Skip to main content

1_9788418329661

Page 1

humanidades

COLECCIÓN DIÁSPORA

Cine y teología en diálogo. AAVV La brújula rota de la masculinidad. Joan Sanfélix Albelda Religiones y espiritualidades en diálogo. José Luis Marqués Utrillas Mujeres, hombres y catolicismo en la España contemporánea. Nuevas visiones desde la Historia. Inmaculada Blasco Herranz La Máquina Reaccionaria. La Lucha Declarada a los Feminismos. María Ávila Bravo Villasante Sentires Emergentes y Fe. AAVV Masculinidades igualitarias y alternativas. Procesos, avances y reacciones. Anastasia Téllez Infantes Javier Eloy Martínez Guirao Joan Sanfélix Albelda Deconstruyendo la masculinidad.Cultura, género e identidad. Javier Eloy Martínez Guirao Anastasia Téllez Infantes Joan Sanfélix Albelda (Editores) De la Iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina. Juan José Tamayo Crítica y liberación. Ellacuría y la realidad histórica Héctor Samour Mujeres, hombres y catolicismo en la España contemporánea. Nuevas visiones desde la Historia. Inmaculada Blasco Herranz (Editora) Dialéctica Feminista de la Ilustración. Cristina Molina Petit

diáspora

diáspora Concepción Arenal no ocupó un sillón en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. La única explicación que cabe es su condición de mujer. Este libro recrea el debate ante la opinión pública sostenido desde El Heraldo de Madrid en 1891. Escuchamos a personalidades representativas dentro del derecho, la politología, la sociología, que abogaron por su recepción en la Academia valorando, más allá del sexo, la solidez, importancia y profundidad de sus aportaciones. Entramos en su legado intelectual, junto a ella, aproximándonos a las tres memorias que la Academia de Ciencias Morales y Políticas le premió: La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad (1861); Las colonias penales de Australia y la pena de deportación (1877), La instrucción del pueblo (1881).

Mª José Lacalzada de Mateo

Mª José Lacalzada de Mateo

ÚLTIMOS TÍTULOS PUBLICADOS:

Mª José Lacalzada de Mateo

Sea éste un reconocimiento a la inteligencia, actividad y compromiso humano de esta gran mujer, ya cumplidos doscientos años de su nacimiento. Si quedó un sillón vacío, su obra está en pie más allá de cualquier acto o protocolo externo. Ella desde su fortaleza y altura moral asumió que “la fama depende de los demás la virtud de nosotros mismos”, y supo obrar en consecuencia.

tirant

humanidades diáspora

Es Profesora Titular en la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo, en la Universidad de Zaragoza.

CONCEPCIÓN ARENAL EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

Dirigida por Juan José Tamayo

tirant

Ciencias de las Religiones

Formación de doctorado con estancias de investigación en la Universidad Libre de Bruselas y en la Sorbona de París. La tesis doctoral está publicada: Mentalidad y proyección social de Concepción Arenal, Homenaje Centenario, Ferrol, 1994, 2ª ed. Gijón - Zaragoza, 1994. 3ª reedición Prensas Universitarias Zaragoza, 2012.

CONCEPCIÓN ARENAL EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

tirant

humanidades diáspora

Es autora de numerosos libros, artículos, ponencias en Congresos y Simposia internacionales. Mantiene relaciones internacionales docentes con universidades francófonas. Su investigación historiográfica se orienta hacia las corrientes liberales y socialistas con sensibilidad humanista durante la segunda mitad del S.XIX y primer tercio del S.XX, en el fundamento los Estados de Bienestar y el Estado social y democrático de derecho. Tiene trayectoria en estudios de género. Sobresalen sus aportaciones analizando discursos y relaciones hombres y mujeres dentro de las logias la Francmasonería histórica. También la inclusión en la ciudadanía de pleno derecho desde el vector de la diversidad humana.


