LA DESINFORMACIÓN EN LA UE EN LOS TIEMPOS DEL COVID-19
LA DESINFORMACIÓN EN LA UE EN LOS TIEMPOS DEL COVID-19
Editores
CÉSAR LUENA JUAN CARLOS SÁNCHEZ ILLÁN CARLOS ELÍAS
Edición, dirección, coordinación y revisión:
Diseño y maquetación: Innovatext Ejemplar de distribución gratuita. Prohibida su venta 1.ª edición: julio 2021 ISBN: 978-84-1397-944-1
Índice PRÓLOGO. Las falsas noticias y la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, Clara Sainz de Baranda Andújar...................................... 9 PONENCIA MAESTRA..................................................................... 17 Pepa Bueno
BLOQUE I
LA HISTORIA DE LA DESINFORMACIÓN Capítulo 1 Límites conceptuales y contexto actual de la desinformación.............. 29 César Luena Capítulo 2 Historia y desinformación ¿Es esta vez diferente?................................ 41 Lina Gálvez Muñoz Capítulo 3 Desinformación y COVID-19. La transformación del ecosistema informativo......................................................................................... 63 Raúl Magallón Rosa Capítulo 4 Desinformación que mata. La crisis COVID-19................................... 71 Ángel Badillo
BLOQUE II
LA UE ANTE LAS NOTICIAS FALSAS Capítulo 5 El periodismo, un invento europeo de búsqueda y publicación de la verdad................................................................................................. 87 Carlos Elías Capítulo 6 El Parlamento Europeo y la comisión especial contra la desinformación, las interferencias extranjeras en procesos electorales y la protección de derechos de la ciudadanía europea ante la difusión de “fake news”.... 97 Juan F. López Aguilar
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Índice
Capítulo 7 Las minorías como objetivo de las “fake news”: comunicación y diplomacia pública frente a la desinformación.................................... 113 Israel Doncel Martín Capítulo 8 La UE frente a las campañas de desinformación.................................. 131 Miguel Ángel Ballesteros Martín
BLOQUE III
PERIODISMO CONTRA DESINFORMACIÓN Capítulo 9 Periodismo frente a desinformación: 2020, el año de la pandemia y de las “fake news”................................................................................... 143 Juan Carlos Sánchez Illán Capítulo 10 La desinformación y las “fake news” desde la primera línea mediática............................................................................................. 149 Clara Jiménez Cruz Capítulo 11 El fenómeno de la desinformación desde el ámbito institucional......... 159 Jaume Duch Guillot Capítulo 12 “Fake news” y desinformación: un reto para la enseñanza universitaria........................................................................................ 167 Concepción Cascajosa Virino Epílogo Europa frente a la doble pandemia, sanitaria y desinformativa. Periodismo en tiempos de crisis........................................................... 177 Jorge Tuñón Navarro RESEÑAS BIOGRÁFICAS.................................................................. 193
PRÓLOGO Las falsas noticias y la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 CLARA SAINZ DE BARANDA ANDÚJAR Universidad Carlos III de Madrid
En el siglo XXI las noticias falsas son una de las principales amenazas para los sistemas democráticos y en el impacto mediático de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 ha multiplicado esta amenaza con bulos y noticias falsas que han calado en la opinión pública. En diciembre de 2019 La República Popular China reportó los primeros casos de un tipo de neumonía en la ciudad de Wuhan producida por el Covid-19. El virus se propagó por todo el mundo lo que provocó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el Covid-19 como epidemia y el 11 de marzo de 2020, debido a la propagación e la enfermedad y su gravedad, la declara pandemia (OMS, 2020). En España, el primer caso se detectó el 31 de enero de 2020 pero no se toman las primeras medias hasta el 3 de marzo. El 9 de marzo la Comunidad de Madrid decretó el cierre de todos los centros educativos durante dos semanas, esta medida entró en vigor el 11 de marzo y a ella se unieron otras comunidades. Tras varios días de incertidumbre, el 14 de marzo se declaró el primer estado de alarma permitiendo el desplazamiento de los ciudadanos únicamente en situaciones específicas. Durante estos días la desinformación y las falsas noticias invadían las redes, las plataformas de desmentidos, como Newtral y Maldita, comienzan a generar espacios específicos sobre la crisis sanitaria del Covid19, el 1 de marzo se publicaron 2 desmentidos mientras que el 10 de marzo los desmentidos ascendían a 12. Pero la proliferación de bulos se produjo a nivel mundial por lo que el director General de la
