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Revista - Puerta entreabierta

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A mi abuela, quien todos los días sueña con su primera novela

Virginia Woolf, en Una habitación propia, teorizó sobre cómo habría sido la vida de una supuesta hermana de Shakespeare, si ella –Judith–, en lugar de dramaturgia hubiera tenido el talento para las novelas, tan brillantes como el trabajo de su hermano. En principio no habría podido escribir porque a pesar de ser «tan audaz, tan imaginativa, tan impaciente de ver el mundo como él (...) no la mandaron a la escuela», y su vida habría terminado en suicidio. Antes que naciera Virginia Woolf, Ana María Valverde lo haría en la Ciudad de México el 2 de enero de 1878; y a diferencia de la hipotética Judith Shakespeare, consiguió no sólo estudiar sino también ser una sobresaliente docente y escritora.

Las condiciones de Ana eran apenas más permisibles. Si logró impartir clases fue porque en la época porfirista un reducido número de profesiones se consideraban propias del sexo; también porque la Escuela Normal Primaria para Maestras valoraba a la mujer proclive a la enseñanza, creyendo que así se reproducía la conducta femenina ideal: la extensión de la madre, la enseñanza encaminada a la familia y a las tareas domésticas. Respecto a su escritura, publicó un único libro de cuentos fantásticos en 1946 titulado Entreabriendo la puerta –9 años antes que Pedro Páramo –, que no pudo sobresalir, ni en su tiempo, ni hoy en día, por tres breves razones. 1) en aquella época a las mujeres no se les consideraba escritoras; 2) la literatura en México no valoraba ninguna obra que no se apegara a retratar lo mexicano –la conformación de la identidad; 3) el bajo tiraje de ejemplares1

El Ateneo lo fundó Amalia González, Adela Formoso de Obregón Santacilia, Esperanza Zambrano, Emmy Ibáñez en abril de 1934 con la intención de crear un espacio donde mujeres pudieran destacar en el ámbito público. La mayoría de la crítica hacia los títulos publicados por la editorial, pertenecían también al Ateneo, lo que dificulta su recuperación:

Cuando una socía publica un libro, las demás escriben comentarios para despertar mayor interés entre el público. Los comentarios tienen que ser favorables, de otra manera no servirían para el fin que se persigue; pero esto no quiere decir que el Ateneo sea, como alguien con mala intención lo ha llamado, una sociedad de elogios mutuos. Todas conocemos nuestros defectos y los de los demás, y aceptamos que se nos digan, pero de nuestro local.

1 Vargas Romero indica que la mayoría de sus textos pueden ser consultados en la BNM.

2 Leonor Llach, recuperado de la tesina El Ateneo Mexicano de Mujeres y la revista Ideas 1934-1947

El Ateneo con su editorial Ideas. Revista de las mujeres de América3 publicó en 1946 a Ana de Gómez Mayorga –apellido que utilizó para registrar todas sus obras–, su libro de cuentos Entreabriendo la puerta, del cual el crítico Luis Villaronga dijo que gracias a ese libro el nombre de Ana quedaría eternizado. Valverde, cuya obra puede compararse con Arredondo, Bombal y Dávila, es una de las 59 mujeres4 que colaboraron con el Ateneo,

obras, sin mencionar todas las voces que jamás pudieron bajar el peso de sus palabras a la tinta y se quedaron en la posibilidad de Judith Shakespeare.

Si en México no se valoró la calidad literaria de Ana María Valverde, Argentina le rindió homenaje el 14 de octubre de 1950 en el Círculo Cultural Tolosano por su labor como maestra y escritora. Ana escribió obras diversas como Las corridas de toros ante la moral universal (Editorial Proa, ensayo); Primeras y últimas rosas (Editorial Proa, poesía); Minutos del tiempo, (Editorial Páginas de mujer, narrativa).

Los esfuerzos de este siglo por reivindicar a la autora, en específico el libro de cuentos

Entreabriendo la puerta, son el artículo De lo misterioso cotidiano (Juan Carlos Ramírez Pimienta, 2001); los 8 de 30 cuentos de Entreabriendo publicados por la UNAM, Nostalgia de lo recóndito (2011); la tesis de Vargas Romero, La narrativa de Ana de Gómez Mayorga: un espacio de intersección… (2019); el cuento en audio gratuito, El mar publicado en Descarga Cultura.UNAM (2020); la tesis de Quezada Revuelta, Los umbrales en los cuentos fantásticos de Entreabriendo… (2023); el taller de Luis Enrique Cuéllar, El viaje entreabierto. Descubriendo la obra fantástica de Ana de Gómez Mayorga impartido en la librería xalapeña Books and Blues (2024).

