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EDUCAR LA MIRADA Documentales para una enseñanza crítica de los derechos humanos José Antonio García Saez Raquel Vañó Vicedo

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(Eds.)


EDUCAR LA MIRADA Documentales para una enseñanza crítica de los derechos humanos

JOSÉ ANTONIO GARCÍA SAEZ Raquel Vañó Vicedo (Eds.)

Valencia, 2015


Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© José Antonio García Saez, Raquel Vañó Vicedo y otros

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráicas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es ISBN: 978-84-9086-635-1 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Presentación JOSÉ ANTONIO GARCÍA SAEZ RAQUEL VAÑÓ VICEDO

El libro que aquí presentamos nace de un compromiso, el que creemos que debería tener cualquier docente: educar la mirada de sus estudiantes, máxime si su especialización tiene que ver con los derechos humanos. Así lo exige el convulso mundo en el que vivimos, inmerso en una severa crisis social y política, pero también en una crisis de valores y de la justicia. Un mundo caracterizado por una profunda volatilidad ética, marcada por la realidad 2.0 en la que nos movemos, desbordante, vertiginosa, vibrante a la par que lemática, supericial hasta la frivolidad, donde nunca mejor dicho una imagen vale más que mil palabras, sobre todo si se transmite a través de cualquier red social o plataforma virtual. Ante tal exceso de información, de saturación tecnológica sin precedentes desteñida por el sensacionalismo, ser capaz de descifrar un mensaje, de quedarse con la esencia de una idea, de discriminar lo trivial de lo realmente importante, de guardar la justa distancia con la realidad, de mantener la capacidad crítica y de no contaminarse por el efectismo de la inmediatez, se convierte en un requisito imprescindible para poder entender y cambiar el mundo. Un reto colectivo en el que la formación universitaria desempeña una papel fundamental. De ahí la importancia de aprender a mirar, objetivo último de este libro, para no caer en esta especie de voyeurismo galopante (o si se preiere de facebookismo, youtubismo, twitterismo etc.) generalmente vacío de contenido.

1. ¿Por qué hay que educar la mirada? Algo a priori tan sencillo como reivindicar la mirada dentro de la enseñanza de los derechos humanos adquiere así todo su signiicado. Un ojo ailado, crítico, sagaz, constituye la mejor garantía para luchar contra la miopía social imperante. Si perdemos la perspectiva, si nos dejamos arrastrar por el dictado de los mercados, por la nefasta inluencia de los lobbies de poder y los mass media, la batalla humanitaria está perdida. Dejar de ser espectadores pasivos para convertirnos en sujetos conscientes y activos es la gran asignatura pendiente. En otras palabras, la realidad no puede consumirse, debe combatirse. Y esto pasa por convertir nuestra alteridad, esa curiosidad casi innata que despierta la vida cotidiana e insigniicante del vecino, en empatía, en el interés sincero por el sufrimiento de quien es


nuestro igual, pero sobre todo en el compromiso por entender y atajar los factores que causan su dolor. Ahí reside el porqué de este libro. En la motivación de contribuir a corregir esta suerte de estrabismo indolente desde la universidad, convirtiendo la indiferencia en deferencia hacia quienes se encuentran en la posición del más débil. Nuestra propia experiencia, todavía en ciernes, así lo demuestra, quizá porque el lapso de tiempo transcurrido desde que intercambiamos el rol de estudiante por el de profesor nos hace, al menos parcialmente, conocedores del sentir de las aulas universitarias. Hemos sido testigos directos de numerosos cambios y transformaciones que han venido acompañados de nuevas exigencias y demandas. Unas peticiones que no conviene desatender desde el plano pedagógico, so pena de fomentar una desmotivación ya demasiado generalizada que, junto con la pésima tendencia de las recientes reformas educativas, convierten en cada vez más impracticable el in clásico de la academia: la formación ciudadana. No, la universidad no puede ser solamente una fábrica de mano de obra cualiicada. Su papel, tal y como nosotros la entendemos, no puede limitarse a reproducir el orden social existente. Al contrario, debe contribuir precisamente a su cuestionamiento profundo y permanente. Este libro también responde a eso, a nuestra propia forma de vivir la universidad. A la enorme responsabilidad que como docentes tenemos en nuestras manos no sólo para que la universidad recupere el prestigio y la inluencia social que parece haber perdido, sino para que alimente, asuma, e incluso lidere y protagonice el cambio que estimamos a todas luces necesario. Compromiso que aumenta sobremanera cuando se asume el estudio de ciertas materias, como en nuestro caso, las que tienen que ver con los derechos humanos. En este ámbito del saber el docente juega un papel fundamental, como actor y como parte. En primer lugar, porque de él depende despertar conciencias, lo que equivale a combatir tanto la neutralidad discursiva como la pretendida asepsia cientíica que ésta genera. Los derechos humanos no admiten medias tintas. Exigen posicionarse, tomar partido y, en ocasiones, hasta transgredir la línea de contención que marca lo políticamente correcto. Estamos cansados de la retórica de los derechos humanos, de quienes hacen bandera de ellos para convertirlos en una cáscara vacía. En la defensa de los derechos humanos no hay término medio: estudiarlos implica también reivindicarlos. O se toman en serio o no, y para tomarlos en serio es necesario conocerlos y asumirlos, aunque también cuestionarlos y discutirlos. Nótese que de su estudio y transmisión depende en buena parte la credibilidad de todo el sistema, al constituirse en un innegable factor de legitimación o deslegitimación de legislaciones y políticas públicas. De ahí la importancia de la función del docente, casi equivalente a la del oftalmólogo, en el sentido de que de ella pende la responsabilidad de proporcionar la lente necesaria con la que los


