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Agenda Cultural Alma Máter 337

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Editorial Lo que no cabe en una vitrina

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Luis Fernando Peláez. Del tiempo que pasa. Ensamble (madera y objetos). 120 x 40 x 25 cm. 2024.

A finales de los años ochenta, en la Uni-

versidad de Antioquia, un programa llamado Cratilo enseñó a leer acervos de textos con una precisión que ninguna memoria individual podría alcanzar. No es difícil, mirándolo hoy, preguntarse si ese dispositivo silencioso —hecho de instrucciones, no de manos ni de voces— también forma parte de lo que llamamos patrimonio inmaterial. Tal vez la pregunta no sea qué objetos merecen ese nombre, sino qué relación sostenemos con aquello que heredamos, practicamos y transmitimos. Esa es, en el fondo, la pregunta que atraviesa este número. La Convención para

la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, adoptada por la UNESCO en 2003, no surgió en el vacío: fue, en buena medida, una respuesta a las limitaciones de la Convención de Patrimonio Mundial de 1972, que durante décadas privilegió una idea de patrimonio marcadamente occidental —monumental, material, de valor supuestamente universal— y dejó por fuera buena parte de lo que otras culturas reconocen como propio. Fue una conquista necesaria. Pero toda lista, incluso la más bienintencionada, es también un acto de exclusión: nombra y jerarquiza, y en ese gesto redefine el sentido de aquello que pretende solo registrar. 2026 | N.° 337 | Septiembre


Desde allí, donde se encuentran todos lo mapas, imaginarios y verdaderos, escribo estas cartas de viaje, siempre en busca de la otra orilla. Luis Fernando Peláez, Artista

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Colombia ha construido, desde entonces, su propio andamiaje jurídico: listas representativas, planes especiales de salvaguardia, inventarios. Pero el reconocimiento formal, como recuerda uno de los textos que aquí se publican, es declarativo, no constitutivo: ninguna autoridad convierte una práctica en patrimonio por el solo hecho de declararla. Son las comunidades las que sostienen, cotidianamente, aquello que las declaratorias apenas nombran. De ahí un riesgo persistente: convertir la declaratoria en un fin en sí mismo, y el patrimonio en una vitrina que separa lo oficialmente valioso de lo que simplemente se vive. En este número esa tensión toma cuerpo en varios registros a la vez: en el tango, que en Medellín no responde a un único relato ni a una sola figura fundacional, sino a generaciones de oyentes, bailarines y músicos que lo han hecho suyo de maneras distintas. En el Jardín Botánico, donde una ceiba centenaria o el aroma del romero enseñan tanto como cualquier libro, y donde caminar puede ser también un ejercicio de memoria. En los más de treinta mil registros

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sonoros que guardan, desde hace décadas, la voz de un país megadiverso —cantos de rana, coros de aves al amanecer— como un seguro contra el olvido. Todos estos son patrimonios que no caben en una vitrina porque viven mientras alguien los practica, los escucha o los transmite. Y en este número también decimos adiós a dos voces. Eustiquia Amaranto, la Justa, matrona del bullerengue en Urabá, falleció el pasado diciembre; sus palabras, recogidas aquí como homenaje, son ya memoria transmitida antes que archivo. Y se cumplen cincuenta años de la muerte de Gonzalo Arango, cuyo texto sobre Medellín —amoroso y furioso a la vez— sigue diciendo, medio siglo después, algo verdadero sobre esta ciudad contradictoria y viva. Salvaguardar, entonces, no es conservar intacto. Es sostener las condiciones para que una práctica, una voz o un lugar puedan seguir teniendo futuro. Eso es lo que proponen, cada uno a su manera, los textos que siguen. Adriana Valderrama López Jefe División de Cultura y Patrimonio


Patrimonio vivo, desafíos contemporáneos Jimena Puyo Posada

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Luis Fernando Peláez. Bajo la luna. Canoa encontrada e intervenida, resina y objetos. 6,0 m aprox. 2010.

Durante mucho tiempo, hablar de patrimo-

nio significó hablar de monumentos, centros históricos, objetos excepcionales y obras consideradas dignas de ser conservadas. El patrimonio era, fundamentalmente, material, y su identificación descansaba en buena medida en la mirada del Estado y de los expertos. Esa concepción cambió profundamente. Las reivindicaciones de comunidades locales y pueblos étnicos, las críticas a un marco predominantemente eurocentrista, la ampliación de los derechos culturales y la propia evolución del campo patrimonial permitieron reconocer que una parte

fundamental de aquello que las sociedades valoran y transmiten no está contenida únicamente en los objetos: vive en prácticas, conocimientos, lenguas, músicas, fiestas, cocinas, técnicas, oficios, memorias y formas particulares de relacionarse con el territorio y con la naturaleza. El patrimonio comenzó así a entenderse también como una construcción social y las comunidades dejaron de ocupar un lugar secundario para ser reconocidas como creadoras, portadoras e intérpretes de valor patrimonial. La Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la 2026 | N.° 337 | Septiembre


UNESCO de 2003 fue decisiva en esta transformación. En Colombia, la legislación y la política pública desarrolladas posteriormente consolidaron instrumentos como las Listas Representativas de Patrimonio Cultural Inmaterial, los Planes Especiales de Salvaguardia —PES— y los inventarios del Patrimonio Cultural Inmaterial.

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Fue una conquista enorme. Hoy, más de veinte años después de la Convención, el patrimonio cultural inmaterial (PCI) enfrenta una nueva generación de desafíos. Ya no basta con el reconocimiento del PCI como campo patrimonial. Es necesario ampliar ese reconocimiento y preguntarnos cómo lo gestionamos, cómo garantizamos una participación efectiva de las comunidades, cómo materializamos el desafío de la intersectorialidad, cómo anticipamos sus riesgos y manejamos responsablemente los efectos de su valorización y cómo protegemos los derechos de quienes crean, mantienen y transmiten los conocimientos que lo hacen posible. En últimas, debemos preguntarnos qué condiciones necesitan las comunidades que lo mantienen vivo para seguir transmitiéndolo, recreándolo y transformándolo.

Más allá del reconocimiento formal Uno de los primeros desafíos consiste en ampliar lo que entendemos por reconocimiento y, para empezar, en no confundir el reconocimiento social del patrimonio con su reconocimiento formal. Dicho en términos jurídicos, el reconocimiento formal tiene un carácter declarativo, no constitutivo: una manifestación no se convierte en patrimonio cultural inmaterial porque una autoridad así lo declare. La legislación Septiembre | N.° 337 | 2026

colombiana reconoce que son las propias comunidades las que identifican determinadas manifestaciones como parte de su patrimonio y que estas se transmiten y recrean permanentemente en relación con su entorno, la naturaleza y su historia. Las declaratorias son, por tanto, solo una de las vías para activar mecanismos de salvaguardia. De allí que sea necesario evitar que produzcan una frontera artificial entre un patrimonio considerado valioso porque ha recibido reconocimiento oficial y otro que permanece por fuera de las listas. Gran parte del patrimonio cultural inmaterial colombiano probablemente nunca será objeto de una declaratoria formal. No por eso vale menos ni debería quedar por fuera de las responsabilidades de conocimiento, fomento y protección del Estado. Tampoco significa que, en ausencia de reconocimiento oficial, las propias comunidades no desarrollen mecanismos para mantener vivas y transmitir estas prácticas. Superar cierto fetichismo de la declaratoria permitiría también aclarar el marco de actuación de las instituciones públicas. Si el reconocimiento formal es declarativo y no constitutivo, no debería ser necesario crear habilitaciones normativas específicas para que los programas de fomento, estímulos o becas puedan apoyar manifestaciones que no han sido incluidas en una lista. El desafío es, más bien, consolidar una interpretación del marco jurídico y de la política pública que reconozca que las responsabilidades de salvaguardia no comienzan con la declaratoria ni se agotan en el patrimonio formalmente reconocido. Son muchas las razones por las que manifestaciones culturalmente valiosas no llegan


Al mismo tiempo, debemos avanzar en otras formas de reconocimiento distintas a los listados e inventarios formales. El reconocimiento más elemental —el de las personas, sus saberes y las formas de aprendizaje que hacen posible ese patrimonio—, puede ser el más determinante. Todavía tenemos un camino importante por recorrer para dignificar, cualificar y reconocer social, educativa y laboralmente conocimientos aprendidos mediante la experiencia, la práctica comunitaria y la transmisión intergeneracional. Seguimos cayendo en contradicciones que nos llevan a reconocer una técnica artesanal como patrimonio cultural y, al mismo tiempo, a considerar que el conocimiento de la maestra o el maestro que la domina tiene menor valor porque no fue adquirido en un aula.

Luis Fernando Peláez. Ciudad. Ensamble: Acrilico y objetos. 120 x 60 x 65 cm. 2012.

a ser postuladas para un reconocimiento formal: desde las capacidades limitadas de las entidades públicas para acompañar estos procesos, que hacen que el reconocimiento formal ocurra necesariamente de manera gradual, hasta la decisión de las propias comunidades de no promoverlos. Esta última puede responder, entre otras razones, a los riesgos que la declaratoria y la mayor visibilidad pueden traer consigo: turistificación, folklorización, mercantilización o instrumentalización de las prácticas culturales, con efectos que pueden terminar afectando los modos de vida de las comunidades que las sostienen e, incluso, su propia pervivencia.

Por eso resulta tan importante retomar y desarrollar plenamente instrumentos como el Reconocimiento de Aprendizajes Previos —RAP—, concebido como una vía para reconocer y dignificar conocimientos empíricos e informales asociados, entre otros campos, a los oficios de la cultura y del patrimonio. Salvaguardar un oficio significa también reconocer el valor del saber de quien lo conoce y comprender que las formas mediante las cuales ese conocimiento se aprende, se transmite y se recrea son parte esencial de aquello que buscamos salvaguardar. Una tarea fundamental en esta dirección será revisar y fortalecer la Cartilla de los subsectores asociados al área de cualificación: Artes Visuales, Plásticas y del Patrimonio (AVPP), elaborada en 2024, que sirve de referencia para los procesos de cualificación asociados al patrimonio y la actividad artesanal, de manera que refleje adecuadamente la naturaleza de los saberes patrimoniales y las dinámicas sociales, culturales y productivas que los hacen

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posibles y cuente, además, con una arquitectura conceptual más sólida y acorde con los desarrollos contemporáneos del campo.

Del reconocimiento a la gestión Reconocer que una manifestación hace parte del patrimonio cultural inmaterial —con declaratoria formal o sin ella— abre inmediatamente otra pregunta: ¿qué hacemos para que pueda seguir viva? Allí comienza el desafío de la gestión.

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La gestión patrimonial no es una acción puntual ni se agota en la formulación de instrumentos de protección. Es un proceso continuo que exige conocer, planificar, intervenir, hacer seguimiento, evaluar y volver a decidir. Estas operaciones no ocurren de manera lineal: cada intervención genera nueva información, el seguimiento permite identificar cambios y riesgos y la evaluación obliga a ajustar las decisiones y comenzar nuevamente el ciclo. Gestionar, eso sí, exige, primero, conocer. Y todavía sabemos menos de nuestro PCI de lo que necesitaríamos para gestionarlo adecuadamente. Inventarios, procesos de documentación, investigaciones, cartografías y sistemas de información no son simples repositorios o ejercicios burocráticos; como ha señalado la UNESCO, registrar e inventariar no son ejercicios abstractos, sino acciones instrumentales necesarias para la conservación y la salvaguardia. La gestión contemporánea del patrimonio integra sistemas de información geográfica, ciencia participativa y plataformas colaborativas para producir conocimiento vivo, territorializado, integral, interoperable, trazable y actualizable, construido a partir del diá-

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logo entre los saberes de las comunidades y el conocimiento experto, y ampliado por las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Este conocimiento permite saber qué existe, dónde está, quiénes lo mantienen vivo, en qué condiciones se encuentra y qué riesgos amenazan su continuidad. En el nivel nacional, Colombia sigue rezagada en esta materia. El problema no es la ausencia absoluta de información, sino su fragmentación, las dificultades de acceso y, sobre todo, su limitada capacidad para mostrarnos el estado del patrimonio y advertir oportunamente sus riesgos. En el nivel territorial, a estas limitaciones se suman profundas brechas en las capacidades institucionales, tecnológicas y técnicas de los sistemas de información patrimonial de los distintos municipios, distritos y departamentos del país. En el caso del PCI, las “Listas representativas” recogen apenas una pequeña fracción de ese universo. Existen inventarios más amplios y múltiples procesos territoriales de documentación, pero la información continúa dispersa, no siempre es accesible y pocas veces permite hacer seguimiento, identificar tendencias o detectar oportunamente riesgos y amenazas. Aquí la gestión del patrimonio cultural tiene mucho que aprender de la gestión ambiental, que ha avanzado en sistemas capaces no solo de registrar especies y ecosistemas, sino también de cruzar información territorial, identificar amenazas, analizar vulnerabilidades, establecer alertas y activar medidas de protección a medida que se produce nueva información, dentro de modelos de gobernanza que permiten construir conocimiento de manera colectiva, acumulativa y continua.


Necesitamos avanzar de repositorios patrimoniales a verdaderos sistemas de conocimiento y monitoreo: información georreferenciada, interoperable, actualizable y construida también con las comunidades, que permita relacionar manifestaciones, portadores, territorios, recursos naturales, amenazas y medidas de salvaguardia. Conocer el PCI permite planificar con responsabilidad. Uno de nuestros problemas persistentes es, precisamente, el desequilibrio entre las distintas operaciones de ese ciclo de gestión. Buena parte de los esfuerzos y recursos se concentran en sus etapas finales: divulgar y promocionar el patrimonio, construir productos y experiencias, fortalecer su comercialización o convertirlo en atributo de una estrategia de marketing territorial o de promoción turística. Mucho menos esfuerzo destinamos a planificar las condiciones que hacen posible su continuidad. Pero salvaguardar el PCI exige actuar también —y muchas veces primero— sobre esas condiciones: garantizar el acceso sostenible a las materias primas y a los territorios donde se obtienen, fortalecer los sistemas de vida de las comunidades, reconocer y cualificar sus saberes, favorecer la transmisión intergeneracional y generar condiciones para que quienes mantienen vivas estas prácticas puedan encontrar en ellas posibilidades dignas de vida.

De participar a decidir Hay una pregunta que atraviesa este ciclo de gestión: ¿quién decide y quién gestiona? El reconocimiento de las comunidades como creadoras, portadoras e intérpretes del patrimonio cultural inmaterial modificó profundamente la manera de entender

el patrimonio, pero trasladar ese principio a las prácticas institucionales sigue siendo uno de los grandes desafíos del campo. Participar no puede reducirse a ser informado, asistir a una reunión, responder una consulta o validar decisiones previamente tomadas. No se trata solamente de una buena práctica de gestión: la participación es un derecho y, en materia patrimonial, también una expresión de la corresponsabilidad constitucional entre el Estado y las personas en su protección (art. 8 Constitución Política de Colombia). Si son las propias comunidades las que reconocen determinadas prácticas como parte de su patrimonio, su participación debe extenderse a la producción del conocimiento, la identificación de riesgos, la definición de prioridades, la formulación de medidas de salvaguardia, su implementación, seguimiento y evaluación. La participación no es, entonces, un momento del ciclo de gestión: es una condición para su legitimidad y su sostenibilidad. En esta dirección, resulta prometedor avanzar en el desarrollo de enfoques de soluciones basadas en las comunidades, que partan de sus conocimientos, capacidades y formas propias de organización para construir respuestas frente a los desafíos que enfrenta su patrimonio.

