COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Ana Belén Campuzano Laguillo
Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad CEU San Pablo
Víctor Moreno Catena
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Jorge A. Cerdio Herrán
Angelika Nussberger
José Ramón Cossío Díaz
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Owen M. Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Javier de Lucas Martín
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania) Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
José Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
FEMINISMOS Y PROCESOS CONSTITUYENTES
ADORACIÓN GUAMÁN Coordinadora
Valencia, 2016
Copyright ® 2016 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© Adoración Guamán
© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9119-103-2 MAQUETA: Tink Factoría de Color
Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.
Introducción La apuesta constituyente no es una propuesta nueva, al contrario, es una carta que ha venido siendo utilizada desde las primeras experiencias revolucionarias demostrando su capacidad de mutabilidad y adaptabilidad a cada circunstancia histórica. Así, fueron manifestaciones de la activación del poder constituyente desde el acaecido en 1776, en pleno proceso de independencia de los Estados Unidos, hasta su expresión en 1998 en Venezuela o posteriormente en Bolivia y Ecuador. El poder constituyente, por tanto, se ha manifestado en diferentes procesos, latitudes y sujetos antagonistas, en distintos momentos que han tenido en común la existencia de una crisis de dominación. En todas sus manifestaciones esa puesta en duda de los consensos legitimadores de un régimen determinado ha provocado una situación de ruptura, en la que el pueblo decide romper con un statu quo percibido como injusto e insoportable por una mayoría de la población. En cada una de esas rupturas se forjaba un nuevo consenso, manifestado en forma de proceso constituyente y plasmado en la consecución de una nueva constitución. A lo largo de los últimos años y fundamentalmente desde 2012, es indudable que el empeoramiento exponencial de las condiciones objetivas ha conllevado tanto un aumento de la producción teórica respecto a la conveniencia y posibilidad de impulsar en nuestra realidad un proceso constituyente, manifestando distintas posibilidades ninguna exenta de dificultades así como una presencia constante a lo largo de los últimos dos años de la idea del proceso constituyente en la praxis político-social. El interés por el análisis de los procesos constituyentes, de su praxis, condiciones, ventajas e inconvenientes ha traspasado por tanto el ámbito académico para asentarse, en nuestra realidad, como una propuesta plausible, cuyas posibilidades es necesario analizar y debatir. El libro que presentamos es precisamente el resultado de uno de estos debates que han pretendido reunir el análisis teórico con la praxis política. Surgido a partir del debate desarrolado en unas jornadas convocadas por la Fundació l’Alternativa sobre feminismos y procesos constituyentes, este volumen pretende hacer una aportación al debate sobre Proce-
Introducción
sos Constituyentes no sólo desde una óptica de cambio social sino desde la perspectiva feminista. Se pretende así introducir la aportación que las diferentes teóricas movimientos y reivindicaciones feministas han realizado y están realizando a la construcción del marco teórico del Proceso Constituyente y resaltar el importante papel que los movimientos feministas han jugado en las distintas experiencias de puesta en marcha de los diferentes procesos. El objetivo es evidenciar la necesidad de que el proceso constituyente que tenemos la oportunidad de abrir en esta época incorpore el eje feminista como valor fundamental. Tras abordar el marco teórico fundamental para situar el debate, el libro comienza con un recorrido histórico por los procesos revolucionarios más importantes, evidenciando las aportaciones de las mujeres en los distintos procesos de transformación social, que como bien sabemos han sido ignoradas o invisibilizadas a lo largo de la historia. A lo largo de los siguientes capítulos, la reflexión acerca del papel de la mujer en los distintos procesos revolucionarios o de cambio profundo se aborda desde diferentes momentos históricos y geográficos así como desde distintos planos materiales. De la II República al proceso portugués, desde la participación política a los derechos sociales y laborales, las y los autores se acercan de manera pluridisciplinar a la cuestión, permitiendo una visión de conjunto interesante y novedosa sobre un tema fundamental, tanto desde el punto de vista académico como, sobretodo, desde un punto de vista de praxis política. Cada capítulo nos introduce en un aspecto concreto que puede dar origen a múltiples interrogantes que es necesario abrir y tratar, rompiendo el sesgo androcéntrico que, incluso dentro de los movimientos transformadores, sigue siendo habitual. En este sentido, las dos Fundaciones que han impulsado la realización de este volumen aspiran a que el mismo sea un instrumento formativo que aporte herramientas para la construcción de alternativas en un momento donde el cambio social parece al alcance de la mano y en el que la formación sigue siendo necesidad básica para cambiar los paradigmas y avanzar hacia la transformación social. Adelina Escandell i Grases Presidenta de la Fundació l’Alternativa