estudiantes puedan enfocar suicientemente los problemas, sorteando las trampas dialécticas tendidas a menudo por quienes están interesados en que nada cambie. Ahora bien, si por un lado es evidente que para enseñar derechos humanos hay que creer en ellos (y no vivir de ellos), por el otro lado no es menos cierto que importa y mucho cómo hacerlo. El proceso de aprendizaje adquiere así, en segundo lugar, toda importancia, pues no hay duda de que un alumno convencido será invariablemente un ciudadano comprometido en el futuro, razón de más para poner todo el empeño en acercar esta materia a los estudiantes. Dar con la fórmula más adecuada para hacerlo ya resulta más difícil. Pensamos que, a diferencia de otras ramas del derecho, los derechos humanos no pueden aprenderse, sino que deben aprehenderse. Aquí la reiteración, la literalidad, incluso la memoria no sirven, si lo que se desea es que los estudiantes posean su propia capacidad crítica y sean capaces de profundizar de manera autónoma sobre el contexto y antecedentes de cada problema, confrontar debates y sustentar opiniones, intercambiar pareceres, conocer los principales mecanismos y cauces de denuncia y actuar para salvaguardarlos más allá de la retórica oicial, que no hace sino trasladar una óptica eminentemente sesgada, manipulada a propósito las más de las veces y sospechosamente buenista. Para ello es fundamental desplegar nuevas estrategias, métodos y técnicas docentes; fundamentalmente porque atraer la atención del estudiante en la era de la tecnología y la información, resulta cada vez más complicado.

2. ¿Por qué el género documental? El método que en las siguientes páginas proponemos responde precisamente a estas exigencias, tanto a las que se derivan del contexto social y tecnológico actual como a las que como consecuencia de éste han inluido sustancialmente en el ámbito académico. Se trata de utilizar el género documental como herramienta para la enseñanza crítica de los derechos humanos, combinando la inmediatez y el atractivo de lo audiovisual con el sosiego que requiere un análisis académico comprometido. Algo en principio tan sencillo y accesible, aunque por desgracia bastante inadvertido hasta ahora en España. Pese a que la doctrina ha aplicado en ininidad de escritos el enfoque del cine al análisis del derecho, no abundan, en cambio, los trabajos que hagan lo propio con el género documental. Y eso que este formato encierra, como a continuación veremos, un gran potencial. El soporte documental ofrece las suicientes garantías como para satisfacer las expectativas que exige la educación en derechos humanos antes comentada. Su formato, la temática abordada, la precisa recreación de casos concretos, la profusa documentación, la perspectiva realista e incluso su duración (ajustable al tiempo de una clase), lo convierten en un recurso idóneo y de fácil utilización con ines docentes. Más si, como en este caso, se han seleccionado documentales


que en su gran mayoría pueden, localizarse en abierto, es decir, de forma libre y gratuita en la red, cuya accesibilidad se convierte en una importante baza para el trabajo con los estudiantes. Desde el punto de vista técnico, la selección de los documentales que aquí se ofrece tampoco es casual. Hemos preferido partir de documentales muy diversos: desde aquellos más ambiciosos, que constituyen relevantes productos cinematográicos, a aquellos realizados con escasos medios materiales y de forma más bien autogestionada por los mismos protagonistas. Diieren asimismo respecto al enfoque del problema (general, sectorial, de entrevistas…), los medios, la calidad, la técnica, el estilo narrativo, etc. Esta heterogeneidad radica en la intención de ofrecer, antes que nada, una aproximación realista, incluso personalista de los problemas que se abordan. Los rostros de quienes sufren, de los protagonistas, con sus nombres y apellidos, con sus circunstancias sociales y familiares, son los que más allá del frío papel pueden conmover al estudiante, haciéndole ver que cuando se aborda un problema de derechos humanos estamos abordando mucho más que una mera cuestión teórica. Hemos querido ligar cada documental, y el impacto que sobre nuestras conciencias produce, con una relexión académica hecha por un especialista; de forma que el audiovisual y el texto constituyan una propuesta docente, un conjunto autónomo propio que pueda ser utilizado como material para explicar diferentes aspectos relacionados con los derechos humanos. Para hacerlo hemos tenido la suerte de contar con un excepcional plantel de juristas y académicos. Si algo caracteriza a todos los trabajos aquí recogidos es su enfoque crítico, nacido de un compromiso cívico compartido por sus autores. A ellos debemos agradecerles no sólo sus contribuciones y que se hayan prestado a nuestra propuesta, sino el hecho de que nos hayan hecho sentir que no estamos solos. No estamos solos quienes pensamos que otra universidad es posible y necesaria. No estamos solos quienes defendemos a contracorriente una educación pública, universal y de calidad. Y tampoco quienes estamos convencidos de que la enseñanza en derechos humanos no puede ser más que una enseñanza crítica, sin complacencias ni tibiezas. Estas pocas pero contundentes ideas son el común denominador de los trabajos de este libro. Los trece trabajos que recogemos van precedidos por un magníico estudio preliminar de Mario Ruiz Sanz. Conocedor como muy pocos del séptimo arte, Mario Ruiz explica con todo detalle el gran potencial del género documental como herramienta docente en la enseñanza de los derechos humanos. A continuación, un primer bloque de cuatro textos trata de aportar una perspectiva del contexto en el que se enmarca hoy la lucha por los derechos: la globalización neoliberal y la economía inanciarizada, que incrementa las desigualdades hasta socavar las mismas bases del estado del bienestar. Para contribuir al escla-