Ana cuando tenía casi 70 años publicó ese libro que la hará eterna, en primer lugar por su espléndida escritura y en segundo, por cada esfuerzo que se hace para recuperar su trabajo, en un mundo donde cada vez es más probable que haya mujeres con su habitación propia y donde son consideradas por la crítica literaria. Un mundo donde por fin Judith Shakespeare puede escribir su novela.

3 Durante 1944 se llamaba Ideas. Revista mensual literaria-científica de las mujeres de México

4 Hidalgo Vázquez en su tesina de licenciatura, por medio de metodología historiográfica reconstruyó biografías de las ateneístas basadas en sus fuentes bibliográficas.

que les pertenece; recuperar las voces femeninas

La Matriz del Folclore

Mercedes Sosa no fue una excepción: fue una grieta en el muro. Su voz no pidió permiso, lo rompió. No cantó desde la dulzura esperada ni desde un rol estereotipado, sino desde la entraña. Su imagen desafió los moldes de la “mujer artis ta” permitida: fue política, cronista del dolor y del sueño colectivo. A través de su vibrato, creó otra forma de poder: no el poder que impone, sino el que acuerpa, que trasciende. Es revisar la historia desde abajo, desde lo cotidiano. Es abrir esa puerta un poco más, para que entren las historias completas, no a medias.

Suma Paz, conocida por su canción “La Her manita Perdida”, fue mucho más que una intér

Destino despiadado encasillado en ideales, destino íntimo que se pudre en sueños, destino real insípido tísico; un personaje de otro falso cuento.

Máquina con engranajes oxidados. Disipada expectativa ficticia, Y yo adentrada en esta odisea buscando la salida de esta vida.

Suplicio vertiente de mi ser que va trastornando mis pensamientos buscando la levedad de este drama. No quiero salir; siento que me agrieto.

Marchita ante el espíritu del tiempo, no hay reparo, solo la dulce nada, sin afán de ser, solo un confín de polvo, polvo y herrumbre en una vida hecha crasa.

Naufraga en el terror cósmico, descarrilada sobre el frío horizonte, hecha y deshecha con alas rotas parto hacia la muerte noche trasnoche.

Voy perdida sin máscara navegando dócilmente con miedo busco mis piezas aturdidas mientras mis huecos se llenan de insectos.

Mis piernas apolilladas no andan.

No, no quiero, no quiero buscar un Goethe desde dentro. En la vereda mi tiempo se acaba, estoy cansada, soy un anacronismo que se lleva el viento.

Una frágil estrella opaca tentada que va hacia la muerte sobre una marea lánguida. Una memoria caduca de ilusiones pútrida tendida en gritos rasgando mi existencia cándida Y bueno, ya no soy, nunca fui; solo un fugaz aliento de melancolía en un abismo.

Y bueno, qué más da; que la tierra coma mis entrañas, que los gusanos sean lo que nunca fui, nada especial, un drama engendrado y maldito por vivir. Un sin sentir de mierda nada, simplemente nada.

No seré como Kafka incluso si dejo papeles a la vista. No habrá quien los lea ni quien evite que se vuelvan cenizas.

Dios me negará las puertas del recuerdo porque mi nombre nunca lo anotó en su interminable lista de espera donde cada uno de nosotros sólo es un error de imprenta, una mancha que han de perdonar los lectores pues no se puede detener la máquina.

No entiendo por qué mi ego quiere ser impreso en papel ahuesado de 90 gramos por una editorial que no sabe escribir mi nombre y llegado el día, a sus puertas, dirá que no sabe quién soy.

Nadie se ha beneficiado del interminable listado de poemas, poetas y antologías conmemorativas.

No seré capaz. Seré ceniza. No tendrán memoria mis palabras.

Mi abuelo no me verá ganar el Nobel. Ni mi madre.

El séptimo arte es una maravilla de tiempos recientes que sigue explorando los espacios de sus propias posibilidades. En los últimos años hemos observado el auge y triunfo de numerosas directoras que, con su talento y compromiso con la belleza, marcaron para siempre las formas de hacer y entender el cine del nuevo milenio. No obstante, una pregunta salta en el aire, ¿qué pasa con las directoras del siglo XX?