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OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advertía en la Conferencia de Seguridad de Múnich 2020 lo siguiente: “Las noticias falsas se propagan con más rapidez y facilidad que el propio virus, y son igual de peligrosas”. Pero no solo son un problema las noticias falsas, también son un problema las verdades a medias y la sobreinformación, lo que se denomina infodemia. Las falsas noticias emergen con fuerza en los contextos en los que emocionalmente somos más vulnerables y necesitamos reforzar nuestras ideas previas (Manzanero, 2017) y la crisis del COVID-19 ha sido –y es– un terreno fértil para que proliferen. La indignación y el miedo son los grandes motores para viralizar los bulos, en estos momentos críticos donde prima la emoción sobre la reflexión, de tal manera que la personas se vuelven más impulsivas y colaboran en su propagación (Amorós, 2018). Durante el año 2020 tanto los medios de comunicación como las redes sociales han difundido noticias falsas sobre temáticas sociales y de salud relacionadas con el SARS-CoV-2, también los bulos sobre la gestión política que han hecho –y hacen– los Estados de esta crisis se han viralizado entre la población. Como ejemplo, Maldita.es –sitio web español creado para luchar contra la desinformación con periodismo de datos, fact-checking, hemeroteca, tecnología, innovación y educación– verificó 963 mentiras, alertas falsas y desinformaciones sobre el coronavirus en el año 2020. Las noticias falsas han encontrado refugio en las redes sociales más utilizadas por la población española (Whatsapp, Facebook o Twitter), pero también en los medios de comunicación. Los botones de reenviar y compartir han servido para viralizar estos contenidos que, bajo la apariencia de noticias, información oficial, últimas horas y/o recomendaciones médicas, han contribuido a la difusión de informaciones falsas sobre el Covid19, ocultando información precisa y verídica sobre la emergencia sanitaria. Entre los retos del siglo XXI las campañas de desinformación representan una amenaza de primer nivel para la seguridad de la Unión Europea y de España. En palabras de D. Francisco José de Salazar Rodríguez, Director adjunto del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de España:
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«El ciberespacio está jugando un papel especialmente relevante, al igual que brinda oportunidades, está siendo utilizado para realizar un ataque dirigido combinado, como por ejemplo combinar ciberataque con acciones de informática con el objeto de debilitar los valores fundamentales europeo y nacionales, así como poner en riesgo la democracia, el estado de derecho, las libertades pública y la concordia social» (Salazar, 2020). Las respuestas al fenómeno de la desinformación, un fenómeno transnacional, deben basarse en la coordinación y en la integración europea y mudial, al igual que los principios de esta respuesta que deben inspirarse en los valores y el contenido de la Constitución y de los tratados comunitario e internacional. Con la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, durante el año 2020, se han creado nuevos recursos o se han especializado los ya existentes, para contrastar las informaciones falsas que han difundidas sobre la pandemia. Antes de la crisis del COVID-19, para hacer frente al fenómeno de la desinformación, la Comisión Europea y el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) estableció un Plan de Acción para la lucha contra la desinformación, presentado y aprobado en el Consejo Europeo de los días 13 y 14 de diciembre de 2018. Define la desinformación como la «información verificablemente falsa o engañosa que se crea, presenta y divulga con fines lucrativos o para engañar deliberadamente a la población, y que puede causar un perjuicio público». Gracias a este Plan Europa ha avanzado de manera única en el incremento y refuerzo de capacidades y recursos –sus objetivos principales–, solicitando a los Estados miembros, individualmente o de forma colectiva, el mismo esfuerzo. En este sentido, se incluia un paquete especial para luchar contra la desinformaicón durante los procesos electorales en todo el territorio europeo donde el sistema de alerta rápida ha jugado un papel esencial y relevante en esta lucha durante los últimos años. Ya en el año 2020, la lucha contra la desinformación acerca del COVID-19 ha centrado todos sus esfuerzos demostrando que la desinformación puede estar presente y afectar a cualquier campo y la actual pandemia ha provocado una campaña de desinformación sin precedentes llegandose a hablar de infodemia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen destacaba la importancia de actualizar el Plan:
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«Con la revolución digital en marcha, los ciudadanos deben poder elegir en un espacio en que las opiniones puedan expresarse libremente. Los hechos tienen que distinguirse de la ficción, y los medios de comunicación libres y la sociedad civil han de poder participar en un debate abierto, libre de interferencias malintencionadas. Por lo tanto, la UE está tomando medidas para hacer que nuestras democracias en la UE sean más resilientes».
