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CRIMINALIDAD INFORMĂ TICA

(Aspectos sustantivos y procesales)

Prof. Dr. Ignacio Flores Prada Profesor de Derecho Procesal Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Valencia, 2012


Copyright ® 2012 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www. tirant.com).

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A mis hijos MarĂ­a y Nacho A mis ahijados Carmen, Guillermo y LucĂ­a


Índice I. INTRODUCCIÓN..................................................................... 9 II. EL NUEVO ESPACIO DIGITAL............................................... 13 III. ARQUITECTURA DE LA RED Y CRIMINALIDAD INFORMÁTICA............................................................................. 18 1. PLANTEAMIENTO................................................................... 18 2. ÁMBITO JURÍDICO INTERNACIONAL................................. 23 3. ÁMBITO JURÍDICO INTERNO............................................... 31

IV. LA CRIMINALIDAD INFORMÁTICA................................... 40 1. PLANTEAMIENTO................................................................... 40 2. DELITOS CONTRA LOS SISTEMAS INFORMÁTICOS.......... 51 A) Delitos de intrusismo informático....................................... 52 a) Delitos contra la privacidad personal............................ 57 * Delitos de apoderamiento de información............... 59 * Delitos de acceso inconsentido a sistemas informáticos........................................................................ 63 * Delitos de interceptación de telecomunicaciones..... 70 * Delitos contra el habeas data................................... 87 B) Delitos contra la propiedad intelectual................................ 128 a) El ataque informático a la propiedad intelectual........... 139 * Presupuestos comunes................................................ 139 * Conductas punibles.................................................... 141 b) La piratería contra los programas informáticos, obras, interpretaciones o ejecuciones....................................... 157 C) Delitos de daños informáticos............................................. 165 a) Daños en el patrimonio informático............................. 165 b) Sabotaje de redes de telecomunicaciones....................... 184 D) Defraudaciones................................................................... 186 a) Uso inconsentido de terminales..................................... 188 b) Estafas a través de sistemas informáticos...................... 194 c) Defraudación en el acceso a servicios cerrados de radiodifusión......................................................................... 218 E) Falsificaciones a través de medios informáticos.................... 223 a) Falsificación de tarjetas de crédito y cheques de viaje.... 224 b) Fabricación y tenencia de útiles para la falsificación..... 231 3. OTROS DELITOS COMETIDOS A TRAVÉS DE INTERNET.. 234 A) Delitos contra la libertad sexual de menores e incapaces..... 235


a) El «child grooming»..................................................... 245 b) El menor o incapaz como destinatario de material pornográfico....................................................................... 248 c) Material pornográfico elaborado con menores o incapaces............................................................................. 251 B) Delitos con Internet como efecto multiplicador.................... 269 C) Delitos contra el honor........................................................ 280 D) Delitos contra el patrimonio............................................... 283 a) Planteamiento............................................................... 283 b) Delitos relativos al mercado y los consumidores........... 284 E) Otros delitos........................................................................ 293

V. ALGUNAS IDEAS SOBRE LA PERSECUCIÓN Y CASTIGO DE LA DELINCUENCIA INFORMÁTICA........................ 295 1. PLANTEAMIENTO................................................................... 295 2. LA JUSTICIA PENAL DEL CIBERESPACIO............................. 298 A) Arquitectura de la Red y persecución de los delitos informáticos.................................................................................... 299 B) Dificultad de persecución..................................................... 306 C) Necesidad de especialización en la investigación criminal.... 307 D) Principales problemas en la persecución y castigo de la delincuencia informática........................................................ 309 a) Jurisdicción y competencia de los tribunales................. 309 b) La investigación de las comunicaciones informáticas.... 328 c) Vigilancia policial y registros informáticos.................... 358 d) Las garantías de la prueba lícita.................................... 376 * Planteamiento......................................................... 376 * Prueba lícita y criminalidad informática.................. 383 3. EL CONVENIO EUROPEO SOBRE CIBERCRIMINALIDAD.. 396

