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T Magazine Mexico Numero 6 Septiembre 2025

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El alma en la mirada

Graciela Iturbide, leyenda de la fotografía

270 YEARS OF DOING BETTER IF POSSIBLE

ANNIVERSARY

GINEBRA, 1755. COMIENZA LA BÚSQUEDA.

LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA EN LA ALTA RELOJERÍA.

UNA BÚSQUEDA MARCADA POR LA PASIÓN, LA PERSEVERANCIA Y LA MAESTRÍA.

UNA BÚSQUEDA CON EL LEMA «HACERLO MEJOR SI ES POSIBLE… ES SIEMPRE POSIBLE».

UNA BÚSQUEDA SIN FIN.

VACHERON CONSTANTIN CELEBRA 270 AÑOS DEDICADOS A LA BÚSQUEDA DE LA EXCELENCIA.

El primer paso de un “para siempre...”

100 AÑOS de LUJO

Masaryk 438. Tel: 52 (55) 9138 0500, 9138 2770 | Antara Polanco. Tel: 52 (55) 5280 7959 Paseo Interlomas. Tel: 52 (55) 5290 7543 | Vía Santa Fe. Tel: 52 (55) 2167 8035 Mitikah. Tel: 52 (55) 5542 9593

14

T México Presenta

La actriz Yalitza Aparicio reflexiona sobre la capacidad del cine para relatar la realidad mexicana. Por Yalitza Aparicio

16

Personas, lugares, cosas

Un restaurante en Ibiza, una exposición sobre Amores Perros y unos lentes de última tecnología.

18

La mirada moderna

La Fundación MOP de A Coruña acoge una muestra de David Bailey. Por Javier Fernández de Angulo

20

El objeto

Omega reinventa su clásico Speedmaster en oro de 18 quilates. Por Nancy Hass Fotografía por AM + PM

22

El deseo Buccellati rinde homenaje a la técnica del mosaico con una reinterpretación del anillo Eternelle. Por Alexa Brazilian

24

Perfil con estilo

Daniela Villegas crea piezas únicas inspiradas en el arte y la naturaleza. Por Kira Álvarez

26

Un sabio de la moda Conversamos con Ferruccio Tinghi, figura clave del retail en México. Por Carlos Celis Estrada

Fotografía por Karla Lisker. Graciela Iturbide lleva collar, aretes y anillos de Cartier , cartier.mx.

bodysuit y zapatos, de Dolce & Gabbana,
medias de Falke, falke.com; diadema propiedad de la estilista. Fotografiado en E.L.A. SAS, en el Marché aux Puces de París.

28

Hogar con ADN

LBR&A se ha consolidado como una de las rmas de arquitectura más propositivas y rigurosas del país.

Por Enrique Giner de los Ríos

Fotografía por Jaime Navarro

30

Pulp Fiction

Una mirada a las novelas de lesbianas de mediados del siglo XX en Estados Unidos y su papel como portales secretos de expresión queer.

Por Mark Harris

34

Un nuevo horizonte

Creada por Guillermo Vargas

Ayluardo, 1/8 Takamura celebra 13 años de constancia en la compleja industria de la moda mexicana.

Por Carlos Celis Estrada

36

Raíz matriarcal

La actriz Mayra Hermosillo dirige, escribe y produce Vainilla, su ópera prima.

Por Kira Álvarez

Fotografía por Alberto Rebelo

38

A su manera

Diamantes y audacia forman el eje sobre el que Messika ha construido su legado en la joyería moderna.

Por Laura García del Río

40

Día de compra

Zapatos, bolsas y accesorios que desdibujan las líneas entre lo necesario y lo onírico.

Fotografía por Victor Trani

Dirección creativa por Kira Álvarez

44

Lujo con dureza

En un momento en el que el mundo se replantea lo que compra, la joyería brilla como inversión.

Por Laura García del Río

46

El corazón en los ojos

A sus 83 años, la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide recibe el Premio Princesa de Asturias de las Artes.

Por Laura Durango

Fotografía por Karla Lisker

53

Come as You Are

En lugar de imponer tendencias uniformes, las colecciones de otoño llegan con algo para cada gusto.

Fotografía por Roe Ethridge

Estilismo por Charlotte Collet

64

Ritmo natural

Rubra es la declaración vital de la chef mexicana Daniela SotoInnes en la costa de Nayarit.

Por Kira Álvarez

Fotografía por Maureen M. Evans

70

Mentoras y herederas (parte 4)

Las mujeres más exitosas en sus campos eligen a una artista más joven que las inspira

76 El lugar secreto

La escritora Anaïs Nin y su esposo habitaron una casa en Los Ángeles hoy preservada de forma meticulosa.

Por Kurt Soller

Fotografía por Chris Mottalini

82

El universo mexicano de Alaska

Por Sonia Guijarro

La artista nos lleva de regreso a su infancia y al realismo mágico de sus raíces en el país.

Pág. 18

Pág. 44

Fotografía por Javier Biosca

90

Quitándonos las palabras de la boca

Nueve personas cuyas obras han sido censuradas o prohibidas re exionan sobre las consecuencias.

Entrevistas por Kate Guadagnino, Nick Haramis y Coco Romack

Arte por Barbara Kruger

96

Lo último del primero

La Birkin de Hermès más exuberante está elaborada en oro blanco y amarillo.

Por Lindsay Talbot

Bodegón por Matthew Avignone

Jean Shrimpton (Box of Pin-Ups), 1965, de David Bailey.

Pág. 38
Pág. 82

continúaLaconversaciónennuestrawebyredessociales.

Rubra, un gastronómicoespacio en Nayarit en el que Daniela reimaginaSoto-Innes las recetas de siempre.

La joyera Daniela Villegas nos descubre la inspiración detrás de sus creaciones.
Vainilla es la ópera prima como guionista, directora y productora de la actriz Mayra Hermosillo.
Nos adentramos en la mirada fotográfica de Graciela Iturbide.

Editor at large/Traducción

Daniela Valdez

Presidente

José Antonio Revilla

Director editorial Javier Fernández de Angulo

Dirección de Arte

Rubén Bruque Alberto Torés

Edición y cierre Daniel González

Coordinación Karla Álvarez Gómez

Colaboradores

Yalitza Aparicio, Javier Biosca, Carlos Celis Estrada, Misael Covarrubias, Laura Durango, Maureen M.

Enrique Giner de los Ríos, Sonia

Directora creativa y de moda Kira Álvarez

Pág. 46

Mujer Ángel, Desierto de Sonora, 1979, de Graciela Iturbide.

Gerente Comercial

Gerente Comercial

PUBLICIDAD

Director Comercial Luis Alarcón

Subdirectora Comercial Minerva Piña

Maria Eugenia Pérez Pérez

Diana de Ramery

T: THE NEW YORK TIMES STYLE MAGAZINE

Editor in Chief

Hanya Yanagihara

Creative Director

Patrick Li

Photography and Video Director Nadia Vellam

Colaboradora Gwendolyne Morales

T MAGAZINE

THE NEW YORK TIMES LICENSING GROUP

General Manager Michael Greenspon

Colaboradora Mariela Herrasti

Colaboradora Ashley Silberstein

LICENSED EDITIONS

Editorial Director Anita Patil

Deputy Editorial Director Armando Arrieta

Deputy Managing Editor, Visuals

Simonetta Nieto

Senior Editor Ian Carlino

Associate Editor

Augusta Greenbaum

Designer

Veronica Rosalez

T, The New York Times Style Magazine y el logotipo de T son marcas comerciales de The New York Times Co., NY, NY, EE. UU., y se utilizan bajo licencia de LAR Media. El contenido reproducido de T, The New York Times Style Magazine es propiedad de The New York Times Co. y/o sus colaboradores. Todos los derechos reservados. Las opiniones y puntos de vista expresados en T México no son necesariamente los de The New York Times Company o sus colaboradores.

©2024 La revista T México es publicada diez veces al año por LAR Media. Impresa por el diario Reforma. Distribuida por el diario Reforma. Todos los derechos reservados; ninguna parte de la publicación puede reproducirse sin el permiso por escrito del editor.

Impresa y distribuida por

Evans, Laura García del Río,
Guijarro, Karla Lisker, Jaime Navarro, Alberto Rebelo, Diego Serna, Victor Trani.

“UNA NOVELA TIENE que reflejar la realidad. Pero debe tener una parte de fantasía, de irrealidad. Y ha de ser poética”. La frase de la escritora Mercè Rodoreda es perfectamente aplicable a la moda, pero también define el trabajo de la fotógrafa Graciela Iturbide, nuestra protagonista de portada y recién galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, que recibirá en octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo, España. Decía el poeta y escritor Octavio Paz que “la vida es en blanco y negro”, y así fotografiaba Iturbide, contemporánea de genios como el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo, su mentor, o Francisco Toledo. Con su cámara retrató a genios del realismo mágico como Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, siempre huyendo de las etiquetas mientras inmortalizaba la realidad.

Moda y propósito

En las últimas décadas, la moda ha vivido enormes transformaciones hasta comprender el compromiso que debe asumir en la defensa del medio ambiente. La consciencia de ser una de las industrias más contaminantes del mundo ha catapultado a marcas y diseñadores cada vez más implicados en la protección de los recursos naturales; es el caso de Zegna, que se ha comprometido a plantar o proteger más de 500,000 árboles con su proyecto Oasi. Según la firma Ecoalf, medio millón de bolsas de plástico son utilizadas cada año en una industria que sobrepasa los 100,000 millones de dólares anuales. Sin embargo, hay lugar para el optimismo. Las propuestas que no abusan indiscriminadamente de los recursos naturales son cada vez más extensas, lo que ha dado lugar al nacimiento de una nueva generación de productos reciclados. Es decir, desde el compromiso, la moda tiene espacio suficiente para volver a ser una herramienta de transformación social.

En esta edición de septiembre, celebramos el poder de las tendencias del otoño para mostrarnos como somos, con nuevas creaciones, siluetas y complementos que nos invitan a diferenciarnos y a alejarnos de la uniformidad. Yalitza Aparicio, la actriz premiada con un Oscar por su interpretación en Roma (2018), de Alfonso Cuarón, defiende la moda artesana como un vehículo para transmitir la creación y la cultura de las comunidades originarias. Por su parte, la alta joyería continúa su camino en la búsqueda de la imaginación. La obra de Daniela Villegas es un buen ejemplo, aunque no el único. El renacimiento de las grandes

piezas, de los diseños extravagantes y exclusivos y de los complementos de lujo es una realidad palpable. Y es que la moda se mueve con velocidad, entre la fugacidad y el olvido, como si no tuviera memoria.

Quien sí disponía de una memoria prodigiosa era Ferruccio Tinghi, recién fallecido. Quien fuera el máximo responsable de Max Mara en México nos regaló una de sus últimas entrevistas, que publicamos in memoriam en esta edición. Durante la conversación, Tinghi comparte con T México su sabiduría sobre la industria al tiempo que recorre algunos de los momentos claves de la historia de la moda, como la época de Maurizio Gucci al frente de la casa italiana. Asimismo, disfrutamos del privilegio de visitar la casa de la escritora Anaïs Nin y Rubra, el nuevo restaurante de la chef Daniela Soto-Innes en Punta de Mita, Nayarit.

Otro de los acontecimientos de otoño es el regreso de Alaska a los escenarios de México, el país que la vio nacer. La artista que durante la movida madrileña deslumbró a críticos, músicos y cineastas como Pedro Almodóvar, repasa en este número una carrera plagada de éxitos desde sus comienzos en los años 80. Hoy, sin embargo, no son buenos tiempos para la lírica, algo que podemos comprobar en el reportaje Quitarnos la palabra de la boca, donde se refleja la censura a la que se han enfrentado artistas, instituciones y medios de comunicación de Estados Unidos, tanto en la actualidad como en el pasado. Puede parecer una pesadilla, pero es una realidad. Hoy, en ámbitos como la moda, la música, el arte o la gastronomía, la creación exige un propósito, un compromiso.

PERSONAS, LUGARES, COSAS

R A Z CON COMPROMISO

LOS ÉXITOS DEL CINE mexicano en el ámbito internacional y todos los logros que se están consiguiendo merecen ser celebrados con un buen tequila. El camino hasta aquí ha sido como una travesía y cuando conoces los esfuerzos detrás de una película valoras aún más los desafíos. Cada paso que dan pone en alto el nombre de México.

Ahora llega el estreno de Cometierra, una obra que espero que sea del agrado del público. Lo que más me conmovió del libro de Dolores Reyes es cómo utiliza el realismo mágico para tratar temas tan sensibles para la sociedad como la violencia de género o las desapariciones. Sería increíble que alguien pudiera contar con los poderes de la heroína de la serie para conectarse con las víctimas del feminicidio y así poder ayudarlas. Hemos contado con un buen equipo y las vivencias personales que he tenido como mexicana me ayudaron para meterme en la piel del personaje que me tocó interpretar. Siendo mujer en este país hay momentos en los que sientes miedo, en los que no puedes caminar segura por una calle o en los que te ha tocado ver el acoso a otra mujer. No sabes si intervenir y, si intervienes, también sientes miedo. Por eso es importante la sororidad entre las mujeres, ayudarnos entre nosotras, contarnos nuestros temores. El cine también es una buena herramienta para divulgar estas historias.

A través de estos años he sido testigo de cómo se visibilizaban en la pantalla realidades sociales que muchas veces no se hablan por temor, por tabú o porque, simplemente, es más fácil ignorarlas. El tipo de cine que me interesa es ese que cuenta historias que, aunque puedan ser incómodas para la sociedad, nos permite reflexionar sobre lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Porque, en ocasiones, nos da pena hablar de algunas cuestiones que vamos normalizando. El cine también ayuda a difundir nuestras raíces. Cuando utilizo piezas artesanales provenientes de comunidades indígenas no lo hago para darles el valor que se merecen, sino para ensalzar todo el trabajo que hay detrás. Cada prenda cuenta diferentes historias, y me honra poder llevarlas a distintos lugares para que todas las personas conozcan que en nuestras comunidades hay cosas increíbles que son parte de nuestra historia y que debemos aprender a respetar.

Nominada al Oscar por Roma (2018), de Alfonso Cuarón, Yalitza Aparicio estrenará próximamente la serie Cometierra

CASA JONDAL, un pequeño restaurante ubicado en la cala del mismo nombre, en Ibiza, se ha convertido en una de las mecas gastronómicas del veraneo mediterráneo gracias a una interesante propuesta dirigida por el chef Rafael Zafra, formado, entre otros destinos, en las cocinas del legendario El Bulli de Ferran Adrià. “El champagne sabe mejor con los pies sobre la arena”, repite el cocinero, ideólogo a su vez de una carta en la que destacan bogavantes, lenguados, carpaccios de gamba roja, almejas, ostiones (imprescindibles los preparados con jugos de

encurtidos y aceite de oliva), pescados frescos del Mediterráneo y mucho caviar, platos que pueden acompañarse de una interesante oferta de vinos, con los champagnes Vintage, Plénitude 2 y Plénitude 3 de Dom Pérignon como buques insignia. Destino habitual durante sus estancias en Ibiza para celebrities como Naomi Campbell y Leonardo DiCaprio y para empresarios como Je Bezos, en Casa Jondal conviven sin complejos la alta gastronomía, la materia prima más exclusiva y la alegría de vivir característica de la isla balear. Cuatrocientos clientes diarios y 70 empleados hacen posible que este chiringuito sea, temporada tras temporada, el más solicitado del Mediterráneo.

LOS LENTES INTELIGENTES acaban de llegar a México. Con los nuevos Ray-Ban Meta ya es posible en el país grabar o tomar fotos de la escena que tenemos justo delante de nuestros ojos. La colaboración entre la marca italiana de lentes con EssilorLuxottica ha dado como resultado un producto en el que las ya clásicas líneas de Ray-Ban se mezclan con la inteligencia arti cial (IA) para ofrecer al usuario funciones como la traducción de textos en

EL EN REAL CHIRINGUITO Pasión de cine PERSONAS, LUGARES, COSAS

rio recibir información precisa y a golpe de voz sobre cualquier cosa que vean nuestros ojos, desde pinturas hasta monumentos, pero también la ubicación precisa a través de aplicaciones de mapas. Para respetar la intimidad, una luz led se enciende siempre que los Ray-Ban Meta estén grabando o tomando una foto para advertir que se está registrando una escena. La rma ofrece diferentes diseños y colores, incluidos los más icónicos de la década de 1950, y la batería cuenta con una capacidad de cuatro horas de grabación de video. Comienza una nueva era en el universo de los lentes.

los más icónicos de la década de 1950, y la batería con

LA FONDAZIONE PRADA se ha unido a los actos de celebración del 25 aniversario del estreno de la película Amores Perros (2000) con Sueño perro: instalación celuloide de Alejandro G. Iñárritu, una muestra multisensorial con las artes visuales como protagonistas que podrá verse en la sede de la institución en Milán desde el próximo 18 de septiembre hasta el 26 de febrero de 2026. “Con este proyecto queremos abrir nuevas perspectivas sobre su trabajo y sobre una película que, desde sus inicios, combinó la fuerza del realismo con la densidad del simbolismo. Veinticinco años después de su estreno, Amores Perros sigue hablando al presente y devolviendo, con una potencia visual y emocional, toda la complejidad del mundo en el que vivimos”, señaló la propia Miuccia Prada sobre la tercera colaboración entre la marca y el director mexicano tras Flesh, Mind and Spirit, una antología de 15 lmes que el cineasta seleccionó junto al crítico Elvis Mitchell, y Carne y Arena (Virtually Present, Physically Invisible), una instalación en cuya producción y nanciación participó la Fondazione Prada.

otros idiomas en uso personal como para redes sociales. Su

además una cámara de 12 megapíxeles con gran angular capaz de grabar y transmitir audio y video de manera estable tanto para uso personal como para redes sociales. Su uso, sin embargo, no se restringe únicamente a la creación de contenido. Gracias a la IA, estos lentes permiten al usua-

TIEMPO

En la exposición, los visitantes podrán ver de cerca material inédito de la película, así como algunas escenas que fueron descartadas por su crudeza. Por su parte, México también participará en el homenaje a Amores Perros. El próximo 4 de octubre, Rolex organizará una mesa redonda en Ciudad de México que contará con la participación del director, y un día después se proyectará la película en LagoAlgo, en el Parque de Chapultepec.

Los nuevos Ray-Ban Meta incorporan una batería que permite al usuario almacenar hasta cuatro horas de video. Exterior
Alejandro G. Iñárritu y la Fondazione Prada celebran el 25 aniversario de Amores Perros

La Fundación MOP de A Coruña invita a reflexionar sobre el poder transformador de la obra del fotógrafo inglés David Bailey.

LA MIRADA

La Fundación Marta Ortega Pérez (MOP) de A Coruña, España, acoge David Bailey’s Changing Fashion , una completa retrospectiva de uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX que podrá verse hasta el próximo 14 de septiembre en la sede gallega de la institución. La muestra recopila algunas de las imágenes más recordadas de la prolífica carrera de Bailey, cuyo ojo cambió para siempre la hasta entonces encorsetada industria inglesa de la moda.

MODERNA

Arriba: Anjelica Huston & Manolo Blahnik , 1974, presente en la muestra de A Coruña, es una de las fotografías más reconocidas de la prolífica carrera de David Bailey, símbolo de una época en la que el fotógrafo trataba de romper las hasta entonces intocables barreras de clase. Derecha: Marie Helvin, 1976.

Comisariada por Tim Marlow, director del Design Museum de Londres, y Camera Eye, el estudio del fotógrafo, David Bailey’s Changing Fashion transmite a los visitantes el glamour y la energía de las décadas de 1960 y 1970 a través de 140 fotografías, algunas de ellas inéditas, que resumen la exquisita mirada de Bailey. Entre ellas, destaca Box of Pin-Ups (1965), una serie en la que Bailey, quien retrató a 36 modelos, muestra toda la trascendencia (e incluso la política) contenida en su arte con planos tan novedosos como arriesgados sobre fondo blanco. Como señaló el artista Damien Hirst, Bailey es un fotógrafo que “ha definido el mundo que lo rodea a lo largo de los últimos cincuenta años”. Para Hilario Galguera, galerista mexicano encargado de mostrar en el país la obra de Bailey y Hirst, circunscribir el trabajo de Bailey al universo de la moda “es un error tremendo”. Nacido en 1938 en el East End londinense, la infancia de Bailey transcurrió entre refugios antiaéreos y cartillas de racionamiento,

Por Javier Fernández de Angulo

experiencias que terminaron por definir su acercamiento a la fotografía, arte al que terminó por influir de manera indiscutible. “Lo interesante en su caso es que se dio cuenta de su entorno, del momento histórico en el que vivió sus primeros años en el barrio obrero East End de Londres, cuando Europa recién salía de la convulsión de la Segunda Guerra Mundial. Unos cambios geopolíticos y sociales extraordinarios que configuraron el clima en el que empezó a desarrollar su vida”, explica Galguera. Luego llegaron los años de reconstrucción y bonanza económica, el desarrollo de la clase trabajadora y el crecimiento de la clase media. Los otrora indestructibles estamentos sociales comenzaban a difuminarse, especialmente en los centros urbanos, una atmósfera que Bailey primero intuyó para después procesarla a través de su cámara. “En ese contexto surgió una nueva generación que impulsó algo que cambió todo en Londres y que después permeó al mundo. El Swinging London desmanteló, entre otras cosas, las ideas esnobistas de clase y allí fue donde él encontró su lugar como agente de cambio no solamente en la fotografía de moda, sino en todo su trabajo como fotógrafo.

Bailey rompió con la rigidez, el clasicismo y la frialdad elegante de la fotografía. Cambió radicalmente el espíritu de toda una época”, continúa Galguera.

Bailey no solo dejó una impronta en la moda y en la cultura popular de la época, sino también en la publicidad, industria con la que siempre mantuvo una buena relación.

Izquierda: Sue Purdue Advertising, 1960, fue la fotografía elegida por Bailey como portada del catálogo de la exposición comisariada por Tim Marlow, director del Design Museum de Londres. Abajo: Sue Murray, Vogue Key Looks 3, 1965.

Siempre consciente del espíritu de su tiempo, en la década de 1980 Bailey apostó por el color con fotos vibrantes repletas de ingenio y exuberancia protagonizadas por algunas de las celebridades más importantes de la época. Grace Jones, Jerry Hall, Tina Turner, Helmut Newton, Manolo Blahnik o Karl Lagerfeld, por mencionar solo algunos, posaron en alguna ocasión para el talentoso artista inglés, obsesionado con la renovación del lenguaje de su mirada. “Bailey es dueño de un lenguaje visual absolutamente propio. Desde sus inicios fue coherente con su propia visión, rompiendo las reglas de la moda y la fotografía y creando otras nuevas. Nadie se movió con mayor soltura por los mundos de la música, la moda y el estilo de los años 60. Esta exposición captura una efímera época dorada que cambió por completo la historia del estilo, la fotografía y la cultura”, señaló Marta Ortega Pérez, presidenta de la Fundación MOP. Además de las relacionadas con la industria de la moda, la exposición también incluye portadas de discos; sus retratos a bandas y cantantes como The Beatles, Rolling Stones, Bob Marley, David Bowie, Bob Dylan, Elton John o Alice Cooper; fotografías de desnudos y de sus viajes por todo el mundo, y de figuras claves de la década de 1990 como Kate Moss, John Galliano o Johnny Depp. Para, Tim Marlow, curador de la muestra, “retrata a sus modelos y juega con los personajes más que con la ropa que vestían, lo cual es una de las razones por las que su trabajo en moda fue tan impactante”.

El tiempo transcurre en silencio, pero en el universo arcano de los relojes mecánicos el sonido representa el logro supremo. Si bien los relojes que dan la hora a campanadas surgieron en el siglo XVII, no fue hasta nales del XIX cuando se perfeccionó el mecanismo en miniatura. Lograr que un reloj de pulsera moderno emita señales acústicas con precisión milimétrica y timbres claros y resonantes —cada uno con un matiz sonoro ligeramente distinto— requiere añadir más de cien componentes adicionales y se considera la cúspide de la artesanía relojera. La mayoría de las marcas abandonaron hace mucho tiempo este tipo de modelos tan complejos. Pero algunas pocas continúan haciendo estas piezas. Entre ellas se encuentra Omega, cuya nueva edición numerada del Speedmaster fusiona el distintivo cronómetro de la rma suiza con un repetidor de minutos, permitiendo a quien lo porta presionar un botón que activa una secuencia de tonos para indicar los minutos, las decenas de segundos y los segundos. Esta combinación única, contenida en una caja de oro de 18 quilates con carátula de aventurina y subesferas en rosa con grabado guilloché, presenta una belleza sobrecogedora mientras hace resonar cada una de sus campanadas. Omega Speedmaster Chrono Chime, omegawatches.com.

Diseño de set por Camille Lichtenstern

El lujo delahabitarmateria

AQUÍ, EL DISEÑO NO SOLO

VISTE LOS ESPACIOS: los vuelve experiencia. Para Otoño–Invierno 2025, Casa Palacio articula dos líneas que dialogan desde extremos complementarios: Tactilidad

Suntuosa y Territorio Común. La primera privilegia la riqueza material y el gesto envolvente: terciopelos con cuerpo, bordados tono sobre tono y tapicerías que capturan la luz con dramatismo. El acento recae en piezas–ícono: Saguaro, el perchero de Qeeboo diseñado por Stefano Giovannoni, convierte el cactus en escultura doméstica, mientras que Filicudi traslada la higuera de pala mediterránea a una silueta de silla contemporánea. La Acid Jungle de Timothy Oulton, tapizada en

terciopelo multicolor, irrumpe con un cromatismo lúdico que conversa con el cristal facetado —material clave— y con mesas de carácter como Detroit, de Fashion Interiors. La paleta propone acentos de jade, ónix, perla y miel para atmósferas íntimas y teatrales.

En contrapunto, Territorio Común depura el lenguaje: materiales nobles, texturas crudas y oficios a la vista. Maderas oscuras, piedras veteadas y superficies porosas estructuran espacios de honestidad táctil. Aquí, la lámpara colgante de Namuh y los troncos de Noble Souls funcionan como esculturas naturales; se suman los textiles neutros de Ralph Lauren Home, un candil de Eichholtz y el sillón Snug Petrer de I Am Fake, que equilibra volumen y suavidad.

La paleta viaja del terracota al azul neblina, con notas de arcilla y un audaz naranja “emergencia”.

