reflejos de la esclavitud en el arte Imágenes de Europa y América
Comité Científico De La Editorial Tirant Humanidades Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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Aurelia Martín Casares Rafael Benítez Sánchez-Blanco Andrea Schiavon Editores
Reflejos de la esclavitud en el arte Imágenes de Europa y América
tirant humanidades Valencia, 2021
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Índice
Introducción...................................................................... Aurelia Martín Casares Rafael Benítez Sánchez-Blanco Andrea Schiavon
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EUROPA 1. Una presencia indeleble. La esclavitud negra en los puertos de Castilla y Aragón a finales de la Edad Media........................................................................ Raúl González Arévalo La población esclava negra en los puertos de Castilla y Aragón......................................................... Una nueva religión..................................................... Población negroafricana y trabajo esclavo en ámbito portuario ....................................................... Esclavos subsaharianos en oficios inesperados: la música....................................................................... Conclusión....................................................................
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2. Monumento de los Cuatro Moros en Livorno (Toscana, 1625).................................................................. Arturo Morgado García
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Primer acto: Constantinopla................................... Segundo acto: Livorno.............................................. Tercer acto: Buda........................................................ Epílogo: San Petersburgo.........................................
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3. Redimir al cautivo: modelos iconográficos de liberación en el Mediterráneo durante la Edad Moderna................................................................... Rafael Benítez Sánchez-Blanco Cautiverio y esclavitud en el Mediterráneo durante la Edad Moderna............................................. Los cuatro elementos de la representación canónica.............................................................................
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El ángel trinitario........................................................ Trueque o rescate.......................................................
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4. Miradas de mujeres afrodescendientes retratadas en Europa (siglos XVII-XVIII)................... Aurelia Martín Casares
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La mulata y La mora Caterina................................ El enigma de la hermana Louise Marie Thérèse... Otros retratos, otras vidas de esclavas..................
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5. Juan de Pareja, esclavo, maestro y modelo en la España de la época moderna. Reflexiones sobre una excepción........................................................ Bernard Vincent Cécile Vincent-Cassy
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El retrato de un esclavo............................................. El modelo: Juan de Pareja........................................ Los esclavos de pintores y escultores..................... Los caminos de la libertad: Juan de Güéjar, Juan de Pareja, Sebastián Gómez.......................... Juan de Pareja, pintor................................................ Epílogo .......................................................................... Apéndice. Lista de artistas que tuvieron esclavos en la época moderna..........................................
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AMÉRICA 6. El Negrito y la microeconomía política de la trata negrera en el Atlántico. La arribada a puerto con un cargamento de esclavizados.................... Michael Zeuske Vicent Sanz Rozalén Las imágenes de la trata........................................... El ritual de la arribada a puerto............................. Del bergantín a los barracones: el trayecto de los esclavizados........................................................... La venta de los esclavizados.................................... Conclusión....................................................................
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Índice ⁜ 7
7. A Philosophic Cock. Libertad de prensa, republicanismo y esclavitud durante la presidencia de Thomas Jefferson................................................. Carmen de la Guardia Herrero La intimidad violentada........................................... Una licencia desmesurada, un frenesí..................... El caricaturismo político en Estados Unidos ... Esclavitud y republicanismo................................... Los Hemings y Thomas Jefferson. A modo de conclusión....................................................................
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8. El general Prim y la esclavitud. A propósito de una fotografía de 1862............................................... Marie-Christine Delaigue La fecha de la foto: el general Prim en Estados Unidos, 1862.................................................................. Prim y la esclavitud.................................................... El fotógrafo................................................................... Los protagonistas de la fotografía del “Hijo del general Prim”................................................................ Bibliografía......................................................................... Créditos fotográficos......................................................
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177 180 183 185 197 209
Introducción Aurelia Martín Casares Universidad de Málaga
Rafael Benítez Sánchez-Blanco Universidad de Valencia
Andrea Schiavon
Universidad de Granada
E
