el norte cuando el camino se vuelve cuesta arriba. Sobre su formación, vuelve a lo esencial: la universidad le enseñó a mirar los problemas de frente y buscar soluciones, siempre.
Desde la USM, el rector Juan Yuz valoró el reconocimiento por su efecto multiplicador: estos logros se convierten en referencia visible para nuevas generaciones y refuerzan una formación orientada a la excelencia, el compromiso social y el sentido ético.
En 2025 se recibieron 24.048 nominaciones y se eligieron 100 líderes. La cifra impresiona, pero el sentido es simple: amplificar historias que abren conversación pública. Porque cuando una mujer avanza, también se mueve el país que la rodea.
Danielle Laport, Pamela Atala y Yessica Cartajena fueron las exalumnas reconocidas en la última edición de “100 Mujeres Líderes”, iniciativa impulsada por El Mercurio y Mujeres Empresarias.
El corazón de la transformación: La nueva Dirección de Género en la USM
De ser una unidad enfocada en lo estudiantil a convertirse en una instancia estratégica bajo Rectoría, la Dirección de Género, liderada por la doctora en Filosofía Pamela Soto, busca rediseñar condiciones para que las mujeres no solo ingresen, sino que decidan quedarse.
Para Pamela Soto, llegar a la USM no fue un trámite: fue un periodo de observación. Entró como investigadora postdoctoral, levantando información sobre género en la misma institución que hoy conduce desde la Di rección de Género. Esa experiencia —hecha de investigación, datos y escucha— le dio piso para proponer una ruta cuando asumió el desafío de liderar una estructura que estaba a punto de cambiar su lugar en la universidad.
El trabajo en materia de género en la USM comenzó a consolidarse desde 2018, primero con un protocolo y luego con una unidad vinculada a Relaciones Estudiantiles. El giro institucional llegó cuando, tras una modificación organizacional, la Dirección de Género pasó a depender de Rectoría. “Ya no tenemos un foco exclusivamente en los estudiantes, sino en toda la comunidad y en todas las áreas. Esto permite avanzar en una posibilidad real de igualdad de oportunidades”, explica Pamela.
Más allá de la norma
Cumplir la ley es el piso, no el techo. Por eso, la dirección trabaja con un plan que ordena el quehacer y evita que el avance dependa de impulsos aislados. La ruta se despliega en cinco frentes: implementar la política integral, transversalizar la perspectiva de género, monitorear y acompañar trayectorias de mujeres en STEM, articular investigación y redes, y fortalecer la coordinación interna con el resto de la universidad.
La idea de fondo es clara: la equidad no se instala solo con discursos. Requiere estructura, coordinación y mecanismos que la vuelvan parte del funcionamiento cotidiano.
Datos que se convierten en herramienta institucional
Uno de los hitos que Pamela destaca no tuvo escenario ni ceremonia, pero sí impacto: la construcción de un Power BI con brechas de género por carrera, departamento y sede. Un mapa vivo para ver con precisión dónde aparecen desigualdades y dónde se abren oportunidades de intervención.
Lo relevante es lo que implica ese instrumento: los datos ya no quedan “encerrados” en Género. Se monitorean junto a Calidad y Planificación, porque dialogan con acreditación y con el proyecto educativo institucional. En otras palabras: la perspectiva de género deja de ser un anexo y empieza a operar como indicador de calidad.
El desafío de la permanencia
En el corazón del trabajo aparece una pregunta incómoda, pero clave: si la universidad está atrayendo a más mujeres, ¿qué está haciendo para que quieran y puedan quedarse?
Esa inquietud —planteada desde la Vicerrectoría Académica— abrió un eje de acción concreto: levantar información sobre trayectorias de mujeres, especialmente entre académicas incorporadas vía concurso institucional de supernumerarias, un grupo dinámico que hoy ronda las 25 nuevas académicas.
De ese diagnóstico surgen necesidades que se repiten con nitidez. Por un lado, la mentoría: el acompañamiento de quienes ya recorrieron el camino y pueden orientar decisiones, tiempos y estrategias. Por otro, la construcción de redes: comunidad y sostén para no transitar en solitario, especialmente en áreas históricamente masculinizadas. Y, en un plano más específico de la vida académica, aparece la figura de los “amigos críticos”: apoyos expertos capaces de leer artículos, entregar retroalimentación honesta y fortalecer la producción científica con rigor, pero también con confianza. La idea de fondo es simple y potente: retener también es una política.
Liderazgo en red
La USM no trabaja en solitario. En investigación y redes, la dirección participa en espacios regionales y nacionales que permiten compartir aprendizajes, consolidar estándares y empujar políticas más robustas. Pamela lo resume en tres siglas que ordenan gran parte del trabajo colectivo: CRUV, CRUCH y G9. En esta última, por el rol actual del rector, a ella le ha tocado presidir la Comisión de Equidad de Género, en codirección con la PUC.
La transformación cultural
Pamela no romantiza el proceso: lo más difícil es la transformación cultural. Asumir que no se trata de “llegar” a un lugar, sino de reconocer que ya estamos en un camino. Implica nombrar lo que antes se naturalizaba y comprender que ciertas conductas —por ley y por ética institucional— ya no caben en la vida universitaria.
