Diseño editorial y de portada: Willy Daniel Sepúlveda Juárez.
Imagen de portada: escultura de la diosa Tének Teem en su advocación como madre del maíz, procedente de Teocihuatlán (Tihuatlán, Veracruz).
Fotografía de Emmanuel Márquez Lorenzo
La investigación que dio origen al libro La presencia de la Triple Alianza en la costa del Golfo: evidencias arqueológicas obtuvo el primer lugar en la categoría de Investigaciones profesionales del xix Premio Citibanamex «Atanasio G. Saravia» de Historia Regional Mexicana 2020-2021.
Esta obra fue dictaminada por pares académicos.
Obra publicada gracias al apoyo del Consejo Veracruzano de Investigación
Científica y Desarrollo Tecnológico (coveicydet).
Parte del financiamiento para la publicación de esta obra deriva, además, del Programa de Apoyo a la Mejora en las Condiciones de Producción de los Miembros del snii y snca-prosnii, de la Universidad de Guadalajara.
Queda prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio, del contenido de la presente obra, sin contar con autorización por escrito del titular de los derechos de autor. El contenido de este libro, así como su estilo y las opiniones expresadas en él son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la opinión de la udlap.
Editado en México | Edited in Mexico
ÍNDICE
Prólogo
Introducción
El dominio ideológico, político y religioso de la Triple Alianza
El dominio político
El dominio religioso
La tributación de las provincias en la Huaxteca meridional
La población tének de la Huaxteca meridional
La intensificación de cultos mexicas a las deidades de los mantenimientos
El dominio mexica de las provincias sujetas
Las estrategias políticas provinciales
El dominio mexica en el occidente de Morelos como estudio de caso
La presencia de sociedades de la Triple Alianza en la zona centro-sur de la costa del Golfo
Afectaciones de la Triple Alianza en Cotaxtla
Los materiales arqueológicos de Quauhtochco
Los materiales arqueológicos de Totogal
Las provincias sumisas del Totonacapan
La presencia de sociedades de la Triple Alianza en la Huaxteca meridional
La Huaxteca meridional
Materiales arqueológicos de Ilamatlán, Tezcatepec y Huayacocotla
Materiales arqueológicos de Benito Juárez
Materiales arqueológicos de Ixhuatlán de Madero
Materiales arqueológicos de Chicontepec
Materiales arqueológicos de Santa María Ixcatepec
Materiales arqueológicos de Temapache
Otros materiales de filiación mexica
La Lápida de la Calzada
Materiales arqueológicos de Cuyuxquihui
Materiales arqueológicos de Tuzapan
Las esculturas de Macuilxóchitl Xochipilli
La ocupación territorial de las provincias sujetas
Los materiales arqueológicos de Tetzapotitlan
Imaginería mexica en la escultura tetzapoteca
El barrio mexica de Tetzapotitlan
Conclusiones
Epílogo
Referencias
Prólogo
El libro La presencia de la Triple Alianza en la costa del Golfo: evidencias arqueológicas del Dr. Emmanuel Márquez Lorenzo es resultado del extraordinario y puntual trabajo de investigación desarrollado en los últimos años desde su labor como profesor-investigador dedicado a la observación, el registro y la interpretación de las comunidades de la costa del Golfo. El lector tiene en sus manos algo más que un documento académico y científico: es una sólida propuesta teórico-metodológica que explica cómo iniciar, desarrollar y concluir una exploración arqueológica sustentada en la evidencia material como principio rector. Para quienes tienen interés y gusto por el quehacer investigativo, y en especial para los jóvenes especialistas en arqueología, esta obra resulta particularmente sugerente y apropiada. La exhibición arqueológica se convierte en la principal fuente de información en este trabajo. A partir de su identificación, comprensión y análisis, el autor formula una propuesta novedosa que se distancia de otras investigaciones. La novedad radica, sobre todo, en la metodología empleada: el Dr. Emmanuel Márquez Lorenzo demuestra, con solvencia académica y profundo conocimiento, una forma distinta de aproximarse a las sociedades de la costa del Golfo, lo que permite plantear nuevas hipótesis y someter a una revisión crítica los planteamientos tradicionales. El valor de esta metodología resulta evidente, puesto que pone de manifiesto la sólida formación profesional de las nuevas generaciones de arqueólogos y la incorporación de herramientas teórico-metodológicas renovadas.
El autor señala que el objetivo central de su trabajo es identificar los procesos de dominación ejercidos por las sociedades de la Triple Alianza en poblaciones de la costa del Golfo, para lo cual recurre al estudio de materiales arqueológicos. La manera en que este objetivo se desarrolla a lo largo del libro es ejemplar, pues presenta y desarrolla una metodología que prioriza al estudio e interpretación de la prueba material procedente de múltiples lugares y no de un solo sitio en particular. En este sentido, el estudio se apoya en un amplio trabajo de campo que incluye la revisión de materiales provenientes
de la Huaxteca meridional, el occidente de Morelos, Cotaxtla, Quauhtochco, Totogal, el Totonacapan, Ilamatlán, Tezcatepec, Huayacocotla, Benito Juárez, Ixhuatlán de Madero, Chicontepec, Santa María Ixcatepec, Cuyuxquihui, Tuzapan, Tetzapotitlan, entre otros.
La estrategia de observación se construye en función de la evidencia física. El propio autor señala su intención de alejarse, en la medida de lo posible, de interpretaciones teóricas preconcebidas y de proponer lecturas a las comúnmente aceptadas. Al respecto, uno de los aportes más relevantes de la obra es la reflexión metodológica que ofrece cómo llevar a cabo una investigación científica desde la arqueología a partir del estudio de los vestigios materiales de comunidades pretéritas.
Este planteamiento se identifica con relativa facilidad a lo largo del texto, cuyo estilo de escritura es claro, ordenado e impecablemente bien escrito. El lector accede a conocimientos inéditos, expuestos de forma amena y con una notable originalidad discursiva que favorece un diálogo constante y coherente, sin ambigüedades ni distracciones. Por el contrario, el discurso se caracteriza por su precisión y minuciosidad: no deja ideas ni postulados inconclusos, dado que el autor recurre a todas las estrategias posibles para esclarecer cómo se manifestó el dominio de las sociedades de la Triple Alianza en la región de la costa del Golfo. En tal sentido, destaca el uso de las notas a pie de página, mediante las cuales se amplían argumentos, se explican conceptos, se confrontan ideas, se invita a revisar otras investigaciones y autores, y, sobre todo, se fortalecen las hipótesis y los planteamientos centrales.
No cabe duda de que el autor es un experto en el tema de análisis de materiales arqueológicos. Su experiencia y el desarrollo de una metodología de trabajo permiten establecer planteamientos de indagación sumamente interesantes y novedosos que invitan a repensar la historia de estos pueblos desde una perspectiva distinta. Ello se hace evidente, por ejemplo, cuando se aborda el control ideológico, político y religioso de la Triple Alianza sobre los pueblos dominados, y se concluye que el control no debe considerar únicamente desde la
variable bélica, sino desde otros factores, como las rebeliones, la escasez de alimentos, la conveniencia política y, de manera destacada, la imposición de un discurso oficial que transformó gradualmente la existencia de las poblaciones.
Por otra parte, resulta interesante el estudio de materiales arqueológicos correspondientes a Cotaxtla, Quauhtochco, Totogal y el Totonacapan. A partir de la metodología propuesta, el autor establece conclusiones convergentes y divergentes. En los dos primeros casos se observa una cierta imposición de nuevas conductas culturales que fueron establecidas por los grupos mexicas dominantes. Totogal, por su parte, presenta manifestaciones que dan cuenta del dominio ideológico ejercido por la Triple Alianza, mientras que el Totonacapan es un caso totalmente distinto, en el que la evidencia denota una conducta sumisa y un sometimiento pacífico a los mexicas.
Establecer generalidades y asumir realidades que constituyeron la génesis de las poblaciones pretéritas sin un ejercicio crítico riguroso implica un riesgo considerable. Este es precisamente uno de los cuestionamientos que este trabajo evita reproducir a partir del ejercicio de investigación propuesto. Si bien se ofrece un panorama general de las demarcaciones de la Huaxteca meridional con el propósito de evaluar la influencia de la Triple Alianza, el análisis detallado de las observaciones documentadas, pone de manifiesto la diversidad de estrategias de dominación empleadas por esta sobre dichas provincias.
A partir de la identificación, la evaluación y la interpretación de los materiales arqueológicos, el Dr. Emmanuel Márquez Lorenzo sostiene que la Triple Alianza tuvo una incidencia real sobre las provincias de la Huaxteca meridional, particularmente visible en la cerámica y la escultura regionales. Su exploración demuestra que el interés de la Triple Alianza en las sociedades cercanas a la costa del Golfo estuvo motivado por la existencia y explotación de productos de alto valor de uso y de intercambio, como las mantas de algodón. Asimismo, destaca la presencia de materiales vinculados al culto religioso y político, entre ellos representaciones de
deidades como Chicomecóatl. Mención especial merece el examen de los materiales arqueológicos de Tetzapotitlan, a partir del cual el autor concluye que en este sitio la Triple Alianza inició un gran movimiento bélico que culminó con el sometimiento de Tetzapotitlan hacia el año de 1480, así como con el establecimiento de poblaciones procedentes del Altiplano, lo que dio inicio a una etapa de dominio ideológico sobre esta región.
Dr. Adolfo Trejo Luna Tlaltenango, Zacatecas, 30 de mayo de 2025
Introducción
Esta investigación tiene como objetivo mostrar los procesos de dominación de las sociedades de la Triple Alianza en poblaciones de la costa del Golfo, mediante el análisis de materiales arqueológicos cuya presencia evidencia la actuación de grupos de poder y de poblaciones procedentes del Altiplano. Dicha estrategia de colonización derivó en la imposición de cultos y costumbres mediante la promoción de prácticas rituales y celebraciones, propias de los nuevos grupos dominantes instaurados tras la conquista de estos territorios. En los casos de demarcaciones muy rebeldes, la Triple Alianza recurrió al traslado de poblaciones completas con una formación histórico-cultural afín a la de los grupos hegemónicos. Estos desplazamientos hacia las provincias conquistadas contribuyeron a disminuir los procesos de rebelión, y, de manera indirecta, a sostener ideológicamente las festividades y celebraciones vinculadas a una parafernalia ritual coherente con la ideología religiosa del Altiplano. Para alcanzar este objetivo, fue necesario explicitar, en primera instancia, la postura teórica relativa a la ideología política y religiosa, lo que permitió reformular propuestas sobre el comportamiento de las poblaciones de la Triple Alianza frente a provincias rebeldes. La estrategia metodológica requirió el análisis de estudios de caso sustentados en investigaciones de campo exhaustivas; de ahí la pertinencia de revisar los trabajos realizados por Berdan y Smith a partir de excavaciones en el occidente de Morelos.
La propuesta consistió, por tanto, en contrastar producción y consumo; es decir, determinar, en la medida de lo posible, si los discursos oficiales emanados de las autoridades de la Triple Alianza fueron asimilados en el ámbito de la vida cotidiana de las poblaciones sometidas. En este sentido, el objetivo fue identificar elementos arqueológicos que permitieran inferir la existencia de colonos procedentes del Altiplano en comunidades conquistadas por la Triple Alianza, no sin antes analizar las posturas existentes sobre estas conductas. Esta confrontación entre explicaciones, así como la manutención de una actitud crítica propositiva, no descarta los aciertos
de los modelos interpretativos abordados, pero privilegia aquellos sustentados en la observación directa de materiales arqueológicos. Desde esta perspectiva, se examina la expansión territorial mexica siguiendo un recorrido de lo general a lo particular, contrastando y reformulando los supuestos teóricos a la luz de las evidencias disponibles. La comprensión del fenómeno se plantea de manera integral, lo que permite identificar pruebas asociadas a procesos de colonización, imposición de gobiernos y de cultos por parte de la Triple Alianza. Este enfoque, lejos de adscribirse de forma exclusiva a alguna de las posiciones teóricas existentes, busca nutrirse de ellas y ajustarse a las particularidades del objeto de estudio. La explicación, por lo tanto, se guía más por la realidad que por su comprensión teórica, basándose en un conjunto de materiales arqueológicos y no tanto en planteamientos discursivos. Antes de desarrollar esta parte, se presenta un breve examen de la situación de las provincias de la Huaxteca meridional en la costa del Golfo, a las cuales se retomará más adelante. Contrario a otros procedimientos metodológicos, aquí se dio prioridad a los datos materiales antes que a cualquier tipo de comprensión teórica prejuiciada, incluyendo la información de fuentes escritas y documentos pictográficos. Este proceder permitió el ejercicio de contrastes en todo momento, evitando privilegiar el planteamiento hipotético y subordinándolo a los resultados derivados del comportamiento de los materiales.
El análisis de las poblaciones del centro-sur de la costa del Golfo dio lugar a un segundo enfoque centrado en las provincias de la Huaxteca meridional, donde la evidencia material de filiación mexica fue abordada desde una perspectiva nueva. No obstante, se procuró evitar, en la medida de lo posible, la imposición de planteamientos hipotéticos generados con base en la averiguación de los casos anteriores. El propósito fue examinar la manera en que se manifestó el dominio de las sociedades de la Triple Alianza en la región, exponiendo la mayor cantidad y diversidad de muestras arqueológicas con dicha filiación.
Tetzapotitlan ‘tierra o asentamiento de tetzapotes (mameyes)’ o Tetzapolco ‘árbol de tetzapotes (mameyes)’ (Márquez 2012a; 2012b, 18-
20), así como Tetzapotitlan-Teayo, denominado de este modo por ser el «lugar de las madres» o el «lugar de la diosa madre» (Márquez 2021d, 21-22), conocido actualmente como Castillo de Teayo, constituye un caso de especial relevancia. Por ello, se decidió abordarlo en la parte final de esta investigación, no sin antes considerar algunos aspectos de su trayectoria histórica, los cuales forman parte de los planteamientos iniciales de este estudio. Tetzapotitlan es un sitio arqueológico de la Huaxteca meridional cuya importancia regional se manifiesta en su notable producción escultórica y en los fenómenos políticos, religiosos, económicos y sociales que ahí ocurrieron durante el Posclásico Tardío (Márquez 2009; 2012a; 2012b; 2014; 2015a; 2015b; 2015c; 2017; 2019; 2020; 2021c; 2021d; 2022; 2025). El hallazgo del topónimo de la localidad —representado en el monumento 4—, permitió iniciar una serie de estudios en torno a un proceso de imposición ideológica y religiosa ejercido por la Triple Alianza sobre los tetzapotecas. Este hecho resulta particularmente significativo si se considera que, a más de un siglo del descubrimiento del lugar, existe un reducido número de publicaciones, muchas de las cuales se limitaron a reforzar los planteamientos iniciales de Seler sobre la existencia de una colonia militar mexica en la zona. En este contexto, podría surgir la pregunta: ¿para qué seguir investigando Castillo de Teayo si ya existe una hipótesis sobre lo ocurrido en la zona?, ¿cuál es la aportación de estas nuevas investigaciones? La respuesta es clara: la posibilidad de estudiar con detalle el proceso a partir del análisis sistemático de la evidencia arqueológica, algo difícil de lograr en otras locaciones donde la intervención de las sociedades de la Triple Alianza no fue tan marcada.
Este trabajo parte de investigaciones previamente realizadas, cuya lectura y revisión se dejan a consideración del lector, en particular mis tesis de licenciatura, maestría y doctorado —de las cuales deriva parte sustancial de esta investigación— así como el libro El dominio mexica de Tetzapotitlan. El ejercicio del poder y sus repercusiones ideológicas. En estos trabajos se encuentran desarrolladas las propuestas aquí retomadas, sustentadas en varios años de investigación. Mi intención, por tanto, no es reiterar lo ya investigado, sino mostrar
avances sobre una base firme, respaldada por estudios previamente evaluados, incluidos aquellos dictaminados por integrantes del más alto nivel del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (snii). De ahí que esta introducción se mantenga deliberadamente concisa, presentando algunos datos generales con sus referencias correspondientes, suficientes para disipar dudas iniciales sobre hipótesis, teorías y metodologías, y para quienes deseen profundizar en los procesos ideológicos mexicas manifestados en Tetzapotitlan.
Agradecimientos
Una versión previa de esta indagación fue galardonada con el primer lugar del xix Premio Citibanamex Atanasio G. Saravia de Historia Regional Mexicana 2020-2021, en la categoría de Mejor Investigación Profesional, tras ser evaluada por autoridades académicas de prestigiosas instituciones. Expreso mi agradecimiento a quienes dictaminaron el trabajo: el Dr. Javier Garcíadiego Dantán de la Academia Mexicana de la Historia; la Dra. Elisa Speckman Guerra del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México; la Dra. Delia Salazar Anaya de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Dr. Pablo Yankelevich Rosenbaum del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Asimismo, agradezco a Fomento Cultural Citibanamex y a los descendientes de don Atanasio G. Saravia por la creación del fideicomiso que desde 1984 hace posible la entrega bienal de este galardón. En su momento, decidí no publicar este manuscrito sin mejorarlo, con la expectativa de que fuera publicado por una casa editorial acorde con la temática del estudio.
En este sentido, agradezco al Gobierno del estado de Veracruz, a través del Consejo Veracruzano de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, por apoyar su edición digital mediante el programa «Apoyos complementarios para el fortalecimiento de actividades científicas 2025, primer periodo». De igual manera, extiendo mi agradecimiento a la Universidad de las Américas Puebla por aceptar su publicación.
Desde el punto de vista académico, este libro es producto de la tesis doctoral Evidencias de imposición de cultos mexicas en Tetzapotitlan (2015), y de la tesis de maestría Aspectos teóricos y metodológicos para el análisis de representaciones escultóricas de Tláloc y Chicomecóatl en Tetzapotitlan (Castillo de Teayo) (2012), ambas dirigidas por la Dra. Patricia Fournier García, a quien agradezco profundamente su apoyo durante mi paso como estudiante de posgrado en Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Agradezco también a los investigadores que enriquecieron indirectamente esta investiga-
ción: el Dr. Fernando López Aguilar, el Dr. Stanislaw Iwaniszewski, la Dra. Rosa María Reyna Robles y el Dr. Manuel Gándara Vázquez. De modo particular, extiendo mis agradecimientos a la Dra. Luz María Mohar Betancourt, quien me ha acompañado como asesora y jurado desde la licenciatura, por sus observaciones siempre precisas y su trato humanista. El enfoque del Dr. Luis Arturo Jiménez Medina permitió afinar mi perspectiva antropológica del fenómeno estudiado desde los ámbitos de la ideología política y la religión. Agradezco igualmente a la Dra. Walburga María Wiesheu Forster, a la Dra. Lourdes Mondragón Barrios, al Dr. Pedro Francisco Sánchez Nava (q. e. p. d.) y al Dr. Pedro López García, quienes revisaron versiones previas de este trabajo. Reconozco también al extinto conacyt, cuyo apoyo mediante una beca de posgrado entre 2010 y 2015 hizo posible la realización integral de este estudio. Agradezco también a Syria Cardiel Zalapa, licenciada en Artes Visuales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, por la ilustración de varias de las imágenes incluidas, realizadas durante su participación como becaria del xxiv Verano de la Investigación Científica y Tecnológica del Pacífico en mi línea de trabajo sobre análisis de la imagen en sociedades antiguas. Mi gratitud se extiende al Dr. Jesús Javier Bonilla Palmeros, director de mi tesis de licenciatura, La «piedra del maíz» de Castillo de Teayo. La imposición de cultos como estrategia de dominación ideológica de la Triple Alianza , en la que se establecieron las bases de los planteamientos desarrollados a lo largo de mi trayectoria académica. Igualmente, manifiesto mis agradecimientos hacia la población de Castillo de Teayo, en particular a Fortino Reyes Cuevas y Beatriz Díaz Hernández, quienes me brindaron hospedaje, alimentos y traslados durante mis visitas a la localidad en reiteradas ocasiones, al igual que a Víctor Manuel Zúñiga Vargas y a su familia. Además, de la compañía constante y apoyos incondicionales de Karina de la Paz Reyes Díaz y Francisco Wilka Vásquez Suárez; a Luis Marcelino Martínez Francisco, Osvaldo Vázquez Díaz y Gilberto Cifuentes Martínez, así como a Gilberto Díaz Hernández de la comunidad de Teayo. Mi gratitud se extiende a la antropóloga Jesica Hernández
Tavera, quien fue apoyo fundamental en mis visitas a Cuyuxquihui; al profesor Rafael Julián Montiel de San Juan Xiuhtetelco; a la señora Marta Aguilar, de la comunidad de Brazo Fuerte, y a la familia
Herrera Galán, quien también me apoyó con hospedaje y alimentos durante mi estancia en la zona de Tlaltetela. Finalmente, agradezco a muchas otras personas más que, por razones de espacio, no me es posible mencionar individualmente.
El dominio ideológico, político y religioso de la Triple Alianza
El dominio político
De acuerdo con la lógica de dominación de la Triple Alianza —frecuentemente basada en mantener intactas las estructuras de los territorios sometidos—, la mayoría de los poblados afectados por sus acciones militaristas no respondió mediante rebeliones1 abiertas. De esta premisa derivan las tesis que generalizan las conductas de las sociedades del Altiplano hacia las comarcas conquistadas, las cuales niegan la existencia de una imposición ideológica sobre las poblaciones dominadas y sostienen que el dominio se limitó a la extracción tributaria o, en su defecto, reducen la relevancia de dichas provincias a su utilidad geográfica para la expansión de la Triple Alianza (Wolf 2001, 207). Al respecto, no se dispone de información suficiente sobre las reacciones sociales de las demarcaciones sujetas frente a sus propios gobernantes, a pesar de que estos constituyen un factor clave para comprender las relaciones existentes entre la Triple Alianza y las poblaciones dominadas. No obstante, el caso de los sitios de la Huaxteca meridional resulta particularmente relevante debido al registro documental de rebeliones constantes. Los gobernantes de estas localidades, presionados o no por sus propios pueblos, se negaron ocasionalmente a la obediencia exigida por la Triple Alianza, así como a la imposición tributaria2. Mi hipótesis es que, a pesar de la
• 1 No ocurre así en todos los casos: la repetición de topónimos conquistados por diversos gobernantes en la primera parte del Códice Mendoza constituye un testimonio de nuevas sujeciones producidas en momentos históricos distintos.
• 2 Un ejemplo de ello es Cuextlan (Pánuco), donde Nezahualcóyotl envía a dos de sus hijos para someter a su ‘belicosísima’ población en 1440 (Ixtlilxóchitl [1640] 1985, 109-110), conquista que también ha sido atribuída a Moctezuma Ilhuicamina (Torquemada [1615] 1969, 164). El tipo cerámico Tancol Brown on Buff da cuenta del resultado de acciones posteriores, al ocupar una breve temporalidad en Pánuco entre los niveles 6 y 10 y alcanzar un 18.8 % del total registrado (Ekholm 1944, 432). Su presencia puede asociarse con población mexica en la región, de acuerdo con evidencias de ocupación territorial en otras áreas (Márquez 2009, 84; 2021b, 49); asimismo, su posterior disminución puede indicar el rompimiento de la subyugación. Resulta llamativo, sin embargo, que uno de los nombres de los trajes de guerrero —y, por extensión, de su portador dentro de la escala jerárquica militar— fuera cuextécatl (Broda 1998, 121), es decir, huaxteco, lo cual refleja la forma en que se percibía el carácter de los guerreros de esta zona.
presencia de mandos administrativos y políticos impuestos en tales provincias, los gobernantes y otras autoridades locales planearon las rebeliones en conjunto con pobladores de sus respectivas provincias.
Por otro lado, es necesario señalar que las estrategias militaristas de la Triple Alianza hacia sus provincias sujetas no deben explicarse de manera unilineal, debido a los cambios sociales ocurridos a lo largo de su periodo de dominio en Mesoamérica. Frente a las constantes rebeliones en la Huaxteca meridional, estas sociedades recurrieron a otras formas de control con el fin de reducir el costo social y económico de nuevas conquistas, y, con ello, asegurar y mantener su control político. En este sentido, resulta pertinente considerar que las matanzas de ancianos, mujeres y niños3 (Durán [1579] 1975, 220), así como la captura de guerreros, constituyeron un factor limitante para la preservación de la autonomía de los pueblos sujetos, al reducir el desarrollo de sus fuerzas productivas y bélicas4. En las localidades de la Huaxteca meridional, las confrontaciones con el régimen se intensificaron después de mediados del siglo xv, cuando tzicoacas y tochpanecas (Durán [1579] 1975, 215-216; Alvarado [1598] 2003, 138) fueron sometidos tras dar muerte a unos comerciantes mexicas y levantar «cinco cercas» (215-216)5. Sin embargo, es preciso aclarar que las primeras incursiones en la Huaxteca meridional son anteriores a estos acontecimientos. Para 1444, Nezahualcóyotl y su hijo Cipactli emprendieron una guerra contra las provincias del sureste huaxteco, en la cual «el vencedor es 7 Técpatl quien, con la ayuda de sus dos hijos, captura al jefe enemigo» (Stresser-Péan 1995, 89). Este evento es rememorado en el Códice Xicotepec, donde se asocian
• 3 Las fuentes para el estudio de estas rebeliones proceden de registros de los siglos xvi y xvii. Si bien se reconoce que dichos documentos responden a los intereses de quienes los escribieron y solicitaron, no se pone en duda alguna de sus referencias, pues cuentan con sustento arqueológico. En el caso de las rebeliones, basta remitirse al hallazgo arqueológico de un tzompantli en la Ciudad de México, el cual cuenta con más de 650 cráneos, entre los cuales se ha identificado a mujeres y niños (Forssmann 2017). Es posible sugerir que muchos de ellos fueron tetzapotecas, no obstante, esto abre la reflexión hacia al menos dos hipótesis adicionales: por un lado, la sujeción de mujeres, niños y ancianos como castigo ante los procesos de rebelión; por otro, la incorporación de esta población como partícipe en las guerras tras los periodos de rompimiento del subyugo.
• 4 Desde edades tempranas, los pobladores de provincias rebeldes debieron instruirse en la milicia para, mediante el adiestramiento, hacer frente a los guerreros del Altiplano.
• 5 La evidencia arqueológica de una de estas cercas de piedra se encuentra en la zona de la Mesa de Metlaltoyuca (Graulich y Ochoa 2003, 101; Robles 2007, 236; Márquez 2012b, 20-21).
los años 6 Casa y 7 Conejo (1485 y 1486) con 4 Pedernal 1444 (figura 1). Dichas fechas «probablemente se anotaron en este lugar para evocar fechas más tardías, cuando Tizoc y Ahuízotl, reyes de México, llevaron a cabo, en la Huasteca, conquistas comparables a la de Nezahualcóyotl» (Stresser-Péan 1995, 94). Esta forma de expresión, al aludir a conquistas previas de Nezahualcóyotl, revela un claro intento de legitimar invasiones posteriores en las provincias de la Huaxteca meridional. Esta interpretación se refuerza al considerar que, hacia 1458, la representación de un personaje de Tzicoac entrega objetos en calidad de tributo sin que la escena esté precedida por imágenes de guerra, de acuerdo con la lógica del Códice Telleriano Remensis (Quiñones 1995, 33r)6.
La guerra contra las provincias de la Huaxteca meridional ocurrida en 1444 debió afectar a Tetzapotitlan, localizada entre Mequetla y Tochpan. De acuerdo con el Códice en Cruz (Mohar 2009a), el primer levantamiento contra la Triple Alianza ocurre hasta 1476, con la participación de Tzicoac y Tetzapotitlan, además de Cuetlaxtlan, ubicada en el centro-sur del actual estado de Veracruz (Márquez 2012b, 23; 2021c; 2021d; 2022). Resulta difícil determinar si tras estas revueltas, las localidades de la Huaxteca meridional lograron recuperar su autonomía, debido al vacío de información en los documentos existente en las fuentes documentales. Esta hipótesis se apoya en el monumento 4 de Tetzapotitlan (figura 2), el cual señala que el dominio de la provincia fue recuperado en 1480 (Márquez 2012a; 2015a; 2017; 2020; 2021c; 2021d; 2022), lo que corroboraría la autonomía regional durante los cuatro años previos a dicha fecha. Esta pieza muestra dos pares de fechas asociadas con el inicio y fin de un acontecimiento, representando así la conquista de Tetzapotitlan el día 1 Cipactli (figura 2, perfil A) del año 1 Técpatl, 1480 (figura 2, perfil B), como resultado de una guerra iniciada en el año 13 Ácatl (figura 2, perfil C), el día 13 Xóchitl de 1479 (figura 2, perfil D). El monumento 4 de Tetzapotitlan resulta particularmente notable por constituir una excepción dentro del conjunto de esculturas habitual-
• 6 Para el análisis de la imagen mesoamericana se han tomado como base todos mis trabajos publicados. Para comprender las propuestas teóricas de mis investigaciones, véase Márquez (2021a).
Figura 1. Asociación de los años 6 Casa, 1485 (a) y 7 Conejo, 1486 (b) con la fecha 4 Pedernal, 1444 (c), en la que el noble guerrero 7 Pedernal (d), bajo el mando de Nezahualcóyotl (e), logra la captura de un principal huaxteco (f) en una zona con una barrera defensiva consistente en un cerco de piedra (g) (Stresser-Péan 1995).
mente halladas en demarcaciones sometidas por la Triple Alianza, las cuales suelen abordar temáticas distintas, como la representación de deidades. Este rasgo pone de manifiesto la relevancia de Tetzapotitlan tanto en el ámbito regional como en el mesoamericano (Márquez 2022).
Es probable que el inicio de la ocupación territorial en Tetzapotitlan se haya producido a partir de 1480, aunque existen registros de guerras posteriores. Durante el gobierno de Ahuízotl (1486-1502) se realizaron movimientos bélicos contra Tzicoac, Tuzapan y Tamapachco (Durán [1579] 1975, 386-387; Alvarado [1598] 2003, 284), locaciones ubicadas en la frontera meridional de la Huaxteca, así como contra Tochpan, Cuauhtla y Mizquitlan, pueblos de Pánuco (Torquemada [1615] 1969, 186-187). La fecha de estos acontecimientos se sitúa en 1486, en consonancia con las pautas culturales
Figura 2. Monumento 4 de Tetzapotitlan, que conmemora una conquista mexica del sitio en el año 1480 (Márquez 2012a, 111-112).
de los gobernantes mexicas, quienes, al asumir el poder, debían tener logros militares. El resultado de estas intervenciones es un sacrificio masivo de pobladores nativos de estos sitios en México-Tenochtitlan en 1487 (Márquez 2012b; 2015a; 2017; 2021c; 2021d; 2022).
La conquista de diversos espacios de la Huaxteca meridional en 1486, contribuye a esclarecer las interpretaciones de otras esculturas de Tetzapotitlan, como el monumento 497, cuya lectura ha sido problemática debido a la dificultad para vincular la fecha 7 Técpatl (7 Pedernal) con un acontecimiento concreto. Los años correspondientes en el cómputo mexica son 1460 y 1512; sin embargo, ninguna fuente documental respalda dichas correspondencias. En consecuencia, resulta erróneo considerar el año de 1512 como fecha de referencia del monumento, así como vincular el numeral 1 Jaguar, como propone Umberger (2007, 184-187). Para comprender el monumento 49 se debe considerar atender la información proporcionada por el Códice Xicotepec y asumir la identificación de 1 Perro, y no la de 1 Jaguar,
• 7 El monumento 49 es un bloque de arenisca de 13 cm de alto y 35 cm de ancho y espesor, cuyas dimensiones permiten identificar su forma como la de un asiento. Un análisis exhaustivo de la pieza fue presentado previamente por Márquez (2017, 86-97).
esta última considerada además nefasta entre los mexicas por contener la casa 9 Viento8 (Sahagún [1569] 2006, 218-219), lo que haría incoherente su inscripción en monumentos con esta filiación. De este modo, se puede afirmar que la fecha 7 Pedernal del monumento 49 (figura 3) no muestra una fecha, sino el nombre del guerrero que capturó al señor principal de los huaxtecos durante la primera campaña de conquista de la Huaxteca meridional (Stresser-Péan 1995, 86 y 89). La relevancia del guerrero 7 Pedernal se vería reforzada por la magnitud de la conquista de estas belicosas provincias9, lo que explicaría que su nombre quedara inmortalizado en uno de los monumentos de Tetzapotitlan. Asimismo, no puede descartarse su probable influencia política dentro del nuevo régimen establecido en la localidad, e incluso la posibilidad de que haya ocupado algún cargo relevante. Ello explicaría que su nombre aparezca enmarcado en un cuadrete, al modo de los años, como recurso simbólico para señalar su carácter precioso (Márquez 2017, 92).
La identificación del guerrero 7 Pedernal permitiría explicar, a su vez, este numeral en una escultura de Chac Mool procedente de Cuetlaxtlan, la cual ha presentado dificultades para ser asociada con una fecha o un evento específicos (Ohnersorgen 2006, 16). Esto se debe a que a Nezahualcóyotl se le atribuye también la conquista de dicha provincia (Ixtlilxóchitl [1640] 1985, 107), en la cual pudo haber participado 7 Pedernal, considerando su destacada intervención en la Huaxteca. La relevancia de este guerrero, aunque ausente en documentos, se refuerza al analizar el numeral 1 Perro del monumento 49 de Tetzapotitlan. Este signo no solo poseía un carácter benigno —al vincularse con Xiuhtecuhtli—, sino que correspondía a la fecha en la que los gobernantes decidían emprender acciones bélicas (Sahagún [1569] 2006, 93-94 y 237-238). En 1 Perro «escogían a los hombres valientes y soldados fuertes; y todos los que eran tales llegábanse al señor a porfía, porque cada uno deseaba que le eligiesen para aquel negocio, por tener ocasión de mostrarse y de ganar
• 8 Casualmente, 9 Viento es quizá la fecha más importante para los grupos Tének, y, a su vez, corresponde al nombre de su deidad principal: Quetzalcóatl.
• 9 Esta denominación aplicada a los guerreros de la zona se mantiene hasta la época de la conquista (Díaz del Castillo [1632] 1983, 382).
quez (2017, 92).
de comer, y honra» (237-238). Esta escultura, por tanto, muestra la celebración de un evento histórico vinculado con acciones militares favorables en la fecha 1 Perro, ejecutadas por el guerrero 7 Pedernal e inscritas en un pequeño asiento de arenisca.
Por otra parte, y pese a la estrecha relación del monumento 49 de Tetzapotitlan con el ámbito político, la pieza no habría funcionado como asiento de un gobernante10. Más bien el objeto se asemeja a aquellos destinados a sostener imágenes de deidades, como Tláloc11 y Tezcatlipoca, conocidos como momoztli, los cuales se colocan en caminos y en divisiones de calles (Sahagún [1569] 2006, 189). En consecuencia, el monumento 49 debió fungir como asiento de una deidad, elaborado para conmemorar la victoria de un ejercicio militar en la Huaxteca meridional, particularmente sobre Tetzapotitlan. Este evento habría tenido lugar tras una convocatoria realizada en el signo 1 Perro, en el año 1444, durante la cual el guerrero 7 Pedernal
• 10 Usualmente, los asientos de dirigentes se elaboraban con materiales perecederos como juncias y cañas de tule, tal como los tepotzoicpali ‘asiento con respaldo’, tolicpalli ‘asiento de tule’, o alaucapétatl ‘estera de juncias lisas’ (Sahagún [1569] 2006, 442).
• 11 Clavijero ([1781] 1978, 156) señala que, al arribar los acolhuas al monte Tláloc en tiempos del gobernante Xólotl, encontraron un ídolo de esta deidad sentado sobre una piedra cuadrada. Una imagen de este tipo de asiento puede observarse en el Códice Magliabecchiano (Loubat 1904, 44r).
