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homenajes congresos

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homenajes congresos


PANDILLAS Y MARAS Aproximación a su comprensión y propuestas de estrategia de solución del conflicto que éstas generan desde la perspectiva de la Conflictología

EDUARD VINYAMATA

Valencia, 2008


Copyright ® 2008 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© EDUARD VINYAMATA

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 978 - 84 - 9876 - 280 - 8


Índice • Incremento de la criminalidad, de los conflictos y de los presupuestos de seguridad ..................................................................

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• Orígenes de las pandillas ..............................................................

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• Algunas causas ................................................................................

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• Tendencias en el desarrollo de las maras y otras actividades criminales ..........................................................................................

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• La paz y la seguridad necesitan nuevos planteamientos .......

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• Recomendaciones ............................................................................

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• 1er encuentro Iberoamericano sobre maras y asociaciones delictivas............................................................................................

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INCREMENTO DE LA CRIMINALIDAD, DE LOS CONFLICTOS Y DE LOS PRESUPUESTOS DE SEGURIDAD La economía criminal representa más del veinte por ciento de la actividad económica mundial, según la asociación de jueces europeos con sede en Suiza. La globalización, es decir, el incremento de los movimientos migratorios, los cambios culturales y sociales bruscos y el predominio de la economía por encima de la política, los cambios, en general, contribuyen a incrementar los conflictos y, consecuentemente, los presupuestos en seguridad. Sin embargo, los incrementos en seguridad no acaban de corresponderse, especialmente en América Latina a excepción de Chile, con la reducción de la violencia y del crimen. Parece ser que, lejos de conseguirse resultados positivos, acaba acrecentando todavía mas la inseguridad y el desarrollo de las actividades criminales. Por otra parte, si la seguridad se centra únicamente en la acción represora, ésta pierde buena parte de los recursos de que podría disponer para resolver conflictos y garantizar la paz social. La actividad represora utilizada indiscriminadamente puede llevar a situaciones contradictorias y contraproducentes. Si no se resuelven las causas que originan las actividades violentas y delictivas, éstas se multiplicarán constantemente y contribuirán a crear unas sociedades instaladas en funcionamientos económicos criminales, en procesos de “justicia” basados en la venganza y el uso de la violencia social indiscriminada y generalizada como único sistema “eficaz” de resolver los conflictos, donde el ordenamiento judicial es ineficaz y, tal vez incluso, injusto.


ORÍGENES DE LAS PANDILLAS Las pandillas, como tales, son un fenómeno contemporáneo, con pocos años de historia, a finales de la década de los ochenta aparecen con virulencia en El Salvador. Inicialmente no pasaban de ser grupos de jóvenes en búsqueda de compañía, solidaridad y diversión en ciudades donde no existían lugares de socialización apropiados para ellos ni instituciones donde canalizar sus reivindicaciones e inquietudes. Con el tiempo, y en un entorno social determinado por la corrupción política, los déficits en la seguridad y la falta de expectativas de trabajo y participación social, las pandillas incorporaron actividades violentas y criminales respondiendo a necesidades no satisfechas por la sociedad así como debido a circunstancias específicas. Algunas de ellas, como los “Ñeta”, aparecen en Puerto Rico, como una asociación de solidaridad entre la población penal que, mas tarde, trasciende el ámbito de las prisiones y se extiende entre la juventud. Algunas pandillas se inspiran en movimientos juveniles similares provenientes de los Estados Unidos de América generados entre la población hispana o negra de Nueva York o Los Angeles. y adoptan denominaciones y características subculturales como la forma de vestir, la simbología, motivaciones y gustos musicales y los principios organizativos, además de otros, como es el caso de los Latin King. Se pueden llegar a enumerar mas de cien pandillas y maras, no todas éstas poseen un carácter violento o criminal: Los Sangre, Salvatrucha, Rebeldes, Nación de Hierro, Masters y muchas otras denominaciones con simbologías, hábitos y actitudes diversas y con elementos comunes importantes. El año 2005, en la ciudad de Guayaquil (Ecuador), con una población de unos tres millones de habitantes, se podían contabilizar unos sesenta mil miembros de pandillas, en El Salvador, pocos años atrás sumaban unos cincuenta mil. Si tomamos el momento presente e incluimos a los Estados Unidos, México y a los países centroamericanos y de América del sur como Ecuador o Colombia, la población que forma parte de pandillas, maras y otras denominaciones, mas o menos violentas y con prácticas delictivas podría ser superior al millón de personas.


