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Muchas cuentas pocos cuentos. El PIB de México y más allá. UDLAP

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muchas pocos cuentas cuentos

EL PIB DE MÉXICO Y MÁS ALLÁ

D. R. © 2020 Fundación Universidad de las Américas, Puebla Ex hacienda Santa Catarina Mártir s/n, San Andrés Cholula, Puebla, México, 72810

Tel.: +52 222 229 20 00 www.udlap.mx

editorial.udlap@udlap.mx

Primera edición: octubre de 2020

ISBN: 978-607-8674-26-8

Diseño editorial y portada: Angélica González Flores

Queda prohibida la reproducción parcial o total por cualquier medio del contenido de la presente obra, sin contar con autorización por escrito de los titulares de los derechos de autor. El contenido de este libro, así como su estilo y las opiniones expresadas en él son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la udlap.

Impreso en México.

muchas pocos cuentas cuentos

EL PIB DE MÉXICO Y MÁS ALLÁ

Miguel Hakim Simón

muchas pocos cuentas cuentos

EL PIB DE MÉXICO Y MÁS ALLÁ

Miguel Hakim Simón

Contenido

Introducción

Parte 1. El pib es la base para entender el crecimiento económico

Una primera aproximación al producto interno bruto (pib)

Otras opciones para medir la actividad macroeconómica

Un resumen del eterno debate de lo productivo

Cuatro caminos para obtener el pib

Los temas polémicos o cuestionados en el cálculo del pib

El pib y los servicios financieros

La economía digital

Niveles del pib y comparaciones entre países

Cambios en el pib y comparaciones en el tiempo

El crecimiento económico de México

¿Convergencia o divergencia entre países?

Parte 2. Los derivados del pib

Antecedentes de la productividad económica

Cambios en la productividad

Medición de niveles

De regreso a lo básico

La competitividad

Parte 3. El pib y más allá

El índice de desarrollo humano (idh)

Medioambiente y pib

La riqueza como el balance general que acompaña al pib

El decrecimiento, los bienestares y el desarrollo sostenible

Tablero de cuatro indicadores (T4)

Anexo. Agregados monetarios y financieros

Índice conceptual

Índice de figuras, tablas y gráficas

Portales electrónicos

complementarios

Referencias bibliográficas

Introducción

e dice que en las reuniones periódicas del Banco Santander su presidente Emilio Botín (1934-2014) solía primero escuchar a sus ejecutivos hablar acerca de cada una de las actividades y encuentros que habían realizado, y al final siempre les preguntaba cuántas cuentas habían abierto para la institución. Debido a que casi siempre los encuentros superaban con creces a las contrataciones, terminaba diciéndoles su famosa frase: «Lo que no son cuentas, son cuentos». La primera parte del título del libro que tiene usted entre sus manos está inspirada en el tema de las cuentas y los cuentos, pero aplicado al indicador económico más conocido en el mundo: el producto interno bruto (pib). Se debe especificar que los cuentos aquí mencionados son para mayores de edad, por lo que tienen características distintas y un poco menos divertidas que las de los cuentos que se usan para los niños. Por lo mismo, se advierte que este libro contiene muchos cálculos o razones (cuentas), así como algunas narraciones falsas o de pura invención (cuentos), y está dirigido a mayores de 18 años. No tiene la intención de hacer la narrativa más divertida, pero sí de hacerla lo más inteligible posible para el lector promedio.

Usted encontrará las distintas formas en que el pib es calculado y presentado al público tratando de utilizar el menor número posible de tecnicismos. La mayoría de los medios de comunicación y las redes sociales se concentran en hablar del crecimiento, de la contracción o del estancamiento de la economía, y generalmente se olvidan de especificar lo que da origen a este proceso. El crecimiento o decrecimiento resulta de comparar el pib en el tiempo, descontando el efecto que los cambios de precios (inflación) tienen sobre la producción de bienes

y servicios. En el contexto de México, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (coneval) consigna en su portal electrónico la siguiente frase: «Lo que se mide se puede mejorar».

Este libro justifica la medición de la actividad económica como una forma de poder mejorar las decisiones y los ingresos de las personas.

El crecimiento económico es un hecho reciente de la historia de la humanidad que empezó con la Revolución Industrial en Gran Bretaña a finales del siglo xviii, y se expandió a Europa y Norteamérica en el siglo xix. De manera significativa, tuvo una mayor aceleración en la segunda mitad del siglo xx y se difundió a nivel mundial.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, y con la aparición del Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la Organización de las Naciones Unidas (onu), de donde se deriva el pib, resurgió con fuerza el concepto de desarrollo que fue sinónimo de crecimiento económico como un fin para mejorar las condiciones de vida de las personas ubicadas en los países que estaban rezagados o habían perdido en los conflictos bélicos. Se actualizaron los modelos y la literatura basada en las ideas de los economistas de los siglos xviii y xix. Por este hecho, la teoría del crecimiento económico de dicha época se conoce con el nombre de «neoclásica» y viene a reemplazar el objetivo de progreso material imperante antes de la guerra. El nuevo fin era incrementar el pib por habitante en términos reales. Las universidades de diversas partes del mundo enseñaban un curso sobre teoría del crecimiento económico basado en el libro de William A. Lewis de 1955. Este gran economista caribeño ganaría, junto con T. W. Schultz, el Premio Nobel de Economía de 1979 por sus trabajos pioneros en el desarrollo económico con un especial énfasis en los países menos desarrollados. Estos modelos de crecimiento tenían un alto contenido técnico y suponían que los países debían acumular nuevas inversiones y mano de obra para lograr tasas más altas que los países desarrollados. Tanto el progreso técnico como los incrementos en la población eran factores que se ubicaban fuera de los modelos, por lo que eran llamados exógenos. Fue así como Robert Solow, en 1957, calculaba el progreso tecnológico como un residuo, producto de la diferencia entre las tasas de crecimiento del pib y la de los factores de producción (trabajo y capital).

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Hacia finales de la década de 1960 los modelos exógenos no producían los resultados esperados y eran vistos con un sesgo anglosajón, por lo que recibieron muchas críticas y se perdió el interés en el tema. Sus detractores decían que el pib no era suficiente para lograr el progreso, y el concepto de desarrollo se complementó con factores sociales como la educación y la salud (esperanza de vida), que sentaron las bases para el Índice de Desarrollo Humano (idh). Fue aquí donde el crecimiento económico dejó de ser informalmente considerado como un fin y se convirtió convencionalmente en un medio para lograr el bienestar o progreso de la humanidad.

En la segunda parte de la década de los ochenta las teorías de crecimiento volvieron a jugar un papel importante, ya que autores como Paul M. Romer (Nobel de Economía 2018) diseñaron nuevos modelos que incluían la tecnología y los incrementos en la población. Estos modelos conocidos como endógenos eran mucho más empíricos y prácticos. Explicaban que para lograr el crecimiento no sólo se requiere de más trabajo y más capital, sino de formas más eficientes de producir. La tecnología era considerada como un factor de producción adicional motivado por inversiones con fines de lucro. Se suponía que existía una competencia imperfecta entre las empresas, algunas de las cuales obtenían economías a escala. Es así como la investigación básica, el desarrollo experimental, la innovación y las patentes constituían la parte fundamental de las propuestas endógenas que reconocían las diferencias en las instituciones de cada uno de los países. Hoy se combina la teoría del crecimiento económico endógeno con la economía del desarrollo con un enfoque más práctico o empírico. Estos ejercicios son multidisciplinarios y no consideran como dadas las instituciones de cada país. Un buen ejemplo de que el crecimiento económico se encuentra vigente es el hecho de que forma parte integral de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ods) de la Organización de las Naciones Unidas (onu), firmados por los 193 países miembros en 2015, que incluyen compromisos que se deben cumplir en el 2030.

Los ods, también conocidos como la Agenda 2030, contienen 17 objetivos, 169 metas y 241 indicadores, y representan la hoja de ruta

acordada para la próxima década. El objetivo número 8 es promover un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible para todos. La meta 8.1 propone mantener el crecimiento económico per cápita de conformidad con las circunstancias nacionales y, en particular, lograr un aumento del pib de al menos el siete por ciento anual en los países menos adelantados. El indicador correspondiente a la meta anterior es la tasa de crecimiento anual del pib real por habitante. La buena noticia es que el pib y su crecimiento continúan siendo utilizados como indicadores clave en la agenda internacional de todos los países. La mala es que los países menos adelantados han crecido a una tasa mucho menor del siete por ciento en los primeros cinco años de vigencia de los ods. Parece ser que la convergencia planeada en la agenda no se concretará en 2030 debido fundamentalmente a que el financiamiento mundial no está alineado con los objetivos y a los efectos de la inesperada pandemia del covid-19. El pib fue considerado como el «rey» de todos los indicadores para medir la actividad económica de un país hasta mediados de la década de los setenta, cuando se subrayaron sus inconvenientes, pues no considera los costos al medioambiente ni proporciona información de la distribución del ingreso, tampoco refleja el bienestar de las personas. Desde entonces, muchos investigadores han querido reemplazar el pib con otro indicador y han presentado una multitud de propuestas que no se han concretado y se han englobado en lo que se conoce como más allá del PIB. Otros estudiosos han propuesto complementar el pib con variables que puedan dar información de las cosas que no mide, por lo que son partidarios del PIB y más allá. La propuesta de este libro coincide con este último grupo, y propone un tablero de cuatro indicadores (T4) para el caso de México, con el objeto de complementar al pib con: (a) el Índice de Desarrollo Humano (idh), que cubre el tema de la desigualdad; (b) una medida de la riqueza, que contiene los factores de producción en un momento determinado del tiempo, y, finalmente, (c) la inclusión de una cuenta ecológica que muestre el agotamiento de los recursos naturales y la degradación ambiental.

Dado que este libro se centra en México, es importante mencionar que el presidente Andrés Manuel López Obrador considera que tanto

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el pib como el crecimiento ya deberían entrar en desuso y propone lo que considera «nuevos» conceptos. En su conferencia matutina del 6 de mayo de 2020 propuso lo siguiente: «en vez de crecimiento, hablar de desarrollo; en vez de pib hablar de bienestar; en vez de lo material pensar en lo espiritual». Un par de semanas después adelantó que presentaría una propuesta de índice alternativo al pib para medir el crecimiento de México, y el 25 de mayo aclaró que estaba formando un equipo interdisciplinario para la definición de este nuevo parámetro, pero que no abandonaría las metas del Plan Nacional de Desarrollo 2019 - 2024, elaborado por él mismo, en donde propone una tasa de crecimiento económico promedio del 4% durante su sexenio. Unos días después reiteraba que no desaparecería el pib por decreto, pero que no aceptaba sus «sofismas». El lector podrá corroborar en este volumen que, independientemente de la opinión del presidente de México, la mayoría de las citas en los libros colocan al pib en la parte más alta, tanto en el país como en el mundo, a mucha distancia de los términos de bienestar y desarrollo. Por lo que se puede concluir que el pib estará con nosotros por mucho tiempo y llegó para quedarse.

Al finalizar la lectura de este volumen se espera que usted, a través de cuentas y cuentos, pueda llegar a entender lo que es el pib y sus cambios, tanto en el tiempo como en el espacio. Esto le ayudará a realizar una mejor lectura de las secciones de economía presentadas en los periódicos, las revistas y los medios electrónicos. Este libro se terminó de escribir el 31 de agosto de 2020, ocho meses después de que el nuevo coronavirus (SARS-Cov-2) brotara en China y se convirtiera en una pandemia asociada a la enfermedad covid-19 provocando una crisis de salud inédita que ha tenido como resultado que prácticamente en todo el mundo se suspendan temporalmente las actividades académicas, económicas y sociales. El Fondo Monetario Internacional (fmi) la ha denominado «el Gran Confinamiento», que tiene aparejada la disminución económica más grande desde la Gran Depresión de 1929. Debido al paso del tiempo y a la extrema incertidumbre provocada por este periodo, cuando usted lea este libro algunos datos proyectados habrán cambiado; sin embargo, las explicaciones y mensajes principales seguirán siendo válidos por muchos años.

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Parte 1

El pib es la base para entender el crecimiento económico

La contabilidad puede ser útil para describir y entender a la sociedad.

Richard Stone

La economía no es una ciencia exacta. Cualquier pronóstico basado en evidencias puede salir horriblemente mal.

Paul Samuelson

unque la economía tiene que ver con las personas, la mayoría de las veces los discípulos de esta disciplina dan prioridad a las operaciones o transacciones que describen las interacciones entre las distintas unidades institucionales, actores o agentes. De estos últimos se puede decir, en términos generales, que las empresas o sociedades persiguen lucro en sus actividades, lo cual las distingue del gobierno y de los hogares, que tienen como objetivo la prestación de servicios. Las interacciones se refieren, básicamente, a la producción y venta de bienes o servicios, y a la distribución o redistribución del dinero generado. Estas transacciones son capturadas a través de los Sistemas de Cuentas Nacionales (scn), que normalmente administran las agencias nacionales de estadísticas, y tienen como su in-

dicador más conocido al pib. Las variaciones del pib generalmente producen crecimiento económico, aunque algunas veces generan contracciones. En México se escribe y habla mucho del crecimiento económico, sin embargo, casi nunca se le da la atención al origen o base de dicho movimiento, que es el nivel del pib.

Esta primera parte tiene como fin regresar al origen y explicar el pib de manera sencilla, usando cuadros, figuras, tablas y gráficas. Está escrito con el objetivo de llegar a una amplia audiencia con el menor uso de conceptos técnicos. Se explica lo que incluye y excluye el pib, así como otros posibles indicadores de la actividad económica. Se dedican secciones especiales a su relación con los servicios financieros y la digitalización de la economía.

Es muy importante distinguir entre los niveles y cambios en el pib. Los

primeros se explican al hacer comparaciones entre los diferentes países del mundo en un momento dado; los segundos, se hacen estudiando el pib de un solo país a través del tiempo. En ambos casos hay factores importantes que el lector deberá comprender cuando termine de leer este capítulo.

Una vez que se tienen las bases anteriores, se puede entender el proceso del cambio económico. Se analiza el crecimiento de México, desde los inicios de su independencia hasta la fecha, y se resaltan los periodos con resultados positivos y negativos, junto con algunos antecedentes políticos.

Finalmente, se explica cómo pequeñas diferencias entre las tasas de crecimiento anuales hacen que los países obtengan grandes diferencias en el pib en un horizonte más largo. Derivado de lo anterior, se observa que unas veces son muchos los países

que logran alcanzar a los más avanzados (convergencia), y otras, la brecha se hace más grande (divergencia).

El lector que esté familiarizado con estos temas puede leer cada una de las secciones de manera independiente; aquél que no tenga conocimientos económicos previos es mejor que lea el capítulo en el orden presentado.

Una primera aproximación al producto

interno bruto (pib)

El acrónimo formado por las letras iniciales del concepto producto interno bruto, lo que muchos consideran su apodo, es pib. Al igual que la mayoría de los latinoamericanos, tiene un nombre y dos apellidos: su nombre es «P», de producto; su apellido paterno es «I» de interno; para terminar con su apellido materno que es «B» de bruto. Desde este momento se aclara que, en este libro, la palabra bruto no significa que sea torpe, incapaz o rudo, sino se debe al hecho de que la estimación de la producción de bienes y servicios no ha experimentado deducción o descuento alguno.

La «P» de producto se refiere a la producción de los bienes y servicios a nivel agregado de un país por un periodo de tiempo determinado, sin duplicaciones en su cómputo. Independientemente de si el pib se calcula de manera trimestral o anual, siempre se expresa en valores monetarios y, por lo mismo, es tratado como un flujo. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi), el pib nominal en México se situó en 19,929,021 millones de pesos corrientes (19.92 billones de pesos) durante el segundo trimestre de 2020.

El pib se expresa en valores monetarios ya que, probablemente, es la forma más fácil de agregar la producción de mandarinas, rábanos, autos, teléfonos móviles, vestidos y servicios de corte de cabello. Es muy difícil hacerlo a partir del número de unidades, ya que desde pequeños se nos enseña que no es correcto sumar peras con manzanas. Lo sorprendente es que se puede agregar toda la producción de bienes y servicios de un país en un solo número. Dirk Philipsen escribió en

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2015 un libro sobre el pib en el que se explica cómo ha llegado a dominar el mundo, y lo tituló El pequeño gran número. Para el caso mexicano, el pib actualmente consiste en un número con catorce dígitos. Se puede pronosticar que el pib seguirá siendo un solo número dentro de cien años, pero no cuántos dígitos tendrá, ya que, entre otras cosas, se recuerda que México le quitó tres ceros a su moneda en 1993, después de sufrir altos procesos inflacionarios.

Los procedimientos para el cálculo del pib fueron acordados en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (onu) en 1953, en la publicación del Sistema de Cuentas Nacionales (scn), que no es otra cosa más que la contabilidad de la partida doble aplicada a los procesos de producción, gasto e ingreso de un país. El pib es la estadística más importante del scn, pero hay muchas más que también son relevantes. Actualmente, todos los países del mundo siguen estas reglas y sus actualizaciones para hacer los cálculos del pib, con tres excepciones: Corea del Norte, Cuba y Bután. Por lo mismo, hacer comparaciones es «relativamente fácil», aunque se tiene que encontrar la mejor fórmula para expresar los valores monetarios de los países con un denominador común.

Al considerar que es aceptado por casi todo el mundo, es relativamente fácil de calcular y es útil para hacer comparaciones entre países, la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos (bea, por sus siglas en inglés) lo consideró como «uno de los grandes inventos del siglo xx». Resulta injusto que los economistas estimen al pib como uno de los grandes logros del siglo anterior sin reconocer la contribución de otras disciplinas. No hacen justicia a los contadores que consideran que el gran descubrimiento fue la teoría de la partida doble, dada a conocer en 1494, y que el pib es sólo una aplicación más de ésta, después de haber pasado por los hogares, las empresas y el gobierno. Tampoco hacen justicia a los estadísticos (actuarios) que han realizado grandes avances en la recolección y estimación de información, ni a los informáticos que han ayudado al procesamiento de datos. Si el pib es un invento, se debe a los economistas, contadores, estadísticos e informáticos.

Los 19.92 billones de pesos correspondientes al pib del segundo trimestre de 2020 representan una cantidad anualizada, ya que Méxi-

co, al igual que Estados Unidos y Canadá, expresan los datos trimestrales en términos anuales, por lo que los niveles de producción que se obtienen durante cada trimestre se multiplican por cuatro. El pib nominal anual se extrae mediante el promedio simple de los cuatro datos trimestrales, lo que arrojó un total de 24.24 billones de pesos para 2019. Muchos otros países no siguen esta práctica, ya que, al menos de manera implícita, suponen que la tendencia observada no va a continuar y que nadie puede saber qué va a pasar en el futuro. La situación es diferente cuando se habla de las tasas de crecimiento trimestral de pib en dos periodos contiguos. Aquí, México usa tasas trimestrales y Estados Unidos, tasas anualizadas, por lo que se debe de tener cuidado en las comparaciones correspondientes.

La «I» de interno (o interior, como se usa en otros países) significa que la producción de los bienes y servicios se lleva a cabo por las unidades residentes dentro del territorio económico del país en cuestión. La residencia se refiere a las personas, productores o unidades institucionales que tienen su centro de interés en un territorio geográfico en el que circulan libremente los individuos, bienes y capitales, y que es administrado por un gobierno. Es decir, en la contabilización del pib domina el concepto de residencia, y no debe confundirse con el de la nacionalidad de las personas, que representa una cuestión jurídica. En el pib se contabiliza toda la producción de bienes y servicios realizada por residentes de México, independientemente de que ésta sea llevada a cabo por mexicanos o extranjeros.

En el ámbito internacional, el antecedente del pib fue el producto nacional bruto (pnb) que incluía la producción de bienes y servicios hecha por los nacionales de un país, independientemente de que ésta se realizara en su territorio o en el exterior. Bajo este criterio, se debería de incluir en el pnb de México lo que producían los mexicanos en otro país y se debería de restar todo lo que las empresas extranjeras producían en México. Esto llevaría a que la producción de autos que la empresa estadounidense General Motors (gm) realiza en México se contabilizara como parte del pnb de Estados Unidos, pero que la producción que la empresa Cementos Mexicanos (cemex) lleva a cabo en Estados Unidos se incluyera en el pnb de México. La diferencia entre el pnb y el pib se debe a los pagos o cobros netos que se hacen a los fac-

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tores de producción que provienen de otro territorio económico que los economistas denominan resto del mundo.

El inegi existe desde 1983, fecha aproximada en que el pib sustituyó al pnb en el mundo anglosajón, por lo que este último nunca ha sido estimado en México. Esto se suma al hecho de que la información del valor de los bienes y servicios finales generados por factores productivos nacionales en el extranjero es difícil de recolectar.

EL pib de México originalmente se calcula como la suma de los valores agregados brutos de todas las unidades residentes dedicadas a la producción. A partir de éste, el inegi calcula el llamado ingreso nacional bruto (inb), que representa los ingresos de los residentes, ya sea que provengan del país o del exterior. Aunque se darán detalles más adelante, se puede decir que, en términos generales, el inb es igual al pib más los ingresos por cobrar a los actores no residentes, menos los ingresos por pagar a las unidades no residentes. Un ejemplo de los primeros son las entradas de efectivo que obtiene un consultor mexicano que realiza un trabajo para una empresa de España. Un caso concreto de lo segundo es el pago que una empresa mexicana hace al grupo musical U2 por un concierto que se ofrece en México.

La «B» de bruto se refiere a que la producción de los bienes y servicios no incluye la distribución del costo de los activos durante su periodo de vida útil. Es decir, no contempla la disminución correspondiente a la depreciación, amortización o agotamiento. Estos tres conceptos son similares, pero el primero se refiere a activos tangibles, el segundo, a intangibles y el tercero, a recursos naturales no renovables. Así, la depreciación es la distribución del costo de un activo tangible (maquinaria) durante su periodo de vida útil; la amortización es la distribución de un activo intangible (el descuento de un bono vendido por debajo de su valor nominal), y el agotamiento es la asignación de los costos de un activo natural (un depósito de arena mineral, por ejemplo) durante su periodo de vida útil. Lo más común es repartir la misma cantidad durante la vida estimada del activo, que es lo que los contadores conocen como depreciación, amortización o agotamiento en línea recta, y registran al final del periodo contable por medio de un asiento de ajuste. En el caso de que se descontaran estas partidas del pib, se obtendría el producto interno neto (pin). En México,

los conceptos de depreciación y amortización son englobados en la partida denominada consumo de capital fijo, y en 2018 representaron el 17.4% del pib, aunados al agotamiento, que fue estimado en un 0.5%. Como se verá en la tercera parte de este libro, este último rubro no incluye la degradación ambiental, que es estimada en un 3.8%.

El pib es uno de los indicadores más mencionados por los comentaristas de prensa, radio, televisión y medios digitales. También es muy utilizado por la mayoría de los políticos quienes en sus planes económicos prometen un crecimiento del pib determinado. En teoría, los políticos de los países desarrollados estiman crecimientos del pib más pequeños que los políticos de los países en desarrollo. En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha prometido un crecimiento del pib promedio del 4% anual durante su gestión, de 2019 a 2024.

Son pocos los políticos que consideran las limitaciones de estos indicadores, es el caso del senador Robert F. Kennedy quien, en su primer discurso como candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, tres meses antes de su asesinato en 1968, señaló que el pnb contabilizaba cosas dañinas, como la propaganda del tabaco y las armas. Por otro lado, un año después de la crisis de 2008 —que provocó una disminución del pib mundial con el desempleo de 14 millones de trabajadores y el rescate del sector financiero con dinero de los contribuyentes— el expresidente de Francia Nicolás Sarkozy publicó un informe coordinado por Stiglitz, Sen y Fitousi que proponía complementar el pib con otras medidas de bienestar. Aunque esto será discutido en el último capítulo, es importante destacar desde ahora que los diseñadores del pnb dejaron claro que este rubro no pretendía ser un termómetro del bienestar de las personas, ya que incluye todo tipo de transacciones económicas, buenas y malas, formales e informales, legales e ilícitas. A pesar de lo anterior, al menos en prácticamente todos los países en desarrollo, existe una alta correlación entre el pib y otros indicadores del bienestar físico (educación y salud) y psicológico (felicidad).

Otras opciones para medir la actividad macroeconómica

Si se tiene interés en medir los aspectos económicos que afectan a la totalidad de un país, se habla de la macroeconomía, pues ésta considera los temas agregados relacionados con la producción, el empleo y el nivel de precios. En cambio, cuando se analizan las tareas que realizan en particular los actores económicos, también llamados unidades institucionales, se incluyen en la microeconomía, que estudia cómo deciden sus inversiones los empresarios, la organización de los trabajadores, cómo toman decisiones los consumidores, el papel del gobierno en la prestación de servicios y la regulación de las actividades. Este libro abarca ambas ramas, aunque se concentra mucho más en la macroeconómica, en especial en la producción de bienes y servicios. No tiene como fin realizar un análisis teórico, sino enfocarse en las cuestiones más prácticas relacionadas con su medición. Por lo mismo, se trata de dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo se puede medir el nivel general de la actividad económica de México?

La sección anterior ha dejado claro que el pib es un muy buen indicador de la actividad económica de un país, y probablemente el más conocido y usado, sin embargo, no es el único que existe. El pib expresa la producción de bienes y servicios usando los valores monetarios, ya que al agregar, primero multiplica las cantidades por sus precios, expresados en dinero, y luego suma cada uno de los rubros.

Algunos financieros se olvidan de la producción y opinan que la actividad económica de un país puede ser medida sólo a través del dinero, cuyo monto, posición o saldo se puede calcular en un momento determinado de tiempo. Lo anterior lo distingue del pib, que es un flujo calculado en un lapso específico de tiempo. El dinero y sus conceptos más amplios de agregados monetarios y financieros son analizados de manera técnica en el anexo ubicado al final de este libro. Existen cuatro definiciones de agregados monetarios (M1, M2, M3 y M4) y otras cuatro categorías de compuestos financieros (F1, F2, FNR y F). Se trata de una verdadera sopa de letras y números que produce un indicador que es utilizado con frecuencia. Una de las ventajas de medir la actividad económica a través de esta estadística es su

disponibilidad de manera mensual publicada por el Banco de México, junto con un comunicado de prensa con gran detalle de cada uno de sus componentes. Su desventaja tiene que ver con temas que van más allá de la función del dinero como medio de pago y están relacionados con su tarea de ser un depósito de valor y ser usado como unidad de cuenta. En el primer caso, el dinero es una de las formas en las que las personas pueden conservar su riqueza o patrimonio, para lo cual el control de la inflación (cambio porcentual en el nivel medio de precios) es de vital importancia; en el segundo, sirve de patrón para denominar los precios de los bienes, los servicios y los activos facilitando la labor de preparar la contabilidad.

Casi siempre que los países han vivido periodos inflacionarios, han sido acompañados por incrementos en la oferta de dinero. Cuando las tasas de inflación son muy altas (hiperinflación), el poder adquisitivo del dinero baja muy rápidamente y también pone en riesgo el mantenimiento del sistema financiero. Algunas veces el incremento del dinero surge de guerras internas o externas, otras, de la diferencia entre el cobro de impuestos y las necesidades de gasto público. Para mantener el poder adquisitivo de la moneda, así como la fortaleza del sistema de pagos y el sector financiero, los economistas han defendido la independencia de los bancos centrales. Un ejemplo de hiperinflación es la situación que se está viviendo en Venezuela: el Fondo Monetario Internacional (fmi) estima una tasa de inflación del 500,000 por ciento para el final de 2020. Otro caso financiero distinto es el que se vivió en Estados Unidos y parte de Europa durante la crisis del 2008 en donde el sistema financiero se olvidó de canalizar el ahorro en inversión productiva y lo utilizó para especular de manera imprudente. Éstos y muchos otros casos donde el dinero pierde su congruencia con la producción de bienes y servicios son los que ponen en duda su uso como medida efectiva de la actividad económica.

Más allá de todos estos problemas para usar al dinero como una medida de la actividad económica, se tiene el hecho de que los agregados financieros están compuestos por activos y pasivos. Con las excepciones del oro monetario y los derechos especiales de giro (deg) del fmi, todo activo financiero de un agente económico se contabiliza

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como pasivo financiero de otro agente, por lo que la suma de ambos es igual a cero. Es decir, la suma de este posible indicador de la actividad económica siempre daría como resultado neto un cero. Lo anterior es válido para el caso de los agregados financieros internos de un país, ya que, como se verá en el capítulo 3 cuando se hable de la riqueza, se incluirá la diferencia entre los activos y pasivos foráneos que no necesariamente suman cero a nivel país.

Un segundo tema relacionado con el dinero es el de los metales preciosos. Esto se debe a que la acuñación de monedas con oro y plata existe desde antes de la era común. Históricamente, hubo algún tipo de convertibilidad entre la emisión de dinero y el oro hasta 1971, fecha en la que el presidente de Estados Unidos Richard Nixon declaró la inconvertibilidad entre el dólar y el oro. A pesar de que hoy no existe esta relación, algunas personas se refugian en el oro en épocas de recesión, de alta inflación o de incertidumbre política.

También se argumenta que se puede medir la actividad económica mediante la oferta y demanda del oro. En el mundo, este metal es usado o demandado con diferentes fines y no sólo por razones de inversión financiera. De acuerdo con las Perspectivas Económicas Mundiales (weo, por sus siglas en inglés) de octubre de 2019, publicadas por el Fondo Monetario Internacional (fmi), el oro es usado de la siguiente manera: (a) 52.3% para joyería; (b) 29.7% como inversión financiera; (c) 10.4% para uso oficial, como las reservas internacionales de los bancos centrales, y (d) 7.6% para uso industrial.

Es muy difícil pensar que el oro pueda ser una medida oportuna de la actividad económica total, ya que, por un lado, sólo siete países (China, Australia, Rusia, Kazajistán, Estados Unidos, Ghana y Perú) concentran el 50% de la producción mundial, y por el otro, su nivel de producción y venta no representa más del 1% de la totalidad de las transacciones mundiales de bienes y servicios en un año. Es decir, el oro, al igual que la plata, el platino y el paladio son considerados preciosos, pero no constituyen una muestra representativa de la actividad económica de la mayoría de los países del mundo.

La ocupación o el empleo se pueden considerar como una tercera opción para medir la actividad macroeconómica. El inegi da a conocer de manera mensual varios indicadores, y de forma trimestral

realiza la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (enoe) en donde se detalla la población económicamente activa (57.6 millones de personas en el cuarto trimestre de 2019); el número de personas que trabajan (55.7 millones), tanto de manera formal como informal, y la población desocupada (1.9 millones). En términos generales, la población económicamente activa se compone de aquellas personas que tienen más de quince años y estuvieron empleadas o se encontraban en búsqueda de trabajo. Esta información es muy útil y se desglosa a nivel de cada una de las entidades federativas.

Los efectos de la pandemia del covid-19 han sido severos en el empleo, ya que, de acuerdo con los resultados de la tercera encuesta telefónica de ocupación y empleo (etoe), levantada por el inegi en junio de 2020, el panorama era muy diferente. Aunque las cifras no son completamente comparables, muestran que la población económicamente activa —definida ahora como aquellas personas que en la semana anterior a la entrevista telefónica se encontraban ocupadas o desocupadas— bajó a 51.1 millones de personas, debido a la suspensión laboral temporal ocasionada por la cuarentena. Del mismo modo, la población desocupada, es decir, la que no tiene trabajo, pero manifestó haber realizado acciones de búsqueda de empleo, fue estimada en 2.8 millones de personas.

El problema de los datos anteriores es que su comparación internacional no es válida, ya que cada país utiliza preguntas distintas en sus encuestas para obtener información. Por ejemplo, para el caso de México, las personas desocupadas son aquellas que no trabajaron ni una hora durante la semana de la encuesta, pero manifestaron su disposición para hacerlo y realizaron alguna actividad para encontrar empleo.

Existe una definición oficial del desempleo, dada por la Organización Internacional de Trabajo (oit), que incluye a las personas que no tienen empleo, pero se encuentran disponibles para trabajar y además están activamente buscando oportunidades. El problema de su implementación es que en la fecha cuando se realizan las entrevistas de la encuesta, las preguntas relacionadas con el periodo de búsqueda pueden ser definidas como un día, una o varias semanas. Además, el periodo en que las personas están dispuestas a trabajar

varía, ya que algunas tienen disponibilidad para periodos largos y otras, no. La oit ha flexibilizado sus criterios, lo que hace difícil la comparación entre países.

Los países que cuentan con seguros de desempleo también utilizan los registros administrativos de las personas que lo solicitan en las oficinas gubernamentales. Se destaca el caso de Estados Unidos en el que más de 40 millones de trabajadores formales solicitaron beneficios de desempleo durante las once semanas comprendidas entre marzo y principios de junio de 2020. Se pueden obtener datos para estimar el desempleo en cada uno de los Estados, lo que es muy útil para la toma de decisiones. Sin embargo, no son comparables internacionalmente, ya que existen diferencias enormes en las características de los programas de seguros. Además de que son muy pocos los países en desarrollo que cuentan con este tipo de mecanismo.

Una cuarta alternativa puede estar representada por los ingresos y gastos de los hogares o por los censos económicos que realizan las oficinas estadísticas de los países. El problema con estos datos es que se recopilan y dan a conocer de manera bienal en el primer caso y cada cinco años en el segundo. El lector comprenderá que es un periodo muy grande para poder tomar decisiones oportunas o corregir el rumbo seguido en el inicio de cualquier gestión administrativa, económica o política.

Una quinta opción, que usa nuevas tecnologías, se basa en las emisiones de luz en nuestro planeta, tomadas de manera regular por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (nasa por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Como se aprecia en la figura 1.1, las luces brillantes reflejan las zonas más urbanizadas de la Tierra. Esto es importante, ya que actualmente el 55% de la población mundial vive en zonas urbanas, en comparación con 1950 en donde sólo el 30% residía en ciudades. Destacan partes de Norteamérica, Europa y Asia. En especial, resaltan Tokio (con 37 millones de habitantes), Delhi (29 millones), Shanghái (26 millones), São Paulo (22 millones) y la zona metropolitana del valle de México (22 millones). Se aclara que las luces brillantes no necesariamente reflejan a los países que tienen una mayor población total.

Fuente: Earth at night. Flat Maps, 2016.

Se puede decir que la intensidad de la luminosidad mide el nivel de la actividad económica de la zona que aparece en el mapa. Desde 2012 esta técnica ha sido utilizada no sólo por los empresarios para efectos de determinar los lugares a crecer, sino también por los gobiernos nacionales y subnacionales para medir el movimiento económico. Se ha aplicado en muchos países, pero destacan los africanos como Kenia y Ruanda, en donde no hay tanta capacidad estadística para generar datos. Esta metodología tiene la ventaja de ser relativamente barata e incluye la actividad informal, aunque normalmente subestima al sector agrícola y ganadero, que no necesariamente requiere de energía eléctrica o de otro tipo.

En México, el Instituto Mexicano de la Competitividad (imco), organización privada sin fines de lucro y centro de investigación, lleva a cabo la Medición de la Actividad Económica con Grandes Datos (magda), junto con opi Analytics y el apoyo de la Fundación Friedrich Naumann. Utiliza las emisiones de luz obtenidas por fotografías satelitales y las complementa con información del número de transacciones de retiro de efectivo en cajeros automáticos, que publica la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (cnbv). Este proyecto experimental mide la actividad de 74 zonas metropolitanas con datos, metodología y código abierto, cuyos resultados se pueden visualizar en la figura 1.2.

Figura 1.1 Luminosidad de la Tierra

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Figura 1.2 Medición de la actividad económica con grandes datos magda 2015

Fuente: imco + opi

Para complementar la visualización anterior, magda publica datos expresados en millones de pesos de los municipios de México. La tabla 1 1 muestra las cinco mayores áreas de actividad económica en 2015, y las contrasta con los cinco municipios con menor acción.

Tabla 1.1. Resultados cuantitativos de MAGDA Datos en millones de pesos 2015

Zona metropolitana del valle de México 4,021,145

Monterrey 1,080,284

Guadalajara 795,853

Puebla 348,243

Querétaro 287,395

Tapachula (Chiapas) 21,604

Zamora (Michoacán) 21,454

Ocotlán (Jalisco) 13,955

Tecomán (Colima) 12,555

Ciudad Fernández (San Luis Potosí) 9,173

Fuente: imco + opi.

No es ninguna sorpresa que los resultados de magda estén altamente correlacionados con las estadísticas oficiales del pib estatal, ya que más allá de la luminosidad y del número de transacciones de los

cajeros automáticos, también se utiliza esta partida para llegar a la cuantificación final. Todo esto ha venido a llenar un vacío no cubierto por el inegi, que es el del pib municipal. Los datos del imco funcionan relativamente bien, pero son débiles en las zonas rurales y petroleras. Los resultados de magda fueron dados a conocer en 2017, en donde se publicaron los datos de la actividad municipal de 2013 a 2015. Sin embargo, no ha existido una actualización a la fecha de escribir estas líneas. Una vez más, se reitera que la consistencia, continuidad y oportunidad de las estadísticas son vitales para la toma de decisiones de empresarios, trabajadores y políticos.

En esta sección se han incluido indicadores estimados tanto por el gobierno como por el sector privado, por lo que es importante debatir quién debe ser el responsable de la medición de la actividad económica de un país. Los que prefieren datos del gobierno piden que la agencia que los estima tenga autonomía técnica y administrativa para que se evite la sospecha de que son manipulados por razones políticas. Actualmente, tanto el inegi como el Banco de México son instituciones autónomas. También se argumenta que los datos públicos son más fáciles de comparar internacionalmente, debido a la coordinación que se lleva a cabo entre los organismos como la Organización de las Naciones Unidas (onu) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde), en los que participan los gobiernos de los países miembros.

Los que prefieren los datos del sector privado muchas veces se encuentran con que el financiamiento no está garantizado, lo que puede provocar que algunas veces se dejen de estimar, cortando la continuidad de las series de tiempo. Aquí también se debate si las mediciones deben ser realizadas por una universidad privada o un organismo sin fines de lucro, como el imco

Usted puede preferir el dinero, el empleo, los ingresos, los gastos, los censos económicos o la luminosidad de la Tierra, pero es un hecho que actualmente el más usado, reconocido y publicitado de todos los indicadores es el pib. También se puede considerar como el que se da a conocer de la manera más oportuna y uno de los más transparentes en cuanto a que hace explícita la forma como se calcula. Algunos economistas van más allá y consideran que el pib equivale a la economía

misma, es decir, el pib es la macroeconomía. En especial, Benjamin Hav Mitra-Kahn, en su tesis doctoral en la City University of London, desafía el punto de vista predominante de que el pib es un indicador de la actividad económica. Considera que, en el pasado, las definiciones de la economía tenían que ver con el ingreso y la riqueza de las personas y los países, la organización de las sociedades en su preparación para pelear guerras o cobrar impuestos, y el estudio de cómo se toman decisiones con recursos escasos o limitados. Hoy, la definición de la economía tiene que ver con todo lo relativo a la función o proceso de producción de bienes y servicios. Estos cambios serán detallados en la siguiente sección, que proporciona un resumen del eterno debate de lo que en economía se ha considerado como «productivo». Para Mitra-Khan, el pib no es un indicador, sino la definición misma de la economía, y en la actualidad, el último consenso de una larga historia en la que se ha definido, medido y redefinido desde su invención en 1691, cuando William Petty estimó el gasto y la riqueza de Inglaterra para cobrar impuestos de la manera más equitativa. Por lo mismo, actualmente la producción de bienes y servicios medidos por el pib es la definición de economía. Los que desafían al indicador están desafiando a la economía, la cual puede cambiar con el tiempo. Ninguna definición es buena o mala por sí misma, pero varía históricamente: hoy economía es igual al pib, pero esto se puede modificar.

La gran mayoría de los estudiosos consideran a la economía como una disciplina que utiliza el método científico y, por lo tanto, la estiman como una ciencia, y a sus hacedores como científicos. Los economistas realizan modelos teóricos basados en supuestos lógicos utilizando una gran cantidad de matemáticas. Después, reúnen datos y utilizan métodos estadísticos para probar o rechazar tales modelos. Muchas veces, las evidencias no coinciden con los modelos, en esos casos, los economistas distinguen entre lo que hacen los consumidores, inversionistas y funcionarios públicos, y lo que deberían hacer si su comportamiento fuera racional conforme a sus modelos.

Para la Real Academia Española de la Lengua la economía es la «ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos». Aunque las principales necesidades de las personas tienen que ver

con su alimentación, vestido y vivienda, la economía también ayuda a la sociedad a la procuración de otras necesidades materiales como los teléfonos inteligentes, los automóviles y los libros.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, no está de acuerdo con lo anterior y opina que los economistas son técnicos y no científicos. En su conferencia de prensa del 26 de junio de 2019 expresó:

Antes se decía que la política era asunto de los políticos y nosotros sustentamos que la política es asunto de todos. Y lo mismo con la economía. Más, en el periodo neoliberal elevaron a rango supremo la economía y los técnicos hasta se sentían felices, digo, perdón, se sentían científicos, cuando son asuntos relativamente sencillos, que tienen que ver con el juicio práctico, con el sentido común.

Este libro respeta ambos puntos de vista y no profundizará en el tema. Algunas veces usará como sinónimos o equivalentes al pib y a la economía, y en otras ocasiones definirá al pib como un indicador del valor monetario de todos los bienes y servicios producidos por un país en un año determinado. Por esta razón, un título alternativo para este volumen podría ser Cuentas y cuentos de la macroeconomía.

Un resumen del eterno debate de lo productivo

En 1776, Adam Smith, en su libro Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, distinguía entre trabajo productivo y no productivo. Dentro del primero incluía a las personas que elaboraban bienes físicos, ya sea relacionados con la agricultura o la industria. El trabajo no productivo o improductivo era considerado estéril e incluía a los ministros de justicia, al ejército, la armada, los jurisconsultos, médicos, literatos, bufones, bailarines, los comediantes y domésticos. Smith consideraba los servicios como improductivos y los excluía de la

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contabilidad de la producción. Afirmaba que «todos los trabajadores, tanto productivos como no productivos, y todos los que en absoluto nada trabajan, son mantenidos igualmente con el producto anual de la tierra y del trabajo del país» (1983, p. 66 del volumen II).

