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COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
EXTREMADURA GERMINAL INSTITUCIONES, PARTIDOS Y POLÍTICAS PÚBLICAS EN LA TRANSICIÓN Volumen I. El Tablero
IGNACIO SÁNCHEZ AMOR
Valencia, 2016
Copyright ® 2016 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© Ignacio Sánchez Amor
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-16349-70-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.
Para Rocío, Flori, Mar e Irene Para Tomás y Ventura
Agradecimientos Al personal de la Biblioteca y el Archivo municipales de Mérida A Mari Carmen, Ana y Maite A María Eugenia y el personal de la Biblioteca de la Asamblea de Extremadura A Ángel Ortiz y al personal de la Delegación del diario Hoy en Mérida. A Ana y al personal de la Biblioteca del Congreso de los Diputados Al Centro de Investigaciones Sociológicas A Juan García Pérez A Gopegui, Jose Mari Lama y Chano Fernández. A Rosa Lencero, María José Hernández y María José Gálvez
PRÓLOGO Siempre resulta un motivo de orgullo y satisfacción, amigo lector, hacerle el prólogo a un texto que no tardará en ver la luz bajo la forma de un estudio ya publicado. Pero la alegría y el deleite se redoblan cuando, de una parte, el trabajo objeto de la presentación es fruto de un esfuerzo ímprobo realizado durante mucho tiempo por un investigador maduro, honesto, serio y riguroso tanto en sus métodos de análisis como la elaboración de su relato; y, de otra, cuando el resultado de su labor acaba siendo la confección de una obra que, según podrá apreciarse en estas notas introductorias, incluye una serie de valores y méritos harto suficientes para convertirse en un libro de consulta obligada no sólo para los amantes de la historia, en particular de la aventura histórica extremeña, sino todos aquéllos que tengan algún interés por el conocimiento de las realidades políticas, pasadas y presentes, de nuestra tierra. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, el jaraiceño de origen, emeritense de adopción y en la actualidad diputado socialista por Badajoz Ignacio (Nacho) Sánchez Amor cursó estudios de especialización en derecho constitucional y ciencia política siendo todavía muy joven, a mediados de los años ochenta, merced a una beca que le concedió el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales dependiente del Ministerio de la Presidencia. Sin embargo, muy pronto encaminaría sus pasos, primero, hacia el mundo del asesoramiento y la gestión jurídico-administrativa, para trabajar como Letrado en el Gabinete Jurídico de la Junta de Extremadura a lo largo de cuatrienio 1986-1989; y, más tarde, de lleno al ámbito de la política en las filas del socialismo pacense, ocupando de manera continua y sucesiva los cargos de Secretario General Técnico de la Consejería de Presidencia y Trabajo en el gobierno autonómico extremeño (1989-1993), Secretario General Técnico de la Presidencia de la Junta de Extremadura (1993-1996), Director del Gabinete de Presidencia de la Junta de Extremadura (1996-2004),
Juan García Pérez
Vicepresidente de la Junta de Extremadura (2004-2007) y, tras finalizar la última legislatura del largo mandato de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Diputado y Portavoz del Partido Socialista Obrero Español en la Asamblea de Extremadura (2007-2011) y Diputado por Badajoz en las Cortes Generales (Congreso de los Diputados), cargo éste último que desempeña en el momento actual. Una larga, intensa y fructífera carrera política. Bien es cierto que en los intersticios de su actividad profesional, aprovechando el tiempo libre siempre escaso que le dejaban sus múltiples tareas políticas, aparecieron de manera recurrente su vocación nunca arrumbada como estudioso del derecho constitucional y, situándose en la raíz misma del trabajo que estamos prologando, un interés muy vivo, sólido y arraigado por la localización de fondos documentales, el análisis de los mismos y la divulgación de sus reflexiones personales en torno, unas veces, a los avatares del régimen estatutario extremeño y, otras, a la historia reciente de Extremadura. De hecho, fruto de la primera son los trabajos de Ignacio Sánchez Amor en torno a las dificultades procedimentales y de funcionamiento a que debieron enfrentarse las reformas del Estatuto de Autonomía o el propio gobierno autonómico extremeño, la recogida y edición de abundantes materiales útiles para el estudio relativo a la andadura de la Comunidad Autónoma de Extremadura en los años noventa de la pasada centuria o la serie, cada vez más útil al paso del tiempo, de sus aportaciones al análisis sobre los primeros veinticinco años de desarrollo del régimen estatutario en tierras extremeñas. Y producto del segundo, de su pasión por el conocimiento de la historia regional, no sólo varios artículos dedicados a la evolución del derecho estatutario sino también un par, hasta el momento, de estudios amplios que resultan ya de lectura ineludible, su galardonada por el parlamento regional “Extremadura embrionaria. Instituciones, partidos y políticas públicas, 1983-1987”, que ha visto la luz recientemente, y ésta “Extremadura Germinal I. Instituciones, partidos y políticas públicas en la Transición” que, a petición del autor, nos honramos en prologar sin requisitos ni condicionamiento alguno.
