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POLÍTICAS PÚBLICAS DE ATENCIÓN SOCIAL A LA MATERNIDAD UNA VISIÓN TRAnSVERSAL

(Coordinadora)

Ruth Abril Stoffels (Coordinadora técnica)

Elena Juaristi Besalduch (Autores)

Ruth Abril Stoffels Patricia Bonetalli Marisa Carrasquer Clari Aquilino Cayuela Cayuela Milena Costas Trascasas Joris Ghysels Cecilia Lacarra Bayón Alessandra Lang Sara Marqués Saurí Manuel Martínez Sospedra José María Mira de Orduña Susana Sanz Caballero Vicenta Tasa Fuster Ainoa Uribe Otalora Ina Wenz Elena Juaristi Besalduch

Valencia, 2011


Copyright ® 2011 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© RUTH ABRIL STOFFELS

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es I.S.B.N.: 978-84-9004-262-5 MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


índice 0. Presentación..........................................................................

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1. la configuración de la vida familiar y la maternidad en la cultura de la modernidad........ Aquilino Cayuela Cayuela

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2. el libre acceso a la maternidad en condiciones reales y efectivas..................................................... José María Mira de Orduña Gil

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3. notas sobre aborto y protección de la maternidad............................................................................................ Manuel Martínez Sospedra

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4. políticas públicas de atención social a la maternidad: la contribución del tribunal de justicia de la unión europea...................................... Susana Sanz Caballero 5. el comité económico y social europeo y la protección de la maternidad..................................... Ruth Abril Stoffels 6. reflexiones entorno a la propuesta de modificación de la directiva 92/85/cee del consejo, relativa a la aplicación de medidas para promover la mejora de la seguridad y de la salud en el trabajo de la trabajadora embarazada, que haya dado a luz o en período de lactancia.................................................................................. Sara Marqués Saurí 7. estudio comparado de las políticas públicas en españa en el ámbito de la protección y promoción de la maternidad: el estado y las comunidades autónomas................................................ Vicenta Tasa Fuster y Ainhoa Uribe Otalora 8. protección jurídico laboral a la maternidad y primer año y propuestas de mejora................... Cecilia Lacarra Bayón

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ÍNDICE

9. medidas fiscales de protección de la maternidad en la comunidad valenciana......................... Marisa Carrasquer Clari

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10. la protección de la maternidad en bélgica.... Joris Ghysels

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11. la protección de la maternidad en italia......... Alessandra Lang

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12. la protección de la maternidad y la conciliación de la vida familiar y laboral en alemania.................................................................................................. Ina Wenz 13. CONCLUSIONES......................................................................... Ruth Abril Stoffels y Elena Juaristi Besalduch

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Presentación La Ley 6/2009 de 30 de junio, de la Generalitat Valenciana de Protección de la Maternidad es pionera en el marco de la protección de la familia, a través del amparo a la mujer embarazada y de aquella de la que dependen niños y niñas de corta edad. Esta ley nace de una iniciativa popular que reunió más de 80.000 firmas y es complementaria a otra serie de medidas que se incluyen dentro del Programa + Vida y que tiene, similares objetivos a los de esta ley. Esta norma se marca como principal objetivo el de “Evitar el desamparo social que a veces sufre la mujer embarazada y la creación de una red que de más cobertura y apoyo a estas mujeres, en especial, a las que se encuentran en riesgo de exclusión sociolaboral”. En el marco de la elaboración y aprobación de esta norma, así como en el del diseño de sus medidas de desarrollo, hemos confeccionado este informe que intenta ser un acercamiento a las políticas de protección de la maternidad desde distintas perspectivas y pretende servir de instrumento de reflexión para las autoridades públicas, los partidos políticos y actores sociales sobre los retos y las oportunidades que esta cuestión plantea de cara al futuro. La primera parte de este informe incluye tres estudios que reflexionan desde una perspectiva ética, filosófica y constitucional sobre el papel y tratamiento de la maternidad en la actualidad. Esta parte es especialmente interesante de cara a la fundamentación de cualquier medida o política de maternidad. La segunda parte incluye otros tantos estudios sobre la forma en que esta cuestión es tratada en la Unión Europea a nivel jurisprudencial, político y de lege ferenda. Esta parte es bastante atractiva al ofrecer un panorama sobre la dirección hacia la que vamos en nuestro entorno cercano, así como para conocer los mínimos sobre los que hay consenso a nivel europeo y que por lo tanto, los que deben servir de base a las autoridades y los políticos europeos cuando tratan estas cuestiones. La tercera parte analiza la cuestión desde la perspectiva del derecho interno a varios niveles. Por un lado, se centra en las medidas existentes en el derecho laboral que están especialmente vinculadas a uno de los obstáculos a los que se enfrenta la familia y la mujer


