Rompedoras perspectivas que pronuncian lo impronunciable y se deleitan en reflexionar sobre las infinitas maneras de ser una mujer mayor, un hombre mayor. La vejez como continuidad, como declive, pero también como oportunidad.
humanidades
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Serie Literatura y Vejez
El lector podrá trasladarse de paisajes uruguayos a paisajes del exilio andaluz en América; de escenas italianas, no tan lejos de los Alpes, a escenas chilenas, no tan lejos de los Andes; de calles de la Ciudad de México hace sesenta años, a vías de Roma hace dos milenios.
Prosopopeya
Luces en el invierno es una antología en la que muy diversos autores de Europa y América Latina descubren el tema de la vejez en los grandes clásicos de la literatura universal, bien desde un enfoque académico, bien a través del ensayo.
Fragmentos literarios de primer orden permiten una lectura incitante en torno a un tema siempre joven: la vejez. Esa fase tan temida, aunque sea compartido el deseo de alcanzarla; esa etapa que –como ocurre con la literatura- “todo lo atraviesa” y “con todo tiene que ver”. Esta obra es hermana de Un pacto con la soledad, antología publicada en 2019 en esta casa editorial y dedicada a la vejez en la literatura latinoamericana y caribeña.
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humanidades Prosopopeya Serie Literatura y Vejez
Aída Díaz - Tendero Alberto Vital Coordinadores
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humanidades Prosopopeya Serie Literatura y Vejez
LUCES EN EL INVIERNO LITERATURA Y VEJEZ
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
LUCES EN EL INVIERNO LITERATURA Y VEJEZ
Coordinadores
AÍDA DÍAZ-TENDERO ALBERTO VITAL Autores
ALBERTO VITAL ALEJANDRA AMATTO ALFREDO BARRIOS CARLOS TELLO DÍAZ CLAUDIA CÁRDENAS EDUARDO CASAR FABIO MORÁBITO FERNANDO SOLANA OLIVARES GONZALO CELORIO JOSÉ MARTÍNEZ TORRES KLAUS MEYER-MINNEMANN LEONARDO CURZIO MAURICIO BEUCHOT NAYELI REYES ROMERO SANDRA LORENZANO VERÓNICA VOLKOW
tirant humanidades Valencia, 2022
Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
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VV.AA.
TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-18656-59-0 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A Ana Mari, mi abuela y amatxo
En medio del odio, me pareció que había dentro de mí, un amor invencible. En medio de las lágrimas, me pareció que había dentro de mí, una sonrisa invencible. En medio del caos, me pareció que había dentro de mí, una calma invencible. Me di cuenta, a pesar de todo que... En medio del invierno, había dentro de mí un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí, hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta Albert Camus, El verano, 1953
Índice Presentación................................................................................................ Aída Díaz-Tendero
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Prólogo......................................................................................................... Alberto Vital
17
Vejez y poética de la angustia en la narrativa de Juan Carlos Onetti..... Alejandra Amatto
21
El motivo del envejecimiento y la vejez en el poema “Góngora” de Como quien espera el alba y otros poemas de Luis Cernuda................ Klaus Meyer-Minnemann
37
Antonio José Bolívar Proaño, un lector solitario................................... Claudia Cárdenas
59
Ser viejo y morir. Beber un cáliz, de Ricardo Garibay........................... Alberto Vital
81
La relevancia de la figura del abuelo en la cotidianidad dictatorial chilena en La edad del perro de Leonardo Sanhueza............................. Nayeli Reyes Romero Lecturas a destiempo. Reivindicación tanática y reivindicación erótica en “El libro de panegíricos” de Rubem Fonseca y en Sostiene Pereira de Antonio Tabucci.................................................................................... Alfredo Barrios
109
133
Infancia y senectud en la literatura.......................................................... Leonardo Curzio
