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Conexión #6 UDLAP. Conductas colectivas

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DR. JUAN

ANTONIO ACEVEDO PONCE DE LEÓN

Profesor de tiempo completo del Departamento de Psicología de la UDLAP

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

Experto en desarrollo humano, psicología social y psicología organizacional.

CONDUCTAS COLECTIVAS

Entendemos por conductas colectivas a las formas de sentir y actuar relativamente espontáneas y desestructuradas que surgen dentro de un grupo o población como consecuencia de la estimulación mutua de los participantes. Son comportamientos no gobernados por las normas establecidas tradicionales, y que por ende no están institucionalizados.

Cuando una situación sobrepasa la «normalidad» de la vida cotidiana se da la suspensión del marco de percepción ordinario de la realidad y esto suele señalar el inicio de la conducta colectiva.

Factores determinantes de la conducta colectiva en orden de aparición (Smelser, 1963)

Proclividad estructural

Tensión estructural

Surgimiento y difusión de una creencia generalizada

Factores desencadenantes

Movilización de los participantes para la acción

Funcionamiento del control social

Las conductas colectivas son formas de

sentir y actuar relativamente espontáneas y desestructuradas que surgen dentro de un grupo o población como consecuencia de la estimulación mutua de los participantes.

En este artículo abordaremos los dos primeros factores: proclividad y tensión estructural.

La proclividad estructural se refiere a las condiciones sociales generales que son necesarias para que sobrevenga un episodio de conducta colectiva. Por ejemplo, en el caso de un contagio histérico en una empresa de una supuesta enfermedad que nun-

ca existió; no hubiera ocurrido si no existieran lazos sociales entre los empleados.

La histeria se transmite a través de las redes sociales, principalmente de grupos informales. En general, cuanto más lazo tenga un empleado con los individuos «afectados» (aquellos que presentan síntomas y consultan un médico) más probable es

Es probable que una sociedad nunca se encuentre más cerca del estallido social que cuando se elevan las expectativas de su pueblo para un futuro próximo, y luego se les reparte «migajas».

que se sientan de la misma manera. Sin embargo, en la mayoría de los casos esta proclividad estructural sólo favorece un cierto tipo de conducta colectiva; las redes sociales arman la escena, por decirlo así, para una amplia variedad de comportamientos colectivos. Sólo más tarde, al asimilarse otros elementos de manera continua y gradual, se va estrechando progresivamente la gama de desenlaces posibles, y se desemboca en un episodio específico de conducta colectiva.

Existe tensión estructural, allí donde diversos aspectos de un sistema están, de algún modo, «desarticulados» entre sí. Las guerras, crisis económicas, la movilidad geográfica y social, las catástrofes y el cambio tecnológico desquician los modos de vida tradicionales o

previstos de la gente. Ésta experimenta tales procesos como fuentes de frustración, conflicto, privaciones, ambigüedad y tensión.

A lo largo del tiempo, la acumulación del estrés inclina a adoptar cursos de acción que no están definidos en los ordenamientos sociales vigentes por las normas y roles tradicionales. Sufren un malestar social, una sensación generalizada de insatisfacción, desasosiego y descontento. En verdad, como sugiere Smelser, cuanto más grave es la tensión, es más probable que las personas estén dispuestas a episodios de conducta colectiva. En caso del ejemplo anterior de la «enfermedad colectiva» en la empresa, la tensión psicofísica se considera como el elemento subyacente primordial.

Las mujeres empleadas que resultaron afectadas en proporción mucho mayor que las otras, aportaban más de la mitad de sus ingresos al hogar; además, en su mayoría tenían hijos en edad preescolar, pero debían trabajar gran cantidad de horas extras. Es de presumir que a raíz de las demandas conflictivas de sus roles de madres y de trabajadoras, enfrentaban una tensión mucho mayor que las demás mujeres. Por lo tanto, eran más vulnerables que ellas a caer en un episodio como el del contagio histérico.

La privación relativa es uno de los tipos de tensión subyacente en la conducta colectiva.

Se define como el estado de ánimo correspondiente a la existencia de una brecha entre lo que el individuo procura y lo que le parece alcanzable. Un buen ejemplo es algo que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial: en la fuerza aérea norteamericana las promociones ocurrían con rapidez y abarcaban a todos los efectivos; en cambio, en la Policía Militar eran lentas y fragmentadas. Cualquiera pensaría que los integrantes de la Fuerza Aérea estaban más satisfechos con sus probabilidades de promoción que los de la Policía Militar; o sea, que en términos absolutos su personal avanzaba más velozmente en su carrera, no obstante, los aeronautas se sentían mucho más frustrados. Lo que causaba su bajo estado de ánimo colectivo no era el nivel absoluto de sus logros o sus avances, sino su sentimiento de privación relativa, la insatisfacción provocada por el desfase entre lo que preveían para su futuro y lo que finalmente alcanzaban. En la Policía Militar, en cambio, nadie tenía la expectativa de ser ascendido rápidamente; todos aprendían a tolerar que los avances en jerarquía serían relativamente escasos.

En el ejemplo anterior se trata de expectativas crecientes: cuando las condiciones de vida de un grupo mejoran, pueden también aumentar sus expectativas; pero si estas crecen

más velozmente que las mejoras efectivas el resultado será la insatisfacción. Entonces es probable que una sociedad nunca se encuentre más cerca del estallido social que cuando se elevan las expectativas de su pueblo para un futuro próximo, y luego se les reparte «migajas». Por ejemplo, en la década de los sesenta, la comunidad afroamericana había sido persuadida de que su situación mejoraría mucho en un futuro próximo, pero como se dieron los acontecimientos ocurrió como el niño pobre que ve los juguetes en el aparador. Los afroamericanos podían entrar y salir de los negocios, pero no tenían dinero para comprar la mercancía, así pues, sus nuevas expectativas se vieron frustradas. Esto intensificó los sentimientos de privación relativa de la comunidad afroamericana, y estallaron las revueltas en los guetos y surgió el movimiento del Poder Negro. Entonces queda la reflexión sobre la situación actual en las empresas mexicanas y en nuestro país.

REFERENCIAS

Vander-Zanden, J. W. (1986). Manual de psicología social. Buenos Aires: Paidós.

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