En este sentido la Comisión Europea presentó en diciembre del 2020 el Plan de Acción para la Democracia Europea estinado a empoderar a los ciudadanos y construir democracias más resilientes en toda la UE y establece medidas en torno a tres pilares principales: 1. Fomento de unas elecciones libres y justas 2. Refuerzo de la libertad y el pluralismo de los medios de comunicación 3. Lucha contra la desinformación Durante los últimos dos años Europa ha avanzado de manera única en el incremento y refuerzo de capacidades y recursos, solicitando a los Estados miembro, individualmente o de forma colectiva, el mismo esfuerzo. En este sentido, el Gobierno de España ha actualizado su estrategia y su legislación estableciendo los intrumentos necesarios para participar en los mecanísmos de la Unión Europea, incrementando así el intercambio de información con los órganos y organismos con competencias en esta materia, a través de la Comisión Permanente contra la desinformación que se encarga de asegurar la coordinación interministerial a nivel operacional. Para dar cumplimiento a los requerimientos establecidos por la Unión Europea en el Plan de Acción para la lucha contra la desinformación y hacer frente este desafío contra la Seguridad Nacional, el Gobierno de España aprobo la Orden PCM/1030/2020, de 30 de octubre, por la que se publica el Procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional tiene como finalidad dar cumplimiento a los requerimientos establecidos por la Unión Europea e implementar a nivel nacional las políticas y estrategias promulgadas en el ámbito de la lucha contra la desinformación. Se trata de una herramienta de coordinación y colaboración técnica para facilitar la detección, el análisis, la alerta temprana, el
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apoyo, la respuesta y la comunicación estratégica. Una vez mencionado la obligación del Estado de actuar y la necesidad de coordinación. La Orden se centran en los siguientes objetivos: – Identificar y definir los órganos, organismos y autoridades del sistema. – Establecer los niveles para la prevención, detección, alerta temprana, análisis, respuesta, y evaluación. – Describir los cometidos específicos implicados para los niveles establecidos en la lucha contra la desinformación. – Definir los mecanismos establecidos para el intercambio de información en los niveles estratégico, operacional y técnico. – Determinar los mecanismos de evaluación de la implementación y funcionamiento del procedimiento. – Definir una metodología para la identificación, análisis y gestión de eventos desinformativos. – Proponer el marco y la composición de un equipo de trabajo ad hoc para la elaboración y revisión de una Estrategia Nacional de Lucha contra la Desinformación. También se encraga de establecer una composicion específica para la lucha contra la desinformación de los órganos, organismos y autoridades responsables, donde ademas del Consejo de Seguridad Nacional, el Comité de Situacion, la Secretaría de Estado de Comunicación, la Comisión Permanente contra la desinformación y las Autoridades públicas competentes se incluye al sector privado y la sociedad civil, donde los medios de comunicación, las plataformas digitales, el mundo académico, el sector tecnológico, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad en general tienen un papel esencial. En la lucha contra la desinformación, los ciudadanos consideran que los medios de comunicación, las autoridades públicas y las plataformas de medios sociales son los principales responsables de frenar la divulgación de noticias falsas, de ahí la relevancia de los medios de comunicaión en la lucha contra la desinformación con acciones como la identificación y la no contribución a la difusión de bulos y la promoción de actividades de concienciación y la formación o el desarrollo herramientas para su evitar su propagación en el entorno digital, entre otras.
