LA VUELTA DE CRIMEA A LA MADRE-PATRIA Algunas relexiones a la luz del Derecho Internacional
ROMUALDO BERMEJO GARCÍA Catedrático de Derecho Internacional Público Universidad de León
Valencia, 2015
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Romualdo Bermejo García
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Introducción La actual crisis política ucraniana, iniciada aparentemente el 21 de noviembre de 2013, fue presentada en el mundo occidental como una especie de lucha entre unos opositores defensores de la libertad y, por ende, de la democracia, y un gobierno, el de Yanukóvich, corrupto y tirano. La realidad es, sin embargo, muy distinta, pues los que lideraban las manifestaciones en el denominado “Euromaidán” eran en buena parte grupos nacionalistas ucranianos vinculados a una extrema derecha ya conocida y, lo que es peor, en algunos casos de índole nazi. Que el gobierno de Yanukóvich fuera corrupto no hay muchas dudas, pero desde que Ucrania obtuvo la independencia tras la desmembración de la URSS ¿ha habido algún gobierno en Ucrania que no lo fuera? A este respecto, la respuesta es claramente no, y la prueba más evidente es que la Presidenta anterior, Yulia Timoshenko, fue condenada en 2011 a una pena de nueve años de cárcel1. Al margen de que este caso pueda suscitar algunas dudas sobre el procedimiento seguido e incluso sobre su encarcelamiento, es evidente que durante su gobierno la corrupción reinó por doquier. Respecto a la cuestión de saber si el gobierno de Yanukóvich
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Como es sabido, Yulia Timoshenko, igura de la “revolución naranja” de 2004, defendida por los países europeos y los Estados Unidos, cuando no alzada a rango de mártir, hizo una gran fortuna en la industria del gas y terminó en agosto de 2011 en la cárcel por corrupción, precisamente por llevar a cabo contratos con Rusia de forma irregular, cuando no fraudulenta, para su país. Sobre la revolución naranja, cfr. D’ANIERI, P. (Ed.): Orange Revolution and Aftermath: Mobilization, Apathy and the State in Ukraine, Johns Hopkins, University Press, Baltimore, 2010, 328 p; y GOUJON, A.: Révolutions politiques et identitaires en Ukraine et Biélorussie (1998-2008), Ed. Bolin, París, 2009, 72 p.
era un gobierno tirano o una dictadura, no faltan voces entendidas en este tema que lo niegan2, aunque esto no quiere decir que no exista en Ucrania un déicit democrático. Dicho esto, lo que no se puede negar es que el otrora Presidente Yanukóvich fue elegido en unos comicios que fueron caliicados por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) como democráticos en toda regla, destacando que se habían llevado a cabo con notables progresos en relación con los llevados a cabo anteriormente3. Un aspecto muy importante que conviene tener siempre presente en la actual crisis ucraniana es la cuestión de las denominadas “oligarquías”, que han venido acaparando desde la misma independencia en 1991 los diversos sectores económicos y los negocios al mismo tiempo que los cargos públicos4. Unos y otros han esta2
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Por ejemplo, ver el interesante estudio de GONCHAROVA, G., MONTANER, A. y RYZHKOV, Y.: “La cuestión ucraniana: lo que Europa se niega a saber”, El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho, nº 45, mayo 2014, pp. 4-31, especialmente pp. 4-5. La citada Organización dejó bien claro estos aspectos al recoger en su informe lo siguiente: “The irst round of the 17 January presidential election in Ukraine was of high quality and showed signiicant progress over previous elections. This election met most OSCE and Council of Europe commitments. Civil and political rights were respected, including freedom of assembly, association and expression. Election day was conducted in an eficient and orderly manner”. Cfr. INTERNATIONAL ELECTION OBSERVATION MISSION: Ukraine, Presidential Election, 17 january 2010: Statement of Preliminary Findings and Conclusions, Kyiv: OSCE/ODIHR Election Observation Mission, 18/01/2010, p. 1. El comercio de materias primas y de productos químicos se adquirían a nivel interno a precios muy bajos, ya que estaban regulados por el Estado. Sin embargo, estos mismos productos se vendían en el exterior a precio libre, es decir mucho más altos. Se especulaba también a nivel inanciero, sobre todo con los tipos de interés, al margen de que los oligarcas compraban los productos en moneda local y obtenían por la venta en el exterior divisas. Otro sector sobre el que se especuló enorme-