uropa debió conocer la esclavitud en su propio suelo desde la época griega, al menos desde el siglo IV a. C.; posteriormente se mantendría con los romanos, y después en la Edad Media y Moderna, y en los inicios de la Edad Contemporánea, concretamente hasta el siglo XIX, cuando quedó oficialmente derogada en la legislación de todos los países europeos y en la América española. Se mantuvo, sin embargo, vigente durante parte del siglo XIX en otros territorios americanos, africanos o asiáticos1. Y en algunos de ellos no se abolió hasta el siglo XX2. Es decir, la esclavitud fue legal en Europa durante al menos, unos 23 siglos, pero aún más en otras zonas de África y Asia. Buena parte de la población sometida a esclavitud en territorios europeos era de origen negroafricano; de ellos, algunos fueron liberados y los menos consiguieron situarse en puestos de prestigio como el catedrático de universidad Juan Latino3 o el pintor Juan de Pareja en España. Por tanto, no cabe duda de que los negroafricanos constituyeron un elemento importante de la población esclava de Europa a lo largo de los siglos. En todo caso, es importante destacar que los negroafricanos no fueron los únicos sometidos a esclavitud en Europa. Es más, los propios íberos peninsulares fueron esclavizados por los romanos, e incluso españoles, italianos o británicos fueron esclavizados por los musulmanes y trasladados al continente africano como cautivos para cobrar un rescate o como mano de obra barata4. Pero también se vendieron blancos como esclavos en Europa occidental, más concretamente rusos, tártaros, circasianos y otros grupos de esclavos procedentes de Europa central y del
Este5. En realidad, la esclavitud fue un hecho normal durante siglos a nivel global y todas las religiones del planeta la toleraron de una u otra forma. Además, se suele olvidar que tanto en África como en América se practicaba la esclavitud antes de la llegada de los europeos, y que, tanto los árabes como los propios subsaharianos esclavizaban a otras etnias, también africanas, sin recursos económicos ni poder. Y también se olvida que los nativos americanos esclavizaban a otros indígenas en situación desfavorecida; de hecho, fueron los españoles quienes, ya en el siglo XVI, prohibieron la esclavitud de los “indios” en los territorios americanos que estaban bajo su dominio, lo que no ocurrió en las colonias portuguesas, donde los indígenas brasileños continuaron siendo legalmente esclavizados. La primera licencia concedida por la Corona española para la introducción de esclavos negros en Santo Domingo se otorgó en 1518 a Laurent de Gorrevod, un duque francés. Diez años más tarde, en 1528, Carlos V otorgó el monopolio del comercio de esclavos negros a los Welser, una familia de banqueros alemanes establecidos en Colombia. Sucesivamente, varios países europeos ostentaron alternativamente el monopolio de la introducción de negros en América, a través de la creación de diversas compañías que se crearon ad hoc, por ejemplo, los ingleses fundaron la Compañía de Guinea (1561), la Company of Royal Adventurers (1566), la Royal African Company (1672), etc. España nunca se ocupó del comercio directo de esclavos, dejándolo en manos de otros europeos, la Corona se limitó a dar licencia a estas compañías extranjeras para la introducción de esclavos y esclavas en sus dominios. Introducción ⁜ 9
Cabe también señalar que las personas esclavizadas de todos los orígenes étnicos alcanzaron grandes porcentajes en la Hispania Romana, aproximadamente un 30 %, pero en épocas posteriores los porcentajes de esclavos y esclavas en la península ibérica descendieron hasta situarse entre un 2 % y un 7 % en ciudades de tamaño medio, y llegaron a alcanzar hasta un 10 % en grandes ciudades comerciales como Lisboa, Sevilla o Valencia. Sin embargo, el porcentaje de población esclava en las colonias europeas de América era mucho más amplio y llegó a situarse en torno al 20-30 % en determinadas ciudades atlánticas. Esta diferencia se debe a que la esclavitud en suelo europeo era fundamentalmente doméstica y urbana, mientras que, en las posesiones americanas, las grandes explotaciones agrícolas de café, algodón, cacao o azúcar demandaban una importante mano de obra, que llevó a una mayor concentración de población esclava en el Caribe y Brasil. En consecuencia, los esclavos constituyeron un elemento importante de la población de Europa, y por supuesto del mundo atlántico ultramarino. Un elemento que marcó numerosos aspectos de nuestra historia cultural, desde el arte y la literatura al vocabulario o el folklore.
*** En este libro, presentamos ocho estudios sobre la esclavitud en Europa y América que cubren el amplio periodo que va del siglo XIII al XIX y que, desde la Península Ibérica, se proyectan sobre dos ámbitos diferentes, pero intercomunicados, como son el Mediterráneo y el Atlántico. Cada uno de estos trabajos se ha centrado en una imagen que representa algún aspecto de la esclavitud y a partir de ella, y apoyándose en otras, se desarrolla un estudio de historia, eminentemente social, sobre cuestiones muy diversas del fenómeno. Diferentes son también los enfoques y la metodología con que se abordan; se basan, no obstante, en las fuentes clásicas de información de la historia de la esclavitud. Los esclavos eran considerados, en definitiva, como una mercancía más, que, como las otras, se reflejaba en escrituras notariales de compraventa, testamentos e inventarios; se anotaba en contabilidades privadas y públicas, en registros portuarios y aduaneros. Pero también esclavos y esclavas aparecían en libros parroquiales, con ocasión de bautizos, matrimonios y entierros; comparecían ante jueces civiles o inquisitoriales; obtenían cartas de horro o libertad. 