Skip to main content

Periódico Alma Mater ED 752

Page 1

JUL-AGO MEDELLÍN 2026

PP. 4-5

CUANDO UNA VIDA SE CONVIERTE EN LEGADO: ¡GRACIAS, FRANCISCO LOPERA!

PP. 6-7

DE LA LOCURA A LA LIBERTAD: DON QUIJOTE Y LA VIGENCIA DEL MITO CERVANTINO

VIGILADA MINEDUCACIÓN

ISSN 1657-4303

MISIÓN ANTÁRTIDA: CIENTÍFICOS COLOMBIANOS BUSCAN ESCUCHAR EL «ECO» DEL PRIMER AMANECER DEL COSMOS

N.º 752

PP. 14-15

ENFERMERÍA MÁS ALLÁ DEL HOSPITAL: ENFERMEROS UDEA QUE REINVENTAN EL CUIDADO

PP. 16-17

Ante el auge de la IA, debemos fortalecer el pensamiento crítico en los estudiantes:

Luquegi Gil Neira rector UdeA Luquegi Gil Neira considera que la Universidad se debe comprometer con una transformación curricular profunda, que haga énfasis en la formación de profesionales con mayores capacidades analíticas y críticas que les permitan enfrentar los desafíos cambiantes del mundo moderno. Además, personas íntegras, con conciencia social y ética. En diálogo con el periódico Alma Mater, habla de su vida, su trayectoria académica y administrativa, sus retos en este rol y otros asuntos clave para la institución.

PP.8-11


2

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

Desde hace décadas, en Yarumal, en el Norte antioqueño, varias familias conviven con el alzhéimer de inicio temprano. En muchas de ellas, el cuidado diario de los pacientes ha recaído sobre las mujeres, sin formación, sin acompañamiento y casi siempre sin relevo. Una investigación doctoral de la Universidad de Antioquia escuchó las historias de varias mujeres cuidadoras de este tipo y encontró algo que los protocolos médicos rara vez registran: un conocimiento construido a fuerza de experiencia, y una pregunta que las cuidadoras tardaron años en atreverse a hacer: ¿por qué nos toca a nosotras?

«¿Por qué nos toca a nosotras?»: los desafíos de las mujeres que cuidan a personas con alzhéimer de inicio temprano «Yo era prácticamente una niña y resulté cuidando a mi mamá sin darme cuenta», recordó Margarita Eusse Hincapié, una mujer de 55 años que vive en la vereda La Estrella, en Yarumal. Tenía 12 años cuando empezó a convertirse en su principal apoyo. Aquel fue el inicio de un camino que la llevaría a hacerse cargo de tres hermanos afectados por el alzhéimer. Cuando su madre enfermó, hace 43 años, en su familia nadie sabía lo que era el alzhéimer, los cambios en el comportamiento y la pérdida progresiva de la memoria se interpretaban como parte de un padecimiento desconocido. «Uno aprendió, como se dice, a los trancazos. Incluso mi papá llevaba a mi madre a visitar brujos o adonde el padre que sanaba», contó. Hoy, Margarita cuida a uno de sus hermanos, de 53 años, quien también desarrolló la enfermedad. Su historia se repite en la de varias mujeres de Yarumal quienes han asumido este rol sin más formación que la intuición y los aprendizajes construidos en la experiencia cotidiana.

Hace más de 20 años, el Grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia —GNA—, entonces liderado por el fallecido neurólogo Francisco Lopera, identificó la mutación paisa del gen PSEN1 como la causa del alzhéimer hereditario de inicio temprano en cientos de familias de Antioquia, muchas de ellas residentes en Yarumal y otros municipios del Norte del departamento. Esta alteración genética, transmitida de generación en generación, explica la alta concentración de casos en la región y convirtió a estas familias en un referente mundial para la investigación. A diferencia de la forma más frecuente del alzhéimer, que suele aparecer después de los 65 años, esta variante se manifiesta a edades más tempranas y puede comenzar con cambios en el comportamiento, dificultades para planificar tareas cotidianas, alteraciones del lenguaje, desorientación y pérdida progresiva de la memoria. Con un grupo de seis de estas mujeres cuidadoras, Román Albeiro Martínez, doctor en Salud Pública y docente de la Universidad de Antioquia, desarrolló durante año y medio la investigación Experiencias y saberes de mujeres cuidadoras de personas con enfermedad de Alzheimer. El estudio tuvo como propósito comprender cómo enfrentan una enfermedad que transforma la vida familiar, reconocer los saberes construidos en el cuidado cotidiano y contribuir al debate social, político y académico sobre salud pública, corresponsabilidad social y formación de cuidadores. «Cuando me sentaba a conversar con las cuidadoras, decían que el cuidado de las personas con alzhéimer es diferenciado de otros pacientes, dado que aquí se va dando una dependencia total

ISSN 1657-4303

N.º 752 JUL-AGO MEDELLÍN 2026

ALMAMATER@UDEA.EDU.CO

Rector Luquegi Gil Neira Comité Editorial Juan Guillermo Rojas | Vicerrector General Lina Claudia Adarve Calle | Secretaria General César Alzate Vargas | profesor Facultad de Comunicaciones y Lengua y Literatura Teresita Betancur Vargas | profesora Facultad de Ingeniería Luisa Fernanda Cano Blandón | profesora Facultad de Derecho y Ciencias Políticas Teresita Alzate Yepes | profesora Escuela de Nutrición y Dietética @UNIVERSIDADDEANTIOQUIA

ANDREA CAROLINA VARGAS M. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA acarolina.vargas@udea.edu.co

a medida que la enfermedad avanza. Si bien en las primeras fases los pacientes todavía son autónomos en aspectos como la movilidad o el aseo personal, el deterioro cognitivo progresivo hace que, al final, incluso pierdan el habla, por lo que se vuelve indispensable estar vigilantes todo el tiempo. Hay que cuidar 24/7 porque pueden hacerse daño, irse de la casa, extraviarse e incluso perder la vida», explicó Martínez’. Margarita conoce bien esa realidad. «Para mí, lo más difícil de ser cuidadora ha sido alternar con mi trabajo en la granja porcícola para poder sustentarnos. Me podría quedar en la casa, pendiente todo el tiempo de que no trate de salirse a la calle, de adivinar qué quiere o qué necesita, porque él ya no habla. Si económicamente estuviéramos bien, si tuviéramos un apoyo, una ayuda… Pero no es así. Mi apoyo aquí son mi esposo y mi hermana», comentó Margarita. De acuerdo con Román Martínez, el cansancio acumulado, la falta de descanso y la imposibilidad de desconectarse generan un desgaste progresivo que pocas veces es reconocido como un asunto de salud para quienes cuidan. Además, para estas mujeres que conviven con esta enfermedad, se suma la carga de la preocupación constante de que algún día ellas mismas necesiten los cuidados que hoy brindan. «Nosotros sabemos que es como una lotería 50/50. En mi familia somos doce personas y hasta ahora cuatro estamos sanas; las otras ocho, cinco fallecidas y tres enfermas. Mi familia no ha sido una familia duradera. Mi mamá murió a los 47 años, una hermana igual y un hermano alcanzó a vivir hasta los 57. Cuando uno vive con esto siempre está pendiente de quién sigue», contó Margarita. «Porque soy la mujer de la casa» Las mujeres continúan asumiendo la mayor carga del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en Colombia. Entre 2022 y 2023 aportaron el 57,1 % del total de horas de trabajo del país —sumando actividades remuneradas y no remuneradas—, según la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado y la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del Departamento

Natalia Restrepo Saldarriaga Directora de Comunicaciones Gimena Ruiz Pérez Antonio Rodríguez Marenco Coordinación de edición Carolina Gomes Gaviria Diseño y diagramación

Portada Rector Luquegi Gil Neira en conversación con el periodista Olimpo Restrepo. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F. Nota del editor La presente edición fue publicada exclusivamente en formato digital. Las opiniones expresadas por las fuentes y autores de los artículos publicados en Alma Mater son responsabilidad de estos y no representan una postura institucional de la Universidad de Antioquia.

@UDEA · DIRECCIÓN DE COMUNICACIONES · Ciudad Universitaria · Calle 67 n.º 53-108, bloque 16, oficina 336, Medellín · Teléfono: (604) 2195017


3

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

Administrativo Nacional de Estadística —Dane—. Los datos más recientes muestran que dedican más del doble de tiempo diario que los hombres a labores del cuidado. Si el cuidado implica jornadas permanentes de vigilancia, dificultades económicas, desgaste físico y carga emocional que se prolonga durante años, surge una pregunta inevitable: ¿por qué esta responsabilidad recae en una persona y, en la mayoría de los casos, en una mujer? Las explicaciones de las cuidadoras sobre esta distribución suelen remitir a creencias aprendidas en la infancia y reproducidas dentro de las familias. Durante la investigación, varias relacionaron el cuidado con el hecho de ser mujeres. Margarita, por ejemplo, dijo: «Mi papá vivía con nosotros, pero el hombre es más proveedor que cuidador. Es importantísimo que se involucren en el cuidado, pero no es tan fácil. Siento que ellos tienen más temor; al final, nosotras tenemos más mentalidad de cuidadoras». Para Martínez, la respuesta no está en una capacidad natural para cuidar, sino en la forma como históricamente se ha distribuido esta responsabilidad en las familias y la sociedad. Durante la investigación, él identificó una transformación: varias mujeres comenzaron a cuestionar aquello que durante años asumieron como normal. Contó: «Al principio de este trabajo naturalizaron que ellas debían cuidar, porque ‘yo soy la mujer de la casa’. Al final del proceso, que es lo bonito de la investigación, cuestionaron: ‘¿por qué yo?’ y ‘¿por qué yo sola?’, ‘¿esto por qué no se comparte y por qué no nos distribuimos las responsabilidades?’». El cuidado, más allá de la familia Cuestionar la distribución del cuidado llevó a las participantes de la investigación y al investigador mismo a una reflexión más amplia. Si las mujeres no deberían asumir solas esta responsabilidad, entonces ¿a quién más le corresponde cuidar? La pregunta desplaza la discusión del ámbito exclusivamente familiar hacia otro escenario: el de la salud pública y la corresponsabilidad social. Y es que el Estado también está presente —o ausente— en la experiencia cotidiana del cuidado. La manera en que se prestan los servicios de salud, la facilidad para acceder a consultas especializadas o el acompañamiento que reciben las familias terminan influyendo directamente en la vida de quienes cuidan. «Los servicios de salud son tan traba y tan obstáculo que es mejor no estar en ellos. Yo llevaba a mi hermano y me lo mandaban cada tres meses para el neuropsiquiatra en Medellín y le formulaban el medicamento, pero es muy difícil sacar pasajes para uno y para ellos, llevarlos en bus cuando no están cómodos y no se sienten bien. Entonces decidimos que no, que no se puede», contó Margarita. Ante esas dificultades, el acompañamiento del GNA ha sido una de las pocas redes de apoyo constantes para algunas de las familias afectadas por el alzhéimer de inicio temprano en Yarumal. «Nosotros tenemos un apoyo muy bueno que es el Grupo de Neurociencias de la Universidad de Antioquia. Ellos sí nos colaboran, vienen, nos visitan, revisan a mi hermano, nos hacen la formulita, le toman los exámenes y ya nosotros bregamos a comprarle las cositas», relató Margarita. A este panorama se suma otro desafío: la escasa comprensión social e institucional de lo que significa convivir con la enfermedad. Las cuidadoras entrevistadas señalaron que gran parte de los apoyos disponibles están dirigidos a personas mayores o a

En Colombia, las mujeres asumen la mayor carga del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, según datos del Dane. Foto: Magnific Stock.

población con discapacidad. Sin embargo, cuando esta condición aparece antes de los 40 años y quienes la padecen no son reconocidos dentro de estas categorías, muchas familias terminan quedando en una especie de limbo institucional, sin programas específicos que respondan a las particularidades de su situación. «Lo decían ellas: las cuidadoras somos invisibles. La mayoría de los programas de cuidado que llegan a los territorios están ofertados para el cuidado en general y fundamentalmente para personas mayores dependientes. Entonces a nosotras ni nos invitan porque mi paciente no es una persona mayor dependiente», explicó Martínez. Las conversaciones que dieron forma a la investigación mostraron que estas mujeres no solo enfrentaban el avance de la enfermedad, sino también el aislamiento y la sensación de asumir una responsabilidad pocas veces compartida. «Llegamos al consenso de que no se necesitaban más orientaciones relacionadas con lo biológico de la enfermedad. Lo que se necesita es formarnos como sociedad para entender el cuidado como un fenómeno de todos. Allí empiezan a aparecer cuestionamientos al patriarcado, al machismo, a la distribución del cuidado y a por qué es que nos toca ser cuidadoras. Esos elementos no suelen aparecer en las propuestas de formación para el cuidado y hacen parte de la novedad de esta propuesta», comentó Martínez Según el investigador la propuesta de crear un modelo pedagógico a partir de este proceso no busca enseñarles a las mujeres a cuidar mejor. Parte de reconocer que ellas ya han construido un conocimiento valioso a partir de décadas de experiencia. Más que un resultado cerrado, se plantea como una posibilidad para escuchar esos saberes, darles un lugar y ponerlos en diálogo con familias, comunidades e instituciones en torno al cuidado. «Lo que buscamos aquí es que la formación para la sociedad esté situada en la política de salud pública y que el cuidado sea entendido como un asunto que le corresponde a toda la sociedad. Que se pueda formar a la familia y a diferentes grupos. En la medida en que como sociedad vamos entendiendo que es tarea de todos y que aquí hay fenómenos que deben ser cuestionados —como que no solo las mujeres cuidan o que en algún momento todos tendremos que ser cuidados— nos vamos distribuyendo la tarea», explicó Martínez. Mientras esas discusiones avanzan y el cuidado comienza a abrirse paso como un asunto de salud pública, mujeres como Margarita seguirán sosteniendo una labor que pocas veces admite pausas: «Voy a seguir cuidándolo hasta que seamos capaces, porque llega un momento en que ya como que no. Por ejemplo, a mi hermano todavía lo cuido porque camina; lo baño, le doy la comidita. Pero llegará el momento en que no pueda y toque internarlo, como pasó con otros dos hermanos».