do tan interrelacionados que no era posible desempeñar un cargo público si uno no era un hombre de negocios o si no estaba al servicio de uno de estos oligarcas5. Este sistema se formalizó bajo la presidencia de Leonid Kuchma (1994-2005), aunque el sistema ha ido cambiando y recomponiéndose permanentemente en función de los intereses de estos poderosos oligarcas, de sus distintas alianzas o de sus rupturas, pudiendo ser estas últimas dramáticas6. Esto era sabido en todas las cancillerías occidentales, que cerraban los ojos para poder hacer sus negocios, lo mismo que hicieron con los gobiernos de los países árabes que han padecido la denominada “Primavera Árabe”, cuyos resultados están a la vista. Ni que decir tiene que esta situación económica, política y social de Ucrania le debilitaba considerablemente a la hora de hacer frente a las dos realidades presentes de las que Ucrania no puede prescindir, al menos por el momento: sus vínculos culturales, económicos y políticos con Rusia, por un lado, y los deseos de una buena parte de la población de estrechar más los vínculos con
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mente era el de la energía. Cfr. PUGLISI, P.: “A Window to the World: Oligarchs and Foreign Policy in Ukraine”, en FISHER, S. (Dir.): Ukraine: quo wadis?, Institute for Security Studies, European Union, 2008, Chaillot Paper, nº 108, Paris, pp. 55-86. Cfr. MATURSZAK, S.: The Oligarchic Democrazy: the Inluence of Business Groups on Ukrainian Politics, Centre for Eastern Studies, Varsovia, septiembre de 2012, 108 p. Por ejemplo, Yanukóvich era desde los años 1990 el representante de la defensa de los intereses del clan de Donetsk, o lo que es lo mismo el dueño del Donbáss. Sin embargo, a partir de 2010, ya con el poder en la mano, decidió ir adquiriendo una cierta autonomía, colocando al mismo tiempo a los miembros de su familia en puestos políticos básicos del Estado. Así, su hijo creó en Suiza el conocido holding “Mako” para poder exportar el carbón del Donbáss. Como se puede comprender, saben también elegir bien los países occidentales que les puedan servir de base para sus negocios internacionales. Este ejemplo de Yanukóvich es válido evidentemente para el resto de las oligarquías.
los países de la UE, por otro. Desde esta perspectiva, es evidente que las presiones y las tensiones de unos y otros han hecho saltar por los aires no sólo la débil integridad territorial ucraniana, cuyo ejemplo más evidente por el momento es el caso de Crimea, sino también la convivencia entre los diversos pueblos y culturas que coniguran el segundo país más extenso de Europa, tras la Federación Rusa. Cada vez está más claro que los acontecimientos del Maidán, y la subsiguiente caída del Gobierno de Yanukóvich con el apoyo explícito y erróneo en nuestra opinión de la propia UE y de los Estados Unidos, no han facilitado las cosas, produciéndose al in y al cabo lo que era previsible, es decir la vuelta a la madre-patria de Crimea. Kosovo no es ya un caso único en la historia reciente de Europa como se nos había anunciado, por muchas diferencias que pueda haber entre uno y otro. Y es que pretender justiicar casos únicos en la sociedad internacional no sólo parece ya discriminatorio, sino que en un mundo como el nuestro es una pura utopía. La jugada de la independencia de Kosovo iba a poner, pues, a la Federación Rusa en alerta, al considerar que los países occidentales, tanto en las Naciones Unidas como fuera, no tomaban en serio ni sus intereses ni sus reivindicaciones. El camino que Rusia iba a seguir sería sinuoso, pero constante, y con ciertos niveles de intensidad como se demuestra en la guerra de y con Georgia7, en la crisis libia8, en la crisis siria9 y, por último, y, sin 7
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BLANC ALTEMIR, A.: “El conlicto entre Georgia y Rusia un año después (a propósito del Informe Tagliavini)”, REDI, 2009, pp. 556-566. Sobre la crisis libia, véanse los trabajos de los Profesores Bermejo García, Gutiérrez Espada, Cervell Hortal, López-Jocoiste Díaz, Oliva Martínez y Echeverría Jesús, en el Anuario Español de Derecho Internacional, 2011, pp. 9-208. Sobre el conlicto en Siria, cfr. GUTIÉRREZ ESPADA, C.: “El conlicto en Siria (2011-2014) a la luz del Derecho internacio-
lugar a dudas la más importante, en la crisis de Crimea y Ucrania. Al sentirse Rusia decepcionada y engañada por los países occidentales ha dado el zarpazo en Crimea, que era relativamente fácil por otro lado, al contar con un amplio apoyo de la población de Crimea. La famosa península de Crimea vuelve así a la casa de donde nunca debía haber salido. En las próximas páginas abordaremos, pues, la cuestión de la anexión de Crimea a la Federación Rusa a la luz de la crisis ucraniana y del Derecho internacional.