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La Orden destaca que el rápido progreso del entorno digital y el uso intensivo de los medios digitales hace indispensable establecer medios de funcionamiento y mecanismos dirigidos a evaluar de manera continua el fenómeno de la desinformación a nivel global y particularmente para España. El procedimiento establece cuatro niveles diferentes de activación que sirven tanto para detección de campañas de desinformación y su análisis ante unos posibles impactos en la Seguridad Nacional, como para el apoyo en la gestión de situaciones de crisis donde pudiera haber una afectación derivada de dichas campañas: – Nivel 1: Nivel con capacidad para actuar a nivel técnico de detectar, realizar la alerta temprana y notificar según su comunidad de referencia. – Nivel 2: Nivel con capacidad para apoyar la coordinación, sincronizar y priorizar todos los esfuerzos en la lucha contra la desinformación – Nivel 3: Nivel en el que se adoptan decisiones y marcan objetivos de carácter político-estratégico con el objeto de hacer frente a una campaña de desinformación. – Nivel 4: Nivel de gestión política en el marco del sistema de seguridad nacional. Pero esta Orden no fue bien recibida por una gran parte de los medios de comunicacion y periodistas que la criticaban por ser confusa y por no tener un ámbito de aplicación bien definido. No se trata solo de un enfoque técnico, definido en el nivel 1, va más allá hasta el nivel 4 donde se contempla la gestión política de la respuesta a una crisis y la adopción de medidas en el caso de la atribución pública a un tercer Estado de una campaña de desinformación, de talmodo que introduce matices como la valoración de los mensajes donde se mezclan temas de libertad de expresión, defensa y desinformación. Aunque la Orden reconoce el papel de los medios de comunicación las asociaciones profesionales de periodistas o de los medios critican no estar representados en este sistema, por lo que la decisión sobre qué es o no una campaña de noticias falsas queda exclusivamente en manos de la Administración. Del mismo modo, queda en manos del Ejecutivo realizar campañas de comunicación pública para frenar la desinformación detectada dirigidas por la Secretaría de Estado
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de Comunicación. Salazar Rodríguez (2020) aclaraba que esta orden está en consonancia con el articulo 20 de la Constitución donde se defiende el acceso de la ciudadanía a una información veraz y plural “como uno de los pilares esenciales de nuestras democracias” y que en ningún caso está en peligro el derecho a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, sin ningún tipo de censura. En este sentido la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE, 2020) declaraba: «Ante el riesgo de que el susodicho Comité pueda entrar en valoraciones que afecten a la libertad de información, la FAPE recuerda al Gobierno que son los periodistas y los medios los que, bajo el amparo del artículo 20 de la Constitución, deciden qué es y qué no es noticia y qué es lo que se publica o no. Un comité, y mucho menos uno gubernamental, nunca podrá decidir sobre la libertad editorial de un medio. El Gobierno tendría que aclarar cómo va a contrarrestar las campañas de desinformación y qué medidas adoptará para ello» (FAPE, 2020). Las noticias falsas, no solo son rastreadas y analizadas en España por plataformas de verificacion como Newtral y Maldita, otros medios de comunicación españoles, como RTVE, El País o el grupo Atresmedia entre otros, han habilitado secciones o páginas para publicar desmentidos. Pero también se preocupan habilitando herramientas en otros países, la Unión Europea y en otros organismos nacionales e internacionales como la OMS que han sido víctimas de campañas de desprestigio.
BIBLIOGRAFÍA ADHANOM GHEBREYESUS, T. (2020). Munich Security Conference. Organización Mundial de la Salud (OMS). https://www.who.int/dg/speeches/detail/munich-security-conference. AMORÓS, M. (2018). Fake news: la verdad de las noticias falsas. Plataforma Editorial. Barcelona. Comisión Europea. (2018). La lucha contra la desinformación en línea: un enfoque europeo. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/PDF/?uri=CELEX:52018DC0236&from=es