10 ⁜ reflejos de la esclavitud en el arte
Junto con estos documentos, relativos sobre todo a personas esclavizadas en territorios cristianos, existen otros propios de órdenes religiosas y otras instituciones dedicadas al rescate de cautivos cristianos en países islámicos. En efecto, entre ambas orillas del Mediterráneo y en los confines de Europa oriental, entre el Imperio Otomano y los príncipes cristianos, existió un estado casi permanente de conflicto que permitía la mutua captura de presas, y, al tiempo, facilitaba los encuentros y negociaciones para su rescate o intercambio. Por último, y en gran medida, pero no solo propios de estos cautivos cristianos, nos han llegado muestras de literatura personal relatando en primera persona la terrible experiencia. De estas fuentes clásicas proviene la mayor cantidad de información sobre la vida de esclavos y esclavas y sobre el marco en que se desarrolló su existencia. Son ellas el fundamento de los ocho trabajos aquí reunidos. Lo significativo de esta obra es que, además, hemos querido conocer la realidad de la esclavitud y de los que la padecieron en Europa y América en esos setecientos años, asomándonos al mundo de las imágenes. En los capítulos que siguen se han utilizado obras realizadas con gran variedad de técnicas, desde el mosaico a la fotografía; pinturas sobre pergamino, tabla, lienzo y yeso; esculturas en piedra, madera y bronce… En una sucesión de estilos que van de comienzos del siglo XIII hasta la actualidad. Obras de grandes artistas –Velázquez, Carreño Miranda, Tiziano, Durero…– o de autores populares anónimos. Al igual que la documentación escrita, las “imágenes” son fuentes “envenenadas”. Responden a los intereses, conscientes o inconscientes, de los autores y deben ser utilizadas, “leídas”, con cautela. No deben, sin embargo, desecharse, como no debe serlo ninguna huella del pasado, sea escrita o pintada, que nos permita transitar por ese mundo desaparecido. En los trabajos recogidos en este libro las imágenes se han utilizado con diferentes finalidades: en unos, nos permiten observar a través de ellas el mundo de la esclavitud; tienen la función de “ventanas” para ver cómo eran, vestían, trabajaban, se divertían o padecían hombres y mujeres esclavizados. En algún caso, el propio cuadro adopta la configuración de una “ventana” por la que observamos a la protagonista absorta en sus tareas, como sucede con La mulata de Velázquez (fig. 56) Evidentemente, esas repre-
sentaciones responden a modelos establecidos y deben ser analizadas con reservas y no aceptadas como si reflejaran sin filtros la realidad. Como se podrá comprobar, incluso la fotografía estaba sometida a esas sujeciones. En otros capítulos se ha primado en análisis de los objetivos que los autores, sua sponte o bajo el influjo y deseos de quienes encargaban sus obras, querían alcanzar con ellas y con su exposición a los ojos del público. Y en todo caso, ambos fines se combinan, en diversa medida, en los ocho estudios. Estos se han organizado en dos bloques, Europa y América, como corresponde a dos modelos de esclavitud diferentes. La esclavitud europea y mediterránea moderna tiene, como es bien sabido, caracteres propios que la diferencia de la americana. Son su carácter temporal, ya que la vuelta a la libertad, bajo diferentes fórmulas, es no solo deseada sino posible; su reciprocidad, puesto que el que te cautiva puede, a su vez, ser cautivado; y su reiteración: no son extraños los casos de quienes son esclavizados varias veces. La esclavitud atlántica carece de estas características: la trata es, de forma general, unidireccional; lleva hombres, mujeres, niños y niñas de África a América sin ninguna esperanza de retorno6. Tampoco los subsaharianos que por vía de Portugal llegaron a los mercados de esclavos europeos tenían fácil el regreso, aunque algunos lograran escapar junto con los norteafricanos hacia territorio islámico.
De manera que, continuando la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincava y ayudaba a calentar. Y acuérdome que, estando el negro de mi padrastro trebejando con el moçuelo, como el niño vía a mi madre y a mí blancos y a él no, huýa dél, con miedo, para mi madre, y, señalando con el dedo, dezía: —¡Madre, coco! Respondió él riendo: —¡Hideputa! Yo, aunque bien mochacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dixe entre mí: «¡Quántos deve de aver en el mundo que huyen de otros porque no se veen a sí mismos!7.
En el inicio de una pequeña obra maestra anónima de la literatura de la primera mitad del siglo de Oro español, se nos presenta una visión de un negro, no queda claro si esclavo o liberto, cargada de afecto, junto con una reflexión sobre cómo miramos al “otro” sin vernos a nosotros mismos.
Esta cautela advertida por Lázaro de Tormes, que tampoco se debía “ver a sí mismo” al considerar, el final de su relato, que estaba “en la cumbre de toda buena fortuna”8, parece necesaria en el estudio de la esclavitud, la que se trata en este libro, y que si durante su vigencia estuvo marcada por ambigüedades políticas y morales, también lo está en su análisis actual. No es nuestro papel ejercer de jueces retrospectivos de los comportamientos de personas y sociedades que vivían bajo otras normas distintas a las nuestras, sino mostrar y tratar de explicar esos comportamientos, señalando, en todo caso, las ambigüedades de ciertas políticas, de los comportamientos de algunos famosos hombres públicos, o de las propias imágenes y de las interpretaciones que de ellas se han hecho. Ambigüedad que, tratándose del lenguaje, significa, según el Diccionario de la lengua española, que “puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión”. Y si se aplica a personas, que “con sus palabras o comportamiento, vela o no define claramente sus actitudes u opiniones”.
Frequentando las caballerizas, ella [mi madre] y un hombre moreno de aquellos que las bestias curavan vinieron en conocimiento. Este algunas vezes se venía a nuestra casa y se yva a la mañana. Otras veces, de día llegava a la puerta en achaque de comprar huevos, y entrávase en casa. Yo, al principio de su entrada, pesávame con él y avíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas, de que vi que con su venida mejorava el comer, fuyle queriendo bien, porque siempre traýa pan, pedaços de carne y en el invierno leños a que nos calentávamos.
El contraste entre los discursos sobre la libertad, e incluso sus actuaciones, y la opinión que los afroame-
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De esta manera, se podrá observar en los grabados y pinturas de los barcos negreros analizados por Michael Zeuske y Vicent Sanz Rozalén en su estudio sobre la trata negrera en el Atántico (capítulo 6), cómo lo que parece ser una visión propagandística de la adecuada distribución en los navíos de los hombres y mujeres destinados a la venta en América, lo que nos muestra es una terrible constatación de la dureza del trato durante la travesía.
