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ciencia política

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COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


HISTORIA Y BALANCE DE LA CIENCIA POLÍTICA EN MÉXICO

FERNANDO BARRIENTOS DEL MONTE Editor

Ciudad de México, 2017


Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/ Programa para Fortalecer la Excelencia Académica “Instituciones, Políticas Públicas y Análisis Comparado 2015-2016” Universidad de Guanajuato “Este libro fue sometido a un proceso de dictaminación externa y avalado por el comité editorial de la institución académica coeditora”

Directores de la Colección:

ISMAEL CRESPO MARTÍNEZ Catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Murcia

PABLO OÑATE RUBALCABA Catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Valencia

© Fernando Barrientos del Monte

© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, PH Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9143-463-4 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


1. Presentación La preocupación por comprender la política, que en palabras de Giovanni Sartori es el “hacer del hombre que más que nada involucra a todos”, es casi tan milenaria como la humanidad misma. Historiadores, filósofos, juristas, literatos y en general pensadores de varias áreas del conocimiento se han ocupado de entender la política e incidir en ella. Pero el análisis científico de la política es propio de la sociedad contemporánea. La ciencia política es una disciplina relativamente nueva en el contexto de las ciencias sociales a nivel mundial. Es a finales del siglo XIX y principios del XX que se sientan las bases científicas para la compresión de la política. A mediados del siglo XX, y precisamente en el contexto de la posguerra, se inicia el proceso de autonomía de ésta disciplina de otras corrientes en el estudio de la política. La ciencia política se nutre de diversas tradiciones intelectuales, que desde la antigüedad y hasta la modernidad han estudiado los fenómenos políticos, pero se diferencia esencialmente por ser una ciencia empírica, por lo tanto inductiva, y que delimita su objeto de estudio: el poder político y sus efectos, sus propios métodos y técnicas de análisis, organizarse en comunidad epistémica, así como por sus estructuras institucionales para su desarrollo. La política es una actividad práctica, y como tal es un arte, un oficio y una profesión. La ciencia política por el contrario, no es arte ni oficio, pero si profesión; y en tanto ciencia, se practica preemimentemente desde otras trincheras: la academia y la investigación. Entonces ¿qué autoridad tienen quienes estudian la política si no la practican? Lo mismo podría preguntarse de la medicina, pero nadie en su sano juicio supondría que un enfermo conoce mejor de las enfermedades porque las ha padecido y el médico no. Pero quien mejor que Jean-Jacques Rousseau, en El contrato social, para responder a tan importante pregunta: “Se me preguntará si soy acaso príncipe o legislador para escribir sobre política, Contestaré que no, y que este es el motivo porque escribo sobre este punto. Si fuese príncipe o legislador, no perdería el tiempo en decir lo que es conveniente hacer; lo haría, o callaría”.


Fernando Barrientos del Monte

La profesión de politólogo tiene entre sus principales tareas la de visibilizar problemas de naturaleza política, los plantea de manera científica, elabora diagnósticos y delinea posibles soluciones. La política, para bien o para mal, es una actividad sin la cual ninguna sociedad puede organizarse para prosperar. Hay buena y mala política, políticos eficientes e ineficientes, y políticas públicas correctas y erróneas. Quienes se dedican a la política por lo regular suponen que conocen los problemas y por lo tanto hacen carrera comunicando a la gente que saben resolverlos. En un mundo donde prácticamente las nuevas tecnologías han cambiado casi todas las actividades del ser humano, la actividad de la política sigue siendo esencialmente la misma desde hace más de dos mil años. Precisamente por su importancia, requiere ser comprendida de manera científica. En México la ciencia política se ha consolidado a la par del proceso de democratización en el país. Si bien su historia se remonta a principios de los años 50 del siglo XX, es en las décadas de los 80 y 90 que se observa un proceso de ampliación de carreras, programas de posgrado, publicaciones, etc., derivado de la necesidad de comprender los cambios en el contexto mundial, la transición a la democracia y sobre todo de la construcción de nuevas instituciones en un contexto de pluralidad política. Pero tenemos una democracia disfuncional, los gobernantes y los políticos no responden a las necesidades de la sociedad, y los ciudadanos se alejan cada vez más de la política. Hay muchos problemas que requieren ser antes que nada comprendidos, ya que diagnósticos mal elaborados pueden traer peores males. Hacer las preguntas importantes, elaborar los diagnósticos correctos y proponer las soluciones adecuadas para los problemas de la política son tareas que los politólogos mexicanos debemos asumir como esenciales de nuestra profesión. Esta obra colectiva, que reúne a veintidós estudiosos de diversas latitudes del país, es apenas una fotografía sobre algunos aspectos de la ciencia política en México. Trata precisamente de su historia y su desarrollo, donde y como se forman quienes estudian ciencia política. En un país que durante décadas padeció un centralismo que se reflejaba en todos los ámbitos, las contribuciones en este libro muestran que la ciencia política es una de esas disciplinas


