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LA BESTIA SOCIAL

SYLVAIN DELOUVÉE PABLO FERNÁNDEZ CHRISTLIEB JAHIR NAVALLES GÓMEZ

México D.F., 2014


Copyright ® 2014 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web http://www. tirant.com/mex/ Este libro ha sido dictaminado positivamente por pares académicos ciegos y externos, a través del Comité Editorial del Departamento de Sociología de la UAM IZTAPALAPA.

© Sylvain Delouvée Pablo Fernández Christlieb Jahir Navalles Gómez

© Universidad Autónoma Metropolitana Prolongación Canal de Miramontes 3855 Ex Hacienda San Juan de Dios Delegación Tlalpan, C.P. 14387, México, D.F. Unidad lztapalapa Consejo Editorial de la División de Ciencias Sociales y Humanidades San Rafael Atlixco No. 186, edificio H, Segundo Piso, H-215 Colonia Vicentina, C.P. 09340 lztapalapa Ciudad de México, D.F., México ISBN UAM: 978-607-28-0330-5 Responsable de la edición: Mario Zaragoza Ramírez © TIRANT HUMANIDADES MÉXICO EDITA: TIRANT HUMANIDADES MÉXICO Leibnitz 14 Colonia Nueva Anzures Delegación Miguel Hidalgo C.P. 11590 México D.F. Tel.: (55) 65502317 infomex@tirant.com http://www.tirant.com/mex/ http://www.tirant.es ISBN: 978-84-16349-04-3 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro Procedimiento de quejas.


UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA Rector General

Dr. Salvador Vega y León Secretario General

M. en C. Q. Norberto Manjarrez Álvarez

UNIDAD IZTAPALAPA Rector

Dr. J. Octavio Nateras Domínguez Secretario

Dr. Miguel Ángel Gómez Fonseca Directora de la División de Ciencias Sociales y Humanidades

Dra. Juana Juárez Romero Jefe del Departamento de Sociología

Dr. Enrique Cuna Pérez Coordinadora del Consejo Editorial de la División de CSH

Dr. Alicia Lindón Villoria Asistente Editorial Departamento de Sociología

Mtro. Mario Alberto Zaragoza Ramírez


Índice INTRODUCCIÓN................................................................................... 11 ANTOLOGÍA DE MULTITUDES.......................................................... 15 Sylvain Delouvée

EL SUEÑO DE LAS MULTITUDES...................................................... 75 Pablo Fernández Christlieb

DE MENTALIDADES Y MULTITUDES................................................ 165 Jahir Navalles Gómez


Introducción Las multitudes nunca aburren ni decepcionan. Siempre tienen algo que decir, que gritar, que exclamar, que exigir. Desde siempre, desde aquella primera vez que se le vio hasta esta última cuando pasó cerca de casa. Cuando se le escuchó venir y cuándo se fue diseminando. Cuando se volvió un recuerdo y una nostalgia, cuando se creyó en la misma para derrocar gobiernos, ideologías o remontar esperanzas. Empero, las multitudes son otra historia. Una historia escrita desde los más diversos apartados, disciplinas, campos de conocimiento, panfletos, ubicaciones geográficas y políticas, ideologías, gustos personales y aversiones intelectuales. Las multitudes cuentan historias sobre el por qué están aquí, tan presentes, aunque se consideren personajes del pasado. Y también sobre el cómo se gestaron, en una convocatoria, en un recorrido, desde la asistencia y permanencia en un incierto sitio, las multitudes siempre han tenido buena sincronía: aparecen en el momento y lugar adecuado. Nunca se les espera, siempre se les recuerda, se les convoca y después ya no se sabe cuándo van a irse. Desaparecer, diseminarse entre las calles, abandonar la plaza pública, desconectarse, porque ni aunque llueva, tiemble o relampaguee, las multitudes dejarán de existir, se vuelven otras; ni tampoco se les puede asustar, ni intimidar, porque el miedo que se les podría provocar enriquece el miedo que les hizo manifestarse ahí, así. Siempre se sabe cuándo una multitud ha irrumpido. Los que han escrito sobre las multitudes sabían de lo que hablaban, los primeros interesados lo hicieron para evitar o contener su existencia y presencia; los segundos porque parecía que las masas eran pura ensoñación, eran el personaje épico adecuado que permitía bosquejar una posible ruptura con la realidad, con las multitudes se ondeaban las banderas, se escuchaban las consignas, se exponían los rostros, que clamaban por una total transformación. Algunas veces eso sí fue posible, en otras las multitudes