En 1890, Alfred Marshall en su libro Los principios de economía consideraba una noción más amplia de lo que es la producción de un país al argumentar que, en la vida real, no se distingue entre trabajo productivo e improductivo. Por lo mismo, incluía no sólo a los fabricantes de bienes, sino también a los que transportan y comercian los productos. Marshall expresaba que no existe ninguna base científica que distinga al productor de bienes del que compra, vende o transporta los mismos. En el fondo, lo que está proponiendo es que se deben considerar los servicios que presta el sector privado dentro de la producción nacional.

Por su parte, J. M. Keynes en su libro Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, de 1936, propuso que, para salir de los problemas de bajo crecimiento y desempleo que se habían iniciado con la caída bursátil de 1929 y la consiguiente Gran Depresión, los gobiernos deberían de incrementar su gasto, especialmente en grandes proyectos públicos, para compensar los pocos incentivos y expectativas que tenían los empresarios para invertir y generar empleos. Fue así como en el proceso de producción de bienes y servicios se incluyó al gobierno como un complemento del sector privado. Keynes se enfocó más en la demanda que en la oferta de la producción, y hoy se sigue usando este método que incluye el consumo, la inversión, el gobierno y el comercio internacional (exportaciones menos importaciones). Sostuvo que la política fiscal de los gobiernos puede ser usada de manera prudente para hacer más suaves las oscilaciones económicas.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, uno de los discípulos de Keynes, Richard Stone, Premio Nobel de Economía en 1984, fue el más influyente en la elaboración del Sistema de Cuentas Nacionales (scn), que después de reportes (manuales o documentos) y negociaciones fue adoptado por la onu en 1953. Este documento estandarizó los procedimientos y las cuentas que hasta la fecha se aplican tanto a países desarrollados como a naciones en desarrollo.

El reporte del Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de 1953 define que el objetivo de la contabilidad nacional es el de describir la estructura de la economía, o el proceso de producción de bienes y servicios, en términos de transacciones u operaciones expresadas en valores monetarios. Es decir, es aquí donde se define que los procesos de producción nacionales incluyen bienes, servicios privados y al gobierno como proveedor de servicios públicos. Lo que queda dentro de la definición en el manual de la onu se considera como parte de la producción, y lo que no se incluye es lo improductivo. Esta división es lo que los economistas conocen como la función de producción

La actualización del Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la onu de 1968 asigna las transacciones monetarias a sectores institucionales. En la primera versión de 1953 se identificaron de manera explícita a los hogares y a los gobiernos. Ahora se agregan dos clases de empresas: las sociedades de producción y las corporaciones financieras. Además, las instituciones sin fines de lucro son identificadas como un nuevo sector. Desde entonces, se dice que los actores, instituciones o agentes económicos de un país están constituidos por estas cinco unidades.

En este mismo manual se definió a los productores de mercado como aquellas industrias que venden productos y servicios con fines de lucro, y se distinguió a otros productores que no perseguían ganancias y eran representados por el gobierno y las instituciones sin fines de lucro. El reporte también proporcionó una guía práctica para elaborar las cuentas nacionales a precios constantes, concepto que será explicado más adelante.

El documento del Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la onu, de 1993, extiende la función de producción para dar cabida a los servicios de intermediación financiera como parte de la producción económica. Una explicación de la historia de los servicios financieros en relación con el pib se expone más adelante, en este mismo capítulo.

La última versión del Sistema de Cuentas Nacionales (scn) corresponde al 2008, y es aquí donde los estadísticos responsables han dejado de considerar los desembolsos en investigación y desarrollo como un gasto, y desde entonces son clasificados como inversiones. También decidieron que el tratamiento de la maquila internacional

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se debe considerar como un cambio de propiedad y, por lo mismo, se tiene que registrar como importación y exportación. Este breve resumen deja claro que la diferencia entre lo productivo y lo improductivo, equivalente a lo que los economistas llaman la función de producción, ha evolucionado a través de los siglos. Seguramente seguirá cambiando, ya que la contabilidad y la estadística siempre irán rezagadas de la definición de producción económica. Los líderes de la llamada economía digital ya están pidiendo agregar a los bienes y servicios los conceptos de datos e información, con una medición realista. Exigen que el pib incluya bienes, servicios e información o, alternativamente, bienes tangibles, intangibles y servicios.

Cuatro caminos para obtener el pib

El proceso productivo de un país no sólo genera bienes y servicios, sino que es el detonador de ingresos o gastos para los diferentes actores involucrados. Por lo mismo, el cálculo del pib se puede llevar a cabo oficialmente por tres caminos diferentes que conducen al mismo destino. Se puede seguir la pista al proceso de producción, se puede ir por el lado de los gastos agregados o tomar la ruta de los ingresos que reciben los factores de producción. El cuarto camino para obtener el pib no es oficial, pero se materializa a través del desglose que el inegi publica en la cuenta de los sectores institucionales.

La primera vía para calcular el pib es derivada del proceso de producción de bienes y servicios de las diferentes unidades económicas residentes en el país, constituidas principalmente por las empresas, el gobierno y los hogares. En términos generales, las empresas venden sus productos y servicios a otros agentes, por lo que su producción se considera de mercado. El gobierno lleva a cabo un proceso distinto y se acepta que su producción de bienes y servicios no es de mercado. Los hogares tienen una función dual en la que producen bienes o prestan servicios a través de sus negocios, que normalmente no están constituidos como sociedades, y también ofrecen su mano de obra a las empresas y al gobierno. Aunque representan una parte pequeña,

también se incluye la producción de bienes y servicios que los agricultores llevan a cabo para su consumo propio.

La producción que las empresas venden o almacenan se valora a precios de mercado, y la producción que no es de mercado se contabiliza a costos de producción. La suma es expresada en valores monetarios a precios corrientes.

Una parte del total de la producción de bienes y servicios se utiliza para uso intermedio. Es decir, constituye un insumo para la elaboración de un producto final, como es el caso de la tela que compra una fábrica para producir ropa interior. Esta utilización intermedia, o insumos, es denominada por los contadores nacionales como consumo intermedio. Para dar una idea al lector de los órdenes de su magnitud, se puede mencionar que el valor total de la producción de bienes y servicios para 2018 (sin incluir las importaciones) ascendió a 41.2 billones de pesos corrientes, y el consumo intermedio fue de 17.7 billones.

Con el objeto de no duplicar las operaciones, el pib se concentra en la producción de bienes y servicios finales. Es por lo anterior que en una primera fase se debe restar a la producción total de la economía el consumo intermedio, diferencia que es conocida en México como valor agregado bruto (vab), y en algunas otras partes de habla hispana como valor añadido bruto.

vab = valor de la producción total – consumo intermedio

Para continuar con esta explicación, es importante detallar brevemente las diferencias existentes entre los costos y precios que usa la contabilidad nacional, que incluyen los precios básicos, los del productor, los de mercado y los del comprador. También es indispensable distinguir entre los impuestos a la producción (predial, agua y la tenencia de los autos) y los correspondientes a los productos, como es el caso del impuesto al valor agregado (iva). Independientemente de su nombre, el impuesto especial sobre la producción y servicios (ieps) es considerado como un gravamen sobre productos y servicios.

Inicialmente, el vab es estimado a precios básicos, que representan lo que el productor cobra al comprador por cada unidad del bien o servicio. Aunque incluye los gravámenes a la producción, se

puede decir que, básicamente, se trata del precio de fábrica o de los servicios prestados.

Si a los valores básicos se les incluyen los impuestos a los productos, con excepción del iva no deducible, se llega a los precios al productor. Si a éstos se les agrega el monto del iva no deducible, se obtienen los precios de mercado, que es como se difunde el vab . Finalmente, el consumo intermedio es valorado de manera integral a precio del comprador, que incluye, además de los impuestos a la producción y a los productos, los márgenes de comercio y distribución.

Aunque el gobierno cobra impuestos, también otorga subsidios a favor del productor en la fabricación de bienes o en la venta de servicios, así como los subsidios al comercio exterior. Por lo mismo, en la contabilidad nacional se expresa la diferencia agregada de cada uno de estos conceptos, por lo que normalmente se presentan los impuestos sobre los productos, netos de subsidios. Es así como el pib es presentado en términos nominales (precios corrientes) de acuerdo con la siguiente ecuación:

pib = vab + impuestos (netos de subsidios)

En resumen, el pib calculado por el método de la producción es igual al vab más los impuestos a los productos netos de subsidios, mencionados anteriormente. Desde esta perspectiva, el pib representa la oferta interna de bienes y servicios finales durante un periodo definido. Se habla de la oferta interna ya que, si se quiere analizar la oferta total, se tendrían que incluir las importaciones de bienes y servicios, junto con sus impuestos netos de subsidios y sus márgenes de comercio y transporte.

El pib por el método de la producción es publicado en México de manera trimestral por el inegi. Se da a conocer 54 días en promedio después de concluido el trimestre de referencia. A la fecha de escribir estas líneas, se cuenta con información completa para hacer comparaciones del pib a precios corrientes correspondiente al primer trimestre de 2020, dada a conocer el 26 de mayo. La tabla 1.2 realiza un breve resumen del boletín de prensa que muestra cómo se llega al pib, y una distribución del valor agregado bruto por actividad económica.

Tabla 1.2

PIB nominal durante el primer trimestre de 2020 Denominación

agregado bruto a precios básicos

(+) Impuestos a los productos, netos de subsidios 1.84

Fuente: inegi.

La suma del vab y los impuestos netos de subsidios ha dado como resultado un pib nominal anualizado, correspondiente al primer trimestre de 2020, de 24.33 billones de pesos. En la tabla 1.2 podrá observar que el pib o el vab se presentan por actividad económica y no se desglosan por productos y servicios. Lo anterior se debe a que el método de la producción representa a la oferta de la producción nacional y no a la demanda. Es necesaria una pequeña digresión para dejar claro esta situación.

Desde 1997, Canadá, Estados Unidos y México cuentan con el Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (scian), que agrupa las actividades económicas y es actualizado cada cinco años. Posteriormente, en 1999, se elaboró el Sistema de Clasificación de Productos de América del Norte (sicpan). El primero es un sistema de clasificación basado en la oferta que agrupa las actividades de acuerdo con la similitud en los procesos de producción. El segundo está basado en la demanda y agrupa los productos de acuerdo con la semejanza en su uso. EL scian tiene 20 sectores, 94 subsectores, 303 ramas, 614 subramas y 1,059 clases de actividades económicas. El sicpan tiene ocho categorías e inicia con 24 secciones y termina con 13,275 productos nacionales. En resumen, al menos de manera teórica, el pib puede ser concebido como una matriz de 1,059 actividades económicas y 13,275 productos y servicios. Se dice «de manera teórica», ya que

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en la realidad el inegi publica 262 productos agrupados por rama de actividad y 262 actividades económicas.

Las actividades primarias, entre las que destacan la agricultura, la ganadería, el aprovechamiento forestal y la pesca, representan sólo el 3.7% del vab, cifra que ha venido descendiendo en las últimas décadas. Las actividades secundarias constituyen el 31.6% del vab, destacan las industrias manufactureras, seguidas de la construcción y la minería. Las actividades terciarias son el principal componente de la producción en México: representan el 64.7% del vab. En este rubro, el comercio aporta un poco menos del 20%, los servicios inmobiliarios representan el 10.9% y los transportes el 6.7%. La realidad del México actual es que tiene una economía basada fundamentalmente en las actividades terciarias.

En resumen, el camino de la producción para obtener el pib toma como base el valor agregado bruto (vab) de cada una de las actividades económicas que se encuentran clasificadas en el scian, el cual hace compatibles las estadísticas de las cuentas nacionales de Canadá, Estados Unidos y México que, desde 1994, tienen un tratado de libre comercio que, a partir del primero de julio de 2020, cuenta con reglas actualizadas y es denominado t-mec.

El segundo camino para calcular el pib es el de tomar como base la demanda de la producción de bienes y servicios, medida por los gastos agregados finales realizados en un periodo determinado. Desde el punto de vista académico, éste es el método más estudiado, derivado de las contribuciones de J. M. Keynes. En prácticamente cualquier libro de texto de macroeconomía, el lector encontrará que el pib es igual a la suma del consumo (privado y público) más la inversión, más las exportaciones netas.

pib = C + I + G + (X – M)

En donde:

C = Consumo de los hogares

I = Inversión

G = Consumo del gobierno

X = Exportaciones

M = Importaciones

El gasto de consumo final de los hogares (C) se refiere a todo aquello que adquieren y consumen sus integrantes en un periodo determinado. En caso de que el desembolso no sea consumido en ese lapso, es considerado como una inversión en activos. No es lo mismo el pago de un semestre de colegiatura universitaria que la compra de una casa. Es importante aclarar que a los economistas no les gusta hablar de inversión (I), ya que la mayoría de las personas identifican este término con cuestiones financieras, por lo que la engloban en lo que denominan formación bruta de capital (fbk), que tiene tres componentes. Al primero lo llaman formación bruta de capital fijo (fbcf) y se refiere a la compra o venta de activos fijos, como maquinaria, edificios y automóviles, que contribuyen al proceso productivo por un periodo mayor a un año. El segundo rubro es el de los cambios en los inventarios o las existencias, que incluye materiales, así como productos en proceso o terminados. En este caso, se trata de bienes que han sido acabados, pero no han sido vendidos y normalmente se encuentran en el almacén. La tercera categoría se refiere a los objetos valiosos, como las joyas, metales preciosos y obras de arte, que no participan en el proceso de la producción nacional, pero representan una reserva de valor para sus poseedores.

El gasto de consumo final del gobierno (G) se refiere a los desembolsos que tiene que hacer para ofrecer servicios públicos como salud, educación y seguridad. Las erogaciones públicas que sirven para prestar servicios por más de un año se consideran como un gasto de capital y se incluyen en la fbk, mencionada con anterioridad.

En lo relacionado con el comercio internacional, si las exportaciones son mayores a las importaciones se dice que existe un superávit comercial que debe ser sumado al pib. Por el contrario, el déficit comercial deber ser restado para la obtención del pib. Estos dos conceptos se refieren a los bienes y a los servicios, y forman la base de lo que se llama la cuenta comercial de la balanza de pagos.

Los datos del pib de México, con el enfoque del gasto, son dados a conocer por el inegi de manera trimestral, en promedio 82 días después de concluido el periodo de referencia, bajo el título de Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios. La información correspondiente al primer trimestre de 2020 fue dada a conocer el 19 de junio

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de 2020 y se presenta en la tabla 1.3, con la única diferencia de que las importaciones son añadidas al pib para mostrar la oferta total, y no restadas de las exportaciones en el lado de la demanda final.

Tabla 1.3

Oferta y demanda global de bienes y servicios Primer trimestre de 2020

Fuente: inegi. Algunas sumas no coinciden con el total por el redondeo. Cifras preliminares.

Es claro que la suma del consumo de los sectores privado y público representa más del 56 por ciento de la demanda global y supera el 76 por ciento del pib. La inversión (fbk) es fundamental para la creación de empleos y el desarrollo de tecnología e innovación. El comercio internacional es un motor de la producción que, para el caso de México, pesa mucho en el agregado y representa poco en su cantidad neta. El tercer método para estimar el pib toma como referencia los ingresos o pagos que obtienen los denominados factores de la producción. Históricamente los economistas han cambiado el número y la definición de los factores de producción. Primero eran tres: tierra, trabajo y capital. Después agregaron un cuarto que estaba relacionado con la organización y administración de las empresas. Con el tiempo, el factor tierra (recursos naturales) fue dado de baja y una parte de su contenido fue incluido en el capital. Más adelante, la organización

fue excluida con el argumento de que era capturada por el concepto de productividad, que se estimaba de una manera indirecta. En la actualidad, cuando se habla de la producción de bienes y servicios finales se considera que se lleva a cabo con dos factores: trabajo y capital. Primordialmente, el trabajo incluye los ingresos que las personas reciben como sueldo o salario, más las contribuciones que se hacen para su seguridad social, los bonos por actuación que reciben en caso del cumplimiento de ciertas metas, pagos en especie, como los vales de gasolina, y las pensiones. Estas personas son consideradas como asalariadas y la suma de los conceptos anteriores son sus remuneraciones.

¿Cómo obtener la retribución del capital en el proceso de producción? Lo anterior podría ser equivalente a la medición de las utilidades de las empresas y los hogares en el proceso de producción. Es posible recurrir al estado de resultados de las corporaciones, que éstas presentan a las autoridades fiscales de cada país para estimar los beneficios agregados. A dichas utilidades de operación se les llama excedente bruto de operación en el Sistema de Cuentas Nacionales. Aquí se empieza a complicar la situación, por lo que los contadores mexicanos han decidido una vía corta para estimarlo. El excedente bruto de operación es obtenido tomando como base el pib y restándole la remuneración de los asalariados y los impuestos netos de subsidios. Por lo mismo, algunos economistas precisan que en México sólo se calcula el pib por dos métodos —producción y gasto— y el tercer enfoque, relativo al ingreso, se obtiene mediante una resta o un residual. El excedente bruto de operación incluye el denominado ingreso mixto derivado de las actividades productivas de las empresas no constituidas en sociedad correspondientes a los hogares. Este último concepto se refiere a los ingresos de los trabajadores por cuenta propia que obtienen una combinación de sueldos y ganancias.

A la fecha de terminar el libro, este enfoque es publicado en México cada doce meses. Para el caso de los cálculos anuales del pib en sus tres métodos, los datos son dados a conocer de manera preliminar en la publicación de la Cuenta de Bienes y Servicios, nueve meses después de terminado el año en estudio, y la versión definitiva, en un máximo de 17 meses después. Esto explica que algunas de las tablas

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y gráficas de este libro estén basadas en datos preliminares y otras en series revisadas. Considerando esta situación, a continuación, se comparan los tres caminos oficiales para obtener el pib correspondiente al año 2018.

PIB por el lado de la producción

Fuente: inegi. Datos revisados.

PIB por el enfoque del gasto Billones

Fuente: inegi. Datos revisados.

PIB por el método del ingreso (Distribución factorial del PIB)

(-) Impuestos a la producción e importaciones, netos de subsidios

Fuente: inegi. Datos revisados.

Tabla 1.4
Tabla 1.5
Tabla 1.6

El excedente bruto de operación constituye la retribución al capital de las empresas y representa el 67.8% del pib de México, el cual es muy alto para estándares internacionales. Esto se puede explicar debido a que engloba al ingreso mixto (4.96 billones de pesos) de los trabajadores por cuenta propia que reciben utilidades y cobran sueldos de sus actividades productivas. Si se decidiera contabilizar los ingresos mixtos de los hogares como parte de las remuneraciones de asalariados, el factor trabajo pasaría de representar el 26.1% al 46.7% del pib.

El lector podrá notar que el monto de 1.43 billones de pesos, correspondiente a los impuestos netos de subsidios mostrados en la tabla 1.6, es diferente del asignado en la estimación del pib por el lado de la producción reflejado en la tabla 1.4 que asciende a 1.30 billones de pesos. La diferencia se debe a otros impuestos sobre la producción, correspondientes a los tributos sobre nómina, licencias comerciales, transacciones internacionales o los que se recaudan por la contaminación.

La cuarta vía por la que el lector puede conseguir el pib, y al mismo tiempo combinar la macro y la microeconomía, es a través de la cuenta por sectores institucionales que el inegi publica de manera anual como un complemento informativo de la Cuenta de Bienes y Servicios clasificada por sector económico. Este libro considera que más que un complemento, se trata de una nueva forma de visualizar el pib que incluye a la microeconomía, es decir, a los individuos, empresarios, gobierno, organizaciones de la sociedad civil y a las operaciones que éstos realizan con el exterior.

Impuestos a los productos netos de subsidios

Instituciones sin fines de lucro que sirven a los hogares

Fuente: inegi El total no concuerda con las partes por redondeo. Datos preliminares.

Tabla 1.7

cuentas, pocos cuentos: El PIB de México y más allá

La mayor parte de la producción de bienes y servicios del 2018 fue llevada a cabo por las empresas con fines de lucro. Al sumar las sociedades, financieras y no financieras, se obtiene un 51.6%. Los hogares son también importantes en la generación del pib al aportar el 33.4%. En el rubro de hogares se incluye a las personas como empresarios, que producen bienes y servicios para el mercado, y como consumidores, al también producir para uso final propio. Las instituciones sin fines de lucro que sirven a los hogares (isflsh) sólo representan el 1% del pib a través de la producción y suministro para consumo individual. El gobierno general agrupa las transacciones que realiza el sector público no financiero, es decir, incluye a los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) y a las sociedades públicas no financieras, entre las que destacan Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (cfe). Únicamente contabiliza los gastos corrientes que son utilizados para servicios de educación, salud, esparcimiento, investigación, administración pública y defensa. Por lo mismo, si se suman el gobierno general con los impuestos netos de subsidios se obtiene un global del 13.9% del pib. Lo anterior utiliza los criterios que indica el Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la onu. A pesar de lo anterior, algunos economistas prefieren incluir las participaciones o gastos totales autorizados en el presupuesto de egresos de la federación, lo que representa aproximadamente el 25% del pib en México.

A través de la cuenta por sectores institucionales se pueden obtener los datos y cálculos correspondientes al ingreso nacional bruto (inb), concepto que fue mencionado con anterioridad. Es aquí donde se entrelazan las transacciones que dan origen al pib con cada una de las unidades institucionales y se detallan los rubros mostrados en la tabla 1.6, en especial el excedente bruto de operación que constituye el punto de partida para llegar al inb. Para ello, se consideran tanto las rentas de la propiedad recibidas como pagadas por los factores de la producción. En esta parte se desglosan los denominados ingresos primarios: intereses, dividendos, utilidades retenidas de la inversión extranjera directa, rentas sobre activos del subsuelo y otros recursos naturales. Mediante la cuenta llamada asignación del ingreso primario y a través de sumas o restas de cada sector, se llega al inb.

Posteriormente, se obtiene el ingreso nacional bruto disponible (inbd) que mide los flujos totales de la economía para el consumo final y el ahorro bruto. Esto se hace a través de la cuenta de la distribución secundaria del ingreso, que incluye a las transferencias corrientes o ingresos secundarios que no tienen ninguna contraprestación económica directa. Entre las principales partidas destacan los impuestos sobre el ingreso y la riqueza, así como la cooperación internacional que obtiene y otorga el gobierno federal, y las remesas que reciben los hogares mexicanos de sus familiares y amigos que viven en Estados Unidos o cualquier otra parte del mundo. La tabla 1.8 presenta un resumen de los últimos datos derivados de la cuenta por sectores institucionales.

Tabla 1.8

Generación y utilización de los ingresos

Billones de pesos

Fuente: inegi. Cuentas por sectores institucionales. Año base 2013. Los datos derivan de series revisadas.

El lector puede corroborar con estos datos que el ingreso nacional bruto disponible (inbd) es el que se puede utilizar para el consumo o para el ahorro. Al descomponer el inbd por sector económico se presenta una situación distinta a la de la tabla 1.7. El 73.5% de los hogares recibieron este ingreso, seguidos del gobierno y las sociedades no financieras con el 9.4% respectivamente. Finalmente, se aclara que la diferencia entre los datos expresados en términos brutos o netos se debe al consumo de capital fijo (4.09 billones), concepto que ya fue mencionado anteriormente.

Para México y muchos otros países, no existen diferencias significativas entre el pib y el inb. Sin embargo, hay casos como el de Irlanda en donde el pib supera por mucho al inb debido fundamentalmente al

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establecimiento de grandes empresas multinacionales, entre las que destaca Apple, que obtienen grandes utilidades que son transferidas a donde se ubica la empresa matriz. El Fondo Monetario Internacional en su última revisión de la economía de Irlanda da a conocer que la deuda pública asciende aproximadamente al 65% del pib, pero también aclara que el mismo monto de los pasivos equivale al 105% del inb. Esta diferencia sí que es significativa. Por estos casos, algunos economistas argumentan que, así como el pib es una magnífica forma de medir la actividad económica, el inb es un mejor indicador del nivel de vida del país.

Para terminar esta sección, es importante informar al lector que el inegi dará a conocer la Cuenta por Sectores Institucionales de manera trimestral a partir del mes de septiembre de 2020. Los datos estarán disponibles, en promedio, 155 días después de concluido el trimestre de referencia. Esto hará posible comparar las cuatro vías de obtención del pib con mayor oportunidad: no habrá que esperar 21 meses para llevar a cabo estas comparaciones, sólo cinco, lo cual es un gran logro.

Los temas polémicoso cuestionadosen el

cálculo del pib

Las actividades económicas informales son incluidas en el pib de acuerdo con los lineamientos referidos en el scn del 2008 de la onu. La economía informal abarca a los negocios que no tienen registro alguno ante la autoridad tributaria, la agricultura de subsistencia, el servicio doméstico remunerado de los hogares, así como el trabajo formal sin seguridad social.

La gráfica 1.1 muestra que, en México, en 2018, el valor agregado bruto de la economía informal en el pib fue del 22.5%, dato que permite deducir que el 77.5% lo genera el sector formal. Es interesante mencionar que en 2009 se obtuvo una disminución en el pib y la economía informal subió de manera significativa. Dicho porcentaje ha seguido una tendencia a la baja hasta 2018, en parte debido a que la actividad económica ha tenido cambios positivos, aunque no muy grandes. Pronto se verá qué pasó con la economía informal con la dis-

minución marginal del pib obtenida en 2019 y, más adelante, los estragos provocados por el Gran Confinamiento de 2020.

Gráfica 1.1 Economía informal

Fuente: inegi. Serie preliminar.

Este mismo ejercicio se puede llevar a cabo en términos de la ocupación laboral. El empleo formal en 2018 representó el 43.3% del total de empleos y los trabajadores informales el 56.7%. Visto desde este ángulo, se concluye que la gran mayoría de los trabajadores en México se desenvuelven en el sector informal. Es decir, son menos los trabajadores que pagan impuestos y tienen seguridad social. El sector informal es un tema transversal de la economía, pero se identifica fundamentalmente con los hogares. A pesar de las cuentas anteriores, casi todos los dirigentes de los organismos empresariales de México continúan argumentando que sus empresas generan el mayor número de empleos. Lo anterior parece contradecir los datos del inegi, por lo que sus detractores podrían argumentar que sus afirmaciones son cuentos mal contados. Esta situación se corregiría si afirmasen que las empresas son responsables de generar la mayoría de los trabajos formales. En términos generales, el pib incluye toda la producción de bienes y servicios de los hogares que es vendida o intercambiada. Algunos de ellos pagan una renta o alquiler por el inmueble en donde producen estos bienes y servicios, pero en otros casos llevan a cabo el proceso de producción en sus propias casas. Con el objeto de poder hacer un proceso homogéneo entre los que pagan renta y los dueños de inmuebles, el pib hace una estimación del gasto en que incurrirían

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los propietarios de las casas, si no fueran sus propietarios. Visto de otra forma, calcula el ingreso que obtendrían si rentaran su hogar, y lo considera como una partida virtual. Este rubro se incluye dentro de la contabilización del pib y es lo que técnicamente se conoce como una imputación, que está englobada en la estadística y no representa una operación observable. Algunos críticos del pib dirían que esto es un cuento y no una cuenta.

Para el caso de México, la medición de los servicios de alquiler imputado de las viviendas ocupadas por sus propietarios está incluida en el pib trimestral, aunque no se puede observar dicha partida de manera directa. Para su identificación específica se tiene que consultar la cuenta de los sectores institucionales, en particular el excedente bruto de operación de los hogares, que se da a conocer de manera anual, así como la cuenta satélite de vivienda. En resumen, el excedente de operación de los hogares es igual al alquiler imputado de las viviendas para uso propio.

Gráfica 1.2 Excedente bruto de operación de los hogares (Vivienda imputada de los hogares)

del PIB

Fuente: inegi. Serie preliminar.

La gráfica 1.2 muestra que, entre 2003 y 2018, un rango que va del 9.4% al 7.3% del pib fue imputado mediante una estimación que fluctúa con el valor de mercado de los inmuebles propiedad de los hogares.

Porcentaje

Por otro lado, el pib no incluye los servicios de los hogares que se realizan de manera gratuita, tales como la alimentación, limpieza de vivienda, ropa y el calzado, compras, administración de la casa y los cuidados de otras personas.

Esto se debe a que el pib contabiliza las operaciones que tienen un precio de mercado. De esta forma, si usted le paga a una persona para que realice las labores de limpieza y cuidado de su hogar, el monto del sueldo es reflejado en el pib. Sin embargo, si esa labor es realizada por algún miembro de la familia de manera gratuita, no hay forma de contabilizarla debido a que no existe un precio de mercado. De lo anterior viene el viejo dicho de que cuando una persona se casa con su asistente del hogar y le deja de pagar, el pib disminuye.

Aunque este rubro no es incluido, el inegi estima su importancia en la economía a través de una cuenta satélite. Como se puede ver en la gráfica 1.3, el 23.5% del pib de México de 2018 equivale al trabajo no remunerado de las personas que laboran en el hogar. Al desagregar el total, se observa que el 17.7% del pib corresponde al trabajo no remunerado de mujeres y el 5.8%, al de hombres. El valor económico del trabajo no remunerado representó 5.5 billones de pesos en 2018. La cuenta satélite también agrega que la producción de bienes de autoconsumo contribuyó con el 1.4% del pib, y las labores de los niños, de entre 5 y 11 años, con el 0.2% del producto.

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Gráfica 1.3 Valor del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados de los hogares Porcentaje del PIB a precios corrientes

Fuente: inegi. Serie preliminar.

En esta sección se especificó que el pib contabiliza las actividades informales, definidas como aquellas transacciones que normalmente se pagan en efectivo y no se declaran. Al menos en teoría, estas operaciones se pueden diferenciar de las actividades consideradas ilícitas, o que se realizan fuera de la ley, también llamadas del mercado negro, operaciones escondidas o economía subterránea. Es muy probable que usted esperase que el pib excluyera las actividades ilegales, pero llevarlo a cabo en la práctica no es una tarea fácil. Al menos en teoría, el pib incluye las operaciones informales y las ilícitas, aunque, hasta donde se sabe, no hay ninguna agencia de estadística oficial que estime el agregado de estas últimas.

La prostitución es considerada una actividad legal en países como Holanda, pero es prohibida (ilegal) en otros, como México. Probablemente, para efectos de comparación, la agencia de estadística mexicana sí incluye los servicios sexuales englobados en otros servicios personales donde se consideran las unidades económicas dedicadas principalmente a proporcionar servicios de prostíbulos (scian 812999). Se estima a partir de 1993 y representa una cantidad un poco menor al 0.4% del pib. Eso sí, cuando un investigador trata

de desagregarla, le es imposible hacerlo por «confidencialidad de los informantes».

Con estos ejemplos resulta claro que el pib contabiliza transacciones que pueden ser consideradas buenas o malas dependiendo del punto de vista del observador. Es decir, incluye las operaciones de compra de cigarros o alcohol, la producción de armas de fuego, los servicios de los casinos, de la educación y de la salud. Es obvio que al incluir cosas que no benefician a las personas, el pib no puede ser considerado un indicador del bienestar, ni de manera individual ni en el aspecto social. Cuando se habla de bienestar se tienen que emitir juicios de valor, lo que hace muy difícil llegar a acuerdos generales. Ni los creadores del pib ni aquellos que se encargan de estimarlo han tenido la intención de medir el bienestar, pero erróneamente los medios de comunicación y algunos economistas se han encargado de tratar de equipararlos. Se hablará de esto con mayor detalle en el último capítulo.

También es importante dejar claro que el pib no mide la calidad de los bienes producidos y de los servicios prestados. La calidad de la producción no es considerada en el pib. Cuando se da un incremento de precios en un bien o servicio se puede deber a los efectos de la inflación, al deseo de mayores márgenes o a la mejora de la calidad. El primero de ellos sí es considerado en los cambios en el pib, pero los dos últimos son muy difíciles o imposibles de separar a nivel agregado.

Otra aclaración se refiere a que el pib no proporciona señal alguna sobre cómo la producción de bienes y servicios es distribuida entre la población. Normalmente, el pib se distribuye de manera amplia en los países desarrollados y de forma muy estrecha en las naciones en vías de desarrollo. El pib mide la producción, el gasto y el ingreso a nivel agregado, pero nunca ha tenido la intención de medir la desigualdad en estos rubros.

Se termina esta sección reiterando que el pib contabiliza las operaciones de las actividades primarias, secundarias y servicios. Anteriormente se consideraba que esta secuencia demostraba las etapas del desarrollo económico, pero el actual caso de Islandia ha demostrado que una economía puede evolucionar del sector primario al de servicios, saltando las actividades secundarias. Las agencias nacionales

de estadística se sienten mucho más cómodas con las operaciones derivadas de las actividades secundarias, dentro de las que destaca la industria manufacturera. Sin embargo, tienen mayor dificultad en el caso de los servicios, en especial, los financieros, así como con las operaciones realizadas a través de las plataformas electrónicas. Las dos siguientes secciones abordan los temas de los servicios financieros y el de la denominada economía digital.

El pib y los servicios financieros

El primer manual del Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la Organización de las Naciones Unidas (onu) de 1953 aclaró que en algunas ocasiones existían problemas de valuación del pib, cuando la producción no era vendida a un precio de mercado claramente reconocido. Lo anterior es evidente en los bancos comerciales y otros intermediarios financieros similares, los cuales no se mantienen por las comisiones o cargos que se cobran a los clientes, sino principalmente por el margen entre las tasas de interés que cobran en sus préstamos y los que les pagan a los depositantes. Los bancos expiden a los usuarios un recibo o factura por las comisiones que les cobran, sin embargo, las utilidades que obtienen por el diferencial de las tasas de interés no son facturados ni a los depositantes ni a los que reciben los créditos. Es por todo esto que se argumenta que muchos de los servicios financieros no reflejan completamente su precio de venta.

Si se adoptara para los bancos el mismo procedimiento que se usa para las empresas que fabrican bienes, para determinar su contribución al pib se tendría que obtener su producción final o, alternativamente, restar el valor total de su producción al consumo intermedio que representan los insumos necesarios en el proceso productivo. Esta última diferencia representa el valor agregado bruto (vab) que es una forma de considerar a los sueldos, las rentas y las utilidades que se acumulan en el proceso productivo.

Si los bancos y otros intermediarios similares fueran tratados con el mismo procedimiento que las otras empresas productivas, su

contribución al pib sería muy pequeña o posiblemente negativa. Para incluir los ingresos derivados del proceso de captación y crédito, se tendría que realizar una imputación que se obtendría como el ingreso en exceso derivado del diferencial entre las tasas de interés de los créditos y depósitos que se realizan. El principal problema de aplicar esta regla es de carácter estadístico, además, en 1953 no había datos que ayudaran a distribuir los depósitos bancarios entre las unidades económicas. La cantidad total de depósitos involucrados era muy pequeña y el procedimiento para estimarlos no muy preciso, por lo que, en la mayoría de los casos, se consideró mejor usar un criterio de fácil acceso o disponibilidad inmediata. En resumen, se puede interpretar que el procedimiento para incluir los servicios financieros en el pib era muy complejo y que el monto de éstos se consideraba tan pequeño que no valía la pena incluirlo en la contabilidad nacional.

El reporte de la onu del scn de 1968 dejó claro que el proceso de los servicios financieros de los bancos tiene una primera parte, que son las comisiones o los cargos por los servicios que prestan, y una segunda, que se refiere al derivado de los intereses. Por lo mismo, es necesario complementar las comisiones recibidas por los bancos y otros intermediarios financieros con la imputación de un servicio que es equivalente a la diferencia entre el interés cobrado por los créditos que otorga y el interés que paga a sus depositantes. Este último servicio imputado debe ser tratado como un consumo intermedio de los agentes económicos. Sin embargo, es muy difícil poder distribuir esta imputación entre las diferentes industrias, los hogares y el gobierno general. Por lo mismo, este cargo debe ser tratado como el consumo intermedio de una industria nominal, clasificado como una institución financiera «ficticia», y fue denominado cargo imputado por los servicios bancarios. Es decir, en quince años pasamos de ignorar los servicios financieros a considerarlos como un consumo intermedio, que restaba en el proceso de producción.

El documento de la onu del scn de 1993 cambió el término cargo imputado por los servicios bancarios por el de servicios de intermediación financiera indirectamente medidos, conocido por sus iniciales sifim. Realizó un par de modificaciones en el proceso. La primera se refiere a que en el cálculo de los intereses cobrados por los créditos se deben excluir aquellos que se realizan con capital propio y no con depósitos

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de sus clientes. La segunda, y más importante, recomienda distribuir este servicio entre los distintos usuarios, desglosando las partidas entre el consumo intermedio de las empresas, el consumo final y el sifim internacional. Esta asignación se puede realizar mediante la diferencia entre las tasas de interés cobradas y pagadas en relación con una tasa de referencia como la que usa el banco central para sus préstamos o la que fijan los bancos comerciales para sus operaciones con otros colegas.

A pesar de lo anterior, el manual reconoce que es difícil implementarlo en la práctica, y termina aceptando que algunos de los países continúen usando lo adoptado en 1968: asignar toda esta partida como el consumo intermedio de una industria financiera ficticia. En el fondo, estas nuevas reglas reconocen, por primera vez en la historia, que los servicios financieros son parte de la denominada frontera de producción, por considerarse como consumo final, ya sea doméstico o internacional. Aunque exime a algunos países que no tienen capacidad estadística, una parte de los servicios financieros se convierten en una actividad productiva que suma al pib.

El Manual de la onu del scn de 2008 hace dos cambios fundamentales. En primer lugar, elimina la posibilidad de que algunos países asignen la totalidad de los sifim al consumo intermedio de una industria ficticia, con lo que, desde ese año, todos los países tienen que repartir los sifim entre los usuarios (tanto prestamistas como prestatarios), ya sea como consumo intermedio de las empresas, como parte del consumo final o como exportaciones. En segundo término, afina el método de cálculo de los sifim utilizando no sólo una tasa de referencia, sino dos: una tasa de interés sobre los préstamos y otra para los depósitos. Con lo anterior, la fórmula para obtener la producción de los sifim es la siguiente:

sifim = (Rp – Rr) Yp + (Rr – Rd) Yd

Donde:

Y p = Préstamos

Yd = Depósitos

R r = Tasa de interés de referencia (tiie)

R p = Tasa de interés de los préstamos

Rd = Tasa de interés de los depósitos

¡Vaya cambios que han sufrido los servicios financieros en los últimos 67 años! Pasaron prácticamente inadvertidos en el inicio, se convirtieron en una actividad que restaba en el pib y han terminado por ser considerados una actividad productiva que suma al valor agregado bruto (vab). Lo curioso es que este último cambio se efectuó en 2008, justamente en el año en que inició la denominada Gran Recesión que fue originada por la especulación del sistema financiero en una gran parte del mundo occidental. Una vez más, los críticos del sistema capitalista seguramente van a argumentar que todo esto es un cuento

Ahora se puede entender por qué nos llamaban improductivos a todos aquellos que trabajamos en el sistema financiero en las dos últimas décadas del siglo anterior. Sin embargo, los financieros actuales son considerados como personas productivas, a pesar de su dudoso comportamiento en la crisis de 2008. Gran paradoja o contradicción sobre la que vale la pena reflexionar. Lo único que queda claro es que los dueños de las instituciones financieras han realizado un gran cabildeo, no sólo en los congresos de los principales países democráticos, sino también en los organismos internacionales que determinan los sistemas de cuentas nacionales.

El caso de las compañías de seguros es muy parecido al de los bancos en el sentido de que sus servicios no son vendidos a un precio de mercado claramente reconocido. Lo anterior aplica en el caso del pago de pólizas tanto de seguros de vida como de accidentes, robo y daños. Por lo mismo, se deben medir de manera indirecta. En este caso, los ingresos por las pólizas que las aseguradoras cobran a sus clientes deben ser aumentados con los ingresos derivados de la reserva y disminuidos con los pagos que realizan por las indemnizaciones. Es tiempo de pasar a examinar el caso de México en donde el inegi ha adoptado todas las recomendaciones del scn, y aunque no publica los sifim de manera directa, los engloba dentro de la cuenta de bienes y servicios en el sector número 52, bajo el rubro de servicios financieros y de seguros. Como se puede observar en la gráfica 1.4, el total de los servicios financieros y de seguros han pasado de representar el 2.4% del pib en 2003 a ubicarse en el 4.0% en 2018.

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Gráfica 1.4 Servicios financieros y de seguros México (SIFIM)

Porcentaje del PIB

Fuente: inegi. Serie preliminar.

Los servicios financieros y de seguros representaron el 4.0% del pib en 2018. Debido a redondeos, este porcentaje difiere del presentado en la tabla 1.7, en donde las sociedades financieras sumaron el 4.1% del pib en la misma fecha. Al desagregar los servicios en subsectores se nota el predominio de las instituciones intermediarias de crédito, tal y como lo muestra la tabla 1.9.

Tabla 1.9

Subsectores de los servicios financieros y de seguros Porcentaje del PIB

Banca central 0.2

Instituciones de intermediación crediticia y financiera no bursátil. Doméstica e importada 3.1

Actividades bursátiles, cambiarias y de asesoría 0.1

Compañías de seguros, fianzas y fondos 0.6

Total 4.0

Fuente: inegi. Serie preliminar.

De acuerdo con información proporcionada por el inegi, los sifim domésticos en 2017 se distribuyeron en un 76% para la demanda final y un 24% para la demanda intermedia. Los sifim internacionales (de exportación e importación) se asignan de acuerdo con la balanza de pagos elaborada por el Banco de México, quien proporciona el dato al inegi en una versión que no es pública.

Para finalizar esta parte que relaciona al pib con los servicios financieros, es importante resaltar que el valor agregado bruto (vab) sólo mide la contribución directa de un sector o industria en el total de la economía. El sistema financiero tiene aportaciones indirectas no incluidas en el valor agregado, como son servir de plataforma de los medios de pago y proveer de liquidez a los activos mediante la creación de mercados secundarios y hacedores de mercado.