Introducción ⁜ 11
ricanos merecían a ilustres políticos, como Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Juan Prim, ha sido puesto de manifiesto en los capítulos de Carmen de la Guardia (capítulo 7. A Philosophic Cock, 1804) y Marie-Christine Delaigue (capítulo 8. El general Prim y la esclavitud. A propósito de una fotografía de 1862). En ellos se podrá observar no solo la ambigüedad de esas posturas políticas sino cómo en la vida privada podían rodearse y convivir con aquellos a quienes decían despreciar e incluso temer. La interpretación de las imágenes tampoco escapa a esta ambigüedad. Raúl González Arévalo la señala al destacar el contraste entre pinturas que muestran el duro trabajo de los esclavos en la descarga de barcos y aquellas que los presentan como músicos cortesanos (capítulo 1, Una presencia indeleble. La esclavitud negra en los puertos de Castilla y Aragón a finales de la Edad Media). Y concluye que no se debe generalizar, como algunos han querido, la imagen del esclavo “hombre-animal” ya que también encontramos otras que los sitúan en “oficios inesperados”, como la música. Por su parte, en el trabajo de Arturo Morgado (capítulo 2), que tiene como lema el Monumento de los cuatro moros, contrastan las imágenes de la violencia de la batalla en la que se caía cautivo y de la dureza de la vida en esclavitud, con la existencia y representación de quienes conseguían alcanzar la libertad y gozar de ascenso social en la sociedad de sus amos. Y junto a ello, observamos la “confusión” de querer ver sultanas turcas en cuadros de Tiziano o de Parmigianino que representan modelos italianas. En el análisis que Rafael Benítez realiza de los modelos iconográficos de las órdenes redentoras y de su evolución (capítulo 3), se destaca la dificultad plateada, tanto para los artistas que las realizaron como para algunos comentaristas actuales, por la imagen del esclavo musulmán que aparece, junto al cautivo cristiano, en la representación típica de la Orden de la Trinidad. Figura que unas veces se representa como un negro, o al menos con rasgos negroides, y otras como un turco. Varias posibles interpretaciones ofrecen algunas de las imágenes presentadas por Aurelia Martín Casares en su trabajo (capítulo 4). Así, defiende que la Mulata pintada por Velázquez se nos presenta centrada en su trabajo doméstico, en lugar de haber abandonado este 12 ⁜ reflejos de la esclavitud en el arte
– como afirmó su anterior propietario– para escuchar lo que sucede en la escena desarrollada detrás, en que Jesús se presenta a los discípulos en Emaús. Escena que se ha discutido si se observa a través de una ventana, o es simplemente un cuadro dentro del cuadro. Ambigua es también la identificación que se ha hecho de la monja negra del convento de Moret, Louise Marie-Therese, atribuyendo su nacimiento a una relación adúltera de la reina María Teresa de Austria, esposa de Luis XIV, tema abordado por la autora. Entre las diversas lecturas ambiguas de las imágenes de esclavos, destaca el retrato de Juan de Pareja pintado por Velázquez, al que dedican su trabajo Bernard Vincent y Cécile Vincent-Cassy (capítulo 5). En él justifican que donde se ha querido ver un negro blanqueado por el artista, lo que se representa en un hombre de origen berberisco o morisco. Y al igual que en los capítulos de Raúl González y Arturo Morgado, se constata la existencia de esclavos y libertos dedicados a oficios de lo que en la época se consideraban entre la elite del artesanado.
*** Por otra parte, el conjunto de las imágenes del libro nos presenta un tríptico de la vida de esclavos y esclavas. En el panel central podemos considerar la violencia ejercida contra ellos: la caída en esclavitud por efecto de la guerra, que vemos en los cuadros de batallas navales y terrestres del capítulo segundo, junto con la ostentación del triunfo sobre los cautivos que resalta el Monumento de los cuatro moros de Livorno del mismo capítulo; la dureza del transporte de la mercancía humana hacia América reflejada en los cuadros y grabados de la trata (capítulo 5) o en la fotografía de los niños que, en fecha tan tardía como 1868, fueron liberados de un barco negrero (fig. 108); el mercado de esclavos, esté representado uno del siglo XIV en Yemen, (fig. 2), de comienzos del ochocientos en Constantinopla (fig. 14) o por la llegada del navío negrero al Caribe a fines del siglo XVIII (fig. 82); la “violencia” del cambio de religión más o menos forzoso (fig. 5), la física del encierro y las cadenas, como aparecen los cautivos cristianos en el capítulo tercero, o del cepo que nos muestra la foto tomada en Cuba a mediados del siglo XIX (fig. 102); y, por último, la explotación sexual de las esclavas que pone de manifiesto el capítulo séptimo (figs. 94 y 96) o que refleja brutalmente Le rapt de la negresse (fig. 64).
