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PVP 20€ WEB www.miriadahispanica.com EDITORES Agustín Reyes-Torres University of Virginia-Hispanic Studies Program Calle Ramón Gordillo 4. 46010 Valencia, España
EDITORIAL Tirant lo Blanch - Humanidades
Artes gráficas 14, Bajo dcha. Tels. 0034-963610048/50 Fax. 0034-963694151 46010 Valencia
ISSN 2171-5718 DEPÓSITO LEGAL S. 533-2010 LUGAR DE EDICIÓN Valencia PERIODICIDAD Semestral DISEÑO DE CUBIERTA Ignacio Fito sobre el mapa de América de Diego Gutiérrez de 1562 PRODUCCIÓN Y Enrique Celma Marín. Servicio de programas univer ADMINISTRACIÓN sitarios AVISO LEGAL Se permite la reproducción parcial de los contenidos para uso didáctico siempre que se cite la procedencia de los mismos. 3
Créditos DIRECTOR Agustín Reyes-Torres Universitat de València
EDICIÓN DIGITAL/WEBMASTER David Celma University of Virginia en Valencia
SUBDIRECTOR José Enrique Peláez Malagón Universitat de València
COLABORADORES María del Puig Andrés Universidad Católica de Valencia
SECRETARIO EDITORIAL Sergio Arlandis University of Pennsylvania
Mª Pilar Guitart Universidad Católica de Valencia
CONSEJERO EDITORIAL José Eliseo Valle Universitat de València SECRETARIA DE COMUNICACIÓN Sonia Valiente Alber University of Virginia en Valencia
Jesús Peris Hispanic Studies Program University of Virginia Mabel Richart Universitat de València
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COMITÉ EDITORIAL
Carlos Cabrera Universidad de Salamanca Toni Cella University of Virginia Julia Cuervo Hewit Penn State University Daniel Chornet-Roses University of Saint Louis (Madrid) Andres Fisher Appalachian State University Aurora Hermida-Ruiz University of Richmond
Maria Mabrey University of South Carolina Matthew Marr Penn State University Ignacio Ramos Gay Universitat de València Esperanza Román-Mendoza George Mason University Fernando Tejedo-Herrero University of Wisconsin-Madison Susan Walter University of Denver
COMITÉ EVALUADOR Y CIENTÍFICO Juan Carlos Abril Universidad de Granada Marta Albelda Universitat de València Juan Antonio Ardila University of Edinburgh Andrew Anderson University of Virginia Joaquín Azagra Ros Universitat de València Rafael Beltrán Universitat de València Teresa Bordón Universidad Autónoma de Madrid Herbert Tico Braun University of Virginia Susan Carvalho University of Kentucky Daniel Chavez University of Virginia Luis Correa-Diaz University of Georgia Mark P. Del Mastro College of Charleston Gianfranco Depretris Universidad de Turin Francisco Javier Diez de Revenga Universidad de Murcia Irma Emiliozzi Universidad de Lomas de Zamora, Buenos Aires. Edward Friedman Vanderbilt University Jesús G. Maestro Universidad de Vigo Miguel Ángel García Universidad de Granada David Gies University of Virginia
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Manel Lacorte University of Maryland Blanca Lopez de Mariscal Tecnológico de Monterrey Ángel López García Universitat de València Nancy Marino Michigan State University Enric Mateu Universitat de València Francoise Morcillo Université d’Orléans Sylvia Nagy-Zekmi Villanova University Rafael Núñez-Cedeño University of Illinois, Chicago Fernando Operé University of Virginia Ana Ortega Universidad Católica de Valencia Brian Owensby University of Virginia Patrocinio Ríos Sánchez Middlebury College (Madrid) Domingo Ródenas Universitat Pompeu Fabra José Rafael Saborit Viguer Universitat Politècnica de València Laura Scarano Universidad Nacional del Mar de Plata y CONICET Jacobo Sefami University of California, Irvine Andrea Smith Shenandoah University Eduardo Urbina Texas A&M University Mary Vasquez Davidson College
MIRÍADA HISPÁNICA - NÚMERO 13 Edición Otoño 2016
Call for Papers: LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL: IMAGINACIÓN, SENTIDO CRÍTICO Y TRANSFORMACIÓN
La edición número 13 de Miríada Hispánica girará en torno a cualquier aspecto relacionado con la literatura infantil-juvenil y su capacidad para desarrollar la imaginación de sus jóvenes lectores y su sentido crítico. La imaginación, al igual que el pensamiento, es uno de los procesos cognoscitivos fundamentales que nos diferencia de la actividad instintiva de los animales irracionales y que irrefutablemente pueden ser estimulados a través de los libros. En palabras de Antonio Muñoz Molina, «mucho antes que el dominio del lenguaje se ha desarrollado esa herramienta fundamental de la literatura que es el deseo y la capacidad de ponerse en el lugar de otro, de adivinar sus pensamientos y predecir sus reacciones» (2014). Establecer conexiones entre las imágenes de la realidad y los sueños, dar forma sensible a las ideas, hacer que los animales hablen, las alfombras vuelven y