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El papel utilizado para la impresión de este libro ha sido fabricado a partir de madera procedente de bosques y plantaciones gestionadas con los más altos estándares ambientales, garantizando una explotación de los recursos sostenible con el medio ambiente y beneficiosa para las personas. Por este motivo, Greenpeace acredita que este libro cumple los requisitos ambientales y sociales necesarios para ser considerado un libro «amigo de los bosques». El proyecto «Libros amigos de los bosques» promueve la conservación y el uso sostenible de los bosques, en especial de los Bosques Primarios, los últimos bosques vírgenes del planeta.
Título original: Hourglass Publicado por acuerdo con HarperCollins Children’s Books Diseño de la cubierta: Random House Mondadori / Judith Sendra Primera edición: mayo de 2010 © 2009, Amy Vicent © 2010, de la presente edición en castellano para todo el mundo excepto EE.UU.: Random House Mondadori, S. A. Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona © 2010, Matuca Fernández de Villavicencio, por la traducción Ilustración de la cubierta: © Photolibrary Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, http://www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Printed in Spain – Impreso en España ISBN: 978-84-8441-610-4 Depósito legal: B-15.918-2010 Compuesto en Fotocomposición 2000, S. A. Impreso en Limpergraf Pol. Ind. Can Salvatella c/ Mogoda, 29-31 08210 Barberà del Vallès Encuadernado en Reinbook GT 1 6 1 0 4
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Para Adair y Margaret Blake, que fueron los primeros en escuchar estas historias
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Prólogo
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árchate —le supliqué—. Márchate de la ciudad para siempre. Así no tendremos que matarte.
—¿Qué te hace pensar que podríais matarme? —gruñó el vampiro. Lucas lo embistió y ambos cayeron rodando al suelo. Tenía todas las de perder; la lucha cuerpo a cuerpo siempre beneficiaba al vampiro, porque el arma más poderosa de un vampiro eran los colmillos. Corrí hacia ellos, decidida a ayudar. —Eres más fuerte que un humano —jadeó el vampiro. —Soy humano —replicó Lucas. El vampiro esbozó una sonrisa que nada tenía que ver con la desesperada situación en la que se hallaba, lo que la hacía aún más aterradora. —He oído que alguien anda buscando a uno de nuestros bebés —susurró a Lucas—. Uno de los poderosos de mi tribu. Una dama llamada Charity. ¿La conoces? «La tribu de Charity.» Me invadió el pánico. —Conozco a Charity. De hecho, yo mismo le clavé una estaca —dijo Lucas mientras intentaba retorcerle el brazo—. ¿Crees que no 9 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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puedo clavártela a ti también? Te vas a llevar una sorpresa. —Pero Lucas no podía vencerle. Estaban demasiado igualados. Ni siquiera tendría la oportunidad de ir a buscar sus estacas. El vampiro podía girar las tornas en cualquier momento. Eso significaba que estaba en mis manos salvarle… matando a otro vampiro.
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Capítulo uno
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esoplaba con tanta fuerza que el pecho me dolía. Tenía la cara ardiendo y mechones de pelo sudoriento pegados a la nuca. Me
dolían todos los huesos. Delante tenía a Eduardo, uno de los líderes de la Cruz Negra, empuñando una estaca. Sus cazadores de vampiros, un variopinto ejército con vaqueros y camisas de franela, nos miraban en silencio. No tenían la más mínima intención de ayudarme. Eduardo y yo estábamos en el centro de la habitación. La fuerte luz del techo proyectaba duras sombras sobre Eduardo. —Vamos, Bianca, pelea. —Su voz podía sonar como un gruñido cuando quería, y las palabras rebotaron en el suelo de cemento y las paredes metálicas del almacén abandonado—. Esta es una lucha a muerte. ¿No piensas detenerme siquiera? Si me arrojaba sobre él para tratar de arrebatarle el arma o derribarle, le daría la oportunidad de tirarme al suelo. Eduardo era más rápido que yo y llevaba años dedicándose a la caza. Seguro que había matado a centenares de vampiros, y todos mayores y más fuertes que yo. «¿Qué hago, Lucas?» 