Skip to main content

1_9788419071668

Page 1

MEMORIAS DE UN REPUBLICANO DE MASSAMAGRELL: JUAN FALCÓ VIDAL

Edición a cargo de

PAU PÉREZ DUATO

tirant

humanidades plural


MEMORIAS DE UN REPUBLICANO DE MASSAMAGRELL: JUAN FALCÓ VIDAL


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


MEMORIAS DE UN REPUBLICANO DE MASSAMAGRELL: JUAN FALCÓ VIDAL

Edición a cargo de

PAU PÉREZ DUATO

tirant humanidades Valencia, 2022


Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

©

Pau Pérez Duato

Revisión lingüística: Anna Gimeno ©

TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-19071-66-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice AGRADECIMIENTOS..................................................................................

9

PRÓLOGO.......................................................................................................

11

INTRODUCCIÓN..........................................................................................

23

Sobre la aportación de la memoria al campo de la historia....................... ¿Quién es Juan Falcó Vidal?...........................................................................

23 37

SOBRE LOS AÑOS DE LA SEGUNDA REPÚBLICA.............................

47

Cotinet, el primer alcalde republicano de Massamagrell............................ De alcalde republicano a presidente de la Reial Acequia de Montcada.....

49 73

DIARIO DEL FRENTE DE BATALLA. VIVENCIAS PERSONALES DE UN MICILIANO EN LA GUERRA CIVIL..........................................

85

En los Frentes de Teruel y Toledo.................................................................. En el Frente de Guadalajara............................................................................

92 149

EL PRECIO DE LA DERROTA: CAMPOS DE CONCENTRACIÓN, CÁRCELES, TRABAJOS FORZADOS Y DESTIERRO..........................

233

Detención y traslado al campo de concentración de Lavacolla................. «Redención» en la 5ª Colonia Penitenciaria Militarizada de Toledo........ Destierro y vuelta a Massamagrell.................................................................

238 274 285

FUENTES DOCUMENTALES.....................................................................

291

BIBLIOGRAFÍA..............................................................................................

293

LISTA DE SIGLAS..........................................................................................

299


AGRADECIMIENTOS A la memoria de todos los antifascistas valencianos que, como Juan Falcó Vidal, lucharon por defender la voluntad popular y la democracia de los reaccionarios.


PRÓLOGO “Anda que te andarás”. Escrituras subalternas Anaclet Pons (Universitat de València) “Nací en Madrid en 1913, pero toda mi familia era aragonesa. Mi padre era topógrafo del Instituto Geográfico y mi madre, maestra nacional. Entre mis tíos carnales hubo un notario, un médico, un jefe de taller de fábrica de vidrio, un ayudante de montes y dos comerciantes. Los demás, la mayoría, fueron maestros. Mi familia era una auténtica representación de la clase media española. Al crecer, nada a mi alrededor me empujaba a interesarme en la política. A mis padres nunca les oí ni un solo comentario en ese sentido, vivían entregados a su trabajo y a la educación de sus tres hijos, de los cuales yo era el mayor”. Manuel Tagüeña, Testimonio de dos guerras1

Entre los muchos ejemplos que podrían señalarse, las memorias de Manuel Tagüeña, así como las de su esposa Carmen Parga Parada2, forman parte de lo que cabría esperar. Gentes letradas, procedentes de familias de clase media o alta, comprometidas políticamente y con una densa trayectoria, conscientes de lo vivido y deseosas de dejar constancia de su peripecia existencial, de su yo. Poco o nada que ver con las memorias que aquí presentamos, rescatadas del olvido por Pau Pérez Duato.

1 2

Manuel Tagüeña, Testimonio de dos guerras, México, Oasis, p. 9 (la edición más reciente es la de: Sevilla, Renacimiento, 2021). Carmen Parga, Antes que sea tarde. Sevilla, Renacimiento, 2020. Sobre Tagüeña, véase: Francisco A. González Redondo, “Manuel Tagüeña, Julio Palacios y Pedro Carrasco, 1932-1961. Las tragedias de nuestra generación”, en José M. Cobos Bueno, Antonio Pulgarín y Elena Ausejo (eds.), Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas: Encuentro internacional Europeo-Americano 2008, Badajoz, Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 2011, pp. 695-716.