Adoración Guamán Hernández Directora de la Fundación Europa de los Ciudadanos y Ciudadanas y coordifadora del libro
Capítulo 1
Procesos constituyentes y cambio social. Algunas claves estratégicas en el debate acerca de la apertura de un proceso constituyente1 Diego González Cadenas Universitat de València El análisis de la hegemonía cultural imperante y de las correlaciones políticas de fuerza existentes en una sociedad dada es útil para analizar hasta qué punto es deseable apostar políticamente por la apertura de un proceso constituyente, evidenciado sus potencialidades y poniéndonos en guardia sobre sus debilidades. Quede claro, desde un primer momento, que las conclusiones que aquí se exponen van dirigidas a analizar las potencialidades y debilidades de la apertura de un proceso constituyente desde la óptica de la emancipación social y con el fin de prevenir posibles cambios en sentido gatopardiano o reaccionario (si bien el análisis también es válido para aquellos que apuesten por una de estas dos vías). En este sentido, lo primero que debe analizarse es si es viable plantear la apertura de un proceso constituyente, para lo cual es necesario que se den toda una serie de condiciones objetivas tales que el descenso del nivel de vida, el empeoramiento de las condiciones de trabajo, el aumento del desempleo, la desigualdad social o la polarización social. A grandes rasgos, y tomando como referencia los casos de países en los que se ha producido en los últimos años un activación del poder constituyente (pienso en Bolivia, Ecuador o Islandia, aunque podríamos encontrar muchos más ejemplos en este sentido), se reproduce el siguiente esquema: una crisis económica producida
1
Las ideas que aquí se exponen forman parte de las conclusiones a las que se llegó en un trabajo de investigación de próxima publicación en esta misma editorial, “Hegemonía y poder constituyente: Lecciones de Islandia para el caso español.”
Diego González Cadenas
por la dejación y subordinación del papel del Estado en manos de los mercados conlleva una recomposición del pacto social entre capital y trabajo favorable a los primeros que se traduce en un crecimiento de las rentas del capital y un descenso de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional. En consecuencia2, se produce una crisis de representación dado que se señala como culpables del emperoramiento de las condiciones de vida a los detentores inmediatos del poder, los representantes políticos, a los cuales se liga crecientemente a clintelismo y corrupción, aumentando los sentimientos antipartidistas, la desafección política y la abstención. Derivado de ambos factores se produce una crisis de legitimidad del sistema económico, político y constitucional (dada la creciente impresión de que la Constitución se vuelve inservible para defender sus propios presupuestos) de tal forma que los ciudadanos dejan de percibir los intereses de la minoría en el poder como los suyos propios. A partir de ese momento de crisis de régimen se produce la posibilidad de una transformación de la organización social, lo que requiere examinar si se dan las condiciones subjetivas favorables a la misma. Este punto es de crucial importancia. La apertura de una ventana de oportunidad no tiene como efecto causal necesario el cambio social, es necesario que haya una voluntad de cambio de la mayoría de ciudadanos y una o varias organizaciones políticas que lo encaucen. Y, más allá, aún en el caso de la apertura de un proceso constituyente, éste no será necesariamente emancipador sino que su resultado será el reflejo de las ideas y posiciones políticas dominantes en una sociedad dada. Un proceso constituyente es, en suma, un arma de doble filo en la que la correlación de fuerzas es fundamental. Como es fácil de entrever, la Constitución resultante no será la misma si la Asamblea Constituyente está hegemonizada por un instrumento político ruptu2
Se afirma que la crisis de representación es una consecuencia de la económica, y no al revés o paralelamente. Tomando como evidencia empírica el caso español, se puede comprobar en las series de datos del CIS de los indicadores “situación económica” y “situación política”, que el primero antecede al segundo. Esto es, en función de las condiciones de vida y expectativas de futuro se culpabiliza o no a los representantes políticos. Así, desde 1995 hasta 2005, momento de crecimiento económico en España, los representantes políticos eran percibidos positivamente. Sin embargo, a partir del inicio de la crisis económica, la percepción comenzó a ser progresivamente negativa.