11 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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Pero no me atreví a buscarle con la mirada. Sabía que si desviaba los ojos de Eduardo un solo segundo, el combate habría terminado. Di dos pasos hacia atrás, pero tropecé. Los zapatos que me habían prestado me iban grandes y uno se me salió. —Serás patosa —dijo Eduardo al tiempo que giraba la estaca entre sus dedos, como si estuviera estudiando los diferentes ángulos donde podía clavármela. Su sonrisa era tan arrogante, tan altiva, que el miedo que sentía se transformó en enfado. Agarré el zapato y se lo lancé a la cara con todas mis fuerzas. Le di en toda la nariz y nuestro público estalló en carcajadas. Algunos aplaudieron. La tensión desapareció un instante y volví a ser parte de la banda, o eso creían ellos. —Bien —dijo Lucas, saliendo del círculo de espectadores y colocándome las manos en los hombros—. Excelente. —No soy lo que se dice un cinturón negro. —Apenas podía respirar. Las prácticas de lucha me dejaban siempre destrozada; esta era la primera vez que no acababa con la espalda contra el suelo. —Tienes intuición. Lucas me masajeó los doloridos músculos del cuello. Eduardo no le veía la gracia a que le hubieran arrojado un zapato a la cara. Me fulminó con la mirada, lo cual me habría asustado si no hubiera tenido la nariz roja como un tomate. —Ese truco está muy bien cuando practicas, pero si crees que te salvará en el mundo real… —La salvará si su adversario la tiene por una rival fácil —intervino Kate—, como has hecho tú. Eduardo cerró el pico y esbozó una sonrisa compungida. Oficialmente, él y Kate eran colíderes de la Cruz Negra, pero aunque yo 12 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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apenas llevaba cuatro días con ellos, ya sabía que la mayoría de ellos esperaban que Kate dijera la última palabra. No parecía que a Eduardo le importara. Pese a lo susceptible e irritable que era con los demás, el padrastro de Lucas pensaba, por lo visto, que Kate no podía equivocarse. —No importa cómo derribes a tu adversario siempre y cuando lo hagas —dijo Dana—. ¿Podemos comer ya? Bianca debe de estar hambrienta. Pensé en sangre —espesa, roja y caliente, más sabrosa de lo que la comida podría serlo nunca— y me recorrió un escalofrío. Lucas se dio cuenta y me atrajo por la cintura, como si quisiera abrazarme. —¿Estás bien? —susurró. —Tengo hambre, nada más. Clavó sus ojos verde oscuro en los míos. Aunque había en ellos inquietud por mi necesidad de sangre, también había comprensión. Pero Lucas podía hacer por mí tan poco como yo. Por el momento estábamos atados de manos. Cuatro días antes, la Cruz Negra había asaltado e incendiado mi colegio, la Academia Medianoche. Los cazadores conocían el secreto de Medianoche: que era un refugio para vampiros, un lugar donde estos aprendían cosas sobre el mundo moderno, lo cual la convertía en el blanco de la Cruz Negra, una banda de cazadores de vampiros a los que se adiestraba para matar. Lo que ellos no sabían era que yo no era uno de los muchos alumnos humanos que, sin saberlo, estudiaban en Medianoche al lado de los vampiros. Yo era una vampira. Bueno, no una vampira completa. Si de mí dependiera, eso sería algo en lo que nunca me convertiría. Pero era hija de vampiros, y a 13 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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pesar de ser una persona viva, tenía algunos de los poderes de los vampiros, como también algunas de sus necesidades. Como, por ejemplo, la necesidad de beber sangre. Este comando de la Cruz Negra permanecía confinado desde el asalto a la Academia Medianoche. Eso quería decir que vivíamos ocultos en un lugar seguro, concretamente en un almacén que olía a neumáticos viejos y tenía por camas unos catres y manchas de aceite en el suelo de cemento. La gente podía salir solo si le tocaba vigilar los alrededores por si llegaban vampiros para vengarse por el ataque al internado. Casi todo el tiempo que pasábamos despiertos lo dedicábamos a prepararnos para futuras batallas. Había aprendido a afilar cuchillos, por ejemplo, y pasado por la extrañísima experiencia de tallar una estaca. Y ahora me estaban enseñando a luchar. ¿Intimidad? Olvídate. Aún suerte que el retrete tenía puerta. Eso significaba que Lucas y yo casi nunca teníamos la oportunidad de estar a solas, y, lo que es peor, que yo llevaba cuatro días sin beber sangre. La falta de sangre me debilitaba. Y mi sed crecía, apoderándose cada vez más de mí. Si la situación se prolongaba más tiempo, no estaba segura de lo que sería capaz de hacer. Bajo ningún concepto podía beber sangre delante de los miembros de la Cruz Negra, con excepción de Lucas. Cuando me vio morder a otro vampiro durante su año en la Academia Medianoche, pensé que me daría la espalda para siempre; en lugar de eso, superó el adoctrinamiento recibido en la Cruz Negra y siguió enamorado de mí. Dudaba de que muchos cazadores de vampiros fueran capaces de semejante transformación. Si los ahora presentes en la habitación me vieran beber sangre y descubrieran la verdad, sé perfectamente qué pasaría. Se me echarían encima al instante. 14 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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Incluida Dana, una de las mejores amigas de Lucas, que seguía bromeando sobre mi pequeña victoria sobre Eduardo. Incluida Kate, que consideraba que yo le había salvado la vida a Lucas. Incluida Raquel, mi compañera de cuarto en el internado, que había ingresado conmigo en la Cruz Negra. Cada vez que las miraba tenía que recordarme: «Si lo supieran, me matarían».
