Grecia
Grecia, geografía mitológica, es una guía; el viajero que visite los lugares que se citan, podrá observar en el medio ambiente: montañas, ríos, fuentes y rocas, las razones que dieron lugar a los mitos e hicieron que ellos fueran tal como son.
Elisur Arteaga Nava
geografía mitológica
Los mitos surgieron, en parte, del subconsciente de quienes buscaron una explicación a su existencia y a su entorno material; otra fuente se halla en la necesidad de encontrar las razones de la maldad y de la bondad humanas. Los griegos, con mitos, enfrentaron los grande temas filosóficos, jurídicos, psiquiátrico y religiosos. A través de ellos expusieron las razones de la vida y la muerte de los seres vivientes; para occidente inventaron el más allá, la vida eterna, la reencarnación, la fecundación divina e, incluso, la resurrección.
Abogado. Profesor en la Escuela Libre de Derecho y en la Universidad Autónoma Metropolitana. Conferenciante y profesor invitado en más de 100 universidades y escuelas de derecho de México y de otros países. Autor de: Derecho constitucional estatal, Porrúa, 1988; La constitución mexicana comentada por Maquiavelo, Siglo XXI Editores, 1991; Derecho constitucional, instituciones federales, estatales y municipales, Universidad Nacional Autónoma de México, tres tomos, 1994; Constitución Política y realidad, Siglo XXI Editores, 1997; La controversia constitucional y la acción de inconstitucionalidad, Monte Alto, 1997; Tratado de derecho constitucional, Oxford University Press, cuatro tomos, 1999; Usos y costumbres indígenas entre los pueblos de Guerrero, UNED, Madrid, 1999; Maquiavelo, estudios jurídicos y sobre el poder, Oxford University Press, 2000; Garantías individuales (derechos humanos), Oxford University Press, 2010; Diccionario de derecho constitucional, Oxford University Press, 2011; Diálogos entre Maquiavelo y Tomás de Aquino, Porrúa, 2012; El sistema federal mexicano, apuntes para una teoría general, Porrúa, 2012; Edipo, una víctima del destino, Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, 2012; Manual de derecho constitucional, Oxford University Press, 2015; y Edipo, la otra tragedia, novela, 2017, Ediciones Proceso, México, 2017.
ELISUR ARTEAGA NAVA
“Cuanto más solitario y concentrado estoy, tanto más enamorado me siento de los mitos.” Decía Aristóteles. Aun en la actualidad, los hombre no pueden vivir sin el pensamiento mítico; muchos llegan al extremo de hacer depender su existencia de ellos. Los mitos griego y sus variantes romana y actual, siguen moldeando la mente del hombre moderno, determinan su conducta y alimentan su imaginación. Esta obra es una invitación a adentrarse en ellos y hacerlo desde una nueva perspectiva: la geográfica.
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humanidades
Co traductor con la maestra Laura Trigueros Gaisman, de De Principatibus, de Maquiavelo, Editorial Trillas, 1993.
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En coautoría con Laura Trigueros Gaisman y Sergio Charbel Olvera Rangel, Sones y gustos de la Tierra Caliente del Estado de Guerrero, Universidad Autónoma Metropolitana, 2014. En Preparación: Los pendejos en el derecho, apuntes para una teoría general; y Relatos sexuales atípicos. Director general de la obra Legislación pública estatal, 23 tomos, Escuela Libre de Derecho, IMSS y CONACYT, 1984. Autor de un anteproyecto de Constitución Política para la Ciudad de México, 2016.
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Autor de más de doscientos estudios y artículos sobre derecho, política e historia, entre otros: Los alardes, el poder, algunas consideraciones; las conjuras en Grecia y Roma; La dictadura en la antigüedad; La inaplicabilidad y anulabilidad del acto público; Las autoridades de hecho; y La violencia en México, 2019. Coordinador del cd: Entre clásicos y danzones, Escuela Libre de Derecho, 2016.
