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SALUD, CÁMARA Y ACCIÓN LA PROMOCIÓN DE LA SALUD EN LA EDUCACIÓN SOCIAL ENCARNACIÓN PEDRERO-GARCÍA ARÁNZAZU CEJUDO-CORTÉS

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SALUD, CÁMARA Y ACCIÓN. LA PROMOCIÓN DE LA SALUD EN LA EDUCACIÓN SOCIAL

ENCARNACIÓN PEDRERO GARCÍA ARÁNZAZU CEJUDO-CORTÉS

tirant lo blanch Valencia, 2020


Tabla de contenido Prólogo ........................................................................................................................................... 9 Introducción ................................................................................................................................. 11 BLOQUE I. EDUCACIÓN PARA LA SALUD Y SU VINCULACIÓN CON LA EDUCACIÓN SOCIAL ....... 13 CAPÍTULO 1. EDUCACIÓN PARA LA SALUD. APROXIMACIÓN CONCEPTUAL ............................... 13 1.

CONCEPTO DE SALUD ...................................................................................................... 13

2.

CONCEPTO DE EDUCACIÓN PARA LA SALUD ................................................................... 27

3.

OTROS CONCEPTOS RELACIONADOS ............................................................................... 35

CAPÍTULO 2. PERFILES PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN SOCIAL ........................................... 44 1.

INICIOS Y DESAFIOS DE LA EDUCACIÓN SOCIAL EN ESPAÑA ........................................... 44

2. DISCRIMINACIÓN Y ESTIGMA HACIA LOS COLECTIVOS DE POBLACIÓN ALTAMENTE VULNERABLES .......................................................................................................................... 51 CAPÍTULO 3. LA PROMOCIÓN DE LA SALUD A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN SOCIAL .................... 60 1.

LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD Y LA EDUCACIÓN SOCIAL.............................................. 60

2.

LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN LA ENSEÑANZA REGLADA ....................................... 61

3.

LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN LOS SERVICIOS SOCIALES DE FAMILIA E INFANCIA. 67

4. LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN LOS CENTROS HOSPITALARIOS Y DE ATENCIÓN PRIMARIA ................................................................................................................................. 68 5. LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN INSTITUCIONES PENITENCIARIAS ............................... 70 6. EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN CENTROS PARA EL TRATAMIENTO DE DROGODEPENDENCIAS Y ADICCIONES .................................................................................... 73 7. EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN CENTROS DE REFORMA DE MENORES ............................ 74 8. EDUCACION PARA LA SALUD EN CENTROS PARA PERSONAS MAYORES QUE FOMENTE EL ENVEJECIMIENTO ACTIVO ........................................................................................................ 75 CAPÍTULO 4. TEMÁTICAS CLAVE DE LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN EL ÁMBITO SOCIOEDUCATIVO ........................................................................................................................ 77 1.

DATOS DESCRIPTIVOS Y SENTIDO DE LA MATERIA EN EL PLAN DE ESTUDIOS ................ 78

2.

OBJETIVOS Y COMPETENCIAS DE LA ASIGNATURA ......................................................... 79

3.

CONTENIDOS DE LA ASIGNATURA ................................................................................... 81 MÓDULO 1. ÁREA FUNDAMENTADORA DE LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD: FUNDAMENTOS Y MARCO CONCEPTUAL ............................................................................ 82 Tema 1: La educación para la Salud: Evolución histórica y conceptual. Situación actual en la Educación formal y no formal. ......................................................................................... 82 MÓDULO 2. ÁREA METODOLÓGICA. ................................................................................... 83 Tema 2. Modelos educativos en Educación para la salud: la perspectiva interdisciplinar . 83


Tema 3. Diseño y Evaluación de Programas Socioeducativos para la Salud ....................... 84 MÓDULO 3. ÁMBITOS DE ACTUACIÓN Y ESPACIOS PROFESIONALES ................................. 86 Tema 4. Educación para la Salud en instituciones educativas. Las Escuelas Promotoras de Salud. .................................................................................................................................... 86 Tema 5. Educación para la Salud e infancia ......................................................................... 87 Tema 6. Educación para la Salud y juventud ....................................................................... 88 Tema 7. Educación para la Salud y Adultos mayores .......................................................... 89 Tema 8. Adicciones, drogodependencias y Educación para la Salud .................................. 90 Tema 9. Promoción de la Salud desde la Educación sexual................................................. 92 BLOQUE II. PROPUESTAS DE EDUCACIÓN PARA LA SALUD A TRAVÉS DEL CINE ......................... 95 CAPÍTULO 5. EL CINE COMO HERRAMIENTA EN LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD. ..................... 95 1.