Presentación

que se está descentralizando. La ciencia política existe en casi todos los estados que conforman México, los programas de grado y posgrado poco a poco, no sin problemas, se han ido difuminando en todo el territorio. Los politólogos se organizan en colegios y asociaciones, publican y opinan desde la perspectiva científica, y se han ganado su lugar como especialistas de la política que deben ser escuchados. Debe destacarse que en los primeros tres lustros del siglo XXI es notable el número de profesionistas egresados de las carreras de ciencia política que ocupan puestos de decisión en instituciones de gobierno, en congresos locales, en los municipios, en los gobiernos estatales, en el gobierno federal y en las organizaciones internacionales. Para que una disciplina mejore, requiere hacer un alto momentáneo para hacer un balance de su camino, ver dónde venimos y saber hacia dónde seguir. Este es el espíritu de los textos que conforman esta Historia y balance de la Ciencia Política en México. Como editor, va mi reconocimiento a todos y a cada uno de los autores que apoyaron la idea de este libro, por su tiempo y esfuerzo para reflexionar e investigar sobre la disciplina. De los lectores esperamos sus buenas críticas, ya que la ciencia avanza esencialmente a partir de las refutaciones, como decía Karl Popper, y no de la asimilación acrítica de ideas y argumentos. Agradezco a Diana Lilia Mejía Rodríguez su apoyo en el proceso editorial. Finalmente agradecemos a la Universidad de Guanajuato por el financiamiento de esta publicación a través del “Programa de Excelencia Instituciones, Políticas Públicas y Análisis Comparado” y de la Dirección de Investigación y Posgrado. FERNANDO BARRIENTOS DEL MONTE


2. Introducción. Historiar y evaluar la ciencia política en México: un pequeño balance Víctor Alarcón Olguín Para Don Héctor Zamitiz Gamboa

I El desarrollo de las ciencias sociales en América Latina ha experimentado un salto sustancial en las décadas recientes, proceso del cual particularmente se ha visto beneficiado el campo de la ciencia política1, cuyas expresiones actuales la van llevando a ubicarse cómo una disciplina cada vez más interactuante e híbrida con campos incluso más allá de sus clásicas fronteras de tipo histórico, filosófico y conceptual, para mostrarse más involucrada en el uso de los indicadores, datos duros, así como procesos de experimentación e introspección desde el punto de las dinámicas explicativas del comportamiento humano cotidiano. Esto significa por una parte, ver que las disciplinas científicas se adhieren propiamente al seguimiento de un paradigma o programa de investigación2. Esto es, se perciben bajo la acción institucional que trata de reproducir estilos y dinámicas concordantes

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Desde un inicio, quien suscribe se adhiere a la idea de hablar de la disciplina en singular, sin omitir las clásicas posturas que utilizan el empleo de la expresión “ciencias políticas”. En lo personal, pienso que el desarrollo de la administración pública o las relaciones internacionales (cada vez más autónomas como disciplinas con objetos de estudio propio), no hace perder de vista la riqueza de verlas vinculadas con la politología a través de instancias hibridas tales como las políticas públicas y la política comparada, por ejemplo. Estas líneas no pretenden desarrollar polémica alguna en torno a los elementos epistemológicos o filosóficos de la ciencia social en general. El lector puede buscar si le interesa el asunto, los trabajos de clásicos como Thomas S. Kuhn, Mario Bunge, Otto Neurath, Imre Lakatos o Karl Popper, entre muchos otros.