CONCEPCIÓN ARENAL EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES

Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


Mª JOSÉ LACALZADA DE MATEO

CONCEPCIÓN ARENAL EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

tirant humanidades Valencia, 2020


Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

Director de la colección:

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

© Mª José Lacalzada de Mateo

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-18329-66-1 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice Primera Parte UNA POLÉMICA ABIERTA EN VIDA Y TODAVÍA HOY UNA POSIBLE ASIGNATURA PENDIENTE 1. Una mujer muy por encima de los hombres que por entonces llamaban la atención......................................................................................... 11 1.1. Un tema interesante para llevar a la opinión pública.................... 13 2. Se van sondeando opiniones en disposición de admitir que las señoras ocupasen sillones en las Academias........................................................ 17 3. Hay un sentir entre personas cualificadas que ven los méritos de Concepción Arenal en las ciencias morales, sociales, políticas y jurídicas... 31 3.1. El Ateneo de Madrid hace un reconocimiento de autoridad a Concepción Arenal en 1893............................................................ 31 3.2. La Academia de Jurisprudencia y Legislación le reconoce méritos en el ámbito del derecho........................................................... 36 3.3. Pedro Armengol y Cornet une su voz desde Barcelona................. 38 3.4. Otros testimonios significativos en revistas, artículos y folletos. 39

Segunda Parte INCIDAMOS EN LOS MÉRITOS DE DOÑA CONCEPCIÓN ARENAL PARA HABER SIDO PROPUESTA MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS 4. ¿Por qué no escuchar directamente, la propia voz de Concepción Arenal?........................................................................................................... 43 4.1. La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad (1861)....................... 46 4.2. Las colonias penales de Australia y la pena de deportación (1877).............................................................................................. 60 4.3. La instrucción del pueblo (1881).................................................... 82 4.5. Seguramente sea posible reconocer el eco de Concepción Arenal resonando hoy dentro del Estado social y democrático................ 100 Epílogo: la fama depende de los demás, la virtud de nosotros mismos................................................................................................... 107 Bibliografía................................................................................................... 111


NOTA DE AGRADECIMIENTO Mi agradecimiento profundo a Juan José Tamayo, director de la colección Diáspora, por su actitud intelectual y empatía humana ante este libro. Él ha hecho posible que las voces aquí recogidas puedan expandirse encontrando nuevas inteligencias donde germinar y no queden perdidas en el desierto, como hubiese podido suceder. Agradecimiento unido en cadena a quienes lo han revisado y a la editorial Tirant lo Blanch que le dará un buen pasaporte por donde circular. Mª José Lacalzada de Mateo, octubre 2020.


Primera Parte

Una polémica abierta en vida y todavía hoy una posible asignatura pendiente 1. UNA MUJER MUY POR ENCIMA DE LOS HOMBRES QUE POR ENTONCES LLAMABAN LA ATENCIÓN Si nos remontamos a mediados de los años sesenta del siglo XIX podemos asistir a una interesante relación entre don Salustiano de Olózaga, doña Juana de Vega, condesa de Espoz y Mina, y doña Concepción Arenal. Los tres estaban llegando a un buen entendimiento, impulsando una red para entrar a “visitar” las casas de beneficencia y las prisiones de acorde con los nuevos tiempos, y, sobre todo, bajo unos principios de humanidad que costaba hacer valer en medio de las luchas políticas de aquel tiempo. Concepción Arenal por entonces obtuvo su cargo de “Visitadora de prisiones de mujeres”, que duró desde octubre de 1863 hasta julio de 1865. Inicialmente hubiera sido en Madrid pero ella forzó a que fuese en la Coruña, con el objetivo manifiesto de aunar las energías junto a la condesa de Mina. Allí en la Coruña, ella participaba también en las tertulias que se llevaban a cabo en el salón de la condesa, a las que asistían militares, políticos y empresarios locales, y hacía también algunos viajes a Madrid donde se veía personalmente con Salustiano de Olózaga. Fue por entonces cuando Salustiano de Olózaga dejó expresado en una de sus cartas a la condesa de Mina, refiriéndose a Concepción Arenal: «Cada día admiro más el talento de esta mujer, que debía ocupar en nuestro país un lugar muy distinguido; el tiempo le hará plena justicia».