Los últimos 25 años son prueba de cómo la lucha feminista ha permitido que las mujeres se abran camino en la industria del arte audiovisual, dominado por hombres. Pero ya desde mucho antes, cuando el machismo y la misoginia eran comunes, exacerbados y sin una contracorriente tan amplia que los enfrentara, las mujeres estaban haciendo cine. Es por eso que en esta ocasión queremos poner de manifiesto el trabajo de un par de directoras hispanoamericanas que dejaron huella en el séptimo arte universal.

2 DIRECTORAS

HISPANOAMERICANAS

del siglo XX

Límite quebrado

Matilde

Landeta

Nacida en 1910 en la Ciudad de México, Matilde Landeta fue reconocida por haber sido una de las primeras directoras de cine mexicanas. Su pasión por contar historias a través de imágenes surge durante un viaje a Estados Unidos a los 14 años, cuando ve Old San Francisco, dirigida por Alan Crosland. Con la firme convicción de entregar su vida al cine, logra entrar a la industria mexicana recibiendo la ayuda del periodista Carlos Noriega Hope y durante varios años se desempeña como anotadora y asistente de producción. El talento y disciplina de Landeta la llevan cada vez más lejos, por lo que en 1933 debuta como guionista en El prisionero 13, de Fernando Fuentes.

En 1945, con el apoyo de Roberto Gavaldón, Landeta consigue financiamiento y para 1948 estrena su primera película como directora, Lola Casanova, adaptación de la novela homónima de Francisco Rojas González, protagonizada por Meche Barba y Armando Silvestre. Otras grandes películas de Matilde son La negra Angustias, de 1949, Trotacalles, de 1951, La hora de Jaudi Dudi de 1953 y Nocturno a Rosario, de 1991; al año siguiente recibe el premio Ariel por su trayectoria. Fallece en 1999.

Margot Benacerraf

El caso de Margot Benacerraf también es digno de renovada mención. Oriunda de Caracas, Vene zuela, tierra que la vio nacer en 1926, descubrió el séptimo arte en su juventud e hizo estudios acordes en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos en París, de 1949 a 1951.

Su primera película, Reverón, estrenada en 1952, narra la vida y obra de Armando Reverón, pintor venezolano. Para 1959 presenta su siguiente trabajo, Araya, documental que relata de forma poética la dura vida de los pescadores y salineros de una región al norte de Venezuela; en ese mismo año, el largometraje es celebrado con el Premio de la Comisión Superior Técnica y el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes.

Benacerraf también fue una apasionada gestora cultural. En 1966 funda la Cinemateca Nacional de Venezuela y en 1974 recibe la Orden Andrés Bello del Gobierno de la República de Venezuela, destinada a personas que contribuyen al país en los ámbitos de las artes y ciencias, entre muchas otras distinciones. Fallece en 2024.

Invitamos a nuestros lectores a acercarse y difundir las obras de Landeta y Benacerraf, destructoras de límites, surgidas al mundo en el siglo XX, pero eternas a través del fuego interno que dio sentido a sus imágenes.

Por Sofía Torres

Salustia abre la puerta y ve a sus queridos apilados en la mesa, hay de color azul, café y verde. Está muy orgullosa de todos. Toma un par y les pasa la lengua. Los años vuelan y la sensación no se marcha, una felicidad que supera con creces al viento de la noche entre los árboles del patio, al crujir de hojas en otoño y al sonido de ranas que piden agua en noches de sequía. No hay nada más allá de su gran colección, la piensa cuando está lejos de casa y la sueña cuando tiene que dormir, abandonando la consciencia por obligación del cuerpo.

En las madrugadas, con el silencio acompañante y una silueta humana asomada por el gran tragaluz, Salustia recuerda su infancia. Miradas de burla, angustia y horror. La vieron más de la cuenta, le clavaron las ventanas del alma y ella nunca pudo asomarse a ninguna, encerrada en sí misma, desnuda ante personajes crueles. También se acuerda del día cuando se le rompió la mente y todo fue bruma después, sopor en el ensueño. Casi inmediatamente comenzó la colección, primero ejemplares diminutos, luego más grandes, más viejos, o verdaderas rarezas que no se encontraban a cientos de kilómetros a la redonda.