En el panel izquierdo del tríptico podemos observar el mundo del trabajo que realizaron esclavos y esclavas en este largo periodo de tiempo. En el primer capítulo (fig. 1, con los detalles en las figs. 6 a 9, y la 10) e igualmente en el grabado reproducido en la fig. 18 del capítulo segundo les vemos ocupados en la carga de naves; mientras que en la imagen siguiente (fig. 19) puede observarse a los galeotes encadenados que intentan salvarse del naufragio de la nave en la que venían al remo. El trabajo en la plantación, o, mejor dicho, el descanso después de la faena, lo ilustra la fig. 97. No son las únicas labores en las que se ocupaban, como está explicado en varios de los trabajos y vemos reflejado en las imágenes de músicos (figs. 11 y 12) o de criados y criadas (figs. 33, 56-57), o las niñeras y “muleques” fotografiados que aparecen en el capítulo 8 (fig. 100 y siguientes). Y, por supuesto, la dedicación artística puesta de manifiesto en los cuadros realizados por Juan de Pareja (figs. 71 a 75). Y, por último, en el panel derecho, los retratos de esclavos y libertos, sean de aquellos que alcanzaron una cierta fama histórica (figs. 29 y 32), o como la monja negra de Moret (figs. 61-62), o que fueron, incluso, modelos de grandes pintores, como el conocido retrato de Juan de Pareja por Velázquez estudiado en el capítulo 5 (fig. 69). Otros interesaron por su exotismo, como la negra Caterina dibujada por Durero (fig. 58), o el Qadí de los esclavos turcos de Malta (fig. 21). O simplemente nos han llegado los retratos de mujeres anónimas, entre los que destaca el de La Mulata pintada por Velázquez, y otras recogidas por Aurelia Martín Casares (capítulo cuarto). Y, para concluir, señalaremos el autorretrato de Juan de Pareja incluido en su cuadro La vocación de San Mateo (fig. 75). En el análisis de las obras de arte que dan origen a cada capítulo y que representan el fil rouge para descifrar el fenómeno de la esclavitud en diferentes épocas y territorios, los autores se han situado frente a una verdadera interrogación en el estudio de las humanitas. ¿Se atienen las imágenes artísticas a la verdad de los hechos? ¿o detrás de ellas podemos vislumbrar significados más profundos, manifestaciones más complejas que se han ido formando a lo largo de los siglos? La peculiaridad de la construcción de este texto reside en la doble vertiente de utilización del material artístico: como “objeto de investigación”, pero al mismo, como “ins-
trumento de investigación”. Todas las obras de arte o, mejor dicho, todos los frutos del trabajo realizado por mano humana, desde la escultura a la miniatura, de la pintura a la fotografía, constituyen un testimonio de procesos culturales que se revisten de un valor duradero, capaz de franquear el tiempo sin avejentar, convirtiéndose en posibles interpretes de la relatividad cultural. Sin adentrarnos en debates teóricos sobre el valor estético de las obras de arte, en este volumen se analiza cada creación visual por su capacidad narrativa. Ello significa también interpretar la escena, incluyendo cada objeto y cada gesto que cobra vida en el marco artístico, como, por ejemplo, en el caso de la miniatura Histoire ancienne jusqu’à César, incluida en el primer capítulo. En otras ocasiones el sujeto a analizar queda patente, como en el caso de algunas muestras artísticas americanas donde, como hemos dicho, la esclavitud tuvo unas diferentes dimensiones y características en comparación al panorama europeo; mientras, en otras ocasiones, es la omisión el dato que cobra relevancia y necesita ser captado y observado, como en el caso del “blanqueamiento” de Juan de Pareja en su cuadro La vocación de San Mateo. Justamente, el valor de las aportaciones que componen este volumen reside en la elección de analizar cada objeto no sólo bajo el punto de vista estético sino investigando la intentio de cada obra, es decir, la idea y el cometido a los cuales se subordina la forma visual.
*** Quisiéramos subrayar el gran poder de las imágenes artísticas seleccionadas para este volumen por la inestimable información que nos ofrecen, además de estimular nuestra imaginación y memoria visual. También quisiéramos destacar el respaldo brindado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MINECO) a través del proyecto de investigación Esclavos y Criados de Nobles y Reyes: siglos XVI-XVII (HAR2016-80091-P) que nos permitió crear una novedosa base de datos sobre imágenes de la esclavitud en el arte, que hemos ido desarrollando durante los últimos tres años. Dicha base de datos cuenta ya con más de 400 entradas en las cuales se catalogan obras de muy diversos tipos y materiales, con el tema común de la esclavitud y la servidumbre, principalmente europea, pero enfocándose progresivamente en otros países. Además de ser un contendor capaz de aglutinar una cantidad de obras ilimitada, lo que hace único este instrumento es su capacidad Introducción ⁜ 13
de catalogación según detallados criterios iconográficos, desglosando cada obra no sólo por su temática y por su característica, sino incluso analizando los diferentes sujetos representados por etnia, actitud y atributos físicos. Nuestra intención es ampliar el horizonte de los estudios sobre esclavitud a través de obras visuales. Fue precisamente, nuestra base de datos visuales la que nos inspiró para realizar un libro como el que aquí presentamos, el cual hemos podido hacer realidad gracias a la Red de Excelencia Esclavitud, servicio doméstico, mestizaje y abolicionismo en los mundos hispánicos (HAR2017-90783-REDT) con la participación de las Universidades de Valencia, Granada, Málaga, Autónoma de Madrid y Jaume I (Castellón). Queremos dedicar también algunas líneas de esta parte introductoria para dejar rastro de nuestro tiempo tan complejo. Estamos viviendo meses de extraordinaria dificultad e incertidumbre debido a la emergencia sanitaria global que está obligando a los diferentes gobiernos a restringir nuestras libertades. Lejos de querer comparar esta situación con la falta de libertades inherentes a la condición de esclavitud es, sin embargo, imprescindible agradecer la
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colaboración que las numerosísimas bibliotecas e instituciones museísticas y archivísticas nos han prestado para la redacción de este volumen, especialmente en lo que se refiere a las diferentes obras que adornan los capítulos, algo que ha conllevado un gran esfuerzo por parte de los editores pero, por igual, de los responsables que, entre el cierre de las instituciones, el teletrabajo y las emergencias personales, se han visto espoleados para agilizar los expedientes y autorizarnos las licencias de utilización de cada obra. También queremos dejar constancia de que algunos de los autores de los diferentes capítulos de este libro han visto cómo sus familiares directos se veían afectados por el Covid-19, siendo ingresados en hospitales durante el tiempo en que redactaban sus capítulos, vaya por delante nuestro agradecimiento. En definitiva, creemos que la conjunción de los estudios académicos y de las representaciones gráficas ofrece una visión matizada de la compleja realidad de la esclavitud en ambos hemisferios desde el apogeo medieval hasta su tardía supresión.
