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T Magazine Mexico Numero 11 Marzo 2026

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Rossy de Palma. Actriz, modelo, icono, musa de Almodóvar

INCOMBUSTIBLE

Un homenaje a un símbolo inolvidable de 1975.

Un regalo que celebra las posibilidades infinitas del amor.

100 AÑOS de LUJO

Masaryk 438. Tel: 52 (55) 9138 0500, 9138 2770 | Antara Polanco. Tel: 52 (55) 5280 7959 Paseo Interlomas. Tel: 52 (55) 5290 7543 | Vía Santa Fe. Tel: 52 (55) 2167 8035 Mitikah. Tel: 52 (55) 5542 9593

14

T México Presenta

El legado artístico de Pedro Friedeberg.

Por Alejandro Sordo

16

Personas, lugares, cosas

El compromiso conservacionista de Cristina Mittermeier, la maestría de Roger Vivier y un nuevo club privado en Madrid. Por Javier Fernández de Angulo

18

El objeto

Gra presenta una cadena en forma de eslabones engarzada en diamantes baguette y esmeraldas.

Por Nancy Hass Fotografía por Clémentine Passet

20

El deseo

El reloj Timer de Tiffany & Co. sintetiza la precisión con la memoria histórica de la marca.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Daniel Matallana

22

El mundo según...

Meryl Rogge, directora creativa de Marni, nos muestra su proceso creativo.

Entrevista por Emilia Petrarca

24

Estado natural

Las esmeraldas son las joyas ideales para inspirarse en la ora y la fauna. Fotografía por Anthony Cotsifas

Diseño de set por Martin Bourne

32

El umbral del sueño

El MoMA estrena una ambiciosa exposición interdisciplinaria que reimagina el legado de Frida Kahlo y Diego Rivera. Por Kira Álvarez

36

Persona de influencia

El impacto de Phoebe Philo, hoy al frente de su propia marca, nunca se había sentido con tanta fuerza.

Por Nick Haramis

38

Daniela Cassab y Mariana Arriaga

Dos almas creativas revelan cómo la pasión, la autenticidad y la sostenibilidad se pueden transformar en un legado artístico.

Por Jesús Santoyo Fotografía por Rubén Márquez

40 García Lorca masón

El autor desvela un nuevo documento que con rma la relación del poeta español con las sociedades secretas.

Por Manuel Francisco Reina

42

Extra extra Con colores intensos y toques atrevidos, los looks maximalistas inspirados en los años ochenta destacan en cualquier entorno. Fotografía por Crista Leonard Estilismo por Agata Belcen

46 El control La cineasta noruega Mona Fastvold repiensa las rutinas y la disciplina en Discipline. Por Frances Solá-Santiago Retrato por Brigitte Lacombe

48

Arte & sonido NAMO Sanctuary, en Miami, busca el equilibrio entre salud y espiritualidad a través de los bene cios del gong. Por Ornella Firenza Fotografía por Anna Barnat

50 La belleza como patria Valentino Garavani

Pág. 38
Daniela Cassab y Mariana Arriaga.
Pág. 58

Pág. 54

Saco, falda y zapatos, de Chanel, chanel.com; bra de Jil Sander, jilsander.com; arete de Lemaire, lemaire.fr.

54

Elegancia imperfecta

68

“¿Acaso me convertí en leña para el fuego?”

¿Qué signi ca ser una artista indígena exitosa dividida entre las tradiciones locales y una carrera global? La historia de Rose B. Simpson en cinco obras.

Por Zoë Lescaze Fotografía por Sean Donnola

72

A libro abierto

Un tributo a las autoras mexicanas que hicieron de la escritura un acto de identidad y de resistencia. Fotografía por Francesca Beltran. Estilismo y dirección creativa por Kira Álvarez

82

Rumbos desconocidos

El director Luca Guadagnino ha transformado el penthouse de un amigo en un oasis de modernismo brasileño.

Por Guy Trebay Fotografía por Simon Watson

88

Al final de la noche

Desde hace tiempo, los artistas se han apropiado de las horas más oscuras en Nueva York. Introducción por Ligaya Mishan Fotografía por Richard Barnes

96

Lo último del primero

Omega lanza el nuevo

Speedmaster Moonwatch, un homenaje a su relación con la exploración espacial.

Por Lindsay Talbot

Bodegón por Mari Maeda y Yuji Oboshi

EN PORTADA fue uno de los grandes revolucionarios de la moda, autor de diseños que forman parte del imaginario popular italiano y mundial.

Por Javier Fernández de Angulo

52

Poder transformador

Comprometida con el medio ambiente y el humanismo, la obra del arquitecto mexicano Enrique Norten continúa trascendiendo.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Jaime Navarro

Después de años de moda impecable, los looks de primavera proyectan seguridad con bordes crudos y líneas lánguidas. Fotografía por Marc Hibbert

Estilismo por Benoit Bethume

58 La heroica

Cartagena se consolida como un destino de lujo relajado en el que los hoteles boutique y los restaurantes de autor

conviven con el color del Caribe colombiano.

Por Alfonso Parra

62

Incombustible

La carrera de Rossy de Palma está ligada a nombres como Pedro Almodóvar o Jean Paul Gaultier, pero va más allá de sus papeles en el cine o su imagen en los medios.

Por Carmen Melgar Fotografía por Mario Sierra

Rossy de Palma lleva abrigo de Sybilla; aretes, collar, reloj y brazalete Serpenti, de Bulgari. Fotografía de Mario Sierra.

Editor at large/Traducción

Daniela Valdez

Edita LAR MEDIA

Presidente

José Antonio Revilla

Director editorial

Javier Fernández de Angulo

Dirección de Arte

Rubén Bruque Alberto Torés

Edición y cierre

Daniel González

Coordinación

Karla Álvarez Gómez

Directora creativa y de moda Kira Álvarez

Colaboradores

Anna Barnat, Francesca Beltran, Ornella Firenza, Brigitte Lacombe, Rubén Márquez, Daniel Matallana, Carmen Melgar, Jaime Navarro, Alfonso Parra, Manuel Francisco Reina, Jesús Santoyo, Mario Sierra, Frances Solá-Santiago, Alejandro Sordo, Claudia Valadez

Gerente Comercial

Diana de Ramery

Pág. 46 Fotograma del cortometraje Discipline, dirigido por la noruega Mona Fastvold para la serie Women’s Tales de Miu Miu.

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Directora Comercial General de Lar Media Minerva Piña

Gerente Comercial

Adolfo González

T: THE NEW YORK TIMES STYLE MAGAZINE

Editor in Chief

Hanya Yanagihara

Creative Director

Patrick Li

Photography and Video Director

Nadia Vellam

Gerente Comercial

Ximena Hernández

T MAGAZINE

THE NEW YORK TIMES LICENSING GROUP

General Manager

Michael Greenspon

Colaboradora Mariela Herrasti

Colaboradora

Ashley Silberstein

LICENSED EDITIONS

Editorial Director Anita Patil

Deputy Editorial Director Armando Arrieta

Deputy Managing Editor, Visuals

Simonetta Nieto

Senior Editor Ian Carlino

Associate Editor

Augusta Greenbaum

Designer

Veronica Rosalez

T, The New York Times Style Magazine y el logotipo de T son marcas comerciales de The New York Times Co., NY, NY, EE. UU., y se utilizan bajo licencia de LAR Media. El contenido reproducido de T, The New York Times Style Magazine es propiedad de The New York Times Co. y/o sus colaboradores. Todos los derechos reservados. Las opiniones y puntos de vista expresados en T México no son necesariamente los de The New York Times Company o sus colaboradores.

©2024 La revista T México es publicada diez veces al año por LAR Media. Impresa por el diario Reforma. Distribuida por el diario Reforma. Todos los derechos reservados; ninguna parte de la publicación puede reproducirse sin el permiso por escrito del editor.

Impresa y distribuida por

La bandera de la moda

NUESTRA EDICIÓN DE marzo saluda a la primavera con Rossy de Palma en portada. Actriz, artista, cantante, modelo y con un compromiso que va más allá de la moda, en 2022 la española fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad para la Diversidad Cultural por la Unesco, una labor que De Palma lleva a cabo defendiendo la labor de los artistas, la igualdad de género y apoyando a las culturas indígenas. Combativa y generosa, ha utilizado el poder de su fama, su talento y su creatividad en la defensa de diferentes causas y en campañas como Unidos contra el racismo, que realizó en colaboración con la organización dependiente de Naciones Unidas. Con una interesante carrera cinematográfica a sus espaldas, De Palma está considerada una de las más emblemáticas ‘chicas Almodóvar’, cineasta con el que ha trabajado en películas como La ley del deseo (1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), ¡Átame! (1989), Kika (1993), La flor de mi secreto (1995), Madres paralelas (2021) y Amarga Navidad (2025), que se estrenará en España el próximo 20 de marzo. Además, también ha actuado a las órdenes de otros directores de prestigio como Robert Altman, Mike Figgis, Terry Gilliam, Patrice Leconte o Benjamin Millepied.

Artista multidisciplinar, De Palma es un ejemplo de cómo la moda puede servir de catalizadora para abanderar otras causas y compromisos que van más allá de las pasarelas y los focos. Valentino Garavani, a quien tras su fallecimiento rendimos tributo en estas páginas, es un ejemplo. Enamorado de la belleza, el diseñador italiano supo defender la elegancia frente a tendencias como la inspiración hippie, el grunge o el minimalismo. “Para ti la belleza no fue un lujo ni un adorno, fue una forma de defensa, un lugar seguro”, dijo sobre Garavani el también diseñador Pierpaolo Piccioli tras la muerte de un creador que siempre utilizó la moda como escudo. Además, Garavani supo ampliar su idea de la grande bellezza a la decoración, el arte o el interiorismo.

Recientemente, la modelo Marina Testino y el fotógrafo Enrique Badulescu han mostrado a través de potentes imágenes las 39,000 toneladas de ropa desechada que cada año se acumulan en el desierto de Atacama, en Chile, una manera de denunciar el exceso desenfrenado del consumo textil. Otras marcas como Ecoalf utilizan la moda para tratar de luchar contra la contaminación y pérdida de diversidad en los océanos, un programa en el que colaboran con más de 4,000 pescadores que contribuyen a recoger basura en el mar. No son los únicos. Casas relojeras y joyeras también se han sumado a la defensa del futuro del planeta. Es el caso de Rolex y su programa Perpe-

tual Planet, destinado a proteger los ecosistemas de todo el mundo a través del patrocinio de científicos, exploradores y emprendedores de diferentes partes del mundo. En esta edición de marzo, una de nuestras producciones de moda invita a la lectura. La vestimenta que antes fue una tiranía especialmente para la mujer  ahora es un medio de expresión que se abre a otros universos más tolerantes e inclusivos. En México, la moda también ha servido para reivindicar el trabajo de los pueblos originarios, defender su cultura y patrimonio y ensalzar su universalidad y el virtuosismo de sus artesanos. Esa conexión con nuestras raíces va más allá. El universo del wellness se extiende por todo el

planeta y a la experiencia de meditación se suma ahora el sonido. En este número, Noelia Madiedo, fundadora de NAMO Sanctuary, en Miami, nos introduce en el arte terapéutico del sonido. A través del gong, se despiertan espacios internos que llegan más lejos que la palabra o el tacto y que nos equilibran en la búsqueda del bienestar. “La elegancia es el equilibrio entre la proporción, la emoción y la sorpresa”, dijo Garavani. Con presencia en nuestras páginas del escritor universal Federico García Lorca, nos despedimos con una de sus frases luminosas: “Yo he nacido poeta y artista, como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo”.

Pág. 72 Top, culotte y pantalones, de Dolce & Gabbana , dolcegabbana.com.

T MÉXICO PRESENTA

DURANTE DÉCADAS, PEDRO Friedeberg fue leído como una anomalía: demasiado ornamental para el modernismo, demasiado intelectual para el pop, demasiado irónico para el surrealismo latinoamericano. Esa lectura, cómoda y reductiva, pasó por alto lo esencial.

La trayectoria de Friedeberg es una secuencia de intensidades, repliegues y reapropiaciones marcada por momentos de visibilidad extrema y largos periodos de silencio productivo. Su obra, hoy reconocida como una de las más singulares del arte mexicano del siglo XX y XXI, se construyó desde una posición incómoda.

Formado originalmente como arquitecto, Friedeberg encontró muy pronto en Mathias Goeritz no solo a un maestro, sino a un catalizador intelectual. Como su discípulo y asistente, absorbió una ética rigurosa y una concepción espiritual de la forma que nunca abandonaría, aunque sí subvertiría. Paralelamente, comenzó a trabajar como ilustrador para la revista Mexico This Month, dirigida por Anita Brenner, donde produjo viñetas y dibujos de inspiración porfiriana atravesados por el art nouveau, la fantasía y una ironía sutil.

Su irrupción pública ocurrió en 1959, cuando presentó su primera exposición individual en la Galería Diana, con un texto curatorial firmado por Goeritz. A partir de ese momento, su carrera adquirió una velocidad inusual. A inicios de los años sesenta concibió la Mano Silla, una obra que se convertiría en un icono global y que selló su temprana internacionalización.

Ese lenguaje, sincrético, erudito y deliberadamente excesivo combinó surrealismo, simbolismo, ocultismo, repetición óptica y una sensibilidad pop antes de que las fronteras entre alta cultura y cultura visual se volvieran porosas. En 1968 participó activamente en el Salón Independiente, plataforma decisiva de disidencia artística que redefinió la relación entre arte e institución en México. Ese mismo año tuvo una participación destacada en la Olimpiada Cultural México 1968, integrando su obra a uno de los momentos de mayor visibilidad internacional del país y afirmando su lugar dentro del modernismo crítico latinoamericano.

Los años setenta marcaron el periodo de mayor esplendor creativo. Friedeberg se transformó en una figura excéntrica y reconocible dentro de la vida cultural. De manera paralela a su visibilidad institucional, participó en redes internacionales de Arte Correo, alineando su práctica con circuitos experimentales.

A principios de los años ochenta, junto con Xavier Girón, fundó La Chinche, una microgalería que dio origen al chinchismo, un sistema alternativo de exhibición que funcionó como respuesta crítica a la creciente institucionalización del arte. Durante los años noventa, en pleno dominio del minimalismo y del diseño neutral, su obra fue injustamente relegada y etiquetada como decorativa o anacrónica. La crítica y el mercado, obsesionados con la economía formal, parecían no tener espacio para una práctica fundada en el exceso, la erudición y la ironía. El cambio de siglo fue particularmente adverso. El rescate comenzó de forma gradual: un libro retrospectivo publicado por Trilce, exposiciones en el Museo de Arte Moderno y en el Museo de Historia de Monterrey, seguidas por un reconocimiento institucional decisivo en 2012, cuando recibió la Medalla de Bellas Artes. Paralelamente, su obra comenzó a ser adquirida por colecciones mu-

seísticas internacionales de primer orden, adquisiciones que no solo revalidaron su importancia histórica, sino que lo reinsertaron en una conversación internacional largamente postergada. Hoy, a sus 90 años, Friedeberg se encuentra en un retiro biológico que no cancela la vigencia de su obra. Lejos de ser un vestigio del modernismo, su producción aparece como una anomalía lúcida dentro de la historia del arte reciente.

Arriba, desde la izquierda: Alejandro Sordo y Pedro Friedeberg. Curador y productor de arte, Sordo ha estado junto a Friedeberg hasta su retiro.

Cristina Mittermeier, fotógrafa, bióloga marina y activista en la defensa de los océanos, ha pasado los últimos treinta años de su vida en contacto directo con la naturaleza. “No nací para ser fotógrafa. Nací para defender la naturaleza”, afirma la mexicana, autora de Hope, un libro que recopila parte de su trabajo fotográfico y que fue presentado en el marco de Zona Maco, la feria de arte contemporáneo que cada año se celebra en Ciudad de México. Para Mittermeir, que ha recorrido más de 130 países y ha buceado en todos los océanos, la imagen es una herramienta de divulgación. Su trabajo ha captado la atención internacional sobre problemas críticos de conservación, al poner en primer plano la belleza y la fragilidad de nuestro mundo e inspirar a miles de personas a actuar. Ha colaborado con decenas de organizaciones no gubernamentales y ahora regresa a su México natal, desde donde continuará divulgando sus pasiones y también sus miedos ante una tierra vulnerable. En 2005 fundó la Liga Internacional de Fotógrafos de Conservación (ILCP) con el objetivo de utilizar la fotografía como herramienta eficaz para la conservación. Su obra se ha publicado en National Geographic, TIME y otros medios de prestigio, arrojando luz sobre el impacto del cambio climático en la biodiversidad y subrayando la sabiduría de los pueblos indígenas como guardianes originales del planeta. Mittermeier es además testimonial de Rolex y forma parte del equipo de profesionales vinculados a la iniciativa Perpetual Planet. — Javier Fernández de Angulo

PortadadeRoger Vivier:Heritageand Imagination, deRizzoli.

IMÁGENES QUE IMPORTAN

Una de las imágenes del libro Hope, de Cristina

ZAPATOS DE ALTURA

EL ARTE Y la zapatería siempre han estado unidos gracias a talentos, ingenieros y artistas del calzado como Charles Jourdan, Manolo Blahnik, Christian Louboutin o Roger Vivier, autor este último de creaciones tan emblemáticas como la hebilla o el tacón de aguja. Fallecido en 1998, el legado de Vivier permanece hoy intacto, como demuestra la reciente apertura en París de la Maison Vivier, palacete transformado en la nueva sede de la marca en el barrio de SaintGermain-des-Prés, en la rive gauche de la capital francesa. Proyectado en 1729 por el arquitecto real Jacques Gilet de la Fontaine y ubicado en el número 98 de la Rue de l’Université, el edificio es un compendio de tradición, leyenda y vanguardia que acoge nuevas creaciones de la maison

VIP MADRID

El Club Metrópolis se ubica en uno de los edificios más emblemáticos de Madrid, construido en 1911.

Los clubes privados ya forman parte de la vida social de muchas de las grandes ciudades del mundo. Madrid no es una excepción. Este mes, la capital española sumará un nuevo nombre a esa lista con la inauguración de Club Metrópolis, ubicado en el número 39 de la calle Alcalá. El edificio, construido en 1911, es uno de los más emblemáticos de la ciudad, y su cúpula, coronada por la Victoria Alada, forma parte del imaginario madrileño. “Metrópolis es un viaje por Madrid, por su manera de vivir, de encontrarse, de disfrutar. Aquí pasan cosas diferentes en cada espacio”, señala Sandro Silva, fundador del espacio junto a Marta Seco, en un comunicado de prensa. Impulsado por el Grupo Paraguas, responsable de algunos de los restaurantes de mayor éxito en la capital española, Club Metrópolis aspira a convertirse en un reflejo del ocio y la diversión de alta gama, con propuestas que combinan gastronomía, enología, coctelería, música en vivo, artes escénicas y fiestas privadas. Además, incluirá un hotel boutique. En la primera planta se encuentra Spa de Langostas, un homenaje gastronómico al mar y al marisco. La planta 0, también abierta al público, adopta un aire más popular con una tasca abierta a la Gran Vía donde la cocina española de frituras y aperitivos de alto nivel convive con el jamón ibérico, los quesos y una original barra de oricios (erizos de mar). En total, el club cuenta con siete espacios gastronómicos entre ellos el Restaurante Victoria, solo para socios, con una cocina de producto con vocación de estrella Michelin , además del gran lounge de La Galería, quizá el espacio más social del club, y El Jardín, ubicado en la terraza superior, con una de las mejores vistas de Madrid. La incorporación al club contempla una cuota de inscripción de 2,000 euros y una membresía individual con un coste anual de 3,500 euros. Como dice la frase: “De Madrid al cielo… Y en el cielo, un agujero para ver Madrid”. J. F. A.

—como la que reinterpreta la colección Mondrian de Yves Saint-Laurent, en la que Vivier colaboró personalmente—, los talleres dedicados al diseño contemporáneo (dirigidos por Gherardo Felloni, su actual director creativo) y la Sala de los Archivos, donde se guardan los documentos que acreditan más de seis décadas de elegancia, audacia e innovación. A esta etapa marcada por la apertura de la nueva sede parisina se suma ahora la publicación del libro Roger Vivier: Heritage and Imagination (Rizzoli), que recorre la obra de este maestro del diseño. A través de diseños, prototipos y documentos inéditos, el volumen revela al artesano, al diseñador y al pensador: el zapatero prodigioso. J. F. A.

Mittermeier. Arriba: Mittermeier.

Desde tiempos inmemoriales, las cadenas han encarnado una dualidad contundente: han simbolizado la opresión y el cautiverio, pero también la unión y el ciclo de la vida. Utilizadas por civilizaciones antiguas, entre ellas la egipcia y la griega —en un texto del siglo III a. C. sobre mecánica experimental Filón de Bizancio describía una bomba hidráulica accionada por una cadena de eslabones metálicos—, también fueron adoptadas como ornamento, a menudo en oro. Para el siglo XIX, artesanos de todo el mundo habían forjado patrones clásicos que se siguen llevando hoy en día, desde las gruesas cadenas de librea que simbolizaban poder en la Inglaterra medieval y que más tarde inspiraron a artistas de hip-hop de la vieja escuela, hasta la figaro italiana, con dos o tres pequeños círculos seguidos por un gran eslabón ovalado. En su homenaje más reciente a los eslabones entrelazados, el joyero londinense Graff evoca las cadenas de ancla utilizadas en los barcos del siglo XIX. Pero, a diferencia de aquellos hierros marítimos, esta encarnación obtiene su fuerza incandescente de una abundancia de baguettes de diamantes y esmeraldas, un tesoro llevado con audacia hacia la luz. Collar Graff

High Jewelry de diamantes y esmeraldas de talla múltiple, graff.com.
Por Nancy Hass Fotografía por Anthony Cotsifas Diseño de set por Victoria Petro-Conroy

Celebrar el tiempo ha sido, desde sus orígenes, una de las vocaciones fundamentales de Tiffany & Co. Para conmemorar los 160 años de la creación de uno de sus primeros cronómetros, la casa presenta el Timer, una pieza que sintetiza la memoria histórica y la precisión contemporánea característica de la casa. Se trata de una edición limitada a 60 ejemplares, definida por una sólida caja de platino y por la presencia del inconfundible azul de la maison, trasladado en esta ocasión al

lenguaje de la relojería. En el reverso, la maquinaria queda deliberadamente expuesta, mientras que el fondo transparente permite apreciar un movimiento cronógrafo exclusivo de la marca, El Primero 400, acompañado por el Bird on a Rock , otro de sus símbolos más reconocibles, recurrente en sus creaciones más sofisticadas de joyería y relojería. Fundada en 1837 por Charles Lewis Tiffany y John B. Young, con Tiffany Timer —40 milímetros de diámetro, índices horarios engastados con diamantes baguette y correa de piel de cocodrilo—, la casa joyera ha sabido unir tradición e innovación en una pieza que es también un homenaje contemporáneo a una larga historia de instrumentos de precisión.