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GRECIA, GEOGRAFÍA MITOLÓGICA
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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GRECIA, GEOGRAFÍA MITOLÓGICA
ELISUR ARTEAGA NAVA
tirant humanidades
Ciudad de México, 2020
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© Elisur Arteaga Nava
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Índice AGRADECIMIENTOS.................................................................................. 9 INTRODUCCIÓN.......................................................................................... 11 A.......................................................................................................................... 17 B.......................................................................................................................... 225 C.......................................................................................................................... 261 CH...................................................................................................................... 448 D......................................................................................................................... 455 E.......................................................................................................................... 505 F.......................................................................................................................... 683 G......................................................................................................................... 733 H......................................................................................................................... 757 I........................................................................................................................... 811 J.......................................................................................................................... 891 L.......................................................................................................................... 901 M......................................................................................................................... 999 N......................................................................................................................... 1097 O......................................................................................................................... 1133 P.......................................................................................................................... 1179 Q......................................................................................................................... 1283 R......................................................................................................................... 1293
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S.......................................................................................................................... 1317 T.......................................................................................................................... 1397 U......................................................................................................................... 1625 V.......................................................................................................................... 1625 X......................................................................................................................... 1629 Y.......................................................................................................................... 1629 Z.......................................................................................................................... 1641 BIBLIOGRAFÍA............................................................................................. 1645
Agradecimientos La presente es una obra colectiva; tenía que serlo. En la primera etapa, la de lectura y selección de material, intervino doña Laura Trigueros Gaisman. En la segunda etapa, la de recopilación del material, de los años 1995 a 2005, participaron Laura Gómez del Campo Trigueros y Adriana Florencia Arteaga Guevara; ellas capturaron gran parte del material con base en las obras de los autores clásicos. Alberto Gómez del Campo Trigueros asumió la tarea de poner en orden el material y de formular un primer anteproyecto de manuscrito, con base en el material capturado. Si hay justicia en este mundo es preciso reconocer que sin su intervención esta obra no se hubiera hecho. Jorge Espinosa Chacón revisó el manuscrito original; sus observaciones lo enriquecieron y sus correcciones eliminaron muchos errores o deficiencias en el texto. En la revisión y depuración final intervinieron doña Ireri Elizabeth García Ramos y don Sergio Charbel Olvera Rangel. Jorge Tapia Loyo fue el responsable de elaborar la bibliografía que se consultó. Por honestidad intelectual se reconoce expresamente que todos ellos, en menor o mayor grado, son coautores de esta obra. Un reconocimiento especial para doña Laura Trigueros Gaisman que no alcanzó a ver el fin del proyecto. Ciudad de México, a 27 de junio de 2018.