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presentación

en el momento de la maternidad. Igualmente, analiza las medidas existentes en el campo fiscal, un instrumento privilegiado de acción política del que disponen los poderes públicos a todos los niveles. En ambos casos se hacen propuestas de mejora y se señalan las deficiencias existentes. Por último se hace un análisis comparativo de las medidas de protección de la maternidad en distintas Comunidades Autónomas, buscando elementos comunes, puntos de divergencia y medidas audaces que puedan servir de guía a otros actores socio-políticos. La última parte ofrece un breve análisis de políticas de promoción y protección de la maternidad en algunos países de nuestro entorno, en concreto en Alemania, Bélgica e Italia, destacándose los elementos comunes a nuestro sistema y las iniciativas interesantes y de posible implantación en España. Del análisis de todos estos estudios se extraen unas consecuencias globales, esto es, elementos que son comunes en todos los textos y consecuencias sectoriales, que afectan a cada uno de las cuestiones analizadas, pero que sólo pueden ser adecuadamente comprendidas si se analizan en su globalidad. Debo concluir estas líneas agradeciendo, por un lado, a la Dirección General de la Familia por el apoyo y ayuda prestada, así como por las interesantes sugerencias y cuestiones que nos han planteado a lo largo de la elaboración de este texto y que han intentado ser recogidas en el mismo; por otro lado, a los miembros del equipo de investigación por su dedicación, paciencia y entrega en la elaboración de este informe y a Elena Juaristi y a Mari Carmen Andrés, por su apoyo en la parte técnica y administrativa. Finalmente debo agradecer a las autoridades de la Universidad CEU Cardenal Herrera y de la Fundación San Pablo CEU por el apoyo directo e indirecto que han dado a la elaboración de este informe. Ruth Abril Stoffels 15 de octubre de 2009


La configuración de la vida familiar y la maternidad en la cultura de la modernidad Aquilino Cayuela I. PARENTESCO Y MATERNIDAD: EL APORTE DE LAS CIENCIAS SOCIALES. II. EL AMOR Y LA MATERNIDAD EN LA CULTURA MODERNA. III. LA QUIEBRA DE LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL. IV. ANTROPOLOGÍA Y ÉTICA DE LA MATERNIDAD. V. PROBLEMAS ÉTICOS ACTUALES EN EL MARCO DE LA TRADICIÓN MORAL OCCIDENTAL. VI. MATERNIDAD Y FUTURO.

I. Parentesco y maternidad: el aporte de las ciencias sociales Desde la tradición cristiana hasta nuestros días se concibe el matrimonio como la más alta forma de amor humano y corporal. En estos últimos tiempos la cuestión del amor humano, alejada de la filosofía por el pensamiento moderno y remitida a la brillante literatura, poesía y novelística, de estos cuatro últimos siglos y a la positividad de nuevas ciencias como la psicología, vuelve a recuperarse como tema a reflexionar por el pensamiento, particularmente en la filosofía moral y política contemporánea. Para iniciar la cuestión partiré de la aportación que hace M. Walzer cuando se plantea si las relaciones de parentesco y amor conforman una esfera exigible de justicia . También adoptaré algunas perspectivas de Ch. Taylor cuando plantea la revalorización de la vida corriente para designar esos “aspectos de la vida humana que conciernen a la producción y la reproducción, es decir, el trabajo y

Pensamos en Shakespeare, Gutierrez Cetina, Ch. De Laclos, Abate Prévost, Sthendal, Byron, Keats, Goethe, Benjamin Constant, Flaubert, Tolstói, Clarín, Proust, Moravia, Kundera, y una larga lista que podríamos continuar citando. En Walzer, M., Esferas de la justicia, FCE, México, D. F., 1993, (ver pp. 238253). Es una obra publicada en 1983, relevante dentro del debate ético y político actual.


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la manufactura de las cosas necesarias para la vida, y nuestra vida como seres sexuales, incluyendo en ello el matrimonio y la familia ”. Estas cuestiones se refieren a la denominada “vida corriente”, o como prefiero designar, a la vida cotidiana. Desde los periodos clásicos y el occidente cristiano hasta el presente, aunque en definitiva hombres y mujeres seguimos siendo los mismos y con semejantes inquietudes , han variado sustancialmente las costumbres en cuanto a las relaciones de amor sobre todo en estos últimos treinta años, a partir de la “revolución sexual”, el movimiento feminista, la píldora anticonceptiva, etc. Estos cambios recientes y la mentalidad moderna parece que sitúan las relaciones afectivas y sexuales más allá de la ética y de la justicia, en cuanto que se recluye a la privacidad individual de cada uno, donde no caben juicios morales universales ni ningún tipo de intromisión ni orientación por parte de la esfera social y política, la cual ha de abstenerse en proponer al respecto ninguna “idea comprehensiva de bien”, sólo debe garantizar legislaciones que garanticen la neutralidad y la libre opción de los individuos en lo afectivo y sexual.