Reloj Timer de Tiffany & Co., tiffany.com.mx.

Por Javier Fernández de Angulo Fotografía por Daniel Matallana

Un santuario de bienestar junto al mar

Almare, a Luxury Collection Resort, Isla Mujeres, Adult All-Inclusive

Sobre las aguas turquesa del Caribe Mexicano, a solo siete millas de la costa de Cancún, Almare Isla Mujeres le invita a descubrir un mundo moldeado por la serenidad de la naturaleza y la riqueza cultural de la región.

Saboree la esencia de la cocina maya e internacional en espacios al aire libre donde la brisa marina se funde con el sutil aroma a sal.

Encuentre armonía y equilibrio en Alma Spa, y déjese llevar hacia una relajación profunda y sin esfuerzo.

Aquí, cada detalle da forma a una atmósfera serena, marcada por la autenticidad, la belleza y una sofisticada sensación de bienestar.

Carretera Garrafón Vista Alegre KM 4.5, SM8, MZ 62 Isla Mujeres Q. Roo, Mexico, 77400
@almareislamujeres

Meryll Rogge

La recién nombrada directora creativa de Marni, de 41 años, nos deja asomarnos a su proceso creativo.

NACÍ EN GANTE, Bélgica, y crecí en una familia muy deportista; mi padre es un gran apasionado de la vela. Esta foto (1) fue tomada en el Caribe cuando tenía 9 años. Llevo una camiseta de Mickey Mouse porque de niña era una gran fan de Disney y tenía muchas ganas de convertirme en ilustradora. En uno de nuestros viajes a Mustique —mi familia no sabía que se trataba de un destino de la jet set— nos bajamos del barco e intentamos encontrar un pueblo cercano. Pasó un jeep, ¡y era Mick Jagger! ¡Y no se paró! Esta es una foto mía en mi primer año en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes (2), donde estudié diseño de moda. No teníamos acceso a modelos, así que las chicas de primer año solían ser las víctimas. Por suerte, yo no era muy alta. Pero había un estudiante japonés, Koji Arai, que apostaba por modelos menos altas, así que me convertí en su modelo y, en su cuarto año, Koji colaboró con Martin Margiela. Llevo una prenda de ambos diseñadores. Recuerdo que los dedos gordos de los pies me dolían muchísimo después de estar de pie durante horas con las botas Tabi de Margiela. Aún sigo un poco traumada.

En el verano de 2008 me contrataron para hacer mis prácticas en Marc Jacobs en Nueva York. Al cabo de un mes, me pidieron que me uniera al equipo de diseño como asistente de diseño. Todavía estaba estudiando, así que llamé a Walter Van Beirendonck, mi profesor [y entonces jefe del departamento de moda de la escuela], y me dijo: “Tienes que decir que sí”. Fue la mejor decisión. La primera temporada en la que trabajé fue esta colección de primavera de 2009 (3). Mi departamento estaba encima del restaurante Mezzogiorno (4), en SoHo. Vivía con una compañera y no cocinamos ni una sola vez. La cocina y la estufa estaban literalmente en el baño. No me alcanzaba para comer en Mezzogiorno , pero íbamos a Pepe Rosso, un poco más abajo en la calle. Cenaba espagueti pomodoro todas las noches. Con mi primer sueldo me compré este par de zapatos de Marni (5). Eran carísimos, pero los usé hasta que se rompieron.

Cinco años después de lanzar mi marca, pude hacer mi primer desfile de pasarela de verdad. La colección otoño 2025 se basó ligeramente en la obra del artista urbano Gordon Matta-Clark (7), tan poderosa y audaz, y vinculada a Judd por su simplicidad. David y Stephen Dewaele, de Soulwax, un grupo de música electrónica con sede en Gante, crearon una banda sonora con ruidos de construcción, porque Matta-Clark usaba motosierras y taladros para destruir paredes. Este es uno de mis looks favoritos (8) del desfile. Creamos un vínculo entre la forma en que Matta-Clark cortaba los edificios y la manera de cortar la ropa. En 1959, mi abuelo compró una casa en Cadaqués, un pequeño pueblo pesquero de España donde vivió Salvador Dalí. Cuando era niña, antes de que existieran los bares de moda, todas las casas tradicionales ponían estas flores amarillas secas, las siemprevivas (9), sobre muebles de madera. Mi esposo [Clement Van Vyve, copropietario de la chocolatería Meurisse y fundador de Primitive Books] y yo nos casamos allí el año pasado y las incluimos

en la ceremonia. Soy pésima dando regalos, pero mi esposo es buenísimo. Cuando me regaló esta taza del artista David Shrigley (10), me quedé un poco como: “¿Qué es esto?”. Pero luego se convirtió en mi objeto favorito. Cuando me estresome ayuda a sentirme más tranquila. Llevo años usando este suéter que hice yo misma (11); la razón por la que lancé B.B. Wallace [una línea de prendas de punto que Rogge fundó este año] es porque lo disfrutaba tanto que quise compartirlo con la gente. Tiene esa aspereza característica de la lana Shetland que tanto me gusta, pero por dentro es suave como la mantequilla. Compré este perchero (12) hace muchos años en la Galería Alain Hens, en Amberes. Los ganchos son desmontables, así que se pueden colgar más arriba o más abajo. Nunca había quedado del todo bien en ninguno de los lugares en los que he vivido, pero cuando nos mudamos a nuestro nuevo departamento en Milán, no podía creerlo: las habitaciones tienen exactamente los mismos tonos. Casi como si siempre hubiera estado destinado a estar ahí

Cuando vivía en Nueva York empecé a ir a Marfa, Texas (6), para ver la obra de Donald Judd. Me encantan sus interiores y sus muebles, y la conexión entre su obra, su vida personal y su vida social. Fui varias veces a Marfa Myths, un festival creado por el sello discográfico Mexican Summer y la fundación artística Ballroom Marfa.

hacer mis prácticas en Marc Jacobs en Nueva
Entrevista por Emilia Petrarca

Estado natural

Quizá más que cualquier otra piedra, las esmeraldas son una elección natural para piezas emblemáticas inspiradas en la flora y la fauna.

Anillo de Alta Joyería de Tiffany & Co., tiffany.com.
Anillo de Oscar Heyman, oscarheyman.com.
Collar de Monica Rich Kosann, monicarichkosann .com.
Pulsera de Alta Joyería de Bulgari, bulgari. com.

y arete de Dyne, dedyne. com.

Broche de Cicada, gumps. com.

Brazalete
Broche vintage de Fratelli Piccini, fratellipiccini.com.
Broche de René Boivin (vendido como parte de un collar), sothebys.com.
Broche vintage de Fred Leighton, fredleighton.com.

LOS MATERIALES NOBLES Y UNA ESTÉTICA

HABITABLE PROTAGONIZAN ARMONÍA ACUÁTICA Y PRECISIÓN RELAJADA , LAS DOS NUEVAS PROPUESTAS

DECORATIVAS DE CASA PALACIO PARA ESTA TEMPORADA.

Claves de la temporada primavera-verano

Los estampados a rayas introducen un ritmo ligero que invita a extender la vida hacia el exterior

Materiales innovadores que reinterpretan la fluidez del agua generan espacios introspectivos y luminosos

Casa Palacio presenta sus Nuevas Colecciones Primavera–Verano 2026. Armonía Acuática y Precisión Relajada, definen la temporada: dos líneas que conviven dentro de una misma casa y comparten una mirada hacia materiales nobles, luz bien dirigida y una estética clara y habitable. La paleta se articula en torno a azul hielo, happy pink, rojo tomate, chartreuse y vino tinto, con acentos que se expanden hacia una gama amplia de matices frescos y luminosos. La

selección completa se presenta esta temporada en las tiendas

Casa Palacio Antara y Santa Fe, en Ciudad de México.

ARMONÍA ACUÁTICA: REFLEJO Y CALMA

Interiores construidos desde la fluidez de las formas y la cualidad reflectante de los materiales. Predominan azules en distintas intensidades, mármol verde veteado, vidrio irregular, bronce satinado y ónix. Las superficies capturan la luz y la difunden suavemente, generando atmósferas serenas y envolventes que se extienden con naturalidad del interior al exterior.

• Claves : Cristalería ligera y traslú cida, t exturas oc eánicas , acabados aperlados y objetos de apariencia translúcida. Mobiliario de siluetas orgá nicas, vol úmenes suaves y degradados de color. La iluminación en vidrio fluido y metales satinados aparece como un acento escultórico discreto que termina de definir el ambiente.

PRECISIÓN RELAJADA:

CLARIDAD Y PROPORCIÓN

Una estética estructurada y luminosa que remite a la casa de un arquitecto. Bases bajas, maderas claras, mármol rosso levanto, cuero suave y acentos cromados componen espacios ordenados y habitables. La línea y la proporción organizan la escena con un minimalismo cálido y preciso, donde la elección de objetos de diseño se vuelve parte esencial del lenguaje del espacio.

• Claves: Geometrías y retículas presentes en textiles y superficies: rayas, cuadros y líneas que aportan ritmo visual. Mobiliario en roble claro, estructuras tubulares y tejidos en sarga o lino. La iluminación, de cará cter m á s arquitectónico, introduce metales definidos y acentos glossy que suman un brillo puntual y bien medido.

elpalaciodehierro.com/casapalacio

Espacios de composición cuidada donde cada elemento se elige con precisión. Los detalles contemporáneos y las proporciones claras revelan un gusto por el diseño entendido como edición y equilibrio.

Un entorno dinámico y luminoso donde el descanso convive con piezas de diseño y objetos que cuentan historias, generando una atmósfera relajada.

El MoMA estrena una ambiciosa exposición interdisciplinaria que reimagina el legado de Frida Kahlo y Diego Rivera a través de la arquitectura escénica.

EL DEL UMBRAL SUEÑO

NUEVA YORK POSEE una capacidad casi biológica para devorar a sus ídolos, procesarlos en su compleja maquinaria cultural y devolverlos al mundo bajo una luz que solo el pulso de la calle 53 puede emitir. En el número 11, donde el cristal y el acero del Museum of Modern Art (MoMA) custodian el canon definitivo de la modernidad, una vibración distinta está por alterar el silencio de sus galerías. No se trata simplemente de una revisión de los nombres más exportados del arte mexicano, ni de una concesión a la nostalgia biográfica que suele rodear a la pareja más célebre de Coyoacán. El 29 de marzo de 2026, la institución inaugura Frida and Diego: The Last Dream, una muestra que sitúa a la ciudad en el epicentro de un diálogo global entre la plástica, el diseño escénico y la mística de la ópera.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el próximo 12 de septiembre, nace de una simbiosis poco común entre la propia muestra y el estreno en la Metropolitan Opera de la obra homónima de la compositora Gabriela Lena Frank y Nilo Cruz. La narrativa de la ópera se eleva gracias al libreto de Cruz, el primer dramaturgo latino en ganar el Premio Pulitzer, cuya escritura lírica dota de una humanidad poética y desgarradora al reencuentro mítico de los artistas. Bajo la dirección curatorial de Beverly Adams, el MoMA ha tomado una decisión que subvierte la con-

Por Kira
Álvarez
Mis abuelos, mis padres y yo (1936), de Frida Kahlo.
Autorretrato con el pelo corto (1940), de Frida Kahlo.

vención del cubo blanco: invitar a Jon Bausor, el visionario diseñador de escenografía de la producción operística, a transformar el espacio museístico. El resultado es una instalación que abandona la cronología lineal para sumergirse en una arquitectura emocional, permitiendo leer la intimidad y el mito de Kahlo y Rivera con una urgencia renovada para una audiencia contemporánea.

En una conversación exclusiva para T Magazine México, Adams reflexiona sobre la magnitud de este cruce interdisciplinario. Adams es una de las voces más influyentes en la redefinición del arte latinoamericano dentro de las instituciones estadounidenses. Como curadora de Arte Latinoamerica Estrellita Brodsky en el MoMA ha liderado una transición crítica: pasar de ver el arte del sur como “una curiosidad geográfica” a entenderlo como un pilar fundamental de la modernidad global. Antes de su llegada al MoMA, su labor en la Colección Phoenix y su doctorado en la Universidad de Texas en Austin ya anticipaban su enfoque: una mezcla de rigor histórico y una sensibilidad aguda para las narrativas políticas. Su curaduría se aleja del lugar común; Adams busca las tensiones y las conexiones que permiten que figuras tan analizadas como las de Kahlo y Rivera sigan provocando preguntas incómodas y necesarias en el presente. Para ella, el valor de esta apuesta reside en la capacidad de romper los límites tradicionales de la institución. “Esta exhibición ensancha deliberadamente el vocabulario curatorial para incluir la ópera, el teatro y el ritual”, explica Adams. Al indagar sobre qué permite decir esta polifonía sonora y visual que no podría decirse de otro modo, Adams sostiene que el cambio es estético y perceptivo. “Este entorno teatral ofrecerá a los visitantes una nueva forma de entrar en las obras que es más visceral, algo bastante diferente de la experiencia de galería tradicional que brindamos. Este campo expandido proporciona un punto de acceso para cualquiera que

entre en el espacio”, dice. Un gesto que, según Adams, el propio Rivera habría celebrado con entusiasmo, validando la tesis de que el arte no debe ser un objeto estático, sino una experiencia viva para las masas. La curadora nos remite a la propia filosofía del muralista para justificar esta ruptura con el formalismo. “Como escribió una vez Diego Rivera: ‘El teatro es el lugar de relajación para la multitud. El arte para la multitud es el más puro’”, añade.

Diego Rivera y la estética de la fuerza

La relación de Diego Rivera con Nueva York es una de las crónicas más fascinantes del siglo XX, un relato de ambición, política y la colisión de ideologías en el corazón del capitalismo. En 1931, Rivera fue el segundo artista en recibir una exposición individual en el MoMA, solo después de Henri Matisse. Rivera se obsesionó con la verticalidad de Manhattan, viendo en los rascacielos la materialización del futuro industrial que tanto anhelaba para México. La muestra actual rescata ese espíritu, al incluir obras fundamentales de la colección como Zapata líder agrario (1931), un fresco portátil que Rivera pintó específicamente para su exposición en el MoMA, adaptando la monumentalidad del muralismo a las dimensiones de la galería. Así nos damos cuenta de que Rivera miraba hacia el campo, pero también hacia la maquinaria y el escenario. La inclusión de sus acuarelas para el diseño de vestuario de H.P. (Horsepower) en esta presentación es un movimiento curatorial que Adams subraya como un ejemplo de la fluidez del artista. Estas obras, realizadas para el estreno en la Philadelphia Grand Opera Company en 1932, muestran a un Rivera que transitaba libremente entre las disciplinas. Para Rivera, el diseño de vestuario no era una labor menor; era una forma de dar movimiento a su visión de la justicia social. En estas piezas, se percibe el eco de su convicción de que el arte debe ser una herramienta de comunicación masiva, un puente entre la realidad política y la experiencia estética.

A pesar de su éxito, la estancia de Rivera en Nueva York quedó sellada por la cicatriz del Centro Rockefeller. En The Last Dream, el MoMA rescata al Rivera que desafió a los magnates, pero que también se dejó seducir por el poder visual de la metrópoli. A través de dibujos y litografías, la muestra invita a una lectura más íntima, alejándose por un momento de la monumentalidad para observar al hombre detrás del mito.

Frida Kahlo y la construcción del ser

Si Rivera veía en Nueva York el futuro industrial, Kahlo veía las grietas del sistema. Para ella, la ciudad era “Gringolandia”, un lugar de

Frida Kahlo y Diego Rivera (1946), fotografía de Leo Matiz.

contrastes brutales donde la opulencia convivía con la miseria de la Gran Depresión. Fue en Nueva York donde Kahlo tuvo su primera exposición individual en 1938, en la galería de Julien Levy, un evento que la catapultó a la fama internacional. Su arte en la ciudad no buscaba el gigantismo de Rivera, sino una disección quirúrgica del ser.

En las salas del MoMA, la presencia de Kahlo es una fuerza de gravedad que equilibra la expansión de Rivera. Una de las piezas centrales de la instalación es Self-Portrait with Cropped Hair (1940), pintada tras su divorcio de Rivera. En este autorretrato, Kahlo se despoja de los vestidos de tehuana para adoptar un traje de hombre, mientras su cabello cortado yace esparcido por el suelo como un campo de batalla. Adams señala que esta obra es un testimonio de autonomía y rebelión personal, una pieza que en el entorno teatral de Bausor recupera su ferocidad original. “El diseño de Bausor hace referencia tanto a Kahlo como a Rivera de diferentes maneras y permite que el visitante organice estas ideas por sí mismo”, comenta Adams.

La curadora es tajante al abordar el riesgo de reducir a Kahlo a lo meramente confesional o biográfico. Para Adams, su verdadera genialidad reside en su capacidad de convertirse en un espejo universal. “Leídas ya sea como autobiografía o como construcción, lo que es notable de sus pinturas es cómo han proporcionado un espacio para que otros proyecten sobre ellas a lo largo del tiempo. Frida como fenómeno global es un tema que no deja de evolucionar”, explica la curadora.

Bausor y la geometría del Mictlán

La inclusión de Bausor en este proyecto marca un hito en la estrategia museográfica del MoMA. Bausor es un diseñador británico de renombre internacional, cuya carrera se ha forjado en la intersección del teatro, la ópera y los grandes eventos globales (fue el director creativo de la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos de Londres 2012). Su trabajo se caracteriza por una arquitectura de la emoción; no diseña simples decorados, sino máquinas narrativas que transforman el espacio en un estado mental. Miembro asociado de la Royal Shakespeare Company, Bausor tiene una capacidad única para traducir conceptos abstractos —como la muerte o el deseo— en estructuras físicas tangibles. En The Last Dream, su labor es romper la frialdad del museo para inyectar la calidez del ritual, utilizando su experiencia en la Met Opera para que el espectador habite la atmósfera que vio nacer al cuadro. Al ser el escenógrafo y co-diseñador de vestuario de la ópera bajo el mismo nombre, Bausor ha trasladado el vocabulario del escenario al museo, creando un ambiente místico inspirado en la festividad del Día de Muertos. Esta decisión estructural: la museografía utiliza la simbología del altar y el regreso de los muertos para organizar el flujo del visitante a través de una espacialidad dramática que imita el tránsito entre el mundo de los vivos y el de la memoria. Bausor ha concebido las salas del MoMA como capas de una ofrenda monumental. En la tradición del Día de Muertos, el altar es un umbral, un espacio de negociación donde la ausencia se hace presente a través de los objetos. Bausor traslada esta lógica a la galería: el uso de materiales que evocan la tierra, la cera, el papel picado y la luz filtrada de las velas buscan la construcción de un espacio donde las obras de Kahlo y Rivera dejan de ser objetos estáticos para convertirse en presencias. En esta cosmogonía visual, cada cuadro

Fiesta de las flores: fiesta de Santa Anita (1931), de Diego Rivera.
Fulang-Chang y yo (1937), de Frida Kahlo.

actúa como una ofrenda en sí misma, un punto de contacto donde el Rivera anciano de la ópera puede convocar la imagen de una Kahlo siempre joven y desafiante.

La simbología de Bausor se manifiesta también en la ruptura de la perspectiva tradicional del museo. Al integrar elementos escénicos que fragmentan la visión del espectador, el diseñador obliga a una lectura activa. El visitante navega por un paisaje emocional donde el poder y la intimidad se negocian en cada rincón. Adams enfatiza que esta conexión con la obra lírica es fundamental para entender la vigencia de los artistas: “Este encuentro es similar a la forma en que la ópera crea una narrativa ficcional sobre Kahlo y Rivera que se apoya en su historia de vida real. Permite a los visitantes descubrir por sí mismos cómo el contexto de la ópera reanima las obras”, señala.

Gabriela Lena Frank y la polifonía del legado

La dimensión sonora de esta exposición es, quizás, su rasgo más innovador. La música de Gabriela Lena Frank funciona como un andamiaje conceptual que sostiene la narrativa del último sueño. Frank representa la vanguardia de la composición contemporánea en Estados Unidos. Ganadora del Grammy y reconocida por una identidad multicultural —de ascendencia peruana, china y lituana—, la compositora ha dedicado su carrera a explorar lo que ella denomina “el realismo mágico musical”. Su música es un tejido complejo donde la instrumentación clásica occidental se encuentra con los ritmos y las mitologías andinas y mesoamericanas. Para Frida and Diego: The Last Dream, Frank no buscó una biografía lineal, sino una evocación mística. Su partitura es capaz de capturar la dualidad de Rivera (la fuerza industrial y el gigantismo) y la de Kahlo (el lirismo del dolor y la fragilidad), convirtiéndose en la columna vertebral sonora que permite que la exposición en

el MoMA respire. Frank es una artista que entiende que el sonido es también una forma de memoria política, lo que la convierte en el espejo perfecto para el activismo visual de los dos pintores.

