
El poder del estilo
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El poder del estilo
Moda, arquitectura, diseño, arte, literatura, artesanía


























18
T México Presenta
El periodista León Krauze escribe sobre la idea de la que surgió La gran desaparición, su última novela.
Por León Krauze
20 Tres propuestas
Un reloj histórico, una marca de artesanía mexicana y un festival gastronómico en Marrakech.
22
Arte en la frontera
Una reflexión sobre la migración y el impacto de la globalización.
Por Patrick Charpenel
24
El objeto
Bulgari reimagina su clásica serpiente del año 1948 con un brazalete único.
Por Nancy Hass
Fotografía por Anthony Cotsifas
26
El deseo
Chopard se inspira en la vida marina para la creación de un collar de rubíes, diamantes y zafiros.
Por Nancy Haas
Fotografía por Amanda Sellem


28
El mundo a todo color
En Mestiz, San Miguel de Allende, el diseño artesanal impulsa el arte.
Por Cristina Alonso
Fotografía por Ana Hinojosa
32
Perfil con estilo
Giorgio Armani repasa sus motivaciones, sus procesos creativos y momentos clave de su trayectoria a través de las fotografías de su vida.
Por Laura May Todd
34
Ver y ser vista
Las faldas y los corpiños traslúcidos dejan entrever la piel y desbordan glamour.
Fotografía por Parker Woods
Estilismo por Ben Perreira
38 Más es más
El regreso a la joyería de la década de 1980.
Fotografía por Anthony Cotsifas
Estilismo por Martin Bourne
Pág. 62

42

La magia cotidiana
El diseñador Patricio Campillo y su idea del realismo mágico.
Por Kira Álvarez Bueno
44
El retorno al paraíso
Tiffany & Co. abre las puertas de su flagship store en Ciudad de México, una boutique diseñada por Peter Marino.
Por Javier Quesada
Fotografía por Fabián Martínez
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Carolina Adriana Herrera
La responsable de perfumería de Carolina Herrera guarda un lugar para México, país al que ama.
Por Carmen Melgar Fotografía por Nico Bustos
52
Sinestesia cromática
Las transparencias y la seda son las protagonistas de la temporada. Fotografía por Ricardo Ramos Estilismo por Juan José Rizo
62

La casa que habla
Una antigua casa parroquial de 1907 en Brooklyn, Nueva York, se transforma para convertirse en el refugio de una artista.
Un espacio más humano
El arte y el compromiso se mezclan en la arquitectura de Tatiana Bilbao.
Por Enrique Giner de los Ríos Fotografía por Ana Hop
68
Todos quienes lo hicieron Rendimos tributo a los equipos silenciosos que trabajan para sacar adelante un proceso creativo.
Por Kate Guadagnino

Por Alice Newell-Hanson
Fotografías por Jason Schmidt
84
Ha nacido un dúo legendario
Una afinidad perdurable: siete parejas creativas que han resistido la prueba del tiempo.
92

Pág. 92
Detalle de la exposición Les fleurs d’Yves Saint Laurent, en París.
Los jardines de Saint Laurent
El museo parisino del diseñador inaugura Les fleurs d’Yves Saint Laurent, una exposición que tiene a la naturaleza como protagonista.
Por Abraham de Amézaga
96
Luis Vuitton se llena de flores
La casa francesa y el artista Takashi Murakami colaboran en el lanzamiento de una colorista colección.
Por Lindsay Talbot
EN PORTADA

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Vicepresidente Santiago Rodríguez
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Dirección de Arte
Rubén Bruque Alberto Torés
Edición y cierre
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Directora creativa y de moda Kira Álvarez Bueno
Cristina Alonso, Abraham de Amézaga, Jennifer Bauser, Nico Bustos, Patrick Charpenel, Enrique Giner de los Ríos, Ana Hinojosa, Ana Hop, León Krauze, Fabián Martínez, Carmen Melgar, Ricardo Ramos, Javier Quesada, Ana Topoleanu
Página28FotografíaporAnaHinojosa.pantallaDanielValero,fundadordeMestiz,anteuna delámparaelaboradaenmimbre.
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Fotografía por Ricardo Ramos. Estilismo por José Juan Rizo. Capa de Chanel ,

LA ENERGÍA DE las nuevas tendencias se llena de acento latino. Podemos decir que en el mundo de la moda el negocio es anglosajón, pero el glamour es latino: ahí están Frida Kahlo, Eva Perón, Carolina Herrera, Oscar de la Renta o María Félix para demostrarlo, pero también nombres hispanos como Cristóbal Balenciaga o Manolo Blahnik. Ahora nuevos creadores llegan a la industria con la fuerza y el glamour que encarna a la perfección Carolina Adriana Herrera, acostumbrada desde su infancia a convivir con diseñadores, creadores, pasarelas y fotógrafos y que, al igual que su madre, la maestra Carolina Herrera, siempre ha estado muy unida al universo de las fragancias y los perfumes. Con ella conversamos en Madrid sobre su educación, el presente de su familia y el camino a seguir por la marca fundada en 1980.
No son momentos fáciles para el mundo latino y así nos lo cuenta en esta edición Patrick Charpenel, director del Museo del Barrio de Nueva York, quien incide en los valores que representa una comunidad excepcional que se enfrenta a desafíos cada vez mayores. El actor John Leguizamo ya reflexionaba sobre este porvenir en 2016 en una columna publicada por The New York Times: “Las personas latinas nos enfrentamos a un desafío doble: crear nuestra propia imagen positiva mientras combatimos la manera en que la sociedad en conjunto nos representa”, escribió entonces. “Necesitamos una primavera latina en este país”, continuaba. El congresista estadounidense Adriano Espaillat, representante por Nueva York y también presidente del Caucus Hispano del Congreso, también fue reivindicativo en su respuesta al discurso inaugural de Donald Trump como nuevo inquilino de la Casa Blanca: “Los latinos somos el corazón latiente de esta economía y de este país”, señaló.
Por Javier Fernández de Angulo
Precisamente por este motivo, en T: The New York Times Style Magazine México queremos destacar la fuerza creativa de una comunidad diversa con gran influencia en disciplinas como la arquitectura, la literatura, el diseño, la ciencia o la artesanía. En nuestras páginas mostramos el talento de la arquitecta Tatiana Bilbao, cuyo principal objetivo es acercar sus diseños a la gente y que en unas semanas participará en la Bienal de Arquitectura de Venecia como responsable de la construcción del pabellón del Vaticano. También analizamos la visión del diseñador Patricio Campillo, su fidelidad a sus raíces mexicanas y el impacto positivo de sus propuestas, y visitamos Mestiz, en San Miguel de Allende, el irreverente y sorprendente proyecto con el que Daniel Valero busca la universalidad de muebles y objetos a través de la tradición colorista de la artesanía mexicana, una idea que le ha llevado a colaborar con marcas de prestigio como Casa Dragones o Hermès.
En esta edición tampoco podíamos olvidarnos de dos leyendas del diseño: Giorgio Armani, referente de la moda masculina del último medio siglo, e Yves Saint Laurent, protagonista de una exposición en su museo de París que repasa su relación con la naturaleza y la botánica, así como su pasión por los jardines que con tanto cariño cultivó en Marrakech y Tánger, en Marruecos.
Detrás de los grandes nombres, siempre hay un gran equipo, de ahí nuestro homenaje a esos trabajadores encargados de transformar un proyecto en éxito en el reportaje “Todos los que lo hicieron posible”. “Empleo mis esfuerzos en llegar al alma de las cosas”, le confesó por carta el escritor francés Gustave Flaubert a su colega y compatriota George Sand. Ese es también el objetivo de T: The New York Times Style Magazine México. Una revista con latidos y con alma. Página

gran
es el







BUENAS NOTICIAS: los grandes museos de arte del mundo gozan de buena salud. En 2023, los 100 museos más importantes recibieron 175 millones de personas, un aumento de casi el 20 por ciento respecto a 2022. El desafío, sin embargo, radica en la naturaleza de esa presencia. La verdadera pregunta es qué tan presentes están realmente esos millones de visitantes en el Museo del Prado, en el MUNAL de Ciudad de México, en el Metropolitan de Nueva York o en el Louvre. Y ahí, intuyo, las noticias no son tan alentadoras.



Hace algunos años viví una escena que me dejó una fuerte impresión. Una mañana de verano de 2018, llevé a mis hijos pequeños a ver la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. A la izquierda de la pintura, un guardia de seguridad del museo la vigilaba. Para mi sorpresa, su trabajo no se limitaba a evitar que alguien cruzara la barandilla de madera que separa el cuadro de los visitantes. Cada vez que alguien se acercaba lo suficiente,










El guardia, obligado a presenciar esto una y otra vez, había perdido la paciencia. Trataba de pedir a la gente que bajara los brazos y apagara el celular. En su rostro se veía exasperación, pero también un rasgo de tristeza, como si sintiera que estaba presenciando una traición a la belleza del
arte que custodiaba.



Aquella escena me impactó tanto que se convirtió en el punto de partida de mi novela La gran desaparición, en la que me pregunto qué pasaría si los personajes de los cuadros más famosos del mundo desaparecieran. ¿Perderíamos algo? Mucho más de lo que pensamos. En su intento por captar la atención del público, los empresarios del arte han ideado estrategias innovadoras. Las exposiciones inmersivas han tenido un éxito
entretenimiento. Tampoco en ceder ante el aprovechar el enorme flujo de visitantes para
rotundo. Pero la solución no está en el entretenimiento. Tampoco en ceder ante el turismo de Instagram. El desafío es aprovechar el enorme flujo de visitantes para reivindicar la presencia real frente al arte.
En el fondo, aquel guardia del Louvre tenía razón. No hay sustituto para la contemplación directa de una obra de arte. Estar frente a un Caravaggio o un Rembrandt es una experiencia que no se puede reducir a una postal ni a una pantalla. Hay que estar ahí. Realmente estar ahí. Porque lo cierto es que, cuando uno realmente está ahí, ocurre algo mágico. De pronto, la obra de arte abre sus puertas. Si uno presta suficiente atención, puede escuchar la voz del artista que nos habla desde el lienzo o el mármol. Cuando eso sucede, el arte nos regala una máquina del tiempo y una invitación al alma misma del creador. Es un acto de comunión, nada menos. Para eso, hay que guardar el celular.

































TRAS SU EXITOSA en Madrid, donde cuenta con una tienda en la






artesanía mexicana sus México con Casa Huakal, un espacio ubicado en las Lomas de Chapultepec















serpiente, Bulgari se ha aliado con la marca MB&F para reinterpretar , reloj




creado por la casa joyera itax MB&F Serpenti, diseñado tras la colaboración entre Fabrizio Buonomassa Stigliani, director de relojería de Bulgari, y Maximilian Bùsser, fundador y director creativo de MB&F, transforma a su antepasado en una máquina horológica en la que se ha trabajado desde cero, tanto en la ingeniería mecánica, como en el diseño de la propia caja, que incluye cinco cristales de zafiro para proteger el movimiento interior. ¿El resultado? Una creación de 370 piezas elaboradas artesanalmente y terminadas a mano, llena de detalles (los ojos de la serpiente están adornados con Super-LumiNova para que la serpiente brille en la oscuridad) en la que la tradición joyera de Bulgari comparte protagonismo con la creatividad y el uso de la tecnología que ha caracterizado a MB&F desde su fundación en Ginebra en 2005. Para esta nueva versión, inspirada en el Lamborhini Miura, se han creado tres ediciones limitadas de 33 piezas cada una: en caja de oro rosa de 18 quilates, en caja de titanio grado 5 con cúpulas de horas en color azul y en caja de acero inoxidable con revestimiento PVD negro y cúpulas en color rojo. En todas las versiones, la serpiente mantiene todo su poder hipnotizador.
TRAS SU EXITOSA experiencia en Madrid, donde cuenta con una tienda en la calle Claudio Coello, Huakal, marca de alta artesanía mexicana creada por Annete Arellano, abre ahora sus puertas en la Ciudad de México con Casa Huakal, un espacio ubicado en las Lomas de Chapultepec (Sierra Gorda, 140) que condensa las mejores artesanías de estados como Michoacán, Oaxaca, Chiapas o Chihuahua. Dividida en tres plantas y un jardín, en la tienda podemos encontrar una cuidada selección de piezas de decoración, pero también telas, lámparas, colchas, cuadros y cerámicas, así como creaciones




Obras expuestas en Casa Huakal, en la Ciudad de México.
más contemporáneas que no pierden su contacto con las raíces originales. El nombre de Huakal procede del maya Waa + Kal que significa uniendo voces. Esa fue la idea fundacional de la que partió el proyecto de Arellano, quien además colabora con la fundación Kalimori, dedicada a promover la integración
“ES EL LUGAR másmaravilloso del mundo”, le confesó Winston Churchill a Franklin D. Roosvelt en 1943. Hablaba de La Mamounia, en Marrakech, el centenario hotel (una lámpara gigante diseñada por el estudio Jouin-Manku cuelga en la entrada en conmemoración de su primer siglo de vida) que inspiró algunas de sus pinturas. En su jardín, con más de 700 años de antigüedad, pasó el estadista británico largas temporadas de descanso y a la sombra de sus palmeras se celebrará los próximos 25 y 26 de abril un festival que mezclará gastronomía, música clásica y grandes vinos. A lo largo de un fin de semana, La Mamounia, ubicado muy cerca de la medina de la ciudad y de la icónica, bulliciosa y alegre plaza de Yamaa el Fna, será el escenario de
de personas con discapacidad intelectual. Casa Huakal es el lugar ideal para que arquitectos y decoradores puedan encontrar piezas únicas mientras se mantiene vivo el legado y la gran riqueza cultural de los pueblos originarios. Una antología de artesanía mexicana que da voz a los creadores y que apoya su comunidad.

un evento en el que los asistentes podrán disfrutar de creaciones culinarias de reconocidos chefs con estrellas Michelin como Stéphanie Le Quellec y Marc Haeberlin, de la música clásica de Beethoven, Schumann, Brahms, Schubert y Gershwin y de algunos de los mejores vinos de Borgoña, presentados a los asistentes por prestigiosos
Alberca del hotel La Mamounia, en Marrakech.
sommeliers y viticultores de la región francesa. Uno de los grandes momentos del fin de semana será la celebración de una paulée, una cena en la que cada asistente podrá compartir con el resto de comensales el vino que haya llevado.









Una reflexión sobre el impacto de la globalización y los flujos migratorios en los procesos creativos.
Por Patrick Charpenel
1.-LOS DERECHOS UNIVERSALES del hombre, la vigencia de una razón crítica y la necesidad de desarrollar una sensibilidad política global, ahora, en estos tiempos convulsos, han pasado de moda. En pleno siglo XXI, la globalización está siendo marcada por una contradicción de raíz. Hoy, el desarrollo de nuestros conocimiento s debería garantizar mayor bienestar en todo el mundo. Por ejemplo, las máquinas de acero que usamos para transportarnos han mejorado la movilidad y la cibernética está explorando nuevas rutas de información y comunicación digital. Hoy es perfectamente factible recorrer grandes distancias en poco tiempo y transmitir información en tiempo real desde amplias distancias geográficas. A causa de estos avances tecnológicos, las fronteras tendrían que ser más abiertas y fluidas, pero estamos siendo testigos de una involución dentro de los sistemas de control de la información y el transporte.
Como consecuencia de los cambios demográficos en el mundo, la globalización debería implicar mayor facilidad de circulación y la capacidad de interactuar fraternalmente entre las comunidades internacionales. Pero esta globalización no está siendo tan cordial como muchos quisiéramos. Para poder hacerla mínimamente operativa, los sistemas de información e intercambio económico han debido establecer pactos sociales, normas y acuerdos internacionales de solidaridad sin los cuales sería complicado moverse y abrir conversaciones entre diversos actores políticos. Hoy, en un contexto que debería ser alentador, surgen expresiones xenófobas que detienen el crecimiento económico y la conciliación cultural.
La nueva generación de empresarios de Silicon Valley y la nueva generación de líderes extremistas de América, Europa, Asia y África (sin importar partidos o credos) están concentrando un poder sin precedentes. Este pequeño porcentaje de políticos y emprendedores han diseñado nuevos medios para controlar el dinero y la información. Al ostentar el control de estos flujos, el pequeño núcleo de hombres poderosos no solo ha empobrecido nuestra diversidad natural, sino que ha disparado la brecha entre ricos y pobres.


“La promesa” (2012), obra de Teresa Margolles.
2.-EL TÉRMINO MIGRACIÓN hace alusión a la “acción de desplazarse”. Por lo tanto, se entiende por migración a los fenómenos que implican el desplazamiento de un sujeto o grupo de un lugar a otro. Ahora bien, la migración humana responde a la idea de reagrupación, asistencia social, cambio de entorno ecológico, protección política u oportunidad económica. Esto debemos enmarcarlo dentro de categorías como Estado Político, que alude a la organización social de un territorio específico que, de una u otra manera, garantiza la soberanía de su pueblo, y Territorio Nacional, que indica la superficie terrestre que pertenece y es administrada por un estado político. Los desplazamientos de sujetos o grupos de un lugar a otro o de un país a otro han existido siempre y, a pesar de las implicaciones estructurales, ambientales, sociales y políticas de estos movimientos, siempre han vigorizado al mundo. Los andamiajes culturales que se han creado para impulsar o detener estos cambios son muy complejos y son el foco del presente artículo.
Desde nales de enero del presente año, con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la de nición de migración ha adquirido nuevos tintes. Para un país como México, marcado por los altibajos económicos y políticos causados por cada administración sexenal, la migración es siempre un factor relevante. No por aludir al enriquecimiento cultural que se produce al poner en contacto a dos o más sistemas, sino, fundamentalmente, por el dinero que inyecta a las economías. Este es un factor condicionante y es aquí donde debemos detenernos y mirar críticamente este fenómeno de circulación humana.
“The Loop” (1997), de Francis Alÿs, obra comisionada por INSITE97.