155
Grandes luces en el atardecer.................................................................... Verónica Volkow
171
Viaje y senilidad en Corto viaje sentimental, de Italo Svevo................. Fabio Morábito
193
12
Índice
Reflexión sobre la vejez o de la senectud en Cicerón............................ Mauricio Beuchot
213
De géneros y fronteras. Hermann Hesse, lectura para mi vejez........... Eduardo Casar
229
La hoguera de los libros. Soledad, de Rubén Salazar Mallén................ José Martínez Torres
237
De la vejez. El invierno tan temido.......................................................... Gonzalo Celorio
257
La vejez de Porfirio Díaz como espejo del ocaso del Porfiriato........... Carlos Tello Díaz
275
Cantos de la vejez o el oscurecimiento de la luz..................................... Fernando Solana Olivares
293
Perder peso, luz, sonrisas........................................................................... Sandra Lorenzano
317
Epílogo. “Por eso la vejez llega al final”................................................... Aída Díaz-Tendero
329
Presentación AÍDA DÍAZ-TENDERO* Tenía una cita con el Coordinador de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Trataríamos algunos temas relacionados con una obra acerca de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (oea, 2015), objeto de un posible convenio con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (cndh). Llegué puntualísima —rompiendo mi costumbre— y me hicieron pasar a una sala en la que esperé al doctor Vital. Lo había escuchado en los informes que presentaba mi director, el maestro Rubén, a cuya cita nunca faltábamos: el doctor Vital, como invitado de honor, y yo, como parte del público que ocupaba las filas intermedias del auditorio del piso décimo cuarto, reservado en la Torre ii de Humanidades para eventos especiales. La sala de la Coordinación de Humanidades en la que esperé al doctor Vital era acogedora y austera, como corresponde a la universidad pública, sin importar el nivel del departamento en la estructura organizacional, ni el nivel de quien ocupa el cargo, por más altos que éstos sean. En este ambiente y gracias a la accesibilidad y cordialidad del doctor Vital para acordar los detalles del convenio con la cndh, me aventuré a insinuar el tratamiento de la vejez y el envejecimiento en la literatura. Inmediatamente le gustó la idea, mencionó de memoria autores, libros y ensayos sobre el tema: lo que había pronunciado para salvar alguno de los silencios, lo vislumbré entonces como una posibilidad de coordinar una obra juntos. Le comenté entonces sobre el libro pionero que en materia de literatura y vejez estaba por ver la luz.
*
Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la Universidad Nacional Autónoma de México.
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Aída Díaz-Tendero
En fase de impresión se encontraba ya la coordinación que me publicó la editorial española Tirant lo Blanch Un pacto con la soledad. Envejecimiento y vejez en la literatura en América Latina y el Caribe en 2019, primer libro de una colección que había bautizado como Literatura y Vejez porque estaba segura de que vendrían otros. Este primer libro, y todos los autores que en él participaron, abrieron un universo de posibilidades paralelo a aquel en el que nos desenvolvemos los sociólogos del envejecimiento, los gerontólogos, los demógrafos, los economistas, los politólogos, los juristas y el creciente número de especialistas que se interesan por el ya indiscutible fenómeno del envejecimiento global, también en los países en desarrollo: una visión tan rica y rompedora que desde la ficción pronuncia lo impronunciable y aborda las múltiples vejeces, las infinitas maneras de ser persona mayor, la vejez como continuidad, como declive, pero también la vejez como oportunidad. Para nuestra siguiente entrevista, el doctor Vital ya había conseguido el libro Un pacto con la soledad e incluso había contactado con