Es el caso de la Somalia italiana, Guam británico, Islandia, Taiwan, Corea, Madagascar, Zanzíbar, algunos estados de Estados Unidos o en Egipto. Como en el África francesa, Malasia británica, Sudán anglo-egipcio, Camerún, China, Siam, Hong Kong, Congo, Níger, Mali, Arabia Saudí, Marruecos, Bután, Yemen, Mauritania, Nepal, Turquía o Qatar, entre otros países. MARTÍN CASARES, Aurelia, Juan Latino: Talento y destino. Un afroespañol en tiempos de Carlos V y Felipe II, Universidad de Granada, 2016. FISHER, A. G. B. y FISHER, H. Slavery and Muslim Society in Africa: the Institution in Saharan and Sudanic Africa and the Trans-Sahara Trade. Londres: C. Hurst, 1971, p. 68. MARTÍN CASARES, Aurelia. “Evolution of the origin of slaves sold in Spain from the Late Middle Ages till the 18th century”. En: CAVACIOCCHI, Simonetta (ed.), Serfdom and slavery in the European economy (11th to 18th centuries). Firenze University Press, 2014, pp. 409-430. FIUME, Giovanna, Schiavitù mediterranee. Corsari, rinnegati e santi de èta moderna. Milano: Bruno Mondadori, 2009, pp. X-XI. ANÓNIMO. La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus frutos y adversidades. Anveres: en casa de Martín Nuncio, 1554, pp. 4v-5. Ibid., p. 48r.
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EUROPA
Fig. 1. Histoire ancienne jusqu’à César, MS. Douce 353, f. 31r., miniatura, c. 1470. Bodleian Library, Universidad de Oxford, Reino Unido.
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1. Una presencia indeleble. La esclavitud negra en los puertos de Castilla y Aragón a finales de la Edad Media Raúl González Arévalo Universidad de Granada
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a Universidad de Oxford custodia entre los fondos de su espléndida Bodleian Library un magnífico manuscrito de origen francés, datado hacia 1470. Se trata de la Histoire ancienne jusqu’à César, MS. Douce 353, de autor anónimo, escrita sobre pergamino. En realidad, ofrece una variante de Le Roman de Troie en prose, texto francés del siglo XIII del que circularon diversas copias1. De esta segunda versión se conservan alrededor de sesenta copias en Europa. Pero la atesorada en la célebre universidad británica presenta la particularidad de ofrecer treinta y seis miniaturas. En el folio 31r. del manuscrito hay tres imágenes que ilustran diversos momentos de la historia de Jasón y los Argonautas: su presencia ante el rey Peleo, padre de Aquiles; el equipamiento de la nave Argo; y la llegada a la Cólquida, donde Jasón que desciende a tierra, mata a los toros que despedían fuego por los ollares y toma el mítico vellocino de oro. Naturalmente, el miniaturista que ilustró el manuscrito, siguiendo la práctica de la época, retrata a los personajes y los ambientes que ilustra a partir de los cánones imperantes en arquitectura y moda, lo que proporciona una información preciosa para historiadores e historiadores del arte. En este caso, dado que se trata de un manuscrito de origen francés datado en el tercer cuarto del siglo XV, no extraña encontrar que los ropajes se encuadran en la moda difundida desde la brillante corte de Borgoña. Comoquiera que sea, para el caso que nos ocupa llama la atención la segunda miniatura (fig. 1): la nave Argo presenta una tipología que recuerda la de las antiguas cocas, embarcación típica de las naciones atlánticas que alcanzó su apogeo en el siglo XII, aunque en el siglo XV había sido sustituida por barcos de mayor tonelaje como las carracas, con las que los genoveses alcanzaron su apogeo en el intercambio comercial con Flandes e Inglaterra, hasta que a partir de 1460
su presencia decayó en la ruta de Poniente2. Para entonces ya se había producido una transferencia tecnológica, que había dejado una huella indeleble entre los constructores navales del Atlántico medio3. Entre los personajes que figuran, destaca la presencia de Jasón y Hércules jugando al ajedrez en el castillo de popa, sobre la cubierta principal. Los demás son anónimos: carpinteros de ribera y cocineros trabajan en tierra, mientras los estibadores cargan fardos que suben a bordo desde tierra firme a través de planchas de madera, que ellos mismos ayudan a colocar para facilitar el acceso a la embarcación. Nada extraño, sino fuera porque son negros, que ciertamente chocan en el contexto cortesano franco-borgoñón en el que se ilustró el manuscrito, pues en la Francia septentrional no había esclavos, a diferencia de sus costas meridionales. En consecuencia, cabría pensar más bien en una escena cotidiana de la península ibérica, a lo sumo del sur de Europa en el Mediterráneo occidental, con la que el intercambio comercial era intenso, pues la esclavitud bajomedieval propia de esas latitudes no se extendió por el mar del Norte4. Una realidad que, de una parte, el miniaturista conocía y, de otra, ayudaría al lector de la langue d’oil propia del norte de Francia a situar la historia en un escenario lejano en el espacio y el tiempo, la Grecia de la mitología clásica, tan diferente de la realidad cotidiana en los puertos del Canal de la Mancha, representada a través de una imagen propia del Mediterráneo occidental y las costas andaluzas. A partir de esta preciosa imagen trataremos la presencia y el trabajo de población esclava negra en los puertos de Castilla y Aragón, que ha dejado una huella sutil pero indeleble en el Arte bajomedieval. Por último, a través de otras imágenes, abordaremos asimismo testimonios insó-