4

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

¿A qué suena el origen del universo? Un equipo interdisciplinario de científicos de las universidades de Antioquia, Industrial de Santander y Ecci viajó hasta el corazón del Polo Sur para rastrear la señal de las primeras estrellas. Con el desarrollo de un radiotelescopio y un modelo de análisis propio, los investigadores cuestionan la interpretación de una señal reportada en 2018 como posible evidencia del amanecer cósmico. Los resultados logrados hasta ahora consolidan a Colombia como protagonista en los avances de instrumentación astronómica de frontera.

CARLOS OLIMPO RESTREPO S. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA olimpo.restrepo@udea.edu.co

Misión Antártida: científicos colombianos buscan escuchar el «eco» del primer amanecer del cosmos Hace casi un siglo, en 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble demostró que las galaxias se alejan unas de otras a alta velocidad, impulsadas por la fuerza de una gran explosión. Desde entonces, la humanidad busca la huella de esta, para saber cómo era el universo primitivo.

tíficos colombianos fue publicado en The Astrophysical Journal y concluyó que, una vez corregidos los efectos causados por los instrumentos de Edges «no queda evidencia estadísticamente significativa» de la absorción reportada originalmente.

En los últimos años, un equipo interdisciplinario de científicos de la Universidad de Antioquia, la Universidad Industrial de Santander —UIS— y la Universidad Ecci, de Bogotá, ha diseñado un nuevo radiotelescopio y un modelo estadístico para analizar los hallazgos del proyecto Edges —Experiment to Detect the Global EoR Signature o Experimento para Detectar la Firma Global de la Época de Reionización—, un hito de la astronomía mundial. Este trabajo consolida a Colombia en la frontera de la instrumentación cósmica.

«Lo que mostramos es que existe una explicación alternativa completamente consistente con los datos nuestros. Las pequeñas reflexiones internas de la antena y del sistema electrónico —del experimento Edges— pueden producir una estructura muy similar a la que se interpretó como la señal cosmológica», explicó el astrofísico Chaparro Molano, docente e investigador del Instituto de Física de la Universidad de Antioquia.

El debate comenzó en 2018. Investigadores del proyecto internacional Edges —en el que participan científicos de la Universidad de Arizona y del MIT, de Estados Unidos, junto a colegas de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation, de Australia—, identificaron una característica en la longitud de onda de 21 centímetros del hidrógeno primordial, una señal de radio emitida por ese elemento, la cual es fundamental para estudiar el origen del universo. Con esta información, dijeron haber detectado la señal del Amanecer Cósmico, es decir, de la época en la que se encendieron las primeras estrellas y galaxias, “apenas” 180 millones de años después del Big Bang, que ocurrió hace cerca de 13 800 millones de años. Sin embargo, en la comunidad científica internacional surgieron dudas. Para corroborar o descartar el hallazgo, el equipo colombiano aplicó un método estadístico diferente y concluyó que la famosa señal pudo ser causada por el propio «ruido» del equipo electrónico utilizado para buscarla. Este descubrimiento se dio en el marco del proyecto Telescopio Antártico Colombiano para la Absorción de 21 cm durante la Reionización —Cantar—, liderado por Germán Chaparro Molano, y en el cual participaron Michelle Mora, Juan D. Guerrero, Catalina Alzate, Juan P. Urrego, Jimena Giraldo y Pablo Cuartas Restrepo, del Grupo de Física y Astrofísica Computacional —Facom—, adscrito a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UdeA. De esta iniciativa también hacen parte el Grupo de Investigación en Control, Electrónica, Modelado y Simulación, de la Escuela de Ingenierías Eléctrica, Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad Industrial de Santander —UIS—, liderado por Julián Rodríguez Ferreira, y el Grupo de Simulación, Análisis y Modelado de la Universidad Ecci, de Bogotá, con Oscar Alberto Restrepo Gaitán a la cabeza.

El profesor Germán Chaparro y el estudiante de maestría David González —de abrigo rojo— durante la instalación del radiotelescopio en la Antártida. Foto: Proyecto Cantar.

El trabajo de los cien-

Los resultados de la investigación se encuentran en Journal of Environmental Chemical Engineering, revista científica internacional que publica avances investigativos relacionados con el desarrollo de tecnologías ambientales sostenibles.

Análisis estadístico avanzado Para llegar a esta conclusión, los investigadores colombianos partieron de la pregunta: ¿los datos del experimento Edges son realmente consistentes con la existencia de esa señal? Para verificar los datos y responder a ese interrogante utilizaron dos herramientas complementarias: una de inferencia bayesiana, es decir, un método estadístico que calcula la posibilidad de que una hipótesis sea cierta, y otra de validación predictiva a posteriori, la cual utiliza datos simulados y los compara con los reales, para establecer si ese modelo logra capturar la complejidad de lo estudiado. «Lo que muestra este análisis es que no es necesario asumir la existencia de una señal de absorción proveniente de las primeras estrellas para entender los datos observados por el grupo australiano», explicó la astrónoma Michelle Mora. «Estos registros pueden explicarse sin necesidad de incluir esa señal de absorción que los científicos de Edges interpretaron como la huella de los primeros astros del universo». En otras palabras, el estudio no demuestra que la detección de ese experimento sea falsa, pero sí indica que, estadísticamente, la evidencia disponible no resulta suficientemente consistente como para sostener esa interpretación. «Lo que encontramos es que, desde un punto de vista probabilístico, es poco posible que la señal que ellos detectaron corresponda realmente a la señal cosmológica de 21 centímetros. Es mucho más probable que pueda explicarse por otras causas», puntualizó Michelle Mora. Lejos de cerrar el debate, los investigadores consideran que sus resultados fortalecen la necesidad de realizar nuevas ob-


5

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

servaciones con instrumentos independientes. «Siempre hemos promovido que este tipo de experimentos continúen. Entre más datos tengamos, más posibilidades habrá de comparar resultados y de tener mayor certeza cuando finalmente se detecte esa señal», afirmó la investigadora. Michelle Mora, quien se vinculó en 2021 y era entonces estudiante de Astronomía en la UdeA, optimizó las simulaciones en Python —lenguaje de programación— y desarrolló los programas del análisis estadístico computacional avanzado del proyecto, liderado por el profesor Chaparro. Su trabajo redujo el tiempo de procesamiento de datos de doce horas a solo treinta minutos, permitiendo evaluar miles de escenarios físicos. «Mi trabajo consistió en realizar simulaciones del cielo para determinar la hora y el lugar óptimos de observación. Dado que la señal de 21 centímetros que investigamos es muy tenue, buscamos ventanas de tiempo en las que la Vía Láctea genere la menor interferencia posible. Estas simulaciones son fundamentales para las investigaciones en la Antártida, ya que permiten optimizar el uso de la antena instalada allí», sostuvo la científica. El software desarrollado durante la investigación fue publicado como código abierto para que otros grupos científicos puedan reproducir, verificar o ampliar los análisis hechos en Colombia. «Era importante para mí que cualquier persona pudiera utilizarlo, modificarlo o adaptarlo. Creo que el acceso libre a la ciencia es muy importante, especialmente ahora, cuando muchas investigaciones pueden hacerse simplemente con un computador», señaló.

es la única interferencia. Entonces, como en la Antártida no hay señales de teléfonos móviles, ni estaciones de radio o redes eléctricas que interfieran con la débil onda cósmica que el radiotelescopio intenta registrar, es el lugar ideal para este tipo de investigación. Además de comprobar el silencio radioeléctrico, los investigadores necesitaban evaluar el comportamiento físico de los equipos en el clima polar. «Era necesario verificar cómo respondería el instrumento bajo las condiciones extremas de ese continente», señaló Restrepo Gaitán. Divididos en dos grupos, los investigadores desafiaron el clima polar, en expediciones realizadas entre diciembre de 2024 y enero de 2025. En la base costera Bernardo O'Higgins, en la península antártica, trabajaron el profesor Chaparro y el estudiante de maestría David González. Allí realizaron mediciones en la playa, sobre capas finas de hielo y en la parte alta de un glaciar. En paralelo, Julián Rodríguez, de la UIS, realizó una travesía junto con el estudiante Elian Calderón hacia el interior del continente, el glaciar Unión, ubicado dentro del Círculo Polar Antártico, a unos 1000 kilómetros del Polo Sur geográfico.

Un radiotelescopio nacional en la Antártida Paralelamente al análisis de datos, el equipo se lanzó a construir su propia tecnología con el fin de buscar también un sonido cercano al Big Bang, y en ese proceso diseñó un radiotelescopio, tarea liderada por Julián Rodríguez Ferreira, de la UIS, y Oscar Alberto Restrepo Gaitán, de la Ecci. «Nos dimos cuenta de que ya habíamos realizado varios desarrollos acá y dijimos, pues seamos autónomos y hagamos un nuevo proyecto», dijo Germán Chaparro, quien agregó que, por eso, «empezamos a trabajar en este tema diseñando instrumentación ligeramente distinta a la de otros equipos de investigación para hacer esa búsqueda». El profesor Oscar Restrepo Gaitán, de la Ecci, explicó que su tesis doctoral se centró en solucionar las fallas del experimento Edges. El aparato que se usó en este proceso presentaba un alto grado de cromaticidad, lo que significa que la respuesta de su antena cambiaba demasiado según la frecuencia observada, alterando los datos. «Nuestro diseño reduce significativamente esa cromaticidad. Teóricamente, nuestra antena ofrece un comportamiento superior y una ganancia mucho más uniforme», aseguró.

El profesor Germán Chaparro y el estudiante de maestría David González —de abrigo rojo— durante la instalación del radiotelescopio en la Antártida. Foto: Proyecto Cantar.