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Esto supone también reconocer que participar incluye la posibilidad de disentir, poner límites o decidir no participar. Una comunidad puede no querer una declaratoria, rechazar determinada forma de promoción turística, establecer condiciones para la documentación o circulación de sus conocimientos o cuestionar una intervención que, aunque bien intencionada, considere perjudicial para sus formas de vida. 2026 | N.° 337 | Septiembre


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Septiembre | N.° 337 | 2026 Luis Fernando Peláez. Lluvia. Ensamble: objetos y resina. 1.0 x 0.50 x 0.20 m. 2005.


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Reconocer la centralidad de las comunidades tampoco significa imaginarlas como actores homogéneos. En su interior existen generaciones, intereses, posiciones y relaciones de poder distintas. Una participación efectiva debe preguntarse también quiénes están pudiendo hablar, decidir y beneficiarse, y qué voces están quedando por fuera.

El desafío de la intersectorialidad Otro desafío consiste en superar una mirada fragmentada del patrimonio y reconocer las múltiples interdependencias que hacen posible su continuidad.

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Un oficio artesanal no es solamente una técnica. Detrás de una cesta, una mochila, un instrumento musical o una pieza de barniz existen conocimientos transmitidos durante generaciones, materias primas, territorios de cultivo o recolección, formas de organización social, mercados, símbolos y relaciones particulares con la naturaleza. En el sector artesanal esta interdependencia resulta especialmente visible: las materias primas vegetales, animales y minerales se transforman en objetos que condensan memoria, identidad y formas de relación con el territorio. ¿Qué ocurre cuando la técnica continúa viva, pero desaparece la materia prima? ¿Cuando existe el recurso pero una comunidad pierde acceso al territorio donde tradicionalmente lo obtiene? ¿Cuando las transformaciones climáticas modifican los ciclos de una especie? ¿Cuando se imponen requisitos legales para el aprovechamiento y la comercialización que implican preparar a los artesanos? ¿O cuando las nuevas

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generaciones dejan de aprender porque ejercer el oficio no permite construir un proyecto de vida en condiciones de dignidad? Los riesgos del PCI son simultáneamente ecológicos, culturales, económicos, legales y sociales. Por eso necesitamos fortalecer una mirada biocultural que comprenda el patrimonio como parte de sistemas complejos y reconozca la interdependencia entre diversidad cultural y diversidad biológica. Esto implica, también, traducir este enfoque en verdaderos modelos de gestión integral, capaces de reconocer y abordar las relaciones de interdependencia entre el PCI, las comunidades, grupos e individuos portadores y las materias primas, ecosistemas, paisajes y entornos que hacen posible su continuidad. Solo al relacionar estos factores es posible observar riesgos que permanecen invisibles cuando cada elemento se estudia por separado. Esta perspectiva obliga a dejar de gestionar el PCI exclusivamente desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, en el nivel nacional, y desde las secretarías de cultura, en los niveles territoriales. La gestión integral requiere mecanismos efectivos de coordinación intersectorial que involucren, según las necesidades y riesgos de cada manifestación, a los sectores de ambiente, agricultura, turismo, educación o trabajo, así como a entidades como Artesanías de Colombia y el SENA, entre otras. No se trata de sumar instituciones, sino de construir agendas compartidas de planificación e intervención, definir responsabilidades e indicadores comunes y evaluar conjuntamente los resultados. La gestión integral también implica incorporar con mayor decisión el PCI en los procesos de ordenamiento y planificación territorial.


No basta con localizar en un mapa dónde ocurre una práctica: hay que entender qué territorios, ecosistemas, paisajes, espacios de encuentro, rutas de abastecimiento o lugares de memoria hacen posible su continuidad. La idea de patrimonios integrados, desarrollada en Colombia desde hace algunos años, ofrece un marco especialmente útil para superar las divisiones conceptuales e institucionales que muchas veces llevan a gestionar por separado el patrimonio material, inmaterial y natural. Pero incorporar esta perspectiva en los instrumentos de planificación territorial sigue planteando importantes desafíos conceptuales, técnicos e institucionales. Mientras el patrimonio material puede localizarse y delimitarse cartográficamente mediante puntos, líneas o polígonos asociados a coordenadas precisas, la relación del PCI con el territorio es mucho más compleja. Una manifestación puede abarcar lugares de práctica y transmisión, recorridos, espacios rituales, zonas de producción o abastecimiento de materias primas y redes de intercambio; puede desplazarse con sus portadores, extenderse por varios territorios o adquirir nuevas espacialidades. El reto no consiste solamente en ubicar el PCI en el mapa, sino en representar las relaciones territoriales que hacen posible su existencia y continuidad.

De la reacción a la prevención Existe además una paradoja que merece atención: el éxito en el reconocimiento de una manifestación puede convertirse también en una fuente de riesgo. El turismo cultural, la comercialización y la circulación de bienes y expresiones patri-

moniales pueden aportar ingresos, empleo, orgullo, visibilidad y nuevas oportunidades para las comunidades, estimular la vinculación de nuevas generaciones y promover intercambios culturales. Pero también pueden provocar sobreexplotación, homogenización, instrumentalización, pérdida de control sobre las formas de representación o transformaciones aceleradas motivadas exclusivamente por las demandas del mercado. El desafío no consiste en enfrentar patrimonio y aprovechamiento económico, sino en preguntarnos qué aprovechamiento debemos impulsar, en beneficio de quién y bajo qué condiciones. Aquí necesitamos alinearnos también con el paradigma preventivo que orienta cada vez más la gestión patrimonial contemporánea. La gestión ya no puede limitarse a reaccionar cuando el daño se ha producido: debe desarrollar capacidades para identificar riesgos, anticipar impactos y actuar antes de que las pérdidas sean irreversibles. Esto exige incorporar de manera más decidida principios y enfoques que, aunque han comenzado a abrirse paso en el ámbito cultural colombiano, todavía tienen mayor presencia en el discurso que en la práctica: prevención, precaución, anticipación de impactos, participación, integralidad y responsabilidad cultural. Todos ellos confluyen en una pregunta esencial: cómo actuar sobre realidades culturales complejas sin que intervenciones, incluso bien intencionadas, terminen produciendo daños sobre aquello que pretendían fortalecer.

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En esa dirección apunta la Acción Sin Daño en contextos culturales, enfoque que tuve la oportunidad de adaptar hace algunos años desde la acción humanitaria al trabajo 2026 | N.° 337 | Septiembre


con comunidades y patrimonio cultural. La Acción Sin Daño parte de una ética de la responsabilidad que nos obliga a reconocer que nuestras actuaciones, y también nuestras omisiones, no son neutrales y que sus efectos deben analizarse durante todo el ciclo de una intervención, para anticipar y prevenir los daños culturales y, cuando no sea posible evitarlos, minimizarlos, repararlos o compensarlos.

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Así como hemos aprendido a preguntar por los impactos ambientales de un proyecto, tendremos que fortalecer nuestra capacidad para anticipar y evaluar sus impactos culturales. Esto supone preguntarnos no solo qué efectos puede tener una intervención sobre una manifestación concreta, sino también sobre la identidad, los conocimientos, los sistemas de vida, las relaciones comunitarias y los territorios que la sostienen; y hacerlo con la participación de quienes pueden resultar afectados. La precaución cultural exige, además, actuar ante amenazas plausibles aun cuando no tengamos certeza sobre la magnitud del daño que podría producirse, especialmente cuando están en juego los derechos y la continuidad cultural de comunidades étnicas y locales.

Los derechos detrás del patrimonio Finalmente, la valorización del PCI ha hecho cada vez más urgente la pregunta ¿de quién son los conocimientos que contiene? Hablar de patrimonio de Colombia o de patrimonio de la humanidad no puede borrar la existencia de comunidades concretas que han creado, custodiado, adaptado y transmitido esos conocimientos durante generaciones. Septiembre | N.° 337 | 2026

Colombia y el mundo tienen todavía una deuda importante en el desarrollo de mecanismos sui generis de protección de los conocimientos tradicionales que reconozcan adecuadamente su titularidad colectiva y permitan enfrentar usos indebidos y apropiaciones por parte de terceros. Entre los elementos que se han propuesto para estos mecanismos están el consentimiento previo, libre e informado para determinados usos, la identificación de las comunidades de las que provienen los conocimientos tradicionales y de sus fuentes, la distribución justa y equitativa de beneficios y mecanismos que impidan la apropiación no autorizada de conocimientos colectivos. La necesidad de un régimen de esta naturaleza responde, precisamente, a las limitaciones de los instrumentos convencionales de propiedad intelectual que fueron concebidos principalmente para proteger creaciones individualizables, atribuidas a autores o titulares identificables y durante períodos determinados, mientras que los conocimientos tradicionales suelen ser de creación y titularidad colectiva, se transmiten y recrean durante generaciones y forman parte de sistemas culturales que difícilmente pueden reducirse a la lógica de una obra, una invención o un signo distintivo. Colombia deberá continuar participando activamente en las discusiones que se adelantan en la OMPI y avanzar en la construcción de un marco nacional de protección, articulando este proceso con los desarrollos que se producen en otros regímenes internacionales, particularmente en el Convenio sobre la Diversidad Biológica y el Protocolo de Nagoya, que han avanzado en materias como el acceso a los conocimientos tradicionales asociados a los recursos genéticos, el consentimiento o aprobación y participa-


munidades y establecer salvaguardias que respeten sus decisiones sobre el acceso, uso y circulación de sus conocimientos. Proteger estos conocimientos y reconocer la capacidad de las comunidades para decidir sobre ellos no significa, sin embargo, encerrar la cultura ni impedir sus intercambios. Las culturas siempre han dialogado, aprendido, incorporado y transformado. Se trata de reconocer que intercambio y apropiación no son lo mismo, y que la circulación económica o simbólica del patrimonio debe respetar la capacidad de las comunidades para decidir sobre aquello que les pertenece y las representa.

Luis Fernando Peláez. Ahora. Ensamble (puerta y objetos encontrados). 180 x 100 x 100 cm. 1996.

ción de las comunidades y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de su utilización. También aquí proteger exige conocer. Avanzar en estos mecanismos requiere fortalecer la identificación de los recursos genéticos y de su origen o fuente, así como la documentación de los conocimientos tradicionales asociados y el desarrollo de sistemas de información que permitan establecer su procedencia y prevenir usos o apropiaciones indebidas. Pero documentar no significa necesariamente hacer pública la información: estos sistemas deben construirse con la participación de las co-

Ese quizá sea el mayor desafío de la salvaguardia contemporánea: no conservar el patrimonio cultural inmaterial como una fotografía del pasado, sino crear las condiciones para que siga teniendo futuro. Un futuro en el que las comunidades puedan transmitir sus conocimientos, transformarlos sin perder el control sobre ellos, vivir dignamente de sus saberes cuando así lo decidan y continuar recreando, en diálogo con territorios también vivos, aquello que reconocen como parte de su patrimonio.

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Jimena Puyo Posada es gestora cultural, consultora y docente con 18 años de trayectoria en el campo social, cultural y patrimonial de Colombia y América Latina. Es abogada con maestrías en filosofía política y en gestión del patrimonio cultural y natural. Fundadora y directora de Cumare Consultores Culturales y de la Fundación Patrimonio Colombia; y codirectora del Consejo Iberoamericano para las Artesanías y las Artes Populares (Iberoarte). Coordina la maestría en gestión cultural en la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia.

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Eustiquia Amaranto Santana, la Justa Luz Marina Monroy Flórez Con este artículo se buscaba hacerle un homenaje en vida a la Maestra Eustiquia Amaranto. Infortunadamente, falleció el 24 de diciembre de 2025. ¡Va el homenaje a ella, siempre viva!

Sus palabras transmiten la sabiduría ateso-

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rada con los años. Remontada su mirada al horizonte, al umbral del destino, permanece atenta al entorno, como un árbol sólido y vigilante que hunde sus raíces en la tierra. Un gesto contundente con su mano remarca la afirmación que su voz pronuncia con convicción: “¡Mi nombre es Eustiquia Amaranto Santana!”. Y su mirada, senil, profunda y serena, se eleva de nuevo hacia cielos lejanos, aquellos en los que parece contemplar en paz y con satisfacción, lo vivido. Gestos, mirada y palabras tejen la sutil urdimbre que revela una honda conexión entre el pasado y el presente, entre la memoria remota y el desplegarse de su propia historia fundada en el deseo siempre compenetrado con el arte. Siempre: ¡desde niña y en su anochecer! Cuando yo nací, mi papá, Marceliano Amaranto Palacio, era cauchero, tagüero y raicillero.1 Mi mamá era chilapa,2 Mercedes Santana. Yo nací... el 29 de septiembre de 1929. Me recibió en sus manos la madre de él, llamada Nicolasa Palacio. Yo no fui criada de mi madre. ¡Mi mamá me dejó, me contaba ni abuelo... se fue! Y me criaron mi abuelo Marceliano Amaranto Palacio y Nicolasa Palacio Valencia.3 El nombre Eustiquia me lo colocó mi padre porque desde jovencito le gustó. ¡A mi papá le gustaba ese nombre, Eustiquia, por algo! Me tuvo de edad de 21 años. Tuvo su hija de 21 años, Eustiquia Amaranto Santana.4

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Eustiquia evoca al padre para afirmar que él eligió ese nombre, además de aquel sobrenombre por el que la conocen: la Justa. —¿De dónde viene ese sobrenombre? —(Sonríe...). Mi abuela y mi papá me decían la Justa, la Justa, la Justa Amaranto. Y mire, usted (se dirige a su nieta Yolima quien la entrevista), usted sale conmigo a Bogotá, a Medellín, y usted no oye sino la Amaranto. ¿Sí o no? La Amaranto (sonríe)...5. Su familia la identifica como Mamajusty, un caleidoscopio de voces que se animan con una fuerza irresistible al llamado de los tambores. Y, con todo esto, aparece una inconsistencia en su registro: —Usted en la cédula aparece como Eustiquia Santana, pero afirma que se llama Eustiquia Amaranto Santana. ¿Por qué? —¡Aquí lo tengo escrito en la memoria! Cuando yo nací, era cuando estaba el arte del caucho, la tagua y la raicilla. Y mi papá vivía viajando por seis meses, por siete... compraban el caucho y todo eso que le menté, ahí al costado de donde hoy es la Clínica Central. Cosa que no le tocó denunciarme (registrarme) a mi papá. Le tocó denunciarme a mi “mamá”. ¡Y me puso Eustiquia Santana! A mí me llevó a denunciarme mi mama-abuela que era la que crio a Modesta, a Pacífico y a mí. ¡Esa señora trabajaba que


Luis Fernando Peláez. Del tiempo que pasa. Ensamble (metal, madera y objetos). 40 x 40 x 8 cm. 2014.

