GÉNERO, VIOLENCIA Y DERECHO
PATRICIA LAURENZO MARÍA LUISA MAQUEDA ANA RUBIO Coordinadoras
Valencia, 2008
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Índice Presentación ...........................................................................................................
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I. EL VALOR EXPLICATIVO DEL GÉNERO EN LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES 1. Conceptualizar es politizar .............................................................................. CELIA AMORÓS PUENTE 2. Género, discriminación y violencia contra las mujeres .................................. MARÍA ÁNGELES BARRÈRE UNZUETA 3. El género en las Ciencias Sociales ................................................................... ROSA COBO 4. Violencia de sexo-género: El espesor de la trama ........................................... MARÍA LUISA FEMENÍAS 5. La crisis del concepto de género ...................................................................... SILVIA TUBERT
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II. SEXUALIDAD Y VIOLENCIA DE GÉNERO 1. El significado de la violencia sexual contra las mujeres y la reformulación de la tutela penal en este ámbito. Inercias jurisprudenciales ............................ ADELA ASÚA BATARRITA 2. Sobre los excesos del construccionismo o cuando convertimos el pene en falo ..................................................................................................................... CRISTINA MOLINA PETIT 3. “El poder del amor” (o las formas sutiles de la dominación patriarcal) ........ RAQUEL OSBORNE 4. Del rapto de Europa a la prosperidad de Julieta: consentimiento, violencia y derechos humanos de las mujeres ................................................................... ALICIA H. PULEO
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III. MUJERES, MIGRACIONES Y PROSTITUCIÓN 1. Las mujeres y los delitos .................................................................................. DOLORES JULIANO 2. La violencia de las fronteras legales: violencia de género y mujer migrante SILVINA MONTEROS OBELAR 3. La teoría abolicionista de la prostitución desde una perspectiva feminista. Prostitución y política ...................................................................................... ANA RUBIO
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ÍNDICE
IV. EL DERECHO FRENTE A LA VIOLENCIA DE GÉNERO 1. La violencia contra las mujeres y el derecho no-androcéntrico: perdidas en la traducción jurídica del feminismo ............................................................... ENCARNA BODELÓN 2. El derecho frente a la violencia “de género” .................................................... MARINA GRAZIOSI 3. Cinco tópicos sobre las mujeres víctimas de violencia... y algunas respuestas del feminismo oficial ......................................................................................... ELENA LARRAURI 4. La violencia de género en el derecho penal: Un ejemplo de paternalismo punitivo ............................................................................................................. PATRICIA LAURENZO 5. ¿Es la estrategia penal una solución a la violencia contra las mujeres? Algunas respuestas desde un discurso feminista crítico............................................... MARÍA LUISA MAQUEDA
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RELACIÓN DE DEBATES................................................................................. JUANA MARÍA GIL RUIZ ANA PRIETO DEL PINO
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Las Autoras ............................................................................................................
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Presentación
La primera referencia a la violencia de género en la legislación española se encuentra en la exposición de motivos de la Ley 27/2003, de 31 de julio1. Pero fue la Ley Orgánica 1/2004 la que por primera vez introdujo de forma explícita la perspectiva de género en el ordenamiento positivo al definir la violencia que sufren las mujeres en la pareja como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres2. Esta novedosa incorporación nace en un momento de fuerte polémica en el seno del pensamiento feminista sobre el valor explicativo del término género con respecto a otros conceptos como patriarcado o mujeres. Aunque el debate se produce en otras disciplinas que no son el Derecho -donde sorprende el silencio y la escasa relevancia del feminismo jurídico- parece importante reflexionar sobre tales debates conceptuales y realizar, a partir de ellos, la mejor recepción posible en el sistema jurídico español. Sobre estas bases se gestó el Seminario Internacional “Género, Violencia y Derecho”, celebrado en Málaga en el mes de mayo de 20073, del que provienen la mayoría de los trabajos que aquí se reúnen, así como la interesante relación de debates que cierra la obra. Las diferentes ponencias presentadas y debatidas en este Seminario han puesto de relieve la oportunidad de este encuentro y la necesidad compartida de consolidar un cuerpo teórico común feminista que proporcione el adecuado significado y valor explicativo al término género y no reduzca esta perspectiva a una simple visión sociológica. Algo que exige incorporar el feminismo, como nuevo paradigma, al mundo académico haciendo posible el diálogo entre diferentes discursos y áreas cognitivas. Para ello, resulta imprescindible la lectura reciproca de las respectivas investigaciones y el conocimiento multidisciplinario de los problemas que surgen en cada parcela de la realidad analizada a la luz del feminismo. De este modo, además de obtener el enriquecimiento
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Reguladora de la Orden de protección de las víctimas de violencia. Artículo 1 de la LO 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Genero. Seminario organizado por el Proyecto de Investigación SEJ 2005-06416/JURI.
