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T Magazine Mexico Numero 12 Abril 2026

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EL ACTOR

Alberto Guerra. Rodajes, estrenos, festivales, campañas y un proyecto gastronómico ponen al actor en el centro de las miradas

SIN MÁSCARA SIN MÁSCARA

11

Carta del editor

12

T México Presenta

Juan Carlos I.

Por Laurence Debray

14

Personas, lugares, cosas

México en la Bienal de Venecia, un hotel en el Mar de Cortés y el concurso de saltos ecuestres de la Ciudad de México.

Por Javier Fernández de Angulo

16

El objeto

La marca relojera Vacheron

Constantin presenta su modelo

Overseas Tourbillon

Por Nancy Hass

Fotografía por Jennifer Livingston

24

Pág. 46

Rafael Medina y Tomás Laso

18

Boceto

Este mes presentamos: un mocasión de John Lobb.

Por Laura Regensdorf Fotografía por Rosie Harriet Ellis

20

La sombra de Spider-Man

El mexicano Humberto Ramos se convierte en ilustrador de Los 4 Fantásticos. Por Javier Fernández de Angulo

22

El kit

Pág. 62

Chamarra y camisa, de Giorgio Armani, armani.com; camiseta de Lacoste, lacoste.com; pantalones de Ahluwalia, ahluwalia.world; sandalias de Auralee, auralee.jp; calcetines del estilista.

24

El arte de recibir

Este mes, Jawara, estilista radicado entre Nueva York y París. Entrevista por Laura Regensdorf Fotografía por David Chow

En la Rive Gauche parisina un arquitecto relacionado con el mundo del arte transforma parte de una mansión del siglo XVIII en un club social íntimo.

Por Zoey Poll Fotografía por Anne-Claire Héraud

28

School of Beauty

Después de años de hiperdefinición digital, el

Argos, de MR. AB.

Pág. 38

José Alfredo

en Madrid, pero con la vista puesta en la Ciudad de México.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Carlos Luján

50

La escultura como evento

La artista mexicana Tania Pérez Córdova lleva sus esculturas a la galería Travesía Cuatro de la Ciudad de México con la El aire, hoy.

Pág. 44

Brunello Cucinelli.

Por Claudia Valadez

30

Marilyn siempre presente

Con motivo del centenario de su nacimiento, una exposición en París recuerda la figura de la actriz estadounidense.

del compositor, actor y cantante José Alfredo, una de las figuras más influyentes del siglo XX mexicano.

Por Javier Fernández de Angulo

40

The After Party

Por Enrique Giner de los Ríos

Fotografía por Maureen M. Evans

54

Historia de una nación

El Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México presenta 68 obras de la colección

Gelman Santander.

Por Javier Fernández de Angulo

Al abrigo de los viñedos

Desde hace algunos años, el capital mexicano se ha interesado en las regiones vinícolas más importantes de España.

Por Paz Ivison

58

Enfoque delicado

Cuba Alberto Guerra regresa con la película Ha-Chan, Shake Your Booty!, del director Josef Kubota.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por SeoJu Park

74

Así nace lo cool

La oda más reciente de la moda al jazz se traduce en rayas diplomáticas, trajes cruzados y zapatos de punta. Fotografía por Shikeith

Estilismo por Sasha Kelly

84

La ciudad imposible

Michael Heizer pasó medio siglo en las zonas más remotas de Nevada construyendo la que podría ser la obra de arte contemporáneo más extrema jamás creada.

¿Y ahora qué?

Por M. H. Miller Retrato por Dina Litovsky

90

A contracorriente

Robin Standefer y Stephen Alesch, de Roman and Williams, llenaron una casa tradicional de los Hamptons con maderas y colores profundos y saturados.

Por Alexa Brazilian Fotografía por Daniel Paik

96

EN PORTADA de edición consciente.

Lo último del primero

Louise Trotter reinterpreta la bolsa Veneta en su primer desfile al frente de Bottega Veneta.

Por Abraham de Amézaga

34

Pura obsesión

La precisión sigue siendo el verdadero desafío de los grandes relojeros, y el mercado especula con ello.

Por Carlos Alonso

36

Narrar la moda

Martín Torres y Pau Masaló son los fundadores de la editorial Superflua, la única en español especializada en narrativas de moda.

Por Javier Quesada

38

Palabras en el cielo México celebra el centenario

El organizador de eventos parisino Jean-Pascal LévyTrumet pasó tres décadas creando fantasías para otras personas. Luego decidió construir la suya.

Por Nancy Hass Fotografía por Anthony Cotsifas

44

Elegancia gentil

Asistimos al estreno en Roma de Brunello: Il visionario garbato, documental dirigido por Giuseppe Tornatore sobre la figura de Brunello Cucinelli.

Por Alicia Romay

46

Básicos de lujo

Fundada por Rafael Medina y Tomás Laso Argos, la marca

MR. AB abre su segunda tienda

Los looks más seductores y desenfadados de la temporada combinan siluetas atemporales y depuradas con un sutil aire de nostalgia.

Fotografía por Olimpia Taliani de Marchio

Estilismo por Paul Maximilian

62

La próxima ola

La estética playera con aire retro —trajes de neopreno, tiedye, chanclas de pata de gallo— aporta un aire renovado a la sastrería tradicional.

Fotografía por Thue Nørgaard

Estilismo por Hisato Tasaka

66

El protagonista

Tras sus éxitos internacionales con series como Narcos: México o Griselda, el actor nacido en

Por Lindsay Talbot Fotografía por Mari MaedaOboshi y Yuji Oboshi

Alberto Guerra lleva polo y pantalón de Dolce & Gabbana; brazalete y pulsera, de Tiffany & Co. Fotografía de SeoJu Park.

Edita LAR MEDIA

Presidente

José Antonio Revilla

Vicepresidente

Santiago Rodríguez

Director editorial

Javier Fernández de Angulo

Dirección de Arte

Rubén Bruque Alberto Torés

Editor at large/Traducción

Daniela Valdez

Directora Digital

Karla Álvarez Gómez

Edición y cierre

Daniel González

Editora Digital Carolina Chávez

Colaboradores

Diseñadora Digital Belén Pardo

Carlos Alonso, Kira Álvarez, Abraham de Amézaga, Laurence Debray, Maureen M. Evans, Enrique Giner de los Ríos, Paz Ivison, Carlos Luján, SeoJu Park, Javier Quesada, Alicia Romay, Claudia Valadez

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Director Comercial

Luis Alarcón

Pág. 62

Directora Comercial General de Lar Media

Minerva Piña

Gerente Comercial

Diana de Ramery

T: THE NEW YORK TIMES STYLE MAGAZINE

Editor in Chief

Hanya Yanagihara

Creative Director

Patrick Li

Photography and Video Director

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Gerente Comercial Adolfo González

THE NEW YORK TIMES LICENSING GROUP

General Manager

Michael Greenspon

Desde la chamarra,izquierda: camisa y pantalones, de Polo Ralph Lauren, ralphlauren.com; sandalias de Auralee; calcetines del estilista. Chamarra, camiseta y pantalones, de Berluti, berluti.com; polo de Dunhill, dunhill.com; camisa de Kartik Research, kartikresearch.com; sandalias de Auralee; calcetines del estilista. Chamarra, camisa y pantalones de Dunhill; sudadera de Polo Ralph Lauren; sandalias de Auralee; calcetines del estilista.

Colaboradora

Mariela Herrasti

Colaboradora

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Deputy Managing Editor, Visuals

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Senior Editor Ian Carlino

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El poder de la gentileza

EL GENTILHOMBRE ES el protagonista de nuestra edición de estilo masculino. La gentileza — entendida como amabilidad, cortesía, educación, corrección y atención— es un valor que contribuye a una sociedad mejor, y también a la salud y la longevidad. La doctora de Harvard Immaculata De Vivo y Daniel Lumera, autores del libro Biología de la gentileza, sostienen que ser gentil es una inversión en nuestra salud, ya que puede influir en el ADN, en los procesos de envejecimiento y en la inmunidad. La amabilidad, dicen, tiene un impacto directo en nuestras vidas, aumentando la esperanza de vida de quienes la practican.

En esta edición, descubrimos también el “capitalismo humanista” que Brunello Cucinelli desarrolla junto a su marca homónima en la localidad de Solomeo, en Umbria, Italia, donde además de recuperar viñedos, construir un teatro y reconstruir la muralla medieval del borgo, ha inaugurado una biblioteca universal que ya cuenta con más de 180,000 volúmenes. La vida del diseñador, padre del lujo discreto a la italiana, queda reflejada a la perfección en la película documental Brunello: Il visionario garbato, dirigida por Giuseppe Tornatore, que este mes de abril se estrenará en Nueva York.

Otro rey que llega a nuestras páginas, pero sin trono ni reina, es José Alfredo Jiménez, el artista que supo cantar al corazón de México, poniendo palabras a las emociones de todo un país mientras dejaba un legado que ya forma parte de nuestra educación sentimental. En sus canciones hay lecciones de amor generoso —“ojalá que te vaya bonito”— y un consuelo que sigue vigente. Cien años después de su nacimiento, su voz permanece. También lo hace la memoria de Marilyn Monroe, homenajeada en la Cinemateca de París, donde una exposición ayuda a desvelar parte del misterio tras la imagen y el aura de la estrella. Documentos, fotografías, vestidos y fotogramas componen un homenaje que pone de actualidad la enorme trascendencia de uno de los símbolos de la cultura popular del siglo XX.

El espectáculo exige generosidad, a veces hasta el vértigo. Lo sabe Alberto Guerra, actor que ha construido su carrera paso a paso, con esfuerzo y gratitud. El cubano no se deja deslumbrar por los focos de Hollywood ni por el front row de los desfiles de moda y regresa a sus raíces, a sus paseos por La Habana y a su vida familiar, siempre agradecido con quienes lo llevaron al centro del escenario. Como gesto de complicidad, emprende la aventura de abrir un restaurante con el chef Rodrigo Carrasco, su amigo de la adolescencia, un proyecto en el que se mezclan diferentes disciplinas artísticas.

De felicidad también saben los sastres, los creadores de moda y de calzado que trabajan con precisión para extraer la mejor versión de sus clientes. Es el caso de Tomás Laso Argos y Rafael Medina. A través de su marca MR. AB, la pareja propone básicos de calidad tan elegantes como las páginas de moda de este especial de estilo masculino, en las que hacemos un guiño al jazz, a los ritmos de la noche y al talento de los músicos con rayas diplomáticas, trajes cruzados y zapatos elegantes. En tiempos atravesados por misiles, drones y bombas —y precisamente por eso—, la gentileza sigue siendo un arma cargada de futuro.

YO YA HABÍA escrito una biografía sobre el emérito rey Juan Carlos I de España, pero entonces la Televisión Pública de Francia me pidió hacer un documental sobre su figura. Escribí al Palacio de la Zarzuela para pedir una entrevista y me la concedieron. Pasé dos tardes con él y fue la última gran declaración pública del monarca antes de su abdicación. Luego escribí un libro que se llamó Mi rey caído. Poco después, me pidió que me trasladara a Abu Dabi para que escribiera unas memorias que él ya tenía en mente. Estuve en Emiratos Árabes Unidos (EAU) dos años junto a mi familia. Yo quería capturar su voz, su tono, su manera de expresarse. Mentalmente, es una persona muy fuerte, con una enorme capacidad para mirar las cosas a largo plazo. No se preocupa por la inmediatez, ni por lo que dicen de él en la prensa. Su mirada es de perspectiva histórica, un privilegio de monarcas. Se considera a sí mismo un camaleón, con talento para adaptarse a un palacio, a la vida aislada y ahora a la guerra (sigue viviendo en EAU) con disciplina. Otra de sus grandes características es su carisma. Se interesa por la gente a su alrededor de manera directa. Durante nuestras horas de trabajo, todo llegó a través de sus recuerdos, ya que sus archivos siguen en España. También tiene un gran sentido del humor. Junto a él, una olvida que durante su reinado conoció a todos los presidentes de Francia y Estados Unidos o que juntó a Yaser Arafat y Shimon Peres en la histórica Conferencia de Paz de Madrid de 1991, en la que también participaron George Bush y Mijaíl Gorbachov.

Una cuestión que me sorprendió del rey Juan Carlos es que me lo imaginaba más maquiavélico. ¿Cómo ese hombre sin gran preparación intelectual que tuvo de tutor a Francisco Franco consiguió manejar a la oposición de izquierda y a los franquistas en un contexto de Guerra Fría?, me preguntaba. Pero él tiene sus ideas y sigue adelante, como cuando contactó con Santiago Carrillo, líder del Partido Comunista de España. Algo similar sucedió cuando tomó la decisión de escribir este libro, pero él no dudó. “Tú no te preocupes, yo sé lo que hago”, me decía muy seguro. Como padre, no he visto a nadie tan atento con sus hijos. Creo que es una persona muy familiar, muy pendiente también de sus nietos, muy cercano. También habla con mucha emoción de su padre, el fallecido don Juan de Borbón, conde de Barcelona. Al mencionarlo, le brillan los ojos, ya que su padre se sacrificó por él y por la Corona. Aunque a veces se indigna cuando lee la prensa española, lleva a España muy adentro. Come a la hora española, sigue disfrutando de las tortillas de patatas y el jamón, del flamenco y de las cosas sencillas de la vida. Le preocupa que la sociedad española haya olvidado lo que fue la banda terrorista ETA. Escribió el libro porque quería ofrecer su testimonio de la evolución tan rápida que hizo España. Además, está muy orgulloso de Felipe VI, aunque sabe que lo tiene difícil. También confía en su nieta Leonor de Borbón, princesa de Asturias. No se conocen mucho, pero se emociona cada vez que la ve. El rey emérito continúa viviendo en EAU, pero sigue muy de cerca España. Se puede decir que es un personaje que ha vivido un destino de novela.

Arriba: la escritora Laurence Debray y el emérito rey Juan Carlos I durante el proceso de trabajo de Reconciliación, libro de memorias del monarca.

LA PRESENCIA DE México en la próxima edición de la Bienal de Venecia estará a cargo del colectivo RojoNegro, integrado por María Sosa y Noé Martínez. Ambos fueron seleccionados por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) para representar al país en uno de los foros más relevantes del arte contemporáneo a nivel internacional y lo harán con una obra titulada Actos invisibles para sostener el universo. “La

RojoNegro

Noé Martínez y María Sosa son los miembros y fundadores del colectivo artístico RojoNegro que representará a México en la próxima edición de la Bienal de Venecia.

propuesta aborda temas urgentes como la memoria ancestral, la justicia epistémica, la descolonización y la ecología relacional”, explicaba el INBAL en un comunicado. “A través de la instalación, la performance, el sonido y el uso de materiales orgánicos, el proyecto convoca formas de conocimiento situadas que cuestionan los procesos de colonización y sus efectos sobre cuerpos, territorios y cosmovisiones contemporáneas”, continuaba la institución.

Los integrantes de RojoNegro comenzaron a colaborar en 2016, aunque fue en 2020 cuando se consolidó su alianza, uniendo expresiones artísticas, innovación y conocimientos ancestrales para dar forma al colectivo. Su trabajo recurre de manera constante a la memoria y a la cultura indígena, así como a tradiciones afrodescendientes, aunque siempre desde una postura crítica frente al legado colonial. El nombre del colectivo, adoptado hace tres años, remite a colores de la cosmología mesoamericana: el rojo, asociado al occidente y a la nación purépecha de la que proviene Sosa; y el negro, vinculado al norte y a la Huasteca potosina, territorio de los orígenes familiares de Martínez.

La Bienal de Venecia se inaugurará el 9 de mayo y concluirá el 22 de noviembre de 2026. En la edición de 2024, México estuvo representado por Meyenberg con la videoinstalación Nos marchábamos, regresábamos siempre — Javier Fernández de Angulo

EL UNIVERSO DE Aman llega por primera vez a México con la inauguración, este verano, de Amanvari, un proyecto firmado hace ahora 10 años que además marca el regreso de la firma al formato resort tras 15 años sin abrir uno nuevo. Ubicado en Baja California Sur, el nuevo hotel se asienta entre el desierto y el Mar de Cortés, una de las zonas con mayor biodiversidad marina del planeta. La propiedad disfruta de una costa prácticamente virgen, con vistas abiertas al mar y a la Sierra de

Abajo: vista del lodge y la alberca del nuevo hotel Amanviri, ubicado en Costa Palmas, Baja California Sur.

la Laguna, en un entorno donde el paisaje es el gran protagonista. Amanvari contará con solo 18 estancias, concebidas como casitas independientes con vistas panorámicas, pensadas para ofrecer una experiencia de intimidad absoluta y una integración total con la naturaleza. La arquitectura es obra de Heah&Co y Elastic Architects, quienes han apostado por materiales como concreto blanco, piedra natural y maderas tropicales, mientras que los interiores contarán con artesanías mexicanas y obras de artistas locales, reforzando así el vínculo con el territorio.

La oferta gastronómica del nuevo establecimiento incluirá cocina japonesa —con un exclusivo omakase con espacio para 12 comensales—, un restaurante italiano y un club de playa. Junto al hotel se desarrollará un ambicioso proyecto residencial con 49 residencias de lujo. Amanvari —“paz” y “agua” en sánscrito— se incorpora al mapa global de una firma con presencia en lugares como como Phuket (Tailandia), Courchevel (Francia), Lake Powell (Estados Unidos), Pamalican (Filipinas), Bodrum (Turquía) o Marrakech (Marruecos), entre otros destinos. J. F. A.

DURANTE EL MES de abril, la Ciudad de México se convertirá en la capital internacional de los saltos ecuestres con la celebración de la décima edición del Longines Global Champions Tour, competencia con dos décadas de historia que reunirá en la capital mexicana a jinetes procedentes de 24 países. La cita, una de las más importantes del mundo en su disciplina, forma parte de un circuito que incluye sedes como París, Roma, Londres, Nueva York, Mónaco o St. Tropez, entre otras.

El programa del eventoactividadesincluye culturales.

el evento.

Además de acoger la competencia deportiva, el Campo Marte se transformará a lo largo de cuatro jornadas (del 19 al 22 de abril) en un espacio abierto a múltiples expresiones culturales, con una agenda que incluye actividades representativas de distintos estados de la República, espectáculos musicales y una cuidada oferta gastronómica. Más allá de su impacto deportivo, el Longines Global Champions Tour funciona también como una plataforma de proyección para los nuevos talentos de la hípica mexicana, ya que en el mismo escenario compiten tanto jinetes consagrados como jóvenes promesas. J. F. A.

PAZ Y AGUA Dosdécadas de saltos

FOTOGRAFÍAS: ALBERTO RUBI, INBAL; CORTESÍA DE AMAN RESORTS; CORTESÍA DE LONGINES.
El Campo Marte de la Ciudad de México volverá a acoger

LA CASA DE LA PLAYA: LUJO PERSONALIZADO

En la Riviera Maya, donde el Caribe se despliega en una gama casi irreal de azules, La Casa de la Playa se concibe menos como un hotel y más como un santuario íntimo. La propiedad boutique de Grupo Xcaret —con apenas 63 suites— redefine el lujo contemporáneo desde una premisa silenciosa: la verdadera exclusividad radica en la posibilidad de decidir cómo vivir el tiempo.

Bajo el concepto Exclusively Your Way, cada estancia se articula como una experiencia irrepetible. Desde la gastronomía hasta el bienestar, todo se diseña a medida, eliminando cualquier fricción entre el huésped y su deseo. El resultado es un lujo intuitivo, casi invisible, donde cada detalle parece

anticiparse. La arquitectura, firmada por el mexicano David Quintana, diluye los límites entre interior y exterior. La selva, la luz y el mar son materia viva del espacio. Cada suite — habitada por piezas de arte wixárika, textiles y cerámica tradicional— propone un diálogo sutil con México, donde la sofisticación se ancla en la identidad cultural.

La propuesta gastronómica amplifica esta narrativa. En Xal, el chef Andoni Luis Aduriz construye un recorrido sensorial inspirado en la Ruta del Galeón de Manila, donde Europa, Asia y América convergen en clave contemporánea. Lumbre y Centli, de los hermanos Rivera-Río, trazan un mapa dual entre el norte —fuego y humo— y el sur —maíz

gastronomía de autor y una visión contemporánea de la hospitalidad

y molienda—, mientras que en Tuch de Luna, Martha Ortiz convierte cada plato en una exploración estética de la feminidad y la emoción.

El bienestar se despliega como un eje silencioso y esencial. Más que un spa, la experiencia propone una pausa deliberada: un tiempo expandido donde cuerpo y mente se recalibran. No es casual que la propiedad haya sido reconocida como el Resort No. 1 de México por Travel + Leisure en sus World’s Best Awards 2025, y distinguidos con Cinco Estrellas por Forbes Travel Guide en 2026, tanto su hotel, como su Muluk Spa. En La Casa de la Playa, el lujo se siente. Y sobre todo, se personaliza.

La propiedad boutique de ultra lujo de Grupo Xcaret en la Riviera Maya condensa arquitectura sensorial,
mexicana.

En el mundo centenario de la alta relojería, el titanio se percibe como un material de vanguardia. Descubierto como un óxido en 1791, ocupa el número 22 de la tabla periódica. Sin embargo, las casas relojeras no comenzaron a experimentar con este metal —tan resistente como el acero y casi la mitad de ligero— hasta la década de 1970. Aunque es costoso y complejo de trabajar, en los últimos años, impulsado por los avances científicos, se ha convertido en la máxima expresión de los modelos deportivos. Aun así, la más reciente incorporación ultradelgada a la colección Overseas de la manufactura ginebrina Vacheron Constantin lleva el sobrio gris mate del metal a una nueva intensidad cromática. Un tourbillon cuya jaula se inspira en la Cruz de Malta se integra en la vibrante carátula bermellón con acabado cepillado. El contraste de matices sugiere fuerza y fuego. Reloj Overseas Tourbillon , de Vacheron Constantin, vacheron-constantin.com.

Por Nancy Hass Fotografía por Jennifer Livingston Diseño de set por Marcus Teo

CON ORÍGENES EN la Edad Media, en sus comienzos la industria del calzado en Northampton, Inglaterra, a unos 100 kilómetros al noroeste de Londres, debió buena parte de su éxito a la geografía de la región. Las tierras fértiles garantizaban la alimentación del ganado, mientras que el río Nene y los bosques de robles de los alrededores proporcionaban el agua y los taninos necesarios para la producción de cuero. En 1401, los zapateros locales formaron un gremio para controlar la calidad y regular el comercio. Ya para la Primera

Crispiniano huyeron de la persecución romana y se establecieron en lo que hoy es Francia, donde predicaban el cristianismo y hacían zapatos para ganarse la vida. Cada 25 de octubre, los zapateros locales siguen celebrando el Día de San Crispín.

Desde 1996, la firma británica John Lobb, que desde la década de 1970 fue adquirida parcialmente por Hermès y tiene un atelier en París, conmemora cada año esta festividad con la presentación de un nuevo zapato. El modelo más reciente es una versión reinterpretada de

Bautizado Lopez 75, este nuevo diseño pone de relieve la artesanía del Viejo Mundo que distingue al taller de la casa en Northampton. En una auténtica proeza técnica, todo el cuerpo del zapato está elaborado a partir de una sola pieza de cuero en espiral. Este método, desarrollado originalmente para John Lobb por un maestro patronista en 2001 y utilizado solo en contadas ocasiones desde entonces, exige una piel impecable y no admite margen de error. La parte frontal curva y la costura interior se cosen a mano con una

tallerde John Lobben
Northampton, Inglaterra, terminaa manoel modelo Lopez75.