3.-EL ARTE CONTEMPORÁNEO de México, como el de otras latitudes, pone la problemática de los migrantes como centro de su interés creativo. Artistas de todas las geografías han re exionado sobre los medios legales e ilegales que se implementan para controlar los ujos de personas. Muchos creadores mexicanos han puesto sus ojos en la extensa línea fronteriza que separa México de Estados Unidos y, desde ese límite político, han producido obras y experiencias críticas. Pienso en los artistas Teresa Margolles y Francis Alÿs, que han trabajado en las zonas fronterizas de Ciudad Juárez y Tijuana. Por ejemplo, en 2012, Margolles hizo la obra titulada La promesa, en la que deconstruyó una casa abandonada en una zona marginal de Ciudad Juárez. Como es sabido, en Ciudad Juárez se cometen atroces feminicidios todos los días. Por ello, esta localidad es considerada una de las áreas más violentas y peligrosas del mundo. Al ensamblar, uno a uno, los bloques de las paredes de esta edi cación rudimentaria en la que vivían mujeres, la artista tomó simbólicamente las cenizas de las asesinadas y les dio una nueva presencia física. Ya sabemos que las economías de las ciudades fronterizas del norte de México están marcadas por amplias poblaciones de migrantes que tratan de cruzar la frontera en búsqueda de oportunidades. Por su parte, Francis Alÿs también ha trabajado en proyectos críticos en la frontera. Recuerdo la acción que realizó para INSITE97. Con la obra titulada The Loop, Alÿs resaltó las contradicciones implicadas en los límites geográcos. El artista decidió desplazarse de Tijuana a San Diego (que técnicamente son la misma ciudad dividida por una muralla) sin cruzar la línea divisoria de ambos países. Para ello, dio la vuelta al mundo, tomando el camino más largo para pasar de un punto al otro sin rebasar los bordes de esta frontera. Las migraciones animales se desplazan siempre obedeciendo condiciones de supervivencia y desarrollo y, a su manera, las migraciones de humanos fluyen obedeciendo criterios similares. Sin embargo, los controles fronterizos que se establecen por razones políticas, económicas y culturales limitan estos movimientos. Ahora, con la radicalización xenófoba de la administración de Donald Trump, estamos viendo un límite que se resiste a reconocer este flujo. Estos cambios de ubicación geográfica a escala global son naturales y todo ser sensible y racional debería reconocerlos sin reparo.
Por Nancy Hass Fotografía por Anthony Cotsifas








Para Bulgari, casa joyera con sede en Roma, la serpiente es un emblema esencial. Desde 1948, esta firma con 140 años de historia ha invocado las sinuosas formas de la serpiente, especialmente en relojes que, a lo largo de las décadas, se han enroscado en la muñeca tanto en versiones abstractas, como el tubogas —una banda flexible creada sin soldaduras—, como en interpretaciones realistas de escamas con bisagras, ojos de piedras preciosas y esferas ocultas en la boca del reptil. Pero para los y las coleccionistas que prefieren su áspid de Bulgari sin más propósito que el de ornamentar, este brazalete de oro rosa, embellecido con elementos de crisoprasa verde brillante, una esmeralda de Zambia de 3,23 quilates con talla cojín, un par de rubíes de talla cabujón facetados y bandas alternadas de diamantes pavé, es una recompensa en sí misma. Brazalete



cultura cuyos
ornamentos no incluyan símbolos de la vida marina. Desde los peces dorados gemelos del jainismo y el amuleto de bagre en turquesa y oro de casi 4,000 años encontrado en el Imperio Medio de Egipto, hasta los guppies de cerámica vidriada diseñados en el siglo XX por la ceramista estadounidense Beatrice Wood, la imagen del pez, resplandeciendo nítidamente bajo la luz del sol o la luna, ha simbolizado tanto lo efímero como lo eterno.
Ahora Chopard, la casa suiza de alta joyería fundada en 1860, ha diseñado un collar con un dije que representa a un par de koi en oro blanco y rosa, realzado con detalles en titanio. Incrustados con ónix, rubíes, diamantes y zafiros en tonos amarillos y anaranjados, los rodean enormes aguamarinas en forma de pera, como si el mar, una vez más, nos los hubiera ofrecido en señal de celebración.




Con Mestiz, en San Miguel de Allende, Daniel Valero ha creado un universo en el que el diseño artesanal es el medio para la creación de in nitas posibilidades.
Por Cristina Alonso Fotografía por Ana Hinojosa

EL MUNDO ES en blanco y negro hasta que uno entra al showroom de Mestiz. Ubicado en Fábrica La Aurora, el reconocido centro de diseño de San Miguel de Allende, el espacio invita a sumergirse en la mente inmensamente creativa de su fundador, Daniel Valero,
donde las formas, los colores y los detalles cobran vida de maneras inesperadas. Entre armarios que se parecen a plantas desérticas y sillas de mimbre que bien podrían ser animales, Valero ha creado un universo visual y sensorial que resalta el valor de algunos de los oficios más tradicionales de México, inyectándoles al mismo tiempo una buena
Izquierda: Daniel Valero fotografiado en Mestiz, en Fábrica La Aurora, San Miguel de Allende, el pasado 10 de marzo. Arriba: víbora de tule.
dosis de modernidad e irreverencia. Nacido en Saltillo (Coahuila), Daniel Valero estudió Arquitectura, pero nunca ejerció la carrera, optando en su lugar por el arte y el diseño de mobiliario. “Eso ya lo traía desde niño”, cuenta. “Cuando me gradué, todo se hacía a través de la computadora y a mí me faltaba la parte manual”.
Fue en 2015 cuando decidió crear Mestiz como un hobby, sin saber realmente cuál sería su destino. En colaboración con talleres de sarapes — artesanía que es casi sinónimo de su ciudad natal—, el proyecto le permitió crear conexiones con artesanos, combinando su conocimiento con sus propios aprendizajes. “Le puse este nombre a la marca porque mi idea era desaprender muchas cosas”, recuerda, “y me abrió los ojos al mundo del trabajo artesanal y toda su cosmovisión”.
La relación con los artesanos ha sido un elemento esencial en la historia de Mestiz desde sus
Desde la derecha, en el sentido de las manecillas del reloj: texturas de mimbre; detalle de Mesonia, la suite que Mestiz abrirá en abril en San Miguel de Allende; macetero de mimbre; vajilla Soles; pata de la mesa Ceiba





Valero ha encontrado infinitas fuentes de inspiración y motivación en San Miguel de Allende, fascinado por su energía creativa y por esa sensación acogedora que solo una ciudad de este tamaño puede ofrecer. “Llegué con la bandera de descentralizar el diseño, porque si quieres hacer algo diferente, tienes que mover algo”, dice. Dejando las ciudades grandes en favor del encanto de las calles empedradas y el paisaje semidesértico que le recuerda a su región natal, en San Miguel de Allende Valero ha encontrado el ritmo y el entorno ideales para crear. Hoy, seis años después de su llegada, se emociona por formar parte de su panorama creativo. “Están pasando cosas y San Miguel de Allende está creando su propio lenguaje para aportar algo a la escena mexicana”, apunta. A partir de la pandemia, la ciudad ha recibido una nueva población joven que le está inyectando nuevas energías. “Es un lugar pequeño con una carga emocional fuerte, con mucha expresividad: con colores, texturas y un estilo de vida diferente”.
En abril de este año, las ideas de Mestiz vuelven a tomar forma en San Miguel de Allende con la apertura de Mesonia, una suite en el centro de la ciudad imaginada y decorada por la marca. Valero la describe como una instalación habitable: un espacio donde cada elemento, desde el sillón en forma de serpiente hasta la jaula que esconde el aire acondicionado, invita a experimentar la ciudad con un espíritu alegre. Con una pequeña cocina y comedor en la terraza y espacios camuflados para almacenar todo tipo de utensilios, la suite es perfecta tanto para un fin de semana como para una estancia más larga.
Hospedarse en Mesonia es el punto de partida ideal para sumergirse en la esencia de San Miguel de Allende y explorar los lugares que tanto inspiran a Valero: el Charco del Ingenio, una reserva natural desértica perfecta para una caminata entre plantas endémicas; el Parque Juárez, siempre vibrando con vida local, y los Lavaderos del Chorro donde, según la leyenda, nació San Miguel gracias al brote del agua, quizá el rincón perfecto para llenarse de vida y dejar que la energía y las ideas fluyan en libertad.
UNO DE LOS NOMBRES más reconocidos en la moda, Giorgio Armani nació en 1934 en Piacenza, a unos 70 kilómetros de Milán, en la orilla del río Po. Según recuerda: “Cuando era niño, y luego de adolescente, no estaba muy al tanto de la moda, simplemente porque el fenómeno de la moda italiana aún no existía”. En cambio, Armani entró a la Universidad de Milán en 1953 para estudiar Medicina. Después de tres años la dejó para alistarse en el ejército, y más tarde fue contratado como decorador de escaparates en la tienda departamental Rinascente de Milán. “Uno de mis primeros pasos en el mundo de la moda fue trabajar junto a Nino Cerruti, un tejedor que también tenía su propia marca de ropa”, comenta Armani. Allí aprendió los entresijos de la creación textil.
En los años siguientes, trabajó en casas como Valentino o Zegna, para luego fundar su marca homónima en Milán en 1975 junto con Sergio Galeotti, su pareja en los negocios y en la vida, quien falleció 10 años después. La primera prenda de Armani bajo su nombre fue una chamarra de hombre deconstruida, en la que evitó usar el forro rígido y el acolchado superfluo de la época. “Fue diseñada para mí y para hombres como yo que ya no nos reconocíamos en la rigidez formal de la generación anterior”, comenta sobre sus blazers sueltos y trajes ligeros. De la noche a la mañana, el típico traje Armani sencillo y elegantemente arrugado se convirtió en el uniforme por excelencia de los hombres y mujeres más cosmopolitas de los 80, y el diseñador rápidamente alcanzó la fama mundial. En 1981, abrió su primera tienda insignia en Milán, además de otras en Asia y América del Norte; más adelante lanzó otras líneas (Armani Exchange en 1991 y Armani Casa en 2000), sus hoteles (en Dubai y Milán) y más de 20 restaurantes. Ahora que se acerca a los 90 años, Armani se ha convertido en sinónimo del estilo milanés. Pero a pesar del alcance de su imperio, insiste en que nunca fue planeado. “Me gusta aprovechar las oportunidades donde sea que se presenten”, dice. “Y ese impulso fue lo que me llevó a donde estoy hoy”. — Laura May Todd





1. “Esta foto fue tomada en la década de 1980 en mi antiguo estudio en la Via Borgonuovo [en Milán]. Me costó trabajo aprender a hacer un dibujo de moda, practicando con bocetos de Yves Saint Laurent, pues pensaba que eran los más vivos y llenos de movimiento, bastante atípicos. El dibujo sigue siendo parte de mi proceso.
2. “Esta colección [primavera 2023] estuvo inspirada en las armaduras, como se puede ver en este look: un corsé brillante que evoca los trajes protectores de los guerreros y samuráis japoneses”.
3. “Amo la meditación tanto como amo tener vida social. Aquí es donde ordeno mis ideas,


solo, en mi hogar en la isla de Pantelleria, Italia. Me gusta que haya un gato en la imagen porque es mi animal favorito y mi mejor compañero en el sofá. Yo, como él, también soy privado, felizmente independiente y no preocupado por complacer a la gente”.
4. “Este es un boceto de la colección de otoño

de 1980. Lo elegí por el azul: un color profundo y vibrante que me parece relajante. He usado ese azul durante tanto tiempo que no puedo recordar cuándo empecé. Lo elegí porque va bien con mi personalidad, pragmática y reservada, y porque ayuda a mis colaboradores a poner su atención en mis acciones y mis palabras, no en lo que llevo puesto”.
5. “Me encantó Diane Keaton en la película de Woody Allen Annie Hall (1977) precisamente por su aspecto masculino, y le sugerí que se vistiera así para recibir su premio de la Academia. De alguna manera, se trató de un reconocimiento de la continuidad entre la pantalla grande y la vida real, y provocó una reacción poderosa”.
6. “No me considero un coleccionista, pero he acumulado muchos objetos a lo largo de los años. Este es mi escritorio diseñado por Jean-Michel Frank con una lámpara Bloom [para Armani Casa], una pequeña escultura de alabastro y varios objetos de origen exótico”.
7. “Siempre he sido amante del cine, espe-


cialmente cuando era joven, pues era mi única forma de escapar. Había oído mucho sobre [Akira] Kurosawa como director, pero mi primer encuentro con su trabajo fue Kagemusha [la película de 1980 en la que Armani se inspiró para su colección de otoño de 1981, y que se muestra en estas páginas]. Aunque mis escenas favoritas son las de batalla, me impactó la rigurosidad poética de su estilo y su sentido estético suave y preciso, que
inmediatamente sentí como algo propio”.
8. “Hay un antes y un después en mi vida gracias a American Gigolo (1980). El proyecto comenzó cuando, para mi gran sorpresa, [el director de la película] Paul Schrader llegó a Milán en julio de 1979 con John Travolta, quien inicialmente iba a interpretar [a] Julian Kay, y les enseñé bocetos de la colección de primavera en la que estaba trabajando. [Schrader] me dijo que era exactamente
lo que tenía en mente. Richard Gere [quien finalmente interpretó el papel de Julian] dio vida a la ropa con su característica forma de caminar. El saco resaltaba sus músculos y los pantalones le acariciaban las piernas: fue una total revelación”.
9. “Esta foto [de Armani, a la derecha, con su hermano Sergio y su madre Maria] la tomó mi padre [Ugo] en la década de 1940 a orillas del río Po, justo a las afueras de Piacenza, Italia, donde crecí.

Mi mundo era pequeño porque giraba en torno a nuestra casa, pero al mismo tiempo, se sentía ilimitado, porque aún tenía tanto por descubrir. Mi madre era el eje de la familia: enérgica, activa, valiente y capaz de ver cada día con una mirada fresca. Ella me enseñó el concepto de ‘menos, pero mejor’”.
10. “Las sonrisas en esta foto [de Armani cerca de su casa en Pantelleria, con familiares y amigos, incluyendo al músico Eric
Clapton, a la derecha] me llenan de alegría. Fui a Pantelleria por primera vez a principios de la década de 1980 para visitar a un amigo. Al principio me pareció una isla desierta sin nada que ofrecer. Pero estando en Cala Gadir [un pueblo en la isla] me enamoré: había tres dammusi, las casas tradicionales de la región construidas con piedra volcánica y unidas por una mezcla de tierra y agua. Las compré todas. Con el tiempo, ese pequeño


núcleo se ha convertido en mi patrimonio, mi isla dentro de una isla”.
11. “Esta me la tomaron en 2019, acompañado por algunas mujeres del distrito de Nishijin [en Kyoto], famoso por sus artesanías de seda. El arte del kimono es fascinante: hay tanta maestría en esos diseños. Tengo un par. Lo que me interesa cuando viajo es conectar con la cultura local, y Kyoto es perfecta para eso porque representa la versión más tradicional de Japón”.




Las faldas y los corpiños traslúcidos dejan entrever la piel y desbordan glamour.
Desde la izquierda: vestido y zapatos de Louis Vuitton, louisvuitton.com; top, falda y cinturón de Michael Kors Collection, michaelkors.com; botas de All-In, all-in-studio.com.

Izquierda: vestido de Ulla Johnson, ullajohnson.com.
Derecha: vestido y zapatos de McQueen,alexandermcqueen.com.




Izquierda: chalina y pantalones de Brunello Cucinelli, brunellocucinelli.com; camiseta sin mangas de The Frankie Shop, thefrankieshop.com.
Derecha: vestido y zapatos de Chloé; chamarra de Herno, us.herno.com; top de Sportmax, sportmax.com; botas de All-In, all-in-studio.com.

El oro macizo, las piedras de colores y los destellos de esmalte llevan la joyería de regreso a los años 80.
Fotografía por Anthony Cotsifas




Inspirado por sus propias vivencias y el realismo mágico, Patricio Campillo redefine el lujo a través de una mirada íntima al patrimonio cultural mexicano.
Por Kira Álvarez Bueno Fotografía por Ana Topoleanu
ES IMPOSIBLE ser mexicano, o latinoamericano, y no impactarse ante una realidad en la que la cotidianeidad y la magia se entrelazan hasta el punto de borrar sus fronteras. Así le ocurrió al diseñador Patricio Campillo, quien para Fictions of Reality, su colección otoño-invierno 2025 presentada en la última New York Fashion Week, supo traducir en prendas los tintes de realismo mágico que había encontrado en su propia historia personal. Con esta propuesta, que tuvo a los libros de los escritores Julio Cortázar e Isabel Allende como inspiración, Campillo pudo poner nombre a lo fantástico del día a día mientras se regalaba un momento de introspección creativa, diseñando desde el placer y disfrutando de un proceso que lo condujo a esas raíces que le recuerdan por qué ama diseñar ropa. “Mi última colección es por un lado una reacción a todos los acontecimientos que han sucedido en los últimos meses en el mundo. Personalmente me han resultado complicados de digerir. Quise regalarme la oportunidad de crear sin tanta justificación, haciendo cosas que me gustaban mucho. Ese fue el punto de partida,” explica Campillo en su estudio, ubicado en pleno corazón de la colonia Juárez,