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metodológico y de contenidos, se conjura el peligro de presentar al exterior como conclusiones de todo el feminismo lo que, en ocasiones, no son más que reflexiones o tomas de postura parciales, provenientes de alguna o algunas disciplinas determinadas, o de sectores de éstas. Coincidiendo básicamente con las distintas sesiones del Seminario, el libro se estructura en cuatro apartados básicos. Bajo el primer título, “El valor explicativo del género en la violencia contra las mujeres” se profundiza en las connotaciones políticas y sociales del concepto de género así como en los equívocos a que conduce su simplificación y generalización como criterio de identidad de lo femenino y eje del poder y la opresión de las mujeres. La construcción de un discurso teórico crítico sobre la sexualidad como uno de los factores clave de la dominación masculina no podía faltar en un debate feminista. De ahí que sea otro de los temas centrales del Seminario. Bajo el título “Sexualidad y violencia contra las mujeres” se plantea el carácter conflictivo de las relaciones sexuales como fuente permanente de intereses opuestos entre hombres y mujeres y escenario, a veces interesadamente invisibilizado, de las distintas formas de violencia que se ejerce contra ellas. En ese contexto podría haberse planteado el análisis de la prostitución como una de las formas de sexualidad periférica más problemáticas, cuyos elementos de identificación –sexo sin amor, sexo mercantilizado- marcan fuertemente los límites de su tolerancia social, también dentro del feminismo. Pero hemos entendido preferible hacerle compartir el lugar sistemático que se dedica a las migraciones femeninas, en cuyo ámbito la prostitución permite evidenciar la capacidad de agencia de las mujeres en la búsqueda de recursos alternativos a la comisión de delitos, lo que permitiría explicar su menor incidencia en las cifras estadísticas sobre delincuencia. También se aborda en el libro otro de los temas decisivos del Seminario: “El Derecho frente a la violencia de género”, dirigido a trasladar los núcleos de la discusión feminista, sus ideas y sus visiones, al campo del derecho. Algo inevitable en un momento en que los feminismos contemporáneos están expresando parte de sus reivindicaciones en un lenguaje jurídico. El fuerte impacto de ese proceder estratégico en las últimas reformas legales, en particular en la Ley de medidas de protección integral contra la violencia de género, explica la incidencia de algunas de las ponencias en el examen crítico de ese texto legal -sobre
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todo en sus aspectos penales- en un intento por revisar los excesos punitivos provenientes de un poderoso sector del feminismo español. Sólo nos resta agradecer la colaboración de todas las compañeras integrantes del Proyecto de Investigación en cuyo contexto ha surgido esta obra y, en particular, a María Dolores Machado, Flor de Torres y María Jesús Molina por sus largas horas de dedicación a esta tarea común desde el Comité Organizador del Seminario. Como también a Juana María Gil y Ana María Prieto del Pino por su notable esfuerzo de síntesis en la difícil tarea de resumir los ricos debates que se suscitaron durante las jornadas. Nuestro agradecimiento, igualmente, a todas las instituciones que hicieron posible el seminario y a la Editorial Tirant lo Blanch que desde el principio aceptó el reto de publicar este enriquecedor encuentro entre pensadoras de distintos ámbitos teóricos. Confiamos en que nuestra propuesta sea de interés para quienes se acerquen a la lectura de este libro. Granada - Málaga, octubre de 2007 LAS COORDINADORAS