Figura 3. Monumento 49 de Tetzapotitlan. Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Már-
se destacó por someter a un principal tének12. Gracias a esta acción, su nombre trascendió a su época y fue esculpido en la base del monumento 49.
En 1487 se inició la construcción del templo de Huitzilopochtli en Tzicoac, ‘provincia mazateca’ (figura 4). Posteriormente, no se registran nuevas conquistas de la región, lo que se relaciona con la colonización territorial de Tetzapotitlan y con el comienzo de un proceso de dominación ideológica de la población. Este proceso se llevó a cabo mediante la transmisión de creencias y prácticas culturales a las nuevas generaciones, probablemente surgidas de enlaces entre varones del Altiplano y mujeres nativas, al menos en el caso específico de Tetzapotitlan. De esta forma, las ideas sociales propias de la cultura mexica pudieron transformarse en ideologías (Wolf 2001, 18), lo que permitió reducir los costos derivados de nuevas acciones bélicas por parte de la Triple Alianza y, al mismo tiempo, mantener la obediencia de las poblaciones afectadas. Este poder —expresado principalmente por la capacidad de influir en el comportamiento ajeno, como se explica desde la antropología (Lewellen 1985, 96)— aseguró la ejecución de acciones acordes con los intereses de la Triple Alianza, que en este contexto consistieron en la conservación de la obediencia y en la entrega puntual de tributos, manteniendo pacificadas a las localidades conquistadas bajo su control político. El ámbito del dominio ideológico iniciado tras estas sujeciones —entendido como una estrategia política— puede explicarse a partir de la definición de cultura propuesta por Wolf (2001, 367), quien la concibe como la «facultad de generar formas regulares de conducta al crear y manipular signos que les permiten a las personas imaginar los mundos que de esta manera engendran». La segmentación en el acceso y uso de dichos signos, impuesta a los sectores poblacionales dominados, obligó a respetar el sistema mítico-ritual de los grupos hegemónicos inicialmente asentados y, con el tiempo, favoreció su perpetuación.
• 12 El término tének es la denominación que los grupos de la Huaxteca utilizan para referirse a sí mismos (Urquijo 2008, 11) y significa ‘gente del venado’.
Figura 4. Sacrificio de tetzapotecas (a), cuetlaxtecas (b) y tzicoacas mazatecas (c), así como el evento fundacional de una etapa constructiva (d) en el Templo Mayor de México-Tenochtitlan (e), lo que implicó, a su vez, la introducción del templo de Huitzilopochtli en Tzicoac, provincia mazateca (c) (Quiñones 1995, 39r).
El dominio religioso
Para comprender el impacto de la ideología religiosa entre comunidades prehispánicas es necesario atender las condiciones que la configuran, sin perder de vista los marcos de pensamiento que responden a su propia lógica interna. En este sentido, resulta indispensable considerar la tensión dialéctica entre el ser humano y su entorno: «La gente actúa materialmente sobre el mundo y genera cambios en él; a su vez, estos cambios afectan su capacidad para actuar en el futuro» (Wolf 2001, 369). La relación entre ideología y poder se establece a partir de una correspondencia afinada entre pensamiento y realidad, mediante la cual la humanidad se aferra a la seguridad que ofrecen sus sistemas de creencias, y, con ello, pierden la capacidad crítica sobre ellos. El poder tiene entonces su origen en la transformación de las ideas en doctrina, proceso por medio del cual se imponen esquemas de pensamiento y percepción de la realidad. En el caso de las comunidades de la Triple Alianza y las pertenecientes a la Huaxteca meridional, resulta evidente que, si bien sus manifestaciones culturales presentan diferencias aparentes, comparten una misma esencia, lo que las integra dentro de lo que comúnmente se denomina sociedades mesoamericanas. Estas particularidades se reflejan en sus modos de percepción, actuación y expresión, que para el caso del sistema de creencias se manifiesta en un conjunto de deidades regentes sobre la vida humana. Estos númenes, cabe decir, son sumamente distintos entre las sociedades referidas13.
La instauración de nuevos grupos en el poder en Tetzapotitlan y otras localidades conquistadas por la Triple Alianza en la Huaxteca meridional, como resultado de un proceso de colonización territorial, provocó una ruptura de las tradiciones culturales que, mediante el ejercicio del poder, desaparecieron o se transformaron con el paso del tiempo. Este fenómeno propició el desarrollo de una hegemonía ideológica cuyo efecto fue la aspiración de los subordinados a ocupar posiciones de poder (Scott 2000, 109). En consecuencia, debió manifestarse un interés en la población tetzapoteca por los cultos de
• 13 Para consultar las similitudes y diferencias entre las manifestaciones culturales mencionadas, véase Márquez (2017, 168-225).
la nobleza mexica, influido tanto por la imposibilidad de efectuar rebeliones —debido a la pérdida de gran parte de su población nativa— como por la internalización, desde edades tempranas, de las ideologías impuestas por el sistema dominante. De esta modo, la dominación permitió la reproducción de las apariencias hegemónicas necesarias para su propia subsistencia (242) y se apoyó, en el caso mexica, de las acciones comunales del rito, con sus respectivas creencias míticas14. El desarrollo dialéctico de esta nueva tradición posibilitó su transmisión intergeneracional, respaldada por una autoridad (Radcliffe-Brown 1986, 113). Las evidencias de este proceso de sujeción de la Triple Alianza en Tetzapotitlan son las esculturas mismas, las cuales responden a las ideas de poder establecidas en la localidad y se alinean con aquellas vigentes en el Altiplano.
Es necesario, por lo tanto, examinar el ritual en todos sus ámbitos: tanto en lo relativo a sus motivos de existencia como a su significado y a sus efectos en la estructura social al reproducirse (Radcliffe-Brown 1986, 162-164). El análisis de los espacios rituales constituye una estrategia que permitirá comprender en profundidad el impacto ideológico de la Triple Alianza en Tetzapotitlan y otras poblaciones de la Huaxteca meridional, a partir de estudios previamente realizados en el occidente de Morelos y en la costa del Golfo. No obstante, el trabajo requiere abordar las acciones rituales sin desvincularlas en ningún momento de la estructura social de la cual emanan (201202), estructura que, en los casos aquí tratados, se vio afectada por la influencia de un poder establecido por el dominio ejercido por las colectividades de la Triple Alianza. La existencia de un proceso de legitimación en Tetzapotitlan resulta demostrable debido a la presencia innegable de una nueva cultura política (Lewellen 1985, 99), expresada en sus monumentos y cuyo origen se sitúa en el Altiplano. A través de ella se genera un proceso de imposición de carácter ideo-
• 14 Los sistemas simbólicos, incluyendo a los rituales, «están predispuestos por su estructura misma a servir, simultáneamente, a funciones de inclusión y de exclusión, de asociación y de disociación, de integración y de distinción» (Bourdieu 2006, 33). De esta manera, no solamente contribuyen a la manutención del orden cosmovisional del mundo dentro de una sociedad, sino también a su orden estructural. Al manifestarse así, asumen una función política, a la cual termina subordinándose, es decir, legitiman sus condiciones sociales de existencia y posición dentro de ella (Bourdieu 2006, 33 y 54-55).
lógico, que abarca los ámbitos político y religioso, y que necesariamente se manifiesta en otros sitios con trayectorias históricas similares en relación con los procesos de dominación y rebelión. En este sentido, el predominio de las manifestaciones de la cultura mexica sobre la tetzapoteca —atestiguado por las numerosas esculturas con imaginería mexica— resulta comprensible. La existencia predominante de númenes como Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl y Xipe Tótec en Tetzapotitlan, se encuentra, en efecto, en estrecha relación con su culto. En este contexto, la estructura del campo religioso contribuyó, mediante la imposición, a perpetuar y reproducir el orden social, tal como ocurre en las sociedades clasistas (Bourdieu 2006, 57). El conjunto de prácticas rituales realizadas en Tetzapotitlan a partir del establecimiento del sometimiento mexica, así como las representaciones escultóricas que constituyen evidencia material de dichas prácticas, tuvo la función de imponer un «reconocimiento de la legitimidad de la dominación» (57). Es decir, a través del campo religioso se habría logrado inculcar un: «[…] habitus religioso, principio generador de todos los pensamientos, percepciones y acciones, según las normas de una representación religiosa del mundo natural y sobrenatural, o sea, objetivamente ajustados a los principios de una visión política del mundo social» (62).
Como eje regulador de los modos de percepción y acción, el campo religioso adoctrina a los sujetos para vivir y actuar de determinadas maneras, acorde con sus propias estructuras sociales, esquemas de pensamiento y tradición históricas y culturales. Al ser educados desde edades tempranas en estos márgenes, las posibilidades de revolucionar el pensamiento en la vida adulta son mínimas. Esta institucionalización, cumple, además, la función de contribuir al mantenimiento del orden simbólico y político, lo cual se manifiesta en dos formas plenamente pertinentes para esta investigación: […] imponiendo e inculcando esquemas de percepción, de pensamiento y de acción objetivamente acordes con las estructuras políticas y adecuadas por ello para dar a esas estructuras la legitimación suprema que es la ‘naturalización’, instaurando y restaurando el acuerdo sobre el ordenamien-
to del mundo a través de la imposición y la inculcación de esquemas de pensamiento comunes… [y] comprometiendo la autoridad propiamente religiosa de la que dispone para combatir sobre el terreno propiamente simbólico las tentativas proféticas o heréticas de subversión del orden simbólico. (Bourdieu 2006, 75)
En las sociedades prehispánicas, por su parte, la existencia de mecanismos de institucionalización-generalización del pensamiento religioso parecen mínimas15. Sin embargo, no debe desestimarse la información contenida en documentos que aluden a la edificación de templos ‘a Huitzilopochtli’ en 1487, en una localidad denominada Tzicoac, en la ‘región mazateca’: aican momamal teocalli Huitzilopochtli inic momamal tziuhcohuacan mazateca, cuya traducción es «aquí se carga con el templo de Huitzilopochtli para llevarlo a la mazateca donde está Tzicoac» (figura 5, inciso a) (Mohar 2009b, lámina 089/1/23; traducción del autor)16. De hecho, el basamento piramidal de Tzicoac —poblado identificado como Cacahuatenco (Espinoza et al. 2017, 328)— presenta fachadas similares a las de otros donde sí se documenta la existencia física de huestes, como Cuyuxquihui o Tuzapan. Este dato resulta particularmente sugerente, dado que se ha discutido la ausencia de representaciones de Huitzilopochtli no solo en el Templo Mayor de México-Tenochtitlan, sino en localidades conquistadas; a pesar de ello, su presencia podría estar indicada mediante el uso de ciertos elementos arquitectónicos, como las espigas, aspecto que se abordará más adelante. Con el establecimiento de estos templos y de grupos de poder político y religioso en sociedades dominadas por la Triple Alianza, debieron producirse modificaciones en los sistemas de pensamiento, con las consecuentes repercusiones ideológicas entre las poblaciones afectadas, considerando asimismo los fenómenos sociales asociados. La instauración de una institución se representa aquí, por lo tanto, mediante basamentos con características acordes con el poder me-
• 15 La religión católica, por ejemplo, se expande mediante la Iglesia, con la que obtiene un monopolio sobre lo que se considera sagrado (Bourdieu 2006, 63).
• 16 En este caso, la mazateca hace referencia a la Huaxteca, como forma de traducción de la palabra tének, ‘gente del venado’.
Figura 5. Instauración del templo de Huitzilopochtli en Tzicoac en el año 1487 (a) (Mohar 2009b, lámina 089/1/23); entrega de objetos con alto valor de cambio por parte de la localidad de Tzicoac en 1458 (b) (Quiñones 1995, 33r); y entrega de tributo de la provincia de Soconusco en las veintenas de Ochpaniztli y Tlacaxipehualiztli (c) (Berdan y Anawalt 1992, 47r).
soamericano en turno —es decir, el de la Triple Alianza—, desde las cuales emergen los nuevos discursos oficiales que debían ser asumidos por los habitantes de las provincias sujetas.
Retomando el ámbito político, es pertinente comentar que los gobernantes mexicas instaurados en Tetzapotitlan —cuya existencia puede documentarse al menos desde 1480—, requirieron, sin duda, expresar su poder públicamente, debido a la relación estrecha entre los cargos y su necesidad de exhibición consecuente (Balandier 1994, 118). Este exhibicionismo puede inferirse a partir de las actividades rituales, mediante las cuales las autoridades del Altiplano instauradas en demarcaciones conquistadas, manifestaban la superioridad de sus cultos. Ello obligaba al reconocimiento social de las poblaciones subyugadas y del propio gobernante de México-Tenochtitlan, al asumir y mantener, dentro de las esferas de poder y del campo religioso, sus sistemas de creencias. Estas acciones resultan comprensibles si se considera que, durante determinadas veintenas asociadas con los equinoccios y solsticios, se celebraban festividades mayores en México-Tenochtitlan, en cuyo transcurso ingresaban los tributos procedentes de las localidades conquistadas, de acuerdo con la Información de 1554 sobre los tributos que los indios pagaban a Moctezuma. En consonancia con la manifestación del poder a través del exhibicionismo ritual, es probable que el calpixque principal
de México-Tenochtitlan incrementara su estatus al cumplir con su función social, al igual que quienes recaudaban los excedentes de manera local en las provincias conquistadas. De manera significativa y en concordancia con estos razonamientos, las deidades festejadas en dichas veintenas (Tlacaxipehualiztli, Etzalcualiztli, Tecuilhuitl, Ochpaniztli y Panquetzaliztli), se corresponden glíficamente con muchas representaciones contenidas en los monumentos de Tetzapotitlan y de otros territorios dominados por la Triple Alianza, lo cual refuerza la solidez de esta interpretación.
Las nuevas estrategias de dominación, de carácter ideológico, resultaron eficaces como complemento del poder adquirido mediante la violencia. Tras las ocupaciones territoriales y la consecuente inculcación de ideas, los reportes sobre rebeliones y nuevas conquistas disminuyen o desaparecen en los documentos. En este sentido, resulta pertinente reflexionar sobre la relación entre coerción y violencia, pues todo poder que se establece únicamente por la fuerza enfrenta una amenaza constante a su existencia, mientras que aquellos sustentados únicamente en la ideología terminan por situarse fuera de su posibilidad de creencia:
El objetivo de todo poder es el de no mantenerse ni gracias a la dominación brutal ni basándose en la sola justificación racional. Para ello, no existe ni se conserva sino por la transposición, por la producción de imágenes, por la manipulación de símbolos y su ordenamiento en un cuadro ceremonial. Estas operaciones se llevan a cabo de acuerdo con modelos variables y combinados de presentación de la sociedad y de legitimación de las posiciones gobernantes. Tan pronto la dramaturgia política traduce la formulación religiosa, el escenario del poder queda convertido en réplica o manifestación del otro mundo. La jerarquía es sagrada -como su propia etimología indica- y el soberano expresa el orden divino, puesto que está bajo su mandato o lo obtiene. (Balandier 1994, 18-19)
Estas manifestaciones de poder estaban implícitas en las acciones rituales de las sociedades del Altiplano dentro de las localidades dominadas. En los espacios públicos de culto se realizaron prácticas acordes al sistema de creencias dominante, que involucraron representaciones de sus deidades, principalmente aquellas vinculadas con festividades que coincidían con la llegada de tributos a México-Tenochtitlan (Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl y Xipe Tótec). Dichas imágenes debieron, a su vez, expresarse conforme a la lógica de las ideologías dominantes mediante una ‘estética de comunicación de signos’ emanada de los modos de representación de estos grupos (Wolf 2001, 8). Esto explica por qué es posible percibir, identificar y caracterizar el estilo mexica17 en esculturas halladas en provincias conquistadas por la Triple Alianza18. Las representaciones simbólicas del poder, expresadas aquí en la imaginería religiosa, respondieron, por tanto, a intereses estratégicos (227). La revisión de este fenómeno exige comprender los procesos de asimilación de estos discursos públicos por parte de las poblaciones conquistadas, un comportamiento que necesariamente debe percibirse en el registro arqueológico. En esta investigación, la estrategia consiste en atender la información proveniente de sitios arqueológicos bien estudiados, con el propósito de observar, desde una perspectiva renovada, prácticas materiales similares en otras localidades, como algunas provincias de la Huaxteca meridional, entre ellas Cuyuxquihui, Tuzapan y Tetzapotitlan. Mi contribución, en este sentido, se vincula con el análisis de los discursos públicos y ocultos, entendiendo estos últimos como formas de contestación frente a los primeros (Scott 2000, 24-25). Por desgracia, debido a los efectos de dominación ejercidos por la Triple Alianza sobre Tetzapotitlan y otras zonas, la mayor parte de los recursos disponibles para su estudio se encuentra asociada a los discursos oficiales. Esta situación resulta comprensible si se con-
• 17 Por estilo ha de entenderse un particular modo de interpretar y expresar una forma (Hadjinicolaou 2005, 90). El estilo escultórico mexica, por su parte, se caracteriza por el uso de líneas delgadas pero firmes, superficies lisas y bien pulidas, y volúmenes con patrones geométricos (Lombardo 1996, 382). Asimismo, «la escultura mexica fue siempre un arte oficial, esto es, concebido y utilizado por los gobernantes para sus propios fines, aunque su realización estuviera a cargo de los artesanos» (Lombardo 1996, 386).
• 18 Razonamientos similares permitirían comprender por qué ocurre la propagación de estilos en la escultura para otras épocas.
sidera que «salvo en el caso de una verdadera rebelión, el discurso oficial ocupa la mayor parte de los actos públicos, y por lo tanto la mayor parte de los archivos» (113). Precisamente fueron las rebeliones documentadas en las provincias de la Huaxteca meridional, ocurridas a lo largo de la segunda mitad del siglo xv, las que permitieron iniciar esta indagación. No obstante:
A menos que podamos penetrar en el discurso oficial de los subordinados y de las élites por igual, la lectura de los testimonios sociales representaría casi siempre una confirmación del statu quo en términos hegemónicos. Así como los subordinados no se dejan engañar por su propia actuación, de esa misma manera los investigadores e historiadores sociales no tienen, por supuesto, por qué considerarla como una actuación realizada necesariamente de buena fe. (Scott 2000, 116-117)
En consecuencia, resulta indispensable mediar la información obtenida desde ambas posturas —dominantes y dominados— de manera dialéctica; la primera, atestiguada por la arquitectura, las esculturas y otros vestigios asociados a los discursos oficiales; la segunda, perceptible en la vida cotidiana, la cual debió dejar rastros materiales identificables. El resultado que se busca alcanzar es la identificación de elementos arqueológicos que permitan afirmar o descartar la presencia mexica en sociedades conquistadas, así como determinar el grado de permeación de sus ideologías, en función de la imposición de discursos políticos y religiosos.
La tributación de las provincias en la Huaxteca meridional
Los estudios sobre provincias conquistadas por la Triple Alianza tienden a tratar las conductas militaristas de manera homogénea, al asumir que la existencia de materiales arqueológicos de filiación
propia del Altiplano en provincias conquistadas responde a un factor exclusivamente económico. Esta tendencia es vigente en investigaciones recientes, por ejemplo, cuando Berdan (2007) se refiere a los objetos tributados por Tochpan, Tzicoac y Cuetlaxtlan, explica que los bienes de tales regiones consistieron en materias primas19. De acuerdo con la autora, ello provocó un aumento en la exportación de productos artesanales en épocas posteriores, lo que habría intensificado las relaciones comerciales (126). Sin embargo, este planteamiento omite el contexto social en el que se desarrollaron los procesos de dominación. Berdan no considera que, al iniciar el sometimiento de estos sitios, los habitantes del Altiplano habían padecido tres años de sequía (1454-1456 d. C.), situación que los llevó incluso a venderse como esclavos a pueblos de la costa del Golfo, pese a que ya ejercían dominio sobre algunas de esas regiones:
Además de se ‘unoaconejaron’, también se dice ‘se atotonacaron’, porque principalmente los totonacos compraron mexicas a cambio de maíz; y los mexicas tuvieron que ir a Cuextlan [Huaxteca meridional] a traer maíz, pues allá lo vendían porque les había llovido. (Chimalpáhin [1637] 1998, 259; añadido del autor)
El dominio de la Huaxteca meridional había iniciado en 1444 como resultado de una intervención militarista de Nezahualcóyotl20 (Ixtlilxóchitl [1640] 1985, 106-107; Stresser-Péan 1995, 94). Esta sujeción se evidencia indirectamente en el Códice Telleriano Remensis, donde los topónimos de Tzicoac (1458) y Cotaxtla (1461) no aparecen precedidos de representaciones de sometimiento21. Ambas localidades pertenecían a Texcoco y pasaron a formar parte del
• 19 No obstante, la cita que hace de Ixtlilxóchitl menciona textiles como parte de estos primeros tributos (Berdan 2007, 126).
• 20 Se trata de poblaciones previamente sometidas a Texcoco, que probablemente tenían pocas exigencias en cuanto a tributación. El Códice Chimalpopoca, por su parte, muestra también a Tzicoac y Tochpan como provincias sujetas a Texcoco (Feliciano [1630] 1975, 64).
• 21 La entrega de objetos de alto valor de uso documentados para 1458 debió ocurrir en concordancia con las peticiones de tributos en honor de Huitzilopochtli (Durán [1579] 1975, 232; Alvarado [1598] 2003, 151).
control mexica tras ocurrir la conformación de la Triple Alianza. Es probable que esta decisión haya sido el origen de la negativa posterior a continuar tributando a los grupos del Altiplano más adelante, así como del incremento de las presiones ejercidas sobre estas poblaciones, lo que derivó en diversos conflictos y guerras. Las primeras conquistas sobre estas provincias dieron lugar, por una parte, a la extracción de mantas de algodón y otros productos (Ixtlilxóchitl [1640] 1985, 107) y, para 1458, bienes de consumo directos (Chimalpáhin [1637] 1998, 259) y objetos de alto valor de cambio (figura 5, inciso b). La extracción de víveres se repite en 1505, dos años antes de iniciar un toxiuh molpilia22, lo que pone de manifiesto que el valor económico no constituía el fin último de la tributación. De ello se desprende que las presiones tributarias tampoco derivaron necesariamente en un incremento de las relaciones comerciales o de la especialización artesanal23. Por el contrario, la exigencia de bienes de consumo directo se vincula estrechamente con el temor a cambios climáticos y sus consecuencias —malas cosechas, escasez y mortandad—, es decir, a una necesidad de carácter social. La imposición tributaria de materias primas a estas provincias se produjo por su extrema necesidad en ciertos periodos, particularmente aquellos marcados por el riesgo de sequías24. Sin embargo, ello no minimiza la importancia económica de la extracción de mantas de algodón, como se aprecia en la Matrícula de Tributos, el Códice Mendoza y la Información de 1554 sobre los tributos que los indios pagaban a Moctezuma.
De manera general, los tributos se entregaban de forma diaria y anual25, y cada 80 días en el caso de mantas de algodón. En situaciones excepcionales, como la de Soconusco, el tributo se recaudaba de
• 22 «Se atan nuestros años» designa al periodo de 52 años en el que coinciden el calendario de 360 días (xiuhpohualli) y el de 260 días (tonalpohualli). El toxiuh molpilia anterior se celebró en 1454-1455. No obstante, la cuenta se expresa realmente en periodos de ocho años, en los cuales tiene lugar el evento astronómico al que hace alusión.
• 23 La postura contraria parece justificar el sistema tributario de las sociedades capitalistas de la actualidad: entre más impuestos, mayor sensación de crecimiento y estabilidad económica.
• 24 Durante los años Tochtli (conejo), particularmente en la fecha 1 Tochtli, representativa de los cierres de ciclo toxiuh molpilia.
• 25 En provincias de la costa del Golfo como Tochpan, Tzicoac, Quauhtochco y Cotaxtla, se reporta la tributación diaria de gallinas, lo cual puede vincularse con la manutención de colonos de la Triple Alianza establecidos en esas zonas (Rojas 1997, 82-88).
manera semestral, en las veintenas de Ochpaniztli y Tlacaxipehualiztli (figura 5, inciso c). Esta práctica tributaria no es fortuita, pues las fuentes documentales indican que estas festividades eran las más relevantes del calendario ritual, en especial la de Ochpaniztli (Rojas 1997, 112-114)26. Es posible, a la luz de esta información, que la salida de tributos de las provincias sujetas e ingreso a México-Tenochtitlan, estuvieran condicionados, en el imaginario de las comunidades dominantes, por la actividad ritual propia de estas festividades. Asimismo, es probable que estas celebraciones se replicaran en las provincias ocupadas, lo que permitía a las sociedades de la Triple Alianza hacer notar su poderío a escala regional y panmesoamericana. Resulta evidente el interés de las poblaciones de la Triple Alianza por la recolección de bienes alimentarios en las circunscripciones de la costa del Golfo, en estrecha relación con las festividades del toxiuh molpilia. La extracción de bienes suntuosos en otras épocas27, por su parte, obedecía a su elevado valor de cambio, siendo las mantas de algodón uno de los productos más solicitados en las listas de tributos a las provincias de la Huaxteca meridional. La información indica que cada 80 días28 eran entregadas 6,400 mantas por Tochpan y sus seis pueblos sujetos (400 cada uno)29; 2,300 por Tzicoac y otros cuatro pueblos (460 cada uno); 3,200 por Tlatlauhquitepeque y otros diez (320 cada uno); 1,100 por Atlan y otro (550 por cada uno) 30; 3,200 por Tlapacoyan y otros seis (460 cada uno); 1,600 por Quauhtochco y seis más (230 cada uno); y 3,600 por Cotaxtla
• 26 Otras fiestas principales mencionadas son Panquetzaliztli, Etzalcualiztli y Tecuílhuitl (Rojas 1997, 112-114). En el Códice Chimalpopoca se menciona también la veintena de Quecholli (Feliciano [1630] 2011, 219).
• 27 Los bienes con alto valor de uso no eran los únicos tributados, pero sí los más transportados a México-Tenochtitlan. En las localidades, los gobernantes locales recibían también otros productos, como mantas, canutillos de oro o gallinas, de acuerdo con la Información de 1554 sobre los tributos que los indios pagaban a Moctezuma. La Huaxteca meridional no fue la excepción: ya en la temprana época colonial, Gómez Nieto registra la tributación en sus provincias, destacando productos de cerámica, palma, algodón, aves de corral, así como servicios domésticos y de labranza, entre otros (Pérez 2001).
• 28 La frecuencia de entrega equivale al tiempo requerido para elaborar una manta de algodón en la época.
• 29 En promedio.
• 30 Es una cifra aproximada. En este caso, la tributación de mantas era anual y ascendía a 45,000 piezas, según se expone en la Información de 1554 sobre los tributos que los indios pagaban a Moctezuma. No obstante, es probable que dicha cifra se trate de un error, y que el dato correcto sea 4,500. Si se consideran literalmente los datos de la fuente, las cifras resultantes serían 11,000 y 5,500 piezas, respectivamente.
y otros seis (515 cada uno) (Rojas 1997, 82-87). Estos datos evidencian la riqueza económica de Tetzapotitlan y de Atlan, cuya producción de mantas de algodón (figura 6) superó a la del resto de las poblaciones mencionadas. La posición estratégica de Tetzapotitlan —al constituir un paso obligado entre Tzicoac y Tochpan— favoreció que, con el tiempo, esta localidad fuera concebida no solo como una provincia tributaria más, sino como un sitio clave que permitiría el control regional por parte de las colectividades del Altiplano.
La población tének de la Huaxteca meridional
Con el fin de identificar la filiación de los grupos de algunas de las provincias de la Huaxteca meridional, se analizaron imágenes de topónimos en documentos pictográficos, las cuales suelen resaltar características particulares del área a la que aluden. Así, al consultar las intervenciones de la Triple Alianza en Mequetla31 (figura 7, incisos a y b), se advierte un modo singular de representación del personaje muerto asociado al altépetl: cabeza rapada, perforación del septum evidenciada en la fosa nasal y orejas modificadas por el uso de expansores, característicos de los grupos tének (figura 7, inciso c). Esta forma de referencia a la población tének se mantiene en otros topónimos como Tamtok y Tenextepec (figura 7, incisos d y e), cuyos personajes presentan una identidad étnica similar reflejada en los rasgos faciales. Para el caso de Tamtok, la presencia de grupos tének ha sido demostrada por la investigación arqueológica; en cambio, la toponimia de Tenextepec permite inferir la ocupación del sitio por dichos grupos. Por su parte, la comparación entre representaciones revela la filiación étnica: la población de Mequetla era tének y, con alta probabilidad, lo eran también otras provincias de la Huaxteca meridional, como Tetzapotitlan.
• 31 Pueblo de la Huaxteca meridional que colindaba —y colinda— con el noroeste de Tetzapotitlan. En el caso de Tetzapotitlan no fue posible hacer un estudio similar; no obstante, el análisis de su toponimia ya ha arrojado resultados relevantes (Márquez 2012a; 2017; 2019; 2021c).
Figura 6. Tributos de algodón procedentes de Atlan y Tetzapotitlan (Berdan y Anawalt 1992, 53r).
Figura 7. Topónimo de Mequetla, conquistado primero por Axayácatl (a) y posteriormente por Tizoc (b) (Berdan y Anawalt 1992, 10v; 12r); representación de un personaje tének en el Códice Florentino (c) (libro ix, capítulo xvi); y representación de los topónimos de Tamtok y Tenextepec, con personajes tének, según el modo de representación de los tlacuilos mexicas (d y e) (Berdan y Anawalt 1992, 10v).
La intensificación de cultos mexicas a las deidades de los mantenimientos
Como se ha señalado, existen aspectos contextuales que no se han considerado en otros trabajos para explicar las dinámicas enfrentadas por las sociedades de la Triple Alianza, en relación con la extracción de tributos en comunidades de la costa del Golfo. Por ejemplo, tras las hambrunas iniciadas en el año 1 Tochtli (1454)32 (figura 8, inciso a), se mandó a construir un templo dedicado a Chicomecóatl33 en México-Tenochtitlan, deidad especialmente venerada en los cierres de toxiuh molpilia, celebrados en 1 Tochtli, correspondientes al año 1454. No obstante, el resultado de las festividades no fue el esperado, pues la sequía perduró hasta 1456. Esto ocasionó dos situaciones sumamente importantes: por un lado, la intensificación de cultos a Chicomecóatl y, por otro, la percepción dual de la propia diosa, concebida tanto como dadora de alimentos, como causante de su privación, responsable de la «necesidad y hambre» (Durán [1581] 1975, 141). Este contexto explica por qué, después de varias décadas, los mexicas se vieron en la necesidad de adoptar el sacrificio por flechamiento en el cierre de toxiuh molpilia siguiente (figura 8, inciso b), hacia finales de 1 Tochtli, 1506 (Garibay [1533] 1965, 63; Quiñones 1995, 41v)34. A ello se sumó el aprovisionamiento de víveres35 que
• 32 La necesidad de acceso a bienes de consumo durante estos años dio lugar a diversos fenómenos sociales; por ejemplo, la guerra «en este año 1 tochtli mencionado se ‘uno-aconejaron’ los chichimeca aculhuaque tetzcuca; se enemistaron y pelearon entre sí» (Chimalpáhin [1637] 1991, 141; énfasis en el original). Por su parte, la sequía ocurrida entre 1454 y 1456 (Feliciano [1630] 2011, 181-183) fue de tal gravedad que en 1455 se prohibió el consumo del maíz, estableciéndose incluso la pena de muerte para quien lo comiera ‘aunque fuese suyo el maizal’ (Garibay [1533] 1965, 61). Cabe destacar, además, que ya había ocurrido una sequía en el año 10 Tochtli (1450), ocasionada por una helada (Garibay [1533] 1965, 61). hecho relevante para vincular los años Tochtli con calamidades, hambrunas y sequías en años posteriores, debido a las experiencias históricas vividas.
• 33 Chicomecóatl regía los mantenimientos en tanto madre del maíz. Ante la falta de prosperidad de los cultivos, fue necesario intensificar su culto.
• 34 De manera particular, se hace referencia al sacrificio de cautivos provenientes de Zozola, territorio recientemente conquistado en esa época (Garibay [1533] 1965, 63).
• 35 Se trataba de una costumbre característica entre los mexicas: «Antes de que llegase ce tochtli, a quien temían mucho por el hambre, todos procuraban de juntar y esconder en sus casas muchos mantenimientos, y todos los géneros de semillas que se pudiesen comer, aunque eran comidas muy bajas» (Sahagún [1569] 2006, 419).
fueron trasladados desde Tetzapotitlan36 en el año 1505 (figura 8, inciso c) (Robles 2007, 238; Márquez 2025).
Las severas sequías ocurridas en los años 10 Tochtli (1450) y 1 Tochtli (1454) fueron consecuencia de factores climáticos y astronómicos37 que incidieron de manera profunda en la ideología de las sociedades del Altiplano. La escasez de alimentos y las hambrunas fueron atribuidas a las deidades de los mantenimientos, lo que propició un aumento de cultos, ceremonias y ofrendas en honor a Tláloc y Chicomecóatl en los años siguientes. A su vez, este panorama llevó a las poblaciones del Altiplano a intentar prevenir, por diversos medios, la llegada del siguiente cierre de toxiuh molpilia en 1 Tochtli (1506). En este contexto, Moctezuma Xocoyotzin ordenó la edificación de un templo en honor a Centéotl (Garibay [1533] 1965, 62; Torquemada [1615] 1969, 204), deidad conocida como Xochipilli o Macuilxóchitl entre los texcocanos (Garibay [s. xvi] 1965, 109). Todo ello sugiere que el culto a estos dioses (Tláloc, Chicomecóatl y Macuilxóchitl) se reforzó no solo en el centro político mexica, sino también en las provincias conquistadas por la Triple Alianza, particularmente en aquellas ocupadas territorialmente mediante la instauración de colonias y guarniciones38. De esta manera, se plantea una hipótesis relevante para comprender la presencia de representaciones de Tláloc, Chicomecóatl y Macuilxóchitl Xochipilli (Centéotl) en provincias conquistadas, a partir de los acontecimientos mencionados.
• 36 No resulta casual que los bastimentos fueran acarreados desde una provincia de Cuextlan, si se considera que, entre los mexicas, la región era conocida como Tonacatlalpan y Xochitlalpan, es decir, lugar de mantenimientos y flores (Sahagún [1569] 2006, 590). Es probable, asimismo, que el maíz se recibiera en forma de semilla o triturado, procedimiento que probablemente se realizaba en la zona de Metlaltoyuca, lo que facilitaba su traslado a largas distancias (Márquez 2025).
• 37 Si se toman en cuenta las concepciones ideológicas de estos grupos en relación con las observaciones de Venus y las pléyades durante los cierres de toxiuh molpilia
• 38 Desde la época de Izcóatl, el sistema de cargos permitía a los guerreros mexicas acceder a la nobleza siempre que lograran destacar durante su participación en los conflictos bélicos (Durán [1579] 1975, 264-265; Alvarado [1598] 2003, 168). Así, estos personajes adquirían estatus y beneficios sociales, lo cual se manifestaba públicamente mediante su acceso y participación en el ejercicio de rituales, donde, además, se reforzaba su poder político. La presencia de guarniciones en sitios conquistados debió implicar, por tanto, la de cierto tipo de nobleza, así como el ejercicio y la exhibición de su poder ideológico a través de un conjunto de elementos propios de la parafernalia ritual dominante.
Figura 8. Las sequías de los años conejo iniciadas en 1454 ocasionaron numerosas muertes en el Altiplano (a); representación de un cautivo flechado que Moctezuma Xocoyotzin solicitó sacrificar en el año 1 Tochtli, con el propósito de mitigar las sequías (b); y aprovisionamiento de víveres trasladados desde la provincia de Tetzapotitlan en 1505, la cual estaba ocupada territorialmente (c) (Quiñones 1995, folios 32r y 41v).