Salustia es hábil para cuidar de su conjunto, para evitar que se convierta en algo desagradable. Lo mantiene sin polvo como el mejor mayordomo y lo acaricia como madre amorosa que ve un milagro en su hijo, maestra taxidermista. Todo es bueno para la joven y sus preciadas ventanas; ya no tienen brillo, pero ahora sí puede ver en el interior. Ellas la miran, Salustia mira, un perfecto vaivén de intenciones que se renueva cada mañana, cuando entra sin ropa en la tina y se siente observada por la colección en la mesa, tiembla en el agua y pronto llora camino al trabajo al sentir la lejanía.

Hoy Salustia llegó tarde. Abre la puerta y todo se ha perdido, sus joyas azules, cafés y verdes están profanadas, hechas trizas. Corre hacia los pedazos y grita porque ya no pueden verla. De la cocina trae dos cuchillos e incrusta las puntas con fuerza en sus ojos. El cuerpo cae sobre los restos y una silueta acecha por la ventana sin hacer el menor ruido, sujetando un martillo; está pensando que mira directo a la tristeza.

Ya no huele a naranjas en casa de Chali, ni el río fluye entre las piedras lisas. Ex traña ella cuando en junio golpeaban los mangos el techo de lámina, en la infancia, cayendo en picada desde su ramaje opulento. El mirlo dejó de cantar hace mucho, ya no se posa en el jobo, no la despierta del ensueño vespertino, ni la dispone para la noche y sus recompensas cuando llega el aliento felino, y las uñas se hacen garras y sobre su carne desnuda brota un pelaje manchado.

Sedienta, hambrienta y sola, Chali vive pensando que no tiene nada, excepto el don. Los ojos son hendiduras que ya no guardan relámpagos, la boca una grieta, la figura raquítica; anda con rodillas que truenan, entrañas que duelen y piel amarilla y reseca. Los cabellos son largos y muy negros, flotan a la deriva, escasos como su entendimiento de los años nuevos.

Por Sofía Torres

Años nuevos, ese nombre recibió la época de su madurez cuando se acabó el agua, lo verde se hizo café, negro y gris. Así le llamaron los hombres de las pantallas. Chali tenía una en su casita antes del incendio, provocado por quién sabe qué gentes a modo de venganza. Se deshizo de ellos visitándolos, echándoles tierra mala en el patio, no duraron ni una semana; al último lo vio agonizar desde la ventana y sonrió complacida ante un suspiro final aterrorizado, escupiendo sangre. No se arrepintió de aquello. Le dolieron sus árboles, los nidos quemados, los cuerpitos de sus gatos alcanzados por las llamas que todavía se arrastraron hasta ella cuando la vieron llegar; se le murieron en las manos. El tiempo hizo efecto en Chali. Se siente al margen. Le comenzó a dar miedo ir a la ciudad, repleta de luces y metal, de gente extraña. En el pueblo ya no hay casi nadie, sólo

Silencio

vejestorios como ella, siluetas de humanos paridas por algo que murió. Sigue teniendo el don, pero a cada paso y achaque brotado, le parece más inútil. El ocelote siempre había sido su animal; antes abrazó las madrugadas para tomar su forma y hacer encargos de todo tipo: robar, enfermar, asustar, esparcir malos aires o llevarle vidas a la muerte. Ahora ya nadie requiere los servicios de la mujer que se transforma, ella misma dejó de emprender sus propios negocios vengativos en medio de un tiempo que se empecina en borrarla. El presente exprime a Chali, no la quiere, la mastica y la escupe. Ella se recoge a sí misma con una fuerza casi extinta. Llora en las noches mientras se quita la mugre de las piernas, extrañando el olor a naranja, el canto del mirlo y su vitalidad felina. Sobrevive en un cuartito, entre los restos de su casa y el tiempo antiguo. Chali respira su último aliento porque ahí viene algo. Con un estirón doloroso se abre la piel y deja nacer al ocelote, pequeño, en los huesos. Camina temblorosa entre el monte y se detiene frente a la luna brillante. “Ya me voy”, dice con voz suavecita, mientras ve a la sombra negra llegar del aire, a la que siempre le hacía regalos de alientos. “Vámonos”, suspira y la abraza. Chali va a extrañar su casa olor, pero entre los filamentos de niebla y silencio encontrará otro lugar.