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solo impulsaron el proyecto, no se quedaron, no resistieron, se desinteresaron, se hicieron las occisas porque lo que les importaba era solo la algarabía, la actividad festiva, la irrupción nomás porque sí, al enrocar al rey, o al despertar conciencias, o al hacer ruido —con cacerolas o con pistolas— o simplemente les gustó ser imagen de una sociedad furiosa o de un pueblo oprimido. La indignación se juntó, el coraje la convocó, el hambre y la pobreza fueron las primeras necesidades que le exigieron aparecer, los rumores la condensaron. Las multitudes no son racionales, nunca lo han pretendido, ni siquiera lo han intentado, y no es una cuestión personal, es que es imposible, porque lo que la ha generado es el éter social, el de la afectividad colectiva. Y no hay últimos escritores sobre las multitudes, porque aunque se cree que ya no existen, que son un espejismo, que son entera nostalgia, alguien, muchos, las han visto pasar, y las describieron, y las reescribieron, con pluma, papel y en fotografías, la multitud permanece en las conciencias. Son un género literario, una apología, pareciera que están asentadas en los restos de un romanticismo, por eso es que nadie puede obviarlas, ni siquiera olvidarlas. Lo que en las siguientes líneas se convoca es a la “bestia social”, reconocida, descrita, reescrita, entre seis manos que se interesaron por sacarle a pasear en esta época tan contemporánea, y la intención se torna evidente a partir de que pareciera que ya todos la habían olvidado, o pretendían que ya no existía, o que la habían apaciguado. Pero no, nada más estaba dormida, esperando el momento adecuado para trastocarlo todo o creer que eso sería posible. *** La bestia social, son tres libros en uno, porque uno solo, aun cuando podría dar una panorámica sobre el fenómeno, se vuelve insuficiente porque para comprenderlo hay que exponerlo desde todos los horizontes, y porque la ocasión amerita la repetitividad, los empalmes de autores y de versiones, de conceptos y sensibilidades; la psicología de las multitudes más que ser una disciplina autónoma, es también original, es marginal, es radical y conflictiva.


Introducción

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En el primer libro, lo que se hace es ahondar en aquellas referencias hacia las multitudes, desde las más épicas hasta las versiones noveladas, desde el panfleto mundano hasta el académico, es un reconocimiento hacia todos aquellos que reconocieron a esa entidad colectiva inaprehensible (desde Guy de Maupassant hasta Scipio Sighele; desde Henri Fournial hasta Gustave Le Bon), y que se preguntaron por esta, y que hicieron un bosquejo intelectual, y que algunos otros leyeron, desacreditaron y desconocieron, la paradoja aun cuando no estaban de acuerdo con lo dicho, seguía siendo referencia, porque los siguientes manuscritos, artículos, manuales, novelas, pretendían consolidar la contracara de la colectividad, el individuo y su individualidad, se instauraban como el objeto de estudio ideal para las ciencias humanas y sociales en ciernes. Una Antología de multitudes como es que le llama el autor no versa sobre un compilado de textos, la selección se realizó a conciencia, discrecionalmente aparecen nombres de autores por todos conocidos, científicos sociales la mayoría, generadores de literatura todos, cada uno con la intención por introducir en el escenario de las ciencias humanas y sociales su versión sobre lo masivo, lo multitudinario, lo efímero y lo irruptivo. Ampliando el panorama, rompiendo con las asunciones y descalificaciones para con ciertos autores, Le Bon en específico, al cual se le critica a partir de una sola de sus obras, sin reconocerle toda la labor y el interés que tuvo por configurar las características de las multitudes; coincidencia que comparte con quien dicen fue su víctima de plagio, Scipio Sighele, el impulsor de los ensayos sobre psicología colectiva, ensayos que se enfocaban en el bosquejo de leyes mentales a las cuales acudir para comprender a esa entidad sorpresiva. En el segundo libro, El sueño de las multitudes, la multitud toma forma, pero no de la manera a la que estamos acostumbrados, no como panfleto, ni como construcción intelectual, sino a partir de asumirla como algo de lo más coloquial, mundano, cotidiano, simple, la multitud es el refugio de todas las vivencias, la atmósfera ideal de todo sentimiento, ahí se grita, se suplica, se vocifera, se estalla con la misma, en la multitud cualquier catarsis será siempre bien recibida, desde sus orígenes, a partir de dos enamorados hasta llegar a cien mil aficionados, más menos uno