nal y de la geopolítica”, UNISCI, 2014, 35 p.; RUIZ MIGUEL, C.: “Rebelión en Siria: ¿en la encrucijada o hacia el precipicio?”, Anuario Español de Derecho Internacional, 2012, pp. 243-268; y BERMEJO GARCÍA, R.: “Las conlictivas relaciones de Siria e Israel en el ajedrez del Próximo Oriente”, en: Cuadernos Cultura de Paz, nº 1, 2014, pp. 31-44.
1. La evolución de Ucrania tras la desintegración de la URSS La segunda Guerra de Crimea no ha tenido lugar, pero este territorio ruso, cedido a Ucrania por un capricho de Nikita Khruschev cuando todo era la URSS en 1954, siguió siendo ucraniano tras la disolución de la antigua Unión Soviética, después de que sucedieran muchas y variadas peripecias. Y es que en ese período, la posesión de Crimea fue por muchas razones, sobre todo estratégicas y políticas, el principal foco de tensión entre Rusia y Ucrania. A este respecto, conviene apuntar que el 20 de enero de 1991, en época todavía soviética, se celebró un referéndum en Crimea en el que de forma importante la mayoría de la población votó por la anexión a Rusia en caso de que Ucrania se disgregara para convertirse en un Estado independiente. Esto no impidió, sin embargo, que Ucrania decidiera separarse de la URSS el 24 de agosto de 1991 tras una decisión aprobada por el Parlamento ucraniano, decisión que fue sometida a referéndum el 1 de diciembre del mismo año, cuyo resultado fue sumamente favorable a la independencia. Incluso en Crimea el voto fue favorable, aunque por un escaso margen10. En este mes de diciem10
Según señalan GONCHAROVA, G., MONTANER, A. y RYZHYKOV, Y.: “La cuestión ucraniana: lo que Europa se niega a saber”, p. 9, nota 2, el 90’32% de los votos fueron a favor de la independencia. Es más, incluso en las zonas de Lugansk, Järkov y Odessa ganó el sí con el 83’90%, 83’86% y 85’38% respectivamente. También en Crimea y Sebastópol ganó el sí, aunque aquí por un escaso margen, con el 54’19% y el 57’08% respectivamente. El estudio, político y sociológico sobre todo, que llevan a cabo estos autores es muy completo, y aclara muchas cuestiones que se han mantenido ocultas o han sido tergiversadas en el transcurso de esta crisis.