La economía digital

El término fue utilizado por primera vez en 1995 por Dan Tapscott en su libro La economía digital: promesa y peligro en la era de la inteligencia de redes. Este texto fue actualizado por el autor dos décadas después, reconociendo que la mayor parte de lo planteado originalmente se cumplió, pero que se había equivocado en algunos casos específicos como el de Enron.

La economía tradicional se basa en la producción de bienes tangibles o físicos, y continúa utilizando como indicador de la actividad económica el producto interno bruto (pib). La economía digital, también conocida como nueva economía o economía del internet, forma parte de la tradicional y se refiere a la producción de bienes intangibles o virtuales, o a las operaciones que se realizan por internet. No es fácil determinar el porcentaje que la economía digital representa del total, ya que los bienes digitales incluyen: (a) servicios gratuitos, como el correo electrónico y las redes sociales, y (b) el comercio electrónico (e-commerce). Los primeros son gratuitos, dado que se pagan con la información de los usuarios o con la publicidad de las

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empresas. Los segundos se refieren a la compra, venta e intercambio por internet, cuyo pago puede o no ser hecho en línea. El pib mide la suma de los precios de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos en la economía de casi todos los países del mundo. Dado que una parte de la economía digital se refiere a servicios gratuitos, que puede ser el equivalente a un precio igual a cero, no hay forma de que se pueda contabilizar objetivamente en el pib. A pesar de lo anterior, Erik Brynjolfsson, director de la Iniciativa para la Economía Digital del mit, está desarrollando un pib-b que trata de medir, no la producción, sino los beneficios que la gente obtiene de los bienes y servicios. Para ello, pregunta a las personas cuánto estarían dispuestas a pagar por servicios como Facebook y Twitter, que en teoría no tienen costo alguno. Obtiene la mediana de las respuestas y ha encontrado que, en Estados Unidos, el ciudadano promedio estaría dispuesto a pagar 48 dólares al mes para seguir utilizando Facebook. El pib-b incluye el monto que resulta de multiplicar el número de usuarios de Facebook por los 48 dólares al mes. Sin embargo, la parte relativa al comercio electrónico, es decir, las operaciones que se realizan a través de internet, sí se pueden incluir fácilmente en la contabilidad del pib. Es así como las agencias nacionales de estadísticas se han dado a la tarea de separar de manera explícita la economía digital. En Estados Unidos, dentro del Departamento de Comercio se encuentra la Agencia de Análisis Económico (bea por sus siglas en inglés) que ha dado a conocer que la economía digital representó el 6.9% del pib en 2017. Ya se ubica como la octava industria y da trabajo a 5.1 millones de personas, que representan el 3.3% del empleo total de 152.1 millones de trabajos. En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi) también publicó que el valor agregado bruto del comercio electrónico en 2018 representó el 5.0% del pib. Todo parece indicar que los sistemas de cuentas nacionales de muchos países pronto serán capaces de producir una cuenta satélite relacionada con la nueva economía.

Las compañías conectadas con la economía digital incluyen tanto a las empresas de telecomunicaciones (telco) como a los denominados gigantes tecnológicos. Las primeras se han convertido en los

proveedores de acceso a internet, por lo que se han especializado en proporcionar la infraestructura necesaria para poder operar la nueva economía. Tienen sus bases en muchos países del mundo y destacan firmas como AT&T, China Mobile, Verizon, Vodafone, Telefónica, Orange y América Móvil. El valor promedio de capitalización de estas empresas a finales de 2019 era de 350 billones de dólares. Dado que existen instalaciones físicas fácilmente identificables, pagan sus impuestos correspondientes en los lugares donde operan.

Las corporaciones tecnológicas que proveen de servicios y contenidos digitales a través de plataformas electrónicas se encuentran localizadas básicamente en Estados Unidos, China y Corea del Sur. Entre las principales están Facebook, Apple, Amazon, Netflix, Alphabet (Google), Microsoft, Tencent, Alibaba y Baidu. El valor de mercado promedio de dichas empresas era de 680 billones de dólares, casi el doble del que tenían las telco. Estas compañías se encuentran en la parte superior de valor de capitalización bursátil del mundo, por lo que se les ha denominado gigantes tecnológicos. A diferencia de las telco, muy pocas veces tienen instalaciones físicas en los lugares donde operan, por lo que, aunado a estrategias fiscales, pagan muy pocos impuestos.

Existe una competencia sana entre las telco, cosa que no se puede decir que se da entre los gigantes, los cuales han llegado a tener un poder de mercado muy amplio. Lo anterior se combina con la rivalidad que existe entre las telco y los gigantes tecnológicos en el sentido de que los primeros consideran que no existe una cancha pareja para operar debido fundamentalmente al pago de impuestos mencionado en el párrafo anterior. En esta nueva globalización, los servicios digitales no pasan por aduanas físicas.

Se trata de un problema mundial cuya resolución requiere que los países cooperen en organismos internacionales. La Organización Mundial de Comercio (omc) estableció un grupo de trabajo de comercio electrónico en 1998 que ha decidido no imponer derechos de aduana a los servicios digitales. El interés por el tema se volvió a activar después de la Gran Recesión, iniciada en 2008, y los países del G20 encargaron el tema a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde), que ha estado trabajando a través

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del proyecto para reducir la erosión de la base impositiva y la transferencia de utilidades para evadir impuestos a nivel mundial (beps por sus siglas en inglés). La página 6 del reporte del secretario general de la ocde, José Ángel Gurría, a los ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales del G20, en julio de 2018, describe las posiciones de los países en tres categorías: aquellos que consideran que éste es un tema limitado a los países en donde se encuentran los gigantes tecnológicos; los que piensan que es necesario ir más allá del proyecto beps, y los que creen que ya se tiene una infraestructura suficiente con los acuerdos para evitar la doble tributación y no es necesario nada más.

Se continúa con los trabajos y las evaluaciones técnicas con el objeto de proporcionar un informe definitivo a finales de 2020 en el que «supuestamente» se debe asumir una posición común. Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas (onu) argumenta que, para dar peso a los países menos desarrollados, el tema impositivo se debe discutir al interior de la onu, donde se encuentran representados 193 países, y no en la ocde, que sólo cuenta con 38 miembros. Al final del día, lo que está sucediendo en los organismos internacionales muestra una disputa entre Estados Unidos y China, que parecen estar conformes con la situación actual.

El tema de la fiscalidad no es un asunto fácil ya que, aunque se logre el consenso, se debe definir si se implementa vía el impuesto al valor agregado, a través del impuesto sobre la renta o de ambos. En el mes de julio de 2019, el senado de Francia se adelantó al aprobar un impuesto del tres por ciento sobre los servicios digitales para aquellas firmas cuyos ingresos superan los 25 millones de euros en el país o los 750 millones globalmente. Este gravamen, actualmente en pausa, afectará a casi todos los gigantes tecnológicos, y es conocido popularmente como «la tasa Google». El 1 de junio de 2020 entraron en vigor en México impuestos, tanto al valor agregado como a la renta, para las plataformas digitales, los cuales tendrán una repercusión mayor en los consumidores finales y, seguramente, serán un obstáculo parcial para el establecimiento de más vendedores digitales.

Mientras todo esto sucede, es un hecho que los gobiernos están sufriendo falta de recursos para afrontar el desempleo neto que han provocado tanto las tecnologías de la comunicación y de la informa-

ción como la pandemia del covid-19, y necesitan proveer seguros de desempleo y capacitación a los desplazados, temas que se han convertido en eje de discusión para un nuevo contrato social.

Una de las cosas positivas de la digitalización de la economía es que ha sido responsable de una gran parte del crecimiento de la productividad de los países desarrollados. El estudio de la ocde El futuro de la productividad (2015) ha mostrado que, por un lado, aquellas empresas que lideran en el uso de las nuevas tecnologías tienen crecimientos en la productividad mayores al cinco por ciento anual, mientras que las empresas rezagadas obtienen resultados negativos. Por lo mismo, hoy más que nunca es necesario que las compañías líderes transmitan su experiencia a las rezagadas. Se vive un momento en el que, más que nuevas tecnologías, se requiere de la difusión de las existentes.

Niveles del PIB y

comparaciones entre

países

Se puede decir que los niveles del pib constituyen la función original y los cambios son su primera derivada. En el primer caso, normalmente se realizan comparaciones del pib entre países; en el segundo, se llevan a cabo análisis del pib de un país a través del tiempo.

El principal problema que surge al hacer análisis entre países resulta del hecho de que el pib nominal de México está expresado en pesos, el de Estados Unidos en dólares, el de Japón en yenes y el de Alemania en euros. La propuesta más fácil para comparar el pib entre España y México sería utilizar el tipo de cambio de mercado entre el euro y el peso, y expresar ambos en una sola moneda. Otra alternativa sería usar el tipo de cambio al final del periodo en que se contabiliza el pib. Otros preferirían basar el cálculo en el tipo de cambio prevaleciente al inicio del año correspondiente. Algunos usan el de medio año y, la mayoría, influenciados por el fmi, usan un promedio de los tipos de cambio de mercado durante los tres últimos años.

¿Qué sucede si se quiere comparar el pib de todos los países del mundo en el 2018? De acuerdo con datos del Banco de Pagos Inter-

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nacionales (bis) el dólar de Estados Unidos continúa siendo la moneda más importante a nivel mundial, pues representó el 87.6% de todas las transacciones de monedas realizadas en 2016. Debido a que en cada operación participan dos monedas, la suma porcentual es de 200% en lugar de 100%. El segundo lugar corresponde al euro con una participación del 31.4%. Debido a la supremacía del dólar en el mercado de divisas, es común realizar la comparación del pib nominal entre países llevando a cabo la conversión de la moneda correspondiente con el dólar americano. Como se observa en la tabla 1.10, Estados Unidos continúa siendo la principal economía del mundo, seguida por China, Japón y Alemania. También muestra los veinte países más importantes desde el punto de vista económico siguiendo este método de conversión de los tipos de cambio. América Latina ubica a Brasil como el país número nueve y a México como la décima quinta economía.

Fuente: elaboración con datos del fmi.

Sin embargo, usar el tipo de cambio para comparar el pib de todos los países del mundo conlleva problemas relacionados con su gran

Tabla 1.10

volatilidad. Algunos países tienen sistemas de tipo semifijo que, cuando se mueven, normalmente lo hacen de manera significativa. La mayoría de las naciones usan tipos de cambio flexibles y su moneda fluctúa dependiendo de la oferta y demanda de divisas. Otro problema radica en que los tipos de cambio sólo incluyen los precios de los bienes y servicios que se comercian internacionalmente, y no toman en cuenta los precios de aquellos que son negociados sólo de manera interna en un país (bienes no comerciables).

Éstas son principalmente las razones por las que los economistas han decidido buscar alternativas para comparar la producción entre países, y han utilizado de manera preferente la paridad del poder de compra (ppc) o paridad del poder adquisitivo (ppa). Bajo este mecanismo, el factor de conversión es el cociente que iguala los precios de una canasta común y representativa de bienes y servicios que se consumen en los distintos países.

Desde 1968, la paridad del poder de compra (ppc) es estimada por el Banco Mundial bajo los auspicios de la Comisión Estadística de la onu a través de encuestas que realiza de manera periódica mediante el Programa de Comparación Internacional. La ppc indica cuántas unidades de la moneda nacional de un país se necesitan para comprar una canasta comparable de bienes y servicios valorada en términos de dólares americanos. En el fondo, lo que está haciendo es eliminar las diferencias de precios entre la producción de bienes y servicios de los distintos países.

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Tabla 1.11

Fuente: elaboración con datos del fmi.

La tabla 1.11 muestra las veinte economías más grandes del mundo utilizando el método de la paridad del poder de compra (ppc). Está expresada en dólares internacionales, que pueden ser definidos como aquellos que permiten comprar una cantidad igual de bienes y servicios a la que se compraría en Estados Unidos con dólares norteamericanos. El lector podrá observar cambios sustanciales con respecto a la tabla 1.10. Ahora China es el país líder, seguido de Estados Unidos y la India. México avanza cuatro posiciones y se ubica como la décima primera nación con mayor tamaño. También es importante notar que la suma del pib mundial cambió de 84.93 trillones de dólares con el método del tipo de cambio a 135.44 trillones con el uso de la paridad del poder de compra (ppc).

Los cambios en la clasificación de Brasil, México y Turquía se derivan del hecho de que su nivel de precios es más bajo que el de países como Estados Unidos y Alemania. También influye que la paridad del poder de compra (ppc) incluye bienes que no se negocian internacionalmente, como es el caso de la vivienda que es más barata en los países de ingresos bajos que en las naciones de ingresos altos.

Muchos autores consideran que la comparación entre el pib de los países no se debería realizar de la forma descrita en los párrafos an-

teriores, ya que no toma en cuenta el monto de la población de cada uno de ellos. No es lo mismo China, con cerca de mil cuatrocientos millones de habitantes, que Singapur, con un poco menos de seis millones de personas. Es aquí donde aparece el pib por habitante o pib per cápita como una alternativa más completa. En casi todos lados, el pib a precios corrientes es calculado por la oficina de estadísticas nacional y el número de habitantes es estimado por otra entidad diferente. Dado que el pib per cápita es el cociente entre el pib nominal y el número de habitantes, y el numerador es calculado por un ente distinto del que elabora el denominador, casi siempre ninguno de los dos hace el cálculo que se publica de manera oficial. Es el caso de México en donde, como se ha visto, el pib nominal es calculado de manera trimestral y anual por el inegi. El Consejo Nacional de Población (conapo) publica y proyecta el número de habitantes por periodos muy largos de tiempo. Dado que ninguno es responsable de la totalidad del cociente, nadie se atreve a publicar de manera oficial el pib por habitante. Es así como la responsabilidad ha caído en el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (snieg) que, aunque es coordinado por el inegi, articula una red de dependencias para producir y difundir información de interés nacional. El snieg publica el ingreso promedio por habitante derivado de la actividad productiva que se obtiene de dividir el pib a precios corrientes entre la población a mitad del año.

Fuente: snieg.

Tabla 1.12
PIB per cápita de México

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La tabla 1.12 muestra el pib por habitante entre 2006 y 2019, en ella se observa una tendencia ascendente, con excepción del año 2009 en donde se obtuvo un número menor al del año anterior. Se pueden usar ahora los dos métodos descritos anteriormente para llevar a cabo la comparación internacional del pib por habitante. Cálculos realizados por el autor con datos del fmi muestran que el pib per cápita de México para 2018, usando el tipo de cambio de mercado, da como resultado 9,614 dólares americanos, que lo ubica en el lugar 74 de las 194 economías consideradas. Al utilizar el método de la paridad de poder de compra (ppc), el resultado es de 18,339 dólares, que lo ubica en el número 70 de 194. Esta situación es muy distinta de las clasificaciones del tamaño total de la economía que coloca a México en los lugares décimo quinto y décimo primero.

Existe un método intermedio para hacer comparaciones internacionales que toma un poco de los tipos de cambio y otro de la paridad del poder de compra. Lo calcula el Banco Mundial (bm) para publicar el Ingreso Nacional Bruto (inb) per cápita de todos los países miembros y otras economías. Como se mostró anteriormente, en la mayoría de los casos, el inb está altamente correlacionado con el pib. El bm utiliza el denominado Método Atlas que determina la conversión mediante el promedio de los tipos de cambio de mercado del año correspondiente y, para los dos años previos, ajusta los tipos de cambio con la diferencia que la inflación que cada país tiene respecto a la inflación internacional. Una vez que el Ingreso Nacional Bruto (inb) es convertido a dólares, se divide entre la población que cada país tiene a mediados del año, con el objeto de llegar al Ingreso Nacional Bruto por habitante.

Bajo este método, el Banco Mundial clasifica a los países en cuatro categorías. Las economías que tienen un ingreso de hasta 1,025 dólares son clasificadas como de ingresos bajos. Aquellos países que tienen un rango entre 1,026 y 3,995 son considerados como de ingresos medio-bajos. Si el rango se ubica entre 3,996 y 12,375 se clasifican como naciones de ingreso medio-alto. Finalmente, son considerados como de ingresos altos aquellos que tienen un inb per cápita igual o mayor a 12,376. Este último umbral gradúa a los países que obtienen un monto mayor por tres años consecutivos, por lo que quedan

imposibilitados para recibir ayuda oficial para el desarrollo. Éste es el caso de Chile y Uruguay que desde 2018 se han convertido en los dos únicos países de América Latina que se han unido al grupo de los países «desarrollados».

El panorama cambia nuevamente al observar el inb per cápita de 2018, en donde aparecen en la parte alta de la tabla países como Suiza, con 83,580 dólares, Noruega, con 80,790, y Luxemburgo, con 77,820. Este último caso es muy peculiar ya que alrededor de cien mil personas viven en los países vecinos (Alemania, Bélgica y Francia) y conmutan para trabajar en los servicios financieros del Gran Ducado, éstas no están consideradas en el número de habitantes (medio millón). Si fueran tomadas en cuenta para estimar el inb por habitante, el monto final bajaría de manera considerable. México se ubica, con un ingreso de 9,180 dólares, como un país de ingreso medio-alto.

Cambios en el pib y comparaciones en el tiempo

Si los cambios en el pib son positivos, podemos hablar de crecimiento económico. Actualmente, la mayoría de los economistas están de acuerdo en que el buscar que el pib crezca no debería ser un fin en sí mismo, sino un medio para lograr el bienestar de las personas. El problema es la vaguedad de este término, ya que, como se verá más adelante, se puede referir al aspecto objetivo o subjetivo de los individuos, e incluye varios indicadores que dependen de nuestros juicios de valor. Si los cambios en el pib son negativos, se habla de decrecimiento económico o de contracción. Usar el término de crecimiento negativo es un oxímoron, es decir, combina dos palabras de significado opuesto. Se puede obtener el cambio del pib a precios corrientes mediante la diferencia entre el pib de 2019 y el de 2018. Cualquier resultado que se obtenga, positivo o negativo, contiene variaciones tanto de volumen como de precios. Dado que lo deseable es comparar la producción de bienes y servicios basada en el volumen, se debe encontrar la forma de eliminar o quitar el efecto de los cambios de precios. Normalmente

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esto se lleva a cabo expresando el pib de 2019 a precios de 2018. Una vez realizado este ajuste, se dice que el pib de 2019 está expresado a precios constantes de 2018 y refleja la cantidad en la que la producción de bienes y servicios se ha modificado de un año a otro.

Para poder hacer comparaciones del pib en el transcurso del tiempo, normalmente se establece un punto de referencia, que recibe el nombre de año base, en el que se establece un índice que es igual a 100 o cualquier otro múltiplo, como el 1. El año base es el punto de referencia para expresar los cálculos a valores constantes o en términos reales. Es así como en México, en 2017, el inegi tomó la decisión de cambiar de año base para el Sistema de Cuentas Nacionales (scn) fijándolo en el 2013. La recomendación internacional es la de hacer cambios cada cinco años en el punto de referencia debido fundamentalmente a modificaciones en la estructura de la economía, así como por la incorporación de nuevos productos y fuentes de información.

Se mencionó en este capítulo que el pib nominal anual de México en 2019 ascendió a 24.24 billones de pesos corrientes. Al expresar esta cantidad a precios del año base, se obtendría el pib a precios constantes de 2013, equivalente a 18.46 billones de pesos. La conversión de precios corrientes a precios constantes se lleva a cabo a través de lo que los economistas llaman deflactor del pib, el cual elimina los efectos de la inflación cuando se compara a través del tiempo.

Deflactor del pib = pib a precios corrientes en 2019/pib a precios constantes en 2013

Deflactor del pib = 24.24/18.46 = 1.3131 - 1 = 31.31%

Se puede decir que el pib de 2019 expresado en términos nominales fue «deflactado» o disminuido en un 31.31% para obtener el pib real o a precios constantes de 2013, equivalente a 18.46 billones de pesos. Los precios de todos los bienes y servicios finales de la economía mexicana subieron el 31.31% entre 2013 y 2019. Esto es un poco diferente de la inflación que usted conoce y que publica de manera quincenal el inegi basada en una muestra que representa una canasta de 299 genéricos. A esto último se le conoce como el cambio en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (inpc) que tiene como base

el año de 2018. Se reitera que el deflactor del pib es la inflación de la totalidad de la producción de bienes y servicios de la economía, y tiene una periodicidad trimestral. El cambio en el inpc es la inflación de una canasta de bienes representativa y es dada a conocer de manera quincenal.

Se debe aclarar que tanto el pib como sus cambios son afectados por factores estacionales tales como los días de descanso oficiales, el hecho de que algunos meses tienen más días que otros, las vacaciones escolares y el efecto del clima. Para hacer comparaciones de corto plazo (trimestrales) más precisas, el pib y sus variaciones se presentan no sólo en las cifras originales, sino también con ajustes estacionales (series desestacionalizadas) que remueven estos efectos. Se hace una pequeña pausa para aclarar al lector que el hecho de que, a la fecha de escribir estas líneas, no se estén dando clases presenciales debido al Gran Confinamiento, no significa que los alumnos se encuentren en vacaciones escolares. Una parte de ellos han continuado sus estudios a través de las plataformas electrónicas.

La gran mayoría de los países utilizan el índice de Laspeyres para obtener las variaciones en volumen en el cálculo del pib a precios constantes. Laspeyres fue un estadístico que desarrolló este procedimiento a finales del siglo xix. Considerando que siempre existen rezagos entre el año en curso y el periodo base, las agencias nacionales de estadísticas complementan el proceso estimando con índices encadenados las variaciones del pib trimestral con respecto al periodo anterior, así como con relación al mismo trimestre del año anterior.

Es así como el inegi da a conocer el pib de México cada trimestre con cifras originales y desestacionalizadas. El último dato a la fecha de escribir estas líneas corresponde al segundo trimestre de 2020. Cuando lo hace, publica dos notas de prensa separadas en el mismo día. Primero publica el pib en términos nominales que, como ya se vio, ascendió a 19.92 billones de pesos. Aquí se desglosa que este número presenta una disminución del 18.0% con relación al mismo periodo de 2019. También separa este resultado diciendo que se originó en un incremento del índice de precios del 0.8% y una variación real del pib de (-) 18.7%. Segundo, da a conocer, con cifras desestacionalizadas, que la variación del pib real respecto al trimestre previo fue de (-) 17.1%,

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y que el cambio respecto al segundo trimestre de 2019 fue de (-) 18.7%. También hace explícito que el cambio real del pib del primer semestre de 2020 respecto al mismo periodo de 2019 fue de (-) 10.4%. Asimismo, este comunicado da a conocer los resultados con cifras originales que muestran sólo los cambios reales respecto al mismo periodo del año anterior, y los detalla por cada una de las actividades económicas.

Es importante resaltar que el inegi va revisando estas cifras con el tiempo, al incorporar nueva información y al conciliar las cifras trimestrales con las anuales. El 26 de mayo de 2020 el inegi no sólo dio a conocer las cifras del primer trimestre de 2020, sino también revisó las cifras de los trimestres anteriores. La tabla 1.13 muestra esta actualización para dar al lector una idea de las magnitudes, que tuvieron un rango entre 0.2 y 0.5 por ciento.

Tabla 1.13

Cambio del PIB real Serie desestacionalizada (respecto al trimestre previo)

Primer trimestre 2019

Segundo trimestre 2019

Tercer trimestre 2019

Cuarto trimestre 2019

Primer trimestre 2020

original

Fuente: elaboración con datos del inegi.

Se pueden analizar los niveles y cambios en el pib en periodos cortos de tiempo o en el largo plazo. Desde 1953, que existe el Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la onu, casi todos los países del mundo calculan el pib bajo la misma metodología, y se observa que el número de cambios positivos en el pib ha sido mayor que el de los negativos. En términos generales, se advierten periodos de expansión, crecimiento o auge económico, y tiempos de desaceleración, contracción o caída de la producción de bienes y servicios. Debido a lo anterior, los economistas consideran que existen ciclos económicos que tienen una parte ascendente cuyo punto más alto se equipara con un pico o cresta, y una parte descendente que toca fondo en el valle. Un ciclo

completo se puede medir desde un pico al siguiente, pasando a través de un valle, o, alternativamente, desde un valle al siguiente, pasando por un pico. Algunos ciclos son cortos con consecuencias leves, otros son largos y de efectos profundos, como fue el caso de la Gran Depresión de Estados Unidos que duró de 1929 a 1934.

¿Qué se entiende por depresión económica? ¿Cómo se distingue de una recesión? Por razones históricas, la Agencia de Investigación Económica (nber) de Estados Unidos, creada en 1920, es vista como la autoridad para identificar las recesiones. La definición económica de recesión de este organismo del sector privado sin fines de lucro y no partidario se basa en los datos relacionados con el ciclo económico. Con el objeto de mantener la flexibilidad, define a la recesión como «una disminución significativa de la actividad dispersa en la economía, con una duración de unos pocos meses que es visible en el pib real, el ingreso real, en el empleo, en la producción industrial, así como en las ventas al mayoreo y menudeo» (www.nber.org/cycles/ main.html). Esta agencia ha identificado de manera puntual 33 ciclos económicos en Estados Unidos desde 1854. Este país sumó 128 meses consecutivos de crecimiento entre el punto más bajo de la denominada Gran Recesión (junio de 2009) y el inicio del Gran Confinamiento en febrero de 2020.

En 1974, Julius Shiskin, comisionado de las estadísticas laborales del Departamento de Comercio, escribió un artículo en el New York Times argumentando que se necesitaba cambiar la definición cualitativa de recesión elaborada por la nber por una cuantitativa. Es así como sugirió una definición que contiene tres vertientes basadas en su duración, profundidad y difusión. Considerando sólo el primer caso, definió una recesión como una disminución real en el pib por dos trimestres consecutivos. La nber no acepta la definición cuantitativa de Shiskin y ha demostrado que no se cumple en todas las recesiones de Estados Unidos. Prefiere seguir usando indicadores mensuales de un grupo de variables en adición al pib. A pesar de lo anterior, la mayoría de los economistas de casi todo el mundo han definido una recesión como la caída del pib por dos trimestres consecutivos. Se hace una pequeña digresión para mencionar que, si las recesiones tienen diferentes definiciones, el hablar de depresiones econó-

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micas es aún más complejo. Por un lado, la nber ni define el término ni identifica las depresiones, lo que hace que surjan varias posturas para llenar este vacío. Algunos analistas lo usan para indicar caídas en el pib por dos o tres años, otros para describir un periodo particularmente «grave» de debilidad económica y otros más para explicar el tiempo en que una caída en la actividad económica regresa a niveles considerados como «normales». Debido a lo anterior, la mayoría de los economistas datan la Gran Depresión entre 1929 y 1933, pero hay algunos que la fijan entre 1930 y 1938. Es por situaciones como éstas que, en este libro, se argumenta que la semántica es muy importante para la comunicación.

Aunque no existe una definición oficial de recesión en México, gran parte de los economistas y comentaristas han adoptado la definición de Shiskin al considerar como recesión una disminución del pib real por dos trimestres consecutivos. Desde el segundo semestre de 2019, se ha dado una intensa discusión entre economistas, políticos y comentaristas sobre si México se encontraba en recesión. Algunos utilizaban los datos originales para afirmar que en 2019 no existía una recesión técnica porque no se tenían dos trimestres consecutivos con cambios negativos, enfatizando que el primer trimestre sí fue negativo, pero el segundo, con el 0.0, no lo fue. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en su libro Hacia una economía moral, publicado en noviembre de 2019, afirmaba que «la economía está creciendo poco, pero no hay recesión» (p. 136). Todo esto cambió el 25 de noviembre de 2019 cuando el inegi revisó las cifras y mostró tres trimestres negativos de manera consecutiva. La discusión se ha terminado ya que, durante 2019, la economía mexicana se contrajo el 3%; además, en el primer semestre de 2020 el pib disminuyó 10.4% con respecto al mismo semestre de 2019, y el fmi estima una recesión del 10.5% en 2020.

Desde entonces, el presidente argumenta que el crecimiento es importante, pero lo fundamental es el bienestar general de la población, destacando que hay buenos resultados con la inflación y la redistribución del ingreso. Posteriormente, como se mencionó en la introducción, ha llegado a considerar que el pib y el crecimiento ya están en desuso y propone sustituirlos por los conceptos de bienestar

y desarrollo. Con todo respeto al señor presidente, el autor considera que, en lugar de cambiar su discurso original, debería de argumentar, al menos para 2019, que su definición de recesión es cualitativa (la de la nber) y no cuantitativa (la de Shiskin). Con esta visión puede mostrar que la disminución no fue significativa y que no se encontraba dispersa en toda la economía, ya que el inegi publicó que 2019 sólo las actividades secundarias habían disminuido. Hoy más que nunca, México necesita crecer, pero también es importante contar con una definición oficial de lo que se entiende por recesión y depresión. La definición oficial tendría que ser emitida por el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (snieg) que es coordinado por el inegi, y es claro que este tema está en la agenda prioritaria de ambos entes. Seguramente cuando usted esté leyendo este libro, México ya contará con un organismo similar a la Agencia de Investigación Económica (nber) de Estados Unidos, encargado de fechar los ciclos económicos del país desde 1978. En el mes de junio de 2019, a propuesta del inegi, se inició un grupo técnico de expertos para el diseño de un comité de fechado de los ciclos económicos que, en colaboración con el Centro de Investigación y Docencia Económicas (cide), ha entregado un informe a principios de 2020, y existe el compromiso del inegi de nombrar a los integrantes en este año. El documento del grupo de expertos ha dejado muy claro el rechazo a la regla cuantitativa de definir las recesiones con dos trimestres consecutivos con disminuciones.

Entre tanto se instala el grupo de expertos, el inegi proporciona una herramienta que denomina el reloj de los ciclos económicos que permite dar seguimiento al comportamiento de variables coincidentes y adelantadas. Las primeras, como su nombre lo indica, se mueven de manera simultánea con el ciclo, por ejemplo, el desempleo y las importaciones; las segundas se adelantan a éste, como las ganancias o pérdidas derivadas de las bolsas de valores y los movimientos de las tasas de interés. Cada una de ellas, en lo individual y en conjunto, se compara con la tendencia o promedio de largo plazo para determinar si se encuentran por arriba o por debajo de éste. Todo esto se complementa con índices de confianza y con una publicación mensual del sistema de indicadores cíclicos. El verdadero problema de este

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ejercicio es definir de manera adecuada el promedio o la tendencia de cada una de las variables. Como usted sabe, hay muchas clases de promedios y se pueden calcular en periodos seleccionados por el analista, lo que da resultados variados y, por lo tanto, diferentes puntos de comparación.

En relación con las tasas de interés como un indicador adelantado, muchos economistas han pensado que cuando las tasas de corto plazo son más altas que las de largo plazo, representa una señal clara de que se aproxima una recesión. Esto es lo que sucedió en Estados Unidos a mediados de 2019. Este indicador no se adelantó al cambio en el pib en 2019, pero es un hecho que sí acertará en este 2020. Sin embargo, como decía Paul Samuelson, «el mercado de valores ha previsto nueve de las últimas cinco recesiones» (es.wikiquote.org). Es claro que nadie puede predecir el futuro, al menos de manera consistente.

En esta sección y en la anterior, se ha visto que las comparaciones internacionales del pib per cápita se realizan tomando como país base a Estados Unidos y el deflactor espacial de precios es la paridad de poder de compra (ppc), que es al mismo tiempo el tipo de conversión. Alternativamente, se pueden utilizar promedios de los tipos de cambio de cada país en relación con el dólar estadounidense. En las comparaciones del pib a través del tiempo se fija un año base y el pib es deflactado combinando la producción del periodo actual con precios del año base. Ahora se van a combinar estos dos ejercicios y se explorará cómo es que se pueden agregar las tasas de crecimiento del pib para realizar comparaciones entre los países, las regiones y llegar al nivel mundial con datos que abarcan más de un periodo. El Fondo Monetario Internacional (fmi), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde), la Organización de las Naciones Unidas (onu) y el Banco Mundial (bm) realizan cuando menos una vez al año un reporte con las perspectivas económicas de cada uno de los países miembros, así como de las agrupaciones regionales y del mundo entero. Sin embargo, el lector debe estar consciente de que utilizan diferentes formas de agregar, con años base o puntos de referencia distintos. Por lo mismo, llegan a resultados y pronósticos diversos que muchas veces confunden a los usuarios.

El fmi y la ocde usan las paridades de poder de compra (ppc) como ponderaciones para agregar por regiones el pib y obtener sus tasas de crecimiento, llegando al nivel mundial. La onu y el bm utilizan los tipos de cambio como la base de agregación y cálculo, pero, algunas veces, difieren en la determinación del año base.

Gráfica 1.5 Crecimiento porcentual del PIB mundial

Fuente: elaboración con datos del fmi + ocde + onu + bm. Las estimaciones de 2020 corresponden al fmi (junio) y al Banco Mundial (junio).

La gráfica 1.5 muestra que cuando los agregados tienen signo positivo, los resultados del fmi y de la ocde están por arriba de las estimaciones de la onu y el bm. Lo anterior se revierte en caso de que los números tengan signo negativo. Esto se deriva del hecho de que actualmente los denominados países emergentes tienen un mayor peso que las economías avanzadas en la agregación de la paridad del poder de compra (ppc). De esta manera, cuando las cosas van bien, los primeros crecen más que las segundas, y cuando la situación es negativa, los emergentes decrecen menos que los países desarrollados. Todos los pronósticos de estos organismos internacionales cambiaron de manera drástica (aproximadamente ocho puntos porcentuales) en los últimos meses debido a la pandemia del covid-19, que se originó en China y se ha extendido prácticamente a todos los países

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del mundo. Los datos de la Organización Mundial de la Salud (oms) muestran 25.6 millones de casos confirmados que han provocado 852,758 muertes a nivel global.

A la fecha de terminar este libro, no existía una vacuna para prevenir esta nueva enfermedad respiratoria. Con el objeto de minimizar los riesgos de salud, casi todos los países declararon un estado de emergencia que restringe el movimiento de las personas, afectando la actividad económica y provocando el desplome de los mercados financieros. En este contexto, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial sólo realizaron de manera virtual su reunión de primavera en abril de 2020. Cuando el lector esté leyendo este volumen es inevitable que las estimaciones de la contracción mundial para 2020 sean diferentes de las mostradas en la gráfica 1.5, tanto por el desconocimiento de la duración de la crisis sanitaria como por la significativa disminución en los precios del petróleo provocada por la reducción de la demanda y el incremento en la oferta a raíz de diferencias temporales entre Arabia Saudita y Rusia.

A fin de justificar este drástico cambio en sus proyecciones, el Fondo Monetario Internacional (fmi) ha reconocido que sí había discutido la posibilidad de una pandemia, pero que nadie dentro del organismo tuvo un sentido significativo de cómo aterrizaría y lo que podría implicar económicamente. Esto ha provocado que, por primera ocasión en su historia, haya llevado a cabo las perspectivas poniendo a trabajar a sus macroeconomistas junto con epidemiólogos para realizar pronósticos con escenarios alternativos. Aunque este esfuerzo es un paso en la dirección correcta, este libro recomienda al fmi, a la ocde, al Banco Mundial y a la onu que los pronósticos económicos que realizan de manera periódica, los cuales son revisados constantemente, deberían de ser acompañados con sus márgenes de error. Es decir, el estimado puntual del crecimiento mundial del pib para 2020 debería ser acompañado con un intervalo o rango que pudiera ser de más o menos tres puntos porcentuales.

Más adelante se verá que aun pequeñas diferencias en las tasas de crecimiento tienen un efecto muy grande en el pib de largo plazo. No es lo mismo crecer al 2.9% que al 2.3%, ya que seis décimas logran diferencias muy grandes en el pib con el tiempo. En fin, el crecimien-

to económico es sólo uno, pero hasta la fecha se sigue midiendo de manera distinta, lo que produce resultados diferentes. En caso de que el lector deba hacer un pronóstico del crecimiento mundial para este año, puede usar cualquiera de ellos y, una vez que se obtenga el resultado real, dejar claro que estaba agregando de acuerdo con el método que más cerca esté de la realidad.

El crecimiento económico de México

La mayoría de los historiadores económicos estiman que México sufrió un estancamiento económico desde que obtuvo su independencia en 1821 hasta 1875, al considerar que el crecimiento promedio del pib fue muy similar al de su población. Esta situación cambió durante la dictadura de Porfirio Díaz (1876-1911) que logró la internacionalización de la economía y empezó a desarrollar la infraestructura para conectar a las ciudades con las zonas rurales. La Revolución mexicana (1911-1917) tuvo fuertes repercusiones en la producción de bienes y servicios, y provocó la depresión económica más larga en la historia de este país. Los efectos de la crisis de 1929 en Estados Unidos combinados con la Guerra Cristera en México provocaron bajas del pib en varios periodos, entre los que destaca 1932, en donde el pib se redujo en 14.00%, la mayor caída que se ha obtenido en un año. Desde entonces, México decidió concentrarse en el mercado interno mediante la sustitución de importaciones, una nueva política energética y la rectoría del estado en la economía.

Entre 1950 y 1970 se implementó una política de desarrollo estabilizador que buscaba altos niveles de crecimiento económico combinados con mejores salarios reales de los trabajadores y estabilidad en los niveles de precios. En los siguientes doce años, y como consecuencia del descubrimiento de grandes campos petroleros, se cambió parte de la política para implementar el desarrollo compartido que buscaba lograr una mejor distribución del ingreso mediante la expansión del gasto público. Este ejercicio terminó con altos déficits fiscales que

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tuvieron que ser financiados con deuda denominada en dólares, que provocó la devaluación del peso y disminuciones en el pib. Como consecuencia de lo anterior, se instaló un nuevo modelo (neoliberal) entre 1982 y 2018, basado en la apertura del país al exterior (globalización), cuyo mejor ejemplo lo constituye la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan) en 1994. El actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, declaró formalmente el fin de la política neoliberal, el 17 de marzo de 2019, en su discurso de clausura del Foro Nacional para la Elaboración del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. Éstas fueron las palabras que usó: «Declaramos formalmente, desde Palacio Nacional, el fin de la política neoliberal. Aparejada, esa política o modelo neoliberal, con su política económica de pillaje, antipopular y entreguista. Quedan abolidas las dos cosas, el modelo neoliberal y su política económica de pillaje, antipopular y entreguista».

El presidente ha propuesto el modelo posneoliberal que él mismo resume como «progreso con justicia, con un modelo de crecimiento con bienestar». En particular, busca un crecimiento económico anual promedio del 4% con una redistribución sin intermediarios del ingreso y la riqueza. Este porcentaje es prácticamente el doble del crecimiento promedio que se obtuvo en los últimos 36 años. Algunos analistas están contentos de que haya dejado el término liberal y le haya llevado la contra al presidente Putin, de Rusia, quien en junio de 2019 declaró al periódico Financial Times que el liberalismo es un remanente disfuncional del pasado.

López Obrador ha dejado muy claro que el mercado no sustituye al Estado, por lo que trata de separar el poder político del económico, eliminando las influencias de los empresarios y combatiendo a la corrupción «de arriba hacia abajo». Por un lado, da a entender que prefiere la rectoría del Estado sobre la economía, pero por el otro mantiene la disciplina fiscal y la independencia de la política monetaria. Además, el apoyo al libre comercio lo ha manifestado con la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (t-mec) que es la nueva versión negociada del tlcan.

Con el objeto de usar una serie histórica de largo alcance, se recurre a los trabajos del doctor Jonathan Heath, actual subgobernador del Banco de México, quien desde hace más de tres décadas ha encade-

nado todas las series del pib que han publicado el inegi y su antecesora, la Dirección General de Estadística. Además, incluyó estimaciones de la tesis doctoral de Juan Moreno para los años faltantes de 1911 a 1921. El doctor Heath no sólo publicó una magnífica gráfica en la página 71 de su libro Lo que indican los indicadores, sino que mantiene actualizada la base de datos tomando como año base el 2013, y ha tenido la amabilidad de compartirla con el autor de este libro. Con tales elementos, y con la estimación del decrecimiento realizada por el fmi para este año, se puede analizar la gráfica 1.6 que muestra las tasas de cambio en el pib de México entre 1896 y 2020. En términos generales, se nota una gran volatilidad en los cambios porcentuales del pib, con excepción del periodo comprendido entre 1933 y 1981. Resulta obvio que muchos políticos quieran regresar a esta etapa del desarrollo de México, con la salvedad de que las condiciones internas y externas eran diferentes a las que imperan actualmente.

Gráfica 1.6 Cambios porcentuales en el PIB total de México 1896-2020

Fuente: base de datos del Dr. Jonathan Heath. Se agregó el año 2020 con base en la estimación del fmi.

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Los mayores incrementos se obtuvieron en 1903 y 1964 con montos del 10.40% y 11.00%. Las peores caídas se dieron en 1914 y 1932 con números del 10.00% y 14.00% respectivamente, aunada a la que el fmi estima para 2020 que asciende a 10.50%. Desde el inicio del periodo neoliberal, en 1982, se han presentado nueve resultados negativos, que han tenido importantes consecuencias para el patrimonio de los ciudadanos, en especial en 1994, 2009 y en el estimado para 2020. De los 125 años de historia del crecimiento económico, que se muestran en la gráfica 1.6, 103 son cambios porcentuales al alza y 22 son cambios negativos. Esto comprueba lo que se dijo anteriormente: casi todos los países del mundo han tenido un número mayor de resultados positivos que negativos.

Si usted, lector, tuviera que pronosticar si México obtendrá en 2021 un resultado positivo o negativo, podría utilizar las frecuencias del pasado para decidir que existe una probabilidad del 82% de un crecimiento económico y del 18% de una contracción. El problema es que el pasado no siempre es un buen predictor del futuro. En términos generales, los cambios en el pib no son bien modelados con probabilidades, ya que se trata de un proceso no estacionario que modifica el valor de sus parámetros con el paso del tiempo. Es decir, no se trata de una situación de riesgo, sino de incertidumbre, en la que la intuición, la información cualitativa, el ubicarse en el contexto específico y el análisis fundamental dan mejores resultados que el uso de probabilidades.