En el espacio del MoMA, esta polifonía sonora se entrelaza con el diseño de Bausor, permitiendo que la resonancia de los artistas se manifieste físicamente. Adams subraya que esta colaboración es única porque rompe con el aislamiento de las artes visuales. “El arte tanto de Rivera como de Kahlo ha inspirado más arte, literatura y performance. En esta colaboración, los espectadores encontrarán tanto sus obras originales como su resonancia continua. Esta colaboración con la ópera abre nuevas posibilidades sobre cómo los espectadores podrían involucrarse con este material”, apunta Adams.

Un presente irresoluble

líder agrario (1931), de Diego Rivera.

La muestra funciona como un recordatorio de la postura ética y política de los artistas. En un tiempo en el que el arte a menudo se refugia en el cinismo o la abstracción decorativa, la fe inquebrantable de Kahlo y Rivera en la función social de la imagen sigue siendo una provocación necesaria. “Ambos artistas tenían fuertes creencias sobre la justicia económica y social y sobre cómo el arte tiene el poder de comunicar realidades personales y políticas para el bien mayor. Abordaron temas difíciles de una manera inquebrantable”, dice Adams. Al final, Frida and Diego: The Last Dream no pretende cerrar un capítulo ni ofrecer la biografía definitiva. Al contrario, Adams insiste en que el objetivo es evitar las narrativas cerradas. “Estamos evitando deliberadamente intentar impartir una sola narrativa específica y, en su lugar, ponemos el foco en la ópera y el espacio mítico que crea”, explica. Para ella, después de vivir tan cerca de estas obras, queda claro que el canon aún no ha terminado de explicarlos. Su esencia escapa a las etiquetas definitivas. “Al plegar sus trabajos en otros trabajos de arte, esta colaboración con la ópera y Jon Bausor habla del legado perdurable de estos artistas. Su resonancia continua reside precisamente en que son irresolubles”, concluye la curadora. Nueva York inaugura su ciclo cultural de primavera con una declaración de principios que sacude el canon institucional. En las galerías del MoMA, ese último sueño se manifiesta como un despertar crítico para una ciudad que nunca deja de buscar en el arte su propia reinvención y reclama su lugar como el laboratorio de ideas más ambicioso del mundo. Al habitar este umbral de sombras, ecos operísticos y ritual, el espectador sale de la sala transformado por la vibración de un legado que, al negarse a ser resuelto, se vuelve eterno.

Zapata

El impacto de Phoebe Philo, exdirectora creativa de Chloé y Celine y hoy al frente de su propia marca, nunca se había sentido con tanta fuerza. Presentamos cinco de sus legados.

COLORES SORPRENDENTES

Durante su etapa en Celine (2008-17), Phoebe Philo, de 52 años, que inició su carrera en 1997 como asistente de diseño de Stella McCartney en Chloé, en París, incorporó toques audaces de colores primarios (1), demostrando que el minimalismo también puede ser divertido. En sus debuts el año pasado en Celine (2) y Chanel (3), Michael Rider y Matthieu Blazy, ambos formados bajo la tutela de Philo, pusieron en la pasarela prendas vibrantes que, junto a otros grandes estrenos de la temporada — Simone Bellotti para Jil Sander (4) y Jack McCollough y Lazaro Hernandez para Loewe (5)—, defendieron con convicción un enfoque exuberante del vestir contemporáneo.

PERSONA DE INFLUENCIA

TENIS ELEVADOS

CASTING FUERA DE LO COMÚN

Al salir a saludar tras su desfile de otoño 2011 para Celine, Philo apareció en la pasarela con un suéter de cuello alto, pantalones negros ajustados y unos Stan Smith de Adidas blancos (6), convirtiendo los sencillos tenis en un básico de la moda. Victoria Beckham (7) y Marc Jacobs (8) también eran fans, y pronto las y los jóvenes cool de todo el mundo siguieron su ejemplo. Pharrell Williams, director creativo de la línea masculina de Louis Vuitton, diseña su propia versión de los tenis (9) para Adidas desde 2014.

GINEBRA

Para la colección primavera 2015 de Celine, Philo contrató a la escritora Joan Didion para protagonizar la campaña (20). Las campañas de moda nunca habían contado con embajadoras tan sorprendentes. Para la primavera de 2026, Paul Simonon, bajista de The Clash, modeló para Givenchy por Sarah Burton (21) y la primera campaña preliminar de Trotter para Bottega Veneta incluyó a la escritora Zadie Smith (22). Pero el cazatalentos más travieso de todos es Jonathan Anderson, nuevo director creativo de Dior, quien, a lo largo de su década en Loewe y en JW Anderson, ha convocado a los actores Maggie Smith (23) y John Malkovich, al cineasta Luca Guadagnino y a las artistas Roni Horn y Lynda Benglis.

En la colección de primavera 2004 de Chloé, Philo presentó en pasarela varias versiones de un detalle de plátano (16). Desde entonces, la diseñadora ha creado tacones cubiertos de piel (17) y un collar con un colgante estilo bambú (ambos en Celine), abriendo el camino para la serie de accesorios irreverentes de esta temporada: desde un zapato peludo (18) en el debut de Louise Trotter para Bottega Veneta hasta un bolso con forma de papaya (19) de Chemena Kamali, también exprotegida de Philo, para Chloé.

¿Acaso Philo inventó el lujo discreto? Tal vez. El sello de su trabajo es su vigencia: siluetas firmes y relajadas (10); tejidos excepcionales (11); herrajes mínimos y casi nada de logotipos (12). Sin ella, vale la pena preguntarse cómo serían hoy The Row, Loro Piana (13) y Hermès (cuyo director artístico de prêt-à-porter femenino, Nadège Vanhée, trabajó bajo su dirección en Celine), o si existirían marcas como Toteme (14) y Kallmeyer (15).

Vacheron Constantin es la manufactura relojera más antigua del mundo activa de manera ininterrumpida y posee uno de los archivos más extensos del sector. Sus diseñadores han recurrido con frecuencia a esa historia como fuente de inspiración, dando vida Traditionnelle, presentada en 2007 con detalles de aire

PERSONA DE INFLUENCIA: PHILO: CHARLOTTE HADDEN PARA THE NEW YORK TIMES. EN ORDEN NUMÉRICO: FIRSTVIEW; PASCAL LE SEGRETAIN/GETTY IMAGES; FIRSTVIEW; GIOVANNI GIANNONI/WWD/GETTY IMAGES; FIRSTVIEW; MICHEL DUFOUR/WIREIMAGE/GETTY IMAGES; RAYMOND HALL/GC IMAGES/GETTY IMAGES; PIERRE SUU/GC IMAGES/GETTY IMAGES; CORTESÍA DE GOAT.COM; FIRSTVIEW (3); CORTESÍA DE LORO PIANA; CORTESÍA DE TOTEME; CORTESÍA DE KALLMEYER; FIRSTVIEW (3); CORTESÍA DE CHLOÉ; JOAN DIDION: CAMPAÑA DE CÉLINE PRIMAVERA 2015, NUEVA YORK, 2014 © JUERGEN TELLER, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS; PAUL SIMONON: CAMPAÑA DE GIVENCHY POR SARAH BURTON PRIMAVERA 2026 © COLLIER SCHORR, CORTESÍA DE GIVENCHY; ZADIE SMITH: CAMPAÑA “CRAFT IS OUR LANGUAGE” DE BOTTEGA VENETA, 2025 © JACK DAVISON, CORTESÍA DE BOTTEGA VENETA; MAGGIE SMITH: PRECOLECCIÓN PRIMAVERA 2024 DE LOEWE, LONDRES, 2023 © JUERGEN TELLER, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

casa presenta tres modelos de Traditionnelle que incorporan un calendario perpetuo y una indicación de fases lunares en cajas de 36.5 milímetros. En un guiño a los relojes de esfera pequeña que estaban de moda a comienzos del siglo XX, estas piezas se ofrecen con cajas en oro rosa u oro blanco, esferas opalinas en tono plateado y correas de piel de caimán. — Jameson Montgomery

En un diálogo entre cine y moda, dos almas creativas revelan cómo, desde sus respectivos universos, la pasión, la autenticidad y la sostenibilidad se pueden transformar en un legado artístico.

Daniela Cassab y Mariana Arriaga

EN APARIENCIA, LA moda y el cine habitan universos distintos. Uno se expresa con telas, texturas y siluetas; el otro con encuadres, luces, diálogos y silencios. Pero cuando Daniela Cassab y Mariana Arriaga se encuentran en la conversación, sus lenguajes se reconocen. Ambas crean desde la emoción, desde esa pasión que convierte la inspiración en un relato visual. Cassab encuentra en el arte, la pintura y la escultura una fuente inagotable de ideas que transforma en piezas atemporales y sostenibles; Arriaga, en cambio, halla en la observación del ser humano el material con el que da forma a historias que resuenan más allá de la pantalla. Las dos comparten la misma brújula: crear con propósito y con la intención de dejar un legado en lo que hacen.

Unidas por la pasión

En los mundos creativos, la pasión no es un adorno, sino el pulso. Ambas coinciden en que, sin ella, no hay creación posible. “La pasión es un fuego, no se puede apagar. En mi caso, la tengo intrínseca en el ADN”, confiesa

Cassab. “La creación me genera adrenalina, y constantemente busco cómo acercarme a ella”, añade. Esa energía se percibe en creaciones que son armaduras emocionales y que desafían al tiempo y la tendencia. Arriaga lo explica desde su territorio creativo. “La pasión no se puede apagar; ahí está. Se trata de disfrutar el proceso más que el destino”, dice. En un mundo que exige resultados inmediatos, ambas defienden el valor del trayecto. En esa defensa hay una suerte de rebeldía contra el ritmo vertiginoso que domina las industrias creativas. Ambas crean atmósferas en las que la autenticidad es protagonista. No buscan complacer, sino conectar. “Creo que el arte, de cualquier tipo, debe nacer de algo honesto”, apunta Arriaga. “Si no te mueve a ti, no moverá a nadie más”, agrega. Esa honestidad se percibe también en el universo de Cassab, donde las piezas, más que tendencias, siguen intuiciones.

Ser mujer, ser creativa y ser líder Escuchar y observar el diálogo entre Cassab y Arriaga es entender a dos mujeres que crean,

Por Jesús Santoyo Fotografía por Rubén Márquez

dirigen y transforman. “Ser mujer ha moldeado mi manera de contar historias”, afirma Arriaga. “No lo veo como una limitación, sino como una mirada distinta que me permite ver lo invisible”, señala.

“He observado la importancia del grano de arena que genero, la semilla que dejo”, explica Cassab. “Como mujer, como mexicana, como emprendedora, soy muy consciente de ello. Comenzar este camino conlleva muchísima valentía y voluntad. Estamos rodeadas de capas de miedo; atreverte a ser tú misma es un trabajo interno”, dice.

Arriaga complementa esa reflexión con una inquietud constante. “Cada vez que volteo a ver el mundo, siento la necesidad y el compromiso de hacer algo al respecto”, explica. Ambas son, en su propio terreno, arquitectas del cambio; ambas entienden la creación como una responsabilidad colectiva.

El arte de ser auténtica

En un entorno en el que las tendencias apremian y las colaboraciones entre marcas y creadores definen nuevos lenguajes, ambas comprenden la importancia de crear con coherencia, calidad y conciencia. “No soy partidaria de las tendencias”, dice Arriaga. “Creo que el estilo es algo completamente atemporal y tuyo”, continúa. Su mirada se centra

en contar historias que trasciendan el paso del tiempo, obras cinematográficas que permanecen porque nacen desde la verdad. Cassab coincide: “Todo siempre regresa. Es importante que, cuando haces algo, sepas que será atemporal, que vas a observarlo años después y seguirá vigente”, reflexiona. En su estudio, cada prenda se diseña con la intención de trascender el instante. Busca lo que perdura. “Lo bonito es poder observar algo bien hecho, algo que tenga un diálogo entre el pasado y el futuro”, expresa. Para ella, la autenticidad es un acto que reconoce que la belleza no se negocia con la urgencia y que la originalidad nace de la conexión con uno mismo. Esa misma convicción se extiende a la sostenibilidad, entendida con responsabilidad y respeto por los procesos creativos. “Mi responsabilidad es con la gente: desde dónde saco el producto, cómo lo saco, la materia prima y el trato dentro del ecosistema”, confiesa Cassab. En su taller, lejos de la opulencia, el lujo está en la precisión y el respeto. “No me interesa producir rápido. Me interesa que quien porta una pieza entienda el valor del proceso y de las manos que la hicieron”, continúa. Sus chamarras son el ejemplo perfecto de una filosofía en la que cada una lleva en sí la historia de los artesanos que la confeccionaron, la paciencia de

busca legado en lugar de moda. En el caso de Arriaga, la sostenibilidad se traduce en narrativa. “Estoy trabajando en un documental sobre los mares de México. Tenemos una biodiversidad inmensa y no siempre se habla de ello”, revela. Su enfoque señala al tiempo que propone una mirada. “No busco dar un mensaje moralista. Solo contar historias que nos recuerden lo que vale la pena cuidar”, anuncia.

Colaboraciones con propósito En la era de los proyectos instantáneos y las asociaciones efímeras, tanto Arriaga como Cassab valoran la profundidad y la coherencia. “Tiene que haber un diálogo verdadero entre las marcas. La otra parte debe tener el mismo nivel de calidad y de valor agregado. Si no, hay un cortocircuito”, apunta Cassab. Para ella, la colaboración es un intercambio de fuerzas, aprendiendo del otro pero sin diluir la esencia propia.

Para Arriaga, “el cine es una labor colaborativa que depende completamente de muchas mentes y manos. Por eso solo trabajo con gente que comparte los mismos valores y formas de trabajar”. Para ella, tres principios son innegociables: “Respeto, comunicación y gusto… Los sets deben ser espacios de armonía y respeto; la energía del equipo se refleja en cada plano”, sentencia.

Daniela Cassab y Mariana Arriaga, fotografiadas en Las Lomas de Chapultepec, Ciudad de México, el pasado 8 de octubre.

FUE EL ESCRITOR Agustín Penón, uno de los primeros investigadores de la vida y la muerte del poeta andaluz Federico García Lorca, quien señaló que para adentrarse en su gura y esclarecer su biografía uno debía enfrentarse al miedo, el olvido y la fantasía, palabras que darían título a uno de sus libros más importantes, editado por su el amiga Marta Osorio. Estas tres variables han sido una constante en las biografías sobre el más universal poeta español, y aún hoy lo siguen siendo.

Entre estos elementos aparece uno de los nunca esclarecidos: la pertenencia o no de García Lorca a la masonería. Hace unos meses, apareció un informe realizado por la Jefatura Superior de Policía de Granada en 1965, en plena dictadura franquista, en el que se revelaba queGarcía Lorca fue asesinado acusado de “socialista y masón”, a la vez que se le atribuían “prácticas de homosexualismo”. Quiero señalar que distan muchos años entre la muerte del poeta (agosto de 1936, nada más comenzar la Guerra Civil) y la publicación de un documento que, sin ninguna prueba, da por veraces hechos como la pertenencia de García Lorca a la masonería. Estos argumentos y presuntos informes también aparecían en el libro Los últimos días de Federico García Lorca, del periodista falangista Eduardo Molina Fajardo, así como en otra publicación más especí ca del autor sobre la cuestión masónica en la que se reitera la pertenencia de García Lorca a la masonería. “Era un masón perteneciente a la logia Alhambra, en la que adoptó el nombre simbólico de Homero, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma”, señala ese docu-

GARCÍA LORCA MASÓN

El autor desvela un nuevo documento que confirma la relación del poeta español con las sociedades secretas.

Izquierda: informe policial de 1936 que confirma la pertenencia a la masonería granadina del poeta Federico García Lorca y del jurista Fernando de los Ríos. El documento apareció entre las pertenencias del doctor Julio Peláez Redondo.

Abajo: un grupo de alumnos posa frente a la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1930.

mento. En su libro Lorca en África. Crónica de un viaje al protectorado español de Marruecos, el historiador Miguel Caballero apuntaba también esta relación masónica, auspiciada en este caso por Fernando de los Ríos, ministro y jurista de la Segunda República, amigo personal de la familia y sobrino de Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza y de la Residencia de Estudiantes. Según Caballero, el viaje de García Lorca al norte de África fue “la consecuencia de una serie de invitaciones que Fernando de los Ríos recibe de grupos masónicos. Estaban enviadas a Jugan, que era su nombre en la masonería. Algunas de estas cartas fueron luego utilizadas como pruebas de cargo por el Tribunal Especial para la Masonería y el Comunismo” . Sin embargo, no existían documentos o ciales ni registros de la logia masónica granadina Alhambra que demostrasen la pertenencia de García Lorca a la masonería. Toda esta ausencia documental quizá tenga que ver con las llamadas “chimeneas de agosto” a las que aluden algunos amigos personales del poeta, como el guitarrista Ángel Barrios. Cofundador en 1922, junto a Manuel de Falla y el propio García Lorca, del

Concurso del Cante Jondo de Granada, Barrios cuenta cómo, en aquel verano de 1936, las chimeneas de Granada no paraban de echar humo de la cantidad de documentos que se quemaron en aquellos días terribles del comienzo de la guerra; entre ellos, probablemente todos los archivos de las logias masónicas de la ciudad. Esta falta de documentación concreta era la que alimentaba las especulaciones sobre la pertenencia de García Lorca a la masonería. Una suerte de cción de fantasía, que diría Penón sin soporte documental. Hasta ahora. A comienzos del pasado verano, una interesante documentación llegó a mi poder. Un buen amigo médico, José Manuel García-Verdugo, cuya familia tuvo relación con la familia del poeta granadino, me hizo partícipe de un descubrimiento inesperado: la aparición entre los documentos del fallecido doctor Julio Peláez Redondo de un informe policial de los años treinta del siglo pasado con importante información sobre la actividad masónica de la época. Nacido en 1915, y por lo tanto testigo de las primeras reformas llevadas a cabo por la Segunda República, Peláez Redondo había sido uno de los grandes referentes internacionales de la medicina española, así como decano de la Facultad de Medicina de Granada entre 1971 y 1973, presidente de la

Sociedad Española de Medicina Interna, miembro de la Real Academia Nacional de Medicina y catedrático defensor de la universidad, elemento que lo relaciona con los presupuestos del humanismo de la Institución Libre de Enseñanza. Moderado políticamente, no era partidario de los ajustes de cuentas y revanchas practicadas por el régimen franquista. Tal vez por esta razón, y porque la patología forense de la que fue un referente tiene mucho de labor detectivesca, se interesó García Lorca, pasando la mitad de su vida profesional en Granada.

Uno de los documentos aparecidos entre sus pertenencias personales es un informe pormenorizado de la policía político-social del franquismo que detalla con minuciosidad el número de masones registrados en España, incluyendo sus nombres y apellidos, profesiones y la nomenclatura simbólica utilizada en sus organizaciones. Su relevancia radica en que sus primeras páginas están datadas en 1936, recién iniciada la guerra. Así, en las páginas 2 y 5, referidas a la masonería andaluza, aparecen los nombres de Fernando de los Ríos (Tugan en este informe en lugar de Jugan) y García Lorca bajo el sobrenombre Homero.

Es difícil saber en qué momento llegó a las manos del doctor Peláez Redondo este informe, ni el porqué de su interés en la cuestión masónica de García Lorca. Es posible que, siendo responsable de medicina interna en Granada durante la posguerra algún investigador lo pusiese en sus manos. El informe está salpicado de notas del propio Peláez Redondo, a máquina y a mano, sobre sus impresiones y averiguaciones, lo que demuestra la pasión del doctor por la figura del poeta; una pasión secreta en la que no hizo partícipes ni a su mujer y sus hijos ni a sus propios amigos. Entre esas anotaciones destacan algunas sobre la participación del capitán franquista José María Nestares en la persecución masónica y sobre la posibilidad de que Rafael Alberti hubiera leído unos poemas de García Lorca en la radio madrileña cuando se supo que había sido asesinado.

Esta discreción investigadora del doctor Peláez Redondo estaba directamente relacionada con el peligro que en aquella época suponía indagar en asuntos contrarios a la ideología del nacionalcatolicismo franquista, obsesionado con la masonería. Para muchos, el enfrentamiento de Francisco Franco con la masonería tiene que ver con que nunca le fue permitido entrar en una logia,

aunque la idea más consensuada entre los historiadores era un alineamiento del franquismo con el nacionalsocialismo alemán de Adolf Hitler, que situaba a los masones en el mismo lugar que a los judíos. No obstante, más que una sociedad secreta, la masonería era una sociedad discreta en la que participaban personas de muy distinta ideología, credo y procedencia. Entre los objetivos de estos grupos estaban el debate filosófico y moral, el interés por los conocimientos científicos y artísticos y el perfeccionamiento de las sociedades a través del conocimiento y el progreso. Esta relación conllevaba a una red de solidaridades, de apoyos y de ayudas entre sus integrantes que fue perseguida tanto en la Alemania nazi como en la España franquista.

Esta nueva documentación inédita es de gran importancia por su cronología y precisión y por su publicación al inicio de la Guerra Civil, ya que confirma García Lorca pertenecía a la logia masónica granadina. Una relación connatural, dada su curiosidad innata, que entroncaba con ese conocimiento en el que se educaron, como alumnos maduros y conscientes de la Residencia de Estudiantes, tanto Fernando de los Ríos como García Lorca. Pero no fueron los únicos masones de renombre.

Los políticos Manuel Azaña y Práxedes Mateo Sagasta, el rey Amadeo I de Saboya o el escritor Vicente Blasco Ibáñez también formaron parte de alguna logia. Que la pertenencia de García Lorca a la masonería fuera decisiva para su detención y asesinato es discutible. Fue un pretexto más, una estúpida justificación para que en aquellos aciagos días de verano sangriento y guerra fratricida gente insignificante para la historia de España y para la cultura universal acabaran brutalmente con uno de los más importantes creadores de todos los tiempos. Tampoco podemos aseverar que su pertenencia a la masonería, probada en estos documentos, fuese decisiva en su pensamiento y en su obra más que como un aporte de las relaciones que enriquecieron su portentoso mundo. Sí podemos afirmar que Homero hermoso que eligiese el nombre del primer poeta de la cultura clásica y contador de mitos era un masón llamado Federico García Lorca.