II. AMOR Y MATERNIDAD EN LA CULTURA MODERNA El amor se puede considerar la realidad más fundamental de la vida de la persona, aunque a primera vista resulte ambiguo y débil, posiblemente por escapar a la epistemología moderna, por quedar más allá de las ciencias empíricas y de las ciencias humanas, por ser más un elemento nouménico que fenoménico, pero lo cierto es que el amor es “hecho del mundo”, es también fenómeno. Su morfología es diversa y múltiple, no unívoca, y siendo cognoscible por la razón se sitúa en el ámbito más espiritual de la persona. Desde una posición racionalista es más fácil hacerlo asunto y trasunto de la literatura y enviarlo a “esos mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón” de los que decía ocuparse Antonio Machado. Sin embargo

En Taylor, Ch., Fuentes del yo, pp. 227-249. Prueba de ello lo encontramos en la literatura, por ejemplo, salvando planteamientos encontramos el reflejo de parecidas inquietudes respecto a la cuestión de que nos ocupamos en El libro del buen amor de Juan Ruiz y en La insoportable levedad del ser de Kundera.


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desde una posición más fenomenológica, existencialista y personalista, y desde una recuperación realista, es netamente cognoscible desde la razón: nuestras experiencias, nuestro humano conocer depende en una importante medida de experiencias de amor. Desde nuestras primeras experiencias vitales: el venir a la existencia fruto de una relación de amor, o cuanto menos sexual, entre dos personas distintas de nosotros mismos; el amor y el cuidado de nuestros padres; la vida familiar; la educación y el ámbito de la escuela. Luego, tras la familia y la escuela las relaciones sociales e interpersonales que se van amplificando y modificando, que se complejizan con la inclusión de la sexualidad y la búsqueda del afecto y el amor al margen del entorno familiar; se conforma un gran mundo de conocimiento que al tiempo acompaña y condiciona nuestro “otro conocimiento”, nuestro aprendizaje, nuestra “impura razón ”, o como pretendía Kant “razón pura”. Este primer mundo es irreductible por mucho que quiera la sociología o psicología y más acá de la literatura es un mundo cognoscible y racional, es la concreta y cotidiana realidad. Walzer plantea que el ámbito del amor, el parentesco y las relaciones sexuales a primera vista parece que se sitúan más allá del alcance de una justicia distributiva aunque ciertamente se relacionen con esferas claramente distributivas, como pueden ser la economía o la educación. Se plantea entonces si el amor y la familia forman una esfera de justicia en sí misma. Encuentra que dentro de la familia se dan importantes distribuciones: Sean de carácter económico como herencias, dotes, donaciones; sean ordenamientos morales como “honrar a los padres”; sean prohibiciones culturales como el incesto, etc. Lo cierto es que el amor, el matrimonio y la familia están regulados. Hoy día podemos hablar de una crisis de la familia respecto a otras épocas en que ha gozado de fuerza e importancia social e incluso política: la familia es una esfera de relaciones humanas especial,

La “razón pura” propia de la filosofía trascendental ya la “razón impura” propia de la hermeneútica, es la razón experiencial e histórica. Ver en Conill, J., El enigma del animal fantástico, pp. 123-133. Michael Walze, Las esferas de la justicia. Una defensa del pluralismo y la igualdad, FCE, México D. F., 1993. Ver especialmente: Parentesco y amor, pp. 238-253.


