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T Magazine Mexico Numero 14 Junio 2026

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9

Carta del editor

10

T México Presenta

Lamine Yamal

Por Diego Barcala

12

Personas, lugares, cosas

Un reloj que brilla en la oscuridad, el velero de Orient Express que navegará por el Mediterráneo y una exposición de Alexander Calder.

Por Javier Fernández de Angulo

14

El objeto

El reloj Luminor 31 Giorni, de Panerai, cuenta con una reserva de marcha de más de un mes.

Por Nancy Hass Fotografía por Jennifer Livingston Diseño de set por Marcus Teo

16

Boceto

Capturamos un objeto extraordinario en pleno proceso de creación. Este mes: un zapato Oxford de Berluti tatuado.

Por Laura Regensdorf Fotografía por Enea Arienti

18

Amor de verano

¿Por qué el desinhibido trío PaJaMa sigue cautivando a artistas hasta nuestros días?

Por Nick Haramis

20

La hora mágica

Un hotelero nacido en Jamaica ayudó a dar a conocer el reggae al

mundo. Más de 50 años después, la historia sigue resonando.

Por Isabel Wilkinson Schor Fotografía por Ben Sklar

24

Cartografía del arte latinoamericano

El MARCO de Monterrey acoge la muestra más ambiciosa de la Colección FEMSA.

Por Kira Álvarez

26

La magia del alambre

El Museo Guggenheim Bilbao rinde homenaje a la artista Ruth Asawa.

Por Javier Fernández de Angulo

28

El vértigo de la precisión

Andrés Zúñiga comenzó a bailar en Los Cabos; hoy, es solista del New York City Ballet.

Por Kira Álvarez

En Phuket, O’ahu y Bali el lujo representa una profunda conexión con el entorno gracias a experiencias que generan efectos duraderos en el cuerpo y el espíritu.

Por Cristina Alonso

36

Ocupar el espacio

La actriz Anna Díaz llegó por primera vez a Cannes con Ceniza en la boca, una película que explora el desarraigo y la violencia.

Por Kira Álvarez Fotografía por Jesús Soto

38

Volver a habitarse

Marina de Tavira acudió a Cannes para presentar Siempre soy tu animal materno, la nueva película de Valentina Maurel. Por Andrea Rendón

40

El brillo de la alfombra roja

Conversamos con Caroline Scheufele, directora creativa de Chopard, en el marco del Festival de Cannes.

Por Javier Fernández de Angulo

42

No te saltes las caras B

El escritor Michael Cunningham nos comparte sus favoritos de entre los libros menos conocidos escritos por autores célebres.

Por Michael Cunningham

44

¿Qué tan culto eres, Barry Keoghan?

El actor radicado en Londres responde el cuestionario de T

Por Kate Guadagnino

47

Los edificios más controvertidos de todos los tiempos

Según dos arquitectas y un crítico.

Por Julia Halperin

51

Conoce tus telas

Nueve tejidos que dieron forma a la moda.

Por Emilia Petrarca

52

Artistas hablan sobre las obras imperdibles de sus museos favoritos

Por Julia Halperin

56

Toque de luz

Texturas inesperadas, capas elegantes y siluetas llamativas marcan el ritmo de esta temporada.

Fotografía por Kwabena Sekyi

Appiah-nti

Estilismo por Delphine Danhier

60

disfrutado como se merece.

Por Diego Barcala

Fotografía por Mario Sierra

Catedrales del siglo XXI

Los estadios, dice el escritor

Juan Villoro, son como pirámides invertidas donde venerar al dios fútbol. Estos son los que albergarán la pasión del próximo Mundial.

Por Carlos Semprún

62

El arte juega con la emoción

El Museo Jumex de la Ciudad de México se une a los festejos del Mundial con la exposición Fútbol y Arte: Esa misma emoción.

Por Javier Fernández de Angulo

64

Una pasión redonda

Juan Villoro publica Los héroes numerados, un homenaje a la estrecha relación que siempre han mantenido el fútbol y la literatura.

Por Javier Fernández de Angulo

66

Más allá de la pelota

Alberto Lati presenta Genios del Mundial 2026, un libro en el que repasa las biografías de varias de las grandes estrellas del fútbol actual.

Por Daniel González

69

Campeón

Kylian Mbappé ya ha ganado un Mundial, pero ha pasado tanto tiempo que no recuerda haberlo

75

Bibliotecas en casa

Desde Connecticut hasta El Cairo, estos rincones de lectura son el paraíso para quienes aman los libros y el diseño.

83 Grandes ideas

La renovación de una residencia urbana en el Upper East Side de Nueva York le dio a un matrimonio de diseñadores el espacio perfecto para desplegar el estilo que los distingue.

Por Alexa Brazilian

Fotografía por Christopher Sturman

88

Libre y salvaje

Al permitir que el tiempo y la naturaleza siguieran su curso, una familia creativa convirtió una finca rural inglesa en una obra de arte que cobró vida.

Fotografía por Henry Bourne

Por Aimee Farrell

96

Lo último del primero

Van Cleef & Arpels se inspira en un colgante de 1966 para la creación de su Charme de Rajasthan

Por Lindsay Talbot

Fotografía por Mari Maeda-Oboshi

y Yuji Oboshi

camiseta, chamarra, pantalón y tenis de Dior. Fotografía de Mario Sierra. Mbappé es embajador de las marcas Dior y Hublot.
Pág. 36
Pág. 20

Edita LAR MEDIA

Presidente

José Antonio Revilla

Vicepresidente

Santiago Rodríguez

Director editorial

Javier Fernández de Angulo

Dirección de Arte

Rubén Bruque Alberto Torés

Editor at large/Traducción

Daniela Valdez

Directora Digital

Karla Álvarez Gómez

Edición y cierre

Daniel González

Editora Digital

Carolina Chávez

Colaboradores

Diseñadora Digital Belén Pardo

Cristina Alonso, Kira Álvarez, Diego Barcala, Andrea Rendón, Carlos Semprún, Mario Sierra, Jesús Soto

Pág. 74

El departamento de 100 metros cuadrados en Manhattan de Peter- Ayers diseñadorTarantino, y coleccionista, alberga más de 4,500 libros. Detrás de la cama se encuentran el escritorio de Tarantino, sus libreros y unas bandejas para limosnas de latón del siglo XIX.

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Gerente Comercial

Diana de Ramery

Gerente Comercial

Adolfo González

Gerente Comercial

Ximena Hernández

T MAGAZINE

Colaboradora

Mariela Herrasti

Colaboradora

Ashley Silberstein

T, The New York Times Style Magazine y el logotipo de T son marcas comerciales de The New York Times Co., NY, NY, EE. UU., y se utilizan bajo licencia de LAR Media. El contenido reproducido de T, The New York Times Style Magazine es propiedad de The New York Times Co. y/o sus colaboradores. Todos los derechos reservados. Las opiniones y puntos de vista expresados en T México no son necesariamente los de The New York Times Company o sus colaboradores.

©2024 La revista T México es publicada diez veces al año por LAR Media. Impresa por el diario Reforma. Distribuida por el diario Reforma. Todos los derechos reservados; ninguna parte de la publicación puede reproducirse sin el permiso por escrito del editor. Impresa y distribuida por

Minerva Piña

Pág. 62

Derecha: Las trampas de la Fe A.K.A La tentación del fracaso (2025), de Diego Berruecos, obra presente en la exposición Fútbol y Arte: Esa misma emoción del Museo Jumex.

Mucho más que futbol

“NINGÚN JUGADOR ES tan bueno como todos juntos”. La frase que los jugadores del Real Madrid leen en una de las paredes del estadio Santiago Bernabéu antes de saltar al campo resume una idea que atraviesa al futbol desde hace décadas. La pronunció Alfredo Di Stéfano, para muchos el mejor jugador de la historia, y funciona hoy como una metáfora de la vida.

Más allá de la euforia, la pasión y la emoción, el fútbol es un lenguaje común, un símbolo de la globalización y un espectáculo capaz de convocar miradas en todos los rincones del planeta. Según FIFA, el Mundial que ahora empieza será visto por alrededor de 6,000 millones de personas, una dimensión que lo convierte en un escaparate privilegiado.

En esta edición conversamos con el ensayista y escritor Juan Villoro, quien desmenuza algunas de las asignaturas pendientes del fútbol contemporáneo, como la corrupción, la comercialización desmedida, la migración, la homofobia y el racismo. Un espectáculo litúrgico y ceremonioso, el deporte rey, que el también escritor Manuel Vázquez Montalbán definió como “una religión en busca de un dios” y que llevó al propio Villoro a titular uno de sus libros más emblemáticos como Dios es redondo.

En México, al calor de la euforia mundialista, se celebran 19 exposiciones que cruzan arte, afición, diseño, fetichismo y fútbol. En este número decidimos ir más allá para presentar el binomio cultura y fútbol con un número que habla de arquitectura, cine, literatura y arte, y que entiende al fútbol como un dispositivo para mantenernos despiertos, atentos y críticos. En el Museo Jumex esa idea toma forma gracias a Fútbol y Arte: Esa misma emoción, una exposición en la que las obras reunidas utilizan el fútbol como una herramienta para hablar de identidad nacional, fiesta, mito, tradición, inclusión y machismo, pero también de sus contradicciones.

En nuestra portada aparece uno de los grandes futbolistas de este siglo, Kylian Mbappé. Con más de 100 millones de seguidores en Instagram, la del francés es una de las voces más visibles contra el racismo, la desigualdad de oportunidades y la discriminación racial. En estas páginas asoma también la figura de Lamine Yamal, ídolo de masas a una edad en la que otros apenas empiezan. Hace unos días, el futbolista español enarboló la bandera de Palestina durante una celebración, provocando la reacción airada del ministro de Defensa de Israel y confirmando que lo que ocurre dentro y fuera del campo desborda desde hace tiempo los límites del deporte. Para Jorge Valdano, el fútbol importa porque funciona como un gran simulador de la vida. “Es lo más importante entre las cosas menos importantes”, dijo en una ocasión, una frase que ayuda a entender por qué este juego se convierte, una y otra vez, en un escenario donde se proyectan conflictos, pasiones e ideas.

En el Festival de Cannes se acaba de presentar el documental The Match, de los argentinos Juan Cabral y Santiago Franco. El filme parte del histórico partido Argentina-Inglaterra del Mundial de México 1986, también celebrado en México, pero se adentra en tres siglos de tensiones entre ambos países, desde fricciones políticas y culturales hasta la Guerra de las Malvinas. El cierre es literario y demoledor. Valdano lee el poema Juan López y John Ward, de Jorge Luis Borges, una denuncia lúcida de la insensatez de las guerras protagonizado opor dos soldados, uno inglés y otro argentino, muertos en Malvinas, que pudieron haber sido amigos y terminaron enterrados juntos víctimas de un tiempo que no podemos entender.

Muchos entrenadores, para aliviar la tensión, repiten que solo es fútbol. Sabemos que no lo es.

T MÉXICO PRESENTA

Cuando hace justo un año Lamine Yamal decidió celebrar la mayoría de edad en una finca a las afue ras de Barcelona vestido a medio camino entre Michael Corleone y Michael Jackson, agarrado a un bastón de diamantes, entre reguetón, joyas, billetes de dólares y puros saltaron las alarmas. Era el principio del fin. Un bonito cuento con final abrupto. Otro talento más perdido por el sumidero de la fama y las malas decisiones. Doce meses después, ese temor se ha evaporado al ritmo en el cual cristaliza el vigor de su juego, la sorprendente madurez de su liderazgo y la esperanza de un país depositada en un hijo de su tiempo. Yamal acude al Mundial de 2026 con el simbolismo de ser la primera estrella de la selección española de origen migrante.

No es posible analizar a este chico catalán, crecido en una familia migrante de la periferia de Barcelona, sin entender a su generación. Instagram se fundó cuando Yamal tenía 3 años y Tik Tok le agarró siendo un niño de 10.

Cuando España se quitó los complejos con el Mundial de Sudáfrica, Yamal forjaba su zurda en el descampado frente a su casa. Aquel terreno del barrio a cuyo código postal homenajeaba en sus primeras celebraciones haciendo un 304 con las manos es hoy asfalto y carteles de “prohibido jugar a la pelota”. Yamal es un chico de barrio. Quien no interprete el descaro de Yamal en el césped con su biografía puede que sepa de otras cosas pero no de fútbol.

Con 17 años visitó el estadio Santiago Bernabéu siendo ya una precoz estrella del Barça. El fanatismo de la grada tenía un arsenal de xenofobia que lanzarle a la cara: “mena”. Un “mena” es la palabra elegida por la extrema derecha española para deshumanizar a los menores no acompañados que residen en los centros de niños migrantes. Al término de aquella Liga comenzó una gloriosa Eurocopa para España gracias a dos bandas mágicas de origen africano a pierna cambiada. Por un lado; Nico Williams, cuya madre saltó la valla fronteriza de Melilla; por el otro, su compadre Yamal.

Lamine Yamal será la gran estrella de la españolaseleccióndurante el Mundial.

El FC Barcelona ató a su estrella en mayo de 2025 hasta 2031 con un sueldo anual equiparable al de las grandes figuras del fútbol mundial, es decir, entre 15 y 20 millones de euros netos, el doble en bruto. El acto de la firma estuvo cargado de símbolos. El principal, el dorsal de su camiseta. El 10. No podía ser otro. El 10 de Lionel Messi. Comenzó entonces a circular una de esas historias de cuento que solo aparecen en los elegidos. Tenía forma de foto y, aunque lo pareciera, no era producto de la Inteligencia Artificial. Un joven Messi acunaba en sus brazos a un bebé que no era otro que Yamal con apenas unos meses de vida. La foto, lógicamente, dio la vuelta al planeta.

Messi no coincidió con Yamal en el Barça. El argentino jugó su último partido de blaugrana en mayo de 2021. El quinceañero Yamal debutó dos años después. Messi ya había apadrinado al predecesor de Yamal, Ansu Fati, otro futbolista de origen migrante llamado a ser la estrella del Barça y de la selección. El anterior 10 del FC Barcelona compartió un par de temporadas con Messi. Su debut fue espectacular.

Con el oportunismo y determinación de los elegidos, Fati batió todos los récords de precocidad hasta que una lesión apagó poco a poco su estrella, que la pasada temporada ha vuelto a lucir en Mónaco, ya lejos de un Barça que le quitó el 10 para dárselo a Yamal. Con la segunda liga consecutiva del FC Barcelona, pero sobre todo con sus actuaciones en la decepcionante Champions League, los periodistas especializados del Barça destacaron el carácter y la personalidad de Yamal. Hubo unanimidad en que, a diferencia de Ansu, Yamal era un chico a prueba de presiones.

La imagen de la temporada de Yamal se produjo en el Metropolitano, en la derrota europea contra el Atlético de Madrid. Con el pitido final Yamal recorrió el campo en busca de cada uno de sus desolados compañeros para levantar el ánimo como un líder forjado en la lucha que cuando recibe la pelota y mira a la portería rival regatea hacia el infinito.

NAVEGAR ENEL ORIENT EXPRESS

HA TENIDO QUE pasar casi un siglo y medio para que la leyenda del Orient Express abandone las vías y se lance al mar. Los elegantes vagones que cruzaban Europa se han transformado en un yate de lujo que navega ahora por el Mediterráneo.

Este mes zarpa por primera vez el velero más grande del mundo, el Corinthian de Orient Express, que inicia su singladura por la glamurosa Costa Azul, entre Marsella y Saint-Tropez, con escala en Cannes. Su silueta, coronada por tres grandes velas de diseño vanguardista (1,500 metros cuadrados cada una) redefine la idea del lujo contemporáneo. El Corinthian alcanza los 200 metros de eslora, y fue construido en los astilleros Chantiers de l’Atlantique, en Saint-Nazaire, Francia. A bordo, la embarcación ofrece 54 suites de lujo para 110 huéspedes. El interior ha sido concebido para recuperar la atmósfera de los grandes viajes de la primera mitad del siglo XX, con una estética que dialoga con la memoria del ferrocarril original. Entre los camarotes destaca la suite Agatha Christie, un guiño a la escritora que inmortalizó el Orient Express en la literatura.

El mítico convoy, sinónimo de sofisticación y testigo de viajes legendarios,

ENTRE LAS MÚLTIPLES experiencias de la última edición de Watches and Wonders, en Ginebra, una de las más memorables fue la que vivimos en el espacio de IWC Schaffhausen. Allí se presentó el Calendario Perpetuo pieza blanca, de esfera elegante y apariencia sobria, elaborado con la nueva tec nología Ceralume

Se trata de un reloj totalmente luminiscente, producido en una edición li mitada de 250 piezas, que abre una vía inédita para el futuro de la relojería. El se creto está en una caja de cerámica blanca, mientras que la esfera y la correa, del

Arriba: el Corinthian, el nuevo velero de lujo de Orient Express, navegará este verano por el mar Mediterráneo.

se reinterpreta ahora en clave náutica como un palacio flotante, con muebles de diseño, cristalería cuidada y una propuesta gastronómica a la altura de su historia.

A bordo se encuentra La Table de l’Orient Express, restaurante dirigido por el chef Yannick Alléno, distinguido por la Guía Michelin.

La ruta París-Estambul ha sido sustituida por un itinerario que recorre las costas de Baleares, Capri, Portofino, Nápoles o Sicilia. Los pasajeros pueden disfrutar de gimnasio, jacuzzi, el wine bar La Perla, de inspiración art nouveau, o una biblioteca en alta mar. En otoño, el yate cruzará el Atlántico para surcar el Caribe, con escalas en Puerto Rico, Saint Barth, Barbados o Antigua. Sus velas llevarán al antiguo mito ferroviario de un confín a otro, ahora impulsado por el viento. Javier Fernández de Angulo.

mismo tono, se han enriquecido con pigmentos de Super-LumiNova capaces de almacenar luz y y de emitir un brillo azul intenso en la oscuridad durante hasta veinticuatro horas. Más allá de su efecto visual, el nuevo Big Pilot no renuncia a la alta complejidad mecánica. Incorpora un calendario perpetuo, una complicación desarrollada en los años ochenta por Kurt Klaus, así como una doble indicación de fases lunares que muestra simultáneamente cómo se observa la luna desde el hemisferio norte y desde el sur. En Watches and Wonders, la firma presentó también el nuevo sistema Perpetual Calendar IWC-ProSet. — J. F. A.

Big Pilot Perpetual Calendar Ceralume, de IWC Schaffhausen.

DELFUTURO

El escultor del aire

SE CUMPLEN 50 años del fallecimiento de Alexander Calder y un siglo de su llegada a París, la ciudad donde conectó con los grandes nombres de la vanguardia y relanzó definitivamente su trayectoria. Para conmemorar ambas efemérides, la Fundación Louis Vuitton rinde homenaje a un artista cuyos móviles y piezas en equilibrio figuran entre las obras más influyentes del arte del siglo XX. Bajo el título Soñando en equilibrio, la exposición reúne cerca de 300 obras que dan cuenta de la extraordinaria amplitud de su universo creativo. Móviles cinéticos, miniaturas, esculturas de alambre, joyas y pinturas componen un recorrido que alterna grandes esculturas suspendidas con pequeñas piezas en tensión, obra gráfica y delicados ejercicios de equilibrio.

Uno de los núcleos más destacados es el excepcional Cirque Calder, cedido por el Whitney Museum of American Art de Nueva York, un conjunto fascinante en el que Calder recrea el mundo del circo con jefes de pista, equilibristas y tragasables, a medio camino entre el juego infantil y el arte, y que resume su capacidad para convertir lo lúdico en una forma de arte visual. La muestra, planteada de manera cronológica, permite ver sus primeros trabajos en alambre, retratos y figuras sencillas que ya le valieron el sobrenombre de el rey del alambre. También se exhiben sus joyas de piedra y metal, piezas que él mismo definía como esculturas portátiles. Hijo de una pintora y un escultor, Calder tardó en asumir su vocación artística. Antes fue bombero en un transatlántico, cronometrador en pruebas deportivas y dibujante, oficios que alimentaron su mirada y su sentido del movimiento. El viaje a París marcó un punto de inflexión. Allí presentó varias exposiciones de sus móviles, término que él mismo acuñó en 1941, y sus obras comenzaron a cobrar vida con el movimiento del aire. La exposición podrá visitarse hasta el 16 de agosto. — J. F. A.

Abajo: el escultor Alexander Calder en su estudio.

OVERSEAS DUAL TIME PUNTOS CARDINALES - NORTE Referencia

7930V 41 mm, titanio

Panerai, una firma de relojería fundada en Florencia, Italia, en 1860, que pasó de vender relojes a fabricarlos, siempre ha encarnado una robustez osada. Su familia fundadora fue pionera en crear dispositivos de navegación para la Marina Real Italiana y, por ello, sus relojes fueron de los primeros en incorporar números luminiscentes — elaborados originalmente con pintura de radio— y una resistencia extrema al agua. Después de que la casa comenzara a fabricar modelos para el público en la década de 1990, se convirtió en una marca de culto, la favorita de quienes buscaban un reloj imponente y con ingeniería precisa. El nuevo Luminor 31 Giorni de la firma es uno de los pocos relojes del mundo con una reserva de marcha que dura un mes sin necesidad de darle cuerda. Dicha proeza tecnológica aprovecha la energía gracias a los cuatro resortes enrollados, con una longitud combinada de casi 3.3 metros, alojados dentro de la caja de aleación de oro de 18 quilates: una operación innovadora del más alto nivel.

Por Nancy Hass Fotografía por Jennifer Livingston Diseño de set por Marcus Teo

SENSE OF

NACIDO EN UNA familia de agricultores en 1865, Alessandro Berluti creció junto al mar Adriático, en la ciudad portuaria italiana de Senigallia, donde desarrolló una pasión por la carpintería y la zapatería. En 1929, Torello, hijo de Berluti, abrió la primera boutique Berluti del mundo —“uno de los mejores zapateros de París”, según un artículo de 1932 del Daily Tribune sobre la “modesta tiendita” cerca de la Place Ven dôme—, donde empezó a vender una versión del zapato Oxford de su papá, cuya pala estaba confeccionada

a partir de una sola pieza de piel. Bautizado como Alessandro, aquel zapato de agujetas con tres ojales se convirtió en un clásico discreto, llevado por clientes como el director de la Nouvelle Vague francesa François Truffaut.

Ahora, una versión hecha por encargo, el Alessandro 1895 —por el año de nacimiento de Torello—,

Capturamos un objeto extraordinario en pleno proceso de creación. Este mes:

el nuevo zapato es ligeramente más redondeado que el original, con una suela modernizada de piel hueca e inyectada con caucho para una pisada más elástica. Por lo demás, la construcción se mantiene bastante fiel a la de su predecesor, con una vira interior tradicional que lo impermeabiliza y facilita el cambio de suela. Para la distintiva pala de una sola pieza, la casa de lujo usa piel curtida con tintes vegetales durante 60 días —el doble de lo habitual— para lograr un aspecto más rico y envejecido. Se aplica una capa de cera incolora sobre la piel con esponja y se deja secar; después, un solvente abre los poros para recibir el adorno

que la define: un efecto de piel envejecida con un craquelado fino, aplicado con plantilla y una máquina de tatuar por una de las cuatro personas capacitadas especialmente para ello, usando una paleta de tintas en tonos tierra. La marca ya había incorporado referencias al tatuaje en sus zapatos y bolsas de piel, pero esta es la primera vez que aplica la técnica para simular una estética de desgaste natural. Esa atención al detalle se extiende desde las agujetas de piel, desgas-

Un artesano tiñe a mano el Alessandro 1895, el nuevo Oxford hecho por encargo de Berluti. Recuadro: el zapato terminado.

MULTIFORT 8 CHRONOGRAPH QUARTZ

¡EN POLE POSITION DESDE EL INICIO!

Inspirado en el mundo del deporte motor es una pieza que sus creadores describen como llena de energía. Su precisión abarca hasta las décimas de segundo, gracias a su movimiento de cuarzo. La caja es de acero de 42 mm y brazalete integrado.

MULTIFORT 8 ONE CROWN LA ELEGANCIA NATURAL

Este guardatiempos es la evolución directa de la versión de dos coronas. Destaca su silueta octagonal que, sin duda, lo hace muy contemporáneo que se subraya por su carátula en azul. La caja es de acero de 40 mm con brazalete integrado e intercambiable.

CELEBRANDO A PAPÁ

Hay relojes que marcan las horas, y hay relojes que marcan la historia. El Multifort de Mido es de los segundos.

Corría 1934 cuando la manufactura suiza Mido —fundada en 1918 por el relojero Georges Scharen, y cuyo nombre proviene del español “yo mido”— presentó al mundo una pieza que cambiaría para siempre los estándares de la relojería: el Multifort. No fue solo un nuevo modelo. Fue una declaración de principios. Por primera vez en la industria, un solo reloj reunía movimiento automático, resistencia al antimag-

netismo, hermeticidad y protección contra golpes. Todo terreno, robusto, implacablemente preciso: el Multifort no solo definió el ADN de Mido, sino que trazó un nuevo horizonte para lo que un reloj podía —y debía— ser.

Casi nueve décadas después, esa convicción sigue intacta. Mido, a pocos años de cumplir 110 años de historia, continúa expresando a través de cada milímetro de sus creaciones una verdad que el tiempo mismo se ha encargado de confirmar: “El tiempo es precioso, pero solo puede apreciarse

plenamente cuando es fiable.” Y es justamente esa fiabilidad —heredera directa del espíritu Multifort— la que convierte a un reloj Mido en algo más que un regalo. Es un legado que se lleva en la muñeca. Un objeto que habla de carácter, de permanencia, de las cosas que duran.

Por eso, este Día del Padre, la elección tiene sentido: regalar un Mido es atesorar el tiempo junto a quien más lo merece. Treasure your time. Atesóralo al lado de papá. midowatches.com/mx

MULTIFORT TV BIG DATE IRRESISTIBLEMENTE CARISMÁTICO!

La combinación entre el terminado oro rosa de la caja de 40 mm con el tono chocolate de su correa de caucho, seducen a cualquiera. Se ha sumado un gran fechador a las 12 horas que lo hacen lucir muy elegante. Se impulsa por el Calibre 80.

MULTIFORT TV EDICIÓN ESPECIAL MX

CUANDO EL TIEMPO SE VUELVE IDENTIDAD

Este guardatiempos rinde homenaje a la fuerza colectiva, esa que se vive cuando México vibra deportivamente. La caja de acero de 40 mm se acompaña de un brazalete integrado y dos correas intercambiables que completan la emoción tricolor.

MULTIFORT TV BIG DATE UN CONTRASTE CAUTIVADOR

La evolución de un clásico contemporáneo en carátula azul medianoche vestido de una caja de 40 mm y brazalete, terminados en oro rosa. Una pieza audaz que se impulsa por el celebre Calibre 80 con espiral Nivachron y reserva de marcha de 80 horas.

OCEAN STAR GMT THE TIME AT A GLANCE

Creado para los entusiastas de la aventura, este reloj herramienta con función GMT es tan elegante como eficiente, combinando contrastes en negro y blanco con un toque de naranja, firma distintiva de Mido. La caja es de acero de 40 mm que resguarda un confiable Calibre 80.

VERANO

AMOR DE

estadounidense Angela Miller describe en su libro de 2023 Body Language, coescrito con el artista multidisciplinario Nick Mauss, como las “delicadas negociaciones entre tres personas, impulsadas por una compleja alquimia de amor, deseo, anhelo, resentimiento y envidia”. Miller observa que la “gramática formal de muchas fotografías de PaJaMa se articula en torno a triángulos y triangulaciones”, y señala que Jared rara vez aparece junto a los otros dos.

de erotismo despreocupado junto al agua y entre las dunas, superponiendo algunas con ilustraciones de penes voladores. “Se siente como si las grandes figuras, al haber tocado algo tan profundamente personal y trascendente, estuvieran ahí contigo”, dice Davy sobre PaJaMa. “No lo haces por ellas… Pero te recuerdan que la creatividad es una corriente que atraviesa comunidades”.

¿Por qué el desinhibido trío PaJaMa sigue cautivando a artistas hasta nuestros días?

DURANTE ALREDEDOR DE 20 AÑOS, desde finales de la década de 1930, el artista neoyorquino Paul Cadmus pasó los veranos frente al mar con su amante Jared French,y su esposa Margaret Hoening French, ambos también pintores. El trío —que se hacía llamar PaJaMa— tenía poco más de treinta años cuando empezó a crear fotografías coreografiadas, casi desnudas, de sí mismos y de su círculo de amigos en las playas de Nantucket , Provincetown y Fire Island. Aunque la obra tiene una cualidad casi surrealista, también refleja lo que la historiadora del arte

Pero PaJaMa no fue solo un cuestionamiento a la familia tradicional; también propuso una nueva forma de entender la creación artística colaborativa. De las miles de fotos que tomaron —las cuales no fueron pensadas para venderse ni exhibirse, sino en su mayoría para regalarse— pocas se atribuyen a alguno de ellos. “Su juego fotográfico ayudó a cohesionar a este grupo replegado en sí mismo en un momento de gran urgencia histórica”, escribe Miller. Si se mira en retrospectiva, los objetos encontrados en algunas imágenes —madera a la deriva, cuerdas, redes— parecen anticipar la irrupción del mundo exterior. Y, como toda buena fantasía, esta también llegó a su fin: los French se mudaron a Italia a principios de los años sesenta. Más de medio siglo después de la disolución de PaJaMa, el grupo sigue influyendo en nuevas generaciones de artistas queer como TM Davy, pintor conocido por sus luminosas representaciones en tonos pastel de amigos y criaturas míticas del bosque. Cuando estudiaba la secundaria en Long Island, Davy, hoy de 45 años, pasó varios veranos trabajando con su papá en una firma de conservación y restauración de arte en el Midtown de Manhattan. Cuando no estaba restaurando murales, se escapaba a la Octava Avenida “solo para darle un vistazo, de algún modo, a lo que se sentía ser gay y estar fuera del clóset”, recuerda. En los libros descubrió los retratos homoeróticos, poco vistos de George Platt Lynes, fotógrafo de moda estadounidense de las décadas de 1930 y 1940, así como las imágenes de PaJaMa. Mientras que los desnudos masculinos de Lynes transmitían deseo y sexo gay, el trabajo de PaJaMa, según recuerda Davy, tenía la cualidad más libre de “un juego que existe desde que existen cuerpos en la playa”. Durante una residencia artística en Fire Island, Davy decidió canalizar lo que denomina la “danza lúcida y fluida” de PaJaMa. Con su esposo, el jardinero Liam O’Malley Davy, como modelo —junto con otros artistas como Paul Mpagi Sepuya, fotógrafo radicado en Los Ángeles, y AA Bronson, miembro fundador del colectivo canadiense General Idea—, Davy tomó sus propias fotografías

Al igual que PaJaMa, Sepuya, de 43 años, ha construido su práctica en torno al potencial creativo de la coautoría. “Creo firmemente que nadie hace algo por primera vez”, afirma el artista, quien también fotografió personas en la playa para otro proyecto relacionado con PaJaMa junto a Solomon Chase y David Toro, del colectivo DIS. “Simplemente lo estamos produciendo y compartiendo de nuevas maneras”.

Otros pioneros del arte gay — Tom of Finland, David Hockney, Robert Mapplethorpe y Andy Warhol— también reconocieron la audacia de Cadmus y sus contemporáneos. La llamada Pictures Generation, un grupo no oficial de artistas neoyorquinos, heterosexuales y homosexuales, que surgió a finales de los años setenta y principios de los ochenta , difícilmente habría existido sin PaJaMa,

cuya iluminación y sentido performativo, a menudo cercano al camp, se inspiraban en parte en el cine noir de los años cuarenta. En la década de 1990, Cadmus fue una influencia tanto para el fotógrafo comercial Bruce Weber como para el pintor fotorrealista Chuck Close. “Paul apoyaba especialmente a artistas jóvenes que utilizaban la figura para comunicar algo importante —una idea, una situación, un momento—”, dice Edward De Luca,

Woman and Boys (1944), de Jared French.
The Shower (1943), de Paul Cadmus.
Por Nick Haramis
The Moon by Day (1939), de Margaret French.

director de DC Moore Gallery en Nueva York, quien trabajó con Cadmus desde finales de los ochenta hasta su muerte en 1999. “Creo que le habría dado gusto saber que aún existen artistas que ven su obra como una inspiración”. El artista británico radicado en Nueva York Oscar yi Hou, de 27 años, incluso atribuye a Cadmus la invención del selfie desnudo. “Es bonito pensar que, cuando envías una foto nude en Grindr, en realidad estás participando en toda una genealogía de intercambio erótico, que coexiste con la historia misma del deseo humano”, dijo en una entrevista en 2024.

LOS MOVIMIENTOS ARTÍSTICOS PROGRESISTAS, especialmente los más radicales, suelen surgir en épocas turbulentas, y PaJaMa no fue la excepción. “Es irónico que sus imágenes sean tan libres”, dice el diseñador y fotógrafo británico-turco Erdem Moralioglu, de 48 años, quien creó una editorial de moda inspirada en PaJaMa para un número de 2023 de la revista Acne Paper. “No olvidemos que algunas de esas imágenes se tomaron en una época en la que podían despedirte o perseguirte por algo así”. La Marina de Estados Unidos prohibió la exhibición del cuadro más controvertido de Cadmus, The Fleet’s In! (1934), que mostraba a un grupo de marineros bulliciosos solicitando prostitutas en la Corcoran Gallery of Art de Washington, D. C.; Lynes, que posó para PaJaMa y también los fotografió, legó su obra al Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana para evitar que fuera destruida tras su muerte en 1955. En el catálogo de la exposición Paul Cadmus: 49 Drawings, presentada el año pasado en Hauser & Wirth, el curador Graham Steele escribe que el artista “mostró con minucioso detalle y composiciones elaboradas, casi como una escena continua, aquello que Estados Unidos no quería ver de sí mismo”.

Todas estas pinturas e imágenes son testimonio de vidas que otros quisieron reprimir y que, aun así, se vivieron con plenitud y creatividad. También hablan de esa mezcla frágil de inocencia y seguridad en sí mismas que poseen las y los jóvenes artistas; en parte por eso sigue fascinando el Bloomsbury Group, el círculo de principios del siglo XX que incluía al pintor Duncan Grant y los escritores E. M. Forster y Virginia Woolf, cuya producción cultural estaba tan entrelazada como sus vidas personales. El director de arte y cineasta Sam Shahid, de 85 años, quien dedicó una década al documental de 2023 Hidden Master: The Legacy of George Platt Lynes, afirma que el atractivo duradero de PaJaMa y su red

—que incluía a los pintores Bernard Perlin y George Tooker (amante de Cadmus durante algunos años en los cuarenta); al escritor Glenway Wescott y su pareja, el editor Monroe Wheeler (quienes también mantenían una relación triangular con Lynes); y a la hermana de Cadmus, la artista Fidelma Cadmus Kirstein, y su esposo, Lincoln Kirstein, cofundador del New York City Ballet— radica en su enfoque desinhibido con respecto al sexo. “Es la intimidad [de la obra]”, dice. “En las poses se nota lo

simplemente lo que hay. Pero, ¿acaso no sientes el sueño?’”.

Cuando Jared falleció en 1988, Margaret regresó a Nueva York. Cadmus la visitaba con frecuencia en su departamento. A veces, ella pasaba a visitarlo a su galería o iba a presentaciones de libros. “Estas fotografías no llegaron a un público amplio hasta finales de los años ochenta”, dice De Luca, quien cree que el creciente interés por PaJaMa tuvo que ver con un mayor reconocimiento de la fotografía. “Creo que

mucho que disfrutaban hacerlas”. A Davy le atrae especialmente, “en una era de catástrofe climática y guerras culturales”, como él la describe, la reverencia casi infantil del grupo por la naturaleza y su apertura hacia la poliamoría. Para ellos, dice, Fire Island era una “fantasía que podía desarrollarse tan maravillosamente como quisieras. Eso es lo que sugería PaJaMa: ‘Traemos puestas nuestras toallas, y esa madera a la deriva es

la gente se identifica con su naturalidad”, añade. “Si tenían rayaduras, así eran. No eran preciosas”. Y eso las hacía aún más valiosas. Es precisamente su aparente sencillez lo que las vuelve universales. En una carta a Lynes de 1946, Cadmus incluyó algunas fotos de un reciente viaje del grupo a Nantucket. “Describen mucho”, escribió el artista, “mucho mejor de lo que yo podría, sobre nuestro verano”

Fotografía de 2023 del diseñador de moda Erdem Moralioglu para la revista Acne Paper
Joseph (2021), TM Davy.
Darkroom Mirror (_2100085) (2017), Paul Mpagi Sepuya.
George Tooker, Jared French and Monroe Wheeler (1947), de PaJaMa.

