EZEQUÍAS BLANCO
ANTONIO GÓMEZ
HAY ALGO EN EL AMOR
Cae el día dando forma a las formas que la noche apresara. Imposible parece no poder darse un baño de fe como los pájaros responder con temblor como las flores -emocionadas de rocíoa este fuego naciente que despierta.
¡Pero a la vez qué difícil resulta
“Corazón de niño”
aceptar el regalo de tanta claridad!
Y es que la piedra honda que nos quebrara el vidrio sin la menor contemplación nos viene persiguiendo suavemente con sus pies temerosos y pequeños como hoy brotan las hojas de los pelados árboles como este día bajará a la muerte con aleteo reposado cuando llegue la noche.
(De “Una ceja de asombro”)
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS
Yo, culpable de llorar ante la luna, de interpretar trinos y olas, reniego sin escrúpulos del porqué de la razón. Sin lazarillo, torpe fantoche a la deriva, asustadizo y vulnerable, dignificar pretendo las cenizas. (De “Caminar por caminar cansa”)
Hay algo en el amor que pertenece a este mundo. En los múltiples instantes en que todo tiene sentido desde que llegaste, en toda la materia de pronto convertida en regalo, pradera que pisamos, terraza que se asoma o muralla que guarda, también en la dulzura de los días, en la rutina humilde de tenerte a mi lado, lo noto. Pero algo en el amor no es de este mundo. Algo que no es abstracto. Lo pruebo, por ejemplo, en la temperatura de tu piel, cada vez que nos quedamos dormidos juntos, y cada mañana en que no espero más que tu primer beso, cuando recobras a ciegas tu lugar entre mis brazos. Entonces se anticipa lo que un día tendremos definitivamente. Para poder nombrarlo se me hace necesaria la noción de solsticio. No lo razono más. Es una especie de primicia. (De “Eros es más”)