Aun así, reconoce señales concretas: buena recepción del material, departamentos que piden orientación, paredes que exhiben políticas. Y quizá lo más revelador: cambios que surgen fuera de la propia Dirección, como baños inclusivos o salas de lactancia. No son “obra” directa de Género, pero sí evidencia de que el tema dejó de estar en una oficina y empezó a instalarse como práctica.
Participación para que la política no quede en papel
Los próximos desafíos combinan exigencia normativa y ambición institucional: actualizar la política integral y realizar el diagnóstico de riesgos. Pero Pamela insiste en un énfasis: que no sea solo cumplimiento, sino participación real. “La idea es que estas acciones tengan compromiso de la comunidad”, afirma, y que se entienda el género no como un tema sectorial, sino como condición para vivir mejor la universidad: con más seguridad, más libertad y más democracia.
El ritmo, dice, es bueno. Falta, sí. Pero ya empezó. Y hoy ese avance tiene una ruta.
Más mujeres en la cátedra: El programa que mixtura los equipos académicos
La universidad impulsa vacantes y acompañamiento para sumar académicas a sus departamentos. El foco no es solo incorporar, sino sostener trayectorias y abrir referentes tempranos en aulas STEM.
Hay cambios que se notan en detalles pequeños: una clase donde ya no eres “la única”, una reunión académica con más voces, una estudiante que por primera vez se ve reflejada en quien enseña. La incorporación de académicas en áreas STEM apunta justamente a eso: transformar, desde el equipo académico, la experiencia universitaria y las posibilidades de permanencia.
En los últimos años, la universidad ha impulsado un plan para aumentar el número de académicas en sus departamentos y disminuir brechas en espacios históricamente masculinizados. Este esfuerzo se inserta en un fortalecimiento mayor de la planta académico-docente, que alcanzó recientemente 500 contrataciones vigentes. Para el vicerrector académico Andrés Fuentes, no es solo un número: “marca un hito sin precedentes en la historia de la universidad, reflejando un trabajo estratégico que busca asegurar la excelencia en la formación en STEM”. En ese crecimiento, además, se han impulsado vacantes creadas específicamente para disminuir brechas de género, lo que ha permitido que en los últimos 10 meses se integraran 25 nuevas académicas a la universidad.
Pamela Soto, directora de Género de la USM, lo resume con una idea que se repite como horizonte: “La universidad ha desarrollado un plan de incorporación para
académicas, que durante los últimos años ha permitido ir mixturando los claustros”. Más allá del término, el efecto es concreto: diversificar quiénes enseñan, investigan y lideran.
En este sentido, Pamela insiste en un punto: el ingreso no basta. “La tarea de incorporación de más mujeres en las áreas STEM no culmina en mejorar el acceso, sino que requiere esfuerzo para que estas trayectorias académicas se mantengan en la institución”, advierte. Por eso —explica— se diseña un programa de acompañamiento para nuevas incorporaciones, que no solo busca apoyar su inserción académica, sino ampliar el impacto en quienes aprenden: “esto no sólo favorecerá a las académicas, sino a los y las estudiantes que tempranamente comienza a tener contacto con mujeres dedicadas a estas áreas disciplinares, lo que nos permite contar con aulas que no reproduzcan brechas ni estereotipos de género”.
El efecto es doble. Por un lado, se fortalecen capacidades: nuevas líneas de investigación, docencia especializada e innovación. Por otro, se mueve el imaginario de quién “pertenece” a estas disciplinas. En una universidad donde el pulso STEM es identidad, sumar académicas no es solo una política de contratación: es una forma de construir futuro con más voces en la cátedra.
La nueva presencia femenina que impulsa las áreas STEM en la Sede Viña del Mar
Incorporadas vía concurso supernumerario, Valentina González, Heilym Ramírez y Juliet Aristizábal impulsan proyectos que transforman residuos, resguardan privacidad y convierten desechos textiles en innovación.
En la Sede Viña del Mar, sumar académicas ha empezado a cambiar el mapa cotidiano: nuevas líneas de investigación, más referentes en el aula y equipos de trabajo más diversos. Desde 2024 a la fecha, tres académicas se incorporaron mediante el sistema supernumerario, un mecanismo reciente orientado a fortalecer la presencia femenina en áreas STEM y ampliar oportunidades dentro de la universidad.
Sus perfiles son distintos, pero el efecto es común: nuevas preguntas entran al aula, nuevos proyectos se instalan en el territorio y la formación se vuelve más diversa, no por discurso, sino por experiencia concreta.
Biotecnología desde el mar: plumas que se vuelven recurso
Valentina González, académica del Departamento de Química y Medio Ambiente, desarrolla un proyecto postdoctoral financiado por ANID centrado en una bacteria marina capaz de degradar residuos de plumas —un subproducto difícil de procesar de la industria avícola— mediante enzimas que rompen la queratina. La promesa es potente: transformar un desecho complejo en productos útiles, como fertilizantes, alimento para animales o incluso insumos con potencial biomédico, a través de un proceso más amigable con el medioambiente.
Para Valentina, la incorporación ha sido “muy gratificante, llena de aprendizajes y desafíos”. En lo profesional, describe un desafío-oportunidad que se siente fundacional: levantar una línea de investigación desde etapas iniciales, habilitar espacios y consolidar equipos. “Es un proceso exigente, pero también muy motivador”, afirma. En lo personal, destaca el apoyo recibido y un deseo que atraviesa toda carrera académica con sentido: aportar a la formación y “ser un referente cercano” para quienes hoy se están formando.
