El tema del consumo de drogas continúa generando debate en la actualidad, ya que suele abordarse desde posiciones opuestas como es la censura y criminalización, o bien la aceptación. Este tema ha dado lugar a prejuicios y desinformación, que en muchos casos refuerzan estereotipos negativos.
En este contexto, el diseño gráfico ha tenido un papel relevante en la forma en que se construyen y difunden esas ideas. A lo largo del tiempo, las gráficas han buscado desalentar el consumo de las drogas y han empleado gráficas que buscan representarlo como un acto criminal y destructivo. Estas representaciones demuestran que lo visual no sólo transmite mensajes, sino que también moldea la manera en que la sociedad percibe estos temas.
Este proyecto surge con la intención de aprovechar ese poder comunicativo para replantear la manera en que se percibe el consumo de drogas. A través de una serie de carteles, se busca proponer mensajes críticos y reflexivos, apoyados en recursos gráficos inspirados en la estética psicodélica.
De esta manera, el diseño se propone ser un medio capaz de cuestionar y abrir espacios de diálogo, aportando una mirada más consciente y analítica sobre un tema que sigue siendo controversial en la actualidad.
En el primer capítulo se abordará el contexto histórico del uso de sustancias psicoactivas en Latinoamérica, desde su papel ceremonial y medicinal en las culturas precolombinas, hasta su transformación en símbolos de conflicto social. Se analizará cómo a finales de la década de 1960, el gobierno mexicano respondió con censura y represión ante el despertar juvenil y cultural, y cómo esta situación trajo como consecuencia el consumo masivo.
Además, se presentan los referentes gráficos donde a través de carteles psicodélicos, propaganda antidrogas y gráficos de época, se evidencia cómo el diseño fue testigo de una lucha simbólica entre control y expresión. Estas referencias visuales serán clave para entender la estética que guía este proyecto.
En el segundo capítulo se presentará el resultado final sobre esta serie de carteles y finalmente en el tercer capítulo se muestra el proceso de diseño que se llevó a cabo para llegar a las propuestas finales, desde el bocetaje, pasando por la elección tipográfica hasta la elección de las paletas cromáticas empleadas.
El consumo de drogas en Latinoamérica tiene sus orígenes principalmente desde las culturas precolombinas, donde las distintas civilizaciones las utilizaban con fines medicinales y religiosos; porque para los indígenas una forma de conectar con sus dioses era a través de las drogas, ya que podían tener visiones. El peyote, los hongos y la ayahuasca eran consideradas sagradas, tenían un significado diferente a lo que hoy en día le damos; desde la época de la colonización española existieron prohibiciones, se buscó la total erradicación de las drogas tradicionales y su uso ritual, por considerarlas contrarias a la fe católica.
Fue hasta los primeros gobiernos posrevolucionarios, cuando la manera de contemplar el consumo y el comercio de drogas se transformó, y la política prohibicionista avanzó con la criminalización de las drogas. Sustancias como la marihuana o la amapola, anteriormente disponibles en cualquier lugar, pasaron a ser un problema social.
A inicios de los sesentas fue donde comienza el mayor problema y prohibición, el crecimiento desmesurado de la demanda de marihuana, principalmente en el mercado estadounidense, fortalece a los traficantes y México se convirtió en el principal proveedor.
Las campañas antidroga realizadas lograron disminuir los cultivos durante algún tiempo, pero los plantíos se multiplicaron con mayor intensidad, fue cuando en 1969, el gobierno estadounidense encabezado por el presidente Richard Nixon tomó la medida de cerrar la frontera con México durante veintiún días. Esta iniciativa de la política norteamericana tenía por objeto reducir la entrada de marihuana a los Estados Unidos. Al final tuvieron éxito y lograron su cometido, pero terminaron por abrirle camino a una droga más fuerte y dañina que también llegó hasta Estados Unidos, la cocaína.
En México la matanza de Tlatelolco, y el famoso Halconazo fueron eventos cruciales en la historia de México, ya que impactaron profundamente en la sociedad mexicana, especialmente en los jóvenes, quienes dieron rienda suelta en su rebeldía, y tras un México reprimido y asustado, los jóvenes buscaron una salida a la represión revelándose ante el gobierno, queriendo explorar la libertad y el consumo de drogas.
Esto llevó al fortalecimiento de contraculturas, como el movimiento hippie mexicano, influenciado tanto por la cultura internacional como por la represión gubernamental y la violencia, generando un sentimiento de desesperanza en la juventud. Para algunos, el consumo de marihuana, LSD y otras sustancias psicotrópicas fue una manera de evadir la realidad opresiva y una forma de desafiar las normas sociales impuestas por el Estado y la moral conservadora de la época.
