UNA UNIVERSIDAD “EN SALIDA” Celebrando 15 años del legado de Francisco

Juan Cruz Hermida y Estefanía Buzzini (coordinadores y compiladores)
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Juan Cruz Hermida y Estefanía Buzzini (coordinadores y compiladores)
Una Universidad "en salida". Celebrando 15 años del legado de Francisco 1º Edición, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, diciembre de 2025
© 2025 Dirección de Compromiso Social y Extensión
Pontificia Universidad Católica Argentina
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Web https://uca.edu.ar/es/compromiso-social Facebook Compromiso Social y Extensión UCA Instagram @compromisosocialuca
ISBN 978-950-44-0129-2
Edición: Alejandra Gestoso Diseño editorial: Santángelo Diseño
Queda hecho el depósito que establece la Ley 11723.
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su almacenamiento en un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio electrónico, mecánico, fotocopia u otros métodos, sin el permiso previo del editor.
Una universidad “en salida” : celebrando 15 años del legado de Francisco / Juan Cruz Hermida ... [et al.] ; Prólogo de Jorge Ignacio García Cuerva. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Universidad Católica Argentina, 2025. Libro digital, PDF
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-950-44-0129-2
1. Doctrina Social de la Iglesia. 2. Adaptación Social. 3. Acción Social. I. Hermida, Juan Cruz II. García Cuerva, Jorge Ignacio, prolog. CDD 361.2
Juan Cruz Hermida y Estefanía Buzzini (coordinadores y compiladores)
AUTORIDADES
gran canciller
Jorge Ignacio García Cuerva rector
Miguel Ángel Schiavone
Graciela Cremaschi
vicerrectora de investigación
Gustavo Boquin
vicerrector de formación integral
Horacio Rodríguez Penelas
vicerrector de asuntos económicos y gestión
Gabriel Limodio
vicerrector de asuntos académicos
Pedro Bernardo Cannavó
vicerrector de asuntos estratégicos
DIRECCIÓN DE COMPROMISO SOCIAL Y EXTENSIÓN
Juan Cruz Hermida director
Prólogo
Jorge Ignacio García Cuerva
Nota preliminar
Gustavo L. Boquin
Introducción
Juan Cruz Hermida
Agradecimientos
PRIMEROS PASOS DE UNA UNIVERSIDAD “EN SALIDA”
Investigación, ética y territorio: el programa de desarrollo humano e inclusión social como itinerario colectivo
Eduardo Lépore
Irradiar
Jaider Flores
Una universidad con los pies en el territorio
Adriana Bertola
Microemprendimientos como puente de transformación
José Ignacio Pérez Ballester
Ingeniería con sentido: agua y dignidad en Rodrigo Bueno
María Ximena Michemberg Conti
Programa de inclusión educativa UNIR
Idalina Bareiro
Competencias actitudinales mediante la vinculación con emprendedores
Jorge Alejandro Mohamad
Enseñar, aprender y transformar: experiencia
Centro San José Josefina Fabiana Hernández Morales
Gestión ambiental con impacto social
Camila Irene González
Mercedes Echagüe de Achával y Patricia Ovejas 41 46 51 55 61 67 73 77 83 87 95 99
Fortaleciendo el balance social de una cooperativa
Valentina Camarano
Salir para encontrarnos con la comunidad
Balbina Endelman Zapata
El gesto que guía. Prácticas de dirección musical en orquestas juveniles
María Laura Muñiz
Experiencias formativas inclusivas: oportunidad para integrar el “ser-saber-hacer”
María Laura Pardo Campos
Un llamado a la cultura del encuentro
113 119 127 131 135 143 149 154 163
PROYECTOS QUE TRANSFORMAN DURANTE LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA
En modo aprendizaje-servicio
Francisca Cura
Mi experiencia de compromiso social como estudiante de intercambio
Anicet Orlane
Ingeniando un sistema de gestión ambiental
Sofía González Chiappe
VOCES DEL ENCUENTRO: LOS SOCIOS COMUNITARIOS
Aprender y emprender: un camino compartido
Betiana Velaz
Puentes educativos como medio de futuros posibles
Ana Sánchez Negrete y Valentina Molina
Una alianza con propósito: inclusión, deporte, oportunidades
Andrea Benaim
VINCULACIÓN UNIVERSIDAD-COLEGIO-COMUNIDAD
Arte, vínculo y transformación
Paola Brao
Proyecto interdisciplinario de prevención en escuela secundaria
María Agustina Paternó Manavella
Sembrando interrogantes de responsabilidad
Magalí Benítez y Franco Agustín Ercolino
CONSOLIDACIÓN Y PROYECCIÓN
Formar expertos en humanidad desde el aprendizaje y servicio
María Rosa Tapia y Andrés Peregalli



mons. jorge ignacio garcía cuerva
La presente publicación celebra 15 años de la creación del Área de Compromiso Social y Extensión de la Universidad Católica Argentina. No se trata únicamente de un aniversario, sino de la constatación de que la Universidad ha sabido encarnar, en clave educativa, la orientación planteada por el entonces Gran Canciller y que luego fuera el Papa Francisco: ser una Universidad “en salida”, abierta al encuentro y al servicio.
Este recorrido reconoce el protagonismo de múltiples actores de la comunidad universitaria. Los estudiantes, al vincular su formación
con realidades concretas, han descubierto que el aprendizaje más significativo se alcanza en el intercambio y en el servicio. Los docentes y tutores, mediante su acompañamiento creativo y constante, han contribuido a consolidar una pedagogía transformadora. Del mismo modo, las comunidades y organizaciones sociales nunca fueron meras destinatarias de una acción solidaria, sino auténticos sujetos de diálogo y construcción conjunta. En estos años, el Área de Compromiso Social y Extensión se consolidó como un espacio de articulación entre docencia, investigación y

servicio, impulsando programas de acompañamiento, acciones interdisciplinarias y proyectos de acción concreta en realidades vulnerables.
Todo ello ha mostrado que la Universidad alcanza su identidad más plena cuando logra tender puentes entre el saber académico y el saber popular, entre la formación profesional y la inclusión social.
La inspiración del Papa Francisco ha sido clara desde el inicio: una universidad católica no puede limitarse a la formación técnica, sino que debe promover el desarrollo integral de hombres y mujeres capaces de transformar la sociedad con justicia, solidaridad y sentido trascendente. En este marco, las Experiencias Formativas Inclusivas (EFI) representan un rasgo distintivo de la identidad de la UCA, al constituir comunidades educativas que aprenden sirviendo y sirven aprendiendo. La conmemoración de estos 15 años permite también proyectar el futuro. El escenario universitario se encuentra en transformación constante, la sociedad plantea nuevos
desafíos y los jóvenes continúan en búsqueda de horizontes de sentido. Esta publicación no se presenta como un punto de llegada, sino como un estímulo para sostener y ampliar la misión de una Universidad cada vez más abierta, creativa, solidaria y comprometida con la cultura del encuentro.
En esta trayectoria, cada EFI, cada proyecto de extensión y cada vínculo generado con barrios y comunidades constituyen una contribución significativa a la misión institucional de la UCA. Esta publicación busca ser, al mismo tiempo, memoria agradecida de lo ya vivido e inspiración para continuar el camino con renovado compromiso.
Confiamos este camino a la Virgen María, Nuestra Señora de Luján, para que nos enseñe a escuchar, aprender y servir con alegría. Y pedimos al Señor Resucitado que nos conceda la gracia de mirar la historia con esperanza, convencidos de lo que nos dice el Papa León XIV: “Dios nos ama a todos y el mal no prevalecerá”.
jorge ignacio garcía cuerva Arzobispo de Buenos Aires
Gran Canciller de la Universidad Católica Argentina

pbro. gustavo l. boquin
La Dirección de Compromiso Social y Extensión fue creada en la UCA por indicación del Cardenal Bergoglio, siendo él Gran Canciller de la Universidad, y Mons. Víctor Fernández, rector. La visión de ser una Universidad “en salida”, sirviendo desde los saberes, fue lo que gestó esta Dirección que cumple quince años, evitando de esta manera que la UCA pierda el contacto con la realidad que la circunda. Desde el rectorado del Dr. Schiavone se impulsó la institucionalización de las Experiencias Formativas Inclusivas (EFI), buscando que la pedagogía del aprendizaje en servicio solidario
estuviera presente en todas las carreras, en todas las sedes. Por eso desde hace cinco años, las cátedras de Aprendizaje en Servicio Solidario han crecido ostensiblemente.
El Papa nos ha enseñado que para educar a una persona se necesita una aldea, y la Universidad está llamada a ser una aldea educativa que forme integralmente a sus alumnos, por eso el Papa Francisco nos habló de educar la cabeza, el corazón y las manos, para que los alumnos piensen lo que sienten y hacen, sientan lo que piensan y hacen, hagan lo que piensan y sienten. Estimamos que la deseada formación integral

que queremos brindar a nuestros alumnos se logra por el dictado del ciclo filosófico-teológico, presente en todas las carreras, y por la experiencia de servir desde el saber propio de cada disciplina, anticipo de lo que será el ejercicio profesional sirviendo al bien común de la sociedad. Las cátedras que adoptan esta metodología sirven a socios comunitarios y, a la vez, son enriquecidas por la experiencia vivida desde la solidaridad. Las EFI realizan la cultura del encuentro, promoviendo la
proximidad de la Universidad a los grupos que necesitan de esa ayuda. El Papa Francisco nos enseñó que educar es un acto de esperanza, creemos que esta metodología abre caminos luminosos para los universitarios que descubren que el estudio los transforma, porque desarrollan sus capacidades desde el servicio. También gesta esperanza para los socios comunitarios que se sienten mirados, acompañados, ayudados, y participan desde su experiencia en la solución de las problemáticas. La Universidad se transforma en un laboratorio de esperanza, como nos ha enseñado el Cardenal José Tolentino de Mendonça en su visita a la UCA; abre caminos de promoción humana y construye el bien común para que todos alcancemos el desarrollo integral. Agradecemos al Señor este don para la UCA y le encomendamos la tarea a nuestra Madre, para que siempre nos susurre al corazón: “Hagan lo que Jesús les diga”.
pbro. gustavo l. boquin Vicerrector de Formación Integral

Celebrar los 15 años de Compromiso
Social y Extensión de la Universidad
Católica Argentina (UCA) significa reconocer un camino recorrido, pleno de aprendizajes compartidos, encuentros transformadores y una vocación institucional que se renueva día tras día.
Creada en 2010 por iniciativa del entonces rector Monseñor Víctor Manuel Fernández y del Gran
Canciller Cardenal Jorge Mario Bergoglio -a quien pocos años después, el mundo conocería como el Papa Francisco-, esta área de la Universidad nació con una visión clara: poner el conocimiento
académico de los universitarios al servicio de las realidades sociales, construyendo una auténtica Universidad “en salida”.
La premisa de “poner a la persona en el centro” de la formación universitaria ha sido, desde sus inicios, el eje que orienta este trabajo, en sintonía con la propuesta educativa del Papa Francisco (2019), quien convocó al Pacto Educativo Global, con el objetivo de “reconstruir” la educación y que recientemente el Papa León XIV reafirmó en la Carta Apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza” con ocasión del 60° aniversario de Gravissimum
Educationis (2025). Este pacto promueve una enseñanza más abierta e inclusiva, capaz de impulsar un esfuerzo colectivo para renovar los sistemas educativos.
Francisco ha señalado reiteradamente que la educación no puede reducirse a la mera transmisión de contenidos académicos. Por el contrario, debe inspirar a cultivar la humanidad cristiana y a favorecer el crecimiento integral de cada persona. La metodología de aprendizaje y servicio constituye, en esencia, una aplicación práctica de este magisterio, al invitar a los universitarios a interactuar con la realidad y con las personas de su entorno.
Los testimonios recogidos en esta publicación muestran que la transformación es siempre mutua: estudiantes que afirman o descubren su vocación, graduados que ejercen su profesión con sensibilidad social y socios comunitarios que reconocen en la Universidad un aliado para construir futuro.
Durante los primeros años, las iniciativas surgidas desde la Vicaría Pastoral para las villas de la ciudad
de Buenos Aires, a partir del Programa integral en villas llevado adelante desde la Universidad, fueron generando espacios de encuentro entre la comunidad universitaria y los vecinos de la 1-11-14 (hoy Barrio Ricciardelli), la 21-24 y Rodrigo Bueno, tal como recuerdan varios de los autores a lo largo de la publicación. La transformación, sin embargo, fue siempre bidireccional. Así lo expresa José Ignacio Pérez Ballester, graduado de Administración y contador, quien afirma que lo más valioso de su experiencia fue “perder el miedo” y aprender a escuchar para, desde allí, poner sus conocimientos al servicio. De modo similar, Adriana Bertola reconoce que su labor en el Centro de Orientación Psicológica y Psicopedagógica en la ex 1-11-14, le permitió construir “una mirada profesional crítica y sensible”, y ejercer su vocación “con sentido, compromiso y alegría”.
Uno de los relatos significativos de lo realizado en esos años es el de Jaider Flores, vecino de la Villa 21-24 y protagonista del proyecto Irradiar. El encuentro con el Padre Pepe y luego con la UCA permitió que el deseo de la radio barrial sea haga realidad: La 96, Voz de Caacupé. Jaider recuerda que lo más valioso fue que la Universidad no llegó a decir qué hacer, sino a caminar con ellos, confiando en lo que ya venían construyendo. Hoy reconoce que esa vivencia marcó su vida y sigue viva en cada programa transmitido desde la radio comunitaria.
Cada proyecto promovió un doble movimiento: por un lado, dar respuesta a problemáticas concretas; por otro, generar conocimiento académico y favorecer el desarrollo de habilidades en los universitarios.

Esta dinámica llevó a que, en 2018, la Universidad transformara el área en Dirección, dependiente del Vicerrectorado de Formación Integral. Desde entonces, se consolidó la metodología de aprendizaje y servicio como propuesta educativa en las cuatro sedes de la UCA, a través de las Experiencias Formativas Inclusivas. Las reflexiones de docentes que se animaron a abrir sus cátedras a esta innovación pedagógica se presentan en el segundo apartado de esta obra. A continuación, los relatos de alumnos que transitaron estos años de formación reflejan cómo el saber, el saber hacer y el saber ser se integran para brindar una educación humanista que se convierte en experiencia vital. En esa línea, Francisca Cura señala: “Lo más valioso de haber sido parte de esta experiencia es que la espiritualidad volvió a aparecer en mi vida. Desde la participación más consciente en el espacio, estando al servicio de los niños y de los voluntarios, logré profundizar la convicción de que todos los seres humanos somos iguales”.
Los socios comunitarios, por su parte, aportan una perspectiva esencial: el Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, en Barracas, y el Centro Comunitario San José, en Mendoza, destacan que estas iniciativas generaron “puentes comunitarios” que acortan distancias y siembran herramientas para la vida. En la misma línea, Betiana Velaz, fundadora de Fuerza Mujeres, subraya que cuando un saber técnico se orienta al bienestar de los demás, “deja de ser solo teoría: se vuelve propósito”. Este compromiso con la formación integral se ha extendido a distintos programas y disciplinas, como se refleja en la experiencia compartida con el Colegio Santo Tomás de Aquino. Allí, algunas materias implementan aprendizaje y servicio, y se articulan proyectos de prevención. Magalí Benítez y Franco Agustín Ercolino, estudiantes de Psicología y Medicina, respectivamente, descubrieron en el programa Promotores en Prevención que su tarea como futuros profesionales implica ser “agentes de salud”
y acompañar a adolescentes en espacios de reflexión. Finalmente, esta publicación incorpora un texto de los coordinadores de la Red Global Uniservitate, de la cual la UCA participa desde sus inicios con el propósito de fortalecer los procesos de institucionalización de esta pedagogía que invita a enseñar y aprender en diálogo con la sociedad, más allá de las cuatro paredes del aula.
En un mundo marcado por el individualismo, cuando se proponen este tipo de propuestas formativas, desde la Universidad se vive y hace
experiencia el humanismo cristiano (Ortega 2020). Nos recuerda que la excelencia académica no se mide únicamente en calificaciones, sino también en la capacidad de servir, tender puentes y transformar vidas. Como señala el Papa Francisco (2020), la cultura del encuentro nos desafía a reconocer que la diversidad de saberes y realidades nos enriquece.
Al mirar hacia atrás, confirmamos que el compromiso social es parte esencial de nuestra identidad educativa. Al proyectarnos hacia el futuro, lo hacemos con la certeza de que los próximos años nos invitan a seguir formando graduados expertos en humanidad, capaces de construir puentes y contribuir al bien común.
juan cruz hermida Director Dirección de Compromiso Social
y Extensión
Francisco (2019, septiembre 12). Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo Global. Vaticano. https://www.educationglobalcompact.org/es Francisco (2020). Fratelli tutti: Sobre la fraternidad y la amistad social. Ciudad del Vaticano: Librería Editrice Vaticana. Hermida, Juan Cruz. Aprendizajes en contextos de vulnerabilidad social. - 1a ed. - Buenos Aires: Educa, 2014.
Ortega, F. J. Reflexiones acerca del humanismo cristiano [en línea]. Consonancias. 2020, 48. Disponible en: https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/13993
Universidad Católica Argentina, Dirección de Compromiso Social y Extensión (2020). Documento orientador para directivos y docentes: Experiencias Formativas Inclusivas “Formar expertos en humanidad”. Universidad Católica Argentina. https://wadmin.uca.edu. ar/public/Compromiso Social/Documentos de la carpeta vieja/Documento Orientador para directivos y docentes dcsye.pdf
León XIV. (2025, 28 de octubre). Carta Apostólica "Diseñar nuevos mapas de esperanza". Ciudad del Vaticano: Librería Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/ apost_letters/documents/20251027-disegnare-nuove-mappe.html
una universidad “en salida” | Celebrando 15 años del legado de Francisco
Queremos agradecer a todos los que han sido parte de este camino. A los estudiantes y graduados, que con su protagonismo activo y energía han sido el motor de cada iniciativa. A los docentes que asumieron el desafío de repensar sus clases, poniendo a los alumnos en el centro, guiándolos en la reflexión crítica y abriendo su materia para articular con un socio comunitario. A los referentes de instituciones y comunidades, nuestros socios comunitarios, quienes han sido cogestores en la identificación y solución de necesidades reales. A las autoridades de la Universidad que año a año fueron acompañando los procesos llevados adelante desde la Dirección. A quienes fueron parte de la Dirección a lo largo de estos años y a quienes la integran hoy, por su compromiso, trabajo constante y espíritu colaborativo, que hicieron posible consolidar y proyectar esta propuesta institucional. Y, de manera especial, a la figura del Papa Francisco, cuyo magisterio sobre la “cultura del encuentro” y el Pacto Educativo Global ha dotado de un sentido profundo cada una de las acciones realizadas.

Eduardo Lépore
DOCTOR EN SOCIOLOGÍA (UCA). PROFESOR EN LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

Con motivo del aniversario de la creación de la Dirección de Compromiso Social y Extensión de la UCA, me alegra compartir estas páginas, que buscan recorrer el itinerario de un esfuerzo de investigación colaborativa desarrollado a lo largo de más de 10 años junto a esta Dirección, y en sintonía con su vocación de servicio. Reflexionar sobre este recorrido es también una manera de reconocer que el conocimiento académico, cuando se abre al encuentro con la comunidad, puede convertirse en una herramienta para transformar realidades y acompañar procesos de inclusión.
La gestación del Programa Interdisciplinario de Desarrollo Humano e Inclusión Social surgió de una inquietud compartida: la persistencia de la pobreza en la Argentina y la convicción de que la Universidad no podía permanecer ajena ante este desafío. Como comunidad académica, comprendimos que nuestra labor no debía limitarse a describir la realidad, sino a comprometernos activamente con su transformación.
Inspirados en los principios del humanismo cristiano y en los llamados del Papa Francisco a construir una sociedad más justa y fraterna, nos propusimos articular saberes, experiencias e ideas en un esfuerzo común, dando forma a un espacio donde la investigación, lejos de constituir un fin en sí misma, se pusiera al servicio de la inclusión social.
El camino que desembocó en este programa comenzó a trazarse casi una década antes, a partir de la experiencia realizada en el ámbito del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) como antecedente primordial. A través de sus estudios y de la confección de instrumentos metodológicos innovadores, el ODSA iluminó con rigor y transparencia la magnitud y complejidad de las deudas sociales que atraviesan al país, aportando una base de conocimiento sólida y confiable para la deliberación política y ciudadana. Con el tiempo, ese esfuerzo inicial se amplió y dio lugar a una nueva propuesta de investigación institucional centrada en la problemática de la marginalidad urbana, que se convirtió en el foco principal del naciente Programa Interdisciplinario. Fue entre 2009 y 2010 cuando, con un grupo de profesores de los departamentos de Sociología y Economía de la UCA, y en colaboración con la recién creada Coordinación de Compromiso Social y Extensión, comenzamos a dar forma al programa, que en sus orígenes estuvo integrado, además, por Ana Lourdes Suárez, Ann Mitchell, Jimena Macció, Silvia Lépore, Séverine Deneulin, Beatriz Balián y otros colegas y estudiantes comprometidos con la iniciativa. Desde entonces, y con el acompañamiento de los sacerdotes de la
“El conocimiento alcanza su verdadero sentido cuando se convierte en herramienta para acompañar procesos de desarrollo humano integral y abrir caminos de inclusión allí donde persiste la exclusión”
Vicaría Episcopal para las Villas de Emergencia de la Arquidiócesis de Buenos Aires, buscamos articular miradas interdisciplinarias y compromisos diversos para elaborar una estrategia de investigación aplicada orientada a la transformación social, bajo la convicción de que el conocimiento alcanza su verdadero sentido cuando se convierte en herramienta para acompañar procesos de desarrollo humano integral y abrir caminos de inclusión allí donde persiste la exclusión. Partimos de la premisa de que la pobreza no podía entenderse únicamente como insuficiencia de ingresos, sino como un entramado de privaciones múltiples que afectan simultáneamente las capacidades, las oportunidades y los vínculos sociales de las personas. Por ello nos propusimos incorporar perspectivas capaces de dar cuenta de las dimensiones relacionales y simbólicas de la exclusión, de los procesos de segregación territorial y de las brechas en el acceso a bienes públicos esenciales, sin
dejar de atender a la experiencia subjetiva de quienes habitan estos enclaves de exclusión, en la que se expresan tanto estrategias de supervivencia como aspiraciones y proyectos truncados.
Más que un espacio de investigación, el programa se consolidó como un ámbito interdisciplinario de reflexión, diálogo y producción de conocimiento, sostenido en la convicción de que comprender la marginalidad urbana requiere integrar miradas diversas y lenguajes complementarios. La articulación entre sociología, ciencia política, economía, antropología y teología permitió construir una perspectiva más amplia, sensible y atenta a la complejidad de los procesos sociales que atraviesan las villas de la ciudad de Buenos Aires, ofreciendo así un marco capaz de vincular la investigación académica con la transformación social.
Nuestra primera tarea fue metodológica: diseñar instrumentos que nos permitieran captar la densidad de la vida social en estos barrios.
Así nacieron la Encuesta de Condiciones de Vida Familiares y el Relevamiento de Organizaciones de la Sociedad Civil, aplicados entre 2011 y 2013 en las villas 1-11-14, 21-24-Zavaleta, Cildáñez, INTA, Fátima, Piletones y Ramón Carrillo. El trabajo de campo no fue un simple ejercicio técnico: implicó un encuentro con las comunidades, acompañado por los curas villeros y nutrido de la participación de estudiantes y referentes barriales. Ese contacto directo fue reafirmando la idea de que la investigación social no podía escindirse del compromiso ético con los sujetos estudiados ni de la escucha activa de sus voces. De este proceso surgieron los primeros estudios que dieron identidad al programa. La reflexión teórica inicial sobre el enfoque de las capacidades humanas abrió paso a los análisis empíricos de las condiciones de vida y las tramas organizativas, y finalmente a estudios más integrales sobre las dimensiones sociales y culturales de la vida en las villas. En cada caso, el programa actuó como plataforma para transformar hallazgos dispersos en un itinerario coherente, donde la teoría, la evidencia empírica y la práctica social se entrelazaban. En ese tránsito, el Programa Interdisciplinario fue consolidando tres acuerdos centrales. En primer lugar, focalizar el esfuerzo académico en los territorios más vulnerables de la ciudad, reconociendo que allí se juegan de manera más nítida los dilemas de la inclusión y la exclusión. En segundo lugar, mantener un diálogo permanente con actores locales, organizaciones sociales y agentes públicos, convencidos de que el conocimiento científico se
enriquece en la interacción con quienes habitan los territorios. Y en tercer lugar, sostener una investigación comprometida, donde el rigor académico se combine con una opción ética orientada a visibilizar las voces de los sectores postergados y a acompañar sus luchas por la dignidad.
Siguiendo los principios de la investigación colaborativa, asumimos desde el inicio el compromiso de devolver los resultados a las comunidades que participaron en los estudios. Así, los primeros hallazgos no se limitaron a permanecer en informes académicos, sino que fueron discutidos y puestos en consideración en ciclos de talleres comunitarios realizados junto a organizaciones de la sociedad civil que trabajan cotidianamente en las villas de la ciudad de Buenos Aires, generando un espacio de diálogo y aprendizaje mutuo. Estas instancias permitieron comprender que la investigación debía ser un proceso vivo, que escuchara a quienes viven la realidad que pretendemos analizar, y que su utilidad se mide por la capacidad de incidir positivamente en la vida de las personas. En el ámbito académico alentamos en conjunto con la Coordinación de Compromiso Social, la experiencia de la investigación colaborativa entre los estudiantes mediante el dictado de un curso sobre Desarrollo Humano Integral y Compromiso Social, y su participación en los trabajos de campo. El propósito era doble: ofrecer un marco teórico que sustentara las prácticas que los estudiantes de diversas carreras llevaban adelante en los barrios y, al mismo tiempo, integrar la reflexión sobre la fe desde cada disciplina
profesional con el compromiso de servicio comunitario. Esta experiencia mostró que la formación académica no se agota en el aula: cuando se combina con la acción concreta y la escucha atenta de las comunidades, los aprendizajes se profundizan y se transforma la mirada sobre la sociedad. El recorrido del trabajo de investigación realizado se plasmó en tres publicaciones principales. La primera, “Pobreza y solidaridad social en Argentina. Aportes desde el enfoque de las capacidades humanas” (Balián y Suárez, 2010), recoge los debates e intercambios teóricos y metodológicos iniciales, sentando
“Los primeros hallazgos no se limitaron a permanecer en informes académicos, sino que fueron discutidos y puestos en consideración en ciclos de talleres comunitarios realizados junto a organizaciones de la sociedad civil que trabajan cotidianamente en las villas de la ciudad de Buenos Aires, generando un espacio de diálogo y aprendizaje mutuo”
las bases conceptuales del enfoque del programa. La segunda, “Capacidades de desarrollo y sociedad civil en las villas de la ciudad” (Lépore et al., 2012), ofrece un análisis empírico de las condiciones de vida, así como del entramado organizativo y de participación social de la población residente en estos territorios. Finalmente, en “Las villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires: territorios frágiles de inclusión social” (Suárez, Mitchell y Lépore, 2014), se exploran dos dimensiones fundamentales de la vida en estos espacios: por un lado, los circuitos de satisfacción de necesidades a través de los cuales se reproducen
las condiciones de vida; por otro, la presencia y diversidad de organizaciones sociales y expresiones de religiosidad, que evidencian la riqueza cultural y los recursos sociales con los que cuenta la población asentada en estos territorios. La historia del programa no se limitó a publicaciones o relevamientos de campo, sino que también se expresó en encuentros académicos y sociales que ampliaron el horizonte de reflexión y de intercambio. Entre ellos cabe mencionar la jornada “Barrios precarios en las
metrópolis argentinas. Enfoques y perspectivas”, realizada en 2013; su continuación en 2015, dedicada a profundizar las dimensiones del desarrollo humano, y la tercera edición en 2017, con el título “Barrios precarios en las metrópolis argentinas. Aportes para intervenciones inclusivas”, donde se combinaron experiencias de investigación y trabajo territorial. Estas instancias, organizadas en cada caso con el apoyo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, mostraron que el conocimiento no