—Otra vez mantequilla de cacahuete —dijo Dana mientras unos cuantos de nosotros nos sentábamos en el suelo, junto a los catres, con nuestra frugal cena—. Creo recordar que hubo un tiempo muy, muy lejano, en que la mantequilla de cacahuete me gustaba. —Mejor que espaguetis con mantequilla —replicó Lucas. Dana soltó un gemido. Como respuesta a mi mirada de extrañeza, añadió—: El año pasado, durante un tiempo, eso fue lo único que pudimos permitirnos. En serio, nos pasamos un mes comiendo exclusivamente espaguetis con mantequilla. No me importaría no volver a comerlos nunca más. —Todo eso da igual. —Raquel untó mantequilla de cacahuete en su pan como si fuera caviar. No había dejado de sonreír en cuatro días, desde que la Cruz Negra anunció que nos aceptaba—. Vale, no cenamos en restaurantes caros todas las noches, pero ¿qué más da? Estamos haciendo algo importante, algo auténtico. —En estos momentos —señalé— estamos escondidos en un almacén comiendo sándwiches de mantequilla de cacahuete sin jalea tres veces al día. Raquel no se inmutó lo más mínimo. —Es parte del sacrificio que hemos de hacer. Vale la pena. 15 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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Dana alborotó afectuosamente los cortos cabellos negros de Raquel. —Hablas como una auténtica novata. Veremos qué dices dentro de cinco años. Raquel esbozó una sonrisa de oreja a oreja. Le encantaba la idea de estar con la Cruz Negra cinco años, diez, toda su vida. Después de haber sido asediada por vampiros en el internado y perseguida por fantasmas en casa, estaba impaciente por propinarle una patada a algún trasero sobrenatural. Pese a lo extraños que habían sido estos últimos cuatro días, y al hambre que pasábamos, nunca había visto a Raquel tan feliz. —¡Luces fuera dentro de una hora! —bramó Kate—. Haced lo que tengáis que hacer. Simultáneamente, Dana y Raquel se llevaron el último pedazo de sándwich a la boca y partieron hacia la ducha que se había montado provisionalmente en la parte trasera del almacén. Solo los primeros de la cola tendrían tiempo de lavarse esa noche, y solo uno o dos disfrutarían de agua caliente. ¿Tenían intención de competir por un lugar en la cola? Siempre les quedaba la alternativa de compartir. Estaba demasiado cansada para pensar siquiera en desvestirme, pese a lo sudada que estaba. —Por la mañana —dije en parte a Lucas, en parte a mí—. Tendré tiempo de lavarme por la mañana. —Oye —Lucas me puso su mano tibia y fuerte en la frente—, estás temblando. Se sentó a mi lado. Su cuerpo, alto y musculoso pero esbelto, me hacía sentir pequeña y delicada, y su pelo rubio oscuro brillaba incluso en ese entorno sombrío. Al notar su calor me imaginé delante 16 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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de una chimenea en invierno. Cuando me rodeó los hombros, apoyé mi dolorida cabeza en su brazo y cerré los ojos. De ese modo podía fingir que no había una veintena de personas a nuestro alrededor charlando y riendo. Que no estábamos en un inhóspito almacén que olía a neumático. Que no había nadie en el mundo salvo Lucas y yo. —Estoy preocupado por ti —me murmuró al oído. —Yo también. —El confinamiento no durará mucho. Cuando termine podremos buscarte algo de… comer. Y después podremos decidir cómo lo hacemos. Entendí a qué se refería. Íbamos a escapar, tal y como habíamos planeado antes de que se produjera el ataque a Medianoche. Lucas deseaba abandonar la Cruz Negra casi tanto como yo, pero para eso necesitábamos dinero, un poco de libertad de movimiento y la oportunidad de hacer planes en privado. En esos momentos no podíamos hacer nada salvo esperar. Cuando le miré vi preocupación en sus ojos. Le acaricié la mejilla, y sentí la aspereza de su barba de varios días. —Estoy segura de que lo conseguiremos. —Soy yo quien debería cuidar de ti. —Siguió observándome detenidamente, como si pudiera encontrar la solución a nuestros problemas en mi cara—. Y no al revés. —Podemos cuidarnos mutuamente. Me estrechó con fuerza y durante unos segundos no tuve que imaginar que estábamos en otro lugar. —¡Lucas! —La voz de Eduardo rebotó en el cemento y el metal. Levantamos la