bre, Rusia reconocería por el Tratado de Minsk del 8 de diciembre “la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras existentes” de las Partes Contratantes, tal y como reza el artículo 5 de este Tratado por el que se crea la Comunidad de Estados Independientes (CEI)11. Sin embargo, las cosas no se quedarían ahí, al advertir Ucrania que su participación en la CEI no condicionaría para nada su independencia. Desde esta perspectiva, el Convenio de Minsk sería posteriormente completado con varios instrumentos de diversa índole adoptados en la cumbre de Alma-Atá, de 21 de diciembre de 1991, como el Protocolo del Convenio de Minsk, la Declaración de Alma-Atá12, una Resolución del Consejo de Jefes
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Para un estudio al respecto, cfr. BLANC ALTEMIR, A: La herencia soviética. La Comunidad de Estados Independientes y los problemas sucesorios, Tecnos, 1994, sobre todo la primera parte, pp. 26-94. Sobre los conlictos territoriales y de fronteras en esta zona, ver también, YAKEMTCHOUK, R.: “Les conlits de territoire et de frontière dans les Etats de l’ex-URSS”, AFDI, pp. 393-434; sobre el conlicto ruso-ucraniano referente sobre todo a Crimea, ver las pp. 398-408. El artículo 5 de este Tratado reza textualmente que “las Altas Partes Contratantes reconocen y respetan su integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras existentes en el marco de la Comunidad”. Por su parte el artículo 2 de dicho Convenio recoge que “Las Altas Partes Contratantes garantizan a sus ciudadanos, independientemente de su nacionalidad u otras diferencias, los mismos derechos y libertades. Cada una de las Altas Partes Contratantes garantiza a los ciudadanos de las otras partes, así como a las personas sin ciudadanía que residan en su territorio, independientemente de su pertenencia nacional u otras diferencias, los derechos y libertades civiles, políticos, sociales, económicos y culturales, de acuerdo con las normas internacionales de derechos humanos universalmente reconocidos”. Ni que decir tiene que estos aspectos han estado presentes en la actual crisis ucraniana. Para el texto del Tratado en español, cfr. www.historiasiglo20.org/TEXT/minsk1991. htm. Ver también ILM, vol. XXXI, 1992, nº 1, pp. 138 y sgs. A este respecto, cfr. “Chronique des faits internationaux”, RGDIP, 1991, p. 451.
de Estado, un Acuerdo sobre los institutos de coordinación de la CEI, un documento relativo al Protocolo de la reunión de los Jefes de Estado independientes y, por último, un acuerdo sobre las medidas conjuntas relativas a las armas nucleares. Además, conviene tener presente, como apunta el Profesor Blanc Altemir13, que entre la Cumbre de Minsk y la de Alma-Atá se dan acontecimientos muy importantes como, por ejemplo, el del 17 de diciembre mediante el cual Gorbachov y Yeltsin pactan las condiciones para la dimisión del primero, lo que hace el 25 de diciembre de 1991, así como la extinción de los restos institucionales de la URSS para el 31 de diciembre del mismo año. Otra fecha clave en este mare mágnum de hechos es la del 24 de diciembre, fecha en la que la Federación Rusa comunica que sustituirá a la URSS en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en virtud del principio de continuidad del Estado14. Todo este organigrama jurídico e institucional no haría desaparecer el anhelo de una real independencia por parte de algunos Estados, sobre todo Ucrania. Y es que a pesar de su fuerte dependencia de la vecina Rusia en los aspectos comercial y económico (sobre todo el energético)15, lideraría un grupo de países muy celosos
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Cfr. La herencia soviética…, op. cit., pp. 26 y sgs., especialmente p. 34, nota 11. Cfr. Ibid, op. cit., p. 34, notas 22 y 23, y la bibliografía allí citada. Para un análisis reciente de los aspectos económicos que han inluido en la crisis ucraniana más de lo que en general se ha apuntado, cfr. VERCUEIL, J.: “Las raíces económicas de la crisis ucraniana”, Le Monde diplomatique en español, julio 2014, p. 4. Ver también, PAGÉ, J.P. (Dir.): Tableau de bord des pays d’Europe centrale et orientale (Vol. 2: Eurasie). Les Etudes du CERI, nº 202, París, diciembre 2013. En el ámbito económico conviene recalcar que aún hoy día Ucrania no ha logrado alcanzar el nivel de producción que había logrado en la antigua Unión Soviética.
de su soberanía e independencia, proceso en el que Crimea y la lota del Mar Negro iban a ser los principales estandartes16.