El dominio mexica de las provincias sujetas
La política, entendida como el conjunto de procesos mediante los cuales el poder se ejerce para lograr ciertas metas de carácter público (Swartz et al. 1994, 105), permite comprender con mayor detalle la situación de poblaciones sujetas al domino de la Triple Alianza. En la actualidad, las propuestas relativas a la ocupación territorial mexica de provincias dominadas han sido desarrolladas, en su mayoría, por investigadores norteamericanos, como Michael Smith y Frances Berdan. No obstante, dichas propuestas parten de una postura teórica de corte positivista, que tiende a generalizar y homogeneizar las conductas de las comunidades de la Triple Alianza: «similar a los emperadores romanos o incas, cuyos ejércitos y burócratas interfirieron fuertemente en la sociedad provincial, los emperadores aztecas se limitaron a traer objetos desde las provincias donde la gente pagaba sus tributos» (Smith 2008, 121; traducción del autor). Esta propuesta presupone la existencia de dos formas de organización de
las comunidades conquistadas: las denominadas ‘tributarias’, y las ‘fronterizas’ o ‘clientelares’. Estas últimas se caracterizan por la sujeción de las cabeceras con el objetivo de proteger las fronteras frente a otros pueblos menos susceptibles de dominación (Berdan 2007, 119-120). Berdan (2007, 123), por su parte, afirma que las repercusiones en las manifestaciones culturales son mínimas: «Ya que el sistema político seguía estando débilmente estructurado, estas provincias distantes afrontaban pocos cambios generales en su política ocasionados por el imperio; los gobernantes locales solían retener su liderazgo local en las provincias distantes»39. Sin embargo, esta postura no contrasta de manera exhaustiva la evidencia particular de cada sitio, sino que toma como referencia principal los materiales excavados por Smith en asentamientos del occidente de Morelos40. Si bien Berdan ha referido la existencia de «procedimientos variables para gobernar estas ciudades-estado» (121-122), los trabajos de ambos investigadores se han centrado en una clasificación de las provincias como ‘tributarias’ y ‘estratégicas’. En consecuencia, se dejan de lado otros procesos de dominación o respuesta, que podrían aportar un conocimiento más preciso, especialmente sobre los fenómenos de carácter cualitativo.
Las estrategias políticas provinciales
John K. Chance y Barbara L. Stark (2007, 208) han propuesto la existencia de nueve estrategias provinciales41, como respuesta al expansionismo mexica: reforzamiento, resistencia, emulación, éxodo, control de la información, apropiación, afirmación, complicidad y asimilación. El re-
• 39 Estos señalamientos, conviene precisar, se sustentan más en la información de las fuentes etnohistóricas que en el estudio de los materiales arqueológicos mismos.
• 40 Con ello, hago explícito mi desacuerdo en la generalización de los resultados obtenidos a partir de un estudio de caso concreto hacia otras áreas, en los que la cultura material puede diferir de manera significativa. No obstante, considero que en determinados contextos sí puede identificarse un cierto grado de generalidad conductual, la cual debe estar sustentada. Lo anterior es válido incluso cuando distintas provincias hayan sido afectadas por fenómenos sociales similares, como la conquista militar, aunque en los sitios del occidente de Morelos excavados por Smith no parece haberse documentado ninguna rebelión.
• 41 Se trata de acciones o políticas específicas mediante las cuales «los gobiernos estatales (e imperiales) y las clases gobernantes o autoridades, mantienen o acrecientan el poder central y aseguran su longevidad, así como el éxito social y económico de los individuos que ostentan el poder» (Chance y Stark 2007, 205).
forzamiento considera las invitaciones a festividades que México-Tenochtitlan extendía a las élites provinciales, las cuales propiciaban la adopción de rituales a partir de la observación directa del uso de ‘símbolos imperiales’ en su contexto original (210). Esta conducta, aunada al comercio predominante del Altiplano hacia la periferia, pudo incentivar procesos de emulación local, como parece evidenciarse en el caso de vasijas de imitación del tipo cerámico Azteca III Negro sobre Anaranjado. Sin embargo, esta explicación resulta ineficiente para comprender cómo se produjo dicha inmersión cultural en los pueblos que ofrecieron una fuerte resistencia a las huestes mexicas, y cuya localización es distante del Altiplano. Tal es el caso de Tetzapotitlan, provincia que sufrió los estragos de diversas conquistas durante un intervalo de intensificación bélica entre los años 1458 y 1480 (Márquez 2012b, 46; 2015a; 2017; 2020; 2021c; 2021d; 2022; 2025). El rechazo explícito de los tetzapotecas a las manifestaciones culturales del Altiplano se comprueba por las constantes rebeliones registradas en ese periodo. Por ello, la estrategia más pertinente para analizar el caso de Tetzapotitlan, dentro del modelo propuesto por Chance y Stark (2007, 213), es la resistencia. Una de las manifestaciones de la resistencia en el registro arqueológico se observa en las figurillas, útiles para comunicar identidades locales, debido a que incorporan atributos de identidad personal y están relacionadas con los cultos domésticos42.
No obstante, surge la necesidad de explicar la presencia de una amplia gama de manifestaciones escultóricas de orden mexica en Tetzapotitlan. Es probable que este proceso haya ocurrido mediante la imposición de ideologías y la inculcación en el seno familiar, en concordancia con las propuestas de Chance y Stark. La imposición en Tetzapotitlan se derivó de la colonización territorial de la localidad desde el año 1480. La existencia física de pobladores del Altiplano se evidencia, principalmente, en la introducción de un nuevo dis -
• 42 En el caso de Tetzapotitlan, resultaría necesaria la identificación de basureros de unidades habitacionales, con el fin de establecer distinciones que permitan evaluar los efectos de la imposición ideológica, religiosa y política. Lo que parece observarse en la localidad es una sustitución del orden cultural oficial tének por uno mexica, proceso ocasionado por diversas circunstancias durante la época de dominio de la Triple Alianza.
curso oficial, con manifestaciones fenoménicas estilísticamente diferenciadas y con una carga propagandística y religiosa 43. La inculcación, por su parte, se habría generado tras la masacre de una parte significativa de la población masculina tetzapoteca en México-Tenochtitlan, durante un evento ocurrido en 1487 que implicó el sacrificio masivo de guerreros de provincias reacias al dominio, como Tzicoac, Tetzapotitlan y Cotaxtla (figura 4). Solo a partir de estos dos mecanismos habría sido posible la emulación cultural, aunque no puede descartarse la participación de la nobleza de provincias sujetas en el calmécac, institución destinada a la formación en prácticas culturales acordes con los valores de la sociedad dominante44. En contraste, la estrategia del reforzamiento no parece aplicable al caso de Tetzapotitlan, puesto que las condiciones históricas particulares no muestran conductas sociales ni políticas compatibles con esta dinámica en sus relaciones con México-Tenochtitlan.
Este planteamiento se mantiene al retomar la inspección cualitativa de la mano de obra explotada en la Huaxteca meridional. Estas provincias tributaban grandes cantidades de mantas de algodón, cuya producción recaía principalmente en las mujeres.
Las féminas fueron explotadas directamente con la carga tributaria, mientras que la mano de obra masculina era más relevante para la guerra, circunstancia conocida por la Triple Alianza. En consecuencia, el sacrificio de varones no debió afectar de manera considerable la extracción de excedentes productivos, sino que generó condiciones favorables para la inserción y el desarrollo de nuevas expresiones culturales acordes con la ideología de los grupos dominantes. Estas necesidades ideológicas no solo emanaron del orden cultural impuesto localmente, sino también de uno de los espacios más relevantes para la propagación ideológica: el seno familiar. En este contexto, la emulación adquirió un papel fundamental para la penetración de la ideología mexica en Tetzapotitlan como lo demuestra la presencia de materiales con nuevos estilos, pictografías y procesos de manufactu-
• 43 Estos grupos dominantes y sus descendientes habrían conservado su poder en el sitio hasta el momento de la conquista.
• 44 Luz María Mohar Betancourt, comunicación personal, 22 de mayo de 2015.
ra45. No obstante, esta propuesta sigue siendo de carácter hipotético y solo el análisis detallado de los materiales arqueológicos permitirá discernir si dicha estrategia tuvo una influencia en la cultura palpable de los habitantes de Tetzapotitlan.
En lo que respecta a las rebeliones consignadas en las fuentes escritas y documentos pictográficos, la postura de los investigadores norteamericanos ha permanecido igualmente dentro de un marco reduccionista. Bajo esta perspectiva, se ha omitido parte del contenido de algunas fuentes, citando fragmentos que excluyen parte de la información documentada. Así, en relación con el caso de Cuetlaxtlan, Smith señala:
En diversas ocasiones los reyes sujetos se rebelaron contra el imperio; sin embargo, las ‘rebeliones’ no eran insurrecciones armadas. Más que eso, usualmente significó que un rey sujeto era simplemente elegido para detener el envío de tributo a Tenochtitlan. (2008, 127; traducción del autor)
Ahora bien, no se explica cómo se gestaron rebeliones violentas en las cabeceras en contra de los calpixques, sin una preparación previa para una nueva batalla, que permitiera recuperar la ‘autonomía’ provinciana46. Esta postura, que niega la existencia de insurrecciones militaristas, ha sido sostenida también por Berdan (1976, 187), quien repara en exponer lo ‘holgado’ de la organización del ‘Imperio Azteca’, presuntamente orientado a mantener en sus posiciones a
• 45 Indudablemente, las representaciones presentes en las esculturas de Tetzapotitlan constituyen recursos propagandísticos de discursos oficiales, emanados de los grupos sociales con dominio político de la localidad a lo largo de su historia.
• 46 Hago referencia particular a Cuetlaxtlan, antigua provincia del sur de Veracruz, tras haber aniquilado a las autoridades mexicas —asfixiándolas con humo de chile y extirpándole «las tripas y los bofes por detrás» (Durán [1579] 1975, 252)—, debieron anticipar una nueva guerra por parte de México-Tenochtitlan y sus aliados. Este acto fue interpretado como una rebelión inmediata: «los de Auiliçapan y los de Quimichtla y Teoixuacan, Chichiquilan, Macuilxutlitla, Tlatectla, Oceloapan y á Cuetlaxtla, los cuales todos puestos en órden, salieron al encuentro a los mexicanos» (Durán [1579] 1975, 253). Atendiendo al episodio descrito por Durán, resulta pertinente señalar que las mismas fuentes empleadas por los investigadores mencionados no han sido consideradas en su totalidad; y aun en los casos en que sí lo han sido, no se explicita el criterio mediante el cual se lleva a cabo la discriminación de datos. Con este señalamiento busco evidenciar la existencia de rebeliones organizadas de manera autónoma por provincias que sufrieron afectaciones sociales y no exclusivamente económicas.
los dirigentes locales47. Ahora bien, debe reconocerse que el comportamiento de algunas poblaciones subyugadas no se ajusta a este modelo y que, en ciertos casos, derivó en conductas culturales poco usuales por parte de las sociedades conquistadoras, como ocurrió en Cotaxtla, caso que será analizado más adelante.
El dominio mexica en el occidente de Morelos como estudio de caso
En Morelos, sitios como Cuexcomate, Capilco y Yautepec han sido excavados y estudiados por Michael Smith, quien emplea una estrategia basada en el análisis de los patrones de asentamiento y los contextos domésticos (Smith y Berdan 1992, 354), metodología particularmente pertinente para comprender la penetración de discursos dominantes en grupos políticamente dominados. No obstante, considero —como anteriormente expuse— que las interpretaciones generadas en torno a las conductas de la Triple Alianza respecto de sus provincias sujetas han estado condicionadas por sesgos teóricos, en la medida en que el factor económico se considera determinante para explicar los materiales de la cuenca de México. Este enfoque produce un condicionamiento en la percepción de los fenómenos sociales, al privilegiar interpretaciones centradas en aspectos cuantitativos y relegar sus cualidades simbólicas. En este sentido, coincido con Umberger (1996, 160) cuando plantea que la hegemonía no solo implicó transformaciones estilísticas, sino también modificaciones visibles en el registro arqueológico, manifestadas en alteraciones en la producción y en patrones de asentamiento. Es probable, por tanto, que los cambios en los discursos oficiales hayan requerido transformaciones en las fachadas de los edificios de carácter público. A nivel general, es posible advertir el grado en que estas ideas permearon localmente, en la medida en que los discursos ocultos, propios de la
• 47 No se niega que, en algunos casos, los gobiernos locales hayan sido entregados a los herederos legítimos, como asegura Ixtlilxóchitl ([1640] 1985, 104). Sin embargo, los análisis deben realizarse con cautela y, más que recurrir a generalizaciones, atender a las particularidades de cada caso, porque las afectaciones perceptibles en los materiales arqueológicos pueden variar considerablemente entre provincias.
vida cotidiana, permitirán hacer notar si se favoreció o no la imposición de estas nuevas ideologías. Esto puede inferirse principalmente a partir del uso o rechazo de objetos vinculados al culto —como las figurillas—, así como la adopción de determinados elementos arquitectónicos.
En Morelos, Smith (2005, 45; 2008, 133) documentó abundantes fragmentos de figurillas y sahumadores en casas provinciales, los cuales asoció con la realización de rituales domésticos. A consecuencia de la excavación de 35 unidades habitacionales en Cuexcomate y nueve en Capilco, el autor propone dos fases relacionadas con las afectaciones de la Triple Alianza en la zona: un periodo ‘preimperial’ (1350-1430 d. C.) y uno ‘imperial’ (1430-1550 d. C.) (Smith y Berdan 1992, 360). Con ello, Smith y Berdan evalúan el impacto de las conquistas mexicas mediante la comparación entre materiales de ambos lapsos (360). Desde esta perspectiva, resuelven un problema metodológico relevante, lo que les permite inferir cambios sociales a partir de las transformaciones observadas en los materiales arqueológicos, particularmente en relación con los efectos de conquistas del Altiplano en el occidente de Morelos. Estos análisis confirman la hipótesis de una intensificación en la manufactura de textiles demostrado por un mayor uso de malacates, así como un incremento de la producción en el ámbito doméstico y en los procesos agrícolas, derivado de la mayor presencia de terrazas y canales. Asimismo, señalan una reducción en los estándares de vida rural, de acuerdo con lo observado en las unidades habitacionales (361-363). Sin embargo, también destacan un decremento en las interacciones con la cuenca de México y otras áreas, inferido por la visibilidad de cerámicas importadas (figura 9) (363), debido a que la cantidad de materiales foráneos no aumenta en el registro.
En Yautepec, el hallazgo de cerca de dos mil fragmentos de figurillas permitió a Smith (2005) establecer una secuencia cronológica mas afinada, compuesta por cuatro fases, así como una clasificación detallada que distingue doce grupos. A partir de ello, el autor concluye que algunas piezas corresponden a importaciones procedentes
Figura 9. Fragmentos de cerámicas importadas de la cuenca de México, hallados en contextos domésticos de Cuexcomate y Capilco. Redibujado digitalmente a partir de Smith y Berdan (1992:358)
de la cuenca de México48, resultado del intercambio comercial; otras responden a un estilo local particular; y otras más son de manufactura local, aunque semejantes a figurillas de ‘tradición azteca’ (Smith 2005, 54; 2007, 160). A pesar de lo sugerente que resulta el hallazgo de figurillas de imitación en arcillas locales (figura 10), Smith mantiene una postura cautelosa respecto de sus planteamientos teóricos y sostiene que no hay evidencia de imitaciones de figurillas ‘de estilo Azteca’ en Yautepec, sino que estas piezas son producto de las interacciones e intercambios entre ambas regiones:
Es interesante notar que en la fase Molotla, después de la conquista de Morelos por el imperio de la Triple Alianza, la frecuencia de figurillas importadas se incrementó, en tanto que la local tuvo un declive. Un patrón similar puede ser
• 48 Las figurillas del tipo Azteca III se caracterizan por ser planas y huecas, y por ser fabricadas en moldes. Estas piezas miden entre 6 y 30 cm de alto, y tienen dos perforaciones laterales, generalmente situadas en el tórax; en su mayoría son representaciones femeninas con el torso desnudo, aunque algunas llevan quechquémitl y enredo con decoración de rombos (García y Coronel 2007, 270).
Figura 10. Figurillas de estilo mexica manufacturadas en arcillas locales, halladas en Yautepec. Según Smith, su existencia se debe a complejos procesos de interacción e intercambio (no son imitaciones). Redibujado digitalmente a partir de Smith (2005, 50).
observado en las figurillas de Cuexcomate y Capilco, sugiriendo que estos datos pueden describir amplios procesos sociales vinculados a los efectos del imperialismo Azteca en Morelos. (Smith 2005, 54; traducción del autor)
La investigación de Smith busca demostrar que la dominación mexica en la región se limitó, en gran medida, a una mayor presencia mercantil. Aunque documenta un aumento en la importación de figuras del Altiplano durante la fase ‘imperial’, no desarrolla una explicación centrada en los aspectos sociales consecuentes tras una conquista militar o de una posible ocupación territorial. Por añadidura, si la existencia de figurillas en unidades habitacionales resulta clave para comprender los rituales domésticos, llama la atención la ausencia de un análisis orientado a identificar posibles flujos
religiosos entre ambas sociedades, especialmente si se considera la carga simbólica implícita en las propias representaciones49. El incremento de figurillas producidas en el Altiplano halladas en el occidente de Morelos indica una interacción marcada por la tendencia a disponer objetos destinados al culto, claramente asociados con deidades ‘aztecas’ (Smith 2005, 53; 2007, 160). Sin embargo, es posible que las poblaciones de Cuexcomate, Capilco y Yautepec no hayan contado con ‘administradores’ mexicas, lo que explicaría que el fenómeno de imposición no resulte evidente, sobre todo si se considera la ausencia de registros sobre rebeliones en la región. Esto plantea interrogantes importantes: ¿qué ocurría en las zonas donde la población había sufrido ocupaciones territoriales, como consecuencia de insurrecciones posteriores a distintos episodios de sometimiento?, ¿fue posible que determinados ámbitos sociales mexicas —en particular, los de carácter religioso—, permeasen entre los ocupantes de los sitios afectados? Para abordar estas cuestiones resulta pertinente atender otros casos de estudio: Cotaxtla (Cuetlaxtlan), Totogal y las provincias del Totonacapan.
La presencia de sociedades de la Triple Alianza en la zona centro-sur de la costa del Golfo
Afectaciones de la Triple Alianza en Cotaxtla
Las fuentes históricas mencionan a Cuetlaxtlan (Cotaxtla), ubicada en el centro-sur del actual estado de Veracruz (figura 11), como una de las provincias afectadas por las intervenciones militaristas de la
• 49 Me refiero, en particular, a los aspectos fenoménicos de la expresión social del ritual, pues aunque es ampliamente reconocida la similitud de aspectos culturales de los pueblos mesoamericanos, debe destacarse la peculiaridad simbólica de cada región e incluso de cada población. Para exponer con mayor detalle las distinciones en este ámbito, en otra investigación se ha llevado a cabo una comparación entre las religiones mexica y tének (Márquez 2015, 168-225).
Triple Alianza50. Durante la búsqueda y petición de ofrendas para Huitzilopochtli, los mensajeros del Altiplano fueron asesinados por pobladores locales, presuntamente por consejo de comerciantes tlaxcaltecas, hecho que derivó en una posterior confrontación bélica favorable para los mexicas (Durán [1579] 1975, 231-234). A pesar de ello, la población se emancipó poco tiempo después, aunque fue nuevamente sometida (252). A su vez, la localidad se vio involucrada en recurrentes procesos de rebelión y conquista en años posteriores, como lo documenta también el Códice Mendoza, donde se registra una nueva subyugación por Axayácatl (Berdan y Anawalt 1992, 10v). Podría profundizarse aún más en la información contenida en documentos del siglo xvi para evidenciar que la población de Cotaxtla mantuvo una disposición constante a resistir el dominio político y económico de las provincias del Altiplano; sin embargo, ese no es el objetivo de esta investigación, y dicha información ha sido abordada en otros estudios (Ohnersorgen 2001, 29-58; Márquez 2009, 88-95). El objetivo de este apartado consiste en exponer, con base en evidencia arqueológica, la profundidad de estas afectaciones en la población de Cuetlaxtlan, a partir de los estudios de Michael A. Ohnersorgen, quien en años recientes ha publicado parte de los resultados de sus investigaciones en la zona.
El proyecto Cotaxtla Archaeological Survey, dirigido por Ohnersorgen, se inició en 1998 con el objetivo de identificar el patrón de
• 50 Estos conflictos se iniciaron durante el gobierno de Moctezuma Ilhuicamina; a pesar de todo, como ya se ha señalado, las primeras intervenciones militaristas se atribuyen a Nezahualcóyotl.
Figura 11. Ubicación del sitio arqueológico de Cotaxtla, escala 1:500000. Elaborado a partir de QGIS.
asentamiento, su organización y relevancia económica, así como la evidencia material del ‘imperialismo azteca’ (Ohnersorgen 1999, 2; 2001, 1-2 y 5). Como señala el propio autor, una de las metas principales era también comprender los roles de la ‘ideología imperial’, la posible colonización y los mecanismos de mantenimiento del control político y tributario en la zona (2001, 2). A partir del recorrido sistemático de la meseta de Cotaxtla, de 1.8 km2, Ohnersorgen determinó la existencia de una clara diferenciación espacial, destacando una zona central, en la que sobresalen, además de un área cívico-ceremonial, estructuras notables de probable función administrativa. Las zonas circundantes están conformadas de montículos de poca altura con cimientos de piedra sin labrar, algunos con concentraciones de artefactos domésticos. Los límites presentan terrazas naturales, cuyas camas de caliza fueron, en ciertos casos, modificadas con rocas pequeñas para su nivelación (Ohnersorgen 1999, 3-7; 2001, 114-138).
Respecto de la producción, Ohnersorgen señala que esta se concentró en tres ámbitos51: el alfarero, el de obsidiana52 y el textil. Tres áreas particulares del sitio se asocian con el primero —la prueba consiste en moldes para figurillas y vasijas—, dos, con la segunda; mientras que el tercero presenta una distribución extendida en todo el sitio, lo cual sugiere una tendencia hacia la producción doméstica, corroborada por el hallazgo de malacates (Ohnersorgen 1998, 8).
Las evidencias relacionadas con la ‘presencia imperial mexica’ son
• 51 En su trabajo, asegura la existencia de al menos 62 ‘indicadores de producción’ (Ohnersorgen 2001, 179).
• 52 La muestra total de material lítico recolectado por Ohnersorgen (2001, 204) asciende a 12,700 artefactos, de los cuales únicamente cien no corresponden a obsidiana. De este conjunto, al menos 20 % es verde, proveniente de la Sierra de las Navajas, y se localiza en altas proporciones (30 %) asociadas a las áreas asociadas a las áreas B (‘Gran Plataforma’) y J (‘Barrio Azteca’). Ohnersorgen sostiene que este elemento y otros pudieron servir para legitimar el alto estatus de los residentes en dichos espacios (303-304 y 318). Además, y debido a su cercanía con la ‘Gran Plataforma’, su producción pudo haber sido monitoreada o administrada por las élites locales (334). Los análisis corroboran estas hipótesis, dado que la obsidiana verde fue importada en preformas prismáticas que posteriormente fueron trabajadas localmente (Ohnersorgen 2006, 24). La Triple Alianza mantuvo el control sobre la explotación de obsidiana de la Sierra de las Navajas, iniciada con el gobierno de Izcóatl, quien tomó posesión de las localidades cercanas a su fuente de abasto principal. Debido a su importancia militar, «si la obtención de la obsidiana de la Triple alianza [sic] hubiera dependido de una población tributaria, cualquier interrupción del suministro por causas militares y/o políticas, provocaría serios problemas tanto en aspectos militares y principalmente en actividades productivas básicas» (Pastrana 1996, 99). La presencia de obsidiana verde en sitios conquistados y colonizados por los mexicas, por lo tanto, se relaciona directamente con las redes de distribución de la Triple Alianza.
de diversa índole: figurillas, entre las cuales destacan formas femeninas con tocados característicos del Altiplano53, así como maquetas de templo (Ohnersorgen 2001, 532-534 y 539-540); cuencos Azteca III Negro sobre Anaranjado54 (figura 12, inciso a) y sahumadores Texcoco Moldeado55, cuya mayor concentración se localiza en la ‘Gran Plataforma’ del área central (Ohnersorgen 2006, 21; Garraty y Ohnersorgen 2009, 114). A ello se suman evidencias arquitectónicas, consistentes en el uso común de ensamblajes de roca (‘espigas’) para las fachadas de templos o residencias de élite (Ohnersorgen 1999, 9-13). Cabe destacar que la cerámica de estilo mexica tiene un alta distribución en la ‘Gran Plataforma’ y sus alrededores, donde alcanza hasta el 10 % del total de las muestras (Ohnersorgen 2001, 292). Por su parte, los comales constituyen materiales de notable presencia, con un porcentaje de hasta un 36.7 % del total de los localizados en el sitio. Esta conducta material se puede vincular con la preparación de alimentos durante festividades ceremoniales (154 y 157). Asimismo, resulta relevante la asociación de estos materiales con contextos elitistas y de poder, que pudieron haber incluido tanto a oficiales mexicas como a autoridades locales (Ohnersorgen 2006, 23). En este sentido, la existencia de comales podría relacionarse también con la celebración de las veintenas del calendario mexica, periodos en los que se recaudaban tributos en las poblaciones y se festeja a deidades como Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl y Xipe Tótec.
• 53 Posiblemente se trate de representaciones de deidades femeninas o de mujeres mexicas. Estas piezas presentan una ausencia notable en estructuras cívico-ceremoniales, lo que sugiere una utilidad primaria en el ámbito doméstico, además de ser un buen indicador de la presencia de colonos (Ohnersorgen 2001, 298, 318 y 532-534). Asimismo, se registran al menos nueve fragmentos de figuras de Xipe Tótec (Ohnersorgen 2001, 542), cuyo culto se sabe vinculado a ceremonias destinadas a amedrentar a las poblaciones locales y disuadirlas de sus deseos de emancipación (Márquez 2015, 163-169; 2021c; 2021d).
• 54 La cerámica de tradición mexica, de acuerdo con los resultados de análisis composicionales realizados por Brumfiel y Hodge, se produjo en Culhuacan, Chalco y Xaltocan y, en menor medida, MéxicoTenochtitlan (Cervantes et al. 2007, 280-281). En general, la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado se caracteriza por una pasta bien cocida, compacta, de textura muy fina, con la presencia ocasional de un núcleo gris o negro. La decoración consiste en pintura negra aplicada en líneas delgadas, paralelas y firmes de 1 mm de ancho, elaboradas antes de la cocción y ubicadas según el tipo de vasija. Las formas más frecuentes abarcan cajetes, molcajetes, platos, platos de doble fondo, cuencos, cazuelas, ollas, comales, apaxtles, salineras, miniaturas, sahumadores, braseros, malacates y figurillas (García y Coronel 2007, 262).
• 55 Se documentan al menos dos fragmentos de moldes en Cotaxtla (Ohnersorgen 1999, 9; 2006, 17). Su presencia no es abundante, aunque tampoco lo es en la cuenca de México (Ohnersorgen 2001, 296).
Figura 12. Cerámica tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado importada de la cuenca de México, de acuerdo con análisis composicionales de Skoglund (a); y cerámica de ‘estilo azteca’ del tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado producida localmente en Cotaxtla (b). Redibujado digitalmente a partir de Ohnersorgen (2006, 22).
En Cuetlaxtlan, la mayor parte de la cerámica correspondiente al tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado —de acuerdo con análisis composicionales de microscopía electrónica de barrido—, fue manufacturada localmente56 (Ohnersorgen 1999, 9; 2001, 295 y 316; 2006, 22; Garraty y Ohnersorgen 2009, 114). Estas piezas se caracterizan, además, por no estar elaboradas con una pasta naranja, sino por presentar únicamente un engobe de dicha tonalidad (Skoglund et al. 2006, 543-544). La tipología de ‘estilo azteca’57 (figura 12, inciso b) está representada por vajillas de servicio y sahumadores ceremoniales, vinculados con la ostentación social de la élite (Ohnersorgen 2001, 297). Por su parte, los exámenes composicionales aplicados a la arcilla58 revelan una mayor concentración de elementos como cesio, uranio, rubidio y tantalio, así como una menor proporción de
• 56 Materiales del tipo Azteca III elaborados en arcillas locales se encuentran en asentamientos diversos, por ejemplo, el suroeste del estado de México, Ixtlahuaca y San Miguel Ixtapan (Chacón et al. 2007, 180-183 y 225). En Guerrero, hacia la frontera con los tarascos, se registran en Mezcala-Tetela del Río, Presa El Infiernillo, La Organera-Xochipala y Teloloapan, en la cuenca del Balsas (Arana et al 2007, 27, 37, 46, 50 y 58).
• 57 Para comprender el estilo de un grupo es menester considerar que «toda ideología en imágenes hace alusión a la realidad, ‘una realidad’ que es la combinación de la ‘conciencia’ que tiene una clase de sí misma con su ‘visión del mundo’» (Hadjinicolaou 2005, 103). En este sentido, se trata de una forma de representación que, aun cuando no sea plenamente adecuada, termina por beneficiar y reforzar la posición social dentro del grupo.
• 58 De acuerdo con los análisis de activación neutrónica —técnica mediante la cual se realiza la irradiación de un determinado material con neutrones térmicos de un reactor nuclear—, los átomos, al capturar un neutrón, generan isótopos radioactivos que emiten radiación gamma. A través de la detección e identificación de dicha energía es posible determinar el elemento radioactivo involucrado (Tenorio y Longoria 2010, 421-422).
calcio, estroncio, bario y sodio en las piezas identificadas como importaciones de la cuenca de México. En los materiales cerámicos hay cortes claros al realizar las comparaciones en los contenidos de hierro y cromo (figura 13), con una probabilidad de pertenencia a otro grupo menor al 0.0005 %, lo cual da certeza de los resultados obtenidos mediante la microscopía electrónica de barrido (Skoglund et al. 2006, 547-548).
Los análisis estilísticos corroboran estos resultados, pues las vasijas producidas en el Altiplano tienen líneas decorativas más delgadas y precisas, de grosores menores a 1 mm (figura 14). Por su parte, las locales presentan diseños más simples y menos diversos, con líneas de entre 3 y 4 mm de ancho y una tendencia a colocar puntos entre líneas paralelas (Skoglund et al. 2006, 549-550). De este modo,
este esfuerzo por elaborar réplicas de vasijas asociadas con un prestigioso centro imperial sugiere no únicamente que la expansión Azteca afectó la economía en la región mediante el comercio y el tributo, sino también la preferencia de estilos. Una selección de vasijas de servicio imperiales fue tomado con suficiente consideración para que la demanda local fuera atendida por los productores locales. Los sahumadores pequeños posiblemente se usaron en rituales domésticos o de pequeña escala, mimetizando los del centro imperial y los producidos localmente… (556)
En una crítica que resulta aplicable al trabajo de Berdan, Smith y Umberger, Ohnersorgen (1999, 13) señala que tanto la arquitectura como la escultura de estilo mexica «representa una inversión substancial [sic] en ideología imperial para Cotaxtla, contrariamente a las ideas que se sostenían anteriormente acerca de las inversiones imperiales en las provincias alejadas». En relación con esta postura, comenta también:
Tradicionalmente, el intercambio en mercados ha sido considerado como el principal mecanismo de dispersión de las cerámicas Aztecas a los sitios provinciales (Smith 1989,
Figura 13. Resultados de análisis composicionales de hierro-cromo aplicados a muestras del tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado halladas en Cotaxtla (Skoglund et al. 2006, 548).
Figura 14. Diseños típicos de la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado de la cuenca de México, ausentes en colecciones de la zona centro sur de Veracruz. Redibujado digitalmente a partir de Skoglund et al. (2006, 553).
1990). Sin embargo, los análisis composicionales de Skoglund (2001) indican que muchas de las cerámicas de estilo Azteca en Cuetlaxtlan y la Mixtequilla eran localmente producidas,
Figura 15. Moldes empleados para la manufactura local del tipo cerámico Texcoco Moldeado y fragmentos de piezas de imitación. Redibujado digitalmente a partir de Ohnersorgen (2006, 17 y 22).
más que importadas. Cuetlaxtlan también tiene evidencia directa (moldes) de producción del tipo Texcoco Moldeado [figura 15]. (Ohnersorgen 2006, 25; traducción del autor)
Cabe destacar que los tipos cerámicos no se vinculan necesariamente con un grupo social ni mantienen, de manera obligada, un vínculo identitario estrecho. En este caso particular, la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado y sus imitaciones parecen asociarse al consumo de élites migradas del Altiplano, lo que explicaría su abundancia si se considera la celebración de festividades o cultos. Un contraejemplo lo constituye la ocupación territorial de Oaxaca, durante la cual Moctezuma Ilhuicamina ordenó a cerca de un millar de migrantes «que el mandaría a las naciones cercanas que acudiesen con todo lo que tuviesen necesidad y les proveyesen de ollas, platos, escudillas y vasos y piedras de moler» (Durán [1579] 1975, 292). A partir de ello, es posible plantear que en Oaxaca los grupos establecidos no necesariamente gozaron de un estatus elevado; no obstante, sería indispensable revisar el registro arqueológico para analizar con mayor detalle el desarrollo de la vida cotidiana de los
grupos dominantes mexicas en esta provincia. Resultaría particularmente revelador determinar si fue necesario, o no, el uso de tipos cerámicos como el Azteca III Negro sobre Anaranjado, ya fuera importado o producido localmente. Un estudio de esta naturaleza permitiría formular nuevos planteamientos en torno a los procesos colonizadores de la Triple Alianza en determinadas provincias.
En cuanto a las evidencias arquitectónicas de Cotaxtla, estas proceden principalmente de la recolección de 86 fragmentos de ‘espigas’ (figura 16, inciso a), en su mayoría asociadas con las estructuras cívico-ceremoniales o montículos grandes de los complejos aledaños al área central (Ohnersorgen 2006, 13; Garraty y Ohnersorgen 2009, 120). Dichas ‘espigas’ eran utilizadas entre la nobleza mexica para decorar las fachadas de sus casas, llamadas tecpilcalli (Ohnersorgen 2001, 305-306; 2006, 12-13). Su utilidad en las estructuras cívico-ceremoniales en la zona central «sugiere una forma de proclamación pública, un claro estilo imperial altamente visible, posiblemente de arquitectura ceremonial» (Ohnersorgen 2001, 310). El hallazgo de ‘espigas’, por su parte, es clara referencia al templo de Huitzilopochtli, como se desprende del análisis de su fachada (figura 16, incisos b-e). El frente del Templo Mayor de México-Tenochtitlan presentaba una decoración consistente de ‘espigas’, entre las que figuraban cráneos adosados59 y almenas. Es altamente probable que este tipo de decoración estuviera estrechamente ligada al culto de Huitzilopochtli, deidad que, de manera significativa, se encuentra ausente en las representaciones escultóricas de las provincias conquistadas. Los espacios que concentran este tipo de material son la ‘Gran Plataforma’, el área F —ubicada al sureste— y el área J, identificada como un posible ‘Barrio Azteca’ (figura 17)60. El corpus escultórico de Cotaxtla constituye un tema aparte, y las principales observaciones fueron realizadas por Medellín, quien, en
• 59 Existe el reporte de hallazgos de cráneos adosados en paredes en Templo Mayor, siendo mencionados por Gamio (Baquedano y Graulich 1993, 164, 167).