El resultado: interiores honestos, serenos y profundamente sensoriales. Momentos que conectan con nuestro origen, con la calidez que tienen los rituales de nuestro día a día. Casa Palacio no propone elegir entre una estética u otra, sino abrirse a nuevas formas de sentir los espacios, nuevas maneras de relacionarse en el hogar con la materia, la emoción y la forma. Tactilidad Suntuosa y Territorio Común son, en el fondo, dos maneras de contar historias a través del diseño. Y en ambas, el lujo se mide no en exceso, sino en intención.

elpalaciodehierro.com/casapalacio

El mosaico, una forma temprana del arte decorativo, nació alrededor del siglo VIII a. C. en Anatolia en forma de pisos compuestos por piedras lisas de diversos colores. Algunos cientos de años más tarde, los romanos descubrieron que los mosaicos podían extenderse por las paredes en delicadas explosiones de color elaboradas con diminutos fragmentos de vidrio llamados tesserae (el término en latín significa “cubos” o “dados”). Pero fueron los bizantinos quienes perfeccionaron el uso de hojas de oro y plata en los mosaicos a partir del siglo IV d. C., adornando casi todo con brillantes fragmentos centelleantes. Buccellati, la casa joyera milanesa con más de un siglo de tradición, reconocida por grabar y cincelar metales preciosos en una delicada red semejante al tul, celebra este oficio en la más reciente versión de su anillo Eternelle. En oro amarillo y blanco de 18 quilates, engastado con 10 rubíes de corte carré, 20 tsavoritas facetadas y más de 200 diamantes redondos de talla brillante, es un homenaje resplandeciente al exuberante ornamento del estilo bizantino. Anillo Mosaico Eternelle de Buccellati, buccellati.com.

Por Nancy Hass Fotografía por Danilo Scarpati

Un clásico que trasciende generaciones. El Negroni, coctel icónico nacido en Italia, celebra en México su legado cultural y vibrante.

CELEBRACIÓN DE UN CLÁSICO

Este septiembre, México será parte de Negroni Week 2025, la celebración global que reúne a bartenders, bares y restaurantes en más de 80 países para rendir tributo al coctel más icónico de la coctelería internacional. En nuestro país, más de 800 centros de consumo se sumarán a esta edición, convirtiendo a México en un epicentro de experiencias que unen cultura, hospitalidad y pasión por la mixología.

El programa de actividades incluye una fiesta de

inauguración dirigida a la industria, medios y amantes del buen beber para celebrar el legado del Negroni y de Campari. A lo largo del mes, se realizarán experiencias de guest bartending en distintos centros de consumo, con reconocidos bartenders compartiendo sus mejores versiones del Negroni y revelando técnicas detrás de la barra. Habrá también eventos temáticos y activaciones —talleres, concursos y masterclasses — que invitan a profundizar en la historia del coctel, la

coctelería contemporánea y las buenas prácticas de consumo responsable.

El Negroni, nacido en Florencia en 1919, es hoy un emblema universal de estilo y equilibrio. Su receta clásica combina en partes iguales Campari, ginebra y vermouth rosso, decorado con una rodaja de naranja. Un coctel sencillo e intenso que sigue siendo eterno, porque como dicta la máxima: “No hay Negroni sin Campari.”

camparimx.com/ negroniweek

PORQUE

“NO HAY NEGRONI SIN CAMPARI”

ESTA ES LA RECETA PERFECTA:

-30 ml de Campari

-30 ml de ginebra

Bulldog

-30 ml de Cinzano

Vermouth Rosso

-Hielo y naranja

DANIELA VILLEGAS

La joyera mexicana transforma la memoria en piezas únicas que reescriben el signi cado del lujo; un lenguaje creativo que camina entre el arte y la naturaleza.

NACIDA EN MÉXICO y radicada en Los Ángeles, Daniela Villegas es una de las diseñadoras de joyas más singulares de su generación. Desde que fundó su marca homónima hace 18 años, su universo creativo se ha sostenido en dos pilares esenciales: la fascinación por la naturaleza y el arte de vivir con intención. Con una estética maximalista y profundamente simbólica, Villegas transforma elementos del mundo natural en joyas hechas a mano en oro de 18 quilates y piedras preciosas. Cada pieza es una celebración de la metamorfosis, la conexión emocional y la belleza como fuerza vital.

Su carrera despegó con fuerza desde sus primeros años: no pasó mucho tiempo antes de que sus joyas comenzaran a figurar en publicaciones internacionales, alfombras rojas y colecciones personales de mujeres con gusto por lo único. Celebridades como Lindsay Lohan, Gwyneth Paltrow, Miley Cyrus, Katy Perry, Salma Hayek o Demi Moore han usado sus piezas, pero Villegas mantiene los pies en la tierra y la vista fija en el propósito de su trabajo; para ella, el lujo real no es una etiqueta, sino una mezcla de tiempo, intención y cuidado.

A lo largo de los años, ha consolidado un lenguaje visual que gira en torno a ciertos arquetipos del mundo natural. Escarabajos, orugas, aves, crustáceos, reptiles y peces son protagonistas de muchas de sus colecciones. Para la diseñadora, no son adornos estéticos, sino símbolos vivos: “Especies increíbles, llenas de una hermosa energía renovadora”, le dijo en 2023 a The New York Times Su vínculo con estos seres proviene de una mirada contemplativa y de una infancia marcada por la naturaleza. Esta conexión también la ha convertido en una apasionada coleccionista de taxidermia, y es una fiel clienta de Deyrolle

Un viaje soñado: Sri Lanka (1) un lugar al que siempre quise ir y un sueño hecho realidad, y las minas de Naica, en Chihuahua (2), me fascinaría estar dentro de ellas. Algo para brindar por tu éxito: un gimlet (4). Una pasión (además de crear joyas): Leer (5). Un desayuno perfecto: una buena taza de té (6) TWG, son mis favoritos. Un regalo deseado: Me consiento todos los días. Algunos regalos se compran y otros son gratis, como disfrutar del atardecer o del paisaje en una caminata en solitario o con amigos. También comprar una joya o una pieza de Deyrolle (9) para mi colección. Un animal que te inspire para una joya: Escarabajos (7). Un platillo mexicano: Flautas con mucha crema y lechuga (8). Héroe al que admiras: Mi papá, Rafael Villegas (12). Último proyecto: Me siento muy halagada de colaborar con Marbella Club (13) con una colección exclusiva (3) que celebra la transformación, la biodiversidad y el espíritu atemporal del Mediterráneo. Una ciudad para vivir: Dubai (11). Una prenda de ropa: Dries Van Noten (10).

(tienda de París fundada en 1831 que vende insectos y animales disecados).

Más que objetos de lujo, sus joyas funcionan como talismanes. Villegas habla de “joyas con alma”, piezas que cuentan historias personales y colectivas, muchas veces atravesadas por rituales de protección, tránsito o crecimiento. Con el paso del tiempo, ha aprendido a ajustar el ritmo de su trabajo a su vida personal y a sus prioridades. Hoy, evita la sobreproducción y concentra su energía en piezas cuidadosamente concebidas, lo que paradójicamente ha duplicado el alcance de su negocio. Además de sus colecciones personales, Villegas ha realizado colaboraciones especiales con marcas, artistas y hoteles que también comparten su visión. La más reciente es su alianza con Marbella Club, un legendario resort ubicado en la Milla de Oro de la Costa del Sol, en

España. Inspirada en los paisajes mediterráneos y en el espíritu del hotel, esta colección exclusiva es una fusión de arte, lujo y ecosistema. Realizada completamente a mano en oro de 18 quilates e incrustada con piedras preciosas —diamantes, zafiros, perlas y amatistas—, la serie celebra la biodiversidad y el poder transformador del entorno.

Entre las piezas más destacadas se encuentran un brazalete de lagartija, emblema de renovación —“un símbolo perfecto para el mundo actual”—, como la propia joyera señaló en una ocasión; un anillo oruga que recorre varios dedos como símbolo de despertar interior; un arete en forma de ave del paraíso; y una anguila eléctrica convertida en contenedor de deseos. También aparecen motivos clásicos del universo de Villegas —mantarrayas, escarabajos, tiburo-

nes y peces— reinterpretados bajo una estética mediterránea. El pez del collar Costa del Sol, por ejemplo, representa fertilidad, gozo y fuerza femenina, y se inspira directamente en los jardines del hotel. La conexión entre México y el Marbella Club no es casual. Su fundador, el príncipe Alfonso de Hohenlohe, tenía fuertes vínculos con México y solía nombrar espacios del hotel con referencias mexicanas.

Para Villegas, la joyería es también una filosofía de vida. Sus creaciones no persiguen la ostentación, sino la capacidad de provocar asombro. Con casi veinte años en el mercado, una clientela fiel y una voz definida, sus propuestas encarnan una visión de lujo consciente: aquella que valora el tiempo, el cuidado y la conexión profunda con el mundo que habitamos. — Kira Álvarez

UN SABIO DE LA MODA

CONVERSAR CON FERRUCCIO Tinghi, fallecido el pasado 11 de agosto, siempre fue un privilegio. Italiano de nacimiento y mexicano de adopción, Tinghi llegó al país el 5 de mayo 1973 “por dos años” para trabajar en la fábrica de Rivetex, con más de 1,200 empleados. “Pero me pidieron quedarme un

Máximo responsable de Max Mara en México, Ferruccio Tinghi fue durante décadas una de las figuras más destacadas del retail en el país. Un catedrático de la industria.

poco más”, decía sonriendo. Luego llegaría la venta de Rivetex, el regreso a Italia a su Turín natal, a sus vermús y a su gastronomía, que adoraba y el inicio de su relación con mercados internacionales como Estados Unidos, Japón, Italia, España o México. “Era vicepresidente senior de operaciones internacionales, entonces sonaba muy impresionante”, señalaba con humor en la última conversación que mantuvo con T México quien siempre mantuvo un claro perfil bajo a pesar de ser una de las figuras más influyentes de la moda mexicana. Más de cinco décadas después de aquella aventura, el que fuera el máximo responsable de Max Mara en México, además de padre de Elena y Francesca, comenzó a construir su respeto en la industria sobre tres pilares fundamentales: calidad, belleza y utilidad, adjetivos que acompañaron a su manera de entender la moda desde su paso por Gucci, marca con la que colaboró en su época dorada. “Maurizio Gucci decía que el verdadero lujo estaba en las cosas bellas, útiles y de alta calidad”, recordaba. “Antes de Chanel, la moda estaba en la exclusividad. No había logo, nada; si llevo un vestido es porque me gusta, porque refleja mi personalidad. Después se convirtió en algo superfluo, llamativo, que no expresa personalidad. Nos expresamos a través del logo y la marca. La masificación hace vulgar a la moda”, continuaba el catedrático de la industria textil mexicana. Porque Tinghi conoció a algunos de los mejores diseñadores del siglo, pero también fue testigo del desarrollo global del retail, el modelo de producción y consumo que cambió el sistema para siempre. “Sé cómo razonan y actúan los diseñadores, son grandes personalidades. Emanuel Ungaro, por ejemplo, era realmente un sastre que adaptaba cada tela a su ropa. Otros dibujaban todo, pero él se agachaba para tomar medidas mientras yo disfrutaba del proceso. Me ofreció trabajo; a veces, me arrepiento”, desvelaba. Otra de las firmas por las que mostraba especial predilección era Zegna “conocí a Ermenegildo, una gran persona y muy buen profesional”, contaba , mientras que consideraba a Giorgio Armani

“un gran diseñador” y a Valentino “un creador”. “Tuve una muy buena relación con Valentino. Trabajamos en la apertura de su nueva tienda en Madison Avenue, en Nueva York, a comienzos de la década de 1980. Aprendí mucho sobre el manejo de una boutique de lujo, ya que tenía mi oficina encima de la tienda. Trabajábamos junto a su equipo de escaparatistas, que venía cada dos meses a cambiar los aparadores. Fue el momento en el que todas las firmas de lujo se mudaron allí, aunque poco después la Quinta Avenida recuperaría su esplendor”.

Fue en Gucci, durante uno de los momentos más críticos de la marca, donde Tinghi aprendió a desarrollar su olfato comercial, así como su infinita capacidad para comprender y procesar un zeitgeist en el que, sin embargo, también hubo altibajos. “Estaba la lucha por el poder de la marca. Maurizio [Gucci] tenía la mitad de las acciones y quería seguir mandando, pero los otros querían quitárselo de en medio. Con Maurizio me llevaba

Abajo: Ferruccio Tinghi, fotografiado en la boutique de Max Mara de la avenida Masaryk de la Ciudad de México, falleció el pasado 11 de agosto. El italiano colaboró a lo largo de su vida con diseñadores como Valentino, Ermenegildo Zegna o Emanuel Ungaro, entre otros, y con empresarios de la industria como Maurizio Gucci, fundador de la casa italiana.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Misael Covarrubias

muy bien; no era un gran mánager, pero sí una persona muy agradable. Todo esto sucedió antes del crimen”, recordaba Tinghi sobre el asesinato que relata la película La casa Gucci (2021), de Ridley Soctt. “Era un tipo peculiar. Recuerdo que cuando se celebró la America’s Cup en San Francisco, volaba desde Milán a California y se subía a un helicóptero para ver la competición desde su velero. Y cuando terminaba hacía el mismo recorrido inverso hacia Milán. Esas extravagancias se mezclaban con el problema con la esposa. Ella me dijo una vez: ‘Mi marido es un desgraciado, con su nueva pareja el futuro de mis hijas está en juego. Le va a quitar el patrimonio a mi hija’”. Durante su etapa en Gucci, Tinghi y su familia se mudaron a una casa del siglo XVI en Scandicci, cerca de Florencia, sobre el río Arno, “una época muy buena entre viñedos, girasoles y olivares”, rememoraba. Y después, México, ya con Max Mara, marca fundada en 1951 por Achille Maramotti que rápidamente se posicionó como una de las líderes mundiales del prét à porter de alta calidad gracias al trabajo de diseñadores como Giorgio Armani, Anne-Marie Beretta, Karl Lagerfeld o Giambattista Valli, todos ellos imprescindibles en la construcción de su filosofía. “De todos aprendemos. Buscan a los que empiezan, a talentos nuevos y no consagrados que luego serán figuras. En cada colección dominan la calidad, la sustentabilidad, la durabilidad y la utilidad, siempre en la búsqueda de una clientela fiel y satisfecha que no se embelesa por lo efímero. Además, es una firma muy vinculada con el arte. La fábrica original fue transformada en un museo de arte moderno espectacular”, continuaba Tinghi, cuya relación con Max Mara había comenzado en 1990, siempre rodeada de confianza a pesar de que al principio, al contrario de lo que sucede hoy, no estaban demasiado interesados en México. “En este momento de crisis mundial, México es un mercado interesante. Europa está en problemas entre Vladimir Putin y Donald Trump y Max Mara ofrece personalidad y durabilidad. Un abrigo de Max Mara es para toda la vida”, reflexionaba mientras su hija Francesca nos mostraba algunas de las prendas expuestas en su boutique de Masaryk, en la Ciudad de México, decorada con paneles de madera recuperados tras la remodelación del estadio Monumental de Buenos Aires, la casa de River Plate. “Los tejidos, las costuras y los acabados con telas de jacquard definen la calidad”, relataba.

De su padre, Francesca ha heredado valores como el humanismo, la honestidad, el esfuerzo y la continua búsqueda del trabajo bien hecho. Para muestra, los tiempos de la pandemia, los momentos más complicados de Max Mara en el país en los últimos tiempos, que Tinghi y su equipo supieron sortear con habilidad. “Los empleados se dieron cuenta de la magnitud del problema y gracias a mantener el contacto con los compradores no dejaron de vender ni un solo mes durante la pandemia. Estoy absolutamente orgulloso del personal. He trabajado en empresas donde lo importante eran las máquinas, la velocidad,

los golpes por minuto de los telares… Pero también en otras en las que el factor humano es más importante”.

Hoy, Max Mara cuenta con cuatro boutiques en la Ciudad de México, una en Monterrey y Guadalajara, un outlet, tres córners en El Palacio de Hierro y uno más que abrirá próximamente en el centro comercial Perisur, también en la capital. La boutique de Weekend Max Mara, la línea más relajada de la marca, se ubica en Santa Fe, en la Ciudad de México. “Hay un programa de expansión muy amplio porque nos va bien. Max Mara piensa en las personas y sus necesidades diarias, en una mujer a la que le gusta la moda, pero también la calidad del producto y del tejido. No es una persona marquista, sino que prefiere ver de qué manera le sirve y cómo este contribuye a su calidad de vida”, explicaba Tinghi. Y añadía la sostenibilidad como el gran valor de la marca para este siglo XXI, “un objetivo vital para nosotros”, señalaba rotundo antes de concluir con una anécdota con la que resumir la larga y fructífera relación de Max Mara con México. “Cuando llegamos, hicimos un desfile en el centro histórico, en un club de banqueros, creo recordar, al que invitamos a mucha gente. Entonces me encontré con una señora muy elegante a la que felicité por lucir un suéter maravilloso de la marca que ella había comprado en Italia. Cuando terminó el desfile, le pregunté qué le había parecido y me respondió disgustada: ‘¡Ya depreciaron mi prenda!’. Se sentía única y exclusiva y no le gustó ver aquel suéter de cashmere largo y trenzado, un tejido italiano de primer nivel, en el desfile”. Utilidad, belleza y alta calidad.

La relación de Max Mara con México, “un mercado interesante” para la marca, según señalaba Tinghi, comenzó en 1990. Hoy, Max Mara cuenta con cuatro tiendas en la Ciudad de México, una en Guadalajara y otra en Monterrey, así como un outlet y diferentes córners en El Palacio de Hierro. Arriba: el interior de la tienda de Max Mara en la avenida Masaryk fue decorado con paneles de madera recuperados tras la remodelación del estadio Monumental de Buenos Aires, la casa de River Plate. Izquierda: fachada exterior de la boutique. 27

Hogar con ADN

FUNDADO POR BENJAMÍN Romano, el estudio LBR&A ha apostado por una arquitectura profundamente integrada en la estructura, la eficiencia y la sustentabilidad, en la que cada proyecto, sin importar su escala, responde a una misma exigencia conceptual. Desde rascacielos como Torre Reforma, en la Ciudad de México, hasta viviendas unifamiliares, lo que distingue a LBR&A no es el estilo, sino los principios.

Conversamos con Olga Romano, arquitecta y socia del estudio, para conocer más sobre su filosofía, los retos de continuar y transformar un legado familiar, y la Casa L13, una residencia que, en clave doméstica, encarna los valores que han convertido a LBR&A en un referente continental.

El proyecto residencial, concluido hace tres años en Bosques de las Lomas, en la Ciudad de México, se levanta sobre un terreno —una esquina con una vista panorámica de casi 180 grados— que antes había alojado una casa de la década de 1980 con una estructura en forma de panal. Se decidió demolerla por completo para comenzar desde cero. La orientación, sin embargo, presentaba un reto: la fachada principal, con las mejores vistas, miraba hacia el norte, una condición compleja en términos térmicos.

La solución de LBR&A fue tan radical como elegante: cuatro muros estructurales dispuestos en forma de cruz definen un patio central circular desde el cual se organiza todo el programa. Esta estrategia, casi radial, permite que la cubierta inclinada (impuesta por el reglamento del fraccionamiento) se abra hacia el sur, generando un domo de 200 metros cuadrados que inunda de luz natural toda la casa.

El sistema es autoportante. No hay columnas, lo que permite total flexibilidad para reorganizar el interior en el futuro. Como en Torre Reforma, la estructura es la arquitectura. “No existe la palabra columna en el despacho”, afirma Romano. “Diseñamos estructuras habitables”.

En los últimos años, el estudio mexicano LBR&A se ha consolidado como una de las firmas de arquitectura más rigurosas y propositivas del país.

Por Enrique Giner de los Ríos Fotografía por Jaime Navarro

El efecto es impresionante. La cubierta parece flotar sobre los cuatro muros. Las fachadas laterales, resueltas como un origami estructural, alivian visualmente el peso del conjunto. La losa del nivel superior también juega con peraltes variables para acentuar esa sensación de ligereza. Las escaleras, dispuestas en espiral, conectan los tres niveles —desde el sótano hasta el segundo piso— acompañadas por la luz cenital que entra por el gran domo. La distribución, visualmente continua, refuerza un principio de comunidad: desde el pasillo superior se ve la entrada, la biblioteca y las otras recámaras. Es una casa grande, pero sin laberintos ni fragmentación. Los ventanales, de

cinco metros de altura, fueron diseñados a medida para resistir la presión del viento. El jardín rodea la casa por los cuatro lados, un punto esencial para los clientes. A pesar de sus gestos innovadores, la vivienda respeta el entorno y la normativa local. LBR&A no busca destacar por contraste, sino integrarse mediante la excelencia. “Lo que nos diferencia no es el gesto formal”, continúa Romano, “sino el tipo de proyectos que hacemos y cómo los hacemos. Queremos que perduren, que transformen, que aporten”.

Casa L13 es prueba de ello: un manifiesto doméstico de la arquitectura como pensamiento estructural, como habitabilidad generosa y como futuro en presente.

Desde arriba, en el sentido de las manecillas del reloj: el domo central, encargado de la entrada de la luz, es una de las características principales de Casa L13; detalle de una de las estancias de la vivienda; la orientación de la fachada fue uno de los retos a los que se enfrentó el estudio LBR&A. En página anterior: escalera principal de la residencia.

Fiction Pulp

A medida que se desentierran y se ponen en valor algunas novelas sensacionalistas sobre lesbianas de mediados del siglo XX en Estados Unidos, estas se convierten en portales secretos hacia una era temprana y clandestina de expresión ‘queer’.

LAS PORTADAS

SON lo primero que te atrapa, tal y como fueron diseñadas para hacerlo. Prometen sexo, sí, pero más allá, prometen escándalo, el impacto del tabú, de lo pecaminoso. Son ilustraciones de mujeres, por lo general dos, a veces más, casi siempre con poca ropa o a punto de desvestirse, en ropa interior, con un tirante deslizándose provocativamente por el hombro. Una rodilla se eleva mientras se desliza una media de nailon. La acción casi siempre transcurre en habitaciones oscuras; si hay una ventana, tiene las cortinas cerradas, porque lo que sucede adentro no es apto para los ojos decentes.

Tal vez las mujeres están recostadas en un sofá o, de forma más atrevida, en una cama con las sábanas revueltas. Esas poses son parecidas a sus contrapartes en las portadas de novelas baratas —de misterio, suspenso o sagas sureñas— de los años 50 y principios de los 60. Pero, eso sí, hasta cierto punto. Porque estas mujeres no miran con anhelo a un hombre, ni invitan de manera seductora al lector masculino. Su interés está puesto únicamente en la otra mujer. A menudo sus expresiones son duras, frías, impenetrables o, en su defecto, miradas perdidas, melancólicas, prisioneras de una tristeza secreta. La dinámica entre ellas se lleva casi al límite de lo soportable. Y si la ilustración no lo deja claro, el eslogan de

la portada lo grita: “La novela de un amor prohibido por la sociedad”; “El suyo era el tipo de amor que no podían mostrar al mundo...”; “¡Luchó, trató de resistirse e incluso se casó con un hombre! Pero al nal Ann se rindió ante mujeres torturadas como ella...!”. Como estrategia publicitaria, las portadas eran perfectas. Hace 70 años, las mujeres las veían y compraban millones de libros. Y los hombres también.

De alguna manera, hemos llegado a un momento en el que esas viejas novelas de mala reputación, y la cultura solitaria y deseosa que las engendró, están listas para ser redescubiertas. (O más bien, redescubiertas una vez más: algunas pequeñas editoriales de literatura lésbica y feminista como Naiad Press comenzaron a des-

empolvarlas hace décadas, aunque ahora hayan desaparecido y requieran también misiones de rescate). Tras haber sido casi aniquiladas por culpa de internet, las librerías físicas queer y con temática LGBTQ+ comienzan a resurgir, ahora acompañadas de versiones digitales. Las librerías nos conectan con la historia literaria —por lo menos, las buenas— y parece un momento propicio para volver a visitar ese pasado no tan lejano en el que era un acto de riesgo y osadía (y no se diga de deseo desesperado) que una mujer que

amaba a otra mujer entrara en una tienda y comprara una historia pensada para hablarle o representarla. Y lo que alguna vez fue basura, hoy es un tesoro: un arco que ilustra cómo tantos elementos de la historia de la cultura pop gay han evolucionado desde lo degradado y descartado, pasando por el fetiche pasado de moda, hasta convertirse en objetos dignos de estudio académico (véanse, por ejemplo, Los años dorados; Tom of Finland). Hoy, algunas colecciones de estas novelas han llegado a varios archivos gay y lésbicos, e incluso a la Institución Smithsonian. Pero explorar el género pulp de lesbianas exige dejar de lado toda idea sentimental sobre nuestras antepasadas. Salió a escena antes de que el orgullo gay, ya sea con “O” mayúscula o minúscula, fuera siquiera una noción; antes de la existencia de las siglas “L.G.B.T.”,; antes de que comenzara a delinearse algo parecido a un movimiento nacional por los derechos de las personas homosexuales. Siempre que se desentierra una pieza de la cultura pop queer del pasado, especialmente si proviene de la era anterior a Stonewall, tendemos a clasi carla en una de dos categorías. Ya sea problemática: un vestigio saturado de actitudes y estereotipos con los que hoy no estamos de acuerdo, y que solo pueden entenderse como elementos lamentables de una época menos ilustrada; o bien, pionera: un gesto osado, profético y hasta entonces incomprendido, que apunta hacia un futuro que nadie en aquel entonces habría podido imaginar tan cerca en el horizonte. Sin embargo, el fenómeno de las novelas pulp de lesbianas resiste cualquier intento de ser encasillado. ¿Fue el pulp de lesbianas bueno para las lesbianas o malo para las lesbianas? La única respuesta exacta es: sí.

Y también fue, incluso dentro del entonces escaso contexto de la cultura pop queer, una excepción a la regla: en una historia que ha minimizado tanto los gustos, intereses y aportaciones de las lesbianas, aquí había una categoría vibrante de arte popular centrada completamente en el deseo femenino. En el limitado discurso público sobre homosexualidad en los años 50 (y durante mucho tiempo después), eran los hombres gays quienes estaban en el foco. Las lesbianas eran apenas una acotación...

Si acaso se les mencionaba. Aunque la amenaza a su seguridad y empleo durante lo que se conoció como el Pánico Lavanda a principios de los años 50 era muy real, las lesbianas no eran objeto del repudio masculino, sino de la decepción, la indiferencia o una curiosidad erótica no confesada; a las mujeres que se sentían atraídas por otras mujeres no se les veía como una amenaza pública, sino como algo defectuoso, apenas digno de atención.

Por eso resulta aún más notable que, en el ámbito editorial estadounidense, la ficción lésbica se convirtiera en un negocio floreciente justo cuando su contraparte gay masculina apenas lograba abrirse paso. Parte de la razón tenía que ver con diferencias de gusto intrínsecas: las mujeres que compraban y leían pulp de lesbianas querían historias, narrativas que esos libros ofrecían; los hombres gays buscaban erotismo, desnudez y pornografía, lo cual, en un tiempo regulado por una maraña de leyes postales, estatales y locales contra la obscenidad, no era algo que podía comprarse así nada más.

Pero la novela pulp de lesbianas también prosperó porque, a lo largo de más de 500 títulos publicados durante poco más de una década (surgió en 1950 y prácticamente desapareció hacia 1965), evolucionó desde la vergüenza hacia algo que se acercaba a la autodeterminación. Tal vez el género haya sido inventado, en gran medida, por editores y publicistas que sabían cómo mantener los libros a salvo de la fiscalización poniéndolos en la línea entre la lujuria y la desaprobación. Pero conforme se fue desarrollando, su rumbo lo marcaron sus autoras —muchas de ellas (aunque no todas) lesbianas, y casi todas escribiendo bajo seudónimo—, quienes con el tiempo encontraron formas de contar historias que dejaron de centrarse en el castigo y comenzaron a explorar las posibilidades.