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Dicho lo anterior, cabe hacerse ya la pregunta esencial: ¿qué ofrece a sus lectores potenciales esta “Extremadura Germinal”? Y, respondiendo a dicho interrogante, merece destacarse, en primer término, que no estamos ante un trabajo clásico de historia, es decir, en presencia de una obra con un origen, planteamiento y desarrollo de naturaleza propiamente académica. Tanto es así que no aparecen en ella introducción alguna ni las páginas habituales en los estudios académicos sobre el marco espacio-temporal objeto de análisis, el estado de la cuestión o los capítulos típicos destinados a realizar tanto la valoración de las fuentes como la exposición de la metodología utilizada. Pero si exceptuamos acaso la falta de alguna contextualización que permita entender la vida política extremeña en relación a la propia de otros territorios españoles o el conjunto del estado nacional, ningún tratamiento de las cuestiones antes señaladas echamos en falta ni su ausencia rebaja un ápice el rigor y la calidad extraordinarios de un trabajo concebido y escrito fuera y al margen de los patrones, muchas veces excesivamente rígidos, impuestos por la academia. Porque apenas iniciamos su lectura se aprecia de inmediato que el marco espacio-temporal objeto de estudio no es otro que la región extremeña en el período “germinal” de la transición política a la democracia (el bienio de 1976-1977); que resulta bien conocida y aprovechada por el autor casi toda y, desde luego, la mejor bibliografía ya disponible sobre las cuestiones en que centra su análisis; que los fondos documentales a partir de los cuales realiza su investigación no son otros que los guardados en las hemerotecas, principalmente los diarios regionales HOY y EXTREMADURA, más la HOJA DEL LUNES, a los que se añadieron las informaciones extraídas de un buen número de cabeceras nacionales como ABC, YA, LA VANGUARDIA, PUEBLO, ARRIBA, INFORMACIONES o DIARIO 16 más algunas revistas, casos de Alcántara, Ars et Sapientia o la Revista de Estudios Extremeños. Y que, como ocurre también en su “Extremadura embrionaria”, los objetivos y el método de trabajo de Ignacio Sánchez Amor re-
Juan García Pérez
sultan de nuevo absolutamente nítidos: propiciar un conocimiento vasto y riguroso del ambiente en que se desarrolló la vida política (instituciones, partidos, ideario, actividades…) de Extremadura al término del régimen franquista y en los compases iniciales de la transición política a la democracia; y, gracias a un uso no sólo masivo sino inteligente y eficaz de las informaciones ofrecidas por la prensa, tanto homenajear a los periodistas que informaron y dieron su visión personal sobre los hechos vividos en aquella época como, lo que es más importante, dibujar un panorama general de la realidad política extremeña que pueda ser útil a todos los políticos, intelectuales o ciudadanos de cualquier ámbito que deseen ahondar en el conocimiento de aquel tiempo “germinal” del sistema democrático, tras la noche larga y oscura de la dictadura franquista, en Extremadura y España. En el terreno de lo formal cabe referirse a un trabajo muy pegado e, incluso, dependiente de la información ofrecida por los media, echándose en falta el recurso a otros fondos documentales de origen público o privado. Y a una obra en cuyas páginas se hace un uso quizás excesivo de unas referencias textuales, a veces demasiado largas, que se sitúan no a pie de página sino en la mancha dedicada a la cuestión objeto de análisis en cada momento. Pero también a un estudio redactado con extrema pulcritud, algo muy de agradecer en estos tiempos, ofreciéndose al lector un texto escrito con una fluidez, frescura y elegancia notables, a la vez que no exento de rigor y, sobre todo, precisión en el empleo de los términos más adecuados para describir y valorar las realidades políticas. Finalmente, la estructura interna y el desarrollo específico de los diversos capítulos, apartados y epígrafes, muy abundantes, que integran el trabajo ponen bien de manifiesto la naturaleza y los objetivos muy ambiciosos, en el mejor sentido, propios de la relevante obra histórica que el político socialista Ignacio Sánchez Amor ofrece a los lectores en esta entrega. Porque en sus páginas bullen y palpitan la inmensa mayoría si acaso no todas las realidades políticas de Extremadura (asociaciones, partidos políticos, instituciones, programas, ideologías, comportamientos y actividades públicas, organizaciones
