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PARTICIPACIÓN SOCIAL Y DESARROLLO COMUNITARIO

Angel Joel Méndez López José Vicente Pérez Cosín Universitat de València

apuntes


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PARTICIPACIÓN SOCIAL Y DESARROLLO COMUNITARIO

Angel Joel Méndez López José Vicente Pérez Cosín Universitat de València


INTRODUCCION Es incuestionable que en los últimos años se ha logrado estructurar un marco jurídico-normativo más armónico en los espacios europeos, referido fundamentalmente a la promoción así como a la creación de mecanismos para potenciar con mayor profundidad, los procesos de participación social en los diferentes entornos y espacios comunitarios. De forma creciente, la Unión Europea y los países miembros han entrado en un proceso de diversificación de la diversidad, lo que ha estado dado fundamentalmente por los constantes flujos migratorios que en los últimos años se han substanciado en sus marcos territoriales. Este proceso de diversificación genera planteamientos reivindicatorios, en torno al reconocimiento y la protección de culturas e identidades propias, de las historias de las minorías culturales, nacionales o étnicas. En la Unión Europea se sintetiza el mundo con todas sus diversidades, lo que llama la atención sobre la necesidad de perfeccionar los marcos regulatorios, así como

de

fortalecer

los

procesos

estratégicos y adecuarlos dinámicamente a las nuevas formas de vida, a las disímiles visiones del mundo y a las nuevas culturas presentes o emergentes. La complejidad y el alcance de éstos fenómenos es tal, que a la creciente diversidad cultural se le suma la heterogeneidad social, económica, política, de orientación sexual, u otras muchas fuentes que exigen de abordajes integrados, coherentes, complejos y orgánicos, a la hora de realizar propuestas políticas, sociales, económicas y jurídicas reguladoras de tales fenómenos. Europa va camino a convertirse en una sociedad cada vez más diversa y cultural, lo cual hace que la construcción de una ciudadanía europea multilateral, como imperativo de co-construir una Unión Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


Europea más democrática, sea un proceso espinoso y lleno de obstáculos, pero que debe tener como búsqueda necesaria el disfrute de los ciudadanos de los mismos derechos y deberes, en un espacio público compartido donde impere un proyecto de democracia y de apego al Estado de Derecho, en el que se respeten y cumplan la ley, así como los fundamentos éticos, morales, axiológicos, legales y políticos. Nos referimos a una ciudadanía que necesariamente exhibirá disímiles señas de identidad y múltiples prácticas culturales en los espacios públicos y privados. Todo ello nos conduce a la siguiente conclusión: la participación social de los ciudadanos necesita de nuevas estructuras y canales abiertos, colectivos, plurales y propositivos para afrontar con sentido de urgencia y compromiso las nuevas situaciones sociales, geopolíticas y económicas.

Se

necesita

la

conjugación

de

los

más

diversos

planteamientos críticos, a todos los niveles posibles, con las más variadas estructuras de afrontamiento, para que los movimientos

y

organizaciones

y

sociales

cargadas

de

civilidad,

intervengan

participen con la mirada puesta en cambiar profundamente la realidad y generen influencias

significativas

en

los

contornos

de

la

reconocer

el

gobernabilidad para dotarla de mayor sentido emancipatorio. Esta pluralismo

transformación de

de

la

realidad

debe

la sociedad europea y de la nación española

concretamente, los códigos emergentes que ello genera y las ineludibles búsquedas de una integración intercultural, así como de una cohesión social en términos no concebidos hasta la fecha, pues en la praxis concreta no cabe dudas de que ha sido un proceso unidireccional, que reniega la propia lógica y dinámica del desarrollo social, así como sus tendencias más dignificatorias.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