Tecnología que cuida sin vigilar: IA y radar con enfoque de privacidad
Desde el Departamento de Electrotecnia e Informática, la académica Heilym Ramírez trabaja en un proyecto que combina inteligencia artificial y radar de ondas milimétricas (mmWave) para modelar interacciones humanas en contextos que simulan el transporte público. El objetivo es detectar patrones de proximidad persistente y dinámicas espaciales que puedan actuar como indicadores indirectos de situaciones de acoso o vulnerabilidad, particularmente desde una perspectiva de género, preservando la privacidad.
Heilym describe su llegada como un proceso “muy significativo” en lo profesional y personal. “Más que verlo solo como una oportunidad individual, lo veo también como una responsabilidad”, sostiene, pensando en la baja participación femenina histórica en disciplinas como ingeniería eléctrica e IA. Valora el programa como paso fundamental, pero advierte lo que suele quedar fuera de los titulares: incorporar debe ir acompañado de medidas sostenidas que apoyen desarrollo académico, liderazgo y proyección. “La diversidad en los equipos académicos fortalece tanto la formación de estudiantes como el desarrollo de la investigación”, resume.
Del fast fashion a los nanomateriales: circularidad con escala piloto
Juliet Aristizábal, académica del Departamento de Diseño y Manufactura, encabeza ChemNanoTex, un proyecto que enfrenta el impacto ambiental del fast fashion con una solución innovadora: transformar residuos textiles en nanomateriales de carbono de alto valor mediante pirólisis, un reciclaje químico sin combustión. El proyecto ya validó tecnología a escala piloto y permite valorizar incluso textiles en mal estado que no pueden reciclarse con métodos tradicionales. Además, abre oportunidades ambientales y económicas al alinearse con políticas como la Ley REP e insertarse en un mercado global en crecimiento, con aplicaciones potenciales en minería, energía y transporte.
Juliet cuenta que su experiencia ha sido “muy positiva”: destaca el apoyo de su departamento para consolidar el área de investigación y la calidez humana de la sede. “Valoro mucho esta iniciativa”, agrega sobre la incorporación de académicas, “porque contribuye a reducir una brecha histórica” y enriquece docencia e investigación. Y pone una condición clave: que estas medidas se sostengan en el tiempo y vayan acompañadas de cambios estructurales que aseguren igualdad de oportunidades.
Más que sumar nombres: cambiar el paisaje
En conjunto, estas tres incorporaciones muestran una idea simple: cuando se amplía quién investiga y enseña, se amplía lo que la universidad es capaz de imaginar. En Viña del Mar, la presencia de académicas no solo fortalece áreas estratégicas; también instala una señal cotidiana para las estudiantes: hay caminos posibles, hay espacios por ocupar, y hay redes que empiezan a construirse desde el aula.
Mujeres que enseñan, innovan y abren camino desde la Sede Concepción
Entre metodologías, redes y orientaciones con enfoque de género, el Congreso STEM
Biobío dejó una hoja de ruta para enseñar —y permanecer— en STEM.
El Congreso de Intercambio de Prácticas Docentes en contextos STEM, organizado por la Sede Concepción, reunió a docentes, estudiantes e investigadoras para hacer algo simple y urgente: compartir lo que pasa en el aula cuando se innova, cuando se prueba, cuando se falla y se vuelve a intentar. Sacar la práctica del “caso aislado” y convertirla en conversación colectiva.
En ese escenario, una voz tuvo un peso particular: Valeria Palma, la única académica en la Sede Concepción, incorporada vía concurso supernumerario. Su ponencia llevó un título que funcionó como advertencia pedagógica: “El experimento más difícil: conocer a quien se enseña”. Valeria habló de diversidad real —historias, contextos, trayectorias— y de cómo esa diferencia debería ser el punto de partida de la enseñanza en STEM.
“Todos somos altamente diversos y con un background diferente”, plantea. Por eso, educar exige considerar esos factores para que la experiencia sea “más entretenida, dinámica y realmente efectiva”. Su diagnóstico sobre brechas también va al núcleo menos visible del problema: para ella, “la peor” brecha en STEM es cultural y relacional. Persisten sesgos implícitos que, cuando una mujer ejerce
firmeza, la leen como conflictiva o frágil. Y ese filtro termina deslegitimando la voz, cuestionando el criterio y cerrando puertas informales: colaboración, redes académicas, coautorías y oportunidades.
De la reflexión a la red: Conectadas STEM
Desde su propia experiencia, Valeria, quien se desempeña en el Departamento de Química y Medio Ambiente, impulsa iniciativas que combinan docencia con perspectiva de género, un rol referencial y articulación comunitaria. Es parte del Observatorio de Género en Ciencia e Ingeniería, ha postulado un proyecto interno para que estudiantes tesistas realicen tutorías a niñas de tercero y cuarto medio, y participa en Conectadas STEM, red creada en la Sede Concepción para apoyarse, visibilizarse y generar un espacio seguro, con herramientas concretas e incluso oportunidades laborales.
Su mensaje a quienes dudan es directo: “que lo haga”. Y si el miedo aparece —si la soledad pesa en un entorno masculinizado—, que se acerque a Conectadas STEM o a las docentes. “Su presencia no sólo es bienvenida, sino necesaria”, remarca, recordando que equipos con mujeres muestran mayor impacto y citación en investigación.
