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COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
Partidos políticos en un contexto de crisis. Teoría y praxis bajo una mirada latinoamericana
Enrique Cuna Gonzalo Farrera Alberto Escamilla Coordinadores
México D.F., 2016
Copyright ® 2016 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web http://www.tirant.com/mex/ El presente libro ha sido dictaminado de manera positiva por pares académicos ciegos y externos a través del Comité Editorial del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Este Órgano Colegiado liberó la obra para su publicación al cumplir a cabalidad con los requerimientos académicos establecidos en el artículo 4to. de sus Lineamientos Editoriales. Este texto se privilegia con el aval de la institución coeditora.
Director de la Colección:
EDGAR CORZO SOSA
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Varios autores
© Universidad Autónoma Metropolitana Prolongación Canal de Miramontes 3855 Ex Hacienda San Juan de Dios Delegación Tlalpan, C.P. 14387, México, D.F. Unidad lztapalapa Comité Editorial del Departamento de Sociología San Rafael Atlixco No. 186, edificio H, Primer Piso, H-101 Colonia Vicentina, C.P. 09340 lztapalapa Ciudad de México, D.F., México ISBN UAM: 978-607-28-0330-5 Responsable de la edición: Mtra. Erika Granados Aguilar
© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, PH Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 MÉXICO D.F. Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9119-101-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA Rector General
Dr. Salvador Vega y León Secretario General
M. en C. Q. Norberto Manjarrez Álvarez
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Dr. J. Octavio Nateras Domínguez Secretario
Dr. Miguel Ángel Gómez Fonseca Directora de la División de Ciencias Sociales y Humanidades
Dra. Juana Juárez Romero Jefe del Departamento de Sociología
Dr. Juan Manuel Herrera Caballero Asistente Editorial Departamento de Sociología
Mtra. Erika Granados Aguilar
Prólogo
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o existe democracia sin partidos políticos. Ahí donde existen elecciones recurrentes y cuerpos representativos colegiados de manera “natural”, surgen y se reproducen los partidos. Y a la inversa, las elecciones son necesarias y los congresos también porque los partidos que expresan la pluralidad política de una sociedad son las fórmulas consagradas para que esa diversidad se exprese, conviva y contienda por la representación popular. Si no existieran, la mecánica misma de la democracia los generaría. Cuando una persona, grupo, corriente, desea alcanzar uno o algunos cargos públicos cuya legitimidad se asienta en las elecciones, está obligado a construir una organización, la cual se traduce en una estructura jerárquica, en redes de relaciones internas y externas, que forzosamente demandan signos de identidad que se derivan de los diagnósticos y propuestas que hace el individuo o el grupo. De igual forma, la mecánica de los congresos invita y propicia a que aquellos legisladores que comparten visiones e iniciativas comunes se agrupen y generen partidos políticos. No hay escape y los exorcismos suelen resultar muy costosos. Por ello, en todos los sistemas democráticos los partidos son actores centrales. Son agregadores de intereses, referentes del debate público, plataformas de lanzamiento para ocupar cargos públicos, ordenadores de la vida política, procesadores de ambiciones, faros ideológicos, maquinarias burocráticas, fábricas de propuestas de políticas, y sígale usted. Son condición necesaria y al mismo tiempo usufructuarios de la reproducción de los regímenes democráticos. De su asentamiento y representatividad depende en gran parte que la democracia pueda consolidarse. Precisamente por su centralidad se les estudia y exige, se les desmenuza y se les desea imponer una serie de compromisos. Ciertamente no se encuentran solos en el escenario de la política. Son acompañados por organizaciones de todo tipo que tienden a elevar el nivel de exigencia sobre los mismos, además de que su interac-
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José Woldenberg