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que siempre quiere sobresalir, el líder que se desinteresó del lugar del cual emergió y ahora solo se preocupa por sí mismo. Todo lo escrito acerca de las multitudes proviene de la ensoñación, de las imágenes, de que esas mismas se tornen realidades, y también recuerdos que permitan seguir convocando. Para algunos esto significa que las multitudes se manifiesten y que sean realidad será toda una pesadilla, pero para la multitud eso nunca pasa, estas viven de sus sueños. En el tercer y último libro, De mentalidades y multitudes, lo que se describe es la transformación de las multitudes, desde aquellas ocasiones donde el romanticismo las bosquejó hasta ahora, cuando la tecnología las enredó, las multitudes cambiaron y las disciplinas en las que se ampararon también se enriquecieron y empobrecieron a la vez, porque los constructos para definirlas fluctuaban entre todos los discursos y disertaciones, porque lo social, lo individual, lo colectivo, lo histórico, pugnaban por diferenciarse pero nunca entendieron que podrían hablar de lo mismo, la multitud aparte de ser el gran best seller académico fue el pretexto que conjuntó en toda una discusión interdisciplinar una aproximación distinta hacia la realidad. Lo cual tampoco fue una novedad: todas las disciplinas querían sobresalir, lo intentaron al disponer cada una de un objeto de estudio propio, cada uno más específico, puntual o científico según fuera la exigencia, la experiencia o la situación, empero la psicología de las multitudes nunca entró a la discusión por dos razones: una, siempre fue relegada de la misma; dos, era lo que menos le importaba. Tres libros que hablan de lo mismo, pero se distinguen entre sí a partir de la fuerza, del impacto, de la mesura, de la empatía con la que convocan y tratan a esa bestia social. Entidad que se pudo haber escapado de nuestras manos, pero no, esto no fue así, al final nos permitió hacerle compañía. Sylvain Delouvée Pablo Fernández Christlieb Jahir Navalles Gómez


ANTOLOGÍA DE MULTITUDES Sylvain Delouvée*

*

Departamento de Psicología, Laboratorio de Psicología social. Universidad de Rennes 2, Francia.


ÍNDICE LAS PASIONES COLECTIVAS LAS AVISPAS Y SUS CENTINELAS Alfred Espinas (1877) LAS MULTITUDES Guy de Maupassant (1882) SUGESTIÓN, EDUCACIÓN Y PSICOLOGÍA DE LAS MASAS Hippolyte Bernheim (1884) CONSIDERACIONES MÉDICO-LEGALES SOBRE LAS RESPONSABILIDADES COLECTIVAS Henri Fournial (1892) PSICOLOGÍA DE LAS MASAS REVOLUCIONARIAS Gustave Le Bon (1912)


Las pasiones colectivas El siglo XIX estuvo especialmente marcado por una literatura fascinada por las pasiones colectivas. El pueblo se convierte en un personaje completo. Se presenta como doliente o heroico — recordemos Los Miserables de Víctor Hugo o Émile Zola con Germinal—. Este objeto de fascinación se convierte en una fuente de temor cuando se refiere a las multitudes o a sus crímenes. La literatura se apodera del tema de las multitudes —multitudes criminales, hordas revolucionarias, matanzas masivas, pasiones descontroladas del pueblo, violencia colectiva— y crea un imaginario de angustia a partir de la realidad social. Se establece entonces una verdadera psicosis de la multitud. Esta alcanza su punto culminante en la obra de Hippolyte Taine, cuyos trabajos, al mezclar historia y psicología, posteriormente, influenciaron mucho a los defensores de la psicología de masas.