• 60 Algunas de las ‘espigas’ de menor tamaño correspondieron a estructuras más reducidas, lo que podría interpretarse como una aceptación del ‘gobierno imperial’ por parte de residentes locales o, alternativamente, con el asentamiento de residentes foráneos que utilizaron estilos arquitectónicos propios (Garraty y Ohnersorgen 2009, 121).
Figura 16. Fragmentos de ‘espigas’ encontradas en la zona cívico ceremonial de Cotaxtla (a) (redibujado digitalmente a partir de Ohnersorgen 2006, 14); ‘espigas’ arquitectónicas en fachadas del Templo de Huitzilopochtli de México-Tenochtitlan en maqueta de templo mexica (b) (redibujado digitalmente a partir de Matos 1990, 48); Códice Matritense (c) (Sahagún 1585, 269r); Códice Ixtlilxóchitl (d) (2009, 112v); y Atlas de Durán (e) (Durán [1579] 1975).
Figura 17. Ubicación de las áreas F (‘Gran Plataforma’) y J (‘Barrio Azteca’) en el sitio arqueológico de Cotaxtla. Modificado digitalmente a partir de Ohnersorgen (2006, 106).
la década de 1950, reportó el hallazgo de dos discos solares de estilo mexica con connotaciones calendáricas, identificables por la presencia de series inscritas de 18 y 52 puntos. Asimismo, se documentó el descubrimiento de cuatro esculturas de Chac Mool con numerales (figura 18), así como seis representaciones de Macuilxóchitl Xochipilli (Ohnersorgen 2001, 284-287). Al igual que otras evidencias registradas, las esculturas de Chac Mool constituyen un claro ejemplo de los esfuerzos por exhibir una ‘ideología imperial’, mediante la cual se reforzaba y hacía visible de manera constante la autoridad y el dominio mexicas (Ohnersorgen 2001, 304-305; Ohnersorgen y Venter 2012, 531):
[…] el imperio invistió una escultura de estilo imperial y una ideología de Estado no solamente para reflejar su autoridad y dominio, sino para ayudar a mantenerlo. La presencia de estos objetos de estilo Azteca en Cuetlaxtlan, y su ausencia en otras localidades provinciales insinúan que tuvieron un rol que no era generalmente requerido en todas partes, y pienso que este rol de fungir como símbolos públicos fue para rememorar y reforzar la presencia imperial en un contexto políticamente débil; estos símbolos pudieron ser respaldados por la fuerza militar si era necesario. (Ohnersorgen 2006, 16; traducción del autor)
Con base en la evidencia obtenida a partir de recorridos de superficie, Ohnersorgen propone, al referirse a las figurillas de estilo mexica en Cotaxtla, una explicación contraria a la planteada por Smith para los sitios de Morelos. El autor sugiere la existencia de una población procedente del Altiplano, establecida de manera dispersa en la localidad, probablemente como resultado de una ocupación territorial del lugar61. En este sentido, resulta posible que el ámbito del ritual doméstico se viera reforzado por una ideología de Estado,
• 61 En este sentido, se plantea la posibilidad de que las élites provinciales adoptaran de manera explícita estilos y ‘objetos imperiales’, como una manera de expresar su cercanía al régimen (Garraty y Ohnersorgen 2009, 111).
18. Representación de Chac Mool con fechas calendáricas, procedente de Cotaxtla. Museo de Antropología de Xalapa.
dado que «la presencia de múltiples ejemplos con un tema de imaginería religiosa foránea, subrayan un importante rol de la ideología imperial en Cotaxtla» (Ohnersorgen 2001, 300; traducción del autor). Como puede observarse, las conclusiones de Ohnersorgen contradicen de manera significativa los planteamientos formulados por Smith para el occidente de Morelos —lo cual se justifica al tratarse de un estudio de caso distinto— y proponen la existencia de procesos sociales cualitativos que afectaron a la población local:
Regresando a los modelos de organización imperial discutidos anteriormente, la historia de repetidas rebeliones en Cotaxtla no la hizo una buena candidata para una administración cooperativa e indirecta, y sugiero que las inversio-
Figura
nes imperiales en la localidad a través del tiempo, reflejaron cada vez más, una participación administrativa imperial directa. Las repetidas rebeliones de Cotaxtla bajo el dominio de los primeros líderes del imperio, sugieren que la elite local mantuvo una reacia lealtad al imperio… sugiriendo un incremento de la intervención política. (2001, 324; traducción del autor)
Desde esta perspectiva, Ohnersorgen aporta un nuevo enfoque para el análisis de las poblaciones afectadas por la Triple Alianza. A partir de diversas evidencias —como cerámica, figurillas, elementos arquitectónicos y esculturas— sostiene, con base empírica, la existencia de una administración mexica directa en Cotaxtla. Esta propuesta resulta especialmente relevante al contraponerse a la interpretación generalizada sobre las sociedades sometidas, situadas a cierta distancia del Altiplano (Ohnersorgen 2006, 1; Ohnersorgen y Venter 2012, 526). La modalidad de control manifestada en Cotaxtla debió incidir en distintos aspectos sociales de la población, entre ellos, el establecimiento de fortificaciones o colonias con personal estatal, así como la imposición de estilos que influyeron también en la arquitectura (Ohnersorgen 2006, 5; Ohnersorgen y Venter 2012, 531-532)62. En contraste con el énfasis tradicional en los factores económicos, Ohnersorgen expone su postura de la siguiente manera:
Si la producción local está relacionada con una parte sustancial de la cerámica de estilo Azteca en las tierras bajas del Golfo, necesitamos poner mayor atención a los factores sociales -como opuestos a los económicos- para explicar su presencia. […] Los factores sociales que pudieron inducir una conexión con Cuetlaxtlan incluyen la producción local de estilos imperiales o étnicos para o por residentes aztecas, incluyendo oficiales instaurados, guerreros o colonos; la emulación de estilos imperiales por elites locales u otros residentes para realzar el prestigio o señalar su afinidad política; la participación local en redes eli-
• 62 Asimismo, resalta el esfuerzo dialéctico de Ohnersorgen por articular, en sus análisis, los datos provenientes de la superestructura (documentación etnohistórica) con los de la infraestructura (obtención de materiales en campo).
tistas que enfatizaron los estilos de las tierras altas (cf. Berdan y Smith 1996); o la reorientación cultural reflejando un fuerte influjo de ideas o influencias desde las tierras altas, especialmente desde la capital imperial. (2006, 25-26; traducción del autor)
Por otro lado, los efectos del dominio de la Triple Alianza también se manifiestan en otros ámbitos, como la sustitución de los centros de producción cerámica. Durante el Posclásico Medio (1200-1350/1400 d. C.), el sitio principal en la zona centro-sur de Veracruz fue El Sauce; sin embargo, posteriormente se estableció un nuevo centro en Callejón del Horno63 (1350/1400-1520 d. C.), dentro del área baja de Río Blanco; probablemente este nuevo centro productor fue una dependencia rural de Cotaxtla (Skoglund et al. 2006, 542-543; Garraty y Ohnersorgen 2009, 109 y 123). Con la adopción posterior de los ‘estilos aztecas’, emergió un mecanismo de expresión del estatus que pudo haber provocado la supresión de prácticas e instituciones elitistas ‘preimperiales’. De este modo, se promovió «la cooptación imperial de élites locales o los deseos de líderes para afiliarse ellos mismos con las tradiciones imperiales» (Garraty y Ohnersorgen 2009, 116). No obstante, el caso de Cotaxtla resulta más complejo, pues implicó una mayor presencia física y una ocupación territorial, más que un proceso de cooptación. En este sentido, «la cerámica pudo haber sido un símbolo de gobierno imperial en Cotaxtla, pero no un medio para expresar la afiliación de los nativos» (118). En consecuencia, es posible que los alfareros se hayan reubicado en Callejón del Horno con el objetivo de aprovechar nuevas oportunidades de mercado (125).
Los materiales arqueológicos de Quauhtochco
Aproximadamente a 30 km al este de Cotaxtla se localizan los ves-
• 63 En el sitio Callejón del Horno, Stark y Garraty documentan la presencia de moldes destinados a la elaboración de sahumadores Texcoco Moldeado y vasijas Fondo Sellado; además, se identifican indicadores diagnósticos de producción de artefactos de obsidiana, así como altas concentraciones de comales (Garraty y Ohnersorgen 2009, 124). Por su parte, en El Sauce también se registran tipos cerámicos del Altiplano, y al menos 85 fragmentos —de una muestra total de 4,510— corresponden al tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado (Ossa 2011, 143).
tigios de la antigua población de Quauhtochco, la cual parece haber experimentado una ocupación territorial por parte de la Triple Alianza. De acuerdo con las fuentes documentales, la conquista de esta localidad fue anterior a la de Cotaxtla, por lo que es posible que la afectación a esta última derivara del interés por expandir el dominio desde un territorio previamente conquistado. En el Códice Mendoza se registra la primera referencia de conquista del lugar, atribuida al gobernante Moctezuma Ilhuicamina (Berdan y Anawalt 1992, 8r).
Prácticamente el único estudio arqueológico del sitio arqueológico de Quauhtochco fue realizado por Medellín a mediados del siglo xx. Durante su visita tuvo oportunidad de observar, casi en su totalidad, el templo del basamento piramidal principal, quizá de manera similar a cómo lo contempló Dupaix a principios del siglo xix (figura 19, inciso a). En este contexto, Medellín (1952) contabilizó 3,058 ‘espigas’ arquitectónicas elaboradas en barro y piedra, dispuestas ordenadamente dentro de paneles rectangulares alrededor de la fachada del templo (38). El autor sostiene que esta decoración con ‘espigas’ en el edificio principal simboliza estrellas y la relaciona con el templo de Huitzilopochtli (38). Para sustentar su argumento, recurre a la obra de Ixtlilxóchitl, quien afirma que en Texcoco se mandó a construir un templo que era por la parte de afuera matizado de negro y estrellado, y por la parte interior estaba todo engastado en oro, pedrería y plumas preciosas, colocándolo al dios referido y no conocido ni visto hasta entonces, sin ninguna estatua ni para formar su figura. ([1640] 1985, 127)
El tipo de decoración arquitectural descrita por Ixtlilxóchitl coincide, sin duda, con la misma de maquetas y documentos pictográficos en los que se muestra la fachada del espacio sagrado de Huitzilopochtli en el Templo Mayor (figura 16, incisos b-e). Su empleo en provincias ocupadas territorialmente pudo estar vinculado, en consecuencia, a su culto o imposición como deidad suprema, sin que fuera necesaria una representación suya como tal. De acuerdo con
Figura 19. Basamento piramidal de Quauhtochco publicado por Dupaix (a) (López 2011, 82); almena de barro hallada en Quauhtochco (Medellín 1952, 40).
Medellín, el hallazgo de almenas de barro (figura 19, inciso b) constituye otra evidencia que respalda esta idea. Además, Medellín señala un alto porcentaje de tiestos de filiación mexica (5.22 % de Azteca III Negro sobre Anaranjado) y texcocana (15.5 % de Sahumadores), así como la presencia de cerámica Aztecoide (figura 20), que alcanza una proporción cercana al 9.9 % (1952, 55 y 81; 1960, 142-143). En relación con este último tipo —el cual es una imitación de Azteca III Negro sobre Anaranjado—, el autor comenta:
Se observa en algunos fragmentos, que el baño naranja puesto al barro café-rojizo local, para imitar el color del barro azteca, es el mismo que le ponen al ‘fondo sellado’; las líneas paralelas quieren imitar el fino trazo azteca, pero resulta ser a veces las bandas negras del ‘fondo sellado’; la decoración pintada en el fondo, dibuja los motivos sellados de su cerámica regional; y aún más, algunos fragmentos tienen el fondo sellado. Aquí se ve un hibridismo muy claro, en el que ni se asimila completamente lo nuevo, ni se desechan las formas tradicionales de manufactura. (1952, 57)
Figura 20. Vasijas de imitación Azteca III Negro sobre Anaranjado procedentes de Quauhtochco (a, b). Nótese el escaso dominio en la ejecución de las líneas paralelas de los bordes (c, d). Museo de Antropología de Xalapa.
Figura 21. Vasija del tipo cerámico Fondo Sellado, con las características líneas en guinda, negro y naranja. Museo de Antropología de Xalapa.
En este sentido, resulta evidente la relación entre las cerámicas Fondo Sellado (figura 21) y Azteca III Negro sobre Anaranjado, establecida a partir del intento de producir la loza de los grupos invasores. El alfarero, a modo de bricoleur64, no logró producir tal cual el tipo extranjero, sino que lo manufacturó con base en sus conoci-
• 64 El significado de la palabra alude a un ser humano con una habilidad de producción propia —sin dejar de considerar los factores sociales—, que articula sus saberes y se adapta en función de las circunstancias.
mientos previos, utilizando arcilla local y recubriendo las superficies con una pintura característica de la región: el Fondo Sellado65. Esta emulación carente de perfeccionismo demuestra que el consumidor final no era una autoridad mexica, sino posiblemente un sector de la nobleza local de menor estatus y, por ende, con derecho al uso de utensilios de calidad inferior. Asimismo, se desecha su utilidad estrictamente doméstica, puesto que, como se comentará más adelante, es muy probable que estas piezas se emplearan en ceremonias de gran amplitud.
Entre los elementos cerámicos más relevantes reportados por Medellín (1952, 66), se encuentra un molde para sahumadores del tipo Rojo Texcoco66. No obstante, se trata de un fragmento de molde del Texcoco Moldeado, empleado para quemar copal y otros componentes durante ceremonias rituales. Esta evidencia vincula directamente los fenómenos sociales de al menos dos provincias con ocupación territorial mexica —Cuetlaxtlan y Quauhtochco—, sin descartar la posibilidad de que otras los hayan reproducido también, lo cual se reflejaría en un comportamiento similar de la cultura material. En lo que concierne a las figurillas encontradas en Quauhtochco, destaca Tláloc como la deidad más representada67; algunas
• 65 El tipo cerámico Fondo Sellado se caracteriza por su manufactura en moldes, los cuales permitieron la impresión de diseños geométricos, que, en ocasiones, cumplieron la función de molienda. La coloración de la arcilla va de café rojizo a un rojo más definido, cuyas paredes interiores están decoradas en naranja, negro y guinda, dispuesta con bandas internas paralelas. Este tipo cerámico es característico de grupos popolocas y mixtecos de Cuetlaxtlan y Quauhtochco durante el Posclásico Tardío (Medellín 1960, 139-140).
• 66 La cerámica Rojo Bruñida —o Rojo Texcoco, como se denomina comúnmente—, es un tipo cerámico de pasta compacta y grano fino, de cocción regular. En la superficie presenta un engobe con variantes de color rojo a guinda en el exterior y, en ocasiones, café en la parte interior. La decoración tiene combinaciones bícromas de rojo y negro, blanco y guinda, polícromo negro, blanco y rojo con variación a naranja. Ocasionalmente, se observa esgrafiado o incisiones en el contorno de los motivos, o bien, decoración al negativo. Generalmente, los motivos se disponen al exterior y consisten, en el caso del bícromo, en líneas radiales horizontales bajo el labio sobre la base de entre 1 y 4 mm, acompañadas de líneas verticales o diagonales con extremo en gancho o espiral. En el polícromo «se observan motivos ondulantes, puntos, triángulos, grecas, ganchos en forma de ‘S’ y cuadros en forma de ajedrez, los cuales se encuentran sobre bandas horizontales o entrelazadas alrededor del cuerpo, rematados por caracoles cortados» (García y Coronel 2007, 271).
• 67 En el sitio, Tláloc se caracteriza por portar un tocado sujeto con un mecate y dos bandas anchas a los lados de la cabeza (Medellín 1952, 69). Con base en lo señalado por Medellín, se infiere que se trata de figurillas con atributos claramente vinculados a Chicomecóatl, contraparte de Tláloc, cuyo rasgo distintivo es un tocado rectangular denominado amacalli, similar en composición al descrito para Tláloc.
tienen atributos de Xochiquetzal68, mientras que otras muestran collares de maíz y chiles, así como tocados con frutas (69-70), elementos característicos de la diosa de los mantenimientos. Asimismo, al menos una escultura de basalto de la diosa Chicomecóatl procede de este sitio (figura 22). Las evidencias de imposición de cultos resultan claras y respaldan la hipótesis de la intensificación de rituales a deidades mexicas de los mantenimientos en las provincias sujetas, en consonancia con las festividades vinculadas a la extracción de tributos.
Aunque Medellín no analiza detalladamente la distribución de la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado en Quauhtochco, sí señala su elevada concentración en un área denominada la ‘cala del barbecho’ (292 fragmentos, equivalentes al 9.98 %). En esta misma área se registra también una alta frecuencia de Comales (220 fragmentos, 7.52 %), así como de materiales del tipo Café Claro Rojizo Delgado (1,104 fragmentos, 37.75 %) y cerámica Rojiza Burda Arenosa (677 fragmentos, 23.17 %) (Medellín 1952, 80-81). De acuerdo con el investigador (67), las formas correspondientes al tipo Café Claro Rojizo Delgado incluyen principalmente cajetes, vasos globulares y copas, es decir, vajilla de servicio destinada a comensales y posiblemente de utilidad religiosa. Ello se sustenta en que algunas de las copas, durante el Posclásico, solían decorarse con policromía de temática sacra. En cuanto a la cerámica Rojiza Burda Arenosa, la situación es idéntica, porque tuvo un uso doméstico y ceremonial69 (59), consistiendo sus formas en grandes ollas, apaxtles de tamaño considerable en forma de huéhuetl, braseros ceremoniales, vasijas decoradas con mazorcas de maíz y frutos de molde (59-63).
Si se evalúan estos elementos a la luz de las propuestas de Ohnersorgen y de las teorías relativas a las acciones rituales, es muy
• 68 Resulta llamativo, sin embargo, que las figurillas de esta deidad y de Xilonen sean muy frecuentes en la región poblano-tlaxcalteca —principalmente en Huexotzingo, Tepexi y Tehuacán—, mientras que las representaciones de Tláloc sean comunes en la zona de Acatzingo-Tepeaca (Castillo 2007, 140 y 148). Esta distribución podría explicarse por el estrecho contacto que dichas poblaciones mantuvieron con pueblos de la costa del Golfo, como lo documentan las fuentes escritas, o bien por la participación en celebraciones de carácter panmesoamericano. En cualquier caso, la ausencia de publicaciones sobre este tipo de figurillas, así como de los resultados de sus respectivos análisis de laboratorio, impide realizar observaciones comparativas a partir de su comparación y contraste.
• 69 Medellín (1952, 60) reporta la excavación de un área correspondiente al basurero de un templo.
Figura 22. Escultura de Chicomecóatl procedente de Quauhtochco. Museo de Antropología de Xalapa.
posible que la zona donde se hizo esta excavación haya tenido también, en algún momento del pasado, eventos festivos de corte elitista (evidenciados por la presencia de cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado). Asimismo, dichos eventos habrían implicado la producción y distribución masiva de alimentos (Comales), en un entorno donde confluyeron prácticas domésticas y rituales de manera simultánea, como lo indican los tipos café Café Claro Rojizo Delgado y Rojiza Burda Arenosa. Es decir, se trataría de rituales que probablemente involucraron tanto a grupos dominantes como dominados, mediante la imposición de rituales propios y la participación forzada de poblaciones locales. En este sentido, puede afirmarse con fundamento que la asociación de estos materiales arqueológicos en el contexto de Quauhtochco constituye evidencia de parafernalia ritual mexica manifestada en rituales públicos.
Otra área de estudio en Quauhtochco es la zona denominada ‘Trinchera del Muro’, donde se observa otro tipo de comportamiento que, por demás distinto, no es menos interesante al anterior. En este sector se recuperaron 139 fragmentos del tipo cerámico Aztecoide (19.27 %) y 202 fragmentos de sahumadores (28.01 %), proporción solo equiparada por el tipo Fondo Sellado, representado por 144 fragmentos, equivalente a un 19.97 % del total (Medellín 1952, 79-80). Se trata de un área en la que algunas piezas intentaron emular las piezas de las élites (Aztecoide), mientras que una parte considerable estuvo asociada a acciones performativas rituales (Sahumadores)70. Las demás cumplieron con el ámbito ritual y doméstico por igual (Fondo Sellado), debido a que fragmentos y piezas completas revelan su uso para la molienda en tanto otras no (45). Es probable que el área de la ‘Trinchera del Muro’ haya sido utilizada para rituales locales, debido principalmente a la emulación del tipo cerámico Azteca III Negro sobre Anaranjado, a la notable presencia de sahumadores Texcoco Moldeado de manufactura local y al uso de cerámica Fondo Sellado. Sin embargo, el hecho de que se trate de una emulación de componentes foráneos sugiere una interacción entre grupos dominados y dominantes a escala lo -
• 70 Aunque Medellín no lo señala de manera específica, se trata de objetos del tipo Texcoco Moldeado.
cal, cuyo acceso a la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado parece haber estado restringido.
En consecuencia, puede afirmarse que la provincia de Quauhtochco, mencionada en fuentes documentales del siglo xvi como territorio ocupado, presenta un comportamiento en sus materiales arqueológicos similar al de Cotaxtla. La comparación entre estas evidencias sugiere la existencia de imposición de nuevas conductas culturales hacia fines del Posclásico, relacionadas al conjunto de creencias y prácticas propias de los gobernantes instaurados en estas localidades, es decir, de los grupos dominantes mexicas.
Los materiales arqueológicos de Totogal
En los últimos años, Marcie L. Venter ha centrado sus estudios en la zona costera sur del estado de Veracruz, particularmente en Totogal, localizado a 5 km al suroeste de Santiago Tuxtla (figura 23).
En este sitio, al menos 18 de las 25 hectáreas que lo conforman han sido exploradas (Venter et al. 2006, 768), y en 2004 se realizaron excavaciones en 26 m2 durante una temporada de campo de seis meses (Venter 2012, 239). Los principales objetivos de estos trabajos fueron afinar la cronología del Posclásico en la región y comprender con mayor amplitud las interacciones locales entre los ‘aztecas’ y la población de Toztlan (239). Como evidencia, se recuperaron 27,000 fragmentos de cerámica, 458 fragmentos de artefactos líticos71 y 11,412 gramos de arcilla quemada (Venter et al. 2006, 768).
Una de las particularidades más relevantes de Totogal es que se trata de un poblado habitado desde el periodo Clásico Medio, durante la fase Santiago B (550-650 d. C.), cuyo crecimiento poblacional se quintuplicó hacia el Posclásico Tardío, en la Fase Totogal (1250-1520 d. C.). Este incremento se evidencia por el aumento de cantidades recuperadas de cerámica y obsidiana (Venter 2012, 240).
A partir de la observación de los materiales arqueológicos y de las
• 71 Cerca del 50 % son de obsidiana verde (Venter et al. 2006, 775), la cual presenta un incremento que va del 12 al 42 % entre las fases Vigía y Totogal, es decir, entre el Posclásico Temprano y el Posclásico Tardío (Venter 2012, 245).
referencias en documentos etnohistóricos, Venter (2006, 768) planteó la posible identificación de Totogal con la antigua provincia de Toztlan, hipótesis que ha sido confirmada posteriormente mediante inferencias derivadas de análisis más recientes (Venter 2012, 236).
Al examinar los materiales arqueológicos de Totogal, Venter parte de dos propuestas opuestas pero complementarias. Por un lado, la de Ohnersorgen, según la cual la presencia total de elementos arqueológicos procedentes de la cuenca de México podría implicar una forma más directa de ‘imperialismo’ sobre una provincia. Por otro, la de Skoglund et al. (2006), quienes sugieren que, cuando estos componentes se presentan en proporciones menores, puede tratarse de objetos de uso exclusivo para ceremonias, lo cual se explica por una intervención menos incidente (Venter 2012, 242)72. Partiendo de las intromisiones del ‘imperio’ en provincias foráneas, Venter identifica los siguientes indicios: disminución del nivel de
• 72 Por su parte, Venter sostiene la posible presencia física de colonos del Altiplano en Totogal, así como la imposición de ciertos estilos. (Comunicación personal, 18 de diciembre de 2014).
Figura 23. Ubicación del sitio arqueológico de Totogal, escala 1:500000. Elaborado a partir de QGIS.
vida de la población local debido al incremento de la producción tributaria; aumento de festividades asociadas con alianzas estratégicas entre élites; existencia de templos y esculturas de estilo imperial; vajilla de servicio del tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado; vajilla ritual Texcoco Moldeado; maquetas templo; figurillas planas y de molde (242). Resultan particularmente significativas las evidencias del aumento de celebraciones, pues respaldan una de las hipótesis de esta investigación, según la cual las festividades se intensificaron como forma de demostración del poder de la Triple Alianza en las localidades, cuando se realizaban las canalizaciones de tributos hacia México-Tenochtitlan.
En Totogal, el símbolo indiscutible de la presencia ‘imperial’ lo constituyen los sahumadores Texcoco Moldeado (figura 24), procedentes del extremo sur de la región y también documentados en Tilzapote y Agaltepec. La recuperación de moldes para elaborar estos objetos implica una producción local, hipótesis que se ve corroborada por el tipo de pastas y desgrasantes expuestos en los fragmentos de estas piezas (Venter et al. 2006, 769, 773 y 775; Venter 2012, 242). De manera general, Venter (2012) hace notar que los sahumadores Texcoco Moldeado se asocian con vajillas de servicio locales, en particular con las pertenecientes al tipo cerámico Totogal Grabado, como se observa en el siguiente pasaje:
La asociación de ambos tipos de objetos cerámicos con partes cívico-ceremoniales o residencias de elite sugieren que las celebraciones sostenidas por la elite incluyeron el quemado ritual de incienso y el festejo… [los] sahumadores Texcoco Moldeado y las vajillas de servicio Totogal Grabado también se encuentran en contextos residenciales asociados con miembros sociales no elitistas, pero en mucha menor frecuencia. (Venter 2012, 245)
Figura 24. Fragmentos de sahumadores del tipo cerámico Texcoco Moldeado recuperados en Totogal. Redibujado digitalmente a partir de Venter et al. (2006, 773).
No obstante, de acuerdo con los resultados de las investigaciones de campo de Venter, este tipo foráneo presenta una distribución sumamente restringida: «La selección elitista de sahumadores Texcoco Moldeado en Totogal refuerza la noción de que estos objetos fueron usados para comunicar las relaciones políticas y sociales y no solamente las económicas [dadas por el tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado] (Venter 2012, 246)». En este sentido, Totogal y los sitios cercanos mencionados previamente pudieron haber mantenido convivencias distintas a las observadas en otras provincias ocupadas territorialmente. La existencia o ausencia de los tipos cerámicos Texcoco Moldeado y Azteca III Negro sobre Anaranjado constituye un punto clave en la comprensión de las relaciones entre grupos dominantes foráneos y locales y el común de la población (245). Los beneficios de la aceptación de tipos cerámicos propios de las sociedades conquistadoras, por su parte, pudieron haber incluido la invitación a ceremonias y el acceso a mercancías exóticas de las tierras altas, tales como la obsidiana verde (246). De hecho, el hallazgo de fragmentos de sahumadores en Agaltepec, una de las islas de la laguna de Catemaco, puede ser un referente simbólico del islote de
México-Tenochtitlan y, posiblemente, como un espacio sagrado destinado a los grupos dominantes de filiación mexica instaurados en los alrededores.
A pesar del comportamiento material distinto al de otros asentamientos dominados por la Triple Alianza, como Cotaxtla y Quauhtochco, Totogal muestra una presencia importante de elementos cerámicos foráneos, particularmente del Texcoco Moldeado. El hecho de encontrarlo asociado, sin embargo, con vajillas de servicio local del tipo Totogal Grabado, puede sugerir —como en casos anteriores— que se desenvolvió en un ámbito donde se involucraron rituales y festejos. En dichos espacios habrían participado tanto grupos dominantes como dominados, puesto que los hallazgos de ambos tipos cerámicos ocurren en sus contextos residenciales correspondientes.
En función de estas observaciones, puede sugerirse que cualquier función desempeñada por los dirigentes alóctonos del Altiplano en las sociedades conquistadas contempló el ejercicio ritual como un medio para alcanzar a todos los miembros de una localidad. Es decir, de una manera u otra, los grupos dominantes de la Triple Alianza intentaron de manera constante someter ideológicamente a una escala generalizada. Esto se muestra incluso en sus declaraciones de guerra en las provincias, al hacer diversas exhorataciones: los mexicas se dirigían a los ancianos, los texcocanos a los gobernantes y a la nobleza, y los tlacopanecas a los guerreros (Ixtlilxóchitl [1640] 1985, 103-104).
Las provincias sumisas del Totonacapan
Para comprender la actitud de las localidades del Totonacapan hacia las provincias de la Triple Alianza, resulta necesario analizar su contexto histórico, principalmente en relación con los pueblos tének del norte, los primeros en verse afectados por las acciones militaristas del Altiplano en la costa del Golfo. Sin duda
repercutió en la postura de gobernantes de provincias cercanas73, y con el fin de lograr una mayor incidencia, el dirigente mexica se valió también de un recurso muy importante: el miedo. De este modo, se hizo participar a cautivos en ‘sacrificios gladiatorios’ durante la veintena de Tlacaxipehualiztli74, en presencia de autoridades locales de poblaciones cercanas a las afectadas —en particular de Tzicoac y Cotaxtla—, entre ellas las de Cempoala y Quiahuiztlan75.
Tras las primeras incursiones en la Huaxteca meridional, los mexicas se aventuran a la solicitud de tributos de manera pacífica a provincias del centro y centro-sur de Veracruz, entre ellas, Cempoala y Cotaxtla (Alvarado [1609] 1998, 150); sin embargo, los mensajeros fueron ejecutados por consejo de tlaxcaltecas. Tal evento pudo haber ocurrido en 1458 y, posteriormente, hubo una petición de tributos en 1461 (Quiñones 1995, 33v). Cabe mencionar que Cempoala no figura en la lista de pueblos aliados con Cotaxtla y Ahuilizapan para enfrentarse con la Triple Alianza. Ello puede explicarse porque el impacto de la conquista de las provincias tének debió influir con mayor intensidad en el gobernante de Cempoala, especialmente si se considera su existencia durante el sacrificio de guerreros tének en México-Tenochtitlan, los cuales tenían fama de belicosos (Ixtlilxóchitl [1640] 1985, 109). Esta ceremonia habría propiciado, tentativamente, un sometimiento pacífico por parte de la provincia de Cempoala, lo que hizo innecesaria la ejecución de acciones militares por parte de la Triple Alianza.
Aunque Quiahuiztlan y Cempoala no representaron un problema para los intereses mexicas, ocasionalmente eran convocados a participar en festividades. Cuando Axayácatl conquistó Xiquipilco
• 73 Debe recordarse que las provincias tének gozaron de una reputación destacada en el ámbito bélico debido a su gran destreza militar. En este contexto, el sacrificio de guerreros procedentes de dicha región transmitía un mensaje claro a los grupos dominantes de provincias cercanas: incluso las poblaciones más belicosas de la costa del Golfo eran incapaces de resistir a las huestes militaristas del Altiplano.
• 74 Durán ([1579] 1975, 224) menciona el mandato de Moctezuma para la elaboración del temalácatl, cuyo estreno tuvo lugar en el año 1458 (Chimalpáhin [1637] 1998, 259). Resulta pertinente señalar que esta fecha se relaciona con la petición de objetos de alto valor de uso a Tzicoac (Quiñones 1995, 33r).
• 75 Para una mejor comprensión del sentido político de esta festividad, se recomienda consultar trabajos previos (Márquez 2009, 47-71; 2015, 163-169).
y otros poblados de la región matlatzinca hacia 1478 (Chimalpáhin [1637] 1998, 271; Quiñones 1995, 37v), se extendió una invitación a Tleuitzilin y Quetzlayotl, gobernantes de Cempoala y Quiahuiztlan, para asistir a un ritual de Tlacaxipehualiztli (Durán [1579] 1975, 331-332; Alvarado [1609] 1998, 222-223). A través de los presentes entregados, Axayácatl reconoció la sujeción de estos pueblos y los exhortó a mantenerse en calma y obediencia (Durán [1579] 1975, 335-336). Con ello, resulta evidente el sometimiento ‘pacífico’ al que fueron obligados, con el fin de evitar que sus localidades enfrentaran el mismo tipo de sacrificios humanos. Esta actitud de sumisión persistió incluso años después, con la llegada de los españoles, quienes observaron que los pobladores totonacos temían a Moctezuma Xocoyotzin, debido a guerras ocurridas anteriormente76 (Díaz del Castillo [1632] 1983, 181). De manera significativa, no existen registros de que Cempoala o Quiahuiztlan hayan mantenido una actitud reacia frente a la expansión de la Triple Alianza. Por el contrario, el cacique gordo, mandatario de Cempoala, se quejaba no solo de las presiones tributarias excesivas, sino también de la frecuente solicitud de esclavos para el sacrificio, del abuso sexual de sus mujeres, destrucción de sementeras y de los asaltos a comerciantes (77-83).
La excepción en las relaciones entre las provincias dominantes (la Triple Alianza)y las dominadas (Cempoala y Quiahuiztlan), parece gestarse a partir del gobierno de Moctezuma Xocoyotzin, quien excede la incidencia de la sujeción y ‘tiraniza’ a las poblaciones totonacas (Ixtlilxóchitl [1640] 1985, 203). Con esto, se observa la utilidad práctica de estas localidades: en un primer momento sirvieron a los intereses expansionistas de los mexicas, pero una vez consolidado su poder, los vínculos armoniosos dejaron de tener sentido (Márquez 2009, 91), lo que condujo al menosprecio de las relaciones diplomáticas mantenidas hasta entonces. Al carecer de rebeliones documentadas, fortalezas u otros elementos materiales que lo demuestren, Cempoala y Quiahuiztlan debieron sufrir una mínima pero sólida presencia mexica y por ende, haber requerido de un menor esfuerzo
• 76 Al parecer, había además una presión tributaria más fuerte y exagerada sobre las provincias del Totonacapan (Ixtlilxóchitl [1640] 1984, 192).
administrativo para el área. Esta situación incluso pudo generar ciertos beneficios mientras se mantuvieron como aliados (Ohnersorgen 2006, 26), lo que explica la escasa representación de la cerámica del Altiplano en Cempoala (Hernández 1995, 100). Los mínimos esfuerzos requeridos para la administración parecen demostrarse por el mandato del cacique gordo, quien era nativo de la zona, es decir, se le había respetado su derecho al gobierno local de Cempoala. Con esto, se puede deducir que una menor resistencia al dominio mexica, implicó una menor presencia administrativa y colonizadora, ante lo cual los materiales arqueológicos también tienen respuesta.
Esta conducta sumisa transgrede a los casos particulares aquí abordados, siendo posible que otros pueblos de los alrededores hayan tenido comportamientos similares. Solo así se explica la nula o escasa presencia de cerámicas del Altiplano en estos lugares y en otros contemporáneos de la misma región, como el Cerro de Moctezuma en el municipio de Alto Lucero de Gutiérrez Barrios, donde los tipos totonacos Quiahuiztlan II y Tres Picos II son característicos (figura 25) y es inexistente la presencia de materiales propios de sociedades del Altiplano. Sin embargo, es notable que aquí se hayan encontrado representaciones del dios Macuilxóchitl elaboradas en basalto (Márquez 2012b, 62). Considerando la asociación de estas esculturas con casas de nobles, de acuerdo con las investigaciones de Ohnersorgen, es posible que el contexto donde estas fueron encontradas —principalmente entre las piedras de algunos cercos— delimiten espacios propios de grupos mexicas establecidos en estas áreas. Con ello, es posible que sí haya existido algún tipo de ocupación territorial menor dentro de Cerro de Moctezuma, principalmente, por parte de calpixques del Altiplano, como en el caso de otras provincias.
