UDLA | Nancy Crespo
Seudociencias y trabajo en grupos
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•Cada día nuevas seudociencias aparecen para decirnos qué hacer y cómo hacer que nuestra vida y criterios cambien casi de manera mágica.
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•Es importante saber que una seudociencia es aquel modelo, teoría, criterio o concepto que no posee respaldo de estudios académicos o científicos para sostener su valides o fiabilidad.
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•Es importante analizar si la información que recibimos es o no veraz, tal es el caso de la programación neurolinguísitca PNL, del couching, del team building, entre otros.
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•Estas corrientes poseen y ofertan numeroso cursos, talleres, conferencias, libros… pero ¿son fiables?, ¿son reales?
¿Es real y útil emplear a estas seudociencias? Lee con atención información
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¿Entiendo lo que es y cómo está mi autoestima? ¿Cómo me auto percibo? ¿Qué piensan las otras personas cuando me conocen por primera vez? ¿Qué tan sincero soy con los grupos con los que interactúo de manera frecuente?
¿Funciona la técnica o son los que enseñan PNL los que no funcionan?
Rosetta Forner 2000
“Podemos ser víctimas de engaños: las relaciones, las personas y las empresas arriesgadas son tentadoras... La mujer fiera (la que antes estaba en un estado psíquico natural y después se convirtió en una criatura domesticada y con los instintos naturales adormecidos), suele estar
hambrienta de cosas espirituales y a menudo se traga cualquier veneno ensartado en el extremo de un palo puntiagudo, pensando que ello es lo que ansía su alma.” Mujeres
que
corren
con
lobos
(Ediciones
B),
autora
Clarissa
Pinkola
Estés.
“Los estómagos hambrientos hacen malos compradores” (dicho americano). Esto les sucede a mucha gente, hombres y mujeres, que presas de su hambruna espiritual “se echan en brazos” de gente sin escrúpulos que se llaman a sí mismos “expertos” en determinada materia, acabando por desprestigiar a ésta última elevándola al rango de “esotérica” (en su acepción negativa). Concretamente, la PNL no está exenta de este riesgo, y de hecho creo que ya está contaminada y va camino de convertirse en un técnica confusa, distorsionadora de la realidad y mentirosa de su verdad. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que quiénes la aplican o bien la desconocen en profundidad ya sea por haberla no estudiado (sólo leyeron libros de PNL), o haber asistido a seminarios intensivos –tan intensivos que no tuvo ni tiempo de leerse los apuntes, si los hubo-, o tan despistados que quien lo impartía pretendía “caminar lo que habla”. Robert Dilts, suele referirse así a la congruencia, alegando que todo entrenador de PNL debería caminar lo qué habla, y hablar acerca de lo qué camina (en inglés: “walk your talk”, lo traduzco para que cuando la vea sepa lo qué quiere decir), o bien a pesar de haber estudiado PNL con tal o cual profesional prestigioso, uno se pregunta... ¿de verdad le quedó algo? O es que sólo se quedó con un buen manual de enseñanza de la PNL. Y, ¿qué hay de su calidad humana, de su integridad, de su autenticidad, de su evolución personal, de su honestidad
A menudo me encuentro con gente que me dice (sic): “la PNL NO funciona”. Me pregunto: ¿con quién la habrán practicado? Muy a mi pesar, me invade una profunda tristeza. He trabajado en diversos campos profesionales y en todos hay malos profesionales certificados con titulación universitaria auténtica, un título no garantiza la bondad de la práctica profesional, pues como decía un alumno mío: “una cosa es la técnica y otra es tener el don”. No obstante, también los hay que dicen ser algo que no son, se denominan a sí mismo psicoterapeutas (unos alegan “llevar toda la vida estudiando psicología”), y no tienen titulación. A mi mucha gente me pregunta si soy psicóloga, y a pesar de tener un PhD en Psicología de la comunicación, le respondo que no, pues la carrera de Psicología no la estudié (mi especialidad es otra).