VI. BIBLIOGRAFÍA...................................................................... 405 VII. ANEXO. EL CONVENIO EUROPEO SOBRE CIBERCRIMINALIDAD.......................................................................... 412


I. INTRODUCCIÓN A lo largo de la historia de la comunicación sólo unos pocos descubrimientos pueden considerarse verdaderamente revolucionarios. Lo fueron en su momento la invención del lenguaje, la escritura o la imprenta, no sólo por lo que supusieron para el progreso técnico, sino más bien debido a su extraordinaria capacidad de transformación de la realidad. Cada uno de ellos marcó una época en la evolución tecnológica, pero también, y sobre todo, en la historia política, económica, social y cultural de los pueblos, cambiando profundamente las costumbres y los estilos de vida. Contemplada desde una cierta perspectiva, la evolución del progreso tecnológico en el ámbito de la comunicación permite considerar el pasado siglo XX como un capítulo aparte. Sólo en él se han consumido dos etapas trascendentales —la era eléctrica y la electrónica— con descubrimientos tan importantes como el telégrafo, el teléfono y la televisión, que han abierto nuevos canales para la comunicación directa y en tiempo real del sonido y la imagen, sentando las bases de un nuevo mundo y una nueva sociedad cada vez más interconectada. Hoy día, sin embargo, cuando todavía muchos de nosotros tratamos de acostumbramos a convivir con los efectos de la era electrónica, los expertos insisten en que todo ello forma ya parte del pasado. Los descubrimientos científicos anunciados en los últimos años en el ámbito de las telecomunicaciones constituyen el inicio de una nueva revolución tecnológica1, cuya dimensión y efectos permiten al menos

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Como señala QUINTERO, «Internet y propiedad intelectual», en Internet y Derecho Penal, Cuadernos de Derecho Judicial, Madrid, 2001, págs. 369 y 370 «Internet no es una simple progresión en la evolución tecnológica, sino un cambio revolucionario en los modelos de relaciones sociales, que sirve a la fluidez de los intercambios comerciales y de todo tipo».


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predecir el comienzo de una nueva época2, ya bautizada como la era de la información o la sociedad digital3. Como ha señalado con claridad MUÑOZ MACHADO4, al final del siglo XX se ha producido un avance tecnológico tan notable en las telecomunicaciones, está afectando éste tan profundamente a la economía general y a los mercados del sector, se augura que transformará de modo tan señalado los hábitos de la vida ordinaria, la cultura, el ocio, el trabajo, la empresa, el ejercicio de las profesiones, la prestación de toda clase de servicios, los perfiles del Estado del bienestar, la intervención de los poderes públicos en el tráfico económico, los modos de protección de los derechos de los ciudadanos, etcétera, que nadie duda en calificar el momento como revolucionario5. A pesar de lo dicho, no debe extrañarnos la falta de conciencia revolucionaria, ni tampoco la dificultad para percibir con cierta claridad la trascendencia del momento. La falta de perspectiva ha sido común a los coetáneos de los grandes descubrimientos tecnológicos, y viene acentuada en los momentos actuales por la rapidez con que las nuevas técnicas se han aplicado a la vida familiar y laboral. En la mayoría de los casos nos hemos limitado a incorporar, con mayor o

Una segunda «Revolución industrial” en palabras de ABOSO y ZAPATA, Cibercriminalidad y derecho penal, B de F editorial, Montevideo-Buenos Aires, 2006, pág. 4. 3 La expresión «sociedad digital» está tomada del título de la obra de TERCEIRO, Alianza, Madrid, 1996, de obligada consulta para quien busque una aproximación precisa y clara sobre las nuevas tecnologías informáticas. Igualmente recomendable resulta el trabajo de NEGROPONTE, El mundo digital, Ediciones B, Barcelona, 1999, un clásico en la literatura sobre Internet para no expertos. 4 Vid. La regulación de la red. Poder y Derecho en Internet, Madrid, 2000, pág. 11. 5 Sobre la dimensión de la revolución tecnológica y los retos que supone para el jurista vid. LÓPEZ ORTEGA, «Libertad de expresión y responsabilidad por los contenidos en Internet», Internet y Derecho Penal, Cuadernos de Derecho Judicial, Madrid, 2002. Como la nueva era informática ha sido calificada por MONTERDE FERRER, «Especial consideración de los ‘atentados por medios informáticos contra la intimidad y la privacidad’», en Delitos contra y a través de las nuevas tecnologías. ¿Cómo reducir su impunidad?, Cuadernos de Derecho Judicial, CGPJ, Madrid, 2006, pág. 194. 2