La novela que inauguró el género fue, curiosamente, una anomalía: un libro escrito por una mujer francesa,

heterosexual y casada, a quien animó su esposo —el novelista Meyer Levin— a escribir sobre su experiencia como parte de las fuerzas francesas libres durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando Women’s Barracks, de Tereska Torrès fue publicada por Fawcett en 1950, apenas existían como categoría las ediciones originales de bolsillo, y mucho menos las novelas pulp de lesbianas; Fawcett acababa de lanzar su sello Gold Medal para probar si la gente estaría dispuesta a pagar 30 o 35 centavos de dólar por algo más que reediciones de éxitos de tapa dura. Y sí que lo estaban: Women’s Barracks vendió 200,000 ejem plares de inmediato.

en su desnudez”. No pasa mucho tiempo antes de que una de las voluntarias, Ursula, es seducida por una mujer llamada Claude, glamorosa y atrevida, que está casada con un hombre (“¡Bebe demasiado, y es maricón, maldito sea!”) pero también muy abierta a nuevas oportunidades… y a las presas fáciles.

LAS

Cinco años después, llevaba dos millones. La portada ayudó: la ilustración de una mujer en ropa interior cambiándose frente a otras mujeres fue tan provocadora que ayudó a impulsar la creación de un comité congresual antipornografía compuesto por legisladores que creían que ese tipo de arte podía incitar a algunos hombres a violar.

Torrès no tenía mayor interés en contar una historia para hombres, ni sobre ellos. Escribió la novela en la voz de una joven recluta que se une a un cuerpo auxiliar femenino durante la guerra y vive varios tipos de despertar, comenzando por el examen médico de ingreso, cuando nota que una compañera “parecía completamente cómoda

En estas páginas y las siguientes, algunas de las portadas que ayudaron a convertir las novelas pulp de lesbianas en un fenómeno cultural breve pero fascinante en el Estados Unidos de los años 50 y 60.

ESCENAS SEXUALES en Women’s Barracks, y en la primera oleada de pulp de lesbianas que le siguió a su éxito, no eran particularmente explícitas; aunque había algunas caricias suaves en el pecho y espaldas arqueadas de placer, no había nada que no pudiera citarse en el Times. Pero en 1950 —una época en la que el Código de Producción Cinematográfica, el conjunto de normas de facto que regulaban el contenido de los estudios de Hollywood, prohibía incluso mencionar o insinuar la homosexualidad—, esos pasajes resultaban reveladores, por no decir candentes. Lo que no eran, en absoluto, es lo que hoy conocemos como representación positiva. Para las personas gay, ni el término ni el concepto existían al comienzo del género, que nació cinco años antes de la fundación de la primera asociación en defensa de los derechos de las lesbianas en Estados Unidos: Hijas de Bilitis, en San Francisco. Los tropos de la primera ola de pulp de lesbianas solían ser bastante sombríos: una mujer mayor, intensa, cínica y algo depredadora —una especie de lesbiana profesional, por así decirlo— entraba en la vida de una joven confundida, cuya experiencia con los hombres había sido limitada o traumática, y empezaban un romance. Con el tiempo fracasaba, ya fuera porque para una de ellas el lesbianismo era algo pasajero rumbo a la heterosexualidad feliz, o bien por la manipulación, la dependencia emocional o la inestabilidad de la “verdadera” lesbiana, que en los relatos más extremos terminaba muerta, suicida o internada en un manicomio.

Esto no era solo una preferencia narrativa, sino una necesidad. Cuando la escritora lesbiana Marijane Meaker, inspirada por el éxito de Women’s Barracks, propuso en 1952 Spring Fire, la novela que

realmente dio inicio al género, quiso ambientarla en un internado para chicas. Su editor le pidió que envejeciera a las protagonistas para situarlas en la universidad, y añadió: “Asegú rate de que esas chicas se alejen de la homosexualidad porque es inmoral. No basta con que digan que es una vida difícil. Tenemos que pasar la inspección postal”. Meaker, entonces una joven veinteañera, aún en el clóset y saliendo con hombres, pronto se convertiría en amante de la escritora Patricia Highsmith, y en una gigante del género. Spring Fire, que vendió 1.5 millones de ejemplares, narra un romance universitario entre Susan Mitchell, una joven atleta de 17 años que viene del Midwest (“Todos me dicen Mitch”), y su compañera de cuarto que es mayor, Leda Taylor. Su vínculo debe mantenerse en secreto, pero es real y profundo: “No estaba separada de Leda, sino que habitaba su propia piel. Era deseada y deseaba, y no era un deseo teñido de miedo o dolor”. Su relación lleva a Mitch a correr a la biblioteca, donde un libro escalofriante le informa que “las personas homosexuales femeninas, las lesbianas, suelen acechar a muchachas que no son verdaderamente homosexuales. Dichas chicas pueden disfrutar de los hombres y llevar una vida heterosexual normal si no se involucran con una lesbiana auténtica, cuya técnica suele ser más hábil que el de muchos de sus pretendientes varones”. Su amor está condenado; otras chicas las descubren en el acto y, en un desenlace que nos recuerda los finales impuestos por los censores

de Hollywood, Mitch sigue con su vida después de que Leda sufre un accidente de coche y la hospitalizan con una crisis nerviosa. “Mientras Mitch caminaba... Pensaba en Leda, confundida, como si fuera alguien a quien había conocido hacía mucho, mucho tiempo... No la odiaba en absoluto, y supo entonces que nunca la había amado de verdad”. Que corran los créditos.

DURANTE LA DÉCADA SIGUIENTE, estos libros fueron publicados a un ritmo vertiginoso. A veces, como sucedió con The Price of Salt (la pieza de literatura lesbiana de Highsmith publicada bajo seudónimo en 1952, que fue la base de la película Carol de 2015), un año después se republicaban una novela literaria de tapa dura como libro pulp. Pero la gran mayoría eran originales de bolsillo. Algunos autores podían terminar un manuscrito en 10 a 14 días. Varios de ellos eran hombres, tanto

Strange Are the Ways of Love (1959), y Jill Emerson, quien escribió Warm and Willing (1964), eran en realidad el escritor de novelas poli ciacas Lawrence Block.

Las novelas debían presentarse con cuidado; incluso en las ciudades más grandes de Estados Unidos, todavía no existían librerías gay, por lo que las portadas, los títulos y las historias debían ajustarse a estándares que permitieran que los libros se confundieran con novelas comunes y corrientes. Pronto nacieron algunas palabras clave. Como las palabras “lesbiana” y “homosexual” no podían figurar en las portadas sin

avergonzar a las potenciales compradoras, y tal vez atraer a la policía, las lectoras aprendieron a detectar ciertas señales en los eslóganes: “franca” e “impactante” eran indicadores útiles, así como palabras en el título que delataban un lenguaje compartido, pero tácito. “Susurro” se volvió un confiable indicador de lo que, y quien, habitaba esas páginas, al igual que cualquier referencia a un amor “extraño” o “crepuscular”.

Aunque la creación de estos libros avanzaba con una eficiencia casi industrial, no estaba exenta de conflictos. Algunas autoras lesbianas protestaban constantemente contra el arte provocador de las portadas que ayudaban a vender los libros. Y hacia finales de los años 50, una discusión semiclandestina sobre estas novelas estallaba en las páginas del boletín mensual The Ladder, distribuido discretamente por las Hijas de Bilitis.

Dado que casi todos los y las escritoras del género usaban seudónimos, era difícil que desarrollaran una base de lectoras fieles, y era igual de difícil para las lectoras saber a quién leían. Una novela escrita con sensibilidad por una autora lesbiana que intentaba empujar los límites del pulp podía estar en el mismo estante que una fantasía escrita por un hombre que jamás había conocido a una lesbiana. Nadie hacía estudios demográficos de lectoras y lectores, y mucho menos de lectoras queer, en los años 50, pero las cartas que recibían las autoras dejaba claro que las jóvenes lesbianas devoraban estos libros, incluyendo algunas que, inspiradas por lo que leían, poco después se convertirían en escritoras y transformarían el género con su trabajo. “Las lectoras tendían a disfrutarlos a escondidas”, explicó la autora Ann Weldy en 2001, en la introducción de la reedición de una de sus novelas. “Había que tener agallas solo para comprarlas y enfrentarse a la sonrisa burlona del cajero. La gente intentaba disimularlas entre un montón de cosas que probablemente ni necesitaba, pero que compraba de todos modos para desviar la atención de esas portadas escandalosas. Lo sé porque yo también las compraba”. Weldy tenía poco más de 20 años cuando leyó We Walk Alone, el libro de no ficción que Meaker publicó en 1955 bajo el seudónimo Ann Aldrich, y que, para ella sirvió como guía importante. En la introducción escribe: “Aldrich te contaba cómo era salir del clóset (¡una perspectiva maravillosa!). Te decía dónde se reunían las lesbianas que sabían cosas… Qué vestían esas mujeres, cómo hablaban, cómo lo sobrellevaban… Te sorprendía descubrir que había distintos estilos de vida dentro de la naciente comunidad lésbica: la de clase alta y baja, la butch masculina y la fem, la sofisticada y la desenfadada… El efecto sobre las mujeres era eléctrico”. Pocos años después, Weldy, bajo el nombre

de A. Bannon (después conocida como Ann Bannon) escribiría Odd Girl Out, la pri mera de una serie de seis novelas sobre una joven butch atrevida y segura de sí misma y su grupo de amigas, que hoy se conocen como Las crónicas de Beebo Brinker, que fueron publicadas entre 1957 y 1962, y revolucionaron la categoría, en la que las lesbianas butch hasta entonces habían sido retratadas sobre todo como villanas o como motivo de vergüenza. Los libros aún requerían cierta cuota de actos autodestructivos, mujeres arrepentidas y matrimonios por conveniencia. (Weldy estaba casada y solo de vez en cuando podía escaparse al Greenwich Village de Nueva York para investigar). Pero, de alguna manera, logró crear por lo menos un par de personajes que llegaban a aceptar su lesbianismo y, lo más importante, sobrevivían hasta la última página y continuaban su desarrollo en novelas posteriores. Los libros de Beebo Brinker fueron la primera serie de ficción de literatura lesbiana en tener gran éxito. Pero, aún más relevante, fueron las primeras novelas que sugirieron a las lectoras lesbianas de todo el país la posibilidad de encontrar una comunidad en una ciudad donde, sin importar qué tipo de persona fueras, podías encontrarte con otras como tú. Como sucedía con los libros de Meaker, las lectoras de Weldy le escribían cientos de cartas: le contaban qué les gustaba leer y qué no, hacían preguntas y suplicaban por consejos.

contrario: se extinguió rápidamente. En parte, los libros fueron víctima de los cambios de humor en la industria editorial y en los gustos de las lectoras. La llegada del éxito de ventas El grupo, de Mary McCarthy, en 1963 significó que una novela con una protagonista lesbiana podía debatirse en Time, Newsweek y clubes de lectura. Y aunque, bajo un Código de Producción algo más relajado, empezaron a aparecer representaciones de lesbianas en el cine de Hollywood como La calumnia (1961) o La gata negra (1962), que podían ser trágicas o despiadadas. Una vez que estrellas como Shirley MacLaine o Barbara Stanwyck podían interpretar lesbianas, las novelas baratas ya no tenían el monopolio del encanto de lo prohibido, a menos que recurrieran al sexo explícito,lo cual resultó no ser lo que su público principal buscaba. Las y los editores abandonaron el género tan abruptamente como lo habían

descubierto. (El pulp gay masculino, que era menos romántico y oscilaba entre parodias afeminadas, aventuras al aire libre o fantasías de esclavitud del siglo XIX, avanzó rápidamente hacia el sexo explícito, y desapareció a principios de los 70 cuando la pornografía directa eliminó la necesidad de molestarse en leer).

UNO PODRÍA IMAGINAR QUE, en una década de mayor activismo que desembocó en el levantamiento de Stonewall en el verano de 1969, el pulp de lesbianas habría seguido progresando, ganando en honestidad y popularidad, con afirmaciones cada vez más claras sobre la identidad y la posibilidad de una vida feliz. Sin embargo, ocurrió lo

Las novelas pulp de lesbianas fueron eclipsadas durante algún tiempo, pero no están perdidas, jamás lo hicieron. La primera oleada de reediciones entusiastas y revaloraciones llegó en los años 80; otra surgió a principios de los 2000, esta vez impulsada por editoriales

independientes. Aun así, encontrarse hoy con esos libros, sobre todo en ediciones de alta calidad sin las portadas sugestivas originales, puede resultar desconcertante. Los textos no representan una etapa temprana en la cronología de la liberación gay, ya que entonces dicha cronología ni siquiera había sido imaginada. Las lesbianas y los hombres gay apenas comenzaban a pensar en unirse, si es que acaso podían identificar alguna causa en común. Y muchas de las personas que más habrían podido beneficiarse de mayores derechos civiles, incluyendo a quienes, sin saberlo, estaban abriendo camino con su trabajo, tenían sentimientos profundamente ambivalentes sobre su lugar en el mundo. ¿Cómo no iba a ser así, en una sociedad que solo hablaba de ellas como criminales, pervertidas o enfermas mentales? En una de sus primeras novelas, Meaker se burla de “los maricones organizados... Con sus aretes, su cabello teñido y sus ‘¡Ay querido!’”. Por su parte, Yvonne MacManus, autora de la popular novela pulp de 1959 Edge of Twilight (una de varias que escribió bajo el seudónimo Paula Christian) expresó sus propias incertidumbres con evidente angustia en un ensayo publicado en 1961 en The Ladder. “Confieso que no soy una lesbiana militante...”, escribió, “ni alguien que desee hacer del mundo un lugar seguro para la próxima generación de homosexuales. Preferiría que la psiquiatría supiera lo suficiente del tema como para ayudar a quienes no creemos que la homosexualidad sea el mejor de los mundos posibles”. Hoy resulta sobrecogedor y triste leer sus palabras, especialmente saliendo de la pluma de una novelista cuyos personajes fueron de los primeros en asumir sus deseos y sus identidades en el pulp de lesbianas. “No digas queer”, le dice Toni a su amante Val en Edge of Twilight. “Es ofensivo. Somos gays o lesbianas u homosexuales, a veces ‘personas que vivimos en la penumbra’, pero no queer”. MacManus vivió hasta 2002, lo suficiente para ver cómo incluso esa palabra fue reinvindicada. Y su obra vive hoy, escrita por mujeres cuyos pasos, por más titubeantes que fueran, las llevaron cada vez de manera más profunda hacia lo desconocido.

SITUADO DESDE HACE tres años en un antiguo edificio del distrito comercial del Centro Histórico de la Ciudad de México antes conocido como “El Nuevo Japón”, el showroom y taller de la marca mexicana 1/8 Takamura cuenta con amplios ventanales que bañan con luz generosa los textiles y las texturas que esperan a ser convertidas en piezas de moda. El diseñador mexicano Guillermo Vargas Ayluardo fundó este estudio de creación en 2012 y le dio su nombre por la ascendencia japonesa de su bisabuelo, ya que un octavo de su propio código genético proviene de la tierra del sol naciente. “Mi abuela sí sufrió ser japonesa en México en los años 30, pero yo en realidad ni parezco japonés”, comparte con T México. “Mi infancia, adolescencia y adultez las viví en la alcaldía Cuauhtémoc [Ciudad de México]. Somos cuatro generaciones de la Cuauhtémoc”.

A juzgar por las líneas de sus diseños y por la manera en que los portadores parecen flotar entre las prendas, hay mucho misticismo tras el concepto de esta marca. Ya son 13 años de 1/8 Takamura, algo que como marca independiente dentro de la industria de la moda nacional es digno de festejarse. “Para una empresa mexicana de moda, cada año es un milagro”, explica. “Entonces, también es un festejo poder ampliar el mensaje de 1/8 Takamura. Que no seas tú quien diga que eres la marca que viste a los creativos, sino que los creativos hablen de ti”. Por eso, para la campaña publicitaria de Universo interior, su última colección, Vargas Ayluardo colaboró con clientes que ya son habituales de la casa, personalidades de las industrias creativas de México como la curadora de arte Tania Ragasol o el violinista Israel Torres.

“Esto viene desde los reyes”, explica sobre invitar a ciertas figuras a convertirse en embajadores. “Todos los artesanos de la nobleza europea querían vender a los reyes, porque si el rey lo usaba ya lo querían todos en la corte. Cuando alguien tiene una voz en una materia, todo el mundo se le quiere parecer”, añade mientras cuelga en el rack un diseño que Natalia Lafourcade lució en un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York.

Jessica Arroniz, brand manager de 1/8 Takamura, analiza algunas de esas cualidades que atraen a este tipo de clientes hacia las prendas que producen. “Una vez que empiezas a usar esta comodidad, es muy difícil dejarla”, explica. “Toda la gente que usa la marca se siente así. Hay clientes que regresan porque es lo que necesitan en su cotidianeidad. No encajamos con todo el mundo, pero sí con los que regresan una y otra vez”. Vargas Ayluardo completa la idea: “Nues-

nuevo horizonte Un

Creada por Guillermo Vargas Ayluardo, 1/8 Takamura celebra 13 años de constancia y permanencia en la compleja industria de la moda

tra búsqueda, cuando creamos la ropa, es generar cosas diferentes a las establecidas, pero que no sean una locura. Diferentes sin ser extravagantes”, enfatiza. “Por ejemplo, un artista tiene una personalidad y su indumentaria lo tiene que representar. Lo que nosotros estamos buscando son los siguientes mensajes, las siguientes formas de pensar”. La ropa de 1/8 Takamura involucra diversos procesos, algunos más artesanales que otros, pero en la opinión de su diseñador la marca aún conserva la calidez de esas prendas que han sido elaboradas por personas. “Es muy difícil saber lo que es manufactura y lo que es artesanal. El artesano es una persona que llega al dominio de una materia prima para transformarla en algo, como un peletero o un carpintero”, afirma. “Aunque haya tecnología, nuestra ropa es muy, muy

artesanal. Las nuevas marcas que ya están muy tecnificadas, como Lululemon o Halo, son muy robotizadas. La ropa es hermosísima, pero es muy fría”. Según su punto de vista, para competir con tales marcas, un diseñador tendría que comprar la materia prima con seis meses o un año de anticipación y guardarla para usarse después: “Hay empresas como Inditex que ya tienen su materia prima para los próximos diez años, que pueden comprar o apartar producciones y cosechas enteras”.

En la otra cara de la moneda, reconoce que también hay satisfacción cuando el público comienza a identificar las piezas de su archivo. “Tenemos dos, la bata Poiret y la blusa Cuadro, que llevan los 13 años de la marca”, señala Arroniz. “Hay otros que se renuevan, como los vestidos Backo y Chauc. El pantalón Boza y el saco Gabino son piezas sin género porque pueden ser para hombre o mujer, y la blusa Toki y el pantalón Japants son éxitos de la marca”.

¿Qué queda entonces por explorar? Vargas Ayluardo señala que, a pesar de las limitantes (o precisamente por ellas) hay aún mucho por hacer. “Por lo menos tener un color de la colección, propio de la marca. Algo que digas: ‘Este es el color de 1/8 Takamura’”, dice con ilusión. “Pero tú ves una máquina que hace una mezclilla, que hace una gabardina, y son máquinas de 100 metros. Entonces, para tener un color, para tener un baño de ese color, es mucha cantidad”. Asimismo, también es consciente de que la industria de la moda y

Abajo: prendas de la colección Universo interior, de 1/8 Takamura; la gestora cultural y curadora de arte independiente Tania Ragasol, rostro de la última campaña realizada por la marca. En página anterior: el diseñador Guillermo Vargas Ayluardo, fotografiado en el showroom de 1/8 Takamura, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

la industria del retail van de la mano. “Los diseñadores somos gente rarísima en este país porque nos gusta la investigación”, comparte. “Eso es desarrollo, no solamente técnico sino conceptual y estético. En una empresa muy grande, como un retailer tipo Coppel, Liverpool o Suburbia, no toman esos riesgos y no diseñan con ese nivel de cuestionamiento”.

Para este aniversario, el equipo de 1/8 Takamura quiere intentar cosas nuevas, incluso algunas que han estado posponiendo, como participar en la Semana de la Moda para presentar una nueva colección que verá la luz en octubre. Quizá también podrían explorar la viabilidad de colocar su marca en otras tiendas. “Ahora tenemos un modelo de negocio donde producimos y vendemos, pero para llegar a otros aliados comerciales que nos compren productos para venderlos en sus plazas tenemos que hacer colecciones anticipadas”, explica. “Somos parte del sistema y todos queremos mejorar. Si quieres algo bueno para todos no puedes pensar: ‘No, no quiero ser parte del sistema’”.

En este punto de la entrevista ya hemos terminado de dar una vuelta completa al espacioso showroom, aunque la plática podría continuar durante horas. “Hay gente que nos ha recomendado quitarle el 1/8 a la marca”, cuenta. “Pero el octavo te da la mezcla, y al final somos una mezcla. La moda es una mezcla”. Y aunque hay momentos en los que le gusta bromear sobre cuestiones más serias y otros en los que se vuelve muy cuidadoso para hablar de su ascendencia japonesa, queda claro que al diseñador mexicano le importan los asuntos de herencia cultural. “La gente que es más universal entiende de culturas y entiende de diversidad”, apunta con convicción. “A una persona muy clásica tal vez le cueste más trabajo entender que también se puede ver diferente. Muchos franceses en México nos compran como comunidad. Y tuvimos una experiencia con un diseñador chino que vende en Nueva York que se enamoró de un vestido nuestro. Hay turistas que regresan cada año con nosotros para seguir consumiendo”. Al mirar por última vez a través de los ventanales, vuelve a aparecer ese horizonte del Centro Histórico de la Ciudad de México fragmentado por edificios, monumentos y anuncios espectaculares abandonados. En los parches de cielo que quedan, otro sol naciente se asoma a horas tempranas, el sol del amanecer chilango que recibe a la gente que sale a trabajar y que, desde esta altura, solo parece una masa uniforme. ¿Qué tanto pensamos en moda cuando nos lanzamos a las fauces de la ciudad? “La ropa es algo muy personal”, asegura Vargas Ayluardo. “Porque hasta la persona que crees que no le importa, le importa”.

LA MAÑANA ESTÁ bañada por una luz dorada que se filtra por las ventanas de la casona que hace de locación. Mayra Hermosillo se prepara para una sesión de fotos y las manos de su maquillista trabajan con precisión mientras el cuarto se inunda de sombreros y románticos vestidos. Faltan apenas unos días para que tome un avión rumbo a Italia, donde su primera película como guionista, directora y productora será presentada en la sección Giornate degli Autori del Festival de Cine de Venecia. Y, sin embargo, lo que le estimula no es la alfombra roja ni el glamour del festival, sino la certeza de que Vainilla es una historia que llevaba toda la vida gestándose y que, al fin, está lista para ver la luz.

“Es como parir”, dice con una sonrisa amplia. La palabra no es casual: Vainilla es su hija, su constelación familiar, un tributo a las mujeres que la criaron en una casa de Torreón, Coahuila, (lugar donde nació Hermosillo en 1987) donde no habitaban hombres, pero sí abundaban la complicidad y la resiliencia. Ambientada a finales de los años 80, la película cuenta la historia de siete mujeres de distintas generaciones que luchan por conservar la casa

RAÍZ MATRIARCAL

en la que viven. Está narrada desde la mirada de Roberta, la más pequeña del clan, que observa cómo las tensiones por el dinero, la ausencia paterna y los códigos no escritos de la sororidad moldean la vida en comunidad.

Hermosillo creció en una familia compuesta exclusivamente por mujeres. Estudió Comunicación en su ciudad natal y, antes de dedicarse a la actuación, trabajó como conductora de televisión y radio, así como de reportera cultural. Con ese bagaje, llegó a la Ciudad de México para estudiar actuación, una decisión que cambiaría el rumbo de su vida. La vimos en series como Narcos: México (2018) y películas como El norte sobre el vacío (2022), pero incluso mientras actuaba, había una historia que la acompañaba como una sombra persistente: la de su propia familia. “Me cuesta mucho escribir sobre cosas que no he vivido. Por eso la importancia de escribir desde una verdad”, confiesa. “Sentía una necesidad enorme de entender a mi familia años después. Nos desprendimos cuando yo era muy joven, cada quien tomó su rumbo y con el tiempo las extrañé demasiado”. El guion, que comenzó en 2018, mezcla episodios reales y de ficción. El conflicto central —el desalojo— está inspirado en hechos verídicos, aunque adaptado para dar ritmo a la narración. “Es un collage de memorias. Tenía que elegir qué contar para que la historia respirara”.

La familia que retrata en pantalla era, como dice sin tapujos, “muy disfuncional”. Durante su infancia, le costaba aceptar la ausencia de una figura masculina en casa. “Me peleaba con esa estructura no tradicional. Pero cuando llegué a la Ciudad de México y vi otras formas de vivir, pude entender a mi familia desde otra perspectiva. Crecí cuidada por mi madre, mi abuela, mi tía, mi bisabuela, mi nana… Se me impregnó la esencia colectiva: concibo la vida en manada”.

No todas las mujeres de Vainilla comparten lazos de sangre; tampoco en la vida real. “Mi abuela Georgina llegó de niña a San Luis Potosí, probablemente desde Alemania o Polonia, huyendo del Holocausto. Concha, mi bisabuela, la adoptó, y luego se fueron a vivir a Torreón. Limbania, mi tía, también era adoptada.

La actriz Mayra Hermosillo se estrena como guionista, directora y productora con Vainilla, su ópera prima. Conversamos con ella sobre la película unos días antes de su estreno en el Festival de Cine de Venecia.

Por Kira Álvarez Fotografía por Alberto Rebelo

Mayra Hermosillo, fotografiada el pasado junio en la Ciudad de México, presentó Vainilla, su ópera prima, en el Festival de Venecia.

Por eso en mi familia nadie se parecía: unas eran morenas, otras muy blancas, algunas con ojos rasgados”. Esa diversidad física era reflejo de algo más profundo: una idea de familia que no dependía de la biología, sino de la decisión de cuidar. Sin embargo, no estaba exenta de dureza. “Concha no conocía las formas de afecto, y fue muy estricta. No es que quisiera ser mala, simplemente no le enseñaron a amar. Mi madre decidió romper ese patrón: aprender a dar un abrazo, un beso”. Esa comprensión —no justificar, pero sí entender— permea la película. “Cada quien hace lo que puede con las herramientas que tiene”, reflexiona. Ver a sus mujeres interpretadas por otras actrices fue una experiencia intensa. Algunas ya no están vivas, como Concha, su abuela Georgina o su tía Limbania, y la ficción le permitió reencontrarse con ellas desde otra mirada. “Fue como hacer una constelación. Al verlas representadas, me movieron ideologías enteras. Dejé de lado esa idea de que hay que ser fuerte todo el tiempo. Ellas eran duras, sí, pero también vulnerables”. Aurora Dávila, quien interpreta a Roberta —la versión infantil de Mayra—, fue la última en audicionar y obtuvo un sí rotundo. Fernanda Baca, que da vida a Manu, resultó ser su sobrina, algo que Mayra descubrió después de la elección. “No nos veíamos desde que era chiquita. Ganó el papel por mérito propio; mi mamá dice que definitivamente la sangre llama”. María Castellá, en el papel de Alicia (la madre de Mayra), y Natalia Plascencia como Limbania, son sus mejores amigas y desde hace seis años tenía decidido que no necesitaban casting. La abuela Georgina fue encarnada por Paloma Petra, otra amiga cercana en ese momento y Rosy Rojas, que interpreta a Concha, la conquistó con una sola escena de apenas tres minutos en La paloma y el lobo (2019). Incluso Lola Ochoa, cantante de profesión que debuta como actriz en la película llegó al casting únicamente para acompañar a una amiga y se apropió del papel de Tachita, la nana leal.

