COLECCIÓN TIRANT 4.0
¿QUÉ ES LA DEMOCRACIA ELECTRÓNICA? La transición política por la transformación digital de la democracia
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH MARÍA JOSÉ AÑÓN ROIG
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
ANA CAÑIZARES LASO Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
JORGE A. CERDIO HERRÁN
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
EDUARDO FERRER MAC-GREGOR POISOT Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
OWEN FISS Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
JOSÉ ANTONIO GARCÍA-CRUCES GONZÁLEZ Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
LUIS LÓPEZ GUERRA Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
ÁNGEL M. LÓPEZ Y LÓPEZ
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
JAVIER DE LUCAS MARTÍN
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
VÍCTOR MORENO CATENA
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
FRANCISCO MUÑOZ CONDE
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
ANGELIKA NUSSBERGER
Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania). Miembro de la Comisión de Venecia
HÉCTOR OLASOLO ALONSO
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
LUCIANO PAREJO ALFONSO
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
TOMÁS SALA FRANCO
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
IGNACIO SANCHO GARGALLO
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
TOMÁS S. VIVES ANTÓN
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
MARTA LORENTE SARIÑENA RUTH ZIMMERLING
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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COLECCIÓN TIRANT 4.0
¿QUÉ ES LA DEMOCRACIA ELECTRÓNICA? La transición política por la transformación digital de la democracia
Jorge Francisco Aguirre Sala
tirant lo blanch Ciudad de México, 2021
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Esta obra fue recibida por el Comité Científico de la Editorial Tirant Lo Blanch para su valoración en el segundo semestre de 2020, se sometió al sistema de dictaminación a doble ciego por especialistas en la materia, el resultado de los dictámenes fue positivo © Jorge Francisco Aguirre Sala © TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Alcaldía Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf.: +52 1 55 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-1378-165-5 MAQUETA: Innovatext
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En honor a Julian Assange, Tim Bernes-Lee y de todos los promotores digitales de la libertad.
ÍNDICE
ÍNDICE DE TABLAS................................................................................................... 11 INTRODUCCIÓN........................................................................................................ 13 GÉNESIS DE LA E-DEM............................................................................................ 19 TECNOPOLÍTICA....................................................................................................... 39 ¿UNA DEMOCRACIA POR Y PARA LA ERA DIGITAL O REDES DIGITALES PARA LA DEMOCRACIA?......................................................................................... 47 El dilema: una nueva democracia para y por la era digital o redes digitales al servicio de la democracia usual............................................................................................... 48 El maremágnum de taxonomías sobre la e-Dem....................................................... 51 Hacia la disolución del dilema: correlación entre funciones, mecanismos y herramientas....................................................................................................................... 68 Conclusiones provisionales........................................................................................ 82 PROS ET CONTRAS DE LA E-DEM.......................................................................... 85 Contras: la e-Dem no mejora la política, inclusive, la empeora.................................. 88 Los pros de la e-Dem: democratización por las TD..................................................... 99 Balance evaluativo...................................................................................................... 