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ÉPOCAS Procesos del imaginario cultural


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


ÉPOCAS Procesos del imaginario cultural

RICARDO SANMARTÍN

tirant humanidades Valencia, 2023


Copyright ® 2023 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

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Ricardo Sanmartin

TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-19376-83-1 MAQUETA: Innovatext Diseño de portada: Maia Sanmartín Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice DEDICATORIA....................................................................................................

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PRESENTACIÓN.................................................................................................

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Capítulo I CLIMA, VOLUNTAD Y VALOR...............................................................................

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PLANTEAMIENTO............................................................................................. NATURALEZA DE LAS EMOCIONES............................................................ EL MÉTODO Y EL EJEMPLO DEL CAMBIO CLIMÁTICO........................ EMOCIÓN, VERDAD Y ESPERANZA............................................................ EL QUERER........................................................................................................... EMOCIÓN Y VIDA PÚBLICA..........................................................................

17 18 23 32 35 39

Capítulo II CREAR, CREER, CURAR...........................................................................................

55

BABEL..................................................................................................................... CREAR.................................................................................................................... CREER.................................................................................................................... CURAR................................................................................................................... CONCLUSIÓN......................................................................................................

56 60 66 75 83

Capítulo III ÉPOCAS............................................................................................................................

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LA CLAVE DEL MÉTODO................................................................................. GENERACIONES................................................................................................. TERAPIAS, CONSUMOS Y EGOS............................................................. ÉPOCAS................................................................................................................. ESPÍRITU............................................................................................................... DE LA ILUSTRACIÓN AL ROMANTICISMO............................................... Y LA MODERNIDAD.......................................................................................... EL VALOR DEL DIAGNÓSTICO INACABADO............................................ CONTINUIDAD Y CAMBIO............................................................................. MITOS Y ARQUETIPOS.....................................................................................

94 96 104 108 120 126 129 138 141 149


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Índice

CY TWOMBLY, JOHN ASHBERY Y ARVO PÄRT......................................... HÉROES Y TRICKSTER...................................................................................... INTERPRETACIÓN.............................................................................................

157 162 189

Capítulo IV ESPERANZA...................................................................................................................

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BIBLIOGRAFÍA...................................................................................................

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DEDICATORIA

Dedico este libro a quienes fueron mis maestros en Antropología Social, no solo por sus libros, que leí con gran interés, sino también por sus tutorías, sus correcciones de mis primeros textos, sus largas conversaciones en sus despachos, en el trabajo de campo, compartiendo muchos seminarios en un sinfín de encuentros universitarios y académicos. De sus obras y de su ejemplo intelectual, de la constancia de su entrega profesional, he aprendido siempre un respeto a la diversidad del ser humano, y la humildad que detiene el propio pensamiento y lleva a aceptar el misterio de la vida humana sostenida en las frágiles creaciones con las que se hace a ciegas la historia. Carmelo Lisón Tolosana, University of Oxford. Alan Macfarlane, University of Cambridge. Joan F. Mira, Universitat Jaume I.