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menor destreza, los avances que la tecnología de la información ha ido poniendo a nuestra disposición, reduciendo cada vez más la capacidad de sorpresa ante la velocidad y la trascendencia de los cambios. En pocas palabras, nos hemos acostumbrado pronto y de forma natural a la nueva sociedad digital. Ello se debe, en buena medida, al ritmo vertiginoso de los avances producidos en materia de telecomunicaciones desde la expansión de las redes digitales6, y a su rápida aplicación a las necesidades de la vida cotidiana. La evolución se precipita exponencialmente, lo que contribuye a perder perspectiva sobre los profundos cambios que está experimentando la recién estrenada sociedad de la información. El cerebro humano, como explica TERCEIRO7, predice intuitivamente los crecimientos lineales pero se equivoca con los exponenciales. Un buen ejemplo es el clásico de doblar un folio de papel cincuenta veces sobre sí mismo. A las cinco veces, el grosor resultante del folio doblado es de tres milímetros. A las diez veces, algo más de un decímetro. A las veinte veces, más de cien metros. La vez cuadragésimo novena, cincuenta y siete millones de kilómetros. La quincuagésima, ciento catorce millones de kilómetros, una distancia superior de la que separa la Tierra de la órbita de Marte. Sin embargo, el ritmo de adaptación de los usuarios, o de los operadores económicos, no es equivalente a la rapidez de la respuesta jurídica. El Derecho se mueve con lentitud y responde casi siempre tarde a los grandes cambios en la sociedad8. Ello quizá sea una virtud, o una característica insoslayable del modo de producción normativa cuanto ordenadora de los valores de convivencia y paz social; en cualquier

Un repaso a la vertiginosa evolución de la telefonía en los últimos años puede consultarse en VILLÉN SOTOMAYOR, «La red y su evolución y utilización para actividades ilícitas”, en Delitos contra y a través de las nuevas tecnologías ¿Cómo reducir su impunidad?, Cuadernos de Derecho Judicial, CGPJ, Madrid, 2006, págs. 15 y ss. 7 Vid. Sociedad…, cit. pág. 62. 8 Sobre la dificultad de una respuesta jurídica eficaz y ágil frente a las nuevas tecnologías vid. RODRÍGUEZ BERNAL, «Los cibercrímenes en el espacio de libertad, seguridad y justicia», «Los cibercrímenes en el espacio de libertad, seguridad y justicia», en Revista de derecho informático, núm. 103, 2007 (consulto el texto disponible en Internet, págs. 3 y ss.) 6


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caso es claro que, en tanto reacciona, genera un periodo de orfandad normativa, o al menos de importantes lagunas, plagado de desafĂ­os y de preguntas sin respuesta. En ese momento nos encontramos precisamente ahora, ante la reciĂŠn estrenada revoluciĂłn digital.


