Skip to main content

T Magazine Mexico Numero 8 Noviembre 2025

Page 1


A 25 años de su ópera prima, Alejandro González Iñárritu repasa su obra y rescata detalles inéditos

PERROS, AMORES Y CINE

“ HAY UN A BELLE ZA QU E PERMAN EC E IN CLUS O CUANDO HEMOS DE JA DO DE MIRAR.”
RICHAR

ONE OF NOT MANY.

ENGINEERED FOR WHATEVER.

14

Carta del editor

16

T México

Presenta

La relación biográfica de Guillermo del Toro con Frankenstein última película.

Por María Estévez

18 Personas, lugares, cosas

La colaboración entre Takeshi Murakami y Dom Pérignon, La Casa Roja de Frida Kahlo y una plataforma para conectar artistas.

20

El deseo

Un diván del diseñador Giampiero Tagliaferri que se inspira en Ludwig Mies van der Rohe.

Por Nancy Hass

Fotografía por Federico Ciamei

22

El objeto

Tiffany & Co. amalgama en un broche la histórica relación que la casa joyera mantiene con México.

Por Kira Álvarez

Fotografía por Viridiana 24

La casa de los azulejos

En Guadalajara, una pareja rinde homenaje a la cerámica que los atrajo a la ciudad.

Por Michael Snyder

Fotografía por Fabian Martinez

28

Sobre la superficie

La lana, el tweed aportan calidez a las bolsas y zapatos de invierno. Fotografía por Kyoko Hamada

Diseño de set por Theresa Rivera

34

Pantalón, suéter y zapatos de

El lujo de lo eterno

Eterna provocadora

La artista argentina Marta Minujín presentó en la galería Kurimanzutto su primera exposición individual.

Por Javier Fernández de Angulo

Fotografía por Jaime Navarro

Entre la herencia orfebre de Legnano y el imaginario siciliano, Dolce & Gabbana redefine la joyería como fe y artesanía.

Por Ariadna Bueno Fotografía por Víctor Trani

42

Más allá del tiempo

Cuatro décadas después de su

canon de la belleza.

Por Javier Fernández de Angulo

44

Arquitectura de la emoción

Legorreta Arquitectos cumple 60 años construyendo el México moderno.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Jaime Navarro

paraísos del Mediterráneo.

Por Javier Fernández de Angulo

50

El alma de las cosas

Para Patricia Urquiola, el diseño no es solo función y forma, sino una brújula que conecta la materia con la sensibilidad.

Por Kira Álvarez

Fotografía por Viridiana

Pág. 38

regresa a México para presentar

Sueño Perro, una experiencia que disuelve la frontera entre cine y arte.

Por Kira Álvarez

Fotografía por Maureen M. Evans

Legado a color

La Cuadra, una de las obras maestras de Luis Barragán, sirve de escenario para enmarcar las siluetas de otoño y celebrar su estreno como centro cultural.

Fotografía por Izack Morales Dirección creativa y estilismo por Kira Álvarez

70

Un espacio sagrado

En un terreno donde alguna vez existió un convento, un departamento en Milán vuelve a convertirse en un lugar de reposo espiritual.

Por Laura May Todd

Fotografía por Simon Watson

Collar Amatista en oro amarillo y blanco, de Dolce & Gabbana

La casa de juegos

En las colinas de los Cotswolds, la diseñadora británica Lulu Guinness ha transformado una mansión en un laboratorio para su imaginación.

Por Aimee Farrell

Fotografía por Marcus Quigley

Moderna, historia

En Amberes, Bélgica, una pareja vinculada al arte contemporáneo y al diseño habita un monumento del siglo XVI.

Por Gisela Williams

Fotografía por Allegra Martin

La compañía que mantiene

En un tranquilo pueblo en las montañas suizas, un comerciante de arte ha construido un refugio para sí mismo y para toda una vida.

Por Nick Haramis

Fotografía por Ricardo Labougle

Lo último del primero

Rise and Shine de Chanel evocan sendas estrellas fugaces.

Por Lindsay Talbot

Naturaleza muerta por Pauline Caranton

*Fe de erratas: En la edición de octubre, en el texto sobre Zegna se menciona que la marca busca alcanzar el 95 por ciento de trazabilidad en todas sus prendas para 2030. Sin embargo, las líneas Oasi Cashmere y Oasi Lino son trazables desde 2024.

EN PORTADA

Alejandro González Iñárritu, fotografiado en LagoAlgo, CDMX, el 4 de octubre. Fotografía de Maureen M. Evans.

Editor at large/Traducción

Daniela Valdez

Edita LAR MEDIA

Presidente

José Antonio Revilla

Director editorial Javier Fernández de Angulo

Dirección de Arte

Rubén Bruque Alberto Torés

Edición y cierre

Daniel González

Coordinación Karla Álvarez Gómez

Colaboradores

Directora creativa y de moda Kira Álvarez

María Estévez, Maureen M. Evans, San Jacinto, Izack Morales, Jaime Navarro, Ricardo Labougle, Víctor Trani, Viridiana

PUBLICIDAD

Gerente Comercial

Maria Eugenia Pérez Pérez

Director Comercial Luis Alarcón

Gerente Comercial

Diana de Ramery

T: THE NEW YORK TIMES STYLE MAGAZINE

Editor in Chief

Hanya Yanagihara

Creative Director

Patrick Li

Photography and Video Director

Nadia Vellam

Subdirectora Comercial Minerva Piña

Colaboradora

Gwendolyne Morales

T MAGAZINE

THE NEW YORK TIMES LICENSING GROUP

General Manager Michael Greenspon

Colaboradora

Mariela Herrasti

Pág. 34 Vista de la muestra Vivir en arte, de Marta Minujín, en la galería Kurimanzutto de la Ciudad de México.

Colaboradora

Ashley Silberstein

LICENSED EDITIONS

Editorial Director Anita Patil

Deputy Editorial Director

Armando Arrieta

Deputy Managing Editor, Visuals

Simonetta Nieto

Senior Editor Ian Carlino

Associate Editor

Augusta Greenbaum

Designer

Veronica Rosalez

T, The New York Times Style Magazine y el logotipo de T son marcas comerciales de The New York Times Co., NY, NY, EE. UU., y se utilizan bajo licencia de LAR Media. El contenido reproducido de T, The New York Times Style Magazine es propiedad de The New York Times Co. y/o sus colaboradores. Todos los derechos reservados. Las opiniones y puntos de vista expresados en T México no son necesariamente los de The New York Times Company o sus colaboradores.

©2024 La revista T México es publicada diez veces al año por LAR Media. Impresa por el diario Reforma. Distribuida por el diario Reforma. Todos los derechos reservados; ninguna parte de la publicación puede reproducirse sin el permiso por escrito del editor.

Impresa y distribuida por

Vida interior

“VOY DE MI corazón a mis asuntos”, escribía el poeta Miguel Hernández para describir sus pensamientos más íntimos. Esa fue la idea con la que se pergeñó la edición que tienen en sus manos, un tributo a la arquitectura, el diseño y el interiorismo a través de la mirada honda de creadores y artistas, así como de sus casas, objetos y paisajes. Alejándonos de la superficialidad, nos adentramos en la Casa Roja, el nuevo museo en la Ciudad de México sobre la figura de Frida Kahlo, en el que se exponen cartas, dibujos y bocetos de la artista. Con motivo del estreno de Frankenstein , el cineasta Guillermo del Toro nos confiesa los vínculos que su universo de monstruos mantiene con su infancia, y celebramos junto a Alejandro González Iñárritu, protagonista de nuestra portada, los 25 años de Amores Perros . Para la ocasión, el cineasta ha presentado Sueño Perro, una muestra inmersiva y multisensorial que incorpora material inédito de la obra y que descubrimos junto a él en LagoAlgo, en la Ciudad de México, escenario que en la película funciona como otro protagonista más.

En este número de noviembre también viajamos a Guadalajara para visitar la casa de los azulejos de la ceramista Andrea Mantecón, donde se resguarda parte de su obra, mientras que de regreso en la capital, en la galería Kurimanzutto, repasamos la obra de la argentina Marta Minujín, capaz de transformar en universal algo tan íntimo como un colchón, y la trayectoria del arquitecto Víctor Legorreta, heredero de

un estudio legendario. Su obra dialoga con la del Premio Pritzker Luis Barragán, otra figura esencial de la cultura mexicana. La Cuadra, uno de sus proyectos más representativos, sirve de escenario para nuestra propuesta de moda, un homenaje al mundo del caballo y a la belleza de un refugio ecuestre que ha sido transformado en casa museo. Asimismo, como una metáfora de lo que representa el interior frente a la superficialidad, presentamos una antología de las casas más representativas de Ibiza, una isla célebre por su espíritu festivo, pero también por la energía que, dicen, desprenden algunos de los islotes y peñascos que la rodean. Detrás de sus puertas y ventanas se esconden rincones privados donde los propietarios buscan calma y felicidad.

Pág. 44
Hotel Camino Real de la Ciudad de México, obra proyectada por Ricardo Legorreta.
Por Javier Fernández de Angulo

LA MAGIA DEL TIEMPO

LAS FIRMAS DE ALTA RELOJERÍA MÁS DESTACADAS SE DIERON CITA DURANTE LA MÁS RECIENTE EDICIÓN DE EMWA FEST.

EMWA celebró en Monterrey su 17ª edición bajo el lema “La construcción del tiempo”, un encuentro que reunió a grandes marcas y coleccionistas. En la apertura dieron la bienvenida Mauricio Wapinski, presidente del consejo, junto con José y Jacobo Wapinski, socios y miembros de una familia impulsora de la alta relojería y la joyería en todo el país. Los acompañó el director general Abraham Kleiman.

Entre las firmas asistentes a este Salón destacaron IWC, Jaeger-LeCoultre, Piaget, Jacob & Co., Panerai, Vacheron Constantin, Bvlgari, Hublot y Zenith, entre otras casas con piezas excepcionales, algunas de ellas únicas. En total, participaron dieciocho casas relojeras internacionales.

Tras la inauguración, se llevó a cabo una cena de gala en la Escuela Superior de Música y Danza, que reunió a toda la familia de la relojería internacional. El menú fue creación del reconocido chef Eduardo Palazuelos. Durante el brindis, Mauricio Wapinski exaltó el arte de la relojería que transforma segundos en legado, celebrando también la vida. Fue, sin duda, una verdadera fiesta de la alta relojería.

El evento ya figura entre los más importantes del mundo, consolidando 76 años de historia y excelencia. En esta edición se presentaron piezas excepcionales que combinaron innovación y tradición, reafirmando la posición de EMWA como referente en la industria.

La firma confirma, año con año, la evolución de su propuesta, con la presencia de grandes novedades y piezas únicas. Una celebración

donde se reúnen marcas, clientes y amigos para rendir tributo a la construcción del tiempo. Más de doscientos coleccionistas y entusiastas se dieron cita en EMWA Fest.

EMWA entiende el tiempo no como algo que simplemente transcurre, sino como una obra que se edifica con paciencia, pasión y precisión. Bajo este principio, la construcción del tiempo se convirtió en el eje conceptual de EMWA Fest 2025, un homenaje a la relojería como arte que transforma segundos en legado.

Así como un maestro relojero ensambla cada pieza con disciplina, cada persona construye su propio tiempo con decisiones, recuerdos y momentos significativos. Este concepto conecta la herencia de siglos de maestría relojera con la experiencia personal de quienes portan estas creaciones, recordándonos que el verdadero valor de un reloj no reside únicamente en medir las horas, sino en convertirlas en huellas perdurables.

Lo más destacado de la alta relojería se dio cita en la 17ª edición del EMWA Fest, en Monterrey, que inició con una cena en la Escuela Superior de Danza.

EN EL UNIVERSO de Guillermo del Toro, los monstruos no son los otros, somos nosotros. En la madera tallada de Pinocho y la carne renacida de Frankenstein vemos al director mexicano reimaginando las relaciones entre padre e hijo, mostrándonos la tragedia y la divinidad de la inocencia infantil. Ambas películas dialogan con siglos de arte y dolor humano. En Pinocho (2022), la desobediencia es la chispa que da sentido a la vida; en Frankenstein (2025), la culpa y el perdón nos devuelven la humanidad.

México Presenta

Como Mary Shelley hace dos siglos, en Frankenstein del Toro reflexiona sobre el impulso de crear vida, pero también sobre la inevitable herida que se va abriendo a lo largo de ese camino. Ambas son historias en las que un padre no sabe cómo amar y un hijo no sabe cómo ser amado, recurrentes en escritores góticos como la propia Shelley o Lord Byron. “Soy un romántico

empedernido”, confiesa el ganador de dos premios Oscar —mejor director y mejor película— por La forma del agua (2017). Frankenstein puede verse como una suerte de biografía del autor pero es también un homenaje al movimiento romántico y a esos poetas que, según Del Toro, fueron los punks de su tiempo, los verdaderos rebeldes. “Eso es el romanticismo”, dice Del Toro. Convencido de la influencia que la figura paterna ejerce sobre nuestras vidas, en su Frankenstein, Víctor crea desde la soberbia y el amor deformado. “Mi padre fue el peor jefe que he tenido, y eso incluye a los Weinstein, pero me enseñó mi ética, mi disciplina. Mi madre me dio la poesía. Mi padre sus bromas”, desvela. Como con todas sus películas, Frankenstein no estuvo lista para Del Toro hasta que no lloró al verla. Al fin y al cabo, reconoce, es mexicano, y los mexicanos “lloramos y matamos con la misma intensidad”.

Fotograma de la película Frankenstein (2025), con la que Guillermo del Toro revisa el personaje creado por Mary Shelley.
LUGARES
LENNY KRAVITZ
PRÓXIMA APERTURA Boutique Jaeger-LeCoultre – Midtown Jalisco, Av. Adolfo López Mateos Nte 2405 – Guadalajara

DOM PÉRIGNON FUE el nombre de un monje que, desde la abadía de Hautvillers, en Reims, Francia, inventó en el siglo XVII el método champenoise. También es el nombre de un champagne que figura entre las grandes etiquetas del mundo: un símbolo que a lo largo de su historia ha sabido mezclar con éxito el arte de la enología con la inspiración artística que despierta su botella. Desde hace dos décadas, la maison ha contado con la colaboración de creadores como Andy Warhol, Karl Lagerfeld, Jeff Koons, Lenny Kravitz o Jean-Michel Basquiat, y en este 2025 el turno ha sido para Takashi Murakami.

Con

BURBUJASYFLORES

LA ARQUITECTA, DISEÑADORA y directora creativa Kelly Wearstler posee un talento que trasciende fronteras. Con más de tres décadas de experiencia, acaba de lanzar Side Hustle, una plataforma cuidadosamente curada que invita a la experimentación y fomenta la colaboración entre creadores de diversas disciplinas. Side Hustle busca conectar e impulsar a artistas y diseñadores que trabajan en ámbitos tan distintos como el diseño automotriz, la joyería, la gastronomía, el deporte, el cine, la música o las artes plásticas. Ahora, para presentar el proyecto, muchos de esos trabajos podrán verse en una exposición digital que estará abierta al público en el sitio sidehustlegallery.com hasta el 16 de noviembre. Además, este universo digital se complementará con presentaciones efímeras que comenzarán en Beverly Hills, California, antes de extenderse a otras ciudades. Cada exposición mostrará los procesos creativos de los artistas. “Mi práctica en el estudio ha integrado durante mucho tiempo trabajos de una amplia gama de disciplinas creativas; esta exploración es la que dio origen a Side Hustle, un espacio donde las ideas se desarrollan más allá de la lógica del cliente o el encargo con el

Kelly Wearstle es la fundadora de la plataforma Side Hustle.

su característica interpretación del mundo, el artista contemporáneo japonés recibió de Dom Pérignon el encargo de diseñar dos botellas de edición limitada: una para Dom Pérignon Vintage 2015 y otra para Rosé Vintage 2010, además de una exclusiva escultura. “El objetivo es seguir siendo relevante dentro de 100 o 200 años y trascender el tiempo”, declaró Murakami, reconocido por revisar los códigos del arte japonés clásico a través de una lectura contemporánea definida por el manga, el consumismo y la transición digital. Además de Murakami, en su propuesta más reciente Dom Pérignon también ha colaborado con creadores icónicos como la directora y actriz Zoë Kravitz, la chef Clare Smyth (tres estrellas Michelin), la actriz Tilda Swinton, el bailarín y coreógrafo Alexander Ekman, el músico Iggy Pop o el artista y productor Anderson Paak.