Procesos constituyentes y cambio social. Algunas clavez estratégicas...
rista (caso, por ejemplo, de Venezuela en 1999 o Ecuador en 2008) que si las fuerzas favorables a la profundización democrática están en minoría (como fue el caso de España en 1977). De esta forma, en función de la posibilidades de que la Asamblea Constituyente esté conformada mayoritariamente por partidarios de la emancipación social, se deberá analizar la conveniencia política de plantear un proceso de cambio constitucional. Por otro parte, al margen de los posibles efectos adversos de la apertura de un proceso constituyente, la estrategia constituyente tiene toda una serie de potencialidades que merece la pena subrayar desde diversos planos. Desde el plano discursivo, se ha venido sosteniendo que una de las claves para crear un movimiento contrahegemómico es la construcción de un discurso que plantee una legibilidad diferente de la situación y que articule toda una serie de propuestas concretas que difícilmente serían interpretadas como negativas por la mayoría de la ciudadanía. Por ejemplo, en España, hasta el momento, el discurso que los ciudadanos percibían como más coherente con sus propias experiencias vitales no estaba del lado de las fuerzas transformadoras. El mensaje promovido por las élites políticas y económicas de naturalización de la crisis económica como si fuese un fenómeno atmosférico inevitable contra el que nada se puede hacer y llama a la indefensión aprendida y al conformismo hasta que se entre de nuevo en una fase de crecimiento económico, es el que parecía estar aportando la mejor legibilidad de la situación para la mayoría de ciudadanos. Sin embargo, a partir de la irrupción del 15-M y el impulso de nuevos movimientos políticos y sociales y dado el creciente descrédito de las élites políticas y del sistema constitucional, la situación ha empezado a cambiar con rapidez instaurándose progresivamente un relato alternativo tanto de los porqués como de las respuestas a la situación de crisis económica y de representación. En este sentido, la idea de activación del poder constituyente o de apertura de un proceso constituyente tiene un componente prácticamente mitológico que hace de él un discurso muy atractivo para aprovechar la grieta abierta en este plano. El discurso constituyente evoca refundación, inicio desde cero, construcción común del futuro, debate y replanteamiento de todo, ensanchamiento de los límites en-
Diego González Cadenas
tre lo posible y lo imposible, limpieza de las instituciones y aclaración y rendición de cuentas por cuestiones pasadas no resueltas (desde responsabilidades políticas y económicas por la crisis económica hasta tramas no resueltas satisfactoriamente como el terrorismo de Estado), recambio de unas élites dirigentes que causan fuerte aversión, apelación al pueblo a tomar democráticamente y pacíficamente las riendas de su destino3. En un momento de percepción generalizada de descomposición política y necesidad de cambio de rumbo, el discurso constituyente da rienda y apela directamente a las aspiraciones, deseos y al imaginario de cada ciudadano dejando que sea él mismo quien defina el modelo de sociedad al cual le gustaría aspirar y algunos de los objetivos concretos que le gustaría ver realizados (por ejemplo: acabar con la corrupción política a través de mayores controles y transparencia, mejorar la separación de poderes de tal forma que los máximos órganos de justicia no estén subordinados a los partidos políticos, aplicabilidad y efectividad de los derechos sociales, respeto al medioambiente, igualdad real entre sexos, etc.). Así, la idea de proceso constituyente, como, por ejemplo, el concepto “independencia” para muchos catalanes, tiene la potencialidad de condensar en un par de palabras las di-
3
En el caso español, este último argumento puede desarrollarse señalando que estamos inmersos en un proceso deconstituyente antidemocrático (iniciado por élites políticas y económicas supranacionales, europeas y nacionales) que desfigura por completo la Constitución de 1978 (Pisarello, 2013). Como argumenta Jaime Pastor (2013: 36): “fue Ferdinand Lassalle quien recordó que los problemas constitucionales no eran un problema de derecho sino de poder […] Han sido las nuevas relaciones entre factores de poder —tanto transnacionales como estatales— que, sobre todo a partir del decenio de los años noventa del pasado siglo, se han establecido en beneficio de los de arriba las que han conducido a una transición desde el constitucionalismo social de posguerra hasta las Constituciones materiales que se han ido imponiendo bajo la presión de la Lex mercatoria supraestatal y de una gobernanza global cada vez más autoritaria y liberticida.” Asimismo, puede hacerse especial referencia al 63% de españoles que no pudieron votar la Constitución, los mayores de 52 años, señalando la especial vigencia de los argumentos de Thomas Paine y de Thomas Jefferson: ¿Quién ha de decidir? ¿Los vivos o los muertos? Véase “La reforma imposible”, en El País, 2 de diciembre de 2013. Disponible en línea en: http://politica.elpais.com/politica/2013/12/01/actualidad/1385917933 _723481.html
Procesos constituyentes y cambio social. Algunas clavez estratégicas...