“Al iluminar problemáticas complejas y aportar evidencia rigurosa, la investigación contribuye a fortalecer la capacidad de los organismos públicos para responder con eficacia, sensibilidad y continuidad. De este modo, el conocimiento generado no solo informa políticas, sino que también acompaña procesos de transformación social”
constituye un fin en sí mismo, sino una herramienta para abrir diálogo, fortalecer redes y acompañar procesos de transformación social. En la misma dirección se inscribieron otras iniciativas que marcaron hitos en el recorrido institucional, fortaleciendo la articulación entre investigación, política y acción social. Entre ellas destacan el seminario de investigación “Desarrollo humano e inclusión social en ciudades argentinas en perspectiva comparada”, organizado en 2014, que permitió situar la experiencia local en un marco comparativo y favorecer intercambios con académicos de distintas latitudes, y la Conferencia Internacional de la Human Development and Capability Association (HDCA), “Desarrollo humano e inclusión social en un mundo crecientemente urbanizado”, celebrada en Buenos Aires del 30 de agosto al 1° de septiembre de 2018 a instancias del programa, y
que reunió presencialmente a más de 300 investigadores de todo el mundo, estimulando la reflexión académica sobre los desafíos urbanos contemporáneos. Por su parte, las colaboraciones con la Secretaría de Hábitat e Inclusión del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con la Defensoría del Pueblo y con otras instancias públicas dedicadas a la inclusión e integración de los barrios informales de Buenos Aires consolidaron un puente entre el conocimiento académico y la acción institucional. Estas interacciones permitieron que los hallazgos del programa trascendieran el ámbito académico y se incorporaran en la formulación de estrategias y programas gubernamentales, orientando recursos y decisiones hacia los territorios más vulnerables. Más allá de su función técnica, esta vinculación reveló el valor de la investigación como herramienta ética y social: al iluminar
problemáticas complejas y aportar evidencia rigurosa, la investigación contribuye a fortalecer la capacidad de los organismos públicos para responder con eficacia, sensibilidad y continuidad. De este modo, el conocimiento generado no solo informa políticas, sino que también acompaña procesos de transformación social.
En los años siguientes, el programa se orientó al respaldo de espacios más amplios de diálogo social, político e institucional, buscando responder la carencia de consensos básicos de la época; en este marco se organizaron, junto con Cáritas Argentina y la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal, dos seminarios de alcance nacional: en octubre de 2019, “Inclusión social y laboral en la Argentina. Hacia una agenda renovada de política social para la superación de la pobreza”, que reunió a más de un centenar de instituciones públicas, sindicales, empresariales y de la sociedad civil en torno a la necesidad de situar la inclusión social y laboral en el centro de la política social, y en noviembre de 2021, “Hacia una Argentina con desarrollo humano integral. Tierra, Techo y Trabajo en la perspectiva de la fraternidad y la amistad social”, celebrado de manera virtual, que permitió consensuar orientaciones de acción frente a los desequilibrios del desarrollo profundizados por la crisis económica y sanitaria, resaltando el papel estratégico de las regiones, la producción y el trabajo como motores de un proceso de desarrollo humano y social de mediano y largo plazo, reafirmando la convicción de que la articulación entre conocimiento,
políticas públicas y acción social resulta indispensable para avanzar hacia una sociedad más inclusiva. Este camino -que combinó teoría y práctica, investigación y compromiso, diálogo académico y territorialconstituyó, también, el trasfondo de mi tesis doctoral sobre la cuestión de las villas de la ciudad de Buenos Aires como enclaves de pobreza estructural configurados a partir de circuitos metropolitanos de marginalidad residencial y ocupacional. Más que un producto individual, la tesis es la expresión de un itinerario colectivo gestado en el marco del programa, orientado a comprender la persistencia de la marginalidad urbana en Buenos Aires desde una mirada interdisciplinaria y comprometida. En este sentido, representa tanto un aporte al conocimiento sociológico como una apuesta ética y política: hacer de la investigación un espacio de encuentro, reflexión y compromiso con la justicia social y la inclusión.
La colaboración permanente de la Dirección de Compromiso Social y Extensión de la UCA y de la Vicaría Episcopal para las Villas de Emergencia de la Arquidiócesis de Buenos Aires fue, sin dudas, un pilar fundamental para el desarrollo del programa. Su acompañamiento constante no solo fortaleció las iniciativas académicas y de investigación, sino que también permitió vincular de manera efectiva la reflexión teórica con la realidad concreta de las comunidades. Nuestra gratitud especial a Juan Cruz Hermida y a Mons. Gustavo Carrara, y por su intermedio a sus equipos de trabajo, cuya cercanía y compromiso con nuestra labor dejaron una marca profunda en este recorrido colectivo.

Balián, B. y Suárez, A. L. (coords.) (2010). Pobreza y solidaridad social en Argentina. Aportes desde el enfoque de las capacidades humanas, Buenos Aires, Educa.
Inzaurraga, E., Lépore, E. (et al.) (2021). Hacia una Argentina con desarrollo humano integral. Tierra, Techo y Trabajo en la perspectiva de la fraternidad y la amistad social. Ciudad
Autónoma de Buenos Aires: Conferencia Episcopal Argentina, Oficina del Libro.
Lépore, E. (et al.) (2012). Capacidades de desarrollo y sociedad civil en las villas de la ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires, Educa.
Lépore, E. (2016). Las villas de emergencia de la ciudad de Buenos Aires. Enclaves y circuitos de marginalidad residencial y socio-ocupacional. Tesis de doctorado en Sociología. Pontificia Universidad Católica Argentina.
Suárez, A. L., Mitchell, A. y Lépore, E. (eds.) (2014). Las villas de la ciudad de Buenos Aires. Territorios frágiles de inclusión social. Buenos Aires, Educa.


OPERADOR TÉCNICO DE RADIO

Hace más de quince años la UCA me conoció. Pero la historia, en realidad, empezó un poco antes, en la habitación de la casa de mis padres. Ahí fue donde armé mi primer “estudio de radio”, con lo poco que tenía a mano. Armé ese primer espacio a base de intuición, imaginación y mucha curiosidad. Pasaba horas buscando fotos de estudios de radio en los “ciber” del barrio, me sentaba a mirar cómo eran, qué equipos tenían, cómo se conectaban, y me llevaba esas ideas de vuelta a casa. Lo que no entendía, lo inventaba. Así, a fuerza de prueba y error, fui armando mi rincón de radio, sin saber que ese sería el primer paso de un camino que me iba a marcar para siempre. Un día, el Padre Pepe me llamó para reunirnos. Me contó que tenía un sueño: quería hacer una radio en la parroquia Virgen de Caacupé, pero no encontraba quién pudiera llevarla adelante. Lo increíble es que yo ya estaba tratando de armar una radio por mi cuenta. Ninguno de los dos sabía muy bien cómo se armaba una radio, pero en ese encuentro entendimos que compartíamos la misma inquietud, el mismo deseo: que la villa tuviera su propia voz. Así empezamos a soñar La 96, Voz de Caacupé, una radio comunitaria que nació desde abajo, a puro esfuerzo, sin experiencia técnica, sin equipos sofisticados, pero con algo muy claro: queríamos que la voz de la villa se escuchara. Queríamos contar la vida en el barrio desde adentro, sin que otros hablen por nosotros.
Fue ahí cuando apareció Irradiar, el proyecto de la Dirección de Compromiso Social de la UCA. Nos conocieron, nos escucharon y, sobre
todo, confiaron en nosotros. Y eso, para mí, fue lo más valioso: no vinieron a decirnos qué hacer, vinieron a caminar con nosotros. Nos ofrecieron herramientas, espacios de formación, acompañamiento, pero siempre desde la idea de potenciar lo que ya veníamos construyendo. Nos trataron como protagonistas de nuestro propio proceso, y eso nos empujó a seguir creciendo. Recuerdo con mucha claridad la primera vez que pisé un estudio de radio en mi vida. Fue en la UCA, ahí en el subsuelo. Ese día me enamoré de la radio. Amor a primera vista, dirían algunos. Desde entonces siempre me consideré un enamorado de la magia que transmite la radio, esa conexión invisible que te une con personas que ni conocés, pero que te están escuchando. Ese fue mi punto de partida, mi primer paso hacia lo que después sería mi decisión de estudiar Operación Técnica de Radio. Si no hubiera vivido esa experiencia, quizá jamás habría descubierto esa vocación.
Irradiar no solo me ayudó a aprender lo técnico. Me ayudó a confiar en mi voz, a animarme a decir lo que pensaba, a entender que tenía algo para aportar. Gracias a ese impulso pude terminar la secundaria, seguir estudiando, trabajar más adelante en medios como Radio Mitre y FM La 100, y animarme a emprender nuevos proyectos, como SimpleWiFi. Pero siempre sentí que La 96, la radio del barrio, era mi casa, y que Irradiar había sido la puerta que me permitió abrir todos esos caminos.
Hoy, a la distancia, me conmueve pensar que lo que empezamos sigue vivo. La radio sigue al aire, Irradiar sigue resonando en quienes lo
vivimos, y muchos pibes y pibas del barrio siguen encontrando en la radio un lugar donde aprender, donde expresarse, donde crecer. En mi vida, siempre quedó algo de Irradiar. No solo por todo lo que aprendí, sino también porque me regaló una amistad que hasta hoy me acompaña, una de esas amistades que nacen en proyectos que te marcan para siempre. Si hay algo que siempre sentí es que La 96 estuvo bendecida desde el primer minuto. La radio nació en la parroquia Virgen de Caacupé, y quienes creemos, sabemos que cuando uno le pide algo a la Virgen desde lo más sincero, ella cumple. Y además tuvimos el privilegio de recibir en la radio a Jorge Bergoglio,
en ese momento Cardenal de Buenos Aires. Nos dio una de sus últimas entrevistas antes de viajar a Roma, cuando todavía era solo “el Cardenal del barrio”. Recuerdo que me dijo: “Voy a Roma a elegir al nuevo Papa y cuando vuelva seguimos la entrevista”.
Nunca volvió. Días después, lo vi en la pantalla de la televisión, de

“Tuvimos el privilegio de recibir en la radio a Jorge Bergoglio, en ese momento Cardenal de Buenos Aires. Nos dio una de sus últimas entrevistas antes de viajar a Roma, cuando todavía era solo ‘el Cardenal del barrio’. Recuerdo que me dijo: ‘Voy a Roma a elegir al nuevo Papa y cuando vuelva seguimos la entrevista’. Nunca volvió. Días después, lo vi en la pantalla de la televisión, de blanco, saludando desde el balcón de la Plaza San Pedro como el nuevo Papa Francisco”
blanco, saludando desde el balcón de la Plaza San Pedro como el nuevo Papa Francisco. Se fue debiéndome una entrevista. Esa historia siempre me va a acompañar.
Lo que pasó con esa entrevista es algo que siempre voy a llevar conmigo. El Papa nos dio su última entrevista en nuestra radio. Una radio humilde, nacida en una parroquia sencilla de la villa. No fue una gran cadena internacional ni un canal importante: fue La 96, la radio del barrio. Ese día nos regaló un testimonio de su vida personal que no existía en ningún otro lugar del mundo. Nos habló de su infancia, de cómo había sentido ese
llamado al sacerdocio desde chico, y compartió con nosotros historias profundas y humanas que nadie más tenía registradas.
Cuando fue elegido Papa y apareció en el balcón de la Plaza San Pedro, se convirtió en el Papa del fin del mundo. Y, de repente, nos empezaron a buscar de todas partes del mundo. Llegaron periodistas, productores, investigadores. Todos querían saber quién era ese hombre, el Papa Francisco, y qué había contado en esa última entrevista que dio antes de viajar al cónclave. Nosotros, una radio comunitaria de la villa, teníamos una de las pocas entrevistas grabadas en vivo donde
él se abría y hablaba de su vida personal con total sencillez.
Con el tiempo, entendí que Irradiar fue un proyecto hecho para nosotros. Fue un espacio que nos permitió crecer, aprender, equivocarnos y volver a intentar. Pero también entendí que la Dirección de Compromiso Social de la UCA no se quedó ahí. Siguió generando nuevos espacios, con otros nombres, en otros barrios, con otras comunidades. Y eso es lo que más valoro: que Irradiar no fue un proyecto aislado, fue la semilla de una manera de trabajar, de escuchar, de comprometerse con la transformación social.
Hoy me resulta increíble pensar que aquel chico que iba a los ciber del barrio para aprender cómo se armaba una radio, ahora lleva internet a los mismos barrios con SimpleWiFi. La vida me dio la oportunidad de seguir conectando personas, pero de otra manera. Y en el fondo, sigo haciendo lo mismo: generando redes, acercando voces, tendiendo puentes.
Estos 15 años me enseñaron que cuando uno se compromete de verdad con la comunidad, eso no se borra, no se olvida, te acompaña para siempre. La vida me llevó por otros caminos, pero cada tanto sintonizo
La 96, y me alegra saber que sigue ahí, como siempre, como un faro en el barrio. Y también me alegra saber que Irradiar sigue vivo en cada uno
de nosotros, y que el Compromiso
Social sigue construyendo nuevas historias con la misma pasión. Estoy muy agradecido por haber sido parte de este recorrido y por haber encontrado, en la UCA, un espacio que apuesta a salir, a involucrarse, a construir junto a las comunidades. Gracias por confiar en nosotros, por creer en el poder de lo colectivo, y por seguir acompañando proyectos que dejan huella.


Adriana Bertola
LICENCIADA EN PSICOPEDAGOGÍA (UCA)

Uno de los principales motivos por los que elegí estudiar en la Universidad Católica Argentina fue el deseo de formarme como profesional desde un enfoque humanitario, comprometido con la transformación social. Desde el inicio de mi cursada me sentí interpelada por el trabajo que promovía el Área de Compromiso Social, y me acerqué para participar activamente de sus propuestas.
En ese momento llevaban a cabo un Programa Integral en villas de la ciudad de Buenos Aires. Esta iniciativa buscaba generar una instancia de formación situada, donde los conocimientos adquiridos en la Universidad pudieran articularse con la realidad de diversos territorios, en colaboración con organizaciones sociales y experiencias comunitarias.
Entre las diversas propuestas, mi experiencia más significativa fue en el Centro de Orientación Psicológico y Psicopedagógico. Allí descubrí la potencia de articular los saberes académicos con el trabajo en
territorio, conocer la complejidad social, el rol de las instituciones, las redes comunitarias y todo el entramado humano que las sostiene. Fue una experiencia que me marcó profundamente y me permitió afianzar no solo mi vocación profesional, sino también mi sentido de pertenencia a la comunidad educativa de la UCA y mi compromiso con una educación transformadora situada y con enfoque de derechos humanos. A través de esta experiencia no solo consolidé herramientas técnicas, sino que también construí una mirada profesional crítica, comprometida y sensible a las condiciones sociales y culturales de los sujetos con quienes trabajamos.
Este artículo busca recuperar esa vivencia desde una perspectiva reflexiva, destacando el valor del aprendizaje-servicio como parte fundamental de una formación integral.
Desde mis primeros años de carrera participé en el Centro de Orientación, que articulaba la práctica profesional con el compromiso territorial. Allí realizamos evaluaciones y tratamientos psicopedagógicos a niñas, niños y adolescentes del Barrio Ricciardelli (ex villa 1-11-14), bajo la supervisión constante de docentes quienes no solo garantizaban el encuadre técnico, sino que también ofrecían ateneos de formación, espacios de contención y reflexión colectiva.
Este trabajo compartido, que ponía en valor la coconstrucción de saberes, fue clave para nuestro crecimiento. Para quienes estábamos dando nuestros primeros pasos en la práctica psicopedagógica, contar con profesionales como Florencia Aloisi, Florencia Gentile, Carolina
Schutz, Mariela Corleto y Gabriela Valiño fue una oportunidad invaluable. Nos enseñaron a vincularnos con sensibilidad, a sostener la escucha atenta y a intervenir desde un compromiso ético profundo. Uno de los principales desafíos fue la aplicación de técnicas diagnósticas. Muchas de las herramientas enseñadas en la carrera no estaban validadas para poblaciones en situación de vulnerabilidad. Esto nos llevó a desarrollar recursos propios y adaptar materiales. Este proceso no solo exigió creatividad, sino también un análisis crítico de las condiciones de producción del conocimiento: ¿para quiénes fueron pensadas estas pruebas?, ¿qué realidades excluyen?
Elaboramos nuestras propias estrategias de evaluación, diseñando pruebas pedagógicas alineadas con los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios (NAP), y complementamos las técnicas neurocognitivas estandarizadas con observaciones cualitativas, análisis del contexto y entrevistas a las familias. La experiencia nos mostró la necesidad de una evaluación situada y contextualizada para comprender la trayectoria de cada niño/a. Otro aspecto significativo fue la elaboración de planes de tratamiento. Nos permitió construir intervenciones desde la escucha, poniendo en el centro las infancias, sus tiempos, sus intereses y sus contextos. Recuerdo con afecto a cada niña y niño con quien trabajé, y la alegría compartida al reconocer avances. El trabajo en el barrio me permitió conocer en profundidad cómo operan las desigualdades sociales en la vida cotidiana. Muchas veces los obstáculos en el aprendizaje no
tenían que ver con una supuesta “dificultad individual”, sino con condiciones estructurales: falta de acceso a recursos educativos, necesidades básicas insatisfechas, trayectorias escolares interrumpidas. Acompañar a un niño o niña en su proceso de aprendizaje era también acompañar su historia, su entorno. La práctica fue una verdadera escuela de sensibilidad, empatía y compromiso.
También valoro especialmente que la Universidad nos diera la posibilidad de sistematizar nuestras experiencias. Junto con mis compañeras, presentamos nuestro primer trabajo en el VIII Encuentro Nacional de Docentes Universitarios Católicos (ENDUC-8), donde expusimos el análisis “Perfiles cognitivos en contextos de vulnerabilidad social: discrepancias en los índices del WISC IV”. Asimismo, participamos de congresos organizados por el Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS), donde comprendí que el aprendizaje-servicio genera saberes significativos y duraderos cuando se articula con necesidades reales de las comunidades.
En la Universidad también compartí espacios de reflexión con estudiantes de otras carreras que tenían las mismas inquietudes que yo y participaban en otros proyectos. Además, la cursada de la materia Desarrollo Humano Integral y Compromiso Social, dirigida a los/as estudiantes del programa, me permitió abordar desde un enfoque teórico, el contexto de los barrios donde trabajamos. Este tipo de actividades me permitió sentirme parte de algo más grande: una red de personas comprometidas con una Universidad que no se
encierra en sus aulas, sino que sale al encuentro del otro y se deja transformar por él.
Trabajar en contextos de alta vulnerabilidad me sensibilizó profundamente respecto al acceso desigual a los derechos. Muchas familias con las que trabajamos no contaban con cobertura médica, y acceder a terapias psicopedagógicas desde el sistema público era casi imposible. Que la Universidad pudiera ofrecer un dispositivo gratuito de atención fue, sin dudas, un acto de justicia social. El derecho a la salud, especialmente en las infancias, no puede depender de la condición socioeconómica.
A partir de esta experiencia surgió la idea de mi trabajo final de carrera. Me interesaba estudiar los factores mediadores en la relación entre nivel socioeconómico y desarrollo de habilidades cognitivas. Me preguntaba qué variables podrían favorecer el desarrollo lingüístico. Así realice un estudio comparativo en niños y niñas de tres años que asistían al Jardín Virgen de Itatí y a la Guardería Madre del Pueblo, en la villa 1-11-14. Años más tarde, trabajé como maestra de apoyo en ese mismo jardín, desarrollando propuestas para estimular el lenguaje y el juego.
Fue una oportunidad de devolver a la comunidad algo de lo aprendido. Tiempo después, ya egresada, me incorporé como profesional al Centro de Orientación, esta vez como supervisora de estudiantes. Fue profundamente gratificante acompañar a otras compañeras en su formación como había pasado conmigo.
La experiencia también impactó en otros espacios de mi trayectoria. Años más tarde, coordiné el área de Educación del Club Atlético Madre del Pueblo junto con una de mis compañeras del Centro, Stefanía Martínez León. Abrimos espacios de apoyo escolar en distintas capillas de la parroquia y nos incorporamos a la Red Comunitaria de Apoyos Escolares del GCBA. Más tarde compartimos el trabajo en la Escuela
Secundaria Madre del Pueblo, enfrentándonos a nuevos desafíos y ampliando nuestra mirada sobre el acompañamiento educativo.
Actualmente, continúo comprometida con el trabajo en organizaciones sociales. Desde 2019 formo parte de Ingeniería Sin Fronteras Argentina, donde coordino el área de voluntariado y colaboro con el área de formación e incidencia. Desde mi rol en esta organización, tuve la oportunidad de reencontrarme con la UCA. Una voluntaria, egresada de Ingeniería Ambiental de esta casa, nos puso en contacto con una cátedra para que pudiéramos formar parte de las Experiencias Formativas Inclusivas (EFI). Me llenó de alegría ver que el Área de Compromiso Social sigue construyendo lazos con organizaciones del territorio, ampliando el impacto social de la Universidad y formando profesionales comprometidos/as con la realidad.

