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CON LA REPÚBLICA EN EL CENTRO. LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA ENTRE DICTADURAS Y DEMOCRACIAS EN EL SIGLO XX.


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


CON LA REPÚBLICA EN EL CENTRO. LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA ENTRE DICTADURAS Y DEMOCRACIAS EN EL SIGLO XX NURIA TABANERA GARCÍA ISMAEL SAZ CAMPOS

tirant humanidades Valencia, 2021


Copyright ® 2021 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Director de la colección JOAN ROMERO GONZÁLEZ Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

© Nuria Tabanera García

Ismael Saz Campos

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-2141-2020 ISBN: 978-84-1832-956-2

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Índice 1. Introducción. España en el mundo a lo largo del siglo XX.................... 11 Ismael Saz Nuria Tabanera García 2. La política iberoamericana de España en el S. XX: 1898-1975.............. 23 Nuria Tabanera García Las constantes seculares.................................................................. 24 Sobre regeneracionismos: de la Monarquía a la República.............. 28 Recuperando ilusiones y reiterando desencuentros: la II República en acción................................................................................. 36 El uso y abuso franquista de la Hispanidad..................................... 44 3. La dictadura de Primo de Rivera: un revisionismo a media tensión........ 53 Ismael Saz Marruecos: un éxito grande... y único............................................. 55 La explosión revisionista................................................................. 60 Una política de prestigio por otros medios...................................... 72 4. La política exterior de la Segunda República en el primer bienio (19311933): Una valoración............................................................................... 83 Ismael Saz Azaña y Madariaga......................................................................... 86 ¿Un momento clave? Herriot en España.......................................... 91 ¿Un pacto Mediterráneo?................................................................ 98 5. La República en entredicho. A propósito del reformismo republicano en la política exterior española...................................................................... 103 Ismael Saz Nuria Tabanera García Los logros de la dictadura .............................................................. 105 El impulso reformista del primer bienio.......................................... 108 La paralización como rectificación.................................................. 113 Buscando la coherencia en tiempos difíciles ................................... 117


6. La segunda república en la arena internacional..................................... 123 Ismael Saz Un proyecto ilusionado y coherente................................................ 127 El despliegue de la política exterior republicana.............................. 130 En la pendiente............................................................................... 136 El fin de una ilusión........................................................................ 143 7. El Mediterráneo en la política exterior de la Segunda República Española (1931-1936)............................................................................... 153 Nuria Tabanera García La posición de partida..................................................................... 155 La República ante el Pacto Mediterráneo........................................ 160 ¿Posibilismo o revisionismo?........................................................... 165 8. La formulación de la política hispanoamericana de la II República (1931-1936).............................................................................................. 175 Nuria Tabanera García ¿Una única política hispanoamericana republicana?....................... 175 El Plan de política de España en América o “Plan P”....................... 178 Los nuevos diplomáticos, protagonistas, de una nueva política....... 191 9. La política migratoria española entre la dictadura y la República (19231936): tutela y repatriación del emigrante español en América Latina....... 211 Nuria Tabanera García 1. El preludio.................................................................................. 211 2. Tradición y cambio en la política de la Dictadura de Primo de Rivera..................................................................................... 216 3. Emigración y repatriación durante la ll República ...................... 224 10. Franquismo y Priismo, dos regímenes en tenso contacto...................... 233 Nuria Tabanera García 11. Fascismo e Imperio. La Italia fascista frente a la España republicana... 247 Ismael Saz De la hostilidad a la coexistencia.................................................... 250 Los acuerdos de marzo de 1934...................................................... 252 Con Etiopía al fondo....................................................................... 255


De espaldas a la conspiración.......................................................... 257 El cauteloso camino hacia la intervención....................................... 259 La oportunidad como factor .......................................................... 262 El Imperio como horizonte.............................................................. 267 12. Fascistas sobre España......................................................................... 271 Ismael Saz ¿Fascismo en España?..................................................................... 273 El fascismo internacional................................................................ 276 A modo de conclusión: guerra fascista, guerra antifascista.............. 283 13. ¿Política exterior española en el siglo XX? El franquismo como aberración entre dos democracias................................................................... 285 Ismael Saz Nuria Tabanera