— Javier Fernández de Angulo

DISEÑO

propósito de presentar obras que contribuyan a la evolución continua del diseño como práctica cultural”, señaló Wearstler. Titulada Again, Differently, la exposición inaugural de Side Hustle reunió a artistas procedentes de Estados Unidos, Países Bajos, Brasil, Portugal y Alemania, cada uno transformando materiales familiares —como prendas con encaje, restos arquitectónicos y textiles recuperados— en obras de arte y performance

— J. F. A.

MUSEO FRIDA KAHLO La casa roja

EL MITO DE FRIDA Kahlo sigue tan vigente como siempre y ahora su legado recibe un nuevo impulso con la inauguración de la Casa Roja, también conocida como Museo Casa Kahlo. Hogar familiar (su padre Guillermo, su madre Matilde y su hermana Cristina vivieron allí), el visitante podrá descubrir en sus habitaciones fotografías, cartas entre hermanas y los primeros dibujos de la pintora, además de conocer el refugio al que acudía la artista para aislarse tras sus discusiones con Diego Rivera. Entre sus muros se conservan juguetes, joyas, vasos y objetos cotidianos que permiten entender mejor la vida doméstica y emocional de la artista. El estudio neoyorquino Rockwell Group se encargó de transformar el inmueble —originalmente sombrío— en un recorrido multisensorial que revela un lado más íntimo y desconocido de Kahlo. Frente a la Casa Azul, el museo de referencia dedicado a su obra en Coyoacán, también en la Ciudad de México, la Casa Roja propone una experiencia más inmersiva en la que se entrelazan sonidos, imágenes y memorias. La cocina alberga el único mural conocido pintado por la artista, y el nombre simboliza el corazón de la familia Kahlo. Además, el recorrido también incluye fotografías de su padre, Guillermo Kahlo, reconocido retratista durante el Porfiriato. El Museo Casa Kahlo, ubicado en la calle Aguayo, 54, en Coyoacán, también planea acoger en el futuro exposiciones de artistas contemporáneos que dialoguen con el espíritu y el legado de la artista. — J. F. A.

El Museo Casa Kahlo se ubica en54,lacalleAguayo, CiudadenCoyoacán, México.de

Acércate al arte y la cultura

Descubre museos y espacios culturales en CDMX con Bloomberg Connects, la app gratuita para explorar lo mejor del arte.

Descarga ahora

Por Kira Álvarez Fotografía por Viridiana

Ti any & Co. rinde homenaje al espíritu vibrante de México con una edición única del broche Bird on a Rock. La pieza, diseñada originalmente por Jean Schlumberger en 1965, se reinterpreta con una turmalina verde de 24.48 quilates —símbolo de la riqueza cromática del país— acompañada por 14 esmeraldas, 57 rubíes y diamantes que superan los dos quilates en conjunto. Inspirado en los colores

nacionales y en el vínculo histórico entre la marca y México —que data de inicios del siglo XX, cuando Louis Comfort Ti any diseñó el telón de vidrio del Palacio de Bellas Artes—, el broche rinde tributo a la herencia cultural y la maestría artesanal de Ti any. La joya, que requirió más de 150 horas de elaboración, se acompaña con dos brazaletes de la colección Bird on a Rock by Ti any que cobran vida a través de metales preciosos y diamantes con engastes ocultos que dan la ilusión de otar en el aire. Bird on a Rock, Tiffany & Co., tiffany.com.mx.

La casa de los azulejos

EN 2018, la ceramista Andrea Mantecón se mudó desde España, donde acababa de estudiar una maestría en arquitectura, a Suiza para trabajar en la firma Herzog & de Meuron, ubicada en Basilea. Desde su infancia en la ciudad de Zacatecas, Mantecón, hoy de 34 años, siempre había supuesto que “había más oportunidades en el extranjero que en casa”, según comenta. Sin embargo, ya instalada en Europa, echó de menos la espontaneidad de México y la intensidad de Nueva York, donde había trabajado para el arquitecto David Adjaye. Fue en esa ciudad donde aprendió cerámica, lo que inspiró en ella una nueva idea: fusionar la arquitectura con la alfarería. Durante la pandemia, Mantecón y su pareja polaca, el arquitecto Lukasz Szlachcic, de 41 años, quien también trabaja en Herzog, comenzaron a tantear nuevas ciudades donde vivir —Dublín, Copenhague, Londres y Berlín—, pero ninguna les convenció. Entonces Sz lachcic preguntó: “¿Y México?”.

Izquierda: en la cocina exterior de la casa en Guadalajara, México, de la ceramista Andrea Mantecón y el arquitecto Lukasz Szlachcic, azulejos de Lofa Ceramics en colaboración con el artista Santiago Varela, lámpara colgante de Productora Artesanal y cortinas de producción local hechas con tela Sunbrella. Abajo: la entrada con escalones tallados en cantera, una piedra arenisca típica de la zona.

En Guadalajara, México, una pareja rinde homenaje a la cerámica que los atrajo a la ciudad.

Mantecón se trasladó primero a Oaxaca, ciudad que también se sentía saturada de negocios que no trataban del todo bien a las y los artesanos. Cuidadosa de no convertirse en otra forastera más, regresó a Guadalajara, su ciudad natal, hogar de una de las tradiciones alfareras más diversas del país. En 2021 se inscribió en un taller con la ceramista Maxine Álvarez, de 55 años, quien desde hace una década extrae su propia arcilla en los cerros al poniente de Guadalajara y crea esmaltes con cenizas de plantas locales (negro con destellos dorados a partir de hojas de guayabo; verde craquelado del bagazo del agave). Mantecón se reinstaló de tiempo completo en Guadalajara y fundó Lofa en un pequeño taller en la colonia Americana. Allí, junto con su única empleada, creaba azulejos moldeados a mano y esmaltados con óxidos naturales, en tonos

Por Michael Snyder Fotografía por Fabian Martinez

Arriba: el dormitorio principal con vista al patio de la residencia privada, donde crece una jacaranda. Derecha: en el baño principal, un lavabo y tina de concreto vaciado, azulejos de Lofa Ceramics y un jarrón de la colección Moon de Cris García.

Arriba: en la sala, un dibujo de Milagros Rojas sobre un camastro Porset Lounge Chair de Mexa Design y una mesa de Parafernalia x Lofa Ceramics para AGO Projects. Un sillón de Bibi Bibi, sillas de Tributo y una banca de Creativos en Carpintería rodean una mesa baja de Anthiope. Derecha: en el comedor, azulejos de Lofa Ceramics, mesa de concreto vaciado, sillas locales y un jarrón de Keramik Zentrale.

que iban desde el ocre y turquesa brillantes hasta el negro obsidiana y la tierra sin barnizar con destellos de mica.

Al año siguiente, Szlachcic llegó a Guadalajara y se mudó al departamento de Mantecón, que consistía en un par de habitaciones a un costado del patio del taller; tras acabar su jornada en Herzog, ayudaba a esmaltar azulejos y descargar el horno. “Maxine nos dijo dónde comprar materiales y quién podía hacernos moldes”, cuenta Mantecón, mientras que miembros de Occidente, una red de diseñadores independientes, y José Noé Suro —director del taller Cerámica Suro y referente de la escena tapatía de diseño— presentaron a Lofa con nuevos clientes. En un año, el equipo había crecido a 10 personas (hoy son 27), y los espacios de vida y trabajo de la pareja comenzaron a sentirse apretados.

Una tarde, mientras paseaban a su perro, se toparon con una casa centenaria de adobe deslavado con cal a la vuelta de la esquina del estudio. Como muchas casas de Guadalajara, la propiedad tenía en su centro dos patios interiores. Con 297 metros cuadrados les parecía enorme —“todavía estábamos acostumbrados a la escala europea”, dice Mantecón—, pero la luz era espectacular y la conexión porosa entre interior y exterior correspondía a la fascinación que Szlachcic había sentido durante su carrera por “tratar los espacios exteriores como habitaciones, no como incorporaciones a la arquitectura, sino como parte de ella”.

PARA PAGAR LA hipoteca, la pareja comenzó a rentar las cuatro habitaciones delanteras durante estancias cortas. Al fondo, demolieron un área de servicio deteriorada con su propio patio interior y construyeron ahí su casa de dos pisos. El diseño partió, explica Mantecón, de la idea de Szlachcic de que “cada espacio debía mantener una relación directa con el patio”. Amueblaron la sala en su mayoría con piezas de amistades locales: por ejemplo, un par de sillones de piel y madera de teca de la firma Tributo frente a un diván de estructura de acero diseñado por Clara Porset. En la pared, paneles de roble esconden libreros empotrados que enmarcan una abstracción a lápiz de Milagros Rojas parte de una colección creciente de artistas de la región.

Como un gesto atrevido, Mantecón concibió la cocina y el comedor como una sola isla de concreto de casi siete metros, sostenida en un extremo por un bloque de cantera extraído del rancho de un amigo de la familia cerca de Tequila. Sobre la encimera, azulejos en blanco y negro de Lofa cubren la campana de ventilación “como un sol para la casa”, dice Mantecón.

Junto a la entrada, y con vistas al patio a través de ventanales de pared a pared, una amplia escalera de concreto conduce a un luminoso segundo piso. Ahí, un pasillo estrecho lleva a un amplio vestidor y baño, y más allá a una habitación donde apenas cabe la cama king size de la pareja. A lo largo de la pared del baño, un tocador de concreto de 2,4 metros, cubierto de azulejos en tono verde celadón de Lofa, se transforma en una cascada que alimenta una tina profunda de concreto, un eco de la fuente de Luis Barragán en la Cuadra San Cristóbal, el famoso rancho de 1968 a las afueras de la Ciudad de México que abrirá al público este otoño como centro cultural. Mientras que en muchas casas las visitas suelen reunirse en la cocina, aquí el baño “se ha vuelto un espacio social”, comenta Mantecón. El pasado octubre, hacia el final de una pequeña fiesta, ella y Szlachcic se encontraron bebiendo alrededor de la tina vacía junto con seis invitados. En un hogar donde “cada objeto es una nota de amor para nuestros amigos”, dice Mantecón, no es casualidad que el espacio más íntimo sea también el que más les gusta compartir.

100% sabor O.O% alcohol

¡Ahora puedes!

S O B R E L A S U P E R F I C I E

Las lanas suaves, los tweeds modernos y las pieles acogedoras (reales o no) aportan calidez y una atracción táctil a las bolsas y zapatos de invierno.

Desde arriba, a la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: bolsa de Ulla Johnson, ullajohnson.com; zapatos de Prada, prada.com; bolsa de Louis Vuitton, louisvuitton.com.

Fotografía por Kyoko Hamada
Diseño de set por Theresa Rivera

Desde arriba, a la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: bolsa de Saint Laurent by Anthony Vaccarello, ysl. com; bolsa de Miu Miu, miumiu. com; zapatos de Loro Piana, loropiana.com; bolsa de Chanel, chanel.com.

Desde arriba, a la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: bolsa de Fendi , fendi. com; zapatos de Givenchy by Sarah Burton , givenchy.com; zapatos de Gucci , gucci. com.

Desde arriba, a la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: bolsa de Jimmy Choo, jimmychoo.com; zapatos de Santoni, santonishoes. com; bolsa de Khaite, khaite.com.

Desde arriba, a la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: zapatos de Loewe , loewe. com; bolsa de Ferragamo , ferragamo.com; zapatos de Celine , celine.com.

La continúaconversación en nuestra web yredessociales.

BÚSCANOS EN

Eterna

Abajo: Marta Minujín fotografiada el pasado 20 de agosto en la galería Kurimanzutto de la Ciudad de México ante la obra Trepando el infinito (2007), presente en la exposición Vivir en arte. Dice la artista que su relación con el color comenzó durante sus primeros años en París, donde vivió en un loft sin calefacción ni baño. “Elegí estar feliz con la vida. Poner ese pensamiento positivo”, recuerda.

La artista argentina

Marta Minujín presentó en México su primera exposición individual.

DICE MARTA MINUJÍN (Buenos Aires, 1943) que a los cinco años ya sabía que iba a ser artista. Creadora polifacética, siempre en rebeldía, la argentina comenzó su carrera organizando happenings en su país natal, performances que le permitieron, reconoce a T México, que ocurrieran “cosas inauditas e insospechadas”. Fue su primer acercamiento al pop art y a la tecnología, confirma aún atolondrada por la altura de la Ciudad de México “es que soy de la Pampa”, matiza , donde la galería Kurimanzutto recientemente presentó la exposición Vivir en arte (parte de su obra sigue aún presente en la galería), el último eslabón de una relación con México que se remonta a 1978.

Ese año, en el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la artista presentó la performance Toronjas, intervención que, según sus palabras, “asombró al mundo”. “Utilizaba frases que yo misma inventé, con baldes en la cabeza y una bolsa gigante de toronjas. Luego lo repetí en Nueva York”, recuerda Minujín frente a El obelisco acostado. Inspirada en el obelisco que preside la avenida 9 de Julio de Buenos Aires la obra fue creada originalmente para la Bienal Latinoamericana de Sao Paulo de 1978. Con ella, además, inauguró la serie La caída de los mitos universales, “El primer concepto de mi arte es que la gente se sienta incluida en la

vocadora

obra. Me gusta que la gente se meta dentro de mis obras y viva el arte con diferentes sensaciones”, reflexiona Minujín junto a una obra que es una metáfora de la caída del poder y de las luchas contra el machismo y el militarismo. “Otro de los conceptos es el shock que genera lo que está ocurriendo en el mundo. Quiero que todos los mitos populares de cada país se acuesten. Si Argentina acepta mi proyecto, me gustaría llevar la Estatua de la Libertad acostada a la próxima Bienal de Venecia. Es grandísima y la idea es cubrirla de hamburguesas falsas que se puedan canjear por reales en McDonald’s. La obra termina cuando el público se come la hamburguesa”, añade la artista sobre una instalación que recuerda a otra que presentó en Buenos Aires en 1979. Entonces levantó un obelisco forrado de pan dulce porque, tal y como declaró entonces, “para desmitificar el mito, la gente realmente tiene que comerse el mito”.

Formada en su juventud en escuelas de Bellas Artes de Buenos Aires, a los 18 años Minujín recibió una beca de la Fondo Nacional de las Artes que la llevó a París, donde comenzó una intensa relación con los colchones que, como pudo observarse en Kurimanzutto, sigue más viva que nunca. “Uno pasa el 50 por ciento de su vida sobre

Los colchones forman parte de la vida de Minujín desde que se mudó a París 1961. Derecha: la artista posa en su estudio de la capital francesa en 1963. Abajo: El obelisco acostado, obra que la artista argentina creó originalmente para la Bienal Latinoamericana de Sao Paulo de 1978.

un colchón, y me pareció interesante mostrarlos. En los colchones nacemos, vivimos, hacemos el amor, la gente mata, se muere, se enferma… Todo ocurre en un colchón”, relata Minujín ante algunas de las retorcidas y mullidas telas que envuelven y dan color al espacio expositivo. Cuenta que su relación con los tonos más exuberantes comenzó tras una dura experiencia en París, donde al principio de su estadía residió durante tres años en un gran loft “sin calefacción ni baño”. “Ahí empecé con el color y elegí estar feliz en la vida, poner ese pensamiento positivo. Por eso mi obra se llenó toda de color”, explica. Los textiles, sin embargo, siempre estuvieron en su imaginario, incluso cuando empezó a aparecer en algunos diarios bonaerenses a los 16 o 17 años. Su familia era propietaria de un taller de costura, y desde entonces pinta, corta y pega telas a través de las que muestra vitalidad, alegría y mucho movimiento. Así ocurre con sus característicos overoles, prenda fetiche en su trayectoria que hoy continúa diseñando y que, de alguna manera, le conectan con la industria de la moda, otro de sus grandes intereses. “Me gusta porque también trabajan en un mercado que cambia todos los años. La gente acepta lo que dice la moda, tiene mucha influencia, pero quizá persigue demasiado lo que se puede vender”, reflexiona Minujín, quien cuenta con obras en colecciones permanentes de museos como el Centro Pompidou de París, el Reina Sofía de Madrid, el Guggenheim de Nueva York o el Tate Modern de Londres.