15 un hombre no le igualaba! Usted sabe que antes, las viejas no eran como hoy en día...5 El bullerengue, el corazón de su existencia que es danza, palabra y música es una experiencia artística ancestral que primorosamente cuida y proyecta Eustiquia desde su lugar de matrona. “¡Nací dentro del bullerengue! ¡Me crié dentro del bullerengue! ¡La sangre es de bullerengue! ¡O sea, que soy de sanguinidad bullerenguera!”.6 Mamajusty convoca la potencia de sus ancestros en un arte que dirige a la tradición y a la historia, y tiene un vínculo de dolor y vida en las voces ásperas y rasgadas de los bullerengueros. Muchos sucesos de distinta raigambre, anclados en el pasado remoto, han conducido al bullerengue a ser expresión propia de los municipios en que hoy se practica: Turbo, Necoclí, Chigorodó, Apartadó, San Juan de Urabá, Arboletes y Mutatá.

Y, ¿por qué enlazar la historia de aquello que la nombra con la del arte que la constituye? Unas visiones significativas pueden desprenderse del análisis de su nombre completo, toda vez que el nombre propio es un elemento trascendental en la formación de la identidad y la subjetividad, un significante que estructura la identidad del sujeto e influye en su relación con el lenguaje y la cultura. Así, pues, resulta tentador arriesgar este anudamiento para apreciar la fecundidad de cada parte sobre la que descansa el ser. Esa palabra que la ha nombrado, Eustiquia, se utilizaba para desear buena suerte y prosperidad a alguien. Idéntico o con variaciones, como el muy común de Eustaquia, tiene presencia en la región de Urabá, en la comunidad afrocolombiana. Eustiquia encuentra sus raíces en el griego antiguo Εὐστυχία (Eustychía), nombre compuesto por dos palabras: εὖ (eu), que significa “bien” o “bueno”, y τύχη (tychē), que significa “suerte” 2026 | N.° 337 | Septiembre


o “fortuna”, personificadas estas por la diosa Tyche; por ello, su nombre le confiere “buena suerte” o “fortuna favorable”. ¿Y si reparamos en el apellido, Amaranto, que también proviene del griego antiguo? ¿Del término ἀμάραντος (amarantos), que significa “inmarcesible” o “no marchito”, la flor que se consideraba inmortal, que no se marchitaba con el tiempo? ¡Cómo no evocar aquí la extraña experiencia de la maestra, por allá, por el año 1950 al recordar!: ¡Cuando tuve esa gravedad, que usted sabe que me anunciaron la muerte los médicos, duré dos días y medio metida entre cuatro muertos varones, dos a cada lado y yo en el medio! A mí me mandaron solitaria del hospital de aquí para una clínica en Medellín. Allá me hicieron esta operación tan grande, ¡por Dios y la Virgen!

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Y me dijo el médico, Licinio Vásquez: –¡Doña Eustiquia, para mañana es tarde esa operación! –¿Y usted cómo vino? –Sola.

¡Y yo fallecida también! Llamaron a Maderas del Darién a don Mejía. Contestó don Mejía: “¡No ponerle formol a la fallecida! ¡No ponerle formol a la fallecida!”. Y a los dos días y medio de estar yo fallecida con ellos, vendada y todo, a las doce de la noche llegó Catalina Licona a rezarme, con sus dos hijos. ¡Y cuando me vio vendada, metida entre esos muertos, y yo muerta, cayó!, me dicen sus hijos... Vivíamos en el Veranillo, me hicieron una noche de novena. Y véame aquí (con pudor, muestra la herida quirúrgica en el abdomen). Tengo de seña, la muerte en mí. En el hospital nunca comí nada, sino el jugo que me llevaba Agito, que vive en la otra calle. Él iba todos los días a las cinco y media a ver cómo había pasado yo la noche y a llevarme algo que tomar... Y lo he mandado a buscar con el negro porque todos los días llegaba ese niño a ver qué noche había pasado y a ver cómo me obligaba a tomar alguna cosita de jugo. ¡Yo le agradezco mucho, y no he podido darle una comida y se la quiero dar! ¡Ay, mi Yolima! ¡Yo le voy a dejar esa tarea a usted! El día que haya una cosa aquí sabrosa, usted va enseguida y le dice: ¡Eustiquia necesita que usted vaya a almorzar allá!7

–¿Quién es su jefe allá? Lo llamó inmediatamente y dio la orden.

El apellido Santana tiene un origen portugués y español y se encuentra en muchos países de América Latina; se asocia comúnmente a la colonización y hace referencia a la santa Ana, madre de la Virgen María. Y, justamente, Eustiquia tiene una vida signada por ese impulso profundamente humano que es la expresión de la fe. Sobrecoge verla en su devoción y compenetración con el mundo espiritual, que siempre acompaña con gestos y mirada al cielo, lo que recuerda el poema inédito de Hermann Hesse, “El dedo levantado”.8 Cuando se le pregunta con quién aprendió el bullerengue, responde:

Me operaron. Me acuerdo de que me puso de lado y me colocó una cosa que me hizo atrás, pra, pra... ¡Hasta ahí! Y duré dos días y media noche metida entre cuatro muertos.

¡Yo aprendí el bullerengue con Jesucristo! Ustedes pueden decirlo: ¡Eustiquia no tiene un bullerengue de ninguna de las bullerengueras

–¿Tiene mamá? –Está viejita. –¿Tiene hijas? –Sí señor. –¿Cuántas? –Seis. –¡Pero yo vine sola porque trabajo en Maderas del Darién!

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de aquí! ...Todos mis bullerengues son sacados (y se lleva las manos al pecho)... mire el que saqué cuando la quema de Turbo...9

La música de hoy es producto de una espiral de evolución que interpela a toda la humanidad, a todos los pueblos, en un tejido de relaciones particulares y propias que pueden leerse desde la atalaya actual. En la tarea de establecer la fisonomía de la música de las comunidades en sus edades doradas reconocemos cómo los pueblos, en los que hunde sus raíces el nombre de Eustiquia Amaranto, vivieron plenamente todas las cualidades que entraña la música, incluido el entramado pagano. Y reconocemos que la urdimbre pagana se rompió cuando el monoteísmo cobró fuerza, cuando los mandamientos sustituyeron a las tradiciones y la autoridad se derivó de la palabra escrita en vez del precepto oral. Cuando las contradicciones y paradojas que la música lleva dentro, su lógica y su pasión, su ciencia y su arte se rompieron, se concentró entonces la mirada en el mundo de lo racional y reflexivo, negando y nublando la presencia y la fuerza de lo oral y lo corporal que se afirmó en África. Si había un ir y venir entre el cielo y la tierra, el monoteísmo convirtió ese cauce en una vía de un solo sentido. En sus nombres y apellidos, Eustiquia, Amaranto, Santana, resuenan lo eterno y lo resistente. Resistir, en su condición de afrocolombiana, a los embates del olvido, del abandono y de la negación a los que se ha sometido a sus antepasados cobrando vitalidad e irradiando sensualidad en sus movimientos que la dejan ver como un rio de fuego que fluye de manera gentil, vigorosa como el tambor a cuyo sonido y llamado no se puede resistir, meciendo sus caderas grácilmente. La Justa, expresión asignada por su padre desde la más tierna infancia, sin que pueda explicarse por qué, condensa siglos de historia, atando con nobleza y sabiduría hilos

divergentes de la trayectoria humana. ¡Su nombre es icónico! Es un símbolo poderoso en el contexto cultural y social de la región, y muy especialmente de Turbo. Es punto de anclaje, referente que orienta espacialmente de manera inequívoca, espacio gastronómico que revela a la Casa Amaranto como ambiente nutricio. En Turbo, el transeúnte y el foráneo desorientados encuentran en su nombre una brújula que los conduce a lugar seguro. Eustiquia lleva el peso de la tradición de Urabá y sostiene la antorcha de lo auténtico, vital, contagioso y raigal. ¡Es un hecho indiscutible! Y, no obstante, su voz ha elevado un clamor ante el usufructo recogido por entidades, personas y comunidades que disfrutan su arte y el de su círculo más íntimo con el que hace unidad, Brisas de Urabá, mientras le niegan el derecho al reconocimiento y a la compensación debida como artista. Reclama también, para vergüenza de la sociedad, que le usurpen sus letras, las lleven a otros escenarios callando el verdadero origen, logrando las recompensas que se le escamotean a ella. Ni edad ni dignidad han sido barrera para la práctica deshonrosa de quienes, así mismo, la han visto cultivar primorosamente agrupaciones o protegidos para luego recoger la flor y marcharse a disfrutar las mieles del lento y cuidadoso trabajo de alumbramiento y nutrición que ella gestó. Tantos nombres, todos tan robustos y resonantes..., tantos, y no logran disgregarla sino conectarla en una diversidad de matices que dan unidad a la expresión artística que salvaguarda y que han movilizado a una serie de reconocimientos más que justos a su labor artística. Y, ¿cómo no hacer una pequeña relación de algunos de los que se le han otorgado, como acto de recordación y llamado a la preservación de un patrimonio vivo, a la vez que amenazado, que nos interpela y convoca a trabajar para garantizarle continuidad?:


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Evento/Institución

Año y premio o reconocimiento otorgado

Festival y Reinado Nacional del Bullerengue

2006 y 2007: Mejor canción inédita y Mejor cantadora 2014: Homenaje a Eustiquia Amaranto 2015: Homenaje a Eustiquia Amaranto, cantadora Brisas de Urabá 2013: Mención de honor por la Voz insigne y viva del bullerengue 2024: Fuera de concurso por su calidad y trayectoria

Antioquia Vive la Música

2007: En reconocimiento a su participación en el Encuentro Departamental de Músicas tradicionales, populares y populares urbanas, El Carmen de Viboral

Cantando por El Litoral

2007: Reconocimiento por su invaluable aporte a la cultura Turbeña

Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia

2010: Reconocimiento por una larga vida de creación artística en el Foro de Cultura Artistas Creadores de Urabá

Ministerio de 2014: A Eustiquia Amaranto, cantadora de bullerengue, maestra Cultura de Colombia de la música tradicional colombiana por su participación en la franja “Colombia Raíz”, y por su histórico trabajo en el desarrollo, conservación y difusión de la música tradicional de nuestro país, Teatro Colón de Bogotá

¿Cuál sería el término para describir el bullerengue de Urabá hoy? Una analogía que, salta a la vista y a la escucha, es quizás la más simple y compleja de interpretar a la vez: es la vida misma de cualquier persona mestiza que habita Urabá, llena de tensiones y oportunidades, que transita un camino de cambios acelerados en medio de la parsimoniosa agenda de instituciones públicas y privadas y que se reaviva cada tanto (casi siempre de manera reactiva), ante coyunturales situaciones políticas, económicas, socioculturales y ambientales. No se puede hablar de una planificación de fondo, ni de estrategias a largo plazo y, mucho menos, de agendas armonizadas alrededor de propósitos comunes que comulguen con el bullerengue, los bullerengueros y la comunidad y, sin embargo, ahí discurre el bullerengue, más vivo que nunca.11 Septiembre | N.° 337 | 2026

Notas 1, 11

“En la segunda mitad del siglo xix, tres grandes hitos marcaron el rumbo del país, principalmente de la costa Atlántica y de Urabá: la abolición de la esclavitud en 1851, la reactivación de la ruta comercial entre Quibdó, Cartagena y Cereté-Lorica y la explotación, con fines de exportación, de ipecacuana, tagua y maderas finas. Estos hechos generaron una ola migratoria que trajo a Urabá colonos caribeños, sinuanos y chocoanos, incluso panameños que, a su vez, trajeron consigo cultura, costumbres y creencias; entre otros, la comida, la música y el baile. De ahí que en Urabá se reconozcan como área de influencia del bullerengue aquellas localidades, tanto rurales como urbanas que fueron pobladas por inmigrantes del Caribe desde mediados del siglo xix hasta la tercera década del siglo xx; en ese período de ochenta años el bullerengue se expandió por los lugares donde fueron asentándose estos inmigrantes: San Juan de Urabá, Arboletes, Necoclí, Acandí, Turbo, Apartadó, Chigorodó y Carepa”. Tomado de (2023). Plan especial de salvaguardia de las prácticas identitarias,


Luis Fernando Peláez. Noche del tiempo. Ensamble (metal , madera y objetos). 100 x 100 x 5 cm. 2021.

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estéticas y características del bullerengue del Urabá antioqueño, Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, Gobernación de Antioquia, pp. 15, 31. Chilapo/a: palabra usada inicialmente con connotaciones negativas, a modo de insulto para aludir a lo burdo, lo rural, al origen semi-indígena. A fines del decenio de 1950, cuando la colonización de la zona aumentó debido a la apertura de la carretera al mar entre Medellín y Turbo, y por la bonanza bananera del Urabá antioqueño, se acentuaron las distinciones étnicas y a los costeños provenientes de la zona del Sinú se les conocía por el nombre de “chilapos”. Debe considerarse aquí el concepto de “familia extendida” para aludir al grupo de personas relacionadas por parentesco, abuelos, tíos, primos y otros parientes consanguíneo o afines, que viven juntos o mantienen una relación cercana, más allá de la familia nuclear tradicional. Este tipo de organización social refleja la diversidad de estructuras familiares en diferentes culturas y sociedades, con lo que se destaca la importancia de las redes de parentesco y apoyo en la vida familiar y comunitaria.

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Eustiquia Amaranto Santana, en entrevista con Luz Marina Monroy Flórez y Yolima Murillo Beltrán, 23 a 27 de mayo de 2025. Poema atribuido a Hermann Hesse en Serrano, M. (2007). El círculo hermético. Hermann Hesse / C. G. Jung: Cartas originales de dos amistades, Kier, disponible en: https://vieltfaltig.wordpress.com/2007/01/08/ el-dedo-levantado-de-hermann-hesse/

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https://drive.google.com/file/d/1kEEXfK0 SoqaFH5C4Foh2K8NNn8UysXwt/view

Luz Marina Monroy Flórez ha sido docente de Historia de la Música en la Facultad de Artes y, desde hace diez años, de Músicas y Contextos en la Licenciatura de Música en Regionalización Urabá. Coordina el Centro de Mediación de Conflictos en el Departamento de Prácticas y Consultorio Jurídico de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia.