1. Introducción. España en el mundo a lo largo del siglo XX ISMAEL SAZ NURIA TABANERA GARCÍA Se cumplen este año de 2019 dos aniversarios significativos. El centenario de la Sociedad de Naciones, aquel precedente de la ONU, nacido con los mejores augurios para una organización democrática y pacífica de la sociedad internacional, y el fin de la Guerra civil española. Este último acompañado en seguida, casi a modo de presentación de los vencedores, del abandono por España de la Sociedad de Naciones. Muchas son las dimensiones de ambos acontecimientos, tanto como las de la concatenación de los mismos. Muchos también los elementos que ofrecen para la reflexión, más allá, desde luego, de lo que podría denominarse la “manía conmemorativa”. Una de estas dimensiones es, por supuesto, la internacional. Pero no sólo, aunque también, por el hecho de que la República fuese acosada primero desde fuera, por Italia especialmente, y derrotada después con la decisiva contribución de las potencias fascistas, las que más hicieron por destruir la Sociedad de Naciones. Hay, en efecto, otros aspectos de esta dimensión internacional que atañen a lo que podríamos denominar la posición de España en el mundo, el modo en que España se ha percibido a sí misma en relación con Europa y el mundo, en los sucesivos escenarios internacionales; las diversas y frecuentemente antagónicas perspectivas de definición respecto de ellos; los procesos de articulación de todas las percepciones, mecanismos y acciones respecto de esos escenarios en el marco de lo que comúnmente reconocemos como la “política exterior”. Cuando concluye la segunda década del siglo XXI podría decirse, sin sorna, que a España no le va mal en el escenario internacional. Reconocida como una potencia media, si todavía cabe hablar en estos términos, está presente en todos los organismos europeos e internacionales. España está en Europa y en el mundo. Algunos españoles ocupan o han ocupado las más altas magistraturas en la


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Unión Europea o de la OTAN. Para gusto o disgusto de unos u otros las decisiones de política exterior de los gobiernos españoles tienen repercusiones y efectos de arrastre en otras latitudes. Algunas de las propuestas españolas, como la relativa a la “alianza de civilizaciones”, encontraron en su momento un eco más que notable en muchos países y hasta en la misma Secretaría General de Naciones Unidas. En algún momento incluso el péndulo se fue al otro extremo, intentando forzar un protagonismo mundial de España hasta hacerla cómplice en 2003, contra la explicita voluntad mayoritaria del pueblo español, de una guerra, la de Irak, cuyos terribles efectos aún está pagando la sociedad internacional, además, claro, de las poblaciones afectadas. Con todo, este escenario parecería situarse en las antípodas del de hace más de un siglo, en aquella crisis finisecular del XIX en que se bebía la amargura de la derrota ante los Estados Unidos y la pérdida de los restos del que fuera el mayor imperio colonial de la edad moderna. Derrotada y con una angustiosa sensación de aislamiento internacional, España parecía revolverse en su agonía casi para certificar su propia muerte o, al menos, el carácter extremo de su enfermedad. Preguntándose hasta la saciedad por su ser, buscando desesperadamente remedios, mecanismos, alternativas que permitieran su regeneración. Postrada como nación en el plano interior, en la economía, en la sociedad y, por supuesto, en la política, España parecía encontrase a su vez fuera del mundo y de Europa. Especialmente de esta última. Por eso, muchos empezaron a pensar en Europa como la gran solución. No era, desde luego, una mala perspectiva, y hoy podríamos concluir, triunfalistas, que el objetivo se ha alcanzado, que el sueño se ha hecho realidad. Pero, ¿cómo? ¿Qué ha pasado entre tanto? ¿Qué ha hecho posible este pasaje de la angustia desesperada a la satisfacción cuasi complaciente? Estas son las preguntas a las que debe intentar responder el historiador, especialmente en tiempos conmemorativos, los actuales, que son, además por un cúmulo de razones en las que no vamos a entrar ahora, tiempos valorativos. De la II República y de la Guerra Civil, por supuesto. Pero también, en la línea que apuntábamos, del lugar que ocuparon ambas en ese proceso, casi de la nada al todo, en el que tiende a resumirse la trayectoria de una larga y tortuosa centuria.