En París, entre happenings y performances con los que agitaba a crítica y público, Minujín pasó de la pintura de caballete a la pintura informalista, “de lo horizontal a lo vertical”, en sus propias palabras, en una época vibrante para la capital francesa y para el resto del mundo. Aquellos años sesenta, los de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y las revoluciones estudiantiles europeas, le permitieron cultivar esa mirada fresca y provocadora que siempre ha definido su trayectoria, una etapa en la que se relacionó con músicos como Jimi Hendrix, Eric Clapton, John Lennon o Charly García que Minujín recuerda como “hippie total” y en la que comenzó a ser conocida como la embajadora argentina del pop art “tan importante como el impresionismo o el cubismo”, defiende . “El pop art nació en Argentina al mismo tiempo que en Estados Unidos. El rock and roll no, apareció antes en Estados Unidos e Inglaterra”, continúa Minujín, quien durante esa década y las siguientes colaboró con artistas como Andy Warhol, Niki de Saint Phalle, Christo o Charlotte Moorman. Munijín, una extraña solo unos años antes, alborotó la escena artística del momento, derribando las barreras de género que impedían el acceso de la mujer a los grandes cír-

Arriba: durante la Documenta 14 de 2017, Minujín llenó la Friedrichsplatz de Kassel (Alemania) con El Partenón de los libros, un monumento contra la censura y la represión. Izquierda: Pago de la deuda externa argentina a Andy Warhol (1985), obra de Minujín.

culos artísticos e intelectuales, y lo hizo con happenings como Suceso plástico, acontecido en el estadio de Peñarol, en Montevideo, en 1965, en el que lanzó pollos desde un helicóptero. Hoy, la presencia femenina en el mercado artístico es muy diferente. “Lo que le han dado las mujeres al arte es único, hay miles, es el movimiento más grande que ha habido. Detrás de artistas como [Jackson] Pollock o [Vasili] Kandinsky había mujeres que eran grandes artistas y que fueron tapadas”, señala. Esa accesibilidad también se refleja, añade, en los nuevos museos contemporáneos, cada vez más democráticos y abiertos a diferentes tipos de público, aunque se muestra crítica con las ferias, “un mercado”, en su opinión. “Antes los artistas iban a El Parnaso, ahora van al mercado. Antes la venta no era tan brutal como ahora”, dice. Habla con conocimiento de causa. Considerada como un fenómeno generacional desde prácticamente el comienzo de su carrera “hasta la gente que no pertenece al mundo del arte la adora”, dice Pablo León de la Barra, curador del Museo Guggenheim de Nueva York , Minujín no consiguió ser profeta en su casa hasta hace relativamente poco. “Ya desde los años 70 era una provocadora, pero la sociedad argentina no me aceptó hasta hace 20 años. Los coleccionistas nunca me compraron nada, ellos se lo perdían, decían que estaba loca y la prensa también. Todos somos iguales sin diferencias y aunque quien compra arte son los ricos, me gusta hacer arte que no se vende”, asevera.

Rebelde e irreverente en 2018 sorprendió a la industria editorial con Tres inviernos en París. Diarios íntimos (1961-1964), sus diarios de juventud , a sus 82 años Minujín pasa entre seis y siete horas al día en su estudio, donde piensa y desarrolla sus proyectos como una profunda agnóstica del éxito: “A través del fracaso se aprende mucho, hay que mirarse hacia dentro, resistir y actuar”, razona antes de repetir su grito de guerra: “Arte, arte, arte... El arte puede salvar al mundo”.

En la próxima edición de Art Basel Paris, Minujín conversará con la arquitecta mexicana Frida Escobedo, encargada de la nueva ampliación del Centro Pompidou, sobre la memoria de la reinvención y el poder de París como laboratorio de cambio cultural. Abajo: vista general de la exposición Vivir en arte, en la galería Kurimanzutto.

Entre la herencia orfebre de Legnano y el imaginario siciliano, Dolce & Gabbana redefine la joyería en piezas de edición limitada.

de lo eterno el lujo

Collar Butterfly en oro amarillo y blanco de 18 quilates con aguamarinas, rubíes, turmalinas, tanzanitas, amatistas, 442 diamantes y un perla de los mares del sur, de Dolce & Gabbana

Por Ariadna Bueno Fotografía por Víctor Trani Dirección creativa por Kira Álvarez

EN EL UNIVERSO de Dolce & Gabbana, una joya no nace para adornar, sino para contar una historia. Cada creación encierra la voz de un territorio, la memoria de un oficio y la emoción de una mirada que se detiene en la belleza. La joyería de la casa italiana cuenta una historia única en la que la refinada tradición orfebre transalpina se encuentra con la fuerza creativa de la marca, dando vida como consecuencia a creaciones que celebran la belleza,

el arte y la pasión por la artesanía de alta calidad. Una filosofía que respira tiempo, devoción y carácter.

Desde su taller de Legnano, a las afueras de Milán, sesenta artesanos transforman el oro y las gemas en lenguaje. Cada pieza es el resultado de un proceso minucioso que combina la herencia de siglos —filigrana tejida a mano, cera perdida, esmaltes pintados...— con la precisión contemporánea de las herramientas digitales. En ese cruce entre la tradición y la tecnología, la joya se transforma en una obra viva, algo que pertenece al presente pero que conserva el alma de lo eterno.

Dolce & Gabbana insiste en que una joya solo está terminada cuando logra emocionar a quien la contempla. No hay producción en serie, sino una coreografía de manos que moldean el metal hasta convertirlo en joya. Esa reverencia por el trabajo

Broche Tanzanita en oro de 18 quilates con tanzanitas, aguamarinas, granates, peridotos, amatistas y 88 diamantes cafés; aretes Rainbow en oro amarillo de 18 quilates con gemas como granates, turmalinas y tanzanitas, entre otras, y 34 diamantes cafés.

Reloj Rainbow en oro amarillo y blanco de 18 quilates con 263 diamantes cafés en la carátula. Cuenta con múltiples topacios, amatistas, turmalinas, peridotos, zafiros y citrinos, entre otras gemas.

manual se extiende a la selección de gemas, que en lugar de regirse por el tamaño o por el quilataje, lo hace por su carácter. En sus diseños, las combinaciones de color se estudian manualmente para crear armonías capaces de generar un efecto óptico único y refinado. El resultado es un equilibrio cromático que al mismo tiempo evoca los mosaicos bizantinos, la cerámica siciliana y la intensidad del sol sobre el mar.

El reloj Rainbow, por ejemplo, condensa el ideal de Dolce & Gabbana con una mezcla de rigor técnico y exuberancia sensorial. Su esfera de oro amarillo de 18 quilates late bajo el resplandor de gemas multicolores —amatistas, turmalinas, topacios, cuarzos,

Pulsera Special en oro amarillo y blanco de 18 quilates con 1,171 diamantes incoloros de corte brillante.

peridotos— en una disposición que parece seguir el arco de la luz. En contraste, el collar Butterfly, realizado también en oro de 18 quilates, se despliega como una escultura portátil gracias a las aguamarinas, tanzanitas, berilos y rubíes y los 442 diamantes. El metal parece aligerarse en el aire, mientras que las gemas forman un jardín flotante sobre la piel.

En conjunto, estas joyas de edición limitada resumen la visión de la casa. En un tiempo dominado por la prisa, Dolce & Gabbana se atreve a reivindicar el gesto minucioso. El oro, las gemas, las técnicas ancestrales, el color y el símbolo se conjugan en una narrativa que habla tanto de arte como de deseo.

EN SU ENSAYO ¡Divinas! Modelos, poder y mentiras , la socióloga Patricia Soley-Beltrán sitúa el comienzo de la era de las supermodelos con la publicación de la histórica portada que Peter Lindbergh realizó para Vogue UK en enero de 1990, protagonizada por Cindy Crawford, Linda Evangelista, Naomi Campbell, Christy Turlington y Tatjana Patitz. Después llegaría el videoclip Freedom! ’90 , dirigido por David Fincher para George Michael, y el histórico desfile de Versace de marzo de 1991. “Eran una revolución. Tenían agallas y cerebro”, recordaría más tarde el propio Lindbergh, sobre un grupo de modelos que recogieron el legado de otras anteriores, como Audrey Hepburn, Marilyn Monroe, Twiggy

Cindy Crawford, fotografiada en Soho House CDMX el pasado 10 de septiembre, tuvo tiempo para visitar la Casa Barragán y la Casa Azul de Frida Kahlo, además de disfrutar de la gastronomía local en los restaurantes Contramar y Máximo.

DEL TIEMPO

MÁS ALLÁ

o Cheryl Tiegs, estrellas en sus respectivas épocas. Para Crawford, todo empezó un poco antes. Finalista del concurso Elite’s Look of the Year en 1983, dos años después recibió una beca para estudiar Ingeniería Química en la Universidad Northwestern, cerca de Chicago, que abandonó tras solo un año para mudarse a Nueva York y comenzar una carrera que más de cuatro décadas después aún continúa vigente. “Cuando hice el documental con Christy [Turlington], Linda [Evangelista] y Naomi [Campbell] pasé mucho tiempo pensando cuáles han sido los momentos más destacados de mi carrera. La verdad es que no lo sé, pero creo que, mirando hacia atrás, definitivamente sería mi primera portada para Vogue ”, recuerda la modelo y actriz, de visita en México para presentar la colección Aqua Terra 30 mm de Omega. Tras aquella portada, en la que los editores decidieron borrar su lunar característico en postproducción, llegarían más de 500, muchas de ellas con algunos de los fotógrafos más influyentes del siglo XX, como Richard Avedon, Helmut Newton, Steven Meisel, Bruce Weber, Irving Penn, Mario Testino, o Annie Liebovitz.

Ahora, reconoce, se encuentra en uno de sus mejores momentos de su vida, aunque no rechaza su pasado, sus momentos como madre joven “no tan joven”, apunta o su periodo como supermodelo en Nueva York, cuando se convirtió en una de las primeras celebrities globales. “Lo importante es enfocarme en que el presente sea lo mejor posible”, reflexiona Crawford, cuya relación con Omega se remonta a 1995, cuando hizo una sesión de fotos para la marca que, en principio, no iría a más.

Cuatro décadas después de su explosión como modelo, Cindy Crawford sigue definiendo el canon de la belleza.

Algo similar le sucedió cuando empezó su carrera profesional, con la que soñaba llegar a los 25 años antes de retirarse. Hoy, al borde de los 60, su relación con Omega continúa, pero también con Orbis International, ONG enfoncada en luchar contra la ceguera evitable en lugares remotos y aislados que también mantiene una profunda conexión con Omega. En 2015, ambas marcas estrenaron en Nueva York The Por Javier Fernández de Angulo

Hospital In the Sky , documental que narra las experiencias de Crawford y su hija Kaia a bordo del Hospital Ocular Aéreo en Trujillo, Perú, una experiencia definitiva para ambas que ejemplifica, según Crawford, cómo el lujo puede encajar en proyectos solidarios. Según la modelo, esta vocación comenzó para ella nada más firmar con Omega, cuando en las conversaciones alrededor de eventos, desfiles y presentaciones afloraba siempre la filantropía. “ Cuando empezamos a hacer viajes con Omega, hablábamos con las clientas e intentamos incorporar temas filantrópicos alrededor de las mujeres. También muchos temas relacionados con niños”, relata Crawford, quien perdió a su hermano pequeño tras ser diagnosticado con leucemia a los 2 años.

Convertida en símbolo de éxito para las mujeres maduras, Crawford aplaude la paulatina desaparición de esa obsesion por la juventud que marcó el final del siglo pasado y, como consecuencia, los comienzos de su carrera. “No quiero ser de esas personas que quieren volver en el tiempo”, dice la modelo. Durante su primer viaje a la Ciudad de México, Crawford visitó la Casa Barragán, la Casa Azul de Frida Kahlo y disfrutó de una comida en Contramar y una cena en Máximo,—los tacos son una de sus debilidades, al igual que la tostada de atún—. Asegura que no persigue ser un icono de estilo y que el legado que puede dejar en la industria le genera cierta presión. “Espero que mis hijos piensen que fui buena mamá. Espero que mi mamá piense que fui buena hija. El único legado que me interesa es cómo trato a la gente en mi vida; no solo a quienes están cerca de mí, sino a todos”, señala. Mientras tanto, la modelo, quien en 2005 fundó la compañía de belleza

y estética Meaningful Beauty, sigue perteneciendo a una industria que en nada se parece a la que la vio nacer a comienzos de la década de 1980. Hoy, la moda proyecta un poder diferente, otro compromiso con su alrededor que de, alguna manera, no tendría sentido sin aquellas dos décadas que definieron el mercado a golpe de exuberancia, excesos, hombreras y belleza. “La moda existía antes de mi generación”, dice Crawford. Fue la época, según la modelo, de la democratización del mercado, cuando “la moda se convirtió en un verdadero negocio”. A partir de entonces, los diseñadores y los directores artísticos comenzaron a ser reconocidos por el gran público y los desfiles, cada vez más seguidos, aparecían en los noticieros de televisiones de todo el mundo. Fue el comienzo de la globalización de la industria. “Antes, si iba a Milán, trataba de comprar algo, pero

ahora puedes encontrar prácticamente todo en todos lados”, explica. Tampoco elude la conversación sobre otro gran elemento diferenciador: las redes sociales, parte indispensable de la moda y de las relaciones personales desde su advenimiento. “Es interesante, porque creo que la gente no quiere ver la imagen perfecta que a mi generación le encantaba. Así era como nos presentábamos. Hoy, la gente quiere ver detrás de cámaras. Quieren algo real. Quieren sentir que estuvieron ahí. Pero creo que está bien, todo cambia”, confiesa la modelo.

En cuanto a su vida privada, considera a sus hijos como de “otra generación”, nativa digitalmente, pero a quien considera que se le puede enseñar “los mismos valores de toda la vida”. Por el momento, sigue aprendiendo por el camino. “Mi hija me decía que ponía demasiados hashtags . Ya no los uso”.

El estudio de Víctor Legorreta cumple 60 años construyendo el México moderno.

ARQUITECTURA DE LA EMOCIÓN

su contexto), acabó convertido en un ícono de la ciudad y en una suerte de aglutinador del estilo de un despacho que, en opinión de Enric Pastor, editor de la revista Manera , “es uno de los grandes herederos de la obra de Luis Barragán”, Premio Pritzker en 1980. “Supo llevar su arquitectura emocional y moderna a un lenguaje más contemporáneo y sintético, con identidad, luz y una gran carga sensorial”, dice Pastor. “Es una arquitectura emocional, que responde mucho a los sentimientos del ser humano. Tiene misterio, paz y tranquilidad, con la luz natural  como recurso. El uso del color también es algo muy mexicano y puede verse en el arte, en la cultura popular y en la obra de artistas como Rufino Tamayo, Chucho Reyes o Rafael Coronel”, matiza Legorreta, quien también recuerda el primer trabajo que realizó mano a mano con su padre: el Papalote Museo del Niño, también en la Ciudad de México. “Durante la preparatoria empecé a trabajar con maquetas en el taller y me di cuenta de que esto era lo mío, pero yo quería hacer mi propio camino, tenía una actitud rebelde. Después surgió el concurso del Papalote Museo del Niño y mi papá no tenía con quien hacerlo. Participamos y ganamos, lo hicimos juntos, y nos llevamos muy bien. Fue una relación de 25 años. Mi papá tenía la mente muy joven y abierta y eso ayudó”, explica el arquitecto. Lo confirma Bernardo Gómez Pimienta, exdirector de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac, para quien Víctor Legorreta “reinterpretó el estilo de la firma con nuevas soluciones y colaboraciones que han dado lugar a propuestas arquitectónicas igualmente notables”.

AArriba: Víctor Legorreta fotografiado el 23 de junio en su estudio de la CDMX.

PENAS UNOS MESES después de que la Ciudad de México fuera seleccionada por el Comité Olímpico Internacional como sede de los Juegos Olímpicos de 1968, un grupo de inversores se propuso construir un hotel que mostrara al mundo los profundos cambios que había experimentado el país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Aquel proyecto, ubicado en Polanco, muy cerca del Parque de Chapultepec, acabaría siendo el hotel Camino Real, diseñado por el arquitecto Ricardo Legorreta (1931-2011). “En su momento fue muy polémico”, explica a T México su vástago Víctor Legorreta, hoy al frente de Legorreta Arquitectos, un estudio en plena celebración de su 60 aniversario. “En aquella época este tipo de hoteles tenían que tener candiles franceses y papel tapiz, con lo que fue un reto construir uno más moderno. Hemos hecho algunas reformas, pero conservando su ADN”, continúa sobre un edificio que apenas ha sufrido el paso del tiempo.