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El programa Cratilo en cuanto patrimonio cultural inmaterial Jorge Antonio Mejía Escobar

Lejos de ser un concepto indubitable, el

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concepto de patrimonio cultural inmaterial ha sido, prácticamente desde su aparición, una denominación polémica. Su punto de partida para afirmar la inmaterialidad es la oposición binaria, material–inmaterial, o material–espiritual, en la cual funcionaron como modelos de materialidad obras urbanas, escultóricas o de transformación del paisaje como opuestas a un conjunto de acciones, técnicas, prácticas, ideas etc. que servían como substrato de la vida cotidiana de las poblaciones. La masividad (la índole voluminosa) de las primeras se identificó con su materialidad y la sutileza de las segundas con su inmaterialidad, sin llevar el análisis de los fundamentos de la denominación hasta sus últimas consecuencias. La materialidad se identificó principalmente con la tangibilidad, o la visualidad de un substrato compositivo y la inmaterialidad con la posibilidad de asumir que se componía de sutiles estados mentales. Como se puede apreciar por este intento de descripción, hay dificultades de lenguaje para transmitir, y hasta reflejar, una definición con claridad absoluta que no genere dudas colaterales, y eso fue lo que históricamente sucedió, porque ya desde la ontología expuesta en las obras de Aristóteles, la oposición complementaria entre hyle, originalmente madera, y luego, en un estilo abstracto de pensamiento, característico de la tradición filosófica, materia, en general y morphé, forma, dio pie en las conversacio-

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nes a una interpretación de dicha oposición como polaridad radical. De una forma conclusiva, tomando partido en su exposición teórica, Aristóteles afirmó que hasta las realidades sensorialmente más sutiles, como podrían ser la aritmética, el habla y los pensamientos, tenían algún tipo de substrato y por tanto, según el caso, materia, que él cualificó con adjetivos como materia contable, materia del habla (un lingüista moderno diría “los fonemas”), materia inteligible. Esto implica que Aristóteles sacó al hilemorfismo de la radicalidad del pensamiento bipolar. No obstante, a pesar del tiempo y de las conversaciones transcurridas en ese largo lapso que se extiende desde Aristóteles hasta nuestros días, la declaración por parte de la UNESCO de que existe un “patrimonio cultural inmaterial” volvió, tácita o silenciosamente, a sugerir que hay una parte del patrimonio de la humanidad que carece de materialidad, es rigurosamente espiritual y consiste en actitudes, formas de comportamiento, prácticas, valoraciones, leyendas ejemplares, relatos, técnicas, creencias y suposiciones, etc. Más allá de las discusiones filosóficas o académicas, estos asuntos son considerados como cultura espiritual, lo cual no necesariamente implicaría que carezcan de algún sustrato y por tanto de algún grado de materialidad. La discusión implicada por el uso del adjetivo “inmaterial” vuelve a plantear como problema la posibilidad de asumir la existencia


Luis Fernando Peláez. Del tiempo que pasa. Objeto intervenido (madera, acrilico y objetos). 47 x 32 x 15 cm. 2024.

mundana de algo que carezca por completo de un sustrato sensible. Gran parte del llamado “patrimonio inmaterial” se refiere a las conductas y ellas se suelen aprender por repetición de acciones, por imitación de las de congéneres mayores o aun de congéneres pares. Esas conductas, estabilizadas en una población determinada, suelen ser identificadas entonces como patrimonios inmateriales: el Carnaval de Barranquilla, la meditación budista, la gastronomía mediterránea, las leyendas del río Magdalena, unas pautas de vestir, etc. Sin embargo, es posible identificar condicionantes sensibles que les sirven de soporte y las arraigan en nuevos usuarios y, por tanto, siguiendo la solución aristotélica del posible dilema de pensamiento, no existe un componente de lo real que carezca por completo de hyle o de materia prima. Esa polémica nos lleva así a una materia sutil y casi imperceptible que consta en las improntas que la repetición de acciones o las ventanas de imitación

de algunos organismos animales permiten escribir en los cerebros: las huellas mnémicas, como las nombra la jerga técnica de las neurociencias.

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De este modo, la nomenclatura subyacente al pronunciamiento de la UNESCO debería tomarse no como una expresión metafísica que proviene de reflexiones filosóficocientíficas sino como una forma metafórica cuasi—arquitectónica, pues el patrimonio material se concreta principalmente en edificaciones, obras civiles monumentales, obras de urbanismo, de adecuación de tierras y producciones semejantes. En estos ejemplos la materialidad es evidente, y la interacción con los órganos de los sentidos no permite dudas, lo que no sucede tan claramente con la inmaterialidad del otro patrimonio. Estas reflexiones que han iniciado esta breve participación escrita sirven de ocasión 2026 | N.° 337 | Septiembre


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para proyectar la idea de “patrimonio inmaterial” sobre un tipo de producciones que empezó a aparecer más regularmente en el paisaje humano desde mediados del siglo xix: los programas computacionales. Ellos se han vuelto masivos y abundantes desde la segunda mitad del siglo xx, cuando las máquinas de cómputo se convirtieron en artefactos electrodomésticos y se desarrolló sistemáticamente una forma de lenguaje que permitiera “hablar con las máquinas”. Hoy en día esas máquinas regulan silenciosamente muchos procesos de la vida diaria y las comunicaciones globales y así nos aparecen como si tuvieran vida propia. En otro momento de la historia se hubiera dicho que parecen animadas o que tienen alma. Esa “animación” corresponde a que permanentemente están actuando con una actividad que para los sentidos aparece como espontánea o automática, y esta última caracterización nos lleva a muy antiguas descripciones de qué es la vida en cuanto automovimiento, movimiento espontáneo, o del control, como la descripción que aparece en el tratado aristotélico Del alma, o la del diálogo platónico Fedón, bajo la imagen del timonel o el piloto de la nave. Con la misma curiosidad que han producido las ideas clasificadoras de patrimonio material y patrimonio inmaterial, a propósito del correspondiente pronunciamiento de la UNESCO, vale la pena bucear en este punto sobre lo que ahora nombramos como programas computacionales que se suelen llamar en inglés software y se complementan con la denominación de hardware para los fierros de la máquina o para su materialidad cruda. Es decir, la imagen griega antigua de la pareja madera y forma, convertida en los usos lingüísticos del aristotelismo o en el estilo abstracto de la filosofía, en materia y forma, tiene un contenido pictórico semejante en la len-

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gua inglesa, natal de las máquinas de cómputo, a través de la clasificación basada en las imágenes metafóricas de lo duro (hard) y lo blando (soft) de la composición de esas máquinas que se comportan como si tuvieran vida propia: automovimiento o espontaneidad. Y, complementariamente en la lengua francesa, con la transposición de la imagen de lo blando por medio del término “logiciel”, proveniente de logos o logique, lógica, introducido “por la administración (el gobierno) para reemplazar el original anglófono software”, como dice ya el diccionario Larousse de la lengua francesa en su edición de 1979 y que, como neologismo, resulta muy difícil de traducir al español a no ser que introduzcamos otro neologismo. Desafiada la IA con la pregunta sobre cómo traducir el término “logiciel” al español, responde con el cuño inglés castellanizado: software, sin adentrarse en la metáfora que vive en la raíz. En los últimos años, y a propósito de lo que sucede en la red mundial con los programas de mensajería y su vecindario, se ha propagado la voz “algoritmo” llegada a través del latín pero probablemente procedente de la lengua árabe, y que se refiere a conjuntos o paquetes de instrucciones, como causa del cuasi-espontáneo movimiento de las máquinas que modulan y orientan las redes sociales y otros programas que se han vuelto tan connaturales a la vida cotidiana como la comunicación hablada o el vestido. Hoy se dice que detrás de la actividad de programas como Facebook o el sistema operacional de los teléfonos inteligentes o los ordenadores de escritorio, está una capacidad de tomar decisiones que radica en “el algoritmo” como su origen, pero no se aclara que ese origen no es un punto cero o un “alma” aristotélica o platónica sino las instrucciones que unos humanos producen como secuencias de comandos.


Luis Fernando Peláez. Del tiempo que pasa. Objeto intervenido. Dimensiones variables. 2024.

Y, llegados a este punto, nos encontramos con la propuesta que generó estas reflexiones, escribir sobre el programa computacional Cratilo y sus posibles repercusiones en cuanto patrimonio cultural inmaterial. Este programa, marcado con ese nombre propio, permite crear y consultar muy precisamente acervos de información que han sido elaborados o transcritos en lenguas naturales. Ejemplos de esos acervos pueden ser las novelas escritas en Colombia durante el siglo xx, o las coplas de los festivales de la trova en la región antioqueña, o los escritos de autoras en la prensa colombiana del siglo xix, etc. En este caso, Cratilo aparece en primer lugar como un dispositivo blando que ha permitido transferir a una máquina la capacidad de realizar complejos procesos necesarios para la comprensión y la interpretación. En cuanto tal, Cratilo está por fuera de lo que la declaración de la UNESCO nombra, puesto que trasciende lo que corresponde a una cultura particular o

a un país o una región, pero los incluye potencialmente a todos. De ese modo corresponde a la expansión heterodoxa que he tratado de hacer de la definición de dicha agencia a los programas computacionales. Es acción inteligente expandida al dominio mecánico mediante secuencias de instrucciones que posibilitan la realización de tareas; su inmaterialidad se concentra en que son blandos o soft y su núcleo es una lógica de procedimiento (logiciel). La proliferación de programas ha enriquecido globalmente la cultura inmaterial de los pueblos. Esta descripción no se ajusta a la letra a la de patrimonio cultural inmaterial de 2003:

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El patrimonio cultural inmaterial incluye las prácticas, conocimientos y expresiones que las comunidades reconocen como parte de su identidad cultural, junto con los objetos y espacios asociados. Transmitido de generación en generación, este patrimonio se adapta con el tiempo, reforzando la identidad y el respeto por la diversidad cultural. 2026 | N.° 337 | Septiembre


Pero sí a la de “objeto de mundo tres” de la ontología de los tres mundos de Karl Popper, que podría cobijar en gran medida a la primera, si se excluye una identidad cultural en sentido local restringido. Aquí cuenta de manera muy importante una idea semejante a la de la UNESCO y que va en una misma dirección, como es “software de dominio público”, en cuanto los programas computacionales han permitido el crecimiento cultural de la humanidad, porque la cultura no tiene que ver solamente con las tradiciones antiguas sino con las tradiciones recientes. Linux, el sistema operacional de código abierto, es un ejemplo muy adecuado de ello, y Wikipedia, como proyecto colaborativo enciclopédico, también lo es.

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Ahora bien, Cratilo tiene un segundo aspecto que está relacionado con su ámbito de aplicación o el insumo sobre el cual se aplica, los diversos “corpus lingüísticos”, que en muchos casos no existen efectivamente, pero sí potencialmente. Cratilo es un llamado a generar la efectividad de esos corpus en cuanto acervos de datos, mediante el acopio específico de ellos y su homogenización formal requerida para hacerlos procesables mecánicamente. Esta intervención puede aquí tomarse como una incentivación para hacerlo, puesto que aún no hemos dado ese paso como colectividad. Colombia carece de un acervo totalizante de ese tipo mientras que en otros lugares ya existen productos tales que multiplican la capacidad de autoconocimiento en otras culturas de naciones. El ejemplo virtuoso es el BNC (British National Corpus), que busca facilitar el conocimiento de la cultura británica al darle contenido a la posibilidad de indagar sobre ella tomando como positivización discursiva el conjunto de producciones lingüísticas presentes en la literatura,

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la prensa escrita, la radiodifusión, la televisión, las revistas, etc. Así, los programas computacionales de clasificación y procesamiento masivos permiten realizar trabajos de autoexamen que no puede hacer la memoria individual debido a la limitación de su capacidad de pensamiento. Como la generación de imágenes satelitales, gracias al panorama facilitado por la gran distancia, un corpus lingüístico global permite detallar en perspectiva amplia lo que con la memoria individual y la perspectiva cercana conocemos de una manera muy diferente y limitada por su corto alcance. Para contextualizar más esta reflexión, conviene saber que Cratilo es el nombre de un programa computacional para hacer concordancias universales de textos, desarrollado en la Universidad de Antioquia, que surgió a finales de los años 80 gracias a la colaboración entre el Instituto de Filosofía y la Facultad de Ingeniería. Luego de esa colaboración inicial se desarrollaron nuevas versiones, ya como un proyecto de investigación radicado en el Instituto de Filosofía y con financiación de la Vicerrectoría de Investigación. El programa sirvió para hacer análisis de corpus filosóficos, literarios, traductivos, periodísticos, lingüísticos y semejantes, tanto fuera como dentro de la Universidad de Antioquia. Su última versión se liberó para el ambiente operacional del Windows Vista. Todavía se puede usar en ordenadores dotados de ese sistema operacional.

Jorge Antonio Mejía Escobar. Profesor del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia.


Tango: Patrimonio Cultural Inmaterial vivo en Medellín Johanna Palacios Ruiz

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Luis Fernando Peláez. Ciudad. Ensamble (objeto y papeles). 35 x 70 x 7 cm. 1989.

Cuando pensamos en patrimonio cultural,

lo más recurrente es asociarlo a edificios antiguos, monumentos, obras de arte u otros objetos conservados en los museos. Sin embargo, una parte importante del patrimonio no puede guardarse en una vitrina porque es imposible contenerlo en un espacio determinado. El patrimonio cultural existe mientras alguien lo vive, investiga, enseña, recrea, interpreta y comparte con otros. A eso nos referimos cuando hablamos de Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI).

ral Inmaterial está integrado por “los usos, prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas”, así como por los instrumentos, objetos y espacios que les son inherentes, siempre que las comunidades, los grupos o, en algunos casos, los individuos, los reconozcan como parte de su patrimonio cultural. En el mismo artículo, la norma añade algo fundamental: el patrimonio cultural inmaterial también incluye a “las personas que son creadoras o portadoras de las manifestaciones que lo integran”.

El Decreto 2358 de 2019, expedido por el entonces Ministerio de Cultura, establece en su artículo 2.5.1.2 que el Patrimonio Cultu-

Esta definición propone una manera de aproximarnos al patrimonio. No basta con identificar una práctica antigua o reunir 2026 | N.° 337 | Septiembre


objetos relacionados con ella. Es necesario preguntarse quiénes la mantienen viva, cómo se aprende, dónde ocurre y por qué quienes participan en ella la consideran parte de sus referentes culturales.

El tango en Medellín, una práctica viva

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Durante décadas, la relación entre Medellín y el tango ha sido explicada; con frecuencia, a partir de la muerte de Carlos Gardel, ocurrida en nuestra ciudad en 1935. Y aunque este hecho forma parte de la memoria histórica de nuestro territorio y ayuda a explicar la importancia simbólica del tango, es también pertinente plantear que no podría reducirse dicha relación a un episodio histórico o a una figura reconocida, porque esto deja por fuera buena parte de lo que ha ocurrido desde entonces. El tango ha permanecido en Medellín gracias a que muchas personas lo han incorporado a sus vidas de muy distintas maneras. Hay quienes se apasionaron por escuchar determinados intérpretes y conservan discos, grabaciones y un acervo de conocimientos sobre orquestas y cantantes. Hay músicos que estudian y ejecutan repertorios tangueros. Existen cantantes que día a día trabajan la interpretación de sus letras, bailarines profesionales y aficionados, maestros que difunden esta manifestación cultural, gestores que organizan eventos, investigadores que reconstruyen su historia, propietarios y trabajadores de establecimientos que han fidelizado distintos públicos y una gran cantidad de personas que, sin ser artistas, han acompañado esta práctica durante años como oyentes, asistentes o participantes habituales de espacios tangueros. Así se evidencia que el tango no responde a una única práctica.