vista. Estaba delante de nosotros, con los brazos cruzados sobre el pecho. El sudor dibujaba una «V» oscura en su cami17 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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seta. Lucas y yo nos separamos, no porque nos diera vergüenza, sino porque nadie era capaz de cargarse una escena romántica con tanta facilidad como Eduardo—. Quiero que patrulles el perímetro en el primer turno de esta noche. —Lo hice hace dos noches —protestó Lucas—. Todavía no me toca. El ceño de Eduardo se ensombreció aún más. —¿Desde cuándo lloriqueas por los turnos como un niño en el parque que quiere el columpio? —Desde que dejaste incluso de hacer ver que eras justo. Déjame en paz. —¿O qué? ¿Irás a llorarle a tu mamá? Porque Kate quiere ver alguna prueba de tu compromiso, Lucas. Todos queremos verla. Lo decía por mí. Lucas había infringido el reglamento de la Cruz Negra muchas veces para que pudiéramos estar juntos, más veces de las que los miembros de este comando sospechaban. Lucas no se amilanó. —No he dormido una noche entera desde el incendio. No pienso pasar otra en la zanja, esperando para nada. Eduardo afiló su oscura mirada. —Una tribu de vampiros podría atacarnos en cualquier momento… —¿Y de quién sería la culpa? Después de tu sucia jugada en la Academia Medianoche… —¿Sucia jugada? —¡Tiempo muerto! —Dana, recién salida de la ducha y despidiendo un fuerte olor a jabón barato, formó una «T» con los brazos entre Lucas y Eduardo. Las largas trenzas le caían sobre la toalla fina 18 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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y húmeda que llevaba alrededor del cuello—. Calmaos, ¿vale? Por si has perdido la cuenta, Eduardo, en realidad me toca a mí hacer guardia esta noche. Además, no estoy demasiado cansada. A Eduardo no le gustaba que le contradijeran, pero no podía rechazar semejante ofrecimiento. —Haz lo que quieras. —¿Qué tal si me llevo a Raquel? —propuso Dana, desviando sutilmente la conversación—. La chica está deseando sernos de utilidad. —Olvídalo, es demasiado novata. —Eduardo pareció sentirse algo mejor por haber tenido la oportunidad de imponerse. Se marchó sin decir nada más. —Gracias —dije a Dana—. ¿Seguro que no estás cansada? Sonrió. —¿Qué pasa? ¿Temes que mañana me arrastre por los suelos como hacía Lucas hoy? Ni en sueños. Lucas hizo ademán de darle en el brazo y Dana le sonrió con sorna. Estaban todo el día picándose, pero jamás hablaban en serio. Me dije que Dana era probablemente la mejor amiga de Lucas. Solo una verdadera amiga aceptaría pasarse la noche patrullando el perímetro, tarea que implicaba, como bien había dicho Lucas, tener que agacharse mucho, tener que tragar mucho barro y dormir poco. Al poco rato, el grupo ya estaba preparándose para acostarse. La única intimidad que teníamos era la «pared», un montón de sábanas viejas suspendidas de una cuerda, que separaba la zona de hombres de la de mujeres. Lucas y yo estábamos arrimados a la sábana, separados únicamente por unos centímetros y una fina tela de algodón. Unas veces me tranquilizaba tenerlo tan cerca; otras me producía tal frustración que me entraban ganas de gritar. 19 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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«No es para siempre», me recordé mientras me ponía la camiseta que me habían prestado para dormir. El fuego había destrozado el pijama con el que había escapado; el único objeto personal que llevaba encima era el colgante de obsidiana que mis padres me habían regalado y que no me quitaba ni para ducharme. El broche de azabache que me había regalado Lucas cuando empezamos a salir lo guardaba en la bolsita del colgante. No me consideraba una persona excesivamente materialista, pero perder prácticamente todas mis cosas había sido demoledor. Por eso apreciaba tanto lo poco que me quedaba. Cuando Kate gritó «Luces fuera», alguien apagó el interruptor casi al instante. Me acurruqué bajo la fina manta estilo militar. El catre no era blando, y tampoco cómodo —en realidad, los catres no molan nada—, pero estaba tan agotada que agradecía cualquier oportunidad de descansar. A mi izquierda estaba Raquel, que