alan Bradley
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
la muerte no es un juego de niños
PR
traducción de elisabete Fernández arrieta
a Planeta
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 3
09/01/12 14:31
GRANJA R Í O EF O N PIEDRAS PARA ATRAVESAR EL RÍO
RÍ O EF
V I CA R Í A
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
ON
PA R R O Q U I A
PA N TA N O
CEMENTERIO D E ST TAN C R E D
PR
PA R E D D E PI E D R A
A
N HI
LE
O
EF
ON
JARDÍN DEL CEMENTERIO
H I G H
R OAD
Y
A B UC K S H AW ( 1 M I LL A )
BISHOP’S LACEY y alrededores
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 8
RÍ
VERJAS DE M U LF O R D BISHOP’S L AC EY
B UC K S H AW JA R D Í N l AG O O R N AM E NTAL
11/01/12 10:18
MALPLAQUET
COW LAN E
PIT SHED
BIBLIOTECA
BOLT
PR
N
D
SAUCES
GIBBET WOOD
Claro de GIBBET WOOD
G I B B ET H I L
Y LE GS IN EN D D OOK’S R Y
O
A D
ALLEY
H I G H ST R E ET
O
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
LOS TRECE PATOS
SHOE S TRE
C AT E
ET
R ST R E E T
A RG SI
VIEJO CAMIN O
D E
R Í O EF O N
GRANJA CULVERHOUSE
L
DISTANCIA REAL ALREDEDOR DE MILLA
GRANJA CULVERHOUSE
1
JUBILEE FIELD
GRANJA MALPLAQUET ST TANCRED
RÍO EFON
HIGH ROAD A HINLEY NOTA: NO ESTÁ A ESCALA
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 9
11/01/12 12:52
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
Uno
Yacía muerta en el cementerio. Apenas había pasado una hora desde que los dolientes habían pronunciado sus últimos y tristes adioses.
A las doce en punto, en el instante en el que, de otra manera, nos hubiéramos sentado a comer, había habido una par-
PR
tida desde Buckshaw: habían sacado mi ataúd de palisandro pulido de la sala, lo habían bajado lentamente por los amplios escalones de piedra hasta el camino de entrada y lo habían deslizado con una facilidad desgarradora a través de la puerta abierta del coche fúnebre que esperaba, aplastando un pequeño ramo de flores silvestres que uno de los desconsolados vecinos había tendido dentro con ternura. A continuación, vino el largo viaje a través de la avenida de castaños hasta las verjas de Mulford, donde los grifos apartaban la mirada a nuestro paso, no sé si por tristeza o apatía. Dogger, el devoto criado de papá, había caminado a paso moderado junto al lento coche fúnebre, con la cabeza encorvada y las manos ligeramente apoyadas sobre el techo, como 11
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 11
09/01/12 14:31
si quisiera proteger mis restos de algo que sólo él podía ver. En las puertas, uno de los dolientes de la funeraria lo había persuadido finalmente, mediante gestos, para que se subiera a un coche alquilado. Y así me habían llevado al pueblo de Bishop’s Lacey, pasando sombríamente por los mismos senderos verdes y setos polvorientos que había recorrido en bicicleta cada día cuando estaba viva. En el abarrotado cementerio de St Tancred me habían sa-
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
cado con cuidado del coche fúnebre y transportado a paso de caracol por el camino cubierto de tilos. Luego me dejaron un momento sobre la hierba recién cortada.
Después vino el funeral junto a la enorme tumba, y se percibió un tono de auténtico dolor en la voz del vicario mientras pronunciaba las palabras habituales.
Era la primera vez que oía las palabras de la ceremonia del entierro desde esta ventajosa posición. El año anterior ha-
PR
bíamos asistido con mi padre al funeral del viejo señor Dean, el verdulero del pueblo. De hecho, su sepultura apenas estaba unos metros más allá de donde yo yacía en ese momento y ya se había hundido y había dejado poco más que una depresión rectangular sobre la hierba que, la mayoría de las veces, estaba llena de agua estancada de lluvia. Mi hermana mayor, Ophelia, dijo que había cedido porque el señor Dean resucitó y ya no estaba de cuerpo presente, mientras que Daphne, mi otra hermana, dijo que era porque había caído sobre una tumba más antigua cuyo ocupante se había desintegrado. Pensé en la sopa de huesos que había abajo... y yo estaba a punto convertirme en un ingrediente más. 12
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 12
09/01/12 14:31
Harían grabar «Flavia Sabina de Luce, 1939-1950» sobre mi lápida, una modesta losa de mármol gris de buen gusto, sin lugar para falsos sentimientos. Lástima. Si hubiera vivido suficiente, habría dejado instrucciones escritas, pidiendo un toque de Wordsworth: Una doncella a quien nadie elogió y pocos amaron.
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
Y si no les hubiera parecido bien, habría dejado esto como segunda opción:
Los corazones más sinceros por hechos hirientes son los más dispuestos a la desesperación.
Sólo Feely, que las había tocado y cantado al piano, reconocería las palabras de Third Book of Airs, de Thomas Cam-
PR
pion, y estaría demasiado consumida por el dolor culpable para decírselo a nadie.
La voz del vicario interrumpió mis pensamientos. «... tierra a la tierra, cenizas a las cenizas, polvo al polvo, con la cierta esperanza de la Resurrección a la vida eterna, a través de Nuestro Señor Jesucristo; que cambiará nuestro cuerpo infame...» Y de repente se habían marchado, dejándome allí sola. Sola, escuchando a los gusanos. Eso era todo: el final del camino para la pobre Flavia. Para entonces, la familia ya habría vuelto a Buckshaw y se habría reunido alrededor de la larga mesa del comedor: papá, con su habitual silencio sepulcral; Daffy y Feely, abrazándose 13
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 13
09/01/12 14:31
con caras tristes y llenas de lágrimas mientras la señora Mullet, nuestra cocinera, servía una fuente de carne estofada. Recordé algo que Daffy me había dicho una vez, cuando estaba devorando La Odisea. Me comentó que en la antigua Grecia la carne estofada constituía el menú funerario tradicional, a lo que yo respondí que, en vista de las habilidades culinarias de la señora Mullet, las cosas no habían cambiado demasiado en dos mil quinientos años. Pero ahora estaba muerta, y pensé que quizá debería in-
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
tentar ser un poco más caritativa.
Naturalmente, Dogger estaría inconsolable. Queridísimo Dogger: mayordomo, chófer, ayuda de cámara, jardinero y administrador; una pobre alma atormentada cuyas capacidades fluían y refluían como las mareas del Severn; Dogger, quien recientemente había salvado mi vida y a la mañana siguiente lo había olvidado. Le echaría muchísimo de menos.
También echaría de menos mi laboratorio de química. Re-
PR
cordé todos los instantes dorados que había pasado allí, en aquella ala abandonada de Buckshaw, sola y feliz entre los frascos, las retortas y los tubos y vasos de precipitados que burbujeaban alegremente. Y pensar que no los volvería a ver. Era casi insoportable. Escuché el viento que se levantaba mientras susurraba por encima de las ramas de los tejos. Ya estaba refrescando entre las sombras de la torre de St Tancred y pronto oscurecería. ¡Pobre Flavia! Pobre y muerta Flavia. Para entonces, Daffy y Feely estarían deseando no haber sido tan malvadas con su hermana pequeña durante sus breves once años en la Tierra. El pensamiento hizo saltar una lágrima sobre mi mejilla. 14
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 14
09/01/12 14:31
¿Estaría Harriet esperándome para darme la bienvenida al cielo? Harriet era mi madre, que había muerto en un accidente de montañismo un año después de mi nacimiento. ¿Me reconocería después de diez años? ¿Estaría vestida aún con la ropa de montaña que llevaba cuando encontró su fin o ya la habría cambiado por una túnica blanca? Bueno, llevara lo que llevase, sabía que sería elegante. Hubo un repentino batir de alas: un ruido que resonó
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
fuertemente desde la pared de piedra de la iglesia, cuyo volumen se amplificó de forma alarmante a causa del medio acre de vidrieras y las lápidas inclinadas que me acorralaban. Permanecí inmóvil.
¿Podría ser un ángel —o más bien un arcángel— que bajaba para llevarse la preciosa alma de Flavia al paraíso? Si abría un poco los ojos podía ver algo a través de las pestañas, pero no mucho.
PR
No hubo suerte: era una de las grajillas que andaban siem-
pre en St Tancred. Estas vagabundas habían estado anidando en la torre desde que los canteros del siglo xiii habían recogido sus herramientas y se habían marchado.
Ahora el estúpido pájaro había aterrizado con torpeza sobre un dedo de mármol que apuntaba al cielo y me contemplaba descaradamente, con la cabeza ladeada y sus brillantes y ridículos ojos en forma de botón. Las grajillas nunca aprenden. No importa las veces que he realizado este truco: antes o después, siempre bajan aleteando desde la torre a investigar. Para la mente primitiva de una grajilla, cualquier cuerpo horizontal en un cementerio sólo puede tener un significado: comida. 15
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 15
09/01/12 14:31
Tal y como había hecho una docena de veces antes, me levanté de un salto y lancé la piedra que llevaba escondida entre mis dedos. Fallé, pero casi siempre fallaba. Con un «awk» de desprecio, el bicho saltó al aire y se marchó aleteando por detrás de la iglesia, hacia el río. Ahora que estaba de pie, me di cuenta de que tenía hambre. ¡Por supuesto que tenía hambre! No había comido nada desde el desayuno. Durante un instante me pregunté distraídamente si encontraría algún pastelillo de mermelada o un
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
poco de tarta que hubiera sobrado en la cocina de la parroquia. Las Damas Auxiliadoras de St Tancred se habían reunido la noche anterior, y siempre cabía esa posibilidad. Mientras caminaba a través de la hierba, que me llegaba a las rodillas, escuché un peculiar resoplido y por un momento pensé que la insolente grajilla había vuelto para decir la última palabra.
Me detuve y escuché.
PR
Nada.
Y lo volví a oír.
A veces, el haber heredado el agudo sentido del oído de Harriet me parece una condena, pero otras creo que es una bendición, puesto que, tal y como me gusta decirle a Feely, soy capaz de oír cosas que os pondrían los pelos de punta. Uno de los sonidos que percibo con especial facilidad son los sollozos cuando alguien llora. El resoplido procedía de la esquina noroeste del cementerio, de algún lugar junto al cobertizo de madera en el que el sacristán guardaba sus herramientas para cavar tumbas. A medida que avanzaba sigilosamente de puntillas, el sonido aumentaba: alguien se estaba pegando una buena llore16
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 16
09/01/12 14:31
ra, de aquellas que servían para desahogarse y sacarlo todo. Era una simple realidad de la naturaleza que, mientras que la mayoría de los hombres pueden pasar de largo junto a una mujer que llora como si tuvieran los ojos cerrados y los oídos llenos de arena, ninguna mujer puede oír el sonido de otra en apuros sin acudir rápidamente en su ayuda. Me asomé por detrás de una columna de mármol negro y allí estaba ella, tendida boca abajo sobre la losa de una tumba de piedra caliza, con su cabello rojo flotando sobre la erosio-
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
nada inscripción, como riachuelos de sangre. Si no fuera por el cigarrillo que apretaba con estilo entre sus dedos, podía haber sido una pintura prerrafaelita de alguien como BurneJones. Casi odié interrumpir.
—Hola —dije—. ¿Estás bien?
También es otro hecho que una siempre empieza este tipo de conversaciones con un comentario totalmente estúpido. Lo lamenté tan pronto como lo hube pronunciado.
PR
—¡Por supuesto que estoy bien! —chilló, mientras se ponía
de pie de un salto y se secaba los ojos—. ¿Qué pretendías acercándote así, a hurtadillas? Y en cualquier caso, ¿quién eres tú? Se echó el pelo hacia atrás con un movimiento de cabeza y levantó el mentón. Tenía los pómulos altos y la cara dramáticamente triangular como la de una estrella del cine mudo y, por la forma en la que mostraba sus dientes, pude ver que estaba aterrorizada. —Flavia —dije—. Mi nombre es Flavia de Luce. Vivo cerca de aquí, en Buckshaw. Señalé vagamente con el pulgar. Aún me miraba fijamente, como paralizada por el terror. —Lo siento —le dije—. No pretendía asustarte. 17
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 17
09/01/12 14:31
Se irguió hasta alcanzar su estatura total, que no podía ser mucho más de metro y medio, y dio un paso hacia mí, como una versión irascible de la Venus de Botticelli que había visto una vez en una lata de galletas Huntley and Palmer. Me mantuve firme, mirando su vestido. Era de un cremoso algodón estampado, con el cuerpo fruncido y la falda con vuelo, completamente cubierto de una miríada de minúsculas flores rojas, amarillas, azules y con un naranja brillante, del color de las amapolas. No pude evitar observar que llevaba el
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
ruedo del vestido manchado de barro casi seco.
—¿Qué pasa? —preguntó mientras le daba una calada afectada a su torcido cigarrillo—. ¿Nunca has visto a ningún famoso?
¿Famosa? No tenía ni la más mínima idea de quién era. Se me ocurrió decirle que, de hecho, sí que había visto un famoso, Winston Churchill. Mi padre me lo había señalado desde un taxi en Londres. Churchill estaba de pie frente al Savoy
PR
con los pulgares enganchados a los bolsillos de su chaleco, hablando con un hombre de impermeable amarillo.
—El bueno de Winnie —suspiró mi padre para sí.
—¿Qué más da? —dijo la mujer—. ¡Maldito lugar... maldita gente... malditos coches! —Y comenzó a llorar de nuevo. —¿Puedo hacer algo para ayudarla? —pregunté. —Vete y déjame en paz —sollozó. «Pues, muy bien», pensé. En realidad, pensé mucho más que eso, pero dado que estoy intentando ser mejor persona... Permanecí de pie allí durante un instante, ligeramente inclinada hacia adelante para ver si las lágrimas que había derramado reaccionaban con la superficie porosa de la tumba. Sabía que las lágrimas se componían, en su mayor parte, de 18
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 18
09/01/12 14:31
agua, cloruro sódico, manganeso y potasio, mientras que la piedra caliza se componía principalmente de calcita, que era soluble en cloruro sódico, pero sólo a temperaturas elevadas. Así que, a menos que la temperatura del cementerio de St Tancred subiera de repente unos cuantos cientos de grados, parecía poco probable que ocurriera nada químicamente interesante allí. Me giré y me alejé. —Flavia...
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
Miré hacia atrás. Tenía su mano extendida hacia mí. —Lo siento —dijo—. Es que ha sido un día espantoso. Me detuve y volví lentamente y con cautela, mientras ella se secaba los ojos con el dorso de la mano.
—Rupert ya estaba de pésimo humor desde el principio, incluso antes de salir de Stoatmoor, esta mañana. Hemos tenido una discusión y, después, todo el asunto de la furgoneta... ha sido, sencillamente, la gota que ha colmado el vaso. Se
PR
ha marchado a buscar a alguien que la arreglara y yo... bueno, aquí estoy yo.
—Me gusta tu pelo rojo —le dije. Se lo tocó al instante y sonrió, tal y como de alguna manera sabía que haría. —Cuando tenía tu edad, solían llamarme cabeza de zanahoria. ¡Cabeza de zanahoria! ¡Mira tú por dónde! —Las cabezas de las zanahorias son verdes —dije yo—. ¿Quién es Rupert? —¿Cómo que quién es Rupert? —preguntó—. ¡Me estás tomando el pelo! Señaló algo con el dedo y me giré para mirar: en el camino, en la esquina del cementerio, habían aparcado una furgoneta destartalada, una Austin Ocho. En un costado, en visto19
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 19
09/01/12 14:31
sas letras doradas de circo, aún se podían leer las palabras «Los títeres de Porson» bajo una gruesa capa de barro y polvo. —Rupert Porson —dijo ella—. Todo el mundo conoce a Rupert Porson. Rupert Porson, la ardilla Snoddy de El reino mágico. ¿No le has visto en la televisión? ¿Snoddy, la ardilla? ¿El reino mágico? —No tenemos televisor en Buckshaw —le dije—. Papá dice que es un invento pecaminoso.
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
—Tu padre es un sabio poco común —dijo ella—. Tu padre es, sin duda alguna...
Se vio interrumpida por el repiqueteo metálico de una cadena de bicicleta suelta, mientras el vicario se acercaba tambaleándose por la esquina de la iglesia. Se bajó y apoyó su maltrecha Raleigh contra una lápida cercana. A medida que caminaba hacia nosotras, pensé que el padre Denwyn Richardson no era el estereotipo del típico vicario de pueblo.
PR
Era grande, directo y campechano y, si hubiera tenido tatuajes, lo podrían haber confundido con el capitán de uno de esos viejos barcos de vapor oxidados que navegan cansinamente de un puerto soleado a otro en cualquiera de las horrorosas bases que aún quedan en el Imperio británico. Su negro traje clerical estaba manchado de polvo calcáreo, como si hubiera fracasado en sus intentos con la bicicleta. —¡Maldita sea! —dijo cuando me vio—. He perdido el corchete del pantalón y el dobladillo está hecho jirones —y sacudiéndose el polvo mientras caminaba hacia nosotras, añadió—: Cynthia me va a matar. Los ojos de la mujer se abrieron desmesuradamente y me lanzó una rápida mirada.
20
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 20
09/01/12 14:31
—Hace poco que ha empezado a marcar mis iniciales con una aguja en mis pertenencias —siguió—, pero eso no ha impedido que siga perdiendo cosas. La semana pasada, las hojas del hectógrafo para el boletín parroquial; la semana anterior, un pomo de latón de la sacristía. Es verdaderamente exasperante. »Hola, Flavia —añadió—. Siempre es agradable verte en la iglesia. —Éste es nuestro vicario, el padre Richardson —le dije a la pelirroja—, quizá pueda ayudarte.
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
—Denwyn —dijo el vicario, extendiendo la mano a la extraña—. Desde la guerra no nos andamos con demasiadas ceremonias.
La mujer sacó dos o tres dedos y tocó su palma, pero no dijo nada. A medida que extendía su mano, la corta manga de su vestido se deslizó hacia arriba, y vislumbré brevemente el feo moratón verde y morado de la parte superior de su brazo. Se lo cubrió apresuradamente con la mano izquierda mien-
PR
tras tiraba hacia abajo de la tela de algodón para esconderlo. —Y ¿cómo puedo ayudarla? —preguntó el vicario, hacien-
do un gesto hacia la furgoneta—. En este, nuestro pequeño y bucólico pueblito, no es frecuente ser llamados a asistir a tan augusta gente del mundo del teatro. Ella sonrió resueltamente. —Nuestra furgoneta se ha estropeado, o algo parecido. Tiene algo que ver con el carburador. Estoy convencida de que, si hubiera sido algo eléctrico, Rupert lo hubiera reparado en un instante, pero me temo que el sistema de combustible se encuentra por encima de sus posibilidades. —¡Vaya, vaya! —dijo el vicario—. Estoy seguro de que Bert Archer podrá arreglároslo en el garaje. Le llamaré, si quiere. 21
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 21
09/01/12 14:31
—No, no —dijo la mujer rápidamente, quizá con demasiada rapidez—, no queremos darle ningún problema. Rupert ha ido a High Street. Probablemente ya habrá encontrado a alguien. —Si así fuera, habría vuelto ya —dijo el vicario—. Permítame llamar a Bert. A menudo se escapa a casa para echar una siesta después de comer. Ya no es tan joven, ¿sabe usted? De hecho, ninguno de nosotros es joven ya. No obstante, una de mis máximas favoritas es que, cuando hay que tratar con mecánicos de motor, incluso con los más mansos, nunca está de
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
más contar con la bendición de la Iglesia.
—No, no. Serían demasiadas molestias. Estoy segura de que nos arreglaremos.
—Tonterías —dijo el vicario, esquivando ya el bosque de lápidas a gran velocidad hacia la rectoría—. No es ninguna molestia. Volveré en un santiamén.
—¡Padre! —le llamó la mujer—. Por favor...
El vicario se detuvo a media zancada y volvió de mala
PR
gana hacia nosotras.
—Es sólo que... verá, nosotros...
—¡Entiendo! Entonces se trata de una cuestión económica —dijo el vicario.
Ella asintió triste, con la cabeza gacha y su pelo rojo cayendo en cascada sobre su cara. —Estoy seguro de que algo podremos hacer —dijo el vicario—. ¡Mire! Aquí llega su marido. Un hombrecillo de cabeza desproporcionada y que caminaba torcido se acercaba hacia nosotros a través del cementerio. Su pierna derecha dibujaba un amplio y torpe semicírculo a cada paso. A medida que se acercaba, vi que su pantorrilla estaba aprisionada en una pesada abrazadera de hierro. 22
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 22
09/01/12 14:31
Tendría cuarenta y tantos años, pero era difícil de precisar. A pesar de su tamaño diminuto, su pecho en forma de barril y sus potentes antebrazos superiores parecían a punto de reventar el traje de algodón. En comparación, su pierna derecha daba pena: por la forma en la que colgaban sus pantalones y ondeaban inútilmente alrededor de lo que había debajo, podía ver que era poco más que un palillo. Con su enorme cabeza, me parecía un pulpo gigante, acechando a través del cementerio sobre sus tentáculos desiguales.
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
Se tambaleó hasta detenerse y levantó su sosa visera con respeto, revelando una mata de rebelde pelo rubio que iba perfectamente a juego con su pequeña barba de chivo. —Rupert Porson, ¿no es así? —dijo el vicario, dándole al recién llegado un alegre apretón de manos a modo de saludo—. Soy Denwyn Richardson, y ésta es mi joven amiga, Flavia de Luce.
Porson me saludó con la cabeza y le dirigió a la mujer una
PR
breve y oscura mirada casi imperceptible, antes de iluminar su rostro con una enorme sonrisa.
—Tengo entendido que se trata de algún problema en el motor —siguió el vicario—. Es exasperante. Sin embargo, si nos ha traído al creador de El reino mágico y la ardilla Snoddy... bueno, eso sólo confirma lo que dice el viejo proverbio, ¿verdad? No dijo a qué viejo proverbio se refería, y nadie se molestó en preguntar. —Estaba a punto de comentarle a su buena esposa —dijo el vicario—, que St Tancred se sentiría muy honrada si consideraran la posibilidad de presentar una pequeña función en el salón parroquial mientras reparan su furgoneta. Naturalmen23
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 23
09/01/12 14:31
te, soy consciente de la gran demanda que deben de tener, pero sería negligente por mi parte si no lo intentara al menos en nombre de los niños y, sí, ¡también de los adultos de Bishop’s Lacey! De vez en cuando es bueno permitir a los niños atacar sus huchas para una causa cultural que merezca la pena. ¿No le parece? —Bueno, padre —dijo Porson en una voz dulce que me resultó demasiado grande, resonante y melosa para un hombre de tan pequeña estatura—, tenemos una agenda bastante
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
apretada. Nuestra gira ha sido agotadora, ¿sabe? y Londres nos espera...
—Entiendo —dijo el vicario.
—Pero —añadió Porson, levantando el dedo índice de forma dramática—, nada nos gustaría más que tener la oportunidad de cantar para ganarnos la cena. ¿No es así, Nialla? Será como en los viejos tiempos.
La mujer asintió, pero no dijo nada. Miraba fijamente las
PR
colinas que se extendían más allá.
—Bien, entonces —dijo el vicario al tiempo que se frotaba
las manos con fuerza, como si estuviera encendiendo un fuego—, está todo dispuesto. Venid y os enseñaré el salón parroquial. Está bastante anticuado, pero dispone de un escenario y dicen que la acústica es extraordinaria. Dicho eso, los dos hombres desaparecieron detrás de la iglesia. Durante un instante, parecía que no había nada más que decir. Entonces, la mujer dijo: —No tendrás, por casualidad, un cigarrillo, ¿verdad? Me muero por fumar un pitillo. Negué con la cabeza estúpidamente. 24
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 24
09/01/12 14:31
—Mmmm —dijo—, tienes aspecto de ser la típica cría que tendría. Por primera vez en mi vida, me quedé sin habla. —No fumo —conseguí responder. —¿Por qué? —preguntó—. ¿Demasiado joven o demasiado sabia? —Estaba pensando empezar la semana que viene —dije débilmente—. Es sólo que no he tenido tiempo todavía. Echó la cabeza hacia atrás y rió abiertamente, como una
ED OP IT IED OR A IA D D LP E LA NE TA
estrella de cine.
—Me gustas, Flavia de Luce —afirmó—. Pero tengo ventaja, ¿no es así? Tú me has dicho tu nombre, pero yo no te he dicho el mío.
—Es Nialla —dije—. El señor Porson te ha llamado Nialla. Extendió su mano con rostro solemne.
—Así es —dijo—, así me ha llamado. Pero puedes llamarme
PR
Mamá Oca.
25
032-LA MUERTE NO ES UN... .indd 25
09/01/12 14:31