ILUSTRES E ILUSTRADAS. ACADÉMICAS DE BELLAS ARTES (SS. XVIII-XIX)
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
ILUSTRES E ILUSTRADAS. ACADÉMICAS DE BELLAS ARTES (SS. XVIII-XIX)
MARIÁNGELES PÉREZ-MARTÍN
tirant humanidades Valencia, 2020
Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
Esta investigación ha sido realizada en el marco del proyecto I+D: Mujeres Artistas en España, 1804-1939 (HAR 2017-84399-P), financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (MINECO), la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).
© Mariángeles Pérez Martín
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-18155-74-1 MAQUETA: Innovatext Imagen de portada: A Lady Copying at a Drawing Table, ca. 1785, de Paul Sandby. Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/ empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A Fuensanta, que tan bien pintaba.
Siempre ha llamado mi atención la poca popularidad alcanzada por las mujeres que han sido famosas en el campo de la pintura. Y al hablar así me refiero, naturalmente, a lo que pudiéramos llamar «público en general», pues ya sé que el erudito o crítico de arte las conoce perfectamente. Es muy frecuente oír decir: ¿por qué las mujeres han brillado tan poco en las actividades artísticas? Y, sin embargo, nada menos cierto que esto. Muchas, muchísimas, ha habido que han conseguido brillar con luz propia en el mundo del arte, a pesar de haber desarrollado su actividad en un medio social adverso… En resumen, en todas las épocas y en todas las tendencias artísticas siempre ha habido una destacada representación femenina. Carmen G. Pérez Neu1
1
Pérez Neu, Carmen G., 1964, p. XIII.
Índice Agradecimientos.................................................................................................................. 13 1. INTRODUCCIÓN........................................................................................................ 17 2. EDUCACIÓN FEMENINA Y FORMACIÓN ARTÍSTICA ILUSTRADA..... 43 2.1. LA ENSEÑANZA ACADÉMICA DE LAS BELLAS ARTES..................... 47 2.2. LA EXPANSIÓN ACADÉMICA Y LOS PLANES DE ESTUDIO............ 53 3. ILUSTRES E ILUSTRADAS: ACADÉMICAS POR LA PINTURA.................. 67 3.1. DE «PINTORAS DE AFICIÓN» A LA JUNTA DE DAMAS..................... 91 3.2. DE PROFESIÓN PINTORA............................................................................ 107 4. «NOTICIA» DE LAS ACADÉMICAS DE BELLAS ARTES DE SAN CARLOS. 123 5. LA VISIBILIDAD FEMENINA EN LAS EXPOSICIONES DE BELLAS ARTES............................................................................................................................. 315 6. CONCLUSIONES......................................................................................................... 329 Bibliografía............................................................................................................................ 335 Fuentes impresas.................................................................................................................. 357 Anexo Tablas......................................................................................................................... 365
Agradecimientos Construir una narración académica como es la elaboración de una Tesis Doctoral obliga a recorrer previamente un camino de investigación rigurosa, de consulta directa de las fuentes y de confrontación con estudios y bibliografía adecuada al objeto científico que nos ocupa. Es obvio que cualquier recorrido investigador es asimismo un camino personal por el que navegamos a veces con un rumbo claro y otras dejándonos arrastrar por los acontecimientos, una travesía que muchas veces debemos recorrer en solitario, pero que, sin duda, nunca arribaría a buen puerto sin las personas que nos han acompañado en el proceso, un largo camino que en mi caso se ha desarrollado durante más de cinco años. Así pues, en estas pocas líneas quisiera dar las gracias a todas esas personas sin las cuales este texto nunca hubiera sido posible. Con permiso de mis directores a quien debería citar en primer lugar quiero recordar a una mujer que no podrá ya leer estas líneas, la profesora Xesqui Castañer, su feminismo activo, tanto en sus investigaciones como en sus clases, ha sido y será un ejemplo para todas aquellas que pretendemos construir una Historia del Arte completa, en la que las mujeres sean partícipes activas. A ella agradezco su apoyo a mi propuesta de beca predoctoral, pero, sobre todo, su abrazo, tras