ya dormía. Dormía mejor aquí que en Medianoche. A mi derecha, invisible tras la ondeante sábana blanca, estaba Lucas. Imaginé su cuerpo tendido en el catre. Consideré la posibilidad de acercarme de puntillas y tumbarme a su lado. Seguro que nos veían. Suspiré, renunciando a la idea. Era la cuarta noche que fantaseaba. Y, como me había sucedido las demás noches, en cuanto el sentimiento de impotencia por no poder estar con Lucas fue desapareciendo empecé a preocuparme. «Seguro que mamá y papá están bien», me dije. Recordaba el incendio perfectamente, la forma en que las llamas se alzaban a mi alrededor, la espesura del humo. Les habría sido fácil desorientarse, 20 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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quedar atrapados. El fuego era de las pocas cosas que podían matar realmente a un vampiro. «Tienen siglos de experiencia. Han estado en peores situaciones. ¿Recuerdas lo que mamá te contó sobre el Gran Incendio de Londres? Si logró sobrevivir entonces, seguro que conseguía sobrevivir ahora.» Pero mamá no había sobrevivido al Gran Incendio. Sufrió terribles heridas y estuvo al borde de la muerte; mi padre la «rescató» convirtiéndola en un vampiro como él. Últimamente, la relación con mis padres no pasaba por un buen momento. Eso no quería decir que deseara que les ocurriera algo malo. El solo hecho de imaginármelos indefensos y malheridos, o algo peor, me encogía el corazón. No estaba preocupada solo por ellos. ¿Habría logrado Vic salir ileso de las llamas? ¿Y Balthazar? Siendo vampiro, tal vez la Cruz Negra fue a por él, o Charity, su trastornada y vengativa hermana, que casi nos impidió escapar a Lucas, a Raquel y a mí. ¿Y el pobre Ranulf? Era un vampiro, pero tan dulce e idealista que bien podía imaginarme a los cazadores de la Cruz Negra acabando con él. Ignoraba por completo cómo estaban, y puede que nunca llegara a saberlo. Cuando decidí irme con Lucas, sabía que ese era un riesgo que debía aceptar, pero eso no quería decir que me gustara. Mi estómago gruñó, ávido de sangre. Gimiendo, me giré sobre el catre y recé para que me venciera el sueño. Era la única manera de silenciar mis miedos y ansias internas, aunque solo fuera durante unas horas. Alargué una mano hacia la flor, pero en cuanto mi dedo rozó el pétalo, este se tiñó de negro y murió. 21 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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—No era para mí —susurré. —No. Para ti hay algo mejor —dijo la fantasma. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Era como si la hubiese tenido todo el rato a mi lado. Estábamos en los jardines de la Academia Medianoche, y oscuros nubarrones se cernían sobre el cielo. Las gárgolas nos miraban hostiles desde las imponentes torres de piedra. El viento azotaba los mechones de mi melena pelirroja en mi cara. Algunas hojas atrapadas en la ventisca atravesaron la sombra aguamarina de la fantasma. Se estremeció. —¿Dónde está Lucas? Al parecer, tenía que estar aquí, pero yo no recordaba por qué. —Dentro. —No puedo entrar ahí. —No porque tuviera miedo, sino porque, por alguna razón, parecía imposible que pudiera entrar en el internado. De pronto comprendí el motivo—. Esto no es real. La Academia Medianoche se incendió. Ahora ya no existe. La fantasma ladeó la cabeza. —Cuando dices «ahora», ¿a cuándo te refieres? —¡Arriba! Todas las mañanas nos despertaba el mismo grito. Mientras yo me restregaba los ojos, tratando de recordar en mi modorra el sueño que ya había empezado a diluirse, Raquel saltó de la cama con una energía inusitada. —Levántate, Bianca. —Es solo el desayuno —rezongué. Las tostadas con mantequilla de cacahuete no eran como para tirar cohetes, la verdad. —No. Ha ocurrido algo. 22 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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Medio atontada, me levanté y vi que los cazadores de la Cruz Negra ya estaban en pie. El agotamiento que sentía me decía que era imposible que hubiese amanecido. ¿Por qué nos sacaban de la cama en mitad de la noche? Oh, no. Dana entró corriendo y gritó: —¡Confirmado! ¡Preparaos para la lucha! —Los vampiros —me susurró Raquel—. Han venido.
