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CULTURA, PATRIMONIO Y CONSUMO Elementos conceptuales para turismรณlogos Martha Marivel Mendoza Ontiveros Rafael Hernรกndez Espinosa

tirant

humanidades plural


CULTURA, PATRIMONIO Y CONSUMO Elementos conceptuales para turismรณlogos


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


CULTURA, PATRIMONIO Y CONSUMO Elementos conceptuales para turismólogos

Martha Marivel Mendoza Ontiveros Rafael Hernández Espinosa

“Publicación financiada con recursos del Programa Fortalecimiento de la Calidad Educativa (PFCE) 2019”

tirant humanidades Ciudad de México, 2020


Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/

La presente publicación fue sometida a dictamen en el sistema de pares ciegos y obra en archivos de la Coordinación de Investigación del Centro Universitario UAEM Texcoco.

© Martha Marivel Mendoza Ontiveros Rafael Hernández Espinosa

© EDITA: TIRANT HUMANIDADES DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: +52 1 55 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-18155-76-5 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice Introducción ......................................................................................................... 9 Capítulo 1

CULTURA: PUNTO DE PARTIDA 1.1. 1.2. 1.3. 1.4. 1.5. 1.6. 1.7.

Cultura: obstáculo permanente, la polisemia del término...................... 17 Genealogía del término................................................................................ 18 Cultura: concepción humanista.................................................................. 19 Cultura: concepción antropológica............................................................. 22 Concepción simbólica de cultura................................................................ 25 Mecanismos de cambio cultural.................................................................. 27 ¿El turismo cambia la cultura y lleva a la pérdida de identidad?............ 31 Capítulo 2

Patrimonio: una aproximación socio-antropológica 2.1. 2.2. 2.3. 2.4. 2.5. 2.6.

Patrimonio: origen y evolución del concepto............................................ 37 Patrimonio y cultura: diferencias conceptuales........................................ 43 El patrimonio como objeto de valor y la patrimonialización.................. 46 Afanes patrimonializantes............................................................................ 49 ¿Por qué y para qué se patrimonializa actualmente?................................ 51 La mercantilización del patrimonio cultural............................................. 54 Capítulo 3

De la cultura popular a la cultura de masas 3.1. 3.2. 3.3. 3.4. 3.5. 3.6. 3.7.

La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento......................... 59 Los románticos.............................................................................................. 61 Nacionalismo y folclore................................................................................ 63 Marxismo y clases subalternas.................................................................... 65 Cultura popular vs. Cultura de masas........................................................ 69 La cultura popular sale de escena................................................................ 73 Culturas populares repatriadas.................................................................... 76


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Índice

Capítulo 4

CULTURA Y SOCIEDAD DE CONSUMO 4.1. La sociedad de consumo.............................................................................. 81 4.2. Industria y consumo cultural....................................................................... 87 4.3. Posmodernidad y consumismo................................................................... 95 Capítulo 5

CULTURA Y GLOBALIZACIÓN 5.1. 5.2. 5.3. 5.4.

Orígenes de la globalización........................................................................ 101 Procesos de globalización............................................................................ 104 Globalización cultural.................................................................................. 108 ¿Hibridación o aculturación?...................................................................... 114

Epílogo ................................................................................................................... 123 Fuentes consultadas ............................................................................................. 129