versas aspiraciones de cada ciudadano, permite elaborar una imagen de cambio fácilmente asimilable por la mayoría de ciudadanos. A las fuerzas favorables a la ruptura democrática este discurso les es asimismo muy útil por dos motivos adicionales. Por un lado, porque les permite comunicar los puntos esenciales de su programa político traduciéndolos como las diferentes líneas maestras que deben establecerse en una nueva Constitución. Por otra parte, porque, como se decía anteriormente, al estar variando el sentido común hacia las posturas que tradicionalmente vienen defendiendo las organizaciones de izquierda, éstas tienen gran parte de la discusión política e ideológica ganada de antemano, lo que les sitúa en una situación preferente para encarar la fase de confrontación con otros imaginarios de país. Desde el plano estrictamente constitucional, la elaboración de una nueva Constitución potencia las condiciones para el establecimiento progresivo de una democracia avanzada. Se trata, lo que aporta además un refuerzo discursivo, de elaborar una Constitución fuerte, normativa, que reemplace a la Constitución-papel mojado, nominal o semántica, del pasado. Sin entrar a analizar las aportaciones teóricas de juristas como Luigi Ferrajoli o diseños constitucionales novedosos como los del nuevo constitucionalismo latinoamericano, remarcar aquí sintéticamente que las tres líneas básicas que a mi juicio deben establecerse en el nuevo texto constitucional son la introducción de mecanismos democrático participativos, la garantía de cumplimento y aplicabilidad directa de todos los derechos constitucionales y la introducción de mecanismos vinculantes de protección del medioambiente. De este modo, ha de fijarse la voluntad constituyente que deberá desarrollarse en un futuro mediante el establecimiento de mecanismos garantistas que constriñan a los poderes públicos y doten a la ciudadanía de herramientas de control, participación y de defensa de sus derechos constitucionales. Desde luego, y contrariamente a lo que señala parte del sector más conservador de la doctrina, para el cual se habría llegado ya prácticamente al máximo progreso posible de los textos constitucionales, se trata de un campo no sólo abierto a la innovación sino que requiere de la misma para adaptarse a las problemáticas actuales. Desde el plano estratégico, un proceso constituyente tiene otras potencialidades al margen de la consolidación de un mito fundacio-
Diego González Cadenas
nal. Como se ha venido repitiendo, una Constitución sirve, entre otras cosas, para cristalizar una determinada visión de la sociedad lo más posible en el tiempo en tanto es reflejo de una determinada correlación de fuerzas, por lo que las opciones políticas protagonistas del proceso constituyente y fundadoras del nuevo marco constitucional se encontrarán en una posición de salida predominante para mantener su hegemonía en el tiempo tanto como la nueva Constitución. Por ejemplificar, es comúnmente aceptado señalar que el PSOE es el partido por excelencia del régimen del 78 y que la suerte del uno corre pareja a la del otro. De esta forma, la sustitución de las viejas élites políticas por unas comprometidas con el desarrollo del programa constitucional (parte de las cuales se dará a conocer durante el mismo proceso constituyente) conllevará teóricamente la consolidación de una mayoría parlamentaria y sus correspondientes gobiernos centrados en el desarrollo eficaz de políticas públicas en consonancia con los preceptos constitucionales. Como apunta Roberto Viciano (2007, 381): Para hacer una reforma constitucional de envergadura hace falta encontrar nuevos actores que de verdad se identifiquen con el cambio […] Es extremadamente difícil que las mismas fuerzas políticas que crearon y gestionan el modelo político y social sean quienes estén dispuestos a su modificación profunda […] No basta con reformar el articulado de la Constitución. La creencia de que la reforma constitucional resuelve los problemas existentes en el país debe ser extirpada de raíz de la conciencia social. Hay que cambiar políticas públicas, hábitos sociales, gestionar eficazmente… La reforma constitucional es un elemento decisivo para el cambio de modelo político y social. Sin ella, en muchas ocasiones no es posible acometer el proceso de cambio real. Pero la mera reforma constitucional no resuelve los problemas que aquejan a la ciudadanía. Si a una reforma constitucional no se le une una claridad en los objetivos y los medios a emplear para implementar nuevas políticas públicas, la reforma constitucional puede ser estéril […] Se corre el riesgo de que la reforma constitucional se quede en nominal y no alcance el status de normativa porque los principios constitucionales no consigan implementarse en la realidad. [Los actores de cambio deben] modificar esa situación desarrollando adecuadamente el texto constitucional a través de la legislación e implementando políticas públicas que permitan garantizar la eficacia de los contenidos, principios y objetivos previstos en la reforma constitucional.