recimiento de los procesos históricos e ideológicos que se encuentran tras este hecho resulta revelador el comentario que Sebastián Martín realiza a propósito de The Trap, la trilogía de documentales que el director Adam Curtis produjo para la BBC en 2007. Igualmente reveladores son los trabajos de Jesús García Cívico sobre El in de la pobreza y de Borja Barragué sobre Enron, los tipos que estafaron a América. Ambos tratan sobre dos aspectos que son diferentes caras de una misma moneda: la pobreza y la riqueza. La persistencia, e incluso el incremento, de amplias capas de población que vive por debajo del umbral de la pobreza no debe contemplarse aisladamente de aquellos que viven en la más absoluta opulencia; por eso ambos documentales, con sus respectivos comentarios, se complementan perfectamente. A ellos hemos querido sumar el trabajo de José Elías Esteve a propósito del documental Los negocios de Bruselas, que ayuda a comprender el entramado jurídico-político de la Unión Europea, pieza básica, en su actual coniguración, para que los dogmas del neoliberalismo se apliquen a los pueblos europeos, en clara tensión con los derechos reconocidos en sus cartas constitucionales y en los tratados internacionales. En el segundo bloque se han agrupado los trabajos que tienen que ver con derechos concretos. No hemos diferenciado entre derechos civiles y políticos y derechos económicos, sociales y culturales, puesto que tomamos en serio el postulado de la interdependencia de todos los derechos humanos. Abre este bloque el trabajo en el que Antoni Llabrés parte del documental Taxi to the dark side para relexionar sobre la polémica de la tortura, tristemente reabierta a raíz de la llamada guerra global contra el terrorismo. Le sigue el clariicador ensayo de Adoración Guamán y Raúl Llorente a propósito de Los esclavos de Amazon, documental que sirve para ilustrar los efectos de la profunda degradación sufrida por la legislación laboral en los últimos tiempos. No es menos sugerente el texto que ofrecen Ruth Mestre y Carmen Miguel a propósito del Caso Campo Algodonero vs México, que además de mostrar el escándalo de los tristemente famosos feminicidios de Ciudad Juárez, aporta las claves del papel que la práctica del litigio estratégico puede jugar en la protección de derechos humanos. Víctor Merino se apoya en el documental Be like others para mostrar una realidad todavía poco conocida, pero cada vez menos oculta: los derechos de las personas transexuales y los obstáculos jurídicos a los que éstas deben hacer frente, particularmente en países con pocas garantías democráticas. El documental La crisis del cuarto poder da pie a la relexión que Fernando Flores hace sobre el derecho a la libertad de información, un derecho que es clave para el ejercicio de todos los demás derechos y que, sin embargo, se encuentra gravemente amenazado por la actual deriva mercantilista de los medios de comunicación —de la que, por fortuna, consiguen escapar cada vez más iniciativas que deciden apostar por nuevas formas de gestión y inanciación que permiten su necesaria independencia de los poderes fácticos—. Cierra este apartado el comentario de la abogada Patricia Goicoechea sobre el derecho


a la protesta social a propósito del documental Estudiar en primavera, pieza que da voz a los estudiantes de secundaria que fueron salvajemente reprimidos por la policía en los sucesos que tuvieron lugar en el instituto Lluís Vives de Valencia en el mes de febrero de 2012. Y, por último, en el tercer bloque se recogen tres trabajos que aportan una interesante visión sobre nuevas tendencias y procesos políticos que nos acercan a otras formas de contemplar el derecho y los derechos. Rubén Martínez Dalmau utiliza el documental Construyendo dignidad para comentar, desde su experiencia participante, el proceso que llevó a la aprobación de la Constitución boliviana de 2009, una norma que revoluciona la estructura jurídica y que empodera a la población de un país que —como tantos en el continente latinoamericano— se encontraba totalmente subyugado por las rémoras del colonialismo. Esa misma tendencia de cambio se deja ver en Los descendientes del jaguar, documental que narra la lucha del pueblo indígena del Sarayaku, en la amazonía ecuatoriana, para preservar su territorio de la explotación de las empresas petrolíferas, y que da pie a una relexión de Albert Noguera sobre el pluralismo jurídico y sobre el papel de los mecanismos internacionales de protección de derechos humanos, como la Corte Interamericana. Por último, Luis Lloredo ofrece una sugestiva propuesta para reinterpretar la teoría del derecho a raíz de las exigencias del movimiento de los indignados, siguiendo el documental #Indignados. ¿Puede seguir siendo el derecho una cuestión propia de especialistas, de leguleyos, o necesita democratizarse? ¿Acaso los juristas no debiéramos dejar de centrarnos en los tribunales por un momento para volver la vista a aquello que se está clamando desde las plazas? No queremos acabar esta presentación sin reconocer el trabajo y la constancia de tantos profesores que día a día luchan contra todos los elementos para poder ejercer la noble vocación de educar. Tenemos claro que sin nuestros maestros hoy no seríamos quienes somos. Queremos dar las gracias en particular a los profesores y colegas del Institut de Drets Humans de la Universitat de València, donde nos hemos formado y transformado. En particular, tenemos que agradecer los sabios consejos a las profesoras (y cinéilas) Consuelo Ramón y Cristina García Pascual, siempre dispuestas a escucharnos. Y muy en especial al profesor Javier de Lucas, que, además de ser inagotable fuente de estímulo intelectual, desde el principio apoyó y alentó este proyecto. A todos ellos les debemos este libro. Una deuda heredada que queremos asumir, con igual gratitud y responsabilidad, con nuestros propios alumnos. De ahí este libro y nuestro compromiso con educar las miradas, ahora desde la Academia Interamericana de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Coahuila, México.


Estudio preliminar

Ver, oír, pensar los derechos humanos a través de los documentales1 MARIO RUIZ SANZ Universitat Rovira i Virgili “La riqueza de poder registrar los momentos vividos por los pueblos, sus luchas, dolores y esperanzas, es gracias a la voluntad y compromiso de los movimientos de documentalistas que utilizan los avances de la ciencia y las técnicas, la aceleración del tiempo que les permite registrar momentos de la vida e historia de cada pueblo, no para detenerla, sino para que camine como la palabra entre imágenes y sonido, para hacer posible que las voces del silencio se puedan oír permaneciendo en las conciencias y la vida de cada uno”. Adolfo Pérez Esquivel, 2007