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El proceso de investigación realizado para sustentar la postulación de los saberes, prácticas y expresiones del tango en Medellín a la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial del Distrito (LRPCID) partió precisamente de esta diversidad. La investigación identificó artistas, gestores, investigadores, organizaciones y públicos como parte de la comunidad vinculada a la manifestación y combinó observación de campo, entrevistas, grupos focales y revisión documental para comprender las prácticas y los espacios relacionados con el tango. Esto permite desplazar una idea bastante extendida: el patrimonio no pertenece exclusivamente a las instituciones que lo declaran ni a los expertos que lo estudian, sino más bien a una comunidad, colectividad o grupo social que considera una manifestación como parte de sus referentes culturales e identitarios. La pregunta, entonces, no es solamente qué es patrimonio, sino también de quién lo es. En el caso del tango, esa pregunta conduce a una comunidad amplia y diversa. Un cantor puede reconocer como parte de su oficio no solo el dominio técnico de la voz, sino la comprensión de las historias y sentidos presentes en las letras. Para los músicos, interpretar tango implica tener conocimientos especializados sobre repertorios, estilos y formas de comunicación con el público. Los bailarines, por su parte, transmiten conocimientos corporales y formas de interpretar la música tanto en espacios de formación como en la práctica social. Algunos de estos actores, además, enseñan, organizan eventos, participan en compañías u orquestas o desarrollan procesos de creación. También están las prácticas de escucha. Escuchar tango no es una actividad secundaria:


en determinados espacios de Medellín se han formado durante décadas comunidades de oyentes capaces de reconocer voces, orquestas, versiones y repertorios. Allí circulan historias sobre intérpretes, grabaciones y canciones; se discute, se recomienda música y se comparten conocimientos que difícilmente aparecen en una partitura o en un libro. En otros lugares, el tango se encuentra con la conversación, la gastronomía, la celebración o la vida nocturna. Hay espacios que funcionan como puntos de reunión y lugares donde determinadas prácticas se han mantenido durante años. Allí también se produce el vínculo con el PCI, en los espacios culturales donde las manifestaciones se realizan señalando la importancia de identificar los lugares asociados a estas prácticas y a las acciones de transmisión y sostenibilidad. Lo relevante es la relación que las personas han construido con esos lugares. Un espacio puede adquirir un valor especial porque allí se aprendió, se escuchó, se discutió, se presentó o se compartió una práctica durante años. En ese sentido, el lugar y la práctica no pueden separarse completamente. La transmisión es otro elemento central, el PCI no se conserva como se hace con un edificio. Una canción puede estar grabada, pero si nadie la interpreta, la escucha o la incorpora nuevamente a una experiencia cultural, su permanencia dependerá únicamente del soporte donde fue almacenada. Un paso de baile puede estar documentado en video, pero aprenderlo supone también compartir tiempo con otras personas, observar, repetir, corregir y desarrollar una sensibilidad particular. Del mismo modo, conocer un repertorio, interpretar una can-

ción o aprender a reconocer los diferentes estilos de una orquesta requiere procesos de aprendizaje y contacto con quienes poseen esos conocimientos. Por eso, se plantea que las comunidades vinculadas a una manifestación deben procurar que esta continúe cumpliendo su función social mediante su recreación y acciones de salvaguardia, entre las que se encuentran la identificación, documentación, investigación, preservación, promoción, transmisión y revitalización. Hay una palabra importante en esa formulación: recreación, lo que implicano repetir exactamente lo que hicieron las generaciones anteriores. Las manifestaciones culturales cambian porque las personas que participan en ellas también cambian, llegan nuevos intérpretes, aparecen otros públicos, se abren o desaparecen espacios y surgen nuevas formas de aprender y circular conocimientos.

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La investigación sobre el tango en Medellín permite observar estas transformaciones. En el baile, por ejemplo, los participantes reconocen distintos momentos en los procesos de formación: una etapa marcada por el aprendizaje empírico y la transmisión directa entre maestros y aprendices y otra relacionada con el acceso a materiales audiovisuales, tecnologías digitales, intercambios internacionales y procesos pedagógicos más sistemáticos. Los bailarines consultados señalan que, en ese recorrido, Medellín desarrolló maneras particulares de interpretar el tango y no se limitó a reproducir modelos externos. Pero esa transformación no ocurre solamente en el baile. También puede observarse en las maneras de producir y escuchar música, las formas de organizar encuentros, los procesos de formación, la circulación de artistas 2026 | N.° 337 | Septiembre


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Luis Fernando Peláez. Lluvia. Ensamble (metal, resina y agujas). 50 x 50 x 21 cm. 1996. Foto: Carlos Tobón.

y repertorios y los espacios donde diferentes generaciones se relacionan con el tango. Este aspecto permite comprender una característica central del Patrimonio Cultural Inmaterial: su vigencia no depende de que permanezca intacto. Una práctica puede cambiar y seguir siendo reconocible para quienes la viven. De hecho, una de las condiciones para valorar una manifestación es su vigencia; es decir, que represente “una tradición o expresión cultural viva” (Decreto 2358 de 2019, art. 2.5.2.5), también que sea socialmente valorada y apropiada por la comunidad que la reconoce como parte de su identidad, memoria e historia. Esta perspectiva resulta especialmente útil en una ciudad como Medellín, donde las expresiones culturales no permanecen aisSeptiembre | N.° 337 | 2026

ladas de las transformaciones urbanas. Las comunidades cambian, los barrios se transforman y las formas de relacionarse con la música, el baile, la celebración y la cultura también se modifican. Pensar el PCI exige, por tanto, prestar atención no solo a aquello que viene del pasado, sino a las condiciones que permiten que una práctica tenga sentido en el presente. En el caso del tango, esto implica reconocer que su historia en Medellín no está contenida únicamente en los relatos sobre Gardel, ni en las fotografías de una época, ni en un único festival o escenario. Por eso, una de las preguntas más interesantes que propone el PCI es: ¿qué necesita una práctica cultural para mantenerse? En ocasiones, lo que una manifestación necesita es que quienes la practican puedan


seguir reuniéndose, que existan oportunidades para transmitir los conocimientos, que las nuevas generaciones tengan acceso a ellos, que los espacios donde ocurre la práctica no desaparezcan sin que se comprenda lo que representan para sus comunidades y que las decisiones sobre su futuro no se tomen ignorando a quienes han sostenido esa tradición. El Patrimonio Cultural Inmaterial no es una colección de cosas que una ciudad decide conservar porque son antiguas. Es una relación que se teje entre una comunidad y aquello que esta reconoce como propio. Por eso puede cambiar, desplazarse, discutirse y recrearse e, incluso, desaparecer. No necesariamente porque se pierda el último objeto relacionado con una tradición, sino porque dejan de existir las condiciones para practicarla y transmitirla. Cuando ya no hay quién enseñe, escuche, convoque, cante, baile, investigue, abra un espacio o considere que aquello forma parte de su vida, la manifestación comienza a perder la validez social que la sostiene. Comprender el patrimonio desde esta perspectiva obliga a mirar más allá de los monumentos. Obliga a reconocer que una ciudad también está hecha de conocimientos, repertorios, maneras de encontrarse y prácticas que sus habitantes han construido con el tiempo. El tango en Medellín es uno de los casos que permite abrir esa conversación. No porque exista una única manera de vivirlo sino, precisamente, por lo contrario: porque a su alrededor se han reunido, durante generaciones, personas con oficios, intereses y experiencias diferentes. Allí donde esas personas siguen encontrándose, aprendien-

do, interpretando, escuchando y recreando sus prácticas, el patrimonio continúa siendo algo que no cabe en una vitrina. El proceso de postulación del tango a la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial del Distrito (LRPCID) constituye un primer paso en este camino. Más que cerrar una discusión, la postulación permitió ampliarla y reafirmó que comprender el tango en la ciudad implica escuchar a quienes lo han vivido, aprendido, enseñado, practicado y sostenido a lo largo del tiempo. Ahora el camino se aproxima a un segundo paso: la formulación del Plan Especial de Salvaguardia (PES), lo que permitirá ampliar y profundizar la investigación junto con las comunidades vinculadas al tango, reconociendo sus experiencias, conocimientos, preocupaciones y propuestas como elementos fundamentales para identificar los retos que enfrenta la manifestación y las acciones necesarias para garantizar su continuidad.

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La postulación es, entonces, un punto de partida, el PES representa una oportunidad para seguir construyendo de manera conjunta, a muchas voces, una mirada sobre el presente y el futuro del tango en Medellín, para fortalecer así los procesos de transmisión, participación y sostenibilidad que hacen posible que esta manifestación continúe viva. Porque salvaguardar el patrimonio no significa conservarlo inmóvil, sino generar las condiciones para que quienes lo practican puedan dotarlo cada vez más de nuevos sentidos. Johanna Palacios Ruiz es docente de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia.

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El lugar donde todo pasa por los sentidos Manuela Parra Sierra

Hay lugares que se visitan y hay lugares

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que, con el tiempo, también terminan habitándonos. Un jardín botánico puede ser uno de ellos, como una invitación sensorial que descubrimos mientras caminamos entre árboles; escuchamos el sonido de las aves, cuando danzan entre las ramas o visitan una flor; reconocemos el aroma de la hierba mojada o de los botones florales a punto de abrir esperando a ser visitados; tocamos una textura del tallo de un árbol o descubrimos una especie que habíamos visto muchas veces sin detenernos a observarla. Entonces algo cambia: el paisaje deja de ser solo aquello que está frente a nosotros y empieza a formar parte de nuestra propia historia. El patrimonio inmaterial suele asociarse con aquello que una comunidad reconoce, practica y transmite: conocimientos, celebraciones, oficios, relatos, maneras de nombrar el mundo. El jardín botánico no solo cobra valor cuando reconocemos las especies que lo habitan, las colecciones y sus estructuras, sino también los saberes, los recuerdos, las prácticas y las formas de relacionarnos con la naturaleza. Desde esta perspectiva podríamos hablar del Jardín Botánico de Medellín como un patrimonio inmaterial. Y cómo no pensarlo desde ahí, si los miércoles, en su caminata matutina, doña Gloria suele pasar por el Laboratorio de Agricultura Urbana para acariciar el rome-

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ro, que recomienda tener en la casa porque es bueno para la memoria. Quienes vistan el Jardín saben que un árbol puede ser mucho más que un organismo vegetal, puede convertirse en punto de encuentro, referencia espacial y testigo de una transformación. Eso dicen aquellos que posan junto a “ceiba, el árbol abuelo”, lo abrazan y, además de admirarse por su tamaño, reconocen que cien años es poca vida para una especie que puede vivir cinco centenares más. ¿Cuántos abrazos y cuántas fotos podría contar esta ceiba? Porque la naturaleza está llena de memoria. Una planta puede llevar consigo conocimientos sobre alimentación, medicina, agricultura o ritualidad. Una semilla puede contener una historia de intercambio entre territorios y generaciones. Incluso, una experiencia tan sencilla como aprender a distinguir el canto de un ave puede transformar la manera en que una persona habita su ciudad. En su libro Cuadros de la naturaleza, Joaquín Antonio Uribe invita a conocer la biblioteca de las florestas, un edificio espléndido, abierto a todas horas, con un número infinito de misteriosos volúmenes, de libros intactos, de follajes seductores, de hojas sueltas...: “ cada árbol, todo arbusto, la mata, la hierba, es una obra y las hay de todas las lenguas y relativas ciencias, letras y artes”... Esto representaban para Joaquín Antonio los lugares donde la naturaleza es


maestra, de la que se aprende solo con mirarla cuidadosamente. Vivimos en ciudades donde muchas veces la naturaleza aparece fragmentada: un árbol en medio de una calle, una jardinera, una montaña que se alcanza a ver entre los edificios, un pequeño jardín. La vida urbana puede hacernos olvidar que dependemos de una compleja red de relaciones con otros seres vivos. Sin embargo, basta detenernos un momento para descubrir que la naturaleza sigue hablándonos. Lo hace a través de los ciclos de las plantas, de la diversidad de formas y estrategias de vida, de los cambios del clima, de los insectos que polinizan, de las hojas que caen y se convierten nuevamente en suelo. ¿Se ha detenido a pensar en ese árbol que está en su barrio?, ¿en esa flor de la jardinera de su vecino o esa planta que cuida en su balcón?, ¿cómo se han transformado mientras pasa la vida? Quizás una de las tareas más interesantes de un jardín botánico sea propiciar ese encuentro, ese pensamiento, ese detenimiento... Hemos creído que el propósito exclusivo de este lugar es enseñarnos una lista de especies, pero también es invitarnos a formular preguntas: ¿qué puede enseñarnos una planta que ha desarrollado estrategias para sobrevivir en condiciones extremas? ¿Qué podemos aprender de un bosque, donde cada organismo depende de otros para existir? ¿Qué nos dice una semilla sobre el tiempo? ¿Qué significa que una especie desaparezca de un territorio? ¿Cuántos conocimientos sobre las plantas se han perdido porque dejamos de escucharlos? Estas preguntas desplazan nuestra relación con la naturaleza. Ya no la vemos

únicamente como un recurso que debemos aprovechar o como un paisaje que debemos conservar. Empezamos a reconocerla como una presencia con la que establecemos relaciones de aprendizaje, cuidado y reciprocidad y aparece allí una dimensión fundamental del patrimonio inmaterial: la transmisión. Los conocimientos sobre la naturaleza no permanecen vivos simplemente porque estén escritos en un libro o registrados en una colección. Permanecen vivos cuando alguien los comparte con otra persona y cuando ese conocimiento encuentra un nuevo significado en el presente. Una conversación entre generaciones puede ser una forma de conservación. Una caminata puede convertirse en una experiencia de transmisión cultural. Nombrar una planta puede ser una manera de mantener viva una memoria.

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Por eso, un jardín botánico puede entenderse también como un espacio donde diferentes formas de conocimiento se encuentran. El conocimiento científico dialoga con la experiencia cotidiana, la memoria de las comunidades se encuentra con la investigación, las historias familiares pueden conversar con la botánica, la observación sensible puede complementar aquello que aprendemos a través de los datos. Hay cosas que una planta puede enseñarnos sin necesidad de palabras. Un ejemplo son las orquídeas. Nos enseñan sobre la paciencia, cuando observamos su lento crecimiento; sobre la adaptación, cuando encontramos que son capaces de desarrollarse en condiciones inesperadas; sobre la interdependencia, cuando comprendemos que estas plantas

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Luis Fernando Peláez. Del tiempo que pasa. Ensamble (madera y objetos). 60 x 35 x 15 cm. 2024


no existen aisladas, sino en relación con microorganismos, hongos, animales, agua, nutrientes y clima; y, también pueden enseñarnos sobre nuestra propia fragilidad, pues dependemos de sistemas naturales que muchas veces solo advertimos cuando comienzan a deteriorarse, cuando la muerte de algo o alguien nos traviesa. Quizás por eso reconocer el patrimonio natural implica también reconocer nuestras maneras de relacionarnos con él.

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Medellín es una ciudad de 350 años, atravesada por montañas, quebradas y una enorme diversidad biológica, y esto la hace una ciudad muy especial, pues la naturaleza no está lejos, aunque no siempre sepamos verla. Está en los árboles que acompañan nuestras calles, en los jardines, en las aves que sobrevuelan los edificios, en las plantas que crecen en los patios y terrazas, en los conocimientos que circulan todavía entre quienes cultivan, recolectan, cocinan o utilizan determinadas especies. El desafío está en recuperar la capacidad de asombro, no dejar de admirar guayacanes, samanes, palmas reales, yarumos, laureles, acacias, falsos laureles e ilang ilang, árboles patrimoniales que son testigos silenciosos de una ciudad que crece con ellos. Tal vez necesitamos volver a preguntarnos qué historias guarda un árbol, quién sabe reconocer una planta por su aroma, qué recuerdos despierta una flor o qué conocimientos sobre el territorio permanecen en la memoria de quienes lo han habitado durante décadas. Cuando hacemos estas preguntas, el jardín botánico deja de ser solamente un lugar que conserva plantas, se convierte en un espacio para conservar relaciones: entre las personas y los árbo-

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les, entre la memoria y el territorio, entre la ciencia y los saberes cotidianos, entre las generaciones presentes y aquellas que vendrán. Un patrimonio vivo necesita, ante todo, ser vivido. Por eso, caminar por un jardín puede ser también un ejercicio de memoria, detenerse frente a una planta puede convertirse en una conversación, reconocer un aroma puede llevarnos a otro tiempo, aprender el nombre de un árbol puede cambiar nuestra relación con el lugar donde vivimos. La naturaleza tiene mucho que enseñarnos, pero quizá la primera lección sea sencilla: para aprender de ella necesitamos volver a mirarla, y cuando aprendemos a mirar, descubrimos que el paisaje que creíamos conocer está lleno de historias que todavía esperan ser escuchadas. Para concluir, ¿recuerda la última vez que visitó el Jardín Botánico de Medellín? En esa ocasión, ¿preguntó por el nombre de alguna planta qué le llamó la atención?, ¿recuerda la sensación que le dejó esa visita? Quizá ahí se encuentre una de las formas más profundas de entender el patrimonio inmaterial: aquello que no podemos guardar en una vitrina porque vive en las personas, en sus palabras, en sus prácticas y en sus maneras de mirar.

