LA DESOBEDIENCIA VISUAL Estética de los Movimientos Sociales en el siglo XXI
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES
Manuel asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
raMón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª teresa eChenique elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo oñate rubalCaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan roMero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José taMayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
LA DESOBEDIENCIA VISUAL Estética de los Movimientos Sociales en el siglo XXI
Fernando R. Contreras
tirant humanidades Valencia, 2021
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Este libro ha sido editado con el apoyo del Departamento de Periodismo 1 de la Universidad de Sevilla. Este libro es resultado de la investigación realizada en el Proyecto Ciberactivismo, Ciudadanía Digital y Nuevos Movimientos Urbanos del Plan Estatal 2013-2016 Excelencia - Proyectos I+D con Referencia: CSO2016-78386-P del Ministerio de Economía y Competitividad (Gobierno de España).
© Fernando R. Contreras
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-18614-93-4 MAQUETA: Innovatext Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Índice Prólogo EL ARTE DE PRODUCCIÓN DE LO COMÚN PROLEGÓMENOS A UN OBJETO DESAPERCIBIDO............................................................................. 9 Capítulo 1 INTRODUCCIÓN.................................................................................... 17 Capítulo 2 ESTUDIOS VISUALES, PRÁCTICAS ARTÍSTICAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES.... 27 2.1. Estética política en tiempos de revolución: acción, destrucción y barricadas................................................................................ 27 2.2. Los estudios visuales en el análisis político de los movimientos sociales...................................................................................... 30 2.3. Ciencia sin experiencia: el estudio de las visualidades................... 36 2.4. La protesta visual en los movimientos sociales: el arte de la multitud.. 45 2.5. La expansión visual del movimiento 15m: algunas anotaciones sobre el caso español................................................................... 49 Capítulo 3 ESTRATEGIAS, TÁCTICAS Y ACTIVISMO VISUAL EN EL RÉGIMEN ESCÓPICO DE LA DESOBEDIENCIA............................................................... 55 3.1. 3.2. 3.3. 3.4. 3.5. 3.6.
La fundación de un régimen escópico por la ciudadanía................ 55 La apropiación de las tácticas del arte en los procesos políticos...... 61 La sensación visual de resistencia en los espacios de contacto........ 65 Estética sincronizada en el ciberactivismo................................... 69 Mecánicas estéticas del activismo de los movimientos sociales......... 72 El rastro visual de la acción directa del ciberactivismo.................. 75
Capítulo 4 FENOMENOLOGÍA VISUAL DE LA DESOBEDIENCIA.................................. 81 4.1. La gestualidad del drama social: crisis, dolor y resistencia............. 81 4.2. La iconografía artivista de la resistencia social: la estética de la rebeldía................................................................................... 84 4.3. El rito de la grabación de la intimidad: el inconsciente óptico en el activismo................................................................................. 95 4.4. La imaginería ciberactivista: la simbología de la protesta............... 102 4.5. Las apariencias visuales de los simulacros de ideologías................. 108
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Índice
4.6. La lógica política de la visualidad............................................... 113 4.7. Heteroglosia, heterocronía, heterotopía y heterónima en la obra visual política.......................................................................... 117 Capítulo 5 EL IMPULSO VISUAL DE LA DESOBEDIENCIA.......................................... 123 5.1. 5.2. 5.3. 5.4. 5.5.