LOS REFLEJOS DEL CINE Y LA PRÁCTICA EDUCATIVA ....................................................... 95

2.

EL CINE COMO RECURSO PEDAGÓGICO .......................................................................... 97

3.

EL CINE Y LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD..................................................................... 100

CAPÍTULO 6: EDUCACIÓN SEXUAL Y CINE .................................................................................. 103 Introducción ........................................................................................................................... 103 1.

Educación sexual ............................................................................................................ 105

2.

Programas de Educación Sexual .................................................................................... 107

3.

Cine, salud y educación sexual: propuestas didácticas ................................................. 108

CAPÍTULO 7. ADICCIONES Y CINE ............................................................................................... 116 Introducción ........................................................................................................................... 116 1.

Prevención en materia de adicciones ............................................................................ 117

2.

Programas de prevención .............................................................................................. 119 2.1. Programas de prevención educativos ......................................................................... 120

3.

Cine, salud y adicciones: propuestas didácticas ............................................................ 121

CAPÍTULO 8. EDUCACIÓN PARA LA MUERTE Y CINE .................................................................. 128 Introducción ........................................................................................................................... 128 1.

Necesidad de una pedagogía de la muerte en nuestra sociedad .................................. 129

2.

Programa de Educación para la Muerte ........................................................................ 132

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .................................................................................................. 141

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Desconfía de aquellos que te enseñan listas de nombres, fórmulas y fechas y que siempre repiten modelos de cultura que son la triste herencia que aborreces. No aprendas sólo cosas, piensa en ellas y construye a tu antojo situaciones e imágenes que rompan la barrera que aseguran existe entre la realidad y la utopía. Vive en un mundo cóncavo y vacío; juzga como sería una selva quemada; detén el oleaje en las rompientes; tiñe de rojo el mar; sigue a unas paralelas hasta que te devuelvan al punto de partida; coloca al horizonte en vertical; haz aullar a un desierto; familiarízate con la locura… Después sal a la calle y observa: es la mejor escuela de tu vida. J. Agustín Goytisolo

Prólogo SALUD. En numerosas ocasiones se ha confundido la Educación para la Salud con una suerte de catecismo con las normas y pautas que se han de seguir desde la más tierna infancia para retardar la muerte (añadir años a la vida), o mantener el cuerpo sano mediante la abstención de conductas nocivas: fumar, comer en exceso, sedentarismo, etc. El foco, en esta perspectiva, se centra en el memento mori (“recuerda que has de morir”) que, como una pesada losa, nos impele a ser precavidos en la cotidianidad para no perder ese preciado, pero frágil bien, que es la vida. Pero existen otras posibilidades. En “Salud, Cámara, Acción” se ha optado por un modelo de salud y, en consecuencia de 9


Educación para la Salud, que podríamos identificar con la leyenda que frecuentemente aparecía escrita en los antiguos relojes de sol que nos recuerda que debemos vivir el día a día con plenitud: memento vivere. En este paradigma (“acuérdate de vivir”) lo que prevalece es la aspiración por conocer y elegir con libertad las opciones más saludables, aquellas que pueden enriquecer nuestras vidas, individualmente tomadas o como miembros de una comunidad.

CÁMARA. Para elegir en libertad es necesario conocer las diversas realidades. El cine, como cualquier otra expresión narrativa, nos proporciona multitud de historias vividas e imaginadas-, experiencias que invitan a la reflexión y al debate. La droga, la sexualidad o, incluso, cómo afrontar el fenómeno de la muerte, son algunos de los asuntos presentes en numerosas películas que susceptibles de ser usados como herramientas para la promoción de la salud desde la Educación Social.