LUMINOR

Built as survival instruments for the military, featuring the distinctive crown protecting bridge, an emblem of Panerai’s functional design, our watches are tested to resist shock, pressure, and the elements. At sea and on land, they are reliable tools for modern heroes.

Your Watch for Any Adventure.

El mexicano Humberto Ramos, dibujante de Spider-Man durante décadas, se convierte en ilustrador de Los 4 Fantásticos , la primera saga de superhéroes que lanzó Marvel.

Por Javier Fernández de Angulo  Fotografía por Rubén Márquez

LA SOMBRA DE SPIDER-MAN

HUMBERTO RAMOS VIVE con humildad su estrellato en el universo de la historieta. Se define como alguien que ha dibujado muñequitos toda su vida, que creció con la ilusión de los superhéroes y a quien, en algún momento, a alguien se le ocurrió que podían pagarle por eso. Hoy, tras varias décadas de éxito dibujando a Spider-Man, es el ilustrador principal de Los 4 Fantásticos, la primera familia de superhéroes lanzada por Marvel. Con apenas 5 años, frente a la televisión, Ramos ya intentaba copiar los dibujos animados que veía. Después, su padre empezó a comprarle cuentos —como él llamaba a las revistas de cómics— y esas lecturas acabaron por definir su infancia. Durante los largos viajes familiares en auto a Veracruz, las aventuras de Spider-Man o Superman le hacían olvidar el trayecto. “Yo veía otros mundos”, recuerda, un universo que hoy es su vida. Mientras sus amigos fueron creciendo y encontrando otros intereses —autos, moda, rock—, él siguió fiel a su pasión. “Yo seguía con los tebeos”, recuerda. “A los 15 años ya sabía que quería dibujar viñetas”, dice a T México en su casa de la Ciudad de México. El espacio no decepciona. Cómics e ilustraciones de Bugs Bunny, Spirou y Snoopy, además de numerosas interpretaciones de Spider-Man realizadas por compañeros dibujantes llenan la estancia. En su habitación-despacho, también repleta de portadas históricas de Marvel, son los peluches, muñecos y figuras los que ocupan estanterías, mesas y sofás. “Fui coleccionista de cómics, pero después cambié la ilusión de leerlos por dedicarme a dibujarlos. Ya no tengo tiempo libre, todas

Humberto Ramos, fotografiado en su casa de la Ciudad de México en marzo, es uno de los principales ilustradores de Marvel.

mis horas las dedico a ilustrar”, confiesa Ramos.

Su primer intento profesional tuvo lugar en México, cuando acudió con su carpeta a la editorial Novedades, convencido de que allí se dibujaba a Spider-Man. Y recibió su “primer rechazo”. Después viajó a la Comic-Con de San Diego. Tras ocho horas de espera en la fila de Marvel, fue recibido por Tom Brevoort, una de las figuras clave de la industria. “Tienes talento, pero todavía te falta. Te espero el año que viene”, le dijo. Otro fracaso, pero no se rindió. Regresó al año siguiente, más capacitado, y recibió una oferta, aunque para dibujar a The Amazing Spider-Man para Marvel tuvo que esperar otros 15 años. “El primer día que tomé el papel para dibujar Spider-Man fue uno de

los días más felices de mi vida. Trabajar en Marvel es lo más increíble que me ha pasado”, afirma quien se considera un adicto a su profesión. Trabaja cerca de doce horas diarias. No descansa ni sábados, ni domingos, ni festivos. Solo se detiene cuando viaja, casi siempre con destino a ferias y convenciones de cómics como la MCM de Londres, donde acudirá próximamente. “Mi tabla de salvamento, mi respiro, siempre fue mi trabajo. Me llevaba a un lugar feliz. Las historietas han sido mi salvavidas. Me levanto todos los días con la ilusión de generar una aventura que emocione”, afirma el ilustrador.

Tras décadas de éxito con Spider-Man, ahora le han encargado dibujar Los 4 Fantásticos, saga que define como “el tesoro más cui-

dado de la empresa”, además de, según sus palabras, la más protegida por la casa editorial. “Detrás de un gran poder hay una gran responsabilidad”, dice parafraseando al hombre araña y sobre una industria que en nada se parece a lo que era a finales del siglo XX. “Cada vez hay más mujeres líderes”, señala, recordando que durante mucho tiempo faltó participación femenina en el mundo de los superhéroes. Menciona a Louise Simonson, a la ilustradora italiana Sara Pichelli y a la española Belén Ortega. Ramos se reconoce como parte de la generación del papel, el bolígrafo y el plumón. “No me gusta que no haya un trabajo físico, que todo sea digital”, comenta ante una mesa de dibujo y antes de mencionar a su “copiloto”, el colorista

Edgar Delgado. El reconocimiento es mutuo: “Gracias a Humberto pude trabajar para Marvel, me ayudó mucho. Siempre necesitamos apoyo de los demás”, dice el propio Delgado a T México

Immerso en la creación de historias para los superhéroes más clásicos, Ramos no esconde que su sueño sería ilustrar Los tres mosqueteros, la novela de Alejandro Dumas, o alguna de las obras de Julio Verne. Y tampoco esconde sus influencias: el manga de Candy Candy, Marco o Kimba, el argentino Quino o el estadounidense Norman Rockwell —“cada cuadro suyo es una historia”, asegura—. “Si me encontrara con mi yo de 8 años, me gustaría decirle: vas a hacer lo que deseas, vas a vivir de eso y serás muy feliz”, concluye.

La carrera de Ramos comenzó en México, aunque fue una visita a la Comic-Con de San Diego la que le cambió su trayectoria profesional. Unos años después, era elegido por Marvel para ilustrar The Amazing Spider-Man.

Las herramientas sin las que los creativos no pueden vivir. Este mes, el estilista radicado entre Nueva York y París: JAWARA.

Entrevista por Laura Regensdorf Fotografía por David Chow

1A-D. Tenaza para ondular, tenaza rizadora, hornillo para tenazas y plancha Marcel.

“Este hornillo ha tenido popularidad en los salones desde principios del siglo XX. Tiene un peso simbólico enorme en la comunidad negra; remite inmediatamente a los press and curls (alisado y rizado). Estas herramientas son mágicas —pueden dejar el cabello supersedoso y lacado—, pero de verdad hay que ser profesional porque no tienen indicador de temperatura. Para una sesión con Beyoncé hace unos años, rendimos homenaje a los peinados estructurados de los noventa. Usé las planchas Marcel en las extensiones, creando piezas que parecían cintas y que formaban

casi un laberinto sobre su cabeza”.

2. Peine de corte “Es uno de los elementos más básicos en la peluquería. Tiene dientes más anchos, así que mantiene el cabello bajo control”.

3. Herramienta para el contorno del cabello “Es perfecta para los pelitos cerca de la frente que a la gente le gusta detallar y moldear. De un lado tiene un peine y del otro un cepillo. Es lo suficientemente pequeña como para sumergirla en un frasco de cera o gel, y en el extremo tiene una cola que puedes usar para maniobrar con los rizos”.

4. Tijeras de entresacar Ichiro Dragon “Me encantan, las compré en Japón. Son

ideales para quitarle peso al cabello. Básicamente, cortan un mechón sí y otro no, afinando la mitad de lo que estás cortando. Los texturizados siempre vienen bien para estilos con detalle, como los mullets o los bobs”.

5. Cepillo Mason Pearson de cerdas de jabalí y nailon “Uso estos cepillos desde hace 20 años. Cuando empecé a trabajar en desfiles, muchos de los estilistas eran de Inglaterra, donde son un básico. Las cerdas son súper suaves, pero también desenredan.”

6. Esponja para ondas Kiss

“En el cabello corto, puedes crear rizos más redondeados frotando la esponja en movimientos circulares sobre la cabeza. La hemos usado para añadir textura a los afros. Esto no existía cuando era niño —simplemente te masajeabas la cabeza con los dedos—. Esto lo hace mucho más fácil.”

7. Cepillo con peine de púas Texpert “Es un cepillo para

desenredar el cabello húmedo y texturizado. Por la forma en que están distribuidas las cerdas, se desliza con un poco de acondicionador — porque los rizos cerrados y las ondas pueden enredarse si se lavan con demasiada fricción—. A veces una modelo llega de otro desfile con un peinado completamente distinto, y hay que quitárselo y lavar el cabello entre bastidores.”

8. Tenaza rizadora T3 “Las herramientas cerámicas de T3 distribuyen el calor de manera uniforme, lo que es mejor para el pelo. Tengo todos los tamaños porque básicamente llevo un salón móvil y estudio de arte conmigo. Mis asistentes y yo viajamos con ocho maletas solo para una sesión.”

9. Tijeras de peluquería “Son tijeras de precisión. Cuando aprendí a usarlas en la escuela de cosmetología Aveda, a veces me cortaba la punta de un dedo, así de afiladas son.”

10. Cepillo redondo Dyson Vented Barrel “Para el video Gorgeous de Doja Cat (2025),

hicimos un gran y hermoso blowout noventero en la modelo Alex Consani. Me encanta cómo este cepillo redondo crea una textura ligera y con movimiento en el cabello y aporta brillo al final”.

11. Peine de cola “El gancho en el extremo permite dividir con mucha precisión. A veces, en los trenzados quieres que las divisiones sean exactas porque eso hace que las trenzas se vean impecables; aplicamos cera en la base del cabello y usamos esa punta fina para marcar las líneas. En un desfile de Elie Saab en París, utilizamos este peine para hacer rayas laterales muy marcadas. Mantiene el look limpio”.

12. Secador Dyson Supersonic “Lo uso todo el tiempo, con distintos accesorios según el tipo de cabello. La boquilla alisadora es buena para el secado con cepillo. También hay un peine de dientes anchos para alisar con aire el cabello rizado y muy texturizado, y un difusor

con una cavidad amplia donde puedes apoyar los rizos mientras se secan”.

13. Pinzas Texpert “Son buenas para seccionar. He llegado a usar 20 pinzas en una sola cabeza; otras veces solo tres. Mi equipo y yo llevamos canastas llenas de ellas, especialmente en los desfiles”.

14. Navaja Michiko “La navaja es útil cuando cortamos flequillos. Trabajé en el desfile de Victoria’s Secret del año pasado, y las modelos llevaban muchas capas y pelo con movimiento. Cuando queremos que las extensiones se vean realistas, las cortamos con esta navaja”.

15. Espray Got2B Glued “El mayo pasado coproduje un espectáculo de peluquería en Nueva York llamado Black Hair Reimagined, y quería darle protagonismo a algunos de los peinados estructurales que veía en Jamaica al crecer. Logramos un look increíble en la modelo Anok Yai —aplanado, casi como una flor— y usamos Got2B para fijar el pelo en su lugar”.

EL ARTE DE RECIBIR

En la Rive Gauche parisina, un arquitecto del mundo del arte transforma parte de una mansión del siglo XVIII en un suntuoso ‘showroom’ y un club social íntimo.

EN UNA GÉLIDA mañana de invierno en el distrito VII de París, un cisne disecado de plumas blancas mira hacia la calle desde la ventana de Deyrolle, en la Rue du Bac. Deyrolle, fundada en 1831, una de las tiendas más célebres de esta exclusiva colonia —caracterizada por sus embajadas, sus edificios haussmannianos y los ministerios del gobierno francés—, vende aves, mamíferos y reptiles, todos congelados en el tiempo y exhibidos junto a vitrinas con escarabajos y mariposas. Al otro lado del patio, en un ala contigua que hasta mediados del siglo XX funcionó en parte como el taller de taxidermia e imprenta de Deyrolle, se encuentra el proyecto más reciente del arquitecto argentino Luis Laplace, de 56 años, y de su pareja en los negocios y en la vida, el francés Christophe Comoy, de 54, originario de Toulouse, Francia. La propiedad recién renovada de dos plantas y unos 232 metros cuadrados evoca otro anacronismo del siglo XIX: el appartement de réception, un espacio concebido exclusivamente para recibir, agasajar e impresionar a los invitados. Aquí, en ausencia de dormitorios, se despliega una serie de salas de estar meticulosamente diseñadas que combinan la formalidad de un showroom con la sensación cálida y habitada de un hogar. Desde la fundación en 2004 en París de Laplace, su estudio de arquitectura en París, el dúo se dio a conocer por su trabajo dentro y alrededor del mundo del arte contemporáneo, entre ellos el diseño de la amplia sede de la galería Hauser & Wirth cerca de los Campos Elíseos y de las casas parisinas de la fotógrafa estadounidense Cindy Sherman y del galerista francés Emmanuel Perrotin. En 2023, completaron una renovación integral de su propio departamento, donde han vivido durante casi dos décadas, en un ornamentado edificio haussmanniano con vistas a la arbolada Place Saint-Georges, en el distrito IX, así como de su estudio, con capacidad para 60 personas, situado unos pisos más abajo. Por esas mismas fechas, la pareja empezó a imaginar otro refugio creativo, inspirado en las salas amuebladas para contemplar arte que suelen instalar en las galerías. Les atraía la idea de un espacio acogedor, lo suficientemente amplio como para exhibir su propia colección de arte y objetos de diseño, además de recibir clientes, amigos y colaboradores. Como tantas otras cosas en su vida, querían que este nuevo lugar fuera a la vez personal y profesional. “Un espacio donde mostramos cómo

Por Zoey Poll
Fotografía por Anne-Claire Héraud
En la sala junto al bar de cocteles del nuevo showroom y espacio de recepción de Laplace en la Rue du Bac, en París, una lámpara colgante de acero y plexiglás de 1975 de Michel Boyer, un par de sillones de madera de haya de la década de 1940 de Studio B.B.P.R., un jarrón esmaltado de la década de 1960 del ceramista francés André Baud, una mesa de centro de piedra volcánica y una lámpara de pie translúcida de Corian, ambas de Laplace.

vivimos solo funciona si lo usamos; si es real”, dice Laplace.

PRIMERO, EL INSÓLITO pied-à-terre de la Rive Gauche llamó la atención de Comoy. “Siempre empieza con Christophe. Y yo siempre desconfío y digo que no”, menciona Laplace, quien finalmente se dejó convencer, en gran parte por la fascinación de su pareja con la historia del edificio: originalmente formaba parte de un gran hôtel particulier erigido en 1744 como residencia de Samuel-Jacques Bernard, primogénito del banquero privado Samuel Bernard, cuya considerable fortuna (que venía en parte de su participación en el comercio internacional de esclavos) y sus extensas redes financieras sostuvieron buena parte de la monarquía de Luis XIV.

Algunas pinturas, esculturas y cerámicas de la colección de la pareja se exhiben junto a otras piezas en consignación. Al cruzar la puerta principal, una escultura de 2006 del artista estadounidense Jason Rhoades cuelga como una lámpara de araña, con cables que se enroscan y caen sobre el amplio salón, el primero de tres espaciosos salones que recorren todo el segundo piso. Muchas de las obras fueron creadas por amistades de la pareja, entre ellas la artista visual estadounidense Roni Horn, cuyas fotografías de aves silvestres islandesas disecadas cubren la gran escalera interior. A la vuelta

Abajo: en la oficina, una lámpara de pared de cerámica esmaltada y metal lacado de 1951 de Georges Jouve, un sillón de la década de 1930 del arquitecto italiano Marcello Piacentini, una mesa auxiliar de fibra de vidrio de la década de 1970 de Douglas Deeds y pinturas de Philip Guston. Derecha: en la cocina, una lámpara de mesa de cerámica esmaltada de la década de 1960 de Les 2 Potiers junto a lámparas de vidrio del siglo XVIII y lupas para encaje.

de la esquina se encuentra una lámpara colgante textil diseñada por Laplace en colaboración con el artista japonés Takesada Matsutani, quien pinceló con tinta sus paneles de lino translúcido. Cerca se encuentra un sillón en forma de trono plateado y biselado del diseñador Rick Owens, así como un busto de silicón azul eléctrico con un falo en la cuenca del ojo

del artista radicado en Los Ángeles Paul McCarthy. “Queríamos que se sintiera menos académico y más desafiante”, dice Laplace. “Me gusta provocar”.

Como en una galería, siempre hay algo nuevo que ver. Los domingos, Laplace, quien empezó a coleccionar de niño —exhibía con orgullo latas de refresco estadounidenses y

En el comedor, una lámpara de araña de vidrio teñido soplado a mano y latón patinado y una mesa de comedor de mármol y roble barnizado, ambas de Laplace, una docena de sillas de roble tallado de la década de 1970 de Francesco Pasinato, una jardinera de cerámica esmaltada de la década de 1960 de Mado Jolain y No Footprint (2024), una pintura de acrílico y gel acrílico sobre lienzo del artista Frank Bowling.

botellas de cerveza alemanas en su cuarto en Buenos Aires— sale a buscar piezas a los mercados de pulgas de París para sí mismo y para sus clientes. Ya entrada la noche, la pareja suele caminar los poco más de tres kilómetros que separan la Rue du Bac de su casa y estudio en la Place Saint-Georges, deteniéndose en la Rue de Lille o en la Rue de l’Université para fotografiar los muebles vintage iluminados en los escaparates de las boutiques. Una adquisición reciente — encontrada en una subasta de Sotheby’s el octubre pasado— fue un par de lámparas de pie art déco que habían pertenecido a Yves Saint Laurent y Pierre Bergé y que Laplace y Comoy habían codiciado durante años: las columnas acanaladas en madera de arce, coronadas por recipientes de cerámica en forma de tulipán, proyectan una luz suave sobre las paredes revestidas de madera del salón al fondo del segundo piso.

Por lo menos una vez a la semana, cuando la pareja no está de viaje, Comoy suele sentarse allí a leer, mientras Laplace se encuentra a un lado, en el luminoso salón del centro, donde va a pensar o a dibujar. En la planta baja, entre una oficina de paredes color ocre y una amplia cocina, el comedor puede recibir a una docena de invitados alrededor de su mesa de mármol verde intenso, rodeada de un conjunto de sillas italianas de la década de 1970. Por las noches, todo el mundo tiende a gravitar hacia el bar de cocteles en el piso de arriba, revestido de metal brillante y con relieve. No es raro que la pareja tenga que pedir de manera cortés a sus invitados que se retiren ya muy entrada la noche. Aun así, prefieren recibirlos en casa a salir.

“Nuestras personalidades son bastante tranquilas. Nos gusta pasar tiempo de calidad, con buena comida y buena bebida”, dice Laplace. “Somos personas de interiores”.

SANDALIAS DE HOMBRE

Los modelos de pescador y las sandalias de pala —ya sean en tonos neutros o audaces— siguen siendo básicos de la primavera.

Allen Edmonds .

La continúaconversación en nuestra web yredessociales.

BÚSCANOS EN

C H O O L B E A U T Y

Después de años de hiperdefinición digital, el maquillaje entra en una fase de edición consciente que humaniza el rostro con trazos más personales.

LA BELLEZA, COMO la moda, se mueve habitualmente en ciclos de exceso y corrección. Tras temporadas marcadas por la saturación del contorno, las cejas laminadas y una piel hiperpulida diseñada para la claridad digital, el rostro comenzó a sentirse visualmente denso. El poder de la imagen y la cultura digital quitaron personalidad, promovieron uniformidad y extendieron la

amplificadas. Nuestra piel y nuestra cara estaban preparadas para los focos.

En la era de las videollamadas, de selfies y algoritmos, el rostro se convirtió en interfaz. Nos maquillábamos para un espejo, pero también para una pantalla. La amplificación técnica redefinió entonces la estética; a partir de entonces cada sombra debía ser legible y cada punto de luz intencional. En ese contexto, la definición extrema era una suerte de adaptación, un nuevo maquillaje para unos nuevos soportes.

presión de las redes sociales a nuestra piel.

Durante ese periodo, el rostro dejó de operar como superficie orgánica y empezó a comportarse como declaración visual. Cada zona estaba definida, optimizada e intensificada. La técnica corregía y construía y esa construcción respondía a una época que privilegió la nitidez absoluta a través de cámaras de alta resolución y pantallas

Desde arriba: base con protector solar Even Better , de Clinique ; backstage del desfile de alta costura primaveraverano 2025 de Chanel ; Double Serum Foundation , de Clarins

La precisión se volvió sinónimo de control, y el control, durante un tiempo, fue leído como poder. Y entonces, casi como al inicio de un nuevo ciclo, algo cambió.

En pasarelas y estudios editoriales se percibe un regreso a la ligereza que recuerda ciertos códigos  back to school , como piel limpia, mejillas frescas, cejas ordenadas y labios apenas teñidos para empezar de nuevo con claridad. Se trata de valores de siempre, de frescura y juventud, ahora recuperados. En los años noventa, el minimalismo ofreció una corrección similar, con pieles desnudas bajo luces de estudio y retratos que privilegiaban la textura sobre la perfección. Lo que emerge ahora dialoga con esa herencia, aunque con una mayor precisión técnica. Aquellas imágenes tempranas de Kate Moss, con un rostro sencillo con la cara lavada, son revisitadas con técnicas más sofisticadas y precisas.

Piel como intención

La tez deja de ser una superficie que perfeccionar y se convierte en una estructura que equilibrar. La cobertura es selectiva, las bases tipo serum difuminan sin borrar y el corrector corrige sin negar.

Este enfoque atraviesa edades. En pieles maduras devuelve luminosidad; en pieles jóvenes evita la densidad que endurece prematuramente. El resultado es coherencia.

El rostro respira, y esa respiración hoy se percibe como un lujo que nos acerca al bienestar y a la naturaleza.

En este nuevo marco, la piel deja de entenderse como lienzo pasivo y se asume como materia viva. La obsesión por el acabado perfecto, sin poros, sin líneas y sin sombra cede ante una comprensión más orgánica de la superficie cutánea.

Las fórmulas híbridas, entre maquillaje y tratamiento, sostienen esta transición. Bases enriquecidas con activos calmantes, pigmentos micronizados que se funden con la temperatura de la piel, correctores que iluminan sin generar espesor. El gesto técnico cambia.

ahí reside su sofisticación. Incluso las texturas acompañan esta idea de circulación: fórmulas cremosas que se funden con la piel, acabados satinados que replican el brillo natural posterior al movimiento. El mensaje es claro: el rostro no necesita dramatización para proyectar energía y el resultado es vitalidad.

Estructura ligera Las cejas se peinan sin rigidez. El delineado migra hacia el marrón. Las sombras se aplican en veladuras. La mirada se encuadra, no se dramatiza. En una cultura fatigada por la amplificación visual, la contención se lee como sofisticación.

piel. Incluso el brillo, cuando aparece, lo hace en partículas finas que capturan luz sin saturar. Se pierde lo artificial.

El marco de la mirada regresa su forma natural. Se peinan, se ordenan, pero no se plastifican. La rigidez pierde terreno frente al movimiento. Una mirada menos cargada es más controlada. Y el control, cuando es sutil, siempre comunica autoridad.

Regresar sin retroceder

Lo que hace convincente esta dirección es su transversalidad. La frescura no pertenece a la juventud; pertenece a la edición. Reducir peso visual y respetar textura devuelve dimensión y autoridad. No es un tema de edad, es técnica, sutil. Casi invisible pero técnica.