Cuando el referente se vuelve visible
El congreso también dejó un dato que opera como señal: las expositoras constituyeron el 47% del total de ponencias. Para la Dra. Yessica Aguilera, profesora del Departamento de Ciencias y organizadora del encuentro junto a Karina Montecinos -también profesora del mismo departamento- no es solo participación: es construcción de referentes. “El protagonismo de docentes y estudiantes mujeres contribuye a la generación de referentes femeninas en el área STEM”, señala, y ayuda a visibilizar trayectorias históricamente subrepresentadas.
Yessica explica que el congreso surge de la necesidad de crear un espacio colaborativo para intercambiar experiencias pedagógicas innovadoras en educación STEM, conectando niveles Técnico Profesional, Científico-Humanista y Educación Superior. El feedback de la comunidad fue claro: se necesitan más instancias para conversar, generar redes y difundir innovaciones educativas que ya existen. El desafío, dice, es sostener el congreso anualmente y avanzar hacia redes formales de colaboración STEM entre niveles educativos, fortaleciendo la participación de mujeres referentes.
Enseñar sin sesgos para sostener trayectorias
En la misma línea, Claudia Grandón, jefa de carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos Laborales y Ambientales, presentó el proyecto liderado desde la Dirección General de Investigación, Innovación y Emprendimiento (DGIIE), que dio origen al documento “Orientaciones docentes con perspectiva de género”, elaborado para acompañar trayectorias de mujeres en áreas STEM, especialmente en carreras técnicas. El objetivo es concreto: no basta con mejorar el acceso si la permanencia ocurre en aulas que reproducen sesgos.
Claudia identifica problemáticas persistentes como baja matrícula femenina, falta de referentes en docencia y liderazgo, prácticas pedagógicas “neutras” que asignan roles estereotipados y experiencias de aislamiento o sobre exigencia —incluida la tensión entre vida académica y labores de cuidado. Las orientaciones proponen acciones aplicables: formación docente, prácticas inclusivas, mentorías, condiciones de bienestar institucional y visibilización de referentes. El documento ya fue validado y presentado en la Sede Concepción, y se articula con el proyecto FSM24101 “Co-construyendo equidad de género en la UTFSM” y el trabajo del Observatorio.
Porque enseñar STEM con equidad no es un “extra” del currículum: es la condición para que más estudiantes —y más mujeres— puedan entrar, permanecer y proyectarse.
Liderazgo femenino: Exalumna preside el Consejo Superior
Con una destacada trayectoria en el ámbito tecnológico, Yessica Cartagena será la encargada de liderar este cuerpo colegiado, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este cargo en la institución.
En 2025, un hito marcó la historia institucional de la USM: la exalumna Yessica Cartajena fue elegida presidenta del Consejo Superior por un período de dos años, convirtiéndose en la primera mujer en encabezar la máxima autoridad colegiada de la universidad. Ingeniera civil electrónica y ejecutiva del rubro tecnológico, integra este cuerpo desde 2023, tras ser electa por exalumnos de la casa de estudios.
Su trayectoria profesional se ha desarrollado en escenarios donde la innovación y la toma de decisiones estratégicas son parte del día a día. Actualmente se desempeña como directora en Microsoft Global, liderando iniciativas de largo plazo con empresas de Latinoamérica, y ha participado en espacios internacionales como el Comité de Tecnología de Naciones Unidas en Ginebra y el Consejo Consultivo del Banco Mundial para el informe Digital Dividends Report.
“Volver a la universidad donde estudié y en un rol de liderazgo es algo que me llena completamente el alma y el corazón. Para mí ha sido un honor pertenecer a este cuerpo colegiado y también, en lo personal, un gran aprendizaje”, señaló tras su designación.
Desde esa experiencia, releva el valor de la diversidad en los liderazgos universitarios y el compromiso de quienes integran el Consejo para construir acuerdos. “Garantizar que todas las voces sean escuchadas” es una de sus principales tareas, con el objetivo de fortalecer un diálogo institucional capaz de orientar decisiones estratégicas con mirada de futuro.
En esa misma línea, Yessica subraya la necesidad de proyectar a la USM en un contexto de disrupción tecnológica acelerada, con impactos directos en los modelos educativos y en los perfiles profesionales que demandan las industrias. “Tenemos que saber adaptarnos ágilmente a este fenómeno global. Estos cambios nos abren oportunidades que debemos saber capitalizar”, sostuvo.
Al referirse al liderazgo de mujeres en la universidad, destacó avances como la creación de la Dirección de Género, una mayor presencia femenina en cargos estratégicos y la conformación de la asociación de exalumnas Mujeres STEM USM. “Nuestras exalumnas y exalumnos son la carta de presentación para la universidad. Sus logros en el mundo profesional reflejan la calidad de la educación que recibieron”, agregó.
Actualmente Yessica Cartagena encabeza el Consejo Superior, el espacio colegiado donde se definen orientaciones estratégicas y se construyen acuerdos con la participación de autoridades y representantes de distintos estamentos, sumando además una mirada externa. En ese escenario, su foco está puesto en conducir conversaciones que integren perspectivas diversas y mantengan a la USM conectada con los desafíos del presente y del largo plazo.