PRESENTACIÓN

En un par de décadas del siglo XXI se han sucedido hechos que han supuesto un cambio radical en el modo de sentir la vida para la mayoría de la gente. Muchos de esos cambios se iniciaron siglos atrás o años antes, aunque sea mucho más tarde cuando se perciban sus efectos. La Historia tiene su propia vida y no ajusta sus pasos a nuestro ritmo ni a nuestras categorías. Nuestra mente, siendo en realidad muy compleja, disfraza sus procesos mediante el uso de la homogeneidad y la elegancia y, aunque se sirva de la lógica y la ciencia para facilitar la intersubjetividad y objetivar el conocimiento, no evita la irregularidad vital de la Historia. Podemos ordenar los acontecimientos en el tiempo y ajustar nuestras mediciones, pero nunca nos bastará saber qué fue antes y qué ha sido después para entender cómo es vivida por la gente. Las crisis económicas, la revolución digital, el cambio climático, la globalización, las migraciones, la igualdad de derechos, la pandemia y la guerra son grandes procesos que, en realidad, emergen a la conciencia expresa después de una larga gestación. Al unir sus efectos el impacto cambia cualitativamente la época, su espíritu, el medio ambiente moral en el que los ciudadanos completan día a día su jornada. El cambio trasciende a todos, a la gente, a los sucesivos dirigentes que, durante un breve espacio de tiempo, están al frente expreso de las responsabilidades colectivas, incluso a quienes intentan observar el conjunto de todo ello. Estamos en la historia que nos lleva, aunque somos todos quienes la construimos cotidianamente con nuestro pequeño grano de arena. Cada cual pensó que iba hacia el horizonte que creía distinguir a lo lejos, aunque luego, al llegar, todo el paisaje se ve diferente. Parecemos Ulises, un tanto perdidos descubriendo el Mediterráneo, sin lograr llegar a Ítaca. No todo desvío o dificultad depende del viento y sus cambios. También hay corrientes de fondo que, aunque no se perciban en las velas, afectan al rumbo.


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No pretendo estudiar tantos y tan poderosos hechos, pero es inevitable aludir a ellos porque forman la base que configura la gran circunstancia de toda persona en nuestros días. Todo lo que observamos son procesos en marcha, siempre inacabados, que vienen del pasado y siguen y se transforman hacia un futuro incierto, pero que no dejamos de imaginar. La gente intenta planificar su vida, y para ello observa el panorama de su época e imagina qué podría hacer para lograr sobrevivir con la mayor dignidad posible. De esos esfuerzos y sueños está hecho el material empírico que nos sirve para esbozar una mínima comprensión. Algunos resultados del intento de llevar a cabo esos sueños pueden captarse con categorías e índices propios de algunas ciencias sociales. Con frecuencia, ese esfuerzo de las ciencias sociales ofrece resultados que pagan un precio excesivo, pues, a cambio de su cuantificación, se ven forzados a perder complejidad semántica. Es el coste por preferir la seguridad en el resultado y evitar el riesgo de una más honda significación que cuestione nuestras asunciones. Cabe, obviamente, asumir un mayor riesgo y proponer hipótesis al interpretar y comparar lo que observamos. Por otra parte, dada la complejidad de los procesos humanos, siempre es conveniente no acceder a la observación y reflexión desde una única ciencia. El método y las categorías siempre han de adaptarse al problema que se estudia y, cuando ese problema es tan difícil de precisar como la desorientación que sufre el hombre moderno, aún mayor han de ser la complejidad de la interpretación y más arriesgada la innovación categorial, para ser fieles a la realidad del problema observado. Con todo, no debiera asustarnos la radicalidad de las preguntas que nos plantea la observación empírica de la cultura y la sociedad de nuestro tiempo. Se trata de preguntas que, por más incontestables que parezcan, es imposible acallar una vez surgen de los hechos observados en el tiempo. En realidad, esas preguntas las plantea la vida inevitablemente a todo actor en toda sociedad y en cualquier época, si bien de modos muy distintos, acordes con la distinta circunstancia histórica. El texto usa referencias de distintas ciencias porque los procesos humanos han sido estudiados desde muchos puntos de vista. Cada uno de ellos aporta reflexiones parciales, pero todas ellas ayudan a