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Las razones son muchas, diversas y muy interrelacionadas, pero la evasión iscal, la corrupción y la malversación están muy extendidas, sin olvidar que la economía informal supone entre el 25 y el 55% del PIB del país. Con estas bases económicas no es extraño que la crisis ucraniana haya ido por los derroteros conocidos. Y es que ya en octubre de 2013, por lo tanto antes de que se desencadenaran las movilizaciones del Euromaidán, el FMI puso unas estrictas condiciones al Gobierno de Kiev antes de que este pudiera recurrir a un programa de asistencia del Fondo que rondaba los 15000 millones de dólares. Las condiciones exigidas por el Fondo eran las clásicas como dejar lotar la grivna (moneda nacional ucraniana), aumentar los precios de la energía, reducción de gastos, etc. Por otro lado, conviene recalcar que la crisis actual ha agravado su situación económica, ya que el acuerdo irmado con el FMI en mayo de 2014 coloca al país bajo una gran vigilancia inanciera. No hay que olvidar que en los dos últimos años Ucrania ha recibido del Fondo 17000 millones de dólares, lo que le coloca bajo una especie de cuidados intensivos. A este respecto, cfr. “Ukraine”, IMF Country Report, nº 14/106, FMI, mayo de 2014, 126 p., sobre todo pp. 26 y sgs. Se espera además una subida importante de los precios energéticos (se habla en torno de un 50%) y un aumento de la inlación. En relación con la energía conviene saber que Ucrania es un país tremendamente despilfarrador, ya que consume diez veces más de energía por unidad del PIB que los países desarrollados. Esta complicada situación indica que al margen de la crisis política que está padeciendo, desde el punto de vista económico el país tiene ante sí unos retos económicos de gran envergadura. Para un estudio más pormenorizado sobre esta cuestión, cfr. BLANC ALTEMIR, A.: Conlictos territoriales, interétnicos y nacionales en los Estados surgidos de la antigua Unión Soviética, Tirant lo Blanc, Valencia, 2003. Sobre los problemas en torno a la Flota del Mar Negro, cfr. “Ajournement du règlement de partage de la lotte de la Mer Noire (30 août 1992), en: “Chronique des faits internationaux”, RGDIP, 1992, p. 145. Para un análisis reciente centrado en la importancia estratégica y militar de Crimea, ver el estudio del Vicealmirante LUIS FERNANDO MORLÁN, con el título “Crimea y la herencia del Almirante Gorshkov”, Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), 10 de julio de 2014, 31 p.
Desde otro punto de vista, conviene recalcar que tras la desintegración de la URSS se desarrolló en Ucrania un gran sentimiento nacionalista con muchas dosis de romanticismo, al apartarse de la realidad económica, política y social. Y es que los patrocinadores de este “espíritu nacional” difundieron la idea que Ucrania disponía de recursos económicos y humanos que generarían un rápido crecimiento económico que les acercaría a Europa, pudiendo después integrarse en la propia UE. Esta tendencia, que era considerada por sus defensores como progresista, y defendida por una élite de índole intelectual y muy nacionalista, chocaba frontalmente con el aparato y la burocracia del partido comunista, situándose ambas tendencias fuera de la realidad. Sin embargo, las circunstancias del momento eran cruciales, pues era el período durante el cual había que llevar a cabo el traspaso de la propiedad estatal a la privada, cosa que, como se revelaría después, no era nada fácil, como así ocurrió, e incluso ahora esta cuestión no está del todo terminada. Este es el origen de los “oligarcas”, pues durante este proceso se permitió que algunos particulares, que disponían de un cierto poder administrativo o político tanto a nivel estatal como regional, pudieran hacerse con la mayoría de las empresas estatales a precios muy inferiores al valor real. Algo similar ocurrió con las actividades de los bancos, cuyos directores de las oicinas recibían en torno a la mitad, mientras la otra mitad era utilizada en esas operaciones especulativas, devolviendo el capital nominal al cabo de dos o tres años en dinero devaluado “en cientos o miles de veces”, debido a la fuerte inlación y a las numerosas devaluaciones. Fueron estos “oligarcas” los que se hicieron con la mayoría de los certiicados de propiedad o participaciones que se habían realizado para privatizar la propiedad colectiva, correspondiendo
a cada ciudadano ucraniano una de esas participaciones, cuyo valor nominal era de 10.000 rublos17. Así pues, con los problemas políticos surgidos tras la desmembración de la antigua URSS, conviene siempre tener presente esta situación socioeconómica en Ucrania. Si a esto añadimos la fuerte dependencia económica de Ucrania frente a la nueva Federación Rusa, sobre todo a nivel energético e incluso inanciero, es evidente que la precitada independencia de Ucrania no pusiera in a ciertas tensiones con Rusia.