II. EL NUEVO ESPACIO DIGITAL El proceso de creación del Derecho es relativamente simple, ya que se basa en una actividad selectiva. La norma elige situaciones de la vida real y les atribuye una consecuencia jurídica. Dicho en otras palabras, la norma previene los conflictos que se producen en la convivencia señalando, para cada uno de ellos, el interés prevalente, de modo que cada ciudadano sabe a qué atenerse en caso de disputa9. Mediante normas prohibitivas e imperativas el Derecho establece, en definitiva, quien tiene razón en cada caso. Desde su origen y hasta hace sólo unos años, el Derecho ha tomado como referencia para seleccionar conductas la única dimensión espacial conocida: la del mundo físico o real, también llamado analógico. En él suceden cosas visibles, perceptibles por los sentidos; las personas nacen realmente, tienen su identidad, comercian, forman familias, pagan impuestos, hacen testamentos y mueren de una manera pacífica o violenta. Desde principios de los noventa, este mundo analógico —basado en los átomos o en la materia— convive con otro mundo, llamado digital, que se desarrolla en un espacio distinto, conocido como espacio virtual10. Aunque no podamos verlo físicamente existe, y lo que en él sucede afecta de modo cada vez mayor al mundo físico o real. Se trata de una nueva dimensión del espacio formada por bits, cables de fibra óptica, satélites y terminales, que han creado un espacio en red convertido en un lugar de convivencia, comunicación e interrelación, cuyo lenguaje y cuyas claves son bien diferentes a las que rigen el mundo analógico. Conviene que veamos, al menos esquemáticamente, cuáles son los elementos básicos sobre los que se ha construido el nuevo espacio digital. Como ha explicado con claridad NEGROPONTE11, un bit no tiene color, tamaño ni peso, y viaja a la velocidad de la luz. Es el elemen-

Vid. DÍEZ PICAZO, Experiencias jurídicas y teoría del derecho, Ariel, Barcelona, 1993, págs. 12 y ss. 10 Sobre el nuevo espacio digital vid. ampliamente LESSIG, El código y otras leyes del ciberespacio, Taurus, Madrid, 2001. 11 Vid. El mundo digital, Barcelona, 1999, pág. 28. 9


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to más pequeño en el ADN de la información. Consiste en combinaciones binarias compuestas exclusivamente por dos números, el 1 y el 0. Los bits han sido siempre el elemento básico de la computación digital, pero durante los últimos veinticinco años hemos ampliado enormemente nuestro vocabulario binario hasta poder representar mucho más que sólo números. Hemos conseguido digitalizar cada vez más tipos de información, auditiva y visual por ejemplo, reduciéndolos de igual manera a unos y ceros. Los bits circulan, cada vez más comprimidos y más rápidamente, a través de los cables de fibra óptica que conectan los sistemas informáticos dentro del gran entramado de comunicaciones que es internet. La fibra óptica es, en palabras de TERCEIRO12, un cable de vidrio más fino que un cabello, diseñado para transmitir luz, gracias a la confluencia de dos tecnologías: el láser y la fibra de vidrio. El material que utiliza la fibra de vidrio y la energía lumínica que discurre por ella la distinguen sustancialmente de todos los antecesores en materia de soportes de comunicación. Esta nueva tecnología no sólo permite transportar en segundos grandes cantidades de información, sino que además no se ve afectada por las interferencias y resulta imposible interceptar la información que transporta; una tecnología que hace posible la idea de una red mundial no jerarquizada de comunicaciones y transmisión digital de información. Por último y siguiendo la clara exposición de ALONSO13 sobre el funcionamiento de internet, debe recordarse que cada ordenador que se conecta a Internet se identifica por medio de lo que se conoce como dirección IP. Ésta se compone de cuatro grupos de números comprendidos entre el 0 y el 255, ambos inclusive y separados por puntos. El usuario de Internet no necesita conocer ninguna de estas direcciones IP para comunicarse. Las direcciones las usan los ordenadores en la comunicación por medio del denominado protocolo TCP/IP de manera transparente para el usuario. Éste tan solo debe conocer el nombre de dominio de su interlocutor, es decir, su dirección normal de Internet del tipo de las que estamos acostumbrados a ver.

Vid. La sociedad…, cit., págs. 70 y ss. Vid. «La investigación policial de los delitos relacionados con nuevas tecnologías», Estudios Jurídicos. Ministerio Fiscal III, 2001, pág. 613.