Movimientos como el de Woodstock en 1969, hicieron que la juventud mexicana se identificara aún más con la rebeldía de la contracultura.
El movimiento hippie y la psicodelia llegaron a México con ideas de libertad, amor y expansión de la conciencia a través de sustancias, algo que contrastaba con el autoritarismo del gobierno. La música y los festivales hippies se convirtieron en espacios de expresión, donde los jóvenes podían cuestionar al gobierno y experimentar una identidad distinta a la que el Estado promovía.
En 1971 se realizó el “Avándaro”, un festival de música de rock, conocido como el Woodstock mexicano, ya que fue inspirado justamente en este, pero dada la represión existente por parte del gobierno, el cartel oficial no fue lanzado públicamente, y se tuvo que difundir como un evento de carreras de coches para que el gobierno no lo cancelara. El festival tuvo como objetivo celebrar la libertad de expresión, promover la paz y expresar el descontento que existía contra el gobierno.
Debido al descontrol y consumo masivo de drogas que hubieron en dicho festival, se catalogó como una amenaza contra los valores tradicionales, y a raíz de estos hechos el Estado tachó el movimiento como acto de rebeldía y demasiada libertad de expresión, se promovió la idea de que el rock, la marihuana, el LSD y los movimientos iniciados por los jóvenes estaban ligados a la delincuencia y la subversión; se criminalizó la apariencia de los jóvenes con cabello largo, vestimenta alternativa y la música que escuchaban los jóvenes, también se persiguió a músicos, artistas y líderes estudiantiles, aumentando la censura en los medios y la vigilancia en los espacios de reunión juvenil. Todas estas ideas sólo aumentaron el consumo de drogas y actos de rebeldía por parte de los jóvenes.
Por ello, los medios de comunicación como la televisión, la radio y los periódicos ayudaron a reforzar esta narrativa con reportajes que mostraban a los jóvenes como problemáticos y desorientados. La policía y el ejército tenían autorización para detener y golpear a jóvenes bajo el argumento de que eran adictos, lo cual provocó un ambiente de miedo y represión en los espacios culturales, dejando una profunda huella en la sociedad mexicana, fomentando la rebeldía juvenil y la percepción negativa sobre el consumo de drogas.
El Estado utilizó esta criminalización para mantener el control, marcando una tensión entre el gobierno y la juventud, que sigue teniendo eco en la actualidad.
El movimiento psicodélico y su estética visual eran vistos por el gobierno y la sociedad conservadora como un vehículo de protesta y rebeldía, por lo que fueron blanco de censura en México; la prohibición y difusión de los carteles obligaron a que fueran reducidos a formatos menores y genéricos, con pocos elementos gráficos
llamativos y se impulsó el uso de imágenes neutras o relacionadas con valores tradicionales dentro de la publicidad musical. Todo ello obligó a una promoción de boca en boca o con carteles clandestinos de distribución limitada.
Las portadas de discos también sufrieron censura, especialmente aquellas que tenían referencias a la psicodelia, la protesta social o el consumo de sustancias, y algunos grupos musicales fueron obligados a modificar su identidad visual, optando por portadas más conservadoras para evitar ser vetados.
Ante todos estos sucesos, el gobierno mexicano influenciado por la política antidrogas de Estados Unidos, inició sus propias campañas para erradicar el consumo de sustancias. Se usaron imágenes de jóvenes “destruidos por las drogas”, asociando el consumo con la criminalidad y se promovieron campañas en escuelas y medios con mensajes moralistas sobre el peligro del rock y la “vida desordenada” de los jóvenes.
Esto ayudó a consolidar un discurso oficial de que la rebeldía juvenil era casi una enfermedad social que debía ser erradicada, fortaleciendo la represión cultural en México.
A partir de estos hechos, se inició la difusión de campañas antidrogas en México durante los años setentas, fuertemente influenciadas por el contexto internacional.
Se organizaron pláticas en donde se mostraban imágenes de los efectos devastadores de las drogas en el cuerpo y la mente, se repartieron folletos y carteles con frases como “La droga destruye familias” o “Drogadicto hoy, delincuente mañana”.
El gobierno mexicano implementó campañas antidrogas que utilizaron carteles con mensajes impactantes para desalentar el consumo de sustancias. Estos carteles a menudo mostraban imágenes perturbadoras sobre el deterioro físico de las personas, buscando infundir miedo.