La austeridad se convirtió en un motor creativo. “No teníamos ni cafetera en el set ”, recuerda. “Molíamos nuestro propio café. Ver a gente como Salvador, Gilda o Ale, con carreras llenas de premios, haciendo su cafecito con nosotros me conmovía muchísimo”. Durante el rodaje, cada mañana empezaba con el “círculo del amor”: todo el equipo — actrices, técnicos, productores— tomados de la mano, compartiendo una dinámica para iniciar el día. También hubo jornadas temáticas, como la de los labios pintados de rojo para todos, hombres incluidos. “Se sembró un cariño y un respeto que se ve en las escenas. No sé si vuelva a vivir algo así”. Aunque Vainilla está impregnada de sororidad, Mayra evita encasillarla como un manifiesto feminista. “Me cuesta entender el feminismo de hoy en día”, admite. “Yo crecí con mujeres que luchaban, independientes, solidarias. Tuve la suerte de crecer en un matriarcado de diferentes generaciones y diferentes creencias y vivencias. No rechazo la masculinidad, aunque haya vivido su ausencia. Prefiero no hacer juicios, sino conocer las circunstancias de cada persona. Todos tenemos un bagaje”. En la película, ni su madre ni sus tías se victimizan por la ausencia masculina. No hay discursos contra los hombres, sino retratos de mujeres que toman las riendas de su destino, incluso en un México de los años 80 marcado por el machismo, donde una casa sin hombre era sinónimo de chismes y sospechas. “Nos llamaban de todo: putas, brujas, malas mujeres. Pero nunca se metió un hombre a casa para ‘salvar la imagen’. Esa independencia me marcó”.

Ese matriarcado moldeó su forma de relacionarse con el mundo. No es casual que en su trabajo siempre busque rodearse de las personas que ama: amigas, familiares o colegas que ya son parte de su círculo íntimo. “Si escribo películas es solamente como pretexto para estar con ellas. Quiero pasar 30 días seguidos creando, riéndonos, acumulando anécdotas”, apunta Hermosillo. Parte del crew de Vainilla está conformado por Jessica Villamil, quien se estrena como directora de fotografía (Mayra necesitaba ojos de mujer para contar su historia), y las experimentadas Gilda Navarro en vestuario y Alejandra Velarde en maquillaje.

La casa es el corazón de Vainilla. No solo como escenario físico, sino como símbolo de pertenencia, refugio y memoria. Para recrearla, Hermosillo recurrió a Salvador Parra, uno de los diseñadores de producción más reconocidos de México. Con un presupuesto limitado, Parra construyó una réplica exacta de la casa original en un foro tras hacer un levantamiento minucioso en Torreón. El rodaje se dividió entre ese set y una breve estancia en Torreón y Mazatlán para capturar exteriores. “Cuando mi mamá llegó al foro se soltó a llorar al ver la casa, su casa. Yo solo pensaba en cómo habíamos podido dormir tantas en cuartos tan pequeños. Compartir todo eso era muy bello, fuerte, doloroso, incómodo, pero luego se volvía orgánico. Y así también fue la película, una lucha constante”

Arriba: un momento del rodaje de Vainilla La película de Hermosillo mezcla episodios reales y de ficción, con un conflicto central inspirado en hechos verídicos.

La noticia de que Vainilla competiría en Giornate degli Autori la tomó por sorpresa. “Para mí, esto empezó por querer contar una historia y hacerle honor a las mujeres de mi vida, no como una estrategia para ser cineasta”. Lo que más le emociona no es el reconocimiento internacional, sino que 30 personas del equipo viajarán al estreno, muchas por primera vez a Europa, incluida su madre. “Es un regalo que esta película sea el motivo para que vivan algo así”. La fecha del estreno en Venecia tiene un significado especial: el 3 de septiembre se cumplen 20 años de la muerte de su abuela Georgina. “Ese día, a las 5 de la tarde, hora del estreno, la quisieron revivir y trascendió.”

Hermosillo no es madre, pero habla de Vainilla con la ternura y el orgullo de quien ha criado algo propio. Han sido años de escritura, búsqueda de fondos y rodaje en condiciones que demandaron creatividad y resiliencia. “Es mi hija. Una hija hecha de memoria, de amor y de la gente que dijo que sí. No es solo mi película: es la esencia de todos los que creyeron en ella”.

Termina la entrevista, varias personas van y vienen y la maquillista da los últimos toques. Hermosillo se mira en el espejo y sonríe. En su reflejo habitan todas ellas. En pocos días las llevará a cruzar el océano. Pase lo que pase en Venecia, ya ha ganado: ha devuelto a la vida, aunque sea en otra piel, a sus mujeres y les ha construido una casa de recuerdos donde siempre podrán habitar. 37

A su manera

Diamantes y audacia forman el eje sobre el que Messika ha construido su legado en la joyería moderna. Fundada en 2005, la casa cumple dos décadas desafiando los límites establecidos con Terres d’Instinct, una colección inspirada en los colores de África.

RECUERDA CON TODA claridad la primera joya que diseñó: un colgante con un diamante montado en un hilo de pescar. “Quería que pareciera otar sobre la piel”, nos dice Valérie Messika, fundadora y directora artística de Messika, en la suite del Hôtel de Crillon de París, donde acaba de presentar su última colección de alta joyería. “Era una idea muy sencilla, muy ligera, pero que ya decía mucho de lo que más tarde defendería como creadora”.

Al principio creaba joyas para ella misma y sus amigos “por puro placer”, pero un día decidió participar en Baselworld la feria anual que hasta 2019 reunía en Basilea a las industrias mundiales de la joyería y la relojería , como un reto personal, y ese fue el punto de in exión. “Un salón profesional exige una visión de marca, una campaña, un universo. Fue entonces cuando realmente empezó la aventura”. Era 2005, y los cimientos de la que hoy es una de las rmas de referencia de la joyería internacional ya estaban dispuestos. “En aquel momento no encontraba nada que me representara. Nada que me diera ganas, como mujer, de comprar una joya para mí. Así que creé lo que me habría gustado tener. Hoy hemos abierto un camino, una nueva actitud ante la joyería”, dice la fundadora de la marca.

Con solo 25 años, la francesa irrumpió en el entonces muy tradicionalista mundo de la joyería apostando por hacer de los diamantes un instrumento disruptor y moderno, capaz de re ejar las inquietudes y necesi-

Arriba: collar Mirage, inspirado en las dunas de Sossusvlei, en Namibia. Arriba, derecha: anillos Hypnotic Scale, la primera vez en dos décadas que la marca introduce el color en sus diseños; anillo en oro y diamantes de la colección

Terres d’Instinct Derecha: Valérie Messika, fundadora y directora artística de Messika, en su estudio.

aureola mediante; se reformulado con malaquita, ónice,

despacho de su padre André, comerciante de diamantes

dades de la mujer contemporánea. Lo hizo con Skinny, una reinvención de la clásica pulsera tennis. Después llegaría Move, un diseño que se oponía a la estaticidad joyera de la época con tres diamantes que se deslizaban con el movimiento de su dueña en una suerte de ábaco de oro ingeniosamente construido. Dos décadas después, sigue siendo un pilar de la enseña, en concepto y en rendimiento: cada 20 minutos se vende una joya de la colección que sacó los diamantes de su tedio nupcial para vivir en una constante reinvención. Desde que vio la luz, se ha reformulado en ear cu s y chokers de cadenas; se ha cubierto con un pavé integral, engaste aureola mediante; se reformulado con malaquita, ónice, turquesa, lapislázuli y nácar; y hasta se ha revisitado en titanio para el hombre. Ultramoderno y atemporal al mismo tiempo, “encapsula perfectamente el ADN de la maison”, enfatiza Messika. “Llegamos al mercado con una energía contemporánea, en un momento en que pocos sabían darle ese ritmo moderno a la joya. Supimos leer el momento y responder con autenticidad”, continúa. Y funcionó: los analistas sitúan las ventas en los 360 millones de dólares, van en camino a alcanzar las 180 boutiques propias y son uno de los nombres de cabecera cuando se habla de diamantes. Si eligió convertir esta piedra en el epicentro de su particular universo no fue por casualidad. De niña, recuerda, jugaba a medir quilates y distinguir cortes en el despacho de su padre André, comerciante de diamantes desde 1972. “Está ligado a mis recuerdos, a mi relación con mi padre. Para mí el diamante es luz, es energía, es sensualidad. Tiene algo muy íntimo, muy emocional. Es ese plus de alma que siempre me conmueve”, describe. Y en ese eje sobre el que gira Messika se integra a la perfección Terres d’Instinct, la colección de alta joyería con la que la marca celebra su 20 aniversario: 16 juegos de piezas únicas inspiradas en un viaje familiar a Namibia, Botsuana y Sudáfrica. “Me impactaron profundamente los paisajes, la fauna salvaje, la inmensidad del desierto. Fue una conexión casi visceral. Volví llena de inspiración, con una necesidad de crear”, recuerda la diseñadora. “África es la cuna de los diamantes más bellos del mundo. Y ese vínculo es fundamental para Messika. Quise volver a lo esencial de nuestro éxito: nuestra relación con el diamante”.

Rendir homenaje a la idiosincrasia de la rma también incluye ciertas cuotas de irreverencia, de ahí que, por primera vez en dos décadas, hayan usado piedras de color. “Un aniversario se celebra con color, con alegría, con audacia. Tras 20 años de delidad absoluta al diamante sentí que podía permitirme romper esa exclusividad. Es una forma de expresar una nueva madurez creativa, una libertad renovada”, añade la directora artística de Messika.

Ese libre albedrío para salirse de los márgenes establecidos y proponer algo diferente, más atento al pulso de los tiempos que al acervo, es una de las claves de su éxito. También la punta de lanza para competir en un sector inmovilista, históricamente capitaneado por hombres y dominado por casas que hacen alarde de biografías. “Cuando no tienes los mismos recursos que los grandes grupos, tienes que ser ingeniosa y esa limitación se convierte en una fuerza. Nuestro truco ha sido anticiparnos, atrevernos antes que los demás. Eso es lo que nos ha mantenido a la vanguardia”, continúa Messika. No habría sido igual dentro de las lindes de una maison atada a una historia, un patrimonio y una junta de inversores. “La agilidad que te permite la independencia es incomparable. Poder tomar una decisión en una hora, sentada en mi mesa, sin pasar por cadenas de validación, es un lujo enorme”, de ende. Sabe que esa autonomía

para poder salirse de los márgenes ha jugado a favor. Y en esa audacia ha tenido mucho que ver no tener estudios formales en joyería y moverse más guiada por la intuición que los tecnicismos y las reglas puristas. “Si hubiese tenido demasiada técnica, tal vez no me habría atrevido a hacer lo que hice. Fue esa mirada libre la que me permitió empujar ciertos límites”, señala. También ser una mujer en un sector donde la batuta generalmente la llevan hombres. “Nunca lo viví como una di cultad, al contrario. Ser mujer en un universo tan masculino y codi cado me permitió aportar una voz distinta. Creo que eso reforzó el impacto de mi discurso y de mi visión”. Su relación con la joya es íntima, explica, y eso se reeja en su manera de crear. La sensibilidad femenina que se aplaude en las propuestas sartoriales de Phoebe Philo y Chemena Kamali también aplica aquí. Ayuda mucho que quien se encarga de crear las joyas también pueda ponérselas, entender qué se siente al llevarlas, cómo se mueven, lo cómodas que resultan, explica Messika. Por eso el 70 por ciento de su equipo está formado por mujeres. Algo poco común en un sector que para ella, lejos de un mero dato, es una fortaleza.

Hoy innovación, reinvención y evolución forman el triunvirato léxico del discurso joyero, pero Messika llevó la delantera. “Creo que nuestra forma de hacer las cosas abrió nuevas perspectivas”, apunta la diseñadora. Y no solo en lo referente al diseño. También en la manera de vestir la joyería. Fue Messika quien espoleó la mezcla de oro blanco y amarillo, el maridaje de distintas colecciones y el stacking que ahora vemos en los des les de Celine, Dolce & Gabbana o Sportmax. “Nosotros propusimos otra libertad, la de llevar las joyas de formas diferentes y en lugares inesperados con una actitud nueva”. Neoporté lo llaman en la enseña.

Messika es consciente de lo rebelde de su enfoque y de la de nición de disruptiva que a menudo se le atribuye. E incluso con la tensión que a veces carga el término, le gusta la capacidad de romper los códigos y el desafío de esa solemnidad tradicional que conlleva. “Si eso es ser disruptiva, entonces sí, lo asumo con orgullo”

DÍA DE COMPRA

Zapatos, bolsas y accesorios que desdibujan las líneas entre lo necesario y lo onírico.

Fotografía por Victor Trani Dirección creativa por Kira Álvarez

Perfume Chance, de Chanel, chanel.com; bolsa de Fendi, fendi.com; collar de Louis Vuitton, louisvuitton.com; lentes de sol de Dior, dior.com; zapatos de Christian Louboutin, christianlouboutin.com; delinadores de ojos de Dolce & Gabbana, dolcegabbana.com; pañuelo de Bulgari, bulgari.com.

Bolsa, aretes y brasier de Miu Miu, miumiu.com; perfume de Louis Vuitton; zapatos y lentes de Prada, prada.com; pulsera de Bulgari; maquillaje de Dolce & Gabbana

Zapatos y lentes de sol, de Bottega Veneta, bottegaveneta.com; cinturón de Dolce & Gabbana; perfume de Loewe, loewe.com; brazalete de Dior; reloj y clutch, de Bulgari; labial de Chanel

Zapatos y clutch, de Chanel; bolsa de Dior; zapatos de Louis Vuitton; collar de Dolce & Gabbana

Lujo condureza

Mientras el resto del mercado cae, ella resiste. En un momento en el que el mundo se replantea el valor de lo que compra, la joyería brilla como una inversión con muchas facetas.

EL 11 POR CIENTO de escalada en el segundo cuarto de este añ o en las ventas del portafolio joyero de Richmont Buccellati, Cartier, Van Cleef & Arpels y Vhernier y el 10 por ciento de Hermè s; la expansión del departamento de joyerí a de Harrods, una inversión multimillonaria que comenzará en 2026; el milló n y medio de bú squedas mensuales en Google de la colecció n Alhambra de Van Cleef & Arpels; los 1,170 millones de dólares que, según Boston Consulting Group, generó la colecció n Love de Cartier; los 2,800 millones de dó lares en los que se estiman las ventas de Laopu, la marca china del momento; los 559,300 dó lares que acaban de pagarse en una subasta de Bonhams por un anillo de diamantes, platino y un zafiro de Cachemira de 4.32 quilates; y los 600,000 por los que se espera vender un anillo con un diamante de 9.03 quilates en el próximo Gem Drop organizado por Sotheby’s. Hay cifras de sobra para confirmar el momento de esplendor que está viviendo la joyerí a a nivel global. Lo que tiene intrigada a la industria es la razón de este apogeo descarado mientras el resto del lujo se resiente; un ejemplo: las ventas de accesorios han caído hasta un 10 por ciento y los analistas hablan de una crisis aú n peor que la de 2008.

Laura García del Río

Desde arriba: broche de diamantes, de René Boivin (ca. 1939); collar Alhambra en oro y coral, de Van Cleef & Arpels (ca. 2008); reloj en oro amarillo de Chopard (1972); funda para tech rings, de Suzanne Kalan para Mytheresa.

Pero tampoco hay escasez de razones. La primera, el precio. En los ú ltimos cinco añ os, la cifra en las etiquetas de prê t-à -porter se han incrementado un 30 por ciento de promedio; en las de los bolsos, hasta un 150 por ciento. Si en 2018 una bolsa 11.12 de Chanel costaba 4,500 dó lares, hoy alcanza los 11,300; la Neverfull de Louis Vuitton ha pasado de 1,500 a 2,170 dólares; y el Peekaboo de Fendi de 3,000 a 4,500 dólares. La escalada en joyerí a, no obstante, ha sido má s comedida. A diferencia de otros sectores y de acuerdo con la consultora Bain, no ha relegado al banquillo al consumidor aspiracional con precios inalcanzables —y a menudo injustificables—, lo que ha provocado que, curiosamente, haya destronado al accesorio como puerta favorita de entrada al lujo. Por los 990 dó lares que hoy cuestan unos pendientes Just un Clou de Cartier se accede a poco má s que un monedero de Chanel, espoleando la cuestió n de qué justifica las cifras que se piden por la it bag de turno.

El tiempo, pues, juega a favor de la joyería. Y es que, en momentos de incertidumbre, calan las categorí as que se perciben como un valor refugio a futuro. “La joyerí a, un bien tangible, no perecedero y altamente transportable, entra en ese grupo”, nos dicen desde Suárez, casa joyera española. Que el precio del oro se haya incrementado un 25 por ciento en lo que va de añ o da una idea de por donde van los tiros, pero má s allá de lo intrí nseco, operar al margen del vaivé n de tendencias que ha convertido a la moda en una espiral de novedades tambié n apuntala esa noció n de inversió n. De paso, también enlaza con un giro en las formas de compra de una sociedad que “está comenzando a cuestionar un modelo de consumo acelerado que ha generado una saturació n de estí mulos y una necesidad de

pausar y de elegir mejor. La joyerí a ofrece esa pausa”, explican desde la marca. Incluso la Gen Z, que representa el 15 por ciento de las ventas del sector, le ve el atractivo. “Las nuevas generaciones valoran el lujo í ntimo, ritual y coherente. En este nuevo mapa simbó lico, la joyerí a encuentra su espacio”, señala Beatriz Carranza, fundadora de la consultora BCV-N, quien ha trabajado con marcas como Oktaaf y Tabayer. “La joyerí a ofrece un tipo de atemporalidad que cada vez se aprecia má s”, añade Tiffany Hsu, Chief Buying Officer de Mytheresa. El aumento de doble dí gito que está n observando en las ventas de lujo duro en la plataforma el pasado enero se sumó Bulgari a su de por sí amplí sima oferta de marcas y siguen sorprendidos con los resultados , lo demuestra. “Se aprecia cada vez má s como una inversió n que como una declaració n de moda”, continúa Hsu. Si el añ o pasado el mercado del lujo en su conjunto cayó un 1 por ciento, la joyerí a se las apañ ó para crecer un 2 por ciento, llegando, según Bain, a los 35,000 millones de dó lares. La alta joyerí a, apuntan, funcionó especialmente bien. Incluso en Kering, grupo que acaba de reportar pérdidas con Gucci encabezando la sangría , Pomellato está dando el do de pecho. Y las cifras de este añ o caminan por los mismo derroteros: mientras la bajada del lujo se calcula en torno al 5 por ciento, la joyerí a proyecta un crecimiento de hasta el 8 por ciento. Ni siquiera la guerra de tarifas ni el encarecimiento del oro han podido con ella. “Mujeres con un alto poder adquisitivo hoy priorizan compras que construyen un legado personal má s que armarios de temporada”, defiende Carranza. “La joya responde a ese deseo: permanece, narra, conecta”. Mientras la moda se enfrenta a un comprador má s cauto, a la alargada sombra de otra crisis nanciera, a una relación cali-

ha sabido tocar los palos adecuados. He aquí los pilares sobre los que el lujo ha levantado

, la má s grande de Pomellato hasta la fecha; la presentación de altos vuelos que Louis

creciente interé s por la artesanía, la inspiradetrá

dad-precio que arquea cejas y levanta en armas a las redes sociales y a una sequía creativa que está apostando por lo seguro, la joyería ha sabido tocar los palos adecuados. He aquí los pilares sobre los que el lujo ha levantado su propio pedestal: artesanía, calidad, exclusividad, resonancia emocional y creatividad. Un terreno en el que la alta joyería una herramienta de e cacia probada para generar storytelling y deseo saca pecho con eventos y propuestas como las 75 piezas de Collezione 1967, la má s grande de Pomellato hasta la fecha; la presentación de altos vuelos que Louis Vuitton llevó a cabo en Mallorca, con tantos quilates como invitados VIP; o la de Dolce & Gabbana en Roma, un homenaje a la ciudad eterna, a la historia y al fatto a mano. “Hay un creciente interé s por la artesanía, la inspiración y el proceso de creación detrá s de cada pieza”, apuntalan desde Suárez.

Aunque trascender el tiempo y las tenka, jefa global de joyerí a en Bonham. Allí, el interé s por la categorí a se está traduciendo en cripciones de compradores. “Ú ltimamente, Ghika. Mientras tanto, en Suá rez apuntan a diseñ os versá tiles fá ciles de incorporar en el dí a a dí a y a los clá sicos reinterpretados. Ni siquiera los íconos, que se llevan la mayor las

Aunque trascender el tiempo y las tendencias sea uno de los muchos atractivos de la joyerí a bien hecha, los clientes siguen buscando novedades sin dejar de lado la calidad y la rareza, dos cualidades pujantes en las subastas, tal y como nos aclara Jean Ghika, jefa global de joyerí a en Bonham. Allí, el interé s por la categorí a se está traduciendo en un aumento del 25 por ciento en las inscripciones de compradores. “Ú ltimamente, hay mucho interé s por las piezas antiguas y art déco y por las gemas de colores”, afirma Ghika. Mientras tanto, en Suá rez apuntan a diseñ os versá tiles fá ciles de incorporar en el dí a a dí a y a los clá sicos reinterpretados. Ni siquiera los íconos, que se llevan la mayor parte del pastel solo en Cartier suponen en torno a tres cuartos de las ventas , está n exentos de inventiva y cambio. Ahí están la revisió n cuadrangular del Trinity de Cartier, el brazalete Bone de Tiffany & Co. convertido en anillo o las incansables reinvenciones del Chaî ne d’ancre de Hermè s para demostrarlo. Además de actualizarse, la experimentació n abre la puerta al uso de té cnicas y materiales con los que ampliar un portafolio que toque todo el rango de precios: por debajo de los 1,000 dó lares o bien superado el milló n, como es el caso del collar Wings of Chanel , que cuenta con un zafiro de 19.55 quilates y que fue la estrella de la ú ltima entrega de alta joyerí a de la maison

Por otra parte, son muchas las marcas que está n ampliando sus horizontes a la plata, desde David Yurman a Chopard, sin perder de vista que los precios del platino y los diamantes en parte por la ubicuidad de las versiones de laboratorio han bajado. Incluso está n entrando en nuevas categorí as, como las fundas para los tech rings que Suzanne Kalan acaba de lanzar en exclusiva con Mytheresa: bandas de diamantes que elevan esos anillos inteligentes que la mayorí a de sus dueñ os escondí an. Y, quilates aparte, también está el tiró n emocional. “La joyerí a tiene un valor trascendental que se puede heredar, transformar, guardar y redescubrir”, dicen desde Suá rez. “Y eso tiene mucho peso en un mundo que cada vez gira má s rá pido”.

Desde arriba: collar de la última colección de Dolce & Gabbana, un tributo a Roma; collar Serpenti Tubogas, de Bulgari; anillo Panthère, de Cartier; broche de Jewels by Nature, la última entrega de Chaumet.

OJOS CORAZÓN ENLOS EL

A sus 83 años, la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide recibe el Premio Princesa de Asturias de las Artes.

Por Laura Durango Fotografía por Karla Lisker
Graciela Iturbide, fotografiada el pasado 13 de agosto en su casa-taller de Coyoacán, Ciudad de México, lleva collar, aretes y anillo de Cartier, cartier.mx.

Número 6

Septiembre, 2025

COMO UN GORRIÓN menudo y perspicaz, a sus 83 años Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942) no teme levantar el vuelo las veces necesarias para, acompañada de su cámara analógica, dar alas a su pasión fotográfica.

Medio siglo de oficio viene avalado por rituales creativos basados en la suma de contrarios: el azar y la reflexión, el orden y la libertad, lo onírico y lo testimonial. Y aunque otorgue a la sorpresa un puesto de honor en su labor, reconoce que sin conocimiento o propósito ético la intuición tiene escaso recorrido.

Tratándose de un viaje de altos cielos —recoger el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025 en Oviedo—, Iturbide, que en su universo interior afirma sentirse ave, no duda en subirse a ese otro pájaro metálico, el avión, para cruzar emocionada el Atlántico.

T México: Cuando el pasado mes de mayo se le concedió el Premio Princesa de Asturias de las Artes, se inauguraba en la Fundación Casa de México en España, en Madrid, su retrospectiva Cuando habla la luz, que ha tenido una extraordinaria acogida. Ambos hechos constatan su reconocimiento en España y también global. ¿Cómo se siente?

Graciela Iturbide: Al principio bloqueada, no lo esperaba. Luego muy feliz y agradecida. Aunque soy muy mexicana tengo también sangre vasca, aragonesa y asturiana. Mis ancestros españoles llegaron a México antes de la Independencia, y para mí es muy lindo compartir mi parte mexicana con la española a través de este galardón.

T México: El blanco y negro es una de sus señas de identidad. ¿Nunca le atrajo el color?

pero en general no me gusta, yo veo en blanco y negro; el color para mí es solo una abstracción de lo que estoy viendo. En todo caso, me gustan las tonalidades suaves.

T México: Hizo una excepción en la serie El baño de Frida. ¿Por qué?

G.I.: Tras la muerte de Frida Kahlo en 1954, Diego Rivera cerró dos espacios de la Casa Azul con objetos y documentos de Frida. Medio siglo después, en 2004, Dolores Olmedo me encomendó plasmar la reapertura a Manuel Álvarez Bravo como su primer y gran maestro, pero también se relacionó con figuras de la literatura como Juan Rulfo. Arriba: brazaletes y collar de Tiffany & Co., tiffany.com.mx.

de esos lugares. Quería que fotografiara los huipiles de Frida, pero como casi no hago guiones permití que el azar, que es totalmente importante, operase en mí. A l pasar por el baño lo que me atrajo fue el dolor de Frida a través de sus prótesis, corsés, medicinas, animales disecados y carteles de Stalin, objetos que parecían tener una palidez propia. Supe entonces que ahí estaba el tema.

T México: Siempre menciona a su primer y gran maestro, Manuel Álvarez Bravo, referente de la fotografía mexicana, quien la guio en su interés por los pueblos originarios. Sin embargo, en sus series documentales sobre India, Tlaxcala, los indígenas seris de Sonora o los muxes de Juchitán se aprecia un eco de los paisajes y figuras que fotografiaba Juan Rulfo, también amante del blanco y negro, de lo ancestral y de los trasfondos oníricos.