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En épocas de cambio como la nuestra, los conflictos crecen y se multiplican y, por tanto, la necesidad de garantizar la seguridad motiva el incremento de los presupuestos destinados en el ámbito policial. Sin embargo, ello parece ser insuficiente frente al incremento constante de los actos de violencia y a la criminalidad que, en algunos países podríamos calificar de endémica, es decir, que llega a formar parte del desarrollo económico y del propio sistema político y del Estado. De hecho, la actividad criminal se asemeja cada vez más a una guerra civil. Una guerra sin ideologías que pretende el control o el acceso a la riqueza y al poder mediante la acción violenta, ya sea desde la capacidad represora del Estado o de la actividad delictiva de organizaciones que se asemejan cada vez más a las empresas que a un partido político o un sindicato. Las diferencias entre pandillas, maras y bandas o mafias son a destacar. Mientras las primeras poseen un carácter social, las últimas son primordialmente económicas, es decir, para unas los aspectos de solidaridad, culturales y de promoción social son importantes, para las organizaciones mafiosas el único objetivo es básicamente comercial. Sin embargo, tanto para unas organizaciones como para otras, la acción represora que pueda ejercerse es —o debería ser— un aspecto a tener en cuenta entre otros, nunca el único; como tampoco es aconsejable que la acción policial se limite a la acción represora del delito sino que convendría que se extendiera al análisis de la criminalidad (criminología) y de la violencia y el delito (Conflictología), con la finalidad de incorporar a su quehacer, conceptos, técnicas y procedimientos de intervención de mayor alcance y eficacia.


ALGUNAS CAUSAS Las pandillas suelen prosperar en países donde existen, por lo general, los siguientes elementos: • Corrupción generalizada y, en especial, en el seno del Estado. Deficiente funcionamiento del Estado en especial en las garantías de seguridad, protección y cohesión social. • Pobreza, marginación, desigualdad acusada… Y falta de políticas públicas eficaces de carácter social, de empleo, distribución de la riqueza y educación. Escasa eficacia de lo público. Pocas expectativas en el campo de la educación y en el laboral: Desempleo muy acusado. • Políticas de seguridad y acción policial basada principalmente en la represión y en la dureza que con frecuencia no respetan las libertades civiles ni los derechos humanos. Asimismo, escasa o mala formación policial, tanto desde el punto de vista técnico como cívico y ético. Formación en Conflictología y Criminología muy escasa o nula. • Desafección de la mayor parte de la población con relación a su país debido a la corrupción del estado, el mal funcionamiento del mismo y la ausencia de principios inspiradores del bien común y democráticos. • Familias desestructuradas o disfuncionales donde existen embarazos no deseados, maltrato, desempleo, drogadicción, desesperanza. • Predominio de una cultura de la violencia, es decir, la convicción que los logros son debidos gracias a la violencia, no al esfuerzo, la justicia o los procedimientos democráticos de convivencia. • Ausencia o déficit grave de tradición e instituciones realmente democráticas capaces de canalizar el descontento y las reivindicaciones de la población con menos recursos y con ideologías distintas de las que monopolizan el poder económico y político. Debilidad de la sociedad civil, de asociaciones ciudadanas, profesionales,


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culturales, económicas de carácter privado o cívico. Escasa o nula colaboración entre las instituciones del estado y las organizaciones ciudadanas. Buena parte de los casos de homicidio están en relación a la actividad pandillera y en extensión de sicarios al servicio del narcotráfico o determinados sectores de la población que acaparan la riqueza y detentan el poder y procuran mantener su estato quo mediante una “justicia” paralela. En El Salvador, según datos policiales, las maras son las responsables del 40 por ciento de los casos de violencia; en Honduras se cifra en mas del cincuenta por ciento, en Guatemala es similar. Contrariamente, en Nicaragua, tan solo el uno por ciento. Una posible explicación podría localizarse en su historia contemporánea. El movimiento Sandinista representó la existencia de una capacidad movilizadora en base a principios políticos que creó lazos de solidaridad entre la parte de la sociedad mas desfavorecida y marginada socialmente, que impidió el surgimiento de organizaciones con objetivos criminales pero con una parecida motivación de crear lazos de solidaridad y de socialización de la riqueza a través de la actividad delictiva, que dio sentido a la práctica democratizadora y sentimiento positivo de pertenencia a un país.