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en el proceso de estandarización de saberes, lenguajes y modos de comunicación/divulgación de los resultados de las propias indagaciones que se realizan bajo consensos comunes, que terminan prevaleciendo como verdades objetivas3. De esta manera, los estudios y análisis de los procesos, actores e instancias que se desenvuelven dentro del ejercicio del poder, los gobiernos y los grupos sociales implican definir entonces los qués, los cómo y los por qués mediante los cuales el ejercicio de estrategias, técnicas y metodologías consensuadas deben llegar a generar conocimientos veraces sobre las propias realidades factuales que dichos fenómenos identificados regularmente como “problemas” demandan, y los cuales desembocan en “soluciones o recomendaciones pertinentes”, mismas que se disciernan a partir del diagnóstico, selección, implementación y evaluación de alternativas que puedan ser construidas por uno o varios investigadores; o bien desde las acciones directas tomadas por los gobernantes, jueces o legisladores a partir de su papel como autoridades, quienes ejercen o se ven afectados por esas mismas decisiones u actos de poder4. Siguiendo esta premisa, se podría decir que el éxito de los “manifiestos” y “programas científicos fuertes” se nos presenta bajo una evidencia contundente, si lo vemos a partir de la cantidad de universidades y revistas especializadas que hoy se dedican al estudio de los problemas de naturaleza política. Esto se puede constatar para el caso que aquí interesa destacar, como lo es el presente libro colectivo, a partir de mostrar las condiciones con que una disciplina comienza a reflexionar sobre sí misma, y haciendo un corte de caja con respecto a cómo se han dado esos procesos de

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Algunas lecturas clásicas para incursionar en el tema son por ejemplo, Kenneth Boulding: El impacto de las ciencias sociales, Buenos Aires, Paidós, 1974; Daniel Bell: Las ciencias sociales desde la Segunda Guerra Mundial, Madrid, Alianza Editorial, 1984; o la recopilación clásica de Heinz R. Sontag: ¿Nuevos temas, nuevos contenidos? Las ciencias sociales de América Latina y el Caribe ante el nuevo siglo. Caracas, Nueva Sociedad, 1989. Por ejemplo, ver el artículo de Pablo González Casanova: “La comunicación en ciencias sociales y los conceptos profundos”, en Pablo González Casanova y Marcos Roitman Rosenmann (coords.): La formación de conceptos en ciencias sociales y humanidades. México, S. XXI, 2006, pp. 199-217.


Introducción

construcción y evolución de los objetos de estudio a los que se han dedicado los profesionales de dicho campo al paso del tiempo. De manera muy especial, lo anterior ha implicado rastrear y analizar los orígenes de las primeras decisiones que fueron tomadas por quienes formaron y orientaron dichos programas, para posteriormente adentrarnos en el tiempo a revisar las genealogías y trayectorias que muestran a una disciplina con niveles de complejidad y pluralismo crecientes; situaciones que ahora en el presente obligan ahora a generar estrategias de diálogo y decisión con respecto a las propias políticas científicas, como por ejemplo, definir perfiles formativos, establecer rutas de ingreso y egreso, valorar y reconocer la calidad de la producción científica por su relevancia y niveles de difusión. Todo ello implica tener como referente primario a la base del desarrollo disciplinario que se construye desde las instituciones educativas y las de investigación aplicada, las cuales a su vez se encuentran regularmente insertas dentro de sistemas de política científica controladas por los gobiernos nacionales, si bien se tienen cada vez mayores niveles de injerencia provenientes desde espacios como las ONG´s, las consultoras y las corporaciones transnacionales de alcance global, cuya acción en conjunto van delimitando las rutas y los consensos que justamente van dándose dentro de la propia dinámica de los conflictos y los procesos sociales5. Distamos así de seguir pensando a la construcción del conocimiento como una simple expectativa de corte romántico u idealista. Desde hace mucho tiempo atrás, la ciencia en general se despliega con objetivos de transformación y utilidad enfocadas a cubrir en el mejor de los casos, algunos de los supuestos éticos con que nuestras sociedades pueden mantenerse dentro de condiciones parsimoniosas y que permitan su desarrollo sin caer en guerras, pandemias o cualquier otro tipo de incertidumbre o peligro que detenga al paso de nuestros países y la civilización en general. Bajo

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Ver por ejemplo, Charles Lindblom: Inquiry and Change. The Troubled Attempt to Understand and Shape Society. New Haven, Yale University Press, 1990. Ver especialmente su capítulo 14: “Multiplism, Pluralism and Mutual Adjustment”, pp. 231-256.