INTRODUCCIÓN Hace dos siglos, el mundo occidental había consolidado una etapa que se caracterizó por un conjunto de aceleradas transformaciones en diversos ámbitos. La ciencia moderna había sentado las bases para el desarrollo tecnológico, el cual permitió un cambio histórico de magnitudes que pocas veces había experimentado la humanidad. Ello dio paso al proceso de industrialización, el cual generó a su vez grandes cambios: demográficos (flujos poblacionales del campo a la ciudad), sociales (nuevas condiciones laborales y desigualdades), culturales (énfasis en los valores en torno de la productividad y al progreso); y contribuyó con otros procesos ya en marcha como los políticos (democracias liberales burguesas) y económicos (desarrollo económico acelerado). Todo ello consolidó la etapa del capitalismo industrial, el cual ha tenido efectos importantes hasta nuestros días. Uno de los factores más importantes para la generación de una nueva dinámica de los flujos e intercambios mercantiles fue el desarrollo de los medios de transporte. Pero, la industria del transporte, la cual se expandía y generaba baja progresiva de sus costos, también comenzó a ser demandada para otros fines; además del transporte de mercancías, su uso para el transporte de personas se popularizaba rápidamente. Sólo faltaba un pequeño paso para que la explotación articulada de los servicios de transporte, hospedaje y ocio diera origen a la industria del turismo. En este contexto, el origen del turismo tiene dos facetas importantes al considerarse un producto tanto de la Revolución Industrial como de la consolidación de las democracias liberales. Por un lado, desde su inicio, a partir de los valores del emprendimiento burgués, es decir, como una práctica lícita para explotar y administrar un conjunto de servicios de transporte, hospedaje y de ocio, se constituyó como un medio de producción capitalista que había de consolidarse en la posteridad. Pero, por el otro lado, la práctica del viaje turístico se conformó como una manifestación de las reminiscencias de la


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estratificación social feudal en la disputa por el reconocimiento de honorabilidad entre la pujante burguesía y la agonizante aristocracia. Se trataba de un contexto en que la burguesía iba ganando cada vez más protagonismo en el plano político y económico, al reemplazar a la aristocracia. No obstante en el plano cultural el proceso era distinto, pues precisamente en ese aspecto las disputas permanecieron más álgidas, sobre todo en lo concerniente a los estilos de vida, ámbitos representativos del estatus social (Weber, 1974), en los cuales los grupos aristócratas se ufanaban de ser siempre superiores. De tal suerte, los sectores burgueses, al adoptar parte de las costumbres que daban honor a los aristócratas, incluyeron también algunas de sus actividades relativas al ocio. El Grand Tour, destinado a las familias nobles aristocráticas en épocas pasadas, terminó transfigurándose en una especie de viaje de ocio, de menor escala, para los sectores burgueses, a los que además logró acceder el entorno mercantil de servicios. Lo anterior tiene gran relevancia para lo que se planteará a lo largo del texto, pues pone de manifiesto dos ámbitos en los que se fundamenta la propuesta analítica de este escrito: la dimensión cultural y las relaciones de poder en la dinámica del turismo. Como sabemos, su evolución a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días está inmersa en grandes cambios que implican procesos económicos, políticos, sociales y culturales. Entre principios y mediados del siglo pasado, el fenómeno del turismo alcanzó una dimensión masiva que implicó un gran dinamismo económico. Ello, en gran parte, por las medidas político-económicas que favorecieron los estados de bienestar, al elevar el poder adquisitivo y al otorgar condiciones para estructurar los tiempos para el ocio. Sin embargo, al final del siglo pasado y al inicio del actual, las transformaciones mundiales a partir del desenlace del modelo de producción fordista, del ascenso del neoliberalismo y de las tendencias posmodernas, han impuesto nuevas condiciones y estilos de vida. El turismo, en este sentido, ha manifestado gran adaptabilidad a las nuevas condiciones económicas, políticas y culturales; y se ha consolidado como una de las principales industrias a