Algunos analistas hablan también de la posibilidad de obtener un crecimiento que consideran potencial o ideal, entendido como la tasa máxima de cambio en el pib que no genera presiones inflacionarias o como la tendencia del pib en el largo plazo. Consideran que, aunque no se trata de un límite técnico a la producción de bienes y servicios, es posible medir un nivel que no genere presiones inflacionarias que puedan poner en aprietos al propio crecimiento económico. A la diferencia entre el pib observado y el pib potencial se le llama la brecha de producción. Cuando el resultado es positivo indica que se está creciendo por arriba de su potencial, lo que presiona los precios al alza. Cuando es negativo se puede tratar de una capacidad ociosa de las empresas, con una economía por debajo de su potencial y sin presio-

nes inflacionarias. Este concepto no se puede observar en la práctica, por lo que existen muchas formas de medirlo indirectamente. El Banco de México lo estima una vez al año y, sin especificar la fecha, lo da a conocer en alguno de sus informes trimestrales. El Fondo Monetario Internacional (fmi) incluye una serie histórica en las revisiones anuales que hace de la economía mexicana y muestra una brecha negativa de 1.1% para 2020, dato que no incluye los efectos del Gran Confinamiento, lo que la hará mucho más pronunciada.

Para completar el análisis, se presentan de manera simultánea los cambios en el pib total, junto con las variaciones del pib por habitante. En este caso, se utiliza una serie de tiempo más corta que va de 1961 a 2017, que se detalla en la gráfica 1.7.

Gráfica 1.7 Cambios del PIB de México

habitante

Fuente: Banco Mundial. Precios constantes de 2010.

Es evidente que existe una alta correlación entre los cambios en el pib total (serie en color naranja) y las variaciones en el pib per cápita (serie en color azul). También sobresale que cuando analizamos los cambios positivos, el pib total es mayor al pib por habitante, y cuando observamos las variaciones negativas, sucede lo contrario. Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía) y Amos Tversky (q. e. p. d.) muestran la aversión que tienen las personas a las pérdidas al concluir que, para muchas de ellas, las pérdidas pesan dos veces el valor

Por

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de las ganancias. La gráfica 1.6 no refleja exactamente esta situación, pero deja claro que a la gente le importa más hablar de pérdidas en su ingreso que de ganancias en el pib total.

Para terminar esta sección, se destaca que el inegi da a conocer anualmente el pib desglosado por cada una de las 32 entidades federativas. El dato, correspondiente a 2018, muestra que el país creció el 2.1% en términos reales con relación a 2017. De este promedio, 20 estados tuvieron un resultado positivo destacando Baja California Sur con un crecimiento del 17.2% y Quintana Roo con el 5.1%. También da a conocer que 12 entidades federativas tuvieron resultados negativos, entre las que sobresale Tabasco con el (-) 8.2% y Chiapas con (-) el 2.1%. Resulta claro que, para entender la dinámica del crecimiento económico, se tiene que ir más allá del promedio y se debe estudiar la dinámica de los estados en la economía de México.

¿Convergencia o divergencia entre países?

Un proceso de convergencia se da cuando un país alcanza los valores del pib por habitante o ingreso per cápita de otro u otros considerados como ricos, avanzados o desarrollados. Se ha visto que la generación de bienes y servicios se puede analizar de manera directa o a través de los ingresos y gastos que desencadena. Aunque el pib por habitante y el ingreso (renta) per cápita no son exactamente iguales, están altamente correlacionados y serán usados como sinónimos en este apartado.

La convergencia implica que el rango del pib per cápita entre todos los países se reduzca en el tiempo, lo que necesariamente requiere que las naciones que se encuentran en la posición baja de la tabla tengan un crecimiento económico mayor que el de los países que lideran la clasificación. En este contexto es necesario hacer una breve digresión para hablar del efecto exponencial que poseen los crecimientos del ingreso o del pib por habitante.

Para demostrar lo anterior, se compara cómo dos puntos porcentuales en el crecimiento anual del ingreso nacional bruto por habitante de México, que es 9,180, pueden hacer la diferencia en diez años.

Si se mantuviera la inercia del crecimiento anual del 2% del periodo neoliberal, el inb mexicano alcanzaría los 11,190 dólares. Si se logra la promesa del 4% anual, se llegaría a 13,588 dólares. Es decir, si se crece al 4% anual durante la próxima década, México podrá sobrepasar el umbral para ser considerado como un país desarrollado.

inb 2030 = inb 2020 × (1 + tasa de crecimiento)10

Los cálculos anteriores están basados en tasas de crecimiento compuestas de manera anual que se obtienen de la ecuación anterior. Muchos economistas, estadísticos y matemáticos prefieren trabajar los cálculos en tiempos continuos (infinitamente pequeños) que supuestamente representan un panorama más real y requieren del uso de logaritmos. Se debe resaltar que la evolución del inb por habitante no sólo depende del ingreso, sino también de la población. Existen dos bases de datos históricas para hacer comparaciones del pib por habitante, basadas en la paridad del poder de compra (ppc). Se tienen las Tablas Mundiales de la Universidad de Pensilvania (pwt, por sus siglas en inglés), que fueron desarrolladas inicialmente por esta institución, pero son actualizadas ahora por la Universidad de California, Davis (EE. UU.) y el Centro de Desarrollo Económico de la Universidad de Groninga (Países Bajos). Sus series de tiempo van de 1950 a 2017 y se basan en los sistemas de cuentas nacionales (scn) de la onu. Para fechas anteriores a 1950, mediante reconstrucciones, estimaciones y medidas indirectas, se cuenta con el proyecto iniciado por Angus Maddison, quien murió en 2010, cuyos trabajos han sido tomados por nuevos economistas de la Universidad de Groninga (Países Bajos) que los han mejorado y actualizado.

Esta sección utiliza la nueva versión de 2018 del Proyecto de Datos de Maddison (mdp) para hacer algunos comentarios de la convergencia o divergencia desde 1820 hasta la fecha. Se han seleccionado arbitrariamente diez países cuyos datos se muestran en la tabla 1.14. Los primeros siete corresponden a los actuales miembros del G7; se agrega Rusia, que hace algunos años era parte del G8; se incluye también el caso de China que es la primera potencia económica en términos de dólares internacionales, como se detalló en la tabla 1.11. Finalmen-

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te, con el objeto de dar seguimiento a lo mencionado en este capítulo, se añade México.

Tabla 1.14

PIB real per cápita

Fuente: Maddison Project Database. Versión 2018.

Nota: el dato de China de la tercera columna corresponde a 1950. La información de Rusia inicia en 1960 con 8,972 dólares.

Los primeros efectos de la Revolución Industrial, iniciada a finales del siglo xviii, ya producían diferencias importantes en el año de 1820, en donde el Reino Unido lideraba económicamente al mundo. A principios del siglo xx se había magnificado el predominio del Reino Unido y se notaba de manera significativa su diferencia con China y México. La terminación de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, dio origen a cambios importantes en el orden mundial. Los países perdedores, como Alemania, Italia y Japón, quedaron afectados de manera significativa. Aun los ganadores, como Gran Bretaña, la urss y Francia, sufrieron daños severos en su infraestructura y únicamente Estados Unidos quedó con su economía, no sólo intacta, sino fortalecida. Prueba de ello es que, desde 1946, los Estados Unidos tomaron el liderazgo, que mantuvieron hasta 2016 con un ingreso per cápita de 53,015 dólares.

El cociente entre el pib por habitante más alto y el más bajo puede proporcionar algunas pistas. Si se utilizan sólo los diez países que aparecen en la tabla 1.14, se observa una diferencia de 3.8 veces en 1820, la cual se incrementa a 9.6 en 1900 y alcanza un pico de 22.7 veces en 1946. Dado lo anterior, se puede decir que las diferencias entre los pib per cápita se hicieron cada vez más grandes en el intervalo de 1820 a 1946. Existió una divergencia entre los ingresos de estos países. Sin embargo, el proceso inverso se ha dado entre 1946 y 2016, ya que el cociente entre el más alto y el más bajo arroja una diferencia de 4.2 veces. La muestra no es representativa ya que no incluye a los países que se encuentran en la parte inferior de la base de datos. Si incluyéramos a la República Centroafricana en 2016, con un pib por habitante de 619 dólares, y lo comparáramos con el de Estados Unidos, la diferencia sería de 85.6 veces. Todo esto se realiza con el objeto de demostrar al lector que las comparaciones dependen de la muestra de países seleccionados y del periodo definido.

En los últimos setenta años, Alemania, Italia y Japón, en parte gracias al Plan Marshall, han vuelto a recuperar sus ingresos a niveles cercanos a los de Estados Unidos. Tanto China como México se han distanciado de estos montos del líder. Por lo mismo, se puede decir que los primeros han logrado un proceso de convergencia con Estados Unidos y los segundos han vivido el proceso inverso y no han logrado converger con los ingresos por habitante de Estados Unidos. Es más, ni siquiera han logrado pasar el umbral que el Banco Mundial utiliza para considerarlos como países desarrollados.

Es importante recordar que entre 1945 y 1989 se vivió en un mundo bipolar dividido entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (urss), denominado la Guerra Fría, ya que ambas potencias contaban con armas nucleares y existía un equilibrio de amenazas que afortunadamente nunca se lograron concretar. El derrumbe del bloque socialista del Este inició con la caída del muro de Berlín y se materializó en 1991 con la desintegración de la urss. Todo esto para explicar por qué Rusia es un caso aparte que ha iniciado su transición a una economía de mercado recientemente y hoy se encuentra en una posición ubicada entre el G7 y la que ocupan países como China y México.

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China ya enfrentaba una guerra con Japón antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Después de ésta, vivió con una economía planificada hasta 1978, cuando inició un proceso de apertura al exterior con un sistema mixto basado en la creación de zonas económicas exclusivas. En 2001 se integró a la Organización Mundial de Comercio (omc) y aceptó jugar con las mismas reglas que las economías de mercado. En todo este proceso ha logrado las más altas tasas de crecimiento económico, llegando en algunas ocasiones a los dos dígitos. Esto le ha permitido ganar terreno muy rápidamente en el tamaño total de su pib. Además, ha mejorado significativamente su productividad y ha alcanzado un nivel tecnológico similar o mayor al de Estados Unidos. Por lo anterior, algunos autores consideran que se está viviendo una nueva guerra fría entre estas dos naciones líderes mundiales en muchas esferas de la geopolítica. No existe la intención de profundizar más en este tema, ya que la mayoría de los estudios coinciden en que, en las últimas siete décadas, casi todos los 38 países miembros de la ocde han tenido un proceso de convergencia, mientras que al comparar el resto de los países del mundo con los de la ocde, muestran un proceso inverso de divergencia. México, a pesar de ser miembro de la ocde, no ha podido lograr los niveles de ingreso per cápita de sus compañeros en la institución. Otra forma de evaluar estos procesos, tanto de convergencia como de divergencia, es por medio del Fondo Monetario Internacional (fmi) que considera como economías avanzadas a 39 países y el resto de las economías emergentes y en desarrollo está compuesto por 155 territorios. Es muy difícil argumentar que se ha dado un proceso de convergencia cuando el 80% de las economías del mundo se encuentran fuera de los países avanzados. Afortunadamente, las definiciones del fmi han cambiado con el tiempo y no están basadas en un criterio estricto, ya sea económico o de otro tipo. Por lo mismo, se tiene la esperanza de que al menos las definiciones cambien con el tiempo. Se afirma lo anterior dado que el primer discurso de la nueva directora gerente del fmi, Kristalina Georgieva, en las reuniones de las instituciones de Bretton Woods en octubre de 2019, estimó que en el mediano plazo «45 países en desarrollo, un total cercano a mil millones de personas, crecerán más despacio en términos per cápita

que el mundo desarrollado. En lugar de converger, estos países van en la dirección contraria».

Se reitera que los procesos de convergencia o divergencia deben ser evaluados con detalle, ya que varían por el periodo de análisis, por la muestra seleccionada o por la elección de un punto de referencia, que puede estar constituido por uno o varios países. Finalmente, muchos autores prefieren hablar de la convergencia (divergencia) de los ingresos de las personas y no de los países. En este sentido, se puede decir que se ha reducido la pobreza en el mundo del 42% en 1980 al 8% en 2019, destacando los casos de éxito de China e India. Esto presenta una situación diferente a la comparación de países, pues, como ya se vio, la mayoría no han podido converger. Sin embargo, las desigualdades del ingreso se han hecho más grandes.

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Parte 2

Los derivados del PIB

La alta tasa de crecimiento está sustentada en la interacción entre las aplicaciones masivas de las innovaciones tecnológicas y los incrementos adicionales al acervo del conocimiento

Simon Kuznet, 1971

Puedes ver la época de la computadora en todas partes, menos en las estadísticas de productividad.

Robert Solow, 1987

esde el punto de vista de las matemáticas, se dijo en el capítulo anterior que el producto interno bruto (pib) se podía considerar como la función original y su derivada como el crecimiento o contracción económica. Sin embargo, desde un enfoque conceptual se puede decir que la productividad, en primera instancia, y la competitividad, en menor medida, se derivan del pib.

En este capítulo se define la productividad de la economía como un todo y se mide tanto por sus cambios como a través de sus niveles. Este esquema dual de medición también fue utilizado en el capítulo anterior al mostrar los valores del pib y sus cambios en un periodo determinado. En relación con estos temas, es importante recordar la Teoría de la Perspectiva elaborada por Daniel Kahneman y Amos Tversky quienes afirman que tanto nuestro

aparato perceptivo como nuestros juicios están más armonizados con los cambios y las diferencias, que con la evaluación de las magnitudes absolutas. En términos técnicos, lo anterior equivale a decir que los portadores de valor son los cambios en la riqueza o el bienestar, y no sus estados finales. El ejemplo que se utiliza en el medio financiero para ilustrar esta propuesta se refiere a comparar a dos inversionistas en la bolsa de valores, con portafolios diferentes. El primero de ellos inicia el año con un saldo o posición de quince millones de pesos y el segundo con cinco millones. Cuando se comparan los portafolios al final del año, se encuentra que ambos tienen un saldo de diez millones de pesos. Aunque el valor de la riqueza de ambos es el mismo, el primero de ellos perdió cinco millones de pesos y el segundo obtuvo una ganancia de cinco millones. ¿Cree usted que se

sienten en el mismo nivel de bienestar? Kahneman y Tversky nos dicen que el inversionista de las ganancias se siente mucho mejor que el de las pérdidas, independientemente de que al final del año tengan la misma riqueza. Lo mismo puede pasar con el pib y la productividad. Seguramente las opiniones de Kahneman y Tversky son correctas, pero también es cierto que, para poder medir los cambios, se necesitan los valores en niveles, en dos momentos determinados.

Este capítulo trata de las interacciones entre productividad e innovación. Por un lado, ambas ideas relacionan el crecimiento económico con los factores de producción; pero por el otro, se establece que la productividad se trata más bien de una medida de eficiencia (cuantitativa) y la innovación se define primordialmente como un concepto cualitativo. En su parte final, estudiará el concepto, vago y

cambiante, de la competitividad no sólo desde el punto de vista de los economistas, sino también considerando la visión de los empresarios y políticos. Se hará un breve recorrido desde la teoría clásica de David Ricardo (ventaja comparativa), pasando por otros esquemas, como la «nueva» teoría del comercio y el de la ventaja competitiva, hasta llegar a los modelos contemporáneos.

Antecedentes de la productividad económica

La productividad es tanto un concepto como una medida que puede ser aplicada a nivel micro y macroeconómico. En el primer caso, se relaciona con las actividades de las personas, las empresas y el gobierno; en el segundo, se atribuye al total de la economía, medida por el valor de la producción de bienes y servicios. Este libro se concentra fundamentalmente en esta última versión, que es conocida con el nombre de productividad económica.

De cualquier manera, la productividad se refiere a la relación existente entre dos o más variables, y cuando se agregan los datos a nivel de un país, se hace en términos monetarios, ya que al igual que en el caso del producto interno bruto (pib), no existe una unidad física que lo pueda estandarizar. La productividad económica relaciona el pib con los factores de producción o insumos (I) utilizados en el proceso. Esta relación se puede llevar a cabo a través de operaciones aritméticas (restas) o de cálculos geométricos (cocientes o divisiones), y se puede aplicar tanto a datos expresados en niveles como a sus cambios. Surgen así los conceptos de productividad media y marginal. La mayoría de las veces, la primera resulta de dividir el pib entre los insumos (pib/i), y la segunda se obtiene con la resta entre el cambio del pib y la variación de los insumos (∆pib – ∆I).

Ambos conceptos reflejan lo que ha sucedido con las variables en el pasado, aunque, normalmente, la productividad media se refiere al pasado distante y la productividad marginal al pasado reciente. Independientemente de lo anterior, se tiene que dejar claro que la productividad es también una medida de eficiencia, ya que busca al-

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canzar una cantidad determinada del pib con la menor cantidad de insumos o factores de producción que sea posible. No es lo mismo eficiencia que eficacia, ya que esta última buscaría alcanzar una meta de producción, aunque no necesariamente con la menor cantidad de insumos posible.

En resumen, se puede decir que la productividad económica es una medida de eficiencia en la que los factores de producción (trabajo y capital) son usados en un país para producir un determinado nivel del pib. Con estos antecedentes, se dice que el crecimiento económico de las naciones se logra mediante la acumulación de mayor trabajo y capital, así como a través de la utilización más eficiente de tales elementos en el proceso de producción. Para lograr mayores niveles del pib se requiere de una mayor cantidad de factores y/o de la mejor utilización de éstos.

Es claro que se puede hablar de los factores de producción de manera individual y en su relación con el pib, surgiendo así la productividad del trabajo (laboral) y la del capital. También se puede discutir el efecto combinado de los factores y su relación con el pib, lo que da lugar a la productividad total de los factores (ptf) o productividad multifactorial (pmf). Por lo mismo, es importante especificar en cada caso a cuál de todas las variedades se refiere el estudio, documento, artículo, reporte o comentario (es muy importante recordar que la productividad tiene nombre y apellidos).

Cuando los economistas estudian las productividades individuales, lo hacen bajo el supuesto de que el otro factor permanece igual (ceteris paribus), lo que significa que cuando miden la productividad laboral, se mantiene constante todo lo demás, es decir, sin cambios en la productividad del capital. Tanto en la productividad del trabajo como en la del capital suponen una relación positiva con el pib con rendimientos decrecientes. Esto quiere decir que los aumentos, ya sean del trabajo o del capital, tienen un impacto positivo, pero cada vez menor, en el pib. Con el objeto de tener un panorama completo, la mayoría prefiere concentrarse en la productividad total de los factores (ptf) en donde el supuesto más destacado es el de rendimientos constantes a escala mediante los cuales los cambios en los factores son proporcionales a los cambios en el pib.

Cambios en la productividad

El primer paso para medir el cambio de la productividad total de los factores (ptf) fue dado por Robert M. Solow, en 1957, con la publicación de su artículo «Cambio tecnológico y la función de producción agregada». Inicia con una función de producción en la que el producto depende del trabajo y el capital, que representan movimientos a través de ésta, pero agrega el cambio técnico como una expresión abreviada de cualquier desplazamiento en la función de producción. Una de las novedades de Solow es que logra reducir las cuatro variables mencionadas (producción, empleo, capital y tecnología) para trabajar con dos de ellas y obtener la tercera a través de la diferencia de las otras dos.

Decide incluir el empleo en el resto de las variables, por lo que trabaja con: (a) el producto nacional bruto (pnb) por hora trabajada del sector privado no agropecuario; (b) el capital empleado por hora trabajada, y (c) el cambio tecnológico. Después de varias manipulaciones matemáticas termina calculando el cambio tecnológico como un residual mediante la diferencia entre el cambio relativo en el producto nacional bruto (pnb) por hora trabajada y el cambio relativo en el capital empleado por hora trabajada, ponderado por el porcentaje que el capital representa en el producto.

Usando bases de datos existentes que complementa con algunas combinaciones propias, encuentra que entre 1909 y 1949, en Estados Unidos, la producción por hora trabajada se duplicó. El 87.5% de este incremento se puede atribuir al cambio tecnológico y el 12.5% al uso del capital.

Este análisis residual y otros de sus trabajos relacionados con el crecimiento económico dieron lugar a lo que ahora se conoce como la contabilidad del crecimiento económico. Su residual del progreso técnico es hoy conocido como la productividad total de los factores (ptf), y su procedimiento continúa siendo utilizado con variantes hasta esta fecha. Por todo lo anterior, Solow obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1987.

La gran idea de Solow de obtener el cambio en el progreso técnico mediante una diferencia, o un residual, fue bienvenida por una gran

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cantidad de economistas que valoraban una cuantificación de éste. Sin embargo, desde finales de la década de 1950, un reducido número de expertos opinaba que el residuo abarcaba muchos otros conceptos que iban más allá de la tecnología y la eficiencia, y no podían ser desglosados en un solo número. Por lo mismo, desde entonces se argumenta que el residuo de Solow es en realidad «una medida de nuestra ignorancia» que captura mucho más que la tecnología y la eficiencia. Así, surgieron intentos por medir la productividad con base en los niveles del pib y no en función de sus cambios. Los resultados de estos esfuerzos se describen en la siguiente sección de este capítulo.

Continuando con los cambios en la productividad, se puede decir que, actualmente, una parte importante de las agencias nacionales de estadísticas calculan la ptf usando el modelo klems, que son las siglas de capital (K), trabajo (L), energía (E), materiales (M) y servicios (S). Esta iniciativa tiene su origen en la Unión Europea, y hoy participan 43 instituciones con el objetivo de promover el crecimiento económico y la productividad a través de la contabilidad del crecimiento. En realidad, se trata de una variante del residual de Solow en donde en lugar de utilizar el producto nacional bruto (pnb) o el producto interno bruto (pib), que sólo incluyen los bienes y servicios finales producidos en un año determinado, se usa el valor total de la producción, que engloba el consumo intermedio (todos los gastos o insumos generados en el proceso de producción).

Por lo anterior, no sólo se estudian los dos factores de producción tradicionales, constituidos por el capital (K) y el empleo (L), sino también se agregan la energía (E), los materiales (M) y los servicios (S). En resumen, el modelo klems relaciona los cambios anuales ponderados del capital, del empleo y de los insumos intermedios con la producción total bruta. Es así como la productividad total de los factores (ptf) se obtiene usando el mismo símbolo de Solow, que es la letra A, y se refiere a la parte del producto que no puede ser explicada mediante los cambios de los factores que intervienen en su producción. ∆A = ∆Y – p1 (∆K) – p2 (∆L) – p3 (∆E) – p4 (∆M) – p5 (∆S)

Donde Y = producción total bruta o ingreso nacional

Bajo el modelo klems, son tres los factores de producción: (a) el capital, (b) el empleo y (c) el consumo intermedio. Las ponderaciones en este caso pertenecen a cinco elementos, pero al final, al igual que en el caso del residual de Solow, la suma de todas ellas es igual a la unidad. A través de la gráfica 2.1 se ilustra su aplicación en México, en donde el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi) publica de manera anual los resultados de dicho modelo; éstos son expresados en valores constantes a precios de 2013.

Gráfica 2.1 Productividad total de los factores

Tasas porcentuales de crecimiento anual

Fuente: INEGI

Se observa que existe una gran volatilidad en las tasas de crecimiento anual de la productividad total de los factores que se aplica no sólo a México, sino a gran parte de los países de América Latina y el Caribe. Del total de observaciones comprendidas entre 1991 y 2018, una mitad mostró resultados positivos y la otra, disminuciones en la productividad. Por eso, muchos estudiosos prefieren analizar el cambio tecnológico utilizando el promedio anual de una serie histórica, como la mostrada en la gráfica 2.1. A manera de ejemplo, la tabla 2.1 presenta los promedios simples derivados del modelo klems para México.

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Tabla 2.1

Modelo KLEMS para México Tasas promedio 1991-2018

Valor de la producción 2.72

Servicios de capital 1.41

Servicios laborales 0.38

Energía 0.02

Materiales 0.90

Servicios 0.33

Contribución de los factores 3.04

Productividad total de los factores -0.32

Fuente: inegi.

La productividad total de los factores de la producción (ptf) de México muestra un decrecimiento anual promedio del 0.32% entre 1991 y 2018. Lo anterior es producto del crecimiento promedio del 2.72% en el valor de la producción y de la contribución promedio del 3.04% del total de los factores de la producción. ¿Qué significa una productividad con signo negativo? Si el residual obtenido, ya sea a través del procedimiento de Solow o mediante el modelo klems, es una medida del progreso técnico, un resultado negativo se puede interpretar como un regreso tecnológico. También se puede decir que, si la productividad es una medida de eficiencia, un resultado negativo, como el que se obtuvo, muestra ineficiencia. Es decir, el valor de la producción creció en promedio el 2.72% debido a la acumulación de factores y no a la forma en que fueron utilizados.

Conceptualmente, para el inegi el residual de la productividad total de los factores (ptf) incluye el uso eficiente de los factores de producción, así como los cambios en los procesos administrativos de los productores. Sin embargo, en la práctica se relaciona con las economías a escala y los costos de ajustes de las empresas.

Dejemos de lado la discusión del modelo klems para regresar al esquema diseñado en el residual de Solow. En julio de 2015, en la Ciudad de México, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) lanzó el Foro Mundial sobre Productividad como una herramienta de cooperación internacional que contiene una

plataforma electrónica con una gran cantidad de datos de los países miembros, acompañada de documentos y videos de trabajo. Considera que una de las medidas más importantes es el cambio de la productividad laboral, que se calcula dividiendo el cambio anual del pib entre el número de personas empleadas en la economía. Desde hace mucho tiempo, existe el debate entre expresar el pib por hora trabajada o por empleado. Muchos economistas prefieren lo primero, pero debido a que no siempre se encuentran disponibles estos datos en todos los países, para efectos de comparaciones internacionales han decidido usar lo segundo, que incluye tanto a los asalariados como a los que trabajan por cuenta propia. El lector podrá observar que ésta es la primera diferencia que se encuentra en relación con el trabajo original de Solow.

El crecimiento de la productividad laboral sólo se puede alcanzar a través de dos caminos. El primero requiere de usar más capital en la producción de bienes y servicios, es decir, una mayor penetración del capital que refleja las inversiones en activos físicos (maquinaria) e intangibles (conocimiento). La penetración del capital es definida por la ocde como los servicios de capital, que a su vez se obtienen mediante los flujos derivados del acervo (stock) de capital de las inversiones de activos que se han realizado en el pasado. La ocde utiliza el ejemplo de lo que sucede con un taxi para distinguir los servicios y los acervos de capital. Los servicios de capital que presta un taxi se relacionan con el número de viajes realizados en un periodo de tiempo, la distancia recorrida, así como la comodidad que ofrece. El acervo de capital del taxi se refiere a la cantidad de dinero que el dueño desembolsó o financió para su compra. Los servicios de capital son estimados usando la tasa de cambio del acervo de bienes de capital, clasificados en ocho categorías. Estima que la vida de los servicios de capital es la misma, independientemente del país en que se viva. Por ello, una computadora puede prestar servicios por siete años, la investigación y desarrollo, por diez años, la maquinaria lo hace por quince años, y las construcciones no residenciales pueden durar cuareta años. Una vez hecho todo esto, los cambios en los servicios de capital son expresados por trabajador, de tal forma que el factor capital esté expresado en las mismas unidades que la productividad laboral.

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Gráfica 2.2 El PIB y los servicios de capital por trabajador (SC/T)

Tasas de cambios anuales

SC/T

Fuente: ocde.

Es importante notar los efectos que la Gran Recesión provocó en la productividad laboral en los países miembros de la ocde. El pib por persona empleada disminuyó 0.79% en 2008 y 2.03% en 2009. Afortunadamente, en esos dos años los servicios de capital por trabajador tuvieron resultados positivos que ayudaron a compensar los efectos en toda la economía.

El segundo camino por el cual la productividad laboral puede cambiar se debe a una mejor combinación en el uso del capital y la mano de obra, es decir, a un cambio en la productividad total de los factores (ptf). La ocde deja de usar este nombre y le llama productividad multifactorial (pmf). Éste es otro cambio del procedimiento de la ocde con respecto al residual de Solow. Para todos los efectos, este documento considera como sinónimos a la ptf y a la pmf.

La ocde estima la productividad multifactorial (pmf) como la diferencia entre el pib por persona empleada y los servicios de capital por trabajador. Su cambio anual se puede deducir por la diferencia entre estas dos series, mostradas en la gráfica 2.2, las cuales arrojan un resultado negativo en 2008, 2009 y 2012. El promedio anual entre 2000 y 2016, muestra una productividad multifactorial del 0.69%. La

PIB/T

tabla 2.2 exhibe que este promedio es producto de la diferencia de una productividad laboral del 1.33% y del capital del 0.64%.

Tabla 2.2

Los componentes de la productividad Promedio anual en porcentajes 2000-2016

Fuente: elaboración con datos de la ocde

La tabla 2.2 describe cómo está conformado el promedio de la ocde y muestra los datos de algunos de sus países miembros. En el renglón de la productividad multifactorial (pmf), Lituania, Corea del Sur y Letonia destacan por arriba del promedio con tasas superiores al uno por ciento anual. En el otro lado del espectro, España, México e Italia exhiben resultados negativos. Colombia y Costa Rica, que se convirtieron en los miembros número 37 y 38 de la ocde en 2020, así como Brasil, que ha iniciado su proceso de entrada, mostraron tasas de crecimiento por arriba del promedio de la ocde

La única agregación de datos que hace la ocde es la de sus países miembros, y la efectúa utilizando la paridad del poder de compra (ppc). Con el objeto de poder realizar comparaciones regionales e incluir una mayor cantidad de países, es necesario consultar una base

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de datos más amplia. Es así como se recurre a The Conference Board, organización surgida en Estados Unidos, hoy con carácter global, la cual agrupa a empresarios e investigadores que producen documentos, información y encuestas de manera independiente y sin fines de lucro. The Conference Board tiene una base de datos que abarca a 123 países del mundo e incluye varias medidas de productividad laboral y de la totalidad de los factores.

Su medida de la productividad total de los factores (ptf) relaciona el crecimiento del pib con la contribución combinada del número de horas trabajadas, las habilidades de la fuerza de trabajo, así como de la maquinaria y el capital tecnológico. No sólo esto la hace diferente de los procedimientos anteriores, sino que también las tasas de crecimiento anuales son calculadas mediante la aplicación de logaritmos.

Se utilizará esta base de datos, que contiene información hasta 2018, complementada con otros informes de productividad de la misma institución, para realizar tres comentarios. El primero relativo a los países que lideran el mundo en tasas de crecimiento de la productividad total de los factores; el segundo, para llevar a cabo una comparación regional, y el tercero para ver con más detalle el panorama de América Latina y el Caribe.

Crecimiento de la productividad total de los factores Los líderes del siglo XXI en el mundo

Fuente: elaboración propia con datos de The Conference Board, abril de 2019.

Tabla 2.3

La tabla 2.3 presenta los datos en los periodos adjuntos a la Gran Recesión de 2008 y 2009, donde la mayoría de los países del mundo obtuvieron resultados negativos en términos de productividad (se hará un pequeño paréntesis para alertar al lector de que esto mismo puede suceder en 2020-2021 como consecuencia del Gran Confinamiento). Las dos primeras columnas se obtienen mediante promedios simples de las tasas anuales y sirven para notar que no se han recuperado los aumentos en la productividad correspondientes a los primeros siete años de este siglo. Para sorpresa de muchos, los resultados muestran que los mayores niveles de avance de este siglo están concentrados en los países que se separaron de la urss en 1991. También se encuentran en este selecto grupo los dos países con mayor población en el mundo: China ha logrado mantener tasas muy altas de crecimiento en la ptf durante periodos muy largos, y la India ha mostrado recientemente niveles cada vez mayores. Se aclara que los datos de China son los proporcionados por sus autoridades, ya que The Conference Board realiza una estimación propia con ajustes a la baja. La sorpresa es que Estados Unidos y Japón no aparecen en la tabla 2.3 ya que sus resultados promedio no han sobrepasado el 1% anual en todo este periodo, e incluso fueron negativos en 2018. Lo anterior puede ser verificado en la tabla 2.4.

Tabla 2.4

Una comparación regional del crecimiento de la productividad total de los factores

Asia Central y Sureste de

Fuente: The Conference Board. Total Economy Database, abril de 2019.

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El segundo comentario sustenta su base en la tabla 2.4, donde también se muestra el promedio mundial, entendido como el que resulta de agregar los 123 países que incluye la base de datos. Este último pasó del 1.0% anual en los primeros siete años de este siglo a sólo el 0.1% en el periodo de 2010 a 2017, y en el 2018 obtuvo un resultado negativo. Esta tendencia es preocupante en el mediano plazo, ya que significa que el crecimiento modesto que se ha obtenido en la productividad laboral se ha concretado principalmente por la acumulación de capital físico y no por ganancias en la eficiencia de los factores de producción. La agregación regional y mundial fue llevada a cabo por The Conference Board usando las paridades en el poder de compra. Esta fuerte disminución en el promedio de la productividad total de los factores (ptf), desde la Gran Recesión, ha coincidido, en términos generales, con la aparición de las empresas llamadas gigantes tecnológicos debido tanto a su valor de capitalización en las bolsas de valores como a su operación en prácticamente todo el mundo. Por lo anterior, lo que percibe la mayoría de la gente no coincide con lo que muestran las estadísticas, lo que ha dado lugar a lo que algunos llaman la paradoja de la productividad, mediante la cual describen cómo las tecnologías de la información y la comunicación (tic) son utilizadas por una parte importante del mundo, pero la productividad económica decrece o tiene incrementos muy pequeños. Se aclara que existen algunas excepciones, entre las que destacan los casos de China e India.

En el debate de la paradoja y del futuro de la productividad se enfrentan dos posiciones. Los pesimistas, como Robert Gordon, que opinan que las recientes tendencias de baja productividad son un fenómeno que llegó para quedarse en el que se combina el envejecimiento de la población, el deterioro de la educación, la mayor desigualdad y los altos niveles de deuda pública. Los optimistas, como Joel Mokry, argumentan que es cuestión de tiempo para que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (tic) se vean reflejadas en las estadísticas.

Esta paradoja ha sido resuelta por la ocde en 2015 a través del documento El futuro de la productividad en donde comprueban que las empresas que lideran en el uso de las nuevas tecnologías tienen

crecimientos en la productividad mayores al 5% por año, y las compañías rezagadas obtienen resultados negativos. Los optimistas tienen razón si las estadísticas se enfocan en las empresas líderes, y los pesimistas también, si utilizan los resultados de las compañías rezagadas. Sin embargo, cuando se agregan las estadísticas, se obtiene un resultado positivo muy pequeño o uno negativo, como los que aparecen en la tabla 2.4.

Con estos antecedentes, no es ninguna sorpresa que la región líder en el mundo del siglo xxi esté concentrada en Rusia, Asia Central y Sureste de Europa. En el extremo opuesto se encuentra Medio Oriente y África del Norte con resultados negativos en las tres columnas de la tabla 2.4. Europa se ubica en una posición intermedia con crecimientos pequeños, pero constantes. Por debajo de esta media se encuentran tanto el África Subsahariana como América Latina y el Caribe, aunque la primera región ha obtenido mejores números que la segunda.

Tabla 2.5

La productividad total de los factores en América Latina y el Caribe

Fuente: The Conference Board. Total Economy Database, abril de 2019.

América Latina y el Caribe ocupa el penúltimo lugar en la comparación de las regiones del mundo, lo cual explica en gran parte el bajo nivel de crecimiento económico de la región en las últimas décadas.

Los malos resultados de las dos economías más grandes de la región, Brasil y México, han influido sustancialmente en el promedio, pero, en 2018, tanto Argentina con su plan de ajuste como Venezuela con su crisis humanitaria han acrecentado el problema y se ha llegado a un resultado negativo del 1.5%. El lector podrá observar que los estimados de la productividad total de los factores (ptf) no coinciden, debido —fundamentalmente— a la forma como son definidos los factores de la producción, al uso de logaritmos, a los periodos de análisis y a las fuentes utilizadas.

El residual de Solow es considerado como un modelo exógeno, ya que al calcular la productividad total de los factores (ptf) trata el cambio tecnológico como algo que no es parte integral del proceso de producción. Los estimados del método klems, de la ocde y del Conference Board, se basan en un modelo mixto, ya que incluye las habilidades y la experiencia de la fuerza de trabajo, así como los servicios de capital y su parte tecnológica. Fue Paul M. Romer, en 1990, quien propuso medir el cambio tecnológico de manera endógena al considerar que la tecnología no es un insumo convencional ni público que puede dotar de monopolios a quien lo posea. Su modelo expresa la producción en función de la cantidad física de trabajo, del capital humano que se destina al proceso, así como del capital físico que es desagregado en varias categorías. Concluye que el acervo de capital humano es un factor determinante de la tasa de crecimiento, pero aclara que se usa muy poco para la investigación. Los proyectos de investigación son una inversión que puede rendir beneficios económicos futuros, por lo que los cambios tecnológicos son también muy sensibles a las tasas de interés prevalecientes en la economía.

El hablar de las habilidades de la mano de obra y de la investigación básica llevó también a incluir el desarrollo experimental y la innovación en los procesos de producción. Muchos autores han incorporado éstas y otras variables en modelos endógenos, dejando atrás las mediciones de los cambios y concentrando sus esfuerzos en los niveles del pib. La siguiente sección se encarga de analizar los modelos endógenos basados en niveles.

Medición de niveles

Por un lado, la obtención del cambio en la productividad total de los factores (ptf) o multifactorial (pmf) mediante el residual de Solow tiene sus fundamentos en la economía neoclásica, con el uso de matemáticas y del supuesto de racionalidad. Por el otro, el cálculo de la productividad en niveles tiene sus bases en la nueva economía institucional que toma fuerza a principios de la década de 1990 con los trabajos de Douglas C. North. Este economista estadounidense inicia su artículo titulado «Instituciones», publicado en el Journal of Economic Perspectives en 1991, de la siguiente forma:

Las instituciones son restricciones diseñadas por los hombres que estructuran sus interacciones políticas, económicas y sociales. Éstas incluyen límites informales (como sanciones, tabús, costumbres, tradiciones y códigos de conducta) y reglas formales (como constituciones, leyes y derechos de propiedad).

A través de la historia, las instituciones han sido diseñadas por los seres humanos para crear orden y reducir la incertidumbre en sus intercambios. Definen, junto con las restricciones estándares de la economía, el conjunto de opciones y por ende determinan los costos de transacción y producción, que fijan la rentabilidad y factibilidad de participar en la actividad económica. Evolucionan incrementalmente, conectando el pasado con el presente y el futuro; como consecuencia, la historia es fundamentalmente una narración de la evolución institucional, en donde la actuación de las economías puede ser sólo entendida como una secuencia histórica. (p. 97)

North ganó el Premio Nobel de Economía en 1993 y en su conferencia dejó claro que la diferencia entre las instituciones y las organizaciones consiste en que las primeras son las reglas del juego y las segundas son los jugadores. En algunas ocasiones, las modificaciones pueden producirse por factores exógenos a la economía, pero la fuente fundamental de la mayoría de los cambios en el largo plazo es el aprendizaje de los individuos y de las organizaciones. El aprendizaje

es un proceso incremental que se lleva a cabo a través de compartir experiencias físicas (medio ambiente) y de los procesos lingüísticos (socioculturales). Este proceso ha tenido distintas fases y, en ocasiones, la historia muestra periodos de estancamiento seculares, como los quinientos años transcurridos entre la caída del Imperio Romano y el resurgimiento de la Europa Occidental. En resumen, es la mezcla de reglas formales con normas informales lo que determina la actuación económica, pero también es de vital importancia la aplicación u observancia de éstas.

Diez años después de que obtuviera el Premio Nobel, North escribió un documento de trabajo para la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas en el que analizó el papel de las instituciones en el desarrollo económico. Reiteró que las instituciones son el sistema de incentivos que estructura la interacción humana, así como el hecho de que vivimos en un mundo que es una combinación de la parte económica, política y social, aunque los economistas contemplan sólo la primera de las tres partes. Considera que las instituciones económicas que se tienen actualmente, y que influyen directamente en el mundo, se derivan de las instituciones políticas. «A los economistas no les gusta pensar que son dependientes de la ciencia política, pero lo son» (p. 3). También reitera que se debe poner énfasis en la aplicación de las «reglas del juego», pero reconoce que es difícil implementarlas en la realidad.

Un primer ejemplo del uso de las instituciones para medir el nivel de la productividad se puede encontrar en el artículo que Robert E. Hall y Charles I. Jones escribieron en 1999, «¿Por qué algunos países tienen una producción por trabajador mucho mayor que otros?». Se trata de un trabajo empírico que abarca a 127 países en un año determinado (1988) y realiza sus cálculos a partir de los niveles y no de los cambios del producto interno bruto (pib). Los autores consideran que los niveles capturan mejor las diferencias en la actuación económica de largo plazo, al comparar directamente las relaciones entre países en un momento determinado. No es ninguna sorpresa que la comparación de la productividad se lleve a cabo usando como punto de referencia a Estados Unidos, por lo que todos los términos son expresados como proporciones o fracciones del valor que tiene este país.

Hall y Jones (1999) usan una función de producción multiplicativa que contiene como insumos el capital, el trabajo y la productividad. La tabla 2.6 muestra cómo desagregan las diferencias de la producción por trabajador entre países en estas tres partes. La primera consiste en la intensidad del capital físico, que los autores miden mediante el cociente entre el capital y la producción, con su ponderación correspondiente. La segunda parte se refiere a las diferencias en el capital humano por trabajador, que incluye el nivel de escolaridad de las personas que participan en la producción. El tercer elemento es la productividad en niveles, la cual es calculada como un residual, tal y como se hace en la contabilidad del crecimiento económico.

2.6 Productividad entre países

Contribución de: País

Fuente: Hall y Jones (1999).