1. Imágenes y voces para el recuerdo y la relexión En el párrafo anterior escrito por el Premio Nobel de la Paz argentino y contenido en el prólogo al libro Cine documental, memoria y derechos humanos (Campo, J.; Dorado, C., coords.), se encuentran las claves interpretativas de lo que supone la simbiosis entre los documentales cinematográicos y su imaginario global sobre los derechos humanos. El cine y el vídeo son un medio importante para signiicar la memoria individual y la identidad colectiva. Al tratarse de un mecanismo informativo y didáctico, mediante el documento fílmico se pretende relejar y expresar la realidad con el mayor margen posible de objetividad; por ello es una herramienta que contribuye a desarrollar la imaginación, la sensibilidad y las emociones. Por suerte, la representación mental que se inserta en lo más profundo de la conciencia no puede ser desprendida con facilidad. Las situaciones de abuso indiscriminado, los temores o miedos interiorizados, las injusticias sempiternas, contribuyen a fomentar una cultura de respeto hacia los derechos humanos que se maniiesta en muchas ocasiones a través de la lucha activa o pasiva por su defensa absoluta. Las voces, lamentos y ecos de las víctimas se ven y escuchan a través de la imagen y el sonido; las visiones se esclarecen y son más diáfanas a medida que el enredo va desapareciendo y el oído agilizándose. La violación de los derechos humanos

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Este trabajo es una versión del trabajo que el autor publicó con el título “Documentales y derechos humanos: de esquimales a militares” en Teoría y Derecho, nº 15, 2014, pp. 218-242.


aparece más real y cercana para así renovar la esperanza en que otro mundo mejor es posible, pero siendo conscientes de que cabe una existencia más cruel, despiadada y sórdida. Contra la desgracia ajena hay que revelarse con todos los métodos e instrumentos disponibles, entre los cuales está el cine como arma en respuesta al discurso del miedo con “lecciones de libertad”2. Frente a la apología del terror que enmascaran dictadores explícitos o implícitos, miserables con apariencia encantadora, mezquinos impenitentes u otros especímenes humanos de esa calaña, una respuesta irme es enfrentarse al miedo a través del arte cinematográico. Pero no hay que obviar las diicultades que aparecen en cualquier tiempo y lugar. En el tiempo, frente a actitudes inveteradas con pretensiones actuales; en el espacio, frente a consignas en la lejanía o muy cercanas. La fuerza del documental en la opinión pública y su poder de convicción tiene una capacidad persuasiva que supera los límites de esa doble dimensión. El 19 de septiembre de 2013, un grupo de mujeres no identiicadas amenazaron y hostigaron a los organizadores de un festival de cine de derechos humanos en Kirguistán con motivo de un documental sobre Azimjan Askarov, defensor de los derechos humanos arrestado y encarcelado en el 2010 por identiicar y mostrar violaciones de derechos humanos durante 25 años. Actualmente cumple una sentencia a cadena perpetua dictada tras un juicio parcial durante el cual fue golpeado estando bajo custodia en la que se le denegó el acceso a un abogado. Pedían que el documental no fuera proyectado el 21 de septiembre, protestando y exclamando frases ofensivas contra los organizadores del festival. Una cámara estaba ilmándolas y le exigieron a gritos que borrara sus rostros de la grabación. Al levantarse el tumulto, los políticos intervinieron y declararon que el documental podía provocar conlictos entre etnias, en contra de la opinión de los organizadores. En la edición anterior del festival del año 2012 se había prohibido proyectar un documental sobre las experiencias de personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) en el mundo islámico, pues el ilme, según la Oicina del Procurador, era “extremista, incita al odio religioso y apunta a deshonrar a los musulmanes”. Además, los organizadores recibieron amenazas explícitas3. Si un simple documental provoca tal consternación y rechazo entre sectores de la población más o menos intransigentes, sean de cualquier procedencia o signo que sean, resulta ser un estímulo, un soporte a las convicciones personales, una provocación que sirve como toque de atención para relexionar, criticar, incitar y hasta actuar. Por todo esto, bienvenido sea ese documental y su mensaje enviado a través de una iconografía sonora.

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DE LUCAS, J., Cine: lecciones de libertad, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2013, pp. 17-22. http://www.frontlinedefenders.org/es/node/23855 [fecha de la consulta: 30 de septiembre 2014]


2. Los derechos humanos no tienen límites deinidos Aludir a los derechos humanos supone referirse a cuestiones muy diferentes e incluso divergentes. La expresión “derechos humanos” es potencialmente vaga y ambigua por su indeterminación semántica y léxica, respectivamente. Ahora bien, ese aparente defecto congénito se torna incluso virtud al usarse en ámbitos variados con los más diversos objetivos y inalidades. Además, la imprecisión del término conduce a una hipertroia en su uso que produce una “dialéctica de confusión” adecuada para provocar reacciones positivas4. Cuando son citados los derechos humanos siempre se transmite ilusión y compromiso; por ello, la apelación a los mismos de manera intencionada, sea cual sea el modo o contexto en el que se haga, produce una emotividad saludable a pesar de que se denuncien y condenen los casos más despiadados imaginables. No cabe desconocer que los derechos humanos siempre han estado al servicio de determinada ideología y han sido utilizados como armas semánticas de la cultura individualista y antropocéntrica del occidente europeo al menos desde la modernidad hasta nuestros días5. Ahora bien, su propia capacidad demiúrgica y transformadora ha hecho que sobrepasen los límites del etnocentrismo europeísta disfrazado de universalismo para transcender hacia otras metas o cotas más arriesgadas. Su enorme ductilidad los ha convertido en seña de identidad de las más dispares reivindicaciones o propuestas, desde las más imperiosas o evidentes hasta las más increíbles o utópicas. Esa riqueza conceptual no puede ser limitada por deiniciones convencionales o incompletas al uso. Los problemas que afectan a su contenido, la determinación de sus titulares, su discutida universalidad o su entendimiento como idea regulativa no pueden ser límites para su comprensión6. El sincretismo innato a la propia noción de derechos humanos casi obliga a no deinirlos para que no pierdan fuerza expansiva. Quizás lo más sensato sea aproximarse a ellos desde la experiencia. En ese sentido, no se puede negar que son una realidad histórica, que están dotados de contenidos más o menos concretos y que se han forjado diacrónicamente a lo largo del tiempo. Por este motivo se airma de forma sintética que los derechos humanos son pretensiones morales y exigencias políticas que buscan una juridicidad maniiesta para obtener un status jurídico pleno en cuanto a su protección y garantías. Los ámbitos de la moral, la política y el derecho suelen aparecer