Al mes siguiente insistía: «¡Qué mujer tan extraordinaria!» […] «Tengo el gusto de haber contribuido algo a que sea conocida; pero me queda el sentimiento de que no ha de ser en vida tan apreciada como merece serlo. La posteridad la hará


justicia colocándola muy por encima de los hombres que hoy llaman más nuestra atención»1.

Y, hemos de admitir que, por entonces Concepción Arenal no había hecho más que empezar. A lo largo de estos años desplegará sus energías tratando de informar y despertar a la opinión pública a partir de breves folletos2, promoverá asociaciones en un sentido amplio para ir dando respuesta a una pluralidad de necesidades, hará valer su criterio para la reforma de prisiones. Ocupará de nuevo un cargo como “Inspectora de las Casas de corrección de mujeres” en Madrid, entre 1869 y 1873, dentro de una onda de la Revolución liberal que creó este tipo de puestos y se suprimieron después. Formará parte de la Junta para la Reforma Penitenciaria en 1873. Sí, ciertamente una personalidad arrolladora con un profundo compromiso humano y social. No dejará de escribir. Así fue dejando una estela en la que había denunciado situaciones, puesto de relieve realidades, sugerido con decisión y empuje por donde deberían adoptarse medidas. Era su intención, no cabe duda, trasformar aquel medio cultural y social embrutecido donde resonaban los privilegios, de un lado, y las sumisiones, de otro. Trataba de romper definitivamente con prácticas propias del absolutismo en las decisiones del Estado y evitar la reconversión de los privilegios en las formas nuevas de producir y distribuir la riqueza. Referirse a Concepción Arenal como pensadora, escritora, ensayista, etc., no refleja la profundidad de su discurso y, menos aún, el compromiso permanente para transformar la realidad humana y la social, incidiendo, para ello, desde el fondo de las conciencias. A partir de aquí resultó ser

1

VEGA DE MINA, Juana, Apuntes para la historia del tiempo que ocupó los destinos de Aya de S.M. y A. y Camarera Mayor de Palacio, Madrid, Imp. Hijos de M. G. Hernández, 1910. Recoge esta correspondencia. En concreto: Carta fechada 10 marzo 1863, p. 466 y Carta fechada 20 abril 1864, p. 478. 2 Por no extendernos demasiado, recordemos solamente: La voz que clama en el desierto, la Coruña, Tip. Casa de Misericordia, 1868; A los vencedores y a los vencidos, Madrid, Las Novedades, 1869; A todos, Madrid, Imp. de la Revista de Legislación, 1869 —y también en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia, julio y agosto de 1869—; Examen de las bases aprobadas por las Cortes para la Reforma de Prisiones, Madrid, Imp. Julián Morales, 1869.

12

Mª José Lacalzada de Mateo


una reformadora moral apuntando a trasformaciones en los planos de la vida social, política y en el Derecho. Está comprobada y es indiscutible, la profunda sintonía alcanzada con Francisco Giner de los Ríos y con Gumersindo de Azcárate durante el sexenio democrático e intensificada a lo largo de la Restauración en el trono de Alfonso XII3. La formación de ellos y su aportación al asentamiento del sistema liberal parlamentario, es bien conocida en las ramas de Filosofía de Derecho, Derecho Político y Constitucional. ¿Por qué se desconoce a Concepción Arenal en este mismo sentido? Si Concepción Arenal participó plenamente de aquellas ideas, si impulsó movimientos junto a ellos, si fue reconocida de pleno derecho entre la elite de la reforma social y penitenciaria a nivel internacional junto a Fiore, Wines, Roëder…, y otros muchos más, ¿por qué están obscurecidas o se ignoran una parte de sus aportaciones? Una personalidad fuerte y un testimonio escrito más fuerte aún si cabe; sin embargo, obscurecida la trayectoria de una vida dentro de las Ciencias Morales, Políticas y Jurídicas. ¿Por qué razones? La única razón no fue su condición de mujer —expondríamos algunas más—, pero sí es verdad que ésta fue la razón fundamental y exclusiva por la que la Academia de Ciencias Morales y Políticas no contempló que Concepción Arenal pudiese ocupar allí un sillón al final de su vida. Indaguemos dentro de aquel ambiente.