No se trata de un equipo con un enorme plato parabólico, sino de un dispositivo compacto y liviano, desarmable, para facilitar su transporte al Polo Sur. Es una antena metálica de aproximadamente 1,25 metros de altura, montada sobre una plataforma conductora de unos 60 centímetros de ancho por 1,69 metros de largo. Su elemento principal tiene forma de una pala o cuchilla, diseñada mediante algoritmos de optimización computacional para captar con la mayor fidelidad posible las débiles ondas de radio procedentes del universo primitivo. Las expediciones para llevar el radiotelescopio y a los investigadores desde aquí a esa zona del mundo se hicieron en el marco del Programa Antártico Colombiano, coordina por la Comisión Colombiana del Océano, y, cuando estaban allá, se contó con el apoyo logístico y operativo del Instituto Antártico Chileno y de las fuerzas militares del país austral. Pero ¿por qué se fueron para allá? Para sintonizar una señal tan débil como la de 21 cm, el mayor obstáculo es el ruido electromagnético generado por los seres humanos. «La señal que queremos detectar debería observarse hoy en una banda de frecuencias entre 40 y 200 megahercios y esta coincide con las ondas de las emisoras de radio FM», explicó Restrepo Gaitán, aunque aclaró que esa no

«Allí estuvimos sobre el casquete polar. Debajo de nuestros pies había kilómetro y medio de hielo», contó Rodríguez, quien añadió que «fuimos los primeros colombianos en adelantar trabajo científico en esa base profunda, un espacio reservado casi exclusivamente para personal militar chileno y deportistas de élite que escalan el monte Vinson». Aunque el radiotelescopio de Cantar aún no ha detectado la esquiva señal de 21 centímetros del universo primitivo, sí ha permitido validar nuevos diseños de antena, caracterizar uno de los ambientes radioeléctricos más limpios del planeta y desarrollar herramientas que fortalecen la búsqueda de esa señal. Además, los análisis elaborados por el equipo colombiano aportan evidencia de que el hallazgo anunciado en 2018 por el experimento Edges podría explicarse por efectos instrumentales aún no descartados. «Estamos todavía en la carrera de encontrar la señal del origen del universo y nos encontramos en la vanguardia junto con otros equipos en el mundo. Hasta ahora nadie lo ha logrado», afirmó Germán Chaparro.


6

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

Al cumplirse dos años de la muerte del profesor y neurólogo Francisco Lopera Restrepo, fundador del Grupo de Neurociencias de Antioquia y uno de los investigadores más relevantes de las enfermedades neurodegenerativas en el mundo, familiares y colegas hablan de su último y más absoluto acto de amor y coherencia: donar su cerebro al Neurobanco de la UdeA.

El doctor Francisco Lopera Restrepo fue el primer latinoamericano en recibir el prestigioso premio Potamkin. Foto: cortesía GNA.

«¿Cómo es un cerebro?», le preguntó. No recuerda muy bien qué le respondió su tío, Francisco Lopera Restrepo. Pero no olvida que la llevó a la biblioteca de su casa y le mostró un fósil de coral lleno de surcos y relieves que se asemejan a esa parte del cuerpo de la que tanto se hablaba en las reuniones familiares. Esta escena permanece intacta en la memoria de Paula Ospina Lopera. Tenía unos siete años cuando se interesó por primera vez en lo que hacía su tío. En ese entonces, sabía que era médico y que investigaba cosas muy importantes. Hablaba con propiedad del cerebro, ese órgano que permite que los humanos piensen, sientan y recuerden; mencionaba enfermedades raras que lo deterioran y tratamientos que intentaban contrarrestar estos males. Con el paso del tiempo fue entendiendo mejor quién era su tío. Lo empezó a descubrir en el semillero de neurociencias para niños de la Universidad de Antioquia, cuando asumir el rol de investigadora era una oportunidad para jugar y aprender. Paula, Karina —la única hija del doctor Lopera— y otros primos se reunían los sábados en un salón para aprender sobre el Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que se cruzó por primera vez en la vida de Francisco Lopera cuando vio que su abuela paterna empezó a olvidarse de los suyos. Desde entonces, se propuso un objetivo que guio su camino: encontrarle una cura al que muchos conocen como «el mal del olvido». Paula siguió recopilando datos sobre su tío en el álbum que su mamá, Lucelly Lopera, y otras tías fueron llenando con los recortes de prensa que registraban los avances de las investigaciones que el doctor Lopera hacía con el Grupo de Neurociencias de Antioquia —GNA—, que creó en la Facultad de Medicina de la UdeA en 1992. En varias páginas de ese archivo, creado con esmero y orgullo, aparece una de las hazañas más importantes de su carrera: en 1995, con el apoyo de su equipo, descubrió la «mutación paisa», el gen responsable de la enfermedad de Alzheimer hereditario precoz, un hallazgo clave en la comprensión de esta demencia y sus posibles tratamientos. También supo de la relación tan estrecha que tenía con los pacientes de Alzheimer y sus familias. En las reuniones de los sábados en la casa de la abuela, él contaba detalles de sus salidas de campo, de los avances de las investigaciones, de los congresos a los que asistía. Hablaba de la generosidad de las familias que

LINA MARÍA MARTÍNEZ M. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA lina.martinezm@udea.edu.co

Cuando una vida se convierte en legado: ¡gracias, Francisco Lopera! decidían donar el cerebro de sus seres queridos al Neurobanco del GNA, que comenzó en 1995 con la primera donación. «Para él, donar su propio cerebro era una forma de actuar con reciprocidad frente a lo que le pedía a los demás. Era como decirle a los pacientes y a sus familias: ‘cómo te pido que dones tu cerebro o una muestra de sangre para estudiarla si yo no hago lo mismo’. Él siempre enseñaba con el ejemplo», recuerda Paula Ospina Lopera, quien, tras un largo recorrido, se convirtió en neuropsicóloga del GNA. Un acto de amor y coherencia Si hay algo que Karina Lopera admiraba de su papá era la coherencia; por eso, el 10 de septiembre del 2024, el día en que el doctor Francisco Lopera falleció —rodeado de orquídeas y en compañía de los suyos—, ni ella ni su familia lo dudaron por un segundo: «No habría tenido ningún sentido que el cerebro de mi papá no se hubiera entregado para estudio. Eso es por lo que él luchó; también es parte del legado que quería dejar», cuenta Karina, quien, a pesar de haber elegido un camino distinto al de su padre —estudió literatura y antropología—, compartía con él el gusto por el lenguaje. Esa llamada —la misma que hacen al Neurobanco los familiares de los pacientes que fallecen a causa de enfermedades neurodegenerativas o por otras circunstancias— la recibió David Aguillón Niño, el pupilo que se formó al lado del maestro, el médico y doctor en Ciencias Básicas Biomédicas que en agosto del 2024 asumió la coordinación del GNA. Como joven investigador, asistió más de doscientos procesos de donación; pero, en esta ocasión, no se sintió capaz de hacerlo: «Aunque lo acompañé en todo el proceso de su enfermedad, uno nunca está preparado para esa despedida. Fueron muchos años juntos». Esa misión la asumió Andrés Villegas Lanau, coordinador del Neurobanco. El protocolo se llevó a cabo al pie de la letra, tal y como se hace con todos los donantes. Lo único que cambió fue que el proceso de extracción, que lo suelen hacer los estu-


7

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

diantes, estuvo a cargo de un alumno, amigo y colega: «Le estaré eternamente agradecida a Andrés por asumir esta difícil responsabilidad. Para mí es un héroe», dice Karina. El cerebro del doctor Francisco Lopera fue registrado con el número 563. Dos años después de su muerte, el Neurobanco — el que consideraba el activo más importante del GNA— cuenta con una colección de 670 cerebros. El doctor Lopera falleció a causa de un melanoma que hizo metástasis y generó lesiones a nivel cerebral; sin embargo, se mantuvo cognitivamente intacto y funcional; incluso, el amor y el compromiso que sentía por su labor le permitieron continuar trabajando y acompañando a su equipo hasta pocas semanas antes de su muerte. «Su cerebro puede aportar información valiosa desde el punto de vista molecular y biológico sobre la resiliencia cognitiva, la migración de células tumorales y la vulneración del sistema de protección que regula qué sustancias pueden pasar de la sangre al cerebro. Específicamente, su cerebro ya ha sido incluido en investigaciones sobre estructura cerebral», explica el doctor Villegas. Al igual que el resto de los cerebros del Neurobanco, la mitad del cerebro del doctor Lopera está conservada en formol para estudios histopatológicos —análisis microscópico de muestras de tejido— y la otra mitad está congelada, lo que garantiza su viabilidad de análisis durante muchos años. Se espera que, a medida que se formulen nuevas preguntas científicas y se obtenga financiación, esta donación pueda aportar respuestas en el futuro, tal como ocurrió con otros cerebros que fueron fundamentales en las investigaciones que lideró el doctor Lopera; especialmente, en el hallazgo de la «mutación paisa» y la identificación de dos variantes genéticas candidatas a ser protectoras de la enfermedad de Alzheimer.

Para Francisco Lopera los pacientes siempre fueron parte esencial del trabajo del GNA; por eso, las familias que acompañó siempre lo vieron como ángel y héroe. Foto: cortesía GNA.

para recibir una donación es que todos —cónyuge, hijos, padres, hermanos— estén de acuerdo. «Es mejor perder un cerebro que perder una familia», decía. «Con ese gesto de desprendimiento, sus familiares honran la vida y obra de una persona que siempre pensó en cómo ayudar a sus pacientes y que, gracias a esta decisión, puede seguir haciéndolo después de su muerte», asegura el doctor Villegas. Para Karina Lopera, la serenidad y satisfacción con la que su padre afrontó la enfermedad y la muerte, sintiendo que ya había cumplido con su labor, se convirtió en la última gran enseñanza que le dejó: «Se marchó con una gran paz y serenidad. Quisiera llegar a la vejez con esa misma actitud». El legado de Francisco Lopera sigue presente de muchas formas: en las anécdotas que cuentan sus seres queridos y colegas que lo recuerdan como un hombre terco, disciplinado y coherente; en las familias que acompañó y que siempre lo vieron como «ángel y héroe»; en las investigaciones y proyectos en los que el GNA continúa trabajando con el mismo empeño que él lo hacía, manteniendo vivo su más grande sueño: encontrar una cura para el Alzheimer.

Para el doctor Aguillón, este gesto de su maestro es una muestra de absoluta coherencia con su vida, su obra y su visión de la ciencia: «Él entendía cada cerebro como un ‘mundo de datos’ que permite contrastar la historia del paciente en vida con la patología, lo que brinda la capacidad de confirmar hallazgos y, potencialmente, encontrar una cura en el futuro. Además, era muy consciente de que una de las mayores dificultades del Neurobanco era conseguir cerebros de control —personas sin enfermedades neurodegenerativas—; por esta razón, siempre hablaba del tema de frente y de manera natural con pacientes, familias y personas cercanas para concientizarlas sobre la importancia de donar».

«Él ya no es solamente nuestro. Hace tiempo pasó a ser de todos, de la humanidad. Y ahora nos queda la tarea de que no falte en la memoria: que las futuras generaciones conozcan su vida, su trabajo y todo lo que dejó sembrado», dice Paula Ospina Lopera, quien siempre recordará con cariño el día en que su tío le mostró cómo era un cerebro.

Ese acto de generosidad también lo tuvieron sus seres queridos. Para Francisco Lopera las familias que acompaña el GNA siempre fueron lo más importante; por eso, la única condición

Como coordinador del Grupo de Neurociencias de Antioquia, lideró investigaciones que ayudaron a revelar aspectos fundamentales de la enfermedad de Alzheimer. Su trabajo se concentró en las familias antioqueñas portadoras de la llamada «mutación paisa», una variante genética responsable de una forma hereditaria y de inicio precoz de la enfermedad, identificada en varios municipios de Antioquia.

Francisco Lopera Restrepo nació el 10 de junio de 1951 en Santa Rosa de Osos, Antioquia. Estudió Medicina en la Universidad de Antioquia, donde se graduó como médico cirujano en 1979 y como neurólogo en 1984. Luego se especializó en neuropediatría y neuropsicología en Bélgica.

Su trayectoria científica recibió importantes reconocimientos nacionales e internacionales. En el 2024 fue galardonado con el prestigioso Potamkin Prize, considerado el «Nobel» de la investigación sobre Alzheimer. Esta distinción, otorgada por la Academia Americana de Neurología, resaltó su rol como una de las figuras más influyentes en el estudio de las enfermedades neurodegenerativas. Más allá de los galardones, su principal legado científico reside en los aportes que hizo a la comprensión de la enfermedad de Alzheimer y en las nuevas posibilidades que abrió para su detección temprana, prevención y tratamiento. Francisco Lopera Restrepo le dedicó más de la mitad de su vida a investigar las causas y las posibles curas de la enfermedad de Alzheimer. Foto: cortesía GNA.


8 Con una trayectoria de más de tres décadas en la Universidad de Antioquia como estudiante, profesor y directivo, Luquegi Gil Neira asume la Rectoría para el periodo 2026-2029. En diálogo con el periódico Alma Mater, analiza la evolución de la institución, la crisis financiera del Hospital Alma Máter, el abordaje integral del conflicto social dentro de la UdeA y la urgencia de una transformación curricular centrada en el pensamiento crítico frente a las nuevas tecnologías.