Portada de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes (2014)

Portadas de la Guía preventiva para niñas y niños de 10 a 12 años (2017)


Carteles de la campaña de Estrategia Nacional para la Prevención de Adicciones (2020)





Carteles de Línea de la Vida lanzados por el Gobierno de México (2023)


Anuncio publicitario de periódico sobre tratamiento para dejar de consumir morfina (S.f)



La psicodelia surge como una contracultura, una forma de entender y percibir la realidad, se caracteriza por su interés en las experiencias alternativas de la conciencia, promoviendo así un sentido de trascendencia, de unión y de paz, convirtiéndose en una manifestación de exploración espiritual, artística y cultural que desafió las normas y moldeó generaciones, esto influyó profundamente en el arte, la música, la literatura y la vida cotidiana de las personas.
Este fenómeno estuvo fuertemente influenciado por el uso de sustancias alucinógenas, el autor Diman Menéndez afirma que “desde mediados de 1965, el consumo de LSD había comenzado a masificarse dentro de la cultura joven e impactaría en la manera de percibir al mundo y concebir al arte” (2022).
En LSD fue sintetizado en 1938 por Albert Hofmann y popularizado en la década de 1960 por jóvenes que buscaban experimentar libertad, entonces, Joan Carles Usó-Arnal comentaba que “para ellos consumir LSD no era una experiencia frívola sino algo profundo y trascendente que los situaba en una esfera superior de conocimiento” (2010).
Este movimiento tuvo su auge en Estados Unidos, principalmente en California, San Francisco, y en los festivales de música como el Monterey Pop en 1967 y Woodstock en 1969, se convirtieron en escenarios emblemáticos de la psicodelia, no solo por la música, sino por la atmósfera de libertad, comunidad y apertura a nuevas experiencias que se promovieron. En este contexto, la música psicodélica emergió como una herramienta de exploración sensorial y de protesta en los jóvenes.
En paralelo, las artes visuales comenzaron a tener protagonismo, diseñadores gráficos y artistas como Wes Wilson, Victor Moscoso y Milton Glaser crearon carteles, portadas de discos y obras que capturaban las visiones y el espíritu de la época, e inspirados en las experiencias de los viajes psicodélicos adoptaron una estética vibrante, caracterizada por colores intensos, tipografías ondulantes que simulan movimiento y patrones hipnóticos que imitan los efectos de estas drogas psicotrópicas, creando así un lenguaje visual inconfundible que aún resuena en la actualidad.
La llegada de la psicodelia a México fue un proceso influenciado por el contacto con la música y la cultura estadounidense, así como por el contexto sociopolítico del país.
Durante 1960, la juventud mexicana comenzó a adoptar elementos de la contracultura, encontrando en la música y el arte psicodélico una vía para desafiar las normas impuestas por el gobierno y la sociedad conservadora.
Los primeros vestigios de la psicodelia en México surgieron en la música, donde las canciones hablaban sobre temas de libertad, amor y cuestionamiento del sistema, convirtiéndose en la voz de una generación inconforme con la represión que se estaba viviendo en ese momento.
Y de igual manera, en el diseño y las artes, artistas como Vicente Rojo y Rafael López Castro comenzaron a experimentar con composiciones llenas de colores y formas orgánicas.
Es importante destacar que, aunque la influencia psicodélica en el diseño gráfico mexicano de 1960 y 1970 fue significativa, muchos de estos trabajos no son ampliamente conocidos debido a la limitada documentación y difusión de la época, sin embargo, su impacto perdura en la evolución del diseño gráfico y la cultura visual en México.


Portada de disco “Hits Insternacionales” (1969)

Cartel publicitario para el festival “Avándaro” en México (1971)











“¿Tu cuerpo está listo?” (2025)


“¿Quién tiene el control?” (2025)


“¿De qué quieres escapar?” (2025)




“Abusar confunde” (2025)


“No todo lo que calma cura” (2025)