De acuerdo con la tabla 2.6, la producción por trabajador en México equivale al 43.3% de la de Estados Unidos. La intensidad del capital físico y el capital humano por trabajador mexicano representan,

Tabla

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respectivamente, el 86.8% y el 53.8% de los norteamericanos. Estas diferencias en los insumos explican por qué la productividad de los factores de México asciende al 92.6% de la de Estados Unidos. Este número puede ser obtenido dividiendo la producción por trabajador entre el producto de los valores del capital físico y humano.

Con estos resultados, los autores documentan cómo la producción por trabajador es determinada, fundamentalmente, por diferencias en las instituciones y en las políticas gubernamentales, cuya suma denominan infraestructura social. En su modelo, esto último es tratado de manera endógena y es determinado históricamente por la localización de los países, el idioma y otros factores relacionados. El desempeño económico de los países inicia con la infraestructura social, que es transmitida a los factores de la producción y a la productividad, para terminar con el pib por trabajador. Encuentran que los países con infraestructura social son Suiza, Estados Unidos y Canadá. En el extremo opuesto se ubican Zaire, Haití y Bangladesh.

Aunque los resultados de Hall y Jones son representativos de la situación mundial a finales de la década de 1980, su metodología continúa siendo utilizada hasta la fecha y la comparación de los países con respecto a los valores de Estados Unidos sigue siendo una práctica común.

El enfoque de las instituciones y de la medición de la productividad por niveles ha estado apoyado por varios organismos internacionales. El Banco Mundial dedicó su Reporte mundial para el desarrollo de 2002 a la construcción de instituciones con ejemplos basados tanto en la teoría como en la práctica exitosa de muchos países. Reconoce que la mayoría de las veces el cambio en las reglas del juego, formales e informales, es un proceso que avanza paso a paso, debido, entre otras cosas, a que existen grupos de interés que pueden ser afectados. Sus recomendaciones de políticas efectivas se concentran en: (a) complementar lo que ya existe en cada país; (b) innovar para adaptar las instituciones a las condiciones imperantes en cada nación, tomando en cuenta las características de la cultura local; (c) conectar a las comunidades que participan en el mercado, a través de flujos de información y de la apertura comercial, y (d) promover la competencia entre personas y empresas, lo que desarrollará nuevos productos y

mercados e incrementará la demanda de instituciones para apoyar las transacciones. Lo anterior, lo resumen en cuatro palabras: complementar, innovar, conectar y competir. La tarea de construir instituciones efectivas es muy compleja y la experiencia muestra que no existe una solución única, pero las experiencias exitosas proveen de lecciones importantes.

La caf-Banco de Desarrollo de América Latina dedica su reporte de economía y desarrollo 2018 a las «instituciones para la productividad». En su mayor parte, este documento continúa con la tradición de Hall y Jones (1999) y se realiza tomando como referencia la productividad de Estados Unidos. Es así como la publicación señala que, en 1960, «el habitante latinoamericano promedio tenía un 20% del ingreso de un estadounidense típico. Hoy, la situación sigue siendo prácticamente la misma. Otros países, por el contrario, han mostrado importantes avances en el mismo periodo: España pasó de un tercio a dos tercios del nivel del ingreso per cápita de Estados Unidos, mientras que Corea del Sur pasó del 7% al 67%» (Álvarez et al., 2018, p. 332).

Fuente: CAF-Banco de Desarrollo de América Latina. RED 2018.

Tabla 2.7

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La caf se basa en el mismo procedimiento de Hall y Jones, pero utiliza la producción por hora trabajada en lugar del pib por trabajador, y calcula el promedio de los niveles correspondientes a once años, en lugar de concentrarse en uno solo. Usa una función de producción multiplicativa para el capital físico, humano, y para la productividad total de los factores (ptf), también calculado de manera residual. La tabla 2.7 muestra que América Latina tiene una intensidad de uso de capital muy similar a la de Estados Unidos, un capital humano del 71%, pero una productividad total de los factores sólo del 37%. Todo esto combinado resulta en una producción por hora trabajada que representa únicamente el 26% de la que tienen Estados Unidos.

Al analizar el detalle de la productividad por país, se observa que, en el periodo de estudio, Chile, Argentina y Venezuela fueron los que tuvieron un menor rezago respecto a Estados Unidos. Con la crisis humanitaria y económica que hoy vive Venezuela y con el programa de reestructuración de la deuda externa que Argentina ha acordado con inversionistas institucionales, seguramente los resultados serían distintos para estos dos países en 2020. En el otro extremo se encuentran Ecuador y Perú cuya productividad es sólo una cuarta parte de la que posee Estados Unidos.

Realiza una primera desagregación a nivel de sectores y subsectores de la economía para demostrar que el atraso productivo de América Latina no se debe a una mala asignación de trabajadores, sino a rezagos de la productividad en todos los rubros de la producción de bienes y servicios. También profundiza a nivel de establecimientos, y aunque aquí encuentra una relativa ineficiencia en la asignación de recursos, su relevancia es menor que la productividad promedio de las empresas. También detalla que la estructura productiva de América Latina se caracteriza por concentrar el empleo en establecimientos pequeños e informales, en los que predomina una baja productividad que afecta transversalmente a todos los factores. Sin embargo, corregir esta situación reduce muy poco la brecha existente entre la región y Estados Unidos. La caf concluye que los bajos niveles de ingreso por habitante (producción por hora trabajada) de los países de América Latina se deben principalmente a la baja productividad de todos los sectores y subsectores que conforman sus economías. En

menor medida, es afectada por una mala asignación de recursos, al concentrar el empleo en establecimientos, subsectores y sectores de baja productividad.

Las causas más profundas de esta baja productividad se pueden encontrar en las instituciones que afectan a las empresas de todos los sectores. Como ya se explicó, el término instituciones se refiere a las reglas del juego, tanto de carácter legal como las que se dan en la práctica, que determinan los comportamientos de los sectores que componen una sociedad, las cuales condicionan los incentivos de las empresas para producir más y mejor. La tabla 2.8 muestra los valores de algunos indicadores institucionales para las principales regiones del mundo. Estos datos se derivan de encuestas que reflejan las percepciones de los distintos actores económicos. Toman valores en el rango de 0 a 1, de peor a mejor.

Tabla 2.8

Índices de desarrollo institucional

Valor promedio entre 1996 y 2015

Región

gobierno

la regulación

la corrupción

Fuente: CAF-Banco de Desarrollo de América Latina. RED 2018.

América Latina se ubica muy por debajo de América del Norte y Europa en desarrollo institucional. En términos generales, se encuentra un poco mejor que los niveles de los países africanos, con excepción del indicador relativo al imperio de la ley y el orden. Existe una gran heterogeneidad dentro de los países incluidos en América Latina, destacan Chile con niveles relativamente altos y Venezuela con valores muy bajos.

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El documento de la caf es un magnífico ejemplo de cómo la medición de la productividad total de los factores (ptf) en sus niveles está relacionada con los temas del desarrollo institucional utilizando modelos endógenos. Tres meses antes de que la caf publicara este Reporte de economía y desarrollo, el Banco Interamericano de Desarrollo (bid) le publicó a Santiago Levy el libro Esfuerzos mal recompensados: la elusiva búsqueda de la prosperidad en México. Dado que el primero presenta datos regionales de América Latina y el Caribe, y el segundo de México, sólo se pueden hacer comparaciones para este país en particular.

Levy explica que, a pesar de tener una gestión macroeconómica eficaz, una apertura comercial y mayores inversiones en capital humano y físico, México no ha logrado un incremento en su tasa de crecimiento económico y productividad. Sostiene que lo anterior se debe a una mala asignación de los recursos, que es grande y persistente en la economía. Por lo mismo, describe un escenario en el que «la distribución de individuos entre diferentes ocupaciones, la distribución de empresas entre diferentes sectores o tamaños, y la correspondencia entre empresas y trabajadores de diferentes habilidades, distan mucho de ser óptimas»(Levy, 2018, p. 7).

Para el caso de México, resulta claro que el estudio de la caf argumenta que es más importante mejorar la productividad de todos los sectores de la economía, y Santiago Levy concluye que es prioritario lograr una mejor asignación de recursos, tanto humanos como de capital. Los responsables de diseñar políticas públicas en México se encontrarán en una disyuntiva en relación con el peso relativo que se debe asignar a cada una de estas opciones.

Sin embargo, Levy termina diciendo que la mala asignación de recursos es el resultado de políticas e instituciones que influyen en el comportamiento de los distintos agentes económicos. Se refiere en especial a los impuestos, a las regulaciones relativas al trabajo y la seguridad social, así como al cumplimiento de contratos. En este sentido, llega a las mismas conclusiones generales de la caf de que son las instituciones las determinantes finales de la productividad.

Luis Felipe López-Calva, quien es director regional del pnud para América Latina y el Caribe, escribió un artículo en febrero de 2019 titulado «¿A dónde se fue toda la capacidad productiva?». Muestra

cómo, en las últimas décadas, los países de América Latina y el Caribe han tenido una productividad estancada, a pesar de las inversiones en capital humano y físico, que ha resultado en un crecimiento regional decepcionante, lo que es un síntoma de que los países no aprovechan al máximo sus capacidades. Deja claro que no hay una respuesta definitiva, pero, al igual que Santiago Levy, su argumento es que el capital humano y físico no está asignado en su uso más productivo.

Una de las razones es que los individuos están empleados en ocupaciones que no aprovechan sus calificaciones. «Imagínese si Cristiano Ronaldo es enviado a jugar tenis y Serena Williams a jugar futbol. O en la práctica, cuando empresas productivas enfrentan restricciones para crecer y terminan siendo pequeñas o forzadas a salir del mercado, o cuando trabajadores se emplean en empresas de manera subóptimas (es decir, no de la manera más eficiente)» (López-Calva, 2019, p. 1).

También menciona otras causas que pueden explicar la mala asignación de recursos entre las empresas, como los costos de entrada, salida y ajuste, las restricciones crediticias y los procesos de aprendizaje. Concluye que cada uno de los países debe encontrar su camino para eliminar las barreras para que la productividad pueda crecer nuevamente: «No hay necesidad de reinventar la rueda, sino de arreglarla» (López-Calva, 2019, p. 3), señala.

Regresando al tema de las instituciones a nivel global, es importante mencionar a Daron Acemoglu y James A. Robinson que en su libro Por qué fracasan los países (2012) explican las diferencias entre Nogales en Sonora, México, y Nogales en Arizona, Estados Unidos. Los habitantes de Nogales, Arizona:

tienen acceso a las instituciones económicas estadounidenses, lo que les permite elegir su trabajo libremente, adquirir formación académica y profesional y animar a sus empleadores a que inviertan en la mejor tecnología, lo que, a su vez, hace que ganen sueldos más elevados. También tienen acceso a instituciones políticas que les permiten participar en el proceso democrático, elegir a sus representantes y sustituirlos si tienen un comportamiento inadecuado. Por lo tanto, los políticos proporcionan los servicios básicos (desde sanidad pública hasta

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carreteras y ley y orden) que demandan los ciudadanos. Los de Nogales (Sonora) no tienen tanta suerte. Viven en un mundo distinto moldeado por diferentes instituciones. (p. 23)

Ricardo Hausmann, director del Laboratorio del Crecimiento de la Universidad de Harvard, pone en duda que la calidad de las instituciones represente la diferencia entre los países ricos y pobres. Pone el ejemplo de que, en el estado de Guerrero, en México, la productividad por trabajador es similar a la de Honduras. Si se multiplica este nivel por dos, se obtiene la productividad del estado de Sinaloa, que es similar a la de Jamaica. Si se multiplica por dos la productividad de Jamaica, se llega a la del estado de Guanajuato, que es casi igual a la de Malasia. Si se vuelve a multiplicar por dos, se obtiene la productividad del estado de Nuevo León, que es parecida a la de Corea del Sur. Todas estas diferencias entre las entidades federativas de México son mayores a las de los dos Nogales y se dan dentro del mismo marco legal, el mismo sistema democrático, el mismo tipo de cambio y la misma tasa de interés.

Hausmann expresó lo anterior el 7 de junio de 2017 en una conferencia en la Fundación Rafael del Pino en Madrid que tituló «Nosotros y la prosperidad». Mencionó que las instituciones son un término muy impreciso y que él prefiere usar otro, igual de impreciso, que es la tecnología. Este último está compuesto de tres partes. Las dos primeras se refieren a un conjunto de herramientas y a recetas, procedimientos, códigos o protocolos. El tercer elemento es el saber hacer o el saber cómo, que está ubicado en el cerebro de las personas. Las herramientas y los protocolos representan conocimiento o saber, y son fáciles de transferir de un país a otro. El saber cómo (know how) se mueve con mucha dificultad. Es más fácil mover el conocimiento al cerebro que mover el cerebro.

Desarrolla un índice de complejidad económica que explica las diferencias entre y dentro de los países. Reitera que la prosperidad no tiene que ver con las instituciones, y que tampoco se logra sólo con conocimiento. Rompe con el supuesto de economía del interés propio para afirmar que los individuos colaboran con los demás por razones emocionales. Concluye que la prosperidad requiere de la di-

fusión tecnológica, que, a su vez, necesita un estado capaz y con la posibilidad de mezclarse con el «saber cómo» proveniente del exterior. Todos los modelos que se han mencionado aquí para estimar la productividad total de los factores (ptf) ignoran la contribución que los recursos naturales (la tierra) realizan a la producción de bienes y servicios (pib). Son muchos los países que dependen de algún recurso natural en especial, como las tierras agrícolas, los minerales y los combustibles fósiles. Tanto el Banco Mundial como la ocde han iniciado estudios que calculan la ptf usando los tres factores de la producción que consideraban los economistas clásicos. Los primeros resultados indican que la ptf de los países que dependen sustancialmente de los recursos naturales es distinta de los modelos mencionados en este apartado. En algunos casos son mayores y en otros menores, pero obtienen resultados distintos. El estudio de la ptf ha iniciado una evolución en la que sus cálculos se realizan considerando la tierra, el trabajo y el capital. Aunque el análisis se complica por el mayor número de variables, el resultado es más completo y refleja las diferentes estructuras de los países en el mundo. Se trata de un esfuerzo inicial que representa un paso en la dirección correcta.

Lo más reciente en este tema es el proyecto de productividad del Banco Mundial que inició en 2017 con la publicación de una serie de documentos que continúan hasta la fecha de escribir estas líneas. Está liderado por William Maloney, quien es el jefe para el Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones, y en 2018 publicó junto con Ana Paula Cusolito el libro Productividad revisitada: cambios de paradigmas en el análisis y la política. Aquí exponen los lineamientos de lo que llaman la segunda ola de la productividad. Se concentran en las empresas como las principales creadoras de valor agregado y crecimiento de la productividad en la economía, y utilizan nuevas bases de datos relacionadas con sus precios de venta y producción. Esto es combinado con la nueva literatura que relaja el supuesto de competencia perfecta, lo que permite diferenciar a cada una de las firmas de un sector, por lo que se puede analizar la estructura del mercado y la calidad de sus productos. Esta segunda generación incluye el desarrollo humano, no sólo por la necesidad de trabajadores mejor capacitados y gerentes más preparados, sino sobre todo de empresarios

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dispuestos a tomar riesgos, ya que constituyen el motor central de la productividad en el largo plazo. Considera que la ptf medida a nivel de empresa en términos de valores monetarios (ptfr) no refleja adecuadamente la eficiencia económica. Estima una ptf medida en cantidades físicas (ptfq) utilizando índices de precios a nivel de empresas que ahora son más fáciles de conseguir en algunos países. Usar la ptfr provoca que los niveles de precios de las firmas individuales capturen además de sus costos marginales, su poder de mercado, la calidad de sus productos y consideraciones de la demanda. La ptfq destaca la consideración de la calidad de los productos. No considerar la calidad en la estimación de la productividad produce medidas incorrectas, ya que estos procesos requieren normalmente de mayores insumos. Ilustra el ejemplo de la producción de vinos de alta calidad que requieren de la selección de los mejores viñedos, lo que resulta en un mayor desperdicio de uvas por botella de vino producida. Si no se controla por calidad, parecería ser que estas empresas no son productivas, lo que llevaría a que la ptfr tuviera un sesgo a la baja.

El libro Productividad revisitada descompone el crecimiento de la productividad total de los factores (ptf) en tres componentes: (a) el relacionado con mejorar la eficiencia dentro de cada una de las empresas existentes; (b) una mejor asignación de los factores de producción entre las diferentes empresas; y (c) la entrada de nuevas firmas con alta productividad y la salida de aquellas con baja eficiencia en relación con el promedio de la industria.

Con una base de datos de seis países en desarrollo en diferentes periodos, que van de 1993 a 2012, el libro muestra que el componente relativo al mejoramiento de la eficiencia dentro de las empresas explica, cuando menos, la mitad de los casos en China, Etiopía y Malasia. El componente relacionado con la entrada y salida de las empresas es el más importante en los casos de Chile y Colombia. La parte que corresponde a la asignación de los factores de la producción sólo domina para el caso de la India.

Este proyecto del Banco Mundial basado en las empresas ha dejado claro que también es necesario elevar la eficiencia de los gobiernos y sus políticas, que juegan un papel muy importante en el diseño de los sistemas nacionales de productividad e innovación. Esta segunda

ola en el análisis de la productividad se encuentra en una etapa inicial y su futuro demanda nuevas bases de datos y encuestas que requieren de inversiones importantes. Por el momento, ha vuelto a abrir el debate de la medición de la productividad económica y de las políticas gubernamentales necesarias para su consecución.

El medir la productividad a nivel de empresas debería ser considerado como parte de la microeconomía, y complementa el estudio de la productividad económica analizada en las dos primeras secciones de este capítulo, representando la primera ola de análisis, que sigue estando vigente y es parte fundamental de la macroeconomía. De hecho, el Grupo de Investigación para el Desarrollo del Banco Mundial, liderado por Norman Loayza, ha elaborado un modelo de crecimiento de largo plazo (www.worldbank.org/ltgm) que incluye una extensión para el tema de la productividad económica, el cual contiene una excelente revisión de la literatura y una herramienta en Excel para analizar y simular los cinco componentes de la productividad a nivel de país. Estos determinantes de la ptf son la innovación (tecnología), la educación, la eficiencia de los mercados (asignación de recursos), la inversión en infraestructura y las instituciones (sistemas políticos y de justicia, así como las políticas y las regulaciones). Como el lector habrá notado, cada uno de estos términos que influyen en la productividad han sido usados en contextos y modelos distintos que hacen que la semántica sea muy importante.

De regreso a lo básico

Hasta ahora, se ha visto cómo los economistas han tratado de medir la productividad basándose en modelos matemáticos que también son utilizados para hacer pronósticos. Sin embargo, antes de que estos esquemas iniciaran a mediados del siglo anterior, ya existían otros modelos no matemáticos o conceptuales usados por académicos, empresarios y políticos. Estos últimos han evolucionado hasta la fecha debido, fundamentalmente, a que se han apoyado con datos e indicadores. Uno de los modelos más conocidos es el basado en la ciencia, la

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tecnología y la innovación (cti), también denominado como de investigación, desarrollo e innovación (idi).

La investigación moderna existe desde la revolución científica del siglo xvii y tiene un origen académico concentrado en ciertas universidades y áreas como la física, la medicina, la biología y la psicología. Hasta la fecha, se suele distinguir entre la investigación básica y la aplicada, dependiendo de si se busca conocimiento en sí o sus posibles usos (aplicaciones).

El desarrollo se incorpora al tema económico a mediados del siglo xx, cuando los empresarios de Estados Unidos inician su propia investigación para llevar a cabo de manera experimental prototipos de nuevos productos y servicios. La primera etapa se refería a los ensayos o laboratorios de las empresas, y posteriormente se aplicó a toda la economía de un país. En un inicio, el término desarrollo tomó fuerza en la biología y la sociología y estuvo muy influido por los libros de Charles Darwin en la segunda parte del siglo xix

El concepto de innovación fue el último en incorporarse al incluir un valor monetario en la producción industrial de bienes y servicios, así como en su comercialización. Benoit Godin, en su libro La innovación impugnada (2015), habla de la historia de este concepto. Describe cómo por 2,500 años no tenía nada que ver con la economía y era considerado como algo malo (un vicio). Dejó de ser un tema en disputa en el último siglo y se aplicó a la producción de bienes y servicios, surgiendo así la innovación tecnológica (una virtud). En otro volumen más reciente, titulado Modelos de innovación (2017), describe tres narrativas que han existido desde principios del siglo xx, iniciando con la innovación por etapas usada por antropólogos y sociólogos, seguida del modelo lineal (I+D+i) y terminando con el concepto holístico.

El modelo lineal (I+D+i), que inicia con la investigación básica, pasa al desarrollo experimental y termina con la innovación, no siempre se da en la práctica, por lo que ha recibido una gran cantidad de críticas y, supuestamente, está obsoleto. Para ilustrar lo anterior, Amar V. Bhidé, en su libro El origen y evolución de las nuevas empresas (2000), llevó a cabo una investigación entrevistando a cien de las quinientas compañías incluidas en la lista que publicó en Estados Uni-

dos la revista Inc con aquellos negocios que tuvieron el mayor crecimiento en ventas y no cotizan sus acciones en las bolsas de valores. El resultado muestra que sólo el 4% de los entrevistados encontraron las ideas para iniciar sus empresas a través de una investigación sistemática; el 71% lo hizo mediante modificaciones de ideas surgidas de trabajos anteriores; otro 20% las obtuvo por casualidad y el 5% restante mediante otras fuentes. A pesar de esto, actualmente muchos estudiosos continúan utilizando el método lineal.

Además, está el tema de que en el origen de la I+D+i están los académicos y al final los empresarios, situación que estos últimos consideran debería ser al revés. El modelo holístico que menciona Godin es un sistema en el que participan al mismo nivel investigadores de las universidades, las empresas y los gobiernos. No se trata de una suma, sino de una fusión de esfuerzos públicos y privados. Algunos autores también se refieren a él como un ecosistema de innovación o un sistema basado en redes.

El libro La teoría del desarrollo económico de Joseph A. Schumpeter dejó muy claro, desde su primera edición en alemán en 1911, que los verdaderos cambios en los modelos de equilibrio de los economistas se generaban dentro del sistema, se producían de manera discontinua y siempre creaban nuevas condiciones de carácter cualitativo. El estímulo estratégico para este desarrollo era precisamente la innovación, definida como la aplicación comercial de algo nuevo. Para Schumpeter, las innovaciones en el sistema económico se daban como nuevas combinaciones y cubrían cinco casos específicos: (a) la introducción de un nuevo producto o uno existente de nueva calidad; (b) la introducción de un nuevo método de producción que no necesariamente está basado en un descubrimiento científico, como es el caso de una nueva forma de comercialización; (c) la apertura de un nuevo mercado, independientemente de que éste haya existido o no en el pasado; (d) la conquista de un nuevo insumo o materia prima, y (e) la realización de una nueva forma de organización en cualquier industria, como la creación o destrucción de una posición de monopolio.

Para Schumpeter, estas innovaciones, en la mayoría de los casos, se derivan del liderazgo empresarial y no de las necesidades de los consumidores. Distinguía los liderazgos económicos que producían

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innovaciones de las invenciones, y consideraba que «mientras no son llevadas a la práctica, las invenciones son económicamente irrelevantes» (p. 88). Implementar cualquier mejora o innovación es completamente diferente a inventar algo, y requiere de aptitudes totalmente distintas. Hoy es generalmente aceptado que las invenciones se refieren a cuestiones relacionadas con nuestra creatividad intelectual y las innovaciones se refieren a los cambios en los factores de producción para elaborar y vender bienes y servicios. Estos últimos cambios pueden o no provenir de la investigación o el desarrollo experimental, es decir, pueden o no ser resultado de la ciencia y la tecnología.

En el prólogo a la traducción al inglés de su libro (1934), Schumpeter confiesa que se trata de un volumen «francamente teórico». Por lo mismo, es necesario pasar a la práctica para hablar tanto de la investigación y desarrollo (ciencia y tecnología) como de las invenciones e innovaciones que llegan al mercado. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco), con sede en París, Francia, y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (ompi), con sede en Ginebra, Suiza, fueron creadas —en 1945 y 1967, respectivamente— con el objeto de servir de plataforma y cooperación para estos temas, y producen estadísticas muy útiles para dar seguimiento al tema de la productividad. Aunque ambas instituciones generan una amplia gama de publicaciones y estadísticas, este libro considera que la unesco es la principal autoridad en temas de ciencia y tecnología (investigación y desarrollo) y la ompi es la experta en temas de invenciones e innovaciones.

La información de ambas instituciones es muy útil para dar seguimiento al objetivo nueve de la Agenda 2030 que invita a los países a fomentar la innovación, así como a los dos indicadores plasmados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ods), que se refieren a los «gastos» en investigación y desarrollo como proporción del pib (objetivo 9.5.1) y al número de investigadores (valor equivalente a tiempo completo) por millón de habitantes (objetivo 9.5.2).

Los desembolsos regionales en investigación y desarrollo, tanto del sector privado como del público, son presentados en la tabla 2.9. Se han denominado desembolsos ya que, entre 1953 y 2008, fueron considerados por el Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la Orga-

nización de las Naciones Unidas como gasto, y posteriormente se han clasificado como una inversión.

Tabla 2.9

Desembolsos totales en investigación y desarrollo Porcentaje del PIB Por regiones Región

Norteamérica y Europa Occidental 2.42

Asia del Pacífico y del Este 2.06

Pequeños estados insulares en desarrollo 1.10

Europa Central y del Este 0.98

América Latina y el Caribe 0.66

Estados Árabes 0.59

Asia Occidental y del Sur 0.55

África Subsahariana 0.42

Asia Central 0.18 Promedio mundial (ponderado) 1.68

Fuente: unesco.

Las regiones de América del Norte y Europa Occidental se ubican en lo más alto de los desembolsos en investigación y desarrollo con un promedio del 2.42% como porcentaje del pib. En el otro extremo se ubica Asia Central con un cociente que representa el 0.18%. América Latina y el Caribe se encuentra en la parte media de la clasificación con un porcentaje del 0.66%. Esta última región no cuenta con una meta establecida o acordada para subir a la parte alta de la clasificación. La Unión Europea, como conjunto, tiene el objetivo de llegar al 3% para 2020 y la Unión Africana quisiera alcanzar el 1%. Esta primera aproximación por regiones debe ser complementada por un análisis de países seleccionados. Las naciones líderes en investigación y desarrollo en este indicador son Israel y Corea del Sur con el 4.6%, seguidos por Suiza con el 3.4%, Suecia con el 3.3% y Japón con el 3.2%. Estados Unidos se ubica un poco arriba del promedio mundial con un 2.8%. En la parte baja de la clasificación se

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encuentran Brasil (1.3%), España (1.2%), México (0.5%) y Panamá (0.06%).

Es obvio que el resultado y la clasificación cambian cuando el análisis se lleva a cabo en términos absolutos, en donde dominan las grandes economías. La unesco también presenta datos para llevar esta comparación entre países usando la paridad del poder de compra, en donde destaca Estados Unidos con 543 millones de dólares, seguido de China con 496 millones y Japón con 176 millones. Considerando que una parte muy importante de las erogaciones en este rubro se destina a los sueldos y salarios de los investigadores, técnicos, administradores y contadores, el indicador relativo al número de investigadores se encuentra altamente relacionado con los desembolsos en investigación y desarrollo. La tabla 2.10 muestra una comparación del número de investigadores en países seleccionados arbitrariamente ubicados en los dos extremos de la clasificación.

Tabla 2.10

Número total de investigadores por cada millón de habitantes Equivalentes de tiempo completo

Corea

Suecia

España

China 2,861

Brasil 1,549

Chile 928

México 482

Fuente: unesco

Dinamarca e Israel se ubican en la parte más alta con más de diez mil investigadores por cada millón de habitantes. Un poco más abajo se encuentran Corea del Sur y Suecia, con niveles superiores a nueve mil investigadores por cada millón de habitantes. En la parte media

de la tabla se ubican España (4,653) y China (2,861). La sección inferior tiene como representantes a Brasil (1,549), Chile (928) y México (482). Es momento de pasar de la ciencia y la tecnología (investigación y desarrollo) a las invenciones e innovaciones que llegan al mercado. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (ompi) divide estas últimas en los derechos de autor y en la propiedad industrial. Los derechos de autor abarcan obras literarias, películas, música, obras artísticas y los diseños arquitectónicos. La propiedad intelectual incluye las patentes de invención, las marcas, los diseños industriales y las indicaciones geográficas. Este documento sólo se enfocará brevemente en las patentes, entendidas como «un derecho exclusivo que se concede sobre una invención —el producto o proceso que constituye una nueva manera de hacer algo o propone una nueva solución técnica a un problema» (ompi, 2011, p. 5). El derecho tiene vigencia en un periodo determinado que varía entre los países, pero que, en promedio, suele ser de veinte años. Algunas veces, las patentes son concedidas por las oficinas nacionales; en otras ocasiones por oficinas regionales; y también a través de la ompi como administrador del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (pct por sus siglas en inglés).

Tabla 2.11

Número de patentes

Región

Asia 2,062,500

América del Norte 642,000

Europa 355,700

América Latina y el Caribe 57,600

Oceanía 35,100

África 16,000

Total mundial 3,168,900

Fuente: OMPI.

La tabla 2.11 muestra la distribución regional de las patentes concedidas en 2017, o en el último año con datos disponibles. Destaca la región asiática en donde China obtuvo 1,381,594 patentes, Japón 318,479 y Corea del Sur 204,775. En América del Norte, los Estados

Unidos obtuvieron 606,956 patentes. En Europa destacan Alemania con 67,712 y el Reino Unido con 22,072. Dentro de América Latina, Brasil es el líder con 25,658, seguido de México con 17,184 y muy abajo Argentina con 3,443. Este análisis no incluye los denominados modelos de utilidad, también conocidos como patentes de corto plazo, patentes de innovación o patentes menores, que son una clase especial cuya obtención normalmente tiene menos requisitos y es concedida en menos tiempo.

Si en lugar de analizar un año específico se analiza el acumulado, la situación cambia radicalmente. El total de las patentes en uso en 2017 era de 13.72 millones, y dentro del agregado, Estados Unidos es el líder con 2.98 seguido por China con 2.09, Japón con 2.01 y Corea del Sur con 0.97.

Para terminar con el tema de la productividad económica es importante hablar del Índice Global de Innovación que realizan cada año, desde el 2007, la ompi, la Universidad de Cornell y la Escuela de Graduados insead. El índice va mucho más allá de los desembolsos en investigación y desarrollo, del número de investigadores y de patentes. De hecho, agrupa ochenta indicadores dentro de dos subíndices basados tanto en los insumos propios de la economía de cada país como en los resultados de los procesos de producción e innovación. Incluye cada una de las ramas de la propiedad intelectual, los certificados de calidad iso 9001, la creación de aplicaciones para teléfonos inteligentes, así como las instituciones políticas, regulatorias y de negocios.

La edición más reciente del índice corresponde al 2019 en donde se adopta la definición de innovación más amplia posible que la define como «un producto o proceso nuevo o mejorado (o una combinación de ambos) que difiere significativamente de los productos o procesos previos». Incluye tanto la innovación incremental como la que se lleva a cabo sin investigación y desarrollo.

El Índice Global de Innovación 2019 realiza la evaluación de 129 economías. Suiza ha ocupado el primer lugar por noveno año consecutivo. Suecia ocupa la segunda posición, seguido de Estados Unidos, Holanda, Reino Unido, Finlandia, Dinamarca, Singapur, Alemania e Israel. Entre las posiciones 11 y 20 se encuentran Corea del Sur, China y Japón. España se ubica en la posición 29. Chile es el de mejor califi-

cación en América Latina ocupando la posición 51, y le siguen Costa Rica (55), México (56), Brasil (66), Colombia (67), Perú (69) y Argentina (73). Nicaragua se encuentra dentro de los últimos diez lugares de la clasificación.

Por último, es importante realizar algunas clarificaciones para minimizar la posible confusión entre los términos utilizados en este capítulo. Los inventos y la innovación han existido a través de toda la historia de la humanidad, pero fue Joseph A. Schumpeter en su libro de 1911 Teoría del desarrollo económico quien no sólo distinguió entre ambos, sino que incorporó la innovación en el cambio económico. Este volumen se desarrolla con una narrativa basada en el sentido común, y en sus 255 páginas el lector no encontrará ninguna gráfica, fórmula o tabla. Es decir, tal y como lo señala el título, se trata de una teoría que no está acompañada de ningún modelo matemático y tampoco contiene estimación econométrica alguna. Se trata de un concepto, pero no de una medida de la eficiencia productiva, con un enfoque de largo plazo. Aunque su análisis de economía no tuvo la misma aceptación que el trabajo de J. M. Keynes (corto plazo), muchos escritores lo continúan considerando como la figura fundamental para hablar de la innovación económica.

A manera de resumen y conclusión, se reitera que los orígenes de la productividad económica surgen con Robert M. Solow y su artículo de 1957 «Cambio tecnológico y la función de producción agregada». Su residual, con el tiempo, ha llegado a ser conocido como la productividad total de los factores o la productividad multifactorial. Como se trataba de un solo número que incluía todo lo que afectaba el crecimiento económico no explicado por los factores de producción, se llegó a considerar, en esa misma época, como «una medida de nuestra ignorancia».

Con la influencia de Solow, la productividad se obtuvo no sólo a través de los niveles económicos de los países, sino que también se empezaron a usar modelos endógenos en donde la tecnología era parte del modelo, y no se obtenía mediante un residual. Esto abrió la puerta a considerar nuevamente a la innovación y a otros temas relacionados. Entre estos últimos, destacan la investigación básica y el desarrollo experimental, los cuales han dejado de ser interesantes

para los economistas, ya que en muchas ocasiones no terminan con la producción y comercialización de bienes y servicios. La innovación descrita teóricamente por Schumpeter se complementó con una serie de datos e indicadores que han fortalecido su idea original. La innovación y la productividad económica son similares en tanto que ambas relacionan el crecimiento con los insumos o factores necesarios para la producción de bienes y servicios. Sin embargo, son diferentes ya que la productividad es un concepto y una medida que se basa en modelos matemáticos para su explicación y en la econometría para su cálculo. La innovación es sólo conceptual y se fundamenta en modelos no matemáticos que, recientemente, son complementados con datos e indicadores. El incluir ambos puntos de vista brinda un valor agregado a cualquier análisis, por lo que hoy casi todos los organismos internacionales y académicos continúan utilizando estos dos términos de manera separada, y aunque el concepto de innovación económica surgió antes que el de productividad, actualmente se habla, en la mayoría de los casos, de productividad e innovación. Esta combinación ha hecho que «una medida de nuestra ignorancia» se esté convirtiendo en «dos elementos de nuestro conocimiento».

La competitividad

La competitividad de un país, también llamada competitividad económica, tiene una larga historia conectada con los diferentes puntos de vista relacionados con el comercio internacional. Los que prefieren el proteccionismo comercial argumentan que provoca ganadores y perdedores. Entre 2010 y 2019 se alcanzaron crecimientos mundiales económicos, aún con medidas proteccionistas por parte de Estados Unidos y Reino Unido. Es un hecho que la covid-19 ha revertido está tendencia en el crecimiento y en el comercio, dando un duro golpe a la globalización. Aun así, los que abogan por el comercio libre se defienden usando las teorías que han diseñado para demostrar que todos los participantes salen beneficiados.

Entre estas últimas destaca la del economista clásico David Ricardo, quien en su libro Principios de economía política, de 1817, desarrolla el concepto de la ventaja comparativa en la producción de bienes de las naciones, que son comerciados posteriormente. Utilizó un modelo en el que intervienen dos países distintos (Inglaterra y Portugal) con dos bienes diferentes (tela y vino). En aquella época se consideraban como factores de producción la tierra, el trabajo y el capital, pero el modelo ricardiano, como se le llama ahora, sólo consideró al segundo de ellos. Supuso que el trabajo era fijo en cada país y se podía mover libremente dentro de cada una de las dos naciones, pero no entre países. También asumía que existía competencia perfecta y que la producción de los dos bienes tenía rendimientos constantes a escala. Con este entorno, cada uno de los países se especializaba en la producción de aquel bien en el que tenía costos laborales relativos más bajos, para, posteriormente, comerciar y obtener beneficios mutuos. Tanto Inglaterra tenía una «ventaja comparativa» en la producción de telas como Portugal en la producción de vinos. A pesar de sus limitaciones, esta teoría sigue siendo la base del comercio internacional y continúa apareciendo en prácticamente todos los libros de macroeconomía. En estos textos, se presenta como un avance frente al concepto de ventaja absoluta de Adam Smith (1776) que se basa en los costos laborales totales y no en los costos relativos. Es la ventaja comparativa y no la ventaja absoluta la que constituye la fuente de ganancias obtenidas del comercio internacional.

No fue sino hasta 1933 cuando el economista sueco Bertil Ohlin (Premio Nobel en 1977) desarrolló un modelo en el que se incluían dos factores de la producción (trabajo y capital). Lo llevó a cabo realizando algunos cambios a los trabajos hechos en 1919 por su maestro Eli Heckscher. Prácticamente parte de los mismos supuestos que David Ricardo, y añade el supuesto de que un bien es intensivo en el factor trabajo y el otro lo es en el factor capital. El modelo Heckscher-Ohlin, también conocido como la teoría de las proporciones factoriales o como de la dotación de los factores, define que el país que tiene una oferta abundante de un factor de producción tendrá una ventaja comparativa en las mercancías cuya producción sea intensiva en ese factor.

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El austriaco-americano Gottfried Von Haberler en su libro Teoría del comercio internacional de 1935 extendió y refinó la teoría de la ventaja comparativa de David Ricardo al sustituir el factor trabajo por el concepto del costo de oportunidad. Así, cada país debería especializarse en la producción de bienes que tengan el costo de oportunidad más bajo para posteriormente realizar el intercambio comercial.

Después de la Segunda Guerra Mundial se estableció el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (gatt por sus siglas en inglés) como un foro negociador para establecer un sistema basado en reglas para la liberalización de las transacciones internacionales. También se llevaron a cabo estudios para aplicar las diferentes teorías de la ventaja comparativa en la práctica. Para sorpresa de casi todos, los resultados empíricos no apoyaban estos modelos y en algunos casos los contradecían. Fue así como los economistas empezaron a examinar los supuestos utilizados y terminaron diseñando lo que en la década de 1980 se llamó la teoría estratégica del comercio con base en los avances obtenidos en los campos de la organización industrial y la teoría de juegos. En aquel entonces, también se le denominó la nueva teoría de comercio, pero con el paso del tiempo este título lo han adquirido otros modelos del siglo xxi.

En esta nueva ola de modelos destaca Paul Krugman quien, en 1979, publicó el artículo titulado «Rendimientos crecientes, competencia monopolística y comercio internacional», y en 1980 otro relacionado: «Economías a escala, diferenciación del producto y patrones de comercio». Reemplaza el supuesto de la producción de bienes con rendimientos constantes por el de rendimientos crecientes como causa del comercio internacional. Estos últimos también son denominados economías a escala. La producción de autos, que requiere grandes inversiones de capital, es un ejemplo en el que conforme aumenta su producción, baja sus costos por unidad fabricada. Las economías de escala pueden proporcionar a las grandes empresas una ventaja sobre las pequeñas, lo que lleva a condiciones de mercado de oligopolio o incluso de monopolio en los países.

Lo anterior explica que el supuesto de competencia perfecta, de los modelos originales de la ventaja comparativa, es cuestionable en las circunstancias actuales. Las economías a escala y la competencia

monopolística llevan a Krugman a incorporar la nueva geografía económica, en donde la producción se concentra en unas pocas ciudades y países que se encargan de exportarla. En 1991, Krugman escribió «Rendimientos crecientes y geografía económica» en donde explica que las aglomeraciones económicas se originan no sólo por las fuerzas del mercado, sino también por desarrollos históricos e incluso por el azar. Esto puede ayudar a explicar por qué existen regiones o ciudades con alta tecnología y regiones periféricas menos desarrolladas.

Todo esto ayuda a entender una parte de las tendencias actuales en donde muchos de los países avanzados (naciones con características similares) producen y comercian bienes similares (autos) lo cual es posible también por la diversidad de gustos de los consumidores. Paul Krugman obtuvo el Premio Nobel de Economía en 2008 por sus análisis de los patrones de comercio y la localización de la actividad económica.

Parecería ser que, actualmente, la parte del comercio internacional que se lleva a cabo entre industrias similares de países avanzados (intraindustrial) es mejor explicada por la teoría estratégica del comercio, y la parte interindustrial de naciones diferentes es mejor detallada por los modelos de la ventaja comparativa. Independientemente de lo anterior, la teoría estratégica del comercio implica que los gobiernos deberían de apoyar a las empresas que destacan en la estructura oligopólica, que tienen economías a escala y normalmente se encuentran en los sectores de alta tecnología. Esto es lo contrario de lo que proponen las teorías de las ventajas comparativas, las cuales se basan en mercados de competencia perfecta, por lo que todas las industrias son igualmente importantes y no requieren de ayuda gubernamental. La teoría estratégica del comercio sigue siendo muy controvertida dentro del grupo de los economistas: algunos la consideran como defensora del proteccionismo y otros opinan que es benéfica para los participantes.

Se deja atrás esta nueva teoría, para realizar una transición de los modelos de las ventajas comparativas al de la ventaja competitiva de los países. Michael E. Porter escribió en 1990 «La ventaja competitiva de las naciones», artículo que analiza la situación de las industrias en diez países desarrollados: Alemania, Corea del Sur, Dinamarca, Esta-

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dos Unidos, Italia, Japón, Singapur, Suecia, Suiza y Reino Unido. Tuvo el apoyo de treinta investigadores, la mayoría residentes en cada uno de los países estudiados, que utilizaron la misma metodología, identificando las industrias exitosas a nivel internacional entre 1971 y 1985, así como la historia de la competencia en cada una de estas industrias. Su resultado muestra a Estados Unidos, Japón y Alemania como los líderes mundiales en cuanto a poder industrial. Desde su punto de vista, la ventaja se concentra en algunos sectores, y ningún país en el mundo puede llegar a ser competitivo en la mayoría de sus industrias. En Alemania destacan la industria química y la automotriz; en Italia, los textiles y los zapatos; en Suiza, los bancos; en Japón, los semiconductores; y en Corea del Sur, los pianos.