Introducción Esta es una guía mitológica del mundo griego; los mitos aparecen referidos en función de lugares. La narración es breve, refiere lo esencial o importante. No va más allá. Los detalles y explicaciones de los mitos se hayan en obras especializadas, unas antiguas, como las de Higinio, Apolodoro, Paléfato, Ovidio y algunos más; otras, modernas, a ellas se hace referencia más adelante. El lector, con vista al entorno, estará en posibilidad de explicarse las razones que pudieron haber dado nacimiento a los mitos. La geografía, frecuentemente, definió su existencia, naturaleza y elementos. En un ambiente pre científico, la necesidad de explicar la existencia de ciertos fenómenos o características del mundo y el universo, llevó a recurrir a la aclaración mítica. El entorno fue un elemento que contribuyó al surgimiento, conformación y definición del mito. En esa etapa del desarrollo humano, esa explicación, a falta de otra, fue oportuna y lógica. Los mitos no surgieron de la nada. Ciertamente en su nacimiento y desarrollo también tuvo que ver el subconsciente. Los griegos, mediante mitos, enfrentaron los grandes temas de la psiquiatría, la filosofía y el derecho: incesto, parricidio, homicidio en general, lo inalcanzable, la vida en el más allá, el valor de la vida, la infidelidad y otros muchos. En esta guía se alude a “hechos” susceptibles de ser corroborados: las piedras redondas que Zeus puso a disposición de Heracles para que se defendiera del ataque de sus enemigos, todavía se hallan en las proximidades de Marsella; la nave con la que los feacios llevaron a Ulises de regreso a su natal Ítaca está a la vista, convertida en piedra, en la isla de Corfú. El monte Etna que aprisiona al monstruo Tifón, todavía arroja fuego en la isla de Sicilia. Las aguas en las que Heracles intentó apagar el fuego y neutralizar el veneno que lo consumía, aún manan calientes y fétidas en las Termópilas. Existen múltiples ejemplos más. En los autores de la antigüedad hay divergencias en cuanto a ubicar el contexto geográfico de los mitos. Para no privar a un lugar del privilegio de haberle servido de asiento, se reiteran las narraciones en dos o más sitios. Existen temas recurrentes: los recién nacidos expósitos, el odio entre gemelos desde el vientre materno, madrastras que se enamoran de sus hi-
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jastros, Dioses1 que se convierten en animales para copular con humanos, concursos para alcanzar la mano de una doncella, desafíos entre un mortal y un Dios; hay otros. La mitología griega y, también la latina, gira en torno a algunos temas: las leyendas en relación a la familia de los Dioses, las luchas que sostuvieron entre sí, la vida y hazañas de Heracles, el desplazamiento de los griegos por el mundo conocido, la guerra de Troya, los hijos expósitos; las vidas, misión y muerte de Orfeo, Dioniso, Narciso, Adonis, Teseo, y Medea. Ciertamente hay otros. Cuando el mito se mezcla con la historia, no hubo más que incorporar datos que se apartan de lo fabuloso. Esta práctica es frecuente. En la batalla de Maratón, que fue un hecho histórico, algunos vieron la figura de Teseo peleando al lado de los griegos. En esta guía se hace referencia a la existencia de monumentos, templos, santuarios, oráculos o a otras instituciones, como si en la actualidad existieran. Se da la visión que aportan los autores clásicos a los que se recurrió. Con esta advertencia el lector no debe sentirse defraudado al no encontrar aquello que vieron los viajeros de hace dos mil años o más. Del templo de Posidón, en Calauria, en donde se suicidó Demóstenes, en la actualidad sólo quedan dos hileras de piedras. Se parte del supuesto de que los lectores tienen nociones de los mitos griego y de sus actores, o tiene acceso a fuentes o diccionarios relacionados con la materia en las que informarse, con detalle, de los personajes, instituciones, lugares y hechos que los conforman. Lo anterior explica el hecho de que no se aporte información sobre ellos. Frecuentemente la narración se detiene en el momento en que se ha proporcionado la información más elemental para, con ello, captar la atención del lector y obligarlo a recurrir a otras fuentes. 1
Heikki Räisänen, en su obra El nacimiento de las ideas cristianas, sostiene el siguiente punto de vista: “El problema está en cómo tratar la palabra dios. ¿Deberíamos escribirla con mayúscula? Si es así, ¿cuándo? He seguido la práctica poco común de John Barclay: escribir Dios con mayúscula en todos los contextos, se trate del Dios de los judíos o del Dios —o Dioses— de los gentiles. La reflexión de Berclay al respecto refleja el mejor modo posible el espíritu del «juego limpio»: «Me ha parecido mejor situar a todas las partes en un mismo plano en lugar de sucumbir a la presunción judeocristiana de que solo su deidad es verdaderamente ‘Dios’ mientras que el resto son solo ‘dioses’ —o algo peor—”. También habría sido posible usar minúsculas en todos los casos ‘dios’, ‘dioses’, pero Barclay opta por la mayúscula «puesto que es el modo habitual de mostrar respeto por las creencias y prácticas de los creyentes».” Ediciones Sígueme, Salamanca, 2001, pp. 20 y 21.