TENDENCIAS EN EL DESARROLLO DE LAS MARAS Y OTRAS ACTIVIDADES CRIMINALES El incremento de la actividad pandillera se produce tanto en el ámbito cuantitativo como cualitativo. De una parte, lo que en principio se fundamentaba en una adhesión voluntaria, cada vez más se transforma en formas forzadas de enrolamiento mediante amenazas y agresiones. De otra parte, el atractivo cultural de las pandillas (música, bailes, valores, símbolos) atrae cada vez mas a poblaciones hasta ahora alejadas de su influencia originaria. Cualitativamente, los niveles de sofistificación en la organización, el armamento y las finanzas se incrementan. Ya no se trata únicamente de robos y asaltos, ahora las maras son cada vez más grupos mejor organizados, incluso militarizados y vinculados, algunas de estas, a la economía criminal, a las mafias: Tráfico de drogas, tráfico de personas, prostitución forzada, tráfico de armas, crimen… La vinculación con las antiguas mafias, traficantes de armas y organizaciones criminales es cada vez mas estrecha. De hecho, las pandillas son cada vez más, el sector de población mejor preparado para nutrir de recursos humanos a las mafias. En el caso de México hay sospechas bien fundamentadas que las organizaciones criminales poseen mejor armamentos y mayores efectivos humanos que las fuerzas de seguridad, ejército y policía juntos, y su instrucción militar les permite desarrollar tácticas de combate eficaces. Los enfrentamientos armados con la policía o el ejército sirven mas como maniobras y ejercicios de combate que la obtención de resultados positivos por parte de la estrategia de seguridad del Estado. El problema adicional es que pandillas y maras se están infiltrando en el aparto del Estado. Hay pandilleros que entran en el ejército o en la policía con la finalidad de recibir instrucción, dedicarse a actividades de espionaje y huir de las legislaciones civiles que podrían inculparlos. Su integración en las fuerzas de seguridad no significará desvincular-


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se de su pandilla, con la que mantiene un vínculo mucho mas fuerte que un simple contrato laboral o un juramento testimonial y, por otra parte, la deserción en las pandillas mas violentas está “penada” con la ejecución sumarísima y obliga a cumplirla a cualquier miembro de la pandilla en cualquier país y circunstancia. De algunas pandillas únicamente se puede salir si es para entrar a formar parte de alguna iglesia como religioso y, aun así, durante años será vigilado que cumpla con la vocación expresada. El vínculo con las maras es de por vida. La disciplina en las pandillas es mucho más férrea y eficaz que en cualquier organización policial o militar, conviene no olvidarlo. Las instrucción para el combate pandillero también son mucho mas prácticas y duras que la de los cuerpos policiales. En algunas pandillas, para tener mando, deben asesinar a una persona y, en algunas, la víctima debe ser un pariente. El aprendizaje es mucho mas duro que cualquier otro, las sanciones son fácilmente palizas, amputación de miembros o incluso la muerte de familiares, la tortura o la propia muerte. Los niveles de crueldad en la ejecución de actos violentos son cada vez mayores. Necesidad de producir terror tanto entre sus miembros como entre la población y los funcionarios de la seguridad pública. Los asesinatos se cometen con extrema crueldad y se ensalza los principios de encarnizamiento, tortura y ausencia de toda piedad. En El Salvador, las fuerzas parapoliciales dejaron un rastro de extrema crueldad durante el tiempo en que combatieron contra la guerrilla y parte de antiguos guerrilleros han continuado su actividad “laboral” integrados en organizaciones criminales. Por otra parte, cuerpos policiales mal pagados acaban derivando hacia la plena integración en maras y organizaciones criminales donde están mejor pagados y poseen mayores posibilidades de promoción “profesional”. Las maras acaban transformándose en la expresión de una economía sumergida dinámica y próspera que compite con la economía legal y hace que la intervención policial resulte ineficaz. Con estas prácticas y estos programas “formativos” se produce niveles de adhesión muy altos, aprenden que la vida carece de valor, a esperar incluso la muerte como algo positivo, a desear vivir rápido y a cualquier precio. El condicionamiento psicológico es mucho mas elevado que el de cualquier policía o soldado que no haya entrado en combate. Los pandilleros aprender a combatir en la calle, con fuego real, entre ellos y contra sus adversarios y poseen muchas horas de práctica, si sobreviven.