12

Anaclet Pons

Juan Falcó Vidal compartía con Tagüeña, con Parga y con multitud de otros y otras su compromiso político y su militancia, pero poco más. En todo caso, la cronología vital y los dramáticos acontecimientos que les tocó vivir. Porque Juan Falcó nació un año después de Tagüeña, en 1914, pero muy lejos de la capital española, en Canet lo Roig, un mediano municipio castellonense que contaba entonces con algo más de dos mil habitantes. Tampoco coincidía en cuanto a orígenes sociales, pues su padre, Juan Falcó Pla, era un carpintero local y no consta que su madre, María Vidal Messeguer, tuviera una profesión reconocida. De hecho, quedó pronto huérfano de padre, circunstancia que dejó a la familia sin ingresos y obligó a su madre a trasladarse con sus hijas a otra localidad para conseguir el necesitado sustento, dejando al pequeño Juan, que contaba entonces con seis años, al cuidado de la beneficencia de la capital de la provincia. Allí, y luego en un internado cercano a la nueva residencia familiar, pasó el niño aquellos primeros años, donde frailes y monjas le enseñaron sus primeras letras. No nació, pues, en Madrid, ni su padre era topógrafo ni su madre maestra, como los de Tagüeña. Más bien, pertenecía a las denominadas clases subalternas. Eso sí, también fue a la guerra, y eso cambió su vida y la de sus allegados. Y la guerra, su antes y su después, es el motivo que mueve a Falcó a escribir. No es su vida, su completa trayectoria vital, sino una parte de ella, la que discurre entre determinados acontecimientos. Por eso, el texto no se inicia con su lugar de nacimiento, ni con su procedencia familiar, sino con una suerte de advertencia o descargo, destinados a un lector imaginario y al propio autor, con los que entender sus acciones: “Desde muy joven, aún no había llegado a la pubertad, ya iba yo distinguiendo entre lo bueno y lo malo. O sea, se iba introduciendo en mi imaginación todo aquello que me decían o enseñaban los maestros, los curas o las personas mayores de mi alrededor. Fueron muchísimas las veces que les oí decir que durante nuestra existencia había dos caminos a recorrer: el recto y el torcido. Según ellos, en el primero estaban las buenas acciones, la honradez, el desinterés, la fidelidad, la justicia, la sinceridad o la comprensión entre todos los seres humanos. En cambio, en el segundo estaba todo lo contrario, el odio, el rencor, la incomprensión, el egoísmo, la ambición, la farsa, la mentira y la injusticia. Pues


Prólogo

13 bien, de los dos caminos a recorrer, yo siempre he preferido y preferiré el recto, ahora bien, creo que es muy natural que explique el porqué, así que allá voy”.

Sea como fuere, no es habitual, ni acaso cabría esperarlo, que alguien como Juan Falcó Vidal escribiera unas memorias, ni siquiera parciales. Y no lo es porque, como ha señalado Martyn Lyons, la gente común siempre había visto y sentido la escritura como un accesorio del poder. Quizá la viera como un instrumento de opresión que se trasladaba en las comunicaciones que de él provenían; acaso sintiera la propia coerción que significaba la disciplina de la escuela, doblemente percibida cuando entre lo oral y lo escrito mediaba un idioma distinto; o puede que la entendiera como una marca social diferenciadora, algo circunscrito a determinadas élites sociales, políticas o culturales. Escribir no era lo mismo para unos o para otros. Para las clases medias, para personas como el citado Tagüeña, “era una práctica cultural habitual para la que habían sido capacitadas. Dominaban la técnica de la escritura, sus materiales e instrumentos, y la disciplina física necesaria para utilizarlos”3. Para las clases subalternas, para alguien como Juan Falcó, era justamente todo lo contrario. Pensemos que, para cuando nació, el nivel de analfabetismo en su provincia superaba el 60% y era en torno al 50% para quienes, como él, eran varones4. Así que, a pesar de sus penalidades en los internados y de los sucesivos conatos de huida para reunirse con su madre, tuvo la suerte de estar entre quienes consiguieron adiestrarse en el trabajoso dominio de lo escrito, gracias a lo que le “enseñaban los maestros, los curas…”. Es cierto, como también ha indicado el citado Lyons, que entre las últimas décadas del XIX y las primeras del XX hubo un cambio en ese contexto alfabetizador, un avance decisivo en algunos casos 3 4