105 ALGUNAS LECCIONES DESDE CASOS PARADIGMÁTICOS DE LA E-DEM......... 111 CONCLUSIONES O LA TRANSICIÓN POLÍTICA POR LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL DE LA DEMOCRACIA................................................................................. 125 Recapitulación explícita de las primeras respuestas.................................................. 125 Vías de acceso a la e-Dem.......................................................................................... 130 Efectividad de las vías digitales para la realización de la e-Dem................................. 131 La transición política por la transformación digital de la democracia.......................... 133 BIBLIOGRAFÍA........................................................................................................... 139
ÍNDICE DE TABLAS
Tabla N.º 1. Diferencias de condición informativa y comunicativa entre los mass media tradicionales y los new media para la acción política..................... 27 Tabla N.º 2. Clasificatoria esquemática de los modelos de e-Dem bajo criterios prescriptivos y descriptivos..................................................................................... 55 Tabla N.º 3. Correlación entre herramientas electrónicas y mecanismos de participación política para la construcción de la e-Dem....................................... 80 Tabla N.º 4. Comparativo de Pros et Contras de e-Dem y el uso de las TD......... 109 Tabla N.º 5. Correlación de elementos de la democracia, con casos empíricos de e-Dem y uso principal de herramientas electrónicas....................................... 113
INTRODUCCIÓN
Aunque existen muchos modelos y modalidades de democracia (Dahl, 1999; Held, 2007), los vaivenes históricos de la misma han provocado el olvido de su original sentido: el gobierno de todos (Nun, 2000). La democracia más democrática —expresión que permite considerar la gradualidad y calidad de las diversas temporalizaciones de la democracia—, no consiste en el poder público de una elite de gobernantes en cuanto sospechosos representantes del pueblo o en una mayoría triunfante sobre las minorías desplazadas gracias a diversos mecanismos de elección o métodos de votación. La democracia más democrática —expresión que también permite considerar la evolución de organizar la esfera pública y el poder político—, consiste en el gobierno ejercido por todos y, para ello, se requiere de una eficiente y eficaz manera de involucrar comunicativamente a cada uno de los ciudadanos. Por ende, el papel que toman los medios de comunicación impacta el desarrollo y la calidad de la democracia. Los medios de comunicación y la democracia, con sus alcances, límites y vertientes evolutivas, se influencian mutuamente y auxilian o entorpecen la consecución de sus respectivos destinos. La búsqueda de la organización política más democrática se intensifica con cada aporte de la tecnología de comunicaciones. En el contexto de una democracia representativa, (organizada en partidos políticos cuestionados desde Michels (1915) por su oligarquización), o desde los anhelos de una democracia directa (en sus modalidades: participativa o activa o plebiscitaria), la democracia electrónica (e-Dem) se patentiza como una aspiración que daría solución a los límites y déficits de la democracia y a las crisis políticas. Vedel (2003), haciendo alusión a los medios y tecnologías electrónicas de comunicación1, se cuestionó: “¿Cómo no dejarse seducir por un discurso que pretende compensar la impotencia de los humanos por el poder de las máquinas?” (2003, p. 259). En efecto, la idea de que las máquinas, y en particular las novedades electrónicas, son instrumentos de progreso que resolverán las grandes dificultades humanas, siempre está presente en la civilización. Para el caso de las dificultades políticas que enfrenta la democracia, el desarrollo de la electrónica con su correspondiente ampliación de la denominada
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Aquí se utilizará la denominación Tecnologías Digitales (TD) indistintamente para abarcar las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC), las plataformas electrónicas, Internet, la red o Web (WWW) desde su versión 1.0, las aplicaciones digitales, redes sociales, etc. Si bien existen diferencias técnicas entre estas realidades, por no tratarse de un estudio tecnológico, no es pertinente detenerse en su diferenciación.