La presente obra se realiza en el contexto del Proyecto de Investigación “Análisis de la LO 1/2004 de protección integral contra la violencia hacia las mujeres desde una perspectiva de género” (SEJ 2005-06416/ JURI)
I. EL VALOR EXPLICATIVO DEL GÉNERO EN LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
Conceptualizar es politizar CELIA AMORÓS
1. DE LA ANÉCDOTA A LA CATEGORÍA Quiero plantear en esta charla que, cuando se describía el asesinato de una mujer por parte de su expareja como “crimen pasional”, estos asesinatos ni siquiera se contaban: se trataban como “casos aislados”, diversos y discontinuos. No se suman magnitudes heterogéneas, melones con manzanas. La conceptualización emergente, por parte del movimiento y el pensamiento feminista, de estos casos como ejemplificaciones de un tipo específico de violencia que tenía un carácter estructural fue determinante para hacer que estos casos se homologaran y, por tanto, se contaran. A su vez, el hecho de que se contaran fue fundamental a la hora de plausibilizar e insistir en la pertinencia del concepto acuñado desde el feminismo. Sólo cuando este concepto estuvo disponible se incorporó al vocabulario público, se volvió tema de debate y se asumió la necesidad de tomar medidas políticas para erradicar esa “lacra social”.1 He titulado mi charla “conceptuar es politizar”, y quizá tendría que aclarar por qué lo entiendo así. Conceptualizar significa pasar de la anécdota a la categoría y, precisamente, en esta cuestión de los malos tratos y asesinatos de mujeres ha sido enormemente difícil que se produjera este paso. No se producía a causa de un círculo vicioso: las anécdotas eran anécdotas porque no se sumaban, pero a su vez no se sumaban porque se consideraban anécdotas. No hace todavía tanto tiempo, un ministro del Partido Popular, Álvarez Cascos, decía que los casos de mujeres agredidas y asesinadas eran “cascos” aislados. Teníamos un señor ministro que no sabía sumar. Pues, para sumar hay que operar con cantidades homogéneas: no se pueden sumar peras con melones ni con manzanas; para sumarlas ha de haber una rúbrica unificadora de esas unidades que pueda hacer de ellas unidades homogéneas. Así, no 1
Cfr. C. Amorós, “Pensar filosóficamente desde el feminismo”, en Debats, núm. 76, Valencia, 2002
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se pasaba de la anécdota a la categoría porque no se sumaba —todo eran anécdotas— y no se sumaba porque a su vez, no se pasaba de la anécdota a la categoría. ¿Cuándo se suma? La suma se produce cuando se activa un mecanismo crítico de irracionalización y de inmoralización de determinado tipo de prácticas. Ello requiere y volveremos sobre ello, un cambio de las sensibilidades sociales. Este mecanismo de irracionalización y de inmoralización es el que activa a su vez un mecanismo de generalización. El mecanismo de generalización, cuando es de este modo activado, hace que se sumen las cantidades homogéneas pertinentes, que no tengamos un batiburrillo, sino los conceptos adecuados, para que, cuando haya que sumar peras, sumemos peras y cuando tengamos que sumar manzanas, sumemos manzanas, que eso es otra cosa, como diría Ana Botella. Así, cuando se desencadena un mecanismo de generalización, podemos pasar de la anécdota a la categoría: se suman piezas de fruta; entonces se percibe una relación entre las mujeres asesinadas, las