XI Concurso Literario VI Concurso fotogrรกfico
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Hemos recogido en esta revista las creaciones literarias y fotográficas premiadas en el concurso, que con motivo del Día del Libro se viene celebrando desde hace algunos años en nuestro instituto. Este curso ha sido para nosotros, el grupo de biblioteca, difícil. Pues no hemos contado con el tiempo necesario para fomentar en vosotros como quisiéramos la creatividad. Sin embargo, aquí estáis. No sabéis cuánta vida nos dais sacándonos de las obligatorias monotonías del día a día. Como buenos creadores habéis dejado generosamente ante nuestros ojos un trocito de alma en imágenes y palabras. Nos dejáis sentir vuestros anhelos y fantasías, vuestra lucha por mejorar el mundo usando la palabra como arma contra lacras actuales que nos avergüenzan: acoso escolar, violencia de género, la guerra siempre injusta. Reflexionáis sobre la naturaleza y el carácter del ser humano, el sosiego de la valiente coherencia con uno mismo, la osadía del conocimiento y el instinto, la rebeldía en el amor. Con la esperanza de esos "Yo quiero ser" y la satisfacción de teneros como alumnos, nuestro sincero agradecimiento, un agradecimiento que es plenamente extensivo a todos los que habéis participado, no solo a los ganadores. Queda solo animaros a que continuéis creando, por vosotros primero, por el mundo después, o viceversa. Agradecemos también con sinceridad el apoyo recibido desde los distintos sectores, alumnado, profesorado, Equipo Directivo y AMPA. Pues en estos tiempos que vivimos de cambio y pérdida de valores la cultura se nos hace aún más necesaria.
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XI EDICIÓN DE PREMIOS LITERARIOS Y VI CONCURSO DE FOTOGRAFÍA IES Rafael Reyes Curso 2016-2017 Bibliorquer Cartaya
FALLO DE LA XI EDICIÓN DE PREMIOS LITERARIOS Y VI CONCURSO DE FOTOGRAFÍA Reunido el Jurado de la XI Edición de Premios Literarios y VI Concurso de Fotografía organizados por el Grupo de Biblioteca del IES Rafael Reyes y tras la valoración de las obras presentadas a concurso acuerda: PRIMERO.- Otorgar los siguientes premios de la XI Edición de Premios Literarios:
Modalidad de Poesía: 1ª categoría: o 1er. Premio a Zaida García Barreiro de 1ºESO A por el poema “Algún día podré volar”. 2ª categoría: o 1er. Premio a Luis Ortiz Rita de 2º BACH B por la obra “ ¿y Qué?” o Accésit a Alexandra Tudor de 4º ESO A por la obra “Paradoja”.
Modalidad de Relato Breve: 1ª categoría: o 1er. Premio Andrea Fdez Rubio de 2ºESO D por la obra “Aquella tormenta”. 2ª categoría: o 1er. Premio ex aequo a Rocío González Martín de 2ºBACH A por la obra “Pensamiento atroz” y Laura Carrasco Barroso de 4ºESO A por la obra “Sosegado”.
Mención especial por su originalidad a Ionut Paun Dumitru.
SEGUNDO.- Declarar desiertos el resto de los premios de esta edición. TERCERO.- Otorgar los siguientes premios del VI Concurso de Fotografía: o o
1er. Premio a Laura Neto González de 2º BACH B por la fotografía titulada “Quiero ser más que lo que sueño”. Accésit a Rocío Mariani Romero de 4º ESO C por la fotografía titulada “Quiero ser en tu vida algo más que una sombra”
Categoría Adultos: o - 1er. Premio al profesor Budi Fernández Blandón por la fotografía titulada “Quiero ser gaviota para sobrevolar la tormenta”. CUARTO.- Declarar desiertos el resto de los premios de este Concurso.
En Cartaya a 18 de mayo de 2017.
Primer premio : Paloma Neto Gonzรกlez
"Quiero ser más que mis sueños"
Accéssit: Rocío Mariani Romero
"Quiero ser en tu vida algo mรกs que una sombra"
Luis Ortiz Rita 2º Bachillerato ¿Y qué? Primer premio poesía
¿Y qué? Me embarga la curiosidad de saber tus placeres, tus dudas. Lo que te lleva a mover mi mundo de esa manera. Desvelos de madrugada y sonrisas aparentemente sarcásticas, están a la orden del día. Y mi vida, por sí sola, se desarma. Póngote un simple ejemplo práctico: Yo... soy más de lo vivido que de lo que me gustaría vivir. Tú, más de invierno; yo, más de verano. Yo, más de un beso; tú, más de un abrazo. Más... de tantas cosas insignificantes..., hipócritas, tal vez, por mi parte. Pero... ¿Y qué?