El deseo de las imágenes........................................................... 123 El deseo de la sublevación en la creación visual............................ 131 La expresión visual de las hostilidades........................................ 137 Afecto e impresión de la visualidad política................................. 144 La inspiración artística en la obra activista ................................. 151
Capítulo 6 ESCENARIOS DE LA DESOBEDIENCIA, MULTITUDES VISIBLES, RESISTENCIA VISUAL.................................................................................... 161 6.1. Ciudades, estética urbana y la conquista del espacio público.......... 161 6.2. La fotografía de las multitudes: concentraciones, acampadas y manifestaciones........................................................................... 168 6.3. Fuego, acción y fuerza visual: la hostilidad, los disturbios y la ética de la estética........................................................................... 172 6.4. La libertad, la dignidad y la construcción participativa de la sociedad. 180 BIBLIOGRAFÍA..................................................................................... 191
Prólogo
EL ARTE DE PRODUCCIÓN DE LO COMÚN PROLEGÓMENOS A UN OBJETO DESAPERCIBIDO Francisco SIERRA CABALLERO www.franciscosierracaballero.net
En su crónica visionaria Las transformaciones del hombre, Lewis Mumford advertía que la confianza excesiva en la técnica y el automatismo significaban el primer paso, iluminación anticipatoria en la década de los cincuenta del pasado siglo, para perder el secreto de educar a la humanidad, dada la prevalencia y desaparición de todo límite. El reinado del tecnocentrismo como triunfo de la desmesura y el orgullo, en la era deslimitada de la revolución digital, pareciera validar como norma su sentencia. Ahora bien, como todo proceso contradictorio, las nuevas tecnologías han contribuido al tiempo a favorecer un proceso de empoderamiento del sujeto de nuestra tardomodernidad, al redefinir las formas de producción de riqueza del trabajo inmaterial, basado en la complejidad inherente y ampliada de la dinámica social que Pierre Lévy denomina “espacio de conciencia explotado”, en virtud de tres polos o vectores estratégicos: – La invención. – La explotación económica de la innovación. – Y el entorno favorable de creatividad. No sabemos, si como pensara Adorno, ante este estado de cosas, solo la poética del exceso o, paradójicamente, la exploración de los límites que nos ofrece el arte pueda salvarnos de la llamada destrucción creativa. Pero lo cierto es que, en las últimas décadas, venimos observando originales formas de representación simbólica, mediatizadas tecnológicamente, que son más que propiciatorias para la conciencia y el principio esperanza. El arte público, por ejemplo, ha sabido entender la esencia de la crisis que vivimos y ha convertido el espectro cibernético en un espacio para lo posible y la intervención artística. Más aún, el arte ciborg y la performance que inician con las videoinstalaciones a lo Muntadas o en el cine con Marker, son hoy la forma de expresión de los nuevos repertorios simbólicos de los movimientos sociales, una suerte de frontera u horizonte-visión para la carnavalización
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de la protesta que, en parte, autores como Didi-Huberman, han sabido explorar en tanto que campo problemático central en la producción de los imaginarios y nuestra cultura. En la era del simulacro, la estética de las multitudes requiere el arte de los medios digitales, la representación disoluta de la internet reticular, de la comunicación disipativa, propia de la era cuántica de una comunicación a saltos que debe recuperar la voluntad de cambiar el mundo que habitamos. Y que empieza por cuestionar la economía política del archivo. El activismo digital plantea, en este sentido, un reto sobre el régimen de transparencia. Es más, los movimientos sociales deben ser considerados como actores de una mediación hipervisual de redefinición de la lógica dominante de representación que modifica los procesos de acción y organización de los modelos de gobierno y control social tradicionales. Así, “el movimiento YoSoy132 surgió durante la primavera de 2012 en México, como una reacción contra la desinformación proporcionada por el duopolio de televisión (Televisa y TV Azteca). Los manifestantes usaron el contexto hipervisual para su beneficio. Por muy fugaz que fuese el movimiento, logró romper el sesgo de información que determina en gran medida la vida política, económica y social en México” (Bartra, 2017: 54). La crisis de representación y dominio va más allá, en este sentido, de la lectura periodística, y reduccionista, de