E l Camino Real, al que en 1981 se sumó su espejo en Ixtapa (otro ejemplo de arquitectura adaptada a

Uno de los elementos claves en la trayectoria de Legorreta es el agua, muy presente en la tradición árabe desde el siglo VIII con la Alhambra y El Generalife, en España, como grandes exponentes y al que el propio Barragán prestó mucha atención en todos sus proyectos. “El agua puede cambiar la percepción de un espacio”, reflexiona Legorreta, quien reconoce ese “misterio” que provoca en la mirada humana. “Es muy árabe. A veces entras en una casa por una esquina y descubres un patio y otro patio. Eso sucede en casas que desde afuera no lo parecen”, añade sobre un estilo que Legorreta replica en proyectos más recientes, muchos de ellos localizados en esa parte del mundo. H ace quince años, recuerda el arquitecto, su padre levantó un edificio en el campus de la Universidad Americana de El Cairo, en Egipto, una de las más prestigiosas de Oriente Medio. El encargo se repitió hace unos meses, cuando la misma institución solicitó al estudio un proyecto de características similares. Con ellos, la firma mexicana da continuidad a la vocación de internacionalización que definió al fundador, con obras como el Hotel Sheraton de Bilbao, en España, o la Biblioteca Pública de San Antonio, en Texas, Estados Unidos. Otra de sus ubicaciones predilectas es Doha, Catar. Allí, gracias a la iniciativa de Sheikha Moza, esposa del exemir Hamad bin Jalifa Al Thani, el estudio pudo construir la Escuela Diplomática de la Universidad de Georgetown y la Carnegie Mellon University, proyectos en los que, para adaptarse al entorno, utilizaron grandes piedras traídas de Pakistán. “El reto es que es un país con herencia islámica, pero también es un país nuevo, sin tanta tradición. Es un lugar para la innovación y la creatividad”, explica.

La Torre BBVA, en el Paseo de la Reforma de Ciudad de México, también es un buen ejemplo de esos riesgos que nunca dejaron de afrontar. El edificio, uno de los símbolos de la arquitectura mexicana del siglo XXI, no es solo un dechado de vanguardia, sino también el catalizador de la estrecha relación que Legorreta mantuvo con el arquitecto Richard Rogers, fallecido en 2021.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Jaime Navarro

“Trabajar con él fue una maravillosa experiencia”, recuerda. “Se enamoró de México, venía con frecuencia y nos hicimos amigos. Siempre platicábamos de hacer algo juntos y cuando se lanzó el concurso, le dijimos al banco que lo haríamos juntos. Cuando empezamos, nos dimos cuenta de que somos muy diferentes. Él era más high-tech y de curvas y nosotros más de cuadros y muros, pero fue una experiencia increíble. El edificio fusionó mucho la autoría y ya forma parte de la silueta de México”, continúa sobre un sistema de trabajo que años después continuaría en el Four Seasons Tamarindo, en Jalisco. Proyectado en colaboración con el arquitecto Mauricio Rocha, el complejo es una síntesis de cómo mimetizar un establecimiento hotelero con su entorno, en un terreno muy difícil y delicado. “Ambas colaboraciones me cambiaron bastante, hay otras formas de hacer las cosas”, reconoce Legorreta, ganador de varios premios CIDI (Consejo Iberoamericano de Diseño de Interiores).

A ctualmente, el despacho trabaja en el nuevo Distrito de Gobierno de Guanajuato. “Lo interesante”, explica Legorreta, es que ahora todo el gobierno está concentrado en el centro de la ciudad de Guanajuato, y la idea es trasladarlo para recuperar esos edificios y destinarlos a vivienda y turismo. Es un buen proyecto”, añade. Además, están desarrollando un hotel Conrad en Los Cabos y departamentos en Puerto Vallarta y una iglesia en Puebla. “Con mi papá hicimos la catedral de Managua justo cuando el país salía de la dictadura y de un gran sismo. El dueño de Domino’s Pizza donó la catedral, y fue una experiencia estupenda. Luego hicimos una capilla a otra escala en Morelos y ahora una iglesia en Puebla. Siempre es algo bonito, seas religioso o no, porque es un espacio espiritual”, apunta Legorreta. Otra de las novedades del estudio ha sido la creación de un departamento especializado en el diseño de interiores. “La parte de interior nos gusta hacerla y trabajarla desde cero. Creo que arquitectura y decoración van ligadas. Es un error que no se logre esa integración; por eso también diseñamos muebles. Es apasionante, un trabajo a otra escala, pero a veces cuesta más diseñar un baño que un plan maestro. El detalle en interiorismo es realmente emocionante”, relata Legorreta, quien ha sabido abrazar con naturalidad las nuevas soluciones tecnológicas. “El universo de materiales y herramientas se ha ampliado con las luces inteligentes, las maderas ecológicas, los sistemas prefabricados y la modelación digital”, observa. En su opinión, la diferencia entre los muros del Camino Real y la ligereza estructural de la Torre BBVA son el perfecto ejemplo de cómo los nuevos materiales permiten construir más con menos, además de cómo orientar la tecnología hacia la sustentabilidad, optimizando la iluminación, y reduciendo el consumo energético.

D espués de tantos años de trayectoria, Legorreta aún tiene un reto pendiente: la vivienda de interés medio y social, un campo que al que, reconoce, no le ha dedicado la suficiente atención. “Mejorar la vida de la parte más gruesa de la población es una deuda que tenemos con México. También me entusiasmaría hacer espacios públicos en las ciudades, un parque o una plaza”, concluye.

Izquierda: casa La Pausa. Abajo: una escultura de Juan Carlos Garduño
Figueroa recibe al visitante en la Casa Las Rocas, ambas de Legorreta Arquitectos.

La isla mágica

The Comeback

El libro ‘Inside Ibiza’ descubre el lado privado de uno de los paraísos del Mediterráneo.

Arriba, desde la izquierda: la casa del decorador Luis Galliussi, ampliada hace unos meses, se ubica en Jesús, muy cerca de la ciudad de Ibiza, en un trozo de campo rodeado de algarrobos y chumberas, dos de las plantas más características de la isla. En una casa de líneas rectas y profundos blancos volcada sobre una de las clásicas lomas ibicencas, la diseñadora Patricia Urquiola eligió para su refugio balear una decoración que al mismo tiempo fuera un homenaje a la artesanía de la isla, además de materiales que permitieran aislarla del calor veraniego de la ínsula. Miranda Makaroff, también diseñadora y creadora polifacética, apostó por tonos pálidos en las paredes que contrastan con una cuidada elección de objetos que dan al espacio el colorido y la alegría tan características del estilo New Memphis

Ibiza es una isla con alma, corazón y vida. Su silueta al amanecer deslumbró a fenicios y piratas, y desde entonces todo cabe en ella. Es la isla de la tolerancia, refugio de los hippies que en los años sesenta, entre flores y moda Ad L ib , crearon su propio rincón de felicidad, y de discotecas de vanguardia como Pachá, epicentro mundial de la diversión nocturna y uno de los emblemas de la isla. En Ibiza conviven héroes y antihéroes (en el centro de la ciudad, entre calles blancas, se alza el monumento a un hijo ilustre, el general Joaquín Vara de Rey, héroe de la Guerra de Cuba), vividores y millonarios, pero también poetas, músicos, navegantes, gourmets , estudiantes y bohemios. Refugio de judíos durante la Inquisición y la Segunda Guerra Mundial, su fama mundial explotó a finales de los setenta, cuando la energía caracteristica de la ínsula que muchos atribuyen al enigmático islote de Es Vedr á , comenzó a atraer a celebridades, artistas, modelos y cantantes como Freddie Mercury, Grace Jones, Andy Warhol, Kate Moss, Naomi Campbell, Claudia Schiffer o Peter Lindbergh , y a artistas como Jean-Michel Basquiat o Keith Haring, todos ellos protagonistas de alguna de las legendarias fiestas que siguen celebr ándose en las espectaculares propiedades ibicencas

Las entrañas de la isla y la esencia de sus habitantes quedan ahora magníficamente reveladas en el libro Inside Ibiza (Vendome Press), de la periodista Emma Roig Askari,

colaboradora de Vanity Fair España , y el fotógrafo Ricardo Labougle, reconocido por capturar algunos de los espacios más inspiradores en las mejores revistas de decoración del mundo. “Hay algo en esta isla que lleva a la gente a expresar su yo más auténtico, sin importar de dónde venga o a qué se dedique. Espero que las casas seleccionadas saquen esto a la luz”, afirma Roig Askari. En el prólogo, el prestigioso arquitecto e interiorista Daniel Romualdez resume ese espíritu: “Se están disfrutando vidas tranquilas y elegantes en rincones discretos de lo que se ha conocido como una isla de fiesta frenética”.

“Cada una de estas casas refleja la individualidad de sus propietarios, quienes

reimaginaron y libremente alinearon con sus gustos personales la estética de Ibiza. Todos los que elegimos para este libro fueron capaces de crear su propio paraíso”, explica a T México Labougle, encargado de transformar en imágenes la luz mágica y cambiante de Ibiza. En verano, la isla se agita, aunque el fotógrafo señala que aún pueden encontrarse resquicios de privacidad entre tanto cosmopolitismo. “Hoy en día los lugareños conviven en armonía con los visitantes de todos los rincones del mundo, todos compartiendo el interés común en disfrutar esta parte del paraíso”, señala el fot ógrafo.

Desde los palacios históricos de Dalt Vila, hasta los proyectos más vanguardistas, 22 casas y numerosos rincones desfilan por las páginas de Inside Ibiza . “Cada espacio es único e imposible de reproducir, con un lenguaje de diseño distinto que cuenta su propia historia y la fantasía de sus propietarios. Reflejan a los diversos visionarios que se han sentido atraídos por Ibiza a lo largo de los años”, dice la autora sobre una tierra que captura la esencia de la mediterraneidad, abierta, cálida y magnética , y que ya siente como propia.

Entre las viviendas elegidas destacan la de la diseñadora Miranda Makaroff una explosión de color que camina entre la psicodelia y la creatividad, entre la estética

El mar, pero también las huertas, los jardines y la árida y viva naturaleza de las Baleares son algunos de los principales hilos conductores de Inside Ibiza (Vendome Press), de la periodista Emma Roig Askari y el fotógrafo Ricardo Labougle. Arriba, desde la izquierda: la terraza de la casa de Patricia Urquiola, con vistas a Formentera, se suspende sobre el azul del Mediterráneo. La editora holandesa Rozemarijn de Witte y el exjugador de baloncesto francés Pierre Traversier, dueños del hotel Los Enamorados, compraron a finales de la década de 2000 una casa con 300 años de historia al lado de Sa Cala de San Vicent, en el noreste de la isla blanca, que incluye una cocina exterior de inspiración africana.

Barbie y la serenidad , y la del artista mexicano Stefan Brüggemann, una construcción armónica de acento brutalista firmada por el arquitecto Alberto Kalach en la que tres círculos representan la tierra, el agua y el fuego. En ella, patios blancos, nopales, plantas y pan de oro inyectan vida a la escena, mientras que sus jardines invitan al sosiego en un territorio que, en contra de la fama que le precede (tan real como la vida misma), también puede ser un oasis de calma.

EL recorrido nos lleva además a las casas de creadores como Jacopo Etro, amante del Mediterráneo, cuya residencia en lo alto de Dalt Vila, un antiguo palacio del siglo XVIII que compró su padre, ofrece una de las vistas más privilegiadas de la costa, o la del arquitecto Jaime Romano, en la que la madera contrasta con las obras de arte y las lámparas de diseño, que aportan toques de color y vitalidad. Por su parte, el artista Grillo Demo creó un universo propio repleto de detalles: cuadros, vajillas, cerámicas y pinturas que conforman un pequeño mercado de recuerdos personales. Curioso y apasionado de los rastros, combina sus hallazgos con obras de arte, creando una atmósfera tan íntima como

ecléctica. En su dormitorio, una cama payesa ocupa el centro de la escena, mientras que su jardín, con exuberantes buganvilias, evoca la magia caracter ística de los atardeceres mediterráneos. La propia autora abre también las puertas de su hogar, imaginado junto al arquitecto Rolf Blakstad y Tania Compton, antigua editora de la edición británica de la revista House & Garden . Su vivienda es un compendio de eclecticismo, influencias y evocaciones: la escalera recuerda a la del Baker Hall de la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos, obra del arquitecto valenciano Rafael Guastavino Moreno; una de las cúpulas se inspira en el Panteón de Roma, y

la casa junto a la alberca remite a la arquitectura marroquí del siglo XIX tan habitual de Tánger o Nador. Destino vacacional habitual de diseñadores como Valentino, Giorgio Armani, Gianni Versace, Roberto Cavalli, Paola Fendi, Alberta Ferreti, Nicolas Chesquiére o Miuccia Prada, en la isla blanca también hay lugar para la aristocracia. El primero en llegar fue el archiduque Luis Salvador de Austria, quien en 1867 se convirtió en uno de los pioneros en el turismo de las Baleares, y un siglo después fue el turno de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, quien se enamoró de la isla antes de construir una casa que heredaría Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro. En Inside Ibiza , las huertas se funden con las cocinas, las terrazas miran al campo o se asoman al mar y la naturaleza encuentra su reflejo en el agua. En casi cualquier lugar del mundo, el interiorismo suele responder a un estilo, a un hilo conductor que marca la identidad de cada territorio. En Ibiza, la norma es la libertad creativa. Aquí, cada casa es el reflejo íntimo de quien la habita, pero también un escenario personal de felicidad

HAY PROYECTOS QUE ocupan un espacio y lo definen. Cassina, la histórica casa italiana fundada en 1927 por Cesare y Umberto Cassina, entendió desde temprano que transformar la materia podía hacerse sin perder el alma: del taller a la industria, del gesto artesanal a la precisión técnica, con una constante emocional que atraviesa el tiempo. Casi un siglo después, su aterrizaje en Ciudad de México —en una tienda de 600 metros cuadrados sobre Paseo de la Reforma, en Lomas de Chapultepec, en colaboración con Piacere— no es un simple evento comercial: es la puesta en escena de una conversación más amplia sobre cómo queremos habitar hoy. Bajo el paraguas de The Cassina Perspective conviven íconos del movimiento moderno y piezas contemporáneas que dialogan con la luz, la materia y la memoria cotidiana.

En el centro de esa conversación está Patricia Urquiola, arquitecta y diseñadora española que es directora artística de Cassina. En su estudio milanés, la razón y la emoción no se neutralizan: se tensan para producir una forma más profunda de verdad. “Creo que el diseño siempre debe tener un gran equilibrio entre lo que es su lado funcional”, dice a T México , “porque si no se vuelve una máquina”. La idea no es abolir la función, sino ensancharla hasta tocar la experiencia. “Al final los objetos tienen que funcionar, pero también tienen que tocar nuestro lado sensible, nuestra curiosidad, nuestra gana de evolucionar; algo tienen que conectar con nosotros. Y es algo más íntimo, posiblemente por eso la llamamos alma.”

Urquiola habla del alma sin misticismo y sin dogmas. La ve como una brújula, como un principio de orientación que no excluye el método. “Hay un elemento fundamental en un proyecto. Eso no lo puedes perder, esa es la brújula. Si no lo pierdes, con el resto puedes hacer lo que quieras”, recuerda sobre las enseñanzas aprendidas de Achille Castiglioni, su profesor y mentor. Cada proyecto tiene su “código secreto”, asegura; no es una receta, sino una tensión que lo sostiene.

La diseñadora y arquitecta española

alma de las cosas El

Para Patricia Urquiola, directora artística de Cassina, el diseño no es solo función y forma, sino una brújula que conecta la materia con la sensibilidad.

En su estudio han bautizado ese momento crítico como “el princi -

Por Kira Álvarez Fotografía por Viridiana

pio del Rovesciamento”. “Tengo incluso un modo en el trabajar… El principio de dar la vuelta a todo en un cierto punto”, cuenta. “Hay que verificar la sensibilidad del proyecto, la curiosidad, la gracia…”. En su proceso no solo la técnica es verificada —condición necesaria—, también la respiración del objeto, su capacidad de emocionar sin estridencias. “Creo que, al final, la comunidad de gente sensible es muy amplia, muy diversa y diversificada. Somos muy distintos, pero esa sensibilidad atraviesa”, relata sobre una transversalidad —una manera de tocar a públicos disímiles, en definitiva— que para ella siempre es la prueba de vida de un proyecto.