mujeres acosadas en el trabajo, las mujeres segregadas en el empleo por sexos, y todas esas piezas de fruta configuran un conjunto que está demandando la rúbrica unificadora. Ahora bien: para ello necesitamos un concepto. Yo, como feminista clásica, el concepto que manejo es el de patriarcado. Cuando tenemos esa rúbrica unificadora se suma lo que se tiene que sumar, no se suma lo que no se tiene que sumar y se pasa de la anécdota a la categoría. Entiendo por patriarcado un modo de dominación de los varones sobre las mujeres que tiene efectos sistémicos. Así pues, la teoría feminista, como los filósofos y las filósofas no podemos hacer gran cosa por cambiar el mundo, pero sí podemos quizás aportar algo de clarificación conceptual, y la clarificación conceptual siempre, como vamos a verlo con más detalle, tiene implicaciones políticas. Podemos poner así nuestra formación de—formación profesional al servicio de determinadas causas en orden a lograr la transformación social. Pues la teoría feminista es una teoría crítica de la sociedad. Teoría viene del griego “hacer ver”, ahora bien, la teoría feminista sólo puede ser teoría si es crítica, es decir, su “hacer ver” algo está en función de un irracionalizar: si no irracionaliza, si no adopta una mirada crítica, no ve. Entonces, la irracionalización o inmoralización por su propio mecanismo generaliza, y, en ese generalizar mismo, vuelve perceptible como tal un sistema de dominación.
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Kant decía que los conceptos sin datos empíricos que los avalen son vacíos, pero que los datos empíricos sin conceptos son ciegos. Podemos aplicar aquí esta distinción de Kant. Los conceptos de la teoría feminista dan nombre a determinados conjuntos de fenómenos. Después de la Segunda Guerra mundial, la feminista liberal estadounidense Betty Friedan dió nombre al “problema que no tiene nombre”, denominación con la que se hacia referencia a las neurosis del ama de casa, a quien se había instituido en “directora gerente de su hogar” retirándola de los puestos de trabajos que las mujeres habían ocupado interinamente durante las guerras. A las neurosis de estas mujeres Betty Friedan les da un nombre: “mística de la feminidad”. El feminismo, tanto como movimiento social como en cuanto teoría crítica, en las dos vertientes tiene una gran experiencia en acuñar nombres que visibilizan determinados fenómenos sociales irracionalizándolos: así, tenemos por ejemplo “violación marital”, “acoso sexual en el trabajo”. De esta manera, lo que se produce es que los conceptos críticos posibilitan la visibilización de determinados fenómenos que no se visibilizaban desde otras orientaciones de la atención y, a su vez, esta visibilización nutre y posibilita nuevos conceptos críticos. Los conceptos críticos nos hacen ver lo que vemos porque lo iluminamos a la luz que estos mismos conceptos nos proporcionan y, así, podemos denunciar los puntos ciegos del patriarcado. Pues el patriarcado, además de cometer enormes injusticias éticas y políticas, comete verdaderos disparates epistemológicos. Dislates en cuanto al modo de conocer la realidad social. La teoría feminista es un marco de este modo interpretativo que determina la visibilidad y la constitución en hechos relevantes de fenómenos y aconteceres que no son pertinentes ni significativos desde otras orientaciones de la atención. Pero, como la teoría feminista es una teoría crítica, lo que hace es poner de manifiesto esos sesgos como sesgos no legítimos: irracionalizamos, por