La dependencia que puede darse del proceso de cambio a los nuevos actores políticos deja abierta la posibilidad del fracaso del mismo
Procesos constituyentes y cambio social. Algunas clavez estratégicas...
debido al incumplimiento del programa con el que dichos actores se comprometieron con la ciudadanía. Los ejemplos en este sentido son numerosos. En el entorno europeo es sonado el caso del Gobierno de coalición entre el Partido Socialista Francés y el Partido Comunista Francés, consecuencia de la firma del programme commun4, y su posterior giro neoliberal con el llamado “tournant de la rigeur” (giro del rigor), que no pudieron evitar los Ministros comunistas con su salida del Gobierno. En este sentido, la constitucionalización de nuevos instrumentos de participación y control ciudadano pueden ser un elemento clave que ayude a reducir los riesgos inherentes a la relación entre desarrollo constitucional y Gobierno. Por un lado, podría obligar al ejecutivo a rectificar su rumbo, y por otro, facilitaría la alternancia de gobiernos de distinto signo sin desviaciones de importancia de los elementos esenciales del programa constitucional. Desde el plano de la unidad popular, la idea de proceso constituyente, precisamente por ser un arma de doble filo en la que su resultado dependerá de la correlación de fuerzas que se dé, potencia la unidad de las fuerzas políticas trasformadoras al situarlas ante el problema inmediato de unirse o de dejar el proceso en manos de los partidos tradicionales y/o conservadores. No se entrará aquí a debatir acerca del debate en torno a la mejor vía para lograr que una fuerza política sea hegemónica, únicamente se pone de relieve que en el caso que la fuerza principal dentro del campo rupturista no llegue sobradamente a las mayorías requeridas para hegemonizar el proceso, estará obligatoriamente forzada a contar con otras fuerzas minoritarias. A modo de ejemplo, recordar que en Ecuador el actor político protagonista, el Movimiento País de Rafael Correa, se presentó junto con otros partidos políticos tradicionales de izquierda en una coalición electoral amplia que denominaron Alianza País para poder hacerse con la victoria electoral.
4
El “programa común” que también firmó el Partido Radical de Izquierda, incluía puntos abiertamente rupturistas tales que la nacionalización de los sectores estratégicos del país, la democratización de la empresa, el aumento del salario mínimo a 1000 francos al mes, la jubilación a los 60 años para los hombres y a los 55 para las mujeres, la reducción de la jornada laboral, la reforma fiscal y la disolución de la OTAN.
Diego González Cadenas
Es asimismo importante enfatizar la importancia del entrelazamiento entre el músculo de la calle y los partidos políticos transformadores para poder llevar a cabo el programa de transformación social desde el día después de la llegada al poder institucional. Es tan indispensable un ejecutivo que garantice y desarrolle los derechos constitucionales como una fuerza de la calle que lo defienda ante las previsibles agresiones y resistencias de los opositores al cambio y actúe como factor antiestático ante el posible acomodo del poder constituido. Aquí pueden tomarse como ejemplo los casos de los fallidos golpes de Estado de Venezuela en 2002 y Ecuador en 2010. En el plano jurídico procedimental, la apelación al poder constituyente tiene una importancia de gran calado al permitir, en tanto poder prejurídico, fundador, originario y basado únicamente en la legitimidad democrática, pasar por encima de las mayorías establecidas en el procedimiento de reforma de la Constitución, que en muchos casos está intencionadamente diseñado para no poder activarse. Desde luego, no es condición sine qua non el optar por esa vía para llevar a buen puerto el proceso (la cual, por otra parte, implica asumir el choque de legitimidades con el Tribunal Constitucional) pero supone una última salvaguarda en caso de que se obstaculicen todas las otras opciones dentro del marco constitucional. Situándonos en el caso concreto de España, ejemplificaré la idea que he expuesto partiendo del caso hipotético de un eventual Congreso en el que el principal partido, rupturista y favorable a la apertura de un proceso constituyente, cuente, o esté al borde de contar con la mayoría absoluta (la cual puede conseguir con el apoyo de partidos minoritarios) y esté en sus manos la Presidencia del Gobierno. Las vías que se plantean, en consonancia con la cartografía de las diferentes alternativas de apertura de un proceso constitucional que ha concretado Roberto Viciano (2012), son esencialmente dos: la reforma constitucional (ya sea a través de la modificación del artículo 168 o de los artículos 87 y 166) y la consulta popular (siendo deseable que se planteen dos preguntas: una relativa a la apertura del proceso y otra acerca de las bases que lo regularán), que según el actual ordenamiento jurídico podría llevarse a cabo a través del artículo 92. La primera vía, que conduce a un camino más seguro, tiene como ventaja que busca evitar el choque de legitimidades con el Tribunal Constitucional impulsando en forma indirecta o en dos
Procesos constituyentes y cambio social. Algunas clavez estratégicas...