G.I.: Ah, Juan Rulfo. Tengo dos historias sobre él… Yo le conocí, me decía que era una maravilla que yo viviera en una calle que se llamaba Barranca del Muerto. Quería que le imprimiera sus fotos, me lo pidió, pero yo apenas estaba aprendiendo a revelar con Manuel Álvarez Bravo y rehusé porque pensé que le iba a quedar mal. Luego me propuso un experimento: ir a su casa y fotografiarnos mutuamente. Y ¿qué crees? Nunca fui. Ahora me arrepiento, adoro su literatura, Pedro Páramo es uno de mis libros fetiche.

T México: ¿Se considera fetichista?

G.I.: Lo soy en mi proceso creativo, un ritual que amo. Nunca robo fotos, busco la complicidad y pido permiso. No uso teleobjetivo, iluminación artificial ni tripié. Me gusta llegar a casa, revelar los contactos, seleccionar con calma Recorto algunos, a veces los pego en tarjetitas y por último imprimo. Sí soy fetichista, pero no mitómana. Por ejemplo, no comparto la fridamanía. Para mí Frida Kahlo no era santa, como dicen; solo una gran mujer.

T México: Sin embargo, dos de sus imágenes más laureadas, Mujer ángel y Nuestra señora de las iguanas, ambas de 1979, se han convertido en arquetipos casi iniciáticos del imaginario colectivo. He leído que en California hasta les ponen altares.

G.I.: El curador de la exposición Cuando habla la luz, Juan Coronel Rivera, escribió respecto a esas fotografías que hay una mitología ancestral inconsciente que conecta a los seres humanos con los vínculos metafísicos de determinadas culturas; en este sentido, quizá Nuestra señora de las iguanas, una mujer vendedora de iguanas en el mercado que porta a las mismas en la cabeza a modo de corona, tiene esa fuerza mágica y simbólica de la madre creadora que nos alimenta, el poder de la diosa. La llaman la Medusa juchiteca, y se ha convertido, junto a Mujer Ángel, en un símbolo feminista. Mujer Ángel es mi preferida, no fui consciente de ese instante extraordinario mientras la hacía. Amo esas imágenes que tomé con mi rollieflex porque me las regaló el azar.

Dice Iturbide que en su proceso creativo nunca sabe lo que puede encontrarse. “Dejo que las cosas aparezcan”, explica. Abajo: aretes y collar de Gala is Love, galaislove. com; anillo y brazalete de Bulgari, bulgari. com. En página anterior: brazalete y anillos de Cartier.

T México: Alude mucho al azar pero sus ensayos fotográficos denotan un sentido muy meditado de lo que hace.

G.I.: Me gusta trabajar sin prisa, ya sean encargos o proyectos míos. Me atraen muchos asuntos: las tradiciones, las costumbres, los jardines botánicos, la diversidad, la mujer, los pájaros, los pueblos originarios... Sin embargo, a la hora de disparar, de apretar el obturador para ese “momento decisivo” del que hablaba Henri Cartier-Bresson —al que por cierto tuve la suerte de conocer en París—, interviene la sorpresa. Nunca sé lo que voy a encontrar, salgo con mi cámara y dejo que las cosas aparezcan, a veces se presentan incluso a través de los sueños. Es muy emocionante.

T México: Hablando de sueños, de esas fronteras entre lo interior y exterior, ¿cree que existen circunstancias superiores a lo meramente terrenal?

G.I.: Mira, yo no soy creyente pero sí muy mística. Adoro a San Juan de la Cruz, a Santa Teresa de Ávila, a los sufíes, me gusta mucho leer sobre las religiones,

La cámara es para Iturbide “todo eso anímico que descubre el corazón pero que se aloja en la cabeza”. Abajo: la fotógrafa en una de las estancias de su casa-taller en la capital mexicana.

me encanta El c antar de los c antares... No obstante, a pesar de la educación tan severa que tuve con obispos y arzobispos, de confesiones obligadas en mi escuela del Sagrado Corazón, de misas y comulgadas continuas con mi madre, incluso de una capilla avalada por el Vaticano en casa de mi tía, pues con el tiempo vas evolucionando y viendo cosas. Y aunque no soy creyente, no dudo ni tantito que hay una gran fuerza, lo descubrí en la isla de Lanzarote.

T México: ¿Por qué en Lanzarote?

G.I.: Cuando fui allí hace dos años sentí que llegaba al principio y fin del mundo, al lugar perfecto. Me di cuenta de cómo venimos de esa gran fuerza de la naturaleza. Desde entonces , creo en el homo sapiens. He estado luego en Japón y Machu Picchu fotografiando

también piedras, volcanes, lava, esos elementos de la naturaleza con tanta potencia y belleza telúricas.

T México: ¿Le asusta la idea de la muerte?

G.I.: Sí, me asusta un poquito. La he fotografiado mucho, porque nacemos para morir y porque la muerte es costumbre en México, de ahí la multitud de máscaras de la muerte en festividades. Pero ya no, hubo un momento en que tuve que parar porque ciertas energías de ciertas personas y ciertos rituales me estaban afectando.

T México: ¿En qué sentido?

G.I.: Perdí a una hijita cuando tenía 6 años. A partir de entonces me dediqué a fotografiar angelitos (niños muertos), que en México los ponemos en sus cajitas con flores y medicinas. Un día , en Dolores Hidalgo, Guanajuato, me encontré a un señor con toda su familia que llevaba a su niña muerta en una cajita. Le pregunté si podía acompañarle y en medio del camino al cementerio el señor se volteó asustado porque había un hombre tirado con el cuerpo picoteado por los buitres, no sé si lo habían sacado de la tumba o no lo habían enterrado. Nada más dejar a la niña en su tumbita, de repente salieron miles de pájaros y sentí entonces que la propia muerte me dijo: ‘Basta de fotografiar angelitos para sufrir’. Y lo dejé.

T México: ¿Ha habido más fotografías difíciles?

G.I.: No hubiera podido contemplar sin mi cámara la fiesta mixteca de la cabrita, que me recomendó el pintor oaxaqueño Sergio Hernández. Fue una experiencia muy fuerte, la más dolorosa como fotógrafa, ver las lágrimas de las cabritas cuando iban a degollarlas, una tradición muy incómoda. Pero como soy un poquito morbosa y me gusta lo prohibido, quiero ver el mundo y no solo lo bonito.

T México: ¿No le atrae la parte moderna de México, tan espectacular?

G.I.: No me interesa lo moderno como tal, pero me gustan ciertos aspectos geométricos de lo que está a medio terminar. He fotografiado los alambres del anillo Periférico de Ciudad de México, algunos edificios en construcción como parte de un paisaje, sobre todo si ha llovido.

T México: ¿Cómo es el universo interior de Graciela Iturbide?

G.I.: En mi mundo interior anidan los pájaros, la libertad. Como decía San Juan de la Cruz, soy pájaro solitario que vuela alto, que pone un pico en el aire, que no goza de ninguna compañía aunque sea de su naturaleza y que canta suavemente. En México, los pájaros tienen amplitud de significados, igual que los venados,

conejos, mariposas, insectos, serpientes o jaguares; no hay más que observar la artesanía popular. En muchos pueblos, cuando va a nacer el niño hay una persona cerca que dibuja en el suelo animales; y al nacer el bebé, el animal que se pinta en ese momento se convierte en su nahual. Un nahual en la mitología mesoamericana corresponde a un ser sobrenatural que te acompaña de por vida y que te protege aunque a veces pueda ser dañino. Mi nahual es un ave.

T México: Por último, ¿qué representa para usted la fotografía?

G.I.: Es mi pasión, una manera de vivir, de conocer mi país, el mundo y a mí misma. La cámara es la que permite que a través de mis ojos afloren mis

Y así, tan pequeñita y coqueta por fuera —le gusta la moda y el aroma de rosas— pero gigante en su interior, Iturbide cierra con el Premio Princesa de Asturias de las Artes otro capítulo de su fabulosa trayectoria, un crisol testimonial de la compleja profundidad mexicana y la suya propia. Admiradora entre otros del húngaro Brassaï, el francés Henri Cartier-Bresson, el brasileño Sebastião Salgado, el británico Bill Brandt, el checo Josef Kondelka, la italiana Tina Modotti o los mexicanos Manuel Álvarez Bravo y Francisco Toledo, nos despedimos de esta creadora amena, vivaz, comprometida y poética.

La fotógrafa mexicana se considera admiradora de genios de la imagen como Brassaï, Henri Cartier-Bresson o Sebastião Salgado, entre otros. Arriba: collar de Gala is Love 51

CUARTO FORO DE TENDENCIAS GASTRONÓMICAS

C o m e as Yo u A r e

En lugar de imponer tendencias uniformes, las colecciones de otoño llegan con algo para cada gusto: desde trajes clásicos, hasta vestidos que acaparan todas las miradas.

Vestido de Balenciaga. Fotografiado en el Marché aux Puces de París, aquí en IOAH Collection.
Fotografía por Roe Ethridge Estilismo por Charlotte Collet

Vestido y zapatos de Valentino, valentino.com; medias de Falke, falke.com. Fotografiado en William Antiques.

Chamarra, blusa, falda, medias y zapatos de Gucci, gucci.com. Fotografiado en Remix Gallery.

,

Vestido, zapatos y bolsa de Celine, celine.com; sombrero de Marie Mercié

Chamarra, falda, pantalones, zapatos y guantes de Chanel, chanel.com. Fotografiado en

Top, falda, botas y mascada (usada como cinturón) de Louis Vuitton, louisvuitton.com; medias de Falke Fotografiado en

La Galerie Gam.

unidas a la bota) y botas de Loro Piana, loropiana.com. Fotografiado en Stanislas Reboul.

Chaleco, abrigo interior, pantalones, sombrero, polainas (vendidas en par,

Max Mara coat, $4,890, coat (worn underneath), $4,420, sweater (worn underneath), $820, tights, $700, and shoes, $985, maxmara.com;

Vestido de Dior, dior.com. Fotografiado en William Antiques.

Deutsch para DNA Models, Marylore Heck para Women Model Management; peinado por Ramona Eschbach para Total World, con productos Oribe; maquillaje por Christine Corbel para M+A; casting por Je Suis Casting en Minititle; diseño de escenografía por Giovanna Martial para Bryant Artists.

Modelos: Xiaohan Chen para Select Models, Isabella Pascucci para Oui Management, Wali

RITMO

Rubra es la declaración vital de la chef mexicana Daniela Soto-Innes en la costa de Nayarit. Un santuario con un manifiesto vivo germinar con el mar y florecer en comunidad , donde cada plato es memoria y oficio.

NATURAL

LA PRIMERA IMPRESIÓN no llega por el paladar, sino por el oído: el Pacífico golpea con cadencia como si afinara la escena; más cerca, los jardines responden con un rumor de hojas, el zumbido gentil de insectos y el movimiento de las palmeras que aún guardan sol. Caminas por un pasaje de vegetación hasta un túnel breve de concreto rosado. Durante un segundo, el mundo se estrecha y, al salir, la vista se abre de golpe: junto a una

monumental fachada que despierta nuestra curiosidad se despliega la terraza luminosa de Rubra y, al fondo, el área de comedor, ahora convertido en telón para una cocina que trabaja a tiempo vivo. El enramado interno deja una retícula de sombra pautada que convierte el mediodía en una hora respirable. En el conjunto, la materia manda: terrazo, madera, cerámica hecha para tocar, vidrio soplado que atrapa el resplandor justo... No hay ansiedad de novedad, sino una tranquilidad deliberada y una elegancia que se entienden como discreción. Ese diseño, dicen, se inspiró en la geología de las Islas Marietas y en la arena misma de la costa: en vez de nombrar el paisaje, Rubra lo incorpora

La arquitectura se propone desaparecer en el paisaje —esa fue la consigna—: un monolito terso, una paleta tonal que abraza, materiales que, más que exhibirse, acompañan. Es un espacio pensado para que el ritual suceda: la conversación al centro, el ritmo del servicio como respiración y el primer pase como un latido empujado por el asombro. “Arquitectura sin distracciones”, dicen Ignacio Urquiza y Ana Paula de Alba, arquitectos encargados del diseño, del restaurante y la imagen toma sentido apenas te sientas: la luz cae como una trama oblicua y la cocina resplandece como joya; es totalmente visible, pero no invasiva, el paisaje entra y sale según la brisa. La cava y barra están alineadas con el clima gracias a una fachada corrediza que puede cerrarse sin perder aire ni luz. Es como si el lugar hubiera decidido su propia gramática y solo hubiera que sentarse a contemplar su magia. Rubra no es la prolongación obvia de un hotel (está en el W Punta Mita), sino la estación de trabajo y culto donde Daniela Soto-Innes eligió volver a cocinar con una calma feroz. Tras el ruido y la gloria de Nueva York, ahora proclama la costa como su casa con una imagen insistente: una huerta que alimenta la cocina que es a la vez un perímetro de tierra y tiempo como primera condición del sabor. “Con este espacio quisimos evocar un capullo, un vientre en el que te sintieras acogido y con esa sensación de pertenecer”, menciona la chef, sobre un espacio que abrió sus puertas el año pasado. La Guía Michelin lo contó con claridad: antes de abrir, cultivó, caminó, olió, sembró y volvió a oler. Ese gesto —casi obstinado— es la brújula del restaurante. Una ética de origen que coloca la materia viva por encima del artificio y devuelve a la cocina el sentido de oficio: observar, esperar y apreciar.

La mañana en Rubra huele a hoja santa, a tortillas de maíz que se inflan con el fogón, a humedad trabajada. En el huerto me recibe Johnny Zúñiga, nayarita de sierra, primero biólogo marino y luego agrónomo por vocación —como si su biografía uniera dos saberes que aquí se necesitan: el mar y la tierra—. Se presenta sin alarde y con una precisión técnica que sorprende: “Nosotros mismos hacemos repelentes y agrofertilizantes para reducir costos y, sobre todo, para cuidar que no dañen a la fauna nativa. Llevo seis años metido en huertos; en Rubra empecé este desde cero, en un terreno que antes era inservible para el hotel”, dice, mientras aparta con el dorso de la mano unas flores de maracuyá.

Zúñiga habla de propagación, siembras, aplicaciones; de la necesidad de pensar los controles no como guerra, sino como un diálogo con el ecosistema. “Instalamos un hotel de insectos y bebederos para aves y polinizadores; desde entonces llegan meliponas, abejorros, colibríes. Las plantas germinan más rápido y la floración es otra. La idea es sencilla: si en el huerto me corren y allá me alimentan, las especies eligen solas”, resume con una sonrisa breve, como si

enunciara un principio de urbanismo para bichos. Es el guardián de alrededor de 170 variedades de semillas y junto con la chef y su equipo revisan qué germinar y en qué ciclo según lo que la cocina pide y lo que la tierra concede.

Algunas mañanas, cuando germina algo imprevisto, lanza un mensaje a cocina: “Pegó la hierba tal, ¿les sirve?”; otras, la chef le consulta sobre frutos nativos: como el guamúchil o las parotas (también llamadas guanacastes). Esa conversación —parte ciencia, parte costumbre— es el latido rural de un restaurante que se sabe, a ratos, laboratorio de botánica. “Soñaba con cocinar con chaya, con hoja santa, con esos ingredientes únicos que aquí crecen de manera natural y que en Nueva York eran imposibles de encontrar. Es como abrir una despensa nueva, con todas las posibilidades, frente a mis ojos,” anota la chef en referencia.

En página anterior: la chef mexicana Daniela Soto-Innes, fotografiada en su restaurante Rubra el pasado 3 de agosto.

A unos pasos del huerto —en continuidad, no en contraste— se extiende un bar al aire libre de terrazo concebido por Tatiana Bilbao para Casa Dragones: una pieza redonda, nacida como sala de degustación en Art Basel Miami y ahora sembrada frente al mar. Allí, la coctelería es un ensayo de botánica y agave: hierbas del huerto viajan al vaso; el líquido conversa con el clima; el hielo suda lento. Ritmo de sobremesa, de conversación sin prisa.

EL MENÚ DE RUBRA no es un manifiesto escrito: es un estado del jardín y del mar a ciertas horas. Los crudos actúan como prólogo. Uno de los favoritos es el callo de hacha sobre nopal con espuma tibia que huele a cedrón y a costa húmeda; en boca es una combinación entre terciopelo y frescor, una textura que demanda un sorbo de vino y que, sin embargo, regresa sola a su eje. Andrea Hernández, sommelier de la casa, lo marida con Envidia Cochina, un albariño de Rías Baixas con crianza sobre lías que “eleva” y luego “devuelve” el plato a tierra firme. “Para mí, chef Dani no solo es la mejor cocinera cuya comida he probado, cada vez me inspira, porque hay algo nuevo, pero también me lleva a una memoria. Tiene el equilibrio perfecto”, dice apoyada en la barra. Y al pronunciar “memoria” baja un poco la voz, como si se revelara un truco.

Hernández cuenta su biografía con vinos y rutas: Brownsville, Boston, Mendoza, CDMX... Su lista prioriza productores pequeños — viñedos de menos de treinta hectáreas—, etiquetas con arraigo que puedan leerse como una meticulosa búsqueda y amor por su arte. “Quiero que el comensal guarde un recuerdo: que cuando vuelva a probar esa botella, regrese a Punta de Mita”, dice con una convicción que no busca épica. En su repertorio, Austria y Alsacia conviven con los tintos costeros que aguantan humedad sin perder brío.

En los fogones está Estefanía Brito, jefa de cocina, que lleva una década trabajando con la chef Soto-Innes en Cosme, Atla y ahora Rubra. “Mi hermana (Valentina) y yo somos mano derecha e izquierda de Dani; vamos donde ella vaya”, dice con una mezcla de ternura y temple. Llegar a la playa fue, para ella, reconocimiento y aprendizaje: “Soy de Venezuela, ahí el fin de semana siempre tuvo arena”, dice. Nayarit le devolvió esa memoria y le exigió otra: “Tomamos tiempo para investigar qué nos da la tierra aquí, qué existe en México que la gente no conoce y podemos exponer”, continúa. El ejemplo que repite es el cuitzle, el fruto del agave, también llamado piñuela o timbiriche. “Hay que aprenderlo y trabajarlo. Dani nos inculcó mirar el producto y dejar que te hable: cómo transformarlo, cómo cocinarlo. El producto te va guiando”, explica la jefa de cocina.

Valentina Brito, hoy directora de servicio, nació también en Venezuela y llegó al ajetreo de restaurantes por curiosidad, antes de descubrir que su lugar estaba en sala. “Aquí nadie camina sola. Dani nos involucró desde el minuto cero. Las decisiones —productos, proveedores, dinámica— se conversan. Nunca en solitario”, dice con una energía de capitana amable que contagia. Su día arranca en el coffee shop y, sin que nadie lo note, revisa aire, equipos y ánimos. Me lo cuenta sin dramatismo: sostener la temperatura emocional de un restaurante a cielo abierto requiere otra logística muy diferente, pero una misma precisión.

Brito agrega una cartografía invisible: un carrito de quesos armado con maestras queseras de rancho y ciudad, piezas de ceniza y romero que huelen a monte. “Es otra historia de México, no todo está en la

vitrina”, anota, y suena a declaración de principios para un restaurante que eligió ensuciarse las manos. En su voz, el orgullo del equipo se repite: dos años de ensayo y error, moviendo tierra, aprendiendo del humor del sol y del carácter que la humedad le imprime a cada cosa. “Con este calor, los chiles pican más y la lechuga puede amargar. Es un trabajo diario y requiere mucho esfuerzo”, remata. Rubra es alegría con método. El ambiente de fine dining existe —la técnica, el servicio, la precisión—, pero no oprime: se siente una camaradería casi doméstica. “Me sentí arropada, consentida, una más de ‘las chicas’; te abren el corazón y se palpa la historia de esfuerzo colectivo detrás del éxito”, anoté en mi libreta. Y es que hay orgullo sin rigidez, una sororidad que no necesita anunciarse. El sentimiento comunitario, con tintes matriarcales, le viene a la chef desde la cuna. “En realidad, empecé en la cocina con mi mamá y mis abuelas, tres generaciones unidas entre sabores, pero desde antes en mi familia ya se cocinaba mucho. Desde muy chiquita

estaba aprendiendo mientras me divertía. Quería trasladar ese sentimiento de asombro propio de mi infancia a Rubra: todo está pensado para provocar sorpresa y de paso, alegría”, relata.

La ruta de los platos construye un territorio. La flor de plátano con mantequilla de algas y orégano orejón se despliega como una ofrenda, el mixiote de yaca se revela como una gran opción vegetariana sazonado con okra del huerto, verdolaga y un curry de leche de coco que opera como un ligero adobo. Los postres evitan la caricatura tropical: el milhojas de guanábana, cacao y cajeta es fresco y lácteo, una brisa que se instala sin empalagar. Cuando Hernández sirve el albariño, su lógica se vuelve visible: el vino alarga la línea del plato y después la redondea. no compite, sino que acompaña. “Quiero que quien venga guarde un recuerdo líquido”, dice. Y uno entiende que la memoria es también una forma de maridaje.

En la cocina, Brito lo llama “traslado”, ya que cada plato funciona como un pasaje —del jardín a la mesa, de la mesa a la historia del comensal—. “Cada plato es un traslado”, repite, y hay algo de teatro en su manera de marcar los tiempos de la línea. La veo cuidar la limpieza con fervor casi ceremonial: “Si la cocina no está preciosa, no se trabaja igual. Chef Dani dice que una cocina es como un Ferrari… Yo les digo que esta es un Lamborghini. Manténganla preciosa”, lanza, medio en broma, medio en serio. Al mismo tiempo, reconoce lo que Rubra ha hecho con ella: “Me ha hecho superar miedos, dirigir con seguridad; estar a cargo me maduró”.

Arriba: en el comedor de Rubra el concreto rosado abraza la madera y la cerámica. En página siguiente, desde arriba, en el sentido de las manecillas del reloj: Estefanía Brito, jefa de cocina; Andrea Hernández, sommelier; Valentina Brito, directora de servicio; y Elisa Zubia, gerente general.

Elisa Zubia, gerente general, llegó desde Quintonil con mirada atenta de hospitalidad. Pasó por la cocina, estudió gestión y decidió que su lugar estaba enfrente, con la gente, presente en la experiencia. Cuenta su camino con acento

Abajo, en el sentido de las manecillas del reloj: Johnny Zúñiga es el responsable agrícola; Soto-Innés en el jardín; uno de los frutos del huerto. En página siguiente: cocina de Rubra.

norteño y, de pronto, suelta la frase que sostiene el relato: “Me gusta estar, ver qué necesita cada mesa, acompañar”. Su historia con Andy [Hernández] y con las “chiquis” (las Brito) es una red que llega naturalmente a “la chef Dani” (como cariñosamente le llaman). El modo en que se encontraron —en CDMX, luego en la Isla Lummi y en proyectos que pedían manos, como The Willows Inn, restaurante de Blaine Wetzel, esposo de la chef— habla de cómo se arma un equipo en el siglo XXI: migraciones, amistades, confianza y conversaciones largas. Por su parte, Soto-Innes —que fue James Beard Rising Star y World’s Best Female Chef 2019, la más joven en ganarlo— ha redirigido los reflectores hacia una noción menos espectacular y más útil: liderar es cuidar el espíritu del equipo. En entrevistas lo ha explicado con énfasis: prefiere la alegría como método, la comunicación como sistema, la

gracia como disciplina. No se trata de suprimir la exigencia, sino de acompañar y de desplazar etiquetas que ya no le sirven —esa categoría de “la mejor… mujer”— para construir una práctica cotidiana más auténtica. “Para crear una nueva idea de cocina se debe de pensar de manera progresiva. Para mí, es importante redefinir la idea rígida que existe del fine dining con manteles blancos”, cuenta una mañana que se siente ligera luego de haber tenido noches repletas.

“La semántica de Rubra guarda secretos: significa ‘flor de mayo’, pero también volver a comenzar. Es la metáfora de florecer otra

vez, en otro lugar y con otra energía. Una palabra que contiene estación y comienzo”, explica. No sé si habrá mejor síntesis para un restaurante que eligió medir su tiempo en germinaciones y mareas: volver a empezar cada día con un equipo dispuesto a seguir los ritmos de la naturaleza. Ese es el lujo, un paraíso trabajado que no se desentiende del clima ni de los oficios, que honra la tradición y que, cuando es necesario, inventa herramientas nuevas. “Celebramos la naturaleza y los ciclos de los ingredientes locales, ofreciéndo una experiencia inspirada en la costa mexicana. Rubra es un espacio donde los sabores hablan, los encuentros trascienden y cada momento encuentra su sentido”, continúa.

CUANDO CIERRO

la libreta y miro el mar, me doy cuenta de que he estado en un restaurante que también es huerto, taller y escuela; un sitio donde la cocina mexicana —tan harta de etiquetas— encuentra otra vez su tono para volver a ser comunitaria y feliz. “Me fui con ganas de volver”, escribí. Rubra, con su cocina tropical, hace de lo estacional su ley y echa mano de su arquitectura para diluir la frontera entre interior y exterior. Pienso en lo que un equipo formado por mujeres —y por algunos hombres que aprendieron otra cadencia— ha construido en unos pocos meses: un lugar donde la disciplina convive con el afecto, que ofrece excelencia sin necesidad de performance ; un espacio que se siente como casa. Vuelvo al huerto de noche, cuando el aire refresca un poco y la humedad deja un brillo fino en los tallos. Si uno se queda lo suficiente, entiende aquello que Zúñiga había dicho con naturalidad: no todos los insectos son plaga. Hay luces pequeñas que van de flor en flor, hay un lenguaje bajito que sostiene la escena, cedrón, albahacas de doce tipos (africana, thai, morada, limón…),

chiles que se afilan con el calor, okra que cruje a la parrilla, verdolaga que reverdece el plato. De ahí salen las semillas que mañana viajarán a cada plato. La idea de santuario —bebederos, fruta, insectos— insiste. La noche también tiene su sobremesa.

Cuando, a últimas horas, La Palapa (el bar adyacente ubicado en el huerto) recoge vasos y limpia el terrazo, queda un olor tenue a agave y cítricos mientras algún bartender seca hojas y las guarda para infusiones del día siguiente. La tequilería Casa Dragones convirtió aquí su idea de tasting en conversación con cocteles que usan el silencio del mar como ingrediente. Entre ellos están La Curandera, con manzanilla y manzana verde, y Yo Tambor, con tequila infusionado con chile y tamarindo. La barra confirma lo que sospechábamos. Disfrutar es una técnica mexicana y el tiempo, bien afinado, sabe

A Rubra se llega, sí, a comer, pero también a permanecer. Lo entendí cuando Valentina Brito me dijo, sin una pizca de solemnidad, que en su equipo “nunca nadie va en solitario”; cuando Hernández habló de recuerdos líquidos; cuando Estefanía Brito insistió en escuchar al cuitzle; cuando Zúñiga enseñó el hotel de insectos como quien muestra un milagro de barrio; cuando Elisa definió la hospitalidad como estar. Y, sobre todo, cuando la chef Soto-Innes se reveló como esa amazona que lidera no desde el pedestal, sino desde la mesa, con las manos hundidas en la masa y los ojos atentos a cada gesto de su gente. “Rubra no es mío, es nuestro. Yo solo vine a recordar que la cocina es un lugar de encuentro y alegría”, dice. Y en esa declaración se condensa el pulso del restaurante: un corazón colectivo, sostenido por muchas manos, pero latiendo al ritmo de una mujer que decidió cambiar la selva de concreto por la selva del Pacífico para levantar un templo rosado donde los sabores, los ciclos y la comunidad son sagrados

MENTORAS Y HEREDERAS

Las mujeres más exitosas en sus campos eligen a una artista más joven que las inspira.