En el fondo, lo que se plantea aquí es la necesidad de promover y articular nuevas formas y nuevos contenidos de la participación de la ciudadanía a todo lo que atañe a su vida. Ahora y en el futuro próximo. La participación nos parece el elemento que califica cualquier cambio real y sustancial de nuestras vidas por parte de las personas, grupos y ciudadanía en general. Sin participación, sin comunidades organizadas e integradoras que avanzan hacia objetivos de progreso para todo el mundo, es muy difícil, si no imposible, poder plantear cambios que sean a la vez estructurales y culturales; cambios que atañen a las personas pero también a la colectividad, a los comportamientos como a los valores. (Marchioni, 2002: 139)

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


CAPÍTULO 1. LA COMPLEJIDAD Y MULTIDIMENSIONALIDAD DEL PROCESO DE PARTICIPACIÓN SOCIAL. 1.1. NECESARIA INTRODUCCIÓN La participación como proceso implica y precisa, en coincidencia con Sánchez Alonso (1986) y Gaitán (2003): 1) querer, es decir, que los habitantes

tomen

conciencia

respecto

de

sus

problemas

y

la

comprensión de los aspectos que los explican; 2) saber, es decir, reconocerse con capacidades y comprometerse para transformar la realidad, para lo que requieren información y formación; y 3) poder, es decir, que los ciudadanos se organicen colectivamente (movimientos sociales, asociaciones, etc.) y que se creen contextos favorecedores de la creatividad y la innovación, a través del acceso a la toma de decisiones. De esta forma, la comunidad local deja de ser contexto de intervención y destinataria de acciones, para ser protagonista y propietaria de su cambio, como sujeto de acción. La participación tiene una importancia cada vez más reconocida por diversas razones, entre las que deben ser destacadas: • por

Mejora la

legitimidad política

de las decisiones

tomadas

los representantes electos, renueva la confianza entre los

ciudadanos y los responsables de la toma de decisión. De esta forma ayuda a que las decisiones políticas sean mejor aceptadas. •

Mejora

el

proceso

decisional

y

la

factibilidad

de

su

implementación. •

Ayuda a mejorar la resolución de conflictos en el período de

ejercicio de ejecución de las decisiones. •

Contribuye a la construcción del capital social.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


•

Diversifica el conocimiento sobre la base de las decisiones

tomadas. De esta manera se consigue interconectar los problemas, conocer diferentes opciones y

esto

puede

ayudar

a

mejorar

la

aceptación social (conocimientos de expertos, ciudadanos profanos, políticos y representantes de grupos de interés y afectados). • activa

Fortalece la democracia, estimulando una ciudadanía más y permitiendo a la opinión pública informada, emerger y

participar en el debate político. (Pastor Seller, 2007: 72) Cuando se hace referencia a la participación social se piensa en más de una persona, las cuales se implican activa y críticamente en función de los fines que se pretenden alcanzar. Si a esta participación social se le atribuye un sentido más profundo, entonces habría que añadirle un elevado grado de responsabilidad por parte de los sujetos en la acción y un mayor nivel de conciencia hacia la consecución de los objetivosmetas planteados. La participación social auténtica precisa que los sujetos involucrados sean capaces de desarrollar sus capacidades y sus conocimientos a lo largo de todo el proceso, el cual debe desarrollarse desde abajo y desde dentro fundamentalmente, por lo que se vincula con motivaciones que impulsen a los actores y actrices sociales a actuar en el camino de transformación de la realidad. En este sentido, permite que los sujetos sociales ganen autocontrol sobre el proyecto en el que se encuentran implicados, se integren en mayores gradaciones de compromiso comunitario y aumenten su capacidad de empoderamiento y de autogestión.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