tiempos la activación del poder constituyente. Tiene, sin embargo, en contrapartida, siguiendo con el ejemplo que he puesto, que la obtención de los 3/5 de los miembros de cada una de las cámaras (210 diputados y 156 senadores) es complicada y que sería probable que los partidos tradicionales y/o conservadores hiciesen valer su posición minoritaria, pero suficiente, para impedir el desarrollo de esta opción. La segunda vía, del referéndum, tiene como principal contrapartida la mayor posibilidad de choque con el Tribunal Constitucional (si bien experiencias comparadas como el caso de Venezuela y Ecuador no avalan esta tesis) aunque tiene como mayor virtud que requiere de un número menor de diputados para su aprobación (mayoría absoluta, 176 diputados) y que la iniciativa recae sobre el Presidente del Gobierno (que, en el ejemplo que he puesto, sería favorable a la ruptura democrática en tanto cuenta con la mayoría absoluta de los apoyos). De esta forma, en el caso concreto que he planteado es probable que únicamente se pudiese optar por la vía del referéndum, lo cual, en caso de que el Tribunal Constitucional mostrase su oposición tendría la gran ventaja de que podría apelarse al poder constituyente originario, argumentándose que está únicamente basado en la legitimidad democrática, que existe un vacío constitucional sobre la cuestión, que en consonancia con el artículo 23.1 debe fomentarse la expresión del pueblo a través de formas directas de participación y que los procedimientos de reforma establecidos operan únicamente para el poder constituyente constituido. En cualquier caso, y dejando ya de lado el ejemplo, resulta obvio que habrá que realizar un análisis concreto ateniéndose a la correlación de fuerzas políticas, las políticas de alianzas o la composición del Tribunal Constitucional, nombrándose en su debido momento a un comité de expertos que evalúe todas las posibilidades. Asimismo, y como se ha señalado, si existe una voluntad constituyente mayoritaria, tanto a nivel político como social, es claro que, ya sea por una u otra vía (referéndum o reforma constitucional), el proceso de cambio constitucional terminará por llevarse a cabo siendo únicamente cuestión de tiempo que éste tenga lugar (lo cual, dicho sea de paso, no es tampoco una cuestión de menor importancia dado que el retraso del proceso puede contribuir a minar la popularidad de un eventual Gobierno rupturista y a descender sus apoyos en la futura Asamblea Constituyente). Hasta el momento de la elección de la vía para la
Diego González Cadenas
apertura del proceso, no obstante, el partido o partidos favorables al mismo, no tienen porque pronunciarse sobre la misma (dado que desconocen el escenario ante el que se encontrarán) pero es conveniente que señalen desde el principio que su apuesta es la de un proceso participativo y transparente y que, si la mayoría de ciudadanos están por la labor, los procedimientos jurídicos no pondrán trabas a la voluntad constituyente. Por otro lado, apelar al poder constituyente originario tiene una segunda potencialidad no menor en importancia. La Asamblea Constituyente no asumiría únicamente el rol de redactar un nuevo texto constitucional sino que, al estar dotada del poder constituyente originario, tendrá un carácter plenipotenciario que la situaría por encima de los poderes constituidos establecidos, con lo que conseguiría vencer las resistencias que desde diferentes órganos se intentarán llevar a cabo. El plano del diseño del proceso constituyente es igualmente importante en la estrategia constituyente de las fuerzas transformadoras. Un proceso participativo y transparente aumentará la legitimidad, identificación y adherencia al futuro texto constitucional (y, por tanto, con el nuevo sistema político y su simbología) y contribuirá a empoderar a la ciudadanía para su futura y necesaria (en tanto será uno de los garantes del avance del proceso de cambio) participación en la vida pública. Por el contrario un proceso hermético y opaco en el que las élites políticas tomen decisiones de importancia a puerta cerrada y actores políticos sin legitimidad democrática como la Iglesia, el ejército o los grandes empresarios jueguen un papel central, puede crear las dinámicas contrarias. Es entonces deseable, y aquí el reciente y fallido proceso constituyente islandés es ejemplar, que haya un alto grado de transparencia y una posibilidad de participación activa de la ciudadanía en todas las fases del proceso: votando en un primer referéndum si se quiere iniciar un proceso de cambio constitucional y las bases que lo regularán, diseñándose mecanismos de participación directa y votando en referéndum (que puede tener varias preguntas y no únicamente una aceptación o un rechazo global) si se aprueba el proyecto constitucional (a diferencia de Portugal en 1976 o para que, como en el caso francés en 1946, los ciudadanos puedan expresar su disconformidad).