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Capítulo dos
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n la habitación estalló la actividad. Los cazadores de la Cruz Negra se hicieron con ballestas, estacas y cuchillos. Con el cuer-
po tenso, me puse los vaqueros. No tenía ninguna intención de unirme a la lucha. Ninguna. Que hubiera decidido no convertirme nunca en vampira no significaba que estuviera dispuesta a unirme a una pandilla de fanáticos asesinos de vampiros. Además, los vampiros que venían ahora a por nosotros no eran los asesinos dementes que daban mala fama a los zombis. Eran de la Academia Medianoche y venían simplemente a hacer justicia por lo sucedido en el internado, y probablemente a rescatarme. Pero ¿y si intentaban hacer daño a Lucas? ¿Podría mantenerme al margen mientras atacaban al hombre que amaba? A mi lado, Raquel empuñó una estaca con manos temblorosas. —No hay vuelta atrás, tenemos que estar preparadas. —Yo no… no puedo… ¿Cómo iba a explicárselo? No podía. Lucas salió de la zona de hombres con la camisa por remeter y el pelo alborotado. 24 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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—Vosotras dos no vais a luchar —dijo—. No estáis preparadas. —Cruzamos unas miradas y supe que Lucas comprendía las razones por las que no podía participar. Raquel le miró furiosa. —¿Qué estás diciendo? ¡Desde luego que puedo luchar! ¡Ya lo verás! Sin hacerle caso, Lucas nos agarró por el brazo y nos arrastró hacia el fondo del almacén. —Vosotras dos os venís conmigo. —Y un cuerno. —Raquel se soltó y echó a correr hacia la puerta de metal, que cruzó dando un fuerte portazo. Lucas blasfemó para sí y fue tras ella. Aturdida, le seguí. Fuera, el cielo era de ese color gris plomizo que precede al alba. Los cazadores, en diferentes estados de desnudez, se gritaban unos a otros para tomar posiciones. Los cuchillos centelleaban bajo la luna, y podía oír los chasquidos de las ballestas al ser cargadas. Kate se hallaba acuclillada sobre la grava, con las manos hacia delante como una corredora y la cabeza ladeada para, según me dijo, oír mejor y así calcular el riesgo. Contemplé el campo circundante, descuidado y cubierto de maleza. Para la mayoría de los humanos habría parecido completamente tranquilo. Con mi agudizada visión podía divisar movimientos cada vez más cercanos. Nos estaban rodeando. —Mamá —dijo Lucas en voz baja—, alguien debería llevarse a Bianca y Raquel al almacén. Todavía no pueden luchar, y serán vistas como… traidoras o algo así. Los vampiros irán a por ellas. Desde su posición en un extremo del grupo, empuñando una ballesta, Eduardo dijo: 25 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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—¿Te estás escaqueando? Lucas apretó la mandíbula. —No he dicho que tenga que ser yo. Pero alguien debería quedarse con ellas, por si acaso. —¿Por si acaso los vampiros consiguen pasar? La mejor manera de evitarlo es tener a todos nuestros combatientes en primera línea —espetó Eduardo—. A menos que solo estés buscando un pretexto. Lucas apretó los puños y por un momento temí que fuera a golpear a Eduardo. Llamar cobarde a Lucas era del todo injusto, pero ese no era el mejor momento para discutirlo. Le puse una mano en el brazo, tratando de tranquilizarle. Fue Kate, no obstante, quien intervino. —Ya basta, Eduardo. Lucas, llévatelas al almacén. —Ni por un segundo desvió la mirada del horizonte, de los hipotéticos agresores que sabía se dirigían hacia aquí—. Necesitamos que empecéis a recoger nuestras provisiones. Todo lo deprisa que podáis. Eduardo se volvió hacia ella. —No vamos a salir corriendo, Kate. —Te gusta más pelear de lo que tienes en estima tu vida —repuso ella sin mirarle—. Yo, en cambio, intento pensar como Patton. No dirijo este grupo para que todos mueran por la causa. Lo dirijo para que los vampiros mueran por la suya. Las sombras avanzaban por la maleza como un solo cuerpo. Lucas se puso tenso y comprendí que podía divisarlas en la oscuridad tan bien como yo. Desde que bebí su sangre por primera vez, había empezado a desarrollar ciertos poderes vampíricos. Eso quería decir que sabía lo que yo sabía: que no disponíamos de mucho tiempo. Minutos, quizá. 