la lectura y calificación de mi TFM, es algo que nunca olvidaré y no puedo dejar de recordar aquí. Esta investigación se ha desarrollado con una Ayuda para la Formación del Profesorado Universitario del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que hubiera sido imposible disfrutar sin contar con el apoyo de mis dos directores, Rafael Gil Salinas y Felipe Jerez Moliner, a los que admiro en lo profesional y aprecio más aún en lo personal. De hecho, sin los consejos y continua comprensión del Dr. Felipe Jerez probablemente nunca hubiera iniciado esta investigación, ni hubiera tenido la confianza en lo que hacía durante estos más de diez años ya, desde que inicié mis estudios en Historia del Arte. Mi primera matrícula de honor se la debo a él, pero también otras muchas que no hubiera sido capaz de alcanzar sin la seguridad que imprimió en mí en momentos inciertos y sin sus críticas siempre constructivas que tanto aprecio, gracias de corazón. Me siento afortunada por ello y a él agradezco también mi relación con el Dr. Rafael Gil Salinas que comenzó un poco más tarde, pero cuyas cordiales recomendaciones durante estos años de investigación han sido imprescindibles. Su aliento y apoyo me ha permitido colaborar con un magnífico equipo de investigación, VALuART, a cuyos miembros agradezco su respaldo y favor, M.ª José López-Terrada, Mireia Ferrer, Ester Alba, mis dos directores. Un grupo humano comprometido con la
14
Agradecimientos
docencia y con la gestión universitaria, en ocasiones poco reconocida. Y especialmente quiero agradecer a Ester Alba su activo feminismo y generosidad al permitirme ser partícipe de una iniciativa emblemática, Relecturas. Indudablemente, este trabajo es deudor de otras muchas profesoras y profesores que me ayudaron a crecer académicamente y han sido fuente de inspiración en diversas fases de este recorrido, a todas y todos agradezco su ejemplo, es imposible reunir aquí todos sus nombres, pero no quisiera dejar de nombrar… Imposible no destacar las enseñanzas de quienes estimularon mi interés en la licenciatura y el máster, las catedráticas Mercedes Gómez-Ferrer, Cristina Vidal y Carmen Gracia, las profesoras Angels Martí, Yolanda Gil, y mis queridas Marisa Vázquez de Agredos y Áurea Ortiz. Y a algunos profesores clave en este devenir investigador, el profesor José Martín, cuya opinión sobre el primer capítulo de mi TFM tanto bien me hizo, y el catedrático Amadeo Serra que con generosa autoridad crítica zanjó mis incertidumbres para dedicarme a la investigación tras presidir el tribunal de mi TFM, una valoración que nunca agradeceré en su justa medida. Y, por último, a mi querido Francisco Gimeno, catedrático de infinita bondad y sabiduría que me mostró en un duro momento que lo importante no es llegar a Ítaca sino recorrer el camino, gracias. Estoy en deuda también con muchos de los profesores en Estudios Hispánicos Avanzados, Virginia González, Núria Girona, Jaume Peris, pero, sobre todo, con mi querido director de TFM, el Dr. Javier Lluch Prats que me brindó su apoyo en el proyecto de beca y a cuyos buenos consejos debo la excelente valoración del tribunal, un ensayo pendiente que espero retomar en breve. Además, durante este tiempo he tenido la fortuna de conocer a personas cuya amabilidad ha facilitado enormemente mi labor documental en archivos y bibliotecas, en especial el personal de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, sobre todo, a Esperanza Navarrete y sus orientaciones clave para desentrañar el archivo académico. También a la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia por permitirme la consulta, a pesar de las precarias condiciones por el traslado del archivo, sobre todo, a su anterior presidente Román de la Calle y a la actual archivera M.ª Carmen Zurriaga por su gran ayuda. Y, entre todas esas personas, a David Gimilio por facilitarme el acceso a los fondos de la colección depositados en el Museo de Bellas Artes de Valencia pues a pesar de la escasez de medios con que cuenta la institución siempre ha respondido cordialmente a mis peticiones colaborando con mi investigación. Asimismo, agradezco la tutela en mis estancias investigadoras a la Dra. Estrella de Diego, catedrática de Historia del Arte Contemporáneo de la Universidad Complutense de Madrid, así como, al Dr. Miguel Cabañas Bravo, Jefe del Departamento de Historia del Arte y Patrimonio del CSIC, que amablemente dieron apoyo y cobertura a mis indagaciones. A todas las personas del Departamento de Historia del Arte que han hecho de estos meses