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nivel mundial. El turismo, como lo ha mostrado un gran número de estudios de diversos tipos, se muestra como un fenómeno cada vez más complejo. Es precisamente en torno a esa complejidad que este texto pretende contribuir con reflexiones y perspectivas pertinentes desde dimensiones socioculturales. No obstante, es importante partir de una consideración epistemológica que consiste en clasificar el amplio conjunto de estudios del turismo en dos campos: a) aquellos que surgen de las necesidades técnicas para la administración del turismo, es decir, de las empresas turísticas, estudios que se enfocan básicamente en la función mercantil y contribuyen con su reproducción en ese sentido; b) aquellos que surgen de las necesidades de una comprensión ‘sociológica’, los cuales conciben al turismo como un fenómeno de la sociedad moderna que, además de sus aspectos económicos, muestra múltiples procesos y efectos de carácter social y cultural que necesitan ser estudiados. Los primeros pueden ser ubicados dentro del área de estudios económico-administrativos, mientras que los segundos pertenecen más claramente al campo de las ciencias sociales y las humanidades. Por otro lado, puede considerarse que los primeros, acordes con la ideología liberal burguesa, priorizan un interés centrado en el desarrollo empresarial, y contribuyen al impulso de la industria turística; mientras que los segundos parten de una visión social holista, en torno al papel que este fenómeno juega en las dinámicas locales, regionales y globales, y consideran incluso los valores mercantiles como un objeto de análisis. Ambos enfoques de estudio ofrecen, por ello, dos perspectivas diferentes en propósitos y en dimensiones. A la luz de lo anterior, es importante también considerar que las primeras instituciones que surgieron para formar profesionales en turismo lo hicieron dentro del primer campo o enfoque, asumiendo la tarea de desarrollar capacidades técnicas para una mejor administración y mayor aprovechamiento del turismo como actividad productiva (Dachary & Arnaiz, 2016). No es casual que los primeros programas de estudio se hayan constituido desde niveles técnicos y


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que generalmente se hayan denominado mediante términos como ‘administración de empresas turísticas’. Sin embargo, con el paso del tiempo, y como ha ocurrido en diferentes ámbitos de la administración de negocios, ha surgido un reconocimiento de que una gestión más eficaz y eficiente de la empresa debe incorporar una dimensión humanista. Así, algunos elementos psicológicos, sociales y culturales son cada vez más recurrentes en los estudios empresariales por considerarse útiles para el conocimiento y diseño de elementos como la publicidad, el comportamiento de los consumidores, el diseño de y la satisfacción con el producto/servicio, etc. Es así que, paulatinamente, se ha ido integrando al campo de la formación profesional para el turismo cierta terminología que se corresponde con el bagaje socioantropológico a partir de la introducción de asignaturas relacionadas con ello. Esta introducción terminológica en la formación profesional para el turismo se ha visto influenciada principalmente por los estudios sobre el fenómeno que desde la sociología, la antropología o la geografía se han desarrollado desde la década de los 60 del siglo pasado. A partir de ello, se han incluido estudios sobre las relaciones interculturales, la “aculturación”, los flujos de población, el patrimonio, así como teorías en torno a la etnicidad, la identidad y la autenticidad, presentes en los fenómenos turísticos. Así, la terminología socio-antropológica ha logrado, paulatinamente, una presencia importante en la formación de profesionales para la gestión del turismo. Pero además lo ha hecho también en la investigación, en la cual estos profesionales han incursionado desde hace varias décadas, y han contribuido significativamente a la conformación de lo que se denomina actualmente ‘la investigación turística’. Actualmente, el turismo, como ámbito de actividad productiva, ya sea de interés público o privado, se retroalimenta en gran parte de los conocimientos producidos en las universidades, tanto en la formación de profesionales como en la investigación que ahí se genera. Resulta interesante que las investigaciones turísticas enfocadas