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es el primer lugar de socialización. Los derechos y deberes se inician dentro de la propia familia, al tiempo dentro de ella encontramos también pequeñas desigualdades y mezquindades, como pueda ser el favoritismo. Para mi generación, al menos en mi entorno de experiencia, ha sido así, ha tenido importancia capital en la construcción de la identidad personal, los proyectos de nuestros padres sobre nosotros se han interiorizado como metas relevantes en nuestra propia realización. Como educador, he verificado la capitalidad del entorno familiar en el equilibrio emocional y racional de mis alumnos adolescentes. Sin embargo hay un “algo” en la cultura que nos domina, una fuerza ciega o quizás calculada, que pretende disolver y aniquilar esta realidad familiar. En el siglo XX ha habido intentos de abolir la familia sobre la base de alcanzar un igualitarismo radical al modo de la obra de Orwell “1984”, aboliendo el parentesco para alcanzar un altruismo preceptivo universal donde desaparezcan ligazones especiales, eliminando así toda desigualdad en el amor. Fuera de la ficción esto se ha pretendido en la práctica en regímenes totalitarios de inspiración comunista como el de los “Jémeres Rojos” en Camboya. Y se debe indicar que, en el marxismo, por influencia sobre todo de Engels, la familia se ve en estrecha relación a la economía, hasta el punto que puede disolverla, por ello propone el comunismo como punto final a la familia burguesa. Engels describe una familia trabajadora en la vida de una fábrica de Manchester en 1844, relata la miseria y catástrofe moral de las familias en las fábricas de la época, en una situación económica que acaba destruyendo las estructuras de amor, mutualidad y socialización. Así, Marx y Engels reducen la familia únicamente a su relación con la economía: “es mera relación de dinero”, sin tener en cuenta que en sí misma la familia tiene un gran poder y capacidad de recuperación y de socorro a sus miembros, aun en las peores situaciones como Max Weber , por su parte, mostró con su análisis sobre la reforma protestante y su revalorización de la “vida profana”, donde

Engels, F., Marx, K., El origen de la familia, Ed. Fundamentos, Madrid, 1977. Weber, M., La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Península, Madrid, 1969.


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la familia y el trabajo son “lugar central para la realización de los designios de Dios”, originando una transformación de la economía . El origen de la familia, que es el matrimonio, ha sufrido una sustancial variación desde el pasado siglo a éste: Si antes el matrimonio suponía intercambio y alianza entre familias, el amor romántico del siglo XIX trajo consigo una revolución: una “reubicación del amor” donde “hombre y mujer igualmente libres se escogen entre sí escapando de la tiranía de los padres que frustran los proyectos de los hijos”. La nueva ubicación es la libertad individual para amar y casarse con quién y cómo le plazca a uno. Pero esta libertad conquistada requería de un espacio social que desde la modernidad lo proporcionaba el baile cívico que ha desempañado un importante papel dentro de la vida romántica de los jóvenes, bajo la atenta mirada de sus mayores. Dicho baile hoy se actualiza en las fiestas de instituto y universitarias que se celebran al comienzo de los cursos académicos, aunque ya no es un marco relevante. Desde la “revolución romántica” el ámbito del amor se concreta en dos tipos de relaciones altamente significativas, en la vida cotidiana, además de la familia: la amistad, los buenos o mejores amigos de uno, y el enamoramiento, noviazgo o toda aquella denominación que acaba en matrimonio o en otro tipo de unión estable o con pretensiones de serlo, con la consiguiente constitución de una nueva situación familiar. La amistad es para grandes clásicos de la “tradición central de occidente” como Aristóteles y Tomás de Aquino la más alta forma de amor, precisamente por el carácter de libertad que conlleva, por esto para Santo Tomás el matrimonio está llamado a ser “amistad máxima”. El enamoramiento, por supuesto conlleva amistad y tiene vocación de ser “amistad máxima”, pero dicho amor es peculiar. No vamos a entrar en una “ontología del amor” pero sí en una breve descripción del estado de las “relaciones de amor” como “bienes corporales” a partir de la reubicación del mismo en éste último tiempo: A finales del siglo XVIII comienza a producirse una idealización del matrimonio como ideal de compañerismo y amistad. El matrimonio comienza a definirse desde el compromiso emocional y personal de los contrayentes y progresivamente transita de ser “un asunto de familia” a ser “un asunto de pareja”, pero no por ello pierde signifi

Taylor, Ch., Op. cit., pp. 227-234. Cf. Weber, M.,. op. cit.