Manuela Parra Sierra es la Coordinadora de Escenarios de Aprendizaje del Jardín Botánico de Medellín.


La memoria sonora de un país megadiverso: la Colección Mauricio Álvarez Rebolledo como patrimonio inmaterial Daniel Jara-Hurtado, Daniela Martínez Medina, Eliana Barona Cortés y María Paula Toro

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a biodiversidad de un territorio no solo se manifiesta a través de sus formas, colores o dinámicas ecológicas, también se expresa mediante una sinfonía perpetua. En un país megadiverso como este, capturar, clasificar y preservar esta orquesta natural es una tarea de vital importancia científica y, justamente, ese es el corazón de la Colección de Sonidos Ambientales Mauricio Álvarez Rebolledo del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (IAvH-CSA). Para finales del 2025, la colección superó los 30.500 registros de audio, consolidándose como el repositorio de sonidos más grande del país y el segundo de Latinoamérica. Sin embargo, su misión trasciende la acumulación de datos o su gestión técnica. Con el paso de los años, la colección ha evolucionado hasta convertirse en un instrumento para la divulgación, conservación y salvaguarda de lo que hoy se entiende como el patrimonio sonoro de la biodiversidad de la nación. La historia de la IAvH-CSA (acrónimo que usamos para denominar a la colección y sus especímenes de audio) es inseparable de la trayectoria y visión de la figura que hoy le da su nombre, el biólogo Mauricio Álvarez Rebolledo, ornitólogo bogotano que transformó su curiosidad por la acústica de las aves en un legado institucional que trasciende hasta hoy. La recolección de los audios

que terminan fundando la colección datan de la década de 1980, cuando los estudios en bioacústica eran todavía incipientes; para ello, Mauricio realizó sus primeras grabaciones en el Parque Nacional Serranía de la Macarena, operando con equipos analógicos que funcionaban con cintas magnéticas de casete y micrófonos unidireccionales. Esta labor exigía internarse en el bosque antes del amanecer para capturar el instante en que los primeros rayos de luz detonaban el coro de la fauna para, después, en el laboratorio, invertir cantidades considerables de tiempo para lograr aislar e identificar cada especie.

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Unos años después, en la década de 1990, Mauricio se integró al naciente Instituto Humboldt donde propuso la integración formal de la toma de registros acústicos dentro del inventario de biodiversidad nacional, comprendiendo desde muy temprano las potencialidades del sonido como herramienta para lograr análisis rápidos y precisos. Estos esfuerzos dieron sus frutos alrededor de 1998, cuando se fundó el Banco de Sonidos Animales en la sede del Claustro de San Agustín, en Villa de Leyva. Este hito permitió establecer una alianza estratégica y de colaboración técnica con el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, que se mantiene hasta hoy. Tras el fallecimiento de Mauricio, en el año 2021, el Instituto rinde tributo a su trabajo 2026 | N.° 337 | Septiembre


Luis Fernando Peláez. Bajo la luna. Ensamble (madera, resina y objetos). 50 x 50 x 12 cm. 2010

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nombrando la colección en su honor y elevando su estatus al de “Colección biológica”, lo cual fue determinante para consolidar su misionalidad, pero también para demandar una rigurosa modernización. Como parte de este proceso, los formatos analógicos de cinta magnética y carrete abierto fueron digitalizados con sumo cuidado y detalle, garantizando su perdurabilidad y facilitando su migración a plataformas como el Sistema de Información sobre la Biodiversidad de Colombia (SiB). Hoy en día, el archivo opera como un repositorio acústico que alberga representaciones sonoras de aproximadamente 551 localidades distribuidas en prácticamente todos los departamentos del país, cubriendo los ecosistemas más representativos de los Andes, el Caribe, la Orinoquía, la Amazonía y el Pacífico colombiano. La riqueza de nuestro archivo no sólo radica en la cantidad de registros, sino también en su representatividad taxonómica. La avifauna, por ejemplo, es el grupo mejor representado, pues dentro de nuestros registros, abarca hasta un 75 % de los registros disponibles. Por otro lado, aunque los mamíferos no alcanzan esa misma representatividad, la colección po-

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see grabaciones de las firmas acústicas de murciélagos, los cuales son fundamentales para entender las dinámicas de nuestros ecosistemas. En esa misma línea, dentro de la colección los anfibios y reptiles cuentan con una representación sensiblemente superior a la de los mamíferos y aportan información muy valiosa sobre la biodiversidad colombiana, pues custodiamos cantos de ranas de cristal, ranas de lluvia y ranas rojas (Andinobates daleswnsoni), que sirven para apoyar la toma de decisiones en la implementación de estrategias de conservación. Todo esto se complementa con grabaciones de insectos y de paisajes sonoros que logran capturar la totalidad de un ecosistema en un momento dado; un ejemplo histórico son los paisajes registrados por Mauricio Álvarez en la Serranía del Chiribiquete antes de los actuales ciclos de deforestación. Adicionalmente, como novedad, la IAvH-CSA ha colaborado para la toma de registros acústicos de peces y ecosistemas dulceacuícolas, lo que nos ha permitido resguardar grabaciones de señales acústicas de peces como el comelón y el bocachico, por mencionar algunos.


Más allá de lo biológico, la colección ha sido custodia de un patrimonio cultural inmaterial, alineándose con los llamados de la UNESCO sobre la urgencia de proteger los ecosistemas sonoros. Entendemos el sonido ambiental como un bien intangible que moldea la identidad social y cultural de las comunidades. Así como se preservan las ruinas arqueológicas o las tradiciones orales, el rumor de las hojas en un bosque, el canto de las ranas bajo la lluvia del Chocó o la vocalización de las guacamayas en la Amazonía construyen el arraigo y el mapa identitario del territorio. En ese sentido, al resguardar estos sonidos, la misión de la IAvH-CSA se expande, actuando como un seguro contra el olvido, documentando la memoria de un país megadiverso para que los ecosistemas y su historia conserven una voz que sobreviva al paso del tiempo. En sintonía con estas misionalidades, vale la pena mencionar cómo la colección ha tendido puentes entre la ciencia y la sensibilización ciudadana, apoyando, por ejemplo, la producción de arte sonoro y brindando asesoría técnica para el desarrollo de políticas públicas. Ya que toda la investigación y el trabajo realizados han servido como insumo para la formulación de la “Política de calidad acústica de Colombia” que, derivada de la Ley 2450 del 2025, ha logrado poner en el centro del debate la afectación a los ecosistemas, la necesidad de preservar los paisajes sonoros y las consecuencias del ruido sobre la fauna. Para ir cerrando, de cara al futuro vemos la colección como un pivote para el desarrollo de proyectos innovadores y la formación de talento, proyectando el crecimiento del patrimonio sonoro mediante la implementación de nuevas tecnologías, el rigor académico y la ciencia ciudadana. En el ámbito tecnológico, estamos avanzando en la imple-

mentación de técnicas de monitoreo acústico pasivo que, a partir del despliegue de sensores, genera grandes volúmenes de datos que hoy son procesados con la asistencia de herramientas de inteligencia artificial. Simultáneamente, gracias a las colaboraciones estratégicas, los datos de la colección han aportado información a plataformas como Merlin Bird ID y eBird Colombia, democratizando el acceso a la ciencia. Este bagaje nos ha impulsado a llevar la transferencia del conocimiento al siguiente nivel. Con el propósito de formar a las nuevas generaciones, la colección no sólo ha acogido a un número significativo de pasantes que han desarrollado investigaciones eco y bioacústicas, sino que también ha colaborado con instituciones como el SENA para la creación de programas técnicos, únicos en su clase, orientados a la formación en el uso de herramientas tecnológicas para la toma de datos en campo y comunicación de la ciencia.

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En conclusión, la Colección de Sonidos Ambientales, en sus más de treinta años de tradición ha mostrado un trabajo juicioso que evidencia cómo la investigación, orientada a aportar a la ciencia y a la gente, puede ser dinámica, evolucionar constantemente y convertirse en un punto de convergencia de la herencia científica, la memoria biocultural y la integración de nuevas tecnologías, un esfuerzo que no sólo documenta a Colombia, sino que le otorga una voz a la biodiversidad del país, convirtiéndola en un bastión de la ciencia viva. Daniel Jara-Hurtado, Daniela Martínez Medina, Eliana Barona Cortés, María Paula Toro. Colección de Sonidos Ambientales Mauricio Álvarez Rebolledo, Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Villa de Leyva, Boyacá. 2026 | N.° 337 | Septiembre


Medellín a solas contigo Gonzalo Arango

Un bus me deja a mitad de camino. Por

treinta centavos compro quince minutos de paisaje. A la montaña subo a pie, jadeando de calor hasta coronar la cumbre. A la casa donde voy se entra por una avenida de rosas cuyos botones estallaron esta tarde al sol. Todavía, en el perfume del aire, mi carne percibe la cópula de la naturaleza. La visión de la ciudad es espléndida desde esta altura. Puede pensarse en un paisaje ideal para místicos, pero aquí viven los industriales antioqueños.

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Todavía no tomé una copa, y ya estoy ebrio. La voluptuosidad del aire emborracha mis sentidos. Me niego a beber para conservarme lúcido, y gozar este paisaje fascinante tan parecido a la gloria. Para empezar, un jugo de moras. Marina me enseña el nombre de las matas que crecen en su jardín: gardenias, alelíes, crisantemos y girasoles. ¡Qué derroche de belleza! No falta un color, y todos los aromas están presentes. Escandalosa lujuria de esta tierra donde brota el milagro por el amor de un corazón y unas manos de mujer. Quisiera vivir en medio de este esplendor de fuerza, sol y poesía. Pero tal vez no. Esta violencia desencadenada terminaría por matarme, es demasiado inhumana. Mi alma también ama la pobreza, la aridez y las piedras. Mi dicha muere en el exceso. Y esta belleza es perfecta. La felicidad tendría aquí su reino, pero también una muerte melancólica. El corazón necesita ausencias para alimentar el deseo.

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Nos instalamos en la biblioteca. Tomamos un licor seco, excitante, y estamos felices. Tras los vidrios una terracita sembrada de pinos semeja un balcón sobre un abismo que titila: ¡la ciudad! Anclada en la oscuridad, chisporrotea con sus neones brillantes. El viento mece los árboles. El cielo centellea apacible. Me siento despojado de espíritu, vacío de ideas, sólo abierto a las embriagueces del cuerpo. Lenta y cálida invasión de felicidad que nace al mismo tiempo que la noche. Reconciliación de mi ser con el mundo. Esta noche sólo existo para afirmar, para consentir. No tengo dudas sobre nada. Ni siquiera los asesinos pensamientos de muerte. Perfecta plenitud en el mundo y en mi alma: una paz de piedra, dicha sin fondo. Olor de eucaliptus y rosas en la biblioteca. Me digo: es el buen olor de la sabiduría, esta inocencia que no está escrita más que en el aire, y más alto aún, en las estrellas. Cuando a media noche salgo a la terracita veo la ciudad iluminada, feliz bajo la fresca noche de verano. ¡Oh, mi amada Medellín, ciudad que amo, en la que he sufrido, en la que tanto muero! Mi pensamiento se hizo trágico entre tus altas montañas, en la penumbra casta de tus parques, en tu loco afán de dinero. Pero amo tus cielos claros y azules como ojos de gringa.


De tu corazón de máquina me arrojabas al exilio en la alta noche de tus chimeneas donde sólo se oía tu pulmón de acero, tu tisis industrial y el susurro de un santo rosario detrás de tus paredes. Bajo estos cielos divinos me obligaste a vivir en el infierno de la desilusión. Pero no podía abandonarte a los mercaderes que ofician en templos de vidrio a dioses sin espíritu. Te confieso que no me gustaba tu filosofía de la acción, y elegí para mí la poesía. Éste era el precio de mi orgullo y de mi desprendimiento. Tus mañanas son las más bellas que han amanecido en ciudad alguna. Pero me negaba a perder su contemplación por tus oficinas burocráticas. No, Medellín: prefería esperar tus mañanas en un bar, o en un parque solitario para que te vomitaras plena de libertad y radiante de sol sobre mi corazón borracho. Por eso me decías “vago”, porque nunca fui avaro con tu belleza. En cambio tú nunca fuiste generosa con mi locura. Yo te daba mucho amor y te adoraba. Pero de tanto amarte casi me destruyes. Hui de tu belleza y de tus glorias para conquistar las mías, en vista de que no parecías orgullosa de mis alabanzas, y me despreciabas como a un bastardo porque no hacía lo de todos: rezar el rosario, casarme, trabajar como un negro y después morir. De noche te era fiel, era tu testigo desvelado para que tu belleza no fuera inútil: te aseguraba un reino en mi conciencia y una dicha en mi corazón exaltado. Pero nunca comprendiste la humilde gloria de tener

un poeta errando por el corazón desierto de tus noches considerándote mi hogar, mi amante, y mi única patria. Eres utilitaria en cambio, y preferías acostarte con gerentes y mercaderes. También eres tiránica, pues te place la servidumbre, dominar soberana en el reposo de los vencidos y los muertos. Sola y pura con tu gloria inhumana. Avara con tu majestuosa belleza. No te das porque a todos has matado, Medellín asesina, Medellín de corazón de oro y de pan amargo. ¿Por qué te empeñas en matar el Espíritu? Yo sé: porque el Espíritu tiene sus glorias que te rivalizan en poder. No todo es Hacer, Medellín. También NoHacer es creador, pues no sólo de hacer vive el hombre. Dijo Lawrence: “Prefiero la falta de pan a la falta de vida”. Pero tu fanatismo laborioso no te da tiempo para asimilar otras filosofías de la vida. No has tenido tiempo de aprender a vivir, sólo sabes trabajar y morir. Te digo por esto que casi no sabes nada, mi querida. Ni siquiera eres consciente de tus maravillas. Te enloquece el Poder sin la Gloria. A veces le coqueteas al Espíritu, pero pesas demasiado con tu materialismo para permitirte una grandeza que no es elevada, que no es del alma.

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No tienes corazón ni ojos para estas gardenias que me rodean, estos lotos en su laguna, ni para esta carga embriagadora de perfumes, y esta dicha carnal que me llega del silencio. Eres de una inocencia perversa porque asesinas el alma de las flores; porque arruinas el cielo con tus vomitadoras chimeneas; porque robas al sueño su silencio con tus ronquidos de producción en serie. 2026 | N.° 337 | Septiembre


Luis Fernando Peláez. Lluvia. Ensamble (metal, resina y agujas). 50 x 50 x 21 cm. 1996. Foto: Carlos Tobón.