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esfera pública, acarrea varias cuestiones que se pretenden desarrollar a lo largo de las secciones de este texto. En el primer capítulo, bajo el título Génesis de la e-Dem, se afronta la pregunta general del título: ¿qué es la democracia electrónica? Esta cuestión abrirá la revisión a otros asuntos capitales: ¿qué innovaciones políticas pueden generarse a raíz de las nuevas TD?, ¿cuál es la capacidad de las TD para incrementar los modelos democráticos? El escrutinio a la e-Dem en aspectos políticos y tecnológicos, al ser abordados con una perspectiva histórica, pauta la comparación y vinculación entre los medios tradicionales de comunicación y los new media; desde las apreciaciones de Robert Metcalfe en 1976 hasta las de Van Dijk y Hacker en 2018 y las que corresponden a la consolidación de la postmodernidad. El capítulo describe la génesis de la e-Dem como la construcción de una realidad que fue creada en capas sucesivas, compuesta eclécticamente de diversas tecnologías y variadas prácticas políticas, pero que se visualizará acotada hacia la acción democratizadora, es decir, incluyente, educativa, participativa. Aunada a la revisión histórica, la principal aportación de este capítulo consiste en demostrar la necesidad de decantar la e-Dem hacia la formación en tecnopolítica. Sin embargo, no ignora que las pretensiones de la e-Dem se enfrenta a resistencias generadas por las propias TD (la cooptación de los usuarios, las fake news¸ la fragmentación social, el discurso del odio, los efectos burbuja, la vigilancia, etc.) que serán abordadas en el capítulo cuatro. El capítulo dos, intitulado Tecnopolítica, describe a ésta desde su necesidad didáctica y su capacidad democratizadora ante real politik. Aborda también la viabilidad de la tecnopolítica para ser transferida a diversas escalas políticas. Las reflexiones sobre la tecnopolítica aportan la necesidad de analizar las siguientes temáticas que se abordarán en los capítulos posteriores: los dilemas que plantean los diversos modelos de democracia para anidar la e-Dem, la emergencia de una nueva e-Dem por influjo de las TD y las exigencias de la nueva cultura en la era digital. El capítulo tres reconoce que el desarrollo de las TD impacta a la democracia de facto, pero también de jure por los aportes y exigencias de la era digital. Por tanto, bajo el título ¿Una democracia por y para la era digital o redes digitales para la democracia?, analiza los principales dilemas sobre si la e-Dem necesita anidarse en un modelo específico de democracia o si corresponde a la democracia evolucionar y transformarse para correr concomitantemente a los avances tecnológicos. Las múltiples revisiones de sus modelos, clasificaciones, modalidades, procesos y procedimientos, han llevado a la emergencia del dilema: ¿la versión electrónica de la democracia implica la transición hacia un régimen que supere los déficits gubernamentales o los regímenes democráticos contemporáneos sólo aprovecharán los aportes electrónicos para complementar la constitución de sus estructuras, el funcionamiento de sus instituciones, los procedimientos ya establecidos y únicamente perpetuarán su estado actual?, es decir, ¿existen modelos privilegiados de democracia donde habrían de insertarse las TD o las TD
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generarán modalidades democráticas inéditas- con capacidad autogestora para superar sus propios déficits? El capítulo posee una primera sección donde describe el dilema y los correspondientes sub-dilemas. En la segunda sección del capítulo tres se desarrolla una revisión histórica y la categorización del maremágnum de taxonomías sobre la e-Dem con distintos modelos. Los principales aportes de esta sección están en la clasificación esquemática de los modelos de e-Dem bajo criterios descriptivos y prescriptivos. La clasificación explicativa compila las contribuciones desde Bellamy en el año 2000 hasta las de Lindner y Aichholzer en el 2020, tomando en cuenta la revisión de Ricci (2013) de 2,330,000 referencias y la selección de Hennen et. al. (2020) de 3,600 estudios significativos. Otro aporte significativo de este capítulo enfatiza el modelo líquido y lo discrimina de las confusiones que lo asimilan sólo a la e-Dem y la operatividad de softwares que auxilian la participación electrónica. La tercera sección del capítulo argumenta la disolución del dilema, lo hace precisando las correlaciones entre las funciones políticas, los mecanismos de participación ciudadana y las herramientas electrónicas. Ello lo sintetiza también en la Tabla No. 3 “Correlación entre herramientas electrónicas y mecanismos de participación política para la construcción de la