1.2. MULTIDIMENSIONALIDAD DEL PROCESO DE PARTICIPACIÓN “El concepto de participación es polisémico, ambivalente, sujeto a múltiples interpretaciones mediadas por intereses, posiciones de poder, ideología,

valores,

posición

social,

posición

en

las

estructuras

administrativas y organizacionales, etc. Su utilización es, por tanto, variada; y su intensidad o profundidad pierde contenido en la medida que la participación sea entendida más como instrumento para legitimar o acomodarse en las posiciones de poder (consecución de fines propios), o puede ganar significación sustantiva si se considera como un proceso, donde éste mismo adquiere importancia y no es considerado como un mero procedimiento para alcanzar fines particulares sino para conseguir fines públicos y de transformación social”. (Pastor Seller, 2007: 69) Participar puede significar hacer acto de presencia, tomar decisiones, estar informado de algo, opinar, gestionar o ejecutar; desde estar simplemente apuntado a, o ser miembro de, a implicarse en algo en cuerpo y alma. Es decir, hay muchas formas, tipos, grados, niveles, ámbitos de participación. Tantos, que hacen que expresiones como ha habido mucha participación, han estado muy participativos, hay que promover la participación, etc., no signifiquen demasiado hasta que no se precise en concreto de qué participación se está hablando, hasta que algunos elementos del contexto no lo aclaren. De otro modo y dado que la participación es hoy un término prestigiado, se puede hacer con él muchísima demagogia y retórica vacía.

Bajo la coartada de la

participación y mediante formas sólo aparentes o incluso perversas de la misma, se producen procesos realmente dirigistas y hasta autocráticos. Por tanto, se impone hacer distinciones en cuanto a la participación. Diferenciar tipos, niveles y grados de ella. (Trilla y Novella, 2001: 4)

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


Carlos Giménez define la participación como “estar presente en, ser parte de, ser tomado en cuenta por y para, involucrarse, intervenir en, etc. Participar es incidir, influir, responsabilizarse. La participación es un proceso que enlaza necesariamente a los sujetos y grupos; la participación de alguien en algo, relaciona a ese uno con los otros también involucrados. Ser participante

implica ser coagente,

copartícipe, cooperante, coautor, corresponsable”. (Giménez 2002). Al decir de José M. Migallón Sanz, el carácter relacional y la igualdad, como requisito, se convierten en dos de los componentes más relevantes de la naturaleza del concepto de participación expuesto previamente. Sin embargo, no son los únicos. Junto a ambos aparecen tres principios a los que debe contribuir el modelo teórico en su tránsito hacia un ideal normativo. Los mismos son: el protagonismo real de las personas; la participación como el incremento de las capacidades humanas y la profundización democrática. Alonso Haroldo Dilla considera que participar es intervenir, tomar parte, involucrarse en todo proceso de toma de decisiones públicas mediante una práctica sistemática y efectiva de democracia directa, así como también la elección y el control de la representación. Vista así, la participación es una condición indispensable para que la población pueda ejercer el dominio sobre los elementos de su vida cotidiana, dar rumbo a sus proyectos de desarrollo; es un punto de partida para el involucramiento político que trasciende el ámbito local y alcance la alta política, interpretando lo político en su connotación genérica, referida a la interacción de los sujetos en torno al control de los mecanismos de asignación de recursos y valores para la producción y reproducción de la vida social.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


Para Enrique Pastor Seller, la complejidad del concepto de participación implica ser parte, estar en, sentirse parte, tomar y tener parte. Es por ello que en tanto proceso inagotable y recurrente, transforma, permite reflexionar, implicar, articular, construir, aprender, comunicar

y

comunicarse,

habilitar

y

exigir

los

procesos

de

participación como derecho inalienable, consustancial con la propia existencia humana. “Participar no es tan solo colaborar, ni opinar sobre determinada actuación. No es darse por entendido, o sentirse informado de lo que hacen los representantes. Participar supone un plus de voluntad,

de

intervención,

un

sentimiento

de pertenencia a un

colectivo, a un grupo, a una ciudad, a un país…, un mínimo esbozo de un proyecto propio, de una finalidad propia. La participación tiene que ir encaminada a una finalidad”. (Pastor Seller, 2007: 21) Participar es un proceso, una acción dinámica, activa, que debe ser propulsada día a día, a través de múltiples formas de intervención individual o por medio de organizaciones sociales. La misma consiste en abrir oportunidades al desarrollo de las capacidades y potencialidades de los sujetos individuales y colectivos