PARTE 4. ESTAS ENTREVISTAS SE PUBLICARON ORIGINALMENTE COMO UN SOLO ARTÍCULO EN LA EDICIÓN DE CULTURA DE T MAGAZINE DE 2023 Y AHORA, POR EL INTERÉS DE SU CONTENIDO, SE INCLUYEN COMO UNA SERIE EN T MÉXICO

Bernardine Evaristo: Estuve siguiendo el trabajo de Lynette incluso antes de darme cuenta de que lo hacía. Primero vi a mi amiga, la actriz Adjoa Andoh, en Assata Taught Me [de Kalungi Ssebandeke], que Lynette dirigió en 2017. Más adelante, en ese mismo año, vi su obra #Hashtag Lightie, y eso me recordó a Silhouette, una pieza que coescribí con Patricia St. Hilaire en 1983 y que también exploraba la identidad mestiza. Luego se convirtió en directora artística del Bush Theatre en 2019. Ahí fue cuando realmente le puse atención. Ella tenía 28 años y pensé: “Guau”. Creo que es una de las pocas mujeres negras que han dirigido un teatro británico destacado. El teatro fue mi primera profesión. A principios de los años 80, fundé el Theatre of Black Women con Patricia y Paulette Randall, y escribimos, produjimos y presentamos obras en Londres hasta 1988. Como la primera compañía de teatro integrada solo por mujeres negras en el Reino Unido, cumplimos un papel necesario en una época muy distinta, cuando había pocas oportunidades para la creatividad de las mujeres negras. Lynette me recuerda a ese espíritu. Como mujer, te enseñan a limitar tus aspiraciones, y en el Reino Unido muchas veces también a minimizar tus habilidades. Pero la ambición consiste en estar dispuesta a luchar por lo que deseas.

Lynette Linton: Conocí a Bernardine cuando asistí a la ceremonia del Premio Booker y fui testigo de cómo se convertía en la primera mujer negra en ganarlo, gracias a Niña, mujer, otras (2019). Fue un momento mágico. En Niña, mujer, otras, Amma, una dramaturga negra, por fin logra debutar en el National Theatre. Para mí, la historia de Amma hace eco del trabajo de los grupos teatrales negros de los años 80 y de figuras como Bernardine, cuyo trabajo muchas veces no fue documentado o fue ignorado, pero que sentaron las bases para lo que yo puedo hacer hoy. Lo más admirable de ella es cómo apoya a tantas otras mujeres negras. En esta industria, tenemos que apoyarnos entre nosotras.

Desde la izquierda: Linton, de 35 años, directora de Blues for an Alabama Sky (2022) y dramaturga, y Evaristo, de 66, escritora, Niña, mujer, otras (2019), una novela, fotografiadas en la casa de Evaristo, al oeste de Londres, el 19 de diciembre de 2022.

BERNARDINE EVARISTO

LINTON

Entrevistas por Jess Cole Fotografía por Jooney Woodward

Joan Baez: En 2019, Lana, de quien había oído hablar por mi nieta Jasmine, me invitó a cantar con ella en Berkeley. Le pregunté: “¿Por qué? Si tu público podrían ser mis bisnietos”. Y ella respondió: “No te merecen”. Lana y yo somos algo así como los opuestos. Cuando yo estaba empezando, no dejaba que nadie más se subiera al escenario. Tenía dos micrófonos y cantaba descalza canciones tristes de folk. No escribí nada los primeros diez años. Y ella, en cambio, es compositora.

Dejé de cantar hace unos años; ya era hora de pasar a otra cosa. Tras 60 años como música, empecé a pintar. Una amiga artista me dijo que tenía que soltarme y permitirme cometer errores así que, si un cuadro no funciona, lo sumerjo dos veces en la alberca para ver si se convierte en algo interesante. Una manguera también sirve.

Si alguien quiere aprender de mí, le digo que mire más allá de la música hacia mi compromiso con los derechos humanos y civiles. Mi voz era lo que era, pero el verdadero don fue haberla usado. En 2023 hicieron un documental sobre mí [Joan Baez I Am a Noise]. Hay material donde estoy marchando con el reverendo Martin Luther King Jr. en Grenada, Misisipi, en 1966. En otro momento de la película, menciono en una carta a mis padres que quiero salvar al mundo. Lana no hace declaraciones políticas tan grandilocuentes —en Berkeley, me llevó al escenario para que yo lo hiciera

JOAN BAEZ

CANTAUTORA Y ARTISTA VISUAL Y

LANA DEL REY

CANTAUTORA

por ella—. Sin embargo, entre el caos colorido y brillante de su espectáculo, hubo un instante en el que, creo, estaba descalza.

Lana Del Rey: Hace unos años tuve un concierto en Berkeley y quería que Joan cantara conmigo Diamonds & Rust (1975). Me dijo que vivía a una hora al sur de San Francisco y que, si lograba encontrar su casa y cantar las armonías agudas de la canción en el momento, aceptaría. Me dieron un mapa no muy preciso para llegar a una casa que solo se distinguía por su color y por las gallinas en el jardín. En cierto punto de la audición, me detuvo con una mirada firme para decirme que no lo había hecho bien. Pero al final, me dijo: “Está bien. Cantaré contigo”.

A la mitad del show, le dije al público: “Va a subirse al escenario la cantante con el espíritu más generoso que conozco, y la artista más importante de los años 60 y 70. Vamos a cantar Diamonds & Rust juntas”. Después del concierto, fuimos a un club de two-step afrocaribeño, y me dijo que no dejara de bailar hasta que ella lo hiciera. De eso se trata mi canción Dance Till We Die (2021).

Creo que el secreto del verdadero éxito es asegurarte estar emocionalmente intacta. Eso lo aprendí de Joan. Hace poco le dije: “Solo quiero que sepas que soy muy consciente de que, en esta vida o en cualquier otra, no tengo derecho a pararme hombro a hombro contigo”. Y ella respondió: “Ay, no digas eso”.

Entrevistas por Nick Haramis Fotografía por Katy Grannan
Desde la izquierda: Del Rey, de 40 años, cantautora, Did You Know That There’s a Tunnel Under Ocean Blvd (2023), y Baez, de 84, cantautora y artista visual, Am I Pretty When I Fly? An Album of Upside Down Drawings (2023), fotografiadas en la casa de Baez, en Woodside, California, el 10 de febrero de 2023.

MARLEE MATLIN

Y TEYANA TAYLOR

CANTAUTORA Y ACTRIZ

Marlee Matlin: Antes de ver A Thousand and One (2023), una película en la que Teyana interpreta a una madre que secuestra a su hijo del sistema de familias de acogida, no conocía a Teyana. Mis hijos la conocían como cantante; aunque yo no experimento la música de la misma forma en que lo hacen las personas oyentes, me parece fascinante que se puedan usar letras para expresar emociones y contar una historia. Como actriz, yo hago eso con un guion; esa es mi música.

Cuando vi la película de Teyana como jurado en el Festival de Cine de Sundance de 2023, me sentí identificada con ella porque vi una entrega y una crudeza en su actuación que me recordaron a lo que hice en mi primera película [el drama de 1986 Te amaré en silencio, por el que Matlin ganó un Óscar]. Con los años me he vuelto aún más segura como actriz y como persona. Aunque soy sorda, yo hago ruido.

Teyana Taylor: Si no hubiera salido del mundo de la música, Marlee no me distinguiría ni en un catálogo de pintura. Firmé mi primer contrato discográfico a los 15 años. En esta industria, todo el mundo quiere que te dediques a una sola cosa, pero yo nunca estuve de acuerdo con eso. Soy una chica de Nueva York, y nosotras sabemos cómo mantener viva el hambre. El mejor consejo que me han dado es nunca tomarme nada personal. Cuando comprendí el poder de esas palabras, pude empezar a transmitir ese mensaje. Tuve que madurar rápido, pero no creo que haya vivido la adultez plenamente hasta que tuve hijos y me casé. Fue entonces cuando realmente encontré mi voz. Mi arte pasó de ser solo divertido a decir: “Escuchen: tengo algo que decir”.

Entrevistas por Jenny Comita Fotografía por Carolyn Drake
Desde la izquierda: Taylor, de 32 años, cantautora, The Album (2020), y actriz; y Matlin, de 57, actriz, Coda (2021), fotografiadas en Loft 1923, en el Fashion District de Los Ángeles, el 21 de febrero de 2023.

WANGECHI MUTU

Y PRISCILLA ALEMAN

Desde la izquierda: Mutu, de 53 años, artista multidisciplinaria; y Aleman, de 34, artista multidisciplinaria, fotografiadas durante la instalación de la retrospectiva de Mutu en el New Museum of Contemporary Art, en el Bowery, Manhattan, el 24 de febrero de 2023.

ARTISTA MULTIDISCIPLINARIA

Wangechi Mutu: Conocí a Priscilla gracias a Juan Roselione-Valadez, director del Museo Rubell de Miami y excompañero mío en Cooper Union. Unos años después, tuve una exposición en Miami, de donde es Priscilla, y nos encontramos para dar un paseo por el jardín botánico de Coral Gables. Tiene plantas increíbles de regiones ecuatoriales, incluyendo Kenia. Crecí en Nairobi, y desde niña desarrollé un profundo respeto por la manera en que la naturaleza prospera y sobrevive a nuestro alrededor. Parte de mi obra consiste en buscar las cualidades curativas de la naturaleza, que pueden enseñarnos cosas en su lenguaje propio. Sentí que Priscilla entendía eso. De cierta forma, siento como si viniéramos del mismo río.

A veces me manda imágenes de obras en proceso o de cosas que le dan curiosidad, y me ayudó con el montaje de mi exposición Intertwined en el New Museum de Nueva York (2023). Su trabajo es siempre colorido, místico y extraño de una manera hermosa. Yo solo la animo a que siga. Creo que el arte es una herramienta que nos permite procesar lo que está viviendo la humanidad. Para mí es una medicina ancestral, ver todo el trabajo que reuní para esta exposición me llena de esperanza, porque sé que existirá más allá de mi vida y hablará por mí.

Priscilla Aleman: Fui a una preparatoria especializada en arte, y un día, en la clase de escultura, escuché a la profesora hablarle a otra alumna del trabajo de Wangechi. Cuando vi imágenes de sus collages, sentí como si hubiera cruzado un portal. Era una forma completamente nueva de ver una figura.

Cuando conocí a Wangechi me puse muy nerviosa, pero luego me invitó a sentarme en el patio trasero de su casa en Brooklyn solo para ver mariposas. Incluso después de convertirme en asistente de su estudio en 2010, me impresionó ver cómo cultivaba no solo su arte, sino también un sentido de equilibrio y bienestar. Es una mamá increíble, tiene plantas en su estudio, y siempre hay Häagen-Dazs en el refri. Todo eso me enseñó que no tienes que ser una artista sufrida, amargada y solitaria.

Cuando me gradué de la licenciatura en Arte [en Cooper Union, Nueva York], estaba exhausta. Quería volver a enamorarme del acto de crear, y me acerqué a la arqueología. Hay algo liberador en ir al campo y dejarte llevar. También sentí que los artefactos me conectaban con lo humano a la vez que resaltaban la ausencia del cuerpo, y fue así como volví a la escultura. En este momento siento un vínculo profundo con el océano. Es curioso cómo mis investigaciones a veces van en paralelo con las de Wangechi. Le pregunto: “¿Ah, estás trabajando con sirenas? Yo también”.

Entrevistas por Kate Guadagnino Fotografía por Naima Green

Nina Raine: Una amiga mía conocía a una cantante de ópera que trabajaba en el River Cafe y me sugirió postularme. Creo que habla muy bien de Ruthie que para ese entonces Jamie Oliver ya era famoso pero seguía haciendo turnos ahí: recuerdo que apretaba los tomatitos como si fueran pistolas de agua. Mi amiga Kathy Tozer también trabajaba ahí. Ella es actriz y escritora, y juntas tuvimos la idea de montar una obra de Pinter a dos voces en casa de Ruthie.

Ruthie nos apoyó sin saber si éramos buenas, no le teme al riesgo. Yo empecé a ponerme nerviosa porque gente como [los directores] Richard Eyre y Peter Hall confirmaron su asistencia; querían ir a la casa de Ruthie Rogers a comer canapés deliciosos. Ecribir teatro es distinto a ser novelista, porque tienes que ver a la

Ruth Rogers: Nina tenía un currículum impresionante —había dirigido obras en Oxford—, lo que para nada la calificaba para ser mesera, pero por supuesto que la contratamos [en 1999], y gracias a su carisma e inteligencia mejoró el restaurante desde el primer momento. En aquella época, mi esposo, Richard Rogers [quien falleció en 2021], y yo organizábamos eventos benéficos en nuestra casa, donde algunos actores hacían monólogos. Ian McKellen tuvo su noche. Judi Dench tuvo la suya. Nina quiso montar una obra. Escogió Ashes to Ashes (1996), de Harold Pinter, y él aceptó venir. Nos dejó muy claro que no podía haber ni un solo ruido de más en la casa durante la función. No era una persona fácil, pero estaba encantado con Nina.

Hay muchos paralelismos entre lo que hacemos ella y yo. Los restaurantes son en sí mismos una especie de drama controlado. Nina lo captó enseguida y más adelante escribió una obra ambientada en uno [Service, 2001]. Lo primero que hicimos juntas fue mi elogio fúnebre para Kirk Varnedoe, el curador en jefe de pintura y escultura del Museo de Arte Moderno [de Nueva York] y mi mejor amigo. Una década después, cuando murió nuestro hijo Bo, quise escribir algo, y una vez más ella estuvo ahí para mí. He aprendido muchísimo de las personas con las que he trabajado. Mi esposo y yo también dependíamos mucho el uno del otro. Su estudio de arquitectura estaba a unos pasos del café; él me llamaba y decía: “Ven a ver este plano”, y yo le decía: “Ven a probar esta sopa”. Es importante mantener cerca a tus amigos y seres queridos. Siempre les digo a mis hijos: “Haz una gran fiesta en un espacio pequeño”.

Desde la izquierda: Raine, de 49 años, dramaturga, Tribes (2010), y directora, y Rogers, de 77, chef del River Cafe, fotografiadas en el River Cafe, en Hammersmith, Londres, el 10 de marzo de 2023.

gente consumir tu obra; Chéjov lo dijo perfectamente cuando, en La gaviota (1896), Trigorin piensa que todos los espectadores de pelo oscuro odiaron su obra y a los de pelo claro les era indiferente. Pero después de nuestra función, Pinter nos ofreció a Kathy y a mí papeles como meseras en su obra Celebration (2000).

Ruthie es muy sabia, sobre todo en cuestiones de relaciones, y está en constante evolución. El primer River Cafe Cookbook (1995) tiene esas fotos en blanco y negro que me encantan. Pensé: “¿Por qué cambiar eso?”. Pero en el siguiente ya eran a color. Igual con su pódcast, que empezó durante la pandemia —está muy conectada con lo que pasa a su alrededor —. Y, por supuesto, su comida es divina.

RUTH ROGERS

NINA RAINE

Entrevistas por Kate Guadagnino Fotografía por Jessica Madavo

SIGRID NUNEZ ESCRITORA

Y

WEIKE WANG

ESCRITORA

Sigrid Nunez: Con los años, he visto pasar a muchas estudiantes de maestría en escritura creativa que sabían exactamente lo que querían de ese tipo de programa. Weike no estaba tan segura de todo el asunto, pero era evidente que era muy talentosa y ya tenía un estilo definido. Se acercó a mí y me dijo: “¿Noventa páginas para la tesis? ¿Cómo hago eso?”. Le mencioné un texto que había compartido en clase, Conversaciones con mi padre. Sentí que podía hacer más trabajos como ese. También le sugerí que leyera mi primera novela, Una pluma en el aliento de Dios (1995), y de su tesis surgió su primera novela, Chemistry (2017). Hay varias similitudes entre ambos libros. Tenemos orígenes muy distintos, pero las dos escribimos sobre atravesar la adolescencia en familias migrantes. Además, buscamos escribir con claridad y sencillez, y valoramos profundamente el humor en la ficción. Después de su primera novela, Weike escribió una segunda, y ha terminado la tercera. Así la veo yo: como alguien que está cumpliendo esa promesa inicial. Hubo una etapa en mi vida en la que todo lo que escribía era una mala imitación de Virginia Woolf. Pero no me arrepiento de ese periodo. Estaba aprendiendo, quitándome algo de encima. A veces hay que pasar por una mala racha antes de poder producir algo que valga la pena.

Tanto Elizabeth Hardwick, quien fue mi profesora en la universidad y me recomendó para un puesto como asistente editorial en The New York Review of Books, como Susan Sontag, a quien conocí trabajando en la revista, fueron influencias poderosas. Y aunque compartí un departamento con Susan Sontag, para mí ambas siempre estuvieron en un pedestal. Mi relación con Weike, que ahora es mi amiga, es mucho más relajada y de igual a igual.

Weike Wang: En el taller, Sigrid nos dijo que escribiéramos pensando en nuestra amiga más inteligente. Así que pensé: “Tengo que escribir para Sigrid”. Tiene una gran presencia en la página, y una manera lúdica, natural, de dirigir la narrativa.

Sabía que quería crear personajes asiáticos de una forma que no fuera estereotipada, ampliar el panorama de la literatura asiático-estadounidense con historias que no necesariamente se centraran en la narrativa clásica de la migración. Me deslumbró su primer libro. El primer capítulo habla de su padre, que era chino-panameño, y nunca había leído nada así.

Sigrid me hizo sentir esperanza, aunque también fue honesta respecto a lo que significaba escribir —sobre los sacrificios que implica—. También hemos hablado de cómo algunos escritores pierden el ritmo, que es mi mayor temor: quedarme fuera de lo que Virginia Woolf llamó el hábito de escribir. Después de terminar mi primer libro, pensé que no volvería a escribir. Pero luego surgen cosas, tienes una idea y la sigues. Vengo de una formación en ciencias, y creo que escribir se parece mucho a investigar. No sabes bien qué pregunta estás haciendo. Estás en un océano abierto, y solo te lanzas a explorar.

Desde la izquierda: Wang, de 35 años, escritora, Joan Is Okay (2022), una novela, y Nunez, de 74, escritora, El amigo (2018), una novela, fotografiadas en Highlight Studios, en Midtown South, Manhattan, el 16 de enero de 2023.
Entrevistas por Kate Guadagnino Fotografía por Lelanie Foste

El salar de Tara se sitúa a una altitud de 4,300 metros en el norte de los Andes chilenos, en el extremo este del desierto de Atacama. A unos 400 kilómetros al oeste se encuentra el Océano Pacífico y, entre ambos, se extiende un vasto interior prácticamente sin lluvias. En página opuesta: el Valle de Marte, también conocido como el Valle de la Muerte.

EL LUGAR SECRETO

La pionera de la escritura erótica Anaïs Nin y su esposo de la costa oeste habitaron una pequeña y minimalista casa en Los Ángeles que se ha preservado de forma meticulosa como un monumento a su vida y su legado.

Por Kurt Soller Fotografía por Chris Mottalini

EXISTE UNA CREENCIA común entre las y los escritores que sostiene que es necesario tener el escritorio ordenado, la oficina impecable, la casa entera reluciente antes de sentarse por fin a llenar las páginas en blanco frente a ellos. Es difícil evitar pensar en esos hábitos —la manifestación física de la rutina y la disciplina— cuando se visita la casa perfectamente preservada de la escritora francoestadounidense Anaïs Nin, quien murió en Los Ángeles en 1977 a los 73 años. Oculta entre pinos con vista a la presa de Silver Lake, Nin imaginó allí un refugio bajo, de una sola planta, al que llamaba su “gran estudio, sin divisiones ni espacios separados”. Esta descripción apareció en la primera edición de su diario (publicado por primera vez en 1966), que comenzó a escribir a los 11 años, cuando era una niña que viajaba de los suburbios parisinos de Neuilly-sur-Seine rumbo a Estados Unidos, y que continuó hasta su muerte. Hoy existen 18 volúmenes —con uno final aún inédito— que conforman una obra que también incluye ensayos francos, feministas, sexualmente explícitos y con frecuencia censurados sobre sus numerosos amantes; crítica literaria (el inglés D. H. Lawrence era su favorito), y obras de ficción tan queridas como La casa del incesto (1936) y Delta de Venus (1977), muchas de las cuales publicó ella misma.

La máquina de escribir de Anaïs Nin en el estudio de la casa que compartía con el músico Rupert Pole, diseñada por Eric Lloyd Wright. En página anterior: un cuadro de Jean Varda cuelga sobre una plataforma empotrada para sentarse en la sala.

Es fácil entender por qué esta casa, terminada en 1962, fue el lugar donde creó gran parte de su obra: casi no hay distracciones, ni visuales ni de otro tipo. Accediendo a ella hacia el final de un largo camino privado que parte de una carretera empinada y sinuosa, parece un pabellón completamente revestido de una exquisita madera oscura de abeto de Douglas. En el interior, los 120 metros cuadrados originales incorporan abundante madera contrachapada cepillada con alambre en forma de tablones estriados y muebles empotrados, junto con otros dos materiales: bloques de concreto y hoja de vidrio. En un costado de la casa, enormes ventanales ofrecen vistas hacia un jardín de rocas, una pequeña alberca, matorrales agrestes sobre el acantilado y, a lo lejos, la ciudad. Además de la angosta cocina, hay pocas habitaciones bien definidas: la sala se conecta con un espacio para dormir separado solo por una partición de madera plegable, del piso al techo, que solía permanecer abierta; Nin no tuvo hijos y prefería que sus visitas no se quedaran a dormir. Junto al dormitorio se encuentra su pequeño estudio privado, de unos nueve metros cuadrados, en la esquina trasera del edificio.

El escaso mobiliario —un escritorio flotante empotrado, un sofá largo y bajo, un par de sillas bajas y un otomán, los muebles de cocina— llena las compactas habitaciones de 3.3 metros de alto. Su tono marrón púrpura complementa la alfombra malva y los ladrillos de

concreto rosado-grisáceo crean una paleta distintiva e improbable que te hace sentir como si una estuvieras hibernando dentro de una geoda polvorienta y agrietada —o mejor aún, en el espíritu de Nin, un útero—. Esa sensación de estar envuelto solo lo interrumpen algunas estatuillas, objetos y libros que recopiló durante sus viajes por América, Europa y Asia; cuadros y cartas que le obsequiaron amantes y amigos artistas como Henry Miller, Jean Varda y Eyvind Earle, y el atrevido turquesa de la tapicería, así como el teléfono rotatorio y la máquina de escribir color verde azulado que aún habitan el rincón de escritura de Nin, y que evocan los paisajes azules de su país adoptivo. “Tenía la sensación de espacio de las casas japonesas... Todo cielo, montañas, lago, como si viviera al aire libre”, escribió Nin en su diario sobre su hogar. “Sin embargo, el techo, sostenido por sus pesadas vigas, daba una sensación de protección”.

SI LA CASA DE NIN fue concebida para una artista específica, se necesitaron algunos artistas más para ejecutar su visión. Cuando se mudó, la escritora estaba casada con Rupert Pole, un músico cuyo piano de cola de ébano envejecido, herencia de su madre, todavía reclama una

esquina del salón. El medio hermano de Pole era Eric Lloyd Wright, nieto de Frank Lloyd Wright e hijo del arquitecto paisajista Lloyd Wright, a quienes Eric asistió como aprendiz en proyectos como el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, terminado en 1959. Eric, fallecido en marzo de 2023, dedicó su vida a restaurar edificios de su abuelo y a forjar una carrera propia como arquitecto residencial, diseñando espacios que comparten el interés de sus antecesores por las formas geométricas, los materiales orgánicos y los paisajes naturales. Cuenta la leyenda que Nin sentía una especie de admiración por los Wright —esos “gigantes del Oeste”, como los llamó— y temía que su propia creatividad fuera absorbida por la de ellos. A pesar de ese miedo, la pareja pidió a Eric que construyera la casa porque él entendió cómo querían vivir: en el estudio de Nin, por ejemplo, el arquitecto instaló una serie de ventanas esquineras sobre su escritorio, para que ella pudiera mirar hacia el pittosporum en el pequeño jardín trasero, en lugar de las paredes, mientras escribía. Pole, quien murió en 2006, tenía sus propios motivos para ofrecerle este refugio a Nin. Por entonces, ella viajaba con frecuencia a su casa en Nueva York, donde —sin que lo supiera la mayoría de sus amigos íntimos en la costa oeste— mantenía otra relación matrimonial con el cineasta

“Tenía la sensación de espacio de las casas japonesas...

Todo cielo, montañas, lago, como si viviera al aire libre”, escribió Anaïs Nin en su diario sobre su hogar.

Izquierda: vista desde la sala, sobre el jardín de rocas interior, hacia la alberca. Más allá de los setos se encuentra la presa de Silver Lake. Abajo: la cocina, revestida en abeto de Douglas, conserva sus electrodomésticos originales. En página anterior: la biblioteca alberga primeras ediciones de la obra de Nin.

Hugh Parker Guiler, con quien se había casado anteriormente y luego mintió sobre su divorcio. Pole confesó en una entrevista de 1984 que “en realidad construyó la casa para persuadirla de echar raíces, pero ella estaba muy en contra, decía que tenía ‘raíces portátiles’. No obstante, funcionó... Siempre esperaba con ansias regresar después de haber estado lejos”. Nin se refería al lugar como su “casa de espejos” y le fascinaba cómo la luz dorada rebotaba entre los grandes ventanales y la alberca, donde nadaba cada vez que se sentía estancada.

Pasó la mayor parte de la última etapa de su vida en Silver Lake. Cuatro años después de su muerte, Pole y su nueva pareja, Kazuko Sugisaki, le encargaron a Eric la construcción de una ampliación de 46 metros cuadrados —con los mismos estantes de madera contrachapada, alfombra lila y ventanas esquineras usados en el estudio adyacente— que ahora funciona como biblioteca, exhibiendo primeras ediciones de los libros de Nin junto a los de Miller y otros colegas. Desde 2007, la Residencia Nin-Pole, como la conocen aficionados tanto a la literatura como a la arquitectura, pertenece y está habitada por Devon, el hijo de Eric y su esposa Tree. Devon solía ir de niño a reuniones en la casa, y, en años recientes, habitarla ha traído de vuelta ciertos recuerdos: la resonancia acústica del edificio, por ejemplo, y el hecho de que parecía que Pole y Nin solo usaban su mesa de comedor iridiscente con azulejos lavanda (y también la cocina) cuando tenían fiestas.