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a aspectos socioculturales hayan aumentado de forma considerable. Lo anterior tiene implicaciones en el hecho de que se hayan multiplicado los proyectos turísticos que buscan aprovechar el patrimonio, el folclore o la cultura popular como atractivo (González, 2009; Prats, 2003; Guédez, 2014; Royo & Monferrer, 2019; Fernández & Guzmán Ramos, 2002; Olivera, 2011). Es en este punto en el que consideramos pertinente una visión crítica. En algunas áreas de formación interdisciplinaria el nivel de comprensión y dominio que suele alcanzarse sobre los bagajes teóricos y conceptuales de las diferentes áreas resulta poco profundo. Ello se explica por el hecho de que cada vez más se requiere contar con habilidades multidisciplinarias en distintos ámbitos de intervención de la realidad, lo cual genera mayor amplitud en muchos programas de estudio que obligan a abarcar muchos ámbitos disciplinares en un tiempo de formación reducido. Parte de lo que los autores han detectado, desde su experiencia como docentes e investigadores en el área de turismo, es que lo anterior repercute en un desarrollo poco sólido de las habilidades teóricas en los profesionales, los turismólogos. De ello se derivan, entre otras cosas, problemas conceptuales, cuando no carencias, que limitan una adecuada comprensión, un análisis riguroso y una interpretación plausible de los aspectos socioculturales del mundo en general y del turismo en particular. Así, es frecuente observar estudios e investigaciones que requieren mayor profundidad y claridad en el análisis, y en la reflexión de ideas sobre teorías y conceptos referidos al ámbito sociocultural. En varios casos, temas como cultura, identidad, patrimonio son esencializados evidenciando la carencia de rigurosidad epistemológica lo que conlleva a posiciones maniqueas exaltando lo positivo o lo negativo del turismo. Este texto pretende entonces contribuir a solventar algunos problemas en este sentido, a los cuales suelen enfrentarse tanto estudiantes del nivel profesional o avanzado como investigadores que incursionan en la dimensión sociocultural de la práctica turística. Es decir, se aspira a impulsar un uso más informado y consciente de términos que han sido del dominio profundo del área socio-antro-


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pológica pero que no por ello deben parecer ajenos a otras áreas del conocimiento. En este sentido, es necesario partir de fundamentos teórico-conceptuales que permitan distanciarse de los esencialismos habituales en las reflexiones académicas referidas a la cultura, a la identidad o al patrimonio cultural, entre otros conceptos, y que poco bien han hecho al campo de estudio del turismo. Con ese propósito, en las siguientes páginas se persigue, por ejemplo, distinguir entre patrimonio cultural y cultura; discernir entre las implicaciones que tiene el uso de la cultura popular y la cultura de masas como recursos turísticos o reflexionar sobre la supuesta pérdida de la identidad como consecuencia de la turistización y mercantilización de expresiones culturales. Lo anterior se ha realizado sin la pretensión de presentar una discusión minuciosa, sino con el afán de ofrecer una introducción básica a algunos temas y conceptos que requieren un tratamiento más informado por quienes no son especialistas, pero que se interesan en ellos. El libro está organizado en cinco capítulos. El primero, parte de caracterizar el concepto de cultura como un concepto polisémico, se revisan algunas de sus acepciones desde sus orígenes pre-antropológicos hasta las definiciones más aceptadas en el campo de las ciencias sociales. Se argumenta, entre otras cosas, que la cultura, al ser de naturaleza histórica, no es estática, algo a lo que se le puedan atribuir esencias y que, en ese sentido, expresiones como ‘pérdida de la cultura’, como un efecto de la mercantilización por vía del turismo, tienen que ser reconsideradas. En el segundo capítulo se aborda el concepto de patrimonio, el cual es uno de los términos más recurrentes en el ámbito del turismo como materia prima de esta actividad productiva, así como en los propios estudios del turismo. Se presentan de manera esquemática algunos elementos importantes en la evolución del término, se enfatizan después las diferencias entre el patrimonio y la cultura, en los procesos de su construcción social y en la tendencia contemporánea a utilizarse bajo criterios mercantiles. Entre otras cosas, se señala la existencia de un discurso oficialista que utiliza el bagaje conceptual