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Existe, desde luego, un relato, una imagen, más o menos articulada, más o menos desafiada por la historiografía en algunos de sus extremos, a veces incluso en todos ellos, pero que sin embargo puede considerarse dominante. Es una imagen que toma al pie de la letra los lamentos sobre la extrema postración de España de muchos intelectuales y políticos de finales del XIX y principios del XX; que certifica la continuación de la extrema debilidad de España en el plano internacional a lo largo de toda la Restauración; que reconoce algunos de los éxitos de la Dictadura de Primo de Rivera -la pacificación de Marruecos, especialmente-; que constata la práctica inanidad de la política exterior de la II República, una inanidad de la que ella misma habría terminado por ser la principal víctima; que, naturalmente, toma en consideración el extremo aislamiento y postergación que sufrió con el primer franquismo; pero que apunta, también, al gran desarrollo económico de los años sesenta como algo que habría proporcionado las bases materiales, aunque no desde luego políticas, para la posterior incorporación española a Europa y al mundo. Esta es, en el mejor de los casos, una historia curiosa. Mal con la Restauración, que podría ser un desastre pero que era, a pesar de todo, liberal; mejor con el régimen de Primo de Rivera, que era dictatorial, pero que no obstante ello habría conseguido notables éxitos internacionales; terriblemente mal durante la II República, que fue democrática, pero exteriormente inane; aterradora en una Guerra Civil en lo que parecería un castigo bíblico por todos los errores, defectos y taras de la España contemporánea; y no del todo mal, por sus efectos finales y tuto somato, con la dictadura franquista. En resumen, mal con el liberalismo, peor con la democracia, relativamente aceptable con las dictaduras… hasta que -habrá que pensar que milagrosamente- llega una democracia, la actual, que por primera vez lo hace todo bien y consigue el objetivo soñado. Conviene precisar que esta visión, que no dudaríamos en calificar de mítica, no es responsabilidad de nuestra historiografía, aunque también. No lo es, porque la imagen de la suprema postración inicial ha sido matizada, cuando no claramente rectificada, en el plano económico por los historiadores de la economía, en el del Estado y la sociedad por sus respectivos estudiosos, en el de la política por los historiadores “políticos”, en el plano exterior, por los que se mueven en el plano de las relaciones internacionales. Y cosas similares


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podrán decirse en lo que toca en sus diversos planos al resto de la historia de España del siglo XX. Sucede, sin embargo, y de ahí la responsabilidad de nuestra historiografía, que los estudiosos fijamos la atención en exceso en nuestras propias áreas de estudio sin preocuparnos demasiado de cuanto acontece en las áreas vecinas. Con notables excepciones, desde luego, tendemos a mantenernos en el viejo cuadro en todo aquello que no nos afecta directamente. Desafiaremos, naturalmente, las viejas percepciones en nuestro terreno de investigación, pero seguiremos dando por bueno el “gran relato” en las restantes. Sobre todo, pocas son las veces que se hace el esfuerzo por integrar todas las revisiones en el marco de un nuevo relato, por supuesto crítico, pero también coherente, que sea capaz de ofrecer a la sociedad una visión menos mítica y más compleja y ajustada de lo que ha sido la historia contemporánea de España en todas sus facetas en los dos últimos siglos. Podría decirse que todos estos problemas se aprecian con más claridad en lo relativo a las relaciones internacionales, a la posición de España en Europa y en el mundo. No es casual. Hace ya mucho tiempo que los especialistas en relaciones internacionales superaron aquellos enfoques que reducían éstas a la acción diplomática, a los despachos de ministros y cancilleres, para incidir en que el plano exterior está profundamente relacionado con el interior, que afecta a dimensiones más profundas, de percepciones y relaciones culturales, de identidades nacionales, de relaciones económicas y de escenarios internacionales que trascienden y atraviesan el mero -aunque insustituible, claro- marco de los Estados. En buena lógica, esto debería querer decir que en nuestras imágenes de la posición internacional de España deberían jugar todos esos planos. Y de hecho es así. Sólo que, como apuntábamos, en la medida en que estos permanecen dispersos, compartimentalizados en las diversas áreas de estudio y aislados respecto de lo que se considera terreno de la política exterior en su acepción más tradicional, lo que termina por producirse es la imposición de las viejas ideas y percepciones, de los viejos estereotipos. Dicho de otro modo, lo que no hace la historiografía lo hace el mito. Y éste termina por sobrevivir, por superponerse, a todos los logros parciales, muchas veces sobresalientes, de los historiadores. La pervivencia del estereotipo afecta decisivamente, y no es desde luego casualidad, a nuestra percepción de la II República y su lu-