Cuando se acorta la brecha:
El impulso de Más Mujeres Científicas
El programa del Ministerio de Educación vuelve a mostrar impacto en el ingreso a carreras STEM: la USM lidera por tercer año consecutivo en matriculadas por esta vía y eleva su porcentaje total de mujeres.
No siempre el cambio se ve en un solo gesto. A veces aparece en un número que, año a año, empuja la aguja hacia una institución más diversa. En el proceso de admisión 2026, la USM registró un 30% de mujeres seleccionadas, cifra que aumenta a 35% al sumar la vía especial +Mujeres Científicas (+MC), iniciativa del Ministerio de Educación orientada a reducir brechas de género y aumentar la participación femenina en carreras STEM
El avance también se mide en comparación: el porcentaje total de seleccionadas mujeres creció 1,2% respecto de 2025. Y, al mirar el efecto específico del programa, la señal es clara. “Este año observamos un impacto concreto del programa +Mujeres Científicas, el cual no solo contribuye al acceso, sino que permite avanzar hacia una mayor participación femenina en carreras STEM. Estos resultados confirman el aporte real de estas políticas en la diversidad del estudiantado, y posicionan nuevamente a la USM como la institución con más seleccionadas por esta vía a nivel nacional, por tercer año consecutivo”, comentó Karen Radonich, directora general de Admisión de la USM.
La historia no parte hoy. En la admisión 2024, la universidad ya había mostrado una disminución cercana a 10 puntos en la brecha de género en carreras STEM, con un salto histórico en la matrícula de mujeres en Campus Casa Central Valparaíso y un crecimiento relevante en puntajes de ingreso. Para la institución, el desafío ha sido doble: atraer talento femenino y sostener políticas que abran oportunidades reales allí donde las cifras históricas han sido más adversas.
Más Mujeres Científicas opera justamente como una puerta adicional: cupos supernumerarios en carreras STEM que se asignan dentro del proceso centralizado de admisión, considerando a postulantes mujeres que cumplen requisitos y quedan en lista de espera, ordenadas por puntaje ponderado. No exige una postulación extra; es una oportunidad complementaria que, en la práctica, está moviendo el mapa de quiénes llegan a las salas, laboratorios y talleres.
La equidad, en este caso, no es eslogan: es acceso con política pública, y resultados que empiezan a notarse en la composición del estudiantado.
Investigar con perspectiva de género: Una clave para la excelencia en STEM
La universidad impulsa cuatro líneas de investigación en este ámbito. En el corazón de este trabajo, dos postdoctorados indagan en afectos, redes y estrategias que sostienen la vida universitaria.
En una universidad donde la ciencia, la tecnología y la ingeniería marcan el pulso, la perspectiva de género también se investiga: no como un “anexo”, sino como una pregunta que atraviesa experiencias, decisiones y oportunidades dentro y fuera del aula. Esa mirada permite ir más allá del acceso y observar qué condiciones hacen posible permanecer, desarrollarse y aportar, especialmente en entornos STEM.
Ese compromiso se vuelve visible en un mapa concreto de trabajo. En la universidad, las investigaciones con perspectiva de género reúnen hoy cuatro proyectos en desarrollo, con temáticas que van desde el manejo del riesgo urbano y el bienestar en áreas metropolitanas hasta, en el ámbito universitario, la salud mental, los cuidados y la inclusión en espacios STEM.
Dentro de ese conjunto, dos investigaciones postdoctorales del Observatorio de Género en Ciencia e Ingeniería —desarrolladas desde el Departamento de Estudios Humanísticos— se instalan justamente donde las cifras no siempre alcanzan a mirar.
En esa línea, las doctoras Ángela Cifuentes y Yesenia Alegre, investigadoras postdoctorales del Departamento de Estudios Humanísticos, desarrollan estudios centrados en el cuidado, la pertenencia y las redes que sostienen la vida universitaria.
En ese marco, la directora general de Investigación, Innovación y Emprendimiento, Mónica Pacheco, subraya el sentido estratégico de estas líneas: “Como universidad, hemos asumido un compromiso decidido con el fortalecimiento de la inclusión de mujeres en el ámbito de la I+D+i+e. En este contexto, instrumentos como el postdoctorado en género nos permiten impulsar investigación especializada y de alto nivel, orientada a profundizar la comprensión de las brechas, desafíos y oportunidades existentes en este ámbito. Este trabajo resulta especialmente relevante para nuestra institución, considerando nuestro carácter de universidad STEM, donde avanzar hacia entornos de investigación más diversos y equitativos es clave para la excelencia académica, la innovación y el impacto social.”
Salud mental y culturas académicas en STEM
En el trabajo de la Dra. Ángela Cifuentes, la salud mental aparece no como un asunto individual que cada estudiante “debe resolver”, sino como un fenómeno que se teje en la cultura académica. Su investigación observa cómo se confi guran los malestares y las prácticas de cuidado en la universidad, espe cialmente en carreras STEM, considerando desigualdades de género y otras marcaciones como clase u orientación sexo-genérica. Le interesa cómo mujeres, hombres cis y disidencias viven y narran sus afecciones en contextos altamente exigentes, donde la excelencia, el mérito, el rendimiento y la autosuficiencia fun cionan como normas implícitas. Por eso propone cambiar el lente: “los problemas de salud mental y los afectos no son solo asuntos personales, sino efectos de exigencias sociales y culturas académicas específicas”.