Hay una ética implícita en esta edición. Corregir solo lo necesario implica confianza y la confianza, en términos visuales, tiene una potencia mayor que cualquier cobertura total. La piel, entonces, no compite con la luz. Refleja sin brillo excesivo y matiza sin opacar. En esa calibración aparece una forma de lujo silencioso y el resultado es más auténtico.

Circulación

sobre contorno

El rubor asciende alto sobre el pómulo y se difumina hacia la sien en tonos que evocan el calor natural, como rosa suave, durazno o frutos rojos atenuados.

Durante años, el contorno estructuró el rostro bajo la lógica de tallar, profundizar y marcar. La tendencia actual desplaza esa intención escultórica hacia una narrativa más fisiológica. El rubor reactiva y simula el flujo sanguíneo. Aplicado más difuso, crea elevación sin trazar líneas visibles. La técnica se vuelve casi imperceptible, y precisamente

Desde arriba: rubor She’s That Girl, de Patrick Ta Beauty; maquillaje Infalible Cushion, de L’Oréal; backstage del desfile de alta costura primaveraverano 2025 de Chanel

La mirada también abandona el exceso de definición. El delineado negro intenso, que durante años fue declaración, cede espacio a marrones ahumados, grises suaves y trazos que parecen surgir desde la raíz de la pestaña. La sombra ya no cubre el párpado completo; lo acompaña. Se aplica en capas translúcidas, como si flotara sobre la

El  back to school  de esta temporada es un recordatorio de que cada inicio implica depuración. Como en la moda, un aire más joven no requiere adaptar las claves de estilo que refrescan tu imagen.

La reducción de peso visual implica selección y saber qué retirar para que lo esencial permanezca visible. Regresar, en este contexto, es tratar de avanzar, aunque ahora con menos ruido. Una decisión muy contemporáneo, actual y que se lleva a cabo sin estridencias.

MARILYN S I EMPRE PRESENTE

Con motivo del centenario de su nacimiento, una exposición en París recuerda la figura de la inolvidable e icónica actriz estadounidense.

Por Abraham de Amézaga

LA PRIMERA VEZ que Marilyn Monroe visitó París, tenía 28 años. Era 1954 y, recién casada con Joe DiMaggio, disfrutó durante unos días de un ambiente artístico y cultural del que se enamoró al instante. Esa misma ciudad, y con motivo del centenario de su nacimiento, rinde ahora tributo a la actriz, modelo y cantante estadounidense con Marilyn Monroe , muestra que estará abierta al público en la Cinemateca de la capital francesa hasta el próximo 26 de julio. “La exposición se aleja

Marilyn Monroe fotografiada en el Hotel Ambassador de Nueva York el 24 de marzo de 1955, poco antes de acudir al estreno de La gata sobre el tejado de zinc, de Tennessee Williams, en el teatro Morosco de Broadway.

de los mitos existentes en torno a la estrella”, dijo a T México Florence Tissot, comisaria de la exhibición. El espacio expositivo, que en el pasado rindió tributo a otras leyendas del cine como François Truffaut, Marlon Brando o Mae West, recorrerá la vida de Monroe a través de una amplia colección de objetos, así como de un abundante material fotográfico y audiovisual. “Marilyn Monroe es una estrella desbordante y una actriz que se pasa por alto. Al igual que sus retratos gigantes instalados en las fachadas de los cines estadounidenses para el estreno de La tentación vive arriba en los que aparece con un vestido blanco levantado por una corriente de aire , hay algo desmesurado en este icono”, señalaba Marguerite Chabrol, profesora especialista en estudios cinematográficos que ha participado en la muestra parisina, en un artículo publicado por la Cinemateca. “La exposición propone mirar no solo a la actriz, sino también a las creencias que contribuyeron al surgimiento de la estrella en los estudios y la acompañaron a lo largo de su carrera”, añadía Tissot en una nota de prensa.

La muestra parisina tiene como intención separar la estrella de su papel de actriz y lo hace reivindicando su conciencia artística frente a esa imagen de sex-symbol que construyeron los estudios, los carteles publicitarios y las diferentes biografías editadas. Y es que, lejos de ser espontánea o meramente instintiva, Monroe desarrolló una mezcla de géneros, también denominado estilo híbrido, influido tanto por la tradición burlesca y la pantomima como por corrientes más realistas. Su aparente lentitud cómica, sus contrastes expresivos y su dominio del cuerpo y la voz, especialmente en los números musicales, revelan una intérprete que jugó con la distancia, la ironía y la construcción consciente de una imagen pública que a la vez reproduce y desestabiliza.

En el interior del edificio de la Cinemateca francesa, diseñado en el año 2005 por el arquitecto canadiense Frank Gehry, y en los más de 600 metros cuadrados que ocupa la exposición parisina, se muestran alrededor de 200 objetos relacionados con la vida y obra de Monroe, figura imprescindible para comprender la evolución del entretenimiento, el cine, la música y el espectáculo, y su relación con los entonces influyentes medios de comunicación, durante la segunda mitad del siglo XX.

Así, a lo largo de varios apartados, el visitante descubre afiches, prendas y accesorios que la actriz utilizó tanto en su vida privada como en su trayectoria en la industria del cine, donde dejaría una imborrable huella.

En la muestra pueden verse vestidos originales que Monroe vistió en películas El multimillonario (1960), de George Cukor, obra de la diseñadora de vestuario Dorothy Parker; y en Cómo casarse con un millonario (1953), del director Jean Negulesco,

Izquierda: la actriz y cantante fotografiada por Bruno Bernard en 1947. Abajo: Monroe durante el rodaje de Los inadaptados (1961), de John Huston.

creado por William Travilla. O el cuello de piel de zorro de su propiedad —también se exponen una blusa de seda y un pantalón de su guardarropa personal— que lució en Los inadaptados (1961), de John Huston. Pero también pueden verse algunas réplicas relacionadas con su carrera lejos de las pantallas, como el vestido diseñado por Jean Louis que la actriz vistió en el recordado cumpleaños del presidente John F. Kennedy. A falta del original, en la exposición se muestra una reproducción que apareció en la serie Los Kennedy.

En el terreno del material gráfico, la exposición Marilyn Monroe ha reunido una importante cantidad de fotografías y retratos, tanto en color y en blanco y negro, de fotógrafos como Richard Avedon y André de Dienes, además de algunos carteles promocionales de 20th Century Fox de las décadas de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo, y la instantánea del año 1954 en la que la actriz aparece apoyando a las tropas estadounidenses desplazadas en la guerra de Corea, está acompañada de un video de un minuto de duración de la presencia de Monroe en el país asiático.

La muestra se cierra con la enorme influencia publicitaria de Monroe, quien fue imagen de productos como los champús Franck & Joseph y los cosméticos Westmore Hollywood, pero sobre todo de Chanel. La icónica imagen de la actriz posando con el perfume N ° 5 en el Ambassador Hotel de Nueva York, una de las más recordadas de su carrera, también está presente en la muestra de la Cinemateca francesa.

La exposición también analiza cómo el mito ha eclipsado a la actriz y cómo su muerte prematura y la explotación comercial de su imagen han alimentado ese relato. Monroe encarnó las contradicciones que caracterizaron la década de los años cincuenta puritanismo y obsesión sexual, pero también emancipación y control , aunque su figura sigue funcionando como espejo cultural. Así lo demuestra la publicación, por primera vez en francés, del libro Conversations with Marilyn , del periodista William J. Weatherby. Escrito en 1976, su lanzamiento coincide con la muestra parisina, una de las más importantes de la ciudad del Sena en este primer tercio del año. “[Marilyn] fue mucho más inteligente y perspicaz de lo que la imagen que los estudios habían creado de ella daba a entender”, escribió el británico. Nacida como Norma Jeane Baker en Los Ángeles el 1 de junio de 1926, hija de un padre ausente y de una madre víctima de una complicada dolencia psíquica, la infancia de Monroe estuvo marcada por la inestabilidad emocional y las carencias afectivas. A los 16 años abandonó los estudios para comenzar su carrera laboral y a los 20, después de ser descubierta por la revista Yank , firmaba su primer contrato con 20th Century Fox, el estudio que la bautizó con un nombre artístico del que ya nunca se despegaría. Acompañada de su característico peinado rubio y de una sensualidad desbordante, aquella decisión impactaría tanto en su carrera como en su propia personalidad: “Siempre pensé que no era nadie. Y la única forma de convertirme en alguien... ¡Es ser otra persona!”,

Arriba: momento del rodaje de Los inadaptados (1961), donde la actriz comparte elenco con Clark Gable, Eli Wallach y Montgomery Clift.

declaró la propia Monroe, una de las grandes estrellas del Hollywood de la época.

Tras sus primeros pasos en la industria cinematográfica y papeles en películas como Niagara (1953), Los caballeros las prefieren rubias (1953) y Cómo casarse con un millonario (1953), fue gracias a la sagacidad de Billy Wilder, quien supo apreciar su vis cómica antes que nadie, como Monroe encontró en la comedia su género predilecto. A las órdenes del austriaco rodó obras esenciales como La comezón del séptimo año (1955), o Una Eva y dos Adanes (1959). “Era como trabajar con alguien que está muy enfermo, pero que al mismo tiempo tiene un brillo que nadie más posee”, le dijo el director a Cameron Crowe, una cita que apareció publicada en el libro Conversaciones con Billy Wilder (1999). También tuvo la oportunidad de interpretar el papel de Holly Golightly en Desayuno en Tiffany’s (1961), papel que rechazó y que finalmente cayó en las manos de Audrey Hepburn. Monroe también fue una de las primeras feministas de la industria del cine, que entonces veía a la mayoría de las actrices como meros objetos decorativos. “No me importa vivir en un mundo de hombres, siempre que pueda ser una mujer en él”, le dijo Monroe a Weatherby. “Solo el público puede hacer una estrella. Son los estudios los que intentan hacer un sistema de ello”, añadió la actriz en aquella entrevista con el escritor antes de enfrentarse a 20th Century Fox y acabar fundando su propia productora.

Convertida en musa de diseñadores y creadores como Elsa Schiaparelli, Oleg Cassini, Christian Dior, William Travilla autor del inolvidable vestido blanco que vistió en La comezón del séptimo año , o Jean Louis, responsable del atuendo con el que la actriz le cantó el Happy Birthday al presidente John F. Kennedy. Además, gracias a Monroe, Chanel disfrutó de una de las más grandes campañas publicitarias gratuitas de la historia, cuando la actriz respondió a un periodista que lo único que se ponía para dormir eran unas gotitas de su fragancia N ° 5. “Es la verdad. No le iba a responder que lo hacía desnuda”, explicaría más tarde la propia Monroe, quien también posó para fotógrafos y artistas como Richard Avedon, Andy Warhol, Douglas Kirkland y Bert Stern. Fotógrafo de Vogue US, Stern fue el autor de The Last Sitting, la última sesión fotográfica de la actriz, entonces en pleno rodaje de la inacabada película Something’s Got to Give (1962), de George Cukor. Con tres matrimonios fallidos a sus espaldas (James Dogherty, el mencionado DiMaggio y Arthur Miller), acosada y perseguida por la soledad y en continua búsqueda de la estabilidad emocional, la mañana del 5 de agosto de 1962, Monroe apareció muerta en su residencia de Brentwood, en Los Ángeles. La actriz había decidido poner fin a sus días con un abuso premeditado de barbitúricos. “Marilyn Dead”, tituló en portada el Daily News al día siguiente. No era necesario añadir nada más. Fallecía la mujer, pero nacía el mito. Tenía 36 años .

Arriba: cartel de la exposición Marilyn Monroe. Izquierda: vista de la fachada de la Cinemateca francesa, proyectada por el arquitecto Frank Gehry.

PURA OBSESIÓN

La precisión sigue siendo el verdadero desafío de los grandes relojeros, y el mercado especula con ello.

EN LAS DOS primeras décadas del siglo XXI, si exceptuamos las abundantes propuestas de Rolex y Omega, la palabra cronómetro prácticamente desapareció del vocabulario de moda en el sector de la relojería. La industria estaba ocupada en diseños audaces, materiales de alta tecnología, esqueletos imposibles y campañas con pilotos de Fórmula 1, y la precisión —esa obsesión con que el reloj dé la hora exacta— parecía un asunto anticuado, resuelto y archivado.

Pero era solo un espejismo. Entre 2021 y 2025, las principales casas de subastas del mundo (Phillips, Christie’s y Sotheby’s) han visto como los relojes más cotizados han sido los cronómetros. Dos ejemplos: en 2024, tres relojes de Rexhep Rexhepi alcanzaron 4.3 millones de dólares en un solo fin de semana, mientras que en 2025, el FP Journe Chronomètre à Résonance Sincere Fine Watches fue subastado en Phillips por 3.6 millones de dólares. La precisión ha regresado y lo ha hecho con la determinación de quien nunca debió irse.

Un reto histórico

Para comprender la actualidad, hay que retroceder tres siglos atrás. La cronometría —el arte

de medir el tiempo con exactitud— no nació en un atelier suizo, sino en el mar. Durante siglos, determinar la longitud geográfica en alta mar era imposible sin un instrumento capaz de mantener la hora exacta a bordo de un barco en movimiento. Los marinos morían por esa imprecisión. En 1714, el Parlamento Británico ofreció el Premio de Longitud —20,000 libras esterlinas— al inventor que resolviera el problema. John Harrison lo ganó con su H4, un cronómetro marino de bolsillo que en 1761 completó un viaje a Jamaica desviándose apenas cinco segundos.

Arriba,desdelaizquierda: reloj

MoonwatchSpeedmasterProfessional, deOmega;elrelojero británicoGeorgeDaniels.

Desde entonces, la precisión cronométrica se convirtió en el criterio último de los grandes relojeros. En 1801, Abraham-Louis Breguet, el gran maestro de los siglos XVIII y XIX, inventó el tourbillon para combatir los efectos de la gravedad sobre el es-

cape, mejorando así la isocronía y la exactitud del reloj. Los observatorios astronómicos de Ginebra y Neuchâtel (Suiza) y Besançon (Francia) establecieron concursos de cronometría en los que las casas relojeras no competían por el aspecto de sus piezas, sino por su desempeño medido en segundos de desviación por día. El reloj era, ante todo, un instrumento de medición. El lujo era una consecuencia, no el fin.

El siglo XX cambió esa jerarquía. La crisis del cuarzo en los años setenta redefinió la precisión como un asunto electrónico. Un quartz barato de 10 dólares ganaba a cualquier mecánica suiza en exactitud bruta. Si el reloj mecánico iba a sobrevivir, necesitaba encontrar otra razón de ser. Y la industria respondió, brillantemente, desplazando el valor hacia la complicación, el diseño, el patrimonio cultural y la historia. La precisión se daba por sentada. Nadie compraba un Patek Philippe para saber la hora exacta.

George Daniels y el hilo que nunca se rompió Pero hubo quienes nunca abandonaron esa obsesión original. El primero y más importante fue George Daniels, un relojero británico que trabajaba en la isla de Man como si el cuarzo jamás hubiera existido. En 1980 patentó el escape Co-Axial, un mecanismo que eliminaba casi por completo la fricción de deslizamiento presente en el escape de paletas convencional, el mismo que toda la industria suiza utilizaba y sigue utilizando. El escape suizo funcionaba, pero Daniels demostró que podía funcionar mejor, con menos lubricación y con mayor estabilidad de marcha en el tiempo. La industria lo ignoró durante dos décadas. Fue Omega la marca que en 1999 finalmente lo adoptó.

Además del Co-Axial en serie, Daniels también dejó como legado a Roger W. Smith, su único aprendiz, quien

ha limitado la producción de su taller en la isla de Man a no más de 15 relojes por año, cada uno construido completamente a mano según el método de Daniels. Los tiempos de espera para un Roger Smith se miden en años. El precio de reventa, en múltiplos. Los coleccionistas compran una hipótesis física probada.

La precisión como firma François-Paul Journe aprendió de Daniels a través de sus libros, y sobre esa base construyó uno de los cuerpos de obra más coherentes de la relojería contemporánea. El sello Invenit et Fecit (inventado y fabricado, en latín) que aparece en sus movimientos es una declaración técnica. Sus dos grandes obsesiones son el remontoir d’égalité, un mecanismo de fuerza constante que aísla el escape de las variaciones de tensión del muelle real; y el chronomètre à résonance, donde dos balances colocados en proximidad se sincronizan por resonancia física, corrigiéndose mutuamente en tiempo real. Ambas soluciones atacan el mismo problema que obsesionaba a Harrison: cómo entregar energía uniforme al corazón del reloj.

El Chronomètre Bleu, uno de sus modelos más reconocibles, tiene un precio de fábrica de unos 37,000 dólares, pero alcanza el doble en el mercado

secundario. El Tourbillon Souverain à Remontoire d’Egalité de 1993, el segundo reloj que Journe fabricó en su vida, alcanzó en noviembre de 2024 la cifra de 10,5 millones de dólares en Phillips Ginebra, convirtiéndose en el reloj más caro jamás vendido hasta la fecha por un relojero independiente.

Abajo: reloj FP Journe

Chronomètre à Résonance

Sincere Fine Watches.

Más abajo: el relojero Philippe Dufour.

Kari Voutilainen llegó a la relojería desde la restauración. El finlandés pasó años desmontando cronómetros de observatorio del siglo XIX en el taller de Michel Parmigiani, aprendiendo las técnicas que ya nadie enseñaba en las escuelas. Sus relojes tienen un sentido casi arqueológico del acabado, con guilloché a mano, esmaltes grand feu y un escape

propio de doble rueda con resorte Breguet y curva interna Grossmann. El mercado lo recompensa con listas de espera de varios años y con piezas que en subasta superan sistemáticamente sus estimaciones.

Philippe Dufour representa quizás el caso más extremo de esta filosofía. Sus relojes Simplicity y Duality no son complicados en el sentido habitual. Simplicity muestra horas, minutos y segundos, pero el acabado de movimiento es de una categoría que ninguna manufactura industrial puede replicar, con piezas terminadas a mano y niveles de achaflanados y pulidos que requieren semanas de trabajo para un solo componente. Aunque Dufour no necesita especificar que sus creaciones son cronómetros, el Duality, cuenta con dos órganos reguladores conectados por un diferencial para mejorar la precisión. En diciembre de 2025, el Simplicity N ° 1 alcanzó en Nueva York un precio de 1.1 millones de dólares.

Rexhepi y la prueba del mercado

Si hay un nombre que resume lo que está ocurriendo ahora mismo en el segmento, ese es Rexhep Rexhepi. Nacido en Kosovo, refugiado en Suiza de adolescente, aprendiz en Patek Philippe con 14 años y luego relojero en el atelier de FP Journe, Rexhepi fundó Akrivia (precisión, en griego) en Ginebra en 2012. En 2018 presentó el Chronomètre Contemporain, un reloj de tiempo exclusivo con dial de esmalte grand feu negro, balancín de inercia variable de 10,5 mm y la posibilidad de certificación cronométrica por el Observatorio de Besançon. ¿Precio de retail ? Algo menos de 70,000 dólares. ¿Precio en subasta en 2024? 1,27 millones de dólares. También Bernhard Lederer, un veterano relojero al que los puristas han descubierto tarde, centra su obsesión en la precisión alta relojería. Su CIC 39, el primer desarrollo con un Dual Detent Escapement completamente funcional, recoge el testigo de los avances en cronometría de Breguet y Daniels. Otra pieza que solo ofrece las funciones básicas y que alcanza un precio de salida que roza los 200,000 dólares.

La paradoja filosófica

En la relojería de autor, la precisión es una postura filosófica. El relojero no acepta la física tal como viene. Cada fuente de imprecisión —la fricción del escape, las variaciones de torque, los efectos de la gravedad, el magnetismo ambiental— es un problema a resolver, y el mercado lo sabe. En una década dominada por el hype de los sports watches y las listas de espera fabricadas, los coleccionistas más sofisticados han girado hacia los fabricantes independientes, aquellos que trabajan sin red, sin grupo corporativo y sin departamento de marketing. Y entre todos los atributos posibles, el que más se pondera es el fundamento técnico que Harrison se ganó a pulso hace más de 250 años. Al final, todo lo que no es cronómetro es decoración.

Narrar la Moda

Martín Torres y Pau Masaló son los fundadores de la editorial Superflua, la única en español especializada en narrativas de moda.

AL IGUAL QUE Douzi, el protagonista de Adiós a mi concubina, película dirigida por Chen Kaige en 1993 sobre la Revolución Cultural en la República Popular China, la escritora y periodista estadounidense Dana Thomas también ha denunciado la muerte de la belleza en la industria de la moda como consecuencia de los grandes grupos de inversión que están detrás de las casas de moda, que han sacrificado la excelencia y la exclusividad a los beneficios.

Para ella, el romanticismo es un ingrediente imprescindible para crear una obra genial, ya sea a través de vestidos oníricos, en el caso de John Galliano, o a través de visiones de pesadilla, como hacía Alexander McQueen. La trayectoria de ambos diseñadores es el hilo conductor de su obra Dioses y reyes, primer volumen de una trilogía canónica sobre el lujo y la moda contemporáneos que también incluye Fashionópolis y Deluxe, y que en español ha publicado Superflua, la única editorial en nuestro idioma dedicada a lo que ellos denominan “narrativas de moda”. “Dana Thomas es una de las voces más independientes e incuestionables dentro de la industria. A raíz de la publicación de los tres volúmenes que componen su trilogía se ha convertido

también en amiga. Es la autora que más alegrías nos ha dado a nivel editorial”, dice a T México Martín Torres, fundador de la casa editorial española junto a Pau Masaló, sobre estos tres libros fundamentales para comprender el momento que vive actualmente el fashion system. Como la propia Thomas, Superflua se ha convertido en un referente imprescindible dentro de la industria editorial en español, tanto por su independencia como por la coherencia de su visión y su extraordinario catálogo de autores. Desde un principio, ambos socios tenían muy clara la temática y orientación de la editorial, a pesar de que eran conscientes de los prejuicios que, todavía hoy, el fashion system despierta en el seno de la ortodoxia cultural. “Hay un problema con los contenidos sobre la moda y es que se perciben como frívolos y, por lo tanto, carentes de valor, lo que repercute en la calidad de la información, la fiabilidad, el precio que se paga por ella…”, señala Torres. “En Superflua apostamos por autores con una trayectoria en medios de prestigio, por investigaciones independientes y por personajes con una visión determinante en la industria de la moda. Todos los actores del sector debemos contribuir a

Martín Torres y Pau Masaló fotografiados en las oficinas de Superflua en el Eixample, Barcelona.

proporcionar un discurso serio a la altura de la importancia de esta industria”, añade el editor.

En el caso de Torres, todo comenzó con una lectura que marcó su futuro. Siendo adolescente cayó en sus manos La conspiración de la moda, de Nicholas Coleridge, un trabajo periodístico de investigación que abarca toda la cadena de valor de la industria de la moda que asegura que le hubiese encantado publicar. “Me entusiasmó tanto que desde entonces he estado buscando lo mismo: libros bien informados y narrados sobre el mismo tema”, explica sobre aquella revelación, el principio de un camino que en el año 2018 culminó con la fundación de Superflua.