ACCIÓN. Las personas que trabajan en el campo de la Educación Social son agentes clave en la promoción de la salud, especialmente en situaciones en las que ésta labor es especialmente necesaria: exclusión social, instituciones de internamiento, contextos multiculturales,... En “Salud, Cámara, Acción” se ofrecen pistas para intervenir en distintas situaciones y con poblaciones diversas, con la pretensión de lograr una visión crítica y responsable sobre nuestra propia salud y la de los demás, o como se señala en el poema de José Agustín Goytisolo que antecede este prólogo: romper la barrera entre realidad y utopía, llegando a colocar el horizonte en vertical. Juan Ramón Jiménez Vicioso. Universidad de Huelva.

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Introducción

La Educación para la Salud (EpS) forma parte de los contenidos de las titulaciones educativas en España. Las instituciones educativas regladas y no regladas son entornos ideales para la promoción de hábitos de vida saludables y se presupone ser una cuestión de suma importancia formar a los futuros educadores y docentes en este ámbito. Sin embargo, en la mayoría de las universidades españolas donde se cursa esta materia, se oferta como una asignatura optativa en el mejor de los casos, y en otras, ni tan siquiera existe la posibilidad de cursarla al no impartirse. Este hecho provoca que muchos de los profesionales de la educación no tengan una formación inicial sobre salud y mejora en la calidad de vida, por lo que se entiende que tendrán carencias formativas en este ámbito. Lo que sí es un logro es que la mayoría de las universidades que imparten el Grado Educación Social ofrezcan esta disciplina entre su oferta académica y ello es debido a que la promoción de la salud es uno de los perfiles profesionales de estos graduados. Este manual pretende ser una herramienta útil en la formación del educador y educadora social en la promoción de la salud. Consciente de la importancia de la educación en la promoción de hábitos saludables y mejora en la calidad de vida de las personas, hemos querido desarrollar una serie de capítulos que formen a estos profesionales en el ámbito de la Promoción y de la Pedagogía de la Salud. Para ello, a lo largo de sus páginas se procura profundizar y afianzar en el paradigma actual de Educación para la Salud, para más tarde desarrollar y describir las competencias laborales de los Equipos de Promoción de la Salud. Por último, se ofrece una propuesta didáctica en la que el cine sirve como recurso metodológico en la formación de la Educación Social para la Salud (ESS). La estructura de este manuscrito se divide en dos grandes bloques. El primero de ellos, pretende que el lector domine la terminología clave de este campo educativo además de clarificar su vinculación con la Educación Social y sus competencias profesionales. Se realiza una revisión exhaustiva de la oferta de esta materia en las universidades españolas, plantea una propuesta formativa de Educación para la Salud en la educación superior. 11


El segundo bloque, ofrece una serie de recursos didácticos en el cual el cine es el agente educativo por excelencia, al ser utilizado como un instrumento pedagógico en la formación de estos promotores de salud. Esperamos que el contenido de este libro sea de gran utilidad para los educadores y educadoras sociales que desempeñen su trabajo en la promoción de hábitos saludables y mejora de la calidad de vida en contextos formales y no formales.

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BLOQUE I. EDUCACIÓN PARA LA SALUD Y SU VINCULACIÓN CON LA EDUCACIÓN SOCIAL

CAPÍTULO 1. EDUCACIÓN PARA LA SALUD. APROXIMACIÓN CONCEPTUAL Al tratar de definir el concepto de Educación para la Salud (en adelante EpS) queremos señalar la complejidad que supone delimitar su definición, en el caso de querer ser exhaustivos en todas sus implicaciones y funciones, ya que acoge a la persona en su totalidad, de forma holística, y también a su contexto en una doble dimensión, ecológica y social (Perea, 2002).