Agradecimientos
15
una experiencia laboral maravillosa, al PAS y, sobre todo, a Isabel Barceló que tanto nos facilita las gestiones. Debo mostrar mi gratitud igualmente a todas mis alumnas y alumnos que tanto me han enseñado en las aulas y en mis tutorías múltiples durante estos dos años de experiencia y cuya actitud, interés y cariño ha hecho que me apasionara por la docencia, a la que ojalá pueda dedicarme algún día. Y, por supuesto, a todas mis fantásticas compañeras y compañeros de despacho, a Roser García, Ester Parpal, Carlos Navarro, Núria, Javier, Clara, Isabel... somos tantas, pero muy especialmente a mis becarios favoritos, Rubén Gregori y Pablo Sánchez, y a mi tándem, María Roca, una tríada cuyas bromas voy a echar tantísimo de menos. Es grato al volver la vista atrás recordar a todas las personas que acompañaron mi tránsito por las aulas y a quienes recuerdo como grandes amigas, algunas hoy compañeras, la entusiasta Floren Sánchez y nuestra crítica de arte actual, Pepa Mestre y las Joanes, Nacho Moreno y la fotografía, y a mis adorables filólogos Ángela Martínez y Mustapha Lamin, al café con Carlos Settier, que creció y ahora apasiona a sus alumnos, a mis queridos e irreverentes artistas Juan Zorrilla y Leo Gutiérrez, y a mi eterno compañero, hoy flamante director artístico, Borja Gil Santamaría, gracias. Nadie es quien es sin su familia y amistades, por eso agradezco a mis amigas Encarna y María su comprensión estos últimos meses, a mi amigo Quique, a mi hermano Luis y a mis dos familias de aquí y a la de allende los mares por su apoyo y cariño. Pero, sobre todo, quiero nombrar ahora a todas esas mujeres esenciales en mi vida, a mis ‘niñas’ del alma, Paula y Lucía, que serán lo que ellas quieran ser, a mi prima Beatriz, a mi hermana Cristina y a mi gran amiga Susana que tanto me ayudaron a crecer y, entre todas, a Emilia, que sacó adelante tres criaturas cuando no era fácil para una mujer ser autosuficiente, por tu tiempo y esfuerzo salvaguardando siempre la alegría, gracias mamá. Y, por último, a mis grandes amores por su impagable cálido aliento, a Marta, futura docente agitadora de mentes que tan bien conjuga activismo, firmeza y empatía, y Migue, cuyo entusiasmo, coraje y humor tanto admiro, gracias.
1. Introducción
No llamamos acontecimiento a cualquier cosa que pasa. El suceso no es un hecho, un dato histórico cualquiera. Entre tantas cosas que ocurren el historiador elige y destaca aquellas que le parecen significativas y dignas de ser relacionadas [...]. Elegir entraña en tal caso excluir lo que no parece haber sido un acontecimiento. Claudio Guillén(2)
Whitney Chadwick, precursora en la reivindicación del papel de las mujeres en la historia del arte, en su libro Mujer, arte y sociedad comienza señalando que, entre los miembros fundadores de la Real Academia británica, en 1768, hubo dos mujeres, Mary Moser y Angelica Kauffmann. Ambas, de reconocido prestigio, fueron integrantes activas del grupo de pintores que la constituyó; sin embargo, cuando se expuso la pintura de Johann Zoffany, Los académicos de la Royal Academy, 1771-1772, que plasmaba para la posteridad a los miembros de esa entidad fundada poco antes, ni Kauffmann ni Moser aparecían entre los artistas agrupados en torno a los modelos masculinos. A las mujeres les estaba vedada la práctica del dibujo del natural, por lo tanto, ellas no participaban del debate sobre arte que allí tenía lugar. Su presencia en la representación del mundo académico era incluida por Zoffany en forma de sendos bustos pintados de las dos mujeres colocados en lo alto de la pared; lo que las convertía en objetos de arte en lugar de productoras. Esa imagen deja patente el cometido marginal asignado a las mujeres artistas, sometidas a las tradiciones que les negaban el acceso a la educación y, con ello, al reconocimiento y a la visibilidad pública como creadoras(3). Ese mismo año 1768 se funda en Valencia la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. No se trató de un hecho aislado, sino que seguía una corriente europea, cuyo precedente en España fue la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En esos momentos de formación del academicismo la presencia de mujeres entre sus miembros fue un hecho. En Valencia cuarenta mujeres obtuvieron el título académico desde su constitución hasta mediados del siglo XIX. Mientras en Madrid
2 3
Citado en Pozuelo, José María, 2006, p. 24. Chadwick, Whitney, 1992, p. 7.