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comprender la fluidez de la vida y a reconocer formas en el tiempo a pesar de sus transformaciones. Por eso acudimos con frecuencia a la ayuda del aire de familia de Wittgenstein, o a categorías desprestigiadas como época o espíritu, difíciles de encerrar en el espacio de una definición satisfactoria. Tampoco se respeta la delimitación entre los procesos sociales externos y los procesos interiores del ser humano. No parece realista considerar unos sin los otros, pues tanto nuestro organismo, como nuestras emociones y nuestra imaginación, responden al exterior y a su dinámica interna. Necesitamos escuchar lo que cada ciencia nos dice sobre el ser humano, pero no debemos olvidar que este no es una mera yuxtaposición de lo que de él dice cada ciencia. Tan distintos campos los integra necesaria e inadvertidamente el sujeto, que es quien mueve la historia. Así está constituido el material humano sobre el que reflexionamos. No se pretende resultar impreciso, sino fiel a lo observado en la vida social compartida con quienes, desde los años ochenta del pasado siglo, han accedido a contar cómo creaban sus obras de arte, cómo habían sufrido una transformación en su visión del mundo, o cómo buscaban mejorar con distintos tipos de terapia. Sondear algunos de esos procesos que se producen en distintos campos de experiencia (clima, arte, creencias, terapia, tiempo) permite detectar su semejanza. En base a ella podremos inferir la imagen subyacente común que nos aproxime a una figuración más comprensible del ser humano. Para ello, la comparación será indispensable, tanto entre campos de experiencia como entre casos culturales, así como entre distintas etapas históricas. La base de partida es la observación empírica, el trabajo de campo, la conversación en la que los actores despliegan, sin darse cuenta, los criterios culturales con los que significan todo cuanto comprenden como realidad y su mundo. Por eso cito en mi texto sus palabras y describo su conducta1. Con todo, el ser humano crea su mundo con

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Las cito en cursiva para subrayar su origen oral y, como es costumbre en Antropología Social, de forma anónima.


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muchos más recursos que su palabra expresa. Observamos los usos y concepciones de la economía, el poder, el arte, la música, la pintura, los poemas, el cine, los rituales, mitos y valores, porque, apoyándose en todas esas cosas, la gente crea su historia, su propia persona, el mundo real que luego las ciencias dividen en interior y exterior, material y espiritual, social y psicológico. Decía Leach que <<si se pretende buscarle una salida al dilema moderno, más vale hablar con artistas y poetas>>2. Por eso es preferible la transversalidad a la rigidez de la división intelectual del trabajo en disciplinas. Mauss llamó a los hechos sociales totales. Pero los hechos humanos no son solo sociales, ni tan siquiera son solo humanos. Son nuestras limitaciones las que recortan el alcance de la reflexión al ámbito de unas u otras ciencias con el fin de arañar alguna verdad que resulte comprensible. La transversalidad viene exigida por la etnografía multisituada3. Tanta fuerza condicionante de la conducta puede tener el acceso a la tecnología digital o a una píldora anticonceptiva, como el descubrimiento de un nuevo tipo de conciencia y atención por parte del sujeto. Todos ellos son hechos sociales producidos en campos experiencia distintos y que, a lo largo de los años, han configurado el presente en el que vivimos. Aceptar la complejidad del medio humano es una decisión realista, por más que dilate y dificulte el logro de cómodas conclusiones. Encararla nunca ha sido fácil y, dada la historicidad e inacabamiento del medio humano, nunca su contemplación y reflexión serán concluyentes. Esa dificultad jamás ha detenido el empeño humano en satisfacer su necesidad de conocer su propio destino. Dada la ancestral, universal y persistente búsqueda de un ser constitutivamente insatisfecho, la misma persistente búsqueda se transforma en cualidad característica de su naturaleza humana. En su vida cotidiana, la gente 2 3

Leach, E. 1967: Un mundo en explosión. Barcelona, Anagrama, p. 112. Marcus, George E. 2001: Etnografía en/del sistema mundo. El surgimiento de la etnografía multilocal Alteridades, vol. 11, núm. 22, julio-diciembre, 2001, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, Distrito Federal, México. pp. 111-127.