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En muchos casos, por más que se busque en obras especializadas, es imposible dar con mayor información con relación a los Dioses, personajes o lugares que se citan a lo largo de esta obra. En la elaboración de esta obra se tomó en consideración el consejo de Dionisio de Halicarnaso: Lo primero y casi la tarea más necesaria de todas para los autores de cualquier historia es elegir un tema noble y agradable para sus lectores2. Pocos temas mejoran en nobleza, frescura e interés que los mitos, de ahí que Aristóteles haya reconocido “Cuanto más solitario y centrado estoy, tanto más enamorado me siento de los mitos.”3 Tucídides reconocía que la falta del elemento mítico resta encanto a una obra4. Hubo quienes no vieron con buenos ojos los mitos: “Pues los relatos de los griegos, tal y como a mí me parecen, son muchos y ridículos”5. No se puede dejar de reconocer que Aurelio Víctor tenía razón cuando afirmó: “… los griegos, que son aficionados a engrandecerlo todo, …”6. Se quedó corto, eran dados a explicar lo humano y lo material por medio de mitos. La guerra contra Troya fue un tema medular en el mito; Dioses, héroes y mortales participaran en ella; un hecho y un juramento la provocaron. Eurípides resume la trama de la siguiente manera: “Tuvo Leda Testíade tres hijas: Febea, Clitemestra, mi mujer, y Helena. Como pretendientes de ésta acudieron los príncipes más poderosos de Grecia. Entre ellos se cruzaron terribles amenazas, incluso de muerte, por parte de todo aquel que no consiguiera a la joven. El conflicto mantenía en la perplejidad a su padre Tindáreo, sobre si conceder o no concederla en matrimonio, y cómo saldría mejor del lance. Al fin se le ocurrió esto: que los pretendientes concertaran recíprocos juramentos y se dieran las manos, y, derramando libaciones, sobre las víctimas sacrificadas juraran lo siguiente: defender conjuntamente a aquel de quien se hiciera esposa la joven Tindáride, si alguno la raptaba y escapaba con ella lejos de su palacio despreciando a su marido y el lecho conyugal; y marchar en campaña para arrasar su ciudad por las armas, tanto si fuese griega o bárbara. Una vez que se hubieron juramentado, y a su modo bien trabados los dejó el viejo Tindáreo con su aguda astucia, le permite a su hija elegir a uno de
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Carta a Pompeyo Gemino, 3, 2, p. 212. Demetrio, Sobre el estilo, II, 144, fragmento 668 (Rose), p. 75. Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, I, 22, 4, p. 58. Demetrio, ob. cit., 1, 14, p. 33. Aurelio Víctor, Libro de los Césares, 12, p. 190.
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los pretendientes, según la inclinaran las amables auras de Afrodita. Y ella eligió —¡ojalá que él no la hubiera desposado jamás!— a Menelao. Pero cuando desde Frigia llegó a Lacedemonia el que había juzgado entre las Diosas —según sostiene el mito de los argivos—, primoroso con la pompa de sus vestidos y deslumbrante de oro. Con su lujo bárbaro, se enamoró de ella, y ella de él; la raptó y se marchó con Helena hacia los prados del Ida, aprovechando la ausencia de Menelao. Pero, éste enfurecido, a la carrera invoca por toda Grecia los antiguos juramentos de Tindáreo, so pretexto de que hay que socorrer a los ultrajados”7. Los mitos griegos influyeron en la conformación de la cultura de Occidente y del cristianismo primitivo8. Europa y América están en deuda con ellos. A lo largo de esta obra se pone en evidencia esa influencia. Algunas formas en que se manifiesta actualmente el culto ortodoxo griego y el católico romano, tiene relación con aquellos mitos. Las fiestas paganas que se practican actualmente en Grecia, Italia y gran parte de Occidente bajo una máscara cristiana, reconocen como antecedente lejano las formas religiosas practicadas bajo el paganismo. Fue ajeno al judaísmo la práctica de confiar a divinidades menores el ser los patronos de ciertas actividades; la de atribuir a un personaje divino los oficios de la herrería, agricultura, comercio u otras. No existen indicios de que en el mismo judaísmo, las ciudades o los lugares estuvieran consagrados o bajo la protección de una divinidad. Hacerlo fue práctica, no invención, de los griegos: Atenas, estaba consagrada a Palas, Argos a Hera, Delfos a Apolo y muchas otras ciudades o regiones a duferentes Deidades. Los cristianos, para facilitar su labor evangelizadora, también adoptaron esos usos paganos griegos. El culto a los muertos es una institución pagana; lo mismo las relaciones sexuales de Dioses, que adoptaron formas de animales, con mujeres mortales; ellas derivaron en la procreación de seres divinos. La apoteosis de Dioses y héroes y su ascenso al cielo es invención griega. El paganismo griego está tan vigente como en los días de Homero, Hesíodo, Aristófanes o de Juliano el Apóstata. En estas páginas se parte del supuesto de que todas las creencias son respetables, y mucho más la griega y la egipcia, que fueron las que aporta7 8
Eurípides, Tragedias III, Ifigenia en Áulide. 50-75, pp. 263 y 264. Ver Alfred Loisy, Los misterios paganos y el misterio cristiano, Paidós, Buenos Aires; Salomon Reinach, Orfeo, historia de las religiones, Edtorial el Ateneo; Ch. Guignebert, El cristianismo antiguo, Fondo de Cultura Económica, México; Barón D¨Holbach, Historia crítica de Jesucristo, El cuenco de plata, Buenos Aires; Kurt Hübner, La verdad del mito, Siglo Veintiuno, México.