Arriba: el diseñador mexicano Patricio Campillo es dueño de una estética distintiva con influencias de su infancia, de la corriente artística mexicana contemporánea y de la cultura charra tradicional. Si pudiera vestir a algún personaje del realismo mágico, sería a Bayardo San Román, de Crónica de una muerte anunciada, novela de Gabriel García Márquez. Izquierda: moodboard de inspiración para Fictions of Reality, su colección otoñoinvierno 2025.
Derecha, arriba: patrones de corte para confeccionar.
Derecha, abajo: parte del equipo de Campillo en las mesas del taller ubicado en la colonia Juárez, en la Ciudad de México. Abajo: detalles de las piezas firmadas por Campillo y piedras monumentales de su estudio.
en Ciudad de México, rodeado por una serie de piedras redondeadas y de gran volumen que invitan a imaginarse cómo acabaron en ese lugar.
La siguiente meta fue tratar de unir la inventiva con el gozo, para lo que Campillo realizó una serie de ejercicios que lo transportaron a sus días de infancia y a redescubrir un universo muy personal. Tal vez la historia más significativa sea la de los botones de flores de café que nos llevan a Zacualpan de Amilpas, en Morelos, donde el creativo pasó gran parte de su niñez. “Durante la temporada de lluvias, cuando las hojas de los cafetales se lavan por la gran cantidad de agua, la luz de luna llena se refleja infinitas veces sobre la superficie. Es un momento muy especial y me inspiró a realizar las flores con baño de plata. Todo este pensamiento me condujo al realismo mágico y a la pregunta de cómo puedes agregar un poco de magia a la cotidianeidad, cómo le pones magia a la ropa”, reflexiona. La respuesta se presentó con la aplicación de procesos artesanales y técnicas con la plena intención de asemejarse a la alta costura. Prueba de ello es el saco con 2,500 plumas de gallo cosidas a mano una a una, pero también los bordados con hilo de plata, los botones clásicos de charrería elaborados por joyeros mexicanos o los de hueso tallado, llamados tarugos. Otro procedimiento tradicional que se explora en esta temporada es la sastrería charra. Ya sea a través de conocimientos adquiridos y puestos en práctica o por el trabajo de manos artesanas, Campillo consigue que todos los materiales empleados sean de origen nacional, con la única excepción de las piezas de seda.
La marca homónima, fundada en 2017, tiene como desafío constante encontrar a estos maestros artesanos con los que establecer relaciones que se fortalezcan con los años. Campillo reconoce la complejidad del trabajo artesanal y destaca como reto su comercialización como souvenir turístico, una práctica que resta el verdadero valor que tienen como productos de lujo. Otra cuestión que el diseñador tiene muy presente es no reproducir patrones de apropiación cultural. “Creo que es una línea muy delgada. Es algo con lo que he debatido internamente durante mucho tiempo: cómo desarrollar colecciones personales desde una perspectiva única, que no se basen en aquello que no forma



parte de mi universo, que no haya sido experimentado por mí o que no haya sucedido en mi vida. Estas son mis referencias, todos son elementos de mi experiencia individual y de mi propio crecimiento en un país como México. La esencia de la marca no surge como inspiración en un país, sino de mi particular vivencia en el lugar que tuve la suerte de nacer”, señala.
La libertad y la exploración han guiado la trayectoria de Campillo, tejida de instantes memorables como aquel en que su padre le entregó un traje charro que a su vez había sido un regalo de su abuelo. En cuanto a los periodos más influyentes, Campillo recuerda la pandemia como una pausa en su trabajo y una fase catártica, un aislamiento transformado en la oportunidad de entender quién era. También la coincidencia de comenzar la terapia y entender muchos matices de su masculinidad, de la concepción que había en su familia sobre ella y cómo había evolucionado dentro de él mismo. Otro hito fue la nominación y alcanzar las semifinales, el primer mexicano en lograrlo de los premios LVMH 2024, plataforma con la que el conglomerado francés busca impulsar a las nuevas generaciones de creadores. “Mi objetivo con esta colección era depurar la estética de la marca, reducir los elementos como mínimos y necesarios para tomar este momento como un segundo punto de partida. Como un antes y un después,” reflexiona Campillo, diseñador autodidacta con títulos en comunicación y marketing para mercados de lujo. Presentar una colección en New York Fashion Week le ha servido al diseñador mexicano para empujar y traspasar sus propios límites y crear propuestas más competitivas y estructuradas. Lo que alguna vez pareció imposible ideas fantásticas, casi inalcanzables, como la magia cotidiana cobra vida en los diseños con los que reimagina y resignifica el patrimonio cultural mexicano.

Tiffany & Co. estrena su flagship store en Polanco, Ciudad de México, la apuesta más importante de LVMH para el mercado latinoamericano.
Por Javier Quesada Fotografía por Fabián Martínez
EL LUJO DEBERÍA ser siempre un paraíso, pero también un hogar. “No quiero poseer nada hasta que encuentre un lugar en donde yo esté en mi lugar y las cosas estén en el suyo. Todavía no estoy segura de dónde está ese lugar. Pero sé qué aspecto tiene. Es como Tiffany’s”, decía Holly Golightly en la novela Desayuno con diamantes (1958), de Truman Capote. En el fondo, todos buscamos lo mismo que ella: volver a sentirnos a salvo, envueltos en ese abrazo mágico que nos protegía de todos los peligros que, al crecer, descubrimos al montarnos en esa montaña rusa llamada madurez. Ese jardín secreto del que fuimos expulsados al dejar atrás la infancia donde nada malo nos podía pasar. Da igual cómo se llame: paraíso en el Génesis, santuario en la Edad Media o Tiffany’s en el clásico de Capote. Todos queremos volver al hogar al que, en el fondo, pertenecemos.
“¿Sabes esos días en los que te viene la malea? He comprobado que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany’s. Ese silencio, esa atmósfera, me calman de golpe. En un sitio así no podría ocurrirte nada malo; sería imposible”, reflexiona Golightly en la novela. Con este lema en mente, Peter Marino diseñó la versión contemporánea de lo que a mediados del siglo pasado era la boutique de la casa joyera neoyorquina para esa cínica call girl: un oasis de lujo amable y tranquilo en pleno corazón de Polanco, en la esquina más icónica de la avenida Masaryk de la Ciudad de México.
Una enorme pared de cerámica con pájaros de Tiffany posados sobre cajas azules, obra del dúo de artistas mexicanos MT Objects, preside la planta baja de la flagship store de Tiffany & Co. en la Ciudad de México.
La flamante flagship store de Tiffany & Co. en la capital del país es la apuesta más fuerte del gigante LVMH en Latinoamérica, una inversión cuyo objetivo es lograr que este clásico de la joyería con alma rebelde (en los años 70 del siglo pasado apostaron por la italiana Elsa Peretti para renovar la imagen y el legado de la casa) se adentre en el siglo XXI con espíritu renovado, pero sin traicionar su pasado.




Para ello, ha tendido un puente con los orígenes artesanos de la casa a través del trabajo de algunos maestros y estudios contemporáneos como MT Objects, Ryan Blythe, Perla Valtierra, Marc Phillips NYC, Edward Fields, Atelier Meriguet y Dirk van der Kooji, quienes han trabajado en disciplinas como el mosaico, la cerámica, el cristal, el textil y el diseño industrial. El pantone utilizado tanto en la fachada como en el interior de la tienda actualiza el icónico azul Tiffany, que se alterna con el rosa empolvado de las orquídeas que C. Z. Guest, uno de los cisnes de Capote, cultivaba en su casa de Long Island, y los tonos tierra que tanto fascinaban a Elsa Peretti . Por su parte, el brillo de la escalera, majestuosa, refleja el resplandor del lujo clásico de la casa para dar acceso a la segunda planta, donde se aloja el primer Blue Box Café de Tiffany & Co., el quinto que la marca abre en el mundo tras los de Nueva York, Londrés, Dubái y Taipéi, y el primero de Latinoamérica, un espacio gastronómico con un menú diseñado por el chef mexicano Edo López. El otro hilo conductor que nos guía por los diferentes espacios de este moderno santuario en el que nada malo puede ocurrir —solo cosas excepcionales pueden sucedernos en el interior de esta exquisita bonbonniére—, es el arte, una constante, casi una obsesión, para la casa joyera neoyorquina a lo largo
de la historia, bien a través del diseñador Jean Schlumberger, ligado al movimiento surrealista, bien a través de colaboraciones con artistas como Andy Warhol o Paloma Picasso. La nueva tienda cuenta con obras de creadores como el escultor Grego Hildebrant, los japoneses Sho Shibuya y Kenji Toma, los brasileños Vik Muniz y João Carlos Galvão y la ceramista estadounidense Molly Hatch, quienes reinterpretan las claves históricas de esta casa fundada por Charles Lewis Tiffany en Nueva York en 1837 bajo una mirada contemporánea: el color, las texturas, la simplicidad y la obsesión por encontrar un lenguaje que trascienda generaciones para hablar la lengua franca del auténtico lujo, esa utopía con chispas de diamante a la que todos queremos regresar.
Desde la esquina superior izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: fachada de la boutique; Blue Box Café; expositor de la tienda; escultura Rhenus (2024), obra del artista Grego Hildebrant.

SU PRIMERA SESIÓN de fotos profesional fue en 1988, en Barcelona, frente al objetivo de Antoni Bernad, como modelo del primer perfume que creó su madre. Casi cuarenta años después, Carolina Adriana Herrera Pacanins (Caracas, 1969), vuelve a posar para otro fotógrafo catalán, Nico Bustos, en esta ocasión en Madrid, ciudad en la que reside, para protagonizar la segunda portada de T: The New York Times Style Magazine México (unas semanas después, el 18 de marzo, su padre Reinaldo Herrera, icono de la moda y de la sociedad internacional, falleció en su apartamento de Manhattan). A lo largo de estas décadas, nombres como Arthur Elgort, Gilles Bensimon, Nathaniel Goldberg, Patrick Demarchelier, Annie Lebowitz o Mario Sorrenti han retratado a la ahora directora creativa de Carolina Herrera en la división de fragancias de la firma que creó su progenitora a principios de los 80 y a la que ella llegó por casualidad. No había demostrado especial interés por los perfumes hasta que la diseñadora venezolana la animó a formar parte del equipo que estaba en plena creación de la segunda fragancia. “Mis hermanas mayores estaban casadas, la pequeña en la universidad y yo era la que vivía en casa. Mi mamá me dijo: ‘Ayúdanos, estamos haciendo un perfume nuevo, para dos generaciones’. Y allí estábamos ella, Fabien Baron, que era el director creativo, Marc Puig y yo”. Era el año 1997, y lo que empezó como un pasatiempo puntual que compaginaba con otra de sus pasiones, los documentales se ha convertido en su profesión a tiempo completo. Hoy, es el único miembro de la familia trabajando en activo para la firma, y aunque su hermana pequeña, Patricia Lansing, colaboró mano a mano con la fundadora hasta 2018, año de su retirada, es Carolina la que mantiene el apellido cerca de la empresa. Pero lejos de intimidarse con la herencia de tan inmenso nombre, se toma el relevo como algo orgánico, porque tiene la esencia de su legado integrado: “Adoro lo que hago, no me siento responsable. Es bonito porque no veo que tenga una responsabilidad gigante, ha sido todo muy natural”.
THE NEW YORK TIMES STYLE MAGAZINE
Número 2 Abril, 2025
MÉXICO
Pasó la niñez en Caracas, la adolescencia y la juventud en Nueva York y su madurez la está viviendo en Madrid, aunque parte de su corazón está en México, país al que ama y que visitó por primera vez a mediados de los 90. Es esta una conversación sobre sus sueños, sobre su perspectiva al frente de la división de perfumes de la empresa que fundó su madre y sobre la importancia de crecer en un ambiente libre.
Por Carmen Melgar Fotografía por Nico Bustos
En las distancias cortas, Carolina Herrera Jr. es expresiva y no duda en la respuesta, le encanta hablar de sus recuerdos de infancia, de su familia, de sus tres hijos (fruto de su matrimonio con el torero Miguel Báez), de sus perros, de sus casas, de su pasión por las reformas o de los proyectos que lleva a cabo con sus amigas. Delante del objetivo es rápida, sabe cómo mirar a la cámara, cómo llevar un jersey de cuello alto o un vestido de fiesta con gran estilo y mínimo esfuerzo. Supervisa las fotos, le gustan. La moda, aunque forma parte de su ADN, nunca se encontró entre sus prioridades. Rodeada desde la cuna de algunas de las mujeres más elegantes del planeta, muchas de ellas íntimas de la familia, reconoce que, aunque la ropa le encanta, sus intereses siempre fueron otros. Su madre conquistó con sus diseños, porque socialmente lo había hecho mucho antes. En 1981 presentó su primera colección en el Metropolitan Club de Nueva York y enseguida se convirtió en adalid del buen gusto gracias a un estilo propio que Hamish Bowles, en el arranque de la introducción del libro que
editó Alexandra Kotur en 2004 sobre la diseñadora venezolana, definió como “elegante, glamuroso, sin edad”. Un oasis de lujo silencioso en la era del exceso que representó la década de 1980. Un año después de aquel hito, cuando Carolina Herrera hija tenía 13 años, la familia se trasladó a vivir a Nueva York.
A esa misma edad, su progenitora asistía, acompañando a su abuela, a un desfile de Balenciaga en París. Ironías de la vida, a la Carolina madre adolescente, rodeada de glamour y alta costura, le interesaban más en esa época los caballos que la moda. A Carolina hija, la música. Billy Idol y Madonna eran sus referentes y se preocupaba más por conseguir imitar el estilo de sus ídolos que el de las tendencias. “Ahora la juventud se interesa muchísimo más por lo que se lleva o lo que no. Antes teníamos otros referentes, que para mí venían de la música. Hoy en día, yo creo que por las redes sociales, se sabe muchísimo más de todo: de belleza, de looks, de actores, de actrices, de ropa, de diseñadores... Yo pasé de no saber nada a que ahora, de repente, mis niños lo saben todo. Yo creo que para mí ahí está la diferencia, no nos interesaba tanto.
Ni siquiera creciendo rodeada de diseñadores. A mí lo que me gustaba era ir a una tienda vintage a comprarme una chamarra de cuero parecida a la que hubiera sacado Billy Idol en un video o en una entrevista”. De su armario colgaban marcas como Guess o Benetton, pero también le perdía ir a Charivari, la cadena de tiendas fundada por la familia Weiser, donde se concentraba la mayor vanguardia del diseño; el lugar no solo donde comprar, sino también donde había que estar. Allí se concentraban los nombres más punteros del diseño japonés y europeo, desde Katherine Hamnett y Helmut Lang, hasta Issey Miyake y Yohji Yamamoto. “Era lo más. Y los que trabajaban ahí eran como wow. También en Patricia Fields íbamos a ver a un dependiente que nos encantaba”.
Ser adolescente en Manhattan forja carácter, aunque Carolina Herrera ya venía con él de casa. En Caracas, su infancia transcurrió como en un cuento, totalmente libre, jugando y soñando. Más allá de rebeldía, lo que sentía era curiosidad por todo lo que el mundo le podía ofrecer. La familia Herrera vivía en una hacienda a las afueras de la capital venezolana, rodeada de vegetación y de vida. De mucha vida. “Todo aquello que tuve es lo que he intentado recrear para mis hijos en España: el amor por la naturaleza, por los perros (en casa tenemos tres), la libertad, jugar, pensar, no aburrirse”. Todo, más la obligación de ir a la escuela. Tercera de cuatro hermanas, cuenta que hizo homeschooling hasta los ocho años, y se ríe al recordar que cuando su madre se enteró de que iba a llevar a sus hijos a ir a la guardería, pensó que los estaba torturando: “Me dijo ‘¿qué es eso de ir al colegio a esas edades?’. No entendía nada porque a mí me llevó muy tarde, la escuela le parecía la pérdida de tiempo más grande del mundo”. Su hermana Patricia también rememora cómo era la vida juntas en su ciudad natal: “Estábamos siempre jugando, corriendo por los jardines, subiéndonos a los árboles, libres. Compartíamos cuarto y recuerdo hablar
todas las noches antes de dormir. Ser la hermana pequeña ha sido lo mejor. He aprendido de ella cómo ser mejor amiga, cómo ser más positiva y abrir los ojos”. De ella destaca su sentido de humor, la autenticidad, que dice las cosas claras, lo leal, positiva, intelectual y estilosa que es, “una persona que tiene mucha fuerza y que no deja que los momentos difíciles la paren”.
Junto a esos recuerdos de infancia, se encuentran también los primeros aromas que Carolina Herrera tiene grabados en su memoria olfativa. “Me acuerdo del olor a jazmín, que es increíble y es la flor icónica de la marca. Pero es que yo crecí con ese olor. Mi mamá mezclaba aceite de jazmín y nardos que compraba en Bloomingdale’s incluso antes de vivir en Nueva York, sitio al que yo la acompañaba. Y creo que de ahí nace su primer perfume, Carolina Herrera. Ese aroma me traslada la cabeza a aquella época”. El petricor —el olor a tierra después de una tormenta—, el de las flores y los árboles, es también su magdalena de Proust, esa conexión neuronal que, sin querer, se queda grabada en el cerebro y que intentamos reproducir de alguna manera en la edad adulta. “Ahora recreo todo eso en el jardín. Yo busco siempre jardín con casa en vez de casa con jardín. Me da mucha vida”. De casas sabe mucho, a sus 55 años, su currículum residencial está formado por casi una veintena. Ha pasado por viviendas de
“Todo aquello que tuve es lo que he intentado recrear para mis hijos en España: el amor por la naturaleza, por los perros (en casa tenemos tres), la libertad, jugar, pensar, no aburrirse”.
todo tipo, desde la hacienda en Caracas hasta pisos en Manhattan, Madrid, Sevilla o Los Ángeles, ciudad a la que se mudó con el corazón roto. Fue a finales de los 90, cuando ya había descubierto su afición por el cine y se había dado cuenta de que su gran vocación, la medicina, no era para ella. “Yo quería ser médico y estudié para ello. Cuando me gradué, empecé a trabajar en un laboratorio en la Universidad Rockefeller, en Nueva York, con un doctor que hoy en día lidera la asociación AID FOR AIDS. Estuve con él en la investigación contra el VIH en 1992, pero me percaté de que no estaba preparada para la vida en el laboratorio”. En una cena conoció a un director de cine al que le contó sus inquietudes sobre su vocación frustrada, la medicina, y que no quería llevar una vida sin saber del mundo. Esa misma noche fue contratada. “Empecé a entregar guiones que le llevaba en autobús, porque el tipo no tenía dinero”. Después de trabajar en varias compañías del sector, y ya en Los Ángeles, comenzó a desarrollar junto a la cineasta Victoria Clay-Mendoza un documental sobre el toreo, Maletilla, inspirado en la experiencia del padre de Clay-Mendoza, que quiso ser torero. El rodaje de la película, estrenada en 2003, la trasladó a España, país que había visitado innumerables veces con sus padres, pero que, por alguna razón, no le había terminado de conquistar. Rondando la treintena, descubrió un lugar nuevo, esta vez a través de sus ojos: “De Madrid me encantó el estilo de vida, que era muy familiar, no había el correteo de Nueva York, era todo más tranquilo. Me recordaba a mi infancia. También el cielo, la gente... En mi círculo, muchos eran amigos de mis padres que me estaban abriendo puertas, pero ya había descubierto mi ciudad”. Lo que más le apasionaba era viajar por España, creando, pensando, ideando para un rodaje que las condujo a las dos, durante cuatro años, a seguir la trayectoria de Iván García, César Jiménez y Sebastián Sánchez-Mora.