26 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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—Vamos, Raquel —dijo Lucas, pero Raquel permaneció tercamente junto a Dana, negando con la cabeza. —Aquí corremos peligro —intervine—. Por favor, Raquel. Podrían matarte. La voz le tembló cuando dijo: —Estoy cansada de huir. Dana soltó la ballesta que estaba cargando y miró a Raquel. Su cuerpo entero parecía vibrar de energía. Era ella quien había detectado a los vampiros, era ella la que llevaba más tiempo siendo consciente del peligro, y ya tenía toda su atención puesta en el combate. No obstante, le habló con dulzura: —Guardar nuestras cosas no es huir, ¿entiendes? Es algo que necesitamos hacer porque vamos a tener que largarnos de aquí, ya sea durante o después de la batalla. —No si ganamos —comenzó Raquel, pero se detuvo al ver la expresión de Dana. —Ahora ya conocen nuestro escondite —dijo Lucas—. Vendrán más vampiros. Tenemos que huir. Ayúdanos a preparar las cosas para poder escapar. Ahora mismo es lo mejor que puedes hacer. Raquel siguió mirando a Dana mientras la expresión de su cara pasaba de la determinación a la resignación. —La próxima vez —dijo—, la próxima vez estaré preparada para pelear. —La próxima vez estaremos en esto juntas —le aseguró Dana. Se volvió hacia la maleza y los perseguidores. Ya no se necesitaban poderes vampíricos para saber lo cerca que estaban—. Moved el culo. Cogí a Raquel de la mano y me la llevé al almacén. Tras todos estos días de confinamiento, rodeada siempre de una veintena de per27 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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sonas, se me hacía extraño verlo casi vacío. Las mantas estaban desbaratadas y con las prisas algunos catres habían sido volcados. Todavía aturdida, me puse a doblar una manta. —Olvida las mantas. —Lucas se dirigió a los armarios de las armas. Los cazadores se habían llevado la mayor parte, pero todavía quedaban algunas estacas, flechas y frascos de agua bendita—. Guardaremos las municiones. Todo lo demás podemos reemplazarlo. —Sí, claro. —Hubiera debido ocurrírseme. Pero ¿cómo? Tenía el cerebro embotado, como cuando la aguja del tocadiscos de mi padre quedaba atrapada en los rayones de sus viejos discos de jazz: «¿Están mis padres ahí fuera? ¿Y Balthazar? ¿Matará la Cruz Negra a gente a la que quiero, gente que probablemente solo desea rescatarme?». Oí un bramido procedente del exterior, seguido de un chillido. Los tres nos quedamos inmóviles. Fuera el sonido pasó de unos cuantos gritos a un fuerte clamor, y la puerta del almacén tembló con un fuerte golpe. Aunque el causante del ruido no era un cuerpo —una piedra, quizá, o una flecha fallida—, Raquel y yo pegamos un respingo. Lucas fue el primero en reaccionar. —Recoged todo esto. Cuando nos avisen, tendremos dos minutos para meterlo en las furgonetas. Ni uno más. Nos pusimos manos a la obra. Me costaba concentrarme. El fragor del exterior me asustaba, no solo porque temía por los demás, sino porque me recordaba la última batalla de la Cruz Negra que había presenciado: el incendio de Medianoche. Todavía me dolía la espalda de la caída que sufrí cuando corría por el tejado en llamas, y tenía la sensación de que aún notaba el regusto a humo y ceniza. En aquel momento me consolé pensando que todo había terminado, pero estaba 28 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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equivocada. Mientras Lucas y yo siguiéramos en la Cruz Negra, nos perseguirían