Ante el auge de la IA, debemos fortalecer el pensamiento crítico en los estudiantes: Luquegi Gil Neira, rector UdeA Un lector dedicado, que busca respuestas a su vida y a su ejercicio profesional tanto en la rigurosidad de textos técnicos y académicos como en la sensibilidad de la literatura. Esta es una de las facetas que definen la personalidad de Luquegi Gil Neira, rector de la Universidad de Antioquia desde el pasado 9 de julio. Cuando era estudiante en el Liceo Nacional Marco Fidel Suárez de Medellín, en la primera mitad de la década de los 90, conoció la Ciudad Universitaria de la UdeA y desde entonces le entusiasmó la idea de estudiar en la Alma Máter de Antioquia, aunque no tenía claro entonces si Sociología o Derecho, hasta que se inclinó por este último, del que se graduó en 2003. Acá también hizo la maestría en esta disciplina, poco después de haber terminado la especialización en Derecho Administrativo en la Universidad Autónoma Latinoamericana. Profesor desde 2005, heredó esta vocación de su madre, una maestra de escuela básica, hoy jubilada. Su afinidad por la gestión pública comenzó en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UdeA. Fue vicedecano en 2008, un año después pasó a ser secretario general de la Universidad hasta el 2015. Posteriormente, ocupó ese mismo cargo en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid —2015-2017—. Regresó a la Alma Máter como decano y representante de las directivas académicas ante el Consejo Superior Universitario —CSU— hasta el 2023. Tras desempeñarse como vicerrector general entre enero y mayo de 2026, el pasado 24 de junio fue designado rector para el periodo 2026-2029. En este nuevo desafío profesional sus dinámicas personales han cambiado. Sin embargo, trata de mantener espacios y tiempos para su familia y para Copito, un Golden Retriever que lo acompaña desde hace varios años. «En un cargo de esta naturaleza es indispensable no perder la dimensión de que uno sigue siendo un ser humano; si esa perspectiva se olvida, la gestión se deshumaniza», afirma. En entrevista con el periódico Alma Mater, Luquegi Gil Neira habla sobre los pilares que orientan su gestión, los retos que tienen él y la Universidad durante este periodo rectoral, así como los desafíos para las instituciones de educación superior en Colombia y el mundo. A los pocos años de ser profesor en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UdeA, asumió responsabilidades administrativas. ¿Por qué eligió este camino y cómo ha sido ese proceso? En diciembre de 2007, me desempeñaba como profesor ocasional de tiempo completo en la facultad. Recuerdo muy bien que era el último día del año académico cuando recibí la llamada de la decana de aquel entonces, Marta Nubia Velásquez Rico, citándome a su oficina. Ese requerimiento, así inesperado, me generó mucha inquietud, esa llamada fue como cuando a uno le preguntan «¿Usted qué hizo?».

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

CARLOS OLIMPO RESTREPO S. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA olimpo.restrepo@udea.edu.co

Durante el trayecto hacia la universidad repasé mentalmente cada una de mis actuaciones, fue como hacer un inventario de mi vida, intentando descifrar qué asunto tan urgente motivaba un encuentro justamente en la víspera del cierre institucional; aun sabiendo que no había cometido falta alguna, el desconcierto persistía. Al llegar, me confió que había decidido presentar su renuncia anticipada —a solo tres meses de culminar su periodo— para asumir un nuevo reto profesional. De inmediato, me propuso para asumir la Vicedecanatura. La noticia me tomó por sorpresa, pues era una posibilidad que jamás había contemplado en mi horizonte laboral. No fue una posición que busqué; llegó de manera imprevista, pero decidí asumir el desafío y le manifesté mi total disposición para hacerlo. Y luego viene una sucesión de cargos directivos, tanto en la UdeA como por fuera. ¿Cuál de estas ha sido la responsabilidad más retadora y la que más satisfacción le deja hasta ahora? Considero que el reto más exigente de mi trayectoria fue la Secretaría General de la Universidad. Tenía solo 30 años cuando asumí el cargo, una edad muy temprana para una responsabilidad de tal magnitud. Además, coincidió con una época especialmente compleja para la institución —entre


9

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

2009 y 2015— en la que atravesamos momentos muy críticos. Por eso, cuando en ocasiones, miro hacia atrás, suelo preguntarme cómo tuve el arrojo de asumir semejante compromiso, pero la determinación siempre terminó imponiéndose para seguir adelante. Por otra parte, si debo elegir la labor que más satisfacción me ha brindado, esa es, sin duda, la docencia. Por encima de cualquier responsabilidad administrativa, la faceta que más he disfrutado y sigo disfrutando es la de ser profesor. Usted ha vivido la UdeA como estudiante, docente y directivo. Desde esa triple perspectiva, ¿cómo analiza la evolución del conflicto dentro de la Universidad en estos 30 años? Con el tiempo, uno va comprendiendo que en la universidad no hay un único conflicto, hay múltiples, y eso implica entender que la solución no es única y que es necesario trabajar sobre las diversas causas para poder confeccionar respuestas adecuadas. Desde hace mucho tiempo, la universidad ha tenido periodos donde se ha discutido el conflicto armado en el país y eso ha tenido sus ecos acá, triste y lamentablemente. También ha habido conflictos propios de cualquier institución y la UdeA no se desliga de eso, me refiero a los que se presentan en las discusiones políticas internas sobre adopción de normas o toma de decisiones. De igual manera, se presentan conflictos sociales, también los hay de naturaleza económica y cada uno de ellos implica tener una solución. Lo que he aprendido es que nosotros —en la UdeA— tenemos que abordar el conflicto como lo predicamos en las clases, que es analizar sus causas y trabajar en soluciones integrales. De lo contrario, lo único que hacemos es charlar sobre esos proble-

mas, pero no cambiamos sus causas estructurales ni aportamos soluciones de fondo a esos problemas. En el contexto global actual, uno de los grandes retos de la gestión universitaria es la pertinencia social. ¿Desde su rectoría, cómo considera que se deben formar los estudiantes universitarios que, más allá de buscar el éxito profesional y económico, también sean conscientes de que tienen una responsabilidad ética o social con sus comunidades? Tenemos el reto de sostener un sistema de educación universitario que combine la preparación profesional con formación universal o para la ciudadanía, que no pueden ser vistas como antagonistas. Porque es claro que el reto de la universidad es formar seres pensantes, que sean capaces de tomar decisiones, de impulsar la sociedad, y eso implica una sólida formación ética y política, es decir, que entiendan la sociedad y sus conflictos, que sean capaces de tomar posiciones frente a estos. De manera simultánea, no podemos desconocer que las personas vienen a la universidad a educarse en una disciplina profesional, con la aspiración de poder ejercerla y obtener así unos ingresos que les permitan sostenerse económicamente.

Pero no creo que estos sean dos asuntos rivales, sino que es algo que tiene que ser parte integral de la formación que impartimos. El reto más importante que tenemos en la actualidad es formar seres con pensamiento crítico. ¿Por qué? Porque hoy una inteligencia artificial es capaz de hacer en cinco minutos un ensayo perfecto sobre cualquier tema utilizando las principales fuentes de referencia bibliográfica. Y el pensamiento crítico es lo que le permitirá al estudiante decir si ese texto está bien o no, debe estar preparado para hacer un análisis y una crítica de esas fuentes, valorar lo que la IA le está diciendo en ese discurso, entenderlo con rigor académico, si sus posiciones son acertadas o son éticas. Hacia allá tenemos que ir. A propósito de la inteligencia artificial, ¿cómo planea trabajar con estas herramientas para aprovecharlas en beneficio de los estudiantes y de la Universidad? Existe un primer asunto crítico: la gran mayoría de las organizaciones —y no me refiero exclusivamente a la Universidad de Antioquia— desconocen las particularidades y el alcance de las herramientas tecnológicas y de la IA. Ese desconocimiento genera barreras, porque las instituciones no tienen claro cómo enfrentar este reto. No se trata simplemente de dictar un curso sobre qué son estas tecnologías, qué implican o cómo se utilizan, ya que muchas de ellas son altamente intuitivas. De hecho, hoy en día, con la mayoría de los modelos de lenguaje a gran escala que están vigentes, como ChatGPT o Claude, uno puede darle la instrucción a la misma plataforma para que nos explique cómo usarla o nos sugiera videos tutoriales. Ahí no está el fondo del asunto. El verdadero punto es entender cuál es su potencialidad real, cómo las analizamos y cómo las adaptamos a nuestro entorno. Vuelvo al ejemplo que planteaba antes: el problema no consiste en prohibir que se utilice una IA para hacer un ensayo. El reto está en preparar al estudiante para que, una vez elaborado ese ensayo, tenga la capacidad crítica de analizar el resultado. Una IA puede entregar un texto perfecto, sin errores de sintaxis, redacción u ortografía; la pregunta que debe hacerse la persona es: «Frente a lo que veo ahí, ¿cuál es mi posición crítica?». A nivel organizacional, esto implica Luquegi Gil Neira fue designado rector de la Universidad de Antioquia por el Consejo Superior Universitario el pasado 24 de junio. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.


10

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

Con una trayectoria de más de tres décadas en la Universidad de Antioquia como estudiante, profesor y directivo, Luquegi Gil Neira asume la Rectoría para el periodo 2026-2029. En diálogo con el periódico Alma Mater, analiza la evolución de la institución, la crisis financiera del Hospital Alma Máter, el abordaje integral del conflicto social dentro de la UdeA y la urgencia de una transformación curricular centrada en el pensamiento crítico frente a las nuevas tecnologías.

un cambio fundamental que es justamente lo que buscamos en la Universidad. Nosotros manejamos una gran cantidad de datos y debemos utilizarlos para la toma de decisiones. Estas, en una universidad —por ser un centro del conocimiento—, deben fundamentarse en la evidencia y no en las percepciones. ¿Cuáles serían esas herramientas que se necesitan, por ejemplo, para formar a esos ciudadanos con sentido crítico y ético? No se trata solamente de una clase, porque una asignatura de ética no te va a enseñar por sí sola lo que es el comportamiento ético, lo mismo que una clase sobre sociedad, sociología, antropología, no te va a decir cómo es la sociedad o cómo se debe vivir. El currículo tiene que transversalizar a lo largo de toda la formación del estudiante estas reflexiones, para generar habilidades de lectura, capacidad de análisis, de raciocinio, de debate. Eso es lo que se tiene que potencializar. Y, además, se tiene que generar constantemente el debate ético y la capacidad de pensamiento crítico en cada uno de los casos. Hay gente que considera que, porque ya vio la materia de ética, es suficiente, pero con esto lo único que pasa es que se va a mantener ese divorcio entre la profesión y la ética. Y esto se da porque no entienden que la formación en valores y el pensamiento crítico no son elementos aislados, sino componentes que deben integrarse de manera sistemática a lo largo de todo el trayecto educativo. La UdeA está comprometida con llevar la educación superior pública a todas las subregiones del departamento, pero la brecha en la educación básica y media genera un fuerte des-

CARLOS OLIMPO RESTREPO S. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA olimpo.restrepo@udea.edu.co

equilibrio entre los aspirantes de Medellín y los de las zonas periféricas diferentes al Valle de Aburrá. Ante esta desigualdad de origen, ¿cómo puede la Universidad intervenir para nivelar la preparación de los estudiantes y hacer más equitativo el acceso a la educación superior?

Existe un divorcio sistemático e histórico en el sistema educativo colombiano, en el tránsito a la educación superior. Se supone que cuando una persona termina el bachillerato, tiene las habilidades, conocimientos y saberes para asumir una formación profesional. Y la queja constante de los profesores universitarios es que no se tienen estas competencias. Hay que reconocer que existe este bache en la formación previa en el país y resolverlo es una tarea prioritaria para las universidades. No podemos abordarlo solos, requiere un diálogo con toda la comunidad académica y la estructuración de un modelo de enseñanza que entienda y responda a los cambios que se están viviendo. El problema antes era que, al salir del colegio, a los 16 o 17 años, surgía la pregunta: ¿qué se va a poner a hacer mi hijo en la vida? Entonces la respuesta era: «estudie o trabaje, pero en la casa no se queda». Esa concepción social sobre la educación, que ha prevalecido en varios sectores, termina provocando efectos no deseados en el entorno educativo, porque no lo entendemos de forma integral. De ahí la necesidad de articular ese tránsito del bachillerato a la educación superior para solucionar esa barrera, de tal manera que logremos generar una adaptación efectiva y que quienes llegan del colegio a la universidad tengan la totalidad de las herramientas que se requieren en los estudios superiores. Usted lleva pocas semanas en el cargo. ¿Qué momentos positivos destaca de estos días? Estoy muy contento de haber aspirado a este cargo y me siento bien, entre otras cosas, por dos momentos en particular: El primero fue el pasado 3 de agosto,

Luquegi Gil Neira ha sido decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, secretario general de la Alma Máter, entre otros cargos, además de profesor en su unidad académica. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.