e-Dem”. La última sección del capítulo tres recoge las conclusiones provisionales que serán ampliadas al final del libro. Describe las bases argumentativas para disolver el dilema y alcanzar criterios explicativos de las mutuas influencias entre las TD y las demandas de democracia. El capítulo cuatro aborda los avances, desafíos y riesgos políticos de la e-Dem bajo el título Pros et Contras de la e-Dem. Estas cuestiones tienen gran variedad, puesto que generalmente se reconoce que el debate es doble: por una parte, la competencia política entre los modelos democráticos representativos y directos o semidirectos y, por otra parte, la discusión sobre la neutralidad política y los fines de las TD. El capítulo supera esta dualidad complejizando una cuádruple raíz de las discusiones, pues los debates político y comunicativo, cada uno a su vez, tienen otras dimensiones. Como, por ejemplo, las disputas entre posturas ciberoptimistas, realistas y ciberpesimistas, en las que constantemente han participado gran variedad de autores (Sartori, Cotarelo, Castells, Barber, Morozov, Innerarity, Lessig, Schudson, Subirats, Alonso-Muñoz, Rheingold, Haythorntwaite, Hindman, Wellman, Casero-Ripollés, Bimber, Tilly, Wood y un largo etcétera). En este capítulo se establece una original taxonomía de las posturas que, entre otras cuestiones, revisa la discusión sobre el a priori democrático como condición de posibilidad para alcanzar la e-Dem o el arduo derrotero de democratización iniciado por las TD. Todo lo anterior da razón del cúmulo de cuestiones imprescindibles: ¿en qué contexto se hallan las dificultades políticas que enfrenta la e-Dem o si la verdadera cuestión estriba en las especificidades democráticas que deberían resolver las TD?, es decir, ¿cuál es la capacidad de las TD para modificar el funcionamiento o los principios operativos de los sistemas democráticos de manera que favorezcan la legitimación representativa e introducir nuevas moda-
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lidades de deliberación y participación política?, ¿qué innovación política puede generarse a raíz de los cambios tecnológicos que supone la implementación de las TD?, ¿hasta qué punto y de qué manera las TD logran acercar a los ciudadanos con sus gobernantes o convertirlos en gobernantes funcionales y eficaces de sí mismos?, ¿son las TD verdaderas herramientas de la participación ciudadana o sólo presentan una instrumentación catártica para la ciudadanía y de soterrada vigilancia y manipulación para los gobiernos?, ¿pueden las TD transformar las organizaciones políticas (parlamentos, poder ejecutivo, partidos políticos, plataformas de representantes, etc.) en instituciones más democráticas? En pocas palabras: ¿las TD, en sus diversas modalidades, son capaces de aumentar la democratización o la calidad de la democracia?, ¿de qué manera las TD pueden acelerar la evolución política? Ante el cúmulo de las preguntas anteriores el capítulo cuatro se divide en tres secciones. En la primera se acopian los riesgos y las razones en contra de la e-Dem. Se analizan los principales argumentos y evidencias empíricas para mostrar que la e-Dem no mejora la política, inclusive, la empeora. Toma en cuenta la amplia gama de dificultades, desde las fake news hasta la nueva elite política generada por el oligopolio de Internet. En una segunda sección se enumeran los desafíos y los pros a favor de la e-Dem, aludiendo los aportes democratizadores de las TD. En la medida de lo posible se sintetizan ambas partes de la discusión en una exposición simétrica que se presenta sucintamente en la Tabla No. 4. “Comparativo de Pros et Contras de e-Dem y el uso de las TD”. En la tercera y última sección del capítulo cuatro se realiza un balance evaluativo donde se muestran los hallazgos centrales: la perspectiva dinámica de la transformación digital de la democracia y la visualización de los compromisos ciudadanos. Estos implican responsabilizarse del uso de las TD tanto de parte de los ciudadanos como de los gobernantes y, a su vez, a preferir los cambios estructurales en la política en vez de la superación de dificultades coyunturales. Con lo cual, se patentiza la cuádruple raíz de las discusiones. El capítulo cinco, Algunas lecciones desde casos paradigmáticos de la e-Dem, analiza casos empíricos de las mejores prácticas de e-Dem. El capítulo enuncia algunas experiencias aludiendo a la taxonomía recurrentemente utilizada en la literatura contemporánea bajo las categorías de e-parlamentos, e-partidos y prácticas locales (Simon et. al. 2017). Ello permite referir experiencias de la real politik en estructuras políticas permanentes muy disímiles a las movilizaciones que han pretendido dar gran parte de su mérito a las TD (la Primavera árabe, Movimiento umbrella, el Occupy Wall Street, etcétera). Entre los aportes más destacados del capítulo cinco está la correlación entre los elementos de la moderna democracia impulsada por las TD (Krimmer, 2009), con más de 35 ejercicios de e-Dem y sus herramientas electrónicas que constituyen un muestrario de las buenas prácticas. Ello se consigna en la Tabla No. 5 “Co-