algunos autores para comunicarles verbalmente sobre el proyecto. La idea era abrirse en este volumen a la literatura universal y contar con ensayistas, literatos y especialistas en literatura del más alto nivel. El abanico no podía ser más interesante: Gonzalo Celorio, Verónica Volkow, Fernando Solana Olivares, Fabio Morábito, Mauricio Beuchot, Eduardo Casar, Alejandra Amatto, Klaus Meyer-Minnemann, Nayeli Reyes Romero, Alfredo Barrios, José Martínez Torres. Por mi parte, no pude resistirme a invitar a mi colega del Centro de Investigaciones sobre América del Norte, Leonardo Curzio, y a mi colega del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, Carlos Tello-Díaz, ambos habitantes de la endogámica Torre ii de Humanidades. Los capítulos fueron llegando poco a poco, algunos antes de la era covid-19, otros en plena pandemia. Fue un goce incomparable recibir, leer y analizar “Cantos de la vejez o el oscurecimiento de la luz”, de Fernando Solana Olivares; “Grandes luces en el atardecer”, de Verónica Volkow; “De la vejez. El invierno tan temido”, de Gonzalo
Presentación
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Celorio; “Ser viejo y morir. Beber un cáliz, de Ricardo Garibay”, de Alberto Vital; “Vejez y poética de la angustia en la narrativa de Juan Carlos Onetti”, de Alejandra Amatto; “Reflexión sobre la vejez o de la senectud en Cicerón”, de Mauricio Beuchot; “La hoguera de libros” de José Martínez Torres; Soledad, de Rubén Salazar Mallén. Infancia y senectud en la literatura”, de Leonardo Curzio; “El motivo del envejecimiento y la vejez en el poema ‘Góngora’ de Como quien espera el alba, y otros poemas de Luis Cernuda”, de Klaus Meyer-Minnemann; “La vejez de Porfirio Díaz como espejo del ocaso del Porfiriato”, de Carlos Tello Díaz; Lecturas a destiempo “Reivindicación tanática y reivindicación erótica en ‘El libro de panegíricos’ de Rubem Fonseca y en Sostiene Pereira de Antonio Tabucci”, de Alfredo Barrios; “De géneros y fronteras. Hermann Hesse, lectura para mi vejez”, de Eduardo Casar; “Viaje y senilidad en Corto viaje sentimental, de Italo Svevo”, de Fabio Morábito; “La relevancia de la figura del abuelo en la cotidianidad dictatorial chilena en La edad de perro de Leonardo Sanhueza”, de Nayeli Reyes Romero. Más tarde, reparamos en dos autoras que no podían faltar en nuestra obra: Claudia Cárdenas y Sandra Lorenzano. Estas autoras fueron especialmente generosas al adaptarse a los tiempos y nos regalaron sus capítulos: “Antonio José Bolívar Proaño, un lector solitario” y “Perder peso, luz, sonrisas”, respectivamente. Las respuestas libres de los autores optando algunos por el estilo ensayístico, y otros por el académico, se debieron a otra fantástica idea de Alberto para albergar el potencial de cada escritor según su perfil, el tono y la impronta con las que firmarían sus capítulos. Así, una primera parte es más bien académica, para conectar con los capítulos del primer libro, mencionado arriba, y una segunda parte se va volviendo más y más personal, hasta concluir en la espléndida prosa de Gonzalo Celorio, de José Martínez Torres, de Fernando Solana Olivares, de Sandra Lorenzano. Este libro es fruto de una idea que se contoneaba y se posó por un instante, ante una mente creativa y prolífica que la hizo realidad y la proyectó a un horizonte inabarcable de frases, imágenes, conceptos,
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Aída Díaz-Tendero
confesiones y catarsis en plural: unas páginas a través de las cuales los autores se han enfrentado a su propio proceso de envejecimiento —aun analizando el ajeno— y lo han hecho bajo las circunstancias de incertidumbre, ruptura y pérdida que está suponiendo la pandemia para todos; un libro que nos permite llegar, en pocas páginas, al fondo de los pensamientos y la estética de cada uno de los autores con relación a la vejez: esa etapa tan temida, aunque sea compartido el deseo de alcanzarla; esa etapa que —como ocurre con la literatura— “todo lo atraviesa” y “con todo tiene que ver”.