Zaida García Barreiro 1º ESO Algún día podré volar Primer premio poesía
Algún día podré volar Aún recuerdo aquellos días de felicidad, cuando el sol que brillaba, entraba por la ventana apenas sin preguntar.
Pero un día todo cambió, todo se había convertido en una triste y oscura flor, que al llegar la primavera,
no cambiaba de color. Donde las aves que volaban se morían al albor. Aunque en el fondo, podía ser feliz,
aunque ese cuervo quisiera reírse de mí.
Que él llegue a casa y no morir de miedo,
al saber que ese día estaría furioso de celos. Cierto es que me aterra la idea de estar a su lado,
pero ya estoy muy cansada de que crea ser mi amo. Lo siento, cariño, pero esto se acabóy grande la paliza que ese día me dio.
Estuvo todo el día de mal humor hasta que por fin se fue al bar, que es donde estaba mejor. Ya no lo soporto más,
todo esto tiene que acabar. Me asomé al balcón y me despedí de mi alrededor. Cuando estaba en el bordillo,
vi a un coche pasar, y al mismo tiempo a mi marido salir del bar; y con lo rápido que iba el coche
con violencia lo fue a atropellar. De repente, todo tuvo vida y color, y supe que sería libre una vez muerto el señor.
Alexandra Tudor 4ºESO Paradoja Accésit
Paradoja Kilómetros : En matemáticas solo una medida, para el amor solo un poco de destrucción. Distancia: Una magnitud en la física, un obstáculo en el amor. Ciencias o amor, son: erudición o vehemencia. Latidos del corazón; aumentan con un “te amo” y también con un factor químico. Apasionados de la ciencia y el amor; “sapere aude et ardere pasione”
Rocío González Martín 2º Bachillerato Pensamiento atroz Primer premio relato breve
Pensamiento atroz Así como el oscuro manto de la noche señala el final del día, la desaparición de su alma simbolizó el final de su vida, la mía. Me encontraba delante de un completo desconocido, aunque su apariencia no había cambiado. No quedaba ni rastro de mi compañero. Mi amigo había desaparecido. Su vida tal y como era había llegado a su fin. Se hallaba muerto en vida ante mis ojos, y yo era el culpable... No fui yo quien lo golpeó durante el recreo, ni quien le escondió los libros minutos antes de clase, ni tampoco quien lo rechazó e insultó constantemente. No hice nada de eso, pero soy culpable. Fui yo quien no le tendió la mano, no me interpuse ante los abusos; yo, me quedé quieto, mirando cada broma... Yo acabé con su vida. Me encontraba frente a los restos de lo que un día había sido mi amigo. Y fue entonces, cuando le vi roto ante mis ojos, que me prometí jamás volver a darle la espalda, ni a él ni a nadie. Tardé en darme cuenta, pero una vez lo supe comprendí que no quería volver a ser el culpable. Viví preso del miedo mientras estaba siendo testigo de aquellas atrocidades. ¿Acaso no me convierte eso en cómplice? Soy igual o más culpable que todos ellos a los que veo actuar como animales, pensando que soy mejor simplemente por no hacer lo que ellos, cuando en realidad soy peor. Por un momento parémonos a pensar: ¿Qué es lo que realmente nos diferencia?
Laura Carrasco Barroso 4ยบ ESO Sosegado Primer premio de relato breve
Sosegado “¡No! ¡Sálvenos, por favor!” Cuerpos arrastrados por los escoltas se situaban delante de mis compañeros y yo. Campesinos pobres y enfermos, sin techo y con hijos a los que mantener. Como soldado, vine al reino enemigo como escolta de la princesa que venía en busca de la paz. Como Rey escondido, debo llevarme a mis ciudadanos con vida de vuelta a mi reino. “Una vez que pasen quince minutos les cortaré la cabeza. Por lo tanto, quien sea el Rey de Goryeo, lo confesará antes de que una tragedia pase.” Como Rey cobarde, no consigo dar mi vida por ellos. Nadie puede saber que soy el Rey, si no la regencia de mi madre y todo el reino se derrumbaría en vano. Hasta que no se establezca la paz entre ambos reinos, no puedo mostrar mi identidad. ¿Cómo demonios sabe el Príncipe de la dinastía Joseon que el Rey se esconde entre nosotros cuatro? Silencio. El Príncipe mira a su principal guardia y este asiente como respuesta. No habían pasado ni cinco minutos, y ya la sangre de mis plebeyos salpicó sobre mis manos y mi atuendo. ¿Qué podía hacer? El ambiente estaba alborotado. Segunda tanda.
“Ahora serán ocho minutos. Aunque, ya os habréis dado cuenta que soy muy impaciente con estas cosas” Ella estaba de rodillas ante mí. La única campesina que sabía mi verdadera identidad, que despertó sentimientos que no experimenté durante mi vida en las penumbras. Me ayudó a dejar a un lado la frustración y desgracia que conllevaba vivir como un fantasma y aun sabiendo que yo era Su Majestad, me rechazaba. Ella amaba al soldado que está a mi lado, mi único amigo, quien me hizo ver que la existencia no tiene paréntesis, y que si de verdad deseas algo, tienes que conseguirlo sin
importar
semejante acción. Sus ojos se encontraron con los
míos. No soy capaz de dejarla morir. “Yo soy el Rey” Aquellas duras palabras, sorprendentemente, no lograron salir de mi boca, pero sí salieron de él, que dio un paso al frente, la miró, y caminó con firmeza para gritarle al mismísimo Príncipe. “¡Yo soy el Rey!” Aquel chico no sabía lo que decía. No le temía a nada. Pero claro, su razón para vivir yo ya la sabía: cuidar de aquella campesina, y matar al desconocido y sosegado Rey de Goryeo..
Y me quería matar por la simple razón de que yo maté a su único amigo.
Andrea Fernรกndez Rubio 2ยบ ESO Aquella tormenta Primer premio relato breve
Aquella tormenta La tormenta se desató. Vi caer un rayo a lo lejos, no me gustaba la idea de ir por una calle desierta, pero tenía que llegar a mi casa, así que seguí andando. Y, de repente, una luz me cegó. Desperté en el húmedo suelo. Por lo oscuro que estaba el cielo no había pasado mucho tiempo desde que me desmayé. ¿Me había desmayado o me había caído un rayo? Dudé un momento, pero rápidamente descarté la segunda opción. Si me hubiese caído un rayo no estaría viva, ¿no? Empecé a correr. Quería llegar lo antes posible a casa, hasta que me di cuenta de que mis pies no tocaban el suelo. Mi instinto miró hacia abajo y lo vi, estaba volando. Empecé a gritar, nada, no pasaba nada. Seguía suspendida en el aire sin saber cómo subir y, lo que es peor sin saber cómo bajar. Recordé las películas que yo misma había visto de pequeña, y me dispuse a poner mis brazos a mis costados, me impulsé hacia arriba y funcionó. Estaba tan en shock que creí que era un sueño. Me pellizqué el antebrazo, era real. Inicié el camino hasta mi casa. Todo esto tendría una explicación, o eso quería creer.
Desperté y recordé la noche anterior. Inmediatamente cogí el móvil de la mesita de noche y marqué el número de mi mejor amiga, Raquel. En media hora estaría aquí. Podía confiar en ella. Más tarde estábamos en mi azotea, y el viento me dio en la cara. Sin decir nada coloqué mis brazos a los lados y me elevé en el aire. Raquel se quedó estupefacta. Volví a bajar y ella me miró un instante. Acto seguido dirigió su mirada a una revista tirada en el suelo, alzó su mano y la revista comenzó a arder. Pisó la revista hecha cenizas y me miró.
Su expresión cambió a una de temor. Abrió su boca para decirme qué ocurría, pero alguien salió de detrás de mi espalda y me tapó la mía con un trapo. Vi todo dando vueltas; después, todo oscuridad. Desperté, quise ponerme en pie pero estaba atada a una camilla. Miré hacia el costado y vi a Raquel en la misma situación que yo. Elevé la mirada y vi cámaras directamente observándonos. Esta habitación se me hacía vagamente familiar. De la nada aparecieron un par de hombres vestidos completamente de negro, a los cuales no se les veía la cara.
Una vez nos desataron, nos llevaron por un pasillo nada luminoso, hasta una especie de oficina. ¿Por qué todo se me hacía tan familiar? Había un gran escritorio y, detrás de este, una silla que nos daba la espalda. Los hombres de negro nos sentaron a la fuerza en las sillas que hacía segundos teníamos enfrente. Miré a Raquel y esta me devolvió la mirada asustada. La gran silla giró hacia nosotras y nos reveló la cara del siniestro hombre que tenía frente a mí. Me tensé, sabía por qué reconocía este lugar. Cortando mis pensamientos, este dijo: -Bienvenida de nuevo, Kate.
Nerea GarcĂa Barreiro 2ÂŞ Bachillerato Bajo el viejo sauce Finalista relato breve
Bajo el viejo sauce Tan silencioso lugar, tan tranquilo pensamiento, un suspiro profundo a la sombra del más viejo sauce, todo tan sereno como siempre. Empezaba a apoderarse de mí el sueño, y cuando se me iban a cerrar los ojos, me pareció ver una silueta que deslumbraba en la penumbra, tanto que captó toda mi atención. Enfoqué mejor la visión, para descubrir que incluso su cabello era puramente blanco, y que le seguía otra figura que también destacaba, pero en este caso, por su tenebrosa oscuridad. Se acercaban a mí con serenidad, y a cada paso que daban, más inquieta me sentía. Apenas estaban a unos metros de mí, pude distinguir que eran figuras femeninas, y que ambas me sonreían. La figura de blanco me transmitía alegría, esperanza y armonía; sin embargo, me llamaba más la atención el misterio de la sombría mujer y sus profundos ojos negros me atraían hacia sí. Y fue entonces, cuando ambas comenzaron a hablar. - Hola pequeña -comentó la Blanca -. ¿No crees que llevas demasiado tiempo descansando? -No digas tonterías -respondió la Negra-. Solo conmigo podrá descansar lo suficiente.
Yo no sabía cómo debía reaccionar, y solo se me ocurrió preguntar quiénes eran. -¿No nos reconoces? -añadió la Blanca -. Estamos siempre a tu lado, haciéndote compañía y esperando a ver si decides con cuál de las dos prefieres quedarte. - Exacto ̶ afirmó la Negra -, pero creo que si vienes conmigo todo te resultará más fácil; no tendrás ninguna preocupación, te lo aseguro. - Cierto, por lo tanto, tampoco tendrás ninguna ilusión. Puede que por el camino por el que me gustaría llevarte encontraremos algunos obstáculos, sí, pero te serán compensados, y te harán feliz. De pronto, la oscura mujer, que tanta tranquilidad me transmitía, me tendió una mano, y mi cuerpo, casi por inercia, se levantó de las fuertes raíces del sauce que parecían haberme tenido atada, para seguirla. Fue entonces cuando miré levemente el rostro esperanzado de la radiante mujer, y cambié mi dirección hacia ella. Decidida, sostuve su firme mano, y ella hizo lo mismo transmitiéndome toda su seguridad. En ese instante, todo a mi alrededor parecía lleno de vida. Comencé a escuchar agudos ruidos, que en un principio parecían ser el cantar de algún pájaro, pero finalmente acabé por descubrir que se parecían más bien al ruido de alguna máquina. De repente, dejé de ver las siluetas de ambas mujeres, e instintivamente, abrí los ojos, como despertando de un sueño.
Me encontraba tumbada en la cama rodeada de enfermeros que me sonreían satisfechos, y a los pies, se encontraba mi madre con el rostro lleno de lágrimas. - Te estábamos esperando, cielo. Llevas ahí tumbada desde que tuvimos aquel trágico accidente contra el viejo sauce hace un año. Has sido muy fuerte, pequeña. Entonces, me agarró la mano tan fuerte como lo había hecho antes la mujer de blanco; tan fuerte como lo había hecho la vida.
María Mirabella Sipoteanu 4º ESO ¿Por qué? Finalista relato breve
¿Por qué? Invasión del Congo Belga Tengo hambre, mucha hambre. Hace días que no he probado bocado. No sé dónde me encuentro. Hace mucho tiempo que estamos huyendo y ni siquiera sé qué día es hoy. Hay unos hombres que nos están persiguiendo. No sé lo que quieren. Ya han acabado con la vida de la mayoría de la tribu. Solo quedamos nosotros. Mi madre está enferma y mi padre siempre está buscando comida, aunque normalmente vuelve con poca y suele ofrecérsela a mi madre o a algún niño de la tribu. No sé cuánto tiempo más podremos seguir así; estamos tratando de sobrevivir desde que tengo memoria. Hace tanto tiempo que ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que jugué con los demás niños. No entiendo por qué nos está pasando esto a nosotros, ¿por qué nos están persiguiendo si no les habíamos hecho nada? Voy en busca de más agua. Después de horas buscando, encontré la suficiente como para sobrevivir. Volví al lugar donde nos habíamos ocultado. Hay un olor raro y estoy escuchando gritos de agonía por todos lados. Voy corriendo hacia donde está mi madre. Está en el suelo, con los ojos cerrados. La sacudí para que despertara, pero no lo hizo. Siento mis mejillas mojadas y la presencia de alguien detrás de mí. Me estoy dando la vuelta lentamente, pero de repente siento la sangre brotar de mi abdomen. Es un dolor indescriptible. No puedo evitar desvanecerme en el suelo.