para

que

estos

puedan

satisfacer sus necesidades personales y compartidas, propiciando el desarrollo pleno del máximo de conciencia posible en la relación activa, dinámica y multiforme con las instituciones y los procesos sociales. Participar implica más que intercambiar criterios, más que estar presente físicamente; participar significa sensibilizarse, implicarse, decidir y actuar comprometidamente para obtener determinados resultados. Constituye un elemento sustantivo de la democracia sí, pero no podemos quedarnos solamente en la afirmación certera si no sabemos cómo promoverla, impulsarla, desarrollarla, profundizarla, resguardarla

y

construirla

cotidianamente

con

la

involucración

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


actuante, conciente e implicada de todos y cada uno. capacidad

Es tener la

de decidir, controlar, ejecutar y evaluar los procesos y sus

proyectos. Así pues, la participación como vehículo sustantivo de la construcción de la democracia, significa superar viejos enfoques que solo expresan medidas reformistas y modernizantes (reactivas), pero que no

propician

la

participación

plena,

crítica,

prospectiva

y

conscientemente formada de la sociedad. La participación es simultáneamente capacidad humana y capital social, es sinérgicamente un instrumento y un fin, sin que ninguno de estos dos aspectos tenga que mermar al otro, ni infravalorarlo. La participación no es solo un simple medio para

alcanzar

algunos

resultados en orden al bienestar, sino un componente sustantivo de la calidad, el sentido y los proyectos de vida. Cualquier intento de impedir la libertad de participación recurriendo a las autoridades políticas o a los expertos profesionales, olvida el hecho fundamental de que la participación es una libertad básica irrenunciable por la que las personas afectadas deciden qué quieren y las razones que tienen para aceptar. Como función sustantiva, la participación desempeña, de este modo, un papel constitutivo de la calidad de vida. Sin participación no hay bienestar humano ni calidad de vida, ya que el desarrollo implica la expansión de ésta. (García Roca, 2004: 72-73) La participación no es un hecho abstracto, por decirlo de alguna manera, a participar se aprende participando.

Es la práctica de la

participación la que contribuye a generar conciencia de la capacidad que los ciudadanos tienen de incidir en la realidad social concreta de su territorio. Forma parte de un proceso auto-educativo y de reforzamiento colectivo que es necesario para contribuir a evitar la tendencia manifiesta a la desarticulación social; reinventar la emancipación social y la acción colectiva. (Benedicto y Morán, 2003: 87).

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


1.3. SENTIDO Y ALCANCE DE LA PARTICIPACIÓN SOCIAL “La participación social ha nacido al rescoldo de unos procesos históricos y unos cambios culturales que se despliegan en prácticas sociales, organizaciones solidarias y movimientos ciudadanos. De este modo,

la

participación

social

está

sometida

a

las

grandes

transformaciones y convulsiones que cada tiempo protagoniza y sólo puede entenderse en contacto con las apelaciones que vienen de la realidad misma”. “Es como un zócalo en el que convergen las transformaciones del trabajo, que afectan al tiempo humano, las metamorfosis de las amenazas, que golpean la vida humana, la revolución de las necesidades humanas llamadas posmateriales y los cambios acontecidos en el Estado de Bienestar. Estas cuatro corrientes constituyen hoy el sustrato de la participación social, que se construye en interacción con las transformaciones del trabajo, que como ambiente socioeconómico trae un nuevo espacio para la participación; en contacto con la sociedad de riesgos, que ha creado la vulnerabilidad de masas como entorno social; en confrontación con los fenómenos de la exclusión, que constituyen su contexto sociocultural; en relación a la situación de las políticas pro-bienestar y calidad de vida, que constituyen su entorno político, y en confrontación con la emergencia de nuevas necesidades humanas. De aquí la participación social recibe hoy sus demandas y sus apoyos, sus apelaciones y sus oportunidades, que configuran los nuevos escenarios de la participación. (García Roca, 2004: 11) El fenómeno participativo se ha sustanciado social e históricamente en formas diferenciadas, según el ámbito y la época. Existen muchas formas de participación -social, política, económica- según los campos de actuación y las valencias que las sostienen. Las formas de la participación se han hecho cada vez más complejas, de modo que no pueden reconducirse a una única determinante. Para identificarlas, hay Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