1.1. Un tema interesante para llevar a la opinión pública La cuestión sobre si las mujeres podían ocupar los sillones de las academias tuvo un debate ante la opinión madrileña a lo largo de 1891. La Academia de Ciencias Morales y Políticas tenía una candidata que

3

Ha sido reveladora y fundamental para eliminar prejuicios y falsas imágenes, la publicación de estas cartas por CAMPO ALANGE, María: Concepción Arenal, 18201893. Estudio biográfico documental, Madrid, Revista de Occidente, 1973, pp. 173204.

Concepción Arenal en la Academia de Ciencias Morales y Políticas

13


reunía méritos más que suficientes y sin embargo, sobre los méritos y la acreditada trayectoria se impuso la barrera del sexo. Allí quedó un sillón sin ocupar, y que debiera haber ocupado Concepción Arenal. Hubo multiplicidad de manifestaciones que permiten transportarnos en el tiempo y asistir de cerca a aquella la polémica: quienes entraron en ella y qué razones o argumentos se esgrimieron ante la opinión. Todo estaba allí a la vista del público, incluida la obra amplia y profunda, que por entonces respaldaba los méritos de doña Concepción Arenal. ¿Habrá llegado el momento de subsanar ahora de manera simbólica, por supuesto, aquella discriminación basada en el sexo? Veamos: Remontémonos al mes de marzo de 1891. Rafael Altamira, secretario del Museo Pedagógico, dirigió una carta abierta desde la España Moderna cuando se estaba hablando de los méritos de Emilia Pardo Bazán para ocupar el sillón que estaba vacante en la Academia de la lengua. Emilia Pardo Bazán, entró en la polémica con Rafael Altamira desde su Nuevo Teatro Crítico. Ella tomó uno de los párrafos donde él “con amabilidad suma” decía “todos conformamos entonces en que lo que se discutía no era el derecho de usted a ser académico, sino el derecho y las aptitudes de las mujeres para alcanzar esa sanción oficial y externa”. Así pues, eran las capacidades femeninas, en general, las que se cuestionaban. Emilia Pardo Bazán le respondía trayendo a colación a otra mujer singular: Concepción Arenal. Ella sería la candidata adecuada para ocupar un sillón en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Explicaba, argumentando su opinión, que hacía pocos días en una comida con unos amigos en cuya mesa se sentaban dos académicos de la de Ciencias Morales y Políticas, “oí de labios de los dos que nadie ocuparía un sillón a su lado con más derecho que doña Concepción Arenal. Apreciación que en mi concepto —continuaba Emilia Pardo Bazán— honra mucho a aquellos distinguidos señores, cuyo nombre no hay razón para no