las redes de información según el paradigma informacional. Las demandas de OPEN DATA plantean a este respecto: la transferencia, gobernanza y buen gobierno basado en la responsabilidad informativa; la construcción de redes de cooperación y colaboración social, y el desarrollo de servicios públicos y prestaciones a la ciudadanía descentrados, autónomos y radicalmente participativos dando así cuenta, parafraseando a Raymond Williams, de una nueva estructura de sentimiento, de un nuevo sensorium que el arte público y el net-art proyectan con potencia en el proceso mismo de intervención y acción colectiva. Mientras tanto los apologetas de la fantasía electrónica del 5G tratan de seducirnos con la emocionante proyección de lo que no vendrá: la revolución cultural. Como Disney, el secreto no está en la masa sino en la caja negra del deseo frustrado. Así, a fuerza de movernos en red, terminamos enredados. Todo lo más ha cambiado el modo de consumir y proyectar nuestras identidades. El problema es que estas transformaciones no han ido acompañadas de un marco normativo que regule y proteja los derechos culturales en función de la necesaria participación igualitaria con transparencia y acceso verdaderamente democrático de todos los grupos y corrientes de opinión. Prevalece, antes bien, en Movilandia, una suerte de lógica de No Man’s land, un vacío o territorio de nadie, en el que se impone la
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disputa sin reglas por varias facciones al asumir la supuesta incapacidad de controlar efectivamente el campo virtual donde la tecnopolítica impone una peligrosa dinámica que socava la legitimidad democrática. Es sabido que allí donde no existe protección legal, donde no quedan claramente definidas derechos y obligaciones, impera la ley del más fuerte, la de aquellos que disponen de bots, agencias y recursos para imponer su voz en lo que el filósofo alemán Jürgen Habermas hace tiempo definió como privatización del espacio público por la que se confunde la opinión pública con la publicación sobrerrepresentada de quienes tienen el poder de imponer su discurso en los medios convencionales o en las redes de interacción social. A veces, por cierto, de forma virulenta, y no hablamos de la dialéctica propia de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, como insiste en contar El País, sino más bien como cabe analizar en la guerra silenciosa entre la Casa Blanca y Pekín. En esta y otros conflictos difusos, se constata que la galaxia Internet es la era del Big Data y del Poder de Comando Informacional. Un tiempo marcado por la lucha o disputa por el código que afecta al conflicto en Cataluña tanto como a los golpes mediáticos a lo largo y ancho de América Latina. Conviene por ello retornar a Adorno y su idea de explorar el contexto de ilusión de las imágenes prefabricadas. Fragmentos característicos de la cultura mosaico que realimentan los bucles posmodernos de la redundancia y la estereotipia perfilando – como escribe Jameson - un nuevo ámbito cultural que es independiente del antiguo mundo-red porque ya ha colonizado totalmente el mundo real, de modo que no tiene un exterior en términos del cual, siguiendo a Foucault, puede encontrársele faltante. En este marco, del análisis de los espectros y ficciones del capital depende, qué duda cabe, nuestro futuro. Y para ello quizás la forma más adecuada es la parodia. Nuestro tiempo, advierte Didi-Hubermann, está dominado por la iconofagia y la tendencia a la sobreproducción de imágenes. Si la era del capital y sus imágenes es la del imperio del cliché, el momento, según Deleuze, que se impone como parodia para dar continuidad al proceso de valorización ante la caída de la tasa de ganancia, es preciso ver cómo filmar la historia como promesa o esperanza. Fernando Contreras, como hizo a lo largo de su última obra el profesor Víctor Silva, retoma estas cuestiones centrales con madurez y magisterio en una suerte de síntesis de más de treinta años de ensayos, análisis y bosquejos tentativos entre las Bellas Artes, el Diseño y la Comunicología. En las siguientes páginas, el lector puede encontrar, en línea con algunas tesis de Remedios Zafra expuestas en Ojo y Capital, ideas seminales sobre la imagen como pathos formal (como fantasmagoría propia de la cultura zombi), recomponiendo puntos de posición en los estudios