El Programa de Compromiso Social cumplió, en mi caso, su objetivo más profundo: promover una formación profesional y humana integral, que le dio sentido a la carrera que elegí. Sostener y fortalecer programas como este es imprescindible. La Universidad no puede permanecer ajena a la realidad social. Formar profesionales con sensibilidad social, pensamiento crítico y compromiso con los derechos humanos debe ser parte central de su misión educativa.
Sostener alianzas con organizaciones sociales, centros comunitarios, escuelas y parroquias permite construir una verdadera cultura del encuentro, en la que todos y todas aprendemos de todos y todas. La Universidad, al salir de sus muros,
se enriquece, se transforma y se vuelve verdaderamente inclusiva. Hoy, mirando en retrospectiva, puedo decir con certeza que aquella experiencia me transformó. Me ayudó a encontrar un modo de ejercer mi profesión con sentido, con compromiso y con alegría. Me recordó que el conocimiento no puede estar separado de la realidad. Y me enseñó que cuando una Universidad pone los pies en el territorio, también pone el corazón en el centro de su proyecto educativo.
LICENCIADO EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS Y CONTADOR PÚBICO (UCA),
MBA POR LA UNIVERSIDAD DE TORONTO

Durante mis años en la Universidad Católica Argentina tuve la oportunidad de participar en el programa de Microemprendimientos, una iniciativa de la Dirección de Compromiso Social y Extensión inspirada en la propuesta del Papa Francisco de construir una universidad “en salida”. Este espacio nos invitaba a vincular los conocimientos adquiridos en las aulas con la realidad concreta de los barrios más vulnerables de Buenos Aires, en un encuentro que trascendía lo académico y se convertía en un ejercicio de humanidad compartida.
Nuestra tarea nos llevó a la villa 1-1114, donde acompañamos a vecinos en el desarrollo de pequeños proyectos productivos y comerciales.
Lo que en un inicio pensé como un modo de “dar” -mi tiempo, mis conocimientos, mi aporte personal- terminó convirtiéndose en un espacio de doble transformación. Descubrí que el compromiso social no es unidireccional: mientras intentábamos transmitir herramientas de gestión y organización, éramos nosotros los que aprendíamos sobre resiliencia, creatividad y dignidad.
Este artículo busca recuperar esa vivencia, reflexionar sobre su impacto y destacar la importancia de sostener en el tiempo estos espacios donde la Universidad y la sociedad se encuentran en un camino de aprendizaje mutuo. La experiencia consistió en un ciclo de talleres que se realizaban los viernes por la mañana, durante dos meses, en los que abordábamos conceptos básicos de economía y
administración: cómo calcular un costo, la importancia de prever un alquiler, qué significa la inflación, cómo promocionarse (ya sea diseñando un volante o entregando una tarjeta con un número de contacto).
La dinámica del programa era muy práctica. Durante esos dos meses, semana a semana, acompañábamos a los participantes en sus propios proyectos de negocio: algunos con ideas incipientes y otros ya en marcha. El trabajo consistía en ayudarlos a identificar por qué no estaban ganando dinero, cómo podían optimizar sus ingresos y qué aspectos necesitaban reforzar, ya fuera una mejor gestión de sus finanzas o una estrategia comercial más clara. También trabajábamos conceptos básicos como la diferencia entre activo y pasivo, o la importancia de distinguir y valorar los recursos disponibles, aunque parecieran pocos o insignificantes. En cada encuentro se avanzaba sobre casos concretos, lo que permitía que los emprendedores aplicaran de inmediato lo aprendido en su realidad cotidiana. Y a medida que progresábamos con el taller, los participantes compartían sus desafíos semanales e ideas enriqueciendo a todo el curso. Los conceptos que en el aula universitaria podían parecer elementales se transformaban en descubrimientos significativos en el barrio. Al finalizar el curso, una de las participantes me dijo con una sinceridad que me conmovió: “Gracias por sacarme el miedo”. No hablaba solo del miedo a los números o a los costos, sino del miedo más
profundo: el de no sentirse capaz, el de fracasar antes de intentarlo, el de pensar que superarse estaba reservado para otros. Me di cuenta de que lo más valioso del taller no fue enseñar a calcular un costo o a entregar un volante, sino acompañar a que alguien pudiera creer en sí mismo y animarse a emprender. Esa frase quedó grabada en mí porque me obligó a mirarme también hacia adentro. Comprendí que, aunque yo había tenido más oportunidades gracias a Dios -educación, familia, un contexto distinto-, también arrastraba mis propios miedos y desafíos. Lo que aprendí de esa resiliencia, de esas ganas de salir adelante en condiciones mucho más duras que las mías, lo llevo hasta hoy tanto en mi vida personal como en mi vida profesional. Esa experiencia me ayudó a poner en perspectiva mis propios problemas y a valorar que siempre es posible mejorar, aportar y tenderle la mano a alguien que tuvo menos oportunidades.
Al inicio, reconozco que mi motivación tuvo algo de egoísmo: yo quería ayudar, yo buscaba cumplir con el mandato cristiano de servicio, yo necesitaba sentir que estaba haciendo “mi aporte” ciudadano. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que el verdadero centro eran los alumnos. Cada viernes que alguien se acercaba a la parroquia para aprender era, en sí mismo, un acto de coraje. Ellos me enseñaban a valorar aquello que muchas veces damos por sentado: el acceso a la educación, a la información y a las oportunidades.
Este recorrido se inscribe en la lógica del aprendizaje-servicio (Tapia, 2006), donde el conocimiento se
vuelve significativo al ser compartido en diálogo con la realidad. Asimismo, refleja lo que Paulo Freire (1970) denomina educación liberadora: un proceso en el cual no hay un sujeto que enseña y otro que aprende, sino una comunidad que se construye en conjunto. Y conecta, además, con lo que el Papa Francisco denomina cultura del encuentro (Francisco, 2013): un espacio donde la diferencia no separa, sino que humaniza y enriquece. El mayor aprendizaje fue entender que la educación nunca es neutra: puede abrir caminos de dignidad o perpetuar desigualdades. También comprendí que enseñar no significa transmitir contenidos, sino generar confianza en el otro para que crea en sus propias capacidades. En lo personal, la experiencia me transformó en la forma de escuchar. Aprendí a callar más, a dejar que las personas expresaran sus motivaciones y temores antes de dar una recomendación. Este cambio de actitud no solo mejoró mi relación con los participantes, sino que después se trasladó a mi manera de trabajar en equipos profesionales: aprender a escuchar antes de proponer, y a entender que las personas tienen miedos y motivaciones no siempre evidentes.
En lo profesional, me permitió valorar el impacto real que tienen las pequeñas decisiones económicas en la vida de una familia. Lo que para nosotros era un simple ejercicio de planilla Excel, para ellos podía significar la diferencia entre poder o no pagarles a los proveedores para seguir con su negocio. Esa lección de realidad me acompañó luego en mi carrera en el mundo corporativo, recordándome
que detrás de cada estrategia financiera o de ventas siempre hay personas concretas.
Para la Universidad, este tipo de proyectos son fundamentales, porque conectan la teoría con la práctica y recuerdan a los estudiantes que la excelencia académica no puede desligarse de la responsabilidad social. Para los alumnos, son además un recordatorio de que su paso por la Universidad no se limita a obtener un título, sino que implica asumir un rol ciudadano activo. Y para la sociedad, abren espacios de inclusión donde la Universidad deja de ser un claustro aislado y se convierte en un actor comprometido en la construcción del bien común.
Hoy, al mirar hacia atrás, me doy cuenta de que la experiencia de Microemprendimientos en la UCA no solo me permitió colaborar con quienes buscaban oportunidades de progreso, sino que también moldeó
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
“En
un tiempo donde la indiferencia parece ganar terreno, la experiencia de Compromiso Social recuerda que no hay verdadera excelencia académica sin un fuerte sentido de solidaridad y responsabilidad ciudadana”
mi propia manera de entender la formación universitaria y el compromiso social. Fue una lección de humildad y de esperanza: la convicción de que pequeñas acciones, sostenidas en comunidad, pueden transformar vidas.
Esos viernes a la mañana, que en su momento implicaban sacrificar horas de sueño o reorganizar la agenda, terminaron siendo uno de los momentos más significativos de mi formación universitaria y personal. Proyectando a futuro, creo que la Universidad debe seguir animándose a ser una institución en salida, como pide el Papa Francisco: abierta, comprometida y cercana a las realidades más vulnerables. En un tiempo donde la indiferencia parece ganar terreno, la experiencia de Compromiso Social recuerda que no hay verdadera excelencia académica sin un fuerte sentido de solidaridad y responsabilidad ciudadana.
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. Tapia, M. N. (2006). Aprendizaje y servicio solidario. Buenos Aires: CLAYSS. Francisco (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Vaticano.


INGENIERA AMBIENTAL POR LA FACULTAD DE CIENCIAS FISICOMATEMÁTICAS
E INGENIERÍA DE LA UCA

Entre 2015 y 2016, participé del trabajo final de la carrera de Ingeniería Ambiental, titulado “Provisión de Agua y Desagües Cloacales en el Barrio Rodrigo Bueno”. Este proyecto se realizó en articulación con la Dirección de Compromiso Social y Extensión de la UCA, lo cual le dio un marco profundamente humano y transformador a nuestra formación técnica. Desde un primer momento, entendí que no se trataba de un trabajo académico convencional, sino de una oportunidad para poner al servicio de una comunidad real el conocimiento aprendido durante toda la carrera.
La posibilidad de integrar el compromiso social con la práctica profesional abrió un espacio para repensar el rol de la ingeniería en contextos de vulnerabilidad. En este texto comparto mi vivencia, los aprendizajes que me dejó y algunas propuestas para seguir fortaleciendo esta valiosa línea de formación.
El proyecto tuvo como objetivo relevar y proponer mejoras en el acceso al agua y al saneamiento en el Barrio Rodrigo Bueno, un asentamiento en la Costanera Sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
A lo largo del trabajo recorrimos el barrio, conversamos con vecinos, analizamos los problemas técnicos y buscamos, desde una perspectiva realista y participativa, aportar soluciones viables.
Gracias al acompañamiento de la Dirección de Compromiso Social, el trabajo trascendió lo técnico. Se generaron vínculos con otras instituciones, como la Defensoría del Pueblo, y se fortaleció un enfoque centrado en el diálogo y la escucha. Fue impactante observar que muchas familias en plena ciudad de Buenos Aires y en el siglo XXI, aún debían acarrear agua o convivían con pozos negros. Pero también fue profundamente movilizador descubrir la organización comunitaria, la creatividad y la resiliencia con la que enfrentaban estas dificultades.
La experiencia también nos permitió aplicar, de manera tangible, enfoques de aprendizaje-servicio, donde el conocimiento se construye en la acción, junto a otros, y en respuesta a necesidades concretas. Esta práctica favoreció no solo la integración de saberes técnicos estudiados en la carrera, sino también la formación ética, ciudadana y comprometida. Diseñamos diferentes alternativas como canillas comunitarias, sistema de alcantarillado sin arrastre de sólidos (ASAS), y el diseño de conexiones a redes de agua existentes. Además, propusimos pequeñas mejoras en el uso y mantenimiento de pozos, la desinfección del agua y acciones de concientización, acompañadas de materiales gráficos.
Estas últimas mejoras y acciones no resolvían el fondo estructural del problema, pero podían aliviar realidades urgentes mientras se avanzaba hacia la urbanización del asentamiento, donde los diseños técnicos mencionados anteriormente pudieran utilizarse.
Esta experiencia dejó huellas profundas en mi formación personal y profesional. Pude vivenciar mi vocación ingenieril que no se reduce a cálculos o estructuras, sino que cobra sentido cuando se orienta a la transformación social. Aprendí a escuchar con empatía, a priorizar lo humano por sobre lo ideal, a comunicar de forma clara con actores diversos y a reconocer el valor del conocimiento colectivo. Desde el punto de vista institucional, este tipo de proyectos promueven una Universidad que no se encierra en sus aulas, sino que se proyecta hacia su entorno con vocación transformadora. También permite visibilizar que la formación integral incluye valores como la justicia social, la equidad y la responsabilidad comunitaria. En lo personal, como mencioné, me confirmó mi vocación, ejerciendo mi profesión con sentido
ético y compromiso social, y que la verdadera innovación no siempre está en la tecnología más avanzada, sino en saber adaptarse al contexto y trabajar junto a quienes viven las problemáticas.
Considero fundamental que la UCA siga fortaleciendo estas iniciativas que combinan formación profesional con compromiso social. Proyectos como el que desarrollamos en Rodrigo Bueno deberían formar parte estructural del recorrido académico, como espacios de aprendizaje y servicio articulado. Recomiendo seguir impulsando el trabajo interdisciplinario, involucrando estudiantes de distintas carreras, y promoviendo más espacios de encuentro con organizaciones sociales y con las propias comunidades. También sería valioso sistematizar las experiencias desarrolladas para que puedan servir como base para futuras intervenciones y generar una red de aprendizajes compartidos. Mantener y ampliar el accionar de la Dirección de Compromiso Social es clave para seguir formando profesionales éticos, comprometidos con la realidad de nuestro país y capaces de aportar al bien común.


CAPACIDADES DE DESARROLLO Y SOCIEDAD CIVIL EN LAS VILLAS DE LA CIUDAD
Eduardo Lépore (coord.)
LAS VILLAS DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
Territorios frágiles de inclusión social
Ana Lourdes Suárez, Ann Mitchell y Eduardo Lépore (eds.)
Idalina Bareiro

Mi nombre es Idalina Bareiro, empecé la carrera de Abogacía en la UCA en 2011 gracias a la Fundación Uniendo Caminos, que brinda apoyo escolar en Barracas. A través de ellos conocí el Programa Unir de la UCA, que me acompañó durante toda mi etapa universitaria. Un momento muy importante de dicho recorrido fue en 2013, cuando

estuve a punto de abandonar la carrera. No me sentía parte del grupo de compañeros, me costaba adaptarme y pensaba que ese espacio no era para mí, estaba dejando de asistir a clases, lo que implicaba que me retrasara en las materias. En ese contexto, las tutoras del programa me invitaron a conversar, me escucharon con empatía, entendieron lo que me pasaba y me ofrecieron la posibilidad de cambiarme al turno noche. Esa alternativa fue clave, retomé la carrera.
Lo que valoro profundamente es que no solo me ofrecieron una solución concreta, sino que me hicieron sentir acompañada y sostenida en un momento difícil. Me demostraron que no estaba sola, que había otras formas de continuar y que mi lugar en la Universidad también podía construirse de otra manera con mis propias posibilidades.
Por esto puedo decir que el Programa Unir fue mucho más que un apoyo académico para mí: fue escucha, contención, comunidad, porque se compartían espacios con otras personas pertenecientes al programa. Me ayudaron a crecer, a confiar en mí misma y a seguir adelante, cuando pensé que no podía. Hoy, ya como profesional trabajando como abogada en el Ministerio Público Fiscal de la Nación, miro ese camino con muchísimo agradecimiento y orgullo. Haber sido parte de Unir marcó una diferencia enorme en mi vida. Gracias.


APRENDIZAJES EN CONTEXTOS DE VULNERABILIDAD SOCIAL
Juan Cruz Hermida (coord.)
EL BARRIO SAN FRANCISQUITO. Una mirada construida participativamente
María Elena Aradas Díaz (coord.)

Jorge Alejandro Mohamad
INGENIERO MECÁNICO. MASTER OF SCIENCE IN ENGINEERING. MAGÍSTER EN SOCIOLOGÍA. PROFESOR TITULAR ORDINARIO. DIRECTOR DE LA CARRERA DE INGENIERÍA INDUSTRIAL

Este trabajo tiene como objetivo mostrar el desarrollo de competencias actitudinales mediante un proyecto colaborativo de extensión y vinculación, dentro de una cátedra de 5° año de la carrera de Ingeniería Industrial. El Consejo Federal de Decanos de Ingeniería (CONFEDI) establece las competencias de egreso de las carreras de Ingeniería en dos grupos: tecnológicas y actitudinales. Entre estas últimas leemos: actuar con ética, responsabilidad profesional y compromiso social, considerando el impacto económico, social y ambiental de su actividad en el contexto local y global. En la carrera de Ingeniería Industrial de la UCA, nos propusimos llevar adelante el Proyecto Emprende, en la materia Administración de Empresas desde 2021.
El objetivo es “generar un espacio de colaboración entre la cátedra Administración de Empresas de Ingeniería Industrial de la UCA y la organización Socio Comunitario, mediante el cual los docentes y estudiantes desarrollen una actividad de capacitación, asesoramiento técnico y acompañamiento actitudinal hacia emprendedores sociales que participen de los programas de sus organizaciones”.
El proyecto constituye un proceso de enseñanza-aprendizaje que asegura la incorporación de contenidos específicos, y a su vez desarrollar competencias actitudinales. Logra
que los estudiantes adquieran una real actitud de compromiso social desde una perspectiva profesional, vinculando sus conocimientos y habilidades a problemáticas reales que favorecen un desarrollo social y económico equitativo.
MODELO APRENDIZAJE Y SERVICIO SOLIDARIO
El marco teórico adoptado es el del Aprendizaje y Servicio Solidario (AYSS). Para llegar a incorporar esta dimensión de la educación superior, partimos de los tres pilares tradicionales: docencia, investigación y extensión. Tomando como referencia a María Nieves Tapia en su libro “El compromiso social en el currículo de la educación superior”, nos presenta un modelo superador de estos tres pilares, integrándolos en la perspectiva del Aprendizaje y Servicio Solidario, y reconociendo a las instituciones de educación superior como partes del conjunto de la comunidad: En este modelo, las misiones se interconectan: la investigación se realiza orientada por las necesidades del territorio, la docencia se contextualiza y la extensión involucra a la investigación y a la docencia en un accionar participativo en redes territoriales. De este modo, los futuros profesionales se forman participando activamente de la solución de las problemáticas comunitarias, participando de un proceso integrado con otros actores (Tapia, 2018)
En este sentido, al incorporar el AYSS, las universidades, sus docentes y estudiantes no solo realizan una efectiva transferencia de conocimientos y productos de sus investigaciones, sino que también se realimentan con la realidad compleja de su territorio a través de un trabajo colaborativo. El Aprendizaje y Servicio Solidario constituye en sí mismo una experiencia de aprendizaje, que puede estar incluida en actividades curriculares obligatorias u optativas, que debe responder a contenidos y competencias bien definidos, pero que a su vez se vincula y se transfiere eficazmente para cubrir necesidades reales de una comunidad. Las actividades de aprendizaje-servicio no solo permiten mejorar la calidad e inclusión educativa, sino que también empoderan a niños, adolescentes y jóvenes para ser protagonistas de mejoras significativas en la calidad de vida de sus comunidades, y desarrollar respuestas creativas y participativas a las problemáticas sociales y ambientales más urgentes, formando una ciudadanía activa y crítica desde muy temprana edad (Tapia, 2018). Es importante resaltar que este AYSS no está constituido por actividades de voluntariado universitario, sino que debe formar parte de la enseñanza profesional de la carrera.
La Dirección de Compromiso Social y Extensión en la UCA define las Experiencias Formativas Inclusivas (EFI) como:
“Las EFI son una actividad académica con una consideración estrictamente práctica temporal que se da durante el cursado de una asignatura en el marco del dictado de la carrera, mediante la cual el alumnado pone en práctica sus conocimientos en favor de la sociedad, complementando así la formación académica superior con su futura capacitación profesional. Para ello se constituye un espacio en donde ponen en práctica los conocimientos, competencias y habilidades que van adquiriendo durante el proceso de enseñanza y aprendizaje brindado por los docentes de las diferentes cátedras” (Pontificia Universidad Católica Argentina, 2021)
La visión estratégica de las EFI se orienta a la integración de las tres dimensiones del conocimiento: el Saber, el Saber Hacer como competencia para la acción, y el Saber Ser como desarrollo de valores y actitudes que faciliten el desarrollo profesional con un sólido marco de referencia ético, y comprometidos socialmente. Esto se engloba en lo que el Papa Francisco denomina la integración de cabeza, manos y corazón en la cultura del encuentro. Que un educando piense lo que siente y lo que hace, sienta lo que piensa y lo que hace, haga lo que siente y lo que piensa. Integración total (Francisco, 2020).
La cátedra Administración de Empresas se ubica en el primer cuatrimestre del 5° año de Ingeniería Industrial, y entre sus contenidos están: la definición de la propuesta de valor de una empresa, la conceptualización de un modelo de negocios
adecuado, la formulación de un plan estratégico en el mediano plazo, el diseño de su estructura a través de un organigrama, y la integración entre estrategia y control de gestión aplicando el tablero de comando. La formación práctica de esta cátedra se centra en el desarrollo de un proyecto de negocio en el cual los estudiantes, guiados por los docentes tutores, cumplen con 4 etapas: 1) Propuesta de valor, 2) Análisis del entorno, 3) Análisis de las capacidades y confección de la matriz FODA, 4) Definición de visión y misión, selección de la estrategia y confección del plan estratégico estableciendo objetivos y metas.
Estos contendidos se adaptan para asociarlos a proyectos de emprendimientos reales en contextos de la economía social, de manera que los alumnos vayan incorporando técnicas y herramientas profesionales a medida que las aplican en los proyectos de negocio, logrando una formación práctica vinculada a la realidad social de nuestro país. A esto se le agrega el desarrollar competencias sociales como el trabajo colaborativo en equipo y la comunicación con socios comunitarios diversos. Mediante este espacio se busca desarrollar competencias en los grupos:

1) Emprendedores:
• Definir claramente su modelo de negocio, especificando la mejor opción de su propuesta de valor.
• Desarrollar el espíritu emprendedor.
2) Estudiantes:
• Gestionar y desarrollar proyectos de negocios.
• Desempeñarse de manera colaborativa en equipos de trabajo y comunicarse con efectividad.
• Actuar con ética, responsabilidad profesional y compromiso social.
Desde el ciclo académico 2022 nos vinculamos con la asociación civil Fuerza Mujeres, trabajando colaborativamente en su Programa Fuerza Emprendedora +40, dirigido a mujeres de más de 40 años que consideren su reinserción laboral a través de un emprendimiento.
Como conclusión de todo lo expuesto, podemos asegurar que los estudiantes adquirieron una actitud de compromiso social desde una perspectiva profesional vinculando sus conocimientos y habilidades a problemáticas reales que favorecen un desarrollo social y económico equitativo. Desde el punto de vista actitudinal (el Saber Ser), también adquirieron competencias sociales de comunicación en entornos diversos y con situaciones que necesitan de una alta empatía, como es el trabajo con emprendedores sociales.
A continuación, transcribimos algunos comentarios hechos por los estudiantes a través de las encuestas de evaluación:
“El hecho de ayudar a los demás con nuestro conocimiento, mientras aplicamos a medida que aprendemos los temas de la materia, es lo que más valoro”.
“El proyecto nos permitió estar más cerca de la realidad a una escala de un emprendimiento logrado con esfuerzo. De esta manera pudimos canalizar lo teórico de la materia con lo práctico de todos los días, y ver que la teoría y el trabajo en equipo son fundamentales para enfrentar un problema”.
En lo personal, este modelo de Aprendizaje y Servicio Solidario materializado en las EFI me brindó la oportunidad de llevar a la práctica un aspecto de mi vocación docente que siempre tuve presente, pero que no encontraba la oportunidad ni la metodología de aplicarlo: la dimensión trascendente de la academia al servicio del prójimo con plena gratuidad evangélica.
Francisco, P. (2020). Vaticano. Obtenido de: https://www.vatican.va/ content/francesco/es/speeches/2020/february/documents/papafrancesco_20200207_education-globalcompact.html
Pontificia Universidad Católica Argentina (2021). Vicerrectorado de Integración. Obtenido de: https://wadmin.uca.edu.ar/public/ Compromiso Social/guia efi.pdf
Tapia, M. N. (2018). El compromiso social en el currículo de la educación superior. Buenos Aires: Ediciones CLAYSS.