Prólogo
y movimientos sociales, conflictos sociopolíticos…) en el bienio de 1976-1977, una coyuntura breve que el autor denomina “etapa preautonómica” y nosotros preferimos etiquetar en su día como “el tiempo de la Pre-Preautonomía”. En términos más precisos, el texto se articula en seis capítulos de una extensión muy diferente, abordándose en ellos el análisis de una serie amplia de cuestiones que mantienen entre sí un grado de complementariedad muy elevado. Primero, una valoración de las encuestas realizadas en 1976 y 1979 por el Centro de Investigaciones Sociológicas sobre el modo en que los extremeños percibían tanto la entidad, la fortaleza, como los rasgos esenciales del sistema identitario regional. Y, tras ella, un estudio pormenorizado del modelo organizativo, el funcionamiento institucional (viejo y nuevo), los modos de gestión y, ya al final del trabajo, los múltiples y diversos ámbitos en que se manifestó la vida político-administrativa recién estrenada tras el final de la dictadura franquista. Un capítulo extenso, el más amplio, se dedica a las distintas asociaciones o partidos que nacieron y se desarrollaron hasta el momento en que acabase surgiendo la UCD extremeña (desde AREX o las muy variadas formaciones integrantes del centrismo político hasta AP, las multicolores “falanges”, los monárquicos, el PSOE, la izquierda comunista y los independientes). Y a este análisis sobre las organizaciones políticas se añaden otras reflexiones de gran interés sobre asuntos como el resultado de los comicios generales de junio de 1977, el “funeral” de la regionalista AREX, el proceso de disolución en la UCD liderada por Adolfo Suárez de todos los grupos situados en el centro del espectro político y, en expresión del propio autor, el despliegue territorial y sociológico de las formaciones de izquierda, sobre todo de la izquierda socialista. Luego aparece una valoración, también minuciosa, sobre el funcionamiento de lo que Sánchez Amor llama, con buen criterio, una “arquitectura institucional híbrida”. Y es que en ella se aborda el análisis relativo a la dinámica y orientación de las actividades políticas tanto en las viejas instituciones (ayuntamientos importantes, dipu-
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taciones y gobiernos civiles) como en aquéllos organismos que se crearon ex profeso al objeto de ir conformando una nueva “institucionalidad regional” (la Asamblea de Parlamentarios). E, incluso, el debate sociopolítico y la pugna interprovincial surgidos con motivo de la implantación de la universidad. Por su lado, conocer las políticas que se aprobaron y pusieron en marcha a fin de hacer frente a los graves problemas del desempleo masivo y, por extensión, el atraso socioeconómico de Extremadura, así como valorar en su justa medida la entidad y, sobre todo, la orientación de las relaciones con Portugal o la vecina provincia de Huelva resultan el objeto de otro par de capítulos, esta vez breves, ubicados hacia la mitad del trabajo. Y la obra termina con otro buen número de páginas encaminadas a desentrañar los avatares y rasgos definitorios tanto del nuevo modelo administrativo como, en mayor medida aún, la serie creciente de actividades políticas que se llevaron a cabo en los despachos y en la calle, prestándose atención a los nuevos actores sociales, la iglesia, la definición y establecimiento progresivo de la bandera o, en fin, los conflictos de índole sociopolítica o estrictamente laboral que estallaron en defensa de unas nuevas y mejores condiciones de vida y trabajo no sólo en las zonas rurales sino también en los núcleos urbanos. Es evidente, por tanto, que nada o casi nada sustancial referido al sistema político o la actuación de las instituciones públicas queda fuera de enfoque en este amplio y riguroso trabajo que nos ofrece Ignacio Sánchez Amor. Un estudio a partir del cual podrá discutirse la tesis relativa a la posibilidad de que “tanto Extremadura como su bandera son una invención contemporánea”, válida a nuestro juicio referida a la enseña y, a la vez, difícilmente sostenible por lo que hace a la existencia de la antigua región y actual Comunidad Autónoma. Pero no que en sus páginas se reflexiona sobre una serie de cuestiones tan trascendentales como la definición de la moderna identidad regional, el problema del biprovincialismo (la vieja desconfianza interprovincial), las conexiones entre la política y el regionalismo, las
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formas de lucha contra el atraso secular o las responsabilidades del estado central en el subdesarrollo extremeño. Un conjunto de asuntos cuyo tratamiento muy riguroso hace de este trabajo una obra de lectura ineludible para todos los interesados en el devenir histórico de Extremadura durante la época “germinal” de la transición a la democracia. Bien es verdad que la certeza o no de nuestro aserto sólo podrán respaldarla los lectores. Cáceres, mayo de 2015 JUAN GARCÍA PÉREZ
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura
EXCUSATIO Este libro pretende ser la primera entrega de una meticulosa introducción a la política extremeña contemporánea para cualquier lector curioso. Pero no es una obra académica en el sentido burocrático del término. Aunque pueda tener algún valor para varios campos universitarios. No es un libro de historiadores para historiadores, ni de juristas para juristas, ni de politólogos para politólogos, ni de ensayistas para diletantes. No es un libro para los sexenios profesorales, ni es una tesis “tuneada” para la publicación, ni una colección de citas ajenas recíprocamente retribuidas, ni tiene ínfulas curriculares o la intención de perseguir ilusorios índices de impacto. Y este mestizaje teleológico apela, por supuesto, a historiadores, juristas, politólogos y diletantes. Pero no hacen falta sus escrúpulos metodológicos, los de cada uno y los del conjunto, para meterse de lleno en esta época apasionante de la Transición a la democracia en Extremadura. Creo que podrán disfrutarlo tanto los que vivieron la época, y ahora verán ordenados algunos de sus recuerdos personales, como los que no la vivieron, y podrán comenzar a completar el puzle con algunas piezas de las que no disponían. Cualquiera de ellos podrá notar que algunas de sus percepciones sobre la política regional, las sedimentadas desde los ochenta y las estrictamente contemporáneas, tienen que ver con esta época, porque en ella hunden sus raíces. Porque en este suelo originario escarban hasta la roca madre muchas de las tendencias con las que hemos convivido los extremeños tres decenios sin preguntarnos por su origen: la reivindicación frente al centralismo como forma colectiva de estar en política, las dudas sobre la (re)creación de una historia que sirviera como elemento identitario legitimador, un anticatalanismo en el que se condensa un miedo cerval a los efectos de la insolidaridad, la larga debilidad de las fuerzas conservadoras por su genético tropismo madrileño, la artificiosidad de nuestro parco bagaje simbólico, el éxito del regionalismo como sustrato programático horizontal y el fracaso de las fuerzas teórica-
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mente llamadas a representarlo, la titánica pelea por generar lógicas concéntricas y superar el biprovincialismo que representaba el “espíritu del Km. 40”, la mirada hacia Portugal (Andalucía de repente se hizo fuerte y lejana) como reacción a la temida voracidad madrileña, la sagaz asunción del papel estatal de “catadores de veneno” en las propuestas financieras para los territorios, etc. De todas ellas y de muchas otras hay rastro original en esta especie de big bang político que supuso la Transición en la región. Se trata, como en la astronomía, de ir hacia atrás desde el presente, hasta ese punto en el que los materiales primigenios de la cosmología pública extremeña comenzaron a agregarse, interactuar, expandirse y rellenar el inmenso y negro vacío circundante. Ése ha sido el camino intelectual. Buscar la génesis. Sí, porque el origen remoto de esta obra se remonta a finales de los años ochenta, cuando recibo una llamada del profesor Eliseo Aja para incorporarme a un equipo de expertos en derecho público de todas las regiones para la redacción anual del llamado Informe de las Comunidades Autónomas, una magna obra que permitía a los expertos seguir anualmente con detalle la animada vida jurídica y política de cada Comunidad y del conjunto de todas ellas. Yo participé redactando la parte de Extremadura para los informes desde 1989 hasta 1991. Luego me sustituyó mi profesor y amigo Pablo Pérez Tremps, que había venido a Cáceres como Catedrático de Derecho Constitucional de la UEX. Y luego se encargaron María Antonia Trujillo y otros profesores extremeños más jóvenes, como Nacho Navarro. El caso es que, a finales de la década de los noventa, cuando ya había una serie suficiente de capítulos sobre Extremadura en esa obra general anual, concebí la idea de independizarlos y publicarlos conjuntamente, de modo que se pudiera seguir la evolución de la vida política y jurídica extremeña en un solo volumen. El editor fue José María Casado (personaje por cierto él mismo de esta “Extremadura germinal”) quien con su sello Universitas publicó en el año 2000 lo que llamamos “Instituciones extremeñas 1989-1999. Materiales para el estudio de la Comunidad Autónoma de Extremadura”. Era en ese momento, y me temo que también en éste, una de las poquísimas obras sobre
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la política y el derecho en Extremadura de ese periodo de los años noventa. Un periodo y una obra, por cierto, que no parecen haber merecido la atención de los expertos en historia contemporánea, demasiado alejados la mayoría de lo factual (las expropiaciones, la tele pública, la experiencia de gobierno en minoría, etc.) y concentrados en lo metahistórico, en lo discursivo. El caso es que tener aquel volumen granate en las manos era una invitación a completar la obvia laguna de los años ochenta. La historia autonómica de la región había comenzado en 1983 y no había obras similares sobre ese decenio embrionario. Y ése fue el acicate para comenzar una paciente y demorada labor de recopilación documental sobre la política extremeña de los años ochenta. En una época, por cierto, en la que las hemerotecas de la prensa regional (la verdadera fuente auténtica junto con los diarios de sesiones y boletines oficiales) no estaban digitalizadas. Trabajar con fotocopias obligaba a seleccionar y a hacer decenas de fichas temáticas, labor que desarrollé durante varios años a partir de 2000. Dedicado apasionadamente a la política extremeña del momento, la de los años ochenta era una distracción intelectual a la que podía dedicar los fines de semana y las vacaciones y poco más. Pero tampoco tenía ninguna urgencia. El aliento era ya, además, mucho más ambicioso, más político y menos jurídico, porque trataba de explicar los contextos sociales en los que surgían las normas y se aplicaban las actuaciones públicas, los porqués, y no tanto los “qués” de cada decisión legislativa o política. Ya no estaba resultado una simple “precuela” del “Instituciones extremeñas 1989-1999”, sino una obra mucho más exigente intelectualmente, mucho más “explicativa”, mucho más estimulante. Ése es el origen de “Extremadura embrionaria”, que (tal y como se ha publicado en 2014) me llevó unos cinco o seis años y que prácticamente estaba concluida en 2006 o 2007, tras haber tenido que recuperar toda la redacción dedicada al año 1987 que se había perdido por un error de esos que hoy nos ahorra el almacenamiento en “la nube”. Faltaba un pulido final, algunos apartados menores sobre 1987 y la ocasión/excusa/coartada para mandarlo a publicar. Y faltaba todo el año 1988 para poder conectar temporalmente con
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el volumen editado por Universitas. Por eso se quedó en un cajón esperando la ocasión. Los pescadores de trucha y los aficionados al ajedrez suelen hacer prodigiosas exhibiciones de paciencia y constancia; y habiendo sido yo ambas cosas, me dispuse doblemente a esperar y perseverar. Pero, de nuevo, el mecanismo intelectual de la curiosidad sobre el momento anterior pedía a voces ser alimentado. Para quienes tenemos una concepción diacrónica de la realidad social, los porqués se buscan en el estadio previo de la situación de que se trate, porque nos parece que las cosas pueden explicarse razonablemente si se conoce la fase precedente de la realidad que queremos