"Hoy, a cien años de haber sido publicada, vuelven esas y otras muchas apreciaciones sobre la novela que la sitúan frente a nosotros como una obra inaugural pero también como heredera de su época. Una novela que debería leerse en el contexto de la propia obra del autor, de su época, de la herencia cultural y literaria que tuvo a su haber, pero también con el interés por ese “admirable artista visual para quien el mundo es una fiesta deslumbrante de luces y colores”, al decir de Eduardo Castillo. Un libro legible, quizá haciendo caso omiso de quienes se empeñan en creer que la literatura se enemistó definitivamente con el lenguaje, con la prodigalidad de los sinónimos y con las palabras que inauguran mundos, allende la gris y eficiente cotidianidad." Doris Elena Aguirre Grisales