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rrelación de elementos de la democracia, con casos empíricos de e-Dem y uso principal de herramientas electrónicas”. No obstante, la recapitulación y el análisis vuelven a advertir que señalar casos paradigmáticos pone en cuestión qué es, qué debería ser y cómo podría lograrse la democracia. También reconoce que las mejores prácticas se aplican solamente a algunos aspectos de los sistemas democráticos y no a su totalidad. Sin embargo, la recopilación de las mejores prácticas permite jerarquizar el valor de los diversos alcances y, a su vez, indicar otro de los principales resultados del análisis: las lecciones para implementaciones exitosas en el futuro. El sexto y último capítulo bajo el enfoque de la transición política por la transformación digital de la democracia pretende dar cuenta de las conclusiones definitivas. Se desarrolla en cuatro apartados. El primero, presenta las principales respuestas explícitas a las preguntas formuladas a lo largo del texto. El segundo apartado retoma el debate sobre si la e-Dem tiene dos vías (la comunicativa y la política), o es de cuádruple raíz. La complejidad es útil para introducir el tercer apartado donde, más allá del uso político de las TD, la prospectiva se desarrolla desde los aportes y exigencias de la cultura digital hacia la política. Con ello, gracias al abordaje de la cuádruple raíz de los desafíos democráticos, el apartado cuatro describe posibilidades de la transición política por la transformación digital de la democracia.
GÉNESIS DE LA E-DEM
El desarrollo de los medios de comunicación durante los siglos XX (Habermas, 1997) y XXI genera impactos inevitables sobre la esfera pública en el ámbito político. La mayoría de dichos efectos son parciales, pues el ámbito político es amplio y no todos los medios de comunicación están aplicados a su totalidad. Así, por ejemplo, el impacto de los medios de comunicación referidos a las campañas electorales o de los mensajes de los representantes políticos son más amplios que los efectos dentro de la participación ciudadana y la gobernanza en los asuntos legislativos y ejecutivos; éstos, a su vez, notoriamente poseen mayor alcance que las aportaciones de los medios de comunicación ante el quehacer del poder público judicial. Debido a la variedad que constituyen los medios de comunicación y en consonancia con la amplitud de su incursión en el campo político, es pertinente intentar un recorrido cronológico para comprender la moderna y contemporánea construcción de la socorrida noción que no carece de equívocos: la democracia electrónica (e-Dem). Autores como Vedel (2003) plantean tres edades de la e-Dem. West, (2005) también especuló sobre cuatro etapas de desarrollo del gobierno digital y su evolución hasta la democracia. Según Vedel (2003, p. 247), el primer período de la e-Dem abarcaría las décadas de 1950 y 1960, haciendo alusión a las ideas de Norbert Wiene y Karl Deutsch; la segunda época correspondería a las décadas de 1970 y 1980, contando con los aportes de Etzioni, Barber y Arterton; la tercera edad se desarrolla a partir de 1990. West, por su parte, no señaló una “revolución tecnológica”, sino una lenta evolución. En contraste, Lejeune (2009) considera que la historia política de Internet inició desde 1930. Toda categorización histórica obedece a la elección preferencial de criterios clasificativos. Este aspecto también se cumple en los ensayos de Vedel, West, Lejeune y tantos otros que, por la vertiginosa evolución de las comunicaciones electrónicas, pronto son rebasados. Sin duda alguna, no obstante, para las perspectivas de sus épocas, no carecen de aciertos teóricos y apegos pragmáticos. De estos últimos consideramos que, en efecto, tempranamente “la democracia electrónica está especialmente viva en los Estados Unidos” (Vedel, 2003, p. 245). Circunstancia de sentido común por la capacidad del despliegue económico-demográfico que Internet en dicho país posee. A pesar de lo anterior, aquí no se sigue la historiografía que plantearon estos autores, ni las aportaciones teóricas del desarrollo del gobierno electrónico que postularon otros en esos mismos años (Bhatnagar, 2004; Macintosh, McKay-Hubbard, Shell 2005; Roeder, Poppenborg, Michaelis, Märker, Salz, 2005), pues se tomará la génesis de la e-Dem desde dos décadas atrás.