14

Mª José Lacalzada de Mateo


estampar aquí: el vizconde de Campo Grande, y el sr. Cos-Gayón, ministro de Hacienda”4. El Heraldo de Madrid canalizó la polémica teniendo bien ocupada a la opinión madrileña y a sus suscriptores en provincias. Al comenzar el mes de junio abría una nueva sección específica para ello: “La cuestión académica”. El 8 de junio de 1891 El Heraldo de Madrid, publicaba una carta de Rafael Altamira, dirigida a Emilia Pardo Bazán, mostrándose favorable a que Concepción Arenal ocupase un sillón en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Ella representaba por sí misma una institución: “la de la beneficencia pública y privada cooperando activamente a la resolución de las cuestiones sociales, que son el más grave conflicto de nuestro tiempo”. Aquel reconocimiento significaba valorar en su medida integral y trasformadora las aportaciones teóricas y prácticas de Concepción Arenal. Y es que, reflexionando un poco dentro de la época, hemos de notar que Concepción Arenal había situado los intereses de las clases populares y marginales al mismo nivel de atención que los restantes intereses que despuntaban dentro del Estado liberal. Aquí radicaba su energía transformadora y comprometida con los principios que animaban a la Revolución liberal sobre la antigua beneficencia de carácter estamental. Rafael Altamira había dado el paso hacia adelante que tantos otros hombres, aferrados a privilegios consolidados, se resistían: entender la especie humana en su integridad, y por eso defendía que doña Concepción Arenal ocupase un sillón dentro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Las diferencias por sexo no significaban, para él, superioridad ni inferioridad: “El alma humana inteligente y sensible es una —escribía— y no reconoce en el círculo de su capacidad las diferencias del sexo”5.

4

PARDO BAZÁN, Emilia, “La cuestión académica”, Nuevo Teatro Crítico, marzo 1891, nº 3, pp. 61-73. 5 “La cuestión académica”, El Heraldo de Madrid, lunes 8 junio, 1891, nº 220. Concepción Arenal en la Academia de Ciencias Morales y Políticas

15


El Heraldo estaba decidido a sustentar un largo debate. Al día siguiente ponía de manifiesto: “Hemos recibido ya algunos votos de personas de calidad a favor de la entrada de la señora Arenal en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Mañana comenzaremos a insertarlos en esta sección. Rogamos encarecidamente los que nos favorecen que no nos envíen artículos largos”6. El debate más levantó espuma que tocó fondo, ya que nada se movió. Ahora bien, si existía una mujer que reunía los méritos con creces para la Academia de Ciencias Morales y Políticas, esa era la anciana doña Concepción Arenal. Existían muchas razones de peso que fueron saliendo a la opinión por quienes se fueron mostrando públicamente a favor. Ciertamente Concepción Arenal tenía una obra coherente, profunda y potente. Artículos, folletos, libros, Informes bien acreditados internacionalmente, cartas en la confianza y la intimidad. Entre tales retazos se había venido recogiendo toda una trayectoria vital que aportaba un legado con altura de miras y profundidad de conocimientos. Ahí estaba escrito todo; reiterativa y abigarrada, a veces, en su afán de descubrir y comunicar claves para encauzar el avance de la humanidad. Luchadora incansable no había apagado su voz por más que tantas veces la sintiese clamando en el desierto. Ella ya temprano se había mostrado dispuesta a decir «en cuanto a los privilegios del sexo renuncio solemnemente a ellos por haber notado que cuestan más que valen», y, desde luego, siempre obró en consecuencia7. Mantengamos la atención y continuemos asistiendo a aquellos debates ante la opinión pública a lo largo de 1891.

6

El Heraldo de Madrid, martes 9 junio, 1891, nº 221. MONASTERIO, Antonia, Diez cartas escritas por Dña. Concepción Arenal a mi buen padre Jesús de Monasterio, Salamanca, Est. tip., Calatrava, 1919. Carta fechable entre 1859 y 1860, p. 32.

7

16

Mª José Lacalzada de Mateo


2. SE VAN SONDEANDO OPINIONES EN DISPOSICIÓN DE ADMITIR QUE LAS SEÑORAS OCUPASEN SILLONES EN LAS ACADEMIAS Ya retomada la cuestión, desde El Heraldo se animaba a que fuesen llegando nuevas manifestaciones. Quienes estuviesen “conformes con el ingreso de la señora doña Concepción Arenal en la Academia de Ciencias Morales y Políticas” podían expresarlas y prometían publicarlas “con mucho gusto”. Narciso Campillo fue el siguiente, rellenando media columna, clara y precisa, dirigida al director del Heraldo. Tras mencionar diferentes pasos dados en tiempos recientes donde se venían demostrando las capacidades y los talentos de las mujeres, él concluía y manifestaba: “Que no trato, ni siquiera conozco de vista a señora doña Concepción Arenal, pero sí he leído algunas de sus obras y son tales como para competir y a veces aventajar a las del hombre de más instrucción y seso. Por cuyo motivo considero a su autora muy digna de ocupar número en todas las academias imaginables”8.