En el municipio de Actopan también se localizan evidencias de una zona cívico-ceremonial asentada en la cima del cerro de Otates (Cerro Montoso). En una de las laderas de esta elevación se conserva parte de una muralla situada sobre un acantilado de varios metros de altura (figura 26), la cual pudo haber funcionado como área de resguardo del espacio sagrado local, puesto que en sus inmediaciones se encuentra parte de un basamento piramidal. A través
cos del Período Posclásico Tardío. Cerro de Moctezuma (Alto Lucero de Gutiérrez Barrios).
de un angosto sendero que recorre la ladera del cerro se accede a un monumento que parece haber estado destinado a la ejecución de sacrificios humanos. Sus dimensiones y las oquedades ubicadas en uno de sus extremos coinciden con las proporciones de una cabeza humana; asimismo, presenta una pequeña área excavada en la zona superior derecha, en la que cabe perfectamente un infante de aproximadamente tres años, con la correspondiente oquedad para la cabeza. La roca mide alrededor de 2.2 m de largo, 1.5 m de ancho y 1.2 m de alto (figura 26), y presenta diversos grabados, entre los que destaca un patolli. Además, la pieza cuenta con varias acanaladuras y perforaciones, tres de las cuales pudieron haber servido para la reali-
Figura 25. Tipos cerámicos Rojo sobre Naranja, Quiahuiztlan II y Tres Picos II, característi-
Figura 26. Parte de la muralla sobre el cantil del cerro de la capilla (izquierda) y piedra con posible función de sacrificios por degollamiento o decapitación (derecha). Otates (Cerro Montoso).
zación de actos de degollamiento o decapitación77, tanto de adultos como de infantes, de acuerdo con sus dimensiones. En toda el área se han localizado fragmentos de cerámica, entre los que destacan los tipos totonacos característicos del Posclásico Tardío: Isla de Sacrificios II, Tres Picos II y Polícromo Totonaca (figura 27). Sin embargo, en superficie no se observaron otros que pudieran relacionarse con materiales característicos del Altiplano.
A pesar del desconocimiento de hallazgos de esculturas en Otates, no se puede negar que las evidencias encontradas tienen relación con actividades específicas, que en su momento involucraron el culto a númenes. Así, por ejemplo, el degollamiento o decapitación caracteriza celebraciones de la fertilidad, como la fiesta de la diosa mexica Chicomecóatl, durante la veintena Ochpaniztli. Por su parte, el patolli, representado en la pieza mencionada (figura 28), era uno de los juegos típicos de los antiguos mesoamericanos, y de acuerdo con fuentes como el Códice Magliabecchiano, se invocaba al dios Macuilxóchitl para obtener la victoria.
En la zona centro-norte del Totonacapan, se identifican otros puntos de interés donde se reportan evidencias de orden ideológico.
En los acantilados de la cabecera municipal de Tlaltetela, por ejemplo, se localiza un panel rocoso de aproximadamente 25 m de largo y 5 m de altura, en el cual resaltan los petroglifos de elementos vinculados con el agua. Entre las imágenes se reconoce una imagen de la diosa Chicomecóatl, identificada por una variante local del tocado amacalli (figura 29), ligeramente distinto a los de representaciones mexicas por carecer de base cuadrada: las tiras de papel emergen de una especie de nudo enredado en la cabeza del personaje. Es sumamente difícil definir aquí un estilo, filiación étnica o temporalidad por la falta de investigaciones en el área, y además, considerando la ausencia de otros materiales arqueológicos que permitan realizar alguna inferencia más o menos aproximada, no obstante, su presencia es sumamente importante para este estudio.
• 77 Entre los totonacas de la Sierra Norte de Puebla, las figurillas arqueológicas decapitadas son consideradas representaciones del dios del agua (Ichon 1973, 224). La decapitación, por lo tanto, estaría asociada con esta deidad. Esta característica alude a la liberación de fuerzas frías en la naturaleza mediante un proceso de magia simpática, en el cual se requiere un sacrificio humano para retirar lo caliente del cuerpo: la cabeza.
27. Tipos Isla de Sacrificios II, Tres Picos II y Polícromo Totonaca, característicos del Período Posclásico Tardío. Otates (Cerro Montoso).
Figura 28. Patolli tallado encima de la piedra de sacrificios de Otates (Cerro Montoso) (a); y Macuilxóchitl como patrón de los jugadores de patolli (b) (Loubat 1904, f60r).
La presencia de sociedades de
la Triple Alianza en la Huaxteca
meridional
Como se señaló en el capítulo anterior, la conducta material de las evidencias arqueológicas de los sitios de Cuetlaxtlan, Quauhtochco y Totogal permite plantear nuevas explicaciones en torno a la situación de poblaciones conquistadas y ocupadas territorialmente por las sociedades de la Triple Alianza. El tipo de dominio de estas provincias varía de manera significativa según la presencia o ausencia de
Figura
Figura 29. Representación alusiva a la diosa Chicomecóatl, identificada por una variante local del tocado amacalli. Panel rocoso de Tlaltetela. Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2015a, 94).
materiales —entendidas como indicadores—, no solo a nivel sitio, sino también dentro de las áreas ocupadas en cada asentamiento. En aquellas localidades donde la incidencia de las poblaciones procedentes del Altiplano fue mayor, más allá de la evidencia de celebración de cultos, destaca su inserción estratégica en espacios asociados con grupos de poder. Es decir, las provincias ocupadas tendrán evidencia de modificaciones arquitectónicas en sus basamentos piramidales principa-
les, pero también manifestarán la presencia de barrios con población procedente del Altiplano, la cual no necesariamente debe ser mexica, texcocana o tlacopaneca.
El conjunto de evidencias documentadas permite comprender la diversidad de estrategias de dominio de la Triple Alianza, lo que pone de manifiesto la dificultad de cualquier intento por generalizar su poder político. No obstante, estas evidencias arqueológicas resultan útiles para establecer comparaciones en otros sitios. Bajo estas condiciones, se expone un panorama general de las provincias de la Huaxteca meridional, con el propósito de analizar aquellos casos en los que las poblaciones de la Triple Alianza tuvieron una incidencia notable. En esta sección, por lo tanto, se someten a contraste las explicaciones ya fundamentadas, pero en relación con otras evidencias materiales. Con esto, hago notar que no estoy guiando mis explicaciones sin crítica, sino por el contrario, mi práctica es la de someter la teoría a la realidad, utilizando como una especie de guía el comportamiento de los materiales arqueológicos de los casos ya analizados.
La Huaxteca meridional
La Huaxteca meridional es una región geográfico-cultural definida inicialmente por Alfonso Medellín Zenil en 1955, en la que, en su delimitación original, incluyó municipios de la sierra veracruzana, como Zontecomatlán, Ilamatlán, Tezcatepec, Huayacocotla, Benito Juárez, Ixhuatlán de Madero, Chicontepec y Santa María Ixcatepec. Sin embargo, es pertinente incorporar también municipios que se extienden hacia la franja costera: Temapache, Castillo de Teayo, Tihuatlán, Cazones y Tuxpan (figura 30). Esta ampliación se justifica por las características tének de los materiales arqueológicos locales, particularmente en la cerámica y la escultura. Asimismo, es probable que la frontera de la Huaxteca meridional se haya extendido hasta Coyutla, Coatzintla, Poza Rica y Papantla. En lo que respecta al estado de Puebla, la región habría abarcado principalmente los municipios de Francisco Z. Mena, Pantepec, Libres, Jalpan, Tlacotepec de
Figura 30. Algunos de los sitios que se tratarán en el texto y la distribución de materiales arqueológicos que presentan78 (Márquez 2015a,103).
Juárez, Tlaxco, Honey, y, probablemente, Naupan, Pahuatlán, Xicotepec y Zihuateutla.
Con el fin de mantener una visión ordenada de las evidencias materiales de grupos culturales en la Huaxteca meridional, el análisis se desarrolla tomando en cuenta la ubicación geográfica de los sitios, de poniente a oriente, siguiendo el orden descrito79. Asimismo, se establece un contraste entre los testimonios de las culturas tének y mexica y, con base en los indicadores arqueológicos establecidos80, determinaré si pudo o no darse una ocupación territorial por parte de la Triple Alianza, a partir de las observaciones de la cerámica y escultura de la región.
• 78 Aunque ciertos materiales suelen vincularse con grupos étnicos específicos, esta asociación no es del todo adecuada para comprender los comportamientos de producción en sociedades pretéritas. El estilo determinado de un objeto tiene relación con cánones culturales aprendidos y no tanto con la genética de un grupo.
• 79 Si bien Stresser-Péan (2011) realizó investigaciones de campo en varios municipios del estado de Puebla, la información que recopiló es principalmente etnográfica. A lo largo de este capítulo se harán algunas alusiones a su obra; sin embargo, debido al interés de este trabajo, no será considerada la Sierra Norte de Puebla, en parte por la escasez de investigaciones arqueológicas realizadas en la región.
• 80 Como se recordará, estos indicadores son los siguientes: cuencos cerámicos Azteca III Negro sobre Anaranjado, sahumadores del tipo Texcoco Compuesto (tanto importados como de manufactura local, de imitación); moldes para la producción de sahumadores Texcoco Compuesto; engobes anaranjados en cerámicas de imitación Aztecoides y su asociación con tipos propios de la zona y con comales; obsidiana verde; clavos arquitectónicos en áreas centrales; maquetas de templos; figurillas de Tláloc, Xochiquetzal y de otras representaciones femeninas con tocados del Altiplano; y esculturas con imaginería mexica, principalmente las de Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl Xochipilli y Xipe Tótec. Para las designaciones tipológicas véase Cervantes y Fournier (1995, 108).
Materiales arqueológicos de Ilamatlán, Tezcatepec y Huayacocotla
Medellín (1955) registró diversos sitios arqueológicos, entre los cuales se encuentra ‘La mina de doña Juana Calva’, en Ilamatlán (figura 31). En este lugar reportó el hallazgo de dos pequeñas ollas globulares de arcilla crema con huesos calcinados, además de un fragmento de cerámica del tipo Huaxteca Negro sobre Blanco81 (189), marcador inequívocamente tének (figura 32, inciso a). En Tezcatepec hay una zona denominada ‘Pie de la Cuesta’, donde el autor afirma que algunos campesinos hallaron vasijas de uso funerario; entre ellas se encontraba una jarra globular de color bayo con desgrasante fino y superficie bruñida. Otra pieza corresponde a una olla aplanada de cuello alto y recto, bordes salientes y asa plana, elaborada con arcilla blanca y decorada con pintura negra y roja; se trata, por tanto, de un espécimen Huaxteca Negro sobre Blanco. La tercera vasija pertenece al mismo tipo, aunque también tiene pintura blanca y presenta la forma de una codorniz (figura 32, inciso b). Durante sus excavaciones, Medellín también reporta una olla globular con vertedero y asa plana decorada con gajos realzados, a modo de una calabaza, la cual contenía restos de un entierro secundario que fue sometido a cremación (Medellín 1955, 191-195). En Huayacocotla documenta dos esculturas pequeñas procedentes de Tzimintei; una de ellas es la de un personaje masculino con maxtlatl y tocado, en tanto la otra es una máscara de basalto de 12 cm de alto. Debido a sus características, es difícil adjudicarles una filiación étnica, tal como argumenta Medellín (1955, 195).
El comportamiento de los materiales arqueológicos de la zona serrana muestra cierta independencia respecto de la influencia y el dominio de las provincias del Altiplano. Esto quizá se deba tam-
• 81 La cerámica Huaxteca Negro sobre Blanco es típico de los grupos tének del período Posclásico Tardío. Los ejemplares presentan una pasta bien cocida y dura, cuyo color varía del café grisáceo al rojo ladrillo, presentando decoraciones en color blanco oscuro, que a veces tiene algunos matices verdosos. La forma más común en la cual se presenta es la de tazones de bordes curvos, en tanto una gran mayoría de las piezas tiene decoración externa, con diseños pintados en color negro, las cuales suelen presentarse en bandas de anchas líneas horizontales (Ekholm 1944, 364).
Figura 31. Sitios recorridos por Medellín en la Huaxteca meridional (Medellín 1955, 11).
Figura 32. Vasijas tipo Huaxteca Negro sobre Blanco procedentes de ‘La mina de doña Juana Calva’, Ilamatlán (a), y Pie de la Cuesta, Tezcatepec (b). Museo de Antropología de Xalapa82.
• 82 Aunque en las cédulas del Museo de Antropología de Xalapa no se indica el lugar exacto de procedencia, se hicieron varias observaciones entre las descripciones publicadas por Medellín y las piezas exhibidas en el recinto. A partir de una observación minuciosa de los detalles, fue posible determinar si se trataba de los mismos objetos o, en su defecto, de piezas muy similares.
bién, a que las principales regiones de interés para las sociedades de la Triple Alianza estuvieron más cerca de la costa, teniendo mayor importancia porque se podían explotar productos de alto valor de uso y cambio, como las mantas de algodón producidas en las tierras bajas83. A ello se suma la relación directa entre la producción y la generación de excedentes agrícolas.
Materiales arqueológicos de Benito Juárez
Aunque en este municipio parecen existir numerosos sitios arqueológicos, Medellín solo menciona tres. Uno de ellos ubicado en la cabecera municipal, muy cercano al cerro Tamazolinco, donde hay un montículo conformado por tierra y material pétreo, pero sin presencia de materiales cerámicos. El segundo lugar es Mecatipan, donde hay un basamento de cuatro cuerpos troncocónicos, con una rampa de acceso de escalones curvos. Además, existen dos pequeños adoratorios: uno construido con lajas recortadas, ubicado sobre un cuerpo cónico truncado y otro de 50 cm de alto, rodeado por columnas de piedra acomodadas. En el cerro Tamazolinco, conocido como ‘Tres Pozos’, destaca un santuario de origen prehispánico donde aún se realizaban actividades rituales hace cincuenta años. Se trata de un basamento piramidal con escalinata orientada hacia el oriente; en su frente se localizan tres pozos con agua, con una profundidad de 50 cm y un diámetro de 80 cm. En este sitio se encontraban dos vasos con la imagen de Tláloc, representado con un tocado de tres picos, elaborados en barro de color rojo y con desgrasante de arena grueso (Medellín 1955, 171-172)84. Pese a la riqueza arqueológica descubierta en Benito Juárez, no hay elementos que permitan definir una relación con cual o tal cultura, debido al inexistente reporte de materiales cerámicos o esculturas. Las imágenes de Tláloc procedentes
• 83 El algodón, cabe señalar, es un producto cultivable solamente en tierras cálidas. Su valor era tan elevado que una tasa de cambio más o menos estable permitía la adquisición de un esclavo a cambio de la entrega de veinte mantas. Ello se debía, en parte, a que la elaboración de productos de algodón requería una fuerza de trabajo que, si bien no era exhaustiva en términos de fuerza física, sí implicaba al menos ochenta días de dedicación al tejido, sin considerar el esfuerzo invertido en el cultivo y la cosecha de la materia prima.
• 84 Desde una perspectiva superficial, resulta poco acertado asignar una temporalidad o filiación étnica a estas piezas sin contar con información adicional sobre otros materiales arqueológicos locales.
del cerro Tamazolinco no pueden considerarse como indicadores en este caso, sin materiales asociados que permitan establecer tal relación de manera inequívoca85.
Materiales arqueológicos de Ixhuatlán de Madero
En Ixhuatlán de Madero existen algunos asentamientos arqueológicos de particular interés, principalmente porque en la zona proliferan evidencias escultóricas que resultan de gran utilidad para los objetivos de esta investigación. En consecuencia, el discurso oficial de las sociedades pretéritas asentadas en este municipio parece más explícito y relativamente más fácil de interpretar. En la comunidad de Reyistla se halló la escultura de un viejito libidinoso86, de 45 cm de alto, elaborada en roca arenisca, similar a otra encontrada en Tecalco. Por su parte, en la localidad de Xochimilco había una capilla católica con una escultura de Tlazoltéotl87 de 40 cm de altura (Medellín 1955, 151-154). Otro de los asentamientos, ubicado en Tlalticpac, presenta numerosos fragmentos de cerámica tének del Posclásico. Estas piezas son, en su mayoría, de pasta fina, con o sin desgrasante, y muestran una variación cromática que va de tonalidades crema, claras a rojizas. Estos mismos tipos fueron documentados por Medellín también en el pueblo de Brasil, donde hay presencia de cerámicas alóctonas, como lo demuestra el hallazgo de
• 85 Es preciso recordar que el antecedente de Tláloc en el Altiplano es el llamado «Dios de las Tormentas» teotihuacano, cuya estilización y elementos presentan diferencias cualitativas respecto de los casos referidos en esta investigación.
• 86 Aunque este nombre es erróneo, debe recordarse que hacia 1955 el vínculo entre este tipo de representaciones con Mam —dios tének del rayo, caracterizado por tener rasgos de vejez, estar encorvado y llevar una especie de bastón en sus manos— aún no se encontraba establecido. En adelante, cuando se haga referencia de estas piezas, se les referirá como Mam, ‘abuelo’, aun cuando los autores originales les adjudiquen otros nombres. La correspondencia entre estas representaciones y el dios Mam se ha establecido a partir del análisis de sus descripciones en la tradición oral tének; este vínculo, además, ha sido propuesto también en los trabajos de Stresser-Péan. Cabe destacar que, en la ideología de los grupos tének, Mam, dios de la lluvia, funge como pareja de Teem, ‘vulva madre’, diosa de la tierra, quien es progenitora de Dhipak, dios del maíz (Márquez 2017, 168-225).
• 87 Al igual que en el caso anterior, se trata de una etiqueta errónea, porque se trata de la diosa Teem, de filiación claramente tének, cuyas representaciones se caracterizan por portar un tocado en forma de resplandor, mostrar el torso desnudo y las manos sobre el vientre. En adelante, a este tipo de esculturas se les llamará Teem, ‘vulva madre’, con el fin de facilitar esta exposición (Márquez 2017, 168-225).
un fragmento de Negro sobre Guinda Pulido, tipo característico del Altiplano (Medellín 1955, 154-155)88.
Otros sitios arqueológicos de la región incluyen Ojital Coayo, donde se registró la escultura de una deidad Mam. Asimismo, en Hueyixtláhuac hay numerosas estructuras arquitectónicas de gran tamaño, en las cuales fueron encontrados fragmentos de cerámica del Posclásico Tardío, predominando el tipo Huaxteca Negro sobre Blanco (Medellín 1955, 155-158). El asentamiento de mayor dimensión, sin embargo, es Cacahuatenco, donde aparentemente coinciden cuatro zonas distintas. En cuanto a sus monumentos, sobresale el hallazgo de dos esculturas de la diosa Teem, elaboradas en roca arenisca. En cambio, esto no implica que en el lugar solo existan piezas de filiación tének, debido a que la población regional incluía también grupos de filiación nahua y totonaca (Márquez 2025)89. En la cabecera municipal de Ixhuatlán de Madero se encontraron diversas esculturas en los alrededores, de las cuales al menos tres son de particular interés. Una corresponde a una representación del dios Mam, elaborada en roca arenisca (Medellín 1955, 165), y la otra es una clara representación de Chicomecóatl que, a juzgar por la fotografía publicada por Medellín, parece estar elaborada en basalto o riolita; es decir, se trata de una pieza importada o bien, manufacturada localmente con material foráneo (figura 33). El tercer vestigio consisten en una máscara funeraria de 15 cm de alto, igualmente hecha en piedra dura, es decir, alóctona. El hallazgo adicional de un fragmento de yugo de granito sugiere una antigüedad que se remonta al periodo Clásico Tardío (Medellín 1955, 169)90. En Pisaflores, el
• 88 Desgraciadamente, en algunos casos Medellín no proporciona detalles sobre las formas a las que pertenecieron dichos fragmentos. Eso no resta importancia a los hallazgos; sin embargo, limita propuestas más sólidas. Por ejemplo, se desconoce si se trata de objetos de uso ritual —que pudieran implicar actos colonizatorios o rituales elitistas alóctonos—, o bien, objetos producto del comercio, como suele argumentarse para los casos de cerámicas del Altiplano en provincias afectadas por conquistas mexicas.
• 89 Hace algunos años se reaunudaron las investigaciones en la zona, a cargo de Luis Sánchez Olvera; no obstante, hasta la fecha no se han publicado estudios relativos a los materiales arqueológicos encontrados. En 2012, se presentó una exposición sobre Cacahuatenco con motivo del xviii Congreso Internacional de Antropología Iberoamericana, celebrado en San Luis Potosí, pero en ella no se hizo referencia a los hallazgos cerámicos o escultóricos.
• 90 Por desgracia, Medellín no publicó imágenes de muchas de las piezas que encontró, lo que actualmente dificulta —cuando no imposibilita— su identificación precisa en los repositorios donde se resguardan.
Figura 33. Representación de la diosa Chicomecóatl procedente de Ixhuatlán de Madero. Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Medellín (1955, 167).
mismo autor registra otro asentamiento y, aunque no publica imágenes de los materiales de la localidad, menciona que Williams localizó un fragmento del tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado, sin precisar la forma de la pieza (169).
Como puede observarse, la distribución de las materiales arqueológicos en las localidades de este municipio corresponden, en su mayoría, a ocupaciones mantenidas durante el periodo Posclásico Tardío. Los dioses predilectos son los típicos de los grupos tének: Mam, dios del rayo y su esposa Teem, diosa de la tierra, cuyas representaciones fueron elaboradas en roca arenisca, material prácticamente universal en la estatuaria de la Huaxteca. En cuanto a los tipos cerámicos, predominan aquellos propios de la región; no obstante, las intrusiones de materiales procedentes del Altiplano comienzan a tener una presencia si bien mínima, no menos importante. Finalmente, cabe destacar el hallazgo de una pieza de culto religioso cuya presencia puede tener sentido político: una pequeña representación de la diosa Chicomecóatl91.
Materiales arqueológicos de Chicontepec
Chicontepec fue, quizá, el municipio más explorado por Medellín, quien hace referencia a materiales arqueológicos procedentes de al menos 17 sitios. De Tecomaxóchitl provienen algunas piezas escultóricas, elaboradas en rocas basálticas y areniscas, entre las cuales se identifican varias diosas Teem. En la zona, también se encuentran piezas de jóvenes desnudos que, a la luz de las asociaciones entre deidades presentes en los mitos huaxtecos, pueden ser representaciones de Dhipak92. En cuanto a la cerámica, Medellín afirma haber
• 91 Existe la posibilidad de que el culto de la diosa tének Teem haya sido desplazado, mediante la imposición ideológica, por el de la diosa mexica Chicomecóatl en asentamientos que tuvieron dominio político o en posible ocupación territorial mexica durante el Posclásico Tardío. No obstante, todo indica que se produjo una entremezcla de ambos cultos en la fiesta de la veintena Ochpaniztli, según se infiere a partir del Códice Borbónico y de la obra de Sahagún.
• 92 Dhipak es el héroe cultural de los grupos tének, también conocido como el niño maíz. En los relatos se menciona que es huérfano y que libra batallas contra diversos enemigos —en particular con su abuela K’olének— para asegurar su supervivencia. Resulta significativo que la vieja K’olének, quien desempeña una función central en los mitos y actúa como personaje antagónico de Dhipak, no parezca haber sido representada en la escultura.
encontrado materiales de barro anaranjado fino con baño metálico, fechables en el Posclásico Temprano, es decir, entre 900 y 1200 d. C. (Medellín 1955, 118-119).
En El Tecomate se localizó una escultura de un dios Mam de roca arenisca, con una altura de 26 cm. En el mismo lugar se halló un fragmento de cerámica de barro crema claro sin desgrasante, de color guinda y sin pulir, el cual se ubica temporalmente al Posclásico Temprano (Medellín 1955, 119). Resulta interesante el hallazgo de una maqueta de templo de barro café rojizo arenoso, decorada con una fachada de ‘clavos’ arquitectónicos o espigas, la cual, según afirma Medellín, es idéntica a otras encontradas por él en Cotaxtla. Este autor propone que dichos acabados se vinculan con la expansión mexica en la zona y, por ende, los sitúa en el Posclásico Tardío, entre el 1200 y 1521 d. C. (Medellín 1955, 125). Estas piezas, como se ha señalado previamente, debieron tener una función específica dentro de ciertos rituales mexicas, de ahí la ampliación de su consumo mediante esferas comerciales a lugares con posible ocupación territorial. En el cerro Tzonamatl se encontró una escultura de Mam, también en roca arenisca y de 26 cm de altura, asociada con un montículo. Asimismo, se documentaron piezas de filiación tének en Sihuatetl o Teocuayo, donde se encontraron tres esculturas fragmentadas de la diosa Teem, hechas igualmente en arenisca, aunque con alturas de hasta 80 cm. Si bien Medellín no asigna una temporalidad definida a estas piezas, es posible que pertenezcan al Posclásico Tardío, principalmente por las asociaciones temporales sugeridas por los hallazgos cerámicos en los alrededores. En Arroyo Seco, o Xoxocatl, se encontraron algunas esculturas en su contexto original, colocadas sobre pequeños montículos; dos de ellas son representaciones de la diosa Teem, elaboradas en roca arenisca (Medellín 1955, 125-128).
Su ubicación en la cúspide de las estructuras remite a la relevancia de esta deidad dentro del panteón tének, particularmente por su asociación con la tierra y la fecundidad desde una visión antropomorfizada.
En La Antigua, Medellín reporta el hallazgo de una escultura de arenisca de 55 cm de altura que parece corresponder al dios de la
muerte tének93, dado que no presenta similitudes claras con el propio de las sociedades del Altiplano, salvo por la presencia de las orejeras curvas, comparables con las de Quetzalcóatl (Medellín 1955, 128). Es posible identificar a esta deidad con Ahjatictamtzemlab, descrito por Ochoa y Gutiérrez (1999, 135) como el dios de los muertos tének. En Tepetzitzala, al oriente del Cerro de Aguacatepec y en una pequeña plaza delimitada por tres montículos, Medellín descubrió dos piezas de arenisca, una de las cuales identifica con la diosa Teem. Aunque el investigador asegura que la otra escultura es masculina (Medellín 1955, 133), no hay elementos para aprobar esta observación, y, considerando el tocado en forma de media luna en la fotografía que muestra, puedo asegurar su identificación con otra deidad Teem.
En Camotipan, se hallaron tres esculturas en dos sitios arqueológicos, todas elaboradas en roca arenisca. Una de ellas es una diosa Teem y mide 55 cm; otra corresponde a un dios Mam, con 30 cm de alto. Respecto de la tercera pieza, Medellín la describe como un personaje masculino desnudo (1955, 133), el cual puede tratarse de una representación de Dhipak, numen del maíz. En Soltepec, los materiales reportados son cerámicos, siendo los más antiguos del Posclásico Temprano; no obstante, predomina una amplia variedad de tipos del Posclásico Tardío, entre los que destacan algunos ejemplares del estilo Huaxteca Negro sobre Blanco (137). En Ichcacuautitla, hay un asentamiento arqueológico con cinco grandes montículos de piedra, donde se encontró el fragmento de una escultura de la diosa Teem, de 50 cm de alto. Resulta relevante el reporte de Medellín sobre la edificación principal, en la que se encontraron cuatro cráneos, así como vértebras y falanges humanas, asociados con «fragmentos de un sahumador de cazuela calada decorada con líneas y puntos en relieve, cubiertos con baño de lechada de cal, iguales a los sahumadores comunes de Cuetlaxtlan, Quauhtochco, Tenochtitlan» (Medellín 1955, 137). Estos detalles permiten constatar que los fragmentos referidos por Medellín pertenecieron a sahumadores del tipo Texcoco
• 93 Las características atribuidas a este dios son la presentación del pecho descarnado, así como de las costillas y el corazón expuestos (Ochoa y Gutiérrez 1999, 136).
Compuesto, lo que vuelve significativa la asociación entre todo el conjunto: un área de posible uso ceremonial, la presencia de una diosa Teem y el uso de sahumadores de la loza Texcoco Bruñida, posiblemente importados. Aunque es muy aventurado hacer una conjetura con base en esta escasa evidencia resalta el hecho de que se encuentren en relación materiales del Altiplano y de grupos tének en un mismo contexto ceremonial94. En el cerro Xochicuatepec se identificó un pequeño pozo prehispánico construido con lajas de roca acomodadas, cerca de una escultura de la diosa Teem. En Tepozteco se reportó el hallazgo de una pieza que representa a un hombre desnudo, junto con materiales cerámicos adscritos al Posclásico Tardío (Medellín 1955, 138).
Los materiales arqueológicos de este municipio se remontan, en su mayoría, al Posclásico Temprano, con una clara continuidad histórica hacia el periodo siguiente. Contrario al comportamiento mostrado en sitios de Ixhuatlán de Madero, las esculturas tének no corresponden exclusivamente a las representaciones de los dioses Mam y Teem, sino que muestran también una tendencia a representar la figura del personaje masculino desnudo, el cual, conforme a los mitos huaxtecos, puede identificarse con Dhipak, el joven dios del maíz, a menudo descrito como huérfano. Por otro lado, los materiales alóctonos típicos de las provincias de la Triple Alianza tienen una mayor presencia, no solo a través de la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado, sino también mediante otros, como las maquetas templo y los sahumadores Texcoco Compuesto. Estos son, de acuerdo con lo explicado en el capítulo anterior, parte de los marcadores de ocupación territorial característicos de las provincias de la zona centro-sur de Veracruz.
Si bien no es posible afirmar una colonización territorial en algunas de las antiguas provincias de esta región, sí resulta plausible cierta existencia de pobladores del Altiplano, probablemente per-
• 94 Esto no resulta extraño si se consideran las asociaciones existentes en la veintena Ochpaniztli, de acuerdo con lo expuesto en el Códice Borbónico. En la escena principal de esta veintena se observa una hilera de hombres de supuesto origen huaxteco, portando falos enormes y dirigiéndose hacia la diosa Tlazoltéotl (Teem), mientras que, en la parte superior de un templo, se representa a Chicomecóatl rodeada de cuatro personajes con atavíos asociados a Tláloc. Hay una confluencia de elementos tének y mexicas en este ritual.
tenecientes a grupos políticamente dominantes. Esto se infiere según la evidencia procedente de Ichcacuautitla, donde en el edificio principal se halló una ofrenda asociada con fragmentos de cerámica de sahumadores del tipo Texcoco Compuesto. Resulta relevante la relación entre estos materiales y el fragmento escultórico de la diosa Teem, procedente de Ichcacuautitla. En este sentido, es probable que durante el Posclásico Tardío se llevaran a cabo rituales, tanto mexicas como tének a nivel local. Sin embargo, es difícil saber si hubo un desprestigio o no de las deidades nativas, porque el hallazgo de la diosa Teem no es suficiente para argumentar o refutar tal hipótesis. La asociación, no obstante, será retomada en su momento, y se ha de trabajar esta interesante veta para comprender el vínculo entre ambos rituales. Eso será logrado con ayuda del análisis de los discursos oficiales en otras zonas, especialmente, Tetzapotitlan.
Materiales arqueológicos de Santa María Ixcatepec
En Palmas Altas se encontraron dos esculturas de filiación tének, cuya vinculación a representaciones de Teem, Mam, Dhipak o Ahjatictamtzemlab resulta compleja debido a la ausencia de carga glífica. Aún así, Medellín (1955, 179) los identifica como representaciones de una deidad solar y una lunar (figura 34, incisos a y b). Otra escultura reportada es una diosa Teem elaborada en roca arenisca de 134 cm de alto (figura 34, inciso c), la cual presenta restos de pintura roja en la boca y parte del tocado. Con base en los materiales cerámicos asociados, la antigüedad de los vestigios de estas piezas se remonta a los periodos Posclásico Temprano y Tardío (Medellín 1955, 180). Como puede observarse, aunque las evidencias registradas por Medellín son escasas, hay una presencia significativa de población tének a partir de los materiales cerámicos y escultóricos encontrados. De igual forma, se advierte la ausencia de utensilios e imaginería alóctona, lo cual no implica necesariamente la inexistencia de población foránea; más bien, dicha carencia podría explicarse por la falta de exploraciones más exhaustivas en la zona.
Figura 34. Representaciones de personajes no identificados, de posible filiación tének (a y b), y representación de una diosa Teem (c) procedentes de Palmas Altas, Santa María Ixcatepec. Museo de Antropología de Xalapa.
Materiales arqueológicos de Temapache
En Tamatoco hay una zona de monumentos que presenta un avanzado estado de deterioro, sobre la cual Medellín no realiza observaciones detalladas95. Sin embargo, reporta una escultura de Mam, elaborada en roca arenisca y con una altura superior a un metro, trasladada por los nativos desde Metlaltoyuca (Medellín 1955, 175). Otra de estas representaciones fue documentada en El Mohuite; mientras que en la comunidad de Piedra Larga se registraron materiales cerámicos del tipo Huaxteca Ne-
• 95 Cabe señalar que, durante la época de visitas realizadas por Gómez Nieto a la Huasteca, se menciona a Temapache como uno de los poblados afectados por el despoblamiento, debido a los abusos cometidos por gente de Garay (Pérez 2001, 36). El abandono de numerosas localidades fue un fenómeno recurrente en la Huaxteca y afectó la densidad de población de manera considerable.
gro sobre Blanco (Medellín 1955, 175). Para el presente estudio, resulta relevante el hallazgo de una imagen del dios Mam procedente de Metlaltoyuca, debido a que se trata de una pieza de filiación tének, procedente de uno de los sitios más significativos de la región. Ello se debe a que en este lugar se libraron las batallas de las provincias de la Huaxteca meridional en contra de las huestes mexicas a mediados del siglo xv, como se observa en el Códice de Xicotepec. En este asentamiento también se han hallado vestigios de filiación mexica, en especial una escultura identificada como imagen de la diosa Chicomecóatl (figura 35, inciso a). A ello se suman dos representaciones de hombres vestidos de serpiente, que guardan una notable correspondencia visual con otras halladas en el Templo Mayor de México-Tenochtitlan (Robles 2007, 235; Márquez 2012b, 39; 2025)96. Lo anterior permite decir, especialmente para el caso de Metlaltoyuca, un patrón similar al propuesto para Tetzapotitlan: la sustitución de deidades nativas tének por otras de origen mexica (Márquez 2014, 65; 2015a; 2015c, 149; 2017, 30-36; 2021c; 2025). Aunque se desconocen los contextos precisos de hallazgo de estas piezas, resulta innegable que tanto Mam como Chicomecóatl, así como los hombres con traje de serpiente, constituyen muestras relevantes de ambas presencias culturales de los grupos dominantes en este lugar.
Otros materiales de filiación mexica
En la Huaxteca meridional, algunos sitios muestran evidencias que testifican la presencia de la ideología mexica, principalmente en las esculturas97. Un ejemplo significativo es un dios del pulque Ometochtli, descubierto en Poza Larga (figura 35, inciso b), en el municipio de Papantla. Debido a que las representaciones de Ometochtli no son comunes en provincias de la costa del Golfo ni otras áreas de Mesoamérica, su presencia plantea interrogantes de considerable relevancia. Esta pieza constituye un testimonio adicional de la instauración de grupos del Altiplano en la zona, ya sea mediante
• 96 Este tipo de piezas han sido identificadas como representaciones de Quetzalcóatl (Robles 2007, 235).
• 97 Ello se debe, en parte, a la falta de interés en el desarrollo de proyectos de investigación en esta región, los cuales permitirían ampliar el conocimiento sobre otros tipo de materiales arqueológicos.