Martin Lyons, La cultura escrita de la gente común en Europa, c.1860-1920, Buenos Aires, Ampersand, 2016, p. 17. Mercedes Vilanova y Xavier Moreno (eds.), Atlas de la evolución del analfabetismo en España de 1887 a 1981, Madrid, Ministerio de Educación Cultura y Deporte, Centro de Investigación y Documentación Educativa, 1992, pp. 189191.


14

Anaclet Pons

y países. En efecto, “hubo dos acontecimientos trascendentales que incidieron de manera decisiva en la vida cultural de la gente común a finales del siglo XIX y principios del XX”, la emigración transoceánica y la guerra. En esos contextos difíciles, “escribir era necesario para mantener unidas a las familias y manejar sus asuntos colectivos”5. En el caso de nuestro Juan Falcó, podemos insistir en que fue la guerra la que le llevó a escribir, por esa necesidad de juntar unas cuantas letras, de comunicarse con sus familiares. De hecho, la parte central de sus memorias es la referida a lo que anota en el frente de batalla, durante su tiempo de ocio, escritos detallados y precisos que semanalmente mandaba a su hermana Vicenta y a su cuñado. Y cabe pensar que fueron esos textos el núcleo en torno al cual confeccionó el resto de su escrito memorial. Desconocemos cuáles eran las habilidades letradas de Falcó a su llegada al frente, cuál su grado de alfabetización o cuál su costumbre en esas prácticas, pero sabemos que en el frente republicano “los cuarteles, los lugares de descanso y reposo de las tropas o los hospitales de campaña son escenarios donde la educación y la cultura han de estar presentes. Elevar la cultura del soldado significaba fortalecer su conciencia política”. Así, el servicio Cultura del Miliciano, creado en 1936 con la consigna “Fusiles y libros, dos armas para lograr la victoria”, junto con otras iniciativas posteriores, intentarán “dar instrucción a aquellos heroicos combatientes del pueblo español a quienes un régimen de opresión privó de recibir las enseñanzas más elementales en la edad escolar”. Juan no era analfabeto, gracias a aquellos maestros y curas que le enseñaron de pequeño, y por tanto cabe suponer que no estuvo entre quienes se beneficiaron de esta lucha contra el analfabetismo, pero quizá sí obtuvo provecho de la labor de difusión de la cultura que llevó a cabo la Sección de Bibliotecas de la organización frentepopulista denominada Cultura Popular, “gracias a la cual los soldados y heridos pudieron tener gratuitamente libros,

5

Martin Lyons, La cultura escrita…, p. 31.


Prólogo

15

periódicos y revistas entre sus manos para ocupar sus ratos de ocio o aumentar sus conocimientos”: “La llegada de libros, revistas y periódicos a los frentes fue esencial para apoyar las campañas de alfabetización emprendidas por el ejército republicano, pues logró incitar a la lectura y despertó en los combatientes el interés por los libros. Éstos llenaron el tiempo libre de los soldados, les hicieron compañía en la soledad de las trincheras, consiguieron mantener alta su moral y distraerlos en las horas de tensa calma. Por no hablar de la función terapéutica que la lectura desempeñó entre los heridos, cuyos efectos ya habían sido probados por experiencias americanas en la Primera Guerra Mundial y demostrados en muchos estudios de `biblioterapia´ realizados en hospitales por biblioteconomistas británicos”6.