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visuales que campos como el de la Economía Política de la Comunicación, y ULEPICC, apenas han explorado. Haciendo de la necesidad barroca virtud, y en el marco de un pensamiento indiciario, hecho el desplazamiento de la mirada del espacio al tiempo y los imaginarios, nunca ha resultado tan oportuna la voluntad de pensar desde las humanidades este campo por explorar, paradójicamente trascendiendo las miradas al uso de la teoría de recursos que domina la literatura sobre acción colectiva. Evocando la crítica de Simmel expuesta en su Ensayo sobre el dinero por una antropología materialista de la imagen en el interfaz archivo, arte público, e inconofagia de los intercambios, el profesor Contreras nos descubre elementos por pensar en la cultura en tránsito de la revolución digital. En palabras de Nelly Richard, se trata de pensar fuera de la zona de confort, criticar la crítica como impostura en tiempos siniestros de dominio del fascismo social. Pensamiento fronterizo de la transversalidad, en este libro estamos ante la obra más madura y original del autor, tanto en la formación de un pensamiento propio como en la escritura y diálogo con los clásicos de la teoría crítica, sin perder de vista el compromiso con la intervención social en el origen, compartido, del proyecto CIBERMOV (www.cibermov.net) . Nada que ver pues, advertencia al lector, con los ensayos normalizados sobre al arte y la llamada economía creativa que piensa la innovación, según la concepción schumpeteriana, como un proceso lineal y ascendente que regulado por el mercado y el motor del crecimiento y desarrollo económico permite articular círculos virtuosos de apertura y mayor complejidad en la organización social, por mor de los procesos transmediales, el rol activo de los sujetos de la comunicación y el arte y la proliferación de los intercambios y entornos creativos de transformación de los repertorios simbólicos. Implícita en esta noción está la idea del conocimiento como recurso. Como medio de valorización, el capital social, siguiendo a Drucker, constituye de hecho un insumo asociado al proceso de expansión empresarial. Una visión distinta de este proceso pasa por pensar el papel de la economía moral de la multitud y el papel del arte, más allá de la mercantilización, en los actuales procesos de cambio. No olvidemos, siguiendo a Bourdieu, que el capital social puede ser también concebido como “la suma de los recursos reales o potenciales ligados a la posesión de una red duradera de relaciones de reconocimiento mutuo más o menos institucionalizada” (YPRODUCTIONS, 2009: 33). En este punto, desde el punto de vista de la ruptura de los códigos dominantes, la cuestión implícita es hasta qué punto la innovación es mímesis, imitación y adaptación tanto en las actuales formas de movilización y protesta como en la intervención del arte público.
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Considerando que la Agenda del Siglo XXI en Ciencias Sociales y Humanas viene determinada por la necesidad de repensar la cultura y lo social con relación a la tecnología, perfilando una nueva mirada necesaria en el actual horizonte histórico de progreso que identifique la multitud de problemas prácticos y científicos que las nuevas tecnologías introducen en la nueva modernidad líquida para, de este modo, contribuir en lo posible a perfilar, desde un renovado compromiso epistemológico y una nueva agenda de investigación, la nueva sociedad emergente que se vislumbra en la cibercultura de los nativos digitales, la Comunicología tiene el reto de desplegar una línea de trabajo en esta dirección conformando con la comunidad académica y representantes de la sociedad civil espacios de diálogo de saberes con los que pensar y redefinir juntos las formas de articulación necesarias con los que abordar los diversos problemas históricos, tecnológicos, cognitivos, ideológicos y culturales que tienen lugar en el actual proceso de globalización, en el interfaz de análisis de los problemas relativos a la Ciudadanía, la Tecnología y la Cultura. Sabemos que el hiperrealismo y la movilidad intensiva de los nuevos dispositivos inteligentes de personalización de información no hacen sino acelerar la lógica distópica de dominio, al incidir en más de lo mismo, anulando el deseado derecho a la pereza en la medida que casi todo el tiempo de ocio es hoy tiempo de producción de valor, más allá de la defensa de la cultura de la convergencia (Jenkins) o de la intervención del ágora virtual en la arena pública. Los nuevos procesos culturales sufren esta y otras tensiones permanentes característicos de la cultura visual, por lo que, en este frente cultural, de la implicatio y la explicatio a la complicidad, es preciso intervenir, transformar para pensar otra comunicación posible y necesaria desde nuevas matrices propias del materialismo del encuentro. Aprendimos con Benjamin que la curiosidad intelectual es una de las pocas cosas que eleva la vida humana por encima del nivel de la farsa. Obedece al principio de autosuperación, como nos enseña Castoriadis