tanto, los sesgos de esas orientaciones que son ciegas a los fenómenos que irritan nuestras sensibilidades, y nuestra irritación va logrando, afortunadamente, cada vez mayor permeabilidad social. Como contrapunto de la forma en que conceptualiza la teoría feminista, voy a contraponer un término que se utiliza pero que me parece una chapuza conceptual. Esto es grave porque, así como los conceptos bien estructurados politizan, determinados conceptos, por el contrario, arrojan tinta de calamar sobre los fenómenos y, así, despolitizan. Pues bien, el concepto “violencia doméstica” es una chapuza conceptual y, precisamente por éso, despolitiza. Es una chapuza conceptual porque suma magnitudes heterogéneas: invisibiliza, por tanto, el carácter es-
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tructural del fenómeno de la violencia de género porque ni toda agresión contra mujeres se produce en el ámbito doméstico ni todas las agresiones que se producen en el ámbito doméstico tienen como sus víctimas exclusivamente a las mujeres. Entonces, lo que se forma es un batiburrillo donde no se sabe ya qué se suma con qué, y se echa tinta de calamar sobre la especificidad del fenómeno de la violencia de género. A veces, una lee en el periódico: “Hubo un caso de violencia doméstica por parte de una mujer que en una carretera iba en un coche con su ex—pareja...” ¿Qué tiene ésto de doméstico? Más bien poco. Se dan por lo tanto noticias que son descripciones totalmente peregrinas. Creo que debemos huir de estas chapuzas conceptuales porque, aparte de que a nuestras sensibilidades teóricas les pueda chirriar como concepto inadecuado, tienen claros efectos de despolitización por trivialización. Las connotaciones que tiene la palabra “doméstico” se relacionan con ir en zapatillas. De esta manera, dice la feminista española Carmen Caballero, con mucho acierto, que las víctimas de la violencia de género aparecen así como “víctimas de andar por casa”. Son víctimas pero menos: lo doméstico tiene connotaciones de trivialización y, por tanto, esta chapuza conceptual tiene efectos políticos indeseables: despolitiza. Por último, quería llamar la atención sobre las peculiaridades de las conceptualizaciones patriarcales, que son curiosísimas como contrapunto de las conceptualizaciones feministas. Por ejemplo, yo he visto escrito hace algunos años, no tantos: “la mujer entra en el cuerpo de bomberos” (habían entrado tres); sin embargo, se pasaba alegremente de la anécdota a la categoría. Aquí hay un paso ilegítimo de la anécdota a la categoría por abuso de heterodesignación: la Mujer. Sin embargo, ¿han leído alguna vez, escrito en algún periódico: “la mujer es maltratada”? Aquí no se pasa de la anécdota a la categoría, ¡qué curioso! “La mujer” entra en el cuerpo de bomberos, pero no es verdad que “la mujer” sea maltratada. Entonces se trata “de casos aislados”: se quiere dar el paso contrario, ir de la categoría a la anécdota. Se produce así porque lo que se quiere, en definitiva, es despolitizar: que no se quejen, entran tres o cuatro en el cuerpo de bomberos, por tanto, “la mujer” ya no tiene motivos para quejarse. En cambio, si “la mujer” es maltratada sólo son “casos” aislados: así se podrá decir también “que no se quejen”. De esa manera el paso de la anécdota a la categoría y de la categoría a la anécdota, se lleva a cabo fraudulentamente, dando saltos lógicos totalmente ilegítimos para estar a la defensiva de la politización. Así, cuando se conceptualiza mal, todo se trivializa y se despolitiza.