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cación la noción de familia sino por el contrario alcanzar un mayor valoración desde su sentido sentimental: es esa idea de “aspiración al hogar” que atraviesa la mayor parte de la novelas de Dickens. Ciertamente en el periodo moderno se produce un importante desarrollo de la privacidad humana, no solo por una reafirmación de la vida corriente, sino por cuestiones más prosaicas como puedan ser la distribución de las viviendas que desde el siglo XVII cuentan con espacios privados para los cónyuges que les liberan de la mirada constante de hijos y criados. Son estos dos aspectos: El situar la razón de ser del matrimonio en la afinidad electiva y la privacidad en el hogar, las causas que para Taylor propician una revolución sentimental en este periodo10: Los sentimientos de amor, cariño y afecto comienzan a ocupar un lugar importante en la moralidad y la cultura. Esto no quiere decir que antes no estuviesen presente o que no tuvieran importancia en los hombres anteriores a los finales del siglo XVIII, sino que a partir de estas fechas estos sentimientos cobran relevancia y significado cultural, son expresados y estimados con fuerza por la generalidad de la gente y se convierten en asunto principal para la literatura y el arte. Aparece una nueva sensibilidad que aprecia el sentimiento, de modo relevante, y claramente orientado a la formación de una familia: a ser madre, padre y todo lo que entraña formar un hogar estable. En Francia y en el ámbito anglosajón desde inicios del XIX, el matrimonio y su extensión en los hijos se idealiza como un refugio de afecto y cuidado. Una comunidad de amor y convivencia donde la crianza y educación de los hijos es de crucial importancia, al igual que la honra y obediencia de los hijos hacia sus padres. La familia y el hogar simbolizan el refugio en medio de un mundo desalmado y difícil. Los sentimientos familiares son los más perdurables y valiosos, y el hogar el cálido y seguro refugio mientras fuera la ventisca y la nieve azotan con fuerza11. La familia nuclear es el principal elemento configurador de la identidad y la estabilidad emocional mediante la transmisión de la virtudes domésticas, es una imagen que perdura

Taylor, Ch., Fuentes del Yo. La construcción de la identidad Moderna, Paidós, Barcelona, 1996, pp. 303-312. 11 Una imagen representativa de la valoración cultural del hogar que encontramos en las novelas sentimentales de Louis Mary Ascott o las hermanas Emili y Charlotte Brönte. 10


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hasta hoy y que, a mi juicio, se corresponde con la realidad. Este lugar seguro es el contrapunto de un mundo externo tumultuoso y hostil. Culturalmente la familia nuclear asume el papel de estructura básica y fundante de la civilización y sociedad moderna occidental. La cultura de la modernidad sitúa así, el amor sentimental y la familia, como los lugares centrales de la realización de la vida humana: El sentimiento adquiere una relevancia moral, es la clave del bien humano, la columna vertebral de la vida buena. Los sentimientos paterno filiales, el enamoramiento, el amor, la fidelidad conyugal y los más abstractos sentimientos morales de benevolencia hacia el prójimo, por extensión del clima familiar, son muy fuertemente valorados y serán exaltados extremadamente por la vertiente central del romanticismo. Es claro el respeto reverencial del joven Werter hacia el matrimonio de Carlota en la obra de Goethe. La exaltación del sentimiento y el culto a la sensibilidad12 será la característica del XIX dentro del romanticismo y fuera de él. La literatura del XIX representa una amplia muestra y muy a menudo narrada a través de la carencia de esa “imagen del hogar” que se exalta muy reiteradamente en las novelas de Dickens (Oliver Twis, David Cooperfield, Esther Sommerson) los principales protagonistas de sus obras son huérfanos en busca de constituir un hogar.

III. LA QUIEBRA DE LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL Paralelamente a este hecho, la misma exaltación del sentimiento produce otro fenómeno: La liberación del romanticismo supone en su momento un avance en las relaciones interpersonales de amor13 y parece que desde este momento el amor romántico se convierte en un claro ámbito de la libertad y autonomía individual. En la actualidad se vive así, pero si bien se nos ha liberado de la coerción heterónoma paterna y familiar, existen, sin embargo, otras fuentes de heteronomía e imposición, éstas no externas y por tanto más difíciles de salvar. La primera de ellas es el hecho psicológico y moral de

El Werther de Goethe será el paradigma de este culto: el joven melancólico que lleva su sensibilidad de enamorado al extremo 13 Una temática que tiene precedentes importantes en el teatro del Siglo de Oro español. 12