Figura 35. Representación de una diosa Chicomecóatl procedente de Metlaltoyuca (a) Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Ochoa (Ochoa 2005,544); y representación escultórica del dios del pulque Ome Tochtli, hallada en Poza Larga, Papantla (b) (Modificado a partir de Maler ca. 1890a).
guarniciones o verdaderas colonias. En este sentido, es probable que las esculturas de númenes asociadas al pulque en la Huaxteca meridional estén vinculadas con las celebraciones de la fiesta de la veintena mexica Tepeilhuitl, en la que se realizaban sacrificios de cuatro mujeres y un hombre que representaban a estos dioses (Sahagún [1569] 2006, 86 y 134-135)98. Las imágenes de deidades, como se ha señalado, mantienen una relación intrínseca con el mito y el rito, y funcionan como elemento de confluencia de los simpatizantes en un mismo tipo de ceremonia.
• 98 En Tetzapotitlan, además, se ha identificado a Pahtécatl, otro de los dioses del pulque (Márquez 2021e).
La Lápida de la Calzada
En años recientes, investigadores como Graulich y Ochoa han centrado su atención en monumentos de filiación mexica en la Huaxteca meridional. A partir de estos estudios, la percepción sobre los impactos de la Triple Alianza en estas provincias se ha modificado, lo que ha dado lugar al desarrollo de explicaciones más detalladas. En este contexto, Graulich y Ochoa (2003) proponen una clasificación de la escultura en tres categorías: típicamente huaxteca; de carácter híbrido —es decir, con mezcla de elementos huaxtecos y mexicas—; y alóctona (Graulich y Ochoa 2003, 95)99. Un ejemplo representativo de piezas alóctonas en la Huaxteca meridional es un bloque irregular de roca arenisca, descubierto en el margen contrario del río que fluye cerca del sitio arqueológico de Tabuco100, cuyas dimensiones máximas son 72 cm de ancho y 68 cm de alto. Esta pieza, denominada ‘Lápida de la Calzada’, tiene una representación claramente ajena al estilo de la zona; sin embargo, es muy probable que haya sido manufacturada localmente (Graulich y Ochoa 2003, 95-101). De acuerdo con los investigadores, ‘La Lápida de la Calzada’ probablemente tiene inscrito el nombre calendárico de Tezcatlipoca. No obstante, también podría tratarse de un posible símbolo de armas y guerra, debido a su asociación con el glifo atl-tlachinolli, el cual emerge de la mandíbula descarnada del cráneo (figura 36, inciso a) (Graulich y Ochoa 2003, 109-111). La relación de esta imagen con otra muy similar, presente en el Teocalli de la guerra sagrada, permite vincularla, a su vez, con los ciclos del toxiuh molpilia. Esto se demuestra también, porque se plasmó esta fecha en un atado de cañas en otro monumento mexica (figura 36, inciso b). Cabe destacar, sin embargo, que esta última imagen no presenta el atl-tlachinolli como en la Lápida de la Calzada, lo cual sugiere un sentido bélico, posiblemente asociado con una conquista mexica en el área (Graulich y Ochoa 2003, 107).
• 99 Al parecer, las referencias se centran en aquellas cuya imaginería es foránea, aunque su estilo o materia prima puedan presentar o no un carácter local. No obstante, existen piezas cuyo soporte material es de rocas atípicas de la región, como el caso de la ‘Chalchiuhtlicue’ del cerro La Chinola en Tetzapotitlan (que se abordará más adelante). Aunque Graulich y Ochoa no utilizan el término tének, se sobreentiende que aluden a este grupo cuando mencionan a los huaxtecos.
• 100 En Tabuco, si bien se ha reportado el hallazgo de diversos materiales, solamente se ha afirmado que la mayoría son de filiación tének (Aquino 2009, 31).
Materiales arqueológicos de Cuyuxquihui
Al sur de la frontera meridional de la Huaxteca se encuentra Cuyuxquihui, donde se han encontrado elementos de filiación mexica. Este sitio remonta su antigüedad al año 1250 d. C., y existen antecedentes de la presencia de cerámicas tének, totonacas y mexicas (Ruiz 1991, 37; Ruiz y García 2011, 44-45). En Cuyuxquihui, son notables los hallazgos de materiales cerámicos de la Huaxteca, destacando los tipos Negro y Rojo sobre Blanco y el Huaxteca Negro sobre Blanco (Ruiz y García 2011, 44-45). Sin embargo, poco se ha mencionado acerca de las figurillas femeninas con características de la diosa Teem (figura 37, incisos a, b y c), las cuales parecen ser muy abundantes. Estas piezas pudieron ser objeto de intercambios comerciales en varios lugares de la región (figura 37, inciso d), dada su notable presencia en la zona centro-norte de Veracruz siendo utilizadas en los cultos domésticos101.
Aunque la presencia de materiales provenientes del Altiplano en Cuyuxquihui ha sido atribuida a migraciones ocasionadas por las sequías asociadas a los años conejo, entre 1454 y 1456, existe consenso en que la zona contó con una guarnición mexica (Ruiz 1991, 37 y 49; Ruiz y García 2011, 44). Este señalamiento resulta particularmente relevante, pues Cuyuxquihui no ha sido identificado de manera explícita en las fuentes documentales del siglo xvi. Asimismo, aunque no de manera exclusiva, destaca en el sitio la obsidiana verde (figura 38), la cual se asocia, en este caso, con redes comerciales de la Triple Alianza. Esto se infiere por la tardía ocupación del sitio y otras evidencias que sugieren una notable presencia mexica en el área.
• 101 La distribución de elementos culturales de los grupos tének alcanza asentamientos alejados dentro de la Sierra Norte de Puebla. En los alrededores de San Juan Xiuhtetelco, por ejemplo, se han encontrado materiales de filiación tének como cerámica Huaxteca Negro sobre Blanco, figurillas con rasgos de la diosa Teem e incluso esculturas del dios Mam. Poco puede argumentarse sobre la presencia física de grupos tének en esta zona, porque algunos de estos elementos indudablemente fueron aceptados mediante el comercio. Sin embargo, el consumo de cerámica del Altiplano en época de la Triple Alianza parece no ser notable. Sería interesante responder aquí también, por qué razón la incursión de elementos ideológicos tének no supone una imposición en Xiuhtetelco, pues claramente se nota que en este trabajo se está utilizando como evidencia de tal fenómeno la presencia de esculturas. No es algo que deba discutir aquí, pero es un tema que debería desarrollarse para comprender las acciones e implicaciones de producción y consumo de elementos glíficos en los materiales arqueológicos. Es probable, sin embargo, que la región haya estado poblada con diversos grupos étnicos de forma medianamente armónica, de ahí la existencia de tales evidencias.
Figura 36. Glifo Ce Miquiztli inscrito en la lápida de la calzada, encontrada cerca de Tabuco (a) (redibujado digitalmente a partir de Graulich y Ochoa 2003, 102); y en esculturas mexicas como el ‘Teocalli de la Guerra Sagrada’ (b) (redibujado digitalmente a partir de Graulich y Ochoa 2003, 100) y en un atado de cañas (c) (redibujado digitalmente a partir de Matos 1990, 112).
Los elementos arqueológicos del Altiplano en Cuyuxquihui no se limitan al hallazgo de obsidiana, sino que incluyen también materiales cerámicos de los tipos Azteca III Negro sobre Anaranjado y Texcoco Negro sobre Rojo (figuras 39 y 40). No obstante, el elemento más importante para definir una verdadera intervención ideológica en el sitio son las figurillas (figura 57)102, pues su consumo debió
• 102 No obstante, la afluencia de figurillas pudo no haber sido tan significativa como la de las esculturas. Las primeras se asocian con un consumo cotidiano de los habitantes de un poblado, mientras que las segundas muestran un discurso oficial emanado de un grupo dirigente, el cual refuerza su poder político y religioso mediante actos públicos. En Cuyuxquihui, parece notable la afluencia de figurillas de manufactura mexica.
Figura 37. Figurillas con elementos de la diosa Teem procedentes de Cuyuxquihui (a, b y c) (Museo de Sitio de Cuyuxquihui) y de los alrededores de Papantla (d) (Museo Teodoro Cano).
Figura 38. Fragmentos de obsidiana verde dentro de la zona cívico-ceremonial de Cuyuxquihui. Zona Arqueológica de Cuyuxquihui. estar estrechamente vinculado a cuestiones religiosas y, por lo tanto, políticas. Con base en lo anterior, se propone que la afluencia de objetos de manufactura y estilo mexica no solo fueron producto de las relaciones comerciales, sino que también respondió a fenómenos sociales más complejos, como la participación de grupos mexicas en rituales realizados dentro del territorio tének.
Figura 39. Fragmentos de cerámica de los tipos cerámicos Texcoco Negro sobre Rojo y Azteca III Negro sobre Anaranjado. Museo de Sitio de Cuyuxquihui.
Figura 40. Fragmentos de sahumadores tipo Texcoco Compuesto. Museo de Sitio de Cuyuxquihui.
La incursión ideológica de sociedades de la Triple Alianza en Cuyuxquihui se presenta también en la escultura. En especial, destacan piezas de Macuilxóchitl (figura 42, incisos a y b), las cuales se asocian con la presencia física de colonos103. Por su parte, una escultura de Chicomecóatl (figura 42, inciso c) puede relacionarse tanto con la homogeneización del festejo del toxiuh molpilia de 1507 como con las ceremonias de la veintena de Ochpaniztli. Por otro lado, Ruiz y García (2011) señalan la abundancia de fragmentos de cerámica del
• 103 Al igual que en otras localidades de la Sierra Norte de Puebla, las piezas referentes a Macuilxóchitl Xochipilli tienen una altura que no supera los 30 cm.
Figura 41. Figurillas de estilo mexica, procedentes de Tlatelolco (a, d) (Museo Nacional de Antropología) y de Cuyuxquihui (b, c) (Museo de Sitio de Cuyuxquihui).
tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado en la última etapa constructiva de los edificios de Cuyuxquihui. La influencia de las sociedades del Altiplano se hace evidente también en las fachadas de los edificios, las cuales pudieron haber sido modificadas hacia el año 1470 (Ruiz y García 2011, 23, 36 y 44). Los basamentos piramidales muestran, entre otros rasgos de la arquitectura mexica, el remate en forma de cubos en la parte más alta de los edificios (figura 42, inciso d).
Materiales arqueológicos de Tuzapan
En Tuzapan, asentamiento ubicado en Chicualoque, Coyutla, se han identificado materiales que atestiguan la presencia de sociedades de la Triple Alianza. Entre estos destacan las cerámicas Texcoco Negro sobre Rojo y Texcoco Negro y Blanco (figura 44) y figurillas (figura 45). Las fuentes escritas, por su parte, reportan la existencia de calpixques en tiempos de Tizoc: en su toma de gobierno, se ordenó traer a treinta y cinco de ellos provenientes de diferentes pueblos, entre ellos, Tuzapan (Durán [1579] 1975, 365). Asimismo, se documenta que Moctezuma Xocoyotzin sostuvo guerras con Tuzapan,
42. Esculturas alusivas al dios Macuilxóchitl (a y b), a la diosa Chicomecóatl (c) (Ruiz y García 2011) y personaje con tocado de Chicomecóatl (d). Museo de Sitio de Cuyuxquihui.
Tzicoac y Tamapachco, sitios donde además se capturaron a dioses locales (Alvarado [1598] 2003, 288 y 378). Tuzapan, pese a no contar con testimonios escritos sobre la instauración de gobernantes y ocupación territorial, parece haberla tenido. Esta afirmación se sustenta no solo en la conquista atribuida a Moctezuma Xocoyotzin, sino también en el testimonio de Díaz del Castillo, quien atestigua la presencia de huestes del Altiplano (Díaz del Castillo [1632] 1983, 180).
En lo que respecta a los elementos arquitectónicos, lo restos conservados del basamento piramidal resultan insuficientes para emitir una opinión sobre elementos específicos. Sin embargo, existe un grabado de principios del siglo xix , publicado por Nebel, en el cual se observan detalles suficientes, como las alfardas rematadas en forma de cubos y un pequeño templo en la cúspide (figura 46), el cual es idéntico al que en su momento se encontraba en Quauhtochco. No es posible definir con precisión el momento temporal de la ocupación territorial de Tuzapan, debido a la ausencia de información sobre este acto en las fuentes consultadas. Aun así, al considerar la presencia de calpixques hacia 1481, así como lo documentado por Díaz del Castillo, es posible que haya iniciado hacia el final del gobierno de Axayácatl o, con mayor claridad, con Ahuízotl. Con base tanto en la información etnohistórica disponible como en la observación directa en las piezas de Tuzapan, resulta difícil cuestio-
Figura
Figura 43. Basamento principal de Cuyuxquihui, con rasgos arquitectónicos propios del Altiplano. Zona Arqueológica de Cuyuxquihui.
Figura 44. Cerámica de los tipos Texcoco Negro sobre Rojo y Texcoco Negro y Blanco. Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Avilez (2014, 156).
Figura 45. Figurillas de estilo mexica hechas en molde, procedentes de Tlatelolco (completas) y de Tuzapan (incompletas), en Chicualoque, Coyutla. Museo Nacional de Antropología y Museo Teodoro Cano (Papantla).
nar la instauración de una verdadera ocupación territorial por parte del Altiplano en el área. Aunque persiste la falta de datos para analizar la posición de Tuzapan, no pueden desecharse estas observaciones a la luz de las ya realizadas en el capítulo anterior y con base, también, en lo inferido de los materiales arqueológicos de Cuyuxquihui.
Las esculturas de Macuilxóchitl Xochipilli
En otro de sus estudios, Solís (1996) enfoca su análisis en dos casos de regionalización de arte mexica vinculados a la producción escultórica: la Sierra Norte de Puebla y Castillo de Teayo (Tetzapotitlan).
Este trabajo destaca por constituir, quizá, uno de los primeros en afirmar la imposición de ideología mexica en provincias de la Huaxteca meridional. Solís (1996) sostiene que en general los elementos artísticos tuvieron connotaciones políticas y sociales y que, en los sitios conquistados por los mexicas, habrían ocurrido principalmente a través de la proliferación del culto a Macuilxóchitl Xochipilli, deidad asociada con la regeneración de la naturaleza, personificación del Sol y la lluvia (Solís 1996, 55). Esta deidad, más allá de su vinculación con la nobleza, mantiene una relación particular con Tláloc y Huitzilopochtli, como se observa en los Códices Matritenses, donde van colocados a los lados del templo (figura 24). De ahí que su culto y su presencia escultórica haya sido:
[…] adaptado por los mexicas como elemento que complementaba el gran ritual, transformándolo en un auténtico culto imperial, por lo que este tipo de portaestandartes formaba parte del capital del ceremonial, tanto de Huitzilopochtli como de Tláloc, a grado tal que para los pueblos conquistados, vasallos o vecinos de los aztecas, estas imágenes simbolizaban el conjunto de la deidad dominadora. Con lo anterior, queremos decir que en las regiones lejanas, para recordar o evocar el Templo Mayor de México-Tenochtitlan, cuando no existían los recursos económicos suficientes para construir un gran edificio, bastaría solamente con poseer una escultura de ese tipo para ligarse, simbólicamente, con la metrópoli. (Solís 1996, 56)
Figura 46. Grabado de Tuzapan realizado por Carl Nebel (López Luján 2011, 81).
Esta explicación resulta aplicable a las esculturas pequeñas—entre 22 y 28 cm de altura— elaboradas en roca volcánica porosa (tezontle). Dichas piezas representan personajes sentados, de piernas rectas y brazos flexionados, cuyo tocado se compone de una cresta de cinco puntas (Solís 1996, 58-59). Uno de los argumentos centrales de Solís se apoya en la distribución regional de estas figurillas, presentes en sitios carentes de vestigios de edificaciones, localizados entre Xiuhtetelco, Zacatlán y Papantla (figura 47, incisos a-d) (Solís 1996, 58). A estos lugares se suman otros ubicados en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, como en el Cerro de Moctezuma en Alto Lucero de Gutiérrez Barrios, San Juan Chapultepec en Coacoatzintla y Cosautlán de Carbajal (figura 47, inciso e) (Márquez 2012b, 62), los cuales comparten las mismas características. Estos señalamientos permiten realizar más inferencias sobre problemáticas ya discutidas. Por ejemplo, la presencia de esculturas de Macuilxóchitl Xochipilli en Cerro Moctezuma refuerza la idea del dominio mexica en el sitio, mientras que la ausencia de tipos cerámicos del Altiplano confirma una relación fundamentada en la aceptación de los designios dominantes, sin actos de rebelión. Esta ausencia de conflictos habría propiciado una interferencia pasiva de la Triple Alianza en su forma de dominar a esta población. Resulta interesante que en Cerro Moctezuma, los ídolos de Macuilxóchitl se hayan encontrado entre cercos de piedra104, porque en las construcciones totonacas actuales, las esculturas se utilizan para proteger edificaciones y hacerlas más fuertes (Ichon 1973, 221). Es decir, pudo existir, como en otros casos, un efecto ideológico sobre las masas locales, o bien un verdadero orden político-religioso alóctono, con el que las costumbres locales se adaptaron a los designios de las autoridades instauradas.
De acuerdo con Sahagún, Macuilxóchitl Xochipilli «era más particular dios de los que moraban en las casas de los señores o en los palacios de los principales» ([1569] 2006, 38). En tanto deidad representativa para la nobleza mexica, sus esculturas estarían
• 104 Esto aplica solamente para el caso del Cerro de Moctezuma. Se desconoce el contexto de hallazgo de las piezas en los otros casos.
Figura 47. Representaciones de Macuilxóchitl Xochipilli. Procedentes de San Juan Xiuhtetelco (a, b y c) (Museo de Sitio de San Juan Xiuhtetelco), Papantla (d) (Museo Teodoro Cano) y del Museo Comunitario de Cosautlán de Carbajal (e). Dibujos de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2015a, 150).
afirmando la presencia física de estos grupos en sitios conquistados, asentados como parte de los procesos de ocupación territorial efectuados estratégicamente. Se trataría de personajes de la nobleza adiestrados no solo en actividades gubernamentales, sino también en cuestiones militares. De esta forma, se comprende por qué son tan frecuentes sus representaciones en Tetzapotitlan (figura 48, incisos a-d), aunque en un tamaño mayor al señalado por Solís, y de similitud apegada a las de México-Tenochtitlan (figura 48, inciso e). En este caso, las dimensiones pueden explicarse por el desarrollo de un poder económico de mayor amplitud al de los sitios de las regiones de Xiuhtetelco, Zacatlán y Papantla, argumento principal de Solís 105 .
Entre las representaciones de Macuilxóchitl Xochipilli de Tetzapotitlan sobresale una, el monumento 34 (figura 48, inciso f), pieza que fue hallada junto al costado sur del basamento principal. Su localización guarda estrecha relación con la ideología mexica, dado que estas imágenes se colocaban originalmente al lado de los templos. Tanto en el Códice Matritense de Real Palacio como en el Atlas de Durán, los portaestandartes de Macuilxóchitl Xochipilli se observan en ambos lados del Templo Mayor de México-Tenochtitlan, escoltando a Tláloc y Huitzilopochtli. Por esta razón, debieron tener el
• 105 La magnitud de este poder se manifiesta, por su parte, en la carga tributaria mostrada en las láminas del Códice Mendoza y de la Matrícula de Tributos
Figura 48. Representaciones de Macuilxóchitl Xochipilli. Procedentes de Tetzapotitlan (a, b, c, d y f). Dibujos de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2015a, 153) y de México-Tenochtitlan (e) (Museo del Templo Mayor).
mismo sentido en Castillo de Teayo (Solís 1986, 78), especialmente si se considera el contexto arqueológico en el cual se encontró el monumento 34 (a un costado del basamento principal).
En relación con el fenómeno de imitación de las representaciones de Macuilxóchitl Xochipilli, Solís sugiere que quizá «no sólo hayan circulado artistas y escultores de la capital hacia las distintas provincias, sino que también, a través de documentos pictográficos o códices, los artistas locales pudieran haber copiado los lineamientos artísticos dictados desde el centro» (Solís 1996, 60-61). Aunque el autor no desarrolla este proceso, es probable que respondiera, en principio, a la imposición de discursos de orden político-religioso y, posteriormente, a la inculcación de símbolos y cultos en los nativos desde la infancia. Este proceso explicaría por qué ciertas piezas escultóricas —de manera similar a lo que ocurre con la cerámica Aztecoide en relación con la Azteca III Negro sobre Anaranjado—, no alcanzan la delicadeza y dominio de la talla, expresada en la propia ejecución. En este sentido, es posible asegurar, como en algunos casos de las sociedades occidentales, que «la ideología en imágenes o las ideologías en imágenes de las clases dominantes impregnan muy fuertemente (hasta desfigurarlas del todo) las ideologías en imágenes que provienen de las clases dominadas» (Hadjinicolaou 2005, 104). Es decir, se motivó un claro desprestigio de los símbolos propios de los grupos sobre los cuales se mantiene una relación de poder, especialmente en lo que respecta a los cultos realizados en es-
pacios públicos. En Tetzapotitlan, este comportamiento propició la supervivencia mayoritaria de esculturas con imaginería mexica, las cuales desplazaron y predominaron por encima de las tradiciones propias de los nativos conquistados y colonizados. En este sentido, se logró la consolidación de una nueva ideología dominante, esto porque:
Toda ideología en imágenes colectiva es positiva. Esto se debe al hecho de que siendo en su origen necesariamente la ideología en imágenes de una sola clase social o de una fracción de clase, representa la manera por la cual esta clase se ve y ve al mundo. Ahora bien, una clase no puede verse a sí misma y al mundo más que positivamente, es decir que se define en relación y a través de los ‘valores’ que son los suyos.
(Hadjinicolaou 2005, 172)
Parecería, por otra parte, que la propuesta de Solís es radical por sugerir la posibilidad de que los mexicas hayan desalojado a los nativos de la localidad, rehabitando el sitio en su totalidad con población precedente del Altiplano (Solís 1996, 59). Sin embargo, hay evidencias para sostener dicho planteamiento, si se considera la extracción de población ocurrida para el levantamiento de la cuarta etapa constructiva del Templo Mayor de México-Tenochtitlan en el año 1487. Fue necesario para el caso de Tetzapotitlan, enviar una gran cantidad de personas para la ocupación territorial del sitio, lo cual permitió alcanzar un mejor control administrativo y social. Contrario a lo planteado por Solís, existe posibilidad también de que la colonización haya existido pero sin el desplazamiento exagerado de las masas locales, cuya mano de obra a fin de cuentas, debía ser explotada. De este modo, se propone una coexistencia de etnias en la localidad, desde el momento de instauración de autoridades hacia el año 1480, hasta la época de abandono del sitio, hacia 1576 (Márquez 2012b, 68-69).
La ocupación territorial de las provincias sujetas
La solución al problema de comprensión de la colonización de Tetzapotitlan se esclarece a partir de una investigación centrada en el análisis de los folios 17v y 18r del Códice Mendoza. De acuerdo con van Zantwijk (1967), ambas láminas muestran once pueblos del Altiplano y otros tantos de zonas lejanas. Siguiendo la lógica del documento —en el que se enumeran los tributos a entregar por cada provincia—, el autor sugiere que «debe haber una relación entre los 11 pueblos centrales y las 11 guarniciones militares que tiene que ver con las obligaciones de estos 11 pueblos centrales frente al gobierno central azteca» (1967, 150). Para esto, van Zantwijk recurre a información relativa a la fundación de la guarnición establecida en el pueblo de Oztoman. En ella se relata la reunión de 9,000 familias de diferentes sitios, más otros 200 de Texcoco y 200 de Tlacopan, lideradas por un par de señores mexicanos (van Zantwijk 1963, 217; 1967, 154-155). De esta manera:
[…] los pueblos centrales, muy cercanos a las tres capitales aztecas y habitados por aztecas o por nahuatlacas y otomíes relacionados con ellos por lazos de parentesco, tenían como obligación frente al gobierno central de suministrar los funcionarios de primera y de segunda categoría para las guarniciones mencionadas. Este era su ‘tributo’. (van Zantwijk 1967, 156)
A partir de estas observaciones, van Zantwijk propone que dos funcionarios representaban a cada región en los asuntos políticos: uno al interior y otro al exterior (van Zantwijk 1963, 194; 1967, 157). Con base en ello, formula dos modelos hipotéticos, de los cuales aquí se retoma únicamente el que el propio autor considera más acertado. Dicho modelo plantea la existencia de cinco generalatos de la Triple Alianza: Huaxyácac, Zozolan y Poctepec (mexica); Atzacan, Quauhtochco e Itzteyocan (mexica); Oztoman y Xoconochco (mexica); Atlan y Tetzapotitlan (texcocano); y el de Quecholtenanco (tlacopaneca) (van Zantwijk 1967, 157). Asimismo, el autor su-
braya que en el caso citado, solo participaron dos miembros mexicas, quienes probablemente fueron designados como Tlacatecatl y Tlacochcálcatl, autoridades supremas en Oztoman. La existencia de lazos de parentesco con la población trasladada desde otras provincias de la cuenca de México106 habría favorecido una distribución de constructos culturales relativamente homogénea, difundidos mediante la educación e inculcación de costumbres desde la infancia en el seno familiar107.
De acuerdo con las inferencias de van Zantwijk, debería reconsiderarse el grado de unificación ideológica entre los gobiernos de las provincias de la Triple Alianza. Ello se debe a que pueden identificarse diferencias tanto entre los complejos cerámicos como en los corpus escultóricos de las poblaciones afectadas por las ocupaciones territoriales, y según el tipo de gobierno impuesto por las sociedades conquistadoras. En otras palabras, conforme al esquema presentado, cada una de las sociedades de la Triple Alianza habría ejercido una incidencia política y religiosa diferenciada sobre las provincias sujetas. Estos planteamientos resultan particularmente relevantes para el presente trabajo, en tanto que ya se observan variaciones significativas en la cultura material. Solo así puede explicarse, al menos de manera preliminar, la ausencia de esculturas de Chac Mool en poblaciones del norte del estado de Veracruz, a pesar de que dichas representaciones son altamente características de Cuetlaxtlan y de otras provincias de la zona centro-sur de Veracruz108.
• 106 Resulta llamativo que en el caso de Oztoman, y de acuerdo con la información de la obra de Alvarado, los colonos hayan utilizado como viviendas las casas de nativos despojados y muertos en guerra (Umberger 1996, 162). Esta situación reduce la posibilidad de que en ciertos casos la arquitectura habitacional se considere como indicador de presencia de colonos del Altiplano. No obstante, también pudieron haber ocurrido modificaciones posteriores, lo cual no se ha corroborado arqueológicamente.
• 107 Un caso interesante se presenta con las primeras intervenciones militaristas en Oaxaca, a cargo de Moctezuma Ilhuicamina. Este gobernante ordenó solicitar sesenta hombres casados, junto con sus hijos, a la provincia de Texcoco, y un número equivalente a la de Tlacopan, mientras que Xochimilco y Chalco enviarían tantos como les fuera posible. México-Tenochtitlan, por su parte, aportaría seiscientas familias (Durán [1579] 1975, 292).
• 108 Conviene recordar, además, que este tipo de escultura es muy importante para los mexicas, a tal grado que una de ellas aún se conserva en la cúspide del Templo Mayor de México-Tenochtitlan.
Por su parte, la afluencia de deidades mexicas en la figura resulta más distintiva de la Huaxteca meridional y llama la atención la cantidad de monumentos hallados en Tetzapotitlan en comparación con otros sitios del centro y sur del actual estado de Veracruz. Aun así, lo que vincula a todas estas localidades es la presencia de deidades significativas en la ideología de las sociedades de la Triple Alianza —Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl Xochipilli y Xipe Tótec—, las cuales, sin excepción, se encuentran en todas las provincias ya mencionadas. Cabe destacar, a su vez, que en la zona Huaxteca meridional, particularmente en Tetzapotitlan, se hizo uso del recurso ideológico del miedo ‘imperial’, que si bien no se encuentra expresado por las representaciones de Chac Mool como sucede en Cuetlaxtlan (sin duda asociadas a Tláloc), sí lo está por las de Xipe Tótec109 (figura 49), deidad celebrada durante la veintena de Tlacaxipehualiztli. Con este tipo de evidencia, se defiende a su vez la presencia de la celebración de sacrificios ‘gladiatorios’, en los cuales se daba muerte a cautivos elegidos de la provincia dominada. De esta manera, el argumento anterior es claro, debido a que las celebraciones de las fiestas de las veintenas mexicas están realizándose no solo en México-Tenochtitlan. Por alguna razón, se presentan también en algunas de las provincias que habían sido afectadas mediante la instauración de gobiernos o por actos de colonización110.
Esta explicación es viable debido a que el llamado sacrificio ‘gladiatorio’ tenía también la función de ocasionar temor entre los espectadores. Debido a esto, fue una de las vías principales para lograr el sometimiento pacífico de provincias poco poderosas, como el
• 109 Las esculturas son elementos que aluden y apoyan el discurso oficial expresado en las fiestas de las veintenas: la presencia física de las esculturas apoya la de eventos vinculados con el culto de las deidades representadas (se mencionó anteriormente la gran afluencia de comales en Cotaxtla y Quauhtochco). En las representaciones de Xipe Tótec de Tetzapotitlan, hay rasgos relacionados al sacrificio ‘gladiatorio’, tales como el corte transversal a la altura del pecho o las marcas de corte a la altura de las muñecas y los muslos, las cuales se vinculan a la extracción del corazón y el desollamiento de los sujetos sacrificados.
• 110 Vale la pena recordar las quejas del cacique gordo, gobernante de Cempoala, dirigidas contra Moctezuma Xocoyotzin y transmitidas a Bernal Díaz del Castillo. En ellas se expone la constante solicitud de víctimas para sacrificio, así como los abusos sexuales contra las mujeres, lo que respalda la hipótesis del emparentamiento entre varones mexicas y mujeres de provincias conquistadas. Este proceso habría favorecido a la inculcación de cultos nuevos desde la infancia entre las poblaciones a escala generacional (Márquez 2012b, 110, 117-118, 125, 130 y 134).
Figura 49. Representaciones de Xipe Tótec procedentes de Tetzapotitlan. Museo de Sitio de Castillo de Teayo (escultura izquierda y central); Museo Nacional de Antropología (derecha).
Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2015a, 159).
caso de Cempoala y Quiahuiztlan. Celebrar Tlacaxipehualiztli en las provincias ocupadas, probablemente, y de modo secundario, tenía la función de propiciar esta estrategia de atemorización local, para lograr los mismos efectos obtenidos durante las fiestas en México Tenochtitlan (Márquez 2015b, 163-169). De forma similar a como ocurría en el Altiplano, los asistentes quedaban impresionados ante la violencia física y psicológica ejercida en los sacrificios mexicas (Márquez 2009, 90-91).
Como se observa en las piezas de Tetzapotitlan, el culto a Xipe Tótec no solo involucraba el sacrificio ‘gladiatorio’, sino también la posterior extracción del corazón y el desollamiento. Estas prácticas subrayan su carácter solar, en tanto que el corazón era el alimento principal de Huitzilopochtli (Márquez 2009, 49-51, 60 y 64). En contraste con Tlacaxipehualiztli, se encuentran las celebraciones
dedicadas a Chicomecóatl durante Ochpaniztli, las cuales incluían el degollamiento de una joven esclava 111. Estas inferencias resultan más comprensibles al considerar fuentes como la Información de 1554 sobre los tributos que los indios pagaban a Moctezuma , en la que se señala que dichas festividades requerían una mayor cantidad de tributos. En especial, la veintena que exigía la máxima recaudación era Ochpaniztli, gran fiesta de fin de xiuhpohualli celebrada en México-Tenochtitlan (Rojas 1997, 112-114). De hecho, es muy interesante que en el Códice Mendoza se muestren los glifos de las fiestas de estas veintenas asociadas a la provincia de Soconusco (figura 5, inciso c). Esto se debe a la exigencia de entrega de tributos en esos momentos precisos, en los cuales la parafernalia ritual exigía más bienes suntuarios.
Los materiales arqueológicos de Tetzapotitlan
Tetzapotitlan, como ya se ha señalado, es el topónimo consignado en el monumento 4, en el cual se registra el inicio de un movimiento bélico de la Triple Alianza contra esta localidad, cuyo desenlace fue su sujeción en el año 1480 (figura 2) (Márquez 2012a, 131). Tetzapotitlan o Tetzapolco —como aparece representado en algunos documentos pictográficos—, significa ‘lugar de zapotes duros’ o, de manera más precisa, ‘lugar de mameyes’ (Márquez 2012a, 102-106; 2012b, 17-19; 2015, 17-18 y 50-52). Este sitio era una provincia sumamente rica en materias primas, cuya principal actividad económica era la producción de algodón y de sus derivados, especialmente mantas (Márquez 2009, 77-82; 2012b, 20, 30, 68-69). Al igual que otras poblaciones ubicadas en la frontera meridional de la Huaxteca, Tetzapotitlan padeció de los estragos de las conquistas militares emprendidas por sociedades del Altiplano, de las cuales existe registro, para el lapso que aquí se analiza, desde el año 1444 (Márquez 2017, 89-98). No obstante, existen diversos periodos en los cuales los tet-
• 111 Mientras que en Tlacaxipehualiztli se sacrificaba a los guerreros varones más aguerridos, en Ochpaniztli se sacrificaba a una mujer recién entrada en la madurez sexual. Ambas festividades involucraban la celebración del maíz —siembra y cosecha—, el cual era transportado en manojos por los sacerdotes hacia los templos (Márquez 2009, 156).
zapotecas se vieron intervenidos bélicamente, lo cual generó, a su vez, el desarrollo de nuevas estrategias de dominación por parte de la Triple Alianza. El momento de consumación de dicho control corresponde al denominado «Periodo de Imposición Cultural Mexica», el cual ha sido fechado entre 1480 y 1521 (Márquez 2012b, 47; 2017, 35).
Asimismo, existe registro de diversos procesos de rebelión protagonizados por Tetzapotitlan en diversos momentos de su historia, una vez sometida al dominio de la provincia de Texcoco en 1444. Así, por ejemplo, hay evidencias documentales de un levantamiento ocurrido en 1476 (Márquez 2012b, 23; 2017, 20), así como de un movimiento bélico iniciado por la Triple Alianza en 1479 y concluido en 1480, con una duración de 114 días (Márquez 2012a, 131; 2012b, 38). El desenlace de este conflicto fue la posterior matanza de población tetzapoteca, tzicoaca y cuetlaxteca, ocurrida tras el levantamiento de la cuarta etapa constructiva del Templo Mayor de México-Tenochtitlan en 1487 (Márquez 2012b, 23-29; Márquez 2017, 97-104). Después de esta fecha y una vez establecida una colonia de pobladores procedentes del Altiplano, se inició un proceso de inculcación de nuevas ideologías religiosas emanadas del poder político establecido en Tetzapotitlan, el cual se apoyó tanto del culto público como en las unidades domésticas y fue promovido por las nuevas poblaciones de varones asentadas en el sitio, quienes transmitieron su bagaje cultural a las generaciones posteriores (Márquez 2012b, 128-132).
Numerosos investigadores se han interesado en aportar información arqueológica sobre Tetzapotitlan; pese a todo, son pocos quienes han abordado con seriedad sus estudios, aun cuando algunos urgieron a la realización de investigaciones desde hace más de ocho décadas (García 1944, 3; 1959, 1). En 1955, por ejemplo, Stresser-Péan reportó la presencia de cerámica típicamente huaxteca, correspondiente a los periodos V y VI (Stresser-Péan [1955] 2008, 135). Por su parte, Orellana ofrece una descripción más detallada y menciona también materiales del periodo IV de Pánuco, con decoraciones negro y rojo sobre blanco, barro rojizo y negro finos,
muy compactas, así como materiales polícromos semejantes a los del centro de Veracruz (Orellana 1948, 4-5), los cuales son también referidos por Marquina (1951, 459).