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gar en el mundo. Como sucede en el plano interior, con la tendencia -afortunadamente cada vez más desafiada- a analizar nuestra actual democracia como si ésta no tuviese su más directo precedente en la República, también la actual política internacional se aísla, cuando no se sitúa directamente en las antípodas, de la de la República. Y ello hasta ignorar lo más obvio: que en ambos casos tenemos una política exterior democrática. Con todos los defectos que se quiera en uno u otro caso, pero democrática. No sólo. También, como se verá y por ello mismo, por democráticas, las más eficientes que ha habido en la historia española del siglo XX. Esta es la tesis, que, por supuesto sorprenderá a más de uno, que se defiende en este volumen. Una tesis que se enmarca en una historia por completo antagónica de la que más arriba recreábamos. Una tesis que podría formularse a grandes rasgos del siguiente modo: la indudable crisis finisecular del siglo XIX vino a poner de manifiesto algunas de las debilidades de la sociedad y el Estado españoles en sus diversos planos; pero ni fue una crisis agónica o terminal, ni fue un fenómeno aislado. Otros países europeos experimentaron crisis semejantes, que de modo tampoco muy dispar fueron magnificadas por los estertores de unos nuevos nacionalismos abierta o tendencialmente antidemocráticos. Pero ni la sociedad de la Restauración, con todos sus problemas y limitaciones, era una ciénaga, ni España estaba, aun en su debilidad, fuera de Europa. La no participación en la Primera Guerra Mundial, que todavía algunos lamentan, no supuso un nuevo alejamiento de Europa; más bien al contrario, como el más grande de los países neutrales, España obtuvo un reconocimiento nada marginal en la nueva Sociedad de Naciones. Fue con la política nacionalista de Primo de Rivera cuando los sueños de potencia del dictador estuvieron a punto de arruinar esa posición de España en la sociedad internacional. Lejos de carecer de política exterior, la República intentó desarrollar una línea plenamente moderna y democrática que le proporcionó una presencia nada desdeñable en las organizaciones internacionales. Sus problemas, crisis y vacilaciones no fueron muy distintas de las de otras potencias en el truculento sistema internacional de los años treinta, presidido por el desafío de las potencias fascistas. La República misma fue víctima de ese desafío hasta el punto de que la victoria franquista no se puede deslindar de la decisiva ayuda talio-alemana. El nuevo régimen se embarcó en una política hecha de


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sueños nacionalistas e imperialistas, que debían suponer la elevación de España a la categoría de potencia máxima -tras el supuesto periodo de decadencia y ruina anterior. Pero fue precisamente entonces, a partir de 1945, cuando España se situó, por primera vez en su historia como Estado moderno, fuera de Europa y del mundo, fuera de la sociedad internacional. Posteriormente, pudo reingresar en ella, pero de modo marginal, por la puerta pequeña y sin que esa integración fuera nunca plena. Cuando se empezó a construir la Europa actual, España sencillamente no estaba. Lo estaría después, ya con la actual democracia. Algo que viene a confirmar que la España liberal y democrática estuvo siempre mejor situada en Europa y en el mundo que la dictatorial. De todo esto se ocupa el libro que el lector tiene en sus manos. Que es un volumen de relaciones internacionales, aunque no sólo; ya que, como se decía más arriba, pretende ahondar en el terreno de las percepciones, de los imaginarios, de los proyectos de los diversos actores, de los marcos globales en la evolución de la sociedad internacional entendida como un todo. Se trata de una recopilación de trabajos previos que se presentan ahora ordenados desde un punto de vista en la medida de lo posible cronológico en cuanto a los temas que se abordan. No se trata, desde luego, de proporcionar una visión completa y articulada de la evolución de la política internacional española. Ni se hallará tampoco, por tanto, una especie de estado de la cuestión global. Los textos tienen su fecha y su validez en función de ella. Tampoco se pretende desconocer la existencia de una larga serie de estudios posteriores que han venido a renovar radicalmente nuestros conocimientos sobre las más diversas facetas de la acción exterior española a lo largo de todo el siglo XX. Aunque pueda decirse, también, que pocas de las ideas que aquí se expresan, si alguna, ha sido cuestionada por las nuevas aportaciones. Pero dado que nuestro interés es proporcionar una visión de conjunto, creemos que el que aquí se presenta responde perfectamente, con las limitaciones apuntadas, al objetivo de los autores. Se podría también, sin duda, reprochar a estos últimos un cierto afán de aprovechar la “manía conmemorativa” para lanzar al mercado, a su calor, un nuevo producto. Tal vez haya algo de ello, aunque en el terreno de la decisión ha pesado mucho más la voluntad de aprovechar esa dinámica para intentar que una visión distinta a la habitual pueda abonar el terreno de la reflexión y el debate. Cuanto