LICENCIADA EN PSICOPEDAGOGÍA. PROFESORA DE LA FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS ECONÓMICAS

En el marco de la cátedra Orientación y Tratamiento en Clínica Psicopedagógica de Niños, se llevó a cabo el desarrollo de Experiencias Formativas Inclusivas (EFI) como propuesta de enseñanza-aprendizaje, durante los ciclos lectivos 2023 y 2024 en el Centro Comunitario Educativo San José, en Mendoza, Argentina. En este artículo se relata la experiencia efectuada en 2024.
Realizar el proyecto de Compromiso Social, como docente universitario, fue una oportunidad de mirar la enseñanza desde otro lugar. Porque no solo se trata de transmitir contenidos, sino de acompañar y guiar a los estudiantes en la construcción de una sensibilidad profesional situada en diversos contextos. Como afirmó el Papa Francisco (2018), “la comunidad educativa no puede reducirse a aulas y bibliotecas, sino que debe ser desafiada continuamente a la participación”.
El proyecto “Fortalecimiento de las habilidades lectoescritoras” fue realizado entre septiembre y noviembre de 2024 en el Centro Comunitario Educativo San José, el cual recibió con los brazos abiertos esta propuesta.
Este establecimiento se encuentra en el barrio Flores Sur, en la ciudad de Mendoza. Obra de la Congregación de San José, tiene el fin de
acompañar con contención social y educativa, a través de un servicio gratuito, el crecimiento de niños y adolescentes, en una zona vulnerable de la provincia de Mendoza. Es importante hacer un breve recorrido de los antecedentes de este proyecto para comprenderlo mejor. En 2023, en conjunto con la cátedra Clínica Psicopedagógica de Niños, dictada en el primer semestre de 3° año, se abordó la problemática de las dificultades presentes en la población que asiste al centro. En esa oportunidad, los estudiantes con la profesora Viviana Tirapu realizaron un screening (aplicación de selección de técnicas de evaluación psicopedagógica) de las habilidades y los desafíos que presentaban niños de entre 6 y 10 años, seleccionados por la psicopedagoga y la directora del centro, que contaban con mayores desafíos escolares. Con los resultados obtenidos, en el segundo semestre de 2023 se llevó a cabo una intervención de estimulación de esas dificultades con los mismos estudiantes de 3° año. Posteriormente, en la segunda mitad de 2024, los estudiantes de la nueva promoción de 3° año de la carrera de Psicopedagogía trabajaron con la mayoría de los niños que fueron vistos el año anterior, de forma individual, pero en esta oportunidad haciendo hincapié en sus dificultades en áreas críticas del aprendizaje como conciencia fonológica, fluidez lectora, comprensión lectora y caligrafía. El objetivo general del proyecto fue fortalecer las habilidades lectoescritoras de niños mediante la implementación de un plan de intervención psicopedagógica, dado que esas deficiencias interfieren en su capacidad de seguir
el ritmo escolar y desarrollar una competencia lectoescritora adecuada, pudiendo así verse afectado su desarrollo académico y social. Desde el primer encuentro se generó un clima de confianza y de mutuo aprendizaje. Los estudiantes de Psicopedagogía demostraron una disponibilidad para asistir con actividades planificadas desde los contenidos teóricos de la cátedra, integrando enfoques actuales en el abordaje de dificultades específicas del aprendizaje y la implementación de estrategias psicopedagógicas que contribuyeran a la estimulación cognitiva de los sujetos seleccionados. Las actividades que se prepararon fueron lúdicas y con materiales realizados por los propios alumnos de la carrera, demostrando así su compromiso y preparación para la tarea. Una estudiante de 3° año, en la evaluación final del proyecto, destacó como factor positivo: “Fue una hermosa experiencia, donde pude aplicar la teoría a la práctica y, a la vez, entablar un vínculo con una pequeña de 7 años, de quien aprendí, entre otras cosas, la importancia de desarrollar empatía como profesionales y de flexibilizar el tratamiento para ir adaptándolo a las distintas circunstancias, imprevistos que pueden surgir. Estar atenta
“No solo se trata de transmitir contenidos, sino de acompañar y guiar a los estudiantes en la construcción de una sensibilidad profesional situada en diversos contextos”
al interés de ella, a qué le gustaba, a reforzar positivamente sus logros en la sesión, fue la clave para lograr su participación y atención. Fue muy satisfactorio”.
De este modo se pudo observar que se cumplió lo señalado por la Dirección de Compromiso Social y Extensión (2020). “Las iniciativas de este tipo buscan promover: aprendizaje interdisciplinar, compromiso ciudadano, desarrollo profesional (toma de decisiones y adaptarse), conciencia social y análisis crítico”. La aplicación de este trabajo, durante el cursado de la materia, benefició a los estudiantes en la transferencia de la teoría a la práctica, en un contexto real y complejo. Por eso, la experiencia de compromiso social fue rica y transformadora para todos los involucrados en el proyecto.
Asimismo, más allá de saber la teoría, implicó el desarrollo de habilidades, como la responsabilidad y el poder observar más allá de la dificultad, teniendo en cuenta los intereses, las motivaciones, los estilos de cada niño asistente al Centro San José. Es valioso destacar el trabajo en equipo que se consiguió desarrollar, dado que al compartir sus experiencias se aconsejaban entre los mismos estudiantes y aprendían los unos de los otros.
Como docente a cargo, se buscó que valoraran los pequeños logros de cada uno, tanto de su trabajo como de los avances conseguidos en los niños. El aporte tal vez fue sentido como breve, por el poco tiempo con el que se cuenta al ser una materia semestral. Sin embargo, el impacto por pequeño que se perciba tiene repercusiones más allá del momento en que se lleva a cabo. La alegría de los niños al esperar y recibir a los estudiantes, su buena predisposición a realizar las actividades, todo ello da sentido al esfuerzo de participar en las EFI.
Para los representantes del Socio Comunitario: “Fue un gran desafío para los alumnos poder captar las necesidades reales y llevar una propuesta de mejora, entendiendo el impacto real y cómo pueden modificar y mejorar el proyecto en forma integral”. Valoraron el acompañamiento brindado y la atención personalizada dada a cada niño, clave para el desarrollo de una trayectoria escolar positiva. En los dos años trabajando con la misma comunidad, se logró el fortalecimiento de la propuesta de aprendizaje-servicio. Como señala Puig (2009), el compromiso social universitario implica “formar ciudadanos responsables, capaces de transformar su entorno con sentido ético y crítico”. En este sentido, las EFI constituyen una herramienta potente de formación integral. Sostener este tipo de propuestas en el tiempo es clave para consolidar el vínculo universidad-comunidad y generar procesos de mayor impacto. Como afirma el Papa Francisco (2018) en su discurso a los universitarios en Chile: “Ustedes son interpelados para generar procesos
que iluminen la cultura actual, proponiendo un renovado humanismo que evite caer en todo tipo de reduccionismo”.
Las Experiencias Formativas Inclusivas son más que un proyecto de extensión: son un espacio vital de aprendizaje situado, una pedagogía que toca, que transforma, que deja huella. Apostar por ellas es apostar por una universidad comprometida con la realidad y con el otro.
Por último, es importante destacar el acompañamiento desde el día uno de este camino recorrido. Desde la directora de la carrera de Psicopedagogía, Dra. Viviana Garzuzi, que propuso este trabajo con la cátedra, la comunicación constante de Compromiso Social Mendoza con Marisa Pérez, la predisposición y apertura de la comunidad del Centro San José con su directora, Ivana Ayala, y la psicopedagoga Ivana Amaya, y los estudiantes de 3° año de la licenciatura en Psicopedagogía que se animaron y realizaron la propuesta con alegría y amor.
Como docente de la Universidad Católica Argentina desde hace un poco más de diez años, me alegra poder ser parte de experiencias como estas que colaboran al crecimiento profesional, pero más que nada al crecimiento personal. De esta manera se puede decir que el proceso de enseñar acompaña al aprender, y con esta oportunidad al transformar como seres humanos y crecer de forma integral.
Inclusivas son más que un proyecto de extensión: son un espacio vital de aprendizaje situado, una pedagogía que toca, que transforma, que deja huella. Apostar por ellas es apostar por una universidad comprometida con la realidad y con el otro”

Dirección de Compromiso Social y Extensión. (2020). Experiencias Formativas Inclusivas: Formar expertos en humanidad. Documento orientador para directivos y docentes. Universidad Católica Argentina. Francisco (17 de enero de 2018). Papa a universitarios: pongan el conocimiento al servicio de la vida. Vatican News. Recuperado de: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2018-01/ papa-francisco-viaje-apostolic-chile-encuentro-universidad.html Puig, J. M. (2009). La educación en valores y la práctica docente. Graó. P2 C2

EXPERIENCIAS FORMATIVAS INCLUSIVAS (EFI)

CONOCIENDO LAS EXPERIENCIAS FORMATIVAS INCLUSIVAS - UCA
INGENIERA AMBIENTAL (UCA) Y MBA (UTDT). DOCENTE DE LA CARRERA DE INGENIERÍA AMBIENTAL

La experiencia me permitió integrar mi rol profesional con una propuesta educativa transformadora. Desde la cátedra de Gestión Ambiental I, acompañamos a estudiantes de Ingeniería Ambiental en un proceso de aprendizaje-servicio, colaborando con la organización Ingeniería Sin Fronteras Argentina (ISF-Ar). El objetivo fue desarrollar herramientas de gestión ambiental aplicadas a una obra real en el centro comunitario Por un Mundo Mejor, de Quilmes. Esta experiencia no solo fortaleció la formación académica, sino que también generó un impacto concreto en la comunidad. El proyecto se centró en asesorar a una organización sin fines de lucro en la implementación de un sistema de gestión ambiental, aplicando la normativa ISO 14001:2015. A través de visitas al centro comunitario, relevamientos de campo y espacios de diálogo con el socio comunitario, los estudiantes elaboraron un manual de gestión de residuos adaptado a las condiciones reales de la obra. La metodología incluyó tres etapas: la primera, de reconocimiento al
socio comunitario a través de una charla abierta para toda la Facultad; la segunda, acerca de entender la realidad del socio y empezar a pensar en el producto final de las EFI, incluyendo una visita a la obra en Quilmes; la tercera, la elaboración del informe manual de gestión de residuos en obra y la reflexión final junto a ISF-Ar y Compromiso Social. La diversidad de actores involucrados enriqueció el proceso, permitiendo a los estudiantes desarrollar pensamiento crítico, habilidades de comunicación y conciencia del impacto social de su profesión. Entre los aprendizajes más significativos se destacan:
• Aplicación práctica de herramientas de gestión ambiental en contextos reales.
• Desarrollo de competencias transversales como el trabajo en equipo, la comunicación efectiva y la evaluación del impacto social.
• Generación de un producto concreto (manual de gestión de residuos) con utilidad directa para la organización.
La experiencia también fortaleció el vínculo entre universidad y comunidad, promoviendo una formación integral que trasciende lo académico.
Es fundamental sostener y ampliar este tipo de propuestas en la Universidad. Las EFI permiten a los estudiantes vivenciar el compromiso social desde su disciplina, y a las organizaciones acceder a
conocimientos técnicos que potencian su labor. Sería valioso incorporar más actores comunitarios, fomentar la continuidad de los proyectos en ediciones futuras y sistematizar los aprendizajes para retroalimentar la práctica docente. Desde mi lugar, animo a mis colegas
docentes de la Universidad a que se sumen a esta iniciativa, ya que les agrega la dimensión humana a los contenidos de las materias y esto genera un entusiasmo total en los alumnos. Además, no implica un trabajo extra, sino que puede integrarse bien en las cursadas.
ISO 14001:2015. Sistemas de gestión ambiental - Requisitos con orientación para su uso.



CONTADORA PÚBLICA Y DOCENTE DE LA CÁTEDRA CONTABILIDAD SOCIO
AMBIENTAL Y DE ONG Y TRIPLE IMPACTO - EMPRESAS B

Ante las diversas problemáticas que afectan a nuestra sociedad, se observa una creciente demanda por parte de la ciudadanía de cuidar el medioambiente, las personas y de respetar los derechos humanos. Las organizaciones se han convertido en los principales destinatarios de esta demanda, puesto que son percibidas como grandes instrumentos de transformación, capaces de iniciar y gestionar procesos de cambio. En este sentido, las organizaciones se han visto convocadas no solo a dar respuesta, sino también a informar de la manera más transparente posible la medida en la que contribuyen a satisfacer estas demandas sociales. Frente a esta necesidad de información por parte de los actores sociales, cuyos intereses se ven o pueden verse afectados por la actividad de las organizaciones -esto es, los llamados “grupos de interés”-, la disciplina contable encuentra un nuevo y desafiante ámbito de actuación: la elaboración de “reportes de sostenibilidad”. Este desafío de la disciplina contable conlleva, indudablemente, el desafío de formar profesionales con conocimientos en estas temáticas y, a la vez, conscientes del rol de las organizaciones en la generación de un impacto económico, social y ambiental. En 2024, desde la cátedra Contabilidad Socio Ambiental y de ONG se identificó la necesidad de una cooperativa agraria con presencia en la ciudad de Rosario de robustecer su Balance Social Cooperativo: Agricultores Federados Argentinos. En los apartados siguientes, se describirá la experiencia desarrollada desde la cátedra, su importancia y
fundamentación pedagógica, los logros alcanzados y las proyecciones a futuro.
FORMATIVAS INCLUSIVAS Y LA MISIÓN DE LA UCA
“Formar graduados expertos en humanidad”, reza la misión de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Con una clara misión al servicio de la comunidad, especialmente de los más vulnerables, la UCA busca dar respuesta a las demandas y necesidades de cada época por medio de la investigación, la enseñanza sistemática e integrada de las distintas disciplinas y la formación humanista y cristiana, a partir de sólidos fundamentos científicos y valores éticos que abran al ser humano a la trascendencia. En este sentido, la UCA entiende que su responsabilidad consiste en la formación de un graduado como alguien “experto en humanidad” (Proyecto institucional 2018-2022, pág. 4).
Sin embargo, brindar una formación humanista e integral orientada al servicio de la sociedad no es exclusivamente misión de la UCA, sino que se ha convertido en un imperativo en la formación universitaria del siglo XXI. De acuerdo con los autores Martínez, Buxarrais y Esteban, nuestras sociedades actuales necesitan más que nunca ciudadanos con rasgos éticos, y la Universidad debería ser la encargada de formar ciudadanos responsables y comprometidos éticamente con la realidad social que los rodea (2002, pág. 22).
Por tanto, si la tarea formativa consiste en crear condiciones para el
logro de determinados aprendizajes, la formación humanista e integral debe consistir en identificar y generar las condiciones que garanticen aprendizajes éticos, es decir, orientados a la optimización de la persona en su dimensión individual y como miembro de una comunidad (Martínez, Buxarrais, & Esteban, 2002, pág. 23).
En este sentido, las Experiencias Formativas Inclusivas constituyen una metodología de enseñanza-aprendizaje capaz de contribuir al objetivo de formar profesionales para el siglo XXI expertos en humanidad.
Las Experiencias Formativas Inclusivas (en adelante, EFI) se basan en la metodología del Aprendizaje y Servicio Solidario (AYSS). Dicha metodología tiene por objetivo que los alumnos pongan al servicio de la comunidad los conocimientos adquiridos en un determinado trayecto educativo, con el fin de que estos se involucren activamente en la resolución de los problemas presentes en su entorno, al tiempo que adquieren competencias que contribuyen a su formación profesional, en el caso de la educación superior.
Es importante destacar que la característica propia del aprendizaje-servicio en la educación superior es que contribuye a la formación profesional del alumnado a la vez que promueve el desarrollo local, por medio de la articulación intencionada del docente de la actividad con los contenidos de aprendizaje.
Dado que forma parte de los contenidos curriculares de la materia
Contabilidad Socio Ambiental y de ONG, el estudio de ciertos marcos para la elaboración de reportes o memorias de sostenibilidad comenzó a gestarse en 2024, con la idea de desarrollar una EFI para contribuir a la mejora del Balance Social de una organización perteneciente a la ciudad de Rosario.
A través de la Dirección de Compromiso Social de la sede, se identificó la posibilidad de que la organización destinataria de este proyecto fuera la cooperativa Agricultores Federados Argentinos (AFA), la cual elaboraba un Balance Social Cooperativo y ya había participado de experiencias similares en otras cátedras.
Luego de mantener conversaciones con los responsables de la elaboración del Balance Social de la cooperativa, los docentes de la cátedra identificaron una necesidad que se relacionaba directamente con los contenidos de la materia: enriquecer el Balance Social Cooperativo de AFA, con las guías y los principios del Marco GRI que forman parte de los contenidos curriculares de la materia. El Marco GRI (por sus siglas en inglés, Global Reporting Initiative) constituye una guía para la elaboración de las llamadas Memorias de Sustentabilidad de una organización, que goza de amplio reconocimiento a nivel internacional y contiene guías detalladas por industria para el reporte de los impactos de una organización sobre la economía, la comunidad y el
medioambiente, incluyendo los impactos sobre los derechos humanos. La cooperativa, por su parte, utiliza como marco para la elaboración de su Balance Social los Principios de Alianza Cooperativa Internacional. Dado que el Marco GRI es un sistema de estándares modulares flexibles y adaptables, no resulta incompatible con el marco utilizado por AFA y, por ende, pueden realizarse propuestas de mejora. La EFI desarrollada tiene, por tanto, un doble objetivo: contribuir a la formación de profesionales en Ciencias Económicas con competencias en la elaboración de Memorias de Sustentabilidad, y fortalecer el Balance Social de la cooperativa Agricultores Federados Argentinos (el socio comunitario) a partir de los aportes brindados por los docentes y alumnos de la cátedra.
Durante el primer semestre de implementación de la experiencia, se procedió a realizar un diagnóstico de las siguientes áreas vinculadas a la elaboración del Balance Social: visión de la cooperativa con respecto a la sostenibilidad/sustentabilidad, principales grupos de interés y marco utilizado actualmente para la elaboración del Balance Social Cooperativo.
Asimismo, se solicitó a los alumnos que elaboraran propuestas de mejora del Balance Social de la cooperativa a partir del Marco GRI. Las propuestas debían referirse a:
• Qué información proporcionada por la cooperativa podría ampliarse o mejorarse, conforme el Marco GRI.
• Qué información adicional podría brindarse, siguiendo las indicaciones del Marco GRI.
En base al diagnóstico realizado, cada grupo debió documentar las conclusiones alcanzadas y elaborar propuestas de mejora al Balance Social de AFA a partir del Marco GRI. Los alumnos elaboraron diversas propuestas, entre las cuales se destacan:
• Mejora del Anexo de RR.HH. en base al GRI 401 Empleo, GRI 403 Salud, seguridad en el trabajo, GRI 404 Formación y educación.
• Mejora del cuadro de Valor Agregado Cooperativo a partir del GRI 201.
Las conclusiones y propuestas se presentaron a la responsable de la elaboración del Balance Social Cooperativo de AFA, Florencia Doná. Además, durante el semestre los alumnos tuvieron oportunidad de intercambiar ideas y formular preguntas referidas a la elaboración del mencionado Balance, y dialogar con ellos con respecto a las posibles ideas de mejora.
APRENDIZAJES Y APORTES
En el desarrollo de la experiencia, se destacan principalmente dos instancias de formación y acompañamiento a los alumnos. En primer lugar, “las visitas realizadas a la sede de AFA”. Las mismas tienen lugar durante cada semestre de implementación, y tienen por objetivo que los alumnos puedan conversar directamente con los encargados de la elaboración del Balance Social de la cooperativa y de discutir con ellos posibles propuestas de
mejora. Esta actividad permite a los alumnos aplicar los contenidos aprendidos durante las clases a la realidad concreta, así como detectar desafíos que se derivan de su aplicación práctica, promoviendo la reflexión.
En segundo lugar, “las instancias de cierre y reflexión junto con el socio comunitario”. Estas instancias tienen lugar en la última clase de cada semestre de implementación. En ella, los alumnos deben exponer sus propuestas al socio comunitario, demás alumnos y docentes. Además, reciben retroalimentación de parte del socio y de los docentes en cuanto al trabajo realizado. En base a los comentarios y la retroalimentación
C4
“Desde la cátedra, estamos convencidos de que esta metodología de enseñanza- aprendizaje permite no solo la apropiación de los contenidos, sino que posibilita un aprendizaje verdaderamente significativo por parte de los alumnos, promoviendo en ellos la reflexión en torno a los interrogantes éticos, desafíos y posibilidades que existen en el ejercicio profesional”
recibida, pueden evidenciar errores y confusiones en la comprensión de los contenidos teóricos de la materia, así como poner en práctica habilidades como comunicación oral, trabajo en equipo, resolución de dudas por parte del socio comunitario, entre otras. Desde la cátedra, estamos convencidos de que esta metodología de enseñanza-aprendizaje permite no solo la apropiación de los contenidos, sino que posibilita un aprendizaje verdaderamente significativo por parte de los alumnos, promoviendo en ellos la reflexión en torno a los interrogantes éticos, desafíos y posibilidades que existen en el ejercicio profesional.
Martínez, M., Buxarrais, M. R., & Esteban, F. (2002). La Universidad como espacio de aprendizaje ético. Revista Iberoamericana de Educación (29), 17-42.
UCA (2018). Proyecto institucional 2018-2022. Buenos Aires, Argentina. Obtenido de: https://issuu.com/univcatolicaargentina/docs/uca-proyecto-institucional-2018-2022

DOCENTE DE LA CÁTEDRA GESTIÓN DE RECURSOS DE LA LIC. EN PSICOPEDAGOGÍA - SECRETARIA ACADÉMICA DE LA FACULTAD TERESA DE ÁVILA

En el marco de los 15 años de la creación de la Dirección de Compromiso Social y Extensión de la Universidad Católica Argentina, queremos compartir lo transitado a partir de la EFI denominada Taller En Búsqueda de Empleo, que tiene como objetivo la ideación e implementación de un taller de búsqueda de empleo, destinado a jóvenes del último año de la EET N° 3 Enrique Carbó.
En primer lugar, quisiera detenerme en los destinatarios directos de esta experiencia formativa inclusiva, jóvenes ávidos de autoconocimiento a quienes ofrecemos un espacio de acompañamiento en sus primeras búsquedas laborales.
La búsqueda de empleo conlleva un aprendizaje, siendo necesario interiorizarse acerca del mundo laboral e incorporar herramientas para hacer frente -de forma activa y autónoma- a lo requerido por los empleadores, por eso este taller se propone favorecer dicho aprendizaje.
Los ejes abordados durante los tres encuentros del taller son: mitos y verdades sobre el mundo del trabajo y la búsqueda laboral, elaboración del curriculum vitae, confección de formularios virtuales, manejo en entrevistas laborales y algunos aspectos que pueden ser decisivos, pautas para la búsqueda de trabajo, entre otros.
Asimismo, el taller genera un ambiente propicio para compartir ansiedades, dudas y temores en torno a la búsqueda de empleo, fortaleciendo capacidades y competencias que propician la inserción ocupacional en ámbitos laborales, cada vez más exigentes y cambiantes.
No quiero dejar de mencionar lo esencial que ha sido para que esto pueda llevarse a cabo, la gran apertura y confianza brindada por el socio comunitario en todo momento. En segundo lugar, pensar en nuestros alumnos de la materia Gestión de Recursos de la carrera de Lic. en Psicopedagogía, quienes ponen a prueba su saber, saber hacer y saber ser en el trabajo con jóvenes. Desde la EFI se facilita el intercambio de ideas y la resolución de dudas, consolidando no solo los conocimientos, sino también el sentido de comunidad y apoyo mutuo. Posibilita también desarrollar en los alumnos de la carrera habilidades importantes, como el trabajo en equipo, la escucha atenta para resolver necesidades reales y brindarles el apoyo necesario a los adolescentes. Además, aprenden a gestionar el tiempo de manera efectiva, a desempeñar diversos roles y adaptarse rápidamente a situaciones imprevistas, lo cual es esencial en cualquier ámbito de trabajo.
Cumplen un papel muy importante las distintas instancias de reflexión propuestas a partir de la EFI, como momentos para detenerse, analizar, valorar y reformular lo realizado en cada paso.
Asimismo, ofrecen a nuestros alumnos un espacio privilegiado para vivenciar de modo anticipado lo bello de la profesión, concibiéndola como un medio para servir a los demás, a la sociedad toda.
En tercer lugar, también quisiera reflexionar sobre mi experiencia como docente a cargo de esta EFI, la cual ha implicado un desafío a salir de la zona de confort del dictado de la materia, acompañando y propiciando en el grupo clase, a través
de algo concreto y de aplicación, el aprendizaje-servicio e impulsando la cultura del encuentro.
Aprendizaje-servicio, es decir, los alumnos aprenden haciendo un servicio a la comunidad, aplicando sus conocimientos y habilidades para resolver necesidades reales del entorno.
Cultura del encuentro, es decir, saliendo para encontrarse con otros, dejando a un lado la comodidad, el individualismo, priorizando el diálogo, el respeto y la amabilidad. Por último, es hermoso pensar que a través de la materia añadimos un granito de arena en la formación integral de nuestros alumnos, futuros profesionales de la Universidad Católica Argentina.
Universidad que a través de la metodología del aprendizaje-servicio se fortalece en su identidad católica, respondiendo con coherencia a lo que está llamada, formando personas críticas y ciudadanos comprometidos con el bien común.
CLAYSS (2021). La pedagogía del aprendizaje-servicio y las enseñanzas de la Iglesia católica. Colección Uniservitate. Papa Francisco (2020). Fratelli tutti. Palabra: Madrid.