La idea era tan sencilla como arriesgada: publicar libros bien escritos, y mejor editados, que narraran historias tan apasionantes como las de los mencionados McQueen y Galliano, quienes dentro de la industria pagaron precios tan altos como el suicidio, en el caso del primero, y el ostracismo en el caso del segundo. Y todo ello en un momento tan arriesgado como el actual, marcado por la paulatina desaparición, según admite el propio editor, de la cultura del libro. “Cada vez se venden menos libros y, peor aún, no hay un relevo generacional de nuevos lectores”, reflexiona. Sin embargo, ellos siempre tuvieron claro su nicho, el mercado al que se querían dirigir, además de la vocación, por supuesto, descubrimientos que Torres recomienda a todos aquellos jóvenes que quieran fundar un sello editorial. “Pau y yo tenemos un trabajo al margen de la editorial para pagar las facturas. Eso nos permite seguir siendo una editorial pequeña que, obviamente, no nos da para vivir, pero sí para mantener nuestra independencia y publicar aquellos títulos que nos apasionan por su calidad y no tanto por su valor comercial”, reconoce Torres. Hoy, Superflua se define en su página web como “el lugar en el que mostrar cómo se crea y cómo se viven la moda y la cultura”, y cuenta con un catálogo en el que, además de la trilogía de Thomas, figuran obras canónicas como Chico malo, de Marie-Dominique Lelièvre, una biografía no autorizada de Yves Saint Laurent con la que Superflua arrancó su aventura editorial; y Karl, de Marie Ottavi, obra en la que la autora trata de desvelar los enigmas que definieron la personalidad

de Karl Lagerfeld. La favorita de Torres es, sin embargo, Una carrera en la moda, las memorias de juventud de Bill Cunningham. “La narración de cómo luchó para dedicarse a lo que deseaba, su fidelidad a sus principios éticos y estéticos, y la búsqueda de su voz artística hacen que el libro sea un retrato del artista adolescente, contado además con gran humor y ligereza”, señala Torres.

ADEMÁS, TAMBIÉN

HAN publicado las memorias de Diana Vreeland, André Leon Talley y Didier Grumbach; trabajos de investigación, como una biografía no autorizada sobre el perfume Chanel N°5 que revela facetas inéditas de la legendaria diseñadora francesa; o Miedo y ropa en América, sobre la moda que se elabora en Estados Unidos. Otros libros inclasificables incluyen las crónicas de moda de la periodista Silvia Alexandrowitch; la crónica sobre la Batalla de Versalles de 1973, en el que la ganadora del Pulitzer Robin Givhan relata el histórico enfrentamiento entre diseñadores estadounidenses y franceses para recaudar fondos para la renovación del Palacio de Versalles; y, más recientemente, el catálogo razonado de la exposición Nostalgia / Utopía, sobre el trabajo de la diseñadora española Ana Locking. Una regla de oro que jamás le ha fallado a Torres a la hora de engrosar su catálogo con un nuevo título, es “confiar en la calidad del autor y del contenido”, según sus propias palabras.

Sin embargo, además de por su calidad literaria, Superflua destaca también por su extraordinario nivel estético. El responsable de esta tarea es Masaló, socio de Torres tanto en la editorial como en la vida. “Él se ha encargado de dar la identidad gráfica a todo desde el principio”, comenta Torres. Eso explica la coherencia tanto de las portadas como de la web, dando continuidad y una narrativa gráfica a todos los títulos que componen el catálogo de la editorial.

En 2028, Superflua cumplirá su primera década como una de las voces más originales en la industria editorial en español gracias, sobre todo, a la cuidada curaduría de su colección Moda y memoria , a la que recientemente se ha sumado una nueva, Un arte de vida , dedicada al ensayo cultural. “Una vez afianzada la colección dedicada al ensayo periodístico de moda, que es una temática muy de nicho, necesitábamos cubrir temas más variados para llegar a nuevos públicos. También sucedía que libros que podían tener una cierta afinidad con nuestro tema no encajaban en la colección Moda y memoria y nos daba rabia no poder publicarlos”, explica Torres. ¿Su primera obra? Françoise Sagan a toda velocidad , una biografía de la novelista, guionista y dramaturga francesa escrita por la periodista Lelièvre. “Para nosotros, tenía todo el sentido empezar esta nueva colección con la misma autora con la que inauguramos Superflua. Lelièvre, goza de mucho prestigio en Francia y ejerce la crítica cultural con gran independencia. Es el tercer libro que publicamos de ella. Nos gusta construir nuestro catálogo en torno a la fidelidad a algunas autoras”, comenta el editor. A Sagan, quien saltó a la fama con solo 18 años tras publicar Bonjour, tristesse, que se convirtió en un best-seller mundial (con su propia adaptación en Hollywood, dirigida por Otto Preminger), la moda le obsesionaba casi tanto como al propio Torres. Muy pronto, Superflua la colección con la aparición de una biografía del escritor, crítico de arte y pintor británico John Berger titulada Un escritor de hoy. “El título hace referencia a su primera novela, Un pintor de hoy. Se trata de una biografía intelectual; es decir, no es tanto sobre su vida como sobre su obra, que es lo que más nos interesa”, finaliza Torres .

PALABRAS EN

EL CIELO

México celebra el centenario del compositor, actor y cantante José Alfredo, una de las figuras más influyentes del siglo XX mexicano.

ÍDOLO POPULAR, COMPOSITOR , maestro de la ranchera e intérprete excepcional, José Alfredo Jiménez, de quien este año se celebra el centenario de nacimiento, encarnaba, en palabras de Joaquín Sabina, “el alma de México”. “Sus canciones son los últimos suspiros del espíritu romántico”, escribe Gonzalo Celorio, Premio Cervantes, en Ese montón de espejos, su libro de memorias. Para el escritor, la obra del cantante mexicano es, “con toda proporción guardada”, comparable a El Quijote de Miguel de Cervantes o a Las Meninas de Velázquez.

Nacido en Dolores Hidalgo, Guanajuato, el 19 de enero de 1926, la vida de José Alfredo —“es ocioso decir su apellido”, señala Sergio Almanzón, especialista en los íconos populares mexicanos del siglo XX— llegó a la Ciudad de México a los 11 años, tras el fallecimiento de su padre. Mesero de profesión, su acercamiento a la música fue fruto de su fracaso como portero en el Club Deportivo Marte de la Primera División de futbol de México, y de una casualidad: el cantante Andrés Huesca, cliente del restaurante donde trabajaba, escuchó a José Alfredo interpretar alguna de sus canciones. Ya nunca se bajaría de un escenario. Considerado por el escritor y periodista

Carlos Monsiváis como “uno de los poetas más signifi cativos de México”, era natural que su primer gran éxito total le llegara a través de la escritura. En 1950, José Alfredo le regaló a Paloma Gálvez, su novia de entonces y más tarde esposa, la canción Paloma querida Impresionada por la letra y la melodía, y convencida de que se convertiría en éxito, Gálvez

le presentó la canción a Jorge Negrete, el más grande cantante de su tiempo, quien la convirtió en un himno. Era tal la confi anza de Negrete en la escritura de José Alfredo, que poco después publicó un álbum íntegramente escrito por el guanajuatense. “Tenía la sensibilidad de hablar al corazón de las personas de una manera sencilla”, nos cuenta Paloma Jiménez Gálvez, hija del matrimonio. Ella misma fue la protagonista de una de las canciones más recordadas de José Alfredo, Arrullo de Dios, escrita durante la complicación que sufrió en el momento de su nacimiento, cuando estuvo a punto de perder la vida. Hoy, Jiménez Gálvez, quien estudió Literatura, es una de las responsables de mantener vivo el legado de su padre, además de desentrañar los secretos de sus letras en el libro Cuando te hablen de amor y de ilusiones.

El pasado enero, el Salón Tenampa, templo de la música popular mexicana en la capital del país, abrió la agenda de eventos de su centenario, que

continuarán este verano en España con un homenaje en la embajada de México en Madrid. “Su familia me hizo saber que el Tenampa fue más su casa que cualquier otro lugar. Ahí pasaba noches enteras sin dormir. A veces él y Chavela Vargas veían pasar la luna y el sol”, dice a T México Fernanda Aguilera, responsable junto a su familia de la cantina ubicaba en la plaza Garibaldi, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. Allí, José Alfredo se sentaba en una de las mesas de la izquierda para pasar a pluma sobre las servilletas del local los versos que iban brotando de su imaginación. “Parranda y tenampa; mariachi y canciones; así es como vivo yo”, escribió José Alfredo en Mi Tenampa, una canción dedicada a su lugar favorito en la Tierra y hoy lugar de peregrinaje de

También la doctora en filosofía María Victoria Arechabala se ha sumergido en sus letras en su libro Las canciones de José Alfredo Jiménez, donde concluye que, en sus canciones, José Alfredo se turistas, cantantes, diseñadores, artistas, actores y actrices que hacen escala en la ciudad. “En la canción, José Alfredo nos cuenta cómo la vida entre copas es una forma distinta de vivir y cómo, cuando se cruzan las puertas de este lugar, la vida se pinta de poemas con mariachi para brindar y sufrir”, continúa Aguilera. Sin estudios de música y sin saber tocar ningún instrumento, José Alfredo creaba sus melodías a través de los silbidos, sonidos que más tarde eran plasmados en partituras por Rubén Fuentes, su arreglista de confianza. “El filósofo que sabía silbar”, como lo bautizó el escritor Juan Villoro. “[José Alfredo] descifró nuestros más íntimos anhelos y descalabros. En sus canciones, México pudo verse en el espejo. El rencor, el despecho, la nostalgia adolorida, el revanchismo, la idolatría romántica, la posesión machista, el generoso desprendimiento, la desaforada necesidad de querer, ¡las chingadas ganas de llorar a gusto! No han tenido entre nosotros interprete más profundo”, escribió Villoro.

El Rey , quizá la canción más conocida de José Alfredo, fue escrita por el mexicano en 1973, muy poco antes de su fallecimiento.

mezcla con la cultura ranchera y del mariachi. “Su música trasciende, El Rey lo cantan en Pamplona o en Tokio. Es un gran misterio”, reflexiona la autora.

Para el argentino Andrés Calamaro, quien habitualmente incorpora canciones del mexicano en sus repertorios en directo, una canción trasciende verdaderamente cuando el público pierde la pista de su autor. A José Alfredo le ocurrió precisamente con El Rey, un himno de la cultura popular y el folklore mexicano que José Alfredo compuso en los últimos momentos de su vida, poco antes de fallecer en 1973. Para entonces, ya contaba con un legado de más de 25 películas estrenadas y más 300 canciones escritas o interpretadas por él mismo o por nombres como Pedro Infante, Chavela Vargas, Vicente Fernández, Lola Beltrán, Amalia Mendoza, Cuco Sánchez, Armando Manzanero o el propio Negrete, entre muchos otros. Sus melodías se convirtieron en himnos y su leyenda no dejó de crecer tras su fallecimiento. Sabina y Calamaro, pero también Rocío Dúrcal, Joan Manuel Serrat, Julio Iglesias, Alejandro Fernández o Luis Miguel han interpretado alguna vez sobre el escenario alguna de sus canciones, consideradas por el cineasta Pepe Bojórquez como “las historias de amor de todos los mexicanos”. “Las llevamos todos en nuestro ADN, sin importar la edad. Con su música, José Alfredo hizo de México un símbolo único de romanticismo y pasión por la vida”, agrega.

Tras su muerte, su primera casa en Dolores Hidalgo se transformó en un museo, además de un espacio para talleres y conciertos, donde cultivar la leyenda a través de documentos, imágenes y vestuarios de la época y una experiencia digital inmersiva que sumerge al visitante en un profundo recorrido por su biografía. También su mausoleo, proyectado por el arquitecto Javier Senosiain, a su vez yerno del cantante, está en Dolores Hidalgo. Un epitafio corona su tumba: “La vida no vale nada”. Años más tarde, el propio Senosiain completaría la estructura con dos grandes símbolos: un sarape de Saltillo y un sombrero charro elaborados en cerámica y mármol. “Su obra es tan contemporánea que parece que cada vez compone mejor. Su figura no deja de crecer”, afirma Senosiain a T México. Como cantaba Joaquín Sabina “las amarguras no son amargas cuando las canta Chavela Vargas y las escribe un tal José Alfredo”.

DESDE SU BASE en París, el diseñador JeanPascal Lévy-Trumet dedicó casi 35 años a perfeccionar el arte de la extravagancia moderna. Más que un simple organizador de eventos —el término aún era relativamente nuevo cuando comenzó en los años noventa—, se dedicó a construir mundos, a orquestar celebraciones espectaculares. Para el Día D de 1994, organizó a miles de voluntarios con atuendos coordinados por color para que irrumpieran desde una pirámide metálica de cinco pisos erigida en medio de un campo en Caen, Francia, a 10 millas de la playa en Normandía. Para los Juegos Olímpicos de Invierno de 1992, hizo desfilar a 20,000 personas vestidas de blanco por los Campos Elíseos. Y sus marionetas inflables, de 66 pies de altura, anunciaron la llegada de la Copa del Mundo de 1998.

Lo que hizo de su trabajo algo tan extraordinario no fue solo su escala, sino su carácter efímero. Un día había un estadio vacío o un campo de trigo enorme o un amplio camino de grava y, apenas semanas después, surgía de la nada un universo entero, ricamente ornamentado, con pompa y fuegos artificiales. Luego, horas o días más tarde, algunos trabajadores barrían todo, dejando apenas unos cuantos clavos doblados y restos de confeti como prueba de su labor. Hacia finales de los dos mil, esa falta de permanencia y la creciente comercialización habían empezado a desgastar a Lévy-Trumet, hoy de 68 años. Él y algunos de sus amigos llevaban años rentando casas de verano cerca del mar en la poco conocida península siciliana de San Vito Lo Capo, a un par de horas en coche al oeste de Palermo, siguiendo la escarpada costa norte. Para 2012, Lévy-Trumet estaba listo para instalarse ahí de manera definitiva, orientando su práctica al diseño

After Party El

El organizador de eventos parisino Jean-Pascal LévyTrumet pasó tres décadas creando fantasías para otras personas. Luego decidió construir la suya.

Por Nancy Hass Fotografía por Anthony Cotsifas

de mobiliario e iluminación. “Necesitaba”, menciona, “construir algo sólido”.

El espacio que crearía, que quizá nunca llegue a estar terminado por completo, encarna y desafía todo lo que había hecho antes. La casa principal, un refugio de 120 metros cuadrados, de dos recámaras, sobre casi siete hectáreas de terreno, se ubica en la intersección de dos laderas, en un promontorio que da la ilusión de precipitarse hacia el golfo de Macari, una ensenada de arena blanca famosa por sus aguas cristalinas. Cuando compró el terreno, aún estaban en pie dos muros de una antigua estructura de piedra —sin ellos, las normas locales de zonificación le habrían impedido construir allí—. La vivienda original albergaba a pastores cuyas ovejas producían la leche para hacer ricotta; los rebaños pastoreaban la cumbre, cubierta hasta donde alcanzaba la vista por un pasto invasivo, del color del heno.

El diseñador JeanPascal Lévy-Trumet enmarcó las ventanas de su casa en Sicilia con grandes losas de piedra local y sembró vegetación nativa en el paisaje alrededor.

La casa de un solo piso que decidió construir ahí es lo opuesto a las fantasías que alguna vez creó: surge de la tierra como una ruina primitiva. Hecha de grandes bloques de piedra caliza en bruto de Marsala combinados con rocas sueltas que alguna vez marcaron los límites de la propiedad, la estructura es un sorprendente estudio de claridad rectilínea. Las grandes ventanas están enmarcadas por enormes losas de piedra, creando alféizares irregulares, un toque al estilo de Los Picapiedra que contrasta con la modernidad lineal de la casa. El patio de mármol parece flotar sobre la extensión inferior; en uno de sus bordes redondeados descansa una bandeja de madera con almendras recién cosechadas, secándose al sol.

EN CAMBIO, POR DENTRO todo es armonía orgánica. Lévy-Trumet creó los muebles de la cocina en cobre tratado con fuego para producir una sutil panoplia de colores: violeta, chartreuse, cobalto. En el centro de la cocina, una isla escultórica de mármol Billiemi local color gris oscuro y con borde en cascada —“el tipo de piedra que aquí la gente cree que no vale gran cosa”, menciona—, presenta un pliegue pronunciado que fluye a la perfección hacia los pisos del mismo material. El baño fue fabricado por completo en mármol siciliano Libeccio Antico con un tono

naranja rosado muy veteado que él compara con el prosciutto. Sus propias piezas —que fabrica en Italia y en India— crean un acento en la sala contigua, de líneas bajas, que ofrece una vista panorámica del mar. Entre bloques de asientos acolchonados y tapizados en lino color crema se encuentra un taburete de mármol blanco, delimitado por contornos amorfos, que parece casi derretirse sobre el piso de mármol gris, y una mesa auxiliar con patas de metal recubiertas de nácar, en cuya superficie de resina flotan manchas suspendidas de pigmento azul, lo que sugiere un mar atiborrado de plásticos. Sobre una mesa de comedor creada con vigas recuperadas del techo de una granja cercana cuelga una enorme lámpara de latón con forma de disco, que da la sensación de

En la sala, un par de sillones acolchonados de Living Divani y varias obras de edición limitada de Lévy-Trumet, entre ellas (desde la izquierda) una repisa de mármol, una lámpara de techo de latón con la silueta de un platillo, un banco de mármol blanco, un mueble modular de almacenamiento en latón fundido con patas iluminadas y una mesa incrustada con nácar. Colgado en la pared al fondo de la habitación hay un dibujo en carbón encerado del artista veneciano Cristiano Bianchin. Arriba: sobre una repisa junto a la cama de Lévy-Trumet, un retrato francés del siglo XIX de un joven sin una mano, una escultura española en madera policromada del siglo XVIII y un conjunto de manos de bronce procedentes del sudeste asiático.

terminar en una gota en el centro, como un címbalo balinés.

Pero el mayor logro de Lévy-Trumet quizá sea su jardín, aunque ese término resulta demasiado limitado para un paisaje tan vasto y ambicioso. El pasto invasivo que tiempo atrás cubría las colinas como una manta gris desgastada fue retirado con una excavadora, permitiendo que extensas áreas de semillas de flores silvestres —amapolas, lirios, mimosas y retamas—, que habían estado conteniéndose durante años, germinaran de manera espontánea. En busca de un equilibrio entre formalidad y naturaleza indómita, ha incorporado 2,000 plantas, entre ellas casi 100 especies de árboles —cientos de cipreses, almendros y olivos, y decenas de variedades frutales, incluyendo clementinas, chabacanos y duraznos (tan solo de

limón, hay media docena de variedades)—, que sembró en huertos y paseos arbolados. Cactáceas en flor y vastos conjuntos de plantas perennes y especies mediterráneas nativas en tonos magenta y naranja intenso definen los senderos que conducen a una compacta casa de huéspedes de dos recámaras, cuyas puertas de cristal se abren ante las colinas, y una cisterna abandonada que Lévy-Trumet convirtió en un estudio cilíndrico, con el piso revestido de mosaicos, asientos empotrados y un diván cubierto con una tela de estampado gráfico en blanco y negro. A medida que cambia el clima a nivel global, los incendios se han vuelto más comunes en Sicilia, incluso en el oasis verde que Lévy-Trumet ha creado. Ha aprendido a convivir con la amenaza, vigilando el viento como si se tratara de un profesional. A lo largo de los años, y en varias ocasiones, las flamas han estado a punto de tocar a su puerta (pese a su diligencia por mantener a raya la maleza, persiste en toda la península), y aun así sigue tan enamorado del paisaje como cuando lo vio por primera vez, salvaje y casi desnudo. De pie en el patio, bajo el cielo color cian sin nubes, contemplando los jardines escalonados que ondulan con los pliegues del terreno, incluso él se descubre a sí mismo inmóvil en el silencio.

La casa, construida con piedra local, está rodeada de colinas orientadas hacia el golfo de Macari. Arriba: el baño ha sido tallado completamente en mármol Libeccio Antico, que según la descripción de LévyTrumet se parece al prosciutto. Los grifos fueron diseñados por Christophe Pillet y las lámparas colgantes de latón Candela di Vals, por Peter Zumthor.

ELEGANCIA GENTIL

Asistimos al estreno en Roma de ‘Brunello: Il visionario garbato’, documental dirigido por Giuseppe Tornatore sobre la figura de Brunello Cucinelli que este mes de abril se estrenará en Nueva York.

BRUNELLO CUCINELLI LLEGA al estreno de Brunello: Il visionario garbato (2025), el documental sobre su biografía dirigido por el ganador del Oscar Giuseppe Tornatore, acompañado por su mujer Federica Benda y sus hijas Camila y Elena. Cinecittá, los estudios con los que en algún momento Italia soñó con competir con Hollywood, es el escenario elegido para el estreno de una película que narra la vida de uno de los grandes representantes de la excelencia italiana, además de fundador de una marca tan preocupada por el lujo como por la ética del proceso. Unos días antes, Cucinelli se reunía con los medios de comunicación en la antigua sede de la Asociación de la Prensa Extranjera en Roma. Vestido con su clásico cashmere, el padre del lujo discreto a la italiana presentaba una película en la que, según sus palabras, tanto él como Tornatore han querido unir “sabiduría, igualdad y concordia”. “Quería contar la verdad sobre mí mismo”, revelaba el diseñador sobre un documental en el que ambos invirtieron dos años desde que comenzaron las primeras conversaciones.

Brunello: Il visionario garbato (el visionario gentil, en italiano) atraviesa toda la vida de Cucinelli, desde su humilde infancia sin agua ni electricidad como hijo de campesinos en Castel Rigone, su lugar de nacimiento en 1953, en plena posguerra mundial, hasta la fundación de

la compañía homónima en 1978 o la conversión de Solomeo, el pueblo de su esposa, en el epítome del “capitalismo humanista” que define a una marca en la que el ser humano siempre estuvo en el centro de todos los procesos, así como la cultura y la filosofía clásica. Por ejemplo, todos sus trabajadores reciben sueldos muy por encima de la media nacional, y los espacios donde desarrollan su actividad nada tienen que ver con las tradicionales y oscuras fábricas de la Revolución Industrial. Esa visión sobre el trabajo, reconoce el diseñador, proviene de la infancia, cuando fue testigo de cómo su padre fue humillado por algunos de los compañeros de la fábrica en la que era empleado. Se hizo entonces una promesa a sí mismo: “Si un día creo una empresa, haré todo lo posible para garantizar la dignidad del ser humano. La moda debe ser elegante, pero también gentil”. A su juicio, las empresas deben ser comunidades de hombres que piensan, no máquinas que producen.

Para concretar esa ideología, Cucinelli compró en 1985 un castillo del siglo XIV en Solomeo, hoy uno de los cuarteles generales de la compañía. Luego llegó la adquisición de más propiedades, la renovación de la muralla medieval, la recuperación de viñedos aledaños y la construcción de un teatro, el único edifico de nueva planta de una localidad en la que Cucinelli se siente “más restaurador que constructor” y cuyos orígenes se remontan al siglo XII. “Quería crear algo con valores y ofrecer una vida diferente”, señala el diseñador.