El movimiento psicodélico ha sido un fenómeno cultural que suele asociarse con el consumo de sustancias y con la experimentación y los estados alterados de conciencia, sin embargo, reducir esta corriente únicamente a su relación con las drogas implica pasar por alto la potente estética que la caracteriza, así como su capacidad para comunicar mensajes profundos y provocar reflexiones en distintos niveles sociales y culturales.
Este trabajo parte de la antítesis, donde no se busca resaltar el consumo de sustancias, sino considerar dicha estética como un recurso visual y conceptual para llamar a la reflexión, porque puede ser resignificado en la actualidad para abrir un espacio al diálogo crítico sobre el consumo de drogas. Desde esta perspectiva, la psicodelia adquiere un doble valor. Por un lado, su estética se convierte en un lenguaje gráfico capaz de captar la atención y provocar al espectador, y por otro lado, ese mismo lenguaje puede ser utilizado para generar mensajes que cuestionen, inviten a la reflexión y propongan una mirada consciente sobre este tema crítico.
En este sentido, se pretende que cada cartel funcione como un estímulo al pensamiento, mostrando que el diseño gráfico puede ir más allá de lo estético para convertirse en una herramienta de diálogo y reflexión social.
El desarrollo de la serie de carteles comenzó con una lluvia de ideas para generar una serie de frases sobre la problemática planteada, para que estas pudieran presentar de manera reflexiva los conceptos que se deseaban comunicar. Este proceso implicó la revisión de diversas ideas, la congruencia de cada enunciado y la evaluación de su capacidad para transmitir un mensaje que invitara a la reflexión.
Una vez reunido un amplio conjunto de posibles frases, se llevó a cabo un proceso de selección, priorizando aquellas que resultaban
más directas y coherentes con la propuesta conceptual del proyecto, ya que la intención no era únicamente elegir enunciados llamativos, sino también asegurar que cada frase tuviera el potencial de dialogar con la imagen y de aportar al discurso crítico que se buscaba establecer.
Finalmente, de todo el conjunto inicial, se eligieron ocho frases que constituyen la base de la serie de carteles: “¿Tu cuerpo está listo?”, “Viajar no siempre es llegar”, “Abusar confunde”, “¿De qué quieres escapar?”, “¿Quién tiene el control?”, “No todo lo que calma cura”, “El silencio también daña” y “La curiosidad es humana”.
Con las frases seleccionadas, el siguiente paso consistió en diseñar cada cartel pensando en la manera de representar visualmente el mensaje que contenía. Este enfoque permitió que el contenido textual y la propuesta gráfica se construyeran de manera complementaria, generando un mensaje coherente y atractivo.
Esta serie de carteles se desarrolló bajo criterios específicos que permiten mantener una coherencia visual y técnica a lo largo de todo el proyecto. En este sentido, cada pieza tiene un formato de 90 x 60 cm, una medida pensada para garantizar la presencia visual suficiente y permitir que los detalles de la composición y la tipografía se perciban claramente.
En cuanto al color, se optó por el uso de tintas planas, lo que proporciona mayor saturación en los tonos, así como un control preciso sobre el resultado final en la impresión. Se especificó cuidadosamente una paleta cromática tanto en valores CMYK como RGB, asegurando que los colores seleccionados se mantengan exactos al diseño, tanto en medios impresos como digitales.
A continuación se describirá de forma puntual el proceso de diseño llevado a cabo con cada uno de los carteles realizados.

El boceto inicial planteaba una composición simétrica y un camino visual que dirigiera la mirada hacia el centro del cartel. La integración de hongos como elementos simbólicos fue desde el principio parte del mensaje, la idea era resaltar que el camino final llevaría al espectador hacia un viaje.
Durante el desarrollo digital, se afinaron los contornos y se intensificaron los colores para lograr una sensación de expansión visual y energía psicodélica.
BUBBLE BROWN
A B C D E F G H I J K L M N
O P Q R S T U V W X Y Z
Se utilizó la tipografía Bubble Brown con un diseño orgánico. Esta forma de composición que va de pequeño a grande, imita una experiencia visual alterada.
Se trabajó con la distorsión de la tipografía para lograr ese efecto y que tuviera relación y espacio entre la composición.
El contraste vibrante entre el magenta y el verde brillante refuerza la sensación psicodélica. Estos colores poco naturales evocan una alteración visual y captan la atención con una estética que resulta atractiva, pero también incómoda.
Por otro lado, el amarillo genera otro contraste que lleva al observador a ser lo primero que ve y ello genera que el texto sea lo que resalte de la composición.
Este cartel plantea una pregunta directa al espectador, apelando al uso de hongos alucinógenos como símbolo ancestral y contemporáneo al viaje lisérgico. La ilustración muestra un camino amarillo que se funde con el texto, rodeado de hongos que evocan lo alucinante.
Gráficamente, se resolvió con una paleta cromática vibrante que genera tensión visual, y una composición que remite a estados de expansión mental.

“¿Tu cuerpo está listo?” (2025)

Desde la etapa de bocetaje, la idea principal fue usar una mano central como símbolo de entrega, poder o duda, con la frase envolviéndola y formando una composición entre sí.
Se experimentó con diferentes direcciones del texto y se ajustaron las curvas para dar sensación de fluidez. En la versión final, los contrastes de color se llevaron al extremo para reforzar la tensión del mensaje.