I. LITERATURA E IMAGINARIO SOCIAL En Las noches revolucionarias (1788-1793) de Restif de la Bretonne, las masas desempeñan un papel protagónico, ya que el autor se preocupa principalmente de lo que ve en la calle, desde los días anteriores al 14 de julio de 1789, hasta octubre del 1793. El narrador recorre, de día y de noche los diferentes barrios de París, donde es un testigo privilegiado de la actualidad. Como lo subraya Bosc (2001, 2007), Restif presenta primero a la multitud bajo una luz muy negativa, tratándose entonces del populacho lascivo y sediento de sangre. Pero su posición cambia gradualmente conforme los peligros externos y el desafecto por el rey imponen la idea de Nación y generan patriotismo. La literatura y la historia se entrelazan, lo imaginario y la realidad se encuentran. El primero se basa en el segundo, que se alimenta de las imágenes del primero. Círculo sin fin que alcanzó


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su paroxismo en Europa en el siglo XIX. Como lo expone Sighele (1901), la literatura plasma la imagen de la multitud como la de una mujer histérica: Dos grandes artistas franceses nos han dado descripciones maravillosas de esta horrible crueldad colectiva femenina: Víctor Hugo en la escena del suplicio de Quasimodo, y Emile Zola en varias páginas de Germinal que es, en mi opinión, una obra maestra de psicología colectiva. Yo mismo, encontrándome en Sicilia hace cinco años, en el momento de la rebelión provocada por el hambre, fui testigo de lo que significa la mujer fiera. Vi a las mujeres en multitud, abandonarse a todos los excesos, y como si no les bastara ser asesinas, se convertían en caníbales. Luego de matar policías, literalmente comieron su carne

La revolución de 1848 corresponde al compromiso entusiasta de los escritores en la lucha política. Lamartine, Arena y Hugo juegan un papel importante. Leconte de Lisle tomó la iniciativa de las peticiones que llevaron a la abolición de la esclavitud. Baudelaire fundó un periódico revolucionario con Champfleury. Desafortunadamente, el entusiasmo inicial de algunos, da rápidamente paso a una profunda desilusión. Al imaginar que llevar su idealismo a la esfera política sería suficiente, su confrontación con las masas y la acción se llenó de desilusiones. La novela emblemática de la multitud en ese entonces era Germinal de Emile Zola (1840-1902), lector esmerado de Hippolyte Taine (Cfr. infra). Deseoso de contar la vida de los mineros en vísperas de la guerra de 1870, reunió material acerca de las minas, e incluso viajó en 1884 para asistir a una huelga. Como señala Bosc (2007), “nada le falta al relato de Zola; ni las mujeres que conducen a la muchedumbre a la crueldad, ni los niños, precursores inequívocos de sus excesos”. Germinal, decimotercera novela del ciclo de los Rougon-Macquart, fue publicada en enero de 1885. La multitud es la protagonista, y como señala Barrows (1981): La masa de trabajadores es lo que surge en los momentos más dramáticos de la novela, son las reuniones públicas las que anuncian la violencia del desenlace, son la multitudes que destruyen y son destruidas


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Zola expone un verdadero documental sobre todos los aspectos de la multitud. Sighele admira y llama Zola “el poeta de la multitud” (“Il Delitto della folla”) en su libro Literatura y Delito (1906/1908). También lo considera el pintor de la era de las multitudes: He aquí la muchedumbre —accionada por los agentes que la sugestionan— dejándose llevar paulatinamente hacia la huelga. Se trata de Stéphane Lantier, cuya misión de sagrada índole es eclipsada por la irritabilidad enfermiza causada por el alcohol que envenenó a sus padres y sigue corriendo por sus venas; también se trata de Pluchart, apóstol devoto de la Internacional, cuya incansable propaganda arruinó la salud y el carácter. Estos dos hombres —uno emocional y el otro monomaníaco— le dan al resentimiento sordo y latente de las multitudes, la expresión positiva de la huelga y la rebelión

II. DE LOS HECHOS HISTÓRICOS A LOS HECHOS PSICOLÓGICOS: HIPPOLYTE TAINE Hippolyte Adolphe Taine Adolfo nació en Vouziers el 21 de abril de 1828. En noviembre de 1848, celebró su entrada en la École Normale Supérieure. Aquel año de la “Primavera de los Pueblos”, vio el florecimiento de muchos movimientos revolucionarios en Europa. En Francia, la Monarquía de Julio es derrocada y el rey Luis Felipe abdica. La Segunda República se establece lentamente y Luis Napoleón Bonaparte es elegido presidente en las elecciones del 10 de diciembre de 1848. Hippolyte Taine es un testigo privilegiado de estos cambios políticos. Profesor de filosofía en Nevers, empezó un largo estudio sobre las sensaciones, experimentando sobre sí mismo, y considera que es “el comienzo de extensas investigaciones de psicología” (Taine, 1905, 139). El 2 de diciembre de 1851 se da el golpe de estado de Bonaparte. En la noche del 1 al 2 de diciembre, un decreto disuelve la Asamblea Nacional. La resistencia republicana es aplastada violentamente y un plebiscito ratifica las nuevas instituciones. En