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A través de la Red, la información no viaja toda junta y directamente por una sola línea o camino hasta el destinatario, sino que se fracciona en pequeños paquetes que son enviados por separado cada uno por el camino que encuentre libre en ese momento, dependiendo de la saturación de rutas o posibles atascos, a través de varios dispositivos de interconexión de redes denominados routers, y sólo cuando han llegado todos los paquetes al final, allí se ordenan y la información está disponible. Los instrumentos que permiten enviar y recibir información a través de la Red son los módems y las tarjetas de red, que cumplen la función de empaquetar y desempaquetar la información, conectando la terminal con los canales de conexión. Muy someramente descrito, es fácil advertir que el nuevo espacio digital permite múltiples aplicaciones en el almacenamiento, tratamiento, codificación y transmisión de la información. Internet, que nació en el ámbito militar como un sistema de conexiones entre ordenadores con el fin de garantizar la seguridad y la continuidad en las transmisiones, se ha convertido en la actualidad en una inmensa Red compuesta de servidores, clientes, nodos, redes locales, cables, satélites, etc., que ha superado con creces y a una velocidad de vértigo las primeras previsiones sobre sus utilidades. El origen, como recuerda MUÑOZ MACHADO14, se debe a una idea de Paul Baran aprovechando la técnica del desglose y transmisión fragmentada de paquetes digitales; la idea de aquél, concebida en la Rand Corporation en 1962, se refería al diseño de un sistema de comunicaciones invulnerable a un ataque nuclear. El desarrollo lo hizo la Rand Corporation a petición de las fuerzas aéreas de Estados Unidos. Se basa en los principios y las ventajas de una estructura de malla muy descentralizada en la que están conectados muchos ordenadores. Dada esta estructura de red, en la que no existe ningún punto central estratégicamente decisivo para el gobierno del conjunto, es posible asegurar siempre el funcionamiento del sistema aunque una parte del mismo fuera destruido15. En tal caso, los ordenadores restantes serían

Vid. La regulación de la Red…, cit., pág. 31. Vid., someramente sobre el funcionamiento y arquitectura de internet y sobre sus conceptos básicos el claro trabajo de PIQUERES CASTELLOTE,

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capaces de mantener la conexión entre ellos utilizando la parte de la red conservada, manteniendo plenamente su funcionalidad. El tejido de esa peculiar telaraña hace difícil la censura de los mensajes o el control o intervención de las informaciones que circulan por ella. El presente del ciberespacio, y lo que hoy puede adivinarse sobre su futuro, nos sitúa ante una revolución ciertamente espectacular. Internet ya ocupa un espacio creciente en el mundo económico, comercial y financiero, en el que las transacciones, los acuerdos y los movimientos de capitales, bienes y servicios circulan a velocidad de la luz convertidos en combinaciones de bits16. De igual modo, la Red se apropia cada vez a mayor velocidad de los canales de información, de las telecomunicaciones, de las comunicaciones interpersonales, de la oferta de ocio, cultura, arte…, de la actividad científica, de la difusión del pensamiento, de los medios informativos, incluso de la política, amenazada en su concepción tradicional por la posible implantación de cibervoto y las consultas vinculantes a través de Internet. Hoy es una realidad lo que hace sólo pocos años pronosticaba gráficamente Bill GATES al afirmar en Camino al futuro que «llegará un día, no muy distante, en que seremos capaces de dirigir negocios, de estudiar, de explorar el mundo y sus culturas, de hacer surgir algún gran entretenimiento, hacer amigos, asistir a mercados locales y enseñar fotos a parientes lejanos sin abandonar nuestra mesa de trabajo o nuestro sillón. No abandonaremos nuestra conexión a la red ni nos la dejaremos en la oficina ni en el aula. Esta red será algo más que un objeto que portamos o un dispositivo que compremos. Será nuestro pasaporte para un modo de vida nuevo y mediático»17.