Un hotelero nacido en Jamaica ayudó a dar a conocer el reggae al mundo. Más de 50 años después, la historia sigue resonando en sus casas isleñas.

HORA

PARA CUANDO JAMAICA se independizó de Gran Bretaña en 1962, varios de los dueños de plantaciones azucareras ya se habían marchado, pero la isla seguía siendo refugio de cierto tipo de expatriado inglés: literario, artístico, adinerado. Ian Fleming, autor de James Bond, y el compositor y dramaturgo Noël Coward, entre otros, construyeron fincas elegantes frente al mar o en la cima de las montañas, muy lejos de la creciente ola de rastafarismo panafricano del país.

Aunque Perry y Sally Henzell nacieron en la isla de padres con raíces británicas, ellos eligieron otro camino. Perry, quien murió en 2006 a los 70 años, era hijo del encargado de una plantación. Se fue de adolescente a estudiar a Inglaterra y más tarde trabajó para la BBC en Londres, antes de volver a casa para ayudar a establecer la Jamaica Broadcasting Corporation. Aproximadamente una década después, dirigió y produjo el largometraje fundamental de 1972 The Harder They Come, protagonizado por el músico y actor Jimmy Cliff, que ayudó a llevar el reggae y la cultura jamaicana a una audiencia global. Cuando se casó en 1965 con Sally Densham, una joven de 22 años de Mandeville —en el interior del país— e hija de agricultores, ella acababa de regresar a Jamaica tras trabajar diseñando escaparates en Selfridges, en Londres. Terminó encargándose de la dirección de arte y el vestuario de The Harder

Por Isabel Wilkinson Schor Fotografía por Ben Sklar
Junto a la habitación principal de Bohemia, la casa de la hotelera Sally Henzell en Treasure Beach, Jamaica, hay una pequeña estancia en forma de tienda con textiles africanos vintage que le regaló el empresario musical Chris Blackwell, nacido en Gran Bretaña y radicado en la isla.

Arriba: sobre el escritorio de Henzell, en una esquina de su habitación de planta abierta en Bohemia, cuelgan fotos familiares enmarcadas. Con divanes repartidos, el espacio está inspirado en su visión de un fumadero de opio. Abajo: los paneles de vidrio que revisten un baño en la planta baja de Itopia, su casa en Runaway Bay, provienen de una antigua tienda de Harbor Street, en Kingston, y Henzell construyó la pared del lavabo con piedras locales. Las conchas fueron recolectadas en la isla.

They Come, además de desarrollar una práctica de interiorismo y, con el tiempo, crear Jakes Hotel, el resort familiar desde hacía 32 años en Treasure Beach, en la costa sur de la isla, que evolucionaba constantemente y tenía un estilo discreto y natural. Ese enclave, diseñado en gran parte por Sally, está geográfica y espiritualmente lejos del ajetreo de los resorts todo incluido de Negril y Montego Bay: una mezcla de influencias jamaicanas, marroquíes e indias, con un toque del espíritu del arquitecto español Antoni Gaudí.

A PESAR DE LA profunda huella de la pareja en la cultura local y en su industria musical, quizá su mayor legado sean las casas familiares que Sally creó al pasar de las décadas. Fue por casualidad como descubrió Itopia, una casa señorial de piedra caliza tallada de 167 metros cuadrados, construida en la década de 1660 en las colinas sobre Runaway Bay, en la costa norte, a 97 kilómetros de la capital, Kingston, poco después del estreno de The Harder They Come. Para aquel entonces, Perry, Sally y sus dos hijos, Jason y Justine, vivían en Kingston, en un complejo

que incluía su casa, el estudio de producción de Perry y el taller de Sally. Pero cuando vio aquella casa de tres habitaciones, desvencijada con elegancia, con una pequeña casa independiente de una habitación en un terreno de 1.3 hectáreas, según comenta, “en ese momento supe que era mía”. Construida como parte de la plantación Cardiff Hall, la propiedad estaba casi en ruinas. Después de comprarla a principios de la década de 1970, los Henzell comenzaron a crear un espacio habitable. Sally raspó siglos de pintura con un machete, hasta que las paredes de la sala de techo a dos aguas parecían un lienzo expresionista abstracto. “De pronto miré a mi alrededor”, comenta Sally, “y dije: ‘¡No hagan nada más! Estamos viviendo dentro de una pintura’”.

Se mudaron en 1975, pero la casa no tuvo instalación eléctrica hasta 1991. (“No iba a permitir que colgaran cables en esa casa venerable. Y entonces no podíamos permitirnos hacerlo como se debe”, menciona). Los muebles fueron apareciendo con el tiempo: una mesa india de metal de la familia de Perry en Trinidad, un aparador neoclásico de caoba de Antigua, un escritorio que le perteneció a Marcus Garvey, una pintura al óleo del artista cubano Roberto Fabelo. La pareja cuidó las enredaderas de

Arriba: Henzell usó un machete para arrancar capas de pintura de las paredes de la sala principal de Itopia, y se detuvo cuando de pronto se dio cuenta de que, sin proponérselo, había creado un cuadro perfecto. Abajo, izquierda: fuera de la cocina de Bohemia hay una pila para lavar ropa, ollas grandes y niños pequeños. Henzell hizo el fregadero ella misma y pintó las persianas a mano.

ajo que cubrían el exterior y puso muebles antiguos de jardín de metal en las terrazas cubiertas.

A pesar de su aspereza, la casa se convirtió en un epicentro social, lleno de artistas y músicos que estaban de visita, entre ellos Joe Cocker y Marianne Faithfull. Joni Mitchell pasó un par de semanas con ellos a mediados de la década de 1980. “Dijo: ‘¿Te molestaría si pintara tu pared?’”, cuenta Sally, quien le dio la mayoría de los materiales. Según comenta Sally, como no tenía pintura amarilla, Mitchell bajó a la calle principal, donde unos trabajadores estaban repintando las líneas de la carretera, y les preguntó si le prestarían un poco para un mural —que aún se puede ver detrás de la cama en la habitación principal— con rostros y caracteres chinos.

Durante décadas, Sally escribió poesía, tomó fotogra fías y diseñó residencias para clientes, mientras que Perry trabajaba en una segunda película, “No Place Like Home”, que se estrenó de manera póstuma. La familia iba y venía entre Itopia y una casa de fin de semana rústica que el papá de Sally había construido en 1941 en la apartada Treasure Beach, la franja de arena más cercana a la casa familiar en Mandeville. (Alex Haley se la pidió prestada para terminar de escribir su novela de 1976, “Raíces”).

Después de que falleció su papá en 1991, Sally y su hermana, June Gay Pringle, vendieron la casa familiar en Mandeville; Sally usó el dinero para comprar otra casa pequeña en un terreno vecino en Treasure Beach. Aunque ni ella ni Perry fueron, según dice, “muy buenos para los negocios”, él animó a Sally a abrir Jakes, llamado así por la mascota de la familia, un loro. Con los años fueron añadiendo estructuras, y Chris Blackwell, el empresario musical nacido en Gran Bretaña que, como los Henzell, había crecido en la isla, los ayudó a promocio narlo como parte de su colección de alojamientos boutique jamaicanos, que también incluye la casa de Fleming, GoldenEye.

Tras la muerte de Perry, Jason, ahora de 55 años y al frente del negocio familiar, convenció a Sally de que era momento de construir una casa propia en el complejo de Treasure Beach. “Fue una idea maravillosa, catártica”, dice, “para mí, con mi duelo, volver a empezar”. La llamó Bohemia porque los antepasados de Perry provenían de esa región de Europa del Este. La casa de dos habitacio nes está decorada con su característico desenfado elegante, con trozos escultóricos de madera arrastrada por el mar, conchas, monedas y botellas de vidrio recogidas en la playa. Repleta de libros y recuerdos —la pequeña acuarela de una palmera que un huésped del hotel le regaló a la pareja, carteles de sus películas, fotos familiares en blanco y negro enmarcadas—, el lugar refleja su propia trayectoria libre y despreocupada. Para aprovechar la brisa marina, hay pocas paredes al interior. Como menciona Sally, la habitación principal inspirada en su visión romántica de un fumadero de opio, con camas y divanes tapizados repartidos por el espacio. (Una cama pequeña, contra una pared con paneles pintados de blanco, tiene una muselina diáfana color melocotón estampada de la India, que cae desde el techo como un dosel). Otra habitación está envuelta en telas africanas que le regaló Blackwell, cuya esposa, Mary Vinson, las coleccionaba.

Cuando empieza a desvanecerse la tarde, una huésped alojada en una de las villas de los Henzell entra discreta mente y cruza la sala en traje de baño. “No me hagan caso”, dice alegremente mientras sale camino hacia la playa. Encaja perfectamente con el espíritu de la casa que Sally haya animado a la mujer a tomar un atajo pasando por su casa —el sol dibujando patrones sobre el piso de concreto pulido, una maraña de gatos salvajes tendidos a la sombra— para llegar a la arena dorada.

Cartografía del arte latinoamericano

El MARCO de Monterrey acoge la muestra más ambiciosa de la Colección FEMSA, una de las más importantes del arte mexicano del último siglo y medio.

EN EL CORAZÓN de Monterrey, una ciudad cuya identidad se ha forjado entre la industria y la vanguardia, el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) se transforma hoy en el epicentro de esta metamorfosis con la exposición Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA , un manifiesto de cinco décadas de coleccionismo que decide mirarse al espejo y redescubrirse bajo una luz radicalmente contemporánea. Con 174 obras de más de 100 artistas, esta muestra representa la revisión más ambiciosa y extensa del acervo realizada en México hasta la fecha, marcando el inicio de una celebración que trasciende lo efímero para situarse en la vanguardia absoluta del pensamiento curatorial del continente. La génesis de la Colección FEMSA es una historia de visión y compromiso que nos lleva a la apertura del Museo de Monterrey en 1977.

Eugenia Braniff, historiadora, curadora asociada de la colección y miembro del patronato de arte latinoamericano del MoMA, señala que la colección surgió con la donación de El maizal (1955), de Dr. Atl, por parte de la promotora cultural Rosario Garza de Zambrano. “Eso dice mucho del espíritu con el que nace la colección”, dice Braniff. Desde entonces, la colección ha evolucionado desde un acento profundamente mexicano hacia una apertura total a las expresiones latinoamericanas. Entender el peso de la Colección FEMSA requiere descifrar un legado familiar y de género que ha sido el motor silencioso de su prestigio. Bárbara Garza Lagüera, madre de Eugenia Braniff, ha desempeñado un papel clave en el desarrollo y consolidación del acervo, ocupando posiciones fundamentales en sus órganos de dirección. Representa la segunda generación de mujeres que han custodiado y expandido este patrimonio, siguiendo la estela de Garza de Zambrano. Bajo su gestión, la colección no solo creció en volumen, sino que adquirió una pro-

Izquierda: Club discreto (2022), instalación de Alan Sierra. Abajo. Club de collage especulativo, instalación de Ad Minoliti.

yección internacional sin precedentes, impulsando adquisiciones de artistas de todo el continente y fomentando colaboraciones con instituciones de élite. Su labor, reconocida en 2016 con el Premio Iberoamericano de Mecenazgo, ha sido la de tender puentes entre el arte latinoamericano y el público global, una visión que ahora Braniff —tercera generación de este legado femenino— continúa refinando desde la curaduría crítica. Este linaje de tres generaciones de mujeres habla de herencia patrimonial, pero también de una sensibilidad compartida que ha permitido que la colección se mantenga joven, audaz y profundamente comprometida con la identidad regional.

Esta naturaleza itinerante ha definido su ADN: tras el cierre del Museo de Monterrey en el año 2000, la institución se volvió viajera, llevando el arte de la región a los rincones más insospechados del globo. Así, esta muestra en el MARCO es un ejercicio de exégesis visual orquestado por un equipo que incluye a Paulina Bravo, Beto Díaz Suárez y Adriana Melchor, además de Braniff. Juntos, han decidido romper con la dictadura del tiempo y el espacio a través de una estructura basada en constelaciones. Díaz Suárez explica que este concepto parte de un proyecto de Mari Carmen Ramírez, curadora pionera que empezó a repensar la historiografía del arte en Latinoamérica para entenderla como estos puntos que se conectan y permiten entender que, apunta Díaz Suárez, “no existe una sola historia, sino una red de conexiones que se pueden reconfigurar continuamente”. Esta metodología genera lecturas transversales, demostrando que en el arte los puntos de contacto son infinitos y que la historia es un mapa de relaciones móviles. La exposición se despliega a través de cinco líneas de investigación que actúan como brújulas en este cosmos: Territorios, Estructuras coloniales, Debatiendo la abstracción, Alquimia e Identidades. Bravo, curadora en jefe, destaca que esta aproximación permite revisitar el acervo desde la urgencia de la inmediatez, pues “más que presentar una revisión histórica, nos interesa mostrar cómo las preguntas que atraviesan el arte latinoamericano continúan resonando en el presente”, explica. Al poner en diálogo

obras emblemáticas con lenguajes contemporáneos, se crea un cortocircuito temporal en el que figuras canónicas como Jesús Rafael Soto, Rufino Tamayo o Diego Rivera conviven con piezas que desafían las narrativas heredadas. Melchor, cuya investigación se centra en la crítica de arte como productora de teorías, aporta una capa de rigor que permite que la muestra se transforme en un ensayo crítico sobre cómo las exposiciones construyen la propia historia.

Uno de los puntos más potentes es el eje Tramas, donde se concentra el geometrismo de la región. Aquí, el equipo ha trabajado para descolonizar la mirada, entendiendo la geometría como el lenguaje milenario de los textiles y la cosmogonía de los pueblos originarios. Esta perspectiva se nutre de diálogos con figuras como Elvira Espejo, permitiendo que la abstracción deje de ser una influencia europea para ser reconocida como una raíz profunda de América. “Las constelaciones permiten relacionar obras que históricamente no se habían leído juntas”, dice Braniff, un ejercicio que permite proyectar cómo quieren seguir construyendo hacia el futuro. Esta visión se expande hacia la formación de una comunidad crítica a través de proyectos disruptivos como el Club de collage especulativo, de Ad Minoliti, una obra comisionada que utiliza la estética queer y el humor para desmantelar la rigidez de los formatos académicos y que está físicamente instalada dentro de la exposición.

La experiencia se desborda incluso fuera de las salas con el proyecto Rutas metabólicas, que habita la cocina de MARCO. Planteando el proceso digestivo como un paralelo del pensamiento, este programa invita a diferentes colectivos a explorar la cocina

como un acto de cuidado del territorio. Conformado por mujeres de distintas edades y oficios, Amasijo utiliza la cocina colectiva para visibilizar la interdependencia entre lengua, cultura y territorio. Al integrar lo culinario con la contemplación estética, se propone una museología afectiva que reconoce que la cultura es una red de interrelaciones y no una mera mercancía. Es un recordatorio de que el arte, como la comida, se incorpora y se digiere antes de que nos transforme biológicamente.

Desde arriba: Nint’ani, volver a casa (2024), de Salvador Xharicata; inauguración del Museo de Monterrey, 1977.

una cartografía personal que une la promesa del progreso con la realidad del suelo habitado. Este diálogo entre una artista joven y figuras históricas como Mendieta ejemplifica la deriva que busca la exposición: un movimiento que abre paso a la tierra y al sol a través de sombras y palabras, conectando el norte de México con las raíces caribeñas de la serie Silueta realizada por Mendieta.

La muestra también aborda las estructuras coloniales como un sistema de representación que el arte contemporáneo debe desmantelar. Aquí, la colección muestra su madurez al incluir piezas que cuestionan el extractivismo y la imposición de estéticas externas. El equipo curatorial ha sido meticuloso en seleccionar obras que, a pesar de haber sido producidas en décadas distintas, comparten una preocupación por el lugar desde donde el que se enuncian. Esta honestidad intelectual es lo que permite que una colección de origen corporativo se convierta en un espacio de resistencia y pensamiento crítico.

La itinerancia planeada para los próximos tres años llevará este diálogo por diversas ciudades de México y Latinoamérica. Este proyecto es ambicioso porque la colección misma lo es. El programa público, con sus talleres de collage, residencias culinarias y seminarios de investigación, es lo que garantiza que la muestra sea un organismo vivo en cada sede o museo que visita.

Como concluye el equipo curatorial, esta es una apuesta por reconfigurar nuestra propia historia, permitiendo que el pasado y el futuro de las nuevas generaciones se encuentren en el espacio del ahora. En el MARCO, el arte latinoamericano se vive, se digiere y se reinventa. Nos recuerda que somos, ante todo, una constelación en perpetua deriva hacia lo nuevo, hacia lo inexplorado, pero siempre con los pies bien plantados en la tierra. Es el triunfo de la memoria activa de tres generaciones de mujeres sobre el olvido, consolidando a la Colección FEMSA como el faro que seguirá iluminando las derivas de nuestra creatividad en el futuro.

A medida que el espectador recorre las salas, se enfrenta a un panorama del devenir artístico que incluye intervenciones performativas y poéticas. Un ejemplo es El sonido de la tierra al ser abierta, de Guadalupe Alonso Vidal, una lectura en la que cruza reflexiones con la obra de Ana Mendieta, Donna Conlon y Salvador Xharicata. Alonso Vidal, artista de Ensenada descendiente de migrantes internos dedicados a la construcción, traza

Al salir de las salas, queda la sensación de haber recorrido un continente entero comprimido en una red de ideas. El Club de collage sigue funcionando, la cocina de Rutas metabólicas sigue humeando y las obras de la Colección FEMSA continúan su viaje. Monterrey, con su mirada puesta en el futuro, es el escenario perfecto para este inicio de festejos. Porque si algo nos enseña esta muestra es que el arte latinoamericano es un viaje infinito.

La magia del alambre

mexicana. Asimismo, también se exponen fotografías, documentos y correspondencia que ayudan al visitante a acercarse a la visión artística de una figura irrepetible para la cultura popular estadounidense. El conjunto ya fue presentado hace unos meses en el MoMA de Nueva York, en la que fue considerada como la mayor retrospectiva dedicada a una mujer en la historia del museo.

Hija de emigrantes japoneses agricultores, Ruth Aiko Asawa nació en 1926 en Norwalk, California, como la cuarta de seis hermanos. “Solíamos dibujar figuras en la tierra, colgando los pies de la maquinaria agrícola tirada por caballos”, declaró la artista en una entrevista en 2001.

Su infancia quedó marcada por una experiencia traumática durante la Segunda Guerra Mundial, cuando ella, sus padres y sus cinco hermanos fueron recluidos en un campo de detención por el Gobierno de Estados Unidos junto a otras 120.000 personas de ascendencia japonesa. A los 15 años fue separada de su familia, pero encontró en el dibujo y el arte, como ella misma confesó, una forma de esperanza que le ayudaría a relacionarse con tan complejo contexto sociocultural y político. “Con esta experiencia horrorosa inicio su carrea de artista”, señaló Bishop, una de las curadoras involucradas en la muestra.

El Museo Guggenheim Bilbao rinde homenaje a la artista Ruth Asawa con una retrospectiva que recorre seis décadas de su vida creativa.

EL MUSEO GUGGENHEIM Bilbao celebra el nacimiento de Ruth Asawa con una ambiciosa exposición sobre una de las creadoras más singulares del arte del siglo XX. La muestra, que estará abierta al público hasta el próximo 13 de septiembre, ha sido comisariada por Janet Bishop, curadora del San Francisco Museum of Modern Art; Cara Manes, curadora del MoMA; y Geaninne Gutiérrez-Guimarães, curadora del Museo Guggenheim Bilbao, y reúne 240 obras de la artista entre esculturas colgantes de alambre, dibujos, piezas de papiroflexia y trabajos en barro, algunos de ellos inspirados en la artesanía

En 1946, en plena posguerra, se le negó el título universitario que le habría permitido ejercer como profesora, lo que la llevó a trasladarse al Black Mountain College, en Carolina del Norte, donde se formó en un ambiente creativo, tolerante y democrático que fue decisivo para su desarrollo artístico. En la institución educativa, fundada en 1933 y de cuyo consejo asesor formaban parte personalidades como Carl Jung, Albert Einstein, John Dewey o Walter Gropius, comenzó a interesarse por las transparencias, las formas, las figuras y el fondo bajo la influencia directa del profesor Josef Albers, un periodo en el que realizó sus primeros dibujos, pinturas y trabajos en alambre. Poco después, en 1947, se trasladó a Toluca, un viaje considerado por los expertos en su carrera como decisivo para sus aspiraciones creativas. En los mercados y tianguis de la ciudad mexicana descubrió las cestas de alambre y la manera artesanal de trabajarlas, un hecho fundamental para su trayectoria posterior. “Seguí trabajando en una cesta hasta darle una forma cerrada y,

Desde la izquierda, en el sentido de las manecillas del reloj: retrato de Ruth Asawa (1954); Untitled (AB.029, Continuous Form within a Form) (1956); Untitled (BMC.52, Dancers), (ca. 1948-49), ambas obras de Asawa.

Por Javier Fernández de Angulo

poco a poco, mientras aprendía a controlar la técnica y el material, empecé a darme cuenta del emocionante potencial de esta manera de hacer escultura”, declararía la artista años más tarde. Durante los años cincuenta se acercó al mundo del grafismo. Dio clases de rotulación, serigrafía y pintura y expuso con una visibilidad notable, llegando incluso a aparecer en la revista Vogue. En esa etapa se debatía entre producir para vender o crear libremente. “Me interesa producir para vender, pero conforme trabajo, se me ocurren más ideas y quiero experimentar, y eso no es producir, ya que siempre hay muchos intentos fallidos”, decía entonces Asawa. De este periodo datan también las obras que ella llamaba “piezas enmascaradas de papiroflexia”, de gran tamaño, centradas en el volumen y el blanco y negro, y las esculturas de alambre suspendidas del techo, con curvas, volumen y transparencia s que generan conjuntos ovalados que se estrechan para crear juegos de sombras que forman parte esencial de la puesta en escena. Como decía la propia artista, las formas se superponen y anidan unas dentro de otras. “Una etapa de creación explosiva”, en palabras de Bishop. A partir de los años sesenta, Asawa se consolidó también como una artista activista, comprometida con los derechos cívicos y la educación artística. Dio siempre una enorme importancia a la formación de los jóvenes y de la comunidad y llegó a señalar que se sentía especialmente orgullosa de su trabajo en centros escolares. En esta década entró en contacto con el universo del grabado a través del Tamarind Litography Workshop de Los Ángeles (actualmente Tamarind Institute), donde realizó 52 obras como artista residente. De este periodo surge una producción gráfica singular, con espirales, flores, plátanos y composiciones abstractas de gran fuerza visual y cromática.

EN ESA DÉCADA, comenzó también a realizar obras de carácter público. La primera fue la fuente Andrea (1968), ubicada en la plaza Ghirardelli Square de San Francisco, con dos sirenas rodeadas de ranas y tortugas. De especial significado

fue la obra Fuentes de Origami (1975-76), concebida como conmemoración del internamiento de japoneses estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. En 1973 recibió el encargo de diseñar la fuente del hotel Hyatt en Union Square, también en San Francisco, una obra ambiciosa en cuya ejecución participaron 250 miembros de su familia. Su labor educativa y de difusión cultural fue reconocida cuando la ciudad californiana instituyó en 1982 el 12 de febrero como el Día de Ruth Asawa. El recorrido concluye con una sala dedicada a uno de los espacios más íntimos de la artista, su casa-estudio de Noa Valley, en San Francisco, donde su visión creativa se encontraba con su vida familiar. En ella, una serie de fotografías muestra un gran salón de techos altos y vigas vistas rodeado de obras de amigos como el mencionado Albers y cerámicas de Wildenhain. “Lo más importante para esta familia era que cenáramos juntos todas las noches. Éramos ocho en la mesa, además de los amigos”, le dijo Asawa en una ocasión a un entrevistador.

La exposición se cierra con sus últimos dibujos, realizados en tinta sobre papel y centrados en la naturaleza, en las flores y plantas de su jardín. “Hay algo en la universalidad de su lenguaje, en un vocabulario concreto. Los visitantes nos decían que les gustaba perderse entre la belleza de sus obras”, dijo Bishop

Desde arriba, en el sentido de las manecillas del reloj: Untitled (ZP.16B Twelve Looped-Wire Sculptural Forms) (ca. 1955-60); Untitled (SD.017, Tied-Wire Sculpture Drawing with Open Pentagon in Center) (ca. 1985-95); Poppy (TAM.1479) (1965); Untitled (BMC.58 Meander - Curved Lines) (ca. 1948), todas obras de Asawa.

EL VÉRTIGO DE LA PRECISIÓN

Andrés Zúñiga comenzó a bailar en Los Cabos; hoy es solista del New York City Ballet.

EN EL ESCENARIO del David H. Koch

Theater, en el Lincoln Center de Nueva York, el cuerpo parece adelantarse a la lógica. Las piernas atraviesan el espacio con una velocidad que roza lo imposible, los cambios de dirección suceden con una precisión milimétrica y la música de Igor Stravinsky parece operar como un sistema nervioso paralelo. En Agon , la pieza que George Balanchine creó en 1957 para el New York City Ballet, el ballet clásico abandona cualquier tentación romántica para entrar en un territorio casi matemático: ángulos afilados, tensión contenida y una modernidad que incluso hoy continúa sintiéndose radical. En medio de esa maquinaria exacta aparece Andrés

Z úñiga , uno de los bailarines mexicanos que más rápidamente ha ascendido dentro de la compañía fundada en 1948 por Balanchine y Lincoln Kirstein, una institución que redefinió el ballet estadounidense y transformó la técnica clásica en algo más veloz, atlético y profundamente contemporáneo. Z úñiga acaba de terminar la función cuando aparece detrás del escenario todavía con la adrenalina visible en el cuerpo. Habla con calma, pero también con una claridad que deja ver hasta qué punto entiende el ballet como una disciplina física, intelectual y emocional. En octubre de 2025 fue promovido como solista del New York City Ballet, convirtiéndose en uno de los pocos mexicanos en alcanzar ese rango dentro de una de las compañías más exigentes del mundo. La noticia marcó otro capítulo en una trayectoria poco convencional. A diferencia de muchos bailarines que comienzan a entrenar desde la infancia, él empezó a bailar a los 13 años en Los Cabos, bajo la dirección de Lourdes Téllez. “ F ue una persona que me formó muy bien la técnica”, recuerda. “Me dio esos bloques básicos que después me permitieron desarrollarme de una manera mucho más rápida”, recuerda . También hubo otro factor: una obsesión temprana por la

práctica. “Desde que empecé estaba en el estudio tres o cuatro horas todas las tardes”, asegura. E n el mundo del ballet profesional, donde la técnica suele construirse desde edades muy tempranas, comenzar a los 13 años podría parecer una desventaja irreversible. Pero Z úñiga habla de ese inicio tardío sin dramatismo. Más bien, lo entiende como una circunstancia que moldeó su manera de trabajar. “Los hombres pueden empezar un poquito más tarde”, dice. “Las mujeres tienen las puntas y eso requiere una técnica muy desarrollada desde antes. Pero claro que me hubiera gustado empezar más temprano”, explica. Nacido en Ciudad de México y criado en Los Cabos, Z úñiga pertenece a una generación de bailarines latinoamericanos que han encontrado en el ballet una posibilidad de movilidad internacional, aunque no necesariamente gracias a estructuras sólidas dentro de sus propios países. Después de entrenar en México, llegó primero a The Rock School for Dance Education, en Filadelfia, y más tarde al School of American Ballet, la escuela oficial del New York City Ballet. Ahí recibió el Mae L. Wien Award y el Lincoln Center Award for Emerging Artists antes de incorporarse formalmente a la compañía en 2018.

L a escuela y la compañía mantienen una relación casi orgánica desde hace más de siete décadas. El School of American Ballet fue fundado por Balanchine y Kirstein en 1934 con la idea de crear un estilo de ballet específicamente estadounidense, menos dependiente de la tradición europea y mucho más conectado con la musicalidad, la velocidad y la abstracción. Esa estética terminaría definiendo al New York City Ballet hasta convertirlos en una de las grandes referencia s mundiales

C uando Balanchine llegó a Estados Unidos en los años treinta, el ballet norteamericano todavía no tenía una identidad clara. La mayoría de las grandes compañías seguían mirando hacia Rusia, Francia o Inglaterra como modelos de legitimidad artística. Balanchine, sin embargo, imaginó algo distinto: un ballet menos narrativo, menos ornamental y mucho más ligado a la estructura musical. Su relación creativa con Stravinsky terminó siendo central para esa transformación. Juntos desarrollaron algunas de las colaboraciones más influyentes del

siglo XX, obras que alteraron la manera en que el cuerpo podía relacionarse con la música dentro del ballet clásico. En lugar de utilizar la danza únicamente para ilustrar melodías o emociones, Balanchine comenzó a construir coreografías que parecían existir dentro de la partitura misma.

A gon fue quizá una de las expresiones más radicales de esa visión. Estrenada en 1957, la pieza mezclaba vocabulario clásico con movimientos inesperadamente angulares y contemporáneos, despojando al ballet de cualquier exceso decorativo. Incluso hoy continúa sintiéndose extrañamente moderna. Para muchos bailarines del New York City Ballet, interpretar Agon implica entrar directamente en el corazón del lenguaje Balanchine: velocidad extrema, musicalidad absoluta y una claridad física casi arquitectónica.

E se legado continúa marcando la identidad de la compañía. A diferencia de otras instituciones más asociadas con grandes producciones narrativas, el New York City Ballet construyó buena parte de su prestigio alrededor de la pureza del movimiento. La energía de los bailarines parece impulsarse siempre hacia adelante; no hay espacio para la complacencia ni para la teatralidad excesiva. Incluso dentro del repertorio clásico, el estilo exige una rapidez y una precisión particulares. Esa forma de bailar transformó no s o lo la estética del ballet estadounidense, sino también la idea misma del bailarín

contemporáneo , más atlético, más veloz y mucho más consciente de la estructura musical.

E n ese contexto, llegar a convertirse en solista dentro de la compañía adquiere otra dimensión. No se trata únicamente de dominar una técnica compleja, sino de entender una filosofía completa del movimiento. Por eso la historia de Z úñiga resulta tan singular. Haber comenzado relativamente tarde y aun así adaptarse a un sistema tan específico habla no s o lo de disciplina, sino también de una capacidad poco común para absorber y reinterpretar un lenguaje corporal extremadamente codificado.

ZÚÑIGA APRENDIÓ esa lógica desde dentro. “Aquí te enseñan a no moverte hasta que escuches la música”, explica al hablar del estilo Balanchine. “Hay veces que en otras técnicas te preparas antes del tiempo, pero aquí no. Aquí reaccionas exactamente cuando la música sucede”. Lo describe casi como un ejercicio cerebral. En Agon, por ejemplo, los conteos parecen romper cualquier estructura convencional. “Le decimos de broma el ballet de la computadora”, cuenta entre risas. “Son cuentas rarísimas. Tienes que desarrollar un cerebro muy matemático”.

E se equilibrio entre precisión extrema y presencia escénica es una de las cualidades que más se le recono

cen dentro de la compañía. Cuando se le pregunta si cree que su identidad mexicana influye de alguna manera en su forma de bailar, responde sin dudar. “Siempre me dicen que tengo un porte muy elegante”, relata . No lo relaciona con una idea folclórica evidente ni con un exotismo superficial. Más bien habla de pequeños gestos corporales heredados de la danza mexicana: los hombros bajos, el cuello largo, cierta manera de sostener el cuerpo. “No creo que alguien vea el ballet y diga: ‘ E se es mexicano’. Pero si te fijas en los detalles, sí puedes notar algo”, explica Z úñiga .

E l comentario resulta interesante dentro de una compañía históricamente asociada con una estética muy específica. Balanchi

El bailarín Andrés Zúñiga representa el Cuarteto Brahms-Schoenberg de George Balanchine como solista del New York City Ballet.

ne imaginó un bailarín de líneas veloces y claridad absoluta, casi despojado de teatralidad. Sin embargo, el New York City Ballet contemporáneo también se ha convertido en un espacio donde conviven distintas identidades culturales. Hoy la compañía reúne a bailarines provenientes de múltiples países y continúa expandiendo su repertorio con coreógrafos contemporáneos como Justin Peck, Alexei Ratmansky o Christopher Wheeldon, además de preservar las obras históricas.

EN E L CASO de Z úñiga , esa m ez cla entre tradición y contemporaneidad también aparece en la selección de roles que han definido su carrera hasta el momento . Cuando habla sobre cuáles son las piezas que mejor lo representan, menciona inmediatamente dos obras aparentemente opuestas. La primera es Agon , por la tensión y la energía agresiva que exige. “Me siento poderoso ahí”, dice. La segunda es Divertimento No. 15, también de Balanchine, pero completamente distinta en tono , más clásica, luminosa y elegante. Entre ambas piezas parece existir una especie de autorretrato artístico.

Por un lado, el bailarín contemporáneo capaz de atravesar estructuras complejas y abstractas; por el otro, el intérprete profundamente interesado en la tradición clásica.

La promoción a solista transformó también su relación con el escenario. En una compañía donde el cuerpo de baile funciona como un mecanismo colectivo de precisión absoluta, pasar a ocupar roles más visibles implica una exposición distinta. “Cuando estás en el cuerpo de baile puedes esconderte un poco”, admite. “Pero cuando eres solista hay más ojos viéndote”. La diferencia no es únicamente técnica, también es mental. “Tienes que saber exactamente lo que haces porque ya no puedes copiarle a nadie”, dice Z úñiga . Aun así, habla del ascenso con una tranquilidad inesperada. Quizá porque entiende el ballet como un proceso de construcción lenta. Durante años observó cómo funcionaba la compañía desde dentro antes de asumir papeles más centrales. “Tuve muchas oportunidades para desarrollar esa parte antes de que me promovieran”, explica. La conversación inevitablemente llega a las lesiones, una realidad constante dentro de cualquier carrera dancística. Z úñiga habla de ello con honestidad. “Sí te afecta”, reconoce. “Porque creces pensando que el ballet es tu vida”, agrega. Durante años,

Parte del elenco del New York City Ballet durante la representación de Firebird, de Balanchine y Jerome Robbins.
Bailarines del New York City Ballet interpretando Symphony in C, de Balanchine.

su rutina estuvo reducida prácticamente a unas pocas cuadras alrededor del Lincoln Center: escuela, ensayos y funciones. “Había semanas en las que no salía de esas cuatro cuadras”, relata. En ese contexto, una lesión obliga no solo a detener el cuerpo, sino también a reconstruir la identidad. “Cuando te lesionas te das cuenta de que necesitas otras cosas fuera de la danza”, dice. Entonces aparece otro Andrés, el que colecciona vinilos, cocina y explora Nueva York caminando y estudia literatura. Actualmente cursa una licenciatura en Economía con especialización en Inglés, intereses que parecen ampliar su relación con el arte más allá del movimiento. “Me gusta mucho leer y escribir”, cuenta. Entre sus referencias aparecen Lana Del Rey, Fleetwood Mac, Grimes y libros como The Idiot, de Elif Batuman. También menciona obras teatrales contemporáneas que estudia en clase. Habla de ellas con entusiasmo genuino, como alguien que entiende que el desarrollo artístico no ocurre únicamente dentro del estudio de danza.

“Muchos bailarines jóvenes creen que el ballet tiene que ser toda tu vida”, reflexiona.

“Pero a veces ese descanso del ballet te ayuda a quererlo más”. La idea parece especialmente significativa dentro de una disciplina históricamente asociada con el sacrificio absoluto y la idea de perfección permanente.

Vivir en Nueva York también ha redefinido su relación con México. Lo que más extraña, dice, es la calidez cotidiana. “En México somos más de decir buenos días, con permiso, provecho”, relata. Habla de esas pequeñas formas de cortesía como una elegancia cultural que intenta conservar incluso dentro del ritmo feroz de Manhattan. “Yo intento ser el mexicano en los espacios aquí en Nueva York”, dice. Hay algo particularmente interesante en esa afirmación porque no

aparece desde la nostalgia simplista ni desde el nacionalismo performativo. Más bien funciona como una manera de mantener cierta sensibilidad humana dentro de un entorno extremadamente competitivo. El New York City Ballet ha sido históricamente una compañía asociada con la velocidad y la excelencia técnica, pero detrás de esa maquinaria también existen trayectorias migrantes, historias personales y negociaciones culturales constantes.

Z úñiga es consciente de lo excepcional de su propia experiencia y también de las limitaciones estructurales que enfrentan muchos jóvenes bailarines en México. Cuando habla del futuro de la danza en el país, menciona dos problemas centrales: la falta de apoyo institucional y el machismo todavía presente alrededor del ballet. “He visto escuelas y teatros que tienen que buscar dinero debajo de los colchones para montar presentaciones”, dice. Para él, la falta de inversión pública en las artes termina afectando directamente la posibilidad de que nuevos talentos se desarrollen. Pero también habla del prejuicio cultural que todavía asocia la danza con algo exclusivamente femenino: “A veces te preguntan: ‘¿y de qué vas a vivir?’”.