De ese modo, el soldado quedaba inmerso en un universo de escritura más amplio al que, junto a las cartas, tampoco fueron ajenas distintas composiciones privadas, cuya principal expresión la constituyen los diarios de campaña; así como otras de carácter más literario y artístico Visto así, la guerra bien pudo suponer en el caso de Falcó el paso de la mera competencia escolar a la práctica escrita, del saber leer y escribir a poseer un dominio estable de tal habilidad, de la coerción que implica necesariamente la escuela para alguien como él, que había aprendido además forzadamente, exiliado de sus allegados, al acto voluntario, desencadenado por la intensidad del conflicto que vive. Y eso se observa incluso en la letra, la cual, si bien pudo mejorar con el tiempo, nos muestra a un Falcó pulcro y hábil. Ahora bien, más allá de este aspecto, importa subrayar que su caso no es único en cuanto a la primera fase de sus memorias, la que se nutre de la constante correspondencia enviada a sus familiares. Más bien todo lo contrario, porque sabemos que esa era una de las principales ocupaciones de los soldados en sus ratos de ocio, la de escribir, bien fuera para mantener los lazos con la comunidad de la que se ha partido o

6

Antonio Castillo y Verónica Sierra, “Si mi pluma valiera tu pistola. Adquisición y usos de la escritura en los frentes republicanos durante la Guerra Civil”, Ayer, 67 (2007), pp. 181-182, 190 y 192.


16

Anaclet Pons

como “defensa y salvaguarda de la propia identidad, comprometida por acontecimientos desestabilizadores”. La guerra, en suma, “es un acontecimiento que supone un punto de inflexión, un momento de auténtica ruptura de las barreras que habían mantenido hasta aquel momento a una buena parte de las clases populares separada de la escritura”7. Pero ese paso de la competencia a la práctica regular, impulsada por el conflicto y sus excepcionales circunstancias, tiene otro aspecto añadido en el caso de Falcó. Como sabemos, en toda escritura como ésta hay diversas competencias, y en el ejemplo que ahora tenemos necesariamente tuvieron que coincidir diversas capas: las que provenían del inicial analfabetismo, de la oralidad aprendida en otra lengua; las que le inculcaron maestros y curas con las primeras letras; y las que aprendió posteriormente en la cercanía con el canon literario o periodístico de sus posibles lecturas. Como ha subrayado el citado Lyons, la alfabetización no era un nivel estable de habilidades adquiridas, sino un proceso “que se desarrollaba independientemente de la escolaridad formal y que mejoraba o declinaba dentro del contexto de una cultura predominantemente oral”. No era algo, pues, que en aquel contexto se alcanzara de una vez y para siempre, sino que se daba una interacción continua entre lo oral y lo escrito, donde lo primero se infiltraba una y otra vez sin remisión8. Es lógico, pues, que Juan Falcó Vidal no solo recogiera frases en su valenciano natal, quizá como forma inconsciente de invocarlo, porque esa tradición y esa cultura orales eran las suyas y eran las que dominaba, sino que lo es también que esa lengua materna se inmiscuyera de continuo en su forma de redactar, casi como reclamando su derecho porque, como muchos otros de su misma condición, era más un escribiente que un escritor, alguien para quien la escritura

7

8

Antonio Gibelli, “Emigrantes y soldados. La escritura como práctica de masas” en Antonio Castillo Gómez (coord.), La conquista del alfabeto. Escritura y clases populares, Gijón, Trea, 2002, pp. 199 y 201. Martin Lyons, La cultura escrita…, p. 392.