Derecha: García Lorca posa en Granada en 1930 ante un cartel de La Barraca, grupo de teatro universitario del que fue fundador. Con la compañía representó clásicos del teatro español como Fuenteovejuna (1619), de Lope de Vega, o La vida es sueño (1635), de Calderón de la Barca.

Autorretrato con animal fabuloso (1930), de García Lorca.
Retrato de Peláez Redondo.
Poemario del poeta firmado a mano por el propio García Lorca.

Vestido y top de Akris (usado alrededor de la cintura), akris.com; collar de Alan Crocetti, alancrocetti.com; cadena y dije de Ilaria Icardi, ilariaicardi.com; guantes de Paula Rowan, paularowan.com; bolsa de Stella McCartney, stellamccartney.com; zapatos de Sergio Rossi, sergiorossi.com.

EXTRAEXTRA

Top y falda de Burberry, int.burberry.com; pañuelo de Hermès, hermes.com; bolsa de Stella McCartney.

Con colores intensos y toques atrevidos, los looks maximalistas inspirados en los años ochenta destacan en cualquier entorno.

Fotografía por Crista Leonard Estilismo por Agata Belcen

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Top de Me+Em, meandem.com/us; top de Loro Piana (usado alrededor de la cintura), loropiana.com; falda de Rachel Comey, rachelcomey.com; collar de Panconesi, marcopanconesi.com; guantes de Paula Rowan

Vestido de Ferragamo; arete de Givenchy by Sarah Burton, oreja derecha (se vende como parte de un par), givenchy.com; arete de Alan Crocetti; bolsa de Balenciaga; collar de Panconesi ; zapatos de Sergio Rossi.

Chamarra, pantalones, cinturón y zapatos de Chloé, chloe.com; bolsa de Balenciaga; anillo de Ætla, mano izquierda, aetla.co.uk; anillos, cadena y dije de Ilaria Icardi.

EL CONTROL

La cineasta

noruega Mona Fastvold repiensa las rutinas y la disciplina en ‘Discipline’, película que forma parte de la serie

Women’s Tales de Miu Miu.

Por Frances Solá-Santiago Retrato por Brigitte Lacombe

LA MANERA EN que nos levantamos de la cama, la postura recta en la que caminamos, los gestos calculados con los que nos movemos por el mundo… Para la cineasta noruega Mona Fastvold, autora de Discipline (2025) cortometraje que forma parte de la serie Women’s Tales de Miu Miu, estos pequeños hábitos aprendidos muestran la complicada relación entre las mujeres y su entorno. “[Disciplina] es una palabra que puede tener asociaciones negativas o muy positivas”, explicaba Fastvold en una entrevista días antes del estreno de la película en el teatro Village East by Angelika en Nueva York.

A través de coreografía, marionetas y piezas de la colección primavera-verano 2025 de Miu Miu, Discipline, protagonizada por Amanda Seyfried, explora las rutinas de un grupo de niñas en forma de marionetas con máscaras blancas dentro de un ambiente escolar. Al son de una banda sonora de Daniel Blumberg, las niñas llevan su día normal, como cualquier otro, yendo del dormitorio al salón de clases, del recreo al almuerzo. Pero, sus movimientos no son propios, sino que son coreo-

grafiados por figuras que les van cargando a través de los espacios. “Me intereso por los momentos de transición”, decía Fastvold. “Estamos en constante transformación hasta que morimos”.

Dos vestidos, un final feliz

A lo largo de los pasados 15 años, Miu Miu ha mezclado la moda y el cine a través de la serie Women’s Tales, en la que la casa invita a directoras de cine a crear un trabajo original enfocado en asuntos que tengan relación con la mujer. Con Discipline, el cortometraje número 31 de la serie, Fastvold se une a una larga lista de cineastas que han participado con anterioridad, incluyendo a la nominada al Óscar Ava Duvernay, la actriz y productora Dakota Fanning y la mexicana Lila Avilés. Las piezas de Miu Miu interpretan un papel protagónico en la serie. “Usar las piezas como te dé la gana es parte de la tarea. Quería escribir sobre una pieza específica”, señalaba la directora.

Así, la idea de Discipline se originó con la moda en mente, específicamente un vestido Miu Miu que

Además del cortometraje Discipline (2025), Mona Fastvold es también la directora de El testamento de Ann Lee (2025).

Fastvold llevó a la conferencia de prensa del Festival Internacional de Cine de Venecia, donde presentó El testamento de Ann Lee (2025). “Fue un momento vulnerable para mí. Sentía que necesitaba un poco de armadura”, decía Fastvold. Su coraza apareció en forma de un vestido camisero de algodón de rayas blancas y azul claro que la noruega acompañó con zapatos de tacón negros. Fastvold confesó que aquel vestido la hizo sentir “protegida” durante la conferencia de prensa, Pero también le hizo pensar en los uniformes de niñas del colegio, en las maneras en las “que aprendemos a ser mujeres”, según explicó. Por ese motivo lo escogió como el uniforme principal de las marionetas en Discipline.

Esa rutina de uniformes escolares es interrumpida por un choque de color cuando Seyfried se quita la máscara blanca y revela la única cara humana del cortometraje. Lleva un vestido rosa sin mangas con tejido macramé de la colección primavera-verano 2025 de Miu Miu. “El [primer] vestuario cargaba la disciplina, los rituales, los movimientos repetitivos que se rompen y se desmoronan, y luego tenemos esta otra pieza que nace de ese suceso”, relataba Fastvold, quien describió el segundo vestido como “juguetón”, un contraste en la paleta de uniformes estrictos.

De marionetas y otras obsesiones

Tanto en Discipline como en El testamento de Ann Lee, Fastvold relata las historias de dos mujeres al borde de una gran transformación, con la música y la coreografía como herramientas para desatar la trama. “Es un tema en el que estoy interesada y quiero continuar explorando”, apuntaba Fastvold. Mientras que El testamento de Ann Lee cuenta la historia del movimiento religioso conocido como los Shakers, Discipline se adentra en la psique femenina de una manera más abstracta con marionetas elaboradas con espuma de poliuretano. “Creo que necesitamos una nueva palabra para describirlas. La palabra marionetas no les hace justicia”, decía Fastvold. El proceso presentó varios retos, tanto para Fastvold como para la coreógrafa y cineasta Celia Rowlson-Hall, encargada de los movimientos de las titiriteras. Rowlson-Hall explicó que basó la coreografía en la técnica del ballet, una disciplina que refleja muchos de los comportamientos aprendidos y rutinarios que Fastvold quería presentar. “Quería sentir que las bailarinas estaban teniendo una conversación con su niña interior”, señalaba Rowlson-Hall. El resultado, según cuenta, es una interacción íntima en la que, a pesar de no tener vida ni reflejar ninguna facción o gesto humano, las marionetas descubren su propia personalidad. “Si no hubiésemos empezado con el ballet, la coreografía hubiese perdido esa calidad de contención que da paso a la ruptura de la trama”, explicaba Rowlson-Hall.

La moda como vehículo

A través de Discipline, Fastvold cala hondo con solo tres elementos: marionetas, música y coreografía. El cortometraje no tiene diálogo alguno, por lo que los vestuarios de Miu Miu funcionan como un lenguaje visual y oral. Para Fastvold, la moda, dentro y fuera de la pantalla, es una herramienta esencial de la experiencia humana. Ya sea con los vestidos que lleva en su rol como cineasta, así como con los vestuarios que presenta en sus películas, Fastvold considera que la moda es un constante diálogo con el cuerpo femenino, lo cual confesó es una de sus obsesiones. “No importa que pienses que no participes en la moda, o si decides llevar lo mismo todos los días. Eso también es un pronunciamiento”, reflexionaba. Dejando que la moda hable por sí sola, Fastvold espera que su trabajo genere una conversación. “Empezó como un diálogo entre yo misma y los dos vestidos. Luego, como un diálogo con Celia [Rowlson-Hall], con Amanda [Seyfried], con los 18 bailarines y todo el equipo. Y espero, que esa conversación continúe entre el cortometraje y la audiencia, entre un espectador y su hermana, o la persona que esté sentada a su lado”, decía Fastvold.

desde arriba: las marionetas son parte indispensable de Discipline ;

Derecha,
exterior del teatro
East Village by Angelika, en Nueva York; fotograma del cortometraje.

Fundado por Noelia Madiedo, NAMO Sanctuary, en Miami, busca el equilibrio entre salud y espiritualidad a través de los beneficios del gong.

AS o n i d o

UBICADO EN EL corazón de Wynwood, Miami, NAMO Sanctuary es un santuario vibracional donde el sonido actúa como catalizador de procesos profundos de sanación y expansión espiritual. Al entrar, se siente paz y calma, el groundedness que todos necesitamos. Se siente el efecto de la vibración del gong envolviendo todo.

Vista de uno de los salones de terapia con gong de NAMO Sanctuary, espacio ubicado en el corazón de Wynwood, en Miami.

Noelia Madiedo comenzó como terapeuta de niños en 2007. Profundizó estudiando yoga y meditación, y en 2010 encontró su propósito en el

gong. En 2016 fundó NAMO Sanctuary con una intención clara: crear un espacio de sanación, una plataforma de transformación, educación y comunidad. Como parte de esta visión nació The Gong Museum, que transformó el estudio en un lugar único e inmersivo que honra la historia, la artesanía y el poder espiritual del gong. Asimismo, creó NAMO Holistic School, un espacio de aprendizaje contemporáneo diseñado para educar y certificar a la próxima generación de sanadores de

sonido, facilitadores de bienestar y líderes conscientes. En este contexto, el sonido es un recurso necesario. Aun así, hay un largo camino por recorrer. No todas las personas tienen acceso a estas prácticas. Dentro de este universo, el gong tiene características especiales. Su sonido es amplio y envolvente y crea un campo vibratorio que rodea al cuerpo. No es, sin embargo, una experiencia pasiva, sino una escucha

profunda en la que el cuerpo encuentra sus propios ritmos de descanso, claridad y reorganización.

T México: ¿Qué fue lo primero que te atrajo del sonido como práctica y qué hizo que el gong fuera el instrumento en el que decidiste profundizar y construir tu maestría?

Noelia Madiedo: El sonido me encontró antes de que yo lo entendiera. Me sentí atraída por la vibración como una forma de recordar el

carías lo que sucede en el cuerpo y en el sistema nervioso durante una sesión de gong?

N. M.: El gong le habla directamente al sistema nervioso. Sus ondas y armónicos ayudan a desplazar al cerebro del pensamiento a la sensación, del hacer al ser. El cuerpo sale del estado de lucha o huida y entra en un estado parasimpático, donde puede darse la reparación, la digestión y el procesamiento emocional. Muchas personas experimentan un descanso profundo, a veces más profundo que el sueño, per-

ción nos recuerda que somos parte de algo rítmico, inteligente y vivo.

T México: ¿Cuál es la historia detrás de la fundación de NAMO Sanctuary?

N. M.: NAMO Sanctuary nació de una oración de refugio, un lugar donde las personas pudieran llegar tal como son y sentirse seguras para suavizarse. Namo significa reverencia, una inclinación ante la vida. Creé el santuario como un altar vivo en Miami, una ciudad que se mueve rápido, donde el sonido pudiera ofrecer enraizamiento, devoción y quietud interior.

algo antiguo que habita en nosotros. El gong se sintió como un portal. No exige esfuerzo, sino que invita a la entrega. Su poder es vasto, cósmico y profundamente maternal. Yo no elegí al gong, el gong me eligió a mí, y con el tiempo me comprometí a escucharlo con devoción y disciplina.

T México: ¿Cómo le explicarías lo que haces a alguien que es nuevo en el mundo del sonido?

maneciendo conscientes.

T México: ¿Cómo actúa el gong a nivel espiritual?

T México: ¿Cómo ha cambiado, al sostener espacios con el sonido, tu manera de escucharte, de escuchar a los demás y al mundo que te rodea?

N. M.: El sonido me ha enseñado humildad. Cuando sostienes un espacio, aprendes que escuchar es más poderoso que hablar. Ahora escucho más con el cuerpo, con la sensación, la intuición y el silencio. Ha suavizado la forma en que me relaciono con las personas y ha profundizado mi vínculo con lo invisible.

T México: ¿Qué papel interpreta el sonido para ayudar a las personas a desacelerar y reconectar en una cultura que valora la productividad constante?

N. M.: El sonido permite pausar. Interrumpe la narrativa de que el descanso debe ganarse. En una sesión de sonido, la productividad se disuelve y la presencia se vuelve el propósito. Esta reconexión no es un lujo, es esencial para la creatividad, la salud y la verdad emocional.

Arriba: una de las terapias con gong llevadas a cabo en NAMO Sanctuary. “El gong le habla directamente al sistema nervioso”, señala Noelia Madiedo.

N. M.: Creando espacios donde las personas pueden descansar en el sonido y permitir que el cuerpo haga lo que ya sabe hacer: reequilibrarse, soltar y recalibrarse. A través del sonido en vivo, especialmente del gong, guío a las personas hacia un estado meditativo y receptivo donde la sanación ocurre de manera natural, sin esfuerzo ni imposición.

T México: Para alguien nuevo en el trabajo con sonido, ¿cómo expli-

N. M.: El gong disuelve límites. Tranquiliza la mente para que el alma pueda hablar. El sonido limpia energía estancada y crea espacio para la claridad, el recuerdo y la conexión. Muchas tradiciones consideran al sonido como la primera fuerza creativa. El gong nos regresa a esa frecuencia original.

T México: ¿Por qué crees que las prácticas centradas en la escucha y la vibración son especialmente importantes en este momento?

N. M.: Vivimos en un mundo ruidoso en el que no escuchamos. Las prácticas de sonido nos devuelven a la presencia. Nos enseñan a bajar el ritmo, a recibir y volver a sentir. En tiempos de incertidumbre, la vibra-

T México: ¿Cómo describirías la relación entre sonido, respiración y movimiento?

N. M.: La respiración es ritmo. El movimiento es vibración. El sonido los entreteje. Cuando respiramos con el sonido, el cuerpo recuerda su cadencia natural. El movimiento se vuelve intuitivo, la respiración se convierte en oración y el sonido pasa a ser la guía.

T México: ¿Cuál es el futuro de las sesiones de sonido?

N. M.: El sonido irá más allá de las tendencias y regresará al ritual. Se utilizará en centros de sanación, escuelas y espacios comunitarios como un lenguaje de conexión y cuidado

La belleza como patria

Valentino Garavani fue uno de los grandes revolucionarios de la moda, autor de diseños que forman parte del imaginario popular italiano y mundial.

Por Javier Fernández de Angulo

NACIDO EN 1932 en Voghera, una pequeña localidad ubicada entre Génova y Milán, Valentino Ludovico Clemente Garavani Valentino para la mayoría fue una de las figuras más importantes de la cultura popular italiana del siglo XX, además de un profundo defensor de la belleza y la perfección. “La elegancia es un balance entre proporción, emoción y sorpresa”, repetía el diseñador, considerado uno de los grandes de la historia de la moda y fallecido el pasado 19 de enero a los 93 años.

El año 1960, el de los Juegos Olímpicos de Roma y del estreno de La dolce vita de Federico Fellini, representó uno de los primeros parteaguas en la vida del diseñador. En esa fecha conoció en el Café de París de la capital italiana a Giancarlo Giammetti; a partir de ese momento, ya fuera como pareja, como socio o como amigo del alma, pasaron las siguientes seis décadas juntos. Pero esa fecha fue también la de la creación de su propia marca, muy bien recibida por público y crítica. Fue tal su notoriedad que, en 1962, una de sus colecciones desfilaba entre los salones del Palacio Pitti de Florencia, uno de sus edificios fetiche. Luego llegaron los éxitos en las principales capitales europeas, la

tienda de la plaza Vendôme de París y la apertura de su primera boutique en Madison Avenue, en Nueva York, ciudad a la que poco a poco comenzó a ver como un hogar. Allí, al igual que en Europa, comenzó a vestir a las grandes celebridades del momento, además de acercarse al grupo de artistas y personalidades que solían reunirse en The Factory, el laboratorio artístico de Andy Warhol. Jackie Kennedy, Elizabeth Taylor y Audrey Hepburn, entre muchas otras estrellas de Hollywood, se rindieron ante sus diseños. “Giorgio Armani fue un gran diseñador y Valentino un creador. Tuve muy buena relación con él. Trabajamos en la apertura de su tienda en Madison Avenue, a comienzos de la década de los 80, y con él aprendí el manejo de una boutique de lujo”, decía a T México hace unos meses Ferrucio Tinghi, ligado a la expansión de grandes firmas como Zegna, Max Mara, Giorgio Armani o Gucci. Diana Vreeland, entonces directora de Vogue, era mucho más concisa; para ella, Garavani y Giammetti eran, simplemente, “The Boys”. Valentino tampoco dudó en trabajar junto a otros genios de la época, como Cristóbal Balenciaga, Guy Laroche, Jacques Fath o Jean Dessès, además de crear una suerte de hermandad con sus colegas italianos para poner aún más en valor los productos Made in Italy. “Valentino fue un creador de belleza. Comprendió antes que nadie que los diseñadores debían trabajar juntos”, decía Paola Fendi a el periódico Il Corriere della Sera. Lejos del anquilosamiento creativo, su pasión por la estética fue más allá de la moda, y encontró en la decoración otro espacio para expresar su mirada elegante. “Valentino Garavani diseña sus almuerzos y cenas, en todas sus casas, de la misma manera que ha creado crescendos y allegros vivace a lo largo de sus más de cuarenta años de carrera como uno de los más grandes diseñadores de alta costura”, escribió André Leon Talley en la introducción del libro Valentino: At The Emperor’s Table (Assouline), donde el diseñador muestra su pasión por artistas como David Hockney, Jean-Michel Basquiat o el mencionado Warhol. Naty Abascal, musa, colaboradora y amiga cercana, también quiso dejar un mensaje de condolencias en su cuenta de Instagram: “Hoy y siempre te mando flores, porque era lo que más amabas. Fuiste más que un amigo: un maestro de vida, de estilo, de gusto de elegancia”, escribió la española.

Su funeral, celebrado en la Basílica de Santa María de los Ángeles, en la Plaza de la República de Roma, se vistió de flores tan blancas como las que le recibieron en 2004 en Madrid, cuando fue galardonado con la Aguja de Oro al mejor diseñador, y reunió a grandes nombres de la industria de la moda y del espectáculo como Pierpaolo Piccioli “Fuiste mi mentor, (…) me enseñaste que la moda es alegría, aunque un tipo de alegría profundamente serio”, escribió el diseñador en sus redes sociales , Tom Ford, Brunello Cucinelli, Donatella y Allegra Versace, Anna Fendi, François-Henri Pinault, Anne Hathaway, Liz Hurley, Anna Wintour y Suzy Menkes, entre muchos nombres.

Con su fallecimiento, el mundo de la moda cambió por un día el clásico rojo de la casa por el negro. “Valentino fue el maestro indiscutible del estilo y la elegancia y el símbolo eterno de la alta costura italiana, pero su legado seguirá inspirando a generaciones”, declaró la presidenta de Italia Giorgia Meloni tras su fallecimiento.

Derecha, desde arriba: mesa decorada con porcelana de Sceaux de finales del siglo XVIII; Carlos Souza, Charlene Shorto, Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti. En página anterior, desde arriba: Garavani en el jardín de una de sus residencias, terraza de su residencia invernal en Gstaad, Suiza.

PODERTRANSFORMADOR

Javier

EL ENCUENTRO CON Enrique Nor ten se lleva a cabo en sus oficinas de la Condesa, en la Ciudad de México, un pequeño laberinto por el que su equipo circula con normalidad. Su trayectoria, sin embargo, ha mante nido una consistencia alejada de los zigzagueos, siempre comprometida con el humanismo. “Hemos ido cam biando atentos a lo que sucede en el mundo, pero hemos conservado un camino con pocos titubeos, con obra pública y con obra comprometida”, relata Norten.

delComprometidaconelmedioambienteyelhumanismo,laobra arquitectomexicanoEnriqueNortencontinúatrascendiendo.

Fundador de TEN Arquitectos, despacho con el que a lo largo de tres décadas ha firmado proyectos como la construcción del Museo Amparo de Puebla (2015) o las renovaciones del Museo Universitario del Chopo (2010) y la Escuela Nacional de Arte Teatral (1994), en Ciudad de México, y de la sucursal Donell de la The New York Public Library (2016), Norten reconoce que alcanzar la madurez le ha permitido afianzarse profesionalmente. “Esa energía desbocada de los primeros proyectos después va ganando certeza y seguridad. Creo que hemos creado un lenguaje arquitectónico”, reflexiona. Los materiales han cambiado, también los métodos de construcción, y la sostenibilidad forma parte de la ecuación arquitectónica, relación que Norten defiende. “Es una cuestión muy importante para las nuevas generaciones”, dice. “Antes no había límites, era una arquitectura del dispendio. Ahora, debido al ca lentamiento global, hay una responsabilidad mucho más seria con el medio am biente. La diferencia con las nuevas generaciones es grande. No solo es ambiental, también proponen responsabilidad social”, agrega Norten, quien no olvida poner el acento en la academia. “Tenemos una gran arma llamada arquitectura, pero no cambiemos la arquitectura por el activismo”, defiende el arquitecto, discípulo de otros anteriores como Ricardo Legorreta, Abraham Zabludovsky, Agustín Hernández, Teodoro González de León o Francisco Serrano.

Todos ellos, junto a otros nombres como Luis Barragán, Juan Sordo Madaleno, Mario Pani o Juan O’Gorman, formaron, en opinión de Norten, “la gran generación de la modernidad mexicana”. “La Ciudad Universitaria de Ciudad de México

Arriba: Enrique Norten fotografiado en las oficinas de TEN Arquitectos en la Condesa, Ciudad de México, el pasado 11 de julio de 2025.

