T Magazine Mexico Numero 9 Diciembre 2025 - Enero 2026
ROYAL OAK
Un homenaje a un símbolo inolvidable de 1975.
Un regalo que celebra las posibilidades infinitas del amor.
Pág. 34 Rosalía.
13
Carta del editor
14
T México
Presenta
La autora re exiona sobre cómo la idea de permanencia ha permeado la carrera de la cantante
Dua Lipa.
Por Anna Stephens
16
Personas, lugares, cosas
El Premio Cervantes de Gonzalo Celorio, una gran exposición precolombina en Madrid y el acercamiento de Montblanc al mundo digital.
18
El deseo
El broche Nakuru de Cartier se inspira en la legendaria joya de la socialite Simpson.
Por Nancy Hass
Fotografía Florent Tanet
20
El objeto
Un ópalo australiano de siete quilates preside el anillo Lumina Opal de David Yurman.
Diciembre, 2025 Enero, 2026
Por Nancy Hass
Fotografía por Jennifer Livingston
22
Tiempos elevados
En el arte y el diseño, las esculturas totémicas vuelven a estar al alza.
Por Alexa Brazilian
24
Elegancia retro
Con hombros amplios, siluetas relajadas y una paleta cálida, la moda masculina de la temporada evoca el espíritu de los años setenta.
Fotografía por Alex Huanfa Cheng Estilismo por Paul Maximilian
El arte de la forma
Una paleta en su mayoría monocromática nos asegura que las atrevidas texturas del otoño acaparen toda la atención. Fotografía por Iñigo Awewave Estilismo por Nathan Klein
34
Recontar el tiempo
Un viaje a través de las
de la alta relojería en 2025.
Por Izaskun Esquinca Hernández
38
Revolución culinaria
Gastronomía, raíces, ciencia y sensibilidad en la bahía de San Francisco.
Marqués de Murrieta suma más de 170 años como una de las grandes referencias vinícolas de La Rioja.
Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Beatriz Rodríguez
50 Cristalino a dúo
Karol G y Bertha González Nieves crean un tequila que trasciende industrias.
Por Kira Álvarez
54
Glenn Close
La actriz que ya lo ha demostrado todo aún desea una última oportunidad en el papel que la convirtió en estrella.
Por Nick Haramis Fotografía por Joshua Woods
62
Bébetelo
Tras décadas de copas sencillas y vasos minimalistas, estos atractivos recipientes
mesas más estilosas.
Por Alexa Brazilian Fotografía por David Chow
64
El arte de persistir
En un mundo en inestabilidad constante estos artistas se han dedicado a proyectos que duran muchos años.
Por Kate Guadagnino Fotografía por Stephanie Noritz
70
El milagro del barro
La Escuela Nacional de Cerámica cumple diez años protegiendo los conocimientos de los artesanos ceramistas mexicanos.
Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Cristian Rojas
Un toque salvaje
Los accesorios más codiciados de la temporada ofrecen momentos de desbordante exuberancia y diversión sin tapujos. Fotografía por Richard Barnes
Diseño de set por Martin Bourne
82
Pop divino
Rosalía nos habla sobre el esfuerzo para hacer Lux , una obra que surge del amor y que explora la divinidad femenina y las brutalidades del romance.
Por Joe Coscarelli y Jon Caramanica Fotografía por Chris Maggio
Bajo la piel Riz Ahmed sabe que tal vez su identidad sea inseparable de su arte. Pero eso no signi ca que tenga que seguir hablando de ella.
Por Emily Lordi Fotografía por en Inglaterra rinden homenaje a la gura de Oliver Messel.
Por Javier Quesada
Lo último del primero Piaget homenajea a Andy Warhol con una edición limitada de su modelo Collage. Por Lindsay Talbot Bodegón por Mari Maeda y Yuji Oboshi
PORTADA
Fotografía por Joshua Woods. Glenn Close lleva abrigo y leggins de Hermès, botas de Celine, suéter de la estilista, y joyas de su propiedad.
Creative Director Melanie Milne-Davies
Chief Sub-Editor Tom Lazarus
COMMERCIAL DIRECTOR
Michael Grenenger michael@taustralia.com.au
Editor in Chief Katarina Kroslakova
Copy Director Emma Mulholland
Edita LAR MEDIA
Deputy Chief Sub-Editor
Christine Piper
Website Design
CC Hua, TopFive Designs
Presidente
José Antonio Revilla
Vicepresidente Santiago Rodríguez
PUBLISHER
Katarina Kroslakova
Director editorial Javier Fernández de Angulo
CIRCULATION
Brett Willis brett@taustralia.com.au
Editor at large/Traducción Daniela Valdez
Directora Digital Karla Álvarez Gómez
Digital Content Director Victoria Pearson
Marketing Manager Anna McGeoch anna@taustralia.com.au
Dirección de Arte
STRATEGIC PARTNERSHIPS Kara Hurry
Rubén Bruque Alberto Torés
Edición y cierre Daniel González
Editora Digital Carolina Chávez
Colaboradores
holly@ententeagency.com
Directora creativa y de moda Kira Álvarez
Diseñadora Digital Belén Pardo
Izaskun Esquinca Hernández, Teresa Muguiro, María Orriols, Javier Quesada, Beatriz Rodríguez, Cristian Rojas, Anna Stephens, Viridiana.
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Director Comercial
Luis Alarcón
Directora Comercial General de Lar Media
Minerva Piña
Gerente Comercial
Diana de Ramery
Gerente Comercial Adolfo González
Colaboradora Mariela Herrasti
Pág. 48
La bodega Marqués de Murrieta, en La Rioja, es una de las más antiguas de España.
Colaboradora
Ashley Silberstein
T, The New York Times Style Magazine y el logotipo de T son marcas comerciales de The New York Times Co., NY, NY, EE. UU., y se utilizan bajo licencia de LAR Media. El contenido reproducido de T, The New York Times Style Magazine es propiedad de The New York Times Co. y/o sus colaboradores. Todos los derechos reservados. Las opiniones y puntos de vista expresados en T México no son necesariamente los de The New York Times Company o sus colaboradores.
Palmer wears a Ralph Lauren shirt and pants (with belt).
Impresa y distribuida por
Banda sonora
Por Javier Fernández de Angulo
SI SUBIÉRAMOS AL mismo escenario a Rosalía, Karol G y Dua Lipa, no habría duda de que sería el concierto del año. Así ocurre en la edición que tienen en sus manos. En ella, con espíritu de celebración, hemos reunido a tres de las voces fundamentales de la música contemporánea, quizá el lenguaje artístico que más ha contribuido a forjar una identidad compartida.
En Roma , el cineasta Alfonso Cuarón recurrió al sonido para retratar aquella Ciudad de México de los años setenta. Construyó su memoria sobre el silbido del afilador de cuchillos, la voz del pregonero, el tintineo de los campanarios y el bullicio de los vendedores ambulantes, una decisión que tuvo un impacto tan decisivo en la película como el de la imagen. De esa grandeza habla también la monumental obra Sonidos de México , publicada por la Fundación BBVA, un recorrido por la geografía musical del país con paradas en la literatura náhuatl, el periodo del virreinato, los corridos y el rock. “Para mí la música empezó a significar algo diferente cuando me hice humilde ante su grandeza. He presenciado una escena musical que identifica la diversidad de este país”, escribe Lila Downs en el prólogo.
Esa misma diversidad es la que atraviesa Lux , título del nuevo álbum de Rosalía. La cantante española apuesta en este trabajo por un pop vanguardista que gira hacia lo espiritual, y lo hace en 13 idiomas. Con ella conversamos sobre la divinidad, la feminidad, la fe y las brutalidades del amor. Y mientras esperamos la llegada al país de Dua Lipa, acompañamos a Karol G por los campos de Tequila, en Jalisco; hace unas semanas, la cantante colombiana recibió en Las Vegas el Grammy Latino a la Mejor Canción del Año por Si antes te hubiera conocido
“La música es el alma de cualquier fiesta”, decía Quincy Jones. A esta edición, sin embargo, también hemos sumado los vinos de Marqués de Murrieta, cuya bodega visitamos en La Rioja para celebrar el primer centenario de esta denominación de origen española. Además, recorremos los restaurantes de vanguardia de San Francisco, nos sumergimos en la relación gastronómica que mantienen Madrid y la Ciudad de México y viajamos a Brooklyn, donde el actor y cantante Riz Ahmed, que acaba de estrenar El Intermediario (2025), reflexiona sobre los retos a los que se enfrenta en cada interpretación. Por último, llegamos a las montañas de Montana para conversar con la actriz Glenn Close, protagonista de nuestra portada y lista para recibir un año 2026 en el que estrenará películas como La bola negra , dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi (Los Javis) e inspirada en la novela inacabada de Federico García Lorca. En el arte, la música y la literatura se percibe una nueva espiritualidad, por eso las palabras que pronunció el escritor William Faulkner al recibir su Premio Nobel de literatura resuenan hoy con la fuerza de antaño: “La voz del poeta no debe ser simplemente el registro del hombre; puede ser uno de los pilares que lo ayuden a resistir y triunfar”. Feliz año nuevo.
Pág. 50 La cantante Karol G y Bertha González Nieves, fundadora de Casa Dragones, conversan frente a una plantación de agave en Tequila, Jalisco, el pasado agosto.
Por Anna Stephens
EN UNA ÉPOCA en la que la música parece diseñada para durar segundos, hay artistas que deciden construir para permanecer. Dua Lipa pertenece a ese extraño y cada vez más reducido círculo de quienes no dependen de una sola canción viral, sino de discos pensados como una obra completa.
en la que la música parece diseñada
largo plazo y a una identidad construida con preci-
Conocí esa fuerza desde adentro. Entre los años 2017 y 2023 fui la responsable del desarrollo de la carrera de Dua Lipa en México, trabajando estrechamente con su equipo y gestionando cada etapa de su crecimiento en nuestro país. Esa relación profesional me permitió observar que en ella no hay improvisación. Todo lo que hace responde a una visión a largo plazo y a una identidad construida con precisión casi arquitectónica. Ella es una mujer joven, segura de sí misma, que habla del deseo, la vulnerabilidad y la independencia con la misma naturalidad con la que baila. Y esa identidad es el cimiento de su permanencia.
T MÉXICO PRESENTA
El contraste con la industria actual es evidente. Mientras el pop vive de la inmediatez , Dua Lipa ha desarrollado una discografía reconocible en la que cada álbum consolida un sonido propio y un universo visual que se puede identi car en segundos. En un panorama en el que muchas propuestas se desvanecen, ella eligió el camino de la inversión paciente en canciones que incitan a ser escuchadas una y otra vez, colaboraciones cuidadas y giras que con rman la relación con su público. Eso es lo que hace que su música sea más resistente al paso del tiempo que el promedio del pop actual.
Cuando recibí Future Nostalgia seis semanas antes de su lanzamiento, esa certeza ya estaba ahí. Era un álbum que mostraba a una artista segura, imponente y elegante. Pero en 2020, la historia cambió inesperadamente para todos. La pandemia transformó nuestras vidas y, sin quererlo, las canciones del álbum fueron una especie de generador eléctrico en medio del apagón global. Mientras la industria musical entera se veía obligada a reinventarse, Dua Lipa fue el hilo conductor de las estas digitales que nos salvaron del aislamiento y Future Nostalgia el álbum con el que aprendimos a bailar sin tocar a nadie.
Dua Lipa durante la sesión fotográfica que realizó para su gira OptimismRadical Tour.
Hoy, con Radical Optimism, nos encontramos con una Dua Lipa que ya no está construyendo identidad, sino que la está habitando. Es la misma mujer que conocimos en Future Nostalgia, pero ahora más serena, más dueña de sus silencios, menos preocupada por demostrar y más interesada en contar quién es en medio del ruido. El álbum, tal vez menos contundente que su antecesor, con rma algo esencial, que Dua Lipa ha llegado a un punto de madurez en el que su propuesta es una forma de permanencia.
Trabajar con ella me dejó la certeza de que Dua Lipa es una artista que se ha construido desde su propia visión, y esa consistencia en un contexto tan dinámico como el actual demuestra que su carrera no se sostiene en el escándalo ni en el algoritmo, sino en la solidez de canciones y discos que pueden seguir escuchándose sin sentirlos como una anécdota de época. Dua Lipa eligió el ritmo de la identidad, la paciencia y la claridad. Esa sutil pero determinante diferencia —apostar por una identidad clara y una obra que se pueda revisitar— es lo que hoy la coloca del lado de quienes ocupan un lugar en los charts y en la memoria.
Izquierda: entre 2017 y 2023, Anna Stephens fue la responsable del desarrollo de
LA NUEVA CREACIÓN de Montblanc, Digital Paper, une en un solo dispositivo los universos de la escritura manual y el formato digital. Con este invento, con el que la maison rinde homenaje a la sensación física de la escritura tradicional mientras amplía su legado hacia el ecosistema digital, es posible dibujar, proyectar planos o escribir cartas como en los viejos tiempos sin perder la experiencia del trazo y la caligrafía. El dispositivo se acompaña del Digital Pen, una versión ergonómica de la icónica estilográ ca Meisterstück que ofrece al escri-
DigitalPaperdeMontblanc,montblanc.com.mx.
tor, dibujante o diseñador múltiples líneas y estilos de caligrafía. El sistema incluye además tres puntas intercambiables, diseñadas para reproducir diferentes texturas de papel, y la pantalla incorpora plantillas de agendas, diarios y calendarios, facilitando así un uso más organizado y profesional. Ante los avances de su tiempo, el escritor Pío Baroja decía que “con la televisión a color y en relieve acabarán por inventar el teatro”. Con propuestas como esta, parece que, de algún modo, también se reinventa la escritura a mano. — J. F. A.
EL ESCRITOR Y ensayista mexicano Gonzalo Celorio (México, 1948) ha sido reconocido con el Premio Cervantes, el mayor galardón literario para escritores en lengua española y una muestra más de la enorme in uencia que las letras mexicanas desempeñan en la literatura hispana. Miembro de la Real Academia Española de la Lengua, director de la Academia Mexicana de la Lengua y colaborador habitual de instituciones como el Colegio de México, la Universidad Iberoamericana o la Universidad Nacional Autónoma de México, el jurado ha destacado su “excepcional obra literaria y labor intelectual, con la que ha contribuido de manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura hispánica”. Autor de obras como Amor propio (1992), El viaje sedentario (1994) o Mentideros de la Memoria (2022), Celorio se suma a una lista en la que aparecen nombres tan relevantes como Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes o Mario Vargas Llosa. El mexicano, “un escritor moralista” según sus propias palabras, recibirá el premio el próximo 23 de abril de 2026. — Javier Fernández de Angulo
El gran desembarco MÁGICA
LA MUESTRA DE arte precolombino más ambiciosa de la historia de Europa ya está en Madrid, ciudad que hasta el próximo febrero acogerá cuatro exposiciones simultáneas bajo el epígrafe La mitad del mundo. La mujer en el México indígena. Comisariada por Karina Romero Blanco, en total podrán verse más de 400 piezas de las culturas mexica, maya, huasteca, olmeca, teotihuacana, totonaca, nahua, tzotzil, mixteca, wixarika y zapoteca curadas por el Instituto Nacional de Antropología de México. El Museo Arqueológico Nacional será la sede de El ámbito humano, donde se explorará cómo era la vida cotidiana en las comunidades originarias, así como el papel que representaba la mujer en la estructura política, social y religiosa. El Instituto Cervantes, por su parte, acogerá la sección titulada Historias tejidas, enfocada en la fabricación de textiles como vehículo de transmisión cultural y expresión política y social. En el Museo Thyssen-Bornemisza, el visitante podrá disfrutar de Señora Tz’aka’ab Ajaw, la Reina Roja de Palenque, donde se presenta el ajuar funerario de una de las guras más representativas de la civilización maya. Finalmente, la Casa de México en España presentará El ámbito divino, una exposición en la que podrán verse textiles, objetos y utensilios que tratan de explicar la compleja cosmovisión maya. Las cuatro exposiciones forman parte del Año de la Mujer Indígena declarado por el Gobierno de México en 2025 y estarán abiertas al público hasta el próximo 15 de febrero de 2026. — J. F. A.
Una de las piezas expuestas en la muestra de la Casa de
México de Madrid.
su en blanco es el ejemplo definitivo de la experiencia un turmalinas visibles desde ángulos, que centellean a la luz.
El valor de una gema lo determina una delicada alquimia entre rareza, tamaño y la perfección de su forma. Pero la historia también cuenta. Evan Yurman empezó a coleccionar piedras importantes y de gran tamaño hace décadas, cuando tenía veintitantos, piedras que sus padres, David y Sybil Yurman, consideraban fuera del alcance de la firma que fundaron en 1980. Pero Evan sabía que algún día crearía piezas únicas con esas joyas y, en los últimos años, su enfoque, en el que el brillo de las gemas se realza en configuraciones únicas, ha ayudado a que David Yurman muestre un lado más extravagante como firma. Con un ópalo australiano de siete quilates que compró hace muchos años —rodeado de diamantes que parecen flotar por sus engastes ocultos— en su centro, este anillo de coctel en oro blanco es el ejemplo definitivo de la amplia experiencia de la familia. Montado discretamente en la parte inferior hay un halo de turmalinas Paraiba en tonos azul-verdoso, solamente visibles desde ciertos ángulos, que centellean a la luz. de David Yurman, davidyurman.com.
Por Nancy Hass Fotografía por Jennifer Livingston Diseño de set por Marcus Teo
El bestiario ornamentado de la diseñadora franco-belga Jeanne Toussaint, quien dirigió la creación artística de Cartier durante gran parte del siglo XX, comenzó en 1914 con el reloj de pulsera pantera, pero realmente alzó el vuelo en 1940, cuando el duque de Windsor encargó un ahora legendario broche en forma de flamenco con diamantes y plumaje de esmeraldas, rubíes y zafiros tallados en calibré para su esposa, la socialite estadounidense Wallis Simpson. Al pasar de las décadas, la casa fundada hace 178 años ha vuelto solo en contadas ocasiones a inspirarse en la estilizada ave tropical, pero ahora vuelve a renacer en un broche tallado en un solo bloque de cuarzo rosa. Su pico está hecho de ágata negra, y de un delicado conjunto de plumas meticulosamente esculpidas cuelga un único diamante.
Nakuru, alta joyería En Équilibre de Cartier, cartier.com
Broche
Por Nancy Hass Fotografía por Florent Tanet Diseño de set por Pierre-Alexandre Fillaire
P O S
En el arte y el diseño, las esculturas totémicas vuelven a estar al alza.
Por Alexa Brazilian
EL PASADO ABRIL, durante el Salone del Mobile, la feria anual de mobiliario en Milán, Sten Studio, la firma de diseño con sede en la Ciudad de México, presentó 11 esculturas de hasta dos metros de altura compuestas por piedras geométricas coloridas apiladas unas sobre otras. En ellas se integraban rocas de todo el mundo —calcita azul de México, ónix verde y rosa de Oriente Medio, mármol Calacatta Lincoln de Estados Unidos—, y la base de cada estructura totémica estaba rodeada de arena color turquesa que, según explicó José Miguel Schnaider, el fundador y director creativo del grupo, simbolizaba tanto el polvo que se acumula al tallar las piedras como un paisaje intergaláctico imaginario. La muestra, que se llevó a cabo en una villa del siglo XIX en ruinas a las afueras de la ciudad, se inspiró en la alineación planetaria, las ruinas arqueológicas y la
africana para marcar tumbas, senderos y otros lugares importantes— que por dichos pilares de madera elevados.
L E V A D O S
unidad global, señala Schnaider, de 34 años. “Todas las sociedades observan el cosmos. Los tótems y el arte vertical son un concepto universal que se puede encontrar en muchas culturas. En este tiempo tan intenso, quisimos crear arte que representara lo que tenemos en común”.
Las columnas de Sten Studio son solo un ejemplo del creciente número de piezas monumentales y verticales que están creando hoy artistas de todo el mundo. El término tótem proviene de la palabra ojibwa que designa al clan de una persona, pero los primeros tótems con los que se toparon los europeos —en la costa norte del Pacífico, a finales del siglo XVIII— fueron tallados en troncos de cedro rojo por otros pueblos indígenas de América. Sin embargo, los creadores contemporáneos pueden sentirse igualmente inspirados por la antigua tradición de apilar piedras —incluyendo los cairns, o montículos, usados en las culturas celta, gaélica, nórdica, sudamericana y
“Este tipo de arte puede encontrarse de oriente a occidente”, comenta Casey McCafferty, artista radicado en Nueva Jersey de 36 años que comenzó en 2010 creando mobiliario comercial en Santa Mónica, California, y hoy crea esculturas abstractas en cedro rojo y roble. Según menciona, le gusta “cómo se mueve instintivamente mi cuerpo cuando esculpo libremente. Es ergonómico y gravitacional, el camino de menor resistencia”. Con el tiempo, su trabajo evolucionó hasta convertirse en los tótems de más de dos metros y medio por los que es conocido: formas ameboides, imponentes, con alguna nariz por aquí, una oreja o una mano por allá. La artista multidisciplinaria Olivia Cognet, originaria de Niza, Francia, produce esculturas de gres sin esmaltar influenciada por la obra de Costantino Nivola, escultor originario de Cerdeña, Italia, que a mediados del siglo XX utilizó concreto colado en arena para crear tótems inspirados en estructuras prehistóricas. “Las esculturas de estilo totémico fueron una parte fundamental de la decoración de mediados de siglo”, explica Cognet, de 43 años, quien dirige un taller en Vallauris, una localidad de la Costa Azul, y también fabrica lámparas compuestas por cerámica en círculos, cuadrados y otras formas apiladas que evocan el contorno de una cabeza de esfinge egipcia o las alas de un águila. “No veo una frontera entre los objetos funcionales y mi escultura. Nada se hace con molde; todo es arte”.
Desde la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: Fundamental Concern (2025), de José Dávila; Cosmic Resonance, instalación de Sten Studio en el Salone del Mobile de Milán (2025); Head on My Hand, de Casey McCafferty (2021).
Las esculturas minimalistas del artista mexicano José Dávila —cilindros de concreto, orbes metálicos pulidos o piedras de lava apiladas— reflejan una búsqueda creativa distinta. Formado originalmente como arquitecto en Guadalajara, Dávila aborda su práctica con una mirada de ingeniero. “Me atrae el acto fundamental de colocar: el equilibrio, la tensión y la liberación. Desde siempre, los humanos han apilado objetos para dotarlos de significado espiritual”, comenta el artista, de 51 años, quien también se inspira en las ruinas romanas y en las líneas gráficas y coloridas de los edificios de Luis Barragán. “Se trata de resistir la fuerza de gravedad, lo cual es un acto de desafío en sí mismo”.
retro elegancia
izquierda:
Con hombros amplios, siluetas relajadas y una paleta cálida e inspirada en la tierra, la moda masculina de la temporada evoca el espíritu despreocupado de los años setenta.
Fotografía por Alex Huanfa Cheng
Estilismo por Paul Maximilian
zapatosdeBalenciaga, balenciaga com
Desde la izquierda: chamarra, suéter y pantalones de Loewe, loewe com; abrigo de Maison Margiela, maisonmargiela com; saco de Ferragamo, ferragamo com; camisade
Abrigo, saco, camisa y pantalones de Brioni, brioni com; corbata de Gucci, gucci.com;
Abrigo, saco, camisa, pantalones y corbata de Saint Laurentby
Una paleta en su mayoría monocromática nos asegura que las atrevidas texturas y siluetas del otoño acaparen toda la atención.
Fotografía por Iñigo Awewave Estilismo por Nathan Klein
Desde la izquierda: abrigo de Akris, akris.com; aretes de Charlotte Chesnais, charlottechesnais.com; zapatos de Max Mara, maxmara.com. Top, pantalones y zapatos de Donna Karan New York, donnakaran.com; sombrero de Gigi Burris Millinery , gigiburris.com; cinturón de Balmain, balmain.com.
Desde la izquierda: chamarra, cinturón, vestido (usado debajo), aretes y guantes de Saint Laurent by Anthony Vaccarello ,ysl.com. Abrigo, top, falda, aretes y calcetas de Miu Miu, miumiu.com; zapatos de Marobe, marobe.com.
ODA A LA BELLEZA
KARINA DÁVILA, MAKEUP ARTIST, ESPECIALISTA EN BELLEZA Y EMPRESARIA FUNDADORA DE ÁMU BEAUTIFUL TOOLS NOS HABLA DE SU TRAYECTORIA Y NUEVOS COMIENZOS.