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en torno al patrimonio y a la cultura, discurso que romantiza y simplifica sus sentidos. El tercer capítulo, se enfoca a la revisión de la cultura popular, dado que es uno de los insumos a los que frecuentemente se recurre en proyectos y programas institucionales para el denominado turismo cultural. Sin embargo, es necesario realizar una revisión básica y sustancial en torno a las relaciones entre cultura popular y folclore, y las relaciones que cada una guarda con la dinámica social y de poder. La cultura popular se asocia especialmente con los sectores subalternos y guarda siempre ciertos tintes de resistencia en los procesos hegemónicos, aspectos que el denominado folclor termina por ocultar. El cuarto capítulo está dedicado a la relación que el consumo, como expresión sociocultural, guarda con el mundo contemporáneo y el fenómeno turístico en particular. Consideramos de gran relevancia estudiarlo desde una perspectiva sociocultural que considere a la sociedad de consumo como contexto ineludible y necesario de analizar. La idea principal es que, complementariamente a los análisis de la perspectiva económico administrativa, en los cuales el consumo se considera de una manera racional y mecánica, una perspectiva socio-antropológica considera que el consumo adquiere ciertas cualidades que incluso develan contradicciones en las sociedades y también en las perspectivas tradicionales. Practicar turismo puede ser considerado como un ritual plenamente integrado a la sociedad de consumo, en la que las industrias culturales contribuyen a consolidarlo. Finalmente, el capítulo cinco retoma una discusión cercana a la del capítulo anterior, a partir de la cual se continúa con una lógica de contextualización y analítica, mediante la revisión del fenómeno de la globalización desde enfoques socio-antropológicos. Como un concepto recurrente en los análisis sociales del turismo, el término globalización tiende a ser banalizado, e incluso utilizado en un sentido contradictorio, principalmente cuando se le relaciona con procesos culturales o de la identidad étnica. La discusión central en este sentido se refiere a la pugna entre las tendencias homogeneizadoras


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y las fragmentarias sobre la cultura y la identidad, aspectos en los cuales la idea de hibridación ha contribuido a intensificar el debate, y que resulta relevante para la interpretación del turismo de cualquier época. En síntesis, este escrito se concibe como un ejercicio crítico y netamente académico, para contribuir a la construcción de una realidad social y turística más responsable y reflexiva.


Capítulo 1

CULTURA: PUNTO DE PARTIDA El binomio cultura-turismo es de uso frecuente en la literatura académica sobre turismo: se menciona cuando la cultura-patrimonio sirve como atractivo para el turismo cultural; cuando las costumbres y estilos de vida generan desplazamientos turísticos a ciertos lugares; cuando, debido a la migración y al turismo, se ponen en contacto personas con distintas culturas constituyendo auténticos laboratorios de interculturalidad; cuando se afirma que el turismo genera procesos de aculturación en las sociedades receptoras. Sin embargo, en la mayoría de los casos en su uso se observa poco rigor al aclarar qué se entiende por cultura. Por ello, es necesario clarificar las diversas posibilidades a las que puede aludir este término y así concretar, en lo sucesivo, a qué nos referiremos cuando hablemos de cultura en este escrito.

1.1. CULTURA: OBSTÁCULO PERMANENTE, LA POLISEMIA DEL TÉRMINO En 1952 los antropólogos, Alfred Kroeber y Clyde K. Klukhohn recolectaron 300 distintas definiciones del término cultura en un célebre libro denominado Cultura: Una reseña crítica de conceptos y definiciones, muchas de ellas muy similares. Sin embargo, dicha plétora de definiciones quedó clasificada en siete grupos (Aime, 2015): • Descriptivas: se concentran en una lista de variables tales como la estructura social, la religión, el modelo económico, etcétera. • Históricas: se enfocan en las tradiciones y en el legado social transmitido de generación en generación.


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• Normativas: observan los ideales, valores, normas o estándares de vida, y el comportamiento humano adquirido. • Psicológicas: consideran el modo en que las personas resuelven sus problemas y se adaptan al ambiente. • Estructurales: definen la importancia de la formación y de la organización de la cultura. • Genéticas: subrayan la importancia de la cultura en tanto generadora de obras y productos. • Incompletas: son aquellas que definen sólo algunos aspectos de la cultura. Ya en el nuevo siglo, Melvin J. Lasky (2001) trató de repetir la hazaña y halló 57 usos distintos de la palabra cultura y advirtió sobre el riesgo que implica la dispersión de significados, es decir, que no sepamos de qué se habla cuando se alude a la cultura: ‘cultura empresarial’, ‘cultura del agua’, ‘contracultura’, ‘cultura popular’, entre otros. Se trata entonces de la emergencia de la cultura adjetivada, como la llama Esteban Krotz (1993).