ción con los llamados poderes fácticos amplía o reduce sus márgenes de acción. No obstante, sabemos que si deseamos vivir en democracia los partidos resultan insustituibles. Por eso el libro coordinado por Enrique Cuna, Gonzalo Farrera y Alberto Escamilla, Partidos políticos en un contexto de crisis. Teoría y praxis en una mirada latinoamericana, resulta no sólo pertinente, sino esclarecedor. Vuelve a lo básico y también a aquellos problemas que hoy le plantean diversos dilemas a esas organizaciones. Revisar las funciones que cumplen, la organización y el reclutamiento de sus cuadros, son temas de ayer, de hoy y quizá de mañana. Adentrarse en los terrenos de sus relaciones con los medios de comunicación y su impacto en la deliberación pública, en su regulación, su vida interna o las cuotas de género, son asuntos que hoy se debaten no sólo en México, sino en todo el mundo. Observarlos a la luz de las postransiciones democráticas que se vivieron en nuestro continente, de sus liderazgos o de los problemas de representación o del federalismo electoral que marcan a nuestro país, resultan acercamientos sugerentes que eventualmente abrirán la puerta a nuevas agendas de discusión. Y el texto recorre esos temas. Se trata de enfoques distintos, de preocupaciones diversas, de aproximaciones a partir de muy disímiles inquietudes, pero todas ellas marcadas por la necesidad de fortalecer a nuestra naciente democracia. Recordemos, como si hiciera falta, que México logró construir una germinal democracia en el último cuarto del siglo XX. Si bien la aspiración democrática estuvo presente desde principios del XIX, claramente emparentada con los afanes independentistas, no fue sino hasta las últimas décadas del siglo XX que el país pudo edificar un sistema de partidos representativo y plural y un sistema electoral imparcial y equitativo. A partir de entonces en México convive y compite una pluralidad de fuerzas políticas que en conjunto han recolonizado al Estado. Hoy, a diferencia del pasado inmediato, coexisten en el mundo de la representación todas las corrientes político-ideológicas significativas de nuestro país. Y eso que se escribe fácil, fue el producto de múltiples conflictos, movi-
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lizaciones y reiteradas operaciones reformadoras que transformaron las normas y las instituciones que hacen posible la democracia. No obstante, el afianzamiento de las rutinas y la cultura democrática son todavía un reto. Dado que no existen estaciones terminales en la historia, la propia democracia tiene enormes desafíos para consolidarse: desde las tareas propiamente pedagógicas (socializar los valores y principios que ponen en pie a la democracia) hasta aquellos que rebasan el terreno estricto de la política. Porque nuestro crecimiento económico deficiente, las enormes desigualdades que marcan al país, la falta de cohesión social, el déficit en el Estado de derecho, generan un malestar que puede llegar a traducirse en un desafecto importante en relación con los instrumentos que hacen posible la reproducción de la democracia: los políticos, los partidos, los congresos. Por ello, el esfuerzo de los autores de Partidos políticos en un contexto de crisis…, merece ser aplaudido. Se trata de un análisis a varias voces que pretende descifrar los retos y las posibilidades que afrontan hoy esos actores obligatorios y estratégicos de nuestra muy reciente y todavía primitiva democracia. José Woldenberg
Introducción
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ntre 1977 y 1996 el sistema electoral mexicano vivió un intenso proceso de transformación. Las reformas electorales de 1977, 1986, 1989-1990, 1993, 1994 y 1996, realizadas durante cuatro sexenios presidenciales, llevaron a México de un sistema autoritario, no competitivo, a uno democrático en el que la competencia y la competitividad electorales son ya el rasgo característico. Posteriormente, la reforma constitucional de 2007, resultado de la reñida y polémica elección presidencial de 2006, rediseñó algunos componentes del sistema electoral y también estableció la obligatoriedad para los estados de concretar los cambios en su propio ámbito, lo cual ocurrió entre 2008 y 2009. La doble alternancia en el poder ya se ha producido en el nivel federal, con la pérdida y recuperación de la presidencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), partido que la retuvo durante siete décadas, y el inicio de un ciclo del Partido Acción Nacional (PAN) en ella, institución que se mantuvo en la oposición a lo largo de seis décadas. En algunos estados y en el Distrito Federal también se ha producido la alternancia en la gubernatura (o la jefatura de gobierno en el caso del DF), pero en varios otros aún no. Una de las asignaturas pendientes en el desarrollo de la vida política mexicana es que en la transición de un régimen autoritario a uno democrático, la democracia se alcanzó a establecer de manera formal básicamente en el ámbito de la competencia electoral y en la implementación de las instituciones encargadas de organizar las elecciones. Sin embargo, los partidos políticos, como instituciones responsables de ponerla en práctica, han mantenido en su interior una cultura autoritaria, vertical y de clientelas, por lo que muy poco se ha hecho para desarrollar prácticas democráticas, horizontales y de respeto a la militancia en su interior. Es evidente que sin un desarrollo democrático interno de las fuerzas políticas, la democracia mexicana se ha estancado y paralizado en una etapa de difícil consolidación. En los procesos de selección de dirigentes y de candidatos, si bien se han desarrollado algunos en los que las bases de militan-
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tes, adherentes o simpatizantes han participado, existe una clara tendencia a suprimir o limitar cualquier expresión de las fuerzas que integran los partidos. En general, existe la sensación de que estos procesos no son ni han sido transparentes ni limpios, y que los mismos grupos internos se encargan de suprimir y violentar la expresión de prácticas democráticas. De ello resulta que ante la falta de una cultura democrática en el interior de los partidos, la intención de llevarla a cabo implica profundizar las diferencias y a propiciar posibles fracturas. Los partidos políticos mexicanos han asumido que lo políticamente correcto es establecer condiciones para el desarrollo de acciones afirmativas en su interior, con el fin de garantizar cierta igualdad de oportunidades para todos y todas. No obstante, la presencia de mujeres, jóvenes y otras minorías en la dirigencia y en los puestos de elección se han visto reducidos. Muchas veces, la cantidad de candidaturas de estos sectores se cumplen, pero acotados a los espacios con menores posibilidades de acceder a la representación, ya sea como suplentes o en los últimos lugares de las listas. Otra tarea pendiente en los partidos políticos es la rendición de cuentas. Por lo general se desconoce la forma en que se distribuyen los recursos, cómo se decide a quienes se les otorga un salario y se les considera políticos profesionales, o cuáles son los criterios para asignar algún financiamiento en la operación de las campañas electorales. Las élites de estas organizaciones no consideran una obligación informar el destino del financiamiento público que reciben tan sólo existe la información que proporcionan a los institutos electorales sobre el origen y destino general del financiamiento. Así pues, en México existen fuertes tradiciones culturales y la inexistencia de una cultura política democrática que impide el desarrollo de la democracia interna en los partidos políticos. Se ejerce un estricto control de recursos, incentivos, posiciones de los grupos y corrientes internas en los partidos, que tienden a beneficiar a quienes los dirigen y controlan. De tal suerte, encontramos un claro distanciamiento entre los dirigentes y la base de militantes. No obstante, los partidos políticos en México se han mantenido como una pieza central en el procesamiento de la agenda
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política, tanto en el plano participativo como en el representativo, dentro del marco de la llamada “transición a la democracia”. Sin embargo, el crecimiento de la base ciudadana no ha encontrado una rápida y consecuente adaptación e incorporación que pueda reflejarse en la calidad de los gobiernos que reciben o en las leyes que se emiten por parte de los partidos que logran ejercer la administración o el ejercicio parlamentario. Por lo regular se tiene la percepción de que los resultados del sistema electoral y de partidos, si bien arrojan un claro escenario de competencia y pluralismo, éste dista de reflejarse en los espacios y prácticas democráticas que permitan un crecimiento de las habilidades sociales y políticas entre la ciudadanía. Esta suerte de desconexión entre ciudadanía y partidos constituye una de las críticas constantes al momento de situar la calidad de la política y la debilidad estructural de la democracia en México, a tal grado que hoy vemos fuertes tendencias al abstencionismo, a la condena misma de las instituciones, además de la permanencia de valores antidemocráticos como la violencia y la corrupción del votante