Su proyecto articula epistemologías feministas, ciencias so ciales de la salud mental, el “giro afectivo” y estudios de cien cia, tecnología y sociedad. Metodológicamente, plantea una et nografía multisituada en tres universidades chilenas: entrevistas, observación, cartografías digitales y farmacológicas —sobre uso de tecnologías y automedicación— y talleres coparticipativos para imaginar alternativas de cuidado y convivencia. La proyección es clara: aportar evidencia y orientaciones para políticas e iniciativas de salud mental y convivencia universita ria, mediante artículos, talleres de transferencia y un policy brief.
“Tecnologías del vínculo” para sostener la permanencia
La Dra. Yesenia Alegre, en tanto, mira la permanencia en STEM desde la experiencia concreta de mujeres y diversidades sexuales en contextos masculinizados. Su inves tigación se centra en conocer y visibilizar estrategias afectivas y comunitarias que permiten quedarse: formas de organización cotidiana que amortiguan la in temperie. A esas prácticas las llama “tecnologías del vínculo”: círculos de estudio, mentorías, redes entre pares o hacklabs feministas, acciones colectivas que emergen desde las propias protagonistas como res puesta y resistencia.
Con una epistemología feminista y un enfoque cualitativo-interpretativo, su trabajo considera entrevistas, cartografías afectivas y análisis documental. La meta es describir cómo estas prácticas producen “habitabilidad emocional” —espacios de contención, cuidados y legitimidad de los sentires— y aportar insumos para políticas de inclusión basadas en derechos humanos y en la experiencia de las propias protagonistas.
En conjunto, ambos proyectos coinciden en una idea clave: avanzar en equidad no es solo abrir puertas de acceso, sino también asegurar redes de apoyo, condiciones de cuidado y pertenencia para quienes transitan por espa cios STEM.
Co-construyendo equidad: La perspectiva de género entra al currículum
Una metodología institucional ya en marcha busca transversalizar el enfoque de género en pregrado, fortaleciendo trayectorias formativas más equitativas y entornos de aprendizaje inclusivos.
La equidad no se decreta: se aprende, se practica y también se diseña en la sala de clases. En esa convicción se sostiene un proyecto que ya está en marcha y que mira el corazón de la formación universitaria: el currículum. Su propósito es incorporar la perspectiva de género en las trayectorias formativas de pregrado y, con ello, contribuir a entornos educativos más equitativos en carreras donde las brechas siguen marcando el acceso, la permanencia y las oportunidades.
Financiada por el Fondo de Desarrollo Institucional del Ministerio de Educación, la iniciativa “Co-construyendo equidad de género en la UTFSM: estrategias para implementar la perspectiva de género en las trayectorias formativas de carreras” es liderada por la Vicerrectoría Académica y articula un trabajo transversal entre la Dirección General de Docencia, la Dirección General de Estrategia y Articulación Institucional, la Dirección de Pregrado, la Dirección de Género y la Dirección de Aseguramiento de la Calidad. El proyecto —con un equipo ejecutivo de profesionales y asesores— busca construir una estrategia institucional capaz de traducir la equidad en prácticas concretas que acompañen la experiencia estudiantil, desde el aula hasta la proyección laboral.
Para el vicerrector académico Andrés Fuentes, avanzar en esta línea es parte de una responsabilidad social educativa ineludible. El foco, plantea, está en impactar positivamente las trayectorias académicas: mejorar el acceso de mujeres a la formación STEM, fortalecer la retención y los logros del estudiantado, y asegurar un ambiente inclusivo con docencia de calidad, independiente del género, y con mejores condiciones de inserción en el mundo laboral.
Desde la Dirección de Género, Pamela Soto subraya una idea clave: la equidad no se alcanza con acciones aisladas. “Se logra a partir de su transversalización en todas las áreas de nuestro quehacer”, sostiene. En ese sentido, el proyecto abre un camino hacia el ámbito curricular, con una metodología propia, construida desde el contexto y necesidades de la institución, para aportar a la formación de profesionales integrales y reducir brechas en áreas disciplinares.
El plan de trabajo se despliega en tres etapas: primero, un diagnóstico de brechas en el currículum; luego, un pilotaje; y finalmente, el escalamiento en seis carreras estratégicas durante 2026 y 2027. Jennifer Jones, directora de Pregrado, lo resume así: no se trata de “agregar un módulo”, sino de repensar cómo enseñamos. Eso puede traducirse en casos de estudio con enfoque de género, dinámicas de trabajo grupal que desafíen estereotipos y una formación que no solo entregue herramientas técnicas, sino también una mirada crítica frente a las desigualdades.
La meta es que esta estrategia no sea un paréntesis, sino una ruta sostenida: que continúe más allá del proyecto, ampliando su alcance al conjunto de las carreras y consolidando una cultura académica donde aprender también signifique aprender a convivir con equidad.
Comisión G9:
Cuando la equidad deja de ser un discurso
Valparaíso fue el punto de encuentro para que direcciones de género de universidades públicas no estatales alinearan datos, formación y memoria, con miras a políticas más robustas y una agenda común.
Aveces, la equidad avanza en silencio: en reuniones, en acuerdos compartidos y en hojas de ruta que no siempre se ven, pero sostienen cambios reales. En Valparaíso, ese trabajo tomó forma en un encuentro ampliado de la Comisión de Equidad de Género de la Red G9, que reunió a directoras y equipos para abrir un nuevo ciclo de planificación estratégica conjunta.