Prólogo ALBERTO VITAL* Este libro es una antología secreta. Pasajes literarios de primer orden permiten una lectura incitante en torno a un tema siempre joven: la vejez. La vejez, sí, rejuvenece. ¿O quién les hubiera dicho a los personajes de Juan Carlos Onetti —estudiados y citados por la doctora Alejandra Amatto— que en pleno 2021 una persona puede alcanzar su máximo sueño a los 77 años, luego de casi cinco decenios de lucha, y darse así una oportunidad de dejar una huella única en el mundo? Los parámetros sobre la vejez son tan influyentes y tan dinámicos que en el universo narrativo de Onetti y de Italo Svevo la vida declinaba hacia los cuarenta, y los personajes que se acercaban al “cuarto piso” juzgaban inútil empeñarse e insistir en sus proyectos y propósitos; diversos factores han desplazado la edad de sentirse en edad de retiro y de retraimiento, y bien dice Fernando Solana Olivares que vivimos una suerte de “juvenilia”: parece ineludible seguir funcionando con plenitud a una edad que casi duplica el lapso imperante cuando escribían Onetti y Svevo. La vejez —jovencísima y antiquísima— posa desde distintos ángulos ante nuestras cámaras críticas. Por lo pronto, este libro comienza con los enfoques académicos; ya lo señala el texto inicial de la doctora Aída Díaz-Tendero: de ese modo, conseguimos que el volumen se enlace con su hermano mayor, Un pacto con la soledad. Envejecimiento y vejez en la literatura en América Latina y el Caribe, y prepare el camino a textos que, hacia el final del presente volumen, son en sí mismos páginas literarias, sin dejar de ser una cavilación acerca de nuestro tópico central. *
Seminario de Hermenéutica. Instituto de Investigaciones Filológicas / Centro de Enseñanza para Extranjeros, Universidad Nacional Autónoma de México.
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Alberto Vital
Podríamos haber dado inicio con esos textos más personales, más amplios en referencias multiculturales y menos atenidos a un solo autor: este volumen se honraría asimismo teniendo en su frontispicio las páginas de Gonzalo Celorio o de Fernando Solana Olivares; de cualquier modo, los editores pensamos en un crescendo desde lo académico —ceñido hasta lo ensayístico— extenso o amplio, como una suerte de obturador que va abriendo su ángulo. Y, por último, las páginas de Sandra Lorenzano ejemplifican un abordaje donde se atisban cuatro concepciones, cuya convergencia es cada vez más común en América Latina: la escritura lírica y la escritura narrativa; la escritura ensayística y la escritura testimonial o personal. La vejez, sí, tiene su toque de diva: conoce los hábitos de las lentes; se sabe, como anticipa la doctora Díaz-Tendero, temida y deseada, rehuida y buscada. Y ha de gozar al descubrir que es motivo de una antología casi invisible y de un puño de estudios muy visibles. El lector, por su parte, podrá ir de pasajes uruguayos a pasajes del exilio andaluz en América; de escenas italianas, no tan lejos de los Alpes, a escenas chilenas, no tan lejos de los Andes; de calles de la Ciudad de México hace sesenta años a vías de Roma hace dos milenios; de una casa en Tulancingo o en Pachuca a una casa en Río de Janeiro o en São Paulo. Una lectura sugerida, sí, consiste en recorrer las citas de los textos originales, distinguidas en la página por el bando a margen izquierdo o por comillas; ello permite que la lectura académica sea asimismo una lectura estética, según lo sugiere un tomo editado en 2020 por la doctora Elsa Margarita Ramírez Leyva en la Universidad Nacional Autónoma de México, muy en la línea de aquel placer del texto del que hablaba la entonces muy joven Susan Sontag hace casi ya seis decenios. Desde luego, la otra lectura, línea por línea, permitirá comprender mejor aquellos pasajes que componen nuestra antología secreta. Y, por lo demás, contamos con textos intermedios entre lo académico y lo ensayístico: aquí están —al alcance de la mano— las páginas de Verónica Volkow, fina poeta y sutil pensadora; de Fabio Morá-