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una carta a su madre (Nevers, 3 de diciembre de 1851), Taine cuenta: Usted está enterada de las noticias políticas. Veo gente volver de París: las tropas favorecen al señor Bonaparte, la Asamblea disuelta es impopular y todos se están en paz. Es evidente que va a tomar el poder real bajo las apariencias republicanas. Las campañas están a su favor. Hace dos años que los demócratas son hostigados y perseguidos. Nadie hará nada. Estaremos así por años. Hace sesenta años que Francia se encuentra en un constante estire y afloje, yendo de la monarquía a la república, de la libertad a la autoridad. Esto va a durar mucho tiempo” (Taine, 1905a, p. 165).

Un año después, el 2 de diciembre de 1852, Luis Napoleón Bonaparte se convirtió en Napoleón III. El Segundo Imperio, aprobado en un plebiscito el 21 de noviembre, comienza. En 1863 se publicó en tres volúmenes (dos volúmenes más se sumarán a las reediciones siguientes), una de sus obras más importantes: la Historia de la literatura Inglesa. Según Taine, la literatura es un documento histórico y la historia es “un problema de psicología”. Al escribir la historia de la literatura, pretende analizar la psicología de un pueblo: Una obra literaria no es un mero juego de la imaginación ni el capricho aislado de una cabeza caliente, sino una transcripción de las costumbres de una época y la manifestación de una mentalidad. Deducimos que se puede, mediante los monumentos literarios, redescubrir cómo los hombres habían sentido y pensado varios siglos atrás. Lo intentamos y lo logramos (Taine, 1863, p. III).

Pero para él no se trata de acumular observaciones y coleccionar hechos. “¿Una libreta de anotaciones constituye una psicología?”, se pregunta (p. XV). No, hay que buscar sus causas. Esta investigación debe efectuarse después de la recolección de datos. “No importa que los hechos sean físicos o morales”, continúa, “siempre tienen causas, ya sea por la ambición, el coraje, la veracidad, o para la digestión”. Todos los individuos de una nación, según Taine, son los esclavos y el producto de algunas fuerzas primordiales que les imponen ciertas formas generales de pensar y sentir. Afirma que estas fuerzas son tres: la raza, el entorno, el momento.


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Su interés por la psicología es cada vez mayor. Taine fue marcado por la revolución de 1848 y el golpe de Estado de Napoleón, pero los acontecimientos que se produjeron en 1870 —la humillación de Francia en Sedan (Delouvée, 2006)— y sobre todo el año 1871, lo influenciaron profundamente y lo llevaron a emprender la redacción de los Orígenes de la Francia contemporánea, en el mismo espíritu que su Historia de la literatura inglesa. Susanna Barrows (1990) considera que es el historiador de la psicología de las multitudes emergentes. El 18 de marzo de 1871, la insurrección de la Comuna “volvió a perturbar profundamente el orden que renacía en Francia, exponiéndola al máximo peligro”. En la colina de Montmartre, unos amotinados matan a los generales Lecomte y Clément Thomas. Es el comienzo de la Comuna. Taine es muy crítico respecto a los insurgentes: al crimen contra la patria se añadía el perjuicio a la civilización. Él sabía cuántos siglos de esfuerzo y sacrificio son necesarios para construir una sociedad más o menos equitativa, y no podía resignarse a que la ambición o locura de un puñado de individuos abolieran el trabajo de cincuenta generaciones: Se echa todo a perder. Es una disolución espontánea de Francia. La causa de la situación actual y del éxito de los amotinados (todos miembros de la Internacional) es el resentimiento extraordinario de los Parisinos, ya sean ignorantes o ilustrados, en contra de Trochu, etc., que ven como traidores; la Asamblea nacional que los modera, que va más allá de ellos y cuya mayoría quiere trasladar la capital a otro lugar, les parece casi igual de odiosa. Están hartos de sus líderes y de cualquier líder. En este momento, nadie parece tener idea de la autoridad legítima, de la obediencia; el cargo los enloqueció (Taine, 1905b, p. 67).