Patricia Urquiola, fotografiada el 1 de julio en la tienda de Cassina en Ciudad de México.

Cassina ha hecho de esa transversalidad una política material. La marca italiana consolidó una cultura industrial capaz de transformar en serie los gestos de Le Corbusier, Charlotte Perriand, Gerrit Rietveld o Gio Ponti, y hoy ese legado convive con un foco ineludible: repensar los procesos y los materiales desde una ética del ciclo completo. “Tenemos menos materias para utilizar, entonces tendremos que usarlas mejor, tendremos que darles un plus de valor si somos capaces de regenerarlas… ¿cómo las podemos hacer mágicas y atractiva y no solo atractivas, válidas?”, se pregunta Urquiola, defensora de la belleza con estructura ética y técnica.

El ejemplo que enuncia sin impostación es el de Dudet , un asiento de curvas amables que parece simple pero que es, en realidad, una inteligencia material. “Me habían pedido que fuera un asiento con un molde de goma y yo estaba en lucha. La goma es un poco como el cemento, necesita un alma de metal; luego, al final de su vida, se quedan los dos unidos y no se pueden desmembrar”, expresa, así que la solución fue casi doméstica, traviesa incluso: “Al alma interior de metal vamos a ponerle aceite y a meterlo así en el molde, al final con un pequeño corte se quita”, apunta, y reconoce que hubo re -

sistencia en el equipo, y muchas pruebas, hasta que se demostró que el metal acababa por separarse sin problemas.

De ese rigor nace una actitud abierta a la diversidad de escalas y tiempos. Pensar el inicio y la muerte del objeto —su desarme, su regeneración— obliga a afinar la mirada sobre las cadenas de producción, sobre las distancias y a cuestionar la mezcla entre industria y oficio. Para ella, “el futuro es diversificar”, aunque advierte que es un camino que exige control y atención y saber en todo momento dónde está la brújula, aun cuando el mapa cambie.

En México, esa brújula encuentra resonancia. “Aquí una casa tiene su sentido, porque los mexicanos inmediatamente lo entienden. Tienen un gran respeto por la domesticidad, por la narra -

Arriba: silla Dudet y espejo No Vanitas , ambos de la diseñadora.

Florero Sestiere , sofá Mon-Cloud y mesa Sengu , todos diseños de Urquiola.

ción de este espacio”, apunta. Y es que no se trata de traer un catálogo y colocarlo como si el mundo fuera homogéneo, sino de escuchar el genius loci —la presión callada del lugar— y responder con cortesía y carácter. Esa cortesía es material: una mesa que organiza el rito de comer, un sillón que invita al tiempo lento, un gabinete que guarda algo más que objetos. México no es un episodio ocasional en el imaginario de Urquiola, “muy inspirada”, según sus palabras por todos los elementos de la cultura material mexicana. Su biografía teje puentes: “Nací en el norte de España, en Asturias, y había mucha gente mexicana que volvía. Eso era muy clásico”, recuerda. La experiencia en Italia sumó una tercera lengua, un tercer pulso. “No porque añades otra cultura pierdes la otra mitad. Yo soy cien por cien española y cien por cien milanesa, depende del tiempo y del momento.” Esa identidad

elástica se despliega también en su opinión sobre el craft , para ella milenario e inmenso. “El diseño muchas veces se alimenta y se amplía fuertemente de todo el craft ”, matiza quien fue jurado del Loewe Craft Prize desde su primera edición, una posición que le confirmó que la conversación entre arte, oficio e industria no es tangencial, sino central y el poder de la creación mexicana. El año pasado, el ganador fue Andrés Anza y la arquitecta Frida Escobedo forma parte del nuevo jurado. Cuando se le nombran referentes mexicanos, no recita obviedades: piensa en materia, luz y vacío. Menciona a los arquitectos Mauricio Rocha y Gabriela Carrillo y a Tatiana Bilbao, a quien respeta por su “gran sensibilidad por la materia”. Y a Luis Barragán, por supuesto. “No pude ir a La Cuadra, sigue siendo mi fantasía”, dice acerca de un espacio conocido para ella, porque en Urquiola todo está vivo si se recorre. Después de la pandemia, rememora, ese interés por los procesos y las materias se hizo más público, más transversal. No se trata de convertir cada objeto en un manifiesto, sino de hacer que la ética estructure la forma y no el eslo -

Las poltronas Back Wing Armchair (en la imagen en color café) son uno de los diseños icónicos de Urquiola. Arriba: sofá Sengu Bold, también de Urquiola.

gan; esto es, que un asiento se desmiembre al final de su vida, que una espuma sea bio, que un metal pueda separarse y que la lógica productiva se acerque cuando convenga al kilómetro cero. Son decisiones discretas que afinan la música de un proyecto. Ahí es donde The Cassina Perspective funciona como una partitura abierta que apuesta por un eclecticismo con reglas claras: excelencia material, investigación constante, historia y presente en conversación. En México, ese libreto se encuentra con arquitectos, interioristas y amantes del diseño que entienden que la domesticidad no es un refugio contra el mundo, sino una forma de estar en él. La tienda —dos niveles donde los íconos modernos se dejan interpelar por las exploraciones actuales— propone escenas de vida antes que vitrinas e invita a sentarse, a tocar y a ajustar la mirada.

Urquiola, que podría legitimar su discurso con una lista interminable de colaboraciones, prefiere regresar a lo esencial. “Podemos llamar de tantas maneras [a eso]: alma, sensibilidad… Pero es profundamente humano”, confiesa, y añade un asterisco que es casi una ética de trabajo: adaptarse no es ceder, es escuchar al proyecto, al lugar y al momento. Esa consciencia de contexto —lo relacional como materia— refina sus decisiones formales.

El resultado es una narrativa donde el confort no es complacencia gracias a ergonomías que acogen sin dominar, materiales que envejecen con dignidad y colores que dialogan con la luz local. En una época que fetichiza la novedad instantánea, Cassina sostiene una temporalidad construida sobre el uso, el tacto y las micro decisiones que hacen que un mueble acompañe toda una biografía. Por eso su llegada a México tiene sentido, porque aquí la domesticidad —la historia que una casa se cuenta a sí misma— sigue siendo una forma alta de cultura.

“Todo lo que hacemos toca un lado existencial”, dice Urquiola, “y lo existencial cambia continuamente”, agrega. Tal vez por eso su insistencia en la verificación, en darse la vuelta a mirar de nuevo y comprobar si el proyecto sigue respirando. Hay una humildad rara en ese gesto. Y, al mismo tiempo, una innegociable voluntad de precisión. Entre ambos polos —brújula y rovesciamento — aparece un lenguaje que no necesita gritar para hacerse oír.

Quizá esto sea, al final, lo que vuelve pertinente a Cassina en esta ciudad: la capacidad de ofrecer un lugar donde la

forma y la ética se reconcilian sin aspavientos; donde un sillón puede ser una pregunta bien formulada; donde una mesa convoca el rito de lo común; donde una celosía vuelve visible la coreografía de la luz. Urquiola lo dice con una claridad que desarma: “El diseño tiene que conectar con nuestro lado sensible, con nuestra curiosidad, con nuestras ganas de evolucionar”, concluye. A eso lo llama alma. Y el alma —cuando es de verdad— no necesita explicarse: se reconoce.

Originaria de Asturias, Urquiola confiesa que se siente “cien por cien asturiana y cien por cien milanesa”, dependiendo “del tiempo y el momento”.

LO QUE

Veinticinco años después de ‘Amores Perros’, Alejandro González Iñárritu regresa a México para presentar ‘Sueño Perro’, una experiencia que disuelve la frontera entre cine y arte.

Número 8 Noviembre, 2025

Alejandro González Iñárritu, fotografiado el pasado 4 de octubre en LagoAlgo, Ciudad de México, antes de la presentación de la exposición con la que el cineasta celebra el 25º aniversario del estreno de la película Amores Perros

AÚN RESPIRA

LAtarde cae sobre el bosque de Chapultepec de la Ciudad de México y la superficie del lago parece resoplar. Es 4 de octubre y Alejandro González Iñárritu vuelve a casa. No lo hace como el cineasta que regresa a corregir el pasado, sino como alguien que comparte el tesoro encontrado: las cintas olvidadas de la película Amores Perros (2000), rollos de celuloide que creía perdidos y que, por azar, sobrevivieron durante años en los archivos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Tenía claro que no haría una secuela o un director’s cut, así que decidió darles un espacio donde pudieran existir por sí mismas. Así nació Sueño Perro, la instalación que reinterpreta los fragmentos no empleados de su ópera prima, justo 25 años después de su estreno. En LagoAlgo, entre árboles y reflejos, la tarde se vuelve una cámara viva. Es el día de la inauguración y el director se alista para las diferentes actividades, algunas de ellas con cómplices de vida como Gustavo Santaolalla, Rodrigo Prieto, Vanessa Bauche, Gael García Bernal, Guillermo Arriaga o Goya Toledo, todos ellos testigos de un regreso que no mira hacia atrás, sino hacia adentro.

El aire tiene ese olor inconfundible de la ciudad después de la lluvia. Adentro, el espacio vibra, como si fuera un túnel de imágenes que tiemblan con ecos de perros, de cláxones y de ruidos envolventes. “Más de un millón de pies de película [304,000 metros] quedaron en la mesa durante la edición de Amores Perros ”, dice González Iñárritu. “Dieciséis millones de fotogramas enterrados durante 25 años en los archivos de la UNAM. Con el aniversario sentí la urgencia de volver a explorar esos fragmentos, con el grano y los fantasmas del celuloide que contienen. Despojada de toda narrativa, esta instalación no es un tributo sino una resurrección, una invitación a sentir lo que nunca fue. Como encontrar a un amigo de toda la vida que, en realidad, jamás habíamos conocido”, añade el director.

No hay solemnidad en su voz, sino una certeza serena, una convicción sin arrogancia. “La intensidad, disparidad e interdependencia de este gran experimento antropológico llamado Ciudad de México sigue siendo la misma. Su violencia es aún peor. Sin embargo, la dulzura de la gente aún no desaparece. La espina y premisa central de Amores Perros es atemporal y no cambiaría nada”, responde sobre las diferencias contextuales existentes entre la capital de comienzos de siglo y la actual.

Afuera, el murmullo de Chapultepec —motores, ladridos, sirenas— se mezcla con los sonidos de la instalación. González Iñárritu sonríe al reconocer el entorno que definió su narrativa. “La gramática visual que elegí tenía como fin servir a la historia, al punto de vista y a las necesidades emocionales de los personajes. Tenía que ser urgente, inmediata, asimétrica; la cámara debía respirar con ellos. Más allá de si lo logré o no, para mí sigue siendo el lenguaje y la arquitectura ideal para esta crónica”, relata.

Al desarrollar Sueño Perro para instituciones como la Fondazione Prada o LagoAlgo y (próximamente se estrenará en el LACMA de Los Ángeles), sus artificios cinematográficos se traducen en conceptos espaciales, particularmente en términos de tiempo, atención y presencia corporal. “Me encanta la posibilidad de jugar

y explorar ideas y sensaciones físicas en estos espacios”, señala. “Me siento como cuando jugaba a preparar una casa de los sustos con mis hermanos y amigos en mi habitación cuando era niño. A diferencia de mostrar el mundo a través de un orificio con imágenes bidimensionales a una audiencia pasiva, Carne y arena (2017) y ahora Sueño Perro han sido una oportunidad para invitar a una audiencia a experimentar física y sensorialmente un espacio de una forma activa y personal. Cuando llevas a cabo una secuencia en una película, tienes no solo que imaginarla y escribirla sino también diseñar el espacio físico, la luz y todos los objetos y elementos sonoros que la componen. Sueño Perro es una extensión de esas herramientas cinematográficas, pero ahora invito a la audiencia a caminar dentro de la experiencia”, apunta el cineasta sobre una muestra en la que cada visitante se convierte en parte del montaje. Apenas unos segundos después, González Iñárritu levanta la mirada hacia las luces suspendidas y habla del cine mexicano con la serenidad de quien ha sobrevivido a su propio mito. “Me parece que el paisaje ha cambiado positivamente en unas cosas y ha quedado igual o peor en otras. Por ejemplo, de producir siete películas al año hace 25 años, hoy se producen 125. Sin embargo, solo un 10 por ciento llegan a exhibirse y aún menos tienen buena audiencia. Con la tecnología digital, nunca había sido tan fácil hacer una película, y nunca habían existido tantos canales para verlas. No obstante, la calidad y el rigor no han sido equivalentes. Es como cuando en el siglo XVII los violines y pianos se empezaron a fabricar para que la gente común, aparte de los músicos de orquesta, pudiera tenerlos en casa. Se creyó que habría miles de Mozart en cada barrio. Y no fue así”. Y añade: “Hoy existe inversión independiente, nacional y extranjera, fuera del subsidio e interés temático del gobierno. Hay libertad aparente, pero no real. La que interesa y gusta a esos inversores sirve más a intereses comerciales y algoritmos que a visiones artísticas y personales”.

ESinevitable cuestionarle acerca de la migración, un hilo que atraviesa toda la ética y estética de su filmografía, sobre todo en los tiempos nebulosos que estamos cruzando. Explica que su relación con este fenómeno global comenzo con Babel (2006) y se desarrolló con Biutiful (2010) y Carne y arena . “Es un tema intrínseco en mi existencia, y no solo artístico, sino psicológico, político, vital y experiencial. Bardo (2022) es mi película más íntima. Más allá de las circunstancias específicas de cada persona que ha emigrado, intenté compartir la experiencia personal y colectiva de ser inmigrante, una condición geográfica, emocional y metafísica que ha sido parte esencial de mi vida y mi familia por los últimos 25 años”, sostiene.

Dejamos caer el rumor de la posibilidad de pueda realizar una comedia y ríe. “El tempo y tono de la comedia es algo que no se puede escribir. Solo explorar y encontrar al hacerlo. La arquitectura y la música de una escena en la comedia es equivalente a estar ensayando una pieza de jazz. Es la improvisación y el instinto del instante, paradójicamente bajo la dictadura del rigor y la precisión. La comedia está intrínsecamente ligada a la tragedia. La tragedia humana es la fuente de la comedia. Y es el absurdo de nuestro comportamiento, nuestras ilusorias maneras de querer controlar lo incontrolable, lo que hace gracioso y trágico nuestra experiencia humana. El riesgo es siempre la tentación del chiste fácil. Una misma situación puede disparar una carcajada o provocar una profunda reflexión mientras te ríes. Todo es acerca del ritmo. Es mucho más difícil que el drama, pero mucho más gozoso si se logra algo valioso”, reflexiona el cineasta.

El multi-ganador del Óscar por Birdman y The Revenant hace una pausa y continúa con esa mezcla de humor preciso y placer intelectual. Dice amar a Ernst Lubitsch, Billy Wilder, Woody Allen, Molière, Bertolt Brecht, Buster Keaton, Roy Andersson, Chespirito, Monty Python y Tin Tan, que adora las contradicciones habituales del género. “Me gustan la sátira y la tragicomedia que usan Molière o Brecht como herramienta política y los comentarios sociales y filosóficos de Andersson, Allen o Lubitsch”, reflexiona el director, quien considera a Tin Tan y Chespirito como “dos figuras enormes”. ¿Sus primeras carcajadas en un cine? A los 5 años en el cine Manacar viendo La fiesta inolvidable (1968) con Peter Sellers y dirigida por Blake Edwards. Antes de dedicarse al largometraje, González Iñárritu trabajó como locutor de radio, productor de televisión, compositor de bandas sonoras

para cine mexicano y fundó la productora Zeta Film, una experiencia que marcó su oído para el ritmo, el silencio y la musicalidad de la imagen. Nacer en la Ciudad de México, antes Distrito Federal, moldeó su sensibilidad y el impulso tragicómico de la desgracia, así como esa conexión con la muerte. “En México, la muerte es parte de la vida”, apunta. “Nuestra relación es íntima, irreverente, pero también solemne. No tanto como los nórdicos. El séptimo sello (1957), de Ingmar Bergman, en la versión mexicana hubiera sido una comedia en la que Mauricio Garcés domesticaría a la muerte con la risa y, en lugar de ajedrez, sacudirían el dolor con una cumbia o bailando de cachetito bebiendo mezcal. La presencia de los muertos en las culturas prehispánicas era celebrada en infinitos rituales y fiestas. Desafortunadamente, hoy en día en México, no es solo una realidad cultural y metafísica, sino también una estadística: la muerte se ha normalizado tanto que aparece en las noticias de cada día”.