La lengua es el sistema de comunicación por excelencia. Actualmente se contabilizan en el mundo 7, 168 lenguas vivas. Tal diversidad lingüística recuerda el pasaje bíblico de la Torre de Babel y la imposibilidad de terminar un trabajo comunitario cuando los individuos son incapaces de comunicarse entre sí. Sin embargo, el mundo en el que vivimos es, de hecho, un sistema global, con acuerdos comerciales y políticos, intercambios culturales y sociales a nivel internacional, la humanidad construyó esta torre: un formidable sistema de mercados y naciones interconectadas. La clave para el desarrollo global fue un desafío al castigo de dios: los libertadores fueron los traductores.

Almas sometidas al capricho de dos lenguas, encargados de construir puentes de comunicación entre universos: los traductores. La existencia de la traducción está ligada a la existencia de la lengua, inseparables, la existencia de una tiene como consecuencia la necesidad de la otra, con el fin de establecer grandes enlaces comunicativos entre grupos que, de otra forma, no podrían colaborar para alcanzar sus metas.

Pocas cosas hay que motiven al cambio como la satisfacción de necesidades básicas. El hambre, el frío y las enfermedades, entre otros problemas elementales, impulsaron el desarrollo de sistemas

de agricultura, vivienda y comercio. Con esto surgieron sistemas económicos a los que pronto les quedaría chico el cascarón, teniendo que abandonarlo y ampliar sus horizontes.

Aunque es difícil determinar las primeras manifestaciones de traducción, las evidencias más antiguas corresponden a tablillas de vocabulario sumerio-eblaíta de más de 4,500 años, un recurso para la traducción en el contexto comercial de la antigua Mesopotamia, el lugar que vio nacer la escritura. Con el crecimiento de otras civilizaciones como la egipcia y la china, pronto la traducción se volvió pieza clave para el desarrollo y la expansión de estas.

Es una historia llena de sangre y conquistas porque tan poderosa es la lengua que libera y somete a capricho del que sostiene la pluma y la espada. El ser humano y su naturaleza bélica ha llevado a la era de los grandes y los pequeños conquistadores: desde los fenicios, en su afán de abrir rutas comerciales, hasta griegos, romanos, mongoles, godos. En distintas partes del mundo, en distintos momentos, con la intervención de personajes como Alejandro Magno, Gengis Khan, Hernán Cortés, Francisco Pizarro.

La traducción

Cuando los conquistadores españoles arribaron al Nuevo Mundo, los principales estandartes de la conquista eran la fe católica, la corona y la lengua. Aunque las conquistas responden a intereses económicos, prevalece la necesidad de justificar el acto de saqueo y sometimiento, debe haber una justificación espiritual o moral, político o nacionalista que disculpe la atrocidad del acto mismo. En la conquista del nuevo mundo, el pretexto fue Dios o la evangelización que es lo mismo.

En el contexto de la conquista, más allá de los soldados y los caballos, los agentes clave fueron los traductores, la Malinche y Jerónimo de Aguilar. El papel de los traductores de Cortés reside en su capacidad de convertirse en un medio de comunicación entre la fuente principal de información —los pueblos nativos— y el interesado —el conquistador—; en otras palabras, su habilidad para crear puentes de comunicación entre potenciales aliados.

Sin embargo, su valor no se limita a usos con fines de sometimiento. Si bien los frailes llegaron a tierras del nuevo mundo con el fin de evangelizar, la lengua, como el arma de doble filo que es, permitió que, a través de las traducciones y registros en códices, sobrevivieran historias, creencias, vestigios de la lengua, de política, cultura, ciencia, que de otro modo podrían haber perecido a la conquista, la colonia y movimientos posteriores que sacudieron tierras hispanoamericanas.

Lo que fue una herramienta para someter se convirtió en el medio a través del cual sobrevivieron vestigios de la cultura conquistada.

La religión es otro de los grandes motores del cambio social. La fe mueve montañas y en nombre de la fe, las barreras de la lengua se han derrumbado y construido miles de veces.

La misión evangelizadora fue uno de los grandes movimientos facilitados por la traducción. La santa Biblia es el libro más vendido, leído y traducido. Una de las historias más conocidas al respecto es la de Martin Lutero y su revolución protestante, que partía del

interés por traducir la biblia a lenguas vernáculas que el pueblo pudiera comprender y cómo esta situación originó una fragmentación del poder concentrado por la iglesia católica.