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que como decían los clásicos: “Las pasiones ofuscan los sentidos”. En segundo lugar, lo que podríamos denominar “la situación”, es decir, condicionantes externos e históricos de la vida personal del sujeto que afectan a sus elecciones morales. Un ejemplo de ello lo podemos ver en la obra “Retrato de una Dama” de Henry James: La señorita Archer rechaza inmejorables proposiciones amorosas sobre la base de su autonomía y libertad individual, como buena dama moderna y posromántica, y por disponer además de una cuantiosa fortuna recientemente heredada que le proporciona unas magníficas condiciones de posibilidad a su pretendida ansia de libertad, de conocer mundo y experiencias. A pesar de todo ello distintos condicionantes la arrastran a caer en la tela de araña del decadente Osmond con quien acaba desposándose. Es la misma pretendida libertad y autonomía quien la precipita a los brazos de Osmond y al fracaso en el amor. El relato refleja muy bien el hecho de que el amor escapa a toda determinación, es, como indica M. C. Nussbaum, frágil, sometido a los avatares de la fortuna. El periodo romántico reflejó, además, cómo la libertad de amar se torna en tragedia, sea en su origen, como el joven Goethe lo describió magistralmente en “Wherter”, sea en su despliegue, como la Margarita de Alejandro Dumas, hijo, en “La Dama de las Camelias”. La tragedia no solo acompaña la obra sino la vida del romántico como el paradigmático y trágico fin de nuestro Larra. Más allá, la exaltación de la pasión romántica se empieza a situar en lo extramatrimonial, concretamente en el adulterio como paradigma: La Madame Bovari de Flaubert, la Ana Karenina de Tolstoi y nuestra Regenta, de Clarín, serán sus máximos exponentes. Los románticos a su manera se rebelaron a la modernidad indicando cómo el amor y su lenguaje escapaban a la determinación del conocimiento y la ciencia de los modernos, luego Nietzsche a su manera supo responder desde una parecida pero mucho más sugestiva e hiriente línea de pensamiento. También las nuevas ciencias sociales han querido reconducir estos aspectos de la experiencia humana a la determinación, pero poco han logrado; el amor humano (eros) sigue siendo un hecho frágil, inesperado e inexplicable y de entre las relaciones humanas, es aquella que alterna mayor grado de enigma y debilidad. Más de un siglo después del romanticismo su concepción del amor sigue siendo la más vigente y plausible, es más, es la más extendida


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en occidente y además en una versión fuerte: liberal e individualista donde el contenido del amor es máxima expresión de la libertad individual del sujeto, de su sentir y querer, en un momento histórico dominado por el emotivismo14. Agudamente indica Walzer que en la era posromántica, la extensión del affair al plano de la práctica amorosa, fruto de la absolutización de la libertad pasional y privada del individuo-átomo, “sitúa el amor al mismo nivel que el mercado y las mercancías convirtiendo su distribución en una situación precaria e inestable. Ha provocado una importante caída de la paternidad y maternidad y en última instancia decaerá en una situación donde hombres y mujeres “serán incapaces del más mínimo compromiso, incluido el mínimo grado de compromiso que exige el affair. Como afirma Walzer “la vida no se concibe en última instancia como un affair”, la vida supone en sí misma algo más serio. En la vida corriente contemporánea el affair se da y aumenta de forma progresiva, existe una extendida falta de compromiso, un “horror al compromiso” fruto del dominante relativismo moral en la vida y la historia privada y particular de los individuos, éste dato aumenta progresivamente en las generaciones más jóvenes. La generación anterior a la nuestra, la de aquellos jóvenes de los 70 que participaron activamente en la lucha por la democratización de España mantuvo un alto nivel de compromiso, sobre todo político. Este compromiso decayó en la generación posterior, la de los 80, la de aquellos que nos hemos criado y crecido en la modernización, democratización y liberalización de este país, esa generación que se nos denomina “los hijos de la libertad”, o “de la democracia”, popularmente y que se expresó en la música, el cine, la pintura y el cómic, como “La Movida”. Los temas y argumentos de esta generación se basan en una iniciación a la vida, un cruzar “la línea de sombra”15 Para A. MacIntyre es “la doctrina según la cual los juicios morales no son más que expresiones de preferencia, de actitudes, o de sentimientos”. Indicamos esto porque la concepción actual del amor tiene mucho que ver con esta concepción moral que se caracteriza por: Intuicionismo; utilitarismoconsecuencialismo y sensulismo-esteticismo, este último aspecto indica que los goces afectivos y estéticos suponen los mayores bienes imaginables. Ver MacIntyre, A., Tras la virtud, Crítica, Barcelona, 1987 (2000), (en las pp. 13-55). 15 Hacemos referencia a la obra de Joseph Conrad La línea de sombra que trata de la experiencia del autor cuando siendo adolescente se vio ante la responsabilidad de gobernar como un barco, lo que supuso el tránsito de la 14