Francisco Lastres, al día siguiente, era también breve, pero su opinión de peso. Él era uno de los especialistas más reconocidos en aquel momento, en el ámbito de la política y del derecho: “Me asocio de todo corazón a la idea, que responde a una deuda de justicia contraída con la mujer extraordinaria que nos envidian los grandes pensadores del extranjero”.

Explicaba que él, representando a España en congresos internacionales, había comprobado directamente “lo muchísimo que se aprecia el valor de nuestra compatriota, hasta el punto de constituir sus opiniones en verdaderos dogmas penitenciarios. Lo que digo es tan exacto como, que cuanto se sabe hoy en España sobre sistemas penitenciarios se debe principalmente a doña Concepción Arenal, de la cual nos consideramos discípulos todos los que en esfera mucho más modesta, estamos dedicados al cultivo de esta importante ciencia”.

8

El Heraldo de Madrid, Jueves 11 junio, 1891, nº 223.

Concepción Arenal en la Academia de Ciencias Morales y Políticas

17


Añadía que estaban ante “la mujer de mayor mérito que existe en España, y quizá en Europa entera”. Efectivamente, ella tenía bien reconocidas las dimensiones de su valía entre quienes estaban en la vanguardia de la ciencia penitenciaria por entonces. Y más aún, añadía Francisco Lastres: “Cualquier academia, por mucha que fuese su importancia, se honraría con tener en su seno una persona del valor de doña Concepción, aquilatado por trabajos que nadie ha igualado, según se reconoció por unanimidad en los Congresos penitenciarios internacionales de Stokolmo y de Roma”9.

Rafael Salillas también elevó contundente su voz. Era persona de autoridad y autorizada para ello. Conocía bien las aportaciones de Concepción Arenal y mostró su reconocimiento en otras muchas ocasiones. Esta vez envió una carta que ocupó columna y media manifestando su apoyo total: “Puede decirse que desde 1875 es la señora Arenal académica por oposición —explicaba—. En aquel concurso ella ganó el premio y D. Pedro Armengol y don Francisco Lastres los accésits. Como los señores Armengol y Lastres reúnen méritos suficientes para alcanzar la dignidad académica”, era evidente que Concepción Arenal los tenía “no con menor motivo”. Rafael Salillas, además, discurriendo desde la identidad de la especie humana señalaba ejemplos en que lo masculino y lo femenino no se adecuan a las percepciones prefijadas previamente. El defendía que “el sexo está en la obra misma”, quería decir en la valía del autor. Concluía su artículo recreando uno de los reconocimientos explícitos a Concepción Arenal, que él había presenciado directamente, en los términos siguientes: “Y conviene a este propósito lo que le oí al Dr. Guillaume, Secretario General del Congreso Penitenciario de San Petersburgo. Es el ilustre representante de la República Helvética un admirador ferviente, apasionado y entusiasta de doña Concepción Arenal. Siempre que se le brinda ocasión hace su elogio. Por ella brindó, arrancando un ¡hurra! Unánime, en el banquete oficial de Helsingfore, y de ella nos hablaba apasionadamente un día al salir

9

18

El Heraldo de Madrid viernes 12 junio 1891, nº 224. Mª José Lacalzada de Mateo


del Palacio de la Nobleza, después de una Asamblea General del Congreso Penitenciario. Tan justos elogios hizo de nuestra eminente compatriota, y con frase tan apasionada, que uno de los concurrentes le hubo de advertir que parecía un doctor enamorado.

A lo que contestó con majestad, señalando las alturas donde residen los iguales: “El genio no tiene sexo”10.