11

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

El profesor Gil Neira cuenta con una trayectoria de más de 30 años en la UdeA como estudiante, docente y directivo. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F.

cuando hicimos la inducción a los estudiantes nuevos. Ver el Teatro Universitario Camilo Torres lleno de jóvenes con energía y entusiasmo, sentir su alegría por pasar a la universidad fue indescriptible. Y también sentí más el peso y la responsabilidad de ser rector, porque ese día tuve muy presente la idea de que cualquier decisión que yo tome va a terminar impactando la vida de todos esos jóvenes. Lo otro es que días después, el 12 de agosto, hicimos un reconocimiento a la delegación que participó en los recientes Juegos Fisu America Games en Lima, Perú, donde la institución obtuvo excelentes resultados. Sin embargo, más allá de las medallas, el valor principal estuvo en el impacto humano. Escuchar los testimonios de los estudiantes —algunos viajaban en avión, salían del país o participaban en una competencia internacional por primera vez— evidencia el verdadero poder de la universidad. Es ahí donde se materializa la idea de que la educación transforma la vida de un estudiante, para que luego él transforme su entorno social. Este tipo de vivencias son las que, en el balance de estas semanas en la Rectoría de la UdeA, confirman que vale la pena estar aquí. ¿Algún problema o dificultad de la Universidad que le ronda la cabeza en busca de soluciones? En este momento la principal preocupación es la situación financiera del Hospital Alma Máter de Antioquia. Estamos tomando decisiones para que la Universidad vuelva a participar en la gobernanza de esta institución y tratando de conseguir los recursos para poder generar el flujo de caja que requiere para ponerse al día en sus obligaciones y prestar los servicios hospitalarios, que hoy más que nunca necesita el país. Además, es el hospital de la Universidad de Antioquia, es nuestro principal

centro de prácticas, pero hoy, adicionalmente con la tragedia que enluta Colombia —por el terremoto del pasado 10 de agosto—, el Hospital Alma Máter es una posibilidad de vida en términos reales, es decir, de salvarle la vida a cientos de personas. ¿Cómo avanza el trabajo de la implementación de su programa de gestión para el periodo 2026-2029 y el del Plan de Desarrollo Institucional 2028-2038? El Consejo Superior Universitario aprobó en julio pasado el inicio de la construcción de las bases del Plan de Desarrollo Institucional, un proceso estructurado en dos grandes etapas. De aquí a diciembre, nos concentraremos en la referenciación técnica y en recolectar los diagnósticos de los planes sectoriales vigentes — tanto departamentales, municipales e intersectoriales, como de prospectivas globales— para consolidar un acervo documental que defina las tendencias futuras y nuestros desafíos institucionales. Una vez culminada esta fase, tendremos el documento de bases estratégicas para formular, entre enero y mayo del próximo año, el plan definitivo con sus metas, proyectos y prioridades, garantizando que el primer Plan de Acción de esta rectoría esté completamente sincronizado. Esta es nuestra principal tarea, la cual ejecutaremos sin perjuicio de avanzar simultáneamente en horizontes clave como el modelo de sostenibilidad financiera, las acciones de mejora comprometidas con el Ministerio de Educación Nacional tras su proceso de inspección y vigilancia, la atención a las necesidades de la comunidad y el nuevo modelo de regionalización. ¿Cuál espera que sea su legado para la UdeA al término de su gestión en la rectoría? La transformación curricular es un asunto de fondo. Existen múltiples procesos administrativos que son estrictamente necesarios porque, sin ellos, no lograremos los objetivos académicos. Sin embargo, el reto más importante que la Universidad debe asumir en estos tres años es sentar las bases de una transformación curricular profunda. Esta es, sin duda, una tarea académica prioritaria. Esta entrevista fue realizada el pasado 12 de agosto de 2026.


12

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

En los árboles de mango se alberga una posible solución para mejorar la calidad del aire. Investigadores de la UdeA y de la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia identificaron, por primera vez, las comunidades bacterianas que habitan las hojas de tres especies arbóreas en Medellín. Algunos de estos microorganismos tendrían la capacidad de degradar contaminantes atmosféricos. Este avance, ya confirmado en el laboratorio, podría convertirse en una herramienta para respirar un aire más limpio en el Valle de Aburrá.

SERGIO ALEJANDRO RUIZ S. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA salejandro.ruiz@udea.edu.co

La investigación sobre plantas y bacterias filosféricas fue financiada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación —Minciencias— a través de la Convocatoria 918-2022 y se enmarca en el enfoque One Health, que integra la salud humana, animal y ambiental. Foto: cortesia.

Más que hojas: ¿pueden las bacterias de los árboles de Medellín ayudar a limpiar el aire? Bajo la sombra de un árbol de mango, en alguna acera de Medellín, pasan cada día cientos de personas sin reparar en lo que ocurre en la superficie de sus hojas. Ahí, invisible, ocurre algo que la ciencia apenas empieza a explicar: millones de bacterias conviven con la planta y podrían, de algún modo, ayudar a limpiar el aire que respira la ciudad. Esa posibilidad es el centro de la investigación denominada «Evaluación de una estrategia de salud ambiental basada en la asociación de plantas-microorganismos para la remoción de contaminantes del aire», liderada por la profesora Nancy Johanna Pino Rodríguez, del grupo de investigación Diagnóstico y Control de la Contaminación —GDCON—, de la Facultad de Ingeniería de la Alma Máter. Al proyecto se sumaron el Grupo Salud y Sostenibilidad de la Escuela de Microbiología y el Laboratorio de Monitoreo Ambiental —G-Lima— de la UdeA, y el Grupo Biociencias de la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia. El trabajo de campo se desarrolló entre 2023 y 2025. «Se trató de conformar un equipo interdisciplinar donde cada uno fuera experto en ciertos elementos específicos», explicó David Aguiar Gil, profesor de la Escuela Ambiental de la Facultad de Ingeniería e investigador de G-Lima, grupo que se concentró en los aportes sobre las mediciones de calidad del aire en el proyecto. La parte microbiológica quedó en manos de

los demás grupos de investigación participantes. Para el estudio se eligieron tres especies vegetales: el mango (Mangifera indica), el almendro (Terminalia catappa) y una enredadera común (Thunbergia Grandiflora), priorizadas a partir de tres factores: un estudio previo de G-Lima ya había mostrado que el mango era especialmente tolerante a la contaminación y capaz de retener metales pesados como aluminio y azufre; las tres especies están ampliamente sembradas en parques y corredores verdes de la ciudad, lo que permitía comparar entre puntos de muestreo a lo largo del tiempo. La apuesta inicial se concentró en la Thunbergia, una enredadera de flor morada que cubre puentes y columnas del Metro en sectores como La Alpujarra, en el centro de la ciudad. «Como está tan de moda y la están poniendo tanto, pareciera que es una planta que aguanta mucho esas condiciones ambientales. Esperábamos mejores resultados de esta especie, y al final nos llevamos la sorpresa de que, en realidad, el mango tenía mejores resultados», explicó Sara Ramírez Restrepo, biotecnóloga y docente del Colegio Mayor de Antioquia. Un mundo microscópico que aprendió a comer contaminación Luisa María Múnera Porras, investigadora del proyecto, ha podido descubrir a lo largo de los años que las hojas de las plantas guardan muchos hallazgos cuando se ven bajo la lupa de un microscopio. «Yo veo un mundo. Lo que conocemos en biología como un holobionte: un hospedero con un montón de huéspedes», dijo la docente vinculada al grupo Salud y Sostenibilidad de la Escuela de Microbiología. El primer paso del equipo fue confirmar que ese mundo existía. Llevaron


13

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

muestras de las tres especies al microscopio electrónico de barrido y encontraron, alrededor de los estomas — diminutos poros por donde la planta respira—, colonias de bacterias alojadas como en un refugio. «Estos son un punto caliente de biodiversidad bacteriana, lo que técnicamente se conoce como hotspot», relató Múnera, quien explicó que no era casualidad: allí ocurre un intercambio constante de nutrientes entre la planta y sus huéspedes microscópicos. Confirmada su presencia, el equipo recogió hojas en cinco puntos de Medellín —repartidos en los cuatro costados de la ciudad y el centro— y en cinco momentos distintos entre 2023 y 2025, algunos coincidiendo con periodos de contingencia ambiental. Hicieron un lavado superficial de cada hoja, extrajeron el ADN total recogido y lo enviaron a secuenciar. Al comparar esas secuencias con bases de datos de secuencias genéticas mundiales, encontraron los mismos nombres una y otra vez: Methylobacterium, Deinococcus, Hymenobacter y Sphingomonas, cuatro géneros que se repitieron con más fuerza que los demás a lo largo de los dos años y medio de muestreo, un hallazgo que el equipo confirmó también en un artículo publicado en la revista científica PLOS One. Cada uno de esos géneros aportó una pieza distinta al rompecabezas. Methylobacterium, contó Múnera, «puede estar implicado en rutas para la degradación de contaminantes orgánicos, entre esos, atmosféricos», puede alimentarse, dicho de forma sencilla, de lo que ensucia el aire, y además resiste altas dosis de radiación ultravioleta. Deinococcus, por su parte, soporta niveles de radiación gamma diez veces superiores a los que podría soportar un ser humano. Sphingomonas ya había sido reportado en estudios previos por su papel en la biorremediación de contaminantes especialmente persistentes. E Hymenobacter completó el grupo, con una presencia igual de recurrente en los cinco muestreos. Ninguno apareció por casualidad: las bacterias que sobreviven en la superficie de una hoja, expuestas al sol, a la lluvia y a los cambios bruscos de temperatura, están sometidas a una presión evolutiva que favorece justamente ese tipo de resistencia.

La contaminación en cifras

El material particulado fino, conocido como PM 2.5, son partículas contaminantes con un diámetro inferior a 2.5 micrómetros, capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio. La Resolución 2254 de 2017, es la norma en Colombia que establece un límite diario de 37 microgramos por metro cúbico para estas micropartículas. En el Valle de Aburrá, el Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá —Siata— vigila esa cifra a través de 20 estaciones distribuidas en el territorio. Una ciudad que respira mal y una promesa que empieza a caminar

tantos gramos de azufre, no sobrepase tantos gramos de aluminio», explicó el investigador de G-Lima. Para imaginar cómo podría escalarse una solución basada en bacterias, Aguiar refirió un ejemplo que ya funciona en la ciudad: las plantas de tratamiento de aguas residuales de Empresas Públicas de Medellín —EPM—, donde reactores llenos de bacterias descomponen la materia orgánica antes de devolver el agua al río Medellín. «Lo mismo aplicaría para la analogía que estamos haciendo de las especies vegetales que abordó el estudio», precisó. Convertir ese potencial en una estrategia real de descontaminación urbana es, sin embargo, otro asunto, y ahí Múnera fue enfática: sería «irresponsable» prometer más de lo que hoy se sabe. De las decenas de bacterias cultivables que el equipo logró aislar en el laboratorio, la selección se redujo primero a 26 y luego a apenas a cuatro, descartando las que podían ser patógenas o resistentes a antibióticos. Con esas cuatro adelantan ahora un experimento que las inocula directamente en hojas de mango, para observar si en efecto degradan un contaminante. Falta comprobar que no dañen a la planta ni generen desequilibrios en el ecosistema que habitan. En un futuro imaginado se podría pensar en incorporar esas bacterias a fachadas, árboles o corredores verdes de la ciudad para que actúen como «un filtro natural» que ayude a disminuir la contaminación, dentro de un concepto que ya circula en el mundo bajo el nombre de ciudades probióticas, espacios urbanos pensados para integrar microorganismos beneficiosos en favor de la salud pública. Pero incluso, los investigadores lo dicen con cautela, «este es un recién nacido». La próxima vez que alguien pase bajo un árbol de mango en Medellín, seguirá sin ver lo que ocurre en sus hojas. Pero en los laboratorios de la UdeA y del Colegio Mayor de Antioquia, un grupo de investigadoras e investigadores continuará tratando de entender si estos seres invisibles pueden convertirse en aliadas para respirar mejor. Por ahora, el hallazgo es una pista que puede aportar a una solución futura sobre la calidad del aire que respiramos. Y como toda pista temprana, exige paciencia, más investigación y, sobre todo, la voluntad de la ciudad de seguirle el rastro.