18
Mariángeles Pérez-Martín
fueron sesenta las que entraron a formar parte de la corporación desde su fundación hasta finales del siglo XIX. Aunque en menor número, en Zaragoza, Cádiz, Valladolid y otras provincias hubo pintoras y académicas. Según reflejan los inventarios sus obras colgaban de las paredes de la sede institucional junto a las de artistas de gran renombre como Goya o Vicente López. Sin embargo, de ellas apenas conocemos su nombre y la fecha de su diploma. La mayoría de sus obras se ha perdido y su escasa presencia en historias del arte y enciclopedias apenas aporta algún dato, salvo la clasificación genérica de «pintoras de afición», mientras se señala que fue su condición social o linaje lo que determinó su ingreso. Así pues, para revisar las consideraciones metodológicas acerca de la Historia del Arte y las mujeres es necesario «preguntar al silencio y, en el peor de los casos, entender que tanto la participación como la exclusión son formas explícitas, abiertas al análisis y la reflexión»(4). Al razonar sobre cómo la visión feminista ha sido una de las perspectivas que más ha contribuido a ofrecer nuevos modelos de interpretación de la Historia del Arte, somos conscientes que construir una historia de mujeres artistas no es hacer un inventario de autoras ausentes que incorporar al discurso oficial, sino que debemos desarticular los discursos mismos de la disciplina, pues el canon vigente difícilmente puede incluir a las mujeres como sujetos creadores. La revisión nos muestra cómo se juzgaron excepcionales las obras femeninas en función de su sexo, y cómo esa diferencia sexual fue una base común de evaluación estética. Una situación que se plasmó en el siglo XVIII a través de la «discreta participación de las mujeres en el seno de las academias de Bellas Artes»(5). En ese ámbito se hicieron visibles las desigualdades en la formación respecto a los varones, también los modos que debieron adoptar las mujeres para visibilizar sus creaciones. Y esa educación impuesta les vinculaba con géneros pictóricos más adecuados a su feminidad. Esta investigación trata de esclarecer cómo fue esa participación femenina en el mundo académico y las circunstancias específicas que, como mujeres, determinaron su quehacer artístico. Indagamos en las biografías de las pintoras que ingresaron en la Academia de San Carlos, poniendo en espejo a la institución «madre», la Academia de San Fernando, con el fin de establecer vínculos y comparaciones entre centro y periferia. Retomaremos el espíritu positivista de los pioneros historiadores del siglo XIX para reunir la información y añadir lo que, intencionadamente o no, por su mentalidad obvió aquella generación, y que la historiografía posterior no ha rescatado. Volvemos a los archivos, nos fijamos en los anónimos de los museos, en los escritos de sus contemporáneos y en las publicaciones periódicas del momento… Cuando la disciplina histórico-artística
4 5
Ulierte, Luz de, 1996, p. 37. Molina, Álvaro, 2012, p. 80.