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2. HACIA UN “SENTIDO COMÚN ALTERNATIVO” Ahora bien ¿quiénes son los agentes de estas conceptualizaciones que politizan? Son precisamente, en un sentido muy general, los movimientos sociales, y el movimiento feminista en lo que a nosotras nos concierne. Los movimientos sociales, aparte de organizar manifestaciones y otras demostraciones más palpables, son, como lo ha subrayado Ana de Miguel, agentes de cambio de la sensibilidad social; son, de ese modo, lo que se ha llamado “laboratorios culturales” y, yo añadiría, de teoría crítica. Los podríamos llamar movimientos guadianescos que emergen a veces con manifestaciones muy visibles, pero otras no se los ve: tienen su movimiento cíclico peculiar, pero éso no quiere decir que desaparezcan. No se agotan en lo inmediatamente visible: cuando aparentemente desaparecen, muchas veces se está elaborando teorías bajo los efectos reflexivos de determinadas actividades suyas. Se convierten de esa manera en laboratorios de teoría crítica. Y estos laboratorios sociales que producen teoría crítica desarrollan “un sentido común alternativo”, porque las evidencias acerca de determinados fenómenos sociales nunca han sido históricamente las mismas. Nunca vienen dadas como algo obvio: hay que producir la evidencia. La evidencia es algo que se produce. Se daba por descontando que la mujer no debía votar. Que aparezca como evidente que las mujeres deben hacerlo requirió el movimiento de la lucha sufragista que duró más de un siglo. Así, ese sentido común alternativo transforma las presuntas evidencias y construye otras evidencias nuevas, dando lugar de ese modo a cambios históricos y sociales. ¿Por qué medios se produce esta conceptualización /politización? Si atendemos a la historia, entre estos medios, uno fundamental ha sido la resignificación. La resignificación ha sido siempre un arma sumamente eficaz de los oprimidos. Ya se decía de nuestros mudéjares que debían “hablar las palabras del infiel y hacerlas rimar en rima musulmana”. Nosotras, en nuestra resignificación del lenguaje, tenemos que hacer algo parecido. Me remontaré a un ejemplo histórico: la resignificación del lenguaje revolucionario que hicieron las mujeres durante la Revolución Francesa. Las féminas, como siempre, eran heterodesignadas, designadas por otro por quien siempre se pone en posición de sujeto, y esa heterodesignación las describía como “el bello sexo”, en el plano estético. Pero ellas adoptaron los mismos términos denostativos con los cuales los revolucionarios interpelaban al Antiguo Régimen y los aplican a otro
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ámbito de referentes. Hablaban así de maridos “aristócratas en sus hogares”, de que los varones se reservaban “privilegios”, justamente en una sociedad donde “la aristocracia” y “el privilegio” son términos con una carga estigmatizadora y denostativa enorme, y no se había previsto que iban a ser desplazados, conservando esas mismas connotaciones, a otro ámbito de referentes, produciendo de esta manera una crisis de legitimación del poder patriarcal. Del mismo modo que se había producido una crisis de legitimación del poder divino de los reyes y se lo sustituyó por los conceptos del contrato social. Pudo emerger la existencia de una base racional de legitimación de todo poder que condujo a la crisis de legitimación del poder patriarcal. Las mujeres, de esa manera, increparán a los revolucionarios diciéndoles “Somos el Tercer estado dentro del Tercer estado”, es decir, vosotros habéis criticado una sociedad estamental y habéis horizontalizado, con el concepto de ciudadanía, lo que antes era una jerarquización estamental que ahora irracionalizamos. Así pues, si nos excluís de la ciudadanía estáis jerarquizando de nuevo y nos estáis tratando como un estamento a la vez que irracionalizáis la sociedad estamental: hacéis así de nosotras un “Tercer estado dentro del Tercer estado”. De esta manera, las mujeres de la Revolución Francesa pasaban de la heterodesignación a la autodesignación al ponerse entonces en posición de sujeto: transitaron del trivial registro estético del “bello sexo” al ámbito político, y se politizaba así su situación. Lo mismo que las mujeres en la Revolución Francesa resignificaron el lenguaje revolucionario, nosotras deberíamos ahora poner todo nuestro empeño en desarrollar cada vez más la resignificación del lenguaje del terrorismo. Hay que hablar de “terrorismo patriarcal”, de “terrorismo sexista”, de “terrorismo de género”, y dejar fuera la chapuza conceptual de la “violencia doméstica”. Acuñemos términos que resignifiquen el lenguaje del terrorismo porque a los oprimidos siempre nos ha dado juego el arma de la resignificación. No podemos inventar desde cero un lenguaje que no prendería quizás en las sensibilidades sociales. Lo que sí podemos hacer es, por un lado, chupar rueda y, por otro, a su vez, insuflar aliento a sensibilidades sociales afines, a registros de sensibilidad que tienen afinidades con los nuestros. De este modo, se produce el fenómenos del “alineamiento de marcos” del que hablan los estudiosos de los movimientos sociales. Estos movimientos, justamente para no obrar en solitario y para que sea más eficaz una determinada permeabilidad social, tratan de explotar sus afinidades en orden a construir marcos interpretativos más generales y más am-