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FAPE (2020). La FAPE insta al Gobierno a aclarar las funciones y cometidos del Comité Gubernamental para luchar contra la desinformación. Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). https://fape.es/ la-fape-insta-al-gobierno-a-aclarar-las-funciones-y-cometidos-del-comite-gubernamental-para-luchar-contra-la-desinformacion/ MANZANERO, A. L. (2017, 1 mayo). I Estudio sobre el impacto de las fake news en España. Estudio Pescanova. https://d3vjcwm65af87t.cloudfront. net/novacdn/EstudioPescanova.pdf Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática (2020) Orden PCM/1030/2020, de 30 de octubre, por la que se publica el Procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional. BOE núm. 292, de 05/11/2020. https:// www.boe.es/eli/es/o/2020/10/30/pcm1030/con OMS (2020).COVID-19: cronología de la actuación de la OMS. Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/news/item/27-042020-who-timeline---covid-19 SALAZAR RODRIGÜEZ, F.J. (2020). Inauguración la desinformación en la UE en tiempos de la COVID-19. Universidad Carlos III de Madrid. (Audiovisual) https://media.uc3m.es/series/5fdcaa448f4208333b8b4585 VILLA GRACÍA, A. D. y CERDÁN MARTÍNEZ, V. (2020). Bulos durante la pandemia del Covid-19 en España: un estudio a través de Google Trends.Revista Latina de Comunicación Social, 78,169-182. https://doi. org/10.4185/RLCS-2020-1473
PONENCIA MAESTRA PEPA BUENO Periodista y directora del programa Hora 25 de la Cadena SER
Para hablar de la desinformación en la Unión Europea en tiempos del COVID voy a utilizar mi propia experiencia en la radio durante este año horrible que ha sido 2020. Yo trabajo desde una atalaya privilegiada como es un programa diario de muchas horas, informativo, que incluye entrevistas con los protagonistas de la actualidad. Además, lo hago en un medio como la radio, que permite una bilateralidad instantánea con la ciudadanía, a la que te diriges mucho más allá del ruido de las redes. Esta es una comunicación en doble dirección, viva y muy activa. Aunque posiblemente con valor estadístico nulo, la radio te permite palpar el estado de ánimo de tus oyentes, recoger hasta cierto punto las inquietudes de la ciudadanía. Este año ha sido muy, muy interesante (como siempre lo es en la radio). Particularmente interesante ha sido abrir los micrófonos y escuchar lo que los oyentes querían decirnos en los distintos momentos de la pandemia: la primera ola, cuando se supera la primera ola y se recupera un poco de optimismo, la segunda, la tercera... En fin, acompañar ese estado de ánimo en la radio, palparlo sin el ruido de las redes, es muy valioso porque te da una perspectiva muy completa de lo que está pasando. Así que desde esa atalaya privilegiada que es el programa Hora 25 de la Cadena Ser, puedo contar aquí cómo se vivieron los primeros momentos, la batalla política que se desencadenó a continuación, y, naturalmente, la batalla contra la desinformación que ha seguido. ¿Qué riesgos entraña para para el ejercicio del periodismo esta realidad? Y ¿cuáles son, a mi juicio, los retos inmediatos que tenemos por delante? Yo empecé a ejercer el periodismo en la segunda mitad de los años 80, estudiando la carrera todavía, y aquí sigo. Para los periodistas de mi generación, no ha habido un acontecimiento más disruptivo que la COVID-19. Interviene, altera todos los órdenes de la vida públi-
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ca y la vida privada y nos afecta como profesionales, pero también como ciudadanos. Fue la primera vez que nos enfrentamos a múltiples retos que se iban sucediendo uno detrás de otro. Además, la pandemia aparece en un momento en el que los medios se encuentran en transición. En algunos casos en transición en el modelo de negocio. En otros casos, conviviendo los nuevos formatos con los formatos tradicionales. Pero todos librando desde hace años la batalla contra la desinformación que hiere a la sociedad, que hiere la democracia y que es letal para el periodismo. Todo eso estaba ahí. Eso no lo trae la pandemia, pero lo que hace es acelerar muchísimo todos esos procesos que estaban en marcha. En los primeros momentos, allá por el mes de febrero, algunos periodistas tiramos a la basura nuestra agenda informativa y nuestra agenda de teléfonos. Yo me recuerdo diciendo en el mes de febrero, siendo bastante pesada con eso, ¿cómo iba a ser una simple gripe si China estaba arriesgando con las medidas que tomaba uno o dos puntos de su PIB? Yo no soy epidemióloga, no sé valorar una epidemia, de eso no tengo ni idea, pero de las medidas que estaba tomando China y las repercusiones para su economía que tenían aquellas medidas, si podíamos sacar conclusiones. Y en el resto del mundo no parecía que nada se moviera. La única manera que encontramos de enfrentarnos a otro tipo de desinformación, que es la ausencia de información veraz, fue tirando a la basura nuestra agenda informativa, nuestra agenda de teléfonos y buscando a las personas que podían arrojar algo de luz para las preguntas que nosotros nos hacíamos y que se hacía nuestra audiencia. Buscamos epidemiólogos, infectólogos, intensivistas, sanitarios que podían ayudarnos a construir una información rigurosa, veraz y oportuna que respondiera a esas preguntas que todo el mundo se hacía. Porque, además, no hay mejor vacuna contra la desinformación que la información veraz y rigurosa. Había en esos momentos una intensa demanda de información veraz. Quienes estábamos al frente de programas como Hora 25 percibíamos una demanda intensísima de la misma. Como si fuera una vuelta hacia lo conocido y lo reconfortante en ese primer momento de desconcierto y de miedo. Como un volver los ojos hacia los medios de referencia, hacia periodistas con credibilidad, periodistas de refe-