Introducción
19
supera ya los cien años, bajo la premisa ineludible del enfoque de género, es hora de completar el registro. El objetivo final de un estudio de género es construir una Historia del Arte «con» mujeres, pero para ello es imprescindible rescatarlas del olvido escribiendo primero una Historia «de» mujeres. Contribuiremos así a narrar la verdadera Historia, en la que no sea necesaria la excepción. Nos proponemos reivindicar a estas mujeres pioneras en la obtención de los títulos académicos, diferenciando sus personalidades, porque singularizarlas permitirá comprender mejor su papel en el mundo del arte. En cualquier caso, su inclusión en el discurso histórico nos ayuda a componer el panorama social y concluir cuáles fueron los condicionantes que dieron origen y auge a las academias. Los principios académicos fueron determinantes en la formación del gusto de la época, en la enseñanza de las bellas artes y en el valor asignado a la creación artística en los últimos siglos. Una configuración académica, en suma, en la que está el origen mismo de la Historia del Arte. El marco cronológico establecido para este estudio engloba el primer periodo académico y el «largo siglo XIX»(6). Aunque en la década de los cuarenta cesan los nombramientos de mujeres debido al cambio de Estatutos en las academias, durante la segunda mitad de siglo surgen unos nuevos espacios de visibilidad artística, las exposiciones nacionales, en las que también hubo una gran participación femenina. Las fechas extremas de los títulos académicos de mujeres en Valencia los conforman el ingreso de Micaela Ferrer en 1773 como académica supernumeraria y la admisión de Josefa García en 1841 con el título de académica de mérito. Nos centraremos en estudiar sus biografías y su devenir artístico. En el caso madrileño con el que contrastaremos lo sucedido, el límite temporal de esos títulos fue el año 1752, cuando se otorgó a Bárbara María Hueva el título de académica supernumeraria, y 1840, año en el que Rosario Weiss accedió al de académica de mérito, si bien, María Alejandrina Anselma Gessler en 1891 fue nombrada correspondiente de San Fernando en París. Aunque el estudio se centra en el caso valenciano en contraste con el de Madrid, las fechas en Zaragoza son similares, fueron diecisiete las nombradas entre 1793, cuando Mariana Jordán de Urríes Pignatelli lo fue de honor, hasta 1850 que obtuvo Felipa Íñigo y Sardaña el de mérito. En Valladolid fue 1786 cuando Josefa Pimentel lo fue de honor y 1829, con el de mérito de María González. En Cádiz fueron cuatro académicas, dos de mérito en 1847 y otras dos supernumerarias en 1872. Por economía del lenguaje, hemos optado en el texto por referirnos a la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, y a la Real Academia de Bellas Artes de San
6
Denominación acuñada por el historiador británico Eric Hobsbawn que comprende el periodo iniciado con la Revolución Francesa, 1789, y concluye con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914.
20
Mariángeles Pérez-Martín
Fernando de Madrid, con las denominaciones más breves de Academia de San Carlos y Academia de San Fernando, que eran las utilizadas por los secretarios en las actas de la época. Con el fin de dar el espacio suficiente en las páginas de esta Tesis Doctoral a las biografías de las auténticas protagonistas del estudio, hemos desestimado hacer una introducción del contexto socio-político y filosófico, que, por supuesto, es trascendente en cualquier época y de extraordinaria influencia tras la Ilustración. Pero su complejidad precisa de unas reflexiones que limitaría la escritura de aspectos particulares que consideramos esenciales, son precisamente esos pequeños detalles los que nos permitirán delinear las historias de vida de unas mujeres que no han merecido la atención historiográfica hasta el momento. Encontrar los datos requiere rastrear concienzudamente en el archivo pues en la «historia política» raramente son visibles las mujeres. Por esa razón, intentamos poner en valor sus voces, escuchar sus propias palabras en torno a sus intereses. La misma razón de economía espacio-temporal nos obliga a prescindir del preámbulo artístico que en este largo siglo fue igualmente complejo y que está plagado de nombres todavía muy difusos. Por ello, lo insertaremos a través de pequeñas pinceladas en función de los referentes estilísticos que observamos en cada autora, sin ser determinante en el planteamiento de esta investigación que no busca recuperar «genios olvidados», sino valorar en su justa medida en qué consistió el papel de estas mujeres en las academias y, en cualquier caso intentar determinar quiénes eran, qué les llevó a solicitar sus títulos, a dedicarse al dibujo con mayor o menor afán y cómo se relacionaron con los académicos y con el funcionamiento en general de las instituciones. Nuestro objetivo es reconstruir cómo discurrió una época en la que la enseñanza artística se convirtió en una cuestión política y social, una narración que incluya los perfiles de esas mujeres académicas que poblaron el paisaje de la historia, que analice las relaciones que estas tenían con el poder, será más próxima a la realidad del devenir de las academias y del arte en el siglo XIX. Dividimos para ello la exposición de nuestro estudio en cinco apartados que se inician con la presente introducción donde concretamos los objetivos de la investigación y analizamos el estado de la cuestión, asimismo, perfilamos la metodología con la que abordar el tema de estudio que nos ocupa y las fuentes en las que nos basamos para formular nuestra tesis. El segundo apartado se centra en recordar las líneas básicas de la educación femenina en ese periodo ilustrado, deteniéndonos en evocar cómo surgieron las academias de bellas artes en España, su funcionamiento y la evolución de los planes de estudio, así como la expansión de las instituciones por todo el territorio nacional. La aportación principal la formulamos en los capítulos tercero y cuarto, en ellos nos centramos en las mujeres protagonistas del estudio, las ilustres e ilustradas aca-