I. LOS PRINCIPALES FOCOS DE TENSIÓN ENTRE LA FEDERACIÓN RUSA Y UCRANIA TRAS LA INDEPENDENCIA DE ÉSTA La independencia de Ucrania se llevó a cabo sin que previamente se resolvieran los principales focos de tensión que tenía con la Federación Rusa. Desde esta perspectiva, ambos Estados tuvieron varios escollos en sus 17
Para más detalles sobre todo este proceso que duró desde 1991 hasta 1996, ver GONCHAROVA, G., MONTANER, A. y RYZHIKOV, Y.: “La cuestión ucraniana: lo que Europa se niega a saber”, op. cit., pp. 10-11, nota 2. Como apuntan además estos autores, estas actividades fueron el origen no sólo de corrupción, sino también de rachet o chantaje de protección, o lo que es lo mismo gansterismo, ya que los rachteers protegían a los pequeños empresarios mediante un impuesto o tributo de protección. De esta forma todas las tiendas del centro de Kiev eran sometidas a este chantaje, ya que si no se exponían a robos o incendios por parte de estos grupos, algo que era vox populi en Kiev. Lo mismo ocurría con los aduaneros a quien había que pagar para que las mercancías pudieran ser despachadas. Muchas de estas mercancías (textiles) procedían en esos años de Estambul, a donde acudían los gestores de esas tiendas de Kiev. Todo esto era sabido en Ucrania, pero parece que no en Europa. Aunque todo esto se fue perfeccionando, no tanto reduciendo, lo cierto es que los “oligarcas” han seguido controlando estos derroteros.
relaciones, todos ellos relacionados con la península de Crimea, como eran el futuro de esta última; el estatuto de la ciudad y puerto de Sebastopol (ciudad autónoma); y el reparto de la antigua lota soviética del Mar Negro. El otro problema importante era las armas nucleares depositadas en territorio ucraniano, que debían transferirse a Rusia en virtud de los citados acuerdos de Minsk y de Alma-Atá. Aunque este último aspecto se solucionó de forma muy satisfactoria, se puede airmar que todos estos temas estaban estrechamente interrelacionados, suscitando además muchos intereses, opuestos en algunos casos, en ambos Estados. La actual anexión de Crimea a la Federación Rusa revela que los problemas de fondo no se resolvieron en ese momento, y que las soluciones a las que se llegaron, fueron producto de las circunstancias. Como se sabe, el valor estratégico de la península de Crimea es conocido, no sólo por la famosa guerra de Crimea de 1853-1856, sino que también tuvo gran relevancia en las dos guerras mundiales, sobre todo en la segunda, siendo ocupada por las tropas alemanas hasta 1944. Posteriormente, por decisión del Soviet Supremo de la URSS de 30 de junio de 1945, la República Autónoma de Crimea sería transformada en una región administrativa de la Federación Rusa. No obstante, como ya ha sido apuntado, por iniciativa de Nikita Khruschev Crimea sería incorporada a Ucrania (19 de febrero de 1954) como región administrativa, justiicando esta decisión tanto por razones económicas como geográicas y políticas, al considerar que reforzaría los estrechos vínculos entre Rusia y Ucrania18. No hay que olvidar que ese 18
Las razones estrictamente económicas son evidentes, pues en la década de los noventa del siglo pasado, y esto ha continuado siendo así hasta su incorporación a Rusia, el 87’3% del agua potable proviene de Ucrania, más concretamente del río Dnieper,
año se conmemoraba el tercer centenario del Tratado de Pereyaslav (1654), que supuso la unión entre ambos países. Un aspecto clave que conviene recalcar es que a pesar de esta cesión Crimea continuaría albergando en su seno la lota soviética del Mar Negro, con base en Sebastopol, y lo que es más importante, bajo el estricto control de la Unión Soviética. No conviene perder de vista que esta cesión se hizo además cuando Rusia y Ucrania formaban parte de un mismo Estado, la URSS, y por lo tanto no se puede considerar que en ese momento se cediera la soberanía. Además, tampoco se pidió el consentimiento de la población, tratándose sobre todo de una mera cesión administrativa. Como se puede comprender este difícil entramado jurídico, militar y político en torno a Crimea volvería a plantearse con la independencia de Ucrania proclamada el 16 de julio de 1990, aunque fue solventado en ese momento mediante el Tratado de Amistad que irmaron Yeltsin, por la Federación Rusa, y el Presidente ucraniano Kravtchouk, el 19 de noviembre, reconociéndose recíprocamente ambos Estados como soberanos y asumiendo el compromiso de respetar la integridad territorial y la intangibilidad de las fronteras19. Por lo tanto, este Tratado, que fue ratiicado por los Parlamentos de ambos países20 reconoce la soberanía de Ucrania sobre Crimea. Conviene recalcar a este respecto que ni
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así como el 85% de la electricidad. Algo similar ocurre con los productos primarios, salvo los alimenticios, en los que la propia Crimea se abastece de su propia producción autóctona en muchos productos. Cfr. YAKEMTCHOUK, R.: “Les conlits de territoire et de frontière dans les Etats de l’ex-URSS”, op. cit., p. 401, nota 11. Por unanimidad en el Parlamento ucraniano mientras que en el ruso algunos diputados instaron a que se introdujera una reserva en relación con la península de Crimea, cuestión que no fue aceptada.