Presentación

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no siempre clarifica sus motivaciones, solo algunos objetivos laborales, familiares y políticos dejan huella evidente en hechos observables, pero la mayoría de razones profundas pasan desapercibidas incluso a los propios actores. Entenderlas requiere observar, comparar e interpretar un sinfín de hechos recurrentes, contradictorios, inacabados, muy ligados a la imaginación de quien actúa de ese modo. La forma y estructura de esos hechos y acciones, se han configurado bajo el empuje de esas hondas razones, a pesar de su inadvertencia. Se trata de acciones y productos de naturaleza simbólica, de cuyo estudio cabe inferir significados poderosos, tanto por condicionar las acciones de los actores, como por iluminar el más amplio contexto social, cultural e histórico en el que dichos símbolos se fueron construyendo y así han resultado ser símbolos comunes, colectivos. El campo del arte comparte con el ritual, con las creencias, con los mitos y con la figuración de los valores morales, el poder de los significados que toman cuerpo y aparecen en la escena social de la historia a través de conductas simbólicas. En el arte, al crearlo o al gozarlo; en la fe, al creer o dudar; al lograr determinarse y tomar una decisión verdadera, o al aceptar la insoslayable radicalidad de la vida, la gente despliega acciones en las que su atención receptiva es más pasiva que activa. Lo que se comparte no son solo significantes, sino procesos en los que la simbolización vehicula significados vitales, decisivos. Obviamente, la concreción del arte, de las creencias o de los valores cambia en el tiempo. Por eso es importante ampliar la escala temporal y estudiar la historia. Con ello la comparación permite ver semejanza en los procesos y diferencia en los contenidos. Si las figuras culturales de los valores forman parte del imaginario colectivo, su introyección en los procesos de socialización da forma y constituye al sujeto. El cambio de valores en la historia altera la estructura del sujeto, cambia el punto en el que este se ubica a sí mismo ante su conciencia para, desde ahí, enfocar su atención. Por eso hay que buscar el nuevo lugar en el que, de hecho, nace escondida su voluntad. Ambos movimientos —los de la formación histórica de cada valor, y el de la estructuración del sujeto— constituyen cambios antropológicos hondos en la línea del nihilismo, cuyas consecuencias todavía


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no podemos apreciar adecuadamente, pues se trata, según Nietzsche, de un <<suceso [que] todavía está en camino y los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos>>4. El reto seguirá asomando sobre el horizonte como futuro desconocido, como pregunta que inquieta y alienta temor e ilusión, como una razón clave para afirmar la vida y fundar la esperanza. Los hechos observados, a pesar de las crisis económicas, climática, sanitaria y moral, de la persistencia de conflictos y violencia, abren un vasto horizonte a la inteligencia, no solo en la ciencia y la tecnología, sino también en la humanización de las relaciones, en el respeto de los derechos humanos y de las leyes de la Naturaleza. El cambio de valores, más allá de la desorientación inicial que crea, sigue en proceso, no se estanca, y puede abrir nuevas formas de dignidad y respeto, tanto en las relaciones sociales como en la conciencia del sujeto. Agradezco a los artistas y terapeutas con quienes he conversado a lo largo de años, la sinceridad de sus palabras, el testimonio de su experiencia, y las sugerencias bibliográficas. Junto a mis maestros, a quienes dedico estas páginas, debo agradecer a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas su impulso editor y la inspiración que tantas veces me han prestado mis compañeros a lo largo de sus discusiones semanales. En las sesiones de la Academia y en las universidades de La Sapienza de Roma, de Granada, Valencia y Zaragoza, expuse primeras versiones y partes del texto. La Escuela española de Historia y Arqueología del CSIC, en Roma, facilitó con su hospitalidad el acceso a museos, bibliotecas, documentos e informantes. Las primeras lecturas críticas del manuscrito por parte de A. Ortí y D. Greenwood, han sido sumamente valiosas, así como las conversaciones con mis vecinos de La Vera con quienes tantas horas he compartido. La Vera, 15 de agosto de 2022.