Por
Fernández de Angulo Fotografía por Jaime Navarro

es uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes del mundo”, defiende. Eran otros tiempos, claro. “La gran diferencia es que cuando mis colegas y yo empezamos, en tiempos de Salinas de Gortari, México empezaba a abrirse al mundo. Antes, con el nacionalismo, se preguntaban qué era la arquitectura mexicana, no les interesaba tanto esa mirada al exterior. Nosotros creíamos en la globalización sin perder la identidad. Me interesa formar parte del discurso global desde la trinchera mexicana”, apunta el arquitecto. Hoy, Norten ha alcanzado un equilibrio en su carrera que le lleva a ver el mundo desde la perspectiva de la experiencia. Su portafolio se divide casi al 50 por ciento entre obra privada y pública, y eso le permite diseccionar la compleja relación que mantienen la arquitectura y la alta política. Acaba de participar en el Tren Maya, uno de los proyectos más ambiciosos emprendidos por el gobierno mexicano en este siglo; “una obra polémica”, según Norten, que, a través de 1,554 kilómetros, recorre parte de los estados de Chiapas, Tabasco, Yucatán, Campeche y Quintana Roo, destinos turísticos estratégicos para el país. TEN Arquitectos se encargó de la estación principal en Cancún, una obra que, apunta Norten, sigue sin terminarse “por los conflictos políticos, que han generado discontinuidad”. “Una vez que pasó el tren”, se lamenta, “se dejó de dar prioridad a su conclusión”. No es, sin embargo, la única obra inconclusa emprendida por el arquitecto mexicano, que hace un año inauguró en el Museo Franz Meyer de la Ciudad de México la exposición Ideas en Tránsito. Obras no construidas de Enrique Norten/TEN arquitectos. Curada por Pedro Gadanho, arquitecto portugués que en el pasado trabajó como curador de arquitectura contemporánea para el MoMA de Nueva York, la muestra hacía un repaso a todos aquellos proyectos de Norten que se habían quedado en el limbo. En total fueron 15 los procesos creativos que se presentaron al público, entre ellos el Museo Guggenheim de Guadalajara, el Teatro Metropolitano de Querétaro, la Biblioteca de Artes Visuales y Escénicas de Brooklyn, en Nueva York, o la ampliación de la Biblioteca Pública de Filadelfia. Era la segunda muestra que el Franz Meyer dedicaba a la arquitectura, pero no la primera vez que un artista provocaba a la audiencia con este mensaje. El propio Norten reconoce su inspiración: Unfinished, la exposición presentada en el pabellón de España durante la Bienal de Venecia de 2016 que mostraba todas las obras que quedaron inconclusas en el país tras el boom inmobiliario y la posterior crisis económica. “Esta estación es prima hermana de aquellas obras no terminadas”, sostiene Norten.

Durante la pandemia, TEN Arquitectos decidió cerrar su oficina de Nueva York para centrar todos sus esfuerzos en la Ciudad de México, cambio que no influyó en la vocación internacional de un despacho que mantiene frentes abiertos en varios países. En treinta años, su equipo ha diseñado hoteles, edificios de uso mixto, viviendas, equipamientos públicos y residencias, pero quizá sean los proyectos culturales los que mejor definen la ideología de la oficina. En la actualidad, TEN Arquitectos está trabajando en

en el Museum of Latin American Art (MOLAA) de San Francisco, “un reto”, apunta, que llega en un contexto en el que el arte latino necesita, en su opinión, más exposición pública que nunca. “Este tipo de situaciones y conflictos hace aún más importante la existencia de instituciones que den orgullo a una comunidad. Es un honor poner su obra en valor”, explica Norten.

Ganador, entre otros galardones, del Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana, el Premio Mundial de Artes Leonardo da Vinci y la Medalla Bellas Artes, la máxima distinción del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, el arquitecto mexicano sigue enfocado en la búsqueda de la felicidad, parte indispensable de su arquitectura. Para él, el mayor objetivo sigue siendo la mejora de la calidad de vida de “comunidades, barrios y ciudades”. “Estamos viendo un proyecto en Nueva York de más de 100.000 metros cuadrados construidos que incluirá más de mil viviendas; de ellas un 70 por ciento tendrán precios accesibles”, revela. Otro de esos trabajos con propósito es el St. Vincent Hotel, en San Vicente y las Granadinas, en el Caribe, un complejo turístico impulsado por el Banco Mundial con el que el país caribeño, antaño dependiente de las plantaciones frutícolas, pretende dar un giro hacia la economía turística. ¿El futuro? “Estar cerca de la academia me mantiene fresco. Hay generaciones nuevas con trabajos muy destacados. Esperemos que les lleguen las oportunidades”, concluye.

Arriba: campus de la Universidad CENTRO, en la Ciudad de México, obra proyectada por TEN Arquitectos en 2015. Izquierda: fachada de Casa P., ubicada en Morelia, Michoacán.

Abajo: top y falda de Donna Karan New York, donnakaran.com; arete de Lemaire, lemaire.fr; guantes de Causse Gantier, caussegantier.com; bolsa de McQueen, alexandermcqueen. com. Derecha: top, falda y slip de baño de Chloé, chloe.com; aretes de Lemaire.

Después de años de moda impecable, los looks de primavera proyectan seguridad con bordes crudos y líneas lánguidas.

ELEGANCIA IMPERFECTA

Fotografía por Marc Hibbert Estilismo por Benoit Bethume

La continúaconversación en nuestra web yredessociales.

BÚSCANOS EN

Desde la izquierda: vestido de Issey Miyake, isseymiyake.com; aretes de Lemaire. Top de Ferrari Style, store.ferrari.com; falda de Brunello Cucinelli, shop. brunellocucinelli.com; aretes de D’heygere x Marie AdamLeenaerdt, dheygere.com; bolsa de Bottega Veneta, bottegaveneta.com. En página opuesta, desde la izquierda: vestido y aretes de Ulla Johnson, ullajohnson.com; guantes de Causse Gantier. Top de McQueen; pantalones de Issey Miyake; arete de Kays Masood, studio@kaysmasood.com.

SER EL ÚNICO colombiano del grupo de periodistas mexicanos que aterrizamos hace unas semanas en Cartagena me producía un sentimiento especial. No solo era estar de vuelta en mi país después de un tiempo (vivo en México hace más de tres lustros, aunque soy colombiano de origen) sino, de alguna manera, también ser un guía y una suerte de anfitrión no oficial de mis compañeros en esta visita de cinco días a una de las tres ciudades colombianas (junto a Medellín y Bogotá, la capital) más visitadas por el turismo internacional, cada vez más importante para el devenir de la economía colombiana.

Regresar después de dos años tuvo un poco de reencuentro íntimo, algo así como volver a una casa que conoces de cerca pero que insiste en sorprenderte. Llegamos a esta joya del caribe colombiano de la mano de Nuestra Cartagena, plataforma creada por un grupo de amantes de la ciudad que ha unido esfuerzos para impulsar y celebrar su buen vivir. Como ellos mismos dicen, su idea es enseñarle al mundo un lujo auténtico, sensorial, sostenible y emocional. Bajo esta idea, 16 negocios turísticos, entre los que se encuentran hoteles boutique,

El hotel Blue Apple Beach, ubicado en la isla de Tierra Bomba, a 20 minutos en lancha desde Cartagena, cuenta con 11 habitaciones y un club de playa.

restaurantes, espacios culturales y creadores de experiencias, se unieron con el objetivo de para posicionar a Cartagena como un destino sofisticado y seguro para el viajero de alto perfil.

Para lograr sus objetivos, todos ellos han trabajado de la mano de agencias especializadas localizadas en Londres, Nueva York y Ciudad de México. “Es una iniciativa sincera para promover Cartagena desde los ojos de quienes vivimos y trabajamos aquí”, señalan desde Nuestra Cartagena. Bajo esta premisa su trabajo ha estado enfocado en mostrar la rica historia cultural de la ciudad, su arquitectura, su vibrante escena musical y artística, su gastronomía diversa y sostenible, la calidez de su gente, su

LA HEROICA

Cartagena no vive de su pasado. Se ha sabido consolidar como un destino de lujo relajado donde hoteles boutique, restaurantes de autor, bares discretos y una vida cultural importante conviven con la cotidianeidad, color y espontaneidad del Caribe colombiano.

Por Alfonso Parra

talento en diseño, su belleza natural y el glamour elegante y discreto que hace de Cartagena uno de los lugares más encantadores para visitar en América Latina.

Cartagena no vive de su pasado. Se ha sabido consolidar como un destino de lujo relajado donde hoteles boutique, restaurantes de autor, bares discretos y una vida cultural activa —del Hay Festival a los festivales internacionales de música y cine— conviven con la cotidianeidad, los colores vibrantes y la espontaneidad tan propia del caribe colombiano. Durante siglos fue uno de los puertos más importantes del imperio español y hoy es una ciudad donde la historia dialoga de manera natural con el diseño y la arquitectura contemporáneas.

En estas páginas encontrarán una pequeña aproximación a la cada vez más completa oferta turística de la llamada perla del Caribe. Cinco días en los que Cartagena nos recibió con sus calles coloniales, fachadas restauradas con rigor y patios interiores convertidos en hoteles íntimos. También disfrutamos de las delicias de su cocina; desde la famosa posta cartagenera, acompañada de patacones y arroz con coco, hasta una buena rebanada de frutas tropicales de las que ofrecen las icónicas mujeres cartageneras con sus bandejas en la cabeza. Un destino que ha entendido que el lujo contemporáneo no está en el exceso y el bullicio, sino en las experiencias curadas y a la medida y que, cada temporada, sigue atrayendo a visitantes procedentes de todos los rincones del mundo.

1. DÓNDE HOSPEDARSE

Casa Carolina

Este hotel boutique de cinco estrellas está situado frente a la catedral de Santa Catalina de Alejandría, en el casco histórico, y fusiona lo mejor de la arquitectura colonial con el servicio y la hospitalidad contemporáneos. Hospedarse en sus suites Grand Ángela y Fermina Daza es un verdadero placer. Si tienes tiempo, no dejes de visitar el spa, que ofrece tratamientos ayurvédicos, rituales de sanación y terapias ancestrales. Otro espacio que te recomendamos visitar es su rooftop bar, creado

Beach, establecimiento que también es sede de la Fundación Green Apple, pionera en el reciclaje de vidrio en Cartagena.

en colaboración con el bar El Barón, perfecto para disfrutar de coctelería de autor. @casacarolinahotel

Blue Apple beach

Se encuentra a solo 20 minutos en lancha desde Cartagena y es una de las mejores experiencias para una escapada de lujo en la isla de Tierra Bomba, que forma parte de las Islas del Rosario. Llegar allí es como haber escapado al paraíso. Este club de playa cuenta con 11 habitaciones con una decoración sencilla y acogedora y un beach club. Ha sido nombrado uno de los mejores hoteles de

Sudamérica por Condé Nast Traveler, además de formar parte de la Guía Michelin de Hoteles 2025. Todo en Blue Apple Beach está supervisado por Portia Hart, su fundadora, una empresaria británico-trinitense que hace unos años se enamoró de Cartagena. El chef Pedro Mosqueda es el encargado de combinar en su restaurante productos locales con sabores mediterráneos y caribeños. Además, Blue Apple Beach es sede de la Fundación Green Apple, pionera en reciclaje de vidrio en Cartagena. @blueapplebeach

Una de las cabañas del hotel Blue Apple
Gabriela Lena Frank y la polifonía del legado

TOWNHOUSE ART HOTEL & ROOFTOP

“Cuando llegamos a Cartagena en 2014”, cuenta Portia Hart, su fundadora, “todo eran hoteles románticos y lujosos u hostales fiesteros para mochileros. En 2017, fundamos Townhouse Art Hotel & Rooftop como un lugar para recibir a nuestros amigos y cualquiera que quisiera vivir Cartagena como la vivimos nosotros”, agrega. Hoy, el hotel es una de las opciones más relajadas de la ciudad, pero con toda la comodidad de la hospitalidad moderna. “Que lo fancy no te quite lo divertido” es

inmejorable, una música suave y los mejores ceviches, Amare Beach Club es un imperdible para disfrutar de una Cartagena sofisticada y sin pretensiones. @amarecartagena

2. DÓNDE COMER Y BEBER

Carmen “Alta cocina con corazón colombiano y alma global” es la frase que mejor refleja el

una de las premisas de un espacio en el que el arte también es protagonista a través de la pintura, la fotografía, la música y el baile. @townhousecartagena

Amare Beach Club

Si quieres dedicarle un día al sol y a la cocina fresca este lugar es el perfecto. Ubicado frente al mar, entre hamacas y con una vista

espíritu de este restaurante propiedad de la chef Catalina Vélez y su socio Rob Pevitts, encargados, junto a su equipo de cocina, de hacer que cada platillo que llega a la mesa sea una experiencia sensorial difícil de olvidar. Si vas con buen apetito te recomendamos

el menú degustación del chef (de siete o nueve tiempos) o bien platos individuales entre los que destacan la posta cartagenera (carne de res con reducción de una bebida llamada Kola), el pez y plátano (pesca artesanal y agnolotti rellenos de plátano), y el tutti frutti , un sorbete de salpicón y granadilla en escabeche de frutas tropicales. @carmencartagena

El Beso

El restaurante Carmen ofrece a sus comensales menús degustación de siete o nueve tiempos, con platos como la posta cartagenera.

La cocina de El Beso transmite autenticidad desde que abrió sus puertas en el barrio artístico de Getsemaní, una de las zonas recomendadas en Cartagena para disfrutar de galerías de arte, tiendas, bares y restaurantes. Su menú es un homenaje a los sabores del Caribe reinterpretados con técnicas contemporáneas. “Es el lugar más relajado que jamás encontrarás. Nos gusta llamar a nuestro estilo alta comida callejera, porque tomamos platos relajados de todo el mundo y les damos nuestro propio toque, ya sea en versión de mar o vegetariana”, señalan sus propietarios.

@elbesorestaurant

Postre y café en Nia Bakery

La casa que alberga esta panadería es una parada obligada cuando estés en el centro histórico de la ciudad, ya sea para disfrutar de un café colombiano o de su brunch , que incluye joyas como sus croissants recién horneados y su tostada de aguacate. Todo comenzó con la pasión de sus socios Nicole, Talia, Doug y Pierre por las frutas colombianas, protagonistas de su pastelería y de sus jugos y smoothies . Por la noche, Nia Bakery es el lugar perfecto para relajarse con alguno de sus cocteles de autor. Los muebles, hechos a mano, así como el arte que decora el espacio, son un homenaje a las tradiciones artesanales colombianas.

@niabakerycartagena

Salón Tropical

Tras su éxito en Bogotá, era cuestión de tiempo que Salón Tropical abriera sus puertas en Cartagena, donde recibe al visitante en la calle de Lomba, en el barrio de Getsemaní. Allí se mezclan con naturalidad el mejor ambiente y una esmerada cocina especializada en productos frescos del mar adquiridos directamente de los pescadores locales. “Tenemos un salón de baile moderno donde la noche se vive sin guion: vibrante, libre y en medio de una comunidad creativa”, dicen sus propietarios.

@salon_tropical

3. DE COMPRAS

Esmeraldas colombianas

Las esmeraldas colombianas son famosas por un color verde intenso y luminoso muy difícil de encontrar en otros entor -

nos. Lucy Jewelry es uno de los nombres más importantes en el mundo de la joyería en Colombia. Con más de 40 años de trayectoria, su tienda en la calle de Santo Domingo, en el centro histórico de Cartagena, es, además de un escaparate de las joyas más espectaculares, un lugar donde aprender de ese universo gracias a las asesorías de Alejandra Velasco, directora creativa e inmejorable guía. @lucyjewlry

La Fundación Green Apple cuenta con proyectos en Barú, Cartagena, Isla Grande y Tierra de Bomba, donde está su sede. Desde su nacimiento, la fundación ha logrado desviar de los vertederos más de 600 toneladas de vidrio y alimentos.

Con cuatro décadas de trayectoria, Lucy Jewelry cuenta con uno de los mejores catálogos joyeros del país,

Todo en un mismo lugar

La Serrezuela es una plaza comercial construida en el espacio que alguna vez ocupó una antigua plaza de toros. Aquí conviven de manera discreta y amable las boutiques de marcas internacionales con las marcas colombianas más reconocidas. Además, cuenta con una muy atinada representación de los mejores restaurantes gourmet y espacios culturales con una programación permanente. @laserrezuela

4. TRES EXPERIENCIAS PERSONALIZADAS

Lunatico Experience

Lunatico Experience se ha especializado en performances , cenas secretas y encuentros inesperados

alrededor de la comida, con experiencias gourmet ideales para romper el guion de un día de turismo para dedicarle unas horas a cocinar con los mejores ingredientes locales. Entre sus experiencias destacan las catas de ron y chocolate o un tour por los mercados de la ciudad.

@lunaticocartagena

Un concierge de lujo

Sulite Experiences es la compañía perfecta tanto para aquellos interesados en una inmersión en el destino como para los amantes de los planes y la organización. Ofrecen itinerarios personalizados, reservas exclusivas y atención al detalle para viajeros que buscan vivir Cartagena a través de una experiencia “a la medida”.

@sulitexperiences

Members Only

Si vas a salir de fiesta (¿por qué no?) el club privado Members Only se ha convertido en uno de los “secretos mejor guardados” de la noche cartagenera. Su estética minimalista y su música en vivo logran crear una experiencia íntima y disfrutable. A ello ayudan sus sillones y cortinas, además de su atmósfera.

@membersonlycartagena

INCOMBUSTIBLE

La carrera de Rossy de Palma está ligada a nombres como Pedro Almodóvar o Jean Paul Gaultier, pero va más allá de sus papeles en el cine o su imagen en los medios. Una mujer que ha hecho de la coherencia su bandera y de la reinvención su escudo.

Por Carmen Melgar Fotografía por Mario Sierra

Nunca ha llevado bien definirse. Desde muy joven, Rossy de Palma (Palma de Mallorca, 1964), un verso libre del arte, tenía muy claro que hacerlo era limitarse, y se obligó, de alguna manera, a autodescubrirse continuamente. “Cuando te conoces, te vuelves más rígida. Y cuando te desconoces, eres más flexible, tienes otra movilidad y la capacidad continua del asombro”, dice. Autodidacta y heterodoxa, lleva más de cuatro décadas de profesión a sus espaldas, recorrido al que el Festival de Málaga rendirá homenaje este mes de marzo con el premio Málaga-SUR, un reconocimiento a una dilatada trayectoria, nacional e interna-

cional, en la interpretación, que comenzó en 1986, cuando Pedro Almodóvar le propuso un pequeño papel en La ley del deseo. “Agradezco mucho el premio, pero no soy mitómana, ni de premios ni de personas. Las críticas ni me hunden ni me ensalzan. Sigo mucho la filosofía taoísta, si no sube el soufflé, tampoco baja demasiado, pero este tipo de reconocimientos sí se agradecen. Perdí a mi madre hace un año, y ella los valoraba mucho. Siempre me decía ‘hazte una vitrina con todos los premios’, y ahora creo que la voy a hacer en su honor”, asegura.

En Málaga presentará también su última película, Día de Caza (2026) dirigida por Pedro Aguilera, un remake de La

Caza (1966) de Carlos Saura, pero en clave femenina, y que la reunió en Cáceres, en un caluroso rodaje en agosto de 2024, con las también actrices Blanca Portillo y Carmen Machi. “Lanzar la película ha sido un proceso largo, pero trabajar con ellas me apetecía muchísimo. También con Zoé Arnao, que hace de mi sobrina. Además, está coproducida por Ana Saura, la hija de Carlos”, explica De Palma. Este drama en clave de comedia es un género que la mallorquina conoce bien: “Hay veces que me hacen halagos sobre lo divertida que soy en las películas, y pienso que es verdad, que deberíamos de ensalzar un poco más el entertaiment porque al final lo ves como algo más banal o menor,

Rossy del Palma lleva top de Pedro del Hierro, pedrodelhierro.com; sandalias de Aquazzura, aquazzura.com; lentes de Sportmax, sportmax.com; aretes y brazalete Serpenti, de Bulgari, bulgari.com.

pero es muy importante entretener, hacer que la gente se olvide de muchas cosas que están ocurriendo y que reflexione”, continúa la actriz.

Sus palabras resuenan en la misma dirección que las escritas por Josep Pla en su libro Humor honesto y vago (1942) “La pequeña tragedia del humorista consiste en no poder dar importancia más que a las cosas serias y graves” , o las que escribió Gustavo Martín Garzo sobre Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), punto de inflexión en la carrera de Pedro Almodóvar y en la de todas las actrices que formaron parte de ella, De Palma incluida “En las tragedias todo sucede

porque es irreparable; en las comedias, hasta los mayores desastres pueden ser el comienzo de nuevas oportunidades” . Porque si algo hay que tomarse muy en serio, es el humor. El ingenio y la ironía han formado parte de su vida, hasta para describir el paso del tiempo. “Tengo 61 años, y ahora digo que estoy en la pubertad de la vejez, en la adolescencia de la senectud”, dice De Palma. Así se siente y así está: inquieta y con una mirada muy viva, porque, aunque confiesa que ahora quiere hacer menos cosas y

centrarse en cultivar el interior “Yo he sido muy picaflor siempre, me he metido en muchos muchos jardines, pero ahora estoy concentrada en mi rosal”, dice , este año la agenda también viene cargada.