El estudio proporciona ejemplos donde la posición competitiva de las industrias en el plano nacional no puede ser explicada de manera satisfactoria ni suficiente en lo individual por los siguientes factores: (a) variables macroeconómicas, como los tipos de cambio, las tasas de interés y los déficits fiscales; (b) mano de obra abundante y barata; (c) abundancia de recursos naturales; (d) manejo de las políticas gubernamentales; (e) diferencias en las prácticas administrativas, incluyendo las relaciones con los sindicatos. Cada uno de ellos contiene puntos válidos, pero existen factores más grandes y complejos que explican el tema.

Por lo anterior, afirma que la competitividad de un país depende de la capacidad de sus industrias para innovar y perfeccionarse. Esto a su vez está determinado por: (a) las condiciones de los factores de producción; (b) la naturaleza de la demanda en el mercado local; (c) el apoyo de otras industrias relacionadas (clusters), y (d) la naturaleza de la competencia local. Esta afirmación va en contra de los que consideran que la competitividad de las naciones depende de los costos laborales, las tasas de interés, los tipos de cambio y las economías a escala. Porter equipara cada uno de los incisos anteriores a un diamante cuyos contornos forman un sistema integral. De manera intencional, no incluyó a los países ni a las industrias que dependen de los recursos naturales, ya que estas situaciones pueden ser mejor explicadas por las teorías económicas convencionales.

¿Cuál es el papel de los gobiernos en la competitividad? Ya se estudió que la teoría de la ventaja comparativa propone una visión de libre mercado en donde la operación de la economía se debe dejar al sector privado. También se detalló que la nueva teoría del comercio podía implicar el apoyo gubernamental directo a la industria estratégica empleando todas las políticas públicas a su disposición. En este caso, el gobierno puede seleccionar las posibles industrias ganadoras o puede apoyar a las grandes industrias que han sobrevivido en un mercado oligopólico. Porter considera que ambos extremos son incorrectos y propone un punto intermedio en el que el gobierno juega un papel indirecto y debería ser responsable de crear el medio ambiente necesario para la operación eficiente de las empresas y las industrias. Considera que el gobierno sólo debería de intervenir directamente en aquellas naciones que están en la primera etapa de su proceso de desarrollo; es decir, pone como excepción a los países menos adelantados. Se hará una pequeña pausa para decir que, en el caso de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha dejado muy claro cuál es el papel de su gobierno en éste y otros temas. Uno de los sellos del nuevo gobierno es la separación del poder político del poder económico, que implica que no será un simple facilitador y dejará de ser un comité al servicio de una minoría. De manera concreta, en su libro Hacia una economía moral (2019) opina que «es falaz la afirmación de que el Estado no debe promover el desarrollo, que debe abstenerse de procurar la distribución del ingreso y que ha de dedicarse en exclusiva a crear las condiciones que permitan a los inversionistas hacer negocios, pensando que los beneficios se derramarán automáticamente al resto de la sociedad» (p. 102).

Regresando al estudio de Porter, se dirá que está basado en las industrias de los países al considerar que, al final, son las empresas las que compiten y obtienen ventajas. Destacando que la innovación nace, muchas veces, a raíz de la presión de la competencia doméstica, recomienda a las compañías crecer internacionalmente en lugar de dominar el mercado local. Reconoce que no existe una definición generalmente aceptada de competitividad aplicada a un país, pero hablar de competitividad entre empresas es algo claro y útil. Concluye que el único concepto con sentido al hablar de la competitividad de

las naciones es el nivel de productividad tanto de su mano de obra como de su capital. «La productividad es el principal determinante de los estándares de vida en el largo plazo, y la causa fundamental de su ingreso per cápita. La productividad laboral determina los sueldos de los empleados, y la productividad del capital el rendimiento de los inversionistas» (Porter, 1990, p. 76).

Este estudio de Porter ha sido muy influyente en el medio empresarial y político, sobre todo fuera de Estados Unidos. No ha tenido buena aceptación entre los economistas estadounidenses probablemente por el método inductivo y empírico basado en el análisis de casos de países desarrollados, que concluyó con las tendencias generales de las industrias exitosas. Este procedimiento es contrario al enfoque teórico y deductivo de los economistas que desarrollan modelos basados en supuestos para llegar a generalizaciones. Por lo mismo, a diferencia de los otros modelos, el de las ventajas competitivas no aparece prácticamente en ningún libro de texto de macroeconomía. Todo parece indicar que Porter no ganará el Premio Nobel de Economía, aunque seguramente ha obtenido más «plata» mediante los trabajos de asesoría que ha brindado a diferentes gobiernos y empresarios.

El lector puede deducir que los métodos y las visiones de Krugman y Porter son distintas, pero coinciden en el tema de equiparar la competitividad de los países con su productividad económica. En 1994, Paul Krugman escribió un artículo titulado «Competitividad: Una obsesión peligrosa» en el que considera que sí existe una rivalidad entre las naciones por el estatus y el poder mundial, donde el país que más crece económicamente logra aumentar su jerarquía política. Sin embargo, definir la competitividad de las naciones es mucho más problemático que la de las empresas. El último renglón del estado de resultados de una compañía se refiere a la utilidad o pérdida en un periodo determinado de tiempo. Si es negativo, se puede decir que la entidad no es competitiva, y si continúa con pérdidas en el tiempo, puede quebrar y desaparecer. Los países no tienen definido un renglón final y, además, no pueden desaparecer, por lo que hablar de la competitividad es muy elusivo o escurridizo, y constituye una suposición equivocada. Por todo esto, no tiene sentido hablar de competitividad cuando se aplica a los países, pero sí cuando se habla de com-

petitividad entre empresas (Coca-Cola contra Pepsi Cola). Deja claro que los países no tienen un último renglón definido y que la competitividad internacional no está determinada por el saldo comercial de la balanza de pagos.

A pesar de lo anterior, a algunos políticos, como Jaques Delors y Bill Clinton, les encantaba hablar acerca de hacer la economía de la Comunidad Europea y la de Estados Unidos más competitiva, entre otras cosas, por el crecimiento del comercio internacional de Japón en la década de los ochenta. Lo hacían casi de manera obsesiva como un mecanismo político que proyecta imágenes de peleas entre países que son emocionantes y salen en los medios. Por supuesto que cada uno es libre de usar el significado de las palabras que le conviene o le gusta. Por lo mismo, Krugman (1994) considera que las personas «pueden usar el término de competitividad como una forma poética de decir productividad, sin realmente implicar que la competencia internacional tiene algo que ver con esto» (p. 35). Reitera que el problema «competitivo» de un país es realmente un problema de productividad simple y puro. Además de que la obsesión de los políticos es peligrosa, ya que puede llevar a una mala asignación de recursos y a otras políticas públicas ineficientes.

Se agrega una de las frases famosas de Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía en 1970, quien decía que «los economistas verdaderos no hablan de competitividad». El mensaje de los economistas «puros y duros» es claro en el sentido de que la competitividad de los países es un término elusivo, y si alguien lo quiere usar, debe regresar a hablar de la productividad de la economía.

Desde finales del siglo xx se ha mejorado la disponibilidad de datos de las empresas que llevan a cabo el comercio internacional en algunos lugares del mundo. Esto ha revelado que las empresas exportadoras representan sólo una pequeña parte del total de las corporaciones en prácticamente todos los países. También ha mostrado que las compañías exportadoras son más productivas, más grandes y pagan salarios más altos, que las que no lo son. Esto ha originado otros modelos de comercio internacional más recientes, que se pueden llamar patrones contemporáneos. Sólo se destaca el desarrollado por Marc J. Melitz en 2003 que introduce las diferencias de productividad entre

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las empresas utilizando como base el modelo de la nueva teoría de Krugman, y que ha recibido apoyo empírico. Con todo esto, se resalta que las teorías relativas a la competitividad han pasado de enfocarse en los países, a poner énfasis en las industrias y, ahora, en empresas con distintas características. El tema de analizar diferentes empresas da la oportunidad de hablar de los puntos de vista de los empresarios con respecto a la competitividad económica.

Los empresarios hablan de la competitividad entre los países, pero, al final, la equiparan con la productividad de cada uno de ellos. El Foro Económico Mundial (wef por sus siglas en inglés) publica desde 1979 el Reporte global de competitividad, que va acompañado de un índice que ha evolucionado con el tiempo. La edición de 2019 define la competitividad como «el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país». De manera específica, el wef entiende la competitividad como aquellos «atributos y cualidades de una economía que permite un uso más eficiente de los factores de la producción». Este concepto está basado en la contabilidad del crecimiento medido como la suma de los factores de la producción (trabajo y capital) y la productividad total de los factores (ptf). Esta última recoge los elementos que no pueden ser explicados por el capital y el trabajo, por lo que el índice global de competitividad mide lo que impulsa a la ptf. El reporte de 2018 muestra que el índice global de competitividad está altamente correlacionado con los niveles de productividad. Sin embargo, menciona que las excepciones se refieren a los países ricos con recursos minerales, como Qatar, Kuwait, Brunéi Darussalam y Trinidad y Tobago.

El Reporte global de competitividad 2019 menciona que la productividad es el determinante más importante del crecimiento a largo plazo y del ingreso. Ha diseñado un nuevo índice basado en 12 pilares y 103 indicadores que provienen tanto de encuestas a ejecutivos como de datos emitidos por organismos internacionales, instituciones académicas y organizaciones no gubernamentales. Se reitera que este índice se basa en la contabilidad del crecimiento económico y mide los determinantes de la productividad total de los factores (ptf), entendida como la parte del crecimiento no explicada por los factores de la producción. La tabla 2.12 presenta los resultados para México, que

obtiene una calificación de 64.9 sobre 100, y se encuentra posicionado como el país 48 de un total de 141.

Tabla 2.12

Los doce pilares de la competitividad del WEF El caso de México

Pilar

Fuente: Reporte Global de Competitividad. WEF. 2019.

Por el lado de la calificación, México destaca en estabilidad económica con una nota casi perfecta y reprueba en la capacidad de innovación. Por el lado de la clasificación, ocupa la posición once en el tamaño del mercado, pero está muy abajo en la tabla en el tema de las instituciones. Para poner en contexto estos resultados, se menciona que Singapur ocupa la primera posición en la clasificación mundial con una calificación de 84.8, y Chad se ubica en el último lugar con una nota de 35.1

También existe la medición de competitividad a nivel subnacional para el caso de México. El Instituto Mexicano para la Competitividad (imco) es un centro de investigación privado sin fines de lucro que, entre otras cosas, produce un índice de competitividad estatal que incluye 97 indicadores categorizados en 10 subíndices. Estos úl-

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timos incluyen la innovación, las relaciones internacionales, la economía, los sectores precursores, los mercados de factores, el derecho, el medioambiente, la sociedad, el gobierno y el sistema político. La última publicación corresponde a 2020 con datos de 2018 y puede ser consultada en la página www.imco.org.mx.

En contraste con los reportes pasados, el índice elaborado por el imco en 2020 no da una clasificación general de las 32 entidades federativas. Ahora, asigna medallas de oro, plata y bronce para algunas de ellas, y deja a otras sin la posibilidad de subir al pódium. Los cinco estados que obtuvieron medalla de oro (los más competitivos) fueron

Ciudad de México, Querétaro, Chihuahua, Colima y Yucatán. También otorgó ocho medallas de plata, ocho más de bronce, y dejó sin reconocimiento a 16 estados, por no estar al nivel de competencia de los galardonados.

Esta sección ha hecho un breve repaso de las teorías del comercio internacional en los últimos 203 años. Se inició con la ventaja comparativa, pasando por el modelo Heckscher-Ohlin, la nueva teoría del comercio, la ventaja competitiva, hasta llegar a los modelos contemporáneos Todos estos estudios han sido desarrollados teórica y empíricamente por economistas que consideran que el comercio internacional es benéfico para sus participantes. Sin embargo, casi todos ellos concluyen que no es correcto, ni tiene sentido, hablar de competitividad entre países en un sentido estrictamente económico. Recomiendan estudiar la competencia entre empresas y, en el caso de querer agregar a nivel de nación, equiparan la competitividad con la productividad total. Esto último es lo que hace el Foro Económico Mundial en su Reporte global de productividad.

Sin embargo, la competitividad entre los países continúa siendo utilizada fuera del círculo de los economistas que defienden el libre comercio, ya que hay algunas personas que no creen en el libre comercio y consideran que produce ganadores y perdedores. También están los políticos que proponen reinventar el gobierno para tratar de ganar o recuperar las ventajas competitivas en relación con otros países. Se tiene el caso del presidente Donald Trump, en Estados Unidos, que presiona al presidente de la Reserva Federal para bajar las tasas de interés para poder competir con Alemania y otros países que tienen

tasas de interés negativas. Además, impone tarifas aduaneras a China y otros países con el objeto de reducir el saldo de la balanza comercial para lograr un comercio «justo».

Es claro que el término de competitividad económica es vago y ha cambiado con el tiempo. Este libro considera que la competitividad entre naciones seguirá siendo utilizada, no tanto en su sentido estricto definido por los economistas, sino en su sentido amplio, usado por los políticos y empresarios. Por lo anterior, se recomienda al lector hablar de productividad cuando se encuentre entre economistas y usar el término de competitividad cuando platique con políticos y empresarios.

Parte 3

El PIB y más allá

El bienestar económico no puede ser medido adecuadamente a menos que la distribución personal del ingreso sea conocida.

Simon Kuznets, 1934

No cabe duda de que el PIB es la superestrella de los indicadores.

Rutger Hoekstra, 2019

e la mano de la División de Estadística que forma parte del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, y a través de su coordinación del Sistema de Cuentas Nacionales (scn), el pib navegó como el principal indicador para evaluar el progreso de la producción de bienes y servicios de un país. Una vez más se reitera que el pib viene de un sistema de cuentas negociado en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (onu), pero, con el correr del tiempo, se han creado algunas historias a su alrededor. El título de este libro alude justamente a que el pib está rodeado de muchas cuentas y de algunos cuentos.

El pib empieza a tener críticas, competidores y compañeros desde muy temprano en su vida. En el primer capítulo se mencionó brevemente cómo en la década de los sesenta el

senador Robert F. Kennedy consideraba que el producto nacional bruto (pnb), la versión anterior al producto interno bruto (pib), contabilizaba cosas «malas» o «dañinas» para los seres humanos e ignoraba muchas otras estimadas como «buenas». Continuando con los políticos, en la década de los setenta, el rey de Bután declaró que la felicidad nacional bruta (fnb) era más importante que el producto nacional bruto (pnb), y cuando el país se convirtió en una monarquía parlamentaria en 2008, el concepto de la fnb quedó plasmado en la constitución y se creó una estructura institucional para dar seguimiento a dicho concepto. Para todo esto, se creó el índice de felicidad nacional bruta que trata de medir la calidad de vida de los habitantes a través de nueve dimensiones usando 33 indicadores.

La fnb surgió como respuesta ante las críticas a los altos niveles de pobreza imperantes en Bután, para lo cual el rey decidió cambiar la atención del pib a este concepto basado fundamentalmente en el budismo. Quería presentar a su país como uno de los más felices del mundo, con datos y encuestas procesados por el mismo gobierno. Es indudable que este pequeño país asiático con cerca de 800,000 habitantes ha tenido avances importantes en varios rubros de su economía basada en la agricultura y en la generación de energía hidroeléctrica; sin embargo, el Reporte Mundial de la Felicidad, que ha sido publicado desde 2012 para apoyar a la Comisión de Bienestar y Felicidad de la onu, y que utiliza datos derivados de la encuesta mundial Gallup, lo ubica, en su edición de 2019, en el lugar número 95 de 156 países.

El primer compañero con peso del pib se deriva del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud), que inició con el reporte y el índice de desarrollo humano en 1990. En esta primera edición dejó claro que, aunque el crecimiento del pib es absolutamente necesario, debe ir acompañado de otras medidas relacionadas con la salud y la educación de la gente. Es decir, se pasó de hablar del desarrollo económico concentrado en el crecimiento, al desarrollo humano enfocado en la gente. En este contexto, el pib sobrevivió como parte de un triunvirato que incluía también la salud y la educación de las personas.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo existe desde 1965 y provee de asistencia técnica a más de 170 países y territorios en el mundo. En 2018 generó ingresos por 5.5 billones de dólares de varias fuentes que incluyen donaciones públicas y privadas. El Reporte del Desarrollo Humano es su publicación emblemática, y existe independencia en su elaboración, que está validada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Todo esto sirve para explicar el hecho de que la División de Estadística de la onu y el pnud muchas veces trabajan en la misma dirección, pero otras aplican herramientas de medición y realizan recomendaciones distintas.

Tres años después del lanzamiento del Reporte del Desarrollo Humano publicado por el pnud, la División de Estadística de la onu terminó de negociar la cuarta revisión del sistema de cuentas nacionales (snc) en donde presenta las denominadas cuentas satélites como una forma de completar al núcleo central, las cuales aportan incluso indicadores físicos que acompañan a los monetarios. Esto responde parcialmente a la consideración del tema del medioambiente, ya que continúa existiendo una correlación positiva entre el crecimiento del pib y la emisión de contaminantes. Es aquí donde se establece la estructura general de la contabilidad ambiental que desde entonces acompaña la medición del pib. De todas las cuentas satélites, la ecológica es la más compleja e importante para nuestro futuro. Las agencias nacionales de estadística ya producen de manera periódica la cuenta satélite del medioambiente y en este capítulo se presentará un detalle del caso de México.

El Banco Mundial entra a la escena de la historia del pib en 2006 con la publicación de la obra ¿Dónde está la riqueza de las naciones?,

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que presenta como un indicador complementario del pib. Como se ha mencionado en este libro, el pib es un flujo que corresponde a un periodo determinado, lo que contrasta con la riqueza, que mide los recursos en un momento dado del tiempo. El primero es equiparable al estado de resultados de una compañía y el segundo, al balance general que muestra sus activos y los derechos sobre los mismos.

Este esfuerzo del Banco Mundial ha continuado hasta la fecha, lo que ha consolidado una base de datos de 141 países y territorios que va desde 1995 hasta 2014. Es encomiable el esfuerzo de dicho organismo internacional por medir la riqueza de los países, y ojalá se continúe haciendo con una frecuencia mayor. Sin embargo, resulta paradójico que teniendo como objetivo prioritario el combate a la pobreza realice estudios que tienen que ver con la riqueza. ¿Será por eso por lo que muchos políticos argumentan que la mejor forma de atacar la pobreza es mediante la generación de riqueza?

A principios de 2008, casi de manera concurrente con las primeras manifestaciones de la Gran Recesión, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, estableció una Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social. Reunió a más de veinte economistas e investigadores sociales y se apoyó fuertemente en la plataforma de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) que tiene su base en París. Estuvo presidida por Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, por Amartya K. Sen, quién también obtuvo ese mismo reconocimiento en 1998, y por Jean-Paul Fitoussi, presidente del Centro de Investigación Económica de Sciences Po. En septiembre de 2009, la Comisión entregó su reporte, que fue publicado en el libro Midiendo incorrectamente nuestras vidas: ¿por qué el PIB no encaja? El documento no sólo reconoce los problemas del pib, descritos en dicho libro, sino que también habla de la calidad de vida de las personas y del desarrollo sostenible y el medioambiente. Propone cambiar el énfasis de la estadística en el cálculo del pib, ya que no siempre es un buen indicador del éxito de un país. El nuevo foco debería fijarse en un conjunto de medidas que determinen el bienestar de las personas. El reporte de la Comisión considera que es imposible capturar en un solo indicador, como el pib, la complejidad alrededor del bienestar

de la sociedad. Por lo mismo, recomienda pasar de usar una medida (pib) a un tablero de indicadores. El panel de instrumentos de un automóvil es un buen ejemplo de que un tablero de indicadores es necesario. El velocímetro sirve para no exceder los límites de velocidad y evitar sanciones; se tiene un indicador que permite saber cuánto combustible queda y estimar el número de kilómetros que se pueden recorrer antes de parar a recargar el tanque de gasolina; también existen indicadores de temperatura del refrigerante y de la carga de la batería. Intentar administrar una economía sin indicadores es cómo manejar un auto sin instrumentos.

El reporte aporta un total de doce recomendaciones. Las primeras cinco son necesarias para pasar de la medición del pib al concepto de bienestar y se presentan en el siguiente párrafo. Aunque no se detallan aquí, existen seis recomendaciones más para atender el carácter multidimensional del bienestar en sus aspectos objetivos y subjetivos, así como una última relacionada con los indicadores físicos del medioambiente.

Las recomendaciones para transitar de la producción al bienestar son:

1. Cuando se tenga que evaluar el bienestar material, observar el ingreso y el consumo, en lugar de la producción.

2. Hacer hincapié en la perspectiva de los hogares. Es mejor analizar el ingreso o el consumo real de los hogares que el pib por habitante.

3. Considerar el ingreso y el consumo, junto con la riqueza. Se debe construir el balance general tanto de los hogares como de otros sectores, y de la economía como un todo.

4. Dar mayor importancia a la distribución del ingreso, el consumo y la riqueza. Es mejor usar la mediana que el promedio aritmético en cada una de las variables mencionadas. Se debe acompañar con otra información de la distribución del ingreso, el consumo y la riqueza.

5. Ampliar las medidas del ingreso con actividades que no son de mercado. El ocio y los servicios del hogar para consumo propio son ejemplos de esto último.

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Este esfuerzo ha continuado dentro de la ocde, primero con el lanzamiento, en 2011, de la Iniciativa para una Vida Mejor (ipvm), que mide el bienestar y el progreso con once variables distintas, y después en 2018 con la publicación de Más allá del PIB: midiendo lo que cuenta para un desempeño económico y social, en donde reporta los avances de la Comisión para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, después de varias reuniones entre economistas y estadísticos, donde proponen otras doce recomendaciones para el trabajo futuro.

Este capítulo proporciona más información de los trabajos de la onu, el Banco Mundial y la ocde, para proponer un tablero de indicadores que complementen al pib y lograr, así, una visión más completa del desarrollo. El libro termina con algunos comentarios a manera de conclusión.

El índice de desarrollo humano (idh)

La noción o idea del «progreso» de la humanidad dominó la discusión mundial hasta la primera parte del siglo xx. Era muy difícil seguir hablando de progreso después de enfrentar la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que dejó un saldo cercano a los dieciséis millones de víctimas; la Gran Depresión de 1929, que se extendió por muchos años y provocó niveles de desempleo superiores al 30% de la población económicamente activa de Estados Unidos, y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) con sesenta millones de personas muertas. Fue aquí donde los países vencedores decidieron sustituir el concepto de progreso por el de «desarrollo». Muchos de los organismos internacionales llevaban este título que ha influido el pensamiento hasta nuestros días. Sólo se mencionará la creación del Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (Banco Mundial), el Banco Interamericano de Desarrollo (bid), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (ocde), y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud). Casi todas estas organizaciones iniciaron hablando de países desarrollados y subdesarrollados, aunque con el tiempo a estos últimos se les ha llamado naciones en vías de desarrollo o países en

desarrollo. El término progreso se utiliza actualmente, pero ya no es el paradigma dominante.

De la mano de este proceso, a principios de la década de los cincuenta surgió la teoría económica del desarrollo, que estudia el crecimiento económico de los países a través del tiempo, basándose fundamentalmente en el pib y en el nivel general de precios. Por lo mismo, el desarrollo fue equiparado, en un principio, al crecimiento del pib y muchos lo consideraban como un fin en sí mismo. Después de un par de décadas, los investigadores notaron que en donde se obtenía crecimiento económico, generalmente iba acompañado de mayores niveles de desigualdad en el ingreso de sus habitantes y de malos resultados en el combate a la pobreza. Fue así como se inició un proceso de transformación, en la década de 1970, en donde muchos autores recomendaron cambiar el enfoque del crecimiento económico y concentrase en las personas. Destaca Amartya Sen quien demostró que el desarrollo se lograba incrementando las oportunidades de las personas, así como sus capacidades. Esto implicaba que el pib y el crecimiento económico deberían ser un medio para lograr el desarrollo. Sen obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1998, como se dijo anteriormente, por sus contribuciones a la economía del bienestar.

Los estudios de Sen y otros autores llevaron a que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) publicara por primera vez en 1990 su Informe sobre Desarrollo Humano y el índice de desarrollo humano (idh), que, salvo algunas excepciones, se continúa elaborando de manera anual hasta nuestros días. La última edición se dio a conocer el 9 de diciembre de 2019 bajo el título «Más allá del ingreso, más allá de los promedios, más allá del presente: Desigualdades del desarrollo humano del siglo xxi», en donde recomienda a los países no concentrarse sólo en los temas económicos, ya que las manifestaciones actuales en muchas partes del mundo se originan en la desigualdad del poder, que es concentrado por unos pocos a expensas de la mayoría.

El idh está compuesto por tres dimensiones básicas: la posibilidad de vivir una vida larga y saludable (esperanza de vida al nacimiento); la capacidad para adquirir conocimiento (años promedios y esperados de escolaridad), y la habilidad para alcanzar estándares de vida decentes (ingreso nacional bruto por habitante). El principio básico

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del idh es medir el desarrollo nacional no sólo por su ingreso per cápita, como sucedía en la práctica antes de 1990, sino también por sus alcances en educación y salud.

Ese índice toma valores entre 0 y 1, siendo el primero la calificación más baja, que significa menos desarrollo, y el segundo es el punto más alto, que se interpreta como máximo desarrollo. Es así como los países se clasifican en cuatro grupos: (a) aquellos que tienen una calificación de 0.800 o más se consideran con un índice muy alto; (b) los que obtienen entre 0.700 y 0.799 son del grupo alto; (c) se estima un índice medio si se obtiene entre 0.550 y 0.699, y (d) los países con un índice bajo tienen un valor menor a 0.550. El reporte de 2019 presenta el idh para 189 países y territorios con sus valores actualizados al 2018. Existen 62 países clasificados con valores muy altos, 54 con índices altos, 37 en el medio y 36 con un desarrollo humano bajo.

Los tres países con los valores más altos son Noruega (0.954), Suiza (0.946) e Irlanda (0.942). Las tres naciones con las calificaciones más bajas son Níger (0.377), la República Centroafricana (0.381) y Chad (0.401). Si el análisis se hace a través del tiempo, se puede decir que, desde 1990, todas las regiones y grupos han progresado. El valor promedio del idh ha pasado de 0.598 en 1990 a 0.731 en 2018, lo que demuestra que la gente vive más tiempo, es más educada y tiene más ingresos para su sustento. Sin embargo, ha quedado claro que el progreso no es lineal y hay un largo camino por recorrer.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) ha llevado a cabo múltiples informes a nivel país. Es así como, en el caso de México, ha realizado varios ejercicios, el último de los cuales se refiere al año 2016. La información más reciente para México se presenta en la tabla 3.1 que muestra las tres dimensiones de la salud, la educación y el ingreso, así como el valor del idh y su clasificación.

3.1

El índice de desarrollo humano de México 2018

Esperanza de vida al nacer

75.0 años

Escolaridad esperada 14.3 años

Años promedio de escolaridad 8.6 años

Ingreso nacional bruto per cápita 17,628 dólares

Valor del idh 0.767

Clasificación (alta) 76/189

Fuente: pnud.

La esperanza de vida al nacer se ubicó en 75.0 años. Se trata de un número alto ya que se encuentra relativamente cerca del valor máximo de 85 años que considera el índice. También representa un nivel más elevado de los 70.8 años que se tenían en 1990, fecha en que inició la serie del idh

La escolaridad esperada se refiere al número de años de educación que un niño a punto de entrar a la escuela por primera vez puede recibir, si permanecen las tasas actuales de inscripción. El mejor valor que puede tomar el índice es 18 años. Los 14.3 años que se obtienen en 2018 van en la dirección correcta, ya que en 1990 su valor se encontraba en 10.6 años.

Los años promedio de escolaridad se refieren a la educación que recibieron en su vida las personas que tienen 25 años o más. En este rubro, México se encuentra prácticamente a medio camino, ya que el valor máximo que considera el idh es 18 años. A pesar de lo anterior, los 8.6 años promedio de 2018 implican una mejora frente al nivel de 1990, que se ubicaba en 5.5 años promedio.

El ingreso nacional bruto per cápita está expresado en términos de la paridad del poder de compra, y se presenta en dólares internacionales de 2011. En 2018, un mexicano promedio recibía 17,628 dólares que se comparan favorablemente con los 12,690 dólares que recibía en 1990. Éste es el equivalente al pib por habitante del que se ha hablado a detalle en el presente libro.

El valor total del idh de México, que se ubica en 0.767, considerado un nivel alto, resulta de aplicar la media geométrica de los tres com-

Tabla

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ponentes de ingreso, educación y salud. Con este resultado, queda clasificado en el lugar número 76 de los 189 países y territorios considerados. La gráfica 3.1 muestra la evolución del valor del idh en los 29 años de existencia de los reportes del pnud.

Gráfica 3.1 Tendencia del IDH de México

Fuente: pnud.

El valor del idh de México ha pasado del 0.652 en 1990 al 0.767 en 2018. A pesar de este aumento, hay otros países que han avanzado más rápidamente, por lo que entre 2017 y 2018 ha descendido dos lugares en la clasificación general. Si se considera sólo la región de América Latina, México ocupa la séptima posición, superado por Chile (lugar 42), Argentina (48), Uruguay (57), Panamá (67), Costa Rica (68) y Cuba (72).

El reporte del pnud se ha vuelto más integral ya que se ha complementado con otras dimensiones del desarrollo humano que son importantes, como la pobreza, la equidad de género y la desigualdad. En relación con este último tema, el idh también es calculado ajustando sus valores originales por la desigualdad. Es así como, para el caso de México, el idh pasa de 0.767 a 0.595, lo que indica el efecto negativo

de la desigualdad en 2018. Se trata de una disminución del 22.4% que hace que México pierda 17 lugares en la clasificación mundial.

Medioambiente y pib

Desde la Revolución Industrial, tanto la actividad económica como el daño al medioambiente han crecido de manera significativa, superando lo que sucedía en las sociedades agrícolas previas al siglo xviii. Primero fue el uso del carbón el que ayudó al proceso de electrificación de la economía, pero a principios del siglo xx la matriz energética cambió con el uso de combustibles fósiles, como el petróleo y el gas, mejorando los rendimientos y disminuyendo los costos de manera considerable.

Desde entonces, la actividad económica produce, cada vez más, los denominados gases de efecto invernadero. Esto consiste en que la atmósfera permite pasar la radiación solar, pero retiene una parte que es emitida por la Tierra. Este fenómeno comúnmente se compara con los paneles de vidrio de un invernadero que permiten a las plantas, en su interior, recibir la luz solar como si estuvieran al aire libre, pero retienen el calor y elevan la temperatura interior para favorecer su desarrollo. El efecto invernadero permite mantener la temperatura de la Tierra en niveles que hacen posible la vida humana. Ha existido de manera natural desde hace millones de años, pero se ha incrementado de manera exponencial en épocas recientes. Hay muchos gases de este tipo, pero el más abundante es el dióxido de carbono (CO2). Se reitera, entonces, que los gases de efecto invernadero son esenciales para la vida en el planeta, pero la preocupación es que se han incrementado a niveles nunca vistos en la historia de la humanidad, lo que puede representar un riesgo a la existencia tanto de los seres humanos como del planeta. La mayor concentración de estos gases en la atmósfera es la causa del cambio climático, llamado por otros «crisis climática», cuyos impactos se reflejan en el calentamiento global, el deshielo de los glaciares, el alza en el nivel del mar y otras catástrofes naturales.

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En la década de 1970, cuando el pib se encontraba en la primera etapa de su edad adulta, surgieron críticas muy fuertes derivadas tanto de la publicación del informe presentado por el Club de Roma, titulado «Los límites del crecimiento», como de la crisis del petróleo. El reporte afirmaba que los recursos naturales no renovables constituían una restricción para el crecimiento económico, proyectando que en los siguientes cien años se alcanzaría un límite absoluto si continuaban los aumentos de la población, la explotación de los recursos naturales y la consiguiente contaminación del medioambiente. Esto se combinó con dos crisis petroleras que llevaron a los precios del combustible a niveles estratosféricos.

Para las personas preocupadas por el medioambiente, organizadas a través de entidades civiles —los también llamados ambientalistas—, el cambio climático es el mayor desafío del siglo xxi y proponen reemplazar los combustibles fósiles por energías renovables. Han sido apoyados por algunos líderes políticos que formaron los denominados partidos verdes que han ocupado posiciones de gobierno responsables de la política energética. Esto ha rendido frutos, ya que la matriz energética actual, aunque continúa siendo dominada por los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), se ha balanceado con energías no renovables como la eólica, la solar, la biomasa y la controvertida fuente nuclear.

La mayoría de los economistas consideran que la contaminación del medioambiente constituye un fallo del mercado o una externalidad negativa, ya que las empresas al buscar su propio interés, la obtención de utilidades, no logran producir el interés o bienestar de la sociedad en relación con su salud. Por lo anterior, consideran que la intervención de los gobiernos es necesaria, con el objeto de crear los incentivos que se requieren para que esto no ocurra. Algunos sugieren que se deben establecer impuestos a la emisión de gases provenientes de los combustibles fósiles y otros consideran que es necesario fijar precios al uso de los recursos naturales que no tienen tasación alguna. Los organismos internacionales han participado en el debate de manera activa a través de la celebración de conferencias y de múltiples tratados en materia del medioambiente. Es así como el Protocolo

de Kioto, que obliga a los países desarrollados a cumplir metas de reducción de emisiones, se encuentra vigente hasta 2020. Después de esta fecha, entrará en vigor el Acuerdo de París, en el que intervienen casi todos los países, cuyo objetivo es mantener el aumento de la temperatura en este siglo por debajo de los dos grados centígrados con relación a los niveles preindustriales. El presidente Trump decidió sacar a Estados Unidos de dicho acuerdo en junio de 2017, con el argumento de que pone en desventaja a los trabajadores, empresas y ciudadanos de su país. Además, decidió no realizar las aportaciones prometidas para el Fondo Verde, que ayudaría a los países menos desarrollados, como la India, que se habían comprometido.

La onu se ha constituido como el ente coordinador de estos esfuerzos y ha tratado de inclinar la balanza para explicar que el cambio climático es producto de la actividad humana y no de otros factores. Es decir, es un hecho que una parte del cambio climático ha sido causada por cuestiones naturales (variaciones solares, orbitales, fuerzas tectónicas, erupciones volcánicas) y otra ha sido provocada por la actividad humana (uso excesivo de combustibles fósiles, contaminación de ríos y océanos). Aún existe un debate sobre qué proporción ha sido producida por el hombre y qué porcentaje corresponde a otros factores naturales. Esto a pesar de que el quinto informe de evaluación del 2013 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la onu (ipcc) concluyó —de manera categórica— que las actividades humanas son las principales causantes del cambio climático.

De manera pausada, pero enérgica, las agencias de estadísticas han reaccionado ante toda esta situación. Desde 1993, el Sistema de Cuentas Nacionales (scn), coordinado por la onu, publicó una primera versión preliminar de la contabilidad ambiental, que fue actualizada diez años después. Sin embargo, fue hasta 2008, en la nueva versión del Sistema de Cuentas Nacionales (scn), que terminó de formalizar el impacto de las externalidades sobre el bienestar. Al mismo tiempo, dejaron claro que, para ellos, el pib no se considera una medida del bienestar.

Para ilustrar el desafío de combinar el pib con el medioambiente, en la introducción del reporte del scn de 2008 se pone el siguiente ejemplo:

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una fábrica puede generar ruido y emitir contaminantes a la atmósfera o a los acuíferos cercanos hasta el punto de causar una pérdida de atractivo y, consecuentemente, de bienestar para los individuos que viven en sus proximidades. En tanto no se apliquen penalizaciones económicas a la fábrica, el scn no mide esas consecuencias. Si, como consecuencia de la legislación o por otros motivos, la fábrica incurre en gastos para reducir el ruido o el volumen de contaminantes emitidos, los costos aumentarán, como también lo hará el bienestar, pero tampoco necesariamente en la misma proporción, y el nivel de bienestar tras las mejoras puede seguir siendo inferior al que se habría obtenido en caso de que la fábrica simplemente se hubiera cerrado. (p. 15)

Desde entonces, y como respuesta a las preocupaciones sobre el medioambiente, el scn desarrolló la metodología con el fin de obtener una cuenta satélite para conocer el costo económico de los daños ambientales en la producción de bienes y servicios. ¿Por qué una cuenta satélite? Para dar una respuesta, se le recuerda al lector que en el primer capítulo se habló de los temas «polémicos» o cuestionados en el cálculo del pib. No sólo se mencionó que incluía las operaciones de la denominada economía subterránea, sino que también se complementaba en una cuenta satélite los servicios de los hogares que se realizan de manera gratuita. En el caso del medioambiente, la cuenta satélite complementa al producto interno bruto (pib) mediante la determinación del producto interno neto ecológico (pine). También detalla los gastos de protección al medioambiente realizados por los hogares y los gobiernos, que forman parte del pib.

Con el objeto de proveer un ejemplo de la cuenta satélite, se presentan las Cuentas Económicas y Ecológicas de México, publicadas de manera anual por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (inegi), que el 4 de diciembre de 2019 dio a conocer los datos correspondientes a 2018. Como se observa en la tabla 3.2, el pib es el punto de partida para ajustarlo y obtener el pine, también conocido como producto interno neto (pin) ajustado ambientalmente.

Tabla 3.2

Producto interno neto de México

Ajustado ambientalmente 2018

Producto interno bruto (PIB)

(-) Consumo de capital fijo (CCF)

100.0%

(-) 17.4%

= Producto interno neto (PIN) = 82.6%

(-) Agotamiento

(-) Degradación ambiental

= PIN ajustado ambientalmente

(-) 0.5%

(-) 3.8%

= 78.2%

Fuente: INEGI. Los parciales pueden con coincidir con los totales por el redondeo.

El consumo de capital fijo se refiere a la depreciación correspondiente a los activos fijos y la amortización relativa a los intangibles. La suma de estos componentes asciende al 17.4% del pib. Al restarlos del pib se llega al producto interno neto (pin), que equivale al 82.6% del pib. Se continúa con la imputación de los costos por agotamiento, que es el equivalente de la depreciación y la amortización, pero aplicada a los recursos naturales. Para el caso de México, ascendió al 0.5% del pib de 2018. Este dato representa la disminución de los recursos forestales, hidrocarburos y agua subterránea. Resulta claro que el periodo de vida útil de los activos naturales es mayor que el de los activos fijos e intangibles, lo que lleva a asignaciones menores de los primeros en relación con los últimos.

La degradación ambiental incluye la contaminación del aire, la degradación del suelo, el contagio del suelo por residuos sólidos y del agua por descargas residuales. La suma de estos conceptos se estimó en 3.8% del pib para 2018. La suma del agotamiento y la degradación ambiental agrega costos totales imputados que representaron el 4.3% del pib en el año de referencia. La gráfica 3.2 muestra la serie histórica de esta suma durante los últimos quince años que comprende la serie.

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Gráfica 3.2 Costos totales por agotamiento y degradación ambiental de México

Porcentaje del PIB

Fuente: INEGI.

Se puede observar que existe una tendencia a la baja en el total de costos imputados al agotamiento y degradación del medioambiente, lo que significa que el daño provocado por la actividad económica ha sido menor en este siglo xxi. Aunque no se muestra ni en la tabla ni en la gráfica, la partida más grande de todos los costos se refiere a la contaminación de la atmósfera que por sí sola representa el 2.8% del pib de 2018. Para finalizar el análisis de la cuenta satélite se menciona que también detalla los gastos en protección ambiental realizados en mayor medida por el sector público, que ascendieron al 0.6% del pib en 2018. Esta última partida sí está registrada en el cálculo original del pib, pero es detallada en este valioso complemento. Para continuar hablando de la relación entre el cambio climático y la actividad económica, es importante mencionar que el Premio Nobel de Economía del año 2018 fue entregado a dos estadounidenses por incluir estos temas en el análisis de largo plazo. William D. Nordhaus lo recibió por «integrar el cambio climático en el análisis macroeconómico de largo plazo», y Paul M. Romer por «integrar las innovaciones tecnológicas en el análisis macroeconómico de largo plazo».

Nordhaus, en su presentación Nobel (Cambio climático: el último desafío de la economía), considera que los cambios climáticos y tecnológicos son externalidades asociadas con la actividad económica. Ambos constituyen fallas del mercado ya que no se puede llevar a cabo la producción mediante la oferta y demanda sin protegernos a nosotros y al medioambiente. Una de las fallas está en el sector energético, en especial en lo que se relaciona con los combustibles fósiles. Asimismo, habló del flujo circular entre la ciencia del cambio climático, sus impactos correspondientes y la política gubernamental recomendada. Explicó su modelo dinámico integrado de economía climática, que empezó a desarrollar en 1992, el cual tiene muchas matemáticas y es calculado de manera computarizada. Llevó a cabo proyecciones que se extienden hasta el año 2150 con escenarios que incluyen diferentes límites al incremento de la temperatura (1.5, 2.0 y 2.5 grados Celsius) y los compara con la alternativa de no hacer nada. Mostró impactos muy diferentes al medioambiente y estima que el actual precio del carbón de tres dólares por tonelada de dióxido de carbono debería ubicarse en el costo social del daño que produce, que calcula en 36 dólares. Por lo mismo, concluyó que la política del gobierno sería la de fijar el precio en ese nivel, o alternativamente establecer un impuesto. Propone establecer acuerdos internacionales basados en los principios de un club del clima en el que los socios pagan sus cuotas y excluyen a los que no lo hacen.