Medellín no fue un escenario elegido al azar. «Un valle implica que el volumen atmosférico está semicautivo, es decir, que no tiene por dónde salir», señaló Múnera. Esa topografía, sumada a una población que en el Área Metropolitana ronda los cuatro millones de habitantes concentrados en apenas 1.157 kilómetros cuadrados —cerca del 60 % de los habitantes de Antioquia—, hace que la ciudad enfrente episodios recurrentes de contaminación atmosférica. El contaminante más crítico es el material particulado PM2.5, tan pequeño que atraviesa sin resistencia las vías respiratorias y llega hasta los alvéolos pulmonares. Niños menores de cinco años, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades respiratorias o cardíacas son, precisó la investigadora, la población más vulnerable frente a esta exposición. David Aguiar, quien lleva más de 20 años investigando la calidad del aire en el Valle de Aburrá, sostuvo que los árboles urbanos cumplen, o podrían cumplir, un doble papel: mitigar la contaminación al capturarla en sus hojas y servir como una suerte de estación de monitoreo vivo allí donde la red oficial no llega. También cuestionó los límites actuales de la normativa colombiana: «Nuestra norma se está limitando simplemente a la masa o al peso del contaminante», advirtió Aguiar. Según explicó, 37 microgramos de material particulado pueden tener composiciones muy distintas según la ciudad: polvillo de carbón en una zona minera, azufre y aluminio en el tráfico de Medellín; con niveles de riesgo para la salud igual de distintos. «No está llegando a la profundidad de decir: no sobrepase

Para el estudio se eligieron tres especies vegetales: el mango, el almendro y una enredadera común. Foto: cortesía.


14

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es una de las pocas obras que han marcado la literatura universal y a la vez se mantienen como referentes después de cuatro siglos. El investigador y profesor de la UdeA Federico Jiménez Ruiz, propone una lectura crítica de la obra, que desmitifique la sacralización academicista del personaje y lo reivindique como un símbolo dinámico de la soberanía individual: un ser que decide definirse a sí mismo frente a los dogmas del entorno, cuya obstinación resuena hoy en los actos de resistencia cultural y en la defensa de la libertad.

De la locura a la libertad: Don Quijote y la vigencia del mito cervantino «Incluso si alguien me dijera que jamás han sucedido esas cosas, yo seguiría creyendo en Don Quijote como creo en la personalidad de un amigo». Jorge Luis Borges Arte poética, 1967-1968 Han pasado 421 años desde que Miguel de Cervantes Saavedra creó un personaje decadente, anacrónico, anticuado para su época, pese a lo cual se convirtió en un referente universal, no solo de la literatura, sino de la dualidad humana que se mueve entre el idealismo y la realidad, entre la incapacidad física y la fortaleza espiritual, y es hoy un modelo de la construcción de la libertad individual por encima de las imposiciones sociales. «La obra está viva, no es un monumento puesto para contemplar de lejos, sino que está ahí para que nosotros la leamos, es un mito que pervive y que incluso reconocemos fácilmente en nuestra sociedad», asegura Federico Jiménez Ruiz, profesor en la Facultad de Comunicaciones y Filología de la UdeA, donde también adelanta su doctorado en literatura con Cervantes como eje de su trabajo académico y su creación mayor como objeto de estudio. Para este investigador, que indaga sobre la vigencia del caballero castellano desde que era estudiante del pre- grado de Filología Hispánica en la UdeA, hace unos 10 años —es autor del libro Extrañas historias en el Quijote: poética cervantina de inserción de relatos—, invitar a Alonso Quijano a la edición número 20 de la Fiesta del Libro y la Cultura —el encuentro cultural más importante de la ciudad— trasciende lo meramente lingüístico. «En apariencia, Medellín no tiene mayor relación con La Mancha además de la lengua española, pero no se requiere que el código sea exactamente igual

La obra representa personajes que habitan un mundo aparentemente distinto al de hoy, pero cuyas realidades guardan paralelismos con el siglo XXI. Foto: cortesía.

CARLOS OLIMPO RESTREPO S. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA olimpo.restrepo@udea.edu.co

para que Don Quijote nos siga hablando. De hecho, nos dice cómo esos temas universales se pueden seguir pensando en cualquier lugar del mundo», sostiene. Muestra de ello es el diálogo entre el clásico español y la cotidianidad antioqueña que se materializa en la publicación del tradicional Cuentico Amarillo de esta edición de la Fiesta: Quijote de barriada, escrito por Gilmer Mesa e ilustrado por Laura Ospina. En esta versión se traslada al protagonista a una casa y a una calle de Aranjuez y se comprueba, de nuevo, que en cada esquina de esta ciudad o de cualquier pueblo de Colombia, o del mundo, siempre habrá una figura que enfrente la realidad con el filtro de la literatura. La facultad de mantenerse vigente en diferentes épocas es posible gracias a que Cervantes no creó un protagonista de pensamientos fijos o inalterables, sino un ser dinámico, que experimenta una clara evolución psicológica. Esta complejidad le permite afirmar al profesor Jiménez Ruiz que «Don Quijote cumple un papel mítico desde la interpretación romántica, en la que este personaje enloquecido se ve revestido de cierta dignidad que lo aleja de la burla original. Tanto es así que tenemos una palabra como quijotesco, con la que alabamos una empresa desmedida pero que admiramos». «Cuando se clasifica una obra como clásica, se invita constantemente a eventos, se cita frecuentemente o se publica a menudo sobre ella, se crea una barrera para quien se le quiera acercar, porque terminamos sacralizándola en exceso. Por eso, en lugar de dejarla como un monumento inerte para mirar desde afuera, debemos recordar que el Quijote es una obra viva, que no les pertenece a unos pocos», dice Federico Jiménez Ruiz.

La Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín 2026 tuvo a Don Quijote de la Mancha como el personaje de la literatura invitado y la Universidad de Antioquia estuvo presente con varias actividades relacionadas con la obra. Una obra que aún define nuestra identidad Hoy, el quijotismo se entiende más como un acto de construcción y defensa de la identidad frente a las imposiciones del entorno que como una manifestación de locura y, en este sentido, el profesor Jiménez Ruiz asegura que este fenómeno se arraiga en la esencia misma de la autonomía humana. «Don Quijote es un personaje que se hace a sí mismo. Así comienza el libro: con un hidalgo de vida corriente; pero que, tal vez cansado de la monotonía de su vida y enloquecido por la lectura de libros de caballerías, decide darle una vuelta a su vida y escoge definirse a su antojo. Y ese es uno de los signos de nuestra modernidad, de nuestro ADN: poder definirnos y ser artífices de nuestro propio destino», enfatiza el profesor de Filología. Muestra de empresas desmedidas como las del caballero de la triste figura son, en nuestro entorno, las que emprendió la artista Débora Arango, quien, pese a toda la presión para que dejara de pintar, nunca renunció y es hoy un referente de la plástica nacional y latinoamericana. O el director de cine Sergio Cabrera, quien invirtió el dinero que ganaba haciendo comerciales y telenovelas en la financiación de más de la mitad de La


15

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

estrategia del caracol. Algo similar hizo la cineasta Libia Stella Gómez, quien logró culminar la película Un tal Alonso Quijano —obra en la que actores trabajan en una puesta en escena de la obra de Cervantes en la Bogotá del siglo XXI y uno de ellos llega al delirio de creerse don Quijote— con algo más de 300 millones de pesos, pese a que la producción implicaba más de 1000. Estos casos reales de persistencia y resiliencia frente a los obstáculos y adversidades son comparables a algunos de los que se narran en la novela contemporánea, pues «desde Cervantes los escritores no han hecho sino jugar en su terreno, reactualizando constantemente recursos y técnicas que vienen desde el Quijote, como la introducción de otras historias diferentes dentro de una misma obra», sostiene Santiago Otálvaro Arango, estudiante de la maestría en Literatura en la UdeA. El filólogo Otálvaro Arango pone como ejemplo que en el capítulo 9 de la primera parte de Don Quijote —impresa en 1605—, el narrador asegura que compró unos documentos en Toledo, entre los cuales encontró la crónica escrita por un historiador «arábigo y manchego», y que debió pagar a un traductor «morisco» para que le hiciera una copia en castellano. Entonces aquí, a la de Cervantes se suman otras tres voces: la del relator, la del cronista original y la del intérprete.

Quijote se sanchifica. Al final, ambos se influyen tanto que terminan pareciéndose el uno al otro, mostrando la apertura y la empatía de dos personas dispuestas a transformarse a través del diálogo». Como se ve, a lo largo de sus más de mil páginas —la cantidad varía bastante según las ediciones—, la obra despliega un desfile de personajes que habitan un mundo aparentemente distinto al nuestro, pero cuyas realidades guardan paralelismos con el siglo XXI. Una de estas similitudes la encontramos en las estructuras de control que, tanto en la ficción de 1605 como en la actualidad, intentan silenciar el pensamiento diferente mediante la destrucción de obras que promueven o relatan esas divergencias de opinión. El profesor Jiménez Ruiz recuerda que el cura y el barbero queman los libros de caballería de Don Quijote, con la supuesta buena intención de curarlo, sin motivación ideológica aparente. Pero, añade, «con la ideologización de entonces y la de los tiempos contemporáneos, y con la censura

Una década después, en la segunda parte de la novela, Don Quijote y Sancho Panza leen el escrito de 1605 y se identifican como los protagonistas de la obra original, a la vez que denuncian como falsa la publicación de Alonso Fernández de Avellaneda, de 1614, y otros personajes de Cervantes identifican al caballero y su escudero por las referencias que se hacen en la primera parte. Y para hacer más evidente el metarrelato, el autor intercala otras historias dentro de su novela mayor, y pone a sus héroes y a algunos personajes a posar como críticos literarios de la propia obra y de sus relatos, algo que hasta entonces no se había hecho. Estos recursos son notorios en obras de autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar, por mencionar solo algunos de los escritores más reconocidos de la literatura contemporánea latinoamericana. Lucha por la libertad personal Por otra parte, este ímpetu quijotesco y la intransigencia en la defensa de la soberanía individual se manifiestan también con fuerza en los personajes femeninos del universo cervantino. Santiago Otálvaro destaca que «los personajes del Quijote que mantienen la vigencia hoy en día son muchos, pero algunas de las mujeres que aparecen ahí son radicalmente independientes y conscientes de sus situaciones combativas, saben lo que quieren y lo defienden», y pone como ejemplo a la pastora Marcela, quien dice que «yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos». Jiménez Ruiz destaca también a Dorotea, personaje clave de la primera parte, y a Camila, protagonista de una obra intercalada en la novela, «quienes cobran hoy una relevancia enorme. De hecho, es mucho más fácil conectar con ellas que con Dulcinea, quien al fin y al cabo no deja de ser un producto de la imaginación del protagonista». Con el escudero de Don Quijote, en cambio, el panorama es distinto. «Para mí, Sancho Panza representa al compañero ideal: aquel que sabe escuchar, que se deja convencer y que decide participar activamente en el proyecto de otro sin reclamar el protagonismo», afirma el profesor. Agrega que «esta relación se resume perfectamente en ese maravilloso proceso de comunicación y transformación mutua: Sancho se quijotiza y Don

Las ilustraciones de Gustavo Doré acompañan desde 1863 muchas ediciones clásicas y de lujo de Don Quijote de la Mancha, publicado en 1605. Ilustración disponible en Wikimedia Commons.

y la cancelación de autores y obras, se elimina el espacio para la duda, el cuestionamiento y el razonamiento, que son clave para la democracia y para una sociedad saludable, en la que debe primar la apertura». Como complementa Santiago Otálvaro Arango, los mecanismos de control operan hoy bajo nuevos ropajes dentro del ecosistema cultural y educativo: «Esto sigue muy presente, tanto de manera oficial, con los libros que se censuran o los autores a quienes les cancelan su participación en ferias del libro o eventos similares, como en los textos que se prohíben en los colegios. Y a esto se suma la censura por corrección política, cuando ya no se pueden usar ciertos términos dentro de los escritos». Además de estos, hay muchos otros elementos del Quijote con los que Cervantes llamó la atención de su época y que funcionan hoy como referentes y alertas para la sociedad y los individuos en la actualidad, porque la novela de 1605, más que narrar las complejidades de una época, ahonda en las profundidades del ser humano.