a propósito de la creatividad constitutiva del homo loquens y del homo faber. Pero hoy requiere nuevos métodos de intervención asumiendo que la nueva economía cultural subjetiviza los objetos y mercantiliza los sujetos. Crece, como argumenta Verdú, la subjetividad del objeto y la objetividad del sujeto proyectando a futuro, con la robótica, el poshumanismo de los SOBJETOS. La constatación de esta imposición del fetichismo de la mercancía valida la pertinencia anticipada por la Escuela de Frankfurt de deconstruir la desublimación represiva y la falsa libertad de la cibercultura en las formas complejas de dominación en favor de un abordaje psicoanalítico de control y gubernamentalidad de los deseos, de producción, como pensó Herbert
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Marcuse antaño, de la conciencia y la necesidad. “La banalización de lo privado que acompaña el auge de las redes (es) uno de los efectos colaterales de nuestra falta de control sobre algo que nos ha pertenecido en exclusiva durante siglos” (Hernández Busto, 2010). Pero empiezan a observarse movimientos transgresores que desbordan, de forma creativa, la administración comunicativa. El reto que tenemos, desde la práctica teórica y las políticas de progreso, es contribuir al paso “de un mundo donde recordar era la excepción (y olvidar era lo natural) a un orbe digitalizado donde la tecnología invierte esos términos” (Hernández Busto, 2010). Reconociendo el cambio en las formas de relación entre público, medios y canales de información, la vindicación del softpower elude pensar este necesario compromiso intelectual, complementario de las demandas de la UNESCO sobre diversidad, pero que apunta al núcleo constitutivo del poder de los GAFAM: la organización oligopólica de la estructura comunicacional que sigue vigente desde el primer tercio del pasado siglo XX. El presente volumen ofrece al lector una aproximación plural, nuevas miradas sobre los movimientos sociales, las prácticas autónomas de jóvenes y minorías, la teoría de la ciberdemocracia y las prácticas de resistencia del netactivismo, cuestionando las visiones al uso sobre la ciudadanía, a fin de tratar de pensar desde el sur y desde abajo otras matrices conceptuales y nodos posibles de proyección de una nueva teoría crítica de la mediación acorde con la cultura digital. Un problema que plantea dilemas éticos, políticos y, como no podía ser de otra forma, estéticos. La desobediencia visual apunta en este sentido un reto en la era Instagram, la necesidad de pensar, desde los estudios visuales, las formas de intervención social, el arte público y la política de la representación de los movimientos sociales, poniendo en el centro el modelo de mediación y reproducción social: de la protesta de las imágenes magmáticas del 15M a los nuevos movimientos urbanos, del ciberactivismo al arte político. La disputa del campo simbólico es, como sabemos desde Gramsci, un campo estratégico de lucha por la hegemonía. Una forma de estructuración del sentimiento y de la cultura sensible que da cuenta de la deriva de la red y que, únicamente, se puede desbrozar con inteligencia y sabiduría, la propia de un artista, filósofo o pensador en comunicación, una triple virtud que pocos académicos concitan en su hacer y práctica teórica. El profesor Fernando Contreras es una excepción. A las pruebas de la lectura nos remitimos.
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Capítulo 1
INTRODUCCIÓN
Los movimientos sociales lo integran grupos de personas que rechazan el modelo heredado de vida individual y en sociedad. Su descontento obedece a diversas causas, las normas sociales que discriminan por motivos de género, raza, etnia u orientación sexual, oposición a la desigualdad clasista, la defensa de los derechos de los trabajadores o por la protección del entorno natural. No son grupos de presión, ni asociados a partidos políticos, sino grupos organizados que comparten un compromiso y que rivalizan por el cambio social y la transformación de las políticas públicas. Cuando se busca su origen siempre se mencionan a los Comuneros de Castilla (1520-1522) como referente más similar. Durante el siglo XIX surgieron, más próximos al presente, movimientos populares descontentos con el orden político y la organización social establecida: un régimen de opresión por el patrón sobre sus trabajadores asalariados. Repudiaban la presión de una clase social privilegiada (la burguesía) sobre el proletariado. Para un movimiento social de carácter sindicalista, la ideología socialista tendría que reemplazar al capitalismo. Sin embargo, un movimiento social puede adoptar diferentes ideologías que se abren en un amplio abanico, desde ideales revolucionarios a actitudes reaccionarias. Debemos recordar que la legislación sobre represión de los trabajadores se remonta a la Revolución Francesa: Lo que se prohibió fue toda reunión o asociación de trabajadores destinada a pedir colectivamente subidas salariales y plantear huelgas. Las leyes del 17 de junio de 1791 y la del 12 de enero de 1974 contienen medidas que hasta ese día, han parecido suficientes para reprimir esos delitos. Chaptal, De l´industrie françoise (De la industria francesa), II París, 1819, p.531. (Benjamin, 2007: 734)