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litos sobre la población esclava negroafricana en oficios inesperados, relacionados con la música. LA POBLACIÓN ESCLAVA NEGRA EN LOS PUERTOS DE CASTILLA Y ARAGÓN
Como ya ha puesto de manifiesto una importante tradición historiográfica, la esclavitud en la Europa bajomedieval fue un fenómeno de carácter esencialmente urbano y costero, ligado al Mediterráneo5. En este contexto los reinos hispanos tuvieron un fuerte protagonismo, y, aunque no faltan aproximaciones globales6, en las últimas décadas han florecido los estudios específicos de los mercados más relevantes: Sevilla, Málaga y Jerez de la Frontera en la Corona de Castilla7; Valencia8, Barcelona9 y Mallorca10 en la Corona de Aragón11. Una diferencia fundamental en los estudios del ámbito castellano frente al catalano-aragonés es que en el primero la subsistencia de protocolos notariales es tardía, con escribanías que se conservan más o menos completas a partir de la segunda mitad del siglo XV, e incluso más tarde aún en el caso específico del Reino de Granada, que junto al de Murcia representaba la vertiente mediterránea de la corona castellana. Habida cuenta la importancia primordial de esta tipología documental para el estudio de la esclavitud, se trata de una circunstancia que ha determinado de forma decisiva las posibilidades de conocimiento del fenómeno en el territorio ibérico. Al mismo tiempo, como han subrayado la mayoría de autores que han abordado la cuestión, hay una diferencia clara en los mecanismos de aprovisionamiento, de modo que los esclavos musulmanes (moros, berberiscos, turcos) procedían eminentemente de la guerra, mientras que los negros encarnaban en mayor medida la vía comercial12. Así las cosas, se observa una diferencia neta en la composición y el origen de la población esclava, según pongamos el foco en Andalucía, el Reino de Granada, Valencia, Cataluña o el archipiélago balear. Inicialmente la presencia de la esclavitud mediterránea en la Corona de Aragón se centró en la capital catalana, Barcelona, el centro indiscutible en Cataluña. En el siglo XIV los catalanes se abastecían en el Mar Egeo de esclavos orientales (tártaros, rusos circasianos, abjasios, mingrelianos). En el Mediterráneo central había relaciones fuertes de aprovisionamiento con Génova y Sicilia, donde se adquirían esclavos de procedencia muy diversa, desde sarracenos norteafricanos hasta eslavos de los Balcanes (albaneses, bos18 ⁜ reflejos de la esclavitud en el arte
nios, búlgaros, esclavones y griegos). Con todo, el avance del Imperio otomano en el Mediterráneo oriental y el cambio de las dinámicas comerciales hicieron que a finales del siglo XV la esclavitud oriental y balcánica fuera residual, frente al auge de magrebíes y, más adelante, de subsaharianos, cuando el impacto de la trata atlántica cambió para siempre el mercado barcelonés13. No obstante, el gran centro esclavista a partir del siglo XV en la Corona de Aragón fue Valencia, que compitió con Barcelona como centro comercial y financiero más dinámico del Mediterráneo catalano-aragonés. El volumen de cifras es impresionante, sólo por detrás de Lisboa en todo Occidente. Los estudios desarrollados presentan una evolución desde la diversidad del siglo XIV, con esclavos orientales y balcánicos como en Barcelona, pues conforme avanza el siglo XV la presencia de grandes mercaderes de esclavos desembocó en un flujo constante, cada vez mayor, de individuos privados de libertad procedentes del África negra, llevados por los portugueses; de canarios, esclavizados por castellanos; y de moros, reducidos a esclavitud por catalanes. De esta manera la ciudad del Turia se convirtió junto con Génova y Venecia en uno de los grandes mercados de esclavos de todo el Mediterráneo occidental14. En la Barcelona del siglo XIV se observa cómo la presencia de esclavos negros se fue incrementando conforme avanzaba la centuria. Así, en la primera mitad apenas se localizaron una veintena de esclavos, mientras que en la segunda mitad su número se multiplicó por ocho, hasta casi alcanzar los dos centenares y medio. Sin embargo, cabe matizar que el aumento exponencial se produjo en la última década, cuando se concentran el 80 %, lo que en última instancia supone que entre 1391 y 1400 se localizan en la capital catalana el 75 % de los esclavos negros contabilizados para la centuria15. Desafortunadamente, casi nada sabemos de su procedencia (fig. 2). En las pocas ocasiones en las que se proporciona información se señala su origen de manera genérica en los Montes de Barca, en la actual Libia, pero en realidad la antigua Cirenaica era un mercado esclavista situado en el punto de llegada en el Mediterráneo de las rutas caravaneras provenientes de Sudán16. Excepcionalmente se señala que algunos de ellos eran oriundos de una región más concreta, como Nubia o Etiopía17. No cuento entre ellos los llamados moros negros, que tanto podían hacer referencia a esclavos moros de piel muy oscura, como a negros islamizados e integrados en las sociedades magrebíes
Fig. 2. Al-Wasiti, Al-Harith en el mercado de esclavos en Zabid (Yemen), Maqama 34. Manuscrito caligrafiado e ilustrado de la Escuela de Bagdad, 1236-1237. Biblioteca Nacional de Francia, Departamento de Manuscritos, División oriental, Manuscrito árabe 5847, f. 105.