El primer intento de análisis de materiales cerámicos fue realizado por García, quien visitó el sitio entre el 20 y el 22 de noviembre de 1944. Con base en una evidencia muy limitada —consistente en el bajo relieve de un felino en movimiento y tres figurillas del periodo Mazapa—, propuso que Castillo de Teayo ‘pertenece a la cultura tolteca’ (1944, 4). Años más tarde, sin embargo, el autor afirmó haber identificado cerámica tipo Culhuacan (1965, 79; 1976b, 252), Coyotlatelco y figurillas ‘toltecoides’ (García 1976a, 115), lo que lo llevó a plantear nuevamente la influencia decisiva de Tula sobre Castillo de Teayo (García 1950, 158-159), hipótesis que reiteró en un informe de 1959 (1959, 1)112. Desde esta investigación, se mantiene una postura al margen frente a dicha explicación, debido a la insuficiencia de datos que permitan sostenerla de manera concluyente; no obstante, no se descarta una probable relación entre ambas sociedades en algún momento histórico. De hecho, algunas esculturas de Tetzapotitlan afirman esta posibilidad; y en consecuencia, no puede descartarse una penetración anterior de grupos toltecas hacia finales del primer milenio e inicios del segundo milenio de nuestra era (Flores 1958; García 1956, 156; 1976, 261; Ochoa 1989; Márquez 2009, 115-121), la cual, además de estar testificada por representaciones en monumentos y materiales cerámicos, es expuesta por documentos escritos y pictográficos. Como ha sido señalado, los tipos cerámicos encontrados en Tetzapotitlan pertenecen a los periodos Posclásico Temprano y Tardío (Márquez 2012b). No obstante, hay otros de una temporalidad más remota, como son los que presentan decoraciones rojo y negro sobre blanco, el uso de arcillas finas rojizas y negras, y de polícromos con similitud a los del centro de Veracruz, de acuerdo con los hallazgos del relleno arquitectónico del basamento piramidal (Orellana 1948,
• 112 Es notable la influencia del debate de aquellos años en torno a Tollan dentro de los estudios de García, quien, de acuerdo con los datos obtenidos de sus trabajos, parece articular la construcción de evidencias en torno a una visión ‘toltequizante’. De hecho, en uno de sus trabajos, el investigador niega la presencia de cerámica mazapa (1976a, 105), a pesar de haber afirmado su existencia en estudios anteriores (1944, 4).
4-5). En fechas relativamente recientes se han realizado algunas excavaciones en Tetzapotitlan113, a partir de las cuales se reportaron seis tipos cerámicos: Beige Burdo Grueso, Naranja Fino Duro, Naranja Fino, Crema Fino con Engobe Café Inciso, Gris Burdo y Gris Burdo Quemado114. Lamentablemente, de estos materiales solo se han reportado observaciones generales (Ruiz y Rodríguez 2011, 4, 34). Con base en los materiales cerámicos descubiertos hasta el momento, es posible afirmar que las primeras poblaciones de Tetzapotitlan se establecieron en el periodo Clásico Tardío. Estos grupos, cabe decir, posiblemente mantuvieron una estrecha relación con sitios totonacos, como sugiere el hallazgo de un fragmento de yugo (figura 50) (Seler 1904, 448), el cual se asocia con este grupo étnico.
Aunque las evidencias de ocupación temprana en Tetzapotitlan son escasas, los materiales cerámicos revelan, a partir de sus filiaciones temporales, una continuidad que puede remontarse a finales del primer milenio de nuestra era. Este poblamiento, de probable origen migratorio, parece haberse mantenido durante al menos seis siglos ininterrumpidos en la zona 115. Algunos autores han argumentado una fuerte presencia de grupos toltecas en la Huaxteca meridional tras la caída de Tula, como García (1950; 1976a; 1976b) y Stresser-Péan (2008) 116. Sin embargo, dicha hipótesis no constituye una prueba concluyente por sí misma y no permiten explicar el poblamiento para el periodo analizado aquí 117 . Resulta necesario, por tanto, establecer una comparación entre las evidencias que datan del Clásico Tardío, con el fin de aproxi -
• 113 En los informes técnicos hay una mayor preocupación por exponer datos sobre la composición de los estratos que de la cerámica.
• 114 Todos estos materiales proceden de un proyecto de salvamento realizado en el centro de la localidad. En total se excavaron dos pozos, ubicados a escasos metros de las esquinas noreste y sureste del basamento piramidal principal. La profundidad mínima registrada fue de 140 cm y la máxima de 210 cm, mientras que la amplitud osciló entre los 60 y 80 cm (Ruiz y Rodríguez 2011, 18).
• 115 Es probable que, como consecuencia de los abusos cometidos por los españoles, la proliferación de pestes, guerras y la explotación masiva de individuos hacia 1533 (Pérez 2001, 20-22), la población de Tetzapotitlan se haya dispersado y abandonado sus poblaciones. A pesar de ello, los espacios de culto debieron mantenerse dentro de los montes y zonas de difícil acceso.
• 116 La presencia de grupos toltecas en la Huaxteca meridional también es señalada en obras del siglo xvi, principalmente en las de Ixtlilxóchitl y en la Historia tolteca chichimeca.
• 117 Aun así, se trata de una explicación que no puede desecharse por falta de elementos concluyentes y que ya ha sido contemplada en trabajos anteriores (Márquez 2009, 115-120; 2012b, 49-50).
marse a sus filiaciones culturales y comprender mejor el posible fenómeno migratorio 118 .
El área de Tetzapotitlan carece también de estudios necesarios para detallar distribuciones de los tipos cerámicos existentes. No obstante, algunos de los materiales permiten atribuir temporalidades, filiaciones y detalles importantes en la comprensión de la sociedad pretérita de Tetzapotitlan119. Entre los hallazgos cerámicos reportados resalta una pieza característica de la cultura mexica: una pequeña jarra de contexto original desconocido, pero cuya decoración y acabado se relacionan con el Azteca III Negro sobre Anaranjado (figura 51, inciso a). Este tipo cerámico, como se ha señalado anteriormente, se vincula en este caso específico con la presencia física de colonos del Altiplano. En lo que respecta a otros materiales cerámicos característicamente mexicas, se ha identificado un fragmento de brasero con decoración de cráneos moldeados en el borde (Márquez 2009, 117; 2012b, 50-51; Márquez 2015a, 122; Márquez 2017, 39). Asimismo, existen algunas figurillas (figura 51, inciso b) que acusan claras particularidades del Altiplano (figura 51, inciso c), visibles
• 118 Debido a las nulas investigaciones de campo en Tetzapotitlan, este planteamiento no puede realizarse por el momento.
• 119 Por ahora, solamente se hace referencia a materiales que han sido publicados.
Figura 50. Fragmento de yugo hallado en Castillo de Teayo (Seler 1904, 448).
Figura 51. Jarra del tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado procedente de Tetzapotitlan (a) (dibujo de Syria Cardiel Zalapa según Márquez 2012b, 52), comparación de cabeza de figurilla procedente de Tetzapotitlan (b) (dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez 2015a, 123), y una pieza de México-Tenochtitlan (c) (Museo Nacional de Antropología).
en los detalles y proporciones del rostro y el tipo de tocados exhibidos120.
En Tetzapotitlan existen también interesantes representaciones con atributos de la diosa tének Teem, elaboradas en pequeñas piezas de cerámica de aproximadamente 15 cm de altura (Márquez 2009, 123; 2012b, 52-54). Como se ha indicado anteriormente, la evidencia de estas figurillas hace referencia a su culto, especialmente asocia-
• 120 Contrario a lo que plantea Smith para el occidente de Morelos, no es posible sostener la hipótesis de que estas figurillas hayan ingresado a Tetzapotitlan solo con fines comerciales, sin repercutir en la ideología de los consumidores de estos símbolos. Para comprender el fenómeno, es necesario considerar que dichas piezas funcionaron como objetos propios de rituales y, por lo tanto, representaron a las deidades a las cuales la población debía rendir culto. Es probable que su introducción se haya intensificado a partir de las conquistas de la zona, cuando ya existía acceso a las poblaciones de la región mediante los mercados locales. En consecuencia, su ingreso en Tetzapotitlan no puede ser anterior a 1480, año en el que parece haberse producido el conflicto entre mercaderes mexicas, tzicoacas y tochpanecas. Las representaciones hasta entonces veneradas por los nativos debieron corresponder a deidades locales, característicamente tének, como he señalado y defendido en otros estudios (Márquez 2009; 2012b; 2015a; 2017; 2021c; 2022). Si el culto oficial repercutió en la vida cotidiana, es posible que el discurso oculto haya sido alterado hasta verse permeado por imposiciones provenientes de un grupo construido de forma socialmente distinta. Se trataría de un desplazamiento de discursos político-religiosos de élite, mediante el cual los discursos tének fueron progresivamente opacados tras el establecimiento de un gobierno y una colonia mexicas en Tetzapotitlan.
das con unidades habitacionales, lo que permite inferir que al menos una parte de la población habitante de Tetzapotitlan era tének121. Por otra parte, no puede descartarse que estas piezas correspondan a una temporalidad más temprana a la referida y hayan sido útiles en un pasado ajeno a la presencia de población de sociedades de la Triple Alianza. Por otra parte, existen objetos cerámicos cuya manufactura se relaciona con fenómenos de sincretismo estético; un ejemplo de ello es una pieza de forma y decoración características del tipo Huaxteca Negro sobre Blanco, pero elaborada en una arcilla de tono anaranjado (figura 52), ligada a los gustos estéticos de la población del Altiplano.
Lo que se puede deducir a partir de las observaciones de la cerámica de Tetzapotitlan, es la franca relación de algunas piezas con filiaciones étnicas de origen tének y mexica. En los casos de la vajilla utilitaria, independientemente de su uso ceremonial o doméstico, parece existir una clara mezcla de elementos de ambos grupos. Este tipo de conducta material se vincula con ideas sincréticas, probablemente derivadas de la imposición de ciertos cánones de producción para el consumo local de la población colonizadora en principio. Este proceso se vería complementado después, ya aceptado y más o menos generalizado debido a la mezcla étnica, con lo cual, las nuevas generaciones locales tendrían un bagaje cultural con elementos de ambas culturas. De esta manera, se explica una incursión comercial, en principio, en tanto una producción local pudo haber sido desarrollada después122.
• 121 Considerar que la población nativa del sitio fue de origen tének obliga a replantear diversas observaciones en torno a la escultura, una de las principales manifestaciones de los grupos ideológicamente dominantes. Para que este planteamiento resulte válido, es necesario explicar qué sucedió con las piezas de Teem y Mam propias de Tetzapotitlan una vez consolidado el poder político y militar, así como la ocupación territorial mexica. Es posible que muchas de las esculturas nativas hayan sido destruidas por los colonos al establecerse en la localidad, como una forma de desprestigio; pese a todo, también es factible que otras aún no hayan sido encontradas. Hasta el momento, solo se tiene conocimiento de dos esculturas con claros rasgos de Teem y de cinco con atributos de Mam. Es posible que Teem haya sido resignificada con atributos de Chicomecóatl, dado que algunas figuras de esta diosa muestran una serie de rasgos propios de ambas deidades. Asimismo, el uso de figurillas de Teem podría reflejar, por un lado, el desprestigio de su culto a escala oficial tras las ocupaciones territoriales de las sociedades de la Triple Alianza y, por otro, un esfuerzo de la población local por mantenerlo en el ámbito doméstico.
• 122 Para sustentar esta hipótesis, es necesario contar con varias muestras de tipos cerámicos alóctonos, que permitan, mediante análisis detallados, distinguir la producción local y foránea.
Figura 52. Vasija con forma y decoración del tipo Huaxteca Negro sobre Blanco, pero en una arcilla de color naranja. Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2012b, 53).
Respecto de la escultura tetzapoteca, existe ya una discusión relevante acerca de cuáles son de filiación tének y mexica (Márquez 2012b, 55-66)123. Dentro del conjunto de piezas que pueden considerarse nativas de la zona, se han publicado al menos dos ejemplos (Márquez 2009, 116-118): un dios Mam (figura 53, inciso a) y una diosa Teem (figura 53, inciso f). Actualmente, se han documentado otras, entre ellas, cuatro esculturas de Mam (figura 53, incisos b, c, d y e)124, así como una representación de Teem que no había sido referida en publicaciones anteriores (figura 53, inciso b). Otras es-
• 123 Hasta ahora ningún estudio ha elaborado en profundidad la revisión particular de esculturas de imaginería tolteca en Tetzapotitlan. Hay algunas piezas que parecen tener esta filiación; sin embargo, la evidencia procede principalmente de información contenida en fuentes escritas y no de una comparación directa entre monumentos (Márquez 2009, 117-118).
• 124 Una de ellas se encuentra bajo el resguardo del Museo de Sitio de Castillo de Teayo, mientras que la otra se encuentra empotrada dentro de una escuela en la localidad de El Pital, ubicada a 4 km al suroeste de Tetzapotitlan. Otras dos no habían sido dadas a conocer debido a que se encontraban en manos de particulares. Según los informantes, una procede de las laderas de un cerro ubicado al norte del basamento piramidal del lugar, a una distancia aproximada de 800 metros, mientras que la otra no tiene ubicación precisa aunque también proviene de los alrededores del lugar.
Figura 53. Representaciones del dios Mam y la diosa Teem procedentes de Tetzapotitlan. Piezas en manos de particulares (b, d y e), en el Museo de Sitio de Castillo de Teayo (a, c y f), y en el Museo de Córdoba (g). Dibujos de Syria Cardiel Zalapa.
culturas de Tetzapotitlan, debido a su materia prima y estilo, pueden considerarse importaciones directas del Altiplano. Entre ellas destacan la de un ‘macehual’ (figura 54, inciso a) y una máscara de ‘macehual’ elaborada en piedra verde (figura 54, inciso b). También resulta importante una supuesta representación de la diosa Chalchiuhtlicue encontrada en La Chinola (Maclaren 2002, 155; Márquez 2012b, 55-61), la cual es copia prehispánica fidedigna de otra hallada en México-Tlatelolco (figura 55).
De manera similar a lo observado en la cerámica, en la escultura se presentan casos que pueden considerarse como sincretismos, en los que es posible distinguir elementos propios de la ideología tének, así como de las sociedades del Altiplano. Aunque no es posible detallar aquí todos los ejemplos, resulta pertinente referirse a una pieza en particular, cuya situación híbrida fue observada en una publicación de Lombardo (1996). En relación con esta escultura, catalogada originalmente por Solís como monumento 6 (figura 56, inciso a), Lombardo afirma que «se toma la larga tradición huaxteca de diosas desnudas con las manos sobre el vientre, y se le añade el típico tocado mexicano de cintas de papel que llevaban las deidades asociadas a Tláloc, característica impuesta por los invasores» (Lombardo 1996, 393). Estos fundamentos culturales, introducidos a través de
Figura 54. Escultura de macehual con rasgos mexicas de Tetzapotitlan (a) (Maler ca. 1890b) y máscara de piedra verde de personaje con rasgos mexicas hallada en Tetzapotitlan (b) (redibujada digitalmente a partir de Easby 1962, 139).
Figura 55. Representaciones de ‘Chalchiuhtlicue’, halladas en Tlatelolco y La Chinola. Modificado digitalmente a partir de Maler ca. 1890c.
los discursos oficiales, se manifestaron con la llegada de otras ideas religiosas y, principalmente, como consecuencia de los regímenes implantados por el nuevo orden político. El estudio de la escultura, por su parte, ayuda a tener claridad en relación con la identificación de elementos muy particulares, que permiten vincular la imaginería y la carga glífica con determinados grupos étnicos; por ejemplo, el amacalli de la diosa mexica Chicomecóatl o los pechos desnudos y las manos al vientre de la diosa tének Teem. Tales argumentos refuerzan la hipótesis de una intervención mexica en Tetzapotitlan, inicialmente de carácter impositivo y, posteriormente, orientada a la inculcación de prácticas desde la infancia, una vez consolidado el poder político de los grupos invasores. Aún más, considerando el hallazgo de una Chicomecóatl con rasgos de Teem en el basamento piramidal principal de El Pital, localidad muy cercana a Tetzapotitlan (figura 56, inciso b).
En Tetzapotitlan, también existe la representación de una deidad mexica del pulque (figura 57, incisos a y b), identificada anteriormente por otros investigadores como una imagen de Xipe Tótec (Solís 1981, 59). La escultura referida presenta solo cuatro elementos glíficos visibles: un lazo de caracoles cortados, dispuesto a manera de collar; una bolsa de copal o xiquipilli en la mano izquierda; un hacha en la mano derecha y un maxtlatl. A ello se suma una perforación intencional en el costado izquierdo del pecho, a la altura del corazón. Estos componentes son característicos de este numen, de acuerdo con la descripción de los atavíos presentada en la obra de Sahagún ([1569] 2006, 862), y con lo observado directamente en las imágenes de los Primeros memoriales (figura 57, inciso c). De hecho, la representación remite con alta probabilidad a Papáztac (figura 57, inciso d), y como es usual en otras esculturas de Tetzapotitlan, la perforación en el pecho pudo ser utilizada para incrustar una piedra verde, las cuales fungían como corazón en estas imágenes (Márquez 2015a, 310; 2021e).
En relación con el basamento piramidal de Tetzapotitlan (figura 58), Solís (1986) destaca que las escaleras pertenecen a una estructura anterior a la fachada, lo que infiere una modificación intencio-
Figura 56. Monumento 6 de Tetzapotitlan, el cual presenta elementos de origen tének (manos al vientre y torso desnudo) y mexica (tocado amacalli) (a); dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2015a, 259); y deidad femenina con rasgos de Chicomecóatl y Teem procedente de El Pital, Castillo de Teayo (b), dibujo de Syria Cardiel Zalapa.
Figura 57. Representación del dios del pulque Papáztac, procedente de Tetzapotitlan (a)
(Museo de Sitio de Castillo de Teayo) y dibujo de esta pieza (b) (Umberger 2007, 182); dios del pulque (c) Primeros Memoriales y dios del pulque Papáztac (d) (Loubat 1904, 49r).
nal del edificio (Solís 1986, 77). De acuerdo con esta observación, se plantea la erección de una etapa constructiva inconclusa durante el periodo de gobierno mexica en Tetzapotitlan, proceso que habría sido interrumpido por la conquista hispana125. No obstante, el análisis de Solís (1986) permite realizar comparaciones con casos como el de Teopanzolco, Morelos, donde también se han identificado modificaciones al basamento principal, realizadas con posterioridad a las conquistas de la Triple Alianza en Cuauhnáhuac y Tlalnáhuac, con el fin de que su fachada fuera similar a la de edificaciones mexicas (Robles 2007, 295-296). Este mismo fenómeno se observa en Tetzapotitlan y otros sitios de la costa del Golfo con presencia de sociedades vinculadas a la Triple Alianza, como Cotaxtla, Quautochco, Cuyuxquihui y Tuzapan. Las modificaciones arquitectónicas del templo respondieron, por tanto, a los criterios estéticos e ideológicos de los nuevos grupos de poder una vez consumada la dominación del sitio. Es probable, atendiendo a los señalamientos de Solís (1986) y de Robles (2007), que este proceso se haya desarrollado en Tetzapoti-
• 125 Aunque ningún investigador lo ha mencionado por escrito, originalmente las rocas de arenisca que forman parte del edificio principal de Tetzapotitlan solamente estaban sobrepuestas, lo que pudo haber facilitado la modificación de la estructura original durante una nueva etapa constructiva. Esta afirmación se sustenta porque así lo han comentado informantes longevos de la localidad, quienes aseguran haber extraído numerosas lajas de las desaparecidas estructuras de los alrededores para la construcción de sus viviendas actuales. Esta hipótesis se refuerza al observar directamente basamentos en otros asentamientos arqueológicos cercanos, donde la presencia de estuco es mínima o incluso ausente. Como indicador arqueológico, esta observación es una clara muestra de una distinción entre modelos constructivos locales y foráneos.
tlan durante la instauración del nuevo gobierno, o bien, al efectuarse formalmente la colonización de la localidad126.
Imaginería mexica en la escultura tetzapoteca
Diversos investigadores han propuesto la existencia de un sincretismo entre las deidades mexicas y tének (Graulich y Ochoa 2003, 95). Un ejemplo de este tipo de esculturas son las piezas mostradas en la figura 56, incisos a y b, que representan deidades con rasgos de Chicomecóatl, pero con el torso desnudo y las manos sobre el vientre, de manera similar a como suele representarse a Teem (Lombardo 1996, 393). Un punto clave para comprender el predominio de un estilo de representación en una localización radica en asumir que la identidad étnica de una cultura específica se vincula indiscutiblemente con una mayor presencia o ausencia de enclaves y colonos (Umberger 1996, 152), y esto se ha mostrado empíricamente
• 126 Es necesario recordar la grave extracción de fuerzas productivas de Tetzapotitlan utilizadas para el levantamiento de la cuarta etapa constructiva del Templo Mayor de México-Tenochtitlan en 1487. Este proceso debió limitar en gran medida los trabajos arquitectónicos en la localidad, sobre todo si se considera que se privilegió la producción escultórica. Asimismo, existen evidencias suficientes para proponer que, aunado al sacrificio masivo de varones tetzapotecas en México-Tenochtitlan —donde se dio muerte a mujeres, niños y ancianos cautivos—, se promovió paralelamente el envío de varones y familias completas desde el Altiplano con el fin de consolidar la colonización de Tetzapotitlan (Márquez 2025).
Figura 58. Basamento piramidal principal de Tetzapotitlan.
en los sitios abordados en este trabajo. Así, resulta posible explicar por qué los materiales arqueológicos de Cotaxtla y Quauhtochco presentan una mayor cantidad de productos de filiación mexica y texcocana, como cerámica, obsidiana, escultura e imitación de rasgos arquitectónicos. En relación con las evidencias arqueológicas de estos sitios, adquiere coherencia lo señalado en los folios 17v y 18r del Códice Mendoza, anteriormente mencionados. En dichas láminas se alude no solo a la imposición de gobernantes y autoridades militares en provincias rebeldes, sino también a la colonización de estos asentamientos, para lo que necesitaban del envío de ciertas cantidades de población provenientes del Altiplano. La presencia de estos grupos foráneos ocasionó afectaciones a la cultura material local y a su producción, principalmente por el consumo preferencial de ciertos objetos o estilos.
Para comprender la influencia de los discursos oficiales emanados del poder sobre las formas de representación aprendidas desde la infancia, resulta de utilidad mostrar qué sucede en casos concretos ya analizados por investigadores en sociedades actuales. Así, me remito entonces a un trabajo presentado por Prinz (2004), en el cual analiza la forma en la cual los libros de texto educativos influyen en las percepciones de niños Mehinako del Alto Xingu, Brasil127. En dicho contexto, los infantes tienden a utilizar las representaciones que identifican como modelos a seguir, lo que limita en cierta medida el desarrollo de su independencia artística y creatividad. Sin embargo, crean algo nuevo con los elementos tomados, de forma similar a lo que hacen los bricoleur (Prinz 2004, 72). Con esto, el fenómeno se comprende en los siguientes términos:
La producción de arte en el pueblo mehinako tampoco muestra una renuncia a su identidad indígena y no indica pérdida en cuanto a la multivocalidad de su expresión cul-
• 127 Quienes actualmente defienden la autonomía de los pueblos del mundo suelen asumir una postura según la cual los pueblos subordinados «están consiguiendo apropiarse de cosas y relaciones extranjeras de manera que alteran sus usos y significados y alimentan un desenvolvimiento autónomo y en referencia a sus propias tradiciones» (Gitahy de Figueiredo 2008, 2). Sin embargo, en contextos de dominación derivados de la guerra y de la ocupación de las tierras conquistadas, es muy probable que un nuevo régimen imponga las formas en que los sujetos deben actuar, expresarse y convivir entre ellos.
tural. Su tratamiento de lápiz y papel demuestra en realidad una adaptación activa de elementos y estilos occidentales dentro de un género híbrido. (Prinz 2004, 74)
La interpretación de Prinz resulta pertinente y motivadora para esta investigación, puesto que una de las propuestas es la inculcación de cánones estilísticos y significados desde la infancia entre la población de Tetzapotitlan. De esta manera, pudo haberse producido un desplazamiento de las ideologías tének a partir de la presencia física de colonos mexicas. Esta hipótesis se plantea de manera exclusiva para la población de Tetzapotitlan, considerando el proceso de ocupación territorial iniciado hacia 1480, y por el momento, no es viable aplicarla a otros casos de estudio específicos, hasta no demostrarlo con base en los materiales arqueológicos.
En Tetzapotitlan habría existido un orden político dominante que desplazó al local; es decir, es muy posible que en lugar de generar un proceso de adaptación de las costumbres foráneas a las locales, estas se trastocaran en un intento por imitar a los nuevos estilos128. Esto se debió a distintos procesos, como el gusto, la aspiración, la formalidad, la ley o inculcación de valores desde la infancia. El artesano adulto, ya fuera de estirpe mexica, tének o de ambas, debía sujetarse a las normas sociales y seguir los patrones de imagen (escritura) emitidos por el centro productor al cual su pueblo estaba sujeto. Tales convenciones habrían sido aprendidas mediante el uso de códices o a través de la afluencia de ‘escultores imperiales’ hacia las provincias colonizadas.
• 128 Algunos investigadores, sin mencionar explícitamente este factor, aseguran que son escasas las esculturas con características mexicas, pues la mayoría habría sido elaborada en un estilo local, de tipo provincial (Umberger 1996, 166 y 178). Es cierto que atribuir a los mexicas toda la producción escultórica resulta poco sensato; sin embargo, solo estudios especializados pueden definir o no tales atribuciones. Para Umberger solamente hay tres piezas de manufactura mexica en Tetzapotitlan, dos de ellas posiblemente importadas, entre las cuales destaca la encontrada en la Chinola (1996, 178; 2007, 176).
• En las sociedades mesoamericanas, la imagen sirvió de escritura y tuvo un valor social reconocido y aceptado por los grupos elitistas; por ello, puede considerarse una expresión ideológica. En este sentido, la presencia mexica en Tetzapotitlan se encuentra mejor documentada a través del discurso ideológico y no tanto por las técnicas de manufactura (Umberger 1996, 166), aunque no se ha reconocido la limitación del soporte para el escultor. La dureza y la fractura de la roca arenisca de origen sedimentario, característica en la Huaxteca, no se compara con los duros basaltos de origen volcánico predominantes en el Altiplano. Este aspecto debe ser considerado al emitir este tipo de propuestas.
El bricoleur tének129, por tanto, debió estar dirigido en sus ejecuciones relativas al ámbito oficial, antes que tener derecho de usar su propia libertad en la ejecución de la mayoría de las piezas, las cuales son muestra de un particular discurso político religioso. Algunas esculturas, como la diosa Chicomecóatl del monumento 6, invitan a reflexionar sobre esta posibilidad. No obstante, los tetzapotecas habrían sido capaces de esconder, ante los ojos de los grupos dominantes, elementos propios de su constructo cultural, típicamente característicos de sus dioses: Mam, Teem, Dhipak y 9 Viento130. En este sentido, se rechaza la idea teológica de que el bricolage no existe en la ejecución de representaciones (Derrida 1966, 9), aunque tampoco se descarta, que en órdenes tan rígidos como pudo ser el mexica, se haya mantenido cierta independencia en el sistema de creencias y prácticas locales de Tetzapotitlan con el tiempo. No obstante, esta propuesta, estrictamente teórica, no puede mantenerse a la luz de observaciones del monumento 6, en el cual aparecen mezclados elementos de ambas culturas.
En este punto resulta necesario mediar entre considerar al consumidor desde una perspectiva ‘pasiva y manipulable’ (Prica 2009, 152) o como un agente capaz de resignificar ‘usos y significados’ (Gitahy de Figueiredo 2008, 2). Pero se trata, más bien, de la práctica de un razonamiento (Prica 2009, 150), debido a la discreción al ejecutar las imágenes, en las cuales hay detalles del constructo cultural ocultos. El bricoleur tének debió, en consecuencia, ser consciente de sus ejecuciones escultóricas. La interrogante final que plantea esta exposición de evidencias es si las representaciones escultóricas implicaban las celebraciones de tales dioses o si constituían únicamente una de las formas de conmemorarlas, manteniendo intactos los
• 129 El bricoleur tének debió educarse oficialmente con los discursos de los grupos dominantes provenientes de la cuenca de México; pese a todo, al no erradicarse totalmente los cultos locales, probablemente se conservaron ciertos elementos glíficos propios de su cultura.
• 130 Es indispensable considerar que 9 Viento «venerado por los totonacos y los nahuas de la Sierra Norte de Puebla es un personaje complejo: espíritu del maíz, señor del mar y de los cerros, del agua, el aire, la lluvia, la vida de las plantas, de los hombres y los animales» (Stresser-Péan 2011, 208). De alguna manera, esta deidad se encarna no solo en Mam, señor del rayo, sino también en Dhipak, numen del maíz y héroe cultural tének. Pese a todo, no es posible contar con una imagen plasmada de cómo era representado este dios; aún así, es probable que compartiera numerosos rasgos con Quetzalcóatl, nombre con el que también se le identifica.
rituales locales tal cual existían. Para abordar esta cuestión, resulta imprescindible recurrir a los discursos no oficiales de los nativos, cuyos restos están entre los desechos de las unidades habitacionales131.
El barrio mexica de Tetzapotitlan
Como se ha observado en la conducta material de otros sitios, las poblaciones que necesitaron de una ocupación territorial por parte de las sociedades de la Triple Alianza establecieron barrios en zonas estratégicas, cercanos a las zonas cívico-ceremoniales principales de las localidades sometidas. Estos grupos sirvieron como apoyo al gobierno local, asegurando la manutención del orden político y participaron activamente en la parafernalia ritual celebrada en las provincias ocupadas. Tetzapotitlan no es la excepción, y el área correspondiente al ‘Barrio Mexica’ se ubica a 500 m al oeste del basamento piramidal principal y se extiende en la zona norte del Cerro de la Cruz (figura 59). El piedemonte de esta elevación es relevante porque a principios del siglo pasado, Seler halló un conjunto de esculturas acarreadas desde esa área en un altar cristiano alrededor de una cruz (figura 60). Este altar se encontraba a la mitad del camino principal que da salida a Metlaltoyuca, y hace unos años la cruz fue sustituida y reubicada a un lado de la calle, muy cerca del espacio ocupado originalmente, en uno de los accesos del Cerro de la Cruz. En la cima del Cerro de la Cruz se identificaron los restos de un antiguo basamento piramidal que no supera los tres metros de altura, aunque originalmente pudo tener más. En esta estructura resaltan pequeñas áreas estucadas, e incluso pintura roja entre las rocas de are-
• 131 Aunque comprendo plenamente la problemática enfrentada, persisten interrogantes que no han podido responderse, debido a que el inah no me ha autorizado realizar investigaciones de campo. Sin embargo, el presente estudio se sustenta en todos los materiales que fue posible registrar sin afectar los contextos arqueológicos.
Figura 59. Cerro de la Cruz y otras áreas de Tetzapotitlan, escala 1:5000. Elaborado a partir de QGIS.
Figura 60. Vista del altar cristiano ubicado a mitad del camino, a la salida de Castillo de Teayo, cerca del Cerro de la Cruz132 (Márquez 2015a, 384).
• 132 La fotografía pertenece a una colección que se encontraba en subasta en Argentina en mayo de 2014, disponible en el sitio web http://www.delcampe.es. Su antigüedad supera los sesenta años y es probable que forme parte de las imágenes tomadas por Juan Rulfo durante su visita a la localidad a mediados del siglo pasado, de la cual, cabe destacar, escribió un relato.
nisca consolidadas133. En la parte central del basamento se aprecia un pozo de saqueo del que se extrajeron lajas utilizadas posteriormente para edificar la base cuadrada de una cruz en el lugar, por decisión de un cura local hace al menos treinta años (véase Márquez 2015a, 384387)134. Aunque se desconoce con precisión la orientación del basamento piramidal, se asume que su acceso se localizaba hacia el norte, si se considera que las concentraciones de materiales arqueológicos ocurren solo en la ladera ubicada hacia la localidad (figura 61). Entre los materiales arqueológicos detectados resalta la presencia de tubos sólidos de cerámica de entre 0.7 y 2 cm de espesor, elaborados por enrollado con algún tipo de fibra textil (figura 62). Su función específica es imprecisa, pero la presencia de protuberancias perpendiculares sugiere que pudieron formar parte de un enrejado integrado a la arquitectura del basamento piramidal asociado. En cuanto a otros materiales arqueológicos procedentes de este espacio, es necesario indicar que la obsidiana es color verde (figura 63, incisos a y b), lo cual es buen indicador, dado que se trata de un material diagnóstico de la presencia de grupos de la Triple Alianza en otros sitios135. Por su parte, los fragmentos cerámicos son escasos y pertenecen, en su mayoría, a cajetes y ollas con engobes naranja y café en la superficie exterior136, aunque se logró identificar un soporte de cajete Azteca III Negro sobre Anaranjado (figura 63, inciso c). La presencia de estos materiales, aunado a la notable ausencia de otros, característicamente tének, sugiere que, además de no tratarse de un área de ocupación muy antigua, fue uno de los espacios utilizados y apropiados por grupos de la Triple Alianza para realizar
• 133 En un principio, se consideró la posibilidad de que se tratara del conocido cerro de Zapotitlán, donde Seler encuentra las dos piezas más voluminosas del sitio: una escultura de Chicomecóatl y una de Tláloc en forma de chicahuaztli (Márquez 2015, 240-243). Este planteamiento resultaba sugerente, no solo por dichas figuras, sino también por el hallazgo de materiales arqueológicos en la ladera norte, es decir, a los pies del basamento piramidal. Sin embargo, tras una nueva revisión de los trabajos del investigador alemán, se descartó esta posibilidad, pues existe certeza de que este último espacio corresponde a otra elevación, ubicada hacia el este, cerca del barrio homónimo.
• 134 Esto según informantes de la localidad.
• 135 Reconozco que la obsidiana verde no fue de uso exclusivo de las sociedades de la Triple Alianza. Sin embargo, las esculturas ubicadas en el altar cristiano al pie del cerro son de estilo e imaginería mexicas.
• 136 Como se recordará para otras localidades del centro-sur de Veracruz, es común la aparición de engobes de color naranja en cerámicas locales a partir de la presencia de grupos dominantes de la Triple Alianza.
Figura 61. Área de concentración de materiales en el Cerro de la Cruz, Tetzapotitlan, escala 1:5000. Elaborado a partir de QGIS.
Figura 62. Fragmentos de cerámica en forma de tubos. Ladera norte del Cerro de la Cruz, Tetzapotitlan (Márquez 2015a, 390).
Figura 63. Navajillas de obsidiana verde (a, b) y fragmento de cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado (c), procedentes de la ladera norte del Cerro de la Cruz, Tetzapotitlan (Márquez 2015a, 389).
prácticas rituales durante la ocupación territorial de Tetzapotitlan137. Las cerámicas no identificadas podrían evidenciar la participación de grupos locales dentro de acciones rituales, especialmente si se considera la presencia de engobes cuya función es emular a las cerámicas de los grupos dominantes (figura 64). Esto no debe sorprender, considerando que el discurso oficial de los nuevos grupos dominantes tenía la intención de desplazar y sustituir al nativo tének, al tiempo que permitía la inclusión de los grupos más bajos de la escala social, según se documenta en fuentes escritas del Altiplano. En consecuencia, la baja calidad de las cerámicas de esta área permite proponer que grupos dominados participaron activamente en la promoción de la inculcación de cultos mexicas en Tetzapotitlan, con lo cual los discursos oficiales de orden político y religioso habrían tenido una mayor difusión dentro de esta provincia.