Procesos constituyentes y cambio social. Algunas clavez estratégicas...
En definitivas cuentas, el resultado del proceso constituyente, en el caso de que exista una correlación de fuerzas favorable a las opciones transformadoras, es el primer paso en el trayecto hacia un modelo superador tanto del Estado Social, basado en la explotación ajena y la destrucción medioambiental, como del constitucionalismo social, incapaz de defender sus propios presupuestos en materia de garantía de derechos sociales y con importantes déficits democrático-participativos. El ensanchamiento y profundización de los mecanismos de participación democrática y el establecimiento de una Constitución económica que propicie cambios estructurales, crea las condiciones para la superación del núcleo pasivizante de la democracia representativa y la ruptura con el capitalismo. O por expresarlo en otros términos, la activación del poder constituyente implica abrir el camino hacia la forja de un nuevo bloque histórico y una nueva cotidianidad que permitan el salto hacia el autogobierno político y económico. Es, parafraseando a Walter Benjamin, el freno de emergencia que evita el descarrilamiento al que nos conduce el capitalismo financiero. Desde luego, la ventana de oportunidad abierta en España, y el tiempo dirá si lo está de par en par dependiendo de la profundidad de la crisis de régimen, no lo estará eternamente y de los progresos que hagan a partir de este momento las fuerzas transformadoras dependerá si ésta termina cruzándose y las condiciones en las que se haga. En este sentido, las fuerzas transformadoras han de entender la crisis, con todo su dramatismo, como un momento impostergable para la recreación democrática y para la subversión de todas las reglas del sistema social. Como en aquella vieja aserción: “Todo bajo el cielo está en completo caos, la situación es excelente.” Aprovechar las condiciones objetivas que empiezan a darse en España no es una cuestión menor tanto a nivel europeo como mundial. Mientras los procesos de transformación social en la periferia del sistema-mundo tienen grandes dificultades para mantenerse en el tiempo y provocar cambios a escala global dada su posición subalterna en el mercado mundial, España, en tanto treceava economía mundial y situada en el centro de la economía-mundo, puede ser el punto de partida de un proceso de cambio a nivel europeo promoviendo un proceso constituyente a escala continental que reavive el legado europeo de emancipación radical y universal y posibilite un cambio del sistema-mundo desde su centro. El propio devenir de la ruptura
Diego González Cadenas
democrática en España dependería de que se diese un cambio en las correlaciones de fuerza a nivel continental. Del mismo modo que los gobiernos progresistas latinoamericanos están fuertemente limitados por, esencialmente, su subordinación a los intereses de las empresas transnacionales de los Estados Unidos, España, en tanto Estado periférico de la Unión Europea, lo está también por los países centrales de la misma. Es, en suma, un objetivo prioritario la búsqueda de aliados y la potenciación de cambios en la correlación de fuerzas en Europa.
BIBLIOGRAFÍA Pastor. Jaime. (2013), “La deriva oligárquica del constitucionalismo occidental y su viejo topo”, en Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, núm. 122, pp. 27-36. Pisarello, Gerardo. (2013), “Reino de España: perspectivas de un proceso destituyente-constituyente”, en Sin Permiso, 17 de marzo de 2013. Viciano, Roberto. (2007), “Algunas consideraciones críticas sobre los procesos constituyentes en Ecuador y Venezuela”, en Revista Direito e Liberdade, vol. 6, núm. 2, pp. 377-392. Viciano, Roberto. (2012), “La activación política del poder constituyente en España y sus cauces jurídicos”, en Viciano, Roberto, Por una Asamblea Constituyente. Una solución democrática a la crisis. Madrid: Sequitur.
Capítulo 2
Feminismo y procesos revolucionarios: una mirada histórica Eva Palomo Cermeño Universidad Rey Juan Carlos (URJC)
“La revolución será feminista, o no será”
1. INTRODUCCIÓN Si en términos generales la realidad y las aportaciones de las mujeres han sido invisibilizadas a lo largo de la historia, del mismo modo se ha ignorado, minimizado o distorsionado ideológicamente su papel en los distintos procesos de transformación social que han tenido lugar independientemente de sus referentes espacio-temporales. Se trata de una constante que ha caracterizado a la casi totalidad de los textos —incluso los escritos por autores de izquierda— y que nos han transmitido una visión androcéntrica, cuando no misógina, del pasado y muchas veces también del presente. Afortunadamente y desde hace varias décadas, cuando los estudios de género formaban ya parte del mundo académico, se inició un proceso que permitió ir recuperando la historia de las mujeres y reconstruyendo toda una genealogía feminista que se desarrolla frente a la exclusión de las mujeres. Cada año contamos con nuevos datos y análisis procedentes de diferentes disciplinas —historia, sociología, economía…— que contribuyen a visibilizar a la mitad de la raza humana precisamente desde otra perspectiva. Hablamos de “otra” visión puesto que entendemos que ninguna disciplina es neutral. En general podemos reconocer que existen en la historia determinados momentos de ruptura o transición hacia formas de organización social más justas e igualitarias, y es precisamente entonces cuando han surgido fuertes polémicas y luchas por la igualdad entre los sexos, aunque éstas se encuentren inmersas en procesos de lucha de clases, de liberación nacional o de tipo anti-racista.
Eva Palomo Cermeño
Según la filósofa feminista Ana de Miguel (2011, 3), “la idea de que el feminismo ha existido siempre puede afirmarse en diferentes sentidos. En el sentido más amplio del término, siempre que las mujeres, individual o colectivamente, se han quejado de su injusto y amargo destino bajo el patriarcado y han reivindicado una situación diferente, una vida mejor”. Sin embargo, habitualmente abordamos el estudio del feminismo haciendo referencia a determinados momentos clave en la historia, a hitos o a olas, en que las mujeres han llegado a articular, tanto en la teoría como en la práctica, un conjunto coherente de reivindicaciones y se han organizado para conseguirlas, llegando a establecer diferentes formas de “pactos entre mujeres”. En este sentido, nos parece fundamental esa labor de narrar, reconstruir y analizar nuestra historia como elemento de permanente cuestionamiento del patriarcado, que como afirmaba Kate Millet (1969) constituye el sistema de dominación más universal y más longevo que conocemos. Es necesario entender de dónde venimos y así poder contribuir al necesario diálogo presente-pasado, sobre todo ahora que está tan en boga la idea de que todo movimiento social es nuevo, recién inventado y desconectado de las luchas precedentes. Aunque tomamos como referencia procesos históricos y períodos u olas que representan momentos álgidos en cuanto a la relevancia de los movimientos de mujeres que conocemos como propios del mundo occidental, no es nuestra intención hacerlo desde un planteamiento eurocéntrico. Por razones de extensión y de conocimiento acotaremos nuestro análisis, no sin reconocer la existencia de los movimientos de mujeres —su naturaleza, ritmos y contribuciones— en otras culturas, etnias y países, colonizados o periféricos. Si el patriarcado es un sistema de opresión universal —aunque se manifieste de formas diversas y en los más variados grados de intensidad—, también lo es, a nuestro juicio, la capacidad de resistencia. Y en cualquier caso, es preciso señalar el modo en que las ideas emancipatorias han “viajado” siempre a lo largo de la historia, enriqueciéndose y fomentando la creación de redes entre mujeres. Aún queda mucho por investigar en relación con estos “viajes” de ida y vuelta, tanto en la época ilustrada como en el siglo XIX con el sufragismo y en el XX. En las últimas décadas ello ha sido mucho más visible en el contexto de la globalización neoliberal. La resistencia de las mujeres a la dominación patriarcal y las alianzas entre mujeres, no carentes de debate y confrontación, han traspasado