que acudir a variables estructurales y de contexto (macro), a variables de preferencia y de motivaciones (micro), a variables organizativas e institucionales (meso). Las tres perspectivas coinciden en advertir la profunda complejidad participación,

así

y

como

diferenciación

del

mundo

de

la

la interconexión entre las distintas formas.

De este modo, la geografía social de la participación se muestra siempre en estado variable, como el tiempo meteorológico. Pero a la vez, los distintos campos mantienen una elevada capacidad de propagación de una esfera a otra y recíprocas interferencias. Quien participa en una esfera, normalmente tiene una propensión a hacerlo en las otras. (García Roca, 2004: 70-71) De

forma

tal

que

el

proceso

de

participación

social

está

inextricablemente conectado a los demás procesos participativos, ya sea en los planos políticos, económicos, culturales, por solo citar algunos ejemplos de los más importantes y comunes. Constituye además, ese espacio de entrecruzamiento y de articulación transversalizadora, en el cual se engranan y recíproca los demás sectores participativos, así como los recursos y basamentos que sostienen a los mismos. El concepto de participación social es interpretado de disímiles formas, por lo que son muchas las contradicciones, incoherencias, ambigüedades, polémicas y hasta imprecisiones que en el plano teóricometodológico

acompañan

al

mismo.

Entre

sus

caracteres

fundamentales encontramos que es un proceso dinámico, que a la hora de ser

asumido

debe considerar

los

elementos que conforman el

contexto socio político y las circunstancias sociohistóricas actuales, el cual arrastra una serie de grados o niveles que van desde la mera información, la consulta facultativa, la elaboración y recomendación de propuestas e iniciativas, pasando por la fiscalización, la concertación, hasta devenir en la co-gestión, la toma de decisiones y la autogestión.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


Además, ha sido entendida como una norma para facilitar la realización de tareas en común, como esfuerzo organizado a través del cual se contribuye al logro de superiores controles en torno a los recursos y las instituciones reguladoras de la acción social y las situaciones en que ésta se manifiesta, y en muchas ocasiones se entiende como la capacidad de empoderamiento que logra alcanzar la sociedad local para acceder a superiores niveles de desarrollo. Todo ello permite encontrar pistas iniciales a la hora de lograr acercamientos paulatinos a tan complejo y multiforme fenómeno. En el “Encuentro de Organizaciones” realizado en Valladolid, en el mes de mayo de 1998, se reconoce que cuando se habla de participación social se deben considerar al menos dos características específicas: •

El fin: va más allá de lo individual o corporativo, su compromiso

va dirigido hacia la sociedad. Su intención es transformar la sociedad. •

Por otro lado, la forma: construir y decidir colectivamente da una

idea del tipo de sociedad que se quiere. Además, los participantes reconocen los siguientes elementos: •

No existe participación si no se da la toma de decisiones.

•

Existe participación social real cuando ésta se realiza de

forma

directa, cuando se interviene de alguna forma directamente.

Participar no es delegar, ni democracia es votar. •

La participación social sólo es tal si nos implicamos en las

acciones. Participar no consiste solo en “colaborar”; hace falta, aunque resulte difícil, la acción militante para llevar las ideas y los acuerdos adelante.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


Además de la creación de estructuras de diálogo, es imprescindible el compromiso de las personas. •

“Pensar” de forma colectiva en la actividad común y no de

manera individual. •

No “profesionalizar” la solución de los problemas.