QU IZÁ POR ESO, cuando imagina el futuro, no piensa únicamente en seguir ascendiendo dentro de Nueva York. También imagina construir puentes entre México y Estados Unidos. Menciona específicamente Gala de Danza, el proyecto fundado por Christina Lyon que reúne a bailarines internacionales en México, y habla de la posibilidad de llevar experiencias similares a distintas ciudades del país. “Me gustaría enseñarles a los

mexicanos lo que es el ballet profesional”, dice, enfatizando la palabra como si quisiera marcar una clara diferencia entre la idea abstracta de lo que es el ballet y la realidad concreta de lo que supone trabajar para una compañía de élite.

También sueña con trabajar directamente con algunas escuelas mexicanas, ya sea enseñando o ayudando a recaudar fondos. Ahí vuelve a aparecer una idea fundamental para él: la formación. “Eso hizo George Balanchine”, dice. “Primero creó la escuela y después la compañía”, añade. La referencia no es casual. Toda la estructura del New York City Ballet nació precisamente de esa visión pedagógica de formar bailarines desde una técnica específica antes de construir un repertorio propio. En muchos sentidos, Z úñiga parece interesado en replicar algo similar desde una perspectiva mexicana, creando las infraestructuras necesarias antes que únicamente visibilidad.

Hay una mezcla de disciplina feroz y confianza intuitiva que atraviesa la historia personal de Z úñiga : empezar tarde pero avanzar rápido, dejar México sin demasiadas certezas, adaptarse a una de las instituciones más rígidas del ballet internacional sin abandonar completamente su propia sensibilidad. En el escenario, esa combinación produce algo difícil de definir. Sus movimientos responden con exactitud quirúrgica a la estructura musical, pero nunca se sienten mecánicos. Hay una tensión viva entre control y personalidad, entre rigor y presencia. Tal vez por eso Agon parece quedarle tan bien. Y mientras la música avanza entre conteos imposibles, Z úñiga continúa moviéndose dentro de esa arquitectura exacta como si hubiera pertenecido a ella desde siempre.

Imagen de la fachada del David H. Koch Theater, en Nueva York.

Escapar para respirar

En Phuket, O’ahu y Bali el lujo representa una profunda conexión con el entorno gracias a experiencias que generan efectos duraderos en el cuerpo y el espíritu.

HAY ALGO MUY romántico en la idea de escaparse a lugar remoto donde olvidar preocupaciones y rutinas. Para quienes vivimos en grandes ciudades, la idea de refugiarnos en una isla es particularmente idílica. Presentamos tres resorts de lujo que reimaginan el concepto de bienestar, entrelazándolo con la naturaleza, la cultura y el alma de los espacios que habitan.

AMANPURI, PHUKET (TAILANDIA)

Cualquier amante del bienestar sueña con hospedarse en una propiedad de Aman. Para entender la experiencia que ha hecho de la marca un icono basta con viajar a Phuket, en Tailandia, donde se ubica Amanpuri, su primer resort. Situado en una hermosa península de arena blanca, el hotel emana serenidad desde la primera vista, una promesa que se cumple en cada momento de la estancia.

Con una visión que combina la sabiduría ancestral de Tailandia con prácticas modernas, el Holistic Wellness Centre se concentra en la personalización de cada tratamiento y experien-

Arriba: ubicado en Ubud, en el corazón de Bali, el hotel Mandapa, A RitzCarlton Reserve está rodeado por una densa vegetación y campos de arroz. Varias de sus villas cuentan con alberca privada. Derecha: detalle de una de las habitaciones del hotel Mandapa, A RitzCarlton Reserve.

cia, incluyendo las estancias Wellness Immersions. Con al menos tres días de duración, estos programas incluyen sesiones de movimiento, terapias de spa y menús completamente adaptados a las necesidades y metas del huésped.

La atención ultrapersonalizada es parte de la magia en Amanpuri. El equipo de expertos se encarga de analizar qué es lo que cada huésped necesita, ya sea un masaje relajante, una clase de Pilates o un programa integral. Una opción es el muay thai o boxeo tailandés, una técnica de autodefensa que no solo exige al cuerpo fuerza y velocidad, sino también destaca la importancia de una mente sana.

Amanpuri es también una de las siete sedes del retiro Detoxification Programme, programas de bienestar curados por el tenista Novak Djokovic, consejero global de bienestar para la marca desde 2024. Adaptable a las necesidades y a la longitud de la estancia de cada huésped, el programa invita a seguir los pasos que el mismo Djokovic ha utilizado a lo largo de su carrera. Masajes tradicionales tailandeses, sesiones de sanación con sonido junto al mar y ceremonias espirituales guiadas ofrecen la oportunidad de limpiar el sistema, mientras que la belleza del entorno se encarga de hacer que cada momento sea profundamente sanador.

FOUR SEASONS RESORT O’AHU AT KO OLINA, O’AHU, HAWÁI (ESTADOS UNIDOS)

De las seis islas que componen Hawái, O’ahu es la la más poblada. A unos 20 minutos de Honolulu, en la comunidad de Ko Olina “lugar de felicidad”, en la lengua local , Four Seasons Resort O’ahu at Ko Olina invita a bajar el ritmo y sumergirse en una oferta de bienestar que combina a la perfección la calidad habitual de la marca con un profundo amor por lo local.

La primera prueba está en la sesión de sound bath, guiada por el sanador local Pi’iali’i Lawson. Con una energía tranquilizante y llena de empatía, Lawson hace uso de distintos cuencos y campanas para llevar a los huéspedes a un estado de calma e introspección que encuentra su mejor complemento en el masaje Lomi Lomi, una práctica de sanación tradicional basada en movimientos suaves que fluyen al ritmo de las olas.

Más allá del spa, el resort y su entorno ofrecen infinitas oportunidades para sentir el abrazo de la isla, de sus montañas y sus mares. La pequeña bahía que se extiende frente al hotel parece una alberca de aguas cálidas. Bajo el sol de la mañana, una embarcación polinesia espera en la arena lista para transportar a los huéspedes en una travesía a través del agua y del tiempo. Liderada por un capitán local, la Moananuiakea Voyaging Experience es una oportunidad para acercarse a los métodos de navegación de los antiguos polinesios, quienes entendían las olas, las mareas, las corrientes y las estrellas para encontrar su camino. Todas las referencias a Moana son bienvenidas.

Por la noche, son las estrellas las protagonistas de la experiencia de observación astronómica Stars Above Hawaii. Equipado con dos poderosos telescopios, un guía invita a los huéspedes a identificar distintas galaxias, planetas y estrellas, los mismos que orientaban a los ancestros y que hoy, quizá, para muchos huéspedes se oculten

Derecha: uno de los salones del spa del Four Seasons Resort O’ahu at Ko Olina, ubicado en Hawái. Abajo: el hotel hawaiano ofrece a sus huéspedes experiencias personalizadas relacionadas con el mar y la naturaleza.

detrás de las nubes o la contaminación lumínica de sus ciudades, convirtiéndose en un inspirador espectáculo natural.

Para enlazar cada una de estas experiencias con el espíritu de la isla, es esencial contar con los guías y expertos indicados. “Nuestro programa de bienestar está profundamente ligado al lugar”, explica Breege Holden, directora del Naupaka Spa & Wellness Center. “El bienestar va más allá del spa. Es reconectar con la mana, la fuerza vital de la isla. Nos aliamos con expertos para asegurarnos que cada experiencia sea auténtica y respetuosa con la cultura local”, agrega.

MANDAPA, A RITZ-CARLTON RESERVE, UBUD, BALI (INDONESIA)

El escenario es un sueño absoluto. Un refugio rodeado de selvas y montañas bañado por un río que genera esa sensación de que, si queremos, nadie nos encontraría aquí. Y no es ninguna sorpresa. Durante décadas, Bali ha atraído a viajeros de todo el mundo en busca de un cambio de escenario, de una nueva vida, de paz espiritual. En Mandapa, A Ritz-Carlton Reserve, esta búsqueda encuentra su expresión más extraordinaria: un santuario de renovación donde la inspiración local y la sofisticación se respiran en todo momento.

Aquí, la experiencia se sostiene sobre tres pilares fundamentales, cuidadosamente desarrollados y totalmente entrelazados entre sí: bienestar, sostenibilidad y gastronomía. A lo largo y ancho de la propiedad, construida alrededor de un sembradío de arroz a modo de una aldea tradicional balinesa, el diseño, a cargo del estudio Designwilkes, rinde tributo a la estética de la región, haciendo uso de materiales sostenibles y combinándolos delicadamente con elementos contemporáneos.

La vocación sanadora de Bali se hace presente en cada elemento del programa, desde masajes personalizados hasta distintos tipos de yoga y meditación, y alcanza un nuevo nivel de profundidad cuando se trata de terapias alternativas acupuntura, reiki, respiración y prácticas tradicionales balinesas impartidas por sanadores locales como Pak Wayan, experto en el modelo Panchamaya Kosha. En esta sesión, el experto trae equilibrio a las cinco capas del cuerpo, liberándolo de bloqueos emocionales y molestias físicas.

Los poderes de la isla también inspiran a dejar ir lo que ya no sirve y recibir lo nuevo, el pretexto ideal para embarcarse en el ritual balinés Homa Yajna, una bendición con fuego que se basa en los antiguos textos védicos. Comenzando con una meditación junto a la hoguera, la ceremonia invita al huésped a realizar una ofrenda de granos y lentejas, mientras los guías llenan el aire con la melodía de sus cantos y campanas balinesas, invocando salud y abundancia.

Incluso en escenarios como este, puede resultar difícil desconectarse por completo de los estímulos constantes, especialmente los que habitan el mundo digital. La alternativa ideal resulta el programa Disconnect to Reconnect, con una serie de actividades diarias que invitan a acercarse a la naturaleza y a buscar la inspiración y la creatividad que llevamos dentro, presionando ese muy necesario botón de apagar… Aunque sea por unos días

Arriba: el hotel Amanpuri, abierto en 1988 en la isla de Phuket, en Tailandia, fue el primer establecimiento de la cadena Aman. Derecha: detalle de una de las habitaciones del hotel Amanpuri.

MALL
PACHUCA
PARQUE TEPEYAC

Derecha: la actriz Anna Díaz comenzó estudiando teatro en la Universidad de las Artes

HAY UNA FORMA de soledad que no nace de la falta de compañía, sino de la falta de espejos. Para Anna Díaz, esa sensación comenzó frente a la televisión, durante su infancia en el sureste mexicano. Mientras el mundo exterior bullía con el ritmo pausado de Campeche, la pantalla le devolvía imágenes ajenas, rostros que no compartían su tono de piel, historias que ignoraban su contexto y una estética que dictaba que la belleza y el éxito tenían un solo molde. “Todo lo que consumía era muy gringo y también estaba esta idea de las telenovelas, con la que no me identificaba”, relata la actriz a T México. Para quien se autodescribe como una “niña espía”, esta ausencia de referentes fue un laboratorio de observación profunda. “De pequeña, me gustaba identificar gestos, acciones y actitudes; con eso me inventaba juegos sola, donde tenía que interpretar cosas”, recuerda sobre aquellos años donde, a falta de referentes, decidió convertir su propia casa en un escenario de contemplación.

Fue precisamente ese vacío el que la empujó a mirar hacia adentro, a las mujeres de su familia —su madre, su hermana, su abuela—, encontrando en sus silencios y rutinas la materia prima para su arte. “Me acuerdo que fue muy fuerte verme al espejo y decir: claro, tengo este rostro, estos dientes, esta piel, estos vellitos”, confiesa, señalando esa herida fundacional que muchos actores de su generación comparten, la de crecer en un país que no se parece al que muestran sus medios.

Esa búsqueda de pertenencia, que empezó como un juego solitario, encontró un rigor formal en la Universidad de las Artes de Yucatán. Para Díaz, el teatro era una necesidad de refugio. “Yo sentía que el cine y la tele eran de un glamour inalcanzable, una belleza a la que no pertenecía... Creía que el teatro me iba a abrir otros lugares”, explica. En las tablas, lejos del artificio de la cámara, descubrió que la actuación era, por encima de todo, un ejercicio de alteridad y generosidad. “Me enseñó lo más importante de la ficción: que realmente es un trabajo en equipo. Uno no puede construir sin el otro”, continúa Díaz. Esa lección de humildad y colectividad sería el cimiento sobre el cual construiría una carrera que, en apenas un par de años, la llevaría a la Berlinale con La cocina (2024), de Alonso Ruizpalacios, y finalmente a caminar sobre la alfombra roja de la última edición del Festival de Cannes como protagonista de Ceniza en la boca (2026).

el

La película, dirigida por Diego Luna, es una colisión necesaria entre la literatura de Brenda Navarro y la urgencia de narrar el desarraigo. Basada en la novela homónima, la historia de Lucila —el personaje de Díaz— es la crónica de una fractura emocional que comienza con un suicidio y se expande a través del océano, entre México y una España que se siente como un refugio a medias. Luna ha mencionado que encontró en el libro de Navarro las

La actriz Anna Díaz llegó por primera vez a Cannes con Ceniza en la boca, una película que explora el desarraigo, la violencia emocional y la necesidad de encontrar un lugar propio dentro y fuera de la pantalla.

palabras exactas para nombrar “la experiencia de irse, de ser dejado, y lo que le cuesta a ambos”, y Díaz se convirtió en el vehículo perfecto para esa herida. “Lucila es un personaje que se habita y se comprende desde la entraña, desde lo visceral”, explica. “Me di cuenta de eso desde que leí el libro y luego el. La única manera de acompañar el universo de este personaje era metiéndote a lo profundo, dejando el alma ahí, entendiéndolo en lo corporal, más que intelectualizándolo o buscándole explicaciones”, señala la actriz. Habitar a Lucila no fue gratuito. La carga de representar la migración, no como una cifra estadística sino como un duelo constante por lo que se dejó atrás, llevó a Díaz a un punto de desarrollo profesional inédito. “Definitivamente, protagonizar un proyecto supone muchísima responsabilidad. A partir de Ceniza en la boca, sí puedo considerar que hubo una

Ocupar espacio

Por Kira Álvarez Fotografía por Jesús Soto
de Yucatán.

Anna

y Diego

madurez respecto a mi capacidad de interpretación para entender que adentrarte en un proceso que requiere cierta emotividad de ti es algo desgastante”, relata. Para Díaz, la película es una oportunidad para sensibilizarnos como sociedad y entender que detrás de cada esfuerzo de adaptación hay una soledad que pide ser leída. “Hay que saber entender que cada historia es distinta y realmente intentar que el mundo sea un mejor lugar. Al menos para alguien”, dice.

en el

En la novela de Navarro, la música funciona casi como una presencia emocional constante. A lo largo de Ceniza en la boca , bandas como Vampire Weekend aparecen como parte del paisaje íntimo de los personajes. Son canciones que acompañan el desarraigo, la adolescencia y la necesidad de construir una identidad propia lejos de casa. Al preguntarle a Díaz por el soundtrack personal que acompaña sus propios procesos creativos, la actriz responde desde un lugar igual de intuitivo: “Escucho por elección a FKA twigs, Oasis, The Beatles. Me gusta también mucho el K-pop”, cuenta. “La música me acompaña dependiendo de cómo me siento o de cómo me quiero sentir”, agrega. Ese universo sonoro parece acompañar también una carrera que empieza a expandirse hacia lo desconocido con una curiosidad insaciable. Esta apertura a lo auditivo revela una metodología de trabajo que huye de lo rígido; Díaz no impone una interpretación, sino que permite que el entorno —ya sea una melodía de FKA Twigs o el silencio de un set— informe su estado emocional. Esta flexibilidad es lo que le permite transitar de la aspereza de Lucila a la ligereza de futuros proyectos con una naturalidad pasmosa. Hoy, mientras el número de junio llega a las manos de los lectores, la efervescencia de Cannes ha pasado a ser una memoria que Díaz procesa con la calma de quien sabe que su lugar en la industria ya no es una incógnita. Aquel festival, que ella describe como una experiencia donde “todo sucede a una velocidad fugaz”, fue el escenario donde esa infancia de observación silenciosa finalmente se reveló ante el mundo como una fuerza actoral indiscutible. Para Díaz, el éxito en la Costa Azul fue un regalo que

llega acompañado de un equipo que hoy siente como familia y que incluye a figuras como Gael García Bernal y el propio Luna, una genealogía de cineastas que han pavimentado el camino para una nueva generación de intérpretes que ya no piden permiso para ocupar espacios protagónicos. “Admiro muchísimo a Gael y a Diego desde hace mucho tiempo. Es algo hermoso que nunca imaginé posible”, confiesa.

A PESAR DE LOS reflectores internacionales y de tener proyectos en puerta con directores de la talla de García Bernal y Rodrigo García Saiz, Díaz mantiene un ancla inamovible en su origen. En cada personaje que construye, en cada mirada que lanza a la cámara, hay un tributo silencioso a las mujeres de su casa. “Siempre intento meter algún guiño muy personal ya sea a mi madre, a mi hermana, a mi abuelita o a mis sobrinas. Me gusta llevarlas conmigo en todo lo que hago”, desvela. Esa conexión con sus raíces es lo que le permite navegar la ficción sin perder el norte ya que, para ella, el cine es un medio para que otros se encuentren. “Si mi yo de 13 años encontrara una foto mía ahora, siento que ya no se sentiría fuera de lugar. Si puedo hacer que alguien no sienta que tiene que ser de cierta manera para acceder a ciertos lugares, eso es suficiente”, relata.

Díaz entiende que su labor trasciende el entretenimiento y que tiene más que ver con habitar espacios que históricamente fueron diseñados para otros cuerpos y otras voces. “Quisiera seguir contando historias que me confronten, historias que me hagan hacerme preguntas y sobre todo entender algo que probablemente antes desconocía”, dice.

Al final, su trayectoria no es solo la crónica de un ascenso, sino la de una mirada que se desplazó de la observación periférica al centro del encuadre. “Me entusiasman todas las posibilidades que te puede dar el cine... He estado en lugares donde probablemente sería muy difícil estar si no fuera porque ahí me ha llevado a habitar la ficción”, reflexiona. En esa capacidad de existir en otras realidades, Díaz ha encontrado una certeza profesional: la ficción es, paradójicamente, el terreno más sólido para que aquellos rostros que antes fueron omitidos puedan, por fin, hacerse presentes. Su lugar en el cine contemporáneo es la consecuencia de entender que la pantalla es, sobre todo, una herramienta para redibujar los límites de lo posible.

Izquierda: fotograma de Ceniza en la boca, la película con la que Díaz participó en la pasada edición del Festival de Cannes, en la Costa Azul.

Derecha:
Díaz
Luna
rodaje de Ceniza en la boca, el mes de febrero del año pasado en Madrid.

VOLVERAHABITARSE

Abajo: Marina de Tavira es la protagonista de la película Siempre soy tu animal materno (2026), coproducida entre Costa Rica, Bélgica, Francia y México.

La actriz Marina de Tavira acudió a Cannes para presentar ‘Siempre soy tu animal materno’, la nueva película de Valentina Maurel.

Por Andrea Rendón

HAY ALGO PROFUNDAMENTE conmovedor en la manera en que Marina de Tavira habla de sus personajes: nunca parecen existir únicamente en la ficción, sino en una zona íntima donde la experiencia personal, la memoria y la vulnerabilidad se entrelazan. En la última edición el Festival de Cannes, la actriz mexicana llegó por primera vez a la sección Un Certain Regard con Siempre soy tu animal materno (2026), la nueva película de la cineasta franco-costarricense Valentina Maurel, una de las voces más singulares del cine latinoamericano contemporáneo. La película —coproducida entre Costa Rica, Bélgica, Francia y México— explora la maternidad, la identidad y las tensiones familiares desde una mirada íntima, áspera y profundamente latinoamericana.

La participación del filme en Un Certain Regard, sección históricamente dedicada a las propuestas autorales más arriesgadas y a nuevas perspectivas cinematográficas, también marca un momento significativo para el cine centroamericano, ya que es una de las pocas producciones de la región presentes en la selección oficial del festival este año. Maurel, quien anteriormente llamó la atención internacional con Tengo sueños eléctricos (2022) —ganadora del premio a Mejor Dirección en el Festival de Locarno—, continúa aquí su exploración de los vínculos familiares, los cuerpos incómodos y las emociones que rara vez encuentran un lenguaje claro.

En esta conversación con T México, llevada a cabo en Cannes durante el festival, Marina de Tavira, quien recibió el premio a la Mejor Interpretación Femenina en la sección Un Certain Regard, reflexiona sobre interpretar a una mujer que intenta reencontrarse consigo misma después de años dedicada a la maternidad, con la complejidad además de sostener simultáneamente una vida artística y familiar, así como sobre la fuerza de una generación de cineastas mujeres latinoamericanas que hoy están reformulando las narrativas del cine contemporáneo desde lo íntimo y lo político. Porque, como sugiere la propia película, las historias más honestas suelen ser también las más universales.

T México: ¿Qué significa para ti estar en Cannes con una película como Siempre soy tu animal materno?

Marina de Tavira: Es mi primera vez en este festival y, la verdad, me siento muy emocionada de estar en una sección tan especial como es Un Certain Regard, porque creo que aquí vienen películas con una enorme fuerza y una gran autenticidad cultural. Hablan mucho de dónde vienen, y yo creo que el cine también es eso, hablar desde una raíz, desde unos orígenes. En este caso, además, me produce mucho orgullo poder representar a la hermandad latinoamericana que somos. Mi personaje es una mujer que nació en México, pero que lleva viviendo muchos años en Costa Rica. Es una película desde la mirada femenina que habla sobre las mujeres y sus particulares relaciones en torno a la maternidad.

T México: Siempre soy tu animal materno tiene un título muy particular. ¿Qué fue lo primero que sentiste cuando leíste el guion por primera vez y por qué elegiste el proyecto?

M. d T.: Yo ya estaba segura de que quería participar en esta película desde antes de leer el guion. Ya el título me hablaba de algo que, como actriz, me ha gustado mucho investigar, que es el rol y las distintas formas de ser madre. He tenido la oportunidad de representar a madres en el cine desde muy

distintos ángulos, este es uno nuevo, y eso me emocionaba. Y después de ver Tengo sueños eléctricos la película de Valentina, que me gustó muchísimo, y de conocer su cinematografía y su forma de ver el mundo desde el cine me dije: “Este es un proyecto que no se puede dejar pasar, por el que hay que pelear”. Felizmente, Valentina y yo coincidimos artísticamente, nos entendimos y nos escogimos para hacer esta película que hoy nos trae hasta aquí.

T México: Has construido una carrera muy ligada a personajes emocionalmente complejos. ¿Qué parte de este personaje te confrontó o te llevó a lugares nuevos como actriz?

M. d T.: Creo que cada personaje es una oportunidad de entender otra forma de existir, otra forma de estar en el mundo, y eso es lo que más me apasiona de la actuación, que es una forma de conocimiento de la experiencia humana. Para el personaje de Isabel, era necesario adentrarse en cómo es ser madre cuando ya sientes que probablemente tus hijas están tomando su propio camino, que ya no te necesitan tanto. Cuando estás en ese momento de la vida en que puedes retomar ciertas cosas que la maternidad te hizo poner a un lado. Ese momento en el que se dan cuenta de que la maternidad también significa soltar, dejar ir, que las hijas y los hijos encuentren su propio camino. Es cuando te das cuenta de lo que dejaste atrás, de que ya no tienes tanto tiempo para retomarlo, y entras en ese pozo de lo perdido. En este caso, Isabel es poeta. ¿Qué tanto puede recuperar aquello que dejó en pausa durante 20 años? También se da cuenta de que su juventud se fue. Como actriz, tu propia edad y tu misma experiencia personal van acompañando a tus personajes. No es lo mismo interpretar en una película a una madre que tiene un recién nacido o un bebé, o participar en otra película que hable de la forma de ser madre desde la incapacidad de concebir.

Desde arriba: fotogramas de la película Siempre soy tu animal materno (2026), de la directora costarricense Valentina Maurel.

eslabones que construyen la posibilidad de otro mundo. Que el cine de las mujeres esté cobrando tanta fuerza es una buena noticia para todas y todos. Y yo creo que una visión desde el punto de vista femenino siempre será una buena noticia para cambiar el mundo, para pensar en una mejor posibilidad de existencia.

que trata la depresión posparto de una manera brutal y muy incisiva. O también Cinco lobitos (2022), película española que también me pareció extraordinaria para mostrar aspectos de los que a veces no se puede hablar. Yo he tenido la oportunidad de presentar esta experiencia en el cine de diferentes maneras. Roma (2018) fue una de ellas. Y ahora Siempre soy tu animal materno En mi experiencia personal, ser madre me ha hecho crecer en mi vida profesional, porque también hablo desde ahí, de lo que cambió para siempre después de ser madre. Agradezco muchísimo esa experiencia por lo que ha significado en mi desarrollo como actriz.

T México: ¿Qué sigue para Marina de Tavira en cine y teatro?

T México: El cine latinoamericano dirigido por mujeres está viviendo un momento muy potente en festivales internacionales. ¿Sientes que las conversaciones dentro de los sets también están cambiando? M. d T.: Estamos en un momento, que comenzó hace unos años, en el que la mirada de las mujeres para contar las historias, para plasmar diferentes mundos desde esa visión, está teniendo una enorme potencia. Digamos que el mundo empezó a voltear a ver hacia allá porque se hicieron oír. Me parece fundamental esa visión femenina en un mundo que lleva tantísimas décadas —y mucho más que décadas— viviendo desde un testimonio patriarcal. Hemos estado contando las historias desde un punto de vista patriarcal, no masculino, porque lo masculino siempre será tan importante como lo femenino, pero sí patriarcal. Creo que en el cine, como en el teatro y la literatura, existen esos

T México: Hay algo sobre la maternidad, o las ideas alrededor de ella, que sigue siendo muy difícil de retratar sin clichés. ¿Qué crees que sí logra decir esta película que normalmente no vemos en pantalla?

M. d T.: Creo que la experiencia de la maternidad es tan inagotable como todas las mujeres que han pasado por ella. Es decir, no es igual para ninguna mujer y, en ese sentido, es una posibilidad infinita de narrativa en el cine, en el teatro, en la literatura o en la vida. Tenemos múltiples ejemplos de películas que retratan esta experiencia lejos del cliché del Día de las Madres, de las flores y de las licuadoras. Puedo pensar ahora, simplemente, por ejemplo, en una que vi recientemente, Die, My Love (2025),

M. d T.: Mucho teatro. Vengo de un par de años de experiencias teatrales muy transformadoras: Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams; La niña en el altar, de Marina Carr; y Antígona González, de Sara Uribe, un tremendo monólogo sobre la desaparición forzada en México. Para mí, el teatro no solamente es mi forma de conocer el mundo, sino también la oportunidad de decir aquellas cosas que me resultan urgentes y que no me puedo callar, las que me hacen sentir que, aunque sea de una manera pequeña, pongo un granito de arena que sí puede ser transformador.Ahora estoy muy feliz porque retomo Un tranvía llamado deseo en una cuarta temporada. Ha sido una experiencia teatral maravillosa, con una acogida del público extraordinaria, un equipo que es de verdad una gozada y un director que sabe llevarnos desde la pasión y el compromiso transformador del teatro.

EL BRILLO DE LA ALFOMBRA ROJA

La relación entre

Chopard y el Festival de Cine de Cannes se remonta al año 1998.

Conversamos con Caroline Scheufele, directora creativa de la marca.

EN 1985, CAROLINE Scheufele, entonces todavía una adolescente, diseñó el Happy Clown, la primera pieza con la que Chopard, legendaria casa relojera, irrumpió en el mundo de la joyería. Inspirado en los relojes Happy Diamonds y en el mundo del circo, en apenas unos años, aquel payaso elaborado en oro, que incluía rubíes, diamantes y esmeraldas en su barriga como si fueran bolas de malabares, se convirtió en una de las joyas más representativas de la marca. “Un ícono se crea en una fecha concreta, pero en realidad es el tiempo el que lo hace, cuando es valorado por diferentes generaciones, nacionalidades, lenguas y culturas. No es fácil”, explica Scheufele a T México en Ginebra, durante un receso de sus actividades en la feria Watches & Wonders. La hoy directora creativa y copresidenta de Chopard llega a la cita ataviada con una reedición de aquel Happy Clown seminal, una pieza que, como la propia marca, se ha adaptado a su tiempo para continuar trascendiendo.

Tres semanas después de esta entrevista, Scheufele se trasladará a la Costa Azul francesa para participar en una nueva edición del Festival de Cine de Cannes, con el que Chopard colabora desde finales de los noventa en lo que la propia creativa define como “una historia de amor”. “Yo era fan del festival, quería participar, pero no sabía si quería hacerlo con un evento, una fiesta o un patrocinio”, recuerda Scheufele, quien presentó en la Costa Azul Miracles, la última colección de la maison. Y entonces conoció a Pier Viot, director del certamen, quien la invitó a remodelar el trofeo. El festival buscaba un

Por Javier Fernández de Angulo

Derecha: Caroline Scheufele, directora creativa y copresidenta de Chopard.

rediseño para celebrar su 50° aniversario y Scheufele, decidida, aceptó el reto de inmediato. Amante del cine desde la infancia, el desafío la motivó a crear una nueva Palma de Oro, que se presentó en 1998 y que desde 2014 se elabora con oro ético certificado, reafirmando así el compromiso de la casa con la minería responsable. “La sostenibilidad es una tendencia en el universo del lujo, al menos eso espero. El lujo debe ser transparente y debe buscar con determinación la producción ética”, señala la creativa. Más tarde llegaría también el Trofeo Chopard, concebido para premiar el talento joven en el ámbito de la interpretación, y en 2007 la Red Carpet Collection: desde entonces, la marca presenta cada año una cantidad de piezas de alta joyería igual al número de la edición del festival.

Esa intrínseca relación con los galardones franceses, quizás los únicos que hoy compiten en glamour, trascendencia e influencia con los Oscars, le ha permitido a Scheufele establecer una estrecha amistad con algunas de las estrellas que año tras año se desplazan a la Costa Azul. Pedro Almodóvar, amigo íntimo de la diseñadora, fue uno de los protagonistas de la última edición del festival, en la que presentó Amarga Navidad (2026), su última película, pero también leyendas del cine clásico como Elizabeth Taylor apostaron en el pasado por las joyas de Chopard para brillar en la alfombra roja más famosa de Europa. “Vio algunas piezas y dijo que se las llevaba, que quería dormir con ellas”, recuerda Scheufele sobre su relación con la protagonista de Cleopatra (1963). “Al día siguiente, se despertó en su villa y me pidió que le llevara toda la colección. Colocó todas las joyas sobre la mesa y las mezcló con las suyas mientras un perro pequeño paseaba entre ellas. Hubo un momento en que yo no sabía cuáles eran suyas y cuáles mías. ‘No te preocupes’, me dijo. ‘Las que te falten te las pago’. Al final se llevó casi todo”, añade. Pero Taylor no ha sido la única. Actrices como Uma Thurman, Isabelle Huppert, Angelina Jolie y Julia Roberts y modelos como Kate Moss o Bella Hadid también han portado creaciones de Scheufele en alguno de los eventos que acoge el festival, algunos de ellos organizados por la propia casa joyera; es el caso de la Chopard Annual Dinner and Love Party, una de las citas más deseadas y exclusivas en la agenda del festival. “Caroline es como sus joyas, creativa y alegre, disfruta como una niña. Admiro su curiosidad y cómo le gusta diseñar, casi como si fuera un juego en el que pone toda su personalidad”, dice a T México, también en el marco de Watches & Wonders, el actor y productor Alejandro Nones, quien ha acudido a varias ediciones del festival francés. “Sus fiestas en Cannes son las mejores, en grandes espacios como palacios, hoteles de lujo o playas privadas. Siempre tienen muchos detalles, la mejor música y los mejores invitados”, continúa Nones, quien recuerda momentos tan especiales como ver a Robbie Williams interpretando en directo la canción I Will Survive en la Gold Party de Chopard del año anterior, evento en el que también han participado cantantes como el tenor José Carreras, Mika, Seal o Enrique Iglesias. Gracias a su condición de miembro oficial de la Federación de la Alta Costura y de la Moda, estatus que la marca alcanzó en 2015 tras demostrar a la institución un nivel de artesanía manual equivalente al de la artesanía textil, Chopard pudo integrarse en los desfiles de la Semana de la Alta Costura de París, donde cada año presenta sus colecciones de alta joyería junto a las creaciones de los grandes diseñadores del mundo. La sinergia, sin embargo, no se quedó ahí y en 2023 la marca lanzó Caroline’s Couture, su primera incursión en la industria de la moda, una unidad de

negocio también liderada por Scheufele y que, según Nones, “la mantiene emocionada”.

Para crear Caroline’s Couture, Scheufele se rodeó de destacados maestros artesanos del diseño textil y de la costura y reconoce que mantener la empresa como un proyecto de propiedad familiar es un motivo de orgullo frente a las grandes corporaciones. “Tenemos que buscar nuestro espacio”, asegura sobre una independencia que les permite trabajar con mayor agilidad, apostar por la calidad y desarrollar obras artesanas, únicas, más libres y creativas. “Es una labor donde controlamos todo el proceso”, apunta sobre un proceso creativo abierto en el que “no hay instrucciones” y en el que la inspiración puede llegar de la música, el cine o la arquitectura. “No hay reglas”, añade Scheufele, quien suele trabajar en casa, rodeada de lápices, marcadores, acuarelas, dibujos y papeles, a veces bajo la mirada curiosa de sus numerosos perros. Y es que los animales, como la naturaleza, ocupan un lugar central en su imaginario creativo. “Siempre hay algo nuevo, es un gran poder”, reconoce. Consciente de la necesidad de adaptarse a distintos mercados y generaciones, Scheufele observa con atención a los nuevos públicos. “Las nuevas generaciones están más atentas a la sostenibilidad, a las reglas éticas, son más curiosos y manejan más información de todo lo que hay en el mercado”, señala la directora creativa de Chopard, una firma que desde 1978 controla el origen del oro con el que trabaja a través de su propia fundición. Esa obsesión por la trazabilidad se ha reforzado con el tiempo, hasta concretarse en 2019 con la presentación de una colección de relojes fabricados en Lucent Steel, un acero compuesto en un 70 por ciento por material reciclado. A esta visión se suma también el concepto green carpet, creado para mostrar joyas cuyos materiales respetan criterios de sostenibilidad en todo el proceso, desde la mina hasta el escaparate.

En su tiempo libre, Scheufele regresa a su esencia. Le gusta dibujar flores y jardines, escuchar música, visitar museos y disfrutar de sus seis perros, su “gran familia”. Viajar es otra de sus pasiones. “Estuve en México solo una vez unas horas para una apertura, pero tengo que volver”, asegura, y no duda a la hora de dar un consejo a una mujer que decida abrirse camino en el negocio de la joyería: “Deben tener pasión por las piedras y, si quiere diseñar, también talento. Es una industria compleja donde se une lo artesanal con la tecnología”, observa. ¿Y la Inteligencia Artificial? “Puede ayudar, pero nunca va a diseñar por mí”, augura.

Cuando intenta definir qué es hoy el lujo, Scheufele se aleja de lo material. “Es una gran palabra, pero para mí es tener tiempo. El lujo no es material, es un estilo de vida. Sentir el aire fresco de la naturaleza y levantarte feliz por la mañana, sana”. Después de una larga conversación sobre esmeraldas, diamantes, oro, zafiros y joyas, la conclusión llega con una sencillez casi inesperada. Para Scheufele, el lujo es, ante todo, una experiencia emocional.

Izquierda: el actor francés William Abadie, embajador de Chopard. Abajo: alfombra roja del Festival de Cine de Cannes, con el que Chopard colabora desde el año 1998.

LITERATURA

El escritor Michael Cunningham, de 73 años, nos comparte sus favoritos de entre los libros menos conocidos escritos por autores célebres.