La culminación de su gran sueño llegó en 2021, cuando la Biblioteca Universale de Solomeo abrió al fin sus puertas al público, gracias, sobre todo, a la labor llevada a cabo por la fundación que en 2010 fundó junto a su esposa. El espacio

Desde arriba: el actor

Saul Nanni interpreta la figura de Brunello Cucinelli en algunas partes del documental; el propio Cucinelli camina por una de las calles de Solomeo, en Umbria, el pueblo que eligió para desarrollar su “capitalismo humanista”. En página anterior: Cucinelli en Solomeo.

surgió de su colaboración con Massimo de Vico Fallani “mi Aristóteles”, dice Cucinelli , arquitecto y paisajista italiano que ha acompañado al diseñador en la aventura cultural y urbanística de convertir el borgo de Solomeo, ubicado a unos 14 kilómetros de Perugia, en el corazón de Umbria, en “una ciudad utópica contemporánea” que continuara los preceptos humanistas del Renacimiento. Inspirado en la Biblioteca de Alejandría, y con el convencimiento de devolver a la sociedad parte del valor generado por su empresa a través de la cultura, el arte y la educación, Cucinelli tiene como objetivo recoger todo el saber humano en un espacio en el que se preserve el conocimiento clásico y se fomente el estudio. “Un lugar”, en sus propias palabras, “donde el pasado dialogue con

el futuro y las generaciones futuras encuentren sabiduría” que ya acumula más de 180,000 volúmenes, aunque el objetivo es alcanzar el medio millón.

Su relación con la lectura, nos comentó en 2023 en Solomeo durante la celebración de su 70 cumpleaños, comenzó en el bar de Castel Rigone, cuando un lugareño, ante la curiosidad del entonces niño, le entregó el libro que estaba leyendo en ese momento, una historia sobre el emperador Adriano. “Los emperadores Augusto y Adriano me han enseñado el amor por los libros y la vida”, reconocía entonces. “Marco Aurelio dijo una vez que debemos vivir como si fuera el último día y planificar como si fuéramos a vivir siempre”, agregaba. No fueron estas sus únicas referencias. Las figuras de John Ruskin, William Morris y Immanuel Kant también aparecen en el documental de Tornatore. Aldo Invitti di Conca, experto en estilo y propietario de la sastrería Prata & Mastrale de Milán confirma el impacto de estas influencias. “Guiado por la claridad de pensamiento de los filósofos que tanto le gusta citar, Cucinelli construye su estilo en torno a la sencillez y los colores naturales. Cada prenda está diseñada para combinarse de múltiples maneras, adaptándose sin perder coherencia”, comenta sobre uno de los primeros diseñadores modernos que devolvió la dignidad al trabajo artesano. “No puedo controlar lo que le gusta al consumidor, pero sí la calidad del proceso”, concluye Cucinelli.

Básicos de lujo

Fundada por Rafael Medina y Tomás Laso Argos, MR. AB abre las puertas de su segunda tienda en Madrid, aunque con la vista puesta en la Ciudad de México.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Carlos Luján

EL SECRETO DE MR. AB está, quizá, en la suma de dos trayectorias muy distintas, aunque perfectamente complementarias. Por un lado, Rafael Medina, duque de Feria, es profesional de la moda desde la infancia. Hijo de Nati Abascal, musa, modelo y estilista vinculada a marcas como Armani, Valentino u Oscar de la Renta, Medina fundó Scalpers en 2007 para poco después trabajar en Massimo Dutti, marca perteneciente a Inditex, conglomerado fundado por Amancio Ortega. Por otro lado, Tomás Laso Argos es un empresario con una amplia experiencia en la sastrería a medida. Juntos detectaron un vacío claro: existía una oferta sofisticada para el bespoke, pero no para una ropa cotidiana con ese mismo nivel de exigencia. Fue así como nació MR. AB, acrónimo de “absolute bespoke”, una propuesta de prendas prácticas y bien hechas camisas, sobrecamisas, pantalones casuales o polos reinterpretados con tejidos innovadores pensadas para el día a día de un hombre urbano y cosmopolita.

Tras

“Tras la pandemia, detectamos que era necesaria una moda sin logos, prendas atemporales que destacaran por su calidad y con atención al diseño y los detalles”, dice Medina a T México desde la boutique de MR. AB en la Galería Canalejas, en el Hotel Four Seasons de Madrid. “Después de 17 años viajando por el mundo vistiendo gente, me di cuenta de que los hombres no sabían dónde comprar prendas para el día a día”, añade Laso Argos. Fue entonces cuando ambos fundaron una marca enfocada en el lujo cotidiano que ofreciera básicos elaborados con tejidos ideales para viajar que abarcaran tanto la tradición como la contemporaneidad, siempre con la elegancia como punto de partida. En MR. AB pueden encontrarse cortes clásicos, pero siempre con una cuidada atención al detalle. “Siempre hay algo diferente”, dice Laso Argos, “en el puño de una camisa, en los blazers de un solo botón o en una solapa distinta”.

Tras esa primera boutique a escasas cuadras de la Puerta del Sol de la capital española, MR.

En página anterior: Tomás Laso Argos, fotografiado el pasado 9 de marzo en la boutique de MR. AB de la calle Lagasca. 47

la apertura de su boutique en la Galería Canalejas, en el complejo del Hotel Four Seasons de Madrid, MR. AB abrió una segunda en la calle Lagasca, en el distrito de Salamanca de la capital española; en la pared, Keith Haring in Progress (2024), de Moisés Yagües .

AB ha abierto una segunda en el distrito de Salamanca, un local que, según Laso Argos, “no es una tienda”. “Es un espacio donde ocurren muchas cosas. Tenemos muebles, libros, todo lo que está en la tienda está a la venta. Hasta tenemos un vino propio con etiqueta de MR. AB elaborado por las bodegas Marqués de Murrieta”, dice el empresario. Ubicada en la calle Lagasca 23, en uno de los barrios más cosmopolitas de la ciudad, la nueva tienda ha permitido a Medina y Laso Argos acercarse a un público (turistas internacionales de alto poder adquisitivo, empresarios y deportistas de élite) al que de otra manera no hubieran tenido acceso. La idea, dicen, era ofrecer a la clientela la idea de hogar, de ahí la elección de María Santos como interiorista, especializada en la decoración de viviendas, y de la elección de

materiales como los colores cálidos para los muros y los suelos de madera s nobles. En tonos sobrios como blancos, crudos, azules y negros, y con tejidos como el cashmere, el lino, el algodón o la seda, la idea de MR. AB se sostiene sobre la posibilidad de ofrecer al cliente propuestas versátiles cuellos Mao, abrigos de una sola pieza, camisas de lino sin puño, pecheras de piqué que puedan funcionar tanto en una comida informal en la playa, como en una cena de gala. Para ellos, los materiales deben ser agradables al tacto, duraderos y Rafael Medina fotografiado el pasado 9 de marzo en el salón privado de la boutique de MR. AB en la calle Lagasca de Madrid. Antes de la aventura de MR. AB, Medina, duque de Feria e hijo de Nati Abascal, fundó la marca Scalpers y trabajó para Massimo Dutti, del conglomerado

Inditex. En página siguiente: prendas y accesorios de MR. AB en la boutique de Lagasca.

capaces de aguantar una jornada completa sin estropearse. Son prendas pensadas para distintos escenarios y perfiles: un abogado en Madrid, un empresario en Miami que recoge un premio en un barco o un financiero que busca actualizarse. “Podemos vestir a personas de 18 y de 70 años”, sentencia Laso Argos antes de hacer hincapié en algunos de los puntos innegociables de la casa: “No hacemos rebajas, competimos con el lujo con el realismo, con prendas para toda la vida que no son aburridas”, dice. Además, la marca ha ido ampliando su oferta a través de colaboraciones con firmas afines, como Carmina, casa mallorquina de calzado de cuarta generación con la que han desarrollado zapatos, zapatillas y botines; o Creed, una marca de fragancias artesanales. “Si algo nos gusta, lo atraemos a nuestro universo”, explica Laso Argos. “Apostamos por proveedores de Francia, España, Italia o Portugal que conocemos desde hace años por la calidad de sus tejidos”, agrega Medina junto a uno de los percheros de la boutique.

La vocación cosmopolita de MR. AB es otro de los símbolos de la casa. En las últimas dos décadas, Laso Argos ha dado la vuelta al mundo con sus trajes, vistiendo clientes en Dubái, Bangkok, París y Londres, mientras que la vida de Medina ha transcurrido entre desfiles, veraneos con grandes diseñadores y la alta aristocracia europea. La expansión, pues, era una cuestión de tiempo. Tras el éxito de las dos boutiques madrileñas y las presentaciones del pasado verano en Ibiza y Santa Eulalia, templo de la sastrería barcelonesa fundado en 1843, MR. AB

planea próxima s apertura s en Marbella y Miami, además de continuar con sus presentaciones y showrooms en Ciudad de México. En la capital mexicana , tras 14 años de idas y venidas, Laso Argos ya cuenta con una “comunidad de amigos”, y es allí donde MR. AB tiene planeada una visita en el mes de mayo con un trunkshow que tendrá lugar en su showroom habitual de la marca en la calle Alejandro Dumas, en Polanco. “Me siento muy cómodo en México, es una parte muy importante de mi historia. Para mí, es como estar en casa. El mexicano es inquieto y muy coqueto. Le gusta destacar su personalidad y cuando algo le gusta , ya es para siempre”, señala Laso Argos mientras, en una impecable coreografía , toma medidas, sube un ojal, baja o arregla un botón o propone un puño nuevo a una camisa. No le da importancia a nuestro asombro. “Cuando has tomado medidas a tantos cuerpos de tanta gente, ya sabes cómo ofrecer tu mejor versión. Se trata de sensibilidad, proporción y de respetar el oficio”, reflexiona el sastre

UNA CADENA SUSPENDIDA deja caer saliva sobre una serie de ollas metálicas que reinterpretan las cadenas que penden de los techos en Japón para amortiguar el sonido de la lluvia. Es la pieza que abre El aire, hoy, una exposición que se despliega a lo largo de los tres niveles de la galería Travesía Cuatro

completamente aislado de mis decisiones, de mi gusto o de mi vida. Cuando estaba estudiando en Goldsmiths encontré que en el polo norte había una estación de bomberos que documentaba incendios. Era una época de internet muy precario, pero los contacté por correo y empezaron a mandarme fotos.

Laesculturacomoevento

desde el principio.

imagen de esa situación. Hice algo parecido con un par de aretes. En la pieza aparecía sólo uno; el otro lo llevaba alguien. Si te encontrabas a esa persona y le preguntabas por el arete faltante, señalaba hacia la escultura. Eran imágenes donde una parte estaba en el museo y la otra ocurría en la vida real. 51

T México: Supongo que eso también influye en cómo produces las piezas.

T. P. C.: Sí, completamente. Tengo una serie de objetos que se rehacen a partir de sí mismos. Todo empezó un día que un señor pasó

expositivoArriba:PérezCórdovaenelespacio deTravesíaCuatro,quelaparaartistahadivididoentresniveles trabajolaocasión.“Volveramostrar aquídespuésdetantotiempotienealgomuyespecial”,dice.

“Cuandotrabajofuera deMéxico,puedopensar enelpúblicodeunamanera abstracta.Nosonmisamigos, nimiscolegas,nilagentecon laquecrecí.Aquíesdiferente”.

Hoy en día, un discurso político sobrepasa en promedio las 7,000 palabras, son mucho más largos que antes. La pieza también tiene que ver con eso, con la acumulación de palabras. Hicimos un estimado de la cantidad de saliva que suponía esa cantidad de palabras.

es increíble, pero no es nada sencillo. Me gustó entenderlo como una línea de tiempo que se desarrolla a través de los pisos. En el primer nivel está esta la cadena que sostiene una serie de ollas. Pensé en las cadenas japonesas que cuelgan de los tejados para silenciar el sonido de la lluvia. En este caso me interesaba pensar en el acto de silenciar las voces, también en objetos que podrían

T México: ¿Y la saliva que cae por la cadena?

Estaba pensando en los discursos políticos, que cada vez son más largos. Hicimos un cálculo aproximado de cuántas gotas de saliva produciría un discurso promedio.

T México: El segundo piso está ocupado por los oráculos de vidrio. T. P. C.: Sí. Esas piezas están determinadas por un límite muy simple: la cantidad máxima de aire que una persona puede exhalar en una sola respiración. Nadie puede respirar más que eso. Cada escultura está hecha con ese volumen de aire. Me interesaba que el tamaño de las piezas no estuviera decidido por mí, sino por algo tan básico como la capacidad del cuerpo humano. En ese sentido, la forma aparece casi como una consecuencia de ese gesto. Al mismo tiempo, los oráculos en muchas culturas son una manera de intentar anticipar el futuro, de formular preguntas sobre lo que todavía no sabemos. Me gustaba pensar en estas piezas en esos términos: como objetos que no necesariamente ofrecen respuestas, pero que abren una especie de espacio para la posibilidad o la duda. En ese sentido funcionan más como preguntas abiertas sobre lo que viene.

T México: El tercer piso es tu visión del futuro. Una vez más la galería se transforma por

Ahí el suelo está construido sobre otro suelo. Algunas piezas quedan ligeramente por debajo del nivel del piso, como si estuvieran en otro plano o en otro momento. También hay esculturas hechas con ropa de niño. Me gusta pensar que la ropa que ya no les queda a los niños no es realmente ropa usada. Los niños crecen y la ropa simplemente se queda atrás. Eso me parecía interesante como imagen del tiempo. Son objetos que pertenecen a un momento muy específico —a una etapa del cuerpo que ya pasó— y que de pronto quedan suspendidos cuando ese cuerpo cambia. En ese sentido funcionan casi como pequeñas cápsulas de tiempo.

T México: ¿Qué papel tiene la intuición en tu trabajo?

T. P. C: Me gusta mucho la poesía y creo que tiene algo en común con lo que hago. La poesía a veces funciona como una resonancia. No necesariamente explica algo de forma directa, pero produce una sensación. Algo parecido ocurre con las esculturas. A veces las decisiones materiales o formales vienen de un lugar muy intuitivo. Y eso también me gusta.

Historia de una nación

El Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México presenta 68 obras de la Colección Gelman Santander, que este verano viajará a España.

TRAS MÁS DE dos décadas lejos de la mirada pública, la Colección Gelman Santander, una de las mayores recopilaciones privadas de arte mexicano del siglo XX, regresa a la Ciudad de México, concretamente al Museo de Arte Moderno (MAM), donde hasta el próximo 17 de mayo se presenta Relatos Modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander. La muestra, que consta de 68 piezas procedentes de un acervo de 160 e incluye obras fundamentales de Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Carlos Mérida, David Alfaro Siqueiros, José Vasconcelos, José Clemente Orozco, y Manuel Álvarez Bravo, entre otros, viajará este verano a España.

Cedida hace unas semanas al banco Santander por la familia Zambrano, su actual propietaria, la colección puede considerarse como una metáfora del siglo XX. En 1941, Jacques Gelman, productor de cine de origen ruso que durante su exilio en París había trabajado para el gigante Pathé Films, y su esposa Natasha Gelman se establecieron en México huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Amantes del arte cuando llegaron a América ya contaban en su colección con obras de Pablo Picasso, Vasili Kandinsky, Henri Matisse, Salvador Dalí o Francis Bacon , enseguida entablaron una profunda amistad con Mario Moreno Cantinflas, actor al que Gelman

Arriba: Las vendedoras de alcatraces (1943), una de las obras pictóricas más representativas en la trayectoria de Diego Rivera, es uno de los cuadros que podrá verse hasta el 17 de mayo en la exposición Relatos Modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (MAM).

produjo varias de sus películas y que introdujo a la pareja en la entonces vibrante escena artística de la Ciudad de México, de la que formaron parte durante las décadas siguientes.

La reaparición del acervo se produce, además, en un contexto complejo. El anuncio de que las obras viajarían a España para ser gestionadas por la entidad financiera desató una fuerte polémica en el mundo del arte mexicano, además de sembrar algunas dudas sobre el destino definitivo del conjunto. La controversia a su alrededor no es nueva, ya que la historia de la colección está marcada por oscuros episodios: tras la muerte en 2003 de Natasha (quien en 1998 había donado las obras 81 obras europeas de la colección al Metropolitan Museum of Art de Nueva York), el testamento que debía esclarecer la propiedad de las obras nunca apareció, a lo que se sumó el asesinato en 2013, en la Ciudad de México, del notario Armando Pérez Aragón, quien había dado fe del documento desaparecido.

Izquierda, desde arriba: Paisaje con cactus (1931), de Diego Rivera; Diego en mi pensamiento (1943), de Frida Kahlo; Retrato de Natasha Gelman (1943), de Diego Rivera; Autorretrato con collar (1933), de Frida Kahlo.

Curada por Marisol Argüelles, directora del MAM, Relatos Modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander se estructura en cuatro escenarios Retratos, presencias construidas, Naturaleza entre el orden y el caos, La creación de una nación y Lo moderno , y está presidida por todos los retratos que los grandes artistas de la época hicieron a Natasha. Así, podemos verla imaginada por David Alfaro Siqueiros, Ángel Zárraga, la propia Kahlo verdadero eje simbólico de la muestra o Diego Rivera, a quien la pareja encargó un cuadro que el mexicano tardó demasiado en entregar. “En ese momento había mucho teatro en México y en Bellas Artes había un evento cada noche. Era muy divertida esa época. Por supuesto, Diego no tenía tiempo de trabajar mi retrato”, reconoció en una ocasión la propia coleccionista.

La vinculación personal de los Gelman con los artistas es otro de los diálogos de la exposición. Así lo demuestra Retrato de Jacques Gelman (1957), obra del artista y escenógrafo de origen húngaro Gunther Gerzso, representante del movimiento artístico conocido como La Ruptura. En ella, en un fondo con planos cubistas superpuestos en tonos rosas, se intuye una figura alargada de Cantinflas con su característico sombrero

de ala doblada. Gerzso, que entonces trabajaba para la productora Posa Films, fue uno de los grandes amigos de la pareja, además de uno de sus artistas favoritos.

Autorretrato con collar (1933), el primer autorretrato de la artista, y Diego en mi pensamiento (1943), que Kahlo comenzó a pintar tras su divorcio de Rivera tres años antes, dan paso a otras de las obras claves del arte moderno mexicano del siglo XX que componen la Colección Gelman Santander. Es el caso de Autorretrato con cama (1937), obra en la que Kahlo dialoga con la otredad (y la maternidad) a través de una muñeca; de la luminosa Los girasoles (1943), en la que Rivera proyecta el mundo de juego y fantasía de la infancia; Novia papantleca (Retrato de Rosalba Porte Gil), (1944), de Izquierdo; o de Perro con escoba (1972), obra en la que Francisco Toledo se acerca al realismo mágico a través de la figura del nahual, animal mitológico en la cultura oaxaqueña. El protagonismo de Frida en la exposición no solo estriba en su obra, sino que también lo hace en creaciones que rinden tributo a su figura a través de la fotografía, género en el que la Colección Gelman Santander comenzó a interesarse a comienzos de este siglo. Es el caso de las obras de Graciela Iturbide y Patti Smith. Estas, además de retratar la intimidad de la artista a través de muletas, corsés o escenarios muy privados como la cama, dan paso a otras imágenes de autores como Manuel Álvarez Bravo, Tina Modotti, Héctor García, Lola Álvarez Bravo, Guillermo Kahlo, Graciela Iturbide o Gabriel Figueroa.

Una vez clausurada la muestra, la colección se trasladará a España, donde formará parte de la programación cultural de Faro Santander, el nuevo espacio expositivo proyectado por el arquitecto David Chipperfield que la institución financiera inaugurará a finales de junio en Santander. La colección formará parte de una exposición que convivirá con la propia colección particular del banco, que incluye obras de artistas como Martín Chirino, Eduardo Chillida, José Gutiérrez Solana, Anish Kapoor o Richard Serra, entre muchos otros

AL ABRIGO DE LOS VIÑEDOS

Desde hace algunos años, el capital mexicano se ha interesado en las regiones vinícolas más importantes de España. Por Paz Ivison

ALTO DE PIOZ

Región conocida internacionalmente gracias a la novela homónima del Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela, La Alcarria es también la tierra de la que brotan los vinos de Alto de Pioz, de la IGP Vino de la Tierra de Castilla. Recuperados a comienzos del siglo XXI tras ser abandonados durante la plaga de filoxera de finales del siglo XIX (apenas quedaban en la zona viñedos para consumo familiar y una pequeña cooperativa), hoy son propiedad de Camilo Sodi

reputados del país, Sodi Zapata ha logrado recuperar la producción de la variedad malvar, una uva blanca que ofrece caldos frescos y vibrantes ideales para ser disfrutados durante el verano.

Sin embargo, además de la enología, Alto de Pioz también suma a su propuesta una importante vocación artística. El reconocido artista Bosco Sodi, hermano de Sodi Zapata, es el autor de muchas de las obras de arte que reciben al visitante en la bodega manchega; Tadao Ando, premio Pritzker en 1995, será el encargado de proyectar un hotel de solo 10 habitaciones en medio del bosque mediterráneo que rodea la propiedad; y Sodi Zapata planea la construcción de una galería en la que artistas procedentes de todo el mundo puedan exponer sus propuestas. Todo ello, a solo media hora en automóvil del Aeropuerto Internacional Madrid Barajas.

Zapata, quien hace unos años se trasladó a España para cumplir su sueño de elaborar un vino competitivo. Tras una gran inversión en tecnología y equipamiento, y gracias a la colaboración de Aurelio García, uno de los enólogos más

Desde la izquierda: racimo; Claudio Sodi, propietario de Alto de Pioz junto a su familia. Abajo: entrada al viñedo Alto de Pioz.

del que tomó el control total cinco años después. Aquella estructura ya incluía activos clave como Cal Grau y Viñedos de Yaso, integrando desde el inicio territorios diversos y con fuerte personalidad. Entre ellos destaca Priorato, en la provincia de Tarragona, una de las zonas más singulares del viñedo español. Sus suelos de pizarra —la conocida licorella—, su clima seco y su compleja orografía han convertido sus vinos en piezas de culto. Tanto Priorato como Toro ejemplifican una transformación reciente: regiones que hace apenas medio siglo carecían de prestigio y que hoy ocupan un lugar central en el panorama de los grandes tintos españoles.

VINOS IBERIAN

La consolidación de Vinos Iberian como uno de los grupos vitivinícolas más relevantes de España se completa, por ahora, con su desembarco definitivo en La Rioja. La reciente adquisición de la bodega Valenciso cierra un mapa que abarca algunas de las denominaciones de origen más prestigiosas del país, bajo la propiedad del empresario mexicano Ernesto Tinajero.

El grupo reúne bodegas en Ribera del Duero, Priorato, Toro y Rioja, territorios donde nacen algunos de los tintos más cotizados de España, como Pingus, Numanthia o L’Ermita. La dirección del conjunto recae en Rafael Cruz de Aguiaz, responsable de articular una estrategia que combina tradición vitivinícola y expansión internacional.

El origen del proyecto se sitúa en 2014, cuando Tinajero inició su incursión en el vino con la búsqueda de una bodega en la llamada Milla de Oro de Ribera del Duero. La operación se concretó en Pesquera de Duero, donde adquirió el 50 por ciento del Grupo Jaros,

Aunque la expansión del grupo no se planteó inicialmente como una estrategia orientada a México, el país se ha convertido en un mercado natural. Es ya el segundo destino de los vinos de Ribera del Duero, solo por detrás de Suiza. En este contexto, la compañía opera con estructura propia a través de su distribuidora, cubriendo tanto el canal retail como la restauración, apoyada por equipos comerciales y de relaciones públicas especializados.