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menos, el hecho de que los trabajos aquí reunidos hayan sido publicados a lo largo de más de treinta años podría liberar a la reconstrucción que aquí se ofrece de cualquier sombra de presentismo. El primer capítulo, el único que se ocupa explícitamente del largo periodo (1898-1975) tiene por objeto central de interés, que no único, la política iberoamericana de España. En él se analiza, como en el fondo es la intención del volumen en su conjunto, la imbricación de toda una serie de procesos, circunstancias y dinámicas que se refieren al marco iberoamericano, pero también al cuadro de conjunto en que este se va ubicando sucesivamente. Dentro de este último, a nadie se le escapa que subyace un marco español puramente identitario que se proyecta contante e ineludiblemente sobre la política americana de España. De ahí, que los componentes ideológicos y de política interior se entrecrucen continuamente con los más concretos proyectos o sucesivas realizaciones. Y de ahí, también, que la centralidad que siempre ocupa Iberoamérica en la política exterior española venga a derivar, sobre todo en las dictaduras, en políticas de prestigio, de búsquedas de legitimación o de sustitución respecto de fracasos más significativos. América apareció, así, siempre como un factor fundamental en la perspectiva del afianzamiento de la posición exterior de España, tanto como en las perspectivas de los diversos regeneracionismos. No todos ellos conducían necesariamente al que en clave nítidamente nacionalista y conservadora protagonizaría la Dictadura de Primo de Rivera. Pero hay pocas dudas de que ésta constituye, por inspiración o por apropiación, una de las posibles concreciones de los proyectos de resurrección de España. Con escuela y despensa, desde luego, pero también, “cirujano de hierro” al mando, con una proyección nacionalista que encontrará una clara plasmación en el conjunto de la política exterior. De ello se ocupa el capítulo segundo, en el cual se subraya lo que la dictadura tuvo de encrucijada en los dos terrenos, el de la política interior y el de la exterior. Como un primer asalto a la España liberal, pero todavía no resuelto, vacilante, sin determinación; como un primer intento también de llevar a cabo una gran política en el plano internacional. Una gran política que es revisionista, que llega a desafiar a la sociedad internacional, que bordea el fiasco y que casi termina pidiendo perdón. Un revisionismo a media tensión. Un libro abierto del que leerán para corregirlo, radicalizarlo, brutalizarlo, los


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que buscarán e impondrán unos años más tarde la ruptura absoluta con el España liberal para llevar de paso el ansia de la gran potencia a la exasperación absoluta, tanto como al fracaso más estrepitoso. Pero, antes de esto, se materializa otra perspectiva de “regeneración”, aunque, muy consecuentemente por otra parte, no se reclame como tal. Es la de la II República, la cual hace desde el primer momento de la política internacional una proyección hacia el exterior de su política democrática interior. Es decir, delinea una política exterior democrática basada en los valores de la paz, la cooperación y la participación activa en la sociedad internacional. Y aquí llegamos a la primera de las grandes paradojas. Pocas manifestaciones de nuestra política contemporánea han conciliado un juicio tan negativo y generalizado como la política exterior republicana. Criminalizada hasta el extremo por los franquistas de toda significación por lo que supuestamente tuvo de extrema postración y venta de España a cualquier interés, por supuesto extranjero, fue lugar común también entre la izquierda, política e historiográfica, que la República no había tenido, sencillamente, política exterior. Para los franquistas, la República se sometió por completo a Francia e Inglaterra; para la izquierda, no acertó a vincularse con Francia. Para los primeros, España se negó a sí misma como nación. Para los segundos, la República no desarrolló los vínculos que, supuestamente, la habrían puesto a salvo de la posterior intervención fascista en la guerra civil. De todo ello se ocupan los capítulos tercero, cuarto y quinto. El primero de ellos obedece a una de las primeras investigaciones de su autor. Cuando pudo constatar, sorprendido, que la política exterior republicana en su primer bienio estuvo lejos de situarse en el plano de la nulidad que se le atribuía, algo que por cierto le fue reconocido en distintas cancillerías extranjeras. La conclusión no era, no es, demasiada ambiciosa. Apuntaba simplemente que la República sí tuvo política exterior en sus primeros años. Era la primera vez que esto se afirmaba en la historiografía de la época. Y aunque el artículo mereció el honor de publicarse en una prestigiosa revista española, no lo hizo sin que hubiera de cambiarse antes el excesivamente explícito título de “la efectiva política exterior en el primer bienio”. Puede decirse que son pocos los historiadores que no acepten hoy esta conclusión mínima.