1. CONCEPTO DE SALUD El término salud pensamos que forma parte de ese grupo de conceptos cuya pluralidad semántica y cuya distinta percepción cultural permite considerarlo como realmente indefinible (González Hernández y García Martínez, 1998). Quizás todos creamos tener una idea más o menos clara de lo que es la salud y, muy probablemente, nos sorprendería constatar que nuestra propia definición puede ser bastante diferente de la de los demás. Como todo concepto abstracto, el concepto de salud está determinado por la cultura y sujeto, así, a una permanente evolución. Pero también cuentan las vivencias personales y el trabajo de reflexión que cada uno de nosotros haya efectuado en torno a la construcción de una definición propia de salud. Como afirma Castillo Lemee (1998) el sentimiento de estar sano se basa en algunos elementos objetivos, pero, sobre todo, en dimensiones subjetivas difíciles de precisar, como veremos en este apartado. De cualquier modo “estar sano” no es lo mismo para un joven que para un viejo, para una mujer que para un hombre, para un trabajador intelectual que para un obrero, para un campesino que para un citadino, para un europeo que para un africano. Sin embargo, nos hace falta compartir una noción común de salud si se trata de convertir el acceso a ella en una tarea de todas y todos.

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Es necesario establecer una convención que oriente las políticas sociales de salud y los esfuerzos colectivos. Es decir, tendríamos que reconocer la relatividad de toda noción de salud y aceptar una definición que debería ser revisada con frecuencia. El sentido del término salud ha ido evolucionando en función del momento histórico, cultural, social, así como del nivel de conocimientos que se han ido adquiriendo con el paso del tiempo. En los primeros años de la historia se mantuvo, durante un largo periodo de tiempo, el pensamiento primitivo (mágico-religioso), centrado en la creencia de que la enfermedad era un castigo divino; esta actitud aún se mantiene hoy día en algunos pueblos o tribus de África, Asia, Australia y América. En las civilizaciones egipcia y mesopotámica se produjo un cambio de planteamiento donde se desarrolló un mayor interés por la higiene personal y pública. En la antigua civilización hebrea, la Ley mosaica contiene uno de los primeros códigos sanitarios de la humanidad: prescribe ordenamientos estrictos sobre higiene personal, alimentación, comportamiento sexual y profilaxis de las enfermedades transmisibles, algunas de ellas todavía vigentes. Pero sabemos que la palabra higiene, así como el actual juramento hipocrático encuentra su origen en la cultura griega, inspirada en la mitología: Higea “diosa de la salud” e Hipócrates “padre de la medicina”. García Martínez y otros (2009) hacen un interesante recorrido sobre la salud en el lenguaje, y muestran como la mitología griega ha marcado nuestra percepción, a través sobre todo del lenguaje oral, pero también a través de manifestaciones rituales (ya sean de tipo profanas o religiosas). Por esta razón comentan, “la salud vivida (percibida) es algo profundamente social, enraizado en las sociedades, en sus instituciones, en sus medios de vida y en la desigualdad que los condicionan” (2009:15). Posteriormente, los romanos aplicaron sus conocimientos de carácter urbanístico a la salud pública, construyendo grandes acueductos para la dotación de aguas como también para el alejamiento de las sustancias de desecho. En la Edad Media, cuando aparecen las primeras escuelas monásticas, se enseña la medicina hipocrática. En aquellos tiempos se elaboró un volumen que contenía numerosos consejos sobre higiene. Este sentido higienista de la salud ha predominado durante muchas épocas. 14