las cosas aparezcan y desaparezcan como por arte de magia constituye la base para el desarrollo de la competencia literaria y el pensamiento crítico. Invitamos a todo investigador, profesor y estudiante de posgrado que lo desee, a participar mandándonos sus artículos cuyo contenido podría estar relacionado con algunas de las siguientes líneas temáticas: – Las aventuras de la imaginación. Obras y personajes que transportan a los lectores hasta la sutil frontera que separa a la realidad de la fantasía, pues todo lo que es lógico para el adulto, puede ser fantástico para el niño, y lo que al adulto le sirve para descansar, al niño le sirve para gozar. – Realidad vs ficción. Innovación y controversia en los temas de las obras infantiles-juveniles del Siglo XXI. – Capacidad de la literatura infantil y juvenil para provocar un sentido crítico en los lectores, fomentar su sensibilidad y transformarlos. – La fantasía como estímulo de la creatividad. Estudio de obras representativas. – Los cuentos infantiles como fuente esencial para reafirmar la identidad del lector tanto de manera colectiva como individual. – El uso del lenguaje como clave del éxito de las obras infantiles-juveniles. – Condicionamientos sociales, históricos e ideológicos en la la literatura infantil y juvenil. 9
Las contribuciones deberán ser enviadas por correo electrónico antes del 15 Enero de 2016 a miríada.hispanica@uvavalencia.org. (Normas de estilo y publicación a consultar en las páginas finales de esta edición o en www.miriadahispanica.com).
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La literatura, la música, la pintura, cualquier tipo de arte está sujeto a un contexto y a unas experiencias, a una manera de pensar, de interpretar la realidad y de imaginar el mundo. Sin embargo, no es el artista quien establece qué es el arte y cuáles de sus obras son objeto de un mayor reconocimiento. La estética, el mismo concepto del arte, no solo cambia con el paso del tiempo sino que también puede ser valorado o favorecido atendiendo a intereses personales, sociales o políticos. Siempre existen convenciones y tendencias que sitúan, agrupan o discriminan una obra literaria, musical o artística. Si bien todos sabemos que existe el arte por el arte y también el arte comprometido, en ambos casos el entendimiento de ese arte pasa por un proceso de aproximación y de aprendizaje que moldea nuestra percepción final del mismo. Como ya apuntábamos en el «call for papers» que precedió a esta edi-
Prólogo
ción 11 de Miríada Hispánica dedicada a los vínculos entre el arte y la politización o ideologización de lo estético por un lado, y el arte y la literatura de compromiso por otro, el arte o la literatura, en palabras del profesor Patrocinio Ríos Sánchez, son siempre arte y literatura de compromiso. El compromiso es con la causa humana, con la plenitud vital, con su felicidad, es decir, compromiso con la idea de ayudar estéticamente a buscar y encontrar esa virtud y ese estado y ensanchar las costuras de la vida. La literatura y el arte son algo más que un entretenimiento. Deben ser también 11
el engranaje que mueva la organización de la existencia hacia los mejores y más nobles fines. Según el profesor Ríos Sánchez, «el mayor compromiso de la literatura estará en aquella modalidad que ayude, literariamente, a elevar la plenitud existencial y social, de los seres humanos y a aumentar en ellos la consciencia transformadora de su relación entre sí y con el resto de la realidad existente» (2014). Desde esta posición de compromiso artístico y humanizador del emisor o creador de mundos de ficción, las direcciones en que se oriente el mensaje de la obra literaria pueden, o no, trascender la realidad política y social y ser, por tanto, muy variadas, pero siempre desde una legitimable especificidad estética, por otro lado tan etérea, que busque como objetivo la vida humana y sus realidades, materiales o misteriosas, temporales o metafísicas. Surgirá así el texto literario de compromiso o alineamiento ideológico que, en sentido amplio, todo texto, por otra parte, lleva de manera implícita o manifiesta. Nacen entonces las modalidades o funciones de la literatura que convergerán, más allá del mero objetivo de solidaridad social y político, en esa búsqueda no menos solidaria y transformadora del hombre y de su existencia (destinatario, directo o indirecto) en sus distintas dimensiones o esferas, individuales o de grupo, materiales y palpables o trascendentes e intuidas en la penumbra de la conciencia individual, es decir, modalidad social, 12
política e histórica, sí; pero también pedagógica, espiritual, religiosa, etc. Literatura, pues, comprometida solidariamente con todas las dimensiones del hombre, como individuo y en sociedad. Literatura con contenidos interiores o exteriores, de la tierra y de las nubes y del corazón. Poco importará la elección de unos u otros contenidos si alcanza, estéticamente, ese objetivo solidario de transformación liberadora, interna y externa. En todo caso, con una equilibrada y sutil disposición de fondo y forma, de mensaje y código, que evite caer a la composición creada en desequilibrios basculantes hacia una prédica de ‘sacerdocio’ militante, partidista o doctrinaria, o en una hueca caña verbal, resonante sólo debido a meros procedimientos técnicos y desvíos, que la desvinculan de la compleja realidad. En este último caso el concepto de compromiso quedaría muy alejado del que se asocia a ese tipo de literatura comprometida que hemos descrito y que no sólo queda circunscrita a la esfera sociopolítica. La edición actual de Miríada Hispánica consta de siete artículos que aparecerán ordenados alfabéticamente de acuerdo con el apellido del autor. El primero de ellos corresponde a nuestro estimado colega Antonio Aguilar Giménez, que se convierte además en el primer profesor del programa de la Universidad en Virginia en Valencia que publica en Miríada Hispánica. Bajo el título, «Estética, política y
literatura: Noches Lúgubres, de Cadalso», Aguilar no solo plantea preguntas y reflexiones sobre la relación entre la literatura y la política —¿Se puede pensar una sin la otra?— sino que siguiendo la línea del filósofo Jacques Rancière y en base al análisis de la obra de Cadalso, afirma que «el arte es político porque hace pensar de otra manera la distribución del espacio y el tiempo que ocupamos». De esta manera, la literatura es política porque el uso de la ficción abre el espacio de lo posible, permite decirlo todo y es por ello el lugar mismo de la democracia; todas las voces tienen cabida. El segundo artículo es «Picasso en la poesía de sus contemporáneos o la tauromaquia como identidad cultural y enfoque ideológico, de Elena Cueto-Asín, profesora en Bowdoin College (Maine, Estados Unidos). La poesía inspirada por Picasso es tomada en su conjunto como escritura ecfrástica que en su génesis responde en gran medida a los condicionantes que hacen de ella una declaración de intenciones ideológica tanto o más que una expresión de apreciación estética. Cueto-Asín explora la simbología del toro en Picasso y en su emblemático Guernica, como posicionamiento del pintor malagueño y como conciencia patrimonial de un momento histórico y de un país. A continuación, el profesor Francisco Javier Díez de Revenga, catedrático de la Universidad de Murcia, presenta su trabajo «La obra en prosa
de Dionisia García» en el que explora y reflexiona sobre la construcción del mundo de ficción de la autora y de cómo su creación literaria es ante todo comunicación. Sus relatos de ficción, al igual que su poesía, responden siempre al deseo no reprimido de expresar un mundo suyo y darlo a conocer al lector. El siguiente artículo, «Encuentros ideológicos: La mirada irónica de la pintura actual,» está escrito por Naiara Herrera, de la Universidad del País Vasco-EHU. En él, Herrera examina como la pintura figurativa actual cuestiona las inercias y los dogmas vigentes, y a través del uso de la ironía, propone una mirada subversiva respecto a la realidad mediáticamente construida y a los factores externos que ejercen una influencia en el espectador. La ironía se revela así como una incitación al libre pensamiento. Seguidamente, Gerardo Moreno Ferrer, de la Universitat de Barcelona, contribuye con su trabajo, Aproximaciones a una poética de la precariedad. Moreno propone comprender la precariedad como una problemática que forma parte de la nueva realidad social y que también afecta por ello a la poesía. Su objetivo no es tratar de identificar una poesía que hable sobre la precariedad o que tematice la situación de precariedad, sino buscar entre las prácticas poéticas actuales aquellas que pueden intervenir en dicha problemática, con independencia de que esa sea o no la voluntad del autor. 13
El sexto artículo viene firmado por Diego Ernesto Parra Sánchez, de la Universidad del País Vasco-EHU, y se titula El detective comprometido: Héctor Belascorán Shayne o la humanización del héroe detectivesco. Este artículo examina la obra de Paco Ignacio Taibo II y cómo su narrativa neopolicial latinoamericana representa una crítica al sistema y recrea la conexión de la novela criminal con la realidad política y social actual de México. En este caso, el detective Héctor Belascoarán, convertido en un antihéroe moderno, se enfrenta a su deseo de hacer justicia en un mundo poliédrico e irracional como el que le rodea.
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Por último, esta edición se cierra con la contribución de Luis Veres, profesor de la Universitat de València. Su artículo «Sobre estética y política en el género documental: el conflicto mapuche» constituye un recorrido por la historia reciente del indigenismo en Chile, los conflictos políticos, las voces y las imágenes de las víctimas y las de sus verdugos. Se trata en definitiva de una muestra de cómo estética y política se conjugan en el arte cinematográfico y de cómo siempre que hay un deseo de mostrar, hay un deseo también de ocultar. Agustín Reyes-Torres Director Miríada Hispánica
ARTÍCULOS
Antonio Josep V. Aguilar GarcíaGiménez Raffi1 1 University Grup ELCIS-Universitat of Virginia en Valencia de València - antonio.aguilar@uvavalencia.org - Josep.Garcia-Raffi@uv.es Artículo recibido: 06/07/2014 18/02/2015 - aceptado: 03/11/2014 22/03/2015
ESTÉTICA, POLÍTICA Y LITERATURA: NOCHES LÚGUBRES, DE CADALSO1 Resumen:
Este artículo plantea la pregunta sobre el vínculo entre política, estética y literatura. El objetivo es hacer una lectura de Noches Lúgubres, de José Cadalso en la que se muestran los interrogantes políticos que plantea la obra desde su materialidad como obra literaria. Nuestro objetivo también pasa por pensar esta lectura de Noches lúgubres desde los planteamientos estéticos y políticos de Jacques Rancière. El argumento de la obra se basa en una redistribución de lo sensible, y de su comprensión: aprovechando la noche, el amante quiere desenterrar a su amada para luego llevársela a su habitación y, una vez allí, quemar la casa con los dos juntos. El gesto implica la transformación general de las relaciones entre los cuerpos; el desplazamiento de los espacios y la reutilización del tiempo. La obra es política porque plantea la ficción estética de un cambio en las relaciones de los hombres que habitan el espacio de la historia. Palabras clave: Estética, política, literatura, desacuerdo, materia.
Abstract:
This article raises the question about the link between politics, aesthetics and literature. The aim is to read and explore Noches Lúgubres by José Cadalso paying special attention to the political questions presented in the text as a literary work is. Our goal also involves thinking about Noches Lúgubres following Jacques Rancière’s ideas and his aesthetic and political perspective.
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Antonio Aguilar Giménez es profesor de literatura española en el programa de la Universidad de Virginia en Valencia. Sus áreas de investigación son la teoría de la literatura y la filosofía, la política y la estética, y la ética de la lectura. Es autor de cerca de una veintena de artículos y del libro Introducción a una lectura de Glas de Jacques Derrida (Grin 2011); así como coautor del libro de Lengua y literatura castellana de primero de bachillerato (Nueva Tabarca 2015).
«Estética, política y literatura: noches lúgubres, de Cadalso»
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The plot of the play is based on a redistribution of that which can be considered «sensitive» and how it is understood and portrayed: taking advantage of the night, the lover wants to dig his beloved up and take her with him to his room. Once there, his plan is to burn the house with the two together. The gesture implies the general transformation of relations between bodies; displacement of space and time reuse. The work is political because it raises the aesthetic fiction of a change in the relations of men who inhabit the space of history. Keywords: Aesthetic, Politics, Literatura, Disagreement, Matter.
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1. Estética y política Estética y política se relacionan metonímicamente. La estética puede estar al servicio de la política. Puede acontecer una «estetización de la política», Walter Benjamín lo explica ya en 1936, en el análisis de los regímenes totalitarios en «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica». Es posible que desde la política se recurra a la estética como parte del sistema argumentativo de cada ideología. Las puestas en escena, la utilización de símbolos culturales, la idealización del pasado, forman parte de ese argumentario. Hoy, seguimos presenciando el uso de estos recursos semióticos en la movilización de masas. Un color, una manera de vestir, una referencia a la tecnología, todo forma parte de los discursos emocionales dirigidos por los partidos políticos, son discursos ideológicos que se sirven de la estética. En este sentido, la estética se puede vincular a los estudios de la sociología. Frente a esto, Jacques Rancière reivindica el papel de la filosofía política para el estudio de la estética. Como Deranty (2010) sintetiza claramente, la obra de Rancière empieza en la filosofía política, yendo desde la política hacia la poética y desde la poética hacia la estética. En este artículo esbozaremos las relaciones entre estética, política y literatura a través de la lectura de Noches lúgubres, de Cadalso. Esta obra es una alegoría política de la literatura. Aunque hay testimonios de su existencia ya en 1774, fue publicada póstumamente en 1790. Cadalso no se atrevió en vida a ponerla en circulación, no podía imaginar el gran éxito que tuvo durante la primera mitad del XIX. Cuando murió, sus amigos la desenterraron para darla a conocer. Este acto es un acto político narrado también en Noches lúgubres. Sus amigos, escritores, quitaron la losa de la cautela política y sacaron las Noches a la luz, a pesar de la pestilencia que para algunos producía aquella materia literaria. Manuel José Quintana2, en 1803, calificó la obra de «aborto monstruoso de una imaginación lisiada». 2
Ver Martínez Mata, 1998: 258. El estudio de Martínez Mata es muy iluminador. Quintana no se queda ahí: En Variedades de Ciencias, Literatura y Artes, (1803), pp. 315-316. La consideración negativa de las Noches por parte de Quintana es absoluta: «es fácil conocer que unos diálogos en prosa con un sepul-
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El gesto de publicar la obra es el mismo que el de Lorenzo al querer desenterrar a su amada: transformar el espacio público, permitir que otra voz cuestione el equilibrio para que el cuestionamiento no termine. Al desenterrar sus escritos se repite la misma estructura alegórica de la ficción de Noches lúgubres. ¿Es posible pensar esta acción política en la literatura?
Para Jacques Rancière la estética es una forma de distribución del conjunto de lo sensible. Política y estética están, así, unidas. La política se ocupa del reparto del espacio común. La política, desde Platón, se encarga de la relación entre lo útil y lo justo. Platón desarrolló toda una teoría de lo propio para el gobierno de la ciudad. La archipolítica platónica, dice Rancière, sustentada en el arjé de la política, en el principio, está basada en lo propio. Si cada ciudadano hace lo que le está concedido, el gobierno de la polis está garantizado. El origen, el principio3, de la idea del pueblo está en hacer lo propio, dedicar su tiempo a su ocupación, en su espacio. Este modo de la política es el propio de la archipolítica. En la archipolítica no hay lugar para la negociación, porque ontológicamente está decidido qué es lo justo y lo bueno por un filósofo o gobernante. La archipolítica, en un principio, rige la relación de los personajes en las Noches lúgubres. Tediato trata a Lorenzo como mero subalterno. Su posición durante el libro se reinscribe hasta ser otra voz más junto a la de Tediato: TEDIATO: (…) Tú sabrás cómo son los muertos, pues son el objeto de tu trato…; yo sé lo que son los vivos… Entre ellos me hallo con demasiada frecuencia… Éstos son…, no…, no hay otros; todos a cual peor… Yo sería peor que todos ellos si me hubiera dejado arrastrar de sus ejemplos (Cadalso, 2011: 20).
Tediato, del que no sabemos su ocupación, es alguien de buena posición social, con renta suficiente para ser un hombre de mundo. En cambio, Lorenzo trata con
turero, acompañados de hedor, de gusanos y de horrores, sembrados de cuando en cuando de reflexiones secas sobre la triste suerte de la humanidad, ni son poesía, ni imitación de Young, ni obra que pueda excitar interés por el dolor del amante y la suerte rrtalograda de la dama» (p. 315). 3 Sobre esta cuestión y el problema del resto ver el artículo de Manuel Vázquez (2011): «El escenario de la política». En este excelente trabajo Vázquez realiza un lectura desde los presupuestos Rancière de «Casa Tomada» de Julio Cortázar.
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¿Se puede pensar la política? Preguntaba Alain Badiou (1990), aludiendo al olvido de la política en la actualidad, a la reducción de la política a simple aparato del estado sin implicación del pueblo. El trabajo de Jacques Rancière sobre las condiciones de la política se enmarca en el contexto de la misma pregunta. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de la política, cómo se puede pensar, qué es política? A decir verdad, ¿se puede pensar la literatura sin la política?
los muertos, es enterrador. La distancia entre los dos, el tono condescendiente del principio de la obra con Lorenzo, tiene este acento. Son iguales, los dos son ciudadanos libres. Pero las circunstancias de Lorenzo no son las mismas. En la noche tercera sabemos por el hijo de Lorenzo lo siguiente: NIÑO.- Me llamo Lorenzo, como mi padre. Mi abuelo murió esta mañana. Tengo ocho años, y seis hermanos más chicos que yo. Mi madre acaba de morir de sobreparto. Dos hermanos tengo muy malos con viruelas, otro está en el hospital, mi hermana se desapareció desde ayer de casa. Mi padre no ha comido en todo hoy un bocado de la pesadumbre (Cadalso, 2011: 40).
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La parte política de Lorenzo no es la misma, evidentemente, que la del joven Tediato. Claro, es, también, que no hay referencias políticas al gobierno de España, ni al de ningún momento concreto histórico. El reinado de Fernando VII y la censura no eran el mejor contexto. Seguramente desde esa óptica la obra tiene más sentido. Justamente este enunciado de denuncia puede leerse de otro modo, como reclamación de la parte en el espacio público que le ha sido restringida. La policía, por oposición a la política, es la que organiza este régimen de silencio. Hay un orden político. Hay un orden policial del orden político. La política deshace las divisiones espaciales del orden policial. Como ejemplo de actuación política, en Noches lúgubres, los espacios nunca son lo que son, todos son paradójicos, la narración los transforma. La casa es la tumba; la tumba: el inicio; el cementerio: el espacio de la otra vida; el calabozo: no es cárcel para Tediato. La política deshace las divisiones espaciales del orden policial. No tiene principios propios, el único: la igualdad, y no le pertenece. Empieza con el principio sin principio. La política se concibe, pues, como una forma de la práctica colectiva, en la que las voces se liberan de los aparatos policiales: TEDIATO: ¡Qué voces oigo (¡ay!) en el calabozo inmediato! Sin duda hablan de morir. ¡Lloran! ¡Van a morir, y lloran! ¡Qué delirio! Oigamos lo que dice el mísero insensato que teme burlar de una vez todas sus miserias. No, no escuchemos. Indignas voces de oírse son las que articula el miedo al aparato de la muerte (Cadalso, 2011: 35).
La policía, según Rancière, es un orden de los cuerpos, divide los modos del hacer y del ser. Hace entender una palabra como perteneciente al discurso o la descarta como ruido. Decide sobre lo que es verdad y lo que está en la verdad. Es lógico que la policía decida también sobre la literatura. Por ello es posible hablar de una policía de la literatura, que orienta las lecturas correctas, las aceptables; que dirige las representaciones de la ficción literaria.
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2. Estética e intervención en el espacio y el tiempo públicos
Y aquello que liga la práctica del arte a la cuestión de lo común es la constitución, a la vez material y simbólica, de un cierto espacio-tiempo, de una suspensión en relación con las formas ordinarias de la experiencia sensible. El arte no es político, en primer lugar, por los mensajes y los sentimientos que transmite acerca del orden del mundo. No es político, tampoco, por la manera en que representa las estructuras de la sociedad, los conflictos o las identidades de los grupos sociales. Es político por la misma distancia que toma con respecto a sus funciones, por la clase de tiempo y de espacio que instituye, por la manera en que recorta este tiempo y puebla este espacio. (Rancière, 2011: 32).
La política es la configuración de ese espacio común de experiencia que compartimos como sujetos capaces de decidir y argumentar sobre él. La política tiene que ver con un la búsqueda de un equilibrio en tensión entre las partes, entre la parte sin parte, que es el pueblo. La estética, la literatura, muestran esa tensión. La política es el orden que mantiene la distribución de lo común. La negociación de la distribución de lo común es estética. La estética, por tanto, no deja de ser política, al menos, así entendida. Se puede pasar por alto, se pueden borrar las implicaciones de este hecho, se puede ideologizar, pero por todo ello no dejará de ser política. Es política porque no hay escritura que no cuestione la posibilidad de lo que puede ser; porque no hay discurso interpretativo que no sea político, estético.
3. Discurso, política, ética Los actos estéticos configuran la experiencia, permiten nuevos modos de sentir e inducen a nuevas formas de subjetividad. El hombre, dice Aristóteles en la Política (1253.a. 10-30) es el único animal que tiene palabra, y eso le sirve para manifestar «Estética, política y literatura: noches lúgubres, de Cadalso»
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La estética para Rancière es un régimen paradójico puesto que permite la posibilidad del pensamiento del desorden. Desorden no significa falta de claridad, no significa desconcierto. Desorden se opone a órdenes correctos, a modos políticos de orden de pensamiento y de representación. La estética se entiende como régimen paradójico de identificación puesto que permite que sus enunciados sean contradictorios con los discursos oficiales, porque sirven para inscribirse en ellos, y a la vez para cuestionarlos. La estética designa dos cosas (Rancière, 2011: 20): un régimen general de visibilidad y de inteligibilidad del arte, y un modo de discurso interpretativo inherente a las formas de este régimen. Es decir, la estética se ocupa tanto de su discurso como de su interpretación. Rancière es claro al respecto: «La estética no es el pensamiento de la sensibilidad’: es el pensamiento del sensorium paradójico que permite definir las cosas del arte» (Rancière 2011: 22). El arte es político porque hace pensar de otra manera la distribución del espacio y el tiempo que ocupamos:
lo justo y lo injusto, lo conveniente y lo perjudicial, puesto que el hombre tiene el sentido de la justicia, y del bien y del mal. El ciudadano tiene el lenguaje, pero el esclavo no lo posee, no tiene acceso al logos. La oposición es importante. El esclavo no forma parte de la distribución de lo sensible, aunque la perciba. Su exclusión es política. Como veremos, es el caso de Tediato y Lorenzo: el señor y el pobre. Esta situación se desplaza durante la obra. Sólo tienen acceso a la política los que tienen parte del reparto sensible. Ser ciudadano implica tomar parte mediante la acción en el gobierno de la ciudad. Platón regulaba el gobierno de la república mediante una teoría de la justicia que radicaba en lo propio e impropio de cada ocupación. El artesano debe ocuparse sólo de su oficio; el agricultor, igual; el enterrador, también; cada uno tiene su tiempo y su espacio. Un tiempo y un espacio que están definidos de antemano. Por ello, no tienen tiempo para ocuparse de los asuntos comunes del gobierno. Tener una ocupación define el espacio común. Tener acceso al lenguaje común permite también tomar parte del espacio común, ser visible. El artista, por el contrario, es quien cuestiona lo propio de cada oficio. Su trabajo es emancipador. Tediato cambia su rol de profesor, su tono continuo condescendiente, al de artista, cambia así también la relación de Lorenzo con su oficio: Miríada Hispánica, 11
La lección emancipadora del artista, opuesta término a término a la lección atontadora del profesor, es ésta: cada uno de nosotros es artista en la medida en que efectúa un doble planteamiento; no se limita a ser un hombre de oficio sino que quiere hacer de todo trabajo un medio de expresión; no se limita a experimentar sino que busca compartir. El artista tiene necesidad de igualdad así como el explicador tiene necesidad de la desigualdad. (Rancière, 2010: 100).
Es en las relaciones entre lo común, entre lo visible de la comunidad, donde radica la cuestión política. Por tanto, el recurso a la muerte, a lo escabroso, al más allá, no debe entenderse sólo como un acto estético entre otros; es un acto puramente político. Reducirlo a cosmética, a marco ornamental, a característica figurativa de una época, es una manera policial de leer esta estética. La literatura es política porque posibilita la libre circulación de la letra. Permite cuestionar la posibilidad de todo lo que es. Los modos de conceptualización derivados de un uso del lenguaje concreto son políticos. La ficción, entendida como modo de producción de la escritura, es política también. Esta ficción implica una ética, puesto que afecta a la manera de ser de los individuos y de las colectividades. El ethos es la estancia y la manera de ser, el modo de vida que pertenece a esa estancia. La ética es entonces el pensamiento que establece la identidad entre un entorno, una manera de ser y un principio de acción. La ética se postula como vínculo entre arte y política. Lo ético concierne a la acción. La política está subordinada a la ética, en el sentido del que observa, del que 22
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emite un juicio indignado y comprensivo sobre las circunstancias. La «ética consensual» es un ejercicio policial, no político. La ética no supone una unificación de la consciencia del sujeto, sino más bien su división, su constante revisión. La ética de la ficción no es ajena a la ética de la lectura. Lo que está juego es lo que queda de la representación, del acto de nombrar, de aquello que desciframos a través de la literatura, como este modo de leer puede abrir un acceso a otra verdad.
La literatura es política, no porque sus temas lo sean; lo es porque el uso de la ficción abre el espacio de lo posible. No sólo de lo posible verosímil, en sentido aristotélico, sino de todo aquello que puede ser. La literatura es el medio en el que la ficción reordena el espacio y el tiempo. Lo recuerda Rancière: ficción no se opone a verdad. La ficción es un lugar para pensar el mundo real. La ficción no es simulacro, es un juego de saber. La ficción es posibilidad, posibilidad de acción. Posibilidad de acción para los cuerpos en el cuerpo social, retomando la metáfora del organismo, que Platón no deja de utilizar. Dentro del cuerpo social hay cuerpos a los que se ve y a los que no. De igual modo, decide quién habla y quién da sólo gritos, quién emite ruidos. La democracia no es una cuestión de nivelación, de reducción a otro lugar, sino de ruptura del orden. La ruptura del orden determinado de relaciones entre los cuerpos y las palabras, entre las maneras de hablar, de hacer y de ser. Derrida (1992: 38) llegaba al mismo punto: la ficción literaria permite decirlo todo y es por ello el lugar mismo de la democracia, puesto que todas las voces tienen partido. La institución literaria permite decirlo todo desde una institución a su vez ficticia. Es un pliegue en la misma ficción. Poder decirlo todo es una manera de borrar prohibiciones de mantener el desacuerdo con la ley. Cadalso en Noches lúgubres rompe con la sabia pulcritud del discurso ilustrado. Romper no significa acabar con él, borrarlo, eliminarlo. En Noches lúgubres, todavía está el punto de vista de quien asiste críticamente al hundimiento social del país, y del que denuncia las condiciones de pobreza miserables de las familias. La crítica ilustrada alimenta buena parte del Romanticismo español. El Romanticismo se manifiesta como una opción política más en la política de la literatura. En Noches lúgubres encontramos precisamente esta reorganización del espacio, del tiempo y de los cuerpos que es propia de la política. Tal vez, esta manifestación política es la que ha enredado el estudio de esta obra en la mera discusión de si es una obra romántica o no, si en la literatura española hubo romanticismo o sólo un «Estética, política y literatura: noches lúgubres, de Cadalso»
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4. Literatura y política
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romanticismo tardío4. Estas consideraciones en las que han quedado enterradas las Noches lúgubres muestran el uso policial de la interpretación de la literatura, de la historia de la literatura, de la misma historia. La literatura es un lugar democrático para poner en cuestión los órdenes representativos. Noches lúgubres lo hace. La resistencia a esta lectura toma partido desde el régimen policial determinando los límites de la literatura, o cerrándola en los muros de un momento histórico determinado. Más bien, se trata de un intento de reducir su potencial político a materia de academia. Una resolución del desorden en una mitificación de la obra: LORENZO.- ¡Qué olor! ¡Qué peste sale de la tumba! No puedo más. TEDIATO.- No me dejes; no me dejes, amigo. Yo solo no soy capaz de mantener esta piedra. LORENZO.- La abertura que forma ya da lugar para que salgan esos gusanos que se ven con la luz de mi farol. TEDIATO.- ¡Ay, qué veo! Todo mi pie derecho está cubierto de ellos. ¡Cuánta miseria me anuncian! En éstos, ¡ay!, ¡en éstos se ha convertido tu carne! ¡De tus hermosos ojos se han engendrado estos vivientes asquerosos! ¡Tu pelo, que en lo fuerte de mi pasión llamé mil veces no sólo más rubio, sino más precioso que el oro, ha producido esta podre! ¡Tus blancas manos, tus labios amorosos se han vuelto materia y corrupción! ¡En qué estado estarán las tristes reliquias de tu cadáver! ¡A qué sentido no ofenderá la misma que fue el hechizo de todos ellos! (Cadalso, 2011: 24).
«Tus labios amorosos se han vuelto materia». Tediato describe un doble desplazamiento del cuerpo de su amada: primero, el que lleva desde el sepulcro a su casa; después, el que conduce desde el cuerpo a la materia. «Materia» es aquí un significante discordante. «Materia y corrupción» son dos conceptos que en el texto van de la mano. Materia, por oposición al espíritu que se manifiesta en el recuerdo de la identidad de su amada; el espíritu que queda en el reflejo de la obra de arte. Materia y corrupción están unidas en tanto que la corrupción es un nuevo estado de la materia. ‘Corromper’, según la RAE, es «alterar y trastocar la forma de algo». La materia corrupta era antes un cuerpo; cuerpo ideal, antes hermoso. Pero literalmente, materialmente, el texto alude a la materia. Las manos, los labios, se han vuelto materia. Han cambiado, no sólo su forma. La materia posibilita el desacuerdo. Materia transfigurada en gusanos y hedor, en ruido, en discurso fluido fuera del discurso. Aquí radica el punto de inflexión de la obra, el lugar material para el desacuerdo. ¿Dónde nos lleva, entonces, la ficción de Cadalso? Nos muestra una metáfora del principio sin principio, del cambio posible en una materia sin materia. Desplazamiento material. Materia política.
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Sería el punto de vista de tradicional de autores como Caldera (2001), Romero Tobar (1994), o Rodríguez (2004).
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Antonio Aguilar Giménez
5. Política de la lectura
La literatura encuentra su esencia democrática en el desacuerdo, en la negociación de espacios y posiciones, en el litigio de las posibles significaciones de la ficción. En el conflicto entre gramática y retórica. El espacio de la literatura no es un espacio decidible. Por eso, Tediato, mientras que, por un lado, refuerza con sus juicios la distancia con respecto a Lorenzo, que actúa como mero subalterno, por otro, quiere desenterrar a la muerta, y una vez juntos los dos amantes quemar su casa. Es decir, propone un cambio radical, pero al mismo tiempo negocia su posición dominante hacia una en pugna consigo mismo. El final no resuelve nada: añade más desorden. Continúa la política de los cuerpos hacia una reflexión igualitaria en la que el trabajo crea fraternidad. ¿Hacia dónde pide andar Tediato? Tediato está sirviéndose de Lorenzo, de su trabajo, pero literalmente está diciendo que es justamente su trabajo, su trabajo manual, lo que a otros puede parecer vil, lo que para él es motivo de dicha. «Andemos, amigo, andemos». Ese apóstrofe final es una conminación, pero ¿a qué?, ¿hacia dónde tienen que andar? ¿Está planteando un cambio en el mundo a través de la acción? ¿Por qué debería andar junto a él Lorenzo? TEDIATO.- El gusto de favorecer a un amigo debe hacerte la vida apreciable, si se conjuraran en hacértela odiosa todas las calamidades que pasas. Nadie es infeliz si puede hacer a otro dichoso. Y, amigo, más bienes dependen de tu mano que de la magnificencia de todos los reyes. Si fueras emperador de medio mundo…, con el imperio de todo el universo, ¿qué podrías darme que me hiciese feliz? ¿Empleos, dignidades, rentas? Otros tantos motivos para mi propia inquietud y para la malicia ajena. Sembrarías en mi pecho zozobras, recelos, cuidados, tal vez ambición y codicia…, y en los de mis amigos…, envidia. No te deseo con corona y cetro para mi bien… Más contribuirás a mi dicha con ese pico, ese azadón…, viles instrumentos a otros ojos…, venerables a los míos… Andemos, amigo, andemos. (Cadalso, 2011: 46).
Es político el cambio de situación. Es político el hecho de que Tediato trabaje con las mismas herramientas que Lorenzo. Es política la transformación del espa«Estética, política y literatura: noches lúgubres, de Cadalso»
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En Noches lúgubres se desarrolla una narración sobre cuerpos desplazados. Tediato quiere sacar a su amada de su tumba. Está violando el orden, transgrediendo la ley. Lo que ha muerto debe dejarse, debe pensarse sin resto: la ceniza es sólo ceniza, los gusanos no son materia. Tediato realiza una redistribución de los espacios visibles e invisibles, un relato sobre el desacuerdo como planteamiento político, en definitiva. Noches lúgubres da voz a quien no la tiene, en espacios que suelen caer fuera de las representaciones institucionales. El tópico del recurso al marginado romántico tiene claramente un fondo político. La obra deja inscribir en su discurso otras voces, indignas antes, voces que van a morir. Estética y política están unidas en la manera de participar en las partes de lo común.