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ron los elementos fundamentales de lo que llegó a ser el dogma cristiano. No resta respetabilidad a las religiones supuestamente desaparecidas o a los Dioses caídos en desgracia, el hecho de que en la actualidad, formalmente, no se les invoque o adore. Lo resaltado en negritas es indicativo de que se trata de un sitio que tiene su desarrollo en el lugar que le corresponde alfabéticamente. En la selección del material se recurrió a los autores griegos y latinos de la antigüedad. Salvo una que otra ocasión, se prescindió de hacerlo por lo que toca a autores egipcios o judíos Por regla general, por su seriedad, se recurrió a las obras publicadas por Editorial Gredos. Además de consultar a los autores griegos y latinos de la antigüedad que se citan en la bibliografía, se recurrió a obras de inestimable valor, principalmente a la de Pierrre Grimal, Dicccionario de mitología girega y romana, Paídos Barcelona, 1993; Karl Kerényi, Los héroes griegos, Atalanta, Gerona, España, 2009; Antonio Ruíz de Elvira, Mitología clásica, Gredos, Madrid, 1988; J. A. López Férez (ed), Historia de la literatura griega, Cátedra, Madrid, 2008; y Robin Hard, El gran libro de la mitología griega, La Esfera de los Libros, Madrid, 2008. El material capturado originalmente era abundante. De haberse incorporado íntegramente, la obra final hubiera sido inmanejable. Hubo que optar por incluir sólo lo que se consideró más importante o trascendente. Esta obra es también una guía culinaria para quienes visiten algunos de los lugares que se mencionan; se resaltan los mejores manjares de cada uno de ellos según la opinión de los autores de la antigüedad. Se reconoce de manera expresa que esta obra es poco original. Si algún mérito tiene es el de el haber pretendido ordenar el crecido material mitológico proveniente de la antigüedad en función de lugares, para que sea de útil a aquellos que visitan el mundo griego. También puede servir quienes se interesan en ubicar los lugares de la trama de los mitos.
—A— ABÁNTIDE, región. Pertenece al continente de Tesprótide, junto a las montañas Ceraunias, hoy conocida como Épiro. Nombre que pusieron los locrios y los abantes a la tierra donde fundaron la ciudad de Tronio. Elefenor, el Calcodontíada, rey de Eubea, mató accidentalmente a su abuelo Abante; tuvo que salir desterrado. Homero lo hace retoño de Ares; Apolodoro afirma que era hijo de Calcodonte y Alciione. Elefenor fue uno de los pretendientes de Helena; como los demás, por el juramento que había prestado antes de la selección de esposo, se vio obligado a participar en la expedición contra Troya. Con sus hombres, en cuarenta naves negras, se embarcó; ellos se dejaban crecer la cabellera en la parte posterior de la cabeza, eran rápidos y belicosos, deseaban, en todo tiempo, romper con sus lanzas de fresno las corazas de sus enemigos. Elefenor fue muerto frente a Troya cuando intentaba apoderarse del cadáver de un enemigo, el teucro Equepolo; Agenor lo hirió en el costado con una broncínea lanza que dejó sin vigor sus miembros; por su cadáver pelearon como lobos teucros y aqueos9. Elefenor no murió en Troya sino que se estableció en Otronos, cerca de Sicilia, con los sobrevivientes de esa guerra; de ahí fue expulsado por la aparición de muchas serpientes; más tarde se dirigió a Abantia o Amantia10. Después de la caída de Troya, su gente junto con la de Filoctetes, se estableció en Mimas. Los locrios y los abantes que regresaron de Troya lo hicieron a bordo de ocho naves y se establecieron en las montañas Cerunias; sin embargo, después de haber sido vencidos en guerra por los apoloniatas, sus vecinos, fueron expulsados de ahí. Los de Apolonia, fundación de Corcira, compartieron los despojos con los corintios11.