Prólogo

17

no era una función, sino ante todo una actividad, primero en el frente y luego como forma de rememoración. No encontraremos, pues, artificio literario, aunque sí una cierta necesidad de escribir movido por las circunstancias, lo que hace de ello una “experiencia inusual”, “como algo impropio y limitativo, como si estuvieran invadiendo un campo no abonado para ellos”9. Esa mixtura, esa aparición insolente de la oralidad, directa o indirectamente, merecería acaso ser explorada. Como una vez más ha señalado Martyn Lyons, cuando nos enfrentamos a este tipo de escrituras subalternas, a esta historia desde abajo, podemos utilizar tales experiencias individuales para abordar aspectos más amplios que remiten a los cambios sociales y culturales. Y señala tres en particular: la aludida relación entre lo oral y lo escrito, así como lo que tiene que ver con las identidades personal y nacional. Todo ello “plantea la cuestión de la aculturación masiva de las prioridades y los valores nacionales promovidos por el Estado-nación”, y más en particular la función desempeñada por el idioma nacional y la perspectiva de la “identidad nacional” desde abajo10. En efecto, hay diversos trazos de todo ello en el relato de Juan Falcó, como las alusiones a las fábulas de Samaniego que “aprendí siendo niño”, por ejemplo. Aunque quizá más significativo sea un episodio ocurrido tras finalizar la guerra, cuando intenta regresar a casa y, saliendo de Cuenca, observa a unos guardias “moros”: “me di cuenta de que los guardias eran moros, y no pude evitar que en mi pensamiento apareciera uno de los acontecimientos más grandes que habían ocurrido durante toda la Historia de España. En especial, la guerra de la «Reconquista», en la que nuestros antepasados dieron su sangre y sus vidas luchando contra los moros, desde que esta se inició en las montañas de Covadonga por Don Pelayo hasta que fueron expulsados de Granada y de nuestra patria por los Reyes Católicos —Fernando V de Aragón e Isabel I de Castilla— en 1492. Y que el general Franco los hubiera traído aquí para que nos asesinasen, no está mal…”.

9 10

Antonio Castillo, “De la suscripción a la necesidad de escribir” en Antonio Castillo Gómez (coord.), La conquista del alfabeto…, p. 28. Martin Lyons, La cultura escrita…, pp. 39-40.


18

Anaclet Pons

Finalmente, y no menos importante, queda el proceso de formación de la identidad personal. Ya he señalado que ese último proceso empieza en el contexto de la confrontación bélica, y cabría conjeturar que ese episodio informa el resto de sus memorias, por lo que arrastra, por sus perdurables consecuencias. Como indica Pau Pérez Duato, hay tres partes diferenciadas en el texto, que se corresponden con diversas formas y momentos diferentes de recuerdo: la primera es un ejercicio de posmemoria, relatando los distintos acontecimientos acaecidos en su municipio durante los años posteriores a la proclamación de la Segunda República, alineándose para ello con la figura paternal de su cuñado; la segunda es bien distinta, pues rememora en primera persona, centrándose sobre todo en la guerra; la tercera, redactada mucho después, resulta una mezcla entre lo rememorado y lo redactado a partir de informaciones externas, como esas alusiones informadas a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. En cuanto a lo que se refiere a la identidad personal, no importa tanto que cada parte fuera escrita originalmente en épocas distintas, ni que la redacción final esté fechada en la década de los setenta del siglo XX, aunque esa datación es significativa y ha de tenerse en cuenta. Importa más que el origen fueran las cartas que semanalmente enviaba a su hermana Vicenta desde la primera línea del frente. Por tanto, son dos momentos. Por un lado, el impulso inicial, el de las cartas, que hacen las veces de diario; por otro, el de las memorias compuestas a posteriori a partir de aquella primera actividad escrita. La identidad, pues, empieza a redondearse en aquel momento inicial, cuando Juan Falcó queda exiliado de su cotidianeidad, sin sus amigos de siempre, sin sus familiares, y las cartas y su hermana son su doble confidente, el modo de organizarse y aclararse a sí mismo. En efecto, no es casual “que la gran mayoría de los diarios se iniciaran en el momento en que sus autores toman contacto directo con la guerra, ya sea para esconderse, para huir de la zona en la que se encuentran o para ingresar a filas. Y el punto preciso viene determi-