ilustrar, porque pensamos que cada momento se explica en parte por el momento anterior. Por eso, para “Extremadura embrionaria”, que se ocupaba del periodo 1983-1987, redacté una introducción breve sobre la Transición en Extremadura, con una intención meramente prologal y para que se entendieran mejor las lógicas políticas ya plenamente autonómicas, que eran el objeto esencial de la obra. Y éste es el origen y el periodo de que trata esta “Extremadura germinal”. Una “precuela” de la “precuela”, en términos cinematográficos. Y como en la segunda ocasión respecto de la primera, también con otro aliento y otra avidez, más exigente, más ambiciosa, más totalizadora. Cuanto más he retrocedido en el tiempo, a la “busca del tiempo perdido”, menos constreñido por enfoques parciales me he encontrado. Esta ya es una obra que ha perdido casi todo lo jurídico, ha conservado lo político y ha entrado sin complejos en lo histórico y ensayístico, sin pretender aplicar de modo completo ninguno de los cuatro enfoques o metodologías. Es un híbrido, pues, pero también en el irresponsable y desmesurado sentido de la hybris clásica. Un atrevimiento que en el propio pecado lleva la penitencia de su inconclusión, porque en estas novecientas páginas solo se refleja la Transición temprana en la región, restando para cerrar el ciclo el periodo entre la consecución del régimen preautonómico y la definitiva constitución de la Comunidad Autónoma, momento a partir del cual la guía es “Extremadura embrionaria”.
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En los últimos años dediqué el tiempo libre a otros afanes intelectuales más directamente jurídicos. A partir de mi participación en la reforma del Estatuto de Autonomía que culminó en 2011 redacté varias obras y contribuciones a volúmenes colectivos sobre dicha revisión y sobre algunas de sus novedades normativas. Y comencé un libro sobre el propio proceso de reforma, que aguarda también su culminación. Pero nunca abandoné, en todos estos años, la recolección de documentación y la redacción premiosa de “Extremadura germinal”. Durante varios veranos compartí muchas mañanas de vacaciones con el personal del Diario Hoy en su delegación de Mérida revisando la hemeroteca digital accesible en línea desde los ordenadores de los periodistas, seleccionando noticias y descargándolas para el trabajo durante el invierno. Dejo constancia de varias cosas en este punto: del valor histórico esencial de dicha fuente, de la amabilidad de los responsables del periódico al permitirme ese acceso y de la paciencia de los periodistas al tener allí mientras trabajaban a un intruso ocupando una mesa. Vaya pues el agradecimiento más merecido y también una reclamación: es imprescindible digitalizar los ejemplares del “Extremadura” y de la “Hoja del Lunes” de esta época. Por alguna razón, la labor que había iniciado la Asamblea de Extremadura no alcanzó a este periodo en ninguna de ambas cabeceras. Y esa es una laguna que ninguna sociedad medianamente consciente de sí puede permitirse. A principios de 2014 “Extremadura embrionaria” reposaba sin estar del todo terminada en un disco duro (la versión contemporánea del clásico cajón), junto con el libro inconcluso sobre la reforma estatutaria, mientras “Extremadura germinal I” crecía mes a mes. En esas fechas supe de la convocatoria del Primer Premio Antonio Vázquez de Ensayo Jurídico por parte de la Asamblea de Extremadura y me pareció el nicho adecuado para dar a la luz la obra sobre la política extremeña de los años ochenta. Hice el pulido final en un mes, adapté la longitud a las cuatrocientas cincuenta páginas máximas requeridas, de las que excedía, y lo presenté. El jurado lo consideró “poco jurídico” y, dejando desierto el primer premio, concedió el accésit y recomendó su publicación. Yo no creo que sea poco jurídico, aun-