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plios, que recluten mayor consenso social. Pues bien, el movimiento feminista deberá colaborar en este alineamiento de marcos pero, por supuesto, siempre que los demás estén también a la recíproca, porque, si no, haremos alianzas políticas ruinosas, como las de cierto ecofeminismo donde es la ecología (con todos mis respetos a ella) quien marca agenda feminista. Nos hemos de unir por afinidad, por alineamientos de marcos pero con reciprocidad y, de esa manera, potenciar sensibilidades sociales alternativas y un “sentido común alternativo”. Otro de los medios que ha puesto en juego la teoría feminista ha sido la desnaturalización: poner en cuestión la configuración histórica de la dicotomía público-privado. Esta contraposición para los liberales es absolutamente dogmática: habría de tener los mismos contenidos y se debería consagrar así para siempre. La esfera pública se constituye de acuerdo con las normas del contrato social y, en cambio, la esfera privada, aquélla cuya historia, dirá Carol Pateman, filósofa feminista política, es la otra parte del cuento que no se nos cuenta del contrato social, es “el contrato sexual”, que está en el origen de la esfera privada. Por medio de la idea de contrato social las bases del poder político se desnaturalizan: no hay poder que sea natural, basado en la fuerza, sino que está fundamentado en el consenso racional, por tanto, el concepto de contrato social desnaturaliza las bases mismas del poder. Por el contrario, sobre el concepto de contrato sexual se echa tinta de calamar, y viene a ser una especie de enclave de naturalización cuando la política se ha desnaturalizado a través de las nuevas figuras del contrato. La esfera doméstica aparece así, repetimos, como un enclave de naturalización, un reducto: allí están las cosas que nos unen a la naturaleza, se supone que las emociones, los afectos, etc., vienen a ser de este modo como un jardín autóctono, donde la naturaleza, de acuerdo con sus leyes, se podría autorregular. Pues bien, el concepto de contrato sexual es un concepto tan político como el de contrato social, como lo afirma Pateman, porque, entre otras cosas, el contrato social no es posible sin el contrato sexual. Los varones, antes - no en sentido cronológico sino lógico-teórico- de instituirse en sujetos del contrato social, han organizado “el desorden de las mujeres” y puesto como una cláusula del contrato social el control del conjunto de los varones sobre el conjunto de las mujeres, que derivará luego en el contrato de matrimonio entre un hombre y una mujer. Hay que considerar así las dimensiones políticas del contrato sexual. Pues bien, si en la Revolución Francesa las mujeres, como movimiento social, resignificaron el lenguaje revolucionario, el de la oleada del feminismo de los setenta
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volvió a resignificarlo para hacer una crítica radical de ese enclave de naturalización: afirmó que “lo personal es político”. Resignificación que de entrada choca, evidentemente, como toda novedad en la acuñación de nombres. Pero, si el enclave de naturalización se desnaturaliza, es entonces cuando se deslegitima y, se puede politizar porque, precisamente, no hay nada tan eficaz para la legitimación de algo que el considerarlo natural. Así pues, este análisis de lo privado en términos del contrato sexual desnaturaliza y, en esta misma medida, politiza. “Lo personal es político”, por tanto, lo que pasa en ese presunto enclave de naturalización debe salir a debate público. Sin embargo, las feministas no pedimos que se borre la distinción entre lo privado y lo público, no pensamos que todo pueda ser público sin más, pero sí que no haya una línea histórica trazada de una vez para siempre entre lo que es político y lo que es personal: tiene que haber sobre ello una permanente negociación; si, hasta hace poco, el que el marido le diera un mamporro a su mujer en su casa se consideraba un asunto privado, las feministas, al reconceptualizar los ámbitos, hemos negociado que ese asunto presuntamente privado y natural se vuelva público y político.