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Las motivaciones básicas para desear entrar a formar parte de una pandilla son, por lo general, éstas: • Seguridad. En ciudades inseguras donde la policía no garantiza la protección de los ciudadanos, las pandillas son garantía de respeto. Si un miembro de una pandilla es agredido, el resto de su pandilla vengará, incluso de manera desproporcionada, la ofensa recibida. • Solidaridad. En familias desestructuradas, en sociedades insolidarias, la pandilla es refugio seguro. La solidaridad entre sus miembros es hábito y obligación. Solidaridad que no se reduce a la económica sino también afectiva. Las pandillas crean redes allá donde no existen o donde éstas son deficitarias en organizaciones ciudadanas y en servicios sociales y donde la participación política es escasa o deficiente. • Socialización. En una ocasión, un dirigente de una pandilla, respondiendo a mi pregunta sobre las razones de formar parte de la pandilla, además de citar los dos puntos anteriores, añadió que, en la pandilla podía conocer chicas y tener relación con ellas. Fuera era muy difícil. A nivel de promoción social o prestigio, las pandillas también representan la manera de integrarse y recibir los beneficios de la vida social que no pueden obtenerse a través de las instituciones públicas. También hay que destacar como el proceso socializador de las pandillas genera la pertenencia a una identidad colectiva con la que identificarse, que establece hábitos y formas de relación, sentido a la vida misma y que ni la política, ni la familia ni la religión les aporta actualmente. • Control del territorio. Muchas pandillas han nacido identificadas con su barrio y con la necesidad de controlarlo de las agresiones del exterior y del desorden interior. Por ello, la actividad pandillera es apoyada o justificada por una parte importante de la población de los barrios. Muchas pandillas cumplen funciones sociales que el Ayuntamiento o el Estado no hacen. El conocimiento científico de las organizaciones pandilleras y criminales nos descubre un universo marginalizado y criminalizado justificado por sus actividades ilícitas y violentas. Sin embargo, esta manera de ver, nos oculta el capital social que representan. En algunas comunidades representan el sector social mejor organizado y activo que construye redes solidarias y de reciprocidad que contribuyen a la mejora de vida de sus miembros en sociedades injustas, insolidarias e ineficaces, diri-


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gidas teóricamente por el Estado. Estas paradojas deberían llevarnos a la reflexión. La simple represión sirve más como entrenamiento y fortalecimiento de las pandillas que como acción eficaz para reducir o acabar con el crimen.


LA PAZ Y LA SEGURIDAD NECESITAN NUEVOS PLANTEAMIENTOS Pocas políticas de seguridad empiezan por aprender las características del “enemigo”, de las personas y las organizaciones a las que han de combatir, perseguir o reprimir y detener. Parece que es algo superfluo, innecesario. El crimen se combate, al delincuente se le detiene, en el mejor de los casos se le juzga y confina en prisión, como el debido castigo a su conducta reprobable. Sin embargo, ya sabemos que la mayoría de sistemas penales no cumplen con su función correctiva sino que se transforman en centros de contacto y aprendizaje entre delincuentes. En una ocasión un alto mando policial de un país iberoamericano me confesó que poseían un método infalible contra las maras: “Dígame usted su nombre y dirección (del jefe marero) y lo liquidamos”. En otra ocasión alguien me informó de otro método “eficaz”: Incendiaron la prisión con unos centenares de pandilleros dentro. Evidentemente, murieron quemados vivos, sin embargo, la actividad marera y la venganza no se hizo esperar y causaron muchas muertes entre la policía y la población civil inocente. Estos son buenos ejemplos que la violencia no disminuye con mayor violencia sino que ésta se incrementa y a un precio humano, económico y psicológico extremadamente elevado. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco Mundial (en su web) “numerosos estudios demuestran que la cohesión social es un factor crítico para que las sociedades prosperen económicamente y para que el desarrollo sea sostenible”. La paz —o la seguridad, si se prefiere— es un elemento imprescindible para asegurar el desarrollo del mercado, de las actividades productivas y comerciales, la garantía de respeto de la propiedad y de la integridad personal, la existencia de amplios sectores sociales con capacidad de producir y consumir en un ambiente estable, seguro y dinámico. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) posee un programa denominado “Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo” cuyo objetivo consiste en potenciar las redes y los vínculos comunitarios, es decir, a la Sociedad Civil, el “Capital Social” de un país.