Los movimientos sociales obedecen a la frustración de los deseos individuales. Cuando las expectativas de vida defraudan a los individuos o la opresión se intensifica en la evolución de la cultura social (por ejemplo, durante la crisis económica del 2008), el poder hegemónico de un país puede oscilar, y la ciudadanía se subleva de la manera más espontánea. Los motines humanos han consistido normalmente en acontecimientos efímeros
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que han tenido una duración temporal. Su eficacia ha sido parcial, y no siempre han finalizado con éxito. Ha sido a partir del establecimiento a nivel mundial del modelo económico capitalista cuando más movimientos de rebelión y protesta se han originado. Y, asimismo, a finales del siglo XIX, la protesta ciudadana comenzó a organizarse con objetivos concretos y una cierta estabilidad. Para Arrighi, Hopkins y Wallerstein (1999), a los movimientos sociales les salió una competencia en los movimientos nacionales. Si ambos movimientos defendían los derechos de los obreros, los movimientos nacionales establecían límites en la geografía para crear un nuevo Estado. No obstante, los dos tipos de organización coinciden en conseguir someter el poder del Estado para llevar a cabo sus objetivos. Esta conquista del poder estatal puede ir por el camino de la inspiración política, o, puede tomar otra dirección ilegal hacia la resistencia y la insurrección. El poder de los Estados tiene sus propias restricciones. Estas barreras surgen de la competencia entre los mismos Estados y en la lucha entre las clases elites competidoras (luchas intra-burguesas). Las luchas internas de los Estados se deben al dominio económico (que posee una naturaleza acumulativa que no tiene el poder político) y al dominio político (que entra en conflicto con las élites económicas y que no se acumula tan fácilmente). Esto que nos dicen Arrighi, Hopkins y Wallerstein (1999) llevan a las elites políticas y económicas a una continua presión y competencia, y por este motivo, es mejor referirse a ellas como luchas intraelitarias. Para la protesta colectiva, distinguimos entre acciones simbólicas que movilizan las subjetividades compartidas en comunidad y las acciones directas que siempre son en escenarios reales. Normalmente, las acciones directas suelen realizarse desde el lugar de trabajo: huelgas, invasión de fincas por los agricultores, retención de excedentes de la producción, disturbios urbanos, etc. En algunas ocasiones, los gestos de la clase obrera (subcontratados, temporeros, contratos precarios o esclavos modernos, estudiantes, colectivos de mujeres, etc.) han sido más radicales con actos terroristas, guerrillas urbanas, escraches, o, sencillamente, ocupando los edificios oficiales del Estado. Los movimientos sociales, tras la crisis económica del 2008, emergen de una conciencia popular antiestatal. Cuando las relaciones entre Estado-sociedad civil no son óptimas, porque sencillamente el poder estatal no garantiza los derechos y libertades civiles, la actuación ciudadana sobre las instituciones expresa su protesta desde el espacio simbólico y los escenarios físicos. En este sentido, la visualidad se ha convertido en un modo de regu-
Introducción
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lación de la acción colectiva de estos grupos mediante el control del espacio visual; un espacio mediático hasta la revolución digital cuando los escenarios de la comunicación se han liberado para las acciones particulares. Los movimientos sociales aspiran, desde las revueltas de mayo del 68, a una igualdad social no solo estructuralmente, los ciudadanos también anhelan una igualdad ideológica. Aspiran a una sociedad sin desigualdades de raza, género, religión u orientación sexual. No obstante, estos anhelos pueden tambalear la seguridad de los poderes económicos, que ostentan demasiada influencia sobre los Estados y sus políticas. Los Estados individualmente no pueden enfrentarse a las nuevas fuerzas globales de la economía capitalista. Los movimientos sociales son actualmente de las pocas resistencias colectivas que trasladan las demandas populares a las instituciones oficiales de los Estados. Las citas