Prólogo

19

nado por la salida y alejamiento de la vivienda familiar”. Y aunque Juan Falcó abandonara voluntariamente su casa, la guerra no dejaba de ser una circunstancia hostil, distinta a lo vivido hasta entonces, pues “significaba adentrarse en una nueva realidad marcada por la enorme sensación de fragilidad y vulnerabilidad de la propia existencia” 11. Son esas nuevas experiencias, intensas y banales a un tiempo, las que moldearían la identidad personal, expresada en las cartas. Otra cosa bien distinta es la que se corresponde con el segundo momento, el de la escritura definitiva. Juan Falcó hizo algo que otros muchos otros decidieron no hacer. Por lo común, nos quedan las cartas, pero no unas memorias, o tenemos un diario de guerra que se abandona al regresar: “en la mayoría de los casos el cierre de la actividad suele ser rápido, incluso inmediato. Es como si el autor, aunque de manera inconsciente, hiciera constar que lo peor ya ha pasado, vuelve a estar con los suyos y en principio su vida ya no corre el mismo peligro que en el frente”12. En su caso, y por razones diversas, hubo un acto de memoria, una revisión y una reescritura de lo vivido, gestionado desde un presente que otorgaba otro sentido al yo inicialmente expuesto. Ahora, además, hay un antes y un después para ordenar y aclarar toda esa vida, un capítulo previo y otro posterior, ello a pesar de que la guerra y sus vivencias asociadas constituyan el papel referencial en la constitución del sujeto Juan Falcó Vidal. Y hay una voluntad de encontrar un lector. Lo dice el propio Falcó al poco de comenzar, y lo reiterará de vez en cuando: “En primer lugar, quiero decirles a mis amigos lectores que no vean en mí un ser fanático, sino una persona imparcial y comprensiva. Pero, si al narrar algunos de los hechos acaecidos desde 1923 hasta después de la Guerra Civil española observan demasiada parcialidad, les pido que me dispensen”. Más adelante, podemos leer frases como “Daos cuenta, amigos 11

12

Oriol Riart, “Diarios personales de combatientes como fuente para el estudio de la Guerra Civil española”, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 20 (2020), pp. 223 y 226. https://doi.org/10.14198/PASADO2020.20.09 Ibid, p. 226.


20

Anaclet Pons

y amigas lectores”; “Para poner en situación a los lectores”, etcétera. Lo que no nos queda claro, como suele ocurrir, es si ese lector es el propio autor, si es la familia que lo rodea o si es más bien alguien imaginario, alejado en todo caso de aquel al que reclama un libro impreso. Llegados a este punto —y entendiendo que ninguna escritura nace de la nada y que las circunstancias señaladas, y otros muchas, podrían explicarnos el origen del texto que nos rescata y presenta Pau Pérez Duato— cabe preguntarse finalmente por su valor documental. Hay un primer interrogante que aquí no es posible responder, pues merece mayor detenimiento, aquel que se plantea qué hay de popular en una autobiografía popular como esta, es decir, qué hay de práctica discursiva general o común y qué de reafirmación subalterna u ordinaria de sentimientos, creencias, valores y comportamientos 13. El lector apreciará que hay poco de esto último, y quizá tenga que leerlo en los intersticios de la escritura, y advertirá asimismo la reiteración, como esa alusión diaria, estando en el frente de batalla, a cómo se ha levantado el día, a si hace frío o calor, a si llueve o hay niebla, etcétera. Pero no es posible contestar a la pregunta de cuánto hay en ello de popular o de ordinario, a si su mención cotidiana a la climatología, por ejemplo, se debe o no a su condición campesina, porque ello supondría analizar en profundidad el contenido completo de estas memorias. No obstante, hay dos aspectos que sí han de afirmarse. Por un lado, que “hasta hace poco tiempo, los únicos escritos que merecían la seria atención de los historiadores culturales eran los de la gente instruida”14. Por otro, que la escritura no es algo totalmente extraño a las clases populares —si bien, dados los niveles de analfabetismo, es más habitual entre las acomodadas y letradas— y que quizá no 13 14

James S. Amelang, “Los dilemas de la autobiografía popular”, Trocadero: Revista de historia moderna y contemporánea, 16 (2004), pp. 9-18. Martin Lyons, La cultura escrita…, p. 16. Asimismo: Pilar Domínguez Prats, “Viejas y nuevas memorias de la Guerra Civil”, Studia historica. Historia contemporánea, 32 (2014), pp. 285-298.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook