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CULTIVO DEL OLIVO

Isabel López-Cortés Domingo M. Salazar Hernández

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CULTIVO DEL OLIVO Isabel López-Cortés Domingo M. Salazar Hernández


ÍNDICE

Unidad temática 1. Manejo del suelo ..................................................................................... 5 Unidad temática 2. Poda del olivo........................................................................................ 19 Unidad temática 3. Fertilización y fertirrigación del olivar .................................................... 45 Unidad temática 4. Recolección........................................................................................... 73 Unidad temática 5. Plagas en el olivo .................................................................................. 89 Unidad temática 6. Enfermedades en el olivo.................................................................... 115 Unidad temática 7. Fisiopatías y accidentes meteorológicos............................................. 139 Unidad temática 8. Cata y calidad del aceite ..................................................................... 149 Mª Luisa Ruíz Dominguez Unidad temática 9. Aceituna de mesa ............................................................................... 167 Bibliografía ......................................................................................................................... 185


Manejo del suelo

UNIDAD TEMÁTICA 1. MANEJO DEL SUELO 1. Tipos de manejo del suelo 2. Manejo con suelo desnudo 2.1. Laboreo convencional (a) 2.2. No laboreo (b) 2.3. Uso de herbicidas (c) 2.4. Mínimo laboreo (d) 3. Manejo del suelo con cubiertas 3.1. Cubiertas inertes (e) 3.2. Cubiertas vegetales vivas (f) 3.2.1. Cubierta vegetal natural dirigida (f1) 3.2.2. Cubierta vegetal con plantas cultivadas (f2) 4. Manejo del suelo en producción integrada

La pérdida de suelo es uno de los problemas más graves de la agricultura y de la naturaleza, por lo que parece obvio que se debe hacer una revisión concienzuda de las técnicas y conocimientos tradicionales sobre el manejo de este. Pues, aunque factores como el régimen pluviométrico, tipo de suelo y topografía explican gran parte de la pérdida de suelo por erosión es evidente que las actuaciones específicas no adecuadas realizadas por los agricultores especialmente mediante laboreos reiterados, también contribuye a lo largo de los años a deteriorar los suelos. La erosión conlleva una pérdida progresiva de fertilidad y empobrecimiento en materia orgánica de los suelos, contaminación de ríos y colmatación de embalses y disminución de la biodiversidad de la biota del suelo que hará que este sea cada vez más inestable y menos fértil. En este tema no va a defenderse un sistema de manejo del suelo frente a otro, pues para cada parcela, en función de sus condiciones del cultivo (suelo, pluviometría, topografía,...), será conveniente un sistema de manejo. Así como es posible la necesidad de sistemas mixtos o el empleo de varios sistemas en la misma parcela. El mantenimiento del suelo además de evitar su pérdida y buscar la adecuación física para el cultivo, en nuestro caso del olivar, pretende aprovechar de la forma más eficiente posible su fertilidad natural evitando el agotamiento progresivo, evitar la proliferación de adventicias, minorizar la existencia y proliferación en él de plagas o enfermedades que usándolo como medio o reservorio dañan al olivo, mantener los equilibrios húmicos y la materia orgánica presentes, etc. Rojo (1840) escribió: “no es nada favorable las cavas profundas que se hacen en olivares cortando con esta operación muchas raíces” indicando también “la tierra debe ser ligera para facilitar el desarrollo y la extensión de las raíces, la bondad del abrigo y la facilidad del riego con suficiente agua y estando defendidas las plantas jóvenes de los dientes de los animales, con abonos adecuados y sin labrar muchas veces el varietal progresará bien”. Este mismo autor indica “para labrar bien los olivares, deben dárseles como máximo cuatro rejas o vueltas de arado en sus épocas oportunas para facilitar la extensión de capilares y que profundicen más”. Este autor indica “no se debe jamás podar, limpiar ni arar el olivo cuando está en flor, ni recién cuajada la aceitunilla”.

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Manejo del suelo

Sobre el manejo del suelo Hidalgo-Tablada (1870) escribió “El olivar se perpetúa y vive sin labores y permite que el suelo lo paste el ganado”…”De normal se dan a los olivares tres labores de arado y una cava de pie, regándolos en invierno en los sitios que es costumbre o necesidad: con este manejo produce de ordinario año y vez, rara vez dos años seguidos” … “Labrando bien los olivos evitando hacerlo en tiempo de heladas y siempre en tempero, aplicándole abonos, podando y limpiando produce anualmente aun en los cultivares más veceros”. En el mantenimiento del suelo, pero ya en la preparación del terreno para la plantación, debe tenerse en cuenta la sensibilidad del olivo al encharcamiento del suelo y especialmente en inundaciones temporales en primavera y otoño (periodos de crecimiento vegetativo) en los que el olivo se muestra más sensible, no plantar ni cultivar en vaguadas es importante y establecer sistemas de drenaje si este es el problema esencial. Evitar subsuelos rocosos continuos o impermeables es necesario, en este cultivo en casos en los que existen costrones calcáreos (“tap”) no se recomienda el subsolado. Mantener cantos rodados y piedras de pequeño tamaño, salvo por el inconveniente de desgaste de aperos que supone, siempre que no impida la mecanización de la poda y recolección, si estas se emplean en las plantaciones, se considera adecuado.

1. TIPOS DE MANEJO DEL SUELO En la mayoría de las zonas olivareras mediterráneas la lluvia es el único aporte de agua para el olivar con una distribución de lluvias marcadamente estacional, con un periodo muy seco (junio–septiembre) y otro lluvioso (otoño–invierno) en el que ocurre el 75% de la pluviometría total anual. En estas condiciones es muy importante almacenar la máxima cantidad de agua posible en el suelo, reducir la pérdida por evaporación desde el suelo y limitar las extracciones por las adventicias que pueden desarrollarse en las parcelas es importante. Actualmente gracias a los riegos localizados las pérdidas por manejo del suelo son mucho menores que en el pasado, además la restauración de nutrientes es más fácil. En el manejo del suelo debemos recordar que este es realmente un ecosistema activo y que los microorganismos y fauna existente en casi todas las ocasiones (excepto el caso de organismos patógenos) mejoran el enraizamiento, movilizan la disponibilidad de nutrientes, mejoran la estructura y contribuyen a minorizar el estrés biótico o abiótico en los jóvenes olivos. La existencia de micorrizas (Glomus sp, etc) y de PGPR (rizobacterias) es muy interesante, como también lo es el empleo y fomento de agentes biológicos del suelo capaces de controlar ciertos problemas del sistema de raíces como son el empleo de distintas especies de Trichoderma, Bacillus, Pseudomonas, Gliocladium, etc.

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Los sistemas de manejo del suelo juegan un papel muy importante en la optimización del uso del agua. Estos sistemas de manejo del suelo modifican la infiltración y la evaporación de agua desde el suelo para favorecer su absorción por la planta. El sistema de manejo del suelo utilizado puede afectar además de a las características del suelo; a la producción; a los costes de cultivo; a la recolección; a la temperatura de la plantación, en especial en lo referente a las heladas; a la incidencia de plagas y enfermedades, a la entomofauna útil y a la fauna, con lo que las buenas prácticas de manejo tienen un muy buen papel en la conservación de especies y en la mejora de las producciones de aceite. Las diferentes alternativas de manejo del suelo se presentan a continuación: Laboreo convencional (a) No laboreo (b) Uso de herbicidas (c) Mínimo laboreo. Semilaboreo (d)

Sistema de manejo del suelo

Con suelo desnudo

Hojas y restos de poda Piedras Paja Materiales varios (plásticos, rafias, textiles, etc.)

Con cubierta inerte (e) Con cobertura del suelo

Adventicias

Sin manejo Siega química Siega mecánica Pastoreo

Con cubierta vegetal viva (f) Cereal

Siembra dirigida

Siega química Siega mecánica Pastoreo Leguminosas Otros grupos de plantas

Todos estos sistemas tienen sus ventajas e inconvenientes, como ya se ha dicho, en la elección de un sistema debe valorarse el tipo de suelo del olivar, su topografía, la climatología de la zona y la orientación que se le va a dar a la producción (adobo o almazara). Una vez decidido el sistema de manejo del suelo este debe cumplir las siguientes exigencias: - empleo respetuoso y economicista del agua disponible - utilización óptima del suelo - conservación del suelo, minimizando la erosión - bajo coste económico, facilitando la realización de otras labores de cultivo

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Como es sabido, no existe el sistema ideal, a continuación, se describen los métodos empleados en la olivicultura actual en las distintas situaciones concretas.

2. MANEJO CON SUELO DESNUDO 2.1. Laboreo convencional (a) El laboreo es el sistema de manejo del suelo más utilizado hasta la actualidad en el olivar, con este sistema se mantiene el suelo desnudo de vegetación durante todo el año mediante labores continuadas con distintos aperos. Vertederas y gradas de discos son cada vez menos utilizadas, pues aumentan la evaporación al voltear el suelo y provocan suela de labor, en mayor medida que el resto de aperos empleados, usándose en la actualidad aperos de labranza vertical como cultivadores y vibrocultivadores. También hay una tendencia generalizada a disminuir la profundidad de las labores. Se recomiendan laboreos superficiales sin volteo y que las labores profundas sean escalonadas, después de las lluvias y solo en la zona arable de calles alternas y sin cruzar y siempre que sea posible perpendicular a las líneas de escorrentía, aprovechando estas tareas para enterrar la materia orgánica. Desde luego el laboreo tradicional no es la técnica idónea para el manejo del suelo en el olivar, si permite un alto aprovechamiento del agua de lluvia pero no evita los graves problemas de erosión, permite un buen aprovechamiento del suelo al eliminar la competencia por adventicias, permite el almacenamiento elevado de agua en lluvias poco intensas aunque este efecto es poco duradero, pero desde luego no cumple este cometido en lluvias torrenciales, en caso de practicarse deben emplearse gradas de púas, seguidas de un desterronador, que deben tratar de cerrar las grietas para evitar los canales de evaporación desde capas más profundas, pues en zonas cálidas, donde el agua es escasa no basta conseguir una alta infiltración sino que deben reducirse las pérdidas de esta agua una vez infiltrada. Normalmente una sola labor anual puede ser suficiente para asegurar esta infiltración y luego para mantener el agua la mejor técnica de manejo del suelo es emplear cubierta vegetal segada en primavera para evitar la competencia con el olivo en verano, dejándola crecer excepto en los ruedos en otoño para evitar la disgregación del suelo por el impacto de las gotas de lluvia y disminuir el transporte superficial al reducir la velocidad del flujo de escorrentía. En el olivar el esquema temporal de labores comenzaría con una serie de tareas tras la recolección para preparar el suelo de manera que se aumente su capacidad de infiltrar las lluvias siguientes. El número de estas labores variará en función de la intensidad y frecuencia de las lluvias, con la misión de destruir las malas hierbas, tapar la grieta producida por la erosión y deshacer los terrones del suelo, preparándolo para el verano. En verano, se realizan labores superficiales con gradas de púas o rastras, con el fin, según el olivarero, de tapar los estomas con el polvo creado y disminuir la transpiración y además romper la capilaridad evitando así la

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pérdida de agua del suelo, facilitar la penetración de la misma, y mejorar las condiciones del suelo aumentando especialmente su aireación. Las razones para el empleo del laboreo son las siguientes: -

Aumentar la infiltración del suelo.

-

Evitar la evaporación brusca al romper los sistemas de grietas.

-

Airear y mullir el suelo.

-

Enterrar fertilizantes y enmiendas.

-

Eliminar malas hierbas de una forma relativamente económica.

De todas estas razones, solo el aumento de la infiltración justifica el laboreo, dependiendo su eficacia del apero empleado y del tempero del suelo en el momento de la labor. A pesar de esto, el aumento de la infiltración se reduce en un periodo corto de tiempo, pues cuando se produce una lluvia de cierta intensidad tras el laboreo, se reduce la velocidad de infiltración en la lluvia siguiente. Una sola labor anual puede mantener la infiltración en el suelo en niveles similares a los obtenidos con el laboreo tradicional. El laboreo tradicional mediante aperos sigue siendo aún hoy la forma más habitual de manejo del suelo, especialmente en comarcas de baja pluviometría, su papel para aumentar la infiltración e incorporar nutrientes al suelo es indudable, además de conseguir un mullido superficial que aumenta la aireación del suelo. Es importante no alterar los horizontes del suelo, por lo que el uso de vertederas debe desterrarse, el uso de gradas de discos también ya que invierte parcialmente las capas más superficiales y como apero más adecuado es sin duda el escarificador de dientes verticales y con mecanismos de vibración en caso de practicar laboreo, que en plantaciones abiertas debe emplearse mediante labores cruzadas, más o menos superficiales según el tipo de suelo. No se recomiendan más de dos pases, uno en otoño que puede ser más profundo y después de la recolección y otra labor al final de la primavera o en verano, siempre una vez finalizada la floración y antes de los calores más intensos de finales de julio o principios de agosto. De todas formas la tendencia actual en el olivar es sustituir el laboreo de primavera por el empleo de herbicidas en unos casos y en otros recurrir al laboreo parcial y mínimo, según la evolución de la climatología en cada una de las campañas. El aumento de infiltración parece ser el único motivo por el cual deba realizarse el laboreo mecánico, sin embargo existen al menos dos objeciones importantes a esta labor: - En la mayoría de las ocasiones, se favorece la erosión, ocasionando grandes pérdidas de suelo.

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- La rotura de raíces superficiales, y en ocasiones también profundas, lo que desequilibra la relación hoja/raíz, limitando el crecimiento y fructificación del árbol y no permite el aprovechamiento apropiado del agua de lluvia, fomentando así mismo los ataques de patógenos del suelo que penetran a través de las heridas efectuadas. Sin embargo, este sistema de manejo no es descartable pues determinado tipo de suelo requiere de su empleo para el óptimo cultivo del olivar, como ocurre en los suelos limosos, con mala estructura y tendencia a la formación de costra superficial. Actualmente también parece conveniente su empleo, especialmente al inicio del verano en olivares que situados estratégicamente contribuyan hacer real y eficiente el concepto de mosaicos de ordenación territorial en la proximidad de laderas y ciertas hondonadas no muy húmedas próximas al denominado monte bajo.

2.2. No laboreo (b) En este sistema de cultivo, se mantiene el suelo desnudo durante todo el año debido al control de las adventicias mediante herbicidas. Los herbicidas pueden aplicarse en otoño sobre el suelo desnudo en preemergencia de las adventicias, o en postemergencia temprana, mediado el otoño, tras las primeras lluvias. Las adventicias anuales se controlarán mediante la aplicación durante la primavera de herbicida de contacto o traslocación en postemergencia de las plantas. El control total de las adventicias es difícil con cualquiera de los herbicidas, por tanto, es necesario controlar las zonas con vegetación que no se han visto afectadas por el tratamiento herbicidas anterior, realizando pulverizaciones manuales con herbicidas de traslocación o contacto de amplio espectro, debemos recordar que algunas adventicias pueden ser huéspedes alternativos de determinadas plagas y enfermedades (Rhizoctonia en Amaranthus) o comunicar aromas y toxicidades no adecuado a la aceituna y aceite luego su control al menos parcial y dirigido a las especies más problemáticas es esencial. Desde el punto de vista productivo, el no laboreo mediante herbicidas presenta una serie de inconvenientes como la ya comentada inversión de la flora la generación de resistencias a ciertas materias activas, la formación de cárcavas profundas por escorrentía cuando esta es fuerte ya que la velocidad de infiltración que produce el mantenimiento de cubiertas del suelo es mínima y la cantidad de agua que circula por la superficie es mayor, además algunos herbicidas se acumulan en el suelo, sus derivas incontroladas pueden producir fitotoxicidad en los olivos y son un foco de contaminación química.

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2.3. Uso de herbicidas (c) En las explotaciones olivareras, el empleo de herbicidas presenta una serie de dificultades. -

Las ramas péndulas que en ocasiones llegan al suelo, dificultan la aplicación de herbicidas con el riesgo adicional de ser mojadas por el herbicida y sufrir fitotoxicidades. También las varetas que crecen en la peana pueden sufrir fitotoxicidad y pueden absorber los herbicidas de traslocación produciendo daños en el olivo.

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La altura de la cruz del árbol debe estar a 1-1,2 m. de altura para favorecer la aplicación. La formación en varios troncos dificulta la aplicación, sobre todo con barra de distribución incorporada al tractor, así que en las nuevas plantaciones deben estar ideadas con árboles con un solo tronco, aunque como se explica en otros temas esto es conveniente no solo por la aplicación de herbicidas sino por otras causas como facilitar la recolección tanto manual como mecanizada.

-

Los marcos de plantación irregulares hacen imposible la distribución homogénea del caldo herbicida en toda la superficie del suelo. Las fuertes pendientes y las irregularidades del terreno existentes en muchos olivares también dificultan una distribución homogénea del herbicida.

En plantaciones modernas sobre todo intensivas es más frecuente el empleo de herbicidas aunque hoy la tendencia es mantener el centro de las calles con vegetación espontánea o de siembra y aplicando el herbicida solo a las líneas de olivo. Los herbicidas que se usan en olivar se clasifican por su modo de acción, en tres grupos: ‐

Residuales, aquellos que persisten en el suelo varias semanas o meses, según el herbicida. Normalmente, no controla las malas hierbas ya emergidas. No deben emplearse en terrenos arenosos.

‐

Contacto, aquellos que actúan solo sobre la parte de la planta que tocan. Es habitual su formulación con otro tipo de herbicida para complementar su acción.

‐

Traslocación, los herbicidas que actúan por traslocación son absorbidos por las hojas y partes verdes y se mueven hacia otros órganos vía floema. También actúan por traslocación los herbicidas que son absorbidos por la raíz y ascienden por el xilema. Algunos herbicidas se mueven tanto a través del xilema como a través del floema. Esta clasificación no es cerrada, pues existen herbicidas que actúan de más de un modo sobre la

cubierta de adventicias.

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Siempre las dosis deben ser consultadas en las etiquetas de los herbicidas y constatar si su empleo es en principio adecuado para el tipo de adventicias que tenemos en la plantación y deseamos controlar. Los inventarios previos de la flora arvense están recomendados al igual que las prospecciones y conteos de fauna útil que pueden albergar cubiertas y márgenes. Se ha comprobado que el empleo reiterado de algunos herbicidas puede incidir sobre el olivo, reduciendo el tamaño de la aceituna (lo que es un problema en aceituna de mesa) y también en ocasiones el rendimiento en aceite. El empleo de herbicidas debe hoy ser poco utilizado y en su caso tener en cuenta: ‐ Aplicarlo solo bajo las copas o en las líneas en casos de plantaciones intensivas ‐ Si alguna adventicia no es controlada cambiar de materia activa pero nunca aumentar la dosis de la empleada ‐ Mantener los equipos en buenas condiciones para una aplicación eficiente ‐ Emplear sistemas antideriva ‐ El agricultor no debe realizar mezclas sin la información adecuada, recordemos que actualemente existen incluso formulaciones que asocian materias activas de preemergencia, residuales y de postemergencia Debemos recordar que en el olivar también puede emplearse el deshierbe térmico por termocoagulación, es decir por difusores térmicos y sin llama, aunque es muy poco utilizado en nuestro entorno. La prevención de las posibles infestaciones, el empleo de bioherbicidas y los métodos biológicos (tortricidos del género Bactra para control de juncia, etc) y genéticos deben ser considerados.

2.4. Mínimo laboreo (d) En este sistema de manejo del suelo se aplican herbicidas residuales a toda la superficie del terreno, realizando algunas labores muy superficiales anualmente en el centro de las calles para romper la costra superficial. En el mismo laboreo es muy importante la elección de los herbicidas, pues si estos no controlan necesariamente las adventicias serán necesarios tratamientos posteriores o mayor número de labores. También debe elegirse con cuidado el momento de realizar la labor, siendo conveniente realizar una labor superficial al final de verano, cuando el suelo está seco, que no provocará grandes pérdidas de agua por evaporación desde el suelo. Con esta labor se consigue que las lluvias otoñales e invernales caigan sobre un suelo sin costra superficial, lo que reducirá la escorrentía y aumentará la infiltración.

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Los suelos con tendencia a la compactación superficial son difíciles de labrar al final del verano por lo que se recomienda realizar dos labores superficiales anuales, una de ellas en invierno que permitirá realizar la posterior labor estival. Las labores en mínimo laboreo se realizan normalmente con vibrocultivador provisto de ruedas para el control de la profundidad que requiere un tractor de poca potencia. En suelos en los que el no laboreo con suelo desnudo no ha dado resultados productivos satisfactorios por la marcada formación de costra, el mínimo laboreo ha permitido aumentos de producción con respecto al laboreo convencional (Pastor, 1991). Actualmente esta técnica de mínimo laboreo o laboreo reducido se consideran muy adecuados en el cultivo del olivo, especialmente en plantaciones superintensivas. El empleo de suelo desnudo mantenido mediante herbicidas ha puesto de manifiesto (según algunos autores) el aumento de producciones que con se consiguen con laboreo reducido, es decir trabajando solo las calles o el centro de estas. Actualmente además de la tendencia al empleo del laboreo reducido tenemos que tener en cuenta que los laboreos deben ser solo superficiales, reducidos en su número a lo estrictamente necesario para controlar adventicias, efectuar el laboreo en los momentos en que se ocasionan las mínimas pérdidas de agua del suelo.

Semilaboreo Este sistema combina el laboreo a distintas profundidades solo en el centro de las calles con labores cruzadas y el uso de herbicidas residuales bajo las capas de los olivos. Mediante el semilaboreo disminuyen los costes de cultivo al reducir la superficie labrada y evitar el coste de preparación anual del terreno para la recolección. Con respecto al laboreo convencional parece mejorar los niveles productivos del olivar (Pastor, 1991), debemos considerar que en plantaciones intensivas no se pueden realizar labores cruzadas.

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3. MANEJO DEL SUELO CON CUBIERTAS Aunque es un cultivo de secano como el olivo es difícil, cubrir el suelo es la solución más eficaz para minimizar la erosión. El manejo del suelo mediante cubiertas mejora la infiltración, disminuya la evaporación de agua desde el suelo y como ventaja más importante, disminuye la erosión

3.1. Cubiertas inertes (e) En plantaciones adultas, debido a la gran cantidad de material necesario, el cultivo con cubierta inerte (mantas sintéticas, porosas, paja, plástico, restos vegetales, etc.) es prácticamente inviable desde el punto de vista económico. Las hojas caídas del propio cultivo y los restos de poda triturados sobre la superficie del olivar, son muy eficaces como cubierta. En los restos de poda, una vez triturados, desaparece el riesgo de plagas como el barrenillo, Phloeotribus scarabeoides, Bern. En terrenos pedregosos, las piedras de pequeño y mediano tamaño son utilizadas como cobertura natural del terreno. Retirándose únicamente las piedras de mayor tamaño y aquellas situadas debajo de la copa del olivo. En plantaciones jóvenes, es recomendable durante los primeros años colocar cubiertas inertes alrededor del tronco para evitar la aparición de malas hierbas, para conservar mejor la humedad del suelo y en algunas ocasiones, aumentar la temperatura del suelo, lo que evidentemente mejora el crecimiento de las raíces y por ello acelera el desarrollo de las plantas. En ocasiones, se emplea paja de cereal o láminas de polietileno como cubierta en los plantones, con lo que se mejora su desarrollo inicial.

3.2. Cubiertas vegetales vivas En el cultivo del olivo en secano, parece contradictorio elegir un sistema de manejo del suelo con cubierta viva pero, excepto en algún momento en que puede existir una cierta competitividad con los olivos si estos son jóvenes, no suele suponer ningún problema. Desde luego estas cubiertas siempre son deseables si se manejan adecuadamente o se dispone de riego localizado. Aunque la formación de biomasa por los vegetales de la cubierta consume agua del suelo, el principal factor limitante en el olivar mediterráneo. El consumo de agua realizado por la cubierta vegetal se compensa con la disminución de la erosión, el aumento de la infiltración y la reducción de las pérdidas de agua por evaporación gracias a la propia cubierta vegetal, la competencia realizada al olivo por la vegetación arvense es minimizada y el balance hídrico global del suelo es positivo con este tipo de manejo.

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El empleo de cubiertas vivas en el olivar se considera actualmente un muy buen sistema de manejo, en plantaciones tradicionales y semiintensivas, no tan interesante parece en plantaciones en seto o superintensivas por el efecto competencia por el agua y nutrientes que pueden tener las cubiertas en estos casos y porque el efecto mejorante real de las cubiertas no se aprecia hasta pasados los 10-15 años desde su establecimiento que es cuando se detecta la mayor presencia de potasio asimilable en el suelo, el aumento del contenido en materia orgánica, el bombeo a superficie de micronutrientes, reducción de los canales de circulación superficial, y producción de cosechas más elevadas posiblemente como consecuencia del aumento significativo de la infiltración del agua, muy importante en secanos, pero sin demasiada importancia si se emplea riego localizado. Un efecto que sí puede ser adecuado, con el empleo de cubiertas y especialmente si estas incluyen crucíferas, es evitar el efecto de impacto de las gotas sobre el suelo y sobretodo el salpicado hacia la copa que puede hacer llegar a los olivos patógenos fúngicos como repilo, bacterias como Xylella y tuberculosis, etc. Las cubiertas también mejoran la circulación de maquinaria y recordemos la no conveniencia de recoger aceituna del suelo con lo que la necesidad de ruedos de recolección debería quedar desterrada. En el sistema de manejo con cubiertas vegetales vivas, se permite crecer la población herbácea que cubre el suelo durante el otoño e invierno, época en que las necesidades del olivar son bajas. La cubierta se siega al final del invierno cuando se ha logrado una cobertura suficiente y comienza a competir con el olivo por el agua y los nutrientes, dejándola sobre el suelo como protección y en ocasiones como fuente de semillado natural para la campaña siguiente. Esta siega o arrancado no debe coincidir con la plena floración del olivo. Existen varias alternativas para la siega de la cubierta, la elección de cada una de ellas dependerá de las condiciones particulares de cada explotación. La elección de métodos de siega es importante, pues dependiendo de éste la población vegetal podrá evolucionar hacia especies difíciles de controlar o poco beneficiosas como cubierta. A continuación, se describen los diferentes métodos de siega. ‐ La siega mecánica, se realiza mediante desbrozadora o segadora. Esta siega presenta inconvenientes mecánicos en terrenos pedregosos y en los que tienen pendiente. También resulta inviable el uso de la siega química cuando existen especies de porte rastrero o especies con facilidad de rebrote a lo largo de la primavera. ‐ Siega a diente mediante pastoreo con ganado ovino es viable en olivicultura extensiva siempre que se respete la carga ganadera pero puede compactar el terreno, diminuyendo la infiltración, si se pastorea cuando el terreno está húmedo. ‐ La siega con herbicidas es más barata que la siega mecánica. Empleando la siega química ya se han detectado ciertos problemas de control de algunas especies vegetales como malváceas, Amaranthus, Cyperus, Coniza, etc. Los herbicidas de traslocación son los más rápidos y eficaces.

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Si se emplea este sistema de manejo del suelo con cubiertas vegetales vivas se mantiene una franja de vegetación viva durante el invierno en el centro de las calles, segándose a finales de invierno si el año es seco o a principio de la primavera en años lluviosos. La cubierta vegetal causa un aumento de la infiltración tanto con respecto al no laboreo como con respecto al laboreo tradicional. También se observa una mínima velocidad de evaporación de agua desde el suelo respecto a otros sistemas. Como protección de la erosión es el sistema que mejores resultados proporciona debido a que reduce el número de gotas de lluvia que impactan directamente sobre el suelo, reduce la energía cinética de estas gotas antes de que impacten y aumenta la velocidad de infiltración. En algunos casos la presencia de adventicias fétidas pueden llegar a comunicar aromas no deseables a las aceitunas y el aceite si la recolección es con mallas o simplemente si estas adventicias son pisadas o rotas por la maquinaria empleada en la recolección.

3.2.1. Cubierta vegetal natural dirigida (F1) Para conseguir una cobertura eficaz frente a la erosión, las gramíneas (Lolium spp., Bromus spp., Poa spp., etc.) por su sistema radical son las plantas de las que componen la flora del olivar que mayores beneficios aportan. La paja de las gramíneas es muy persistente durante la primavera y el verano. Para potenciar una cubierta vegetal de gramíneas espontáneas se suelen emplear en invierno herbicidas, que actúan sobre las especies de hoja ancha, produciéndose una inversión dirigida de la flora hacia gramíneas de ciclo invernal. Estas gramíneas se siegan con facilidad con herbicidas no residuales, en el momento en que ello sea necesario. Una vez establecido el tipo de cubierta deseada, debe asegurarse que la disponibilidad de semillas del suelo permita el autoestablecimiento de la cubierta en la campaña siguiente, para ello se suelen dejar bandas estrechas sin segar en el centro de las calles, de modo que la competencia con el olivo sea mínima. Las leguminosas que forman parte de la flora del olivar (Vicia spp., Medicago spp, etc.) son también interesantes, pues proporcionan buena cobertura en verde además de fijar nitrógeno atmosférico en el suelo. Tienen ciertos inconvenientes como el hecho de que su control químico es más difícil que en las gramíneas, requieren cierta cantidad de abono nitrogenado invernal adicional y sus residuos secos tienen poca persistencia sobre el terreno y escasa cobertura, pero en contrapartida suponen una clara mejora del suelo y facilitan el desarrollo de la biota del mismo. En la mayor parte de situaciones son convenientes cubiertas mixtas.

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