políticas a los movimientos sociales de este siglo son diferentes: la democracia representativa, la democracia digital, el populismo, la marginación multicultural, el ecologismo o el feminismo. Todas estas reseñas se vinculan a la heterogeneidad social. Esta heterogeneidad irreductible e ineludible surge desde las transformaciones de la filosofía política y de la misma acción política. No es posible manipularlas, y no es un concepto que concierna a la pluralidad o la multiplicidad. La heterogeneidad es, en palabras de Laclau (2016), la unicidad social fallida. Es simplemente la ausencia de la homogeneidad social. Los movimientos sociales son solo un grupo dentro de una ciudadanía que se caracteriza por su ausencia de homogeneidad, entendida como una categoría positiva. El movimiento social es la cristalización de una serie de demandas sociopolíticas basadas en prácticas sociales de un grupo de personas dentro de la heterogeneidad. De modo que sus acciones se construyen en la universalidad de lo parcial y en la parcialidad de la universalidad. Por lo que defiende Laclau, ello significa el final de los proyectos de revolución total en la política contemporánea. Esta tesis es totalmente contraria a la visión spinozista de Hardt y Negri (2005), pero más próxima a los fenómenos sociales contemporáneos. Laclau acusa de simplista la aproximación Hardt y Negri, y afirma que tras la rebelión no hay una necesidad de que la política construya un sujeto de la rebelión. Para Laclau, la sociedad es más compleja que la concepción que Hardt y Negri desarrollan: La gente nunca está solo “en contra”, sino que está en contra de algunas cosas determinadas y a favor de otras, y la construcción de un “en contra” más amplio – una identidad popular más global- sólo puede ser resultado de una extensa guerra política de posición (que por supuesto, puede fracasar).
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En lo que se refiere a la idea de una totalidad imperial sin un centro -una especie de eternidad spinoziana- de la cual hubieran desaparecido los polos internos de poder, ella no es más adecuada. (Laclau, 1995: 300)
Para Laclau, los grandes ideales universales están condenados al fracaso en la cultura contemporánea. La heterogeneidad sociopolítica que además se ha multiplicado en una polifonía de voces mediáticas, como también Vattimo observó (2010), hace inviable este camino, pues ya no hay conflictos políticos, sino más bien conflictos de intereses. Solo existe la universalidad cuando el sentido de las luchas particulares transciende su particularidad. Esto explica la conexión de los movimientos sociales que suceden en distintos escenarios del mundo. Rancière (1996) lo contempla desde otra perspectiva: la libertad si es una referencia universal, pues es una condición de vida común a cualquier comunidad. Sin embargo, la riqueza es una categoría particular. Por ello, es posible concebir grupos que reclaman la misma política, no la misma filosofía política como sería el caso de pensar la libertad. También Canetti refiere los intereses particulares de los individuos para crear una multitud desencantada que los lleva a la revolución. Canetti explica que es el modo colectivo de liberarse las masas de los “aguijones-órdenes” que denomina masas de inversión. Este modelo lo representa la toma de la Bastilla durante el comienzo de la Revolución Francesa. Es similar al levantamiento de los movimientos sociales al sopesar que los sublevados siempre actúan bajo la presión de esos aguijones acumulados. Canetti también explica que estas masas involucran a toda una sociedad completa, y que el proceso de reacción es lento y dificultoso. Se acrecienta a sacudidas, es un fenómeno de superficie y se disuelve rápidamente. Para Rancière, cuando se desmoronan los mitos del pueblo y la democracia “real”, o, como han demandado los movimientos sociales, la representación democrática parlamentaria debería reinstituir el sistema político, la reforma de sus instituciones y la revitalización de la soberanía del pueblo. Sin embargo, sus medios de control fueron puestos en telas de juicio, evidenciada la degradación continua de un sistema que mantenía el capital y la burguesía. Una situación invertida, pues reclamaban derechos propios de un sistema que combatían. A nuestro parecer, la salida de este estado pasa por una estetización de la política que cambia las formas democráticas, los motivos de los motines o las sublevaciones. No solo para Laclau, también para Le Bon (1921), el valor performativo de la ideología es relevante para una racionalidad social. La imagen de los agentes sociales que fluctúan en la retórica populista esta repleta de símbolos vacíos. La lógica del populismo en los movimientos no