En este libro se ha hablado mucho de Paul Romer por su desarrollo de las teorías del crecimiento endógeno. Por lo mismo, en su presentación Nobel (Sobre la posibilidad de progreso) se concentró en hablar de la economía de las ideas o del recurso del conocimiento en las economías de mercado. Reiteró que nuestro futuro estará determinado por el balance entre los recursos naturales como una fuerza restrictiva y el descubrimiento-innovación como una fuerza positiva. Considera que una idea es un conocimiento codificado que puede ser copiado y compartido, y que el descubrimiento de nuevas ideas representa el cambio tecnológico. Distingue entre tres clases de progreso: el primero, o es el que se puede medir en unidades no monetarias, como podría ser el caso de la utilización del lumen para medir el flujo

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luminoso; el segundo, se refiere al progreso material, que tiene como objetivo medir los estándares de vida de las personas, el cual inició de manera significativa desde la Revolución Industrial; el tercero, considera que se puede hablar del progreso humano, para lo cual hay que cambiar el pensamiento histórico que nos ha dividido (nosotros contra ellos). Considera que las personas pueden ser nuestras aliadas no nuestros enemigos, ya que con esto podemos intercambiar y generar más y mejores ideas que producirán mayor crecimiento. Se debe pensar en el progreso humano no en función de lo que tenemos, sino de lo que somos. Por lo mismo, en términos generales, es mejor tener más gente en el planeta, pero se les debe ver como parte de nosotros y tratar con benevolencia. Bajo este escenario, no se requiere del interés personal para el progreso. Considera que el calentamiento global es un desafío serio que enfrentamos; sin embargo, no es problema de la física, ni de la naturaleza, sino un reto para que tomemos decisiones. En el mes de septiembre de 2019, cerca de cuatro millones de personas, en su mayoría jóvenes, se manifestaron en más de 150 países para enviar un mensaje a los gobiernos, en el sentido de que tienen que hacer mayores esfuerzos para combatir el cambio climático. Lo hicieron unos días antes de la Cumbre del Clima de la onu, celebrada en Nueva York. Es claro que existe una mayor presión de la sociedad y que la onu ha incluido este tema desde inicios de este siglo en su agenda prioritaria. Formó parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015) pues la sostenibilidad del medioambiente fue uno de los siete pilares. En la Agenda 2030, siete de los diecisiete objetivos se relacionan con el cambio climático.

No existe la menor duda de que la innovación le ganará a la contaminación en el mediano plazo, aunque las fechas no necesariamente coincidan con las establecidas en la agenda de los organismos internacionales. Pero mientras esto sucede, se les pide a los lectores que no le echen la culpa al pib de tales problemas. Es cierto que los contaminantes provienen de la producción y el consumo de bienes y servicios, pero los contadores nacionales que estiman el pib como un indicador no tienen la culpa de hacer su trabajo de la mejor manera posible.

La riqueza como el balance general que acompaña al pib

Cualquier persona que quiera llevar a cabo el análisis fundamental de una empresa se basa en sus estados financieros, que están constituidos por el estado de resultados y el balance general. El primero de ellos muestra la diferencia entre los ingresos y los gastos, por lo que se puede terminar con utilidades o pérdidas de la compañía durante un periodo determinado, que normalmente es un año o un trimestre en específico. El segundo presenta los activos, los pasivos y el patrimonio o capital contable de la empresa en un momento definido de tiempo, tradicionalmente al final del año o del trimestre en consideración. El balance general muestra partidas que son consideradas como un acervo, un saldo o una posición. Una evaluación completa relaciona varias partidas del estado de resultados (flujos) con las del balance general (acervos o saldos) con el objeto de fundamentar las decisiones de inversión, financiamiento u operación.

Los contadores son los responsables de proporcionar los estados financieros y lo hacen respetando el concepto de la partida doble dado a conocer desde 1494 por Luca Pacioli. No fue el inventor de la metodología, sino que plasmó en un libro lo que hacían los mercaderes de Venecia para registrar, clasificar y resumir sus transacciones. Desde la segunda mitad del siglo anterior, los financieros han construido sus teorías modificando el último renglón del estado de resultados. Es así como convierten las utilidades netas después de impuestos en flujos de efectivo disponibles para los dueños de la empresa. Esta transformación se lleva a cabo aumentando o disminuyendo partidas del estado de resultado que no involucran movimientos de efectivo como es el caso de la depreciación de los activos fijos o el de las ventas a crédito. No se entrará en detalles, pero la contabilidad generalmente aceptada no está basada en el efectivo, sino en un acumulado que reconoce los ingresos cuando se hayan ganado (devengado) y los gastos, cuando se incurra en ellos.

Las teorías de los financieros originalmente fueron desarrolladas con modelos que suponían un mundo sin impuestos, sin costo alguno para la quiebra de la corporación y con información disponible

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por igual para todos los participantes. Para los financieros, el recurso básico de una empresa con fines de lucro está representado por el flujo de efectivo que producen sus activos. En 1958, Franco Modigliani y Merton Miller mostraron que, bajo estas circunstancias, el valor de mercado de una empresa es equivalente a la maximización de la riqueza de los accionistas y está determinado por los activos reales, no por los valores que emite. Es decir, el valor de una empresa está en sus activos y no en las proporciones de deuda y capital que emite. El valor de un activo es el mismo sin importar la naturaleza de los derechos que existen sobre éste. Bajo el sistema de que los activos son iguales a la suma de la deuda y el capital, el balance general presenta los activos en el lado izquierdo y la deuda más el capital en el lado derecho. Concluye que el valor de una empresa está en el lado izquierdo del balance general y la capacidad de los activos para generar los máximos flujos de efectivo para los inversionistas. Desde el inicio de este siglo, los economistas han usado estos conceptos de los contadores y de los financieros para aplicarlos a las variables agregadas a nivel de un país. En todo este libro se ha estudiado al pib como un flujo que mide el nivel de producción, ingreso y gasto de una nación determinada. Por lo mismo, el pib se puede equiparar al estado de resultados a nivel agregado de un país. Si se midiera el pib por el lado de los ingresos, iniciaría con la suma de la remuneración de los asalariados, con el excedente bruto de operación y con los impuestos netos de subsidios. Continuaría con las asignaciones correspondientes a los intereses, los dividendos y las prestaciones sociales, para terminar con la determinación del ingreso disponible, que es aquel que queda para consumir o ahorrar. Sin embargo, desde hace algunos años se ha considerado pertinente complementar el pib con el equivalente del balance general, en donde se muestren los activos del país, así como los pasivos y la riqueza o el patrimonio.

Desde el 2006, el Banco Mundial se ha esforzado por tratar de medir la riqueza nacional y sus cambios en el tiempo. En 2011 continuó en este esfuerzo y, en la edición más reciente, ha afinado su método en la publicación La riqueza cambiante de las naciones 2018 que mide el patrimonio de 141 países para el periodo comprendido entre 1995 y 2014. Dentro de los activos incluye a los factores de la producción

(tierra, trabajo y capital) y a los activos foráneos netos. La riqueza es la suma de los factores de la producción (los activos) y la diferencia entre los activos y pasivos foráneos. De esta forma, la riqueza es equivalente a los activos netos de un país, y este acervo es el que permite generar el ingreso disponible futuro, complementando al pib, que es lo que genera el patrimonio en un año determinado.

El Banco Mundial denomina al factor tierra como capital natural e incluye dentro del mismo a la energía (petróleo, gas y carbón), así como diez categorías de minerales, las tierras agrícolas y de pastoreo, los bosques con sus árboles y las áreas protegidas. Mide este activo natural como la suma descontada del valor de las rentas que se generan durante la vida del recurso.

Al factor trabajo le llama capital humano y dentro de éste engloba al valor de las habilidades, experiencias y esfuerzos realizados por la población trabajadora a lo largo de su vida. Este rubro se mide como el valor presente de los sueldos o utilidades que generan las personas asalariadas y las que trabajan por cuenta propia.

Al factor capital, lo identifica como capital producido e incluye la maquinaria, el equipo, los edificios, la vivienda y los predios urbanos, que son contabilizados por medio de sus precios de mercado.

Finalmente, obtiene los activos foráneos netos de los residentes de un país mediante la diferencia entre activos y pasivos con el exterior. Los activos foráneos se refieren a las tenencias de portafolios de acciones, deuda y productos derivados que se tienen, así como a la inversión extranjera directa y las reservas internacionales. Los pasivos engloban las obligaciones que se tienen con el exterior derivadas de las emisiones de acciones, deuda, derivados e inversión extranjera directa. Si la diferencia es positiva, se suma a los capitales, natural, humano y producido, para obtener el total de activos, que en este caso es equivalente a la riqueza de la nación correspondiente en un momento determinado de tiempo. No se incluyen aquí los activos financieros internos ya que por cada uno de ellos existe un pasivo financiero, lo que hace que no se tomen en cuenta para la riqueza nacional por tratarse de una suma cero. Se reitera que en esta sección en que se habla de los países, los términos de activos y riqueza son

sinónimos. Como ya se vio, en el caso de la contabilidad de las empresas y los hogares esto es diferente.

Muchos investigadores han querido agregar el denominado capital social de las naciones, concepto que no ha logrado obtener una definición generalmente aceptada. Algunos sugieren estimarlo a partir de la suma de las relaciones interpersonales de los residentes, pero es prácticamente imposible darle un valor monetario. Al final, los estadísticos y los economistas consideran que el capital social está constituido por los activos que facilitan los factores de la producción (tierra, trabajo y capital), por lo que ya se encuentra considerado dentro de cada uno de ellos. Esta idea está altamente ligada al concepto de las instituciones que fue estudiado en el capítulo 2, cuando se midió la productividad en niveles a partir de los conceptos de Douglas C. North. El documento del Banco Mundial es innovador en la medición que hace tanto del capital natural como del humano, ya que las estadísticas relacionadas con el capital producido y los activos foráneos netos se han consolidado con los trabajos del Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y otros organismos internacionales. La serie de tiempo del Banco Mundial permite observar cómo se incrementó la riqueza mundial de 690 trillones de dólares en 1995 a 1,143 trillones en 2014. Aunque el libro del Banco Mundial presenta la riqueza mundial a través de cinco grupos de países, la tabla 3.3 únicamente desglosa la riqueza de tres de ellos por razones de espacio y para hacer el análisis más sencillo. No se incluyen los grupos de ingresos medios-altos y los de ingresos altos que no están en la ocde.

Tabla 3.3

La riqueza por tipo de activo en 2014

Capital Países de ingresos

Riqueza en trillones de dólares de

Fuente: The Changing Wealth of Nations 2018. World Bank.

Se puede observar que el capital natural representa el 47% de la riqueza de los países de ingresos bajos y es su activo más importante del balance general. Este nivel baja al 27% en las naciones con ingresos medios-bajos y termina con un porcentaje del 3% en los países de la ocde con altos ingresos. Al incluir las otras categorías no mostradas en la tabla se obtiene que el capital natural representa el 9% de la riqueza mundial. Esta tendencia se rompe si se consideran los países de altos ingresos que no están en la ocde, como es el caso de los países de Oriente Medio que producen petróleo y gas, en donde el capital natural representa una parte muy importante de su riqueza. Estos combustibles fósiles no son renovables, por lo que su uso puede durar algún tiempo más, que algunos estiman en cuatro y otros en ocho décadas. Más allá del avance en la medición del factor tierra en la riqueza de los países mostrada en este reporte, es necesario seguir con la investigación para incluir las energías renovables que, como su nombre lo indica, pueden producir beneficios a perpetuidad, siempre y cuando se manejen adecuadamente.

Es claro que las estrategias de los países que utilizan energías renovables con el uso intensivo de sus tierras agrícolas y sus bosques, complementadas con las tecnologías verdes, son distintas de las de aquellos países que utilizan los combustibles fósiles y la extracción de minerales. En el caso de las energías no renovables, los países de-

berían utilizar las rentas de corto plazo con el objeto de invertir en el capital humano y en la infraestructura, como es el caso de Chile que ha utilizado muy bien las ganancias de la extracción de cobre y hoy ya es un país desarrollado que tiene recursos para implementar políticas contracíclicas en las épocas malas.

El capital humano es el activo más importante para los países de ingresos altos de la ocde, llegando a representar el 70% del total de la riqueza. A nivel mundial, el factor trabajo representa el 64% de la riqueza total. Por lo anterior, se afirma que el motor del desarrollo es el capital humano. Ésta es la primera vez que se mide estimando los ingresos que obtienen los asalariados y los trabajadores por cuenta propia durante su vida económicamente activa y se traen a valor presente. Esto contrasta con los análisis tradicionales que se basan en los años de escolaridad, donde queda implícita la calidad de la educación y el tiempo que pueden estar activos al terminar, y también supone de manera indirecta las condiciones de salud de los trabajadores.

El reporte del Banco Mundial deja claro que, aunque la riqueza de la mayoría de los países se ha incrementado entre 1995 y 2014, la situación cambia al analizar la riqueza per cápita. Es así como muchos países del África Subsahariana y de Medio Oriente se han quedado rezagados, algunos debido al crecimiento tan alto de la población y otros por los efectos de la Gran Recesión de 2008. La tabla 3.4 muestra la riqueza por habitante de los siete países líderes en 2014, usando los tipos de cambio de mercado para su conversión.

Tabla 3.4

Riqueza per cápita

Dólares constantes de 2014 Países líderes

Fuente: The Changing Wealth of Nations 2018. World Bank.

Como se observa, Noruega, Suiza, Luxemburgo, Canadá y Estados Unidos son ricos principalmente debido a su capital humano, que representa el activo más grande en términos absolutos. Qatar y Kuwait son ricos debido primordialmente a su capital natural. Curiosamente, ninguno de los siete países tiene al capital producido como su activo más grande. Finalmente, es importante notar que los únicos países con una población relativamente grande son Canadá y, muy por encima, Estados Unidos. El total de la riqueza por habitante no coincide con la suma de los capitales producidos, natural y humano, debido a que no se incluyó en la tabla el saldo de los activos foráneos netos, que en todos los casos representa una cantidad muy pequeña. Se pasa ahora a analizar la situación de algunos países iberoamericanos seleccionados, cuyos datos se presentan en la tabla 3.5, y como primera nota se destaca que la riqueza de España se ubica muy por arriba de sus pares de América Latina.

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Tabla 3.5 Riqueza per cápita

Dólares constantes de 2014 Países iberoamericanos seleccionados

Fuente: The Changing Wealth of Nations 2018. World Bank.

El patrimonio de Chile ya destacaba desde 2014 en la región latinoamericana, seguido por Brasil y Argentina. En la parte más baja se encuentra Guatemala y en una posición anterior se ubica México, ambos representantes de la región mesoamericana. La riqueza por habitante de México está constituida en un 54% de recursos humanos, un 36% de capital producido, un 13% de capital natural y un -3% de activos foráneos netos. Estos datos del Banco Mundial muestran que la riqueza per cápita supera al pib por habitante en más de once veces, lo que difiere del dato que proporciona el Sistema de Cuentas Nacionales (scn) publicado por el inegi con los saldos de apertura y cierre del valor neto del total de los activos que posee cada uno de los sectores institucionales. El inegi asemeja esta medida con el concepto de riqueza y para el año 2015 muestra que los activos de los distintos agentes económicos equivalen a más de cuatro veces el pib de México. Uno de los factores que explican esta diferencia se debe a que el cálculo del pib y de la productividad total de los factores en los Sistemas de Cuentas Nacionales de la onu se lleva a cabo con dos factores de producción (trabajo y capital) e ignora la tierra (capital natural) en sus cálculos. Es decir, el complementar el pib con la riqueza es un paso en la dirección correcta, pero se debe de resaltar que el primero se calcula con dos factores y la segunda con tres. Por otro lado, el pib es una medida oportuna ya que las agencias estadísticas nacionales lo dan a conocer cada tres meses, mientras que la riqueza ha sido calculada

por el Banco Mundial en 2006, 2011 y 2018; es decir, se da a conocer en promedio cada seis años. El pib es oportuno y trabaja con dos factores, y la riqueza es más completa al incluir los tres factores, pero no se obtiene con prontitud.

Probablemente la mayor crítica que se le hace al concepto de riqueza, entendido como la suma de los activos naturales, humanos y producidos, se refiere al hecho de que supone de manera implícita la posibilidad de sustituir uno por otro. Es decir, puede suceder que el capital natural disminuya, pero que sea más que compensado con mayor capital producido. El problema es que existen límites, sobre todo para los activos naturales, que pueden poner en peligro el desarrollo mismo de la producción de bienes y servicios. Por todo esto, sugieren poner limitaciones a la posibilidad de sustitución.

Más allá de la complementariedad del pib como flujo y de la riqueza como acervo, es cierto que el primero proporciona un dato de corto plazo e indica si existe crecimiento o contracción del ingreso nacional, mientras que la riqueza indica si esta tendencia del pib se puede mantener en el largo plazo. Por lo anterior, el Banco Mundial considera que medir los cambios en la riqueza permite monitorear la sostenibilidad del desarrollo e implícitamente lo equipara a una medida del bienestar. El problema de pasar del pib a otros conceptos, como el desarrollo o el bienestar, es que en el primer caso sólo se tiene un indicador y en el segundo se habla de una serie de indicadores que pueden ser 3, 11 o 241. Por esto, se pasa al siguiente apartado para hablar de ambos temas. Se termina esta sección resaltando que se ha avanzado mucho en la complementariedad del pib y la riqueza, y el reto de futuro está contemplado en la meta 17.19 de los ods que propone, para 2030, «aprovechar las iniciativas existentes para elaborar indicadores que permitan medir progresos logrados en materia de desarrollo sostenible y que complementen los utilizados para medir el producto interno bruto, y apoyar el fomento de la capacidad estadística en los países en desarrollo».

El decrecimiento, los bienestares y el desarrollo sostenible

Tanto el pib como el idh han tenido críticos desde su concepción. Se inicia esta sección con los que están en contra del pib, ya que consideran que produce una desigualdad que no fomenta la cohesión social y argumentan que el capitalismo es eminentemente especulativo, por lo que los temas de productividad y competitividad económica se dan a través del desempleo y la explotación de los trabajadores. Proponen una alternativa que llaman teoría del decrecimiento, que como su nombre lo indica, implica una disminución determinada del pib, con el establecimiento de una nueva relación entre las personas de cada uno de los países. Con el tiempo, también han adoptado los puntos de vista de los ambientalistas para considerar la relación entre las personas y la naturaleza.

Un primer paso en esta dirección es evidente en el libro Lo pequeño es hermoso, escrito en inglés por E. F. Schumacher en 1973, y traducido al español una década después. En él argumenta que los métodos de producción basados en el uso de combustibles fósiles violan la naturaleza y generan un tipo de sociedad que mutila al hombre. Opina que «la sustancia del hombre no puede ser medida por el producto nacional bruto (pnb). Tal vez no pueda medirse de ninguna otra manera, salvo por ciertos síntomas tales como el crimen, el uso de drogas, el vandalismo, el desequilibrio mental, la rebeldía y otros. Las estadísticas jamás prueban nada» (p. 20). En realidad, cuestiona el hecho de que la búsqueda de más producción y más riqueza se hayan convertido en las dos metas más altas del mundo moderno.

Uno de los principales defensores del decrecimiento en el mundo iberoamericano es Carlos Taibo quien desde años ha escrito varios libros relacionados con el tema. En la edición más reciente de su libro

El decrecimiento explicado con sencillez, publicado en 2019, trata de argumentar que el pib tiene mucho de «cuento» y usa una de las frases del economista nacido en Canadá John Kenneth Galbraith en la que dice que «el nivel, la composición y la extrema importancia del producto interno bruto están en el origen de una de las formas de mentira social más extendidas» (p. 21). Taibo concentra su propuesta en los

países desarrollados en donde pide que se reduzca significativamente la actividad económica del sector automotriz, aeronáutico, de la construcción y de la publicidad. Argumenta que el capitalismo lleva a la gente a producir y consumir muchos bienes y servicios que no son necesarios. Usa el ejemplo de Sócrates que repetía incansablemente que le gustaba visitar el mercado para comprobar cuántos bienes no necesitaba. Para evitar el desempleo, propone repartir el trabajo en los sectores que están relacionados con las necesidades sociales insatisfechas y el cuidado del medioambiente. Esto dejaría más tiempo para que las personas disfrutaran de la vida (ocio), de la familia y de los amigos.

La propuesta del decrecimiento no sólo se refiere al pib, sino también al empleo, pero el menor número de puestos de trabajo se repartirá en forma tal que el resultado final sea el de tener más trabajadores. Esto provocaría que los sindicatos de trabajadores cumplieran realmente una función social importante y distinta de las que están realizando en la actualidad. En esta nueva vida social con menos tiempo de trabajo, menos consumo y más ocio, se debe reflexionar sobre cómo el uso de los teléfonos inteligentes dificulta las comunicaciones directas de las personas.

La teoría del decrecimiento defiende la primacía de lo local sobre lo global. Esto seguramente se basa en el descontento por la última globalización que inició hace tres décadas y aparentemente ha beneficiado a una minoría. Por lo mismo, sugiere la realización de políticas de redistribución para beneficiar a los más desfavorecidos.

Se hará una breve pausa para mencionar que el libro de Carlos Taibo no muestra el origen de la referencia que adjudica a John Kenneth Galbraith. La cita original y completa se encuentra en el libro

La economía del fraude inocente: La verdad de nuestros tiempos, que fue la última publicación de Galbraith en 2004, dos años antes de su muerte. En él explica que entiende por fraude inocente a la diferencia existente entre la sabiduría convencional (creencias acordadas) de la sociedad y la realidad misma. Uno de ellos se refiere a la composición del pib en el que explica que no está determinado por el público en general (los consumidores), sino por los productores de bienes y servicios. Sin embargo, habla de las cosas positivas y negativas del pib, de la siguiente forma:

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No hay duda de las recompensas derivadas de un incremento del pib, ya que de aquí se derivan el ingreso, el empleo y los bienes o servicios que sustentan la vida y enaltecen sus placeres aceptados. Pero de su tamaño, composición y extrema importancia, también se deriva una de las formas más extendidas de fraude. La composición del pib no es determinada por el público en general, sino por aquellos que producen sus componentes. …. El fraude, que no es menor, se refiere a medir el progreso social exclusivamente por el volumen de la producción influenciado por los fabricantes; es decir, por el incremento de pib. (pp. 15-16)

El párrafo anterior refleja exactamente lo que dijo Galbraith en su último libro, lo que completa su idea del pib y las diferencias entre la realidad y las creencias aprobadas por la sociedad. El lector podrá observar que Galbraith no habló del pib como una mentira, sino como un fraude. Aunque, al final del día, no se sabe cuál de los dos es peor. El libro que está usted leyendo, ha presentado tanto la teoría del crecimiento basada en el pib calculado por las agencias estadísticas de la inmensa mayoría de los países del mundo a partir del Sistema de Cuentas Nacionales (scn), así como la teoría del decrecimiento que apoya la contracción de la actividad económica «innecesaria» y la repartición del trabajo. La primera continúa siendo aceptada por muchas personas y su elaboración está mucho más dominada por cuentas que por cuentos. La segunda es apoyada por una minoría de investigadores que se basan primordialmente en principios y valores, dejando las cuentas prácticamente fuera de sus análisis. Dentro de sus principios destacan la petición para resolver la desigualdad con políticas activas de distribución, así como la preocupación por el medioambiente y su idea de que con disminuciones del pib se provocará menos contaminación. El autor respeta y presenta ambos puntos de vista, pero considera que la teoría del decrecimiento se basa en algunas buenas críticas y en otros tantos cuentos, y no se fundamenta en cuentas que, de manera estructurada, sostengan un modelo alternativo al capitalismo (sistema de mercado). Usted tiene la decisión final.

Los argumentos en contra del índice de desarrollo humano (idh) provienen de dos fuentes completamente diferentes. Por un lado, algunos de los pueblos originarios o indígenas de América Latina han dado respuesta al modelo de desarrollo humano utilizado por el pnud. Toman como base el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (oit) que reconoce el derecho a decidir por sí mismos sobre el modo de desarrollo a seguir. Se quejan de la imposición del modelo de desarrollo convencional, que siempre quiere más de todo, sin importar los daños humanos y ecológicos ocasionados en el proceso. Es así como han realizado la propuesta para una vida en armonía que se ha traducido al castellano como vivir bien o buen vivir. Este concepto de bienestar está basado en sus tradiciones y visiones del universo, y se enfoca tanto en el respeto a la madre tierra como en la solidaridad de las personas. Tales conceptos han quedado plasmados en la Constitución Política de Ecuador (2007) y en la de Bolivia (2009). El buen vivir se puede aplicar sólo a los países en desarrollo que tienen una alta población indígena, y obedece a criterios subjetivos. La segunda fuente que surge para tratar de sustituir al índice de desarrollo humano (idh) proviene de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde), que en 2011 lanzó la «Iniciativa para una vida mejor: midiendo el bienestar y el progreso». Contiene un reporte, un índice, una aplicación electrónica, así como trabajos de investigación y documentos de apoyo. Cada dos años el reporte estadístico actualiza los aspectos básicos de la vida que determinan el bienestar de los países miembros y asociados. Es así como ha publicado documentos de seguimiento en 2013, 2015, 2017 y 2019, y en cada edición no sólo da a conocer el Índice para una vida mejor (ipuvm), sino que también aborda temas relacionados. Se basa en un enfoque multidimensional que contiene once temas e incluye fichas individuales para cada uno de los países miembros.

Los once temas del bienestar de la ocde, en la última versión de 2020 que detalla la evolución de los países miembros y asociados, son: (a) ingreso y riqueza, (b) trabajo-calidad del empleo, (c) balance vida-trabajo, (d) estado de salud, (e) conexiones sociales, (f) compromiso cívico, (g) calidad del medio ambiente, (h) seguridad, (i) bienestar subjetivo, (j) vivienda y (k) conocimiento y habilidades. Cada

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uno de ellos va acompañado de indicadores que, en algunos casos, provienen de datos duros y en otros, de las respuestas a encuestas que se realizan a los ciudadanos. Tanto a los indicadores objetivos como a los subjetivos se les asigna la misma ponderación. Trata de medir el bienestar presente y futuro, así como la naturaleza y los capitales sociales-económicos. Normalmente, los datos son presentados con un rezago de dos años.

El resultado general de los últimos reportes, previos al covid-19, es que se han obtenido progresos, pero que las ganancias en algunos aspectos de la vida se han compensado parcialmente con pérdidas en otros lados. Conviene destacar al lector que la ocde habla del bienestar en lugar del desarrollo humano, y cuando los indicadores del bienestar avanzan, habla nuevamente del progreso. También se resalta el cada vez mayor número de indicadores que se usan para la determinación de los índices. El autor estima como una paradoja que la ocde hable cada vez más de bienestar que de desarrollo. Este último concepto es parte original de su creación y aparece como la «D» en su abreviatura. Si esto continua en el mediano plazo, sería conveniente cambiar su nombre a Organización para Cooperación y el Bienestar Económicos (ocbe).

De manera adicional a la ficha de México que aparece en el reporte de 2020, en mayo de 2016 la ocde dio a conocer el reporte ¿Cómo es la vida en México? que contiene datos, de 2013 a 2015, sobre los temas e indicadores mencionados. También presenta una desagregación a nivel de las entidades federativas, lo que es útil para hacer comparaciones del bienestar con otros países y regiones del mundo. Con el objeto de proporcionar información actualizada en la parte relativa al bienestar subjetivo de México, mencionaremos los resultados de la encuesta que la agencia nacional lleva a cabo de manera periódica con la misma metodología de la ocde.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi) ha publicado cada trimestre, desde 2014, los indicadores de Bienestar Auto Reportado (biare) de la población urbana de México, que obtiene mediante encuestas que realiza a personas de 18 años y más de edad, los cuales otorgan una calificación en una escala de 0 a 10 a distintos aspectos relacionados con sus experiencias. La tabla 3.6 muestra los

resultados correspondientes a enero de 2020 y su comparación con los datos de un año atrás. El cero indica una total insatisfacción con los dominios de las preguntas y el diez significa total satisfacción.

Tabla 3.6

Indicadores de bienestar autorreportado Satisfacción por dominios específicos Promedios en escala de 0 a 10

Dominios

Fuente: INEGI

Se puede decir que el promedio de satisfacción con la vida reportado por la población adulta urbana ha sufrido un pequeño descenso en el último año, al situarse en un valor de 8.3 en una escala de 0 a 10. Las calificaciones más altas a enero de 2020 corresponden a las relaciones personales, a la ocupación de las personas y a la vivienda. En el lado contrario, los valores más bajos se ubican en la seguridad ciudadana y la situación del país. Estos resultados contrastan con las declaraciones que constantemente ha realizado el presidente Andrés Manuel López Obrador quien afirma que el pueblo está «feliz, feliz, feliz», lo que se interpreta como una mayor satisfacción con respecto al pasado. Seguramente tiene «otros datos» que se relacionan con el bienestar de la población rural, la cual no es cubierta por el inegi.

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Una de las variantes del bienestar, influida por el reporte solicitado por el expresidente Nicolás Sarkozy y la iniciativa de la ocde para una vida mejor, está constituida por el índice de progreso social (ips) que es publicado desde 2014 por la organización sin fines de lucro con base en Washington D.C., Progreso Social Imperativo (spi por sus siglas en inglés), junto con sus socios estratégicos Deloitte y la Fundación Skoll. Está diseñado para complementar, no para reemplazar, las medidas económicas como el producto interno bruto (pib). Tiene un alcance global y en muchos de los países se cuenta con el desglose a nivel subnacional. Para complementar al pib, el índice de progreso social (ips) utiliza los resultados de indicadores sociales y ambientales con la finalidad de proveer una visión completa de la calidad de vida de las personas a través de tres dimensiones, cada una con cuatro componentes: (a) necesidades humanas básicas (vivienda, acceso a agua potable, nutrición y seguridad personal); (b) fundamentos de bienestar (acceso a información, salud, educación básica y medio ambiente); y (c) oportunidades (derechos, libertad, equidad y acceso a educación superior).

El ips inicia con 51 variables que son tomadas de diversas fuentes entre las que destacan la fao, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, el pnud, la Encuesta Mundial Gallup y Transparencia Internacional. Dado que muchas variables están correlacionadas, usa un método para transformarlas en forma tal que obtiene un menor número no correlacionado. Lo hace a través de un procedimiento matemático (pca por sus siglas en inglés) que arroja los cuatro componentes a través de sumas ponderadas. A los componentes se les otorga un mismo peso para llegar a las tres dimensiones, que a su vez tienen una misma importancia, para terminar con el cálculo del psi que toma valores en un rango que va de cero (el país con peor desempeño) hasta cien (el país con mejor calificación).

En la edición 2019, México se ubica en el lugar 55 de 149 países evaluados con un ips de 71/100. Los rangos son muy amplios ya que en el porcentaje de la población con acceso a electricidad se ubica en el primer lugar y en las tasas de homicidio se ubica en la posición 137. También se publica un IPS para México que muestra cada uno de los componentes a nivel de cada una de las entidades federativas. En

términos generales existe una diferencia significativa entre el norte del país, con buenas calificaciones, y la parte sur, con un rezago social importante. En la dimensión de las necesidades básicas, Nuevo León es el mejor evaluado y Guerrero, el último. El conjunto del bienestar lo lidera Querétaro y al final de la tabla se ubica Oaxaca. El área de las oportunidades es dominada por Sinaloa y nuevamente aparece Oaxaca en el último escalón.

Se reitera que el ips complementa al pib, lo que implica que este último indicador no es parte del índice. Por lo mismo, el ips es presentado junto con el pib por habitante expresado en paridades del poder de compra, que en el caso de México es de 18,101 dólares en 2019. De hecho, es muy común que la organización presente una gráfica de todos los países que muestra que cuando parten de un pib per cápita bajo y crecen, logran avances altos en el ips, pero conforme se inicia con un pib más alto, llega un momento en que el progreso aumenta, pero a un ritmo menor.

Para finalizar esta sección, se repetirá que existen en el mundo dos conceptos de bienestar. Uno muy particular, perteneciente a los países en desarrollo con alta población indígena u originaria, para los cuales el buen vivir (bienestar) está relacionado con vivir de acuerdo con sus costumbres, con respeto a sus colegas y a la naturaleza. El otro, que se aplica a los países miembros de la ocde y sus asociados, en el que el bienestar es un concepto general que tiene una parte objetiva (ingreso, riqueza, y educación entre otros) y otra subjetiva (satisfacción con la vida). Al existir dos definiciones mutuamente excluyentes de bienestar, si se elige uno, implica que el otro produce malestar. ¿Cuál de los dos prefiere usted?

La Organización de las Naciones Unidas (onu) reaccionó ante estos nuevos acontecimientos utilizando como base la definición que se hizo en 1987 en el informe que lleva el apellido de la ex primera ministra noruega Gro H. Brundtland, en donde el desarrollo sostenible es definido como aquel que «satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para cumplir con las suyas». Es así como en su Asamblea General celebrada en Nueva York en el mes de septiembre de 2015, los 193 miembros adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la que

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se establecieron 17 objetivos, así como 169 metas y 241 indicadores. A diferencia de lo que sucedió entre 2000 y 2015 con los Objetivos de Desarrollo del Milenio que se aplicaban fundamentalmente a los países en desarrollo, la Agenda 2030 es de aplicación universal, por lo que también incluye a las naciones desarrolladas. Se trata de un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad, por lo que conjuga las dimensiones económica, social y ambiental. Esto demuestra que el desarrollo humano, fundamentado en su índice y reportes en 1990, ha sido incluido dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ods), que desplazan la atención al tema social y ambiental. A pesar de la pandemia del covid-19, es un hecho que el desarrollo sostenible seguirá con una vigencia relevante hasta 2030, cuando se realice una evaluación para conocer el progreso o retroceso de los 241 indicadores.

Se hace un paréntesis para reiterar que el documento de los ods habla de las personas, el planeta y la prosperidad. Este último término ha estado siendo utilizado recientemente por autores mencionados en este libro, como Santiago Levy y Ricardo Hausmann. Parece ser que se trata del sinónimo favorito y que, de seguir esta tendencia, podría reemplazar el predominio actual del concepto de desarrollo. Sin embargo, mucho dependerá del progreso o el regreso de los indicadores de la Agenda 2030. La semántica es muy importante en todas estas discusiones.

Se termina esta sección resumiendo setenta años de historia que inician con el pib como indicador principal del desarrollo económico, que viene a sustituir a la idea de progreso. En 1990 se cambió de orientación al incluir tres indicadores (ingreso, educación y salud) para enfatizar el desarrollo humano. Después de que surgieron un par de alternativas al desarrollo, como es el caso de la teoría del decrecimiento y de los conceptos de bienestar, la onu lanzó, en 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ods) en los que incorpora el medioambiente a los aspectos económicos y humanos.

Tablero de cuatro indicadores (T4)

Este libro está de acuerdo en que se debe complementar el pib con otros indicadores para tener una visión más amplia de la situación que se desea analizar. Para aterrizar este concepto, es necesario dejar en claro que cada persona terminará con un grupo diferente de indicadores, dependiendo de sus necesidades de información. Es decir, el tablero de los gobernantes que deben implementar políticas públicas será diferente del de los empresarios que tratan de maximizar sus utilidades o de iniciar nuevos negocios y, a su vez, será distinto del que requieren los consumidores, los sindicatos de trabajadores, los medios de comunicación y los académicos. Incluso dentro de un mismo grupo, las necesidades son heterogéneas, como en el caso de los gobernantes en el que los indicadores que requiere el presidente de la República son diferentes de los que necesitan los gobernadores de los estados y de los que usan los presidentes municipales. Lo mismo sucede con los datos que requieren los empresarios de firmas multinacionales, que son opuestos a los que precisan las pequeñas y medianas empresas que operan a nivel regional en un país determinado. Por su parte, los académicos interesados en los aspectos económicos necesitan de un tablero de indicadores muy diferente al de aquellos concentrados en las ciencias naturales. En resumen, el tablero resultante tendrá distintos indicadores dependiendo de lo que le interesa resolver a cada una de las personas o unidades institucionales, y las diferencias se reflejan no sólo en el tipo de indicadores, sino también en su cantidad.

Con estos antecedentes, este libro hace una propuesta concreta de los indicadores que necesita un académico interesado en los temas macroeconómicos, reiterando que este «traje a la medida» sólo le quedará bien al autor de este volumen. De manera específica se refiere a los indicadores económicos, sociales y del medio ambiente. No considera los aspectos políticos, aunque refiere al lector a las publicaciones e índices que elabora Freedom House (www.freedomhouse.org). Esta organización sin fines de lucro, con base en Estados Unidos, estudia las libertades y los derechos políticos en el mundo desde la década de 1970 y en su última publicación de 2019 considera que existen 86 paí-

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ses libres, 59 parcialmente libres y 50 naciones que no tienen libertad. México es considerado un país parcialmente libre.

El primer paso consiste en determinar el número de indicadores necesarios, que es equivalente a definir el número de instrumentos del tablero de evaluación o el tablero de indicadores. Es claro que un límite inferior estaría compuesto por los cuatro indicadores del índice del desarrollo humano, uno correspondiente a la esperanza de vida, dos relacionados con la educación, que acompañarían al ingreso nacional por habitante, que es equivalente al pib per cápita, como medida del estándar de vida de las personas. En el otro extremo, actualmente se cuenta con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que contienen 241 indicadores para evaluar la actuación en el año 2030. En resumen, se pueden agregar al pib desde un indicador hasta 240.

¿Cómo decidir el número de indicadores dentro del tablero?

Un camino es solicitar la ayuda de los psicólogos para saber el número de unidades de información (trozos) que podemos almacenar en la memoria de corto plazo, también conocida como memoria de trabajo. Una gran parte de los investigadores considera que la memoria de corto plazo retiene información que se pierde después de unos 15 a 25 segundos, a menos que se transfiera a la memoria de largo plazo, primordialmente a través del ensayo o repaso. Este tema también es conocido en la literatura como la amplitud de la memoria de trabajo. Para responder esta pregunta, la gran mayoría usa como referencia el artículo «El mágico número siete, más o menos dos: algunos límites en nuestra capacidad para procesar información», publicado en 1956 por George A. Miller en Estados Unidos en la revista Psychological Review. Miller reconoce que cada ser humano procesa la información de distinta forma, y que existen limitaciones biológicas derivadas de nuestro sistema nervioso que van de cinco a nueve unidades, con un punto medio de siete. Este documento se convirtió en uno de los artículos más citados e influyentes en el siglo xx

En el 2000, Nelson Cowan, profesor de la Universidad de Missouri, escribió «El número mágico 4 en la memoria de corto plazo: Una reconsideración de la capacidad mental de almacenaje». En este artículo, hace una revisión histórica de las teorías y estudios empíricos que se realizaron después de la publicación de Miller en 1956, de

quien considera que utilizó mucho más la retórica y la intuición que el método científico. Cowan afirma que el tema de la memoria de corto plazo continúa siendo muy controvertido e incluso deja abierta la posibilidad de que no exista un límite en nuestra memoria, sino en el tiempo que la información permanece activa sin ensayo alguno. Sin embargo, la mayor parte de la evidencia que resume en su artículo muestra que sí existe un límite distinto al de Miller, que va de tres a cinco unidades, con una media de cuatro. Desde entonces, y casi con la entrada de este siglo, la mayoría de los psicólogos han aceptado esta posición, que no tiene casi nada de magia y sí algo de ciencia. Se le recuerda al lector que hay un largo periodo entre la publicación de conclusiones en las revistas especializadas y su incorporación a los libros, por lo que todavía encontrará textos de psicología que usen los datos de Miller.

A partir de tales datos, en este libro se decide adoptar un tablero de cuatro indicadores, equiparando a estos últimos con las unidades de información, o trozos, que pueden contener varios números, índices, letras o temas, cuya naturaleza varía según la experiencia pasada de cada persona. A continuación, se presenta el tablero de cuatro indicadores que se abreviará como T4.

1. El producto interno bruto (pib). El inegi fue creado como un órgano desconcentrado de la Secretaría de Programación y Presupuesto (spp) en 1983, y desde entonces da a conocer los datos del pib de manera anual. Diez años después, inició con la publicación de las cifras trimestrales, lo que le dio al gobierno, y al resto de los usuarios, una gran oportunidad para la toma de decisiones. En 2008, el inegi logró su autonomía de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (shcp), que en 1992 tomó las funciones de la SPP, es entonces cuando la oportunidad de las cifras se combinó con un mayor grado de confianza, lo que hizo más transparente la publicación de estadísticas en México. Para resaltar la importancia de la oportunidad de los datos, el actual presidente del inegi, Dr. Julio Alfonso Santaella, comentó en la presentación en el Colegio de México del libro del bid ¿A

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quién le importa saber?, el 6 de mayo de 2019, una anécdota entre el entonces presidente de México Miguel de la Madrid y el primer presidente del inegi, Pedro Aspe Armella. La conversación tuvo lugar después de la crisis económica que se vivió en 1982:

¿Estamos en recesión o no estamos en recesión? preguntó De la Madrid a Pedro Aspe.

Señor presidente, no sabemos. Estamos a oscuras. Vamos a saber dentro de 18 meses.

Y, ¿qué vamos a hacer mientras tanto?

Este ejemplo deja muy claro que la oportunidad, la precisión y la credibilidad en la elaboración del pib son fundamentales para tomar decisiones relativas a la actividad económica del país.

Actualmente, aproximadamente un mes después de cada 90 días, el inegi da a conocer la estimación oportuna del pib trimestral con cifras desestacionalizadas por cada una de las actividades económicas. El 75% de la información la obtiene de manera directa de encuestas y registros administrativos, y el resto lo hace a través de modelos que pronostican los datos faltantes. En este caso, sólo muestra las variaciones en el pib. Sin embargo, un mes después proporciona también el pib en términos nominales, reales y sus variaciones con respecto al pasado. Además, un mes más adelante, da a conocer la «Oferta y demanda global de bienes y servicios» en donde se detallan las fuentes de crecimiento del pib según los componentes de la demanda final (consumo privado y de gobierno, inversión y comercio internacional).