«Conocimientos básicos en internet y utilización para actividades ilícitas», en Delitos contra y a través de las nuevas tecnologías. ¿Cómo reducir su impunidad?, en Cuadernos de Derecho Judicial, CGPJ, Madrid, 2006, págs. 42 y ss. 16 Vid. SALOM CLOTET, «Delito informático y su investigación”, en Delitos contra y a través de las nuevas tecnologías. ¿Cómo reducir su impunidad?, en Cuadernos de Derecho Judicial, CGPJ, Madrid, 2006, pág. 94. 17 Vid. Camino al futuro, MacGraw-Hill, 2º ed., Madrid, 1996 (consulto la edición digitalizada y disponible en pdf a través de Internet en la dirección http//books/openlibra.com, pág. 8).


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Las nuevas tecnologías digitales y de la comunicación, muy especialmente Internet, han creado una nueva dimensión del espacio. Tal y como ha explicado LESSIG18, el ciberespacio es un lugar. La gente vive en él. Allí experimentan todos los tipos de cosas que experimentan en el espacio real. Alguna gente experimenta incluso más. Y esta experiencia no es como la de un individuo aislado jugando a un sofisticado juego de ordenador. Las personas experimentan la vida en Internet en grupos, en comunidades, entre extraños y entre personas que incluso llegan a conocer y con quienes llegan a veces a congeniar y a vivir historias de amor. Mientras están en aquel lugar, el ciberespacio, siguen estando aquí. Se encuentran frente a una pantalla de ordenador, comiendo patatas fritas, ignorando el teléfono. Están en su buhardilla, a altas horas de la noche, mientras sus parejas duermen. Están en el trabajo, en cibercafés y en laboratorios informáticos. Viven sus vidas en el ciberespacio mientras están aquí y entonces, llegado un momento, se desconectan y entonces se encuentran únicamente aquí. Se levantan de delante de sus pantallas, un poco aturdidos, y le dan la espalda. Acaban de regresar. Entonces ¿dónde están cuando están en el ciberespacio?.

Vid El Código …, cit., pág. 348.

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III. ARQUITECTURA DE LA RED Y CRIMINALIDAD INFORMÁTICA

1. PLANTEAMIENTO En 2001, Lawrence LESSIG, catedrático de derecho constitucional en la Universidad de Harvard y uno de los principales expertos norteamericanos en informática jurídica, publicó en España la traducción de su libro, ya citado, «El Código y otras leyes del ciberespacio». Se trata de una obra fundamental para entender la arquitectura de Internet, en la que el autor desarrolla una tesis original, según la cual la regulabilidad de la Red depende básicamente del código que permite funcionar al propio sistema: «no es la naturaleza quien determina el ciberespacio sino el código. El código no es constante. Cambia. Y, en estos momentos, está cambiando en la dirección de hacer más regulable el ciberespacio. Aunque también podría cambiar en la dirección contraria, la de hacer menos regulable el ciberespacio. El modo en que el código cambia depende de los autores del código. Y el modo en que los autores de código lo modifican puede depender de nosotros»19. Si el ciberespacio es regulable, y además no es inocuo porque la actuación en él tiene consecuencias directas en el mundo real, lo primero que debemos preguntarnos es qué es lo que debe regularse y cómo debe hacerse. Evidentemente y atendidos los bienes jurídicos en juego, en el orden de prioridades, en primer lugar debemos situar la respuesta ante la criminalidad informática, entendida como un género de delincuencia surgida al hilo del desarrollo de la nueva tecnología digital. Los delitos en Internet, o más ampliamente la llamada criminalidad informática, es uno de los efectos generados por las nuevas tecnologías de la comunicación. Y es un efecto lógico si tenemos en cuenta que estas tecnologías han conseguido crear una nueva dimensión del

Vid. LESSIG, El código…, cit., pág. 207.