16

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

En la Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia, un laboratorio de emprendimiento e innovación acaba de descubrir algo que nadie había sistematizado: sus egresados llevan años construyendo soluciones de cuidado donde el modelo de salud no llega, muchas veces sin saber que eso tenía nombre. En el periódico Alma Mater contamos este proceso y algunas de esas historias..

SERGIO ALEJANDRO RUIZ S. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA salejandro.ruiz@udea.edu.co

Enfermería más allá del hospital: enfermeros UdeA que reinventan el cuidado Algunos lo hicieron sin saber que estaban emprendiendo. Llevaban años prestando servicios de acompañamiento, diseñando rutas de atención o respondiendo a emergencias desde un helicóptero. La Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia gestiona hoy una red de ideas con sus egresados que está trazando el mapa de transformación sobre la profesión. Según la Asociación Colombiana de Facultades de Enfermería, en Colombia hay cerca de un profesional de enfermería por cada 1000 habitantes, cuando la Organización Mundial de la Salud —OMS— recomienda al menos tres. En las zonas rurales, esa proporción cae a 0,5 por cada 1000 personas. La brecha no es simplemente un dato estadístico: es la distancia entre lo que el modelo de atención promete y lo que puede cumplir, y es exactamente ahí donde algunos egresados de la Alma Máter han encontrado su lugar. Esa lectura refleja solo una parte de la realidad. Datos del sistema de información de la OMS, actualizados a 2021, sitúan esa densidad en 14 profesionales por cada 10 000 habitantes, frente a los 23 que recomienda la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos —Ocde— como umbral mínimo para garantizar cobertura universal. Ambas referencias coinciden en el diagnóstico: Colombia está lejos del estándar internacional, y la brecha se profundiza en los territorios más apartados. No los movió el afán empresarial, sino la urgencia de resolver un vacío que el modelo de salud no estaba cubriendo. Las herramientas para hacerlo las tenían desde su formación en la Alma Máter. «Lo que hemos encontrado es que los profesionales en enfermería han aprovechado las debilidades del sistema para identificar una nueva participación en el mercado», explicó Iván Guillermo Aguirre Arenas, enfermero con maestría en Telesalud y ex gerente hospitalario, quien hoy acompaña a

la Facultad de Enfermería de la UdeA en la construcción del Laboratorio de Emprendimiento e Innovación para Egresados de la Facultad de Enfermería —Fenlabinn—.

Fenlabinn: un mapa de transformación El Laboratorio de Emprendimiento e Innovación de la Facultad de Enfermería nació en 2024 a partir de una encuesta de caracterización que reveló algo que nadie había sistematizado: los egresados llevaban años construyendo iniciativas que no aparecían en ningún mapa institucional. Con 50 encuestas realizadas al momento de esta publicación, ya emergen perfiles que van desde empresas de ropa quirúrgica —creadas por enfermeras que aplicaron su conocimiento clínico al diseño de indumentaria— hasta servicios de asesoría en habilitación y acreditación para IPS, y enfermeras jubiladas que se han convertido en formadoras de auxiliares en lo que Aguirre Arenas llama «la economía plateada del cuidado». La apuesta del laboratorio no es solo visibilizar estas historias. Es construir una red donde los egresados con trayectoria sean mentores de quienes apenas empiezan, donde la Facultad funcione como enlace entre el mercado y los profesionales caracterizados, y donde la experiencia acumulada en el territorio retroalimente la formación académica. «Queremos volvernos esa red de contactos: si necesitas un servicio de tratamiento de heridas, tenemos esos egresados; si necesitas transporte aéreo de emergencias, tenemos esa empresa», expresó Phamela López Mejía, coordinadora de Extensión de la Facultad. El imaginario que se quiere transformar es concreto: «El aspiracional de los profesionales en enfermería ya no es solo ir a trabajar al San Vicente de Paúl o al Hospital Alma Máter. Hoy, ese horizonte está en poner centros de cuidado, ser doulas, tener empresas de cuidadores», dijo el coordinador del laboratorio. No como reemplazo del rol asistencial —«eso nunca va a desaparecer, es una realidad», aclaró—, sino como expansión legítima de lo que la profesión puede y debe ser.

Donde el sistema no llega Aguirre Arenas identifica dos tipos de oportunidades que los egresados han comenzado a ocupar. La primera responde a brechas persistentes en el modelo de atención: el acompañamiento a pacientes crónicos que viven solos, el traslado especializado de personas con discapacidad, el soporte en el posparto inmediato. La segunda, quizás más reveladora, atiende demandas emergentes que el sistema nunca contempló: la consultoría en lactancia materna, el acompañamiento continuo durante la gestación, el apoyo profesional en el parto humanizado. «Los programas de salud se están quedando en lo básico», señaló la coordinadora López Mejía. En ambos casos, la respuesta no viene a reemplazar al sistema, sino a complementar lo que este, por diseño o por limitaciones estructurales, todavía no alcanza a ofrecer. Lo que en otros países es una respuesta rutinaria de emergencias, en Colombia sigue siendo, para muchas comunidades rurales, una posibilidad que aún no está garantizada. Foto: Cortesía.

«Hoy tenemos una reinterpretación gigante de lo que estamos haciendo y de lo que podemos hacer. Cada vez somos más


17

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

viejos, más polimórbidos, y la enfermería está pensando en cuidar de una forma completamente distinta, que no es solo aplicar medicamentos», dijo Aguirre Arenas. Lo que más sorprende al analizar el proceso de caracterización que viene haciendo esta unidad académica de la UdeA desde 2024 es que muchos de sus egresados llevan años ejerciendo de manera independiente sin identificarlo como emprendimiento. Según relató López Mejía, varios de ellos manifestaban: «Yo tengo mi emprendimiento, pero lo tenía de manera informal, en tratamientos de enfermería, y no lo había puesto como registrado porque no sabía que una enfermera podía hacer eso». Un helicóptero sobre Frontino EMAT —Emergencies Medicine in Aeronautical Training— es exactamente el tipo de iniciativa que Fenlabinn encontró cuando empezó a mirar: una empresa fundada en 2018 por Diego Andrés Moreno Bedoya, egresado de Enfermería de la UdeA en 1998, que resolvió por su cuenta lo que el modelo de salud no tenía previsto. La historia de EMAT empieza en la rotación de urgencias del último semestre de pregrado, cuando la Universidad tenía un convenio con el naciente cuerpo de bomberos de Envigado. «Nosotros los estudiantes fuimos a rotar allá porque ellos estaban demandando la implementación del servicio prehospitalario», contó Moreno Bedoya. «Encontramos en la atención prehospitalaria y de emergencias un nicho muy inhóspito donde los enfermeros cabíamos de una manera muy especial. Nos enamoramos y algunos nos volvimos bomberos». Se graduaron de enfermeros y bomberos al mismo tiempo. El segundo empuje vino de un intercambio en Estados Unidos. Atendiendo a un habitante de calle arrollado por un carro, en cuestión de minutos el paciente fue transferido de la ambulancia a un helicóptero. «Cuando se fue el helicóptero con el paciente, yo estaba estupefacto. Empecé a ver que un elemento rutinario en ese país para nosotros era ciencia ficción. Ese fue el primer picotazo frente a la inyección de qué podemos hacer». EMAT opera hoy en un vacío regulatorio que Moreno conoce con claridad: el sistema de salud tiene bien reglamentado el traslado secundario —las ambulancias aéreas—, pero el traslado primario aéreo y la atención prehospitalaria en helicóptero no lo están. «No quiere decir que la gente no lo necesite. Nosotros llenamos ese vacío». El equipo lo integran tres profesionales: un enfermero, un médico y una abogada; los tres, pilotos. Operan bajo un esquema de segunda respuesta —es decir, actúan cuando una situación ya fue identificada y estabilizada por otros respondientes, como

bomberos o paramédicos, y requiere traslado especializado— con personal de apoyo al llamado: médicos, tecnólogos en atención prehospitalaria, enfermeros, psicólogos y auxiliares de enfermería En concreto, EMAT extrae pacientes de zonas de difícil acceso —selvas entre el Chocó y Antioquia a la altura de Frontino y Urrao, comunidades indígenas, afro y camAbrir una Casa de Partos en Medellín es el próximo objetivo de Paula Medina, pesinas que deben atravesar pensado como un espacio donde las familias puedan nacer fuera del hospital, con hasta 20 horas en caballo acompañamiento profesional. Foto: cortesía. para llegar a un centro de atención— y los traslada en un promedio de 40 minutos hasta alguno de los hospitales de la región que cuenten con helipuerto. En 2025, la empresa realizó alrededor de 60 traslados aeromédicos. A eso se suman operaciones en incendios forestales —el cerro Quitasol y corregimientos de Medellín como Altavista y San Antonio de Prado— y procesos de formación comunitaria en gestión de riesgos a cerca de 1500 personas en comunas y corregimientos. Entre sus clientes están las entidades prestadoras de salud —EPS—, que tienen la obligación de garantizar traslados; empresas mineras en Segovia, Buriticá y Marmato, que deben responder por accidentes laborales, y personas naturales que necesitan trasladar a un familiar desde una zona remota y no pueden esperar la respuesta estatal. El precio: un helicóptero pequeño, austero, que abarata los costos de operación. «Lo que queremos demostrar es que volar inteligentemente es muy asequible y puede garantizar la vida a los pacientes», resaltó el egresado. «Una vida no tiene precio. Pero lamentablemente en este país, a todo se le pone un precio desproporcionado». Nacer diferente Paula Andrea Medina Moncada es otro de los hallazgos de ese proceso de caracterización: enfermera egresada de la UdeA en 1999 que construyó, también por su cuenta y durante años, una forma diferente de acompañar uno de los momentos más fundamentales de la vida. Pasó por la Unidad Neonatal de la extinta Clínica SaludCoop, la Unidad Neonatal del San Vicente Fundación, el programa Madre Canguro del Hospital Infantil Concejo de Medellín, donde inició sola y su equipo creció a siete enfermeras, pasando de atender 20 pacientes al día a recibir hasta 100. Se formó en Perú como consejera en lactancia materna y se especializó en cuidado materno perinatal en la Alma Máter. Hoy trabaja de manera independiente como consultora en lactancia y doula, una profesional que acompaña a las familias antes, durante y después del parto. Acompaña a las familias desde la gestación hasta la crianza: les enseña a reconocer los cambios del cuerpo, a leer las señales de alarma, a tomar decisiones informadas sobre su parto. Ha atendido, según su propio registro, cerca de 100 familias en Medellín, el Oriente antioqueño y, de manera virtual, en Chile, Canadá y Japón. La pregunta que explica por qué esas familias pagan por un servicio que en teoría debería cubrir el sistema es sencilla: las EPS no ofrecen acompañamiento continuo durante la gestación, no cubren consultoría en lactancia materna, no garantizan la presencia de un profesional dedicado durante el parto. Las familias que quieren algo distinto —un parto con menos intervenciones, una lactancia bien establecida, una crianza acompañada— tienen que buscarlo por fuera. «La gestación, el parto y la lactancia son procesos fisiológicos, no enfermedades. Y como enfermeras, cuando algo se sale de lo normal, remitimos. Pero cuando el cuerpo hace lo que sabe hacer, las familias tienen derecho a vivirlo con acompañamiento, con información y con autonomía sobre su propio proceso», dijo la egresada. Lo que Medina Moncada reconoce sin dudar es el papel de su formación en la Alma Máter. «Nada de lo que hago, he hecho y quiero hacer va a ser diferente a lo que me enseñó la Universidad. La enfermería que practico desde la independencia está basada en evidencia». Colombia tiene 74 000 profesionales de enfermería con razones para mirar más allá del hospital, muchos de ellos preparados en universidades que, como la Alma Máter, los formaron para cuidar. Algunos de esos profesionales ya encontraron su propio camino —desde un helicóptero sobre las selvas de Frontino, desde el acompañamiento a una familia que quiso parir diferente— sin esperar a que nadie les dijera que eso también era enfermería. Fenlabinn está aprendiendo a contar sus egresados. Y a medida que los cuenta, la profesión amplía sus propios límites.