El resultado es un grupo que, impulsado por capital mexicano, ha logrado tejer una red coherente en algunas de las zonas más emblemáticas del vino español, consolidándose como un referente contemporáneo del sector.

PINEA

En el corazón de Ribera del Duero, Pinea se ha consolidado como una de las bodegas más singulares de la denominación, combinando altitud, precisión vitícola y una narrativa profundamente personal. El proyecto, fundado por los mexicanos Vicente Pliego y Hugo del Pozzo, nace de una relación sostenida en el tiempo con este territorio y con la uva tempranillo, conocida en la zona como “tinta del país”.

La bodega se asienta en el norte de la denominación, en la provincia de Burgos, donde sus 35 hectáreas de viñedo se extienden entre los 900 y 950 metros de altitud. Se trata de una de las cotas más elevadas de la zona, un enclave especialmente codiciado por la calidad de sus suelos y la concentración de sus uvas. La vendimia manual y una agricultura sostenible definen unos vinos que, desde su aparición, han cosechado altas puntuaciones y reconocimiento internacional entre críticos y clientes.

El salto de escala —de un espacio inicial con apenas unas barricas a una bodega de arquitectura contemporánea— refuerza esa vocación. El edificio, de líneas limpias y estética minimalista, se sitúa junto a la Cuesta de Manvirgo, una meseta que roza los 1,000 metros de altitud y desde la que se despliega una de las vistas más espectaculares de la denominación de origen. En una de sus parcelas más emblemáticas, presidida por un pino centenario que da nombre al proyecto, se condensa el carácter del viñedo.

La irrupción de Pinea en el panorama internacional fue rápida. Su primera añada, 2014, captó la atención del sector, pero el verdadero punto de inflexión llegó en 2017, cuando el golfista Sergio García, campeón del Masters de Augusta, eligió este vino para la cena oficial del torneo, un gesto reservado a etiquetas de prestigio. Desde entonces, la producción —limitada a unas 70,000 botellas anuales— ha mantenido a Pinea como su buque insignia, reconocido también por publicaciones como Wine Spectator.

La gestión del proyecto se reparte entre ambos socios: Del Pozzo lidera la presencia de la marca en Estados Unidos, mientras que Pliego dirige el día a día desde España apoyado por un equipo técnico especializado. El resultado es una bodega que ha logrado posicionarse como una de las grandes sorpresas de la Ribera del Duero.

GÓMEZ CRUZADO

En el históricobarrio de la Estación de Haro, epicentro del vino riojano, se encuentra la bodega Gómez Cruzado, una de las más antiguas y representativas de la región. Fundada en el año 1886 por Ángel Gómez de Arteche, de origen mexicano y vinculado al ducado de Moctezuma,

la casa forma parte esencial de la historia vinícola de La Rioja. Considerada durante décadas la capital del vino riojano, Haro concentra en torno a su antigua estación de ferrocarril algunas de las bodegas más relevantes del país. Una ubicación que en absoluto es casual: en el siglo XIX, el tren facilitaba la exportación de vino hacia Francia durante la crisis de la filoxera que asoló los viñedos franceses, necesitados de las uvas cultivadas al sur de los Pirineos para salvar sus producciones anuales. Aquel contexto impulsó el auge económico de la ciudad, cuya prosperidad y riqueza llegó a compararse, con cierto optimismo local, con la de grandes capitales europeas.

En ese contexto, la bodega Gómez Cruzado ocupa un lugar singular. Es la séptima más antigua de la denominación de origen Rioja y la tercera del propio barrio de la Estación. Su trayectoria ha transitado entre la tradición y una renovación constante, consolidando un estilo que busca reflejar la diversidad del territorio. En el año 1916, la propiedad

Desde arriba en el sentido de las manecillas del reloj: viñedos de Bodegas Pinea; barricas para el vino; Vicente Pliego y Hugo del Pozzo.

pasó a manos de la familia que le da nombre, y ya en el siglo XXI fue adquirida por la familia Baños, de origen riojano —procedente de la localidad de Badarán— y establecida en México desde hace varias generaciones.

La nueva etapa ha reforzado su vínculo con el viñedo. La bodega ha apostado por la adquisición de pequeñas parcelas —cerca de un centenar— situadas en las zonas más frescas y elevadas del norte de Rioja. Son viñedos viejos, muchos de ellos plantados hace casi un siglo, que aportan a los vinos una marcada acidez y una expresión frutal precisa.

Este enfoque, exigente tanto en agricultura como en vendimia, define el carácter actual de la casa. Entre sus referencias, Gómez Cruzado Crianza se mantiene como la etiqueta más reconocible, acompañada de otras elaboraciones de producción limitada, muchas de ellas procedentes de parcelas específicas que semejan la manera de trabajar de regiones como Borgoña o Barolo. El conjunto configura una bodega que, sin estridencias, se ha consolidado como una de las joyas de La Rioja, sostenida hoy por capital mexicano y una mirada contemporánea.

ENFOQUE DELICADO

Los looks más seductores y desenfadados de la temporada combinan siluetas atemporales y depuradas con un sutil aire de nostalgia.

Traje, foulard y zapatos de Ferragamo, ferragamo.com; bufanda de Tom Ford, tomfordfashion.com; broche vintage del estilista. Arriba: suéter de Prada (sobre los hombros), prada.com; suéter de Paul Stuart, paulstuart.com; shorts de Ami, amiparis.com.

Fotografía por Olimpia Taliani de Marchio Estilismo por Paul Maximilian

Desde la izquierda: chamarra y pantalón de Dries Van Noten , driesvannoten.com; camisa y corbatón de Charvet , bergdorfgoodman.com; camiseta sin mangas del estilista. Chamarra, camisa (pieza de pasarela), pantalón y bufanda (pieza de pasarela, amarrada a la cintura) de Dries Van Noten ; broche de Boucheron , boucheron.com; corbatín de Charvet. Arriba: abrigo, pantalón, corbata y calcetines, chaleco, camisa y zapatos de Louis Vuitton , louisvuitton.com.

Camisa de Zegna , zegna.com; camisa de Ami (por debajo); top de Paul Smith , paulsmith. com. Abajo, desde la izquierda: camisa, shorts y bufanda de Bottega Veneta, bottegaveneta. com; pantuflas de Zegna. Camisa y pantalón de Tom Ford.

Top, pantalón y cinturón de Paul Smith; llavero de Versace, versace.com; sombrero y pines vintage del estilista.

Abajo: camisa (sobre los hombros), suéter y pantalón de Canali, canali.com; camisa y cinturón de Hermès, hermes.com; anillo de Versace

La próxima ola

La estética playera con aire retro —trajes de neopreno, tie-dye, chanclas de pata de gallo— aporta un aire renovado a la sastrería tradicional.

Fotografía por Thue Nørgaard Estilismo por Hisato Tasaka
Abrigo de Homme Plissé Issey Miyake, isseymiyake.com; top de IM Men y pantalón, us.isseymiyake. com; sandalias de Auralee, auralee.jp; calcetines del estilista (usados en todos los looks).

Derecha, desde la izquierda: chamarra, chaleco, camisa, suéter (amarrado a la cintura) y pantalón de Dries Van Noten, driesvannoten.com. Chamarra de Ferrari , store.ferrari.com; camisa de Tatras , tatras-official.com; mono de Rabanne, rabanne.com. Abajo, desde la izquierda: chamarra y polo de Brioni, brioni.com; camisa de Lanvin, lanvin.com; pantalón de Loro Piana, loropiana.com; sandalias de Auralee Chamarra, suéter y pantalón de Corneliani, corneliani.com; camisa de Kartik Research, kartikresearch.com.

Abrigo y camisa d e Kartik Research; pantalón de Acne Studios , acnestudios. com; sandalias de Auralee

Izquierda: chamarra, chamarra (por debajo) y pantalón de Prada, prada.com; sandalias de Auralee. Abajo, desde la izquierda: chamarra y camisa de Yoke, yoketokyo.com; camiseta y pantalón de Brunello Cucinelli, brunellocucinelli.com; chamarra de Goldwin (amarrada a la cintura), goldwin-global.com. Chamarra, camiseta y pantalón de Brunello Cucinelli; chamarra de Ahluwalia, ahluwalia.world.

Arriba, desde la izquierda: chamarra de Hermès, hermes.com; chamarra (por debajo), camisa y pantalón de Moncler, moncler.com; camiseta de Tatras; sandalias de Auralee Chamarra, chamarra (por debajo), camisa y pantalón de Louis Vuitton, louisvuitton. com; sandalias de Auralee. Derecha: chamarra de Celine, estilos similares en celine.com; chamarra de Kartik Research (por debajo); sobrecamisa de Hermès

EL PROTAGONISTA

Shake Your Booty!’, una de las sorpresas del último Festival de Sundance. Tras sus éxitos internacionales con series como ‘Narcos: México’ o ‘Griselda’, el actor Alberto Guerra regresa con la película ‘Ha-Chan,

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por SeoJu Park
Camisa y pantalón, de Dolce & Gabbana; brazalete y cadena, de Tiffany & Co; cámara de fotos de Mamiya.

La carrera de Alberto Guerra (La Habana, 1982) navega a una velocidad de crucero. Tras sus éxitos en series como  Narcos: México (2022), Griselda (2024), Accidente (2024) o Me late que sí (2025) acaba de presentar en el Festival de Sundance la película Ha-Chan, Shake Your

está pasando por una situación terrible. Cada década se comenta que Cuba está peor que nunca, pero ahora sí se puede decir. Es una tristeza terrible caminar por los barrios de La Habana donde crecí. Había una vida, incluso con una extrema pobreza, pero ahora no sentí eso”, relata. Sus primeros 13 años transcurrieron

todos a la vez. Es culpa de los que mantienen un embargo y también de la dictadura, y al final el que sufre es el pueblo. Fuera de eso, sigue

Sus visitas a la isla son un ejercicio duro. Los apagones eléctricos y las carencias continúan en el país mientras él presenta una película

“C on la mano en el corazón digo que puedo renunciar a todo lo que hemos hablado menos a mi familia, a la sonrisa de mis hijos, a la relación con mi mujer, con la que llevo 14 años”.

Booty!  (2026), de Josef Kubota Wladyka, quien recibió el premio al Mejor Director. La cinta es una mezcla de drama y comedia con el baile de salón como hilo conductor en la que el actor da lecciones de interpretación y danza en diferentes ritmos. La cita de Guerra con T México es en la colonia Roma de la Ciudad de México. El actor acaba de llegar de Milan Fashion Week, donde se le ha podido ver junto a Anna Wintour, directora editorial global de Vogue . No es casualidad. Guerra ha sido uno de los dos protagonistas de la campaña de lanzamiento de The One , el último perfume de Dolce & Gabbana. La otra protagonista fue Madonna, quien conoció a Guerra en la parada que su gira The Celebration Tour hizo en 2024 en la Ciudad de México. La cantante estadounidense ya había demostrado en el pasado su influencia a la hora de elegir compañero de escena: en 1991 lanzó a la fama internacional a un entonces desconocido Antonio Banderas tras un cameo del actor en su documental En la cama con Madonna . Cinco años después, ambos encabezarían el elenco de Evita (1996), de Alan Parker. Inmerso en varios proyectos —cine, moda, gastronomía—, Guerra abre un hueco en su agenda para T México . Junto a él, recorremos los principales escenarios de su vida.

Hace unos meses regresó de La Habana, la ciudad donde creció y a la que siempre vuelve. “El encuentro ha sido duro, muy duro. Es imposible separar Cuba de una conversación política y

entre sus calles y ese Malecón donde hasta una piedra era un juguete. Vivía, recuerda, en un edificio de 20 plantas, pero prefería jugar en la calle con sus amigos, que ahora visita con dolor. “Cuando vuelvo a esos lugares, regreso a una paz y a una tranquilidad tales que necesito volver a cada rato. De entrada, arquitectónicamente La Habana es un lugar único. Ningún otro sitio del Caribe tiene una mezcla tan ecléctica de estilos como el brutalismo, el neocolonialismo o el mid-century. Es muy lindo”, dice. Es ahí donde se reencuentra con los recuerdos del pasado, con su gente, aunque reconoce que es “muy duro conversar con ellos”. Y es que Guerra acumula, según sus palabras, cierta culpa al ver la situación de la gente con la que creció, compañeros que, en principio, tuvieron aparentemente las mismas oportunidades en la vida que él. “Y yo estoy ahora sentado en un set, en esta entrevista con T México en medio de la colonia Roma, con un montón de atenciones y una vida privilegiada”, continúa. “Es muy difícil no preguntarse por qué ellos no están en un lugar en el que no tengan que preocuparse por la comida de sus hijos recién nacidos o por qué no pueden disfrutar de derechos básicos humanos de limpieza, de salud y de educación”, confiesa.

Cuba es motivo de debate permanente, y Guerra vive muy de cerca esa discusión. “Todo el mundo tiene una opinión de Cuba. El 90 por ciento de la gente que no ha ido a Cuba tiene una opinión muy certera de lo que necesita el país. Y es complejo, porque no es culpa ni de unos ni de otros, sino de

internacional o acude a un desfile de moda junto a una estrella de la música. Todo eso le deja a Guerra un sabor agridulce, aunque a la vez le ayuda a reforzar sus raíces y a nunca perder de vista de dónde viene. “Todo forma parte de mi personalidad, y por eso quiero trasmitirles a mis hijos una educación lo más humana y empática posible. Aprendes a existir y a sobrevivir, y después de Cuba no se va esa actitud. Aunque luego tengas de todo, es difícil salir del estado mental del instinto de supervivencia. No desaparece”, confiesa.

Guerra se vio obligado a desplazarse a Japón durante una temporada para llevar a cabo el rodaje de Ha-Chan, Shake Your Booty!, película de la que guarda un cariño muy especial. “Es una satisfacción que Sony Pictures se quedara con ella. Call Me by Your Name y  Whiplash son algunas de sus películas a las que les han dado un gran recorrido. Te da tranquilidad que la película en la que tanta ilusión pusimos aterrizara en un lugar donde va a ser querida”, señala.  El viaje a Japón, con muchos contrastes culturales, fue un shock para el actor. “Fue una locura. El asunto de esta carrera es que te lleva a lugares donde debes hacer una inmersión, introducirte en la cultura del país. No es lo mismo llegar de turista a Japón que estar cuatro meses ahí viviendo sus rutinas, yendo al supermercado en el transporte público y trabajando con gente local. Es ahí donde empiezas a encontrar diferencias con las costumbres”, señala. “Somos muy distintos. Los latinos vemos la vida de otra manera, pero fue un viaje maravilloso. Imagínate ser cubano y acabar rodando en

Tokio y que me enseñen a bailar rumba, salsa, mambo y tango. Mi cabeza me dijo ¿qué está pasando aquí? Yo pensaba que deberíamos estar aprendiendo esto en Colombia”.

En esta aventura tuvo como compañero de lengua, como él mismo dice, al actor Alejandro Edda. Guerra confiesa que después de unos meses extrañaba los besos, los abrazos y la efusión latina al saludarse. “En Latinoamérica saludas a gente todo el tiempo. Das entre 15 y 20 abrazos y besos al día, algo que extrañas cuando no lo tienes”, comenta. “Después de un tiempo piensas que tienen otras cosas maravillosas, como el respeto o la amabilidad, y te das cuenta de que ciertas actitudes que parecen de frialdad o distancia son de respeto. Creo que Japón está unas cuantas décadas por delante del mundo en orden y progreso. Es espectacular”, dice de un país en el que se enamoró de su gastronomía, de sus productos, sus técnicas y sus utensilios.

A su lado en el rodaje japonés estuvo Rinko Kikuchi, la actriz japonesa nominada al Oscar por su papel en Babel (2006), de Alejandro González Iñárritu. El actor agradece estas experiencias inmersivas, como cuando rodó  Pimpinero: sangre y gasolina  (2024), de Andrés Baiz, en La Guajira, entre la frontera de Colombia y Venezuela, en medio de un desierto inhóspito de un lugar olvidado del mundo.

Llegar a Hollywood siempre es una meta para un actor, aunque Guerra vive esa relación no como una obsesión, sino con cierta distancia. “Me ha tocado viajar como turista. Eso es todo lo que me he acercado a ese lugar imaginario que es Hollywood, porque casi nada se filma en Los Ángeles. Sin embargo, ahí está la industria. Esa es la gran diferencia de Hollywood”, explica. A su juicio, es una ciudad llena de talentos procedentes de todo el mundo, pero la gran diferencia respecto a Latinoamérica, donde también hay innovación e imaginación, estriba en los presupuestos. Formar parte de ellos es algo que le divierte. “Cuando haces

una serie de 140 millones de dólares, ¿cómo levantas una película con 60,000 dólares? Es lo que agradezco de lo que me está pasando ahora. No suelto los lazos ya construidos, y agarro esos nuevos que me permiten disfrutar de producciones maravillosas”. En breve, va a estrenar la serie M.I.A., de los creadores de Ozark (2017), para la plataforma Peacock. En ella, junto a actores y actrices como Edward James Olmos y Sonia Braga, ha vivido un rodaje en el que se dedicaron tres días para la coreografía de una pelea y para el que disfrutaron de cinco semanas para ensayar. Una superproducción con dobles, grandes medios y todas las facilidades que ofrece un buen presupuesto. “Lo que tiene Hollywood de maravilloso es que te encuentras de todo, compartes culturas muy distintas. No hay nada más estadounidense”, reflexiona mientras un estruendo de bocinas interrumpe la conversación y vemos un camión de la basura circulando en dirección contraria. “Bienvenido a la Ciudad de México”, dice. “El caos forma parte de nosotros, nos hace únicos. He tenido la fortuna de recorrer casi toda Latinoamérica. Hay algo en el ruido y en el desorden que nos hace ser como somos y que nos permite tener una capacidad de improvisación que pocas culturas tienen. Porque vives así, al borde de la esquizofrenia absoluta”, reflexiona.

AGuerra le hemos visto en primera fila en desfiles de moda junto a grandes personalidades y en campañas de grandes marcas, y reconoce que le divierte sentirse fuera de lugar. “Pensar en el narizón cubano que no tiene nada que ver con la moda me hace gracia. Es como la resurrección de los outsiders, lo he disfrutado mucho”, explica sobre una industria que desde su punto de vista es muy diferente a la del cine.

Hace dos años, en Cerdeña, en un desfile de Alta Moda de Dolce & Gabbana, Guerra disfrutó de una de sus mejores experiencias visuales: un Chamarra y pantalón, de Dolce &

Gabbana;
Camisa y pantalón, de Dolce & Gabbana; brazalete y cadena, de Tiffany & Co ; muebles vintage de Trouvé , trouve.mx.

atardecer junto al mar ante las ruinas de Nora, un escenario en el que se unieron música, moda y luz. “Domenico y Stefano crearon algo artístico, un espectáculo y una belleza que me conmovieron”, recuerda. Desde entonces, asegura, cada vez le interesa más el vestuario y cuida más su estilo. Durante la sesión fotográfica que acompaña este reportaje le vimos elegir sus prendas y en sus apariciones en público siempre muestra una elegancia muy personal. “Me he ido encontrando cada vez más a gusto con la ropa, con cómo me visto. Para mí, la moda era heredar un par de tenis”, bromea, pero sigue pensando que menos es más, que no se necesitan tantas cosas.

Dice que con Wintour habló de colores, de moda, y de formas, pero también de la paternidad y la maternidad y de frivolidades como la comodidad de los asientos. Le preguntamos si sintió nervios al compartir escenario con una celebridad como la británica. “Me puse más nervioso cuando tuve que compartir una pasarela con Christian Bale, que para mí sí es un referente, el actor de mi generación”, apunta. Con Madonna también tuvo que usar parte de ese descaro para disfrutar de la experiencia con naturalidad. Desde niño la había visto como un ídolo pop, pero de pronto se encontró en un llamado con la diva. “Hablas de los hijos, de la educación, de los nietos, pero no olvidas que logró llegar a un lugar de creatividad que inspiró a todo el mundo. Lo más maravilloso de ese ser humano es todo lo que ha hecho por los derechos, por la igualdad, por la libertad de expresión de las mujeres, por la libertad sexual y por ser quien es”, señala mientras compara a la cantante con Michael Jackson, Elvis Presley o Mick Jagger, como una más entre los más grandes del siglo pasado. Durante el rodaje del anuncio de la nueva fragancia de Dolce & Gabbana, Guerra pudo ver cómo se implicó en todos los detalles. “Entiende la totalidad de lo que significa ser un músico”, explica.

Guerra creció rodeado de artistas e intelectuales. Su madre era gestora de Artes Plásticas en el Ministerio de Cultura de Cuba y su padre fue periodista y amigo de Gabriel García Márquez. Ya desde la infancia conoció a muchos de los artistas de La Habana, adquiriendo un respeto por la creatividad que hoy día sigue manteniendo. Unos días después, continuamos la conversación en la gala del Museo Tamayo, también en la capital, en una cita enmarcada en la Semana del Arte de la Ciudad de México. Allí, rodeado de artistas, coleccionistas, galeristas, filántropos y museólogos, recuerda esos días de juventud. “Tuve la suerte de crecer junto a grandes creadores a los que escuché defender conceptos que se van perdiendo, como la individualidad. El arte siempre va a ser un lugar al que podemos regresar para ser nosotros mismos”, dice Guerra, quien acaba de presenciar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) una exposición del artista vanguardista cubano Wilfredo Lam, un creador que siguió su propio rumbo y que trabajó en Europa y en Cuba, donde realizó trabajos de inspiración afrocaribeña que no fueron entendidos en la isla. “Un hombre con una visión universal”, dice Guerra. En su opinión, el Tamayo es uno de los museos insignias de México, un lugar “donde todo se conjuga, donde todo toma sentido”, aunque defiende la artesanía, ya sea en la moda o en el cine (para él Paul Newman, Marlon Brando o Alain Delon son ejemplos de artesanía). Dice que en un mundo donde existen máquinas capaces de hacer “25,000 copias exactamente iguales en tres minutos” el artesano seguirá siendo la máxima expresión del artista. “Es maravilloso poder encontrar a alguien capaz de hacer algo único, individual, que rompa la idea de perfección”, dice el intérprete.

“Tengo un proyecto maravilloso en el que se cruzan varias disciplinas, como las artes plásticas, el diseño y la arquitectura. Rodrigo Carrasco, mi mejor amigo, es

chef. Crecimos juntos. A los 13 años, en la secundaria, yo hacía la tarea para los demás mientras él cocinaba el desayuno. Me tocó recorrer el mundo con su cocina y a él le tocó recorrer el mundo con lo que yo hago”, dice sobre Ocho de raíz, un proyecto donde el arte culinario de Carrasco se unirá con el visual de Guerra a través de una cocina que propone honrar el universo latinoamericano, con sus partes de caos y belleza. Dice el chef Carrasco que el proyecto “es lindo e increíble” y que estuvo en la mente de ambos durante años. “Somos una gran mancuerna, no solo por la amistad. Alberto es una persona creativa, artística, es un cuate con grandes valores, y la amistad de tantos años lo demuestra. Siempre busca la forma de arreglar, de solucionar, se involucra. Encaja en una la industria de hospitalidad que trata de hacer felices a los clientes”, agrega.