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desde la radical libertad sexual, la búsqueda de identidad afectiva y sexual, las drogas y el alcohol, los desengaños amorosos y la autenticidad creativa y desvinculada16. Esta generación tiene elementos sumamente peculiares y pioneros: Fueron los primeros en partir de una liberalización histórica lograda en parte por sus hermanos mayores, en percibir al mismo tiempo la caída de las grandes ideologías del siglo, los primeros que desde pequeños vieron la televisión, en disfrutar de un estado de cierto y creciente bienestar. No tenían causas por las que luchar, su herencia era la libertad, incluso partían de una liberalización en las relaciones sexuales sin haberlo reivindicado. Recibían también, particularmente las mujeres, la igualdad respecto a los hombres, una igualdad asumida por sus congéneres varones. Son además los primeros en vivir la libertad en el amor y la libertad de unión de una manera generalizada. ¿Cómo ha entendido, vivido y experimentado el amor, ésta peculiar generación?17 Desde luego, como toda persona humana desde que existe sobre la tierra, igual que lo expresan los relatos bíblicos, mitológicos, Homero, Cervantes, Shakespeare y toda la literatura y el arte desde sus expresiones más primigenias, incluso lo mismo que lo hicieron sus padres y sus abuelos. La gran diferencia está, no en los contenidos, sino en las formas que espectacularmente varían solo en la distancia generacional de padres a hijos, en éste aspecto se ha dado una verdadera “transvaloración”: Si en la generación de los padres, ya posromántica, el compromiso y la fidelidad eran “valores contenido” del mismo acto humano de amar, si el sacrificio y la entrega eran contemplados dentro de su concepción del amor como expresión relevante y significativa del mismo, para los hijos es la intensidad emocional, la pasión, la fruición, el goce estético, la confianadolescencia a la edad adulta, descripciones semejantes las encontramos en La Isla del tesoro de R. L. Stevenson o, con una perspectiva moderna, en El guardián entre el centeno de Salinger. 16 Son temas recurrentes en películas y canciones de los 80, así el cine del recientemente oscarizado Pedro Almodovar; las novelas de Ray Lóriga; y sobre todo las canciones de grupos como Los Secretos, Alaska, La Unión, Nacha Pop, etc. Todo ello que comenzó como un movimiento “pseudounderground” se ha consagrado en nuestros días y forma una parte relevante de la actual cultura 17 Este inciso muestra de nuestra preocupación generacional lo justificamos adhiriéndonos a la tradición de los pensadores españoles que como Unamuno, Ortega y Gasset, Marañon, Lain Entralgo, entre otros, se interesan por su contexto generacional.


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za subjetiva, lo que realmente constituyen el “valor contenido” o bien propio de la unión amorosa entre dos personas. La cruda realidad desarrollada en el día a día de la vida cotidiana muestra la falsación de dicha concepción “romántico-subjetiva” del amor humano: las pasiones y los sentimientos son variables, las confianzas se rompen y la extensión de dicha concepción aplicada en la sociedad tiene una repercusión inmediata. La única salida racional en orden al buen funcionamiento de las sociedades es encontrar unos mínimos normativos que rijan las relaciones interpersonales de amor, dadas sus inmediatas consecuencias sociales y políticas, dicha regulación ha de darse en el plano público sin interferir en las decisiones íntimas y personales de los sujetos, sin imponerles modelo alguno de unión, sino aportando procedimientos y mínimos aceptables que garanticen el buen funcionamiento de la sociedad. Esta descripción sitúa el actual dominio de las teorías contractuales en la esfera del amor, la familia y el parentesco en nuestras sociedades occidentales. Aún alcanzando dichos pactos y regulaciones, el estado de cosas respecto al amor humano es preocupante en un doble sentido: La concepción subjetivista-romántica se suscribe a la ontología individualista-atomista18 y dicha ontología entiende las relaciones interpersonales de amor como contrato de dos individuos-átomos y cuyo contenido es la libre decisión de cada uno de ellos, base constituyente de la unión. En esta perspectiva la comprensión del yo y de la identidad personal se circunscribe a un yo desvinculado y las relaciones se limitan a relaciones de utilidad. Esta situación dista mucho de la concepción tomista del amor humano: ¿Cuál de ellas es más real? ¿Cuál queda más mostrada por el “poder de lo real”? ¿Qué versión del amor humano hace mejor justicia a la realidad humana ofreciendo no solo la mejor y más realista orientación al bien sino la mejor explicación y comprensión de nuestras acciones y sentimientos y las de los demás?

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Las cuestiones ontológicas son factores o términos últimos que se invocan para explicar la vida social así: Atomismo que se explica en términos de propiedades de individuos constituyentes y holismo donde el orden de la explicación se da en términos de concatenación de bienes individuales. Cf. con Taylor, Ch. Argumentos filosóficos, Paidós, Barcelona, 1997, en las pp. 239-267.