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Las pandillas surgen en medio urbano y se desarrollan con una fuerte identidad y compromiso con su entorno local. Sin embargo, las iniciativas represoras están provocando que algunas maras se trasladen al ámbito rural, incluso, al seno de comunidades indígenas, lo que provoca una extensión espacial y social de las mismas que hace difícil predecir las consecuencias. También es fácilmente destacable la extensión territorial de estas organizaciones a través de los movimientos migratorios, hacia Europa, los Estados Unidos y países de América Latina como Argentina donde antes no existían organizaciones de estas características. Así pues, un fenómeno inicialmente muy localizado, se transforma en un fenómeno transnacional cada vez mejor organizado y eficaz. El mayor número de pandilleros no surge de los estratos de población mas pobre, la mayoría de pandilleros tienen su origen en lo que podríamos denominar clases medias bajas, población joven y con una cierta educación; sus barrios están en proceso de degradación debido a la falta de inversiones municipales. Parecería pues que el caldo de cultivo para el surgimiento de las maras podría ser el de poblaciones y barrios con una cierta capacidad económica y educativa pero en proceso de degradación y empobrecimiento. Podríamos pensar que es la reacción en contra de este mismo proceso regresivo más que la situación social en que pudiera encontrarse1. La disponibilidad de lugares públicos dedicados especialmente a la relación social, las posibilidades de participación social así como la existencia de servicios sociales son elementos que reducen el surgimiento de las pandillas. Por el contrario, la ausencia de espacios normales de relación social y el déficit de participación y asistencia social facilitan el surgimiento de la actividad pandillera. La ausencia de facilidades para el desarrollo de la vida colectiva juvenil lleva a proveerse de espacios propios. El hecho es que una de las actividades y motivaciones para entrar en una pandilla es la socialización. Algunas pandillas crean lugares donde reunirse, bailar y escuchar música. Poder conocerse entre chicos y chicas es un motivo importante para desear entrar en una pandilla. Algunas pandillas promueven también las relaciones sexuales “forzadas” como proceso iniciático específico para las chicas que al ingresar deberán tener relaciones sexuales con un número determinado de pandilleros. La ausencia de servicios sociales o de redes ciudadanas de colaboración y solidaridad son otro elemento determinante para la creación

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Maras y pandillas en Centroamérica, volumen II / UCA Editores, Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, El Salvador, 2004.


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de pandillas. Las pandillas surgen como solución a la ausencia de tales sistemas de relación y cohesión social necesarios para la vida en sociedad. La existencia de pandillas en determinadas poblaciones suscita mayor interés por la participación social y política; es decir, la existencia de pandillas índica mayor interés por lo social que la no existencia. En cuanto a los niveles de confianza con las instituciones propias, las iglesias ocupan el primer lugar junto a familia, amigos y vecinos, mientras que el ejército, la policía y el estado (Justicia, Gobierno, municipalidad…) el menor grado de confianza. La Iglesia católica posee mayor adhesión, sin embargo las iglesias evangélicas mayor crecimiento y atracción en relación con la católica que declina. Sin atender las características de las pandillas, cualquier intervención policial será, en el mejor de los casos, poco eficaz y, seguramente, acabará siendo contraproducente y contribuirá al incremento del número de pandilleros, la atomización de las pandillas como ya está sucediendo, y el desarrollo de una economía criminal con fuertes vínculos con el Estado y organizaciones financieras y comerciales legales. Las grandes organizaciones criminales están en un proceso de transformación hacia organizaciones de menor tamaño con mayor movilidad y agilidad; aparecen y desaparecen, se fusionan y escinden con facilidad lo que contribuye a un mayor esfuerzo de localización y tratamiento. En la ciudad de Guayaquil, la Fundación Ser Paz promovió hace poco el llamado “Barrio de Paz”, una demarcación de la ciudad caracterizada por niveles altos de violencia y crimen protagonizado por las pandillas. En colaboración con estas mismas pandillas y la aquiescencia del Ayuntamiento y la policía, fueron los mismos pandilleros quienes asumieron la seguridad del barrio e iniciaron una serie de iniciativas educativas, sociales y de creación de pequeñas empresas que han producido un resultado espectacular que ninguna política de seguridad había podido obtener. En seis meses se logró la reducción de la violencia y la criminalidad en un 60%!. Conviene destacar que este programa no se orienta al control, represión o destrucción de las pandillas sino a su transformación en organizaciones legales, expresamente comprometidas con funciones sociales positivas y con la finalización de la violencia y el crimen. Inspirados por los métodos no violentos ni represivos de Ser Paz, una unidad de la policía catalana2 decide formarse y aplicarlos en relación