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PECES-BARBA, G., Curso general de derechos fundamentales. Teoría general, Universidad Carlos III-BOE, Madrid, 1999, pp. 21-22. PÉREZ LUÑO, E., Derechos humanos, Estado de Derecho y Constitución (6ª ed.), Tecnos, Madrid, 1999 pp. 22-25. DE LUCAS, J., El desafío de las fronteras. Derechos humanos y xenofobia frente a una sociedad plural, Temas de Hoy, Madrid, 1994, pp. 37 y ss.


entremezclados pues si falta una parte de esta tríada, en su justa medida, probablemente estemos hablando de otra cosa distinta. Así pues, deben dar respuesta a los valores morales existentes en determinada sociedad, han de ser un factor de legitimidad del poder político y deben abrir el camino hacia la protección jurídica de todos los seres vivos. Tras ellos vienen delineadas situaciones o necesidades de carácter ético que constituyen el contenido de las instituciones políticas y jurídicas actuales. Su propia lógica interna les exige racionalidad práctica en cuanto a que han de ser capaces de adaptarse a su tiempo y espacio; una doble dimensión que los convierte en operativos e indispensables para la vida cotidiana. Sin fecha ni lugar, no tendrían ningún sentido. Otro tanto sucede con el cine documental, que en su vertiente de protesta social está enfocado al servicio de los derechos humanos en buena medida. Su localización bidimensional tiene por inalidad dar a conocer la realidad y lo catapulta a ser considerado por algunos un genuino género cinematográico. No obstante, tampoco queda inmune a los problemas conceptuales mencionados que afectan a su objeto de referencia: la polivalencia y versatilidad de la expresión “géneros cinematográicos” corre paralela, aunque con ininita menor repercusión, a la anunciada indeinición de los “derechos humanos”. Un halo de borrosidad e indeterminación compartida gira alrededor de estos conceptos, lo que sin duda permite divagar y ejempliicar sobre la inluencia del cine documental en los derechos humanos.

3. Carácter abierto del documental y sus derivados El documental indaga en la realidad a través del audiovisual, plantea cuestiones sociales mediante historias particulares con tendencia a su generalización en forma de archivo y memoria de las culturas, y crea una capacidad de relexión crítica ante situaciones y acontecimientos dignos de atención. Con esa inalidad se utiliza la voz en off o voice-over, entrevistas, referencias periodísticas, semblanzas, recuerdos fotográicos u otras técnicas y recursos al uso. El documental es considerado por parte de la crítica un género genuino, pero su proximidad a otros géneros o subgéneros hace que a veces se maniieste en un sentido híbrido con identidad propia. Un ejemplo bastante claro de esta aseveración está en la combinación entre el cine documental y el biotip (o cine biográico) con su punto de enclave en los derechos humanos: vidas tremendas, apabullantes e increíbles de líderes políticos, religiosos, deportistas, artistas o personas anónimas que llaman la atención por motivos humanitarios y admirables con los que enfatizar; o todo lo contrario: por actitudes mezquinas, inmisericordes y criminales, hasta genocidas, que deben repugnar. Preiero poner algunos ejemplos de las primeras sin olvidar las segundas: las reconstrucciones biográicas


de Rosa Luxemburgo (Rosa Luxemburg, Margarethe von Trotta, 1986), Antonio Gramsci (Antonio Gramsci: i giorni di carcere, Pasqualino del Fra, 1976), Flora Tristán (Die Reise nach Lyon, Claudia von Alemann, 1981) o la más reciente sobre Hanna Arendt (Hanna Arent, Margarethe von Trotta, 2013). Todos estos pseudocumentales son, desde diferentes puntos de vista, una excelente muestra de una constante, ardua y alentadora lucha por los derechos humanos. Salvo referencias televisivas, resulta algo más difícil encontrar largometrajes de este tipo, pero algunos afrontan con dureza la vulneración de los derechos humanos. Es el caso, por ejemplo, del ilme La historia de Lena Baker (The Lena Baker History, Ralf Wilcox, 2008) sobre la primera mujer afroamericana condenada a muerte en Georgia en 1945, o El camino a Guantánamo (The road of Guantanamo, Michael Winterbotton, 2006), sobre la torturas a las que fueron sometidos ciudadanos afganos por militares estadounidenses en esa base militar debidas a un error. Quizás un toque de humor para compensar no vendría mal. Hay un tipo de cine documental que rompe con los cánones habituales de este tipo de ilmes. Es el mockumentary o falso documental en el que se trata de emular el estilo propio del relato audiovisual para contar una historia no real que casi siempre busca parodiar o satirizar sobre un tema social conlictivo. Imita los códigos convencionales de la realidad aunque es una simulación ingeniosa e irreverente. Ha sido un mecanismo utilizado tanto en el cine como en la televisión, alcanzando cotas de pantalla impresionantes en este último formato visual. Hay cierta tendencia en ellos a la improvisación y al divertimento, pero por regla general se denuncian situaciones alarmantes. Para ello, se utiliza la técnica del engaño: el espectador visiona con credibilidad hasta que observa y percibe algunos detalles que alteran su convicción. Pondré un par de ejemplos desternillantes pero que producen desasosiego: Un día sin mexicanos (A Day Without a Mexican, Sergio Arau, 2004) que retrata a través de varias entrevistas hechas al azar los efectos de la desaparición repentina y sobrenatural de todos los latinoamericanos en Califormia; o Bruno (Brüno, Larry Charles, 2009) sobre un reportero de televisión austríaco, homosexual y neonazi, que hace un recorrido por los Estados Unidos de Norteamérica. Parodia, esperpento, relexión y crítica acerada son las señas de identidad de estas producciones.