Una de las primeras cosas que hizo esta nueva generación al mudarse fue gestionar que la casa fuera designada como un monu-

mento histórico-cultural, con la intención de impedir futuras intervenciones en el diseño. Se han negado a añadir un microondas o a modernizar los electrodomésticos originales de la cocina; cuando alguna sección de la alfombra necesita reemplazo, buscan que el color coincida con precisión, y buscaron sin cesar focos LED que emiten una luz tan cálida como las bombillas incandescentes originales. Sin embargo, Devon y Tree también han dejado algunas huellas personales, como las persianas que bloquean el sol de la tarde o una terraza de madera inspirada en una casa de té japonesa —ambos recordatorios, dice Devon—, de que esta morada “sigue generando nuevas experiencias, nuevas formas de vivir”.

Y ahora ha llegado el turno de que alguien más la experimente. Durante la pandemia, a medida que estas colinas antes apacibles se llenaron de nuevos residentes, la pareja decidió mudarse a Ojai, California, pero no sin antes encontrar cuidadores que respetaran la herencia de la Nin-Pole y no la redecoraran ni la arruinaran. Deben entender que no se trata solo de una casa, sino de un santuario que nos permite asomarnos al modo de ser de una artista —o de varios artistas—. Como escribió Nin: “De no haber creado mi propio mundo, sin duda habría muerto en el de los demás”

Puertas corredizas dobles de vidrio se abren hacia el patio trasero y la alberca.

Una vista desde la alberca de fondo negro hacia la recámara. En página anterior: otro cuadro de Varda cuelga en la recámara, separada del salón por una partición plegable.

Alaska

CLa artista nos lleva de regreso a su infancia y al realismo mágico de sus raíces en el país.

on Alaska, que vuelve a casa en noviembre (a Ciudad de México y Guadalajara), no hablamos de transgresión, ni de provocación, ni de estereotipos. La cantante nos dibuja su paisaje favorito, en el que habitan la educación, el amor, la coherencia y algunos miedos. “Cuando echo la vista atrás, a mis 14 años, veo la vida que quería tener, que es la que tengo. Me reconozco en lo que veo, así que… ¡Todo bien!”, dice Alaska, nacida en Ciudad México en 1963 como Olvido Gara. En las distancias cortas, la cantante y artista se nos revela como antagonista de los estereotipos, afable, lúcida y confiada. A priori, ninguno de estos adjetivos encajan en la definición de una diva al uso.

A pesar de que su nivel de perfección absoluta sería “poder vivir a medio camino entre México y España”, Alaska ha tenido que conformarse con viajes de ida y vuelta por trabajo. El próximo ya pide paso. En noviembre de este año, el 28 y el 29, la cantante regresa a casa con Fangoria. Ese lugar, su México lindo y querido no forma parte de su listado de tareas pendientes, y nunca lo ha echado de menos “porque siempre lo llevo conmigo, esté donde esté”.

Mientras llegan esos dos expectantes días de concierto, en los que reencontrarse con un público “de una fidelidad inquebrantable”, Alaska calienta motores al otro lado del océano. En Madrid, la artista inclasificable nos abre la puerta de entrada a su universo durante el shooting para T México. Llega sola, con puntualidad británica, una educación exquisita y cero exigencias. No sabe qué es lo que se espera de ella al otro lado del objetivo fotográfico y, no especialmente amiga de lo previsible, esa incertidumbre le gusta. “Es maravilloso encontrarme con esta recreación de todo mi mundo de referencias, que no esperaba y que no voy a perder nunca. La Prohibida, los enmascarados, el culturismo, la muerte… ¡Si yo no hubiera tenido esa infancia luminoso-tenebrosa de puro realismo mágico, no sería quien soy hoy!”, señala.

T México: Volvamos por un instante a ese realismo mágico que ha cimentado tu yo de hoy...

Alaska: Esta sesión de fotos para T México ha sido para mí un regalo, porque me ha ayudado a revisionar la imagen que tengo en mi cabeza del México que conocí cuando era niña. Esos años marcan una diferencia más que significativa entre el resto de personas de mi edad que viven en España y yo. Si no hubiera tenido esa infancia mexicana, tan luminosa (y tenebrosa a la vez) me faltarían un montón de referencias para ser quien soy. México es fundamental para mí.

T México: Con esta sesión fotográfica, se ha pretendido recrear el universo de Alaska. ¿Qué o quién tiene cabida en ese mundo tuyo?

A.: ¡No tendríamos días, ni páginas para hablar de esto! Los universos, para mí, se van acumulando. Es decir, tú inicias tu vida con una referencia, y a esa se une otra, y otra hasta hacer una gran bola que no para de crecer nunca. En el centro de esa bola están tus primeras referencias, no se pierden nunca. No entiendo a quienes dicen: “Antes me gustaba esto o aquello, pero ahora me horroriza, ya no forma parte de mi vida”. Tú puedes evolucionar, pero tus referencias serán siempre tu esencia. Yo soy muy orteguiana (Ortega y Gasset), “Yo soy yo, y mis circunstancias”, pero también mis referencias, ¡que son millones!

T México: ¿Cuántas de esas referencias te transportan a México?

A.: Lo que significa México para mí hoy, no es diferente de lo que significó la primera vez que volví después de haber vivido allí hasta los 10 años. Ocurre algo muy curioso: yo nací allí, pero veo que la gente que viaja conmigo, da igual que sean Mario [Vaquerizo] o Nacho [Canut], o Miguel Bosé o Ana Torroja que se han quedado a vivir allí… Todos sienten lo mismo que yo. Es la influencia mexicana, muy potente. A pesar de que en las grandes ciudades de México, como sucede en otros lugares del mundo, las calles principales tienen los mismos cafés y las mismas franquicias, si tú te pierdes un poco vas a encontrar una que ofrece algo completamente diferente. México tiene personalidad.

T México: ¿Guardas algún recuerdo imborrable, aunque tenga connotaciones no tan positivas?

A.: Mis emociones no son ni positivas ni negativas, vienen todas a borbotones. Recuerdo estar con 4 años jugando, oyendo un programa de rancheras en la televisión mexicana. Pero hay muchos flashes. Caminar por el paseo de Refor-

Por Laura García del Río Fotografía por Javier Biosca Estilismo por Diego Serna
Mono propiedad de la artista; anillos de Cartier, cartier.mx.

ma y buscar una sala de fiestas que ya no existe pero que recuerdo de mi niñez... Voy al centro, y en mi paseo lo que estoy sintiendo en realidad es lo que viví y sentí en mi infancia.

T México: Pronto podrás volver a sentirlo, porque regresas a Ciudad de México y a Guadalajara…

A.: Sí, volvemos con Fangoria y es una maravilla, para nosotros ir a México siempre es un plus.

T México: Aparte de las dos actuaciones, ¿te quedarás más tiempo para ver a alguien o hacer algo especial?

A.: Siempre que voy me quedo un poco más. Es una especie de ritual. Los amigos que vienen con nosotros me dicen que soy muy pesada, que siempre hago lo mismo. Lo que me ocurre cuando voy a ver algo nuevo, es que no encuentro mis referencias. Sí, muy bonita esta discoteca, o esta zona de edificios, o este gran almacén… Pero eso no es lo que yo voy buscando.

T México: Entonces, ¿qué buscas?

A.: Siempre recorro los mismos sitios, el centro histórico, La Lagunilla, que es el rastrillo de los domingos, los mercados de artesanías, las colonias Roma y Condesa. El camino que hacía con mi madre siendo niña, las librerías, los cafés… Voy también a la lucha libre. Esas son las cosas que me interesan de mi México. Por supuesto, hay otro México moderno, pulsante, pero no es el mío.

T México: Ahora que vas a regresar, ¿cómo ha evolucionado tu relación con el público mexicano?

A.: Esa pregunta la podrían responder muchos artistas, que siempre que actúan en México por primera

vez alucinan, se llevan una gran sorpresa con la acogida. El público mexicano es de una fidelidad inquebrantable, y te lo digo yo que, durante muchos años no se editaron allí nuestros discos. A pesar de ello, la gente seguía comprando nuestros discos de importación. Es un público que aprecia al artista. Cuando les gusta, les gusta de verdad, y hacen lo posible por seguirlo. Es un público increíble. De hecho, me encanta ir a ver conciertos de otros artistas allí. Me acuerdo de estar viendo a Miguel Bosé alguna vez, de ver incluso al grupo de Mario, Las Nancys Rubias, y observar la reacción de los seguidores. Es un espectáculo, una maravilla.

T México: ¿Hay algo que eches de menos de México en España, algo imposible de suplir?

A.: No hay nada que eche en falta de México aquí porque ya lo tengo. Ahora mismo estoy charlando contigo en la casita que tenemos en las afueras de Madrid, y tengo enfrente artesanía huichol, mis paredes están decoradas con láminas de artistas mexicanos, veo el color, los colores de mi infancia. No necesito que nadie me ponga México mainstream para que yo lo pille. México va conmigo siempre.

T México: ¿Y vivir en México? ¿Nunca te lo planteaste?

A.: Sí, hubo momentos en los que me lo planteé, vivir a medio camino entre México y España. Eso, probablemente, sería mi nivel de perfección absoluto. De hecho, hubo un tiempo que viví allí, que tuvimos casa y que estuve cerca de conseguirlo. Obviamente, para ello te buscas tus proyectos. En mi caso fue una telenovela mexicana de vampiros en la que iba a trabajar…¡Imagínate qué fantasía! Pero aquello no salió. Yo me veía viviendo entre los dos países, que era lo que siempre me ha gustado.

T México: ¿A Mario también?

A.: En mi entorno familiar, digamos que tengo un marido que es de tierra absoluta. Más de 15 días fuera de su casa y a Mario le da un jamacuco. Entonces, esa no es una posibilidad real para mí.

T México: La telenovela de vampiros no pudo ser, pero seguro que como espectadora tienes referencias cinéfilas que revisitas a menudo. A.: Qué buena pregunta, son muchas. Por ponerte un ejemplo de dos polos opuestos, vuelvo muchas veces a La matanza de Texas, la original de Tobe Hooper de 1974, y a Qué bello es vivir, de Frank Capra.

T México: Dos películas completamente opuestas. ¿Eres muy de extremos?

A.: No, no soy de blanco o negro. Ni siquiera soy de gama de grises… ¡Mejor una gama enorme de colores, de muchos colores!

T México: ¿Algo más que revisites en bucle?

A.: Ahora que tenemos la posibilidad de ver lo que queramos, a la carta, cuando a Mario le toca estar fuera de concierto y no está en casa, me hago un maratón y me veo todos los Alien, por ejemplo. Ahora mismo, sin ir más lejos, mi marido y yo hemos vuelto a Twin Peaks. Cuando estrenaron la tercera parte, volvimos a ver todas, la una, la dos, la película, el libro de Mark Frost… ¡Todo! Hay cosas maravillosas por descubrir, pero a mí me encanta volver.

T México: ¿Y qué hay de volver al cine mexicano?

A.: Volvería siempre a las grandes divas mexicanas. Me encanta el llamado cine de rumberas, de ficheras, que reflejaba la vida nocturna, la mala vida de Ciudad de México. O las películas de Emilio El Indio Fernández. De [Luis] Buñuel, por ejemplo, las únicas películas que me interesan son las de su etapa mexicana como El ángel extreminador o la que habla del asceta Simón el Estilita. Tiene maravillas que son impagables.

T México: Alaska la estrella, la que recorre los escenarios, la que viaja a México a dar conciertos… ¿Has aprendido a dosificarte para que no pese demasiado la fama, en la que llevas subida tantísimos años?

Capa de Mans, masconceptmenswear.com; collar de Alex Sobrón Jewelry, alexsobronjewelry.com.

A.: No, no, no. Has dicho algo genial, te lo agradezco enormemente, pero la de ser una estrella no es mi realidad. Si me plantas ahora mismo en una calle de Singapur, me conocen allí los cuatro españoles o los mexicanos que haya, punto. Por lo tanto, tengo una fama bastante fácil de asumir. Tengo muchas posibilidades de escaparme del mundo. Si yo ahora mismo voy a Grecia, puedo ir a mi aire, ir sola y que no me pare por la calle absolutamente nadie.

T México: Pero en tu carrera ha habido momentos más estelares.

A.: Yo no hago nada, ni activo ni pasivo, por estar o no estar. En la historia de Fangoria, y en la mía en particular, ha habido decisiones artísticas que hemos tomado

y que la industria nos decía que estábamos locos. Sin embargo, sabíamos que era la decisión correcta. Si te mantienes, te mantienes, y si no, no es grave. Obviamente, lo ideal es estar siempre a tope de trabajo y que te sigan masivamente; no por nada, sino porque nos gusta ir a México y, si no te va bien, es difícil que te lleven allí a tocar. Eso es así.

T México: ¿Alguna vez imaginaste que tu vida sería como está siendo?

Vestido de Jean Paul Gaultier, jeanpaulgaultier.com; salones de Aquazzura, aquazzura.com; guantes de Guante Varadé, varade.com.
modelo
calzones y botas de Dsquared2, dsquared2.com; collar de Alex Sobrón Jewelry.

A.: Pues debió ser que sí, porque si yo a los 14 años tomo una determinación muy clara, que es dejar de estudiar para centrarme en el grupo Kaka de Luxe, negándome a llevar una doble vida de ir al colegio por las mañanas y a cambiarme por la tarde para ensayar, es porque lo tenía claro. No es que fuera una visionaria, pero sí tomé mi propia decisión, y eso me ha llevado a estar donde estoy.

T México: O sea, que te reconoces. ¿Por qué es importante conocerse y reconocerse?

A.: Porque es la única manera de no perderse. Antes hablábamos de esa gran bola de referencias, y te tienes que seguir reconociendo en todas ellas. Yo sigo viendo Star Trek y sé lo que sentía a los 6 años cuando la veía. Y luego están las búsquedas que tú vas haciendo en tu vida, más profundas algunas veces, y menos otras.

T México: Hablando de reconocerse, ¿te reconociste en la serie de la MTV Alaska & Mario? ¿Eres tú realmente?

A.: Cuando hago algo, confío plenamente en el equipo. Cuando hacíamos el reality, nosotros quedábamos para verlo con todos, hacíamos merendola, poníamos la MTV y lo veíamos sin saber cómo había quedado.

T México: Reconocerse es importante, ¿y verse reconocida?

A.: Todos tenemos un trozo de ego, el que sea, y nos gusta que lo que consideramos que está bien, lo que hacemos, sea reconocido. Más allá de eso, el reconocimiento te permite una vida más cómoda. Cuantos más te reconozcan, mayores son las posibilidades a la hora de hacer cosas. Cuanto más reconocimiento, más conciertos, mejor equipo y todo mucho más fluido. ¿Que no se puede? Eso ya lo hemos vivido, es bastante pesadito, pero tampoco pasa nada.

T México: ¿Cómo van los preliminares del nuevo disco?

A.: Pues eso, en preliminares. No puedo contarte nada porque no lo sabemos ni nosotros. De momento estamos haciendo una selección de las canciones, y con quién las vamos a producir, pero es una fase tan inicial que ni siquiera tenemos un título.

T México: Eso que hubieras querido hacer y nunca hiciste es…

A.: Es mentira. Te diría un montón de cosas, pero resulta que, si no las he hecho, por algo habrá sido. Cuando cumplí los 50, de repente, dije: “Caray, ¿qué ha pasado aquí? Todo eso que yo iba a hacer, ¡ya no me da tiempo!”. Cuando cumplí los 60, peor aún. Me hubiera encantado ser campeona de culturismo, haber terminado la carrera de Historia, vivir a caballo entre México y España… Seguramente, si he puesto otras cosas por delante es porque tenía que ser así.

T México: Has declarado que, en otra época, entendiste que todo era posible, hablabas de bisexualidad cuando nadie se atrevía a hacerlo, exhibías sin conce-

,

siones tu concepto estético, defendías la diversidad… Y tantas y tantas cosas que abrían camino a lo que hoy empieza a normalizarse.

A.: Hoy en día, hasta para la sexualidad tienes que definirte con unas siglas. Nosotros, hace cincuenta años, al no tener normas, ni etiquetas, éramos mucho más libres para buscar, para pensar, para decidir… Ahora es maravilloso ver cómo aquello que entonces chocaba se está normalizando en algunos estratos de la sociedad, en manifestaciones artísticas… Que Wendy Guevara ganara La casa de los famosos significa que una millonada de mexicanos, que a lo mejor están en un pueblito recóndito, saben que eso existe. Pero que conste que yo no pretendía convencer a nadie de nada, no me siento abanderada de ninguna causa, era yo y ya está.

T México: ¿Cuál ha sido tu mayor éxito?

A.: Que tú y yo estemos hablando, que desde los 14 hasta los 62 me hayan pasado

tantas cosas, que yo esté aquí, que la vida continúe, que esté hablando de sacar nuevo disco, que voy a ir a México… Hacer en el día a día lo que me gusta.

T México: ¿Hay espacio al miedo entre tanto logro?

A.: Básicamente, soy miedosa. Es más, tengo que luchar para que el miedo no me coma, que no me pueda. Aunque no lo parezca, mi primera reacción ante casi todo es de miedo, es una de las cosas que más me atenazan.

T México: No hace mucho has hecho una canción con Aitana. ¿Hay talento hoy en día?

A.: ¡Pero claro que sí! Es horrible escuchar a algunas

Vestido de Balmain, balmain.com; anillos de Cartier

Alaska lleva vestido de Ernesto Naranjo, ernesto-naranjo.com; anillos de Cartier; el modelo (con máscara) lleva medias de Calzedonia, calzedonia.com; el modelo (con sombrero) lleva calzones y botas de Dsquared2

personas de mi edad que dicen que solo en los 80 se hacía buena música. Fue un momento muy influyente porque la industria discográfica bullía, pero hoy también hay de todo, bueno y malo. Eso sí, hay que salir a buscarlo. Mi madre siempre sabrá quién es Loquillo porque salía en la tele, ahora cada uno tiene que ir a buscar lo que le gusta. No todo es Bad Bunny (que me encanta, por cierto).

T México: El 13 de junio cumpliste 62 años. ¿Algún problema con la edad?

A.: No, con estas edades aún no, ya veremos más adelante. A mí, la ancianidad, me preocupa bastante, aunque no lo pienso mucho. Esa estampa de Las chicas de oro que todos tenemos en mente, que vamos a estar todos los amigos reunidos en la cocina comiendo helado, es mentira. Primero, porque la mitad de

los amigos no estarán, y la otra mitad no podrá llegar a la cocina. El día en el que alguien venga a darme un caramelito, hablándome como si fuera un bebé… No sé cómo voy a reaccionar. Así que iremos viendo y actuando en consecuencia.

T México: Aparte de que sabemos que consideras a tu madre, América, una fuerza de la naturaleza, queremos saber cómo ves el futuro con los dos hombres con los que has compartido tu vida Mario Vaquerizo, con el que llevas 26 años, y Nacho Canut, tu compañero y amigo en Fangoria, una de las bandas de tu vida.

A.: Mario y yo somos completamente distintos, pero compartimos un mundo muy grande, tanto a la hora de disfrutar como trabajando. Además, nos gustamos, así que la fórmula es perfecta. Hay algo entre nosotros que no se puede racionalizar, que lo tienes, o no lo tienes. Y nosotros lo tenemos. Nos va bien juntos… ¡Ojalá sea para siempre!

T México: ¿Crees en el amor eterno?

A.: Yo comento las revistas del corazón en la radio, y me produce muchísima

ansiedad cada vez que se separa una pareja de estas que llevaban toda la vida juntos. Pienso: “Si se separan cuando eran la pareja perfecta, hechos el uno para el otro, significa que puede pasar...”. ¡Qué horror!”.

T México: ¿Cuál es tu relación con Nacho Canut?

A.: Dentro de dos años cumpliré 50 que con Nacho, en distintos niveles de profundida, pero celebrando que hemos encontrado nuestro lugar en el mundo juntos y que funcionamos a la perfección.

T México: El documental de Movistar + que habla sobre tu vida, Alaska Revelada, nos plantea una última duda. ¿Revelada (con ‘v’) o rebelada?

A.: Con ‘v’ siempre, lo de la ‘b’ no lo entiendo, nunca ha ido conmigo rebelarme, no va por ahí la cosa.

CUESTIONARIO BREVE

Alaska en pocas palabras

T México: ¿Qué necesitas para ser feliz?

Alaska: Que me dejen mi espacio.

T México: Eres adicta a “la comida golosa y loca”. ¿Por ejemplo?

A

.: Pues mira, como va para México, sopes, chicharroncitos,quesadillas, cacahuates japoneses…

T México: ¿Cuándo fue la última vez que dijiste: “Quién me manda meterme en esto”?

A.: Siempre que intermedio en las relaciones personales de mis amigos.

T México: ¿En qué eres realmente buena?

A.: En nada. Me encantaría saber lo que significa ser bueno en algo, pero no es mi caso. Pongo intención en el bricolaje, en la jardinería… Pero no soy buena en nada. Soy aprendiz de todo.

T México: No puedes soportar…

A.: Que me impongas tu discurso.

T México: ¿Eres de las que alimentan la lista de espera de los terapeutas, o tú te lo guisas y tú te lo comes como puedes?

A.: Yo me lo guiso y yo me lo como, pero no como puedo. Intento hacerlo bien.

T México: Te equivocaste hasta el fondo…

A.: Cuando no he roto determinadas relaciones personales y laborales a tiempo y las he alargado demasiado.

T México: ¿Qué le está pasando al mundo?

A.: Nada. Es el mundo. Que tiene humanos, eso es lo que le pasa al mundo.

T México: Jamás te atreverías a…

A.: A saltar en parapente, hacer puenting, subir a una montaña rusa, ir en avioneta.

T México: ¿Lo primero que piensas por la mañana?

A.: ¿Hice anoche la lista de lo que tengo que hacer hoy? Sí.

T México: Esa anécdota sobre un escenario con la que sacarnos una sonrisa.

A.: Pues caerte de culo contra la pantalla de video y quedarte ahí encajada con las piernecitas hacia arriba como una mosca moribunda.

T México: Perdón, por favor, gracias. ¿Eres de las que utilizan estas expresiones en desuso?

A.: Las utilizo todas, y son las normas básicas de la convivencia.

T México: Lo más complicado de tu profesión es…

A.: Para la mayoría de la gente es un problema no saber qué va a pasar mañana y estar cada día en un sitio diferente. ¡A mí me encanta!

T México: ¿Cuál es el legado de Alaska?

A.: No lo sé. Ahí están las obras, aunque a mí lo que más me gusta son las entrevistas. Me encantan muchos artistas obviamente por su trabajo, pero más aún por las entrevistas que hacen y cómo las hacen, espero que sea lo mismo conmigo.

*QUITÁNDONOS LAS PALABRAS DE LA BOCA

Aliefns alien planet VAYA why aliens lorum how does rescue extra en why, from people nine work whose alien corum w HAS recestibus lorum iciis alis alien tatur a voloreria pla nusae BEEN pra contr thary dIUS, SUNTIORIORE SUS MO ALIENSIAE EST! NIS,

VLOR AUT officus AS MI, ODIS question every erferumquesion evertsy SIDO ecrazrd nias au Joyful everything question dummy text ite septya CENSURADO RRUM INT AM, CXKLDI. IONR A TOTAT. Velente catempe lessitata sam que volendae sitas doloribus.f=uturepra susant es sit es dolorenducia derum vent lit facearum que comnis ea si delibus utat. ¿Qué sigue? ¿Cómo afecta esto a tu trabajo y a tu vida? Met repra susant es sit es dolomktbpodqwmrenducia derum vent lit facearum que comnis ea s. Aquí los consejos, perspectivas y reflexiones de nueve personas cuyas obras han sido prohibidas o modificadas por el gobierno de Estados Unidos, algunas instituciones artísticas o la prensa. Atietata sam quoribus net repra susant.

UNA DE LAS 26 órdenes ejecutivas que el presidente Donald Trump firmó el primer día de su segundo mandato, se presentó como un intento por “restaurar la libertad de expresión y poner fin a la censura federal”, prohibiendo al gobierno “cualquier conducta que suprima la libertad de expresión de cualquier ciudadano estadounidense de manera inconstitucional”. En su discurso ante el Congreso semanas después, Trump reiteró esta idea: “Detuve toda censura gubernamental y devolví la libertad de expresión a Estados Unidos. Está de regreso”.

Desde hace tiempo, la libertad de expresión ha sido, como expresó el corresponsal de medios de NPR David Folkenflik, “un artículo de fe” para los políticos conservadores en Estados Unidos, y en especial, recientemente, para la derecha MAGA (Make America Great Again), quienes sostienen que sus opiniones han sido suprimidas por plataformas de redes sociales con inclinación progresista y tergiversadas en la prensa tradicional. (Algunas voces de izquierda han expresado inquietudes similares sobre sus propias ideas). Sin embargo, lo que ha ocurrido desde finales de enero no necesariamente cumple con la definición de libertad sin restricciones promulgada por un absolutista de la libre expresión. Los mandatos federales dirigidos contra iniciativas de diversidad o equidad racial y de género han resultado en prohibiciones, o intentos de prohibición, de palabras, ideas, libros y personas. A las y los empleados de la NASA y otras agencias se les ordenó eliminar los pronombres de sus firmas

de correo electrónico. El Departamento de Defensa eliminó brevemente de su sitio web un homenaje al servicio militar de Jackie Robinson y ordenó a West Point modificar su plan de estudios en un intento por depurar las instituciones militares estadounidenses de “conceptos divisorios e ideología de género”. En marzo, una estudiante de posgrado turca fue detenida en la calle en Massachusetts por agentes vestidos de civiles y con el rostro cubierto, y retenida sin cargos durante semanas en un centro de detención migratoria en Luisiana, aparentemente por el “delito” de haber coescrito un artículo de opinión en el periódico estudiantil de la Universidad de Tufts en el que criticaba la respuesta de la institución ante las acciones de Israel en Gaza.

Las y los artistas estadounidenses durante mucho tiempo han visto su libertad creativa amenazada por gobiernos de todas las tendencias políticas. Y también han alzado la voz cuando otras personas tienen miedo de hacerlo. Hablamos con artistas de distintos ámbitos sobre su experiencia con la censura. En algunos casos, esa censura, aunque sucedió hace décadas, parece una reliquia de otro momento político, de otras guerras culturales, y aun así resuena con todo lo que pasa hoy: mismas guerras, nuevas batallas. Casi siempre se han visto afectadas las carreras y la tolerancia al riesgo de las y los artistas —aunque no siempre de forma negativa—. Porque la censura también puede ser un grito de resistencia, un recordatorio del motivo por el que se hace arte en primer lugar.

Untitled (Out of Mouth) (2025), obra original de Barbara Kruger que T encargó especialmente para este reportaje. La artista prefirió no hacer comentarios adicionales al respecto: “Prefiero que la imagen ‘hable’ por sí misma”, dijo.