en 1954, con ocasión de la cesión a Ucrania por Nikita Khrsuschev, ni con el precitado Tratado de 19 de noviembre de 1990, se pidió opinión a la población de Crimea, lo que violaría la norma que prohíbe transferir territorios sin el consentimiento de la población21. Este buen entendimiento, al menos formal, entre los dos países cambiaría su rumbo al airmar el Presidente Yeltsin que la Federación Rusa se reservaba el derecho a reconsiderar sus fronteras con aquellas Repúblicas que decidieran salirse de la Unión, como era el caso de Ucrania. Esta tesis sería posteriormente precisada por el Parlamento ruso, con una fuerte presencia del Partido Comunista, al señalar abiertamente que esa modiicación de fronteras se llevaría a cabo principalmente en las regiones que estuvieran pobladas mayoritariamente por rusos, como era el caso en Ucrania, de Crimea. Esta nueva actitud rusa ponía así en peligro la aplicación en la zona del principio del uti possidetis iuris a las antiguas delimitaciones administrativas de la URSS, que se habían convertido en Estados independientes22. El caso de la cesión de Crimea a Ucrania en 1954 volvía así al orden del día del Parlamento ruso, que se pronunció sobre la “legitimidad y constitucionalidad” de dicha cesión, defendiendo que esta era válida sólo mientras Ucrania permaneciera en la Unión Soviética y que, por lo tanto, al declararse independiente la cesión debía considerarse nula. Evidentemente, esto implicaba que toda la Península, con sus bases y la lota del Mar Negro,
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Sobre esta cuestión, cfr. infra. Sobre el principio del uti possidetis iuris, ver, per omnia, la magníica y reciente obra de GIRAUDEAU, G.: Les différends territoriaux devant le juge international. Entre droit et transaction, Mertinus-Nijhoff, Leiden-Boston, 2013, 547 p., especialmente pp. 291 y sgs., y bibliografía allí citada, en donde se recogen los autores que han tratado este tema, entre ellos autores españoles.
debían volver a Rusia. Como desarrollaremos más tarde, estos argumentos defendidos en el Parlamento ruso son bastante sólidos, ateniéndose además a una realidad intangible. Ni que decir tiene que este posicionamiento del Parlamento ruso fue rechazado por el Parlamento ucraniano, que condenó estas nuevas reivindicaciones rusas considerándolas contrarias no sólo ya a los acuerdos celebrados entre los dos Estados, entre ellos el ya citado de Minsk, constitutivo de la CEI, sino también al Acta Final de Helsinki. Como lo que estaba detrás de este posicionamiento ruso era el tema de Crimea, Ucrania rechazaría participar a partir de entonces en cualquier tipo de negociación con Rusia en las que el tema de Crimea estuviera presente. Las tesis ucranianas no sólo chocaban con las rusas, sino que tendrían que hacer frente a las defendidas por un amplio sector de la población de Crimea liderado por el grupo secesionista, que estaba apoyado por los líderes del antiguo Partido Comunista, que anuncia la organización de un referéndum sobre la independencia. Ni que decir tiene que esta iniciativa suscitó un rechazo frontal por parte del Gobierno ucraniano que invocó sobre todo razones de índole económica, como la gran dependencia económica de la Península respecto de Ucrania, algo evidente por otro lado. Conviene preguntarse, sin embargo, sobre el alcance jurídico de estos argumentos por parte del Gobierno de Kiev, que no dejan de ser de extrema debilidad. La pregunta es, sin embargo, si podía invocar otros más convincentes, algo difícil por otro lado, a la luz de cómo y por qué llega la Península de Crimea a Ucrania… En estas circunstancias, lo cierto es que el Parlamento ucraniano, con el in de calmar la tempestad que se le avecina, adopta una ley el 29 de abril de 1992 por la que se restituye a Crimea el estatuto de República autó-