2

Se refiere al cuerpo de policia de Cataluña denominado Mossos d’Esquadra.


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a la incipiente actividad pandillera surgida inicialmente de inmigrantes ecuatorianos y de otros países de América Latina en Cataluña. Los resultados son espectaculares. En Cataluña las pandillas se han constituido en asociaciones culturales3, el Parlamento les requiere para que informen sobre sus actividades y la policía mantiene línea directa con sus jefes con los cuales procuran prever y atajar cualquier actividad violenta o ilegal mediante una comunicación fluida y directa, tratando de proporcionar solución a los problemas que puedan plantearse en colaboración con instituciones públicas o privadas de carácter social. Esta unidad policial no se transforma en una organización social, mantiene su carácter inequívocamente policial, sin embargo incorpora métodos no violentos en su quehacer específico. La innovación en seguridad y, mas concretamente en el desarrollo de una acción policial enmarcada en principios democráticos y de respeto por los derechos humanos, que supere las limitaciones de la policía eminentemente represiva, se orientan mas hacia la colaboración y “complicidad” con las organizaciones civiles y sociales que hacia el enfrentamiento con estas, es un cambio de paradigma de la significación y la acción policial, no se trata, insisto, que los cuerpos policiales se transformen en instituciones de ayuda social sino que continúen su labor policial con nuevas técnicas de superior eficacia. La actividad represora debería circunscribirse a casos extremos y graves.

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Como tales, sus objetivos y métodos reflejados en sus estatutos fundacionales excluyen toda actividad ilegal, criminal y violenta.


RECOMENDACIONES Conocer de manera sistemática, científica, objetivamente los problemas y conflictos y las poblaciones y sociedades donde se enmarcan parece de sentido común si queremos desarrollar propuestas y soluciones efectivas e inteligentes. No se trata de tomar partido sino de compartir conocimiento y plantear conjuntamente soluciones a problemas que están afectando de manera importante y grave al conjunto de sociedades y países, particularmente en Iberoamérica. De hecho, pandillas y maras representan también, aunque cueste aceptar cualidades a estas organizaciones, un fortalecimiento de la cohesión social aunque ésta se lleve a cabo al margen e incluso en contra de la ley en muchas ocasiones y de forma violenta. Las pandillas también poseen elementos positivos que conviene no combatir sino potenciar. De hecho, pandillas y maras, con excepción de algunas que ya forman parte de mafias y organización criminales con un interés exclusivamente económico, podrían ser reconvertidas en organizaciones ciudadanas con expresa renuncia a la criminalidad y la violencia y dedicadas a la promoción social y económica de sus miembros y de sus comunidades. Incluso, la actividad mafiosa económica podría tratarse de recuperar y transformar en una actividad económica legal no criminal. Para ello convendría desarrollar un programa concreto, pragmático y suficientemente dotado de apoyo político y de recursos financieros de intervención facilitando la cooperación entre administraciones públicas, organismos internacionales y entidades privadas. Estas podrían ser algunas de las iniciativas a llevar a cabo: • Creación de un Centro de documentación, estudio y cooperación sobre pandillas, maras y actividades criminales. Promover estudios detallados y empíricos sobre los costos de la actividad criminal, con la intención de demostrar su importancia y motivar el desarrollo de políticas de seguridad que no se limiten a la acción policial clásica. Creación de una Red de expertos y trabajadores de campo en este ámbito con la intención de intercambiar experiencias, realización de investigaciones aplicadas, centro de documentación. Sugiero


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