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El capítulo tercero -fruto de una comunicación común de los autores de este volumen-, intentaba ahondar precisamente en los orígenes de dicho mito negativo, en la literatura franquista, desde luego, pero sobre todo en la de izquierdas. Y en este sentido se rastreaban y sometían a crítica las percepciones y aseveraciones de quien más había hecho por cimentarlo, Salvador de Madariaga. El capítulo cuarto, en fin, constituye ya un análisis de conjunto de la política exterior republicana en sus diversas fases y a lo largo de todo el quinquenio. Viene a sustentarse en él que dicha política sólo rozó la pretendida inanidad y la incoherencia, aunque sin caer totalmente en ellas ni siquiera entonces, durante el segundo bienio. En todo momento la España republicana estuvo presente en los organismos internacionales, protagonizó en el marco de la Sociedad de Naciones labores de mediación y negociación en conflictos internacionales, hasta llegó a liderar “grupos” de naciones que intentaban alcanzar una voz propia en el exasperado concierto de las grandes potencias de los primeros años treinta. En su última fase, ya con el gobierno del Frente Popular, la política exterior española perdió dosis de idealismo para ganarlas de realismo. No fue en absoluto idílica. Arrastró deficiencias, contradicciones y vacilaciones, pero no más y posiblemente menos que las principales potencias de la época. En la primera mitad del funesto año, internacional, de 1936, la Europa de Versalles estaba saltando literalmente por los aires. En ese contexto no puede sino considerarse como digna a la política exterior española. Y, desde luego, no hubo nada en ella que tenga relación directa con lo que sucedió a raíz del 18 de julio de 1936. La segunda parte del volumen retoma la vía de las problemáticas más específicas: el Mediterráneo, América Latina y la Italia fascista. Así, el capítulo sexto se centra en el estudio de una dimensión fundamental de la política exterior republicana, la mediterránea. Era este un terreno en el que se entrecruzaban los designios generales de una política democrática, societaria y pacifista con los desafíos concretos, relacionados a veces con las posesiones españolas en el norte de África, a veces con las tensiones y contradicciones derivadas de los intereses de las distintas potencias en el Mediterráneo Occidental, a veces con conflictos como el generado por la agresión italiana a Etiopía que fueron a involucrar a todas las diplomacias para terminar por afectar decisivamente a la misma Sociedad de Naciones. En este cúmulo de


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problemas, conflictos y crisis, la política exterior republicana buscó la defensa de los intereses españoles e intentó -con el paréntesis relativo del segundo bienio- mantener su propia voz y coherencia, bien que en último término las fracturas de la sociedad internacional terminaran por reforzar las inclinaciones hacia la neutralidad. Los capítulos siete, ocho y nueve retoman la vertiente americana. El primero de ellos atiende, como su título indica, a la formulación de la política de la República hacia Hispanoamérica. Una formulación que hubo de atenerse a las diversas dimensiones de la cuestión: reforzar el tradicional propósito de afianzar la presencia de España en todos los aspectos de la vida política, cultural y económica de Hispanoamérica; hacerlo desde la base de la diplomacia abierta, pacifista y abierta a la resolución de conflictos a que caracterizaba a la política exterior republicana; y enfrentarse a las carencias que se arrastraban en términos de proyectos específicos y de la propia estructura de la diplomacia española en la zona. Toda una serie de retos y desafíos importantes a los que los gobiernos de la República hicieron frente con proyectos incesantes y éxitos desiguales, pero que, en última instancia y como en tantas otras cosas, el estallido de la Guerra Civil remitiría necesariamente a un segundo plano. Hubo, con todo, otro factor que condicionó decisivamente otro aspecto central de las políticas españolas hacia América: la crisis económica y su relación con el problema de la emigración. En este sentido, tal y como se señala en el capítulo ocho, al fondo decididamente conservador de las políticas de la dictadura de Primo de Rivera le siguieron los intentos de reforma, ciertamente limitados, de los gobiernos republicanos y el inevitable choque con las nuevas dinámicas migratorias que introducía la crisis económica internacional. Aunque con pocos resultados, la política migratoria republicana ejemplifica la vertiente reformista de la acción exterior de un régimen que pretendió convertir a Hispanoamérica en un escenario relevante de aproximaciones e interactuaciones directas y multilaterales, alejado de muchos de los tópicos de los regímenes que le precedieron. Ya en el otro extremo cronológico, el capítulo nueve. En este se analizan las perspectivas, relaciones e imaginarios hispano mejicanos en el largo periodo, para constatar la existente de unas constantes de la política exterior del México revolucionario -la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos y el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados- que


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