En estos momentos, De Palma está preparando su primera exposición, Alcanzar la orilla, en el Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas de Gran Canarias, en la que mezclará el mundo Atlántico, el Mediterráneo y las migraciones. En febrero vio la luz Llagares (2026) un corto del artista

Rodrigo Cuevas inspirado en el programa de televisión Cantares que lanzó Lauren Postigo en 1978 en Radio Televisión Española (RTVE), y que contó con la colaboración de la actriz. Cuevas y De Palma se conocieron en Barcelona el pasado mes de noviembre durante la listening party que organizó Rosalía para presentar Lux, su último álbum. Aunque habían estado en contacto antes, el flechazo fue inmediato; la forma de entender el arte (y Asturias) los unió. “Mi familia es de origen asturiano, y eso une mucho también,

conozco mucho su mundo. También lo había visto en los programas de la cocina española que hizo mi amiga Eva Longoria para canales americanos. Así que me fui a Piloña, donde él tiene todo su universo. En Asturias me siento como en casa, y él me encanta como artista, como músico”, relata De Palma. Ambos han vivido lo que se siente al ser señalados como transgresores, horma en la que la artista no se reconoce. “Yo creo que la transgresión es ser uno mismo. Los que somos más fieles a nuestra esencia podemos parecer más provocadores, pero en mi caso no hay una intención de hacerlo”, agrega la artista. Así lo vivió desde el comienzo de su carrera, cuando formaba parte del grupo de música Peor Impossible. “Teníamos un amigo americano en Mallorca que tenía que hacer prácticas con un croma e hicimos nuestros vídeos con él, pensábamos que los íbamos a perder, porque muchos se grabaron en Beta, pero se pueden ver en YouTube. Fue todo un descubrimiento, además nos salían baratísimos. Hay quien los vio provocadores, pero no fue así, nosotros estábamos jugando, explorando, dejándonos llevar por el arte, no había ninguna intención de provocar. Y en estos casos, ¿qué puedes hacer? El arte es así, subjetivo. Pero la transgresión, como la belleza, está en el ojo del que la mira”, reflexiona la actriz española.

Esmóquin de Blanam , blanamtraxe.com; zapatos de Jimmy Choo , jimmychoo.com; aretes, collar y brazaletes Serpenti , de Bulgari ; lentes de Aquazzura .

La vocación por la música le llegó en diferido. De pequeña, sin saberlo, ya era una niña dadaísta, y aunque no hubiera nada que le hiciese pensar que se convertiría en artista, estudiar ballet clásico le cambió la mente para siempre. “Me apuntó mi madre porque era su sueño, que luego yo se lo devolví a ella años más tarde con el taichí, y aunque me fascinaron aquellos años de formación, yo era muy alta y grande, y las profesoras me hicieron saber muy pronto que no me iba a poder labrar una carrera como bailarina. Además, esas disciplinas exigen mucha dedicación y sacrificio, y yo tenía demasiados intereses por descubrir, así que empecé en la música”, recuerda De Palma. Peor Impossible duró seis años y, junto a los otros ocho integrantes que lo formaban, recorrió España y parte de Italia

y Francia; incluso llegaron a realizar intercambios culturales con el Instituto Cervantes. Su gran éxito, Susurrando, sonó en programas de televisión de la época en España como Tocata, pero también en la sala Rockola, templo de la llamada movida madrileña, donde actuaron en dos ocasiones. “Éramos muy espontáneos, muy auténticos, quizá demasiado precursores para la época. Sonábamos muy bien en directo, en cada actuación mezclábamos música, baile e interpretación. Llegamos a Madrid en los últimos coletazos de la movida”, explica la intérprete. Fue ahí donde conoció a Pedro Almodóvar, Tino Casal, Ouka Lele. “Era un hervidero de libertad, el arte salía espontáneo. Yo trabajaba de camarera en bares porque era la única manera de ganar dinero, pero a la vez eran los sitios donde se reunían todos los artistas, con lo que trabajaba y alternaba con ellos al mismo tiempo. ¡No me perdía nada!”, señala De Palma. En una de esas ocasiones, Almodóvar puso el ojo sobre ella para que formara parte de La ley del deseo (1987) la sexta película del director. En ese momento él ya era un cineasta famoso; ella, todo personalidad. En el capítulo dedicado a la película en el libro Los archivos de Pedro Almodóvar (2011), con texto de Vicente Molina Foix, se describe el personaje que interpreta como “entrevistadora posmoderna, de perfil único. Le bastaron tres planos para convertirse en icono de la modernidad”. El resto es historia, la que ha ido consolidando a través de las nuevas películas que han hecho juntos, incluida Amarga Navidad (2026), que se estrena en España el 20 de marzo, en la que hace un pequeño cameo. Confiesa que en las cuatro décadas que han pasado entre el primer filme y el último no ha cambiado mucho. “Trabajo con él de la misma manera, y aunque no salga en todas las películas, sí me siento parte de toda la filmografía. Cuando les dieron la Palma en Cannes a todas las actrices por Volver (2006) yo estaba en mi casa, pero sentía que yo también lo recibía. Porque todas las mujeres almodovarianas tienen el nexo en común de la libertad, de no tener culpabilidad judeocristia-

na, de levantarse siempre como el Ave Fénix. Son muy resilientes”, señala.

Además de los créditos del célebre director, lleva a sus espaldas otros cien títulos entre series televisivas, papeles secundarios y otros protagonistas. Con la película francesa Hors Jeu (1998) ganó el premio a mejor interpretación en el Festival de Cine de Locarno, pero también un recuerdo indeleble: “No podíamos leer el guion, rodábamos cronológica-

mente y no podía estudiar mis frases en francés, ni sabía qué iba a decir… Era como en la vida, que no teníamos la capacidad de reacción. Me encanta trabajar así, no saber qué va a pasar en la película, o qué forma va a coger una escultura cuando trabajo con arcilla, o cómo va a acabar una performance. Es una manera de abandonarte al arte y eso es genial”, rememora. Porque más que una actriz, De Palma siempre se ha considerado una intérprete: “Respeto mucho el trabajo actoral, pero yo no soy una actriz de método,

soy más un material moldeable. Mi relación con lo artístico es muy intuitiva, nada rigurosa, creo mucho en el potencial enriquecedor del accidente y de lo inesperado. En un pódcast dije una vez una frase que se ha vuelto viral, que creo que los artistas somos conductores del arte, no somos el arte. Es como si el cable y el enchufe pensaran que son la electricidad. Es mi manera de ver las cosas y no puedo cambiarla. Es lo que tenemos las autodidactas, que fluimos con la espontaneidad”, señala la española.

Vestido de Silvia Tcherassi , silviatcherassi.com; zapatos de Aquazzura ; aretes, reljoj y collar
Serpenti , de Bulgari

Cuando empezó a trabajar con Almodóvar, no tardó en darse cuenta de que él también estaba abierto a lo accidental y a enriquecer, con algo inesperado, el trabajo artístico. “Coincidía completamente con mi manera de concebir el arte: llevas todo preparado, pero si algo mágico sucede, estás alerta para incorporarlo”, explica. En este punto, De Palma vuelve a echar mano de uno de los principios del taoísmo, cuando algo está vacío, algo nuevo llega y lo llena: “En el mundo interpretativo yo intento desaparecer. El personaje lo vivo casi como una posesión. Yo dejo la voz y el cuerpo y que se manifieste a través de mí, incluso yo misma luego me sorprendo. No hay una premeditación, no tengo una estrategia porque al final lo más bonito es el recorrido, no el resultado. He hecho películas muy malas en Italia, pero he aprendido italiano y me lo he pasado genial”.

Asu extenso recorrido en las pantallas se suma un no menos merecedor camino en el teatro, donde reconoce haber trabajado en proyectos de los que se siente “muy orgullosa”. Es el caso del recital Resilienza d’amore, una puesta en escena surrealista que llevó a cabo en el Piccolo Teatro de Milán. En ella cuenta su primer desengaño amoroso, platónico en su máxima expresión. “Yo tenía unos 9 años y estaba enamoradísima de la luna, le hablaba sobre su luz, su poder, su influencia… Y un día en el colegio me dijeron que la luna no tenía luz, que era el sol, y fue un gran shock. Terminé el monólogo diciendo: ‘Sin embargo, continué amándola y venerándola, quizás a partir de ese momento un poco más, porque la reconocí imperfecta’”, explica De Palma. Esa imperfección la encuentra también en las performances, una de sus disciplinas favoritas. “En el cine, sin embargo, no tienes el control, ni hay que tenerlo. Tú haces tu mejor trabajo, pero al final no es tu responsabilidad. Una película termina con el espectador y su reacción, o cómo la recibe, es el ingrediente final de la receta, y tiene tantas lecturas como espectadores o espectadoras la han visto, que son los que terminan la película con su apreciación subjetiva”, reflexiona.

En la receta de su vida tienen cabida muchos más ingredientes. En 2022 fue nombrada por Audrey Azoulay, en aquel momento directora general de la Unesco, Embajadora de Buena Voluntad para la Diversidad Cultural, una función que considera todavía en progreso para la que tiene grandes ideas. “Como en todo lo que me involucro, tengo que sentir que lo que hago es tangible. Hago aportaciones, microdonaciones, proyectos que pongo en pie, como cuando hice La Vie en Rossy, una colaboración especial en los almacenes Le Bon Marché, en París, que incluyó una exposición muy colorista que se llamó Olé Olé, y de cuyas ventas una parte iba destinada a esas iniciativas. Me gusta hacer cosas pequeñas, a escala micro, pero que cuenten. Voy despacio, pero quiero hacerlo bien. Es una satisfacción, porque necesitamos sentirnos útiles de alguna manera”, expresa. La situación mundial que nos rodea es uno de sus principales quebraderos de cabeza, pero ante lo que ella llama “la necedad del ser humano, porque siempre repetimos la misma historia”, hay un brote verde en el arte, y en la vida del que se siente profundamente orgullosa, la visibilidad y el reconocimiento cada vez mayor de las mujeres en todos los ámbitos, especialmente en su sector. “Hay una efervescencia maravillosa de directoras, de guionistas, de autoras y de escritoras muy interesante. Nos ha costado tiempo descubrir a las mujeres que no pudieron abrirse al mundo en otras épocas, que estaban denostadas, olvidadas, y ya por fin sentimos una introspección y curiosidad hacia nosotras mismas, que es el motor más maravilloso que se puede tener”, expresa la actriz. Celebra no solo que las mujeres hayamos dejado de mirarnos en los hombres como en un espejo para desear lo que ellos tienen, sino también que sepamos de lo que somos capaces y que hayamos tomado conciencia de dónde podemos llegar, “menos en lo de los salarios, que esa igualdad está todavía por solucionar”. De romper costuras, y estereotipos, ella sabe un rato: “Yo creo que mi generación ha sido la que ha empezado a aprender vivir sin la dependencia de un hombre, del deseo masculino. Ya no somos víctimas

de nuestra dependencia, ni económica ni física ni espiritual. Estamos en un momento increíble. Lo veo en cómo están vertebradas las nuevas generaciones, con mi hija y sus amigas, por ejemplo, cómo son capaces de ser felices y no necesitar ninguna validación masculina”, dice. Pero también está la sororidad, muchas veces el terreno más complicado de abonar. “Yo llevo años diciendo que la chaqueta de feminista, que por supuesto que me la he puesto, me quedaba pequeña. Necesitamos nuevas nomenclaturas, nuevas aperturas y no perseguir tanto a las que no dicen lo que en ese momento esperas oír. Hay que ser compasiva, porque cada una vive una evolución diferente, y a mí no se me ocurre decir a nadie lo que tiene que pensar u opinar, sobre todo porque no quiero que nadie me lo diga a mí”, continúa. Independiente y con idiosincrasia propia, no tiene conciencia real de haber abierto un hueco en la normativa sociedad de su juventud. “En francés hay una palabra, farouche, que significa salvaje, osada. Yo siempre he tenido eso como guía, he sido muy libre por dentro”, señala. De aquella época recuerda la cantidad de grupos politizados y la efervescencia social, pero ella siempre se mantuvo al margen: “Todos te decían lo que tenías que hacer, o cómo vestir o cómo pensar. Y en aquel momento me inventé el término anarquista individualista para definirme. Yo pensaba: ‘Voy a arreglar mi armario, que siempre tendrá desorden. Y mientras lo hago, no tengo tiempo de ver cómo tiene otro el suyo ni criticarlo’. Porque todos los que critican siempre tienen mucho que callar”.

De Palma recuerda con especial cariño a Marisa Paredes, fallecida en diciembre de 2024, otra de las grandes intérpretes de la escena española y que en Pedro x Javis (2025) docuserie en la que Javier Calvo y Javier Ambrossy, Los Javis, repasaban el universo de Almodóvar recibe su homenaje por parte de Loles León, Bibiana Fernández y la propia De Palma. “Fue un regalo a la cultura almodovariana, no solo al cine sino a todo lo que representa. Nosotras éramos

unas invitadas para crear una complicidad que querían desarrollar sobre Marisa. Ella era muy activista y activa en su vida. A los amigos nos mandaba miles de mensajes, convocatorias... No sé cómo lo hacía. En la capilla ardiente en el Teatro Español, al lado de la portería en la que trabajaba su madre, en la que ella vivió y creció , su hija, María Isasi, estaba alucinada con la cantidad de gente con la que estuvo comiendo o cenando la semana anterior al fatal desenlace, que nadie se esperaba”, recuerda la actriz.

Otra figura inseparable a la que está ligada de manera inalterable es Jean Paul Gaultier. El diseñador, eterno enfant terrible de la costura, ha sido uno de los mayores faros en su vida. Con él participó en el mítico desfile que Robert Altman recogió en la película Prêt-à-porter (1994), pero también en otros como la despedida del creador a sus más de 50 años de profesión, realizada en enero de 2020 en el Théâtre du Châtelet, con casi 2,000 invitados y 250 trajes sobre la pasarela. Junto a Gaultier bajó las escaleras del mítico Folies Bergère en el primer musical del francés, y con él reconoce De Palma que había hablado un par de días antes de esta entrevista: “Tengo un proyecto con él de una película de animación que está en desarrollo. Es algo muy laborioso y él ha hecho un trabajo increíble. Es una persona maravillosa que tiene el don de estar conectado con su niño interior, por eso va a ser siempre un enfant terrible, pero eso te permite estar siempre despierto y sentir curiosidad. Es el elixir de la eterna juventud”, apunta De Palma. Parte de su pócima secreta la guardan Luna y Gabriel, sus hijos, que también han comenzado carrera artística. “Venimos al mundo con un hardware y solo actualizamos el software, pero los hijos vienen con un sistema operativo que da mil vueltas al nuestro. Aprendemos más de ellos que ellos de nosotros. Son los que nos actualizan el procesador. La única cosa que les podemos enseñar es que el discurso sea coherente con las acciones, el único tesoro a transmitir es ser uno mismo, ser fiel a tu esencia, no traicionarte”, reflexiona.

¿Qué significa ser una artista indígena exitosa dividida entre las tradiciones locales y una carrera global? La historia de Rose B. Simpson en cinco obras.

“¿ACASO ME CONVERTÍ EN LEÑA PARA EL FUEGO?”

cerámica local durante cientos de años. Simpson es conocida por sus figuras de barro, que evocan guerreros andróginos, buscadores y guías adornados con metal reusado, cuero y cuentas, pero esas esculturas remiten de manera menos explícita a su herencia tewa que los autos, que ella considera “probablemente la obra más nativa” que ha hecho. También representan un riesgo para Simpson, que ha pasado buena parte de su carrera resistiéndose a que la encasillen como artista indígena. Como mencionó: “Me encantaría que me vieran como una artista que, casualmente, resulta ser nativa”.

La artista Rose B. Simpson fotografiada en Santa Clara Pueblo, Nuevo México, el 4 de junio de 2025.

L1. ‘BOSQUE’ (2025)

A ARTISTA ROSE B. SIMPSON rodeaba el esqueleto de acero sin tratar de un Buick Riviera de 1964 en el taller de un amigo en Albuquerque, midiendo los agujeros que plagaban el chasis. “Era como un queso gruyère”, gritó por encima del estruendo de golpeteos y vibraciones. Era principios de mayo y el lowrider había recorrido un largo camino desde el desastre oxidado que Simpson, de 42 años, había empezado a remendar meses atrás. Ahora ese mismo automóvil —pintado, tapizado y nombrado provisionalmente Bosque, en referencia a los improbables oasis que se forman a lo largo de los ríos en los desiertos de Nuevo México— forma parte de Rose B. Simpson: Lexicon, una instalación de un año de duración que se inauguró en 2025 en el museo de Young de San Francisco, donde se presenta junto a su primer carro personalizado, de 2014. El arte de Simpson siempre es personal, pero Bosque encarna plenamente los dos lugares que la formaron: Santa Clara Pueblo (Kha’p’o Owingeh, como lo llaman sus habitantes), la comunidad tewa al norte de Santa Fe donde creció, y su vecina Española, una ciudad dura en la que los lowriders restaurados con devoción son objeto de un enorme orgullo local. Fue allí donde Simpson —de madre tewa y padre blanco— aprendió por primera vez a ver los autos clásicos como esculturas sociales. De joven, se daba la vuelta por la avenida principal del pueblo; en la época antes de los celulares, “así encontrabas a tu gente”, comenta. Las relaciones entre la reserva y Española siempre han sido tensas, pero los carros de Simpson, con sus nombres en español y sus acabados pictóricos inspirados en la estética Pueblo, son criaturas híbridas. Los patrones del Buick —diseños elegantes en negro y terracota que flotan sobre un fondo blanco— pueden parecer abstractos para quienes no son de ahí, pero han sido parte de la

Durante años, Simpson pudo mantenerse económicamente dando clases, trabajando en la construcción y en ventas locales en Santa Fe. En los últimos seis años ha alcanzado un nivel poco común de éxito comercial y reconocimiento internacional. En enero instaló una escultura de bronce —una representación monumental de una madre y su hijo— en el Museo de Arte Moderno de San Francisco. En marzo presenta obra nueva en Australia, en la Bienal de Sídney. Ser una artista reconocida suele implicar viajar sin parar entre exposiciones, residencias, ferias, galas y eventos en todo el mundo. Pero para Simpson, estar arraigada en Santa Clara, donde comienza la mayoría de las mañanas hablando con la tierra y escuchando su respuesta, es parte esencial de su práctica. En tewa, la palabra nung significa tanto “tierra” como “nosotros”. Las montañas, los ríos y las nubes son seres conscientes que observan cada una de sus decisiones. Una se conduce de forma distinta, confiesa, cuando el mundo a su alrededor funge como testigo. “La cultura y los sistemas de creencias Pueblo están anclados al lugar”, explica mientras atravesamos las colinas polvorientas y pardas, salpicadas de las matas de piñón y enebro que rodean el pueblo. “Así que todas las ceremonias, los cantos, todo, tienen que ver con este lugar”. Simpson pasa varias semanas al año participando en ceremonias tewa y muchas más cosiendo ropa, tejiendo canastas, haciendo cerámica y preparando comida para la ocasión. “Se trata de sentarnos juntas y recordar quiénes somos como personas —reír, bromear y llorar mientras trabajamos— y como mujeres”, dice. Las galerías que la representan han aprendido a marcar en sus calendarios los días festivos en los que ella no saldrá del pueblo ni contestará el teléfono, por muy especial que sea la oportunidad o halagadora la invitación. A veces se impacienta ante esas limitaciones, pero no puede imaginarse sin ellas. “Creo que si no hubiera límites, me evaporaría”, menciona. Hace un año y medio, Simpson me había dicho que todos los días batallaba con las exigencias “vampíricas” del mundo del arte. Ahora, asegura, es más bien cada hora. “En serio me cuestiono cuánto me quita”, comenta en la casa modesta que comparte con Cedar Rain, su hija de 8 años. Pero rápidamente Simpson vuelve a burlarse de sí misma, lamentando el amor incurable por la comida gratis que la lleva a decir que sí a cenas del mundo del arte que preferiría evitar. Sin embargo, se queda atrapada en sus pensamientos por un momento. Le pesa pensar que la energía que invierte en su carrera podría usarse de mejor manera en su comunidad.

Detrás de esa inquietud de Simpson está una larga historia de personas de fuera que han convertido a las culturas nativas en un fetiche. Simpson recuerda los camiones turísticos que llegaban a Santa Clara cuando era niña y a los visitantes que le tomaban fotos. “Tengo un detonante emocional muy fuerte cuando estoy con personas blancas —o con turistas que, casualmente, suelen ser personas blancas— que se sienten con derecho a acceder a mi espacio, a mis ideas, a mi cuerpo físico”, menciona. Como artista, se enfrenta a una paradoja fundamental. Ha pasado su carrera excavando las partes más profundas de sí misma, intentando que cada obra sea más honesta, pura y real que la anterior. Pero cualquier obra verdaderamente auténtica que haga sin duda revelará algunos aspectos de ese mismo yo vulnerable que ha luchado por proteger, y un sistema de creencias más amplio que no quiere comprometer.

2. ‘THE REMEMBERING’ (2020)

SIMPSON TRABAJA con metal, madera, cuero y tela, pero “el barro es familia”, comenta. “Es de donde venimos”. Su linaje materno ha trabajado con él durante 700 años. Los padres, de Simpson, con quienes mantiene una relación cercana, son artistas. Su padre, Patrick Simpson, hace esculturas en metal que ella nombra como una influencia en su propio trabajo. Su madre, Roxanne Swentzell, fue de las primeras ceramistas en Santa Clara en hacer esculturas figurativas en lugar de recipientes utilitarios. La pareja se separó cuando Simpson era una bebé y, aunque veía a su padre de manera frecuente en Santa Fe, fue Swentzell quien crió tanto a ella como a su hermano mayor, Porter Swentzell, hoy director de la Kha’p’o Community School.

La familia vivió en la reserva dentro de una tienda de campaña militar, con una manguera de jardín como regadera y sin electricidad, antes de mudarse a una casa de adobe que la madre de Simpson construyó con sus propias manos. Simpson creció almacenando semillas y recogiendo leña. Tenían abejas para hacer velas y criaban pavos para comer. Aunque Swentzell y sus hijos vivían de la tierra en parte por necesidad, Simpson reconoce ahora la decisión de su madre como un acto desafiante. En aquel momento se sentía como la niña menos cool —sus primos comían en McDonald’s y veían la televisión—, pero su infancia le enseñó a ser autosuficiente. Lo primero que hizo cuando se mudó a su casa actual, menciona, fue “borrar” la secadora, y sigue sin encontrar una postura clara respecto a tener refrigerador.