NO TE SALTES LAS CARAS B

‘ROMOLA’ (1863), de George Eliot

¿Quién pensaría que existe una gran novela de George Eliot de la que ni yo ni ninguno de mis amigos habíamos oído hablar? Romola fue la cuarta novela de Eliot, publicada entre El molino del Floss (1860) y Middlemarch (1870-71). Si mis amigos y yo simplemente no nos enteramos de esto, y todas las personas que admiran a Eliot, excepto por nosotros, conocen Romola, entonces no hay razón para leer las siguientes líneas. Romola no es una de esas obras fallidas excepcionales que conviene dejar en el olvido frente a la grandeza del resto de la obra de Eliot. Es su única novela histórica, ambientada en la Florencia del Renacimiento. En ella aborda temas como el poder, la religión, el arte y la agitación social, pero nunca se vuelve árida ni excesivamente intelectual. Su personaje central es una joven brillante y de pensamiento libre llamada Romola, que termina atrapada en un matrimonio tan desastroso que hace parecer el de Anna Karenina relativamente afortunado. Probablemente tiene que ver con que muchos de los otros libros de Eliot han sido adaptados al cine o a la televisión, con actores como Hugh Dancy, Ben Kingsley, Emily Watson y Rufus Sewell. Quizá la BBC esté haciendo aún más de lo que imaginábamos para mantener viva la literatura clásica. (En 1924, Romola fue adaptada como película muda protagonizada por Lillian Gish). Anthony Trollope adoraba Romola. Eso sí, le advirtió a Eliot que no le exigiera demasiado a sus lectores, algo que quizá ayude a explicar su relativa oscuridad.

‘Romola’ no es una de esas obras fallidas excepcionales que conviene dejar en el olvido frente a la grandeza del resto de la obra de Eliot.

‘QUIET DELL’ (2013), de Jayne Anne Phillips

Puede que haber sido el Libro de la Semana de Oprah Winfrey la descalifique como un título desconocido, pero aun así no es ni remotamente tan famosa como Black Tickets (1979), el libro debut de relatos de Phillips, ni como su novela más reciente, Night Watch (2023), que finalmente le valió un premio Pulitzer que merecía desde

hacía mucho tiempo. Nadie tiene la capacidad de Phillips para usar un lenguaje poderoso y estilizado como una linterna que apunta hacia los rincones más oscuros. En Quiet Dell está en la cima de sus facultades, algo que se hace evidente en especial cuando enfoca ese láser verbal sobre hechos atroces que ocurrieron. Siempre me sorprende su capacidad para transformar vidas sórdidas y miserables en algo que solo puedo describir como una mitología salida de Blade Runner. Por ejemplo, este pasaje del capítulo inicial de Quiet Dell: “Allá arriba las campanas repican por todas las personas vivas. Hay campanas de plata y de oro y de cristal que puedes atravesar con la mirada, y cascabeles de trineo de hace cien años. Mi abuela decía que había un susurro por cada persona que había muerto ese año y una pluma flotando por cada una que esperaba nacer”.

Siempre me sorprende la capacidad de Phillips para transformar vidas sórdidas y miserables en algo que solo puedo describir como una mitología salida de ‘Blade Runner’.

experimentar ¿manifestaciones? extraídas de sus propias vidas y recuerdos. Lo único claro es que sus deseos y sus miedos —algunos arrancados de su subconsciente— son recibidos y devueltos con tal intensidad que se hace difícil distinguir lo real de lo proyectado. Solaris tiene la peculiar distinción de haber sido adaptada no una, sino dos veces, en malas películas. Mejor lean el libro.

‘ENTRE ACTOS’ (1941), de Virginia Woolf

en una sola noche. El espectáculo se entreteje de manera sutil y brillante con las vidas de quienes interpretan los papeles. Es una de las novelas más exquisitas de Woolf a nivel lírico. Además, es la más accesible de sus grandes obras. Para algunas personas podría funcionar como puerta de entrada, más o menos del mismo modo en que Mientras agonizo (1930), de William Faulkner, puede servir como libro iniciático antes de pasar a El ruido y la furia (1929) o ¡Absalón, Absalón! (1936).

‘FOX 8’ (2013), de George Saunders

‘SOLARIS’ (1961), de Stanisław Lem

Podría argumentarse que, al menos en Estados Unidos, el escritor polaco Stanisław Lem nunca creó una novela de lado A. También podría argumentarse, con la misma facilidad, que eso convierte a todas sus novelas en lados A y lados B al mismo tiempo. ¿Y qué si es ciencia ficción? Siempre insisto en que lean Solaris, porque podría cambiar su opinión sobre un montón de libros populares que subestiman como triviales. Hasta ahora, que yo sepa, nadie me ha hecho caso.

Solaris sigue a la tripulación de una estación espacial que continúa estudiando un planeta acuático que durante años ha desafiado los análisis de los astrofísicos en la Tierra. Parte de lo que distingue el libro de muchas otras novelas de ciencia ficción es el respeto de Lem por el enigma. No ofrece explicaciones artificiosas para convencer al lector de suspender su incredulidad. Los tripulantes comienzan a

3 cuentos de hadas

¿Y qué si es ciencia ficción?

Rendezvous in the Milky Way, un grabado en madera pintado a mano de finales del siglo XIX o principios del XX, representa una escena de El pastor y la tejedora

que vale la pena releer en la vida adulta

Yiyun Li, de 53 años, una profesora de escritura creativa en la Universidad de Princeton y autora de ‘Things in Nature Merely Grow’ (2025), habla sobre tres historias de la infancia que moldearon la forma en que entendemos el mundo.

‘Entre actos’ es una de las novelas más exquisitas de Woolf a nivel lírico.

Podría decirse que Virginia Woolf no tuvo novelas poco conocidas y, aun así, es difícil negar que más personas han leído La señora Dalloway (1925) y Al faro (1927) que Fin de viaje (1915) o Lunes o martes (1921). Esas, junto con Orlando (1928) y Las olas (1931), son sus novelas más prominentes.Dicho esto, Entre actos, su última novela, realmente debería considerarse la quinta de sus obras fundamentales. La expresión “abundancia deslumbrante” me viene inmediatamente a la mente. Cinco grandes novelas de una misma autora son mucho para cualquier lector. Nuestro tiempo para leer es limitado. Nunca viviremos lo suficiente para leer todos los libros importantes, por más años que cumplamos. No espero que muchas personas sean tan devotas de Woolf como quienes la consideramos una especie de santa oscura de la literatura y nos abalanzamos sobre cualquier reliquia suya que encontremos. Pero los fanáticos como yo habremos leído Entre actos, así como Fin de viaje, Lunes o martes y Flush (1933), la historia del cocker spaniel de Elizabeth Barrett Browning. En lo personal, no culpo a nadie que no haya llegado hasta ellos. Lo único que quiero es añadir Entre actos para que ninguna persona que apenas descubre a Woolf —o que sea simplemente turista en Woolflandia— deje de ponerla a la altura de las otras cuatro contendientes. Lo más brevemente posible: la novela gira en torno a una representación anual organizada por un pueblo que intenta condensar toda la historia de Inglaterra

‘El pastor y la tejedora’ (primer milenio a. C.) es un relato tradicional chino que, en una popular versión del siglo XX, cuenta la historia de una pareja que desafía el orden social al casarse por amor. Como castigo, la Reina Madre de Occidente (o, en algunas versiones, el Emperador de Jade) los convierte en dos estrellas separadas por la Vía Láctea, condenadas a encontrarse solo una vez al año. Para mí, es una historia perfecta sobre los límites del amor romántico. El amor en este relato —que trasciende dos clases sociales, lo que lo vuelve aún más interesante— no ofrece ninguna clase de magia. Sometido a la crueldad y la opresión, solo puede transformarse en leyenda para quienes buscan consuelo.

Si uno de los escritores estadounidenses vivos más importantes se hubiera vuelto hipervisible gracias a su novela de 2017, Lincoln en el bardo, volveríamos a leer sus obras anteriores, ¿no? Claro, y probablemente muchas personas ya lo hicieron con los libros de relatos Diez de diciembre (2013) y Pastoralia (2000). Pero ¿qué pasa si todavía no han leído la novela corta Fox 8 (2013), sobre un zorro excepcionalmente inteligente que, al escuchar a una familia desde fuera de sus ventanas por las noches, aprende a entender y escribir en un inglés-zorruno?: “Un día, caminando serca de una de sus casas yumanas, oliendo con el osiko todas las cosas interesantes, escuché desde adentro el sonido más increíble. Resulta que ese sonido era: la vos yumana, asiendo pelabras. ¡Sonaban genial! ¡Sonaban como música hermosa! Escuché esas pelabras-musicales hasta que se metió el sol”. Una vez que Saunders se volvió más visible para más personas, querríamos leer un libro que se aventura en la conciencia de otra especie (las novelas suelen tratar sobre seres humanos), que cartografía las diferencias y coincidencias entre la conciencia humana y la animal, que explora los efectos del lenguaje sobre la conciencia y que, además, es divertidísimo. Como ya dije: hay demasiado por leer. Hacemos lo mejor que podemos.

‘Cómo unos niños jugaron a la matanza’ (1812), de los hermanos Grimm, es un cuento sobre la manera en que la realidad adquiere otro significado en los juegos infantiles. En él, un niño se toma tan en serio su papel de carnicero que termina matando al niño que interpreta al cerdo. El relato arroja una luz inquietante sobre cómo, para las infancias más pequeñas, fingir y vivir están tan intrínsecamente entrelazados que no necesariamente perciben la realidad del mismo modo que las personas adultas. Pueden inventar una realidad con sus propias reglas y su propia lógica, y quedarse ahí.

‘Las flores de la pequeña Ida’ (1835), de Hans Christian Andersen, es simple-

Un zorro excepcionalmente inteligente que, al escuchar a una familia por las noches, aprende a entender y escribir en un inglés-zorruno.

mente un cuento encantador. La pequeña Ida se pone triste cuando se marchita su ramo de flores y, para consolarla, un estudiante mayor le dice que las flores están cansadas después de haber pasado la noche en un baile. Después de acostarlas, Ida sueña que bailan. Creo que es uno de esos cuentos de hadas sin moraleja. Lo que me impresionó al leerlo de niña y recordar toda la vida es que parece perfectamente lógico que las flores vayan a un baile y terminen exhaustas. Ese es el toque de cuento de hadas de Hans Christian Andersen: tan ligero que la lectora le da la razón: “Así es”.

Qué deberías HABERLEÍDO a los . . .

10

Según la escritora e ilustradora

Carson Ellis, de 50 años, autora de los libros infantiles ‘Home’ (2015) y ‘Du Iz Tak’ (2016).

‘D’Aulaires’ Book of Trolls’ (1972), de Ingri y Edgar Parin d’Aulaire

Los d’Aulaire probablemente son más conocidos por su Libro de los mitos griegos (1962), pero cuando era niña me interesaba más el extraño mundo montañoso y crepuscular de los trolls”.

‘Última parada de la calle Market’ (2015), escrito por Matt de la Peña e ilustrado por Christian Robinson

“CJ y su nana se suben a un camión después de la iglesia y los demás pasajeros entran y salen de la historia como lo harían los desconocidos en un camión: un hombre ciego, una viejita con un frasco lleno de mariposas, un guitarrista, dos adolescentes. La nana de CJ le enseña cómo ser una persona curiosa y de corazón abierto. Al final, se revela cuál era su destino, y siempre me hace llorar”.

“Who Needs Donuts?” (1973), de Mark Alan Stamaty “Crecí en los suburbios de Nueva York, y la ciudad caótica de este libro ilustrado —repleta de diminutos caballos voladores, peatones desquiciados, vehículos metafísicos, botes de basura desbordados y letreros crípticos— captura perfectamente la impresión que yo tenía de Nueva York cuando era niña”.

20

Según la escritora

Jacqueline Woodson, de 63 años, autora de ‘Niña morena sueña’ (2014), ‘Otro Brooklyn’ (2016) y ‘Remember Us’ (2023).

30

Según la cantante

Dua Lipa, de 30 años, fundadora de Service95 Book Club.

‘Sula’ (1973), de Toni Morrison “Morrison es una autora que atraviesa el tiempo, los géneros literarios, el género y la edad. En una narración muy breve, Sula nos muestra dónde vivía y todas las cosas mágicas de las que era capaz”.

‘Brutal Imagination’ (2001), de Cornelius Eady

“Esta brillante colección de poesía reimagina al personaje creado por Susan Smith, la mujer de Carolina del Sur que en 1994 asesinó a sus hijos y culpó a un hombre negro. Durante un tiempo, ningún hombre negro de la zona estaba a salvo de que la policía lo detuviera, registrara e interrogara. Toda persona, para cuando cumple 20 años, debería haber leído buena poesía”.

‘El cuento de la criada’ (1985), de Margaret Atwood

“Leí este libro cuando tenía 15 años y acabo de releerlo a los 30. Lo que en la adolescencia aceptaba como ficción distópica hoy se siente demasiado real. Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a Margaret Atwood, algo un poco intimidante, pero en realidad resultó tener una picardía extraordinaria. Si tienen la oportunidad de conocer a sus héroes, háganlo”.

‘1984’ (1949), de George Orwell

“Resulta inquietante lo visionario que fue Orwell”.

‘Tokio Blues, Norwegian Wood (2000)’, de Haruki Murakami

“Captura los altibajos de la adolescencia y el principio de la adultez con gracia, belleza y dignidad. Y toda pila de libros por leer necesita literatura traducida: es un regalo que llega desde otras partes del mundo”.

40

Según la escritora Esi Edugyan, de 48 años, autora de “Half-Blood Blues’ (2011) y ‘Washington Black’ (2018).

LITERATURA

‘La versión de Barney’ (1997), de Mordecai Richler “Aparentemente, son las memorias de un productor de televisión sinvergüenza, pero esta irreverente novela cómica también es una de las obras de ficción más conmovedoras que probablemente leerán”. ‘El amor en los tiempos del cólera’ (1985), de Gabriel García Márquez “Es todo lo que una novela debería ser: majestuosa, divertida, conmovedora, excéntrica. Se siente en especial significativa en la mediana edad, cuando ya has experimentado los vaivenes de las relaciones que duran décadas”. ‘Guerra y paz’ (1869), de León Tolstói “Por las posibilidades que ofrece sobre cómo puede verse una vida con sentido, éste es el libro que he necesitado en todas las etapas de mi vida”.

50

Según el escritor

Hernán Díaz, de 53 años, autor de ‘A lo lejos’ (2017), ‘Fortuna’ (2022) y la próxima novela ‘Ply’ (septiembre de 2026)

‘Don Quijote de la Mancha’ (1605-15), de Miguel de Cervantes “Si existe un libro perfecto para lectores voraces de mediana edad, es este. Alonso Quijano, un soltero de alrededor de 50 años, devora novelas de caballerías, ignorando a todo y a todos hasta perder la razón y transformarse en don Quijote, un caballero que sale al mundo a desfacer agravios para impresionar a la mujer de sus sueños, a quien apenas conoce. Cervantes inaugura la novela moderna, al mismo tiempo que la demuele en un solo gesto. El libro también es divertidísimo: la mejor crisis de mediana edad de la literatura”. ‘La señora Dalloway’ (1925), de Virginia Woolf “Woolf dijo alguna vez que Middlemarch, de George Eliot, ‘es una de las pocas novelas inglesas escritas para personas adultas’. Si eso es cierto, entonces yo diría que La señora Dalloway es una de las pocas novelas escritas para quienes estamos a mitad del camino de nuestras vidas. Solo ahora, que tengo la edad de Clarissa, puedo aspirar a entender al menos parte de sus alegrías y arrepentimientos. Solo ahora, a veces puedo sentir cómo toda una vida puede condensarse en un instante y cómo esas gotas de tiempo pueden convertirse en una corriente”.

‘Me acuerdo’ (1975), de Joe Brainard “Brainard tenía poco más de 50 años cuando murió, pero publicó esta obra maestra a los 33. Cada una de las más de mil entradas del libro comienza con ‘Me acuerdo’, seguida de recuerdos aparentemente mundanos que se presentan, en su mayoría, en una o dos líneas. Individualmente, estos objets trouvés evocadores son hermosos; en conjunto, trazan tanto un autorretrato sin sentimentalismos como una aguda imagen de Estados Unidos. Pero lo más maravilloso de este libro es que, conforme uno se sumerge en su mantra, ese ‘Me acuerdo’ se desplaza hacia ti, el lector. Esta invocación te devolverá cosas que ni siquiera sabías que habías perdido”.

60

Según Bernardine Evaristo, de 67 años, autora de ‘Niña, mujer, otras’ (2019) y ‘Don Amante’ (2013).

‘Parentesco’ (1979), de Octavia E. Butler “Esta es una de las novelas más originales y emocionantes sobre la esclavitud africana en Estados Unidos, con un recurso narrativo ingeniosísimo que te atrapa de principio a fin. Una mujer negra es arrastrada hacia el pasado, al siglo XIX, y hay historias paralelas entre su vida en los años setenta y sus experiencias como mujer esclavizada. Es una premisa extraordinaria para una novela”.

‘Quicksand’ (1928) y ‘Passing’ (1929), de Nella Larsen

“Ambientada en los años veinte, Quicksand trata sobre una mujer mestiza que intenta reconciliarse con una identidad que no encaja del todo en las categorías raciales de Estados Unidos. Tenía unos 14 años cuando la leí por primera vez, y ha resistido el paso del tiempo. Passing llega al corazón mismo de cómo funciona la racialización en Estados Unidos y en otros lugares”.

3 PROTAGONISTAS QUE CAMBIARON LA FORMA EN QUE ESTADOS UNIDOS SE

Según Sianne Ngai, de 54 años, profesora de Literatura y Lengua Inglesa en la Universidad de Chicago.

Oedipa Maas, de ‘La subasta del lote 49’ (1966), de Thomas Pynchon “La inolvidable y caricaturesca protagonista de esta novela inusualmente breve es una ama de casa californiana convertida por accidente en detective privada e intérprete literaria, y el misterio que intenta resolver —o, más específicamente, la conspiración con la que se encuentra— no es otra cosa que el propio capitalismo”, afirma Ngai, de 54 años. “Mientras Oedipa sigue las conexiones entre distintos personajes estrafalarios, la novela pone de relieve la peculiar sociabilidad antisocial de la sociedad estadounidense de la posguerra, representada como una red de alienaciones”.

70

Según la escritora Valerie Martin, de 78 años, autora de ‘Mary Reilly’ (1990) y ‘Property’ (2003).

‘Resurrección’ (1899), de León Tolstói “No creo que la última novela de Tolstói se lea lo suficiente. Se trata de un jurado que reconoce a una mujer acusada de asesinato como la pobre criada a la que sedujo y abandonó años atrás. Ella es condenada y él decide seguirla al exilio en Siberia. Nos revela un mundo que apenas aparece en Anna Karénina: el de la clase baja rusa, pobre y brutalizada de manera sistemática. Tolstói le confesó a su biógrafo que, de joven, había seducido a una criada en casa de su tía y que, como consecuencia, la habían enviado lejos. Así que en esta novela elabora una culpa enorme. Creo que cuando llegas a los 70, probablemente cargas con alguna culpa no resuelta”.

‘Los enamoramientos’ (2011), de Javier Marías “Una joven se obsesiona con una pareja a la que observa casi todas las mañanas en un café de Madrid. Cuando se entera de que el marido ha sido asesinado, termina involucrándose en la investigación. Es un personaje maravilloso y verosímil, y acaba metida en una situación muy peligrosa. Da bastante miedo. Marías, que es uno de mis escritores favoritos, dijo alguna vez en una entrevista que nunca escribiría desde el punto de vista de una mujer, así que este libro, que publicó a los 60 años, representó un reto para él: algo que no creía poder lograr hasta que se hizo mayor. En mi opinión, lo logró de manera extraordinaria”.

80

Según Armistead Maupin, de 82 años, autor de ‘Historias de San Francisco’ (1978-2024).

‘Matar a un ruiseñor’ (1960), de Harper Lee “Lo leí cuando se publicó, cuando tenía 15 años y vivía en Carolina del Norte. Me sacudió la actitud racista de mi familia. Vi por primera vez una visión no racista del mundo. Me sorprendía que incluso a mi padre, que era racista, también le encantara. A menudo me refiero al libro también como una de las primeras cosas de temática gay que leí, porque Scout es, para todos los efectos, una pequeña lesbiana que rompía con los estereotipos femeninos, y Dill, su amigo, estaba inspirado en Truman Capote”.

‘Un hombre soltero’ (1964), de Christopher Isherwood “Es un libro pequeño y delicado sobre un hombre que intenta aceptar la muerte de su pareja. El lenguaje de Isherwood en todos sus libros es perfecto, pero este es su mejor trabajo. No desperdicia una sola palabra”.

90

Según el actor, director y escritor André Gregory, de 92 años, coautor y coprotagonista de la película ‘Mi cena con André’ (1981)

‘Contra toda esperanza’ (1970), de Nadezhda Mandelstam “Conforme he envejecido, me interesa menos la ficción y más la no ficción. El mundo está viviendo una transición aterradora. La no ficción suele parecer más relevante. Nadezhda Mandelstam era la viuda del gran poeta soviético Osip Mandelstam, quien cometió un pequeño y absurdo desliz en una cena, fue arrestado y finalmente asesinado por los estalinistas. Ella memorizó sus poemas y luego pasó 20 años recorriendo Rusia de forma clandestina, hospedándose en casas de amistades, hasta que pudo regresar a Moscú y ponerlos en papel. Si no lo hubiera hecho, la obra de uno de los grandes poetas de todos los tiempos se habría perdido. Estas memorias son la descripción más precisa, lúcida y aterradora de lo que significa vivir bajo una dictadura”.

‘El mundo de ayer’ (1942), de Stefan Zweig “Varios meses antes de que se publicara este libro, el novelista austríaco Stefan Zweig y su esposa se suicidaron. Como temía que, bajo el nazismo, la cultura pudiera ser destruida, quiso escribir sobre la belleza de las y los artistas, para que las generaciones jóvenes pudieran aprender algo antes de que se apagaran las luces. No creo que las novelas de Zweig sean extraordinarias, pero estas memorias sí lo son”.

Sula Peace, de ‘Sula’ (1973), de Toni Morrison “A pesar de que la novela lleva su nombre, podría decirse que Sula comienza a desaparecer en cuanto aparece por primera vez. Otros personajes mueren rápidamente o son perceptiblemente planos. Esto plantea la pregunta, cargada de implicaciones políticas, de quién tiene derecho a ‘desarrollarse’ o a ocupar el papel protagónico en las novelas estadounidenses y quién no. El sistema de personajes de la novela forma parte de su reflexión sobre el racismo antinegro y la violencia histórica”.

La voz poética de “Poemas para la hora del almuerzo” (1964), de Frank O’Hara “Los poemas líricos son fundamentalmente distintos de la ficción narrativa, en parte porque tienen voces poéticas en lugar de narradores. Tal vez sea exagerado proponer a la voz de “Poemas para la hora del almuerzo” como personaje principal, pero este libro cambió las cosas al subrayar la centralidad de las contracomunidades queer en la cultura estadounidense en su conjunto, y al explorar las alegrías y los riesgos de la intimidad cotidiana con personas desconocidas.

— Rose Courteau

El actor radicado en Londres, de 33 años, responde el cuestionario de T.

1. ¿La mejor interpretación cinematográfica?

¿Qué tan culto eres, Barry Keoghan ? 11 INTERPRETACIONES PARA VOLVER A VER

“Marlon Brando en ‘Nido de ratas’ (1954). Es tan sereno y habla como lo hacía en la vida real, casi murmurando. Paul Newman también, en ‘La leyenda del indomable’ (1967). Para mí, esos hombres eran casi figuras paternas. A falta de una figura paterna en mi vida, los observaba, básicamente para entender cómo ser hombre”.

2. ¿La mejor interpretación en escena?

“Fui a ver ‘Un tranvía llamado Deseo’ (1947) [de Tennessee Williams] con Paul Mescal en Londres, cuando empezamos los ensayos [de la próxima película biográfica de Sam Mendes sobre los Beatles, en la que Keoghan interpretará a Ringo Starr]. Tiene una presencia enorme, incluso físicamente”.

3. ¿La película que más te influyó a nivel visual?

“‘La naranja mecánica’ (1971), de Stanley Kubrick. Los muebles son rarísimos. Es una de esas películas en las que el espacio se convierte en un personaje. Y no hay efectos especiales: lo que ves es lo que hay”.

4. ¿Tu película favorita de Nueva York?

“‘Dark Days’ (2000), de Marc Singer. Es un documental sobre las personas que viven bajo tierra, en los túneles del metro. Siempre me han interesado las personas obligadas a integrarse a la sociedad, pero que simplemente no logran adaptarse”.

5. ¿Un director a seguir?

“Todos mis favoritos —Barry Jenkins, Chloé Zhao, Yorgos Lanthimos— tienen estilos completamente distintos. Pero, de alguna manera, todos llegan al mismo lugar: su trabajo es inmersivo. Durante una hora y media te olvidas de quién eres”.

6. ¿Un poema que todo el mundo debería saberse?

“To My Dead Father (1953), de Frank O’Hara”.

7.¿Algún mito que te fascine?

“Hay un personaje llamado Cú Chulainn [el héroe más conocido del ciclo del Ulster, un conjunto de relatos literarios de la Irlanda medieval]. Es una joven figura espiritual; de ahí surge la idea del espíritu combativo irlandés. Todo el mundo en Irlanda conoce la historia; es una figura profundamente mítica. Esa mitología atraviesa todo lo que hacemos: nuestra música y nuestro trabajo escénico”.

8.¿Chocolate favorito?

“Uff… Dairy Milk Fruit & Nut, Maltesers. Como chocolate casi diario”.

9.¿Tu plato favorito en un restaurante?

“El estofado irlandés es muy conocido, pero el coddle es un platillo muy especial, típico de Dublín. Lleva salchichas cocidas con caldo, cebada, cebollas y zanahorias”.

10.¿Alguna pieza de mobiliario indispensable?

“Mi puff. Lo llevé al set de The Beatles y dije: ‘Quien quiera puede usarlo’. Entonces se me quedaron viendo, como diciendo: ‘¿Qué es eso?’. Pero me encanta. Puedes dejarte caer en él. No me dice cómo debo sentarme”.

11.¿Tu flor favorita?

“Las flores de los cactus en Joshua Tree [California] porque están en un entorno hostil, pero aún así hay cosas bellas que crecen ahí”.

Según tres de los grandes actores de carácter del cine contemporáneo

1. EL ELENCO SECUNDARIO DE ‘EL MAGO DE OZ’ (1939), dirigida por Victor Fleming “Las interpretaciones que me influyeron siempre fueron las de actores en papeles secundarios, la gente que poblaba ese mundo y que a veces te importaba más que los protagonistas”, dice Stephen Root, de 74 años, conocido por sus papeles en las películas de los hermanos Coen ¿Dónde estás, hermano? (2000) y Sin lugar para los débiles (2007). “La versión original de El mago de Oz me marcó porque reunía a grandes figuras del vodevil, como Frank Morgan y Margaret Hamilton”.

2. JIMMY STEWART EN ‘¡QUÉ BELLO ES VIVIR!’ (1946), dirigida por Frank Capra Root destaca la interpretación de Stewart como un hombre que contempla el suicidio en Nochebuena, en otro elenco extraordinario que incluye a Lionel Barrymore [como el villano Sr. Potter] y Ward Bond [como Bert, el policía]. Según Root, el actor: “había sido un actor de canciones y bailes en los años treinta, y ahora acababa de regresar de la guerra”. (Stewart fue uno de los primeros ídolos de Hollywood que se alistó en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial). Root describe su interpretación como “el derrumbe psicológico de un hombre”.

3. BETTE DAVIS EN ‘TODO SOBRE EVA’ (1950), dirigida por Joseph L. Mankiewicz Marcia Gay Harden, de 66 años, ganadora de un Oscar por su papel como la artista Lee Krasner en la película biográfica de Ed Harris Pollock (2000), dice que el personaje de Davis cambió la forma en que las mujeres serían retratadas en las películas en adelante. “Aquí está esta actriz mayor e increíblemente bella lidiando con la fama, la ambición y el envejecimiento”, dice Harden. “Davis no intentaba agradar. Estaba interpretando a esta mujer poderosa con amor por las indirectas y los comentarios hirientes”.

4. PAUL NEWMAN Y ROBERT REDFORD EN ‘DOS HOMBRES Y UN DESTINO’ (1969), dirigida por George Roy Hill Wendell Pierce, de 62 años, quien interpretó a Bunk en The y a Willy Loman en La muerte de un viajante, siempre se sorprende de la dinámica entre Redford y Newman, dos forajidos a la fuga. “Lo que hace una interpretación icónica”, dice, “es que seguirá hablándole a alguien en el pasado, a alguien en el presente y hablará con alguien en el futuro”.

12.¿Una canciónd de musical que te sabes de memoria?

“Good Morning Baltimore (2002). Hace años interpreté a Link Larkin, así que me aprendí cada nota, cada riff y cada puente de la canción”.

13.¿Ciudad con el mejor estilo?

“Londres. La moda ahí es una locura. La gente usa tenis en colores fluorescentes y luego te das la vuelta en una esquina y parece que estás en los años cuarenta, con todo el mundo vestido de traje. Puedes vestirte como quieras sin sentirte juzgado”.

14.¿Una novela que explique el mundo?

“Nunca he leído una novela. Jamás. No puedo mentir sobre eso”.

5. FAYE DUNAWAY EN ‘CHINATOWN’ (1974), dirigida por Roman Polanski Root describe como una experiencia formativa ver a Dunaway interpretando a una mujer que sufre a manos de un padre corrupto y poderoso en este filme sobre la lucha por el agua en la California de principios del siglo XX: “No creo que haya nadie que me haya impactado tanto como lo hizo Faye Dunaway en los setenta,” comenta. Lo que me viene a la mente es cuando recibe una cachetada [por parte de Jack Nicholson] en Chinatown. Nunca había visto ese tipo de angustia antes”.

6. AL PACINO EN ‘TARDE DE PERROS’ (1975), dirigida por Sidney Lumet

Ver este retrato de un ladrón de bancos condenado al fracaso, interpretado con furia caótica por Al Pacino, quien trata de conseguir el dinero para la cirugía de afirmación de género mujer de su pareja “fue la primera vez que me di cuenta de que no había actuación involucrada, simplemente reaccionar a distintas situaciones,” menciona Root.

7. MERYL STREEP EN ‘LA DECISIÓN DE SOPHIE’ (1982), dirigida por Alan J. Pakula Streep interpreta a una superviviente del Holocausto que vive en Brooklyn, traumatizada por decisiones que tuvo que tomar durante la guerra. “No puedo pensar en otra actriz con mayor fuerza interpretativa que Meryl Streep”, dice Harden. “Su interpretación —desde la creación del acento polaco hasta [incluso encontrar] los momentos de humor [en el personaje]— simplemente elevó el listón”.

8. JAMES EARL JONES EN ‘FENCES’ (1987), dirigida por Lloyd Richards

Jones fue el primero en interpretar en Broadway a Troy Maxson, el terco y herido —aunque profundamente noble— padre del Pittsburgh de los años cincuenta que ocupa el centro de la célebre obra de August Wilson. Aunque no es una actuación cinematográfica, Pierce señala que puede verse en el Lincoln Center en Nueva York. “Fue absolutamente impresionante y reveladora”, dice sobre ver a Jones en el estreno en 1987. “Cuando digo reveladora quiero decir que habla de nuestra humanidad. Su interpretación fue tan poderosa y especial que adquirió una dimensión universal”.

9. CYNTHIA ERIVO EN ‘WICKED’ (2024), dirigida por Jon M. Chu Harden dice que la interpretación de Erivo como Elphaba, en esta nueva versión cinematográfica de “El mago de Oz” desde la perspectiva de la Bruja Malvada del Oeste, volvió a cambiar la forma en que se representa a las mujeres en el cine. Erivo está “interpretando a este gran personaje en un musical, a pesar de que no se concibió originalmente para ser representado por una mujer negra,” y haciéndolo suyo. “Está llevando el papel al siguiente nivel”.

10. EVA VICTOR EN ‘SORRY, BABY’ (2025), dirigida por Eva Victor Victor, quien también escribió y dirigió la película, interpreta a una profesora de universidad solitaria que está tratando de procesar una agresión sexual. “Fue una interpretación conmovedora por la manera en que la actriz te metía en la historia”, dice Pierce. “No podías evitar sentir, fueras quien fueras, que entendías exactamente por lo que estaba pasando ese personaje”.

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11. MICHAEL B. JORDAN EN ‘ SINNERS’ dirigida por Ryan Coogler , Jordan, quien ganó un Oscar por su actuación, interpreta a dos hermanos gemelos que trabajan para un imperio criminal en Chicago y regresan a su hogar en el sur segregacionista por primera vez en años. Uno de los primeros papeles de Jordan fue el de un joven narcotrafiThe Wire, donde actuó junto a Pierce. “Me emociona mucho conocerlo ahora, porque recuerdo cuando era apenas un niño”, dice Pierce. “Y lo fascinante es que interpreta a dos gemelos —con el mismo ADN— de formas totalmente distintas”.

— Lovia Gyarkye

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INNOVACIONES

QUE CAMBIARON

NUESTRA

FORMA DE VER EL CINE

Según Sam Levy, director de fotografía de ‘Frances Ha’ (2012), ‘Lady Bird’ (2017) y ‘Sus tres hijas’ (2023).

LA VIDEOCÁMARA MINIDV DEMOCRATIZÓ

EL CINE

Hasta 1995, cuando salió al mercado la cámara MiniDV, las películas se filmaban en celuloide o en formatos de video analógico como VHS. La videocámara —pequeña, ligera y económica— fue una “gran liberadora para el cine”, comenta Levy, de 53 años. No solo representó un salto enorme en términos de accesibilidad, sino que también facilitó que las y los cineastas lograran ese tipo de “lenguaje visual crudo e inmediato” que directores como Spike Jonze habían establecido en Video Days (1991). La cámara obtuvo legitimidad creativa en 2006 con Inland Empire (arriba) de David Lynch, quien además filmó la película.

LAS CÁMARAS DSLR

CAPTURAN TODOS

LOS DETALLES

Aunque a principios de los años 2000 ya existían cámaras fotográficas compactas con capacidad de grabar video, la incorporación de esta función a las cámaras réflex digitales de lente único en 2008 marcó otro punto de inflexión para la industria. Los “sensores más grandes, lentes intercambiables y un verdadero control sobre la pro-

CINE

fundidad de campo”, además de otras características, “empezaron a sentirse como una herramienta cinematográfica real”, dice Levy, quien utilizó una DSLR durante el rodaje de Frances Ha (2012). “Tiene la baja resolución característica del MiniDV”, explica, “pero con una definición óptica muy precisa”. Con algunas cámaras, un director de fotografía puede imitar el grano del celuloide o de la cinta sin sacrificar los detalles más finos de una toma.

EL IPHONE TRANSFORMÓ

NUESTRA FORMA DE VER “Vivimos cada vez más en un mundo 4K”, dice Levy, refiriéndose a la resolución de ultra alta definición. Cuando el iPhone de Apple, lanzado originalmente en 2007, incorporó la función de video en 2009, cambió la manera en que hacemos y consumimos imágenes en movimiento. Se han filmado películas con él —como Tangerine (2015), fotografiada por el director Sean Baker y Radium Cheung— y ahora la gente puede ver cine en cualquier lugar. “Ahora vemos todo con mucha más nitidez”, dice Levy, “así que hemos ajustado nuestras técnicas para existir en este mundo tan vívido”.

VOLVIERON LAS LENTES VINTAGE

A medida que el público se inclina hacia la alta definición, algunos cineastas han comenzado a mirar hacia atrás y a experimentar con lentes antiguas. “Un sensor digital

moderno y una óptica vieja se complementan muy bien”, dice Levy. Estas lentes producen ciertas aberraciones o elementos impredecibles —como una caída repentina de brillo en una esquina del encuadre o un destello de color— que a Levy y a otros directores de fotografía les resultan muy atractivos. Para su película The Only Living Pickpocket in New York, protagonizada por John Turturro y estrenada en el Festival de Cine de Sundance en enero, Levy consiguió lentes fabricadas en la década de 1960 que se utilizaron para filmar El padrino (1972). Como él mismo dice: “Solo estamos intentando que nuestras cámaras digitales se sientan como celuloide”.

LA ILUMINACIÓN LED HIZO MÁS FÁCIL

ILUMINAR (PARA BIEN Y PARA MAL)

Hacia mediados de la década de 2010, la industria comenzó a adoptar la iluminación LED, que permite regular la intensidad con mayor facilidad y ofrece un mejor control del color. Una vez que se hizo omnipresente, toda la paleta cromática quedó al alcance de las y los cineastas, mientras que antes, explica Levy, había que “cortar gelatinas de color y colocarlas frente a la luz” si se quería trabajar con distintos tonos. Gran parte de este cambio fue positivo: películas como Moonlight (2016), fotografiada por James Laxton, y series como Insecure (20162021) crearon una nueva gramática visual para iluminar tonos de piel oscuros. Pero a veces la situación se complica. “Que todos los colores estén disponibles no significa que tengas que usar cada uno de ellos”, dice Levy. “Hay películas cuya paleta visual termina sintiéndose un poco caótica”.