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espacio, que no es tangible o sensorial sino virtual, en el que se almacena o por el que circula información codificada a través de canales informáticos. Tal y como venimos señalando, la principal aportación de Internet consiste en la creación de una nueva dimensión del espacio de la comunicación. El ciberespacio, también llamado espacio virtual, está formado por una inmensa red de cables de fibra óptica y terminales (infovías) por la que circulan textos, sonido e imagen a través de la luz y a su misma velocidad. Toda la actividad basada en la comunicación informática no puede apreciarse a simple vista, pero existe y sus efectos modifican constantemente el mundo real, físico o sensorial. La imagen de Internet como un gran parque temático simulado o como unas inmensas páginas amarillas no responde en modo alguno a la realidad. El primer presupuesto para entender la llamada criminalidad informática pasa, pues, por advertir la constante interactuación entre el espacio virtual y el real. A finales de los años ochenta se estrenó en España una película norteamericana titulada Juegos de guerra, basada en un suceso real20. Un joven preuniversitario lograba conectarse desde su ordenador personal con el sistema informático del Departamento de Defensa, poniendo en marcha un simulador de guerra, que permitía activar los comandos de misiles nucleares y dirigirlos contra las principales ciudades de la entonces Unión Soviética. Lo que parecía un juego resultó ser en realidad el sistema de defensa nuclear estadounidense que, siguiendo las instrucciones recibidas, activó los protocolos de

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El 9 de noviembre de 1979, los ordenadores del Pentágono notificaron súbitamente la existencia de un ataque nuclear soviético masivo. Todo el sistema de represalia nuclear se puso en marcha, los bombarderos despegaron y la defensa civil llegó a activarse. Sin embargo, los datos procedentes de los satélites y de los radares no coincidían, sin verse ningún misil soviético mientras los ordenadores aseguraban que había 300 dirigiéndose a toda velocidad hacia los Estados Unidos. Al final se comprobó que alguien había introducido inadvertidamente una cinta de entrenamiento como fuente de datos del ordenador central analizador de amenazas. Estos hechos trascendieron a la opinión pública e inspiraron la citada película «Juegos de Guerra».


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un ataque auténtico, programando los correspondientes objetivos y lanzamientos. El mensaje de la película es sencillo y resume con claridad las consideraciones expuestas sobre el ciberespacio y la arquitectura de la red en lo que se refiere a las constantes posibilidades de interactuación entre el mundo digital y el mundo físico. Aunque hayan hecho fortuna, las alusiones a Internet como espacio virtual no ayudan a entender correctamente la naturaleza del ciberespacio, en el que lo virtual, entendido como aquello que simula sin producir efectos reales, ocupa un lugar muy reducido entre las alternativas que ofrece la red. En Internet podemos, por ejemplo, visitar la galería de los Uffizi como si estuviéramos dentro del museo. Quizá algún programa nos permitiera incluso robar El nacimiento de Venus de Botticelli durante nuestro paseo simulado, e intentar vender el cuadro después en un mercado negro de obras de arte por algunos millones de euros. Podemos hacer todo esto, y también conectar a través de la red con la oficina de información turística de Florencia para que nos envíen, previo pago electrónico, el catálogo oficial de la galería y un póster de El nacimiento de Venus. Durante la primera conexión, los efectos sobre el mundo real son nulos; nada en él habría cambiado después de nuestra visita y, naturalmente, el cuadro seguiría colgado de la pared del museo cuando apagáramos el ordenador. Durante la segunda, en cambio, hemos contratado, hemos ordenado transferir dinero y, si los servicios postales funcionan correctamente, recibiremos en pocos días el póster y el catálogo. En la posibilidad de interactuación estriba en buena medida la fuerza de Internet y de ella deriva, también, su potencialidad ofensiva sobre bienes jurídicos protegidos en el espacio real, pero vulnerables a ataques con modernas armas procedentes de un espacio nuevo y todavía poco conocido. El segundo presupuesto de la criminalidad informática se basa, precisamente, el la vulnerabilidad de bienes jurídicos como consecuencia de la interconexión entre espacio virtual y real. El descubrimiento del espacio informático ha permitido una colonización inmediata y masiva de usuarios, que en los primeros momentos se encontraron prácticamente frente a un espacio virgen, en el que sólo funcionaban unas pocas normas técnicas relativas al acceso y a la comunicación entre los nuevos moradores. A medida que los


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