Pero no es el único caso formidable en torno a la traducción de la biblia. A lo largo de la historia, la biblia ha sido traducida a cientos de lenguas, dependiendo del lugar que interesaba evangelizar, pronto los monjes, tras llegar a un pueblo, advertían la necesidad de convertir los textos bíblicos a la lengua hablada por la población a la que se pretendía evangelizar, es así como la biblia fue muchas veces el primer contacto entre dos lenguas.

Aun cuando personajes como Alfonso el Sabio no habrían logrado sus ambiciones intelectuales sin el apoyo de traductores y escribas, pocos son los nombres que recordamos. Así, el cuerpo de traductores que ayudó a construir el mundo se convierte en una masa anónima. No fue sino hasta el siglo XX que la traducción se reconoce como disciplina y se comienza a reflexionar sobre ella como una práctica social, crítica y emancipadora.

La traducción editorial es probablemente el ámbito donde un traductor recibe mayor reconocimiento: imprimir su nombre en la obra traducida. Y aun con su nombre impreso, no es raro que el lector ignore su nombre o le reste importancia al momento de elegir una edición. El lector avezado aprende, sin embargo, a distinguir entre nombres de traductores, a discriminar una buena traducción de una mala o una no tan buena.

Cuando empezamos a reconocer la importancia de una buena traducción, se vuelve imposible no reflexionar sobre la importancia del traductor mismo, sobre su trabajo como un buscador de equivalencias, un analista de valores de la lengua y la cultura detrás de esta. Traducir una visión del mundo a otra —donde la geografía, la sociedad, la economía y las creencias son distintas—, es una tarea formidable que requiere un compromiso total con la obra y con sus futuros lectores. Es preciso e invito a reflexionar sobre el valor de un traductor, por su papel como agente de cambio, pero también por la confianza que depositamos a diario cuando consumimos su trabajo, realizamos un ejercicio de fe ciega, creyendo en cada palabra de su traducción. La traducción como herramienta clave en la construcción del mundo es poderosa, la capacidad de romper las barreras del idioma y establecer enlaces comunicativos fue la puerta de apertura para los intercambios comerciales, culturales, literarios y un sinfín de valores de diversas naturalezas, el mundo globalizado en el que hoy vivimos debe su existencia en gran parte a la traducción. Aunque actualmente contamos con herramientas digitales, que son de gran ayuda en la traducción de audios y textos, la realidad es que hay valores extratextuales que solo un traductor profesional será capaz de atender. Por todo esto y más: gracias, traductores. La traducción

La traducción no oficial de anime manga, de manwhas y novelas ligeras es un tema cuestionable; sin embargo, no pretendo juzgar dicha situación, solo reflexionar sobre su existencia.

“De fans para fans, sin fines de lucro”. Si en las últimas dos décadas has sido fan del anime manga, o te has adentrado al mundo de los k-dramas, los manwhas y las novelas ligeras, seguro reconoces este eslogan. Representa la esencia de los scans, grupos dedicados a la traducción clandestina de contenido extranjero. Aunque también trabajan con contenido de origen angloparlante, hoy quiero hablarles del contenido japonés, coreano y chino.

A principios del siglo, no contábamos con las opciones de acceso que hoy tenemos, Netflix aún era insignificante, Crunchyroll no existía. Para ver anime tenías que esperar el mismo capítulo de Dragon Ball en cadena nacional mexicana, donde jamás resolvías la duda: ¿podrá Gokú derrotar a Freezer?

La alternativa era la piratería. Para los fans con mayor bagaje los primeros contactos fueron a través de contenido distribuido por debajo del agua. El contenido original estaba en un idioma diferente, tan distinto como el día y la noche. Así surgen los fansubs: subtítulos creados por fans para fans. Muchas veces tenían errores ortográficos, probablemente eravn un error de traducción tras otro, pero para los fans era más que suficiente. Las poderosas imágenes de Naruto o Luffy se encargaban de poner el contexto que las pala

bras no podían transmitir. Ese era el mundo entonces.

Con el paso del tiempo, esta autora, aficionada al anime manga, descubrió los manwhas, se aficionó a ellos y eventualmente a la novela ligera, también en chino, coreano o japonés. Leer la novela ligera era la única forma de resolver tus dudas sobre un manwha en emisión, si este había sido cancelado, era la única forma de saber cómo terminaba la historia.

Es un poco absurdo para mí contar esto en pasado. Aún soy aficionada a las novelas ligeras. No traduzco solo consumo. Pero prometo que, en cuanto una editorial publique esas novelas en español, pagaré mis pecados comprando ejemplares de todo cuanto he leído ilegalmente.