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que es confesadamente “no del todo” jurídico, como se explica en su prólogo. Agradezco en cualquier caso el premio y la recomendación de publicación, que asumió inmediatamente la Asamblea. Y que me tuvo aquellos meses iniciales de 2015 haciendo “bolos” de presentación por algunas ciudades de la región. Entretanto, 2014 sirvió para terminar prácticamente este “Extremadura germinal I”. Lo ofrecí a la Editora Regional de Extremadura y a Tirant lo Blanch; me parecía que el soporte público era lógico en este tipo de obra y al tiempo podía entrar en el catálogo de la prestigiosa editora. Rosa Lencero y María José Gálvez la acogieron desde esas dos etiquetas con todo el interés y se pusieron a tejer las complicidades con las otras instituciones que han colaborado. A todos agradezco el cariño y la paciencia con el autor y el libro, ambos poco controlables y ambos con tendencia al sobrepeso. Para prologarlo mi única opción desde siempre había sido el profesor Juan García Pérez, a quien casi no conocía de nada, pero con quien me unía un hilo ignoto para él. El único precedente intelectual del que me podía reconocer continuador en algún modo (aunque con otro marco metodológico más meteco, como se ha explicado) era su pionera obra sobre el regionalismo extremeño publicada en 1991. El volumen negro con tapa dura y letras doradas me ha acompañado en múltiples mudanzas y ha sobrevivido a las periódicas expurgaciones en mi biblioteca. Está anotado y oscurecido por el uso sobre todo en su segunda mitad, la que dedica al periodo posterior a la muerte del dictador. Y me parecía que entre ambas obras se podría establecer un diálogo estimulante sobre esa época liminar. A Rosa Lencero le pareció la mejor elección y Juan acogió una versión provisional de la obra con el desprendimiento que se revela en la minuciosa revisión de un texto de más de quinientas páginas en tiempo record. Su opinión al respecto precede a estas páginas y le agradezco esa sabia combinación de sentido crítico y de confianza, que me ha ayudado extraordinariamente a bruñir el resultado final. Tal y como he declarado al principio, “Extremadura germinal I” es una meticulosa introducción a la política extremeña contemporá-
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nea para cualquier lector curioso. Mi única autoridad en la materia es el conocimiento profundo y práctico de ambas materias, Extremadura y la política. Es decir, mi escueto aval es la familiaridad con la lógica política en esta escala regional. De modo que puedo leer entre líneas, más de treinta años después, cuando un político suda al hacer una declaración, cuando oculta más que revela, cuando pretende hacer olvidar una declaración anterior o cuando se muestra seguro y convencido de una posición. Y esto, además, siguiendo una secuencia temporal que revela nítidamente, al menos para un político (esa especie intelectualmente execrable), las continuidades, las contradicciones, las tensiones, las fintas y las resplandecientes convicciones. No estoy seguro de decirlo del modo más académicamente homologable, pero sé de lo que hablo. Es una posición similar a la del científico que hace historia de la ciencia, la del militar que hace historia bélica o la del filósofo que hace historia de la filosofía, no son historiadores tout court, pero su ventaja es su familiaridad con la materia de la que se construye el relato, es su nicho ecológico. Yo no hubiera podido hacer, sin impostura, una historia económica de Extremadura, o un análisis demográfico o antropológico. Pero sí político, porque conozco la escala y conozco el enfoque. Cuando uno transporta explosivos en un camión, como en la película “El salario del miedo”, es útil saber conducir, pero también lo es saber cómo se va a comportar la nitroglicerina ante un traqueteo o una subida de temperatura. Es útil saber la materia que se maneja, también en las revisiones históricas. Ésa es la aportación de “Extremadura germinal”, el tacto para la nitroglicerina. En una altura olímpica inalcanzable, pero permítase la comparación a meros efectos prácticos, Tucídides, Jenofonte, Catón, César, Salustio, Cornelio Tácito, Alfonso X, Maquiavelo, Saint-Simon, Thiers, Tocqueville, Cánovas, Joaquín Costa, Lord Acton, Macaulay, Churchill, Sánchez Albornoz, Croce, Bobbio, Rovira i Virgili, Josep Benet o Ernest Lluch fueron políticos prácticos, representantes y gobernantes y, en esa calidad, historiadores de su tiempo y de los pretéritos. Por no hablar de los centenares de militares que combinaron ambas coberturas a lo largo de los siglos. Todos peritos en los arcanos de la nitroglicerina política, todos