María Laura Muñiz
LICENCIADA EN DIRECCIÓN ORQUESTAL Y PROFESORA SUPERIOR EN MÚSICA POR LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA (UCA). DOCENTE EN LA FACULTAD DE ARTES Y CIENCIAS MUSICALES

La experiencia comprende la participación de la cátedra de Dirección Orquestal 1 de la Facultad de Artes y Ciencias Musicales, en un trabajo amplio, participativo e integrador de contenidos del lenguaje musical y del gesto expresivo como vehículo de valores que favorezca el desarrollo integral del estudiante, permitiendo la vinculación y articulación con la Orquesta Escuela de Caballito perteneciente al Programa Orquestas para la Equidad de la Dirección General de Escuela Abierta del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
En esta propuesta, los alumnos y docentes de la cátedra desarrollan actividades que utilizan la gestualidad propia de la dirección musical como lenguaje interpersonal y expresión musical. Los alumnos comparten sus conocimientos con los miembros de la Orquesta Escuela, haciendo uso extensivo del intercambio de saberes particulares. Ese escenario posibilita una experiencia de la gestualidad en la dirección orquestal como vínculo bidireccional. Allí se establece una comunicación sustentada en acciones y expresiones verbales y no verbales que promueven la realización e interpretación musical, fundadas en el compromiso estético como testimonio de las emociones, los sentimientos y la sensibilidad artística. Este compromiso gestual se asume en un contexto comunitario diverso y desafiante que interpela a los participantes de la experiencia, y despierta la conciencia en todas sus dimensiones: como un ser íntegro y como un individuo con compromiso social. Estas experiencias promueven un aprendizaje situado y transformador, donde el sujeto se reconoce
como parte activa de un proceso que lo vincula con su contexto, su comunidad y sus pares. No se trata únicamente de enseñar música, sino de generar espacios donde el estudiante reflexione, dialogue y actúe en función de las realidades sociales que lo rodean.
La dirección e interpretación de una obra musical requieren un trabajo pormenorizado de sus partes constituyentes realizadas por cada individuo, pero también necesitan de la búsqueda de objetivos comunes y trascendentes. La orquesta funciona como un instrumento musical extendido a sus integrantes; un instrumento con vida y voluntad propia. El proyecto se compromete con la sociedad focalizándose en la construcción de los vínculos interpersonales que constituyen un todo articulado. De este modo, las tramas intangibles que reúnen los sonidos en lo que denominamos música reflejan esos vínculos inefables de la comunicación no verbal del gesto musical.
Esta propuesta permite hacer visible la misión de nuestra Universidad y posibilita la escucha y el diálogo en un contexto plural. Ofrece a los alumnos oportunidades de aprendizaje significativo e integra los contenidos curriculares de la cátedra con los de una experiencia formativa integral que les permite comprender, actuar y aprender en una realidad sociocultural diversa.
Se complementa entonces, desde el encuentro de la interacción musical, la experiencia formativa en un sentido global de la dirección musical. El aspecto técnico y conceptual de la dirección orquestal con los objetivos de la participación e inclusión
social admiten la construcción de un espacio fraterno y solidario. El servicio solidario tiene por objetivo primario el acercamiento y la transmisión de los contenidos prácticos y conceptuales básicos de la gestualidad de la dirección musical y orquestal a los niños y jóvenes integrantes de la Orquesta Escuela de Caballito. Desde un punto de vista más amplio, esta comprensión y práctica de la gestualidad no solo comunica intenciones musicales, sino valores artísticos que se sustentan en la colaboración y en acciones conjuntas orientadas a objetivos comunes. La solidaridad que promueve la experiencia no se establece unidireccionalmente y en el sentido de la transmisión de conocimientos, sino que se caracteriza por el énfasis en la colaboración entre los individuos y en el aporte particular de cada uno de ellos en
“Estas experiencias promueven un aprendizaje situado y transformador, donde el sujeto se reconoce como parte activa de un proceso que lo vincula con su contexto, su comunidad y sus pares. No se trata únicamente de enseñar música, sino de generar espacios donde el estudiante reflexione, dialogue y actúe en función de las realidades sociales que lo rodean”
la búsqueda del bienestar mutuo. Otro objetivo fundamental de la experiencia es destacar y propiciar la expresión personal y participativa. Una necesidad importante del sujeto es ser escuchado y atendido por el otro. Los niños y jóvenes instrumentistas discuten sus problemáticas actuales, sus posibilidades y limitaciones. Este diálogo basado en la sinceridad y autoconsciencia es constructivo y fomenta el desarrollo de la inteligencia interpersonal. La construcción de la música involucra las intenciones individuales y grupales, que deben ser orientadas en la búsqueda de una interpretación musical conjunta. El proyecto favorece la realización personal propia del quehacer artístico, sabiendo que en este campo no se comunican únicamente los saberes de la disciplina, sino que da lugar a la dimensión espiritual.
La implementación del mismo promueve actividades que presentan las ideas del respeto en la convivencia, para formar mejores individuos y de esta manera pensar en un futuro donde la educación sea más justa, con igualdad de oportunidades y un respeto extendido hacia la persona humana. En esta experiencia aprenden todos. Los niños de la Orquesta Escuela no solo aportan su interpretación instrumental como miembros de la misma, sino que -dada la doble naturaleza de enseñanza/aprendizaje de este proyecto- también aprenden los contenidos básicos de la gestualidad utilizada por los directores musicales. Los directores musicales en formación universitaria son observados por los músicos, jóvenes y niños que admiran sus logros. La certeza de estar realizando algo relevante surge de la valoración del otro y no como evaluación académica tradicional. El docente observa formas novedosas en las cuales sus estudiantes se relacionan e involucran con los contenidos de la cátedra, y se apuntan estrategias diferentes y alternativas a las que utiliza usualmente en el aula. La experiencia de aprendizaje-servicio, basada en las problemáticas sociales, culturales y económicas, como es el caso de nuestro socio comunitario (Orquesta Escuela de Caballito), fortalecen los conocimientos y los hace útiles en la experiencia profesional, y los integra desde el saber hacia la experiencia
real del ensayo orquestal. Otorga una formación integral uniendo el ámbito personal, profesional y académico, facilitando la práctica de los conocimientos obtenidos en la carrera.
El proyecto se concentra en los aspectos gestuales de la dirección musical. El gesto de la dirección orquestal se puede utilizar para transmitir instrucciones e indicaciones precisas que los intérpretes convierten en acciones instrumentales. Pero el aspecto más significativo de la gestualidad en la dirección musical es el que constituye al gesto en diálogo con los otros. Este diálogo se produce a través del cuerpo, la mirada, la postura, la escucha, la mímica facial, los gestos expresivos, etcétera.
Existe un compromiso que se establece entre director y los músicos que conforman la orquesta. El gesto es una parte de la expresión artística no verbal que simboliza ese compromiso. Esta dimensión interpersonal del gesto en la dirección musical nos permite humanizar la disciplina, crear lazos extramusicales que luego se evidenciarán en los resultados positivos de la interpretación musical. Se trata de conectar no solo nuestra mente, sino también nuestro espíritu en el acto creador. Uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad es la falta de acceso equitativo a oportunidades para el desarrollo artístico. La posibilidad de interactuar desde la cátedra con niños y jóvenes de la
“El proyecto favorece la realización personal propia del quehacer artístico, sabiendo que en este campo no se comunican únicamente los saberes de la disciplina, sino que da lugar a la dimensión espiritual. La implementación del mismo promueve actividades que presentan las ideas del respeto en la convivencia, para formar mejores individuos y de esta manera pensar en un futuro donde la educación sea más justa, con igualdad de oportunidades y un respeto extendido hacia la persona humana”

Orquesta Escuela permite vivenciar, en un contexto real, procesos significativos como el desarrollo de la sensibilidad personal, la inteligencia emocional, la percepción del otro, la capacidad de análisis comparativo y la comprensión de la diversidad. Asimismo, estas experiencias promueven una “cultura del encuentro”, en el sentido planteado por el Papa Francisco, como un modelo de convivencia que prioriza el reconocimiento del otro, el respeto por la diversidad y la construcción de vínculos genuinos a partir del diálogo, la escucha y la colaboración. Mi participación en la iniciativa fue una experiencia profundamente enriquecedora, tanto a nivel personal como profesional. Desde el inicio me sentí parte de un espacio colaborativo, inclusivo y comprometido
con una educación transformadora. La iniciativa presentó desafíos importantes, no obstante, esas exigencias promovieron un desarrollo personal y profesional significativo. Sostener y profundizar estos espacios dentro de la Universidad no solo enriquece la formación profesional del estudiante, sino que reafirma el compromiso institucional con una educación artística inclusiva, transformadora y profundamente humana.

Deusto, J. (2017). La cultura del encuentro: Fundamentos y aplicaciones en educación. Revista de Educación Inclusiva, 10(2), 125-140.
Francisco (2020). Fratelli tutti: Sobre la fraternidad y la amistad social. Vaticano.
Giroux, H. A. (1992). Los profesores como intelectuales: Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje. Paidós.
Maturana, H., & Varela, F. (1990). El árbol del conocimiento: las bases biológicas del entendimiento humano. Lumen.
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Puig, J. M., Martín, X., Rubio, L., & Bach, J. (2007). Aprendizaje servicio. Educar para la ciudadanía. Graó.
Scannone, J. C. (2019). La cultura del encuentro. Una mirada filosófica. Editorial Ciudad Nueva. Tapia, M. N. (2006). Aprendizaje y servicio solidario. Educación y compromiso social. CLAYSS.



DOCTORA EN PSICOPEDAGOGÍA, ESPECIALISTA EN NEURODESARROLLO, NEUROPSICOLOGÍA Y ORIENTACIÓN EDUCATIVA.
DOCENTE TITULAR DE GRADO Y POSGRADO

Esta reflexión tiene como objetivo compartir mi experiencia sobre la implementación de las Experiencias Formativas Inclusivas (EFI) en las materias Intervención Psicopedagógica en Instituciones y Organizaciones, Intervención Psicopedagógica y Rehabilitación Cognitiva y Aprendizaje, y Evaluación Neurocognitiva. La motivación por la formación de los alumnos me llevó, durante estos años, a ir optimizando las propuestas y los espacios de aprendizaje en el aula. La implementación de las Experiencias Formativas Inclusivas permitió comprender cómo se enriquece y consolida el aprendizaje en los alumnos cuando se traslada fuera de las aulas realizando una acción comunitaria. Trascender hacia el otro y dar un aporte a la comunidad posibilita al alumno a construir aprendizajes significativos, con sentido, donde se construye un puente entre el SER, SABER y HACER. Son tres las EFI que se desarrollan en las cátedras donde soy titular, una es la atención y evaluación de niños y adolescentes que presentan dificultades en su rendimiento escolar, pertenecen a poblaciones vulnerables y concurren al colegio Buen Consejo (socio comunitario). Este proyecto se realiza desde la cátedra de Aprendizaje y Evaluación Neurocognitiva. Nuestro propósito en este espacio es generar instancias de evaluación y orientación colaborando con la adecuada evolución de la problemática que se relacione con las dificultades en el rendimiento escolar. La segunda propuesta EFI es el Acompañamiento educativo virtual vinculada a la organización El Arca (socio comunitario). Esta experiencia tiene como objetivo colaborar para que niños
y adolescentes, que pertenecen a contextos vulnerables, puedan sostener sus trayectorias escolares. Este proyecto se realiza desde la cátedra de Intervenciones Psicopedagógicas institucionales y organizacionales junto a otras cátedras que forman parte de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía. El tercer proyecto EFI es la elaboración de material lúdico para estimular la alfabetización y diversas funciones cognitivas vinculado a la cátedra de Intervención Psicopedagógica y Rehabilitación Cognitiva. Estos juegos se utilizan en una ludoteca, donde concurren niños que pertenecen a poblaciones vulnerables, coordinada por la organización El Arca.
Las experiencias formativas inclusivas facilitan la consolidación de aprendizajes, dan valor al saber en el saber ser para el prójimo, y posicionan a los alumnos en una actitud proactiva frente a las necesidades de la comunidad.
Estas propuestas de aprendizaje-servicio son terreno fértil para trabajar con los alumnos la metacognición, donde se reflexiona sobre los propios procesos. También facilita el desarrollo del pensamiento crítico para repensar en los contenidos aprendidos en el aula, las necesidades de la realidad, las creencias, los valores y formas de intervención. Por último, favorece el despliegue del aprendizaje colaborativo.
Es importante mencionar un aspecto valioso que se hace presente en estas prácticas, que es el desarrollo de la flexibilidad y capacidad de adaptación personal ante los límites que se encuentren en la realidad, así como la creatividad para tomar como oportunidad los desafíos y las
dificultades, generando estrategias de intervención.
Los alumnos que transitan estas experiencias formativas inclusivas mencionan logros en su aprendizaje vinculados a tres dimensiones:
• Aprendizajes conceptuales en ámbitos específicos a la materia.
• Aprendizajes personales, como el desarrollo de habilidades sociales, la empatía, la prosociabilidad, la iniciativa, las competencias comunicativas, etcétera.
• Aprendizajes comunitarios: los alumnos extienden sus aprendizajes al resto de la comunidad, fortaleciendo la escucha activa frente a las necesidades de la comunidad y desarrollando una actitud proactiva hacia las mismas, fomentando la responsabilidad social.
Presentamos algunos testimonios de alumnas sobre el valor de estas experiencias:
“Es importante mencionar un aspecto valioso que se hace presente en estas prácticas, que es el desarrollo de la flexibilidad y capacidad de adaptación personal ante los límites que se encuentren en la realidad, así como la creatividad para tomar como oportunidad los desafíos y las dificultades, generando estrategias de intervención”
“La experiencia fue muy valiosa y también un gran desafío. Me encantó la propuesta, nos ayudó a acercarnos al rol profesional aplicando todo lo aprendido con una mirada comprensiva de la realidad”.
“Me sirvió para poder integrar el saber, con el saber hacer y el ser, pudiendo de esta manera poner a prueba mis conocimientos y afianzarlos. Me pareció muy enriquecedora esta experiencia para mi futuro profesional”.
“Me gustó mucho esta experiencia, poder ser creativos, pero adaptando nuestras ideas a lo que necesitaban trabajar los niños de la ludoteca. Pudimos trabajar en equipo para lograrlo, y fue muy valioso poder tener supervisiones para reflexionar y generar nuevas ideas”.
Poder implementar la metodología-aprendizaje y servicio permite generar resultados positivos en la formación integral de los estudiantes; facilita el desarrollo de habilidades, actitudes y valores como el compromiso social, el trabajo en equipo y la resolución de problemas,
la sensibilidad social, posicionando la metodología como una herramienta eficaz para la formación personal, académica y profesional. La aplicación de las experiencias inclusivas formativas consolida en los estudiantes su vocación de servicio, su mirada humanizante hacia las necesidades de la comunidad, permitiendo la formación de profesionales competentes y comprometidos con la sociedad.
Chiva, Ó., Gómez, J. G., Martínez, R. C., & Peris, C. C. (2016). El aprendizaje-servicio como propuesta metodológica para una pedagogía crítica. RIDAS. Revista Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio, (2), 70-94.
Escofet, A. (2019). Reseña El compromiso social en el currículo de la Educación Superior RIDAS. Revista Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio, (7), 159-160.
Mitchell, A. E., & Peregalli, A. (2014). Inclusión educativa: evidencias y desafíos en las villas de la ciudad
Peregalli, A. (2019). Aprendizaje y servicio: formar para (y desde) una cultura del encuentro Actas de la V Jornada de Investigadores sobre Aprendizaje-Servicio.
Peregalli, A.; Avruj, L.; Ferrara, C. (2023). Service-Learning Networks for Transformation: conceptions, skills and conditions. EASLHE.
Tapia, M. R. y Peregalli, A. (2020). Aprender, servir y ser solidarios en tiempos de pandemias RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio, 10,49-61.
LICENCIADA EN PSICOLOGÍA. DOCENTE
Patricia Ovejas
DOCTORA EN PSICOLOGÍA. PROFESORA TITULAR E INVESTIGADORA

El Centro Psicológico María Madre del Pueblo (CPMMDP) se crea en 2011 por un proyecto de Compromiso Social de la Pontificia Universidad Católica Santa María de los Buenos Aires (UCA), Ovejas y otros (2014) como respuesta a una necesidad que percibe el equipo de sacerdotes para la pastoral en la villa de CABA, de que las personas que viven en el Barrio Ricciardelli (ex 1-11-14) reciban atención psicopedagógica y psicopedagógica. El barrio cuenta con una población de más de 40.000 habitantes, formada por personas del interior, así como de países cercanos como Bolivia, Paraguay, Perú (Ovejas, 2013a), y hoy en día también por jóvenes, adolescentes y niños que han nacido en el barrio. En vinculación de la UCA, a partir de la cátedra de Psicoterapias con el CPMMDP, con la Universidad de Valencia, el año pasado se realizó la prueba piloto de la validación de la PBS (Psicoterapia Basada en el Sentido) en poblaciones vulnerables. Dicha psicoterapia se plantea como un taller terapéutico grupal que consta de 10 encuentros, donde
las personas que asisten puedan hallar aquellas fuentes de sentido en su vida diaria que los lleve a poder conocer cuáles son los sentidos en su vida. Los mismos se encuadran brindándoles a los participantes conocimientos de logoterapia en cada encuentro, además de realizar un recorrido personalizado, viendo en su vida cómo se aplica lo aprendido, realizando ejercitaciones tanto en los talleres como en su manual de pacientes, brindándoles la posibilidad de quedarse con dichas herramientas y su cuaderno de reflexiones que los acompañará durante toda la vida.
La perspectiva antropológica del taller se articula, en primer lugar, con la mirada antropológica de la cátedra, de un hombre bio-psico-socio-espiritual. Por otro lado, con la mirada integrativa de la misma articulando la logoterapia con la terapia cognitiva, y por último, desde la mirada de aprendizaje y servicio es que pensamos que quizá los alumnos de la cátedra se verían beneficiados por participar de dicha investigación.
En el presente artículo procuraremos realizar una reflexión transversal sobre la EFI, llevada a cabo en la materia de Psicoterapias de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires.
El proyecto EFI llevado a cabo fue pensado para que fuera significativo tanto para la comunidad del Barrio Ricciardelli (ex 1-11-14) como para los alumnos de la cátedra que integraron los contenidos de la asignatura con la experiencia clínica, la investigación y la promoción de la vocación de servicio (Ovejas, Gentile, Buzzella y Lamas, 2013c).
“Fue una experiencia muy enriquecedora no solo en cuanto a lo académico, sino también por el impacto a nivel emocional que esta misma deja. Me gustó mucho haber tenido la posibilidad de conocer el barrio y al equipo que los acompaña. Destaco el buen clima de trabajo, la ayuda que se brindan entre todos, la cooperación con el colegio y el seguimiento que hacen de los casos. Algo que me gustó mucho fue el momento de supervisión en el que todo el equipo intercambia opiniones y sugerencias acerca de lo que es mejor para el paciente. Además de lo lindo de haber vivido esta experiencia considero que aprendí mucho y logré incorporar, a través de la observación de la puesta en práctica, todos los contenidos vistos en clase de la mejor manera, comprendiendo con mayor profundidad con ejemplos concretos observables ahí mismo. Me gustó mucho el taller, cómo está armado y cómo se lleva a cabo. Es muy emocionante ver el compromiso de quienes acuden y quienes lo dan. Estar presentes durante una admisión y ver cómo se hacen estas y presenciar el taller fueron experiencias que me aportaron mucho”. Alumno de Psicoterapias, 2024.
No solo pudimos ver el impacto en la población del Barrio Ricciardelli a partir de los aportes de los alumnos, brindando el servicio con absoluto compromiso y responsabilidad, sino que también en el proceso, pudimos evidenciar a partir de la observación y a través de los diarios reflexivos, el proceso de aprendizaje significativo que fue para ellos acudir al barrio, estar en contacto de manera virtual
también con las personas que participaban de los talleres, así como de la participación realizada en las supervisiones del equipo. Como docente fue inspirador ver la responsabilidad con la que los alumnos participaban de las propuestas, del entusiasmo previo y post a la cátedra, y ver cómo la experiencia fue transformadora para los alumnos como futuros profesionales y como personas en sociedad.
“
De esta experiencia me llevé y aprendí muchas cosas. En primer lugar, pude comprender la importancia del concepto que veníamos trabajando sobre encontrar el sentido de la vida. Al escuchar las historias de Fani, Brenda, Mirna, entre otras, me resultaba difícil imaginar cómo alguien podría sobrevivir a situaciones tan crueles, dolorosas e injustas. Sin embargo, ellas no solo lograron sobrevivir, sino que encontraron la manera de aceptar lo que les sucedió, sin resentimientos, demostrando una fortaleza impresionante”. Alumno de Psicoterapias, 2024.
El aprendizaje y servicio es una metodología que invita a que se aprendan contenidos académicos, mientras se brinda un servicio a la comunidad (Chiva et al., 2016). Pudimos inferir, entonces, mediante los diarios reflexivos, donde los alumnos volcaron su experiencia y reflexión a lo largo de la práctica, expresiones de ellos, la integración de su conocimiento académico durante la cursada, como en la exposición oral del cierre EFI. Esto evidencia que el alumnado pudo desarrollar competencias actitudinales, comprendiendo el valor de los principios éticos involucrados en la práctica psicoterapéutica y la investigación, respetando las problemáticas psíquicas de cada paciente. A nivel procedimental, que los alumnos pudieron realizar inferencias diagnósticas, pronosticas y de intervención tanto en la clínica individual como en grupos o talleres. Pudiendo identificar los recursos técnicos utilizados por los terapeutas del equipo observando las diferentes corrientes psicoterapéuticas para el abordaje individual, grupal e interdisciplinario. Conocieron sobre investigación de tipo cualitativa en poblaciones vulnerables.
Como conclusiones, podemos afirmar que el aporte de las Experiencias Formativas Inclusivas fue un diferencial en el aprendizaje de los alumnos y su actitud para con las poblaciones vulnerables y conciencia social, para el aprendizaje de los contenidos de la cátedra y la asimilación de dichos conocimientos como aprendizaje significativo, con sentido.
El encuadre de EFI como docentes desde compromiso social fue fundamental, ya que nos enmarcó una manera de planificación, reflexión y evaluación constante de nuestro rol como docentes, posicionándonos como guías en su aprendizaje y experiencia personal de cada alumno. También asesorando y supervisando tanto en la planificación de la experiencia como en el transcurso y cierre de la misma.
Luego de esta experiencia fueron los mismos alumnos los que nos pidieron, en muchos casos, continuar brindando servicio en el barrio. Con algunos, incluso, seguimos en contacto, nos siguen visitando y agradeciendo la experiencia vivida. Son ellos los que nos siguen pidiendo venir al barrio y teniendo estas experiencias. Nuestro rol es como guía, implica escuchar sus necesidades e intereses, siendo puente para que conozcan distintas realidades, aprendan y continúen perfeccionándose en su rol y como personas.
Sigamos brindando la posibilidad de que participen en estas experiencias transformadoras. Como menciona Fernández (2016) en “La propuesta del Papa Francisco sobre la cultura del encuentro”, el Papa Francisco nos pidió que “le entreguemos lo mejor
“El aporte de las Experiencias Formativas
Inclusivas fue un diferencial en el aprendizaje de los alumnos y su actitud para con las poblaciones vulnerables y conciencia social, para el aprendizaje de los contenidos de la cátedra y la asimilación de dichos conocimientos como aprendizaje significativo, con sentido”
de nosotros mismos, para mejorar, crecer, madurar. Y esto nos hará lograr esa cultura del encuentro…”
Seamos parte y participemos a los alumnos de nuestra casa, de una sociedad que no descarte, sino que nos permita solidarizarnos y repensarnos como miembros responsables de la sociedad en la que vivimos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Chiva, Ò., Gil, J., Corbatón, R. y Capella, C. (2016). El aprendizaje-servicio como propuesta metodológica para una pedagogía crítica. RIDAS, Revista Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio, 2, 70-94. DOI: 10.1344/RIDAS2016.2.4
Fernández V. M. (2016). La propuesta del Papa Francisco sobre la “cultura del encuentro”. Montalva, J., Ponce, C., Llorca C. (2017). Elementos claves para el diseño de una reflexión de calidad en Aprendizaje-Servicio. Santiago de Chile: Centro de Desarrollo Docente de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Ovejas P. y otros (2014). Capítulo; Centro de Orientación Psicológica María Madre del Pueblo publicado por CLAYSS Universidades Solidarias. Programa de Apoyo y Fortalecimiento de Proyectos de Aprendizaje-Servicio Solidario para Universidades de América latina. Buenos Aires, mayo de 2014. Coordinación editorial CLAYSS.
Ovejas, P. (2013a). La logoterapia en las villas (1ª ed.). San Pablo. Ovejas, P. (2013b). Planificación y Evolución de un tratamiento integrando la Logoterapia y la Psicoterapia Psicoanalítica en el Bajo Flores (villa 1-11-14). Revista internacional con referato Avances en Psicología 21(1) 2013. UNIFE. Fac. de Psicología y Humanidades. Perú. Ovejas, P., Gentile, F., Buzzella, L., & Lamas, M. C. (2013c). Articulando disciplinas en el servicio comunitario: El Centro de Orientación Psicológico y Psicopedagógico Bajo Flores.