15 PELÍCULAS que mejor RETRATAN estos 4 países

Selección de Mira Nair, de 68 años, directora de ‘Mississippi Masala’ (1991) y ‘La boda del monzón’ (2001).

‘JALSAGHAR’ (‘LA SALA DE MÚSICA’, 1958), dirigida por Satyajit Ray En este drama bengalí, un aristócrata entrado en años se aferra a los recuerdos de la sala de música donde organizaba conciertos fastuosos. Nair considera a Ray “un faro” para ella. La película cuenta con intérpretes como Begum Akhtar, “la verdadera voz del país en aquella época”, afirma.

‘GARM HAVA’ (‘VIENTOS ABRASADORES’, 1974), dirigida por M.S. Sathyu La película de Sathyu muestra el doloroso destino de un empresario musulmán y su familia que deciden permanecer en India tras la partición de 1947, enfrentando una violencia que los convierte en extranjeros en su propia tierra. “Es una película desgarradora que captura la semilla del conflicto que enfrentamos hoy en India”, dice Nair.

‘MANTHAN’ (‘EL BATIDO’, 1976), dirigida por Shyam Benegal En esta película en hindi de Benegal, un veterinario intenta crear una cooperativa lechera. Fue financiada colectivamente por 500,000 productores de leche de India, quienes aportaron dos rupias cada uno. “Es una película extraordinaria financiada por la gente”, dice Nair, y “realmente te hace entender el pulso rural de nuestro país”.

‘UMRAO JAAN’ (1981), dirigida por Muzaffar Ali En este drama musical, una niña es vendida a un burdel por un vecino que se venga de su padre por haber testificado contra él; más tarde se convierte en una respetada bailarina y poeta. Nair destaca la “música exquisita y la interpretación inolvidable de Rekha”, una de las mayores estrellas de India.

Selección de Jafar Panahi, de 65 años, director de ‘It Was Just an Accident’ (2025).

“GAAV” (“LA VACA”, 1969), dirigida por Dariush Mehrjui

El largometraje en blanco y negro de Mehrjui es una “película socialmente comprometida” que marcó el inicio de la Nueva Ola iraní, comenta Panahi. Financiada por el sha de Irán, quien posteriormente prohibió la película al considerar su representación de la vida rural del país como demasiado negativa, terminó entrando de manera clandestina en el Festival de Cine de Venecia de 1971.

“TABIATE BIJAN” (“NATURALEZA MUERTA”, 1974), dirigida por Sohrab Shahid Saless La película de Saless sobre un operador ferroviario iraní analfabeto ganó un premio en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 1974. Según comenta Panahi, “creo que era una película muy moderna para su época”, celebrada por su ritmo pausado, su cámara minimalista y su mirada sobre la sociedad iraní.

‘DAVANDEH’ (‘EL CORREDOR’, 1984), dirigida por Amir Naderi Inspirada en la infancia del director, El corredor cuenta la historia de un huérfano decidido a sobrevivir en la dura ciudad portuaria iraní de Abadán. Esta película, sobre “una nueva generación que lucha por el futuro”, dice Panahi, fue una de las primeras producciones hechas en el Irán posrevolucionario en exhibirse internacionalmente.

‘KHANE-YE DOUST KODJAST?’ (‘¿DÓNDE ESTÁ LA CASA DE MI AMIGO?’, 1987), dirigida por Abbas Kiarostami En esta película del legendario cineasta iraní, un niño viaja a un pueblo vecino para intentar devolverle su cuaderno a un compañero de clase. “Gracias a esta película la gente de todo el mundo empezó a seguir el cine iraní”, dice Panahi.

Selección de Kleber Mendonça Filho, de 57 años, director de ‘The Secret Agent’ (2025).

‘DONA FLOR E SEUS DOIS MARIDOS’ (‘DOÑA FLOR Y SUS DOS MARIDOS’, 1976), dirigida por Bruno Barreto En una de las comedias más populares del cine brasileño, basada en la novela de Jorge Amado, una joven en la Bahía de los años cuarenta vuelve a casarse tras la muerte de su inútil primer esposo. “Es un poco pícara y sexual”, dice Mendonça Filho, “pero al mismo tiempo trata sobre comida y Carnaval. Y, por supuesto, Sônia Braga es increíble”.

‘PIXOTE: A LEI DO MAIS FRACO’ (‘PIXOTE: LA LEY DEL MÁS DÉBIL’, 1980), dirigida por Héctor Babenco “Una de las mejores películas brasileñas jamás hechas”, dice Mendonça Filho. La historia sigue a un niño que escapa de un brutal centro de detención juvenil solo para terminar atrapado en el mundo del crimen clandestino. La participación de personas sin experiencia actoral junto a intérpretes profesionales le da al docudrama una fuerza realista, pero “por más brutal que sea”, la película “también tiene muchísimo corazón”.

‘CABRA MARCADO PARA MORRER’ (‘VEINTE AÑOS DESPUÉS’, 1984), dirigida por Eduardo Coutinho El documental de Coutinho originalmente iba a ser una recreación ficticia de la vida y muerte de un líder brasileño de la reforma agraria asesinado, pero la producción fue interrumpida en 1964 por un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos. La posterior dictadura militar duró aproximadamente dos décadas, de ahí el título en inglés de la película. Coutinho retomó el material original en 1981 y realizó un documental que, como cuenta Mendonça Filho, “pinta este increíble fresco de violencia política”, “de la historia de Brasil y de las divisiones entre el norte y el sur”.

Selección de Akinola Davies Jr., de 40 años, director de ‘My Father’s Shadow’ (2025).

‘LIVING IN BONDAGE’ (1992), dirigida por Chris Obi Rapu En uno de los “grandes clásicos” del cine nigeriano, según Davies. El thriller de Rapu ayudó a impulsar Nollywood, como hoy se conoce a la industria cinematográfica del país. “Hay cine nigeriano antes de Nollywood”, dice Davies, “pero Nollywood realmente centralizó historias hechas por y para la gente de Nigeria y la diáspora”.

‘LIONHEART’ (2018), de Genevieve Nnaji Algunas películas contemporáneas de Nollywood, como esta comedia dramática de Nnaji —en la que una joven debe trabajar a regañadientes con su tío para salvar la empresa familiar—, muestran cómo el cine nigeriano sigue encontrando nuevas formas de contar historias sobre las jerarquías sociales, menciona Davies.

‘EYIMOFE’ (‘ESTE ES MI DESEO’, 2020), dirigida por Arie y Chuko Esiri En el debut de los gemelos Esiri, dos nigerianos conectados de manera indirecta—un electricista y una estilista— intentan encontrar la manera de dejar Lagos y comenzar una nueva vida en Europa. La película refleja la “fuga de cerebros” de Nigeria, dice Davies.

‘ALL THE COLORS OF THE WORLD ARE BETWEEN BLACK AND WHITE” (“TODOS LOS COLORES DEL MUNDO ESTÁN ENTRE EL BLANCO Y EL NEGRO’, 2023), dirigida por Babatunde Apalowo Dos hombres comienzan a verse en Lagos en lo que Davies describe como una “película muy sutil e íntima” que aborda con gran sensibilidad las tensiones de las relaciones entre personas del mismo sexo en un país donde aún están criminalizadas.

Lovia Gyarkye

8 PELÍCULAS ANIMADAS ESENCIALES

Según Chris Sanders, director de “Lilo & Stitch” (2002) y “Robot salvaje” (2024).

‘BAMBI’ (1942), dirigida por David D. Hand El clásico de Disney cuenta una historia sencilla pero “nunca se siente como si estuviera dirigida a niños”, dice Sanders, de 64 años. Entre otras cosas, es una representación de lo que puede sentirse al ser cazado, y la escena del disparo ha estremecido al público durante décadas. “Todo se va construyendo de forma que te sientes tan asustado como Bambi. Escuchas el disparo y luego aplican un filtro suave a las imágenes. Es casi como si estuvieras viendo el mundo a través de lágrimas”.

‘LOS TRES CABALLEROS’ (1944), dirigida por Norman Ferguson

Un musical de Disney creado como parte de una campaña estadounidense para generar buena voluntad en Latinoamérica y contrarrestar la influencia nazi allí, “es más una bitácora de viaje”, dice Sanders, que una narrativa coherente. Pero el director admira especialmente una secuencia musical de unos tres minutos en la que un trío de aves vuela, salta y se pavonea mientras los instrumentos se materializan, las armas cantan y la lluvia aparece y desaparece tan rápido como llega. “Simplemente hace uso de lo que realmente es la animación, un medio gráfico que puede romper las reglas y hacer cualquier cosa”.

‘LAS AVENTURAS DE ICHABOD Y EL SR. SAPO’ (1949), dirigida por James Algar, Clyde Geronimi y Jack Kinney

Sanders aún ve el segundo corto —“Las aventuras de Ichabod Crane”, basado en el inquietante relato de 1820 de Washington Irving— de esta película antológica de Disney una vez al año. Es “tan divertida como aterradora”, dice, especialmente la escena en el bosque en la que Ichabod se ríe con su caballo hasta que aparece de la nada la figura sin cabeza. La describe como “una clase magistral de humor y terror” por la manera en que conduce a las y los espectadores a relajarse justo antes de una revelación espeluznante.

‘LA NAVIDAD DE CHARLIE BROWN’ (1965), dirigida por Bill Melendez A Sanders siempre le ha conmovido el discurso de Linus sobre el verdadero significado de la festividad: “No soy muy religioso, pero eso no importa. Creo que [la película] tiene una honestidad que genera un impacto”.

‘LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS’ (1988), dirigida por Isao Takahata “No sé si podría volverla a ver”, dice Sanders sobre la película de Takahata, en la que dos huérfanos intentan sobrevivir en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. “Es una historia dura”. La película del cofundador de Studio Ghibli está basada en una novela de Akiyuki Nosaka, quien la escribió para procesar el trauma de haber perdido su hogar y a su padre adoptivo durante el bombardeo estadounidense de Kobe en 1945.

‘PORCO ROSSO’ (1992), dirigida por Hayao

Miyazaki

Además de Mi vecino Totoro (1988), de Miyazaki, que Sanders considera la mezcla perfecta entre fantasía y realidad, el director recomienda Porco Rosso, una película menos conocida del maestro japonés. En ella, un aviador militar que ha sido convertido en cerdo debe reconstruir su aeronave. “Nunca la he visto traducida, y nunca he necesitado la traducción”, dice Sanders. La atención de Miyazaki al detalle —como la forma en que el personaje carga las balas— “es observada con extraordinaria atención al detalle”.

NINJA SCROLL (1993), dirigida por Yoshiaki Kawajiri La película sigue a un espadachín que se enfrenta a un grupo de asesinos con la ayuda de una ninja y un espía astuto. Secuencias como la de una batalla épica entre un monstruo colosal y el héroe de la cinta le recuerdan a Sanders cómo la animación puede trasladar momentos de cuento a algo electrizante e inimaginable. “Ninja Scroll es una de las películas más violentas que he visto”, comenta, “pero realmente te enseña de lo que la animación es capaz”.

“PADRE E HIJA” (2000), dirigida por Michael Dudok de Wit Con apenas 8 minutos de duración, Padre e hija, de Dudok de Wit, es una cinta sobre una niña que crece sin su padre. “Es animación pura y música pura”, dice Sanders. Los momentos emocionales te atrapan, de modo que “cuando empiezas a verla, tienes que seguir hasta el final”.

7 PELÍCULAS

Según dos cineastas que desafían los límites.

DE VANGUARDIA

Los orígenes del cine de vanguardia se remontan a la era muda, cuando en la década de 1920 artistas como Man Ray, Fernand Léger, Marcel Duchamp y Salvador Dalí comenzaron a explorar el cine como una forma de abstracción. En las décadas de 1930 y 1940 en Estados Unidos, Harry Smith, Maya Deren y Mary Ellen Bute ampliaron el medio experimentando con sus posibilidades. El escritor francés Jean Cocteau, quien realizó una serie de filmes no narrativos que exploraban el mito de Orfeo y Eurídice, dio lo que podría ser la definición más sucinta del cine de vanguardia en una cita de su obra La sangre de un poeta (1930): “Toda película es un escudo de armas. Hay que descifrarlo”. Cuando se le pidió citar películas esenciales de vanguardia, John Cameron Mitchell, de 63 años, director de Hedwig and the Angry Inch (2001), y Julio Torres, de 39, director de Problemista (2024), cuestionaron el término. Mitchell describe sus propuestas como “películas que rompieron algunas barreras y fueron útiles para mí”. Torres, considera que una película es de vanguardia cuando “articula una experiencia de una manera distinta”.

‘UN CHANT D’AMOUR’ (1950), dirigida por Jean Genet Genet es más conocido como escritor, pero su cortometraje de casi 26 minutos es un ícono del cine experimental. En él, observa la intimidad que crece entre dos hombres en la cárcel, separados por el muro de sus respectivas celdas. “Es una historia de amor”, dice Mitchell. Entre sus escenas favoritas está aquella en la que uno de los hombres utiliza un popote para empujar un cigarro hacia el otro a través de un pequeño hoyo. “Es muy sexual y, al mismo tiempo, muy romántico,” comenta. Un chant d’amour fue una inspiración para la película de Mitchell de 2006, Shortbus. Lo que a las dos obras les falta en sensibilidad, lo compensan con intenciones similares, “recordándonos que el sexo es una metáfora de otras partes de nuestra vida”.

que supuestamente es estilizada y eficiente pero que está llena de fallas de diseño”, señala Torres. Filmada en un set gigantesco, la película expande las expectativas del público respecto a lo absurda que puede ser la comedia cinematográfica. Tati hace “con la ciudad lo que Buster Keaton o Charlie Chaplin hacían con los cuerpos”, dice Torres.

‘TAXI ZUM KLO’ (1980), dirigida por Frank Ripploh La rutina de cruising de un maestro abiertamente gay se detiene cuando se enamora, en una película alemana que plantea “lo que sucede cuando tienes demasiada libertad”, dice Mitchell. “Y hay un final extraordinario que subraya de nuevo que el sexo no se trata del sexo, sino de otras cosas”.

‘NUN O GOLDUN’ (1996), dirigida por Mohsen Makhmalbaf El drama semiautobiográfico de Makhmalbaf —“uno de los filmes más conmovedores”, dice Mitchell— sigue al cineasta iraní mientras intenta reconciliarse con un policía al que apuñaló durante una protesta cuando era adolescente. Destaca su confrontación sin reservas con la violencia, cuestionando “si en realidad es útil políticamente”, señala Mitchell.

PAPRIKA (2006), dirigida por Satoshi Kon El thriller psicológico animado de Kon sigue a una psiquiatra que desarrolla un dispositivo terapéutico para adentrarse en los sueños de sus pacientes. Torres empatiza con quienes encuentran difícil la compleja estructura no lineal de la película japonesa —una especie de viaje desorientador (aunque bellamente logrado) que en el fondo habla sobre la frágil relación entre los humanos y la tecnología—. “Tuve que reconfigurarme un poco el cerebro para poder entrar en ese mundo”, dice.

LO SIENTO POR MOLESTARTE (2018), dirigida por Boots Riley

Una de las razones por las que Torres ama esta comedia negra es que articula sentimientos familiares —como estar frustrados con el trabajo— de maneras inquietantes. La película sigue a un teleoperador (interpretado por LaKeith Stanfield) cuyo éxito lo introduce de lleno en una conspiración corporativa. Cuando Torres la vio por primera vez, pensó: “Gracias a Dios alguien está hablando de lo absurdo y solitario que es el capitalismo”.

— Lovia Gyarkye

‘PLAYTIME’(1967), dirigida por Jacques Tati En esta película satírica, un hombre torpe, Monsieur Hulot, el personaje recurrente del actor y director, deambula por una versión extraña e intimidante de París. Tati retrata “la comedia física de interactuar con una ciudad

‘2 LIZARDS’ (2020), dirigida por Meriem Bennani y Orian Barki Durante la pandemia, Torres se encontró con una serie web sobre dos lagartos antropomorfos que navegan una ciudad impactada por la enfermedad y transformada por el aislamiento social. En su origen, la artista marroquí Bennani y la cineasta israelí Barki publicaron el proyecto como una serie episódica de ocho partes, pero se presentó en el Museo Whitney de Nueva York como película narrativa en 2022. “Me daba esa misma sensación aterradora que se siente el domingo, parecida a esa soledad durante el Covid”, dice Torres. — Lovia Gyarkye

Los edificios más controvertidos de la historia

Según dos arquitectas y un crítico.

1. La mítica Torre de Babel (siglos X-VII a. C. )

En la Biblia, la humanidad intenta construir una torre para alcanzar los cielos, hasta que Dios arruina el plan dándoles distintos idiomas a las personas y dispersándolas por el mundo. “Es el edificio más controvertido de manera permanente porque nunca puede completarse”, afirma el arquitecto estadounidense Daniel Libeskind, de 80 años. Libeskind considera la Torre de Babel como un antecedente de otros proyectos inconclusos que ilustran la soberbia humana, como The Line, en Arabia Saudita, un desarrollo aún en pie, aunque cada vez más reducido, que contempla un “rascacielos” horizontal de unos 170 kilómetros de longitud que atraviesa el desierto y en el que no se permiten autos; y Palmanova, una fortaleza italiana de finales del siglo XVI concebida para albergar una ciudad ideal… si tan solo hubieran podido convencer a alguien de vivir allí.

2. Casa del Fascio (1936), en Como, Italia, de Giuseppe Terragni Antigua sede del Partido Nacional Fascista de Italia, la Casa del Fascio encarna “la tensión entre la gran arquitectura y las circunstancias en las que fue construida”, señala la arquitecta japonesa Toshiko Mori. Aunque la arquitectura fascista estaba pensada para exceder “la escala humana, este edificio es muy humano, ligero y luminoso. A su manera, subvierte la idea misma del fascismo. La afiliación política del arquitecto cedió ante [el peso de] su talento”. Hoy, la estructura de Terragni alberga a la Guardia di Finanza, el cuerpo de policía financiera y aduanera de Italia, y es considerada una joya de la arquitectura italiana de la posguerra.

3. Chandigarh (1950-mediados de la década de 1960), en India, de Le Corbusier Lo que comenzó como un intento de construir una capital para Punjab después de que India obtuviera su independencia en 1947, se convirtió, según Libeskind, en “una reliquia de la imaginación colonial”. El primer ministro indio, Jawaharlal Nehru, invitó a Le Corbusier a diseñar los edificios públicos de una nueva ciudad pensada para mirar hacia el futuro. Pero el resultado fue “tan extraño y tan ajeno a la vida de la gente de Chandigarh”, añade, que terminó demostrando las limitaciones de importar a un arquitecto desde un contexto distinto. “Ni siquiera un gran arquitecto como Le Corbusier pudo prever su propio fracaso”.

4. Torres de Watts (1954), en Los Ángeles, de Simon Rodia ¿Quién tiene derecho a construir un edificio? ¿Y

ARQUITECTURA & DISEÑO

cuándo una obra de arte se convierte en una obra arquitectónica? Estas preguntas atraviesan la historia de las Torres de Watts, una serie de 17 estructuras hechas con malla metálica y concreto reforzado con acero y recubierto con azulejos y fragmentos de vidrio de colores, que la crítica de arquitectura y diseño radicada en Nueva York Alexandra Lange, de 53 años, describe como “un proyecto de arte autodidacta a escala arquitectónica”. Tras sobrevivir a una propuesta de demolición en 1959 y al levantamiento del barrio de Watts en 1965, las torres fueron declaradas Monumento Histórico Nacional en 1990.

5. Gimnasio de la Prefectura de Kagawa (1964), en Takamatsu, Japón, de Kenzo Tange ¿Qué se hace con los edificios antaño admirados que han caído en desgracia entre quienes hoy están en el poder? El gimnasio de Tange, que Mori describe como “una obra maestra” del diseño japonés de la posguerra, es un ejemplo revelador. “Nunca obtuvo la categoría de edificio histórico porque no es lo suficientemente antiguo para calificar”, explica. El gobierno intentó demoler el edificio, cerrado desde 2014, después de que fuera considerado inseguro. Aunque el año pasado un comité propuso restaurarlo y recientemente se presentó una demanda para impedir su demolición, su destino sigue siendo incierto.

6. Boston City Hall (1969), de Michael McKinnell, Gerhard Kallmann y Edward Knowles

Uno de los ejemplos más célebres del brutalismo estadounidense, el Ayuntamiento de Boston “suele citarse como el edificio más feo del país”, dice Lange. Imponente y macizo, formó parte de una ola de edificios municipales brutalistas construidos en Estados Unidos durante la década de 1960 que “hacían que la gente se preguntara: ‘¿El gobierno me odia?’”. Con el tiempo, algunas personas comenzaron a apreciar su grandeza monolítica y en 2025 fue designado monumento histórico de la ciudad. Pero, como admite Lange, “hay quienes jamás van a apreciar el brutalismo”.

7. Casa Gehry (1978), en Santa Mónica, California, de Frank Gehry

A finales de la década de 1970, Frank Gehry renovó su casa... E hizo enojar a sus vecinos en el proceso. Con un presupuesto de 50,000 dólares, envolvió un bungalow de apariencia clásica con rejas de malla metálica, madera contrachapada y bloques de hormigón, usando “todos estos materiales de construcción baratos de una manera completamente

distinta, expandiéndolos y exagerándolos”, explica

Lange. La casa se convirtió, según la crítica, en un ícono del deconstructivismo, corriente arquitectónica centrada en romper las formas convencionales. “En aquel entonces, se percibía como algo agresivo”.

8. Elbphilharmonie (2017), en Hamburgo, Alemania, de Jacques Herzog y Pierre de Meuron

Las sinuosas salas de conciertos construidas sobre un antiguo almacén reflejan “cómo envejece la controversia con el paso del tiempo”, afirma Mori. El proyecto fue objeto de debates durante su larguísimo proceso de construcción. Inicialmente previsto para concluir en 2010 con un presupuesto de poco más de 300 millones de dólares, terminó costando cerca de mil millones cuando finalmente abrió sus puertas en 2017. Una vez terminado, “la percepción pública cambió por completo. Todo el mundo lo ama. Es imposible conseguir boletos”.

9. El salón de baile de la Casa Blanca (2025-presente), en Washington, de Shalom Baranes

Mucho antes de su fecha prevista de finalización en 2028, el salón de baile de la Casa Blanca ya se ha convertido en un punto de tensión dentro de los debates sobre la autoridad presidencial en Estados Unidos, la preservación histórica y el impulso conservador por regresar a los principios del diseño grecorromano. La administración de Trump demolió el Ala Este para dar paso al nuevo edificio, que, según Libeskind, “empequeñecerá” al resto de la Casa Blanca. (En respuesta a estas especulaciones, el presidente Donald Trump —quien escribió en redes sociales que el salón de baile sería “¡el más grandioso de su tipo jamás construido!”— aseguró que la nueva estructura no será más alta que la residencia ejecutiva de la Casa Blanca). “Será controvertido durante mucho tiempo porque cambiará la apariencia de la Casa Blanca como símbolo de la casa del pueblo”, dice Libeskind.

—Julia Halperin

Al combinar funcionalidad y estilo de maneras novedosas, estas piezas para sentarse de los últimos 150 años —seleccionadas por dos curadoras y un diseñador— cambiaron nuestra forma de pensar tanto la fabricación del mobiliario como las personas a quienes va dirigido.

ARQUITECTURA & DISEÑO

SILLAS MÁS IMPORTANTES LAS 10

1. NO. 14 (1859), de Michael Thonet

“La empresa de Thonet fue la primera en producir sillas en serie a una escala inmensa”, dice Tanja Hwang, de 39 años, curadora de diseño en el Museum of Modern Art de Nueva York. “Se vendieron alrededor de 50 millones entre 1859 y 1930”. Maestro ensamblador alemán, Thonet creó la ligera No. 14 curvando la madera con vapor, y recurrió a catálogos y números de modelo para facilitar los pedidos. El enfoque de su negocio, en el que las sillas se enviaban desarmadas, fue, en cierto sentido, dice Hwang, “un precursor de Ikea”.

2. SILLA PLEGABLE NO. 35 (PRINCIPIOS DEL SIGLO XX), de Gold Medal Camp Furniture Co.

Aunque la mayoría la asocia con los directores de Hollywood, la silla plegable con patas en forma de X tiene su origen en el antiguo Egipto, donde se usaba para elevar a las figuras de autoridad durante reuniones públicas y campañas militares. “Es una forma que se repite una y otra vez en distintas culturas”, dice Alexandra Cunningham Cameron, de 45 años, curadora de diseño contemporáneo de Cooper Hewitt, Smithsonian Design Museum, con sede en Nueva York. “Una silla, como un trono, puede ser un símbolo de distinción y privilegio”.

3. BIBENDUM (1926), de Eileen Gray

La arquitecta irlandesa Eileen Gray “fue una de las pocas mujeres con una carrera consolidada en el diseño” en su época, dice Cunningham Cameron. “Esta silla se creó al mismo tiempo que algunos de los muebles de acero tubular más prominentes de la Bauhaus, pero incorporaba formas

sensuales, acolchadas y curvilíneas que eran una reacción a la austeridad de la Bauhaus”.

4. B33 (1927-28), de Marcel Breuer “La silla cantilever es el objeto de diseño más representativo de la década de 1920”, dice Hwang. Hecha de acero tubular, “encarna los principios de transparencia y ligereza de la vanguardia”. La silueta continua de la B33 (precedida por una silla similar del arquitecto neerlandés Mart Stam, quien poseía los derechos de autor) estaba en sintonía con una filosofía más amplia defendida por Breuer y sus colegas, que consistía en “eliminar el desorden innecesario”, dice, y con la idea de que el mobiliario debía ser móvil.

5. SILLA B.K.F. (1938), de Antonio Bonet, Jorge Ferrari Hardoy y Juan Kurchan También conocida como silla Mariposa, Safari, Sling o Wing, la B.K.F. se caracteriza por su “estructura sencilla, su armazón continuo de varilla de hierro forjado y su asiento de cuero suspendido”, dice la arquitecta y diseñadora española Patricia Urquiola, de 65 años. Desarrollada en Buenos Aires, su forma se inspira en una hamaca que invita al descanso, “reinterpreta el modernismo europeo hacia una sensibilidad más abierta y latinoamericana”. Copiada con frecuencia en materiales como algodón, lona y cuero sintético, la silla se volvió especialmente popular en la Costa Oeste de Estados Unidos durante la década de 1950.

6. SILLÓN DE FIBRA DE VIDRIO MOLDEADA (1950), de Charles y Ray Eames “Los Eames estuvieron a la vanguardia

de la democratización del diseño”, dice Hwang. “Querían una silla con un asiento ergonómico de una sola pieza”. Para concretar esa visión, la Eames Office y el fabricante de la silla, Herman Miller, trabajaron con Zenith Plastics, que había producido fibra de vidrio para aviones durante la Segunda Guerra Mundial, para adaptar el material al uso doméstico. “La carcasa viene con distintas bases para silla de comedor, silla de descanso, sillón, silla auxiliar o versión baja”, dice Hwang. “Personalizar el diseño moderno era vital en ese momento”.

7. 699 SUPERLEGGERA (1957), de Gio Ponti

“Es una de las sillas más ligeras del mundo”, dice Urquiola. Incluso se rumora que Ponti aventó por la ventana un prototipo del objeto terminado, de 1.7 kilos, para poner a prueba su resistencia. Hwang señala que, aunque diseñadores modernistas como Ponti se concentraban en nuevos materiales y tecnologías de producción, la Superleggera, fabricada por Cassina, también “ejemplifica la estrecha relación entre diseño y artesanía en la Italia de la década de 1950”: su forma depurada remite a una silla italiana de principios del siglo XIX llamada Chiavari

8. SACCO (1968), de Piero Gatti, Cesare Paolini y Franco Teodoro

Esta silla tipo saco de Zanotta —también conocida como el puff original— “es un ejemplo del diseño radical italiano que empezó a surgir a finales de la década

de 1960”, dice Hwang. Influida por la estética sofisticada y popular del arte pop e inspirada en parte en los colchones campesinos hechos con hojas de castaño, está rellena de esferas de poliestireno que se adaptan a la forma del cuerpo de quien se sienta. “Desafió todo tipo de convenciones establecidas sobre el mobiliario, algo que estaba en el centro del movimiento antidiseño en Italia”.

9. SILLA BACK SLANT 84-7 (1983), de Donald Judd La eficiente silla del escultor estadounidense forma parte de una larga historia de asientos diseñados por artistas. “Empezó a hacer muebles en la década de 1970 para su familia, usando medidas estándar de tableros”, dice Cunningham Cameron. Ella considera la silla tanto un objeto funcional como una parte importante del proyecto artístico general de Judd, que buscaba depurar la artesanía y la forma.

10. SILLA AERON (1994), de Don Chadwick y Bill Stumpf “Fue lanzada por Herman Miller cuando internet empezaba a despegar, y los diseñadores estaban pensando en el trabajo sedentario de oficina”, dice Cunningham Cameron sobre este referente del asiento ergonómico. En lugar de tapicería y acolchado, la Aeron incorpora “malla, que en ese momento era un material muy innovador, transpirable y flexible. Cuando salió, a la gente no le gustaba cómo se veía. Ahora es una de las sillas de oficina más reconocibles”. — Julia Halperin

ARQUITECTURA & DISEÑO

MODERNISMO para principantes

Edificio de Naciones Unidas

Nueva York, de Wallace K. Harrison y un equipo de otros 10 arquitectos, incluyendo Le Corbusier

Diez textos y tendencias imprescindibles para entender el movimiento arquitectónico y de diseño europeo del siglo XX.

Brutalismo: El término “brutalismo” no tiene nada que ver con la palabra “brutal”, explica la crítica de arquitectura estadounidense Alexandra Lange, de 53 años. Su nombre proviene del término francés para concreto aparente (béton brut), el material con el que más se asocia este estilo. Como señala el arquitecto londinense Jayden Ali, de 37 años, el modernismo, que abarcó aproximadamente desde la década de 1910 hasta los años setenta, buscaba ligereza; por el contrario, el brutalismo, que surgió en Reino Unido en los años cincuenta y fue adoptado internacionalmente durante las décadas de los sesenta y setenta, se caracteriza por formas pesadas y voluminosas. “Evoca una sensación de inestabilidad”, dice.

Cinco puntos para una nueva arquitectura”: Fue el título del manifiesto publicado en 1929 por Le Corbusier, a quien el arquitecto danés Bjarke Ingels, de 51 años, llama “el abuelo del modernismo”. En él, Le Corbusier plantea cinco principios fundamentales de la arquitectura moderna: los pilotes (delgadas columnas que elevan el edificio y liberan la planta baja); la terraza-jardín (“en lugar de desperdiciar la superficie del techo, duplicas la huella del edificio”, dice Ingels); la planta libre y la fachada libre (que permiten que los muros interiores y exteriores funcionen independientemente del sistema estructural portante del edificio); y las ventanas corridas (largas ventanas horizontales que aportan abundante luz y vistas panorámicas).

Concreto reforzado: El concreto —una mezcla de cemento, agua y agregados— existe desde la Antigüedad. Pero el concreto armado con barras de acero, desarrollado a mediados del siglo XIX, abrió el camino para las fachadas curvas que definirían al modernismo. También liberó a los muros de tener que sostener los edificios. “Aporta estabilidad tridimensional y permite desarrollar formas escultóricas”, explica Ali.

Estilo internacional: Bautizado así por el historiador de arquitectura Henry-Russell Hitchcock y el arquitecto Philip Johnson para una exposición del Museo de Arte Moderno en 1932, el estilo internacional se caracteriza por planos rectilíneos delgados y la ausencia de color y ornamentación. Surgido en Europa tras la Primera Guerra Mundial, alcanzó una escala global durante las décadas de 1950 y 1960. Cada zona urbana llena de torres de oficinas y fachadas de vidrio tiene algo que agradecerle al estilo internacional.

Funcionalismo: Una vertiente de la arquitectura modernista que surgió tras la Primera Guerra Mundial, el funcionalismo sostenía que los edificios debían reducirse a su expresión más esencial y que cada elemento debía cumplir una función clara. Ali señala que el movimiento —que tuvo su mayor impacto en la Unión Soviética— no siempre siguió sus propias reglas. “No se puede ignorar la mano del artista ni del fabricante en el proceso”, afirma. “Siempre hay una dimensión estética ligada a ello”.

Lubetkin, Berthold: El arquitecto nacido en Rusia se mudó a Londres en la década de 1930, donde se convirtió en una figura clave de la arquitectura moderna británica. Menos conocido que Oscar Niemeyer, Ludwig Mies van der Rohe u otros contemporáneos, Lubetkin diseñó complejos habitacionales como Dorset Estate (junto a sus socios Francis Skinner y Douglas Bailey) en el distrito londinense de Tower Hamlets, donde Ali vivió durante su infancia. “La vivienda social es un aspecto fundamental del modernismo”, dice. “Se convierte en diseño pensado para todas las personas”.

Racionalismo: Movimiento arquitectónico y de diseño que surgió en Italia durante las décadas de 1920 y 1930 bajo el régimen fascista de Benito Mussolini. El racionalismo (o architettura razionale) buscaba un punto intermedio entre el neoclasicismo y el futurismo. En una serie de artículos publicados en 1926, siete jóvenes arquitectos italianos conocidos como Gruppo 7 expusieron su manifiesto y declararon: “No pretendemos romper con la tradición”. La Villa Necchi Campiglio de Piero Portaluppi se considera uno de los ejemplos clave de la arquitectura racionalista.

Situacionismo: Todo movimiento estético necesita un contrapunto. Para el modernismo, ese contrapunto fue el situacionismo. Promovido por artistas de vanguardia en Europa entre finales de los años cincuenta y comienzos de los setenta, el situacionismo rechazaba la producción masiva y la sistematización del modernismo en favor de “lo único, lo fortuito y lo inesperado”, dice Ali. Su representante más célebre, el filósofo francés Guy Debord, desafió los mapas convencionales hasta el punto de crear (junto al artista danés Asger Jorn) un nuevo mapa de París titulado La ciudad desnuda (1957): una colección de colonias desconectadas entre sí, unidas por flechas que indicaban los movimientos errantes de las personas entre ellas.

Tiradores integrados: Algunos de los detalles más pequeños del modernismo terminaron transformando la manera en la que hoy se diseñan las casas y los muebles. Un ejemplo claro, explica el diseñador neoyorquino Adam Charlap Hyman, de 36 años, es “el tirador integrado en una puerta o un gabinete”. Este recurso —una ranura que permite abrir puertas o cajones sin herrajes visibles— tiene sus raíces en la Bauhaus, el diseño escandinavo y la carpintería tradicional japonesa. Hoy también puede encontrarse en la tienda de Ikea más cercana.

Urbanismo: La idea de la ciudad como una máquina racional —con una estricta zonificación, viviendas en altura y áreas verdes— fue moldeada por arquitectos modernistas como Le Corbusier y Walter Gropius durante el periodo de entreguerras. El concepto se extendió por todo el mundo cuando los gobiernos reconstruyeron ciudades tras la Segunda Guerra Mundial e invirtieron en vivienda pública y servicios sociales.

—Julia Halperin

Villa Necchi Campiglio (1935), Milán, Italia, de Piero Portaluppi.
Escritorio Conoid, de George Nakashima, diseñado en 1959.
Una maqueta de New Babylon (1956-1974), una ciudad situacionista propuesta por el pintor y escultor Constant Nieuwenhuys.
The Barbican Estate (1982), Londres, de Christoph Bon, Peter Chamberlin y Geoffry Powell.
Casa diseñada por Berthold Lubetkin (1936) en Whipsnade, Inglaterra.
(1952),
y Niemeyer.
Edificio Breuer (1966), Nueva York, de Marcel Breuer, diseñado originalmente por el Whitney Museum of American Art.
Congreso Nacional de Brasil (1960), de Oscar Niemeyer, en Brasilia, ciudad proyectada en 1956 por Joaquim Cardozo, Lúcio Costa y Niemeyer.
Villa Shodhan (1954), Ahmedabad, India, de Le Corbusier.
Escuela Bauhaus (1926), Dessau, Alemania, de Walter Gropius.

ARQUITECTURA & DISEÑO

LOS 10 ESTILOS DE JARDINERÍA MÁS

INFLUYENTES

Según tres paisajistas y botánicos.

PERSA

Características distintivas: Cerrado, sombreado, exuberante. La palabra “paraíso” deriva de forma indirecta de un antiguo término persa que designaba un jardín amurallado. Elementos comunes: Un diseño dividido en cuatro cuadrantes con dos ejes perpendiculares, una alberca central, árboles frutales para el sustento y cipreses y plátanos de sombra. El jardín persa más antiguo documentado se encontró en Pasargada, el primer asentamiento construido en piedra del Imperio aqueménida bajo el mandato de Ciro el Grande, en el siglo VI a. C. “Todos los que vinieron después —los griegos, los romanos— estaban desesperados por imitar los jardines persas”, dice Wade Graham, de 59 años, diseñador paisajista e historiador radicado en Los Ángeles.