4. El audiovisual documental hoy en día: alabanzas y reproches A inales del siglo XX, la llegada de la cámara digital transforma las posibilidades cinematográicas anteriores. Junto a la utilización de pequeñas y potentes cámaras de 16 mm., las alteraciones tecnológicas contribuyen a facilitar el rodaje y ampliar las posibilidades de grabar con una facilidad inusitada. Consecuencia


de ello es la progresiva proliferación de películas, sobre todo de documentales caseros. El cine alternativo y contracultural encuentra su catapulta en la realización de cortos y documentales que son críticos y hasta rompedores con aspectos de la sociedad actual. Si a ello se le une la fácil y extendida utilización de plataformas audiovisuales como You-Tube, agregadores como Google o Yahoo y portales de redes sociales a la manera de Facebook o Twitter, entre otras posibilidades virtuales, ya no quedan palabras para explicar lo que ha sido una auténtica revolución fílmica; y mucho más que eso: una transformación vivencial o existencial de los individuos. Otro factor importante a tener en cuenta es que las ilmaciones no se limitan a disponer de las mejoras técnicas, sino a otras cuestiones de contenido y del recurso a temáticas más amplias y de mayores posibilidades que, de forma algo sorprendente, han elevado a los altares al cine documental. No sólo ha proliferado una cantidad abrumadora de pequeñas grabaciones colgadas en la red como consecuencia de las facilidades técnicas. Las distribuidoras de los circuitos comerciales han incorporado documentales de largo metraje con una asiduidad sin precedentes. Quizás parte de culpa de esto la tenga Michael Moore con sus producciones documentales, en especial con tres largometrajes de sonado éxito en las taquillas: Bowling for Columbine (2002), Farenheit 9/11 (2004) y Sicko (2007). El primero de ellos muestra la presencia de armas de fuego en los Estados Unidos de Norteamérica; es un alegato en contra del uso de la violencia en los centros de educación y de rebote releja el miedo provocado a través de los medios de comunicación. Obtuvo el premio de los Oscar al mejor largometraje documental y también fue premiada en el festival de cine de Cannes y con el César a la mejor película extranjera en 2003. El segundo (Farenheit 9/11) recoge desde la experiencia las causas y consecuencias de los atentados del 11-S de 2001 en los Estados Unidos de Norteamérica y la posterior invasión de Iraq por este país y Gran Bretaña. En él se expone la vinculación económica de la familia del presidente G. Bush con la de Osama ben Laden. El título hace referencia, según el director, “a la temperatura a la que arde la libertad”. Fue galardonada con la Palma de Oro del festival de Cannes, después de transcurridos 48 años en los que un documental no la lograba (por cierto, el galardón fue para los magníicos directores franceses Jacques Costeau y Louis Malle). El tercero (Sicko), critica furibundamente el sistema de salud y la atención médica en los Estados Unidos de Norteamérica. Los seguros médicos, las compañías aseguradoras y farmacéuticas, las repercusiones sobre países subdesarrollados, son algunos de los temas candentes que van apareciendo en el ilme. Moore declaró en una entrevista que “si la gente pregunta, díganles que Sicko es una comedia acerca de 45 millones de personas sin salud pública en el país más rico de la Tierra”. Los documentales de M. Moore han tenido un éxito mediático sin precedentes con el que se ha devuelto al documental social su grandeza me-


diante el recurso a la ironía, la búsqueda de la empatía, la habilidad para entrevistar, la inteligencia discreta y tantas otras cosas más. No obstante, Michael Moore no ha salido indemne de las críticas pues ha sido acusado de difundir “medias verdades” a través de dudosos métodos de trabajo7. A pesar de ello, necesitamos más Moore(s) para que no sólo tomemos “posesión” (en la butaca del cine o en el sofá de casa) y “posición” (sobre todo, a través de expectativas de espectador) y hagamos algo más… por ejemplo, algo tan sencillo como actuar. No cabe duda de que estas últimas cintas cinematográicas han abierto las puertas a otras muchas, ya sean superproducciones o sólo microdocumentales escondidos en el rincón más recóndito de una página web no consultada o de un blog medio abandonado. En cualquier caso, han contribuido a cambiar algo, por mínimo que sea, de la cultura actual fomentando situaciones comprometedoras para los poderes públicos. Quizás el ejemplo más llamativo sea el del documental Una verdad incómoda (An Inconvenient Truth, Davis Guggenheim, 2006), en el que se critica los efectos devastadores del cambio climático producidos por la actividad humana sobre nuestro planeta. La presentación la realiza Al Gore, exvicepresidente estadounidense durante el mandato demócrata de Bill Clinton. En un tono educativo y a modo de letanía, explica las consecuencias del calentamiento global mediante ejemplos gráicos donde advierte del retroceso de glaciares en los últimos siglos al mismo tiempo que aporta datos sobre la desaparición del hielo en la Antártida debida a concentraciones muy altas de dióxido de carbono. Para exponer lo anterior, se ayuda de un power point e intercala dibujos del creador de los Simpson. Él mismo aparece sobre un submarino nuclear que emerge del Ártico rompiendo el hielo junto a imágenes sensibleras de sus viajes, de su vida, del accidente de su hijo, etc. El llamado con anterioridad por los parlamentarios republicanos “Mister Ozono” ya había pronunciado conferencias y escrito algún libro (La tierra en la balanza) donde apelaba a un discurso ecologista que ahora se conirmaba. Este ilme obtuvo varios premios, entre los que destacó El Oscar de 2006 al mejor documental y a la mejor canción original. Pero más relevancia tuvo la concesión a Al Gore del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación internacional y sobre todo del Premio Nobel de la Paz en octubre de 2007. No obstante este éxito sin precedentes, se ha planteado la veracidad del documental. A pesar de que la Associated Press contactó con expertos climatólogos y muchos de estos conirmaron los datos, tampoco han faltado sus detractores. En 2007 se realizó otro documental titulado La gran estafa del calentamiento global en el que aparecen otros expertos en el tema cuya opinión es contraria a las explicaciones y comentarios de Al Gore. Además, algunos ecologistas hicieron críticas muy