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Al igual que ocurre en Barcelona, la presencia de los subsaharianos en Valencia se fue afianzando desde finales del siglo XIV, si bien entre 1375 y 1425 nunca superaron el 4’5 % del total de personas esclavizadas en la ciudad del Turia, un volumen que dista mucho del peso que tenían los esclavos orientales y sarracenos y que se concentra, fundamentalmente, en el primer cuarto del siglo XV. Como en la capital catalana, también en Valencia encontramos esclavos procedentes de Mont de Barques de forma genérica, aunque de la mayoría de personas apenas se indica de forma general que eran negros, sin más datos sobre su proveniencia, como confirma la circunstancia para el 75 % del colectivo. Puntualmente se les podía señalar como ytiopium, aunque sin una connotación geográfica concreta, más allá del origen situado en el interior del África oriental. Apenas un esclavo es señalado de genere de Guitneus, lo que resulta lógico, pues en estos momentos el tráfico esclavista procedente del África occidental no se había activado aún18. La situación es muy diferente durante el reinado de los Reyes Católicos, entre el último cuarto del siglo XV y las dos primeras décadas del siglo XVI. Efectivamente, la expansión portuguesa por el África occidental desde mediados de la centuria provocó una enorme afluencia de esclavos negros subsaharianos a la capital, Lisboa, desde donde se exportaban hacia el Mediterráneo occidental, en una ruta cuyas principales escalas incluían Sevilla y Málaga, con cabecera final en Valencia. Detrás de la procedencia genérica de “Guinea” –territorio impreciso que se localizaba entre Senegambia y el Golfo de Guinea– en ocasiones es posible determinar el origen étnico de los esclavos, entre los que destacaban fundamentalmente primero los jolofes antes del cambio de centuria, y posteriormente los mandingas. Al mercado valenciano también llegaban otras etnias menos numerosas, como los capi, los jalonga, los bula o los hibo. En otras ocasiones hay una relación directa entre territorios de procedencia y las feitorias atlánticas donde los portugueses establecieron los puertos de embarque. Así, en la costa africana San Jorge da Mina y la Mina de Oro figuran como tierra de procedencia de algunos esclavos, mientras que Santo Tomé, en la isla homónima, era el punto común donde confluían personas esclavizadas procedentes de las tierras de Ambu, Calabar, Ebu, Sopo y Terranova. En ocasiones la población esclava procede de algunas de las formaciones políticas que se construyeron 20 ⁜ reflejos de la esclavitud en el arte
en el África subsahariana, como el Reino de Benín. Más al sur, otros individuos procedían de las tierras regadas por el río Congo19. No son pocas las ocasiones en las que su llegada se concentraba de manera masiva, relacionando las fechas de arribo con el avance de la exploración portuguesa o con la concesión de monopolios. Así por ejemplo, los jolofes aumentaron exponencialmente su presencia a partir de 1489, como consecuencia del asiento concedido por el rey de Portugal al florentino Bartolomeo Marchionni, establecido en Lisboa pero con fuertes intereses en Valencia20. Asimismo, la llegada de portugueses a las aguas del río Congo en 1508 está directamente relacionada con la llegada de los primeros congoleños al mercado de esclavos valenciano a partir de 151321. Las informaciones procedentes de Barcelona en la misma época son más parcas porque la documentación notarial no ofrece el mismo nivel de riqueza de las presentaciones ante el Baile General de Valencia, empleadas por Vicenta Cortés en sus estudios. Más allá de haber constatado que los negros del mercado barcelonés constituían el 51 % frente al 8 % de blancos y el 6 % de loros, Iván Armenteros ha logrado acotar porcentajes bastante precisos sobre la procedencia de estos esclavos en la capital catalana, estableciendo que, del grupo de personas esclavizadas definidas como negras, el 21’5 % provenían aún de los Montes de Barca, en el Mediterráneo oriental, mientras que del África occidental subsahariana localizó población oriunda de Guinea (17’8 %), Senegambia (13’4 %), el Imperio de Kanem-Bornu (2’3 %), Sierra Leona (1 %) y de manera residual, representantes de Santo Tomé, Benín, Cabo Verde, Congo, o las actuales Burkina Faso y Costa de Marfil22. Por etnias, destacan los kanem y hausa (23 %), jolofes (12 %), mandinga (1’5 %), capi (0’5 %), cocoli (0’3 %) y de manera testimonial margui, negui, longa, manga y benín23. El porcentaje de negros esclavizados llegados desde el Levante mediterráneo revela mecanismos de aprovisionamiento diferenciados respecto a Valencia, con un peso importante aún de las rutas netamente medievales gracias a la relación secular con los puertos sicilianos, en contacto directo con la región cirenaica de los Montes de Barca. A mismo tiempo, Barcelona no estaba incluida en la ruta entre Lisboa y Valencia, de modo que la llegada de población subsahariana no estaba en relación directa con el desarro-