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bito, asimismo poeta y además narrador conocido y reconocido; de Leonardo Curzio, brillante investigador y periodista; de José Martínez Torres, tan novelista como Celorio, como Solana Olivares, como Morábito; de Eduardo Casar, narrador contundente y conductor de uno de los programas televisivos más relevantes sobre literatura en México. Por su parte, el filósofo emérito Mauricio Beuchot, padre de la hermenéutica analógica, repasa con tanta paciencia y exactitud las nociones clásicas de Cicerón sobre la vejez que su capítulo también podría fungir a modo de prefacio general del volumen. En síntesis, cada quien se encuentra ante la opción de formarse sus propias guías, como en Rayuela, de Julio Cortázar, a quien Alfredo Barrios ha dedicado tesis y desvelos: por ejemplo, lecturas desde los escritores-académicos hacia los académicos (también dotados de buena prosa); lecturas de las citas y luego de los análisis de esas citas; lecturas de los textos tras contemplar las imágenes que los acompañan. Quienes escriben en este volumen pertenecen a por lo menos tres generaciones, que aquí señalo de modo muy personal, sin por lo pronto atenerme a las categorías que indica la Organización de las Naciones Unidas: los sénior, mayores de setenta años; los adultos en transición hacia el senado virtual de los siete decenios bien colmados, y la gente joven (y jovial) que aún no llega a los cincuenta o, si se prefiere, a esos cuarenta que en el Montevideo del autor de El astillero y de La vida breve eran ya momento óptimo para juntar cadáveres. Y es así como tenemos una confluencia implícita entre generaciones, justo cuando más requerimos de enormes yacimientos de energía compartida y de luces para resolver los problemas que aquejan a nuestra especie: don Miguel León Portilla definía sus 90 años como “juventud acumulada”; él estaba totalmente libre del narcisismo galopante que flota en el ambiente y que se apodera de muchas personas como un segundo virus, en parte causante de que el otro virus no termine de ser controlado. “Juventud acumulada” no es entonces narcisismo fuera de sitio, sino sabiduría energética, inspiradora y orientadora: Miguel León Portilla es un magno ejemplo de
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cuánto puede aportarle una persona educada y experimentada a una comunidad y, después de todo, al mundo entero. Personajes solitarios. Criaturas que, incomprendidas, no terminan de comprenderse a sí mismas. Abuelos que transmiten memorias a sus nietos en nombre de hijos que se encuentran ausentes acaso para siempre. Hijos que ven morir a sus padres y luego les escriben un réquiem novelístico de muy alto valor. Anciano presidente (el mexicano Porfirio Díaz, dictador entre 1876 y 1911, con una relativa pausa entre 1880 y 1884) que mira con impotencia cómo su obra política, social y económica se morirá con él, pues nunca pudo transitar de un caudillismo personalista a un régimen de instituciones tan sólidas como los edificios que logró construir en la Ciudad de México. Estas y otras figuras componen la galería que el lector tiene ante la vista. Concluyo con dos agradecimientos. El presente libro no existiría sin Tirant lo Blanch y sin Aída Díaz-Tendero, luminosa coordinadora. La doctora Díaz-Tendero ha dedicado mucha de su amplísima inteligencia y mucho de su ceñidísimo tiempo a los temas de la vejez y del envejecimiento. Mirar a quien no se es, mirar a la persona próxima o lejana, mirar a quien difiere por edad o por nacionalidad o por algún otro motivo, mirar —en fin— con empatía y paciencia es un acto generoso que nos ayuda a ver en el mundo una casa. Una casa digna y extensa. Una casa donde las personas mayores tienen cabida. Una casa que se levanta con los ladrillos de los valores y con los castillos de la sapiencia. Una casa perspicaz, intuitiva, sabia. Infinitas gracias, doctora Díaz-Tendero, por abrirle ventanas a nuestra Casa Común.