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rencia, todo con el objetivo de tratar de entender qué estaba pasando. Un momento de mucha demanda de información de calidad se produjo muy al comienzo de la pandemia. Cuando empezamos a ver que en Italia explotaba de esa manera la pandemia, cuando aquí fuimos conscientes de que teníamos una tragedia encima, hubo unas semanas de demanda de información con calidad. No fue fácil. Las instituciones públicas, presas probablemente de su propio desconcierto ante la envergadura de la pandemia y de la crisis sanitaria que se venía encima, y presas también durante varias semanas de su propio error de cálculo y de cierta soberbia occidental (algo bastante transversal), parecían aferrarse como los políticos al “a nosotros no nos puede pasar esto con nuestro gran sistema sanitario”. Y fruto de todo eso, los periodistas no lo tuvimos fácil al principio. No tuvimos acceso a datos de calidad, que son algo fundamental para comunicar información veraz. No sólo teníamos mal acceso a los datos, sino que los que había no eran homogéneos ni comparables. Tanto los que ofrecía el Gobierno central en España, como las comunidades autónomas, como los que ofrecían otros países europeos. No eran comparables porque no medían las mismas cosas. Hubo una auténtica carencia de datos de calidad que, por un lado, dificultó mucho la tarea de los periodistas para ofrecer una imagen lo más precisa y rigurosa posible de cómo estaba afectando la pandemia a nuestros países. Mientras tanto, por el otro, quedó patente la debilidad de nuestro sistema de alerta de epidemias. Todo ello demuestra hasta qué punto era muy difícil estar seguros de lo que estábamos contando y de lo que estaba pasando exactamente. Otra limitación obvia y añadida derivada de la lucha contra el virus era la limitación de movimientos. El periodismo no es nada si no puede ir a donde pasan las cosas y mirar a los ojos a los protagonistas. No puede ser sólo hablar para quienes padecen. Por razones obvias y de salud pública, la gente estaba en casa, incluidos muchos periodistas. Por eso, en estas circunstancias el periodismo tuvo que hacer un esfuerzo ímprobo y desconocido para realizar su trabajo y desarrollar otro tipo de destrezas con las que suplir lo que no podíamos comprobar directamente. Con todo y con eso, en esos primeros momentos, el esfuerzo de producir una información veraz tenía una recompensa muy clara. Se
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notaba una demanda muy poderosa de acudir a donde uno creía que le iban a dar información veraz y completa. Pero enseguida se desarrollaron las dos batallas (la política y la informativa) y, como resultado, se incrementó la desinformación. La intensidad de la batalla política ha dependido siempre de la intensidad del momento histórico que vivía cada país. En España la explosión pandémica sucede mes y medio después de que haya tomado posesión el primer gobierno de coalición de la democracia del 78. Un gobierno con muchísima fragilidad parlamentaria comparada con las mayorías que han tenido gobiernos históricamente en España. La envergadura de la tragedia que nos asoló y de la crisis que se veía que iba a desencadenar, hizo pensar a una parte de la oposición que podía llevarse por delante ese gobierno en el corto plazo. Eso desencadena lo que todo el mundo contempló: una confrontación política feroz en el peor momento de la pandemia, cuando estábamos encerrados, angustiados, temerosos, con mucha incertidumbre y las cifras de muertes y de contagios eran inclementes. Sobre todo, en aquellos meses de marzo y abril. En esa lucha sin cuartel se lesiona a la verdad. Se pone en marcha otro tipo de desinformación que es la de crear confusión. Como se contraponía el derecho a la libertad, con la obligación de imponer medidas restrictivas de salud pública para evitar la expansión del coronavirus. Los periodistas que trabajamos con esa información, como hemos trabajado siempre, escuchábamos contradicciones flagrantes. Pero también lo escuchaban los ciudadanos metidos en sus casas, muertos de miedo, sin saber exactamente dónde terminaba esto. Escuchábamos reclamar que había que ver a los fallecidos, que había que ver a los muertos que se escondían. Que conste que los periodistas también nos quejamos de la dificultad de acceso a determinadas imágenes, a determinados recintos. Pero políticamente se reclamaba eso y a la par se minimizada el riesgo real para la vida de las personas, pidiendo la reapertura urgente de la economía. Posiciones muy contradictorias que generan desconcierto y desconfianza en las instituciones, que es otra manera de desinformación. Y luego estaba la desinformación que nos llega encendiendo el teléfono por la mañana sin más preámbulo. Tú lo enciendes y tienes ahí un auténtico río de cifras, imágenes, impactos a lo que llaman infor-