Con su amiga no solo redescubrió un mundo que le cambió la vida, y que le llevó a conocer a su futuro marido, sino que también viajó a México. Pisó por primera vez Ciudad de México a mediados de los 90, y el caos de la ciudad, que tanto le recordaba a Venezuela, y esa parte latina de los mercados, la vida y las capillas, le fascinaron. “Vivir México de la mano de una íntima amiga local es un buen comienzo. Siempre me gusta ir a Tlalpan, que es donde vive ella, donde sus padres se mudaron cuando era pequeña, para recordar mis inicios mexicanos, además me encanta la iglesia del pueblo. Siempre voy al [restaurante] Contramar, que es un clásico donde todo el mundo quiere ir, ya sea local o de fuera. Ahora tengo muchos amigos, es un lugar donde viviría porque es alegre, hay una cultura y un arte increíbles, comida maravillosa, lugares para visitar… Todo”.
Tal es su amor y devoción por el país, que en 2022, a raíz de uno de sus viajes, surgió la colaboración con maestras y maestros de artesanía mexicana para celebrar el arte huichol. Me gustas mucho México fue una sinergia entre la creatividad local y la división de perfumes de la casa Herrera. El resultado fue una interpretación del frasco del perfume Good Girl cubierto con diferentes creaciones elaboradas con arte huichol y realizadas en hilo de algodón sobre una capa de cera. La colaboración expresaba “la riqueza cultural y ancestral de los wixárikas”. Entre los artistas que participaron en las obras se encontraban nombres como Tuluima Hernández, Magneto Catarino Aguilar, Karen de la Cruz o Anselmo Carrillo Sánchez, entre otros. “Me entrevisté con diferentes artesanos, rodamos un video, fue algo muy bonito”. El resultado se pudo ver en una casa intervenida para la ocasión en Polanco, donde mostraron la colaboración, la experiencia de los maestros del arte huichol de Jalisco y Lupitas de Celaya. “En principio iba a estar ese año hasta Navidad, pero tuvo tanto éxito que se alargó”.
Aún estaba por venir la presentación de la colección resort 2025, que se celebró en el Museo Anahuacalli y en la que Wes Gordon, director creativo de la marca, rindió homenaje al país en una carta de amor convertida en una colección para la que también contó con la maestría de Virginia Verónica Arce, de Xicohténcatl, Tlaxcala, cuyos bordados protagonizaron tres piezas del desfile.
La cultura ha moldeado la vida y la trayectoria de Carolina Herrera, pero el arte tiene un capítulo destacado en su biografía. Pupila de Francisco Calvo Serraller, que fue historiador y director del Museo del Prado de Madrid, sus enseñanzas marcaron su camino: “Paco te podía hablar de la vitalidad de una mosca igual de bien que de un libro o de la vida de Picasso, hilaba todo perfectamente. Para mí hay un antes y un después en cómo ver la vida, cómo leer un libro, cómo ser elocuente y tener memoria. Era impresionante, porque no era lineal, pero entendías todo perfectamente”. Habla de Balthus, de ARCO [feria de arte contemporáneo de Madrid], de lo que le gustaba ir a Art Basel Miami, del paseo botánico por el Museo del Prado, de una visita con su hija a una exposición de Cy Twombly en Nueva York. Dice que ahora no se agobia con querer verlo todo allá donde va, que antes se hacía listados para no perderse nada, pero es que tampoco para. Se encuentra en plena reforma de una nueva casa que acaba de comprar, hogar que compartirá con sus tres hijos Olimpia, Miguel y Atalanta , a los que transmite los mismos valores con los que fue criada: “educación, generosidad, humildad, no tener miedo, amor, respeto, aceptación...”. A ellos les ha inculcado la misma libertad con la que vivió ella. “Crecieron en el campo, que estaba muy integrado en la familia desde que eran pequeños, pero a partir de los 13 ya no quisieron ir tanto”. Igual que cuando ella llegó a Nueva York, sus adolescentes comenzaron a tener vida propia. “No soy nada estricta, por ejemplo, con la hora de llegada, porque ellos confían en mí y me lo cuentan todo. Recuerdo que mi exmarido siempre les decía ‘quien es gallo de noche, es gallo de día’. Quiero que sean libres, aventureros, pero que tengan muy claro que la vida tiene consecuencias y que no se miente”. En esa nueva casa también disfrutará de la soledad, una de sus aficiones: “Me encanta poder leer sola. Soy muy de momentos míos”. Ahora está leyendo Las uvas de la ira, de Steinbeck, “me parece una belleza”, y en su vida le han marcado La montaña mágica, de Thomas Mann; El mar, el mar, de Iris Murdoch, o El buen soldado, de Ford Madox Ford. “Me encanta cómo empieza: ‘Esta es la historia más triste que jamás he oído’”, dice. Ahora, a sus retos al frente de las fragancias de Carolina Herrera, se suman proyectos de índole personal. Apasionada del arte, ha fundado junto a tres amigas Anuca Aísa, Amparo Corsini y Paz Juristo , Philocalist, una iniciativa con sede en Madrid que nace con vocación de agitación cultural. “Queremos organizar cosas bonitas, que no sean las típicas que pasan en la ciudad y traer a gente. Queremos que sea un lugar de en-
“Vivir México de la mano de una íntima amiga local es un buen comienzo. Siempre me gusta ir a Tlalpan, que es donde vive ella, donde sus padres se mudaron cuando era pequeña, para recordar mis inicios mexicanos”.
cuentro, de cultura, tenemos charlas. Es un proyecto vivo que va cambiando aunque no hay un programa de actividades, porque cada una tiene otro trabajo”. Esta sesión de fotos y esta entrevista finalizan justo en el momento en el que Carolina Herrera tiene una comida para reunirse con sus socias. Se va como ha llegado, sonriendo y despidiéndose de todo el equipo, dejando el rastro de su esencia, como en los perfumes de la casa Herrera. Un poquito de ella, un poquito de su historia, un poquito de la de su familia

Las transparencias y la seda son las protagonistas de una nueva temporada definida por la ligereza y la vaporosidad.
Fotografía por Ricardo Ramos
Estilismo por Juan José Rizo


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El arte y el compromiso se mezclan en la arquitectura de Tatiana Bilbao, que en mayo inaugurará el pabellón del Vaticano en la Bienal de Venecia.
Por Enrique Giner de los Ríos Fotografía por Ana Hop

TATIANA BILBAO NOS RECIBE en su estudio de la Ciudad de México. Hablamos sobre su vínculo con la academia, sobre la arquitectura como vertebradora de la transformación social y de proyectos como el Jardín Botánico de Culiacán, el Acuario de Mazatlán y un monasterio cisterciense en Alemania, además de su más reciente trabajo: el pabellón del Vaticano en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2025, donde esta disciplina se convierte en un acto colectivo de restauración y comunidad.
T México:Es fascinante la diversidad de tus proyectos. A simple vista, parecen completamente distintos entre sí, pero al explorar tu trabajo es evidente que hay un hilo conductor. En tu página, los organizas en categorías como densidad, domesticidad, paisaje social, educación, cultura… Incluso hay una dedicada a proyectos religiosos. ¿Cuál dirías que es el
Arriba: Tatiana Bilbao fotografiada en su estudio de la colonia Juárez, en la Ciudad de México, el 17 de febrero de 2025. Izquierda: maquetas y materiales pertenecientes a proyectos pasados de la arquitecta mexicana.
punto que hay en común entre todos ellos?
Tatiana Bilbao: Siempre me ha desconcertado cuando se habla de “arquitectura social” o “sustentable”, como si fueran categorías aparte. Para mí, la arquitectura es, por definición, social. Está hecha para la gente. Lo que ha cambiado desde los años 90 con el auge del neoliberalismo es que la arquitectura comenzó a distanciarse de su propósito original para volverse excesivamente formal. Incluso en la universidad nos enseñaban a diseñar objetos. Objetos hermosos, sí, pero más centrados en su estética que en su función. La idea de que la arquitectura debía responder a necesidades humanas esenciales, como proveer un techo que resguarde, se había diluido. Sin arquitectura, simplemente no podríamos existir. Quizás esta palabra se suele usar de una manera muy cursi, pero la arquitectura tiene que inspirar a una persona a vivir su día a día. La palabra inspiración tiene un significado muy profundo para mí, radica en la posibilidad de nutrir tanto el cuerpo como el alma para crecer. Un lugar que ofrece protección, luz y una base para el desarrollo humano está cumpliendo su misión más fundamental. La arquitectura puede potenciar el crecimiento de las personas, pero también puede limitarlo. Al



principio, me costó aceptar lo que nos enseñaban en la escuela. Diseñar únicamente objetos bonitos me generaba conflicto. ¡Dentro de esos espacios hay personas!
¿Te ocurría desde un inicio? Sí, aunque en ese momento no era muy consciente. Nunca fui hábil para diseñar esos objetos “preciosos”. Tengo habilidades para crear relaciones y, a partir de ahí, generar espacios. A veces, incluso me pregunto si lo que hago es realmente arquitectura. Con la sustentabilidad me ocurre algo similar que con lo social. Es un término que tuvimos que agregar como un valor añadido, porque se nos olvidó algo básico: que la arquitectura debe usar los recursos de manera eficiente. Si un edificio no es funcional, si no es eficiente en sostener cuerpos, en crear plataformas para el desarrollo humano,
Desde arriba: en Los Terrenos, una vivienda privada ubicada en las montañas del municipio de San Pedro Garza García, en Monterrey, Tatiana Bilbao se replanteó la idea de hogar. Izquierda: detalles en madera y recuerdos en el estudio de la arquitecta, ubicado en la Ciudad de México.

entonces no debería llamarse arquitectura. Lo social y lo sustentable son parte de la arquitectura, no son conceptos accesorios.
Las casas privadas que hemos hecho, algunas de macro lujo, incluso con ciertas indulgencias, conllevan procesos que nos permiten experimentar y desafiar muchas cosas. Los Terrenos , en Nuevo León, por ejemplo, nos permitió jugar con una serie de aspectos muy interesantes que han dejado un gran legado en el lenguaje de nuestro estudio. Me parece un gran privilegio sentarme con alguien a quien le vas a diseñar su casa, siempre intento que sea el cliente quien diseñe y convertirme en un mero traductor. El proceso es muy enriquecedor, te involucras en la vida de esa persona y entiendes su manera de habitar. Siempre va a ser de un modo muy distinto al tuyo. Para esta casa en el bosque, la cliente se presentó en la oficina con una sartén de hierro forjado, una jarra de vidrio de agua muy sencilla y una vajilla como de su abuela. Los puso sobre la mesa y dijo: “Esta es mi casa”. Tras la sorpresa inicial, el proceso fue muy interesante. Su apertura nos llevó a replantearnos la idea de “hogar” desde otra perspectiva, una exploración que incluso trasladé al ámbito académico con mis alumnos.
Gracias a esa libertad y al carácter del proyecto, pudimos incorporar una cocina móvil, un elemento que habíamos desarrollado previamente. La co-
cina es muy controvertida en el espacio doméstico. Históricamente, fue concebida como un área funcional asociada al rol de la mujer dedicada a la casa. Diseñamos una cocina móvil, capaz de funcionar tanto dentro como fuera de la casa, pensada para que cocine una sola persona o muchas. Solo en una casa como aquella podíamos experimentar con elementos tan flexibles.
Antes de eso, también en Nuevo León, diseñamos la Casa Ventura. Los clientes insistían en eliminar las jerarquías dentro de la familia a través de la distribución espacial. Tradicionalmente, las áreas sociales de los adultos se ubican en la planta baja, mientras que las zonas dedicadas a los niños y al servicio en la parte de arriba. La habitación principal es algo completamente impenetrable. En un inicio, no tenía nada claras dichas jerarquías; crecí en un departamento en la colonia Cuauhtémoc donde el espacio que había era para todos. Entender ese esquema y lograr lo que ellos proponían fue un
Izquierda: para Tatiana Bilbao “lo social y lo sustentable son parte de la arquitectura, no son conceptos accesorios”.
Abajo: en el Centro de Investigación del Mar de Cortés el concreto del edificio es devorado orgánicamente por la naturaleza, que poco a poco recupera su espacio.


gran reto. Al final intentamos romper ese esquema al diseñar todo en un mismo nivel. Evidentemente, al estar en una montaña, la casa inevitablemente tiene distintos niveles, pero logramos generar un flujo espacial continuo. Este análisis lo he aplicado en otros proyectos y también en la enseñanza, donde me interesa cuestionar cómo la arquitectura define, a través de pequeños gestos, quién, cuándo y cómo puede habitar un espacio. Un cambio de nivel ya implica una jerarquía. Son cosas fundamentales que nunca nos enseñaron en la universidad. Nos formaron para componer, pero no para analizar cómo vive la gente. Gran parte del trabajo de nuestro estudio parte de estas reflexiones. Los proyectos donde hay margen para la experimentación, e incluso cierta indulgencia, nos permiten desarrollar herramientas aplicables en otros contextos. Por más lujosos que puedan ser algunos de nuestros proyectos, buscamos que sean eficientes en el uso de materiales y recursos. Ninguna de nuestras casas tiene ocho placas de mármol traídas de Venecia. Ese tipo de clientes no llegan a nosotros, ni es el tipo de cliente que nos interesa. Afortunadamente, trabajamos con personas que tienen una mirada crítica sobre el espacio, que valoran el com-

ponente social de la arquitectura y que, en muchos casos, buscan desafiar ciertas normas de su propia clase social.
Mencionas mucho la escuela, sé que la academia es muy importante en tu práctica. Actualmente das clases en Yale, y has sido profesora en Harvard, Columbia y muchas otras universidades. La academia es un aspecto que procuro integrar en mi práctica, la considero una plataforma fundamental para el desarrollo social. Hacer solo objetos bonitos no genera una transformación profunda, no tiene un impacto más allá de un par de familias. Creo que una cocina móvil en una casa en medio del bosque puede ayudar a detonar un proceso transformador. Pero se trata de una sola persona. El número aumenta cuando se trata de un edificio con 150 viviendas en Monterrey. Creo firmemente en el poder transformador de la academia y las políticas públicas. Ahí es donde realmente podemos incidir. No solo se trata de la influencia que puedo tener sobre mis alumnos, sino al revés.
Esa retroalimentación me interesa mucho. No parece que ocurra solo en la academia ni en tus proyectos públicos. Fundaste tu estudio hace unos 20 años y a través de los años han pasado por aquí muchos arquitectos, muchos de los cuales hoy tienen sus propias prácticas establecidas. Supongo que eso también conlleva una gran responsabilidad. Me gusta que lo menciones, aunque en realidad nunca lo había pensado así. De lo que sí me di cuenta desde un inicio, por cliché que suene, es de la importancia de ser mujer en este campo. Ahí sí noto una influencia. Es un lugar en el que nunca imaginé estar, pero desde que comencé mi carrera me empezaron a invitar a todo tipo de eventos: conferencias, concursos, exposiciones. Al principio, me parecía extraño por mi falta de experiencia, pero luego me
Arriba: según Tatiana Bilbao, el Jardín Botánico de Culiacán (en la imagen) es una obra en constante movimiento: “Seguimos trabajando en él y empezamos hace 20 años”, señala la arquitecta.
Izquierda: interior del Centro de Investigación del Mar de Cortés, en Mazatlán, un edificio multidisciplinario donde el océano ejerce como gran protagonista.
di cuenta de que la mayoría de las veces me invitaban por el simple hecho de ser mujer.
¿Había que cumplir con la cuota de género? Exacto. Y era bastante molesto, por ejemplo, en conferencias donde la primera y a veces la única pregunta que me hacían siempre era sobre ser mujer en un mundo de hombres. A mis colegas hombres nunca les hacían ese tipo de preguntas. Siempre les preguntaban por su obra. En una de esas ocasiones, Derek Dellekamp [colega arquitecto], al ver mi reacción, se acercó a mí. Aunque comprendía mi frustración, me preguntó si alguna vez como estudiante había asistido a una conferencia de una mujer. A partir de ahí, comencé a ver el lado positivo de mi posición. Aun así, me costó mucho entender cuál era mi rol. Inspirar a mujeres a imaginar posibilidades diferentes cuando son estudiantes es un buen reto; sin embargo, esa gente, al igual que yo cuando era estudiante, ya se encuentra en una situación de privilegio. Comprendí que el mayor impacto que podía tener era entender la arquitectura desde la perspectiva de ser mujer, de asumir esa identidad. Se trataba de identificar la experiencia física de la mujer en la arquitectura y eliminar esas barreras.


En México ha surgido una generación impresionante de mujeres arquitectas. Zaida Muxí, una arquitecta y urbanista argentina, ha estado tratando de explicar este fenómeno único en nuestro país. Es una condición muy particular que no sucede en otras partes del mundo. Aunque claramente cada vez hay más mujeres con una voz fuerte en el mundo de la arquitectura, no se siente lo mismo que aquí. En Estados Unidos, la mayoría de los despachos suelen ser parejas, y lo que ocurre es que, en muchos casos, es el hombre quien presenta los proyectos ante los clientes.
Históricamente, en el caso de esas parejas, incluso solemos ignorar a la mujer.
En Europa, aunque la situación es mucho más equitativa, tampoco ocurre de esta manera. Sí sucede, pero no de la forma en que ocurre en México. Es impresionante cuando pensamos en nombres como Frida Escobedo, Fernanda Canales, Rozana Montiel, Gabriela Carrillo, Gabriela Echegaray, Jessica Amezcua y Mariana Ordóñez, mujeres en diferentes lugares, con proyectos muy propositivos. Y la lista sigue. No es casualidad que Zaida Muxí esté trabajando en una exposición sobre este fenómeno tan significativo.
Desde el inicio de tu carrera, has tenido una relación muy estrecha con la cultura y el arte en todo tipo de proyectos. ¿Cómo surge este interés?
El Jardín Botánico de Culiacán ha sido el detonante de muchas cosas. Seguimos trabajando en él, y empezamos hace 20 años. No ha habido un solo año en el que no hayamos hecho algo allí. La arquitectura se ha ido desarrollando poco a poco, y eso nos ha generado una plataforma que nos ha permitido ver lo que hacemos:
Arriba, izquierda: nave del Kloster Maria Friendshort, monasterio cisterciense que Tatiana Bilbao ha proyectado en la localidad alemana de Treppeln, al sureste de Berlín, con el apoyo de sor Stella Maris. Arriba, derecha: render del monasterio, el primero que se construye en la región de Brandenburgo desde la Edad Media.
cómo se absorbe, cómo se vive y cómo podemos actuar de una mejor manera. Desde ahí han surgido muchas relaciones nuevas. Generar arquitectura desde el entendimiento de la relación con el ecosistema sobre el que se sostiene y al que también sostiene es clave. Es una cuestión muy importante, especialmente para nosotros, que somos de la Ciudad de México. Aquí, el suelo se mueve todos los días. La arquitectura está impuesta en un espacio en constante cambio, que es la tierra, y sostiene un proceso igualmente cambiante: los seres humanos. Los organismos vivos, al final, estamos en constante transformación.
Veo una relación con el Acuario Mazatlán. El Centro de Investigación del Mar de Cortés cumple con el mismo principio, pero con esteroides. Imaginamos la ruina de un edificio que se construyó en 2020, pero no sabíamos para qué. Cuando llegamos, en 2289, descubrimos que el mar había subido y llenado de agua el lugar, pero cuando el agua se retiró, quedó ahí. Y la vida empezó a multiplicarse. Fue una historia que nos inventamos al comenzar el proyecto y así se la presentamos a nuestro cliente, Ernesto Coppel. Al principio, me miraba con incredulidad. Hace poco, en una presentación ante un jurado de arquitectura internacional, el mismo Ernesto respondió a una de las preguntas: “No sabemos para qué se diseñó este edificio, ni quién lo diseñó. Era una ruina”. Así lo diseñamos, como una ruina que ya estaba ahí.
Y ahora sí, la categoría de lo religioso. El monasterio es otro proyecto que nos ha cambiado la vida y nuestra manera de pensar. Se trata de un monasterio cisterciense en Alemania que estamos llevando a cabo gracias al apoyo de sor Stella Maris. Este proyecto me ha ayudado a entender la arquitectura de una
manera muy diferente. Idealmente, el entendimiento del ser individual con el ser social está completamente inscrito en el monasterio. Es el espacio doméstico por excelencia. Cuando llegué al monasterio, encontré la panacea. Todos los procesos en el monasterio están ligados al rito, al sostén del cuerpo físico y al ritual espiritual. Este entendimiento nos ha generado muchas reflexiones que intentamos aplicar en los edificios de vivienda que estamos diseñando.
Lo que hemos aprendido de un espacio como un monasterio, si sumamos el componente religioso, es que no solo vivimos para cumplir funciones básicas. Lo que hoy día tristemente define la vivienda es simplemente dormir, comer, respirar y bañarse. Vivimos del ritual. No es solo la necesidad física lo que sostiene al ser humano, sino también esa dimensión ritual que hemos ido perdiendo en la modernidad a cambio de una vida que solo satisface necesidades tangibles.