Simpson compró su primer carro a su madre cuando tenía 12 años. (No es raro que los niños en Santa Clara empiecen a manejar en cuanto sus pies alcanzan los pedales, dice). El Jeep se convirtió en un refugio. Otros niños nativos se burlaban de ella por ser alta y tener la piel relativamente clara. Más amenazantes eran los hombres borrachos, amigos de un hombre con el que su mamá empezó a salir cuando Simpson tenía unos 9 años, cuyas insinuaciones esquivaba durmiendo en su carro. Porter y ella se mudaron a su propio departamento cuando Simpson tenía 16.

Para ella, el trauma personal y las injusticias históricas son inseparables. The Remembering, una obra de 2020, habla de la violencia y la vergüenza que ella identifica como una herencia colectiva de su tribu. Tres niños de arcilla roja, con los ojos reducidos a finas hendiduras, miran al frente con solemnidad. La mandíbula tensa, los labios carnosos cerrados. Desde el interior de muros cerámicos lisos que envuelven sus cuerpos emergen, en vertical, varas de madera. Las manos grandes de las figuras cuelgan inertes, sostenidas por cadenas de metal.

Simpson creó esta pieza más o menos al mismo tiempo en que las excavaciones de fosas comunes sacaron a la luz nuevos horrores del sistema de internados indígenas que desintegró a familias nativas en todo el país desde principios del siglo XIX hasta la década de 1960. Su bisabuela y homónima, Rose Naranjo, fue una de los cientos de miles de niñas y niños arrancados de sus comunidades y mandados a escuelas donde padecieron hambre, golpizas y otras formas de abuso diseñadas para convertirlos en sirvientes y mano de obra dócil. “¿Qué clase de sociópata, qué clase de persona sin corazón…?”, dice Simpson, mientras se le quiebra la voz. “¿Cómo agarras a unos seres humanos y los conviertes en un recurso natural? Para romper a la gente, rompes a los niños. Lo hicieron a propósito”.

Izquierda: Bosque (2025), de Simpson, aún en proceso, en un taller de Albuquerque. Abajo: la escultura The Remembering (2020), de la artista.

3. ‘TRANSFORMANCE’ (2014)

NO MUCHO TIEMPO después de regresar en 2011 a Nuevo México con una maestría del Rhode Island School of Design, Simpson compró un Chevy El Camino de 1985, lo pintó de negro satinado con patrones brillantes inspirados en la estética Pueblo y lo equipó con una transmisión para las carreras de arrancones y un motor que apenas aguanta velocidades por debajo de los 180 kilómetros por hora. Lo llamó Maria (2014). “Maria quiere ir por el mundo a toda velocidad”, comenta. Simpson quería algo parecido: ser tan rápida y ruda que nadie se metiera con ella.

Durante la mayor parte de su vida, ser mujer se sentía como una desventaja. Las mujeres y niñas indígenas son asesinadas en mayor medida que otros grupos en Estados Unidos. No hace mucho, Simpson se despertó de una pesadilla en la que un carro lleno de hombres la perseguía a ella y a un niño que llevaba a la espalda. Al final, la alcanzaban. “Supongo que aquí quedé”, recordó haber pensado. “Este es el momento en el que desaparezco”.

La masculinidad se convirtió en una estrategia de supervivencia. “Entre menos me viera como mujer, más empoderada me sentía”, menciona. Como estudiante en la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, donde empezó la licenciatura antes de cambiarse al Institute of American Indian Arts en Santa Fe, Simpson se refugió en el skate y el grafiti, tenía un arete de picos en el tabique de la nariz, se dilataba los lóbulos con expansores del tamaño de una moneda, y dormía con una pistola de 9 milímetros bajo la almohada. Cantaba como vocalista principal en la banda nativa de punk Chocolate Helicopter y en el grupo de hip-hop Garbage Pail Kidz. Buscaba relaciones románticas con mujeres, en parte porque le parecían más seguras, y se vestía como los tipos que adoptó como hermanos. “No uso nada que me impida saltar una barda para escapar de la policía”, recordó haberle dicho a una reportera de estilo de vida que le preguntó por su “sentido de la moda”. Cuando terminó Maria en 2014, Simpson empezó a pensar en cómo se veía a las mujeres en el mundo del automovilismo, que solían aparecer como modelos en bikini recostadas sobre los cofres de coches clásicos remodelados en exposiciones y carreras. Se preguntó cuál podría ser una alternativa más empoderadora. Ese mismo año, cerró Canyon Road, una zona turística de edificios históricos de

Arriba: la performance de Simpson Transformance (2014), que se llevó a cabo en una concurrida zona comercial de Santa Fe. En página opuesta, desde arriba: Two Selves (2023), una obra inspirada en la experiencia de Simpson al convertirse en madre; Daughters: Reverence (2024), una instalación escultórica presentada en la Bienal del Whitney de 2024.

adobe en Santa Fe, para una intervención sin permiso. Flanqueada por mujeres indígenas y amistades queer vestidas con cuero negro hecho a la medida, como si se tratara de un batallón postapocalíptico, Simpson condujo lentamente a Maria frente a las tiendas y galerías de arte que vendían cuadros de indos estoicos vestidos con gamuza y plumas. Un latido retumbaba desde las bocinas mientras el grupo avanzaba ante la mirada incrédula de quienes paseaban por ahí. Llamó a la pieza Transformance.

4. ‘TWO SELVES’ (2023)

LA HIJA DE SIMPSON nació en su casa dos años después, en 2016. El padre de Cedar Rain, un viejo amigo de Simpson, no comparte actualmente las tareas de crianza con ella. “Me di cuenta de que mi energía masculina no me servía mucho en esta situación tan difícil en la que tienes a una bebé con cólicos llorando toda la noche”, confiesa Simpson. “Debes recurrir a una fuente muy profunda y antigua para mantener a esta niña con vida y mantenerte cuerda, ¿no? Y ahí encontré una fuente de poder que no sabía que estaba ahí antes”. Esperaba que, al enfrentar sus propios miedos y su autodesprecio, pudiera evitar que su hija los viviera también. De ese proceso nació Two Selves, un autorretrato de 2023 en cerámica de doble cuerpo y casi dos metros de altura. El rostro de la figura más alta está desgastado por la vida —incluso se le nota triste—. Sin embargo, tiene el mentón elevado y los labios entreabiertos, como si acabara de vislumbrar algo esperanzador en el horizonte. Un niño andrógino atado a su pecho se inclina hacia delante, con los brazos extendidos. Ese ser “soy yo de pequeña”, confiesa Simpson. “Es como el corazón, la parte vulnerable a la que no he dejado hablar, a la que no suelo permitir que me guíe. Y es la que está diciendo: ‘Este es el camino’”.

Cuando llegó el momento de esculpir el rostro de la figura mayor, Simpson tuvo que enfrentarse a sí misma. Regresó a un ejercicio que no practicaba desde la maestría. Al estudiar su propio rostro —la mandíbula fuerte, la frente alta, las finas arrugas— se concentró en los rasgos que detestaba. El objetivo de Simpson no era convencerse de que era bella. Era simplemente aceptar lo que veía, sostener su propia mirada y pensar: “Esta soy yo. Esto es lo que soy”.

5. ‘DAUGHTERS: REVERENCE’ (2024)

SIMPSON VE SUS esculturas como “caballos de Troya de la conciencia” que se infiltran en espacios donde podrían alentar a otras personas a examinar sus propias heridas y puntos ciegos. Aun así, a menudo le preocupa engañarse a sí misma, sobre todo cuando se enfrenta a la evidencia de que, para algunos coleccionistas, sus esculturas son poco más que trofeos. “Cuando escucho a la gente preguntar: ‘¿Tienes un Rose? Yo tengo un Rose’, pienso: ‘¿Qué [grosería] es eso? ¿Acabo de convertirme en leña para el fuego?”, confiesa. Hace poco tuvo un sueño en el que intentaba salirse con cuidado de un nido de serpientes, “una metáfora casi demasiado perfecta del mundo del arte”, menciona.

Desde que surgió el movimiento Black Lives Matter hace una década, las galerías comerciales y los museos públicos han intentado corregir sesgos, entre ellos la escasez de obras indígenas en las instituciones estadounidenses. En 2020, la Galería Nacional de Arte de Washington, D.C. adquirió su primera obra importante de una artista nativa, Jaune Quick-to-See Smith, quien murió a principios del año pasado y fue la primera persona indígena en recibir una retrospectiva en el Museo Whitney de Arte Estadounidense en 2023. Hace apenas dos años, Jeffrey Gibson se convirtió en el primer artista indígena en representar a Estados Unidos en la Bienal de Venecia. Simpson desconfía de la prisa que tienen algunas instituciones por incluir perspectivas nativas, que a veces termina en agrupaciones de artistas curadas sin tacto. Cuando los curadores proponen eventos paralelos a sus exposiciones, el discurso estándar suele ser: “‘Busquemos a todos los indios de la zona y hagamos un powwow [una reunión de personas nativas] o algo para honrarlos’”, comenta. “Y yo siempre me pregunto: ‘Cuando expusieron a un artista asiático, ¿hicieron eso?’”.

Su respuesta al tokenismo es crear figuras que existen por sí mismas. En la Bienal del Whitney de 2024 instaló Daughters: Reverence (2024), un grupo de cuatro figuras ceremoniosas —en ocre, negro, rojo y gris— adornadas con cascadas de cuentas hechas a mano. Simpson no intentó alisar ni pulir su piel, dejándola marcada con cientos de huellas dactilares. Las figuras monumentales se alzaban frente a frente, aparentemente indiferentes a los espectadores que las rodeaban. “No están haciendo algo para el público”, menciona. “En realidad están trabajando entre ellas”.

Poco a poco, Simpson trata de hacer lo mismo: borrar distracciones y expectativas externas. En parte por eso está aprendiendo a pilotar helicópteros. “En cada momento hay como mil cosas que podrían matarte”, comenta; el peligro la obliga a estar presente. Sueña con construir uno algún día, una hermana alada de Bosque y Maria pintada con patrones similares e inspirados en la estética Pueblo. Sería una obra de arte, pero también algo realmente útil. Con un helicóptero, su tribu no tendría que depender de gente de fuera para llegar a zonas remotas de la reserva. Sería solo para ellos, dijo, “no para nadie más”.

Un tributo en la Casa Alonso Rebaque a las autoras mexicanas que hicieron de la escritura un acto de identidad y resistencia.

Fotografía por Francesca Beltran Estilismo y dirección creativa por Kira Álvarez

Desde la izquierda: vestido, falda, guantes y tenis, de Prada, prada.com, El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza; culotte, top, gabardina y guantes, de Prada, Páradais, de Fernanda Melchor.

Saco, falda y aretes, de Dior, dior.com; Los recuerdos del porvernir, de Elena Garro. En página anterior: blazer, pantalón y aretes, de Chanel, chanel. com; La cabeza de mi padre, de Alma Delia Murillo. 75
Blusa y falda, de Fendi; alfombra de Txt.ure txt-ure.mx; Feral, de Gabriela Jáuregui. En página anterior: pantalón, camisa, suéter, pañuelo, bikini y tenis, de Miu Miu, miumiu.com; alfombra de Txt.ure; sofá de Ikpali Studio, Perras de reserva, de Dahlia de la Cerda. 77
Vestido y zapatos, de Louis Vuitton , louisvuitton.com; lámpara de Daniel Orozco, Fruto, de Daniela Rea.
Vestido, suéter, saco y zapatos, de Miu Miu; Falsa liebre, de Fernanda Melchor. En página anterior: saco y falda, de Fendi, Ceniza en la boca, de Brenda Navarro.

RUMBOSDESCO N O C I D O S

PorGuyTrebay

Muyporencimadelaelegancia

claustral de Milán, el director Luc a Gu a d a g nino

hatransformado elpenthouse de un amigo en un oa sis sombrío y frondoso de modernismo brasileño.

FotografíaporSimon Watson

Desde la izquierda: en la sala del departamento en Milán que el cineasta Luca Guadagnino diseñó para el empresario del e-commerce Federico Marchetti y la periodista Kerry Olsen, una fotografía de Thomas Ruff, sillones verdes y un sofá de Sergio Rodrigues de la década de 1960, una banca Wave de Jorge Zalszupin, cortinas y una mesa de centro de travertino a la medida de Studio Luca Guadagnino, y un espejo de Anish Kapoor; en un rincón del comedor junto a la cocina, una silla Curva de Joaquim Tenreiro, ca. 1960, una mesa Guéridon de Jean Prouvé, una lámpara de pared de Michael Anastassiades y una puerta de Studio Luca Guadagnino realizada en madera de palma, acero y vidrio.

ALO LARGO de la última década, el cineasta italiano Luca Guadagnino, de 54 años, ha desarrollado una carrera paralela emocionante e inesperada: el diseño de interiores. Sus películas, entre ellas Call Me By Your Name (2017) y Queer (2024), se distinguen por una escenografía suntuosa y cuidada al máximo detalle, así como por su capacidad para comunicar un deseo visceral, de modo que sería lógico suponer

que el interior de sus lugares privados obedeciera a los mismos impulsos.

No es el caso, insiste. “Cuando la gente compara mi trabajo como cineasta con mi trabajo diseñando interiores, es corta de vista”, dice Guadagnino. “En el cine utilizo imágenes para crear emoción. Con los interiores, se trata de relaciones físicas muy reales”.

Una parte primordial entre esas relaciones es la alianza creativa con su cliente más antiguo, el empresario de comercio electrónico Federico Marchetti, de 57 años. Fue Marchetti, fundador de la tienda de moda en línea Yoox (que más tarde se fusionó con Net-a-Porter), quien en 2016 leyó por

casualidad una entrevista con el director, un viejo amigo suyo, en la que Guadagnino confesaba su sueño secreto de ser diseñador de interiores. Marchetti le ofreció como primer encargo una fábrica de seda abandonada que acababa de comprar en el Lago de Como y que quería transformar en una villa para vivir ahí con su esposa, la periodista británica Kerry Olsen, de 49 años, y su hija, Margherita, hoy adolescente. Desde entonces, Studio Luca Guadagnino, la firma que el director fundó en 2017, ha colaborado con Marchetti en una serie de proyectos, entre ellos la renovación del departamento de soltero del empresario en Milán y

una residencia art déco para la familia en el Lido de Venecia. Con los años, decorar se ha convertido no solo en un trabajo alternativo para Guadagnino sino, como también la jardinería, en una pasión que casi roza la obsesión. Su estudio cuenta ahora con un equipo de 20 personas.

En una templada tarde de pleno invierno, estaba comiendo con Marchetti en una de las varias terrazas repletas de plantas de su

creación conjunta más reciente: un penthouse dúplex de 548 metros cuadrados en la cima de una torre residencial de 10 pisos diseñada por Daniel Libeskind en el complejo CityLife, que durante las últimas dos décadas se eleva sobre el antiguo centro de exhibiciones de Milán. “Luca siempre tuvo carta blanca, pero de manera colaborativa”, dice Marchetti en un tono suave que un amigo cercano describió alguna vez como “una funda de gamuza sobre acero”. Frente a él, el director, que recientemente concluyó Artificial, inspirada ligeramente en la vida del cofundador de OpenAI Sam Altman, examinaba una canasta llena de lo que parecían galletas de maíz todas iguales antes de elegir una. El nivel de discernimiento es

característico: si le presentan tres chícharos en un plato, tendrá un favorito.

Pero trabajar para clientes de carne y hueso significa que Guadagnino debe equilibrar sus idiosincrasias con un enfoque psicoanalítico. “Cuando concibes un espacio, tienes que entender muy bien a tus clientes”, comenta. “Descubrir qué es lo que quieren, y también lo que no saben que quieren,” comenta.

Con tantas terrazas, algo de lo que Marchetti y Olsen estaban seguros era que querían “verde, verde, verde, y muy alejado del Milán histórico”, conocido por una elegancia que

Desde la izquierda: en el comedor, una lámpara colgante Snowflake de Paavo Tynell, ca. 1950, cuelga sobre una mesa de Umberto Riva y sillas Superleggera de Gio Ponti para Cassina. Los azulejos a la medida en la pared fueron una colaboración entre Studio Luca Guadagnino y Nigel Peake; en la recámara principal, un dibujo de Federico Fellini y una obra de mayor formato de Aldo Mondino, una alfombra diseñada por Studio Luca Guadagnino para Cogolin, una lámpara de mesa de Paavo Tynell de Gubi y una lámpara de pared de Ignazio Gardella.

oscila entre el ultraminimalismo y un barroco repleto de antigüedades, menciona el director. Lo ideal sería un jardín colgante, incluso una jungla. La conversación “nos llevó a los modernistas brasileños como ejemplos de un clasicismo atemporal”, dice Guadagnino, quien enseña a su equipo a investigar los proyectos de diseño como investiga sus películas, compilando extensos expedientes históricos en lugar de pedir al cliente mood boards o recurrir a algo tan cotidiano como Pinterest. (“La orgía de imágenes a la que estamos sometidos crea una especie de bulimia. Yo trabajo desde la memoria de las cosas”.)

La sofisticación despejada de

excesos del departamento se inspiró en diseñadores sudamericanos de mediados del siglo XX, entre ellos Lina Bo Bardi y Jorge Zalszupin, cuyas obras solían incorporar maderas oscuras autóctonas y flora. “Hablamos de cómo rendir homenaje a ese idioma”, dice Guadagnino, “de manera específica y literal, pero avanzando a partir de él. Pensamos mucho en este énfasis en la materialidad sensual y la forma humana”.

AUNQUE LAS PLANTAS tropicales y las enredaderas unifican los espacios angulares, entretejiéndose entre las puertas y bordes, la disposición relativamente formal del departamento, en forma de H, fue dictada por el deseo de los tres habitantes de contar con espacios propios. Cada quien tiene su dominio privado, decorado con sobriedad, acentuado por piezas clave como la chaise longue mecedora de 1938 de Franco Albini en el estudio de Olsen y una versión de la silla MR de 1927 de Ludwig Mies van der Rohe junto al escritorio de Margherita. Los espacios públicos son menos austeros. Marchetti,

hijo de un padre que fue gerente de fábrica en Fiat y de una madre que trabajó como operadora telefónica, siempre ha insistido en una separación clara entre lo público y lo privado: hasta los 13 años compartió un cuarto con sus padres en un pequeño departamento de la bizantina ciudad de Rávena. En la planta principal, a lo largo de un pasillo de 20 metros desde la suite principal, que cuenta con una cama sencilla cubierta por un textil de seda color caqui de la India, se encuentra la sala, donde la influencia afrobrasileña en el modernismo y la comodidad de Guadagnino con las yuxtaposiciones se manifiestan plenamente. La silla Namoradeira de 1965 de José Zanine Caldas —una reinterpretación curvada, en madera de pequi, inspirada en un tête-à-tête victoriano— se encuentra junto a la silla Paraty de 1963 de Sergio Rodrigues, de líneas austeras, creada

Desde la izquierda: en la biblioteca, un par de sillas de Móveis Cimo, ca. 1960, mesas de centro de Joaquim Tenreiro de la misma época, un sofá de Vincent Van Duysen y una lámpara de piso de Studio Luca Guadagnino. Entre los estantes se alojan pequeñas pinturas de Giorgio Morandi y Pablo Picasso; en una de las terrazas, muebles de Carlos Motta tapizados con tela Mojito de Rubelli.

originalmente para el Palacio de Itamaraty en Brasilia, la ciudad planificada por Lúcio Costa y Oscar Niemeyer.

El arte se cuelga con un similar desdén por la convención: en una pared de la sala hay un enorme disco de acero inoxidable espejado de Anish Kapoor; en el piso superior, un bodegón de Picasso cuelga en la biblioteca. La escalera ondulante de yeso curvo que une ambas estancias cuenta con un revestimiento de ratán y una baranda de madera lacada en blanco que aporta contraste; un ejemplo del interés de Guadagnino en la textura. Dichas superficies táctiles son, comenta, “uno de los grandes placeres del diseño, tan importantes como los elementos más formales”.

La fascinación del director por el color y la luz, lo que es evidente en todas sus películas, se puede apreciar en el comedor y la cocina, ubicados en el centro del departamento. En el comedor, donde la familia se reúne para comer —los productos frescos suelen provenir de su huerto en el Lago de Como—, una rara lámpara Snowflake de latón, ca. 1950, del finlandés pionero de la iluminación Paavo Tynell, cuelga sobre una mesa ovalada de madera de fresno del arquitecto milanés Umberto Riva, que se complementa con un juego de las sillas clásicas Superleggera de Gio Ponti, diseñadas en 1957. Las paredes del comedor están revestidas con azulejos hechos a la medida en tonos supersaturados de rojo encendido, verde ácido y malva, pintados y

vidriados a mano y dispuestos en un patrón abstracto en colaboración con el arquitecto irlandés Nigel Peake. Quizá no sorprende, gracias a la reputación de Guadagnino por la precisión, que su equipo exigiera que los azulejos —apilados contra un sobrio panel metálico con perforaciones circulares, un detalle que se repite en muchos de sus interiores— se hicieran una y otra vez hasta que quedaron satisfechos con su intensidad. La cocina, con muebles de acero pulido y encimeras que parecen cortadas de una sola lámina de metal, tiene paredes revestidas con azulejos de zellige en fucsia y un piso de concreto vaciado teñido del azul de las cajas de azúcar vintage. Desde la terraza contigua, Guadagnino y Marchetti bien podrían ser dos amigos de toda la vida relajándose en lo alto de un rascacielos en São Paulo. Pero con las vistas de la antigua ciudad italiana debajo, cuyos espacios verdes quedan relegados en gran medida por palazzos de luz suave tras puertas pesadas, el espacio bañado por el sol parece desanclado del tiempo y del lugar. “Sí, es excéntrico”, dice el director, “pero para mí, eso es muy milanés”

AL FINAL DE LA NOCHE

Desde hace tiempo, las y los artistas se han apropiado de las horas más oscuras en Nueva York. La ciudad se acuesta cada vez más temprano, pero ellos permanecen despiertos.

Introducción por Ligaya Mishan

Fotografía por Richard Barnes

LA NOCHE ES el otro país. En algún punto, cruzas la frontera; no al atardecer ni durante la caída del crepúsculo, ni siquiera cuando el sol desciende 18 grados por debajo del horizonte y la oscuridad es total. No hasta que el número de personas en la calle disminuye, hasta que parece que todas se metieron a la cama y cerraron los ojos al mundo; ahora nos pertenece solo a nosotras.