Tras la firma del tratado de paz con Alemania, el 10 de mayo de 1871, Adolphe Thiers obtiene que Prusia libere con anticipación a 60 000 soldados. Lanza inmediatamente contra la capital cinco cuerpos del ejército; entre ellos ex presos y muchos campesinos reclutados y entrenados a toda prisa, preparados psicológicamente para luchar contra la “escoria roja”. La embestida con las tropas dirigidas por Mac-Mahon comienza el 21 de mayo. Thiers les impone una lenta y cautelosa progresión por las calles de París. Esta lentitud propiciará la exacerbación de las pasiones y excesos


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de todo tipo. El 28 de mayo de 1871, al cabo de una “Semana sangrienta”, la Comuna de París no existe más. Lejos de estas consideraciones respecto a la “escoria roja”, Taine recibe, el 8 de junio de 1871, el título de doctor honoris causa de parte de las autoridades universitarias de Oxford. A su regreso de Inglaterra, renuncia a escribir su teoría de la Voluntad, que iba a ser el complemento de la Inteligencia, y se enfoca en los Orígenes de la Francia contemporánea. Le dedicará 22 años. La primera edición del Antiguo Régimen (primer volumen de los Orígenes de la Francia contemporánea) sale en las librerías el 9 de diciembre de 1875, después de habérsela compartido a los estudiantes de la Escuela de Ciencias olíticas y a los estudiantes de la Universidad de Ginebra. Este libro trataba de identificar las causas de la centralización del poder político, responsable, según él, de la inestabilidad política de la Francia moderna. Fue elegido miembro de la Academia Francesa (1878) y murió en París el 5 de marzo de 1893. Su influencia será considerable entre los psicólogos de las multitudes.

III. LA ANTROPOLOGÍA CRIMINAL Y LA SCUOLA POSITIVA Durante la segunda mitad del siglo XIX sobresale en el mundo intelectual italiano, un grupo de hombres que se llaman a sí mismos sabios y positivistas (cfr. Bosc, 1996, 2001, 2007). Están fuertemente influenciados por los positivistas europeos como Spencer, Comte, Darwin, Renan, Stuart Mill, Bentham. Cesare Lombroso (1835-1909), un médico, es el fundador de la escuela positivista de criminología. En 1874 se vuelve profesor de medicina forense, toxicología e higiene en Pavía. Un año después se muda a Turín donde es nombrado para la cátedra de medicina forense y salud pública en la Universidad de Turín, y luego se convierte en profesor ordinario de psiquiatría y clínica. La antropología criminal era la ciencia que estudiaba al delincuente en calidad de naturaleza humana aparte. Su trabajo principal, El


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Hombre criminal (L’Uomo delinquente), publicado en 1876, se convierte en un verdadero best-seller, y modificado muchas veces, le dará a su autor un gran reconocimiento. La sociología positivista considera que la sociedad opera como un cuerpo compuesto de células: el individuo. Las leyes que gobiernan el mundo orgánico corresponden a las que gobiernan el mundo social. La vida siempre evoluciona de lo simple hacia lo complejo, de lo homogéneo hacia lo heterogéneo. Esta idea de comparar la sociedad con un organismo, que ya se encuentra en Aristóteles, reside en el organicismo de Schäffler (el primer volumen de la Estructura y vida del cuerpo social, publicada en 1875) y Lilienfeld (el primer volumen de sus Consideraciones sobre la ciencia social del futuro también se publica en 1875). Lombroso se basa en esta sociología positivista para desarrollar el concepto de atavismo, que es fundamental para sus trabajos. Se trata de una teoría biológica que explica la reaparición de rasgos ancestrales en un individuo: la violencia, en el caso del hombre criminal (Bosch, 2007). Van Ginneken (1992) establece muy bien la conexión entre el nacimiento de la psicología colectiva en Italia y las convicciones socialistas de sus promotores: Ferri y, al menos hasta los principios de la década de 1890, Sighele. El siglo XVII terminó con una apoteosis del individuo. La ciencia, en este cambio de siglo, sustituyó esta apoteosis por la de la colectividad […]. Scipio Sighele, el alumno en el que ví mi idea científica renacer con más solidez, planteó claramente estas verdades en un libro obviamente famoso: la multitud criminal —libro que benefició a sociólogos como los señores Tarde, Fouille, Le Bon— habló sabiamente de esta psicología colectiva que yo solo había destacado entre la psicología individual y la psicología social [se está refiriendo a la sociología] en mi discurso sobre los Nuevos horizontes del derecho penal, hace unos quince años (Ferri, 1897, Pp.104-105).