¿En qué otros proyectos estás trabajando actualmente? Estamos trabajando en un proyecto de vivienda en St. Louis, Missouri, y otros en lugares tan dispares entre sí como San Francisco, Los Ángeles, París, Aguascalientes y una utopía en Iztapalapa, en Ciudad de México. Todo este proceso de reflexión se interconecta en cada uno de estos proyectos de una manera fascinante. Más recientemente, todo este enfoque nos llevó a un llamado inesperado: el pabellón del Vaticano en la Bienal de Venecia. Curiosamente, no llegamos a ese proyecto por nuestras conexiones con los monjes, sino por el componente social y comunitario de nuestro trabajo. Nos involucramos en este proyecto gracias a una recomendación de Hans Ulrich Obrist.
El Vaticano no tiene un pabellón fijo en la Bienal, sino que su espacio cambia cada año, lo que lo convierte en una
experiencia siempre única. El último pabellón fue espectacular: trabajaron en una cárcel activa de mujeres, haciendo una intervención con artistas increíbles como el dúo Claire Fontaine o Maurizio Cattelan. El Papa incluso llegó a visitarlo. La intención de este proyecto era crear un vínculo tangible entre la Bienal y la sociedad y de esa manera generar un impacto. Y eso es precisamente lo que nos piden que hagamos.
El objetivo es darle al edificio una nueva función. En el proceso habrá una cocina y un programa de conciertos, ofreciendo entretenimiento tanto para los restauradores como para los trabajadores que se involucren. Estamos trabajando a fondoy pronto comenzaremos a intervenir el edificio, aunque la Bienal no se inaugura hasta el 8 de mayo.
El estudio de arquitectura de Tatiana Bilbao está trabajando en proyectos en lugares tan dispares como San Francisco, París, Los Ángeles y Ciudad de México. Arriba: la arquitecta fotografiada en su estudio mientras repasa uno de sus croquis. Abajo: ilustración del Centro de Investigación del Mar de Cortés, en Mazatlán.

Amor, riñas, rupturas y una afinidad perdurable: parejas creativas que han resistido la prueba del tiempo.
JANE FONDA: Era 1978, y había escuchado que Lily Tomlin estaba presentando un espectáculo [ella sola] en Los Ángeles llamado Appearing Nitely. No sé cuántos personajes interpretaba, pero los encarnaba a todos. Me fascinó. Fui al camerino a conocerla. En ese momento, estaba desarrollando Cómo eliminar a su jefe [la comedia de 1980 sobre tres mujeres oficinistas que se rebelan contra su jefe sexista] y, mientras manejaba de vuelta a casa, pensé: “No quiero hacer una película sobre secretarias si Lily Tomlin no está en ella”.
LILY TOMLIN: Hizo una entrada triunfal en el camerino envuelta en una gran capa. No podíamos creerlo ¡era Jane Fonda! Durante un par de años, mi peinado estaba inspirado en El pasado me condena [el thriller de 1971 por el que Fonda ganó un Oscar], pero ese día no lo traía. Pensé: “¿Por qué no traje mi peinado de El pasado me condena justo cuando más lo necesito?”.
J.F.: Nos tomó un año entero convencer a Lily y a Dolly [Parton, la otra protagonista] de hacer la película. No es que no estuvieran interesadas, pero fue complicado. ¿Por qué fue tan difícil, Lily?
L.T.: Creo que era así con todo.
J.F.: Eres así con todo: “No sé si puedo hacerlo. No soy la indicada para el papel”. Siempre haces eso. Pero fue idea tuya que Colin Higgins dirigiera y traer a Dabney Coleman [interpretando a tu jefe]. ¡Tú deberías haber producido la película! Mi única decisión fue
JANE FONDA Y LILY TOMLIN, ACTRICES
Han coprotagonizado tres películas y una serie de televisión, desde Cómo eliminar a su jefe (1980), hasta 80 for Brady (2023).
hacer la película, porque una amiga cercana, [la exdirectora de la Oficina de la Mujer en la Secretaría de Trabajo de Estados Unidos] Karen Nussbaum, me contaba historias sobre organizar a las trabajadoras de oficina y todo lo que tenían que soportar.
L.T.: Pensaba que algunas de mis líneas tenían chistes demasiado obvios. Pero cuando se estrenó la película, fueron precisamente esas líneas las que causaron mayor impresión en el público.
J.F.: Nos divertía mucho la inocencia de Dolly. Cuando llegó el primer día, se había memorizado todo el guion. Y luego, el día en que cantó.
L.T.: Qué momento tan glorioso.
J.F.: Usó sus uñas largas como si fueran un lavadero y empezó a cantar: “Working 9 to 5...”. Lily y yo nos miramos y supimos: “Eso es, tenemos un himno”. Pero creo que uno de mis momentos favoritos del rodaje fue cuando teníamos al cadáver en la cajuela. Fuimos a The Apple Pan [una cafetería de Los Ángeles] porque Dolly quería una hamburguesa con queso, ¿te acuerdas?
L.T.: Todo el mundo contaba historias de su vida y nos terminamos enamorando unas de otras.
J.F.: Nuestros mundos son tan distintos. Nuestras historias son tan distintas. Nuestro sentido del humor… Quiero decir, yo realmente no tengo uno.

L.T.: Jane era tan seria. Se entregaba con tanta pasión a cada causa activista que intentaba defender. Era inspirador y conmovedor.
Desde la izquierda: Fonda, 87 años, y Tomlin, 85, fotografiadas en Hubble Studio, en Boyle Heights, Los Ángeles, el 29 de enero de 2024.
J.F.: Desde entonces, hicimos siete temporadas de [la serie de Netflix] Grace and Frankie [emitida de 2015 a 2022]. Diez días después de terminar la serie, comenzamos una película que ambas disfrutamos mucho, Moving On. Cuando se estrenó [en 2023], me interesaron las críticas, casi todas hablaban sobre nuestra química. Y fue como, “bueno, quizás deberíamos trabajar juntas siempre”. — E.R.A.
que de otro
modo no podría pagar—. Pintar [al óleo] es tan frustrante y estimulante como lo recordaba de la escuela de
arte, hace 43 años, y mis cuadros se parecen de manera inquietante a los que pintaba a los 19.
MARC JACOBS: En 2004, me puse en contacto contigo para preguntarte si querías participar [en una campaña de Marc Jacobs]. Conocía muy bien tu trabajo y sabía que en 1984 habías hecho un anuncio para [la marca de moda francesa] Dorothée Bis. Eso me hizo pensar: “Tal vez quiera hacerlo con nosotros”. Me intimidaba un poco preguntártelo.
CINDY SHERMAN: Yo estaba aún más intimidada de que me lo pidieras. Recuerdo que pensé: “Voy a llevarme un montón de pelucas y maquillaje”. Al principio, solo posaba yo en algunas tomas, pero luego [el fotógrafo alemán] Juergen [Teller] empezó a jugar y a incluirse en las fotos. Poco a poco, fue afeitándose partes de la cara y la cabeza. Empezó la sesión con todo el cabello y la barba, y al final estaba sin un solo pelo en la cara.
M.J.: Yo no estaba allí, pero recibí llamadas de Juergen diciendo: “Es [palabrota] excelente, es [palabrota] excelente”. Siempre dice eso cuando está muy emocionado. Crearon unos personajes divertidísimos. Hubo una foto en la que se veían mayores y estaban sentados en un banco.
C.S.: Hurgando en una bolsa enorme.
M.J.: Esa imagen se convirtió en una valla publicitaria en Melrose [Avenue, en Los Ángeles]. Fue increíble porque en ese entonces no existían campañas de moda así. Nadie hubiera dicho: “Este es
Si algo resulta muy difícil, es posible que algo ande mal, pero también es necesario recibir la incomodidad inicial con los brazos abiertos. Intenta engañarte a ti misma —solía ponerme muy nerviosa cuando era adolescente en una clase de arte con un modelo, y el profesor me dijo: “No pienses en ello como dibujar. Piensa en diseñar la página”—. Eso me ayudó muchísimo. Es increíble lo que puedes lograr si te lo crees.
—Kim Gordon
nuestro anuncio”, porque no vendía exactamente ropa ni bolsas. Pero era emocionante.
C.S.: Lo curioso es que hace un par de años, durante la pandemia, me pediste hacer algo —ni siquiera recuerdo qué era—. Había subido un poco de peso, así que me sentía cohibida y seguía rechazándote. [Para la campaña de 2024 que terminé haciendo] algunas prendas me quedaban un poco ajustadas. Las personas que me asistían dijeron: “Podemos arreglarlo”. Y yo respondí: “No, no, es [perfecto para] el personaje”. Podría haber pensado en alguien que intentaba ocultarse, pero en vez de eso decidí: “No, parece alguien que se siente segura y se suelta en sus pantalones de piel”. ¿Cómo te sientes cuando ves a diferentes tipos de mujeres usando tus piezas o combinándolas de maneras inusuales?
M.J.: Es la mayor validación. De todo lo que existe ahí afuera, eligen gastar su dinero en una creación mía. ¿Y tú con los coleccionistas?
C.S.: A veces es un poco extraño. Recuerdo una de mis primeras series de fotografías horizontales, que llamé The Centerfolds (1981), pensaba que eran algo inquietantes, pero un coleccionista dijo: “Tengo esa colgada sobre mi cama porque es tan sexy”. Y yo pensé: “Ugh, prefiero no saber”. Pero no puedes controlar lo que pasa con una pieza. M.J.: O lo que los demás ven en ella. La retroalimentación es parte de la ecuación. Es como decir “no hago esto solo para mí. Te necesito”. — E.R.A.

MODA, Y CINDY SHERMAN, ARTISTA Han colaborado en múltiples proyectos para la marca Marc Jacobs, desde un libro de fotografías en 2005, hasta la campaña de primavera 2024.
MINK STOLE: John, me acaban de informar de que tu línea de conferencia me está cobrando un centavo por minuto.
JOHN WATERS: ¡Oh, por favor! La he usado durante 20 años. Nunca ha pasado.
M.S.: Está bien, puedo soportarlo. T: ¿Cómo se conocieron?
J.W.: Mink también creció en Baltimore, aunque yo era amigo de su hermana mayor, Mary,
MINK STOLE, ACTRIZ, Y JOHN WATERS, CINEASTA
Han trabajado juntos en casi todas las películas de Waters desde Roman Candles (1967), incluyendo Pink Flamingos (1972), Hairspray (1988) y A Dirty Shame (2004).
casa de mis padres y, curiosamente, una década después grabaste una escena importante en esa misma casa cuando interpretaste a [la ama de casa delirante] Peggy Gravel en Desperate Living [1977].
M.S.: Lanzamos una pelota de béisbol por la ventana y dejamos la casa hecha un desastre. Tu mamá fue muy comprensiva.
J.W.: Y la tuya también. Mink y yo fuimos arrestados [junto con otros tres miembros del equipo] por conspiración para cometer exhibicionismo indecente mientras filmábamos [la película de 1969] Mondo Trasho. Salió en los periódicos. Publicaron la dirección de tu madre. M.S.: Fuimos absueltos.
J.W.: Habíamos estado filmando una escena en la Universidad Johns Hopkins con [la actriz y drag performer] Divine, toda maquillada y
T: ¿Qué han aprendido el uno de la otra?
M.S.: En las primeras películas, todos actuábamos de forma exagerada. Hablábamos en cursivas. En las más recientes, cuando empezaba a actuar así, John me decía: “Bájale un poco”. Me sorprendió [la primera vez que lo dijo].
J.W.: Cuando hicimos esas primeras películas, tenía la

quien ahora se hace llamar Sique. Según mi memoria, nos conocimos en Provincetown, Massachusetts, justo antes de filmar mi segunda película [el corto de 1967] Roman Candles. Ella quería experimentar con su lado rebelde y encontró el grupo adecuado. Prescott Townsend, uno de los primeros activistas gays, nos dejó vivir en una casita que había construido en un árbol.
M.S.: Ese fue el verano en que me presentaron la homosexualidad.
J.W.: ¿Tomamos LSD ese verano?
M.S.: Yo creo que sí.
J.W.: Y luego lo volvimos a hacer 50 años después. Mi madre solía decir: “No le digas a los jóvenes que tomen drogas”. Pero yo no lo hago, se lo digo a la gente mayor. Volviendo al tema, filmamos Roman Candles en parte en la
vestida en un conjunto con blusa dorada de lamé y pantalones de torero, en un Cadillac rojo convertible de 1959. Nunca pedí permiso [para grabar]. Llegó la policía y salimos corriendo. El hecho de que nos atraparan a nosotros y Divine lograra escapar no hablaba muy bien de la policía de Baltimore. Mink interpretaba a una paciente psiquiátrica que se había escapado; bailó tap desnuda.
M.S.: Me molestaba cuando la prensa nos llamaba poco profesionales, porque aunque era cierto que ninguno de nosotros había tomado clases de actuación, éramos increíblemente profesionales. Nada se improvisaba. John no lo habría tolerado. Él conocía cada punto y coma del guion.
J.W.: ¿Cómo se llama ese término francés para cuando dos personas se vuelven locas juntas?
M.S.: “Folie à algo”…
J.W.: “Folie à famille.” Todos aportaban algo y simplemente íbamos por ello.
T: Mink, ¿alguna vez te negaste a grabar una escena?
M.S.: Antes de comenzar a rodar Pink Flamingos, John mencionó muy casual: “¿Podrías prenderte fuego en el cabello?”. Y yo respondí: “Sí, se vería increíble en pantalla”. Pero cuando el momento se acercaba, entré en pánico.
J.W.: Había fumado marihuana cuando se me ocurrió esa idea.
M.S.: Habría sido una escena increíble, excepto que hoy estaría calva. Creo que fue la única vez que me negué a hacer algo.
Desde la izquierda: Stole, 77 años, y Waters, 78, fotografiados, respectivamente, en Edge Studios, en MidWilshire, Los Ángeles, el 4 de febrero de 2024, y en la casa de Waters en Tuscany-Canterbury, Baltimore, el 7 de marzo de 2024.
influencia del teatro del absurdo la crueldad, los gritos, la locura . No es que ellos sobreactuaran, era que yo les pedía que lo hicieran.
M.S.: Tengo un enorme respeto por John, y él por mí. Más allá del hecho de que lo quiero con todo mi corazón, no sé dónde estaría si no lo hubiera conocido.
J.W.: Y nunca hemos tenido el mismo novio.
M.S.: Ni hemos querido al mismo novio.
J.W.: Mink y yo hemos pasado por muchas cosas juntos. Hemos peleado, nos hemos reconciliado. No confío en la gente que no tiene amigos de toda la vida. Para mí, los amigos sobreviven a la familia. Mink y yo incluso seremos enterrados en el mismo panteón. Lo llamamos Disgraceland. — N.H.
Esperamos que una serie de estas piezas esté lista para otoño. También tenemos un encargo que nos entusiasma: una gran chimenea escultórica hecha con tres troncos de madera rara.
NAZARIO, ESTILISTA, Y WILLY CHAVARRIA, DISEÑADOR DE MODA Han trabajado juntos en tres colecciones desde 2022.