Ejemplo clave: Jardín de Fin, en Kashan, Irán, acabado en 1590.

JAPONÉS

Características distintivas: Sencillo, claro, contenido. “Ninguno de los valores occidentales —la acumulación, la simetría— está presente en el jardín japonés”, afirma Graham. Elementos comunes: Rocas cuidadosamente seleccionadas, estanques o espejos de agua y arces, cerezos y pinos. Según Graham, este jardín refleja los valores del sintoísmo. “Si logras una versión especialmente buena de lo que existe en la naturaleza, puedes atraer a esos dioses hacia el jardín”.

Ejemplo clave: Villa Imperial Katsura, en Kioto, Japón, construida en el siglo XVII.

RENACIMIENTO ITALIANO

Características distintivas: Simétrico, geométrico, ligeramente juguetón. Hay una “geometría rigurosa cerca de los edificios, que representa la racionalidad del Renacimiento”, explica Graham. “Se vuelve más salvaje conforme uno se aleja”.

Elementos comunes: Pérgolas, patios, fuentes, estatuas, hierbas como romero y lavanda, cipreses italianos y limoneros. Durante el Barroco, los diseñadores más irreverentes creaban chorros ocultos en las fuentes para sorprender a visitantes desprevenidos.

Ejemplo clave: Jardines de Bóboli, en Florencia, Italia, cuya construcción comenzó en 1550 y se abrieron al público en 1766.

ANDALUSÍ

Características distintivas: Meditativo, sutil, cerrado; descendiente del jardín persa. “Las plantas no son especialmente importantes”, dice Graham. “Se trata de crear espacios interiores con equilibrio y serenidad”. Elementos comunes: Patios, azulejos de colores intensos, cipreses y fuentes. El sonido del agua en movimiento es tan importante en el jardín andalusí como cualquier elemento visible, según la arquitecta paisajista brasileña Isabel Duprat, de 71 años.

Ejemplo clave: La Alhambra, en Granada, España, construida principalmente durante la dinastía nazarí (1232-1492), con la mayor parte de las obras realizadas entre los siglos XIII y XIV.

REAL FRANCÉS

Características distintivas: Grandioso, geométrico, ordenado. “Pasear por este jardín no es particularmente cómodo, pero tiene poder”, dice Duprat. Elementos comunes: El uso de parterres, o patrones simétricos formados por setos recortados con cuidado, separados por senderos y concebidos para contemplarse desde arriba. En este tipo de jardín, donde reinan los setos podados y los grandes ejes visuales, “la herramienta más importante son las tijeras para podar”, afirma Graham.

Ejemplo clave: Jardines de Versalles, en Francia, diseñados en 1661 por André Le Nôtre y construidos a lo largo de unos 40 años.

PAISAJISMO INGLÉS

Características distintivas: Naturalista, irregular, abierto. “Fue una reacción contra los jardines reales franceses [como Versalles]”, explica Graham. “Los muros interiores y la geometría desaparecen”.

Elementos comunes: Lagos, amplias extensiones de pasto y senderos curvos. En lugar de rejas, los jardineros ingleses instalaron ha-has, o zanjas ocultas, para demarcar límites y simular un paisaje continuo. “La idea era que pareciera que todo te pertenecía”, dice Graham.

Ejemplo clave: Palacio de Blenheim, a las afueras de Woodstock, Inglaterra, trazado a partir de 1705 por el diseñador de jardines Henry Wise.

CASA DE CAMPO INGLESA

Características distintivas: Romántico, abundante, informal. “No es un espacio grande y está cuidado por personas que aman los jardines”, dice el escritor y botánico Umberto Pasti, de 68 años, radicado en Tánger, Marruecos.

Elementos comunes: Diferentes tipos de plantas —perennes, arbustos y bulbos— comparten una misma jardinera; rosas trepando por los muros. El jardín tipo casa de campo tiene su origen en la Revolución Industrial, cuando una creciente clase media empezó a sembrar flores junto a sus casas.

Ejemplo clave: La casa de campo del siglo XV de Anne Hathaway, en Stratford-upon-Avon, Inglaterra, cuyo jardín fue rediseñado en la década de 1920.

COLONIAL ESTADOUNIDENSE

Características distintivas: Sencillo, tradicional, modesto: una versión simplificada del jardín renacentista. Elementos comunes: Diseños ligeramente geométricos, senderos de ladrillo, arbustos recortados de forma redonda, rejas blancas de madera y hiedra. “Es el jardín más común del sur de Estados Unidos, pero también de Nueva Inglaterra y el Medio Oeste”, dice Graham. “Connecticut y Martha Stewart son sinónimos del jardín colonial estadounidense”. Ejemplo clave: Jardín Superior de Mount Vernon, en Virginia, construido inicialmente durante la década de 1760 y rediseñado formalmente en 1786.

MIDCENTURY MODERNO

Características distintivas: Asimétrico, biomórfico, arquitectónico.

Elementos comunes: Superficies curvas, albercas en forma de media luna y plantas escultóricas como suculentas, cactus y agaves. Actualmente, este tipo de jardín suele asociarse con grandes campus corporativos, como la sede de Google en Mountain View, California.

Ejemplo clave: Jardín Donnell, en Sonoma, California, acabado en 1948.

CONTEMPORÁNEO

Características distintivas: Sustentable, fácil de mantener. Elementos comunes: Azoteas verdes, gramíneas naturalistas y reutilización adaptativa. Los jardines contemporáneos están “relacionados con preocupaciones ecológicas: la naturaleza como crisis, no como celebración”, afirma Graham. Ejemplo clave: El High Line, en Manhattan, inaugurado en 2009 y ampliado continuamente hasta fechas tan recientes como 2023.

—Julia Halperin

MODA

TELAS CONOCE TUS

Nueve tejidos que dieron forma a la moda.

Según el diseñador japonés Satoshi Kondo, director creativo de Issey Miyake.

1. PAPEL WASHI

“Presentamos un textil original hecho con hilo de washi en nuestra colección primavera 2024, que creamos cortando tiras de washi y convirtiéndolas en hilo”, dice Kondo, de 41 años. “Me inspiró hospedarme en LOG, un hotel en Hiroshima, donde cada superficie de la habitación estaba cubierta de washi , que proviene de las fibras de la corteza interior de [una de tres plantas, entre ellas] la morera del papel [un árbol florido originario del este y sudeste asiático]. Quizá sea algo japonés, pero creo que el washi, gracias a su calidad y textura, ofrece algo no solo táctil, sino también reconfortante a nivel psicológico. El washi pesa aproximadamente un tercio que el algodón: es ligero, transpirable y seco al tacto. Además, es biodegradable”.

2. LANA TEJIDA EN KASURI

“Hace siglos, los tejidos hechos con la técnica kasuri eran populares entre la gente común. Se elaboraban tiñendo parcialmente el hilo para que, al volver a tejerlo, se pudieran crear distintos patrones. Hoy quedan muy pocos artesanos en Kioto que todavía lo producen a mano; el oficio en sí está desapareciendo. En la marca tomamos el hilo parcialmente teñido y lo tejemos a máquina para hacerlo más rentable”.

Según el diseñador italiano de moda y textiles

Marco Zanini, exdirector creativo de Rochas y Schiaparelli.

3. ALGODÓN SEA ISLAND DEL CARIBE

“Están las camisas blancas cualquiera, y luego está la camisa blanca”, dice Zanini, de 54 años.

“La diferencia depende del tipo de algodón. Comercializado [por medio de la esclavitud] a finales del si-

glo XVIII en las Indias Occidentales británicas, y hoy tejido de manera frecuente en Italia o Suiza, el algodón Sea Island tiene una suavidad increíble y una superficie resistente que soporta el desgaste del tiempo. Se cultiva en cantidades muy pequeñas en Barbados, Jamaica y Antigua. Esto convierte al algodón Sea Island en el más raro de su tipo, y en uno de los más sostenibles del mundo”.

4. HARRIS TWEED “El tejido de lana artesanal más chic, el tweed Harris, proviene de las islas Hébridas Exteriores, en el remoto extremo noroeste de Gran Bretaña. Desde hace unos 200 años, cada etapa de su proceso de producción solo existe en ese pequeño archipiélago. Cada metro se elabora a mano, con cientos de patrones distintos, en las casas de sus tejedores (alrededor de 150), utilizando telares de pedal. La lana se tiñe localmente antes de hilarse, creando un tejido vibrante y cuidado al detalle. También es el único tejido del mundo protegido por su propia ley parlamentaria”.

5. LINO

“El lino es uno de los textiles más antiguos de la historia. Tejido a partir de las fibras de la planta del lino, es transpirable, duradero y resistente a muchos insectos. Como el lino generalmente no requiere irrigación durante su cultivo, es realmente ecológico. Lo que lo hace tan especial, sin embargo, es su apariencia humilde. Ya sea un tejido pesado o ligero elaborado con un hilado fino, el lino funciona tanto para ropa como para interiores, especialmente en su color natural arena o marfil. ¿Hay algo más elegante que un traje de tres piezas confeccionado en lino irlandés color tabaco o crudo, como los que se usaban en la época eduardiana?”.

6. LANA DE VICUÑA

“El tejido más caro del mundo proviene del suave subpelo dorado de las vicuñas (emparentadas muy de cerca con los guanacos, las llamas y las alpacas), que viven en los Andes centrales de Sudamérica. Sin embargo, estuvieron al borde de la extinción en la década de

1970, por eso hoy su preciado vellón solo puede esquilarse conforme a las regulaciones establecidas por la CITES [la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres]. “Dormir una siesta en el sillón envuelto en una manta o chal de vicuña, suave como la mantequilla, es lo más cerca que se puede estar de la perfección”.

Según la diseñadora francesa de joyería Lauren Rubinski, fundadora de la tienda de ropa y accesorios Rubirosa, en París.

7. POPELINA

“La popelina [de algodón] ocupa un lugar especial en mi vida”, dice Rubinski, de 39 años. “Crecí usando camisas de popelina de Ralph Lauren: las mías y las de mi papá. Me inclino por las popelinas de doble cabo, nunca demasiado delgadas: lo ideal es 120/2 o 140/2. [El primer número indica el grosor del hilo; cuanto más alto, más fino el hilo. El segundo número se refiere al número de cabos.] Eso mantiene la camisa impecable y estructurada sin esfuerzo”.

8. CACHEMIRA

“Pocas sensaciones se comparan con la de sentir cachemira [una alternativa más suave y aislante que la lana de oveja] sobre la piel. Ya sea un suéter o unos calcetines, representa el equilibrio perfecto entre comodidad y elegancia. Tengo una debilidad especial por la baby cashmere [una cachemira ultrafina y ultrasuave obtenida de cabras de menos de un año] en un suéter ligero de cuello redondo. Actualmente, estoy creando una versión ultraligera diseñada para sentirse como una camiseta”.

9. LANA DE GUANACO

“Es la reina de las lanas, que proviene del ancestro salvaje de la llama. Atesoro un abrigo tipo polo que perteneció a mi padre. Es increíblemente ligero, firme y cálido”.

— Emilia Petrarca

8 FORMAS EN LAS QUE SE REINVENTÓ EL TRAJE

Según cuatro diseñadores de moda.

Caricatura de Brummell de 1805, obra de Robert Dighton.

1. El traje tal como lo conocemos nació de la declaración que el rey Carlos II hizo en 1666 a la nobleza de la corte inglesa: les enseñaría a vestir a la moda, empezando por un chaleco. (Un abrigo largo, una enagua, una corbata, una peluca, calzones hasta la rodilla y un sombrero eran opcionales). Según un artículo de 1928 de The New York Times, a principios del siglo XIX Beau Brummell, dandi británico y amigo del príncipe Jorge de Gales, “desplazó el ideal de elegancia de los volantes y brocados hacia los cuellos almidonados y los abrigos oscuros de corte impecable”. Brummell “introdujo la idea de ser chic y elegante”, dice Alessandro Sartori, de 59 años, director artístico de Zegna. “Antes de él, todo era decorativo, con muchos más elementos en cada atuendo. Brummell usaba un sombrero de copa, pero empezaba a depurar la silueta hasta acercarla a lo que conocemos hoy. Usaba colores oscuros en los sacos y muchos elementos que seguimos usando actualmente, como pantalones claros combinados con botas o zapatos de agujetas”.

en 1889.

2. A finales del siglo XIX, se popularizó el traje de calle, una alternativa a la vestimenta formal victoriana que consistía en pantalones largos, chaleco (a menudo profusamente decorado) y un saco corto. “Era, más o menos, la silueta moderna”, dice Sartori. “Un conjunto coordinado con un saco del largo que usamos hoy con pantalones a juego”.

4. En 1980, el diseñador italiano Giorgio Armani vistió al actor estadounidense Richard Gere con trajes suaves y desestructurados para su papel en American Gigolo. “Recuerdo haber visto la película y quedarme impresionado”, dice el diseñador neoyorquino Todd Snyder, de 58 años. “¿Quién es esta persona? Quiero ser un diseñador así algún día”. Armani entendió rápidamente cómo aprovechar el poder de Hollywood para transformar la moda, dice Snyder. “Ahora existen los Tom Ford del mundo. Pero él fue el primero”.

5. Luego, en la década de 1990, Armani vistió a todos los demás. “Creó una estética completamente distinta”, dice Sartori. “Desestructuró el hombro, haciéndolo más redondeado, más ligero y más natural: no grueso ni acolchado. Sus sacos eran más largos e introdujo una nueva paleta de color con beiges y grises”.

Gianni Agnelli, fotografiado en los años setenta.

6. Por la misma época, el empresario industrial italiano Gianni Agnelli y el diseñador estadounidense Ralph Lauren alentaron a los hombres a experimentar. “Estaba Agnelli, con su blazer de cuadros y pantalones con otro estampado, y Ralph, con sus jeans rotos y su blazer de inspiración británica”, dice el diseñador italiano Brunello Cucinelli, de 72 años. “Agnelli era el rey del estilo, sobre todo de los pequeños detalles: llevar el reloj sobre el puño de la camisa, sus pañuelos de bolsillo. Ralph se inclinaba más hacia lo que estaba de moda, con mezclilla y botas vaqueras. Antes de ellos dos, los hombres vestían de forma más convencional. Tenías un traje precioso, hecho a medida, y listo. Ellos introdujeron el gusto por mezclar y combinar”.

Cab Calloway en Tiempo de tormenta (1943).

3. En la década de 1940 dominó el zoot suit, caracterizado por un saco largo y holgado con hombros acolchados y pantalones de tiro alto que se estrechaban hacia el tobillo. “El intérprete Cab Calloway [que aparece con un zoot suit blanco en la película de 1943 Tiempo de tormenta] popularizó el look, que se originó entre los sastres de Harlem que creaban trajes drapeados y fue adoptado por sastres mexicoamericanos en Los Ángeles”, dice el diseñador neoyorquino Willy Chavarria, de 58 años. (El comerciante de Chicago y músico de big band Harold C. Fox solía atribuirse el nombre, que probablemente derivaba de la jerga del jive). “Era empoderador, con hombros fuertes, cintura estrecha y pantalones amplios, ligeramente ajustados al tobillo, con un dobladillo que resaltaba el zapato. Representaba a las personas que estaban siendo tan brutalmente agredidas y abusadas por la tragedia racista que fue y sigue siendo Estados Unidos. Con el tiempo, el zoot suit se integró en la cultura chicana, luego a la cultura latina, después a la cultura skate y más tarde a la ropa más holgada. Y después terminó influyendo en los jeans holgados de [Demna en] Balenciaga varias décadas más tarde”.

Thom Browne, fotografiado vistiendo uno de sus trajes estilo 2003.

7. En 2003, el diseñador Thom Browne presentó su primera colección prêt-àporter, con los trajes grises encogidos que se convertirían en su sello durante la Semana de la Moda de Nueva York. “Es un maestro en lo que hace y merece mucho crédito, pero eso ya estaba pasando”, dice Snyder, en particular en Comme des Garçons Homme Plus, donde en la década de 1990 Rei Kawakubo, fundadora de la marca, había presentado trajes encogidos de lana hervida con bordes sin rematar. Pero aunque Browne no inventó la sastrería más ajustada, “sin duda subrayó ese momento”.

8. Con la serie Mad Men (2007-15), la sastrería más ajustada volvió con fuerza. “Yo era director de moda masculina en J.Crew en ese entonces”, dice Snyder. “En 2008 diseñé el Ludlow [un traje con el saco ligeramente acolchado en los hombros] para capturar el espíritu de Mad Men. El personaje de Don Draper era cool y seguro de sí mismo, con aplomo. El traje se volvió más ceñido: la sisa subió, y el pecho, la solapa y la corbata se estrecharon”.

— Emilia Petrarca
Richard Gere en American Gigolo (1980).
Jon Hamm en Mad Men (2007-15).
El boxeador australiano de peso pesado Peter Jackson, fotografiado

ARTISTAS HABLAN SOBRE SUS OBRAS IMPERDIBLES EN SUS MUSEOS FAVORITOS

Buffalo AKG Art Museum

‘Convergence’ (1952), de Jackson Pollock

“Esta es una pintura inequívocamente estadounidense”, dice el artista Stanley Whitney, de 79 años. “En esa época, los pintores en Estados Unidos estaban tratando de reinventar la pintura, y nadie puede reinventarla más que Pollock”.

The Metropolitan Museum of Art ‘Toluk’ (objeto de valor femenino, siglos XIX-XX), por una artista belauense, República de Palaos, Islas Carolinas “Este toluk”, dice la pintora Jordan Casteel, de 37 años, “hecho con caparazones de tortuga marina pulidos y tallados por una artista belauense, es esencialmente dinero: forma parte de un sistema de valor centrado en las mujeres, utilizado para la propiedad, la herencia y el intercambio. Me encanta pensar que la autoridad de las mujeres ocupa aquí un lugar central”.

‘Los cosechadores’ (1565),  de Pieter Bruegel ‘El Viejo’ “Mi amigo James Gibbs me recomendó ir al Met solo para disfrutar de esta pintura”, dice el artista de performance Ragnar Kjartansson, de 50 años. “Es uno de sus trucos. Entra de lleno en toda esa grandeza: mira la obra y deja que te lleve atrás en el tiempo. Me quedé ahí, frente al trigo y a esas personas descansando siglos atrás, soñando despierto durante media hora. Lo recomiendo muchísimo”.

Pinturas de Édouard Manet (1832-83) “Es absurdo elegir una sola pieza, o incluso cinco, entre la vasta y diversa colección del Met, pero sea cual sea la razón por la que esté allí, siempre paso por las galerías de pintura europea del segundo piso para reencontrarme con las obras de Édouard Manet”, dice el pintor David Salle, de 73 años. “Estas pinturas son la conciencia moderna misma: lo social, lo político, lo sexual, lo estético, lo teatral, lo escénico; todo comprimido en una pincelada”.

‘Durmientes’ (1943), de Horace Pippin “La naturaleza contenida e íntima de las obras de Pippin siempre me resulta muy reconfortante”, dice Casteel. “Con tan solo tres o cuatro colores y una cuidadosa selección de pinceladas, me lleva a esa habitación para presenciar la calidez y el cuidado de la escena. Casi me dan ganas de susurrar para no despertarlos”.

ARTES VISUALES

Pintores contemporáneos y otros creadores comparten las piezas a las que siempre vuelven, desde el Met de Nueva York hasta el Louvre.

Tate Modern ‘La cena’ (1991), de Belkis Ayón “El trabajo gráfico de [la artista cubana] Ayón está, sin duda, profundamente inscrito en el ADN de mis dibujos”, dice la pintora Toyin Ojih Odutola, de 40 años. “La cena se considera una de sus obras más definitivas y marca su paso del color al blanco y negro”.

La National Gallery

‘Los triunfos de César’ (mediados de la década de 14801506), de Andrea Mantegna “Son pinturas enormes y abrumadoras en todos los sentidos”, dice Salle. “Representan a los ejércitos victoriosos de César regresando a Roma cargados con todos los botines de guerra que te puedas imaginar. El dibujo, la ejecución, el color, el dominio de los efectos de iluminación... Las pinturas tienen una presencia inimaginable; cuesta creer que hayan sido creadas a finales del siglo XV. Además, su retrato feroz e implacable del mundo de la conquista sin restricciones, el imperio y el saqueo no podría ser más pertinente hoy”.

‘Baco y Ariadna’ (1520-1523), de Tiziano

“Esta obra es muy importante para mí”, dice Whitney. “Ojalá la hubiera visto cuando tenía 18 años. Tiene muchísimo que enseñarte sobre pintura: color, movimiento y estructura”.

El Louvre

Pinturas de Nicolas Poussin (1594-1665)

“Es una de las pinturas más increíbles: el detalle, la narración, la historia en la pintura”, dice el artista multidisciplinario Walid Raad, de 59 años. “Te absorbe por completo. Es difícil entrar y encontrarte con tantas [obras expuestas] porque es como mirar entre 30 y 40 galaxias. Tienes que explorar cada una”.

Lugdunum-Musée et Théâtres

Romains, France

Dodecaedros romanos (siglos I-III d. C.)

“Los arqueólogos parecen incapaces de ponerse de acuerdo sobre la función de estos antiguos objetos: doce [caras] perforadas con aberturas circulares de distintos tamaños”, dice Ojih Odutola. “¿Cuál era su propósito? Cuanto más te lo preguntas, más deseas tener uno en la palma de la mano —sentir su equilibrio— mientras imaginas qué impulso ancestral llevó a su creación”.

de México

Philadelphia Museum of Art

‘Las grandes bañistas’ (1900-06), de Paul Cézanne “Si pudiera tener cualquier pintura del mundo, elegiría esta”, dice Whitney. “Me recuerda a un disco de Bud Powell en el que tocaba un piano desafinado en París: todo está mal y todo está bien. Así me hace sentir esta pintura: ‘Si amarte es un error, no quiero tener la razón’”.

Museo de Arte Moderno de México ‘Canto triste por Biafra’ (1969), de Gilberto Aceves Navarro “Los tres paneles centrales forman un paisaje cacofónico compuesto por todo tipo de marca violenta que te puedas imaginar en negros, naranjas, blancos y rojos turbios”, dice Ojih Odutola. “Están flanqueados por dos lados en color amarillo canario brillante. Ambos márgenes muestran las figuras más claras de la pintura, cada una sosteniendo un arma apuntando hacia la destrucción. [La pintura trata sobre la guerra civil nigeriana, que duró de 1967 a 1970.] No voy a decirte qué sentir ni cuánto tiempo quedarte. En mi caso fueron cuarenta minutos. Elegí sentarme en gratitud junto a esta canción triste: una persona extendiendo los brazos desde un continente, un país y un conflicto histórico hacia otro”.

Museo de Arte de São Paulo

‘La aparición del Niño Jesús a San Antonio de Padua’ (1627-30), de Francisco de Zurbarán

“Uno de los aspectos más destacados de las pinturas de Zurbarán es la humildad de las figuras que representa”, afirma el fotógrafo Wolfgang Tillmans, de 57 años. “Tienen un realismo conmovedor y una profunda espiritualidad que, al igual que en Caravaggio, pueden rozar cierto erotismo. Me gusta la atención que presta al peso y la textura de los tejidos”.

Odawara, Japón
Doha, Catar
Jos, Nigeria
París
Madrid
Buffalo
Nueva York
São Paulo, Brasil
Seúl
Filadelfia
Ciudad
Londres Lyon, Francia
Ámsterdam
Naoshima, Japón
Florencia, Italia

Rijksmuseum

‘Los síndicos del gremio de pañeros’ (1662), de Rembrandt van Rijn

“Conocí esta imagen gracias a una marca de puros llamada Dutch Masters”, dice el pintor y artista conceptual Rashid Johnson, de 48 años. “Cuando tenía unos 15 años, compraba puros Dutch Masters y los usábamos para liar porros, así que ya estaba familiarizado con esta imagen, aunque nunca la había pensado como algo significativo a nivel histórico.

Encontrarme con esa pintura en el Rijksmuseum hizo que ese contraste entre lo refinado y lo popular me pareciera fascinante”.

Museo del Prado

‘Pinturas negras’ (18201823), de Francisco de Goya

“La sala dedicada a Francisco de Goya probablemente sea mi sala de pintura favorita en cualquier lugar del mundo”, dice Johnson. “Estoy obsesionado en particular con dos obras: Duelo a garrotazos y Saturno devorando a su hijo Goya crea una serie de transgresiones que revelan algo en su espíritu complejo e incluso casi difícil de contemplar”.

‘Las Meninas’ (1656) de Diego Velázquez

“Las Meninas es un milagro que se renueva sin fin”, dice Salle. “En una de mis visitas, otro espectador, aparentemente sobrepasado por la emoción, se desmayó y se cayó al suelo. Me sorprende que no pase más seguido”.

El tres de mayo de 1808 (1814), de Francisco de Goya

“Qué gran pintura de protesta”, dice Whitney. “Tiene muchísima humanidad. Sigue siendo una declaración poderosa, y fue pintada en 1814”.

Museo de Arquitectura

Nigeriana Tradicional

Edificaciones de barro cocido (décadas de 1970 y 1980)

“La historia de la arquitectura en barro es abundante en toda África Occidental”, dice Ojih Odutola. “Mientras recorríamos estas reconstrucciones de monumentos antiguos, mi tío Ade me explicó que eran los rascacielos de nuestros ancestros, y que aún conservaban su ingenio tecnológico. Si alguna vez te encuentras entre estas estructuras, agudiza los sentidos. Atesora su divinidad”.

ARTES VISUALES

Enoura Observatory

‘El árbol de la vida’ (2017), de Hiroshi Sugimoto “Sugimoto diseñó el Observatorio Enoura en torno a alineaciones astronómicas, incluyendo las galerías que enmarcan el sol durante los solsticios”, dice la artista Anicka Yi, de 55 años. “Durante mi visita en 2025, el relieve de mármol El árbol de la vida, situado sobre un estrecho pasaje que desemboca en el Túnel de Adoración a la luz del solsticio de invierno, tuvo un impacto muy poderoso”.

Benesse

House Museum

‘One Hundred Live and Die”’ (1984), de Bruce Nauman

“Esta obra lo tiene todo: vida, muerte, banalidad, miedo, esperanza, maldad y alegría por separado, dice el escultor Do Ho Suh, de 63 años.

Museo Nacional de Corea

‘El bodhisattva pensativo’ (finales del siglo VI-principios del siglo VII)

“Estas esculturas son hermosas en su serena claridad”, dice Suh. “Me recuerdan que la vida es al mismo tiempo muy simple y muy compleja”.

Mathaf: Museo Árabe de Arte Moderno

Pinturas de Shakir Hassan Al Said (1925-2004)

“Era un artista iraquí que fue acogido en Doha [Catar] por un miembro de la familia real durante la primera Guerra del Golfo”, dice Raad. “Cortaba el lienzo y pintaba esas incisiones. Buscaba ir hacia una dimensión espiritual, no retiniana. La pared, la textura, la sombra: todo forma parte del mundo de la pintura”.

Las pinturas de Sandro Botticelli (c. 1445-1510)

“Una vez fui a Florencia a visitar a una monja, amiga de mi madre”, dice Kjartansson. “La monja escuchó que íbamos a la Galería Uffizi. Entonces nos habló de recorrer todas esas hermosas pinturas de la Virgen y el Niño. Pero luego me empezó a hablar del impacto de entrar a las repugnantes salas donde cuelgan las pinturas corrumpidas y pecaminosas de Botticelli. Esa perspectiva cambió por completo mi visión de Botticelli. Me hizo entender las condiciones bajo las que fueron creadas estas pinturas y la fuerza y sensualidad casi atómica que contienen. Se han convertido en un cliché tan reconocible impreso en papelería y pañuelos que no las entendí hasta que la hermana me abrió los ojos”.

—Julia Halperin

Una de las obras de arte conceptual más tempranas y célebres es La fuente, de Marcel Duchamp: un urinario de porcelana que el artista presentó para una exposición en 1917. (No se la aceptaron). Duchamp sostenía que “los objetos cotidianos [podían] elevarse a la dignidad de una obra de arte mediante el acto de elección del artista”. Esta filosofía marcaría el auge del arte conceptual en las décadas de 1960 y principios de los setenta, cuando artistas como Lawrence Weiner, Sol LeWitt y Lee Lozano reaccionaron contra la comercialización del arte creando obras que existían principalmente como una descripción o una idea. Darren Bader, de 48 años, uno de los principales exponentes contemporáneos del género seleccionó cinco obras de arte conceptual que capturan el espíritu del movimiento, que él resume así: “La mente es un palacio, sin importar sus limitaciones”.

¿QUÉES ELARTE CONCEPTUAL?

‘Studyfor Yvonne Rainer’s ‘Three Seascapes’’ (1967), de Sturtevant ‘Grapefruit’ (1964), de Yoko Ono ‘3Standard Stoppages’ (1913-14), deMarcel Duchamp

Duchamp describió 3 Standard Stoppages como “una broma sobre el metro”. Su escepticismo frente a la autoridad y su apuesta por el azar son rasgos característicos del arte conceptual: Duchamp dejó caer tres hilos de un metro sobre un lienzo y él los declaró, sin más, como una nueva unidad de medida. Luego pegó cada hilo a la superficie y lo cortó siguiendo sus curvas, creando tres reglas insólitas: los stoppages a los que alude el título. “Cuando ves las formas de los stoppages disfrazadas de objetos artísticos, es poco probable que entiendas el chiste”, dice Bader. “Siempre pensé en ‘estándar’ como un adjetivo, pero si en el título funciona como una metonimia de ‘metro’, un sustantivo, pierde la gracia”.

La artista nacida en Japón y radicada en Nueva York autopublicó Grapefruit dos años antes de conocer a John Lennon. El libro —lo suficientemente pequeño como para caber en una bolsa— reúne instrucciones concebidas como obras de arte que Ono escribió entre 1953 y 1964. Van desde lo fantasiosamente imposible (“Envía un olor a la Luna”) hasta lo fantasiosamente concreto (“Pule una naranja”). “‘La vida es hermosa’ no parece una afirmación tan grandilocuente cuando se contempla desde la mirada aguda y generosa de Ono”, dice Bader.

Bader describe a Elaine Sturtevant como “artista, alias, cifra, fanática”. La artista dedicó gran parte de su carrera a reproducir y recrear obras de otros artistas (en su mayoría hombres). Algunas personas la acusaron de copiar, aunque sus versiones siempre diferían ligeramente de los originales. Andy Warhol, sin embargo, lo entendió de inmediato; incluso la dejó usar la pantalla serigráfica que utilizó para su serie Flowers (1964), con la que Sturtevant creó sus propias “Warhol Flowers” ese mismo año. Para Bader, la obra esencial de Sturtevant es la versión poco conocida de una pieza de danza de vanguardia de la coreógrafa Yvonne Rainer, en la que la intérprete corre con un abrigo negro al ritmo de [la música de Sergei] Rachmaninoff, se mueve con ondulaciones en cámara lenta y cierra con un ataque de gritos. Hoy esta performance sobrevive principalmente como leyenda.

‘InertGas

Series/Helium, Neon, Argon, Krypton, Xenon/Froma Measured Volumeto Indefinite Expansion’ (1969),de Robert Barry ‘One Million Years’ (1999),deOn Kawara

En 1969, Barry liberó cinco gases nobles —helio, neón, argón, criptón y xenón— en el aire de Los Ángeles. El galerista y abogado Seth Siegelaub, quien ayudó a hacer realidad muchas de las obras fundamentales del arte conceptual, publicó un cartel anunciando la obra sin indicar fecha ni ubicación. (El número telefónico te mandaba a una grabación que describía la acción de Barry). “La Inert Gas Series de Robert Barry siempre ha sido mi referencia cuando intento invocar esa cuasiquintaesencia de la esencia que suelo añorar”, dice Bader.

El artista japonés —a quien Bader describe como un “fetichista canónico del calendario”— desarrolló formas ingeniosas de explorar el paso del tiempo en su obra. Past, el primer volumen del libro One Million Years (que en realidad abarca dos millones de años), enumera los años desde 998,031 a. C. hasta 1969 d. C.; el segundo va de 1993 a 1,001,992. Se han hecho lecturas en museos y galerías de todo el mundo, aunque leerlo completo en voz alta tomaría 100 años. Bader describe One Million Years de la siguiente manera: “El tedio material se encuentra con la amplitud de la imaginación”.

—Julia Halperin

Galería Uffizi

Repasamos las últimas novedades tecnológicas para el cuidado del órgano más grande del cuerpo humano

CUANDO EL POETA Paul Valéry escribió la frase que usamos en el titular de este artículo, difícilmente podía imaginar el despliegue de tecnología, química y conocimiento médico que, décadas después, se pondrían al servicio de la epidermis. Quizá hoy el francés matizaría esa frase. Al fin y al cabo, el órgano más extenso del cuerpo humano se ha convertido en un espacio en el que confluyen salud, identidad, deseo y presión social.

La doctora Isela Méndez, fundadora de la clínica que lleva su nombre en Ciudad de México, lleva cerca de veinte años dedicada a los tratamientos cutáneos y ha sido testigo directo de ese cambio de paradigma. Según explica, existe un giro

claro en los cuidados y en la manera en que los pacientes entienden la estética facial. “La gente ya no quiere volumen, que genera la llamada cara de almohada, y quieren otros protocolos como estimular las células a producir colágeno. Los hay físicos, como Density, que estimula por medio de calor, y químicos como el Sculptra, Radiesse y Ellansè, que son bioestimuladores de colágeno que son inyectados”, dice a T México. Estos bioestimuladores actúan de forma distinta según su composición. Algunos contienen hidroxiapatita de calcio mientras que otros utilizan ácido poliláctico o policaprolactona. Todos tienen en común que no buscan rellenar, sino activar los procesos naturales de la piel. Méndez insiste en que no existe un único camino válido y que cada paciente requiere una evaluación individualizada. “Hay muchos caminos para cuidar la piel para pacientes con mucha flacidez”, señala la doctora, quien recomienda tratamiento físico y químico en la misma sesión. “El físico es menos invasivo”, apunta.

Aunque la innovación es constante, ciertos tratamientos continúan siendo fundamentales. Así, el ultrasonido de alta intensidad, la radiofrecuencia y los estimuladores siguen utilizándose de forma habitual, adaptados a nuevas combinaciones y a protocolos más personalizados. En este contexto, la clínica de Méndez ofrece hasta setenta tratamientos distintos para la piel, una cifra que ilustra tanto la sofisticación del sector como la necesidad de criterio médico. Sin embargo, señala la doctora, no todas las demandas deben atenderse. En ocasiones, las clínicas se enfrentan a pacientes que padecen dismorfia corporal, un trastorno psicológico en el que la persona se obsesiona con defectos inexistentes o imperceptibles. En esos casos, la responsabilidad profesional implica poner límites. Lo mismo ocurre cuando el paciente no presenta suficiente base muscular u ósea para iniciar un tratamiento determinado. Y es que el vínculo ya no es unidireccional. El paciente elige con libertad su centro de belleza o su clínica, pero el centro también debe seleccionar a sus pacientes con rigor y honestidad.

Hoy, la demanda actual, se concentra, según Méndez, en ojeras, surcos, manchas y líneas de marioneta alrededor de la boca. Para muchos de estos casos, el bótox puede ser una solución eficaz, pero también requiere de una implicación activa por parte del paciente que favorezca el éxito de un tratamiento que la doctora aconseja implementar una vez al año para así mantener los efectos. Aunque, más allá de la aparatología, Méndez subraya la importancia de centrarse en los básicos habituales de belleza: “Limpieza,

Lo profundo es la piel

Por Javier Fernández de Angulo

hidratación y vitamina C”, además de una dieta sana con una presencia mínima de los llamados “venenos blancos”; esto es, lácteos, harinas y azúcares. En cuanto a protocolos concretos, la doctora recomienda el uso de Sculptra —se inyecta en el rostro mediante una cánula o aguja larga, no aporta volumen y consigue que la mejilla adquiera una textura más tersa y firme— tres veces cada 45 días el primer año, y destaca Density, una máquina coreana que combina radiofrecuencia monopolar y bipolar y que trabaja a nivel superficial y profundo para estimula el fibroblasto y así producir colágeno mediante calor. Otra opción es Morpheus8, un tratamiento de radiofrecuencia con microagujas que tensan la piel y reducen la flacidez actuando en distintas profundidades. Ambas opciones ejemplifican, según Méndez, un cambio claro en las expectativas de los pacientes. “Estamos muy expuestos a las redes sociales, y ver imágenes como las de Nicole Kidman con 58 años, quien parece que tiene 30, generan una presión que no es fácil de manejar. También provocan frustración. En ocasiones, algunos pacientes más que tratamientos de belleza necesitan tratamiento psicológico”, reflexiona.