Como lectora voraz de este contenido, frecuento plataformas y grupos dedicados a la distribución de novelas ligeras, por lo que puedo asegurarles —y no les queda más que creer en mi palabra— que, de hecho, la traducción es un tema recurrente en nuestras conversaciones. Nadie reflexiona tanto sobre el lenguaje como el fan desesperado por averiguar qué significa: “Rochester… ¿pavo real?”. Para los primeros lectores, estas pésimas traducciones realizadas con traductores automáticos son indescifrables. Con el tiempo, uno gana experiencia y se permite reflexionar por qué la máquina llegó a ese resultado. La traducción correcta sería: ¿Duque Rochester?

Mencioné traductores automáticos, ¿eso qué tiene que ver con un ejercicio humano de traducción? Bueno, ese ejercicio lo hacemos los lectores.

Cierto día, leyendo una novela ligera cuyo nombre ya olvidé, en un scan que no quiero delatar, encontré la forma: “¿OMS?”. ¿Organización Mundial de la Salud? No. La traducción correcta era: ¿Quién? Mi incipiente dominio del inglés me permitió deducir que el grupo que tradujo al español había partido de una versión en inglés. La traducción en inglés colocó la forma: Who?; la máquina entendió WHO como “World Health Organization” y la tradujo a sus siglas en español: OMS.

Errores de este tipo abundan en las MTL (Machine Translations) y, sin embargo, a mí me hacen feliz. Me parecen errores divertidos e interesantes, como acertijos que me acercan a otros idiomas. La máquina no puede traducir todo: a veces arroja la traducción más literal, a veces algo arbitrario, y otras veces algo influenciado por una traducción previa al inglés.

En páginas de fans, las conversaciones sobre esto abundan. Reflexionamos sobre las formas que arroja la traducción y nos permitimos hacer nuestras propias versiones del inglés al español, corregimos las traducciones automáticas, formulamos glosarios para ayudar a nuevos lectores. No sé cómo llegamos a entender este microcosmos de erratas. No sé cómo lo desciframos. Solo pasó.

Si me lo preguntan, no puedo decir si las traducciones clandestinas son buenas o malas. Desde donde yo lo veo, han permitido que muchas personas se interesen por el ejercicio de traducción. Más aún, han permitido que descubramos y exijamos contenido que, en otras circunstancias, jamás nos habría interesado. De alguna forma, estos scans y fansubs fueron responsables de la apertura del mercado en países hispanohablantes, angloparlantes, en fin... en el extranjero.

Y lo que más me interesa es cómo han permitido que comunidades se interesen por temas de traducción y corrección. Muchos miembros terminan estudiando Medicina, ingeniería... pero ¿qué pasaría si encauzáramos ese interés hacia la formación de traductores y correctores capaces, estudiosos de la lengua? Sería maravilloso.

Yo estudio Literatura y Lengua Hispánicas, y creo que he escuchado más reflexiones sobre la traducción en estas comunidades que en la misma facultad.

Scans: ¿héroes o amenazas?, ¿amigos o enemigos? No lo sé. Le tocará a cada uno de ustedes juzgar. Quizá piensen que son responsables de nuestras erratas o de distribuir contenido unidimensional. Para mí, son respuestas a una demanda, una oportunidad de germinar lectores, traductores. La lectura, las humanidades, los estudios de la lengua… todos están en peligro de extinción. ¿Por qué no buscar tierra fértil donde sembrar nuevas cosechas? Están ahí. Quizá no deberíamos juzgarlos. Quizá deberíamos atraerlos. Perfeccionarlos. Quizá.

Texto origen

Texto original que se va a traducir, escrito en la lengua fuente.

Texto meta

Texto resultante de la traducción, escrito en la lengua de llegada.

Lengua fuente

Idioma en el que está escrito el texto original.

Equivalencia

Relación entre un término o expresión del texto origen y su correspondiente en el texto meta, manteniendo significado, función y tono.

Adaptación

Modificación de elementos culturales, estilísticos o lingüísticos del texto original para que sean comprensibles o impactantes en la lengua meta.

Idiolecto

Forma particular de hablar de un personaje o narrador; reflejarlo en la traducción es clave para la caracterización.

Localización

Técnica cercana a la adaptación, centrada en ajustar el contenido a un contexto cultural específico.