WILLY CHAVARRIA: Carlos y yo nos cruzábamos en Calvin Klein [Nazario ha trabajado como estilista para la marca; Chavarría fue su vicepresidente senior de diseño de 2021 a 2023], pero nuestra primera reunión formal fue en una comida en The Odeon. Como las Swans de Truman Capote, pedimos ensaladas y hablamos sobre el agua y la pérdida de peso.
CARLOS NAZARIO: No era una reunión para discutir un proyecto en particular. Surgió de manera orgánica.
W.C.: Me aterraba pedirte que trabajaras conmigo. Recuerdo que te envié un mensaje de texto para [ver si querías] encargarte del estilismo de mi desfile [de otoño 2023]. ¿Sabes qué me respondiste? “Pensé que nunca me lo pedirías”.
C.N.: El trabajo de Willy me hablaba de manera profunda. Había una gran similitud —no necesariamente en la estética, pero sí en la intención—. A muchas marcas les falta profundidad y alma. Soy afrolatino. Crecí en Nueva York con una relación específica sobre cómo uno se presenta al mundo, qué significa, cómo se ve y cómo se comunica el glamour. Siempre me intrigó cómo los diseños de Willy abarcaban todas esas cosas.
W.C.: [La forma en la que colaboramos] es tan natural y libre de pretensiones. Terminamos contando una historia con la que nos sentimos bien.
C.N.: Cada relación entre un estilista y un diseñador es única. Algunos diseñadores requieren mucho más —desde la investigación hasta la producción y el desfile—. Otros solo quieren que llegues al final y digas: “Pongámosle esto a este modelo”. Con Willy, nuestras conversaciones antes de mi primer día fueron conceptuales. Hablamos de cómo quería que se sintiera, más que de cómo quería que se viera.
W.C.: Para ese primer desfile juntos, queríamos que el equipo —todas personas racializadas, muchas de ellas queer y trans— se sintiera enaltecido y empoderado. Marlon [Taylor-Wiles, el director de movimiento del desfile] haría que los modelos miraran hacia abajo a los invitados.
C.N.: En el ensayo pensamos: “Tal vez sea un poco inquietante”. No me sentí incómodo [dándole mi opinión] porque Willy es una persona con la que es fácil hablar. Pero cuando entras en un espacio donde todos tienen roles claramente definidos, sientes que eres el padrastro. Un poco como: “¿Debo disciplinar a la hija? ¿Debo decirle que la falda es demasiado corta?”. No me quería pasar de la
Hendifar,
L O Q U E S I G U E
ciones largas. Me ilusiona desafiar mis ideas sobre cómo quiero vivir y ver cómo esto influye en el
trabajo de mi estudio de diseño [Apparatus] mientras empezamos nuestra próxima colección.
raya, pero quería que mi presencia allí valiera la pena. A medida que nos sentimos más cómodos [el uno con el otro], nos permitimos experimentar más.
W.C.: Para la siguiente temporada, nos arriesgamos más. Queríamos que se sintiera refinado y elegante, pero también queríamos inyectarle juventud.
C.N.: Para muchas [marcas], es como: “Esta temporada, todo son minifaldas. Si tus muslos no son increíbles, ¡nos vemos en otoño!”. El casting de Willy permite una visión mucho más amplia de lo que el estilismo puede hacer: tienes a alguien como yo, que mide 1,62 m. [Nazario desfiló en el show de otoño 2024], y a alguien que mide 1,93 m.
W.C.: Tienes a una mujer de cincuenta y tantos y a un chico de 17.
C.N.: Desde los más jóvenes, delgados y andróginos hasta los más mayores y robustos. Si intentaras vestir a todos igual, sería un desastre.
W.C.: Puedo sugerirte algo que no te guste y me dirás: “Probémoslo. Vamos a ver”. Y yo haré lo mismo. He trabajado con estilistas que pueden pasarse horas deliberando sobre la posición de un sombrero. El nivel de estrés es tan intenso que mata el momento. Tener la libertad de [experimentar refleja] la ligereza que queremos para la marca. Ya sabes, abordamos temas serios como los derechos humanos, la inclusión…
C.N.: La identidad. Pero si nosotros estamos estresados, todos lo estarán. Tratamos de mantenerlo ligero, pero también entendemos el peso de la responsabilidad. Es raro trabajar con gente que entienda lo que sientes y lo que quieres transmitir. Y creo que nuestra confianza mutua radica en eso. — N.H.
Donna Huanca, 44 años, artista visual. Estoy trabajando en dos exposiciones individuales. Una tendrá lugar en un palazzo
del siglo XV con salas abovedadas subterráneas en Florencia, Italia; la otra, en un moderno cubo blanco en Riga, Letonia.
COBY KENNEDY: En realidad, nos conocimos colaborando. Fue en el verano de 1992.
HANK WILLIS THOMAS: Me reclutaron para trabajar con Coby renovando el cuarto oscuro de la Universidad de Howard [en Washington, D.C.], donde su padre [Winston Kennedy] era director del programa de arte. Íbamos en secundaria.
C.K.: Era escritor de grafiti, como se decía en nuestros tiempos. Mis grupos de grafiti y de la escuela se fusionaron en un colectivo [llamado] los Earthbound Homies.
COBY KENNEDY Y HANK WILLIS THOMAS, ARTISTAS Han colaborado durante tres décadas en instalaciones de arte público y proyectos comunitarios, incluyendo Reach (2023), una escultura de fibra de vidrio y resina de más de 1,200 kg. en el Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago que representa dos manos a punto de tocarse.
H.W.T.: Fue [durante] la época dorada del hip-hop de los años 90. El grupo estaba [compuesto por ] jóvenes artistas, en su mayoría negros. Yo no era uno de ellos, era el que documentaba.
C.K.: Hank estudiaba museología, mientras que el resto de nosotros nos dedicábamos a las artes visuales. Era muy callado y observador. Parecía que todo el tiempo estaba analizándote.
H.W.T.: La esencia de nuestra relación ha
sido generar oportunidades para que otros entrelacen sus prácticas. Los Wide Awakes [su colectivo artístico más reciente, inspirado en un grupo progresista que apoyó la elección de Abraham Lincoln en 1860] surgieron en mi antiguo estudio en diciembre de 2019.
C.K.: Queríamos conectar con la sociedad y ver cómo podíamos influir en ella. Cuando llegó 2020 —la pandemia, el confinamiento, la insurrección— pisamos el acelerador con el proyecto.

Desde la izquierda: Kennedy, 47 años, y Thomas, 49, fotografiados en el estudio de Thomas en East Williamsburg, Brooklyn, el 28 de febrero de 2024.
H.W.T.: Diría que los Wide Awakes fueron nuestra primera colaboración pública. Pero, en realidad, Reach [su escultura en el aeropuerto O’Hare de Chicago] comenzó en 2016. Estamos emocionados de que sea uno de los mayores reconocimientos públicos de algo que hemos estado haciendo durante 30 años.
C.K.: En nuestras colaboraciones, nos complementamos.
H.W.T.: Como artista conceptual, tengo muy buenas ideas, muchas. Coby, que tiene experiencia como diseñador industrial y animador, es el puente entre la propuesta y su ejecución. En casi todas mis esculturas públicas él ha estado detrás de la conceptualización inicial. Siempre ha tenido la habilidad de visualizar lo que los demás están pensando. También tenemos gustos diferentes.
C.K.: Y a veces nuestros gustos chocan, lo cual es lo mejor [de nuestra relación laboral], porque odiaría que ambos termináramos en un punto medio aburrido.
Fotografía por D’Angelo Lovell Williams
H.W.T.: Coby tiene una visión muy clara y singular, mientras que yo creo arte a través del consenso. Quiero expresar algo [así que siempre estoy preguntando a los demás]: “¿Qué opinas?”. Envidio el talento de Coby. Pero también creo que no tener su talento me obliga a apoyarme en otras personas, lo cual es útil en el contexto del arte público.
C.K.: Sé que él siempre me dirá la verdad sobre cualquier cosa que se me ocurra, y él sabe que si tengo que criticar una de sus ideas, lo haré sin dudarlo.
H.W.T.: Por más que quisiera que Coby pensara como yo, si lo hiciera, no sería él, y yo no sería yo. Nos damos el espacio para ser quienes somos. — N.A.
A veces pintar es como un sueño recurrente que tengo en el que voy en el asiento trasero de un coche, tratando de alcanzar el volante para tomar el control. Eso es un sistema nervioso en pánico. Hay un ejercicio de grounding que me gusta hacer en el que salto y siento cómo mis pies golpean el suelo con fuerza. Y luego me pregunto: “¿Quién está soñando?”. Si logras llegar a ese punto, estás lúcido en el sueño y en un buen lugar. Aun así, surgirán emociones no deseadas. Mientras trabajaba en una pintura de un sátiro, de repente me di cuenta de que el sátiro era Chris, un viejo amigo que me traicionó cuando tenía 18 años con un grupo de chicos que me golpearon. Pensé: “¿Por qué estoy pintando a Chris? No quiero pintar a Chris”. Estaba fluyendo bien, hasta que me topé con esa imagen, y empecé a dudar de mí mismo y pensé: “La gente va a pensar que estas pinturas son horribles”. Luego abrí Instagram y le di “me gusta” a una de sus fotos. Fue como un acto extraño y valiente. Y luego me escribió y me preguntó si podía llamarme, 26 años después de que desapareciera sin decir palabra, y se disculpó durante 20 minutos. Lloré y creo que él también, y sentí cómo todo ese peso se disolvía. Luego volví a la pintura. —TM Davy, 43 años, artista
Lenker, 33
pensar mis canciones en términos de pinturas. Mi abuela Diane Lee es una gran acuarelista.
Melissa Cody, 42 años, artista textil. Estoy empezando a crear tapices murales que incorporan
mis diseños anteriores, tejidos a mano en un telar tradicional Navajo/Diné. Estas nuevas piezas
son composiciones de muestras altamente detalladas hechas en un telar de Jacquard digital. que lo he intentado, me encantó, pero también me abrumó todo lo que necesito aprender. Suelo
BOBBI SALVÖR
MENUEZ, ACTOR, Y
MICHAEL BAILEYGATES, ARTISTA Han colaborado en decenas de performances y proyectos fotográficos a lo largo de su amistad de una década.
BOBBI SALVÖR MENUEZ: En 2014 curé una exposición en Muddguts [espacio de arte en Brooklyn] como parte de una serie en la que invitaba a personas que no solían hacer performance a crear algo dentro de ese contexto. Michael y yo ya habíamos coincidido en una exposición grupal antes y teníamos amigos en común. Me entusiasmaba ver en lo que estaba trabajando.
MICHAEL BAILEY-GATES: Éramos yo, Bobbi, y quizás
B.S.M.: Michael tiene la capacidad de ver el potencial caleidoscópico de la expresión personal de alguien. En el año 2018, ya me identificaba como persona no binaria con mis amigos cercanos y estaba encontrando mi nuevo nombre. Me alejé de las audiciones y empecé a trabajar a tiempo parcial como profesor sustituto. Cuando una película que había

dos o tres personas más. Tenía un truco en las fiestas de hablar muy rápido, como un subastador. Cuando decía ciertas frases, una persona se levantaba, otra gritaba a todo pulmón o le aventaba un objeto a alguien.
B.S.M.: Parecía el inicio de una forma de crear en conjunto sobre la marcha. Teníamos esa energía de lanzarnos de lleno y encajaba perfectamente.
M.B.G.: Compartíamos esta urgencia por traer el trabajo a la vida. A veces era tan simple como ser un cuerpo para otra persona. He sido el protagonista en performances de Bobbi, pero también he estado en segundo plano, tirado en el suelo cubierto de pintura roja. En esa época, el arte performativo en Nueva York se trataba de ejecutar una idea sin mucho presupuesto. Ahora no voy a una sesión de fotos pensando que estamos haciendo un performance, pero en realidad lo es: la cámara es el público que nos observa.
“butterfly”
grabado el año anterior fue seleccionada para Sundance [el Festival de Cine, en el año 2019], sentí que fue una invitación para poder regresar a los reflectores. Me había rapado y me daba nervios vivir ese momento formal y público de salir del clóset. Me daba cringe . Antes de ir a Sundance pasé por Los Ángeles y tomé algunas fotografías con Michael que eran solo para nosotros. Esas fueron las primeras imágenes de Bobbi que vio el mundo.
M.B.G.: Nunca quiero tomar una foto de alguien si no refleja quién es realmente. He elegido que mi práctica artística se centre en un pequeño grupo de amigos, y esas colaboraciones son la fuerza que sustenta mi trabajo. Sin ellos, ¿qué sería de mis imágenes? Algo mucho menos valioso. — C.R.

CK Meridian

En Harlem, Nueva York, una deteriorada casa parroquial se transforma en el santuario de una artista.
Por Alice Newell-Hanson Fotografías por Jason Schmidt
Ahora hogar de una artista, el edificio de Harlem, Nueva York, que data de aproximadamente 1907, alguna vez fue una casa parroquial. En página opuesta: una vista de la sala de doble altura desde el balcón curvo del tercer piso. La obra de arte es de Lorna Simpson, el sofá Camaleonda es de Mario Bellini para B&B Italia, la mesa fue encargada a medida a Misha Kahn y la lámpara colgante es de Michael Anastassiades.
EN 2016, UNA artista que buscaba un espacio donde crear dos pinturas monumentalmente grandes comenzó a trabajar en una iglesia desacralizada en Harlem. Poco después, empezó a buscar un lugar donde vivir. El urbanizador que antes era dueño de la iglesia le había enseñado la casa parroquial neogótica

contigua vacía: una oscura y deteriorada casa de ladrillo de cuatro pisos, con columnas decorativas que se caían a pedazos y unos dramáticos ventanales arqueados. La propiedad era irresistiblemente espaciosa (660 metros cuadrados, incluyendo el nivel del sótano), y ella quería quedarse en
el vecindario, donde su familia llevaba asentada más de una década. Así que hizo una oferta. “Ninguno de nosotros”, comenta, refiriéndose al equipo que reunió enseguida para ayudarla a reimaginar el lugar, “sabía en lo que nos estábamos metiendo”. Algunos edificios son diatribas, el intento de una persona
por comprobar un argumento; otros, en cambio, no dicen absolutamente nada. Pero los más interesantes son conversaciones: entre pasado y presente, comodidad y funcionamiento, privacidad y comunidad, y, lo más importante, entre el propio edificio y sus residentes. A pesar de su interior dañado por el agua 77

—un laberinto de habitaciones estrechas s y baños con goteras que alguna vez fueron habitados por sacerdotes—, la artista estaba convencida de que la casa parroquial, que data de alrededor de 1907, debía mantenerse en pie como parte de la historia del vecindario. Pero también aspiraba a darle una nueva vida: convertirla en un hogar acogedor, moderno y bañado de luz para ella y sus dos hijos en edad
escolar, con un espacio donde pudiera trabajar. Y ella quería ser parte activa del proceso.
Tras reunirse con varios arquitectos reconocidos, la artista se sintió abrumada y poco inspirada. Fue entonces cuando un vecino le mencionó a sus amigos Tal Schori, de 43 años, y Rustam Mehta, de 42. Los arquitectos se conocieron en tercero de primaria en el condado de Westchester, Nueva York, y en
2014 fundaron su propio estudio en la ciudad, GRT Architects. Su relativa juventud le causó cierta inquietud —habían completado pocos proyectos—, pero de inmediato le entusiasmó su uso del color, su fusión de elementos contemporáneos y tradicionales y lo que ella denomina sus “pequeños detalles de invención”, como por ejemplo, el efecto pixelado y ondulante que Schori había improvisado en el suelo del baño
En el comedor, Cancellation Proofs (2003) de Glenn Ligon flanquea Trangegone (Who’s Afraid of Red, Yellow and Blue) (2008) de Frank Bowling. La alacena de debajo es un diseño personalizado de Fort Standard, las sillas son de Piet Hein Eek y la mesa es de GRT Architects. En página opuesta: un conjunto de dibujos a carbón de Miriam Cahn, Leg on Branch (2021) de Paul Pfeiffer y un jarrón de Leah Panlilio se alinean junto a una chimenea revestida con azulejos acanalados diseñados a medida por GRT Architects.
de una casa en Brooklyn, usando mosaicos en tonos azul grisáceo y arena. “Muchos arquitectos tienen su visión y quieren convencer al cliente de ella”, dice la artista. “Ellos, en cambio, estaban realmente interesados en investigar de forma colaborativa”. Ese espíritu de aventura compartido fue puesto a prueba rápida y constantemente. Cuando el equipo de contratistas comenzó a quitar capas de yeso,

descubrió que las vigas estaban podridas y que todo el interior debía demolerse. Sin embargo, la artista y los arquitectos terminaron viendo este hallazgo —un preludio a las interrupciones que traería la pandemia más adelante— como algo liberador. Les dio la desenvoltura para crear un diseño completamente nuevo, uno que expresara a la perfección la visión de la artista para el espacio: en la planta baja, un departamento sencillo de una habitación para recibir a amigos y familiares; encima, un hogar
familiar de tres pisos con tantos cuartos como fuera posible y espacios generosos para el entretenimiento, y en la última planta, una suite para invitados y un estudio de 65 metros cuadrados con un techo lo suficientemente alto para albergar lienzos grandes, si no es que monumentales. Aunque en el exterior dejarían que se resaltara la historia de la casa parroquial, era como si el edificio los invitara también a decir algo por sí mismos.
HOY DÍA, SI UN neoyorquino pasa rápidamente por ahí podría
no darse cuenta de que la estructura, ubicada en una calle tranquila y mayormente residencial, luce diferente a como lo hacía hace un siglo. A nivel de calle, las intervenciones de Schori y Mehta son discretas: donde repararon la piedra rojiza alrededor de la puerta de entrada ojival, usaron cemento con un tono más rojizo-marrón, creando lo que Schori denomina un mapa de lo viejo y lo nuevo. “A veces”, menciona, “modificar un edificio hace más por celebrar su historia que por restaurarlo a la perfec-
ción”. Con tan solo levantar la vista se perciben los cambios más dramáticos. Para inundar el interior de la casa de luz, los arquitectos crearon una ventana de 5.6 metros de altura uniendo en vertical las ventanas orientales del segundo y tercer piso que ya existían, dejando intactas algunas secciones de sus alféizares originales, como si hubieran sido cortados limpiamente con un cuchillo. Y en la parte más alta de la casa, en lugar de acristalar de nuevo una pequeña ventana redonda tapiada, la artista
En la recámara principal, cortina acolchada de retazos de Adam Pogue, una cama con un edredón de Savoir, un sillón tapizado en tela Dedar y una alfombra azerbaiyana del siglo XIX de la colección de la dueña. En página opuesta: en el baño principal, paredes acabadas en yeso Tadelakt, un piso con azulejos de M. Crow y una bañera Water Monopoly. Los accesorios son de Fantini Rubinetti.