mediante la compra del sufragio y otras prácticas similares de carácter coactivo o coercitivo y que se vuelven a colocar como parte de los argumentos que justifican el carácter divisorio supuestamente asociado con la democracia. El interés de este libro se concentra en revisar los alcances de la naturaleza jurídica y cultural que poseen los partidos mexicanos a partir de su definición constitucional en tanto “asociaciones de interés público”. ¿Qué debemos entender y asumir desde esa definición en tanto mecanismo para la creación de prácticas y valores democráticos sustantivos? Una primera respuesta es que los compromisos y obligaciones de los partidos políticos no poseen los controles jurídicos ni las orientaciones culturales necesarias para que cumplan con la responsabilidad de crear y fomentar una cultura política responsable, en tanto no se desarrolla ni se ejerce una educación cívica ni mecanismos de participación, vinculación y rendición de cuentas eficaces acerca de los recursos que reciben o de promover las actividades que formalmente deben impulsar por mandato de ley. En este aspecto, resulta importante pensar en una redefinición y cambio en la percepción de los partidos en tan-
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to deben ser primero medios —y no sólo fines en sí mismos— del desarrollo de una ciudadanía activa y participativa dentro de un orden institucional democrático. En este sentido, la necesidad por revisar los avances del papel de los partidos en situaciones de transición a la democracia nos obligan a ver sus estructuras organizacionales y cómo éstas rinden o no los resultados esperados a partir de la ubicación de importantes recursos para su permanencia y desarrollo. De esta manera, se evalúa el cumplimiento de las obligaciones partidarias existentes a partir de lo indicado por las instancias administrativas y jurisdiccionales para determinar el grado de democracia institucional y cohesión interna que poseen los partidos a partir de las demandas que son expresadas por parte de sus militantes como de los ciudadanos en general, en términos de que se aliente su derecho a la participación dentro de sus propias organizaciones y en el marco de la vida política. Por lo anterior, resulta importante discutir si el acceso a la participación política en sociedades cada vez más plurales y complejas responde a dicha caracterización. Esto es, revisar las estrategias que poseen los partidos para asumir el ingreso de grupos o actores con mayor especificidad en sus demandas, como las mujeres, los indígenas, las minorías étnicas, religiosas, sexuales, así como revisar las maneras en que se mantienen los nexos con estructuras de representación y participación tradicional como son los movimientos obrero o campesino, y los grupos de presión tradicionales como la iglesia, las corporaciones empresariales, el ejército, etc. Lo anterior nos muestra el alcance de un mosaico que requiere una profunda revisión en nuestro país a la luz misma del proceso de construcción de una institucionalidad partidaria y electoral de características democráticas. Partidos políticos en un contexto de crisis. Teoría y praxis en una mirada latinoamericana, tiene por objetivo revisar de forma multidisciplinaria —involucra no sólo a la ciencia política, sino también al derecho, la sociología, la comunicación y la filosofía—, el desarrollo organizativo de los partidos políticos, poniendo especial énfasis en los compromisos de promoción de la educación cívica y la capacitación de los militantes y la ciudadanía, conforme
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a lo marcado en el marco legal electoral; discutir teóricamente los compromisos mínimos que los partidos políticos tienen no sólo respecto a la lucha política, sino también a la formación de la ciudadanía, además de situar específicamente el análisis de la realidad política mexicana y los partidos en un contexto de crisis. El texto, dividido en tres grandes apartados —teoría sobre partidos, realidad mexicana de los mismos y desarrollo en América Latina— aporta a la discusión y análisis de la democracia mexicana, las percepciones y situaciones que impiden un adecuado vínculo entre ciudadanos y partidos en un entorno cultural democrático. El libro parte de un enfoque integrador de dos tradiciones analíticas importantes: el enfoque constructivista-institucional que atribuye objetivos racionales dados para el cumplimiento específico de los fines formales de las propias