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esta expectativa, el papel otorgado a la educación y la producción del conocimiento científico suponen desplegar acciones concretas que precisamente delimiten y hagan avanzar el predominio de dicho consenso en las formas y medios del quehacer científico. Sin embargo, la resistencia a dichos consensos o bien responder a esos retos con condenar al olvido conocimientos “no rentables” o “contrarios” a los paradigmas dominantes, hacen ver que las decisiones en materia de política científica son un intenso campo de batalla, dentro del cual las disciplinas de corte social no se hallan exentas de sufrir en forma directa los impactos de dichas acciones. Incluso decidir cómo y de qué maneras se construye la narrativa con que se enseña y difunde una disciplina implican también desarrollar las metodologías específicas que permitan llegar a esos acuerdos, especialmente en la revisión y comparación de los procesos curriculares que dan origen a los planes de estudio que prevalecen dentro de los programas docentes y las líneas de trabajo que son cultivadas por los profesores e investigadores que se encuentran adscritos a centros o facultades dentro de instituciones públicas o privadas6. II De esta manera, si nos acercamos a la experiencia particular del desarrollo de las ciencias sociales en México, dichos procesos permiten ya a apuntar los fundamentos de dicha narrativa de consensos básicos acerca de sus orígenes y de las decisiones primigenias que dieron pauta a la creación y orientación de las primeras instituciones de enseñanza de la politología en específico, y cómo estas acciones estuvieron sustentadas en el marco de la difusión con que las ciencias sociales se instauraron en la región latinoamericana como resultado de la II Guerra Mundial, en tanto éstas fueran

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Una reflexión siempre interesante acerca de los desafíos de hacer ciencia política y ciencias sociales en general desde el Norte, pero con una perspectiva desde el Sur, puede leerse en el clásico artículo de Guillermo O´Donnell: “Ciencias sociales en América Latina. Mirando hacia el pasado y atisbando el futuro”, en Guillermo O´Donnell: Disonancias. Críticas democráticas a la democracia. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007, pp. 187-202.


Introducción

promotoras y/o acompañantes de los procesos de modernización y desarrollo de los aparatos estatales. De esta forma, como ya es habitual en los consensos ya descritos, la generación de escuelas y facultades en “ciencias políticas y sociales” implicaban la formación de especialistas que fueran capaces de atender las problemáticas subyacentes en los diversos ámbitos y niveles territoriales de la acción y la administración gubernamental. Como lo sabemos dicho proceso ha sido muy lento para el caso de la ciencia política en México, a la que por largo tiempo, se le ha confinado esencialmente dentro de los reductos de la construcción teórica y conceptual, estando por tanto alejada de los procesos prácticos que usualmente siguen siendo dejados en manos de los cultivadores de los procesos jurídicos, la economía y la administración. En el mejor de los casos, su acercamiento al estudio y la operación de las instancias sociales le permitieron tener en las etapas iniciales de la disciplina, tener una buena idea de los componentes para ubicar el desarrollo de los movimientos revolucionarios y los procesos de acomodamiento y luchas internas dentro del naciente régimen posrevolucionario. Esto es, se hacían buenos diagnósticos de los antecedentes sociales e históricos de los procesos políticos. Gracias a ello, la ciencia política (que venía de ser un desprendimiento del quehacer jurídico) se le veía más entonces como sociología política, o bien como historia política; y ambas vertientes a su vez estaban fuertemente controladas por las epistemologías de corte positivista e historicista, producto mismo de las orientaciones dominantes con que la ciencia política fuera importada por sus primeros exponentes, siendo en su gran mayoría abogados nacionales y algunos emigrados europeos llegados a México que habían sido formados en universidades francesas, alemanas o españolas. Esta situación tendría un segundo impulso cuando hacia mediados de los años sesenta del siglo pasado, la ciencia política recibiría la influencia directa del pensamiento marxista, misma que le daría un fuerte contenido crítico anti-estatal a la disciplina, situación que ha mantenido hasta el presente bajo un sello muy específico (aunque ya no dominante) con que los programas y planes de estudio se desarrollan dentro de las instituciones universitarias.