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Hay otras mercancías que no produces: los alimentos del alma. Ni siquiera tienes una fabriquita para alimentos del alma. Tus politécnicos y universidades sólo vomitan burócratas, peones, jefes de personal y millares de contadores para tu potente máquina económica, tus cerebros electrónicos y tu Bolsa Negra. ¡Castrados de espíritu! Y yo sé que no son brutos. Al contrario, son idealistas y mesiánicos, herederos de conquistadores. Pero tú eres horriblemente frustradora.

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Eres incapaz de producir un líder espiritual, ni siquiera un mártir. Porque antes de que el Iluminado diga su mensaje de salvación, ya tú le has ofrecido un puestecito en el Banco Comercial Antioqueño, y lo conquistas para heredero de tus tradiciones, socio de la Venerable Congregación de los Fabulosos Ingresos Per Cápita, y Caballero del Santo Sepulcro. Así coaccionas el espíritu de creación, la libertad y la rebelión. Eres endemoniadamente astuta para conservar la vigencia de tus estúpidas tradiciones. No admites cambios en tu poderosa alma encementada. Sólo te apasiona la pasión del dinero y aforar bultos de cosas para colmar con tus mercancías los supermercados.

rinconcito en tu monstruoso corazón de máquina para que florezca la flor bella, la flor inútil de la Poesía. *** Y así... tu belleza me daba el gusto amargo de la muerte. Tu desprecio en vez de anonadarme me infundía coraje y una terrible fuerza para conquistar los cielos, los mares y los amores imposibles, y a mí mismo que estaba muerto en la nada. A pesar de ti, te debo lo que soy, pues no sería nada si no hubiera nacido bajo tu cielo. Tu tradición me predestinó desde siempre a la rebeldía. La demencia de tu producción me arrojó en los hornos de la pasión creadora y la contemplación. He sabido estimarme en la medida en que me despreciabas. Abracé la soledad porque me arrojaste de tus templos, tus fábricas y tus cementerios donde no daba la medida de la muerte. Me cerraste todas las puertas y me quedé fuera de ti, sin ti, y me obligaste a mirar hacia lo alto y hacia el fondo, a mi alma y al cielo.

Esto no estaría mal si con tus excesos y tus delirios productivos te acordaras de que tienes alma. Pero el tiempo del ocio lo ocupas en engrasar tus poderosos engranajes que mueven día y noche tu filosofía del Hacer, tu pensamiento reproductor.

En tus calles besé el rostro amargo del fracaso. Te suplicaba en silencio en tus noches de eterna belleza, pero no entendías mi lenguaje de oración. Había que enternecerte a martillazos, hacerte razonable a golpes de sacrificio: cabeza dura de cemento, alma de caldera, arterias de hierro galvanizado que alimentan de aceite tu corazón. No de sangre, y por eso eres más insensible que un zapato.

A veces apestas a gasolina y hollín, mi pequeña Detroit. Cuando me abrumas con tus puercos olores siento piedad por tu insensato autodesprecio. Ni siquiera hay un

Tu desalmada indiferencia me obligó a vencer mis feroces enemigos: esos fantasmas interiores que crucificaban mi carne joven con fieros clavos de autodestrucción.

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Yo chillaba de dolor silencioso en el mismo corazón de tu desprecio. Lo que más me atormentaba era un áspero deseo de suicidio que intenté con horribles venenos entre tus petulantes rascacielos, o en la sordidez de tus burdeles donde me consagraba a horrendas orgías con ancianas, mendigas harapientas y niñitas rameras que podían ser mis hijas. Pero fue inútil, yo soy alma difícil de crucificar. Veinte años antes me habías hecho heroico cuando de niño asaltaba tus montañas acosado por el hambre. Con las primeras guayabas que te robé me hiciste invencible y poeta de la rebelión. *** ¿Recuerdas el susto que me diste aquella tarde cuando enviaste tus policías a la verde y desolada colina donde la estatua del Salvador abraza la ciudad? Yacíamos de cara al sol de la tarde mi amiga y yo, modestamente abrazados leyendo un libro de poemas. Nos apuntas con un revólver asesino porque según tu moral eso era pecado, o sea, estar allí solos y benditos de cara al cielo azul. Te empeñabas en que éramos dos delincuentes por estar allí “profanando” la estatua de yeso de nuestro querido Señor Jesucristo. Pero no se te ocurre que el amor entre dos seres vivos es la cosa más santa que hizo Dios. Y además, era falso lo que estabas pensando, pues estábamos muy puros leyendo a Walt Whitman esperando que cayera la noche para meternos a un montecito a... Bueno, eso a ti no te importa, vieja chismosa. Te empeñaste en inventarnos un crimen para meternos en la cárcel, lo que inten-

taste hacer si yo no te hubiera sobornado con mi recordada estilográfica Parker para que no cometieras esa burrada con mi compañerita que estaba llorando de dolor, sintiéndose una horrible prostituta dentro del sombrío ataúd rodante donde nos embutiste como un par de tenebrosos criminales. Nunca te perdonaré aquellas lágrimas, Medellín mala, pues mataste en el amor de mi niña la inocencia animal de su cuerpo... Y como eres una beata farisea y retenida, nos niegas hasta la felicidad barata de esa cama verde tendida por Dios para sus pobres amantes que por decencia no pueden ir a los burdeles donde bendices la degradación de las almas, y hasta expides carnets para legalizar el envilecimiento del amor.

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Tu morbosa imaginación no puede concebir dos seres puros hijos del sol, o de la noche, porque los condenas con tu diabólica moral redactada por inquisidores prostáticos. Francamente, Medellín, eres peligrosa. Eres como el diablo para comprarle las almas, con la diferencia de que tú no las condenas al Infierno, sino al No-ser. No te enojes, mi querida, te amo más de lo que crees, pues al fin tú me has hecho posible. A ti, que no me has dado nada, salvo soledad y un poco de dura miseria, te debo la riqueza infinita y humilde de mi ser, que no cambio por todo el oro de tus bancos comerciales. Después de todo, eres milagrosa. Haces posible lo imposible: hasta eres capaz de producir un loco idealista como yo. ¡Bendita seas! 2026 | N.° 337 | Septiembre


Luis Fernando Peláez. Del tiempo que pasa. Objeto intervenido (madera, acrilico y objetos). 47 x 32 x 15 cm. 2024.

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Tu incomprensión ha creado en mí un hombre nuevo, distinto a los hombres que produces en serie como si fueran bultos de tela, muertos, o botellas de ron. En ese desamparo me hice fuerte para la lucha, y te negué el homenaje de mis bodas con la muerte y la resignación. Y además, te debo gratitud, porque esa tu manera de parir “monstruos” me regaló un santo que fue mi maestro Fernando González. Te vuelvo a bendecir por él, a quien tanto hiciste sufrir, y tanto te amó. ***

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Todo es calmo esta noche de una manera dulce, sin furor. El cielo se derrama en una brisa de estrellas. Esta luz esparce beatitud por el inmenso Valle de Aburrá. En lo más claro del cielo se dibuja un elefante con alas que son enormes plumas de nubes. Semeja un ángel en reposo, en pausa para elevar el vuelo al fondo más azul de la noche. Luego se desintegra en una constelación de luces. Creo que estoy borracho. En un sitio no lejos de este monte, una mujer duerme su sueño puro. ¿O será desesperado? A esa mujer la amé hace años. Aún oigo sus canciones de amor, su voz excitante y carnal. Siento que el corazón es ingrato y acumula tumbas en la juventud que luego olvida. Al principio las riega de amor, de besos, de lágrimas, de flores. Y luego de indiferencia. ¿Qué será de esa mujer a la que antes había hecho el homenaje de mi vida, y ahora soy incapaz de rendirle el de un recuerdo, ni siquiera un deseo, ni nada que no sea este desgarramiento de indiferencia? En la biblioteca, hermosa fiesta de silencios. Afuera todo calla, hasta mi corazón tumul-

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tuoso. En lo alto del cielo, todo se apacigua: el rumor de la ciudad, los sauces, el viento, mientras la noche cruza silenciosa sobre este universo puro y sin memoria. Mi corazón enamorado cesa de latir para que lo poseas con tu gloria, ¡oh cielo sagrado! Puro dolor de dicha en esta noche desierta, sin amante, sin teléfono para llamar a Dios, solo con mi soledad que no sabe dónde buscarte mi amor perdido, mi monja. ¡Oh, alma mía, qué amarga es la belleza!

Amanece.

***

Mi amigo se ofrece a bajarme en auto, pero me niego. El cielo estalla de estrellas, mil aromas, un canto salvaje de cigarras, el rocío. Un aire tibio se pega a mi piel como si fuera una amante. Desciendo fumando cigarrillo, feliz con las manos en los bolsillos por una carretera solitaria donde se derrama la luz llena de la luna. No me inquieta el peligro. Pero como siempre que estoy feliz sintiéndome predestinado, llegas a interrumpir mis éxtasis con la santa naturaleza, y me atropellas con un catafalco del que se baja un sargento muy categórico que me pide identidad. Me pones “¡manos arriba!” y me requisas a ver si tengo puñales o armas asesinas, y me acorralas como a una rata. Entonces te enseño una cédula donde quedé con cara de delincuente común, lo cual fue mi perdición. —¿Qué hace a esta hora por la carretera? —preguntas. —Nada —te digo—, paseo... existo...


Era la pura verdad. ¿Qué más podía decirte? —Ja..., ja, ¿oyeron a este imbécil? Dice que existe, ja ja ja. ¿No ves? Te burlas porque existo, porque soy poeta, y me declaras culpable una vez más porque no estoy fabricando trapos, ni durmiendo “como todo el mundo”. Entonces me empujas a tu asquerosa ambulancia y me depositas en un hediondo calabozo lleno de estiércol y marihuaneros. Desgraciadamente esa noche no tenía siquiera cigarrillos para conquistarte, para proponerte un “negocito”, que es el único lenguaje que te conmueve. A cualquier precio querías hacer de mí un delincuente, y en verdad no me explico por qué no lo soy, si hasta me dejaste el estigma de un horrible complejo de culpa. Mi atormentada cara de poeta sufriente fue siempre para ti un delito. Mi hermano Jaime madruga a pagar mi rescate, lo cual hace con inmensa piedad, y de paso me regala un sermón marca Made in Medellín, y un paquete de cigarrillos. Para justificarme, le digo a la salida: “Oye, compañero, te juro que soy inocente, lo que pasa es que tengo cara de poeta maldito”. *** Aquella mañana de expresidiario reincidente fui a tu plaza de mercado a comer naranjas, y una vez más soy feliz a pesar de mis desventuras, y adoro tus contrastes. ¡Qué bello, puro y viril es tu pueblo antioqueño! Imagínate que un culebrero nos reúne en torno a sus cacharros, y nos dice que “al-

gunos del respetable público” estamos condenados. Promete sacarnos el diablo del cuerpo con una pomada milagrosa por la módica suma de un peso. Eleva un brazo peludo de predicador y exclama: —¡No tengan miedo, mis hermanos... Yo no les voy a robar... Este brazo es antioqueño y honrado, sólo lo uso para acariciar la ninfa y dominar el oso! Pues sí, estuve a punto de abrazar a ese culebrero sucio y fornido, ¿sabes por qué, Medellín? Porque eres capaz de inspirar a un estafador la frase que habría hecho inmortal a don Miguel de Cervantes. Sobra decir que el filósofo ateo Gonzalo Arango fue el primero en comprar la cajita de pomada milagrosa para sacarse el diablo del cuerpo. Pero sin esperanzas de mejoría, pues cada vez que me la unto, mi novia dice: “¡Amor mío, hueles a diablo!”.

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Nuevo audio de “Medellín, a solas contigo” en https://www.elprofetagonzaloarango.com/Gonzaloaudio2.html

Gonzalo Arango Arias nació en Andes, Antioquia el 18 de enero de 1931 y murió en Gachancipá, Cundinamarca en un accidente de tránsito el 25 de septiembre de 1976, hace justo cincuenta años. Con su himno, siempre fresco en su amorosa denuncia, lo recordamos a propósito de los bienes inmateriales. Cortesía Corporación Otraparte. Tomado de: Arango, G. (2016). Obra negra. Editorial Universidad Eafit / Corporación Otraparte, colección Biblioteca Gonzalo Arango, pp. 158-167.

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PROGRAMACIÓN ACTIVIDADES CULTURALES

SEPTIEMBRE/2026 Exposiciones

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Colección de Antropología”Graciliano Arcila Vélez” Sala de larga duración de la colección de Antropología Lugar: Bloque 15, Museo Universitario Universidad de Antioquia (MUUA) Invita: Museo Universitario Más información: https://tinyurl.com/543weh95

Colección de Ciencias Naturales”Francisco Antonio Uribe Mejía” Sala de larga duración de la colección de Ciencias Naturales Lugar: Bloque 15, Museo Universitario Universidad de Antioquia (MUUA) Invita: Museo Universitario Más información: https://tinyurl.com/543weh95

Conversatorios y cátedras

Cátedra Abierta de Justicia transicional y restaurativa* Ciudad Universitaria, Campus Medellín Días: 02 de septiembre, 06 de octubre y 03 de noviembre Hora: 02:00 p. m. Lugar: Auditorio principal Museo Universitario (MUUA) Invita: Unidad Especial de Paz Mas información: https://share.udea.edu.co/?q=ev:253

Visitas guiadas y recorridos Conoce lo que necesitas saber para programar tu visita presencial al MUUA. En compañía de nuestros mediadores, dialogaremos alrededor de nuestras colecciones. ¡Te esperamos! Información completa: https://tinyurl.com/VisitasMUUA Conoce la información y orientaciones para programar tu visita por el Campus Medellín, Ciudad Universitaria Información completa: https://tinyurl.com/VisitaCampusPGC Recorrido comentado: Tejidos Cruzados Campus Medellín. Edificio san Ignacio Día: 14 de agosto | Hora: 02:00 p. m. Lugar: Museo Universitario Universidad de Antioquia (MUUA) Invita: Educación Muua Más información en: https://share.udea.edu.co/?q=ev:175

Hablemos de las diferencias entre porros, cumbias y gaitas en las orquestas de música tropical Ciudad Universitaria, Campus Medellín Día: 16 de septiembre Hora: 4:00 p. m. Lugar: Auditorio principal Museo Universitario (MUUA), bloque 15 Invita: División de Cultura y Patrimonio- Museo Universitario (MUUA)

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Música Paraninfo Sonoro con la Escuela Sinfónica de Antioquia Recital de Estudiantes Avanzados* Campus Medellín. Edificio San Ignacio Día: 02 de septiembre Hora: 05:30 p. m. Lugar: Paraninfo, Edificio San Ignacio Invita: Programa Cultura Centro Mas información en: https://share.udea.edu.co/?q=ev:254 Nombre: Vísperas del Mozart Sacro Agrupación: Vocalissetto* Campus Medellín, Ciudad Universitaria Día: 07 de septiembre Hora: 05:00 p. m. Lugar: Sala de Artes Performativas Teresita Gómez Invita: División de Cultura y Patrimonio- Museo Universitario (MUUA) 2026 | N.° 337 | Septiembre


Resonancias: Celia Cruz y Totó la Momposina. Legado y transformación de la cultura y la industria musical* Campus Medellín, Ciudad Universitaria Día: 10 de septiembre Hora: 04:00 p. m.