La conversación puso en el centro un desafío común: cómo fortalecer la igualdad en la educación superior, conectando lo institucional con lo cotidiano. “Para la USM, liderar esta comisión es de suma importancia”, señaló Pamela Soto, directora de Género, destacando que este espacio permite “instalar discusiones asociadas a la política nacional y revisar los ajustes que se requieren en las políticas de género actualmente”.
Desde la Pontificia Universidad Católica de Chile, Pilar Bontá, jefa de Equidad de Género, subrayó el valor del trabajo en red: un espacio “muy colaborativo” que, pese a las diferencias identitarias entre instituciones, ha encontrado un denominador común. Ese vínculo -dijo- ya se expresa en hitos concretos, como la realización de un seminario y la publicación de un boletín.
Del diagnóstico a la acción
El nuevo ciclo se organiza en tres líneas de trabajo que buscan darle estructura y continuidad a la
agenda. La primera se enfoca en datos y monitoreo: construir indicadores que permitan medir avances y orientar decisiones con evidencia, más allá de percepciones o buenas intenciones.
La segunda pone el acento en formación, con el objetivo de transversalizar la perspectiva de género en todos los niveles de enseñanza. La tercera articula memoria y gestión estratégica, y busca rescatar la historia de la comisión para enlazarla con la planificación institucional de la red; un eje coordinado en parte por Pamela. Para Pilar, uno de los retos ha sido “involucrar a nuestros equipos dentro de la comisión”, algo que ha permitido ampliar capacidades y sostener el trabajo colaborativo.
La apuesta común es clara: consolidar esta planificación para avanzar hacia una política más robusta sobre la instalación y proyección de las direcciones de género, tanto en las instituciones del G9 como en el debate nacional.
Porque el impacto no se queda en los documentos: toca la formación de futuras y futuros profesionales y se juega, también, en el tipo de relaciones que se promueven al interior de las comunidades educativas. “La columna vertebral de nuestro trabajo es lo formativo”, concluye Pilar, “con la ambición de formar en bienestar, en cuidado y en relaciones equitativas para alcanzar una igualdad sustantiva en materia de género”.
El trabajo de la Comisión de Equidad de Género de la Red G9 tiene como foco la formación de comunidades educativas basadas en el bienestar, el cuidado y las relaciones equitativas.
El trabajo silencioso que sostiene la igualdad de género en educación
La Comisión de Igualdad de Género del CRUCH avanzó en acuerdos sobre formación y prevención de la violencia para que las comunidades universitarias sean más seguras y equitativas.
Hay reuniones que no buscan llenar una agenda, sino mover una cultura. En el Campus Casa Central Valparaíso, directoras y representantes de distintas universidades del país participaron en la plenaria anual de la Comisión de Igualdad de Género del Consejo de Rectores (CRUCH), un espacio que funciona como mesa de coordinación, intercambio y empuje: compartir lo aprendido, identificar brechas comunes y acordar pasos concretos para lo que viene.
El encuentro —realizado en el Edificio Bari— permitió revisar avances y tensiones en tres ejes que, en la práctica, se cruzan todos los días en la vida universitaria. El primero: cómo se institucionalizan las políticas de género para que no dependan de voluntades aisladas, sino de estructuras, recursos y continuidad. El segundo: cómo la perspectiva de género se incorpora en la formación, no como un “extra”, sino como parte del modo en que se enseña, se aprende y se convive. Y el tercero: cómo se fortalecen las acciones para prevenir, abordar y erradicar la violencia de género dentro de las comunidades educativas.
En la apertura, el rector Juan Yuz puso el acento en una responsabilidad que se vuelve especialmente desafiante en entornos STEM: no basta con formar excelencia técnica si el espacio no es habitable para todas las personas. En sus palabras, “Como universidad técnica tenemos la responsabilidad de marcar un mensaje
claro en el ámbito de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, generando espacios seguros, diversos y acogedores”.
Ser sede de la plenaria también se leyó como una señal de procesos que ya están en marcha. Para la directora de Género, Pamela Soto, el encuentro dialoga con el tránsito institucional que ha ido tomando forma: fortalecer la capacidad de acción, escalar el trabajo y proyectar la transversalización como horizonte común.
Desde la coordinación nacional, la presidenta de la Comisión de Igualdad de Género del CRUCH, Angélica Marín, enfatizó que el avance se juega en lo colectivo: acuerdos compartidos, trabajo persistente y una mirada que no se agota en lo normativo. “Este es un espacio que nos permite trabajar colaborativamente en políticas que trasciendan lo normativo, con convicción y con foco en la prevención de la violencia y en la transformación cultural de nuestras comunidades”.
Con presentaciones, sesiones de trabajo y un plenario final de acuerdos, la jornada cerró con una convicción transversal: avanzar en igualdad exige más que diagnósticos. Requiere coordinación, formación sostenida y decisiones que se traduzcan —en lo cotidiano— en condiciones reales para estudiar y trabajar sin discriminación ni violencia.
La presencia conjunta de representantes de distintas instituciones evidencia que la igualdad de género es una tarea que se construye en diálogo y coordinación.