18 Una investigación liderada por el Instituto de Estudios Regionales de la UdeA, la Alcaldía de Frontino y el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, con recursos del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, llevó a la formulación del Plan Especial de Salvaguardia de la Música Parrandera y del Otrodía, y de los bailes tradicionales de este municipio del Occidente antioqueño.

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

CARLOS OLIMPO RESTREPO S. Periodista Dirección de Comunicaciones UdeA olimpo.restrepo@udea.edu.co

La música y los bailes parranderos de Frontino, un patrimonio que ya tiene quien lo proteja «Llegó aquí a tomar trago el rebelde de Frontino, Ayer asusté al diablo y el diablo de allá se vino, Yo nací en Curadiente, salida pa’ Murrí, Por eso es que el machete nunca me falta a mí».

El Rebelde de Frontino Artista: Joaquín Bedoya – Compositor Luis Alfonso Pérez

La música parrandera se baila sin reglas estrictas, una tradición que mantienen viva los frontineños. Foto: cortesía PES Frontino.

A Marta Elvira Hoyos la música parrandera la mueve desde que tiene memoria. En su infancia escuchaba el sonar de las guitarras, los tiples y los requintos bajo la iluminación de las caperuzas en la finca Las Cabras del municipio de Frontino, Occidente antioqueño. «El gusto por la música parrandera nació con mis abuelos. Me convertí en bailadora desde pequeña, me encanta bailar, la música me mueve los pies prácticamente», sostiene. La experiencia de Jesús Emilio Agudelo fue parecida: desde los seis años se acercaba a los corrillos que se formaban alrededor de los intérpretes locales. A los 18 le pidió a un compañero de trabajo que le enseñara los secretos de las cuerdas y aunque hoy casi no toca, sigue siendo uno de los guitarreros más respetados de su pueblo, así como un reconocido bailador. Como ellos dos, cientos de habitantes de este municipio conservan en sus cuerpos y mentes la herencia viva de la música y la danza libres, carentes de reglas rígidas, en las que cada intérprete y bailador lleva su propio ritmo. Esta condición los convierte en portadores y custodios de una tradición campesina invaluable que, desde hace pocos meses, cuenta con instrumento de protección, gracias a la formulación del Plan Especial de Salvaguardia —PES— de la Música Parrandera y del Otrodía, y de los bailes tradicionales de Frontino. Esta iniciativa es fruto del trabajo conjunto entre el Instituto de Estudios Regionales —Iner— de la Universidad de Antioquia, la Alcaldía de Frontino y el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia —Icpa—, en el cual participaron tres investigadores de la Alma Máter —, los historiadores Santiago Bedoya Molina y María Camila Betancur Jiménez, liderados por Eulalia Hernández Ciro—, con el apoyo de Mauricio Gómez, de la administración municipal. Para financiar la elaboración del Plan Especial de Salvaguardia, el Iner y la Alcaldía de Frontino se presentaron a una convocatoria pública del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes relacionada con patrimonio cultural. Esta Iniciativa se inscribe en un programa de investigación de largo aliento sobre los procesos de poblamiento del occidente de Antioquia y con una línea fuerte de trabajo arqueológico, liderado por Carlo Emilio Piazzini, también profesor del Iner. La montaña hecha canción «A mí siempre me llamaron mucho la atención esas historias de los músicos en el camino, en los parajes, en las fondas de montaña. Por eso quería conocer cómo se hacía la transmisión de estos ritmos tradicionales de guitarra, de tiple y de requinto, escuchar los relatos asociados a la composición, al baile y a la música, que tenían que ver con esa vida campesina», explica la profesora Hernández Ciro, adscrita al Grupo de Estudios del Territorio del Iner. Fue precisamente esa curiosidad científica lo que llevó a que esta historiadora dedicara buena parte de su trayectoria académica a indagar en Frontino, donde entre 2018 y 2019 participó

también en la elaboración del inventario de expresiones culturales inmateriales, un paso importante antes de la formulación del PES. La localidad es reconocida en Antioquia como una de las cunas de la música parrandera y guasca, aires que no se reservan solo para diciembre, sino que suenan todo el año en las fiestas familiares y municipales, o en los encuentros espontáneos de cantinas y fondas, porque esto hace parte de su ADN, como muestra el hecho de que es la tierra que vio nacer a Joaquín Bedoya, uno de los referentes más destacados de estos ritmos. En el diagnóstico social y musical del proyecto, los investigadores confirmaron el peso de este legado: la composición El rebelde de Frontino, interpretada por Bedoya y escrita por Luis Alfonso Pérez, fue señalada por los habitantes como el segundo himno del municipio. Pero el ambiente parrandero de Frontino va mucho más allá de esta figura. La tradición se ha mantenido gracias a una resistencia silenciosa de agrupaciones veredales y barriales, portadores de la tradición —involucradas directamente en la transmisión, práctica y viabilidad de las manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial—, así como gestores locales, quienes lograron que esta expresión popular sea hoy un patrimonio reconocido y protegido. «Este proyecto nos va a dar a conocer más en Antioquia y nos va a servir para preservar nuestra identidad montañera. Gracias a él, las personas de otras partes podrán entender que


N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

esto es algo muy particular, sin coreografías ni reglas rígidas, que cada uno de nosotros tiene su propio son para bailar», sostiene Marta Elvira Hoyos, al destacar la formulación del PES. Para la Universidad de Antioquia, la investigación no representó una intervención jerárquica ni un ejercicio de extracción de datos, sino un hito de diálogo horizontal y democratización del conocimiento. La profesora Eulalia Hernández Ciro enfatiza en la naturaleza articuladora de la propuesta: «Este proyecto, impulsado desde la universidad pública, permitió articular la investigación, la extensión y la docencia con el diálogo de conocimientos. Este enfoque implicó reconocer los oficios de los habitantes de Frontino como saberes y patrimonio vivos, profundamente ligados a la historia, la geografía, la cultura y la práctica del territorio». La docente es enfática en que, para este trabajo, la academia se acopló al ritmo de los creadores locales. En lugar de estructurar un documento desde escritorios en la ciudad universitaria, el equipo del Iner hizo un trabajo real de inmersión en las lógicas de los habitantes del municipio. «Este enfoque constituye el sello que la Universidad de Antioquia imprime al proceso, respaldado por la confianza construida en la región. Para el equipo, resulta clave reconocer el arraigo y el cariño que las comunidades tienen por la institución, así como el impacto de su gestión en los territorios. La experiencia también dejó en evidencia que las agendas quedan abiertas: aunque se llegue con el objetivo de ejecutar un proyecto específico, el trabajo de campo revela un amplio abanico de necesidades y oportunidades locales», señala la docente Hernández Ciro. «En Frontino hay un universo de posibilidades; lo que se necesita son iniciativas vinculantes, y el trabajo de estudiantes y profesores de la Universidad para potenciar todo lo que queda por hacer». Eulalia Hernández Ciro, docente e investigadora del Iner. Un patrimonio en riesgo La necesidad de consolidar una herramienta de gestión cultural y política pública como el PES responde a las alertas que se lanzaron desde diversos sectores sociales, culturales y políticos de Frontino, ante la evidencia de elementos que ponen en riesgo este patrimonio artístico. Según lo recogido en el informe final de los investigadores, entre estos aspectos problemáticos se destaca el débil relevo generacional, pues muchos jóvenes dejan el pueblo para salir en busca de empleo o educación superior, la mayoría hacia Medellín, lo que interrumpe la «cadena natural» de transmisión de los ritmos y bailes, que hoy son practicados sobre todo por adultos. Tampoco hay muchos espacios públicos óptimos para la exhibición y la enseñanza de la música y los bailes parranderos, aunque los colectivos se preparan en salones comunales de barrios y veredas, en casas familiares o en sitios y momentos que les abren establecimientos comerciales.

19

Vilma Milena Arias, monitora de danza folclórica del Centro Cultural Gabriela White de Vélez y gestora cultural del municipio, considera que «el aporte más grande de esta iniciativa es que nos permitió reconocer, proteger y fortalecer nuestra identidad cultural. La música parrandera hace parte de la memoria y de las tradiciones de nuestra gente y este proceso ayuda a que estos conocimientos no se pierdan con el paso del tiempo». Para ella, el proceso de inmersión propiciado por la Universidad de Antioquia les ayudó a entender a los frontineños que cada composición musical es un archivo afectivo del territorio. «Fue muy bonito escuchar esas memorias y ver cómo una canción puede llevarnos a recordar momentos familiares, celebraciones y personas importantes. Eso me hizo comprender que salvaguardar la música no significa solamente conservar canciones sino también conservar la historia, los recuerdos y la identidad de nuestra comunidad», enfatiza. El saber popular se viste de toga Uno de los componentes que más aportó en la estructuración del proyecto fue el diseño e implementación del curso de extensión universitaria «Sonidos y movimientos de la tradición: la música parrandera y el baile como patrimonio vivo», inscrito formalmente dentro del portafolio académico de la Universidad de Antioquia y ofrecido a los habitantes de Frontino como parte del componente participativo y de diálogo de saberes del proyecto de salvaguardia. Lejos de dictar cátedras magistrales, los docentes e investigadores propiciaron un laboratorio de doble vía. Cerca de 40 músicos empíricos, bailadores tradicionales y custodios de la memoria histórica se reunieron para debatir conceptos como patrimonio vivo, apropiación social y sostenibilidad cultural. La inmersión fue tan profunda que las barreras metodológicas terminaron por desvanecerse. «No aprendimos a tocar los instrumentos, pero sí nos tocó bailar como lo hacen allá, como arrastrado, y al final del curso varios señores y señoras con los que lo hicimos nos dieron el visto bueno, nos dijeron que ya podemos ser bailadores», recuerda la profesora Hernández Ciro. Y si para la docente esto fue muy emocionante, para los participantes en el curso fue más emotivo recibir un reconocimiento por parte de la UdeA. La profesora Eulalia relata que uno de los graduados les dijo: «Yo no tengo ni diploma de primaria, pero ahora voy a tener uno de la Universidad de Antioquia».

Otro elemento que preocupa a portadores e investigadores es la distorsión de la manifestación, pues consideran que corrientes más recientes están despojando a la música parrandera de su picaresca tradicional, con parodias de baja calidad estética. A lo anterior se suman los escasos recursos que hay para las áreas de cultura y patrimonio en todo el país, incluido Frontino, que dificultan, por ejemplo, el sostenimiento a largo plazo de semilleros infantiles. Además, el municipio se encuentra en una región afectada durante décadas por el conflicto armado y muchas de sus veredas sufrieron episodios de violencia que generaron desplazamientos masivos, lo cual debilitó el tejido comunitario y apagó las parrandas en fondas a orilla de camino. Este diagnóstico, más lo hallado en 2019 y en el proceso de investigación de 2025, sirvió de base para diseñar el Plan Especial de Salvaguardia. «Para lograrlo, primero tuvimos que construir los inventarios, un proceso muy enriquecedor que nos dejó excelentes capacidades de gestión. Lo más interesante de esta segunda etapa es que el plan se está construyendo de forma totalmente comunitaria, colaborativa y participativa», destaca Eulalia Hernández Ciro.

Músicos empíricos, bailadores tradicionales y custodios de este patrimonio aportaron su conocimiento durante un curso de extensión universitaria de la UdeA. Foto: cortesía PES Frontino.


20

N.º 752 Jul-Ago de 2026 · Universidad de Antioquia

También recuerda de manera especial a Juan de Dios Uribe, el portador más longevo de Frontino. «Él fue el primero al que le entregamos el diploma. Con todo el curso, pero con este acto en particular, logramos que estas personas se sintieran parte de la Universidad. Sin duda, conseguimos que estas actividades nos abrieran un espacio natural para la sensibilidad y la conexión emocional con todos los que nos acompañaron en el proceso», asegura la investigadora del Iner. Hoy, a la espera del aval del Consejo Departamental de Patrimonio y la declaratoria por parte del Concejo y la Alcaldía Municipal, la música de cuerdas campesinas y los bailes parranderos de Frontino cuentan con una hoja de ruta que, si se sigue con cuidado, seguramente Antioquia y Colombia podrán seguir disfrutando de este legado.

Músicos empíricos, bailadores tradicionales y custodios de este patrimonio aportaron su conocimiento durante un curso de extensión universitaria de la UdeA. Foto: cortesía PES Frontino.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Periódico Alma Mater ED 752 by Universidad de Antioquia - Colombia - Issuu