noma. Esto implicaba una amplia autonomía en los marcos legislativo, ejecutivo y judicial, salvo para la ciudad de Sebastopol que estaría bajo la jurisdicción directa del Presidente de Ucrania. Sin embargo, para contrarrestar este envite del Gobierno ucraniano, el Parlamento de Crimea proclamó su independencia unos meses más tarde, es decir el 5 de mayo de 1992, adoptando una Constitución y convocando un referéndum para el 2 de agosto del mismo año. Todo este entramado jurídico-político daría temporalmente marcha atrás, al rechazar el Parlamento ucraniano estas pretensiones, exigiendo al mismo tiempo que se revocaran tales medidas, cosa que se consiguió al adoptar el propio Parlamento de Crimea las medidas oportunas tanto con la declaración de independencia como con el referéndum, que no se llegó a celebrar, adaptando incluso la propia Constitución independentista de Crimea a la Constitución de Ucrania. Esta nueva situación parecía tener visos de solucionar el tema de Crimea de forma pacíica y consensuada, pero pronto surgió un nuevo escollo al adoptar el Parlamento ruso una resolución el 21 de mayo de 1992 que dejaba sin ningún valor jurídico la cesión de Crimea a Ucrania en 1954, sosteniendo que se había llevado a cabo al margen de las leyes vigentes en ese momento. Más tarde, el 9 de julio de 1993, el propio Soviet Supremo ruso votó una resolución en la que se declaraba el estatuto de Sebastopol, ciudad con un estatuto particular y como se sabe sede de la base naval de la lota del Mar Negro, como “ciudad federal rusa”, lo que fue considerado por el gobierno de Kiev como una auténtica “declaración de guerra a Ucrania”. Ni que decir tiene que este nuevo posicionamiento del Parlamento ruso provocó en Ucrania un auténtico terremoto de indignación en un momento crucial para ambos países, pues la CEI acaba-
ba de crearse y todos querían un buen funcionamiento. Pero es que, además, estaba pendiente todavía el otro tema que afectaba también a Crimea, como era el reparto de la Flota del Mar Negro. Es más, la declaración del Parlamento ruso fue llevada por iniciativa de Ucrania al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuyo Presidente adoptó una Declaración el 20 de julio de 1993 en la que se recoge la defensa de la integridad territorial de Ucrania23 Todo esto demuestra que el tema de Crimea seguía en el punto de mira ruso, y que la cesión que se hizo en 1954 daría todavía mucho que hablar. Por otro lado, se vislumbra una posición del Parlamento ruso mucho más proclive a defender una Crimea rusa que el ejecutivo, más centrado en el éxito de la CEI y apostando por negociar con Ucrania de forma pacíica no sólo el tema de Crimea, sino los otros que estaban todavía pendientes. Pero también es cierto que el Gobierno ucraniano utilizaba la CEI como una especie de chantaje para seguir defendiendo y proclamando la intangibilidad de sus fronteras, incluyendo por supuesto a Crimea. Esto quiero decir que si no hubiera habido la CEI, tanto el Parlamento ruso como el ejecutivo de Yeltsin no hubieran dado a Ucrania ninguna opción sobre Crimea y, por lo tanto, tampoco sobre la cuestión de la lota del Mar Negro. Hay que recalcar, sin embargo, que el tema de Crimea se jugaba a tres bandas: Rusia, Ucrania y la propia Crimea. Por eso, cuando parecía que el tema de Crimea iba por buen camino, surge un nuevo escollo, esta vez 23
Sobre estos aspectos, cfr. Déclaration du Président du Conseil de Sécurité du 20 juillet 1993 sur le texte d’une déclaration du Soviet Suprême de la Russie au sujet de Sebastopol, en: “Chronique des faits internationaux”, RGDIP, 1993, p. 1100. Ver también Doc. S/26118, del 20 de julio de 1993.