El nacimiento de esta nueva propuesta culinaria le ha permitido a Guerra ser parte de un proceso creativo del que nunca había formado parte. Ha visto cómo se crea un menú, como se prepara un servicio y ha propuesto ideas arquitectónicas y de interiorismo. “Soy un amante de la belleza arquitectónica y tener un espacio donde pueda colocar mis ideas con diseñadores y con artesanos que hacen muebles es algo que me mantiene alejado del set y feliz de la vida”, afirma. Si tuviera que comparar un restaurante con el universo del espectáculo, Guerra piensa en el teatro, donde cada día se representa una obra, pero siempre distinta de la anterior. Piensa, como Heráclito, que igual que no es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque las aguas siempre corren, tampoco es posible probar la misma receta dos veces seguidas. Y es que Guerra ama el teatro. Ahí arrancó y ahí sigue regresando para viajar “a lugares distintos” a través del trabajo previo, del trabajo con los personajes. “No puedo estar quieto, tengo que ir para todas partes, conocer culturas y lugares diferentes”, expresa.

En su sencillo apartamento de La Habana tenía colgada en la pared una reproducción de Los girasoles, de Vicent Van Gogh. Desde entonces, la magia de las flores le persigue. A eso añade que su pasión de fumador hace que no le guste estar en interiores. “Soy un ser de exteriores, por eso la parte al aire de mi casa esta cuidada”, afirma. “Me gusta la belleza y creo que el mejor ejemplo de belleza es la capacidad que tienen algunas flores de dar vida a algo que puede parecer que está muerto. Por eso riego y cuido”, explica quien habitualmente ejecuta en el jardín aquellas ideas que le van brotando, todo ello mientras contempla sus múltiples variedades de enredaderas, metáforas de la resiliencia cubana.

Cuando hablamos de su círculo más íntimo es tajante. “Son la verdad absoluta, todo lo que tengo en la vida. Con la mano en el corazón digo que puedo renunciar a todo lo que hemos hablado menos a mi familia, a la sonrisa de mis hijos, a mi relación con mi mujer, con la que llevo 14 años. Yo no soy la misma persona que cuando conocí a Zuria [Vega], y ella no es la misma persona que cuando me conoció. Hemos crecido juntos. No hay máscaras, poses, ni búsqueda metafórica de nada”, reflexiona. Guerra tiene tres hijos —Lúa, Luka y Penélope—  y su educación es una tarea primordial para él. Se pregunta qué valores dejarles, qué idea darles de lo que importa y de lo que no importa. Cuando hace unos meses Guerra recibió el premio de Hombre del Año de GQ, Vega señalaba que para ella él es el hombre de todos los años. Le define como “talentoso, sensible y muy amoroso” y resume su matrimonio con la palabra “voluntad”. Para Guerra, cuidar de su familia es el proyecto más arduo y hermoso de su vida. A esa tarea asegura que dedica sus mayores esfuerzos. Y, una vez más, elogia el carácter latino. “Es mucho más permisivo con los errores, somos más tolerantes. Es un gran acierto. Sin dejar que nadie te pisotee, ser más permisivo con los errores nos hace más humanos”, señala Guerra.

La oda más reciente de la moda al jazz se traduce en rayas diplomáticas, trajes cruzados y zapatos de punta.

Fotografía por

ASÍ NACE LO ‘COOL’

Shikeith Estilismo por Sasha Kelly

Desde la izquierda: chamarra y pantalón de Loro Piana, loropiana.com; sombrero de Eugenia Kim, eugeniakim.com. Traje de Hermès, hermes.com; camisa de Dolce & Gabbana, dolcegabbana.com. Traje y camisa de Brunello Cucinelli, shop.brunellocucinelli.com; zapatos de Berluti, berluti.com. Chamarra, camisa, camiseta y pantalón de Berluti; y zapatos de Givenchy by Sarah Burton, givenchy.com.

Arriba: chamarra y pantalón de Givenchy by Sarah Burton; camisa de Dolce & Gabbana
Desde la izquierda: chamarra, camisa y shorts de Louis Vuitton, louisvuitton. com; zapatos de Martine Rose, martine-rose.com.
Chamarra, camisa, pantalón y zapatos de Louis Vuitton
Desde la izquierda: chamarra, camisa y pantalón de Saint Laurent by Anthony Vaccarello, ysl.com. Chamarra, top y pantalón de Prada, prada.com. Chamarra, camisa, pantalón y zapatos de Saint Laurent by Anthony Vaccarello; calcetines de la estilista.

Chamarra, camisa y pantalón de Dolce & Gabbana; corbata de Brunello Cucinelli; zapatos de Dior, dior.com. En página anterior: camisa, pantalón, corbata y cinturón de Ferragamo, ferragamo.com; sombrero de Eugenia Kim; zapatos de Givenchy by Sarah Burton; calcetines de la estilista.

Chamarra y pantalón de Emporio Armani, armani.com; camisa de Vivienne Westwood, viviennewestwood.com; zapatos de Martine Rose; calcetines de la estilista. En página opuesta, desde la izquierda: chamarra, camisa, pantalón y corbata de Gucci, gucci. com; zapatos de Martine Rose. Chamarra, top y pantalón de Fendi, fendi.com; zapatos de Givenchy by Sarah Burton. Traje de Canali, canali.com; suéter de punto de Prada; zapatos de Lanvin, us.lanvin.com. Traje y polo de Brioni, brioni.com; y zapatos de Gucci Fotografiado en el Benedum Center y en el Kelly Strayhorn Theater, ambos en Pittsburgh. Modelos: Jonathan Masher para Heroes, Jacob Ogbu para General, Wayne Bristol Jr. para IMG Models, Ibrahima Zale para General; peinado por Tashana Miles para Exclusive Artists utilizando Bevel y Got2b; maquillaje por Stephanie Bradley; cuidado de la piel por Stephanie; diseño de set por Peter Klein; casting por Midland.

LA CIUDAD IMPOSIBLE

EL ARTISTA MICHAEL HEIZER PASÓ MEDIO SIGLO EN LAS ZONAS MÁS REMOTAS DE NEVADA CONSTRUYENDO LA QUE PODRÍA

Por M. H. Miller Retrato por Dina Litovsky

¿Y AHORA QUÉ?

SER LA OBRA DE ARTE CONTEMPORÁNEO MÁS EXTREMA JAMÁS CREADA.

Una vista desde el lado este de City (1970-2022), la obra que el artista Michael Heizer construyó en el desierto de Nevada.

“HAY MUCHAS COSAS del mundo moderno que no me gustan”, dijo el artista Michael Heizer. Estábamos sentados en la mesa de la cocina de su departamento, cerca del extremo sur de Central Park, en Nueva York, un lugar donde sus admiradores quizá no se esperarían encontrarlo. Heizer es una de las figuras centrales del movimiento del arte de la Tierra, que comenzó a finales de la década de 1960, cuando algunos artistas, en una extraña combinación de ego y humildad, se volcaron en los elementos para crear obras a partir del paisaje natural. Heizer pasó la mayoría de los últimos 50 años apartado de todo en el suroeste de Estados Unidos, especialmente en los desiertos de Nevada. Sus materiales predilectos son la tierra y rocas que pesan toneladas, y usa maquinaria pesada de la misma forma en que otros artistas usan pinceles. Ahora, a sus 81 años y con la salud deteriorada, está mucho más a la merced de la sociedad. Este departamento, con vista al parque y a Columbus Circle, lo comparte con Kara Vander Weg, de 54 años, su cuarta esposa, con quien se casó en 2022, directora ejecutiva de Gagosian, la galería con la que Heizer empezó a colaborar en 2013. (Dividen su tiempo entre la ciudad —“Kara tiene que trabajar en la ciudad”, menciona Heizer— y una casa en Shelter Island, al este de Long Island, porque, como explica Vander Weg, “quería estar cerca del agua”). Mientras conversamos, ella prepara botanas con media bola de parmesano. En la pared cuelga una estampa de Jasper Johns y un pequeño altar dedicado a Tomato Rose, la querida border collie de Heizer, con una caja de madera que contiene las cenizas de la perra. También se pueden encontrar algunas pistas de su vida en el desierto: una llave dorada del Strip de Las Vegas que le entregó el gobernador; modelos de rocas impresos en 3D; maquetas de varias obras que está haciendo en su rancho en Nevada. El cabello se le comienza a adelgazar y lleva una mascarilla de oxígeno. Con camisa a cuadros y jeans, sigue siendo atractivo, aunque se le nota cansado, con el rostro curtido por el último medio siglo expuesto a inviernos implacables y veranos de casi 50 °C. Le pregunté si, después de pasar tantos años en el Oeste, alguna vez sentía un choque cultural en Nueva York. “Soy estadounidense”, respondió. “No hago arte de Nueva York ni hago arte de Nevada. Soy transnacional. No quiero sonar pretencioso. Solo estoy tratando de darte una descripción precisa”.

“Difícil” es una palabra de la que se abusa en el arte contemporáneo, aunque si ha habido alguna vez un artista que merece la etiqueta, es Heizer. (“Impredecible” y “gruñón” fueron otros términos mencionados por quienes orbitan en su entorno para describir su personalidad). Rara vez concede entrevistas y no permite que los reporteros lo graben. “Por decirlo de alguna manera”, declaró con su voz grave y áspera: “No me gusta que me graben”. También su arte puede ser difícil: difícil de hacer, de ver, de definir. Para South (1967), que forma parte de una obra mayor titulada North, East, South, West, excavó en la Sierra Nevada, en California, e instaló un cono de metal en la tierra, creando

un hueco. Al año siguiente creó Nine Nevada Depressions, una serie de zanjas a gran escala excavadas en lagos secos y en el desierto, en distintos puntos de Nevada, utilizando una excavadora para trazar marcas al estilo Cy Twombly —un zigzag, un gran bucle— con dimensiones tan enormes que es más fácil contemplarlas desde un avión.

Además de trasladar el arte contemporáneo al exterior, también llevó el desierto al interior; en la década de 1980 empezó a recolectar rocas que a veces pesaban más de 50 toneladas, las enmarcaba con planchas de acero y las instalaba en galerías y museos. (“La tierra”, dijo en una ocasión, “es el material con mayor potencial porque es la materia prima original”). Aunque la obra de Heizer puede encontrarse en museos como Dia Beacon, al norte del estado de Nueva York, y Glenstone, a las afueras de Washington D.C., algunas de sus creaciones más importantes no deberían visitarse en persona sin llevar provisiones de agua y comida por lo menos para un día, un vehículo 4 x 4 y quizá rezar un poco.

Se le conoce sobre todo por City, que comenzó a concebir en 1970 y tardó medio siglo en construir. Tal vez sea la mayor obra que haya existido jamás: la más ambiciosa, la más compleja en términos logísticos, la más remota, la más grande. Para la pieza, Heizer compró durante décadas más de 2,000 acres de tierra en Garden Valley, Nevada, a unos 160 kilómetros al norte del Nevada Test Site, donde el gobierno detonó armas nucleares durante la Guerra Fría. Se encuentra aproximadamente a 260 kilómetros al norte de Las Vegas, en el condado de Lincoln, que

tiene aproximadamente el tamaño de Massachusetts pero con menos de 5,000 habitantes, “uno de los espacios con menos población en un estado que ya de por sí es famoso por tener poca población”, según las palabras de The Las Vegas ReviewJournal. Al principio, Heizer vivía ahí en un tráiler de 2,5 por 12 metros. Con el tiempo construyó un rancho (llamado Sleep Late Ranch porque el artista no era madrugador), y, en la vasta extensión de lo que podría considerarse su jardín creó su obra maestra, una instalación escultórica que toma técnicas de la arquitectura precolombina y se extiende casi dos kilómetros y medio de extremo a extremo. Pero llevar a cabo su misión le pasó factura. Tiene problemas respiratorios por los años de tabaquismo y trabajo físico a gran altitud (City está a más de 1,500 metros sobre el nivel del mar). Garden Valley es un lugar con condiciones difíciles, pero también cuenta con toda la materia prima que Heizer pudiera necesitar: arena y grava que

podía convertir en concreto, agua corriente y, sobre todo, espacio y silencio. “He ido tomando decisiones sobre la marcha”, me dijo Heizer. Había llegado sin un plan definido, solo con la ambición de construir algo más que “una exposición para una galería de arte”. City no fue diseñada ni planificada, sino “construida directamente a escala real”, continuó. “No sabía qué estaba haciendo, así que tenía que probar cosas, y si no funcionaban, tenía que cambiarlas. Cambié muchas. Mantuve el proyecto flexible”. A medida que crecía City, también lo hacía su mitología: para algunos, Heizer era una leyenda contemporánea del Oeste, el Buffalo Bill del mundo del arte, atraído por las posibilidades infinitas de un horizonte áspero pero fértil; para otros, un colonizador en tierras ancestrales de los pueblos del sur paiute y shoshone. En todo caso, se trata de un hombre fuera del tiempo, un viejo vaquero salido de la Gran Cuenca y que, contra todo pronóstico, habita en la modernidad. Y City, sencillamente, se trata de la mayor obra de arte que nadie vería jamás. En algunos rincones del negocio del arte, se hablaba de Heizer tan entre susurros como lo hacen los conspiranóicos que creen en ovnis para referirse a la instalación militar clasificada Área 51, que es, por cierto, y de manera no oficial, uno de sus vecinos en Nevada. El rancho está tan aislado que Heizer describió la cercana Rachel, Nevada, no tanto como un pueblo, sino como “simplemente el nombre que se le dio a un par de tráileres al sur de mi valle. Una niña nació ahí y la bautizaron como Rachel, y luego le pusieron Rachel al lugar”. Una de sus obsesiones era mantener lejos a los intrusos que buscaban poner la mirada sobre su visión.

Levitated Mass (2012), una instalación en el Los Angeles County Museum of Art conformada por una roca de granito de 340 toneladas extraída de una cantera en California.

Obras de la serie Rock/Steel de Heizer, exhibidas en Gagosian en la calle 21 Oeste de Manhattan en 2022.

PERO DE PRONTO, en 2022, para sorpresa de quienes habían seguido el proyecto a lo largo de los años, Heizer anunció que City estaba terminada, o por lo menos lo suficientemente terminada como para comenzar a recibir visitantes. Fue como cuando el capitán Ahab regresó a New Bedford sosteniendo en alto la aleta ensangrentada de Moby Dick. Tras pasar buena parte de la pandemia en el rancho, en 2023 él y Vander Weg se mudaron a su departamento actual en Nueva York. Heizer no ha vuelto a City desde entonces. Durante décadas cuidó caballos y ganado en un valle solitario de Nevada, y ahora vive en uno de los códigos postales más poblados de Estados Unidos, en un buen departamento que se paga, al menos en parte, gracias a su asociación con la galería comercial más grande del mundo. “No tenía conexiones con nadie cuando construí City”, dijo Heizer. “Eran otros tiempos”. Ahora, en su rancho hay choferes y cuidadores y un equipo de trabajadores a cargo de las reparaciones y el mantenimiento. Recientemente dejó que Vogue produjera una sesión de fotos en City con el actor Timothée Chalamet luciendo, entre otros looks, un atuendo especial para glamping diseñado por Tom Ford. “Se está convirtiendo en algo diferente”, continuó Heizer. “Me estoy desprendiendo de mi propiedad, de mi terreno, de mi obra, de mi equipo. Lo estoy entregando al dominio público. No conservo nada. No tengo nada. No quiero nada. Es maravilloso desapegarme. Me deshago de todo lo más rápido que puedo”.

EN EL SENTIDO DE LAS MANECILLAS DEL RELOJ, DESDE LA IZQUIERDA: MICHAEL HEIZER, NORTH, EAST, SOUTH, WEST , 1967/2002, DIA ART FOUNDATION, DONACIÓN DE LANNAN FOUNDATION © MICHAEL HEIZER, CORTESÍA DEL ARTISTA Y GAGOSIAN. FOTO: TOM VINETZ, CORTESÍA DE DIA ART FOUNDATION, NUEVA YORK; MICHAEL HEIZER, LEVITATED MASS , 2012, LOS ANGELES COUNTY MUSEUM OF ART © MICHAEL HEIZER, CORTESÍA DEL ARTISTA Y GAGOSIAN. FOTO: MARY SHANAHAN; MICHAEL HEIZER, DISSIPATE #2 1968, BLACK ROCK DESERT, NEVADA © MICHAEL HEIZER, CORTESÍA DEL ARTISTA Y GAGOSIAN. FOTO: MICHAEL HEIZER; MICHAEL HEIZER, SELF PORTRAIT , 1969 © MICHAEL HEIZER, CORTESÍA DEL ARTISTA Y GAGOSIAN; VISTA DE LA INSTALACIÓN MICHAEL HEIZER 2022, GAGOSIAN, NUEVA YORK © MICHAEL HEIZER, CORTESÍA DEL ARTISTA Y GAGOSIAN. FOTO: ROB MCKEEVER.

North, East, South, West (1967/2002) de Heizer, una de las esculturas en negativo del artista, instalada en Dia Beacon, en el norte del estado de Nueva York.

Al día de hoy, sigue operando a una escala ostentosa. Su “proyecto Covid”, como lo describió Vander Weg, se trata de una serie de esculturas titulada Rock/Steel que apareció en Gagosian en 2022: extrajo rocas, la más pesada de 21 toneladas, de una cantera cercana a la falla de San Andrés y las atornilló a placas angulares de acero. Su nueva exposición, ahora en Gagosian, presenta dos zanjas con estructuras de acero, Convoluted Line A y Convoluted Line B —un eco de Nine Nevada Depressions— construidas en su rancho y trasladadas alrededor de Estados Unidos; su intención era que los pisos de concreto de la sede de la galería en la calle 21 Oeste, en Manhattan, parecieran haber sido tallados. El tamaño de su obra, su marcado anticomercialismo, la forma directa y sin ceremonias en que instala sus piezas y su negativa general a explicarlas resultan, en gran medida, incompatibles con la idolatría inherente al mundo del arte. La obra de Heizer tiene más en común con las pinturas rupestres y con la cultura mesoamericana que con cualquier cosa que pueda catalogarse como contemporánea. Como mencionó, en el mundo del arte “estás sujeto a los vientos de la economía. Si te dedicas a lo que yo hago, estás expuesto, porque mi trabajo conlleva muchos gastos fijos. Construyo cosas y necesito mucho equipo, materiales y equipo. Es un negocio caro. Nadie lo quiere”.

Pero, como muchos otros vaqueros, hay también algo calculado en su postura: el artista que dice que el dinero le importa un bledo, a lo largo de su carrera ha contado con apoyos poderosos, entre ellos el de Michael Govan, director del Los Angeles County Museum of Art; el senador de Nevada Harry Reid; el crítico de arquitectura de The New York Times Michael Kimmelman, y el galerista Larry Gagosian, quienes ayudaron a afianzar la idea de que lo que pasaba en el rancho de Heizer era importante. Govan, quien en las últimas décadas ayudó a Heizer a recaudar fondos para terminar City, cuyo costo se estima en 40 millones de dólares, dijo a NPR en 2023 que como este proyecto, “no hay dos. Después de trabajar aquí con Mike, te cuesta trabajo regresar a un museo con pinturas y marcos. A veces simplemente ya no te llena”.

HEIZER

CRECIÓ EN el área de la bahía de San Francisco, pero siempre tuvo un vínculo estrecho con el desierto. Su abuelo materno era el geólogo estatal de California, y su padre, Robert Heizer, un antropólogo y arqueólogo que estudió, entre otras

cosas, técnicas antiguas de transportación de grandes piedras. Heizer fue un pésimo estudiante que no terminó la preparatoria y se considera, orgullosamente, no educado en el sentido tradicional. Cuando le pregunté qué porcentaje terminó de la preparatoria, me respondió: “Mejor pregúntame ‘¿Por qué nunca ibas a la escuela?’”. Durante un tiempo trabajó como carpintero y tomó clases en el San Francisco Art Institute, hasta que se dio cuenta de que lo que quería saber no podía enseñarse. Más que nada, su padre lo llevaba a excavaciones en California y Nevada, al igual que a su hermano y hermana. Cuando tenía 19 años, viajaron con el geólogo Howel Williams (cuya especialidad eran las formaciones de roca volcánica) a Bolivia y Perú, donde Heizer dibujó algunos bocetos y tomó fotografías de los sitios arqueológicos. Ese viaje lo describe como “el origen de la obra que hago”.

Dissipate #2, en el Black Rock Desert, parte de Nine Nevada Depressions, una serie de obras que realizó en 1968 en distintos puntos de ese estado.

Un autorretrato de 1969 de Heizer que presenta las manos del artista.

Desde muy joven se propuso “contribuir al desarrollo del arte estadounidense”, como dijo en una conversación con la curadora Julia Brown en 1983. A mediados de la década de 1960, cuando tenía aproximadamente 21 años, se mudó a Nueva York, donde pronto comenzó a trabajar con los galeristas Virginia Dwan, cuyo abuelo era cofundador del conglomerado industrial 3M, y Richard Bellamy, a quien financiaba Robert Scull, otro que también había dejado la escuela para hacer fortuna trabajando con taxis y a quien Heizer describió como “una de las tres personas en Nueva York que coleccionaban arte y tenían algo de dinero”. Heizer no ganaba mucho , pero aun así pensaba que Nueva York era una ciudad divertida. “El downtown de Manhattan era increíble en los viejos tiempos, antes de que estos artistas siquiera se conocieran entre ellos”, me dijo. “Luego hubo una oleada masiva y siguió creciendo, como una cascada”. Nueva York era un ecosistema enorme sobre el que las personas no tenían control. “Puedes ayudar a desarrollarlo, pero eso es algo relativo”, dijo. En última instancia, “no había margen en el sistema absoluto de la ciudad. Así de fácil. Lo tomas o lo dejas. Conclusión: Lo dejé”. Su impulso de crear arte monumental estuvo motivado en parte por una sensación de precariedad, con la bomba atómica y la guerra de Vietnam de fondo. “Vivir en la era posnuclear lo impregnaba todo”, le dijo a Brown. “Se sentía la presión del reloj”. (Heizer fue reclutado en varias ocasiones, pero finalmente el ejército lo rechazó porque tenía problemas en la columna). El progreso del mundo moderno había llegado tan lejos que podía ser incluso mortal, lo que llevó a la cultura al borde de tener que regresar a algo mucho más primitivo. “Vivimos en un mundo tecnológico y primordial simultáneamente”, le dijo a Brown, y quería crear algo que reflejara esa tensión. A finales de los años sesenta comenzó a viajar frecuentemente a California y Nevada, siguiendo de alguna manera los pasos de su padre. Llevó a cabo una serie de obras en el desierto, la mayoría de las cuales se han

erosionado y se han vuelto a convertir en tierra. Pintaba directamente en el fondo de un lago seco, o abría un hueco que parecía una ventana o excavaba un hoyo y ponía una roca dentro. Con la ayuda de Bellamy y Dwan, comenzó a reunir más maquinaria pesada, y con ello crecieron sus ambiciones.