1.2. GENEALOGÍA DEL TÉRMINO Pese a los esfuerzos por construir científicamente el concepto antropológico o sociológico de cultura, no se ha logrado despojarlo de sus connotaciones etimológicas, y menos aún de la concepción etnocéntrica y elitista. Persiste mayoritariamente el uso corriente y de las referencias filosófico-literarias. Por lo anterior, todo estudio de la cultura debe incursionar en la etimología e historia semántica del concepto. Si acudimos a la etimología de la palabra cultura, su origen proviene del latín colere, cuyo participio pasado es cultus, que quiere decir cultivar (Aime, 2015), con el uso el término tomó el sentido principal de cultivo o tendencia a (cultivarse), así su significado ini-


Figura 1. Posibilidades semánticas del término cultura Cultura, patrimonio y consumo. Elementos conceptuales para turismólogos

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cial fue labranza en oposición a lo que crece de manera silvestre o salvaje (Millán, 2000). Gilberto Giménez Montiel (2005) menciona dos posibilidades semánticas que ofrece cultura como término sustantivado: Por un lado, la que lo refiere al proceso de cultivar, connotación que lo relaciona con significados como formación, educación, socialización. Por otro lado, la que lo asocia a estados subjetivos como lo que está cultivado: representaciones sociales, buen gusto, habitus o ethos cultural o con estados objetivos: cultura objetiva, cultura material, patrimonio artístico, capital cultural. Figura 1. Posibilidades semánticas del término cultura

CULTURA: POSIBILIDADES SEMÁNTICAS

CULTIVADO

Estados subjetivos: representaciones sociales, buen gusto, habitus o ethos cultural

CULTIVAR

Estados objetivos: cultura objetiva, cultura material, patrimonio artístico, capital cultural

Formación, educación, ilustración, información vasta

Fuente: Elaboración propia con base en Giménez Montiel (2005).

1.3. CULTURA: CONCEPCIÓN HUMANISTA Hasta el siglo XV predominó el sentido activo del término que se aplica al cultivo de la tierra (agri-cultura), así por analogía se refería


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al cultivo de la facultades o de las capacidades humanas que alude a una connotación selectiva, elitista e individualista (Giménez Montiel, 2005). Este modo de entender la cultura se denomina humanista ya que fueron los humanistas decimonónicos quienes plantearon que el progreso humano era continuo y ascendente, sumando cada vez más conocimientos del hombre y de la naturaleza, que se traducían en el crecimiento de la filosofía, la ciencia y la estética. Esta forma de progreso en el refinamiento del espíritu era capaz de producir obras de extraordinaria distinción estética, pero que sólo podían comprender aquellos a los que la fortuna les permitía un gran acervo de conocimiento y desarrollo intelectual, de manera que este crecimiento y sus manifestaciones más altas de significado y refinamiento era la cultura humana en ascenso permanente (Millán, 2000). Esta noción predomina en el uso cotidiano para referirse al cúmulo de conocimientos y aptitudes intelectuales y estéticas que tiene su soporte en la filosofía idealista. Más tarde, en el siglo XVIII, los filósofos alemanes distinguieron el término cultura del término civilización (García Canclini, 2004), al último lo concibieron como el progreso material basado en la revolución tecnológica e industrial y entendieron la cultura en su sentido más espiritual, es decir, como el desarrollo ético, estético e intelectual de la persona o de un colectivo (Giménez Montiel, 2005). De este modo, un trozo de mármol extraído de una cantera, como resultado de un conjunto de técnicas que permiten tomarlo de la naturaleza, corresponde a la civilización, mientras que ese mismo trozo de mármol tallado por un artista que le imprime el valor de la belleza, al convertirlo en una obra de arte, lo vuelve cultura (García Canclini, 2004). Esta dicotomía, cultura-civilización, ha naturalizado la división entre lo corporal y lo mental, entre lo material y lo espiritual, entre cultura ideal y cultura material.


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