3. DE “EL PRESO NÚMERO NUEVE” AL “CRIMEN SEXISTA” Ustedes recordarán una canción no tan antigua, la del “preso número nueve”, que rezaba “padre no me arrepiento ni me da miedo la eternidad, yo sé que allá en el cielo el juez supremo me ha de juzgar...” ¡Que claro tienen los varones la existencia de la bula patriarcal, de los pactos patriarcales!. “Yo sé que el que está allá arriba en el cielo es un hombre como yo y es ése el juez supremo que me ha de juzgar”. ¡Cómo se da por hecho que hay una complicidad patriarcal! Tenemos que dejar de hablar de “crimen pasional” para denominarlo “crimen sexista”. Todo poder, en última instancia, es un poder de vida o muerte; si, en la puntita del iceberg, en el caso más escandaloso y horripilante, el poder patriarcal se manifiesta como poder de vida o muerte, que es en definitiva, en el límite, aquéllo en lo que consiste el poder, ello quiere decir que hay muchos niveles estructurales: un crimen no se improvisa, esa puntita del iceberg tiene todo un iceberg debajo. “La maté porque era mía”, dice el tango, es decir, la maté por celos: en el “crimen pasional” se considera totalmente atenuante un arrebato de celos. Sin
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embargo, los celos en el varón, por un lado, se justifican porque serían como un torrente: se naturalizan, provienen de una pasión irrefrenable y, por tanto, son un atenuante. Es curioso que, por otra parte, ¿en qué se fundamenta ideológicamente de forma tradicional la superioridad del varón sobre la mujer? Se basa en su mayor grado de autocontrol y de racionalidad. Lo decía Locke: si debe ser el varón el cabeza de familia es porque la mujer es más emotiva, menos racional. Entonces ¿en qué quedamos? Al varón se le da bula por los celos y luego se afirma que es más racional; otras veces se nos dice que los celos son cosas de mujeres, pero, si cometemos un parricidio por celos, lo que pasa no es simétrico. Es curioso que filósofos como Kierkegaard afirmarán que los celos son concebibles en el drama de Otelo porque Otelo era un hombre de color, por lo tanto, hombre pero menos, porque en un hombre blanco, hombre-hombre de verdad, los celos serían inconcebibles. Para pasar, pues, de esta chapuza conceptual que es la idea de “crimen pasional” —redundante, pues todo crimen en alguna medida lo es— a la de “crimen sexista” nos hará falta todo un dispositivo conceptual alternativo. Así pues, podemos ver que el problema está en buena medida en la relación entre la ideología sexista y la concepción de la masculinidad. Aquí ocurre algo muy peculiar; cuando un varón quiere que otro haga algo, le interpela: “si eres hombre, tienes que hacer...” Éste “si eres hombre”, primero, no tiene paralelo en el caso de la mujer. A una mujer no se le dice “si eres mujer has de hacer ésto”, sino “como eres mujer, debes hacerlo”, como si “mujer” fuera una mera descripción: se da la circunstancia de que eres mujer y de ahí se deriva que debes hacer tal y tal. Sin embargo, en el caso del varón se le interpela con un “si”, como si fuera potestativo y condicional, es decir, “si quieres ser varón, tienes que estar a la altura de las circunstancias”; pero, por otro lado, ése “si quieres ser varón” no es optativo, ¡pobre del que no quiera ser varón! Se supone que todos quieren serlo: es como lo de “nobleza obliga”. ¿A qué obliga ante todo? A valorar nobleza. Análogamente, ser un hombre no es una cosa que sea opcional, que puedas querer o no: la sanción social que vas a tener si no actúas como hombre prácticamente te quita tu identidad. De este modo, “si eres hombre” es un imperativo pseudohipotético. Un imperativo hipotético sería “si quiere usted bailar la samba, necesita un poco de gracia”. Pues bien, la gracia se requiere si es que quiere usted bailar la samba, pero usted es muy libre de quererla bailar o no quererla bailar: es una cláusula hipotética, y si usted no quiere bailarla, no hay ningún problema. Por el contrario, en el caso