DESDE EL PERIODISMO especializado, Lucía Heredero, colaboradora de El País, entre otros medios, coincide en que las tendencias han cambiado de forma notable en los últimos años. “Tras el boom de los inyectables, que rellenaban arrugas dejando caras gordas, hinchadas y todas iguales, los médicos más vanguardistas optan por aconsejar retoques más sutiles”, explica la especialista, para quien la naturalidad sigue siendo la tendencia a seguir. Algunas máquinas de última generación, como Ultherapy y Thermage (ultrasonidos de alta intensidad que penetran hasta las capas más profundas de la piel para regenerar el colágeno y tensar la superficie de la piel) permiten la estimulación de colágeno y elastina sin alterar la fisionomía del rostro. “Los tratamientos

faciales de Kobido y Kiniseostetica, son opciones agradables, manuales y sin ningún riesgo de obtener una cara que no es la tuya. Se acabó el maximalismo en la belleza. La tendencia es el minimalismo, caras limpias, cuidadas y sanas. Ya no se llevan los siete pasos de limpieza. La moda coreana ya quedó atrás. Las mujeres y los hombres no pueden ser clones cortados por el mismo patrón”, señala Heredero.

En la misma línea se expresa Claudia Valdez, exdirectora de la sección de Belleza de Vogue México y Latinoamérica, quien subraya un cambio conceptual profundo

en el cuidado de la piel. Para ella, el cambio más fuerte en skincare es que “dejamos de querer corregir la piel para empezar a entenderla”. “Antes todo era borrar, rellenar y cubrir, pero hoy las técnicas van mucho más hacia lo regenerativo. Los PRP, lo exosomas, el microneedling e incluso los inyectables ya son mucho más sutiles. No se busca transformar el rostro, sino mejorar la calidad de la piel sin que se note”, agrega. El verdadero punto de inflexión, dice, está en el enfoque: en empezar a hablar de la piel como un sistema, no como una superficie.

Texturasinesperadas,capaselegantesysiluetasllamativasmarcan elritmodeestatemporada.

Debajo: pantalones,vestido,zapatos y mascada, de Louis Vuitton,louisvuitton. com; sombreros de MaisonMichel, michel-paris.com; calcetines de Falke, falke.com. Derecha: Camisa, pantalones, shorts y zapatos, de Prada, prada.com.

Izquierda: Suéteres (usados sobre los hombros y camisas, de JacobCohën, jacobcohen.com; pantalones y sandalias, de Hermès, hermes. com. Chamarra de Dolce&Gabbana, dolcegabbana.com; camiseta de Canali, canali.com; pantalones y sandalias, de Hermès.

Arriba: suéter de Corneliani, corneliani. com; pantalones de Zegna, zegna.com; sandalias de Hermès, hermes.com. Izquierda, desde la izquierda: abrigo y botas, de Hermès Chamarra y pantalones de Canali,canali.com; camisa y mascada, de Zegna; sandalias de Hermès.

CATEDRALES DEL SIGLO XXI

Los estadios, dice Juan Villoro, son como pirámides invertidas donde venerar al dios fútbol.
Estos son los que albergarán la pasión del próximo Mundial.

LA FUERZA SIMBÓLICA de los estadios de fútbol ha atraído desde hace décadas a algunos de los grandes nombres de la arquitectura. En el último campeonato del Mundo, la final se disputó en el estadio Lusail de Doha, diseñado por Foster + Partners. “Es un honor diseñar el estadio principal. Estamos encantados de haber ganado el concurso internacional. Es un paso emocionante hacia adelante en el diseño de estadios, el primero en romper el molde de la ubicación suburbana aislada y anticipar la evolución de la ciudad futura, de la que formará parte integral”, explicó entonces Norman Foster. El proyecto, añadió, se adelantaba también a la idea de una vida permanente del estadio más allá del gran evento. Hoy la sostenibilidad, las nuevas tecnologías y la versatilidad de usos marcan el rumbo de los grandes recintos deportivos. Ahí se inscribe la reforma del Santiago Bernabéu, en Madrid, desarrollada por el estudio alemán GMP Architekten en colaboración con las firmas españolas L35 Architects y Ribas & Ribas Arquitectos. Con tres países anfitriones —México, Canadá y Estados Unidos— la arquitectura también volverá a ser protagonista en esta edición. El partido inaugural de este campeonato del Mundo tendrá lugar en el recién remodelado Estadio Azteca, que ostentará el récord de haber acogido tres mundiales y que acaba de ser remodelado. Otros de los recintos elegidos proceden

del universo de la NFL y hoy se presentan como laboratorios de tecnología, arquitectura y diseño.

Estadio Ciudad de México

(Estadio Azteca, Ciudad de México)

Fue diseñado por Rafael Mijares junto al reconocido arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, autor de obras emblemáticas como el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México, y ha recibido a lo largo de su historia numerosos reconocimientos por su arquitectura. Recientemente ha sido objeto de una profunda remodelación a cargo de las firmas Populous y KMD Architects. Se han instalado más de 2,200 metros cuadrados de pantallas LED, un sistema de sonido completamente renovado con más de 300 bocinas, nuevos vestuarios y una cubierta parcial. Tiene una capacidad para 87,523 espectadores.

Estadio Monterrey

(Estadio BBVA, Monterrey)

Diseñado por Populous y VFO Arquitectos, el proyecto integra de manera consciente el entorno natural, permitiendo una vista directa al emblemático Cerro de la Silla desde el interior del estadio. Su silueta curvilínea refuerza el carácter escultórico del edificio y responde a las condiciones climáticas de Monterrey gracias a un sistema de ventilación natural pensado para mitigar las altas temperaturas. Inaugurado en 2015, tiene una capacidad para 53,529 espectadores.

Estadio Guadalajara (Estadio Akron, Zapopan)

Es la casa del Club Deportivo Guadalajara y cuenta con una capacidad para 49,850 espectadores. Fue inaugurado en 2010 y su diseño corrió a cargo de Populous en colaboración con VFO Arquitectos. El recinto incorpora además una zona infantil, la tienda oficial del club Chivas, servicios como salón de belleza y un estacionamiento subterráneo con capacidad para más de 700 automóviles.

Toronto Stadium (BMO Field, Toronto)

Este icono cumple 20 años y fue diseñado en 2007 por Brisbin Brook Beynon Architects. El BMO Field ofrece una atmósfera intensa y cercana, con gradas muy próximas al terreno de juego que refuerzan la experiencia del

fútbol desde el campo. Es la casa del Toronto FC y de los Toronto Argonauts, y su ubicación junto al Lago Ontario lo integra de manera natural en la silueta de Toronto. Tiene capacidad para 45,736 espectadores.

Vancouver BC Place (Vancouver)

En el BC Place se encuentran la tecnología y el espectáculo en un recinto con una larga historia que comenzó con su inauguración en 1983. Situado junto al estuario de False Creek, el estadio ha sido renovado y hoy luce una cubierta retráctil diseñada por Geiger Engineers. Su techo blanco lo hace inmediatamente reconocible dentro del skyline y confirma su condición de icono arquitectónico y deportivo. Tiene capacidad para 54,500 personas.

Los Angeles Stadium (SoFi Stadium, Inglewood)

Inaugurado en 2020 y diseñado por la firma HKS, ha sido escenario de la Super Bowl y será sede tanto de la inauguración como de la clausura de los Juegos Olímpicos de 2028. Ubicado en Inglewood, el estadio se integra en un entorno donde conviven vivienda, comercio y ocio, ampliando su papel más allá del deporte. En el interior, las pantallas envolventes generan una experiencia digital de gran potencia escénica, una puesta en escena que remite de inmediato al imaginario de Hollywood. Tiene capacidad para 70,240 espectadores.

Atlanta Stadium (Mercedes-Benz Stadium, Atlanta)

El Mercedes-Benz Stadium presenta una silueta inconfundible formada por módulos de acero y vidrio que convergen en una cubierta retráctil compuesta por ocho paneles triangulares, con forma de molinillo, inspirada en el óculo del Panteón romano. En el interior, una espectacular pantalla de 360 grados envuelve todo el recinto y permite seguir cada jugada y cada gol con un nivel de detalle inmersivo. Diseñado por la firma HOK, cuenta con una capacidad para 71,000 espectadores.

Dallas Stadium (AT&T Stadium, Arlington)

Inaugurado en 2009 y diseñado por la firma HKS, el recinto tiene una capacidad base para 80,000 espectadores, ampliable hasta 94,000 mediante gradas retráctiles. En su interior destacan las pantallas de más de 1,000 metros cuadrados, consideradas las más grandes del mundo en un recinto deportivo, que refuerzan la experiencia visual del espectáculo.

San Francisco Bay Area Stadium (Levi’s Stadium, Santa Clara)

Inaugurado en 2014, el Levi’s Stadium es la casa de los San Francisco 49ers y uno de los recintos más avanzados de la NFL. Con capacidad para 77,456 aficionados, el estadio —obra del estudio internacional HNTB— fue concebido a partir de grandes referentes de la ingeniería californiana, como los puentes Golden Gate y San Francisco–Oakland Bay. Más allá de su escala y de haber sido sede de una Super Bowl, el Levi’s Stadium marcó un hito al convertirse en el primer estadio con certificación LEED.

New York/New Jersey Stadium

‘EL PARTIDO INAUGURAL DE ESTE CAMPEONATO DEL MUNDO TENDRÁ LUGAR EN EL RECIÉN REMODELADO ESTADIO AZTECA, QUE OSTENTARÁ EL RÉCORD DE SER EL ÚNICO EN ACOGER TRES MUNDIALES’.

un evento con cero residuos y mínimas emisiones de gases de efecto invernadero durante el Mundial.

Kansas City Stadium (Arrowhead Stadium, Kansas City)

El Arrowhead Stadium es uno de los recintos veteranos del Mundial, inaugurado en 1972 y diseñado por el estudio Kivett & Myers. Con una capacidad para 76,416 espectadores, ha sido objeto de varias reformas a lo largo de los años, la más reciente de cara a esta Copa del Mundo, que le han valido el reconocimiento LEED en categoría oro. Entre las mejoras destaca un sistema de drenaje de última generación para el césped, así como una clara prioridad al en el de agua y electricidad. Sus gradas, muy inclinadas, generan una atmósfera intensa que amplifica el sonido, situándolo de forma habitual entre los estadios más ruidosos de Estados Unidos.

Houston Stadium

(NRG Stadium, Houston)

(MetLife Stadium, East Rutherford)

El gran santuario de la final del Mundial del próximo 19 de julio es el MetLife Stadium, hogar de dos equipos de la NFL, los New York Giants y los New York Jets. Inaugurado en 2010, fue concebido por los estudios EwingCole, 360 Architecture y Rockwell Group. Su fachada exterior, construida a base de lamas metálicas horizontales, genera un efecto visual cambiante que transforma la percepción del edificio. Tiene capacidad para 85,500 espectadores.

Miami Stadium

(Hard Rock Stadium, Miami Gardens)

El Hard Rock Stadium fue inaugurado en 1987 y es una creación de Ron Labinski para HOK Sport, estudio pionero en el desarrollo de estadios con servicios VIP. Remodelado en profundidad en 2016 nuevamente por HOK, el recinto incorporó importantes avances tecnológicos, entre ellos una cubierta retráctil que protege al público del sol y la lluvia de Florida. Casa de los Miami Dolphins, tiene capacidad para 65 300 espectadores.

Seattle Stadium (Lumen Field, Seattle)

En página anterior, desde arriba en el sentido de las manecillas del reloj: Arrowhead Stadium, Kansas City; Lumen Field Stadium, Seattle; Levi’s Stadium, Santa Clara; BC Place Vancouver, Vancouver; BMO Field, Toronto; Estadio BBVA, Monterrey; Mercedes-Benz Stadium, Atlanta; SoFi Stadium, Los Ángeles; Estadio Akron, Guadalajara; Estadio Azteca, Ciudad de México.

Este recinto deportivo mantiene una estética profundamente ligada a Seattle. Obra del estudio Ellerbe Becket e inaugurado en 2002, el Lumen Field cuenta con una capacidad para 68,740 espectadores y se ha fijado como objetivo organizar

El NRG Stadium nació como un estadio de vanguardia, reconocible por su imponente silueta y por ser pionero en el uso de un techo retráctil. Diseñado por HOK junto a Hermes Reed Architects e inaugurado en 2002, tiene capacidad para 72,220 espectadores y fue concebido como una gran burbuja capaz de proteger del calor extremo, la humedad o las tormentas propias de Houston. Sin embargo, en 2008 sufrió graves daños a causa del huracán Ike. Además de su uso deportivo, ha sido escenario de conciertos de bandas como Metallica, U2 o The Rolling Stones, con una estética que recuerda a la de un gran centro comercial acristalado.

Boston Stadium (Gillette Stadium, Foxborough)

El Gillette Stadium fue inaugurado en 2002 y es sede de los New England Patriots y del New England Revolution de la MLS. Situado a 37 kilómetros de Boston, su apertura implicó la creación de nuevas infraestructuras de acceso, como una carretera y un servicio de tren. Diseñado por HOK Sport, presenta para el Mundial importantes mejoras, entre ellas una pantalla de vídeo en alta definición de 2,000 metros cuadrados, la mayor de un estadio en Estados Unidos, 4,600 metros cuadrados dedicados a hospitality y un aforo de 64,628 asientos. El recinto ha recuperado el pasto natural e incorpora sistemas de inteligencia artificial para la gestión del terreno de juego mediante sensores, así como para el control de accesos y evacuación del público, además de experiencias singulares como la cercanía al túnel de vestuarios y el espacio Celebration Beer Hall.

Philadelphia Stadium (Lincoln Financial Field, Filadelfia)

El Lincoln Financial Field, conocido popularmente como The Linc, se inauguró en 2003 con un partido de fútbol entre el Barcelona y el Manchester United. Diseñado por NBBJ junto a Agoos Lovera Architects, cuenta con 70,000 asientos y se sitúa en el sur de Filadelfia, en una zona donde conviven varios grandes estadios. A lo largo de sus reformas ha incorporado energías renovables mediante 11,000 paneles solares y aerogeneradores, un sistema de reciclaje de residuos y ha obtenido la certificación LEED platino. Sus esquinas abiertas permiten vistas hacia la ciudad y apuestan por un diseño más práctico que efectista, grandes pantallas LED, internet inalámbrico y fácil acceso en tren.

QUE UN ESPACIO como el Museo Jumex, uno de los centros de arte contemporáneo más prestigiosos de Latinoamérica, dedique una exposición colectiva al fútbol, podría parecer una provocación. Sin embargo, conforme el visitante se va acercando al edificio proyectado por el arquitecto David Chipperfield, comienza a revelarse un lenguaje común entre el deporte más popular del mundo y la creación contemporánea, principal hilo conductor de la exposición Fútbol y Arte. Esa misma emoción, abierta al público hasta el próximo 26 de julio. “La muestra no se queda únicamente en la aventura de la experimentación con los objetos de fútbol, sino que también se centra en capas como la social y la histórica”, dijo el curador Guillermo Santamarina durante la inauguración de una exposición que cuenta con 193 obras de más de 70 artistas.

El recorrido comienza a las puertas del museo con Tribunas (2026), una instalación del colectivo Tercerunquinto, radicado en Monterrey, compuesta por restos del recientemente remodelado Estadio Azteca; en ella, butacas referenciadas con los nombres de figuras legendarias del fútbol mexicano como Carlos Muñoz, Carbajal o Hugo Sánchez, el goleador que jugó en el Real Madrid, activan la memoria colectiva desde el espacio urbano. Ya en el interior del espacio museístico, el visitante se encuentra con los Balones acelerados (1996), de Gabriel Orozco, una serie de pelotas recogidas en la calle, usadas y desgastadas que se suspenden en el aire ante los ojos del espectador como un objeto cotidiano atravesado por el uso y el tiempo. A su lado, Néstor Jiménez presenta un trabajo textil en lana tejida y teñida que simboliza el enfrentamiento entre socialismo y fascismo en el campo de juego, mientras que en el videocollage Las trampas de la fe. A.K.A. La tentación del fracaso (2025), el artista mexicano Diego Berruecos analiza el contexto político mexicano desde 1985 hasta la actualidad a través de los penales fallados por la selección mexicana a lo largo de ese periodo concreto.

El espacio, cuya museografía fue diseñada por el arquitecto Mauricio Rocha (el propio Rocha y su taller de arquitectura participan en la exposición con Cancha llanera (2026), una superficie de tierra compactada que remite a los

El Museo Jumex de la Ciudad de México se une a los festejos del Mundial con la exposición colectiva 'Fútbol

y Arte. Esa misma emoción'.

EL ARTE JUEGA CON LA EMOCIÓN

En la pantalla, el videocollage Las trampas de la fe. A.K.A. La tentación del fracaso (2025), del artista mexicano Diego Berruecos. Arriba: la instalación Tribunas (2026), del colectivo Tercerunquinto, radicado en Monterrey, recibe al visitante en la exposición del Museo Jumex.

Por Javier Fernández de Angulo

campos de tierra volcánica, arena, arcilla y barro en los que se juega en México) se ha transformado para la ocasión en un escenario deportivo en el que las galerías se llenas de referencias simbólicas al deporte rey.

En las paredes cuelgan fotografías como Roma (2007), de Graciela Iturbide, en la que se muestra una portería desvencijada en un entorno humilde de la ciudad de Ostia, en Italia; Jerónimo y su balón (1963), de Rodrigo Moya, en la que un hombre utiliza un balón deshinchado como sombrero; Política deportiva (2014), de Mauricio Limón, que muestra a 15 jóvenes sin camisa formando una barrera bajo los palos; o Mi Mundial (1977), de Marta Minujín, un singular autorretrato con un estadio de fútbol como telón de fondo.

La presencia de la mujer en el fútbol ocupa un lugar central en la exposición con piezas como con Dechado de impedimentos (2025), de Sofía Echeverri. A través de bordados, la obra revisa la historia de todos los obstáculos a los que el fútbol

Dechado de impedimentos (2025), obra de la artista Sofía Echeverri.

Izquierda: My Sun One Early Morn Did Shine (2025-2026), de Iñaki Bonillas. Abajo: Stadium (1991), de Maurizio Cattelan.

femenino se ha enfrentado en México, en este caso narrados por las jugadoras de la selección nacional que fueron subcampeonas del Mundial de 1971. En los textiles se leen frases como “nunca dejas de sentirte amateur, porque nunca te pagaron por lo que hacías”, “llenamos cuatro veces el Estadio Azteca” o “la Federación nos abandonó”.

El recorrido también incluye piezas históricas como Finale II (1990), del artista belga Wim Delvoye, un vitral colocado dentro de una portería que representa una panadería, y Stadium (1991), de Maurizio Cattelan, un futbolito de más de seis metros de largo con 22 jugadores que transforma el juego de cantina en una experiencia monumental. Por su parte, el cruce entre arte, mercado y deporte se hace literal en una obra que reúne una camiseta del Real Madrid firmada por Jeff Koons, uno de los artistas vivos más cotizados del mundo. “El fútbol es un sistema de imaginación y de información que exhala e inhala la compleja realidad del siglo XXI”, señaló Santamarina.

El propio Museo Jumex subraya que esta exposición reafirma su compromiso con prácticas artísticas que dialogan con la cultura popular, el deporte y la vida cotidiana. En el contexto del Mundial, este diálogo se extiende por la Ciudad de México con exposiciones paralelas en el Museo Nacional de Antropología (Annie Leibovitz y el fútbol, hasta el 31 de agosto), el Franz Mayer (Fútbol: diseñando una pasión, hasta el 31 de julio), y el Papalote Museo del Niño (Cancha de los niños, hasta el 31 de agosto). Arte, cine, literatura y diseño se suman en la capital mexicana a un mismo fenómeno: el fútbol sale del estadio para ocupar los museos.

N A P A S I Ó N

REDONDA

Juan Villoro publica ‘Los héroes numerados’, un homenaje a la estrecha relación que siempre han mantenido el fútbol y la literatura.

Izquierda: el once inicial de la historia de la literatura universal elegido por el escritor Juan Villoro, autor de Los héroes numerados.

JUAN VILLORO SE mueve como una estrella discreta por los pasillos de Seix Barral, su casa editorial, decorados para la ocasión con varios balones de fútbol. También hay periódicos sobre una mesa, y Villoro, siempre apegado a la actualidad (y la realidad) no puede evitar comentar las portadas. Habla de que Irán, recientemente bombardeada, tendrá que disputar sus partidos de la inminente Copa del Mundo en suelo estadounidense, y de cómo los latinos, que durante décadas han sustentado la pasión futbolística en Estados Unidos, han sido perseguidos en las calles en los últimos tiempos. Porque Villoro —dramaturgo, novelista y ensayista— es, sobre todas las cosas, futbolero. Así lo demuestran sus numerosas publicaciones sobre el tema —Los once de la tribu (1995),  Dios es redondo  (2006) y  Balón dividido (2014) entre otros títulos— obras a las que ahora se suma Los héroes numerados , recientemente publicada. En ella, el mexicano compara a las grandes figuras de la historia del fútbol con los clásicos de la literatura.

“La frase de Quevedo “lo fugitivo permanece y dura” es una definición de la pelota”, dice Villoro a T México, expectante ante la llegada al país, por tercera vez, de un Mundial que se disputará en pleno conflicto. “El mundo está roto, y el Mundial se va a celebrar en condiciones inapropiadas. En las guerras clásicas había una tregua sagrada que acompañaba a los Juegos Olímpicos, todos los conflictos se suprimían, pero los griegos eran más sabios que nosotros”, reflexiona el escritor.

Nacido en la Ciudad de México en 1956, el acercamiento de Villoro al fútbol se produjo, como casi siempre ocurre, en la infancia. Fue su padre, el filósofo Luis Villoro, uno de los intelectuales mexicanos más influyentes de su generación, quien ejerció de guía en ese camino hacia la pelota. Recuerda el escritor que fue él quien le regaló un llavero y que a partir de ahí, sin saber muy bien por qué motivo, se hizo del Barça a pesar de la dificultad que había entonces para poder ver sus partidos por televisión. “En aquella época no existía la televisión satelital. Sabía que había por ahí un equipo que de alguna manera nos pertene -

cía, pero no lo había visto nunca”, recuerda Villoro sobre aquel “equipo fantasmagórico”, como él mismo define, al que su padre, como buen exiliado, animaba más de lo que lo hacían los que sí lo podían ver en directo. Comenzó entonces una relación entre padre e hijo que, durante esos años y como consecuencia de un temprano divorcio de sus progenitores, acabaría desarrollándose en las gradas. “El lugar donde más vi a mi padre fue en un estadio de fútbol. Eso me acercó anímicamente al juego y explica mi emoción por ver los partidos”, dice.

Desde entonces, Villoro se ha convertido en el gran pensador del fútbol mexicano. Si en Argentina existió Dante Panzeri, en España Manuel Vázquez Montalbán o en Italia Gianni Brera, en México, la responsabilidad de pensar el fútbol recae desde varias décadas en las espaldas de Villoro, en su capacidad para unir el deporte más popular del planeta con conceptos más trascendentales como la religión, la espiritualidad, la política e incluso la literatura. Le preguntamos, pues, por su once inicial de la historia de las letras. “De portero pondría a Ramón Gómez de la Serna por su agilidad. En defensa jugaría con dos robustos defensores rusos, León Tolstói y Fiódor Dostoyevski. En los laterales utilizaría dos carrileros ágiles: Italo Calvino en la derecha, quien siempre pensó que la levedad era una virtud de la literatura, y en la izquierda me aprovecharía de la inventiva para la ofensiva de Julio Cortázar. Como recuperador de balones pondría a Balzac y junto a él un número 8 más táctico y refinado con vocación excéntrica; esto es, Vladimir Nabokov”, relata Villoro. “Claro que nos hace falta un rematador, autor de textos breves y contundentes como Franz Kafka. El diez, el encargado de articular la magia, sería Jorge Luis Borges. Los extremos serían Gabriel García Márquez y su realismo mágico y Juan Rulfo”, agrega. ¿Y Marcel Proust?, preguntamos. “Sería el cronista que buscara el tiempo perdido en el partido”, dice Villoro, quien ha incorporado el fútbol a su prosa de la misma manera que Cortázar introdujo el jazz o Haruki Murakami los maratones.

Para el escritor, el fútbol, transversal, horizontal y popular a partes iguales, tiene, sin embargo, ciertas cuentas pendientes con la sociedad. El grito homofóbico, habitual en algunos partidos disputados en suelo mexicano, es uno de esos ejemplos. Para Villoro, la responsabilidad es compartida. Por un lado, las autoridades, señala, no se han preocupado de educar al aficionado; por otro, los futbolistas, protagonistas del espectáculo, no se han involucrado como deberían. Pero valora ciertos gestos que siguen viéndose en las canchas. Recuerda una jugada en la que Telmo Zarra, estrella española de la década de los años cuarenta y cincuenta, prefirió ayudar a un compañero rival antes que anotar un gol. “Hay jugadores que entienden éticamente el fútbol, pero son excepciones. Muchos de los problemas del fútbol se podrían combatir mejor si los jugadores tuvieran conciencia social, pero desgraciadamente prefieren evadir

impuestos y ganar más dinero que tener una conciencia clara”, reflexiona el escritor, tan atraído por la vertiente social del deporte, como por su conexión con la superstición y la cábala. Villoro está convencido de que el fútbol funciona como un sistema de creencias y coincide con Vázquez Montalbán en la idea de que el fútbol es una religión en busca de un dios. “Los jugadores son religiosos y tienen cábalas, mantienen amuletos, me interesa mucho la parte mental del fútbol”, dice Villoro sobre un deporte en el que, a lo largo de los tiempos, se ha recurrido “al vudú, a la santería y a diferentes formas de magia” en busca del resultado ideal. Esa lógica simbólica, explica, no es ajena a su propio oficio: “Las supersticiones sirven para tener confianza, yo como escritor las utilizo mucho. Escribí una novela que se titula El testigo sobre el poeta Ramón López Velarde, quien vivió 33 años. Me dije: si la novela tiene 33 capítulos, serán los 33 años del poeta y se convirtió en un número mágico”. La numerología es también el hilo conductor de Los héroes numerados, su última publicación. En ella, Villoro habla de cifras como un profesor de matemáticas mientras repasa algunos lugares comunes relacionados con diferentes guarismos: el jugador número 12 como metáfora del público que acude al estadio a animar a su club o selección, el 14 que utilizó Johan Cruyff en un momento en el que los futbolistas jugaban vestidos del 1 al 11, el 7 que eligió Cristiano Ronaldo en el Real Madrid. Pero también habla Villoro de los casos de sobornos más recordados, de la influencia de la mujer en el fútbol del siglo XXI o del papel que representa la tecnología en el presente del deporte, contaminaciones deportivas que, por el contrario, no le impedirán acudir al estadio Azteca para ver en directo todos los partidos que acogerá el coloso de Coapa, el único estadio de la historia con tres mundiales en su currículum. “Un partido que vale la pena genera anticuerpos contra la realidad. El mundo que rodea al estadio, que está mal hecho, pasa a un segundo

“UN PARTIDO QUE VALE LA PENA GENERA ANTICUERPOS CONTRA
REALIDAD.

LA

EL

MUNDO QUE RODEA

AL

ESTADIO, QUE ESTÁ MAL HECHO, PASA A UN SEGUNDO PLANO”.

plano. Ves entonces la belleza del juego, los lances de los futbolistas… Ellos mismos vuelven a ser los niños que decidieron dedicar su vida a patear o detener un balón con calidad. Esa magia no deja de suceder”, relata. Sin embargo, el escritor ha detectado un hartazgo entre los aficionados como consecuencia de la manipulación y comercialización del fútbol; a saber, el precio de los boletos, la colonización de las camisetas por las casas de apuestas o las faltas de respeto desde los principales clubes de la liga a los equipos de formación, que han limitado la aparición de jóvenes jugadores. Este descontento, dice el escritor, podría generar “una catarsis”. En el partido inaugural de la Copa del Mundo de 1986, recuerda, hubo una rechifla contra el presidente Miguel de la Madrid por su mala gestión durante el terremoto de 1985. “Ese día, los congregados en el estadio convirtieron la inauguración en el partido del temblor. El estadio Azteca es tan importante como un referéndum”, dice el escritor sobre un Mundial que, asegura, le genera nostalgia. “En el campo hay que saber que la soluciones están en el césped y lo problemas están en los palcos de los directivos. Desgraciadamente, la FIFA ha privilegiado los intereses económicos por encima de cualquier otra cosa”, señala sobre un problema que considera global, con ejemplos como la ruidosa entrada de Arabia Saudí en la industria futbolística, la proliferación de palcos VIP en los estadios o la demolición de recintos históricos como San Siro, en Milán, para adaptarse a las nuevas necesidades comerciales del deporte más popular del planeta.

Arriba: Villoro fotografiado el pasado 31 de marzo en las oficinas de Seix Barral en la Ciudad de México.

Aficionado del Necaxa además del Barcelona, Villoro se reconoce como un aficionado adaptado a la derrota. La selección mexicana “somos el país que más veces ha participado en un Mundial, pero con peores resultados”, señala tampoco ha sido un antídoto frente al fracaso, algo que, ni mucho menos, parece un problema para él. “Sigo sin cambiar de equipo. Sería como querer cambiar de infancia y eso me parece inaceptable”, sostiene.

suerte de historia de la Copa del Mundo, Lati ha sido capaz de construir su carrera desde los márgenes del mainstream, siempre a bordo de trasatlánticos deportivos (Fox Sports, Televisa), pero con el objetivo de contar lo que nadie cuenta; o lo que nadie contaba. Fue así como, durante su primera corresponsalía para cubrir un gran evento deportivo, la Eurocopa de fútbol organizada por Bélgica y Holanda en 2000, entrevistó a Jean-Marc Bosmann, el futbolista que permitió la libre circulación de jugadores en la Unión Europea y que cambió el fútbol mundial; o cómo en esa época fecha llevó a los hogares mexicanos una deliciosa entrevista con Eddy Merckx, el mejor ciclista de todos los tiempos. Solo tenía 18 años, pero ya entonces estaba claro para él que el fútbol nunca es solo fútbol y que, como repetía Carlos Salvador Bilardo, entrenador de la Argentina campeona en 1986, todo tiene que ver con todo. “Me encanta hurgar en el origen e infancia de los futbolistas. Para mí, el Mundial es la película, pero a mí me interesaba contar la precuela. Este libro es esa precuela. Me interesa La Gioconda, pero mucho más cuánto tuvo que trabajar el genio detrás de la obra”, dice Lati sobre Genios del Mundial 2026, el último volumen de una colección que también incluye títulos como 100 glorias de México, 100 genios del balón, Genios de Qatar o 100 dioses del Olimpo, todos publicados con Ediciones B.

Alberto Lati presenta ‘Genios del Mundial 2026’, un libro en el que repasa las biografías de varias de las grandes estrellas del fútbol actual.

Más allá de la pelota

Ilustración de Kylian Mbappé de Luis Atilano, ilustrador de Genios del Mundial 2026

LA INFANCIA DE Lamine Yamal en Mataró, localidad obrera y popular de la gran Barcelona; la voluntad de Rodri, Balón de Oro y estrella del Manchester City, para compaginar sus estudios universitarios con su trabajo como futbolista; el trayecto diario —una hora y media de ida, una hora y media de regreso— que hacía Vinicius Jr desde su casa, al otro lado de la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, hasta la ciudad deportiva del Flamengo; el nutriólogo de Ousmane Dembelé y su influencia en los éxitos recientes del futbolista francés; la huida de Kosovo de los padres de Granit Shaka, origen del orgullo nacionalista que el futbolista suizo hoy sigue profesando por el territorio balcánico; o los problemas de crecimiento de Lionel Messi durante su infancia, claves para su temprano fichaje por el Barcelona. Estas son algunas de las historias que Alberto Lati (Ciudad de México, 1978) recopila en Genios del Mundial 2026, libro en el que repasa, por riguroso orden de veteranía —“que no parezca que haya cualquier tipo de preferencia”, dice el autor—, las biografías de las que serán las estrellas de la próxima Copa del Mundo de fútbol. “La gente quiere seguir conociendo historias, y no están ni mucho menos cerradas”, explica Lati a T México, cómodamente sentado en un sillón de cuero proporcionado por Ediciones B, su casa editorial. Periodista vocacional desde los 10 años, edad a la que comenzó a escribir en un cuaderno una

Su manera de permanecer en la conversación central desde la periferia le ha permitido a Lati tomar cierta perspectiva de la siempre ruidosa y bulliciosa escena futbolísticoperiodística mexicana. En 2002 volvió a ser elegido como enviado especial para el Mundial que Asia organizaría por primera vez en la historia, aunque su trabajo no fue estrictamente deportivo. Unos meses antes de la cita, Lati, con un cuaderno, un productor y un cámara, se mudó a Corea del Sur y Japón, donde vivió durante meses explicando a los mexicanos una cultura mucho más exótica entonces —internet apenas empezaba a modificar los gustos y preferencias del público— de lo que es hoy día. La experiencia la repetiría en citas mundialistas sucesivas, en Alemania, Sudáfrica, Brasil y Rusia, y también en Juegos Olímpicos, eurocopas y otros grandes eventos deportivos, como la Super Bowl o el campeonato del Mundo de atletismo, pero siempre con la idea de demostrar que para entender un deporte es necesario, quizá imprescindible, indagar en la vida social, cultural y política del país en el que se desarrolla. Esas experiencias vitales quedaron plasmadas en Latitudes, libro publicado en

Derecha: ilustraciones de algunos de los futbolistas presentes en el libro Genios del Mundial 2026, del periodista y escritor mexicano Alberto Lati. Abajo: Lati.

2016 que funciona como un diario de sus experiencias viajeras en más de 100 países. En él, Lati, que es capaz de desenvolverse con solvencia en 11 idiomas, cuenta el desastre financiero que llegó a Grecia tras el despilfarro que supusieron los Juegos Olímpicos de 2004, pero también la fiesta nacional que supuso el triunfo de su selección fútbol en la Eurocopa de 2008; analiza los choques “culturales y estructurales” que vivió en Japón; o la ruptura de clichés que supuso su estancia en Alemania. “Este es el país de los románticos, del joven Werther que describe Goethe”, reflexiona en uno de los capítulos como un preludio de lo que presenta en Genios del Mundial 2026, libro en el que se aprovecha de todo ese conocimiento adquirido a lo largo de los años y que, de alguna manera, brota entre sus páginas. “Cuando veo belleza en una cancha, me interesa analizar cómo se llegó a esa belleza”, dice.

Sin embargo, Lati no es ajeno al contexto que rodea al futbolista profesional actual, al endiosamiento de los jugadores por parte de aficionados, patrocinadores y marcas, a su aislamiento en las redes sociales y a la abrupta ruptura que, en muchos casos, provocan con sus orígenes una vez alcanzado el éxito. Para el escritor y periodista, “la mayoría son más normales de lo que nos podemos imaginar”, pero no rehúye la realidad: “Todos, dueños, periodistas, y aficionados, hemos propiciado que los futbolistas dejen de pertenecer a este

planeta, que se encierren en el microcosmos de sus casas con sus amigos, como es el caso de Neymar Jr. o lo fue el de Maradona hace 40 años cuando llegó a Barcelona”, reflexiona Lati. “Pero no están blindados. Son seres humanos que sufrieron, que los rechazaron, que tropezaron, que cayeron y que padecieron. Un roquero puede pasearse por México antes de dar un concierto. Con un futbolista es imposible, porque los hemos elevado a héroes mitológicos”, continúa. Tampoco es indiferente Lati a la cantidad de información, muchas veces impublicable, que un periodista acaba recopilando a lo largo de su carrera. El periodista deportivo, reconoce el escritor, construye su trayectoria profesional sobre una vocación que con el paso del tiempo deja de ser tan sólida como al comienzo. Las injerencias políticas, el trabajo de los representantes de los jugadores, la aparición de clubes-estado, la elección de sedes mundialistas o las pujas por los derechos televisivos forman parte del día a día del fútbol, uno de los deportes más contradictorios. “No porque tenga este nivel de pasión, que es la misma que tenía cuando era niño, voy a dejar de contar el nivel de toxicidad que hay en este entorno. Pero negar el dopaje, el mercantilismo o los precios cada vez más elevados de los boletos no tiene mucho sentido. Si un marciano llega alguna vez a la Tierra y quisiera entender cómo funciona nuestra sociedad, habría que llevarlo a ver un partido de Copa del Mundo”, sentencia el periodista, quien también reconoce que una vez que el silbatazo inicial se haga realidad en el Estadio Azteca el próximo 11 de junio, y como aficionado, animará a México como “si existiera la remota posibilidad de que podamos recuperar Texas”.