decidió rellenar su forma con un símbolo de significado personal, una firma de su estilo: pidió a los arquitectos que encargaran al artista italiano Constantino Buccolieri un mosaico de inspiración clásica representando a Medusa, la criatura mitológica con cabellera de serpientes. En el interior, la casa es el resultado de seis años de reuniones, correos electrónicos y mensajes entre los colaboradores, un grupo que también incluyó al diseñador Michael Kirkland, amigo de la artista, quien trabajó


con el equipo en la decoración del hogar. Como resultado, aunque incorpora diversas tendencias del diseño contemporáneo (una chimenea de yeso y un voluminoso sofá de cuero Camaleonda por Mario Bellini en la sala de casi seis metros de altura del segundo piso, una tina para invitados revestida de terrazo en el cuarto piso), su textura es completamente única, como una chat en grupo extenso y personal hecho realidad. Los arquitectos y la artista intercambiaron imágenes de algunas habitaciones del diseñador finlandés de mediados de siglo Alvar Aalto, cuya estética inspiró en parte la recurrencia de materiales sencillos a lo largo de la casa, como el roble blanco y el
corcho. La artista compartió una fotografía del estudio del pintor Cy Twombly en Roma, ciudad donde pasó los veranos de su infancia, lo que influyó en la decisión de cubrir el suelo de la sala de planta abierta en el nivel principal con mosaicos geométricos en blanco y negro. La cocina en ese mismo piso —un espacio compacto con encimeras de piedra gris y rojo vivo y gabinetes de roble blanco, situado entre una sala y un comedor con una chimenea revestida de azulejos rosados de concreto— evoca la paleta cromática de los camerinos del Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, de los cuales la artista envió una fotografía durante una visita. Y el diseño
final de la escalera se inspiró en imágenes de las esculturas de escaleras diáfanas del artista coreano Do Ho Suh, una estructura de acero inoxidable envuelta en poliéster rojo semitransparente ligero. La versión de la casa, hecha de acero industrial blanco perforado con miles de hoyitos, parece elevarse ingrávida hasta desaparecer en el resplandor blanco del tragaluz sobre ella. El constructor y ebanista Mark Ellison (parte de un equipo de construcción que también incluyó a Adam Marelli y Bob Chan) ayudó a diseñar la escalera y creó un dispositivo a medida para subir pesados lienzos a través de su eje central. Otra innovación colaborativa: la


Desde la izquierda: en el área del desayuno, una escalera de acero perforado, una escultura de Nairy Baghramian y una fotografía de Coco Fusco sobre una mesa africana de caoba hecha a la medida por Robert Vinas Jr. y una banqueta cubierta de tela de Duro Olowu para Soane Britain; una foto de Huma Bhabha y una composición de cinco lámparas colgantes L7 de Isamu Noguchi en el rellano que separa la habitación principal de la sala; en el estudio de la artista, ubicado en la última planta, el techo fue elevado un metro veinte y se instaló un amplio tragaluz.

cuerda de aprximadamente 9 metros de linternas Akari por Isamu Noguchi, dispuestas en una secuencia conectada que evoca una columna infinita, alrededor de la cual gira la escalera. La idea provino del artista Danh Vo, radicado en Berlín, uno de los muchos amigos de la dueña que compartieron ideas al pasar de los años.
La escultora germano-iraní Nairy Baghramian diseñó unas manijas de bronce rocosas y amorfas para las puertas del edificio. (“Dijo: ‘Tu casa será tan bonita que te haré algo muy feo’”, recuerda la artista). Y los delgados ladrillos negros que pavimentan el jardín, bordeado por muros de bambú plantados por la diseñadora paisajista Laura Mac Donald, la vecina de 59 años que presentó por primera vez a la artista y los arquitectos, se inspiraron en unos similares creados para una exposición del artista de Chicago Theaster Gates; él le compartió su receta y el nombre de su fabricante en Carolina del Norte. “Para un proyecto de esta escala”, dice Schori, “múltiples voces son enriquecedoras”.
En ningún lugar se escucha más fuerte ese coro que en la sala del segundo piso. La habitación principal, ubicada al final del pasillo, es deliberadamente tranquila salvo por una cortina de retazos del artista californiano Adam Pogue. (Schori está de acuerdo con la interpretación que hace de la creencia del arquitecto
Frank Lloyd Wright de que un dormitorio es, esencialmente, el lugar donde una persona va a morir durante ocho horas). Y los dos angostos dormitorios infantiles, un piso más arriba, son minimalistas, con muebles angulares de madera contrachapada seleccionados por Kirkland del estudio Lichen en Brooklyn. Pero la sala, iluminada por la imponente ventana de doble altura, es una vibrante unión de influencias discrepantes. Piezas contemporáneas, incluyendo una mesa de centro de concreto fundido en azul grisáceo y de forma globular, creada por el
diseñador con sede en Brooklyn Misha Kahn, armonizan con reliquias personales, como una alfombra persa de pared a pared en color borgoña de la infancia de la artista en Roma, y piezas clásicas del diseño posmoderno, como una mesa auxiliar negra en forma de copa de huevo de Ettore Sottsass. En las paredes, cuelgan obras de la colección de la artista: un majestuoso lienzo abstracto con acentos rosa intenso de Sojourner Truth Parsons, una serigrafía azul medianoche con el rostro de una mujer de Lorna Simpson, una litografía de Jasper Johns
retratando a su amigo, el coreógrafo Merce Cunningham. Donde terminan las pinturas, a la mitad de la altura de la habitación, el yeso da paso a un revestimiento de roble blanco en listones finos que se eleva hasta el techo y se extiende por un balcón ondulante en el entresuelo; en el barandal, las estrechas franjas de madera adoptan un ritmo sincopado de barras cortas y largas que se alternan, evocando los tubos de una marimba o, quizá, un órgano de iglesia. Si las casas más interesantes para vivir son conversaciones, tal vez las más alegres sean canciones.

¿Cuántas personas se necesitan para hacer una pizza? ¿O una bolsa? ¿O una silla? La respuesta: más (muchas más) de las que te imaginas.
Por Kate Guadagnino
INCLUSO LAS OBRAS de arte que atribuimos a los genios creadores solitarios han sido resultado de un esfuerzo colectivo: Miguel Ángel, por ejemplo, reclutó a unos 11 pintores para que lo asistieran en la Capilla Sixtina. El artista contemporáneo de tierra Michael Heizer, conocido por sus esculturas monumentales hechas de barro y rocas en el desierto de Nevada, se ha apoyado en un equipo de constructores para ayudarlo a materializar su visión. Aun así, ha sido solo en las últimas décadas que ha habido un cambio de actitud sobre el poder del colectivismo, lo que ha llevado a los artistas no solo a colaborar con mayor facilidad, sino también a reconocer públicamente a quienes se lo merecen. Al reflexionar sobre Womanhouse, la instalación feminista de arte multidimensional que debutó en Los Ángeles en 1972 y que fue creada por Judy Chicago, Miriam Schapiro y más de 20 estudiantes del Instituto de las Artes de California junto con artistas locales, Schapiro le comentó a la escritora Judith E. Stein: “La colaboración se estaba dando en mi mente en ese mismo instante, y eso me liberó de la idea de ser solitaria”.
También hay disciplinas o proyectos creativos, como el teatro o la arquitectura, ser parte de una banda o gestionar un restaurante, que hacen imposible el trabajo en solitario. Elegimos cinco que ilustran cuántas manos pueden intervenir en la creación de un solo objeto o pieza artística, desde meternos tras los bastidores de una pieza de performance o una obra de teatro con marionetas hasta la fabricación de una silla intrincada, una bolsa de piel o una rebanada de pizza con un concepto elevado. “Cuando los productores me dijeron por primera vez que querían usar marionetas”, comenta el director y diseñador británico de marionetas Toby Olié, “les pregunté: ‘¿Cuánta gente tienen disponible?’”. El trabajo colaborativo puede ser una tarea ardua, llena de oportunidades para el conflicto. Pero también es un lujo. Cuando el artista canadiense Miles Greenberg empezaba su carrera, recuerda: “Me presentaba solo con una bolsa de gimnasio en un espacio de arte o en un club underground, y me pintaba solo en el espejo del baño, y en mi mente sigo siendo esa persona y sigo haciendo lo mismo”. Al mismo tiempo, agradece sentirse comprendido por sus colaboradores artísticos, así como el tiempo que estos le permiten para dedicarse plenamente a la creación artística. Además, existe un hecho práctico del que casi no se habla: como artistas y creadores, estas personas buscan la perfección. A menudo, unir fuerzas es el único camino para acercarse a ella.

CONSTRUIDA EN EL ESTUDIO DE HUMBERTO CAMPANA EN SÃO PAULO, BRASIL.
Número de personas involucradas: 35. Tiempo desde la concepción hasta la culminación: Tres años.

El diseñador de muebles Humberto Campana (tercero desde la derecha), fotografiado en su estudio de São Paulo, Brasil, el 3 de julio de 2024, junto con (desde la izquierda) la bordadora Juliana Cacciatore, la artesana Maria das Neves Ferreira, el soldador Julio César da Silva, la especialista en costura Débora Ribeiro, el proveedor de piel de oveja Rodrigo Saragiotto, el tejedor de pieles Dorival Pereira Barbosa, la artesana Maria do Carmo Pereira Vieira y el comprador Epifânio Leal.
DURANTE UN VIAJE a Jalapão en 2014, una región en el estado central brasileño de Tocantins conocida por su inesperada combinación de manantiales y dunas de arena, el diseñador de muebles Humberto Campana, de 72 años, compró unos 30 discos enrollados de los tallos dorados del capim dourado, una planta gramínea nativa de la zona. Estos discos, que a menudo se utilizan como agarraderas de cocina, permanecieron en su estudio de São Paulo durante cinco años hasta que se preguntó si podrían unirse para formar un tipo de tapiz que a su vez pudiera convertirse en una silla. Esa silla terminó siendo un asiento en forma de cuenco construido a partir de un entramado de círculos de doble cara, recortes de piel de oveja al frente y discos de capim dourado detrás; sin embargo, llegar al prototipo final llevó otros nueve meses de darle vueltas al asunto.
Juliana Cacciatore, una antigua becaria que hoy es una de los y las 20 trabajadoras fijas del estudio Campana, conectó los discos con hilos de seda. “Ella es muy paciente, mientras que yo quiero hacer todo rápido”, comenta Campana. Ya que los discos son demasiado frágiles como para soportar el peso de una persona, la gerente financiera del estudio, Priscila Sanches, sugirió reforzarlos con piel de oveja; otra trabajadora del estudio, Deborah dos Santos, emprendió la tarea. Después de que Campana probara varias alternativas, dos Santos optó por un tono caramelo que provenía de ovejas criadas en el sur de Brasil, una región más fría del país. El material fue suministrado por Rodrigo Saragiotto, de Casa de Couros Romeu. Después, Julio César da Silva, soldador del estudio, fabricó el armazón de acero redondo de la silla. Una vez terminado, Cacciatore entrelazó las patas en piel. Pero aún faltaba algo, así que añadió almohadillas de piel que parecen estar aseguradas por aros de capim dourado, creando una silueta ondulante que recuerda a las esculturas de alambre de la artista estadounidense Ruth Asawa. Por supuesto, antes de que pudiera llevarse a cabo cualquier trabajo en el estudio, la gente de Jalapão cosechó el capim dourado. (Solamente quienes poseen una licencia del gobierno tienen permiso para manipular esta planta protegida). Más adelante, artesanas de la comunidad como Maria do Carmo Pereira Vieira y Maria das Neves Ferreira dieron forma a los tallos secos para crear los discos, cosiendo las espirales con hilos industriales o con fibras de seda extraídas de las hojas del burití, una palmera que también es autóctona de Brasil. Campana se siente orgulloso por el hecho de fusionar su trabajo con el de estas artesanas, por la oportunidad de promover la responsabilidad social, preservar tradiciones artesanales y, aunque ve esta silla como un diálogo con los diseños de ratán de la década de 1960 producidos por la firma italiana Bonacina, una estética particularmente brasileña. La pieza también tiene un valor sentimental. Ese viaje a Jalapão fue una de las últimas grandes travesías que Campana realizó con su hermano y socio en el diseño, Fernando Campana, quien falleció en 2022. Sin embargo, dice el diseñador, “Fernando sigue presente en mis creaciones porque vive en mis sueños”. ¿Y en cuanto al equipo de su estudio? “También somos una familia”. 85


NUNCA HUBO DUDA alguna sobre si la adaptación teatral del director John Caird de El viaje de Chihiro incluiría marionetas. Eran parte de su propuesta original a Hayao Miyazaki, el guionista y director de la película animada de 2001, en la que la heroína, Chihiro, y sus padres son transportados a otro mundo, habitado por una colorida variedad de espíritus y dioses japoneses. La pregunta giraba en torno a qué personajes cobrarían vida a través de las marionetas y cómo debían funcionar. Toby Olié, de 40 años, director y diseñador de marionetas del espectáculo, realizó los primeros bocetos. Luego, en 2021, él y Caird; Maoko Imai, coadaptadora de la obra y esposa de Caird; el diseñador de escenografía Jon Bausor; y seis intérpretes-marionetistas hicieron un taller de dos semanas en el salón de una iglesia en el este de Londres, donde exploraron la puesta en escena con prototipos de espuma y cartón. A partir de ahí, Olié y la codiseñadora de las marionetas, Daisy Beattie comenzaron a fabricarlas junto con un equipo de más de 20 personas. El resultado final fueron 65 elementos marionetizados que van desde partículas dinámicas de hollín hechas con crinolina tubular negra, hasta un amenazante pájaro guardián con alas formadas por alambre de piano y láminas de nailon cubiertas de organza. Durante el proceso, probaron una iteración para Kaonashi, también conocido como No-Face, un enigmático espíritu envuelto en una capa color negro cuya estructura inflable estaba hecha de nailon reforzado, pero la textura resultó ser demasiado rígida. “Le habría restado la magia de crear algo desde cero”, explica Caird. En lugar de inflar la marioneta con aire, optaron por solo aumentar la cantidad de personas hasta 12, manipulándolo bajo su manto de tul ondulado, convirtiéndolo, según explica Olié, “en una especie de flashmob malvada”.
Después llegó el reto de construir el dragón de casi seis metros de largo, Haku. Primero, el equipo fabricó un centro de lona que recorre el cuerpo serpenteante del dragón; luego, crearon segmentos simulando las costillas con hule espuma. Después de que un escultor freelance modeló la cabeza en arcilla, Beattie la momificó en plástico y cinta adhesiva y creó un patrón que amplió con una fotocopiadora para construir la versión en tamaño real. Al mismo tiempo, un par de artesanos utilizaron bisturís para tallar a mano las escamas en la superficie de espuma, que luego fue recubierta con una malla de muselina, pintada y finalmente esmaltada con una fórmula secreta a base de acrílico para darle un brillo nacarado en la piel. Otros toques finales incluyeron los dientes modelados con pegamento derretido de Haku y su melena compuesta por 5,000 mechones de crinolina tubular azul. Cuatro marionetistas dan vida a Haku. “Están completamente sincronizados y piensan y se mueven como un solo ser”, explica Olié, quien también colaboró con la directora asociada de marionetas Sarah Wright. Yoshiki Fujioka, quien controla la cabeza del dragón y manipula su boca y orejas, marca el ritmo. Como la mayoría de los intérpretes, no tenía experiencia con marionetas. “Básicamente se trata de recibir y expresar”, dice a través de un intérprete. “El verdadero desafío es que siempre debo hacer que el dragón respire, porque si no lo hace no estará vivo”.
Número de personas involucradas: 70, incluyendo 30 intérpretes. Tiempo desde la concepción hasta la culminación: Cuatro años y tres meses.
SE PRESENTÓ EN LONDRES EN 2024.
El director y diseñador de marionetas Toby Olié (de pie, en el centro), fotografiado en el London Coliseum el 20 de junio de 2024 junto con algunos miembros del elenco y el equipo de El viaje de Chihiro , incluyendo (en el sentido de las manecillas del reloj, desde la izquierda) a Yoshiki Fujioka, Ryo Sawamura, Miffy y Hayato Takehiro, marionetistas que manejaron al dragón Haku; el director asociado Makoto Nagai; Maoko Imai, coadaptadora de la obra y esposa del director John Caird y Dan Cook y Georgia Dacey, del equipo de gestión escénica de marionetas.
CUANDO MATTHIEU BLAZY fue nombrado director creativo de Bottega Veneta en 2021, animó a su equipo a explorar formas innovadoras de trabajar con piel. Esto implicaba ir más allá del intrecciato, la técnica distintiva de la marca desde hace 58 años que consiste en trenzar tiras planas de piel. Una de sus respuestas fue la bolsa tipo saco Kalimero, que se confecciona sin una sola puntada, tejiendo una sola pieza de piel alrededor de un bloque de madera y que debutó como el look inaugural en el primer desfile de Blazy tres meses después. El verano pasado, tras ver una imagen de cestería siciliana en un libro sobre las tradiciones artesanales de la isla, el diseñador franco-belga, de 40 años, lanzó un reto actualizado: fusionar las técnicas de la casa con las prácticas ancestrales del tejido de cestas. Si su equipo había logrado que la piel imitara la mezclilla —o la seda o la franela—Blazy pensó, ¿por qué no hacerla parecer caña, sauce u otros materiales vegetales? Primero, un equipo que incluía a la directora de diseño de marroquinería femenina Caterina Brocchi, así como a Filomena Ruffino y Alessandra Zamberlan, quienes estaban entre los aproximadamente 100 artesanos que trabajan en el atelier de Bottega Veneta en Montebello Vicentino, viajó a ferias y exposiciones en Sicilia y Polonia para investigar técnicas de tejido de cestas. A su regreso, comenzaron a trabajar bajo la dirección de Blazy en una bolsa con forma de concha. (Bottega Veneta se fundó cerca de Venecia y, como dice Blazy, “hay una conexión con el agua”).
Silvia Galieni, parte del equipo de innovación del atelier, colaboró con curtidurías para encontrar las pieles adecuadas. Luego, en lugar de cortarlas en tiras planas, transformaron las telas en tubos huecos que aportarían estructura a la bolsa sin perder flexibilidad. Zamberlan trabajó con los tubos más finos y rígidos, que se rellenaron con goma espuma para esculpir la base y la estructura de la bolsa, muy parecido a como lo hubiera hecho para crear un estilo de cestería europea tradicional conocida como tramado y tejido. Otro artesano, Alessandro Golin, reforzó todo con costuras ocultas de hilo de algodón, mientras que Malick Aw, egresado del programa Accademia Labor et Ingenium de Bottega Veneta, del que la marca recluta a 50 artesanos al año, usó un pincel fino para sellar con laca los extremos de cada tubo. Golin también fue responsable de crear los cordones de piel que cierran la bolsa. En algún momento del proceso, el equipo consideró añadir un gancho metálico o un cierre pero, según Barbara Zanin, directora de artesanía y patrimonio, la bolsa era mejor sin estos elementos.
Blazy y Zanin mantienen un diálogo constante. “La forma en la que estructuré la empresa elimina la idea del genio creativo”, dice Blazy. “Es una aventura que compartimos”. Su intención es que la Clam Bag, como se conoce a este modelo que debutó en el desfile de primavera 2024 de Bottega Veneta, inspire un sentido similar de aventura en otras personas, aunque en este sentido Blazy también prefiere ceder el control. Al preguntarle si esta lujosa reinterpretación es demasiado refinada para realmente usarse en la playa, difiere con gentileza: “La función de la bolsa”, dice, “la decide quien la lleva”.
El director creativo de Bottega Veneta Matthieu Blazy (tercero desde la derecha), fotografiado en la sede de la marca en Milán el 15 de julio de 2024, junto con miembros de su equipo, incluyendo (desde la izquierda) a la gerente de investigación y desarrollo de materiales Silvia Galieni; la tejedora de piel Alessandra Zamberlan; la directora del estudio Désirée Ngombang; la directora de artesanía y patrimonio Barbara Zanin; el creador de prototipos Alessandro Golin; la directora de diseño de marroquinería femenina Caterina Brocchi; el ensamblador de artículos de piel Malick Aw; y la tejedora de piel Filomena Ruffino.
Número de personas involucradas:
Más de 30. Tiempo desde la concepción hasta la culminación:
Aproximadamente un año.