En el marco del STP “Problemáticas Sociales y Compromiso Social” desarrollamos un proyecto de intervención en un contexto sociocomunitario. En el siguiente apartado relataré mi experiencia: no solo la teoría aprendida durante la cursada, sino la evidencia de una apertura espiritual y fortalecimiento de habilidades socioemocionales.
Desde la cátedra Problemáticas Sociales y Compromiso Social nos propusieron realizar un proyecto de intervención en un contexto sociocomunitario que tuviera un impacto a largo plazo. Suponía un desafío desde varios aspectos: trabajar interdisciplinariamente, diseñar, ejecutar un proyecto que sea viable, participar activamente en la cursada de la materia y realizar un seguimiento. En paralelo, teníamos que continuar con la cursada de las otras materias, desempeñarnos en nuestros respectivos trabajos e intentar tener una vida social. Sin embargo, ¡superó todas las expectativas!
Para llevar adelante el proyecto, nos acercamos a un voluntariado llamado Grupo El Ombú, que tiene lugar en Ciudad Oculta (Villa Lugano, CABA). En ese momento, hacía dos años que yo participaba del voluntariado y lo coordinaba. El grupo funciona todos los sábados por la mañana y está compuesto por jóvenes que brindan apoyo escolar, espacio de juego y desayuno a los niños del barrio. En este contexto, junto a mis compañeros de equipo diseñamos una
rúbrica de autoevaluación de contenidos curriculares y un cuestionario sobre estilos de aprendizaje y factores socioemocionales, con el objetivo de acompañar de manera más personalizada los procesos de aprendizaje.
El proceso llevó mucha dedicación, tiempo y paciencia. La primera vez que fuimos al campo de acción pudimos notar que teníamos que ajustar nuestro proyecto a la realidad del Grupo El Ombú. Es decir, a lo que los voluntarios y niños nos demandaban. Nos tomamos el tiempo de escucharlos y registrarlo, para que el proyecto sea genuinamente significativo. En ese sentido, reconozco que la experiencia me permitió poner en práctica, por primera vez de manera explícita, los conocimientos adquiridos durante mi formación universitaria. El trabajo interdisciplinario con compañeros de otras disciplinas resultó desafiante, pero enriquecedor, abriendo momentos de diálogo y colaboración que ampliaron la mirada sobre la visión comunitaria. A su vez se hicieron visibles valores de la cultura de encuentro, concepto introducido por el Papa Francisco y sobre el cual debatimos en clase. La empatía, la escucha y la solidaridad tuvieron un gran protagonismo durante todo el proceso.
Me gustaría mencionar un encuentro en el que se festejó el día de cumpleaños de una niña del grupo, para el cual los voluntarios se encargaron de llevar la torta, la decoración y los juegos para festejar.
Fue un gesto sencillo, pero que nos permitió debatir sobre la importancia de reconocer al otro, celebrarlo y hacerle saber que es un ser querido. Considero que estos momentos reflejan cómo el aprendizaje-servicio permite encarnar el amor al prójimo, la justicia y la dignidad de la persona humana. Lo más valioso de haber sido parte de esta experiencia, es que la espiritualidad volvió a aparecer en mi vida. Desde la participación más consciente en el espacio, estando al servicio de los niños y de los voluntarios, logré profundizar la convicción de que todos los seres humanos somos iguales. Todos somos seres que quieren ser reconocidos, cuidados, celebrados. Que quieren jugar, aprender, tener nuevos amigos. Esta es para mí la gran razón por la que elijo vivir “en modo aprendizaje-servicio”. Es a través del
“Lo más valioso de haber sido parte de esta experiencia, es que la espiritualidad volvió a aparecer en mi vida. Desde la participación más consciente en el espacio, estando al servicio de los niños y de los voluntarios, logré profundizar la convicción de que todos los seres humanos somos iguales”
aprendizaje-servicio que aprendí a reconocerme en cada persona que me encuentro en el camino. Y ciertamente es a través del aprendizaje-servicio que logré acercarme a mí misma, sintiéndome cercana a las enseñanzas de Jesús. Entre los aprendizajes más significativos destaco la integración teoría-práctica. En el desarrollo del proyecto tuve la oportunidad de aplicar el conocimiento académico adquirido durante la cursada a una situación real y concreta. A su vez, esto abrió mi campo laboral, ya que antes solo veía a los voluntariados como un pasatiempo y no como un lugar donde podría desarrollarme profesionalmente. En segundo lugar, mis habilidades socioemocionales se fortalecieron. La empatía, la escucha activa y el trabajo colaborativo se pusieron en práctica para lograr el resultado
esperado. En tercer lugar valoro aprender a trabajar con una mirada interdisciplinaria. El trabajo en conjunto con estudiantes de otras carreras me permitió ampliar las perspectivas y enriquecer las estrategias de intervención. Es importante poder salir del punto de vista propio, para dar lugar a lo que los demás tienen para decir.
Finalmente, el mayor aprendizaje que me guardo de esta experiencia es la apertura hacia la espiritualidad. Si bien yo participaba de un espacio de aprendizaje-servicio, fue el hecho de ser más consciente de mi labor en el voluntariado, el que me permitió reconectar con la fe y darle un nuevo sentido a la enseñanza cristiana de vernos como iguales.

“Me permitió reconectar con la fe y darle un nuevo sentido a la enseñanza cristiana de vernos como iguales”




Durante mi primer cuatrimestre de cursada en la UCA, tuve la oportunidad de cursar la asignatura de Aprendizaje desde el Servicio, enseñada por Juan Cruz Hermida y Estefanía Buzzini. Con su foco en las Problemáticas Sociales Argentinas, esta clase fue la oportunidad, para nosotros estudiantes extranjeros, de entender y vivir Argentina en una perspectiva más profunda y comprometida. Aunque cursaba la carrera de Administración de Empresas, siempre fui sensible a los temas sociales, pero nunca había tenido la oportunidad de involucrarme en el formato de compromiso social que es el Aprendizaje desde el Servicio (AyS), y particularmente con la cercanía que me ofreció trabajar con la asociación civil Detrás de Todo. En este escrito trataré, entonces, de expresar y compartir con ustedes mi mirada, mi vivencia y los aportes de este recorrido en mi carrera universitaria y personal. Primero tengo que decir que, al elegir el curso de Aprendizaje desde el Servicio, no sabía qué esperar
exactamente, pero estaba curiosa de descubrirlo. Fue la primera vez que me encontré con este tipo de clase, y la conclusión es que estoy muy feliz por la experiencia que me ofreció, y pienso que cada estudiante debería cursar esta materia al menos una vez en su camino académico.
El curso de AyS forma parte del catálogo PEL destinado a los estudiantes de intercambio; tiene como objetivo que los estudiantes reflexionen sobre algunas problemáticas sociales contemporáneas y abordarlas a partir del involucramiento en proyectos sociales que generen impacto en la comunidad local. En este sentido tuvimos la oportunidad de descubrir diferentes lugares y asociaciones directamente involucradas en las problemáticas sociales de Buenos Aires. Una clase experimental que me marcó particularmente fue la visita a la Villa 31 Bis. Durante esta inmersión descubrimos el trabajo de la asociación Detrás de Todo, que llamó mi atención y me incitó a dirigir mi compromiso social hacia ellos.
Dentro del Barrio Padre Mugica, Detrás de Todo es una asociación civil con más de 10 años de trabajo continuo, cuyo compromiso está enfocado en el desarrollo de proyectos educativos y comunitarios que acompañan y fortalecen las infancias, adolescencias y familias del barrio en sus trayectorias de vida. A través de diversas iniciativas, busca generar espacios de contención, aprendizaje y participación con un enfoque en derechos y Educación Sexual Integral.
Para mí, esta experiencia fue mucho más que un simple paseo: fue una oportunidad única de adentrarme

en un lugar al que probablemente nunca habría tenido acceso fuera de este proyecto de Aprendizaje y Servicio. Desde nuestra llegada a la estación de Retiro, cada paso nos sumergía un poco más en un universo conmovedor y hasta entonces desconocido para mí. A pesar de su cercanía geográfica con los barrios más acomodados de Buenos Aires, el camino hacia la asociación marcaba una frontera clara entre dos realidades urbanas: por un lado, la agitación moderna de la ciudad, y por otro, el universo colorido, pero precario de la Villa 31. La visita guiada por un miembro activo de la asociación nos ofreció un primer vistazo a las instalaciones de Detrás de Todo, a las actividades organizadas para los niños, pero también a los obstáculos con los que lidian cada día. La falta de recursos era evidente y, desde ese momento, comprendí la magnitud de las necesidades de esta organización. Sin embargo, no sabía con certeza cómo podríamos realmente ayudarlos desde nuestro lugar. Solo
después de semanas de reflexión, en dupla con una compañera de clase, decidimos crear un sitio web y lanzar una campaña de crowdfunding, con el objetivo de brindarle a esta asociación la visibilidad, credibilidad y los recursos que tanto necesitaba.
Hemos aceptado este desafío con determinación, a pesar de nuestro pequeño equipo y la falta de conocimientos previos en el área. Afortunadamente, supimos aprovechar los recursos inagotables que ofrece internet, y la asociación ya contaba con una base, lo que facilitó nuestro trabajo. Durante semanas, nuestros intercambios con los miembros de la asociación nos permitieron alinear sus expectativas con nuestras propuestas, asegurando así la coherencia del proyecto. Desde nuestros primeros intercambios hasta el final, siempre sentimos que nuestra contribución era preciosa y valorada por los miembros de la asociación. A pesar de algunos imprevistos ajenos a nuestra voluntad, pudimos llevar a cabo este proyecto del cual estoy
muy orgullosa, ya que hasta ahora siguen registrándose regularmente nuevos voluntarios a través del sitio creado por nosotras. Y también estoy muy orgullosa de haber podido dejar una huella visible en este lugar, aunque ya no esté en Argentina. El curso de Aprendizaje desde el Servicio abre una nueva perspectiva sobre cómo abordamos la educación y el aprendizaje. En lugar de centrarse únicamente en la adquisición de conocimientos teóricos, fomenta una reflexión más profunda sobre cómo nuestras acciones pueden contribuir al bienestar colectivo. Nunca había tenido la oportunidad de replantear el sistema académico desde este ángulo, donde el énfasis no se pone solo en lo que aprendemos, sino en lo que los demás pueden aportarnos. Al replantear nuestras acciones a través de este enfoque, me di cuenta de que este proyecto no se limitaba a un ejercicio académico, sino que se convertía en una forma de servir a la comunidad mientras crecíamos colectivamente. Fue una experiencia enriquecedora que desafió mi manera de concebir el aprendizaje y la contribución social. En este contexto, el proyecto realizado con la asociación Detrás de Todo fue una experiencia significativa que pude vincular con mis enseñanzas de comercio electrónico, habilidades de emprendimiento y gestión de proyectos. Pero más allá de las competencias técnicas, este trabajo fortaleció un espíritu de colaboración y de compartir, esencial para el éxito de cualquier iniciativa colectiva.
Lo que destaco del curso es su pertinencia con la realidad. No solo se trata de abordar temas sociales teóricos, sino vincularlos
con la realidad social. Además de fomentar la reflexión crítica sobre la responsabilidad social y el compromiso cívico, embarca un montón de aspectos transversales muy enriquecedores y provee metodología muy pertinente (reflexión, registro, sistematización, evaluación…).
Este tipo de enfoque educativo promueve una formación más completa al involucrar a los estudiantes en proyectos sociales donde se puedan desarrollar habilidades tanto académicas como interpersonales. Con total sinceridad, el curso de Aprendizaje desde el Servicio es el que más me marcó durante mi intercambio; me permitió entender la realidad social compleja de Argentina e involucrarme en un proyecto real, significativo e impactante. Para mí, el sentimiento personal de utilidad es algo muy importante, y en este sentido, esta experiencia me llenó por completo. Estoy muy satisfecha de toda la pedagogía y los contenidos desarrollados en esta materia, y agradezco una vez más a los docentes que fueron muy benévolos y apasionados, dando ganas de hacer lo mejor. Es la materia que recomendaría, seguramente, a cada estudiante internacional y, más allá de eso, a cada estudiante independientemente de su carrera.
Ahora sí, con esta experiencia puedo decir que “yo viví Argentina”, y eso vale mucho. Regreso a Francia siendo una joven más abierta espiritualmente, enriquecida, más consciente de las diferentes realidades del mundo y, sobre todo, conscientes y agradecidos por la suerte que tenemos, por ejemplo en Francia o el resto de Europa, de vivir en países estables con condiciones de vida dignas.
“En la adquisición de conocimientos teóricos, fomenta una reflexión más profunda sobre cómo nuestras acciones pueden contribuir al bienestar colectivo. Nunca había tenido la oportunidad de replantear el sistema académico desde este ángulo, donde el énfasis no se pone solo en lo que aprendemos, sino en lo que los demás pueden aportarnos”


Sofía González Chiappe
ESTUDIANTE DE INGENIERÍA AMBIENTAL

Dentro del marco de la materia
Gestión Ambiental I, tuvimos la oportunidad de participar en la Experiencia Formativa Inclusiva (EFI) con el socio comunitario Ingeniería Sin Fronteras (ISF), asociación civil interdisciplinaria dedicada a la elaboración de proyectos de ingeniería para el desarrollo comunitario en el ámbito urbano y rural. El proyecto asignado consistió en el diseño y la elaboración de un sistema de gestión ambiental para la ampliación del centro comunitario Por un Mundo Mejor.
Este centro, en el Barrio Kilómetro 13 de la localidad de Quilmes, brinda apoyo continuo a la comunidad, ofreciendo actividades educativas y recreativas. Para ello cuenta con un jardín de infantes y talleres de panadería, gimnasia y apoyo escolar para más de 120 niños y adolescentes. Por un Mundo Mejor tenía como principal problemática sufrir de inundaciones constantes por su cercanía con los arroyos San Francisco y las Piedras. Esto no solo impedía la realización normal de sus actividades, sino que también resultaba un foco de contaminación ambiental y un riesgo para la salud de los chicos y miembros del centro. Por eso ISF, con el apoyo de la empresa Barbieri, decidió ampliar y readecuar el espacio utilizando el sistema constructivo steel framing. Desde la cátedra, siguiendo los lineamientos de las EFI, colaboramos con el centro desarrollando un sistema de gestión ambiental para la ampliación y remodelación de las instalaciones. Este sistema permitió dar un marco sistemático, estableciendo políticas, objetivos y procesos para gestionar los aspectos
ambientales de la obra, y mejorar continuamente el desempeño ambiental de la misma.
El proyecto resultó ser un éxito y superó ampliamente nuestras expectativas.
Para alcanzar los objetivos propuestos, implementamos un esquema de trabajo basado en tres etapas.
La primera etapa consistió en realizar una reflexión inicial sobre el socio comunitario, profundizando en sus necesidades y sus expectativas.
Para esto organizamos un encuentro en la UCA con los miembros del equipo de Ingeniería Sin Fronteras, donde nos contaron acerca del proyecto y respondieron nuestras consultas sobre la ampliación del jardín de infantes Por un Mundo Mejor. La principal problemática de este centro comunitario, como se comentó anteriormente, eran las inundaciones constantes, producto de la cercanía de los arroyos, que impedían el desarrollo normal de las clases y actividades. Por esta razón, ISF inició una remodelación y ampliación de sus instalaciones para evitar la suspensión de clases y garantizar un mejor espacio de aprendizaje.
Para hacer esto posible, la empresa Barbieri aportó materiales y recursos para la construcción, y muchos voluntarios colaboraron con la mano de obra. Si bien ISF contaba con un equipo multidisciplinario y preparado para llevar adelante el trabajo, no disponía de un adecuado sistema de gestión ambiental para manejar los residuos generados, en especial, los restos de pintura considerados un residuo especial.
La segunda etapa consistió en la producción del producto: un sistema de gestión ambiental que permitiera a los miembros y voluntarios de ISF separar, reciclar, reusar o derivar a tratamiento/disposición final los diferentes tipos de residuos generados. Para esto, visitamos las instalaciones de Por un Mundo Mejor, tomando nota y registrando las necesidades detectadas, para luego elaborar en conjunto con toda la clase, el sistema de gestión ambiental en cuestión. Para realizar el informe final trabajamos en grupos, dividiendo tareas y roles, logrando así desarrollar un documento muy detallado que contenía la situación actual del centro comunitario, un relevamiento de los diferentes tipos de residuos generados, un plan de acción para la implementación del sistema de gestión, y una serie de conclusiones y recomendaciones finales. La tercera y última etapa consistió en la entrega y presentación final del producto terminado. Enviamos el documento elaborado y presentamos lo investigado y desarrollado
a los miembros de ISF y a familiares o amigos, que les interesaba escuchar el proyecto. El feedback resultó muy positivo por parte del socio comunitario y la experiencia fue sumamente enriquecedora para todos.
La primera vez que nos comentaron sobre la nueva metodología pedagógica de la cátedra de Gestión
Ambiental I, basada en una EFI, tenía mis dudas acerca de si íbamos a ser capaces de desarrollar un buen proyecto, que resultara útil y funcional para el socio comunitario, sin descuidar el aprendizaje teórico de la materia. Con el transcurso de las clases y el avance del proyecto, mis inquietudes se fueron disipando y los resultados deseados empezaron a volverse cada vez más una realidad tangible. Para mi sorpresa, fuimos capaces de poner en práctica lo aprendido en la materia, elaborando un producto útil para dar solución a una problemática real. Esto no solo nos permitió comprender los conceptos de la

materia, sino también conocer una realidad diferente y vivir una experiencia sumamente valiosa.
Para el socio comunitario también resultó muy positivo el proyecto, ya que esquematizamos un sistema de gestión ambiental que podría replicarse en otras obras de ISF similares, y a su vez dimos respuesta a la mayor problemática de índole ambiental que tenían: ¿qué hacer con los restos de pintura sobrantes y los elementos, como pinceles o tarros, que también contenían pintura?
Concluido el proyecto, me atrevo a afirmar que el éxito de este radicó no solo en la buena predisposición
que hubo por parte de los alumnos, sino también en la clara planificación que se hizo desde la cátedra. Considero que es de vital importancia que los docentes puedan diagramar un buen esquema de trabajo, donde todos los alumnos puedan participar de manera activa, sin dejar que el contenido de la materia pase a un segundo plano. Ese es el gran desafío y punto clave, a mi criterio, para una buena experiencia formativa inclusiva. Por ello, recomiendo enfáticamente no desestimar este aspecto. Por otro lado, ampliar la convocatoria de la presentación final para incluir a familiares y amigos fue una iniciativa muy positiva. A mi entender, abrir el espacio y compartir

con nuestros vínculos cercanos los proyectos en los que estamos trabajando resulta muy significativo, ya que permite visibilizar el esfuerzo realizado, fortalecer el
compromiso con la tarea y el sentido de pertenencia hacia el trabajo realizado. Por lo tanto, aliento fuertemente a replicar este tipo de iniciativas en otras EFI.
Congreso de la Nación Argentina. (1992). Ley Nº 24.051 de Residuos Peligrosos. Boletín Oficial de la República Argentina. Universidad Católica Argentina (2021, septiembre 2). Conociendo las Experiencias Formativas Inclusivas - UCA [Video]. YouTube. Ingeniería Sin Fronteras Argentina (s.f.). Jardín de infantes en B° Km 13, Quilmes. https://isf-argentina.org/proyectos/jardin-de-infantes-en-b-km-13-quilmes Kilómetro 13 en Quilmes: Más espacio y apoyo para los niños con la ampliación del Centro Comunitario (10 de septiembre de 2024). Diario 5 Días. Recuperado de: https://diario5dias.com.ar/noticia/Kilometro-13-Quilmes-Más-espacio-apoyo Organización Internacional de Normalización (2015). Sistemas de gestión ambiental: Requisitos con orientación para su uso (Norma ISO 14001:2015). ISO.
dirección de compromiso social y extensión | Juan Cruz Hermida y Estefanía Buzzini

FUNDADORA Y DIRECTORA GENERAL DE FUERZA MUJERES

Desde Fuerza Mujeres, una organización que trabaja hace más de 10 años por la inclusión laboral de mujeres mayores de 40 años de todo el país que se han visto excluidas del mercado de trabajo, en gran parte debido a la falta de oportunidades y a las tareas de cuidado que asumieron durante años, creemos profundamente en la fuerza de las alianzas. Las organizaciones sociales trabajamos día a día por el bienestar colectivo y el acceso a derechos, pero necesitamos de todos los actores de la sociedad para lograr una transformación real y sostenida. La articulación con universidades como la UCA, a través de su Dirección de Compromiso Social y Extensión, nos permite tender puentes entre mundos distintos que se enriquecen mutuamente. La experiencia Emprende, que conecta a nuestras emprendedoras con estudiantes universitarios, es un ejemplo concreto y valioso de cómo la educación, la comunidad y el compromiso social pueden converger en acciones con impacto genuino.
A través del programa Emprende, las mujeres que participan en nuestros programas de acompañamiento fueron acompañadas por estudiantes de la carrera de Ingeniería Industrial. En ese encuentro entre saberes y trayectorias se da algo muy potente: las estudiantes ponen en práctica lo aprendido en la cátedra de Administración de Empresas y, al mismo tiempo, se sumergen en realidades distintas a las propias. El intercambio intergeneracional fue, sin duda, uno de los aspectos más inspiradores de esta experiencia. Para las emprendedoras, ser escuchadas, valoradas y asesoradas con herramientas profesionales
significó una validación muy importante. Muchas llevan años construyendo sus emprendimientos con esfuerzo y creatividad, y sumar conocimientos técnicos o una mirada externa ordenadora puede hacer una gran diferencia en el rumbo de sus proyectos.
Para los y las estudiantes, fue una oportunidad única para ver de cerca el espíritu emprendedor, enfrentarse a la complejidad de los desafíos reales y, sobre todo, comprender que no hay un solo camino profesional posible. Conocieron otras formas de aplicar lo que estudian, se involucraron emocional y humanamente, y reconocieron el valor de poner sus conocimientos al servicio de causas que impactan en la vida de otras personas.
La experiencia fue vivida con entusiasmo, compromiso y mucha entrega de ambas partes. El aprendizaje fue profundo porque se dio en un marco real, donde las decisiones, los números, las ideas y el acompañamiento tenían un destinatario concreto y una historia detrás. Eso deja huella.
Para Fuerza Mujeres, esta articulación fue profundamente enriquecedora. No solo fortaleció los proyectos de nuestras emprendedoras, sino que abrió un espacio de encuentro donde se generaron vínculos de confianza, reconocimiento y mutua inspiración. Desde lo institucional, valoramos la posibilidad de incorporar a nuestro programa una dimensión académica y profesional que contribuye a mejorar la sostenibilidad de los emprendimientos. Las mujeres ganan confianza, herramientas y visión estratégica. Y los estudiantes, por su parte, amplían su mirada, descubren
“Sabemos que muchas de las y los jóvenes que participan en estas experiencias no olvidan fácilmente ese vínculo. Porque cuando un saber técnico se convierte en una herramienta para el bienestar de otra persona, deja de ser solo teoría: se vuelve propósito”

que el conocimiento puede ser motor de transformación y que involucrarse en causas sociales puede dar sentido a su formación.
Sabemos que muchas de las y los jóvenes que participan en estas experiencias no olvidan fácilmente ese vínculo. Porque cuando un saber técnico se convierte en una herramienta para el bienestar de otra persona, deja de ser solo teoría: se vuelve propósito. Sostener y expandir este tipo de espacios es fundamental. La formación académica se potencia enormemente cuando se vincula con la realidad social, y las organizaciones sociales necesitamos de P4 C1
estos puentes para mejorar nuestras acciones y alcanzar a más personas. Sería muy valioso continuar promoviendo experiencias como Emprende en otras carreras y disciplinas, con nuevas organizaciones y en distintos formatos. También consideramos clave sistematizar estos encuentros para que los aprendizajes, las buenas prácticas y propuestas puedan crecer y multiplicarse. Cuando la universidad, la comunidad y las organizaciones sociales trabajan en alianza, el impacto se multiplica y se vuelve más profundo. Esa es, sin duda, una forma poderosa de construir un futuro más justo e inclusivo.