•

Se avanza en la participación social cuando se conocen los

problemas. •

Es necesaria una formación básica, una promoción cultural, para

que se dé la participación en términos de igualdad. •

Es

necesario

marginados

hacer

llegar

la

participación

o discriminados de la sociedad.

a

sectores

(“Encuentro de

Organizaciones”, 1998:3) Entonces, la participación social debe incluir el acceso a los protagonismos de los más diversos tipos de colectividades, ya sean asociaciones, organizaciones y movimientos sociales, pero privilegiando siempre un crecimiento de la conciencia alternativa, que se traduzca en nuevas redes sociales contestatarias hacia el logro de una mayor libertad de elaboración y expresión social crítica, tanto individual como colectiva. La participación social ha de ser un proceso sistémico, continuado en el tiempo y que a pesar de tener el adjetivo de social, no reniega, sino que revitaliza la necesidad de la básica participación personal. Es por eso que la participación social implica una profunda transformación del tipo de persona y de la sociedad dominante actual, ante la cual se deben dar opciones viables y reclamar con sentido de urgencia y

de

compromiso, todos los posibles espacios de protagonismo real. En Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


esta dirección debe conducir a que los agentes de cambio se inserten en la sociedad de una forma más constructiva, más digna, más plena y auténtica, por lo que su realización no puede pensarse fuera de los aprendizajes

cotidianos,

aprendizajes

con

sentido

crítico-

problematizador en el camino de construir una sociedad plural, más humana y desarrolladora. La participación social no tiene razón de ser si los sujetos y actores sociales no son protagonistas de su propio desarrollo personal y de su vida en los múltiples planos de elaboración y proyección colectiva; es decir, debe apostarse por un tipo de participación que no sea excluyente, sino que permita la expresión vívida de las culturas minoritarias en la dirección de aprender a imaginar y concretar nuevos modos de ser, de sentir, de emprender, así como de construir dignidad humana y justicia social. Se necesita urgentemente de una participación social activa, creadora, fecunda, donde los sujetos se impliquen como protagonistas dialogantes y actores dinamizadores del cambio con sentido en la elaboración de sus propias estrategias de desarrollo. Una participación social real es un vehículo fundamental para pensar en proyectos de desarrollo sostenible; ello significa la necesidad de generar espacios reales para que los sujetos se autenticen y desplieguen sus capacidades en toda su dimensión humana. La participación social es superadora de la apatía, de la indiferencia y de la insensibilidad; se encamina hacia nuevas formas de construir convivencia en sociedad, por lo que permite el desarrollo de la conciencia crítica como el imperativo ético y moral más importante en el momento histórico que nos ha tocado vivir. Es decir, la participación social con sentido, constituye un ejercicio de poder y una herramienta clave y necesaria para generar desarrollo espiralado ascendente. Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


Además de ser una necesidad humana, se constituye y precisa ser defendida como un derecho inalienable de las personas. Puesto que la participación social no puede desarrollarse en el vacío (solamente con intenciones), resulta imprescindible tener en cuenta los multivariados condicionantes sociales, culturales, ideológicos y educativos que dificultan o favorecen la misma. La participación no puede ir dirigida sólo a un sector de la población: •

En primer lugar, debe trabajar de tal manera que dé cabida a la

diversidad de las personas implicadas; hoy, ciertas características que pudieran

significar

diversidad,

se

convierten

en

elementos

de

desigualdad y discriminación (formas de pensamiento no deductivas, culturas diferentes), por lo que hay que cambiar los mecanismos que lo provocan. •

En segundo lugar, y simultáneamente, ha de buscar la igualdad

de posibilidades ante la intervención social. Dado que se parte de una situación de desigualdad social y de poder, esto implica potenciar a quienes están en mayor situación de dominación (por sesgos culturales, étnicos, sociales, económicos, de género, entre otros). Para Aldo Rolando Arroyo,

a la hora de acercarnos al concepto de

participación social, se deben considerar: •

La capacidad de los individuos y grupos de decidir sobre aquellas

cuestiones que afectan, directa o indirectamente sus vidas. •

La posibilidad de integración al desarrollo.