Desde su punto de vista, existen temáticas impostergables a narrar desde el México actual tanto en un nivel social, como emocional y simbólico. La más fácil y obvia es la del mundo del narcotráfico. “La urgencia es la compleja causa de ese mundo siniestro que no solo hemos normalizado, sino que incluso celebramos y hasta exportamos”, dice mientras, afuera, el bosque parece responder con su propio silencio.

LAmisma conversación nos dirige hacía otra pregunta inevitable, interrogo si consideraría dirigir una serie para alguna compañía de streaming. Niega despacio. “Aún no he hecho una serie de televisión. No creo ser la persona adecuada para eso. Requiere habilidades y talentos que no creo tener. La televisión exige cosas distintas al cine. La historia compite con todo lo que rodea al espectador: el refrigerador, el perro, el timbre, el baño, el celular… cualquier cosa capaz de romper nuestra ya muy frágil atención. Hace muchos años que no veo televisión. Muchos giros de trama, ganchos dramáticos al final de cada episodio para mantener al público fascinado… todas esas responsabilidades parecen inevitables para sostener la atención, y hacerlo bien es muy difícil. Admiro a los directores que logran hacerlo con rigor y visión”, dice poco antes de que la conversación derive hacia otros directores y mientras la tarde se estira y LagoAlgo se va transformando poco a poco preparándose para la

fiesta que, al caer la noche, marcará la inauguración de la instalación, abierta al público hasta el 4 de enero de 2026. Confirma su admiración por directores actuales como Michael Haneke, Nuri Bilge Ceylan, Alice Rohrwacher, Andrey Zvyagintsev, Chloé Zhao y Paul Thomas Anderson, aunque no solo ellos. “Me encantaron Caught by the Tides (2024) de Jia Zhangke, Gran Tour (2024) de Miguel Gomes, Alcarràs (2022) de Carla Simón y Tardes de soledad (2024) de Albert Serra. Hay tantos, tan buenos, y gracias a Dios, todos tan diferentes...”, reconoce el director. Y si se habla de directores, inevitablemente hay que hablar de actores. Para González Iñárritu, el vínculo entre ambos no

Vista general de la exposicíon Sueño Perro, con la que González Iñárritu transporta al espectador a la Ciudad de México de comienzos de este siglo. Abajo: el actor Gael García Bernal en sendos fotogramas de la película Amores Perros.

La muestra Sueño Perro estará abierta al público en LagoAlgo, Ciudad de México, hasta el próximo 4 de enero de 2026.

es de jerarquía sino de certidumbre: un diálogo que se sostiene en la búsqueda de la verdad. Cuerpos que habitan las emociones que el guión apenas insinúa.

“Una colaboración exitosa entre un director y un actor o actriz se basa en la confianza. Ésta sólo puede existir cuando hay entendimiento. Ambos son responsables de la honestidad con la que se desarrolla esta relación”, asegura un director que, señala, ha tenido “la suerte de trabajar con los actores y actrices más talentosos del mundo y el privilegio de tenerlos aún como amigos”.

González Iñárritu vuelve sobre sí mismo, con la honestidad de quien no teme vaciarse: “Soy muy consciente de mis viejos hábitos y de la importancia de atarme las manos para no caer en ellos. Desde Biutiful, me he comprometido a hacer solo películas que no sé

cómo hacerlas. Me encanta empezar desde cero y olvidar lo que sé y lo que he hecho antes. Me encanta aprender cómo hacer una película. Esa sensación de incertidumbre es lo más estimulante para mí”, desvela.

El atardecer se asoma para culminar su conquista. Las proyecciones en el interior parpadean como luciérnagas atrapadas en una caja de luz. El cineasta mira hacia dentro y sonríe con una serenidad que parece nueva. “Lo que me mantiene vivo es la curiosidad por hacer lo que aún no sé hacer”, augura el director.

ENTONCES

se entiende que Sueño Perro no es una instalación sobre “lo que no fue”, sino una conversación viva —y sensorial— con el tiempo y la memoria. El celuloide, ese animal dormido, respira otra vez —como México, como sus personajes, como él mismo— en el límite exacto entre la sombra y la luz.

“En México, la muerte es parte de la vida”, dice González Iñárritu.

LEGADOACOLOR

Desde la izquierda: abrigo y cinturón de Cos, cos.com, zapatos de Ferragamo , ferragamo.com , aretes de Louis Vuitton , louisvuitton.com; traje y lentes de Louis Vuitton

Pantalón, suéter, rompevientos y chamarra de Hermès, hermes.com.

Saco de Dior , dior.com.

Desde la izquierda: vestido y capa de Chanel, chanel.com; pantalón, suéter y zapatos de Zegna, zegna.com.

La Cuadra, proyectada por el premio Pritzker mexicano Luis Barragán, se convierte en un punto de encuentro para el arte gracias a la labor de otro reconocido arquitecto: Fernando Romero, creador del museo Soumaya y del proyecto del aeropuerto de México con Norman Foster. “Es un laboratorio del uso del color. Barragán admiraba las caballerizas y proyectó hacer con su maestría en las proporciones una obra perfecta, comparable a los patios de Brunelleschi”, dice sobre la obra Romero, hoy enfocado en la recuperación de archivos del maestro. “Aquí se dan todas las claves de su obra, el misterio, la belleza, el agua, la fuente, el jardín”.

Recientemente y en paralelo a Zona Maco, el espacio (con alternativas para albergar intervenciones específicas de sitio, programas de residencia, exposiciones temporales y programación pública) presentó a la artista Marina Abramovic, el principio de una programación que en el futuro incluirá a otros muchos artistas contemporáneos. Romero, además, planea dinamizar los jardines y el entorno que rodea a La Cuadra con firmas de la creación contemporánea, como la arquitecta Kazuyo Sejima.

El espacio abrirá al público a inicios de 2026 para convertirse en un campus cultural centrado en la interacción dinámica entre el arte y la arquitectura.

Pantalón de Dior, suéter de Leret Leret , leret-leret. mx.
Desde la izquierda: pantalón, suéter y abrigo de Ferragamo; falda, suéter y botas de Louis Vuitton

Desde la izquierda: pantalón, camisa y abrigo de Gucci, gucci.com; vestido de Prada, prada.com.

UN ESPACIO SAGRADO

En un terreno estrecho donde alguna vez existió un convento, un departamento en Milán vuelve a convertirse en un lugar de reposo espiritual.

El salón de fumadores del departamento milanés diseñado por Giuseppe Porcelli para la familia de Inge Theron, fundadora del spa para el cuidado de la piel FaceGym, contiene paredes tapizadas con la tela Tajmahal de Braquenié, mesas de vino en nogal inglés cubiertas de piel, lámparas de inspiración china con las pantallas originales de pergamino plisado y una alfombra tribal de Golran. En página anterior: en la entrada, molduras adornadas con detalles dorados, papel tapiz de hierba marina, una lámpara colgante de los años 40 de Luigi Caccia Dominioni y un par de butacas antiguas de estilo Napoleón III tapizadas con un jacquard de Braquenié.

Caminar por la cuadrícula de calles que conforman el distrito de compras Quadrilatero della Moda en Milán es sumergirse en el corazón de la moda italiana: Ferraris frente a las boutiques, estilistas que caminan con prisa por los salones de mármol del showroom de Versace, turistas en procesión por las banquetas angostas.

La escena contrasta con los modestos y bucólicos orígenes del barrio en el siglo XVI, cuando una orden de monjas franciscanas construyó allí su convento entre huertos de hortalizas. El edificio, llamado Santa Maria del Gesù, fue readaptado a finales del siglo XVIII, pero la angosta calle donde se erigía, hoy hogar de ateliers de sastrería masculina, recibió el nombre de Via Gesù en su honor.

Hace tres años, cuando le mostraron por primera vez a Inge Theron, fundadora de origen sudafricano del spa del cuidado de la piel FaceGym, el departamento de Via Gesù —un departamento de 220 metros cuadrados en la planta superior con largos balcones de hierro forjado cubiertos de glicinas—, se sintió conmovida por los orígenes eclesiásticos de la zona. “Somos católicos, es una parte muy importante de nuestra familia”, menciona, “así que venir a Italia y vivir en esta calle fue como si alguien nos estuviera abriendo el camino”. Theron, de 49 años, nunca pensó encontrar un refugio espiritual en el mercado inmobiliario de Milán. En ese momento, ella, su esposo —un financiero italiano— y sus dos hijas pequeñas, Assisi, de 8 años, y Tesse, de 10, vivían en el barrio londinense de Holland Park. Para ella, Milán había sido siempre un lugar de negocios, no para la familia. Pero una vez que le confió la

renovación del departamento al diseñador Giuseppe Porcelli, a quien conocía por sus interiores en el Arts Club de Londres, todo cambió. Hoy, la residencia de Via Gesù es el hogar permanente de la familia.

Cuando Porcelli vio el espacio, que abraza el patio interior del edificio, era una caja blanca desnuda. “No había nada que conservar, nada que quitar. Era un lienzo en blanco”, recuerda el diseñador. Ahora, el departamento encarna tanto el encanto íntimo de un boudoir como la grandeza de un palacio napolitano. El estilo milanés suele ser sutil y minimalista, pero Porcelli, de 40 años, proviene de la región de Campania y ha adoptado la estética romántica de la zona. “Me gusta la idea de que las piezas se hayan ido recolectando con los años”, explica. Así, durante los siete años que trabajó como director de arte y diseño en Dimorestudio, el despacho milanés de arquitectura y diseño que ha sido semillero de talentos, perfeccionó este enfoque. “Empiezas con esas capas”, menciona, “y luego le das el toque final”.

Empezó por las superficies, revistiendo las paredes con tapiz de pasto azul, colocando pisos de roble macizo en espiga y creando molduras de yeso color crema, un guiño a las casas milanesas de finales de los años 30. La siguiente capa fue el mobiliario, una mezcla de diseños a medida y piezas vintage de anticuarios y galerías. En la sala, un gran otomán cuadrado, usado como mesa de centro, tapizado con una alfombra vintage, y lámparas de porcelana Kutani del siglo XIX se coronan con pantallas de seda dupioni de procedencia india en amarillo pálido. Al centro de la habitación, un sillón acolchado tapizado en

jacquard de algodón azul, rojo, verde y dorado luce una faldilla de flecos dorados. Una lámpara de pie imitación bambú diseñada por Ingo Maurer en 1968 se alza junto a un sofá para dos color verde esmeralda. Sobre la chimenea cuelga un espejo negro y dorado de estilo Napoleón III, cuyas curvas evocan sutilmente el sombrero de un gendarme.

La cocina tiene pisos de azulejo de la Costa Amalfitana y un papel tapiz trompe l’oeil a medida que imita su patrón. La colección de Theron de jarrones de vidrio contemporáneo de Venini y de copas venecianas del siglo XX se exhibe en repisas de vidrio sobre gabinetes lacados en color moca. Junto a la ventana, Porcelli colocó una mesita de estilo Imperio y un par de taburetes de bronce de los que suelen usar los violonchelistas. El comedor rectangular —conectado a la sala a través de un mueble de bar transparente empotrado— está revestido de un papel pintado a mano diseñado por Porcelli junto con Pictalab en Milán, con un motivo floral inspirado en un cuadro impresionista. La mesa de comedor de caoba estilo Regencia con patas acanaladas está rodeada de sillas lacadas estilo art déco con asientos en terciopelo de seda color naranja quemado. Porcelli encontró la chimenea del siglo XIX en mármol gris Fior di Pesco en Francia.

En el baño principal, las paredes a rayas están pintadas a mano, las cortinas son de Colefax and Fowler y los pisos de mármol Ceppo Gold. En página opuesta: en la recámara principal, el papel tapiz Scilla , creado en colaboración con Pictalab, se inspiró en una tela del siglo XVIII, y el cabecero de la cama con dosel está forrado con un motivo floral de Braquenié. A los pies de la cama se alzan un par de taburetes antiguos de inspiración china con tapicería original, y sobre la cabecera cuelga un retrato circular del siglo XVII de Santa Cecilia.

Cuando Theron concibió el departamento como un espacio para recibir clientes y tener reuniones, ella y Porcelli planearon un lounge para fumar puros en un nicho frente a la entrada principal. Cuando la familia decidió mudarse de tiempo completo a Milán, siguió con el proyecto. “Es un cuarto cómodo y sexy donde te dan ganas de ir a fumar un cigarro después de cenar”, comenta ella. Los muros enmarcados en caoba tienen secciones tapizadas con telas florales de la célebre casa textil parisina fundada en el siglo XIX Braquenié, y un sofá a medida cubierto con el mismo algodón exuberante. Un par de butacas tapizadas en capitoné de estilo Napoleón III, forradas en damasco de Braquenié, reposa sobre una alfombra antigua con el borde con patrones geométricos. Un revestimiento en la pared disimula un pequeño baño, de modo que, como bromea Theron, “quienes no logren llegar a casa” puedan pasar la noche en una suite improvisada.

Aunque la residencia está llena de adaptaciones, lo que más fascina a Theron son los espacios íntimos. Detrás del comedor se encuentran los aposentos de la pareja, con un vestidor donde predomina un armario de puertas cruzadas en latón. Sobre la cama — tapizada en jacquard floral dorado y terciopelo verde musgo de Lelièvre y cubierta por un dosel con flecos en seda— cuelga un retrato del siglo XVII de Santa Cecilia, la mártir romana del siglo III. En lugar de las iniciales monogramadas convencionales, la familia eligió para su ropa de cama la imagen de la Virgen en rojo oscuro. “Es un homenaje a la calle”, explica Theron, lo que sugiere que la casa no solo está diseñada divinamente, sino que es custodiada por una fuerza superior. “Sentimos”, afirma, “que estamos profundamente bendecidos”.

En la sala, los plafones de yeso se inspiraron en patrones empleados por los arquitectos milaneses Giovanni Muzio y Piero Portaluppi, y un otomán forrado con una alfombra antigua está rodeado por una lámpara de pie imitación bambú de Ingo Maurer y sofás tapizados con telas de Pierre Frey y Jim Thompson. En el muro cuelga Ice Age (2009) de Damien Hirst. En página anterior: en el comedor, otro plafón de yeso inspirado en Muzio y Portaluppi, papel tapiz de Pictalab y un par de candelabros Poliedri de Carlo Scarpa sobre una mesa de comedor en nogal inglés y sillas de los años 40 en terciopelo de seda. El espejo de inspiración china sobre la chimenea estilo Pompadour Luis XV en mármol Fior di Pesco está flanqueado por apliques pintados de metal de la región de Apulia.