LICENCIADA EN PSICOPEDAGOGÍA. COORDINADORA DEL EQUIPO DE ORIENTACIÓN
ESCOLAR DEL INSTITUTO NUESTRA SEÑORA DEL BUEN CONSEJO
LICENCIADA EN PSICOPEDAGOGÍA EN LA UNIVERSIDAD CAECE. MIEMBRO DEL EQUIPO DE ORIENTACIÓN ESCOLAR (EOE) DEL INSTITUTO NUESTRA SEÑORA DEL BUEN CONSEJO

El colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, en Barracas desde 1918, recibe el 100% de la subvención del GCBA, que cubre los sueldos docentes. El resto del presupuesto se sostiene gracias al apoyo de padrinos y donantes que complementan las cuotas familiares.
En 2002 se inició un proyecto de inclusión social, nacido de la profunda comprensión del contexto social, cultural y económico de su comunidad. El 60% del alumnado proviene de la villa 21-24 y Zavaleta -donde residen familias migrantes de países limítrofes-, y el restante 40% de barrios cercanos. Desde su origen, el propósito ha sido tender puentes entre una educación de calidad y contextos de alta vulnerabilidad. Muchas de las familias enfrentan situaciones de fragilidad afectiva y social. Esto repercute en el desarrollo cognitivo de las alumnas, evidenciado en un menor desarrollo en la oralidad, el vocabulario y aprendizajes esenciales de lectoescritura y matemática, derivadas de una fuerte deprivación cultural y académica.
A causa de la escasez de recursos, se vuelve complejo acceder a diagnósticos o intervenciones tempranas en el área psicopedagógica y psicológica. En este marco, la articulación entre la universidad y la escuela cobra un valor estratégico al brindar acompañamiento pedagógico a comunidades que lo requieren con urgencia. El colegio sostiene una profunda vocación por la enseñanza de calidad. Todos los niveles educativos y sus profesionales trabajan por desarrollar el potencial de cada alumna, prevenir el fracaso escolar y acompañar sus búsquedas vocacionales.
Sin embargo, las exigencias del contexto muchas veces superan los recursos disponibles. En este contexto, fue el capellán de la institución, Pedro Velazco, quien -sensible a las necesidades de su comunidad- inició y fortaleció vínculos con la UCA. Así comenzó un trabajo conjunto, aun tímido en sus inicios, que devino en un puente sólido, profundo y fluido, capaz de atravesar dificultades como las del período de pandemia, sostenido por el abrazo fraterno y el compromiso mutuo. Recorremos el camino de la educación integral trabajando en proyectos con la Facultad de Psicología y Psicopedagogía. Un diálogo constante nos desafía a encontrar soluciones creativas, aprender de los errores y continuar con esperanza. Uno de los mayores valores que reconocemos es ser testigos de los vínculos que se crean entre todos los integrantes de los proyectos. Alumnas, docentes y profesionales se comprometen con una entrega que integra conocimiento y corazón. Ese puente comunitario acorta distancias, ofreciendo soluciones concretas basadas en el trabajo colaborativo, el diálogo reflexivo y el saber compartido. Los cimientos de los proyectos se encuentran en el aprender a conocer: implica adquirir saberes, comprender, investigar y mantener viva la curiosidad para aprender durante toda la vida, y aprender a ser: busca el desarrollo integral de la persona -en lo cognitivo, emocional y socialfomentando el autoconocimiento, la creatividad y la responsabilidad. Junto a la UCA, trabajamos para que, a través de diagnósticos, apoyos escolares y orientación vocacional, cada alumna pueda reconocerse en

sus fortalezas y debilidades, y decidir en función de su propia realidad. Reconocemos y agradecemos profundamente el acompañamiento que la UCA brinda a nuestra comunidad educativa. Este trabajo conjunto fortalece una mirada social sobre la formación de nuevos profesionales, y potencia una ayuda comunitaria transformadora. Por eso creemos fundamental sostener y enriquecer los espacios compartidos, que continúan fortaleciendo a las alumnas en su trayecto escolar y sembrando herramientas para toda la vida.
En el marco de los 15 años de la Dirección de Compromiso Social, este escrito se suma como expresión viva del camino recorrido y del firme compromiso con la construcción de una sociedad más justa, solidaria e inclusiva. Quince años de trabajo sostenido, que siguen marcando huella en las comunidades y en el corazón mismo de la Universidad. Que esta historia de encuentro y colaboración siga inspirando nuevas formas de compromiso educativo y social.
Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana. Monsalve, A. E. D., & Posada, R. E. Q. (2013). La formación integral: Una aproximación desde la investigación. Íkala, revista de lenguaje y cultura, 18(3), 17-29. Pontificia Universidad Católica del Perú (2022, diciembre 15). Las lecciones del Papa Francisco para las universidades. Voces PUCP.

Andrea Benaim DIRECTORA EJECUTIVA DE LA FUNDACIÓN BACCIGALUPO

Ante todo, quiero agradecer profundamente al equipo de la Dirección de Compromiso Social y Extensión de la Universidad Católica Argentina por convocarme, en representación de la Fundación Baccigalupo, para participar de la publicación en conmemoración de sus 15 años de trabajo. Reciban nuestras más sinceras felicitaciones por este aniversario que celebra una trayectoria marcada por la empatía, el compromiso por la transformación social y la excelencia profesional. Para nosotros es un honor caminar junto a ustedes desde hace más de una década, compartiendo valores, desafíos y un propósito común.
La Fundación Baccigalupo nació con el sueño de que niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual encuentren en el deporte una herramienta de transformación. Aspiramos a que cada uno de ellos pueda integrarse plenamente en la sociedad, fortalecer sus vínculos, mejorar su calidad de vida y desarrollar todo su potencial físico, emocional y social. Promovemos la autonomía, el esfuerzo personal y, sobre todo, un cambio cultural que permita ver a las personas con discapacidad intelectual como sujetos plenos de derechos, con capacidades y proyectos propios. En ese camino, allá por 2014, encontramos en la Universidad Católica Argentina un aliado invaluable por sus Experiencias Formativas Inclusivas. Desde la Dirección de Compromiso Social y Extensión, liderada
por Juan Cruz Hermida, surgió la posibilidad de articular una propuesta académica pionera: el Curso de Asistente Deportivo para personas con discapacidad intelectual. Esta iniciativa nació del profundo conocimiento que la fundación tiene sobre sus propios alumnos y del reconocimiento de sus potencialidades para desempeñarse como colaboradores en clases deportivas. Así fue como decidimos formalizar un convenio con la Universidad Católica Argentina, que hoy celebra con orgullo sus 11 años de vigencia.
UN PROGRAMA CON IMPACTO REAL
Durante estos años, más de 30 jóvenes con discapacidad intelectual han egresado del curso, formándose como asistentes de profesores en clases de tenis, de actividades en colonias en diferentes clubes y espacios deportivos. Muchos comenzaron su vínculo con la fundación siendo niños, y hoy son adultos con nuevas inquietudes, necesidades y sueños. Frente a los desafíos que implica la vida adulta -la inclusión laboral, la independencia, la participación social-, el curso representa una herramienta concreta para abrir puertas, tanto en lo profesional como en lo personal.
La propuesta educativa incluye contenidos vinculados a comunicación y coaching, competencias laborales, cognitivas y socioemocionales, metodología y habilidades específicas para la enseñanza deportiva y prácticas pedagógicas. No se trata solo de una formación para el empleo, sino de un proceso integral que fortalece la autonomía y la autoestima. El curso es, además, un espacio de crecimiento para todos los
involucrados: estudiantes, familias, docentes, terapeutas y coordinadores. Cada año, el grupo de estudiantes nos enfrenta a nuevos retos, porque cada persona es única, con sus fortalezas, historias y desafíos particulares. El diálogo con las familias y los profesionales que acompañan a los alumnos ha sido clave para sostener una propuesta que respeta la diversidad y promueve el desarrollo integral.
En lo personal, como directora ejecutiva de la Fundación Baccigalupo, este curso es uno de los proyectos que más me conmueven y enorgullecen. Me emociona asistir a las clases, ver cómo evolucionan los estudiantes, cómo descubren habilidades que ni ellos ni sus familias creían posible. Aquello que antes se percibía como una limitación, con trabajo, paciencia y acompañamiento puede convertirse en una verdadera fortaleza. Actualmente, el curso es liderado por la Fundación Baccigalupo a través de los profesores Silvia Morán y Claudio Morales, y por la UCA por Romina Lea Ortellado y Estefanía Buzzini. Es importante destacar la increíble pasión, dedicación, compromiso y profesionalismo de estos profesionales, así como de todos aquellos que, durante estos 11 años de trayectoria, han contribuido con su experiencia y entrega al éxito del curso. El año académico culmina con un acto de graduación en la Universidad Católica Argentina, que es
mucho más que una ceremonia: es una celebración del esfuerzo, la perseverancia y el amor que hay detrás de cada historia. Ver la alegría y el orgullo en los rostros de las familias al recibir los certificados es, sin duda, uno de los momentos más valiosos del año.
Es un gusto para mí presentar dos testimonios.
La mirada de la familia de Juan Pablo Asdurian Bidogia. Juampi asiste a la Escuela de Tenis de la Fundación Baccigalupo casi desde los inicios, y en 2015 viendo su interés por enseñar y sus habilidades deportivas, le propusimos realizar el Curso de Asistente Deportivo.
“Quisiera contarles la maravillosa experiencia por la que pasó Juan Pablo, mi hijo, cuando cursó específicamente el Curso de Asistente Deportivo. Por entonces tuvo que aprender a trasladarse desde el barrio de Colegiales donde vivimos, en subte, hasta Plaza de Mayo, y luego caminar hasta la UCA. Simultáneamente aprendió a viajar al Cenard donde ejercitaba las prácticas como asistente deportivo de tenis. Tanto a él como a Emiliano Valeiras, también egresado del curso, les permitió conseguir el trabajo de asistentes de profesor de tenis en el Parque Sarmiento de la ciudad de Buenos Aires. Todos los coordinadores que tuvieron allí desde el comienzo hasta la actualidad los adoran, y los tratan con cariño y actitud paternalista. Tienen clases de 10 alumnos y son muy eficientes en su desempeño.
Juan Pablo y Emiliano hicieron historia en el Parque trabajando miércoles y viernes, con asistencia perfecta, amor por lo que hacen y orgullosos del puesto que ocupan. Son sumamente responsables y muy muy queridos por las autoridades del lugar. Esto les da autonomía, seguridad, orgullo de sí mismos y se sienten muy queridos e integrados al ámbito laboral. Ojalá todos los egresados del curso tengan tanta buena experiencia y pasión por lo que hacen, porque estos dos dejarían de hacer cualquier cosa con tal de no faltar a sus obligaciones laborales. Cada año disfrutan de ver cómo se les entrega diplomas a los nuevos asistentes deportivos, sabiendo que fueron ellos parte de la primera camada. Que disfruten el camino y realicen sus objetivos”. María Antonia Bidogia, mamá de Juan Pablo Asdurian Bidogia.
El segundo testimonio: la experiencia de Martín Papa, asistente deportivo egresado en 2017.
“Hacer el Curso de Asistente Deportivo me dio mucha felicidad porque aprendí a tener mucha paciencia y fue una experiencia muy linda, porque me sentí recómodo en todo lo que hacía. También me permitió conocer amigos nuevos y me abrió nuevas puertas de la vida. Después de terminar el curso, en 2019, comencé a trabajar como profesor de tenis en el Tenis Club Argentino, donde me dieron la oportunidad de dar mi propia clase de tenis a chiquitos de 4 a 7 años ¡Una hermosa oportunidad de trabajo que
continúo realizando y que disfruto muchísimo!” Martín Papa, egresado 2017 - Asistente en la Escuela de Tenis del Tenis Club Argentino. Celebrar estos 15 años de la Dirección de Compromiso Social y Extensión es también celebrar el poder de las alianzas significativas, aquellas que se construyen desde la escucha, la confianza y la convicción de que una sociedad más justa e inclusiva es posible. Gracias por permitirnos ser parte de este camino.

“Celebrar estos 15 años de la Dirección de Compromiso Social y Extensión es también celebrar el poder de las alianzas significativas, aquellas que se construyen desde la escucha, la confianza y la convicción de que una sociedad más justa e inclusiva es posible”


Paola Brao
LICENCIADA EN BELLAS ARTES Y PROFESORA DE EDUCACIÓN PLÁSTICA Y VISUAL. DOCENTE EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LAS ARTES Y EN EL COLEGIO SANTO TOMÁS DE AQUINO

El vínculo con la Dirección de Compromiso Social y Extensión de la Universidad Católica Argentina comenzó a partir de una charla brindada durante un Encuentro de Mejora Institucional (EMI) en el Colegio Santo Tomás de Aquino. Aquella instancia resultó reveladora para mí.
Como profesora de Arte que viene trabajando desde hace años con proyectos interdisciplinarios, encontré en el Aprendizaje y Servicio Solidario (AYSS) una convergencia potente entre mis propias convicciones pedagógicas, y la posibilidad real de involucrar a los estudiantes en modos de aprender que conecten con el otro y con el mundo. Desde entonces comencé a diseñar proyectos escolares que articularan el Aprendizaje Inclusivo y Efectivo (AIE) -que es proyecto institucional en el colegio- con el Aprendizaje y Servicio Solidario, integrando saberes curriculares con acciones de impacto en contextos reales.
Este artículo recupera dos experiencias desarrolladas en 2024 y 2025, respectivamente. Las dos se inscriben dentro de las Experiencias Formativas Inclusivas y combinan los siguientes objetivos: formación integral, trabajo por proyectos y servicio comunitario. En ambas, el Arte, junto con Lengua y Literatura y Formación Religiosa, fueron el puente que facilitó la creación y profundización de vínculos intergeneracionales, el desarrollo de la empatía y la promoción de una escuela que enseña a mirar, a escuchar y a crear con otros.
PROYECTO 2024: ABUELOS
En el ciclo lectivo 2024 desarrollamos un proyecto con alumnos de secundaria orientado a rescatar, valorar y visibilizar a los adultos mayores. Titulado Abuelos , el proyecto nació con una fuerte raíz simbólica: la fuente como metáfora de nutrición constante (de sabiduría, cariño, cuidado, experiencias…). El objetivo fue generar un intercambio significativo con residentes del Geriátrico Caseros a través de la escucha activa, el diseño colectivo y la producción de fuentes de agua artísticas construidas por los estudiantes, que trataron de captar la esencia de los abuelos con quienes entablaron vínculos profundos.
Este proyecto combinó técnicas plásticas (Arte) con los contenidos de Formación Religiosa y Lengua y Literatura, permitiendo no solo el desarrollo de habilidades expresivas, sino también una profunda reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria y los afectos. Cada grupo de estudiantes apadrinó a un adulto mayor, manteniendo correspondencia por carta, mensajes grabados y musicalizados, además de las visitas presenciales.
La experiencia fue profundamente movilizadora. Como docente presencié el modo en que el arte se volvió excusa para el encuentro, impulsor de relatos de vida y vehículo para resignificar la vejez. Una estudiante escribió en su carta: “Gracias por enseñarme que el pasado no es solo historia, sino vida que sigue latiendo en cada palabra que usted cuenta”.
En 2025 decidimos ampliar la propuesta, integrando por primera vez ambas sedes del colegio (Colegiales y Congreso). Caminos Compartidos se está articulando con tres socios comunitarios: el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, el Gabinete Materno-Infantil perteneciente a la Escuela Especial N° 27 Lidia de Coriat y una institución especializada en niños con disminución visual. El eje común es la infancia y sus distintas realidades. Los estudiantes de tercer año trabajan en proyectos complementarios: en la sede Colegiales se desarrollan títeres con el fin de crear una obra teatral para niños (Hospital Gutiérrez), polípticos sensoriales para niños con síndrome de Down (Gabinete Materno-Infantil Lidia de Coriat) y materiales didácticos para niños con disminución visual; en Congreso se diseña una campaña digital de concientización y visibilización a partir de las experiencias que se van compartiendo entre las sedes.
La planificación se nutre del enfoque AIE que promueve el desarrollo de capacidades, habilidades y talentos, y al mismo tiempo se alimenta de experiencias auténticas, significativas y colaborativas. Las visitas a los socios comunitarios, los intercambios con los niños y profesionales, y las jornadas de sensibilización están dando lugar a un proceso de aprendizaje vivencial donde la empatía no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta. El trabajo interdisciplinario permite vincular contenidos de Arte,
“El
aprendizaje profundo sucede cuando hay vínculo, que los contenidos se activan cuando el otro deja de ser una categoría abstracta para volverse rostro concreto”
Formación Religiosa y Lengua y Literatura. Los títeres, por dar solo un ejemplo, no son meros objetos, sino parte de un espectáculo que se diseña junto a niños hospitalizados, en el que se incorporan relatos e ideas que surgen del contacto directo con ellos. Esta co-construcción de sentido es clave: no se trata de “hacer algo para ayudar”, sino de construir juntos. Desde lo pedagógico, los aportes de Rodríguez (2024) en torno al ABP-AIE ofrecen un marco sólido: integrar Formación Basada en Capacidades, evaluación auténtica y cultura del encuentro. El resultado es un proceso que no solo favorece el aprendizaje académico, sino la sensibilidad social de los alumnos, además de su capacidad de organización y de trabajo en equipo.
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Ambas experiencias confirman, día a día, que el aprendizaje profundo sucede cuando hay vínculo, que los contenidos se activan cuando el otro deja de ser una categoría abstracta para volverse rostro concreto. Como lo plantea Furman et al. (2013), aprender implica hacerse preguntas significativas, y este tipo de proyectos invita a formularlas desde la realidad, desde el encuentro. A nivel institucional, estas experiencias están fortaleciendo cada vez más la cultura del trabajo por proyectos, la articulación entre materias y la apertura a la comunidad. Las familias valoran mucho el sentido formativo de estas experiencias, y muchos alumnos manifiestan una motivación que continúa más allá del tiempo. La universidad, al acompañar estos caminos, se convierte en puente entre niveles educativos, sostenedora de propuestas que promueven no solo saberes intelectuales, sino ciudadanía activa. Esta articulación escuela-universidad-comunidad configura una red potente,
donde todos aprendemos y nos transformamos. Como docente crezco un poco más cada vez que diseño, coordino y evalúo estos proyectos. Comprendí que enseñar arte no es solo enseñar técnicas, sino abrir mundos, y que cada propuesta con sentido nos transforma porque no se trata de enseñar para el futuro, sino para el presente, para la vida compartida de hoy. Para que este tipo de propuestas continúe creciendo, es indispensable sostener y fortalecer espacios como la Dirección de Compromiso Social y Extensión. Su acompañamiento y orientación en pedagogías como el AYSS resultan clave para docentes que desean innovar pedagógicamente desde una perspectiva humanista y con fuerte compromiso comunitario. Como bien señala Rodríguez Villoldo y Piñero (2024), el enfoque AIE nos invita a pensar en una educación centrada en la persona, en sus vínculos, en su capacidad transformadora. Seguir construyendo desde ahí es no solo deseable, sino urgente.
Furman, M., Puig, N., & Barreto, M. (2013). El proceso de aprender a plantear preguntas investigables
Gellon, G., Rosenvasser Feher, M., Furman, M., & Golombek, D. (2005). La ciencia en el aula. Paidós.
Gellon, G. (2008). Los experimentos en la escuela: La visión de un científico en el aula. Revista 12ntes, 24, 13-14.
Perales Palacios, F. J. (2000). La resolución de problemas. En F. J. Perales & P. Cañal (Eds.), Didáctica de las ciencias experimentales: Teoría y práctica de la enseñanza de las ciencias. Marfil.
Rodríguez, H. (2024). Fundamentos, características y variantes del ABP (STEAM, AySS, ABT y otras) en perspectiva personalista AIE. Departamento de Educación, UCA.
Rodríguez, H. (2024). Implementación de una experiencia de ABP AIE. Departamento de Educación, UCA.
Rodríguez Villoldo, I., & Piñero, M. M. (2024). El ABP AIE: Integrando FBC, EpC, assessment y personalismo. Departamento de Educación, UCA.
Sanmartí, N., & Márquez, C. (2012). Enseñar a plantear preguntas investigables Alambique (70), 27-36.
“La universidad, al acompañar estos caminos, se convierte en puente entre niveles educativos, sostenedora de propuestas que promueven no solo saberes intelectuales, sino ciudadanía activa. Esta articulación escuela-universidad-comunidad configura una red potente, donde todos aprendemos y nos transformamos”





BECARIA DOCTORAL CONICET EN EL OBSERVATORIO DE LA DEUDA SOCIAL ARGENTINA (UCA). PROFESORA DE NIVEL UNIVERSITARIO Y DE POSGRADO.