H. Miller

Entrevistas por Kate Guadagnino, Nick Haramis y Coco Romack Arte por Barbara Kruger

Después del estreno de su tercer largometraje, Pink Flamingos, en 1972, el Detroit Free Press comparó la película con “la explosión de un tanque séptico”. En ella se narra la historia de una criminal llamada Babs Johnson (interpretada por la drag queen Divine, frecuente colaboradora del director, fallecida en 1988), quien lucha contra los Marbles, una pareja que dirige una red clandestina de adopciones y vende heroína a menores para conservar su título de “la persona más inmunda del planeta”. Con escenas que incluyen sexo oral no simulado y la ingesta de excremento canino, este clásico de culto, que en 2021 se incluyó en el Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso, ha sido prohibido ocasionalmente en algunas partes de Estados Unidos casi 50 años después de su estreno, aunque nunca se haya cortado para evitar una clasificación X. —Nick Haramis

PARA PROYECTAR UNA película en un cine en Baltimore en esa época, había que presentarla ante la Junta Estatal de Censores de Maryland [un comité de tres personas que operó durante 65 años a partir de 1916]. Yo nunca lo hice. En vez de eso, proyecté Mondo Trasho (1969) y Multiple Maniacs (1970) en sótanos de iglesias. Cuando se estrenó Pink Flamingos en 1972, alquilé un auditorio en la Universidad de Baltimore. Luego se estrenó Female Trouble (1974) en un cine, y los censores tuvieron que verla. Fue entonces cuando uno de ellos dijo: “No puedes incluir esta escena de cunnilingus”. Yo respondí: “Bueno, es un hombre, no es una vagina”. Y entonces me respondió: “No me vengas a hablar de sexo a mí. ¡Yo estuve casada con un italiano!”. Me dio unas tijeras y tuve que cortar la escena de una copia nueva. Mucho tiempo después, Multiple Maniacs, que ella nunca había visto, se proyectó en un cine. Enloqueció por la escena del rosario [una práctica sexual que involucra dichas cuentas sagradas]. Lo llevó a la corte y el juez dijo: “Mis ojos fueron insultados durante 90 minutos, pero no es ilegal”.

Pink Flamingos ha sido censurada en todo el mundo. Eran cuatro escenas las que ofendían a la gente: la de comer [expletivo], la de [expletivo], la de inseminación artificial y la del [expletivo] con el pollo. Esta última fue la peor porque el animal murió. Pero Crackers [interpretado por Danny Mills] cocinó el pollo y se lo comió después, así que no fue tan grave.

Jamás gané un caso por obscenidad, aunque el Museo de Arte Moderno haya comprado una copia para su colección cuando se estrenó. Lo he dicho antes, pero sigue siendo verdad: es una experiencia agradable verla a medianoche con una audiencia revoltosa, pero si la ves en un juzgado a las 8 a.m., sentado con ocho a doce desconocidos como parte del jurado, es peor que obscena. Así que [Robert] Shaye y yo —él era el director de New Line [Cinema] en ese momento— simplemente nos declarábamos culpables porque la multa era de $5,000 y los abogados costaban más. Se supone que, si alguna vez volvemos a proyectarla en Hicksville, Nueva York, iremos a la cárcel.

Hoy, cuando le censuran su libro a alguien, siempre digo: “¡Qué suerte! Estará al frente de la librería, junto a la caja, en la sección de libros prohibidos, y no perdido en la sección gay junto a los crímenes de la vida real, al lado del baño”. Las juntas de censura fueron mis mejores publicistas. No se daban cuenta, pero trabajaban para mí. Cada vez que se escandalizaban, la gente se reía. Nadie nunca se topó con Pink Flamingos creyendo que era una película sobre el parque nacional Everglades.

Conocido por sus obras fotográficas que incorporan fluidos corporales —sangre, semen y leche materna—, Serrano, confirmado en la Iglesia católica, creó Piss Christ, la foto de un crucifijo sumergido en un tanque de plexiglás lleno de su propia orina, en 1987. La obra, según explicó, exploraba sus “sentimientos no resueltos sobre mi crianza católica”. Recibió un premio de 15,000 dólares del Southeastern Center for Contemporary Art (hoy Museo de Arte de Carolina del Norte, en Winston-Salem), un tercio del cual provenía del National Endowment for the Arts (NEA), por este y otros trabajos. Piss Christ fue condenada después por, entre otros, la organización de la derecha cristiana American Family Association y el senador conservador de Carolina del Norte Jesse Helms, quien emprendió una campaña contra el financiamiento federal al arte. —Kate Guadagnino

PISS CHRIST SE exhibía en el Museo de Bellas Artes de Virginia cuando alguien escribió una carta al editor del Richmond Times-Dispatch para quejarse. Luego, el reverendo Donald Wildmon, líder de la American Family Association, instó a su congregación de 170,000 personas a escribirle al Congreso. Un tercio de los 15,000 dólares que gané con ese premio venía del NEA. En mayo de 1989, todo [expletivo] y [los senadores estadounidenses] Alfonse D’Amato y Jesse Helms me denunciaron desde el Senado. Ahí fue cuando, ante los ojos del público, nació Piss Christ. Fue muy doloroso, en especial la mentira de que soy anticristiano, cuando siempre me he visto, como nos dijeron que debíamos ser al confirmarnos, como un soldado de Dios. El impacto de Piss Christ destruyó mi primer matrimonio, pero también fue empoderador. Era un completo desconocido y, de pronto, según Jesse Helms, yo estaba “provocando al pueblo estadounidense”. Pensé: “OK, ahora todos saben que soy artista, así que puedo hacer lo que mejor sé hacer: crear”. Algunas semanas después, debido a toda esta presión desde el Congreso, la Galería Corcoran [de Arte], en Washington D. C., canceló una exposición de Robert Mapplethorpe y el mundo del arte estalló. Pero existe un tipo de censura en la que algo se prohíbe, y luego está la otra, en la que ni siquiera te toman en cuenta. He tenido unas 20 exposiciones individuales en museos en Europa y en otros países, pero solo una en Estados Unidos.

la película Pink Flamingos (1972), de John Waters; Piss Christ (1987), de Andres Serrano; Karen Finley interpretando We Keep Our Victims Ready en el Walker Art Center de Minneapolis en 1990.

Desde arriba, en el sentido de las manecillas del reloj: Divine en

Finley y otros tres artistas demandaron al NEA en 1990 después de que la institución les retirara sus becas. Tras una batalla legal de ocho años, la Suprema Corte falló en contra del grupo conocido como los Cuatro de NEA, al respaldar una ley que establecía que la agencia debía basar sus decisiones no solo en el mérito artístico, sino también en “estándares generales de decencia”, lo que transformó el alcance del financiamiento público para el arte en Estados Unidos. —Coco Romack

CUANDO LO HICE [We Keep Our Victims Ready (1990), que había comenzado a presentar el año anterior], estaba abordando la violencia sexual. En mi performance, cubría mi cuerpo con chocolate, un ritual que representaba la desvalorización y deshumanización del cuerpo. Luego lo revertía. Al final, me cubría con guirnaldas plateadas, transformándome casi en una bola disco. A otros tres artistas —John Fleck, Holly Hughes, Tim Miller — y a mí se nos negaron becas por el contenido de nuestras obras [por parte del NEA]. Nos parecía demasiado vago que el gobierno pudiera usar la decencia como criterio para restringir fondos, así que apelamos al Noveno Circuito y ganamos. Pero luego el caso llegó a la Suprema Corte, y allí perdimos.

Lo anterior sentó un precedente para llegar a donde estamos hoy. Si el gobierno considera que una obra o producción es indecente, puede restringir su apoyo. La sociedad tiene que reflexionar sobre esto desde una perspectiva mucho más amplia. Es lo que estamos viendo con el acceso a la salud para personas trans, con el aborto. Se manifiesta en bibliotecas, universidades y colegios. Ahora está por todos lados. Pienso en el papel de artista como una persona que registra la historia. Yo hablaba de la violencia sexual, la crisis del sida, la guerra… Temas que siguen presentes hoy.

Me consideraron lo suficientemente importante como para censurarme, pero al principio fue muy doloroso y desgarrador para mí. Me dediqué a la docencia, pero nunca dejé de crear. Con el tiempo, volví a pensar en por qué hago arte. Tomé la decisión de trabajar desde la alegría, algo que tal vez sea un gesto aún más radical que la obra en sí.

Nacido en Afganistán, Hosseini emigró a Estados Unidos en la adolescencia, cuando su familia obtuvo el asilo político, y más tarde se convirtió en ciudadano estadounidense. Publicó su primera novela, Cometas en el cielo, en 2003. Ambientada en el colapso de la monarquía afgana y los años de guerra que siguieron, el libro incluye una brutal escena de agresión sexual y ha sido prohibido en más de 100 distritos escolares de Estados Unidos. —K.G.

MI NOVELA Cometas en el cielo ha sido cuestionada o prohibida prácticamente desde que empezó a enseñarse en escuelas secundarias, por ahí de 2008. Muchas veces, todo comienza con una sola queja frívola de un padre o un pequeño grupo de padres, alegando que es perjudicial porque muestra violencia sexual o, en algunos casos, aunque parezca increíble, porque supuestamente promueve el islam o el terrorismo, sin ningún tipo de evaluación sobria de su contexto ni un análisis integral u holístico de sus méritos literarios. En los últimos años ha habido un repunte, ya que las juntas de consejo de las escuelas se han convertido en campos de batalla para las políticas conservadoras. Llegué a este país en 1980 y, con estas prohibiciones de libros, ya no reconozco a la América de la que hablaba mi padre, la razón por la que hizo tantos esfuerzos para traernos aquí. Pero personalmente no me han afectado ni beneficiado mucho, más allá del pequeño orgullo que siento al ser censurado junto a figuras como Toni Morrison o Margaret Atwood. Y si estoy siendo atacado por grupos con escasa tolerancia hacia la diversidad de pensamiento, entonces algo estoy haciendo bien. Quienes realmente pierden son las y los estudiantes, cuya libertad estamos debilitando y cuya visión del mundo estamos limitando. Hay una diferencia asombrosa entre las objeciones de los supuestos padres preocupados y la experiencia de quienes sí han leído el libro. En los últimos 20 años, he recibido cartas de estudiantes de secundaria en las que me cuentan cómo Cometas en el cielo les ayudó a enfrentar el acoso, a desafiar la intolerancia, a hacer voluntariado, a reflexionar sobre sí mismos; cómo les ofreció una perspectiva más matizada y compasiva sobre Afganistán y su gente. Ese, creo yo, es el argumento más poderoso contra la censura literaria.

KHALED HOSSEINI, 60, Escritor

Excorresponsal extranjera de The Wall Street Journal, Brooks es reconocida por su ficción histórica documentada minuciosamente. A principios de este año, como parte de la implementación de una orden ejecutiva de Trump para “defender a las mujeres del extremismo ideológico de género y restaurar la verdad biológica en el gobierno federal”, así como “combatir estereotipos raciales y de género”, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ordenó quitar cientos de libros de la biblioteca de la Academia Naval de Estados Unidos (muchos de los cuales ya han sido restituidos). Según una lista divulgada por el Departamento de la Marina, entre los títulos retirados se encontraban un estudio académico sobre El cuento del perdonador de Geoffrey Chaucer, la autobiografía de Maya Angelou de 1969, Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, y Horse, la novela más reciente de Brooks. —K.G.

MI PRIMER LIBRO retirado de las bibliotecas escolares fue Year of Wonders (2001), basado en una historia real que ocurrió cuando la peste bubónica llegó a un pueblo de Peak, en Inglaterra, en 1665. Probablemente, deduje, porque uno de los personajes experimenta dudas religiosas… O, como interpretó una drag queen que leyó fragmentos del libro en un festival literario, porque hay mujeres en la historia que hacen ciencia. Me sorprendió menos —pero me enfureció— lo que pasó con Horse (2022), que trata sobre el papel de los jinetes negros esclavizados antes de la Guerra Civil, y que fue prohibido en la biblioteca de la Academia Naval. Forma parte de este asqueroso proceso de eliminación en el que ya no se puede contar ninguna historia que refleje la verdad de las brutalidades del pasado. En este caso, solo quieren ofrecer una versión blanca de la historia, prácticamente alineada con los esclavistas, no con las personas esclavizadas. Es una cobardía por parte de Hegseth pensar que los jóvenes oficiales en entrenamiento no pueden enfrentarse a la historia real. ¿Cómo se atreve alguien tan cobarde a tener un cargo de liderazgo entre mujeres y hombres valientes que serán parte del ejército? También me pasaba cuando era periodista. Una vez traté de darle unos libros en inglés a un joven palestino encarcelado a quien entrevisté. Uno de los libros era El viejo y el mar [de Ernest Hemingway] (1952), y sus guardias no lo permitieron. Que tengan miedo a las palabras me emociona. Me dan aún más ganas de darles otro motivo de preocupación.

La novela gráfica de Spiegelman en dos volúmenes Maus (1986–1991) que relata las experiencias de sus padres como judíos polacos sobrevivientes del Holocausto, así como el suicidio de su madre cuando él tenía 20 años, se ha enfrentado a retos en varios países. Desde 2021, fue prohibida en los distritos escolares de Tennessee, Florida, Texas, Misuri e Iowa, por “su uso innecesario de lenguaje soez y desnudez y por su representación de la violencia y el suicidio”, según una declaración de la Junta Educativa del Condado de McMinn, en Tennessee. Recientemente, en 2025, se eliminó de un episodio de la serie documental American Masters, producida por la cadena pública WNET Group, una tira cómica suya que mostraba imágenes de Trump y que había sido distribuida durante La Marcha de las Mujeres de 2017. —C.R. HACE UNOS OCHO AÑOS, hice una performance pública llamada Wordless!, comisionada por la Opera House de Sídney. Unos amigos en común me recomendaron unos cineastas documentales, y les pedí que vinieran a filmarla. Cuando empezaron a seguirme, la cosa se transformó en “hagamos un documental sobre ti”.

En 2022, la junta escolar [en Tennessee] decidió por unanimidad que Maus no podía enseñarse. Todo por una imagen del pecho de una mujer desnuda, que además es diminuta. Es apenas un punto en una viñeta que muestra a mi madre muerta en la bañera después de suicidarse, vista desde arriba y por detrás. Las referencias sexuales y el lenguaje prohibido son las formas más fáciles de sacar un libro de circulación, así que eso fue lo que usaron como excusa, pero claro que no se trataba de eso. Fue porque el contenido de Maus, y la historia real que cuenta, los perturbaba.

Después de eso, los cineastas se entusiasmaron aún más y decidieron hacer el documental para American Masters. Todo estaba listo, y dos semanas antes de salir al aire, los altos ejecutivos de WNET se comunicaron [con la producción] y dijeron que teníamos que cortarlo. Se trataba de una secuencia que aparecía casi al final en la que salía con mi esposa y mi hija, quienes publicaban una revista llamada Resist!. Yo contribuí con una historieta. Eran cuatro viñetas que empezaban con una caricatura de Trump con un cabello que parecía, digamos, fecal. WNET decidió que no podían mostrar eso en PBS. Me indignó, porque es exactamente lo que me temía que podría pasar tras años de luchar contra la censura. La Primera Enmienda no es más que un pedazo de papel a menos que se le defienda. [WNET Group declaró: “Como productores, teníamos, y tenemos, el derecho contractual (y la obligación pública) de solicitar ediciones a los realizadores de nuestros documentales... Solo después lo llamaron ‘censura’.” La empresa también señaló que la historieta se incluirá en todas las versiones comerciales futuras]. Formo parte de una generación que creció leyendo los cómics de Mad, el catalizador de la generación underground de historietistas. Ir más allá de las normas para decir lo que no se puede decir fácilmente es un deber público importante.

BORNSTEIN, 77,

En 2006, Bornstein iba a hablar sobre su libro de autoayuda Hello, Cruel World: 101 Alternatives to Suicide for Teens, Freaks and Other Outlaws en una preparatoria de Bedford, Nueva York, cuando un empresario local se quejó del contenido del sitio web de la autora ante el superintendente del distrito, lo que resultó en la cancelación del evento. En 2022, Gender Outlaws: The Next Generation, una antología de relatos de artistas trans y queer que Bornstein coeditó junto con el autor S. Bear Bergman en 2010, se prohibió en un distrito escolar de Misuri. —C.R.

EN OTRA ÉPOCA, en otro mundo totalmente distinto en el que “transgénero” era una idea completamente nueva, “no binario” ni siquiera era una palabra, y el BDSM te convertía en una mala persona, yo era todo eso, y buscaba una comunidad. Y muchas de las comunidades que encontré no querían tener nada que ver conmigo. En 1989, escribí una obra llamada Hidden: A Gender, que se estrenó en el sótano del teatro Rhinoceros, en San Francisco. Era una obra disparatada sobre dos personas: yo antes de y durante la transición, además de una figura literaria llamada Herculine Barbin, una hermafrodita francesa que escribió cartas y memorias sobre su transición [a mediados del siglo XIX]. La puesta en escena era como un programa de entrevistas donde yo interpretaba a un personaje tipo Jerry Springer que vendía curas milagrosas para cualquiera cuya identidad de género fuera difusa. Durante la temporada, un hombre gay se sentaba fuera del teatro repartiendo fruta podrida al público, porque [según él] las personas transexuales no tenían cabida en un teatro gay y lésbico. No fue sino hasta mucho después que la censura me alcanzó desde sectores más convencionales. En 2006, iba a hablar con un grupo de estudiantes de preparatoria en Nueva York. Un comité se escandalizó. Me impidieron presentarme allí, [alegando] que eso no debía llegar a los oídos de los jóvenes. Pero eso no endureció mi corazón en contra de nadie. Tal vez, dentro de algunos años, las personas que hoy me censuran [Bornstein no sabía que Gender Outlaws: The Next Generation había sido prohibido en un distrito de Misuri hasta que se habló al respecto en esta entrevista], al igual que quienes me censuraron en el pasado, se darán cuenta de que no les deseo ningún daño.

MOISÉS KAUFMAN, 61, Dramaturgo y director

El proyecto Laramie (2000), escrita por Kaufman, aborda las secuelas del asesinato de Matthew Shepard, un joven universitario gay que fue secuestrado, torturado y abandonado a morir a las afueras de Laramie, Wyoming en 1998. La obra ha sido censurada en numerosas preparatorias. En los últimos años, una junta escolar en Kansas la prohibió del plan de estudios y varios distritos de Texas y Arizona han pospuesto puestas en escena ya planeadas. —K.G.

LO QUE SUELE PASAR es que un maestro o una maestra elige The Laramie Project, las y los estudiantes empiezan a ensayarla, y luego la junta escolar se entera y trata de cancelar la producción, siempre con el pretexto de que “cierto contenido puede no ser apropiado para su edad”. Nunca dicen que es por el tema gay. A veces, los estudiantes y la comunidad luchan para seguir con la obra y lo logran; otras veces, luchan y no lo consiguen. No puedo decir que me sorprenda. Estamos en un momento histórico en el que Estados Unidos está profundamente dividido y, para bien o para mal, esta obra habita justo en ese espacio. Pero ha sido alentador ver la pasión con la que las y los estudiantes han defendido la obra. A veces incluso han rentado espacios cerca de la escuela y la han montado allí. También unas personas de la Iglesia Bautista de Westboro, en Kansas, fueron a protestar contra la obra, así que, para llegar al salón de ensayo o al teatro, los estudiantes tuvieron que atravesar un grupo de manifestantes con carteles que decían “God hates fags” (“Dios odia a los maricones”). Así que la obra no es solo un ejercicio teatral; se convierte en una experiencia visceral en la que las y los estudiantes entienden en carne propia lo que es la intolerancia y la homofobia.

Y por muy duro que eso sea, hay algo profundamente valioso en el despertar político que genera ese tipo de acciones. La censura provoca justo lo contrario de lo que busca. Hace que la gente se pregunte de verdad: “¿Qué tiene de malo la obra? ¿Quiénes tienen derecho a contar sus historias?”. Y luego, cuando los estudiantes logran presentarla, se convierte en un verdadero acontecimiento.

Desde arriba: una historieta de Art Spiegelman creada para una revista llamada Resist! que se repartió durante La Marcha de las Mujeres de 2017; una protesta en 2004 en Las Vegas contra una producción de The Laramie Project (2000); Dread Scott quemando una bandera estadounidense en las escalinatas del Capitolio Nacional en octubre de 1989.

En 1989, Scott, nacido como Scott Tyler, era un estudiante de 24 años en la School of the Art Institute de Chicago y participó en una exposición con una instalación titulada What Is the Proper Way to Display a U.S. Flag? (“¿Cuál es la manera correcta de exhibir una bandera de Estados Unidos?”). La obra requería que las y los visitantes pisaran una bandera colocada en el suelo antes de responder en un libro de comentarios. En respuesta a la pieza —que también incluía un fotomontaje de manifestantes quemando una bandera de Estados Unidos junto con una imagen de ataúdes cubiertos con banderas—, miles de veteranos se manifestaron frente al museo y Scott recibió múltiples amenazas de muerte. El senador Bob Dole lo denunció en el Senado, refiriéndose a él como un “supuesto artista”. El presidente George H. W. Bush calificó la obra de “vergonzosa”. Meses más tarde, el Congreso aprobó una enmienda, la Flag Protection Act de 1989, que convertía en delito colocar deliberadamente una bandera en el suelo. Scott y un grupo de amigos y activistas respondieron quemando banderas en las escalinatas del Capitolio en Washington, D. C. El arresto colectivo derivó en un fallo de la Suprema Corte en 1990 que declaró inconstitucional la ley federal que prohibía la profanación de la bandera. —N.H. FUI UN JOVEN RADICAL que creía que el arte podía cambiar al mundo. Y luego, de pronto, una de mis obras formaba parte de la conversación nacional. Y no solo la estaban discutiendo las personas con poder, sino también quienes no lo tenían, gente que vivía en proyectos de vivienda se formaba más de una hora para verla. Cuando el Congreso y la ciudad de Chicago intentan prohibir tu trabajo, eso demuestra el poder del arte, pero también hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno, incluyendo romper su propia Constitución para silenciar la voz de quien antes de eso era un estudiante universitario desconocido. No conocía a nadie que hubiera hecho una carrera como artista, así que no pensé: “Dios mío, nunca voy a exponer otra vez”. Al haber crecido en el Estados Unidos de Ronald Reagan, con la mente cerrada, egoísmo y codicia que esto implicaba —y luego viendo a George H. W. Bush continuar con ese legado—, poder decirle la verdad al poder fue increíble.

Me di cuenta de que mi destino personal y mi seguridad estaban ligados a defender esta obra, y que, si quería que otras personas la defendieran, debía mantenerme firme. Si de pronto hubiera dicho: “Solo quiero que esto desaparezca”, entonces toda mi red de apoyo también habría desaparecido. Pensé, como dije en su momento, que si las personas negras no hubieran estado dispuestas a ofender la sensibilidad de las personas blancas, seguiríamos siendo esclavizadas. Esa bandera ondeaba sobre la Suprema Corte durante la decisión de Dred Scott [fallo de 1857 que estableció que las personas esclavizadas no eran ciudadanas estadounidenses ni podían demandar por su emancipación]. Es la bandera que llevaba la caballería cuando masacró a los nativos americanos. Yo quería que la gente hablara de todo eso. Y si mi vida se veía un poco alterada, que así fuera.

Debido a las amenazas de muerte, en esa época tuve que mudarme varias veces. Dormía en sillones, a veces por una semana o un mes. Algunos artistas de renombre nacional —Richard Serra, Leon Golub y Nancy Spero— me apoyaron de distintas maneras. Las respuestas más dañinas se expresaban públicamente, al venir de veteranos; pero muchas veces me hicieron el favor de ser abiertamente racistas. Algunas personas me decían: “¿Por qué no regresas a la selva de África?”. Era fácil distinguir a quiénes debía cuidar y con quién debía solidarizarme, de quienes querían verme muerto. Las más complicadas eran personas como mi mamá. Ella siempre ha sido una de mis mayores defensoras, y realmente resonaba con lo que decía. Sin embargo deseaba que fuera otra persona quien lo dijera.

Cuando la Suprema Corte falló a nuestro favor, fuimos reivindicados. Pero aunque sea legal mostrar mi obra en cualquier parte de Estados Unidos, en la práctica es una pieza prohibida. Se habla de ella en las clases de Historia del Arte 101, pero no se ha expuesto en Estados Unidos desde 2006. Piensa en lo que pasaría si se presentara hoy, especialmente en una gran institución. Probablemente el presidente actual la denunciaría. Tendrías a las personas que estuvieron dispuestas a asaltar el Capitolio y atacar a la policía frente a tu museo. Estoy en conversaciones con por lo menos una galería universitaria interesada en mostrarla, pero ya veremos. En general, no cambiaría nada. No creo haberme suavizado con la edad, pero no querría aplicar la sofisticación o la sabiduría que tengo ahora a mi versión joven. Hay que causar todos los problemas posibles. Y rodearse de muchas amistades. El mundo es intolerable tal como está. Haz arte al respecto.

DREAD SCOTT, 60, Artista

Por Lindsay Talbot

Bodegón por Matthew Avignone

Diseño de set por Gemma Bedini

EN 1984, DURANTE un vuelo de Air France de París a Londres, a la actriz y cantante inglesa Jane Birkin se le cayó una canasta de paja, regando su contenido por todo el piso. El hombre sentado a su lado, Jean-Louis Dumas, entonces presidente ejecutivo de Hermès, le sugirió que buscara un reemplazo con compartimentos lo bastante grandes como para guardar todas sus cosas. Birkin, madre de tres hijas, se quejaba de que nada de lo que era práctico le resultaba lo suficientemente elegante. Mientras sobrevolaban el Canal de la Mancha, intercambiaron ideas y bocetos de lo que se convertiría en el Birkin, una bolsa cuya popularidad es tan perdurable que hasta hoy día puede tomar meses, o incluso años, conseguirla. “Creo que lo dibujé en una bolsa para el mareo —o para no marearse—”, recordaría la hoy fallecida Birkin. “Y él me dijo: ‘Yo te lo hago”. En su prototipo, Dumas incorporó la silueta trapezoidal y la solapa superior del Haut à Courroies, el primer bolso de la casa francesa de lujo, que fue lanzado a finales del siglo XIX y que tenía espacio suficiente para una silla de montar y unas botas de equitación.

Sunset Rainbow Sellier Birkin de 2020. Derecha: el nuevo Sac Bijou de la marca. hermes.com.

LO ÚLTIMO DEL PRIMERO

Recientemente, Pierre Hardy, director creativo de alta joyería de Hermès, presentó la versión más exuberante del Birkin hasta la fecha: una reinterpretación joyera de la clásica bolsa, con placas asimétricas de oro blanco o amarillo que crean la ilusión de la piel de cocodrilo. Para lograr el vibrante degradado —inspirado en parte en el archivo de la casa, que cuenta con más de 75,000 colores distintos de seda—, Hardy incrustó en cada pieza cerca de 3,000 piedras preciosas: diamantes, amatistas, granates espesartina, aguamarinas y zafiros en tonos azul claro, amarillo y rosa. “El color es un recurso natural del que podemos disponer infinitamente”, afirma Hardy, quien estudió arte en L’École Normale Supérieure de Cachan, en París. “No busqué limitar, sino permitir ” .

SLS Ocean Beach Residences, ubicado en el corazón de Puerto Cancún, es un majestuoso edificio de 20 niveles que alberga 92 exclusivas residencias con espectaculares vistas al Mar Caribe. Desde un club de playa privado hasta un spa y gimnasio de primer nivel, un cine exclusivo y elegantes salones para adultos y niños, cada espacio ha sido cuidadosamente diseñado para reflejar la distintiva mezcla de opulencia y sofisticación vibrante que define a SLS.