“El Mundial toca las fibras nacionales más sensibles de cada país. Eso tiene la Copa del Mundo”, agrega, sobre uno de los pocos deportes capaces de reflejar el contexto político social en el que se desarrolla. La Holanda de 1974 fue un espejo de la algarabía hippie que llenó las calles de las principales ciudades del país durante esa década; la España de La Furia representaba los valores de resiliencia, empuje y pasión de la sociedad española de los ochenta y la Francia campeona del Mundo en 1998 era un calco de la diversidad sociocultural que empezaba a propagarse por el Hexágono. México, dice Lati, no es una excepción. “En los últimos diez años, la política se ha futbolizado. Antes existía una capacidad diferente para juzgar lo que no era de tu preferencia. Es lo mismo que cuando un aficionado ve un penal para Chivas, pero no ve el mismo penal para el América. Es una pena lo que ha pasado. Esta selección mexicana representa el momento que vivimos, el de un país que no termina por ser lo que quisiera ser, un país en el que la promesa de algo mejor sigue ahí”, reflexiona Lati, sabedor de que la información es la mejor herramienta para enfrentarse a la adversidad. La información y la consciencia, matiza quien, a pesar de todo, mantiene la expectativa de ver a Cristiano Ronaldo o Luka Modric en un nuevo Mundial.

La continúaconversación en nuestra web yredessociales.

BÚSCANOS EN

CAMPEÓN

Kylian Mbappé ya ha ganado un Mundial, pero ha pasado tanto tiempo que no recuerda haberlo disfrutado como se merece.

Kylian Mbappé, fotografiado en Madrid el 19 de marzo, es embajador de las marcas Dior y Hublot. En estas fotografías y en todas las demás, luce prendas de Dior y relojes de Hublot.
Por Diego Barcala Fotografía por Mario Sierra
THE NEW YORK TIMES STYLE MAGA ZINE MÉXICO Junio, 2026

SEMUEVE POR el estudio con la silenciosa suavidad de un gato que se desliza entre las piernas de los comensales sentados en la mesa. Pasaría desapercibido si no fuera porque él mismo es la razón por la cual 40 personas estamos en este estudio lugar de Madrid. Lleva un pantalón neutro negro, una camiseta de algodón blanca y un armario portátil con ruedas lo persigue con camisas de colores imposibles en tonos rosas y verdes. Utiliza la pantalla del teléfono que le acaban de acercar como una barrera de aislamiento del jaleo, y también le sirve de protección ante un puñado de personas que desean exprimir su atención. Mira fijamente al dispositivo sentado en un sofá chester de cuero marrón hasta que alguien se atreve a interrumpirle. Guarda el teléfono y tiende una mano suave al periodista con una sonrisa. Escucha con atención las preguntas y responde mirando al suelo. Es tímido y habla rápido. No le importa equivocarse con una forma verbal porque tiene la seguridad en sí mismo que muestra cuando recibe el balón y mira a la portería. Antes del primer retrato, Mario Sierra, el fotógrafo, le llama directamente. El futbolista lo mira a la cara por primera vez, como cuando analiza a un portero antes de lanzar un penalti. Mbappé tiene unos ojos singulares y una mirada a la vez inquietante y hermosa, fruto de una espléndida fusión de herencia. Es cautivador, pero difícil de descifrar a primera vista. Extiende la muñeca derecha con la boca cerrada y encogiendo los hombros, muy parisino. Un dato curioso: Mbappé es zurdo. Así que con la derecha sostiene el reloj, y con la izquierda firmará, al final de la sesión, la estampa del Real Madrid que llevo en el bolsillo. Tiene 27 años, pero todavía asoma el niño que idolatraba a Zinedine Zidane. “Mi Mundial es el de 2006, no hay duda. Cómo tira el penalti. Y sí, luego la tarjeta roja de la expulsión. Pero recuerdo perfectamente ese Mundial. Lo vi con mis amigos, fuimos a la fan zone. Era el último de Zidane y él es muy importante para nosotros en Francia”, responde sentado en el sofá de cuero. En ese momento Kylian era un niño de apenas 8 años de Bondy, un barrio parisino que no se distingue mucho del que alberga el estudio madrileño donde se produce el encuentro organizado por Hublot. No se imaginaba aquel niño nacido en 1998, el del Mundial de Zidane en el Stade de France de Saint Denis, que iba a suceder a su ídolo pocos años más tarde, en Rusia 2018, con gol incluido en la final. “Ser campeón del Mundo cambia tu estatus. Tuve la suerte de serlo muy joven, pero yo no pensaba entonces en la trascendencia de aquello. Pensaba casi en mi próximo partido, y no lo disfruté tanto. Para mí era lo normal, no fue una locura ser campeón, pero quiero vivir esta sensación de nuevo este verano porque es muy importante para nosotros”, reflexiona.

El cambio de consideración social que le supuso levantar la Copa del Mundo le unió como embajador a Hublot tras aquel victorioso 2018. Casi una década que ahora celebran con el reloj que luce en su

muñeca diestra. La cerámica blanca del Big Bang Reloaded Kylian Mbappé diseñado por el futbolista y la marca de lujo suiza lleva un lema junto a la parte baja de la esfera: “Trust yourself” (cree en ti mismo). “Es más que un reloj. Transmite un mensaje que aplico en mi vida: confía en ti mismo, aprovecha las oportunidades y crea tu propio camino. El blanco y el oro simbolizan la pureza y la ambición”, explica el 10 de Francia. Dice Hublot que el reloj representa la mentalidad de Mbappé: “Intrépido, decidido y siempre un paso por delante”. El jugador lo aplica en la entrevista en la que adivina que el récord de Miroslav Klose está a tiro en la cita americana del Mundial 2026. Le quedan solo cuatro goles para superar al alemán como máximo goleador de la historia de la competición. Es uno de los registros más valiosos, porque en el fútbol moderno, con un calendario cada vez más cargado de partidos, todos los registros caen pronto; sin embargo, los mundiales siguen ocurriendo cada cuatro años, lo que da especial valor a los 12 tantos con los que Mbappé comienza este nuevo campeonato del Mundo. “Estoy cerca de ser el jugador con más goles, pero no pienso en ello. Es como si no existiera, porque tengo el objetivo de ganar otro Mundial, y eso es mucho más importante”, dice. Al delantero se le nota que tiene una cuenta pendiente. Su último partido en una Copa del Mundo fue la final de 2022 en Doha, Catar, donde su exhibición —con un impresionante hat-trick incluido— no fue suficiente para imponerse a la Argentina de Lionel Messi, el otro jugador en activo que le puede disputar ese trono de máximo goleador histórico: el argentino suma 13, uno más que él. “Si tengo la oportunidad de verme con ese récord, va a ser una locura”, confirma.

LAVIDA DE Mbappé es vertiginosa. A los 16 años ya era futbolista profesional. Desde entonces, le ha ocurrido de todo: ha sido campeón del Mundo, ha vivido traspasos de infarto, lesiones, presión de afición y prensa… Si descontamos sus años de primera infancia, hoy, a los 27 años, acumula más tiempo siendo futbolista que sin serlo. “Es una gran parte de mi vida, pero yo lo veo como el regalo de tener la oportunidad de vivir y de estar siempre en el campo y de estar en el mejor club del mundo y de tener la oportunidad cada día de levantarme, de hacer lo que me hace feliz. Es mi pasión. Que haya pasado tanto tiempo siendo futbolista solo significa que he disfrutado mucho”, explica. Aprecio cierto piloto automático en su respuesta, la educada reflexión de cualquier deportista de éxito que es perfectamente consciente de su privilegio. Trato de que nos abra la cara B de la fama.

-Pero, ¿no te cansas? Es decir, ¿reflexionas a veces o cuando has estado lesionado, por ejemplo, y dices: no sé lo que es una vida sin ser futbolista?

-Creo que es más [grosería] cuando estás lesionado, porque tienes la frustración de no jugar. Además, la gente tiene la frustración de no verte jugar, y al final eso crea muchos sentimientos que no son buenos. Yo quiero estar siempre feliz en el campo y que los aficionados disfruten, pero cuando estás lesionado tienes tiempo para ti, para tu familia y piensas en otros aspectos de tu vida y eso también es importante. No falla este chico. Está tan bien programado para ser empático y generoso con los que le idolatran que es difícil sacarle del papel de héroe educado. Con la naturalidad con la que actúa, parece fácil tener esa perspectiva de la vida a pesar de vivir en la obligada burbuja de la fama. Por ejemplo, le recuerdo que se ha tenido que sacar la licencia de manejo con más de 25 años; eso no es tener una vida muy autónoma. “Sí. Es que en Francia no era nada fácil, porque soy famoso”, recuerda. Sí, es bastante famoso. Resulta sencillo imaginar al examinador más pendiente del futbolista que del joven que quiere tener su licencia de conducción. Le aprieto en la presión: “Pero Kylian, lo que dice ese dato es que no tienes tiempo libre ni vida propia al margen de entrenamientos y partidos”, le digo. Es una conversación trivial, pero su respuesta demuestra que hablamos con un killer del área, una cabeza privilegiada para soportar la presión. “No creo, es porque somos famosos pero seguro que tú, como periodista, tampoco tienes tiempo para hacer otras cosas porque tienes que trabajar. Pero por otro lado, que estemos aquí es algo positivo. Significa que tú haces algo bien de tu vida y que te cuesta tiempo, aunque ese tiempo, que es bueno para ti y para tu familia, disminuya”, responde. Tiene mucha razón. Su respuesta no deja de tener sentido casi rozando las nueve de la noche de un martes primaveral.

La intensa jornada de rodaje, entrevistas y sesiones de retratos llega a su fin sin que Mbappé haya puesto una mala cara, ni siquiera cuando una auxiliar de maquillaje interrumpe la sesión de fotos para retocarle un inapreciable brillo en la cara. El futbolista lleva más de cinco horas posando y respondiendo a varios medios internacionales con sus respectivos fotógrafos y periodistas. Al final de la sesión, apenas quedan 15 personas en el estudio. Prejuzgo que varios de ellos serán parte de

su equipo, pero Mbappé ha venido solo acompañado por una persona que le guía al camerino antes de marcharse.

PIENSO

QUE DESPUÉS de unas horas siendo Mbappé llega la hora de ser Kylian. De la discreta habitación donde se está cambiando saldrá el verdadero chico de 27 años que se va a su casa. Lo imagino con algunas de las chamarras Dior con las que ha posado, con su insperable Hublot (Mbappé es embajador de ambas marcas), con gafas de cristales amarillos o con cualquiera de los outfits con los que los jugadores franceses divierten a las redes sociales a la entrada de las concentraciones de la selección. Lo hemos comentado durante la entrevista. Le pregunto si ya

tiene pensada la ropa que se va a poner para entrar en Clairefontaine, la sede de la Federación Francesa de Fútbol y batir a su compañero Jules Koundé, siempre el más imaginativo con la moda. “No lo he pensado todavía. Antes tengo muchos partidos en los que pensar, pero es algo bueno, nos genera buen ambiente, es inocente entre los jugadores, para dar alegría a la gente, reírnos un poco y comentar. Koundé es imposible de batir, no podemos competir con él. Nos lo pasamos bien con eso”, señala. Mbappé aparece con un conjunto deportivo azul guiñando el ojo y despidiéndose. Mario, el fotógrafo, que ya ha demostrado que se atreve con todo, le para en la puerta: –Kylian, mira las fotos. ¿Molan no? –Sí, très bien. Al final, los últimos recuerdos son los que quedan y mientras Mbappé se despide del estudio con una sonrisa, su última imagen de un campeonato del Mundo es una derrota. “El último recuerdo es el de una final perdida, y aunque para mí el pasado, sea positivo o negativo, no lo puedo cambiar, no hay que volver atrás. Mejor vivir el presente, estar activo. Es importante tener una visión”, determina. Eso es el fútbol, eso es Mbappé.

BIBLIOTECAS EN CASA

Desde Connecticut hasta El Cairo, estos rincones de lectura son el paraíso para quienes aman los libros y el diseño.

La diseñadora textil Nathalie FarmanFarma posa en la biblioteca de la casa de su familia en Greenwich, Connecticut. La pantalla de la lámpara está tapizada con voile de lino Polonaise de Décors Barbares, y sobre la mesa descansan telas persas antiguas.
Fotografía por Rafael Gamo

En la biblioteca de Bayt Yakan, un edificio de El Cairo renovado por el especialista en conservación arquitectónica Alaa elHabashi y la ingeniera Ola Said, hay un techo del siglo XIX restaurado. Una serie de dibujos arquitectónicos del espacio rodean la ventana superior y muchos de los muebles pertenecieron a familiares de la pareja.

Fotografía por Simon Watson

La biblioteca que se añadió a la casa de la escritora Anaïs Nin en Los Ángeles tras su fallecimiento alberga primeras ediciones de su obra. Al igual que el estudio contiguo de Nin, el espacio tiene estanterías de madera contrachapada y alfombra color lila.

Fotografía por Chris Mottalini

La biblioteca del departamento en Brooklyn del coleccionista Michael Brown y el diseñador gráfico Duy Pham cuenta con un gabinete giratorio diseñado por Shiro Kuramata para Cappellini y un pañuelo de seda sobre una chaise LC4.

Fotografía por Angela Hau

Laura Sartori Rimini y Roberto Peregalli, del estudio milanés Studio Peregalli, restauraron y rehabilitaron una casa del siglo XIX situada al noreste de St. Moritz, Suiza. Un pasaje arqueado de la biblioteca desemboca en un mirador con un banco corrido tapizado en terciopelo de seda rojo.
Fotografía por Fabrice Fouillet

En la biblioteca del loft del galerista Peter Freeman y la conservadora de arte Lluïsa Sàrries Zgonc en Manhattan, se puede leer en un escritorio de nogal negro diseñado por Donald Judd (1978), bajo una lámpara colgante de Santa & Cole.

El productor vinícola Manuel Bellod Álvarez de Lorenzana juntó cuatro estancias de la torre oriental de la casa familiar en Galicia, España, para crear un departamento independiente con una biblioteca de piso a techo.

Fotografía por Anthony Cotsifas

Fotografía por Dean Kaufman. Mobiliario de Donald Judd: ©2024 Judd Foundation/Artists Rights Society (ARS), Nueva York.

En el departamento milanés de los ejecutivos de moda Carlo Alberto Beretta y Jacopo Venturini, un antiguo gabinete farmacéutico de Amberes, Bélgica, domina la biblioteca. Sobre una mesa de mármol verde descansa la colección de plantas de madera tallada y papel maché de la pareja.

Fotografía por Anthony Cotsifas

En la sala principal de la casa del coleccionista Giorgio Taroni, a orillas del lago Como, en Italia, una escalera de castaño se curva alrededor de un rincón amueblado con una mesa estilo Imperio, sillones y libreros. La biblioteca en su conjunto alberga más de 10,000 volúmenes.

Fotografía por Henry Bourne

El fotógrafo

Bill Henson eligió un sillón orejero

William and Mary, una mesa australiana de cedro de la década de 1870 y una réplica renacentista en mármol de un fragmento de torso romano del siglo I para su estudio en Northcote, un suburbio de Melbourne, Australia.

Fotografía por Anu Kumar

GRANDES

La renovación de una residencia urbana en el Upper East Side de Nueva York le dio a un matrimonio de diseñadores el espacio perfecto para desplegar el estilo que los distingue.

Por Alexa Brazilian Fotografía por Christopher Sturman

I D E A S

AL INICIO DE SU carrera, el arquitecto y diseñador Giancarlo Valle, de 44 años, se enfocaba exclusivamente en exteriores. Trabajó con las firmas SHoP y Snøhetta en las fachadas de torres corporativas en el Midtown de Manhattan y en instituciones culturales, entre ellas el Museo de Arte Moderno de San Francisco. Era emocionante —“formas parte de la creación del horizonte urbano”, menciona—, pero con el tiempo comenzó a interesarse más por pensar en “cómo vive la gente”. Así que, en 2016, decidió independizarse y fundar su propio estudio de diseño. El verano pasado, transformó esa práctica individual en un negocio familiar al asociarse con su esposa, Jane Keltner de

Desde arriba: la sala de la planta baja cuenta con una lámpara colgante de Faye Toogood, una mesa brutalista de la década de 1970, un sofá de Giancarlo Valle, una silla Madame de Axel Einar Hjorth y una lámpara de Eje Ahlgren; el baño de la habitación principal está revestido en mármol Breccia Capraia y tiene un taburete del siglo XIX y un espejo de Rudolf Steiner. El dibujo es de Georges Rouault. En página opuesta: en la sala, un sofá Alpha y sillones de Pierre Paulin, un sofá de Giancarlo Valle, mesas de cerámica de John Wigmore y una lámpara de Olivier Mourgue de la década de 1960. En las paredes hay un tapiz flamenco estilo verdure del siglo XVII y una pintura veneciana del siglo XVIII.

Valle, de 47 años, exeditora de Architectural Digest, para crear Studio Valle de Valle. “El capítulo que estamos viviendo ahora es poner el foco en la vida interior”, dice Valle. Y su proyecto más reciente —una residencia urbana de siete pisos y 20 habitaciones en el Upper East Side de Manhattan— les dio la oportunidad de hacerlo a una escala especialmente ambiciosa.

Construida en 1904 y renovada por última vez en la década de 1920, la estructura de 1,068 metros cuadrados había sido prácticamente desmantelada hace siete años, cuando Valle fue invitado para iniciar la restauración. Más allá de expresar su afinidad por el modernismo francés, los dueños estaban abiertos a cualquier propuesta. “Nuestros clientes suelen tener una visión muy específica”, dice Keltner de Valle, quien se especializa en el estilismo, así como en la selección de acabados y muebles antiguos, mientras que Valle se involucra más en los detalles arquitectónicos y el diseño de muebles a medida. “Pero en este proyecto tuvimos que contar una historia”.

Valle reconfiguró la distribución de la casa por completo y le tomó casi cinco años devolverla a sus raíces neoclásicas: agregó paneles de madera, reprodujo molduras a partir de fragmentos originales, instaló pisos de parquet de roble y construyó una escalera central espectacular. Después de revestir las paredes con yeso veneciano, la pareja pudo concentrarse en los muebles y reunir esa combinación característica de su estilo de piezas de mediados del siglo XX, otras contemporáneas y algunas inspiradas en el arte popular. Es una estética compartida que desarrollaron primero en sus propiedades —un loft en Brooklyn y una granja de 1862 al noroeste de Connecticut— y que ahora exhiben en Casa Valle, una galería en TriBeCa que presenta piezas de la línea de mobiliario de Valle junto con la colección de antigüedades, en su mayoría escandinavas, de Keltner de Valle. “Todo transmite una sensación de cohesión”, dice Valle sobre su mezcla preferida. “Incorporamos una o dos piezas audaces y luego algunos elementos que contrastan con nuestra estética, algo ligeramente ‘fuera de lugar’ para que todo funcione”.

ESE ENFOQUE RESULTA evidente de inmediato para cualquiera que entra a la casa. En el recibidor, una mesa redonda de bronce con patas totémicas del artista estadounidense del siglo XX Philip LaVerne está rodeada por dos bancos aterciopelados en forma de hongo, en tono verde profundo, de Maison Gerard. Una colorida obra abstracta de 1.5 por 1.8 metros del pintor alemán con-

Valle diseñó la mesa de comedor de roble, así como las sillas tapizadas en chenilla. En lugar de reemplazar la chimenea original de mármol, a la que le faltaban algunas piezas, le pidieron a un artesano que rellenara los espacios vacíos con madera pintada para imitar el mármol. El revestimiento de roble es nuevo, pero incorpora molduras de ovas y dardos reproducidas a partir de fragmentos que se pueden encontrar en otras partes de la casa.

temporáneo Günther Förg ocupa toda una pared, mientras que del techo se despliega una lámpara colgante de vidrio opalino de la década de 1960 del diseñador italiano Luigi Caccia Dominioni. Una puerta conduce a una pequeña sala con paredes revestidas en yeso veneciano color tinta y, más allá de la entrada, se encuentra la cocina. En ella, la carpintería de arce de piso a techo está pintada en un tono arena, mientras que

la isla y el revestimiento detrás de la cocina son de mármol Calacatta pulido mate. Junto a la cocina, una despensa auxiliar en forma de L incluye un espacio para guardar la vajilla, un bar y una cubierta de bronce pulido donde se termina de emplatar la comida antes de subirla por la escalera trasera contigua hasta el comedor que se encuentra en el piso principal. La mesa ovalada del comedor, de roble veteado —compuesta por 22 piezas entrelazadas con forma de rompecabezas y con capacidad para 18 personas— fue diseñada por Valle, al igual que las sillas tapizadas en chenilla inspiradas en el diseño italiano de mediados del siglo XX.

En lugar de reconstruir la deteriorada chimenea de mármol verde y crema del comedor, los Valle le pidieron a un artista decorativo que la rellenara con madera pintada para imitar la piedra. Pero el elemento más impactante del espacio es otro encargo creativo: un relieve de yeso blanco con forma de enredadera creado por un artesano de Brooklyn que cubre los techos abovedados de casi cuatro metros de altura y desciende por las paredes. “Al principio parecía enorme”, dice Valle, quien tomó como punto de partida un detalle ampliado de una moldura original. “Pero cuanto más tiempo convivíamos con él, más sentíamos que tenía la dosis exacta de rareza para hacer que las paredes cobraran vida”.

Frente al comedor se encuentra una luminosa sala revestida en tonos blancos, con más trabajos ornamentales de yeso a medida y dos pares de puertas francesas que se abren hacia los balcones. Un par de sillones y un sofá de la década de 1960 que pertenecen a la colección Alpha del diseñador francés Pierre Paulin —de formas redondeadas y acanaladas— están tapizados en bouclé color marfil, al tiempo que un sofá bajo y estilizado diseñado por Valle se cubre de terciopelo verde oliva. En las paredes cuelgan un retrato veneciano del siglo XVIII de una monja, obra de un artista desconocido, y un tapiz flamenco estilo verdure del siglo XVII. En-

Las paredes de la habitación principal están revestidas de lino color marfil. A ambos lados de la cama hay mesitas y lámparas de la década de 1960 del italiano Sergio Mazza.

tre las puertas acristaladas, una lámpara de pie metálica de estilo industrial con focos expuestos, diseñada por el francés Olivier Mourgue —conocido sobre todo por haber creado muebles para 2001: Odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick— aporta un toque futurista.

El tercer y cuarto piso albergan los cuartos de los niños y la recámara principal, cuyas paredes están revestidas en lino beige y cuyo baño incluye una tina tallada a mano a partir de un solo bloque de mármol Breccia Capraia, blanco cálido con vetas púrpura y verde bosque. Sin embargo, la familia pasa la mayor parte del tiempo en los

Desde arriba: la biblioteca panorámica alberga un sofá modular de Mario Bellini, una mesa Kyoto de Gianfranco Frattini y una lámpara de pie de Isamu Noguchi; en el recibidor principal, cuelga una lámpara LS10 Boccia de vidrio opalino de Luigi Caccia Dominioni sobre una mesa de bronce del artista estadounidense del siglo XX Philip LaVerne. Un par de bancos de terciopelo Champignon Mignon de Maison Gerard y una gran pintura abstracta de Günther Förg aportan textura y color.

niveles superior e inferior de la casa. En el quinto piso, debajo de una terraza interior-exterior, se encuentra una impactante biblioteca panorámica, con un techo inclinado de cristal estilo invernadero de seis metros de altura, una alfombra de pelo largo en tono caramelo tostado, un sillón de gamuza de Mario Bellini, una lámpara de Isamu Noguchi y un otomán de terciopelo beige diseñado por Valle. Al nivel del jardín, una acogedora sala con pisos de pizarra pulida alberga un profundo sofá hecho a la medida tapizado con una textura felpada color vino de Pierre Frey y unas mesas auxiliares austeras de teca del diseñador suizo de mediados del siglo XX Pierre Jeanneret. En medio de la habitación, hay una mesa de centro de dos piezas diseñada por Valle, con una superficie de azulejos negros ultrabrillantes. Compuesta por dos formas que embonan —el yin y el yang—, funciona como un símbolo perfecto del estilo de los Valle: un equilibrio armónico entre lo muy antiguo y lo completamente nuevo, entre lo exuberante y ornamental y unas líneas de austeridad impecable. “Tal vez no sepas distinguir qué piezas son nuestras y cuáles son antigüedades, y justo de eso se trata”, dice Valle. “Es un juego de sutileza que nos gusta practicar”.

L I B R E Y S A L V A J E

Por Aimee Farrell Fotografía por Henry Bourne

Al permitir que el tiempo y la naturaleza siguieran su curso, una familia creativa convirtió una finca rural inglesa en una obra de arte que cobró vida.

En la sala de estar de la casa de la familia Von der Becke, en la campiña inglesa, un piano de cola Rud. Ibach Sohn que fue regalo de un huésped. Algunas reproducciones de la colección de grabados del fallecido propietario de la casa, Bernhard von der Becke, se acomodan en el umbral que lleva hasta la habitación. La pieza de técnica mixta sobre la chimenea del siglo XVIII y la escultura de lámpara de alambre junto a la ventana son de la artista sudafricana Helena Pritchard.

EN FEBRERO DE 1975, el comerciante alemán de grabados Bernhard von der Becke vio en un periódico británico el anuncio de una mansión de seis habitaciones en los South Downs, a unos 80 kilómetros al suroeste de Londres.

Movido por una visión idílica de la vida rural inglesa, Von der Becke, que entonces estaba afincado en Múnich pero quien había vivido en Londres hacía apenas unos años, visitó la casa de estilo eduardiano, construida hacia 1690, y quedó cautivado de inmediato. Escondida al final de un largo camino privado y rodeada de tierras de cultivo, la finca era imponente y bucólica a la vez. Para finales de ese año, ya se había instalado allí con su esposa, Blanka y sus dos hijos pequeños.

“En ese entonces nadie quería ese tipo de casonas, pero él se enamoró”, dice Carla von der Becke, de 47 años, la tercera y menor de sus hijos, quien, tras la muerte de su madre en 2021, regresó a la casa para cuidar de Bernhard, quien padecía demencia y murió el pasado diciembre a los 92 años. En Múnich, Bernhard y Blanka habían tenido una vida cosmopolita: Bernhard dirigía A. von der Becke & Sohn, la pequeña casa editorial fundada en 1931 por su padre Alexander, comerciante de arte. (Cerró en los años setenta, aunque, durante muchos años, Bernhard siguió mandando grabados a los clientes de toda la vida). Pero en la campiña de Sussex, la pareja adoptó una versión bohemia de la vida rural. Carla recuerda a su papá manejando un tractor, empuñando con frecuencia una motosierra y las veces que la dejaba sentarse en el techo de su Land Rover mientras recorría la propiedad de nueve hectáreas. Criaban gallinas y gansos y cultivaban frambuesas, grosellas negras, grosellas silvestres y uvas y los niños cabalgaban su caballo Shire con una silla de montar vaquera. En una de las varias construcciones anexas, que también incluían una cocina auxiliar y establos, Bernhard instaló un taller de carpintería en el que construía muebles experimentales y las piezas de una casa de árbol de estilo modernista, donde Carla solía pasar la noche. Blanka tenía su estudio de pintura en el mismo edificio. En el segundo piso de la casa principal, Bernhard montó un cuarto oscuro para revelar sus numerosas fotografías de paisajes

y paseos familiares. Nacida y criada en Praga, Blanka usaba vestidos largos y vaporosos y sombreros cubiertos de flores, y a menudo cocinaba estofados checos y goulash húngaro en la cocina con suelo de piedra, que se calienta con una enorme chimenea revestida de ladrillo porque la casa no tiene calefacción.

Las paredes de paneles verde intenso de un baño en el segundo piso están decoradas con sus propias interpretaciones de rosas, que copió de un juego de tazas de té antiguas. “Crearon su propia pequeña isla, desconectada de

La banca en el recibidor fue construida por Bernhard a partir de una que había enamorado a su esposa Blanka en Sissinghurst Castle, en Kent. En la pared hay cuatro obras de Pritchard, y los grabados apilados sobre la mesa de ping-pong pertenecen a la colección de Bernhard. Las banderolas provienen de una fiesta de cumpleaños.

la escena local, que en aquella época era bastante conservadora”, dice Carla, directora de la agencia londinense de relaciones públicas Albany Arts Communications desde 2015. “No sé qué pensaba la gente de la zona. Para mí, era normal”.

Hoy, la casa se siente aún más como un lugar aparte, a la vez antiguo y separado del tiempo, aunque no inmune a sus estragos. Al este, la fachada está cubierta de enredaderas, y el pasto crece sin cortar, con solo un pequeño rebaño de cabras lecheras que se encarga de mantenerlo a raya. La alberca se esconde bajo una capa de algas, el invernadero práctica-

mente se ha derrumbado y varias habitaciones han sido clausuradas o destinadas para el almacenamiento. Pero, de algún modo, el deterioro no ha hecho sino aumentar su belleza, y la propiedad sigue cautivando a sus visitantes, entre ellos el fotógrafo Tim Walker, que en varias ocasiones ha hecho sesiones ahí, y Tom Cruise, que visitó la casa cuando se usó como locación para la película Al filo del mañana (2014). “Es un lugar muy romántico”, dice el artista visual y fotógrafo Richard Learoyd, de 59 años, radicado en Londres y amigo de Carla, quien visitó la finca por primera vez a principios de la década de 2010 y vuelve de vez en cuando, a veces para capturarla en película. “Sientes que entras en un mundo que no existe en realidad —o que no podría existir—, pero que de alguna manera existe”.

SE ENTRA A la casa, que cuenta con ventanas de guillotina y una fachada de piedra labrada, rematada en las esquinas con ladrillo rústico, por una puerta de seis paneles con marco dórico, que da paso a un amplio salón rectangular, de paredes descascaradas y suelo de baldosas encáusticas con motivos geométricos. Una de las fotografías de Bernhard, en la que Blanka aparece de pie en un prado mirando a lo lejos, se apoya contra la pared sobre la repisa neoclásica de roble de la chimenea

Arriba: en la habitación de Bernhard, una cámara de gran formato para película, objetos fotográficos, sillas de madera y un diván que construyó él mismo. En página anterior: en la biblioteca, reproducciones de obras de la artista alemana Käthe Kollwitz se apilan en el suelo y sobre un banco; un antiguo cuerno de caza descansa sobre la repisa de la chimenea y un mapa antiguo de Europa cuelga sobre el diván.

del siglo XVIII, donde se impone una enorme cabeza de alce disecada que ya estaba en la casa. En lados opuestos de la habitación hay un par de bancas de madera a juego, talladas por Bernhard y basadas en un boceto de Blanka, que se inspiró en las sillas de jardín de Sissinghurst Castle, en Kent. El mueble más grande es una mesa de

ping-pong que se esconde bajo las pilas de grabados de Bernhard: minuciosas reproducciones de mapas germánicos de los siglos XVII y XVIII y grabados de arreglos florales y escenas barrocas de caza en acero y cobre, todos creados mediante una técnica fotográfica de impresión conocida como colotipia y luego pintados a mano con acuarela. Hace poco, las pilas de papeles sirvieron como pedestales para pequeñas esculturas totémicas de madera de la artista sudafricana Helena Pritchard, de 50 años, quien ha hecho varias residencias informales en la casa, pasando meses allí, creando obras en respuesta a sus interiores y jardines. Pritchard ha usado todo tipo de materiales en sus piezas, desde

Arriba: en la cocina, el móvil de Pritchard hecho con herramientas agrícolas cuelga sobre la mesa del comedor. En página anterior: en la sala, las paredes y mesas están cubiertas por grabados de la colección de Bernhard. Encima y a la izquierda de la chimenea se encuentran algunas esculturas de Pritchard.

frisos y arquitrabes de yeso descartados, hasta pedazos de troncos talados, a menudo recubiertos con pintura de la década de 1920 que encontró en la finca. “Esta es una casa hermosa, pero tiene algo de precariedad”, dice. “Eso la vuelve mágica”.

En una sala de estar junto al salón principal, se encuentra un sillón tapizado en seda a rayas, adornado con una tela decorativa floral antigua, y un secreter repleto de fotografías familiares, correspondencia, lámparas de parafina con pantallas de vidrio y un teléfono de disco. Otro huésped que pasó una larga temporada allí dejó como regalo de despedida un piano de cola Rud. Ibach Sohn de palo de rosa de la década de 1840, y

Pritchard adornó las paredes con más grabados de Bernhard, como una oda a las salas de estampas victorianas. En la planta superior hay seis recámaras, una de las cuales, que solía ser de Blanka, tiene grandes ventanas con contraventanas y vistas al campo alrededor, además de una cama antigua de hierro forjado. La habitación contigua, la de Bernhard, recuerda a un dormitorio universitario, lleno de pósters —incluyendo uno de Jesús estilizado a partir de una famosa imagen del Che Guevara— y estantes llenos de piedras, conchas, madera erosionada por el mar y cráneos de animales. En otras superficies, las fotografías en blanco y negro de Bernhard conviven con caricaturas políticas recortadas de periódicos británicos. Él mismo hizo buena parte del mobiliario, incluyendo un sencillo diván y un sillón geométrico profundo, pintado de rojo y negro, ambos trabajados en madera. Para Carla, lo mejor de regresar al lugar que la vio crecer ha sido compartirlo con más gente. A diferencia de sus padres —que con los años se volvieron cada vez más retraídos—, suele recibir a amigos del mundo del arte para comer durante el verano y residencias artísticas que permiten una inmersión más profunda en su entorno singularmente inspirador. “Mis papás fueron pioneros en dejar que la naturaleza siguiera su curso”, comenta. “Por eso a la gente le gusta venir aquí. Se deja que la naturaleza reine”

Desde la izquierda: Blanka pintó a mano un motivo de rosas sobre las paredes paneladas de un baño en el segundo piso; una vista de la parte trasera de la casa, cubierta de glicinas, y del jardín posterior; una escalera que va desde las habitaciones de la planta alta hasta la planta baja. 95

LO ÚLTIMO DEL PRIMERO

DESDE SU FUNDACIÓN en 1906, Van Cleef & Arpels ha atraído clientes de todo el mundo, creando joyas para numerosas cortes reales de Europa y Asia Occidental. Los maharajás indios también encargaron piezas; en 1924, la casa creó un brazalete (más tarde transformado en broche) engastado con rubíes y zafiros que representaba a los dioses hindúes Vishnu y Brahma. Dos años después, la socialite francoestadounidense Daisy Fellowes encargó un brazalete tipo manchette de inspiración india, adornado con diamantes y lágrimas de esmeralda. (Un brazalete a juego creado especialmente para ella en 1928 podía combinarse con el primero para formar un collar ceñido al cuello). Luego, en 1947, los hermanos Claude y Pierre Arpels, sobrinos de los fundadores Alfred Van Cleef y su cuñado Salomon Charles Arpels, emprendieron el primero de una serie de viajes a la India. Mientras buscaban piedras preciosas, también quedaron fascinados por los colores vibrantes de los bazares y las túnicas color azafrán de la

Un broche colgante de Van Cleef & Arpels de 1966 con motivo de cachemira (arriba) fue una de las piezas de archivo de la marca con influencia india que inspiraron su Charme de Rajasthan vancleefarpels.com.

gente del lugar. Claude, que vivía principalmente en Nueva York, escribió en su diario: “El patio estaba cubierto de joyas de todos los matices. Por un instante, quedé cegado por su brillo…. Dagas enjoyadas con empuñaduras rematadas en cabezas de elefante, tobilleras esmaltadas y brazaletes tan recargados que resultan imposibles de poner, tiaras para coronaciones y dijes con todos los diseños imaginables estaban a la vista. La experiencia no estuvo exenta de cierta carga emotiva”. Los hermanos regresaron a casa para diseñar piezas inspiradas por las intrincadas formas del arte indio de las que habían sido testigos, creando objetos como el clip Rajah con cabujones de esmeralda en forma de músico con turbante tocando un laúd, y un broche en forma de cachemira de oro amarillo y blanco adornado con rubíes y diamantes.

Siguiendo el espíritu de lo que Claude denominó sus “safaris de joyas”, Van Cleef & Arpels ha presentado en los últimos años nuevos capítulos de su colección de alta joyería de La isla del tesoro. Una de las piezas más destacadas es el Charme de Rajasthan, un anillo con un diamante de 11,31 quilates y motivos florales elaborados con rubíes talla buff-top. Su diseño evoca las fastuosas flores del Imperio mogol (1526-1857) e incorpora la antigua técnica kundan, que consiste en engastar láminas de oro plegadas con piedras de distintas formas y tamaños. Elegante y audaz, el anillo está concebido para acompañar cualquier aventura.

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