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Jorge Francisco Aguirre Sala
Aunque en las décadas de 1930 y 1940 los artefactos o aparatos con que se ejerció la comunicación masiva no eran electrónicos, en su uso puede hallarse el nacimiento de la hoy denominada e-Dem. En los Estados Unidos de América los aparatos de radio, que funcionaban con bulbos y tardarían hasta 1948 en trabajar con transistores, aportaron una innovación en la incipiente participación política. El presidente Roosevelt hizo uso frecuente de la radio para hacer llegar sus mensajes a los ciudadanos y particularmente informó de la situación de los EE.UU. durante la segunda guerra mundial. La radio, entonces, se convirtió en un medio de comunicación que vinculó a los ciudadanos con su representante político más allá de las campañas electorales. No es fortuito que Roosevelt haya obtenido con facilidad tres reelecciones presidenciales y, a la fecha, sea el presidente de los EE.UU. que haya gobernado por más tiempo. La televisión, que nació en 1926, veinte años después de la radio, tardó más en popularizarse. Sin embargo, la influencia que ejerce junto con la radio en la esfera política es más rápida y determinante que la ejercida por la prensa. De entre los hechos más destacados sin duda está el primer debate presidencial televisado en los EE.UU. el 26 de septiembre de 1960. Mucho se ha escrito sobre la victoria de Kennedy sobre Nixon a efecto de ese debate; probablemente el único debate que haya logrado cambiar las tendencias previas de las audiencias. Quizá con un exceso de optimismo es señalado como el hito donde la televisión cambió la política; por lo menos, obligó a plantearla de nuevas maneras. Diecinueve años después del debate entre Kennedy y Nixon, Anne Saldich (1979) describe los impactos de la radio y la televisión en los procesos políticos de EE. UU., al restar poder e influencia a la prensa que hasta entonces había filtrado la comunicación entre los representantes políticos y los ciudadanos, ejerciendo una censura a efecto de sus propios intereses privados. Saldich instauró el primer registro del que hay noticia sobre el vocablo “democracia electrónica”, aunque no utilizó el acrónimo e-Dem y no hizo referencia a Internet, pues se refería al uso de micrófonos electrónicos y las prácticas en la televisión. Simultáneamente, en Francia el Informe Nora- Minc (1977) acuñaba el vocablo “telemática”; se trató de una propuesta tecnológica y política de renovación del sistema democrático al informatizar la sociedad. La enorme influencia de la televisión como medio de información política ha dado origen al término: “teledemocracia”. El primer registro de este término (teledemocracy) se encuentra en 1981 cuando Becker lo utiliza para explicar cómo el poder político regresa al pueblo a través de la participación política realizada en televisión por cable. Becker definió la teledemocracia como: “el término acuñado por la ayuda electrónica, la comunicación política rápida y bidireccional: que podrían ofrecer los medios para ayudar a educar a los votantes en varios temas, para facilitar discusión de decisiones importantes, para registrarse en encuestas instantáneas, e incluso para permitir que la gente vote directamente en política pública” (Becker, 1981, p. 6). Por supuesto que las referencias hacen alusión a proyectos piloto. Así, por ejemplo, el proyecto de Hawaii Televote, soportado por