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IV. SCIPIO SIGHELE Y GUSTAVE LE BON Descendiente de una antigua familia local de Trento, nacido en Brescia en 1868, Sighele es hijo y nieto de magistrados. El título de La multitud criminal es un homenaje a El hombre criminal de Lombroso. La multitud criminal que describe Sighele corresponde a la idea de la multitud en el siglo XIX, concebida a partir de los episodios revolucionarios franceses: retrasada, brutal, adoptando un comportamiento violento. Profundamente francófilo, Sighele es un gran conocedor de la literatura francesa. Cita con gran interés las novelas de Flaubert, Zola, Stendhal, que contienen descripciones notables de los crímenes cometidos por las turbas. La primera parte de La multitud criminal es totalmente lombrosiana y se basa en la composición antropológica de la multitud: los individuos que componen la multitud son la causa de su conducta delictiva (véase Bosc, 2007, para un re-descubrimiento del pensamiento y del personaje de Sighele). Una muchedumbre criminal es una muchedumbre compuesta por criminales. Para él esto no es suficiente para explicar el fenómeno en su totalidad. Sighele cree que, además de la sugestión, existe una variedad de causasincidentes que pueden explicar el crimen de las multitudes: la influencia del clima, las condiciones económicas, malas cosechas. Cuatro años después de La multitud criminal, Le Bon publica un libro que marcará su tiempo y volverá a publicarse continuamente: La psicología de las masas (1895). Gustave Le Bon nació el 7 de mayo de 1841. Es médico de profesión, pero su trabajo también trata de fotografía, etnología, física o caballos de doma. Su trabajo e ideas acerca de la muchedumbre pronto serán analizados y discutidos, tanto en Francia (Picard, 1909; Motono de 1914, Delatour, 1925 o Flammarion, 1928) como en el extranjero (Schwalenberg, 1919; Cartelliert, 1938; Nye, 1975; Widener, 1979, etc.). A pesar de ello, cae rápidamente en el olvido después de su muerte en 1931. Habrá que esperar especialmente a Moscovici (1981/1991) para rehabilitar a este hombre en la psicología social y sacarlo de sus “cincuenta años de purgatorio” (Rouvier, 1986).


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Según Le Bon, la fascinación ejercida por los grandes líderes solo es posible porque ocasiona, con una multitud, un anonimato que crea una sensación de poder, diluye el sentimiento de responsabilidad y permite dar rienda suelta a los instintos. Dentro de la muchedumbre, el ser humano deja de funcionar a nivel racional, vuelve a ser “primitivo”, y así propicia un contagio mental. La definición de multitud por Le Bon es extremadamente vaga. Para él, lo mismo puede tratarse de un agrupamiento en un espacio cerrado (una reunión pública, un jurado, un parlamento, etc.), de un comportamiento colectivo caótico e irracional (un motín, un pánico, un tropel, etc.) o simplemente de una gran cantidad (la multitud es entonces equivalente al pueblo, a la nación, la clase social). La única diferencia que establece consiste en separar las masas homogéneas (sectas religiosas, grupos profesionales, clase obrera, campesina o burguesa, etc.) que se caracterizan por una identidad de comportamiento y/o rasgos comunes, y multitudes heterogéneas que pertenecen a multitudes heteróclitas y anónimas. Para Le Bon, la yuxtaposición de un gran número de personas no es suficiente para conformar una multitud psicológica, sino que debe sobresalir un “alma colectiva”. Emociones, convicciones, intenciones y acciones deben tender a la unanimidad, es la “ley de la unidad mental de las masas”. La hipótesis de Le Bon es sencilla: los individuos absorbidos por la multitud tendrían una manera de pensar y actuar distinta de la que tendrían si estuvieran aislados. Los sentimientos de la multitud son absolutos, excesivos y faltos de matices. Le Bon ofrece tres explicaciones para esos comportamientos irracionales de los individuos envueltos en la multitud. En primer lugar, según él, la cantidad les da a los individuos una sensación de excesiva potencia que favorece las conductas desmesuradas y acentúa el anonimato. El contagio (establecerá un paralelo con el hipnotismo) permite luego la propagación de las emociones, los pensamientos y actitudes. Por último, la sugestión es fundamental y se materializa con el papel de los líderes que consiguen, gracias a ella, apoderarse de la multitud.


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