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Citado por M. Heidegger, 1998: Caminos de bosque. Madrid, Alianza, p. 161.


Capítulo I

CLIMA, VOLUNTAD Y VALOR

PLANTEAMIENTO Estudiamos emociones desde un punto de vista antropológico como vía de acceso a la comprensión de la conducta. Cada antropólogo, a partir de su etnografía de campo, solo puede aportar una pequeña reflexión. La diversidad cultural, no obstante, queda en la mente del etnógrafo como fondo y marco de la comparación. A ello se añade un tercer factor que suele quedar inexplícito: el horizonte de la época en el que se escribe. Ya destacó Ortega cómo <<el hombre […] está […] volviendo siempre del Universo al rincón en que se encuentra, trayéndose siempre dentro la presencia de ese Universo>>5. En ese horizonte nacen las razones que dan relevancia al tema. Es pues nuestra época la que nos pregunta sobre esa relación entre decisiones y emociones. A ella acudimos tras reconocer la gravedad del cambio climático. Hacemos un problema de la relación entre el clima y la conducta colectiva recordando lo que planteaba H. Bergson: en todo trabajo intelectual se trata de encontrar el problema y por tanto de plantearlo […] Pero plantear el problema no es simplemente descubrirlo, es inventarlo […] La invención presta el ser a lo que no lo tenía […] el esfuerzo de invención consiste […] en suscitar el problema, en crear los términos en los que va a plantearse6.

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Ortega y Gasset, J. 1979 (1958): Una interpretación de la Historia Universal. Madrid, Revista de Occidente en Alianza Universal, (Lecciones ‘Sobre una nueva interpretación de la Historia’ del curso 1948-49). p. 18. Bergson, H. 2012: Memoria y vida. Textos escogidos por Gilles Deleuze. Madrid, Alianza Editorial, p. 30.


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Obviamente, son muchos los problemas que podemos suscitar en torno a las emociones en la cultura de nuestro tiempo. Si de ellos elegimos el del clima y la voluntad es —como Weber destacó— porque su importancia en nuestra época desvela los valores que permiten ver mejor la figura desconocida del hombre de nuestro tiempo. El cambio climático se nos convierte en problema cuando sentimos que afecta al estilo de vida al que nos hemos acostumbrado. Reaccionamos tras sentir, y sentimos con emociones que se desencadenan cuando los hechos inciden en nuestros valores. A lo largo de ese proceso tomamos decisiones determinando nuestra voluntad, aunque no seamos plenamente conscientes de lo que, de hecho, estamos haciendo.

NATURALEZA DE LAS EMOCIONES Nuestro tiempo viene marcado ampliamente por el gran desarrollo de la ciencia y las nuevas técnicas de comunicación. Esto es, con todo, solo un aspecto de un largo proceso evolutivo que ha ido precisando el uso de la razón ante la naturaleza y en la intersubjetividad, un lento y costoso proceso que ha ido dando forma a varios tipos de atención, enfatizando más unos que otros, y asignando o reservando cada tipo de atención a unas u otras tareas de modo preferente con el fin de asegurar la supervivencia. No puedo —ni debo— en tan breve espacio, referirme a etapas o momentos de la historia en los que se fue configurando dicha distribución de tareas cognitivas y preferencias en los tipos de atención. Solo quería recordar que hay una larga y lenta historia detrás, por más que en el presente podamos sentir que todo cambia demasiado deprisa. A pesar de la presión que cada época ejerce sobre quienes la viven, no es fácil ni rápido un cambio evolutivo. Sin duda, los esfuerzos de la revolución científica, de la Ilustración, la secularización y de la revolución digital han ido sumando en una misma dirección distintos énfasis que han contribuido a imaginarnos como seres racionales, entendiendo por ello lo que parece ser una imagen cultural más o