¿El tiempo sigue pasando? La noche profunda se presenta como un territorio para los fantasmas y para quienes están dispuestos a caminar con ellos, para los indómitos, las amenazas, los merodeadores, como si le hubieran arrancado un trozo al día, sin testigos, sin registro, donde cualquier cosa podría pasar y nadie tiene por qué enterarse jamás. Si te quedas

despierto hasta el amanecer, eres un ladrón. La noche es tiempo robado. Nunca hay suficiente, y el poco que hay suele pertenecerle a otras personas: nuestros empleadores, nuestros amos. Apoderarse de estas horas de conciencia se siente como hacer trampa; como si fuera una forma de esculpir un poco más de vida.

No importa que también nos estemos robando a nosotros mismos el sueño y la salud. Tal vez eso sea parte del encanto, lo autodestructivo que puede ser jugar al ave nocturna, sobre todo si al amanecer hay que seguir adelante, preparar la lonchera y mandar a los hijos a la escuela, sentarse en el escritorio, producir algo. Quedarse despierto es insensato y malo para nosotros. Queremos más. A las y los científicos les preocupa que estemos perdiendo de vista

las estrellas entre la mancha difusa de las luces de la ciudad. Hasta le pusieron un nombre: noctalgia, duelo nocturno. Pero los humanos se adaptan. Aún podemos encontrar la oscuridad. Recuerdo las noches como otras vidas: salir empapada de sudor de una agitada pista de baile y sentir el golpe del fresco de la noche, sentarme en una escalera de incendios mientras la música se desvanece y hablar durante horas con alguien que por fin puede revelar quién es en realidad y quién quizá no vuelva a serlo. Nunca he amado más a Nueva York que en la oscuridad: todos esos corazones eléctricos latiendo, edificios con habitaciones encendidas y apagadas, como si le faltaran dientes, caminar rápido en tacones con las llaves escondidas entre los dedos para defen-

derme, puesta de adrenalina, pensando: “Te la sabes, es tuya. Esta es mi ciudad”.

Nueva York fue alguna vez la ciudad que nunca duerme. Ahora los restaurantes bajan las cortinas metálicas mucho antes de la medianoche. La ley aún dice que los bares pueden servir alcohol hasta las 4 a.m., pero no lo hacen, ya sea porque quieren ser buenos vecinos o porque sus clientes están demasiado cansados. Las cafeterías y restaurantes 24 horas están desapareciendo. Cada vez más parece que las luces están prendidas, pero todo el mundo está en casa, en la cama.

Salvo por nosotras, unas pocas felices. Nuestras mentes florecen solo después del anochecer, como esas flores que se contienen hasta que las plantas obedientes del día cierran

TENEMOS UN cuarto en el último piso de nuestra casa, junto a una azotea llena de plantas, rodeado de ventanas. El resto de mi familia prácticamente se ha olvidado de él porque hace calor en verano y frío en invierno, aunque mis hijas gemelas de 10 años a veces me acompañan muy temprano si se despiertan con una pesadilla. Me levanto todos los días a las 4 a.m. y trabajo ahí hasta el cuarto para las 7, aproximadamente. Después de eso, por lo general tengo que despertar a todo el mundo, incluyendo a mi marido.

Esas casi tres horas son todo para mí. Casi no hay ruido, apenas el claxon de un coche de vez en cuando, o el rugido esporádico de un camión de basura. Pero lo principal es que nadie me habla y yo no tengo que responder.

BENSON

Artista conceptual, 52 años, Chelsea

Antes de hacer cualquier cosa, me preparo una taza de té con dos bolsitas para que quede muy fuerte. Mi trabajo es de naturaleza multidisciplinar. Involucra sonido, escultura, impresión digital y dibujo; hay muchas facetas que deben pensarse y combinarse. En este momento, estoy trabajando con los seis capítulos de Frankenstein (1818), de Mary Shelley, narrados por la supuesta criatura, que en realidad creo que es la voz de la propia Mary. Estoy eliminando todo el texto de un capítulo, excepto por las sílabas del solfeo [“do”, “re”, “mi”, “fa”, etc.], y luego trabajaré con la mezzosoprano Hai-Ting Chinn para que interprete la partitura que resulte de ello. En la madrugada, los fragmentos de las frases se desprenden entre las notas que voy encontrando, y los recompongo en pequeños pasajes de prosa lírica. Ese tiempo y ese silencio permiten que mi subconsciente tome el mando.

Jane Benson, fotografiada con sus gemelas en el estudio de su casa en Manhattan el 10 de diciembre de 2025.

sus pétalos y liberan ese aroma embriagador, franco, casi insoportable, demasiado escandaloso para las horas de vigilia.

Ahora que soy mayor, me encuentro por la noche atrapada en el escritorio, escribiendo, mirando el pozo negro de la pantalla de la computadora, esperando a que el ruido de la mente se apague y deje espacio para todo lo que temo: el silencio, yo misma, Dios. Hasta que llegan las palabras.

A veces me pregunto por los demás que viven en un tiempo invertido. ¿Acaso escritores y artistas no han sido siempre habitantes de las sombras y de lo que pueden revelarnos? Pienso en Lee Krasner a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, en el estudio toda la noche, enseñándose a pintar con una nueva

Me pregunto si tendría que hacerlo de esta manera si estuviera criando a mis hijas en otro lugar. Nueva York es una ciudad furiosa. Cuando empieza el día, hay un murmullo—murmullo humano, murmullo de máquinas—, y no puedo pensar con todo ese caos. Antes daba clases en Cornell y hace poco me encontré con una antigua alumna en la calle. Me dijo que se había casado y me preguntó: “¿Y si tengo hijos? ¿Cómo voy a trabajar?”. Sin pensarlo, le contesté: “Te volverás aún más organizada”. Creo que eso es lo que pasa: tienes que encontrar una nueva manera de funcionar. Los niños necesitan estar en ciertos lugares a ciertas horas, y hay cosas que no puedes cambiar, pero yo puedo regalarme tres o cuatro horas extra al día. Es mi manera de negarme a aceptar que no puedo encontrar el tiempo. — entrevista por Coco Romack

paleta de negro, blanco y ocre oscuro, porque creía que los colores solo podían entenderse bajo la luz natural; en Alvin Baltrop en los setenta y ochenta, recorriendo con su cámara los muelles del West Side, documentando las vidas de los fugitivos y quienes hacen cruising, drag queens y artistas y criminales (¿y no son la misma cosa?); en Louise Bourgeois a mediados de los noventa, dibujando en la cama, desafiando al insomnio y creando unas asombrosas 220 obras en ocho meses privados de sueño.

La noche cae, el día irrumpe —el hechizo, quizá; la idea de que podríamos habernos salido con la nuestra—. El sol se alza y debemos enfrentar la luz, ahuecando el cielo. El día pertenece a la vida ordinaria. La noche es rechazo. No me voy a ir a la cama. Hoy no. 89

JANE

LANGSTON HUGHES TITULÓ su segunda autobiografía Yo viajo por un mundo encantado (1956), y eso me describe a la perfección. Mi agenda cambia todo el tiempo pero en cuanto tengo un rato libre salgo a recorrer la ciudad. Empiezo con música y, si el paseo puede incluir una comida, mejor aún. Guantanamera es un lugar cubano maravilloso con música en vivo, cena y baile. Luego camino unas cuantas cuadras hacia el norte hasta Jazz at Lincoln Center, donde voy a Dizzy’s Club, donde suelen tener un set nocturno. Además, el lugar es precioso: desde ahí puedes ver Central Park, que me encanta atravesar de noche; por un instante, sientes que estás bajo las estrellas en el campo. Dizzy’s fue fundado hace un par de décadas por [el director artístico de Jazz at Lincoln Center] Wynton Marsalis, un amigo mío de Nueva Orleans. Y esa es la tradición en la que crecimos: ir de club en club para escuchar música. Después de Dizzy’s, me voy al downtown para visitar clubes de jazz. Uno de los mejores es Smalls, un club [en el West Village] que está abierto casi toda la noche. Me recuerda esas noches de otros tiempos en Nueva York, que se remontan a los beatniks . Luego recibo la mañana en el uptown , en Shrine, sobre Adam Clayton Powell Jr. Boulevard. Me encanta el afrobeat, y es como si estuvieras en un club en Accra, Ghana, o en Uagadugú, Burkina Faso. Cuando interpreté a Willy Loman en Muerte de un viajante (1949), de Arthur Miller, a partir de 2019, dormía todo el día. Es una obra monumental, uno de los mayores retos que puede enfrentar un actor. Terminaba la función y necesitaba relajarme. En Londres, iba a Ronnie Scott’s [en Soho] y me quedaba hasta las 3 o 4 de la mañana, y cuando llevé la obra a Broadway hice lo mismo aquí con los clubes de jazz. Se convirtieron en mis santuarios y en parte de mi proceso creativo.

Durante el día, solo ves el caos y el bullicio. De noche, hay cierta quietud. Puedes escuchar tu alma y recordar tus visiones y deseos. Es una claridad absoluta de posibilidades. Luego abres la puerta de uno de estos lugares nocturnos y la música retumba, y ese también es un recordatorio de la energía que siempre está burbujeando justo bajo la superficie de la ciudad. Últimamente, Nueva York es un poco menos la ciudad que nunca duerme, más bien parece cabecear. Pero creo que es solo una tendencia. Acabo de enterarme de que, en esta nueva generación, todo el mundo usa su Oura Ring y monitorea su sueño. Como hombre de mediana edad, se supone que yo debería hacerlo. La vida nocturna de Nueva York es clásica. Miles Davis solía caminar por las calles de noche. Durante dos años, Sonny Rollins tocó su saxofón día y noche en el puente de Williamsburg. Para mí, quedarme despierto hasta tarde no es una rutina. Es un ritual, algo que haces una y otra vez para enriquecerte.

— entrevista por Kate Guadagnino

WENDELL PIERCE
Actor y productor, 62 años, Upper West Side
Wendell Pierce, fotografiado en Central Park, Manhattan, el 13 de diciembre de 2025.

Ann Craven, fotografiada en la azotea del edificio donde vive, en Manhattan, el 8 de diciembre de 2025.

ESTOY EN el último piso de mi edificio, y solo hay una escalera más hasta la azotea. Así como sale el sol, también sale la luna; eso ocurre cada día un poco más tarde, así que a veces estoy ahí arriba pintando toda la noche. Subo los caballetes uno por uno. No llevo muchas otras cosas: tres lienzos, pintura al óleo, pinceles y, lo más importante, velas. No llevo ninguna otra luz; si hay demasiada, no puedo ver el cielo nocturno. Sé por memoria muscular qué pintura está en cada lugar de mi paleta, así que, si es necesario, puedo trabajar en completa oscuridad.

Siempre he pintado la vida, pero cuando estaba estudiando el posgrado y era asistente de Alex Katz, él me empujó mucho a pensar en lo que estaba haciendo. En particular, pintar la luna se ha convertido en un proyecto mío de toda la vida, como un diario de los lugares donde he estado: la he pintado detrás del florero de cristal de mi abuela, que llené de flores y coloqué sobre un banco en Maine [donde paso todos los veranos]. La he captado posada sobre el Empire State Building. Esta práctica es también un homenaje a las y los artistas que pintaron la luna en el pasado, como Edward Hopper, Alice Neel y Lois Dodd. Quiero creer que todos ellos tuvieron una conversación similar con la naturaleza, que nos lo dice todo.

A medida que la luna sale y se desplaza por el cielo, pienso: “¿De qué color es ahora? ¿Qué color voy a elegir después?”. Cuando está más alta, es tan pálida que en realidad no tiene color. La otra noche mezclé negro marfil y azul cobalto para el cielo. Para la luna usé blanco titanio, amarillo cadmio y un toquecito de rojo cadmio para darle calidez. Si tengo suerte, veré la luna ponerse sobre el río Hudson, justo cuando abandona el cielo y se tiñe de naranja.

ANN CRAVEN

Pintora, 64 años, TriBeCa

A partir de 1999, tuve un estudio en Harlem en un edificio que compartí durante muchos años con el artista David Hammons. Apenas en abril pasado amplié mi estudio en casa, en TriBeCa, donde vivo desde 2011. Pintar el cielo nocturno es muy distinto en la ciudad que en Maine; allá tienes vistas nítidas. Pero en Nueva York hay mucha más atmósfera, ya sea por la contaminación o simplemente más gente respirando. Ves menos cielo, pero más vida humana. Cuando estoy en la azotea, hay un silencio total y no hay nadie más, así que se siente íntimo y reconfortante. Aun así, sé que a mi alrededor hay cientos de almas creando cosas, cenando y yéndose a dormir, y eso me hace sentir menos sola. — entrevista por C. R.

Quang Q Nguyen (extremo izquierdo), fotografiado el 5 de enero de 2026 en el restaurante Bufón, en Manhattan, donde es chef, junto a (desde la izquierda) el copropietario de Bufón, Jacob Nass; el chef de Kabawa, Paul Carmichael; el chef de Chez Fifi, Zack Zeidman; la otra chef de Bufón, Dina Fan; el gerente general de Le Dive, Kahiem Rivera; la chef de Hellbender, Yara Herrera; y Sunny Lee, chef y propietario de The Sunn’s.

SIEMPRE ME he quedado despierto hasta tarde, pero en los restaurantes eso ocurre de manera orgánica. Si tienes un servicio increíble —si logras que todos los peces naden en la misma dirección y sirves comida excelente—, terminas con un subidón y no estás listo para que la noche se acabe. Entonces nos tomamos unos tragos para celebrar. Y en Bufón, nuestro nuevo restaurante de inspiración europea, nos gusta ser anfitriones: nos propusimos convertirlo en un hogar para que la gente de otros restaurantes se reúna después del servicio. Los y las amigas de Corima y Colbo Next Door se pasan por ahí y, antes de que te des cuenta, ya son las 2 a.m. y hay 12 personas sentadas alrededor de la mesa. Ahora mismo estamos muy metidos en el juego de cartas Big Two. Cuando empecé a cocinar, en 2010, estaba en Midtown, en Má Pêche. Siempre íbamos a Cassidy’s, un bar a la vuelta de la esquina, y luego, como Koreatown quedaba de camino a casa, solíamos terminar haciendo karaoke. No voy a decir que las cosas no hayan vuelto después del Covid, pero te encuentras con menos caras conocidas. También existía una cultura, que ya no está, de salir a cenar después del trabajo. Mi grupo de amigos iba mucho a Wo Hop, en Chinatown. Antes estaba abierto hasta las 4:30 a.m. Ahora cierra a las 10. Después de salir de Bufón, a menudo terminamos en Josie’s, un bar de mala muerte en el East Village. Están abiertos hasta las 4, así que no es lo mejor si vas a intentar sacar el servicio adelante al día siguiente. Pero te la pasas bien. — entrevista por K. G.

QUANG ‘Q’ NGUYEN

Chef, 42 años, Lower East Side

EL AÑO PASADO trabajé como chef pastelera en Kellogg’s Diner, en Williamsburg, y como chef pastelera consultora para JR & Son, un restaurante que está cerca. Kellogg’s abre las 24 horas, así que tengo experiencia como ave nocturna. A veces salía alrededor de las 2 de la mañana. Es curioso: sales cansada, pero el cerebro todavía no se apaga, así que te quedas despierta para descomprimir. Ahora llevo un pop-up llamado Amanda’s Good Morning

Café. Abrimos a las 8 a.m., lo que significa que necesito estar en Strange Delight, el restaurante de Fort Greene desde donde llevo mi trabajo, a más tardar a las 4:30 a.m., sobre todo porque hago todo desde cero. A menudo estoy despierta antes de lo necesario, a veces desde las 2:30 a.m., pensando y planeando. Y una vez que entro en ese modo, más me vale irme a trabajar. Cuando salgo de mi departamento está completamente oscuro, y el trayecto en metro de media

hora desde Crown Heights, donde vivo, puede dar un poco de miedo. Vas con la gente que está saliendo del bar o del club, pero se nota que hay menos gente afuera que antes. O pido un coche y me dejan a una o dos cuadras del restaurante. A esa hora no hay tránsito peatonal. Sin embargo, Strange Delight está junto a Mr. Mango, un mercado abierto las 24 horas, así que siento una especie de consuelo al saber que, incluso cuando afuera está totalmente desierto, hay

por lo menos una persona despierta conmigo. Desde el momento en que llego al restaurante, estoy trabajando. Prendo los hornos, la cámara de fermentación. Escucho música —The Cure, WuTang Clan, Siouxsie and the Banshees, Gil Scott-Heron— y me dejo llevar con los audífonos puestos. Primero hago las empanadas de temporada y el muffin del día. Luego preparo los good morning buns (bollos de miel con glaseado de suero de leche) y los panecillos de

cebollín con cheddar. Es mi momento de calma, y cuando puedo ser curiosa. Una vez que empiezan a llegar mis empleados, a partir de las 5 a.m., me jalan en diez direcciones distintas. Luego están los clientes, de los cuales un par entra apenas abrimos. En realidad no necesitas pastelillos para vivir, y aún así pienso: “Caray, estas personas… Es como si todos los días pensaran: ‘Necesito ir por uno de esos’. ¿Acaso no es algo especial?”. — entrevista por K.G.

AMANDA PERDOMO
Chef pastelera, 34 años, Fort Greene
Amanda Perdomo, fotografiada afuera del restaurante Strange Delight, en Brooklyn, desde donde lleva su pop-up Amanda’s Good Morning Café, el 9 de enero de 2026.

DESPUÉS DE DAR CLASES [de artes visuales en la Universidad de Columbia] los miércoles por la noche, regreso al estudio a las 10 u 11 y pinto hasta las 3 a.m. Luego, los jueves por la mañana, regreso para limpiar. Por lo general hago lo mismo todas las noches y todas las mañanas — trabajar, tomar un descanso, regresar, limpiar, volver a salir— hasta que tengo clase otra vez la semana siguiente. Empecé este ritual en 2003, cuando comencé a reevaluar qué significaba la pintura para mí: cómo aparecía en mi vida fuera del arte, en las paredes del departamento donde crecí [en Washington Heights], apelmazada en vigas de acero, en esos rosas y verdes industriales que encuentras en edificios gubernamentales de Nueva York de los años ochenta y noventa. Conecté la pintura con excavar o tratar una superficie, más que con hacer una imagen. Unos años después, mientras trabajaba como personal de limpieza en David Zwirner, me di cuenta de que el acto de barrer reflejaba la acumulación del día, y empecé a pensar en la pintura de la misma manera, como un acto histórico. Ahora mismo estoy trabajando con algunos músicos locales, haciendo beats y tocando percusiones con ellos, lo que me libera de tener que trabajar en arte. Vamos a Bronx Brewery o al restaurante Walnut Bus Stop, y luego la gente viene a mi estudio a relajarse. A veces eso incluye música; a veces es solo “Aquí hay materiales, dibujemos juntos”.

Desde mi departamento, que está cerca, a veces se puede escuchar el East River o los aviones de LaGuardia. Gran parte de los productos que entran al país lo hacen por barcos en Hunts Point. En mis caminatas por la colonia o de camino al estudio, veo algo y me fascina. Quiero hacer una serie de pinturas de envolturas de sándwiches de aluminio, con el papel encerado por dentro —pueden ser realmente bellas—. Puede que empiece a coleccionarlas, pero no tengo ganas de explicar por qué las estoy recogiendo. — entrevista por Miguel Morales

Kenny Rivero, fotografiado a través de la ventana de su estudio en el Bronx el 7 de enero de 2026.
KENNY RIVERO
Artista, 44 años, Port Morris

LO ÚLTIMO DEL PRIMERO

EN 1848, LOUIS Brandt abrió un pequeño taller en La Chaux-de-Fonds, Suiza, donde fabricaba relojes de bolsillo de cuerda. La empresa que fundó, y que más tarde dirigirían sus dos hijos, introdujo un innovador sistema de piezas intercambiables que eliminaba la necesidad de recambios hechos a medida con largos ajustes manuales. Casi 50 años después, en 1895, la casa relojera presentó un logotipo con el dios griego Cronos apuntando su lanza hacia un globo terráqueo; en 1903, la compañía cambió su nombre a Louis Brandt & Frère, Omega Watch Co., que hoy conocemos como Omega. Se trató del primer cronómetro oficial de los Juegos Olímpicos de 1932, y en 1961 John F. Kennedy llevó el modelo Slimline durante su toma de posesión. Pero su creación más icónica llegó en 1964, cuando la NASA invitó a Omega y a otros tres fabricantes de relojes a suministrar cronógrafos para la exploración espacial. El Speedmaster de tercera generación, creado originalmente en 1957 para pilotos de autos de carreras y equipado con un taquímetro (un instrumento para medir la velocidad en una distancia conocida) en el bisel, algo nunca antes visto, fue el único que superó las 11 pruebas. Se convirtió en el primer reloj en la Luna en 1969, cuando Buzz Aldrin y Neil Armstrong alunizaron con el Apolo 11 llevando los llamados relojes lunares sujetos a sus trajes espaciales.

A principios del año pasado, Omega lanzó un Speedmaster Moonwatch de 42 milímetros en oro Canopus de 18 quilates, con un bisel engastado de diamantes. Con una caja de asas rectas inspirada en el reloj de pulsera (un Speedmaster de segunda generación) que el astronauta Wally Schirra llevó en su misión espacial de 1962, incorpora una carátula plateada con cepillado solar, un fondo de caja con cristal de zafiro y un brazalete con cinco eslabones arqueados por fila. Tres subesferas registran los segundos, así como intervalos de 30 minutos y 12 horas. Armstrong dejó célebremente su reloj en el módulo lunar para marcar la duración de su caminata de aproximadamente dos horas, porque necesitaba un instrumento en el que pudiera confiar. De vuelta aquí en la Tierra, esta nueva iteración resulta igual de confiable.

Por Lindsay Talbot
Bodegón por Mari Maeda y Yuji Oboshi