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Sólo podría decirse que con el aliento que se genera especialmente a partir de los años ochenta, con la irrupción más puntual de instituciones más inspiradas en los think-tanks estadounidenses y las escuelas de formación de cuadros gerenciales como las existentes en Francia, es que finalmente hay una ruptura importante y se da un giro hacia la promoción de los enfoques de corte empírico (políticas públicas, institucionalismo, elección racional y teoría de juegos, política comparada, economía política o la psicología política). La caída del Muro de Berlín en 1989 no sólo implica entonces el declive del marxismo clásico, sino que derivó en importantes procesos que impulsaron los estudios culturales y de género, las teorías poscoloniales, migratorias y anti-globalización, las críticas al medio ambiente, y elementos similares que si bien ya no emplean tan abiertamente a los elementos del marxismo, mantienen al menos importantes tradiciones como la teoría crítica, los problemas de la acción comunicativa y de la hegemonía. De esta forma, la ciencia política mexicana tiene hoy un presente plural y complejo, con paradigmas y tradiciones que trazan sus redes dentro de luchas silenciosas que impactan a la propia definición de lo que se reconoce y promueve dentro de los programas de estudio, los sistemas de reconocimiento y acreditación como el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y las políticas generales de financiamiento, que existen no sólo desde el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), sino desde otras instancias tales como la SEP, los gobiernos estatales, los poderes legislativos, las judicaturas, los institutos o comisiones autónomas o el propio sector privado. Lo anterior implica que las orientaciones temáticas de la disciplina se sujeten cada vez más a los criterios e indicadores que se suponen “óptimos” para atender a las necesidades nacionales del desarrollo. En este sentido, la autonomía relativa con que se ha caracterizado la libertad de cátedra y de investigación se ha venido acotando de manera muy concreta para quienes desean tener acceso a dichas redes de reconocimiento y recursos. Los problemas de dichos procesos de inducción e institucionalización de los procesos de enseñanza, producción, difusión e impacto del conocimiento bajo rutas de acreditación y evaluación de sus impactos son harto conocidos, y reciben críticas de todo


Introducción

tipo y desde todos los lados del espectro social. Unos para pedir mayor eficiencia y menos desperdicio de recursos (al punto tal de comenzar a suprimir de lleno la enseñanza de las disciplinas humanísticas en varios países del orbe); o bien para suspender la provisión de fondos para la investigación disciplinaria, como ha pasado recientemente en el caso estadounidense, donde congresistas de dicha nación no observan pertinencia o beneficio alguno de sus investigaciones, Como puede verse, el desarrollo de la ciencia política mexicana se encuentra en medio de una paradoja: por un lado experimenta un crecimiento exponencial de practicantes de la disciplina (muchos de ellos ligados a otros campos, y que justifican de lleno la evolución misma de la ciencia política a la generación de programas como Estudios Políticos, Análisis Político, Gestión y Gobernanza, Asuntos Públicos, entre muchas de las denominaciones con que la disciplina se mantiene en el mercado. Y por otra, existe la preocupación lógica con respecto a los mecanismos que permitan garantizar un proceso de formación profesional con una “identidad propia” que cubra las exigencias necesarias con que los programas educativos ofrecen la obtención de dicho grado académico. Problemas entonces vinculados con lo que se considera “adecuado” con respecto a las propias condiciones de desarrollo que se presentan dentro de los ámbitos territoriales donde están instaladas las instituciones educativas. Historiar y evaluar a una disciplina como lo es la Ciencia Política, y de manera concreta partiendo de la experiencia mexicana, implica entonces un objeto de estudio con escalas de percepción todavía muy disímbolas, pero muestra claramente un interés no menor que ha sido expresado desde las propias entrañas de un gremio que en los años recientes evidencia con mucha mayor nitidez que otros campos disciplinarios en las ciencias sociales un interés abierto por emprender dicha tarea7.

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La literatura generada desde la década pasada en torno a la cantidad de problemas derivados del tema de la institucionalización de la ciencia política mexicana desborda los objetivos de esta reflexión introductoria, y ciertamente en varios de los trabajos reunidos en el presente volumen se contiene la información necesaria


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Ciertamente, los esfuerzos por hacer ese trabajo son también consecuencia de movimientos y procesos que proceden gracias a la formación de instancias organizativas y de reflexión generadas primero desde la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA) donde existe el Comité de Investigación número 33, mismo que se dedica al “Estudio de la Ciencia Política como Disciplina”, y que fuera fundado en el año 1989, y que ha estado presente en los Congresos Mundiales de IPSA desde el año 19918. Bajo este impulso, el análisis de la disciplina se ha venido perfilando en varios campos: a) estudio del nacimiento y desarrollo de las experiencias nacionales; b) estilos de investigación y docencia existentes; c) trayectorias institucionales e individuales de exponentes destacados de la disciplinas; d) procesos de profesionalización; e) internacionalización y redes de intercambio para la difusión de la disciplina, f) tendencias futuras de la disciplina. Estas tendencias se vieron reforzadas por el incipiente desarrollo de investigaciones con dicho corte dentro del ámbito latinoamericano, muy especialmente en los tres grandes centros de producción intelectual como lo eran Argentina, Brasil y México, donde la formación de las primeras asociaciones profesionales de politólogos habían surgido desde los años sesenta y setenta, aunque claramente limitadas por los desarrollos mismos que fueron tomando los regímenes de gobierno, que se fueron alejando de las prácticas democráticas, limitando con ello en los hechos la presencia de dichos gremios, a los cuales se les veía con obvia desconfianza y en donde muchos casos, se buscó su cooptación y sometimiento a los gobiernos de corte dictatorial y autoritario9.

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para entender la problemática local, e incluso se hace puntual referencia a autores de otros ámbitos de la región que han trabajado sobre el tema. De ahí que tampoco me incline por realizar una visión-resumen de los textos aquí incluidos, sino que invito ir a la lectura directa de los trabajos aquí reunidos. En la página web del grupo, se reconoce que sus orígenes previos se remontan a los trabajos del Comité de Investigación Sociología Comparativa de la Ciencia Política, creado en 1982 por John Trent y Michael Stein, si bien luego se fusionó con el Comité Internacional para el Estudio del Desarrollo de la Ciencia Política que había sido fundado en 1985 por David Easton bajo los propios auspicios de la IPSA. http://rc33.ipsa.org/pages/History-of-RC33 El lector se puede remitir a los excelentes balances de conjunto que pueden ser recuperados en los números especiales que fueron publicados en los años 2005


Introducción

Resulta por ello interesante que la reinserción a la democracia en nuestros países catapultara la necesidad por tener programas actualizados en ciencia política y otras disciplinas sociales. Pero estos dilemas de crecimiento súbito hacían ver a muchos colegas la necesidad de hacer un balance de lo ocurrido antes y con ello trazar líneas de acción que permitieran ver la necesidad de no repetir los errores en el diseño de dichos planes y programas. De esta manera, a lo largo del contexto latinoamericano comenzaron a darse los primeros ejercicios de revisión histórica y de contextualización comparativa de la ciencia política dentro de los ámbitos nacionales, en donde ya se contaría con la importante suma de exponentes provenientes de otros países como Colombia, Chile, Ecuador y Uruguay, por ejemplo, cuyos procesos de institucionalización han sido notables. Gracias a ese contexto se pudieron generar iniciativas de mayor amplitud partiendo ya no desde una idea externa que viniera desde Europa o los Estados Unidos, sino que por vez primera las iniciativas se comenzarán a generar transversalmente y desde el interior mismo de la región, muy especialmente bajo la idea de tratar de interpretar y entender dichos procesos internos en la evolución disciplinaria. III A partir de este punto me disculpo por tener que comenzar a hablar en primera persona a partir de este punto, pero quien suscribe —siendo miembro del Consejo Directivo de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política—, en el año 2010 tuvo la fortuna de exponer y proponer ante el entonces Secretario General de la agrupación, el brasileño Gláucio Soares, la idea de generar un grupo de investigación (similar al RC33 de IPSA) que pudiera dedicar sus esfuerzos a emprender estudios relativos al desarrollo histórico e institucional de la disciplina en la región latinoameriy 2015 por la Revista de Ciencia Política, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en donde se hace un recorrido puntual sobre las condiciones imperantes que han enfrentado las principales tradiciones politológicas nacionales en el marco de los dilemas comunes de la región latinoamericana.


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cana, y el cual que fue aprobado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en el marco del V Congreso Latinoamericano de la disciplina, En el año 2012, en la ciudad de Quito, Ecuador, se realizó el primer ejercicio de trabajo del Grupo, cuya directiva se conformó por tres miembros: Pablo Bulcourf (Argentina), José Viacava Gatica (Chile) y quien suscribe. La celebración de mesas en torno a la temática han prevalecido hasta la fecha con una fuerte y creciente participación de ponentes. Sin embargo, esta situación de crecimiento paradójicamente no estaba reflejada de manera análoga para el caso de México. La disolución fáctica del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública (creado en 1974) a partir de las malogradas elecciones internas del año 2000 que provocaron la salida de un importante segmento de politólogos, encabezados por el Dr. Carlos Sirvent Gutiérrez10, implicó que la politología mexicana se refugiara provisionalmente en las organizaciones especializadas en campos específicos, tales como el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), cuya existencia data de 1955), la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales (SOMEE), que data de 1989 y la Asociación Mexicana de Estudios Parlamentarios (AMEP), crea-

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El Colegio generó una muy importante tarea en los procesos de producción de estudios dedicados a la profesionalización y evaluación de la disciplina, los cuales quedaron sobre todo plasmados en 4 Congresos Nacionales de CP que se realizaron en 1996 y 1998 en la Ciudad de México, mientras que los dos siguientes fueron en las ciudades de Colima en el año 2001 y Toluca en el año 2003. Hasta mi conocimiento, sólo de los tres primeros existen las memorias correspondientes (7 tomos para el primero; 4 para el segundo y un disco compacto para el tercer congreso). Sin duda, sería de justicia intentar realizar al menos un catálogo esencial de sus contribuciones más importantes. No obstante, éste no fue el único reto que enfrentó, ya que en la segunda mitad de los años ochenta se formó una organización alterna, encabezada por Alberto Ruiz de la Peña, que se denominó Colegio Nacional de Licenciados y Posgraduados en Ciencia Política, que generó en 1986 un I Congreso Nacional de Ciencia Política bajo los auspicios de la Universidad de Colima. Sin embargo, en la historia reciente de la disciplina cabe indicarse que en 1985 en las instalaciones de la FCPyS-UNAM se realizó el I Encuentro Nacional de Estudiantes y Profesores de Ciencia Política, que fuera convocado por el CECIP (Círculo de Estudiantes en Ciencia Política), y del cual se conserva también la memoria correspondiente; La Ciencia Política en México. Estado actual y perspectivas. México, UNAM-FCPyS/CECIP, 1986.


Introducción

da en el año 2001, y ya de manera más alejada en la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI), o en los congresos generados desde el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO). La expectativa de tener una organización integradora del gremio finalmente derivó en la promoción por vías paralelas de dos estructuras con pretensiones gremiales: la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas (cuyo origen se sustenta en la Red Nacional de Estudios sobre la Calidad de la Democracia, cuya implantación se debía a un macro-proyecto encabezado por CONACYT) y que terminará teniendo una sesión fundacional en la ciudad de Mérida en el mes de junio de 2012, aglutinando a representantes de una cantidad importante de universidades nacionales. Y por otro lado, desde la Ciudad de México, se formaría el Consejo Mexicano de Ciencia Política (COMICIP), cuyas actividades también datan del año 2012. La primera de las organizaciones obtuvo el reconocimiento de la IPSA en el año 2014 y a la fecha ha realizado 4 congresos internacionales (Guanajuato, Toluca, Guadalajara y Monterrey), mientras que la segunda mantiene sus actividades en eventos en escalas más limitadas, pero de manera constante. Derivado de esos esfuerzos, la existencia de un Grupo de Investigación sobre la Historia de la Ciencia Política en México fue aprobada por la AMECIP desde el año 2013, y éste ha sido una mesa de trabajo que se ha mantenido dentro de sus congresos internacionales, aunque también agregando los temas de corte más metodológico. Por otra parte, cabe señalar que desde el año 2014, un grupo de profesores decidimos promover un espacio adicional de encuentro y discusión (acorde con los esfuerzos y mandato derivados desde la ALACIP y su grupo respectivo) que pasó a denominarse “Coloquio Historia y Balance de la Ciencia Política en México”, el cual ha tenido tres convocatorias (San Luis Potosí, Aguascalientes y Guadalajara). En este evento, se han podido concentrar importantes esfuerzos de reflexión conjunta y que han venido evolucionando en forma significativa. Como consecuencia de esta evolución reciente de proyectos individuales y colectivos, el presente libro coordinado por Fernando Barrientos Del Monte es una consecuencia afortunada de todas


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estas preocupaciones, ya que permite ofrecer una primer gran sistematización de los ejes de trabajo que han sido cultivados en los años recientes tanto por investigadores consolidados como noveles, y que permiten comparar precisamente los dilemas de integración, selección y evaluación con que la disciplina politológica mexicana afronta en la actualidad asuntos centrales como ubicar las rutas y condiciones que dieron fundamento a los primeros planes y programas de estudio en varias partes del país, partiendo desde el contexto pionero de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM para llegar hasta el momento presente, que son los trabajos que integran la primera parte del volumen. Adicionalmente, el lector podrá acercarse a los elementos que implican estudiar con detalle cuáles han sido los modelos más influyentes dentro del desarrollo de los mapas curriculares y hacia dónde se han dirigido los esfuerzos por generar mejores estrategias de apoyo en lo relativo a la titulación y acreditación del egreso profesional, cuestiones ahora no menores a la luz de tener opciones distintas a la clásica tesis de investigación que caracterizó a los primeros esquemas escolares en México y su comparación actual a partir del estudio de casos estatales concretos como los de Nayarit o Puebla, por ejemplo. De esta manera, la segunda sección de artículos nos muestran esta importante vertiente de análisis que se orienta incluso a considerar elementos de naturaleza pedagógica y prosográfico. Esto marca una interesante incursión sobre las decisiones que usualmente se les vislumbraban desde un horizonte ideológico y político, en tanto los desafíos e intereses se colocan dentro de temas tales como la conformación de habilidades y competencias, las cuales nos hablarían más que una disciplina centrada en quehaceres aplicados, mismos que se confrontan para muchos (aunque ello no debería ser así necesariamente, si se supiera guardar el equilibrio adecuado) con las perspectivas centradas en los procesos de construcción teórico-metodológicos. Hoy más que nunca, lo que se demuestra en las páginas que el lector tiene a su disposición en este volumen, es que no importando el contexto local, nacional o regional en que nos movamos (tal y como se aborda en la tercera sección del volumen), la interac-


Introducción

ción y estandarización de la ciencia política avanza gracias a las condiciones de hibridación, mixturas y capacidades cada vez más abiertas que son proporcionadas por las propias tecnologías de la información y a una mayor apertura que se va instaurando dentro de los propios perfiles de las nuevas generaciones de estudiantes e investigadores que se han incorporado en épocas recientes al contexto mexicano, mismo que cuenta además con un afortunado proceso de asimilar exponentes que proceden de otras nacionalidades, si bien no debe omitirse sobre la importancia de ofrecer un mayor acceso de mujeres y otros grupos tradicionalmente marginados dentro de las instancias de docencia e investigación. En suma, este apretado recorrido introductorio a valorar algunos de los problemas existentes para el proceso de historiar y evaluar la ciencia política mexicana, implica justamente abonar en un camino que ciertamente tiene la fortuna de sostenerse sobre cimientos y raíces muy claros. Sin duda alguna, los participantes de este volumen colectivo coordinado por Fernando Barrientos del Monte representan una evidencia muy pertinente de lo que se pretende lograr con el desarrollo de este tipo de análisis disciplinario. No se trata de ver al pasado ignorando al presente, sino hay que ver desde el pasado hacia adelante, con lo que podemos trazar una gran línea de continuidad que nos permita ver y valorar cuáles son los futuros posibles, mismos que surgen gracias a la comparación, el cotejo de evidencias y la interpretación explicativa de datos robustos. En síntesis, justamente implica hacer investigación y generar conocimientos que se sustenten sobre los requerimientos de la metodología científica, y que a partir de los mismos se puedan recomendar y tomar las decisiones más pertinentes en beneficio de la propia sociedad. Coda Cierro estas líneas introductorias aludiendo a la expresión clásica del Dr. José Luis Orozco, quien hace cerca de cuarenta años publicara su gran obra “La pequeña ciencia. Una crítica a la ciencia políticas estadounidense” (1978), valorando que la naciente disciplina politológica se sostenía esencialmente sobre sofismas e instrumentos que tenían muy poco de sólidos, a pesar de dichos


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