Clima, voluntad y valor

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menos estereotipada, difícil siempre de concretar por tratarse de una figura central de nuestras creencias. En esa imagen, que solemos dar por real y compartida, no son las emociones los estados de la mente que en ella se estiman como característicos de la racionalidad del hombre moderno en la era de la globalización y de la abundancia. Más bien, y a pesar de su abrumadora presencia, las emociones aparecen caracterizadas como un obstáculo para la razón. Sin embargo, el desarrollo de las ciencias humanas —no solo de la Psicología o de la Antropología— ha logrado restablecer las emociones como patrimonio y naturaleza de la humanidad. Como señala M. J. Buxó, la pasión no es per se irracional, ya que no excluye la razón. Aporta razones para actuar […] la razón usa de la pasión para satisfacer sus intereses […] haciéndonos comprender las razones que guían las acciones espontáneas, así como las emociones que subyacen a los argumentos y a las justificaciones7.

Somos seres racionales, y en nuestra razón entran las emociones como síntesis de lo aprendido desde la necesidad a lo largo de la evolución de la vida. Las emociones encierran, en ese sentido, un saber muy básico y muy antiguo, gestado desde la presión de la escasez y la necesidad a lo largo de la historia. Obviamente, el modo concreto de irrumpir en la vida se manifiesta con gran diversidad de matices y formas, en respuesta a la gran disparidad de contextos histórico-culturales y de situaciones en las que las sentimos. El miedo, la alegría, la tristeza, la repugnancia, la sorpresa, el enfado, la vergüenza, entre muchas otras emociones, son estados mentales desde los cuales respondemos ante las instancias de la vida de un modo espontáneo, esto es, de un modo tan veloz que parece expresarse antes de habernos dado cuenta de que dicha emoción nos embarga. Siempre son más veloces que nuestra lenta reflexión. De hecho, acudimos a nuestra

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Buxó, M. J. 2000: Las alquimias de la pasión. Transformacions. Psicoanàlisi i Societat. Segon col.loqui interdisciplinar. Actas, iPsi, Barcelona, p. 4.


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reflexión para averiguar la verdad escondida en la emoción que nos ha embargado. Por ese automatismo que las caracteriza, y por compartir su logro evolutivo con muchos animales, se han concebido tantas veces como algo irracional, aunque realmente no lo sean. Son menos conscientes, pero no irracionales. Así constituidas en nuestra evolución, las emociones son una especie de algoritmos imperfectos basados en big data acumulados en la experiencia ganada con el tiempo y, como tales algoritmos, tienden a reproducir el pasado. Operan con la velocidad de un automatismo aprendido, pero pueden sesgar la interpretación, repetir como un buscador las tendencias de anteriores búsquedas y mermar así la necesaria creatividad ante lo nuevo, ya que las decisiones que las situaciones vitales nos reclaman no pueden esperar el tiempo requerido para que se forme una huella de conexiones diferente, como lo hizo en el pasado. Eso no resta su eficaz alerta de que algo clave ha sido herido en la experiencia. De ahí también no solo su diferencia con la reflexión, sino la necesidad de su complemento. En ese análisis ya no hablamos desde la escala temporal evolutiva, sino desde la de la historia. Desde la Psicología, Casacuberta entiende que: Una emoción es un estado mental que nos informa de la presencia de un objeto o evento que tiene alguna relación clave con nuestros planes y objetivos importantes. Ese estado mental viene siempre acompañado por una sensación específica, genera toda una serie de respuestas automáticas para enfrentarnos al cambio de planes y objetivos y, finalmente se comunica también mediante una serie de gestos8.

En esa misma definición queda ya establecida, aunque sin esclarecerla, una relación entre la emoción y los valores, pues son estos los que permiten reconocer la importancia tanto de los planes y objetivos, como del carácter clave de aquella relación. Son las imágenes de valor que poseemos las que, al recibir el impacto de la experiencia

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Casacuberta, D. 2000: Qué es una emoción. Barcelona, Editorial Crítica, pág. 160.


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