instituciones, agencias y actores que las realizan. Esto implica que los procesos de aprendizaje y rutinización de los comportamientos sociales e institucionales pueden y deben tener puntos de contacto y reforzamiento mutuos, lo cual permite su evolución y crecimiento. Por otra parte, se tiene la contribución de los llamados estudios culturales, mismos que permiten ubicar los contextos históricos específicos a partir de los cuales, los sujetos sociales definen sus preferencias y delimitan sus estrategias. Así pues, el libro —producto de la investigación colectiva y construido con el objetivo de introducir a los estudiosos de la ciencia política e interesados en general en el análisis de los partidos políticos—, presenta en una primera instancia una revisión de un conjunto de planteamientos teóricos para el estudio de los partidos políticos en México y América Latina. El libro inicia con el texto de Francisco José Paoli Bolio “La función de los partidos políticos en la sociedad”, en él se propone una aproximación para analizar la relación entre cualquier sociedad y sus partidos políticos: tener en cuenta que esas instituciones se forman a partir de las notorias divisiones sociales. El autor señala que los partidos tratan de representar los intereses de los distintos grupos o sectores sociales, para lo cual los ordenan y presentan en sus programas, en los que se pretenden plantear sus reivindicaciones en forma sistemática. Ésta es una función básica de un
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partido político: agregar la demanda social y presentarla por una parte a los ciudadanos, cuyos votos busca obtener, y por otra al Estado o poder institucionalizado, a través del cual se pueden lograr esas reivindicaciones. Así los partidos juegan un papel central como intermediarios entre la sociedad y los poderes del Estado. Utilizando la historia reciente de nuestro país, argumenta que el PRI ha sido y sigue siendo el principal partido político de México, no sólo por haber sostenido durante más tiempo la mayor cantidad de posiciones de poder, sino porque ha diseñado e implantado las formas de hacer política y de gobernar en nuestro país. Los otros partidos, cuando han logrado algunas de esas posiciones, incluyendo la presidencia de la República, han operado a imagen y semejanza del PRI, con prácticas clientelares, pactos con organizaciones corporativas y con factores reales de poder. A partir de su descrédito, y considerando que si se mantienen como organismos de interés público que se mueven en el ámbito de la sociedad civil, se les mantiene en una condición en la que las responsabilidades en que incurren no pueden ser debidamente evaluadas y, en su caso, sancionadas; Paoli propone que sean considerados organismos auxiliares del Estado para la promoción democrática de la participación ciudadana y la integración de la representación nacional. Por su parte Francisco Reveles Vázquez, en “La organización de los partidos: líderes y bases”, plantea que los partidos políticos pueden ser estudiados desde diferentes perspectivas. Como fenómeno político de nuestro tiempo, es en primer lugar una de las instituciones más relevantes, conocer su evolución, su situación actual y sus perspectivas permite conocer cuáles serían los recursos necesarios para que su comportamiento se ajuste a las necesidades de la sociedad, y principalmente a la forma democrática de gobierno que prevalece en nuestros días. Francisco Reveles establece las coordenadas de análisis de los partidos como organizaciones, tomando en cuenta los aportes realizados por diversos autores al respecto. Apunta una definición básica sobre la organización, expone las herramientas teóricas que se han confeccionado y utilizado para comprender el comportamiento de bases y dirigentes, y precisa cómo comprender el
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comportamiento colectivo de la militancia en su interacción con los dirigentes. Asimismo, analiza de qué manera las decisiones de los dirigentes están mediadas por la participación de otros actores y también condicionadas por elementos sustanciales del contexto. Si bien no pocas de las aportaciones teóricas recientes han colocado el peso mayor del partido en los líderes, la perspectiva del capítulo es diferente. El autor plantea la hipótesis de que el contexto es determinante en la acción de los dirigentes, poner el acento enteramente en el proceder de los sujetos responsables de tomar las decisiones implica concederles un