Lugar: Teatro Universitario Camilo Torres Invita: Red de Patrimonio y Memoria Entrada libre con inscripción previa en: https://share.udea.edu. co/?q=ev:233

Cine 50

Martes 1 6:00 p. m. // Cineclub: Martes de Cine Ciclo: “Dulce y punzante: Historias de abejas y miel” “Medena zemja (Honeyland)”, Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov, Macedonia del Norte, Estados Unidos y Suiza, 2019, 89’ Lugar: Auditorio Centro Cultural Facultad de Artes Organiza: cinEncuadre colectivo 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “Ivy maraey, tierra sin mal”, Juan Carlos Valdivia, Bolivia, 2013, 107’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Miércoles 2 4:00 p. m. // CineClub Utopía Latinoamericana Ciclo: “Ningún ser humano es ilegal” “El viaje de Said”, Coke Riobóo, España, 2006, 12’ Lugar: Sala de Cine Luis Alberto Álvarez (10-217) 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “Amélie” Jean-Pierre Jeunet, Francia, 2001, 122’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Jueves 3 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo

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Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “El abrazo de la serpiente”, Ciro Guerra, Colombia, 2015, 125’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Viernes 4 3:00p. m.-5:30p. m. // Cineclub Agnès Varda Ciclo: “Tiempos de penumbra” “The Round-up”, Miklós Jancsó, Hungría, 1966, 95’ Lugar: Sala de Cine Luis Alberto Álvarez (10-217) Organizan: Estudiantes de maestría en Ciencia Política – Instituto de Estudios Políticos Universidad de Antioquia 4:00 p. m. // Ciclo de cine Ver y leer Ciclo: “Cine con componentes históricos” “Persépolis”, Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud, 95’ Lugar: Auditorio de la planta baja. Biblioteca Carlos Gaviria Díaz Organiza: Sistema de Bibliotecas /Vicerrectoría de Docencia 4 p. m. / Cine Foro “En construcción” Ciclo: “La otra orilla” “La fe del volcán”, Ana Poliak, 2001, 91’ Lugar: Auditorio tercer piso del Museo universitario (MUUA) Organiza: Instituto de Filosofía 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “Medianeras”, Gustavo Taretto, Argentina, 2011, 95’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio


Lunes 7 5:00 p. m. // Cineclub: KXVRX Ciclo: “4 voces del cine español” “Bilbao”, Bigas Luna, España, 1978, 95’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio (Paraninfo UdeA) Organiza: Cineclub: KXVRX Martes 8 6:00 p. m. // Cineclub: Martes de Cine Ciclo: “Dulce y punzante: Historias de abejas y miel” “Le meraviglie”, Alice Rohrwacher, Italia, Suiza y Alemania, 2014, 112’ Lugar: Auditorio Centro Cultural Facultad de Artes Organiza: cinEncuadre colectivo 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “Pájaros de verano”, Cristina Gallego y Ciro Guerra, Colombia, 2018, 126’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Miércoles 9 4:00 p. m. // Cineclub Estudios Fílmicos Ciclo: “Interpretes: el mito de la neutralidad” “Los paraísos perdidos”, Basilio Martín Patino, 1985, 83’ Lugar: Auditorio Planta Baja Biblioteca Central Organiza: Grupo de Estudios Fílmicos (GEFI) 4:00 p. m. // CineClub Utopía Latinoamericana Ciclo: “Ningún ser humano es ilegal” “Machan”, Uberto Pasolini, Sri Lanka, 2008, 109’ Lugar: Sala de Cine Luis Alberto Álvarez (10-217) 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “La doble vida de Verónica”, Krzysztof Kieślowski, Polonia/ Francia, 1991, 98’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Jueves 10 3:00 p. m.// Encuentro con el Cine - “El juego de la vida”, dirigido por Andrés Ruiz Zuluaga* Lugar: Auditorio de la planta baja, Biblioteca Carlos Gaviria Díaz Organiza: División de Cultura y Patrimonio- Museo Universitario (MUUA) Mas información: https://share.udea.edu.co/?q=ev:252 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “Ixcanul”, Jayro Bustamante, Guatemala, 2015, 100’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio

Viernes 11 3:00-5:30 p. m. // Cineclub Agnès Varda Ciclo: “Tiempos de penumbra” “The Round-up”, Miklós Jancsó, Hungría, 1966, 95’ Lugar: Sala de Cine Luis Alberto Álvarez (10-217) Organizan: Estudiantes de maestría en Ciencia Política – Instituto de Estudios Políticos Universidad de Antioquia 4:00 p. m. // Ciclo de cine Ver y leer Ciclo: “Cine con componentes históricos” “Las tortugas también vuelan”, Bahman Ghobadi, Irán/Irak, 2004, 98’ Lugar: Auditorio de la planta baja, Biblioteca Carlos Gaviria Díaz Organiza: Sistema de Bibliotecas /Vicerrectoría de Docencia 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “Magnolia”, Peter Anderson, Estados Unidos, 1999, 184’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio 4:00 p. m. // Cine Foro “En construcción” Ciclo: “La otra orilla” “Serie de cortometrajes del Colectivo Cine Mujer de México”, 103’ Lugar: Auditorio tercer piso del Museo Universitario (MUUA) Organiza: Instituto de Filosofía Lunes 14 5:00 p. m. // Cineclub: KXVRX Ciclo: “4 voces del cine español” “El crimen de Cuenca”, Pilar Miró, España, 1980, 88’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio (Paraninfo Universidad de Antioquia) Organiza: Cineclub: KXVRX

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Martes 15 6:00 p. m. // Cineclub: Martes de Cine Ciclo: “Dulce y punzante: Historias de abejas y miel” “Ulee’s Gold”, Víctor Nuñez, Estados Unidos, 1997, 112’ Lugar: Auditorio Centro Cultural Facultad de Artes Organiza: cinEncuadre colectivo 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “También la lluvia”, Icíar Bollaín, Bolivia-España, 2010, 104’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Miércoles 16 4:00 p. m. // Cineclub Estudios Fílmicos Ciclo: “Interpretes: el mito de la neutralidad” “Un traductor”, Rodrigo & Sebastián Barriuso, Cuba/Canadá, 2018, 108’ Lugar: Auditorio Planta Baja Biblioteca Central Organiza: Grupo de Estudios Fílmicos (GEFI) 2026 | N.° 337 | Septiembre


Miércoles 16 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo. Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “Cigarros”, Wayne Wang, Estados Unidos, 1995, 112’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio 4:00 p. m. // CineClub Utopía Latinoamericana Ciclo: “Ningún ser humano es ilegal” “Yo capitán”, Matteo Garrone, Italia, 2023, 123’ Lugar: Sala de Cine Luis Alberto Álvarez (10-217) Jueves 17 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo. Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “Atanarjuat: el corredor veloz”, Zacharias Kunuk, Canadá, 2001, 161’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio

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Viernes 18 4:00 p. m. // Ciclo de cine Ver y leer Ciclo: “Cine con componentes históricos” “The Wale (La ola)”, Dennis Gansel, Alemania, 2008, 108’ Lugar: Auditorio de la planta baja. Biblioteca Carlos Gaviria Díaz Organiza: Sistema de Bibliotecas/Vicerrectoría de Docencia Viernes 18 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “Happenstance”, Laurent Firode, Francia, 2000, 97’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Lunes 21 5:00 p. m. // Cineclub: KXVRX Ciclo: “4 voces del cine español” “Magical Girl”, Carlos Vermut, España, 2014, 127’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio (Paraninfo Universidad de Antioquia) Organiza: Cineclub: KXVRX Martes 22 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “Uiksaringitara (Esposo equivocado)”, Zacharias Kunk, Canadá, 2025, 100’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio 6:00 p. m. // Cineclub: Martes de Cine Ciclo: “Dulce y punzante: Historias de abejas y miel” “Bal”, Semih Kaplanoğlu, Turquía, Alemania y Francia, 2010, 103’ Lugar: Auditorio Centro Cultural Facultad de Artes Organiza: cinEncuadre colectivo

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Miércoles 23 4:00 p. m. // CineClub Utopía Latinoamericana Ciclo: “Ningún ser humano es ilegal” “14 kilómetros”, Gerardo Olivares, España, 2007, 95’ Lugar: Sala de Cine Luis Alberto Álvarez (10-217) 4:00 p. m. // Cineclub Estudios Fílmicos Ciclo: “Interpretes: el mito de la neutralidad” “Quo Vadis, Aida?”, Jasmila Žbanić, 2020, 101’ Lugar: Auditorio planta baja, Biblioteca Carlos Gaviria Díaz Organiza: Grupo de Estudios Fílmicos (GEFI) 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “El azar”, Krzysztof Kieślowski, Polonia, 1981, 114’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Jueves 24 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “El guía del desfiladero”, Nils Gaup, Noruega, 1987, 86’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio Viernes 25 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “Babel”, Alejandro González, México/Estados Unidos, 2006, 142’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio 4:00 p. m. // Ciclo de cine Ver y leer Ciclo: “Cine con componentes históricos” “El gran dictador”, Charles Chaplin, Estados Unidos, 1940, 124’ Lugar: Auditorio de la planta baja, Biblioteca Carlos Gaviria Díaz Organiza: Sistema de Bibliotecas/ Vicerrectoría de Docencia Lunes 28 5:00 p. m. // Cineclub: KXVRX Ciclo: “4 voces del cine español” “Las niñas”, Pilar Palomero, España, 2020, 100’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio (Paraninfo Universidad de Antioquia) Organiza: Cineclub: KXVRX Martes 29 6:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Cine y pueblos indígenas” “Viento salvaje”, Taylor Sheridan, Estados Unidos, 2017, 107’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio


6:00 p. m. // Cineclub: Martes de Cine Ciclo: “Dulce y punzante: Historias de abejas y miel” “Zgjoi”, Blerta Basholli, Kosovo, Suiza, Albania y Macedonia del Norte, 2021, 84’ Lugar: Auditorio Centro Cultural Facultad de Artes Organiza: cinEncuadre colectivo Miércoles 30 4:00 p. m. // Cineclub Estudios Fílmicos Ciclo: “Intérpretes: el mito de la neutralidad” “Anatomie d’une chute”, Justine Triet, Francia, 2023, 150’ Lugar: Auditorio Planta Baja Biblioteca Central Organiza: Grupo de Estudios Fílmicos (GEFI)

4:00 p. m. // Cineclub Utopía Latinoamericana Ciclo: “Ningún ser humano es ilegal” “Ya no estoy aquí”, Fernando Frías de la Parra, México, 2019, 112’ Lugar: Sala de Cine Luis Alberto Álvarez (10-217) 4:00 p. m. // Tardes de cine en el Paraninfo Ciclo: “Todas las coincidencias de la vida” “Sliding Doors”, Peter Howitt, Reino Unido, 1998, 99’ Lugar: Sala de Cine Edificio San Ignacio Organiza: Administración Edificio San Ignacio

Otras Alternativas Invita: Corporación Académica Ambiental Mas información en: https://bit.ly/4h6iUR4 La Canasta de la U, Mercado Agroecológico* Campus Medellín, Ciudad Universitaria Día: 23 de septiembre Hora: 8:00 a. m. a 2:30 p. m. Lugar: Epopeya del Café, costado del Teatro Camilo Torres Restrepo Invita: Corporación Académica Ambiental Mas información en: https://bit.ly/4h6iUR4

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La arepa invita:al cacao bendito* Campus Medellín. Edificio San Ignacio Día: 04 y 05 de septiembre Hora: 10:30 a. m. Lugar: Plazuela San Ignacio Invita: Programa Cultura Centro Consulta toda la programación aquí: https://share.udea.edu. co/?q=ev:214 La Canasta de la U, Mercado Agroecológico Campus Medellín, Ciudad Universitaria Día: 09 de septiembre Hora: 8:00 a. m. a 2:30 p. m. Lugar: Epopeya del café, costado del Teatro Camilo Torres Restrepo

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A SOLA S CONT IGO 1976 · 2026

A SO LA S CO NT IG O 1976 · 2026


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Programación Andes (Antioquia) 25 de septiembre de 2026

9:00 a. m. Instalación y apertura. 9:30 a.m. - 5:30 p.m. A solas contigo: muestra poética-literaria, editorial y talentos locales. Lugar: Casa Galería Pubenza Restrepo de Hoyos · Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo. 9:30 - 10:15 a.m. Maratón de lectura: “Voces, letras y nada”. Lugar: Casa Galería Pubenza Restrepo de Hoyos · Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo. 10:30 a. m. - 12:00 m. Conversatorio: Gonzalo Arango, escritor, estilo y figura a cargo de Carlos León Gaviria Ríos, director de Pulso y Letra Editores y el periodista Frank Vanegas. Invitados / públicos: I. E. María Auxiliadora, grado 11.° Lugar: Casa Galería Pubenza Restrepo de Hoyos · Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo. 10:30 a. m. - 12:30 m. Conversatorio: Gonzalo Arango, periodista, poeta y nadaísta a cargo del escritor Juan Carlos Vélez Escobar (Kale), el antropólogo Gustavo Restrepo Villa y el historiador José Luis Arboleda Invitados / públicos: I.E. Juan de Dios Uribe, grado 10°, y comunidad educativa. Lugar: Auditorio de la Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo. 2:00 p.m. - 3:00 p.m. Muestra audiovisual: Gonzalo Arango y su contexto. Presentación del documental Ancón 71 y distintas piezas audiovisuales que ilustran pasajes y contextos vividos por el escritor y poeta Gonzalo Arango. Invitados / públicos: I.E. San Juan de los Andes, grado 9°; público juvenil, instituciones educativas y público general. Lugar: Auditorio de la Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo. 3:00 - 3:30 p. m. Maratón de lectura performativa: “Voces, letras y nada”. Lecturas poético-narrativas, personificadas por Cristian Hoyos, conocido como el “Gonzalo Arango de Andes”. Invitados / públicos: I.E. San Juan de los Andes, grado 9°.

Lugar: Casa Galería Pubenza Restrepo de Hoyos · Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo. 3:45 - 4:30 p. m. Presentación del libro La rebelión de la nada. Conversan los escritores Emilio Restrepo y Mauricio Vanegas. Invitados / públicos: Público invitado: I.E. San Juan de los Andes, grado 10°. Lugar: Auditorio de la Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo. 4:45 - 5:15 p. m. Recital poético: “Entre versos y palabras: Gonzalo Arango”. Lectura en voz alta a cargo de estudiantes de la Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia. Invitados / públicos: Comunidad general, jóvenes y adultos. Lugar: Casa Galería Pubenza Restrepo de Hoyos · Ciudadela Educativa Mario Aramburo Restrepo.

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5:30 - 7:00 p. m. Recorrido literario por Andes. Recorrido guiado por el investigador y escritor Juan Carlos Vélez (Kale) a través de lugares y referencias vinculadas con Gonzalo Arango. Invitados / públicos: público juvenil, instituciones educativas y público general. Lugar: Encuentro: Biblioteca Gonzalo Arango, Ciudadela Educativa. 7:30 - 8:15 p. m. Monólogo “A solas contigo” a cargo del narrador oral Robinson Posada (El Parcero del Popular 8), a propósito de la obra Medellín a solas contigo de Gonzalo Arango. Invitados / públicos: Comunidad general. Lugar: Parque Principal de Andes 8:30 - 9:30 p. m. Concierto de la Banda Sinfónica de Andes: “Para un profeta urbano” en homenaje al poeta y escritor andino Gonzalo Arango. Invitados / públicos: Comunidad general. Lugar: Parque Principal de Andes.

A SO LA S CO NT IG O 2026 | N.° 337 | Septiembre

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