La semana pasada recibí una sesión de coaching. Sí, esa palabra que está en boca que todos, que todo el mundo se ha lanzado a ofrecer sin ton ni son y que en absoluto he oído a lo largo de mi formación como psicóloga. Iba bastante a ciegas, pues reconozco que aunque no dejo de escuchar esta palabra por doquier y en todos los ámbitos imaginables, la realidad es que igual que seguramente muchos de los que me estáis leyendo, no tenía ni pajolera idea de a qué me estaba enfrentando y lo más gracioso, tampoco tenía ni idea del motivo por el que me estaba metiendo en ese "embolao", más allá de mi pura curiosidad.
A veces es necesario perderse para poder encontrarse. Un amigo, trabajador de una empresa que ofrece un producto virtual de apoyo en sesiones de coaching, me ofreció participar gratis en unas sesiones utilizando esta herramienta, y yo accedí. La profesional parecía muy segura de su papel. Yo tenía que ser su conejillo de indias y ella, el mío. La sesión comenzó con ciertas preguntas acerca de cuáles eran mis expectativas (me las tuve que inventar sobre la marcha) y qué esperaba obtener de esas sesiones. Mi enfoque fue meramente profesional, pues es el ámbito laboral en el que he escuchado más a menudo este concepto, tanto a nivel organizacional como individual. Una vez claras mis expectativas, que consistían en delimitar mis opciones de desarrollo profesional y aclarar un poco mi visión de futuro. Porque tengo un problema o una suerte, según como lo mires, ¡que me gustan demasiadas cosas!
La herramienta, útil. Las preguntas, agotadoras, pero la verdad es que al final de la sesión logré tener una visión de las diferentes ramas de la psicología que me atraen, mucho más ordenada y transparente. Y lo más importante, hicimos conjuntamente un análisis de mi actitud hacia cada una de ellas de un modo socrático, deteniéndonos en los pros y en los contras, haciendo balanza, abriendo mis lugares mentales más recónditos, mis miedos más ocultos y dejando sobre la mesa mis ideas más subconscientes. Seguramente no le hubiese confesado a nadie, ni siquiera a mí misma, que la remuneración económica era un motor crucial en la toma de mis decisiones, pues he sido siempre una defensora bruta del amor al trabajo, de la
diversión y del aprendizaje como prioridad ante los beneficios del puesto, del desarrollo personal por encima de los incentivos económicos. ¿Cómo? ¿Esta mujer me está conduciéndo a la congruencia conmigo misma sin yo darme cuenta y a confirmar ideas que anidan en mi cabeza que ni yo sabía que tenía? ¿Esto qué es? Cuando no sabes qué vía tomar en una decisión importante. Esto es coaching, amigos. La sesión no me ayudó a decantarme de forma definitiva por una de las opciones consideradas, pero sí me dejó bastante impresionada la habilidad de la coach para acceder a mi subconsciente o mejor dicho, para hacer conscientes mis pensamientos del subconsciente. ¡Qué maravilla! Esta sesión logró que me interesara realmente por el mundo del coaching (y por todas las disciplinas que lo conforman), del que me he mantenido siempre muy escéptica, y le pedí algo más de información a María Gilabert, coach, compañera y experta en este tema, que me contó con algo más de detalle el trasfondo de esta herramienta tan útil y con tanto auge.
La falacia del coaching
Si bien es cierto que el coaching puede ser de enorme utilidad, también lo es que en España se ha desencadenado un boom de intrusos y oportunistas dispuestos a aprovechar el tirón de esta herramienta proveniente del mundo empresarial para subirse al carro del éxito. Periodistas, economistas, nutricionistas, veterinarios y filólogos. Lo cierto es que cualquier profesional ajeno al mundo de la psicología se ha querido apuntar a la lista de oferentes de este servicio así que insisto: ¡Elegid a un profesional cualificado!
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Tomado del Block de Harllow 2016
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