los combates. El peligro siempre estaría acechando. A cada grito y a cada golpe, Lucas parecía un poco más nervioso. No estaba acostumbrado a permanecer fuera de la lucha; de hecho, estaba en su naturaleza iniciarlas. «Baúl cerrado, llave echada, una cosa menos. ¿Querrán llevarse la madera para hacer estacas? Seguramente no, pueden conseguir madera en cualquier parte, ¿no?» Trataba de hacer una criba mientras trabajaba todo lo deprisa que podía. A mi lado, Raquel simplemente agarraba las cosas a puñados y las echaba en las cajas sin echarles siquiera una ojeada. Probablemente fuera lo más práctico. De nuevo, algo golpeó con fuerza la puerta metálica y solté una exclamación ahogada. Esta vez Lucas, en lugar de decirme que todo iría bien, agarró una estaca. En ese momento, dos figuras cruzaron violentamente una de las puertas laterales del almacén. Estaban tan enredadas, formando una pelota borrosa de movimiento, sudor y gruñidos, que mis sentidos vampíricos no fueron capaces de distinguir cuál de ellos era de los míos y cuál el cazador de la Cruz Negra. Avanzaron hacia nosotros a trompicones, ajenos a nuestra presencia, enfrascados en su lucha a vida o muerte. La puerta entreabierta mostraba una rendija de luz y dejaba que los gritos nos llegaran aún más fuertes. —Haz algo —susurró Raquel—. Lucas, sabes lo que tienes que hacer, ¿no? Lucas saltó hacia delante, mucho más lejos y más deprisa de lo que debería haber sido capaz un simple mortal, e insertó la estaca en mitad de la refriega. Una de las figuras se detuvo en seco; la estaca había paralizado al vampiro. Contemplé su rostro rígido —los ojos 29 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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verdes, el cabello rubio, la mueca de horror— y sentí un destello de compasión por él un segundo antes de que el cazador de la Cruz Negra se sacara del cinturón un cuchillo largo y ancho y le cercenara la cabeza de un tajo. El vampiro tembló una vez antes de caer al suelo transformado en una especie de polvo aceitoso. Así pues, se trataba de un vampiro viejo; apenas quedaba nada del hombre mortal que había sido en otro tiempo. Mientras los demás contemplaban los restos, yo solo podía preguntarme si era uno de los amigos de mis padres. No había reconocido su cara, pero quienquiera que fuera había venido aquí con el convencimiento de que me estaba ayudando. —¿Cómo lo has hecho? —preguntó Raquel—. Fue algo, no sé… como sobrehumano. Pretendía ser solo un cumplido, y por suerte el cazador de la Cruz Negra estaba demasiado exhausto para caer en la cuenta de que Lucas acababa de recurrir a su poder vampírico. Mis ojos buscaron los de Lucas. Me tranquilizó comprobar que no había triunfo en ellos, que solo suplicaban comprensión. Al verse obligado a elegir, había tenido que proteger a su compañero. Lo entendía. Lo que no hubiera entendido era qué habría pasado si el vampiro hubiera sido mi madre o mi padre. Eduardo asomó la cabeza por la puerta, jadeando pero vigorizado por la pelea. —Hemos conseguido repelerlos, pero no tardarán en volver. Tenemos que cargar ahora. —¿Adónde vamos? —pregunté. —A algún lugar donde podamos entrenar de verdad, poner en forma a las nuevas. —Eduardo me miró, y aunque su expresión no 30 www.megustaleer.com (c) Random House Mondadori, S. A.
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era amable, tuve la impresión de que me detestaba un poco menos. Ahora que era una soldado en potencia tal vez viera finalmente en mí a alguien útil. Su sonrisa burlona se tornó en cínica cuando se volvió hacia Lucas—. La próxima vez ya no tendrás más excusas para evitar la lucha. Presentí que Lucas se disponía a encajarle un puñetazo en la mandíbula, de modo que le cogí la mano. A veces su genio amenazaba con dominarlo. —¡En marcha, muchachos! —dijo Kate desde el exterior—. ¡Nos vamos!
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