Más tarde se produjeron avances importantes respecto a la promoción de la salud en el periodo renacentista, pero no será hasta los siglos XIX y XX, cuando se originen los grandes progresos como veremos a continuación. En el siglo XIX, con los avances en bacteriología, y en la primera mitad del siglo XX, con el descubrimiento de la penicilina por Fleming, la comercialización de los antibióticos, la creación de los centros de Seguridad Social y las campañas de vacunación, se abrieron nuevas perspectivas de optimismo frente al riesgo de enfermedades transmisibles. No obstante, pronto se pudo comprobar el carácter multifactorial de la enfermedad ya que, entre otras, las condiciones sanitarias deficientes y las carencias nutricionales tenían gran influencia en la aparición y gravedad de los padecimientos, así como también una serie de factores psicosociales. Estos hechos motivaron, en gran medida, el cambio conceptual más importante, pasando de una formulación de la salud en términos negativos, como se venía entendiendo hasta el momento, a una consideración positiva. Pero, durante mucho tiempo, aproximadamente hasta mediados del siglo XX, se siguió entendiendo la salud en términos negativos como ausencia de enfermedad e invalideces. Aun considerando la salud como la ausencia total de enfermedad, y si esto fuera posible en situación totalmente estática, tendríamos que abocar la constatación que esa salud –incluso en ausencia de enfermedad- tiene, como la vida misma, un límite: la muerte (Sarlet, García y Belando, 1996). Es decir, más allá de la enfermedad está el estado de bienestar completo o integral, pero, igualmente, la truncación de esa aspiración secreta a la inmortalidad. Entre medias de ese paréntesis (salud total y su reverso la muerte), está el envejecimiento. Belando y López (2003) consideran, equivocadamente, que la visión negativa del término salud ya no es compartida por nadie, pues no se atiene a la realidad, y no es operativa, porque: 1) su aceptación supondría el acotar un límite entre lo normal y lo patológico, lo que no siempre es factible; 2) Los conceptos de normalidad cambian con el tiempo; y, 3) las definiciones negativas no son útiles en las ciencias sociales (así como, por ejemplo, no se puede afirmar que la paz sea la ausencia de guerra, tampoco podremos decir que la salud sea la ausencia de enfermedad). Aun así, y todavía hoy, la mayor parte de los gastos públicos en salud se destinan a servicios, instalaciones, equipamiento tecnológico e investigación para tratar las enfermedades, por lo que es un 15


hecho la gran influencia que dicha definición de salud sigue ejerciendo en la sociedad actual. De hecho, no será hasta mediados del siglo XX cuando la Organización Mundial de la Salud (en adelante OMS) (1948) defina en su Carta Magna, concretamente en el artículo 11, la salud como: “Un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no consiste solamente en la ausencia de enfermedades. La posesión del mejor estado de salud que se es capaz de conseguir constituye uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, cualquiera que sea su raza, religión, ideología política y condición económico-social. La salud de todos los pueblos es una condición fundamental de la paz mundial y de la seguridad; depende de la cooperación más estrecha posible entre los Estados y los individuos”. Si analizamos esta definición, nos encontramos con dos aspectos importantes (García Martínez, 2000:29): a.

Por un lado, la utilización de términos abstractos, que se observan en la formulación de buenos e incluso utópicos deseos en consonancia con la pretensión de promocionar la salud, antes que de definirla, así como en la propuesta de cambiar la sociedad de manera que posibilite la plena realización de las personas.

b.

Por otro, aparece otra visión estática del concepto de salud, como afirma PolainoLorente (1987), al considerarlo como un estado “completo de bienestar físico, mental y social”.

La definición en sí, entiende la salud como condición positiva que tiene en cuenta a la persona en su totalidad y unidad. Esta construcción interrelacionada de salud total, o completa, como presenta la OMS, es más bien un planteamiento holístico y utópico, que según García Martínez (2000) tiene más de intención o voluntad política de que realidad. No obstante, un acercamiento sistémico a la visión de una salud global, en interacción de la persona como individuo social, a la vez que mente que se siente y tiene su propia idea de la armonía o equilibrio de su cuerpo con el cuerpo social (grupo) al que pertenece, en el medio ambiente en el que se encuentra, “es una transformación positiva de las estructura equilibrada del 16