7

ROMERO, E. G., “El derecho y el documental”, en El derecho visto a través de los géneros cinematográicos, en Gómez García, J.A. (ed.), Tirant lo Blanch (colección Cine y derecho), Valencia, 2008 p. 342.


profundas al documental. El tono propagandístico y publicitario y la exaltación en ocasiones nada comedida de su protagonista, que no parece ser el cambio climático, no recorta méritos a la importante difusión que tuvo esta película que incluso llegó a ser distribuida adjunta a un ejemplar del National Geographic. Sólo la amplísima difusión del documental es un síntoma de las posibilidades de concienciación que tienen estos medios audiovisuales, aunque por infortunio muchas veces sólo se quedan en eso. Pero no todo debe de ser euforia desmedida. Cabe centrarnos ahora en las pequeñas producciones documentales. Siempre, como en casi todas las cosas, hay inconvenientes y vicios. La inocencia fetichista no tiene límites. Todos los artefactos eternamente susceptibles de perfección que son objeto del deseo y hasta de la obsesión, nos perturban la vida habitual aunque no lo reconozcamos. La ciega fascinación por las máquinas e instrumentos soisticados resulta alentadora para obtener nuestras pasiones más recónditas y sombrías. Los poderosos y burócratas digitales lo saben, pues tienen recursos estratégicos para conseguir lo que persiguen; por este motivo, la digitalización del espacio creativo es un peligro disfrazado. Ahí viene una contradicción insalvable: recurrir a la tecnología capitalista para criticar formas de capitalismo atroz y destructor, muchas veces con inocencia mimética pero en otras con intención hipócrita. En este sentido, ya ni los propios medios de comunicación pretenden, al difundir informaciones supuestamente verídicas, descubrir la verdad y ni siquiera aproximarse a ella. No existen las certezas documentales. La democratización audiovisual ha liberado en parte la dependencia económica, pero en cambio ha sufrido los envites de la presión tecnológica que no deja de ser por otra parte un disfraz crematístico. La consecuencia de todo esto es dramática: la vigilancia y el control de nuestras vidas oprime los espacios de libertad por parte del poder político y económico que nos ofrece seguridad y protección frente a lo desconocido. El Panopticon de Bentham renace globalizado ya que asumimos con naturalidad pasmosa la autovigilancia y el autocontrol; y eso mismo es lo que le sucede a la imagen documental, que se convierte en instrumento de vigilancia y control de su propio autor8. De esta manera y con una clara intención manipuladora, se ha potenciado y publicitado exponencialmente las ilmaciones entre personas a través de pequeños pero soisticados móviles, microordenadores, tabletas, todo tipo de utensilios cibernéticos u otros objetos al uso. Un sugerente ejemplo de esto es el surgimiento de la personalidad selie de todos aquellos que se autorretratan y autograban creando formas de pseudocumental narcisista en el que el único protagonista es uno mismo. Así el documental cobra vida mientras que el indivi-

8

RENDUELES, C., Sociofobia. El cambio político en la utopía digital, Capitán Swing, Barcelona, 2013, pp. 20-29; ROMERO, E.G., “El derecho y el documental”, cit., p. 243.


duo pierde libertad; al mismo tiempo que el documental se muere, el esperpento resucita; el documental deja de ser cine verídico para convertirse en cámara de vigilancia… ¿y después qué vendrá? Pues no lo sabemos y quizás mejor no saberlo.

5. Pero… ¿y qué sucede con los derechos humanos? Todo eso y más pues los derechos humanos son mucho más que eso. Quizás todo lo señalado en el epígrafe anterior también le está sucediendo a los derechos humanos vistos y oídos a través de la ilmación documental. Tal y como antes se advertía, denunciar abusos y aberraciones de todo tipo usando un instrumental patentado por empresas, generalmente multinacionales, que de alguna manera contribuyen por acción u omisión a que se toleren tales abusos, resulta contradictorio en el caso del recurso a plataformas o medios on-line controlados y distribuidos por imperios económicos y inancieros, tal y como sucede con los citados Google, Yahoo o You-Tube, entre otros. Un argumento circular que, como tal, no tiene solución posible y que siempre se ha dado en el cine o en las otras artes y probablemente continuará dándose en todos los ámbitos de la vida, pero que ahora y de momento se agrava de forma descomunal. De otro lado, no todo son contrariedades, por fortuna: el punto de vista positivo está en el entusiasmo y el compromiso con el que se acepta la creación, difusión o visualización de materiales cinematográicos aunque sean de escasa calidad respecto a sus formas o contenidos. Esa es la grandeza intrínseca al cine en todas sus facetas: la elección personal, la capacidad crítica, la libertad irrenunciable para elegir, o como decía acertadamente un director francés absolutamente genial: “Tu imaginación apuntará menos a los acontecimientos que a los sentimientos, queriendo siempre que éstos sean lo más documentales posible (…) Lo real en bruto no dará por sí mismo lo verdadero”9. O también otro realizador francés no menos genial se refería a que “el cine es el arte de la mentira” (Jean Luc Godard en el cortometraje L´amour, 1969)10. Esa es la esencia y la razón de ser de esta clase de cine: documentar sin que importe la verdad, incluso mentir si es necesario. Volvamos atrás de nuevo en ese eterno retorno que iniciamos al comienzo de estas páginas. La indeinición del cine documental así como de los derechos humanos, más su amplitud e imposible reducción conceptual, lleva a plantearse si hay una posible exposición temática susceptible de ser organizada tanto de uno como de los otros. Por lo ya comentado, parece que no. En un intento analítico de aproximación casi desesperado, no se puede ser innovador aunque se quisiera.

9 10

BRESSON, R., Notas sobre el cinematógrafo, Gallimard, París, 1975. SOLER, Ll., Así se crean documentales para cine y televisión, CIMS 97, Bascelona, 1999, p. 23.


Así los derechos humanos aparecen de forma mayoritaria en el cine documental a través de tres tipos de manifestaciones que se puede hacer coincidir con las clasiicaciones jurídicas más comunes de índole pedagógica y aceptadas en su desarrollo a partir de la modernidad. A saber: el asentamiento de los derechos civiles y políticos, la insuiciencia de garantías de los derechos económicos y sociales, la comprensión de derechos emergentes o de nuevos derechos, etc. No obstante, tan poca originalidad se redime y expía al aceptar la imposibilidad de su sistematización mediante una premisa indiscutible y reasuntiva: todos los derechos humanos presentes y futuros son susceptibles de ser tratados por el cine documental; para ello sólo hace falta imaginación, fuerza e ilusión. Incluso resulta complicado establecer una línea temática de documentales sobre los derechos humanos pues las cláusulas identiicadoras de los mismos son imposibles. Si hay que señalar algunas, puede mencionarse tres básicas relacionadas con los derechos humanos que en bastantes ocasiones aparecen entrelazadas: a) documentales naturalistas (medio ambiente y desastres ecológicos, etnias exóticas, comunidades indígenas, lugares paradisíacos, animales en su medio natural, etc.); b) documentales políticos (pueblos sin estado, minorías étnicas, religiosas o lingüísticas, regímenes totalitarios y dictaduras militares, gobiernos o líderes corruptos, grupos discriminados, poblaciones exterminadas, genocidios y magnicidios, etc.); c) documentales sociales (situaciones de pobreza, escasez o falta de vivienda, hambre, carencias en sanidad, graves deiciencias en educación, problemas y taras en inmigración, conlictos de género, etc.); d) y una categoría residual donde debe entrar todo lo demás, pues cualquier cosa es susceptible de desamparo y necesidad de protección. No obstante, es imposible delimitar esta congerie de aspectos y ámbitos de la realidad tan intrincados entre sí y unidos por una misma intención: la denuncia y posterior reivindicación de unas condiciones de vida adecuadas, saludables e incluso felices.

6. Intencionalidad en la búsqueda de la verdad documental El documental cinematográico sobre derechos humanos, sea el ejemplo que sea, tiene el mismo objetivo fundamental que la literatura, o en concreto la novela: crear “torrentes de emoción” e “imaginar la igualdad”. Se trata de sentir una empatía, comprender la subjetividad de los demás e imaginar las experiencias internas como propias11. Con esta inalidad, se utilizan todo tipo de recursos que alejan al documental sobre derechos humanos de su intención verídica.

11

HUNT, L., La invención de los derechos humanos, Tusquets, Barcelona, 2007 pp. 35 y ss.


La diferenciación entre verdad y verosimilitud aparece cada vez más diluida. La comprensión del cine entendido como instrumento de representación de la realidad no se limita a exponer su verdad, sino a interpretarla en conciencia. En el cine actual se han liberado prejuicios sobre lo que antes se sabía pero que casi siempre se había mantenido oculto; y todo ello respecto a dos notas importantes: el carácter ideológico del cine documental y la confusión entre lo verídico o verosímil y lo iccional. Sobre ambos temas se ha visto y oído, se ha escrito y leído hasta la saciedad. Para resumirlo en unas pocas palabras: en relación a lo primero, no hay cine documental que no sea ideológico pues comienza con la imaginación y sensibilidad del realizador, se transcurre por los detalles fílmicos (guión, cámaras, ambientación, actores, etc.) y se termina con una elección casi siempre personal; respecto a lo segundo, en el cine no hay separación nítida entre lo real y lo icticio pues ambos forman parte de un mismo objetivo: enseñar el mundo y sus circunstancias tal y como se ve a través de una cámara ya que es imposible mostrarlo directamente. Ambas aclaraciones se uniican en cuanto a que el cine documental trata de mostrar una “verdad con intención” sin que pueda desprenderse de ella12. En este sentido, el realizador documental moldea un relato con intenciones que en general apela a la protección de los derechos humanos, en nuestro caso. Por ello, la única diferencia entre el cine de icción y el documental se puede reconducir a un asunto de grado: mientras que el de icción es una cuestión de escopoilia (placer de mirar), en el documental se prioriza la episteilia (placer del conocimiento) que indica una forma de compromiso social e incluso un sentido de la identidad cultural13. No obstante, la separación no es tan estricta en cuanto a que este razonamiento puede ser alterado porque en ocasiones el placer de mirar conduce al placer por conocer. Pongamos un ejemplo signiicativo: las ilmaciones sobre animales. Los protodocumentales de inales de siglo XIX ya se ijaban en la vida animal sin mayor pretensión que captar su imagen, tratándose de documentales naturalistas. Esta idea se va transformando con el paso del tiempo hasta la actualidad, en la que los productos cinematográicos sobre animales tienen dos funciones básicas: el mero entretenimiento —muchas veces a través de la animación— o bien la denuncia de las condiciones en las que viven. Esta segunda es el foco de atención de los defensores de los llamados “derechos de los animales”. En estos ilmes, se suele dramatizar la narración, se trucan las imágenes imposibles de captar o mantener

12

13

BARNOUW, E., El documental: historia y estilo, Gedisa, Barcelona, 2002; PERONA, M.A., Ensayos sobre video, documental y cine, ed. Brujas, Córdoba (Argentina), 2010, pp. 23-40; RUIZ SANZ, M., “La enseñanza del derecho a través de cine: implicaciones epistemológicas y metodológicas”, en Revista de Educación y Derecho, nº 2, Bosch, Barcelona, 2010, p. 162. NICHOLS, B., Representing Reality, Indiana University Press, Blomington & Indianapolis, 1991, p. 232 y ss.


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