Luis Vidart dos días después insistía en los méritos de quien había sido premiada por la Academia por “su estudio sobre la Beneficencia”. Era autora además de obras como: el Manual del Visitador del pobre o las Cartas a los delincuentes, y un opúsculo sobre la pena de muerte. No la reclamaba tan solo en la “república de las letras”, decía, sino por “el verdadero y sólido mérito que representan sus escritos y que me permite afirmar que la señora Arenal figura hoy como el primer autor moralista, entre los pocos que en España cultivan esta esfera del pensamiento humano. Me honro con la amistad de la señora Arenal —añadía—; pero mis palabras son hijas de la justicia y solo de la justicia”. El seguía recordando más: “Después de impreso lo que acabo de transcribir, la señora Arenal ha publicado un tratado de Derecho internacional, muy elogiado en Alemania; su estudio crítico de las obras del Padre Feijoo; sus notabilísimas Cartas a un obrero y a un señor, y otros varios escritos que han confirmado más y más su reputación de publicista eminente”. “Para concluir, estoy de acuerdo con la señora Pardo Bazán y con los señores: Campillo, Altamira Lastres, Salillas y Pérez de Guzmán, en que la señora doña Concepción Arenal honrará con su presencia a todas las corporaciones de que forme parte y en que las Academias oficiales deben abrir sus puertas al mérito eminente, aun cuando se halle tal excelencia en una escritora, que si no puede ser académico no cabe duda de que puede ser académica”11.

10

El Heraldo de Madrid domingo 14 junio 1891, nº 226. El Heraldo de Madrid martes 16 junio 1891, nº 228.

11

Concepción Arenal en la Academia de Ciencias Morales y Políticas

19


La opinión de Eugenio Montero Ríos había sido anunciada, esperada días atrás, y buscada en su propio domicilio. Él era una personalidad de prestigio que llegó a reunir altos cargos: Presidente del Gobierno, del Senado y del Tribunal Supremo. Consiguió reformas dentro del derecho civil, el procesal y el penal. Académico de número, se pronunciaba también a favor de la candidatura de Concepción Arenal. El manifestaba el apoyo, empleando cierta pedagogía dirigida resultar convincente dentro la estructura patriarcal dominante. Explicaba allanando temores y reconociéndole autoridad: “Es un sabio profundo y no pierde ninguna de las delicadezas y del sentimiento de la mujer, y ayuda poderosamente al hombre; pues gran parte de su obra se consagra a mostrarle los caminos de su perfeccionamiento y a proporcionarle una compañera ilustrada, conocedora de cuál es su verdadera misión en la sociedad y de cuáles son los medios mejores de realizarla”

Eugenio Montero Ríos expresaba muy bien el punto donde estaba la presión y resistencia social envolvente y, es evidente que, buscaba convencer. Según decía, aún podía entenderse que se discutiese sobre si las mujeres deben o no acceder a la instrucción, pero ¡una vez demostrada la valía! Ya superados los obstáculos parece que solo cupiese el reconocimiento, ya que: “A las Academias no se va a aprender, se va con los conocimientos adquiridos, se va a enseñar”.

Y concluía con todo un reconocimiento no exento de simbolismo: “Admitiendo la señora doña Concepción Arenal en la Academia de Ciencias Morales y Políticas se recompensa al sabio que tanto y tan bien ha trabajado y se rinde acatamiento a la mujer, demostrando cuanto interesa su cultura”.

Es más, admitir a las mujeres en las Academias no es “otorgarles un favor, se les da lo que les pertenece”12.

12

El Heraldo de Madrid, jueves 18 junio, 1891, nº 230. El Heraldo de Madrid, lunes 15 junio, 1891, nº 227, ya había anunciado que estaban a punto de contar con la opinión de D. Eugenio Montero Ríos. “El eminente jurisconsulto, que ha desempeñado en ocasiones tan solemnes la cartera de Gracia y Justicia, ha sido el que ha llevado a nuestra legislación más leyes en favor de la mujer; a él se debe la viuda no

20

Mª José Lacalzada de Mateo


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
1_9788418329661 by Editorial Tirant Lo Blanch - Issuu