Karina Dávila lleva 25 años dedicada al mundo de la belleza, aunque reconoce que llegó a la industria por casualidad. A los 13 años, relata la makeup artist y fundadora de Ámu Beautiful Tools, sus padres le dieron cien dólares para comprar ropa, pero en lugar de gastarlos en una chamarra o un vestido, los invirtió en unas sombras de Chanel de 98 dólares. “Mis papás se molestaron mucho en su momento, pero hoy entiendo mi creación”, recuerda entre risas. Tiempo después, Dávila fue invitada a tomar un curso de maquillaje en Guadalajara, una oportunidad que posteriormente la llevaría a dejar su profesión como comunicadora deportiva para abrir su primer estudio. Comenzó en un cuarto pequeño, pero pronto dio otro salto en su carrera con la inauguración de un beauty bar en Guadalajara que la impulsó a aventurarse en otros campos relacionados con la industria de la belleza. Y es que, a lo largo de su trayectoria, Dávila ha lanzado instrumentos como la brocha brazalete, una actividad que piensa continuar en el futuro. “El maquillaje ha sido mi voz desde siempre, no se trata solo de color y técnica, sino de expresión y libertad, de descubrir la belleza que ya existe en cada rostro”, dice.
Dávila se ha consolidado como una empresaria que entiende el negocio tanto como la técnica. En solo unos pocos años logró expandir su marca a puntos de venta estratégicos: Andares en Guadalajara, Masaryk en Ciudad de México, y tiendas en Monterrey, además de su plataforma amu.mx.
Desde la izquierda: Kary usando la Tech
Su apuesta es construir una experiencia de belleza profesional al alcance de más mujeres, sin perder la calidad que siempre la ha distinguido. Para ella, la profesionalización del maquillaje no empieza en la piel, sino en las herramientas. Desde su experiencia al frente de la marca, explica que un kit personal puede resolverse con cinco brochas bien diseñadas, mientras que el trabajo profesional exige al menos 15, además de una mayor variedad de esponjas y aplicadores. Su enfoque como empresaria se refleja también en la forma en que ha impulsado estándares de higiene y mantenimiento dentro de la industria: desarrolló protocolos claros para el cuidado de instrumentos —incluyendo jabones
Blender; beauty beautiful tools.
especializados y rutinas semanales de limpieza— que aseguran durabilidad, rendimiento y seguridad para el usuario. “Mantener tus brochas limpias habla de tu higiene personal”, afirma, subrayando la filosofía que guía tanto sus productos como la operación de su marca y que la ha colocado como referencia en la industria.
De cara a las incipientes fiestas de fin de año, Dávila recomienda la tendencia makeup no makeup; es decir, menos es más, y propone un look discreto con una base ligera como punto de partida, un rubor y contornos que sean fáciles de aplicar rematados con un sellado de sombras. Para los ojos, por su parte, sugiere un delineado suave, con un toque de ligero ahumado y preferiblemente difuminado. “Lo más
importante es una ceja bonita, un buen rímel y labios bien trabajados”, matiza la especialista. A su juicio, en la actualidad el maquillaje no responde a una tendencia demasiado rígida, sino que hay una gran variedad de estilos en el mercado. La clave está en la capacidad de adaptarlo a la personalidad de cada uno, ya sea con opciones más clásicas, como los tonos nude fundamental la esponja para lograr un efecto pulido y natural , o más atrevidas, con colores sugerentes como el rojo y el tinto como protagonistas.
En cuanto al momento del desmaquillaje, clave en cualquier rutina de belleza, Dávila apuesta por productos “orgánicos y naturales”. Lo más importante es desmaquillarse todas las noches antes de aplicar las cremas apropiadas. La rutina gua sha y la aplicación de un pequeño masaje también ayudan a dar firmeza a los músculos de la cara”, continúa la experta en belleza.
Enfocada en la reciente apertura de la avenida Masaryk de la Ciudad de México, donde también tiene previsto ampliar su oferta a la realización de cursos y talleres, y en las futuras aperturas de Ámu en Torreón, Guadalajara y Monterrey, Dávila también prepara un servicio masculino de belleza enfocado en el cuidado de la piel y en la matización de efectos. Demuestra así que su larga trayectoria (un cuarto de siglo) no solo refleja su propia evolución profesional a lo largo del tiempo, sino también su capacidad para leer y adaptarse a las identidades estéticas de un país como México.
Para más información: amu.mx y @amu.mx.
Según Dávila, para el maquillaje personal basta con cinco brochas.
Diferentes herramientas de la marca Ámu Beautiful Tools.
Un viaje a través de las piezas y momentos que definieron las tendencias de la alta relojería en 2025; desde nuevos materiales, hasta reservas de marcha extendidas.
Por Izaskun Esquinca Hernández
HA LLEGADO ESE momento del año de hacer listas sobre lo mejor que ha ocurrido en los últimos meses y la alta relojería no iba a ser una excepción. Sin embargo, más que una lista, realizaremos un recorrido por los momentos clave de la industria, aquellos en los que se revelaron algunas de las mejores creaciones. Sería injusto colocar una firma por encima de otra. Como cada temporada, el calendario relojero se ordena casi de manera natural: inicia con el empuje mediático de LVMH Watch Week, continúa con el despliegue monumental de Watches & Wonders, se nutre de los lanzamientos independientes a lo largo del año y termina por consolidarse en territorio mexicano, primero con el SIAR Summer y más adelante con el SIAR Latam, una plataforma que cobra cada vez más relevancia a nivel mundial y que se prepara para celebrar su 20 aniversario en 2026.
reforzó su línea contemporánea con el Defy Skyline Chronograph, que llega con una envidiable reserva de marcha de 60 horas: el perfecto balance entre precisión y trabajo artesanal.
Louis Vuitton también aprovechó el escenario para consolidar su apuesta relojera con nuevas entregas dentro del universo Tambour, inclinadas hacia mecánicas más sólidas, materiales premium y un diseño que confirma su lugar en la alta relojería. TAG Heuer presentó el Formula 1 Chronograph, un
de 2013. Es una creación para conocedores, con una reserva de marcha de ocho días gracias a su nuevo calibre manual. Jaeger-LeCoultre llevó su virtuosismo técnico a nuevas alturas con el Reverso Tribute Monoface Small Seconds, que destacó por presentar un brazalete tipo milanés en oro rosa, en armonía con su caja rectangular en el mismo material.
Desde Japón, Grand Seiko presentó el Spring Drive U.F.A. SLGB003, una obra de precisión con calibre 9RB2 en caja de titanio de alta intensidad de 37 mm y una
recontareltiempo
El mapa de este recorrido comienza en Nueva York y París con los lanzamientos de LVMH Watch Week, donde se vislumbraron las primeras señales del tipo de año que tendríamos. Casas como Bulgari, Hublot, TAG Heuer, Zenith, Daniel Roth y Gérald Genta marcaron el tono con piezas que mezclan innovación, diseño audaz e identidades de marca bien definidas.
Bulgari, por ejemplo, llevó su maestría joyera al terreno mecánico con el Serpenti Seduttori Lady Solotempo BVS100, una reinterpretación femenina con movimiento automático y una muestra de que la relojería-joya continúa elevándose.
Hublot celebró su espíritu vanguardista con el Big Bang MECA-10 de 42 mm. Disponible en titanio, oro y carbono es una pieza concebida para quienes buscan presencia y arquitectura mecánica expuesta.
Zenith, fiel a su carácter técnico y en tono celebratorio de sus 160 años de existencia
guardatiempos en caja de titanio con una reserva de marcha de 42 horas.
Ginebra: epicentro de la relojería
Damos ahora un salto a Ginebra, corazón de la alta relojería y sede de Watches & Wonders 2025, que como siempre abrió sus puertas como un escaparate en el que tradición y artesanía toman forma en guardatiempos excepcionales. Allí, firmas como Rolex, Patek Philippe, Vacheron Constantin, Chopard y Jaeger-LeCoultre, entre otras, concentraron la atención de coleccionistas y especialistas.
Rolex sorprendió con el Land-Dweller 2025, una colección de estética deportiva y elegante que introduce un diseño integrado y un nuevo movimiento de alta frecuencia. Disponible en 36 y 40 mm, en Oystersteel, Everose Gold y platino, marca un giro notable en el lenguaje contemporáneo de la casa.
Patek Philippe demostró que la elegancia clásica nunca pasa de moda con su Calatrava ref. 5328-001, una pieza en caja de oro blanco, carátula azul y correas intercambiables, evolución de la referencia 5200
reserva de marcha de 72 horas que es un compendio de tecnología y minimalismo japonés. En la cúspide de la artesanía, Vacheron Constantin celebró su 270 aniversario con la monumental Les Cabinotiers Solaria Ultra Grande Complication , con más de 1,500 componentes y funciones astronómicas que solo una manufactura de esta magnitud puede ejecutar.
Más allá de los salones: independencia y estilo propio Entre los lanzamientos más celebrados lejos de las ferias, uno de los favoritos fue Classic Auto Horizon de Laurent Ferrier. Con carátula azul, caja de acero de 40 mm y movimiento micro-rotor, sintetiza el espíritu de la alta relojería independiente: refinamiento, discreción y acabados impecables.
Piaget también destacó con el Sixtie, una pieza en oro rosa con caja trapezoidal, 51 diamantes y un diseño inspirado en los años sesenta que es también un guiño al glamour retro. Omega presentó a mediados de año la evolución del Speedmaster con nuevas versiones Dark y Grey Side of the Moon, todas con
caja de cerámica y respetando el tamaño histórico de 44 mm. Las versiones en negro incorporan el nuevo calibre 9900, además de correas de caucho y nylon. Se suma también una edición dedicada a la tripulación del Apollo 8, con reproducción de la cara lunar en la carátula y el calibre 3869. Breguet celebró sus 250 años bajo la dirección de Gregory Kissling, quien trajo frescura a la firma con el Classic Souscription 2025, que llega con caja de oro Breguet, carátula esmaltada en blanco y manecilla Breguet. Una pieza que llevó a la casa a recibir el codiciado Grand Prix d’Horlogerie (GPHG) Aiguille d’Or. Audemars Piguet festejó sus 150 años con una pieza que honra su legado artesanal: el Royal Oak Calendario Perpetuo Automático, presentado en una caja de oro arena en una aleación de oro, cobre y paladio. Su complejidad y silueta fueron reconocidas por el jurado del GPHG con el premio al Reloj Icónico.
México: escenario brillante El escenario mexicano también tuvo su momento con el SIAR Latam 2025, donde Bulgari presentó el Tubogas Manchette en oro amarillo y el reloj secreto de alta joyería Serpenti Pallini, ambos inspirados en Frida Kahlo, además de una pieza en homenaje a Diego Rivera dentro de la silueta Octo Finissimo Panerai, por su parte, mostró el Luminor Marina Carbotech, edición limitada de 60 piezas impulsada por el calibre P.9010 Se distingue por detalles inspirados en México como una carátula verde mate, costuras con los colores de la bandera y la palabra México grabada en el fondo. Como mencionamos al comienzo, una lista de las mejores piezas no haría justicia al trabajo de los artesanos que día a día elevan los estándares de precisión para ofrecer el mejor registro del tiempo, vestido con materiales excepcionales y estéticas hipnóticas que, en ocasiones, impiden apartar la mirada.
Bajo la luz del invierno
CASA PALACIO PROPONE DOS LECTURAS ESTÉTICAS DE LA ESTACIÓN EN LAS QUE EL DISEÑO FUNCIONA COMO UNA FORMA DE INTIMIDAD Y DE ENCUENTRO. ENTRE LA ELEGANCIA NOCTURNA DE ESTRELLA DEL ESTE Y LA CALMA TERRENAL DE SUSURROS DE INVIERNO, LA CASA SE TRANSFORMA EN UN TERRITORIO PARA PENSAR EL INVIERNO DESDE EL GESTO Y LA MATERIA.
El invierno impone un tipo distinto de luz. Una que cae con discreción, que hace que los objetos sean más nítidos y las habitaciones más silenciosas. En ese clima íntimo, la casa se reorganiza alrededor de lo esencial: la mesa, la conversación, la pausa. Casa Palacio entiende bien ese tránsito y presenta dos propuestas que exploran cómo el diseño puede acompañar — sin imponerse— la manera en que habitamos esta temporada. Encantador, ¿no?
Estrella del Este mira hacia el resplandor nocturno. Se sostiene en una paleta precisa —negros, blancos, dorados— que recuerda el brillo ligeramente frío de las noches invernales. En esta visión, las vajillas se comportan como pequeñas arquitecturas de luz y las copas multiplican un dorado contenido, nunca estridente. Hay una elegancia que no necesita declararse y que surge del contraste entre superficies limpias y acentos metálicos que sugieren el mapa de una estrella guía, la misma que da nombre a la colección.
En el extremo opuesto, Susurros de Invierno gira la mirada hacia la tierra. Aquí, prevalecen los verdes intensos, los dorados suaves y los materiales orgánicos que evocan un paisaje boscoso atravesado por la hora dorada. Madera, musgo, fibras y ligeros brillos construyen una atmósfera doméstica que invita a habitar el invierno desde el recogimiento y la serenidad. Es una lectura más táctil, más cercana al refugio que a la celebración.
Ambas tendencias coinciden en una idea que merece ser subrayada: el diseño no es un adorno para la temporada, sino una forma de pensamiento. Organiza el espacio y, con él, la manera en que compartimos el tiempo. En invierno —cuando la ciudad desacelera y la luz cambia— esa sensibilidad se hace más evidente. Estrella del Este y Susurros de Invierno funcionan entonces como dos entradas distintas a la misma pregunta: ¿cómo queremos vivir esta estación?
Casa Palacio responde sin excesos. Con colecciones que proponen más que decoran, que acompañan más que espectacularizan. La casa, finalmente, agradece.
elpalaciodehierro.com/casapalacio
LA BAHÍA DE San Francisco vive un momento singular en su historia gastronómica. En este territorio donde conviven la innovación tecnológica, la multiculturalidad, la biodiversidad agrícola y una conciencia ambiental temprana, la cocina ha dejado de ser únicamente
un espacio de creatividad para convertirse en un laboratorio vivo. Lo que sucede en San Francisco hoy transforma el acto de cocinar, la producción de los ingredientes, el papel que juega la tecnología en la alimentación del futuro y cómo los chefs interpretan su herencia y
el ecosistema que los rodea. En este contexto David Yoshimura, en Nisei; Srijith Gopinathan, en Copra; y Dominique Crenn, en Atelier Crenn ofrecen una visión complementaria y poliédrica del porvenir culinario. Para comprender de dónde surge esta constelación, hay que
La bahía de San Francisco se ha convertido en uno de los epicentros mundiales de la nueva gastronomía gracias a la innovación tecnológica, a su multiculturalidad y a su diversidad agrícola. Izquierda: sopa de pescado con ostras de Hog Island y mochi de masa madre, uno de los platos del restaurante Nisei.
Revolución culinaria
observar primero el rol de Mista, la plataforma de innovación alimentaria nacida en San Francisco que ha comenzado a redefinir cómo se piensa la alimentación en un mundo enfrentado a crisis simultáneas. El propósito de Mista parte de una afirmación contundente: el modelo actual
Por Kira Álvarez Fotografía por Viridiana
está roto. Las cadenas de abastecimiento son vulnerables, la producción intensiva de proteína animal es insostenible, el desperdicio alimentario continúa creciendo y la crisis climática exige soluciones radicales. En lugar de trabajar desde la nostalgia o el perfeccionismo culinario, Mista mira hacia adelante, buscando ingredientes resilientes que puedan cultivarse con mínima agua, energía y presión sobre los ecosistemas. Desarrolla proteínas basadas en micelio, fermentaciones de tercera generación, ingredientes funcionales que mejoran el perfil nutricional de los alimentos y tecnologías para descentralizar la producción. Y lo hace desde San Francisco.
En ese marco, Nisei y Copra —dos restaurantes Michelin, dos narrativas completamente distintas— se conectan a este nuevo paradigma. No son laboratorios científicos, pero sí puntos de encuentro donde la tradición se pregunta cómo sobrevivirá en un mundo en redefinición. David Yoshimura, chef de Nisei, habla con una claridad que sorprende en alguien tan joven. Para él, el futuro de la gastronomía comienza en el mercado agrícola, frente a los productores que trabajan la tierra día a día. “Todo comienza en el mercado”, afirma. “Hablo con los agricultores, veo qué está en su mejor momento, y a partir de ahí construyo el plato. Para mí, trabajar con la estación es
una forma de estar en sintonía con la naturaleza”, dice Yoshimura, hijo de padre japonés y madre estadounidense, criado en Texas y formado en restaurantes de élite. “Nisei es un reflejo de quién soy ahora”, añade. El restaurante toma elementos de su infancia y los reinterpreta desde su vida adulta en California. “Hay mucho más en la comida japonesa que sushi. Quiero mostrar su amplitud”, dice. Un ejemplo es su reinterpretación del curri japonés, al que incorpora técnicas que conoció en Texas, como el uso de un roux extremadamente oscuro, casi negro, que aporta profundidad y complejidad. “El resultado sabe inmediatamente a curri japonés, pero con una riqueza completamente distinta”, explica. “No basta con replicar los platos tradicionales; como chef, tengo la responsabilidad de mejorar la cocina”.
Ese impulso por evolucionar lo ha llevado a explorar alternativas científicas a ingredientes tradicionales, sobre todo aquellos cuya producción resulta ambientalmente problemática. “Probé elaboraciones hechas en laboratorio —como salmones cultivados en células— y creo que son el futuro, sobre todo para detener la sobrepesca”, reconoce Yoshimura. “La tecnología está ahí. Tal vez tarde años en volverse accesible, pero es inevitable”, agrega. Yoshimura
no se considera un chef futurista, pero tampoco uno purista. Se define como un intérprete del tiempo que le tocó vivir, alguien que honra su herencia, pero que reconoce que la gastronomía debe participar en la solución a los desafíos globales.
Algo similar —aunque desde otro ángulo— ocurre en Copra, el proyecto más íntimo y personal de Srijith Gopinathan, quien ha dedicado gran parte de su vida profesional a mostrarle a Estados Unidos la complejidad y profundidad de la cocina del sur de India. Su historia empieza en Kerala y Tamil Nadu, en una casa donde la cocina era un
Arriba: hijo de padre japonés y madre estadounidense, David Yoshimura, chef de Nisei, incorpora los recuerdos de su infancia en Texas a las recetas tradicionales japonesas. Izquierda: sopa de miso con piñones, coliflor, champiñones y piñones encurtidos, en Nisei.
territorio compartido por madres, abuelas y tías. “Copra es exactamente la comida con la que crecí”, afirma Gopinathan. “No tuve que hacer investigación; son los sabores que preparaban mi madre, mi abuela, mis tías”, continúa. Esa raíz convive con un camino profesional distinto: Gopinathan ha pasado más de dos décadas en San Francisco, cocinando en restaurantes de alta cocina y entrenándose con chefs franceses. “He vivido más de la mitad de mi vida en Occidente”, reflexiona. “Cuando regresé a cocinar mi propia comida, el gesto de ‘plato’ ya estaba en mi mano. No reinvento los curris; simplemente los
presento en un contexto distinto”, añade.
Esa capacidad para moverse entre dos mundos —la tradición milenaria y la sofisticación técnica contemporánea— le permite situarse en una posición única ante la innovación alimentaria. Su respeto por la herencia es
absoluto. “Estas cocinas tienen miles de años”, dice. “No tienes derecho a reinventarlas por completo; debes colocarlas en tu tiempo y tu lugar, sin traicionar su esencia”. Pero también reconoce que el sistema alimentario global enfrenta una crisis que exige soluciones creativas. Por eso, cuando
comenzó a trabajar con micelio, lo hizo no como un experimento conceptual, sino como una respuesta ética. “Quería un ingrediente vegetal que no dependiera de químicos”, explica el chef. “El micelio tiene sabor natural, umami real. No estás matando a nadie, no usas demasiada agua,
Arriba: en Copra, el chef Srijith Gopinathan rinde homenaje a las recetas del sur de la India. Izquierda: las lámparas tejidas, el papel tapiz y estanterías a doble altura dan forma a Copra. En página opuesta, desde la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: Bar Crenn; Dominique Crenn, chef de Atelier Crenn, nació en Bretaña, Francia. Para ella “la sostenibilidad comienza por la humildad; es una manera de estar en el mundo”.
no requiere sol. Es sustentable de verdad”. De esa búsqueda nació Mamu, una proteína vegetal elaborada a base de micelio y garbanzo que hoy forma parte del menú de Copra. “En un mundo con escasez de agua, tierra y alimentos, el micelio es una solución ganadora para la gente que
lo cultiva, para quienes lo cocinan y para la Tierra”, insiste Gopinathan. Este ingrediente no habría podido desarrollarse sin el ecosistema que Mista ofrece: un puente entre la ciencia y la gastronomía. Ahí, en un edificio pintado de colores brillantes en Dogpatch, chefs y microbiólogos se sientan a la misma mesa. Empresas nacientes presentan prototipos que luego se convierten en platos reales y se trabaja no solo en cómo alimentar mejor a las personas, sino en cómo hacerlo sin devastar el planeta. En Mista se estudia cómo cultivar micelio a gran escala, cómo crear proteínas vegetales con perfiles nutricionales superiores, cómo reducir el desperdicio usando fermentaciones de precisión y cómo descentralizar la producción para que no dependa de largas cadenas de transporte. En ese entorno, Gopinathan encontró el lugar perfecto para convertir una idea —una proteína vegetal con verdadero sabor— en una realidad culinaria. Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Dominique Crenn observa la transformación desde una perspectiva diferente. Su cocina, aunque no vinculada directamente a Mista, ofrece la dimensión que equilibra todo lo demás con emoción, poesía y humanismo. Crenn creció en Bretaña, rodeada de mar salvaje, jardines y una familia para la cual la belleza residía en los gestos simples. “Mi madre y mi abuela cocinaban con intuición”, recuerda la chef. “Mi padre me enseñó a mirar el mundo de cerca y a defender a los demás”, añade. Y esa educación afectiva es el sustrato de su cocina: “Un plato no es solo sabor: es emoción, historia, identidad. Es una forma de decir ‘recuerdo’ o ‘sueño’”, reflexiona Crenn.
Su manera de entender lo local se aleja por completo de cualquier definición técnica. “Local no es solo distancia”, afirma. “Es relación. Es conocer a quienes cuidan la tierra, entender sus luchas y celebrar sus triunfos”, explica. Para ella, la sostenibilidad, más que una herramienta de marketing, es una manera de estar en el mundo. “La sostenibilidad empieza por la humildad: reconocer que somos parte de un mundo más grande, no sus dueños”, expresa. Su advertencia ante el avance tecnológico es clara. “El futuro de la comida debe seguir alimentando el corazón. Si la innovación olvida la dimensión emocional, se enfría”,
apunta. En una época donde muchas propuestas plant-based se centran en replicar texturas o calcular eficiencias, Crenn recuerda que la gastronomía es también poesía, un lugar donde lo bello importa tanto como lo racional.
Al observar simultáneamente las obras de Yoshimura, Gopinathan y Crenn se percibe que los tres rechazan la idea de una gastronomía que avance hacia el futuro abandonando su pasado. Por el contrario, imaginan un mañana donde la tradición sirve de apoyo, donde el territorio es brújula y donde la innovación se utiliza para corregir lo que el sistema alimentario ha roto. Para Yoshimura, esto significa reinterpretar la cocina japonesa sin caer en clichés, incorporando técnicas inesperadas y explorando ingredientes del futuro. Para Gopinathan, preservar la identidad profunda del sur de India mientras integra con naturalidad un ingrediente como el micelio, que podría definir la proteína vegetal de las próximas décadas. Para Crenn, rehumanizar el discurso gastronómico devolviéndole la emoción, la intuición, la ética y la poesía.
San Francisco funciona como el territorio ideal para que esta convergencia ocurra. Ningún otro lugar reúne con tanta naturalidad la innovación tecnológica, la diversidad cultural, la historia agrícola, el espíritu contracultural y la sensibilidad ambiental. Aquí, ingredientes ancestrales conviven con proteínas de micelio; agricultores regenerativos trabajan junto a startups biotecnológicas; chefs con estrella Michelin se reúnen con ingenieros; y comensales cada vez más informados exigen una cocina que sea bella, pero también responsable. Lo que se cocina en la Bahía es un ensayo general del porvenir.
El futuro gastronómico que está emergiendo en este territorio será plural, inteligente, sostenible y profundamente humano. Habrá espacio para técnicas milenarias y para proteínas de laboratorio; para memorias familiares y para algoritmos de fermentación; para la poesía de Crenn, la precisión de Yoshimura y la profundidad especiada de Gopinathan. Y si algo caracteriza a esta nueva gastronomía es su convicción de que la cocina —más allá de ser un placer— es una herramienta para sanar, proteger y transformar el mundo.
MÉXICO EN
La relación histórica entre ambos países no deja de asentarse, también en el plano gastronómico
Por
María Orriols y Javier Fernández de Angulo
RESTAURANTES MEXICANOS EN Madrid hay muchos, pero los auténticos tienen nombre y apellido: Sello Copil. Se trata del distintivo otorgado por la Fundación Casa de México que acredita a aquellos templos gastronómicos donde degustar auténticos platillos mexicanos. En estos diez ubicados en Madrid, el maíz se nixtamaliza, los ceviches te trasladan al Pacífico, los tacos están bien picositos y el mezcal ha encontrado su hueco en la coctelería. La neta.
MAZÛL
“Es un tributo a los elementos nativos de América”, dice María Pilar Goutas sobre su
restaurante Mazûl. No le falta razón. El pigmento natural de sus paredes, el ladrillo elaborado a mano de su barra, las vigas de madera del techo o el zacate del maguey de las lámparas te trasladan directamente al México real. “Mi cocina nace de las especias ancestrales y de los elementos de tierra y mar que nos rodean. Para mí, cocinar es una forma de contar historias, nos conecta con los ciclos de la vida y nos permite mantener vivo lo esencial que es nutrir el cuerpo y alma”, dice a T México Chazz Titus, su chef. Esta temporada, en su carta destacan platos enraizados en la cultura popular mexicana como el guajolote confitado con mole blanco y negro trufado o
el tamal con pepianes y verdolagas, dos propuestas nada frecuentes en las cartas de los restaurantes mexicanos en España que son una declaración de intenciones.
BAKAN
Más que recuperar recetas, Bakan, ubicado frente a la Puerta de Alcalá, lo que pretende es dar a conocer la cultura del maíz, base fundamental de la gastronomía mexicana. “Nosotros mismos importamos el maíz chaqueño criollo desde Ciudad de México y preparamos aquí mismo las tortillas con el proceso de nixtamalización tradicional”, comenta Sergio Suazo, su chef ejecutivo. Otro de sus grandes retos es romper el mito de que la verdadera cocina mexicana ha de ser picante. “Utilizamos chiles que aportan notas y sabores diferentes sin llegar a ser picosos y que encajan perfectamente con ingredientes que no son nativos de México”, relata Suazo. En cuanto a la mixología, destacan las picositas margaritas de mezcal elaboradas en la misma barra en la que se encuentra un comal siempre a pleno rendimiento.
Izquierda: en el restaurante Bakan, ubicado frente a la Puerta de Alcalá, el maíz es el gran protagonista de su cocina. El maíz es nixtamalizado en el propio local.
TEPIC
Originario de Vitoria, el chef Gorka Sastre ha logrado convertir a Tepic en un escaparate de la cultura gastronómica mexicana, con recetas procedentes de prácticamente todos los estados del país. Entre sus propuestas, destaca la degustación de moles oaxaqueños, que presenta acompañados de chochoyotas, bolitas suaves de plátano que equilibran la intensidad de las salsas. “Me gusta hacer cosas nuevas para que la gente no se aburra, como es la salsa cabrona, bien picosita”, dice Sastre. En su viaje hacia la costa, el ceviche de atún con pitaya en forma de espuma es un plato imprescindible.
EL BAJÍO
Fundado hace medio siglo, El Bajío ha conquistado los paladares madrileños desde su nueva ubicación en el barrio de Chamberí gracias a las recetas de Tita Ramírez Degollado, su fundadora. “Solo utilizamos los mejores productos e ingredientes frescos, con la sazón y tiempo requeridos para lograr su punto”, dice a T México Yolanda Iglesias, directora de operaciones y jefa de sala. Además de las enchiladas y enmoladas, en El Bajío han abierto la carta a platos menos conocidos en España como el pozole rojo de mariscos y a sabores más sofisticados como los pipianes o el mole de Xico. Otro de los objetivos de la propuesta madrileña de El Bajío es respetar el picor. “Buscamos la sutilidad”, confiesa Iglesias.
ENTRE SUSPIRO Y SUSPIRO
Cuando Entre suspiro y suspiro se instaló hace 32 años en el Madrid de los Austrias, la capital solo contaba con diez restaurantes mexicanos. Hoy, convertido en un clásico de la capital española, mantiene una clientela fija
que sigue acudiendo con regularidad a este rincón de la plaza de Ópera. “Si hay algo que nos diferencia es que crecimos viendo cómo cada plato podía contar una historia y cómo una receta es capaz de preservar la tradición hasta convertirse en un recuerdo imborrable”, señala Ibiza Castañeda de la Barrera, chef y propietaria de un restaurante en el que las salsas son su principal elemento diferenciador. “Son el corazón de la cocina, no solo un acompañamiento. Son el elemento que equilibra la experiencia gastronómica”, afirma Castañeda de la Barrera.
REGAÑADIENTES
“En Regañadientes todos venimos de una familia de glotones y apasionados por la cocina. En nuestro país la comida es tradición, es juntarnos todos en una sobremesa inolvidable. Es una fiesta y ese sentimiento es el que queremos compartir en España y el mundo”, comenta a T México Santiago Fernández, su director. En Regañadientes, dice Fernández, no se imponen recetas tradicionales, sino que estas son reinterpretadas en preparaciones ya conocidas, como es el caso de las croquetas de cochinita pibil o huitlacoche, y en otras recetas que van evolucionando según la temporada. “Si tengo que definir
Arriba: considerada una taquería gastronómica, en Mawey hacen elaboraciones como el taco de oreja con sepia. Derecha: Barracuda MX es el nuevo proyecto de Roberto Ruiz, creador de Punto MX, el primer restaurante mexicano que recibió una estrella Michelin en Europa.
nuestra cocina, me quedo con lo que nos dijo un cliente: ‘Sois unos genios, conseguís por medio de un chile que la comida sepa en 3D’”, concluye Fernández.
HIJOS DEL MAÍZ
“La comida mexicana está viviendo un momento muy importante en el mundo y España es uno de los países en los que tiene mayor aceptación, quizá por la cultura y las raíces históricas entre ambos”, explica Edgar Reyes, propietario del restaurante Hijos del Maíz, una antojería que se ha convertido precisamente en el lugar ideal en el que degustar unos tacos al pastor o unos chilaquiles. “Nos gusta resaltar la comida típica del día a día, nuestra carta está compuesta por platillos que giran en torno al maíz, que sean fieles a México. Prueba de que lo hemos conseguido es que mucha gente reconoce que se traslada a nuestro país cuando nos visitan y eso nos llena de alegría y orgullo”, finaliza Reyes.
PUNTARENA
La gastronomía mexicana es mucho más que tacos de birria, cochinita pibil o al pastor, algo
que sabe cualquiera que haya visitado la costa del Pacífico. Puntarena es el reflejo de esa cocina en la que priman los pescados a la talla, los ceviches o el pulpo. Situado en el interior de la Casa de México, este restaurante homenajea la gastronomía costeña con ciertos toques de vanguardia. Aquí, la tostada de pez limón, la almeja pasiega o el taco de alambre de camarón conviven sin complejos con una coctelería de autor en la que destaca el mezcal, destilado con que ha tenido una gran recepción en la industria gastronómica española.
MAWEY
“Taquería gastronómica”. Así definen su local Julián Barros y Fernando Carrasco, un espacio construido alrededor del que es quizá el plato más exportable de la gastronomía mexicana, aunque con vanguardia. Porque en Mawey se pueden encontrar los tradicionales tacos al pastor, pero también otros en los que el producto mexicano se mezcla con sabores españoles. Así ocurre con el taco de oreja y sepia con salsa de chile habanero o con el de chopitos crujientes bañados en salsa de mejillones en escabeche. El local, de ambiente desenfadado y mesas altas con taburetes, también invita al sosiego en mesas más reservadas en las que atreverse con una de sus propuestas cocteleras.
BARRACUDA MX
En 2005, Roberto Ruiz revolucionó la gastronomía mexicana en Madrid con la apertura de Punto MX, el primer restaurante mexicano ubicado en Europa que fue galardonado con una estrella Michelin. Punto MX cerró tiempo después, y entonces Ruiz regresó con Barracuda MX, una propuesta enfocada en la cocina del Pacífico mexicano que ubicó en la Puerta de Alcalá. Sus entrantes como la ostra marisquera con chile de árbol o su ceviche de pez limón y aguacate a la brasa trasladan al comensal a la orilla del mar, aunque en su carta también destacan recetas más carnívoras como los tacos de rib-eye al carbón con pimientos de padrón toreados y salsa de chile morita o el tuétano a la brasa, que ahora sirven con tostadas de atún rojo toreado con chiles serranos. Además de una cuidada selección de tequilas, mezcales y vinos, en Barracuda MX tampoco falta el mariachi, que acude dos días a la semana.
DE MADRID
LA COCINA ESPAÑOLA tiene unas raíces muy profundas en México. Cuenta la leyenda que, en tiempos de la conquista, las monjas agustinas del convento de Santa Mónica, en Puebla, crearon los chiles en nogada como ofrenda para Agustín de Iturbide con motivo de la independencia. Desde entonces, la historia y la gastronomía han tejido un estrecho vínculo entre ambos países. A lo largo del tiempo, recetas procedentes de la Península Ibérica como el chorizo, la horchata o los churros se han ido incorporando a la cocina mexicana, y también sucedió durante el siglo XX. Tras la Guerra Civil Española, miles de exiliados llegaron a México huyendo de la dictadura. Muchas de esas familias arribaron al país con los sabores de regiones como Asturias, Cantabria, Galicia y País Vasco, entre muchas otras, un legado culinario que continúa vivo a día de hoy en numerosos restaurantes de la Ciudad de México.
GAUDIR
Gaudir, una taberna de aires catalanes dirigida por el chef Cesc Durán, se ha convertido en una grata sorpresa gastronómica en el panorama gastronómico mexicano gracias a sus arroces mediterráneos, su lechón cocinado a baja temperatura, su salmorejo o su pesca del día. En su carta, sin embargo, también destacan recetas más sencillas, pero igual de
sabrosas, como las patatas bravas, los calamares fritos o las verduras a las brasas. Durán, quien en el pasado trabajó en las cocinas de restaurantes como Can Jubany o Villa Retiro (ambos en Cataluña), llegó a México de la mano de su esposa Gabriela Flores, a quien conoció en Barcelona. Juntos emprendieron esta aventura mexicana en la colonia Anzures de la capital del país.
ZERU
Arriba: La cocina del Bizco se ha convertido en uno de los restaurantes españoles imprescindibles de la ciudad gracias a su cañero de cerveza y a una gran variedad de tapas y platillos españoles.
Cielo en euskera, Zeru se ha consolidado como uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Su chef Israel Aritxaga, apasionado de la cocina vasca, domina las brasas con auténtica maestría, ya sea para trabajar pescados o carnes. A sus platos les aporta imaginación y equilibrio, como demuestran sus alcachofas con queso Idiazabal, los excelentes arroces y clásicos españoles como el pulpo a la gallega o los chipirones en su tinta. La experiencia se completa con una gran carta de vinos curada por el sommelier Arisbeth Araujo. En Zeru, que ya cuenta con sede en Miami, también se organizan maridajes especiales con otros sommeliers procedentes de restaurantes españoles como Arzak, Cenador de Amós o Disfrutar, todos ellos con tres estrellas Michelin.
AJOBLANCO
Situado en Las Lomas de Chapultepec, y con los chefs Pablo San Román y Manuel Victoria al frente, Ajoblanco destaca por un profundo respeto a los sabores mediterráneos. En su carta destacan los arroces —paellas mixtas, de pescado y fideuás—, pero su propuesta marina es igual de atractiva, con platos como pulpo, bacalao, huachinango o totoaba. Además, los espárragos y otros productos de su propia huerta han consolidado a Ajoblanco como un destino gourmet de referencia. Por supuesto, tampoco falta el ajoblanco, un clásico cordobés elaborado con almendra.
EKILORE
Gracias a su pescado al estilo Getaria, sus gildas, su chuletón y su bacalao al pil pil, Ekilore, con Pablo San Román al frente, se ha convertido en una suerte de embajada gastronómica del País Vasco. Es un lugar de encuentro para miembros del Gobierno Vasco, pero también para numerosos guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos residentes en la capital del país. Con una cuidada carta de vinos con caldos procedentes de las principales regiones españolas, la experiencia gastronómica puede completarse con dos de sus éxitos más celebrados: los canelones de rabo de
A MÉXICO
toro y el arroz de verduras. Además, cuentan con un muy buen servicio a domicilio.
ZAGALA
Ubicado en las Lomas de Chapultepec y reconocido en 2023 con el Prix Versailles de la UNESCO como uno de los restaurantes más bellos del mundo, Zagala recibe al comensal en un espacio en el que la vegetación se mezcla con elegantes guiños al mundo rural. En su cocina, el chef Bittor Sierra, con una larga trayectoria y formación junto al chef Juan Mari Arzak, hace gala de sus raíces vascas en platos como el txangurro, las anchoas, el bacalao y el arroz con chipirones, además de presentar otros clásicos como el steak tartar, el pulpo con cachelos, la ensaladilla rusa, las setas con yema o los pimientos del piquillo. Zagala también ha servido de escenario para presentaciones de vinos de La Rioja Alavesa y de los albariños de Fefiñanes, consolidándose como un referente de la cocina española en la capital.
TORRE DE CASTILLA
Con más de dos décadas de trayectoria, la carta del restaurante Torre de Castilla hace un recorrido por la geografía española a través de platos procedentes de regiones como Galicia, Valencia, País Vasco o Castilla y León. El restaurante pertenece al grupo Castellano, fundado hace más de 60 años por Ricardo Vega Velasco, emigrante español originario de Lerma, en la provincia de Burgos, quien se propuso representar en la capital mexicana clásicos de la gastronomía española como el cordero, la fabada, la paella o el pulpo a la gallega en un entorno que semeja un castillo castellano.
VEGA
También propiedad del Grupo Castellano, Vega abrió sus puertas recientemente en la colonia de San Ángel, en el sur de la capital, con una arquitectura más
contemporánea que sus compañeros de grupo, pero sin perder de vista la tradición española. En su carta destacan los embutidos ibéricos, el queso manchego, la tortilla de papas, los mejillones tigre y las anchoas, pero también elaboraciones al carbón y a la leña como ternero, cordero, cabrito y solomillo, así como pescados y mariscos.
CUINA
En la colonia Roma, Xano Seguer y Fernanda Prado hicieron realidad su sueño de crear en México un espacio dedicado a la innovación culinaria que funcionara como academia gastronómica, pastelería y restaurante. El local, un trozo de Cataluña en la capital, presenta un ambiente relajado en el que el ladrillo, los árboles y la vegetación son protagonistas. En la carta podemos encontrar croquetas catalanas, patatas bravas, ceviches, arroces y fideuás, mientras que su pastelería destaca por sus cuernitos y orejas, así como por su pan de masa madre en diferentes versiones y formatos.
BULLA
Desde arriba, en el sentido de las manecillas del reloj: uno de los platos de la carta de Bulla, del chef canario Pedro Martín; rincón de Gaudir, taberna de aires catalanes dirigida por el chef Cesc Durán; en Zeru apuestan por la elaboración de arroces, así como por carnes y pescados a las brasas.
Inspirado en una taberna castiza madrileña, La cocina del Bizco está presidida por una imponente barra en la que destacan su cañero de cerveza y su vermú de grifo, ideales para acompañar sus tapas de callos, ensaladilla rusa, sus arroces melosos, sus gambas al ajillo o sus gildas, todo ello en un ambiente bullicioso que se multiplica cuando el Atlético de Madrid, el equipo de futbol del chef, disputa algún partido. La tarta vasca, el arroz con leche, las torrijas o los churros con chocolate son las opciones en su carta de postres.
Palabra que significa algarabía y alegría, Bulla es fruto del trabajo del chef canario Pedro Martín, ideólogo de un concepto que ya cuenta con sedes en Polanco, Reforma y la Condesa. Su propuesta incluye platos tradicionales como gazpacho, y ajoblanco, así como una gran diversidad de arroces y guisos y una gran selección de quesos, embutidos y conservas. Uno de sus platos imprescindibles es la ensaladilla rusa, que puede degustarse con alguno de los vinos españoles que completan la carta.
LA COCINA DEL BIZCO
La cocina del Bizco es uno de los fenómenos culinarios del año en la Ciudad de México. Abierto en 2024, el restaurante ha despertado pasiones entre mexicanos y españoles gracias al buen hacer y personalidad de su chef Jesús Pedraza, formado, entre otros, a las órdenes de Pedro Martín.
LA HERENCIA DE LACOSTE
HOLIDAY 2025 RETOMA UN PASAJE ÍNTIMO DE LA VIDA DE RENÉ LACOSTE PARA DARLE UNA NUEVA NARRATIVA A LA MARCA. ¿CÓMO SE TRANSFORMA UNA HISTORIA FAMILIAR EN UN DISPOSITIVO ESTÉTICO CAPAZ DE SOSTENER UNA IDENTIDAD CONTEMPORÁNEA?
Las marcas de moda suelen regresar a sus orígenes como quien abre un álbum de recuerdos, al menos con un afán de legitimidad que a veces conmueve y otras tantas delata cierta necesidad de anclar el presente a una épica reconocible. Lacoste elige un camino intermedio. Para Holiday 2025 se sumerge en la memoria de René Lacoste no como un gesto romántico, sino como un ejercicio
de reposicionamiento: recuperar lo íntimo para reconfigurar lo público.
La colección vuelve a Chantaco, el territorio pirenaico donde la familia Lacoste encontró una especie de refugio emocional. Allí René pintó montañas en tensión entre luz y sombra, paisajes que no dialogaban con el tenis ni con la indumentaria, pero que hoy emergen como una base visual para resignificar la
identidad de la maison. No es una revelación ingenua, sino una operación narrativa precisa; hablamos de rastrear un talento inesperado del fundador para otorgarle profundidad estética a la marca.
La curaduría divide la propuesta en tres líneas. Lo parisino, reinterpretado desde la elegancia práctica; lo invernal, pensado para un cuerpo en movimiento; y la audacia, esa palabra tan
maleable que sirve lo mismo para hablar de archivo que de ambición. El discurso funciona, pero también abre interrogantes. ¿Cuánta verdad hay en estas reconstrucciones? ¿Cuánto de René y cuánto del deseo contemporáneo por dotar a la moda de densidad simbólica?
Los materiales elegidos —petit piqué, lana, velvet, denim, fleece — sostienen la narrativa táctil de la temporada. Son texturas que hablan menos del pasado y más de la necesidad actual de vincular herencia con confort. Las reinterpretaciones gráficas de las pinturas alpinas, por su
parte, funcionan como el corazón conceptual de la colección, aunque también dejan ver una tensión: transformar el archivo íntimo en mercancía es siempre una operación delicada.
Holiday 2025 no cae en la trampa de la nostalgia evidente, pero sí se mueve en ese territorio donde la memoria se estiliza para volverla deseable. Lacoste mira su origen con pulso seguro y lo convierte en argumento estético. Lo interesante no es la fidelidad del relato, sino cómo la marca utiliza su historia para hablarle a un público que exige autenticidad, y la ofrece.
La audacia de René Lacoste no está solo en los golpes que revolucionaron el tenis, sino en la capacidad de generar un universo en el que deporte y elegancia fueron la misma cosa. La colección reinterpreta ese impulso inicial. Lo cuestiona, lo depura y lo transforma en un relato que, más que mirar hacia atrás, examina lo que significa construir identidad en una época donde el archivo ya no es memoria, sino materia prima para el futuro.
Holiday 2025 toma las pinturas de montaña de René Lacoste para cuestionar qué significa construir herencia hoy.
LEYENDA
La bodega española suma más de 170 años como una referencia de La Rioja, denominación que en 2025 celebra su primer centenario.
Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Beatriz Rodríguez
MURRIETA
Arriba: Vicente Dalmau Cebrián-Sagarriga, presidente de Marqués de Murrieta, fotografiado el pasado 15 de julio en La Rioja. Izquierda: monolito que da entrada al pago de Ygay, muy cerca de Logroño, capital de La Rioja.
MEDIADO EL SIGLO XIX, Luciano Murrieta, hijo de español y peruana, era uno de los hombres de confianza del general Baldomero Espartero, exiliado en Londres por motivos políticos. En la capital británica, Murrieta no solo ejerció como enlace diplomático, sino que también tuvo tiempo para aprender a disfrutar de los vinos franceses que en aquella época se servían en los grandes salones y clubes privados de la ciudad. Obsesionado con su nueva pasión, en 1852 Murrieta presentó el primer vino fino de La Rioja. Casi tres décadas después, en 1879, nacía a las afueras de Logroño la Bodega Marqués de Murrieta, la primera de La Rioja, denominación que celebra su centenario en este 2025. Cuando Murrieta murió en 1911 sin dejar descendencia, la bodega pasó a manos de la familia Olivares, hasta que en 1983 fue adquirida por Vicente Cebrián-Sagarriga. Fallecido en 1996, fue su hijo Vicente Dalmau quien a partir de entonces tomó las riendas de una etiqueta legendaria. “Cuando eres propietario de una pieza cultural siendo tan joven tienes que mandar mensajes de fortaleza, si no te liquidan. Tuve miles de ofertas para vender la bodega cuando mi padre murió a los 46 años, pero tenía claro que debía sacarla adelante, honrar su figura. Me eduqué en el mundo del vino y debía continuar este legado”, dice a T México el vástago, hoy presidente de Marqués de Murrieta Estates & Wines.
Estamos en el corazón de La Rioja, muy cerca de Logroño, en tierras de cal y arcilla bañadas por
el Ebro por las que ya suspiraban los romanos. Aquí, a finales de la década de los setenta del siglo XIX, levantó el castillo de Ygay el originario Marqués de Murrieta, hoy completamente reconstruido tras ocho años de trabajo y 14 millones de euros de inversión. El nuevo edificio preside un complejo de 25,000 metros cuadrados y 50,000 metros de jardines que es también la sede desde la que Marqués de Murrieta exporta vino a 106 países. “El 70 por ciento de la producción se vende fuera de España”, confiesa Cebrián-Sagarriga, ideólogo de una revolución pausada que, poco después de su llegada a la presidencia, permitió un diálogo interno entre la tradición y el futuro. Estableció las etiquetas que habían convertido a la bodega en un referente, pero también introdujo otras como Capellanía o Dalmau. “Dalmau fue la historia de una necesidad. Junto a mi hermana Cristina decidí no solo actualizar las grandes etiquetas, sino crear un vino de corte moderno, contemporáneo, con potencia, alcohol y color, con menos madera y más fruta. Generó polémica y fue un éxito mediático. Es un vino que puede ser de nuevo mundo”, explica. Cebrián-Sagarriga también experimentaba con los pagos, las maderas, el hormigón y las uvas, hasta que un día creó Castillo de Ygay, un vino que sale a la venta con un mínimo de crianza de 13 años y que para muchos es una obra maestra. “Buscaba el máximo nivel de elegancia, el máximo nivel de frescura, que la madurez se mezclara con la juventud, algo único con el tiempo como protagonista. El tiempo es sinónimo de calidad”, dice. En 2010, Castillo de Ygay Gran Reserva Especial 2010 fue elegido por Wine Spectator como el mejor vino del año y el Gran Reserva Especial 2012 recibió 100 puntos de las guías Peñín y James Suckling.
Convertida en un destino para los amantes del enoturismo, Marqués de Murrieta ofrece al visi-
Arriba: complejo de Marqués de Murrieta, con 25,000 metros cuadrados de edificios y 50,000 de jardines. Izquierda: barricas de madera.
tante un interesante museo del vino, catas y hostelería, pero también una profunda conexión con la naturaleza en fincas y pagos como La Plana, Capellanía, Canajas (origen de Dalmau), o Lucas, donde nació el primer rosé de la historia de la casa. “Son fincas exclusivas, con mucha personalidad y alma”, subraya Cebrián-Sagarriga. El proyecto arquitectónico es otro de los atractivos. En 2023, recibió el premio de Mejor Bodega del Mundo en los premios entregados por la plataforma Great Wine Capitals Global Network, y recientemente Forbes la eligió como la Mejor Bodega de Europa. “Lo que más me llena de orgullo es que son los profesionales del vino quienes la eligen”, señala el presidente. Tras más de un siglo en La Rioja, Marqués de Murrieta amplió recientemente sus horizontes a Galicia, donde elaboran vinos “con factor diferencial”, explica Cebrián-Sagarriga. De allí proceden el albariño Pazo Barrantes y La Comtesse. Preocupado por los efectos que el cambio climático puede provocar en la industria del vino a corto plazo “La Rioja calcula este año una bajada del 40 por ciento en su producción”, anuncia Cebrián-Sagarriga está convencido de que la escasez y las dificultades pueden ser también ventanas de oportunidad. “Los grandes vinos se hacen de los terrenos pobres, de los años duros”, sentencia 49
SAN MIGUEL DE Allende tenía esa luz limpia que aparece temprano, cuando el calor todavía no se impone y las sombras son nítidas. Había llegado con el alba, pero fue más hacia media mañana cuando crucé el centro histórico rumbo a Casa Dragones. Entonces entendí por qué este lugar había sido elegido por la marca de tequila; una ciudad donde la historia, la artesanía y la sofisticación conviven sin esfuerzo. Estaba aquí para entrevistar a la cantante Karol G y a Bertha González Nieves, fundadora de Casa Dragones, en espacios que hablan tanto de territorio como de intención. Dos mujeres que, desde hace tres años y desde mundos distintos, han construido 200 Copas, el tequila cristalino creado en colaboración entre la artista y la maestra tequilera. Conocía la trayectoria de Casa Dragones, una marca tan sólida como discreta, desde antes de llegar. Fundada en 2009, se concibió desde el inicio como un proyecto de small batch tequila, con procesos modernos y sostenibles y con un enfoque casi quirúrgico en la pureza del agave azul. Y en medio de este universo se encuentra González Nieves, reconocida como la primera Maestra Tequilera certificada por la Academia Mexicana de Catadores de Tequila. El espacio de Casa Dragones —fresco en sus muros, auténtico en su diseño, contenido en su
Cristalino a dúo
La colaboración entre Karol G y Bertha González Nieves toma forma en San Miguel de Allende con un tequila que trasciende industrias y une oficio, visión y celebración.
Por Kira Álvarez
La cantante colombiana Karol G y Bertha González Nieves, CEO y fundadora de Casa Dragones, fotografiadas el pasado agosto en Tequila, Jalisco.
arquitectura— es un lugar que exige observación. No son unos headquarters cualquiera, sino un lugar que revela una filosofía. Mientras esperaba a González Nieves en uno de los salones, pensé en la relevancia que esta casa tiene para
la marca. Restaurada con extremo respeto por su valor histórico, es un inmueble protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). “Muchas de las piezas que verás aquí fueron producidas en México y cuentan una historia muy
específica del periodo Mid-Century de la zona del Bajío”, me cuenta González Nieves para describir el proceso curatorial que realizaron junto al despacho neoyorquino Meyer Davis, Marco Martínez del Valle, Raúl Cabra y la curadora Elena Mallet.
que le dijeron. Y su respuesta fue inmediata. Aquella cena, planeada para una hora, terminó en cuatro, suficientemente extensa para revelar afinidades inesperadas.
Durante esos mismos días en San Miguel de Allende, entrevisté también a Karol G. Llegó con una naturalidad que contrastaba con la magnitud de su carrera global. Me habló del origen íntimo de su deseo de crear un tequila. “El proyecto nació de la amistad y la visión de Bertha y la mía, dos mujeres que hemos roto barreras en nuestras industrias. Estaba compartiendo una noche de tequila con mis amigos, cantando 200 Copas, en ese momento supe que quería crear algo con alma”, me dijo la cantante.
La canción había surgido en un periodo de transición personal, y el video — rodado en Punta Mita con amigos, una fogata y una noche sin pretensiones— había marcado un antes y un después. González Nieves lo recuerda con exactitud: “Ella es tomadora de tequila. Y ahí es cuando piensa: ‘Imagínate si yo pudiera hacer un tequila con el que la gente pueda celebrar la vida y los momentos importantes compartidos’”, dice. Durante esa noche, Karol G se tatuó una copa junto al número 200, un gesto que después muchos fans replicaron en conciertos de todo el mundo. La canción se convirtió en un himno global, en un movimiento.
Esa primera mañana, mi conversación con González Nieves inició con el origen del proyecto. Me relató la llamada que la llevó a conocer a Karol G. “Tengo una amiga que se muere de ganas de conocerte, que te quiere platicar de un proyecto”, cuenta 51
“Yo ya era fan de Casa Dragones. Bertha entendió exactamente lo que yo estaba imaginando. Mi idea era hacer un tequila, pero con ellos”, recuerda Karol G, quien reconoce que comparte con González Nieves valores como la autenticidad, la calidad y la innovación”. “Somos mujeres de trabajo”, agrega González Nieves. Esa claridad coincidía con el enfoque de la fundadora de la marca. Cuando Karol G le expresó su deseo de colaborar, González Nieves le respondió con transparencia. “La única manera es convirtiéndote en parte de la firma, como inversionista”, le dijo. Casa Dragones no produce ediciones privadas ni colaboraciones superficiales. Su modelo exige integración profunda. Lo que siguió fueron conversaciones largas, pausadas, donde lo primero que emergió fue una coincidencia de ideales como el emprendimiento, la disciplina, la visión y el respeto por la artesanía. “Después de muchas pláticas y de muchos intercambios, nos dimos cuenta de que realmente sí cabía esa posibilidad”, continúa González Nieves. Durante mis entrevistas a lo largo de esos días, fue evidente que este proyecto se sostiene en un equilibrio no habitual en las colaboraciones contemporáneas. “Todo fluyó de manera muy natural. Crear esto juntas simplemente se sintió como algo que tenía que pasar”, explica Karol G. Para la cantante, el proyecto era una extensión de un proceso creativo más amplio. “Tanto destilar un tequila como crear una canción requieren tiempo, paciencia y dedicación”, continúa. Desde otra perspectiva, González Nieves veía el proyecto como la oportunidad de colaborar y de crear “un camino nuevo en conjunto”.
“Tanto destilar un tequila como crear una canción requieren tiempo, paciencia y dedicación”, dice Karol G.
En la barra de ónix, corona de Casa Dragones, González Nieves me ofrece una degustación técnica del cristalino 200 Copas. “ Tiene un aroma amaderado muy bonito, también a cítricos y con florales dulces. El sabor tiene notas cremosas de almendra y ciruela”, me cuenta. “No solo es dulce, ¿verdad? Porque de lo dulce te cansas. El final es de largo aliento, con miel y madera especiada que se logra por el añejamiento en barricas de roble americano hechas a la medida para Casa Dragones”, explica. Llamó mi atención su reflexión sobre el estilo cristalino, según sus palabras “una categoría un poco incomprendida”. E incluso así, la casa decidió explorarlo. “Queríamos ampliar el repertorio y entregar algo que fuera una sorpresa’”, admite González Nieves. Ese rigor técnico contrastaba con la aproximación emocional de Karol G. En nuestra conversación, la cantante expresó que su intención es conectar, que su meta es que su trabajo inspire a otras personas, ya sea en la música o en el tequila. “Cada detalle cuenta”, me dice. Habla también de “procesos mágicos”, de seleccionar ingredientes y sonidos para combinarlos y encontrarse con algo más auténtico. En la parte interna de la caja está la letra de la canción, un gesto que Karol G consideraba fundamental, ya que quería capturar “el sentimiento” que vivió la noche que grabó el video. “Quería crear algo tangible que capturara esa esencia y permitiera a la gente conectar de la manera en que yo lo hice”, señala la colombiana. Lo que más me sorprendió de la conversación con González Nieves no fue solo su dominio del oficio, sino la claridad con la que piensa sobre la región que la vio
La colaboración entre la cantante y Casa Dragones ha dado como resultado el tequila 200 Copas.
nacer. Recordó los meses que vivió en Bogotá y en Cali, la devoción colombiana por las rancheras, las fiestas interminables, la manera en que se abriga y celebra todo lo que suena a México. “Como latinos tenemos una gran oportunidad de romper paradigmas globales para construir el craftmanship de lo que podemos hacer como artistas, como territorio”, reflexionaba. Y añadía algo que atraviesa su propia visión creativa: la certeza de que nuestros países, “llenos de retos”, comparten un mismo impulso vital, un mismo fuego.
Karol G también se suma a la idea. Dice que ambas se encontraron con una gran admiración mutua y una conexión profunda con sus raíces y con la manera en que celebramos la vida. Para ella, la identidad latinoamericana se canta, está en la música que acompaña cada reunión familiar, en la alegría que se resiste a apagarse, en los rituales que nos anclan. “México y Colombia comparten esa pasión”, añade, recordando, además, su gusto por artistas como Thalía y Selena Quintanilla.
Durante nuestro tiempo en San Miguel de Allende también tuvimos tiempo para ahondar con Karol G sobre liderazgo y herencia. Porque, más allá del negocio y del escenario, la cantante quiere dejar un legado que inspire a las personas a vivir “con pasión”, especialmente para las mujeres. “Uno que las lleve a conectar con su creatividad y con su comunidad, siempre honrando sus raíces y su esencia”, matiza . También hace un análisis de su propia trayectoria. “ Si pudiera hablarle a mi versión más joven, le diría que confíe en sí misma, que se permita ser auténtica desde el principio. Pasé tiempo intentando cambiar lo que era o hacer lo que creía que debía. No hay un solo camino y todos tenemos historias distintas; lo importante es trabajar duro, amar lo que haces y, sobre todo, confiar en el proceso”, señala. De forma paralela, González Nieves reflexiona sobre su propio recorrido como líder en una industria dominada históricamente por hombres, sobre el momento en el que decidió que el género no iba a definir su potencial. La empresaria tiene claro que, si un punto de vista agrega valor, “al final a la gente se le olvida el género”, apunta. Hubo un momento que ayudó a cerrar la narrativa de manera casi natural. Le pregunté a cada una cómo celebra. “Me encanta celebrar con los que más amo, familia y amigos reunidos, cantando a todo pulmón, riendo, compartiendo historias, disfrutando una buena comida y levantando una copa de 200 Copas para brindar por la vida”, contesta Karol G. La respuesta de González Nieves fue complementaria, pero desde otra perspectiva. “La cuestión es tomarse el tiempo para celebrar, darse el respiro del tiempo para valorar y tener gratitud con la vida”, expresa. “Como productores de tequila, no hay mayor reconocimiento que cuando alguien decide brindar con Casa Dragones. Trabajamos para ese momento, para que la gente quiera celebrar con nosotros”, agrega. Esa noche, entre invitados, conversaciones largas y un ambiente cercano, ambas estaban allí. Karol G y González Nieves compartiendo el mismo espacio, el mismo producto, la misma visión. No había artificio, ni pose. Solo un equilibrio preciso entre técnica y emoción, oficio y memoria, México y Colombia. Mientras caminaba de regreso por las calles empedradas, pensé en una frase que pronunció González Nieves: “La oportunidad de colaborar es la oportunidad de crear un camino nuevo en conjunto”. Al final, ese es el punto. 200 Copas no es una extensión comercial ni una edición efímera. Es un proyecto que reúne dos disciplinas que, desde lugares distintos, se encuentran en un territorio compartido. Y San Miguel de Allende, con su equilibrio entre historia y contemporaneidad, fue el escenario inmejorable para comprenderlo. 53
NUBES BAJAS
ensombrecen el sol de abril mientras Glenn Close da vuelta en un camino rural hacia el lugar donde, según dice sonriendo, planea morir. La actriz, de 78 años, comenzó su día como cualquier otro. Poco después del amanecer se puso un pantalón de trabajo color café de Carhartt y una camisa blanca abotonada, y le dio de comer a Sir Pippin of Beanfield, o Pip, su bichón habanero de 9 años.
Fueron juntos en el coche desde su casa de dos habitaciones en una zona modesta de Bozeman, Montana, una ciudad de esquí a los pies de las Montañas Rocosas, hasta
Main Street Overeasy, para desayunar unos hotcakes que empapó con su propia miel de arce canadiense, que el dueño del local guarda en la cocina. A un lado del frasco, Close escribió con Sharpie negro los nombres de quienes pueden usarlo: Alexander Sandy Close, su hermano menor; Tina Close, su hermana mayor; Jessie Close, su hermana menor; Annie Starke, su única hija; y Marc Albu, el esposo de Annie; además de algunos sobrinos, sobrinas y cuñados. Después del desayuno, Close visitó a Sandy, de 74 años, tornero de oficio, en su taller, para preguntarle si podría pulir unas perillas de cobre, y luego se dirigió a una
tienda de materiales para el hogar en busca de una astilladora hidráulica.
Poco antes del mediodía, llegamos a una zona no muy al norte de Bozeman, al lugar que se convertirá en la casa que siempre soñó. Desde lejos, una media docena de estructuras de piedra y madera interconectadas, organizadas alrededor del edificio principal, con una amplia sala y comedor donde habrá una imponente chimenea y un altillo para ver películas, parece más un club de campo que una residencia privada. Ella señala una diminuta casa de huéspedes, casi idéntica a la cabaña de sus abuelos maternos en Greenwich, Connecticut, donde vivió de
La actriz que ya lo ha demostrado todo aún desea una última oportunidad en el papel que la convirtió en estrella.
CLOSE GLENN
Diciembre, 2025 Enero, 2026
La actriz Glenn Close, fotografiada en el lugar donde está construyendo su futura casa en las afueras de Bozeman, Montana, el 4 de agosto de 2025, viste un abrigo y mono (se vende con bufanda) de Louis Vuitton , louisvuitton.com.
Por Nick Haramis Fotografía por Joshua Woods Estilismo por Delphine Danhier
forma intermitente durante su infancia. “Cuando ya esté muy débil, ahí es donde voy a estar”, dice. “Va a quedar apretadita, pero acogedora”.
Fuertes ráfagas que atraviesan el sitio en construcción hacen vibrar el revestimiento de abeto y el arroyo que parte en dos la extensa propiedad. Close no puede esperar a sentir lo que será estar ahí cuando esté terminada: tardes relajadas en la biblioteca, el sonido de su nieto, Rory, jugando afuera. “Y una gran sala maravillosa para reunirnos todos”, dice. “Nunca hemos tenido algo así”. El complejo —al que llama Mooreland, en honor al lado materno de su familia— es, en parte, un tributo a sus hermanos. Jessie, quien padece bipolaridad, llegó a Bozeman en 1984 durante una serie de episodios; una amiga le dijo que era fácil encontrar trabajo ahí. En 2019, mucho después de que Sandy alcanzara allí a su hermana, seguido por Tina, Close se mudó definitivamente desde Nueva York. “Cada clavo existe gracias a un personaje al que he interpretado”, dice mientras observa a su alrededor. “Me voy y hago películas para poder pagar esta casa”. Nos guía hacia afuera hasta un pequeño monumento dedicado a su tío John Campbell Moore, quien falleció en un ataque naval durante la Segunda Guerra Mundial. “Creo que todos estaban en la proa cuando cayó el misil”, dice. “El único consuelo de mi mamá era pensar que, con suerte, murió de inmediato”. Aunque esto ocurrió cuatro años antes de que Close naciera, su voz se quiebra mientras lee el epitafio: un poema que él escribió a los 9 años. “ ‘Semillita, semillita’ ”, comienza, “ ‘¿tienes planeado convertirte en flor y erguirte sobre la tierra?’ ”. Starke, de 37 años —actriz y chef de televisión e hija del productor cinematográfico John H. Starke, con quien Close salió algunos años a finales de los ochenta, poco después de su segundo divorcio—, pasa a visitarla con Rory, su bebé de tres meses. “Te están dando el tour completo, ¿verdad?”, me dice conteniendo la risa. Pero Close no pierde la concentración. “ ‘Florecita, florecita, cuando eras semilla, ¿por qué te volviste flor en vez de hierba?’ ”.
A casi 3,000 metros de altura, el pico Sacagawea, la montaña más alta de esta zona del suroeste de Montana, se eleva justo detrás de Mooreland. Close, que propuso que subiéramos un tramo, dirige su coche todoterreno por una serie de curvas cerradas junto al acantilado. Cuando la nieve se vuelve demasiado profunda, seguimos a pie, deteniéndonos solo para recuperar el aliento o identificar restos de animales en el sendero. Al llegar a un arroyo, se tiende boca abajo sobre un borde cubierto de musgo y bebe. “Tienes que probar esto”, dice. Al verme dudar, toma otro sorbo. “Te podría dar giardiasis”. Luego da un trago más y sonríe. “Pero es una forma fácil de perder unos kilos”.
Cuando alcanzan cierto nivel de fama, la mayoría de los artistas tienden a retirarse del
mundo, haciendo espacio, ya sea por elección o por consecuencia, a la idea de una persona, la estrella. Hoy en día, pocas de esas estrellas hablan sin filtros con periodistas. Los pódcasts, en especial los de otras celebridades, ofrecen una intimidad más cómoda; las redes sociales brindan la ventaja de la inmediatez y el control. Pero Close pertenece a otra generación. Para ella, la franqueza es una estrategia en sí misma: incluso en sus momentos más vulnerables o humildes, nunca deja de ser consciente del público. Cuando pide algo de tomar, pronuncia cada palabra con claridad (“Matcha. Latte. De. Doce. Onzas” [355 ml]), como si se dirigiera hacia los que están en el balcón de un teatro. Y cuando echa la cabeza al reír, casi puede escucharse el destello de las cámaras. También escucha de forma muy atenta y capta rápido las señales de quienes la rodean. Kim Kardashian, de 44 años, su compañera de elenco en All’s Fair, la nueva serie de Hulu creada por Ryan Murphy sobre un despacho de abogadas de divorcio, la describe como “una mentora” y “una aliada de las mujeres”. John Lithgow, de 80, quien ha trabajado con Close en tres proyectos — entre ellos El mundo según Garp (1982) y una puesta en escena de 2014 de Un delicado equilibrio, de Edward Albee—, cuenta que ella siempre procura crear un espacio donde los actores puedan reunirse. (“Cuando hicimos Un delicado equilibrio, animó a muchos de los que ya habíamos trabajado juntos a traer fotos de nuestra historia compartida”, recuerda. “Eso es muy, muy Glenn”) El inversionista Warren Buffett, de 95 años, quien es su amigo y la acompañó con el ukulele cuando cantaron juntos la balada de 1986 Glory of Love en Fortune’s Most Powerful Women de 2013, dice: “Ella suele lograr ponerme en situaciones en las que termino con la cara roja”. Motivado por Close, el compositor Andrew Lloyd Webber, de 77, quien se describe como una persona a la que siempre le han gustado los gatos, compró tres bichones habaneros después de “la espantosa película Cats [en 2019]”, dice. “Glenn no se parece a ninguna de las grandes estrellas de cine que conozco, en el sentido de que es normal, quiere reírse y no quiere hacer nada que no sea divertido”.
PARTE DEL
encanto de Close reside en que sigue siendo, por improbable que parezca, una outsider. Tras ganar tres premios Emmy, tres Tony y tres Globos de Oro, sigue siendo la que lleva las de perder: una actriz dramática con formación en teatro musical; una femme fatale que puede ser tímida fuera de cámara; una protagonista habitualmente ignorada por la Academia (con ocho nominaciones al Oscar, el mayor número sin llevarse la estatuilla). En sus papeles más celebrados, incluso los más discretos, desde la intrigante marquesa de Relaciones peligrosas (1988) hasta la relegada Joan Castleman, autora secreta de la obra premiada con el Nobel de su esposo en La buena esposa (2017), las
interpretaciones de Close conllevan una enormidad, una teatralidad desbordante que comparte con Patti LuPone, Bernadette Peters y otras grandes del escenario. Y si algunas de sus interpretaciones rozan lo teatral —su Cruella de Vil en 101 dálmatas (1996) y su secuela fue una especie de drag; también lo fue presentarse en un estreno caracterizada como el personaje— es precisamente esa intensidad la que, paradójicamente, hace que esos personajes resulten más cercanos. En esta era de la aparente naturalidad, cuando muchas personas temen parecer que se esfuerzan demasiado o que les importa demasiado, Close siempre deja ver los engranajes del oficio; no puede evitarlo. “He llegado a creer que el trabajo teatral es, básicamente, molecular”, me dice. “Hay que crear un campo de energía, y eso se hace literalmente con músculo y tendón. En el cine, hay que saber dónde colocar esa energía. Durante un tiempo, pensé que iba a hacer explotar la cámara”.
A pesar de su grandeza, nadie se desmorona en pantalla como Close: de manera espectacular, pero también con suavidad. En películas tan íntimas como Al caer la noche (1997), de Christopher Reeve, que trata de un joven de treinta y tantos con VIH que regresa a casa para morir, o Cuatro días más (2021), de Rodrigo García, sobre una adicta a la heroína, o El libro del verano (2025), de Charlie McDowell, centrada en una niña de 9 años que atraviesa un duelo en una remota isla finlandesa, ha interpretado a mamás y abuelas de hijos enfermos, dotando de una entereza extraordinaria a personajes que luchan por mantener el control. El director Rian Johnson, de 51 años, la eligió para interpretar a Martha Delacroix, la arrogante (y, añade, “ligeramente aterradora”) guardiana de una iglesia en un pequeño pueblo del norte de Nueva York en Puñales por la espalda: El misterio de Lázaro, la tercera entrega de su saga de misterios Entre navajas y secretos, que se estrenará en diciembre. La razón, dice, es que Close dota de solidez a cualquier personaje, por descontrolado u obstinado que parezca. “Es un papel que, en otras manos, podría caer fácilmente en la caricatura”, comenta. “Sabía que ella captaría el lado más irresistible de Martha, pero que también la haría humana”.
Close dice que se hizo actriz “para explicarnos a nosotros mismos”. Cuando eligieron para protagonizar el thriller Atracción fatal (1987) como Alex Forrest, una editora obsesionada con un abogado casado (Michael Douglas) tras una aventura de fin de semana, al punto de hervir un conejo, la mascota de su hija, consultó a especialistas en trastorno límite de la personalidad para saber si alguien realmente sería capaz de hacer algo así. (Le respondieron que sí, que era posible.) Alex se convertiría en “la mujer más odiada de Estados Unidos”, como publicó un periódico sensacionalista, pero Close siempre concibió a su personaje de otra forma: la imaginaba como una superviviente de incesto. “La trataron como un 55
objeto sexual antes de que siquiera supiera lo que era el sexo”, dice. “Y se odia a sí misma”. En 1982, en una puesta en escena de Albert Nobbs, la novela corta de George Moore, y en su adaptación cinematográfica de 2011, que ella misma coescribió, Close interpretó a un mayordomo irlandés del siglo XIX que vive como hombre. El público, recuerda, se apresuró a etiquetar al personaje como una lesbiana o mujer trans. Pero para ella, lo más interesante era pensar en Albert como “una persona indefinida”.
LA VARIEDAD
de sus papeles, especialmente los de los últimos años, muchos de los cuales le han exigido una renuncia activa a la vanidad, habla no solo de su valentía y curiosidad, sino también de la realidad de ser mujer en Hollywood, particularmente una mujer que no rehúye envejecer. Tras el movimiento #MeToo y otros reajustes de la industria, nunca ha habido tantas oportunidades para actrices de una cierta edad y con una gran trayectoria: hoy, Helen Mirren, de 80 años, y June Squibb, de 96, pueden ser heroínas de acción. Aun así, cuesta imaginarse a alguno de los pares masculinos de Close (un John Malkovich o un Jeff Bridges) protagonizando una telenovela de Ryan Murphy junto a una Kardashian. Para Close y muchas otras estrellas femeninas, una filmografía diversa no es solo una elección o un reto, es una forma de asegurarse el futuro. Y, pese a sus dudas iniciales sobre exhibir lo que llama sus “brazos flácidos” y sus “rollitos en la panza” al interpretar a Alberta, la mamá blanca y religiosa de una hija birracial alcohólica en el melodrama sobrenatural del año pasado La liberación, —un personaje pensado originalmente para Oprah, quien lo rechazó, según el director Lee Daniels, de 65 años, porque cree que “los espíritus malignos se te pueden pegar”— la experiencia terminó siendo liberadora. “Alberta vive intensamente, y eso me encanta. Es lo opuesto a mí, pero es maravilloso”, dice. “No hay nada más aburrido que una mujer blanca, anglosajona y protestante”. Daniels confiesa que estaba nervioso por elegir a Close como la viuda sexualizada. Pero, según comenta, “ella saltó al vacío conmigo”. Aunque algunos rincones de internet criticaron su interpretación, en especial una línea blasfema durante una escena de exorcismo que pronuncia como burla demoníaca tras olfatear el aire, Daniels recuerda: “Le dije: ‘Le estás dando estilo a esta mujer blanca. Te van a adorar’”. Close, quien advirtió que no promocionaría la película si Netflix censuraba la frase en cuestión, aceptó el papel principalmente porque no entendía al personaje, al menos al principio. “No leí muchas reseñas, pero algunas decían: ‘Es muy exagerada, bla, bla , bla’ Yo pensaba: ‘Que se vayan a la [grosería]’”, recuerda. “Lee me llamó y me dijo: ‘Toda persona negra conoce a una mujer blanca así; los blancos no la van a entender’ Y eso fue exactamente lo que pasó”.
Close ha aparecido en unas 70 películas, pero ningún personaje ha significado tanto para ella —ni ha revelado tanto sobre quién es— como Norma Desmond, la madura actriz del cine mudo desesperada por un regreso en El ocaso de una vida El papel fue inaugurado por Gloria Swanson en la versión cinematográfica de 1950 dirigida por Billy Wilder. Swanson, según la crítica Molly Haskell, lo encarnó “con toda la gracia y la dignidad de una comadreja en celo”. En la reciente producción minimalista de Broadway dirigida por Jamie Lloyd, Nicole Scherzinger, que ganó este año el premio Tony por su interpretación, presentó a Norma como una reclusa arrogante, una especie de Real Housewife de la era dorada del cine. Close, quien encabezó el elenco original de Broadway en 1994 de El ocaso de una vida, papel que le valió un Tony, y lo hizo de nuevo en la versión de 2017, le aportó complejidad psicológica al personaje. Mientras que otras actrices enfatizaron la grandeza de una prima donna delirante, ella se sintió atraída por algo más triste, más humano: “Una gran artista”, dice Close, “que se aferra con una convicción devastadora a la creencia de que aún puede hacer que el mundo se enamore de ella”. Y continúa: “No perdió su carrera porque tuviera una voz extraña. La perdió porque la industria la superó, y ella era demasiado vieja. ¿Puedes imaginar lo que es que te arrebaten todo eso?”. Durante décadas, Close ha intentado llevar El ocaso de una vida nuevamente al cine, sorteando el edadismo, los cambios en el mundo de la creatividad y la renuencia de Hollywood a apostar por un musical de gran presupuesto. Y, aun así, le crees cuando te asegura que el proyecto avanza —porque quieres creerle—, porque sabes que Norma es el gran papel de su vida, y que podría ser su mejor oportunidad para ganar un Oscar. Y también porque, desde el principio, Close ha tenido que luchar para que no le arrebaten lo que le pertenece.
De vuelta en Bozeman, Close se sienta en el pórtico a observar la tormenta que se avecina. Durante los meses siguientes, entre mensajes de texto sobre avistamientos de alces (“hermosamente primitivos”), dudas para empacar (“terrible aflicción”) y una aparición en tres episodios junto a Pip (“su lado ‘siempre estoy dispuesta a todo’”) en la versión de Hollywood Squares de Drew Barrymore, la actriz, una entusiasta observadora de las nubes, me mandará varias fotos y videos narrando formaciones de nubes tipo nimbus, cada una más impresionante que la anterior. Una bandera de Estados Unidos ondea al viento. “La pongo diario”, comenta. “Aunque es fácil sentir que se han adueñado de él, amo este país”.
La conversación se desvía hacia Hillbilly, una elegía rural (2020), la película de Ron Howard basada en las memorias de J. D. Vance publicadas en 2016 sobre su infancia pobre y marginada en Middletown, Ohio, en la que Close interpreta a Mamaw, Bonnie Blanton Vance, abuela de Vance, quien,
según se cuenta, tenía 19 armas cargadas en casa cuando murió en 2005, a los 72 años. Close no pasó tiempo con Vance, quien entonces aún no era político; según cuenta Close, él y su esposa, Usha, quien solía ser una abogada litigante, fueron “muy, muy solidarios” y visitaron el rodaje, aunque él trabajó sobre todo con los actores que interpretaban sus versiones más jóvenes. “Es tan irónico”, exclama Close. “Tenía un fuerte resentimiento con la gente que conoció en Yale. Y luego se casó con una mujer no [cuyos padres no son] de Estados Unidos” —emigraron de la India en los ochenta—, “probablemente porque se le hacía más fácil identificarse con ella”. Close, que condena lo que llama la “vulgar crueldad” de la administración de Trump, reconoce que el actual vicepresidente tuvo una infancia difícil. “Yo también tuve una niñez [grosería], aunque bondadosa, y sigo lidiando con ello”, dice. “No lo justifico, pero Mamaw le prendió fuego a su marido”.
“¡Glennie!”. En ese momento Jessie, de 72 años, quien es escritora y fotógrafa, y sus dos perros, Goodness y Gracious, salen de la casa frente a la de Glenn. (Tina, de 80 años, artista, vive en las afueras del pueblo con una bandada de loros). Jessie vino a hablar del evento benéfico del día siguiente, que recaudará fondos para la primera unidad psiquiátrica para adultos de la región. En 2010, ella y Close fundaron Bring Change to Mind, una organización sin fines de lucro dedicada a eliminar el estigma en torno a la salud mental; para el próximo año, esperan apoyar a más de 800 programas escolares dirigidos por estudiantes en todo el país. (“Glenn no es solo la imagen pública, está verdaderamente involucrada”, afirma Robin Walker, su primera voluntaria). En una cómoda dentro de la casa hay un ejemplar de Resilience, las memorias de Jessie de 2015 coescritas con el periodista Pete Earley y con ensayos de Close. En el libro, Jessie relata su lucha contra la adicción y las enfermedades mentales, que culminó una tarde en la primavera de 2004, cuando, ya en sus cincuenta s, durante una reunión familiar en la casa de sus padres en Big Piney, Wyoming, le confesó a Close que quería suicidarse. Tras décadas de distancia entre las hermanas como consecuencia de su crianza, pero también una reacción a la creciente fama de Close —“yo gano más dinero, se me considera exitosa y, bueno, ellas han tenido vidas distintas”, dice— la confesión de Jessie resultó ser un remedio inesperado. “ ‘No puedo dejar de pensar en matarme’, solté de golpe”, escribe Jessie. “Glenn se me acercó y me rodeó con los brazos. Me guió hasta una banca en el pórtico de la casa de invitados y llamó a Tina”.
Los padres de Close, William Close, médico y piloto militar, y Bettine Moore Close, ama de casa, provenían de familias acomodadas con historias turbulentas. En 1914, su bisabuelo paterno, el magnate de los cereales C. W. Post, se suicidó a los 59 años. Un año después, uno de los tíos de Bettine,
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alegando ser espía alemán, tomó a cuatro hombres como rehenes a punta de pistola y amenazó con marcar a uno de ellos con un hierro al rojo vivo.
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En la década de 1950, Bill y Bettine se unieron a Moral Re-Armament (M. R. A.), un grupo religioso —“una secta”, aclara Close— fundada en 1938 por el evangelista estadounidense Frank Nathan Daniel Buchman, quien predicaba sobre la paz mundial y la adhesión a los llamados Cuatro Absolutos: honestidad, pureza, generosidad y amor. Cuando Close tenía 13 años, sus padres trasladaron a la familia a un hotel convertido en residencia sobre una montaña en el pueblo suizo de Caux, donde el M. R. A. tenía su sede. Buchman, quien alguna vez agradeció “al cielo por un hombre como Adolf Hitler,” exigía que las y los jóvenes adeptos lo llamaran “tío Frank”; los líderes de M. R. A. les preguntaban con qué frecuencia se masturbaban.
EN 1960
, eligieron a su papá para dirigir una misión en el entonces Congo Belga. Mientras que Bill empezaba su nueva vida en Leopoldville (hoy Kinshasa), donde pasaría casi dos décadas, a veces acompañado de Sandy, Jessie, Tina y Bettine, se convirtió en el doctor personal del futuro presidente Mobutu Sese Seko y ayudó a contener el primer brote de ébola del mundo, Close, que regresó a Greenwich en 1962, comenzaba a interesarse por la actuación. Al terminar la preparatoria, se unió a Up With People, una compañía de canto y danza vinculada a M. R. A. Prefiere no indagar mucho sobre esos “años perdidos”, como los llama, durante los que con frecuencia fue humillada por los adultos del grupo. “Pero nunca pudieron conmigo”, dice mientras se le llenan los ojos de lágrimas. “Nunca lograron romperme”. Close perdonó a sus padres
por su adhesión a M.R.A. mucho antes de que murieran. “Siempre pensé: ‘Bueno, por lo menos no nos golpeaban, y siempre tuvimos comida y ropa’. Pero fue una forma muy real de abuso psicológico marcada por una misoginia latente”.
A los 22, anunció que dejaría Up With People para ir a la universidad. Una semana después, Cabot Wade, un guitarrista con quien componía canciones, le propuso matrimonio. “No lo habría hecho sin pedir permiso”, asegura. “Siempre sentí que era una manera de evitar que me fuera”. La pareja, que estuvo casada poco tiempo, se inscribió en el College of William and Mary, en Williamsburg, Virginia, donde ella estudió antropología y teatro. En esa época tuvo tres pesadillas distintas. En la primera, suplicaba perdón en la llamada “Mesa de los Cuatro”, mientras los líderes de M. R. A. la obligaban a
confesar sus pecados. En la siguiente, negaba sus acusaciones. En la tercera, se levantaba y les decía: “No. Están equivocados”. Y se iba para siempre.
Unos días después de nuestra primera reunión, mientras se disuelven los aplausos finales de El ocaso de una vida, invitaron a Close al backstage en el St. James Theatre de Nueva York, donde la anunciaron ante Scherzinger y el resto del elenco por los altavoces: “Damas y caballeros: ¡Norma Desmond!”. Las dos actrices se abrazaron y posaron para las cámaras, indiferentes al jarabe rojo que se secaba en el rostro de Scherzinger. Close nunca había visto el musical, pese a haberlo protagonizado dos veces. Lleva un abrigo de estampado de leopardo sobre un suéter negro de cuello de tortuga y pantalones negros, elegidos con cuidado para atraer la atención exacta. Cuan-
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do se apagaron las luces del primer acto, me apretó el brazo y contuvo el aliento como si estuviera en la primera subida de una montaña rusa. Después, Close tiene comentarios sobre la puesta en escena (“impresionante”), la voz de Scherzinger (“increíble”), el humo (“no funciona”) y el protagonista masculino, Tom Francis (“sexy”); pero, sobre todo, se siente agradecida, dice, de pertenecer a esta “nación alienígena” cuyo único propósito es dar vida a personas imaginarias.
Para Close, el College of William and Mary fue, como ella dice, “el inicio”, pero su carrera profesional empezó en 1974 sobre los escenarios de Nueva York. No era una época glamurosa: no siempre tenía una mesa para comer, así que a veces improvisaba una con una tabla sobre la tina del baño, con cucarachas como compañía. Una noche calurosa de verano se sentó junto a la ventana de la escalera de emergencia y vio a una vecina que escribía a máquina en su escritorio desnuda. (“¡Se arrancaba el vello púbico mientras pensaba!”). Pero según comenta, cada vez que salía del Hayes Theater tras una función de Love for Love, la comedia de William Congreve sobre la Restauración —su primer trabajo real, aunque fuera como sustituta—, sentía “que las aceras estaban pavimentadas con oro”. Lithgow, que actuaba en una obra a unas cuantas cuadras, recuerda el momento exacto en que ella se convirtió en una estrella. “Glenn tuvo que sustituir a la actriz principal, que no podía memorizar sus líneas”, dice. “Y lo hizo increíblemente bien”. Durante unos seis años, Close vivió y trabajó en el teatro, saliendo por las noches con colegas como Mary Beth Hurt, su mejor amiga, y asistiendo a tantas obras como podía. Close estaba entre el público cuando Meryl Streep debutó en Broadway en 1975 con Trelawny of the Wells, una comedia del siglo XIX de Arthur Wing Pinero sobre una actriz que intenta dejar los escenarios por amor. “Recuerdo que pensé: ‘Ella va a influir en mi carrera’”, comenta Close.
A PRINCIPIOS
de los ochenta, el director George Roy Hill la contrató para su adaptación de El mundo según Garp, la novela de John Irving de 1978, porque la había visto actuar como Charity Barnum, la esposa del empresario y artista P. T. Barnum, en el musical Barnum. Ya desde su primera película, en la que interpretó a la mamá de Garp, Jenny Fields, una enfermera convertida en gurú feminista —entre sus líneas estaban: “¡No necesitaba su anillo, mamá, necesitaba su esperma!” y “¡Mi hijo no es comida para perros, carajo!”—, Close “nunca mostró una pizca de inseguridad”, dice Lithgow, quien interpretó a Roberta Muldoon, una exjugadora de futbol americano transgénero. “De alguna forma, en sus grandes papeles, simplemente no puedes imaginarte a nadie más en su lugar”. Aunque Close insiste en que estaba aterrada, obtuvo una nominación al Oscar por ese papel y por los dos siguientes: como una baby boomer en
duelo en Reencuentro (1983) y como el primer amor del jugador de béisbol interpretado por Robert Redford en El mejor (1984). Tras haber encarnado una serie de personajes relativamente castos, le costó convencer a Adrian Lyne, director de Atracción fatal, a los productores Sherry Lansing y Stanley R. Jaffe, y al propio Michael Douglas, de que era lo suficientemente fuerte o deseable para interpretar a Alex. “No soy una belleza clásica”, dice Close. “Simplemente no lo soy. Tengo una cara muy asimétrica”. Barbara Hershey, la primera opción de Lansing, no estaba disponible. Debra Winger, Susan Sarandon, Michelle Pfeiffer y Jessica Lange o fueron consideradas o rechazaron el papel. Douglas, de 81 años, quien la llama “una mujer espectacular en todos los sentidos”, recuerda la insistencia del agente de Close. “No creíamos que fuera la indicada”, admite. “Pero luego hizo la audición. Tenía una sensualidad, una imprevisibilidad y un aire de peligro que nos dejaron atónitos”. Close, cuyo segundo matrimonio con James Marlas, fundador de una firma de inversiones privadas, estaba por terminar, sabía que ese papel era suyo. “No creían que yo pudiera ser sexy”, comenta. “Mi respuesta fue: ‘Denme un papel sexy’”.
No es un secreto que una primera versión de la película terminaba con Alex quitándose la vida y culpando al personaje de Douglas por su asesinato. Pero en Leading Lady, su libro de 2017 sobre Lansing, el periodista de entretenimiento Stephen Galloway cuenta que uno de los ejecutivos de la película dijo: “Quieren que eliminemos a la perra con el máximo prejuicio posible”. Close, que no sabía que estaba embarazada durante el rodaje —y que sufrió infecciones en los ojos y la nariz tras ser sumergida más de cincuenta veces en el agua en la nueva escena del baño—, se mostraba reacia a reforzar otro arquetipo de locura femenina. (Tras mucha insistencia, finalmente cedió cuando un amigo actor le dijo: “Ya expresaste tu punto. Ahora vuelve a trabajar”). En su pódcast sobre cine You Must Remember This, Karina Longworth comentó que los hombres heterosexuales trataron la película “como su propio Rocky Horror Picture Show” , festejando el asesinato de Alex. “Fue un viaje alucinante”, recuerda Douglas. “Ninguno de los dos había tenido ese tipo de éxito comercial —ni de controversia—. Salía a la calle y los hombres me gritaban enojados: ‘¿Cómo pudiste hacerme esto?’”.
Después de Atracción fatal, Close demostró que podía interpretar cualquier papel: desde Sunny von Bülow (en Reversal of Fortune, 1990) hasta la Reina de Dinamarca (en Hamlet, 1996) o incluso un pirata barbudo (en Hook, 1991). “A veces pienso que los actores son como una caja de crayolas con un número limitado de colores”, dice Lonny Price, de 66 años, quien dirigió a Close en la versión de 2017 de El ocaso de una vida en Broadway. “Glenn es el estuche de lujo, con todo y sacapuntas”. En 1993, comenzó los ensayos del musical de Andrew
Lloyd Webber basado en El ocaso de una vida en la Hollywood United Methodist Church de Los Ángeles. En un diario que Close desempolvó para esta entrevista, relataba la magnitud de aquella experiencia: “Soy la estrella de este enorme espectáculo... Todo recae sobre mis hombros. La voz, la cara, el lenguaje corporal, la resistencia, la fragilidad y la valentía de Norma. El tamaño y la elegancia de su espíritu. Su necesidad, su ensimismamiento, su asombroso poder para manipular… Su alegría ciega al creer que su vida está empezando de nuevo”. En su reseña para The New York Times, el crítico de teatro David Richards escribió que Close “asume riesgos impresionantes, estirando tanto la liga que a veces parece que se va a romper. Pero no lo hace”.
Tras una exitosa temporada en Los Ángeles, Lloyd Webber le pidió a Close llevar la obra a Nueva York. Patti LuPone, quien había estrenado el papel en Londres y a quien le habían prometido hacerlo también en Broadway, demandó por más de un millón de dólares por incumplimiento de contrato. Con parte del dinero construyó lo que llamó la alberca en memoria de Andrew Lloyd Webber. (Tras leer un reciente perfil de LuPone en The New Yorker que incluía comentarios despectivos sobre las actrices Kecia Lewis, Audra McDonald y, en menor medida, sobre la propia Close —lo que generó tal controversia que LuPone tuvo que disculparse públicamente—, Close se limita a decir: “Es una profesión demasiado dura como para no tener empatía con tus colegas”) Décadas después, Lloyd Webber no se arrepiente. “Fue una interpretación mucho más matizada, por decirlo de forma discreta”, comenta. Pocas producciones forman parte de un mito: cuando se anunció el fin de la temporada de Close en Los Ángeles, Lloyd Webber —“que en esa época estaba tomando”, aclara Close— fue a comer con Faye Dunaway, quien lo convenció de darle la función en la Costa Oeste. Pero, después de escuchar cantar a Dunaway, los responsables decidieron cancelar la producción. “No llegaba a una sola nota”, cuenta Close. “Los chicos salían de los ensayos como si les hubieran pegado con un martillo”. Cuando Close retomó el papel unos veinte años después, el personaje había cambiado. Y ella también. Tras nueve años de matrimonio, la actriz, que ríe cuando le preguntas si está saliendo con alguien, se había divorciado de su tercer esposo, David E. Shaw, director ejecutivo de una firma de inversiones privadas. La primera vez que se puso el turbante de Norma tenía 46 años; ahora estaba cerca de los 70. En la primera producción se había inspirado en la actriz Carol Matthau, que alguna vez fue una glamorouse ingénue. Sin embargo, con los años, Matthau comenzó a empolvarse tanto la cara que su ropa parecía empanizada. “Se veía a sí misma como una joven con piel de porcelana”, dice Close. “El resto del mundo veía a una mujer excéntrica cubierta de polvo blanco”. La segunda vez que interpre -
tó a Norma, Lloyd Webber percibió que el personaje resultaba aún más trágico. “Sabías que no lograría volver a brillar”, dice. “Y ella también lo sabía”. Price notó que Close conectaba con Norma a un nivel más íntimo. “A cierta edad, las mujeres nos volvemos invisibles en nuestra cultura”, explica. “Creo que ella entendía mejor el dolor de Norma, su soledad y su desesperación”. Aunque las y los actores no pueden recibir la nominación a un Tony por repetir un papel (ella tiene uno falso, regalo de Warren Buffett, en su departamento en West Village), Ben Brantley, de The New York Times, elogió a Close por sostener “una de las representaciones más oscuras que Hollywood ha tenido de sí mismo”. Al salir del St. James Theatre, el mismo escenario donde Hollywood la descubrió con Barnum hace casi medio siglo, Close se detiene en el pasillo. Los ojos se le llenan de
lágrimas. “No sé, todo esto me parece muy conmovedor”, dice, secándose las mejillas con los dedos de sus manos cubiertas por guantes. Por un instante, Close y Norma parecen ser una misma, y ella ríe, ya sea sorprendida por sus propias emociones o encantada por el sublime aire teatral del momento, como si estuviera escrito en un guion. Entonces se abre la puerta del escenario y la multitud en la banqueta comienza a aclamarla. Ella respira profundo y, con sus 1.60 metros de estatura, se endereza un poco más. Antes de subir al coche, se voltea hacia sus admiradores y susurra: “Yo también los amo”.
Entre los muchos recuerdos que decoran la oficina de Close en su casa de Bozeman —una figurilla de Kala, la gorila a la que dio voz en 1999 en la película animada Tarzán; una foto suya cantando el himno nacional de Estados Unidos en un partido de los Mets; y
sus certificados de nominaciones al Oscar enmarcados— hay una carta que destaca sobre las demás. En 1973, Katharine Hepburn fue invitada a The Dick Cavett Show. Close, que entonces era una estudiante universitaria, quedó impresionada por lo mucho que Hepburn “parecía conocerse a sí misma”. Cuando Close le rindió homenaje en los Kennedy Center Honors de 1990, Hepburn le escribió una nota para agradecerle: “Me alegra haber logrado convencerte, cuando eras una niña, de unirte a esta terrible y aterradora profesión, y, admitámoslo, esta deliciosa manera de pasar la vida”. “Glenn se siente muy orgullosa de pertenecer a la comunidad actoral”, dice Sarah Paulson, de 50 años, su compañera en All’s Fair. “Algunas personas con su nivel de éxito se vuelven cínicas o pierden la emoción de enfrentarse a un nuevo papel. Glenn está tan entusiasmada hoy como lo estaba en su primer día”.
EN MAYO,
Close se reunió con parte del elenco de All’s Fair en un evento anual de márketing en Nueva York en el que Disney presenta su nuevo contenido a potenciales anunciantes. Se podría decir que se trata de todo lo opuesto a lo que ella ama del oficio. “Me muero de ganas por volver a mi casa”, me dice a la mañana siguiente. “Estoy tan harta de toda la [grosería] de internet”. Antes de aceptar el papel de Dina Standish, la matriarca de la firma de abogadas, se aseguró de no estar resucitando a Patty Hewes, la despiadada abogada litigante que interpretó durante cinco temporadas a partir de 2007 en Damages, la serie de FX. Para evitar comparaciones, Close, que, de manera inusual aceptó su papel en All’s Fair sin haber leído el guion, pidió que Dina fuera amable y estuviera en un matrimonio amoroso. (Murphy, quien no estuvo disponible para dar sus comentarios, aceptó su sugerencia de que el esposo de Standish, interpretado por Ed O’Neill, tuviera cáncer de próstata). Al principio, a Close le costó conectar con el material, que podía ser bastante “jugoso”, como ella dice, y con sus compañeras. “Estoy segura de que te dijo lo difícil que fue”, comenta Paulson. “Cada set al que llegas es distinto. En el mundo de Ryan, o lo das todo o te vas a tu casa”. Para evitar que pasara la segunda opción, Kris Jenner, productora ejecutiva de la serie, invitó a todo el elenco, compuesto por Niecy Nash-Betts, Teyana Taylor y Naomi Watts, a ver Atracción fatal en su mansión de Calabasas, California, ya que Kim Kardashian, también productora ejecutiva del programa, le confesó que nunca la había visto. (“Todas dijimos cuál era nuestra película favorita de Glenn Close. Yo dije ‘mmm... ¿101 dálmatas?’”, recuerda Kardashian). Las actrices recibieron pijamas iguales de Skims, y Jenner preparó un carrito de dulces con galletas decoradas con escenas de la película. “Fue como un viaje de ácido”, dice Paulson.
Cuando terminó la primera temporada en marzo, Close volvió corriendo a Mooreland.
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“Todo el ruido que nuestra cultura nos arroja todos los días, esa avalancha de información es abrumadora, y puede ser paralizante”, reflexionó luego en Instagram. Hace poco viajó a Berlín para filmar la precuela de Los juegos del hambre, titulada Amanecer en la cosecha, donde interpretará a la malvada Drusilla Sickle, y después irá a Londres para rodar Una anciana encantadora… Y letal, una miniserie basada en los cuentos de la autora sueca Helene Tursten sobre una anciana que termina matando a quien no le cae bien. Después, volverá a concentrarse, como siempre, en El ocaso de una vida. El nuevo guion, escrito por Chris Terrio, ganador del Oscar al mejor guion adaptado en 2013 por Argo, comienza con un montaje que muestra a Norma Desmond en el apogeo de su fama. “Primero ves quién
fue, y luego [conoces a] la mujer”, explica Close. Lloyd Webber, que también espera que se realice, suena más prudente. “Debemos recordar que los derechos de El ocaso de una vida los resguarda con recelo Paramount, porque consideran que la película de Billy Wilder es una de las joyas de su corona”, dice. “Ella lo ha intentado, yo lo he intentado, todo el mundo lo ha intentado. Al final, es decisión de ellos”. (Una fuente del estudio, que ha pasado por varios cambios de dirección y una fusión con Skydance Media desde que el proyecto estaba en desarrollo, asegura que no ha habido avances recientes).
Aunque está lejos de aceptar la derrota, Close sabe que las probabilidades no juegan a su favor. “Ahora estoy bastante segura de que no tendré el tiempo suficiente para hacer
todo lo que quiero”, dice con serenidad. Le pregunto si su ambición sigue incluyendo ganar un Oscar. “No estoy obsesionada con ello, pero sí me gustaría tener uno”, admite. “Extrañamente, tenerlo cambia la manera en que la gente te percibe. Y veo a todas las mujeres de mi generación, todas tienen uno. Tal vez me lleven en silla de ruedas, babeando, a recibir algún premio honorífico”. Se ríe, y nos quedamos un momento con esa imagen. “Mira, sigo aquí”, añade. “Para mí, eso es lo más importante”.
ALGUNAS SEMANAS
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después, mi teléfono vibra. Close, que ha pasado la mayor parte del verano en Bozeman, me mandó un video del cielo de Montana, oscuro y amenazante. “Algo se está cocinando”, dice en la grabación. “Algo se está cocinando”. Desde nuestra primera reunión, Close se ha entregado por completo al papel de actriz entrevistada, ofreciendo con generosidad diferentes versiones de sí misma. Pero cuando repaso todas las fotos y videos que me ha mandado —Rory descubriendo su reflejo, Annie sentada con Pip junto al arroyo, un oso en el patio de un vecino— me pregunto si esta no es una imagen más nítida, su forma de despejar el ruido. Había algo más que quería enseñarme cuando fui a Bozeman: un gran óleo que mandó pintar hace décadas y que cuelga sobre el sillón de su sala. En él, una niña rubia aparece sentada con un libro y dos perros a sus pies, mirando hacia un castillo a lo lejos. Supuse que la niña era Close, y que el castillo representaba la sede de M. R. A. de la que se escapó. Pero Close me corrigió: “Es Annie”, dijo, recordando cómo su hija, al verlo por primera vez a los tres años, casi lloró. “¿Dónde estás?”, le preguntó a su mamá. Close la cargó, sonrió y respondió: “No te preocupes. Estoy en el castillo haciéndote un sándwich”. Lo único que tenía que hacer era encontrar el camino de regreso a casa.
BÉBE-
Tras décadas de copas sencillas y vasos minimalistas, estos atractivos recipientes comienzan a adueñarse de las mesas más estilosas.
LO TE
ESTA PRIMAVERA, en un almuerzo privado en una finca cerca de Lisboa, el diseñador de eventos Omer Gilony, de 27 años, decidió prescindir de los tradicionales arreglos florales. En su lugar, sobre una larga mesa dispuesta en el viñedo de la propiedad y salpicada de uvas, flores de ajo y alcachofas, las copas fueron el centro de atención. Las piezas sopladas a mano, de 25 centímetros de alto, tenían un tinte verde claro, con tallos por los que trepaban las diminutas hormigas y caracoles de vidrio como joyas. Sus bases convexas permitían que también sirvieran como cuencos para postre. “Son como esculturas funcionales”, dice Gilony, quien colaboró en el diseño con la artista del vidrio Lucie Claudia Podrabska, de 30 años, radicada en Lisboa y criada en las afueras de Praga, en la República Checa. Podrabska, que trabaja con artesanos en Bohemia para producir
sus piezas, ve en ellas un atractivo que va más allá de lo estético. “Las copas hicieron que la gente conversara y prestara atención al momento presente”, dice. “Ahora lo necesitamos mucho”
Después de varias décadas de vasos discretos y de incontables variaciones de copas sin tallo, la cristalería que da de qué hablar vuelve a ocupar las mesas y tiendas de lujo como Moda Operandi, que ofrece las copas en rosa, naranja y verde de la artista danesa Helle Mardahl, cuyas siluetas onduladas nos recuerdan al reflejo de un espejo de feria, así como las flautas de la diseñadora neoyorquina Sophie Lou Jacobsen, inspiradas en las flores de trompeta de ángel, con copas en forma de flor y tallos texturizados. En medio de “la incertidumbre y la desconexión, hay un movimiento hacia la decoración que genera dopamina”, afirma Cedric Mitchell, un artista que trabaja el vidrio en
Por Alexa Brazilian Fotografía por David Chow
Diseño de set por Rachel Mannello
Los Ángeles, de 39 años, que crea vasos de colores vivos apoyados sobre esferas salpicadas en oro de 24 quilates. “La gente está llenando sus casas con objetos que despiertan la alegría, la creatividad y generan conversaciones”
Con el consumo de vinos y licores a la baja, estos recipientes también sirven para dar un aire especial a bebidas sin alcohol. Jacobsen, de 38 años, colaboró recientemente con la marca de aperitivos sin alcohol Ghia con un par de vasos bajos para cocteles sin alcohol. Por su parte, el estudio neoyorquino Hudson Wilder vende sus copas sopladas a mano verdes en forma de pera en un set junto con el elixir Magnesi-Om de
Moon Juice, la compañía de bienestar con base en Los Ángeles.
Para la artista del vidrio Dana Arbib, con sede en Nueva York, estas piezas especiales son un antídoto contra la cultura de consumo desechable. Tras cerrar su marca de moda A Peace Treaty, que había mantenido durante diez años, en 2019, comenta que hizo “una lista de cosas que no quería en mi siguiente carrera, y la sobreproducción y el desperdicio encabezaban la lista. Quería crear piezas destinadas a convertirse en herencia”. Con ese fin, viajó a Murano, la isla italiana famosa por su vidrio, para aprender el oficio, y presentó una colección de vasos en mayo: tumblers color ámbar con protuberancias redondeadas y copas de champaña en tonos tostados con espirales en negro. El pasado octubre, la diseñadora de joyas neoyorquina Jean Prounis
también debutó con su propia línea de copas. Cubiertas de docenas de florecillas de vidrio, inspiradas en el Waldglas, un estilo originado en la Europa medieval para evitar que los frágiles vasos resbalaran entre los dedos grasientos.
Así como Arbib y Prounis, muchos de estos nuevos vidrieros comenzaron en otros ámbitos creativos. Margot Courgeon, de 31 años, radicada en Burdeos, Francia, estudió escultura en la Sorbona en París y en la Real Academia de Bellas Artes de Bruselas antes de fundar su línea Ulysse Sauvage. Sus copas parecen desafiar la gravedad y al igual que la cristalería de Podrabska, sus copas inclinadas se pusieron de cabeza para que sus bases sirvieran como platitos para profiteroles en un coctel de Dior en París en diciembre. “Caliento el vidrio a más de 1,000 grados, que
es más de lo que hace la mayoría, hasta que toma la consistencia del yogur”, explica. “Luego lo dejo fluir solo. No me gusta intervenir demasiado” También escultora, Miranda Keyes, una artista de 34 años radicada en Londres, pasó del bronce al vidrio hace ocho años y ahora crea flautas de champaña con formas ameboides, copas de martini que imitan el rizo de los alcatraces y copas de vino que parecen derretirse. “Cuando trabajaba con el bronce, tomaba todas las decisiones semanas antes de fundir una pieza”, cuenta. “Lo que me encanta del vidrio es que la forma solo aparece mientras lo estás modelando” Pero sea cual sea el material, Keyes considera sus creaciones “ejercicios de escultura”, menciona. “Me encanta cómo un vino tinto profundo o un blanco pálido toma forma en mis piezas”.
Desde la izquierda: copa de vino arrugada por Ulysse Sauvage, disponible en Tajmi; Krautstrunk Beaker I por Prounis; copa Asobi por Hudson Wilder; vaso Mosso Ambra Filo por Micheluzzi Glass; copa de licor Orphée por Justine Menard; Goblet Medi por Helle Mardahl; vaso Ámbar por Dana Arbib; taza Coco por Sophie Lou Jacobsen; copa de vino soplada a mano por Szklo para Abask; vaso Colorful Kinetic por Cedric Mitchell Design; copa Flutflut de champaña de Murano soplada a mano, Nason Moretti Archive Revival 1960, para Abask; y copa de vino soplada a mano por Lucie Claudia Podrabska.
En un mundo en inestabilidad constante, en el que el ciclo de una noticia permanece a lo sumo una hora, estos artistas se han dedicado a proyectos que duran muchos años.
El artista Terence Koh en la galería Mary Boone de Nueva York, durante la presentación de Nothingtoodoo, una pieza de 2011 en la que se arrastró de rodillas alrededor de un montón de sal durante ocho horas al día, durante 26 días consecutivos.
Por Kate Guadagnino Fotografía por Stephanie Noritz
ALGUNAS ARTISTAS, FASCINADAS por el impulso del subconsciente o en perpetua búsqueda del presente, se empeñan en trabajar con rapidez. El muy citado pintor Alex Katz, de 98 años, suele repetir su célebre deseo de pintar más rápido de lo que puede pensar, y con frecuencia comienza y termina una obra en el transcurso de un día. Es bien sabido que Picasso, por su parte, terminó en apenas cinco minutos su Visage: Head of a Faun, de 1955. Este enfoque parece ir al compás del ritmo del mundo actual, recordando una frase de El rey Juan (1623), de Shakespeare: “El espíritu de la época me enseñará la prisa”.
Pero las y los artistas también deben cultivar la resistencia. La necesitan para volver a sus estudios cada día, normalmente sin el aplauso del público ni la promesa de una recompensa económica, y deben creer en el poder perdurable de su obra. Hay incluso quienes tratan el tiempo como un medio más, que usan en abundancia; de ahí el término “arte de resistencia”. Después de los concursos de la era de la Gran Depresión, como los maratones de baile o las competencias por permanecer en lo alto de un poste, la resistencia se convirtió en una fuente de inspiración para artistas del performance que llevaron sus cuerpos al límite, como Chris Burden y Marina Abramović en la década de 1970. Este tema se ha vuelto menos común a medida que el mundo del arte se
EL ARTE DE PERSISTIR
ha hecho más comercial, pero todavía hay quienes se sumergen en proyectos que toman años, e incluso décadas, en completarse, si es que llegan a tener un final. Donde otros más distraídos o fácilmente desanimados se habrían rendido, estas personas permanecen fieles a su idea. Esta forma de trabajar resulta especialmente significativa en una época en la que apenas alcanzamos a procesar un cambio sísmico cuando ya tenemos el siguiente encima.
Para vislumbrar esta otra relación con el tiempo, T habló con artistas que miden su trabajo con una métrica distinta. Desde principios de los años ochenta, cada día Nancy Floyd ha tomado autorretratos que se cuentan por miles. Terence Koh, que considera su existencia entera como una exposición continua (de 50 años y contando) sobre la búsqueda de un nivel superior de conciencia, convierte su manera de vestir y la forma en que cruza una intersección en Los Ángeles en parte de su obra. Las Guerrilla Girls, un colectivo anónimo de activistas, llevan más de 40 años luchando contra la desigualdad en museos y galerías. Y Tehching Hsieh, célebre por performances que duran un año entero, como aquella en la que se negó a estar bajo techo durante 12 meses, no ha producido piezas nuevas desde 1999, pero incluso su retiro parece parte esencial de su práctica. Haga o no haga arte, dice, solo está “pasando el tiempo”.
NANCY FLOYD, FOTÓGRAFA, 69
En 1982, Nancy Floyd pudo comprarse una segunda cámara con el dinero que había ganado trabajando como mesera en el Capitol Oyster Bar, en Austin, Texas. Como no quería dejar su vieja Pentax SP1000 abandonada, la montó en un trípode y decidió fotografiarse una vez al día durante 20 años. “Tenía 25 y pensaba que a los 45 ya sería una anciana, así que ¿para qué seguir después de eso?”, dice entre risas. No tuvo razón en eso —Weathering Time continúa—, pero sí la tuvo al pensar que “sería la acumulación lo que haría funcionar [al proyecto]”. A veces, como en el típico álbum familiar, Floyd aparece acompañada de otras personas o de sus mascotas. Sin embargo, con frecuencia está sola, como un elemento más en la escena. Ella compara estas imágenes con las cuadrículas fotográficas de arquitectura industrial del dúo alemán Bernd y Hilla Becher, un proyecto de varios años que obliga a quien lo observa a buscar las mínimas diferencias entre estructuras que parecen idénticas.
Cuando Floyd, que actualmente vive en Bend, Oregón, digitalizó los negativos de Weathering Time en 2002, se dio cuenta de que las imágenes eran mucho más que un registro de su vida y del envejecimiento de su cuerpo, como había planeado, también reflejaban los cambios del mundo a su alrededor. Vemos a Floyd con ropa para correr (1982), cuando el deporte se volvió popular en los primeros años ochenta; la vemos frente a un cartel a favor del aborto legal (1988); junto a una televisión donde aparece Bill Clinton (1998); o vistiendo una camiseta de Black Lives Matter (2016). Durante algunos años de los noventa, Floyd dejó de tomar fotos
para el proyecto —“simplemente estaba cansada de hacerlo”, dice— y hay meses en los que solo llega a tomar unas cinco. También ha evitado algunas imágenes. “Las muertes son difíciles”, confiesa. “La fotografía [de mí] con mi madre tras su muerte la tomó otra persona” Los grandes acontecimientos del mundo no han cambiado su enfoque, pero sí le han dado nuevas perspectivas. Durante el confinamiento, se retrató cosiendo cubrebocas en el sótano y comiendo a dos metros de distancia de una amiga.
Hoy siente cada vez más la necesidad de registrar la volatilidad de la política contemporánea. Cuando Floyd empezó el proyecto, Ronald Reagan acababa de ser elegido como presidente. “Pensamos: ‘Vaya [grosería]’”, recuerda. “Pero viendo dónde estamos ahora, tan lejos de lo que nunca me hubiera imaginado, esa especie de ciclo político habla de lo fácil que es ser ingenua en tu propio país”. El 20 de enero de este año se tomó una foto en el jardín de su casa sosteniendo un cartel hecho a mano con una bandera estadounidense invertida y la palabra “cacocracia”. Pero aún siente curiosidad por el futuro: “¿Cómo seré a mis 70? ¿Cómo será el mundo?”. También se pregunta si alguien más continuará Weathering Time cuando ella ya no esté. (Floyd está casada, pero no tiene hijos). Por ahora, sigue con el proyecto, y dice: “No sé cómo más podría hacerlo”
La fotógrafa Nancy Floyd (izquierda), en la oficina que tiene en su casa en Bend, Oregón, el 2 de agosto de 2025, mientras se hace un autorretrato. Desde 1982, cada día se ha tomado autorretratos que se cuentan por miles para su serie Weathering Time (arriba se muestra una selección).
TERENCE KOH, ARTISTA, 50
“Creo que todas las vidas humanas son una performance”, dice Terence Koh. “Desde el momento en que decimos por primera vez la palabra ‘mamá’, estamos condicionados a provocar una reacción” Sin embargo, Koh, quien inició su carrera en Nueva York, encarna esta idea más que la mayoría. Hace poco revisó el inventario —“como un águila” que observa desde lo alto, dice— de toda su obra hasta ahora, y concluyó que todo es parte de “algo continuo, un viaje narrativo que continúa escribiéndose”, y que es imposible distinguirlo de su propia vida. Como resultado, casi nunca deja de estar en escena, nunca deja de habitar su personaje. Para concertar la entrevista para esta historia mandó archivos JPEG de notas escritas a mano, en las que sustituyó la palabra “yo” por el símbolo de un ojo.
Algunas de las performances de Koh tienen lugar en museos y galerías. Durante poco más de un mes, en 2020, todos los días quemó periódicos en una esquina de la galería Launch F18, en TriBeCa. El año pasado, como parte de una serie presentada por el Performance Art Museum de Los Ángeles, lavó los pies de las y los asistentes y, acto seguido, empezó una rave. Pero también existe lo que él llama sus “performances secretas”, que lleva a cabo sin público. “Son momentos en los que te enfrentas a ti mismo”, explica. Por ejemplo, el día de 2009 en que pidió a la activista y exactriz Bianca Jagger que lo envolviera en sábanas y empujara su cuerpo, como si se tratara de un cadáver, por las escaleras del edificio donde vivía la crítica de arte Sydney Picasso en París. O la noche del marzo pasado, cuando, en el punto más alto de la luna llena, fue al río de Los Ángeles y utilizó un espejo circular para reflejar la luz del agua sobre su rostro. Otras obras se integran por completo en su vida cotidiana. Al cruzar una calle en Los Ángeles, donde vive desde 2019, el artista, que cree que los pasos peatonales son puntos de convergencia de distintos canales de energía, siempre procura hacer “algo fuera de lo común”. Recientemente, para una de sus performances secretas, se puso unas mallas metálicas doradas que suele usar para ir a inauguraciones y dejó que el sol las reflejara mientras pedaleaba tranquilamente por Sunset Boulevard.
A principios de los años dos mil, gran parte de la obra de Koh era completamente blanca, un color que para él simboliza lo divino —usaba polvo, yeso, chocolate blanco, su propio semen y periquitos albinos— y lo mismo ocurría con su ropa, su casa y el área principal de Asia Song Society, la galería que abrió en Canal Street. Pero, como dice, eso fue hace mucho tiempo, un capítulo pasado de su historia. Ahora se encuentra en lo que llama su fase de “desmaterialización”. El día que hablamos, traía puesta una sudadera negra llena de agujeros. En 2015 llevó su piano de cola
blanco, que ni siquiera tenía teclas negras, a lo alto de una montaña en los Catskills y lo dejó allí. “Se ve hermoso deformándose en la naturaleza”, dice. Ese mismo año, el día en que parecía que Venus y Júpiter se rozarían en el cielo, se lanzó desnudo desde lo alto del instrumento hacia el firmamento, con la intención de unírseles. Koh asegura que su obra trata sobre el tiempo, en el sentido de que trata de trascenderlo, que nuestra incapacidad para ir despacio en la vida cotidiana nos impide alcanzar nuestro potencial o conectar con Dios, “sea lo que sea que signifique esa palabra”. Pero si logramos hacernos más conscientes, dice, “se abren nuevas posibilidades”.
Koh, fotografiado en Joshua Tree, California, el 28 de julio de 2025.
Abajo: integrantes del colectivo activista Guerrilla Girls, fotografiadas en el museo J. Paul Getty Trust de Los Ángeles el 4 de agosto de 2025. Arriba, derecha: uno de los primeros carteles callejeros del grupo sobre la desigualdad en el mundo del arte.
GUERRILLA GIRLS, ARTISTAS Y ACTIVISTAS, EDADES DESCONOCIDAS
Guerrilla Girls surgió como respuesta a una exposición en el MoMA en 1984 que incluía la obra de 166 artistas, entre ellos Georg Baselitz, Chris Burden, Eric Fischl, Sigmar Polke y Gerhard Richter. Solo un pequeño porcentaje eran mujeres o artistas racializados. Cuando se manifestaron frente al museo, el público las ignoró, así que decidieron usar su creatividad. Cobijadas bajo la oscuridad de la noche, su primera acción consistió en pegar por el centro de Manhattan carteles con los nombres de algunas galerías que exhibían casi exclusivamente a hombres o con los de artistas prominentes dispuestos a trabajar con esas galerías. Las máscaras de gorila aparecieron para ocultar su identidad cuando los medios comenzaron a pedirles entrevistas. Las fundadoras Frida Kahlo y Käthe Kollwitz (casi todas adoptan los nombres de artistas mujeres como seudónimos) compraron sus primeras máscaras en la tienda de disfraces Abracadabra, en su ubicación original de Christopher Street
En este último año, Kahlo, Kollwitz y el resto de las Guerrilla Girls —repartidas entre Nueva York y Los Ángeles— han visto su obra presentarse en instituciones de arte de todo el mundo, pasando por Zúrich, Londres o Washington D. C. A lo largo de su historia —contrariando la predicción de un crítico que dijo que pronto revelarían sus identidades y “sacarían provecho en su vida personal”, cuenta Kahlo— han permanecido en el anonimato. Se desconoce el número exacto de integrantes actuales, aunque en estos 40 años han pasado más de 60 mujeres por el colectivo, en su mayoría artistas, pero también curadoras y escritoras. Las veteranas jamás imaginaron que continuarían durante tanto tiempo, pero un cartel llevó a otro. “Nunca planeé que esto sucediera en mi vida. Simplemente se dieron las condiciones, hice algo con otras personas, tuvo sentido, y con el tiempo siguió cobrando más y más sentido”, dice Kahlo. En 2022, las Guerrilla
Girls lanzaron un cartel con el encabezado “Meet the Creeps” y las fotografías de las y los jueces de la Suprema Corte que votaron a favor de revocar Roe vs. Wade
Aun así, algunos cambios las han hecho felices. En los últimos tres años, según una portavoz del MoMA, el 58 por ciento de las exposiciones individuales del museo ha sido de artistas mujeres, un enorme avance comparado con los días en que las Guerrilla Girls recién comenzaban. “Creo que hemos abierto camino”, dice Kollwitz. En sus inicios, un director de galería desestimó su trabajo afirmando que las mujeres y las y los artistas racializados simplemente no estaban creando obras que formaran parte del diálogo contemporáneo. “Eso ya nadie se atrevería a decirlo”, afirma Kahlo.
TEHCHING HSIEH, ARTISTA DE PERFORMANCE, 74
Cuando Tehching Hsieh llegó a Nueva York en 1974, solía caminar de un lado a otro en su estudio tratando de descifrar qué crear. Con el tiempo se dio cuenta de que podía generar lo que describe como “una lata vacía de tiempo”. En 1978, concibió su plan: pasaría un año dentro de una jaula de madera en su loft de TriBeCa como parte de una obra que más tarde titularía One Year Performance 1978-1979 (Cage Piece). No hablaría, ni leería, ni escucharía la radio, aunque dejaría que su mente vagara libremente —“los humanos tenemos libertad de pensamiento”, comenta, “dentro o fuera de una jaula”—. Todos los días, un amigo le llevaba un sándwich y retiraba sus desechos. Hsieh entró en la jaula, de 3.5 por 2.7 por 2.4 metros, el 30 de septiembre de 1978; salió el 29 de septiembre de 1979.
Para Hsieh, esta y otras de sus performances no tenían que ver con huir de la realidad, sino con afrontarla de lleno. Quería llegar a “la esencia de la vida”, y ¿qué es la vida sino una sucesión de días? De la propia, ya se había fugado varias veces: de la preparatoria en Taiwán, del país mismo y del trabajo en el barco petrolero que lo llevó a Estados Unidos. Cuando se le pregunta cómo fortaleció su mente para soportar la soledad y las demás adversidades, responde: “Ya era fuerte”.
Tras concluir la pieza de la jaula, sin embargo, a Hsieh le costó trabajo readaptarse al mundo. “Me sentí un poco deprimido”, admite. También le sorprendió enterarse de lo que había pasado durante su aislamiento, como la Revolución iraní y la masacre de Jonestown. En el año 2000, Hsieh, que sigue viviendo en Nueva York (“mi mejor jaula,” comenta), decidió dejar de hacer arte. Si alguna vez se le ocurriera una nueva obra, tendría que ser lo suficientemente buena como para justificar romper esa regla, algo que considera poco probable. “Estoy dejando pasar el tiempo, y ya”, menciona. Cuando se le pregunta por su rutina, responde: “Me gusta comer”. También ayudó a curar una retrospectiva de su obra que se inauguró en Dia Beacon: 21 años de arte comprimidos “como una película” en aproximadamente una hora, tiempo que las y los visitantes tardarán en recorrerla. Sus piezas No Art Piece (1985-1986), en la que no produjo arte alguno, y Thirteen Year Plan (1986-1999), en la que no mostró ninguna obra, están representadas por salas casi vacías. El artista, que siempre ha considerado al público como algo secundario respecto a la obra misma, cita la metáfora de un iceberg: algunas piezas sobresalen sobre la superficie del agua, mientras otras permanecen sumergidas. Reflexionando sobre la condición humana, dice: “La vida es corta y somos tan limitados. Solo podemos limitarnos a decir: ‘Ya pasé el día de ayer… Y espero tener mañana’”.
Arriba: el artista retirado Tehching Hsieh, en una imagen de su performance de un año en la que se encerró en una jaula dentro de su estudio en TriBeCa. Izquierda: Hsieh, fotografiado frente al tribunal penal del Lower Manhattan el 9 de agosto de 2025. Este fue el único lugar cerrado en el que se vio obligado a entrar brevemente durante su performance de 1981-1982, en la que no entró a ningún espacio interior. (Fue arrestado después de que alguien lo atacara en la calle).
MILAGRO EL
La Escuela Nacional de Cerámica cumple diez años protegiendo los conocimientos de los artesanos ceramistas mexicanos.
Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Cristian Rojas
DEL BARRO
Hace diez años, el empresario Horacio Fernández, fundador de Industrias Tajín, hizo realidad uno de los sueños de su vida: la inauguración de la Escuela Nacional de Cerámica (ENC), proyecto auspiciado por él mismo que nació con la vocación de rescatar y proteger el conocimiento de los artesanos ceramistas de los pueblos originarios de México. “Para lograr este sueño estuvimos diez años buscando un plan que incluyera cuatro características principales: que fuera nacional, relacionado con la educación, que tuviera que ver con la conservación de las tradiciones mexicanas y que estuviera
orientado a gente de menos recursos. Fue un proceso difícil”, relata Fernández a T México.
La idea de la creación de una institución de estas características, confirma el empresario, se remonta a tiempos de la Revolución, cuando el arte popular mexicano disfrutaba de un importante auge; incluso José Vasconcelos promovió entonces, sin éxito, un proyecto que con el paso del tiempo fue desvaneciéndose. Hasta que Fernández lo hizo realidad. Con sede en Tapalpa, Jalisco, un pueblo con una historia de cinco siglos rodeado de minas de arcilla “un lugar tranquilo para que los artistas se inspiren”, dice Fernández , la escuela se instaló en la Hacienda La Media Luna, lugar en el que Juan Rulfo se inspiró para escribir algunos de los pasajes de su cuento El llano en llamas. “Es como un viaje por México a través de la artesanía del barro”, dice Fernández sobre el museo recién
Arriba: patio de la Escuela Nacional de Cerámica (ENC), ubicada en la Hacienda La Media Luna, en Tapalpa, Jalisco.
construido. El resto continúa tal y como lo veía el escritor, pariente de los antiguos propietarios, cuando disfrutaba allí de sus vacaciones.
El artista David Aceves, hoy director de la ENC, fue una de las personas claves en el crecimiento del proyecto. Concentrado en la recuperación y protección de la cerámica de Sayula, elaborada con técnica mayólica y de origen persa, el artista había trasladado a creadores y maestros artesanos de todo el país la idea de crear una escuela. Incluso viajó a Talavera de la Reina, España, donde contactó con Isaac Díaz Pardo, ceramista y diseñador gallego que había trabajado en la
recuperación de la fábrica de Sargadelos. “Tocamos puertas, hablamos con ayuntamientos, gobernadores, patrocinadores y secretarios de cultura. Hasta contactamos con el presidente Enrique Peña Nieto, pero no había manera”, rememora Aceves, quien poco después tuvo su primer encuentro con Fernández, uno de los coleccionistas de cerámica de Sayula más importantes del país. “Le mostré el proyecto de la escuela y se lo cedí para ver si conocía a alguien que nos pudiera ayudar. A los 15 días nos llamó, nos citó en su oficina y nos dijo que el proyecto incluía los cuatro preceptos que estaba buscando”, añade.
Desde la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: cerámica artesanal mexicana; Horacio Fernández, fundador de Industrias Tajín.
A partir de ese momento, continúa Aceves, el objetivo era encontrar a los mejores maestros y que los alumnos tuvieran a su disposición los mejores materiales en el mejor entorno posible. “El dinero nunca fue un problema”, dice, pero reconoce que sí
Arriba: el artesano José Luis Cortez, uno de los maestros mexicanos de la técnica del barro bruñido, posa en su taller de Tonalá, en Jalisco. En página anterior: Fernando Jimón y María Elena López, en su estudio de Tonalá. Ambos son referentes del barro bruñido y el barro bandera.
formó parte de una de las primeras decisiones que tomaron como equipo. “Nos dimos cuenta de que no podíamos cobrar a los artesanos, así que les pagábamos todos sus gastos”, explica el artista. Poco después, observaron que el principal escollo a resolver estaba, paradójicamente, en los hornos de los artesanos, muchos de ellos muy primitivos, construidos en el siglo XVI e incluso perjudiciales para la salud de los artesanos. “Nos dimos cuenta de que dábamos talleres con hornos sofisticados y que luego los artesanos no podían continuar con lo aprendido en sus localidades, con lo que no podíamos hacer un seguimiento profundo de su aprendizaje”, explica. ¿La solución? Investigación y desarrollo. “Yo había conocido en España a Masakazu Kusakabe, un maestro japonés que había diseñado hornos de leña sin humo. Le dije que queríamos cambiar la cerámica en México y llevar hornos por todo el país y le pareció muy interesante”, desvela Aceves. Había otro problema: los hornos de Kusakabe seguían siendo demasiado caros, con lo que era necesario ajustarlos a los presupuestos de las comunidades indígenas del país. “Hemos pasado de precios de 500,000 pesos a precios de entre 100,000 y 150,000 pesos”, presume Aceves. La ENC, además, se adapta a las necesidades de las diferentes comunidades, acondicionando los hornos (más de 50 repartidos por todo el país) según el tipo de cerámica que realizan, los materiales que utilizan o su estilo de horneado.
Según Fernández, una de las principales características de la ENC es que “está cerca de la gente”. Desde su fundación, la institución organiza talleres y cursos de diseño, empaque, comercialización y costos en las propias comunidades indígenas, una vocación educativa que se ampliará en la nueva
escuela de Tapalpa. “Queremos crear la primera cátedra de cerámica”, dice Aceves sobre el programa educativo. Esas instalaciones, en las que se han invertido 200 millones de pesos en la última década, cuentan con comedor, galería de arte, edificios lectivos y una residencia con capacidad para 80 estudiantes y 20 profesores. Desde ahí quiere Fernández cambiar la cerámica mexicana. “Mi reto es compaginar la tecnología con la tradición. Japón es un ejemplo de cómo hacer bien las cosas. Es un país que tiene computadoras de inteligencia artificial, pero también ábacos. Han sabido unir las dos cosas. Eso es lo que queremos hacer nosotros y ese es que más nos entusiasma en la escuela”, señala.
Macrina Mateo Martínez, artesana de la cerámica con cinco décadas trabajando el barro, es una de las pioneras de la ENC. Originaria de San Marcos Tlaplazola, en los valles centrales de Oaxaca, aprendió el oficio de su madre, que a su vez lo había aprendido
La primera vez que la artesana Isaid Vera Carrillo, originaria de Los Reyes Metzontla, Jalisco, oyó hablar de la ENC fue a través de su padre, quien trabajaba en la construcción de un horno que la escuela había donado a una colonia vecina. Fue tal su asombro, que rápidamente se asoció con otros siete artesanos (dos hombres y cinco mujeres) para construir uno exactamente igual, pero entonces llegó la pandemia. “Estábamos endeudados y aún nos faltaban el techo y el medidor de temperatura. La sorpresa es que nos dieron todo lo que necesitábamos”, recuerda Vera Carrillo. El horno, en el que caben hasta 300 piezas, ha permitido a su pequeña cooperativa multiplicar su volumen de producción, y reconoce que en el taller trabajan incluso los domingos. “Nos han invitado a ir a los talleres de la escuela, pero tenemos mucho trabajo por delante. Con nuestra cerámica es difícil hacer producciones grandes, todo es manual y no hay máquinas que agilicen el trabajo. Tardamos entre un mes y medio y dos meses en hacer una vajilla de 15 platos”, explica. El tiempo justo y necesario para que la tierra, el agua y el fuego hagan su magia.
Arriba: el artista David Aceves, hoy director de la ENC, impulsó durante años la idea de fundar en México una institución de estas características.
de su abuela, en una región conocida por la excelencia de sus mujeres alfareras. “Ahora los hombres también trabajan el barro, pero se dedican más al campo. Yo me dedico al barro todo el año”, explica Mateo Martínez, quien aprendió español para poder vender unas piezas que ofrecía puerta a puerta, en ocasiones bajo el sistema del trueque. “Aquí desconocemos el torno y el molde, todo lo hacemos a mano. Redondeamos las bases con pedazos de jícara”, detalla. Lo que sí cambió fue la herramienta, que fue sustituida por uno de los hornos donados por la ENC. Desde entonces, hay menos quemaduras y menos enfermedades en la comunidad, y también una mayor consistencia en la producción. Antes, dice Mateo Martínez, un día de lluvia podía echar a perder días de trabajo, mientras que ahora, con los hornos diseñados por Kusakabe, en los que pueden caber hasta 1,000 piezas, los artesanos están protegidos frente a las inclemencias climáticas. Ese pequeño cambio ha permitido a su vez una mayor presencia en ferias de arte nacionales e internacionales y en la boyante industria gastronómica del país. Cuando René Redzepi, chef de Noma, abrió su pop-up en Tulum, parte del menaje que eligió procedía de creadores ligados a la ENC, y también Enrique Olvera, de Pujol, ha apostado por el trabajo de artesanos formados en la escuela. “Me gusta innovar, pero sin perder las piezas tradicionales. Me gusta conservar mi cultura como mujer indígena, la ropa, la artesanía y la lengua materna”, sentencia Mateo Martínez.
Derecha: las instalaciones de la ENC tendrán capacidad para acoger a 80 estudiantes y 20 profesores. Abajo: rincón del Museo Tajín de la Cerámica, en La Lagunilla, Jalisco.
Diseño de set por Martin Bourne
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Rosalía nos habla sobre el esfuerzo que requirió hacer ‘Lux’, una obra que surge del amor y que explora la divinidad femenina y las brutalidades del romance.
Pop
Por Joe Coscarelli y Jon Caramanica
Fotografía por Chris Maggio
Las letras de Lux están cantadas en 13 idiomas: el español materno de Rosalía, y catalán, inglés, latín, siciliano, ucraniano, árabe, y alemán, entre otros.
NO HAY CAMBIO de dirección demasiado brusco para Rosalía, la estrella pionera del pop español. Surgió hace una década como una disruptiva estudiante estrella de flamenco, y desde entonces se ha convertido en la principal vanguardista del pop y en una de sus omnívor a s más convincentes.
Hace unas semanas publicó Lux, su cuarto álbum de larga duración. Del mismo modo que El mal querer, su irrupción en el pop radical, fue una réplica implícita de la lucha formal de Los ángeles, su álbum debut, y el remolino de sensualidad industrial de Motomami, su tercer álbum, fue una respuesta a El mal querer, Lux —un álbum impactante por su audacia formal y su carácter lúdico— responde a todas esas cosas. O quizás, se eleva por encima de ellas.
Lux es un álbum sobre la divinidad femenina , la fe y las brutalidades del amor, y contiene letras en 13 idiomas: el español materno de Rosalía, y también catalán, inglés, latín, siciliano, ucraniano, árabe, y alemán, entre otros. Pasó más de dos años trabajando en la música, y gran parte de ese tiempo lo dedicó a aprender a escribir y cantar de forma convincente en otras lenguas. “ Se trata mucho de intentar comprender cómo funcionan otros idiomas”, dijo Rosalía, de 33 años, en una entrevista, realizada en inglés con una pizca de espanglish, en Popcast, el programa musical de The New York Times. “Es mucha intuición y tratar de decir algo como, voy a escribir sin más y vamos a ver cómo suenan en otro idioma”. Pasó mucho tiempo en Google Translate, y luego habló con traductores profesionales —“Si rimo esto con esto, ¿tiene sentido?”— y con profesores que la instruyeron en las sutilezas de la fonética.
Al final, fue capaz de interpretar sus canciones con una maestría que proviene de la práctica, sin ningún truco de inteligencia artificial: “Todo es humano, bastante humano”, dijo.
El álbum resultante es “como un rompecabezas, como un laberinto”, basado tanto en las tradiciones operísticas y clásicas como en el pop. La Orquesta Sinfónica de Londres aparece a lo largo del disco, en arreglos de Caroline Shaw, ganadora del premio Pulitzer y antigua colaboradora de Kanye West. El sonido — producido por Rosalía, junto con Noah Goldstein (Yeezus) y Dylan Wiggins (SZA, Justin Bieber)— es rugido y aspereza, y en algunos momentos etéreo, como si pisoteara la historia, a sus enemigos y, a su vez, a la figura pública que era antes.
Al igual que Rosalía estudió flamenco en la universidad para dominarlo y luego transformarlo a su voluntad, emprendió esta investigación como un acto de fidelidad intercultural, pero también como una declaración de autoridad y apetito artísticos llena de confianza. “Es por amor y curiosidad, por querer comprender mejor al otro”, dijo. “Sabes, Simone Weil dice que amar es amar la distancia entre nosotros y el objeto amado. Y creo que es verdad: al comprender al otro, quizá puedas comprenderte mejor a ti mismo, y puedas aprender a amar mejor”.
Jon Caramanica: Cada uno de tus proyectos se siente como una limpieza total del paladar con
respecto al anterior. ¿Existe algún temor asociado al lienzo en blanco?
Rosalía: Un lienzo en blanco es como asomarse a un abismo. Empiezo a sudar, a sudar frío, delante de eso. Pero, al mismo tiempo, hay algo que me hace sentir incluso más incómoda: quedarme quieta.
Caramanica: ¿Algo de eso viene de rechazar lo que había antes?
Rosalía: Eso es, cien por cien. Todo está en constante movimiento, ¿no? Yo siempre estoy en cambio constante. Entonces, ¿por qué no habría de cambiar mi sonido conmigo?
Joe Coscarelli: Y no es solo un rechazo de tu propio trabajo anterior, sino que parece que miras el panorama del pop y dices, implícita o explícitamente, no estamos haciendo lo suficiente.
Rosalía: No miro tanto al exterior, sino más bien, ¿qué no estoy haciendo yo? ¿Qué no he hecho todavía? ¿Qué necesito hacer? Y creo que mis artistas favoritos, tal vez, son los que no te dan lo que quieres, sino lo que necesitas. Al fin y al cabo, hacer discos para mí es como excusa para hacer lo que realmente quiero hacer. En este caso, solo quería leer más.
Coscarelli: ¿Qué estabas leyendo?
Rosalía: Hagiografías, muchísimas hagiografías. Simone Weil, Chris Kraus. Estas monjas eran poetas increíbles, grandes artistas; Hildegarda de Bingen era como una polímata, ¿no? Era capaz de crear de muchas maneras. Hay tantas mujeres increíbles en la historia a las que no escuchamos lo suficiente, de las que no hablamos lo suficiente. Yo solo intento ser la mejor música que puedo ser y meterme en la experimentación. Si eso significa quedarme literalmente en casa, solamente escribiendo letras durante un año —o despertarme temprano, sin haber dormido casi nada para ir al estudio y pasar 14 horas trabajando en mezclas y que nunca sean lo suficientemente perfectas—, eso es lo que es para mí. Creo que al fin y al cabo es un trabajo.
Caramanica: Tus dos discos anteriores han tratado de conciliar el hecho de proceder de una sólida tradición cultural pero con el deseo de romper esas reglas, luego obtener una gran aclamación y decir: “¿Qué hago con esta atención, responsabilidad y éxito añadidos?”. Esos álbumes parecían ir hacia el exterior, pero este parece diferente, más interior.
Rosalía: El otro día estaba pensando que había hecho un disco desde un lugar muy distinto de lo que lo había hecho antes. Estaba escuchando a este hombre, que decía que hay dos tipos diferentes de confianza, la que se basa en la creencia de que vas a tener éxito, como por mis cojones, solemos decir, ¿no? Así que estás como esforzándote por lo que tienes que hacer. Hay otra confianza, que quizá sea la falta de miedo al fracaso. Creo que en este enfoque hay renuncia e incondicionalidad. Creo que es la primera vez que me permito hacer un disco desde este lugar.
Renuncia total: esto es lo que realmente necesitaba decir, cantar y hacer.
Coscarelli: Björk aparece como vocalista en Lux. ¿Cómo se desarrolló tu relación con ella?
Rosalía: Es mi mujer y artista favorita. Creo que nos conocimos a través de Pablo, El Guincho [antiguo compañero de producción de Rosalía]. Fuimos a por unas tapas en Barcelona. Y pensé que era la persona más fascinante que había conocido jamás, porque su forma de pensar era tan diferente de lo que había visto antes. Fue un flechazo instantáneo de admiración.
Seguimos en contacto y sentí que con este disco, si era un ejercicio musical tan fuerte y demandante, si lo estaba haciendo lo suficientemente bien, tal vez, se lo enviaría, y si estaba en el nivel adecuado, tal vez entonces ella no podría decir que no.
Coscarelli: Había cierta energía masculina en Motomami, que se enfocaba en música más caribeña, como el reguetón. ¿Piensas que Lux es un proyecto claramente femenino?
Rosalía: La inspiración principal es la mística femenina, así que seguro que hay más energía femenina. Y también la idea de ser un receptáculo. Estaba leyendo el otro día , esta mujer, Ursula [K. Le Guin] dice que quizás el primer artefacto cultural de la historia no fue un arma, no fue algo afilado para matar algo. ¿Quizás fue un recipiente, algo donde contener cosas? Y entonces decía que hay una diferencia entre la escritura masculina y la femenina: la escritura masculina trata del héroe, de los triunfos de este héroe. Y si el héroe no está en la historia, entonces no es una buena historia. Todo gira en torno al conflicto en la narración.
La escritura femenina es más un proceso continuo. No se trata del clímax y luego la resolución. Se trata quizá de una persona con delirios y transformaciones y de todas las cosas que esta persona tiene que perder. No se trata de yo, yo, yo, yo.
Coscarelli: Este álbum es grandioso, hay cuerdas por todas partes, con muchos arreglos. Es operístico.
Caramanica: Atronador.
Rosalía: Tiene esa intención de verticalidad. Algunos de nuestros proyectos parecían un poco más horizontales. Un tipo de energía más mundana.
Caramanica: Cuando dices verticalidad, ¿quieres decir entre el reino material y algo más astral y espiritual?
Rosalía : Sí. Creo que siempre he tenido el deseo de, ¿cómo puedo acercarme a Dios? ¿Cómo puedo estar más cerca de Dios? Ese sentimiento espiritual siempre ha estado ahí, solo que no lo he racionalizado ni intelectualizado.
Coscarelli:¿Hay algo casi travieso en la forma en que abordas el lenguaje en este álbum? La gente ha esperado durante mucho tiempo que hagas el salto y cantes en inglés. Al mismo tiempo, te han acusado de apropiación cultural por tomar elementos de culturas que no son la tuya y sacar provecho económico de ello. ¿Es esta una respuesta rebelde a esas críticas?
Rosalía: Soy rebelde en general, ¿vale? Digamos que, sin duda, soy rebelde. Pero creo que se trata más bien de que pertenezco al mundo. Así es como me siento: yo no soy tan mía como del mundo. Me encanta viajar, me encanta aprender de otros seres humanos. ¿Por qué no iba a intentar aprender otro idioma e intentar cantar en otro idioma y ampliar la forma en la que puedo ser cantante o música o artista? El mundo está tan conectado.
Caramanica: Imagino que con el tiempo eso resultó bastante caro. ¿Por cuánto te pasaste del presupuesto?
Rosalía: Chicos, solo voy a decir que nos salimos mucho del presupuesto. Eso es todo lo que voy a decir. Estoy tranquila porque la visión está ahí. Pero puede que mi equipo no esté tan tranquilo.
Coscarellli:¿Cómo te sales con la tuya?
Rosalía: Solo quiero hacer lo que me apetezca en todo momento. Todas las personas que me conocen lo saben. Es lo único que me importa: ¡Solo la libertad!
Coscarelli: Tengo la teoría de que, como eres una estrella del pop en público y cuando te presentas, se te permite aún más libertad en tu música. Se te da bien jugar al juego de las celebridades: apareces en un anuncio de Calvin Klein, en el video de WAP, pasas tiempo con las Kardashian. ¿Juegas conscientemente al juego en ámbitos extramusicales para acumular caché en el estudio?
Rosalía: Para mí, todo es cuestión de diversión. ¿Se me presenta la posibilidad de salir en el video de WAP? ¡Vamos! Mi hermana dice —y no sé si estoy de acuerdo— que mi música no es pop. Pero que yo sí. No estoy de acuerdo. Porque quiero pensar que mi música es pop. Es solo otra forma de hacer pop. ¡Tiene que existir otra forma de hacer que sea pop! Björk lo demostró. Kate Bush lo demostró. Y necesito pensar que lo que hago es pop, porque entonces de lo contrario no creo que esté teniendo éxito. Lo que quiero es hacer música que ojalá pueda disfrutar mucha gente. Ese es mi plan.
Caramanica: Lux es para ti tan pop como Motomami.
Rosalía: Cien por cien. Solo son códigos diferentes.
Coscarelli: Tu oyente promedio, aunque sea hispanohablante, no entenderá todas las palabras. ¿Le estás pidiendo mucho a tu público para absorber una obra como esta?
Rosalía: Desde luego que sí. Cuanto más estamos en la era de la dopamina, más deseo lo contrario. Eso es lo que anhelo. A veces soy capaz de hacer el ejercicio de simplemente apagarlo todo y ver una película en un espacio oscuro de mi habitación.
Coscarelli: Incluso eso puede ser difícil sin mirar el teléfono.
Rosalía: Es muy difícil. Pero por eso digo que tiene que haber algo que nos lleve allí. No sé si esto va a ser eso, pero al menos existe el deseo de que haya algo que te empuje a estar concentrado durante, con suerte, una hora en la que simplemente estés ahí. Simplemente estás ahí. Sé que es mucho pedir, pero eso es lo que quiero
“Solo voy a decir que nos salimos mucho del presupuesto. Eso es todo lo que voy a decir”, confiesa Rosalía.
En Lux, la Orquesta Sinfónica de Londres es una de las protagonistas, así como Björk, a quien Rosalía considera su artista favorita.
BAJO LA PIEL
El actor Riz Ahmed, fotografiado en el George Tavern de Londres el 4 de julio de 2025, lleva un cárdigan de Ferragamo, ferragamo.com; camiseta de Wales Bonner, walesbonner.com; pantalones de Honour, honourclothing.com; y zapatos vintage, cortesía de Contemporary Wardrobe.
Por Emily Lordi Fotografía por Casper Kofi Estilismo por Jay Massacret
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2006, EL ACTOR y rapero británicopaquistaní Riz Ahmed lanzó un sencillo titulado Post-9/11 Blues. En el video musical, en una escena aparece con una peluca de payaso verde neón y en otra pasa por debajo de un avión de combate mientras cruza una calle en Londres: “Está bien”, rapea. “Después del 11-S me gané la vida interpretando terroristas en la tele, ¡mientras grababa canciones!”. Para Ahmed, quien llegaría a ganar un Óscar y un Emmy, los primeros para un artista musulmán del sur de Asia, el video es una cápsula del tiempo.
“Tienes que poner la ofrenda en el fuego y ver qué pasa”, me dice. Estamos en un café en Prospect Heights, en Brooklyn, en junio, hablando sobre colaborar con otros actores y sobre el arte de contar historias como una “tecnología ancestral” de conexión. Ahmed sabe que todo esto puede sonar “pretencioso” en una cultura que confunde el arte con entretenimiento. “Amamos a los creativos”, afirma, aunque el acto de crear se “contradice directamente con todo en lo que se basa nuestra sociedad: carece de ego, [es] generoso, inmaterial en un mundo regido por el materialismo”. El ego puede llevar a un artista al escenario en un principio, admite, pero en el momento de la interpretación la intención idealmente cambia de “escúchame” o “mírame” a “mira esto”.
Ahmed, de 42 años, vive en el noroeste de Londres, pero viajó a Nueva York con su familia —su esposa, la novelista Fatima Farheen Mirza, de 34 años, y su criatura, un infante cuyo género y edad Ahmed pide no revelar— para el estreno de El intermediario en el Festival de Cine de Tribeca, un thriller de espionaje dirigido por David Mackenzie que se estrenó en agosto. Es la mañana después de la proyección y llega un poco tarde, con un rompevientos de futbolista y café ya en mano. Sus ojos cafés brillan, y está lleno de ideas, aunque se complace en escuchar las de los demás: “¡Así es, hermano!”, me contesta de vez en cuando. Ahmed estudiaba política, filosofía y economía en Oxford cuando, en 2005, unos terroristas islamistas bombardearon el metro de Londres, uno de los catalizadores de Post-9/11 Blues. El video se volvió viral y gracias a eso consiguió su primer papel cinematográfico en el docudrama de 2006 Camino a Guantánamo. En 2016, ganó un Emmy por su actuación en la serie de HBO The Night Of, en la que interpretaba a un estudiante universitario pakistaníestadounidense acusado de asesinato. Más adelante fue nominado al Óscar como Mejor Actor por su papel en Sound of Metal (2019). En 2020, creó un álbum conceptual y un cortometraje, ambos titulados The Long Goodbye, con el que obtuvo un Óscar. Ahora está por terminar una serie original de Amazon, aún sin título, que produjo, escribió y protagonizó. Además, acaba de finalizar la posproducción de una nueva versión cinematográfica de Hamlet en la que interpreta el papel principal. Para un artista inquieto con la ética de trabajo de un inmigrante, el éxito personal y profesional de Ahmed plantea nuevas preguntas: ¿cómo se construye no solo una carrera, sino una vida sostenible? ¿Y cómo representar las verdades sutiles de esa vida en una industria obsesionada con grandes categorías de identidad? “Hablé muchísimo de identidad al principio para después poder dejar de hablar de ello”, comenta. De hecho, tras dos décadas en una carrera polifacética, Ahmed parece encarnar tanto el ascenso cultural como el cansancio colectivo de las y los artistas de color, a quienes se les impone la
responsabilidad de hablar en nombre de sus comunidades. Su necesidad de resistir tanto al encasillamiento como a la persecución no ha cambiado, aunque ahora comparte la carga de la representación con un grupo de hombres musulmanes irreverentes y llenos de energía, entre ellos los comediantes Ramy Youssef y Mohammed Mo Amer. Ahmed atribuye parte de su motivación y curiosidad a su madre, que crió a tres hijos en Wembley —una zona de clase trabajadora en Londres llena de diversidad a donde sus padres emigraron desde Karachi en la década de 1970— casi sola, mientras su padre, un marinero de la Armada Mercante de Pakistán convertido en agente y corredor naviero, viajaba por trabajo. Como el hijo menor, Ahmed tenía permiso para apartarse de los caminos tradicionales de su hermana (abogada) y su hermano (psiquiatra). Pero aun así sintió la presión de hacer viable su práctica artística. “Hay una sensación de urgencia”, le dijo en 2024 al periodista Mehdi Hasan, también exalumno de la exclusiva escuela privada Merchant Taylors’, a la que Ahmed asistió gracias a un programa de apoyo gubernamental en los noventa, “cuando vienes de una familia que no tiene mucho”. Moverse entre su casa, la escuela y la escena rave alternativa de Londres le dio una fluidez para cambiar de códigos que le ha beneficiado como actor. El director estadounidense Wes Anderson, de 56 años, quien suele trabajar con los mismos intérpretes, comentó que le impresionó lo “natural” que resultó para Ahmed integrarse en La trama fenicia, una película que se estrenó a principios de este año, y en la que actuó junto con actores veteranos como Benicio del Toro y Tom Hanks. En poco tiempo, asegura, Ahmed estaba “completamente dentro de su personaje, dentro de la escena, dentro del momento”.
DURANTE
AÑOS, Ahmed estaba entusiasmado por exponer su propia teoría en tres etapas sobre la representación de las minorías, que detalla en un ensayo para la antología The Good Immigrant (2016). “La Etapa 1 es el estereotipo bidimensional”, escribe, “interpretar “al taxista/terrorista/ dueño de la tiendita de la esquina”. La siguiente etapa consiste en un papel que combate los estereotipos con matices, como en Camino a Guantánamo, donde interpreta a un británico inculpado por error de ser combatiente de Al Qaeda. En la etapa final, a la que Ahmed llama “la Tierra Prometida”, la historia de un personaje estaría aún menos moldeada por suposiciones limitadas sobre la identidad: “Allí, no soy sospechoso de terrorismo ni víctima de un matrimonio forzado”, escribe. “Allí, hasta podría llamarme Dave”. Resultó ser que la Tierra Prometida existía: se llama Hollywood. Aunque Ahmed sabía que la naturaleza de su reparto “integrado” más bien reflejaba el deseo estadounidense por exportar una imagen optimista de progresismo racial, él seguía queriendo llegar ahí.
Su llegada a la tercera etapa ha sido motivo de orgullo para Ahmed. (“Riz no es una nave espacial, nos representaré en etapas”, rapea en su tema de 2020 Once Kings). Pero el trayecto también ha implicado soportar, por ejemplo, humillaciones al cruzar la seguridad en el aeropuerto. Escribe: “He vivido que una persona revise mi ropa interior mientras me cita los diálogos de mis películas, o que alguien me pida una selfie mientras se asegura de que no traigo explosivos”. Cuando nos encontramos de nuevo, para comer en un restaurante de cocina neoyorquina contemporánea en TriBeCa, le pregunto si el objetivo es realmente la ceguera racial de películas como Primicia mortal (2014), en la que Ahmed interpreta al desesperado cómplice del fotógrafo sociópata representado por Jake Gyllenhaal, o del episodio de 2017 de Girls en el que interpreta a un surfero que le gusta a Lena Dunham. Obras como estas ignoran la diferencia, como si cualquier mención de la raza rompiera el equilibrio. Como respuesta, Ahmed propone una cuarta etapa más deseable, en la que la identidad cultural está presente pero no es determinante. Por ejemplo, El intermediario. En esa película, su personaje, Ash, protege a denunciantes corporativos transportando materiales sensibles y comunicándose a través de mensajes mecanografiados retransmitidos por las y los trabajadores de un call center. Ash casi no habla, hasta una escena en una reunión de Alcohólicos Anónimos en la que confiesa que empezó a tomar para sobrellevar la sensación de desarraigo por ser musulmán en Nueva York después del 11 de septiembre. Ese trasfondo —que, según me dice Mackenzie, escribió con la ayuda de Ahmed tras haberlo elegido para el papel— puede o no motivar toda la trama. Depende de cómo se interprete. Sin embargo, para Ahmed este nuevo paradigma parecía menos significativo que la forma en la que había incorporado su propia vida al rodaje de El intermediario, pues tuvo que comenzar a filmar cuando su bebé apenas tenía seis semanas. Al mismo tiempo, el camión de mudanza que debía trasladar las pertenencias de su familia de California a Nueva York, donde se llevaba a cabo el rodaje, fue robado. Los ladrones se llevaron “toda nuestra vida: cámaras con fotos del bebé, todo”, cuenta Ahmed. Mientras luchaba por concentrarse, se dio cuenta, de forma casi mística, de que estaba viviendo la historia ficticia —que trata de “alguien que intenta trasladar objetos preciosos de un punto A a un punto B de manera segura”—, así que decidió dejar entrar su inquietud.
El uso de la experiencia personal, lo que Ahmed llama “los fragmentos imperfectos que te enseñaron a pensar que no debían estar ahí”, no es algo nuevo en la actuación. Tampoco es del todo nuevo para él: ha hablado sobre cómo su insomnio durante el rodaje
Pantalones de Saint Laurent by Anthony Vaccarello, ysl.com; camiseta vintage, cortesía de Cassie Mercantile; y su propio anillo.
Chamarra y pantalones de Miu Miu, miumiu.com; y camiseta del estilista.
Chamarra y pantalones de Gucci, gucci.com; zapatos de Maison Margiela, maisonmargiela.com; y camiseta vintage, cortesía de Jerks. Peinado y maquillaje por Emma White Turle para The Wall Group con productos de cuidado capilar y facial de Sisley. Diseño de set por Afra Zamara para Second Name.
de Sound of Metal, junto con la negativa del director Darius Marder a dejarle ver las tomas filmadas cada día, lo sumió en la sensación de desconcierto de su personaje. Pero el fluir con la vida es un acto significativo para un actor de color acostumbrado a autocensurarse en espacios mayoritariamente blancos donde, como dice, “se espera que vayamos a trabajar como androides y no como seres humanos con familias”. La técnica también corrige lo que Ahmed llama su “perfeccionismo obsesivo”. Antes solía despertarse en medio de la noche atormentado por cómo había interpretado una línea en un proyecto que había terminado hace tres años, y entonces trataba de involucrar a su esposa o a su hermano en un “juego” al que ahora se niegan a jugar: “¿Cómo podría haberlo hecho mejor?”
Ahmed quiere dejar que más de su vida se filtre en su trabajo, y al mismo tiempo, llevar las lecciones de su oficio a casa. Esto significa, dice, ofrecerle a su bebé la misma “entrega colaborativa” que aporta a un set de
rodaje. Las historias “nos enseñan a vivir”, como dice, no solo al reafirmar quiénes somos, sino invitándonos a expandirnos. Por eso, cuando le toca ser mentor de artistas más jóvenes, le dijo a Hasan, aconseja a quienes proponen relatos sobre la vida musulmana que reflexionen sobre sus intenciones: “¿Es así porque has interiorizado la idea de que… Esas experiencias en particular… Te convierten en un espécimen interesante?”.
A la par de esta vena reflexiva de Ahmed, corre un apetito genuino por la alegría y lo absurdo. Su serie para Amazon —que sigue a un actor en apuros y se desarrolla en Wembley— irradia una libertad que roza en el alivio. Al ver dos clips breves, me sorprendió cómo el proyecto recuperaba el espíritu D.I.Y. y el delirio cómico de Post-9/11 Blues, al mismo tiempo que reflejaba las ideas más recientes de Ahmed sobre el dinamismo entre vida y arte.
El propio Ahmed quizá no se regodee en el logro. Estábamos sentados en una banca en Prospect Park cuando me mostró un gesto que adoptó recientemente para ayudarle a desprenderse de cada proyecto y a atemperar su perfeccionismo. Es un movimiento similar al de lavarse las manos, pero más cercano a esculpir una mano con la otra, que termina con ambas palmas liberadas en el aire: “Estás construyendo el castillo de arena”, dice, “pero lo que te llevas contigo son tus manos”. El ritual es un recordatorio de que lo que forjamos también nos forja, idealmente, personas más libres y más capaces de compartir la vida. Pero cuando el trabajo termina, todo queda en el aire. No hay promesas
Dos exposiciones en Inglaterra rinden homenaje a la figura de Oliver Messel, uno de los diseñadores, figurinistas y escenógrafos más influyentes del siglo XX.
MÁS GRANDE QUE LA VIDA
RESULTA REVELADOR QUE uno de los recuerdos más fabulosos de Anthony Armstrong-Jones, más conocido como Lord Snowdown tras su matrimonio con la princesa Margarita de Inglaterra, no esté relacionado con la familia real británica, sino con su tío Oliver Messel, diseñador, figurinista, escenógrafo y ocasional retratista de la clase alta global entre los años veinte y setenta del pasado siglo. Tanto Messel como su hermana Anne, condesa de Rosse por matrimonio, eran miembro s por derecho propio de los Bright Young Things, aquella frívola generación de entreguerras que reunió entre sus filas a socialit e s como las hermanas Mitford o Stephen Tennant, autodenominado “el hombre más bello del mundo” ( quien se metió en la cama en 1970 para no salir de ella hasta su muerte en 1987 ) ; a genios como el escritor Evelyn Waugh o el pintor Rex Whistler; y a artistas fundacionales en disciplinas como la fotografía, el diseño de vestuario, la decoración y la maledicencia, como el ubicuo Cecil Beaton.
Mucho antes de que Beaton se convirtiese en lo que siempre quiso ser, una celebridad más, Messel ya lo era. Con solo 21 años, saltó a la fama como diseñador de las m áscaras de Céfiro y Flora para los
Por Javier Quesada
Tres máscaras diseñadas por Messel.
Oliver Messel y la princesa Margarita observan un escaparate con los célebres monos de Messel y una maqueta de una escenografía en octubre de 1966.
b allets r usos de Serguéi Diáguilev, cuya esecenograf ía había sido a su vez diseñada por el pintor cubista George Braque . Aquel legendario prestidigitador social, “capaz de seducir a la esfinge con una sonrisa”, según sus contemporáneos, es el responsable del primer recuerdo del que Lord Snowdown guarda memoria. “Yo tenía 5 años y cada Semana Santa mi madre me enviaba al jardín londinense de mi tío en busca del tesoro. Allí, en un seto, encontré un nido de pájaro hecho con alambre de piano retorcido y dentro estaban aquellos huevos tan delicados”, rec ordaba el arist ócrata, fallecido en 2017. No se trataba de los típicos huevos de Pascua burdamente teñidos, sino que eran de porcelana pintada a mano, imitando la textura y color de ese azul casi incandescente característico de los huevos de petirrojo o el jaspeado de los huevos de chorlito. “Era un objeto bellísimo con el que todavía sueño algunas noches”, rememoraba años más tarde en una entrevista concedida en plena madurez, tras haber retratado —y amado, olvidado y vuelto a amar— a algunas de las figuras más icónicas del siglo pasado. No es el único recuerdo infantil de carácter fáustico ligado a Messel, quien, seg ún su antiguo asistente Tom Carls, era “capaz de crear casi cualquier cosa a partir de cualquier otra”. Aquí entra en escena otro de esos personajes que parecen escapados de una novela de Evelyn Waugh: Georgia Fanshawe, seg ún el Debrett’s británico “hija de Henry Paul Guinness Channon, barón de Keveldon, y su esposa, Ingrid Olivia Georgia Wyndham”. De hecho, la editorial brit ánica revela entre sus páginas otro hecho trascendental que cambió la historia de Inglaterra (y de Europa): su madre estuvo casada en primeras nupcias
Imagen del escenario diseñado por Messel para Helen! (1932), obra de Jacques Offenbach dirigida por C. B. Cochran.
con otro Guinness, Jonathan Bryan Guinness, tercer barón de Moyne, hijo del célebre heredero de la dinastía cervecera irlandesa Bryan Walter Guinness, y su primera esposa, la mítica Diana Mitford, quien lo abandonó para lanzarse a los brazos de sir Oswald Mosley, fundador del grupo paramilitar brit ánico llamado Camisas Negras “Íbamos a Mustique [donde Oliver Messel había diseñado una villa de recreo para su abuela, Honor Guinness, junto a la princesa Margarita una de las primeras que apost ó por aquella isla privada en el Caribe] y pasamos la noche en Maddox House, su casa en Barbados. Cenamos a la luz de las velas en medio de aquel hermoso jardín, donde había monos salvajes que trepaban entre las ramas de los árboles dando alaridos”, recordaba recientemente Fanshawe . “Después de cenar, Oliver emergió entre la maleza, llevando una de aquellas impresionantes máscaras art d é c o por las que se había hecho famoso, y volvió a desaparecer para emerger con otro de sus tocados teatrales. Y así una y otra vez, bailando entre las palmeras al ritmo de la música y los aullidos infernales de aquellos monos que sonaban como bebés agonizando. Fue muy emocionante, pero también algo siniestro”, continuaba .
Pero mejor que sea el propio Messel quien nos revele el origen de su pasión por la escena como espejo no tanto de la realidad sino de lo que, a su juicio, debía ser la vida: un hechizo mágico tan bello y deslumbrante como un sueño. “De niño pasaba largas temporadas en el campo, en Nymans, la finca que mi familia poseía en Sussex [donde el pasado verano se present ó la exposición The Art of Illusion: The Theatrical World of Oliver Messel , dedicada a su trabajo tanto en los escenarios como en la gran pantalla]. Como a muchos niños en aquella época, me regalaron un teatro de juguete donde podía representar mis propias obras. Pero la ficción fue usurpando poco a poco el papel de la realidad y se convirtió en mi vida. Desde entonces, he utilizado todo lo que está en mi mano para crear la magia”, explicó el artista en una entrevista. Crear y reimaginar la magia era su particular forma de poder recrear la divina creación, pero no a una escala reducida, sino todo lo contrario.
Su aportación al mundo de la escena saltó al resto del orbe como responsable del diseño y decoración de suites legendarias como la del hotel Dorchester de Londres, una fantasía rococó que se convirtió en el refugio favorito de Elizabeth Taylor siempre que pasaba por la capital británica —ahí disfrutó de su primera luna de miel con el actor galés Richard Burton, a quien conoció durante el rodaje de Cleopatra (1965) —; villas de recreo en el Caribe a medio camino entre el clasicismo de Andrea Palladio y la excentricidad del Sombrero Loco destinadas tanto para la aristocracia del gotha como del rock británico (de la princesa Margarita a los Heinz, pasando por Mick Jagger y Bryan Ferry) ; y suntuosas boutiques transformadas en reinos de ensueño y fantasía (por
ejemplo, la zapatería Delman, en Old Bond Street, Londres, inspirada en la biblioteca de una mansión inglesa, aunque con zapatos en lugar de libros).
Pero antes de convertirse en el interiorista favorito de la incipiente jetset internacional, Messel triunfó en los escenarios británicos gracias a la sofisticación y ligereza de sus escenografías para obras de teatro como El sueño de una noche de verano , de William Shakespeare, o César y Cleopatra , de George Bernard Shaw ; para las revistas de Charles B. Cochran, escritas por Noël Coward y Cole Porter (dos colegas epénticos con los que compartió mil batallas en las trincheras de la vida homosexual de la clase ociosa durante la primera mitad del siglo XX); y musicales como Gigi , de la escritora francesa Sidonie-Gabrielle Colette, último testigo de una legendaria Belle Époque de la que era uno de los ep ítomes Su triunfo en los escenarios londinenses le valió un pasaporte a los grandes estudios de Hollywood, donde fue reclamado por Irving Thalberg, vicepresidente de Metro Goldwyn Mayer y en cuya figurase inpiró Francis Scott Fitzgerald para crear al protagonista de The Last Tycoon , su novela inacabada. Thalberg le hizo llamar para que diseñara los interiores , así como el vestuario de su esposa, la estrella Norma Shearer, en la adaptación al cine de Romeo y Julieta (1936). Shearer, actriz judía con acento y sin formación en teatro clásico estaba tan nerviosa que contrató a una leyenda de la escena británica, la actriz Constance Collier, para que le enseñara a declamar el verso isabelino. La película, aunque no fue un éxito de taquilla, cimentó el prestigio de Messel también en el cine, donde trabajó al servicio de productores como Alexander Korda y directores de prestigio como Joseph L . Mankiewicz en clásicos como De repente, el último verano (1959) , basada en la obra homónima de Tennessee Williams. En ella, Messel es el responsable d el diseño de producción de un exuberante jard ín creado con papel de estraza y flores artificiales que recreaban los helechos gigantes en los que retozaban los dinosaurios antes de sucumbir a nte los primeros depredadores carnívoros. As í le sucede al hijo de la protagonista en Cabeza de Lobo, un improbable pueblo de nombre imposible ubicado, según la enfermiza imaginación de Williams , en la Costa Brava del año 1937, es decir, en plena Guerra Civil española.
Puede que el talento de un artista como Messel sea eterno, pero no los gustos del público. Despu és de tres décadas en lo más alto, diseñando escenografías con un estilo cada vez más elusivo y onírico que se basaba en el pastiche historicista que había absorbido durante su infancia en Nymans, esa pintoresca mansión neomedieval diseñada por s ir Walter Tapper y Norman Evill en estilo Tudor para su familia, Messel tuvo que reinventarse a los 60 años en una segunda carrera en la que, de nuevo, triunfó casi sin esfuerzo y gracias a una victoriana voluntad de hierro como decorador, arquitecto y paisajista de las villas más suntuosas del Caribe. Del estilizado gótico tardío al rococó más ornamentado, pasa n do por guiños barrocos y renacentistas fusionados con toques caribeños y exóticas aportaciones de las colonias, Messel era capaz
Messel se encargó del diseño de vestuario de la película César y Cleopatra (1945), dirigida por Gabriel Pascal y protagonizada por la actriz Vivien Leigh (en la imagen).
La actriz Katharine Hepburn y el actor Montgomery Clift en un fotograma de la película De repente, el último verano (1959), en la que Messel ejerció como director de producción y vestuario.
de abrazar los estilos más opuestos para fundirlos en un exquisito, parafraseando a Noël Coward, “diseño para vivir”, mil veces más sofisticado que el más refinado de los sueños.
La exposición The Art of Illusion: The Theatrical World of Oliver Messel exploró la trayectoria del diseñador y escenógrafo británico ligada a su infancia en Nymans. Entre los objetos que se exhibieron al público por primera vez se incluyó un retrato de su hermana Anne, además de utilería empleada en diversos proyectos escénicos, aunque no ha sido el único homenaje que el diseñador ha recibido en este 2025. El Festival de la Ópera de Glyndebourne, uno de los más importantes del mundo, organizó otra muestra en homenaje a Messel para celebrar el 75 aniversario de su primera participación en el evento. Durante cinco semanas, Glyndebourne acogió la muestra Oliver Messel: Designer. Maker. Influencer, en la que 14 estudiantes del máster en diseño de vestuario del Wimbledon College of Arts reinterpretaron la estética y los métodos de trabajo de Messel desde un punto de vista contemporáneo. Las obras de los estudiantes incluyeron atrezzo , vestuario, marionetas, máscaras e imágenes en un homenaje a una de las figuras británicas más influyentes del pasado siglo, cuyo legado sigue más vivo que nunca tanto en disciplinas como el cine, la ópera, el ballet, la fotografía o el diseño editorial.
Messel en el backstage del Festival de la Ópera de Glyndebourne, 1953.
Por Lindsay Talbot Bodegón por Mari Maeda y Yuji Oboshi
PODRÍA DECIRSE que Andy Warhol —quien acumuló cientos de piezas de joyería de baquelita y tarros de galletas de cerámica— era tan entusiasta coleccionando objetos, que conseguía en mercados de pulgas o en tiendas de antigüedades en Madison Avenue, como creando arte. Se dice que su casa de cuatro pisos en la calle East 66th estaba tan repleta de objetos y recuerdos que solo podía caminar por la cocina y la habitación. Entre sus piezas más preciadas estaban sus relojes: el pionero del pop art, que comenzó a comprarlos obsesivamente en la década de 1970, llegó a tener más de 300, incluyendo ocho ejemplares hechos a mano por Piaget. En 1979, le presentaron a Yves Piaget, bisnieto de GeorgesÉdouard Piaget, fundador en 1874 de la casa relojera suiza. Se volvió confidente de Yves, y la familia Piaget lo consideraba parte de su círculo íntimo; asistía con ellos a galas en Nueva York y Palm Beach, Florida. Cada Navidad, Yves le mandaba a Warhol chocolates suizos; el artista también conservaba esas cajas, y las usaba para guardar las tarjetas navideñas escritas a mano por Yves y las invitaciones a las fiestas de Piaget. Recientemente, en colaboración con la Fundación Andy Warhol, Piaget lanzó una edición limitada del reloj Collage, concebida después de que la directora artística Stéphanie Sivrière y su equipo pasaran más de seis meses explorando los archivos, catálogos y exposiciones del artista. El nuevo reloj —una edición de 50 piezas— presenta una carátula con una marquetería de finas láminas de serpentina amarilla de Namibia, ópalo rosa y crisoprasa turquesa (que forman un patrón rectangular abstracto inspirado en las Polaroids de Warhol), además de una correa de piel verde oscura. Su caja de 45 milímetros, fundida en oro amarillo de 18 quilates, y la base de ónix negro remiten al diseño del reloj Piaget que usaba el propio artista en los años setenta, y el reverso lleva grabada una silueta inconfundible: la icónica peluca platino de Warhol.