EnlascolinasdelosCotswolds,

la diseñadora británica

de tre s siglos de antigüedadenunlaboratorioparasuimaginación .

ha tran sformadounamansión

En la sala de estar de Hyde Court, la casa de la diseñadora británica de accesorios Lulu Guinness ubicada en el ala occidental de una mansión en Gloucestershire, una obra cinética del artista británico Daniel Chadwick, titulada 1250 Degrees (2004), cuelga sobre un sofá inglés del siglo XVIII tapizado en terciopelo rojo oscuro. A un costado se encuentra una versión de los años noventa del mueble Trumeau Architettura, diseñado por Piero Fornasetti y Gio Ponti en 1951. Junto a la ventana hay un diván francés cubierto de satén a rayas rojas y blancas, y sobre la chimenea penden un par de paneles bordados de manera opulenta.

de juegos La casa

Por Aimee Farrell Fotografía por Marcus Quigley

LA DISEÑADORA BRITÁNICA de accesorios Lulu Guinness, de 65 años, visitó por primera vez la ciudad de Stroud, en el condado de Gloucestershire, hace unos 30 años, acompañada de su amiga, la diseñadora Cath Kidston, que vivía cerca. En aquel momento, Guinness criaba a sus dos hijos en Londres junto a su entonces esposo, Valentine Guinness, miembro del clan cervecero irlandés, y dirigía su marca de bolsas, célebre por su entusiasta celebración de la excentricidad inglesa: incluyendo su bolsa en forma de labios rojos y la Lily of the Valley Florist Bag, una de sus siete piezas en la colección del Victoria and Albert Museum. Se sintió atraída por este rincón modesto de los Cotswolds, a unos 160 kilómetros al oeste de Londres, que compara con el North Fork de Long Island. Guinness regresó con frecuencia a la región y tuvo una casa de fin de semana allí durante varios años de la década de 2010, pero no fue hasta 2020, siete años después de su divorcio y tras la muerte de su madre y su hermano, cuando decidió mudarse

Arriba: Hyde Court, ubicada en Five Valleys, cerca de la ciudad de Stroud, data de la década de 1720. Durante la época victoriana, la mansión de piedra caliza con remates elevados sobre el pretil y una hilera de ventanas emplomadas se amplió para añadir las ventanas saledizas. Guinness habita el ala occidental de la mansión con cinco habitaciones, que durante los años cuarenta fue dividida entre tres propietarios. Derecha: en el dormitorio principal, una mesa y sillas de chapa de nogal de principios del siglo XX se colocan frente a una ventana victoriana salediza con cortinas de algodón estampado vintage. En los estantes reposan las elaboradas creaciones en conchas diseñadas por Guinness.

a a la zona, conocida como Five Valleys. Tras haberse retirado en gran parte de su marca homónima —aunque aún colabora como consultora y diseñadora—, alquiló una construcción gótica de planta hexagonal y tres niveles, (llamada la sombrerera o Hat Box) en un pueblo cercano. Esa mudanza marcó el inicio de un renacimiento artístico para Guinness, que ya había aprendido a bordar y encontró un consuelo en el simple acto de coser mientras contemplaba el paisaje verde que la rodeaba. Deseosa de conservar esa paz, Guinness emprendió una búsqueda de tres años para encontrar un hogar permanente en los alrededores. Lo halló a unos seis kilómetros al sur de Stroud, entre colinas que forman un mosaico de tonos verdes tan encantador que la reina Victoria anotó su belleza en su diario mientras su tren pasaba por allí en 1849. Bautizada como Hyde Court, la residencia, cuya restauración le tomó a Guinness dos años, ocupa 270 metros cuadrados dentro del ala oeste de una mansión de piedra caliza de la década de 1720, con remates

elevados sobre el pretil y contraventanas de madera y marcos de hierro emplomado.

La casa que alguna vez fue parte de una propiedad mayor con caballerizas y un garaje para carruajes, protegida en parte por un muro de piedra y arropada por las copas de los tilos y hayas centenarias y con un tejado ondulado de arcilla y pizarra, fue dividida entre tres propietarios a finales de la década de 1940. El ala occidental de la mansión fue ampliada en el siglo XIX por la familia Beale, entonces propietaria del lugar; una de sus 11 hijas, Dorothea Beale, fue la educadora y sufragista que fundó el actual St. Hilda’s College, en Oxford.

“ES UN LUGAR ROMÁNTICO”, dice Guinness, contemplando por la ventana mirador de la cocina hacia el jardín donde los Beale organizaban bailes y partidos de tenis. Un prado que antaño albergaba alpacas se extiende hasta la fachada sur, y la propiedad incluye los restos de un antiguo invernadero de piedra (“Tengo mi propia ruina”, comenta), así como un pabellón de jardín de lámina corrugada pintado en azul eléctrico, encargado al artesano y diseñador Rollo Dunford Wood con forma de escenario enmarcado por una carpa lo suficientemente grande para tres personas y rematado por una estrella al estilo Disney. La estructura se inspiró en otra similar del pintoresco pueblo de inspiración italiana de Portmeirion, construido en el norte de Gales a mediados del siglo XX como una excéntrica atracción turística. Incluso en una lluviosa mañana de mayo el interior de la casa resplandece. “Compré esta casa por la luz”, dice Guinness, quien compara su disposición horizontal con la de un vagón de

tren. La fachada, con más vidrio que muro, cuenta con dieciséis ventanas abatibles que Guinness ha usado para resaltar su divertido uso de tonos primarios brillantes junto con una profusión sofisticada de patrones.

El atrio junto a la puerta principal, donde antes se encontraba la cocina, es hoy un pasillo luminoso con muros cubiertos de yeso tradicional; en las mañanas de invierno, Guinness enciende la estufa Franklin, conectada a una chimenea decorada con un relieve de yeso diseñado por ella misma e inspirada en motivos jacobinos. En la esquina derecha del espacio, sobre el piso de espiga cubierto con baldosas de terracota, se alza una columna de estilo clásico hecha a mano con hule espuma, yeso y arpillera por Joe Sweeney, el artista conceptual de Brixton. Dicha estructura marca la entrada a un invernadero de techo plano revestido de cobre, abierto por ambos lados durante el verano, y cuya estructura interior está pintada de verde esmeralda. A un lado, con paneles pintados en azul cerúleo pálido que simulan paneles decorativos, Guinness transformó la sala principal en un refugio extravagante. En el centro, sobre una chaise longue inglesa del siglo XVIII tapizada en terciopelo rojizo, cuelga una escultura cinética que parece una cascada de alas escarlata, obra del artista Daniel Chadwick, quien vive cerca. Frente a la ventana se encuentra un diván francés curvado, tapizado en satén a rayas rojas y blancas. Revestidos a lo largo de las paredes, junto con fragmentos enmarcados de antiguos paneles bordados, hay estantes que contienen ejemplares

Guinness diseñó y decoró una pared del dormitorio principal con lino francés del siglo XIX de Katharine Pole, dispuesto en forma de collage con retazos y adornos antiguos. Su abertura barroca deja ver un lavabo turco de mármol blanco con borde ondulado empotrado en la pared y un espejo italiano sobre muros de hoja de plata creados por el artista Andrew Joynes.

coleccionables de la revista Flair, piezas de coral y un florero de Pablo Picasso, además de una versión de los años noventa del Trumeau Architettura, el imaginativo mueble diseñado por Piero Fornasetti y Gio Ponti en 1951. Guinness llama a este espacio su cuarto Beaton, por la colección de ediciones raras de los libros ilustrados de Cecil Beaton, muchos de ellos regalos de su pareja sentimental de muchos años, John Ingledew, quien, al igual que Beaton, es escritor y fotógrafo.

En el extremo opuesto de la casa, la cocina fusiona proporciones clásicas con materiales inesperados y falsos acabados que evocan la obra del diseñador y escenógrafo Renzo Mongiardino, nacido en Génova. La carpintería está impresa digitalmente con un patrón de arlequín verde y blanco, con sutiles marcas de desgaste para imitar una pátina, y los bordes acanalados del mueble central, sostenido sobre patas de mármol verde italiano, están recubiertos con un esmalte que imita la pátina de óxido. Los metálicos en mate, dice Guinness, “tienen un lugar en las casas de campo inglesas, te levantan el ánimo”.

Ese fulgor se intensifica en un pasillo del piso superior transformado en un vestidor en forma de L, con un papel tapiz brillante de follaje impreso a mano en tonos dorados creado por el artista y diseñador Hugh Dunford Wood, padre de Rollo. Los armarios empotrados resguardan los abrigos de ópera que Guinness borda y vende, confeccionados a partir de saris antiguos, colchas kantha y yute decorado. El baño contiguo, con piso de terrazo, está dominado por un gran espejo diseñado por ella misma, enmarcado con conchas. Al fondo del pasillo hay dos habitaciones de huéspedes y una escalera que lleva al ático, donde se encuentran otras dos habitaciones para hospedar a sus dos hijas adultas y su nieto de un año. En una de las habitaciones, que luce un papel tapiz de inspiración art nouveau de la diseñadora textil Ellen Merchant, radicada en East Sussex, una cama inglesa con dosel de caoba del siglo XIX está cubierta con piezas de la colección de bordados folclóricos de Europa del Este de principios del siglo XX que posee

Desde la izquierda: sobre la cama de invitados del ático, una colcha con estampado de amapolas del estudio de Brigitte Singh, en Jaipur, India, y un par de fundas de almohada de Fragonard, la boutique francesa, decoradas con los rostros de un hombre y una mujer rodeados de flores. A los pies, una chaise longue antigua tapizada con un motivo de tulipanes serigrafiado a mano por la diseñadora textil londinense Susan Deliss. Arriba: las paredes de un baño de visitas cubiertas con hojas de papel decorativo que imitan los azulejos Delft del ceramista Simon Pettet, adquiridas en Dennis Severs’ House, un museo del barrio londinense de Spitalfields.

Para ver un recorrido en video de Hyde Court, la casa de Lulu Guinness cerca de Stroud, Inglaterra, visita tmexico.mx.

Guinness. En un cuarto en el ático, cuelga un pedazo de voile antiguo de una viga sobre una cama cubierta por una colcha estampada con amapolas diseñada por Brigette Singh, quien radica en Jaipur, India. El instinto coleccionista y el brío maximalista de Guinness alcanzan su apoteosis en el dormitorio principal. Todo un muro se ha convertido en un escenario imaginario inspirado en el dormitorio revestido en patchwork de la casa de Gloria Vanderbilt en la calle East 67 de Manhattan, fotografiado por Horst P. Horst en 1970. Una abertura de silueta barroca está revestida con una tela francesa del siglo XIX, estampada en rojo

Arriba: sobre los restos de un antiguo invernadero de piedra se levanta un pabellón teatral de lámina ondulada en tono azul eléctrico con una estrella en la punta, creado para Guinness por Rollo Dunford Wood e inspirado en una estructura similar de mediados del siglo XX en el pintoresco pueblo de inspiración italiana de Portmeirion, en Gales. Derecha: en el vestíbulo, la colección de cestería de Guinness cuelga de antiguos ganchos de hierro forjado sobre un tocador de bambú con cubierta de cuero, una cómoda vintage pintada de amarillo canario y una escalera de acrílico diseñada por Alberto Meda para Kartell.

vivo, recortada para dejar entrever un muro cubierto en hoja de plata del que cuelga un lavabo con borde ondulado; a cada lado, un panel en collage reúne textiles antiguos, retazos bordados, cintas y adornos provenientes del muestrario de una tejedora lionesa de la década de 1890. El efecto, como prácticamente todo lo que Guinness ha creado a lo largo de sus 36 años de carrera, es a la vez fantasmagórico y refinado, con un matiz de irreverencia punk. “Hay muchas reglas sobre el buen gusto, pero cuando se trata de decoración, lo único que me importa es lo que siento”, dice. “Tiene que subirme el ánimo. Creo que las reglas se hicieron para romperse.”

En Amberes, Bélgica, una pareja profundamente vinculada al arte contemporáneo y al diseño habita un monumento del siglo XVI.

Moderna, Historia

Por Gisela Williams Fotografía por Allegra Martin

En la sala del departamento de Amberes, Bélgica, de Axel Van Den Bossche y Marie Michielssen, un jarrón Pique Fleur diseñado por Michielssen para Serax sobre una mesa de centro de madera de Robbrecht en Daem, una silla Diamond tapizada en lino de Harry Bertoia, un banco Pawn diseñado por Michielssen para Serax y una alfombra de Bea Mombaers. En página anterior: en el vestíbulo, un cuadro de 1987 de Inès van den Kieboom y una vajilla verde de Ann Demeulemeester para Serax.

EN UNA CALLE empedrada, en pleno corazón del acomodado barrio de Berchem, en Amberes, el Castillo de Bergeyck, de 5,800 metros cuadrados, parece a simple vista un bloque sobrio de departamentos de lujo tras una fachada de ladrillo rojo. Solo desde el jardín privado y el pequeño parque del complejo se alcanza a ver la totalidad de los frontones, torres y agujas que ornamentan este edificio centenario. En la década de 1990, su entonces propietario, miembro de la familia Bergeyck, convirtió la construcción en seis departamentos independientes. Hoy, uno de ellos, un espacio de 400 metros cuadrados distribuidos en tres niveles, con cuatro recámaras, es el hogar de Axel Van Den Bossche, de 64 años, cofundador de la firma belga de objetos para el hogar Serax y de la marca de diseño Valerie Objects, y de su esposa, la artista y ceramista Marie Michielssen, de 60 años.

En 2018, cuando muchos de sus contemporáneos con hijos se mudaban a los suburbios, Van Den Bossche y Michielssen hicieron lo contrario: dejaron su casa en el tranquilo y boscoso pueblo de Brasschaat, al noreste de la ciudad, para instalarse en Amberes. “Extrañábamos la energía de la ciudad”, dice Michielssen. “Necesito la estimulación de la vida urbana para

mi trabajo”, añade Van Den Bossche. (Las oficinas centrales de Serax están en Kontich, un pequeño pueblo a 10 minutos en coche desde su casa). Pero la pareja, cuyos cuatro hijos tenían entonces entre 14 y 27 años, acordaron que solo se mudarían si encontraban un lugar con espacio, luz y jardín. Cuando un agente inmobiliario les habló del departamento en el Castillo de Bergeyck, tardaron una semana en firmar el contrato. La construcción original del castillo comenzó en la segunda mitad del siglo XVI, cuando Amberes era uno de los centros comerciales más importantes de Europa, pero no acabó hasta las primeras décadas del siglo XVII, pues fue retrasada una y otra vez durante la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648), en la que Bélgica y los Países Bajos se rebelaron contra el dominio español. En 1897, el castillo era propiedad del barón Amédée Pierre Marie de Caters, el otrora administrador del Canal de Suez, quien añadió la fachada de ladrillo rojo decorada con detalles en ladrillo amarillo y piedra natural blanca, siguiendo el estilo arquitectónico predominante de la

época, conocido como Renacimiento neoflamenco. Van Den Bossche y Michielssen se sintieron atraídos inmediatamente por la historia del edificio y sus distintas capas (“una casa vieja con un alma vieja”, dice Michielssen). También les atrajo la remodelación llevada a cabo por el propietario anterior, que incluyó una cocina de última generación y una alberca subterránea de nado contracorriente.

Desde la calle, la discreta entrada al departamento lleva a una estrecha escalera que desemboca de forma dramática en un pasillo de aspecto museográfico donde la pareja colocó pintura negra en las paredes, losas de mármol negro en el suelo y lámparas de piso de acero azul. Estas últimas fueron diseñadas por Koen Van Guijze para Serax, e iluminan una esquina con una silla lacada en color mostaza, hecha en madera de tulipero por el

estudio belga Destroyers/Builders. Sobre ella cuelgan dos pinturas de boxeadores de principios de los 2000 del artista belga Sam Dillemans. En otra pared destaca una gran obra de 1972 cubierta de gruesos remolinos de pintura blanca de Bram Bogart, artista belga nacido en Países Bajos. Al final del pasillo, a la derecha, una escalera acristalada baja hasta la alberca, mientras que a la izquierda —justo después de una pintura de 1987 de dos figuras en un jardín de la artista belga Inès van den Kieboom— se encuentran las demás habitaciones del soleado primer piso, con techos de unos tres metros y medio de altura En la cocina minimalista, las sillas metálicas diseñadas para Serax por el artista italiano Antonino Sciortino se

Un comedor informal con mesa de madera y lámpara colgante de Muller Van Severen para Valerie Objects. Sillas Paulette diseñadas por Michielssen para Serax pintadas por la diseñadora y un jarrón vintage y cerámica en terracota. En página opuesta: en la habitación principal, un gran dibujo de Eva Claessens, ca. 2000, sobre una mecedora rosa de lino y latón de de Muller Van Severen para Valerie Objects, una mesa auxiliar de Robbrecht en Daem y una maleta pequeña que perteneció a los padres de Michielssen.

enfilan frente a la isla central, aunque la familia prefiere comer y recibir invitados en dos espacios contiguos: lo que la pareja llama el azulejado jardín de invierno, con ventanales casi de piso a techo que miran hacia el jardín formal de estilo neobarroco, o el comedor más tradicional, con paredes blancas, techos altos con yeso y piso de parqué en espiga. En el centro del comedor se encuentra una mesa redonda de roble con una gran base escultórica diseñada por Michielssen. Ella la llama Virginia, en homenaje a Virginia Woolf. (“Casi todos mis objetos tienen nombres de mujeres, ya sea alguien a quien admiro o una amiga”, explica). Alrededor se disponen diferentes tipos de sillas, algunas vintage, otra diseñada por Michielssen en fresno pintado (la Paulette) y una más en metal negro de Sciortino.