UNA NOCHE DE julio de 2018, al final de un largo servicio de cena en Blue Hill at Stone Barns —el influyente restaurante de cocina de kilómetro cero en Pocantico Hills, Nueva York, a menos de 50 kilómetros al norte de la ciudad—, un hambriento Dan Barber agarró una papa hervida de un estante en la parte de atrás de la cocina. Pero no era una papa cualquiera, sino un experimento: una variedad en fase de prueba llamada NY162 que nunca había probado. “Iba de camino a mi coche cuando le di una mordida y me detuve en seco”, recuerda el chef de 55 años. Tenía la dulzura de un plátano macho y la textura de un camote, lo que lo hizo regresar de inmediato a la cocina para que los demás cocineros la probaran.
En Estados Unidos, las papas suelen clasificarse en dos categorías: las de procesamiento, que se usan para la producción de papas fritas y papas a la francesa, y las de mesa, que se encuentran en
los supermercados. Las primeras deben ser ricas en almidón pero bajas en glucosa y fructosa para evitar que se pongan color café al freírlas; las segundas deben verse y saber bien. “Es parte de la naturaleza humana, si voy a comprar productos frescos, busco los más bonitos”, explica Walter De Jong, genetista de papas en la Universidad de Cornell quien, junto con su equipo de nueve científicos, desarrolló la NY162 y distribuyó sus clones en varias fábricas de papas fritas en el noreste. También envió algunas muestras a Blue Hill at Stone Barns. Finalmente, la NY162 no superó la prueba de las papas fritas, pero el entusiasmo de Barber por su sabor revolucionó el programa de De Jong —si a él le parecía deliciosa una papa fea, quizás los consumidores también podrían convencerse— e hizo un ingrediente estrella de algo que, si no fuera por la intervención del chef, habría terminado en la composta.
Desde entonces, los agricultores de Stone Barns han cultivado papas que originalmente estaban destinadas a la producción de papas fritas. Clones de otra variedad experimental de Cornell llamada NY173 (parecida en sequedad y en textura) se han convertido en el elemento clave de una pizza de papa que se prepara de dos maneras: en rodajas finas para formar una base crujiente parecida a una papa frita y en puré batido con queso. Es un platillo que ha aparecido, con la NY173 o con otras variedades, de manera intermitente en el restaurante en los últimos seis años, y que, a su pequeño modo, representa una declaración sobre la importancia de derribar barreras —especialmente entre agricultores y chefs— en lo que Barber considera un sistema alimentario excesivamente compartimentado. Antes del servicio, Camilla Fuller, una de las cocineras de línea del restaurante, pela unas 25 papas
Número de personas involucradas: Al menos 50, incluyendo a los genetistas de papas de la Universidad de Cornell y más de 20 productores de queso. Tiempo desde la concepción hasta la culminación: Cinco años.
El chef Dan Barber (en el centro), fotografiado en Blue Hill at Stone Barns, en Pocantico Hills, Nueva York, el 26 de junio de 2024, junto con (desde la izquierda) la cocinera de línea Camilla Fuller, el chef Nick Hukezalie, la capitana sala Willa Dow, el genetista de papas Walter De Jong, los agricultores Grace Jorgensen y Jason Grauer, la sous-chef Kylie Millar y el artista Gregg Moore, quien creó el plato en el que se sirve la receta.
NY173 al mismo tiempo (suficientes para unas 18 porciones). El chef Nick Hukezalie corta y forma la base utilizando otras NY173 fermentadas por Kylie Millar, la sous-chef, mientras que Fuller prepara el puré con cheddar de Jasper Hill Farm, en Vermont, y parmesano de Sartori, en Wisconsin, además de los ingredientes extra: almejas de Montauk y un puré de sweet garleek, un híbrido de ajo y puerro creado por Row 7 Seed Company, otro de los emprendimientos de Barber. El platillo, como todos los demás en sus restaurantes, busca resaltar el origen de sus elementos y la interconexión de todas las cosas, y esto se extiende incluso al robusto plato de porcelana negra en el que se sirve. Su superficie sin esmaltar se desgasta lentamente con el tiempo, lo que le recuerda a su creador, el artista Gregg Moore, el ciclo geológico en el que la piedra y otras materias se descomponen para formar el suelo.
DE BLUE HILL AT STONE BARNS, EN POCANTICO HILLS, NUEVA YORK.


DESDE EL MEDIODÍA hasta las 9 de la noche de un miércoles del pasado junio, el artista canadiense Miles Greenberg, de 27 años, se paró en Walker Court, en la Art Gallery de Ontario, en Toronto, y cortó el aire con espadas y dagas. En lugar de enfrentarse a un oponente humano, se batió en duelo con una cámara que registraba y respondía a sus movimientos. A su alrededor yacían nueve esculturas de silicón con su propia cara, dispuestas como si hubiera sido asesinado. De vez en cuando el artista apuñalaba a uno de sus clones, recogía su arma y retomaba su posición frente a la cámara. Greenberg encontró inspiración para Respawn (2024) en los videojuegos de rol. Cada hora en punto, una voz incorpórea interrumpía el sonido ambiente compuesto por un bajo que se profundizaba progresivamente para anunciar: “Nivel 1”, “Nivel 2”, y así sucesivamente. Además, las imágenes captadas por la cámara, proyectadas en dos monitores fuera del espacio y que permanecerán como una obra en video, imitaban la perspectiva de un jugador sentado en su sillón. El artista vio un paralelismo entre las múltiples vidas de los personajes en los videojuegos de rol y la manera en que, en nuestras propias vidas, desechamos versiones de nosotros mismos a medida que evolucionamos. Sin embargo, cuanto más se agotaba, sentía más compasión por sus clones con aspecto cadavérico. “Acabé sintiendo que me sostenían”, dice.
Las múltiples vidas de los personajes de los videojuegos de rol fueron uno de los puntos de partida del artista.
Junto con el performance de Greenberg, la pieza incluía un poema del novelista y dramaturgo canadiense Jordan Tannahill, leído en voz alta por dos voces generadas por inteligencia artificial, una de un hombre adulto y otra de un niño. Algunos versos también aparecían en los clones. John Freeman, gerente del estudio de Greenberg y tatuador, le enseñó al artista a tatuar los torsos de goma de sus dobles y le ayudó a encontrar la empresa belga de muñecas sexuales que fabricó los doppelgängers con base en escaneos en 3D del cuerpo de Greenberg. El estudio Quiver recomendó el uso de un robot específico antes de preprogramar su coreografía. También fueron fundamentales los montadores, instaladores y la curadora Bojana Stancic, sin olvidar a los creadores de videojuegos. “La gente obviamente se enfoca en el aspecto más extremo del performance, pero es mucho más que lo que pasa en el escenario”, señala. Eso no significa que la pieza —para la cual el artista repasó sus habilidades de esgrima de la secundaria entrenando con Tony Mita, del programa New York Combat for Stage & Screen— no haya sido físicamente demandante. Aun así, como hazaña de resistencia, no fue inédita. “Sí, esto duró nueve horas”, dice Greenberg, “pero definitivamente jugué World of Warcraft por más de nueve horas seguidas cuando era adolescente”.
UNA OBRA DE PERFORMANCE DE NUEVE HORAS EN LA ART GALLERY DE ONTARIO, EN TORONTO.
Número de personas involucradas:
Más de 40, incluyendo miembros de la Art Gallery de Ontario, que cocomisionó la obra junto con el Luminato Festival Toronto y Phi Studio, una compañía productora con sede en Montreal.
Tiempo desde la comisión hasta el performance: Seis meses. Miles Greenberg (sentado sobre uno de sus clones), en la Art Gallery de Ontario, en Toronto, el 4 de junio de 2024, junto a (desde la izquierda) el fundador del estudio inmersivo Quiver, Graham Budd; el técnico de cámara Bolt, Adam Shone; la productora del Luminato Festival Toronto, Lamesha Ruddock; la productora ejecutiva de Quiver, Shelley Simmons; la programadora senior de Luminato, Cathy Gordon; el gerente del estudio de Greenberg, John Freeman; el asistente curatorial de la AGO, Nathan Huisman; el programador de Luminato, Adam Barrett; el cineasta Jasper Rischen; la curadora de programas de la AGO, Bojana Stancic; y el escritor Jordan Tannahill.
Los motivos florales siempre han formado parte de la moda. En la imagen: vestido diseñado por Yves Saint Laurent para la colección alta costura otoño-invierno de 1969.

El museo parisino del diseñador expone prendas, complementos y bocetos con la naturaleza como gran protagonista.
Por Abraham de Amézaga
Los jardines de Majorelle de Marrakech, que el pasado año alcanzaban su primer siglo de vida, son un vergel de color y fragancias, refugio de varios centenares de especies de flores y plantas y los “culpables” de que Yves Saint Laurent (1936-2008) inmortalizara sus buganvillas en algunos de sus vestidos. En 1980, el terreno, entonces abandonado, fue adquirido por el diseñador y su compañero Pierre Bergé con el deseo de darle una nueva vida y de hacerlo aún más bello y
espectacular que en los tiempos del pintor Jacques Majorelle (1886-1962). Y bien que lo consiguieron. Incluso cambiaron a nivel planetario el nombre de un color: el azul cobalto, que a partir de entonces pasó a denominarse azul Majorelle.
Una gran variedad de palmeras, cactus y flores, además de estanques y fuentes, es lo que el visitante puede encontrarse en este paraíso terrenal visitado por un millón de personas cada año, con Villa Oasis, junto a la que se esparcieron las cenizas del


La muestra, inaugurada hace un año en Marrakech, podrá verse en la capital francesa hasta el 4 de mayo.
diseñador tras su fallecimiento, siempre vigilante. Un hombre hechizado con la idea de embellecer y empoderar a la mujer y que en Marrakech también descubrió una parte amable de sí mismo que le permitió exteriorizar lo mejor de su talento. “Vestirse bien es una forma de vida. Te da alegría. Puede aportarte libertad y liberación, ayudarte a encontrarte a ti misma y a moverte sin ataduras. ¿No es la elegancia olvidarse de lo que se lleva puesto?”, señaló en el pasado el maestro, quien tuvo a la angustia y a la depresión como compañeras a lo largo de su existencia. Con estos antecedentes, era lógico que el Museo Yves Saint Laurent de Marrakech, abierto en 2017, inaugurara hace un año la




Desde la izquierda: capa bordada y vestido largo de la colección de alta costura primaveraverano de 1989; vestido de noche de la colección de alta costura primaveraverano de 1972. Abajo: Yves Saint Laurent preparando su primera colección, diciembre de 1961; ficha Ensembles habillés , perteneciente a la colección de alta costura otoñoinvierno de 1965. En página opuesta: uno de los diseños que pueden verse en la muestra Les Fleurs d’Yves

muestra Les fleurs d’Yves Saint Laurent, una exposición en la que se muestran 30 siluetas del creador y que ahora puede verse en París (hasta el próximo 4 de mayo). También hay espacio, sin embargo, para rendir tributo a los mencionados vestidos buganvilla, a la obra de los pintores Pierre Bonnard y Sam Falls este último con el universo natural como uno de los grandes ejes de su trabajo o al sugerente modelo de novia que a finales del siglo XX, más que vestir, desnudaba a la modelo Laetitia Casta. Y es que en el norte de África, tal y como recordó Thadée Klossowski, uno de los íntimos amigos del diseñador, Saint Laurent encontró “el clima, la luz, los colores y los olores de su infancia”; esto es, “una fuente inagotable de inspiración”































































En más de una ocasión se ha escrito que Marrakech fue la ciudad marroquí que más sedujo a Saint Laurent a lo largo de su vida. Y es cierto que la descubrió con apenas 30 años, un poco antes que Tánger, enclave que también cautivaría a escritores como Paul Bowles o Luis Goytisolo y donde el diseñador y Bergé adquirieron después Villa Mabrouka, una casa con vistas al estrecho de Gibraltar que fue decorada por el interiorista franc és Jacques Grange con las culturas inglesa y marroquí y la década de 1950 como principales fuentes de inspiración .
Pero Tánger no solo revivía a Saint Laurent, también a su pareja. “Me siento en casa, feliz en todo el país, y aún más feliz en Tánger. Una ciudad multicultural, donde Marruecos mira a España y tiende la mano a Europa”, confesaba Bergé a una publicación francesa hace ya varios lustros. Hoy, esa misma casa, rodeada por una vegetación igual de frondosa que antaño y transformada en un hotel diseñado por el reputado Japer Conran, alberga una interesante colección de arte.
SIGUIENDO UNA
TRADICIÓN no escrita en el mundo de la moda, los motivos naturales, y en concreto los florales, han sido una constante a lo largo de la historia. Raro es el creador que se haya resistido a sus encantos. Christian Dior, por ejemplo, para quien Saint Laurent trabajó y a quien sustituyó tras su fallecimiento, sentía una auténtica veneración por ellos, al igual que Hubert de Givenchy, el padre de la alta costura Charles Frederick Worth (quien adoraba las de gran tamaño) o Paul Poiret, encargado de la liberación del corsé, por solo citar un puñado de grandes nombres. Pero para Saint Laurent es el lirio el que se eleva como su gran debilidad, una flor que combina con acierto y, según la temporada, con rosas, hortensias, mimosas y margaritas. Ya fuera en los salones de trabajo o estudio o en sus desfiles, el creador siempre estuvo rodeado de flores, como si esos jardines y esas fragancias fueran los verdaderos catalizadores y estimuladores de su poderosa creatividad Además de las flores, a Yves Saint Laurent también le interesó la literatura, en especial el escritor Marcel Proust, autor
enamorado del mundo floral. De hecho, algunas de sus frases se pueden leer en los muros de la muestra ubicada en el número de 5 de la avenida Marceau de la capital francesa. Este edificio se convirtió en la década de 1980 en la casa de costura de Saint Laurent y hoy alberga un fondo de más de 30,000 objetos y recuerdos, entre ellos más de 7,000 propuestas de alta costura. Ahora, en cada una de sus dos plantas se desvelan estas siluetas relacionadas con la cuestión floral. Si las estampadas pueden considerarse como un símbolo de refinado gusto, las bordadas se muestran como un paradigma de la mayor sobriedad artesanal. Es el caso de aquellas que celebran la riqueza del trigo, planta gramínea que en el pasado también sirvió de inspiración para
la casa joyera Chaumet. “Las flores de Yves Saint Laurent son la declaración de un colorista ilustrado para quien la sutileza y los matices de los tonos son un gesto creativo de moda en sí mismo”, señala Olivier Saillard, comisario de la exposición, en un voluminoso catálogo que subraya el rol del diseñador –padre del esmoquin, la sahariana, las colecciones inspiradas en grandes pintores y un sinfín de obras nacidas para abrazar a las mujeres– como heredero de esa tradición floral, así como su exquisito gusto por sus diferentes variedades. “La prenda más hermosa que puede llevar una mujer son los brazos del hombre que ama”, dijo el modisto en una ocasión. “Para el resto de mujeres, aquí me tienen”

EL ARTISTA JAPONÉS Takashi Murakami, de 63 años, hijo mayor de un taxista y una ama de casa, creció en un departamento de una sola habitación al norte de Tokio. De niño, acompañaba a sus padres a visitar el Museo Nacional de Arte Occidental. (Ha contado que, tras
Por Lindsay Talbot Naturaleza muerta por Lewis Mirrett Diseño de escenografía por Leilin Lopez-Toledo
cada visita, debía escribir un reporte sobre lo que había visto o, de lo contrario, no le daban de cenar). En la década de 1980, estudió Nihonga, el estilo de pintura japonesa de finales del siglo XIX, en la Universidad de las Artes de Tokio, pero esta práctica le pareció frustrante. Al experimentar con el anime y el manga, que lo

fascinaban desde la infancia, comenzó a crear pinturas y esculturas psicodélicas de flores sonrientes, hongos con ojos saltones y personajes caricaturescos con nombres como Mr. DOB y Miss Ko2. En 2002, Murakami fue invitado a reunirse con Marc Jacobs, entonces director artístico de Louis Vuitton. Aunque el artista confesó que nunca había oído hablar de la marca, aceptó la oferta. Tras un breve encuentro en París, Jacobs, quien tenía una imagen de Miss Ko2 colgada en la pared de su oficina, le pidió a Murakami que trabajara con el icónico estampado de monograma de 1896 de la casa, las conocidas iniciales entrelazadas “L” y “V” en una tipografía serif y un trío de motivos florales probablemente inspirados en los símbolos decorativos de los emblemas familiares japoneses. Para la colección de primavera de 2003, Murakami adornó piezas como el bolso Pochette con motivos de pandas y flores de cerezo rosadas, además de añadir 33 nuevos colores al característico patrón de la marca. A principios de este año, la casa francesa lanzó la primera entrega de una reedición en dos partes de Louis Vuitton x Murakami, que incluirá más de 170 piezas con estampados súper alegres que hacen alusión a la colaboración original. El diseño Superflat Panda de Murakami está de vuelta, esta vez en patinetas y baúles cuadrados, mientras que la bolsa Speedy Bandoulière 20 luce un patrón reinventado de flores en espiral y margaritas sonrientes. El resultado es una versión más adulta de las obsesiones adolescentes de Murakami.

Arriba: bolsa Nano Speedy de la colaboración de Louis Vuitton con Takashi Murakami de 2003.
Izquierda: el nuevo bolso Speedy Bandoulière 20 de la marca. louisvuitton.com.




































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