•

Una conducta que permita favorecer la personalidad y la

capacidad de las personas para enfrentar desafíos.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


Desde esta concepción se puede entender a la primera como las actitudes y las habilidades que los actores han desarrollado a través de su práctica, es decir “el saber hacer”; a la segunda como la oportunidad de participación en un espacio o territorio en sus múltiples dimensiones y sus correspondientes interrelaciones o redes, es decir “el poder hacer”; y la tercera, como el medio instrumental que posibilita las condiciones para que la persona decida, “el querer hacer”. (Arroyo,2007: 18-19) El propósito sería habilitar, generar capacidades y abrir canales varios para fomentar la participación plena en la asunción responsable de asumir y afrontar constructivamente los problemas de vida cotidiana, lo que constituye actualmente un eje estratégico de desarrollo en la mayoría de los programas de actuación existentes. Se trata de que los sectores de menos desarrollo colectivamente, puedan identificar sus necesidades prioritarias y las satisfagan en la medida de sus posibilidades, asumiendo un papel reivindicatorio en la formulación, elaboración y ejecución de proyectos de transformación conjunta. Al decir de Joaquín García Roca, la participación social alude a tres características fundamentales. En primer lugar, la participación social se refiere a las competencias cívicas y a las capacidades ciudadanas, que residen en el cuerpo social y resultan esenciales para la creación y el mantenimiento de una sociedad humana. En segundo lugar, la participación en su dimensión social, comporta la organización, como prolongación y vehículo de las capacidades; más que comportamientos individuales, alude a formas de acción conjunta, que se realizan a través de sujetos colectivos, de organismos más o menos estructurados: asociaciones, movimientos, partidos políticos, grupos de presión. Ellos son los auténticos sujetos de la participación social y su vehículo fundamental son las asociaciones, como expresión organizativa de dichas capacidades y competencias. Además de activar las capacidades

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


humanas, la participación social comporta la potencialidad organizativa de los ciudadanos, que se despliega en modo uniforme y estrategias diferenciadas, unas veces para movilizar recursos humanos, técnicos y financieros; otras, para tutelar derechos, defender la dignidad de las personas o desarrollar los bienes comunes. Organizarse en formas diversas, plurales, multiformes, es la expresión social de la participación que, de este modo, produce auto-organizaciones y una alta densidad asociativa. En tercer lugar, la participación social hace referencia al ámbito del espacio público, donde se domicilian los bienes comunes y el interés general. Sólo existe participación social si se promueven, se protegen, se tutelan y se fortalecen intereses generales: asociaciones de base, movimientos sociales, organizaciones solidarias, entidades sin fin de lucro. (García Roca, 2004: 74) La participación social constituye un instrumento de construcción ciudadana, a través del cual se contribuye a replantear una sociedad plural en sus visiones socioculturales. Los grupos minoritarios encuentran en este proceso una clave para exigir el reconocimiento de su identidad y la aceptación de sus rasgos culturales específicos, además de constituirse como un espacio viabilizador de nuevas lógicas donde se enriquezcan las señas identitarias y se gesten nuevas dimensiones de encuentro, aceptación, reciprocidad y convivencia. Es la participación social un móvil fundamental para que las minorías culturales se integren dinámicamente a la sociedad y se integren en el desarrollo político de un Estado determinado. Entonces sería un proceso que debe afectar e influir en todos los polos de la relación, a saber fundamentalmente, grupos culturalmente minoritarios, sociedad civil y sociedad política, en los cuales están insertados éstos activamente.

Angel Joel Méndez López; José Vicente Pérez Cosín (Universitat de València)


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