Desde el comedor, dos escalones de madera llevan a la sala de unos 85 metros cuadrados, conformada por dos estancias contiguas. En una de

ellas predomina la chimenea de piedra azul tallada con una elaborada repisa del siglo XIX. Junto a ella se encuentra uno de los objetos más característicos de Michielssen: un banco de gres llamado Pawn, esmaltado en un rojo intenso y brillante. En la habitación adyacente hay otro Pawn, en gris oscuro, colocado cerca de una mesa de centro de roble francés oscuro diseñada por los arquitectos radicados en Bélgica Robbrecht en Daem.

LAS CUATRO RECÁMARAS se distribuyen en el segundo y tercer piso. En la principal, una mecedora de Muller Van Severen, con armazón de latón y lino rosa, descansa bajo un dibujo a gran formato de un desnudo sobre papel, realizado hacia el año 2000 por la artista belga Eva

Claessens. También hay un vestidor revestido en roble que guarda el colorido guardarropa de Michielssen, compuesto en su mayoría por prendas de diseñadores belgas.

Mientras Van Den Bossche pasa la mayor parte de los días en las oficinas de Serax, Michielssen prefiere resguardarse en su taller, un espacio de 40 metros cuadrados, lleno de luz, ubicado en la planta principal, lo suficientemente apartado de las áreas familiares para desaparecer allí y trabajar sin interrupciones por horas, rodeada de estantes con arcilla, papel maché, libros de arte e incontables muestras de acabados metálicos, porcelana y textiles. Ella conoció a Van Den Bossche en 1990, cuando trabajaba en ventas en Serax. En aquel entonces, Michielssen pintaba

flores y frutas a mano en macetas de barro. Con el tiempo, esas piezas evolucionaron hasta convertirse en las vasijas Earth para Serax, una serie de jarrones y cuencos de papel maché, lúdicos y muy texturizados, de distintos tamaños, muchos de los cuales se encuentran repartidos por la casa. (La compañía fue fundada en 1986 por Van Den Bossche y su hermano Serge —el nombre Serax combina sus nombres— y creció originalmente a partir del negocio de macetas de su mamá). “De todos los artistas y diseñadores con los que he colaborado”, concluye Van Den Bossche, “Marie es mi favorita”. El taller de Michielssen, con obras en papel maché y jarrones de arcilla. Las bolsas que cuelgan de la perilla de la puerta son de Bea Mombaers. En página opuesta: el comedor cuenta con una lámpara hecha a la medida por Bob Verhelst, una mesa Virginia con una mesa Paulette de Michielssen para Serax, y una silla Adriana de Antonino Sciortino para Serax, una silla Medea de Vittorio Nobili y un tapete de N. Vrouyr.

LA COMPAÑÍA QUEMANTIENE

En un tranquilo pueblo en las montañas suizas, un influyente comerciante de arte ha construido un refugio para sí mismo y para toda una vida de arte.

Por Nick Haramis
Fotografía por Ricardo Labougle

En una sala de estar en el segundo piso de la casa del siglo XVI en los Alpes suizos del comerciante de arte italiano Gian Enzo Sperone, cuelga una pintura de 1961 de Lucio Fontana, Concetto Spaziale, sobre un busto del siglo XVIII de Jean-Jacques Caffieri y una escultura de 1810 de Bertel Thorvaldsen sobre un escritorio Luis XVI. Junto a la estufa de cerámica del norte de Italia del siglo XVIII hay un retrato del siglo XVI de Jacopino del Conte.

los siglos I y II y un reloj de repisa francés del siglo XVII.

CADA

PRIMAVERA, EL pueblo de Sent, Suiza, una remota comunidad alpina a 65 kilómetros al noreste de St. Moritz, está prácticamente vacío. Los esquiadores se marchan al ritmo que la nieve se derrite y, salvo uno o dos restaurantes, la mayoría de los negocios locales cierran hasta la siguiente temporada. Este pasado abril, en la vasta galería de la planta baja de su casa de tres pisos y más de mil metros cuadrados, el comerciante de arte Gian Enzo Sperone mira por la ventana y suspira, satisfecho. “No me gusta ver gente”, dice, mientras su pareja, Tania Pistone, la pintora y diseñadora de joyas siciliana de 56 años, aparece con un plato de carne curada de res y de venado. Hoy, en sus ochenta, Sperone, a quien a menudo se le acredita introducir el pop art estadounidense en Italia en la década de 1960, y que más tarde impulsaría las carreras de pintores neoexpresionistas como Francesco Clemente y Julian Schnabel en Sperone Westwater, la galería neoyorquina que abrió en 1975 junto con Angela Westwater y Konrad Fischer, ya casi no viaja. (Fischer, que murió en 1996, dejó la galería en 1982; Westwater dirige ahora el negocio sola). “La forma en la que vivo, en grandes casas llenas de arte”, dice, señalando a su alrededor —donde se miran unas

En el comedor, un autorretrato del siglo XVII de Giuseppe Nuvolone y una colección de bustos de terracota y mármol de diferentes épocas.
En el vestíbulo abovedado de la entrada, un retrato de 2007 del artista brasileño Tunga por Francesco Clemente junto a bustos de emperadores romanos de
En un cuarto de huéspedes, La Piedad (Los Mineros), una pintura de alrededor de 1887 de Alberto Rossi y un par de camas sicilianas del siglo XVIII provenientes del Palazzo Tasca en Palermo, Italia.

Un busto de bronce de 1790 en las escaleras. Dos relojes de repisa franceses antiguos flanquean un busto de yeso del siglo XVI de Alessandro Vittoria.

En la galería privada del sótano, la obra en bronce de Arto Monolith, Eiffel Tower (2007), y una variedad de esculturas — Piz Ajüz (2007) en yeso, His Master’s Voice (1992) en mármol negro y Moon (2004) en mármol— por Not Vital. En el arco, un busto de yeso de 1795 del escultor italiano Antonio Canova.

huellas de manos embarradas aplicadas en círculos concéntricos directamente sobre la pared, obra del artista británico Richard Long; una pintura abstracta y vibrante de Peter Halley, artista radicado en Nueva York; un conjunto de testículos de yeso modelados a partir de los del David de Miguel Ángel (aunque 33 veces más grandes) por el artista suizo Not Vital— pero también refiriéndose al tiempo que pasa en Montecarlo, en la campiña romana o en Turín, donde nació, “es lo único [de lo que] quiero hablar. Lo demás no me interesa”.

Hace unos 20 años, Sperone visitaba a Vital, a quien había representado, en el estudio del artista en Sent. Vital y su hermano menor, el arquitecto Duri Vital, de 68 años, que vive en la misma calle, le comentaron que una casa del siglo XVI con fachada de estuco color crema y persianas grises, con vistas a los Alpes, estaba en peligro de ser vendida y dividida en departamentos pequeños. “Era impensable que este edificio, uno de los más hermosos y significativos de todo el valle de Engadina, se sacrificara por una renovación insensata”,

recuerda Duri sobre la propiedad, que había sido reconstruida en 1709 como casa señorial para el gobernador de Valtellina, hoy parte de la región Lombardía, al norte de Italia. Convenció a los dueños, una familia de Liguria, de reconsiderarlo y prometió encontrarles al comprador adecuado. Sperone hizo una oferta. Pero antes de cerrar el trato, necesitaba la aprobación del alcalde. Por fortuna, puede llegar a ser bastante persuasivo: en 2007, por ejemplo, convenció al arquitecto británico Norman Foster de que debía diseñar y construir la sede actual de Sperone Westwater en la Bowery de Nueva York, asegurándole que los artistas de la galería lo habían elegido a él sobre Renzo Piano (aunque ni siquiera se les había consultado). “Le prometí al alcalde, que es agricultor e inteligente, que cada año

organizaría una actividad cultural en el lugar”, cuenta. “Y lo cumplí”. Debajo de la residencia principal, ha transformado una antigua bodega y un pajar en un espacio de exhibición pública, con muestras recientes del pintor chino Deng Shiqing, radicado en Brooklyn, y del artista estadounidense Tom Sachs. También cuenta con una instalación permanente e inmersiva, en la que las paredes y el techo de una sala están recubiertos con azulejos bañados en cera de abeja, creada por el artista alemán Wolfgang Laib.

Aunque se necesitó una estricta aprobación para realizar grandes cambios en la estructura catalogada, Sperone, que usa lentes de armazón azul y mantiene su barba blanca recortada, logró la autorización para instalar un elevador que ahora conecta la recámara principal en el último piso con el resto de la casa. La idea de ponerlo, recuerda, le llegó después de una noche de copas con el escritor estadounidense Gore Vidal. “Estuve enfermo durante una semana”, dice. “Y él ya estaba en silla de ruedas. Pensé: ‘Algún día,

El único mueble en la galería es una gran mesa de comedor y sillas. Las obras, desde la izquierda, incluyen The Cold Farewell (2006) de Peter Halley; Mud Hand Circles (2007) de Richard Long; y las piezas de Not Vital Unpleasant Object (2008), Tongue (2001) y Tongue (2008).

quizá yo también lo necesite’.” Para Duri, que supervisó el proyecto de casi dos años, era esencial preservar lo que llama la “sustancia histórica” y la “integridad estética” del edificio. Según cuenta, el mayor problema fue el daño por agua en el lado oriental de la casa. Además de cavar zanjas de seis metros para evitar más inundaciones, su equipo volvió a aislar los muros, reemplazó el techo, instaló un sistema de calefacción geotérmica, actualizó la fontanería y la electricidad y construyó una pequeña casa de visitas en el jardín. A pesar de esos retos, Duri asegura que él y Sperone nunca discutieron “por absolutamente nada”.

MÁS TARDE ESA NOCHE, Pistone pone la mesa en un pequeño comedor iluminado por la luz de las velas frente al vestíbulo de la cocina. Su pareja, con quien lleva casi 30 años, rememora su carrera en el arte: las exposiciones que montó en los

con Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg; los grandes descubrimientos y pérdidas; el torbellino de disputas, amores, plagas, crisis e incluso un secuestro. Mientras tanto, una hilera de bustos de yeso centenarios proyecta largas sombras sobre las paredes revestidas de pino suizo, cubiertas de obras antiguas y modernas: un grabado del siglo XVI del artista italiano Agostino Carracci; una pintura de McDermott & McGough, el ahora disuelto dúo que vivió gran parte de los años ochenta y noventa como si

aún estuviera en la era victoriana. Sperone menciona El ángel exterminador, la película de 1962 de Luis Buñuel, una de sus favoritas, sobre un grupo de gente adinerada invitada a una cena que se descubren incapaces de irse. “Al final fue una tragedia”, dice. “Pero en mi caso no es tan grave. Cada día me quedo aquí, caminando, contemplando la montaña”. Desde la galería de la planta principal, donde conserva otras tantas esculturas de Vital —incluyendo dos hileras de esferas plateadas moldeadas a mano por

Obras de Fernand Léger, William Wegman, Lorenzo
di Niccoló, Mario Sironi,
Andrea Appiani y François-Joseph Kinson cuelgan en el comedor.

En el dormitorio principal, un grupo de pinturas, entre ellas, a la izquierda, El cuento de Ciparisso, una obra del siglo XVI de Cristofano Allori, están dispuestas junto a la cama. En primer plano, una pintura de 2012 de Alessandro Twombly cuelga sobre un busto de yeso de 1810 de

artesanos tuareg en Níger y, según el artista, rellenas con los restos de un camello— sube al segundo piso. Allí, en una sala de estar junto a la biblioteca y al final de un pasillo que lleva a una recámara con piso de frescos y bóveda gótica, cuelga un retrato de Sperone, también de Vital, hecho únicamente con moldes de bronce de sus dedos, orejas y nariz. En cada rincón, se pueden encontrar pequeños recordatorios de quienes lo han acompañado en su trayectoria y de aquellos a quienes él ha ayudado: el volante de su exposición de 1965 de serigrafías de Andy Warhol en Turín; una fotografía de Schnabel dedicada al mismo “G.E.S.”; el programa fúnebre del pintor estadounidense y activista contra el sida Frank Moore, quien falleció en 2002. “Esto es lo que me hace sentir vivo”, afirma. “Comprender que somos parte de una comunidad; no una comunidad nacional, sino universal”.

Un piso más arriba, en lo que alguna vez fue el ático, la recámara y la oficina de la pareja ocupan un espacio tipo loft con suelos de madera y techos de vigas expuestas. Junto a su cama, hay una pintura del artista nacido en Italia Alessandro Twombly, hijo de Cy; una escultura de calavera hecha con naipes del artista turinés Nicola Bolla; y una fotografía granulada del padre de Sperone, intendente, y de su madre, ama de casa, ambos fallecidos en la madurez. Sperone, que tiene dos hijos de un matrimonio anterior, ninguno demasiado interesado en el arte, últimamente ha estado pensando en su legado. Empezó a escribir una columna en Il Manifesto,

un periódico italiano de izquierda, donde comparte anécdotas sobre un Nueva York ya olvidado y las grandes personalidades que conoció en el camino: desde el galerista Leo Castelli, a quien considera un héroe, hasta el artista minimalista Carl Andre. Este mayo pasado, en su cumpleaños número 86, donó 33 obras de maestros antiguos a la Accademia di San Luca, en Roma. “Me dieron una sala”, dice. “Es estrecha, pero lleva mi nombre”.

Tras más de medio siglo como coleccionista, Sperone ahora está más enfocado en asegurarse de que sus piezas terminen en las manos correctas. El zeitgeist, cree, es algo que solo aprecian quienes lo viven en el momento. “No puedes entender el arte de tu tiempo cuando eres un viejo”, afirma. “A mi edad, lo que quiero es conocer más sobre el pasado, no sobre lo que aún no existe”.

Domenico Manera Canova.

LO ÚLTIMO DEL PRIMERO

LA HIJA DEun vendedor ambulante y una trabajadora doméstica, Gabrielle Chanel —Coco, como llegaría a ser conocida en todo el mundo— nació en Saumur, Francia, un pueblo comerciante medieval a orillas del río Loira, en 1883. Tras la muerte de su madre en 1895, se cree que Chanel pasó la mayor parte de su adolescencia junto a sus dos hermanas en la abadía de Aubazine, un monasterio cisterciense del siglo XII en la región francesa de Corrèze. Los motivos cósmicos del convento románico, entre ellos un mosaico de estrellas y una luna creciente incrustados en el suelo de piedra, sirvieron como fuente de inspiración para la única colección de alta joyería de Chanel, Bijoux de Diamants. Presentadas por primera vez en 1932 en su casa en París, las aproximadamente 50 piezas de diamantes incluían aretes en forma de meteorito y anillos que evocaban soles resplandecientes. Concebidas con monturas invisibles, las piezas no tenían broches ni cierres, pues Chanel los detestaba. Su ausencia fomentaba el movimiento y la versatilidad: los collares podían transformarse en juegos de pulseras; los broches servían también como pasadores para el pelo y dijes. “Mis joyas nunca están aisladas de la

Arriba: el collar Comète de la colección Bijoux de Diamants de Chanel de 1932. Izquierda: los nuevos aretes Rise and Shine de la marca.

idea de la mujer y su vestido”, dijo alguna vez. “Dado que los vestidos cambian, mis joyas son transformables”. Este otoño, como parte de su colección de alta joyería Reach for the Stars , la casa Chanel continúa con el lanzamiento de 109 piezas inspiradas en tres de los emblemas recurrentes de la modista: cometas, alas y leones. Entre dijes de zafiro con motivos aviares y sautoirs con cadenas entrelazadas en oro con acabado negro, la verdadera luminaria de la colección es un par de aretes Rise and Shine , cada uno concebido para evocar una estrella fugaz distinta. Creados en oro blanco de 18 quilates y diamantes de pulido natural, rinden homenaje a la legendaria gargantilla de cometa creada por Chanel en 1932, que llevaba una estrella de cinco puntas sobre la clavícula y una cola en forma de cinta orbitando el cuello. Estas colas de diamantes pueden desmontarse o intercambiarse entre los aretes, de modo que caigan a distintas longitudes asimétricas. Ardiente y siempre cautivador, el cometa simboliza el optimismo y la individualidad , una representación del espíritu de una maison con 115 años de historia.

Por Lindsay Talbot Naturaleza muerta por Pauline Caranton Diseño de set por Léonard A. Bougault