ABARIMO, valle. Lugar imaginario. Más allá de los escitas antropófagos, en un gran valle del monte Ímavo, hay una región que se llama Abarimo en la que viven unos hombres salvajes con las plantas de los pies vueltas detrás de las pier-
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Homero, Ilíada, II, 536 y siguientes, IV, 457 y siguientes. Licofrón, Alejandra, 1027; y Tzetzes, 1031. Pausanias, Descripción de Grecia, Libro V, 22, 4. P. 272.
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nas de extraordinaria velocidad, que vagan de un lado a otro en compañía de las fieras. Ellos sólo pueden respirar bajo otro cielo12.
ABAS, ciudad. Situada al Noreste de Fócide, cerca de la actual Exarchos. Sus habitantes dicen haber llegado a territorio de Fócide desde Argos, que el nombre de la ciudad proviene de su fundador Abante, hijo de Linceo y de Hipermestra hija de Dánao. Desde tiempos antiguos Abas fue consagrada a Apolo13; tuvo un rico santuario dedicado al Dios con grandes tesoros y abundantes ofrendas; en este santuario hubo un oráculo. La ciudad cuenta con un teatro y un ágora, ambos de construcción antigua14. Junto con Crisa, Lilea, Anemorea y Anfisa, Abas constituía la tierra natal de los Helenes que se establecieron en Temesa15; ellos siempre añoraron las llanuras de sus lugares de origen pues pasaron grandes trabajos para cultivar estos campos16. Hipermestra, la hija de Dánao, salvó de la muerte a su esposo Linceo. Cuando su padre murió, Abante reportó su muerte a Linceo y éste buscó un objeto en el templo para dárselo como regalo; encontró el escudo llevado por Dánao en su juventud y que él había consagrado a Hera; lo bajó de su lugar, se lo entregó a Abante y estableció juegos sacros que se realizaban cada cincuenta años desde entonces; en estos juegos no se entrega una guirnalda al vencedor de las carreras, sino un escudo. Las Danaides, a la muerte de su padre, se casaron con hombres argivos; sus hijos recibieron sus nombres17.
ABDERA, ciudad. En Tracia. Heracles la fundó en honor a su amante Abdero, hijo de Hermes18, quien fue devorado por las yeguas de Diómedes. Filóstrato describe un cuadro en el que se podía ver que el héroe ha destrozado a las yeguas con una maza y rescata el cuerpo de Abdero de las bestias salvajes que 12 13 14 15 16 17 18
Plinio el Viejo, Historia natural, libro VII, 9, 2 (2), 11. P. 12. Pausanias. Descripción de Grecia. Libro X, 35, 1. P. 454. Pausanias. Descripción de Grecia. Libro X, 35, 4. P. 455. Licofrón. Alejandra. Tzetzes [1074]. Nota 706; y Licofrón. Alejandra. Tzetzes [1074]. Licofrón. Alejandra, 1074. Higinio, Mitos, CLXX, Hijas de Dánao y aquéllos a los que mataron. P. 132. Grimal, Diccionario de Mitología griega y romana, p. 262.
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hacían de él un festín. Heracles levantó una ciudad e instauró en ella unos juegos en los que se compite en pugilato, lucha y todas las demás suertes, excepto en carreras de caballos19. Otra versión afirma que fue fundada por la hermana de Diomedes y que recibió el nombre de ella. Ciudad que se había desplomado por la vejez durante la olimpiada trigésimo primera, fue rehecha por los clazomenios llegados de Asia, y borrado ya el recuerdo de la historia pasada, se la atribuyeron como obra propia20. En la tracia Abdera, hermosa colonia de los de Teos21, Apolo es invocado como Dereno22. Los mújoles capturados en esta región son admirables23; las sepias son de un sabor inigualable24. El filósofo Demócrito era de Abdera; otros decían que era de Mileto25.
ABIA, ciudad. En Mesenia. Antiguamente se llamaba Ire; fue una de las siete ciudades que, según Homero, Agamenón prometió a Aquiles con tal de que depusiera su ira y se reintegrara a la lucha contra Troya26. El lugar tomó su nombre de Abia, nodriza de Gleno, hijo de Heracles, quien se retiró a Ire para vivir ahí y fundó un santuario dedicado a Heracles; tiempo después Cresfontes cambió el nombre de la ciudad por el de Abia27.