Al retomar el tema de las esculturas prehispánicas encontradas por Seler dentro del altar cristiano del Barrio de la Cruz, es necesario destacar su importancia en relación con el espacio, pues se trata de un lugar de culto que había sido colocado intencionalmente en la salida hacia Metlaltoyuca, a la mitad del camino. Es decir, su existencia está relacionada con el reconocimiento de los transeúntes en su paso hacia Teayo, Metlaltoyuca e Ixhuatlán por el oeste, así como hacia Tihuatlán y Tuxpan por el este, entre otras provincias de la re-
• 137 Esta zona pudo haber sido una de las más afectadas por la población hacia fines del siglo xix, periodo en el que se produjo la descontextualización de una parte significativa del corpus escultórico de Tetzapotitlan. A ello se suman posibles saqueos y destrucciones intencionales más recientes, como el aparente desmonte realizado para delimitar las bardas actuales del parque de la localidad, lo cual evidencia la destrucción de basamentos piramidales cercanos.
Figura 64. Fragmentos de materiales cerámicos con engobe. Ladera norte del Cerro de la Cruz, Tetzapotitlan (Márquez 2015a, 391).
gión. Estas esculturas habían sido acarreadas de los alrededores, de acuerdo con la información proporcionada por el propio Seler, por lo cual la mayor parte de estas piezas debió provenir de sitios cercanos, incluyendo el propio Cerro de la Cruz. En las inmediaciones de esta zona se encuentra también la Zanja de la Piedra Labrada138 (figura 65), lugar de origen del monumento 41 (figura 66, inciso a), el cual muestra a Tláloc y Chicomecóatl en una ceremonia alusiva a la fiesta de la cosecha de Ochpaniztli (figura 66, inciso b), del cual se han realizado ya estudios especializados (Márquez 2009; 2015a; 2017). Debido a la cercanía con los yacimientos arqueológicos mencionados, resulta indudable que las piezas ubicadas en torno a la cruz se encontraban próximas al sitio donde fueron reunidas, es decir, al oeste y suroeste de Tetzapotitlan: Cerro de la Cruz, Barrio de la Cruz, Zanja de la Piedra Labrada y laderas de elevaciones camino a La Chinola, donde García Payón reportó también una estructura en uno de sus informes. Es probable, por otra parte, que las ofrendas y otros materiales asociados al monumento 41 se ubicaran original-
• 138 En los informes técnicos no se reportan datos sobre la ubicación precisa de la pieza; por ello, para localizar el lugar fue necesario recurrir a una fotografía antigua y a entrevistas con los habitantes cercanos al arroyo, pues Marquina (1951, 459) asegura en su obra que el monumento 41 se encontraba en su sitio original hasta entrados los años cincuenta. Una mujer de aproximadamente 90 años colaboró en la identificación del lugar, al afirmar que recuerda la presencia de la pieza en ese espacio cuando era niña.
Figura 65. Zanja de la Piedra Labrada, Tetzapotitlan (Márquez 2015a, 393).
mente en la pendiente de la zanja y que, como resultado de procesos posdeposicionales, hayan sido arrastrados por la corriente del arroyo, donde actualmente se vierten aguas negras139. Pese a todo, fue posible documentar obsidiana verde (figura 67), así como algunos materiales cerámicos. Como se hace notar, este espacio, adyacente al piedemonte del Cerro de la Cruz, formó parte del área donde grupos procedentes del Altiplano realizaron diversidad de cultos y prácticas rituales dedicadas a sus deidades, de las cuales se han identificado a Tláloc y Chicomecóatl en el monumento 41, asociados con la fiesta mexica de la veintena Ochpaniztli. Cabe decir, a su vez, que estos númenes ya se habían registrado en otros espacios conquistados y ocupados territorialmente, lo que constituye una evidencia relevante para el caso de Tetzapotitlan.
• 139 En la Zanja de la Piedra Labrada abundan grandes lajas de arenisca de más de dos metros de largo, aunque algunos informantes mencionaron que trabajadores de pemex habían retirado de ahí otras de tamaño mucho mayor. En el lugar, cabe decir, se encuentra una laja con percusiones y tallado que delinea una silueta humana, de tamaño y estilo similar al de otras esculturas de la localidad.
Figura 66. Ubicación original del monumento 41 en la Zanja de la Piedra Labrada 140 (a) (Márquez 2015a, 394) y sus representaciones de Tláloc y Chicomecóatl en una ceremonia alusiva a la fiesta de la cosecha Ochpaniztli (b). Dibujo de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2009, 143).
Como se observa, el testimonio relacionado con la presencia de un ‘Barrio Mexica’ en la zona oeste y suroeste de Tetzapotitlan es significativa. Esta se manifiesta principalmente en esculturas como el monumento 41 y en otras encontradas en el altar cristiano ya referido. Este último espacio, fotografiado por Seler a principios del siglo xx (figura 68), muestra seis esculturas: los monumentos 5, 10, 12, 13, 25 y otro más. Las representaciones respectivas son: (1) desconocida, (2) Tláloc, (3) Macuilxóchitl Xochipilli, (4) Macuilxóchitl Xochipilli, (5) serpiente con rostro emergente en sus fauces y (6) desconocida. Dentro de este conjunto destacan tres piezas característicamente mexicas (figura 69, incisos a, b y c), lo que refuerza la hipótesis de celebraciones rituales de sociedades de la Triple Alianza en la zona oeste y suroeste de Tetzapotitlan, específicamente en el actual Barrio de la Cruz y sus límites: el Cerro de la Cruz y la Zanja de la Piedra Labrada. Por si no bastara esta evidencia, resalta al menos otro monumento de filiación mexica hallado en esta zona (Marquina 1951, 459), identificado como Xipe Tótec (figura 69, inciso d).
Si se atiende a los mapas de la localidad se observa que el límite del área referida en la parte norte se ubica en el arroyo, justo donde inicia el piedemonte de otras elevaciones. Es decir, los grupos del Altiplano asentados en el ‘Barrio Mexica’ controlaban el único acceso
• 140 Fotografía de Castillo de Teayo subastada en Argentina en mayo de 2014, disponible en http:// www.delcampe.es.
digitalmente a partir de Maler ca. 1890d.
Figura 67. Navajilla de obsidiana verde. Zanja de la Piedra Labrada, Tetzapotitlan (Márquez 2015a, 396).
Figura 68. Altar cristiano al oeste de Castillo de Teayo, sobre el camino a Metlaltoyuca e Ixhuatlán. Modificado
Figura 69. Esculturas de filiación mexica del altar camino a Ixhuatlán, halladas en zonas aledañas al Barrio de la Cruz (a, b, c), entre las cuales destaca una representación de Xipe Tótec (d).
Dibujos de Syria Cardiel Zalapa a partir de Márquez (2015a, 410-411).
de entrada y salida de Tetzapotitlan por el oeste, donde la extensión del asentamiento se estrecha hasta conformar una planicie de menos de 500 metros de ancho. Desde este espacio, así como desde el Cerro de la Cruz y La Chinola —la cima más alta de la localidad—, era posible vigilar cualquier movimiento poblacional de los grupos nativos, en especial aquellos vinculados con rebeliones. Asimismo, estos grupos controlaban la entrada de grupos serranos, los cuales gozaban de mayor autonomía respecto de las poblaciones de la Triple Alianza, como ya se analizó a partir de los materiales arqueológicos de esas provincias. Cualquier intento de rebelión en apoyo de poblaciones tan importantes de la región como Mequetla o Tzicoac, quedaba frenado al interrumpirse la comunicación, como consecuencia de la ocupación territorial ejercida por Tetzapotitlan, Metlaltoyuca y Cacahuatenco (Márquez 2025). A su vez, la salida de grupos provenientes de provincias costeras, con interés de intercambiar mercancías en tierras altas, se verían afectados por la presencia de estas poblaciones. Esto no es todo, si se considera también el ejercicio ritual de los colonos: quienes iban de paso debían presenciar los rituales en honor de las deidades del Altiplano, y muy posiblemente, hacer ofrendas de manera obligada (debe recordarse que la negativa a dar ofrendas derivó en muchos casos en movimientos bélicos).
Esta evidencia escultórica, congruente con la ya analizada para otros sitios conquistados y ocupados territorialmente por sociedades de la Triple Alianza, permite identificar una de las principales zonas de culto mexica en Tetzapotitlan, donde puede asegurarse la existencia de un barrio con pobladores del Altiplano. Aquí, situado dentro de una de las áreas centrales principales de la población tetzapoteca, se realizaban prácticas rituales a los dioses Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl Xochipilli y Xipe Tótec. Sin duda, las celebraciones en relación con estos númenes se intensificaron con la llegada del toxiuh molpilia de 1507, lo que habría provocado una alta producción escultórica asociada a dichos festejos. Parece probable, también, que Tetzapotitlan haya tenido presencia de otras ceremonias importantes, como el Pillauanaliztli y el Atamalcualiztli, celebradas cada cuatro y ocho años, respectivamente, durante la llegada de los nemontemis biquintos (días bisiestos), debido a que la población del Altiplano permaneció asentada en este sitio por varios años a partir de 1480 (Márquez 2015a, 411).
Dado que esta área ceremonial se localizaba en pleno camino hacia Metlaltoyuca, Mequetla, Tzicoac y otras áreas al oeste, así como hacia Tochpan y otras tantas por el este, la actividad ritual que ahí tenía lugar se exhibía de forma explícita en diversas épocas del año, especialmente durante el envío de tributos a México-Tenochtitlan. Tampoco puede descartarse que, al igual que en el Altiplano, se extendieran invitaciones a gobernantes y grupos nobles de provincias cercanas para presenciar las ceremonias. El exhibicionismo del sacrificio humano de individuos tének en el ritual buscaba, sin duda, generar los mismos efectos de atemorización psicológica sobre otras localidades cercanas, como ocurrió en su momento con Cempoala y Quiahuiztlan. Esto no se limitaba a la celebración de Tlacaxipehualiztli, que implicaba el desollamiento de hombres, sino que incluía también la de Ochpaniztli, durante la cual se sacrificaban a mujeres esclavas. Los procesos por los cuales se amedrentaba a la población, por lo tanto, no eran ya exclusivamente masculinos, sino que se había incluido a la población femenina en ellos. Esto con la finalidad de lograr una sujeción y obediencia más allá de la obtenida hasta enton-
Figura 70. Representación de un tameme llevando a cuestas a la diosa Chicomecóatl. Museo Nacional de Antropología.
ces, muy a pesar de que se encontraba legitimada históricamente con la «mujer de la discordia», con la cual los mexicas inician los sacrificios de mujeres en Tizapan, dentro de la provincia de Culhuacan en el Altiplano (Márquez 2012b, 130-131; 2015, 196-197). Este lugar resulta clave para comprender el origen del culto a Chicomecóatl, ya sea como forma de amedrentamiento inventada por los mexicas o como una práctica adoptada de los culhuas, como podría inferirse de la representación de un cargador que porta a la deidad a cuestas, a modo de peregrinación (figura 70).
Más al noroeste, en dirección a La Chinola, la presencia mexica tampoco es dudosa, pese a la ausencia de materiales cerámicos. En este caso, la escultura de ‘Chalchiuhtlicue’141 (figura 55) reportada por Seler en una de las cimas, es suficiente para sugerir dicha ocu-
• 141 Como se ha señalado anteriormente, esta pieza es una copia de otra hallada en Tlatelolco. Por copia se entiende que fue elaborada con el mismo material y presenta las mismas dimensiones, así como representaciones y glifos en todas las caras del monumento.
pación, al menos en lo que respecta a uno de los espacios rituales de este complejo montañoso142.
Por su parte, sitios como Teayo y Mequetla parecen haber tenido una escasa inserción de los discursos oficiales mexicas en la población local, como se infiere de la nula presencia de evidencias asociadas a las sociedades de la Triple Alianza en la zona. Solo investigaciones minuciosas, desarrolladas mediante proyectos de investigación claros y sostenidos a través de los años, permitirán definir con mayor precisión las hipótesis aquí planteadas, contrastadas y resumidas en forma de breves explicaciones sobre el fenómeno analizado.
• 142 Esta elevación tiene dos cimas; en una de ellas se observa la destrucción reciente de una estructura, asociada a la instalación de una antena.
Conclusiones
Como se señaló en el primer capítulo, el interés de las provincias de la Triple Alianza en las sociedades de la costa del Golfo no residió únicamente en la explotación de recursos con alto valor de uso. En momentos de escasez provocados por sequías, los gobernantes del Altiplano se abastecieron con bienes de subsistencia, principalmente de las provincias de Cuextlan, y en especial de Tetzapotitlan, como se menciona en el Códice Telleriano Remensis para 1505.
En contraposición a fuentes como Durán y Alvarado, el Códice Xicotepec y la obra de Ixtlilxóchitl sugieren una sujeción de las provincias de la costa del Golfo más temprana que la planteada en estudios anteriores. Esta información se ve corroborada por la ausencia de señalamientos bélicos en el Códice Telleriano Remensis. Resulta posible, por tanto, que en 1458 y 1461 Tzicoac y Cotaxtla atendieran las peticiones tributarias de México-Tenochtitlan debido a la obediencia previa que mantenían hacia Texcoco. Esto debió desencadenar el posterior desarrollo de enfrentamientos, tal y como sugieren las crónicas. Asimismo, resulta pertinente destacar las conductas sociales mexicas posteriores a los años de sequía que marcaron el inicio de dos periodos toxiuh molpilia: hacia 1455, la erección de un templo dedicado a la diosa Chicomecóatl y, para 1504, la construcción de otro en honor de Centéotl (Macuilxóchitl) en México-Tenochtitlan. Esto propició el reforzamiento del culto a las deidades de los mantenimientos tanto en el Altiplano como en las provincias, mediante la presencia física de gobernantes y otras autoridades de la Triple Alianza. En los casos de ocupación territorial, la evidencia es aún más significativa, pues además de materiales asociados con cerámicas mexicas y texcocanas, destacará la ejecución de rituales que requirieron la disposición de figurillas y esculturas de imaginería mexica. Estas celebraciones corresponderán a dioses de las veintenas de Tlacaxipehualiztli, Etzalcualiztli, Tecuilhuitl, Ochpaniztli y Panquetzaliztli; de ahí que la presencia de Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl y Xipe Tótec, entre otros, sea generalizada en las comunidades conquis -
tadas por la Triple Alianza, especialmente en aquellas sometidas a ocupación territorial.
Respecto del occidente de Morelos, Berdan y Smith han propuesto soluciones metodológicas acertadas para el análisis de la penetración de discursos oficiales en provincias sujetas, a partir de la observación de los comportamientos de materiales arqueológicos en unidades habitacionales. Sin embargo, los propios autores han negado la posibilidad de una imposición de discursos ideológicos, aun frente al hallazgo de figurillas con imaginería mexica elaboradas en arcillas locales y manufacturadas en la zona. Esto les ha llevado a una sobrevaloración de sus supuestos teóricos, haciendo de la explicación económica la única posible.
Por su parte, los estudios realizados en Cotaxtla, Quauhtochco, Totogal y las provincias del Totonacapan sugieren que las provincias de la costa del Golfo se mantuvieron en dos situaciones. Por un lado, las provincias económicamente poderosas retaron a los pueblos del Altiplano, lo que derivó en ocupaciones territoriales que involucraron la imposición ideológica mediante el ejercicio de cultos y la celebración de festividades. Por otro, localidades de menor relevancia no tuvieron más alternativa que doblegarse, lo cual supuso una sujeción menos incisa en términos de cambios sufridos de su cultura material. En ambos casos, pueden rastrearse a partir de la mayor, menor o nula presencia de materiales cerámicos del Altiplano, como la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado y los sahumadores del tipo Texcoco Moldeado.
Estos análisis han permitido, a su vez, establecer una serie de indicadores sugerentes de colonización en provincias de la costa del Golfo. En Cotaxtla, los tipos cerámicos Azteca III Negro sobre Anaranjado y sus abundantes imitaciones en arcilla local, los hallazgos de sahumadores Texcoco Moldeado y de moldes para su manufactura, las figurillas de tipo Aztecoide, la obsidiana verde, las espigas arquitectónicas, las esculturas de Macuilxóchitl Xochipilli y Chac Mool, así como la reubicación del centro de producción cerámico hacia el Callejón del Horno, sugieren un panorama de dominación local arraigado en un ambiente público y de centralización política y
religiosa. Esto sugiere que los grupos dominantes se instauraron en áreas estratégicas, al considerar predilectas las estructuras cívico-ceremoniales centrales como espacios para la emisión y propagación de los discursos de poder. Las modificaciones arquitectónicas resultaron indispensables para situar a las deidades en espacios acordes con el pensamiento cosmogónico propio, es decir, a la usanza de los que existían en el Altiplano.
En Quauhtochco, el hallazgo de materiales arqueológicos del tipo Azteca III Negro sobre Anaranjado y sus imitaciones Aztecoides —basadas en modificaciones sustantivas de la cerámica local denominada Fondo Sellado–, así como fragmentos de sahumadores y de moldes para Texcoco Moldeado, las miles de espigas arquitectónicas presentes en el basamento piramidal principal, las figurillas de Tláloc y Xochiquetzal y la escultura de Chicomecóatl, constituyen testimonios mudos de un pasado de imposición ideológica por parte de las sociedades de la Triple Alianza. Esto se demuestra, a su vez, si se atiende al análisis de dos espacios con altas concentraciones de fragmentos de vajillas rituales y domésticas: la denominada ‘cala del barbecho’, donde los porcentajes más altos son ocupados por cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado, los Comales, el Café Claro Rojizo Delgado y la Rojiza Burda Arenosa; y la ‘Trinchera del Mundo’, caracterizada por la abundancia de sahumadores Texcoco Moldeado y fragmentos de piezas del tipo Aztecoide y de Fondo Sellado. En ambos casos, las asociaciones materiales entre los órdenes dominantes y dominados que involucraron la mezcla de ámbitos domésticos, rituales y ceremoniales sugieren, de forma inequívoca, el ejercicio de celebraciones y festividades de gran amplitud. En este sentido, la explicación es clara: si los grupos dominantes instaurados en la zona son procedentes del Altiplano y sus cerámicas se encuentra en estos contextos, es probable que se promovieran festejos característicos en el ámbito local de su constructo cultural y en honor a sus dioses. En Totogal, aunque los análisis de materiales arqueológicos no han sido exhaustivos, se ha encontrado una buena cantidad de ejemplares de sahumadores del tipo Texcoco Moldeado, generalmente asociados con vajilla de servicio del tipo Totogal Grabado, manufac-
turado en la zona. Esto sugiere que su ámbito de dispersión estuvo vinculado, como en los casos anteriores, con celebraciones rituales y festejos mayormente realizados por las élites, aunque con posible participación de la mayor parte de la población. A su vez, indica que el ámbito político y religioso centralizado logró arraigarse hasta lograr la alteración de las costumbres locales. Resulta particularmente relevante el aumento poblacional registrado en Totogal durante el Posclásico Tardío, en su fase homónima, lo cual puede vincularse con la instauración de un enclave mexica.
Las provincias del Totonacapan parecen haber tenido un papel menos notable para la Triple Alianza, debido a su sometimiento casi inmediato desde una etapa temprana, ante el cual no existieron intentos de emancipación. En apoyo a esta tesis, no existen documentos que den cuenta de rebeliones en Cempoala o Quiahuiztlan, probablemente las localidades más importantes del Totonacapan en el Posclásico Tardío. Asimismo, aunque el comportamiento de los materiales arqueológicos niega la incidencia significativa de tipos cerámicos del Altiplano, muestra que la ideología religiosa sí estuvo impregnada de los constructos culturales mexicas. Esto se debe a que piezas escultóricas de Macuilxóchitl han sido documentadas en sitios como Cerro de Moctezuma, en Alto Lucero de Gutiérrez Barrios y San Juan Chapultepec, en Coacoatzintla. Por su parte, las acciones rituales de degollamiento, evidenciadas por la piedra de sacrificio de Otates (Cerro Montoso), no pueden considerarse como evidencias directas de imposición de culto a Chicomecóatl, puesto que este tipo de sacrificio se documenta en provincias del Golfo desde épocas tempranas. En lo que respecta al acantilado rocoso de Tlaltetela, destaca al menos una representación de la diosa Chicomecóatl, pero la falta de otras evidencias no apoya la presencia de grandes grupos provenientes del Altiplano. Solamente estudios específicos en esas zonas pueden ayudar a resolver muchas de las dudas generadas a partir de la existencia de estos materiales arqueológicos. El aporte más esencial de la parte final de esta investigación radica en la concentración de una serie de evidencias que permiten corroborar la presencia física de grupos del Altiplano en otras regio-
nes de la costa del Golfo, especialmente en la Huaxteca meridional y Tetzapotitlan. Entre estas evidencias se incluyen cuencos cerámicos Azteca III Negro sobre Anaranjado y sahumadores Texcoco Moldeado tanto importados como de manufactura local; moldes para la producción de sahumadores Texcoco Moldeado; engobes naranjas en cerámicas de imitación (aztecoides); su asociación con tipos locales y restos de comales; obsidiana verde y clavos arquitectónicos en áreas centrales; maquetas de templos; figurillas de Tláloc, Xochiquetzal y de representaciones femeninas con tocados rectangulares; así como esculturas con imaginería mexica, entre las que figuran Chicomecóatl, Macuilxóchitl y Xipe Tótec. Como se ha señalado, estos materiales arqueológicos se vinculan directamente con la ocupación territorial y con la imposición de ideologías procedentes del Altiplano en algunos asentamientos143.
Como se ha notado, en los poblados de la Huaxteca meridional hay una presencia de elementos arqueológicos mexicas cuya distribución aumenta hacia las tierras bajas. Al considerar el hallazgo de muestras en relación directa con la presencia de huestes del Altiplano, lo que se obtiene es una forma de relacionar el material con un supuesto teórico, y también, un modo de evitar sobrevalorar lo señalado en las fuentes históricas. Esta distribución de materiales no ocurre de manera azarosa, sino que muestra intereses económicos específicos de los grupos invasores, además de la extensión de su dominio hacia la zona costera. Cabe decir que en las tierras bajas de la Huaxteca meridional se encontraban poblaciones cuasi exclusivamente dedicadas a la manufactura de productos de algodón, altamente codiciados por los mexicas, los cuales eran producto, a su vez, del alta productividad de la tierra en el ámbito agrícola. Este fenómeno intervencionista de la Triple Alianza se mantiene en otros poblados tierra adentro, cuya altitud permitía el cultivo del algodón y la generación de un excedente de mantas de algodón explotados a través del tributo. Tal es el caso de Papantla, Cuyuxquihui y Tuzapan, como se desprende de un análisis minucioso de aspectos
• 143 El comportamiento de los materiales debe ser diferente a los de provincias del sur de la costa del Golfo, como en el caso de Tetzapotitlan.
geográficos y de la distribución de materiales arqueológicos. Esto permite comprender por qué solo algunos pueblos resultaron particularmente afectados por la instauración de gobernantes mexicas y explica, además, el establecimiento de verdaderas colonias, como se documenta para el caso de Tetzapotitlan (figura 71).
Resulta evidente el vínculo entre la producción y el consumo de objetos de culto con respecto de un determinado tipo de población. Es claro que los materiales suntuarios de índole comercial de gran escala debieron tener una aceptación un tanto más elevada al cesar la producción local dentro de un sitio afectado. Esto repercutió en la aceptación de ciertos símbolos religiosos, además de determinados cultos realizados por los grupos dominantes. El predominio de estas nuevas costumbres pudo estar reforzado por los discursos oficiales, principalmente por la intensificación del uso de glífica característica de los grupos dirigentes. Pero en casos específicos y extremos, pudo incluso permear en espacios públicos, como la arquitectura, y ahí resaltan los ejemplos de Cuyuxquihui, Tuzapan y Tetzapotitlan en la Huaxteca meridional.
Los discursos oficiales mexicas, sin embargo, trascendieron la exhibición ritual dentro de provincias con ocupación territorial. Esto explica la necesidad de exponerlos públicamente, en especial cuando se buscaba propiciar el consumo de objetos con simbolismo oficial. Tales conductas se habrían reforzado mediante la realización de sacrificios por desollamiento en sitios francamente rebeldes. En este contexto se explica la presencia exclusiva de representaciones de Xipe Tótec en Tetzapotitlan y su ausencia en otras provincias de la Huaxteca meridional. Esta información respalda la tesis de que Tetzapotitlan fue una población extremadamente rebelde durante el dominio mexica, lo que propició la ejecución de este tipo de exhibiciones como forma de amedrentar a la población local y de los alrededores. El culto de Chicomecóatl en la veintena de Ochpaniztli habría funcionado como catalizador del miedo a una escala aún mayor, al destinarse al sacrificio mujeres esclavas —procedentes de los sitios conquistados—, en contraposición de Tlacaxipehualiztli.
En lo que respecta a la presencia física de colonos del Altipla-
Figura 71. Glosa del Códice Mendoza donde se informa sobre la instauración de colonias en territorios conquistados por mexicas (Berdan y Anawalt 1992, 18r).
no en la Huaxteca meridional, esta se encuentra atestiguada por el hallazgo de esculturas de Macuilxóchitl Xochipilli en diversos sitios que se extienden hasta la Sierra Norte de Puebla. No obstante, las esculturas de Tetzapotitlan resaltan tanto por su número como por su volumen y calidad estética, obediente a los cánones de representación de los grupos de poder instaurados en la localidad. A esto, debe sumarse que al menos una de ellas fue encontrada asociada al basamento piramidal principal, por lo cual es posible que originalmente haya estado colocada a uno de los lados del templo, al modo en el cual se hallaban dos de estas piezas en el Templo Mayor de México -Tenochtitlan. Por su parte, es necesario destacar que el corpus de materiales arqueológicos de Tetzapotitlan es un tanto distinto del de otras localidades de la Huaxteca meridional. Aunque hay sitios en los cuales el hallazgo de objetos del Altiplano es notable, ninguno es tan sugerente como Tetzapotitlan, donde las evidencias arqueológicas demuestran una ocupación territorial por sociedades de la Triple Alianza. Esta presencia de colonos habría fungido como apoyo al gobierno mexica local, con la finalidad de evitar las constantes rebeliones que los pueblos cercanos tenían. Por su parte, y con relación al fenómeno de sincretismo, se nota una asimilación del simbolismo oficial mexica en la escultura, que en algunos casos llega a sus extremos, pero en otros, rescata un poco de ambas tradiciones culturales. El brico-
leur tének, como se ha visto, pudo mantener ciertos elementos de su propia cultura al ejecutar algunos de los monumentos, ocultándolos ante los ojos de los grupos dominantes.
Finalmente, se ha demostrado la existencia de una ocupación territorial en Tetzapotitlan, que trasciende las evidencias tradicionalmente indicadas en otros estudios, centradas sobre todo en esculturas. Esta área, estratégicamente situada en el acceso oeste de la localidad, permitía un control eficaz de la entrada y salida de grupos aledaños y nativos. Esta zona, denominada tentativamente ‘Barrio Mexica’, se encuentra delimitada al sur y suroeste por el Cerro de la Cruz y la Zanja de la Piedra Labrada, y al norte por un arroyo; pese a todo, no se descarta la ocupación de otras áreas locales, como el Cerro de La Chinola y el Cerro Tetzapotitlan, ubicado en el extremo este de la localidad. En el ‘Barrio Mexica’ los grupos del Altiplano realizaron cultos propios de su imaginería y creencias, con monumentos ejecutados de acuerdo con sus cánones estilísticos, relacionados con los celebrados en otras partes de Tetzapotitlan. El hallazgo de monumentos escultóricos —dentro y cerca de sus sitios originales— permite comprender la colonización de este espacio, donde confluyeron otros materiales señalados como indicadores de ocupaciones territoriales: la obsidiana verde y la cerámica Azteca III Negro sobre Anaranjado. Cabe destacar que Tetzapotitlan tenía una población de tradiciones tének, documentada por la presencia de esculturas con representaciones de las deidades Mam y Teem, dioses de los mantenimientos para estos grupos. No obstante, el subyugamiento y despoblación ocurridos tras numerosos eventos intervencionistas de la Triple Alianza, realizados desde 1480 —y con mayor frecuencia desde 1487—, terminó prácticamente por exterminar a los nativos y corromper ideológicamente a los restantes. Este fenómeno, repetido por generaciones, acondicionó la ideología comunitaria a escala política, en principio, y religiosa con el paso del tiempo.
Epílogo
Confío en que esta investigación resulte útil para otros estudios dedicados a analizar la afectación de las sociedades de la Triple Alianza en sus provincias sujetas, tanto dentro como fuera de la costa del Golfo. Como se ha señalado, la premisa central —que puede denominarse ya una teoría—, es la incidencia directa e indirecta de los discursos oficiales sobre la ideología de los pobladores en cuyos territorios se establecieron autoridades políticas, administrativas y de otro tipo procedentes del Altiplano. Los constructos culturales propios de los grupos en el poder fueron, en efecto, los que guiaron el destino de las comunidades sometidas, no tanto por voluntad propia, sino como resultado de un reconocimiento obligatorio.
No obstante, conviene precisar uno de los ejes fundamentales abordados en este libro, relativo a los elementos arqueológicos considerados como indicadores de ocupaciones territoriales, especialmente aquellos vinculados al culto de Tláloc, Chicomecóatl, Macuilxóchitl Xochipilli y Xipe Tótec. La cultura material con representaciones de estas deidades no constituye, por sí sola y bajo ninguna circunstancia, un argumento para sostener la presencia de autoridades o colonos de sociedades de la Triple Alianza. Por el contrario, es necesario reconocer que la existencia de estos númenes en los ámbitos de interacción mesoamericana es considerablemente más antigua, con la excepción de Chicomecóatl, de la cual no existe una imagen claramente femenina sino hasta inicios del periodo Posclásico. En consecuencia, la celebración a estas deidades tiene un origen remoto, al igual que sus parafernalias y prácticas rituales, adaptadas y asimiladas por los mexicas. Su origen en provincias conquistadas por la Triple Alianza podría no guardar relación con las conquistas militares del Altiplano en dicha época. Ahora bien, es importante dejar asentado que este estudio se ha guiado por supuestos del marxismo crítico, así como por los señalamientos derivados de una concepción estética distinta de la tradicional. En los casos en los que se hace referencia a representaciones resulta indudable la imposición de cánones, modos de percepción y estilos de ejecución de las
obras, adaptados a los gustos ideológicos de los nuevos grupos en el poder, quienes, a partir de sus criterios y de su posibilidad para definir los discursos oficiales, promovieron la elaboración de piezas en honor de esos dioses. Esto aplica incluso en la producción cerámica local, donde, como se ha señalado, los artesanos tendieron a modificar decoraciones, colores y acabados de superficie, imitando aquellos empleados por los grupos dominantes procedentes del Altiplano. La presencia de estas deidades debe analizarse, por tanto, siempre en relación con otras evidencias mostradas, las cuales pueden resultar ambiguas en algunos casos, como ocurre con la obsidiana verde, cuya distribución mesoamericana es anterior a la etapa histórica de la Triple Alianza. De ahí la necesidad de evaluar las evidencias otorgando prioridad a aquellas menos susceptibles de polisemia, como los tipos cerámicos, cuya cronología resulta más precisa y que, además, tienen una distribución asociada con los espacios cívico-ceremoniales centrales de las zonas afectadas, lo que presupone su utilidad dentro de actividades relacionadas con los grupos en el poder. En este sentido, los materiales cerámicos procedentes de México-Tenochtitlan y Texcoco, así como las representaciones de claro estilo e imaginería mexicas presentes en esculturas y figurillas, constituyen pruebas irrefutables de la permeación ideológica de discursos de poder que involucran, a su vez, concepciones religiosas particulares. A partir de estas evidencias deben evaluarse las restantes, a fin de evitar prácticas erróneas que conduzcan a asociar todos los materiales arqueológicos y concepciones ideológicas a los grupos de la Triple Alianza. No obstante, debe hacerse notar que unos cambios gatillan a otros, y por ello los discursos oficiales emanados de los nuevos grupos de poder tienen su reflejo e interés en las celebraciones propias de su cultura, por lo cual se necesita reforzar ideológicamente a la misma, y de ahí la necesidad de utilizar otros instrumentos tales como las figurillas y tipologías cerámicas específicas. Esto, considerando también los arreglos arquitectónicos y demás modificaciones que eran realizadas a los basamentos piramidales principales, concebidos como los mecanismos de demostración del cambio de poder político en los sitios conquistados. Estas conductas obligaron a los
sectores pertenecientes a la nobleza en las provincias afectadas, a adecuarse a los cánones estéticos emanados de los grupos de poder establecidos. El grueso de las poblaciones, por su parte, debió participar como público espectador en las parafernalias oficiales, pero también pudo elegir si mantenía sus prácticas rituales de origen en el ámbito doméstico, fuera de los dominios del discurso de poder.Sus decisiones en relación con la llegada de prácticas culturales nuevas, y su papel en cuanto consumidores de la ideología política y religiosa de otros grupos, puede analizarse a partir del estudio de las evidencias arqueológicas procedentes de unidades habitacionales en las zonas afectadas. Y al respecto, cabe decir, habrá casos en los que la permeación de la ideología sea mayor que en otros, es decir, dependerá de la trayectoria histórica y cultural de cada provincia así como de la cantidad de población perteneciente a la nobleza, principal afectada por la introducción de nuevos discursos. Atendiendo a estos señalamientos, vale la pena preguntarse si en otras épocas no habría ocurrido algún fenómeno similar, en relación con otros procesos sociales de expansión estética en escala mesoamericana, principalmente casos que, como Teotihuacan, involucraron intervenciones bélicas, de las cuales se comienza a conocer más hoy en día. Ya en su momento, también, Noguera (1965) realizó observaciones interesantes respecto de los materiales arqueológicos del Preclásico Tardío en la cuenca de México:
En este tercer periodo, nuevos tipos de figurillas hacen su aparición procedentes de otros lugares, por lo que se supone la probabilidad de que hubo fusión de dos pueblos. Ahora se nota un cambio completo de los periodos anteriores sugiriendo que quizás fueron expulsados por conquista.
(Noguera 1965, 52)
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La presencia de la Triple Alianza en la costa del Golfo: evidencias arqueológicas fue preparado como libro electrónico en pdf por el Departamento de Publicaciones de la Universidad de las Américas Puebla, Ex hacienda Santa Catarina Mártir s. n., San Andrés Cholula, Puebla, el 20 de mayo de 2026. Corrección de originales y cuidado de la edición: Román Ocotitla Huerta.
Responsable editorial: Rosa Quintanilla Martínez.
La presencia de la Triple Alianza en la costa del Golfo: evidencias arqueológicas
Con solvencia académica y profundo conocimiento, Emmanuel Márquez Lorenzo ofrece una forma distinta de aproximarse a las sociedades de la costa del Golfo, lo que permite perfilar nuevas hipótesis y someter a una revisión crítica los planteamientos tradicionales. El núcleo metodológico de esta investigación radica en dar primacía a la evidencia empírica. Al contrastar la producción y el consumo de los materiales arqueológicos, el autor confronta las interpretaciones teóricas y los datos etnohistóricos con la realidad tangible del registro de campo.
A través de una postura crítica y propositiva, Márquez Lorenzo desentraña las estrategias de control político e ideológico de la Triple Alianza. El estudio demuestra que, además de la coerción, la hegemonía recurrió a la imposición de cultos, la promoción de prácticas rituales y, en casos de alta resistencia, al traslado estratégico de contingentes poblacionales completos para mitigar los focos de rebelión.
Más allá de ofrecer un documento académico y científico, esta obra es una sólida propuesta teórico-metodológica que explica cómo iniciar, desarrollar y concluir una exploración arqueológica sustentada en la evidencia material como principio rector.
La investigación que dio origen a este libro obtuvo el primer lugar en la categoría de Investigaciones profesionales del XIX Premio Citibanamex «Atanasio G. Saravia» de Historia Regional Mexicana 2020-2021.