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aquilino cayuela

IV. ANTROPOLOGÍA Y ÉTICA DE LA MATERNIDAD (LO QUE NOS APORTA LA TRADICIÓN) Como he descrito, el ámbito del amor y la sexualidad humana se presentan como un entorno de difícil determinación racional del que surge el matrimonio, la maternidad y la familia. Parece un ámbito más propios de la literatura y el arte que de la filosofía o la ética, sin embargo son realidades humanas permanentes y son un aspecto relevante de lo que algunos autores denominan el mundo de la vida. Un ética de la sexualidad requiere en un primer momento su status y, como toda ciencia, tiene un objetivo: esclarecer la verdad, en este caso, la verdad de los actos humanos (los propios del hombre en cuanto hombre) respecto a la sexualidad humana. Se trataría de la “reflexión que trata de descubrir la verdad sobre el bien inteligible y comprensible de la sexualidad humana19. El término sexualidad es ambivalente, pues refiere tanto a la facultad sexual como a la actividad o ejercicio de la misma; la facultad sexual, como cualquier otra disposición humana, es éticamente neutra, (esta ahí como la vista o la inteligencia, etc.) sin embargo, lo que caracteriza a las facultades humanas es que, por el contrario de estar determinadas por los instintos a un fin, es la propia racionalidad y libertad de los seres humanos la que las integra y en su actividad las dota de significado y finalidad. Aquí está el problema ético: adecuar nuestras acciones a una “finalidad significativa” (el bien) o “no” (el mal). Pero, esa “finalidad significativa”, ¿dónde se encuentra? En el objeto: toda finalidad viene dada por su objeto y toda facultad se realiza en la consecución de su objeto, (el objeto de la vista es ver y el de la inteligencia, conocer), ¿cuál es entonces el objeto o fin objetivo de la sexualidad? Toda la ética occidental y concretamente la ética clásica le determina dos fines, que hasta hace bien poco han ido a la par: el pro-creativo y el unitivo. En la concepción tradicional el amor y la sexualidad de las personas es un bien cuyo objeto o finalidad objetiva responde primeramente a la procreación y perpetuación de la especie. Hoy día esta afirmación parece un tanto desacertada, incluso produce cierto

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Seguimos en estos aspectos las aportaciones de Caffarra, C., en Ética general de la sexualidad, EIUNSA, Barcelona, 1995


la configuración de la vida familiar y la maternidad…

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pudor el expresarla dado que, como hemos apuntado, la idea contemporánea de sexualidad se asocia al placer individual y a la libre expresión de sentimientos íntimos. Además, desde la década de los 70 hacia nuestros días existen amplios recursos que permiten separar radicalmente la sexualidad de la procreación y viceversa, la procreación de la sexualidad, pero este hecho no anula esta finalidad natural y objetiva que sigue presente, las cosas como son, es del todo exacta y verdadera. La finalidad de la sexualidad es la procreación, la relación sexual de un hombre y una mujer en estado fértil y en condiciones normales vierte en la concepción por parte de la mujer de una nueva vida humana. El hecho de que hoy día existan numerosos y sofisticados medios para que esto no se produzca no quita esa finalidad natural objetiva de la sexualidad. Tampoco el que hoy existan medios para procrear humanos al margen de una relación sexual entre dos personas, suprime ese fin. En segundo lugar la sexualidad tiene una evidente finalidad unitiva entre dos personas y entre las personas que nazcan fruto de esas relaciones: es lo que denominamos matrimonios y familias. Es claro el papel fundante y originario de la sexualidad en el parentesco. En este segundo fin al que se ordena la sexualidad, no quiero pasar por alto el hecho de que ello supone una dimensión esencial de la persona, participando de esta forma de la bondad y dignidad de la misma, es la más alta expresión de la comunión interpersonal. En esta visión, tanto la concepción cristiana como el occidente moderno, circunscribe la sexualidad al matrimonio, entendiendo la unión del hombre y la mujer no solo debe ser duradera y estable sino también de por vida, este carácter de totalidad responde en primer lugar al bien de los hijos, quienes necesitan de los padres no solo un cierto tiempo sino todo lo posible, es decir, mientras estos vivan. La responsabilidad de los padres hacia los hijos es vitalicia y no temporal, es total y no parcial en cuanto al tiempo. Esto es así porque las relaciones de paternidad y filiación no son relaciones de mera utilidad, son relaciones humanas que van más allá de lo que podemos observar en el mundo animal o en otras relaciones interhumanas de mero uso20, son acciones y relaciones con un fuerte carácter moral, fuertemente valorativos, significativos, constitutivos de la persona y

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Podemos diferenciar aquí entre hacer humano con un contenido y carácter técnico y de utilidad y acción humana que comprende la totalidad de la


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