De cierta forma, la mayoría de los escultores que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial están en deuda con Heizer. La escala de su obra influyó en las estructuras de acero de Richard Serra, y fue Heizer quien llevó por primera vez al desierto a los otros grandes artistas del arte de la Tierra de su generación, Walter De Maria y Robert Smithson. Sin embargo, también fue una figura singular en el arte contemporáneo. Lo que hacía era una especie de arte de protesta, pero muy diferente a una buena parte de las obras de la época, que solían ser más políticas. Él protestaba contra las propias condiciones de la vida moderna, contra tener que levantarse por la mañana, ir a trabajar e interactuar con otras personas. “Yo no hago arte político”, declaró. “Creo en la definición muy simple y primitiva del arte: eres un cavernícola sentado sobre una roca frente a tu cueva sin nada que hacer, así que agarras una piedra, la tallas y la frotas contra otra. Regresas a tu cueva y, finalmente, sacas un trozo de carbón del fuego y dibujas un búfalo en la pared”. Se siente atraído por los contrastes extremos: un objeto gigantesco y la ausencia de objetos; una zanja en el desierto junto a un montón de rocas; lo positivo y lo negativo. “Si estás haciendo esculturas, eso es lo positivo”, mencionó. “Las formas positivas llenan el espacio y se cruzan entre sí. También te puedes imaginar una alternativa: lo negativo”. Dwan financió el esfuerzo más importante de Heizer hasta ese momento, Double Negative, que Heizer terminó en Nevada durante 1969. Con un pequeño equipo de trabajadores e ingenieros, usó dinamita y maquinaria de construcción para crear dos zanjas, cada una de unos 9 metros de ancho y 15 metros de profundidad, en la ladera de una meseta conocida como Mormon Mesa, que se eleva sobre el río Virgin cerca de Moapa Valley, a unos 110 kilómetros de Las Vegas. La escultura asemeja dos enormes puertas, la una frente a la otra, separadas por una distancia equivalente, aproximadamente, a la longitud del Empire State Building si lo acostaras de lado. Heizer tenía 25 años y se parecía a Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo. Cuando terminó, él y Dwan festejaron yendo a un concierto de Elvis Presley en el International Hotel, en el Strip. La gente está dispuesta a hacer de todo para ver Double Negative. El diseñador Rick Owens una vez rentó un helicóptero para acercarse lo más posible, después de intentar llegar en coche sin lograrlo. No hay ningún letrero que anuncie la existencia de Double Negative, ni una ruta fácil para llegar. Yo iba con un conductor bastante experimentado, Brent Holmes, un artista que trabaja para la fundación de Heizer, y aun así por momentos el trayecto se sintió peligroso: los dos encogíamos los hombros cada vez que una roca raspaba la transmisión del Subaru de cinco puertas de Holmes. De cierta forma, Double Negative es propia de su época, un reflejo de los últimos días de la contracultura de los sesenta y del movimiento ecologista que

recién surgía. Al dinamitar el terreno, de alguna manera puso aún más el foco sobre su belleza. “Tiene mucho que ver con el regreso a la vida en la naturaleza”, dijo Heizer. “El regreso al espíritu hippie. Fumar marihuana, ir de campamento, salir a caminar”. Hizo una pausa antes de reconocerlo: “Yo fui hippie”. La obra posee la precisión matemática de sus contemporáneos minimalistas, como Serra y Carl Andre. Heizer trataba el desierto como una especie de ready-made, del mismo

Heizer, fotografiado en su departamento de Manhattan el 21 de enero de 2026.

modo en que los artistas pop trabajaban con la publicidad comercial, como las cajas Brillo que Andy Warhol presentó en la galería de Dwan en Los Ángeles en 1964. (Heizer se rió de la comparación. “No hay nada ready-made en lo que hago”, mencionó. “Mover una roca conlleva una cantidad de trabajo monumental”).

Entonces existían pocos precedentes para lo que logró Heizer, aunque él mencionaba como referente a Tony Smith, el arquitecto y escultor que realizaba formas abstractas a gran escala en acero, como una influencia contemporánea. Además, se sabía poco sobre cómo conservar una obra así. Heizer describió que Double Negative estaba en un estado de “deterioro”: se va derrumbando gradualmente en sí misma. El Museum of Contemporary Art de Los Ángeles

(MOCA) le compró Double Negative a Dwan en 1985 para su colección, “pero no le hacen nada”, aclaró. Heizer quiere encontrar un ingeniero que ayude a estabilizar la pieza, “devolverla al estado en que estaba al construirse”, a retirar los escombros que se han acumulado en las zanjas y que han comprometido “la morfología cristalina del interior de la escultura”, como la describió Heizer. (Un representante del museo respondió por correo electrónico: “Cuando el MOCA compró la obra en 1985, fue con el entendimiento de que seguiría sujeta a la erosión natural. En años recientes, el artista y su fundación se han puesto en contacto con MOCA con respecto a la conservación de la obra, y continuaremos esta conversación con ellos”).

A PESAR DE SU FAMA

DE SER DIFÍCIL, LAS PERSONAS

—INCLUSO SU EXESPOSA—

SIGUEN SIENDO BASTANTE LEALES

CON EL ARTISTA. CON ‘CITY’,

CREÓ UNA EXPERIENCIA CASI RELIGIOSA,

Y AL VERLA TE CONVIERTES A SU EXTRAÑO

Y EXCÉNTRICO DOGMA.

“No es difícil”, continuó Heizer. Al mismo tiempo, sentía que tenía “otras cosas que hacer. No puedo hacerlo todo yo solo”. Le costó mucho trabajo llevarla a cabo, pero “si la obra no inspira suficiente respeto como para que alguien más la cuide, entonces no es tan respetable. Su destino se convertirá en ser ignorada”. Aunque a veces adoptaba un tono autocompasivo, Heizer también entendía que Double Negative fue el punto de inflexión en su carrera. Ya no competía con otros artistas. Competía con Stonehenge y el puente de Brooklyn. Poco después comenzó a comprar terrenos en Garden Valley.

DE FORMA ABRUPTA

, Las Vegas da paso al desierto árido. En el camino por la Interestatal 15 y la carretera 93, más allá del Apex Regional Landfill (el vertedero más grande del mundo por superficie), no hay mucho que ver hasta que, tras unos 160 kilómetros, se llega a la comunidad de Alamo, de aproximadamente 800 habitantes, y a la oficina de la Triple Aught Foundation, que Heizer fundó en 1998 con la ayuda de benefactores como el financiero Patrick Lannan y la magnate hotelera Elaine Wynn. La fundación es dueña y supervisora de City y gestiona la compleja logística de trasladar a las y los visitantes de ida y vuelta hasta los confines de lo que aún podría considerarse civilización. En Alamo, Triple Aught está justo al lado de la Christian Bible Fellowship Church. Para visitar City, las y los visitantes deben firmar una exención que advierte sobre diversas causas posibles de daño o muerte, incluyendo “ataques o mordeduras de insectos, arañas, serpientes, ganado, caballos u otras formas de vida salvaje… Y lo lejos que están otras ciudades con atención médica”. La fundación la dirigen conjuntamente Mary Shanahan, la tercera esposa de Heizer, que ha trabajado en su estudio durante décadas, y Heather Harmon, curadora y directora ejecutiva del futuro Las Vegas Museum of Art, cuya apertura está prevista para 2029. Ahí conocí a mi conductor, Ed Higbee, de 71 años, un ranchero que ha pasado la mayor parte de su vida en Nevada. Tras recorrer otros 50 kilómetros en los que el único punto de referencia es una bifurcación con un letrero que dice “Extraterrestrial Highway”, aparece una desviación hacia el camino de tierra que te lleva a Garden Valley y al rancho de Heizer. Sleep Late Ranch tiene actualmente 28 vacas, cuatro cabras, cuatro gatos y, en palabras de Higbee, “cinco perros muy consentidos”. En la entrada de la propiedad, cuya energía proviene de paneles solares, hay un enorme pórtico metálico que sostiene una roca enorme en posición vertical. Las y los empleados duermen en una barraca de adobe. La residencia de Heizer es pequeña y discreta, llena de muebles que él mismo fabricó con vigas de ferrocarril. En una oficina cuelga una copia del Código de Honor de Gene Autry, algo parecido a las reglas de la

casa, que dicen “Un vaquero nunca se aprovecha injustamente, ni siquiera de un enemigo” y “Un vaquero nunca traiciona la confianza de alguien. Siempre cumple sus promesas”.

La distancia entre la puerta del rancho y la entrada de City es de 110 metros. Heizer construyó primero el extremo oriental, con una estructura en forma de trapecio de concreto y tierra conocida como Complex One, que parece algo que su papá podría haber desenterrado en Guatemala o Luxor. Heizer la describe como “sorprendentemente primitiva” y compara la escultura con un escudo contra explosiones; la obra fue diseñada para resistir “condiciones sísmicas”. Complex One se encuentra a aproximadamente 1.6 kilómetros de la otra gran instalación situada al oeste, titulada 45°, 90°, 180°. En todo el lugar, el terreno alterna entre montículos y depresiones de tierra, cada uno marcado por bordes de concreto que enfatizan la geometría de la obra de Heizer y serpentean alrededor de City como dibujos lineales. Heizer transformó la llanura del desierto en un paisaje de colinas onduladas. 45°, 90°, 180° es una estructura de escala desconcertante: 73 metros de largo, 22 metros de ancho y 8 metros de altura en su punto más alto. Heizer me dijo que usó como inspiración, entre otras cosas, la cancha para el juego de pelota en las ruinas mayas de Chichén Itzá. Durante mi visita, me resultó evidente que no hay artista que siga los pasos de Heizer, nadie que retome este tipo de trabajo absurdamente ambicioso y lo saque adelante. Un artista tan loco como para crear algo así aparece solo una vez en la vida.

El silencio es una parte fundamental de la experiencia de City, un silencio tan absoluto que, a veces, el simple sonido de mis botas sobre la tierra me sobresaltaba y me hacía pensar que alguien caminaba detrás de mí, aunque no había nadie. Casi puedes escuchar el sonido de las sombras moviéndose a medida que el sol cruza el cielo. Pero lo que más me sorprendió fue toda la generosidad que forma parte de City: para llegar a un aislamiento tan intenso se necesita la ayuda de muchas personas dispuestas a colaborar, los conductores, las personas que trabajan en el rancho, el personal de la Triple Aught Foundation. Y así, Heizer, aunque nunca ha sido una persona muy sociable, creó una especie de comunidad. A pesar de su fama de ser difícil, las personas —incluso su exesposa— siguen siendo bastante leales con el artista. Con City, creó una experiencia casi religiosa, y al verla te conviertes a su extraño y excéntrico dogma. Al mismo tiempo, también forjó un gran monumento americano, no dedicado a un lugar o a una persona específicos (ni siquiera a sí mismo), sino simplemente a la idea de que algo como “City” pueda existir. Si trabajas lo suficiente, puedes cumplir un sueño a pesar de todas las fuerzas de la naturaleza, tanto humanas como elementales.

En su departamento en Nueva York, le pregunté si sentía alivio de finalmente haber terminado City. “No está terminada”, respondió, para mi sorpresa. “Sigue activa. Trabajo en ese lugar y en asuntos relacionados con él todos los días”. Heizer parecía inquieto por no estar en Nevada, pero también parece empezar a aceptar que quizá ya no le queden muchos viajes por delante. (“Creo que este podría ser mi último viaje”, dijo). Ahora le toca supervisar desde la distancia. Todavía hay varios bordes del perímetro por terminar, algunos montículos que necesitan mantenimiento y planes para construir un pequeño edificio auxiliar con cocina, baño y tanque séptico. “Un refugio para sobrevivir”, lo llamó. Durante algún tiempo, el administrador del rancho, Shane McVey, un exanalista de HSBC que cambió el rumbo de su vida cuando conoció a Heizer, mantuvo el lugar en un estado impecable después de cada visita, llegando incluso a rastrillar las huellas de los visitantes en los senderos. “Le dije a Shane que parara”, contó Heizer. “No sé si necesita ser tan perfecto. Necesita ser real”.

Lo que Heizer describe como “detallar” y “refinar” continuará durante años, y quizá nunca se acabe. Aunque esté a 4,000 kilómetros de distancia, parece haber dejado tanto de sí mismo allí, en el desierto. Nunca podría desprenderse por completo, no mientras siga vivo. “Es mi casa”, dijo Heizer. “Ahí es donde está mi vida”

A contracorriente

Indiferentes al azul y blanco playero, los diseñadores Robin Standefer y Stephen Alesch, de Roman and Williams, llenaron una casa tradicional de los Hamptons con maderas ricas y colores profundos y saturados.

Los diseñadores Stephen Alesch y Robin Standefer, de Roman and Williams, integraron una cabaña para escribir, revestida con tejas de cedro blanco, en un rincón escondido de la propiedad de sus clientes en el East End de Long Island.
Por Alexa Brazilian Fotografía por Daniel Paik
En el comedor del gran salón de la casa principal, de 36 metros cuadrados, el revestimiento y la carpintería son de pino recuperado; el suelo, de castaño antiguo, y las paredes y el techo están pintados en un tono personalizado de Fine Paints of Europe. Una mesa de estilo georgiano está rodeada de sillas gustavianas del siglo XVII tapizadas en lino bordado de Vaughan. La alfombra es un Oushak turco antiguo, y las sillas bajas al fondo están tapizadas con tela de un suzani vintage 91

EL ESTILO COSTERO no siempre ha sido sinónimo de espacios blanqueados y bañados por el sol. De hecho —como descubrieron hace una década Stephen Alesch y Robin Standefer, el matrimonio de diseñadores conocido como Roman and Williams, mientras trabajaban en el hotel Greydon House de Nantucket— los interiores en penumbra fueron la norma en la costa noreste de Estados Unidos hasta mediados del siglo XX. “No se estilaba el: ‘¿Cómo puedo poner más vidrio?’”, dice Alesch. “El objetivo era proteger los interiores y las telas”. Alesch, de 60 años, y Standefer, de 61, quienes comenzaron sus carreras como diseñadores de producción en la década de 1990 y desde entonces han imaginado un poco de todo, desde casas de celebridades hasta hoteles y su propio restaurante y tienda, La Mercerie, en SoHo, quedaron cautivados por esa estética marina oscura y melancólica. Así que, en 2019, cuando los contrataron para transformar un refugio en los Hamptons para una pareja de guionistas y directores, decidieron apostar por la oscuridad. Desde el exterior, la casa tiene un estilo clásico de Cape Cod, con tejas de cedro, arbustos de hortensia paniculata y un barandal blanco. Sin embargo, en el interior domina una paleta en púrpura, azul tormenta y verde azulado, y está amueblada con alfombras turcas, antigüedades inglesas y carpintería abundante. “Es gótico playero”, dice Alesch. “Rompe por completo con el clásico azul y blanco”. Construida en 1885 como una cabaña de tres habitaciones, la casa de 186 metros cuadrados fue reducida a su estructura después de que Alesch y Standefer descubrieran una extensa podredumbre en la madera durante una remodelación en la década de 1990. Como no quedó nada del interior original, la pareja tuvo la libertad de reestructurarla como una residencia de una habitación amplia inspirada en los barcos antiguos y en el movimiento Carpenter Gothic, una versión estadounidense del neogótico y los estilos vernáculos que surgieron a mediados del siglo XIX. Se trataba de una construcción rural: “Un carpintero, una pila de madera y todos los detalles audaces y hermosos que pudieran sacar de ahí”, dice Standefer. Siguiendo esa lógica, Alesch revistió casi todas las paredes y techos con paneles de

madera hechos a medida, creando la sensación de estar dentro de un antiguo transatlántico. Esa atmósfera náutica se acentúa con el acabado brillante de paredes y techos, pintados en tonos personalizados creados con Farrow & Ball y Fine Paints of Europe. “Hablamos mucho de los no colores, esos tonos extraños que solo se encuentran en la naturaleza”, dice Standefer, quien se inspiró en la flora de los alrededores, un terreno con huertos elevados y jardines de flores de corte, rodeados de campos de zanahoria silvestre y gramíneas.

El recibidor, lacado en un verde alga ahumado, está adornado con una escalera con pasamanos en púrpura y remates cuadrados

dos muebles diseñados por Alesch: a un lado, un asiento junto a la ventana, tapizado en terciopelo dorado de Pierre Frey, adornado con cojines antiguos bordados del valle de Swat, en Pakistán; del otro, un rincón de lectura revestido en madera con libreros diseñados a la medida. Entre ambos, un gabinete fue diseñado por Alesch y Standefer para mostrar un raro juego de 70 piezas de porcelana Herend, pintado a mano con flores rojas anaranjadas, que Standefer compró en subasta.

Perfeccionar el arte de exhibir se convirtió en una obsesión para los diseñadores, quienes, junto a Tanya Jonsson, directora artística de Roman and Williams, peinaron ventas privadas y mercados de antigüedades para reunir una colección de retratos vintage para la casa. En ese momento, también estaban renovando las British Galleries del Museo Metropolitano de Arte (Met). “En Inglaterra existe esta tradición de las plate rooms”, dice Standefer, en la que las paredes se cubren de porcelana. Pasaban la semana en el Met y los fines de semana se iban a la playa, así que —dice— ambos proyectos se alimentaron mutuamente.

tallados por Alesch, un detalle típico de las casas shingle de Massachusetts, según explica. A la derecha, la sala de televisión cuenta con una chimenea forrada en azulejos cortados a mano de Bantam Tileworks; un otomán diseñado a medida por Roman and Williams, tapizado con una alfombra turca Oushak de la década de 1920; y un sofá a medida tapizado en terciopelo con motivo flameado de Watts 1874, fabricante británico de textiles, papel tapiz y ornamentos eclesiásticos. Detrás se encuentra una salacomedor pintada en un verde azulado profundo inspirado en el Atlántico Norte. El espacio gira en torno a una pequeña mesa de comedor de caoba estilo georgiano y está enmarcado por

Si bien gran parte de la casa es deliberadamente oscura, algunas áreas están diseñadas para brillar. Inspirada en una concha recogida en la playa, Standefer pintó la suite principal del piso superior en color durazno. El espacio gira en torno a una cama con dosel de influencia anglo-india del siglo XIX, acompañada por cortinas a rayas rojas y blancas y una alfombra turca Oushak de hacia 1880. El invernadero es luminoso en otro sentido. Diseñado en estilo victoriano, con techo a dos aguas y marcos pintados en azul pálido, es el único volumen que Alesch y Standefer añadieron a la casa original. Se trata de una galería acristalada pensada para leer y descansar, con una estufa sueca de leña de finales del siglo XIX, un amplio sillón antiguo tapizado en terciopelo dorado de Pierre Frey, un mueble inglés de inspiración chinoiserie del siglo XIX, una lámpara de porcelana persa con pantalla ikat de la tienda KRB y una alfombra bereber del siglo XX en tono óxido.

Antes de la ampliación, Standefer y Alesch plantaron una gleditsia de unos ocho metros. “Si no piensas en estas cosas desde el principio, después es demasiado tarde”, dice Standefer, quien plantó su primer árbol pensado para crear ambiente —un roble— hace 25 años, junto a la casa victoriana que construyeron en el estado de Washington para la película Hechizo de amor (1998). “Esas capas de atmósfera”, añade, “son lo que buscamos en cada proyecto”.

En el comedor, un mueble hecho a la medida, pintado en un verde azulado profundo de Fine Paints of Europe, exhibe una colección de porcelana del siglo XX con el diseño Indian Basket de la firma Herend. Sobre la mesa, una jarra inglesa antigua de loza lustre luce un ramo de girasoles.

En la sala de televisión, de 21 metros cuadrados, una lámpara Empire antigua cuelga sobre un revestimiento de pino recuperado, coronado por una franja en rojo terracota,junto a un par de apliques metálicos espejados de la década de 1930, de Carlos de la Puente. Una repisa tallada en madera del siglo XIX, también recuperada, se realza con azulejos verdes hechos a medida por Bantam Tileworks; el sofá está tapizado en terciopelo con motivo flameado de Watts 1874 y el otomán revestido con una alfombra Oushak. Ambas piezas fueron diseñadas por Roman and Williams. 93
Desde la izquierda: el baño principal cuenta con azulejos R.W. Atlas de Roman and Williams para Waterworks, un suelo de mosaico de piedra caliza de Country Floors, una tina con patas recuperada y grifos de Barber Wilsons; una lámpara colgante inglesa de vidrio emplomado de la década de 1920 cuelga sobre la escalera, rematada por nichos arqueados que exhiben una colección de vasijas de cerámica.
El huerto junto al invernadero de la casa principal presenta una disposición formal de bancales elevados asentados sobre conchas de ostra. El perímetro está rodeado de hortensias Tardiva y rosas Lavender Lassie de David Austin.

LO ÚLTIMO DEL PRIMERO

Por Lindsay Talbot Fotografía por Mari Maeda-Oboshi y Yuji Oboshi EN 1966, RENZO Zengiaro y Michele Taddei abrieron un pequeño taller de artículos de piel en Vicenza, Italia, una tranquila ciudad de la región del Véneto conocida por su tradición artesanal centenaria. Lo llamaron simplemente Bottega Veneta —o “taller veneciano”— y en él emplearon a artesanas y artesanos dedicados a perfeccionar técnicas como el intrecciato, en la que finas tiras de cuero se entretejen a mano formando un patrón entrecruzado parecido al clásico trenzado de un pay. Suaves y flexibles, los accesorios ofrecían un contrapunto a las bolsas de la época estructuradas con rigidez. En particular, una bolsa tipo saco de 1984, amplia y maleable, representaba esa sensación de naturalidad: con bordes redondeados y una silueta flexible, respondía a las necesidades de las mujeres trabajadoras contemporáneas. Cuando Tomas Maier asumió la dirección creativa de Bottega Veneta en 2001, parecía que la era de la it bag, plagada de logotipos y herrajes distintivos, estaba llegando a su punto de saturación. En lugar de sumarse al exceso, en 2002 el diseñador alemán afinó las proporciones de aquella bolsa holgada de 1984 en la que cabía todo. Bautizada como Veneta, su diseño proponía una nueva forma de lujo, arraigada en la discreción y la maestría artesanal.

Para su debut en pasarela de primavera 2026 al frente de la marca, Louise Trotter, diseñadora inglesa que antes trabajó en Lacoste y Carven, presentó su propia interpretación de la Veneta. Tiras de suave piel napa crean un intrecciato acolchado y envolvente, con un asa de cuero sin refuerzo, mientras que el forro incorpora el mismo tipo de piel de cordero ligera del modelo original. Disponible en cuatro siluetas de líneas redondeadas, desde una minibolsa con forma de croissant hasta una bolsa de viaje en media luna de silueta escultórica, la Veneta renovada se ofrece en 12 tonalidades, entre ellas avellana, amarillo mantequilla y rojo cardenal. Trotter, entusiasta coleccionista de piezas vintage de Bottega, ha pasado largas horas explorando los archivos en el norte de Italia. “Hay que entender de dónde viene una casa para poder avanzar”, mencionó la diseñadora, quien ha incorporado el tejido intrecciato en hombreras, túnicas de piel e incluso prendas de punto, inspirándose en la rica historia de la firma sin quedar limitada por ella.

Una publicidad de 1984 con la bolsa original de Bottega Veneta que inspiró la Veneta , y la nueva edición Baby de la casa italiana, mostrada aquí en piel napa en rojo cardenal. bottegaveneta.com.

ROYAL OAK
CALIBRE 7121 Ø 39 mm

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