poder ilimitado (divino, de no ser por la carga negativa que suele dárseles a los líderes, por más democráticos que sean). Reveles concluye que los partidos son organizaciones y en ellas hay una lucha constante por el poder, en la cual participan líderes y militantes. Los simpatizantes entran y salen de la organización, interviniendo de manera intermitente en las actividades del partido o bien contribuyendo de manera indirecta en la confrontación interna. Al final, lo más relevante es reconocer al partido en su papel como fenómeno político vigente, con una notable capacidad de adaptación al ambiente y con un papel primordial en el funcionamiento regular de la forma de gobierno democrática de nuestro tiempo. Para cerrar esta primera parte, Alberto Escamilla Cadena y David Morales González presentan algunas aproximaciones teóricas sobre el reclutamiento político en los partidos. Siguiendo la línea de la importancia de los partidos políticos, el capítulo parte de la idea de que éstos se convirtieron en espacios reales de poder, viendo afectados sus procesos políticos internos como la toma de decisiones, la operación y diseño institucional; la configuración de sus élites, la representación política y la competencia por el poder entre sus principales líderes. De ahí, proponen al reclutamiento como función central de los sistemas políticos, ámbito que se ve también afectado e impacta no sólo en la calidad de los representantes, sino al largo plazo en la eficacia de las políticas y la definición misma de la agenda de gobierno.
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Así pues, el objeto de su análisis es delimitar a través de la discusión teórica, los conceptos que son útiles para abordar el reclutamiento político en los partidos políticos desde la teoría de las élites y principalmente desde los modelos específicos que surgieron para analizar este proceso. En sincronía con ese objetivo, la idea que desarrolla el texto refiere que el reclutamiento define características organizativas, liderazgos y la constitución misma de los partidos políticos. Los autores entienden al reclutamiento como una concatenación de decisiones, negociaciones y conflictos en un marco de reglas formales y no formales, que van delineando y nutriendo a los órganos partidarios. Una pregunta central en el tema del reclutamiento político es cómo y bajo qué condiciones los miembros de un partido político consiguen ser dirigentes, a lo que la teoría ofrece algunas variables a analizar para indagar sobre la ruta o las distintas fases del proceso de reclutamiento en el que el último es regularmente el resultado de consultas, elecciones internas o designaciones de la cúpula. Las distintas aportaciones analizadas asumen el reclutamiento político como eje rector de una agenda de investigación pendiente en el ámbito de los partidos políticos, es un conjunto de procesos intermedios y no sólo atributos estáticos de los líderes que intervienen en el desarrollo de las carreras políticas. Sirva esta última aseveración, como provocación para avanzar en la discusión para la construcción de nuevos modelos teóricos del proceso de reclutamiento político para México. En una segunda parte, el libro aborda la realidad de los partidos políticos en México. Su vinculación con la sociedad, la crisis de representación, las funciones por cumplir, y los medios de comunicación. Javier Esteinou Madrid en “Crisis nacional, comunicación política y construcción de la democracia deliberativa en México”, reflexiona sobre el papel de los medios de comunicación en la vinculación entre partidos y sociedad. El autor considera que al permitir la Reforma electoral de 2007 que estipulaba que sólo los partidos políticos podían participar en la elaboración y difusión de los mensajes en los concursos electorales, se reforzó la estructura altamente partidocrática previamente existente en el país que originó
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la hegemonía de la comunicación electoral de dichas instituciones sobre el resto de la sociedad. En este sentido, en aras de lograr con la Reforma mayor equidad en las contiendas, se produjo en grado extremo una nueva estructura política unilateral al posibilitar que la sociedad mexicana pasara del sistema de gobernabilidad de la Telecracia —que anteriormente concentraba los procesos de la comunicación política en la República y no consideraba a los habitantes más que como meros sujetos votantes coyunturales—, a una nueva estructura partidocrática de naturaleza hermética donde el monopolio de la comunicación política dejó de ser acaparado por las empresas privadas de la difusión masiva para ser aglutinado por los partidos políticos, dejando nuevamente fuera a las comunidades, pues también las contemplan como simples sufragantes casuales. De esta manera, señala Esteinou Madrid, con la reforma electoral oscilamos de un monopolio mediático de la política en alianza con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), como institución dominante en diversas coyunturas históricas anteriores; a un nuevo monopolio de la partidocracia que acaparó el proceso de la comunicación política y con ello concentró las dinámicas de representatividad masiva, sin darle opciones de interacción pública a la sociedad civil. A través de ello, se reforzó el fenómeno de la telepolítica discrecional como forma moderna de relación para que sólo la clase política gobernante se vinculara virtualmente con la población, y no se apoyó el de la verdadera política sustantiva en donde abiertamente participan de manera plural todos los sectores sociales para reflexionar y polemizar los grandes conflictos de la agenda nacional y sus modalidades de solución. El autor propone que antes de que los partidos recurran nuevamente al recurso del prototipo de la telepolítica espectacular fragmentada y al spot en las etapas electorales como su herramienta fundamental de convencimiento y movilización social; es indispensable rescatar la verdadera esencia de la política: la participación de las comunidades en los asuntos de la polis. Es decir, en contra de la práctica de la telepolítica que no aborda los aspectos de la realidad, sino que se basa en el uso de los lenguajes efectistas para producir sensaciones o fenómenos momentáneos que concentran la
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atención de los votantes. La política tiene que abordar los asuntos de lo público, pues si no los canaliza institucionalmente, ninguna otra actividad pacífica los abordará, y por lo tanto, se acumulará la anarquía con su consecuente descomposición social. Por su parte, Gonzalo Farrera estudia la evolución y la importancia de la legislación electoral tanto en la vida interna de los partidos políticos, como en la interacción que plantea un sistema de reciente formación de estos institutos y las condiciones características de la democracia mexicana que les han permitido tener privilegios que extralimitan el Estado de derecho. Desde una perspectiva legal, el autor reconoce que ésta brinda un nuevo escenario de estudio de los partidos políticos y una función de catalizador de la dinámica del sistema político, una vez entrada la etapa de la judicialización de la política. Los clásicos estudiosos de los partidos políticos ignoraron la disciplina jurídica como una posible área de estudio de este fenómeno político, ya que se encontraban en el ámbito privado. Con la evolución política y jurídica los partidos políticos fueron dotados de personalidad jurídica y de privilegios del orden estatal. Con esta premisa, el autor concluye que en los países donde la democracia es incompleta o ausente, uno de los objetivos principales de una ley de partidos es impedir u obstaculizar la actuación de ciertos tipos de facciones, las cuales pueden procurarse privilegios y cambiar el orden dentro de sus propios institutos o alterar el sistema de partidos. En los países donde la democracia es joven o a punto de establecerse, puede consistir en la prevención de que un partido determinado obtenga indebidamente una posición dominante. Y en las democracias establecidas se espera que las leyes de partidos regulen el registro, el financiamiento y la democracia interna de los partidos políticos. Por otro lado, Ricardo Espinoza Toledo y Juan Pablo Navarrete Vela abordan las características del liderazgo de los tres principales partidos del sistema político mexicano: el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y revisan de manera comparativa el desempeño de los líderes formales de esos partidos de 2006 a 2011. Los autores parten del supuesto que mientras los