Lengua meta

Idioma al que se traduce el texto.

Traductología

Disciplina que estudia la teoría, historia y práctica de la traducción.

Traducción

literal

Traducción palabra por palabra, que respeta la estructura gramatical original (puede ser útil o desastrosa según el contexto).

Traducción libre

Traducción más flexible que prioriza el sentido, la estética o la intención comunicativa sobre la forma exacta.

Fidelidad

Grado de lealtad del texto meta respecto al contenido, estilo y tono del texto origen.

Polisemia

Palabras o expresiones con múltiples significados; requieren interpretación cuidadosa en la traducción.

Intertextualidad

Relaciones que un texto literario establece con otros textos; un reto para el traductor al conservar referencias culturales o literarias.

Ambigüedad

Doble o múltiple interpretación de un enunciado; en literatura puede ser intencional y debe preservarse si es posible.

Pérdida traductiva

Información, matiz o efecto estilístico que no puede trasladarse completamente a la lengua meta.

Ganancia traductiva

Elemento expresivo o interpretativo que se añade en la traducción, enriqueciendo el texto meta.

Registro

Nivel de formalidad, estilo o tono del lenguaje utilizado; debe respetarse en la traducción para conservar la voz del autor.

Reescritura

Perspectiva que ve la traducción literaria como una forma de recreación del texto original, con valor autoral propio.

Glosario

Traductor/a

Profesional que interpreta y reescribe textos en otra lengua, mediando entre culturas, estilos y contextos.

Paratexto

Todo lo que rodea al texto principal: prólogos, notas del autor, títulos, epígrafes, notas al pie, dedicatorias. El traductor también debe decidir cómo y si traducirlos.

Domesticar

Estrategia traductiva que adapta el texto para que parezca natural y familiar en la cultura meta, minimizando la extranjeridad.

Extrañamiento (foreignization)

Estrategia que mantiene rasgos culturales o lingüísticos del texto original, aunque resulten ajenos para el lector meta. Busca preservar la otredad.

Traducción invisibilizante

Cuando el traductor se borra a sí mismo, haciendo que el texto parezca escrito originalmente en la lengua meta. Suele asociarse con la domesticación.

Traducción visibilizante

Cuando el traductor deja huellas de su intervención, permitiendo que se note la mediación y el origen extranjero del texto.

Elementos extratextuales

Información externa al texto que influye en su traducción: biografía del autor, contexto histórico, género literario, cultura de origen, público meta, etc.

Estrategia traductiva

Conjunto de decisiones tomadas por el traductor para resolver problemas concretos (léxicos, culturales, estilísticos, etc.) durante el proceso.

Problema traductivo

Dificultad que surge en el proceso de traducción: ambigüedad, juegos de palabras, referencias culturales, etc.

Juego de palabras

Expresión con doble sentido, ambigüedad o humor lingüístico; su traducción requiere creatividad o una solución funcional equivalente.

Traducción intersemiótica

Traslación de un texto verbal a otro sistema de signos: por ejemplo, adaptar una novela a una película o a un cómic

Traducción interlineal

Traducción palabra por palabra o línea por línea, usada con fines lingüísticos, no literarios ni editoriales.

Censura traducida

Alteración del contenido original en la traducción por motivos políticos, religiosos, morales o comerciales.

Traducción inversa

Traducción hacia la lengua materna del autor original, desde la lengua meta. A veces se hace para comprobar fidelidad o fluidez.

Género discursivo

Tipo de texto según su función comunicativa (narrativo, poético, argumentativo, epistolar, etc.); el traductor debe respetar sus convenciones.

Traducción cruzada

Cuando una obra se traduce no directamente del original, sino desde otra traducción previa (por ejemplo, del inglés al español a través del francés).

Traducción con comentario

Traducción acompañada de notas, glosas o explicaciones del traductor para justificar decisiones o contextualizar el texto.

Traducción canónica

Versión que se considera la más fiel o representativa de un texto traducido. A veces se mantiene durante décadas o siglos.

Traducción anotada

Versión del texto traducido que incluye notas al pie o al final con información lingüística, histórica o cultural relevante.

Autoría traducida

Idea que reconoce al traductor como coautor, dada la intervención creativa e interpretativa que implica la traducción literaria.

Traducción postcolonial

Enfoque crítico que analiza cómo las traducciones participan en relaciones de poder, colonialismo, identidad y hegemonía cultural.

Glosario

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