Desde 2022 me desempeño como coordinadora del proyecto de Promotores en Prevención, un programa interdisciplinario centrado en la prevención del consumo de alcohol en adolescentes. Hasta la fecha se han llevado a cabo cuatro ediciones de esta iniciativa, la cual involucra la capacitación de estudiantes universitarios avanzados de las carreras de Medicina, Psicología y Educación. Estos futuros profesionales se forman para desempeñarse como talleristas y promotores de la salud en instituciones de nivel secundario, abordando una problemática tan relevante como el consumo de alcohol en la adolescencia, que suscita preocupación entre padres y docentes. A partir de mi trayectoria como becaria doctoral del CONICET e investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), con especialización en el estudio y la prevención del consumo de alcohol, fui convocada a participar y coordinar esta propuesta. El proyecto propuesto por el Rector, el Dr. Miguel Ángel Schiavone, e impulsado desde la Dirección de Compromiso Social y Extensión de la UCA, contó con la participación de diversas áreas académicas, incluyendo la Facultad de Psicología y Psicopedagogía, la Facultad de Ciencias Médicas, el Departamento de Educación, y el Instituto de Matrimonio y Familia. La iniciativa se dirige a estudiantes universitarios avanzados, quienes, además de aportar su sólida formación al proyecto, obtienen recursos y habilidades adicionales esenciales para su futura práctica profesional aplicables a cualquier ámbito profesional futuro. En este sentido, se convocó y capacitó a alumnos de distintas
carreras que pudieran, a su vez, aportar sus perspectivas y propusieran actividades para un taller de prevención de consumo de alcohol en adolescentes. La primera etapa del proyecto se centró en la formación de los estudiantes, brindándoles conceptos y herramientas desde una perspectiva integral y multidisciplinar, que les permitieran diseñar e implementar un espacio de prevención. En una segunda instancia, los universitarios se desempeñaron como promotores de la salud en talleres de prevención del consumo de alcohol, dirigidos a estudiantes de primer año de escuelas secundarias. Cabe destacar que si bien la propuesta estaba inicialmente dirigida a estudiantes del colegio secundario Santo Tomás de Aquino de la UCA, se extendió a otras instituciones educativas interesadas. La propuesta se enmarca en un contexto caracterizado por altas tasas de consumo problemático de alcohol en la población adolescente y joven, tanto a nivel global como específicamente en Argentina. Esta conducta de riesgo emerge progresivamente a edades cada vez más tempranas, y se observa en los últimos años, una disminución en la edad promedio de inicio del consumo (SEDRONAR, 2017; SEDRONAR & INDEC, 2023). Esto subraya la imperiosa necesidad de intervenir de manera inmediata y temprana, con el fin de evitar o demorar el primer contacto con las bebidas alcohólicas, haciendo particular énfasis en los motivos sociales que impulsan esta conducta de riesgo. En este sentido, resulta fundamental planificar y ejecutar acciones de prevención primaria dirigidas a adolescentes que aún


no han tenido experiencias con el alcohol. Asimismo, dado que se trata de una conducta nociva para la salud que involucra una multiplicidad de factores, se torna indispensable y necesario un abordaje interdisciplinario. El proyecto contribuye, entonces, a formar profesionales con una visión integral de la persona, equipándolos con herramientas para diseñar e implementar propuestas de prevención de conductas de riesgo en general, y de consumo de bebidas alcohólicas en particular. Se busca que los participantes integren un equipo interdisciplinario, centrándose en actividades de promoción de la salud y prevención del consumo de alcohol desde una perspectiva crítica y situacional. Los objetivos específicos que han guiado esta iniciativa a través de los años fueron: (a) comprender la situación actual del consumo de bebidas alcohólicas en Argentina y sus consecuencias; (b) reconocer la importancia de la prevención primaria en el consumo de alcohol para demorar o reducir esta práctica en la adolescencia;
(c) distinguir el aporte singular de la psicología, la medicina y la educación en los proyectos de prevención del consumo de alcohol y otros consumos problemáticos en adolescentes; (d) aprehender herramientas que permitan elaborar e implementar propuestas de prevención. El programa se estructura en dos instancias principales: una primera etapa de capacitación de los estudiantes universitarios y, posteriormente, la implementación de talleres de prevención en el ámbito escolar. Una vez finalizada la serie de capacitaciones, se procedió a la planificación e implementación de los talleres en la escuela secundaria. Un aspecto distintivo que constituye una fortaleza del proyecto radica en que la estructura de los talleres se adapta anualmente a las particularidades de cada equipo de talleristas, a las características específicas de los adolescentes participantes y a la coyuntura de la problemática, incorporando nueva información y tendencias que emergen y es necesario abordar. En este sentido, cada año se realiza un diagnóstico previo
del grupo objetivo del taller. Esto constituye un procedimiento fundamental en toda acción de prevención e intervención para asegurar su contextualización y pertinencia. En este caso se lleva a cabo una encuesta anónima a los adolescentes, que indaga información e inquietudes del grupo. No obstante, si bien la planificación de los talleres se renueva cada año y en función de cada escuela involucrada, se mantiene una línea base de objetivos a alcanzar. Se busca principalmente en los talleres derribar mitos sobre el consumo de bebidas alcohólicas y brindar información sobre sus efectos perjudiciales; habilitar un espacio en el que los adolescentes puedan reflexionar críticamente acerca de la presión social y los ámbitos en los que suelen darse las primeras experiencias con el alcohol, y generar una instancia para que puedan plantear dudas e inquietudes. Durante sus diversas ediciones en los últimos cuatro años, el proyecto de Promotores en Prevención ha demostrado ser un aporte sustancial a la Universidad y la comunidad. Incluso ha sido sumamente gratificante ver que otras instituciones educativas manifestaron interés en replicar esta propuesta en sus estudiantes. Entre los puntos fuertes del proyecto se destaca la consolidación de buenos equipos de estudiantes universitarios comprometidos que no solo se complementaron en conocimientos multidisciplinarios, sino que también supieron trabajar en conjunto como equipo. A su vez, quisiera resaltar la buena predisposición de los adolescentes que, con interés y entusiasmo, mostraron una participación activa en cada taller,
generando un valioso espacio de reflexión e intercambio. Es curioso que los adolescentes inicialmente manifestaban sentirse aún ajenos a esta problemática, pero las dudas que plantearon espontáneamente en cada taller fundamentan la necesidad y urgencia de estos espacios de prevención primaria. Precisamente, surgían preguntas como: ¿a qué edad y qué cantidad se recomienda tomar?, ¿cuándo y cómo consumir alcohol?, ¿cómo consumir responsablemente? Estas preguntas, que reflejan la exposición a publicidades y a un entorno social que promueve el consumo, subrayan la necesidad de brindar información clara y fundamentada para guiar sus futuras decisiones. Fundamentalmente, en los talleres se logró establecer un ambiente seguro y de confianza entre talleristas y participantes, propicio para que los adolescentes plantearan libremente sus dudas e inquietudes. Los estudiantes universitarios, gracias a su rigurosa capacitación y compromiso, estuvieron plenamente preparados para brindar respuestas informadas y un acompañamiento empático durante los talleres. Pero, además, este vínculo cercano de “hermanos mayores” resultó particularmente valioso. De esta manera, los talleristas, si bien próximos en edad a los adolescentes y habiendo transitado experiencias vitales similares, contaban con el conocimiento y la formación específica y necesaria para abordar la temática desde una perspectiva fundamentada. Durante estos cuatro años coordinando el proyecto de Promotores en Prevención, ha sido profundamente gratificante ver cómo se pone en marcha esta iniciativa
interdisciplinaria. No solo ha logrado formar y transformar a nuestros estudiantes, sino que, además, ha generado un impacto positivo en la comunidad. Es una propuesta que año tras año ha crecido, mejorado y se ha consolidado. Personalmente valoro el compromiso y la capacidad de servicio de cada universitario que formó parte, junto con la curiosidad y buena predisposición de los adolescentes. Y, sobre todo, valoro el espacio de reflexión e intercambio gestado en cada taller, donde talleristas y adolescentes construyeron juntos un camino
“No solo ha logrado formar y transformar a nuestros estudiantes, sino que, además, ha generado un impacto positivo en la comunidad. Es una propuesta que año tras año ha crecido, mejorado y se ha consolidado”
hacia decisiones más conscientes. La relevancia de este tipo de iniciativas se hace aún más evidente cuando consideramos que el consumo de alcohol en la adolescencia es una problemática que preocupa transversalmente a padres, docentes y a la sociedad en general, haciendo imperativo un abordaje temprano. Por eso creo firmemente que es fundamental promover y sostener estos espacios desde la Universidad, y así generar un aporte significativo a la escuela, la salud pública y a la comunidad en su conjunto.
Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina [SEDRONAR] (2017). Estudio nacional en población de 12 a 65 años sobre consumo de sustancias psicoactivas. Informe de Resultados N° 1: Magnitud del consumo de sustancias a nivel nacional. Recuperado de: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2018/05/oad_2017._estudio_ nacional_en_poblacion_sobre_consumo_de_sustancias_psicoactivas_magnitud_del_ consumo_de_sustancias_0.pdf
Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina [SEDRONAR] & Instituto Nacional de Estadística y Censos [INDEC] (2023). Encuesta nacional sobre consumos y prácticas de cuidado 2022 ENCoPraC - 1a Ed. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/sociedad/encoprac_2022.pdf
ESTUDIANTE DE LA LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA (5° AÑO)
ESTUDIANTE DE MEDICINA (5° AÑO)

Nuestra participación en el programa de Promotores en Prevención, coordinado por la Dirección de Compromiso Social de la Universidad Católica Argentina, nos permitió articular nuestra formación académica en Medicina y Psicología con una experiencia concreta de acción comunitaria.
Durante una serie de encuentros con otros estudiantes avanzados de diversas carreras, planificamos y llevamos a cabo talleres destinados a adolescentes que se encuentran cursando el primer año de la escuela secundaria. El propósito principal de estos encuentros fue acercar información clara y pertinente sobre el consumo de alcohol, con el objetivo de prevenir su inicio en edades tempranas, una problemática de creciente relevancia en nuestra sociedad. Desde nuestro rol como futuros profesionales de
“Esta experiencia no solo nos permitió aplicar conocimientos adquiridos en nuestras respectivas disciplinas, sino también fortalecer nuestro compromiso ético con la comunidad y con la promoción de la salud desde una perspectiva integral”
la salud, consideramos fundamental promover espacios de reflexión que acompañen a los adolescentes en la toma de decisiones conscientes y responsables frente a situaciones de riesgo.
Esta experiencia no solo nos permitió aplicar conocimientos adquiridos en nuestras respectivas disciplinas, sino también fortalecer nuestro compromiso ético con la comunidad y con la promoción de la salud desde una perspectiva integral. A continuación, presentamos un breve relato que da cuenta de lo que significó esta experiencia para nosotros, y que fundamenta por qué, desde nuestras disciplinas, creemos indispensable participar activamente en este tipo de iniciativas de prevención y promoción en salud. Como estudiante de Psicología, al conocer la propuesta me interesó formar parte, porque me pareció

muy claro cómo el rol profesional que estoy construyendo durante estos años de formación se puede empezar a poner en juego de forma práctica. Los distintos enfoques, las áreas y prácticas que rodean el ejercicio profesional del psicólogo encuentran un punto de convergencia inicial: actuar como agentes de salud, acompañando a la persona en el momento vital que atraviesa. En este sentido, el programa de Promotores en Prevención enfoca su intervención en adolescentes, una población que atraviesa crisis específicas durante esta etapa del desarrollo. Moreno y Migone de Faletty (2015) describen estas crisis como la crisis
de identidad que busca responder preguntas como “¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿hacia dónde voy?”; la crisis de intimidad, relacionada con “¿quién es el otro?, ¿cómo me relaciono con él?”, y la crisis de participación, que implica “¿cómo me integro a la sociedad?, ¿cuál es mi función en ella?”. A través de talleres prácticos, Promotores en Prevención acompaña a los adolescentes para que elaboren al menos algunos aspectos de estas crisis, especialmente en cuanto al desarrollo de la identidad y la participación social, ofreciendo respuestas y reflexiones frente a la incertidumbre propia de su edad. La participación en los

mismos resulta fundamental para su desarrollo, dado que durante la adolescencia los jóvenes buscan apoyo para enfrentar cambios físicos, psicológicos y sociales, y experimentan intensamente la necesidad de pertenencia a su grupo de pares. Conscientes de esta realidad, como estudiantes universitarios cercanos en edad, planificamos actividades durante el taller que respondan a sus intereses y capten su atención mediante recursos novedosos e innovadores. Esto es crucial, dado que en esta etapa suelen levantarse barreras frente al mundo adulto, como mecanismo para protegerse ante el conflicto interno entre sus
deseos y temores respecto a la vida adulta. De esta forma, el programa nos sitúa en un rol casi profesional, implicándonos en la preparación, capacitación y trabajo interdisciplinario necesario para presentar un taller significativo, lo que nos permite integrar nuestra formación académica con habilidades prácticas y sentirnos parte activa de la comunidad universitaria. En particular, como estudiante de Medicina, cuando desde Compromiso Social se nos propuso participar en el programa de Promotores en Prevención, enfocado en la prevención del consumo de alcohol en adolescentes, no dudé en sumarme.

Sé que el alcohol, por definición, es una droga, y aunque no tratamos con adictos, la población adolescente es vulnerable a sus efectos nocivos. Es importante entender que estos talleres actúan en el nivel de prevención primaria, buscando evitar el inicio del consumo problemático, y en algunos casos de prevención secundaria, con detección temprana, pero no de prevención terciaria, que corresponde a la rehabilitación una vez que la adicción está establecida.
Reconocer esta vulnerabilidad es fundamental, ya que, aunque un adolescente no sea adicto, puede sufrir intoxicaciones agudas o verse afectado por el consumo de otros. La adicción es el resultado final de un proceso evitable que, sin atención oportuna, avanza desde la disponibilidad y el contexto social, pasando por el inicio del consumo ocasional hasta convertirse en habitual, con episodios de abstinencia, hasta llegar a la adicción plena. Nuestra intervención se centra en las dos primeras etapas, donde se encuentra la mayoría de
la población, atacando el problema desde su raíz para minimizar consecuencias.
Los estudios indican que cuanto más temprana es la exposición al alcohol, mayor es el riesgo de desarrollar problemas y adicciones, dado que el cerebro humano madura entre los 25 y 30 años, y el alcohol es neurotóxico, hepatotóxico, cardiotóxico y carcinogénico. Por ello resulta alarmante que su consumo esté tan normalizado socialmente, en especial entre los jóvenes, lo que hace aún más necesaria nuestra labor preventiva y educativa dentro del programa.
Este compromiso con la formación integral se alinea con la visión y misión de nuestra Universidad, que promueve una enseñanza sistemática, interdisciplinaria y humanista, basada en sólidos fundamentos científicos y valores éticos. Así, el programa permite que estudiantes de diversas carreras acerquen a los adolescentes conocimientos con un compromiso genuino y una intención transformadora, buscando generar un impacto duradero
“El
programa permite que estudiantes de diversas carreras acerquen a los adolescentes conocimientos con un compromiso genuino y una intención transformadora, buscando generar un impacto duradero
en su desarrollo personal y social”
en su desarrollo personal y social. En este marco, las actividades de extensión universitaria se vuelven pilares fundamentales para asumir la responsabilidad social, especialmente con los sectores más vulnerables, promoviendo la salud y el acceso a información actualizada. Finalmente, para nosotros como estudiantes, es muy gratificante saber que impactamos de manera positiva en diversos grupos de adolescentes
a lo largo del programa. Esto no solo refleja el conocimiento adquirido en nuestra formación, sino también nuestra capacidad de aplicarlo en beneficio de otros, contribuyendo a mejorar una problemática social que afecta a nuestra comunidad. Así comprendemos que estamos próximos a alcanzar uno de los objetivos más importantes de haber elegido esta Universidad: formarnos como graduados expertos en humanidad.
Moreno, J. y Migone de Faletty, R. (2015). Claves para la evaluación y orientación vocacional. Valores, proyecto de vida y motivaciones. Lugar Editorial. Capítulo 2.
National Institute of Mental Health (s.f.). El cerebro de los adolescentes: 7 cosas que usted debe saber. National Institutes of Health. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/ espanol/el-cerebro-de-los-adolescentes-7-cosas
National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (2024). Los efectos del consumo de alcohol en el cuerpo. National Institutes of Health. https://www.niaaa.nih.gov/alcoholseffects-health/los-efectos-del-consumo-de-alcohol-en-el-cuerpo
Volkow, N. (2020). Las drogas, el cerebro y la conducta: bases científicas de la adicción. National Institutes of Health. Disponible en: https://ada.educatic.unam.mx/pluginfile.php/1694/mod_ assign/intro/Volkow, N. (2008). Las drogas, el cerebro y el comportamiento.pdf
World Health Organization (2023). No level of alcohol consumption is safe for our health. World Health Organization. https://www.who.int/europe/news/item/04-01-2023-no-level-ofalcohol-consumption-is-safe-for-our-health

María Rosa Tapia
COORDINADORA DE EDUCACIÓN SUPERIOR DE CLAYSS Y DE LA RED GLOBAL UNISERVITATE (PORTICUS-CLAYSS)
VICECOORDINADOR DE LA RED GLOBAL UNISERVITATE (PORTICUS-CLAYSS)
UCA-FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES-DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN

Querida comunidad de la UCA: con gran alegría celebramos junto a ustedes el 15° aniversario de la Dirección de Compromiso Social y Extensión. Es un honor para nosotros, desde el Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS) y la Red Global Uniservitate (Aprendizaje y servicio solidario en la educación superior católica, Porticus-CLAYSS), ser testigos de su trabajo y compartirlo juntos; reconocer la profunda huella que buscan dejar en la institución, en sus estudiantes y en la sociedad a través del desarrollo de una educación integral, humanista y solidaria. La UCA, impulsada por su Gran Canciller Jorge Mario Bergoglio (posteriormente Papa Francisco), ha promovido el desarrollo de una educación comprometida con el aprendizaje, el servicio, el encuentro y la solidaridad; con la transformación de realidades injustas que claman al cielo. Este camino de 15 años nos encontró en varias acciones compartidas y en particular a través de la red Global Uniservitate desde 2020. En ese marco hemos conocido los esfuerzos por institucionalizar el aprendizaje y servicio solidario (Experiencias Formativas Inclusivas en términos de la UCA), en el trabajo coordinado con las respectivas autoridades. La integración de esta pedagogía en los planes de estudio, en la formación de los profesores, en su sistematización e investigación y en la articulación en todas sus sedes -Puerto Madero, Rosario, Mendoza y Paraná- evidencian una visión estratégica y un compromiso genuino. Demuestran que no solo han promovido actividades puntuales, sino buscado tejer el aprendizaje y el servicio solidario
en el entramado mismo de la Universidad, en pilar fundamental de su propuesta educativa. Valoramos especialmente el compromiso con la comunicación y difusión de las Experiencias Formativas Inclusivas, que el lector interesado puede visualizar en el sitio web de la Dirección junto con múltiples recursos . Se ha hecho un trabajo meticuloso no solo para mostrar lo que se hace, sino para destacar la calidad de los proyectos, reflejando el impacto real en las comunidades y en el crecimiento integral de los estudiantes y en su espiritualidad. Este esfuerzo es crucial para inspirar a otros, para seguir aprendiendo, y para legitimar al aprendizaje y servicio solidario como una pedagogía que contribuye a lograr la excelencia formativa desde la transformación social.
Como señaló el Papa Francisco en el mensaje dirigido a la comunidad global de Uniservitate en Roma 2024, “no podemos cambiar el mundo si no cambiamos la educación”. En este sentido, la Dirección de Compromiso Social, de la mano de la Red Global Uniservitate y junto a otras instituciones, han generado un cambio significativo en la región. Desde la Pontificia Universidad Católica de Chile, nodo regional de Uniservitate para América Latina y el Caribe, la UCA participa junto a la Universidad Católica de Pernambuco (Brasil), la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia), la Pontificia Universidad Católica de Paraná (Brasil) y la Pontificia Universidad Católica de Perú. Estas universidades hacen honor a lo que significa ser una institución educativa católica: no un

simple adjetivo honorífico, sino el compromiso de cultivar un estilo pedagógico coherente con las enseñanzas del Evangelio.
De esta manera, la UCA ha buscado responder las orientaciones del Pacto Educativo Global de crear una “aldea de la educación”, donde se comparten y promueven relaciones humanas fraternas. Así, la educación no termina en las aulas, diluye sus paredes (UNESCO 2021), continúa en la vida, en los encuentros, en la capacidad de escuchar y reflexionar. La alianza educativa que han cultivado en estos años es generadora de paz, justicia y acogida, y expande sus efectos a través de colaboraciones cada vez más intensas, favoreciendo el diálogo interreligioso y el cuidado de nuestra casa común. Otro aspecto a destacar en esta misión compartida de la red global es el foco en la espiritualidad y el
servicio. Al conectar autoridades, docentes, investigadores, estudiantes y egresados con socios comunitarios (asociaciones, parroquias, organizaciones comunitarias, organizaciones no gubernamentales), y con el corazón de la misión de la Iglesia, buscamos trascender lo meramente académico. Intentamos poner el corazón en el centro, demostrando que el servicio no es solo una tarea, sino un camino de crecimiento interior (Papa Francisco, mensaje dirigido a la comunidad global de Uniservitate, Roma en 2024). Desde el trabajo que realizan en la Universidad, y que hemos podido compartir en diversas oportunidades, por ejemplo, en el Primer Encuentro Global presencial de la red realizado en la sede de Puerto Madero en 2022 (post-COVID-19), nos unen los criterios de que “la realidad es superior a la idea” P6 C1
(Papa Francisco, EG, 231-233) y que “el todo es superior a la parte” (Papa Francisco, EG, 234-237), que nuestras identidades se enriquecen desde el encuentro.
A través de las Experiencias Formativas Inclusivas han puesto a los estudiantes en contacto con la realidad para que aprendan a transformar el mundo no para su propio beneficio, sino con espíritu de servicio. Mediante diversas informaciones que proveen se evidencia que el aprendizaje y servicio solidario ha enriquecido la formación, permitiendo a los estudiantes poner en práctica sus conocimientos, y aprender de otros y con otros al conectarse con las realidades sociales. De esta forma, la UCA no solo busca formar profesionales, sino que intenta forjar graduados expertos en humanidad, desde el aprendizaje y el servicio, que unan manos, cabeza y corazón, y entiendan que a servir (profesionalmente) se aprende; que es un camino espiritual y una hermosa oportunidad para vivir la santidad; la comunión con Dios, con los demás, con uno mismo y con la creación.
En un “mundo líquido” es necesario volver a hablar del corazón (Papa Francisco, mensaje dirigido a la comunidad global de Uniservitate, Roma en 2024). Es necesario cultivar una “cultura del encuentro” (Papa Francisco, 2013) y una Universidad “en salida”, donde la diversidad de saberes y realidades se encuentra y se enriquece mutuamente. En palabras de Francisco: “La Universidad es una frontera que os espera, una periferia en la que hay que acoger y aliviar las pobrezas existenciales del hombre (2014) (...) ciertamente no significa alterar el sentido

institucional y las tradiciones consolidadas de nuestras realidades académicas, sino más bien orientar su función en la perspectiva de una Iglesia más marcadamente ‘en salida’ y misionera (...). Esta es, pues, la tarea que nos ha sido encomendada: encarnar la Palabra de Dios para la Iglesia y para la humanidad del tercer milenio” (2018). Así, las experiencias de aprendizaje y servicio solidario son un verdadero laboratorio de encuentro y transformación, que contribuyen a hacer de las Universidades, y en ellas, laboratorios de esperanza (De Mendonça, 2024). Celebramos con ustedes estos 15 años de camino recorrido, una aventura apasionante, y auguramos que sigan promoviendo que la Universidad forme a sus estudiantes para el examen más importante de sus vidas: el del amor (Mt, 25). Un examen que no se aprueba con notas, sino con la entrega y el servicio a los demás. Que Dios siga cuidando, bendiciendo y haciendo crecer la tarea que realizan, que sigamos “haciendo lío” como nos pidió el Papa Francisco.
“De esta forma, la UCA no solo busca formar profesionales, sino que intenta forjar graduados expertos en humanidad, desde el aprendizaje y el servicio, que unan manos, cabeza y corazón, y entiendan que a servir (profesionalmente) se aprende; que es un camino espiritual y una hermosa oportunidad para vivir la santidad; la comunión con Dios, con los demás, con uno mismo y con la creación”
De Mendonça, J. T. (2024). Hacer de la Universidad un laboratorio de esperanza para la esperanza [Lectio Magistralis]. Universidad Católica Argentina. Recuperado de: https://wadmin.uca.edu.ar/public/ckeditor/Comunicacion Institucional/PDF/2024Doctorado-Honoris-Causa-Jose-Tolentino-de-Mendonca-Lectio-Magistralis.pdf
Francisco (2013). Evangelii gaudium. Libreria Editrice Vaticana. Francisco (2014, 13 de febrero). Discurso a participantes de la Plenaria de la Congregación para la Educación Católica [Discurso]. Ciudad del Vaticano. Recuperado de: http://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2014/february/documents/papafrancesco_20140213_congregazione-educazione-cattolica.html
Francisco (2018, 12 de noviembre). Carta al Cardenal Angelo de Donatis con motivo de la Inauguración del Año Académico de la Universidad Lateranense y de la institución de un nuevo curso de estudios en “Ciencias de la Paz”. Carta. Ciudad del Vaticano. Recuperado de: http://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2018/documents/papafrancesco_20181112_lettera-cardinale-dedonatis.html
Francisco (2024, 15 de noviembre). El Papa a los participantes en el simposio universitario “Service-learning y Pacto Educativo Global”. L’Osservatore Romano. Recuperado de: https://www.osservatoreromano.va/es/news/2024-11/spa-046/aprender-de-los-ninos-parauna-cultura-de-la-curiosidad.html
UNESCO (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros. Un nuevo contrato social para la educación. UNESCO. Recuperado de: https://www.unesco.org/es/articles/reimaginarjuntos-nuestros-futuros-un-nuevo-contrato-social-para-la-educacion
Esta publicación conmemora quince años de la creación de Compromiso Social y Extensión como área transversal de la Pontificia Universidad Católica Argentina, expresión viva del llamado del entonces Gran Canciller de la Universidad, Cardenal Jorge Mario Bergoglio –Papa Francisco– a construir una universidad en salida, abierta al encuentro, al servicio y al diálogo con la realidad.
A lo largo de estas páginas se recogen experiencias, testimonios y reflexiones que dan cuenta de una propuesta pedagógica que integra saber académico y compromiso social, donde estudiantes, docentes y comunidades aprenden y sirven conjuntamente.
En un tiempo de profundas y rápidas transformaciones, este libro invita a renovar el horizonte educativo de la UCA: formar personas y profesionales con sensibilidad social, capaces de tender puentes, promover la cultura del encuentro y contribuir al bien común.