Ionut Paun Dimitru 4º ESO Mi madre está sorda y ciega Esto es un título Mención especial originalidad
MI MADRE ESTÁ SORDA Y CIEGA ESTO ES UN TÍTULO Esta mujer al final se encuentra agitando claras y yemas de huevos. No pegaba ninguna de sus orejas garabateadas, a conciencia en los lóbulos, al radiocasete vintage♫ .«Lo escuchaba de lejos y a veces de tan lejos que solo bailaban las vajillas», decía. En cambio, aquella mujer de la cual estábamos hablando tenía un sentido de escucha embotado como los calcetines que malhuelen dentro de las botas sin cordones, tenían velcro (tantas cosas se le entrometían por la cabeza y siempre preferiría pensar que no podría atarse los cordones una segunda vez). Ahora baila la música folk, la cual sale del radiocasete, mientras gasta cajetillas de Marlboro dentro de una loseta; brilla y no es sol, es luna. Si tú la vieras, es lana esquilada y algodón estallanubes; si no sabes de qué estoy hablando gasta cincuenta de tus ahorros en darle una visita en la cabina del metro que solía salir a las nueve desde su armario. Ahora voy a contarte, porque acabará removiendo huevos, tapizando sueños y llevando un pelapatatas en la mano. Y porque al final es mi madre sorda y ciega. Ya no baila. Ahora tose dientes. Trilla armónicamente sus pasos. El Marlboro se perdió por otros conductos no respiratorios; un hoyo de colillas. El vestido sacado de un festival Woodstock es plomizo, esquiva las cascaras de cebolla que se arrinconan en el enlosado y parece que se está
fundiendo con las interferencias del radiocasete. — Ayer hubo una buena cosecha. Los militares están al tanto y quieren «intoxicar el karma» dentro de nuestras fronteras —repetían. Risotea por la gracia de aquel reportero chistoso; aunque, parte del sonido haya sido esquivado por su oído. Siente y sintetiza tristeza tricolor; melanomas, melodramas y ultraviolencia neuronal. Vacila con la mirada. Me estoy volviendo un octógono para su vista; parece que me desfallezco. Ella farfulla, grita, noquea sus propias cuerdas vocales (dos preciosidades alcoholizadas por tabaco de estanco contrabandista de los noventa) y ahora está leyéndome los párpados anclados a las ojeras. — ¡Mamá! — freno el silencio y parece yodo en mi boca. Estoy salado. Me ve desde lejos. — Aquí. ¿Otra vez te dejaste los anteojos entre los cartones de huevos? Ay, mamá. Ven. — Pero si tú estás aquí — aún señalaba con la nariz chata a la mecedora. — Lo estaba. Ahora solo está mi peluche, el que me regalaron aquella pareja de ancianos del segundo, los que se intoxicaron con monóxido de carbono. — Ay, mi hijo. Voy a remover los huevos. Seguro que tienes hambre con tanto ajetreo. Creo que serás algo tan grande que algún día te pintaran. — Mamá, ya comimos, hicimos una omelette en vez de tortilla. ¿Te acuerdas? Y diría que ojalá te escuche alguien.
—Pues voy a remover los huevos que nos queda. Quiero volverte a ver mecer mientras tienes crayones en tus manos y cederrones bajo el brazo. Al inicio esta mujer viaja al porche y deja la sangre destilándose entre el tablado. Hubo cascaras de lináceas en su recogido que salieron de un instrumento
de
cocina
equívoco.
Tuvo
Emblanqueció su venas. Supo que estaba libre.
la
menstruación
alterada.
Primer premio: Budi Fernรกndez
Budi<primer remio Fernรกndez -Profesor
"Quiero ser gaviota para sobrevolar la tormenta"
Algún día podré volar ¿Y qué? Paradoja Aquella tormenta. Pensamiento atroz. Sosegado. Mi madre es sorda y ciega Bajo el viejo sauce. ¿por qué? Quiero ser más que lo que sueño. Quiero ser en tu vida algo más que una sombra. Algún día podré volar ¿Y qué? Paradoja Aquella tormenta. Pensamiento atroz. Quiero ser gaviota para sobrevolar la tormenta.Bajo el viejo sauce Mi madre es sorda y ciega Sosegadoe. ¿por qué? Quiero ser más que lo que sueño. Quiero ser