mens sana in corpore sano, para extenderla holísticamente a una cosmovisión revolucionaria del futuro de la salud” (Sarlet, García y Belando, 1996:95). Sea como fuere, esta definición supuso un verdadero cambio cualitativo respecto de las concepciones anteriores, ya que incluía junto con la dimensión física, también la psíquica y social y sirvió como punto de partida para los debates posteriores que sobre este término se han ido produciendo. Aunque, sin embargo y a pesar del avance cualitativo, esta definición sufrió posteriormente numerosas críticas, ya que se la calificó como algo absoluta, estática e incluso utópica. Como puede comprobarse, la definición de salud ha ido sufriendo modificaciones diversas en el tiempo, desde la rigidez clásica de la ausencia de la enfermedad a la maleable del completo estado de bienestar, concepciones que han condicionado modelos de planificación e intervención, estableciendo distintas metodologías para acercarse a la realidad socio sanitaria de las clases sociales (Ponce, Muriel y Gómez, 1997). Del primer caso se deriva una perspectiva apoyada en modelos estadísticos de predicción, con investigaciones que tratan de acercarse a la realidad de las desigualdades a partir del control de variables casi exclusivas de morbi-mortalidad y, aunque en menor grado, de las de tipo social. Por contra, la segunda concepción se apoya en técnicas estadísticas, estructurales y etnológicas, tratando de acercarse a la realidad socio sanitaria de las clases creando grupos de variables tipo, más concretamente, de "estilos de vida" o "hábitos saludables". Hemos de decir que en ambos casos las investigaciones aparecen limitadas y sesgadas. Aún hoy en día, nos encontramos asiduamente con la definición inicial de salud de la OMS. Por entonces como ya hemos afirmado anteriormente, supuso un avance en su concepción y un importante cambio cualitativo en los planteamientos futuros. Esta definición destacó sobre todo por el carácter holístico que le confiere al término salud, aunque para algunos autores carece de referencias a los aspectos espirituales de la salud y del bienestar. Para otros, es excesivamente utópica, ya que consideran que el completo estado de bienestar no existe. A continuación, analizaremos dichas críticas. Terris (1980) y San Martín y Pastor (1988) tras criticar la definición establecida por la OMS, la han modificado proponiendo la eliminación del término “completo”, 17


formulando en el caso de Terris la siguiente definición de salud: “un estado de bienestar físico, mental y social con capacidad de funcionamiento y no únicamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Con ello, como comentan Belando y López (2003), dicho autor sugiere que la noción de salud se basa en dos criterios: uno subjetivo (el bienestar) y otro objetivo (la capacidad de funcionamiento), y elimina la palabra “completo” ya que ni la salud ni la enfermedad son un absoluto, sino un continuo. Otros aspectos susceptibles de crítica del clásico concepto de la OMS era su carácter subjetivo, en el sentido que obvia los criterios objetivos (datos físicos observables y medibles relacionados con la salud biológica o física) y subjetivos (percepción que cada uno tiene acerca de su salud y su sentimiento de estar sano) o que no expresa suficientemente la interacción dinámica de los distintos aspectos físicos, mentales y sociales. Ambos criterios nos dan las pautas para hablar del significado de estar sano. En cuanto al primer aspecto (el aspecto objetivo), Laín Entralgo (1978) ha abordado dicho tema, distinguiendo cinco criterios objetivos del concepto salud: 1. Un criterio morfológico (ausencia de lesiones o alteraciones físicas); 2. Un criterio etiológico (inexistencia de taras genéticas o agentes patógenos en el organismo del sujeto); 3. Un criterio funcional (es sano el hombre que es normal desde el punto de vista orgánico y funcional); 4. Un criterio utilitario (es sano el individuo que puede tener un rendimiento vital sin exceso de fatiga o daño); 5. Un criterio comportamental o conductual (es sano quien está integrado socialmente). Por lo que corresponde al sentido subjetivo de "estar sano" habría que hablar de algunos motivos psicológicos, como: conciencia de la propia validez, sentimiento de bienestar psico-orgánico, cierta seguridad de poder seguir viviendo, libertad respecto al propio cuerpo, sentimiento de semejanza básica con los demás hombres y la posibilidad de gobernar el juego vital de la soledad y la compañía (Feito, 1996). 18