En caso de que alguien necesite datos parciales en un periodo menor, puede usar el indicador global de la actividad económica (igae) que el inegi da a conocer de manera mensual, con cifras desestacionalizadas, para saber la evolución del sector real de la economía con dos meses de rezago. Es decir, la publicación del mes de junio de 2020 revela los datos de la actividad del mes de abril del mismo año. Para la gran mayoría de los usuarios que seguimos los datos ma-

croeconómicos, el igae es usado como una aproximación del pib mensual. En resumen, México ha avanzado mucho con relación a los datos del pib, y los usuarios cuentan con cifras mensuales, trimestrales y anuales.

Antes de pasar al siguiente indicador es importante señalar que el libro ¿A quién le importa saber? (Dargent et al., 2018), mencionado en este apartado, ha evaluado la capacidad estadística de diez países de América Latina. Creó un índice que incluye subdimensiones e indicadores en las áreas de recursos (humanos, financieros y tecnológicos), institucionalidad (autonomía técnica y coordinación con otros entes que generan información), metodologías para la generación de datos y práctica de difusión de datos. El índice de capacidad estadística tiene un rango que va de cero (mínimo) a diez (máximo) y muestra que, para el periodo 2015-2016, México ocupó la primera posición con una calificación de 8.83. Le siguieron Colombia (8.19), Brasil (7.84), Perú (7.23), Ecuador (6.94), República Dominicana (6.18), Argentina (5.95), Bolivia (5.87), El Salvador (5.38) y Guatemala (4.53).

El libro del bid sobre la economía política de la capacidad estadística de América Latina hace una evaluación de las oficinas nacionales de estadística (one) que es parte de los sistemas estadísticos nacionales (sen). Para el caso de México, el sen se refiere al Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (snieg) y la one, al inegi. El snieg tiene como secretaría técnica al inegi, pero también participan un representante de cada secretaría de Estado del gobierno federal, así como el Congreso de la Unión, el Poder Judicial, el Banco de México, el Instituto Federal de Telecomunicaciones y representantes de las entidades federativas. El autor de este libro espera que el inegi no se vea afectado en su autonomía con la 4T, y que, a pesar de los recortes presupuestarios y de la disminución de sueldos de su personal técnico, tenga el apoyo político para seguir brindando la valiosa información que proporciona. Con todo respeto, lo anterior no contraviene el hecho de que el presidente Andrés Manuel López Obra-

dor tenga en algunas ocasiones «otros datos» distintos a los que produce el inegi.

2. El índice de desarrollo humano (idh). El idh es un reporte anual que publica el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) que combina el ingreso nacional bruto per cápita con los años promedio y esperados de escolaridad, y la esperanza de vida al nacer. No tiene una fecha fija o predeterminada de publicación, aunque la mayoría de las veces se concentra en el segundo semestre. Existe un rezago anual, dado que el reporte publicado en diciembre de 2019 da a conocer el idh de 2018. Como se dijo anteriormente, el informe incluye también datos de la desigualdad del ingreso, la pobreza y la equidad de género.

Es importante resaltar que, en prácticamente todos los casos, los datos provienen de cada uno de los países miembros. Por ejemplo, México proporciona la información mediante el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (coneval) que más allá de la medición de la pobreza, también se encarga de medir el grado de cohesión social. Uno de los principales indicadores para esto último es el coeficiente de Gini que mide la desigualdad económica mediante el análisis del nivel de concentración que se tiene en la distribución del ingreso entre la población.

El considerar la desigualdad en el ingreso es equivalente a medir la desigualdad del pib, y cuando el coeficiente de Gini tiende a 1 (valor máximo) refleja una mayor concentración en la distribución del ingreso. De manera inversa, en los casos que el coeficiente se encamina a 0 (valor mínimo) refleja mejores condiciones de equidad en la distribución del ingreso. La coneval ha estimado de manera consistente una serie para el índice o coeficiente de Gini que inicia con un valor de 0.505 en 2008 y termina en 0.469 en 2018. Es decir, en la década considerada se ha tenido una mejora en la distribución del pib. Lo anterior no significa que el nivel alcanzado sea satisfactorio, por lo que hay mucho camino por recorrer.

El poder considerar no sólo el pib o el ingreso, sino su distribución entre la población proporciona a los analistas un panorama más integral para poder tomar las decisiones adecuadas. Por lo mismo, el idh ajustado por la desigualdad es un indicador importante del tablero seleccionado.

3. Medioambiente. Actualmente, las Cuentas Económicas y Ecológicas de México (ceem) son dadas a conocer de manera anual por el inegi, lo que permite evaluar los costos totales por el agotamiento y la degradación ambiental. Como se ha visto, esta cuenta satélite permite obtener el producto interno neto ajustado ambientalmente, también llamado producto interno neto ecológico (pine), que sin duda es una medida de la producción de bienes y servicios que toma en cuenta los efectos negativos que este proceso provoca a la naturaleza.

Para complementar los datos cuantitativos de 2018, que se presentaron con anterioridad en esta sección, es necesario hablar cualitativamente de lo sucedido entre 2019 y la primera mitad de 2020.

Por un lado, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (pnuma) presentó su décima edición del informe sobre la disparidad en las emisiones, que muestra que las emisiones de gases de efecto invernadero continúan creciendo a pesar de las advertencias de los científicos, de las presiones de los grupos ambientalistas y de los compromisos de los gobiernos. Para el caso de México, considera que la nueva administración ha estancado años de progreso en el sector energético con decisiones que amenazan con revertir el avance realizado con la Ley General de Cambio Climático (2012) y la Ley de Transición Energética (2015). Menciona la cancelación de nuevas rondas para el sector privado, la construcción de una nueva refinería petrolera para incrementar la producción de gasolina y diésel, lo que aumenta también el uso de combustibles fósiles, así como la modernización de plantas de energía eléctrica que usan carbón y gas, que previamente se planteó retirar.

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Por el otro lado, en la 25 Conferencia de las Partes (cop 25) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, celebrada en Madrid, las autoridades mexicanas anunciaron que refrendarán sus compromisos de cumplimiento del Acuerdo de París. También expresaron sus intenciones de identificar nuevas acciones que contribuyan a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (gei), así como el fortalecimiento de las medidas de adaptación.

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador heredó un incentivo para la creación de plantas de generación con energías renovables desde 2014, a través de la emisión de Certificados de Energías Limpias (cel). Aunque este mecanismo continúa, ha sido acompañado con la emisión de cel para la Comisión Federal de Electricidad (cfe) que genera electricidad con plantas no renovables que en su mayoría fueron instaladas en el siglo anterior. Este cambio de reglas ha sido considerado injusto para el sector privado que ha interpuesto una gran cantidad de juicios de amparo. Al momento de escribir estas líneas, la entrada de la cfe al mercado de los cel ha quedado suspendida, pero se ha provocado una mayor incertidumbre. Todo esto se ha combinado con las declaraciones que el secretario de Medio Ambiente, Víctor Toledo, hizo en el mes de junio de 2019 en donde propone que «en el tema de la energía, necesitamos diseños tecnológicos, no de las gigantescas aspas que giran para atrapar el aire de los territorios indígenas», sino tecnologías propias a nivel de las casas y los edificios.

Adicionalmente, el 29 de abril de 2020, el Centro Nacional de Control de Energía (cenace), regulador dependiente de la Secretaría de Energía, atribuyó fallas a las centrales eólicas y fotovoltaicas, y decidió suspender de forma indefinida sus actividades preoperativas cancelando la autorización de las pruebas no iniciadas. Casi de manera inmediata los empresarios reaccionaron quejándose por cambios en las reglas que afectan contratos por cerca de siete mil millones de

dólares. También la Comisión Federal de Competencia Económica (cofece) censuró la decisión del cenace al considerar que es el consumidor el que sale afectado, ya que la empresa del Estado (cfe) tiene un costo de generación más alto. La cofece también presentó una controversia constitucional al considerar que estas decisiones invadían sus mandatos legales. La decisión del cenace fue apoyada por el presidente de México al argumentar que, por arriba de los intereses de particulares, está un trato justo a la empresa del estado (cfe) que normalmente produce con combustibles fósiles. Utiliza los artículos 25 y 26 de la Constitución Política para reiterar que la rectoría del desarrollo nacional le corresponde al estado. Por la tarde del viernes 15 de mayo de 2020, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, formalizó todo lo anterior en el Diario Oficial de la Federación, a pesar de que la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (conamer) no completó el análisis de impacto regulatorio. Esto provocó que el titular de la conamer, César Hernández, renunciara a su puesto, y que los embajadores de Canadá y de la Comisión Europea enviaran cartas que expresaban su preocupación por el freno de las inversiones de energía renovable en México, al considerar la decisión como violatoria tanto del Estado de derecho como de los tratados de libre comercio y del Acuerdo de París.

El 28 de mayo, la Comisión Reguladora de Energía (cre) impuso un fuerte aumento a las tarifas de transmisión que pagan las empresas privadas de energías renovables, lo que modifica nuevamente las reglas del juego. Parece muy difícil que todo esto se resuelva mediante el diálogo, y seguramente terminará en juicios o litigios tanto nacionales como internacionales. Por ahora, todo parece indicar que el fondo del asunto está relacionado con la promesa del presidente de México de repartir el mercado eléctrico en un 46% para el sector privado y el 54% para la cfe.

A la fecha de terminar este libro, la Suprema Corte de Justicia de México le dio la razón a la cofece y suspen-

dió indefinidamente el decreto de la Secretaría de Energía. Casi de manera simultánea, con el objeto de ayudar a las empresas de energías renovables, el Congreso del Estado de Tamaulipas aprobó el cobro de un impuesto a todas las empresas que usan combustóleo, incluyendo a la cfe y a Pemex, por cada tonelada de dióxido de carbono que emitan al ambiente. Seguramente este ejemplo será seguido por otras entidades federativas en donde operan las empresas de energías renovables.

Esta gran confusión contrasta con la magnífica aceptación de las medidas del nuevo gobierno para minimizar el agotamiento de los recursos forestales y la degradación del suelo. Se destaca el programa «Sembrando vida» que, con apoyo económico y en especie, incentiva a las unidades agrarias para establecer sistemas sustentables productivos para recuperar la cobertura forestal de un millón de hectáreas, generando empleos, mejorando sus ingresos y tratando de lograr la autosuficiencia alimentaria.

4. Riqueza. Su medición a nivel internacional de manera consistente en el tiempo por parte del Banco Mundial data, apenas, de 2006 y es actualizada en promedio cada seis años. Éste es un periodo muy largo para poder tomar decisiones, y contrasta con la frecuencia del pib (trimestral). Pero eso es lo que hay por el momento y se debe de tomar en consideración, ya que riqueza y pib (ingreso) son una «pareja» fundamental para poder medir integralmente la actividad económica de un país. Como toda pareja, son complementarios, ya que una parte contribuye con flujos y la otra con acervos.

En la tabla 3.5 se vio que la riqueza per cápita en México a finales de 2014 ascendió a 110,471 dólares constantes. Éste es el último dato existente, a la espera de que el Banco Mundial continúe con sus ejercicios de cálculo. El dato correspondiente al pib por habitante del año 2014, publicado por el Fondo Monetario Internacional (fmi), asciende a 10,981

dólares. Esto muestra que la riqueza de los mexicanos en ese año representó un poco más de diez veces su ingreso (pib). Es importante reiterar que la gran mayoría de los economistas están de acuerdo en definir la riqueza como un saldo y el pib como un flujo. Hay una muy pequeña parte de investigadores que usan otros procedimientos. Se menciona el caso de Xavier Sala I Martín, catedrático de la Universidad de Columbia en Nueva York, quien en su libro Economía en colores define que la riqueza de un país es su pib. Seguramente esto se debe a que Sala I Martín considera una economía «estacionaria» en donde los acervos de los factores de producción (tierra, trabajo y capital) no cambian en el tiempo. Bajo este escenario, que generalmente se aplica a algunos de los países más avanzados, los cambios en el pib y en la riqueza son iguales, por lo que sólo así se puede considerar a esta «pareja» como la misma cosa.

Se reitera que, en la mayoría de los casos, se encontrará con economías «no estacionarias» por lo que puede suceder que los cambios en el pib vayan, por un lado, y las variaciones en la riqueza, por otro. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (pnuma) en su Reporte de la riqueza integral de 2018 muestra que, en el periodo comprendido entre 1990 y 2015, casi todos los países tuvieron un crecimiento positivo en el pib per cápita, pero en 47 de 121 países la riqueza por habitante disminuyó. Esto no se aplica al caso de México, ya que el pib por persona creció en promedio más que el índice de la riqueza integral.

El documento considera que su medición de la riqueza refleja tanto la sostenibilidad del medioambiente como del bienestar intergeneracional. Con lo anterior demuestra, una vez más, que el pib es una mala medida del bienestar de un país, tal y como quedó establecido desde los orígenes del Sistema de Cuentas Nacionales.

El tema de las economías estacionarias, aunado a la mayor facilidad de obtener medidas del pib que de riqueza, han provocado que los usuarios que no son economistas confundan

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los términos. Si usted consulta a través de un buscador en internet cuál es el país más rico del mundo, seguramente obtendrá como respuesta que se trata de Qatar, ya que tiene un ingreso per cápita cercano a los 128 mil dólares al año. Una vez más, al igual que el profesor Sala I Martín, considera que la riqueza es un flujo y no un acervo.

Todo lo anterior trata de ilustrar que el concepto de riqueza tiene distintos significados, tanto entre los economistas como en otros círculos de influencia. Reiteramos, la semántica es muy importante, máxime cuando se estudian términos muy generales como el de la riqueza de los países. Esto contrasta con el pib que, a través del Sistema de Cuentas Nacionales (scn) de la onu, ha logrado tener una definición aceptada a nivel mundial, la cual es utilizada para su medición oportuna.

Cada uno de los cuatro elementos seleccionados para el tablero de este libro tiene diferentes puntos de partida en su medición. Así, el pib tiene una antigüedad de 67 años, el idh de 30, la riqueza de 14 y las cuentas ecológicas de 8, como medidas de comparación internacional. Resulta curioso que la riqueza como concepto fue desarrollada desde el siglo xviii, pero como medida internacional tiene muy poco recorrido histórico.

No se decidió incluir el bienestar directamente dentro del tablero de cuatro indicadores (T4) debido a que se trata de un concepto que es extremadamente difícil de medir, ya que implica juicios de valor. A pesar de lo anterior, el que la economía busque el bienestar de las personas es políticamente correcto, sobre todo si se le compara con el objetivo establecido desde 1776 por Adam Smith que buscaba el mayor progreso económico a través de la riqueza, la producción, la división del trabajo y la renta nacional. Hace cien años, en 1920, el economista británico Arthur Cecil Pigou publicó su influyente libro La economía del bienestar en el que, sin definir precisamente el concepto, habla de que el bienestar general, total o social, puede ser dividido en varias categorías, algunas de las cuales se pueden medir empíricamente y otras no. La parte susceptible de ser medida puede ser llamada bienes-

tar económico y definida como «aquella parte del bienestar social que puede ser presentado, directa o indirectamente en su relación con el patrón de medida monetario» (p. 11). También decía que «por regla general, las causas económicas no actúan de un modo directo sobre el bienestar económico, sino a través de lo que los economistas llaman el ingreso nacional» (p. 30). Todo esto se une a lo que se dijo en este capítulo respecto a que, actualmente, coexisten dos ideas de bienestar que son mutuamente excluyentes, una utilizada por la ocde y otra, por países con alta población indígena u originaria.

El tablero de cuatro indicadores (T4) aborda el bienestar de manera indirecta, ya que el pib, pese a todos sus inconvenientes, se puede interpretar como lo necesario para que la gente satisfaga las necesidades relacionadas con los bienes y servicios (bienestar material), el idh representa los temas de salud y educación (bienestar físico), las cuentas ecológicas son una medida del cuidado o descuido a la naturaleza (bienestar natural) y la riqueza es una representación de los acervos del país (bienestar económico). El pib no es una medida del bienestar, pero forma parte integral del mismo.

Para el caso de México, es necesario diferenciar el T4 de la 4T, ya que, como el lector seguramente sabe, el nuevo gobierno tiene como propósito llevar a cabo la Cuarta Transformación (4T), después de la Independencia, la Reforma y la Revolución. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha reiterado que le interesa el crecimiento económico, pero que es más importante el bienestar del país. Por lo mismo, no se debe confundir la 4T con el T4, ya que la primera resalta que no sólo se debe ver el desarrollo económico, sino también la redistribución del ingreso, el bienestar, así como el aspecto espiritual por encima del material. Es curioso observar que el tablero de la 4T para el bienestar de la gente también tiene cuatro indicadores. El último paso consiste en determinar el peso que se va a asignar a cada uno de los cuatro indicadores seleccionados. ¿Se le debe asignar un mayor peso al pib que a la riqueza o al medio ambiente? ¿Es mejor dar la misma importancia a cada uno de los cuatro indicadores? Ya sea que se utilice un método matemático para asignar los pesos o que las ponderaciones sean asignadas de manera subjetiva por cada persona, es claro que en el resultado final intervienen juicios de valor. Esto

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es lo que ha pasado en la definición del índice de desarrollo humano (idh) al que de manera arbitraria le fueron asignadas las mismas ponderaciones para cada uno de sus componentes. Lo mismo sucede con la creación de cualquier índice. En 2007, la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, la ocde, el Club de Roma y el Fondo Mundial para la Naturaleza (wwf por sus siglas en inglés) llevaron a cabo una conferencia en Bruselas titulada «Más allá del pib» que buscaba tener más información para la toma de decisiones y, en este contexto, obtener uno o varios indicadores que reflejaran los temas sociales, económicos y ambientales. En ese caso, algunos participantes estaban por complementar el pib, otros por adaptarlo a las demandas del siglo xxi y otros más incluso por desecharlo. Esto último fue descartado en 2009 cuando la Comisión Europea publicó el reporte El PIB y más allá: midiendo el progreso en un mundo cambiante, que proponía ajustar y complementar el pib con indicadores que reflejen el progreso social y del medio ambiente. Dicho documento plantea cinco acciones para medir mejor el progreso en un mundo cambiante, las cuales se resumen en: (a) la complementación del pib con indicadores sociales y del medio ambiente; (b) la información casi en tiempo real para toma de decisiones, aun a expensas de la exactitud; (c) reportes más detallados de la distribución de los resultados y las desigualdades; (d) el desarrollo de un tablero europeo para el desarrollo sostenible, y (e) la extensión del sistema de cuentas nacionales para los problemas sociales y del medio ambiente. Concluye que el pib, con sus deficiencias, es aún el mejor indicador para evaluar el desempeño de la economía. Refleja muy bien las fluctuaciones económicas en el corto y mediano plazo, pero necesita complementarse con otros indicadores de largo plazo para medir el progreso social y el cambio climático.

Aunque la Comunidad Europea continúa con la estrategia del «pib y más allá», existen propuestas que prefieren seguir buscando reemplazar el pib («más allá del pib»). En mayo de 2019, el economista del medioambiente Rutger Hoekstra publicó el libro Reemplazando al PIB en 2030 en donde reconoce que el pib continúa teniendo éxito y el «más allá del pib» ha fracasado debido, fundamentalmente, a sus comunidades correspondientes.

La comunidad macroeconómica surgió en las postrimerías de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Esta congregación formalizó su lenguaje en el Sistema de Cuentas Nacionales (scn) que lo dotó de una terminología global con la cual se comunica. Por otra parte, Más allá del pib está constituida por una comunidad heterogénea que habla en muchos dialectos, acentos y lenguajes. A menos que esto cambie, la industria doméstica o local del Más allá del pib nunca vencerá al pib multinacional (p. i).

Reconoce Hoekstra que las ideas del bienestar y del medioambiente son necesarias, pero que no se encuentran cohesionadas a nivel internacional, y al existir una gran cantidad de iniciativas, su impacto no es muy fuerte. Propone una nueva estrategia para crear de manera multidisciplinaria una ciencia para el bienestar y la sostenibilidad (wss por sus siglas en inglés) con un lenguaje común basado en el Sistema de Cuentas Globales y Nacionales. Acepta que las ideas macroeconómicas existentes son difíciles de reemplazar, pero propone desarrollar una comunidad poderosa del bienestar y el medio ambiente. La institucionalización de su estrategia podría ser creada en el periodo de 2025 a 2030, cuando se tienen que revisar el Sistema de Cuentas Nacionales (scn) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ods). ¿Usted cree que la Organización de las Naciones Unidas lo haga? ¿Serán los gobiernos los que lideren el proceso? ¿Las presiones de los científicos y las organizaciones de la sociedad civil serán suficientes?

Hoekstra propone la creación de un sistema de cinco cuentas. Las tres primeras están ordenadas y relacionadas con el medio ambiente, la sociedad y la economía. La cuarta cuenta describe los aspectos de la distribución del ingreso y la riqueza de los hogares, pero también de las diferencias en las empresas y los gobiernos en sus diversos niveles. Finalmente, para poder evaluar la dinámica de dichas partes, propone una cuenta que permita valorar de manera global su calidad a través de indicadores que van mucho más allá de los económicos.

Siguiendo las líneas del título de este libro (Muchas cuentas, pocos cuentos) queda claro que la propuesta de Hoekstra es seria, ya que está basada en muchas «cuentas». Sin embargo, se puede argumentar que

Muchas cuentas, pocos cuentos: El PIB de México y más allá

también contiene una «contradicción o cuento» derivada del hecho de que su iniciativa tiene como objetivo reemplazar al pib, pero termina diciendo que este indicador continuará como parte del sistema global y que sólo requiere de algunas mejoras metodológicas. En el fondo, lo que trata de cambiar es el enfoque del crecimiento económico por el del bienestar y la sostenibilidad. Está modificando el objetivo, pero no está reemplazando al pib, ya que lo considera como un indicador de la cuenta económica que no mide la calidad.

Se hace la última pausa de este estudio con el objeto de investigar la frecuencia con la que aparecen en los libros considerados como científicos, los conceptos englobados en la propuesta de cuatro indicadores —pib, desarrollo humano, medioambiente y riqueza— junto con el de bienestar. Para ello, se recurre al buscador en línea de Google (books.google.com/ngrams) que ha digitalizado más de cinco millones de libros publicados entre 1800 y 2008, escritos en diferentes idiomas. Al introducir la palabra o frase, junto con el periodo de interés y el idioma, se obtienen los resultados que se muestran en la gráfica 3.3, la cual mide las menciones de cada uno de estos cinco conceptos en el periodo comprendido entre 1950 y 2008.

Gráfica 3.3 Tablero de cuatro indicadores + bienestar

Frecuencia de menciones 1950 - 2008

Libros en español

2005

Fuente: books.google.com/ngrams. No se usó suavizador alguno.

PIB
Medio Ambiente
Bienestar Desarrollo humano Riqueza

Se observa que, desde la década de 1980, el pib es el concepto más mencionado, alcanzando su punto más alto a principios de este siglo con cerca del 0.003% de toda la base de datos. Desde entonces ha disminuido un poco, pero se encuentra muy por arriba del segundo lugar que se refiere al tema del medioambiente. En la tercera posición se ubica la idea del bienestar que dominó el panorama entre 1950 y 1979. El desarrollo humano y su principal derivada, el índice idh, creció marginalmente desde su lanzamiento en 1990, pero ha desacelerado su crecimiento a partir del 2004. En el último lugar se ubica la riqueza que en todo el periodo de estudio se ha mantenido en niveles muy bajos.

Por todo lo anterior, actualmente se considera que lo correcto para evaluar la actividad económica no es hablar de «más allá del pib», sino del «pib y más allá». El gran invento del siglo xx llegó a ser considerado como el rey de los indicadores y aunque se ha actualizado de diversas maneras, es claro que en este siglo xxi tiene que ser acompañado por otras medidas, monetarias y no monetarias, para evaluar la economía de un país. Independientemente de lo anterior, el autor se atreve a pronosticar que continuará ocupando uno de los primeros tres lugares en las «competencias olímpicas» de los indicadores económicos. No es claro si ganará la medalla de oro, pero es casi seguro que estará en el pódium. Dicho todo esto, se termina reconociendo que el pib es perfectible, pero también se considera que llegó para quedarse.

Anexo. Agregados monetarios y financieros

istóricamente, el dinero ha estado representado por cualquier cosa que la gente esté dispuesta a aceptar en el pago de bienes, servicios o deudas. Se han usado mercancías, monedas, billetes, instrumentos bancarios, dinero digital, y se continúan agregando más y más conceptos. Es así como el Fondo Monetario Internacional (fmi) diseñó en 2016 un nuevo Manual de Estadísticas Monetarias y Financieras (memf) que redefine los agregados monetarios y los complementa con un conjunto de indicadores denominados activos financieros internos. Estos últimos podrían ser considerados, de manera extraoficial, como agregados financieros lo que haría más simétrica su comparación con los agregados monetarios. El manual define de manera oficial lo que constituyen las estadísti-

cas monetarias y las distingue de las financieras. Las primeras incluyen los datos sobre los saldos y flujos de todo lo relacionado con el sector financiero, es decir, estudia en su totalidad lo que se denomina el sistema financiero de un país. Abarca las operaciones, tanto con activos (pasivos) reales como financieros, del banco central, de los bancos comerciales, de los fondos de inversión, y de las compañías de seguros. Las segundas se concentran en los datos relacionados con los activos (pasivos) financieros de todos los sectores de la economía; es decir, incluye las operaciones financieras entre las empresas, los hogares y los gobiernos, y de todos ellos con los no residentes.

Lo monetario es un asunto vertical que involucra íntegramente al sistema financiero, y lo financiero es un tema horizontal que relaciona a todos

los sectores en un solo tema. Existe un punto en el que se entrecruzan, lo que hace que la distinción entre la economía monetaria y la economía financiera sea difícil de entender, aunque al final se trate de primos cercanos. En términos generales, se puede decir que los instrumentos monetarios sirven para pagar bienes o servicios, y los instrumentos financieros se usan para ahorrar, ya sea en el corto o en el largo plazo.

Desde 2018, el Banco de México (banco central) implementó estos principios que redefinen y reclasifican los agregados monetarios e incluyen la medición de los activos financieros internos (agregados financieros). Esta nueva actualización es importante para reflejar los cambios y la profundización del sector financiero en las dos últimas décadas. El lector de este volumen tendrá la seguridad de que

lo que lee en estas líneas considera los conceptos más actualizados en relación con lo monetario y lo financiero. Los instrumentos monetarios son conocidos con el nombre de agregados ya que se van sumando partidas dependiendo del nivel de liquidez y de las fluctuaciones en el valor de cada uno de ellos. Es decir, se toma en cuenta al dinero no sólo como medio de pago, sino como depósito de valor. Los agregados monetarios tienen cuatro categorías o escalones, que se denominan M1, M2, M3 y M4, los cuales se van acumulando, como se describe en el cuadro 1.

Cuadro 1

Agregados monetarios y financieros

M1 = Instrumentos con alto grado de liquidez en poder de residentes

M2 = M1 + Instrumentos a plazo en poder de residentes

M3 = M2 + Valores públicos en poder de residentes

M4 = M3 + Instrumentos del M3 en poder de no residentes

F1 = M3 + Fondos de ahorro para la vivienda y el retiro, así como otros instrumentos con bajo grado de liquidez, en poder de residentes

F2 = F1 + Acciones bursátiles e instrumentos híbridos en poder de los residentes

FNR= F2 + Instrumentos del F2 en poder de no residentes (M4 – M3)

F = FNR + F2

Fuente: Banco de México con algunos cambios realizados por el autor.

Así, M1 incluye los billetes y monedas en poder del público y los depósitos bancarios que se pueden exigir de manera inmediata. El M2 abarca al M1 más la captación a plazo de hasta cinco años, los fondos de deuda y los acreedores por reporto de valores. En el tercer escalón, se tiene al M3 que es igual al M2 más los valores emitidos por el gobierno federal en poder de los residentes. El M4 incluye al M3 junto con la tenencia en poder de extranjeros.

Los activos financieros internos contienen también cuatro nuevos indicadores. Estos rubros utilizan la inicial F de financieros, para diferenciarlos de los agregados monetarios que usan la letra M. Así, se tiene el F1 que es igual a M3 más el ahorro obligatorio y otros instrumentos con bajo grado de liquidez de los residentes, así como la captación bancaria con un plazo mayor a cinco años. El F2 incluye al F1 más las acciones de empresas privadas cotizadas en las dos bolsas de valores de México, y otros fondos de inversión de renta variable. Esta es la primera vez en la historia en la que, de manera oficial, se considera como dinero a las acciones cotizadas en bolsa.

La tercera categoría de los activos financieros es denominada fnr que añade a F2 la tenencia de no residentes de los instrumentos incluidos en la misma. Al terminar de agregar, se ubica F que representa los activos financieros internos totales y se calcula como la suma de

Muchas cuentas, pocos cuentos: El PIB de México y más allá

los agregados F2 y fnr. Ésta es la medición más amplia de los instrumentos financieros emitidos en México.

Para poner en perspectiva los agregados monetarios, Christine Lagarde, exdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), en su discurso en la Comisión Permanente de la Unión, el 28 de mayo de 2019, mencionó que en México «el 95% de las compras diarias por debajo de 500 pesos se hacen con efectivo. En China, por el contrario, decenas de millones de personas apenas usan efectivo. Recurren únicamente al pago electrónico realizado mediante dispositivos móviles». Lo anterior, a pesar del programa piloto en curso denominado Codificación Digital (codi) que intenta posibilitar pagos electrónicos en tiempo real desde teléfonos inteligentes, lo que podría incluir a millones de mexicanos en el sistema financiero.

El Banco de México, a través de su página electrónica www.banxico.org.mx, da a conocer los saldos de los agregados monetarios de manera mensual. Los datos de diciembre de 2019 arrojan una suma de 13.20 billones de pesos. Al sumar estos componentes con los activos financieros internos (agregados financieros), el total llega a 27.95 billones de pesos, cifra superior en 3.71 billones a la del pib de 2019.

Miguel Hakim Simón

octor en Finanzas por Claremont University. Asesor externo del Banco Mundial (bm) y del Banco Interamericano de Desarrollo (bid). Fue vicecanciller de México (20012005), secretario para la Cooperación Iberoamericana (2005-2009) y coordinador de Asuntos Internacionales del estado de Puebla (2011-2017). Fue profesor adscrito de la Universidad de las Américas Puebla. Actualmente coordina el Programa Iberoamericano para la Educación y la Productividad de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (oei).

Índice conceptual

Activos financieros internos

Agenda 2030

Agregados monetarios

Bienestar

Capacidad estadística

Coeficiente de Gini

Competitividad

Desarrollo económico

Desarrollo humano

Economía del internet

Economía informal

Economía subterránea

Gigantes tecnológicos

Gran Confinamiento

Gran Recesión

Índice del desarrollo humano

Ingreso nacional

Medioambiente

Memoria de corto plazo

164, 200, 201, 202, 203

11, 123, 161, 178, 179

23, 199, 200, 201, 202, 203

11, 12, 13, 22, 52, 68, 73, 79, 93, 144, 145, 147, 148, 149, 150, 155, 156, 157, 170, 171, 174, 175, 176, 177, 178, 179, 190, 191, 192, 194, 195, 196

28, 55, 170, 184

185

28, 92, 94, 129, 133, 134, 135, 136, 137, 138, 139, 140, 171

10, 30, 52, 60, 75, 84, 99, 109, 122, 146, 147, 149, 165, 174, 179, 192

11, 12, 118, 146, 149, 150, 151, 152, 153, 174, 175, 179, 181, 185, 193, 195, 196

58

47, 48

51, 157

59, 60, 61, 105

13, 48, 70, 72, 82, 104

56, 60, 72, 101, 104, 105, 147, 167

11, 12, 146, 149, 150, 152, 174, 181, 185, 193

11, 12, 146, 149, 150, 152, 174, 181, 185, 193

12, 139, 146, 147, 148, 154, 155, 156, 157, 159, 160, 161, 172, 173, 179, 186, 190, 193, 194, 195, 196

181, 182

Modelo klems

Nacionalidad

Objetivos de Desarrollo del Milenio

Objetivos de Desarrollo

Sostenible

Paradoja de la productividad

Paridad del poder de compra

PIB por habitante

Productividad del capital

Productividad del trabajo

Productividad marginal

Productividad media

Productividad multifactorial

Productividad total de los factores (PTF)

Producto interno bruto (PIB)

Producto interno neto (PIN)

Producto nacional bruto (PNB)

Progreso

Prosperidad

Residencia

Riqueza

Teoría del Decrecimiento

97, 98, 99

20

161, 179

11, 123, 179, 181, 194

105 64, 65, 67, 76, 84, 102, 125, 152

10, 66, 67, 82, 83, 84, 86, 148, 152, 169, 178, 189

95, 135

95 94

94, 105

95, 101, 102, 128

95, 96, 97, 98, 99, 101, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 113, 115, 118, 119, 128, 137, 169

18, 41, 43, 58, 92, 94, 97, 109, 145, 157, 158, 170, 171, 177, 182

22, 157, 158, 186

20, 96, 97, 145, 171

10, 11, 79, 96, 99, 144, 147, 149, 150, 151, 160, 161, 170, 173, 174, 175, 177, 178, 179, 186, 191, 193

115, 117, 179

20

12, 24, 25, 31, 32, 46, 79, 93, 146, 147, 148, 162, 163, 164, 165, 166, 167, 168, 169, 170, 171, 174, 178, 189, 190, 191, 192, 194, 195, 196

171, 172, 173, 179

Índice de figuras, tablas y gráficas

FIGURAS

Figura 1.1 Luminosidad de la Tierra

Figura 1.2 Medición de la actividad económica con grandes datos magda

2015

TABLAS

Tabla 1.1 Resultados cuantitativos de magda. Datos en millones de pesos. 2015

Tabla 1.2 pib nominal durante el primer trimestre de 2020

Tabla 1.3 Oferta y demanda global de bienes y servicios. Primer trimestre de 2020

Tabla 1.4 pib por el lado de la producción

Tabla 1.5 pib por el enfoque del gasto

Tabla 1.6 pib por el método del ingreso (distribución factorial del pib)

Tabla 1.7 pib por sector institucional. 2018

Tabla 1.8 Generación y utilización de los ingresos. Billones de pesos. 2018

Tabla 1.9 Subsectores de los servicios financieros y de seguros. Porcentaje del pib

Tabla 1.10 pib 2018 en trillones de dólares americanos

Tabla 1.11 pib 2018 en trillones de dólares internacionales

Tabla 1.12 pib per cápita de México

Tabla 1.13 Cambio del pib real. Serie desestacionalizada (respecto al trimestre previo)

Tabla 1.14 pib real per cápita. Dólares internacionales de 2011

Tabla 2.1 Modelo klems para México. Tasas promedio 19912018

Tabla 2.2 Los componentes de la productividad. Promedio anual en porcentajes

Tabla 2.3 Crecimiento de

la productividad total de los factores. Los líderes del siglo xxi en el mundo

Tabla 2.4 Una comparación regional del crecimiento de la productividad total de los factores

Tabla 2.5 La productividad total de los factores en América Latina y el Caribe

Tabla 2.6 Productividad entre países

Tabla 2.7 América Latina en relación con Estados Unidos. Promedios 2004-2014

Tabla 2.8 Índices de desarrollo institucional. Valor promedio entre 1996 y 2015

Tabla 2.9 Desembolsos totales en investigación y desarrollo. Porcentaje del pib por regiones

Tabla 2.10 Número total de investigadores por cada millón de habitantes. Equivalentes de tiempo completo

Tabla 2.11 Número de patentes. Regiones

Tabla 2.12 Los doce pilares de la competitividad del wef. El caso de México

Tabla 3.1 El Índice de Desarrollo Humano de México. 2018

Tabla 3.2 Producto interno neto de México. Ajustado ambientalmente. 2018

Tabla 3.3 La riqueza por tipo de activo en 2014

Tabla 3.4 Riqueza per cápita. Dólares constantes de 2014. Países líderes

Tabla 3.5 Riqueza per cápita. Dólares constantes de 2014. Países iberoamericanos seleccionados

Tabla 3.6 Indicadores de bienestar autorreportado. Satisfacción por dominios específicos. Promedios en escala de 0 a 10

GRÁFICAS

Gráfica 1.1 Economía informal

Gráfica 1.2 Excedente bruto de operación de los hogares (vivienda imputada de los hogares)

Gráfica 1.3 Valor del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados de los hogares. Porcentaje del pib a precios corrientes

Gráfica 1.4 Servicios financieros y de seguros México (sifim). Porcentaje del pib

Gráfica 1.5 Crecimiento porcentual del pib mundial

Gráfica 1.6 Cambios porcentuales en el pib total de México 18962020

Gráfica 1.7 Cambios del pib de México

Gráfica 2.1 Productividad total de los factores. Economía de México

Gráfica 2.2 El pib y los servicios de capital por trabajador (sc/t). Tasas de cambios anuales. Países de la ocde

Gráfica 3.1 Tendencia del idh de México

Gráfica 3.2 Costos totales por agotamiento y degradación ambiental de México

Gráfica 3.3 Tablero de cuatro indicadores + bienestar. Frecuencia de menciones 19502008. Libros en español

Parte 2

www.banxico.org.mx

www.bea.gov

www.bis.org

books.google.com/ngrams

www.coneval.org.mx

www.conference-board.org

globalinnovationindex.org

www.gob.mx/conapo

data.worldbank.org

es.unesco.org

es.wikiquote.org

www.frasesypensamientos.com.ar

www.freedomhouse.org

frdelpino.es/video/nosotros-y-la-prosperidad/ imco.org.mx

www.imf.org

www.img.org

www.inegi.org.mx

www.nber.org

www.nobelprize.org

www.oecd.org

www.snieg.mx

www.socialprogress.org

www.rug.nl/ggdc/ uis.unesco.org

www.un.org

www.unenvironment.org

www.unesco.org

unstats.un.org/unsd/nationalaccount/hsna.asp who.int

www.wipo.int

www.worldbank.org

www.wto.org

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Directorio UDLAP

Luis Ernesto Derbez Bautista Rector

Cecilia Anaya Berríos Vicerrectora académica

Martín Alejandro Serrano Meneses Decano de Investigación y Posgrado

Luis Ricardo Hernández Molina Director de Investigación y Posgrado

Sergio Picazo Vela Decano de la Escuela de Negocios y Economía

Mayra Ortiz Prida Directora general de la Oficina de Rectoría

Izraim Marrufo Fernández Director de Comunicación

Editorial UDLAP

Rosa Quintanilla Martínez Jefa editorial

Angélica González Flores

Guillermo Pelayo Olmos Coordinadores de diseño

Aldo Chiquini Zamora

Andrea Garza Carbajal Coordinadores de corrección

Carolina Tepetla Briones Coordinadora administrativa

María Fernanda Ortiz de la Fuente Auxiliar administrativa

Andrea Monserrat Flores Santaella Coordinadora de preprensa

Guadalupe Salinas Martínez Coordinadora de producción

José de Jesús López Castillo

José Enrique Ortega Oliver Impresores

María del Rosario Montiel Sánchez Encuadernación y acabados

Muchas cuentas, pocos cuentos

El PIB de México y más allá

La impresión del libro está pendiente debido al Gran Confinamiento. Se ofrece de manera preliminar esta versión en PDF preparada por el Departamento de Publicaciones de la UDLAP el 30 de octubre de 2020.

En la composición tipográfica se emplearon las familias Spirits y Proforma.

Miguel Hakim ha logrado una combinación nada común: un libro que es a la vez erudito y divertido. Hace el autor un recorrido histórico y analítico por las teorías del crecimiento, así como un recuento crítico del indicador más conocido y elusivo de la economía: el producto interior bruto (pib). En Muchas cuentas, pocos cuentos el autor traza los límites del cálculo de nuestra riqueza, enfatizando la necesidad de complementar al pib en el marco del desarrollo sostenible y el reto doble de la desigualdad y el cambio climático. Un libro que habla tanto de lo macro como de lo micro, en México y en el mundo. Defiende que ante la imposibilidad de abarcar todo con un solo indicador, el pib debería ser integrado o suplementado con otras partidas. Un gran mérito del Dr. Hakim de escribir un texto más amplio que el vasto número que analiza. Sin duda, echa un buen cuento real, haciendo bien las cuentas.

Rebeca Grynspan Mayufis

Titular de la Secretaría General Iberoamericana

El análisis didáctico presentado por Miguel Hakim confirma la relevancia del PIB, total y per cápita, para la medición del crecimiento económico de un país. Como resalta el autor, estos indicadores, junto a otros relacionados con productividad, riqueza, equidad social y sostenibilidad ambiental, determinan el nivel de desarrollo de las naciones y son una base sólida de comparación en el ámbito internacional.

Enrique García

Presidente del Consejo de Relaciones

Internacionales de América Latina (RIAL)

Presidente de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina de 1991 a 2017

Sin duda, el pib es el rey de los indicadores, aunque resulta importante distinguir bien entre lo que realmente mide y lo que no. Miguel Hakim, en un lenguaje claro y directo, es lo que hace en su libro de Muchas cuentas, pocos cuentos. Es un escrito realmente oportuno, ya que el gobierno actual ha cuestionado la utilidad del pib e incluso propone que se deje de medir. El autor aclara muy bien cuál debería ser la dirección y el enlace de este nuevo seudodebate, por lo que su lectura es altamente recomendable. A fin de cuentas, aquél que no entiende lo que es el pib y su valor como medida del avance de un país, no entiende la economía y su importancia. Aquí Hakim demuestra que lo entiende y lo sabe explicar.

Jonathan Heath

Subgobernador del Banco de México

Hoy que en México se revive el debate sobre la contribución del crecimiento económico al bienestar, Miguel Hakim nos recuerda que el pib no es un fin en sí mismo, pero sí un ingrediente fundamental para el desarrollo. El lector encontrará en el libro de Miguel una discusión original, amplia y útil sobre el principal indicador derivado del Sistema de Cuentas Nacionales, el producto interno bruto.

Eduardo Sojo Garza-Aldape

Director general del Laboratorio de Políticas Públicas del CIDE y presidente del INEGI entre 2008 y 2015

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