ÁBIDOS O ÁBIDO, ciudad. En el Helesponto, situada frente a la ciudad de Sestos, de la que está separada por una estrecha franja marina28. Lisias, en un fragmento, dice: “¡Vete al infierno y a Abidos! pues se me ha prohibido injuriarte.”29 En Ábido abundan las rugosas ostras30. 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30
Filóstrato, Descripciones de cuadros, II, 25, p. 319. Solino, Colección de hechos memorables, 10, 10, p. 268. Lírica Griega Arcaica, Lírica Monódica, Anacreonte. Fr. 118. Licofrón, Alejandra, Tzetzes [440], Nota 245. Poesía Helenística Menor, Arquéstrato de Gela, 44. P. 101. Poesía Helenística Menor Arquéstrato de Gela, 55. P. 105. Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos ilustres, IV, 58, p. 222. Pausanias. Descripción de Grecia. Libro IV, 30, 1. P. 181. Pausanias, Descripción de Grecia, Libro IV, 30, 1. P. 182. Ovidio, Heroidas, XIX, Hero a Leandro, 140 y sigs. Lisias, Discursos, II, fragmento 87, 50. (5aTh), p. 399. Apuleyo, Apología, 39, 3; y Poesía Helenística Menor. Arquéstrato de Gela, 56. P. 105.
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Fue la cuna de Leandro, quien sostuvo un idilio con Hero a pesar de que sus compatriotas le advirtieron a ella que no era conveniente la unión de una doncella de Tracia con un mancebo de Ábidos31. Hero le decía a Leandro que la buscara al extinguirse la luz del día, cuando la noche hacía brillar las estrellas; ella corría al punto a encender en lo alto de la torre la antorcha que lo guiaba, señal de su acostumbrado camino; engañaba el tiempo de la espera hilando las hebras en el huso32; a menudo Leandro buscaba los pasos de Hero en la playa de Sestos, como si la arena hubiera conservado las huellas impresas33; al volver a Ábidos, Leandro abandonaba la torre y se encaminaba hacia la fría playa; los amantes se despedían llorando y él entraba de nuevo en el Mar de la Doncella; cuando salía de su tierra era un gran nadador, pero, al volver, le parecía no ser más que un náufrago34. Leandro pudo haberse abstenido de los amores de Hero, sin embargo pasaba el estrecho a nado para que ella conociese los arrestos de su ánimo35; este acto preocupaba a Hero, no quería que el valor de su amante la hiciera desdichada algún día36; ese día llegó cuanto una tormenta apagó la antorcha que lo guiaba; Leandro se ahogó; Hero, destrozada, se lanzó al mar desde la torre que guardaba sus encuentros. Cuando Aquiles partió en campaña hacia las islas y ciudades costeras de Troya, pidió permiso a los aqueos para llevar con él a Palamedes, el extraordinario guerrero; la campaña fue un éxito, se tomaron las ciudades y las hazañas de Palamedes corrieron de boca en boca, sobre todo el combate nocturno sostenido en Ábidos, donde ambos fueron heridos; aún cuando Aquiles se retiró, él continuó luchando y se hizo de la plaza antes de la media noche37. El veloz Pisandro y Areyo, que llegaron en auxilio de los troyanos, eran de Abidos. Fueron muertos por Odiseo38.
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Ovidio, Heroidas. XIX, Hero a Leandro, 95 y sigs.; y Publio Papinio Estacio, Silvas, libro I, 2, 87, p. 37. Ovidio, Heroidas. XIX, Hero a Leandro, 30 y sigs. Ovidio, Heroidas. XIX, Hero a Leandro, 25 y sigs.; y Marcial, Epigramas, I, 29 (25b), p. 101. Ovidio. Heroidas. XVIII, Leandro a Hero, 115 y sigs. Ovidio, El Arte de Amar, Libro II. P. 85. Ovidio, Heroidas, XIX, Hero a Leandro, 85 y sigs. Filóstrato, Heroico, 33. P. 118. Quinto de Esmirna, Posthomérica, libro II, 294 y s. P. 148.