Esta perspectiva de salud conformada por aspectos objetivos y subjetivos es igualmente apoyada por San Martín y Pastor (1988:13), quienes defienden que la concepción de salud hace referencia a un: “Proceso social, en su origen, que tiene repercusiones ecológicas en el ambiente de vida de la comunidad y que, fundamentalmente, produce en el individuo, según las circunstancias (favorables o negativas), el estado ecológico de salud o el desequilibrio ecológico que llamamos enfermedad”. En esta definición, afirman Sarlet, García y Belando (1996), además de considerar los dos componentes ya señalados por Terris (1980), objetivo y subjetivo, se añade un tercero, asimismo básico, que es de tipo psico-ecológico-social (adaptación biológica, mental y social del individuo). Estos autores aseveran que no se puede definir la salud como estado absoluto (como se afirmaba con el concepto de salud de la OMS), ya que la salud tiene una íntima relación con el entorno ecológico y social que es en sí variable, como también lo es el hombre. Por último, y por igual motivo, sostienen que no se puede establecer límites nítidos entre la salud y la enfermedad, entre éstos sólo se puede establecer grados y manifestaciones diversas mezcladas. En la década de los setenta se llevaron a cabo una serie de estudios que pusieron de manifiesto los factores no sólo internos del individuo, sino también externos (ambientales y sociales), observándose la necesidad de dirigir la acción educativa no sólo al individuo, sino también hacia la interacción con el entorno. De tal manera que algunos autores como San Martín y otros definen la salud como el grado de interacción del hombre con su medio. Otra definición interesante es la que propone Ivan Illich (1986) que define la salud como “la capacidad de adaptación al entorno cambiante; la capacidad de crecer, de envejecer, curarse; la capacidad de sufrir y esperar la muerte en paz”. Podemos destacar en esta definición la referencia a la capacidad de la persona, valorando la autonomía, así como el autocuidado. El autor considera, de igual forma, que el sufrimiento y la muerte son parte integrante de la vida y considera que se puede vivir en salud, aunque se sufra, siempre que el sufrimiento no quebrante a la persona. En las últimas décadas del siglo XX, Matarazzo (1980) utiliza en el concepto de salud el término conducta, definiendo la salud conductual como un campo interdisciplinar cuyo 19


fin es la promoción de aquella filosofía de la salud que estimula la responsabilidad individual, hacia la aplicación de los conocimientos y técnicas derivadas de las ciencias biomédicas y conductuales, para la prevención de las enfermedades y disfunciones así como para el mantenimiento de la salud a través de la iniciativa individual y social. Coincidiendo con Antó Boqué (1983), “toda cultura elabora su propia manera de entender y expresar la salud; igualmente, en el interior de esa cultura, cada individuo reflexiona e interioriza su propia vivencia de la salud y la de aquellos que le rodean”. En el caso de nuestro país, sería la correspondiente a la de un país occidental, industrializado, con una notable carga cultural histórica que de alguna manera tiene que influir en la elaboración y ejercicio del concepto personal de salud. En ese mismo año Durán define la salud como (1983:35): “un estado general, difuso en el tiempo, en tanto que la enfermedad o, mejor dicho, las enfermedades poseen una clara concreción temporal”. De ahí, que la definición de salud como “ausencia de enfermedad”, adquiera todo el protagonismo en la percepción del sentido común, máxime cuando sabemos que el 98% del presupuesto destinado a la “salud” se destina a la adquisición de equipos y al pago de nóminas de personal destinados a tratar las enfermedades (Greene y Simons-Morton, 1988; Terris, 1980), y sólo el 2% restante se destina a actividades de prevención o promoción de la salud pública. A partir de ese momento, son numerosas las definiciones que se formularán sobre el concepto de salud, encontrando un elemento común en todas ellas, la formulación de la salud en términos positivos, de esta forma podemos determinar que la salud hoy día no es entendida como ausencia de enfermedad, ya que ha quedado superada dicha acepción. La Oficina Regional Europea de la OMS en 1985 definió la salud como “la capacidad de desarrollar el propio potencial personal y responder de forma positiva a los retos del ambiente”. Desde este punto de vista se considera que la salud no es un fin en sí mismo, sino un recurso para la vida cotidiana (idea que aparece en la Carta de Ottawa para la Promoción de la Salud). Se trata, entonces, de un concepto positivo que potencia tanto los recursos sociales y personales como la capacidad física, y que abarca aspectos objetivos (capacidad de funcionamiento), subjetivos (bienestar) y de tipo socio ecológico (respuestas del individuo a los estímulos del entorno con el fin de conseguir un equilibrio dinámico con éste). La interacción del hombre con el medio se considera 20


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