Arquitectas del conocimiento: Un espacio para proyectar el acompañamiento a académicas
Lo que comenzó como un encuentro de voluntades hoy abre una conversación estratégica sobre el futuro y marca el inicio de una hoja de ruta en estas temáticas para una universidad que lidera en el mundo STEM
En la academia, las transformaciones más sólidas no ocurren por azar, sino por diseño. Con esa premisa, la USM dio inicio a un espacio clave para su comunidad: un encuentro de reflexión orientado a proyectar, de manera colaborativa, un proceso de acompañamiento para académicas que lideran en ciencia y tecnología.
El encuentro, que reunió a profesoras incorporadas vía concurso supernumerario de diversos campus y sedes, se planteó desde su origen como un espacio para habitar la universidad desde la red y el liderazgo. Como señaló el rector, Juan Yuz, la institución ha asumido un rol activo en la igualdad de oportunidades: “Hemos reforzado acciones para incorporar a más mujeres en programas de postgrado y visibilizar liderazgos femeninos, sumando el programa supernumerario que desarrollamos desde 2023”, destacó, subrayando una convicción que hoy se traduce en resultados tangibles.
Identidad y mentoría: Un diálogo global
La reflexión conto con una perspectiva internacional decisiva: la Dra. Elena Prieto-Rodríguez, de la Universidad de Newcastle (Australia). Su experiencia liderando proyectos de gran escala en educación STEM aportó una pieza fundamental al rompecabezas de la equidad: la importancia de la identidad.
Para Elena, no basta con abrir la puerta; es vital generar programas de mentoría que permitan a las niñas y jóvenes —y también a las académicas en formación— verse a sí mismas como protagonistas del conocimiento científico. Esa misma visión es la que impulsa la Dirección
de Género de la USM. Su directora, Pamela Soto, enfatiza que el objetivo institucional es acompañar estas trayectorias de forma permanente: “Nuestro interés es promover el desarrollo académico mediante estrategias propias que permitan reducir brechas y fortalecer liderazgos”.
El horizonte de la innovación
Si bien la instancia tuvo un carácter reflexivo, también permitió proyectar acciones concretas. Durante la jornada se analizaron los frutos del proyecto Ines 1 y, con especial entusiasmo, se trazaron las proyecciones de la reciente adjudicación del Ines 2. Este nuevo fondo representa un salto cualitativo en la capacidad de la universidad para transversalizar la perspectiva de género en la investigación.
Complementando esta visión, el Observatorio de Género en Ciencia e Ingeniería presentó sus investigaciones y un documento que hoy es piedra angular para la docencia: el “Informe de Orientaciones Docentes para el acompañamiento de trayectorias estudiantiles de mujeres en STEM”. Elaborado con fondos de la DGIIE, este informe se articula con el proyecto FSM 24101 “Co-construyendo equidad de género en la UTFSM”, buscando que la equidad sea una práctica cotidiana en cada aula y laboratorio.
La USM no solo está formando profesionales; está co-construyendo una comunidad donde el liderazgo femenino deja de ser la excepción para transformarse en la norma, en el aula, en el laboratorio y en cada rincón de nuestra historia.
Mentorías y propósito: Las claves para que más niñas se abran camino en el mundo STEM
Elena Prieto-Rodríguez, fundadora de HunterWISE, analiza cómo el acompañamiento temprano, los referentes visibles y el sentido de propósito inciden en la construcción de vocaciones científicas y tecnológicas desde la infancia.
“Las mentorías son fundamentales: ver a alguien cercano a tu edad que ya está en STEM, y que te escucha, te hace pensar ‘yo también puedo”.
VINCULACIÓN CON EL MEDIO
como ramos del colegio, sino como herramientas para resolver problemas reales”, sostiene. En Australia, añade, muchas niñas se inclinan por profesiones asociadas al cuidado; cuando comprenden que desde STEM se puede contribuir a la salud, a los animales o al medioambiente, la motivación cambia.
HunterWiSE pone el foco en construir identidad. El programa comienza con una pregunta anclada en el territorio: “¿Qué problemas de tu comunidad se pueden resolver con STEM?”. A partir de esa exploración, estudiantes —desde los 12 años— diseñan soluciones, experimentan, iteran y se reconocen como pequeñas científicas e ingenieras.
La mentoría es el otro pilar. “Ver a alguien cercano a tu edad que ya está en STEM, y que te escucha, te hace pensar ‘yo también puedo’”, comenta. Ese vínculo, sumado a experiencias prácticas, ayuda a sostener el interés y a reducir el aislamiento cuando ingresan a espacios tradicionalmente masculinos.
En paralelo, su trabajo académico aborda dos focos complementarios: la implementación de tecnologías en el aprendizaje matemático y el desarrollo profesional docente de profesorado que imparte matemáticas sin formación específica en la disciplina. Desde esa experiencia, la académica observa un doble escenario en tecnología: oportunidades para incorporar nuevas perspectivas en la creación de soluciones, pero también ambientes “muy masculinizados” que dificultan la visibilidad y la participación plena de las mujeres.
Advierte que el desafío no se limita al acceso: también ocurre dentro del aula. “Muchos docentes de matemáticas favorecen a los niños sin darse cuenta. Hay que trabajar esos sesgos inconscientes con mucha fuerza”, afirma. Para la académica, fortalecer la formación y el desarrollo profesional docente —con enfoque de equidad— es una palanca decisiva para avanzar hacia expectativas y oportunidades equivalentes para niñas y niños.