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líderes del PRI han contribuido a posicionar a su partido, los del PAN y del PRD, respectivamente, no han podido superar el estancamiento electoral ni los conflictos internos de sus organizaciones. Este capítulo plantea la pertinencia de estudiar el liderazgo de los partidos con miras a la elección presidencial de 2012 por sus efectos en la vida de las organizaciones políticas y más allá de los partidos. Utilizando una tipología propia para examinar el liderazgo administrativo de los tres partidos, que se caracteriza por poseer los siguientes atributos: proviene de una elección interna abierta (participan todos los militantes de manera libre) o cerrada (se elige mediante convenciones de delegados o consejeros); ocupa un cargo en la estructura directiva del partido (presidente nacional, miembro de alguna comisión del Consejo Nacional o del Comité Ejecutivo Nacional); mantiene cierto control de los órganos políticos internos para la toma de decisiones, sin menoscabo de los contrapesos políticos y estatutarios y capacidad para relacionarse y negociar con los otros partidos, con el gobierno y con los legisladores. El eje temático de este apartado es el tipo de liderazgo administrativo en sus tres vertientes: fuerte, intermedio y débil, algo muy alejado del liderazgo carismático. El objetivo es estudiar la función de los dirigentes nacionales en la búsqueda del poder presidencial. Pues la hipótesis desarrollada en el texto supone que en la disputa del poder, el presidente del partido puede ser un factor relevante para el éxito de sus candidatos. Si el dirigente respalda y participa en los actos de campaña, envía un mensaje de unidad partidista; si logra que las fracciones o grupos colaboren, las posibilidades de ganar aumentan. Si además, el líder es carismático, la influencia de éste puede ser determinante. Lo contrario también es cierto: dirigentes o fracciones que no apoyan, se convierten en un freno casi imposible de superar, con consecuencias electorales negativas. Por su parte, Enrique Cuna Pérez en “Crisis de representación, liderazgos emergentes, partidos y regionalismos políticos”, propone que la transición a la democracia en México, sustentada en cambios desarrollados en el terreno electoral y en el sistema de partidos, ha transformado la idea de un país pensado y construido desde el centro, a otra en la que se encuentra múltiples espacios
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locales y regionales con capacidad de decisión. En nuestro país hay alrededor de 2500 municipios y varias regiones, situación que está generando una nueva forma de hacer política, y desde de los cuales se forman y proyectan novedosos liderazgos políticos, sociales y territoriales que conviven con una estructura mayoritaria de representación basada en líderes carismáticos que requieren de los medios para posicionarse y sostenerse en la agenda pública. La idea que guía el capítulo señala que lo que está ocurriendo es que desde la sociedad civil en las localidades y regiones se están construyendo nuevos liderazgos políticos. Sin embargo, aun la descentralización regional y local, el discurso de la federalización, no logra impulsar procesos de desarrollo para comunidades y territorios específicos. A pesar de que se ha visto disminuido el poder central por la multiplicación de personas que ocupan cargos de decisión política, se mantienen vestigios del poder centralista que en un número pequeño de personas se depositaba para decidir los asuntos públicos nacionales, regionales, estatales, y municipales. Ante el descrédito de los actores políticos tradicionales, es que adquiere relevancia la discusión sobre liderazgos y partidos políticos locales y regionales. La propuesta es desarrollar éstos como actores de la democracia a nivel local, para crear lazos con la población más estrechos, pueden ser viables para la recuperación de la legitimidad del acto político, y sobre todo pueden ser la vía para la construcción de canales de participación ciudadana en el control y fiscalización de la administración pública y en la evaluación del acto de gobernar. Asimismo, Jesús Castro López reflexiona acerca del federalismo electoral y los partidos políticos en México. Señala que el federalismo electoral mexicano no tuvo un desarrollo adecuado durante la mayor parte del siglo XX en virtud del presidencialismo y del partido hegemónico, quienes centralizaron y manipularon el ejercicio de la actividad electoral y nulificaron la tutela de los derechos político-electorales de los ciudadanos y demás actores políticos; paulatinamente se fueron creando mejores condiciones, mismas que fueron visibles en las últimas dos décadas, al darse la alternancia en el poder político de la Presidencia de la República, en las gubernaturas de las entidades federativas y en los ayuntamientos,